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Josué 1: 1 - 6

Nuestros ejemplos son determinantes para nuestras generaciones. En nuestro hogar, la


prioridad debe ser El Señor.

En muchas ocasiones queremos que nos sirvan pero no queremos servir. Nos hemos quedado
estáticos en los tiempos y no asimilamos los cambios.

Josué: el salvador

Estamos en un nuevo tiempo, estamos frente al Jordán, enfrentamos un obstáculo. Lo único que
nos permitirá atravesarlo es la fe.

Él no pone su vino nuevo en odres viejos. Debemos levantarnos para ser transformados, para
poder ver lo que El Señor ha prometido. No debemos vivir en dependencia de otras personas,
en cualquier campo de nuestras vidas, espiritual y material. El Señor está quitando en lo que nos
hemos apoyado.

Josué 1: 2

Josué debía enfrentar muchos obstáculos para repartir la tierra que le había sido entregada a su
pueblo. El primer obstáculo era natural, el río Jordán. Debemos desaprender para aprender
nuevos conceptos en la Palabra, para poder usarlos. Muchas personas hemos vivido con
limitaciones por: generaciones pasadas, conceptos Religiosos estériles, etc.

1 Pedro 2: 9

Somos linaje porque el padre nos concibió desde antes de la formación del mundo. Somos hijos
de Él. Somos real sacerdocio, el Reino de Dios se compone de reyes y Sacerdotes. La autoridad
de Dios era representada por el sacerdote. Somos nación Santa, injertados a Israel. Esto sucede
al disfrutar de la gracia de Dios. Somos su pueblo.

Frustración: cuando se sabe que se está llamado a lo excepcional pero permanece en lo


ordinario. La frustración es señal que ya estamos listos para avanzar a otros escenarios. El Señor
invita a los frustrados a lograr cosas mayores.

Estamos preparados para juzgar la injusticia, pero nosotros practicamos las mismas cosas.
Debemos nosotros iniciar e impulsar el cambio para que El Señor actúe a nuestro beneficio. No
debemos ser limitados. El Señor permite las dificultades para romper los límites. Lo que hay en
nosotros es poderoso, nos impulsa la Fuerza del Espíritu Santo.

El Señor quiere que poseamos y disfrutemos nuestra herencia. El cambio debe iniciar por
nosotros. Es el tiempo de Dios para hacerlo.

Principios:

1. Dios nunca cambia lo de afuera para transformar lo de adentro. Él siempre inicia el


cambio desde adentro hacia lo exterior.