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LAS TROYANAS 

Jean Paul Sartre 


 
 
ESCENA I 
ENTRA POSEIDON 
POSEIDON:  Yo,  Dios  del  Mar,  Poseidón,  he  dejado  a  mis  Nereidas,y  ​vengo  a  mirar  ​llamas  y  copos 
negros,  ​lo  que  fue  Troya.  Febo  y  yo  ​tomamos  piedras  y  levantamos  ​con  nuestras manos los muros de 
esta  ciudad, Desde entonces no deje de amarla. PAUSA. MIRA LA CIUDAD. De ella, no ​queda nada. En 
los  bosques  sagrados,  ya no hay sacerdotes a no ser muertos. Nuestros templos sangran. Los griegos, 
lo  saquearon  todo.  ​Zeus,  rey  de  los  Dioses,  hermano  mío, sobre las gradas de tu altar han degollado a 
Príamo.  PAUSA.  Se  llevarán  el  botín, el oro y las joyas ​Esos griegos encarnizados en destruir mi ciudad 
volverán  a  ver  a  sus  hijos  y  a  sus  mujeres.  ​Diez  veces  volvió  la  estación  de la siembra, y seguían aquí, 
envejeciendo,  obstinados  en  no  levantar  el  sitio.ahora,  se  acabó  todo.  Sus  navíos  están  listos, 
esperando  el  viento.  Los troyanos han muerto. Vean aquí a las troyanas. Unas serán el lote de los jefes. 
A  otras las sortearán. Esa mujer que está en el suelo boca abajo es la pobre reina. Llora a su marido y a 
sus  hijos.  Yo  soy  el vencido! Quién me honrará en esta tierra quemada? ​La mujer de mi hermano, Hera, 
diosa  de  Argos  y  Palas  Atenea,  mi  sobrina, diosa del Atica, se unieron para perder a mis hijos. Mi daño 
es  obra  suya.  Me  retiro.  Adiós  baluartes,  almenas,  hermosas  torres,  redondas  y  lisas, obra mía. Adiós. 
Ah!  Palas,  Palas  Atenea,  de  no  haber  sido  tan  rencorosa,  esta  ciudad  estaría  aún  en  pie.  PALAS 
ATENEA ENTRA Y SE ACERCA A EL. 
 
ESCENA II 
ATENEA:  Poseidón!  EL  LA  MIRA  AIRADO,  DA  MEDIA  VUELTA  Y  SE  DISPONE  A  SALIR.  Espera!  Dios 
poderoso, todos los dioses te honran 
POSEIDON: Cuando sos cortés,​ Atenea​, desconfío de vos. 
ATENEA: Si dejamos a un lado nuestros odios rancios, me querrás escuchar? 
POSEIDON: Yo no...  
ATENEA: Voy a hacerte una proposición que a ambos nos interesa. Se trata de Troya. 
POSEIDON: Es demasiado tarde para tenerle lástima. 
ATENEA:  No  tengo  ni  sombra  de  lástima  por  tu  ciudad.  Había decidido ​destruirla​, está hecho, PAUSA. 
Ahora, quiero castigar a los griegos.​ ¿Vas a ayudarme? 
POSEIDON: Son tus aliados. Acabas de darles la victoria. Pasas del amor al odio caprichosamente. 
ATENEA:  Me  ofendieron.  Casandra  se  había  refugiado  en  mi  templo,  La  sacaron  de  él  arrastrándola, 
tirándola  del  cabello.  ​¿Crees  que  algún  griego  castigó  o  censuró  esta  acción?  Nadie.  ​mi  templo  está 
ardiendo. 
POSEIDON: Como el mío. 
PALAS  ATENEA:  Como  el  tuyo.  ​¿Vas  a  ayudarme?  POSEIDON  VACILA.  Regocijarías  a  los  troyanos 
muertos. 
POSEIDON: No te creas que olvido mi rencor. Pero te ayudaré. 
ATENEA:  Recoje  tus  olas,  amontónalas  y,  cuando  tengan  la  altura  de  una  colina  que  se  derrumben 
sobre ellos. que el mar se hunda bajo sus navíos, se ahoguen, y que Grecia aprenda a respetarme. 
POSEIDON:  Así  se  hará.  Sobre  las  playas  mis  bocas  vomitarán  sus  cadáveres.  Regresa  al  Olimpo, 
sobrina mía.​ Acecha. SE ALEJAN CADA UNO POR SU LADO. 
 
(CANCION OBERTURA TROYANAS) 
UNA MUJER: Qué van a hacer? Matarnos aquí mismo?
OTRA: Arrancarnos de nuestra tierra, llevarnos
por el mar?
HECUBA: No sé más que una cosa, lo peor de
seguro. HABLANDOSE A SI MISMA. Esclava. De quién? Dónde? En Argos? En Fitia? En
una isla del mar? Vieja lamentable, más muerta que viva, zángano inútil en
colmena ajena, para qué puedo servir? Estaré día y noche delante de una puerta,
o cuidaré niños, a no ser que haga el pan. Andrajo, oh triste cuerpo mío! Con
andrajos te cubrirán. Te acostarás sobre la tierra desnuda. PAUSA. Y he sido la
reina de Troya!
UNA MUJER: Si doy vueltas y vueltas a la
lanzadera, no será ya nunca sobre los telares del Ida.
OTRA: Ya no tengo familia. Ardió mi asa. Veo los
muros enrojecidos por el fuego y sé que los veo por última vez. Ay! Ay! Ay! Ay!
CORIFEO: Cállate! Conserva tu paciencia, los
peores males están por venir.
UNA MUJER: Hay males peores?
OTRA: Si. Un griego, acaso una noche, te
llevará, forzada, a su lecho.
LA PRIMERA: Maldigo desde ahora, esa noche por
el horror que oculta en su sombra!
UNA MUJER: Desarraigada, arrancada al Asia,
tendré que vivir y morir en Europa. Lo cual quiere decir, en el infierno.
OTRA: Yo puede que sea aguadora.
OTRA: Si la suerte me designara para ser sierva
en Atica, o sobre la tierra fecunda del peneo a los pies del Olimpo! Dicen que
allí es grato vivir, hasta para una esclava.
UNA MUJER: Todo antes que las orillas
aborrecidas del Eurotas. Allí vería a helena triunfante y tendría que obedecer
a Menelao, el verdugo de Troya. 
HECUBA:  INTENTANDO  LEVANTARSE  DEL  SUELO  EN  QUE  ESTÁ  TENDIDA.  ¡En  pie!  Pobre  vieja, 
endereza  tu  cuello  roto.  La  suerte  cambia.  Aprende  la  paciencia  ¿De  qué  sirven  las  penas?  ¿O  vivir 
contra  la  corriente?  ¡Déjate  llevar!  LE  FALTA  EL  VALOR,  Y  VUELVE  A  SUS  LAMENTOS.  No  puedo 
resignarme.  ¡No  hay  dolor  en  el  mundo  que  no  sea  mío!  ​Reina  yo,  me  casé  con  un  rey.  Le  di  los  hijos 
más  hermosos.  La  lanza  griega  me  los  mato  uno  tras  otro.  Príamo,  mi  marido,  mi  rey,  yo  estaba  ahi 
cuando  ​lo  mataron  sobre  las  gradas  del  altar.  Vi  su  garganta  abierta  y  su  sangre  que  brotaba  de  ella. 
¿Llorar?  Ya  no  tengo  lágrimas.  Habría  que  tirar  este  cuerpo  al  suelo  y  que  sufriera  su  dolor  sin  ruido, 
rodando  de  un  flanco  a  otro  como  una  barca  en  la  tempestad.  ESTA  A  PUNTO  DE  ARROJARSE  AL 
SUELO,  PERO  SE  ARREPIENTE  Y  SE  YERGUE.  ¡No!  Los  desdichados  están  solos  en  el  mundo,  más 
les  queda una voz para cantar. ​Cantaré. Navíos, hermosos navíos, hace diez años, ¿a dónde iban? Iban 
a  buscar  a  la  griega  infiel  Helena,  esposa  de  Menelao,  y  llevabas  la  muerte  a  los  troyanos.  Navío, 
hermosos  navíos,  Hoy,  van  a  marcharse,  y  me  llevaran  a  mí,  la  abuela.  Con  el  rostro  deshecho,  la 
cabeza  rapada  ¿Era preciso destruir a mi pueblo, sumir a estas mujeres en el duelo y precipitarme en la 
abyección  por  la  gloria  de  volver  a  llevar  a  los  griegos  la  vergüenza  de  Grecia?  DA  UNAS  CUANTAS 
PALMADAS.  ¡En  pie!  ​Viudas  troyanas,  vírgenes  de  Troya,  novias  de  los  muertos,  miren  esas  piedras 
que  echan  humo  y  se ennegrecen, mirenlas por última vez y lloremos sobre nuestra suerte. EL PRIMER 
SEMI-CORO SALE DE LAS TIENDAS.  
CORIFEO:  Tus  gritos,  Hécuba,  taladraron  la  tela  de  estas  tiendas,  y  el  miedo,  destrozando  nuestros 
pechos, se deslizó en nuestros corazones. ¿Qué vas a decirnos? 
HECUBA: Miren los navíos en la caleta. 
UNA MUJER: Los griegos cargaron las velas. 
OTRA: Veo hombres que llevan los remos. 
TODAS: Van a marcharse. 
CORIFEO:  VOLVIENDOSE  HACIA  LAS  TIENDAS Los griegos preparan su vuelta. Salgan de las tiendas, 
desdichadas todas! 
HECUBA​¡No  todas!  ​¡Todas  menos  Casandra!  Impidan  que  salga,  está  loca.  ​Ahorrenme  al  menos  ese 
colmo de la desdicha. ¡Tener que avergonzarme ante los griegos! 
CORIFEO: Atención! Alguien! 
ENTRA TALTHIBIOS 
TALTHIBIOS:  A  HECUBA.  Si,  soy  yo,  Me  reconoces,  ​noble  señora​.  A  menudo, traspasé las puertas de 
tu ciudad para entregar los mensajes de nuestros generales.  
HECUBA: Oh, troyanas mías! Llego el momento que temía. 
TALTHIBIOS: Pues si. Su suerte se ha decidido. 
UNA MUJER:​ Adónde vamos? 
TALTHIBIOS: Van a separarlas. Cada una con su amo. 
OTRA MUJER:​ Cuáles serán los amos?  
OTRA MUJER​: hay una entre nosotras, sólo una que tenga un poco de suerte? 
TALTHIBIOS: ​Vine para responderles. Pero no pregunten todo a la vez. 
HECUBA: Está bien. PAUSA. Casandra?  
Talthibios: Precisamente, está entre las más afortunadas. Agamenón quiere a tu hija. 
HECUBA: Servirá a Clitemnestra! Qué asco! 
TALTHIBIOS: Nada de eso! ​El Rey de reyes la toma por concubina. 
TALTHIBIOS: Digamos que habrá matrimonio... pero secreto. 
HECUBA:​ Ya veo.​ Sabes que pertenece al Sol. A él solo y que el exige que permanezca virgen. 
TALTHIBIOS:  Precisamente!  Lo  que  atrae  en  ella  al  rey  de  los  Griegos  es  su  virginidad  sagrada  de 
profetisa. ​Compartir el lecho de un gran rey no está tan mal, después de todo. 
HECUBA: ​Y Andrómaca? 
TALTHIBIOS: La mujer de Héctor, claro está, es bocado selecto. Se la adjudican al hijo de Aquiles. 
HECUBA: Y yo? de qué puedo servir? Quién me va a querer? 
TALTHIBIOS: Ulises. Serás esclava en su casa. 
HECUBA:  No!  No!  Con  él,  no.  Ese  perro!  Le  escupo!.  Ulises!  Troyanas,  lloren  por  su  reina.  ​La  más 
desdichada soy yo! 
CORO DE MUJERES TROYANAS: A TALTHIBIOS. Y nosotras? Y nosotras? Qué va a ser de nosotras? 
TALTHIBIOS:  La pesca menuda, la echarán a suertes. Qué es eso? La tienda está roja. Comprendo que 
un corazón libre no acepte fácilmente la desdicha, pero no quiero suicidios!  
MUJER: No hay incendio. Es Casandra, la loca. 
 
 
ESCENA V 
DICHOS Y CASANDRA. 
CASANDRA:  Llama,  llama  ligera,  danza,  viva  y  sagrada,  yergue  tu  orgullo  bajo  el  cielo  negro,  Himen, 
Himeneo!  ​Bendito  el  esposo!  Y  a  mí,  Virgen  del  Sol,  futura  esposa  de  un  gran  rey,  a  mí,  oh  Dioses, 
bendiganme!  ​A  HECUBA.  Toma  la  antorcha,  madre,  guía  el  cortejo.  Qué  sucede?  A  quién  lloras?  Ah, 
si!...  Mi  padre,  mis  hermanos...  Demasiado  tarde...  Voy  a  casarme.  Gozo,  gozo!  Lágrimas  de  alegría! 
Toma!  LE  OFRECE  LA  ANTORCHA.  No  quieres?...  Está  bien.  Yo  llevaré  el  fuego.  ​Himen,  Himeneo​! 
Reina  de  la  noche,  inflama  tus  estrellas!  Hacen  falta  mil  soles  para  alumbrarme  cuando  entre,  Virgen 
sagrada,  en  el  lecho  de  un  enemigo.  Salta,  llama.  Más  alto,  más  alto,  hasta  el  cielo.  ​Y  tú,  madre entra 
en  la  danza!.  Troyanas,  dónde  están  sus  vestidos  de  fiesta?  Hay  que  gritar  de  gozo!  Iiú,  Iiú!  Canten 
conmigo, canten! Iiú, Iiú! 
CORIFEO: Deténgala, reina! Deténgala! Si no, va a caer de un salto en el lecho de un griego. 
HECUBA: Dame esa antorcha, hija! No la llevas bien alta. 
CORO DE TROYANAS: Delira. La desdicha no le devolvio la razón. 
CASANDRA:  Me  creen  loca!  Escuchame,  madre.  Tenes  que  alegrarte,empujarme  a  los  brazos  de 
Agamenón, que me lleve a Argos. Ahi, nuestro gran lecho nupcial será su lecho de muerte. ​Helena mato 
a  millares  de  griegos​.  Casandra  será  su  plaga.  El  gran  rey,  el  buen  rey  va  a  reventar  por  causa  mía. 
Arruinaré  su  raza.  Como  él  arruino  la  nuestra. ​Deja de llorar. ¡Ha llegado el momento de reír! mi padre y 
mis hermanos serán vengados!  
HECUBA: ​Hija mía, pobre esclava sin fuerza,​ cómo vas a poder... 
CASANDRA:  El  hacha!  Así!  En  pleno  cráneo!  No  estará  en  mis  manos,  pero  te  aseguro  que  sangrará. 
Oh,  el  Rey  de  reyes  cómo  va  a  sangrar!  CON  ALEGRIA.  A  mí  me  cortarán  el  cuello.  Himen!  Himeneo! 
CORO  DE  MUJERES:  Casandra,  cállate!  Nos  avergüenzas!  Tu  madre  se  avergüenza!  Delante  de  los 
vencedores, no! 
CASANDRA:  A  HECUBA.  No  llores. Los griegos tienen la victoria. ​Y qué? ​Vencida, ardiendo, humillada, 
la  mejor  parte  le  tocó  a  Troya.  En  esta  llanura,  nuestros  enemigos  cayeron  a  millares.  Murieron  por 
nada,  en  el  extranjero,  sin  volver  a  ver  a  sus  hijos  ni  a  sus  padres,  esos  viejos  cobardes  que  no 
supieron  impedirles  marchar.  No  hay  tumbas  para los griegos! La tierra troyana se los trago en revoltijo 
y  sus  mujeres  nunca  encontraran  sus  huesos  ​Miserables!  Tragados  por la tierra, no enterrados, no son 
ni  siquiera  sombras.  Aquí  los  roen  los  piojos,  en  sus  casas,  el olvido. Olvidados ja, ja! Anonadados. En 
cuanto  a  los  vivos,  ​Famosa  expedición!  Para  dar  caza  a  una  sola  infiel,  dejaron  a  sus  mujeres durante 
diez  años.  Y  el  adulterio  se  instalo​,  tranquilo,  ​en  todas  las  casas  de  Grecia.  A  TALTHIBIOS.  A  eso 
llamas, según creo, ganar la guerra. ​Nosotros la hemos perdido, más yo no me avergüenzo. ​No hay uno 
de  nuestros  muertos  que  no  haya  caído  sobre  nuestro  suelo  defendiendo  nuestra  ciudad.  Mientras 
vivieron,  cada  noche,  después  de  los  duros  combates  del  día,  volvían  a  nosotras.  ​Cuando  vuestras 
lanzas  los  atravesaban,  manos  piadosas  recogían  sus  cuerpos  en  el  campo  de  batalla.  Están 
enterrados  aquí  mismo,  todos,  con  todos  los  honores  en  la  tierra  de  sus  antepasados.  Gloria  a  los 
defensores  de  la  patria!  Pero  los  otros,  los  conquistadores,  los  que  hacen  una  guerra  sucia  y  en  ella 
mueren,  su  muerte  es  aún  más  necia  que  su  vida.  A  LAS  TROYANAS.  Levanten  la cabeza, orgullosas. 
Déjenme a mí el cuidado de vengar a nuestros hombres,  
UNA  MUJER:  Quisiera  creerte,  Casandra!  Te  envidio  esa  risa  de  loca,  ese  aire  de  desafío.  Pero, 
míranos, mírate! Cantas, gritas, y después? No son más que palabras. 
TALTHIBIOS:  ​Palabras  que  le  costarían  caro  si  no  hubiese  perdido  la  razón..  Ea,  hermosa  novia,  veni, 
sígueme!  ​Ríe,  llora o rezonga. ​Ya oíste lo que dicen tus compañeras. Palabras! Nada más que palabras. 
A  HECUBA. Prepárate, vengo a buscarte en cuanto Ulises me dé la orden. ​Allá tendrás un buen puesto. 
Serás criada  
CASANDRA:  ​Criada?  Sabes  de  qué  estás  hablando?  Mi  Madre no va a ir a ningún lado​. Apolo me dice 
que  morirá  aca.  En  cuanto  al  sabio  Ulises,  ​el pobre hombre no sabe lo que le espera, antes de volver a 
encontrar  su  ​tierra​.  Diez  años!  Diez  años  parecidos  a  los  que  acabamos de vivir llenos de barro, llenos 
de  sangre,  le  esperan  en  el  mar.  ​Lo  que  va  a  sufrir!  Más  de  una  vez,  se  los  juro,  troyanas,  envidiará 
nuesrtas  desdichas.  P  Para  qué  hablar de Ulises? A mí qué me importa? A TALTHIBIOS. Qué esperas? 
Tengo ansia de unirme con mi prometido para lo mejor y para lo peor. No! Siempre para lo peor.  
(CANCION)  
SE VA. HECUBA CAE AL SUELO. 
 
ESCENA VI 
HECUBA Y EL CORO. 
EL  CORIFEO:  Hécuba!  Cayó  sin  un  grito. ¿Van a abandonarla? Sigue siendo la Reina. ¡Levantenla! LAS 
MUJERES LA LEVANTAN. 
HECUBA:  No  deseaba  su  ayuda  y  no  les  doy  las  gracias.  Quería  desposarme  con  la  tierra 
estrechamente  y  confundirme  con  su  incosciencia  inerte.  Porque  somos  inertes,  comprenden?  Ya  no 
podemos nada sino esperar y sufrir.  
EL CORO: Reina, imploremos a los dioses! 
HECUBA: FEROZ. No! Son aliados dudosos. Callemos. 
EL CORO: Nos da miedo el silencio. 
HECUBA: Entonces dejen de lamentarse, y recordemos nuestro último día de felicidad. 
EL CORO: CON VOCES ALTERNADAS.  
MUJER 1: Nuestro último día de felicidad fue para Troya el comienzo de la muerte.  
MUJER  2:  Aquella  mañana,  desde  lo  alto  de  los  baluartes  vi  la  playa y el mar desiertos hasta perderse 
de vista. 
MUJER  3:  Los  griegos  habían  quemado  sus  tiendas, su flota había desaparecido. Solo, en el centro de 
la  llanura,  había  un  gran caballo montado sobre cuatro ruedas, un caballo de madera cuyos arneses de 
oro centelleaban.  
MUJER  4:  Todo  el  pueblo  troyano  en  pie,  sobre  la  roca  de  la  ciudadela,  gritaba:  “Se  acabó,  se 
marcharon.  Los griegos levantaron el sitio. Pasó el tiempo de nuestras pruebas. Izen el ídolo de madera 
sobre  nuestra  Acrópolis!  Se  la  consagraremos  a  palas  Atenea,  la  noble  hija  de  Zeus,  que  nos  ha 
perdonado”.  
MUJER  5:  Todos  gritaban  y  cantaban.  Nos  abrazábamos  en  las  calles,  ancianos  y  vírgenes,  en  los 
umbrales de las puertas preguntaban: Qué sucede? Y nosotros respondíamos: “Sucede que es la paz”.  
MUJER  6:  Rodearon  de  cuerdas  al  ídolo  para  halarle  hasta  el  templo  de  Atenea.  Yo  trabajé  como  los 
demás. Tiré, empujé, sudé. 
MUJER  7:  El  trabajo  dio  fin  al  acabar  el  día  y  cantamos  victoria  en la noche al son de las flautas lidias. 
Después,  una  tras  otra,  se  apagaron,  en  las  casas,  las  deslumbrantes  lámparas,  las  humeantes 
antorchas en las calles. 
MUJER  8:  Nosotras,  agotadas  por  el  gozo,  seguíamos  cantando  en  la oscuridad, casi en voz baja: “Es 
la paz, la paz!”Así pasó el último día de Troya, nuestro último día de felicidad. 
EL  CORIFEO:  No  hay  mentira  peor  que  la  felicidad!​.  Era  medianoche,  las  casas  zumbaban  aún  con 
nuestros  cantos,  cuando,  desde  la  cima  de  la  ciudad  alta  hasta  las  últimas  casuchas  del  bajo  arrabal, 
se  derramó  el  grito  de  muerte.  Era  la  guerra,  y  atenea  no había perdonado nada. Los griegos, saliendo 
de  su  escondite,  degollaban  a  nuestros  hombres  y  a  todos  nuestros  niños.  Terminó nuestro último día 
de dicha, empezaba nuestro primer día de muerte. 
EL CORIFEO:Miren. Un carro! HECUBA QUEDA INMOVIL. 
 
ESCENA VII 
HECUBA, EL CORO, ANDROMACA, UNA MUJER 
UNA MUJER: Mira, mira. Es Andrómaca, tu nuera, la mujer de tu hijo Héctor. 
OTRA MUJER: Trae en sus brazos a Astianax. A ANDROMACA. ¿A dónde lo llevas? 
ANDOMACA:  A  casa  de  mi  amo.  HECUBA  ACABA  POR  VOLVERSE,  MIRA  A  ANDROMACA  SIN 
CARIÑO Y VE A ASTIANAX. 
HECUBA:​ Desdicha!​ Oh, desdicha! 
ANDROMACA: Por qué gemis? Esta desdicha es MIA.  
HECUBA: Es nuestra! 
ANDOMACA: No. 
HECUBA: No son mis hijos? 
ANDROMACA: Lo éramos. 
HECUBA: Llevo luto por todos mis hijos. 
ANDROMACA: Yo sólo por Héctor. 
HECUBA: Lloro por nuestra ciudad que arde. 
ANDROMACA: Lloro por la ciudad de Héctor. 
HECUBA: Por nuestra casa real. 
ANDROMACA: Sobre la casa donde me hice mujer, donde di luz a Astianax. 
HECUBA: Arde, se quemo, se hunde, todo va a hundirse. 
ANDROMACA:  Por  culpa  tuya.  Tú  diste  a  luz  a  Paris,  el  aventurero.  Los  Dioses  sabían  que  era  un 
monstruo.  Te  dieron  orden  de  matarlo.  No  lo  hiciste.  Este es tu castigo. Y nosotros, los incocentes​, sin 
tener arte ni parte en tu falta,​ lo ​compartimos ​el castigo.​ ​Tu hijo ha hecho caer a Troya.  
HECUBA:  ANONADADA,  ESCONDE  EL  ROSTRO  ENTRE  LAS  MANOS.  ​Príamo,  esposo  mío  sal  del 
Hades! Dile a Andrómaca que miente! Ven a protegerme! 
ANDOMACA:  Héctor,  mi  hombre,  el  de  los  brazos  poderosos,  que  te  has  sacrificado  para nada, noble 
víctima  de  los crímenes de tu hermano, ven a salvarme o a vengarme. LOGRA DOMINARSE. CON MAS 
SUAVIDAD,  PERO  SIN  CARIÑO.  Vieja,  no  te  quería  porque  no  siempre  fuiste  buena  para  mí.  Pero  te 
compadezco de todo corazón. ​PAUSA. Hector ha muerto. Y es más feliz que yo que vivo. 
HECUBA:  Hija  mía,  qué  decis?  Bien  sabes,  la  muerte  es  el  vacío.  En  la  vida  más  miserable,  al  menos 
queda la esperanza. 
ANDROMACA: ​¡ No. Ya no hay esperanza. La muerte ​es el vacío​, la calma eterna. Yo, sufro y lo sé... ​Me 
dediqué  ​a  cumplir  perfectamente  mi  papel  de  mujer y de madre. A nosotras, hagamos lo que hagamos 
si  nos  encuentran  fuera  de nuestras casas, damos ocasión a la maledicencia. Por eso, ​nunca salí de mi 
casa​.  ​Nunca ha resonado dentro de sus paredes el vano charloteo femenino. Ojos tranquilos, presencia 
silenciosa.  Cuando  era  necesario,  sabía  dejarme  vencer.  Es  que  no  deseaba  otra  cosa  que  la  dicha, 
para  él  y  para  mí  la  fama  de  esposa  perfecta.  ​Ay,  lo  que  fue  mi  gloria es hoy mi perdición! El rumor de 
mis  virtudes  llego  hasta  los  griegos.  El  asesino  de  Héctor  deja  un  hijo,  que  me  reclama  para  su lecho. 
No  quiero!  No  quiero  que  el rostro amado se borre de mi memoria! Dicen que una sola noche de placer 
basta para domar a una mujer. ​Tendré que despreciarme a mí misma? Que ir a mendigar las caricias de 
mi  nuevo  marido?  Héctor,  te  amaba,  te  amo.  No  conocí  más  hombre  que  vos..  Impedime  gemir  bajo 
otras  manos.A  HECUBA.  Embustera!  La  vida,  decis  vos,  es  la  esperanza?  Mírame...  yo  vivo  y  la 
esperanza ha muerto porque sé lo que me espera. 
EL  CORIFEO:  ​Tú  eres  princesa,  pero  nosotros  somos  tus semejantes. Pintando tu desdicha haces que 
sienta mejor la mía. ​¡Ay de mí! 
HECUBA:  ​hija mía, tu llanto no lo hará revivir. Olvídate. Con las mismas virtudes que en vos amara, y de 
las cuales estás tan orgullosa, procura agradar a tu nuevo marido. 
ANDROMACA: vos la madre de Héctor, me das ese consejo de tercera? Qué asco! 
HECUBA:  Hácelo  por  tu  hijo,  por  Astianax,  hijo  de  mi  hijo,  príncipe  de  Troya,  último  de  su  raza,  para 
que  un día ​por él y por sus hijos esta ciudad muerta renazca y nos vengue. El destino de nuestra familia 
está en tus manos. ENTRA TALTHIBIOS.  
 
 
ESCENA VIII 
DICHOS Y TALTHIBIOS. 
TALTHIBIOS: SE ACERCA A ANDROMACA. No me odies. 
ANDROMACA: Qué? 
TALTHIBIOS: ​Con pena te comunico las nuevas decisiones de mis amos.​Tu hijo... 
ANDROMACA: Nos separan? 
TALTHIBIOS: en cierto modo...si. 
ANDROMACA: No tendremos el mismo dueño? 
TALTHIBIOS: no quiero hacerte sufrir. 
ANDROMACA: No necesito tus pudores.  
TALTHIBIOS:  Van  a  matarlo.  PAUSA.  ANDORMACA  ABRAZA  ESTRECHAMENTE  A  SU  HIJO  Y  LE 
MIRA.  TALTHIBIOS  CONTINUA  CON  PRECIPITACION.  Es  Ulises.  Ha  dicho  ante  la  asamblea  de  los 
griegos:  “Si  dejamos  con  vida  al  hijo  del  poderoso  Héctor,  vamos  al  encuentro  de  grandes 
dificultades”.  La Asamblea le dio la razón. PAUSA. No lo abraces tan fuerte. Dámelo. ELLA SE RESISTE 
Y  SE  APARTA.  Vamos!  Dámelo.  ​Qué  podes  hacer?  Tu  ciudad,  tu  marido  desaparecieron  de  la  tierra. 
¿Crees  que  el  ejército  griego  no  es  capaz  de  arreglarselas  con  una  mujer?  Inclínate  ante  las  órdenes. 
Sé  digna  en  la  desdicha.Escucha:  No  traigas  sobre  ti  el  odio  o,  ¿quién  sabe?, la vergüenza. Si irritas a 
los militares, dejarán su cadáver a los buitres. Si cedes, ​tal vez ​te permitan enterrarlo,  
ANDOMACA:  No  lo  toques!  Chiquillo  mío!  ​Me  vas  a  dejar,  vas  a  morir.  ¿Sabes  por  qué?  Tu  padre  era 
demasiado grande, sus virtudes serán la causa de tu muerte.  
(CANCION) 
SE LLEVAN A ANDROMACA. 
 
 
ESCENA IX 
HECUBA. EL CORO. AMANECE. 
EL CORO: PASADO ALGUN TIEMPO. 
MUJER  1:  La  aurora!  Por  segunda  vez  ilumina  nuestra  ciudad  que  arde.  Por  segunda  vez,  alumbra 
sobre nuestras orillas a invasores venidos de Grecia para destrozar nuestro país.  
MUJER  2:  La  primera  vez...  hace largo, largo tiempo! Telamón reinaba en Salamina. Es una isla del mar 
en  la  que  zumban  las  abejas.  Frente  a  Atenas,  la  ciudad de palas, que reluce como aceite al sol, la isla 
se  inclina  suavemente  hacia  las  santas  colinas  del  Atica  donde  Palas  Atenea  un  día,  hizo  aparecer  la 
primera rama de olivo. 
MUJER  3:  De  allí  partieron  la  primera  vez  para  arrasar  nuestra  ciudad  y  colonizar  el  Asia.  Ya  nos 
envidiaban  nuestras  mieses,  las  gentes  de  Europa  ya  le  tenían  odio  a  nuestra  raza  y  nos  llamaban 
salvajes, ellos, los implacables. 
MUJER  4:  Ya  una  vez,  su  flota  ancló  en  nuestras  ensenadas.  Ya  una  vez,  ardieron  nuestros  muros.  El 
rey de Troya cayó bajo sus golpes. Se marcharon, sin embargo, sin conquistar nuestras provincias.  
MUJER  5:  Es  que  en  aquel  tiempo,  los  Dioses  nos  amaban.  Eros,  dulce  tirano  de  los  hombres  y  del 
cielo,  entonces,  tú  nos  ayudabas.  Inflamaste  a  la  Aurora, la de las alas blancas y ella, loca de amor por 
uno  de  los  nuestros,  por  Titón,  hermano  de  nuestro  rey  muerto,  hízole  compartir  su  lecho  y  su 
inmortalidad. 
MUJER  6:  Zeus,  enamorado,  hizo  su  miñón  del  lindo  Ganímedes  mancebo  troyano. Pronto volvieron a 
levantarse nuestras murallas. Pronto volvió nuestra prosperidad porque los Dioses nos bendecían.  
MUJER  7:  Aurora,  dulce  Aurora,  ahí  estás  como  ayer  y  como  mañana,  ligera  y alegre. Los griegos han 
vuelto,  nuestras  casas  arden.  Han  muerto  nuestros  hombres.  En  torno  de  las  fosas  donde  se  han 
enterrado  sus  cuerpos,  nosotras  damos  vueltas,  pajarracos  de  luto.  Mas  tu  hermosa  luz  serena 
acaricia, amable, los escombros y los charcos de sangre.  
MUJER  8:  Titón,  hijo  de  Troya,  dónde  estás?  Sin duda, sentado junto a ella en su carro de Diosa como 
corresponde a un esposo. A qué esperas? Sálvanos! PAUSA.  
MUJER  9: Nada. La otra vez, sin embargo, nos ayudaste. Es que, entonces, eras un Dios nuevecito que 
habías  entrado  la  víspera  en  la  eternidad.  Ahora  ya  te  has  acostumbrado  a  ella,  y  miras  nuestra 
desdicha con la calma implacable de los inmortales.  
MUJER  10:  Y  tú,  lindo  Ganímedes,  con  pasitos  menudos,  llevas  las  ánforas  a  tu  Señor  y  escancias  el 
vino  en  su  copa  de  oro.  Estás  muy  ocupado,  no  es  cierto?  Para  lanzas  una  mirada  a  la  Tierra. 
GRITANDO.  Tu  raza  va  a  desaparecer.  Ahora  mismo  están  matando  a  Astianax.  Titón!  Ganímedes! 
Socorro!  PAUSA.  Así  es.  El  Alba  está  horriblemente  hermosa,  y  los  Dioses  nos  han  abandonado.  SE 
DEJAN CAER AL SUELO. ENTRA MENEALAO.  
 
 
ESCENA X 
DICHOS, MENEALO, DESPUES, HELENA. 
MENELAO:  Qué  hermoso  día!  Oh,  Sol,  ilumina  ​con  tu  lumbre  este  bendito  día  en  que  a  mis  brazos 
vuelve  mi  infiel  esposa  Helena.  Al  fin!  Es  preciso decirles que soy el rey Menelao, ​muy conocido por su 
desdicha.  ​Muchos  piensan  que  sólo  por  esa  mujer  desencadene  esta  guerra.  No  es  exacto.  Fue  para 
vengarme  de  ese  huésped  traidor  que  como  un  ladrón  me la arrebató del palacio. Paris, quien​, gracias 
a  los  Dioses,  sufrió  ya  el  castigo.  ​A  su  ciudad  también  la  he  castigado​.  En  cuanto  a...  la  griega...  ​–  su 
nombre  se  me  queda  en  la  garganta  y  he  pasado  diez años sin poder pronunciarle – ​Decidí llevármela, 
quiero  tenerla  en  mi  poder  durante algún tiempo. Después de la travesía, se la entregaré a las viudas, a 
los  huérfanos,  a  las  madres  desoladas  de  los  griegos  ​que  cayeron  en  la  tierra  bárbara.  ​Lapidada!  Así 
terminará.  
HECUBA:  Al fin! Vos el desconocido, el incognoscible, el omnipresente, Zeus, seas quien seas. Creo en 
tu justicia, creo que castigas a los malvados. 
MENELAO:​ ¿Quién sos? 
HECUBA: Hécuba, reina de Troya. 
MENELAO: Te reconozco.  
HECUBA: Queres matar a Helena. ? 
MENELAO: Si, quiero. 
HECUBA; ¿Quieres matarla, te he oído bien? 
MENELAO: Claro que si! 
HECUBA:  Entonces  digo  que  Zeus  es  justo  y  que  haces  bien.  Pero  no  la  mires!  Por sus bellos ojos de 
muerte  aún  no  han  terminado  de  matarse  los  hombres  ni  de  arder  las  ciudades. HELENA SALE DE LA 
TIENDA. ​Vete sin mirarla. Menealao, volverá a apoderarse de ti! 
MENELAO: Ja! Ja! SE VUELVE Y VA A HELENA. Sueltenla. 
HELENA:  ​hacía  falta  usar  de  violencia,  oh,  rey,  esposo  mío!  Para  traerme  a  ti?  ​Te  había  visto.  Venía 
corriendo.  Pienso  que  me  odias. Y yo, te estaba esperando. No cambiaste. PAUSA. Puedo hacerte una 
pregunta? Qué van a hacer de mí? 
MENELAO: ​Lo que yo quiera.​ El Ejército me da a elegir. Elegí la muerte. 
HELENA: ​Está bien. Pero antes,​ déjame explicarte. 
MENELAO: No explicarás nada. Morirás, eso es todo. 
HELENA: Te da miedo oírme? 
MENELAO: Tú eres quien va a tener miedo. Muchísimo miedo. 
HECUBA:  ​Ea!  El  mal  está  hecho.  La  has  visto.  Ahora  que  hable,  ya  que  tiene  empeño,  pero  le 
responderé yo. La obligaré a tragarse sus argumentaciones y te volveré el valor de ejecutarla. 
 
CANCIÓN HELENA Y MENELAO 
 
HELENA:  VA  A  COLOCARSE  FRENTE  A  MENELAO. No apartes la vista. Mírame. Tene el valor de mirar 
a tu víctima. S​abes que sería un crimen matarme? Tú crees que soy tu enemiga. No, Estoy muy lejos de 
odiarte.  Si  supieses!  Adivino  las  acusaciones  que  hacen  contra  mí,  y  quiero  responder  a  ellas,  punto 
por  punto.  ​Queres  una  culpable?  Ahí  tenes  a  la  vieja.  Ella  es  la  causa  primera  de  este  enredo.  Paris 
salió  de  su  vientre.  Los  Dioses habían previsto que ese rufián engendraría una guerra... Y qué guerra! Y 
le  ordenaron  matarlo.  Lo  hizo?  No.  ​Paris  a  los  veinte  años  sube  al  monte  Ida.  Encuentra  allí  a  tres 
Diosas  que  le  toman  por  árbitro.  “Cuál  de  nosotras  es  la más bella?” Sabes que le ofreció Atenea para 
comprar  su  juicio?  La  Grecia,  Y  Hera?  “Si  gano,  tendrás  el  Asia  entera  y  los  confines  de  Europa”. 
Cypris  en  caso  de  victoria,  le  prometió  entregarme a mi. Me describió. Ganó. Qué suerte para ustedes! 
Si  hubiera  preferido  a  una  de  las  otras  dos  Diosas,  un  ejército  troyano  hubiese  destrozado  a Grecia. o 
estaríais  bajo  el  yugo  de  un  Asiático.  Deberían  coronarme  de  laureles.  Gracias  a  mí,  Troya  no  será  un 
estorbo. En este negocio, la víctima soy yo. Cypris ha traficado conmigo.  
MENELAO: Por qué te marchaste, mujer indigna? 
HELENA:  Pero,  querido mío, si el que se marchó fuiste vos! Oh, el más inconsciente de los maridos! me 
dejaste a solas con tu huésped, aquel maldito. 
MENELAO: No sé quien te impedía resistir. 
HELENA:  Yo,  simple  mortal,  resistir  a  la  diosa  Afrodita?  ​Por  qué  me  marché?  Eso  me  he  preguntado 
muchas  veces.  Y  la  respuesta  siempre  ha  sido  igual:  “No lo sé. Fue otra la que huyó con Paris”. Era yo 
y  no  era  yo.  ​Ella  estaba  escondida  en  tu  palacio,  invisible,  detrás  de  Paris.  Sencillamente  me  llevó. 
Pero,  escucha:  apenas  el  murió,  hice  lo  imposible  por  ir  a  reunirme  con  vos.  De  noche,  subía  a  la 
muralla  y  ataba  cuerdas  a  las  almenas.  Los  centinelas  pudieran  dar  fe  porque  ​ay  de  mí!  Siempre  me 
detuvieron.  Esa  es  mi  triste  historia. ​Soy presa del Destino! Raptada, casada a la fuerza con un hombre 
detestado,  retenida  a  pesar  mío  en  una  ciudad  extranjera.  ​He salvado a mi patria al precio de mi honor 
y,  en  ella,  me  esperan  para  lapidarme.  Odiada  por  los  griegos,  detestada  por  los  troyanos.  Estoy  sola 
en el mundo, nadie me comprende.​ Di, esposo mío, tienes de veras derecho a hacer que me maten? 
EL  CORO:  Esta  mujer  es  peligrosa.  Obra  mal  y  habla demasiado bien. Destruye el efecto de sus bellos 
discursos. 
HECUBA:  ​Quieres  hacernos  creer  que  las  diosas  son  mozas  locas  de  su  cuerpo  como  tú?  Presta,  si 
quieres,  a  los  Dioses  todos  los  vicios.  No  nos  impedirás  con  ello  ver  el  tuyo  que  salta  a  los  ojos. 
Afrodita  iba  a  entrar  en  el  palacio  de  Menelao  detrás  de  los talones de mi hijo? Y quieres que te crean! 
Cuando  todos  sabemos  que  le  bastaba  un  gesto,  sin  moverse  del  Cielo,  para  transportarte  a  nuestro 
suelo  a  ti  y  a  tu  ciudad  entera  contigo  ¿Quieres  saber  la  verdad,  rey  Menelao?  mi  hijo  era  hermoso. 
Cuando  los  seres  humanos  enloquecen  de  amor, no se dan cuenta de su locura, y le dan el nombre de 
Afrodita.  A  HELENA.  Vivías  mezquinamente,  no?  Tú  soñabas  con  lujo.  Querías  fornicar  todas  las 
noches  y  tirar  oro  todos  los  días  por  todas  las  ventanas.  De  veras  te  raptaron?  Paris  te  arrebató  a  la 
fuerza?  Vamos!...se  hubiera  sabido!  Porque  hubieras  gritado,  supongo.  Quién  te  oyó  gritar?  ​Así,  pues, 
desembarcas  clandestinamente  y  de  buen  grado  en  Troya.  Los  griegos  que  siguen  tus  huellas, 
desembarcan  detrás  de  ti,  y  es  la  guerra.  ​Cien  veces  fui  a buscarte y te dije: “​Vete, mi hijo se volverá a 
casar.  Vete,  vuelve  con  los  griegos,  nos  devolverás  la  paz  a  unos  y  a  otros  ya  que  por  ti  hacemos  la 
guerra.  Vete.  Yo  te  ayudaré,  te  haré  conducir  en  secreto  a  sus  navíos”.  Tales  propuestas,  hija  mía,  te 
agradaban poco. Querías sentir sobre ti las ardientes miradas de nuestros hombres, y que toda la Corte 
del  rey  Príamo  se  prosternara  ante  tu  belleza.  ​Ved  esa  túnica,  esos  adornos,  esos  afeites! Has sacado 
todos  tus  hechizos  para  seducir  a  tu  pobre  marido.  Debiste  arrastrarte  a  sus  pies,  basura,  humilde, 
vestida de andrajos, muerta de miedo afeitado el cabello! ​Ten valor, Menelao! No habrá victoria para los 
griegos mientras no la hayas ejecutado. Ese es tu deber!  
EL  CORO:  Si  vacilas,  tus  antepasados te maldecirán, la Grecia te echará en cara tu flaqueza. Sé fuerte, 
sé noble, castígala. 
MENELAO:  ​Salió  de  mi  palacio  por  su  voluntad.  Afrodita  no  tiene  nada  que  ver  en  este  asunto.  Vas  a 
morir inmediatamente para que aprendas a no volver a deshonrarme. 
HELENA: Menelao, esposo mío querido, mi Rey, perdóname 
MENELAO​: Que la hagan subir a mi barco. 
HECUBA: Querías matarla aquí, ahora mismo. 
MENELAO:  Vuelvo  a  mi  decisión  primera.  Es  más  conveniente  que  muera  en  Grecia.  SE  LLEVAN  A 
HELENA.  
HECUBA: En Grecia, sea. Pero que no vaya en tu navío! 
MENELAO: Por qué no? Tan pesada se ha puesto en diez años?  
HECUBA:  Hasta  cuando  cree  su  corazón  muerto  no  hay  amante  que  no  siga  amando,  no  hay  amante 
que deje de amar. 
MENELAO:  Vieja,  seguiré  tu  consejo,  es  prudente.  Embarcará  en  otro  navío.  Y  morirá,  esta  miserable! 
Ojalá  su  castigo  impresione  a  todas  las  mujeres.  Se  las  enseñará  a  ser  honestas  por  el  terror.  SE 
MARCHA. 
 
ESCENA XI 
EL CORO, HECUBA, DESPUES TALTHIBIOS CON EL CADAVER DE ASTIANAX. 
EL CORO: Crees que va a matarla? 
HECUBA: Una probabilidad entre dos. 
EL  CORO:  VOLVIENDOSE.  Miren!  Bribón,  embustero,  cobarde!  Sube  en  su  barco,  se  reúne  con  ella. 
Todo está perdido!  
HECUBA:  Zeus,  te  he  creído  justo,  soy  loca.  ​Perdóname.  La  amargura  de  nuestros  muertos  no  se 
endulzará.  Se amontonan en la playa, invisibles, ven cómo se embarca, triunfante, Helena, la peste roja, 
y saben, ahora, que​ ​Nuestros guerreros murieron para nada. 
EL CORO: 
MUJER  1:  Para nada, helena volverá a ver Esparta. Reinará. El crimen trae cuenta. Zeus, has entregado 
a  los griegos nuestros templos, nuestros altares de ligero perfume, nuestra ciudad rica y piadosa que te 
honraba,  nuestros  campos  fecundos,  nuestros  puertos,  los  torrentes  helados  que  se  despeñaban  del 
monte Ida, cima gloriosa que vibra todas las mañanas bajo los primeros rayos del sol. 
MUJER  2: Somos inocentes y tú nos dejas sufrir, para nada mientras helena se embarca con menelao y 
va  a  reinar  en  Esparta. El crimen trae cuenta. Tú, prescindirás de nuestros sacrificios, rey de los dioses, 
y te burlas de ellos.  
MUJER  3:  No  volverás  a  oírnos  cantar  tu  gloria,  no  volverás  a  respirar  el  buen  olor  de  nuestros 
panecillos sagrados.  
MUJER  4:  Tus  estatuas  de  madera y de oro que brillaban bajo la luna llena, están ardiendo, y tú, desde 
lo  alto  del  cielo,  contemplas  con  la  misma  mirada  impasible  hundirse  la  ciudad  que  te  honraba  y  a 
menelao que se lleva a la griega cuyo impudor debería ofenderte. 
MUJER  5:  Desatan  las  jarcias,  nuestros  hombres  han  muerto  en  vano.  Helena  embarca,  reinará  sobre 
Esparta, el crimen trae cuenta. 
MUJER  6:  Tú  a  quien  yo  amaba,  mi  hombre,  padre  de  mis  hijos, vagarás entre estas piedras, inquieto, 
solitario, helado por la angustia de los muertos sin sepultura. 
MUJER  7:  Me  llevan  lejos  de  ti,  hacia  Argos,  hacia  Tirinto,  las  ciudades  ciclópeas  que  alzan  contra  el 
cielo sus espesos muros de noche.  
MUJER  8:  Escucha:  nos  separan,  nuestros  hijos  gritan:  “madre,  madre,  dónde  estás?  Me  llevan 
arrastrando hacia un barco negro”.  
MUJER 9: Esposo amado, has sufrido y sigues sufriendo. Por nada, querido muerto mío, por nada!  
MUJER  10:  El  navío  de  Menelao  se  hace  a  la  vela,  Helena  reinará  a  bordo.  A  nosotras  nos  apalearán, 
nos  violarán,  nos  esclavizarán,  más  a  ella,  la  muy  honorable  señora,  la  casta  esposa  de  Menelao,  le 
traen  sus  cofres,  saca  de  ellos  espejos  de  oro  y,  en  ellos,  se  mira  complacida  siempre  maravillada  de 
ser tan hermosa. El crimen trae cuenta. 
HECUBA;  Buen  viaje,  Helena!  Buena  vuelta  y  revienta  en  el camino! Y tú, Menelao, cornudo magnífico, 
revienta  también!  Que  las bocas del agua los traguen a los dos y los arrojen, ahogados sobre una playa 
de tu patria querida. 
TALTHIBIOS: ENTRA. Hum! 
EL  CORO:  Ay  de  nosotras!  Ay!  Ay!  Ay!  He  aquí  el  cadáver del niño Astianax... Le han lanzado como un 
disco desde lo alto de las torres. 
TALTHIBIOS:  Hécuba,  todos nuestros barcos se han hecho a la mar, excepto uno, que te espera con el 
resto del botín.  
HECUBA: Y Andrómaca? 
TALTHIBIOS:  Ella  antes  de  embarcar,  fue  a  recogerse  sobre la tumba de Héctor. Muy conmovedor. Ya 
lo  ves.  Aun  tengo  los  ojos  mojados.  ​En  su  bondad,  Neptolemo  permitio  que  den  sepultura  al  niño 
muerto.  ​Tengo  orden  de  entregarte  este  cuerpo,  ​Tómale  en  tus  brazos.  Preparalo  para  la  ceremonia, 
pero  de  prisa!Para  ganar  tiempo,  lavé  sus  heridas.  Todavía  sangran  un  poco,  pero  pronto  se detendrá 
la  sangre.  ​Apresúrate!  Nosotros  vamos  a  cavar  su  tumba  cerca  de  aquí.  Si  aunamos  nuestros 
esfuerzos, el barco podrá salir pronto y, al fin, volveré a ver mi patria querida. 
 
MÚSICA SOBRE TEXTO HECUBA 
HECUBA:  ​Colocad  sobre  nuestro  suelo  ese  escudo  redondo.  Arma  de  acero  bruñido,  deslumbrante al 
sol,  que  protegía  la  vida de un héroe, te hundirás en las tinieblas de la tierra y serás para siempre negro 
ataúd  de  un  niño.  PAUSA.  ​TOMA  EN  SUS  BRAZOS  EL  CUERPO  DE  ASTIANAX.  Griegos  vanidosos, 
embriagados  con  vuestras  proezas,  hoy  no  debéis  estar  demasiado  orgullosos.  Quedaba  un niño, uno 
sólo,  sin  fuerzas  y  que  apenas  sabía  hablar!  ​Os  dio  miedo  y  perdisteis  la cabeza. Temisteis en verdad, 
que  levantase  a  Troya  de  sus  ruinas?  Si  así  fue,  es  que  vuestro  poder  declina!  ​Aquí,  sobre  esta  tierra 
muerta,  en  medio  de  las  columnas  muertas  quedará  una  tumba  con  este  epitafio:  “Yace  aquí, 
asesinado,  el  niño  que  aterró  a  Grecia”.  SE  INCLINA  SOBRE  ASTIANAX.  Querido  mío!  No  habrás 
conocido  ni  la  fuerza de la adolescencia, ni el amor, ni la realeza que nos iguala a los Dioses, no habrás 
tenido  el  privilegio  de  caer  en  la  fuerza  de  la  edad,  con el arma en la mano, ante nuestros baluartes. Si 
la  felicidad  existe,  a  mano  la tenías. Y, sin embargo, de los bienes del mundo, almita confusa, indecisa, 
no  tienes  ni  siquiera  un  recuerdo...  ​Ni  una  sola  victoria  en  tirar  al  arco  o  en  las  carreras de carros, has 
muerto  sin  haber  vivido.  Pobre  cabeza, las piedras de nuestros viejos muros la han roto, arrancado sus 
rizos  que  su  madre  se  complacía  en  enredar  entre  sus  dedos.  Odio  el  rojo  rebrillar  de  la  sangre  que 
brota  de  tu  cráneao  hecho  pedazos!  Tus  manos.  Siempre  decía  yo:  “Tendrá  las  manos  mismas  de  su 
padre”,  inertes,  dislocadas,  no  volverán  nunca  a  ser  manos.  De  noche  entraba  yo  en  tu  cámara  a 
mirarte  dormir.  Tantas  preocupaciones,  tantos  cuidados  para  nada,  siempre para nada. Recuerdas, el 
año  pasado?  Estuviste  muy  enfermo  y  te  curé.  Te  ahorré  una  muerte  casual,  conservándote  para esta 
muerte  innoble!  ​Mujeres, id a buscar en las tiendas lo poco que aún poseemos para adornar este pobre 
cuerpo.  UNAS  CUANTAS  MUJERES  ENTRAN  EN  LAS  TIENDAS.  HECUBA  TIENDE  A  ASTIANAX 
SOBRE  EL ESCUDO. Y yo que creía en la felicidad! La fortuna está ebria, titubea, tropieza con uno, con 
otro,  nunca  se  está  quieta.  Preciso  es  que  un  ser  humano  esté  loco  para  decir  que  es  feliz  antes  del 
último  minuto  de  su  último día. LAS MUJERES VUELVEN CON LOS ORNAMENTOS FUNEBRES. Voy a 
vendar  tus  heridas.  Triste  médico  que  no  cura,  tu  padre se encargará de lo demás en la morada de los 
muertos. ​A LAS MUJERES. Qué habéis encontrado? 
UNA MUJER: Estos pocos velos. 
HECUBA:  Bastarán.  ​Los  muertos  se  burlan  de  las  ricas  ofrendas,  son  la  vanagloria  de  los  vivos​.  LOS 
SOLDADOS  SE  LLEVAN  EL  CADAVER  EN  EL  ESCUDO.  HECUBA  SE  CONTIENE.  Adiós!  AL  VERLE 
DESAPARECER,  NUEVA  EXPLOSION,  ​BRUSCA.  Siempre  me  aborrecisteis,  Dioses  salvajes.  Troya  os 
era  odiosa  entre  todas  las  ciudades,  os  honrábamos,  os  ofrecíamos  los  sacrificios,  ritualmente.  En 
vano.  Hoy,  sufrimos  en  el  infierno,  y  vosotros  reís  en  vuestro  cielo.  Pero  os  equivocasteis,  Inmortales. 
Debierais  habernos  destruido  con  un  temblor  de  tierra.  Y  nadie  hubiese  hablado  de  nosotros!  Hemos 
tenido  diez  años  en  guerra  y  morimos,  vencidos  por  un  ardid  innoble.  Dentro de dos mil años, nuestro 
nombre  seguirá estando en todas las bocas. Reconocerán nuestra gloria y vuestra estúpida injusticia. Y 
no  podréis  hacer  nada,  Olímpicos!  Porque  habréis  muerto  desde  hace  mucho  tiempo  como  nosotros. 
Qué haceis? No me enviáis un rayo? PAUSA. Cobardes! 
EL  CORIFEO:  Calla!  Te  lo  suplicamos.  Vas  a  traer  sobre  nosotros  nuevas  desdichas.  Ahí  están!  Veo 
fuego por todas partes. Qué es esto​? ENTRA TALTHIBIOS. 
TALTHIBIOS:  He dado orden a los oficiales de terminar la obra y de incendiar todo lo que aún quede en 
pie.  Vosotras,  mujeres,  en  cuanto  oigáis  sonar  la  trompeta,  dirigíos  a  la  playa,  será  la  señal  de  la 
partida.  ENTRAN  ALGUNOS  SOLDADOS.  Ulises  envía  estos  hombres  a  buscarte,  Hécuba.  Síguelos, 
pobre vieja. 
DETIENEN A HECUBA. 
HECUBA:  Llevadnos  perros,  tirad  de  nosotras.  Arrastradnos  a  la  fuerza.  De  grado,  no  iremos  hacia  el 
destierro y la esclavitud 
 
(CANCION FINAL) 
 
ESCENA ULTIMA 
POSEIDON:  APARECE  Y  SE  QUEDA  MIRANDO  A  LAS  CAUTIVAS  A  QUIENES  EMPUJAN  HACIA  LA 
PLAYA.  Hécuba,  infeliz,  no!  ​Tú  no  irás  a  morir  en  la  tierra  de  tus  enemigos.  Ahora  mismo,  cuando  te 
embarquen,  caerás  en  mi  reino​,  el  mar,  donde  soy  el  único  dueño.  ​Y  te  convertiré  en  roca cerca de tu 
suelo.  Mis  olas  se  romperán  contra  ti,  y  repetirán  noche  y  día  tu  queja  innumerable.  LLAMA.  ​Palas, 
Palas  Atenea!  Manos  a  la  obra!  UN  RELAMPAGO  EN  EL  CIELO.  PASA  UN  POCO  DE  TIEMPO.  Ahora 
váis  a  pagar.  Haced  la  guerra,  mortales  imbéciles.  Destrozad  los  campos  y  las  ciudades.  Violad  los 
templos, los sepulcros, y torturad a los vencidos. Haciéndolo así, reventaréis. Todos.