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El Chaco y sus guerras

Hace unos años llegó a mis manos una carta escrita por un soldado a su esposa durante la
Guerra del Chaco. En esta él le decía que estaba bien, le preguntaba por la vida de la casa y,
entre otras cosas, la trataba de “usted”, lo que no dejó de llamar mi atención. Me preguntaba,
quizás ingenuamente, cómo pudo establecerse una relación de intimidad manteniendo esa
distancia. ¿Así se hablarían los que se aman, pensaba? ¿Así se confesarían sus más
disparatados deseos y temores? Decidí entonces, y sin la menor prueba, responderme que no;
que el lenguaje del amor no solo admite, sino precisa excesos y desvaríos; confesiones en dosis
altas de erotismo que revelen la continuidad de un cuerpo al otro, donde no cabe la distancia
de los nombres o el deber de las palabras.

Así nace esta historia de amor fallida, o historias, debería decir, en las que el compromiso
conyugal y la pasión despertada en el Chaco, entre una enfermera y este mismo soldado, lleva
a cada uno de los personajes a preguntarse qué realmente se gana si se gana la guerra, esta
guerra… una guerra.

Derrotados recorre en fechas y lugares la experiencia del combatiente herido en su propia


batalla; la agonía de las no respuestas, las cartas perdidas, la imaginación que condena al
semiótico salvaje, diría Barthes, y, en suma: al escribidor de/en la espera.