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Apuntes de Derecho Penal II PUCV 2013 Profs.

Luis Rodríguez Collao / Guillermo Oliver Calderón 264

CAPITULO XXII
RESPONSABILIDAD PENAL DE ADOLESCENTES

1. El sistema chileno de responsabilidad penal de adolescentes

La reacción estatal frente a las infracciones cometidas por menores puede seguir un
modelo tutelar o un modelo de protección integral.

a) El modelo tutelar (también llamado “de protección” o “asistencial”), fue aplicado en


Chile en virtud de la Ley Nº 16.618, sobre Protección de Menores. En este sistema se
sustrae a los menores del ámbito de aplicación del Derecho penal, sustituyendo el castigo
por la tutela y, en su caso, por el tratamiento correccional. A los jueces (los tribunales de
familia y, anteriormente, los jueces de menores) se los dota de amplias facultades
jurisdiccionales, para actuar en procedimientos sin formalidades especiales. El objetivo
final era proteger al menor mediante la aplicación de medidas formativas, atendidas sus
circunstancias particulares, familiares y sociales. Sin embargo, de esta forma los menores
quedaban fuera del ámbito de las garantías penales, pero no fuera del Derecho penal
mismo, puesto que debían soportar la imposición de medidas similares a las penas, basadas
en su nivel de peligrosidad y no en su culpabilidad. En definitiva, el modelo tutelar daba
lugar a un sistema punitivo/tutelar respecto de niños y adolescentes, completamente
desprovisto de las garantías penales y procesales consagradas en la Carta Fundamental y en
la Convención de los Derechos del Niño.

b) El modelo de protección integral: se caracteriza por dejar de considerar al menor


como un mero objeto de protección para sostener su condición de sujeto de derecho, es
decir, una persona con derechos y obligaciones. Por lo mismo, es posible exigirle un grado
de responsabilidad acorde a su condición de sujeto en desarrollo. Pero entonces, como
punto de partida, es necesario establecer una clara distinción entre el menor infractor de la
ley penal, que tiene responsabilidad por el hecho, y aquel menor en situación irregular que
requiere de atención asistencial de carácter administrativo. Es el modelo que se ha adoptado
en la mayoría de las legislaciones del mundo, a partir de la Convención Internacional sobre
los Derechos del Niño (CDN). En Chile, la Ley Nº 20.084, que establece un sistema de
Responsabilidad Penal de Adolescentes (LRPA), se inspira también en este modelo.

La situación penal de los menores con anterioridad a la entrada en vigencia de la LRPA


(junio de 2007) era la siguiente: Por aplicación de los números 2 y 3 del artículo 10 del
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Código Penal, se consideraba como imputable al mayor de 18 años de edad (en todo caso) y
al mayor de 16 años, pero menor de dieciocho, que actuaba con discernimiento. En este
último caso, por aplicación del artículo 72 inciso 1º, operaba una rebaja de pena de un
grado al mínimo de lo señalado por la ley para el delito. Por el contrario, se consideraba
como inimputable al menor de 16 años (en todo caso) y al mayor de 16, pero menor de 18,
cuando se declaraba que había actuado sin discernimiento.

Al menor inimputable, el Juez de Familia podía imponerle alguna de las medidas de


protección señaladas en el art. 29 de la Ley Nº 16.618. Entre ellas, a) Devolverlo a sus
padres, guardadores o personas que lo tengan a su cuidado, previa amonestación; b)
Disponer su ingreso a un centro de diagnóstico, tránsito y distribución o de rehabilitación, o
a un programa especializado de carácter ambulatorio, y c) Confiarlo al cuidado de alguna
persona que se preste para ello, a fin de que viva con su familia, y que el juez considere
capacitada para dirigir su educación. Estas medidas podían durar el tiempo que determinara
el juez, quien podía revocarlas o modificarlas, según las circunstancias.

Este sistema claramente atentaba contra los derechos garantizados en la Constitución y


en la CDN, básicamente por contemplar procesos sin forma de juicio y la aplicación de
medidas sin participación de abogado defensor y por tiempo indeterminado. Algunas
medidas, además, vulneraban el principio de legalidad, pues se aplicaban en virtud de
fórmulas abiertas, como la existencia de desajustes conductuales o de peligro material o
moral para el menor.

Al adoptarse la decisión de implementar un sistema de responsabilidad penal de


adolescentes se perseguía concretar en el ámbito nacional los requerimientos
internacionalmente reconocidos para la protección de los menores que deben enfrentar el
ejercicio de la potestad punitiva. Para estos efectos, se tuvo en cuenta la experiencia de
otros países en lo que respecta a la aplicación de leyes similares. Entre ellas: la Ley
Orgánica de Responsabilidad Penal de Menores (LORPM) de España, vigente desde el año
2001; la Ley de Justicia Penal Juvenil de Costa Rica, de 1996, y el Estatuto del Niño y el
Adolescente de Brasil, de 1990. El legislador chileno tomó como base, también, la
Convención Internacional sobre Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de
las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989; las Reglas mínimas de las Naciones
Unidas para la administración de la justicia de menores (Reglas de Beijing); las Reglas de
Naciones Unidas para la Protección de los Menores Privados de Libertad; las Directrices de
Naciones Unidas para la Prevención de la Delincuencia Juvenil (Directrices de Riad), y las
conclusiones de estudios de organismos internacionales especializados en el tema de la
justicia y los derechos de la infancia, como el Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (UNICEF), el Instituto Interamericano del Niño (organismo especializado de la
OEA) y el Instituto Latinoamericano para la Prevención del Delito y el Tratamiento del
Delincuente (ILANUD).

En relación con las fuentes del sistema, el inciso segundo del artículo 2º LRPA dispone
que en la aplicación de dicha ley, las autoridades tendrán en consideración todos los
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derechos y garantías que les son reconocidos en la Constitución, en las leyes, en la


Convención sobre los Derechos del Niño y en los demás instrumentos internacionales
ratificados por Chile que se encuentren vigentes.

2. Características generales del sistema de responsabilidad penal de adolescentes

a) Es un sistema de penas, en cuanto se trata de medidas que implican restricción de


derechos individuales, impuestas por el Estado, a modo de castigo, a través del
órgano jurisdiccional, mediante un proceso penal.
b) Es un sistema de responsabilidad penal, en cuanto implica para el infractor, un
estado de sometimiento a la potestad punitiva estatal, que se traduce en tener que
soportar la aplicación de la pena prevista para un hecho delictivo.
c) Es un sistema paralelo al que rige para los adultos
d) No es un sistema autónomo, porque no contempla un catálogo propio de
infracciones aplicable a los adolescentes y establece la aplicación subsidiaria de las
normas del Código Penal
e) Es un sistema menos severo que el aplicable a los adultos. La menor severidad se
funda en que los adolescentes están en pleno proceso de desarrollo de su conciencia
y de su personalidad y en los que la intervención propiamente punitiva conlleva
consecuencias desocializadoras muy desfavorables para su futura reintegración
social
f) No tiene carácter represivo, sino socializador. Pese a ello contempla varias
manifestaciones de la idea de retribución
g) Confiere al tribunal un margen de arbitrio judicial mucho mayor que el sistema
aplicable a los adultos.

3. Fines de la pena en el sistema de responsabilidad penal de adolescentes

En un Derecho penal mínimo de adolescentes se distinguen aquellos casos


susceptibles de despenalizarse y aquellos que demandan alguna intervención penal. Así, en
su interior coexisten dos tendencias:

a) Una orientación despenalizadora. Este modelo de política criminal prioriza las


alternativas al proceso y a la sanción mediante la utilización de instituciones propias del
nuevo sistema procesal penal, esto es, el principio de oportunidad, los acuerdos reparatorios
o la suspensión condicional del procedimiento, con lo cual se pretende soslayar los
perniciosos efectos desocializadores que produce la estigmatización de quien ha estado
involucrado en un proceso penal.

b) Una orientación intervencionista. La respuesta penal sólo se prevé para aquellos


casos en que no puedan operar los institutos ya señalados por razones de prevención
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general (positiva y negativa), es decir, cuando es evidente la necesidad de imposición


efectiva de una pena. En estas situaciones se estima conveniente reaccionar
preferentemente por medio de sanciones (y medidas cautelares) no privativas de libertad
(Art. 40.4 CDN) y, sólo como último recurso, con el internamiento.
Entonces, el principio de prevención general es tomado en cuenta por el legislador a la hora de
establecer las infracciones y determinar los marcos penales, pero también al momento de
determinar la procedencia de una pena. El principio de prevención especial, es decir, el que
postula que las sanciones se aplican buscando la reinserción social de los jóvenes, para que no
vuelvan a delinquir, no puede fundamentar la necesidad de pena, sino que sólo puede operar
en la etapa de concreción de la misma. En ella funciona como una razón para no imponer
determinada pena o para escoger una menos desocializadora (sobre todo, para preferir una no
privativa de libertad en lugar de una de encierro).

El art. 20 LRPA, referido a la finalidad de las sanciones, señala que éstas “tienen
por objeto hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes por los hechos delictivos
que cometan, de tal manera que la sanción forme parte de una intervención socioeducativa
amplia y orientada a la plena integración social”. Pareciera, entonces, que las sanciones en
este ámbito tienen componentes tanto retributivos como preventivo-especiales (prevención
especial positiva educadora), aunque con mayor preponderancia de estos últimos,
atendida la importancia que la ley confiere a la dimensión asistencial en el proceso de
reinserción social del niño. En consecuencia, se propone que la reacción social frente a la
delincuencia juvenil no sea de castigo agresivo, sino de integración educadora, para que los
menores lleguen a ser competentes socialmente, presentando una muy clara y notoria
finalidad educativa (de reeducación y de reinserción social). Como los menores no tienen la
capacidad ni la madurez suficiente para interiorizar las normas sociales, la reacción cuando
las infringen no puede tener un carácter exclusivamente penal y retribucionista.

Con todo, los supuestos efectos educativos de una pena jamás pueden justificar su
imposición, toda vez que una pretensión de esta naturaleza, además de romper con los
límites a la intervención penal, instrumentaliza al menor y lleva a la desaconsejable
tentación de penalizar la criminalidad leve o de bagatela. Eso podría conducir a tipificar
conductas despenalizadas respecto de adultos (en abierta contradicción con los principios
inspiradores del actual modelo y la normativa internacional), simplemente porque ello
podría ser educativo o “responsabilizador” para el adolescente.

Por último, la finalidad de prevención especial también debe ser considerada para
evitar la desocialización de los menores a los que se les aplica una sanción. Por ello, ésta
debe estar siempre sujeta a revisión y sustitución, cuando su efecto desocializador así lo
hace necesario, o a terminar anticipadamente, cuando su prolongación ya no es necesaria
para los objetivos tenidos en cuenta al imponerla.
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4. Principios orientadores del sistema de responsabilidad penal de adolescentes

Además de los principios generales aplicables a todos los ámbitos del derecho penal (por
ejemplo, legalidad, culpabilidad, non bis in ídem, etc), en el caso de los adolescentes,
cobran especial relevancia los siguientes principios:

a) Principio de individualidad. Si bien es cierto que esta exigencia rige para todo el
ordenamiento jurídico penal, ella cobra especial significación en el caso de los
adolescentes, en atención a que el tribunal debe considerar las condiciones personales del
menor y aplicar la sanción que resulte más apropiada en atención a sus necesidades socio-
educativas

b) Preeminencia del interés superior del menor. Es un concepto dinámico cuyo contenido
material dependerá siempre de las circunstancias que se presenten en cada caso concreto.
Se expresa en el reconocimiento y respeto de los derechos del adolescente (artículo 2º
inciso primero LRPA)

c) Carácter subsidiario de las penas privativas de libertad. La utilización de las sanciones


privativas de libertad contempladas en la LRPA resulta procedente sólo cuando las
restantes formas de intervención punitiva no permitan el cumplimiento de los objetivos del
sistema. Por otra parte, no se impondrá pena privativa de libertad, si un adulto condenado
por el mismo hecho no debiere cumplir una sanción de dicha naturaleza (art. 26 LRPA).
Adicionalmente, siempre que haya mérito para hacer uso de la privación de libertad, ésta
deberá imponerse por el lapso más breve que proceda.

5. Fundamentos dogmáticos del sistema de responsabilidad penal de adolescentes

El sistema de responsabilidad penal de adolescentes se aplica a las personas que al


momento de cometer el delito tuvieren entre catorce y dieciocho años. Si embargo, para
algunos aspectos del sistema es necesario distinguir dos segmentos: el que va de catorce a
dieciséis años y el que va de dieciséis a dieciocho. La determinación de la edad se realiza
considerando el momento en que se hubiere dado principio a la ejecución del delito. Sin
embargo, en los casos en que la consumación del delito se prolongue en el tiempo más allá
de los dieciocho años, la legislación aplicable será la que rija para los mayores de edad (art.
3º inc. 2ª LRPA).

El sistema de responsabilidad penal de adolescentes no implica una “teoría del


delito” distinta de aquella que rige para los adultos. De manera que todo lo ya estudiado
respecto de los elementos del delito, íter críminis, autoría y participación, circunstancias
modificatorias, etc. tiene vigencia respecto de los menores que fueren imputados por la
comisión de un delito. Cabe, eso sí, efectuar algunas precisiones, para destacar las
particularidades que revisten algunos de esos temas cuando se aplican a un adulto.
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Respecto de la tipicidad, el sistema no contempla tipos especiales, de modo que los


menores, en principio, pueden ser responsabilizados por cualquier delito (art. 1º inciso 2º
LRPA). Ello, a pesar de que el proyecto de la LRPA sólo contemplaba la posibilidad de
castigo respecto de los delitos que excedieran una cierta gravedad y el anteproyecto, por su
parte, contempla un catálogo taxativo de delitos susceptibles de ser cometidos por menores.
El sistema que adopta la LRPA es el siguiente: un adolescente puede ser responsabilizado
por cualquier crimen o simple. No puede ser responsabilizado por las faltas, salvo algunas
excepciones como: desórdenes, lesiones leves, hurto-falta, daños-falta, faltas de la Ley de
Drogas, etc.
Respecto de la culpabilidad se pueden aplicar todas las eximentes y atenuantes
vinculadas con este elemento, debiendo atenderse especialmente a las peculiaridades de la
adolescencia, como la baja capacidad de autocontrol, impulsividad y dificultad para
controlar las emociones, un sentimiento permanente de inseguridad, etc., factores todos que
afectan al adolescente con diversa intensidad, dependiendo también de las condiciones
individuales de cada persona.

En lo que respecta al error de prohibición, resulta indispensable considerar las


características particulares del autor adolescente para decidir sobre la concurrencia de un
error o sobre la vencibilidad del mismo. Es decir, deben tenerse en cuenta sus posibilidades
reales de haberse informado y de haber tenido razones para cerciorarse sobre el carácter
prohibido o no de la conducta, porque entre los adolescentes es más frecuente encontrar
casos de imposibilidad o seria dificultad para comprender la antijuridicidad material del
hecho.

La menor madurez y competencias sociales del adolescente, así como la dificultad


de controlar sus emociones e impulsos, pueden ejercer tal presión sobre su voluntad que
haga disminuir e incluso desaparecer su posibilidad de motivarse por las normas. Todas
estas características —una menor capacidad de comprender lo injusto del hecho o de
determinarse por las exigencias del derecho, dependiente de la inmadurez (cognitiva,
emocional, social)— son las que, precisamente, han llevado a que el artículo 21 LRPA
contemple una atenuación de responsabilidad que implica la obligatoriedad de rebajar la
pena en un grado en la totalidad de los casos, según explicaremos más adelante. Pero
además de esa rebaja, siempre es posible encontrar situaciones anómalas, de adolescentes
que presentan una mayor inmadurez o incapacidad que sus pares, y que deben ser valoradas
como eventuales eximentes o atenuantes de responsabilidad.

En relación con el tema de autoría y participación, considerando las características


propias de la adolescencia, el fenómeno de la actuación en grupo implica especificidades
que dificultan la calificación jurídico-penal de la intervención del menor. El adolescente
tiene una fuerte necesidad de desarrollar pertenencia y reconocimiento en su grupo de
pares, y esto conduce a que los demás influyan positiva o negativamente en su
comportamiento. Además, cuando están en grupo, sus actuaciones suelen distinguirse
porque se realizan en forma imprevista, sin división de roles, sin objetivos claros y sin dotar
de sentido a su conducta —por ejemplo, puede existir una gran desproporción entre el
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hecho y la “ganancia” que reporta—, mientras que, al mismo tiempo, desaparecen las
inhibiciones y se produce un sentimiento de solidaridad interna y de superioridad del grupo.
Todo esto repercute en la forma de calificar la intervención del sujeto. Por ejemplo, en
relación con el art. 15 N º 3 del Código Penal, los elementos objetivos que deben concurrir
son el “concierto previo”, unido a alguna clase de “facilitación de medios o de “presenciar
el hecho”, todos los cuales no son congruentes con el actuar juvenil caracterizado por la
espontaneidad y falta de líderes claros. Por lo demás, aunque existiera un concierto previo,
la ausencia de plan hace difícil considerar que estemos ante una situación de “co-dominio
del hecho”, como los exigen algunos fallos de la Corte Suprema.

Desde un punto de vista subjetivo, también es frecuente que falte el dolo en algunos
de los miembros del grupo, que sólo presencian el hecho en un sentido simbólico de
pertenencia, por estar ahí, pero sin una finalidad de cooperación específica como la de
“impedir que se evite el hecho”, “facilitar los medios”, ni ser funcional a la consumación.
Incluso cuando se puede comprobar la presencia de un dolo común, aunque sea eventual
sobre un hecho básico (por ejemplo, agredir genéricamente o amenazar, o tomar o dañar la
propiedad ajena), los excesos del autor suelen ser del todo espontáneos, y por tanto no
afectan la responsabilidad de los demás (que ni siquiera tendrán dolo eventual respecto de
esos excesos).

Por otra parte, el contexto de la actuación en grupo puede hacer que la capacidad
normal de un adolescente para resistir la presión ejercida por sus pares disminuya, incluso a
veces hasta desaparecer. Se configuran entonces casos de inexigibilidad de otra conducta
(art. 10, Nº 9 CP, miedo insuperable o fuerza irresistible, si hay una situación de coacción)
o de exigibilidad disminuida (art. 11, Nº 1, en relación con el art. 10, Nº 9 CP).

El artículo 4º LRPA contempla una excusa legal absolutoria que beneficia a los
menores que hubieren cometido determinadas formas de delitos sexuales y que se aplica
cuando entre autor y víctima hay una diferencia de edad inferior a dos o tres años, según el
delito de que se trate y de las circunstancias en que se comete.

6. Penas aplicables a los adolescentes

a) Internación en régimen cerrado con programa de reinserción social: Consiste en la


privación de libertad en un centro especializado para adolescentes, bajo un régimen
orientado a la integración social del menor.

b) Internación en régimen semicerrado con programa de reinserción social: Consiste en la


residencia obligatoria del adolescente en un centro de privación de libertad, sujeto a un
programa de reinserción social a ser desarrollado tanto al interior del recinto como en el
medio libre. Difiere de la pena anterior en que las actividades socioeducativas pueden
desarrollarse tanto en el centro de privación de libertad como en el medio libre. En este
último caso, en horario diurno (entre las 07:00 y las 22:00 horas). Presupone la aprobación
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judicial de un programa personalizado presentado por el director del centro donde vaya a
cumplirse la sanción. El director del centro es responsable por la ejecución del programa.

c) Libertad asistida: consiste en la sujeción del adolescente al control de un delegado


conforme a un plan de desarrollo personal que favorezca su integración social. Presupone
la aprobación judicial de un programa personalizado presentado por el delegado. El
programa debe incluir actividades socioeducativas y terapéuticas. El programa puede
incluir la prohibición de visitar determinados lugares, de asistir a ciertas actividades, de
aproximarse a la víctima o a otras personas “u otras condiciones similares”.

d) Libertad asistida especial: Consiste en la sujeción del adolescente al control de un


delegado conforme a un plan de desarrollo personal que favorezca su integración social y
familiar, con un régimen de mayor estrictez que en el caso de la pena anterior.

e) Prohibición de conducir vehículos motorizados: Es una pena accesoria que debe


aplicarse cuando la conducta en que se funda la infracción por la cual se le condena haya
sido ejecutada mediante la conducción de dichos vehículos. Su duración no está
determinada, pero “podrá extenderse hasta el período que le faltare al adolescente para
cumplir veinte años”.

f) Servicios en beneficio de la comunidad: Consiste en la realización de actividades no


remuneradas a favor de la colectividad o en beneficio de personas en situación de
precariedad. No podrá exceder de 4 horas diarias y tendrá una duración mínima de 30 horas
y máxima de 120. Requiere acuerdo del condenado y debe garantizar la posibilidad de que
éste estudie o ejerza una actividad laboral remunerada.

g) Reparación del daño causado: Consiste en la obligación de resarcir a la víctima el


perjuicio causado con la infracción, sea mediante una prestación en dinero, la restitución o
reposición de la cosa objeto de la infracción o un servicio no remunerado a su favor.

h) Multa: Consiste en el pago a beneficio fiscal de una suma que no puede exceder de diez
unidades tributarias mensuales.

i) La amonestación: Es la reprensión enérgica al adolescente hecha por el juez, en forma


oral, clara y directa, en un acto único, dirigida a hacerle comprender la gravedad de los
hechos cometidos y las consecuencias que los mismos han tenido o podrían haber tenido,
tanto para la víctima como para el propio adolescente, instándole a cambiar de
comportamiento y formulándole recomendaciones para el futuro.
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7. Clasificación de las penas

Las penas del sistema de responsabilidad penal de adolescentes pueden agruparse


conforme a dos criterios.

Atendiendo a la naturaleza de la sanción, la LRPA distingue entre penas privativas


de libertad y penas no privativas de libertad. Se consideran penas privativas de libertad la
internación en régimen cerrado y la internación en régimen semi-cerrado. El resto de las
sanciones que prevé el sistema se consideran como penas no privativas de libertad.

La LRPA también distingue entre penas principales y accesorias. Son penas


principales: la internación en régimen cerrado, la internación en régimen semicerrado, la
libertad asistida especial, la libertad asistida, la prestación de servicios a la comunidad, la
reparación del daño causado, la multa y la amonestación. Son penas accesorias: el
tratamiento de rehabilitación por adicción a las drogas o al alcohol, la prohibición de
conducir vehículos motorizados y el comiso.

En el texto original de la LRPA se distinguía también entre penas de delito y pena


de falta. Tras la reforma de junio de 2007, la ley ya no formula esa distinción.

El artículo 19 de la LRPA contempla, también, el concepto de pena mixta. Esta


situación se da en los casos en que sea procedente la internación en régimen cerrado o
semicerrado, en cuyo caso el tribunal puede imponer complementariamente una sanción de
libertad asistida posterior, por un máximo que no supere el tiempo de la condena principal.
También puede imponerse en forma previa a la ejecución de la sanción de internación, la
que en ese caso queda en suspenso y con carácter condicional.

8. Proceso de determinación de la pena

En el caso de los adultos, el proceso de determinación de la pena implica


determinar, primero, la naturaleza de la sanción (título de castigo, marco penal) y, en
segundo lugar, la cuantía de la sanción (ponderación del delito, ponderación de las
circunstancias y fijación de la cuantía exacta de la pena). En el caso de los adolescentes se
utiliza el orden inverso: se determina primero la cuantía de la sanción y después su
naturaleza.

De este modo, en el sistema que prevé la LRPA es posible distinguir cuatro etapas:
a) Determinación del título de castigo; b) Determinación del marco penal; c) Determinación
de la duración de la pena; d) Determinación de la naturaleza de la pena.

a) Determinación del título de castigo: Se procede exactamente igual que en el caso de los
adultos, distinguiendo según si nos encontramos frente a un caso de Unidad de título de
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castigo (delito simple, delito complejo, delito continuado o concurso aparente de leyes
penales) o bien frente a un caso de pluralidad de título de castigo (concurso real de delitos,
concurso ideal de delitos).

c) Determinación del marco penal: Según el artículo 21 LRPA, se entenderá que la pena
asignada al delito cometido por un adolescente es la inferior en un grado al mínimo de los
señalados por la ley para el ilícito correspondiente. En consecuencia, el marco penal nunca
estará integrado por penas indivisibles, ni por más de un grado de una pena divisible. En el
caso de los adolescentes, el marco penal siempre será un grado de una pena divisible o la
mitad (superior o inferior) de un grado de una pena divisible.

c) Determinación de la duración de la pena: Art. 21 LRPA “Para establecer la duración de


la sanción que deba imponerse con arreglo a la presente ley, el tribunal deberá aplicar, a
partir de la pena inferior en un grado al mínimo de los señalados por la ley para el ilícito
correspondiente, las reglas previstas en el Párrafo 4º del Título III del Libro I del Código
Penal, con excepción de lo dispuesto en el artículo 69 de dicho Código” (arts. 50 a 78
CP).En otras palabras, este es el momento en que el tribunal debe efectuar la ponderación
legal de delito (etapas de desarrollo y forma de intervención del sujeto) y de las
circunstancias modificatorias de responsabilidad que concurrieren.

El artículo 18 LRPA establece un límite a la duración de las penas privativas de libertad, al


señalar que las penas de internación en régimen cerrado y semicerrado, no podrán exceder
de cinco años si el infractor tuviere menos de dieciséis años, o de diez años, si aquél tuviere
más de esa edad.

Los artículos 13 y 14 LRPA establecen que la duración de las penas de libertad asistida y
libertad asistida especial no puede exceder de tres años y el artículo 11, inciso segundo,
LRPA establece que la sanción de prestación de servicios en beneficio de la comunidad no
puede exceder de cuatro horas diarias y que tendrá una extensión mínima de 30 horas y
máxima de 120.

d) Determinación de la naturaleza de la sanción:

Para determinar la naturaleza de la sanción es necesario ubicar la duración fijada en la etapa


anterior en alguno de los tramos que establece el artículo 23 LRPA. Cada uno de esos
tramos señala las alternativas de pena (en atención a su naturaleza) que puede aplicar el
tribunal. Los tramos y las alternativas son los siguientes:
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Duración de la pena Alternativas en cuanto a la naturaleza de la


pena
Pena privativa de libertad de 5 años y Internación en régimen cerrado
un día o más
Pena privativa de libertad de 3 años y Internación en régimen cerrado
un día o a cinco años, o es una pena Internación en régimen semicerrado
restrictiva de libertad superior a 3 años Libertad asistida especial

Pena privativa o restrictiva de libertad internación en régimen semicerrado


de 541 días a 3 años libertad asistida
libertad asistida especial
prestación de servicios en beneficio de la comunidad

Pena privativa o restrictiva de libertad internación en régimen semicerrado


de 61 a 540 días libertad asistida
libertad asistida especial
prestación de servicios en beneficio de la comunidad
reparación del daño causado
Si la pena no supera los 60 días o si la prestación de servicios en beneficio de la comunidad
pena no es privativa ni restrictiva de reparación del daño causado
libertad multa
amonestación

También se permite que, al dictar sentencia, el juez disponga la suspensión de la pena por
seis meses (art. 41), cuando se trate de una sanción privativa o restrictiva de libertad igual o
inferior a 540 días y existan antecedentes favorables que hagan desaconsejable su
imposición. Transcurrido el plazo y siempre que el imputado no haya sido objeto de nuevo
requerimiento o de una formalización de la investigación, se deja sin efecto la sentencia.

Según el artículo 24 LRPA, los criterios que deben utilizarse para elegir la
naturaleza de la pena son:

a) gravedad del ilícito de que se trate;


b) calidad en que el adolescente participó en el hecho y el grado de ejecución de la
infracción
c) atenuantes o agravantes de la responsabilidad
d) edad del adolescente infractor;
e) extensión del mal causado por el delito, y
f) idoneidad de la sanción para fortalecer el respeto del adolescente por los derechos y
libertades de las personas y sus necesidades de desarrollo e integración social

Tratándose de la pena de multa, además de los criterios del artículo 24 LRPA, deberán
considerarse “la condición y las facultades económicas del infractor y de la persona a cuyo
cuidado se encontrare” (artículo 9 inciso 1º LRPA).
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EJERCICIOS:

1. ¿Qué sentido le atribuyes a la norma que contempla el inciso segundo del artículo 2º
de la LRPA?
2. ¿Qué manifestaciones de la idea de retribución encuentras tú en el sistema de
responsabilidad penal de adolescentes?
3. En tu concepto, la falta de tipificación de las conductas susceptibles de ser
cometidas por menores ¿vulnera el principio de legalidad? Fundamenta tu respuesta.
4. ¿Qué diferencias aprecias tú entre las penas de libertad asistida y libertad asistida
especial?
5. Supongamos que una persona de dieciséis años interviene como cómplice en una
violación del artículo 362 del Código Penal y que concurren dos atenuantes y
ninguna agravante ¿Cuál es la duración de la pena que corresponde aplicarle?
6. Supongamos que un adolescente de 17 años comete en calidad de autor un delito A,
castigado con la pena de presidio menor en su grado medio y un delito B castigado
con la pena de presidio menor en cualquiera de sus grados. Entre A y B hay un
concurso ideal de delitos. Concurre una atenuante a favor del menor. Los dos delitos
están consumados. ¿Cuál es la duración de la pena que corresponde aplicarle?
7. Supongamos que A, de diecisiete años de edad, y B, de quince años de edad, son
coautores de un delito de homicidio calificado (art. 391 Nº 1). ¿Cuál es la duración
de la pena que corresponde aplicar a cada uno de ellos?
8. Juan, un joven de dieciséis años mata a otro joven de su misma edad, vecino suyo,
porque este último había comenzado una relación con su polola. Se determina que
hasta esa fecha, Juan había sido un alumno ejemplar, muy buen deportista, un
excelente hijo y que siempre mantuvo una buena relación con los vecinos. Se
comprueba que al enterarse de la relación que mantenía la víctima con su polola,
Juan cayó en un estado de depresión; que fue tratado por un psiquiatra, cuyos
honorarios pagaron sus padres y que al ejecutar la acción homicida, estaba
consumiendo los antidepresivos que le había prescrito el médico. Se comprueba
también que la acción homicida tuvo lugar en circunstancias durante el curso de una
discusión que el autor mantuvo con la víctima y que el arma utilizada fue una piedra
que el primero tomó el suelo. Se determina que pudiendo fugarse se denunció y
confesó el delito antes que pudiera iniciarse pesquisa alguna. ¿Cómo sancionamos a
Juan?
9. En el mismo caso anterior, y con las mismas circunstancias descritas, ahora vamos a
suponer que la víctima era hermano de Juan. ¿Cómo sancionamos a Juan?
10. Ahora vamos a suponer que la víctima es el mismo joven del ejercicio 8 y que el
delito se cometió con un arma que Juan había arrendado, tres días antes a Pablo, un
vecino de 20 años, sin antecedentes penales. Este último supo que el arriendo del
arma tenía por objeto matar a la víctima. ¿Cómo sancionamos a Juan y a Pablo?
11. Juan, de diecisiete años, y Pedro, de diecinueve, son coautores de un hurto que debe
ser sancionado conforme al artículo 446 N° 3 del Código Penal. Se determina que
concurre la circunstancia de la nocturnidad y que ambos tienen irreprochable
conducta anterior. ¿Cómo sancionamos a Juan y a Pedro?
Apuntes de Derecho Penal II PUCV 2013 Profs. Luis Rodríguez Collao / Guillermo Oliver Calderón 276

12. Juan, de catorce años, accede carnalmente a Anita, una niña de 13 años. Pablo, de
17 años, ejerce la violencia necesaria, para que Juan realizara la acción. Concurren
dos atenuantes a favor de cada uno y ninguna agravante. ¿Cómo sancionamos a
Juan y a Pablo?
13. En el mismo caso anterior, vamos a suponer que Juan y Pablo tienen diecisiete años
y que Anita sufre lesiones graves gravísimas, a raíz de la violencia ejercida para
cometer el delito. ¿Cómo debemos sancionar a Juan y a Pablo?
14. Esteban, un joven de catorce años, accede carnalmente a Paulina, una niña de trece
años. La relación sexual tiene lugar en un departamento que pertenece a Cristina,
una tía de Esteban. Cristina, quien es mayor de edad, facilitó el departamento a
petición de su sobrino y estando plenamente informada de lo que ocurriría. ¿Cuál es
la situación penal de Esteban y Cristina?
15. Juan tiene 14 años y cometió un delito de robo por sorpresa (art. 436 inc. 2º CP) en
grado de tentativa y en calidad de autor directo. Él se encuentra estudiando en 1º
medio de un colegio subvencionado. Su madre es profesora y está en condiciones de
ejercer el rol de crianza y socialización de forma adecuada. Consume marihuana,
pero no constituye consumo problemático. ¿Qué sanción corresponde imponerle?
16. Juan tiene 16 años y cometió un delito de robo con intimidación causando lesiones
graves a la víctima (art. 433 Nº 1). Él es desertor del sistema escolar, sólo tiene
escolaridad de 5to. básico. Sus padres no están en condiciones económicas ni de
manejo de la conducta del joven. Es policonsumidor (pasta base, cocaína, alcohol,
marihuana). Ha estado internado dos veces en Hogares de Protección Simple de
SENAME. ¿Cómo lo castigarías?
17. Susana tiene 17 años Es cómplice de un delito de lesiones menos graves, y en su
caso concurre una atenuante y ninguna agravante. Ella estudia en 3ro. Medio, y
actualmente vive con su madre. Antes estuvo con sus abuelos maternos por medida
de protección, al ser víctima de violación por parte de su padre. Éste se encuentra
recluido en la ex penitenciaría de Santiago. Se encuentra en tratamiento psiquiátrico
por una posible depresión. ¿Cómo la castigarías?