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LAS COMUNIDADES ALFARERAS INICIALES EN CHILE CENTRAL.

SANHUEZA Y FALLABELLA (1999/2000)

En Revista Chilena de Antropología, 15: 29-47.

La investigación se inserta dentro del marco de una Arqueología fundada en la práctica


académica y científica, en un ámbito de proyectos financiados con aporte estatal o FONDECYT. Este
estudio define una tendencia teórica que se dirige hacia la evaluación crítica y re-estudio de sitios,
análisis y conceptos realizados en décadas pasadas. De este modo, uno de los objetivos de la
investigación es explorar la heterogeneidad interna del periodo cultural agroalfarero temprano en la
cuenca de Santiago así como la causa de ésta, discutiendo los datos disponibles para los sitios con
fechados tempranos.
En términos de historia de la investigación, una de las primeras arqueólogas en notar las
diferencias temporales en el PAT es Monleón (1979), destacando su idea de dos fases, una con
características menos elaboradas que la otra. En la década del 80’, el trabajo de Fallabella y Planella
(1988/1989) viene a postular un origen local e independiente para la alfarería de Chile Central, basadas
en las diferencias tipológicas contempladas en los sitios tempranos, y en las vinculaciones con el
arcaico, esto es, adaptación económica, y uso de instrumentos comunes. En 1989 Fallabella y Stehberg
agrupan bajo el concepto de comunidades iniciales a los sitios con presencia de alfarería en tiempos
tempranos (200 a. C. – 100 d. C.) tales como ENAP-3 y REN. Se plantea también un desarrollo local
con fuerte vinculación a la etapa arcaica, debido a las tradiciones líticas conservadas. Mientras que en
1991, Planella y Fallabella proponen fases en las tradiciones Bato y complejo LLolleo para la costa,
dando cuenta de una realidad con características diferentes previas a la consolidación de las tradiciones
alfareras.
Desde aquí, la problematización teórica de las autoras se liga a la idea de un momento inicial sin
alcances regionales que precede al momento de consolidación de tradiciones alfareras donde la
cerámica redefiniría su rol. Es así como elaboran su hipótesis de investigación, postulando que antes
del 200 d. C. se da una situación sociocultural con características particulares para Chile Central, de
comunidades alfareras iniciales diferenciadas del desarrollo del PAT posterior, se trataría de unidades
sociales con producción independiente y gran flexibilidad, ligado a actividades familiares.
La metodología contempla tanto la investigación en terreno de sitios inéditos como la revisión
bibliográfica de datos y sitios de fechaciones tempranas, con el fin analítico de comparar contextos
arqueológicos entre sí y con los patrones de ocupaciones más tardías del PAT. Estos sitios son: REN
(110+-200 d. C., 115+-100 d. C., 175 +-160 d. C. TL), Lonquén E 80/4 (Primera Ocupación, 85-+200
a. C. Segunda Ocupación 105+-200 a. C.). De la bibliografía. Arevalo 2 (Primera ocupación 320+-120
a. C. 200 +- 90 a. C. C14) LEP-C (Componente Llolleo 1, 80+-150 a. C., 30+-140 d. C. y 150+-200 d.
C.) Curaumilla 1 (860+-100 a. C. C14).
El resultado de la comparación entre ocupaciones tempranas, para las autoras es evidencia de
que cada realidad es en sí misma y que no comparten necesariamente todos los elementos. Es así como
existe una diversidad de tratamientos de superficie en las vasijas, con mayor popularidad de la cerámica
pulida, lo que desecha la idea de que las cerámicas iniciales son alisadas. Existe una importancia de las
paredes delgadas, implicando un aspecto no burdo como se espera generalmente de la cerámica inicial.
Las formas son simples, se puede diferenciar los cuellos de las vasijas sin embargo sus bases no están
definidas, y por lo general no presentan asas. Los tamaños inferidos indican vasijas medianas a
pequeñas, con predominio de un uso individual o familior reducido. Respecto a la decoración destaca la
pintura roja, el hierro oligisto y la roja sobre engobe crema, sin incisos ni modelados. En referencia al
material lítico no se puede realizar una comparación adecuada, ya que la información es parcial, sin
embrago, existiría cierta similitud tecnológica en las formas de puntas y manos de moler entre el
arcaico y esta etapa, señalando un énfasis cazador. Pese a que ni el tembetá ni las pipas poseen gran
representación ya tienen sus inicios en esta época. Tales datos, características y distribución refuerza la
idea de cierta independencia de las comunidades.
En la comparación de las ocupaciones más tardías del PAT y estas iniciales, surgen ciertos
rasgos a discutir. Hacia tiempos más tardíos las formas y decoración tienden a diversificarse y
complejizarse, aparecen vasijas de perfil compuesto, con asas, incisos, modelados etc. Esta diferencia
(supuesto que valida la interpretación de las comunidades iniciales) entre la etapa alfarera inicial y el
posterior desarrollo, se entiende como la consolidación de las tradiciones alfareras, donde la cerámica
estaría jugando un nuevo rol para sus productores y/o usuarios en los grupos Bato y LLolleo donde
estaría siendo usada como marcador identitario, reafirmando lo planteado por Fallabella y Planella
(1988-1989). En términos de continuidad, se observa la decoración con pintura roja, y formas que
constituirán lo Bato, una familia de pastas que representará el Complejo Llolleo, la conservación de la
tecnología líticva, y la proliferación del tembetá y pipas decoradas.
Por otro lado, existen sitios con fechas tempranas que se asocian a un contenido de la etapa
alfarera posterior, (Santo Domingo 2, El Mercurio, PLQ, y Arévalo) esto señala las limitaciones del
registro arqueológico como los métodos de datación que no permiten resoluciones mayores. Resultando
que la aproximación al concepto de comunidades alfareras iniciales es flexible y se dirige a conocer
tendencias más que implicancias cronológicas.
Respecto a la interpretación, la discusión sobre la cerámica inicial, conduce a los
planteamientos acerca del origen de la alfarería. En la perspectiva de los 80, se propone un origen local
estimulado por la optimización en el uso de continentes aptos para la cocción de cultívenos. Las autoras
siguiendo a Arnold III (1999), Hayden (1995) y Gerbauer (1995) cuestionan tal motivación sugiriendo
una plurifuncionalidad y usos más rituales, donde la alimentación no es lo fundamental. Sin embargo,
las vasijas pocas son decoradas, delatando un uso como ollas expuestas al fuego y preparación de
alimentos, sean silvestres o cultivos, pero en escala reducida, por lo que no se prueba ni niega el uso
ligado a la subsistencia o ritual. De acuerdo al registro se postula el origen local debido a la carencia
de atributos foráneos reconocibles, así como no se niega que los contextos no presentan evidencias de
cerámica experimental, por lo que se supone una traspaso de ideas y conocimiento sobre el cómo hacer
cerámica insertando tal escenario en la etapa arcaica, dejando abierta la interrogante…