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V CURSO DE ACTUALIZACIÒN PARA OBSTÉTRIC@S

FORA 2014

ANTROPOLOGÍA Y PARTO

Antropología del Parto es el área relativa a las distintas visiones y forma de abordar de un modo
cultural los temas pertenecientes a la reproducción humana.

El parto es uno de los espectáculos más asombrosos de la naturaleza, tan antiguo como los
primeros moradores de la Tierra y tan apasionante que sigue despertando interés en distintas
disciplinas, habiendo evolucionado en la especie humana para adquirir las capacidades que en la
actualidad la diferencian del resto de las especies.

Todo se remonta al origen del bipedismo humano (marcha erguida y apoyada en las extremidades
inferiores), característica propia de los homínidos hace unos 5 – 7 millones de años, momento en
el que se establece la separación de las líneas evolutivas de los homínidos y los chimpancés. Esta
evolución humana es considerada a menudo en términos de cuatro innovaciones principales en
relación con la adaptación hominoide básica: la marcha erguida, la reducción de los dientes
anteriores y el aumento de los molares, la elaboración de una cultura material y un incremento
significativo del tamaño cerebral. Tales innovaciones emergieron en intervalos separados a lo largo
de la evolución de los homínidos, que se conoce como Modelo de Evolución en Mosaico.

La posición bípeda supuso una serie de adaptaciones físicas que proporcionaron ciertas ventajas:
poseer un mayor control visual del territorio, invertir menos esfuerzo en el desplazamiento,
disponer de manos libres para fabricar instrumentos, transportar las crías con mayor facilidad,
cargar los alimentos, poder enfrentar con más éxito a los depredadores y exponer menor
superficie corporal a las temperaturas elevadas generadas por la intensa radiación solar. En
cambio, en las hembras homínidas, principalmente en las humanas, la bipedestación ha provocado
algunos problemas en el momento del parto debido a la parte inferior de la columna vertebral
curvada y la pelvis más ancha y corta, lo que dificulta el paso de la cabeza del feto.

La combinación de la marcha bípeda con la encefalización condicionaron el nacimiento y desarrollo


del hombre. La especie alcanzó un mayor volumen cerebral, pero en cambio las crías debían nacer
más inmaduras con los huesos craneanos no osificados para solventar la modificación de la
anatomía pélvica. Las estructuras se adaptaron condicionadas por la postura bípeda: la vagina e
orientó hacia delante, trazando un ángulo recto con el útero, alterando la fisiología obstétrica, y
obligando al feto a flexionarse y rotar para atravesar el angosto canal de parto. Por el contrario, en
el resto de las hembras primates, la vagina y el útero están alineados el feto describe una
trayectoria recta dirigida hacia atrás, presentando una posición occipitosacra en el
desprendimiento del polo cefálico.

La evolución hizo necesaria la asistencia en el alumbramiento. El parto evolucionó desde un


modelo dorsal y solitario hacia uno ventral, complejo y social, y surgió la necesidad de la asistencia
al parto por parte de otros miembros de la especie.

Asimismo, la inmadurez de la cría en los homínidos provocó una organización social necesaria para
la supervivencia de la misma de los riesgos ambientales propios, con lo cual se estableció una
estrategia reproductiva: el proceso de unión o contrato sexual. La evolución favoreció la
colaboración entre macho y hembra, y la sustitución gradual del grupo matrifocal por uno bifocal.

Se estableció el núcleo familiar primitivo, el patrón sexual de conducta monógama, la instauración


de la paternidad, la participación directa de los hombres en la crianza de los hijos y el desarrollo de
modelos prolongados de aprendizaje en las crías. El hombre aportando el sustento para la
supervivencia de la especie (cazadores- recolectores) y la mujer a cargo de la prole cuidando y
administrando el sustento que aporta el hombre, teniendo en cuenta que la especie humana es la
que, debido a la inmadurez de la cría al nacimiento, requiere de más acompañamiento hasta la
madurez y supervivencia por sus propios medios. La especie, garantizó así el reemplazo
generacional, la supervivencia y el éxito.

La asistencia social durante el parto es uno de los aspectos del patrimonio evolutivo del hombre
que le hace distinto como ser humano. Desde tiempos inmemoriales, cada sociedad organiza el
comportamiento reproductor de sus miembros reflejando sus valores nucleares y sus principios
estructurales. Mediante la atención obstétrica, la mujer asume los dictados sociales y las
demandas de las instituciones. Se inicia la socialización del futuro niño al mismo tiempo que se
refuerzan los valores sociales imperantes en los padres para, aparte de la reproducción biológica,
lograr la reproducción social y la continuidad cultural de la comunidad en la que este proceso tiene
lugar. La maternidad se convierte en un rito de paso, da lugar al cambio de estatus de los
progenitores (de mujer a madre, hombre a padre) y tiene lugar el nacimiento de otro individuo
social.

Reconocer que la atención prenatal está influida por las características sociales, emocionales y
psicológicas es un primer paso para lograr entender las distintas actitudes, sentimientos y
significados que las mujeres experimentan según su origen, educación y experiencias de vida.

El proceso de la reproducción constituye un momento trascendental en la vida personal y familiar


en el que se desarticulan o consolidan aspectos relacionados con la feminidad-masculinidad y la
maternidad-paternidad.

La categoría género se refiere a las construcciones socioculturales que e desarrollan a partir de las
diferencias sexuales. La teoría de que los papeles sexuales son innatos ha sido rebatida
ampliamente. La cultura influye en la conformación de la personalidad mas que los atributos
genéticos. Todas las culturas valoran menos a la mujer que al hombre, porque todas las relacionan
con algo que subestiman: la naturaleza. De un modo simbólico, se identifica lo femenino con la
naturaleza y lo masculino con la cultura, lo natural devaluado ante lo cultural. Ya que la cultura
domina y controla a la naturaleza. La asociación de la mujer a la naturaleza se explica por su
fisiología y su función reproductora específica, lo que ha tendido a limitarlas a determinadas
funciones sociales relacionadas con el cuidado de la prole y a confinarlas en el espacio doméstico.

Estos modelos no sólo tienen que ver con la capacidad biológica de las mujeres para engendrar y
amamantar, sino también con las traducciones históricas, políticas, económicas, sociales y
culturales, aspectos que construyen y mantienen un sistema de género.

Las personalidades femenina y masculina son un producto social y, por lo tanto, varían de una
cultura a otra. Desde el punto de vista histórico, a la mujer se le han asignado binomios
inseparables que han definido algunos mitos femeninos, siendo el de mujer-madre el que más ha
influido en todas las esferas vitales femeninas.

La maternidad ha sido referente social en la construcción de la identidad de las mujeres, no como


algo natural, sino como producto social a lo largo de la historia.
La reproducción es un hecho central en cualquier sociedad, lo que implica la necesidad de su
control por parte de las instancias que detentan el poder, ya que está en juego la perpetuación
social.

La mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral y con ello la independencia económica,
la anticoncepción, el valor del tiempo libre y la mayor formación, entre otros factores, hacen que la
maternidad no sea un fin en sí mismo, sino una posibilidad más entre otras de la vida.
BIBLIOGRAFÍA

GOMEZ CASTANEDO A. Cuándo y por qué nos hicimos bípedos. Revista de Arqueología. 2002
GARCIA JORDA D, DIAZ BERNAL Z. Perspectiva antropológica y de género en el análisis de la
atención al embarazo. Parto y puerperio. Rev Cubana Salud Pública 2010
LEWIN, R. Evolución Humana.
Biblioteca Científica Salvat. 1993