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La historia reciente (HR) si bien se refiere al pasado próximo, éste, con el correr de los

años fue expandiéndose. Por lo tanto, superó las dificultades que originariamente se
adjudicaban a los períodos o hitos más cercanos. Éstos, tienen mayor preponderancia a ser
considerados historia viva: al tratarse -en nuestro país- de sucesos que aún demandan
reparación por tratarse de violencias ejercidas desde el Estado contra la sociedad civil;
donde la militancia, tanto a favor como en contra de ese Estado, hoy continúa. En estos
temas, el reflujo que otorga la memoria, cuya implosión surge entre 2001-03 convirtiéndose
en fuente y objeto de estudio a la vez, hace que el debate se recrudezca. Puesto que la
dimensión política, oficialistas y opositores, suelen desviar la discusión a cuestiones
personales y partidarias, mientras que los investigadores están en tensión entre su propio
espíritu militante y su gesto crítico. Sin embargo, las dificultades pueden saldarse con
diversos métodos de investigación propios y ajenos que le realicen a aquella para abordar el
tema.

Y aunque con aquella implosión memorialista, se continuaron los estudios ligados a la


violencia de Estado en sus diversas formas-iniciado fuera de la Historia e incluso
cronológicamente cerca al último golpe de Estado- luego, se fue ampliando el horizonte
tanto en temáticas como en el tiempo-y desde la Historia misma-. Así es cómo Valeria
Manzano, se liga a estudios que cambiaron el abordaje clásico de la HR: menos
institucionales, lejos de la visión política antigua; una visión cultural, con una periodización
que busca llenar los vacíos que tiene la HR (1955-65) desgranando las tramas sociales que,
por nuevos fenómenos culturales que participan, contribuyen a formar grupos sociales
nuevos que trastocan los espacios, cotidianeidad, los consumos y el tipo de ocio.

Bajo el fenómeno bautizado por sus contemporáneos como “la nueva ola”, a finales del
50 y comienzos de los 60, que enunciaba cambios fácilmente visible con respecto a gustos
musicales, prácticas de consumo y ocio, la autora afirma que hubo en base a estos, una
creciente cultura de masas juvenilizadas que construyeron un sentido de pertenencia
generacional que generó, como cambio de paradigma; contradictorias resistencias,
aceptaciones y adaptaciones por su irrupción en lo público. Su objetivo será reconstruir las
características y expansión de esa “nueva ola”, a partir de la llegada del rock y el twist a la
Argentina como fenómeno cultural, que trastocó sentidos y prácticas de simpatizantes y
detractores: destacando el tipo, no siempre homogéneo, de apropiación de los jóvenes; la
propuesta de las industrias del disco, atentas al clima local; y la preocupación de grupos
sobre esa rápida germinación, que podía contener efectos disgregadores hacia valores
consolidados de la moral o la cultura nacional.

Justamente tomando un hilo argumentativo con respecto a la juvenilización mencionada,


podemos referirnos al tipo de apropiación espacial y de asociación. En efecto, desde la
primera competencia de baile de rock realizada en el Luna Park(1957), hasta el
reconocimiento del presidente Illia a la cantante Rita Pavone(1964)- joven, que interpelaba
al sector ya consolidado producto de esa juvenilización- hubo una conquistas de espacios
nuevos y modos de asociación que incluso reformaron centros de actividades y marcaron
diferencias ligadas a lo socio-económico. El fenómeno está ahí, en la conquista. En lo que
desde ese momento es entendido como juvenil.

Dentro de las fuentes utilizadas, ese cambio lo ven los contemporáneos. La autora sólo le
da un significado, y lo desgaja poco a poco, en base a diarios, revistas, programas radiales y
televisivos. Las películas, particularmente de rock que empezaron a emitirse, solían tener
musicalización; jóvenes que bailaban y fraternizaban; y a los propios ídolos como actores,
como Bill Haley- extraño hoy, pero tuvimos muchos ejemplos-. Por ello, los jóvenes, en los
llamados “asaltos” empezaron a copiar esos bailes ganando espacios propios, aunque con el
sobrevuelo de sus padres; otros, más grandes, también se reunían en clubes nocturnos,
dando una nueva forma a la noche bonaerense; y por último, los clubes sociales de
impronta más popular donde se practicaban deportes, quermeses o brindaban otras
actividades, se re-definieron adaptándose en parte a los programas radiales y emisiones
televisivas de la compañía local Escala Musical, que organizaba circuitos de baile cada fin
de semana.

Esto último era una entrada de las industrias disco al campo cultural que adaptaba y
creaba modos de consumo y ocio que eran coherentes con las sensibilidades coyunturales.
No olvidemos, se trataba personas que estaban en el pasaje de la juventud a la adultez,
donde hay una transformación de normas; imposiciones necesaria y rebeldías por parte de
los jóvenes. Un mapa donde la industria comercial se metía y sacaba provecho, como viejo
lobo de mar. Un ejemplo claro fue el Club del clan, pero eso sería otra línea argumentativa.

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