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“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano

Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a


conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y
cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban
por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.
El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para
mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de
marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea
y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos
inventos.”

(Fragmento de la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez,


colombiano).

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano


Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a
conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y
cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban
por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.
El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para
mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de
marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea
y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos
inventos.”

(Fragmento de la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez,


colombiano).

“¿Cómo y por qué llegué hasta allí? Por los mismos motivos por los que he
llegado a tantas partes. Es una historia larga y, lo que es peor, confusa. La culpa
es mía: nunca he podido pensar como pudiera hacerlo un metro, línea tras línea,
centímetro tras centímetro, hasta llegar a ciento o a mil; y mi memoria no es
mucho mejor…”

Fragmento de la novela Hijo de ladrón de Manuel Rojas, chileno.

“El caso del Ojo es paradigmático y ejemplar y tal vez no sea ocioso volver a
recordarlo, sobre todo cuando ya han pasado tantos años.
En enero de 1974, cuatro meses después del golpe de Estado, el Ojo Silva se
marchó de Chile. Primero estuvo en Buenos Aires, luego los malos vientos que
soplaban en la vecina república lo llevaron a México en donde vivió un par de
años y en donde lo conocí.”

Fragmento del cuento El Ojo Silva de Roberto Bolaño, chileno.

“Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía.
Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha
ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos
un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la
traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde
quizá... Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío a causa de los
conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez
porque llueve.”

Fragmento del cuento Carta a una señorita en París de Julio Cortázar,


argentino.