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Porque hago estas cosas? Todos lo hemos pesnado alguna vez.

Repertimos los mismos errores,


confiamos en las mismas personas que ya nos lastgimaron una vez, aprendemos y aprendemos cosas y
no logramos salir adelante..... Que pasa, cual es la razon?

T enemos dos lados diferenciados en nuestra personalidad, el Niño y el Adulto. Cuando están bien
conectados todo funciona bien, si no es así porque las experiencias, las heridas han hecho que se
desconecten una de la otra, se crean conflictos, vacíos etc.
Inclusive podemos pensar que no podemos actuar como un niño, ya que estos son alborotadores,
inquietos etc. Y así al igual que lo valoraron de niño, puede que lo valoremos nosotros ahora, sin justicia
para ese niño que todos llevamos dentro.

Nuestro niño tiene unas emociones completas, intensas, de alegría, de felicidad, de tristeza.
Es nuestro hemisferio derecho, es el SENTIR, el VIVENCIAR, nuestro hemisferio izquierdo es el adulto,
hace, PIENSA, ACTÚA.
Cuando de niños se vive abandono, maltrato, nos avergüenzan etc. El dolor es tan grande, tan
insoportable que el ADULTO INTERIOR SE DESCONECTA del NIÑO INTERIOR para no sufrir. Así el niño
interior se encuentra solo, aislado del mundo y en nuestro interior, puesto que no hay nadie que lo proteja.

Al crecer y desarrollarse.
Si el Niño Interior se siente criticado, descuidado por el Adulto Interior, y se proyecta así en los
sentimientos de los demás; siente que los demás son controladores, critican o abandonan, sea o no cierto.

La Ira que siente el NIÑO INTERIOR el ADULTO INTERIOR “no amoroso con él, no la escucha, así que la
Ira la sentimos hacia los demás, cuando somos adultos no es solo el rechazo hacia los demás si no
también hacia nosotros mismos.

El perfeccionismo, el miedo y demás son síntomas de la DESCONEXIÓN ADULTO -NIÑO y como victima
también puede hacerse adicto a sustancias, coasa o relaciones destructivas.... Porque que necesita amor
protección, aprobación y se siente merecedor de ello, puede reaccionar con ira, con violencia o con
silencio.
Sin embargo el niño amado, hace que este conectado a su ADULTO INTERIOR es sensible, alegre.
Lo que hace que la acumulación de las experiencias del niño, es que podamos SENTIR y cuando no
podemos hacerlo no podemos usar la sabiduría. Y es difícil ser simpático, alegre, divertirse etc.

El niño interior

A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar.

Percibimos que el instante mágico de aquel día pasó y que nada hicimos. Entonces la vida esconde su
magia y su arte.

Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño
entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz. Ese niño
que fuimos un día continúa presente.

Bienaventurados los pequeños, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, no


tiene sentido seguir viviendo..

Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos
por causa de él. No dejemos que sufra miedo, porque está solo y casi nunca se le escucha.

Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente a
otro.

Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una
manera a la que no estamos acostumbrados, aunque parezca tonto a los ojos de los demás.

Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar.

Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida...

Paulo Coelho

El trabajo con el niño interior

E l trabajo con el Niño Interior es quizás uno de los más profundos y sanadores.

Según Louise Hay y muchos terapeutas, casi todas nuestras creencias y patrones de comportamiento,
tanto negativos como positivos, los aceptamos cuando teníamos entre 3 y 5 años. A partir de entonces,
nuestras experiencias se han basado en lo que aceptamos como verdad desde aquella época de nuestra
vida.

Si hemos crecido en un hogar "disfuncional", donde nos criticaban constantemente, nos exigían
perfección, donde existía falta de amor y de cariño, lo más seguro es que actualmente continuemos
tratándonos del mismo modo, minando así nuestra autoestima y energía.

Imagínense a un niño pequeño que llega a su casa orgulloso del dibujo que ha realizado en la guardería y
se lo enseña a sus padres. En el primer caso, los padres le felicitan y le dicen que es un niño muy listo,
creativo, habilidoso, etc...

En el segundo caso, los padres le dicen que está fatal, que es torpe, que no sabe dibujar y que se sale de
las líneas.

Obviamente, en una familia donde al niño se le aprecia, estimula a crecer, a aprender y se le da muestras
de amor, el niño florecerá. Sin embargo a un niño que se le critica constantemente, se le retira el afecto si
no lo hace todo bien, etc... El pobre niño se retrae y deja de intentar aprender, crecer, o se vuelve un
perfeccionista, sufriendo constantemente porque nunca estará satisfecho con los resultados.

Ahora bien, lo que nos hicieron en el pasado no lo podemos controlar. Lo que sí podemos hacer es tomar
nuestro poder aquí y ahora y dejar de tratar a nuestro niño como nos trataron a nosotros . Entonces no
teníamos elección, ahora sí. El momento de poder es siempre el presente, y es muy triste y doloroso si
continuamos criticándonos y maltratándonos. Así no hay forma de crecer, de amar, de ser los seres
maravillosos que somos y DEJAR BRILLAR NUESTRA LUZ.

Volver a establecer una relación con nuestro niño desde el amor y la comprensión es la mejor forma de
sanar nuestra dañada autoestima. Es la única manera de realizar cambios positivos en nuestra vida:
establecer relaciones sanas, cuidar nuestro cuerpo, trabajar en algo que nos gusta, ser prósperos, amar
incondicionalmente y llegar a sentirnos plenos y feliz. Cuando cambiamos desde el AMOR todo nos sale
bien.

Nuestro niño interior

N uestro niño interior tal vez quiere despertar y volver a reír y a soñar como lo hacia en otros tiempos. Ese
niño que de pronto jugaba, compartía, sonreía, y no sabia del dolor, de las heridas, que día a día gastaba
toda su energía sin pensar en el futuro ya que no conocía esa palabra, ni podía imaginar a qué se refería
cuando algún adulto la pronunciaba.

Ese niño que vive en ti, que vive en mi, que de pronto se quedó dormido porque sintió que no valía la pena
estar despierto preso de cosas que desconoce, como son las preocupaciones, los problemas laborales, la
falta de dinero, las injusticias, el engaño, y todo aquello que te cansa y que también a él lo llenó de
cansancio porque lo dejaste de lado, medio olvidado o totalmente o solo lo recordas cuando regresas con
tus pensamientos a aquellos momentos en que consideras que fuiste feliz, muy feliz...

Tenemos que despertar a ese niño, necesita estar despierto y volver a reír, porque si él no ríe nosotros
tampoco, si él no es feliz nosotros tampoco.

¡¡Vamos! Es el momento de mirar hacia adentro, y verlo, está ahí esperando que aprendas a vivir este
presente que se nos va tan rápido, está en vos esperando que vuelvas a soñar, que algún día grites de
felicidad, que sienta que podes bailar al compás de tu música sin importarte si es tu música preferida.
Perdón, amor, y otras tantas palabras endulzan los oídos de ese niño y lo alimentan con caricias en el
alma.

No eres más joven ni eres un anciano por la edad cronológica que tengas,eres tan joven como el niño que
vive en ti, pero si dejas que siga adormecido, si dejas que ese sueño sea eterno entonces sí podrás tener
la vestimenta y el cuerpo de un adolescente pero tu espíritu estará envejecido.

Si hoy volves a reír por cualquier cosa que te sucede, si hoy llegas a casa y te perdes en algo que te
alegra, si cuando vas por la calle te da risa el sombrero de alguien que pasa a tu lado, y si al salpicarte los
pantalones con barro, te reís porque sentís que los lunares no te quedan bien: la mitad de la batalla está
ganada... Lo despertaste y él espera que así seas todos los días, porque es el encargado de mostrarte la
felicidad en las pequeñas cosas y eso forma parte del gran misterio de la vida.

¿Qué es el Niño Interior?

Es el conjunto de todas nuestras potencialidades e n estado puro, que nos habrían de permitir atraer la
realización en todas las áreas de la vida. Cuando ocurre que en una o varias áreas no conseguimos vivir
plenamente, hablamos del Niño Interior Herido.

Seguidamente se exponen las áreas y los casos más frecuentes de realización y herida.

Area Realización Herida

Desavenencias, chantaje, malos tratos,


Amor, comunicación, apoyo, compartir,
Amor y Pareja incomunicación, frigidez, adicciones,
entendimiento, crecimiento.
impotencia…
Manipulación, imposición, rechazo,
Cariño, respeto, fraternidad, apoyo,
abandono, invalidación, adicciones,
Familia y Salud acompañamiento, confianza, seguridad,
proteccionismo, agresiones, enfermedades,
estabilidad, fuerza, vitalidad…
accidentes…
Mooving, inestabilidad, inmovilismo,
Trabajo y Viajes Realización, reconocimiento, valoración, desinterés, malos entendidos, falta de
ascenso, armonía. reconocimiento…
Autoestima, completa, integridad, firmeza,
Dejadez, falta de autoestima, inseguridad,
conexión,
Autorealización tristeza, depresión, dificultad en poner
Alegría interior, sinceridad, poner límites,
límites, ansiedad, fobias, autosabotaje.
automotivación…
Prosperidad, éxito en los negocios,
Riqueza Creencias erróneas acerca de la
firmeza, equilibrio, confianza, capaz de
Económica abundancia, escasez…
asumir riesgos…
Reconocimiento social, éxito en la vida en
Fama y Autonegación, falta de confianza,
general, constancia, simpatía, don de
Reputación inadaptación, dificultades sociales…
gentes, determinación, integridad…
Creatividad, hijos, Fluidez, adaptación , genialidad, Dispersión, rigidez, dificultades en el
Proyectos recurrencia, concentración, detección de cambio, estrés…
las necesidades, concreción,
inteligencia…
Sociabilidad, capaz de ponerte en el lugar Egoísmo, introversión, creación de mundos
Amistades de los demás, cordialidad, confianza, personales, orgullo, intransigencia, falta de
aceptación… comunicación.

Cuando ocurre que en una o en varias de estas áreas, no conseguimos vivir con plenitud, estamos ante
un caso de Niño Interior Herido. Ocurre que la persona que tiene un Niño Interior Herido revive una y otra
vez, los mismos sentimientos de amargura, vacío, desilusión, tristeza, rencor, miedos, desconfianza, etc.
En el área o áreas que tiene afectadas. Tropieza una y otra vez con la misma piedra.

La causa de que esto sea así, radica en las vivencias emocionales que vivimos desde que fuimos
concebidos en el vientre de nuestra madre hasta la edad de 9 ó 12 años, -en que pasamos de la mente
concreta y autocentrada en el Yo, a la mente abstracta- en relación a las emociones que nos suscitaban
nuestros padres y mentores, de modo que sin darnos cuenta, grabamos en el inconsciente sentimientos,
actitudes, creencias, en definitiva introyectos, correspondientes a cada una de esas ocho áreas.

Con el tiempo esos introyectos, fueron generando la realidad en la que vivimos, y todo lo que nos ocurre
en la actualidad, -hasta que uno no desaprehende lo aprehendido- consecuencia del modo en que
sentimos debían de ser nuestras emociones en cada una de esas áreas, que es lo que luego las personas
que aparecen en nuestras vidas se encargan de actualizarnos.

En la medida que la persona transcurre por el proceso de Recuperación de su Niño Interior, deja de
afectarle esas emociones, comienza a sanar en primer lugar la relación consigo mismo, y después con
cada una de las personas que integran las áreas afectadas: parejas, padres, amistades, jefes, etc.

Para ello aprende a hacerse cargo de lo que hasta ahora proyectaba en los demás, en vez de
culpabilizarles de su desgracia, aprende a ver que es lo que le despiertan los demás y a sanar esa vieja
espina que reaparece una y otra vez, aunque cambien las personas que se la suscitan.

EL NIÑO INTERIOR

por Hortensia Galvis

Cuando se reconocen todas las partes de uno mismo se descubre la alquimia interior que es
todopoderosa. Equivale a estar invitado a un baile de máscaras donde hay infinidad de convidados. Allí el
juego consiste en identificar a cada uno de los personajes y llamarlo por su nombre. En el momento en
que se descubre su identidad ocurre algo mágico e incomprensible:
el enmascarado desaparece sin dejar rastro. La transmutación interna es algo parecido se trata de hacer
consciente lo inconsciente. Con solo esta práctica podemos liberarnos de las cargas emocionales que
hasta ahora nos han pintado la vida de tragedia.

En cada ser existe un rincón oculto donde habitan las partes de sí mismo que quedaron inconclusas y
ahora buscan completarse. A ese sitio le llamamos el niño interior porque contiene dentro todos los
aspectos inmaduros de nuestra personalidad. Ese niño interno permanentemente gime: "dame, dame,
dame
"nunca está conforme y siempre quiere más”. Cada momento doloroso del pasado vive en este espacio
esperando ser cambiado y su inconformidad se proyecta al tiempo presente para pedir ayuda.

En el baile de máscaras al que hoy hemos sido invitados vamos a dedicar una mirada a ese niño interno
abandonado que solo requiere la atención de una mirada para cambiar su llanto en sonrisas. Antes de
abordarlo debemos comprender que él es la suma de todos los aspectos rezagados de nosotros mismos.
Podemos estar anclados en carencias de amor de comprensión y de ternura que congelan nuestro
presente en la actitud terca de recibir sin dar nada a cambio manifestando como resultado relaciones
insatisfactorias. Un niño está polarizado en recibir porque es claro que él no puede prescindir del apoyo
que le dan los adultos para su supervivencia. Pero en su madurez
el ser humano debe alcanzar el equilibrio entre el tomar y el dar.

Existe la tendencia a creer que el pasado no es modificable pero dentro de cada ser humano hay una
fuerza para cambiarlo todo dentro de sí mismo.
Pongamos el ejemplo de alguien que después de pasadas varias décadas todavía se lamenta de que sus
padres no le dieron la oportunidad de estudiar y en cambio lo pusieron a trabajar desde temprana edad. El
pasado afecta al presente porque el niño interno herido sigue llorando la oportunidad que no tuvo y por
ello el adulto culpa arbitrariamente a los padres de todos sus fracasos. Si en vez de alimentar rencor es la
conciencia del adulto completa la experiencia del niño los resultados pueden ser pasmosos. En este caso
la terapia es crear una meditación guiada donde el adulto hace el papel de padre. Él observa
internamente al niño en su rincón llorando lo toma en sus brazos y le dice: "Comprendo tu dolor porque no
tuviste oportunidad de estudiar. No podemos cambiar el hecho de que tus padres tuvieran necesidad de
tu trabajo pero yo te voy a apoyar para que puedas completar tu educación tal como lo has deseado". Si
al dicho sigue el hecho esa carencia se transformará en inmensa satisfacción.

En el niño interno habitan cuatro grandes familias de miedos que en el camino de la vida tenemos que
transformar.
Ellos son: el miedo a perder, el miedo a enfrentar, el miedo a ser
abandonado y el miedo a la muerte.
En el miedo a perderla inseguridad se pone una coraza defensiva para aparentar ser su opuesto.
Entonces en el baile de máscaras lo identificamos vestido de orgullo, soberbia, impaciencia, agresión, ira,
autoritarismo, fanatismo y toda su corte de afiliados. El miedo a enfrentaren el papel de víctima se
disfraza de pudor, timidez, susceptibilidad, cobardía, indecisión
y todas las tonalidades de auto destrucción e inferioridad. El miedo a ser abandonado trae consigo los
celos, la posesividad, la vanidad, la sobreprotección, la baja autoestima y la necesidad de manipular. Y el
miedo a la muerte porta muchas caretas, entre ellas: la desconfianza, la tacañería los apegos, las fobias,
la rebeldía y la histeria.

Pretender controlar algún aspecto indeseable de nosotros mismos es tarea imposible si el inconsciente
manda y nuestra vida se halla encadenada a reacciones instintivas. Pero si la conciencia hace la conexión
llevando luz hasta la raíz misma del problema el niño interior desaparece y el adulto se hace cargo. El
secreto es atreverse a vivir el pasado nuevamente pero con la
conciencia del adulto que comprende, acepta y aporta las soluciones adecuadas.