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UNIVERSIDAD ANTONIO RUIZ DE MONTOYA

PROFESORA: Soledad Escalante


ALUMNO: Dennis Mundaca
FECHA: 20 de junio del 2018

1.- En su texto “Hacia un concepto de justicia social” los autores Murillo Torrecillas y
Hernández Castilla presentan tres modelos fundamentales de justicia: la justicia como
distribución, la justicia como reconocimiento y la justicia como participación. Explique
y ejemplifique cada modelo justificando por qué estos modelos son relevantes para
comprender lo social de la justicia.
Estos autores, después de hacer un recorrido histórico, analizando el concepto de justicia
plasman tres modos de la misma que se aplican en la sociedad.
Primero señalan a la justicia distributiva, la cual desde el planteamiento de Rawls rescata
cuatro principios: el principio de justicia igualitaria, justamente empleada para palear las
desigualdades; el principio de aplicación de la justicia según la necesidad de cada sujeto;
el principio de aplicación de justicia según el mérito de cada individuo; por último, el
principio de diferencia, el cual pretende justificar las desigualdades si es que estas
benefician a los más desaventajados. Estos principios establecidos por Rawls nos
permiten entender parte de la justicia distributiva.
Seguido a estos principios, los autores presentan las críticas que hace Amartya Sen al
planteamiento de Rawls, “Mientras este último se centra en los medios para lograr los
fines deseados por los individuos, Sen fija su atención en la libertad real de las personas
concebida como la capacidad de lograr realizaciones, lo que constituye un fin para cada
persona” (p. 14). Sen critica a Rawls señalando que los bienes primarios o recursos que
una persona tiene no determinan la libertad de la misma. Para Sen la libertad de los sujetos
debería medirse por el desarrollo de las capacidades personales mas no por la satisfacción
de necesidades primarias y suntuarias o por los bienes que posee.
Junto al desarrollo de capacidades planteado por Sen, los autores presentan el aporte
complementario de Martha Nussbaum. Esta autora señala una lista de diez capacidades
funcionales humanas centrales, en las cuales destaca que la atención de los
discapacitados, los animales no humanos y las relaciones internacionales deben ser
tratadas en la concepción de la justicia distributiva, justamente para una mayor
dignificación de la sociedad en su conjunto.
Por otro lado, la justicia como reconocimiento tiene que ver con la aceptación de los
grupos minoritarios en los espacios públicos, políticos y sociales.
El término reconocimiento, como bien señalan los autores tiene su origen en la filosofía
de Hegel, la cual contempla que los sujetos ven a los otros como sus iguales. Pero esa
idea de igualdad, según Walzer, a su vez, trae desigualdades si es vista desde una esfera
de justicia. Es por ello que se debe reprimir esas desigualdades para atender, en primera
instancia a la relación de dominio que, necesariamente se establece en las relaciones.
Finalmente, en esta parte de la justicia como reconocimiento, los autores presentan la
crítica que hace Fraser a los dos paradigmas de la justicia y se pregunta junto con Honeth
cómo elaborar un marco integrador de tales paradigmas.
Como tercer punto de este planteamiento se encuentra la justicia como participación, ella
está referida a la acción que tienen o deben tener los ciudadanos en el espacio público.
Las minorías excluidas por causa de género, etnia, raza, etc, tienen derechos a participar
de manera activa en el espacio público y a un pleno reconocimiento de sus acciones.
La justicia como participación considera que la distribución de bienes primarios es
esencial pero no suficiente para que la persona viva de manera digna. Para esta
perspectiva es necesario incluir la igualdad de oportunidades en todos los niveles, ya sea
en la participación o acceso al poder, así como también en la adquisición de conocimiento.
Para Honeth, el acceso a la participación política por parte de la ciudadanía es
fundamental. Él considera que la democracia, en cierto sentido no permite el acceso de
algunas personas a la participación, por lo tanto, él sostiene que, de este modo, se estaría
privando a las personas a ser reconocidas como iguales.
Finalmente, para esta perspectiva el desarrollo personal se alcanza ocupándose de las
cosas comunes. También, la participación es considerada por Murillo y Hernández como
el modelo que debe perseguir todo estado para el establecimiento de la justicia social
verdadera.

En el texto “Ética y política: algunos principios para el buen gobierno” de Isabel Victoria
Lucena Cid, la autora:
2.- ¿Habla de la ética en la política, a qué se refiere? Para su respuesta haga uso de los
modelos de política a los que hace alusión Lucena Cid.
Lucena menciona que la práctica política, desde sus inicios ha incluido a la ética o, mejor
dicho, la ética y la política siempre han estado lidiando juntas, sin embargo, todas las
teorías políticas hasta ahora desarrolladas, según Lucena, no han sido capaces de
distinguir la política de la ética, pero tampoco de establecer una coexistencia armoniosa
entre ambas.
La armonización entre ética y política supone un camino en el cual se haga una diferencia
en su aplicación de cada una. Lucena señala que la ética a diferencia de la política es una
tarea inacabada, pero que ello no la limita para establecer su realización en la política.
Lucena se pregunta si es posible moralizar la política, a la cual responde desde un
acercamiento de las teorías sobre estas disciplinas. Por otro lado, ella señala que la
articulación entre ética y política ha dado lugar a diferentes teorías que tratan las maneras
en las que se establece el vínculo entre ambas. Por ejemplo, citando a Bonete sostiene que
la ética personal se articula con la ética social en la medida en que se entiende que lo
particular no está desligado de lo social.
Siguiendo el punto anteriormente mencionado Lucena sostiene que el “deber ser”
kantiano no se entiende sin lo social, es decir, la aplicación de una norma que en principio
es dictada por la razón tiene sentido en tanto es aplicable a la sociedad. En este punto
entra a tallar el carácter político.
Entonces, lo que pretende demostrar Lucena cuando nos habla de la ética en la política es
que entre ambas existe una estrecha relación y que las bases de la ética política se fundan
en la ética individual. Esto también es sostenido por Muguerza “la ética pública ha de
hundir sus raíces en la ética individual o personal, prestando atención a lo que se ha
denominado el individuo en relación”. Para Lucena, la práctica ética subjetiva está
estrechamente relacionada con la política, porque el accionar de los sujetos no se da de
manera aislada, sino que supone un vínculo con el otro, con un “alter”.
Por otro lado, Lucena extrae de otros autores algunos principios para un mejor gobierno
con práctica ética en la política. El primero de ellos es el principio de receptividad, el cual
supone una escucha activa por parte del gobierno a todos los sectores del Estado. Por otro
lado, señala a la transparencia como un principio fundamental para el buen gobierno, este
principio, si bien fue enunciado por Rousseau hace algunos siglos, sigue siendo de suma
necesidad para una buena práctica ética en la política de los gobiernos actuales. El
principio del interés general es también un asunto que debe primar en la política, así como
el principio de responsabilidad no es menos importante.
Finalmente, Lucena sostiene que estos principios son las bases para las discusiones de la
ética en la política, que, por las crisis económicas y financieras de nuestros Estados, hoy
llaman urgentemente a reflexionar sobre ello. La ética en la política es un debate abierto
que nos debe llamar a la reflexión, sobre todo por los casos de corrupción que se han
hecho visibles en nuestro continente.