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Universidad Católica Andrés Bello

Facultad de Ciencias Económicas y Sociales


Escuela de Administración y Contaduría

Análisis de la introducción a la lógica de la ciencia.

Jorge Alejandro Freites Mardeni

22 de noviembre de 2005
Introducción:

La tesis de Popper ha de haber tenido un efecto revulsivo en el


ambiente científico de antes de mediados de siglo, pues de principio insiste
en no alinearse demasiado con ninguna corriente de pensamiento
relacionada al tema. Digo demasiado porque en realidad aportó nuevos
enfoques a problemas científicos relacionados con el método investigativo
y el empleo del lenguaje para explicar fenómenos naturales en forma de
teorías. Es además una tesis que no puede encasillarse como tendencia,
con muchos razonamientos empleados hacia dilucidar problemas
encontrados por sus antecesores en términos de la aplicación de un código
susceptible de refutar por su estructura más que por su contenido, sin caer
en tautologías sino declarando que las teorías tienen unas características
muy particulares, que organizadas en sistemas y contrastadas, llevan a la
expresión eficiente de lo observado en la investigación científica, y
reglamenta el orden para sacar así conclusiones relevantes y coherentes a
nivel lógico y empírico.
Popper empieza explicando que la lógica inductiva crea problemas
al realizar enunciados universales partiendo de otros particulares, que
provienen de la observación y la experimentación científicas. Crea
problemas porque asume como verdaderas dichas observaciones que, en
realidad, podrían sus resultados depender de variables incontrolables, lo
que afectaría la veracidad de la aseveración universal (teoría).

Kant habría pretendido solucionar este problema otorgándole a los


enunciados particulares (recordemos, las conclusiones recabadas del
empleo riguroso del método científico) validez a priori, o de principio. Es
válido, dentro de mi análisis, el intento de Kant por desprenderse del
hecho científico en sí, al darle validez al enunciado para concentrarse en
su justificación. Hume habría puesto en evidencia la incapacidad del
principio de inducción, pues asumir como verdadero un hecho científico
justificado en la mera experiencia ocasiona, al justificarlo, una regresión
infinita.

Popper sostiene que carece de sentido atribuirle veracidad absoluta


a un enunciado, aunque admite que si podría gozar de un cierto rango de
probabilidad o coincidencia, entre las inferencias inductivas y el
enunciado universal. Al ser tomadas como probables, se convierten en
hipótesis para Popper, por lo que serían susceptibles de ser contrastadas
para así comprobar no si es verdadero o falso, sino si es coherente con los
enunciados de los que ha sido inducido. Como al hacerlo se admite que
son verdaderas, conlleva como dijimos, a una regresión infinita.

Finalmente, lleva a la conclusión de que son las hipótesis las que


deben ser contrastadas empíricamente, y no en forma metafísica. Busca así
justificar la idea de que no hay una cadena de pensamientos que nos lleven
a una conclusión empírica, sino que los enunciados universales (teoría)
tienen que ser deducibles a partir de procesos de contraste separados de la
intuición humana. Empleando la deducción lógica, partiendo de las teorías
logramos conclusiones lógicas, comparables entre sí y otras las que sería
adecuado contrastar con el fin de conseguir relaciones lógicas comunes.

Los contrastes permitirán elaborar predicciones partiendo de la


aplicación empírica de la teoría, las imposibles (dada la teoría) y aquellas
negadas por ésta, para así verificar su factibilidad. Si no es coherente el
enunciado universal con el particular del que ha sido deducido en un
primer momento, pues siendo falso el primero también lo será el último.
Popper reconoce a los positivistas la importancia de la experimentación,
pero dándole un papel preponderante al cotejo realizado con los
enunciados fruto de aquella.

Las tendencias positivistas tienden a evitar el doble cotejo ya


mencionado, por considerar el empleo de la lógica en la deducción de
resultados inapropiado. Otro problema es el generado por la tesis de
Wittgenstein, quién sostiene que para que un enunciado universal sea tal,
debe ser susceptible de ser reducido lógicamente a enunciados como los de
observación y experimentación; el problema es que las leyes científicas
tampoco pueden ser reducidas de esa manera. Lo que se busca entonces es
establecer diferencias entre los enunciados que logramos desarrollar a
través de procesos mentales deductivos y aquellos conseguidos por la
experimentación.

Popper propone una demarcación que reúne puntos comunes entre


la demarcación de Wittgenstein y la metafísica. Después de tanto eliminar
el aspecto psicológico del proceso, Popper emplea juicios de valor y
convicciones para dar forma a su criterio, pero se defiende alegando que
tales convicciones suelen conllevar en adelantos científicos; el análisis de
las consecuencias lógicas es vital para la clara demarcación entre
metafísica y empirismo.

Llega así a la conclusión que todo sistema teórico debe permitir que
su negación no implique contradicción, sino otra posibilidad; además, la
consecuencia del sistema teórico debe ser posible, reflejando el mundo
experimentado y por último, deber distinguirse de otros sistemas por ser el
más adecuado a nuestra experiencia. Si resiste los contrastes al aplicarle
el método deductivo será entonces ése el sistema teórico más apropiado
para representar nuestra experiencia. Queda notada la importancia hacer
distinción entre las ideas (metafísica) y la ciencia empírica, pues solo el
empleo correcto del lenguaje al montar un sistema nos permite al mismo
tiempo traducir los hechos científicos o fenómenos a los enunciados
particulares o descriptivos que posterior al proceso deductivo, lleva a una
idea general que toma cuerpo en un enunciado universal o teoría.

Popper toma de Waismann y Schlick el añadido de que además de


ser verificable, un enunciado verdadero debe ser lógicamente falsable
también. Esto protege a la ciencia empírica, pues evita que hayan
enunciados inducidos por la experiencia solamente, y no eliminen los
sistemas teóricos de las ciencias naturales; logramos esto eligiendo un
criterio que admita el predominio empírico hasta en enunciados
imposibles de verificar. Dicho esto, nuestro autor estudiado propone la
falsabilidad como criterio para efectuar el contraste, sin asumirle sentido
positivo absoluto cada vez al sistema, sino que por medio de pruebas se
refute a través de la experiencia, y pueda ser elegido en sentido negativo.
Esto considerando que los enunciados universales no son deductibles de
los singulares, aunque si podrían contradecirse. El modus tollens de la
lógica clásica nos podría hacer llegar de enunciados singulares falsos a
enunciados verdaderos universales, o inclusive más confuso, en sentido
contrario, de singulares verdaderos a universales falsos.

Como mediante la lógica, hay herramientas que al aplicarlas a los


enunciados podrían hacer que los sistemas eviten su falsación y nos hagan
precipitar en incoherencias lógicas. Pero determinando el método
empírico para hacer de estas herramientas inaplicables, logramos que la
falsación se constituya como el mecanismo más seguro para hacer el
contraste. Y esta línea nos lleva a un esclarecimiento del problema de la
inducción que hablamos al principio, del que dio cuenta Hume,
renunciando a exigir que los enunciados sean tanto verificables como
falsables, sino solamente aptos de falsar.

Surge el problema de la “base empírica”, que lleva a Popper a


tomar en cuenta que la teoría del conocimiento es incapaz de apoyar
enunciados porque sencillamente serían irrefutables. Distinguimos
además, que las convicciones no entran en juego al momento de contrastar
un enunciado, pues los juicios de valor y nuestras experiencias subjetivas
no pueden sustentar enunciados tampoco. La objetividad es el verdadero
camino científico, pues permite que las experiencias perceptivas respalden
o justifiquen enunciados básicos. Toma la línea de Kant (conocimiento
científico solo es considerado como tal cuando es justificable), lo que
anula de plano la subjetividad como partícipe en el proceso de
formulación y contraste de enunciados; y esto es porque no hay criterios
subjetivos absolutos, comunes sí pero incondicionales jamás. Esta punta
de lanza kantiana blinda el conocimiento científico, evitando teorías
basadas en convicciones y creencias injustificables más allá del auto-
convencimiento de su validez. Se hace patente la ineludible relación entre
la objetividad de los enunciados y la construcción de teorías. Es la
recurrencia de eventos y resultados experimentales lo que nos facilita el
descarte de hipótesis, es la repetición lo que nos convence y no netamente
nuestra observación.

La repetición nos hace distinguir entre un hecho físico y un


fenómeno casual, además de permitirnos desprender la subjetividad de la
investigación, haciendo del efecto físico una verdad natural, fácilmente
reproducible ordinariamente realizando un procedimiento. Quedan fuera
corazonadas y casualidades de efectos ocultos o improbables, siempre que
no pueda normarse su experimentación. La objetividad es la primera clave
para solucionar el problema de la base empírica, dado que al ser objetivos
los enunciados científicos, entonces también lo serán aquellos que
pertenezcan a la teoría del conocimiento (Base empírica). Serán objetivos
los enunciados en la medida que sean contrastables intersubjetivamente
(entre sí). Así pues tampoco es necesario contrastar cada uno de los
enunciados científicos antes de aceptarlo, solo es requerido que pueda ser
contrastado. Como el método deductivo no tiene como fin justificar
enunciados, no recae en regresión infinita como el método inductivo, que
en resumidas cuentas es insostenible.

Existe la necesidad de darle estructura al método, con orden y


reglas adecuadas que conviertan la ejecución del mismo en un proceso
empírico que asegure la contrastabilidad de sus enunciados. Como la
ciencia evoluciona en conocimientos y puntos de vista, los enunciados
deben ser revisables, dado que eventualmente podría haber mejores.
Es contraproducente exigir también resultados rígidos a la
experimentación, por el comentado asunto de las variables no
controlables, por lo que no pueden caracterizarse las ciencias empíricas
meramente por su estructura lógica ni sus resultados. Así, es necesario
hacerlo según su método científico, ese procedimiento establecido de
llevar adelante la investigación científica sea en forma de experimentación
o sencillamente observación.

Los naturalistas plantean la teoría del método de forma distinta a


los positivistas. Mientras éstos solo toman en cuenta los hechos vistos en la
experimentación y su traducción en enunciados, ya que es inherente a su
línea de pensamiento el rechazo a la existencia de problemas con sentido
sujetos de resolución mediante la aplicación de teorías filosóficas; el
planteamiento naturalista sugiere que debe haber una ciencia aplicada al
método científico. Los positivistas no ven problemas en la experimentación
sino programas, destinados a ser llevados a cabo para obtener un
resultado.

Tratar la metodología como ciencia empírica, a pesar de lo anterior,


es recaer en la inducción; es abarcable si consideramos un sistema, y le
introducimos este principio sin dar lugar a disconformidades lógicas, con
resultados útiles a la investigación. Abarcable pero no útil, pues a juicio
de Popper es carente de criticismo, y no lleva a otro sitio más que a la
preposición de una convención mutable por sus características, en
creencia subjetiva.

Popper considera las reglas metodológicas como convenciones que


son aplicables para el desarrollo ordenado de la ciencia empírica y su
subsiguiente aplicación. A todas luces no son reglas lógicas, y como
todavía tenemos el asunto de la aplicación de herramientas lógicas para
eludir la demarcación, lo trataremos de la siguiente manera:

Una norma suprema será establecida, estableciendo la base


estructural de decisiones a posteriori de más normas, afirmando que serán
reglas del procedimiento científico aquellas no anulen la falsación, de
forma tal que sea obligada la demarcación. La conexión sistemática entre
reglas es la que hace posible la existencia del método, sin profundas
verdades más allá que los lineamientos a seguir para resolver problemas
lógicos que se resisten a ser solucionados.
Conclusión:

La toma de decisiones a nivel metodológico dirigirá el rumbo de las


investigaciones que se realicen bajo el conjunto de normas a aplicar, lo
que denota la suma importancia de la exactitud de semejante
reglamentación procedimental. Además, la metodología empleada para
deducir enunciados universales determinará en gran medida tanto su
alcance como su duración (mientras mejor sea, más tardará en ser
reemplazada por una mejor).
La filosofía se ve salpicada pues, de lo anterior, ya que se vale de un
método en la mayoría de los casos para interpretar y solucionar
problemas que le atienen, y que por su carácter metafísico no son
refutables salvo por la veracidad del método, que le otorga su validez.
Dicho lo anterior, la filosofía sale favorecida por el empleo de la
metodología explicada, pues sus discusiones más interesantes desembocan
en problemas que se refieren exclusivamente, al método.