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18/Abril/2015

IMPORTANCIA DE LA CIENCIA EN
LA PROFESIONALIZACIÓN DOCENTE

Ernesto Navarrete

“El aprendizaje científico empieza desde


las aulas de primaria, sólo así se planta
la semilla de futuros investigadores”

La ciencia (del latín scientĭa 'conocimiento') es el conjunto de conocimientos estructurados


sistemáticamente y se obtiene, de manera general a partir de la observación de patrones
regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos.

A partir del análisis de las observaciones surgen siempre preguntas que a la vez generan
hipótesis y cuando se ha llegado a un nivel de cognición suficiente se deducen principios y
se elaboran leyes generales y sistemas organizados que permiten un mejor conocimiento de
nuestra realidad.

Fullat Genís (1989) diferencia entre dos grandes tipos de teorías que surgen sobre la
educación, las explicativas y las prácticas, siendo las primeras las de tinte descriptivo y las
segundas las que sí dicen al docente cómo se debe actuar; y es precisamente el hecho de
que existan teorías científicas, es decir, teorías que describen y explican el quehacer
educativo, lo que le da a la educación el carácter de ciencia.

El objetivo de que exista ciencia en la profesionalización docente es que los maestros


aprendan cómo enseñar a sus estudiantes, por medio del método de la indagación, el cual
enfatiza la importancia de la práctica y la experimentación para fijar mejor los conocimientos
en los alumnos y, a la vez, alentar su curiosidad.

La ciencia de la educación debe ocuparse de conocer el objeto, pero no sólo porque


describirlo sea suficiente, sino porque las teorías científicas ayudan a conocer, sistematizar y
aumentar los conocimientos sobre la materia, por lo tanto, la teoría que sobre la educación
puede surgir ayuda a inteligir el aprendizaje y logra que éste sea más eficaz.

Los resultados de la ciencia se basan en tesis, en afirmaciones, en proposiciones, pero sobre


todo en condicionantes. Sin embargo, como sucede con todas las ciencias sociales, al ser el
ser humano el objeto de estudio desde diversas perspectivas, cualquiera que pueda teorizar
sobre lo social está siendo al mismo tiempo juez y parte y es por ello que surge la necesidad
de conocer sobre los métodos de este tipo de ciencias, pues permiten al docente no sólo
mejorar su actuar en el aula sino también generar conocimiento sobre el mismo.
Si se parte de la idea de que el docente juega solamente el papel de guía o de facilitador de
información, probablemente sería imposible justificar la necesidad de la ciencia en la
formación de profesores, pero si aunado a estos papeles se encuentra el de generador de
conocimiento y también de catalizador de lo mismo en los alumnos, se hace evidente que se
requiere saber hacer ciencia.

Pero ¿Para qué genera conocimiento? Ruiz-Limón, (2008) plantea que para que el mundo
fuera mejor al elevar las condiciones de vida, es decir, para lograr el progreso y el cambio,
había que conseguir que el ser humano recibiera una educación apropiada que le permitiera
comprender los procesos de los fenómenos naturales, sociales y humanos, y sobre todo
construir herramientas que le permitieran aprovechar y transformar los recursos naturales.

Cuando la tierra “constituía el fundamento económico, la agricultura era de rendimiento muy


bajo debido a las rudimentarias técnicas empleadas y los escasos conocimientos sobre la
rotación de cultivos y propiedades de la tierra”. (Ruiz-Limón 2013:2) pero gracias al
desarrollo de la ciencia y su influencia en la creación de técnicas y tecnología, se logró
aprovechar la tierra de mejor manera, pero sobre todo logró más resultados con menos
esfuerzo.

Debemos ubicarnos en el contexto universitario de la educación, para que el concepto


“conocimiento del mundo” no quede sólo de manera vaga y generalizadora; cada una de las
carreras universitarias tiene objetos de estudio, pero no todas ellas son generadoras de
conocimiento quizá por la falta de preparación del profesorado en el ámbito de las ciencias.

Clasificar, observar e hipotetizar es el primer paso para entender. Da orden a lo que


observamos permite ver con más profundidad; al describir un sistema y clasificar sus
componentes, descubrimos relaciones entre ellos que no eran apreciables a simple vista.
Aunque describir, catalogar, enumerar y ordenar no son las actividades centrales de la
ciencia, sí son pasos necesarios para iniciar el estudio del mundo real, o mejor dicho, de
cada uno de los objetos del mundo real que constituyen el eje de cada carrera.

Pero así como la actividad científica no termina al describir y clasificar un sistema, también
puede llegar mucho más allá de simplemente explicarlo. Cuando el estudio científico ha
producido una descripción y una explicación suficientemente detalladas, que nos permitan
comprender con profundidad un sistema, su estructura y su funcionamiento, se hace posible
predecir cómo se comportará. (Bonfil, 2013).

Se pretende entonces que la educación en las ciencias sea un medio para hacer llegar
conocimientos a cada vez más seres humanos y ello permita mejorar las condiciones de
nuestro mundo desde diferentes trincheras, si existe ciencia en cuanto generación de
conocimiento en todos los ámbitos educativos, puede lograrse un mejor conocimiento de
cada una de las áreas que interesan a nuestra sociedad, y por ende se pueden mejorar sus
condiciones; sólo la ciencia permite la innovación y sólo la innovación permite las mejoras a
los sistemas establecidos.
Ahora bien, es necesario puntualizar que, aunque se busca la verdad, no se puede acceder
totalmente a ella; desde la perspectiva científica no hay nada seguro, en la ciencia se habla
de cosas probables o improbables tal como afirma Krauss (2014) “No podemos decir que no
hay una tetera orbitando Júpiter pero sí decir que es extremadamente improbable”.

Este ejemplo, aunque puede sonar disparatado, nos da cuenta de que la utilidad de la ciencia
no está restringida a las afirmaciones, sino que tiene mayor campo de acción en cuanto a
problematizar la realidad.

En el ámbito educativo, el desarrollar en los docentes un pensamiento científico tiene varios


beneficios incluso en cuanto a su autopercepción; el docente convive con muchos seres
humanos que, guiados por el interés de la evaluación o bien por la admiración hacia el
conocimiento informativo, hacen del docente un objeto de constantes halagos y éstos pueden
llegar a generar autoconceptos demasiado complacientes.

El pensamiento científico, en contraste, nos hace conscientes de que podemos comprender


poco sobre nuestro entorno, porque nuestros sentidos son limitados. Nuestro sentido de la
vista está restringido a los colores del arcoíris, sin embargo sabemos que más allá del rojo,
está el infrarrojo, más allá las microondas y aún más distante las ondas de radio. Por otro
lado percibimos el violeta, sin poder percibir el ultravioleta, seguido de los rayos x y los rayos
gamma (DeGrasse, 2010).

Así como el arcoíris es sólo una pequeña parte del espectro electromagnético, cualquier
fenómeno social puede ser percibido sólo en partes. El fenómeno educativo engloba muchas
cosas de las que quizá aún no somos conscientes, pero la ciencia nos permite dar pasos en
incremento más allá de nuestros sentidos.

Actualmente gracias a la ciencia de la educación (pedagogía) apoyada por ciencias como la


psicología, la lingüística, las matemáticas y la sociología hemos sido capaces de categorizar
formas y métodos pedagógicos, de demostrar en qué condiciones funcionan mejor los
métodos deductivos o los analógicos, hemos sido capaces de predecir que una metodología
va a fracasar si está basada en inducción, hemos podido conocer los orígenes de ciertos
estilos de enseñanza y de teorizar sobre la interacción de los grupos y seguramente existen
más componentes en este fenómeno que la ciencia nos ayudará a comprender no sólo para
saciar nuestra evolutiva necesidad de saber, sino para mejorar nuestras interacciones.

Pareciera que debido a lo limitado de nuestra percepción, hemos evolucionado para


comprender las interacciones entre pequeñas cosas. El ser humano que no posee o
desarrolla pensamiento científico puede explicarse estas interacciones con creencias, pero la
ciencia no se trata de creer sino de qué tan convincentes son las evidencias que nos acercan
a la verdad.

La ciencia nos enseña a abandonar tus sentidos porque aprendemos que pueden
engañarnos en hacer pensar que algo es cierto cuando no lo es (Dawkins, 2010). Quizá en
esto radica la importancia de la ciencia en la profesionalización docente, pues aquél que está
frente a un grupo se convierte en observador de fenómenos que debe siempre dejar fuera de
sus creencias; debe además ser consciente de que al ser formador, catalizador y transmisor
de conocimiento, ha de inculcar en el educando que ese conocimiento esté libre de dogmas,
creencias y opiniones. Saber que se pueden criticar las teorías siempre y cuando la crítica
no trate de defender una creencia, sino hechos verificables.

El docente debe siempre buscar la ampliación de sus horizontes, eso es lo que hace la
ciencia. Igual que una persona que se encuentra en un barco en medio del mar, podría
pensar que sólo existe hasta donde alcanza a ver su vista, y al subir al mástil su alcance se
incrementa, el punto que lo que podemos conocer de la realidad en que vivimos, es sólo una
pequeña rebanada del espectro que nos rodea; y el universo no interactúa con nosotros sólo
a través de esa pequeña rebanada.

La ciencia nos permite superar las concepciones esencialistas de “se nace” o se “es” un buen
profesor que apuntaban a políticas de selección en lugar de a procesos de formación. En la
formación docente debemos conocer hasta qué punto los profesores somos conscientes de
las exigencias de una formación adecuada, pero, sobre todo, pretendemos favorecer la
construcción de una concepción global y teóricamente fundamentada de lo que supone
enseñar. Es decir, en lugar de plantear cuáles son las características de los buenos
profesores, debemos plantearnos cuáles son los conocimientos que un profesor necesita
adquirir.

acertado

FUENTES CONSULTADAS

Bonfil Olivera, Martín (2013) Ojo de mosca. ¿Para qué sirve la ciencia? México: Universidad
Nacional Autónoma de México.

Dawkins, Richard (2010) The Poetry of Science. Conferencia. USA.

DeGrasse, Tyson (2010) Discussions of the Beauty of Science. USA.

Fulat Genís Octavi (1989) Educar. Filosofía de la Educación, Concepto y Límites. Barcelona:
Universidad Autónoma de Barcelona.

Gil Pérez, D. y Vilches, A. (2008). Que deben saber e saber facer os profesores
universitarios. En Cebreiros, M. I. y Casado, N., Novos enfoques no ensino universitario,
Universidade de Vigo, Vigo: Tórculo Artes Gráficas.

Ruiz-Limón, Ramón (2007) Historia y evolución del pensamiento científico. Eumed. España

Ruiz-Limón, Ramón (2008) La ciencia y el método científico. Georgia, Wordpress.

Krauss, Lawrence (2014) How the universe came from nothing. Conferencia llevada a cabo
en la Universidad Nacional de Australia. Recuperada en
https://www.youtube.com/watch?v=sbsGYRArH_w