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Rosario del Amor Guadalupano

Santa María de Guadalupe, escudo y patrona de nuestra libertad


INTRODUCCIÓN
En este Rosario del Amor Guadalupano, es Ella, nuestra Morenita, quien nos guía a su
amadísimo Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. Ella es quien, en una perfecta inculturación del
Evangelio, nos interioriza en cada uno de los más importantes puntos doctrinales de la
Iglesia como son los Sacramentos. Siete Sacramentos en donde se celebra nuestra
dignidad de ser hijos de Dios, hijos de la Iglesia; estos son el Bautismo, la Confirmación, la
Comunión, la Reconciliación, el Matrimonio, el Orden Sacerdotal y la Unción de los
Enfermos; de esta manera, en cada estación se conmemora un sacramento y,
complementando estos siete sacramentos, hemos añadido un octavo; por ello el Rosario
del Amor Guadalupano cuenta con 8 estaciones, este octavo estación-sacramento nos
ayuda a proclamar el modelo del Octavo Día, Día del Señor, Manifestación de la
Resurrección de Jesucristo, que es la Iglesia, pues la Iglesia es el “Sacramento de
Salvación”. Asimismo, en cada una de estas estaciones-sacramento se enlazarán los
momentos maravillosos del Nican Mopohua, documentos que narra este encuentro entre
Dios y los hombres por medio de Santa María de Guadalupe.
El Rosario del Amor Guadalupano es una oportunidad para prepararnos desde lo más
profundo de nuestro corazón para que lleguemos al conocimiento y al amor de nuestro
Señor Jesucristo por medio de su Santísima Madre y Madre nuestra, Santa María de
Guadalupe.
El amor de Dios, que se encarna en el Inmaculado Sagrario que es Santa María de
Guadalupe, nos toma como somos, con nuestra historia, nuestras cualidades y defectos,
con nuestros sueños y nuestras aspiraciones, con nuestro llanto y nuestro dolor con
nuestros tropiezos y pecados, con nuestra frustración y alegría, con nuestros sentimientos
y nuestra razón, con nuestras relaciones y nuestros vacíos, con nuestro clamor y nuestros
silencios, con nuestros crímenes y nuestras bondades, con nuestros encierros y nuestras
libertades.
Este Rosario del Amor Guadalupano es “flor y canto” de la verdad de Dios, un cerro que
antes estaba lleno de espinos y abrojos, lleno de hierbas y cardos, y ahora proclama la flor
de la verdad con cantos de la libertad, cantos que rasgan el cielo siendo apreciados sólo
por el oído humilde, cantos como la de los más hermosos pájaros, y como que el cerro
contestaba en un diálogo de amor.
Flor y Canto de la verdad divina, Flor y Canto de la Verdad de Dios, Flor y Canto de la
Libertad. Flor y Canto que ha vencido al pecado y a la muerte.
No hay miedo, no hay temor, sólo existe la alegría que sale del alma y del corazón, de estar
experimentando la atmósfera de lo divino en este Rosario del Amor Guadalupano.

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el
nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos:
Amen
Acto de Contricción
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber
pecado, porque te ofendí a ti, que eres tan bueno y que tanto me amas, y, a quien yo quiero
amar sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme
de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia. Confío en que me
perdonarás por tu infinita misericordia. Amén
Digamos juntos el Credo
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible
y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes
de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que
por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, En las palabras que
siguen, hasta “y se hizo hombre”, todos se inclinan. y por obra del Espíritu Santo se encarnó
de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de
Poncio Pilato, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió
al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a
vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y
apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la
resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén

Primer misterio
El Bautismo
“Juanito, Juan Diegotzin” es lo primero que pronuncia Santa María de Guadalupe, el nombre
cristiano del indígena, y lo pronuncia en diminutivo, expresión de ternura, de amor y de
dignidad; de esta manera Santa María de Guadalupe ha pronunciado el nombre de bautizo
del humilde laico y le confirma en su dignidad.
La luz de Dios, por medio de Santa María de Guadalupe, ilumina nuestro camino, poco a
poco la flama del amor de Dios nos quema y nos invade purificándonos. Un bautismo con
agua y Espíritu Santo, un bautismo que es el fuego del amor divino. Un bautismo que nos
hace verdaderos hijos de Dios.
Santa María de Guadalupe nos llama precisamente con el nombre que nos dieron en el
Bautismo lleno de dignidad, ternura y amor; somos hijos de Dios, somos católicos, y
tenemos una misión: el tener en nuestro ser a Dios para colaborar con Él y construir un
mundo lleno de armonía y fraternidad, un mundo colmado de justicia y de paz. Hay que
dejar todo odio y desesperación, quitarnos las cadenas de la esclavitud del pecado y
unirnos más y más en la plenitud del amor libre de Dios.
Oración: Santa María de Guadalupe, que nos llamas por nuestro nombre que se nos dio en
el bautismo, ayúdanos a tener un corazón humilde para abrir las puertas de nuestra
existencia y dejar entrar en ella a quien nos da la vida y la verdadera libertad, desde nuestro
bautismo, Jesucristo nuestro Señor.
Guía: Madre Santísima tu que has sido escudo y baluarte de nuestra libertad, en este primer
misterio queremos también suplicar tu amorosa protección y tu ayuda para todos aquellos
hermanos que de alguna manera han sido privados de su libertad, concédeles fortaleza a
ellos y a sus familias y convierte el corazón de sus captores en un corazón de
misericordia. Concede a nuestro país poder vivir según la libertad de los Hijos de Dios.
Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
Padre nuestro…
10 Aves Marías…
Guía: Gloria al Padre, Al hijo y al Espíritu Santo…
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,
Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
Guía: Santa María de Guadalupe esperanza nuestra,
Todos: Salva nuestra patria, conserva nuestra fe católica y bendice nuestros hogares.

CANTO.
Desde el cielo una hermosa mañana,
desde el cielo una hermosa mañana,
la Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajó al Tepeyac.

Suplicante juntaba sus manos,


suplicante juntaba sus manos,
y eran mexicanos, y eran mexicanos,
y eran mexicanos su porte y su faz.

Segundo Misterio
La Eucaristía.
Santa María de Guadalupe es la Mujer Eucarística. Ella es el Sagrario Inmaculado conde
se encuentra el verdaderísimo Dios por quien se vive, Ella es el Arca Viviente de la Alianza,
Ella nos trae a Jesucristo Eucaristía.
En el primer diálogo que Santa María de Guadalupe tiene con Juan Diego, laico indígena.
Ella se presenta diciéndole: “Yo tengo el honor y la dicha de ser la Madre del “arraigadísimo
Dios”, “del Dador de vida, por quien se vive”, “el Creador de las personas”, “el Dueño de la
cercanía y de la inmediación”, “el Dueño del cielo y de la tierra”. Y este Dios es un Dios tan
cercano que por ello viene a encontrarse con nosotros, por medio de su Madre.
Y es Ella quien nos pide se construya una “casita sagrada” en el llano del Tepeyac, para
ofrecernos todo su amor que es Jesucristo, y esto es la Eucaristía. Es como si Ella, nuestra
Morenita, nos hablara directo al corazón con estas palabras: “mi Hijo Jesucristo quiere
entregarse totalmente a cada uno de ustedes, con su cuerpo y su sangre, es el pan sagrado
que se comparte en cada Eucaristía, es la sangre que se derrama para limpiar todo pecado;
simplemente porque los ama, porque sólo en Él encontrarán la auténtica libertad, por ello
te pido construyas en tu corazón ese templo, esa iglesia, esa casita sagrada, pues quiere
quedarse con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” De esta manera, gracias a
Santa María de Guadalupe tenemos la oportunidad de estar en comunión plena con Dios.
Oración: Santa María de Guadalupe qué pides se construya una casita sagrada, un
templo, lugar de encuentro y comunión con Dios y con el hermano, ayúdanos a iniciar su
construcción desde nuestro corazón para que en él habite hoy y siempre Jesucristo
nuestro Señor.
Guía: María, Tú que eres nuestra mejor maestra, ayúdanos a limpiar nuestro corazón de
todo odio y maldad, concediéndonos la gracia de aprender a amarnos y servirnos unos a
otros como verdaderos hermanos. Que nuestro México llegue a ser ese hogar que todos
anhelamos en donde reine el amor y la fraternidad.
Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
Padre nuestro…
10 Aves Marías…
Guía: Gloria al Padre, Al hijo y al Espíritu Santo…
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia…
Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
Guía: Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra…
Todos: Salva a nuestra patria, conserva nuestra fe católica y bendice nuestros hogares.

CANTO

Su llegada lleno de alegría,


su llegada lleno de alegría,
de luz y armonía, de luz y armonía,
de luz y armonía, todo el Anáhuac.

Desde el cielo una hermosa mañana,


desde el cielo una hermosa mañana,
la Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajó al Tepeyac.

Tercer Misterio
La Unción de los enfermos.
“Y al día siguiente, lunes, cuando Juan Diego debía llevar alguna señal para ser creído, ya
no volvió. Porque cuando fue a llegar a su casa, a un tío suyo de nombre Juan Bernardino,
se le había asentado la enfermedad, estaba muy grave. […] Y cuando anocheció, le rogó
su tío que cuando aún fuere de madrugada, aún a oscuras, saliera hacia acá, viniera a
llamar a Tlatelolco, a alguno de los sacerdotes para que fuera a confesarlo, para que fuera
a prepararlo, porque eso ya estaba en su corazón, que en verdad ya era tiempo, que ya
entonces moriría, porque ya no se levantaría, ya no se sanaría.” (Nican Mopohua, vv. 94-98)
El tío anciano de Juan Diego, Juan Bernardino representa la síntesis de la catástrofe. Para
la mentalidad indígena, el anciano representaba la raíz, la sabiduría, la autoridad, la historia,
la identidad, la cultura del pueblo indígena; pero, en Juan Bernardino también está
representado el mundo cristiano español desde que porta un nombre cristiano: “Juan
Bernardino”. Él representa los dos mundos que se despedazan y están a punto de perecer,
de morir; dos mundos que agonizan.
Santa María de Guadalupe preparó al tío anciano no para bien morir, sino para bien vivir,
es una verdadera unción que da la salud y, además, Ella, al entregar su nombre completo
al anciano: “Santa María de Guadalupe”, y con este signo, Ella se entrega a sí misma y, en
Ella, a su Hijo muy Amado; es decir, por medio de Ella, Jesucristo es la salud del anciano,
Jesucristo el Mesías, el Ungido, es quien con su presencia unge al anciano, y con ello a la
raíz, al fundamento de la verdad; es Jesucristo quien lo libera de la muerte por medio de su
Madre, Santa María de Guadalupe.
Oración: Santa María de Guadalupe que nos conduces a Aquel que es nuestra salud y
nuestra salvación, ayúdanos a dar verdadero testimonio de que Él es el Mesías esperado
por quien los ciegos ven, los sordos oyen, los mudos proclaman que nuestro Salvador está
en medio de nosotros, el vencedor de la muerte. María enséñanos a ver, a escuchar, a
proclamar y a seguir a tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.
Guía: Madre Santísima, como hiciste aquel día en Caná de Galilea, dile a tu hijo Jesús
cuánta falta nos hace el vino de la verdadera alegría; porque nos hemos alejado de Él, que
es la fuente de la alegría y de la paz. Perdona Madre nuestra ingratitud. Ayúdanos a confiar
en Él como tú confías y a amarlo como tú le amas; que sepamos descubrir su presencia en
cada acontecimiento de nuestra vida.
En este misterio, queremos rogarte también por todos nuestros hermanos enfermos. Y por
tu misericordia, concédenos a todos, la salud física, mental y espiritual.
Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
Padre nuestro…
10 Aves Marías…
Guía: Gloria al Padre, Al hijo y al Espíritu Santo…
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,
Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
Guía: Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra,
Todos: Salva a nuestra patria, conserva nuestra fe católica y bendice nuestros hogares.
CANTO
Junto al monte pasaba Juan Diego,
junto al monte pasaba Juan Diego,
y acercose luego, y acercose luego,
y acercose luego, al oír cantar.

Desde el cielo una hermosa mañana,


desde el cielo una hermosa mañana,
la Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajó al Tepeyac.

Cuarto Misterio
La Confirmación
Es el “sí” de Juan Diego.
Juan Diego había buscado alguien que pudiera ayudar a su tío, alguien que pudiera darle
la salud o mitigar su dolor. El sufrimiento del tío repercute en Juan Diego, quien de igual
forma sufre, se siente impotente ante una adversidad que lo sobrepasa. Juan Diego fue a
toda prisa por un sacerdote para que prepare a su tío a bien morir; y cuando llegó cerca del
Tepeyac, se acordó que un día antes debió haber estado aquí para llevarle la señal
prometida al obispo; pero ahora tenía prisa, así que torció el camino, no sigue derecho, sino
que le da la vuelta al cerro para no encontrarse con María, la Niña del Cielo, no podía perder
tiempo, necesitaba urgentemente un sacerdote.
Es Jesucristo por medio de Santa María de Guadalupe, quien desciende para encontrarse
exactamente aquí con Juan Diego; es Dios, por medio de su Madre, quien viene al
encuentro del angustiado laico.
Es en ese momento lleno de dolor, de desconcierto, de fatalismo en donde Santa María de
Guadalupe le dice las palabras más hermosas y que ahora son dirigidas también a nuestro
corazón: “No tengas miedo, ¿Acaso no estoy yo aquí que tengo el honor y la dicha de ser
tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No
estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Acaso tienes necesidad de
alguna otra cosa?” (Nican Mopohua, v. 119)
Y le asegura que su tío ya está bien, ya sanó, y Juan Diego lo cree, Juan Diego tiene fe en
las palabras que salen de la boca de María y lleno de esperanza le pide le conceda la gracia
de enviarlo al obispo con la señal prometida, Juan Diego le confirma su fe; de esta manera,
su misión es una verdadera gracia y favor divino. Este es el “sí” de Juan Diego, es la
Confirmación de poner toda su vida en las manos de Dios por medio de María.
Oración: Santa María de Guadalupe ayúdanos a confirmar nuestra fe en tu Hijo Amado,
danos la fuerza y la inteligencia para proclamar con la voz, con el corazón y con las buenas
obras, ante el verdadero Dios, nuestro “sí” de cada día y confirmar nuestra fe, colaborar en
todo momento para que, aquí y ahora, se pueda vivir la confirmación de nuestra libertad en
el amor y el perdón.
Guía: Madre Santísima de Guadalupe, nuestro México, está enfermo. Necesita una fuerte
efusión del Espíritu Santo que sane su corazón y le permita ver de nuevo la luz de la verdad.
En este misterio te rogamos que le pidas a tu esposo amadísimo el Espíritu Santo, que se
derrame en el corazón de cada habitante de esta bendita tierra en la que tú, la Madre de
Dios, quisiste quedarte a vivir. Que ese mismo Espíritu, nos conceda la fuerza para
perdonar y la sabiduría para proclamar y defender con valor, nuestra fe.
Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
Padre nuestro…
10 Aves Marías…
Guía: Gloria al Padre, Al hijo y al Espíritu Santo…
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,
Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
Guía: Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra,
Todos: Salva nuestra patria, conserva nuestra fe católica y bendice nuestros hogares.
CANTO
Y en la tilma, entre rosas pintadas,
y en la tilma, entre rosas pintadas,
su imagen amada, su imagen amada,
su imagen amada se dignó dejar.

Desde el cielo una hermosa mañana,


desde el cielo una hermosa mañana,
la Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajó al Tepeyac.

Quinto Misterio
El Matrimonio
Entre los indígenas la tilma es una prenda muy importante. La Virgen de Guadalupe cuando
plasma su imagen en la tilma de Juan Diego, Ella, con su propia imagen, sus dibujos y sus
colores, dignifica la tilma del macehual ennobleciéndola; Ella, al plasmarse en la tilma del
indígena manifiesta su protección y su cuidado. Ella hace un verdadero Matrimonio
espiritual con el pueblo, ya que al plasmar su imagen en latilma Ella anuda su vida, se
entrega plenamente en el alma y en el ser del enamorado pueblo sencillo y humilde
representado por Juan Diego. Un verdadero matrimonio espiritual en donde está como
centro Aquel que es la Alianza, la Nueva Alianza en el Arca Viviente que es María, Él,
Jesucristo quien nos quita todo miedo, toda angustia y todo temor, por medio de la ternura
de su propia Madre; es Jesucristo quien hace un matrimonio con su Iglesia, para construir
juntos la Civilización de su amor.
Sacerdote Oremos: Santa María de Guadalupe gracias por ser la portadora del amor de
Dios, ayúdanos a mantener esta alianza especialmente en los matrimonios en donde tú
imprimes tu bendita imagen para que se amen hasta que la muerte los separe, que puedan
superar todo obstáculo y adversidad, y surjan fortalecidos y así puedan formar una familia
llena de tu amor.
Guía: Madre Santísima, tú conoces de cuántas maneras se intenta destruir hoy el
matrimonio y la familia. Te rogamos que protejas y salves estas instituciones naturales para
que los esposos sean testimonio de amor para el mundo, y para que los niños se desarrollen
en ambientes equilibrados y felices. Protege, cuida y bendice a cada una de nuestras
familias, para que podamos ser cada vez más como la tuya.
Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
Padre nuestro…
10 Aves Marías…
Guía: Gloria al Padre, Al hijo y al Espíritu Santo…
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,
Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
Guía: Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra,
Todos: Salva nuestra patria, conserva nuestra fe católica y bendice nuestros hogares.
CANTO
Desde entonces para el mexicano,
desde entonces para el mexicano,
ser guadalupano, ser guadalupano,
ser guadalupano es algo esencial.

Desde el cielo una hermosa mañana,


desde el cielo una hermosa mañana,
la Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajó al Tepeyac.

Séptimo Misterio
La Confesión
Tanto la Imagen de Santa María de Guadalupe impresa en la humilde tilma de Juan Diego,
como la narración que este mismo laico expresó con todas sus particularidades, manifiestan
un verdadero encuentro con ese único Dios, vivo y verdadero, que tocó el corazón de todos,
tanto de indígenas como de europeos.
De una manera asombrosa se había difundido la fama del milagro y acudían todos con un
corazón contrito, sedientos del verdadero amor. La conversión se dio de manera
absolutamente asombrosa.
Todos contemplaron con asombro la Sagrada Imagen y escuchaban llenos de emoción el
relato de cómo la Madre de Dios se había aparecido y cada uno de los signos de su
maravillosa Imagen. Así se inició una de las conversiones más impactantes y maravillosas,
sin precedentes en la historia de la Iglesia universal; en cerca de ocho años se convirtieron
aproximadamente nueve millones de personas. En un corazón humilde y arrepentido se
forma el auténtico hogar de Dios; como lo expresa el Papa Benedicto XVI cuando presenta
la conversión del hijo pródigo: “Camina hacia la verdad de su existencia, «a casa».”[1]
Este es el verdadero fruto del encuentro de Dios, por medio de Santa María de Guadalupe:
una verdadera conversión desde lo más profundo del corazón; que no sólo se dio en aquel
siglo XVI, sino que sigue siendo constante hasta nuestros días. Poner a Jesucristo en el
centro de la existencia nos dispone a actuar como verdadera familia unido al prójimo. Esta
es la verdadera libertad para construir esta patria, esta nación, para saber edificar este
pueblo de gente humilde que sabe abrir su corazón para ser libre dando su vida por los
demás siguiendo a su Señor y Salvador, para que con su poder sepamos perdonar y, de
esta manera, ser libres, plenamente libres, para construir juntos la Cultura de la vida, la
Civilización del Amor.
Sacerdote Oremos: Santa María de Guadalupe gracias por ser la portadora del Dios del
perdón y de la misericordia, gracias por darnos a Aquel que aún viéndonos lejos corre a
nuestro encuentro y nos llena de su amor, de forma especial en el sacramento de la
Reconciliación, liberándonos del pecado y de la muerte, y dándonos la fuerza del Espíritu
Santo para saber perdonar a nuestros hermanos.
Guía: Virgen Santísima de Guadalupe tu Hijo Jesús entregó su vida para que nosotros
tengamos vida en abundancia. Su llegada a través de ti a ésta tierra en 1531, nos trajo
la oportunidad de tener esa vida, pero hoy, de nuevo, sombras de muerte
nos rodean. Madre, enséñanos a aceptar con gratitud el don de la vida, ayúdanos a
defenderla con valor desde su inicio hasta su fin natural. Libra, sobre todo, a nuestros niños
y a nuestros jóvenes de todo lo que implica la cultura de la muerte; líbranos también de la
muerte eterna. Que tu poderosa intercesión, nos devuelva esa vida en abundancia que
Jesús nos consiguió con su muerte y resurrección.
Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
Padre nuestro…
10 Aves Marías…
Guía: Gloria al Padre, Al hijo y al Espíritu Santo…
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,
Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
Guía: Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra,
Todos: Salva nuestra patria, conserva nuestra fe católica y bendice nuestros hogares
CANTO
en sus penas se postra de hinojos,
en sus penas se postra de hinojos,
y eleva sus ojos, y eleva sus ojos,
y eleva sus ojos hacia el Tepeyac.

Desde el cielo una hermosa mañana,


desde el cielo una hermosa mañana,
la Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajó al Tepeyac.

Octavo Misterio
La Iglesia Sacramento de Salvación
Santa María de Guadalupe pide una casita sagrada, un templo, que es Iglesia Católica,
sacramento de Salvación para el mundo entero. Ella nos sigue conduciendo a Jesucristo,
que es la piedra angular de esta Iglesia.
La Doncella de Nazaret, la Morenita del Tepeyac, es la Madre de Dios y Madre nuestra y
desde que tomó nuestra sangre y nuestro color, tomó nuestra identidad y nuestra persona,
nuestra historia y nuestra alma, dándonos a su Hijo, Jesucristo, Señor de la vida y de la
verdadera libertad. Ella es la primera discípula y misionera del Amor de Dios, y quien supo
poner en todo corazón a su amado Hijo.
El pensador de origen chileno P. Joaquín Alliende dice: “Como pedagogía divina, la
Encarnación se prolonga decisivamente en la vinculación del lugar, porque es tangible,
porque la maternidad de la tierra no se puede olvidar. En Guadalupe, esa maternidad
tangible es la manta de Juan Diego, la «tilma» donde el cielo pinta la imagen mestiza de
María, y es la «Casita», el templo del Tepeyac que la Santísima Virgen exigió como cofre
del nuevo icono que ella regalaba. La maternidad del Tepeyac establece la casa de
encuentro de los pueblos mestizos en el ayer, en el hoy y en el mañana de América Latina
y el Caribe.”[2]
Los obispos reunidos en torno al Papa Benedicto XVI, en Aparecida, Brasil, entre los cuales
estaba el sucesor de fray Juan de Zumárraga, el arzobispo de México, el cardenal Norberto
Rivera Carrera, plasmaron en el Documento final una maravillosa verdad llena del rocío del
Tepeyac: “[María], así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra
América. En el acontecimiento guadalupano, presidió, junto al humilde Juan Diego, el
Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu.”[3] Y proclamaron con alegría: “Todos
los bautizados estamos llamados a «recomenzar desde Cristo», a reconocer y seguir su
Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder y afecto, persuasión y
esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace
2000 años, y con los «Juan Diegos» del Nuevo Mundo.”[4]
Santa María de Guadalupe, Madre y Modelo de la Iglesia, de esta Iglesia católica nuestra
que es Sacramento de Salvación.
Oración: Santa María de Guadalupe gracias por ser portadora del Dios que da la verdadera
libertad en el amor; gracias por el don maravilloso de la Iglesia, sacramento de salvación
para el mundo entero, permítenos ser piedras vivas de esta amada iglesia, permítenos ser
esa “casita sagrada” que desde nuestro corazón vayamos construyendo como hermanos
con la fuerza de Jesucristo, nuestro Señor.
Guía: Madre, ¿Quiénes somos los mexicanos para que hayas querido quedarte a vivir con
nosotros? ¿Quiénes somos para que nos encargaras una misión universal? Virgen
Santísima, a pesar de todos nuestros males, en el fondo del corazón de cada mexicano,
vives tú. En la raíz de éste pueblo, estás tú. Por eso, en éste último misterio, confiados,
imploramos tu ayuda una vez más. Ven Virgen Santa en nuestro auxilio, pisa la cabeza del
maligno que invade nuestras vidas y ayúdanos a hacer surgir ese tesoro que llevamos en
el alma, para que México entero llegue a ser esa “casita sagrada” en la que tú y tu Hijo
Jesús reinen; y así podamos cumplir nuestra misión de iluminar al mundo entero con la
verdad del Evangelio que tú nos revelaste.
Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe,
Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.
Padre nuestro…
10 Aves Marías…
Guía: Gloria al Padre, Al hijo y al Espíritu Santo…
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,
Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.
Guía: Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra,
Todos: Salva nuestra patria, conserva nuestra fe católica y bendice nuestros hogares.
Canto
Oración: Padre de misericordia, que has puesto a este pueblo tuyo bajo la especial
protección de la siempre virgen Santa María de Guadalupe, Madre de tu Hijo, concédenos,
por su intercesión, profundizar en nuestra fe y buscar el progreso de nuestra patria por
caminos de justicia y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo…
Todos: Amén
Guía: Por la Nación Mexicana y las intenciones del Santo Padre.
Padre Nuestro
Dios te Salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y Castísima. En tus
manos encomendamos nuestra fe para que la aumentes llena eres de gracia…
Todos: Santa María…
Dios te Salve María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y Castísima. En tus
manos encomendamos nuestra esperanza para que la alientes, llena eres de gracia…
Todos: Santa María…
Dios te Salve María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y Castísima.
En tus manos encomendamos nuestra caridad para que la inflames, llena eres de gracia…
Todos: Santa María…
Guía: Dios te salve María Santísima, templo y sagrario de la Santísima Trinidad, virgen
concebida sin la culpa original;
Todos: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y
llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros
esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto
bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por
nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo óyenos. Cristo óyenos.
Cristo escúchanos. Cristo escúchanos.
Dios, Padre celestial. Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo. Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo. Ten piedad de nosotros.

Todos: Ruega por nosotros.


Santa María
Hija Predilecta del Padre
Madre del Hijo Unigénito de Dios
Consuelo del Espíritu Santo
Madre de Dios siempre cercano a nosotros
Madre del Dios de la alianza
Reveladora de Jesús en el Tepeyac
Fuente de salud y vida
Alegría de nuestra tierra
Felicidad de México
Río de luz de nuestro pueblo
Arrullo de nuestra tierra
Manantial de esperanza
Estrella de la Evangelización
Mujer flor
Mujer vestida de sol
Camino predilecto para llegar a Cristo
Cumbre y monte de nuestra alegría
Portadora de un mundo nuevo
Aurora de nuestro caminar
Profetisa reveladora del triunfo de tu Hijo
Maestra de la Iglesia
Flor y canto de América
Todos: Intercede por nosotros

Reina de los mexicanos.


Reina de las familias mexicanas.
Reina de los marginados.
Reina de los pobres.
Reina de los trabajadores.
Reina de los campesinos.
Reina de los explotados
Todos: Ayúdanos, Señora

A dar testimonio de la fe.


A salir de la apatía.
A salir de la pobreza.
A manifestarnos como hermanos.
A desarrollarnos como personas.
A vencer la maldad.
A vencer la indiferencia.
A vencer la negligencia.
A vencer la infidelidad.
A vencer la violencia intrafamiliar.
A construir nuestras familias.
A dar buen ejemplo a nuestros hijos.
A respetar a nuestro prójimo.
A difundir valores.
A progresar como personas.
A desarrollarnos como país.
A profundizar en nuestra fe.
A buscar el progreso de nuestra patria.
A construir caminos de justicia y de paz.
A servir a nuestros hermanos con profundo amor.

Todos: Enséñanos a amar.


Madre que conoces nuestros andares y pesares
Madre que nos acoges y arrullas con cantos celestiales
Madre que apaciguas nuestras violencias
y nos llamas a la reconciliación.
Madre, modelo y guía de todas nuestras madres
Madre del nuevo milenio
Madre de la Nueva evangelización
Madre de la unidad pedida por Cristo
Madre de América y del mundo
Madre de la civilización del amor
Madre de los colegios plancartinos

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónanos, Señor.


Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten piedad de nosotros.

Todos: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen
gloriosa y bendita. Amén.
Oh Dios, cuyo Unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó el premio de
la vida eterna: concédenos a quienes recordamos estos misterios del Santo Rosario, imitar
lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Todos: Amén.
Contigo vamos Virgen Pura, y en tu Poder vamos confiados, pues yendo de ti amparados
nuestras almas volverán seguras. Dulce Madre no te alejes, tu vista de nosotros no apartes,
ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes, ya que nos proteges tanto como
verdadera Madre, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y Espíritu Santo. Amén Guía: Por
la señal de la Santa Cruz... Ave María Purísima.
Todos: Sin pecado concebida.
CANTO

Adiós, Reina del Cielo, Madre del Salvador.


Adiós, oh Madre mía. Adiós, adiós, adiós.

De tu divino rostro la belleza al dejar;


permíteme que vuelva tus plantas a besar.

A dejarte, oh María, no acierta el corazón;


te lo entrego, Señora, dame tu bendición.

Adiós, hija del Padre; Madre del Hijo, adiós;


del Espíritu Santo, oh casta esposa, adiós.

Adiós, oh Madre Virgen, más pura que la luz.


Jamás, jamás me olvides delante de Jesús.

Adiós, del Cielo encanto, mi delicia y mi amor.


Adiós, oh Madre mía. Adiós, adiós, adiós