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EL LIBERALISMO MEXICANO

DESDE LA REFORMA
HASTA LA REVOLUCIÓN
(UNA INTERPRETACIÓN)

Alan KNIGHT
University oj Essex

PROCURO EN ESTE TRABAJO abarcar, en rápido recorrido, el pe-


riodo de la historia mexicana que va desde la revolución de
Ayutla (1854), que inició la reforma liberal, hasta la revolu-
ción de 1910. Para explicar esta etapa larga y compleja, en
la que el liberalismo se estableció como ideología dominante
del país, debo hacer antes algunas distinciones generales y
señalar ciertos periodos.
Distinguiré primero tres tipos de liberalismo que son, al
parecer, los mejores "conceptos organizadores" para entender
la naturaleza del liberalismo mexicano. Quiero demostrar que
todos pertenecen a la familia común del' 'liberalismo" , aunque
su ubicación en esta clase se deba más al significado históri-
camente compartido que aclara congruencia ideológica. Co-
mo Manning, no creo que sea posible discernir un "programa
esencialmente liberal" para juzgar a los candidatos de con-
dición "liberal".1 A 10 largo del siglo XIX puede observarse
el desarrollo de esos tres tipos como respuesta a cambios so-
ciales, económicos y políticos. Pero el resultado no fue la sus-
titución de un liberalismo por otro, sino la acumulación de
ideas, programas y grupos liberales. En consecuencia, elli-
beralismo en 1910 era una ideología dominante y heterodoxa
capaz de atraer, como 10 demostró la revolución, los grupos
más diferentes y antagónicos . Los tres tipos de liberalismo
que presento aquí son, pues, recursos anruíticos, con los cuales
podemos obtener algún sentido de esos intereses conflictivos.

1 MANNING, 1982, p. 32. Véanse las explicaciones sobre siglas y refe-


rencias al final de este artículo.

HMex, xxxv: 1, 1985 59


60 ALAN KNIGHT

En primer lugar, los creyentes en el liberalismo constitu-


cional insistían en las reformas políticas (gobiernos represen-
tativos, derechos jurídicos, equilibrio del poder centralista,
entre éste y el gobierno estatal y municipal, y, por lo gene-
ral, compromiso con el federalismo). Este tipo de liberalismo
surgió un decenio después de la independencia, cuando "do-
minó la fe en la magia de las constituciones", 2 Y la consti-
tución de 1824 era epítome de las esperanzas de federalistas
y constitucionalistas. Aunque esas esperanzas no se concreta-
ron, el liberalismo constitucional sobrevivió y surgió una vez
más a principios de este siglo bajo el liderazgo de Madero.
En segundo lugar, el liberalismo institucional apoyaba cam-
bios más amplios, es decir, más radicales. Pero las constitu-
ciones no podían garantizar un gobierno liberal y el progreso
social que le acompaña. Por ello, en los decenios de 1830 y
1840, voceros del liberalismo -como José María Luis Mora-
pedían suprimir el aparato colonial que no permitía el pro-
greso del país: los fueros eclesiásticos y militares, en especial,
comprometían la igualdad legal, y las tierras que poseían la
Iglesia y las comunidades eran obstáculo para la propiedad
privada y detrimento del progreso económico. El anticlerica-
lismo y los conflictos entre Iglesia y Estado fueron inevita-
bles, porque el liberalismo institucional acometió en especial
contra privilegios legales y propiedades de la Iglesia. Además,
se necesitab'a un gobierno activo para poner en práctica esas
reformas: "el problema -dice Hale- no era ya garantizar
la libertad individual por medio de la restricción constitucio-
nal arbitra.ria, sino reformar la sociedad mexicana para que
el individualismo tuviera algún sentido".3 Así pues, la Ley
Juárez (1855) terminó con los privilegios legales de los clérigos,
y la Ley Lerdo (1856) declaró ilegales las propiedades eclesiásti-
cas y comunales; ambas formaron parte de la gran constitución
liberal de 1857, cuya vigencia se extendió por sesenta años.
El tercer tipo -en cuanto menos obviamente liberal- es
más original y competitivo. En el último cuarto del siglo XIX
surgió lo que llamaré -pido disculpas por el término-libera-

2 HALE, 1968, p, 79,


3 HALE, 1968, p, III,
EL LIBERALISMO MEXICANO

lismo "desarrollista", cargado de positivismo. Como o c u r r i ó


a mediados del siglo pasado, el fracaso dio lugar a la evalua-
ción: aunque al final t r i u n f ó , el ataque a la herencia colonial
c o b r ó su cuota de estabilidad política y desarrollo e c o n ó m i c o .
Pero los liberales "desarrollistas" estaban preparados para
diferir prácticas constitucionales y derechos civiles en beneficio
de la estabilidad y el desarrollo. E l positivismo, con su esquema
evolucionista y su énfasis tecnócrata, presentaba a q u í —como
en otros países de I b e r o a m é r i c a , Brasil especialmente— jus-
tificación filosófica. Los liberales "tradicionales" h a b í a n fa-
vorecido las abstracciones "metafísicas, idealistas, legalistas",
pero los "desarrollistas" q u e r í a n u n gobierno fuerte —autori-
tario incluso—, que con la estabilidad permitiera liberar los
4
recursos productivos del p a í s . Por eso (aun antes de la dic-
tadura de D í a z , 1876-1911), los liberales victoriosos se dedi-
caron a construir una " m á q u i n a " política con la que el eje-
cutivo dominaba al legislativo y el gobierno central a los
5
estados. A u m e n t ó el poder presidencial, se arreglaron las
elecciones. Díaz que silenció el conflicto entre Iglesia y Estado,
conservadores y liberales para conseguir la estabilidad, llevó
adelante el proceso; a m á s del " o r d e n " , el Estado e s t i m u l ó
el "progreso" por medio de servicios (puertos, drenajes, d i -
versiones), subsidió los ferrocarriles y el transporte de carga
alentó la e d u c a c i ó n en las ciudades, al menos , cuyo ciclo
6
primario fue amplio p a t r i ó t i c o y de corte positivista. E n
los mexicanos (se les ordenaba a veces)
trabajar ahorrar estudiar leer crear y evitar la suciedad
el vicio la indolencia la bebida los deportes sanguinarios
la p r o s t i t u c i ó n y el juego E n vísperas de la revolución Justo
Sierra decía que la e d u c a c i ó n a l i m e n t a r í a la " r e l i g i ó n de la
p a t r i a " y q u i z á en u n par de a ñ o s e l i m i n a r í a las llagas de
pobreza superstición y alcoholismo (éste era para Sierra el
" m a l del siglo" S e g ú n dice González Navarro el alcoholismo
era cdíd.iixiíi¿tu iiacio±A<xi que p^eocupou-ía muuiu a ia eme p u i -
7
firiana)

4
RAAT, 1 9 7 5 , p. 50.
5
PERRY, 1978.
6 V Á Z Q U E Z DE K N A U T H , 1 9 7 0 , p. 86.
7
GONZÁLEZ N A V A R R O , 1 9 7 0 , pp. 72~78, 535-536.
ALAN KNIGHT

Estas preocupaciones y remedios no eran del todo nuevos.


L a indocilidad de la población era sonsonete antiguo, y la edu-
8
cación el sello de la política liberal. Pero la r e g e n e r a c i ó n ,
que liberales como M o r a q u e r í a n a mediados del siglo pasa-
do, era m á s moral, política y administrativa. A l grueso de
la p o b l a c i ó n —los i n d í g e n a s en especial— se le t e m í a o se le
9
descuidaba, pero no se le creía capaz de r e d e n c i ó n . Para es-
tos liberales la mejor solución eran los inmigrantes y la colo-
n i z a c i ó n europeos. Curiosamente, uno de los pocos precur-
sores del "desarrollismo" finisecular, fue el industrial Este-
b a n de A n t u ñ a n o , quien, preocupado por " l a falta de inte-
r é s del pueblo en la i n d u s t r i a ' ' , se anticipó al intento de la
é p o c a porfiriana de inculcar la ética en el trabajo por medio
del ingreso de n i ñ o s y mujeres a las fábricas, suspensión de
días festivos y creación de la " m e n t a l i d a d utilitaria en el
10
p u e b l o " , que se volvieron moneda c o m ú n a principios de
siglo.
Podemos ver en este escueto panorama, que hubo evolu-
ción en esos tipos de liberalismo; se opina t a m b i é n que hubo
periodos en esa evolución. Perdidas las esperanzas que alen-
tó el constitucionalismo del decenio de 1820, críticos libera-
les como M o r a y presidentes como G ó m e z Farías apoyaron
cambios institucionales m á s profundos que tocó poner en prác-
tica a la segunda generación de liberales, la de Benito J u á r e z .
Sus esfuerzos incitaron una reacción "conservadora militante"
y por u n decenio lucharon contra conservadores, clericales y
sus aliados extranjeros, en especial Maximiliano de Habsburgo
y los ejércitos de N a p o l e ó n I I I (1858-1867). C o n la ejecución
de M a x i m i l i a n o en el Cerro de las Campanas (1867), los l i -
berales obtuvieron u n triunfo p í r r i c o , en cierto sentido: ven-
cieron y desacreditaron la ideología conservadora clerical, pero
debieron hacer frente al caos e c o n ó m i c o v a conflictos inter-
nos e n d é m i c o s . De éstos surgió —vacilante con J u á r e z y v i -
goroso con D í a z — u n r é g i m e n neoliberal (liberalismo con-
servador le llamaron algunos) en el que triunfó el " o r d e n y

HALE, 1968, pp. 168-173; SINKIN, 1979, pp. 174-175.


HALE, 1968, p. 223.
' HALE, 1968, pp. 272-281.
EL LIBERALISMO MEXICANO 63

el progreso" sobre la facción, la inestabilidad y los derechos


constitucionales.
Se me d i r á que este análisis extiende demasiado el g é n e r o
" l i b e r a l i s m o " (Hale advierte contra el peligro de considerar
el liberalismo mexicano "como concepto proteico y abarca-
11
dor que se adapta a cualquier cambio i d e o l ó g i c o " ) . Se me
d i r á t a m b i é n , que la dictadura positivista de D í a z no fue tanto
el heredero cuanto —como dice Reyes Heroles— el sepultu-
rero del liberalismo, y que el porfiriato "se alejó totalmente
12
de los objetivos liberales". Hasta cierto punto no me preo-
cupaba mucho esa flexibilidad, n i que se quite fuerza al lina-
j e " l i b e r a l " del porfiriato —en lo estrictamente ideológico al
menos—, porque m i interés se halla en u n género vivo y cam-
biante no en u n conjunto fijo de ideas abstractas. Por ello,
lo que sigue es u n ensayo sobre la historia sociopolítica de
M é x i c o , cuyo tema básico es el liberalismo, no u n ensayo so-
bre la historia de las ideas. C o n esta base, la continuidad del
liberalismo —desde la Reforma hasta la R e v o l u c i ó n — pue-
de analizarse desde tres puntos de vista. Primero, hubo con-
t i n u i d a d en los individuos los políticos liberales
participaron en periodos sucesivos ( D í a z es el ejemplo clási-
co) fundaron dinastías de diversa naturaleza (caciques terra-
tenientes, como Maytorena de Sonora o Meixueiro de Oaxaca;
activistas de clase media como los Cabrera, M ú g i c a o Ser-
d á n - liberales "populares" como Zapata) eme perpetuaron
la política los rituales v lemas liberales Segundo a pesar de
las transformaciones políticas los liberales c o m p a r t í a n cierta
imagen de una nación-Estado' a la que todo ciudadano debía
fidelidad v una sociedad oara la aue eran importantes la oro-
piedad v í a s relaciones comerciales. " L a etapa m á s d i n á m i - \

ca del periodo [de J u á r e z ] dice Scholes fue el intento de i


introducir el capitalismo d e m o c r á t i c o " Ooina Tan Bazant '
aue f l programa de Tuárez implicaba " l a m o d e r n i z a c i ó n de ~¡
M é x i c o , es decir implantar lo que hoy llamamos capitalismo ~

1 1
H A L E , p. 303.
1 2
R E Y E S H E R O L E S , 1957-1961, ra, p. xvi; P E R R Y , 1974, pp. 648-649, pro-
pone que " D í a z resultó ser un gran l i b e r a l " , o p i n i ó n que concuerda con
m i argumento.
64 ALAN KNIGHT

13
m o d e r n o " . N o todos los liberales tenían visión avanzada y
"progresista" (los liberales populares y algunos de la élite m i -
raban m á s hacia el pasado), pero su actitud les s e ñ a l a b a esa
dirección. A d e m á s — y llego a q u í al tercer punto— h a b í a con-
tinuidad tanto en los medios cuanto en los fines. E n la b ú s -
queda de u n orden liberal, todos destacaban el papel de la
educación, todos favorecían cierto grado de secularización (los
liberales populares, en su m a y o r í a , estaban satisfechos con
las p é r d i d a s e c o n ó m i c a s sufridas por la Iglesia en la Refor-
ma; los liberales de la clase media urbana fueron m á s lejos,
porque q u e r í a n sofocar, incluso eliminar, la influencia social
y espiritual de la Iglesia); por ú l t i m o , todos c o n c e b í a n a M é -
xico como n a c i ó n - E s t a d o —no como bricollage de " r e p u b l i -
quetas de indios"—, y por ello eran patriotas en algún sentido.
A u n cuando no h a b í a mucha continuidad y sí muchas d i -
ferencias, los liberales s e g u í a n patrones claros. Fuera del po-
der apoyaban los derechos de los estados y el federalismo; pero
conseguido el poder — l o demuestran los gobiernos de J u á -
rez, M a d e r o y Carranza— t e n d í a n al centralismo, a trans-
gredir los sentimientos individuales y a concentrar el poder
en el ejecutivo. L a misma tensión que hubo entre jefferso-
nianos y hamiltonianos se advierte en ciertos ideólogos libe-
rales como M o r a . C o n frecuencia se v e í a n forzados a com-
prometer su liberalismo puro para crear —con la acción del
ejecutivo— u n medio propicio para el liberalismo. ( H a y en
el socialismo casos parecidos). Así, Porfirio D í a z , que t o m ó
el poder en 1876 con el lema "Sufragio efectivo, no reelec-
c i ó n " , cayó del poder en 1911 al son de las mismas palabras.
Producto de este ciclo clásico, el grupo liberal se dividió en
constitucionalistas que estaban " f u e r a " y centralistas (auto-
ritarios incluso) que estaban " d e n t r o " . Los primeros —como
los maderistas de 1910-1911, p e d í a n respeto por la venerable
c o n s t i t u c i ó n ; los segundos s e ñ a l a b a n las realidades de la so-
ciedad mexicana y a r g ü í a n buen estilo comteano que
sólo violando las bondades de la constitución (y los derechos
naturales que en teoría, les servían de base) p o d í a el régi-

1 3
SCHOLES, 1969, p. 1: BAZANT, 1960, p. 232; SINKIN, .1979, p. 5; Po
WELL, 1974, p. 66.
EL LIBERALISMO MEXICANO

m e n garantizar la estabilidad y el progreso que algún d í a re-


d u n d a r í a n en u n gobierno constitucional genuino. De esa ma-
nera, el positivismo a p o r t ó justificación coherente a la m á s
larga dictadura liberal: la de Porfirio D í a z .
Las vicisitudes políticas afectaron al liberalismo en aspec-
tos m á s profundos, que descubrieron luego esquemas visibles.
Las dos grandes conmociones internas del periodo (la guerra
de Reforma y la i n t e r v e n c i ó n francesa en los decenios ¡ 850
y 1860, y la Revolución de 1910) fueron movimientos de masas
que estimularon reacciones políticas verdaderamente popu-
lares, aspecto en el que la historia de M é x i c o — y quizá el
liberalismo mexicano— difiere de la del resto de América Lati-
na. L a Reforma —dice Justo Sierra— sacudió "conciencias,
hogares, ciudades y campo". A l mismo tiempo, el movimiento
confirió a las masas —a los campesinos sobre todo— cierta
ventaja táctica. Circularon nuevas ideas y se abrieron nuevas
14
oportunidades políticas. E n 1856, el embajador francés i n -
formó a París •—revelando sentimientos que se harían comunes
15
entre 1910 y 1920:

En este momento los indios gritan: ahora sabemos lo que somos


y lo que valemos; hasta ahora estuvimos ciegos, pero ahora se
han abierto nuestros ojos. Estas amenazas se han convertido en
acciones, aisladas aún, por suerte, pero suficientemente serias
como para causar preocupación.

Los grupos liberales p e q u e ñ o s y elitistas de 1820 —reunidos


en sus competitivas logias masónicas— abrieron camino a mo-
vimientos populares m á s amplios. El horror de los liberales
por esos movimientos que la " é l i t e republicana" de princi-
pios de siglo c o m p a r t í a con sus correligionarios europeos, de-
16
b i ó someterse a la realidad p o l í t i c a . Inevitablemente, el l i -
beralismo se convirtió en ideología activa, movilizadora, y
en ese proceso c a m b i ó su naturaleza, porque él mismo —o
las especies que se le a t r i b u í a n — p o d í a n pertenecer a dife-
rentes grupos por razones diversas. " N i n g u n a ideología es

1 4
G O N Z Á L E Z , 1972, p. 38j B U V E , 1975, pp. 118-120.
1 5
L Ó P E Z CÁMARA, 1967, pp. 219-220, n . 13.
1 6
L a frase es de P E R R Y , 1974, p. 640.
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totalmente absorbida por sus partidarios, dice E.P. T h o m p -


son; en la práctica se fragmenta en miles de formas ante la
17
crítica del í m p e t u y de la experiencia". Así recurrió con el
liberalismo británico —con el puritanismo, con el inconfor-
m i s m o b r i t á n i c o — y t a m b i é n con el liberalismo mexicano.
/ E n consecuencia, la hipótesis de este trabajo es que diver¬
; sos grupos adoptaron el liberalismo en diferentes momentos
i y por razones diferentes, y que ese cambio de relaciones en-
tre ideología y práctica d e t e r m i n ó la evolución del liberalis-
mo mexicano. Anticipando m i conclusión diré que, en m i opi-
I n i ó n , a mediados del siglo X I X hubo fusión del liberalismo
con los movimientos populares, que dio lugar (aunque los re-
sultados fueron algo paradójicos) a varios grupos liberales: u n
liberalismo popular representado por los campesinos, u n cons-
titucionalismo de la clase media urbana, y en el lado total-
mente opuesto al primero, pero sólo parcialmente opuesto al
segundo, u n liberalismo centralizador "desarrollista", que
s u r g i ó con el porfiriato. Por ello, la R e v o l u c i ó n de 1910, en
la que d o m i n ó la ideología liberal, se convirtió en movimien-
to popular liberal, en el que, por a l g ú n tiempo, los rebeldes
campesinos y los reformadores urbanos lucharon por una cau-
sa c o m ú n , compartiendo lemas y símbolos. E n lo ideológico}
la Reforma p r o p o r c i o n ó el argumento a la R e v o l u c i ó n .
Pero para que esto ocurriera, fueron necesarios dos elemen-
tos externos. E n primer lugar —aunque de menor importan-
cia—, influyeron los modelos políticos extranjeros. Nada
nuevo h a b í a en esto: " e l pensamiento prerreformista —dice
18
H a l e — está saturado [de ejemplos europeos]". Pero hacia
1900, la A m é r i c a progresista se s u m ó a Francia y E s p a ñ a ,
antiguas fuentes de inspiración liberal. Muchos líderes de la
R e v o l u c i ó n , norteños en su m a y o r í a , conocían esa nueva fuen-
te de primera mano. Estados Unidos apoyaba la política liberal
y el capitalismo d i n á m i c o , ambos í n t i m a m e n t e relacionados.
Cuando los presidentes D í a z y Taft se reunieron en la fron-
tera en 1909, u n angustiado liberal mexicano se quejaba del
agudo contraste: " e n u n lado estaba toda la sencillez de la

1 7
TJ cL n
H xOA
MoPob nu M
N, 1Q 7 9 n.
p T4 -J3 1
1 .

1 8
HALE, 1 9 6 8 , p . 2 9 ; NIIRANDA, Í 9 5 8 , p p . 5 1 2 - 5 1 3 .
EL LIBERALISMO MEXICANO 67

verdadera democracia, y en el otro toda la pompa y vanagloria


19
de u n sultanato o r i e n t a l " . E n esos momentos, los liberales
de la oposición empezaban a usar recursos estadunidenses para
la vieja causa: breves visitas a p e q u e ñ o s poblados, manifes-
taciones, convenciones de partido, botones alusivos para la
solapa. E l liberalismo tradicional de mediados de siglo, for-
j a d o en guerras civiles e intervenciones, se t e ñ í a ahora con
novedad, cosmopolitismo y modernidad, por lo menos entre la
clase media urbana en constante aumento. Opinaba Francisco
M a d e r o , que " i m i t a r el estilo americano era moda recomen-
20
dable e i n f l u y e n t e " .
M á s importante era el profundo cambio económico que pro-
m e t í a a M é x i c o integración al mercado internacional, que fue
el e s t í m u l o material y la justificación para el liberalismo de-
sarrollista finisecular. Los liberales reclamaban ahora servi-
cios públicos, ferrocarriles, higiene, e d u c a c i ó n , m o d e r a c i ó n
y sobre todo moralidad en el pueblo mexicano, indolente y
saturado de pulque. N o lo hicieron sólo porque otras nacio-
nes avanzadas reconocían la obligación del Estado en alentar
el progreso; lo h a c í a n t a m b i é n porque la naturaleza del de-
sarrollo mexicano parecía necesitarlo. Es necesario señalar que
ésta era una situación nueva. N i la propiedad privada n i la
o b t e n c i ó n de beneficios eran novedad: investigaciones pro-
fundas han demostrado que los hacendados "tradicionales"
buscaban obtener beneficios, y que incluso los campesinos —si
el mercado les ofrecía alguna oportunidad— se c o n v e r t í a n en
21
"capitalistas de a centavo", como los denomina Sol T a x .
Antes de 1870 c r 3 . i i m u y limitadas las oportunidades para te-
rratenientes y campesinos. D e s p u é s de esa fecha, a u m e n t ó
la capacidad para producir, exportar y acumular r á p i d a m e n t e .
L a demanda internacional, que p r o v e n í a de la industria del
norte del A t l á n t i c o y del consumo urbano, alentó la exporta-

2 0
MEADERO, 1 9 0 8 , pp. 11, 50, 195-196.
2 1
T A X , 1 9 5 3 . Si la o b t e n c i ó n de utilidad, dentro de un mercado cons-
tituye u n a c o n d i c i ó n suficiente de "capitalismo", es u n a c u e s t i ó n decisi-
va, le d a r í a m o s u n a respuesta negativa; sin embargo, el punto a estable-
cer a q u í es l a presencia, a lo largo del siglo xix y a ú n antes, de mercados
y utilidades, no de capitalismo.
68 ALAN KNIGHT

ción mexicana que creció nueve veces entre 1877 y 1910. L a


i n v e r s i ó n extranjera, apoyada por el subsidio del gobierno,
p e r m i t i ó extender las vías ferroviarias, que transportaron mer-
c a n c í a entre regiones en desarrollo y mercados nacionales e
internacionales. Los terratenientes, siempre listos para obte-
ner beneficios, tuvieron oportunidades sin precedentes (aun
los que p r o d u c í a n alimentos básicos se beneficiaron con la i n -
flación y el aumento en el costo de la tierra), y reaccionaron
con vehemencia aumentando sus acciones, desproveyendo a
p e q u e ñ o s propietarios y accionistas, elevando rentas, invir-
tiendo y aumentando la fuerza de trabajo. Las comunidades
campesinas disminuyeron o desaparecieron, los campesinos
22
se convirtieron en peones y, aunque en menor p r o p o r c i ó n ,
la p r o d u c c i ó n fabril s u p e r ó la artesanal, sobre todo en los
textiles.
Esta transformación (formar una clase trabajadora, inculcar
disciplina y horario de trabajo) se ha estudiado mucho en
23
Europa y poco en A m é r i c a L a t i n a . Se ha analizado en es-
pecial la función de la ideología. E n la Inglaterra d e c i m o n ó -
nica, el metodismo sirvió como "simple e x t e n s i ó n de la ética
24
[puritana] en u n medio social que c a m b i a b a " ; en África,
d e s p u é s de l a colonia, formas casi socialistas de " p u r i t a n i s -
mo p o l í t i c o " que hacían "énfasis en el sacrificio y en el trabajo
i n d u s t r i o s o " , apuntalaron "esforzadas operaciones econó-
25
m i c a s " ; y en M é x i c o , a principios del siglo X X , d e s e m p e ñ ó
esa función el liberalismo desarrollista — t r a n s f o r m a c i ó n del
liberalismo tradicional—, a menudo en alianza con el protes-
26
t a n t i s m o . E l crecimiento e c o n ó m i c o e industrial —prerre-
quisito positivista del futuro gobierno representativo— exigía
frugalidad, sobriedad, devoción al trabajo, iniciativa, salud
e higiene que brillaban por su ausencia. Es de notar que en
este p u n t o c o i n c i d í a n los liberales de la clase media urbana
(incluso los obreros) con sus amos porfirianos. Si u n hacen-
dado c a ñ e r o de Morelos se quejaba porque los campesinos de

1
VVOMACK, 1979, cap. 2, ofrece un estudio clásico.
2 3
B A U E R , 1979, pp. 34-63, abre un nuevo campo.
T H O M P S O N , 1972, p. 390.
2 5
APTER, 1960, pp. 32o-328, 331, 342.
26 K N I G H T , 1981, ofrece ejemplos de c o n e x i ó n protestante.
EL LIBERALISMO MEXICANO 69

27
su estado eran ociosos, borrachos y ladrones"; si M i g u e l
Macedo —ideólogo porfirista— lamentaba el " e s p í r i t u a n á r -
quico, rebelde y obstinado de la plebe, que carece de orden,
de c o o p e r a c i ó n y es hostil a los ideales de la era capitalis-
2 8
t a " , no diferían mucho de sus oponentes. Estos, aunque
no acordaban en cuestiones políticas y v e í a n m á s por el bie-
nestar del pueblo, coincidían en que los mexicanos necesita-
ban m á s moral, disciplina y e d u c a c i ó n que les ayudaran en
el trabajo productivo y patriótico."' En consecuencia, los
vencedores de 1910-1920 llegaron al gobierno con una ideo-
logía de c u ñ o parecido al de sus opositores; el liberalismo de-
sarrollista surgió de la revolución m á s fuerte que nunca, en-
tre otras razones, por su nuevo sello revolucionario y populista.
H e insistido en que el liberalismo debe entenderse desde
puntos de vista prácticos e históricos. Puesto que su éxito de-
p e n d í a de la actividad de grupos políticos, no funcionaba com-
ino abstracción remota, superestructura!. E l grupo tradicio-
nalmente liberal de principios de siglo es bien conocido: la
reducida clase media citadina, que, temerosa de la revuelta
popular y la " g u e r r a de castas", se alteraba ante los privile-
gios colectivos y la c o r r u p c i ó n del gobierno. El liberalismo
a t r a í a ciertos tipos provincianos e individualistas, caudillos
especialmente, que no aceptaban el poder de la capital y la
burocracia allí concentrada, herencia que la " R e p ú b l i c a bor-
30
b o n a " recibió de la colonia. Por ello, los conflictos entre
liberales y conservadores de principios del siglo X I X , que lle-
garon a su punto álgido en los decenios 1850 y 1860, opusieron
31
la periferia liberal al centro clerical y conservador, reacción
que, en ciertos aspectos, repitió la R e v o l u c i ó n de 1910.
Conservadores y liberales necesitaron apoyo popular des-
p u é s de la revolución de A y u t l a , porque desde esa fecha los
conflictos se volvieron m á s intensos y amplios. Los conserva-

2 7
WOMACK, 1 9 7 9 , p. 43.
2 8
GONZÁLEZ N A V A R R O , 1 9 7 0 , p. 416.
V A U G H A N , 1 9 7 5 , pp. 1 7 - 3 3 , da ejemplos, m á s de los que se h a l l a r á n
en K N I G H T , s/f, cap. 9-ix.
^ CHEVALIER, 1 9 6 4 , pp. 457-474.
^ SÍNKIN, 1 9 7 9 , pp. 37-38.
70 ALAN KNIGHT

dores p o d í a n , en general, confiar en el ejército profesional


—heredero de la t r a d i c i ó n b o r b ó n i c a de la ú l t i m a parte del
siglo X V I I I que disfrutaba del fuero m i l i t a r — , pero los libe-
rales d e b í a n procurar el apoyo de ejércitos que mandaban los
caudillos o de la nueva guardia nacional. ( A veces, ésta h a c í a
causa c o m ú n con los campesinos rebeldes. E n 1850, uno de
esos cuerpos, apostado en Morelos, rehusó desalojar a los cam-
pesinos de una hacienda, porque " n o veían cuál era el crimen,
y no p o d í a n usar sus armas contra sus hermanos y sus dere-
32
chos, ya que todos p e r t e n e c í a n a la clase p o p u l a r " ) . H a b í a
t a m b i é n caudillos que sostenían su poder en cierto carisma:
J u a n Á l v a r e z —tipo clásico— reclutaba sus " p i n t o s " en las
costas de Guerrero e incursionaba con frecuencia tierra aden-
tro (especialmente en 1854) en apoyo de la causa liberal, con
lo que alarmaba a sus respetables aliados liberales y a sus ene-
33
migos conservadores por i g u a l . L a relación de Alvarez con
los campesinos no era pareja n i desinteresada pero se iustifi-
F F J >F J
caba su popularidad. Así como los rebeldes de A y u d a
r o n la causa de los i n d í g e n a s en los impuestos especialmente
Á l v a r e z a y u d ó a los rebeldes'de su estado en cuestiones pare-
34
cidas, y t a m b i é n a los de Oaxaca y Puebla. Otros caudillos
-
liberales aoovaron revueltas campesinas Olarte en Veracruz
Arellano en Morelos Antonio Rojas en Mazamitla Í M i c h o a -
cán) ouien para disgusto de sus correligionarios a v u d ó a los
35
i n d í g e n a s de la localidad a recuperar sus tierras,
Los liberales buscaban el apoyo popular faute de mieux, pe-
ro h a b í a otra r a z ó n para conseguir esa alianza. L a promesa
de u n gobierno federal y representativo a t r a í a a los caudillos
ansiosos por conservar el poder local y t a m b i é n a los campe-
sinos. Éstos, que m a n t e n í a n viva la tradición del gobierno
m u n i c i p a l , t e n í a n como experiencia del Estado (el corrupto
y caótico posterior a 1821) los impuestos arbitrarios y la te-
m i d a leva. Los gobiernos liberales.no eran inocentes de estos

3 2
REINA, 1980, pp. 162-163.
3 3
D Í A Z D Í A Z , 1972, p. 94 ss.
3 4
REINA, 1980, pp. 127, 169, 235-236, 250.
3 5
R E I N A , 1980, pp. 171, 326; GONZÁLEZ, 1972, p. 44; POWELL, 1974, pp.
49-50.
EL LIBERALISMO MEXICANO

abusos, pero los r e g í m e n e s conservadores s i s t e m á t i c a m e n t e


reemplazaban funcionarios elegidos por los que ellos designa-
36
b a n . Los liberales que prometieron u n a democracia jeffer-
soniana, en la que cada comunidad p o d í a escoger su gobierno
(algunos, como Otero, le dieron real apoyo), hicieron coro
al viejo sueño iberoamericano, que se concretó por breve tiem-
po bajo la égida zapatista en 1914-1915: " l a u t o p í a de la l i -
37
bre u n i ó n de los clanes rurales". Así pues, Olarte se rebeló
en Veracruz (1836) pidiendo u n Estado soberano y u n " r é -
gimen representativo popular federal", t é r m i n o s que usaron
t a m b i é n los rebeldes de L a Barca en Jalisco (1857). El líder de
la r e b e l i ó n chamula en Chiapas (1869) contestó al oficial
38
de las tropas enviadas para r e p r i m i r l a :

En cuanto a la Constitución y a las leyes que con tanta insisten-


cia me cita, le diré que de acuerdo con esa Constitución y esas
leyes, todos los ciudadanos tenemos derecho de elegir las auto-
ridades que nos gobiernen; pero ni yo ni mis compañeros de ar-
mas hemos tenido mínima parte en el nombramiento de ese go-
bierno farsante de hojalata al que usted pertenece.

L a t r a d i c i ó n p e r d u r ó hasta los ú l t i m o s decenios del siglo


pasado, é p o c a en que el centralismo porfiriano convocó fre-
cuentes protestas de los autonomistas. Los rebeldes T o m ó c h i c
(Chihuahua, 1892) —miembros de la comunidad que a dis-
tancia l u c h ó por la causa liberal en los a ñ o s de 1850— se
alzaron contra D í a z , porque "nadie d e b í a interferir, n i mo-
lestarlos para nada, n i meterse en sus asuntos", frases de nu-
merosos movimientos autonomistas que surgieron durante la
39
R e v o l u c i ó n de 1910.
H a b í a , para decirlo de otra manera, cierta "afinidad electi-

3 6
POWELL, 1 9 7 4 , pp. 49-50.
3 7
W O M A C K , 1 9 7 9 , p. 2 2 4 . P a r a el extremo federalismo y coqueteo con
el "socialismo asociativo" fourrierista de Otero, v é a s e H A L E , 1 9 6 8 , pp.
1 8 4 - 1 8 7 . E l federalismo español de P i y Margall sugiere una similar con-
gruencia de particularismo local y un federalismo liberal extremo, bordean-
do el a n a r q u i s m o , HENNESSY, 1 9 6 2 .
3 8
REINA, 1 9 8 0 , pp. 4 9 , 1 4 9 , 3 2 7 .
A L M A D A , 1 9 3 8 , pp. 8 6 - 8 7 ; VANDERWOOD, 1 9 8 1 , pp. 9 1 - 9 3 . E n otro lu-
gar hemos tratado esos movimientos SBTTUtlOS, K.NIGHT, 1980, pp. 27-36.
72 ALAN KNIGHT

va entre las demandas campesinas y las promesas (no exacta-


mente la práctica) políticas del liberalismo d e c i m o n ó n i c o :
interés e ideología coincidían. El reclutamiento de fuerzas po-
pulares y campesinas estaba sujeto a las circunstancias y a
las presiones de necesidades inmediatas. Pero no debe subes-
timarse la lealtad a la que daba lugar ese reclutamiento " c o n -
t i n g e n t e " . Cierto tipo de acontecimientos (lo demuestra el
estudio de Bois sobre los chuanes) pueden crear alianzas que
40
se vuelven estructurales. A s í t a m b i é n , las comunidades
mexicanas que se aliaron al calor de la guerra civil, se con-
servaron por generaciones: el compromiso se t r a n s m i t í a por
t r a d i c i ó n oral en los símbolos y por los conflictos — q u i z á la
r a z ó n m á s poderosa— que con frecuencia s u r g í a n entre los
pueblos y haciendas de filiación opuesta. J u c h i t á n , liberal,
peleaba con Tehuantepec, conservador. Los juchitecos se opu-
sieron a Santa A n n a en el decenio de 1850, al clan D í a z du-
rante el porfiriato y al gobierno de Oaxaca en la R e v o l u c i ó n
(Tehuantepec t o m ó el lado contrario); t a m b i é n las tropas j u -
chitecas asignadas a Y u c a t á n se negaron rotundamente 3, U S 9 X
el distintivo verde —color enemigo— porgue su color el
41
r o j o . E n Puebla, los liberales de la montaña que mandaba
el cacique M é n d e z se enfrentaron a los conservadores del lla-
no que dirigía Rosendo M á r q u e z . En algunos casos —1 xt c-
42

peji Oaxaca por ejemplo el origen de los feudos se p e r d í a


en el pasado pero no por eso relajaban su brío n i eran menos
43
de mantener la alianza de su facción
Participar en conflictos previos a y u d ó a definir alianzas y
adquirir cierto espnt de corps. "Esos vagos del sur son duros",
c o m e n t ó D í a z de la gente de Morelos, que opinaban de sí lo
mismo, porque se h a b í a n formado en generaciones de revuel-
44
tas locales. Las peticiones y manifiestos de la guerra de Re-
forma y la R e v o l u c i ó n abundaban en referencias a conflictos
y triunfos pasados: la revolución de 1810, la reacción de la

4 0
Bois, 1 9 7 1 .
4 1
POWELL, 1974, p . 7 1 ; COVARRUBIAS, 1946, p p . 159-160, 219; BOLÍO,
1967, p. 94.
4 2
Cosío VILLEGAS, 1 9 5 5 , p . 168.
4 3
KEARNEY, 1972.
44 \VAV/ ^Ü,M
wA,™
C^K, JÍ Q
J /7zQJ , p . Ofl
¿U.
EL LIBERALISMO MEXICANO 73

comunidad contra gachupines, franceses y conservadores,


triunfos de viejos caudillos como J u a n Alvarez, traiciones de
45
pasados gobiernos. La definición de patriotismo de R e n á n
—haber hecho juntos grandes cosas, querer hacerlas a ú n —
se aplicaba t a m b i é n al patriotismo mexicano. H a b í a a d e m á s
cuestiones prácticas: la v e t e r a n í a de la comunidad significa-
ba t a m b i é n que había una provisión secreta de armas —viejos
fusiles y aun, como en el caso de los T o m ó c h i c , dos piezas de
artillería donadas por el agradecido gobierno liberal en el de-
46
cenio de 1850.
H a y otro elemento circunstancial m u y importante. M é x i -
co sufrió la invasión estadunidense en los a ñ o s cuarenta y la
francesa en los sesenta. Durante la guerra con Estados U n i -
dos fue ambivalente la actitud de los líderes liberales (algu-
nos eran proestadunidenses e incluso favorecían la a n e x i ó n ,
porque s u p o n í a n que ése era el camino m á s corto hacia u n
M é x i c o liberal), pero en 1860 fueron el mejor blanco de los
invasores. Por su lado, los conservadores, que eran en esen-
cia antiestadunidenses y t e n í a n u n tipo de liberalismo h i s p á -
nico y católico, no estuvieron a la altura de las circunstan-
cias: hubo primero la rebelión " p o l k a " de 1847, en la que
grupos armados proclericales destituyeron al gobierno libe-
ral en medio de la guerra con Estados Unidos; luego la Igle-
sia y los conservadores apoyaron la aventura de N a p o l e ó n I I I ,
problema m á s grave a ú n . Ante las circunstancias, el partido
liberal se d i s t i n g u i ó por su patriotismo. L a resistencia larga
y terca de J u á r e z contra franceses e imperialistas a s e g u r ó la
47
" c o m b i n a c i ó n indestructible" de liberalismo y patriotismo.
N a p o l e ó n I I I fue el liberalismo mexicano lo Hitler
el comunismo yugoslavo.
Esa fusión entre liberalismo y patriotismo, que o c u r r i ó al
promediar el siglo X I X , es algo complejo, poco estudiado en
m i opinión, que puede malinterpretarse si llegan a influir casos

4 5
Por ejemplo: ia petición de "indios" y "trabajadores pobres" de Ix-
tepeji a Madero, junio 16, 1911, en Archivo Madero, Museo de Antropo-
l o g í a e Historia, M é x i c o , D . F . , Rollo 20; p e t i c i ó n de B a c h í n i v a (ca. 1899)
a L u i s Terrazas, Archivo Silvestre T e r r a z a s , Bancroft L i b r a r y , Berkeley.
VANDERWOOD, 1981, p. 91.
4 7
SINKÍN, 1979, p. 167.
74 ALAN KNIGHT

europeos parecidos, como el italiano por ejemplo. A l parecer,


los liberales no contaron con el apoyo de indignados patrio-
tas; por lo menos, no los tuvieron en 1846-1847. Los líderes
liberales estaban consternados por la docilidad del pueblo ante
la i n v a s i ó n estadunidense (¿por q u é , preguntaba Otero, no
48
se levantaron como los españoles contra Bonaparte?). Fue
excepción, m á s que regla, la confluencia de demandas patrió-
ticas y populares en el curioso Plan de Tantoyuca de J u a n
49
L l ó r e n t e (1848). Las numerosas rebeliones campesinas que
b r o t a r o n en la época de la guerra con Estados Unidos mani-
fiestan, al parecer, el caos político y t a m b i é n la reacción al
exceso de impuestos de esos a ñ o s m á s que inquieta resisten-
cia popular y patriótica. L a i n t e r v e n c i ó n francesa era cues-
t i ó n diferente, pero tampoco en este caso hubo resistencia.
Los franceses y sus aliados conservadores, que en ciertas cir-
cunstancias eran capaces de obtener el apoyo popular (vol-
v e r é al tema m á s adelante), obligados a combatir los centros
de poder liberales, apelaron a traspasos ficticios, impuestos
50
y reclutamientos forzados. S e g ú n informe de u n oficial a
M a x i m i l i a n o (1866), el odio a los franceses era general en M i -
c h o a c á n ; la misma repulsa la cjue se incluía la opresora
legión a u s t r í a c a h a b í a en Oaxaca, a pesar de que en u n
51
principio, la o p i n i ó n h a b í a sido allí favorable. Como suele
o c u r r i r las operaciones contra las guerrillas que eran libe-
52
rales sólo consiguieron ganar para éstas el apoyo popular
E n consecuencia la vieja alianza liberal con su cubierta de
patriotismo se hizo m á s sólida y se crearon alianzas nuevas

OINKIN, i y / y , p. ¿ o , iriALE, iyoo, pp. ij-i^t.


4 9
REINA, 1980, pp. 17, 345.
5 0
L o s franceses ' 'han conducido su conquista con muy poca conside-
ración de los sentimientos de la p o b l a c i ó n ' ' , comentaba un observador bri-
t á n i c o en septiembre de 1866. Esto no era u n mero prejuicio; aparte de
sufrir las usuales exaciones e c o n ó m i c a s del ejército, las comunidades eran
v í c t i m a s del pillaje (Galeana, Nuevo L e ó n ) , bombardeadas desde e! mar
( G u a y m a s , Sonora) y arrasadas hasta los cimientos (Concordia, Sinaloa,
T l a c o l u l a , Veracruz). V é a s e DABBS, 1963, pp. 226, 233-237.
5 1
P O W E L L , 1974, pp. 124-125; B E R R Y , 1981, pp. 96, 112, y DABBS, 1963,
pp. 111, 131-132, 177, 226-268, sugiere u n progresivo deterioro de las re-
laciones entre las fuerzas de Bazaine y la p o b l a c i ó n mexicana.
5 2
Sobre las contra-guerrillas, DABBS, 1963, pp. 35, 232-233.
EL LIBERALISMO MEXICANO 75

en el curso de la contienda. Caudillos liberales —como Por-


firio D í a z — , a la cabeza de p a u p é r r i m o s guerrilleros, se h i -
cieron famosos (caso parecido al de A n d r é s C áceres que con-
dujo a los serranos del P e r ú contra los invasores chilenos a
principios del decenio 1880). E n todo el p a í s , liberalismo y
patriotismo fueron una misma cosa para el grupo de los ins-
truidos, el de la " g r a n t r a d i c i ó n " , y t a m b i é n para el de la
" p e q u e ñ a t r a d i c i ó n " , que se conservó meticulosamente en
la memoria familiar y comunal, en las canciones, en la retó-
rica y en los aniversarios (el 5 de mayo, por ejemplo). Ese
patriotismo popular —como el español de a ñ o s anteriores—
estaba ligado sólidamente a la singularidad local, y se transfor-
m ó luego en obstáculo para ciertas formas de nacionalismo
estatal. Liberalismo y patriotismo popular —circunstancial-
mente unidos por la intervención francesa— estaban en el ex-
tremo opuesto al patriotismo nacionalista y centralizado que
las élites porfiriana y revolucionaria quisieron imponer al país
El compromiso de los campesinos con el liberalismo deci-
m o n ó n i c o —fortuito en parte, y en parte lógico— era para-
dójico. L o m á s importante para el pensamiento liberal era
destruir la propiedad corporativa —de la Iglesia, de la co-
m u n i d a d ( i n d í g e n a en especial). Rotas las ataduras comuni-
tarias —pensaban los liberales— los campesinos atrasados se
t r a n s f o r m a r í a n en campesinos acomodados, productivos en
lo e c o n ó m i c o y estables en lo político. Opinaba u n político
liberal (1855), que al deshacerse el vínculo de la comunidad
i n d í g e n a " d a r í a n m á s valor a la propiedad, m e j o r a r í a n su
forma de vida, identificarían su interés personal con el p ú -
53
blico, y así sería imposible una guerra de castas". Los l i -
berales desarrollistas del porfiriato, por supuesto, estaban de
acuerdo. E n 1886, el gobernador de Guerrero declaró que
al deshacerse el v í n c u l o cooperativo " a u m e n t a r í a . . . el va-
lor de la propiedad bajo la poderosa influencia del interés
54
i n d i v i d u a l " , es decir, sería la apuesta de M é x i c o con la
fuerza. Pero —opina Eric Wolf— la desarticulación de la pro-
piedad comunitaria ha sido u n proceso largo, saturado de

^ FRASER, 1 9 7 1 , p. 628.
^ J A C O B S , 1 9 8 2 , p. 43.
ALAN KNIGHT

55
conflictos. E n la región central de México sobre todo, don-
de era m á s fuerte la t r a d i c i ó n comunal, hubo numerosas pro-
56
testas y rebeliones. Puesto que la fractura de la corpora-
ción, a la que c o n t r i b u y ó la Ley Lerdo, era política liberal
que a m p a r ó la constitución de 1857, algunas rebeliones ad-
auirieron matices conservadores y antiliberales: fueron sus
líderes caudillos conservadores como M e j í a y algunos curas
de parroquia; M a n u e l Lozada, bajo el lema " r e b e l i ó n y tie-
r r a s " , e n c a b e z ó u n a revuelta en el noroeste y los yaquis re-
57
beldes se unieron al partido imperialista. Pero no se explo-
tó lo suficiente la alianza entre conservadores y campesinos.
L a mayor parte de los conservadores defendían el derecho de
la Iglesia a conservar sus propiedades, pero favorecía la diso-
58
lución continua de las propiedades comunales i n d í g e n a s .
A u n M a x i m i l i a n o — m á s liberal que muchos de sus correli-
gionarios mexicanos— c o n s e r v ó la Ley Lerdo y se opuso a
cualquier r e s t a u r a c i ó n de propiedades disueltas. Los juaris-
tas liberales pudieron conseguir m á s apoyo popular a pesar
de la naturaleza antipopular de su legislación agraria ¿ c ó m o
pudo ocurrir esto?
Debemos tener en cuenta dos puntos; en primer lugar, la
disolución no fue inmediata n i uniforme. E n muchas regio-
nes los pueblos conservaron sus tierras; en buena parte del
centro de M é x i c o hasta 1870, en Guerrero hasta principios
de siglo, y en Oaxaca hasta la R e v o l u c i ó n . '' C o m o en tan-
tas cosas de M é x i c o , el decreto legislativo no engendraba el
cambio. E n muchos casos, la agresión real a la propiedad co-
m u n a l llegó en los decenios 1880 y 1890, cuando h a b í a desa-
parecido la g e n e r a c i ó n liberal de J u á r e z y Lerdo, y llegaban
al poder los liberales desarrollistas del porfiriato que tendie-
ron a la c e n t r a l i z a c i ó n , la estabilidad y r á p i d o desarrollo ca-

5 3
W O L F , 1973, especialmente pp. 276-280.
5 6
POWELL, 1974, p. 82 ss.
5 7
POWELL, Í 9 7 4 , p. 65; R E I N A , 1980, pp. 129-292; M E Y E R , 1 9 7 / , po-
nencia presentada en l a " C a u d i l l o and Peasant Conference", C a m b r i d -
ge, abril.
5 8
FRASER, 1 9 / 1 , p. 627.
5 9
POWELL, 1974, pp. 140-141; TAGOBS, 1982, pp. 45-47; B E R R Y , 1981,
pp. 163, 180-191.
EL LIBERALISMO MEXICANO 77

pitalista. H a b í a , a d e m á s , muchas comunidades campesinas


(algunas recientes, otras formadas de haciendas desmembra-
das) que basaban su posesión en t é r m i n o s diferentes a las nor-
mas tradicionales de la c o r p o r a c i ó n ; algunas eran de factura
liberal, como las colonias liberales que creó Benito J u á r e z en
60
C h i h u a h u a . Para éstas, el crecimiento del mercado y la
a c u m u l a c i ó n de capital d e s p u é s de 1870 eran amenaza mayor
que la legislación liberal de 1850. Así pues, es posible que
las comunidades campesinas —las de Morelos en especial—
vieran los duros tiempos del liberalismo (1850-1860) con afec-
tuosa nostalgia y patriótico orgullo. Aquéllos fueron los buenos
tiempos, cuando el pueblo a y u d ó en la derrota de conservado-
res y franceses, mientras conservaba cierta a u t o n o m í a políti-
ca y económica, y todo lo hizo bajo el estandarte del liberalismo
61
j u a r i s t a . A u n el Porfirio D í a z de los primeros tiempos
—caudillo liberal, popular, que se inclinaba a veces en favor
62
de las demandas campesinas— p o d í a verse con s i m p a t í a .
Pero a principios de siglo, la p r e o c u p a c i ó n del presidente por
esas demandas —evidente en el caso de Tamazunchale— cho-
caron con los intereses de los terratenientes, que h a b í a n cre-
cido sin pa.ij.S3. con la g e n e r a c i ó n anterior, que comercializó
6 3
el aero E n Morelos el desarrollo eme p r o p o n í a el oorfiria-
to implicaba ataoue constante a los reductos campesinos- v
aunque las plantaciones azucareras se extendieron parte en
v i r t u d de la legislación cjiie Lerdo puso en marcha en el de-
cenio de 1850 la situación no se manifestó inmediatamente
y no se r o m p i ó la alianza liberal de los campesinos de M o r e -
los Para ellos v oara otras comunidades campesinas el ma-
d u r o r é g i m e n porfiriano de los ú l t i m o s decenios del siglo pa¬
sado v el primero del nuestro ( r é g i m e n liberal desarrollista
o si se prefiere dictadura de orden v nrocesrA era el verdadero
enemigo I os desposeídos A h i t a n t e s de Fscninana ( S i n a l o ^
se nueiahan con esa mezcla de h u w h o l e v r e r n i n L - e n r i . h
-
tórica tan característica de las peticiones campesinas " L o s

6 0
G O N Z Á L E Z , 1 9 7 2 ; S C H R Y E R , 1 9 8 0 , pp. 2 6 - 3 1 ; K A T Z , 1 9 8 1 , p. 8.
6 1
WOMACK, 1 9 7 9 , pp. 7-9.
6 2
WOMACK, 1979, p. 8; Cosío VILLEGAS, 1955, pp. 100, 117-120,
179-180.
6 3
S T E V E N S , 1 9 8 2 , pp. 153-166.
78 ALAN KNIGHT

indios no tuvieron el m í n i m o problema durante la colonia,


la independencia, la i n t e r v e n c i ó n estadunidense y la france-
sa, y la reforma, pero llegó la dictadura del general D í a z , y
6 4
todo fue represión., violencia y abusos sin l í m i t e " .
El crecimiento, producto de la e x p o r t a c i ó n , la acumula-
ción de capital y la fuerte construcción del Estado —que dio
p o r resultado u n liberalismo diferente, positivista—, y sirvió
para confirmar la lealtad liberal forjada a mediados del siglo
X I X . E r a , pues, natural que surgieran las viejas familias l i -
berales para encabezar la oposición a D í a z a principios del
siglo, y que ésta, al levantarse Madero en 1910, adoptara una
r e t ó r i c a liberal clásica, no agraria o socialista.
E n algunas comunidades campesinas, la conservación del
liberalismo d e p e n d i ó de la aplicación inadecuada y t a r d í a de
la legislación liberal (por eso cayó en el oprobio la genera-
ción de liberales porfirianos), pero en otras se debió al éxito de
la Reforma. S e g ú n informan algunos estudios, el sueño
de crear u n campesinado con buena posición e c o n ó m i c a no
fracasó totalmente. Los grandes hacendados recogieron los
frutos de la disolución (en el campo al menos), y la Reforma
c o n t r i b u y ó a aumentar las filas de los granjeros medios, los
rancheros, que aumentaron de 15 000 en 1854 a 48 000 en
1910.
Algunos rancheros —como los de San J o s é de Gracia—
que eran conservadores y católicos, desconfiaban del régimen
65
liberal, m a s ó n i c o de D í a z . Pero otros, los que, suponemos,
se beneficiaron con la e x p r o p i a c i ó n de tierras de la Iglesia,
y absorbieron la e d u c a c i ó n de las escuelas primarias juaris-
tas y porfirianas, eran, por inclinación natural, liberales. De
ese estilo fueron líderes revolucionarios como Alvaro O b r e g ó n ,
66
en Sonora; en el norte de Guerrero — b a s t i ó n conservador
en otro tiempo— se aposentó una progenie de hacendados en
la que se d i s t i n g u í a n los Figueroa ( " d o s elementos decisi-

6 4
Enrique Rojas y 1 2 0 indígenas comuneros a Madero, julio 1 9 , 1 9 1 1 , A r -
chivo M a d e r o , Rollo 2 1 .
6 5
GONZÁLEZ, 1 9 7 2 ; M C B R I D E , 1 9 7 1 , pp. 8 2 - 1 0 2 , sobre el desarrollo y ca-
rácter de los rancheros.
6 6
A G U I L A R C A M Í N , 1 9 8 0 , pp. 9 2 - 9 3 , 101-102, 118-119.
EL LIBERALISMO MEXICANO

vos hubo en la formación de la ideología de los Figueroa: su


67
origen ranchero y su educación l i b e r a l " ) ; en la Sierra A l t a
de H i d a l g o surgió t a m b i é n una " b u r g u e s í a campesina sóli-
damente liberal (según los principios de la filosofía juarista)
68
y anticlerical en lo p o l í t i c o " .
Aunque nos son familiares las revueltas campesinas del si-
glo X I X —en M é x i c o y las r e p ú b l i c a s andinas— que renega-
ban de la política agraria liberal y defendían los derechos de
69
las cooperativas, hubo t a m b i é n casos inversos. Los rebeldes
de L a Barca (Jalisco) pidieron, en 1856, la división de las tie-
rras colectivas según principios "liberales". A u n q u e la re-
belión de Sierra Gorda (1877-1881) se d e n o m i n ó "socialista",
los rebeldes pidieron que cada p e ó n recibiera en propiedad
privada " e l jacal que habitaba y la tierra que c u l t i v a b a " ; en
otro tiempo, rebeldes de la misma región h a b í a n reclamado
una serie de derechos liberales, incluso libertad para el co-
70
mercio y contratos de trabajo. E n la práctica, algunos líde-
res liberales como Alvarez respondieron a esas demandas; el
general M i g u e l Negrete encabezó una revuelta en Sierra Gor-
da (1879), y aunque p o n í a como testigo su carrera liberal y
patriótica, se le acusaba de socialista o algo peor ( " q u é tiempos
éstos — d e c í a u n periódico radical— en los que nadie puede
pedir lo que le pertenece sin que se le tache de comunis-
71
t a " ) . H a b í a t a m b i é n ideólogos liberales —los que Reyes
Heroles llama "sociales"— que procuraban, por medio de
la acción estatal, hacer realidad la esperanza, liberal de los pe-
q u e ñ o s propietarios, pero no con la propiedad comunal, sino
con la privada, a u n a costa de infringir los derechos de los
72
grandes hacendados. E n esto se distinguía "socialismo" de
" c o m u n i s m o " en la amenaza que representaban para la pro-
piedad de los ricos ideólogos liberales como A r r i a g a o rebel-
des como Negreté, y no en las demandas socialistas-comunistas

J ACOBS, 1 jO¿. , p. / Z7 .
0 0
ÍSCHRYER, Í 9 8 0 , p. /O.
^ TORRAS, 1976; P L A T T , 1984.
^ R E I N A , 1980, pp- 150, 318.
7 1
R E I N A , 1980, pp. 306, entrecomillando El Hijo del Trabajo, septiem-
bre 30, 1877.
7
^ R E Y E S H E R O L E S , 1957-1961, ni, pp. 539-674.
ALAN KNIGHT

por la propiedad comunal, que eran extremadamente esca-


sas. Los liberales agrarios (o "liberales sociales") buscaban
nivelar, no socavar.
Si, a pesar de todo, p o d í a n atraer al campesinado, se de-
b í a a la naturaleza de este grupo social mexicano. Por tradi-
c i ó n , los pueblos eran comunas (cooperativas sería t é r m i n o
m á s adecuado), pero esto no suponía a l g ú n tipo de comunis-
m o p r i m i t i v o . Los campesinos c o n o c í a n la propiedad priva-
da y las relaciones de mercado, sobre todo en regiones corno
Morelos, que hacía tiempo se h a b í a n integrado al mercado
internacional. L a propiedad comunal coexistía con la propie-
dad privada y en renta. A d e m á s , la cooperativa se concen-
traba cada vez m á s en bosques y tierras de pastura, no de
cultivo. Los que participan en rebeliones como la de Zapata
y la de los Cedillo eran p e q u e ñ o s propietarios que rentaban
sus tierras y c o m p e t í a n en el mercado (casos parecidos son
la revolución boliviana en el valle de Cochaban! ba y el de la
C o n v e n c i ó n en el P e r ú ) . A u n cuando las comunidades con-
servaron sus tierras de cultivo (tierras de repartimiento), no
las cultivaban en forma colectiva. L a propiedad p e r t e n e c í a
a la comunidad, pero el usufructo era familiar. Por lo tanto,
la propiedad era por tradición individual y comunal, pero el
cultivo era generalmente, individual. Las promesas de los libe-
rales de desmembrar la cooperativa y favorecer la propiedad
privada a t r a í a n genuino i n t e r é s , sobre todo en las regiones
m á s "desarrolladas'' donde se h a b í a n establecido el mercado
y la propiedad privada (entre los morelenses, por ejemplo
m á s que entre los chamulas de Chiapas) Así pues hubo mu¬
chos pedidos para disolver las comunidades (en Guerrero por
73
ejemplo)' y las demandas de los rebeldes (en Sierra Gorda)
i n c l u í a n la p r o t e c c i ó n de los derechos privados y comuna-
7 4
les Allí donde el cambio de propiedad comunal a privada
no a b r i ó las puertas a la especulación el acaparamiento y el
latifundio pudo atraer las demandas e intereses de los cam-
pesinos en algunas regiones por lo menos Y en esas regiones

7
^ J A C O B S , 1982, pp- 47-48; vea.se t a m b i é n H A L E , 1968, p. 230; B E R R Y ,
1981, pp. 176-177.
^ R E I N A , 1980, p. 301.
EL LIBERALISMO MEXICANO

fue n a t u r a l y t a m b i é n circunstancial que surgiera u n campe-


sinado liberal.
Pero allí donde hubo especulación, acaparamiento y lati-
fundio, como era frecuente, no se acusó al viejo liberalismo
juarista, sino a la nueva dictadura liberal porfiriana. Por ello
—como dice Womack—, los " d e m ó c r a t a s rurales (o liberales)
se escondieron, renegaron, protestaron y en ocasiones, como
Negrete, se rebelaron, pero, como sus hijos, sostuvieron las
esperanzas liberales de la R e p ú b l i c a restaurada de 1867", y
d e s p u é s de 1910 procuraron hacer realidad esas esperanzas
75
en abierta r e b e l d í a .
E n cierto sentido t e n í a n r a z ó n los campesinos en culpar
al porfiriato y no a los juaristas. L a verdadera e x p r o p i a c i ó n
y monopolio de la tierra —que afectó a los que arrendaban
y c o m p a r t í a n cosechas, que eran p e q u e ñ o s propietarios o
cooperativistas— llegó con la e x p a n s i ó n del ferrocarril, con
la paz y las exportaciones d e s p u é s de 1876. L a posibilidad
de acumular capital en forma irrestricta dio lugar a que la
diferencia entre " l a antigua y nueva o p r e s i ó n fuera tan pro-
76
funda como la que h a b í a entre la m a n s i ó n y la f á b r i c a " .
Los propietarios que no h a b í a n aumentado su p r o d u c c i ó n n i
sus acciones a causa del estancamiento del mercado, comen-
zaron a hacerlo ahora; de a h í que el viejo anhelo liberal de
conseguir una sociedad rural igualitaria (que se concibió en
u n periodo de estancamiento e c o n ó m i c o preindustrial), con-
77
t r a d e c í a cada vez m á s la realidad. E n Estados Unidos, los
liberales jeffersonianos t e n í a n que v i v i r con capitalistas ex-
plotadores, pero al sur del R í o Grande h a b í a " s e ñ o r e s ladro-
nes" rurales.
E l liberalismo tradicional ofrecía, en consecuencia, una al-
ternativa a la a c u m u l a c i ó n y p r o d u c c i ó n porfirianas, porque
éstas t e n í a n una ideología desarrollista m u y emprendedora
que u n í a liberalismo, positivismo y darwinismo social. Las

7 5
WOMACK, 1 9 7 9 , p. 20.
7 6
WOMACK, 1 9 7 9 , p. 42.
H A L E , 1 9 6 8 , pp. 2 6 1 , 2 7 1 , 301, señala que el punto de vista de M o -
ra sobre el desarrollo e c o n ó m i c o era "esencialmente individualista, rural
y agrario", lo cual era típico de los m á s antiguos liberales mexicanos del
siglo xix.
82 ALAN KNIGHT

relaciones entre propiedad y p r o d u c c i ó n no p o d í a n estancar-


se en sus formas d e c i m o n ó n i c a s (que c o r r e s p o n d í a n q u i z á a
la era del capitalismo mercantil). El campesinado liberal, unido
por r a z ó n y circunstancia a esa causa, se enfrentaba ahora
a u n estado b u r g u é s y a la clase voraz de los propietarios (los
c a ñ e r o s de Morelos y los hacendados potosinos contra quie-
nes se levantaron los Cedillo). A d e m á s , los liberales consti-
tucionales (algunos de la ciudad, que se beneficiaron con el
crecimiento e c o n ó m i c o porfiriano; otros, "campesinos bur-
gueses" que escaparon a la expropiación y prosperaron), se
irritaban por las restricciones políticas y por la p e r d u r a c i ó n
de la dictadura porfiriana. A l lema clásico del positivismo por-
firista, " m u c h a a d m i n i s t r a c i ó n y poca p o l í t i c a " , opusieron
78
el liberal, " m u c h a política y buena a d m i n i s t r a c i ó n " . Así
pues, hubo alianza política entre los campesinos y la clase me-
dia urbana, contra el viejo r é g i m e n , pero no hubo acuerdo
e c o n ó m i c o . Este, por cierto, no es f e n ó m e n o exclusivo de la
historia mexicana. C o m o deja suponer este análisis, esa d i -
visión puede entenderse en la relación existente entre la clase
y los conflictos ideológicos. Así pues, para concluir, quiero
trazar las principales líneas de conflicto en la R e v o l u c i ó n .
H u b o mucho apoyo a la promesa hecha por Madero de
conseguir u n orden constitucional liberal (1909-1910). Los
campesinos respondieron a la promesa " v o t o real y no ley
del a m o " , porque para ellos, recuperar la a u t o n o m í a local
y su gobierno era u n fin de antigua data y u n medio para
79
ejecutar y defender las reivindicaciones agrarias. Ésas eran
promesas concretas t a m b i é n para el proletariado urbano. Rod¬
ney Anderson d e m o s t r ó que, durante el porfiriato, el libera-
lismo era la ideología dominante de la clase trabajadora. N i
la a n a r q u í a n i el catolicismo social estaban a la altura del l i -
beralismo, aunque éste y la a n a r q u í a t e n í a n puntos en co-
80
m ú n en alianzas e i d e o l o g í a . Organizadores de la clase
obrera —muchos de ellos artesanos con cierta instrucción-—
se referían con frecuencia a la " C o n s t i t u c i ó n de Benito J u á -

7 8
El Diario del Hogar, mayo 2 9 , 1 9 1 1 .
7 9
KNIGHT, 1980.
8 0
A N D E R S O N , 1 9 7 6 , pp. 2 5 4 - 2 6 5 ; KNIGHT, 1 9 8 4 , pp. 55-57.
EL LIBERALISMO MEXICANO 83

r e z " ; las sociedades mutuas —como la que dirigía Gabriel


Gavira en Orizaba— imprimieron, miles de copias de la Cons-
t i t u c i ó n que se v e n d i ó (a diez centavos la copia) y discutió
en las asambleas. Los obreros de Orizaba —importante ciu-
dad industrial— "reverenciaban la Constitución de 1857, por-
que c r e í a n que en ella se i n s c r i b í a n sus derechos" —en espe-
cial, podemos a ñ a d i r , el derecho de huelga, que figuraba en
o o
los artículos 4 y 5 , pero que h a b í a derogado el código pe-
81
nal porfiriano. Cuando comenzaron los movimientos de
oposición en 1908-1910 y progresaron las c a m p a ñ a s libera-
les bajo el liderazgo b u r g u é s , hubo numerosos seguidores en-
tusiastas entre el proletariado urbano.
T a m b i é n los campesinos entraron en la revolución con el
auspicio liberal. El Plan de Ayala (1911) estaba salpicado de
alusiones liberales y patrióticas (1810, la Reforma, la inter-
v e n c i ó n francesa, Hidalgo, Morelos, J u á r e z ) , como lo esta-
82
ban peticiones y manifiestos de menor importancia. Aforis-
mos juaristas brotaban en labios de oradores rebeldes: de los
villistas que John Reed conoció en Chihuahua; del líder coa-
huilense Gertrudis S á n c h e z que aplacó u n zafarrancho con
83
la frase " e l respeto al derecho ajeno es la p a z " . D o m i n a -
das las ciudades, proliferaron los rituales liberales con discur-
sos, homenajes a los h é r o e s , m ú s i c a en las plazas y canciones
—como la vieja, antiimperialista " A d i ó s m a m á C a r l o t a " —
84
con las que ridiculizaban al enemigo conservador. Porque,
¿acaso no era la r e v o l u c i ó n u n a copia de la Reforma, otro
conflicto —como lo definió O b r e g ó n — entre " e l partido con-
servador y el liberal, cuyas tendencias eran diametralmente
85
opuestas"?

8 1
G A V I R A , 1 9 3 3 , pp. 16-17.
WOMACK, 1 9 7 9 , pp. 3 9 9 - 4 0 4 , nota 4 5 .
8 3
R E E D , 1 9 6 9 , p. 6 6 , "Salida de C a m p a ñ a de G . G . S á n c h e z " , julio,
1 9 1 1 , Archivo de G o b e r n a c i ó n , Legajo 8 9 8 .
8 4
Palomar y V i z c a r r a a Orozco y J i m é n e z , febrero 5 , 1 9 1 5 , Museo de
A n t r o p o l o g í a e Historia, M é x i c o , D . F . , Serie Conflicto Religioso, Rollo 9 .
8 5
BASSOLS, 1 9 7 6 , p. 1 2 2 ; C f r . ALVARADO, 1 9 5 5 , p. 2 1 , que t a m b i é n con-
c e b í a a la r e v o l u c i ó n como un episodio en " l a lucha secular entre liberales
y conservadores" (escrito c. 1 9 1 8 ) . Se debe anotar que el vigoroso anticleri-
calismo de l a d é c a d a de 1 9 2 0 - 1 9 3 0 , especialmente el relacionado con el
84 ALAN KNIGHT

Pero las tendencias no eran "diametralmente opuestas".


C o m o dije, la crítica de los liberales constitucionalistas al por-
í i r i a t o era política, no e c o n ó m i c a . M a d e r o t e n í a sólo alaban-
zas para el crecimiento e c o n ó m i c o promovido por el r é g i m e n
86
de D í a z . O b r e g ó n y otros sonorenses como Alvarado y Ca-
lles, alentaban la frugalidad, la iniciativa y el trabajo con tanto
fervor como los porfirianos; y a pesar de algunas coincidencias
s e m á n t i c a s con el "socialismo" — y las acusaciones estadu-
nidenses de "bolchevismo"— eran liberales "desarrollistas"
puros. Alvarado, que se inició con las críticas de Samuel Smiles,
estaba decidido a eliminar la figura de M é x i c o como tierra
de burros, toros, cantinas y vaqueros. Porque, si el país no
p o d í a andar el camino de la higiene, la industria y el progreso,
8 7
h a b r í a , sin duda, "gente vigorosa, fuerte, llena de v i d a " .
Fue obligación nacional inculcar la ética laboral. Sentimien-
tos parecidos dieron tono al Congreso Constituyente
(1916-1917) que r e d a c t ó la constitución revolucionaria. Se
adoptaron las estipulaciones liberales de la C o n s t i t u c i ó n de
1857 pero se a ñ a d i e r o n nuevas m á s acordes con u n Estado
activo e interventor. Entre tanto, los oradores peroraban con-
tra la bebida, la enfermedad, la ignorancia, la superstición,
cuyo lugar d e b í a n ocupar la e d u c a c i ó n , la propaganda y la
restricción a la influencia de la Iglesia. L a R e p ú b l i c a se sal-
vará dijo u n constituyente cuando el pueblo mexicano
aprenda a leer antes que a rezar conozca antes el camino al
trabajo que el de la cantina y use el arado antes que el incen-
88
sario E l anticlericalismo que alcanzó grados sin preceden-
8 9
tes llegó a su ajpo ^^eo e n Tabasco Garrido Canabal
Los campesinos liberales —Zapata, los Cediílos— no eran
el mejor ejemplo de esos p r o p ó s i t o s ; t e n í a n todos los vicios

programa de e d u c a c i ó n socialista de los treinta, estableció un puente entre


liberalismo y socialismo: los maestros socialistas de esos años encontraron
apoyo entre los "elementos liberales" del campesinado. V é a s e R A B Y ,
1 9 7 4 , p. 1 6 3 .
8 6
IVIADERO, 1 9 0 8 , pp. 143-144, 220-221.
8 7
ALVARADO, 1 9 1 9 , i, pp. 7, 2 2 - 2 3 , 369.
8 8
N I E M E Y E R , 1 9 7 4 , p. 6 0 , passim. L a radical prensa de clase trabajado-
ra de entonces desplegaba preocupaciones similares, KNIGHT, 1 9 8 4 , p. 5 6 .
8 9
NIARTÍNEZ ASSAD, 1979.
EL LIBERALISMO MEXICANO

que los desarrollistas q u e r í a n extirpar. E l mayor fracaso de


Zapata — d e c í a uno de sus aliados— fue su excesiva afición
a "los buenos caballos, los gallos, las mujeres bonitas y el jue-
g o " . V i l l a no era mejor: " u n animal prehistórico —le llamó
u n líder obrero— con todas las características bestiales de los
primeros c u a d r ú p e d o s de nuestro planeta, que a p a r e c i ó en
90
las praderas de C h i h u a h u a " . E l anticlericalismo, que em-
pezaba a transformarse en el sello distintivo del liberalismo
desarrollista, a b r i ó una grieta entre los revolucionarios del
campo y de la ciudad. Aquéllos, como sus correligionarios
del siglo pasado (Alvarez, por ejemplo, j u r ó fidelidad a la
C o n s t i t u c i ó n de 1857 de rodillas ante u n altar), no q u e r í a n
eliminar la Iglesia; les bastaba con la e x p r o p i a c i ó n de sus
91
tierras. Las relaciones entre los zapatistas y los curas eran
a menudo cordiales. Para los de la ciudad, y sus aliados obre-
92
ros, esa relación significaba ignorancia y s u p e r s t i c i ó n . Los
liberales tradicionales p o d í a n convivir con la iglesia posrefor-
mista, pero los liberales desarrollistas procuraron l i m i t a r ( i n -
cluso eliminar) su influencia espiritual que inhibía el progreso
y c o m p r o m e t í a la autoridad del Estado. N o por casualidad,
Saturnino Cedillo, último de los viejos líderes campesinos que
vivía a ú n en los a ñ o s treinta, se t r a n s f o r m ó en defensor de
la iglesia perseguida, lo que le valió la distinción literaria de
Graham Greene. *'
E n esa época, estaban rotas las esperanzas puestas en el
liberalismo constitucional. Como en los a ñ o s de D í a z , proce-
dimientos formalmente liberales servían de disfraz a la ma-
94
quinaria p o l í t i c a . L a revolución liberal —eso fue desde el
punto de vista ideológico de 1910— hizo posible una v a r í a n -

9 0
W O M A C K , 1 9 7 9 , p. 3 4 2 , cita a Palafbx sobre Zapata; C A R R , 1 9 7 9 , p.
6 1 1 , cita al D r . A t l .
9 1
SINKIN, 1 9 7 9 , p. 7 3 . Así, el liberal radical Ponciano Arriaga, que exi-
gía la pronta e x p r o p i a c i ó n de los bienes de la Iglesia (SINKIN, 1 9 7 9 , p. 6 9 )
por otra parte c o n c e b í a a la Reforma como parte de u n a " r e v o l u c i ó n glo-
bal, tanto liberal como cristiana" (Cosío V I L L E G A S , 1 9 5 5 , p. 6 5 ) , palabras
que n i n g ú n anticlerical revolucionario hubiera pronunciado.
9 2
CARR, 1 9 7 9 , pp. 6 1 0 , 6 2 0 - 6 2 2 ; NÍANERO, 1 9 1 6 , pp. 44, 165-166.
9 3
GREENE, 1 9 7 1 , pp. 42-61.
PERRY, 1 9 7 8 , pp. 3 5 0 - 3 5 1 , t a m b i é n s e ñ a l a el paralelo.
86 ALAN KNIGHT

te de dictadura desarrollista con matices de populismo. El " m i -


lagro e c o n ó m i c o " posterior a 1940 fue resultado natural del
liberalismo desarrollista de los ú l t i m o s a ñ o s del siglo X I X y
primeros del X X , y la "paz del P R I " la traición natural al
95
liberalismo constitucional de esa é p o c a .

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