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ANSIEDAD

Para fines de este apartado se han establecido dos objetivos principales que
regirán su desarrollo. Considerados, a tenor personal, como temas de interés
dentro de la ansiedad sobre el que se requiere brindar una mayor luz. Estos
han de ser la distinción entre la ansiedad y otras expresiones usadas a
manera homónima, y la ansiedad como un estado normal.

Dado el uso singular que se suele dar del termino ansiedad equiparándolo
con otros relacionados como lo son la angustia y el miedo. Se hace
imprescindible comenzar por hacer una revisión somera pero clara de éstos
vocablos. Tanto la angustia como la ansiedad tienen el mismo origen
etimológicamente hablando. Es decir, comparten la misma raíz
indogermánica Angh, cuyo significado es estreches y constricción. Pero en
un inicio por la influencia latina y posteriormente la francesa, se realizó una
distinción entre axieté (malestar del espíritu) y angoisse (constricción
epigástrica, dificultad respiratoria) (Belloch, Ramos y Sandín, 2009).

Lo anterior, permite afirmar que al referirnos a la angustia se está hablando


de un conjunto de respuesta variadas, pero donde predomina la experiencia
subjetiva de aprensión psíquica o psicológica. Antagónicamente, para la
angustia las respuestas vienen a estar enmarcadas y acentuadas en el plano
fisiológico corporal.

Con la finalidad de dejar más en claro qué es la ansiedad, Beck (2010), la


define como:

“un sistema complejo de respuesta conductual, fisiológica, afectiva y


cognitiva (es decir, modo de amenaza) que se activa al anticipar
sucesos o circunstancias que se juzgan como muy aversivas porque
se percibe como acontecimiento que potencialmente podrían
amenazar los intereses vitales de un individuo” (p.23).
Otra definición de ansiedad la se observa por parte de Barlow (citado de
Beck, 2010), quien la establece como “una emoción orientada hacia el futuro,
caracterizada por la percepción de incontrabilidad e impredictibilidad con
respecto a sucesos potencialmente aversivos”.

Ya que el citado autor en la definición constitutiva anterior toma la ansiedad


como una emoción, el miedo como parte de este conjunto de respuestas
biológicas, suele solaparse, como se dijo en un principio, también con la
ansiedad. Manteniéndose el mismo autor, Barlow, el miedo vendría a ser
“una alarma primitiva en respuesta a un peligro presente, caracterizado por
una intensa activación y por las tendencias a la acción” (Citado Beck. 2010)
Esto quiere decir que mientras para el miedo existe una estimulo o situación
real evocador, el mismo no existe o tiene cabida para la ansiedad. Por último,
y para dejar la tarea de las diferencias terminológicas a un lado, aunque el
miedo es un factor que está presente en los trastornos de ansiedad, no se
debe usar de manera equiparable a la ansiedad. Al igual, clínicamente
hablando, que la ansiedad y la angustia tienen focos de mayor manifestación
de procesos patológicos diferentes.

Según todo lo plasmado anteriormente, resulta casi imposible no pensar que


la mayoría de las personas han respondido de manera ansiosa en algún
momento de la vida. La tarea que compete ahora es tratar de dilucidar cuándo
se está ante una ansiedad clínica y cuándo no. Con la finalidad de dar un
buen resultado a este cuestionamiento, se toma en consideración los cinco
criterios sugeridos por Beck (2010). Estos son:

1) Cognición disfuncional. El sujeto valora de manera erróneo y anticipatoria


una situación tras la cual no se puede constatar directamente. Un ejemplo
claro puede observarse en estudiantes universitarios horas antes de
algún examen importante. Los pensamientos pueden circundar en la
imposibilidad de responder a alguna pregunta en el examen o la
visualización de reprobar sin importar el esfuerzo realizado.
2) Persistencia. La respuesta ansiógena permanece por mucho tiempo
después de la retirada del estímulo. En el estudiante universitario, tras la
finalización de la prueba, su ansiedad permanece dificultándole el
aprendizaje en asignaturas posteriores.

3) Deterioro del funcionamiento. El funcionamiento adaptativo ante la


demanda se ve comprometido. Siguiendo el ejemplo anterior, el
estudianto, tras lo pensamientos anticipatorios, verdaderamente se
“bloquea” y no puede recordar el material, o responder de manera
apresura sin detenerse a comprender las preguntas.

4) Falsas Alarmas Es la respuesta de miedo que aparece sin la presencia


del estímulo amenazante. Acá la persona responde con un nivel de
intensidad o igual al que correspondería si la situación se presentara
verdaderamente.

5) Hipersensibilidad a los estímulos. la ansiedad y el miedo es provocado


por circunstancias cuya intensidad en leve y puede definirse como
inofensivas.

A manera de conclusión, si bien puede parecer inocuo el uso indistinto de los


términos ansiedad, angustia y miedo profesionalmente como psicólogo se
incurre en un error llevar a la igualdad estos constructos. No decir menos de
utilizar la ansiedad como una etiqueta “cubrelotodo” y pseudoexplicación a
un conjunto de repuestas variopintas que comprenden al comportamiento
humano en el contexto sobre el cual se está desarrollando.
Referencias bibliográficas

Beck, A. 2010. Terapia cognitiva para los trastornos de ansiedad. España.


Desclée de Brouwer.

Córtense, E. 2004. Manual de psicopatología y psiquiatría. Argentina.


Nabuko.

Belloch, Ramos y Sandín. 2010. Manual de Psicopatología.España. Mc


Graw Hill.

Sarason y Sarason.2006. Psicopatología. Psicología anormal: el problema


de la conducta inadaptada. Mexico. Pearson Eduacion.

Vallejo, J.2011. introducción a la psicopatología y la psiquiatría. España.


Elsevier.