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Mona, Clau & Kath

Clau Cjuli2516zc Kath


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Maria_clio88 Gigi JandraNda

Mona

Cecilia
De las autoras éxitos en ventas del New York Times de Stuck-Up Suit y
Cocky Bastard, viene una nueva novela independiente y sexy.
¿Dinero o amor? ¿Cuál elegirías?
Probablemente tú solo respondiste a la pregunta en tu cabeza pensando
que es una decisión fácil.
Para mí, no lo es. ¿Mencioné que es mucho dinero? Muchísimo.
Tuve que ir muy lejos para pensarlo.
Cuando me embarqué en un viaje impulsivo, tomé un desvío cuando
conocí al sexy Carter en el salón del aeropuerto. Entablamos una conversación
acalorada.
Luego se marchó.
4 Pensé que nunca volvería a verlo. Pero el destino tenía otros planes.
¡Sorpresa! Era el piloto de mi vuelo.
La sorpresa más grande fue la aventura que siguió después de que el
avión aterrizó.
Carter era peligroso y siempre está en constante movimiento.
A pesar de que nuestra conexión era magnética, yo sabía que solo era
temporal. Me daría boletos y lo seguiría por todo el mundo a lugares exóticos.
Un grupo de auxiliares de vuelo ex y los rumores sobre la reputación de
Carter nunca estuvieron muy lejos.
No sabía qué creer.
Pero yo era adicta. Nada más importaba. Iba a salir lastimada. Debido a
que una parte de mí quería ser la que finalmente castigara al piloto playboy.
Al menos, me estaba llevando en un paseo emocionante.
Todas las cosas buenas deben llegar a su fin, ¿verdad?
Excepto que nuestro final era uno que no vi llegar.
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CHRIS HEMSWORTH
Giré la página del catálogo de Destinos Mundiales de American Airlines
hasta la sección dedicada a Australia. Las páginas estaban llenas de coloridas
fotografías: canguros, agua azul turquesa, ese gran edificio blanco que parece
un puñado de velas de barco ondeando al viento. Bonito. Pero no era en lo que
estaba realmente interesada.
Liam Hemsworth. Acento australiano. Oh Dios. Dos de ellos.
La siguiente página tenía un mapa del mundo. Seguí la ruta marcada
con la línea punteada, mi dedo trazando la ruta de Miami a Sidney. Mierda. Es
6 un viaje en avión realmente largo
Suspirando, seguí adelante. Siguiente página: Londres.
Robert Pattinson
Theo James.
Más acentos sexis., con menos de un tercio del tiempo de viaje. Doblé la
esquina de la página y seguí pasándolas.
Italia. George Clooney. ¿A quién le importa que tenga prácticamente la
misma edad de mi padre? El hombre es como una buena botella de Cabernet:
mejora con la edad y está hecha para ser saboreada en tu boca. Otra esquina
doblada.
El camarero interrumpió mi búsqueda de destinos y señaló mi copa de
Martini media vacía. —¿Puedo traerle otro Appletini?
—Todavía no, gracias.
Asintió y se dirigió hacia la otra esquina del atestado bar. Ya estaba lista
con mi segunda bebida y no tenía ni idea de cuántas horas estaría atrapada en
este bar de aeropuerto. Probablemente era una buena idea escoger dónde
pasaría los próximos diez días antes de que el alcohol hiciera demasiado
efecto.
Santorini. Hmmmm. Las imágenes se veían preciosas. Sencillas
construcciones blancas con puertas de color azul brillante y persianas. Si…
realmente no tenía idea de a dónde quería ir. Nada me gustaba. Ni siquiera
una isla tropical diciendo mi nombre.
Inhalando profundamente me di cuenta de que estaba a punto de
terminar el grueso catálogo de destinos vacacionales, por lo que llevé la bebida
hacia mi boca y murmuré:
—¿A dónde debo ir?
No esperaba una respuesta real.
—Mi casa no está lejos. —Una profunda voz de barítono sonó junto a
mí. No había notado que alguien había tomado la butaca a mi lado en la barra,
así que me sobresalté, derribando mi copa de Martini y derramando todo lo
que quedaba de mi trago sobre mi top nuevo.
—¡Mierda! —Me levanté rápidamente, para tomar una servilleta del bar
y comenzar a secar mi blusa nueva—. Es una Roland Mouret
7 —Lamento eso. No quería asustarte.
—Bueno, entonces no espíes a la gente
—Relájate. Te pagaré el lavado en seco. ¿Bien?
—Va a quedar manchada.
—Entonces te compraré una nueva, cariño. Es sólo una blusa.
Mi cabeza se levantó. —¿Me escuchaste decir que era una Roland
Mouret? Costó ochocientos dólares.
—¿Por eso? Es una blusa.
—Es de diseñador.
—Aun así es una maldita blusa. No me malinterpretes. La llenas
bastante bien. Pero te han robado. ¿Has oído hablar de Gap?
—¿Estás bromeando? —pregunté antes de renunciar finalmente a mi
mancha y mirar al hombre tan descarado.
Mierda.
Era muy descarado.
Un descarado alto, oscuro y guapo. Precioso, en realidad.
Me alejé por un momento para buscar más servilletas. No había ni una
sola a la vista. Cuando regresé a mi lugar, Sr. Hermoso llamó al barman:
—Oye, Louie. ¿Puedes conseguirme un vaso de club soda y unas toallas
de papel aquí?
—Seguro, Trip.
¿Trip1?
—¿Tu nombre es Trip?
—A veces.
—¿Estoy en un maldito bar del aeropuerto con un tipo llamado Trip? —
No pude evitar reírme.
—¿Y tú eres?
Qué diablos, nunca volvería a ver a este hombre. Eché un vistazo al
catálogo de viajes que había estado examinando cuando mis ojos aterrizaron
en la portada. —Soy… —vacilé, luego mentí—, Sydney.
—Sydney… —siseó, escéptico.
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—Así es.
Tragando, tuve que apartar la vista por un momento. Incluso con la
mirada lejos de él, podía sentir el peso de sus grandes ojos color avellana sobre
mí. El intenso aroma de su colonia almizclada consumía todo. Su presencia
alta y abrumadora en mi periferia hacía difícil concentrar mi atención en otra
parte.
El camarero regresó y le entregó un vaso y un puñado de servilletas.
Trip levantó su ceño hacia mí. —¿Quieres quitarte la mancha?
Asentí erizada mientras se acercaba. En unos pocos segundos, todo pasó
de caliente a frío cuando un golpe de humedad me golpeó, filtrándose a través
del material de mi camisa mientras vertía el agua gaseosa lenta y directamente
sobre mi pecho.
—¡Ah! ¿Qué... qué diablos estás haciendo? —escupí, mirando el punto
húmedo en mi blusa de diseñador.

1 Trip: Viaje
—Quieres retirar la mancha, ¿no? El agua carbonatada lo hará. Sólo
tienes que remojarla por un rato.
—La mancha no es tan grande. ¡Simplemente echaste agua por toda la
parte delantera de mi blusa!
—No había manera fácil de evitar eso.
—¡Podrías no haberlo hecho!
—Eso no habría sido divertido.
Me miré. Mis pezones estaban asomándose a través de la tela húmeda.
—¡Puedes ver a través de mi blusa!
—Soy dolorosamente consciente de eso. —Tomó aliento, sus ojos
pegados a mi pecho—. Cristo, ¿no llevas sujetador?
—En realidad, no.
Finalmente levantó la vista. —¿Puedo preguntar, por qué estás en un
aeropuerto sin sujetador?
Me aclaré la garganta y le dije:
—Quería estar cómoda en el vuelo. Además... soy... descarada2.
9 Realmente no necesito usar uno en general. Bueno, al menos, ¡no hasta que
derramaste agua gaseosa sobre mí! No esperaba que un extraño me asaltara
con agua.
Sus ojos volvieron a mi pecho. —Descarada... ¿eh?
—¿Podrías dejar de mirarme así? —Crucé los brazos sobre mi pecho.
—Lo siento. No esperaba...
—¿Verme prácticamente desnuda? No me digas…
Soltó una risa culpable. —¿Qué se supone que deba decir? Mira, vine
aquí para comer algo y conseguí mucho más de lo que esperaba. Tienes unas
tetas fantásticas. Tienes razón. Son firmes... igual que su enérgica propietaria.
De repente se quitó la chaqueta de cuero y la envolvió alrededor de mí.
—Cúbrete con esto. —Era pesada y parecía un cálido abrazo cubierto con su
aroma a sándalo. Si esto se sentía bien, apenas podía imaginar cómo se sentiría
su cuerpo verdadero envuelto a mí alrededor. Sacudí la cabeza ante la idea.

2 En el original Perky: alegre, descarado.


Mirando hacia abajo mientras subía la cremallera, noté un pequeño par
de alas metálicas clavadas en el pecho. —¿Qué es este alfiler? ¿Fuiste un niño
bueno en tu vuelo o algo así?
Sonrió. —Algo así.
Cuando mostré una sonrisa, estiró su gran mano. —Empecemos de
nuevo. Hola, soy Carter.
Carter.
Huh.
Parecía un Carter
Tomé su mano y sentí que se estremecía cuando apretó la mía con un
fuerte agarre. Estrechando los ojos, dije:
—Carter... pensé que tu nombre era Trip.
—No. Supusiste que mi nombre era Trip porque fue como me llamó
Louie. Trip es un apodo.
—¿De dónde viene ese apodo?
—Larga historia.
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—¿Cómo te conocen aquí de todos modos? ¿Viajas mucho por negocios?
—Podría decirse.
—Estás un poco desorientado, ¿sabes?
—Y eres malditamente adorable. ¿Cuál es tu nombre?
—Ya te he dicho mi nombre.
—Oh, cierto. Sydney... y Teatro de la Opera es tu apellido. Teatro de la
Ópera de Sydney. —Se rió, levantando la revista y apuntando al Teatro de la
Opera de Sydney en la portada—. ¿Por qué me mentiste, Perky3?
Me encogí de hombros. —No lo sé. No me gusta darle mi verdadero
nombre a extraños.
—No es eso. No eres tímida. Ni siquiera usas un puto sujetador en
público, por el amor de Dios. Y te tomó casi un minuto entero cubrirte las tetas
después de que supieras que podía verlas. No eres reservada y ciertamente no
eres cautelosa.

3 Perky: Palabra que ella usó cuando dijo que no llevaba sujetador porque era ―descarada‖
—Entonces, ¿por qué crees que mentí respecto a mi nombre?
—Creo que te dio emoción fingir que eras otra persona. Pensaste que
nunca me volverías a ver, así que ¿por qué no? ¿Estoy bien?
—¿Crees que me has descifrado como una descuidada buscadora de
emociones? ¿Me conoces desde hace... diez minutos?
—Se necesita solo uno para reconocer a uno.
—¿Oh en serio?
—Sí. Es cómo vivo mi vida... siempre buscando la próxima emoción,
nunca en un solo lugar. —Después de un momento de silencio, entrecerró los
ojos con una mirada examinadora—. No sabes a dónde vas.
—¿Cómo sabes eso?
—Cuando entré caminando detrás de ti, estabas hablando contigo
misma, preguntándote a dónde debías ir. ¿Recuerdas?
—Oh. Está bien. Sí. Estoy tomando un viaje... Trip.
—¿Hacia dónde te inclinas?
—Todavía no tengo ni idea.
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Me sobresaltó cuando puso su mano en mi hombro. —¿De qué huyes,
Kendall?
Mi corazón latió más rápido. Me moví hacia atrás, alejándome de él un
poco.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Metió la mano en el bolsillo trasero y agitó un pasaporte. —Realmente
tienes que ser más cuidadosa cuando viajas sola. Te alejas por un segundo y
alguien podría meter algo en tu bebida o tomar tus pertenencias.
—¿Ese es el mío? ¿Cómo lo conseguiste?
—Cuando te fuiste a buscar una servilleta, se cayó de tu cartera. Lo
recogí, eché un vistazo a tu nombre. Kendall Sparks. Me gusta. Tienes suerte
de que puedas confiar en mí.
—No estoy tan segura de eso —bufé, arrebatándole el pasaporte.
Nos quedamos allí un momento mirándonos fijamente el uno al otro. Su
boca se convirtió en una sonrisa, y por primera vez noté el hoyuelo en su
barbilla.
—I Saw Her Standing There —dijo.
—¿Qué?
—La canción de los Beatles. I Saw Her Standing There4
—¿Qué hay de eso? —pregunté.
—Tengo esta teoría. Si piensas en casi cualquier momento de la vida,
hay una canción de los Beatles que puede describirlo.
—¿Entonces esa es la canción de la hora?
—Exactamente. Te vi allí de pie. Me acerqué y aparentemente
interrumpí tu toma de decisiones. Deja que te compre otra copa. Podemos
averiguar juntos a dónde vas a ir. Podemos resolverlo.
Cuando se rio, repetí sus últimas palabras en mi cabeza.
Podemos resolverlo.
Dios, está un poco loco.
Sacudí la cabeza con incredulidad. —We Can Work It Out. Otra canción
de los Beatles.
12 —Muy bien. Eres demasiado joven para conocer tan bien a los Beatles.
—Mi madre los escuchaba. ¿Cuál es tu excusa?
—Sólo aprecio la buena música, aunque fuera antes de mi tiempo. —
Miró su reloj—. Hablando de tiempo, no tengo mucho. ¿Qué tal esa bebida?
Cuando volvió a sonreír, no pude evitar sentir que mi resolución se
estaba derritiendo. No había ningún daño en una bebida más, especialmente
porque no había decidido a dónde iba todavía.
—Por supuesto. ¿Por qué no?
Carter me llevó a una de las mesas y luego fue a ordenar a la barra.
—Espero que no te moleste. Pedí algunos aperitivos para nosotros.
—Gracias. Está bien.
—Entonces, ¿Cuál es la naturaleza de este viaje, Kendall?
—Tengo algunas cosas importantes en qué pensar. Tengo que alejarme
de la vida real por un tiempo para hacer eso.

4 I Saw Her Standing There: La Vi Parada Allí.


—¿Con suerte, todo es bueno? Pareces muy al borde. Por eso supuse que
estabas huyendo de algo.
—Es sólo una decisión importante que tengo que tomar.
—¿Algo en lo que pueda ayudar?
No, a menos que quieras embarazarme.
Si sólo supiera.
—No. Es un problema que tengo que resolver por mi cuenta.
—En serio, sin embargo, ¿qué tan malo puede ser? Estás sana, vibrante...
hermosa, y parece que tienes dinero. Estoy seguro de que todo funcionará para
ti.
—¿Crees que me tienes completamente descubierta, ah?
—Eres joven. Sea lo que sea... tienes mucho tiempo para resolver el
problema.
Desearía que esa fuera la verdad.
—¿Cuán joven crees que soy?

13 Se rascó la barbilla.
—¿Veintidós?
—Voy a cumplir veinticinco años.
Ese es el problema exacto. Malditos Veinticinco.
—Bueno. Bueno, te ves un poco más joven.
—¿Y cuántos años tienes? Dado tu gusto musical, supongo que
alrededor de cincuenta y tres... pero por cómo luces te pondría en los
veintiocho.
—Suficientemente cerca. Veintinueve.
Un camarero nos trajo nuestros aperitivos a la mesa. Carter había
pedido una mezcla de palitos fritos de mozzarella, alitas a la barbacoa y rollos
de huevo.
Mi estómago gruñó.
—Qué bueno que no estoy a dieta.
—Sí. En realidad no tienen mucho más que sea bueno aquí. Todo lo frito
tiene buen sabor.
Me di cuenta de que no había pedido una bebida.
—¿No estás bebiendo?
—No puedo.
—¿Por qué no?
—Si me dices cuál es tu dilema, te diré por qué no puedo beber.
Tomando un palito de queso frito, cambié de tema. —No hay tiempo
para hablar de eso. En este momento, solo necesito tomar una decisión sobre a
dónde voy. ¿Qué pasa contigo? ¿Adónde te diriges?
—Espera. —Haciendo caso omiso de mi pregunta, sacó su teléfono y
comenzó a desplazarse.
—¿Qué estás haciendo?
—Esta es una lista completa de vuelos internacionales que salen en las
próximas tres horas. —Señaló la pantalla en mi dirección.
Tomé el teléfono.
—De acuerdo... Madrid. Iberia Airlines, 8:55.
14 —No quieres ir a España.
—¿Por qué?
—Es julio. Está súper caliente allá. Vas a sudar tu trasero. Y no puedes
quitarte la blusa porque no llevas sujetador.
Sintiendo rubor, miré hacia la lista.
—Ok... um... ¿qué pasa con México? American Airlines, 10:20.
—No.
—¿No?
—El nuevo norovirus que está sucediendo.
—¿El qué?
—Jesús, mujer. ¿No ves las noticias?
—No. Es muy deprimente.
—Solo confía en mí. En este momento, quieres evitar la comida de allí.
—Bien. ¿Qué pasa con Amsterdam? KLM, 9:45.
—No creo que sea una buena opción para ti. La prostitución es legal allí.
Caminas por la ciudad sin sujetador y pueden confundirte con algo que no
eres.
Mis ojos se abrieron.
—¿Crees que podrían confundirme con una prostituta?
—En realidad, las prostitutas son muy elegantes.
—¿Y cómo lo sabrías?
—Whoa... Yo no pago por sexo, si eso es lo que estás imaginando. —
Soltó una risa gutural—. En realidad, tengo el problema opuesto.
—Espera. ¿Las mujeres te pagan por sexo? —Me tapé la boca—. Oh Dios
mío. ¡Eres un prostituto! ¿O un acompañante? ¿Es eso lo que haces paseándote
por los bares del aeropuerto?
Inclinó la cabeza hacia atrás carcajeándose.
—No.
—Entonces las mujeres solo se lanzan contra ti. Eso es lo que estás
diciendo.
15 —Estoy diciendo que... a veces es divertido ser el cazador. Y no he
tenido que hacer eso por mucho tiempo, ni he encontrado a nadie realmente
digno de perseguir. Así que básicamente, lo último que tendría que hacer es
pagar por sexo.
Eso no me sorprendió. Ni siquiera podía evocar una respuesta
ingeniosa. Este hombre era precioso y carismático. Arrogante como el infierno.
A las mujeres les encantaba eso.
Cuando tomó de vuelta su teléfono, el toque rápido de su mano se sintió
muy bien. Demasiado bien.
—¿Has estado alguna vez en Brasil, Kendall?
—No.
—Es muy agradable en esta época del año. Es invierno. Pero todavía
está lo suficientemente caliente como para disfrutar. —Cerró de golpe el
teléfono frente a mí—. Rio. Líneas aéreas internacionales. 10:05.
—¿Qué más hay que hacer allí?
—Las playas son hermosas. También hay un montón de clubes y bares
en Copacabana e Ipanema. Es divertido como el infierno.
—¿Es seguro para una mujer soltera que viaja sola?
—Tienes que usar el mismo sentido común que en cualquier otro lugar a
donde vayas. Tal vez comprar un sujetador.
Carter de repente volteó su teléfono para mirar la hora. —Mierda. Me
tengo que ir. Llego tarde al trabajo —dijo mientras se levantaba de su asiento,
lanzando un montón de dinero en efectivo sobre la mesa.
No me había dado la oportunidad de preguntarle qué hacía para
ganarse la vida, ni adónde se dirigía. Todavía no sabía nada de este hombre,
pero una sensación de decepción en mi interior demostró que realmente
quería saber más.
—Um está bien. Bueno, gracias por los aperitivos.
Después de una larga pausa, dijo:
—Que el destino decida. Pero para que conste, mi voto es para Río.
Cuídate, Kendall.
Cuando empezó a alejarse, me di cuenta de que todavía llevaba su
chaqueta de cuero. Lo llamé:

16 —¡Espera! ¡Tu chaqueta!


—Quédatela. Mantendrá tus tetas calientes.
Eso fue extrañamente adorable. —Muy bien. —Me reí un poco y levanté
mi mano. Adiós, supongo.
—Hola, Adiós.
—¿Qué?
—Canción de los Beatles. —Guiñó un ojo.
—Oh. —Puse los ojos en blanco—. Debí haberlo sabido.
Sonrió, y me di cuenta de que tal vez esa sería la última vez que vería
ese hoyuelo en su barbilla por el resto de mi vida. Mientras se alejaba, admiré
su trasero, al cual no había dado un verdadero buen vistazo hasta ese
momento. Él se detuvo abruptamente y se giró.
—Kendall...
—¿Sí?
—Si no eliges Brasil, que tenga una buena vida.
Antes de que pudiera responder, se dio la vuelta y siguió avanzando a
mayor velocidad.
Una inoportuna sensación de soledad me invadió. Lo miré hasta que
dobló una esquina y se perdió de vista.
Ese fue un comentario extraño, sin embargo.
Si no elijo Brasil... ¿Qué tenga una buena vida?
¿Era estúpida por escuchar el consejo de este extraño? El tiempo no
estaba exactamente de mi lado. Tenía que elegir algo. Entonces... ¿Rio de
Janeiro? Y si terminaba muerta, culparía a Rio.
¿No era ese el título de una película?
¿Culpa a Rio?
Comencé a sudar con su chaqueta. Dios, todavía estaba tan caliente y
molesta.
Culpa a Carter.

17
NO PUDE EVITAR SENTIR DECEPCIÓN cuando la azafata cerró la
puerta del avión, aunque sabía que era ridículo sentirme así. Sentada en
primera clase, en vez de tomar mi champaña pre-vuelo y disfrutar de cálidos
cacahuates tostados, me encontré mirando hacia arriba, sintiendo esperanza
con cada pasajero que abordaba.
Pensé que Carter estaría en este vuelo, aunque no había dicho
exactamente que se dirigía a Brasil. Una voz grabada sonó por el sistema de
parlantes de la cabina, y una azafata la siguió demostrando el uso correcto de
la máscara del oxígeno y el cinturón de seguridad. Después de que la demo
terminó en inglés, se realizó una repetición pero esta vez en... ¿Brasilero?
18 Espera. No. Eso no estaba bien. ¿Portugués? Creo. Mierda. Me dirigía a un
país del que no sabía nada y definitivamente no hablaba el idioma.
Cuando estuvimos en el aire, otra auxiliar de vuelo vino a tomar mi
orden de cena y bebida. Curiosamente, noté que se parecía al mimo del
cinturón de seguridad. Alta, delgada, con un rostro bonito muy
confeccionado, y sin embargo, podría haberlo logrado sin todo eso. Ambas
tenían su cabello oscuro tirado hacia atrás y sujeto en un nudo apretado en la
parte de atrás en la cabeza. Una tercera auxiliar de vuelo subió al frente del
avión y, por primera vez, me di cuenta de que todas se veían igual. Era como
si alguien hubiera construido a la auxiliar de vuelo ideal y luego la clonara.
Después de unos diez minutos, el avión pareció nivelarse. Dado que el
asiento a mi lado estaba vacío, me quité mis zapatos planos Tory Burch y
decidí cerrar los ojos. Por supuesto, ese fue casi exactamente el momento
exacto en el que el Capitán decidió hacer su anuncio de bienvenida.
—Buenas tardes, señoras y señores, este es su Comandante en Jefe,
también conocido como capitán Clynes. Me gustaría robarles un momento
para darles la bienvenida esta noche a mi hogar lejos de casa aquí en este
hermoso Boeing 757. Nuestro tiempo de vuelo de Miami a Río de Janeiro será
un poco más de ocho horas y media esta noche. Anticipamos un buen...
Mierda. Esta voz. ¿Es... podría ser?
Justo entonces, la azafata llegó con mi Appletini. —Disculpe. ¿Sabes el
nombre del capitán?
—Por supuesto. —Levantó su mano y movió sus dedos, mostrando una
enorme roca en su dedo anular, luego guiñó un ojo y se inclinó—. Solía
gritarlo de vez en cuando. Ahora estoy comprometida con otra persona, así
que ya no. Sin embargo, ese es el capitán Carter Clynes. Ese hombre le da un
nuevo significado a ―volar el amistoso cielo‖5.
Capitán Carter Clynes. Todo tenía sentido ahora. Las alas de su
chaqueta, contacto directo con el personal del bar del aeropuerto, incluso la
forma rápida en que consiguió el cronograma de vuelos en su iPhone. ¿Cómo
podría haber pasado por alto las pistas? Sabía cómo. Me distraje por su
aspecto y actitud arrogante.
Definitivamente no era fácil relajarse después de eso. Saber que Carter
estaba a bordo y que mi vida estaba en sus manos durante las próximas ocho
horas, me hizo sentir ansiosa, por decir lo menos. Aunque no era del tipo de
ansiedad que sientes antes de entrar a la oficina del dentista. Era más como esa
sensación de ansiedad que sientes cuando escuchas el clank de la cerradura de
19 seguridad cuando estás a bordo de una montaña rusa. Sería el viaje de mi
vida, o terminaría salpicada en el suelo.
Unas horas más tarde, se escuchó otro anuncio. La voz de Carter era baja
y ronca mientras hablaba. —Éste es el capitán Clynes. Estamos sobre el mar
Caribe ahora mismo. Voy a seguir adelante y atenuar las luces de la cabina y
espero que puedan descansar. —Un minuto después, las luces se apagaron y
la cabina se volvió oscura, a excepción de algunas luces de lectura iluminadas
por encima de algunos de los asientos. Decidiendo intentar dormir un poco,
recliné mi asiento todo lo que daba, tiré de la manta hasta mi barbilla, y cerré
los ojos. Música suave comenzó a sonar después de eso. Al principio, no
estaba segura de dónde venía. Hasta que reconocí la canción que estaba
sonando, ―Lucy in the Sky with Diamonds‖. Y el cantante, no era John Lennon
canturreando sobre Lucy, era Carter cantando en el sistema de parlantes de la
cabina.
Realmente estaba loco. Pero por alguna razón, no pude dejar de sonreír
durante toda la canción.

5 Fly the friendly Skies: En inglés es slogan de American Airline hasta septiembre de 2013.
ESTABA MOMENTÁNEAMENTE confundida cuando mis ojos se
abrieron a la mañana siguiente. Al menos pensaba que era de mañana. Me
tomó un minuto darme cuenta de que todavía estaba en el avión. ¿Realmente
estaba en camino a Brasil o toda la noche pasada había sido un sueño? El
asiento a mi lado ya no estaba vacío tampoco. Una azafata estaba tomando
café y leyendo el periódico. Presioné el botón encima de mi asiento y le sonreí
a la mujer a mi lado. No era la misma azafata que me había mostrado su anillo
centelleante y chismeado respecto a Carter.
—Buenos días. Espero que no le importe que me siente aquí. Tomamos
turnos en nuestras pausas y es mucho más cómodo sentarse en uno de estos
asientos grandes y cómodos que en ese asiento plegable.
—Me imagino. —Vacilé antes de hacer la pregunta en la que estaba
pensando, temiendo que ella creyera que estaba un poco loca—. ¿Puedo
preguntarte algo?
—Por supuesto.
20 —¿A dónde vamos?
Sus cejas bien depiladas se levantaron. —Rio de Janeiro. ¿No es allí
donde debe dirigirse?
—No. Lo es. Lo que pasa es que hice un cambio de último minuto en los
planes de anoche y por un segundo pensé que había soñado que iba a Brasil.
—No. Deberíamos llegar en una hora. Es bueno que haya dormido un
poco.
Asentí. Mientras ella siguiera pensando que estaba un poco mal, yo
podría saltar con los dos pies. —¿El piloto cantó Lucy en el Cielo con Diamantes
anoche a toda la cabina?
Ella rió burlonamente. —Claro que sí. Canta en cada vuelo nocturno. No
sé por qué.
—Eso es un poco extraño.
—Eso es el capitán Clynes para ti. Un poco loco, pero un montón de
belleza y diversión.
—La otra asistente de vuelo hizo entender que él era divertido.
—Estoy segura de que hay un montón de azafatas que le dirían lo
divertido que es.
—¿Pero no tú?
Sacudió la cabeza lentamente. —Los hombres así no suelen ser lo mío.
Sintiéndome desmoralizada, tuve que estar de acuerdo. —Tampoco lo
mío, supongo.
Algo en su rostro cambió, y se acercó más. —¿Sabe qué es lo mío?
—¿Qué?
—Pequeñas rubias con grandes ojos azules y labios prominentes.
Tenemos una escala completa de dos días en Río, si quieres alguna compañía.
¿Qué en el nombre de Dios? ¿Todo el mundo estaba loco en este avión? Tal
vez el oxígeno era demasiado diluido cuando pasabas todo tu tiempo volando
a treinta y cinco mil pies de altura. —Umm... gracias. Pero, no... ummm...
simplemente no gracias.
Ella sonrió cortésmente y dobló su papel. —Qué pena. Pero disfrute de
su viaje de todos modos. Tengo que servir el desayuno en la bodega antes de
21 aterrizar.
Cuando finalmente nuestro avión aterrizó en el asfalto, me detuve
mientras el resto de la primera clase desembarcaba, esperando a que se abriera
la puerta de la cabina. Ni siquiera estoy segura de por qué lo hice, o lo que
habría hecho si se hubiera abierto, sin embargo, me sentí obligada a ver Carter
al menos una última vez. ¿No estaba al menos curioso respecto a si yo estaba
en el avión?
Dicha respuesta se hizo muy clara diez minutos más tarde. Casi todo el
avión ya estaba apagado, y yo todavía estaba sentada en mi asiento como una
idiota robando miradas fugaces a una puerta de cabina que nunca se abrió.
¿Qué demonios me pasa?, me quejé. Había conocido a un hombre al azar en un
bar del aeropuerto, cuyas primeras palabras para mí fueron una invitación a ir
a casa con él, luego hizo que mi blusa se transparentara y habló de mis tetas.
Así que, por supuesto, hice la única cosa lógica que cualquier mujer en mi
lugar habría hecho: compré un billete de primera clase de tres mil dólares para
seguirlo a Brasil. Mis acciones prácticamente eran congruentes con el actual
estado jodido de mi vida. Se suponía que se trataba de un viaje para encontrar
mis propias respuestas (y tal vez encontrar algunos zapatos geniales a lo largo
del camino), no para ser una marca en la cabecera de la cama del capitán
Amorlibre, no importa cuán guapísimo y follable fuera.
Levantándome, tomé mi bolso Venus de Louis Vuitton, alisé mi blusa
arrugada y respiré hondo.
Hasta luego, Capitán Clynes

ME TOMÓ MÁS de una hora encontrar mi equipaje y esperar en la fila


para tomar un taxi. El calor afuera era opresivo aun cuando se suponía que era
invierno en Brasil, y sentí gotas de sudor comenzar a formarse en mi espalda.
Necesitaba una ducha fría, un vaso gigante de café helado (de vainilla o
avellanas estaría genial), y posiblemente un masaje de noventa minutos en el
spa del hotel. Cuando por fin fue mi turno de tomar el taxi, no podía esperar a
deslizarme en la cabina con aire acondicionado y que el conductor subiese mi
equipaje a la maletera y luego me acompañara.

22 —Ola. ¿Onde gostaris de ir?


Mierda. —No habla Portugués. —Espera, ¿era ―no hablo‖ en portugués
igual que en español?
El conductor se giró hacia mí para mirarme. —¿Hablas español, si?
—Si.
—Bien. Dime dónde quiere ir ¿entiende?
—Oh. Lo siento, deme un segundo. —Rápidamente tipié en Google
Hoteles de Lujo con Spa en Rio. La conexión a internet era lenta, pero al final
comencé a desplazarme a través de los diferentes hoteles buscando una
cadena con la que al menos estuviera familiarizada. Mi búsqueda fue
interrumpida por la puerta de la cabina abriéndose.
El conductor comenzó a escupir algo en portugués. Por la manera en
que se sacudía su dedo, asumí que estaba diciéndole a la persona que ya
estaba ocupado. Pero el pasajero no lo escuchaba. Lo siguiente que supe es que
estaba sentada junto a alguien en el asiento trasero.
Alguien usando un uniforme.
El Capitán Carter Clynes en carne y hueso.
Se giró hacia mí con una sonrisa perversa en su rostro. —Mi escala se
acaba de volver más interesante.
Maldición. Parecía que le había crecido ese rastrojo durante la noche.
—¿Cómo estuvo tu vuelo, Perky? ¿Disfrutaste del paseo que te di?
—Mi blusa está seca. Creo que puedes dejar el Perky.
Sus ojos bajaron a mis pechos. Por supuesto, mis pezones estaban de pie
en plena atención, desde que el brillo de sudor en mi piel había encontrado el
aire acondicionado frío dentro de la cabina.
Carter se pasó las manos por la cara. —Maldita sea. No estabas
bromeando sobre esas cosas. No he dormido en dieciocho horas, y justo así me
despertaron. Creo que son contagiosas, y ahora yo estoy jodidamente alegre y
descarado.
—Eso no es lo más apropiado para decirle a una mujer que acabas de
conocer, ¿sabes?
—No nos acabamos de conocer. Esta es nuestra tercera cita.
—¿Tercera cita?
23 —Te compré la cena en un elegante restaurante para nuestra primera
cita, y te llevé de viaje en avión para la segunda. Esas fueron buenas citas.
Algunas mujeres matarían por esa clase de suntuosidad. Parece que en una
apropiada tercera cita deberíamos ir a un hotel. —Me guiñó un ojo.
No estaba segura si era el cambio de tiempo, estar cansada por un sueño
inquieto en el avión, o si era posible que este hombre pudiera decir cualquier
cosa y no me ofendería. ¿Por qué no estoy ofendida?
Cuando no respondí, continuó. —Me alegro de haberte visto. No pensé
que te volvería a ver.
—Tal vez es porque no me estabas buscando.
—Nunca pensé que en verdad siguieras mi sugerencia y vinieras a
Brasil.
Murmuré: —Yo tampoco.
El conductor del taxi interrumpió, mirándonos para preguntar, —
¿Comparten taxi, sí?
Sorprendiéndome, Carter respondió. En portugués. El idioma que hace
apenas unos minutos sonaba débil y frustrante, de repente sonó sexy y
romántico.
Se volvió hacia mí en inglés. —¿En qué hotel te alojas?
—Apenas estaba tratando de averiguarlo con un poco de ayuda de
Google. ¿Tienes uno que recomendar?
—¿Confías en mí para que escoja donde te alojarás esta noche?
Pensé en su pregunta durante un minuto. Era ilógico, eso lo sabía, pero
confiaba en él para que escogiera mi hotel. Dios sabe por qué. —Creo que sí.
Esa respuesta me ganó otra sonrisa sexy que me emocionó más que
cualquier otra cosa durante el último año.
Casi media hora más tarde, finalmente salimos de la carretera y
viajamos en lo que parecía un barrio residencial. —Barra de Tijuca. —Leí el
cartel de la calle en voz alta.
—Muy bien. Probablemente debería advertirte. Probablemente no es el
tipo de hotel al que estás acostumbrada.

24 —¿Qué significa eso?


—Pareces más del tipo de mujer que va a cadenas de lujosos hoteles con
spa, eso es todo.
A pesar de que era exactamente lo que había escrito en Google, cuando
lo dijo de esa manera sonó como algo malo. Me puso a la defensiva. —¿Y qué
hay de malo con ir a un hotel de lujo? A veces una chica necesita un masaje y
un baño de burbujas en una agradable bañera mientras viaja.
—Bueno, ciertamente no estarás recibiendo ninguno de los dos en el
lugar al que nos dirigimos. —Me indicó Carter—. A menos que sea yo quien te
dé el masaje, eso es.
Me sonrojé, lo que hizo que Carter se riera. —Eres realmente adorable.
No estoy seguro de qué me resulta más sexy, si el hecho de que estés dispuesta
a dejarme llevarte en esta pequeña aventura, o que en secreto te guste la idea
de que te haga un masaje.
—¡No lo hago! —Mi respuesta rápida y defensiva sólo confirmó que
tenía razón.
Se inclinó hacia mí. —Lo haces, también.
—Estás equivocado.
—Es una pena. Me han dicho que soy muy bueno con mis manos. —
Extendió sus manos delante de él, examinándolas. Manos grandes. Manos que
parecían haber sido usadas para hacer algún trabajo real cuando no estaba
volando un avión.
Maldita sea.
Necesitaba volver a tener el control de mi cuerpo y de esta conversación.
—En realidad, he escuchado que eras bueno... con tus manos.
Carter frunció el ceño.
—Tu tripulación. Podrían haber mencionado algo.
—¿Qué mencionaron?
—No es importante.
Carter estaba a punto de presionar para conseguir más información,
hasta que el taxi se detuvo. Miré alrededor. —¿Dónde estamos? —Todavía
estábamos en medio de un barrio residencial.
—Maria Rosa Rio, Casa de Huéspedes.
25 Te refieres a una habitación con desayuno.
—Es más como una habitación con cena. Maria Rosa no suele levantarse
antes del mediodía. Pero hace la mejor maldita feijoada al sur del ecuador.
Salió del auto y me sorprendió ofreciéndome su mano. —¿Fei-qué? —le
pregunté mientras me ayudaba a salir del taxi.
—Créeme. Es jodidamente delicioso. Me pongo duro de solo pensarlo.
—Eres un cerdo, ¿no?
—Perky, no tienes ni idea. He estado aguantándome, tratando de ser un
caballero, dado que pareces un poco más refinada de lo que acostumbro.
Carter le entregó un fajo de efectivo al conductor y llevó mi bolso de
mano sobre la maleta de ruedas mientras caminábamos por la entrada.
Después de que sonó la campana y estábamos de pie en la puerta esperando,
el taxi se fue. Fue en ese momento que decidió darme un poco de información.
—No dejes que Maria Rosa te asuste. No está tan loca como parece.
CARTER ERA UN MENTIROSO.
—¡Meu filho Americano! —Maria llevaba puesto un colorido vestido de
andar por casa mientras tomaba el rostro de Carter con ambas manos,
plantando besos en cada una de sus mejillas. Un aroma a Azafrán, otras
hierbas y especias llenaba el aire.
Carter me presentó: —Maria, está é a mina amiga, Kendall.
Dios, sonaba sexy. A pesar de que lo único que le entendí fue mi
nombre. Incluso había utilizado ese acento para decir Kendall, retardando un
poco la L al final.
Maria me miró de arriba abajo, y su delgado bigote se expandió sobre su
labio superior mientras sonreía. —¡Aha! Você nunca trouxe um amigo antes…
Me giré hacia él. —¿Qué dijo?
—Está señalando que nunca antes había traído una amiga.
—Con exactitud, ¿Con qué frecuencia te quedas aquí?
—Como la mitad de las veces que vengo a Rio. Este lugar se siente un
26 poco como un hogar lejos de casa para mí.
El sonido parlanchín de un animal se escuchó de repente. Antes de
saberlo, un peso aterrizó en mi espalda, casi causando que me fuera de boca
con el impacto. Luego sentí un chorro de líquido caliente en mi cuello.
Me estremecí y sacudí mis manos erráticamente. —¿Qué tengo encima?
¡Quítamelo! —grité— ¡Quítamelo!
La criatura soltó una serie de gritos agudos mientras sus uñas
empezaban a clavar en mí. Carter se rió histéricamente mientras quitaba la
cosa de mi espalda.
Cuando lo miré, descubrí que el animal era un mono diminuto. Maria
Rosa sacudía su cabeza casi desdeñosamente y decía algo en portugués.
Carter no pudo contener su risa. —Maria pide disculpas. Los monos
capuchinos a veces orinan sobre la gente para marcar su territorio. —El mono
soltó un grito fuerte como si estuviera de acuerdo con Carter.
—Tengo pis de mono goteando por mi Roland Mouret. Esto es
simplemente fantástico.
—Esa blusa necesitaba ser lavada de todos modos. No te preocupes.
Más tarde te limpiaré.
Sus palabras me provocaron escalofríos. Por mucho que esta situación
me asustara, no pude evitar mi atracción por Carter mientras él estaba allí más
alto que yo, todavía vestido con su uniforme de piloto. El mono ya estaba
cómodamente encaramado en el hombro de Carter.
Cuando Carter me sonrió, volví a notar el hoyuelo en su barbilla, y mi
actitud se suavizó. —¿Cómo es que no te está orinando a ti, capitán?
—Porque somos viejos amigos. ¿No es así, Pedro? —El animal le
destelló los dientes. Podría haber jurado que rió antes de saltar al otro lado de
la habitación.
Maria parecía molesta por algo mientras hablaba con Carter.
—¿Que está diciendo?
—Que no sabía que traería un invitado, y quería asegurarse de que
supiera que el único otro dormitorio de repuesto está alquilado. Dice que
tendremos que compartir una habitación.
—No estoy de acuerdo con eso.
27
Susurró: —Lo averiguaremos.
—No hay nada que averiguar, Carter.
—Vayamos a la habitación y relajémonos un poco. Necesito salir de este
uniforme y tomar una siesta. Luego quiero enseñarte la playa antes de la cena.
—Esto no va a funcionar... compartir una habitación. Necesito encontrar
un hotel.
—Perky... no me seguiste todo el camino hasta Brasil sólo para
abandonarme ahora. Puedes decir que conseguirás un hotel, pero el hecho es
que no quieres estar sola. No estarías aquí si lo hicieras. Ahora calma tus tetas
y ven conmigo a nuestra habitación. Créeme, aunque quisiera aprovecharme de
ti ahora mismo, no he dormido en dieciocho malditas horas. Necesito echarme
a dormir.
Mientras lo seguía silenciosamente por el pasillo hasta la habitación de
la esquina, maldije por mi incapacidad para discutir esto. Había volado con
seguridad ese gigantesco avión hasta Brasil. Mi vida había estado en sus
manos todo el tiempo. Tenía razón; Necesitaba dormir. Honestamente, yo
también estaba cansada del vuelo, y ni siquiera había pilotado el avión.
La habitación era pequeña pero encantadora. Una colcha rojo brillante
con flores púrpuras bordadas hechas en un hilado estaba drapeada sobre la
cama tamaño queen. Una única ventana dejando entrar una brisa fresca
mostraba una bonita vista del agua en la distancia.
Había un baño fuera de la habitación con una bañera antigua de
cerámica blanca. Noté flores frescas en el borde del lavabo junto con una
variedad de jabones.
—Esto es tierno. ¿Cómo encontraste este lugar? Realmente está fuera de
las rutas tradicionales.
—Un día estaba manejando, explorando Río. Salí de mi auto para dar un
paseo y olí la cocina de Maria por la ventana. Básicamente seguí a mi nariz.
Cuando descubrí que alquilaba habitaciones, cancelé mi reserva en el otro
lugar y me alojé aquí. Lo elegiría por encima de un hotel cualquier día.
—Dijiste que sólo te quedas aquí la mitad del tiempo. ¿Las otras veces,
optas por el gran hotel?
Dudó. —Vengo aquí cuando estoy solo. Voy al hotel cuando...
—No importa. —Extendí las palmas de mis manos—. Lo entiendo.
28 El hotel era su folladero, probablemente con la azafata de la semana. No
quería oír más.
—¿Por qué me trajiste aquí?
—Quería mostrarte el lado auténtico de Río. Me siento responsable de
que estés aquí. Lo menos que puedo hacer es ser un buen guía.
—¿Cuánto tiempo pasarás aquí antes de volar?
—Dos días.
Mi estómago se hundió. Eso no era muy largo en absoluto.
—Luego ¿a dónde vas a ir?
—No lo sé. No he revisado el itinerario.
—Dos días aquí... —repetí.
—Sí. Así que, aprovechemos al máximo.
Carter comenzó a desabrochar su camisa blanca de capitán. La colgó en
el pequeño armario. Su pecho desnudo estaba perfectamente contorneado
como lo había imaginado. Tuve la súbita necesidad de lamer una línea recta
desde su pecho hasta su ombligo y bajar por la fina y feliz senda de vello que
llevaba a su pantalón negro. Era más grande que la mayoría de los tipos con
los que había salido. Sólo podía imaginar cómo se sentiría el peso de su cuerpo
presionado sobre mi menuda estructura. Quería sentir el peso de él sobre mí, y
allí no era a donde debía haber ido mi cabeza. Casi había olvidado que el
propósito de este viaje era intentar enderezar mi vida, no complicarla más
enamorándome de alguien con quien no podía estar. No sería posible con
ningún hombre en el futuro cercano, si seguía adelante con mis planes.
Carter levantó una ceja, un silencioso reconocimiento de que se había
dado cuenta de que lo había mirado. De repente, miré hacia otro lado, aunque
ya me había pillado en el acto.
—Vamos a sacarte de esas ropas —dijo.
—¿Disculpa?
—Vuelvo enseguida.
¿Qué?
Se retiró al baño y cerró la puerta. Lo escuché hacer pis. Luego, el agua
del baño corrió por mucho tiempo. Sentada en la cama con la espalda todavía
empapada con orina de mono, me pregunté qué le estaba tomando tanto
29 tiempo.
La puerta crujió al abrirse. Carter salió, todavía sin camisa y ahora
descalzo, sin usar nada más que su pantalón negro. Lo había dejado
desabotonado en la parte superior.
Tan increíblemente caliente.
Me aclaré la garganta. —¿Tomaste un baño?
—No, estaba preparando el tuyo. Lo que sea que te molesta está escrito
en toda tu cara. Estás muy tensa. Ha sido así desde el momento en que te
conocí. Necesitas ese baño más que yo ahora mismo. —Se acercó lentamente y
me puso la mano en el hombro—. Vamos a olvidar nuestros problemas por un
par de días. Deja de pensar demasiado en esta situación. Tienes mi palabra de
que guardaré mis manos para mí. No intentaré nada si eso es lo que te
preocupa, a menos que lo pidas. Hasta entonces, no hay negocios sucios.
Bueno, no figurativamente por lo menos. Habrá un mono de vez en cuando.
Me eché a reír. Se sintió bien. ¿Cómo esta situación se convirtió en mi
vida?
—¿Qué dices? ¿Quieres relajarte conmigo, Kendall?
Dios, realmente quería relajarme y disfrutar estos dos días.
Por primera vez, eché un vistazo a la bañera y realmente me di cuenta
de lo que había hecho. Burbujas espumosas habían subido a la parte superior.
Carter había encendido dos pequeñas velas y las había colocado en el alféizar
de la ventana sobre la bañera. Podría haber sido un mujeriego, un folla
azafatas... pero era muy suave... y dulce.
Sin decir nada más, se derrumbó boca abajo en la cama. Mis ojos
estuvieron pegados a su trasero mientras se metía en el colchón, prácticamente
haciéndole el amor. —Mierda, esta cama se siente bien —murmuró. Carter
soltó un gemido que parecía casi orgásmico. Separando sus brazos hacia fuera
en forma de T, su espalda estaba subiendo y bajando mientras se relajaba en la
almohada.
Me tomé un momento para admirar esa esculpida espalda, dándome
cuenta de lo mucho que quería tumbarme encima de él como en un carrusel de
feria mientras se movía arriba y abajo.
Cuando asumí que se estaba quedando dormido, me dirigí hacia la
pared y levanté mi blusa sucia sobre mi cabeza, arrojándola al suelo. Entré de
puntillas en el baño y me desnudé.
30 Sumergida en el agua caliente, cerré los ojos y respiré el vapor. Sentí
como si hubiera sido transportada a otro mundo. Supongo que eso había
ocurrido, estando en un lugar extraño con un hombre extraño. Y un mono. A
pesar de que no podía explicarlo, de alguna manera estar aquí en este
momento se sentía muy bien.
Había dejado la puerta abierta porque supuse que Carter estaba
dormido. Así que escuchar su voz soñolienta envió un escalofrío por mi
espina dorsal.
—Me alegra que hayas elegido Río, Perky.
ESTOY BASTANTE SEGURO de que mi polla me levantó como
diciendo ―amigo, mira lo que te estás perdiendo‖.
Las luces estaban bajas, la habitación oscura, y yo jodidamente duro.
¿Qué hora era?
El reloj marcaba las cuatro y treinta de la tarde. Había tomado una siesta
de dos horas. Cuando miré a mi izquierda, la razón de mi dolorosa erección
me llegó abundantemente clara. Mi cerebro puede haber estado durmiendo,
31 pero mi cuerpo estaba completamente alerta respecto al hecho de que el
trasero duro de Kendall estaba plantado contra mi costado mientras ella estaba
encorvada en la cama.
Jódeme.
Había estado acostada a mi lado todo este tiempo. Tal vez si había
confiado en mí después de todo. Ese era probablemente su primer error. ¿Dos
días con esta chica y había prometido ser bueno? Inteligente.
No conocía nada de ella, y aun así desde el momento en que entró en mi
consciencia, había sido lo único en lo que podía pensar. Podría ser difícil de
creer, pero nunca antes había escogido a una mujer en el aeropuerto. Sí, me
había follado a mi cuota de compañeras de trabajo, pero eso era como parte de
la maldición de ser piloto. Los miembros solteros de la tripulación se follaban
unos a otros, simple y claro. Enredarse con azafatas durante las paradas
parecía excitante al principio de mi carrera. Sin embargo, después de un
tiempo, se volvía monótono y aburrido. Todo era demasiado fácil. Me gustaba
el desafío, y Kendall era la primera mujer en un largo tiempo que jugaba a ser
difícil de conseguir. Eso me ponía duro.
Quedé en shock cuando la vi en el aeropuerto. Había estado pensando
en ella durante todo el vuelo, deseando en secreto que estuviese a bordo, pero
nunca creyendo que realmente lo estaba. En verdad, nunca pensé que
terminaría acostado en una cama con ella.
Kendall Sparks.
¿Quién demonios eres?
¿Por qué necesito tanto saberlo?
Ella era compleja, sin duda. Justo cuando me había convencido de que
era una niña rica y estirada, anunció que rara vez usaba un sujetador. Mientras
más hablaba, menos sabía qué decir de ella. Lo único que realmente supe fue
que estaba increíblemente atraído por ella y jodidamente feliz de que me diera
la oportunidad de volverla a ver.
Mis ojos recorrieron la longitud de su pequeño cuerpo. Dios, como
quería hundir mi cara en la parte trasera de su cuello e internar mi nariz en su
cabello. No obstante, necesitaba deshacerme de esta rigidez antes de que se
despertara.
Levantándome en silencio de la cama, fui hasta la bañera. Lo primero
32 que mis ojos captaron fueron sus bragas blancas descansando en el suelo.
Jódeme.
Las levanté y las sostuve en mis manos por unos minutos. Eran
pequeñas y delicadas justo como ella. No pude evitar la urgencia de olerlas.
Tomando una profunda inhalación de su esencia, no estaba preparado para mi
propia reacción. Su olor era adictivo y solo hizo que mi necesidad
construyéndose dentro de mi fuera incontrolablemente más fuerte.
Abrí la llave del agua y la dejé llenarse. Descansando mi espalda en la
bañera, pasé sus bragas por mi cara, imaginándome su coño allí. No juzgues.
Tomé mi polla y comencé a masturbarme. Si esto era incorrecto, no quería
hacer lo correcto.
Tomé otra respiración profunda de su dulce aroma femenino mientras
me hacía la paja más fuerte.
¿Era un jodido enfermo?
No me importaba.
Diciéndome que nadie resultaría lastimado en el proceso, lo mantuve
así, necesitando deshacerme de la frustración sexual que se estaba
construyendo en mí desde el momento en que vi sus descarados pezones en el
aeropuerto.
Solo me tomó unos segundos. Me corrí duro encima de mí, jadeando
mientras colapsaba contra la bañera.
Después de unos minutos, todavía no me podía mover. Fue entonces
que escuché su voz.
—¿Carter?
Me levanté y arrojé sus bragas al otro lado de la habitación.
—¡Voy! Quiero decir, enseguida estaré allí. Solo necesito tomar un baño
rápido.
Después de eso me lavé lo más rápido que pude.
Kendall estaba sentada en la cama cuando regresé a la habitación. Me
sentí un poco culpable por lo que había hecho pero que de todas maneras
haría de nuevo.
Sujeté la toalla alrededor de mi cintura para evitar que se cayera. —
¿Estás lista para explorar la playa? Será mejor que vayamos antes de que caiga
33 el sol. —No pude evitar notar la manera en que me veía de arriba abajo.
Joder, sí. Puede haber algo de esperanza, después de todo.
Kendall se deslizó en el baño para cambiarse a su traje de baño. Cuando
salió, llevaba un vestido casual de playa de algodón encima de su bikini.
Me había cambiado a mi traje de baño y me puse una camiseta blanca
simple.
Cuando salimos de la habitación, tuvimos que pasar por el salón de
estar principal de Maria Rosa para llegar a la puerta principal.
Cuando Pedro se trepó sobre mí, Kendall instintivamente se encogió. El
mono saltó a mi hombro y comenzó a trepar a mi cabeza antes de que
prácticamente volara de nuevo.
Kendall fue atrapada fuera de guardia cuando Maria súbitamente la
llevó de la mano a una mesa en la esquina del salón.
Oh mierda.
Ahora nunca saldremos de aquí.
—¿Qué pasa? ¿Qué dice? —preguntó Kendall.
No queriendo que se volviera todavía más loca que cuando llegamos
aquí, escogí no decirle inmediatamente que Maria era en realidad una psíquica
y clarividente. La mayor parte de su negocio venía de personas que llegaban
de la calle a que les hiciera una lectura. Le traduje lo que Maria estaba tratando
de decirle.
—Maria es psíquica. Dice que siente una mala energía a tu alrededor.
Kendall tragó. El miedo en sus ojos era palpable. Ambos miramos
mientras Maria tomaba ambas manos de Kendall en las suyas. Los ojos de la
anciana estaban cerrados mientras se concentraba. Continué descifrando qué
estaba diciendo lo mejor que pude.
—Maria dice que está viendo a un bebé… Y que tiene dos cabezas.
La cabeza de Kendall giró bruscamente hacia mí. —¿Qué?
Me esforcé por entender las divagaciones de Maria, las cuales eran un
poco fragmentadas.
—Hay una maldición que han puesto en ti, de la que no serás capaz de
librarte sin su ayuda. Dice que está pasando algo que involucra a un bebé y
que el bebé o tú podrían estar en peligro si la maldición no se elimina. No
34 entiendo de qué está hablando en relación a las dos cabezas.
Tenía que decir que, por mucho que amara a Maria, esta mierda siempre
me asustaba como la mierda. Una noche, mientras me preparaba para ir al
aeropuerto, ella me acorraló y me dijo que había una chica muerta del otro
lado que estaba entrando y quería hablar conmigo. Me asusté tanto pensando
que era Lucy que casi nunca volví aquí otra vez. Afortunadamente, Maria
nunca lo mencionó después de ese día.
Decidí jugar un poco para disuadir a Kendall de ponerse demasiado
rara. —Dijo que para quitarte la maldición, tienes que besarme.
—¿En serio?
Mi expresión me delató, y ella puso los ojos en blanco.
Escuché más atentamente a Maria. —Está bien... creo que he estado
traduciendo mal. No ve a un bebé con dos cabezas. Ella ve un bebé, pero la
cabeza del bebé es en realidad una moneda con dos lados, cabezas y colas.
¿Tiene sentido para ti?
Kendall se puso pálida. O bien Maria estaba asustándola, o algo sobre
esa mierda loca le estaba resonando.
Seguí traduciendo. —Eso representa una decisión que tiene que ver con
dinero que puede también involucrar a un niño en el futuro.
Kendall puso la cabeza entre sus manos. Esto la estaba molestando.
Necesitaba sacarla de aquí.
Me volví hacia Maria. —Vamos á praia. ¿Podemos terminar mais tarde?
—Ven. Se está haciendo de noche. Le acabo de decir que íbamos a la
playa.
Estuvo callada la mayor parte de la corta caminata por la empinada
colina que conducía al agua. Necesitaba que se abriera un poco conmigo o al
menos conseguir que se relajara.
Halando juguetonamente su cola de caballo, le pregunté, —¿Estás bien?
Forzó una sonrisa. —Sí. Estoy bien.
—Esa mierda que Maria estaba diciendo... ¿tiene algún sentido para ti?
Para mi sorpresa, asintió. —Algo.
—¿Quieres hablar de ello?
—No. Realmente no. Sólo quiero intentar divertirme mientras estamos
35 aquí.
—Lo suficientemente justo.
El sol empezaba a ponerse. Se estaba haciendo demasiado tarde para
realmente disfrutar de la playa. Cuando llegamos cerca de la orilla, la gente
que nos rodeaba empezó a aplaudir.
—¿Que está pasando?
—No nos están aplaudiendo a nosotros. —Me reí—. Hay una tradición
aquí, que cuando el sol se desliza por debajo del horizonte, todo el mundo se
detiene, se levanta y aplaude.
—Eso es muy bonito.
—Sería bueno si la gente apreciara la vida y la naturaleza más a menudo
así, ¿no?
—Sí. —Sonrió—. Definitivamente. —Miró a su alrededor con asombro, y
realmente amé ver su rostro mientras tomaba todo por primera vez.
Un sitio familiar en la esquina opuesta de la playa llamó mi atención. —
Ven. Sé exactamente lo que vamos a hacer.
Un pequeño letrero en un palo enterrado en la arena leía, Samba na Agua.
—¿Qué es esto?
—Dan lecciones de samba en la playa al atardecer aquí. Reciben
propinas pero es gratis. Una vez caminaba por aquí en la noche y terminé
atrapado en una danza con una señora mayor. ¿Quieres probarlo?
La sonrisa de Kendall iluminó su rostro. —Seguro.
El poco sol que quedaba parecía brillar en sus ojos de color turquesa.
Verla sonreír así me hizo darme cuenta de lo naturalmente hermosa que era
realmente y lo bien que se sentía hacerla alegrarse. No pude entender por qué
hacerla feliz era tan importante para mí, considerando que apenas la conocía.
Pero había una royéndome por dentro que parecía susurrar: ‖Presta atención.
Esta chica es importante‖. No podía explicarlo y seguro que no iba a pedirle a
Maria que investigara.
Las clases de samba no resultaron exactamente como yo esperaba.
Estaba pensando que las usaría como excusa para tener contacto físico con
Kendall, pero la habían asignado a bailar con un viejo instructor. Eso no me
dio otra opción que bailar con su contraparte femenina. Probablemente tenía
sentido, ya que ni Kendall ni yo sabíamos lo que estábamos haciendo. Aun así,
36
me gustaba verla cayendo sobre sus pies mientras se reía y me miraba
haciendo lo mismo
Rápido. Rápido. Lento.
Rápido. Rápido. Lento.
Incluso a través de la arena entre nosotros, estábamos conectando de
alguna manera en esa experiencia. Una emoción me atravesó cuando me di
cuenta de que iba a dormir a su lado otra vez esta noche. Entonces,
rápidamente mentalmente me abofeteé en la cabeza por emocionarme con una
chica a la que nunca volvería a ver después de este viaje... y a quien había
jurado no tocar.
Rápido. Rápido. Baja la mierda, Carter.
Mañana tendríamos otro día completo antes de que tuviera que salir
para el aeropuerto la noche siguiente. Me di cuenta de que ni siquiera sabía
dónde vivía. Era hora de acudir al suero de la verdad. En Brasil, era también
conocido como Caipirinha.
—¿ESTO QUÉ CONTIENE? Es fuerte… pero bueno
—Tiene limón, azúcar y Cachaça.
Kendall se rió. —Dilo de nuevo.
—Cachaça. —Sonreí.
—Me encanta cuando habla portugués, capitán.
—Tendré que tenerlo presente.
Nos habíamos detenido en un pequeño bar en la playa. Después de unos
cuantos tragos allí, tomamos el último round en copas SOLO y continuamos
nuestra fiesta sentados en la arena.
—Entonces, Kendall Sparks. Te encanta cuando hablo portugués. ¿Qué
más te encanta? Necesito conocer más de mi compañera de viaje.
—¿Qué quieres saber?
—Para empezar, nunca me dijiste ¿de dónde eres? ¿A qué te dedicas?
37 —Vivo en Texas. Vengo de una familia de magnates petroleros. He
tomado y dejado trabajos en los negocios de la familia pero en realidad no
tengo claro un patrón de carrera.
—¿Así de difícil es?
—No siempre me gusta contarle a la gente respecto a mi familia. Existen
un montón de prejuicios y nociones preconcebidas respecto a las familias
adineradas.
—Tu estatus económico no define quién eres más de lo que mi trabajo
me define a mí.
—¿Por qué no me dijiste que eras piloto de aerolínea cuando nos
conocimos?
Enterré mi pie en la arena y pensé mi respuesta. —No estaba tratando
de ocultarlo, en realidad. Simplemente no salió en la conversación. Te lo
habría dicho en su momento si hubiésemos pasado más tiempo juntos. En
secreto, esperaba que escogieras venir a Rio, así podría sorprenderte. Por
cierto, ¿Por qué lo hiciste?
—¿Escoger venir a Rio?
—Sí.
—Tenía una decisión que tomar.
—¿No hay una parte de ti que tomó ese vuelo porque pensó que yo
podría estar en él? Evidentemente estaba tratando de darte pistas.
Aunque estaba oscuro, todavía podía ver sus mejillas sonrojarse. —¿Qué
quieres que te diga? ¿Que estoy atraída por ti y volaría por el mundo porque
me diste tu chaqueta?
Sí.
—Si esa es la respuesta sincera, entonces sí. ¿Qué tiene de malo ser
honesto? La gente pasa la mitad de su vida hablando mierda. ¿Por qué no
podemos ser francos el uno con el otro?
Me reí interiormente. Sí claro. Entonces, ¿por qué no le dices que estabas
babeando con sus bragas en la cara?
Algunas cosas es mejor guardarlas en secreto.
—Adelante, pregúntame lo que quieras. No voy a mentirte, Kendall.
Terminó lo último de su bebida. —¿Cualquier cosa?
38 Mirándola profundamente a los ojos, repetí:
—Cualquier cosa.
Miró hacia el cielo. —¿Con cuántas de las azafatas de ese vuelo has
dormido?
—Todas excepto una. —Tragué.
—Todas menos la lesbiana.
—Sí.
—Esto es repugnante.
—¿Por qué es repugnante? ¿Porque soy un hombre soltero que fornica?
Eso es sólo sexo entre adultos que viven un estilo de vida similar. Soy
responsable. Uso protección. No les prometo nada que no pueda cumplir. La
mayoría de las veces, yo soy a quien se acercan.
Me di cuenta de que todo eso me hacía sonar frío, pero era la verdad.
—¿No quieres nada más que eso? ¿Una conexión más profunda con
alguien?
—No he dicho eso. Sólo es la forma en que han sido las cosas hasta
ahora. —Tomando su vaso de plástico vacío y apilándolo dentro del mío, le
pregunté:
—¿Qué pasa contigo? ¿Sin novio?
—No. No en este momento.
—¿Por qué? Estoy seguro de que podrías tener a cualquier tipo que
quisieras.
Luciendo en conflicto, hizo una pausa antes de decir:
—Estoy en un momento de transición.
—La razón por la que estás huyendo. ¿Tiene que ver con un hombre?
—No. No lo hace.
—Puedes hablarme de cualquier cosa. No juzgaré.
—No puedes prometerme eso si no sabes lo que es.
—¿Qué tan malo podría ser? ¿Se trata de asesinato?
—No.
39 —Entonces, eres buena.
Se rió, luciendo tan hermosa con la brisa del mar soplando alrededor de
sus rubias ondas. —Apenas te conozco. No puedo abrirme sobre todo lo que
ocurre conmigo después de conocerte por menos de un día.
—Apuesto a que sólo me tomará un minuto saber todo lo que necesito
acerca de ti, Kendall.
—¿Qué quieres decir?
—Los puntos importantes en la vida de cualquier persona se pueden
resumir en menos de un minuto. La mayoría de las cosas mundanas que
ocurren en medio son insignificantes. —Saqué mi teléfono y se lo di—.
¿Quieres probarlo? Ve a la función de cronómetro y tómame el tiempo. Te
contaré todo sobre mí en treinta segundos.
Ella abrió el temporizador. —Bueno. Adelante —dijo apretando el
botón.
—Carter Clynes. También conocido como Triple C, que significa
Capitán Carter Clynes, a veces acortado a Trip. Casi treinta años. Crecí en
Michigan. Payaso de la clase. Familia católica. Mis padres siguen juntos. Dos
Hermanas. Una novia. Rompí su corazón antes de irme a la universidad.
Universidad de Michigan. Jugué en el campo. Abandonado. Fui a la escuela de
vuelo. Ahora vuelo todo el tiempo. A veces me siento solo. Poseo un
condominio en Boca. Una sobrina y un sobrino. Persona sincera. Me encanta la
pizza y todo tipo de música. Caliente como el infierno. Sentado en la playa de
Río.
Eso era prácticamente todo. Es curioso cómo puedes resumir una vida
en sólo un puñado de detalles. Por supuesto, hubo una cosa que decidí dejar
de lado. No es que no fuera a decírselo, sino que no era el momento ni el lugar
adecuado para platicar respecto a Lucy, así que opté por omitir el detalle no
tan pequeño que básicamente había formado quién soy.
—Guau. Eso fue exactamente treinta segundos.
—Ahora ya sabes casi todo lo que necesitas saber.
Entrecerró los ojos. —¿Casi?
Ignorando su pregunta, agarré el teléfono para programar el
temporizador. —Tu turno.
—Espera. Tengo que pensar.
40 —No. Eso arruina el propósito. No se supone que debas pensar en ello.
Simplemente di las primeras cosas que te lleguen a la mente. Esos son los
detalles más significativos.
Respiró hondo, y empecé el cronómetro.
—Bueno. Kendall Sparks. Dallas, Texas. Veinticuatro. Hija única de
padres ricos que despilfarraron la mayor parte de su dinero. Crecí en un
rancho. Animadora en la escuela secundaria. Padre fallecido. Madre
alcohólica. No fui a la universidad. He trabajado dentro y fuera de la empresa
familiar. Vida glamorosa por fuera pero no tanto por dentro. No estoy segura
de dónde me encuentro en este mundo. Asustada por el futuro. Sentada en la
playa de Río.
Cuando bajó la vista, puse mi mano en su barbilla, atrayendo sus ojos
hacia los míos. —Esa última parte es buena, ¿no? Nuestra única cosa en
común.
Cerrando brevemente los ojos, dijo:
—Tengo que decir... lo es.
—Gracias por compartir esto conmigo, Perky.
Me levanté y ella me siguió mientras caminábamos hacia Maria Rosa.
—¿Qué vamos a hacer mañana? —preguntó.
—Esa es la belleza de unas vacaciones, ¿verdad? No tenemos que
decidir.
—Supongo.
Justo antes de regresar a la colina, nos detuvimos en un centro
comercial. Noté una tienda de lencería. Una idea apareció en mi cabeza. Tuve
dudas respecto a dejarla sola, pero tampoco quería que viera lo que estaba
tramando.
—Quédate aquí. Regresaré enseguida.
Cuando regresé con una pequeña bolsa de plástico, ella sonreía de oreja
a oreja.
—¿Qué hiciste?
—Te compré un regalo. —Dándoselo le dije:
—Es para mañana.
—¿Puedo abrirlo ahora?
41
—Insisto.
Sacudió la cabeza cuando echó un vistazo dentro y consiguió mirar el
sujetador blanco de amplia cobertura que le compré. El material era
completamente opaco. Era el sujetador más ―mata pasiones‖ que jamás había
visto.
—Esto me recuerda al sujetador de Cross Your Heart que mi abuela
habría usado.
—¿Conseguí la talla adecuada?
—En realidad, estás cerca. Soy 34B, y esto es 36B. Va a encajar. —Lo
colocó sobre su pecho—. Bueno, definitivamente no hay nada que mostrar a
través de este material.
—Exactamente. Si tengo que ser bueno, no pueden estarme saludando
cada segundo del día. Es muy tentador.
—Tengo un sujetador, ¿sabes? —Se echó a reír—. Simplemente no lo
uso. Pero lo usaré si he estado distrayéndote.
—Es más una broma que nada. Pero debes considerar llevarlo si viajas
sola.
Un mal presentimiento se desarrolló en la boca de mi estómago al
pensar en que continuara este viaje sola. Definitivamente no estaba listo para
dejarla después de mañana.
—Gracias por cuidarme, capitán.
—En cualquier momento.
Estábamos a mitad de camino a la posada de Maria cuando dije:
—Kendall...
—¿Sí?
—Quiero sostener tu mano. —Mi boca se curvó en una sonrisa. Ella
inmediatamente lo entendió.
—I Want to Hold Your Hand. La canción de los Beatles. Pensé que
hablabas en serio durante una fracción de segundo.
Riendo, le dije:
—En realidad, estoy hablando en serio. Muy serio. ¿Puedo? —Estiré la
42 mano.
Me entregó la suya. —Sí. —Sus dedos parecían tan pequeños
entrelazados con los míos grandes.
No la solté en todo el camino de regreso. La verdad era que quería hacer
un montón de cosas más que sostener su mano... quería envolver todo mi
cuerpo a su alrededor.
Lástima que no hubiera una canción de los Beatles titulada. Quiero
Devastarte. Habría sido mucho más apropiada para lo que estaba sintiendo en
este momento
SI IBA A SER un jodido oledor de bragas, también podría entrar y
concursar por el título del más grande pedazo de mierda del año. Acababa de
dar una larga meada mañanera y prácticamente tuve que doblarme sobre el
inodoro para conseguir que mi vara bajara lo suficiente como para apuntar
hacia el agua. Kendall seguía durmiendo en la cama y mi autocontrol estaba
cayendo. No es que hubiera pasado gran parte de mi vida practicando cómo
auto controlarme. Pero esta chica me hacía querer hacerlo.
Anoche, cuando llegó la hora de ir a la cama, pude ver que estaba
43 incómoda. Yo también me sentía muy incómodo, pero sobre todo porque tenía
una polla dura que había estado tratando de hablar por lo menos durante una
hora desde que ella se había puesto ese camisón delgado como el papel y
pantalón corto. Así que siendo el hombre caballeroso que normalmente no
soy, insistí en tomar el piso para dormir. Ahora mi espalda me estaba matando
y me imaginé que no haría ningún daño, ni cometería ninguna falta si me
subía a la cama y tenía unas horas de buen sueño en el colchón. Eran las 4 de
la mañana y no se enteraría hasta que amaneciera. Para ese entonces ya sería
demasiado tarde. Así que levanté la sábana y suavemente me metí en la cama,
con cuidado de no sacudir demasiado el colchón.
Kendall había estado mirando hacia el otro lado, y cuando el viejo
armatoste de madera crujió, se volteó aun dormida. Me congelé y esperé a ver
si sus ojos se abrían. Después de un minuto, continuaba en el país de los
sueños, así que me tomé mi tiempo para observarla abiertamente. Fue
entonces cuando me di cuenta de que el botón superior de su camisón, que
sólo había estado abotonado hasta un bajo cuello en V, estaba abierto. Y su
pecho izquierdo estaba en pantalla completa. Maldición, esas cosas son
descaradas. Y no sólo el pecho en sí. El pezón, que tenía buen tamaño para un
seno que no era más que un buen puñado, estaba completamente erecto. Me
estaba señalando. Retándome. Invitándome.
Jodeeeeerrr.
Mi boca estaba salivando. Quería chupar ese pezón más de lo que nunca
había querido tocar a ninguna mujer.
Sólo una pequeña lamida.
Puede que ni siquiera se despertara.
Mis ojos se acercaron a los suyos. Estaba profundamente dormida.
Dudaba que siquiera lo sintiera en su estado actual. Podría ser amable.
Simplemente revolotear mi lengua sobre el pequeño capullo hinchado, lo
suficiente como para tomar la más pequeña de las probadas.
Sólo una pequeña probadita.
Una pequeña lamida.
Jodeeeeerrr. Mi cabeza se movió unos centímetros más cerca de su
pecho. Era una mierda. Estoy bastante seguro de que pasé por un verdadero
lapsus momentáneo en mi cordura, porque podría haber jurado que había un
44 minúsculo diablo sentado en la parte superior de su hombro derecho.
Realmente podía escuchar la cosa, verla clara como el día. Por supuesto, mi
diablo no estaba compitiendo en la carrera de una milla luciendo amenazador
pintado de rojo con una cola. No, mi diablo era una morena alta con el cabello
recogido en un moño, un insignificante uniforme de asistente de vuelo y unos
lindos cuernos en su cabeza. Me guiñó un ojo y me susurró al oído. Hazlo.
Hazlo, mariquita. Ella lo quiere de todos modos.
Mi conciencia respondió. Ella confía en ti. No seas un idiota toda tu vida.
Encuentra otro par de bragas, cerdo repugnante.
Kendall se movió dormida de nuevo, esta vez levantando un brazo por
encima de su cabeza. El seno entero estaba entonces completamente en
exhibición. Su piel era cremosa, y su pezón era de una sombra tan profunda de
rosa que realmente representaba una vista magnífica.
¿Qué coño está mal contigo, mariquita? Chúpalo. Chúpalo ahora. La maldita
diablilla había crecido hasta el doble de su tamaño.
Froté mis manos sobre mis ojos para limpiar mi imaginación. No ayudó.
Ni un poco. Mi diabla desabotonaba su propia camisa sobre el hombro de
Kendall.
Mierda. Definitivamente lo he perdido.
De repente, bloqueando los pensamientos pecaminosos que tenía, una
canción de los Beatles apareció en mi cerebro. You´re Going to Lose That Girl6.
La letra empezó a sonar en mi cabeza, y la diabla sonreía y giraba sus caderas
al ritmo.
Maldito seas, John Jodido Lennon.
Él tenía razón. Siempre tiene razón.
Sacándome la sábana de encima antes de que pudiera cambiar de
opinión, agarré mis zapatos de correr y una gorra de béisbol y salí.

KENDALL NO ESTABA EN LA CAMA cuando regresé a la habitación


dos horas después. Había hecho una carrera larga de una hora y luego me
senté en la playa a mirar el amanecer. Lo jodido era que anhelaba tener
sentada a mi lado a una chica que apenas conocía mientras el sol se elevaba
45 sobre el océano, casi tanto como quería ese suculento pezón esta mañana.
Me estaba suavizando.
Aunque por lo general estaba jodidamente duro alrededor de ella.
Me senté en la cama y empecé a quitarme los zapatos cuando Kendall
salió del baño. —Oye. ¿A dónde has ido tan temprano?
—Fui a correr.
—Deberías haberme despertado. Habría ido contigo.
Quería despertarte, confía en mí.
—Estabas tan linda dormida, sonriendo con una mano dentro de tu
pantalón. No podría arruinar eso para ti —mentí y le guiñé un ojo.
Sus ojos se agrandaron hasta convertirse en platillos. —Estás mintiendo.
Me encogí de hombros. —Tal vez.
Me dio un puñetazo en los abdominales y se echó a reír.

6 You´re Going to Los That Girl: Vas a Perder a Esa Chica.


—Cuidado, niña. No quiero que rompas esa frágil pequeña mano en mi
duro como roca paquete de seis.
—Eres tan egocéntrico. —Sonrió y sacudió la cabeza mientras caminaba
hacia la cama. Subió, se sentó estilo indio y sacó un libro de la mesa de noche.
Testigo Viajero: Top 10 Rio de Janeiro.
—¿De dónde sacaste eso?
—Estaba en la mesa.
—¿Está en inglés?
—No. Pero estaba mirando las fotos.
Es tan jodidamente linda. —¿Algo provoca tu interés, Sparks?
Su rostro se iluminó cuando volvió a hablar. —¡Todo! Para ser honesta,
mi idea de viajar es por lo general encontrar tiendas exclusivas y hacer
compras todo el día. Luego ir a un restaurante de lujo para lucir lo que
compré. Mi madre me entrenó bien. La única diferencia entre nosotras es que,
en general, no tomo ocho whisky sours y termino con el rostro plantado en mi
espagueti bolognese. No estoy segura de qué pasa en este lugar. Tal vez es
estar aquí en casa de Maria Rosa, pero quiero verlo todo. —Hizo una pausa y
46 empezó a mirar páginas marcadas con las esquinas dobladas—. El tren hasta
la Montaña Pan de Azúcar, la estatua del Cristo Redentor, el Bosque de la
Tijuca, las gigantescas cascadas, las favelas... ¡Quiero verlo todo!
—Es un orden horrible para un solo día.
Su sonrisa brillante cayó. —Ojalá tuviéramos más de un día.
No había manera en el mundo en que fuera capaz de negarle a esta
mujer cualquier cosa que hiciera que su rostro se iluminara así. Me rasqué la
barbilla. —¿Sabes qué? Tengo una idea.
—¿Qué cosa?
—Creo que debería ser una sorpresa.
—¡Me encantan las sorpresas!
Quizá no debería haber salido esta mañana.
—Bien. ¿Confías en poner tu vida en mis manos por hoy?
—Estuve en tus manos durante todo el viaje en avión. Así que no veo
por qué no.
No era el momento de mencionar que era una mierda mucho más
imprudente cuando no estaba en el cielo. —Bueno. Vístete. Y necesitarás usar
algo apretado. Nada de ropa suelta. Si tienes alguno de esos pantalones cortos
y una camiseta ajustada, eso funcionaría de lo mejor.
—Bueno.
—Voy a la cocina y nos prepararemos unos ovos picantes e salsicha.
—Mmm... suena delicioso.
—Lo es. Vas a amar mi salchicha. —Le guiñé el ojo y la dejé arreglarse.

MARIA ROSA TENÍA UN VIEJO jeep descapotable que los huéspedes


podían usar por setenta y cinco reales brasileños por día, aproximadamente
unos veinte dólares. Me encantaba esa cosa y parecía que a Kendall también.
No había dejado de sonreír desde que puso los ojos en el pedazo de chatarra.
Una vez, había alquilado un Mustang convertible mientras estaba de escala en
47 Barcelona y había planeado pasar el día con una de las asistentes de vuelo que
había estado en mi cama la noche anterior. Ella me hizo colocar la parte
superior para no ensuciarse el cabello. Esa fue la última vez que me molesté en
intentar hacer cualquier cosa que no fuera follar cuando me alojaba en un
hotel. Pero Kendall, la mujer con una camiseta que cuesta más que todo mi
armario, sólo sacó un elástico de su bolsa y se ató el cabello hacia atrás sin
siquiera pensar en el lío que el viento podría causar. Eso la hizo mucho más
sexy para mí.
—¿Cuánto tiempo más? ¿Veremos primero el Cristo Redentor?
Habíamos estado conduciendo lentamente por un sinuoso camino de
montaña durante los últimos diez minutos, así que su suposición era buena.
Aunque no lo sabía todavía, era más probable que estuviera rezándole a ese
Cristo para que le salvara el culo en unos minutos, que tomándole fotos para
Instagram. —Casi llegamos. No he decidido qué vamos a ver primero. Pero
veremos la estatua en algún momento.
Frunció el rostro. —¿Cómo podrías no haber decidido nuestra primera
parada si casi llegamos?
—Ahh... un enigma. Eso algo que yo sé pero que tú tienes que averiguar,
mi descarada amiga.
Puso los ojos en blanco, pero estaba seguro de que se lo estaba pasando
bien, aunque aún no habíamos llegado a la parte divertida. Cuando estábamos
a un minuto o dos de donde partiríamos, se dio cuenta de que yo no estaba
usando ropa apretada y sin embargo, le había dicho que ella la necesitaba.
—¿Dónde está tu pantalón corto?
—No tengo.
—¿No necesitas ropa apretada?
—No.
—¿Cómo? Me dijiste que los necesitaba para lo que haríamos hoy.
—En realidad no lo hice. Te dije que necesitabas usar ropa apretada.
Pero nunca mencioné que era para lo que haríamos hoy.
—No entiendo.
—Sólo quería verte con ropa ajustada.
Sus ojos se encendieron. Pero en lugar de enfadarse, echó la cabeza hacia
48 atrás en un ataque de risa. —Eres un pervertido.
—¿Te gustan los pervertidos? —le pregunté, sonando completamente
como uno.
Suspiró. —Supongo que están empezando a gustarme.
Estacioné en un claro de tierra en medio de un campo en la cima de una
montaña. Había unos cuantos autos estacionados, pero ella no podía ver la
atracción principal porque necesitábamos bajar por unos 100 escalones para
llegar al farol del cual despegaríamos. —Llegamos.
Miró a su alrededor. —¿A dónde? ¿Qué estamos viendo?
Tomé una mochila de la parte trasera del jeep y corrí para abrir su
puerta. Extendiendo mi mano, dije:
—No vamos a ver nada aquí. Vamos a hacer.
Cautelosamente, salió del auto. —¿Qué haremos exactamente?
No podría haber salido mejor que como pasó. Justo cuando terminó de
hacer la pregunta, un planeador se elevó por encima del borde de la montaña.
Era un planeador tándem, como el que toMariamos. Lo señalé, aunque ya lo
había visto. —Eso.

49
CARTER ESTABA LOCO. Había sospechado que tenía unos cuantos
tornillos flojos, pero pensar en volar desde un risco sobre unas cuantas tiras de
metal y una delgada pieza de poliéster confirmó que él estaba loco.
—Te veré hacerlo.
Habíamos estado de pie junto al jeep por los últimos diez minutos,
discutiendo. —¿Eres una de esos, no?
—¿Qué se supone que tratas de decir?
50
—Eres de las que miran los toros desde la barrera.
—Explícate.
—Que te sientas al margen y ves tu vida pasar. Si no te metes en el
juego, no puedes resultar herida. Los espectadores siempre están a salvo.
—En este caso, prefiero la seguridad que resultar herida de muerte a los
veinticuatro.
Carter se masajeó la parte trasera de su cuello y se me quedó mirando
por un momento. —Cada espectador que observa el evento lo está mirando
porque les gustaría ser el jugador. Pero o no tienen el talento, o les faltan las
bolas.
—Bueno, ciertamente no sé cómo volar un planeador. Así que en este
caso, tienes razón. No tengo el talento.
—No necesitas ningún talento para esto. Vuelas en un planeador tándem,
con un guía entrenado y especializado. No se requiere talento. ¿Sabes lo que
significa?
—¿Qué?
—Qué eres espectadora porque no tienes las bolas.
—Tengo muchas bolas. —Me paré erguida.
—Si. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste un riesgo?
—Diría que hace dos días cuando me subí en un avión hacia Brasil por
recomendación de un loco que conocí en un bar.
—Muy bien. Te daré eso. Eso requirió algo de bolas. Pero, ¿cuándo fue
la última vez que sentiste un disparo de adrenalina? ¿De esos que bombean
por tus venas con tanta fuerza que te hacen pensar que no habías estado vivo
antes de eso?
Conocía la respuesta a eso. Cuando te subiste en el taxi ayer. Solo que
tampoco tenía las bolas para decirlo. —No lo recuerdo.
—Es una experiencia que nunca olvidarás. Te lo prometo.
—¿Haces esto con frecuencia?
—¿Volar un planeador? Ya no tanto. Sin embargo solía hacerlo todo el
tiempo.
—No me refería a volar el planeador. Quería decir que si haces cosas
51 que te provocan ese disparo de adrenalina.
—Todavía tengo uno cada vez que despego. Cuando estoy llevando al
avión por la pista a ciento ochenta millas por hora y halo la palanca para
levantar la nariz y despegarnos del suelo… es como la primera vez, todo el
tiempo.
—Entonces eres un buscador de emociones.
Carter elevó los hombros. —A veces. La vida sin un poco de emoción es
aburrida, hermosa.
De verdad me gusta cuando me llama hermosa. No podía creer que incluso
estaba considerando esto. Pero tenía razón. Los últimos años de mi vida habían
sido bastante aburridos. Y este viaje se suponía que era con la intención de
encontrarme. Conseguir respuestas. Él podía notar que lo estaba
reconsiderando.
—Ven a volar conmigo. —Extendió la mano.
—Ese es Frank Sinatra, no los Beatles.
—Lo sé, pero me imaginé que sería más convincente en este momento
que ―In Spite of All The Danger‖7. —Sonrió, y sentí que se me ponía la carne de
gallina en los brazos cuando coloqué la mía sobre la suya.

LA CLASE DE ENTRENAMIENTO obligatoria antes del vuelo duró una


hora y media. Mi instructor realmente parecía saber de qué estaba hablando,
así que puse mi mente en descanso. Bueno, tan en calma como era posible
cuando estás a punto de saltar de una montaña. Y me refería a saltar.
Probablemente fue mejor que no tuviera idea de que literalmente correríamos
desde la montaña para despegar cuando accedí a esta locura. La carrera loca
era lo que estaba por ver cuando Carter vino a sentarse junto a mí. Él no
necesitaba la clase de entrenamiento dado que había venido muchas veces.
—¿Nerviosa?
—Me temo que mis piernas no van a moverse cuando sea el momento
de correr desde la plataforma.
52
Sonrió y colocó su mano en mi muslo. —Funcionarán. Puedes con esto.
De verdad me gustaba su mano allí, así que le devolví la sonrisa. Juntos,
nos sentamos en un parche de pasto a unos metros de las personas que
estaban por despegar. Cuando corrían los siete pasos y literalmente saltaban
desde el costado de la montaña, inmediatamente desaparecían de la vista. Me
callé para mirar qué había salido mal. Carter se rió. —Aparecerán en un
minuto. Relájate. Es así como sucede.
Treinta segundos después, los dos estaban volando alto por encima de
nuestras cabezas. Mi instructor me llamó, haciéndonos señas de que nos
acercáramos. —Vêm aquí mulher bonita. Ven.
—¿Lista? —preguntó Carter con un tono inesperadamente serio.
Tomé una respiración profunda y la dejé salir. —Ahora o nunca.
Sonrió. —Esa es mi chica. —Y tomó mi mano para acompañarme al área
de preparación. En ese momento, me di cuenta que con Carter sosteniendo mi

7 In Spite of All Danger. A pesar de todos los peligros.


mano y llamándome su chica, no había mucho que no probara. El pensamiento
era reconfortante, aunque me asustaba como la mierda al mismo tiempo.
En lugar de que mi instructor me ayudara a vestirme, Carter lo hizo. Me
ayudó a entrar en el arnés y revisar las conexiones de mi traje halándolas un
par de veces. Luego se vistió a sí mismo. —¿Cuál de los dos irá primero?
—Las cejas de Carter se juntaron. —¿Ir primero? Iremos al mismo
tiempo.
—Tú serás mi piloto. —Había asumido que el instructor que me había
dado la clase de entrenamiento me llevaría en el tándem. Las parejas estarían
en el aire al mismo tiempo, pero siempre con un instructor.
Saludó con dos dedos en su frente. —Capitán Carter Clynes, a tu
servicio.
—Pero… pero…. ¿tienes suficiente experiencia?
—Soy muy experimentado. —Meneó sus cejas.
—En serio. Es de mi vida de lo que estamos hablando.
—Y estás a punto de ponerla en mis manos. Eres una dama afortunada.
53 Estaba al borde del pánico. —Carter. Ponte serio por un minuto. ¿Estás
entrenado para volar esa cosa? ¿Ya la has volado solo?
Colocó sus dos manos sobre mis hombros y habló mirándome a los ojos.
—Jamás dejaría que algo te pasara. —Luego me sorprendió halándome hacia
su pecho por un gran abrazo. Cuando mi respiración se calmó de haber estado
en sus brazos, habló:
—¿Estás bien?
—Eso creo.
Besó mi frente. —A volar, nena.

MIS PIERNAS CONTINUABAN CORRIENDO, a pesar de que ya no


había tierra bajo mis pies. Cuando inmediatamente caímos y empezamos a
perder altura, clavé mis uñas tan profundamente en Carter que debo haberle
atravesado la piel. —¡Carter!
—Te tengo. Agárrate fuerte. Aquí vamos. —Y justo así, tal como el
instructor había explicado, tomamos una ráfaga de viento y comenzamos a
subir de nuevo. Mi corazón latía fuera de control, y estaba aguantando la
respiración. Mi arnés estaba abrochado más apretado que el de Carter, así que
estaba recostada parcialmente sobre su espalda y aferrándome a él mientras él
sostenía la larga barra de metal.
Después de unos segundos, tomé un agudo, muy necesario respiro, y
Carter comenzó a hacer círculos alrededor, volando más y más alto sobre la
montaña desde la que nos acabábamos de lanzar. Mi agarre alrededor de él se
aflojó ligeramente mientras comenzábamos a planear. Tomando pequeñas
ráfagas de viento, nos deslizamos suavemente en el aire.
—Oh Dios, Carter. ¡Estamos volando! Me siento como un ave.
Su rostro entero me sonrió. —Se siente increíble, ¿Verdad?
—¡Si! —Era una sensación increíble. Mirar hacia abajo al centellante
Atlántico de color turquesa, kilómetros de costa arenosa, y las inmensas
montañas verdes a nuestro alrededor era como para perder el aliento. Estaba
feliz de que Carter me hubiera metido en esto. Y estaba aún más eufórica de
estarlo experimentando con Carter.
54
Mientras volábamos alrededor, Carter estaba silbando. A pesar de que
estábamos muy cerca uno de otro, era difícil escuchar por el viento soplando a
nuestro alrededor. Pero después de un rato, capté un poco de la canción que
silbaba. Lucy in the Sky with Diamonds.
—Cantaste esa canción durante el vuelo, por el sistema de parlantes
antes de apagar las luces. Casi lo olvido. ¿Esta es tu canción para volar, o algo?
—Algo así.
Por más de dos horas, nos deslizamos en el cielo de Rio de Janeiro. No
creía que la gran sonrisa en mi rostro se cayera en algún momento. Vimos todo
lo que queríamos ver. La montaña de Pan de Azúcar, la estatua del Cristo
Redentor, El Bosque Tijuca, las cascadas gigantes, las favelas, playas, paisajes
extraordinarios. No vimos a Rio, lo experimentamos. Sentí como si hubiese un
lienzo frente a mí, podría irradiar la belleza por los poros. Fue la experiencia
más increíble y vigorizante de mi vida.
Cuando habíamos visto todo lo que quería y más, el viento comenzó a
disminuir y Carter dijo que era momento de aterrizar. Tocamos tierra en una
playa con el más mínimo bache. Mis piernas estaban tambaleándose cuando
intenté moverme en la arena.
—Con cuidado. Tienes piernas voladoras. Toma un minuto o dos que
regrese tu balance vertical. —Un grupo de chicos de la compañía de los
planeadores nos desenganchó y luego nos hicieron bebidas en la playa.
Todavía estaba sonriendo mientras sorbía mi Caipirinha de una piña
con un agujero. —Voy a admitir que definitivamente puedo ver cómo alguien
puede hacerse adicto a esa sensación. ¿Así es como te sientes cada vez que te
sientas en el puesto de piloto?
—Es diferente, pero aun así es una descarga de adrenalina, el de hoy
tuvo la adrenalina que siempre tiene. Pero... —Dudó y pareció reconsiderar lo
que estaba por decir—. Me alegra que te gustara.
—¿Qué ibas a decir?
—Nada.
—Mentiroso.
Carter hizo eso de entrecerrar los ojos y mirarme que parecía gustarle
tanto. Luego sorbió todo el contenido de su piña de un trago. Cuando terminó,
se inclinó hacia mí. —Iba a decirte que hoy se sintió mejor que nunca. Que me
encantó tener tus brazos enrollados alrededor de mi cuerpo todo el tiempo, y
55 cómo se sentían tus uñas clavadas en mi piel y tus pechos presionado mi
espalda. Que ver tu sonrisa, sabiendo que tenía cierta responsabilidad en
ponerla en tu hermosos rostro, fue una mierda mucho mejor que simplemente
levantar la punta de un avión o volar un planeador solo.
Tragué. Nuestros ojos se quedaron fijos en los del otro y Carter buscó
algo en mi mirada. —¿Estás lista para volar, Amelia Earhart?
—¿Discúlpame?
Carter se echó a reír. —Buena elección de palabras, supongo. Quiero
decir, ¿estás lista para volver a la carretera?
—Oh. Sí. Estoy lista.
El viaje de regreso a la posada de Maria Rosa fue tranquilo. Carter
parecía estar perdido en sus pensamientos, y yo apenas estaba regresando del
subidón que me produjo pasar el día volando como un pájaro. No podía
recordar la última vez que me sentí tan libre. Debió haber sido cuando era
adolescente, montando a caballo con Emilio. Rápidamente sacudí esa idea de
mi mente, enfocándome en que a Carter y a mí sólo nos quedaba medio día en
Río. Mañana por la mañana, Carter estaría volando a algún otro destino
exótico, y no podía dejar de pensar en si se quedaría en un hotel o en un lugar
como en el que estábamos esta noche. De saber lo que significaba que se
quedara en un hotel, me dolía incluso pensar en ello.
Y yo. Tenía que volver a la realidad. Mi realidad. La que había estado
temiendo durante los últimos dos años, y ahora sólo me quedaban ocho días
antes de que tuviera que decidir qué camino seguiría mi vida. Estaba en la
cúspide de una legendaria bifurcación en la vía y aún no estaba lista para
elegir mi camino. Honestamente, no estaba segura de que alguna vez lo
estaría. Pero esa es la cosa. Si para la próxima semana no había elegido… mi
camino sería elegido para mí por defecto. No podía seguir haciendo eso. Toda
mi vida había sido una serie de senderos en los que alguien me había puesto.
Ya era hora de que eligiera mi propio camino, sin importar cuál fuera.
Mientras conducíamos por el barrio residencial, Carter debió darse
cuenta de lo tranquila que había estado. —¿En qué estás pensando? Estás
completamente en otro lugar.
—Solo vida. En general, supongo.
—¿Algo que quieras compartir?
—Realmente no.
56 Asintió. —¿Has pensado en lo que vas a hacer después de que me vaya
mañana? ¿Quieres quedarte en casa de Maria Rosa?
Mi corazón se hundió. Realmente se iría mañana por la mañana. —No. Pero
supongo que debería marcharme de donde Maria. No hablo portugués ni
conozco el lugar. Sin ti, me sentiría incómoda, creo.
Los ojos de Carter se inclinaron hacia mí y luego hacia la vía. —Hay un
Westin no demasiado lejos del aeropuerto. Es agradable, limpio, y estoy
bastante seguro de que tiene un spa. Podemos compartir un taxi por la
mañana si quieres.
Asentí.
Cuando llegamos a casa de Maria Rosa, Carter apagó el motor y se giró
hacia mí. —¿Hay algo que quieras ver esta noche? ¿Algo que quieras que te
muestre antes de despegar mañana?
—No. Creo que me gustaría cenar y pasar el rato esta noche, ¿Si está
bien?
—Es perfecto. Es exactamente lo que me gustaría hacer.
EL HUMOR DEFINITIVAMENTE había cambiado respecto al de esta
tarde. La cena estuvo buena, y aunque Carter y yo hablamos todo el tiempo,
parecía haber un elefante gigante en la habitación del que ninguno de nosotros
hablaba. Cuando terminamos, Carter me preguntó si estaba de ganas para dar
un paseo por la playa.
Ambos nos quitamos los zapatos y los dejamos cerca del paseo marítimo
que llevaba hasta la arena desde el estacionamiento. Realmente me encantó
que Carter tomara mi mano cuando empezamos a caminar.
—¿Sabes a dónde vas a volar mañana?
—Dubai. Revisé mi horario antes, mientras estabas en la ducha.
—¿No te avisan unos días antes?
—No. Lo planean con meses de anticipación. Simplemente no me gusta
saberlo.
—¿No te gusta saber a dónde vas?
57 Se encogió de hombros. —Finalmente, lo sé. Quiero decir, tengo que
saberlo antes de entrar en la cabina. Supongo que no hay razón para revisarlo
con antelación.
—¿Nunca sientes deseos de hacer planes cuando sabes que vas a estar
en una ciudad determinada?
—Realmente no.
—Es extraño, Carter. Lo sabes ¿Verdad?
—Nunca dije que era normal.
Caminamos durante otros quince minutos, llegando finalmente a dos
sillas al azar colocadas cerca de la orilla del agua. No había nadie alrededor.
Carter haló mi mano hacia las sillas y las reacomodó para que quedaran una
frente a otra.
—Estaban dispuestas para ver el agua.
—Lo sé. Pero ¿por qué debería mirar el agua cuando tengo qué mirar?
Ambos nos sentamos. Al principio nuestros pies estaban unos al lado de
los otros en la arena. Pero cuando empezamos a hablar, Carter frotó sus pies
contra los míos. La planta de su pie masajeó mi tobillo. Se sentía bien, así que
le devolví el favor. Nuestros pies se mantuvieron entrelazados mientras
conversábamos.
—Así que dime, Kendall Sparks. ¿Por qué estás en este viaje? ¿Qué es lo
que estás tratando de encontrar?
Me dio vergüenza admitir la verdad. No quería que Carter supiera lo
superficial y desesperada que estaba. Cuánto control tenía sobre mi vida. —Si
te lo dijera, pensarías que soy horrible. Que necesitaría terapia para lo que iba
a hacer.
—Estoy seguro de que no lo haría.
—Lo harías.
—No lo haría.
—Todos estamos jodidos de alguna manera. Todos tenemos secretos que
guardar y cruces que cargar en la vida.
Me burlé. —Tal vez. Pero estoy más jodida que la mayoría.
—Lo dudo.
58 —Bueno, estoy más jodida que tú. Tienes un gran trabajo, un lugar en
Florida, y sabes cómo disfrutar la vida.
—¿Eso es lo que piensas? ¿Que tu historia es más jodida que la mía y
que luces mal?
Asentí. —Tal vez.
Carter miró al cielo durante un rato y luego comenzó a hablar en voz
baja. —Tenía dieciséis cuando conocí a Lucy Langella. Tenía largo cabello
negro, grandes ojos azules, y escribía poesía. Estuvimos juntos por más de dos
años. Ella fue mi primera novia, y durante mucho tiempo, realmente pensé
que sería la última. Pensé que estaba enamorado. Incluso le dije que la amaba.
>>Durante nuestro último año en la secundaria, ella comenzó a cambiar.
Nunca quería salir y dormía mucho. Era el último año: fiestas, amigos,
deportes, viajes por carretera, yo quería hacerlo todo. Durante un tiempo pude
conseguir que hiciera cosas conmigo, pero se volvió cada vez más difícil
mientras pasaban los meses. También comenzó a tener locos cambios de
humor. Llegó al punto en el que no tenía idea de cómo encontraría a Lucy
cuando fuera a su casa. Así que me dediqué a ir a su casa. Básicamente, tenía
dieciocho años y pensé que se estaba volviendo aburrida. Ella había sido mejor
estudiante que yo, y cuando empezamos a salir habíamos hablado de aplicar a
la Universidad de Michigan. Cuando llegó el momento de enviar las
solicitudes de la universidad, ni siquiera envió ninguna. Para cuando nos
graduamos, ella rara vez salía, y estar a su alrededor era un bajón total.
>>El verano antes de que comenzara la universidad, sabía que tenía que
romper con ella antes de mudarme a tres horas de la escuela. Cuando lo hice,
lloró durante una semana. Me sentí como una mierda porque todo lo que ella
decía era: Me dijiste que me amabas. Me dijiste que me amabas.
Carter paró de hablar por un minuto. Luego se aclaró la garganta y
continuó:
>>Mi primer día en la universidad, apenas acababa de terminar las
clases y traje a mi dormitorio a una chica que conocí en la orientación.
Terminamos en mi cama, y mi teléfono celular seguía sonando mientras yo
estaba follándome a una chica que acababa de conocer. Pensando que estar en
la universidad era lo mejor del mundo ese día. —Se rió y sacudió la cabeza—.
A la mañana siguiente, miré mi teléfono y vi que todas las llamadas habían
sido de Lucy. No le devolví la llamada. Pasó otro día, y yo estaba en la cama
con mi nueva chica cuando comenzó a suceder de nuevo. Mi teléfono estaba
59 sonando una y otra vez. Pero cuando el nombre destelló en mi pantalla, noté
que era mi madre. Sabía que si me llamaba muchas veces, algo malo tenía que
estar pasando. Así que atendí. Ella estaba llorando histéricamente. —Carter se
detuvo de nuevo, mirando fijamente nuestros tobillos entrelazados en la
arena—. Lucy se había suicidado. Mientras pensaba que ella solo era aburrida,
resultó que estaba clínicamente deprimida.
Jadeé. —Oh, Dios mío, Carter. No podrías haberlo sabido.
—De todas formas. Hoy me preguntaste qué significaba la canción que
canto cada vez que vuelo. Lucy en el cielo con diamantes. Le canto una canción
de los Beatles a mi ex novia muerta cada vez que empiezo a volar al cielo. ¿Y
crees que eres tú la que está jodida?
—Lo siento. Es horrible que hayas pasado por eso.
—Gracias. Pero no te conté esta historia para que sintieras simpatía por
mí. Es tu turno, Perky. Apuesto a que te hará sentir mejor compartir lo que sea
que te ha estado molestando. Además, quiero saber cómo mi hermosa chica se
ha vuelto tan estropeada como para estar viajando a países extranjeros con
personas como yo.
—¿No me vas a mirar diferente después de que te lo cuente? —Aunque
nos quedaban menos de doce horas, el pensamiento me molestaba.
—De ninguna manera.
—Está bien. —Respiré profundamente y comencé por el principio—. Mi
abuelo, Rutherford Sparks, era un hombre muy rico. También era dominante,
excéntrico, racista, homofóbico y controlador. Y muy chauvinista. Por suerte
para él, tuvo dos hijos y ninguna hija. Pero el primer hijo murió a los cuatro
años a causa de una neumonía. El segundo hijo era mi padre, Rutherford
Sparks, tercero. Debo señalar que Rutherford Sparks, Jr., era el hermano mayor
de mi padre que murió antes de que él naciera.
>>Mi padre murió hace cinco años de un ataque al corazón. Así que mi
abuelo básicamente enterró a sus dos hijos, sus dos homónimos. A pesar de
que yo apenas tenía diecinueve años cuando mi padre falleció, mi abuelo
comenzó a presionarme para que tuviera un hijo. Literalmente empezó a
molestarme en el funeral de mi papá, exigiendo que tuviera un hijo lo antes
posible —un niño, por supuesto— para poder estar seguro de que su precioso
nombre siguiera vivo. Yo no tenía ningún interés en tener un hijo, así que
seguí ignorándolo, a pesar de que básicamente financiaba mi estilo de vida
60 desde el día que nací.
>>De todos modos, sin aburrirte con todos los detalles, mi abuelo murió
hace dos años. Tengo un fondo fiduciario que paga todos mis gastos de
subsistencia, pero eso se interrumpirá cuando llegue a la madura edad de
veinticinco años. Hay un segundo fondo fiduciario, uno que vale millones de
dólares, que también me quedó. Sin embargo, mi abuelo fijó una pequeña
condición en uno de ellos. Para que reciba los fondos, tengo que tener un hijo
varón cuando cumpla veintiséis años. Oh... y el niño debe llamarse Rutherford
Sparks.
—¿Esa mierda es legal?
—Aparentemente sí. Hice que mis abogados lo examinaran. Las
restricciones en los fideicomisos son comunes. La única forma de que un
tribunal elimine una restricción es que sea ilegal o vaya contra la política
pública.
—¿Y no va contra la política pública forzar a alguien a tener un bebé?
—Aparentemente no.
—Entonces, ¿estás pensando en tener un bebé y por eso has tomado este
viaje?
—En realidad... esta es la parte que gana el concurso del más jodido.
Descubrí una pequeña laguna en la voluntad de mi abuelo. Tengo que dar a
luz a un heredero varón, pero no tengo que quedarme con el niño. La mayor
parte de la gente normal asumiría que está implícito que cuando tienes a un
niño intencionalmente, lo mantienes. No estoy lista para tener un hijo. Pero
hay un montón de parejas homosexuales que están dispuestos a tener hijos y
no pueden. Así que tengo una cita en nueve días con una pareja gay casada en
Alemania. Me inseminarían con el esperma de ambos hombres que está
genéticamente modificado para asegurarme de tener un niño. Después de dar
a luz, el pequeño Rutherford Sparks será suyo. Los países extranjeros son
menos restrictivos con la modificación genética de embriones pre implantados.
Por eso lo estoy haciendo fuera de los Estados Unidos.
Carter sacudió la cabeza varias veces y sonrió. —Mierda. No pensé que
jamás diría esto, pero estás bastante cerca. No estoy seguro de quién gana el
concurso.
Curiosamente, por más que estuviera disgustada conmigo misma y
avergonzada por lo que estaba pensando hacer, sentí como si me quitara un
peso de los hombros al haberle dicho a Carter. Él tampoco parecía juzgarme.
Estaba mirando el agua.
61
—¿En qué estás pensando ahora?
Se rió. —Si te lo digo, es posible que incline el concurso a mi favor.
—Dime.
—Estaba imaginándote embarazada y pensando que lucirías
malditamente caliente con una gran panza y tetas llenas.
—Podrías.
Ambos nos relajamos por un rato después de eso. Incluso Carter parecía
un poco más ligero después de nuestra conversación.
—Bien. ¿Hay algo más que deba saber sobre ti, Sparks?
—Yo divulgué una cosa. Tú divulgaste otra. Estamos iguales, Capitán.
—Quiero saber más.
—¿Que quieres saber?
—¿Seguro que no tienes un novio en casa?
—Estoy segura.
—¿Han habido muchos novios?
—No, no de los serios.
—¿Nunca te has enamorado?
Mirando las olas, un viejo dolor familiar se desarrolló en mi pecho. Era
la segunda vez que pensaba en Emilio. Finalmente respondí:
—Una vez.
—¿Qué pasó?
Habían pasado años desde la última vez que abrí esa vieja herida. Esta
noche se estaba poniendo demasiado profunda como para que pudiera
manejarlo. Sin embargo, quería decirle a Carter todo lo que tenía que saber
sobre mí; no entendía de dónde venía esa necesidad.
—Emilio era un trabajador de rancho que trabajaba en nuestra
propiedad cuando yo era adolescente. Empezamos a pasar mucho tiempo
juntos, sobre todo cuando mis padres no estaban en casa. Montábamos los
caballos, hablábamos sobre las cosas normales de la adolescencia: nuestras
esperanzas y sueños. Era tan refrescante estar con él porque ninguna de
nuestras conversaciones tenía que ver con el dinero o el estilo de vida
62 aristocrático al que había estado sometida desde el momento en que nací. Con
Emilio, sólo era Kendall, no una chica con dinero y miles de expectativas sobre
su espalda. Hablar con él y montar juntos a caballo en el viento... ésos eran
algunos de los mejores recuerdos de mi vida. Siempre que estaba con él, me
sentía como mi verdadero yo. Me sentía libre.
—Por la mirada en tu rostro en este momento, comienzo a sentir que las
cosas no terminaron bien.
Sacudiendo la cabeza, continué:
—Emilio no era exactamente legal. Él y su familia habían huido de
México. En un momento me enteré de que había estado ayudando a cuidar a
una amiga de su familia que estaba enferma, la cual también era una
extranjera ilegal. Nunca me pidió ayuda, Carter. Tuve que rogarle que me
dejara ayudarlo.
—¿Qué hiciste?
—Era una mujer de mediana edad. Su nombre era Wanda, y sufría de
una enfermedad renal poliquística, que necesitaba diálisis constante para vivir.
Estaba cada día más débil. Teníamos esta antigua casa de huéspedes en la
propiedad. La metí allí, básicamente le di comida y refugio, traté de cuidarla lo
mejor posible. Pero lo que realmente necesitaba era un nuevo riñón. Tenía un
miembro de la familia que estaba dispuesto a donar uno, pero no podían
permitirse la cirugía.
—Fue muy amable de tu parte cuidarla así.
—Bueno, me hizo sentir que tenía un propósito por primera vez en mi
vida. Por no hablar de que me estaba enamorando de Emilio y habría hecho
algo por él en ese momento.
Cuando me empecé a quebrar, Carter puso su mano en mi mejilla. —
¿Qué pasó, Kendall?
—Mis padres llegaron temprano a casa de un viaje un fin de semana y
me atraparon en la casa de huéspedes con Wanda y Emilio. Yo estaba
rogándole y suplicándole a mi padre. En un momento dado, mis emociones
absorbieron lo mejor de mí, y estúpidamente le dije que estaba enamorada de
Emilio. Mi padre amenazó con hacerlos arrestar y deportar.
Carter se estremeció. —¿Eso hizo?
—Cuando se enteró de la enfermedad de Wanda, se calmó un poco.
63 Pero por nada del mundo aceptaría que yo tuviera algo con Emilio. Negoció
conmigo. Dijo que pagaría por el trasplante de riñón de Wanda, siempre y
cuando Emilio y Wanda nunca pusieran un pie de nuevo en la propiedad y
dejando claro que nunca volvería a ver a Emilio.
Dejó salir un largo suspiro. —Creo que sé a dónde va esto.
—Sí. Así que... No podía, en buena conciencia, negarle a Wanda su vida
por mi propia necesidad egoísta de estar con este chico. Emilio y yo estuvimos
de acuerdo en que así debía ser. Mi padre hizo todos los arreglos, Wanda fue
operada y nunca volví a ver a Emilio.
—Hiciste lo correcto, Kendall.
—Traté de encontrarlo después de eso, pero debido a su estatus ilegal,
no había un registro real de él o su familia. Tenía una dirección donde sabía
que se habían quedado, pero cuando fui allí unos meses después de la cirugía,
la casa estaba abandonada. —Miré hacia el cielo—. Ahí es donde realmente
termina la historia.
—Lo siento, Perky. Gracias por compartir eso conmigo.
—Bueno, toda esa experiencia definitivamente tuvo un gran impacto en
mi vida, me hizo temer volver a abrirme a cualquier otra persona, por miedo a
lastimarlos o herirme. En los años que siguieron, apenas aprendí a suprimir
mis sentimientos y fluir.
—Bueno, diría que hiciste un buen trabajo abriéndote esta noche, pero
creo que necesitamos un descanso. —Finalmente, se levantó y me ofreció la
mano—. ¿Qué me dices de ir a volvernos mierda?

LOS DOS ESTÁBAMOS BASTANTE EBRIOS cuando entramos


bamboleándonos a nuestra habitación en la posada de Maria Rosa esa noche.
Carter estaba acostado en la cama, con sus brazos doblados detrás de su
cabeza cuando salí del baño después de cambiarme.
—Yo dormiré en el suelo esta noche —dije
—Pensaba que podríamos compartir la cama por esta noche. Me portaré
64 bien, lo prometo. Pero quiero abrazarte mientras duermo. Ni siquiera me
importa sonar como una mariquita al decirlo. Porque es la verdad.
Ni siquiera tuve que pensarlo. —Me encantaría.
Carter mantuvo sus brazos abiertos para mí, y me subí a la cama
apoyando mi cabeza en su pecho. Él envolvió sus brazos a mi alrededor muy
apretados, y me aferré a él. Se sentía tan bien ser abrazada por él. Pero mis
sentimientos estaban en conflicto. Solo pensar en que se fuera mañana por la
mañana me causaba un dolor físico en el pecho. Tuve que retener las lágrimas
mientras revelaba cuán bien se sentía su toque. Ninguno de los dos dijo ni una
palabra después de eso, y se sintió bien recostarnos en silencio durante nuestra
última noche juntos. Su latido del corazón finalmente me arrulló hasta quedar
dormida.
La mañana siguiente los dos nos quedamos dormidos. Corriendo
alrededor y chocando uno contra otro, nos duchamos rápidamente y
empacamos nuestras cosas. Carter tenía que estar en el aeropuerto a las nueve,
y ya eran las ocho y estábamos a una hora de distancia en auto. En vez de
arriesgarnos a esperar por un taxi, Maria Rosa nos condujo hasta el
aeropuerto.
Cuando llegamos a la terminal de salidas, apenas podía mantener mis
lágrimas. Esto es lo que es. El pensamiento de no volver a ver a Carter me
hacía sentir enferma. Solo había pasado dos días con él y ya sentía que me
conocía mejor que la mayoría de la gente. Salí del auto cuando él lo hizo para
poder despedirme. Le dijo algo en portugués a Maria y luego le entregó un
dinero en efectivo.
Después de descargar su equipaje, ambos nos detuvimos frente a frente
detrás del Jeep. —Maria te llevará hasta el Westin. Ella sabe dónde queda.
Cuando estabas en la ducha, tomé tu teléfono y programé su número. Si
necesitas algo, llámala. Está un poco loca, pero es buena gente.
—Está bien.
Acunó mis mejillas con sus manos. —No salgas sin sujetador ni hables
con hombres brasileros en los bares. ¿De acuerdo?
Asentí.
—Ahora ya dame un maldito beso. He sido bueno por dos días. No hay
manera en el infierno de que te deje salir de mi vida sin una probadita.
Antes de que pudiera decir una palabra, la cual obviamente habría sido
65 si, por favor, la boca de Carter chocó contra la mía. Mis rodillas se debilitaron
completamente. Mi pulso corría mientras él me halaba más fuerte contra su
cuerpo. Gimió cuando enrollé mis brazos a su alrededor casi tan fuerte como
él me abrazaba a mí. Nuestras lenguas colisionaron frenéticamente, sin que
ninguno de los dos quisiera perder un solo segundo antes de que fuera
demasiado tarde. Necesitábamos probarnos, sentirnos, decirlo todo con nuestros
besos. Cuando comenzó a soltar mi boca, gemí y el beso creció de nuevo.
Todavía más hambriento esta vez. No tenía idea de cuánto duró, solo lo supe
cuando terminó. Iba a estar devastada.
Carter apoyó su frente contra la mía. —Gracias por todo, Perky.
—Cuidaste de mí por dos días. Debería ser yo quien te agradeciera.
—No tienes nada que agradecerme. Fue todo un placer. Me quedaría
aquí contigo si pudiera. Odio tener que dejarte. Especialmente después de ese
beso.
Una lágrima rodó por mi rostro, y Carter la atrapó con su pulgar. —Cual
sea la decisión que tomes, es la correcta. No dejes que nadie te diga lo
contrario. Prométemelo.
—Lo prometo.
Nos besamos un par de veces más. —Tengo que volar, preciosa.
Cuídate.
—Tú también.
Lo vi caminar hacia la puerta. Se dio la vuelta y se despidió una vez más
antes de desaparecer dentro. Luego lloré como un bebé.

66
CASI INMEDIATAMENTE DESPUÉS de que atravesé esas puertas
automáticas, solo se sintió incorrecto, anti natural, tener que despedirme de
ella.
Tú maldito idiota.
Vi a unos cuantos miembros de mi tripulación aproximarse; sus maletas
con ruedas sonando como uñas contra una pizarra. Dos de las asistentes de
vuelo estaban conversando en otra esquina. Una de ellas me hizo un guiño, y
67 le ofrecí un pequeño asentimiento.
Miré alrededor a las filas de personas. Un sentimiento de vacío me
consumió. Por primera vez en años, no quería estar aquí, no quería volar. No
quería escapar al próximo destino. Lo único que quería era volver al auto,
dirigirme de regreso a donde Maria Rosa y abrazar a Kendall de nuevo.
Incluso después de esa mierda de herencia que confesó, era lo único que
quería justo ahora.
Ya la extrañaba y ni siquiera habían pasado cinco minutos completos.
Había programado su número en mi teléfono más temprano, así que en un
impulso la llamé. No hubo respuesta.
Entonces, con mi corazón latiendo, le envié un texto.
Recuérdame por qué acabamos de despedirnos.
Envié otro
Porque, por mi vida, no puedo pensar en una sola maldita buena razón.
Otro,
Qué dirías si te digo que no estaba listo para dejarte ir todavía.
Después de unos cuantos minutos, todavía no había respuesta. Sudando
en mi uniforme de poliéster, decidí hacer algo radical.
Fui al mostrador de venta de boletos y compré su asiento en mi vuelo.
Ni siquiera tenía su correo, así que envié el boleto electrónico a la dirección de
correos de la página psíquica de Maria Rosa. Esta era una aventura. Casi no
tenía oportunidad de que llegara aquí de nuevo desde el hotel a tiempo para
abordar. Pero no me lo habría perdonado si al menos no lo intentaba.
No tengo ni idea si recibirás esto a tiempo, pero te acabo de mandar un
boleto para que abordes mi vuelo. Pídele a Maria que revise su correo. Allí
está. Partiremos en apenas una hora. Necesitas agarrar tus cosas y volver
aquí volando. Sin presiones, pero nada me encantaría más que continuar
nuestra pequeña aventura. Si la respuesta es no, lo entenderé.
Me reí ante mi casual ―sin presiones‖. Lo que de verdad quería decir era
―Kendall, trae tu trasero de vuelta aquí porque no puedo imaginarme cómo voy a
respirar durante este maldito vuelo sin ti‖.
De nuevo, no hubo respuesta cuando traté de discarle una última vez.
Me dirigí al salón de pilotos a registrarme, conseguir el pronóstico del
tiempo y repasar los detalles del vuelo. Aún no tenía ni una palabra de
68 Kendall. No había otra opción que atenerse al itinerario porque este avión no
iba a volar por sí mismo.
Revisando mi teléfono constantemente mientras me encontraba con la
tripulación, estaba empezando a sentir que lograr que Kendall abordara este
vuelo simplemente no iba a suceder. En un último esfuerzo por ganar tiempo,
hice algo que ni una vez en mi carrera había pensado hacer: causé
intencionalmente un retraso.
Como primer oficial, era mi responsabilidad inspeccionar el avión
cuando llegaba. Creé una falsa preocupación porque uno de los instrumentos
en la cabina no estaba calibrando adecuadamente y necesitaba que lo
revisaran. Eso hizo que un ingeniero tuviera que hacer algunas pruebas.
Aunque la inspección terminó retrasando el avión durante más de una hora,
todo fue en vano. Nada de Kendall.
Finalmente cerré las puertas de la cabina, y cuando terminé mi papeleo
del pre-vuelo, tuve que seguir adelante retrocediendo.
Diez minutos más tarde, levanté el avión en un despegue suave
mientras imágenes de un cabello rubio, ojos azules honestos y la sonrisa más
hermosa que había visto atravesaban mi cerebro. Me preguntaba si nos
cruzaríamos de nuevo.
Una vez que estuvimos a la altura de crucero, decidí utilizar mi último
rayo de esperanza. El billete que había comprado para Kendall era para el
asiento 12C. A veces algunos rezagados abordaban al último minuto. ¿Podría
no haberla visto?
Cuando un asistente de vuelo entró con agua, pregunté, —¿Por
casualidad hay alguien sentado en el 12C?
—Déjame revisar —dijo.
Las vidas de casi doscientas personas estaban en mis manos, y eso no
me ponía nervioso en lo más mínimo. ¿Esperar a que la asistente de vuelo
regresara con la respuesta? Fue una tortura.
La puerta se abrió.
—En realidad, capitán, no. Ese asiento está vacío.
—Gracias, Cammie.
Con la confirmación de que Kendall definitivamente no estaba en mi
69 avión, solté la respiración que había estado conteniendo y tomé al
intercomunicador para hacer lo que siempre hacía cuando me sentía mal.
Pero éste era por ella.
TRATÉ DE RELAJARME en mi asiento, a pesar de que era un manojo de
nervios.
La asistente de vuelo hizo el anuncio de apagar todos los dispositivos
electrónicos, pero no era necesario en mi caso, dado que mi celular había
muerto. En mi apuro por estar lista esta mañana había dejado el cargador
conectado a la pared de la habitación en la posada.
Poco después de dejar a Carter en el aeropuerto, tuve lo que se sintió
70 como un ataque de pánico en el auto de Maria Rosa. Solo pensar en continuar
este viaje sola parecía insoportable.
Casi habíamos llegado al hotel cuando de repente se me hizo claro.
Ni siquiera sabía hablar portugués, así que hice un intento salvaje para
transmitirle mis pensamientos a Maria.
Señalando la dirección detrás de nosotros, le dije:
—¡Aeropuerto!
Ella asintió y continuó conduciendo hacia el Westin.
—Maria, necesito regresar al aeropuerto.
Debe haberme entendido porque de pronto giró a la izquierda haciendo
una vuelta en U y por encima de la separación de la vía. Entonces, finalmente
nos dirigíamos al aeropuerto. Mi corazón estuvo corriendo un kilómetro por
minuto durante el camino de regreso.
Cuando llego al área de descenso de pasajeros, le di un pequeño abrazo.
—Muchas gracias. —De inmediato me di cuenta de que eso era español.
Simplemente no tenía tiempo suficiente para averiguar la manera adecuada de
agradecerle. Le enviaría una nota de agradecimiento traducida junto con algo
de efectivo para que eliminara la aparente maldición sobre mí.
Corriendo a través de la puerta al mostrador de boletos Internacionales,
casi tropiezo con mi propia maleta.
—¿Ya partió el vuelo a Dubai?
La empleada presionó algunos botones. —En realidad, ha estado
retrasado debido a asuntos técnicos.
Gracias Jesús.
—¿Aun tengo tiempo de abordar ese vuelo?
Realizó una llamada telefónica antes de contestar. —Debe apurarse,
pero ya les avisamos que la esperen en la puerta. Permítame su tarjeta de
crédito y la acomodaremos lo más rápido posible.
Imprimió mi pase de abordar y corrí tan rápido como pude hacia
seguridad. Gracias a Dios no hubo inconvenientes al pasarlo y fui capaz de
subir al avión.
Él no me había pedido que lo acompañara. Este era un gran riesgo.
71 Dejando de lado mi inseguridad en aumento, me aferré al recuerdo de la
mirada en sus ojos cuando se giró para despedirse de mí por última vez. Su
expresión parecía estar llena de duda y arrepentimiento. Él lucía como yo me
sentía.
Serían catorce horas antes de que averiguara si esto era un gran error. La
cabina ya había sido cerrada cuando me dirigí a la parte trasera del avión.
Ahora, trataría de relajarme. Bueno, tanto como podría al saber que la
mayoría, si no todas las morenas de piernas largas caminando por estos
pasillos probablemente habían dormido con Carter.
Mientras el avión bajaba por la pista, cerré los ojos y me dejé sentir su
presencia en cada movimiento del avión mientras ascendía hacia el cielo. Los
recuerdos de nuestro vuelo en planeador recorrían mi mente. El pensamiento
de que Carter era el que controlaba este avión era tan reconfortante como un
gran giro. No había nada más poderoso que mantener decenas de vidas en tus
manos. Era un héroe, si me lo preguntabas.
Una vez que el avión se hubo nivelado, mi corazón casi se saltó un
latido al escuchar el sonido de su profunda y calmante voz por el
intercomunicador.
—Buenas tardes, señoras y señores, este es su Comandante en Jefe
también conocido como capitán Clynes. Me gustaría robarles un momento
para darles la bienvenida esta tarde a mi hogar lejos de casa aquí en este
hermoso Boeing 757. Nuestro tiempo de vuelo de Río de Janeiro a Dubai será
de unas catorce horas. Anticipamos algunos espacios de turbulencia en los
primeros cuarenta minutos más o menos, pero después de eso, debería ser un
viaje suave. Una vez más, bienvenidos a bordo del vuelo 237 de las líneas
Aéreas internacionales a los Emiratos Árabes Unidos.
Luego, sin advertencia, Carter comenzó a cantar. Mientras todos los
pasajeros parecían divertirse, las asistentes de vuelo, que estaban claramente
acostumbradas a su canto, estaban completamente desfasadas.
La canción de los Beatles que había elegido esta vez era Ticket to Ride. No
se me escaparon dos cosas: el hecho de que la canción se trataba de una niña
descuidada que se iba y el hecho de que la había cantado en lugar de Lucy in
the Sky whit Diamonds. Había reemplazado su canción de firma con una que
estaba bastante segura era sobre mí.
Si querías que me quedara, ¿por qué no me lo pediste?
No podía ni empezar a imaginar cuál sería su reacción cuando me viera
72 en Dubai.
El día me había pasado factura. Por lo general no podía dormir bien
cuando estaba en un avión, pero Carter estando a cargo del timón me hizo
sentir segura. Acabé dormitando durante un par de horas.
Cuando me desperté, me recibió un desagradable despertar. Unas
cuantas de las asistentes de vuelo estaban chismorreando en la cocina. Mi
asiento en la última fila estaba situado justo en frente de la zona donde
preparaban la comida.
Traté de bloquear los sonidos circundantes para centrarme en lo que
estaban diciendo.
—¿Tú y Trip estuvieron en Río?
—No. Ya no nos vemos. Y no te atrevas a decirme "te lo dije".
—Honestamente... duraste más tiempo con él que cualquier otra persona
con la que alguna vez lo he visto jugar.
—Dos meses enteros. —Ella se rió. Me di la vuelta para poder echar un
vistazo a cuál estaba hablando. Era la llamada Jolene. Morena alta. Sorpresa
desagradable.
—Dos meses es toda una vida en tiempo de Trip. Esperaba que te
resultara. Pero lo sabía... por experiencia personal, desgraciadamente.
—Debería haberte escuchado.
—A veces necesitamos descubrir las cosas por nosotros mismos.
—Lamento que casi arriesgáramos nuestra amistad por estar con él.
—Cuando me dijiste que estabas durmiendo con él, yo estaba feliz con
Brian. Algún día tú también conocerás a un buen tipo. Que se Joda Carter.
—Ese es el problema. Ya lo hice. Ahora, sólo necesito superarlo.
No podía soportar escuchar más. Colocándome los auriculares, puse
música.
¿Estaba enferma de la cabeza?
Había tantas razones por las que podría delirar. Este tipo tenía un
historial comprobado de ser un idiota con las mujeres. Mujeres atractivas. ¿De
repente, iba a ser yo quien lo cambiara? ¿Una chica que estaba potencialmente
a punto de quedar embarazada por otro hombre?
Sin saber si reír o llorar, me sentí atrapada. Tanto literalmente, en este
73 vuelo de larga distancia, como figurativamente por mi propio corazón idiota.
Porque tanto como sabía que debía salir de esta situación, mi corazón no me
dejaba.
Y si...
Y s…
Y s…
¿Y si lo que tenemos es diferente?
Cuando Jolene vino a tomar mi pedido de cena, no pude evitarlo. —
¿Puedo preguntarte algo?
—Claro. —Sonrió, mostrando sus perfectos dientes blancos. Dios,
¿podría haber sido más opuesta a mí físicamente? Era como una amazona.
Todas lo eran. ¿Qué quería conmigo, si le gustaban ellas?
—Noté que al piloto le gusta cantar canciones de los Beatles. Estaba en
otro vuelo con él, y cantó Lucy in the Sky whit Diamonds.
—Ajá. Por lo general, sólo canta esa. Por alguna razón, escogió una
diferente hoy.
—Mi papá solía cantar la canción de Lucy para mí, —mentí—. ¿Hay
alguna historia detrás de por qué canta esa en particular?
Sin vacilar, sacudió la cabeza. —No lo creo. Me dijo una vez que le
gustaba la canción.
Examiné su rostro en busca de cualquier señal de deshonestidad. —
Bueno. Gracias.
Sabía que estaba diciendo la verdad porque no tenía ninguna razón para
protegerlo en este momento. En todo caso, probablemente le habría dado
placer de revelar su secreto. No le había dicho el significado detrás de la
canción.
Mientras Jolene tomaba mi orden, mi corazón estaba haciendo un
pequeño baile feliz. El hecho de que hubiera salido con ella dos meses y nunca
se hubiera abierto como lo hizo conmigo me daba un poco de esperanza. El
lado cínico en mí, sin embargo, rápidamente concluyó que tal vez se había
abierto conmigo porque pensaba que nunca volvería a verme.
El resto del vuelo me la pasé rumiando. Le pedí a Dios que me diera una
pista de que estar aquí no era un gran error. En determinado momento, pude
dormir otra vez.
74
Para cuando me desperté esta vez, el sol brillaba a través de las ventanas
del avión, y estábamos casi en Dubai. No tenía idea ni siquiera de qué hora era
allí.
Noté que el hombre sentado al otro lado del pasillo tenía un cargador
enchufado. Afortunadamente, me lo prestó para que lograra encender mi
teléfono muerto.
Cuando la voz de Carter se escuchó en el sistema de parlantes, sentí
escalofríos, no sólo porque no lo había escuchado en un tiempo, sino porque
sonaba cansado.
—Damas y caballeros, ahora estamos por aterrizar en el aeropuerto
internacional de Dubai. La hora aquí es poco después de la una y media de la
tarde. Esta es la época más caliente del año en los Emiratos Árabes Unidos. La
temperatura actual es de unos abrazadores treinta y tres grados. Manténgase
frescos y gracias de nuevo por volar en Líneas Aéreas Internacionales.
Esperamos volver a verlos pronto.
Cerrando los ojos, hice una pequeña oración para que el aterrizaje fuera
suave. Mis oídos explotaron mientras el avión perdía la altitud. Mi corazón
comenzó a golpear fuera de control anticipando el que me le revelara a Carter.
El aterrizaje fue tan suave como podría ser. Cuando los motores se
apagaron, encendí mi teléfono, sorprendiéndome al descubrir que tenía varios
mensajes perdidos, todos de Carter.
Oh Dios mío.
Me había comprado un boleto.
Me quería aquí.
Debe haber pensado que lo había ignorado.
El sudor empezó a inpregnarme. Mi corazón sentía que iba a estallar.
Incapaz de ver más allá de la línea de gente esperando para salir del
avión, estiré mi cuello buscándolo.
Allí estaba, de pie en la parte delantera del avión con una mano cruzada
sobre la otra mientras la gente le agradecía por aterrizar el avión con
seguridad.
75 No se parecía al Carter que conocía. Sus ojos estaban oscuros y vacíos
mientras asentía, cumpliendo con sus funciones.
Sentí tardar una eternidad en llegar al frente. Con cada paso adelante,
mi pulso se aceleró más. Sólo estaba a unos pasos de él.
Alguien le hizo una pregunta y en medio de la respuesta, se detuvo a
media frase cuando finalmente se volvió y me vio de pie allí. Durante unos
segundos, se quedó paralizado. Su pecho estaba subiendo y bajando mientras
su respiración se aceleraba. Entonces, la mirada antes hosca en su rostro
lentamente dio paso a una enorme sonrisa.
Este era uno de esos momentos en la vida en los que no son necesarias
las palabras. Carter sacudió la cabeza lentamente con incredulidad, parecía
delirantemente feliz. ¿Todavía tenía dudas sobre sus intenciones? Sí. Pero
estaba segura de que no podría haber fingido la mirada de felicidad genuina
en su rostro en ese momento.
Nos quedamos allí mirándonos unos segundos. Todos los pasajeros
habían salido del avión, pero la tripulación aún estaba dispersa.
Carter se inclinó y susurró:
—Veo que recibiste mis textos.
—No.
—¿No?
—No. Mi teléfono murió poco después de dejarte. Sólo vi esos textos en
este momento. Terminé corriendo y comprando mi propio boleto.
Sus ojos se movían hacia adelante y hacia atrás mientras procesaba eso.
—Perky... —Hizo una pausa.
—¿Qué? —Sonreí.
—No sé qué es esto.
—Yo tampoco...
—Déjeme terminar —me interrumpió—. No sé qué mierda está pasando
aquí, pero cuando pensé que te habías ido, me sentí mucho peor de lo que
debería después de haber conocido a alguien por apenas dos días. Así que, no
sé qué es esto. Sólo sé que quiero más.
Miró a su alrededor y luego colocó su mano alrededor de mi cintura,
guiándome hacia la cabina y cerrando la puerta detrás de nosotros.
76 —No puedo creer que realmente hayas venido. —En un instante, estaba
contra la pared mientras él presionaba sus labios contra los míos y gemía en
mi boca. La abrí de par en par para él y disfruté el sabor que sólo había
experimentado una vez antes, el que pensé que nunca volvería a probar.
Nuestras lenguas exploraban desesperadamente mientras pasaba mis dedos
por su cabello y tiraba de él.
Él se retiró primero. —Necesitaba tanto esto.
Jadeando, dije:
—Fueron unas largas catorce horas.
Metió algunos de mis cabellos detrás de mi oreja. —Escucha, parte de la
razón por la que te ataqué como si fueras mi última comida... es debido a
donde estamos, ¿de acuerdo?
—No entiendo.
—Una vez que salgamos de este avión y en público, no se nos permite
tocarnos.
—¿Qué quieres decir?
—Las cosas son muy diferentes en Dubai. No se nos permite mostrar
afecto en público. Podríamos literalmente ser arrestados. Incluso, las personas
casadas sólo pueden tomarse de las manos. Besar o incluso abrazarse es
considerado indecente.
—¿Estás jodiéndome?
—Tampoco puedes decir palabrotas en público. Es un delito.
—Jesús, necesito un trago.
—Eso es otra cosa. Sólo se nos permite beber en hoteles y clubes aquí.
—Me miró de arriba abajo—. También tenemos que cubrirte antes de que
salgamos. Espero que hayas traído ese sujetador que te compré.
—Está en mi maleta.
Se quitó la chaqueta. —Toma esto por ahora. Tenemos que salir de aquí.
Carter colocó su mano en la parte más baja de mi espalda y me condujo
fuera de la cabina.
—¿Adónde vamos?
Hizo un guiño y sonrió maliciosamente. —Es posible que conozca un
77 pequeño escondite.
MI ESCONDITE DE SIEMPRE estaba completamente lleno. Amari me
había ofrecido el sofá libre de cargos hasta que una de sus tres habitaciones se
desocupara a la mañana siguiente. Si estuviera solo, habría aceptado su oferta,
sabiendo que iba a caer y estar muerto para el mundo cuando llegara allá de
todos modos. Pero Kendall se merecía algo mejor que compartir un sofá
mientras extraños al azar iban y venían. Además, incluso la idea de alguien
mirándola mientras dormía en su pequeña camisa de dormir me encolerizaba.
78 En lugar de arriesgarme y probar un nuevo sitio en un lugar como Dubái,
tomé una habitación en el hotel en el que la aerolínea registró a la tripulación.
Seguro como la mierda que no era ideal, pero era seguro, y necesitaba dormir
un poco.
Afuera del aeropuerto, me llevé a Kendall lejos de la furgoneta de los
empleados que nos llevaría al Hilton Dubái Jumeirah Resort con el resto de la
tripulación. No la quería expuesta a más de mis indiscreciones del pasado de
lo que ya había estado. En la fila de taxis, logré encontrar una furgoneta
compartida sin esperar demasiado. Kendall y yo nos sentamos en el asiento
trasero, y las otras filas fueron llenadas con personas hablando algo que creí
podría ser farsi.
La parte de atrás del asiento frente a nosotros tenía una bolsa plástica
llena con panfletos laminados con Las Leyes Locales de Dubái en diferentes
idiomas. Las había visto antes y supuse que a Kendall le encantarían. Sacando
la versión en español de la parte de atrás del asiento, lo sostuve y apunté a la
primera regla: Prohibidas las muestras públicas de afecto. Esto incluye besar,
acurrucarse, y sostenerse de la mano. Su palma estaba plana sobre el asiento.
Revisé que nadie estuviera prestando atención y entonces deslicé mi mano
sobre la suya, enlazando nuestros dedos. Ella me miro de reojo con un brillo
en sus ojos.
Manteniendo su mano izquierda enlazada con la mía, estiró la derecha y
tomó la tarjeta de leyes de mi mano. La dejó en el asiento y en silencio apuntó
a la segunda norma: La ropa debe ser conservadora, las mujeres deben evitar usar
transparencias, escotes bajos, o ropa corta. Estómago, hombros y espalda deben estar
cubiertos. Los hombres deben cubrir su pecho y no deben mostrar su ropa interior.
Miró hacia el frente, asegurándose de que nadie en las filas frente a nosotros
estuviera mirando, y entonces lentamente comenzó a subir la falda del vestido
de verano que estaba usando. Sabiendo que era ilegal, y siguiendo el lento y
sensual movimiento de su mano mientras lo subía poco a poco, requirió todo
lo que tenía contener un gruñido. Para el momento en que llegó a la parte
superior de su muslo, tuve que removerme en mi asiento. La había visto en un
jodido bikini, pero esto… a escondidas mientras las personas estaban ahí, era
puramente erótico.
Con las manos enlazadas, su falda subida hasta apenas cubrir su ropa
interior, me pasó la tarjeta. Sin querer llamar la atención hacia nosotros al
actuar extraño, y necesitando un minuto para desacelerar la hinchazón en mi
polla, pasé un minuto mirando por la ventana, pretendiendo estar interesado
79 en algo más aparte de la visión de sus muslos y la sensación de nuestra piel
con piel. Entonces apunté a la norma seis en la tarjeta: Ningún tipo de lenguaje
vulgar o gestos indecentes serán tolerados en absoluto. Esperé hasta que el chofer
estuvo ocupado entrando en la autopista y la familia frente a nosotros estuvo
sumergida en una ruidosa conversación. Luego me incliné y susurré en su
oído.
—Mi polla está dura como una roca preguntándose si me detendrías si
subiera más esa falda.
Jadeó; por suerte nadie pareció notarlo. Unos minutos después, ya
estábamos saliendo de la autopista, y supe que no estábamos lejos del hotel.
Kendall giró la tarjeta en su dirección y me miré con una sonrisa malvada que
decía, ¿qué otras reglas podemos romper? Revisó la lista una vez más y luego me
miró a los ojos mientras succionaba su labio inferior entre sus dientes
apuntando a la regla número nueve: El sexo fuera del matrimonio no es permitido
en Dubái, y es un hecho que está regla aplica a los visitantes sin importar de dónde
sean.
No había ni una ley en este jodido país que no fuera esforzarme por
romper mientras estuviera aquí.
DESAFORTUNADAMENTE, LA EXCITACIÓN y tensión sexual del
viaje en la furgoneta no duró mucho. El vestíbulo del hotel Hilton estaba
bastante vacío cuando llegamos. Con excepción… de un par de azafatas con
las que prefería no encontrarme. Cuando dos se aproximaron, quise
demasiado acercar a Kendall hacia mí, envolver mi brazo alrededor de ella con
posesividad para ofrecer algún tipo de seguridad física, pero tampoco quería
meterla en problemas con la ley. Estas personas de los países árabes no se
andaban con tonterías. Hace unos meses, dos azafatas inglesas de una
aerolínea diferente fueron encarceladas por noventa días sólo porque fueron
atrapadas enviado mensajes sexuales la una a la otra. Tres jodidos meses.
—Trip —ronroneó Jolene—. No estaba segura de que vendrías aquí para
esta escala. —De pie al lado de Kendall, estar con Jolene se sentía como hace
una eternidad. Pero en realidad, no era así. Fue hace menos de un mes que
estábamos cogiendo en este mismo hotel.
80 Kendall se tensó cuando Jolene se acercó a mí. Habló en voz baja, pero lo
suficientemente fuerte para que Kendall y yo pudiéramos escuchar mientras
deslizaba una tarjeta llave en el bolsillo de mi solapa.
—Si quieres compañía después, estoy en el cuarto 4030. Lana está en el
cuarto de al lado, así que al menos esta vez no tendremos queja por los golpes
y el ruido fuerte de nuevo. —Di un paso alejándome de ella, y Jolene notó a
Kendall por primera vez—. ¿Quién eres? Oh… ¿del avión verdad?
Kendall miró a Jolene. Al principio, pensé que Kendall estaría molesta.
Pero luego noté la chispa en sus ojos. Estaba furiosa. Aunque pegó una sonrisa
falsa a su rostro y extendió su mano con un pesado acento texano que nunca
antes había escuchado.
—Kendall Sparks, un gusto.
Jolene a regañadientes le dio su mano. Una vez que Kendall tuvo la
mano de Jolene en la suya, la sostuvo y se inclinó.
—Soy la terapeuta personal de Carter. Me temo que está en un descanso
de tener sexo y ruidos fuertes por un tiempo. Disfunción eréctil debido al estrés.
—Kendall tomó la tarjeta de mi bolsillo y se la entregó a Jolene—. No visitará
la habitación 4030. —La boca de Jolene estaba colgando abierta mientras nos
alejábamos.
—Sabes que mi hombría necesita demostrar que todo lo que dijiste allá
eran mentiras.
—Tal vez si la guardas en tus pantalones de vez en cuando, tu hombría
conseguirá esa oportunidad algún día.
—Voy a hacerte cumplir eso, Perky. Voy a hacer que lo cumplas.
Mi escala era de tres noches en Dubái esta vez, pero le dije a Kendall que
sólo tomara una habitación para la noche cuando nos registramos. Odiaba que
no compartiéramos una habitación como en el Maria Rosa. Pero al menos esta
mierda era por una sola noche. Una vez estuviéramos en el Amari’s mañana,
no habrían ojos vigilando.
Nuestras habitaciones estaban en el piso ocho, divididos por tres
puertas. Llegando primero a la de Kendall, traté de usar mi encanto para
entrar.
—Gracias por seguir este viaje conmigo, Perky. De ninguna manera
estaba listo para dejarte ir. No sé qué sea esto, pero es la mejor cosa que tengo
81 en mi vida ahora mismo, no quiero perderlo.
—También me alegra haber venido.
Cuando abrió su puerta, intenté entrar a su habitación, pero me detuvo
con una palma sobre mi pecho.
—El pasillo tiene cámaras.
—Iría a prisión por un beso ahora mismo. Podría incluso soportar
momentos difíciles por tocar esas tetas tuyas.
Negó, pero sonrió.
—Tienes una lengua malvada.
Arqueé una ceja.
—Ve. Duerme un poco. Debes estar agotado. Esta noche quiero que me
saques a la ciudad. Que me lleves a bailar.
Tenía razón. Definitivamente necesitaba unas horas de sueño. Pero no
había forma en el infierno de que fuera a hacerlo sin otra pequeña probada. Lo
había tenido dos veces, y ahora era adicto. La empujé dentro del cuarto antes
de cerrar la puerta. Cuando vio la determinación en mi mirada, dejó la puerta
cerrarse detrás de mí.
—Carter… podemos meternos en problemas.
—Con mayor razón hay que hacer que valga la pena.
Diez minutos después, dejé su habitación con una furiosa erección. Ni
siquiera me había dado cuenta que estaba tarareando hasta que me bañé y me
subí a la cama. Los Beatles, I Want to Be Your Man8.
Estaba jodidamente acabado.

82

8 I Want to Be Your Man: Quiero ser tu hombre.


ESTABA SUMERGIDA EN LA BAÑERA después de una larga siesta
cuando el teléfono de la habitación del hotel timbró. Convenientemente, había
un teléfono alámbrico en el baño, y lo único que tuve que hacer fue estirarme y
tomarlo.
—Tuve este sueño en que estabas a mi lado en la cama cuando desperté.
—La voz de Carter estaba ronca todavía por dormir. El sonido viajó desde el
83 teléfono, a través de mis oídos y directamente a mi entrepierna—. Que
decepción cuando me estiré, y lo único que conseguí fue una cama vacía.
Me hundí en la bañera, dejando solo mis pezones en la superficie de la
cálida agua. Entre el aire frío y la voz de Carter, estaban firmemente erectos.
Salpiqué un poco de agua para calentarlos, pero eso no ayudó.
—¿Estás diciendo que estabas soñando conmigo?
—He estado soñando contigo desde el minuto en que puse mis ojos
sobre ti en la sala del aeropuerto. Aunque no estoy seguro de que algunas de
las cosas que he estado pensando serian llamados sueños. Fantasías sería más
acertado.
—¿Ah sí?
—Así es.
Tomé agua en mi mano y la dejé derramarse sobre mis pezones mientras
hablaba.
—¿Dormiste bien, o esos sueños te hicieron difícil dormir?
—Oh, definitivamente lo hicieron difícil. Pero conseguí cerrar los ojos
unas horas al menos. ¿Qué hay de ti?
—Dormí un poco. Estaba adolorida por el largo viaje, así que pensé que
un baño podría ayudar a relajar mis músculos.
—¿Estás en el baño ahora mismo?
—Ajá.
Carter hizo un sonido parecido a un gruñido.
—Estás matándome, Perky. Finalmente bajé mi vela, ¿y ahora me dices
que estás desnuda en una bañera mientras me hablas?
—Se siente bien. Deberías intentarlo.
—No tienes que pedirlo dos veces. Voy para allá.
Me reí.
—Tienes disfunción eréctil debido al estrés, ¿recuerdas?
—Te mostraré lo disfuncional que es mi erección.
—Pórtate bien. Podría haberles dicho que tienes una ETS 9, sabes.
Entonces tendrías problemas para volver con las zorras del cielo, incluso
después de irme.
84 —¿Zorras del cielo, eh?
Suspiré.
—Hablemos de otra cosa. No me gusta pensar así de ti. Pareces tan…
diferente cuando estás conmigo.
—Soy diferente cuando estoy contigo.
Me quedé en silencio un minuto. ¿Puede una persona ser dos personas
diferentes? No creía que fuera en verdad posible. Muy probablemente, una de
las dos personalidades era una actuación. Ni siquiera me permití pensar al
respecto… tal vez yo era quien no veía al verdadero Carter.
—Te quedaste callada. ¿En qué estás pensando?
—Para ser honesta, me estoy preguntando cuál es el verdadero Carter.
El tipo que durmió en el suelo en Río sin que se lo pidieran porque sabía que
estaba incomoda. O el tipo que se acuesta con varias azafatas cada semana.
—También estoy un poco confundido con eso. Pero sé cuál es mejor. Me
gusto más a mí mismo cuando estoy contigo. Creo que sacas lo mejor de mí,

9 ETS: Enfermedad de Transmisión Sexual.


Kendall… un lado que no he visto en mucho tiempo. Medio olvidé que esa
parte de mi existía hasta que te subiste en mi avión.
—Creo que esa es la cosa más dulce y honesta que alguien me haya
dicho. También me gustas, Carter Clynes.
Por los siguientes minutos sólo nos escuchamos respirar. Extrañamente,
esos minutos relajaron mis músculos más que mi siesta y mi cálida bañera
combinadas.
—¿Todavía quieres bailar esta noche? Entendería si no. Volaste un avión
por catorce horas y sólo tomaste una siesta, de verdad.
—No requiero dormir mucho. Estaré listo en una hora.
—Revisé mi equipaje antes. Honestamente no tengo mucho para salir
que cubra todas las partes que requieren ser cubiertas.
—¿Tienes una chaqueta ligera?
—Sí.
—Vístete de la forma más sexi. Colócate la chaqueta para cubrirte. Las
reglas no aplican en los clubs autorizados, y estoy ansioso por ver algo de piel.
85 —Bien. Entonces piel verá, Capitán.

OLVÍDATE DE DUBÁI, podría conseguir una multa en Texas con esta


ropa. Me volteé a la izquierda, luego a mi derecha, modelando mi vestido en el
espejo una última vez para asegurarme de que todas mis partes importantes
estuvieran adecuadamente cubiertas. Lo estaban… apenas. En el frente,
parecía un vestido negro sencillo, aunque era muy, muy corto. No era hasta
que me giraba de lado que podías ver que todos los costados eran
transparentes. Una franja de tela transparente de veinte centímetros de ancho
mantenía unido el material negro y mostraba que era imposible usar algo
debajo. Estar sin sujetador no era raro para mí, pero ir sin bragas a un club de
baile era la primera vez. Esa era la razón por la que no había usado el vestido
incluso aunque lo había comprado en una venta de garaje hace cuatro meses.
Para ir con mi apariencia de chica de primera, había peinado mis
mechones rubios para darles volumen extra y maquillé mis ojos con un
ahumado gris y un poco morado. Había una fina línea entre sexy y zorra, y
esperaba estar inclinándome para el lado correcto. Cuando Carter llamó a la
puerta, estaba de repente nerviosa y con mariposas.
—¡Un minuto!
Me miré una última vez en el espejo y tomé aire profundamente antes
de marchar a la puerta en mis tacones de aguja.
Aparentemente, el estilo de zorra era uno que le gustaba a Carter. Sus
ojos se salieron de sus cuencas y maldijo en voz baja.
—Jesús, Maria y José. Estás tratando de matarme.
Di una vuelta lentamente y le di un vistazo completo.
—¿Te gusta?
—No tienes ni sujetador ni ropa interior bajo eso, ¿verdad?
—No hay costados; no puedes usar nada. ¿Es demasiado?
Se quedó en la puerta, sosteniéndose en ambos lados tan fuerte que sus
nudillos se pusieron blanco. La forma en que me miraba con una intensidad
tan cruda hizo que mi piel cosquilleara.
86 —Te ves preciosa, Kendall. No es demasiado. Sólo odio la idea de
compartirte con cualquiera en esa ropa.
—Dijiste que querías ver piel. Así que lo usé para ti.
—Gracias. Hizo mi día. Al diablo con eso, hizo mi año. Ahora ve por tu
chaqueta y cúbrete antes de que haga algo con lo que no estés tan bien.
Mi abrigo estaba sobre la cama. Colocándomelo, lo cerré con fuerza en la
cintura, y me alegré de que cayera hasta mis rodillas. Nadie podría imaginarse
lo poco que tenía debajo. Carter sostuvo la puerta mientras salía, pero me
detuve para susurrar.
—No puedo pensar en nada que pudieras hacer con lo que no estaría
bien.

EL CLUB BOUDOIR ERA más glamoroso que cualquier club en el que


hubiera estado. Y eso incluye los viajes de chicas que había hecho los años
pasados a la ciudad de Nueva York. Había una larga fila para entrar, pero
Carter me sorprendió caminando hasta el frente. Cuando dijo su nombre,
fuimos escoltados dentro. Había reservado una mesa que venía una costosa
botella de champaña.
—Esto es hermoso.
Sacó mi silla.
—Me alegra que te guste. Porque puede que no sea capaz de pagar la
cena del siguiente par de días después de esto —dijo en broma, pero sabía que
tuvo que costarle una pequeña fortuna la botella de Dom Americano y la no
espera a la entrada. Compartimos una mesa llena de aperitivos y bebimos toda
la botella de champaña mientras observábamos juntos a las personas. Era tan
fácil pasar tiempo con Carter, ya fuera sentados en nuestra habitación en
Maria Rosa o balanceándonos con la música en mi silla en el club de moda en
medio de la elegante Dubái. Mientras más pensaba al respecto, más me daba
cuenta lo extraña que era toda esta situación.
—No puedo creer que hace unos días un mono se orinó en mi hombro
en una pensión y ahora estoy sentada en un club lleno de personas hermosas
bebiendo champaña contigo.
87
—¿Cuál te gusta más?
—No lo sé. Todavía no me has mostrado tus movimientos. ¿Sabe bailar,
Capitán Clynes?
Tragó lo último del champaña en su copa.
—Tal vez.
Me levanté y le ofrecí mi mano.
—Muéstrame lo que tienes, cosa sexy.
Arqueó una ceja.
—¿Cosa sexy?
La champaña me quitó la vergüenza. Envolví mis brazos alrededor del
cuello de Carter.
—Eres precioso, seguro, gracioso y piloto de avión. La única cosa que
puede mejorar todo el paquete es que tengas ritmo.
Carter se inclinó lentamente, rozando su mejilla contra la mía y susurró
en mi oído mientras sus dedos lentamente se deslizaban por mi cuerpo.
—Oh, tengo ritmo. Pero lo verás en privado después. Lo prometo.
Cuando echó su cabeza hacia atrás, mis labios estaban separados y mi
respiración era dificultosa. Lo deseaba tanto, que dolía físicamente.
—¿Podríamos saltarnos el baile?
—De ninguna forma. Voy a restregarme contra ti en esa pista de baile.
Va a ser nuestro juego previo. Porque no estoy seguro de cuanto conseguirás
cuando te arranque ese vestido después.

CARTER GIMIÓ CONTRA mi boca cuando deslicé mi mano en la


cinturilla de su pantalón. Estábamos en un pasillo junto al baño, ambos
empapados de sudor por horas de bailar. Nos habíamos reído y bailado,
balanceándonos con canciones lentas y apretujándonos con R&B americano.
Señor, Carter Clynes, sabía bailar. La forma en que movía sus caderas,
empujando su implacable erección contra mí, casi podía venirme por eso solo.
88 Los últimos diez minutos, sin embargo, las cosas habían cambiado. Los
besos se volvieron más urgentes, la necesidad aumentando a un nivel que
sentíamos que si no nos quitábamos la ropa en los próximos segundos, me
desmayaría por falta de sexo.
Una canción lenta había empezado a sonar de nuevo. No sabía la letra,
pero Carter cantó algunas partes, nuestros cuerpos balanceándose mientras
nos quedábamos presionados el uno contra el otro en la privacidad del oscuro
pasillo.
—Estás volviéndome loca. Debemos irnos —dije. Había una salida de
emergencia al final del corredor. No importaba que no tuviéramos ni idea a
donde llevaba. Lo único que importaba era que afuera estábamos un paso más
cerca de volver a nuestro hotel. Tiré de la mano de Carter. Me siguió mientras
empujaba la puerta lateral. El fresco aire se sintió tan bien en mi cuerpo
sudoroso, enviando escalofríos a todas partes en que el aire se topó con la
humedad. No podía recordar haberme sentido tan viva antes. Incluso mi piel
sentía la emoción. Justo antes de que la puerta se cerrara, Carter la atrapó.
—Mierda. Dejé mi tarjeta de crédito con el mesero. Necesito cerrar la
cuenta e ir por ella. Debemos volver dentro.
Era la noche de verano más increíble. Podía oler el agua salada en el
aire, y la ligera brisa se sentía tan bien. La calle estaba en silencio y no había
nadie alrededor.
—Esperaré aquí.
—Claro no. no voy a dejarte aquí por tu cuenta.
Me quité los zapatos.
—No puedo entrar. Tú ve. Apúrate. —Intentó protestar de nuevo, así
que envolví mis brazos alrededor de su cintura y me paré de puntitas—. Si no
te apuras… voy a empezar sin ti.
Carter gruñó.
—No te muevas. Regresaré en dos minutos.
Todavía podía escuchar la música del interior incluso después de
cerrarse la puerta. Cerrando mis ojos, sonreí sintiéndome más libre y feliz de
lo que podría haber imaginado. Dangerously in Love de Beyonce sonó, y moví
mi cuerpo con la música pensando en lo sincronizadas que estábamos ella y
yo. Me sentí libre, incluso aunque el hombre del que me estaba enamorando
era peligroso. Levantando mis brazos en el aire mientras el coro se acercaba,
89 giré un par de veces cantando a la par Dangerously, Dangerously in Love. Estaba
tan perdida, tan feliz, tan encantada por este hombre, que ni siquiera estaba
prestando atención a mis alrededor. Razón por la cual ni siquiera noté a la
patrulla acercándose por la calle hasta que las sirenas estuvieron resonando.

EL TRADUCTOR NO TENÍA ningún sentido.


—Pero no estaba en la tarjeta de reglas. ¿Cómo puede ser bailar en
público ilegal? ¿Nadie me dijo? Ni siquiera estaba bailando de verdad. Era
más como balancearse.
—Es considerado un acto de indecencia. No se preocupe, irá frente al
juez, y se declarará no culpable. Es poco probable que reciba una sentencia de
más de noventa días ya que es su primera ofensa.
—¡Noventa días! No puedo estar noventa días en prisión. No hice nada
malo. ¿Dónde está Carter? Necesito a Carter. O a mi abogado. ¿Puedo llamar a
mi abogado en América? Él sabrá que hacer.
—Después de que hable con el juez, será llevaba a las instalaciones de la
prisión. La ubicaran y luego, en unos días, podrá hacer unas llamadas.
—No. no puedo. No entiende. No hice nada malo. —Mi corazón estaba
latiéndome fuera del pecho, y tenía una horrible comezón en un brazo. Seguí
rascándome y rascándome, pero simplemente no desaparecía. La irritación
había aparecido en todo mi cuerpo justo como cuando era niña.
Esto no puede estar pasando. ¿Cómo puede estar pasando? ¡Es una locura!
—Señorita. Necesita calmarse. El juez estará muy molesto si se comporta
de esta forma en la corte. Lo que se espera es que permanezca en silencio a
menos que se le pida hablar—. Hablar cuando se le hable. Ya no estaba en América.
Un poco después, mi traductor desapareció dejándome sola en un
cuarto que me recordaba a una mala escena de un interrogatorio de CSI. No
tenía ventanas, sólo dos sillas y una sucia mesa vieja. Quería llorar, pero me
temía que una vez empezara, no sería capaz de parar. La realidad de donde
estaba se estaba asentando. Una mujer sola en una nación árabe donde había
90 roto la ley de la indecencia. Asustada no alcanzaba a describir como me sentía.
Se había llevado mi teléfono, y no había reloj en la pared, así que no
tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado. Mi cabeza estaba sobre la mesa,
pero era imposible dormir. Horas después de que mi intérprete se fue, un
oficial uniformado usando una boina y no una, sino dos armas enfundadas,
entró. Estaba cargando un plato con un sándwich y lo arrojó en mi dirección.
El plato tintineó con fuerza en la mesa, y me sobresalté, saltando de mi asiento.
No estaba segura de sí hablaba inglés o sólo pretendía no hacerlo, pero ignoró
cada pregunta que le hice y salió del cuarto.
En algún punto, debí haberme dormido. Un oficial diferente cerró la
puerta para despertarme. Limpiando la baba de mi rostro, me puse en pie.
—Necesito hacer una llamada.
—Verá al juez ahora.
—Pero no he hablado con mi abogado o hecho una llamada. ¿No puedo
hacer eso primero?
De nuevo, fui ignorada. En cambio, fui esposada a otra docena de
personas y fuimos llevados en línea recta por una seria de pasillos largos.
Finalmente, llegamos a una puerta, y nos hicieron entrar. Una vez allí, me di
cuenta de que las barras al otro lado de la sala encerraban una corte vacía. Me
sentí como una animal en la jaula a punto de ir a juicio por un crimen que
apenas y cometí.
Unos minutos después, dos oficiales uniformados abrieron las puertas
traseras de la corte, y gente empezó a llenar el lugar. Me aferré a las barras,
frenéticamente buscando entre las personas entrando. ¡Carter! Gracias a Dios.
—¡Carter! —Alcé mi mano para hacer señas, tirando del brazo de la
persona a mi lado a la que todavía estaba esposada, sin advertencia.
Intentó acercarse, pero uno de los guardias lo detuvo de aproximarse
tanto.
—No digas nada. Te conseguí una abogada. Se encargará de todo.
Asentí, sintiendo la primera oleada de alivio desde que esta pesadilla
había comenzado. Lágrimas empezaron a caer por mi rostro, pero no podía
siquiera limpiarlas sin molestar a la persona a mi lado. Así que las dejé caer.
Un poco después, la corte fue llamada a sesión. Un juez usando la túnica
Kandura10 tradicional de color blanca y hasta los tobillos, con un turbante rojo
91 con cuadros blancos envuelto sobre su cabeza, tomó el estrado. Habló en un
rápido y furioso árabe y apenas y levantó la mirada.
Mucho estaba sucediendo a la vez. El juez hablaba con una persona
mientras dos o tres estaban teniendo una conversación al margen en idiomas
diferentes; algunas de las cuales ni siquiera estaba segura en qué idioma eran.
Sólo seguí mirando de un lado a otro entre el frente de la corte y Carter
sentado atrás. Era la primera vez que vi a Carter luciendo diferente de su ser
confiado, tranquilo y relajado. Eso solo me dio un susto de muerte.
Finalmente, un oficial me llamó. Me desencadenó de la cadena de
prisioneros y me guio por el pasillo donde una mujer usando traje estaba
esperándome. Hablaba perfecto inglés, pero con un fuerte acento árabe.
También era asombrosamente hermosa.
—Cuando el juez la llame, hablaré por usted. Vamos a declararnos
inocentes. El oficial del arresto no vendrá para dar su testimonio, y esto
molestara al juez.

10 Kandura: Prenda que va hasta los tobillos, por lo general con mangas largas.
—¿Qué? ¿Cómo sabe que el oficial del arresto no vendrá y por qué
queremos molestar al juez?
Suspiró como si la estuviera molestando.
—Porque al oficial se le dijo que no viniera hoy. Y este juez es insistente
en escuchar los testimonios en la lectura de cargos. Hay un cincuenta por
ciento de posibilidades de que lo moleste tanto que te deje ir para demostrar
un punto.
—¿Qué pasa si las cosas van en la otra dirección? ¿Qué pasa si el otro
cincuenta por ciento gana?
—Entonces irás a la prisión por un máximo de treinta días hasta que el
oficial pueda ser ubicado y aparezca.
—Pero… —Antes de que pudiera objetar, un oficial me llamó por mi
nombre.
—Es nuestro turno. Vamos.
—Espera…
—No. Vamos ahora.
92 Todo lo que vino después se desarrolló frente a mí como si lo viera a la
distancia. Estaba físicamente presente en la corte, pero mi mente estaba
flotando en alguna parte viéndolo todo desarrollarse. Miré de nuevo a Carter
antes de pararme al lado de mi abogada al frente de la corte. Él estaba sentado
en el borde de su asiento y se veía tan nervioso como me sentía yo.
El juez dijo un par de cosas y no entendí, y luego mi abogada respondió
en árabe. Contuve el aire viendo al juez mientras se molestaba más y más con
cada corriente de palabras que decía. Después de un acalorado debate, el juez
tomó su mazo y lo bajó con fuerza. Salté ante el sonido.
—Ven conmigo. —Un oficial tomó mi codo y comenzó a llevarme fuera
de la corte.
—Espere. Espere… ¿qué pasó? —pregunté a mi abogada—. ¿Qué dijo el
juez?
Puso los ojos en blanco.
—Eres libre de irte. El oficial te llevará para recoger tus pertenencias
ahora.
CARTER ESTABA ESPERANDO en los escalones frontales de la corte
con mi abogada. Mi reacción inicial fue correr y poner mis brazos a su
alrededor. Pero entonces recordé que así fue como me metí en problemas en
primer lugar; por ser indecente en público.
—¿Estás bien? —Su rostro estaba tan lleno de preocupación.
—Eso creo.
Él volteó hacia mi abogada.
—No sé cómo agradecerte, Serine.
Una sonrisa pícara cruzó en su rostro, y asintió.
—Estoy segura de que pensarás en algo la próxima vez que nuestros
caminos se crucen en un vuelo a América, Capitán. —Ella se volteó hacia mí—.
Buena suerte con tu hermana. Trata de mantenerla decente de ahora en
adelante.
Me quedé de pie boquiabierta mientras ella se iba.
93
—¿Tu hermana?
Carter intentó explicar.
—Nos encontramos un par de veces en vuelos. Pensé que las
probabilidades de me ayudara serian mejor si…
Alcé mi mano y lo detuve.
—Ni siquiera quiero saber.
—Lo siento, Kendall. Nunca debí dejarte por tu cuenta. Debí haberte
hecho venir conmigo, y esto nunca habría sucedido.
—No es tu culpa.
Apuntó con su barbilla hacia el estacionamiento al otro lado de la calle.
—Alquilé un auto. ¿Podemos irnos de aquí por favor?
—Dios, sí. Necesito tomar una ducha y quitarme esta ropa.
—Bien. Ya tengo tus maletas. Conseguí un ama de llaves para entrar a tu
habitación. Pretendí haber perdido la llave.
—¿Mis maletas? ¿A dónde vamos?
—A donde debí haberte llevado la primera noche.

94
DE VERDAD HABÍA arruinado todo.
Bajo ninguna circunstancia debería haber dejado a Kendall sola. Incluso
aunque siguió intentando convencerme de que el arresto no fue mi culpa, no
podía dejar de sentirme responsable por toda la horrible experiencia.
Ella estuvo extrañamente callada todo el viaje hasta donde Amari. Mi
amigo nos aseguró una habitación en su casa de hospedaje por el próximo par
95 de días. El lugar de Amari estaba ubicado en el corazón del desierto, lejos del
bullicio de la ciudad. Afortunadamente, Amari no era conservador. Siempre y
cuando fuéramos discretos, pretendiendo estar casados para que los otros
huéspedes no avisaran a nadie, estaba completamente bien con Kendall y yo
compartiendo habitación. Se podía confiar en que no nos delataría.
Acabábamos de llegar a nuestra habitación cuando noté a Kendall
mirando pensativamente por la ventana al desierto.
—¿Estás bien?
—Sólo necesito una ducha —respondió sin voltearse.
Su tono me alarmó. Necesitaba arreglar esto. Lo único que quería era
deshacer el daño hecho por el arresto.
—Déjame prepararte un baño.
A pesar del hecho de que no me respondió, fui al baño para preparar la
bañera hasta que estuvo llena con agua y jabón. Todavía sintiéndome ansioso
por su actitud, regresé a la habitación y le ofrecí mi mano para levantarla de la
cama.
Llevándola dentro del baño, no quise nada más que sostenerla bajo el
agua caliente.
—Quítate la ropa —exigí—. Pero déjate el sujetador y la ropa interior
porque nos bañaremos juntos.
Aliviado de que no protestara, me quité el pantalón, dejándome a ropa
interior antes de meterme en el agua. Mientras ella se quitaba su vestido, mi
polla se hinchó ante la visión de su atlético cuerpo en nada más que bragas y
sujetador. Estiré mi mano hacia ella.
—Entra. Prometo que no morderé.
Vacilante hundió sus piernas una a una luego bajó su cuerpo frente al
mío, situándose entre mis rodillas. Con su espalda presionada contra mi pecho
y su culo cerca de mi entrepierna, mi erección no podía ser evitada.
Afortunadamente, ella entendió.
Kendall tenía su cabello recogido en una coleta. Jalando la banda,
observé mientras su hermosa melena rubia se soltaba. Tomando agua cálida
entre mis manos, mojé su cabello repetidamente y luego vertí un poco de
champú en mi palma.
96 Comencé a masajear lentamente su cráneo mientras inclinaba su cabeza.
—Relájate, bebé —susurré—. Sólo relájate. —No quería nada más que
cuidar de esta chica ahora mismo, hacerla sentirse a salvo de nuevo.
Todo estaba en silencio aparte del débil sonido de hombres hablando
árabe en la habitación de al lado. Después de varios minutos de casi silencio,
Kendall habló por primera vez.
—¿Soy una tonta, Carter?
Instintivamente dejé el movimiento de mis dedos a través de su cabello
para procesar su pregunta.
—¿Qué quieres decir?
—¿Qué estoy haciendo aquí?
Mi corazón se hundió. Escuchar esa pregunta fue como un golpe a las
entrañas.
—¿Te arrepientes de seguirme?
Se incorporó un poco y se detuvo antes de hablar.
—Eres un hombre hermoso… muy carismático… un espíritu libre, y me
haces sentir cosas que nunca he sentido antes. Pero creo que me dejé llevar.
Sólo no entiendo cómo saldré de lo que sea que esto sea sin daño.
—¿Por qué te preocupas de cosas que no han sucedido? ¿Por qué no
puede ser esto sobre el presente?
—Puedo pensar en muchas razones por las que no puede ser.
—Bien… ¿cuáles son? Háblame. Aparte del arresto, dime por qué todo
lo que sucedió antes de eso te llevó a creer repentinamente que todo esto es un
error colosal. —El tono molesto de mi voz me sorprendió. Mi cuerpo se puso
rígido mientras esperaba su respuesta.
—No es sólo por ti. He sido egoísta. ¿Quieres saber por qué todo esto es
tan jodido? Porque hay dos hombres, a los que engañé, esperando conocerme
en cinco días, dos hombres que me están dejando determinar si tendrán una
familia o no. porque se supone que debo estar tomando vitaminas prenatales,
y no beber. Porque no he decidido en absoluto si voy a seguir con eso. Porque
escuché a Jolene en el avión diciéndole a otra azafata; a quien también te
cogiste; lo idiota que eres. Porque mi abogada quien me salvó el pellejo es otra
de tus acostadas baratas. Porque siento que a lo mejor soy una tonta por creer
97 que soy diferente de todas ellas. Porque tal vez que fuera arrestada es una
señal de que acostarme contigo sería un error colosal. Porque todavía no sé si
puedo confiar en ti. En realidad puedo seguir y seguir.
Eso fue difícil de escuchar, y honestamente no sabía que decir. Podía
entender sus dudas con respecto a mí, y sin importar que tantas cosas sienta
por ella, no iba a haber una forma fácil de probárselo.
Después de un largo silencio, al fin dije:
—Entiendo la situación en la que estás, y tienes razón en tener esas
preocupaciones sobre mí.
—Hay mucho en juego, y podría estar sacrificando todo por un hombre
que me consumirá. ¿Qué tan diferente soy de ellas, Carter? Dímelo. Todas las
otras mujeres… ¿qué tan diferente soy?
Sabía que esto era todo. Esta era mi única oportunidad de responder esa
pregunta de la forma más posiblemente honesta, o iba a perderla.
Pasé mis manos húmedas por mi cabello y dejé salir un profundo
suspiro.
—No estoy orgulloso de mi mismo por la forma en que he vivido mi
vida hasta ahora. Todo lo que has escuchado… es verdad, Kendall, todo. No
estoy intentando ocultarte nada. Pero nada ha sido igual desde el día en que te
conocí. No sé cómo explicar exactamente por qué esto se siente diferente. Todo
es muy nuevo. La única cosa de la que sigo seguro es que quiero más tiempo
para descifrarlo, más que nada.
Su respiración se hizo más pesada, y supe que debía mirarla a los ojos.
—Necesito que te des vuelta me mires.
Cuando finalmente lo hizo, reposicioné mis piernas a su alrededor,
encerrándola.
—Este soy yo, el verdadero. No el piloto, no el mujeriego o ninguna de
las etiquetas que tengo por las decisiones estúpidas. Necesito que sepas que lo
último que quiero es lastimarte. Haré cualquier cosa en mi poder para evitarlo.
Pero debes entender que no puedo cambiar mi jodido pasado.
Sus ojos empezaron a inundarse.
—No eres solo tú. Estoy muy jodida también, Carter.
Limpié una lágrima que cayó en su mejilla con mi pulgar.
98
—Ambos lo estamos. Tal vez eso es lo que es. Tal vez vemos un poco de
nosotros mismo en el otro. Somos dos cosas erróneas que de alguna forma
hacen una correcta. Separados somos miserables, pero juntos… de alguna
forma funcionamos. Sé que esta no es una situación sencilla. Sé que tienes
decisiones que tomar.
—Tengo miedo.
—¿Quieres saber la verdad? También tengo miedo. Cuando me dijiste lo
que te sucedía en Río, en realidad no lo había dejado asentarse. De hecho,
pensé mucho en eso en el vuelo hasta aquí. Es una mierda aterradora. Pero
entiendo tu dilema. Es muchísimo jodido dinero; el legado de tu familia.
Sientes la responsabilidad de defenderlo, y estás intentando hacerlo de una
forma que en verdad ayude a las personas; estos tipos en Alemania. Pero no
estás lista para tomar una decisión, Kendall. No quiero que cometas un error
del que no puedas retractarte. Eso no cambiará en cinco días, tampoco.
Necesitas más tiempo. Necesitas postergar ese vieje a Alemania hasta que estés
segura al menos.
También necesito más tiempo.
Sólo dame más tiempo contigo.
—Si continuamos esta aventura, no puedo acostarme contigo, Carter.
Por mucho que quiera, decidí que no sería una buena idea después de todo.
—Lo entiendo. No voy a mentir y decir que eso me hace feliz o que será
fácil para mí. Pero lo entiendo y lo respeto. Y prometo tampoco presionarte.
Nos miramos a los ojos hasta que me incliné y besé su frente y mantuve
mis labios presionado contra esta. Momentáneamente perdí mis sentidos y mi
compostura cuando hablé contra su piel.
—Todavía no me dejes, Perky.
Retrocedió para mirarme, y cuando de repente sonrió, sentí como si
hubiera liberado mi corazón de un fuerte agarre.
—¿Qué hay para hoy? —preguntó.
Alivio.
—Bueno… —Sonreí—. Una siesta. Luego cuando despertemos,
tendremos una cena temprano con un poco del Shawarma11 de Amari, luego
un poco de hooka.
99 —¿Acabas de llamarme hooker12? —Se rió.
Mi risa retumbó en el baño. Se sentía tan jodidamente bien dejarla salir
después de la tensión de hace unos minutos.
—No. Hookah. También conocido como narguile. Es una pipa de agua
usada para fumar tabaco saborizado. Lo fuman después de la cena. Es una
tradición aquí. No tienes que hacerlo si no quieres. Pero te prometo, es la única
pipa en la que te pediré que pongas tu boca esta noche.
Kendall pellizcó juguetonamente mis mejillas.
—Ahí está. Estaba empezando a creer que ibas a hacer esta cosa de no
sexo fácil para mi cerrando tu sucia boca también.
—Oh, dije que respetaría tu decisión, pero de ninguna forma eso se
extiende a mi sucia boca.
—De hecho, me encanta tu sucia boca.

11 Shawarma: Plato árabe que consiste en láminas de carne consumido por lo general en un pan
pita.
Hooker: Zorra o prostituta en inglés. Es un juego de palabras entre este término y Hooka, ya
12

que la pronunciación es similar.


—Algún día, Perky. Algún día… cuando estés lista, te darás cuenta de lo
sucia que puede ser mi boca sobre ti. Y te encantará.

LA CHARLA DE LA BAÑERA que tuvimos pareció acercarnos más. Esa


noche, nos sentamos afuera en la parte de atrás de la propiedad de Amari, la
cual era básicamente, el vasto y seco desierto, compartiendo no sólo una pipa
de agua sino también historias de nuestras infancias.
Kendall me contó sobre crecer en el rancho en Texas, y yo le conté un
par de secretos chistosos, por ejemplo como mi hermana solía ponerme
maquillaje mientras dormía cuando éramos niños.
Kendall era una alegría para los ojos mientras se sentaba de piernas
cruzadas, soplando anillos de humo de la pipa con esa bonita boca mientras se
reía y se abría a mí.
Nunca la quise más, pero por mucho que me muriera por probarla, juré
100 mantener mi promesa de no presionar los límites físicos mientras ella estaba
en este estado de limbo.
Más tarde esa noche, se quedó dormida con su trasero presionado en mi
costado. Entre la quietud del desierto y mi fuerte erección, no pude dormir ni
una mierda.
Necesitando alivio desesperadamente, en silencio me levanté de la cama
y me metí al baño. Con mi espalda contra la puerta, cerré mis ojos y pensé en
cuando estuvimos en el club, pero en lugar de nosotros bailando, de alguna
forma mi mente se imaginó a Kendall completamente desnuda, envuelta a mi
alrededor mientras montaba mi polla en la pista de baile.
Estuvimos tan cerca del Nirvana esa noche antes de que lo arruinara y la
dejara sola en la calle. Apartando el pensamiento molesto de mi cabeza,
intenté concentrarme de nuevo en mi fantasía del club.
Jadeando, empuñé mi polla, bombeándola fuerte mientras me
imaginaba cogiendo su caliente y mojado coño, recordando la forma en que
olía cuando nuestros cuerpo estaban cerca, lo mucho que me deseó esa noche,
la forma en que su lengua sabía cuándo nos besamos.
Me masturbé más fuerte antes de repentinamente detenerme ante el
sonido de su voz detrás de la puerta.
—¿Carter? ¿qué haces?
Mierda.
Me reí en voz baja y golpeé mi cabeza contra la puerta.
—¿Rezando?
—¿Siempre respiras así cuando rezas?
—Es una oración intensa.
—¿Qué estás haciendo en verdad?
—Creo que debes saber que estoy haciendo, Kendall.
—¿Puedo entrar?
Todavía con una erección, metí mi polla en mis pantalones lo mejor que
pude antes de abrir la puerta.
Sus ojos bajaron a mi enorme erección.
—Lo siento… por hacerte recurrir a eso.
101 —Está bien. Mi mano y yo no hemos pasado tiempo así desde que era
adolescente. Creo que me extrañó.
—¿Qué estabas pensando?
—En ti.
—Sí… ¿pero qué en específico?
—Era esta fantasía de tener sexo contigo en la pista de baile del club.
Bajó la mirada de nuevo. Su expresión era seria cuando preguntó.
—¿Necesitas ayuda?
—Pensé que habías dicho que no iba a ir allá.
—No puedo tener sexo contigo. Pero quiero tocarte. Podría quitarme la
ropa, dejarte terminar lo que empezaste. Ya sabes… ayudar.
Mirando al techo, sacudí la cabeza.
—¿No tienes ni una jodida idea, verdad?
—¿Qué quieres decir?
—Lo loco que me vuelves. No hay cosas a medias contigo. Masturbarme
con tu cuerpo desnudo frente a mí… sin poder hacer lo que de verdad quiero
hacerte… sería una tortura. No tengo esa clase voluntad, no contigo, ya no.
incluso cuando te beso, en lo único en que puedo pensar es en enterrarme
dentro de ti. ¿Pero desnuda frente a mí? Es demasiado, Kendall. Cuando te
desnudes para mí, quiero que sea cuando estés lista para permitirme tenerte.
De lo contrario, es mejor si no sé lo que me estoy perdiendo.
Luciendo llena de remordimiento, movió sus manos.
—Bien. Lo entiendo. Lo siento… por interrumpir.
—Vuelve a la cama. Ya voy.
Después de que Kendall se fue, cerré los ojos arrepentido. ¿Estaba loco
por rechazarla así?
Ahora que ella sabía que hacia aquí, no podía relajarme. Todavía
necesitando la jodida liberación, abrí la llave de la ducha y entré.
Irónicamente, me masturbé con visiones de su cuerpo desnudo contra la
puerta del baño e imaginé que me miraba.
A la mierda con mi vida.
102
CUANDO ABRÍ MIS OJOS a la mañana siguiente, Carter no estaba en la
habitación. Probablemente estaba consiguiendo el desayuno. No tenía idea de
que hora era.
Dios, me sentía tan estúpida.
¿Qué demonios estaba pensando interrumpiéndolo así anoche,
ofreciéndole nada más que otra gran calentada de polla? Escuchándolo jadear
103 así, sabiendo lo que hacía tras esa puerta cerrada, me estaba volviendo loca.
Haz algo o lárgate, Kendall.
Carter no tenía ni idea de lo mucho que quería darle todo a él.
Simplemente no podía llegar a ese punto hasta que mi cabeza estuviera en
orden, porque no había forma de que pudiera compartimentar el sexo con él,
de ninguna forma podría mantener mis sentimientos fuera de eso. Tenía que
asegurarme no sólo de sus intenciones, sino de las mías antes de dar un paso
como ese.
Escuché un golpe contra la ventana.
¿Qué demonios?
Luego otro.
Después de deslizar la cortina a un lado, literalmente salté ante la visión
que me encontró. Era el rostro de un animal que rápidamente noté era un
camello. Sobre dicho animal estaba Carter, quien estaba sonriendo y
saludando como un loco.
—Abre la ventana —gesticuló.
Levanté el alfeizar.
—¿Qué demonios sucede?
—Vístete y trae tu hermoso culo aquí afuera. Vamos a montar a este
chico. Será mejor que te pongas pantalones largos.
—No me subiré a eso.
—Tristemente, no es la primera vez que me dices eso —bromeó—. Pero
esta vez, no vas a escaparte. ¡Vamos! Sólo lo tenemos por una hora.
Carter mostró su hermosa sonrisa y un vistazo a ese hoyuelo en su
barbilla fue el empujón que necesité para salir de la cama.
El calor del desierto era abrasador para una hora tan temprana. Carter
estaba abajo del camello y de pie al lado de Amari.
Nuestro anfitrión me sonrió.
—Buenos días. —Acarició el camello—. Vayan a divertirse con Fouad
aquí. Después de que acaben, tendré un buen desayuno árabe tradicional
esperando.
—Gracias, Amari. Eso suena genial.
104 —Amari nos ayudará a subirnos —dijo Carter.
Amari hizo al animal sentarse, luego dijo:
—Subirse es la parte más difícil. Después de eso, es un viaje tranquilo.
—Después de que nos ayudó a ambos a subirnos al animal, dijo—: Carter es
un profesional en esto. Estás en buenas manos.
Susurré tras la espalda de Carter.
—Pareces ser un profesional en todo.
Se dio vuelta.
—Excepto en la única cosa que quiero de verdad. —Guiñó—. Sólo
bromeo, hermosa.
—No, no bromeas.
—Tienes razón. No lo hago. —Carter dejó un suave beso en mis labios
que fue interrumpido cuando el camello empezó a caminar.
—¡Aquí vamos, supongo! ¿Cómo exactamente diriges a un camello? —
pregunté.
—De hecho, no tengo idea. Los camellos en realidad no responden si
intentas darles indicaciones. Pero siempre he tenido suerte sólo siguiendo la
corriente. Lo principal es no hacer nada errático que los asuste.
Parpadeando para quitar de mis ojos la arena que flotaba con la brisa del
desierto, me incliné contra Carter, relajando mi mejilla en su espalda. Como
siempre, me sentía salvo cuando él tenía el control.
Montamos en silencio por un rato antes de que fuera la primera en
hablar.
—Lamento lo de anoche. Fue estúpido de mi parte hacer algo así si no
tenía intención de ir hasta el final contigo.
—No te preocupes. Espero que entiendas de donde venía sin embargo.
—Lo hago.
—Cuando finalmente te tome, no habrá marcha atrás. Es por eso que
debes estar completamente lista para eso.
—Sé que no estás acostumbrado a que las mujeres lo piensen dos veces
para abrirse de piernas para ti.

105 —¿No recuerdas que te dije que me gustaba el desafío?


—Lo recuerdo.
—Estoy comprometido por ti, Perky. No te preocupes. Esperaré lo que
necesites que espere.
—¿Puedo preguntar algo?
—Adelante. Lo que sea. Lo sabes.
—Todas las mujeres… nunca dejar que alguna entre… incluso en tu
carrera la cual te asegura que nunca estés en un lugar mucho tiempo… ¿todo
es por Lucy?
Silencio.
Dios, era una idiota. De nuevo.
Después de unos minutos, finalmente hablé.
—Lo siento, Carter. No debería haber preguntado eso. Es sólo que
parece que sigo metiendo las narices en donde no debo durante las últimas
doce horas. Primero el baño, ahora esto, estuvo fuera de los límites. Espero no
estés molesto.
Su voz era baja.
—Estoy molesto, pero no tiene nada que ver contigo.
Carter bajó el camello por una pequeña colina. No era nada más que
arena por kilómetros. Y nosotros. Los pocos edificios que esporádicamente
salpicaban el desierto no se veían.
—No debemos hablar de eso.
—Esa es la cosa. Nunca he hablado de Lucy. Con nadie. Mis padres lo
intentaron un tiempo, pero rápidamente se dieron cuenta que no iban a llegar
a ninguna parte y se rindieron. Por horrible que suene, sólo seguí. Han pasado
años desde que me permití detenerme a pensar sobre todo lo que sucedió.
Seguramente he pensado más en mi vida estás ultimas cuarenta y ocho horas
que en los últimos quince años. No me di cuenta lo mucho que todavía me
aferraba a eso.
—Algunas veces nos aferramos con más fuerza a las cosas que debemos
dejar ir.
Carter suspiró.
—Sí.
106
—Tiene sentido. El estilo de vida que llevas. Siempre moviéndote y
pasando de mujer a mujer. No puedes ser lastimado si no te apegas.
—Y no puedo lastimarlas si no se acercan demasiado.
—Es un mecanismo de protección. Todos lo hacemos en cierta medida.
He estado haciéndolo el último año yo misma. En el fondo de mi mente, sabía
que con el tiempo debería hacerlo, y comencé a apartar a las personas. Mis
amigos, la poca familia que me quedaba… no quería que me juzgaran cuando
llegara el momento.
De alguna forma, Carter dominó a Fouad, y nos detuvimos. Se las
arregló para pasar una pierna sobre el camello y se giró para quedar
completamente cara a cara. Apartando un mechón de cabello detrás de mí
oreja, dijo:
—No te juzgaré, Perky. Nunca. Te doy mi palabra.
Sus ojos estaban llenos de sinceridad. Lo decía de verdad.
—Y estoy aquí para ti si quieres hablar de Lucy. En cualquier momento
y lugar. Incluso cuando este viaje acabe. —Mi corazón se apretó pensando en
que no faltaba mucho, el final del camino estaba acercándose.
Carter besó mi frente y me envolvió en un fuerte abrazo.
—Gracias. Eso significa mucho para mí.
Aparentemente, Fouad decidió que habíamos acabado con nuestro
momento serio. Comenzó a andar de nuevo, obligando a Carter a girarse y
mirar al frente. Por el resto del paseo, mantuve mis brazos alrededor de él
desde atrás e hice lo que había hecho desde la primera vez que seguí a este
hombre… aferrarme con fuerza.

—SÍ, BUENO, HAY UNA PRIMERA vez para todo. —Carter estaba
hablando a teléfono cuando salí del baño envuelta en una toalla después de mi
ducha. Habíamos pasado todo el día alternando entre sentarnos afuera en el
desierto, comiendo platos árabes tradicionales, y escuchando al amigo de
Carter, Amari contar historias de los cambios de Dubái durante los últimos
veinte años. Entre medio, nos escapamos para acurrucarnos en nuestra
habitación. Ahora el sol se había puesto, y acababa de raspar un centímetro de
arena de mi cuero cabelludo—. Dame quince minutos, y déjame hablar con mi
107 mujer. —Carter colgó y arrojó el teléfono a la cama.
—¿Tu mujer? —Miré sobre mi hombro a la derecha y luego a la
izquierda y bromeé—. ¿Tienes una mujer de tu posesión por aquí?
Incluso aunque estaba de pie al otro lado de la habitación, la forma en
que Carter estaba mirándome hizo que mi cuerpo se calentara. Las toallas no
eran muy largas, y mis pequeños pechos se estaban levantado y asomándose
por encima.
—Me gustaría poseerte. Sigues ahí de pie mucho más tiempo en esa
toalla de mala muerte, y vas a sentir lo mucho que me posees en los próximos
dos segundos.
Escondí mi sonrojo enterrando mi cabeza en mi equipaje buscando por
ropa limpia para cambiarme.
—¿Con quién hablabas al teléfono?
Se acercó y besó mi hombro desnudo.
—Un amigo piloto. Me pidió cubrir un vuelo suyo mañana en la
mañana. Está aquí en Dubái y tiene un rápido cambio de vuelo.
—¿Está enfermo o algo?
Carter pasó su nariz por mi cuello, su cálido aliento produciéndome
escalofríos en la piel, la cual estaba en su mayoría expuesta.
—¿Frío? —La sonrisa en su voz era inconfundible. Él sabía el efecto que
tenía sobre mí.
Lo ignoré.
—¿Vas a tomar el vuelo?
—Eso depende.
—¿De qué?
—Si estás dispuesta para otra aventura.
Me di vuelta, y él no retrocedió.
—¿Quieres que vaya contigo?
—Sólo voy a tomarlo si vienes conmigo. Si quieres quedarte aquí por
otros dos días, también estoy bien con eso.
—¿A dónde vas en dos días?
Los ojos de Carter miraron entre los míos.
108 —A casa. Tengo cinco días de descanso después de esto. Volaré de aquí
de regreso a Estados Unidos y luego tomaré una conexión como pasajero para
llegar a casa en Florida.
Vaya. Nuestro pequeño viaje de verdad se acerca al final. La idea me da
nauseas. Carter debe haber sentido lo que estaba pensando. Alzó mi barbilla
para que nuestros ojos se encontraran.
—No lleguemos a eso todavía. Quédate conmigo. Ya sea aquí o en otra
aventura, todavía tenemos tiempo. No quiero que esto acabe tampoco.
Vivamos el momento, Kendall.
—¿A dónde iremos?
Sonrió, y fue lo único que pude hacer para no dejar caer la toalla en
respuesta.
—Es una sorpresa.
—Dame una pista.
Carter rasco su barbilla un minuto.
—Bien. Si quieres que sigamos con nuestra pequeña aventura, me darás
luz verde, pero puede que te molestes al ser detenida en la luz roja en el
camino.
—¿Qué demonios se supone que eso significa? Dije una pista, no un
acertijo.
Se rió.
—¿Qué dices, Perky? ¿Estás dispuesta a una aventura más conmigo?
—¿Puedo ser arrestada por bailar, maldecir, mostrar piel, o tocarte,
dónde sea que vayamos?
—Definitivamente no. —Besó la cima de mi nariz—. De hecho esas cosas
son fuertemente alentadas en la próxima parada de nuestra gira. —Carter
sonrió y ese maldito hoyuelo se unió. Dios, me encanta esa cosa. ¿Quién lo diría?
Puse los ojos en blanco.
—Bien. Cuenta conmigo. Pero si acabo de nuevo en prisión, voy a hacer
responsable a tu hoyuelo.

109 NUESTRO VUELO A LA MAÑANA SIGUIENTE fue a una hora impía.


Tuvimos que irnos de donde Amari a las tres y media para que Carter se
registrara. Sería lo que él llamaba un vuelo rápido, queriendo decir que
llegaríamos a donde sea que fuéramos esta tarde y regresaríamos a Dubái en
veinticuatro horas. Luego, nos encontraríamos con su tripulación de siempre y
volaríamos de regreso a Estados Unidos. Era después de eso en lo que no
quería pensar. Probablemente volvería a casa por unos días antes de ir a
Alemania. De camino al aeropuerto, miré por la ventana viendo a Dubái pasar,
pero sin ver nada en realidad. La melancolía acabó con mi humor pensando en
lo pronto que las cosas terminarían.
—¿Estás bien? —El taxi había salido a la autopista siguiendo las señales
al aeropuerto.
—Sólo cansada.
—Te conseguí un asiento en primera clase, así que con suerte podrás
dormir en el vuelo.
—¿Cuánto dura el vuelo?
—Unas siete horas.
—¿Estarás en la cabina de mando todo el tiempo? Digo, sé que vuelas el
avión… pero siete horas es mucho tiempo para mirar el cielo.
Se encogió de hombros.
—Me gusta. Es el único lugar donde me siento de verdad relajado.
—Debes pensar mucho.
—A veces. Depende de con quién esté volando. Algunos de los copilotos
son como yo y se mantienen callados. Otros hablan sin parar. Cuando consigo
uno de esos, por lo general tomo una siesta.
Mis ojos se abrieron como platos.
—¿Duermes mientras vuelas el avión?
Carter se rió.
—Así es. Pero no te preocupes. Tomamos turnos. A la aerolínea no le
gusta que duerman ambos pilotos a la vez.
—¿Puedo ver la cabina de mando?
—No hay nada que preferiría más que mostrarte mi cabina de mando13.
Pensé que nunca lo pedirías.
110
Carter tenía mi pase de abordaje en su iPhone junto con sus órdenes, así
que no tuvimos que registrarnos. Entramos como si nada por la fila de
seguridad de empleados y nos detuvimos en la zona de comidas por café y
desayuno. Le pedí mi orden a Carter y fui al baño de mujeres.
Cuando regresé, encontré a Carter sentado en una mesa con una
bandeja. Sólo que no estaba a solas. Una preciosa morena estaba frente a él.
Imagínate. Estaba usando los mismos colores marinos que él, otra seguidora
azafata supuse.
Ella me miró de arriba abajo cuando llegué a la mesa, examinándome
descaradamente. Carter se levantó y sacó mi silla.
—Kendall, ella es Alexa Purdy. Trabajamos en International Airlines
juntos.
La mujer mostró sus perfectos dientes. Considerando que mis padres
habían gastado una fortuna en endodoncia, sonreí más ampliamente.

13Cabina de mando: Cockpit en el original. El protagonista hace un juego de palabras con la


palabra Cock, que en español es pene.
—Un gusto, Alexa. ¿Estás en el vuelo de Carter hoy?
—Así es. Pero de hecho es Carter quién está en mi vuelo, no al contrario.
Carter explicó.
—Será el copiloto hoy. Alexa es capitana, la piloto a cargo. Es su ruta la
que estoy reemplazando hoy.
—Oh. —No me encantaba la mujer cuando pensé que era una preciosa
azafata. Sabiendo que era lista y que estaría encerrada en un cuarto pequeño
con Carter hoy, de inmediato me disgustó.
Carter estaba mirándome.
—No sabía que Alexa se había reubicado y mudado fuera del país. No
hemos volado en años.
Podría haber estado tratando de tranquilizarme, pero la capitana Purdy
claramente tenía otras ideas. Batió sus pestañas hacia Carter.
—Ha pasado mucho tiempo. Tenemos mucho para ponernos al corriente.
¿Recuerdas lo mucho que nos divertíamos durante los largos vuelos cuando
éramos pilotos de reserva?
111 Carter tosió.
—Alexa y yo empezamos como pilotos de reserva, tomando vuelos a
donde pudiéramos conseguir. También su esposo, Trent. ¿Cómo está Trent? Ha
pasado tiempo desde que lo vi.
—Está muy bien. La última vez que escuché estaba haciendo la ruta a
Milán y acostándose con una modelo de cuarenta kilos que conoció en un
vuelo.
—¿Están separados?
—Divorciados.
—Lamento oírlo —dijo Carter.
Alexa tocó su brazo y dijo con voz cantarina.
—No lo estés. El divorcio fue mi idea. Me gusta mi libertad. Estar atada
hizo que volar el amigable cielo fuera drásticamente hostil.
Por suerte, no tuvimos mucho tiempo que desperdiciar con el desayuno,
porque si tenía que presenciar un coqueteo más, o escuchar una historia más
de los viejos y buenos tiempos, podría enloquecer. Por lo general no era una
persona celosa por naturaleza. Siempre sentí que era una pérdida de tiempo y
energía preocuparse por lo que otros tenían y no tenían. Pero por primera vez,
estaba pensando que tal vez la razón para mi falta de celos antes, era que no
había nada que quisiera de verdad lo suficiente para estar celosa.
No nos deshicimos de Alexa hasta que llegamos casi a la puerta.
Afortunadamente, recibió una llamada y le dijo a Carter que lo vería a bordo
antes de disculparse. Todavía siendo discreto para tocarme en público, Carter
me llevó por un pasillo cerca al baño por un poco de privacidad.
Él pasó sus dedos por su cabello.
—Lo siento por eso. No tenía idea de que era mi copiloto. No la he visto
en años.
Era masoquista de mi parte preguntar, pero no pude detenerme.
—¿Ustedes dos solían…
Carter soltó un suspiro.
—Sí. Pero fue hace mucho.
—¿Alguna vez… tontearon en la cabina?
—Kendall… —advirtió Carter. No era necesaria una respuesta porque
112 mi cerebro ya había invocado vividas imágenes de la señorita Dientes
Perfectos con su cabeza bajo el volante del avión. Argh.
Alcé mi mano.
—Está bien. Somos adultos. Y no es como si estuviéramos follando ni
nada.
—No por mi elección, y lo sabes.
—Como sea.
—No estás siendo justa, Kendall. He sido honesto contigo desde el día
en que te conocí. ¿Preferirías que te mintiera y te dijera que nunca nada
sucedió entre nosotros?
—Preferiría ya no estar aquí. —Estaba intentando lastimarlo, para hacerle
sentir el dolor que sentía. Su rostro me dijo que había tenido éxito.
Se inclinó, bajando su rostro al mío.
—¿Es eso lo que de verdad quieres? ¿Quieres irte? Entonces adelante.
No puedo cambiar quién era. Me gustas Kendall. Mucho. Probablemente
muchísimo más de lo que debería en este punto. Pero debes saber esto. No
tengo interés en Alexa o ninguna otra mujer. ¿Quieres saber por qué? Porque
la única mujer en la que tengo mi maldito interés eres tú. Entonces si ni
siquiera puedes confiar en mí para volar un avión, no hay caso de todos
modos.
Nos miramos el uno al otro, ninguno de los dos cediendo.
—Me tengo que ir. Espero que vengas conmigo. Pero incluso si no lo
haces, nada cambiará. La vida que llevé no era digna de una mujer como tú, y
lo único que puedo hacer es intentar cambiar avanzando. El pasado es
exactamente lo que es, el pasado. —Y justo así, Carter se alejó.
Veinte minutos después, la azafata de la puerta anunció el último
abordaje. Todavía estaba sentada en el área de espera, insegura de qué
demonios hacer. De ninguna forma quería dejar a Carter, pero quedarme sólo
haría nuestra inevitable despedida más dura. Y si por algún milagro no nos
despedíamos en unos días, ¿podría construir algo con él sabiendo que siempre
estaba viajando? ¿Podría dormir preguntándome a quién le hacía compañía en
esas largas noches de vuelo?
Las azafatas apagaron el aviso iluminado con el destino y comenzó a
organizar su papeleo. Esto era todo. Ahora o nunca. Estaba asustada de seguir,
pero la idea de nunca ver a Carter de nuevo era más aterradora. Justo cuando
113 empezaron a cerrar la puerta, grité:
—¡Esperen! —Las dos mujeres se dieron vuelta en el exacto segundo en
que Carter corrió frenéticamente por la puerta.
A la mierda Dubái y sus estúpidas reglas. Corrí hacia él y me envolvió en
sus brazos, sosteniéndome con fuerza.
—No me dejes, Perky. —Entonces tomó mi rostro entre sus manos y me
besó apasionadamente.
—Lo siento. Fui estúpida. Me prometiste que no me juzgarías y aquí
estaba yo juzgándote.
—Lo siento también, Perky. Lamento que haya tanto en el pasado para
juzgar. Sólo vamos hacia adelante, ¿bien?
—Sí. Eso es lo que quiero hacer.
—Bien. Ahora larguémonos de aquí antes de que te arresten de nuevo.
—Extendió su mano—. Ven a volar conmigo, hermosa.
CUANDO ATERRIZAMOS EN HOLANDA, no pude bajarme del avión
lo suficientemente rápido.
La capitana Alexa había estado molestándome sin parar durante todo el
vuelo, alternando entre mencionar historias del pasado y hablar sobre su
divorcio, ninguno de los cuales me importaba una mierda. Desde el segundo
en que abordamos, lo único que quise fue volver con Kendall. Siete horas
después, se cumplió mi deseo.
114 Después de un turbulento aterrizaje, mi pequeño ángel rubio y
descarado estaba esperándome en la cabina cuando salí de la cabina de
mandos. Ignorando a Alexa y a los otros miembros de la tripulación, acerqué a
Kendall a mí y planté un beso sobre ella que fue justo tan intenso como el de
antes de abordar; como si lo hubiéramos comenzado donde lo dejamos.
No podía esperar para mostrarle Ámsterdam y ser capaz de tocarla
libremente en público donde sea y cuando sea que mi corazón lo deseara. No
teníamos mucho tiempo aquí, así que quería hacer mi mejor esfuerzo antes de
que tuviéramos que volver a Dubái. Sabía que grandes decisiones esperaban
en el horizonte después de esta aventura. Podríamos guardar las cosas
pesadas para entonces. Esta parada de nuestro viaje iba ser sobre divertimos
en un lugar sin límites.
Mientras esperábamos para reclamar el equipaje, me paré tras ella,
envolviendo mis manos alrededor de su cintura y hablé en su oído.
—Todas esas preocupaciones en esa linda cabeza, ponlas en espera.
Olvídate de eso hoy, ¿bien? Vamos a pasar el momento de nuestras vidas.
¿Cuento contigo, preciosa?
—Claro que sí —dijo, girándose y juguetonamente pegando su dedo en
el hoyuelo de mi barbilla.
Había elegido un hotel cerca al Barrio Rojo de Ámsterdam. Kendall
tomó una pequeña siesta antes de salir a la calle.
Ya que andar en bicicleta está de moda en Ámsterdam, alquilamos un
tándem, el cual montamos por toda la ciudad.
Estacionamos en el vecindario de Jordaan. Caminando de la mano en las
estrechas calles, visitamos algunas galerías de arte y tiendas de antigüedades
en el camino.
Después, tomamos una visita guiada a través de los canales, donde
miramos lo que los locales llamaban las casas danzantes; un montón de altas e
inclinadas casas históricas.
En la noche, el cansancio se apoderó de ambos. Después de una cena en
un pintoresco restaurante, decidimos ir a ver el Barrio Rojo antes de irnos a
descansar.
La calle estaba alineada con ventanas iluminadas de rojo, cada una tenía
una cabina donde los juerguistas podían participar en un peep show14 o con una
115 prostituta; lo que sus cabezas desearan. No había nada parecido en el mundo.
Había recorrido esta calle muchas veces, pero nunca participé. Incluso yo tenía
límites. Me divertía ver la reacción de Kendall, observándolo todo por primera
vez.
—¿Entonces esto es legal?
—Sí. Y sólo tiene sentido que haya una iglesia gigante en medio de todo,
¿verdad? —dije, refiriéndome a la Vieja Iglesia—. Probablemente la única
ubicación del mundo donde encontrarás religión y prostitución en un solo
lugar.
—Un poco mágico y perverso. —Se rió—. Cisnes nadando en una
represa, rodeados de una iglesia, algunas prostitutas y muchas ofertas de
yerba.
—Es como un sueño psicodélico. ¿Pero, sabes qué lo haría mejor?
—¿Qué? —Se rió.
—Esto —dije, de repente acercándola y plantando un firme beso en sus
cálidos labios. Presionando mi cuerpo con el suyo, sabía que podía sentir la

14 Peep Show: Espectáculo erótico que suele verse a través de una mirilla.
erección prácticamente punzando mis pantalones. Una cantidad
indeterminada de tiempo pasó mientras continuábamos besándonos en frente
de uno de los moteles.
Un golpe en el vidrio interrumpió el momento. La alta rubia,
escasamente vestida dentro de la ventana que estábamos bloqueando nos hizo
señas de que nos moviéramos del camino. Debimos de haber estado
obstruyendo su vista de la calle.
—Lo siento —dije, envolviendo todo mi cuerpo alrededor de Kendall
desde atrás mientras continuábamos la lenta caminata.
—¿Entonces, alguna de estas mujeres te llama la atención? —preguntó.
—No.
—Mentiroso.
—Hablo en serio. Son atractivas, pero no las quiero. Ahora si fueras tú
en esa de las ventanas de esos burdeles… sería una historia diferente.
Definitivamente entraría, y quedaría en bancarrota. Simplemente seguiría
dándote y dándote más dinero para que me dejaras intentar todo contigo. —
Dejé de caminar y la acerqué a mí, hablando sobre sus labios—. Sólo toma mi
116 jodido dinero.
Se rió en medio del beso y dijo:
—Te daría un muy buen descuento.
Aunque nuestras bromas eran divertidas, estar en este ambiente
sexualmente abierto con Kendall y todo el besuqueo estaba poniéndome
jodidamente cachondo. Ahora tenía una completa erección mientras
regresábamos al hotel. Sintiéndome débil con cada segundo, sabía que si ella
tan sólo me miraba en nuestra habitación, no sería capaz de luchar si algo
sucedía esta vez.
El hotel en que nos quedábamos era un pequeño lugar a la moda que
seguía el tema del Barrio Rojo. Los cuartos tenían incluso una luz roja
opcional, lo cual era genial.
—¿Sabes que me gustaría de verdad? —preguntó Kendall mientras
entrabamos a nuestra habitación.
—Sé mi respuesta a esa pregunta.
Juguetonamente me pegó en el pecho.
—Una copa de vino.
—Podría conseguirnos una o dos botellas si quieres.
—Me siento mal haciéndote volver, pero de verdad, seria genial.
—¿Por qué no te relajas y tomas una ducha mientras salgo?
—Suena bien.
Buscando la tienda de licores más cercana en mi teléfono, salí
rápidamente del hotel para evitar perder mucho tiempo lejos de ella. Después
de todo, esta podría ser técnicamente nuestra última noche juntos. Ya había
decidido pedirle que volviera a casa a Florida conmigo. Aunque si no
aceptaba, nuestra aventura terminaría pronto.
Mierda.
No dejaría al miedo entrar esta noche. Esta noche era para disfrutar cada
momento en Ámsterdam. Punto.
Tratando de bloquear todos los pensamientos depresivos de mi mente,
entré a la tienda y pedí al vendedor por las mejores botellas de vino tinto y
blanco que tuvieran.
De camino de regreso al hotel, mi teléfono sonó con un mensaje de
117 Kendall.

Kendall: Sólo sigue el juego.


¿Qué demonios quería decir?
Carter: ¿Seguirle el juego a qué?
Kendall: ¿Dónde estás?
Carter: A una cuadra del hotel.
Kendall: Escríbeme cuando estés casi aquí, pero antes de que entres al
hotel.

Unos minutos después, hice lo que pidió.

Carter: Estoy aquí.


Kendall: Quédate afuera y mira al segundo piso desde la calle
Bloedstraat por el costado del edificio.
Ahí era donde estaba. Alcé la mirada.
Oh.
Dios.
Mío.
Qué.
Me.
Jodan.
Mi corazón empezó a latir más rápido. Kendall tenías las luces rojas del
cuarto encendidas. El frente de su cuerpo estaba presionado contra las
ventanas mientras no usaba nada más que un sujetador de encaje y bragas. Se
había peinado el cabello con dos trenzas y movía su cuerpo lenta y
seductoramente, luciendo tan cómoda como cualquiera de las mujeres en las
ventanas que vimos hoy. Excepto que esta no era cualquier mujer en una
ventana. Era la chica de mis sueños trayendo a la vida una fantasía que era
mejor que cualquiera que mi salvaje imaginación podría haber conjurado.
118 Con una mirada de ven-aquí, levantó su dedo índice y me hizo señas
para que subiera. Quedándome helado en la acera, intento imprimir esto en mi
memoria; la visión de ella en esa ventana iluminando una nublada noche en
Ámsterdam. Sabía que nunca lo olvidaría en lo que me quedaba de vida. El
hecho de que todavía estuviera sosteniendo las botellas de vino sin que se
cayeran de mi agarre y se rompieran en el suelo era admirable.
El elevador estaba tomándose mucho tiempo, así que subí las escaleras,
saltando peldaños para llegar más rápido. Antes de abrir la puerta, inhalé
profundamente y cerré mis ojos, tocando la puerta sólo para seguir la
corriente. No sabía si de verdad estaba ofreciendo algo o provocándome. Sólo
sabía que jugaría cualquier cosa detrás de esa puerta.
Kendall abrió.
Mi boca se extendió en una sonrisa mientras la observaba y esperaba
indicaciones.
—Te vi mirándome —dijo—. ¿Estás interesado?
Sigue la corriente.
Mierda sí.
Mi voz estaba ronca de deseo.
—Sí. —Tragué.
—Entra.
Sólo sigue la corriente.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunté.
—Kendall. ¿El tuyo?
—Carter.
—Hola, Carter.
—Hola, Kendall. —Lentamente acercándome, dije:
—¿Puedo decirte algo?
—¿Sí?
—He estado caminando por estás calles todo el día, buscando en vano.
Nunca he visto a nadie en estas ventanas más hermosa que tú. Finalmente
encontré exactamente lo que buscaba. Gracias por dejarme entrar.
Pareció sonrojarse, probablemente sintiendo que mis palabras
119 encerraban más que sólo esta pequeña sátira.
—De nada.
Mientras caminaba hacia ella depredadoramente, ella
provocadoramente dio pasos hacia atrás con un sonrisa traviesa.
—Así que, dime, Kendall. Nunca he hecho esto antes. ¿Qué sucede
ahora?
—Negociamos. Me dices que quieres, y yo te digo que estoy dispuesta a
hacer. —Se inclinó contra una repisa cerca a la ventana, ligeramente separando
sus tonificadas piernas. Las luces de la calle afuera brillaban tras ella.
Tomando una de sus trenzas, dije:
—Lo quiero todo. Así que, tendrás que establecer algunos límites. —
Pasé las puntas de mis dedos por su mejilla y por su cuello—. Qué tal si solo
nos tocamos un rato, hasta que sepas con qué estás cómoda.
Cerrando sus ojos y dejando salir un tembloroso suspiro, dijo:
—¿Quieres que me quite el resto?
—Sólo si te parece bien.
Se enderezó y se acercó a mí.
—Me parece bien.
Estábamos cara a cara cuando pregunté:
—¿Puedo desvestirte?
Asintió.
—Por favor.
Desabroché su sujetador desde el frente y me tomé un momento para
admirar sus hermosos senos que me recordaban a dos perfectas tazas de té.
—Eres tan hermosa.
—También quiero verte —susurró.
Así que levantando mi camisa sobre mi cabeza, sentí que ella podía ver
mi corazón latiendo a través de mi pecho. No tenía idea de cómo iba a
continuar controlándome.
Sólo tómate un momento a la vez.
Saborea esto.
120 Desabroché mi cinturón y lo arrojé a un lado y luego bajo mis
pantalones para quitármelos.
Ambos estábamos en ropa interior ahora. Pasé mis manos por su cuello
y acuné ambos pechos en mis palmas, masajeándolos lentamente. Tratando de
mantener control sobre mí mismo, apretando mis abdominales para mantener
mi pene a raya.
—¿Puedo tocarte? —preguntó.
Relajando mi cuerpo, imploré.
—Por favor.
Kendall frotó sus pequeñas manos de arriba abajo por mi pecho y
alrededor de mis bíceps. Me encantó la forma en que sus pezones se tensaron
ante el contacto.
Tocarla mientras me tocaba y aun así tener que controlarme era la cosa
más erótica que había experimentado. Era tan difícil mantener mi boca lejos de
ella. Lamí mis labios una y otra vez para evitar perder el control y atacarla.
Había estado mirándola a los ojos cuando sentí su mano deslizarse a mi
ropa interior y envolverse alrededor de mi polla. Muy sensible, gemí ante el
contacto. Comenzó a bombear lentamente en su mano mientras seguía
mirándome. Cerrando mis ojos por el éxtasis de nuevo, eché mi cabeza hacia
atrás mientras Kendall me masturbaba, girando su pequeña palma alrededor
de mi polla una y otra vez. Usó su pulgar para esparcir mi líquido alrededor
de la punta. La habitación estaba en silencio, nuestra frenética respiración era
el único sonido.
Iba a venirme.
Listo para explotar, coloqué mi mano en la suya para detenerla.
—Detente o sigue, Kendall. Tú dime. Pero no duraré mucho más. Ha
pasado mucho tiempo.
Por mucho que me encantaba que me diera esta fantasía, no podía
ignorar que todavía había una ligera duda en sus ojos.
Estaba seguro de que me deseaba tanto como yo a ella, pero no estaba
lista. Hoy no era la noche.
Eso no cambiaba el hecho de que necesitaba el clímax como un hijo de
puta.
Necesitaba tomar el control.
121
—Quiero que sigas masturbándome mientras te toco. Vamos a venirnos
juntos, nada más, nada menos.
Una mirada de alivio reemplazó la incertidumbre en su rostro.
La charla terminaba ahí.
Nos besamos mientras acariciaba mi resbaladiza polla arriba y abajo
entre nosotros mientras trabajaba para quitarle la ropa interior. Masajeando su
clítoris con mi dedo índice y medio, no pasó mucho hasta que los músculos
entre sus piernas empezaran a palpitar. Su respiración se atascó, y sabía que
estaba viniéndose. Dios, estaba incluso más desesperada que yo. Escuchándola
gemir de éxtasis fue suficiente para desatar mi propio orgasmo mientras
disparaba cargas de semen en su mano.
No era exactamente como me había imaginado nuestro primer contacto
físico. Era desastroso y frenético, pero tal vez eso era más acorde con la
imprevisibilidad que nos seguía desde el principio. Simplemente nunca sabías
que sucedería de un segundo al otro.
Envolviendo mis manos alrededor de su apretado trasero, dije:
—Eso fue sexy. Quiero hacer mucho más, sin embargo.
—Te habría dado mucho más.
—Aunque en verdad aprecio la sorpresa que me diste esta noche, no
estabas lista, Kendall, y lo sabes.
—¿Cómo me conoces tan bien?
—He pasado suficiente tiempo mirándote a los ojos para saber cómo
leerte. Todavía no estás segura, y no te tomaré por completo hasta que tus ojos
no tengan ni una onza de duda en ellos. Incluso lo que hicimos fue presionar
demasiado.
—Bueno técnicamente, estaba sacudiendo, no presionando.
—Puedes hacerlo de nuevo más tarde, por cierto.
Después de tomar sus bragas del suelo, las llevé a mi nariz y murmuré.
—Dios, extrañé tu olor.
—¿Cuándo me has olido antes?
Mierda.
—Mmmm…
122 —Carter…
—Ese primer día en Maria. Puede que me haya puesto tus bragas en la
cara mientras me masturbaba en la bañera.
—Eso es muy retorcido… pero un poco dulce y sexy a la misma vez. Así
como tú.
—Ves… tú me entiendes. Me aceptas como el oledor de bragas que soy.
Es por eso que no puedes dejarme. Nadie más me aceptará. —La besé con
fuerza y luego hablé contra su cuello—. No me dejes, Perky. No me dejes en
Dubái. Ven conmigo a Florida… una parada más de la aventura. Luego, toma
tu gran decisión… después de Boca. ¿Qué dices?
—Ir contigo a casa es un poco diferente que hacer paradas por el
mundo. Déjame pensarlo en el vuelo de regreso a Dubái, ¿bien? Tendré siete
horas para reflexionar y luego te diré mi decisión sobre Florida.
Por mucho que deseara que me diera un sí al instante, debía de respetar
sus decisiones sin discutir.
Esa noche, la abracé con fuerza mientras dormíamos en una posición
más íntima que las de antes… con mi gruesa polla presionada contra su culo a
través de la tela de su camisola de dormir. Mi pene estaba rogando por más así
como yo.
La peor parte era el dolor en mi pecho que iba a juego con una canción
de los Beatles en particular que seguía sonando en mi cabeza. La canción no
estaba fuerte aun, era más como una desvanecida música de fondo que mi
mente no estaba segura si debía subirle el volumen. No estaba listo para
creerlo. Sin embargo, la canción estaba ahí.
And I Love Her15.

123

15 And I love Her: Y la amo. Canción de los Beatles.


ME SENTÍA COMO UNA NIÑA DE DIECISÉIS AÑOS, loca por el chico
que usaba una chaqueta de cuero y siempre estaba siendo castigado en
secundaria. Eso podría tener que ver algo con el hecho de que estaba siendo
manoseada en un rincón en un puesto de revistas del aeropuerto cuando
Carter pensaba que nadie veía.
—Basta —susurré una advertencia, pero no podía evitar sonreír. Carter
124 estaba detrás de mí mientras yo miraba el puesto de revistas, con una mano
discretamente metida bajo mi blusa mientras tocaba mi pecho.
—Ahora entiendo completamente el atractivo de ir sin sujetador. De
hecho, insisto en que nunca uses uno de nuevo cuando estemos juntos. Ser
capaz de estirar y tocar esta exuberante teta… —Apretó—… cuando quiera, es
jodidamente asombroso. Quema tus sujetadores, Perky.
Me reí. Un anciano se acercó al puesto y se detuvo a mi lado. En lugar
de sacar su mano de mi blusa, Carter decidió pinchar mi pezón. Con fuerza.
Un cruce entre un gemido y un auch salió, e intenté cubrirlo con una tos falsa.
—Disculpe —dije cuando el hombre me miró.
Le di un codazo a Carter en las costillas cuando el señor se alejó. Él
gruñó, aun así de alguna forma se las arregló para darle un último pellizco a
mi pezón antes de sacar su mano de mi blusa.
—Estamos en público, basta ya.
Carter tomó el lóbulo de mi oreja entre sus dientes y lo mordió mientras
susurraba en mi oído.
—Te encanta, y lo sabes.
Tenía razón. Me encantaba. Aunque Carter era el tipo de hombre al que
no podías contarle eso. No tenía recelos con una sesión de manoseo en
público. Y si había aprendido algo sobre como reacciono a él físicamente, era
que debía tener cuidado con comenzar porque una vez en marcha, era casi
imposible detenerme a mí misma.
—Voy a ir al baño antes de abordar. Escoge tus revistas. Ya regreso. —
Metió la mano al estante y sacó una copia de bolsillo de Cincuenta sombras de
Grey y me la entregó—. Compra esto, también. Puedes resaltar las partes
sucias, y luego cuando decidas venir conmigo a casa, podemos recrear algunas
escenas. —Guiñó un ojo.
Estaba terminando de escoger las últimas de mis revistas para el viaje en
avión cuando Alexa se acercó. La capitana Alexa. Odiaba que tan solo ver a esa
mujer me pusiera tan inquieta.
—Kendra. Qué bueno verte. ¿Ya perdiste a Trip? —Perra.
—Es Kendall, y Carter ya viene. —Tomé una revista e hice mi mejor
esfuerzo por ignorarla, regresando toda mi atención mientras la hojeaba.
Se detuvo a mi lado por otro segundo antes de hablar de nuevo. Dios, la
perra incluso olía bien,
125
—¿Você leu holandés? —dijo.
—Mmm… ¿eh?
Se rió. No, de hecho, no se rió. Se carcajeó.
Fui a la caja registradora confundida, hasta que bajé la mirada y me di
cuenta de que había estado pretendiendo leer una revista People en holandés.
Carter apareció cuando quedaban dos en la fila. La capitana cara de
perra estaba de pie detrás de mí.
—Alexa. He estado buscándote.
—¿Oh? —Su voz se elevó.
Él envolvió su brazo alrededor mi cintura posesivamente.
—¿Te importaría darme diez minutos cuando estemos listos para
abordar? Quiero mostrarle a Kendall la cabina de mando. Darle a mi chica un
recorrido.
—Mmmm… claro.
Al minuto en que nos alejamos del puesto de revistas, detuve a Carter.
Arrojando mis manos alrededor de su cuello, lo besé largo y fuerte en medio
de la terminal. Cuando finalmente nos separamos, ambos sin aire, él sonrió y
dijo:
—No estoy quejándome, pero ¿a qué se debe eso?
—Nada. ¿No puede tu chica besarte cuando quiere?

DESPUÉS DE CERCA DE TRES HORAS de vuelo, decidí echar mi


asiento hacia atrás y tratar de dormir. Prácticamente no había hecho más que
obsesionarme sobre lo que debería hacer cuando aterrizáramos, ya que Carter
mencionó que quería llevarme a casa con él a Florida. Cerré mis ojos, pero
debería saber que mi cerebro nunca sería capaz de apagarse y descansar. En
cambio, comencé a visualizar como sería estar en casa con Carter en una
especie de fantasía medio dormida y medio despierta.
¿Cómo se vería el lugar en que vivía? Nunca había estado en Boca, así
que no estaba segura de la arquitectura o paisaje, pero de alguna forma me lo
126 imaginaba en un rascacielos alto, lujoso y moderno. Tal vez incluso en la suite
del pent-house. Entraríamos al impresionante vestíbulo de cristal y acero,
saludaríamos al guardia uniformado, e iríamos directo al elevador. Carter
deslizaron una tarjeta llave en la ranura del panel del elevador y subiríamos
directamente al piso más alto sin detenernos. Él me sonreiría en el reflejo de
las puertas plateadas, y yo le respondería, la emoción viajando a través de mis
venas mientras esperaba estar en la privacidad de la casa de Carter. Llegando
arriba, las puertas se deslizarían, dándonos una entrada directa a su
apartamento.
En mi estado de sueño semi-consciente, respiro profundamente y me
preparo para entrar. Fue entonces que mi sueño se convirtió en pesadilla. De
pie adentro, frente a las ventanas de cristal del suelo al techo de la sala de estar
a un nivel más bajo, estaban tres azafatas. Todas estaban desnudas de la
cabeza a los pies, con excepción de los tacones aguja azul marino y el pequeño
sombrerito sin ala, inclinado a un lado.
Mis ojos se abrieron rápidamente. Oh Dios.
Sin importar que tan fuerte intentara recordar al hombre con el que pasé
tiempo, el hombre que era dulce y atento, sin mirar a ninguna otra mujer
cuando estábamos juntos, mis miedos seguían regresando a atormentarme.
¿Sería así siempre si Carter y yo de alguna forma seguíamos en contacto? ¿Qué
sucedería con el hombre de apetito sexual insaciable cuando estuviera grande
y gorda, de siete meses de embarazo cargando un bebé que no era suyo? ¿Me
querría? ¿Podríamos siquiera hacer funcionar las cosas si seguía con mis
planes?
No me di cuenta de que estaba llorando hasta que sentí las lágrimas caer
de mi cara y mojar mi mano. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo podría seguir este viaje
con este hombre y enamorarme más? Peor, una pregunta igual de difícil era,
¿cómo no podría?
Milagrosamente, me quedé dormida un poco después de eso. Me
desperté con una mano en mi mejilla.
—Hola, hermosa. Queda poco menos de una hora.
Estiré mis manos sobre mi cabeza.
—Carter. ¿Por qué no estás en cabina de mando?
—Necesitaba ver tu rostro. Estaba volviéndome loco durante estas seis
horas sabiendo que estabas aquí pensando que iba a suceder entre nosotros.
127 Sonreí. Lucía como si estuviera esperando que le dijera mi decisión, pero
todavía no tenía ni idea de que hacer.
—Lo siento. No tengo todavía una respuesta.
—Está bien. Necesito volver. Pero quería decirte algo antes de aterrizar,
y tomarás tu decisión.
—¿Qué?
Tomó mi mano.
—Después de que Lucy murió, decidí que quería ir a la escuela para ser
piloto. Pero estaba asustado de que no pudiera hacerlo. Estaba de fiesta todo el
tiempo y cogiendo en todas partes, básicamente actuando como un idiota
inmaduro. Me aceptaron en el programa de aviación y no estaba seguro de
qué hacer. Volar un avión es una gran responsabilidad, y dudaba de que fuera
capaz. Así que hice algo que nunca ante había hecho. Saqué los viejos poemas
que Lucy había escrito para mí cuando estábamos juntos y los leí de nuevo. No
estoy seguro de qué buscaba, o que esperaba, pero sentía que era algo que
necesitaba hacer. Como sea, los leí todos… debían haber unos cincuenta de
ellos, inseguro de estaba buscando. No quedó claro hasta que leí el último.
—¿Qué decía?
—No recuerdo las palabras exactas, pero el final iba algo así: Tus alas ya
existen; ahora debes aprender a volar. —Carter se encogió de hombros—. Es tonto,
pero lo tomé como una señal. Quiero decir, ¿cuáles son las probabilidades de
que un poema de Lucy fuera sobre aprender a volar cuando estaba intentando
decidir convertirme en piloto?
—No creo que sea tonto. De verdad creo que algunas veces Dios nos
dirige a leer señales para guiar nuestras decisiones. Siempre están ahí, pero Él
hace que veamos las cosas en ciertos momentos de nuestras vidas. Creo que
eso era lo que estaba esperando en este viaje cuando empezó. Que encontraría
las señales que me guiarían a tomar la decisión correcta.
Carter sonrió.
—Me alegra que te sientas de esa forma. ¿De casualidad leíste ese
artículo sobre una de las Kardashians en tu revista de chismes?
Fruncí el ceño.
—Creo que sí. ¿Algo sobre una de las gemelas conociendo un rapero?
Besó mis labios.
128
—Debo volver. Dale otra mirada al artículo. Tal vez es tu señal.
Confundida, me reí.
—Bien.
—Te veo en tierra, hermosa. —Se levantó y empezó a alejarse cuando lo
llamé.
—¿Carter?
—¿Sí?
—¿Alguna azafata vive en tu edificio?
Me lanzó una media sonrisa sexy.
—Definitivamente no.
—¿El guardia de la recepción está uniformado?
—No.
—¿Vives en un pent-house?
Su media sonrisa se extendió a una completa.
—Ni de cerca.
—¿Entonces no hay mujeres desnudas en tacones de aguja esperando
cuando llegues a casa?
Se rió.
—Gracias Dios, no. No tienes ni idea de lo graciosa que es esa pregunta.
Si decides venir a casa conmigo, recuerda lo que preguntaste.
—Bien.
Después de que Carter desapareció de nuevo en la cabina, saqué mi
revista y pasé las páginas hasta que encontré la historia sobre una de las chicas
Kardashian. Curiosa de por qué pensó que podría ser una señal para nosotros,
releí todo el artículo. La historia era sobre Kendall, así que ahí había una
similitud, pero eso era todo lo que podía encontrar que podría indicarme algo.
Ella había conocido a un chico nuevo, que seguro como el diablo no era nada
nuevo, y el artículo tenía un par de fotos de ellos besándose y patinando.
Aparentemente fueron a un viaje a Miami, así que había una ligera conexión
con Florida también. Pero entonces cerré la revista y su señal me golpeó justo
en la cara.
129 La portada tenía varias frases. En la esquina superior derecha, había una
foto de Taylor Swift y debajo decía. Taylor: La música es mejor que el sexo. Me reí
para mí misma pensando que no había forma en el infierno que esa fuera la
señal que él quería que leyera. Abajo en la parte baja de la portada había una
foto de Kendall Jenner. Las palabras debajo me golpearon con fuerza, y fue
exactamente lo que Carter esperaba que viera como una señal. Kendall: Me
enamoré en Florida.

CUANDO ATERRIZAMOS en Dubái, esperé en mi asiento hasta que el


avión estuvo casi vacío. Después de que la última persona pasó, metí mi
revista Okay en mi bolso y fui hasta la cabina de mando donde Carter estaba
de pie. Por primera vez, parecía nervioso. Había desaparecido el piloto
arrogante, sonriente y seguro que conocía, reemplazado por algo que parecía
mucho más vulnerable.
No dijimos nada hasta que estuve frente a él. Luego extendió su mano
con duda.
—¿Qué dices, Perky? ¿Vienes conmigo?
Mantuve un rostro solemne mientras me ponía de puntitas para casi
mirarlo cara a cara.
—¿Cómo puedo ir en contra de un consejo de las Kardashian?

VOLAR CON CARTER a mi lado era mucho más divertido que tenerlo
en la cabina de mando donde no podía mirar su apuesto rostro. Los vuelos de
Dubái a Florida eran un código compartido, lo cual quiere decir eran de una
aerolínea hermana y no estábamos sometidos a al harem de azafatas de Carter
para los tortuosos y largos vuelos. Pasamos quince horas volando y
cambiando aviones, aun así dormir con mi cabeza sobre el pecho de Carter y
jugar a tocarnos bajo la delgada manta para el vuelo, de hecho disfrute cada
momento de los vuelo. De hecho, me sentí refrescada cuando salimos del
terminal en Miami.
Nos subimos al autobús del puente aéreo hasta el estacionamiento
130 prolongado, y cuando caminamos al auto de Carter, me di cuenta de lo mucho
que iba a aprender del hombre viéndolo en su ambiente familiar.
—Este es el mío —dijo Carter mientras nos acercábamos a una gran de
camioneta Suburban negra. Abrió el maletero y guardó nuestro equipaje
dentro, luego fue a la puerta del pasajero y abrió, y me ayudó a subir para
entrar.
Me volteé y revisé e interior mientras él iba hasta el asiento del
conductor.
—Esta cosa es enorme. Puedo meter dos de mis autos aquí. Creo que te
imaginé más en un pequeño deportivo de dos asientos que en este bus. Aun
así, te queda bien.
—Solía tener exactamente eso. Un pequeño 1972 Porsche Targa rojo. Me
encantaba esa cosa. Lo cambié con un amigo el año pasado por esta bestia.
Tuvo una cirugía de espalda y tenía problemas para subirse, y yo necesitaba
algo más grande para cargar mi mierda a todas partes.
—¿Cargar la mierda a todas partes?
Carter puso el auto en marcha y salió del estacionamiento.
—Sí. Siempre estoy cargando esta cosa para una temporada u otra.
—¿Qué tan lejos queda tu casa?
—Como a media hora. Es rápido, más que nada por la autopista.
Durante el viaje, revisé mis correos. Había uno que había estado
evitando por unos días; responderle a mi madre. Sabía que estaba al menos
medio ebria cuando lo escribió, sólo por sus frases mal construidas. Mi bien
hablada madre tendía a perder su educación de escuela de internado después
de un trago de vodka. En lugar de explicarle en que estaba metida, tomé la
salida fácil y le respondí diciéndole que todavía estaba viajando con un amigo,
que estaría en contacto en unos días.
Poco después, salimos de la autopista, tomamos un par de giros rápidos,
y estuvimos bajando por un camino que llevaba a una comunidad residencial.
La entrada tenía una gran fuente en medio de una rotonda vehicular y una
bonita sede de un club. A la izquierda y la derecha, habían entradas de
portones que bloqueaban el paso a lo que parecían cientos de condominios de
una comunidad cuidadosamente planificada. Carter fue a la izquierda y se
detuvo para bajar su ventana e ingresar un código. El portón se abrió
lentamente, y entramos.
131
Un aviso decorativo nos dio la bienvenida al otro lado. Bienvenidos a
Silver Shores. Nos alegra de que hayas regresado a casa a salvo. Un anciano usando
un traje gris estaba conduciendo una vespa con una canasta al frente y saludó
y gritó mientras pasábamos.
—Hola, Capi. Bienvenido a casa.
Carter saludó y sonrió.
—Ese es Ben. Fue un recolector de basura en Nueva York durante
cuarenta años. Todavía usa el overol todos los días. Él sería lo más cercano al
portero uniformado que te imaginaste que tenía.
Mientras conducíamos más en la comunidad, miré alrededor. No era
para nada lo que esperaba. Aunque era limpio y bien cuidado, era todo lo
opuesto a un lujoso rascacielos. En cambio, las construcciones eran todas
simples y condominios de dos pisos, muy estándares y normales.
Después de unas cuadras, giramos a la izquierda y paramos en un lugar
de estacionamiento. Carter sonrió y apuntó a uno de los apartamentos en el
primer piso.
—Y ese de ahí, sería mi pent-house.
—BIENVENIDA A MI HUMILDE MORADA. —Carter extendió sus
brazos mientras entrabamos al condominio.
Era de buen tamaño, no muy pequeño, ni muy grande. Dos sofás
acolchados café claro estaban en medio de un espacio abierto. Palmeras se
movían afuera de la puerta de vidrio en la parte de atrás que llevaba a un
pequeño patio.
132 —Esto es como un pequeño paraíso escondido.
—¿No era exactamente lo que esperabas?
—¿Honestamente? No lo es. Estaba imaginándome algo como un
rascacielos en South Beach.
—Sé que mi vida es bastante loca, pero cuando estoy en casa, quiero
paz, básicamente lo opuesto al rápido ritmo de vida que llevo cuando estoy
piloteando.
Mi estómago gruñó.
—Santo Dios… lo siento.
—¿Tienes hambre? Te prepararé el desayuno.
—Tal vez un poco. Sí. Eso estaría genial.
Carter abrió su nevera de acero inoxidable.
—Veamos que tenemos. Parece que hay algunos contenedores de
comida.
—Eso no puede estar bien. Te has ido por mucho tiempo.
—No. esto fue hecho hoy. —Apuntó a una etiqueta—. ¿Ves la fecha?
Alguien había pegado una nota con la fecha de hoy encima del
contenedor. Decía. Cosas calientes para mi cosa caliente. —Muriel.
Sacó otro Pyrex16. Este tenía una etiqueta que decía, Prueba esto, es mejor
que el de Muriel.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué es esto? ¿Tienes mujeres cocinándote?
—Mis vecinas. Tienen mis fechas de regreso en sus calendarios y dejan
comida. Tienen llave para mi apartamento porque alimentan mi gato y
cambian su caja.
—¿Tienes una gato?
—Sí. Su nombre es Matilda. Se esconde cuando huele una persona
nueva. Es por eso que no la has visto.
—Por supuesto que tu gato es una hembra.
—Espero que mi gata esté de pie frente a mí, porque no hay otra gata
que quiera17. —La mirada en su rostro era totalmente seria cuando dijo—. No
133 puedo esperar a comerla, también.
Teniendo que apretar los músculos entre mis piernas, aclaré mi garganta
y cambié de tema.
—¿Quiénes son estás mujeres vecinas?
Sacudiendo su cabeza, dijo:
—No es lo que crees.
—¿Qué es, entonces?
—Son lo suficientemente mayor para ser tus bisabuelas, Kendall.
Aliviada, entrecerré los ojos.
—¿Tienes ancianas que te cocinan?
—Sí. Insisten en pagarme por ayudarlas de vez en cuando.
—De hecho eso es muy dulce.

Pyrex: Marca de contenedores para alimentos.


16

17Gata: En el original se usa la palabra ―Pussy‖ que puede interpretarse como gata o coño. El
protagonista hace un juego de palabras cada vez que la usa en la frase.
—Gracias al diablo lo hacen, porque no puedo cocinar ni una mierda.
Después de un desayuno muestras de la cacerolas de Muriel e Irene, fui
al baño de Carter a tomar una ducha caliente.
En cuanto abrí la puerta, salté a un lado de Matilda la gata, siseándome.
Con las garras fuera, no me dejó ni atravesar la puerta.
Grité hacia el pasillo.
—¡Carter! Tu gatita parece poseída. ¡Ayuda! No me deja pasar.
—Mierda. ¡Ya voy!
Bajé la mirada a Matilda.
—Tranquila, gatita. No voy a lastimarte.
Carter apareció segundos después.
—No me di cuenta que estaba aquí. Por lo general se esconde debajo de
mi cama. Es muy posesiva. —Levantó a la peluda gata gris del suelo, y esta
maulló.
Matilda era tan sólo otras de las perras locas de Carter con las cuales
competir. Mi corazón pegó un brinco cuando él enterró su rostro en su piel,
134 bañándola de besos. Traté de olvidar la idea pasajera de que Carter podría ser
un buen padre algún día. Por alguna razón me dolió pensarlo. Tal vez era
porque mi instinto todavía me decía que nuestros futuros no iban a
entrelazarse.
—No te tardes mucho en la ducha. Quiero mostrarte los alrededores.
Tenemos un gran día. El primer día de regreso aquí es uno ocupado.
—¿Por qué ocupado?
Sonrió.
—Ya verás.
¿Qué significaba eso?
Después de que salí de la ducha, Carter abrió la puerta del baño, e
instintivamente agarré la toalla para cubrirme.
Él estiró sus manos.
—¿Puedo?
Sin siquiera entender qué estaba aceptando, simplemente asentí.
Carter tomó la toalla de mi agarré mientras sus ojos bajaban por la
longitud de mi mojado y desnudo cuerpo. Él empezó a limpiar suavemente
cada gota de agua en mi piel. Sus manos permanecieron entre mi entrepierna
mientras se tomaba su tiempo frotando la toalla entre mis piernas. Se suponía
que me estaban secando, pero estaba mojándome en cambio mientras mi
clítoris empezaba a palpitar.
La toalla cayó al suelo, pero la mano de Carter persistió, frotando de
atrás adelante hasta que me sentí empezar a llegar al orgasmo.
—Córrete. Está bien. Córrete —susurró—. Quiero ver tu cara.
Mis ojos se pusieron en blanco mientras permitía a mi orgasmo
recorrerme. Fue el más rápido que tuve alguna vez, pero fue seriamente
intenso.
Cuando mis ojos se abrieron finalmente, Carter estaba apuntando a su
entrepierna, llevando mi atención a su dureza.
—Mierda. Esto pudo haber sido un error —gruñó.
Su polla estaba estirándose a través de sus vaqueros. Miré su cabello, el
cual estaba despeinado por jugar con el gato. Se veía tan jodidamente sexy.
135 Tuve una intensa urgencia de simplemente arrodillarme y encargarme de él,
pero antes de que pudiera hacer un movimiento, retrocedió.
—Dios, es simplemente demasiado a veces —dijo, antes de salir
repentinamente del baño, dejándome completamente excitada incluso aunque
acababa de correrme.
Cuando salí completamente vestida, Carter ya no tenía una erección, lo
cual me hizo preguntarme si había ido a su habitación a masturbarse. Esa idea
me excitó aún más.
Después de que hubiera tomado su ducha, salió del baño, luciendo
delicioso con su cabello mojado peinado hacia atrás y vestido con pantalón
militar y una camiseta ajustada.
—¿Lista para el recorrido por el vecindario?
—Seguro. —Sonreí.
El sol de Florida estaba brillando mientras Carter y yo caminábamos
una cuadra hasta que llegamos a una fila de cerca de cincuenta vespas Segway
estacionadas en una cerca. Se inclinó y desencadenó dos.
—¿Qué sucede?
—Estas vespas pertenecen a todos los del vecindario. Nos dan una llave
que les quita el seguro. Es lo que la mayoría usa para moverse alrededor.
Que extraño.
Carter era tan grande que se veía casi ridículo mientras se subía en una y
comenzó a conducir para mostrar cómo funcionaba. Dio vuelta después de un
momento para ayudarme a subir a una hasta que estuve segura de cómo
manejarla.
Incapaz de contener la sonrisa mientras conducíamos, escuché mientras
Carter apuntaba cosas importantes del vecindario cerrado, tales como un lago
que pasaba por un lado, un pequeño centro comunitario y una piscina. El área
era gigante; estaba empezando a tener sentido porque la gente se movilizaba
en vespas.
Mientras continuábamos conduciendo, algo quedó bastante claro. No
habíamos pasado junto a nadie bajo la edad de setenta y cinco. También todos
los que pasaban junto a nosotros tenían cabello azul o nada de cabello.
—Hay bastantes ciudadanos mayores en tu vecindario.
Casi tan pronto como las palabras salieron de mi boca, Carter casi se
136 cayó de la Segway. Se detuvo y comenzó a reírse histéricamente. No era una
risa normal. Era un completo ataque de risa.
Sostuvo su estómago mientras decía.
—Estaba esperando que te dieras cuenta, Perky.
—¿Darme cuenta de qué?
—Eres tan linda. —Se bajó de la vespa y besó mi nariz.
—¿De qué estás hablando?
—No sólo hay muchos ciudadanos mayores aquí, Kendall. Básicamente
todos lo son. Esta es una comunidad para ancianos activos de más de sesenta y
cinco. La mayoría de los residentes están en sus setenta y ochenta.
Espera.
¿Qué?
—¿Qué demonios haces viviendo aquí?
—Esa es la pregunta del millón, ¿verdad? —Me dio una pequeña
palmada en el trasero—. Ven. Vuelve a subirte a la moto. Te contaré una
pequeña historia.
Mientras conducíamos rápidamente, Carter empezó a explicar.
—Muy bien, entonces hace un par de años, mi abuela murió.
—Lo siento.
—Gracias. De todos modos, mi condominio era de hecho suyo. Ella y su
gata Matilda vivieron aquí muchos años. Después de que murió, estuve
sorprendido de encontrar que me dejó el condominio en su testamento.
—¿Por qué a ti y no a tus hermanas?
—Creo que no quería elegir entre ellas. Son muy competitivas. Les dejó
un poco de dinero y me dejó el condominio a mí. Tenía toda la intención de
venderlo. Pero cuando vine para limpiarlo, me di cuenta con cada día que
pasaba aquí que nunca había sentido más paz en mi vida. No importaba como
me veía, qué hacía para vivir… ninguna mujer de mi edad para preocuparme
por habérmela cogido. Era como un escape y un escondite.
—Así que, te quedaste.
—Así es.
—¿Eres la única persona joven aquí?
137 —Hasta donde sé, lo soy. Pero la cosa es… incluso si quisiera irme
ahora, me sentiría un poco culpable.
—¿Por qué?
—Esto sonará extraño…
—¿Extraño? —bromeé con sarcasmo—. ¡No hay nada en esta situación
que sea extraño!
—Muchas de estas personas dependen de mí. En su mayoría, vivo una
vida muy egoísta cuando estoy volando. Pero cuando estoy aquí, dejo mi ego
en el suelo. ¿Ya sabes? ayudando a estas personas, ya sea llevándolos a hacer
diligencias o levantando algo… eso me hace sentir bien.
Entonces, caí en cuenta.
—Oh Dios mío. La Suburban. Es por eso que tienes un auto tan grande,
¿verdad?
—Sí. —Me reí.
—Eres como esa furgoneta que llega al supermercado transportando a
los ancianos alrededor.
—Básicamente, un par de veces al mes, así es.
—Vaya. Supongo que hay un montón de cosas que no me di cuenta
sobre ti, Carter.
—Hay mucho más que espero mostrarte hoy, cariño. Confía en mí.
—Ni siquiera intentes de actuar sexy por eso —dije mientras
continuábamos conduciendo.
—Esta seria definitivamente la primera vez que he intentado seducir a
alguien en una Segway.
—¿A dónde vamos de todos modos?
—Ya casi estamos ahí.
—¿Dónde?
—La casa de mi padre.
—¿Tu padre? ¿Pensé que tus padres estaban en Michigan?
—Lo están.
—Estoy confundida.
138 —Lo entenderás pronto. Recuerdas lo que me dijiste en Ámsterdam…
¿tan sólo seguir la corriente?
—Sí.
—Eso es lo que estoy por pedirte hacer.

CARTER TENÍA UNAS LLAVES para entrar a otro de los apartamentos.


Un hombre que parecía estar en sus ochenta estaba frente a un televisor.
—¡Ya era hora, Brucey! Mis jodidos pies me están matando.
¿Brucey?
Carter me miró con una sonrisa.
—No me avergüences frente a mi amiga, viejo.
—¿Qué haces con Michelle Pfeiffer?
—No es Michelle Pfeiffer, Pops.
—¿Quién es entonces?
—Su nombre es Kendall.
—¿Ken Doll?18
Carter alzó su voz.
—Kendall… Kendall.
—Como sea. Ven a cortarme las uñas de los pies.
—¿No las has cortado desde la última vez que estuve aquí?
—¿Quién más lo va a hacer? —gruñó el hombre.
—Cierto. ¿Dónde pusiste el cortaúñas?
—Joder si lo sé.
—¿Vas a enviarme a una búsqueda del tesoro de nuevo?
—Consígueme un poco de jugo de ciruela mientras estás en eso. He
estado estreñido por días —dijo antes de dejar salir un gran pedo.
Oh.
Bien.
—¡Oh, ese sonó húmedo! —Carter bromeó antes de mover su cabeza
para que lo siguiera por el pasillo.
139 —¿Quién es, Carter?
Carter habló en voz baja.
—Se llama Gordon Reitman. Era un amigo de mi abuela. En su
testamento, me pidió que le echara un ojo. No tiene a nadie más. Su esposa lo
echó hace unos años antes de que la abuela muriera. Recibe visitas de algunas
enfermeras algunos días a la semana, pero no es suficiente.
—¿Por qué te llama Brucey?
Bruce era el nombre de su hijo. Único hijo. El chico murió en un
accidente automovilístico cuando era adolescente. Cuando Gordon empezó a
perder la cabeza, empezó a creer que Bruce estaba vivo y que yo era el Bruce
adulto. Traté de corregirlo una vez, y no me creyó. Se puso agresivo. Así que,
sólo le seguí la corriente.
—De verdad cree que eres él, ¿o sólo quiere creerlo?
—Creo que de verdad lo cree en este punto, sí.
Vaya.

18 Ken Doll: Muñeco de Ken.


Carter rebuscó en algunos cajones del baño de Gordon y finalmente
encontró la pequeña bolsa de plástico con el cortaúñas. También se puso dos
guantes.
—¿Por qué necesitas cortar sus uñas?
—Pronto lo verás.
Regresando a la sala de estar, Carter se sentó en una otomana frente a
los pies de Gordon antes de quitarle una de sus medias. Sus uñas estaban
amarillas y quebradas. Quedó completamente claro porque Carter usaba los
guantes de látex.
Mientras empezaba a encargarse las uñas de Gordon, fui a la repisa que
mostraba fotos de un joven con gorra de beisbol. Había otra foto del mismo
chico adolescente. Luego, en el extremo de la revista había una de Carter,
arrodillado junto a Gordon.
—¡Ah, puto infierno! —gritó Gordon, haciéndome girar.
—Deja tu pie quieto y cuida tu lenguaje frente a mi chica, Pops, o tendré
que hacerte cosquillas. —Carter procedió a cosquillearle el pie a Gordon
brevemente como advertencia, y el viejo dejo salir una risa rara.
140 —Habrán más de donde vino esa —dijo Carter.
—Ya era hora de que trajeras una chica a casa, hijo.
Carter me miró.
—Bueno, esta es especial.
¿Nunca había traído una mujer a casa?
—Me encantaste en Brillantina —dijo Gordon.
Miré a Carter confundida.
—¿Mmm?
—Aparentemente, cree que eres Michelle Pfeiffer. Sólo síguele la
corriente. —Carter puso el cortaúñas en la bolsa—. Listo.
Para mi asombro, Carter empezó a verter una loción en sus manos y
frotó los pies de Gordon. El anciano echó su cabeza hacia atrás y cerró sus ojos.
Comenzó a gemir de éxtasis. Después de varios minutos, los gemidos se
convirtieron en ronquidos. Gordon estaba dormido.
Carter se levantó, y lo seguí al baño. De repente se dio vuelta y levantó
sus manos cubiertas de loción en broma.
—Déjame acunar tu rostro.
—¡Qué asco! —Me reí—. ¡Quítate esos guantes!
—Vamos, sabes que quieres algo de lo que tengo.
—Carter, en serio, no bromees. Lávate las manos si alguna vez sueñas
con tocarme de nuevo.
Se acercó más en broma y movió sus cejas.
—Un poco de hongos no tiene nada de malo.
—¡Carter!
—Bien, bien.
Carter se quitó los guantes antes de lavarse las manos. Luego se dio
vuelta, lentamente acorralándome contra la pared y plantando un beso en mis
labios.
Pasando mis dedos por su cabello, lo miré a los ojos.
—Sabes, he aprendido lentamente a confiar en ti, viendo la persona
debajo de la fachada de piloto mujeriego. Pero esto, lo que has estado haciendo
por este hombre: no sólo la cosa de los pies sino dejarme sentir que tiene
141 familia; de verdad demuestra quien eres en verdad. Me recuerda lo mucho
que me gustaba ayudar a Wanda hace años y me inspira a ser mejor persona.
Eres una persona abnegada, Carter.
Se acercó más.
—Bueno, este es un momento particular. Me siento lo contrario a
abnegado… muy avaricioso.
—¿Ah sí?
—¿Te he dicho lo hermosa que eres, Perky?
—Eso creo, sí.
—No, me refiero, a decirte en verdad. No creo que en realidad haya
dejado claro y en voz alta lo mucho que te quiero, y necesito que lo sepas,
antes de que intentes irte. Sé que me he comportado bien, pero seré honesto.
Desde que aterrizamos en Florida, se hace más difícil contenerme. Si me
dijeras ahora mismo que me dejas follarte en este segundo, estoy seguro de
que no podría resistir más. Así que, sólo te estoy diciendo, que he llegado a mi
punto de quiebre; mi pene ha llegado al punto de quiebre. Necesito follarte,
necesito estar dentro de ti.
—¿Aquí? ¿En el baño de un anciano? ¿Con su dentadura prácticamente
mirándonos desde el lavabo?
—Si me dijeras que quieres aquí… mierda sí. Te cogería aquí mismo. No
desperdiciaría otro segundo de nuestro precioso tiempo. Pero en serio, la
pelota está en tu lado. Tengo una habitación de huéspedes. Duermes ahí esta
noche, ¿bien?
—Espera. No entiendo. ¿Ahora, me estás diciendo que no quieres dormir
conmigo?
—No. ya no. no puedo dormir contigo más con mi pene presionado
contra tu culo, a menos que me dejes entrar. Un hombre puede soportar hasta
un punto.
—Bien. Lo entiendo.
—Y mientras estoy siendo honesto contigo, voy a decirte algo más,
porque las cosas pueden ponerse locas esta noche, y puede que no tenga
oportunidad.
—Muy bien…
—Sólo tenemos unos días aquí. Sé que tienes que pasar algo de ese
142 tiempo decidiendo que hacer. Siento que al menos, nos hemos convertido en
buenos amigos. Así que, como tu amigo, necesito decirte que creo que estás
cometiendo un grave error siguiendo con la inseminación artificial en
Alemania.
—Bien, dime la razón.
—Hay mucho jodido dinero en juego. Lo entiendo. Pero el dinero no lo
es todo, Kendall. Algún día, cuando el pánico de esa fecha limite pase, mirarás
atrás y te arrepentirás de haber renunciado a tu hermoso bebé. Y créeme, ese
bebé será precioso si viene de ti. No puedes jugar por ahí con la vida humana.
Por no mencionar, que el dinero no puede hacerte feliz, tampoco. Creo que tu
niñez es la prueba de eso. Pueden no ser millones, pero es mi humilde
opinión. Juego de palabra a propósito.
Lo miré a los ojos, absorbiendo sus palabras antes de preguntar.
—¿Qué te hace feliz?
—Tú —dijo sin dudarlo—. Eres la única cosa que me ha hecho feliz en
mucho tiempo. Y no quiero ni imaginarme perder esta sensación.
—Gracias. Me siento igual, y tu opinión queda anotada. Créeme, la
escuché fuerte y clara.
Carter dejó salir un profundo suspiro y bajó la mirada a su teléfono.
—Será mejor que salgamos de aquí antes de que se despierte y me haga
limpiar su culo.
—¿Qué dices? ¿Eso ha pasado antes?
—Tiene la espalda mala… tiene problemas para alcanzarse atrás.
Volveré mañana y veré como está.
—Dios, eres un santo.
—No. sólo hago lo que cualquier alma buena haría. —Guiñó un ojo.
—Antes dijiste que tenías una noche ocupada. ¿Algo pasa esta noche?
Parecía muy divertido para mi gusto.
—Te dejaré adivinar, pero antes de que lo intentes, sólo recuerda donde
estás.
—Dame una pista.
143 —Empieza con B.
—¿Bajarte?19
—Mierda. ¿Por qué debías decir eso? Ahora, voy a andar en la vespa con
una gran erección.
Me concentré y repetí para mí misma.
—A dónde… a donde… ¡Ya sé! ¡Barbacoa!
—Bien pensado, pero no. te daré otra pista. Puede que tengas suerte esta
noche.
Me reí.
—Mordaza de Bola.
—¡Bingo!
—¿Eso es? ¿Tengo razón? ¿La mordaza de bola?
—No, Perky. Bingo. Esa es la respuesta. Es noche de Bingo.

19 Blowjob. En texto original. Termino para referirse al sexo oral.


—¡ENTRA! —GRITÉ por sobre mi hombro mientras me paraba frente al
espejo en la habitación de huéspedes terminando de atarme el cabello en una
coleta.
La puerta se abrió.
—¿Entra? Mierda. Tienes que dejar de decir cosas sucias como esas
cuando estoy por salir y estar frente a un montón de personas mayores.
144
Me reí.
—Entra no es sucio. Es tu cerebro el sucio, Carter.
Caminó y se paró detrás de mí, hablándome al reflejo.
—Creo que deberías evitar ciertas palabras esta noche, como venir y tal
vez otras.
—¿Qué otras podrían ser?
—¿Que piense en este momento? Soplar, chupar, sacudir, hoyo, montar,
agacharse, tragar, dentro, carne, nueces, sorber, probar, morder, lamer, jalar,
tirar, caliente, cálido, húmedo, mordisquear, palpitar, golpear, cereza, caja,
comer, doler, acariciar, empujar, tironear, follar, desordenar, penetrar,
embestir, y llenar.
Mis cejas se alzaron.
—¿Todo eso estaba en tu cabeza?
Carter bajó la mirada y gruñó.
—Mierda. Mejor añade cabeza a la lista también.
—Creo que estás loco. —Terminando mi cabello, me giré para verlo. Ya
que había estado de pie detrás de mí en el espejo, no me había dado cuenta de
que estaba usando—. ¿Estás usando el uniforme? ¿Para el bingo?
El arrogante Carter pareció sonrojarse.
—Las damas me piden usarlo.
Cubrí mi boca y me reí.
—Oh Dios mío. Eres el bombón para las ancianas.
—Cállate. —Carter estaba avergonzado. Era la primera vez que lo había
visto modesto con su apariencia, así que no pude evitar molestarlo.
—Eres su perra del bingo.
—Cierra la boca, Perky.
—El cantador de bingo de las asaltacunas.
Sacudió la cabeza, pero pude ver las comisuras de su boca levantarse.
—Eres su PILF.
—¿PILF?
145 —Piloto que me gustaría follar20. Como milf21, pero con un piloto caliente.
Carter agarró mi coleta.
—Sigue hablando, bocona. Cada vez que me molestes, voy a hacerlo
también. —Le dio a mi cabello un buen tirón, exponiendo mi cuello para él.
Luego procedió a inclinarse y lentamente lamer desde mi clavícula a mi oído.
Cuando un pequeño gemido salió de mis labios, susurró en mi oído—. Vas a
tener que cerrar estar puerta con seguro si decides dormir aquí esta noche.

MIS LABIOS TODAVÍA ESTABAN HINCHADOS cuando llegamos


diez minutos tarde al Bingo. La habitación estalló en vítores cuando Carter
entró por la puerta. Algunos de los hombres se acercaron para saludarlo,
dándole palmadas en la espalda y estrechando manos. Las mujeres todas

20 Pilf: Pilot I’d Like to Fuck.


21 Milf: Mother I’d Like to Fuck. Mujer mayor que es atractiva sexualmente.
salieron de sus asientos. Era la cosa más loca que hubiera visto. Carter era una
estrella de rock… para un grupo de ancianos en una comunidad de retiro.
Observé con diversión desde el fondo del salón hasta que una mujer
mayor se me acercó.
—¿Tú debes ser Kendall?
—Sí. ¿Cómo supo?
—Carter me escribió antes pidiéndome que cuidara de su chica hoy. Y…
bueno… —Miró alrededor del salón—. Eres la única que no tuvo que levantar
los senos hasta los hombros para caminar por el pasillo del bingo.
Sonreí, y ella me ofreció su brazo.
—Vamos. Soy Muriel. Te guardé un asiento entre Bertha y yo.
Muriel y Bertha cada una tenían una docena de tarjetas de bingo frente a
ellas. Ambas también habían puesto cosas personales en la mesa. Muriel tenía
un pequeño marco con una foto de tres niños pequeños, una botella de agua,
tres estampadores de tinta de colores diferentes y un plato con dulces llenos
de gomitas. Cuando me vio mirando, levantó el marco.

146 —Estos son Seth, Rachel y Emma. Los hijos de mi hijo. Se casó con una
perra, pero me dio tres nietos, así que la tolero.
—Son hermosos.
—Gracias. ¿Carter y tú quieren tener hijos algún día?
Mi corazón se hundió ante la mención de un bebé y yo.
—No lo sé. No nos hemos conocido tanto tiempo.
Bertha se inclinó cerca e intervino.
—Tendría sus bebés si pudiera. Sacaría a todos esos mini pilotos con
barbillas con hoyuelos.
Muriel me susurró.
—Ignórala. Se toma unos tragos antes de venir al bingo. No nos
quejamos porque así no marca bien sus tarjetas, lo cual significa que tenemos
más oportunidades de ganar.
Bertha gritó.
—¡Puedo oírte, sabes?
Muriel se encogió de hombros y la ignoró. Bertha tenía una línea recta
de siete 7-Up en la parte superior de la mesa y me ofreció una.
—¿Quieres una 7 y 7, Barbie? Las botellas de agua traen Seagram 22 para
que las mezcles. Tengo que disfrazarlos porque algunos de los miembros
estirados de la junta decidieron que la noche de bingo debe ser libre de
alcohol.
Muriel se burló.
—Cuéntale por qué pusieron esa regla, Bertha.
Bertha bebió de su vaso rojo.
—Mis pantalones estaban muy apretados. Los abrí mientras estaba aquí
sentada y se me olvidó cerrarlos antes de levantarme. Estas personas actúan
como si nunca hubieran visto un pequeño trasero en su vida.
Muriel añadió.
—Primero, no ha sido un pequeño trasero desde 1953. Y segundo, está
olvidando la parte donde intentó caminar con los pantalones alrededor de sus
tobillos, se tropezó y cayó, y empujó al señor Barthman en su caída. Él se
rompió un diente al caer.
147
—Era una dentadura, no un diente de verdad.
Muriel y Bertha procedieron a discutir sobre mí, ambas inclinándose
para gritar en un oído diferente. Cuando alcé la mirada, Carter estaba
mirándome desde el frente del salón y carcajeándose. Levantó un dedo y luego
conectó su micrófono y lo golpeteó antes de hablar.
—¿Cómo están todas mis nenas del bingo está noche?
Las mujeres alrededor del salón gritaron y vitorearon.
—¿Todos listos? Vamos a arrancar la noche con un favorito que me
gustaría dedicar a la invitada que está conmigo esta noche. El primer juego
será la línea horizontal. Sólo marquen cinco espacios a lo largo de su tarjeta
para ganar. —Me miró directamente mientras continuaba y guiñó un ojo—.
Cualquier forma en que logren hacer una horizontal se ganaran un premio de
mi parte.

22 Seagram: Fue una importante destilería de licor.


Puse los ojos en blanco. Bertha me dio una de sus tarjetas, un
estampador y deslizó uno de sus peludos y raros elfos frente a mí deseándome
buena suerte antes de que el juego empezara.
Carter estaba al frente del salón detrás de una mesa plegable que tenía
una urna de alambre llena con pequeñas balotas. Movió una palanca al lado, la
cual hizo que las pelotas saltaran alrededor. Deteniéndola, metió la mano y
sacó la primera pelota.
—Hoy empezamos con un pequeño pato.
El salón quedó en silencio, y todo el mundo tomó sus estampadores y
empezaron a estampar. No tenía ni idea de qué pasaba, pero Muriel parecía
estar estampando la numero dos. Cuando vio que estaba confundida, explicó.
—Un pequeño pato… es un término de bingo, significa el número dos.
El dos parece un pato.
No tenía el dos en mi tarjeta, pero observé mientras los ojos de Carter
escaneaban la habitación. Estaba asegurándose de que todos tuvieran tiempo
de estampar sus docenas de tarjetas. Eventualmente, movió la palanca de
nuevo. Esta vez, cuando sacó una de las bolas dijo ―Grandma23 se pone contenta‖
en el micrófono.
148
Muriel tradujo de nuevo.
—G60. Contenta rima con sesenta.
De nuevo todos se pusieron a trabajar estampando sus tarjetas. Parecía
que era la única que necesitaba un diccionario de la jerga del bingo. Mientras
todos se ocupaban con sus tarjetas, Carter comenzó a tararear en el micrófono.
Reconocí la melodía, pero no pude identificarla.
Un par de números más tarde, Carter bajó la mirada a la bola y luego me
guiñó un ojo.
—Bocabajo. Uno de mis favoritos.
No necesitaba que Muriel me tradujera lo que Carter acababa de decir
O69. Durante la noche siguió tarareando la misma canción. Inicialmente asumí
que era de los Beatles, pero cuando comenzó a cantar la primera línea sobre
dejar el juego, la reconocí como, The Gambler de Kenny Rogers.
Curiosa, preguntó Muriel.

23 Grandma: Abuela.
—¿Alguna vez canta canciones de los Beatles cuando está ahí arriba?
—Solía hacerlo. Hasta que lo llevamos al concierto de Kenny Rogers por
su cumpleaños.
—¿Lo llevaron a ver a Kenny Rogers?
—Sí. La mayoría de nosotros no había celebrado nuestro cumpleaños
hasta que Carter se mudó. Pero ahora, los esperamos con ansias. En su
cumpleaños, hacemos un fondo y le presentamos a alguien de nuestra
generación. En nuestro cumpleaños, nos sorprende con algo de la suya.
Estaba atónita por lo conectado que Carter estaba con estas personas.
—¿Qué te dio por tu cumpleaños? —pregunté a Muriel.
Sus ojos brillaban, y se dio vuelta, levantando su pie para mostrarme sus
zapatos.
—Zapatillas Reebok, con cámara de aire. Mi espalda me estaba matando
cuando iba a mi caminata diaria. Te pones esas locas zapatillas que me trajo…
y no más dolor de espalda.
—Ni siquiera sabía que todavía las hacían.
149 Para el final de la noche, me di cuenta de que me había divertido. Muriel
me había dado la receta para la comida favorita de Carter, y Bertha, quien
estaba medio ebria, me contó docenas de chistes sucios centrados en pilotos.
Ahí estaba yo, sentada en un salón de bingo lleno de personas de la misma
edad de mis abuelos, y no había ningún otro lugar donde quisiera estar. Fue
en ese momento, mientras miraba a Carter limpiar y hablar con algunos de los
otros residentes, que me di cuenta que ya me había enamorado. Muriel me
notó en la profunda contemplación.
—¿Confundida por el hombre?
Suspiré.
—¿Cómo sabes?
—Conozco esa mirada. Estuve ahí con mi Connor. Lo conocí a los
dieciocho, y me dio un susto de muerte. El hombre literalmente podía quitarte
los pantalones hablando. Tenía ese algo en él, como Carter. Traté de
mantenerme lejos. No ayudó que fuera un precioso oficial de policía que era
un poco tosco tampoco.
Sonreí.
—Dijiste mi Connor. ¿Supongo que al final dejaste de huirle?
Su rostro cayó.
—Así fue. Pero, desafortunadamente para mí, no fue hasta que casi tuve
treinta y cinco.
—¿Qué pasó?
—Tenía dieciocho, y él veinticinco. Era una chica judía del este, y él era
un chico irlandés cuyos padres era inmigrantes. Mi corazón decía que sí, pero
mi cerebro decía que no. como mi padre. Cometí el error de escuchar a mi
cerebro sobre mi corazón. Al final, me fui en una dirección. Y él en otra. Perdí
casi veinte años con el amor de mi vida antes de volvernos a encontrar.
—Vaya. ¿Él es… él… vive aquí contigo?
—Murió en el ochenta y dos. En un retén al azar que salió mal cuando
hizo estacionar a un hombre que tenía el maletero lleno de armas. Le disparó a
quemarropa y me dejó viuda a los treinta y siete. Me di cuenta de que estaba
embarazada de mi hijo unos días después de su funeral.
Llevé una mano a mi pecho.

150 —Oh Dios mío. Lo siento mucho.


Asintió.
—Gracias. Pero no te conté mi triste historia para deprimirte. Te la conté
para recordarte que la vida es corta. La mitad de las personas en el mundo te
dirán que sigas a tu cabeza, la mitad te dirá que sigas tu corazón. Mi consejo,
sigue a quien no esté confundido. La más fuerte al final convencerá a la otra
parte para que la siga.
Carter se acercó empujando a un hombre en silla de ruedas.
—¿Lista? Sólo debo ayudar al señor Hank a subir a su auto de salida.
Le agradecí a Muriel acercándola en un abrazo.
—Gracias. Por todo.
Entendió lo que le decía.
—De nada, cariño. Cuida bien de nuestro capitán, y me aseguraré de
que Bertha no vaya a tocarles la puerta a las 7AM mañana usando esa
reveladora bata que cree la ayudará a conseguir un joven piloto.
Carter besó su mejilla.
—Buenas noches, Muriel.
Después de que todos salieron del salón de Bingo, Carter cerró con una
llave en su llavero y volvimos a su casa. Tomó mi mano mientras
caminábamos.
—¿Puedo preguntarte algo? —dije.
—Lo que quieras.
—¿Cómo aprendiste todos esos términos de bingo? ¿Ese O-ochenta-y-
tres es la hora del té o ese I-veintitrés usted para mí?
—Me dijeron algunos de ellos. Vi que les gustaba cuando usaba la jerga.
Así que busqué más en internet y memoricé los términos y algunos juegos. —
Carter se encogió de hombros—. Hay largos periodos de tiempo para
aprender cosas en vuelos internacionales. —Se rió—. Aunque creo que mi
copiloto estaba por enloquecer cuando le pedí que me evaluara durante todo
el viaje de Alemania a Nueva York.
—No sé qué pensar de ti, Carter. Un minuto estás hablándome sucio al
oído y al siguiente estás hablándome de Bingo.
—No es exactamente como las citas a la que estás acostumbrada, me
151 imagino.
—Definitivamente no.
—Mañana en la noche te llevaré a una cita de verdad. Sólo tú y yo en un
restaurante elegante.
Me detuve en la acera.
—No quise decir eso. Esta podría haber sido la mejor cita en la que he
estado.
—¿En serio?
Asentí.
—Todo el propósito de las citas es conocer a la otra persona. Es triste,
pero no creo haberme dado cuenta de eso hasta esta noche. Seré honesta, las
citas para mí se trataban sobre el restaurante al que algún tipo me llevaría.
Juzgaba a los hombres basada en lo que gastaban y el diseñador que usaban.
Su apellido significaba más que cómo trataban a las personas que les legaban
ese nombre. Pero viéndote aquí esta noche, tuve una epifanía.
—¿Una epifanía, eh?
Todavía estábamos de pie en la acera, agarrados de la mano. Estiré mi
otra mano y tome la suya. Tomando aire profundamente, en medio de una
comunidad de retiro, decidí que era mi momento de la verdad.
—Estoy loca por ti, Carter Clynes. Preferiría estar contigo en un salón de
Bingo sentada entre Bertha y Muriel mientras discuten, que estar en un
restaurante cinco estrellas con un descendiente de los Rockefeller. Cantas
Kenny Rogers porque sabes que les gusta, cortas las uñas de los pies de tu
padre, y les compras zapatillas a las mujeres porque les ayuda a sus espaldas.
—Me acerqué a Carter y envolví mis manos en su cuello. Tomando aire
profundamente, hablé mirándolo directamente a los ojos—. Estoy loca por ti,
Carter. No hay ningún lugar en que preferiría estar que aquí a tu lado, sin
importar a donde me lleve eso.
Carter inclinó su frente contra la mía y cerró los ojos. Estuvo en silencio
por un momento antes de hablar.
—Perky, no tienes ni idea de lo mucho que significa escucharte decir
eso. Me siento igual, tal vez más. No tengo todas las respuestas, pero quiero
ser quien te ayude a encontrarlas.
Lágrimas cayeron por mi rostro.
152
—Soy feliz, Carter. Jodidamente feliz. Y estoy aterrada a la vez.
Sus pulgares en mis mejillas atraparon mis lágrimas.
—También yo, hermosa. También yo.
Justo entonces, un pequeño auto rojo se detuvo, y la ventana bajo.
—¿Necesita un aventón, capitán?
Carter alzó su mano.
—Estoy bien, George. Pero gracias.
El anciano se despidió.
—Me veo más joven aquí, ¿verdad? A las nenas les gusta mi auto.
—Te ves bien, George. Ve por ellas, anciano. Pero cuidado con esa
cadera.
El auto lentamente se alejó y luego caí en cuenta de algo.
—¿Era ese, por casualidad… un Targa?
—Así es.
—¿Ese es tu auto, verdad? ¿El que intercambiase con un amigo que tuvo
una cirugía?
—Lo necesita más que yo, de todos modos. —Carter pasó su brazo por
mi hombro, y comenzamos a caminar de nuevo—. Aparentemente, no necesito
el auto. Puedo conseguirme lindas y sexys rubias en un salón de Bingo.

153
ERA UNA TÍPICA NOCHE EN FLORIDA, ventosa con un toque de
llovizna en el aire. Pero no había nada típico en la luna de esta noche; era
espectacular, mágica incluso. Tampoco había nada típico en la forma que me
estaba sintiendo, como si mi corazón estuviera a punto de salir de mi pecho;
como si estuviera entrando en un territorio que nunca había aventurado antes
con Kendall. Como si algo grande estuviera a punto de suceder.
154 La chica por la que estaba loco me había mirado con lágrimas en los ojos
y me dijo que también estaba loca por mí. No quería que este sentimiento
terminara jamás ni que esta noche terminara. Estaba en las estrellas. A la
mierda eso… estaba en el infinito y más allá.
Todo el tiempo en Bingo, no había sido capaz de apartar la mirada de mi
chica, no podía esperar encontrarme con ella a solas.
Mientras Kendall y yo continuábamos caminando de la mano hacia mi
apartamento, me fui intencionadamente detrás de ella, incapaz de resistirme a
mirar cómo el fino material de seda de su vestido se aferraba a su hermoso
culo. Me sentía el hombre más afortunado del mundo de llevarla a casa.
Ajustando mis pantalones para combatir mi dolorosa erección, eché un
vistazo al lago a lo lejos. Ya que era hora de dormir en este lugar, sabía que lo
tendríamos todo para nosotros. Mis vecinos apenas se aventuraban hacia el
lago incluso durante el día.
Necesitando prolongar esta noche, le pregunté:
—¿Quieres adentrarte al lago? ¿Ir a nadar?
Adentrar.
Ahí estaba mi mente sucia de nuevo. Simplemente no podía ignorarla
esta noche.
—No tengo traje de baño. Este vestido es sólo para lavar en seco. No
puedo mojarlo.
Mojado.
Mierda.
Levanté la ceja.
—En realidad, estaba pensando en nadar sin ropa.
—Oh… esa clase de chapuzón. —Se mordió el labio inferior y sonrió—.
Claro, capitán. Estoy preparada para cualquier cosa esta noche.
Cualquier cosa.
Kendall chilló cuando de repente la levanté y corrí hacia el lago mientras
envolvió sus manos alrededor de mi cuello. Incapaz de recordar la última vez
que había estado tan caliente, me sentía como un adolescente. Tampoco podía
recordar la última vez que me había sentido tan feliz. Tal vez, fue algún tiempo
antes de que Lucy muriera. Todo lo que sabía era que no había duda de lo feliz
155 que Kendall me estaba haciendo sentir esta noche.
Cuando la puse de nuevo sobre sus pies, me miró. Aún llevaba mi
uniforme de piloto mientras me acercaba a ella. Observó cada movimiento de
mis manos mientras lentamente desabroché mi camisa y arrojé al césped.
Estábamos lo suficientemente lejos de la casa más cercana, sabía que nadie nos
atraparía desnudos a esta hora. No me contendría.
Después de quitarme el cinturón de los pantalones, bajé la cremallera y
me los quité, luego puse mis manos en mis caderas mientras la observaba
comerme con los ojos.
Sus párpados estaban pesados, llenos de lujuria mientras miraba mi
pene hinchado, que estaba prácticamente estallando fuera de mis calzoncillos.
Me encantaba la jodida forma en que me miraba. Sólo hizo que me pusiera
más duro. Ni siquiera tratando de esconder mi excitación, quería que viera lo
que ella me estaba haciendo.
—¿Supongo que puedes nadar, Perky?
Finalmente levantó la vista y encontró mi mirada.
—Sí. Tengo estilo de espalda promedio.
Mierda.
Mi pene se estremeció.
Caminando lentamente hacia ella, le dije:
—Yo mismo puedo embestir24 bastante bien.
Se aclaró la garganta.
—¿O acariciarte a ti mismo bastante bien?
Envolví mis brazos alrededor de su cintura.
—Si… eso.
—Apuesto que puedes. ¿Qué hay de entre los pechos? —murmuró,
claramente afectada por mi tacto.
Besando su cuello y pechos, le dije:
—¿Qué tiene?
—¿Te gustaría acariciarte entre mis pechos, Carter?
Jodido infierno.
Mi polla estaba palpitante ahora.
156
—He estado soñando con correrme por todas esas tetas hermosas y
firmes desde el salón del aeropuerto. Me estás matando, chica traviesa. Me
estoy ahogando, y ni siquiera nos hemos acercado al agua.
—No te preocupes. Si te ahogas, sé dar respiración boca a boca. —Sonrió
contra mis labios.
Jalando el tirante de su vestido, le pregunté:
—¿Puedo quitarte esto?
Asintió en silencio. Levanté su vestido por encima de su cabeza y luego
desabroché su sujetador desde el frente, dejándolo caer. No pude resistirme a
tomar su pezón en mi boca y muy suavemente jalándolo con mis dientes. Dejé
escapar un gruñido involuntario, empezando a perder el control.
Cuando agarré su tanga y lentamente la deslicé por sus piernas, me di
cuenta de lo húmeda que estaba. Eso demostró que nuestra charla sucia le
había afectado tanto como a mí.

24Embestir: Juego de palabras; se refiere a ―stroke‖ que significa tanto brazada de espalda y
embestir o acariciar.
Había una ligera brisa fresca, y cuando ella tembló, una enorme
necesidad de calentarla me impulsó a acercar más su cuerpo desnudo hacia
mí. Las cosas se salieron de control rápidamente.
Cuando dos personas están conectadas de la manera en que Kendall y
yo, las palabras no siempre son necesarias. Tenía las uñas clavadas en mi
espalda. Su corazón palpitaba contra el mío. Con cada fibra de su ser, me
estaba diciendo que estaba lista para rendirse a la enorme necesidad que había
existido entre nosotros desde ese primer encuentro en el aeropuerto. No
quedaba ni una gota de resistencia entre nosotros.
Justo allí, bajo la luna magnífica, supe en mi instinto que ni siquiera
íbamos a llegar al agua. Iba a tomarla aquí mismo, en lo que técnicamente era
propiedad privada frente al lago.
Sosteniendo su rostro en mis manos, la besé con todo lo que tenía
mientras ella pasaba sus dedos por mi cabello. Caímos sobre el pasto cubierto
de rocío mientras me abalanzaba sobre ella con todo mi peso, cubriendo su
cuerpo con el mío.
A través de la tela de mis calzoncillos, desesperadamente froté mi pene
contra su clítoris, una y otra vez, mientras ella se retorcía debajo de mí. Estaba
157 humedeciendo mi ropa interior con su calor, y la necesidad de sentir ese coño
mojado alrededor de mi pene era insoportable. Estábamos frotándonos como
dos adolescentes locos por el sexo. Levantó sus caderas. Sin usar palabras, me
estaba pidiendo más.
Rompí nuestros besos el tiempo suficiente para decir:
—No puedo contenerme más, Kendall. Sigue así, voy a venirme encima
de ti cuando prefiero entrar dentro de ti.
—Entonces, córrete dentro de mí.
—En serio, dime que me detenga. De lo contrario, estoy a punto de
follarte en el jardín de algún anciano.
Respondió acercándome con más fuerza a ella y envolviendo sus
piernas alrededor de mi espalda mientras intentaba bajar mis calzoncillos.
Frenéticamente, busqué con mi mano mi pantalón. Había colocado un
condón en el bolsillo trasero, que había llevado durante algún tiempo. Nunca
sabía en qué momento perdería el control con ella; necesitaba estar preparado
y agradecí como el infierno haber recordado traerlo esta noche. Ese condón
nos había seguido desde Rio.
Torpemente rompiendo la envoltura, nunca había abierto uno tan
rápido en mi vida. Envolviéndolo sobre mi polla, sólo el pensamiento de lo
que estaba a punto de sentir por primera vez fue suficiente para hacerme
explotar antes de incluso haber comenzado.
Entrar en ella fue euforia. Su apretado coño se extendía para mí con
cada centímetro más profundo que me movía dentro de ella. Incapaz de
resistir, la follé con fuerza a un ritmo desesperado. Fue el sexo más espontáneo
y duro que jamás había experimentado. Estaba desesperado, en parte porque,
incluso mientras yacía desnudo sobre la hierba, las bolas profundamente
dentro de ella, todavía no tenía idea si iba a perderla en cuestión de días.
Eso me aterrorizó.
El pensamiento me hizo follarla más furo y posesivamente.
—Abre las piernas más.
Voluntariamente lo hizo mientras agarró mi culo para ayudar a
controlar mis movimientos. Éramos como dos animales en celo, apareándose
en el silencio de la noche. Pensé en todos los pequeños aviones que volaban
por aquí. Si estuviéramos bajo la luz del día, qué vista habrían tenido desde
arriba: mi culo desnudo embistiendo a Kendall en medio de lo que era
158
básicamente el jardín trasero de alguien.
Necesitaba tanto correrme, pero sólo tenía un condón y necesitaba hacer
que esto durara, porque el camino a casa era malditamente demasiado largo.
Estaba tranquilo excepto por los sonidos de nuestra respiración, nuestros
cuerpos uniéndose, mis bolas golpeando contra su trasero y la humedad
mientras me movía dentro y fuera de ella. Era una sobrecarga sensorial sexual,
y me estaba ahogando; ahogándome en ella.
Kendall era más pequeña de lo que estaba acostumbrado en una mujer,
tanto así que me preocupaba que podría haber estado lastimándola. Era un
desafío follarla de la forma que quería con todo mi peso encima de ella. Me
sorprendió cuando de repente se apartó y se volteó, dejando su jodido
hermoso culo en el aire. Quería que la tomara por detrás. Era como si hubiera
leído mi mente.
Jalando su cabello rubio, sentí la sensación de volver a entrar en ella. La
vista de su culo apretado mientras golpeaba en ella era demasiado para
resistir. En cuestión de segundos, inesperadamente empecé a disparar a mi
enorme carga.
—Mierda, Kendall. Voy a correrme. Dios… esto es tan… —Mis palabras
se desvanecieron cuando perdí la habilidad de hablar.
—Yo también —dijo mientras movía su culo hacia mí una y otra vez,
apretando mi pene con todo lo que tenía.
Se sintió como un orgasmo interminable, un final apropiado para los
días y días de juego previo eternos físicos y mentales. Mi cuerpo tembló hasta
que toda gota se vació en el condón.
Inmediatamente quise más.
Después de retirarme con cuidado, la volteé para que me mirara. Nos
quedamos besándonos en la hierba mientras frotaba su coño mojado contra
mis abdominales. Me estaba volviendo loco.
—Estoy duro como una roca de nuevo, nena. Tengo que apartarme de ti,
de lo contrario terminaré dentro de ti otra vez, y no tengo nada más en mis
bolsillo. Tenemos que volver a mi casa, ahora.
—Está bien. —Me besó más fuerte, causando que me derrumbara de
nuevo sobre ella.
—¿Recuerdas esa fantástica cena a la que deberíamos ir mañana por la
159 noche?
—Sí. —Ella sonrió.
—Creo que tenemos que pedirla para llevar, porque no creo que pueda
mantener mis manos lejos de ti el tiempo suficiente en público. ¿Está bien?
—Suena como un plan.
Forzándome a salir de ella, le dije:
—Vámonos de aquí.
—Sólo necesito lavarme muy rápido en el lago.
Ella se adelantó, y corrí para alcanzarla. Terminamos tocándonos en el
agua durante varios minutos. La levanté, bajamos en el agua, la hice girar y
nos besamos una y otra vez. Había estado en muchos lugares como piloto,
viajaba por todo el mundo, pero nada había sido más espectacular que esta
noche con Kendall junto al lago.
Algunas luces intermitentes en la distancia nos delataban. Nos
agachamos en el agua y nos abrazamos mientras nos besábamos
tranquilamente hasta que pasó. No podía decir si había sido un auto o alguien
caminando con una linterna. Tan afortunado sería si nos metiéramos en algún
tipo de problema que estropearía lo que fue, literalmente, la mejor noche de mi
vida. No podía dejar que eso sucediera.
—¿Estás lista, hermosa?
—Sí. Llévame a casa, capitán.
Cuando regresamos a nuestro lugar, Kendall se puso el vestido,
mientras buscaba alrededor mi pantalón.
—¿Dónde diablos está mi pantalón?
Exprimió el agua de su cabello.
—¿No puedes encontrarlos?
—No. No están. Mi ropa interior tampoco.
—¿Es broma? ¿Tiene algo que ver con esas luces que vimos?
—Alguien aparentemente decidió que sería irritable tomar sólo mi ropa.
Kendall se cubrió la boca.
—Oh Dios mío. No quiero reír, pero esto es una locura. ¿Quieres que
160 regrese a tu casa y te traiga unos pantalones?
—Eso sería genial, ¡excepto por el hecho de que la llave de mi casa
estaba en mis pantalones!
—Mierda. —Ella me arrojó sus bragas—. Aquí.
—¿Qué estás haciendo?
—Póntelas.
—Esa pequeña cosa no va a cubrir la mitad de mi paquete.
—Es mejor que nada.
Me froté las sienes, traté de pensar. Mi casa estaba a casi un kilómetro de
aquí.
—Vamos a la casa de Gordon. Comparado con mi casa, está muy cerca
de aquí, a la vuelta de la esquina. Probablemente está durmiendo, pero guarda
una llave en la maceta de la planta que está fuera de su puerta. Voy a ir allí y
conseguir unos pantalones.
Kendall y yo no podíamos evitar reír mientras corríamos. Con una de
mis manos tomando la suya y la otra cubriendo mi culo; finalmente llegamos a
la puerta de Gordon. Ella me esperó fuera.
Gordon estaba roncando mientras entraba en su dormitorio. Su puerta
del armario crujió cuando la abrí, haciéndole sobresaltar.
—Papá —susurré—. Soy yo. Está bien.
—¿Brucey?
—Sí.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Necesito unos pantalones.
—¿En qué problemas te metiste?
—Estaba nadando con una chica, y alguien los robó.
—¿Michelle Pfeiffer?
—Sí. —Sonreí en la oscuridad.
—Bien, chico. —Luego simplemente se dio la vuelta y empezó a roncar
161 de nuevo.
Asegurando el pantalón suelto de Gordon con un cinturón, volví al
exterior para reunirme con Kendall. No podíamos dejar de reír mientras
regresábamos a mi casa. El pantalón me quedaba suelto pero ridículamente
cortos.
Después de romper una ventana, llevé a Kendall a mi habitación y sin
siquiera bajarla, busqué en el cajón un condón.
—Por favor, dime que te vas a quitar esos pantalones.
Me reí contra su boca y asentí mientras lo desabrochaba, dejando caer el
pantalón gigante de Gordon al suelo. Abrí el paquete del condón con los
dientes y, de alguna manera, logré ponérmelo sin soltar a Kendall. Jadeé al
hundirme en ella. Ya estaba completamente mojada.
—Mierda. No puedo dejarte ir ahora, Perky. Lo sabes, ¿no? Esto se
siente demasiado bien. Demasiado jodidamente bien, —Ya era adicto, y no
había manera de que pudiera tolerar no tener esto en mi vida nunca más, no
tenerla en mi vida.
—Carter… —gimió.
Embestí en ella.
—Kendall.
De nuevo.
—Kendall.
De nuevo.
—Mierda, Kendall. ¿Cómo voy a volar aviones ahora, cuando todo lo
que quiero hacer es esto por el resto de mi vida?
De repente comenzó a estremecerse alrededor de mi polla, y de
inmediato respondí. Su espalda se estrelló contra la puerta mientras bombeaba
dentro y fuera de ella, todavía necesitaba más cuando no había nada más que
dar.
Gotas de sudor caían sobre nosotros. Hablando contra su cuerpo flojo, le
dije:
—Siento que he perdido mi maldita cabeza por ti. Nunca he sentido esto
por nadie. No sé lo que traerá el mañana. ¡Ni siquiera sé dónde está mi
maldito pantalón! Lo único que sé es que no puedo dejarte ir, nena. —La
162 abracé—. No puedo dejarte ir.
Mi corazón latía más rápido que nunca después de tener sexo. Sabía que
era porque por primera vez en mi vida, no fue sólo sexo; era mucho más.
EL OLOR DEL TOCINO flotó en el aire. Envolviendo la sábana
alrededor de mi cuerpo desnudo, seguí mi nariz hacia la cocina. Me detuve en
la puerta para tomar la escena ante mí. Carter estaba completamente desnudo,
su culo tenso balanceándose de un lado a otro mientras se paraba frente a la
estufa friendo tocino mientras cantaba a todo pulmón los Beatles I Got a
Woman junto con la radio. En serio, era una vista asombrosa. El epitome del
magnetismo de Carter Clynes estaba en plena exhibición — magnífico,
163 confiado, juguetón, cariñoso, un poco loco, y por completo mágico.
Cuando me atrapó apoyada contra la puerta, sentí su sonrisa dentro de
mi pecho. Mi corazón se hinchó viéndolo caminar hacia mí, tomar una mano
en la suya, y envolver la otra alrededor de mi espalda. Carter me acercó y
condujo con una mano fuerte mientras lento bailábamos juntos.
Cantó las palabras de la canción con su boca en mi oído.
I got a woman.
I got a woman.
Fue uno de esos hermosos momentos en la vida que se sintió como un
sueño. Quería que durara para siempre. Quería que nosotros duráramos para
siempre.
La canción terminó, y Carter presionó sus labios en mi frente. —Buenos
días, hermosa.
Dios, no podría haber una mejor manera de empezar un día, ¿no? —
¿Cuánto tiempo llevas levantado? —pregunté.
—No mucho. Quizá media hora.
El humo salía de la sartén a su espalda. —Umm... creo que estás
quemando el tocino.
—Mierda. —Se apresuró a la estufa y giró el dial para bajar la llama. El
tocino chisporroteando hizo un fuerte crujido, seguido por un chasquido, justo
antes de una explosión de aceite caliente salpicara golpeando a Carter en los
abdominales—. Ouch. ¡Mierda! Maldición.
Sonreí. —Es posible que desees pensar en ponerte unos pantalones antes
de quemar las partes buenas.
Agitando la espátula hacia mí, dijo: —Las partes buenas, ¿eh? ¿Quieres
decir mis manos?
—Bueno... esas son bastante buenas. Pero no era lo que me preocupaba
que te hirieras.
Señaló sus labios y sonrió. —¿Mi boca? Eso debe ser lo que te preocupa.
—Eso definitivamente es bueno, también. Especialmente esa pequeña
cosa que haces con tu lengua donde la agitas y luego revolotea.
Sus pupilas se dilataron y su voz era baja y grave. —Te gusta eso, ¿eh?

164 Mis mejillas se sonrojaron pensando en cómo me había llevado al


orgasmo más de una vez con su boca. Asentí.
Sin quitar sus ojos de encima de mí, echó la mano hacia atrás, apagó
completamente la llama y deslizó la sartén del quemador caliente a la fría a la
derecha. —Ni siquiera recuerdo de qué estábamos hablando.
—Había sugerido que te cubras una cierta parte del cuerpo para que no
se queme con salpicaduras de grasa de tocino.
—Oh, voy a cubrirlo bien. —Dio unos cuantos pasos largos a donde yo
estaba todavía de pie y me sorprendió recogiéndome y lanzándome sobre su
hombro en un asimiento de bombero—. Voy a cubrirlo con tu magnífico coño
en unos diez segundos.
Me golpeó el culo mientras se dirigía hacia el dormitorio.
—¿Y el tocino?
—Que se joda el desayuno. Voy a comerte.
ERA TEMPRANO POR LA TARDE antes de que incluso pensáramos en
comida real de nuevo. Carter acababa de calentar en el microondas uno de los
contenedores de Tupperware en su refrigerador, y estábamos sentados en la
cama comiendo gulash pasando el recipiente de ida y vuelta entre nosotros.
Sorbió un fideo de huevo en su boca mientras hacía sus ojos bizcos. Era algo
que un niño de seis años podría hacer, y eso me hizo preguntarme cómo
podría haberse visto Carter cuando era un niño.
—¿Tienes algún álbum de fotos? —pregunté.
—No con fotos recientes.
—¿Tienes alguno de ti de niño?
—De hecho sí lo tengo. Cuando me mudé a Florida, mi madre me hizo
un álbum de viejas fotos familiares. Lo encontré con una carta cuando
desembalaba. Ella escribió que quería que recordara cuánto me amaban y me
pidió que mirara el álbum al menos dos veces al año—en mi cumpleaños y el
suyo.
—Eso es tan dulce.
165 Me entregó el envase casi vacío, y rechacé mi turno de rellenar mi cara.
—Estoy llena. Puedes terminarlo.
—Me gusta comer contigo. Sólo comes la mitad, y puedo terminar con el
resto.
—Mejor que tengas cuidado. Podrías terminar con una barriga
comiendo dos cenas todo el tiempo.
—Vamos a quemarlo y algo más.
No tenía dudas de que lo haríamos. Carter me entregó la botella de agua
que estábamos compartiendo y tomé un sorbo. —¿Haces lo que tu mamá pidió
en su carta? ¿Mirar el álbum dos veces al año?
—Lo hago.
—¿Cuándo es tu cumpleaños, de todos modos?
—Cuatro de julio.
—¿Estás bromeando?
—No. ¿Por qué?
—Ese es mi cumpleaños, también.
Carter murmuró. —Y finalmente las piezas caen en su lugar.
—¿Qué es eso?
—Nada. Es algo que mi madre siempre decía.
—¿Qué hiciste en tus cumpleaños al crecer?
Carter terminó el último de los fideos en el Tupperware y se levantó de
la cama. —Te mostrare.
Regresó un minuto más tarde con un grueso álbum de fotos y se sentó
de espaldas a la cabecera. Acomodándome así estaba posicionada a su lado,
abrió el álbum en su regazo. La primera página tenía dos fotos de un bebé
rechonchito y desnudo que probablemente tenía unos tres o cuatro meses de
edad.
—¿Eres tú?
—Sí. Mira el tamaño de mis bolas. ¿Por qué son tan grandes? ¿Son todas
las bolas de bebé de ese tamaño, o sólo yo tuve que crecer en las mías?
Me reí. —No sé. ¡Pero eras tan lindo! Y gordito, también.
La siguiente página tenía fotos de dos niñas que probablemente tenían
166 seis o siete años y un niño de quizá cuatro que definitivamente era Carter. El
hoyuelo de la barbilla era un claro indicativo incluso si no hubiera lucido
exactamente como él. —¿Estas son tus hermanas?
Asintió. —Catherine y Camille.
Ellas lucían alrededor de la misma edad. —¿Son gemelas?
—Lo son. Mellizas. Mi madre también es una gemela.
Carter, Catherine, Camille. —¿Cuáles son los nombres de tus padres?
—Mamá es Calliope y papá es Carter.
—Así que son una de esas familias, ¿eh? —Golpeé mis hombros con él—.
¿Todos sus nombres empiezan con la misma letra?
—Cinco personas, todas nuestras iniciales son doble C. Lo odiaba
cuando era niño por alguna razón.
Volteó unas páginas más y vi a Carter crecer ante mis ojos. Fue un bebé
lindo y un niño aún más lindo, pero Dios, creció en su apariencia en su
adolescencia. Nos reímos de la progresión de sus peinados a lo largo de los
años. Las últimas páginas de fotos parecían recientes, en los últimos años.
Deslicé una foto de Carter sosteniendo a una niña que probablemente estaba
en los dos años. Estaban sentados frente a un árbol de Navidad. —¿Quién es?
Es adorable. —Ella tenía coletas rubio platino, y el sombrero de capitán de
Carter estaba cubriendo la mitad de sus ojos. Su sonrisa dentuda estaba
delineada en chocolate y sostenía en un puño un éclair cubierto de chocolate.
—Esa es Corinne, la hija de Camille. No dejes que la cara te engañe. Ella
es un verdadero demonio.
—Apuesto a que es dulce. Espera... ¿Otro nombre con C?
—Sí. Catherine tiene un hijo. ¿Quieres adivinar?
—¿Charlie? ¿Chance? ¿Cash? ¿Christopher?
Me señaló. —Christopher.
—¿Seguirás con la tradición algún día? ¿Tal vez un pequeño Carter o
Claire?
Todo su comportamiento cambió. Los ojos de Carter mostraban una
seriedad que no había visto antes. —No sé. Nunca realmente lo había
considerado. —Parecía estar contemplando algo por más tiempo. Finalmente,
dijo—: Ni siquiera estaba seguro de querer hijos. Me voy doce días al mes.
Pero ahora, estoy empezando a preguntarme si tal vez eso es algo que quiero.
167 Creo que la mujer correcta puede cambiar lo que un hombre piensa que quiere
de la vida. Supongo que depende de ella. De nosotros.
Tragué. —Eso tiene sentido.
Miró el álbum de fotos. La última foto era de él, sus padres y sus dos
hermanas. Todos sonreían ampliamente y tenían sus brazos alrededor de los
hombros del otro. Pasó sus dedos por la página. —A mis hermanas les gusta
romperme las pelotas acerca de tener hijos. Actúan como si estuviera llegando
a los cincuenta en lugar de los treinta. Durante años, mi madre ha estado
diciendo algo que yo pensaba que era solo algo que leyó en una tarjeta
Hallmark en alguna parte.
—¿Qué es?
—Dijo que yo tendría una familia cuando estuviera listo para dejar de
viajar por todo el mundo buscando algo y me diera cuenta de que lo que
estaba buscando ya estaba en casa. —Él continuó mirándome directamente a
los ojos. Desde la primera vez que mi mirada aterrizó en Carter Clynes en esa
sala de espera del aeropuerto, mi corazón había estado golpeando un millón
de millas por hora. Pero en ese momento sentí que sucedía. Mi corazón
desaceleró, respiró hondo y soltó un suspiro gigantesco. Justo así, cedió,
incapaz de luchar más. No tenía ni idea de cuánto tiempo teníamos o cómo
iban a salir las cosas, pero sabía sin lugar a dudas que estaba enamorada de
Carter.

LAS COSAS SE CALMARON entre nosotros en la tarde. Carter fue a ver


a Gordon y luego, cuando regresó, tuvimos sexo en la ducha, seguido por sexo
en el piso del dormitorio. Tengo la sensación de que la impresión de mi culo
iba a estar en todo el apartamento del hombre para el momento en que nos
fuéramos en unos días. A pesar de que mi cuerpo se sentía como si acababa de
tomar una clase de yoga extenuante seguido de correr una maratón, Carter
aparentemente estaba en perfecto estado.
—¿Qué tal si nos dirigimos al gimnasio por una hora y luego te llevo a
una buena cena esta noche?
Estaba acostada en la cama con mi cabeza colgando al revés viendo una
repetición de That 70's Show. —¿En serio? ¿Quieres ir a hacer ejercicio después
168 de todo ese sexo?
Carter rió entre dientes, se acercó a la cama, me dio la vuelta y me
golpeó el culo con fuerza. Eso parecía ser una cosa para él. —Oww... — Lo
froté.
—Vamos, perezosa. Todavía tengo mucha energía para quemar. Si no
vamos al gimnasio, no podrás caminar durante un mes.
Decidimos caminar hasta el gimnasio, aunque estaba en el otro lado del
complejo. El lago de anoche estaba en camino, y Carter quería ver si su
pantalón de uniforme aparecía a la luz del día.
—¿Dónde diablos podrían haber desaparecido? —pregunté.
Recorriendo el lago, no había ningún rastro de su pantalón en ninguna parte.
Era la cosa más extraña.
—No tengo idea. —Carter se encogió de hombros—. Pero me alegro de
que vaya a recoger mis reemplazos anuales el próximo mes. He perdido la
mitad de mis uniformes durante el último año.
—¿Perdido? ¿Los dejas en los hoteles cuando viajas?
—Eso es lo extraño. Los pierdo en casa. El mes pasado, podría haber
jurado que tenía un sombrero en el Bingo, pero no pude encontrarlo después.
Creo que el olvido de algunos de los residentes está empezando a afectarme.

DECIDÍ IR POR TODO LO ALTO a cenar. Me deslicé en un apretado,


pequeño vestido negro y un par de los zapatos de tacón alto más sexys que
tenía conmigo. Eran con los dedos descubiertos y tenían cintas de seda que se
envolvían a mitad de camino en mis pantorrillas. Un buen sujetador push-up
me dio una abundancia de escote falso que se tensó del bajo V de mi vestido.
Recordando lo mucho que a Carter le había gustado la apariencia de puta
cuando me había arreglado en Dubai, hice volar mi cabello rubio con más
volumen, delineé mis ojos azules con negro grueso y pinté mis labios de rojo
sangre.
El esfuerzo extra dio sus frutos cuando salí de la habitación.
—Jesucristo.
169
Di un círculo. —¿Te gusta?
—Te ves como cada sueño húmedo que tuve mientras crecía.
—No estoy segura si eso es un cumplido o espeluznante.
—Es un cumplido. Cualquier muchacho u hombre aMaria masturbarse
contigo. —Guiñó un ojo, y me reí.
Afuera, Carter abrió la puerta de su SUV y me ayudó a entrar. Antes de
cerrar la puerta, le dije:
—Sabes, creo que te sales con la tuya diciendo lo que quieras porque
eres tan guapo.
—¿Es eso así?
—Lo es. Creo que haces que la gente se ilusione con tu apariencia y
encanto, y empezamos a pensar que cosas como ―cualquier chico u hombre
aMaria masturbarse contigo‖ es normal.
—Es normal. Solo es natural. Cualquier hombre que no piense en que
luces esta noche como un futuro material de masturbación está lleno de
mierda. Solo te lo digo sin rodeos.
Me reí. —De nuevo. Eso sonó encantador, pero estoy bastante segura
que si alguien más lo dijera... sería totalmente espeluznante.
Carter condujo a través del complejo lentamente, aunque no es como
que él tenía mucho donde escoger. Había un montón de reductores de
velocidad en su comunidad de jubilados. Mientras avanzábamos hacia la
puerta principal, pasamos por lo menos media docena de parejas que
caminaban en chándales. Todos saludaron, y Carter hizo un saludo por la
ventana a cada uno por su nombre. Todavía no podía entender lo afianzado
que estaba en esta residencia de jubilados.
La salida del complejo estaba al lado de la casa club donde se había
celebrado el Bingo, y el estacionamiento estaba lleno de nuevo. —¿Que está
pasando esta noche?
—Noche de baile de cuadrilla individual25.
—¿Me estás tomando el pelo?
Carter sonrió y sacudió su cabeza. —No. Hay un montón de viudas y
viudos en la zona por lo que tratan de mezclar las cosas un poco en las
actividades.
170 —Eso es genial.
Nos detuvimos en la puerta, y Carter sacó su tarjeta de acceso de su
bolsillo para escanearla para que pudiéramos salir. Mientras esperábamos, un
pequeño auto se detuvo en el último lugar para discapacitados frente a la casa
club. —¿No es ese tu viejo auto?
Efectivamente, George, el viejo cronometrador con el que Carter había
cambiado de automóviles, estaba saliendo de un pequeño Porsche rojo. Ambos
lo vimos caminar alrededor del auto y abrir la puerta del pasajero.
Extendiendo una mano, ayudó a una dama a salir del auto. —¿Qué demo...? —
Carter se apagó.
—¿Es eso... es eso lo que creo que es?
Carter parecía aturdido, su boca estaba literalmente colgando abierta. —
Creo que jodidamente sí.

25 Baile de cuadrilla individual: Cuadrilla es un tipo de danza de salón con cuatro parejas (ocho
bailarines) dispuestos en un cuadrado.
Los dos miramos, completamente boquiabiertos, cuando George salió
del auto de Carter y llevó a su cita al baile de cuadrilla... vestido con un
uniforme de piloto completo. El uniforme de piloto de Carter.

171
DESEABA UNA TORMENTA mientras veía las noticias en la pequeña
televisión de la cocina. Un huracán, una tormenta tropical, un tornado, un
ciclón, lo que sea que cancelara mi vuelo esta noche. Desde el día en que me
pusieron mis alas, nunca quise estar conectado a tierra. Ni una sola vez. Sin
embargo, esta mañana, odié ser un maldito piloto. La idea de dejarla para el
comienzo de un viaje de siete días me hacía sentir físicamente enfermo.
Sabiendo lo que se avecinaba, un dolor en mi pecho había estado
construyéndose desde ayer.
172 Estaba bastante seguro de que Kendall se sentía de la misma manera.
Habíamos decidido quedarnos hoy, en lugar de salir de nuevo. Durante cinco
días, habíamos obviado el problema sin ninguna conversación directa sobre lo
que iba a hacer. Necesitábamos tener la charla. Sin embargo, estaba asustado de
lo que el juego final podría ser.
Dentro de mi corazón, sabía que estaba enamorado de ella. Creo que mi
mente incluso había comenzado a aceptarlo. Lo que temía no tenía nada que
ver con lo que me pasaría a mí si lo admitiera. Mi miedo era lo que mi amor
podía hacerle a ella. ¿Y si le dijera que la amaba, pero entonces me daba cuenta
de que era algo aparte de amor con el tiempo? ¿O me desenamoraba?
Lucy.
No podía joder la vida de Kendall a menos que estuviera seguro. Más
que seguro. Había hecho suficiente daño lanzando falsas promesas alrededor.
¿Y si le dijera, e influyera en su decisión?
¿Dinero o amor? Suena fácil, ¿no?
No lo es.
Aunque la solución que había estado en mi mente las últimas
veinticuatro horas me pareció tan simple. ¿Por qué no podía tener ambas
cosas? Podría darle todo, ¿no? Mi amor. Un hijo. Su legítima herencia.
Un hijo.
Nuestro hijo.
Kendall estaba en la ducha. Escuché que el agua se cerraba y miré el
reloj. Doce horas. Necesitaba decidirme. Necesitábamos hablar.
Tic-tac.
Tic-tac.
Tic-tac.
Doce horas era básicamente todo el día antes de que tuviera que estar en
el aeropuerto esta noche para mi vuelo a Venezuela. No me importaba lo que
hiciéramos hoy, siempre y cuando estuviéramos juntos por cada segundo de
ello.
Cuando Kendall salió del baño, no pude evitar mirarla con una sonrisa
en mi rostro.
173 Entrecerró los ojos: —¿Qué?
—¿No puedo simplemente mirarte?
Se acercó y me sentó a horcajadas sobre mí. —No puedo creer que
tengas que irte esta noche.
De repente, se sentía como que la carga de preguntas sin respuesta que
había estado albergando comenzaba a ahogarme.
Mi tono fue brusco. —¿Cuáles son tus planes, Kendall? Necesito saber.
Ella apoyó su cabeza en mi hombro y dijo:
—Voy a casa a Texas. Necesito un tiempo para realmente pensar. Le
debo a Hans y a Stephen una respuesta definitiva.
Me aparté para mirarla a los ojos. —¿Esos son sus nombres? ¿Los tipos
en Alemania?
—Sí. No puedo dejarlos esperando mucho más tiempo.
Asintiendo para mí mismo un poco, le dije:
—Creo que es una buena idea entonces. Tómate tu tiempo para meditar
las cosas. Por mucho que me encante estar cerca de ti, ninguno de nosotros
puede pensar con claridad cerca del otro.
—Necesito entrar en línea y conseguir un boleto. Voy a intentar
conseguir algo que sale de Miami para que podamos partir del mismo
aeropuerto al mismo tiempo.
Golpeando su culo juguetonamente, dije:
—Por qué no lo haces, acabar de una vez. Pensaba que nos quedaríamos
en casa, pero después de que hayas terminado, tal vez deberíamos ir a la
playa, tomar sol y aire fresco, relajarnos allí por el resto del día hasta que
tengamos que prepararnos.
Media hora después, Kendall y yo nos dirigimos a Deerfield Beach.
Aunque el agua estaba tranquila y perfecta, ambos optamos por simplemente
acostarnos en la arena, tomando el sonido del océano y el cristalino cielo azul.
Tan relajante como la playa debería haber sido, ambos todavía
estábamos tensos. En un momento, estábamos tumbados sobre nuestros
estómagos, y ella no soltaba mi mano. Nuestros rostros se volvieron el uno
hacia el otro. Cuando finalmente se volvió, seguí su ejemplo y solté su mano
174
para colocar la mía en su estómago tenso. Froté mi pulgar a lo largo de su
ombligo perfecto, y una oleada de celos y posesividad me alcanzó. La
respuesta se hacía cada vez más clara para mí.
Quería que ella me perteneciera a mí y sólo a mí.
No quería que ella llevara al bebé de otro hombre. De ninguna jodida
manera.
Quería que llevara a mi bebé.
No sólo por alguna mierda loca de herencia, sino porque quería un bebé
con ella—un futuro con ella.
Aunque tener un bebé en este momento no era lo ideal, no había duda de
que lo quería. Por lo tanto, dada la situación de urgencia, ¿por qué esperar?
Lucy.
Eso era todo en lo que podía pensar. Era el miedo de lastimar a Kendall,
como había lastimado a Lucy. Persistía como una nube negra sobre mí —ese
miedo de decepcionar a Kendall. Siempre estaba presente, pero maldita sea,
no era lo suficientemente fuerte para eclipsar mi necesidad por ella— mi amor
por ella.
Esta situación era todo o nada.
Ahora o nunca.
Quería tiempo con ella para mí, pero también tenía que respetar su fecha
límite. Perdería todo si no actuábamos rápido. No importa lo que pasara, era
ganar-ganar en lo que a mí respecta. Haría lo suficiente para sostenernos a los
dos, incluso si el dinero llegase a caer en caso de que tuviéramos una niña. El
pensamiento de una pequeña versión rubia de Kendall que me llamaba papi
me hizo sonreír. Quería hacer esto. Quería ser el padre de su bebé.
Nuestro bebé.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza. —Te amo, Kendall. —Las
palabras salieron con facilidad. Era la primera vez que los decía a alguien más
que a Lucy y a mi familia inmediata.
Se volvió hacia mí, mirándome sorprendida mientras levantaba su mano
hacia su frente para proteger sus ojos de la brillante luz del sol.
Continué:
175
—Antes de que digas algo, tengo mucho más que decir.
—De acuerdo —susurró.
—Esto es una locura, ¿verdad? ¿Enamorarse tan rápido? Pero estoy
convencido de que es así como sucede cuando es la cosa real. Sólo sabes
cuando se siente correcto. Kendall, me haces tan increíblemente feliz. Y
aunque idealmente, te quisiera toda para mí por un rato, entiendo que amar a
alguien también significa tomar en cuenta sus necesidades.
—¿Qué estás diciendo?
—Estoy diciendo que no quiero compartirte con nadie. Eso también vale
para tu cuerpo. No quiero que lleves el hijo de otro hombre. Quiero ser el
único. Quiero embarazarte. Pero más que eso, quiero ser un padre para ese
bebé, amarlo, porque sería una parte de ti y de mí. Lo quiero todo contigo. No
me importa si nos hemos conocido diez minutos o diez años. Cuando sabes,
sabes. —Ahuecando su rostro en mi mano, dije—: Yo sé dónde están mi
cabeza y mi corazón. Están en la misma página, pero supongo que tienes que
averiguar si quieres las mismas cosas que yo.
Se inclinó y plantó un suave beso en mis labios. —Yo también te amo,
Carter. Realmente lo hago. No tengo dudas al respecto, pero realmente no
esperaba que me ofrecieras lo que acabas de hacer. Tener un bebé es una cosa,
pero criarlo es otra. Supongo que me has dado otra cosa por la que pensar
largo y tendido.
Un gran alivio recorrió mis venas, alivio de que no me dijera que estaba
loco, alivio de que ella parecía estar considerando mi oferta.
—¿No crees que estoy loco por querer preñarte?
—¿No es toda esta situación loca para empezar... en un buen sentido?
De todos modos, si no te conociera tan bien, tal vez parecería un poco loco.
Pero eres mi adorable y loco capitán, y nada sobre toda nuestra experiencia
juntos ha sido convencional. Ni una sola cosa.
—Créeme, tengo miedo. Nunca quiero decepcionarte como decepcioné a
Lucy. Pero creo que por primera vez en mi vida, algo me ha importado lo
suficiente como para arriesgarme. Estoy más aterrorizado de perderte de lo
que podría estar de intentar y fallar. Y puedo asegurarte que si tuviéramos un
hijo juntos y de alguna manera terminásemos separados, nunca le daría la
espalda a mi hijo. No hay nada más importante que un niño o sus mejores
176 intereses. Ese bebé—nuestro bebé—será mi prioridad. Si eso significa
encontrar otra carrera porque no puedes manejarme estando lejos, entonces
que así sea.
—No te pediría que hicieras eso, Carter.
—Bueno, supongo que sólo quiero dejar las cosas en claro, que lo tomo
muy en serio.
—Entendido. —Levantó la vista hacia el cielo—. ¿Te importaría si
salimos de la playa? Realmente me gustaría pasar el último par de horas en tu
casa.
Me levanté de nuestra manta y le ofrecí mi mano para ayudarla a
levantarse. —Vamos a salir de aquí.
Pasamos el resto de la tarde haciendo el amor en mi cama con una
intensidad lenta que no había existido antes de nuestra charla. Con mi oferta y
admisión de amor, nuestra relación acababa de moverse a otro nivel, y tenía
que confiar en que estar lejos de mí no cambiaría nada entre nosotros.
Por mucho que estuviera listo para zambullirme de cabeza en todo con
ella, todavía había una pequeña parte de mí que temía que hoy pudiera ser la
última vez que la viera. Loco, ¿verdad? Después de todo lo que habíamos
pasado. Tal vez esa era la parte de mí que todavía sentía que no merecía amar
esto intensamente cuando Lucy no podía.
El sol casi se había puesto en su totalidad cuando nos dirigimos al
aeropuerto. Kendall no dejó ir mi mano. Se sentía tan extraño no llevarla
conmigo a Venezuela. Era como si no pudiera recordar lo que era volar sin
ella.
Cuando llegamos a Miami International, estacioné en el lugar que la
aerolínea reservaba para mí. Ninguno de los dos se movió para salir del SUV
mientras nos miramos fijamente el uno al otro hasta que finalmente ahuequé
su mejilla y tiré de ella en un beso apasionado.
—Perky, por favor no te olvides de esto, lo correcto que esto se siente.
—No lo haré. No podría olvidarlo, Carter.
Su vuelo era dos horas después del mío, por lo que tendría que dejarme
en la puerta de mi aerolínea y permanecer en el aeropuerto hasta que llegara el
momento de dirigirse a su vuelo en una aerolínea diferente.
Una de las azafatas, Renee, pasó por nosotros. —Es bueno ver que estás
177 de vuelta, Trip. —Luego me guiñó.
Sabía exactamente lo que Kendall estaba pensando, y tenía razón. Esa
azafata había sido otra muesca en mi cinturón hace algún tiempo. Me enfermó,
especialmente ahora que sabía lo que se sentía tener sexo significativo con
alguien. Miré a Kendall y quise gritar, ―Deja de mirarla. ¡Ella no importa!‖
Simplemente no necesitamos esto ahora mismo. Sólo agregó al estrés de
nuestra separación.
Después de unos tranquilos minutos de silencio, la tiré en un abrazo y le
susurré al oído: —Tengo que irme.
Sus lágrimas humedecieron mi camisa de piloto mientras decía:
—Esto se siente surrealista.
—Lo sé, pero es sólo temporal. Volveremos a estar juntos de nuevo
pronto.
Sorbió por la nariz. —De acuerdo.
Levantando su barbilla para que se encuentre con mis ojos, le dije:
—P.S. te amo.
Ella podía decir por mi expresión que había algo más en ese sentimiento
que solo yo diciendo lo obvio.
—¿Una canción de los Beatles?
—Sí. Pero esa realmente coincide con este momento de la vida,
probablemente más que cualquiera de ellos.
—Te amo, Carter.
—Te amo, Perky. Prométeme que hablaremos por teléfono y
averiguaremos cuándo volveremos a estar juntos.
—Lo prometo.
—Voy a estar pensando en ti todo el vuelo. Lo sabes, ¿verdad?
Juguetonamente agarró mi cuello. —Será mejor que lo estés.
—Te extrañaré.
—Cante una canción para mí, Capitán.
—Puedes garantizar eso. —La abracé una última vez, apretándola
fuertemente—. Mierda. No puedo dejarte ir.
178 Ella se apartó y se secó los ojos antes de despedirme. —Ve. Llegaras
tarde.
Comencé mi camino por la seguridad. Cuando me di la vuelta, ella
estaba todavía de pie en el mismo lugar observándome. Le soplé un beso antes
de continuar por el pasillo. Justo antes de que estuviera a punto de doblar la
esquina, me volví una última vez, pero ella se había ido.
Cuando el jet alcanzó la altitud de crucero esa noche, vi algo que nunca
había visto mientras volaba antes: una estrella fugaz. Lo tomé como una señal
de que las cosas iban a funcionar.
No me decepciones, Perky.
Tomé el intercomunicador.
—Buenas noches, Damas y Caballeros. Este es su Comandante en Jefe,
también conocido como Capitán Clynes. Me gustaría tomar un momento para
darles la bienvenida a este hermoso Boeing 757. Nuestro tiempo de vuelo de
Miami a Caracas es de aproximadamente tres horas y treinta minutos.
Anticipamos un viaje suave con poca o ninguna turbulencia. Por lo tanto,
siéntense y relájense. Una vez más, bienvenidos a bordo del Vuelo 553 de
International Airlines a Caracas, Venezuela. Como a menudo me gusta hacer
para darle la bienvenida a mis pasajeros a bordo, he aquí una pequeña
interpretación de una canción de los Beatles que es apropiada para esta
noche—apropiada porque he confiado mi corazón a alguien que dejé atrás en
el aeropuerto. Lo llevará con ella a Texas. Estoy seguro de que algunos de
ustedes pueden relacionarse con este sentimiento. Así que, la canción de esta
noche se llama, Don’t Let Me Down.

179
Mi madre apestaba a alcohol mientras hablaba en mi cara. —¡No puedes
estar hablando en serio!
Había cometido el error de ponerla al corriente sobre mi viaje para
prepararla para la posibilidad de que nada seguiría de acuerdo con el plan. Mi
madre siempre me había animado a seguir adelante con la inseminación en
Alemania, principalmente por sus propias razones egoístas.
—Normalmente no te diría nada de esto, especialmente cuando estás
180 medio borracha, pero dadas las circunstancias, necesitas saber dónde está mi
cabeza y que los planes de Alemania pueden no suceder.
—¿Y qué se supone que esos pobres chicos deben hacer ahora que has
cambiado de opinión?
—No he cerrado la puerta al cien por ciento, pero nunca les prometí
nada. Ni siquiera los conozco en persona, y no soy la última mujer en la Tierra
con un útero. Encontrarán otra forma.
—Sí, bueno, los vas a perder como una opción si los sigues haciendo
esperar.
—¿Crees que no lo sé? Hablé con ellos esta mañana y les dije que les
haría saber mi decisión a más tardar la próxima semana.
—¡Vas a terminar sin nadie, y vamos a acabar desamparadas!
Mi sangre estaba hirviendo. —¿Eso es todo lo que te importa?
Mi madre me señaló con el dedo. —No tendría que preocuparme por lo
que tengo derecho. Tu loco abuelo nos puso en esta posición—no yo.
—Deja de ser tan egoísta. Estamos hablando de vida humana aquí.
—No, estábamos hablando de vida humana—tu dándole el don de la
vida humana a una pareja agradable necesitada y asegurándonos por el resto de
nuestras vidas. Ahora, estamos hablando de un ridículo escenario de amor que
está destinado a terminar mal.
—¿Y exactamente cómo sabes eso?
—Kendall, ¿te mirarás por un momento? Piensa en lo loco que esto
suena desde afuera mirando hacia adentro. Te vas de viaje, te enamoras del
piloto de tu maldito avión... ¿quién ahora quiere ser el padre de tu hijo? ¡Oh, y
estoy segura de que no tiene nada que ver con el hecho de que acabas de
decirle que estás a punto de heredar millones de dólares! ¡Cariño, despierta!
—¡Carter no está detrás del dinero! —grité, asustando a los caballos
fuera.
—Bueno, eso es lo que quieres creer, y francamente, habría pensado que
eras más lista que eso. —Ella tropezó de nuevo en su asiento y luego dijo:
—Has estado planeando una estrategia meticulosa durante meses con
estos hombres agradables en el extranjero. Si siguieras con el plan original, no
tendrías que preocuparte por criar a un bebé que no deseas. Estaría en un buen
hogar. Tendríamos suficiente dinero para toda la vida. Todo el mundo
181
ganaría. Y sin embargo... estás considerando hacer todo lo contrario de todo lo
que hemos hablado sólo porque algún piloto metió su cara entre tus piernas.
—Eres tan vil.
—Vil, tal vez, pero digo la verdad.
—Bueno, ya no estoy tan segura de querer nada de esto. Es posible que
solo me aleje del rancho y del dinero para siempre. Tal vez nunca me verás de
nuevo.
—No hables así, Kendall. No te harías eso a ti misma.
—Lo digo en serio. Esta mierda de herencia me ha causado nada más
que estrés desde el momento en que me enteré de ello. No actúes como si
realmente te importara una mierda, mamá. No ves nada más que signos de
dólar cuando me miras ahora. Es patético. Soy tu hija, no tu fuente de ingresos.
—Sólo estoy tratando de ayudarte a conseguir lo que te pertenece por
derecho.
—Entonces, ¿supongo que no te importaría si tuviera un documento
legal escrito diciendo que no tienes derecho a nada de ello?
Silencio absoluto.
Asentí lentamente. —Eso es lo que pensé.
Incapaz de manejar más de esta conversación, salí furiosa de la casa y
conduje hacia la ciudad. Limpiando las lágrimas de mis ojos, puse la música a
todo volumen para ahogar los pensamientos en mi cabeza.
Cuando finalmente detuve el auto, me di cuenta de que realmente
necesitaba a Carter. Inmediatamente lo llamé. Gracias a Dios respondió.
Su voz era baja y sexy. —¿Cómo sabías que estaba pensando en ti?
—Carter…
Él podía darse cuenta que yo había estado llorando. —¿Que ocurre
bebé?
—Nunca debería haber vuelto a casa.
—¿Por qué estás molesta?
—Mi madre. Está diciendo cosas para tratar de lavarme el cerebro.
—¿Cosas como qué?
182 —Ella piensa que estoy loca por considerar tu oferta. Piensa que sólo
estás tras el dinero.
Hubo un largo momento de silencio antes de que él hablara. La ira en su
voz era penetrante. —Ni siquiera puedo comenzar a decirte lo furioso que me
pone. En primer lugar, deseo que esta situación monetaria nunca hubiera
existido. En segundo lugar, firmaré lo que sea necesario para demostrar que
no tengo ningún interés en ese dinero. Para ser honesto, la parte del dinero me
enferma un poco. Sólo quiero una vida contigo, Kendall. Voy a firmar
cualquier línea punteada para conseguir eso. —Su voz se quebró—. Sólo dime
dónde firmar, Perky.
Dejé escapar un largo suspiro en el teléfono. —Sólo hablar contigo me
hace sentir mejor. Te extraño tanto.
—¿Quieres que vaya allí? Le diré a la aerolínea que es una emergencia
familiar.
—No quiero que mientas para salir del trabajo.
—No estaría mintiendo. Tú ahora eres mi familia, lo más importante de
mi vida.
Eso hizo que mi corazón se derritiera.
—Gracias por la oferta, pero creo que todavía necesito un poco más de
tiempo a solas.
—De acuerdo, pero si empiezas a sentir que me necesitas, solo dímelo.
Estaré allí en cuestión de horas.
—Gracias. Eso me hace sentir mejor saber qué harías eso por mí.
—Haría cualquier cosa por ti, Perky. Cualquier cosa.
—Oh, lo sé. Incluso preñarme.
—No, eso sería para nosotros. Cuanto más tiempo pasa, más lo quiero. Y
estoy seguro como el infierno de que estoy deseando trabajar en ello. Dios, eso
va a ser muy divertido.
Cuando me reí, dijo:
—¿Es una sonrisa lo que escucho?
—¿Puedes incluso escuchar una sonrisa? —Me reí.
—Vamos a pasar por esto juntos. Lo prometo. Y por si no me escuchaste
en Florida, lo diré de nuevo. Te amo. Y si tenemos a este bebé juntos, nada me
importará más. Nunca le daría la espalda a mi hijo.
183 —De acuerdo... te escucho.
—Tal vez tómate un descanso de pensar en ello durante un par de días.
A veces, cuando estás tratando de resolver las cosas, pensar demasiado lo hace
más confuso. Tienes que estar lejos de tu madre, ir a algún lugar tranquilo y
relajarte. La respuesta vendrá.
Carter tenía razón. Necesitaba salir del rancho.
—Creo que es una buena sugerencia.
—¿Adivina dónde estoy? —preguntó.
—¿Dónde?
—En la playa en Caracas. Echándote jodidamente mucho de menos y
bebiendo nuestra bebida.
—¿Cuál es nuestra bebida?
—¿No te acuerdas?
—¿No?
—Caipirinha. Puede que no sea Brasil, pero también es una bebida
popular aquí.
—¡Oh sí! Nuestra bebida de Río. Repítalo con su acento portugués,
Capitán.
—Caipirinha.
—Mmm.
—Extraño ese pequeño gemido. Me estás poniendo duro.
—Con suerte, pronto volverás a escucharlo en persona.
—Estoy viviendo por la promesa de eso, bebé.

ACABÉ TOMANDO el consejo de Carter y alojándome por unos días en


un hotel en Plano. Ayudó a alejarse de mi madre y sus fuertes opiniones sobre
el asunto.
184 Sabía en mi corazón lo que quería. Quería una vida con Carter, pero
¿estaría de acuerdo en dejar que me dejara embarazada, o debería
simplemente renunciar a la herencia por completo?
¿Por qué no podía tener ambas cosas—Carter y el dinero? Casi parecía
que eso era demasiado bueno para ser verdad, como si fuera demasiado simple
de una decisión. Al mismo tiempo, sentía que siempre estaría esperando que
todo caiga por su propio peso. Nada es perfecto en la vida.
Me había detenido en una de las plazas de tiendas al aire libre cerca de
mi hotel por un helado y sentado en un banco fuera de una de las tiendas.
Necesitaba una señal de Dios.
Por favor, dame una señal de que la decisión en mi corazón es la correcta.
Seguí mirando fijamente al espacio mientras lamía la circunferencia del
helado una y otra vez, formando líneas suaves alrededor de la bola de helado
de crema.
Cuando me levanté para tirar lo último del cono, levanté la vista.
Mirándome a la cara estaba un anuncio gigantesco de ropa para bebé. Había
un niño grande y rechoncho con rollitos de grasa en sus piernas. Se veía
exactamente igual a la foto de bebe de Carter que él me había mostrado. Mi
corazón parecía expandirse con cada segundo que me quedé mirando la alegre
sonrisa del bebé. Si esto no era una señal, no sabía lo que era. De hecho, no
podía pensar en una mejor si lo intentaba. Es decir, hasta que miré el nombre
de la tienda de ropa para niños.
Carter's.

ESTABA DOBLANDO mis compras del día cuando mi celular sonó.


Come Fly with Me de Frank Sinatra me hizo sonreír de oreja a oreja. Había
cambiado el tono de llamada de Carter después de escuchar esa canción en el
auto esta tarde. Otra gran señal. No recuerdo haber escuchado eso en la radio.
Tal vez en el reproductor de CD de mi abuelo, pero definitivamente no en
ninguna estación que yo escuchaba. Sin embargo, hoy, allí estaba.
Después de lanzar mi cono de helado, había entrado en Carter’s para
echar un vistazo. Era honestamente sólo la segunda vez que me había
aventurado en una tienda de ropa para niños. La primera fue para mi prima
185 Harper quien quedó embarazada cuando tenía dieciocho años por su profesor
universitario casado de treinta y nueve años. Nosotras, las mujeres de la alta
sociedad de Sparks, éramos verdaderamente solo apariencia.
—Hola, guapo —respondí.
—Suenas mejor que cuando te hablé esta tarde.
Suspiré. —En realidad me siento mejor.
—¿Alguna razón en particular? No es que me queje. Pero me gustaría
saber lo que se necesitó para cambiar tu estado de ánimo. Guardar eso en mi
mente por un día que podría necesitarlo de nuevo.
—Fuiste tú, en realidad.
—Continua. Me gusta el sonido de esta historia hasta ahora.
Me reí. —Bueno... hoy estaba haciendo un poco de reflexión. Y digamos
que hubo algunas maneras en que estuviste presente conmigo. —Doblé el
pequeño traje que había comprado hoy en mi maleta. No sólo la tienda había
sido nombrada Carter's, sino que en el interior había encontrado un pequeño
traje azul marino con ribetes por los lados de los pantalones que se veía casi
exactamente como el uniforme de piloto de Carter. No pude evitarlo. Estaba
en la registradora antes de que incluso registrara en mi cerebro que estaba
comprando ropa para un bebé que acababa de decidir que quería tratar de
tener.
Fuera de la tienda con mi bolsa en la mano, el sol pareció brillar más
fuerte. El aire respirado un poco más fácil. Mi cabeza y corazón que habían
pasado semanas en confusión, finalmente entraron en una alineación perfecta.
Oh Dios mío. Iba a tener un bebé. Un bebé. Con un hombre del que estaba
locamente enamorada.
Sintiéndome liberada, hice lo que cada debutante bien criada de Texas
haría. Fui de compras. El centro comercial tenía una docena de tiendas más, y
ataqué todas y cada uno de ellas. Mis bolsas eran casi demasiado pesadas para
llevar para el momento en que llegué a la última tienda—una tienda Naval del
Ejército donde encontré un juego de antiguas alas de Aviador.
Mirando hacia abajo el traje doblado con las alas fijadas en la solapa,
pude ver realmente a un pequeño niño con hoyuelos llevándolo mientras su
papá lo sostenía orgullosamente. Su papi. Perdida en el país de los sueños, casi
me había olvidado de que Carter estaba por el teléfono.
—Perky, ¿sigues ahí?
186
—Lo estoy. Lo siento. Pero creo que voy a dejar de decirte más sobre mi
día. Preferiría mostrarte lo que me recordó a ti.
—¿Eso significa que voy a verte pronto? —Escuché la esperanza en su
voz, y me hizo sudar las palmas de la emoción.
—En realidad sí. Esperaba que pudiéramos encontrarnos. —Terminé de
cerrar la cremallera de mi maleta y me senté en la cama.
—Di la palabra. ¿Dónde y cuándo? Voy a desviar mi vuelo a Dubai en la
mañana si tengo que hacerlo. Secuestrar a un 757 lleno de árabes a Texas si
tienes buenas noticias para mí.
Yo sabía que estaba bromeando, pero no había mucho que pondría por
delante de este hombre loco. —¿Dónde estarás el lunes la próxima semana?
—Espera... déjame revisar mi teléfono.
Treinta segundos después, estaba de vuelta. —Estaré en Miami el lunes.
Eso tenía que ser otra señal. —¿El aeropuerto en el que nos conocimos?
—Así es. Tengo una escala para pasar la noche, y luego regresaré a
Brasil otra vez. Suena como el destino para mí, hermosa. ¿Qué estás diciendo?
¿Es una cita? Encuéntrame en Miami. La misma barra en donde todo comenzó.
¿Te reservaré un boleto que te lleve lo más cerca posible cuando aterrice?
Tome una respiración profunda de valentía y dejé escapar el resto de mi
miedo. —Sí. Necesito verte. Tengo algunas cosas de las que quiero hablar.
Pero también te extraño como loca.
—Lo tienes. Tendrás un boleto por la mañana.
Hablamos durante otra hora después de eso. No le conté de mis
compras ni de la decisión que estaba bastante segura de haber hecho. Todo eso
tenía que hacerse en persona. Pero hacia el final de la llamada, dije:
—Hoy compré algo que me recordó a ti.
—¿Oh si? ¿Qué es eso?
—Es una sorpresa.
—Sabes, probablemente no debería decirte esto, pero tengo algo que me
recuerda a ti también. No lo compré aunque. En cierto modo te lo robé antes
de que te fueras.
Estaba tendida en la cama del hotel en diagonal, mirando el techo y
187 volteada a mi estómago. —¿Qué podrías posiblemente.... —Entonces recordé
lo que pensé que faltaba en la secadora cuando había lavado mi ropa sucia en
casa. Todos mis sostenes y bragas eran conjuntos, y mi sujetador rojo parecía
haber estado perdiendo la ropa interior a juego—. Oh Dios mío... no lo hiciste.
Carter respiró profundamente por el teléfono, y supe que estaba
inhalando. Mi mano voló a mi boca. Oh Dios mío. —Lo tienes ahora mismo en
tu cara, ¿no?
Su respuesta fue un cruce entre un gemido y un gruñido.
—¡Oh, Dios mío, Carter! —Me reí—. Estás demente. ¡No puedo creer que
robaste mi ropa interior!
—¿De verdad? Habría pensado que sería algo que esperarías a estas
alturas.
—Supongo que eso es cierto. —Me mordí el labio—. ¿Tú…
—¿Qué me estas preguntando?
—Ya sabes…
—Claro que sí. Pero quiero oírte preguntarme de todos modos.
Carter era definitivamente mucho más agresivo en el campo de la charla
sucia que yo. Eso era algo en lo que probablemente necesitaría trabajar si iba a
estar en una relación a largo plazo con un piloto, y estaríamos constantemente
separados. Así que empujé más allá de mi zona de comodidad normal. Mi voz
era baja, en realidad sonaba algo sexy. —¿Tú... tocas tu polla cuando me
hueles?
Literalmente gruñó. —Dios, la palabra polla de tu boca me va a hacer
explotar duro.
—¿De verdad? —Me moví alrededor de la cama—. Estaba pensando que
tu polla en mi boca te haría explotar duro.
—Kendall... —advirtió.
—¿Qué? Tú empezaste.
—Sí... y no puedes jugar conmigo así.
—Ojalá pudiera jugar contigo ahora mismo.
Se rió en voz baja. —Voy a necesitar empezar a viajar con algo de loción
para nuestras llamadas nocturnas.

188 —Creo que es una muy buena idea. Por qué no recoges algo en la tienda
del aeropuerto por la mañana, y como voy a volver a casa mañana, podré
tener a Jack para nuestra llamada mañana por la noche.
—¿Jack?
—Es mi nombre para mi pequeño vibrador de conejo.
—¿Acabamos de hacer una cita para masturbarnos juntos mañana por la
noche?
Me reí suavemente. —Creo que sí.
—Te llamaré tan pronto como me registré en mi hotel.
—Bien. Eso suena bien.
La voz de Carter se hizo seria. —Te amo, Kendall.
—Yo también te amo, Capitán. Cuatro días más, y estaremos juntos otra
vez.
Cuatro días más.
NUNCA ESTUVE TAN excitada en mi vida.
Había llegado tres horas antes al aeropuerto incluso aunque estaba
tomando un vuelo regular y Carter me había reservado un billete de primera
clase que tenía su propia fila que siempre pasaba fácilmente por seguridad. No
podía dejar de sonreír. La niña pequeña frente a mí tenía una de esas gorras
negras con orejas de Mickey Mouse y difícilmente podía quedarse quieta
189 mientras su madre las registraba para su viaje a Orlando. Su anticipación
perdía brillo en comparación con cómo me sentía.
Si todo iba según el horario, estaría de vuelta a los brazos de Carter en
menos de seis horas. Su vuelo estaba programado para llegar una hora antes
que el mío y me había asegurado que el entusiasmado Capitán estaría
aterrizando su dulce viaje a tiempo.
Solo estando en el aeropuerto, viendo todos los uniformes de Aerolíneas
Internacionales que eran similares a los de Carter, me hacía sentir mejor de lo
que había estado en días. Era bastante jodido que el Aeropuerto de Dallas me
diese más consuelo y me sintiese más como en casa que yendo a mi verdadera
casa como hice esta semana.
Después de que había tomado mi decisión sobre lo que iba a hacer,
decidí no compartirlo con mi madre. No había nada absolutamente bueno que
pudiese salir de eso. Solo pondría una nota de tristeza en mi entusiasmo.
Siempre había sabido que mi madre ponía las finanzas en la cima de su lista de
prioridades. Solo que no quería creer que mi felicidad no estaba encima de su
deseo de mantener un cierto estilo de vida. La semana pasada me había
forzado a ver las cosas con claridad por primera vez. O tal vez, siempre la
había visto como era, solo que había elegido hacerme la ciega ante ello.
Aunque no quería admitir ante mi madre que había tomado mi decisión,
creo que ella lo sabía. Cuando me levanté esta mañana, había encontrado un
sobre manila sobre la mesa del comedor con mi nombre escrito en él. Dentro
había un extenso acuerdo de co-paternidad, uno que explicaba al detalle que
Carter no tenía reclamo legal financiero sobre mi herencia o ninguna herencia
de futuros hijos. Todo lo que necesitaba hacer era escribir el nombre de Carter
y hacer que él lo firmase. Cuando mamá se despertó alrededor del mediodía
con su resaca diaria, encontraría el sobre exactamente donde lo dejó
amablemente para mí. Excepto que el acuerdo estaba colocado encima del
sobre y también estaba roto a la mitad. Imaginaba que había marcado mi
punto con un poco menos de delicadeza de lo que había hecho ella.
Me detuve junto al quiosco, tomé algunas revistas y tentempiés, y me
encaminé a mi puerta. Había un montón de asistentes de vuelo sentados frente
a mí. Odié que me pregunté inmediatamente si Carter se había acostado con
alguna de ellas. No era que no confiase en él, porque extrañamente, lo hacía.
Pero me encontré extremadamente territorial en lo que se refería a Carter. El
pensamiento de él estando con alguien más me causaba un dolor en el pecho.
190 Aunque sabía que era ridículo —ambos habíamos estado con otra gente—, no
podía evitar sentirme de ese modo.
El avión abordó casi una hora antes de despegar, lo que siempre era una
buena señal. Tenía prioridad en abordar ya que estaba en primera clase, aun
así esperé hasta que la puerta casi se había medio vaciado antes de dirigirme a
la pasarela para abordar.
Estaba sentada en la fila 2ª, un asiento de pasillo. Guardando mi mochila
encima, rápidamente me organicé y tomé asiento. Sonreí a la mujer junto a mí
mientras me ponía el cinturón. La azafata se acercó rápidamente para
ofrecernos una bebida antes del despegue. Bajó la mirada a su lista de cabina.
—¿Puedo ofrecerle algo, señorita Sparks?
—Eso sería genial. Tomaré un vaso de Merlot.
Luego habló con la pasajera a mi lado.
—¿Qué hay de ti, Cass? ¿Leche, agua, zumo de naranja?
—Tomaré agua. Gracias, Lana.
Cuando volví a mirar hacia mi compañera de asiento, me ofreció una
explicación:
—Soy azafata de esta aerolínea. Volando de reserva y fui lo
suficientemente afortunada para conseguir los asientos grandes. —Sonrió.
Solo había tomado mi vino hacía menos de cinco minutos cuando el
capitán invadió los altavoces y dijo que íbamos a apartarnos de la puerta.
Necesitando algo para calmar mis nervios por muchas razones, me bebí todo
el vaso sabiendo que la azafata aparecería para recogerlo en cualquier
momento.
La mujer junto a mí suspiró audiblemente.
—Lo que daría por hacer lo que acabas de hacer.
—¿Beber todo un vaso de vino como un marinero y esperar que nadie lo
notase?
Le dio una palmadita a su barriga y sonrió.
—Exactamente. Llevo cuatro meses de embarazo.
—Vaya. —Bajé la mirada a su barriga prácticamente inexistente. Apenas
191 se le notaba—. Nunca lo habría adivinado. Eres tan pequeña.
—La mayor parte de peso parece haberse confundido y llegó a mi
trasero. Mi trasero ya es tremendo.
—Dudo que sea cierto. Te ves delgada por todas partes. Pero incluso si
es así, los traseros grandes son lo que se lleva ahora, así que estarás a la moda.
—Estoy esperando ganar algo en el escote con el tiempo. Mis pechos son
muy pequeños y el papi de este pequeñín es un hombre de tetas. —Mi mente
se preguntó por mi propio cuerpo. ¿Mi pecho crecería cuando me quedase
embarazada? Carter siempre había dicho que le gustaba mi alegre copa B, pero
algo me decía que no le molestaría si ganaba un poco de pecho.
Después de que el avión despegó y se elevó, Cass, que averigüé que era
el diminutivo de Cassandra, sacó unos auriculares Beats y en lugar de
ponérselos en los oídos, los puso en la barriga. Le estaba poniendo música a su
estómago. Cuando me atrapó mirando, explicó:
—Leí en algún lado que los bebés son capaces de escuchar en el útero,
así que comencé a ponerle música clásica.
—¿Él? ¿Es un chico?
—Aún no estoy segura. —Se frotó la barriga—. Pero realmente pienso
que lo es.
Había mucho que iba a tener que aprender. Ya que no conocía a esta
mujer, decidí dejarla entrar en mi pequeño secreto.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?
—Claro. Adelante.
—¿Te llevó mucho tiempo concebir? ¿Quiero decir lo estuvieron
intentando por mucho tiempo? Estoy preguntando porque mi novio y yo… —
Dudé antes de admitirlo en voz alta por primera vez—. Decidimos que íbamos
a intentar quedarme embarazada.
La mujer me dio una sonrisa genuina.
—Eso es genial. Felicidades. —Fue la primera vez alguien vio algo
positivo en mi plan de tener un bebé. Y se sentía bien. Todo estaba
comenzando a encajar.
—Gracias.
—En realidad… No nos llevó mucho tiempo. Me quedé embarazada la
192 segunda vez que intimamos.
—Vaya. Eso es increíble.
—Lo es, ¿cierto? Definitivamente este pequeñín no fue planeado. Pero
creo que estaba destinado a ser. Es el pegamento que va a sujetarnos a los tres
para siempre.
—¿Serás capaz de trabajar mucho más? Las aerolíneas tienen reglas
contra volar con un embarazo muy avanzado, ¿no es así?
—Sí. Otras doce semanas o así y luego voy a ser destinada en tierra. La
mayoría de aerolíneas no permitirán que los pasajeros vuelen pasadas las
veintiocho semanas, mucho menos sus azafatas. Demasiado riesgo para un
parto prematuro. Me darán un trabajo de oficina. Probablemente los registros
o los chequeos, o un trabajo en la entrada. De todos modos, estoy esperando
que pueda transferirme a Florida, así el cambio será en el momento oportuno.
—¿Ahora vives en Texas?
Asintió.
—Vivo en Allen. Pero soy originariamente de Florida y la mayoría de mi
familia todavía está allí. Además el padre del bebé vive en Florida, así que
probablemente voy a ser recolocada.
—¿Piensas que volverás a trabajar después del nacimiento del bebé?
—Espero que no. Todo lo que he querido hacer siempre era casarme,
tener un montón de hijos y quedarme en casa. Estos días no es fácil lograrlo
con un salario. Asegúrate de atrapar a uno bueno como hice yo.
Su entonación me amargó un poco. Atrapar a un buen ejemplar.
Probablemente era porque era algo que diría mi madre.
Después de mi segundo vaso de vino, comencé a bajar de mi subidón de
adrenalina y el agotamiento estaba comenzando a hacer mella. Sabiendo que
Carter iba a estar insaciable cuando nos reuniésemos, me imaginé que podría
conseguir algo de sueño mientras pudiese. No me desperté de nuevo hasta
que el capitán estaba hablando, diciéndonos que íbamos a aterrizar en unos
minutos.
Me estiré en mi asiento.
—Vaya. Realmente me desconecté.
193 —Lo hiciste. Tuve que tomar los auriculares del bebé para ahogar los
pequeños ronquidos que estabas haciendo.
Me cubrí la boca.
—Oh, Dios mío. Lo siento mucho.
Abrió su botella de agua y terminó lo poco que quedaba.
—Solo estaba bromeando. Estuviste roncando, pero no me molestó.
Creo que estoy demasiado nerviosa para dormir o estaríamos haciendo un
dueto.
—¿Nerviosa sobre el bebé?
—No. Voy a ver al padre del bebé mañana. No nos hemos visto en un
tiempo.
—Sé cómo te sientes. No he visto a mi novio en una semana y estoy
completamente nerviosa. Si no hubiese tomado esos vasos de vino, nunca me
habría dormido. Estoy tan entusiasmada.
—Ha sido más de una semana para nosotros.
—¿Oh? ¿Cuánto tiempo?
—Tres meses.
—Vaya. Ese es un largo tiempo. Ni siquiera ha visto tu nuevo cuerpo de
embarazada aún.
—Sí, eso es cierto. Aunque esa es la menor de mis preocupaciones.
Fruncí el ceño, así que se explicó:
—Ni siquiera sabe que estoy embarazada.
—Oh. Vaya. Madre mía.
—Sí. Ahora puedes entender por qué quería tragar ese vino.
—Ciertamente puedo.
»¿Crees… crees que no va a estar feliz sobre lo de convertirse en padre?
—No tengo ni idea de cómo va a reaccionar. Es un poco salvaje. No
estoy segura de si alguna vez planeó ser atrapado. Pero en el fondo, creo que
es un verdadero hombre y hará lo correcto.
No estaba segura de siquiera saber qué era lo correcto. Toda la
conversación estaba comenzando a revolverme el estómago. ¿Qué tipo de
mujer no le decía a un hombre que estaba embarazada en meses? Aunque
194 supuse que podía haber un montón de razones para ello. Quizás él no es un
gran tipo y ella incluso consideró no tener al bebé o algo por el estilo.
Realmente no era mi lugar para juzgar. Especialmente con toda la locura que
había estado planeando hacer. Realmente nunca sabes la verdadera historia de
alguien a menos que estés en sus zapatos.
Aterrizar fue agitado, pero estaba contentísima por haber llegado unos
minutos antes. Quería usar el baño del aeropuerto para refrescarme antes de
encontrarme con Carter en el bar donde íbamos a encontrarnos.
Mientras rodábamos por la pista hasta la puerta, comencé a recoger mis
revistas y metí la basura en la bolsa. Sonriendo, me giré hacia Cass.
—Buena suerte. ¿Vas a ver a tu novio pronto?
—Mañana —respondió—. Tiene un vuelo por la mañana al que me voy
a unir. Aunque él todavía no sabe eso tampoco.
El avión se detuvo y sonó un timbré en los altavoces indicando que era
seguro levantarse de los asientos. Comencé a desbloquearlo.
—¿Viaja mucho por trabajo o algo así?
―Lo hace. Todo el tiempo, en realidad. Es piloto.
Me levanté y abrí el compartimento de arriba, tomando mi bolso.
—Oh, eso es divertido. También lo es mi novio.
La puerta de la cabina se abrió más rápido que en cualquier vuelo en el
que estuviese antes. Los dioses parecían estar sonriéndome hoy; un vuelo
suave, una embarazada como compañera de viaje, llegada a tiempo. Saliendo
al pasillo, comenté:
—Fue agradable conocerte. Mucha suerte con tu embarazo y con todo.
—Gracias. A ti también. Espero que te quedes embarazada con tanta
facilidad como yo.
Estaba a punto de salir del avión cuando escuché a la azafata despedirse
de Cass, que estaba justo detrás de mí.
—Buena suerte, dulzura. Llámame más tarde y hazme saber cómo se
toma Trip las noticias.
Me congelé a medio paso. Mi mente tenía que estar jugándome una
mala pasada. Girándome, pregunté:
—¿Acaba de decir Trip… cómo se toma Trip las noticias?
195 Cass sonrió, sin pensar en ello.
—Sí. Es el apodo del papá de mi bebé. Su nombre tiene repetidas tres
veces la misma letra, así que le llaman Trip de triple.
Sentí que la sangre dejaba mi rostro.
—¿Qué tres letras?
—C. Su nombre es Capitán Carter Clynes.
MI EQUIPAJE FUE EL ÚLTIMO en la cinta transportadora. ¿Cuánto
tiempo había estado dando vueltas hasta que lo noté? ¿Incluso cuánto llevaba
allí de pie?
La alegría que había sentido durante las pasadas veinticuatro horas se
había transformado completamente en una mezcla de sorpresa, pánico y
tristeza. No podía recordar la última vez que una tristeza tan profunda me
había consumido de este modo. Mis emociones habían dejado una cáscara
vacía de mí misma mientras esperaba en la zona de recoger el equipaje.
196
Le había perdido la pista a Cass poco después de que revelase el nombre
del padre de su bebé. Para ser honesta, apenas recordaba salir del avión y
llegar a este punto.
Finalmente tomando mi maleta del asa, miré entre la multitud de gente
abriéndose paso en el aeropuerto. Una parte de mí quería simplemente correr,
pero una parte más grande sabía que tenía que escucharlo de él —que la
conocía, que era el padre de su bebé.
¿Había una oportunidad de que ella lo estuviese fingiendo?
Rápidamente rechacé el pensamiento de mi cabeza, negándome a darme falsas
esperanzas.
Sentía como si la cabeza fuese a explotarme entre los intermitentes
anuncios de los intercomunicadores, el sonido de la gente corriendo de un
lado a otro a mí alrededor y los temerosos pensamientos en mi cabeza. Todo
parecía ruidoso. Bajando la mirada a mi teléfono, me di cuenta de que llegaba
tarde para encontrarme con Carter en la sala del aeropuerto.
Un pie detrás de otro.
Ve.
Tienes que enfrentarlo.
Las escaleras descendieron lentamente en lo que estaba segura de que
iba a ser mi infierno personal.
Cuando llegué a la sala, cerré los ojos para recomponerme antes de
entrar. Cuando los abrí, lo vi en la esquina. Estaba todo engalanado en su traje
de piloto y mirando al canal de deportes que estaban poniendo en la
televisión. Justo dentro de la entrada, permanecí allí con el corazón acelerado
y admirando su gran estatura sin que me notase, por la pura razón de que
podía ser la última vez que podía hacerlo.
De repente se giró. Se me cayó el alma a los pies cuando noté que estaba
sosteniendo un gran ramo de flores. Cuando nuestras miradas se encontraron,
Carter curvó la boca en una gran sonrisa. Se me estaba partiendo el corazón
con cada paso que él se acercaba. Y con cada paso, su sonrisa se desvanecía
lentamente una vez que se dio cuenta de que estaba llorando y no eran
lágrimas de felicidad.
Automáticamente lanzó las flores a una mesa cercana.
—¿Perky? ¿Qué está mal? ¿Qué sucedió?
197 Incapaz de hablar, sujeté su camisa por equilibrio.
—¿Pasó algo en el vuelo?
Todavía incapaz de formar palabras, asentí.
Me tomó en un abrazo y fui demasiado débil para resistirme. Llorando
en el hueco de su brazo, pude sentir su corazón latir a mil por hora contra mi
mejilla.
Cuando se apartó y volvió a examinar mis ojos, dijo:
—Dime qué está sucediendo. —Cuando continué permaneciendo en
silencio, suplicó—: Por favor.
Cerrando los ojos, recé por la fuerza para atravesar esto, luego,
finalmente hablé.
Mi voz era temblorosa.
—Me senté junto a una mujer en el vuelo. Estaba embarazada de cuatro
meses.
—Está bien. ¿Te asustó?
—No.
—¿Le pasó algo a ella?
Sujetando una silla para equilibrarme, me senté y levanté la mirada
hacia él.
No se movió.
—Dime qué sucedió, Kendall.
—Era una azafata fuera de turno.
—Está bien. No lo estoy entendiendo.
—Su nombre es Cass. ¿La conoces?
Comenzó a abrir la boca para decir algo, luego se congeló cuando se dio
cuenta de golpe.
—La conozco, sí.
—Saliste con ella.
—Sí. ¿Cuántas veces tenemos que pasar por esto? No significó nada. Fue
antes de que nos conociésemos y… —Abrió los ojos como platos y el pánico se
mostró en su rostro cuando sumó dos más dos—. Espera. ¿No pensarás que yo
la dejé embarazada?
198
—No es que lo piense. Es que ella me lo contó con sus propias palabras.
Dice que eres el padre de su bebé, Carter. Estaba volando hasta Florida para
venir a decírtelo en persona. Se supone que esté en tu vuelo mañana.
Negó con incredulidad, luego gritó:
—¿Qué? ¡No! —Se arrodilló donde estaba sentada para mirarme a los
ojos—. No, Kendall. No.
—¿Puedes mirarme a los ojos y asegurarme con absoluta certeza de que
no es posible de que tú seas el padre de su bebé?
Movió los ojos de lado a lado mientras luchaba por entender esto. Se
pasó una mano por el cabello. Está noticia también lo había descolocado y no
tenía ninguna duda de que estaba completamente conmocionado.
Repetí:
—¿Es una posibilidad?
Finalmente se levantó y tomó asiento frente a mí en la mesa,
aparentemente todavía demasiado sorprendido para hablar.
Parafraseé mi pregunta:
—¿Te acostaste o no con ella, hace cuatro meses?
—Sí —susurró—. Lo hice.
—Así que, es técnicamente posible.
La luz se apagó de sus ojos como si realmente le golpease. Era posible.
No podía negarlo.
Apoyando la cabeza entre las manos, preguntó:
—No sabemos nada. ¿Y si está mintiendo sobre el embarazo?
—Ella no sabía quién era, Carter. No tenía razones para mentirme.
Todavía sosteniéndose la cabeza con ambas manos, solo continuó
mirándome. El miedo en mi interior se estaba extendiendo con cada segundo
que observaba el miedo creciente en sus ojos. Había querido que me dijese que
Cass estaba delirando. Había querido que me dijese que todo era una mentira.
Había querido que me hiciese sentir segura y no podía. Simplemente no podía
probar nada, de un modo u otro.
La voz de mi madre sonó en mi cabeza. ¡No vas a acabar con nadie y
nosotras vamos a terminar como indigentes!
199 Las propias palabras de Carter del pasado también volvieron a
perseguirme. Nunca le daría la espalda a mi hijo. No hay nada más importante que
un hijo o sus mejores intereses.
La cabeza me daba vueltas.
—Lo siento, Carter.
—¿Lo siento? ¿Qué estás diciendo?
—Tengo que irme.
Me sujetó las manos.
—Perky, no. No hagas esto. Lo que sea que suceda, podemos pasar por
esto. Te prom…
—No puedo. —Negando con las lágrimas deslizándose por mis mejillas,
repetí—: No puedo. Lo siento mucho.
—¿Qué no puedes?
—No puedo estar contigo.
Algo que nunca había esperado que le sucediese mientras me miraba.
Sus ojos comenzaron a brillar. Siendo el hombre que era, luchó contra las
lágrimas mientras me miraba con incredulidad.
Incapaz de permanecer viéndolo tan herido, forjé una mentira:
—De todos modos, iba a decirte que había decidido seguir adelante con
la inseminación. Así que supongo que es un buen momento.
Sus ojos estaban rojos.
—Eso es una estupidez.
—No.
—No me mientas —espetó.
Necesitaba cortar de raíz. Todavía tenía los ojos llenos de lágrimas
cuando me levanté repentinamente y fui a por mi maleta.
—Tengo que irme.
Me siguió de cerca.
—Kendall, no hagas esto.
200 —No tengo elección.
—¿Y si es una mentira o si… y si el bebé no es mío? No sabemos nada
aún —suplicó.
—¿Y si lo es? —grité.
—Entonces, no importará. Te pertenezco a ti. Esto no cambia nada.
—¡Lo cambia todo, Carter! ¡Todo! Nunca he sentido tanto dolor en mi
vida como el que siento ahora mismo. No puedo manejarlo. Si en algún
momento me amaste de verdad, por favor, simplemente déjame ir. —Ahora
las lágrimas me estaban cegando cuando susurré una última vez—: Déjame ir.
Mis palabras parecieron atravesarlo. Permaneció ahí congelado mientras
me observaba alejarme. Me centré en el sonido de mi maleta rodando,
luchando contra la urgencia de darme la vuelta y mirarlo una última vez.
No lo hice.
Necesitaba salir de la puerta de International Airlines lo antes posible.
Quince minutos después, me encontré en el mostrador de boletos de
Lufthansa Airlines.
—¿Cuándo es su próximo vuelo a Munich?
Después de mirar en el ordenador, la asistente dijo:
—Tenemos uno que despega en una hora con parada en Nueva York.
Cerré los ojos para detener la inmensa tristeza se extendía mientras me
daba cuenta de lo que estaba a punto de hacer. Todo estaba destellando ante
mis ojos: Rio, Dubai, Amsterdam, Boca. El amor que crecía más y más con
cada paso de nuestro viaje. Todavía le amaba, y sabía que siempre lo haría;
pero no podía arriesgarme a perderlo todo. Además, no podía soportar el
dolor. Carter siendo padre del bebé de otra mujer era demasiado duro de
aceptar. Lo amaba demasiado y no podía verlo viviendo una parte de nuestro
sueño con alguien más. Había estado buscando señales que me ayudasen a
tomar una decisión. Diría que acabar en ese asiento junto a Cass era justo la
señal más grande que podía haber conseguido.
Antes de que tuviese la oportunidad de cambiar de idea, dejé salir un
largo suspiro y finalmente respondí a la asistente:
—Lo tomaré.

201
—LA SEMANA PASADA, EXPLORAMOS tu pasado, lo que ocurrió con
Lucy. No tuvimos tiempo suficiente para revisar la situación a la que te
referiste, que te trajo aquí para buscar ayuda. Por lo tanto, creo que
deberíamos ahondar en eso hoy, si estás de acuerdo. Me gustaría que me
hablaras de ella —dijo la doctora Lemmon.
—Bien.
—Tómate tu tiempo.
202
De repente, sentí que no podía respirar. Las palabras no saldrían.
—Lo siento. Esto no es fácil para mí. No he hablado de ella con nadie. He
pasado los últimos meses prácticamente huyendo, pasando menos tiempo en
casa que antes porque, aunque sólo estuviera allí conmigo poco tiempo, es el
lugar que ahora me recuerda más a ella porque es donde… —dudé—, se
desarrolló nuestra relación.
—Háblame de ella —repitió.
—Su nombre era Kendall. Uh, es Kendall. Quiero decir, no está muerta.
Aún está por ahí en alguna parte.
—¿Cómo la conociste?
—En el aeropuerto.
—No es demasiado inusual para un piloto, supongo.
—Sí, pero nuestra historia no era nada habitual.
Los próximos veinte minutos pasaron describiendo las semanas en que
Kendall y yo nos enamoramos. Las palabras fluyeron libremente hasta llegar a
la parte difícil.
—Entonces, ella te llamó y dijo que iba a encontrarse contigo en el
aeropuerto. Sonaba bien. Supusiste que iba a aceptar tu oferta de ser el padre
de su bebé. Te sentías listo para ser padre…
Cerré los ojos.
—Sí. Sí, lo estaba. Con ella… lo estaba.
—¿Qué pasó ese día?
Continué mi historia, recordando dolorosamente los últimos momentos
con Kendall dentro del salón del aeropuerto antes de que ella revelara su
encontronazo con Cass y saliera de mi vida para siempre.
La doctora Lemmon se quitó las gafas, parecía afectada por mi historia.
—Debe haber sido un momento muy difícil.
—Todavía no puedo procesar todo, cómo todo se desmoronó tan rápido.
—¿La culpas por irse tan abruptamente?
—No. No, no lo hago. Podría haber hecho lo mismo en sus zapatos.
—¿Qué hiciste después que ella se fuera?
203 —Me quedé en el salón con incredulidad. Me tomó un par de horas
reunir energía para regresar a casa. Un amigo pasó a recogerme, porque había
bebido mucho, así que me desmayé en mi cama y dormí toda la noche hasta
que llegó el momento de despertar para mi vuelo al día siguiente.
—¿Cómo fue eso?
—Como Kendall me había advertido, Cass apareció. Ella trabajó en el
vuelo y me dijo que necesitaba hablar conmigo acerca de algo importante una
vez que aterrizamos. Después que llegamos a Brasil, ella me dijo todo… que
estaba embarazada y llevando a mi bebé.
—¿Cuál fue tu reacción?
—Estaba desanimado, demasiado desconsolado para pensar en el
panorama general. En ese momento, todo lo que podía pensar era en perder a
Kendall. Nada más importaba. Le dije a Cass que ayudaría a mantener al bebé
si resultara ser mío, pero que no podría darle nada más. Dejé claro que
insistiría en un análisis de sangre una vez que el bebé naciera.
—¿Estaba bien con eso?
—No estaba feliz con mi falta de interés o emoción, pero no había nada
que yo pudiera hacer para cambiar eso. No quería esa vida con ella. Todo lo
que me importaba era Kendall y no tenía energía para lidiar con cualquier otra
cosa.
—¿Qué fue de Kendall?
—Ojalá supiera.
Ella parecía sorprendida.
—¿No lo sabes?
—Hasta hoy en día, no lo sé. Dijo que planeaba seguir con la
inseminación, pero si realmente continuó es un misterio.
—¿Has intentado llamarla?
—Sí. Varias veces. Desconectó su teléfono o cambió su número, pero no
logré contactarme. Recuerdo que dijo el nombre de su madre una vez. Envié
una carta a una Annabelle Sparks en Dallas, pero aún no sé si alguna vez llegó
a Kendall. No puedo encontrarla en las redes sociales. No sé qué más hacer, o
si siquiera quiere verme si la localizo.
La doctora Lemmon anotó algunas notas antes de mirarme de nuevo.
—Dime qué pasó… con el bebé.
204 —Estaba en el hospital cuando él nació. Lo llamó Aidan. No sabía cómo
sentirme, porque una parte de mí aún no creía que fuera mío. Al mismo
tiempo, me sentía culpable por no sentir más.
—¿Es tuyo?
—Dos semanas después que nació, ella finalmente hizo la prueba de
sangre. Los días de espera por los resultados fueron una tortura.
—¿Y?
—Él no es mi hijo. —Dejé escapar un largo suspiro. Cada vez que revivía
ese momento de verdad, no podía dejar de sentir el mismo alivio que la
primera vez de nuevo.
La doctora Lemmon volvió a echarse hacia atrás en su asiento.
—Vaya.
—Sí.
—¿Cómo te sentiste?
—Fue una mezcla extraña de ira y alivio; alivio porque me absolvió de
cualquier responsabilidad en una situación que nunca elegí, pero ira por todo
lo que había perdido como resultado. Cosas que nunca podré recuperar.
La mujer a la que nunca recuperaría.
La familia que nunca recuperaría.
La vida que nunca recuperaría.
—¿Cómo ha sido tu vida desde que averiguaste la verdad?
—No ha cambiado mucho, para ser honesto. Trabajando tantas horas
como pueda. Pasando las horas. Lo que siempre he hecho.
—Usas tu trabajo como un medio para esconderte de tus demonios.
Primero fue Lucy. Ahora es Kendall.
Levanté mi voz en defensa.
—¿Qué sugieres que haga?
¿No te estoy pagando para que me digas qué diablos hay que hacer?
—Hasta que no sepas qué sucedió con Kendall, no encontrarás esa paz
interior. Venir aquí fue un buen primer paso, pero no hay nada que pueda
205 hacer para evitar que eso te persiga.
—Te lo dije. Intenté contactarla. No sé dónde está.
—Dijiste que tienes una dirección potencial en Texas. ¿Por qué no vas allí,
ves si puedes averiguar qué está pasando en su vida?
No pude responder, aunque sabía la verdad; estaba asustado como la
mierda. Asustado de lo que ella había pasado, asustado de molestarla,
asustado de lo desconocido. Una cosa era segura; si supiera que ella quería
verme, estaría allí en un instante.

LA SESIÓN DE TERAPIA me había dejado agotado. En vez de sentirme


mejor, sentí que las compuertas que guardaban mi cordura se habían abierto.
Esa noche, en mi apartamento en Boca, estaba colgando los uniformes
que había recogido de la tintorería, cuando mi mirada fue al pelaje blanco en la
esquina posterior de mi armario. Era exactamente donde lo había arrojado
hace meses.
Había comprado un oso de peluche en Venezuela y planeaba dárselo a
Kendall si hubiese aceptado mi oferta. Levanté al oso y lo miré fijamente
mientras me sentaba en el borde de mi cama.
—Debería haberte arrojado a la basura. Entonces, no tendría que mirarte
ahora mismo.
Estupendo. Ahora, estaba hablando con objetos inanimados.
—¿Qué piensas? ¿Debo ir a Texas? ¿Tratar de encontrarla?
Estás jodidamente loco, Carter.
—¿Qué tengo que perder? Lo he perdido todo, ¿verdad?
Acercando el oso más cerca de mi cara, le dije:
—Te estoy dejando tomar la decisión. Si sigues callando, voy a suponer
que no te opones.
Lo coloqué encima de mi tocador y me eché atrás, cruzando mis brazos y
aun mirándolo fijamente.
206 —Habla ahora o calla para siempre —dije antes de tumbarme en la cama
y abrir mi portátil.
Con tres días libres antes de volar a Rio, usé mis millas y reservé un vuelo
al aeropuerto de DFW.
Regresando al armario, señalé al animal de peluche.
—Si esto me explotan en la cara, será tu culpa.

EL EXTENSO RANCHO era al menos tres hectáreas. Había algunos


caballos pastando, pero parecía bastante desolado y desaliñado dado el
tamaño de la propiedad.
El famoso Rancho Sparks.
Siempre quise ver dónde creció Kendall; no esperaba estar visitando este
lugar sin ella.
Una mujer rubia que parecía haber sido hermosa hace veinte años abrió la
puerta. Tenía un cigarrillo colgando de su boca y olía a licor.
—¿Puedo ayudarte?
—¿Vive aquí?
—Sí, esta es mi propiedad.
—¿Es Annabelle?
—Sí. ¿Quién eres tú?
—Estoy buscando a su hija, Kendall. Mi nombre es Carter Clynes. Nos
conocemos.
Tomó una larga calada y sopló el humo, señalándome con el dedo.
—Oh Dios mío. Eres tú. Eres el piloto.
—Sí. ¿Habló de mí?
—Sí.
Eso me complació.
—¿Ella está aquí?
207 —No. Mi hija no ha estado aquí en meses.
Lleno de temor, pregunté:
—¿Dónde está?
—Una maldita lástima. Kendall dejó en claro que no quería que supiera
dónde se encontraba.
—¿Cuándo fue la última vez que estuvo aquí?
—Había tomado un viaje a Alemania. No me dijo lo que pasó allí. El viaje
duró aproximadamente dos semanas. Sólo me enteré que ella había ido allí por
el boleto en su equipaje, de lo contrario ni siquiera me hubiera contado.
—¿Cuánto tiempo estuvo aquí después de regresar de Alemania?
—Un par de días. Dijo que sólo estaba tomando sus cosas para irse de
nuevo. Me dijo que no me preocupara.
—¿No dijo si iba a continuar con la inseminación?
—No. Mi hija prefiere torturarme, cambió su número de teléfono,
haciendo imposible encontrarla. Ella preferiría dejarme aquí sufriendo,
preguntándome si voy a perderlo todo o no. No nos queda mucho tiempo. Si
no da a luz a un bebé varón, todo desaparecerá pronto. Será el fin de mi
mundo tal como lo conozco.
Esta mujer era increíble. Me tomó toda mi fuerza no decirle que se fuera a
la mierda. Pero necesitaba que no me echara.
—Diría que eso es un poco dramático, señora. Sabe, existe la opción de
reducción de personal y conseguir un trabajo. Es apenas el fin del mundo sólo
porque no se puede mantener esta propiedad o estilo de vida. En este punto,
creo que debería estar más preocupada por el bienestar de su hija.
Ella prefirió ignorar mis comentarios.
—¿Qué es lo que quieres?
Necesito encontrarla.
Annabelle se acercó a un cenicero y apagó el cigarrillo.
—Lo siento. Como he dicho, no puedo ayudarte.
Mirando alrededor del vasto espacio de vida, le pregunté:
—¿Tiene una habitación aquí?
—Sí.
208
—¿Estaría bien si echo un vistazo dentro para ver si puedo encontrar
alguna pista en cuanto a su paradero? —Cuando dudó, le dije—: Podría
beneficiarnos a ambos si logramos localizarla.
Encendió otro cigarrillo, tomó una larga calada y se encogió de hombros.
—Adelante. Segunda puerta a la izquierda por las escaleras.
Asintiendo una vez, le dije:
—Gracias.
La puerta crujió cuando entré en la habitación de Kendall. El sol
iluminaba el espacio, proyectando una sombra en su colcha amarilla clara.
Todo estaba tan limpio, delicado y femenino, igual que ella. Mi corazón se
sentía pesado mientras trazaba mis dedos a lo largo de sus objetos personales.
Mi mano se detuvo junto a una imagen enmarcada de Kendall con un
hombre mayor que podría haber sido su abuelo. Fue hace unos años. Ver su
hermosa sonrisa de nuevo sólo me hizo me animó mucho más a encontrarla.
Después de observar la habitación, nada de valor informativo apareció.
Me sentí derrotado. Abriendo su armario medio vacío, levanté uno por uno los
vestidos restantes, olfateando a cada uno, esperando cualquier reconocimiento
de su olor.
Mi mano aterrizó en algo inusual. Me quedé helado. Colgando en la
esquina más a la izquierda del armario, había un traje pequeño hecho para un
niño. Era azul oscuro con líneas a los costados, y parecía un uniforme de piloto
pequeño. Miré la etiqueta. El nombre de la marca era Carters.
Santa mierda.
Lo saqué del estante, y fue entonces cuando lo vi: un par de alas de piloto
abrochadas en la parte delantera del traje. Lleno de doloroso anhelo, cerré los
ojos y recordé sus palabras de una de nuestras últimas conversaciones, antes
que todo se derrumbara.
"Compré algo hoy que me recordó a ti".
Esto debió ser lo que me iba a mostrar. Era la prueba de que había estado
planeando aceptar mi oferta. Ella quería al bebé también, tanto como yo.
Aferré el traje a mi pecho.
Mintió sobre haber decidido sobre Alemania. Pero la verdad del asunto
era que ella había terminado yendo allí. Necesitaba saber qué pasaba, dónde
209 estaba. Necesitaba decirle que todavía la amaba y aceptaba cualquier decisión
que hubiera tomado.
¿Todavía la aMaria si daba a luz al bebé de otro hombre?
Sí.
Maldita sea. Sí, lo haría.
Necesitaba encontrarla.
Piensa.
Piensa.
Piensa.
¿Podría involucrar al FBI? ¿La policía? Se había ido voluntariamente. No
iban a pasar el tiempo buscándola. Podría contratar a un investigador privado,
pero ¿eso la enojaría si descubría que había hecho eso en contra de su
voluntad?
Entonces, la bombilla se encendió en mi mente. En dos días estaría de
nuevo en Rio. Si había alguien que podía ayudar a resolver este misterio, era
su culo loco. Este no era un trabajo para la policía.
Este era un trabajo para Maria Rosa.

210
ERA CASI MEDIANOCHE cuando el taxi me dejó. Un huésped abrió la
puerta y regresó a su habitación. Seguí mi nariz, la cual me llevó directo a la
cocina. Maria estaba moviendo algo en una larga olla en la estufa con una
mano, mientras alimentaba a Pedro una rebanada de mango con la otra. Ella
no giró, y no había dicho nada para hacerle saber que llegaría, así que asumí
que ella pensó que era alguien más.
—Venha comer. Conversaremos, en tão —Ven a comer. Hablaremos.
211 —É Carter, Maria —Es Carter, Maria.
Aun así, ella no se dio la vuelta. En su lugar, tomó un plato del gabinete
junto a ella y colocó un poco de feijoada. Cuando giró y colocó el plato en la
mesa, no estaba ni un poco sorprendida de verme. Ella sabía que vendría.
—¡Comer! ¡Comer! —Come. Come.
Ella era lo suficientemente psíquica para saber que iría, aun así la tomé
con la guardia baja cuando tiré las maletas y la abracé. Por alguna razón, el
estar aquí me hacía sentir algo que no había sentido en casi un año, esperanza.
No la dejé ir por un largo tiempo, pero cuando lo hice, ella me apretó los
cachetes y besó mis mejillas. Después, nos sentamos y comimos en un cómodo
silencio. Cuando terminamos, comenzaba a ponerme nervioso sobre lo que
quería hablar con ella. Nunca le había preguntado nada sobre mi futuro. Ella
simplemente diría cosas, cuando me miraba. Ni siquiera estaba seguro de si
podría responder mi pregunta. ¿La clarividencia era una habilidad a pedido?
Después de que limpiamos la mesa, estaba tratando de vencer mis
miedos y preguntar, cuando ella de pronto tomó mis manos entre las suyas.
No tuve que hacer ni una pregunta. No fue necesario, puesto que me pidió que
me sentara y comenzó a hablarme sobre mi futuro.
Tres horas más tarde, estaba en mi habitación, y mi cabeza giraba. Traté
de dormir, pero era casi imposible, porque la única habitación disponible era
la que Kendall y yo habíamos compartido. Todavía podía sentir su espíritu,
incluso once meses después.
Once meses.
¿Cómo se vería embarazada? Sus tetas llenas de leche, y su trasero un
poco más lleno. ¿Me había comenzado a poner duro con la idea de una muy
embarazada Kendall? Joder. Ella era la única que podía ponerme duro. Once
meses de castidad. Era la racha más larga de mi vida desde que tenía dieciséis.
Había decidido, en el largo vuelo, que realmente no me importaba si
llevaba al hijo de otro hombre. De una forma retorcida, casi deseaba que lo
hiciera. Que tuviera todo lo que deseaba, haría que el tiempo que pasamos
separados valiera algo. Porque la idea de perder once meses de nuestra vida
por nada, era suficiente para que mi pecho se apretara.
Pensé en todo lo que me dijo Maria, repitiendo en mi cabeza. Como era
normal, sus mensajes eran crípticos, y era difícil el descifrar qué intentaba
decirme. Pero estaba determinado en escuchar su consejo, sin importar nada.
El problema era que no estaba seguro de que quería que hiciera.
212 A resposta está no ceú. A resposta está no ceú.
Ella repitió la frase una y otra vez.
La respuesta está en el cielo. La respuesta está en el cielo. }

DADO QUE YA ERA DE MAÑANA cuando finalmente me dormí, era


tarde en la tarde cuando desperté. Mi vuelo no era hasta el día siguiente, así
que tenía micho tiempo para tratar de entender lo que Maria intentaba
decirme. Ella había salido al mercado cuando la fui a buscar, así que tomé una
caminata en la playa, en un intento de aclarar mi cabeza.
Después de un kilómetro y medio de caminar bajo el sol, me encontré con
una silla a la orilla del agua. Recordé que la última vez que había caminado en
esta playa había sido con Kendall. Casi en el mismo lugar, nos habíamos
cruzado con dos sillas. Deseaba que esto no fuera una señal… de que ahora
solo necesitaría una silla a partir de ahora.
Sintiéndome mal, me senté para tratar de darle sentido a mi loca vida.
Echando la cabeza hacia atrás, cerré los ojos y dejé que el sol brillara sobre mi
rostro, mientras intentaba recordar que había pasado la última vez que me
senté en el mismo lugar con Kendall. Se repitió como una película. Nuestras
sillas una frente a la otra, y nos estábamos pateando los pies en la arena. Le
pregunté porque estaba en este viaje, e inicialmente fue vaga su respuesta.
Pronto descubriría que estaba evitando decirme su secreto porque estaba
avergonzada de admitir la verdad. Pensé que la vería como superficial y
desesperada.
Pero la verdad era, que antes de conocerla, yo era el que estaba viviendo
una vida superficial y desesperada. Pasando de mujer a mujer, nunca
queriendo permanecer en el mismo lugar mucho tiempo. La mujer que creyó
estar desesperada, resulto ser por lo que yo estaba desesperado en tener. Amor
verdadero.
No solo Kendall me dijo su secreto aquí, pero también le hablé de Lucy.
Había sido la primera vez que le contaba a alguien de Lucy. Nunca hablé
realmente con mis padres sobre todo lo que pasó. Aun así, había compartido
mis demonios con Kendall, y a pesar de todo, ella me abrió su corazón. Al
menos pensé que lo había hecho.
213
El sol se sentía tan bien calentado mi rostro. El sonido de las olas
encontrándose con la superficie me relajaron. Dejé escapar un gran suspiro y
permití que la playa se llevara algo de mi estrés. No había sentido en
deprimirme por el pasado La única cosa que podía controlar ahora era el
futuro.
Mi futuro.
A resposta está no céu. A resposta esté no céu.
Las palabras de Maria seguían repitiéndose una y otra vez.
La respuesta está en el cielo. La respuesta está en el cielo.
¿Qué demonios intentaba decirme?
La respuesta está en el cielo. La respuesta está en el cielo.}
Usando mi mano para cubrirme los ojos, miré hacia el sol. De pronto, la
respuesta llegó a mí en un momento de claridad.
La respuesta está en el cielo.
Lucy in the Sky with Diamonds.26
Maria estaba tratando de decirme que viera a Lucy. ¿Cómo había sido tan
tonto?

HABÍA HABLADO PARA PEDIR algunos favores. Considerando que


había tomado cada vuelo disponible que me habían pedido en los últimos
cinco años, no resultó tan difícil encontrar quien me cubriera por cinco días.
Después de mi vuelo de regreso a Estados Unidos hoy, volaría de regreso a
Michigan. Había pasado más de un año desde que fui a casa, y mucho más
desde que visité a Lucy. De hecho, la última vez que visite su tumba fue…
nunca.
El momento había llegado.
No sabía cómo o porque, pero Maria sabía. La respuesta está en el cielo.

214

ERA UNA TÍPICA mañana de finales de marzo en Michigan. La nieve


cubría el suelo, y el hielo cubría la nieve. Mis pasos crujían mientras caminaba
por el congelado pasto, a la fila 68 en la sección Crestwood del cementerio
Fairlawn.
Cuando los números del suelo me mostraron la fila correcta, miré
alrededor y respiro profundamente. Por suerte, no había nadie a la vista, hasta
donde podía ver. Estaba aliviado, porque definitivamente no estaba listo para
ver a alguien de la familia de Lucy. Ver a alguien hoy era más de lo que podía
manejar.
La fila de Lucy tenía al menos veinte tumbas. Caminé lentamente,
leyendo los nombres de cada una, hasta que me encontré con la suya.
Lucy Langella.
Julio 10, 1986 – septiembre 7, 2004

26 Lucy in the Sky with Diamonds: Lucy en el Cielo con Diamantes, canción de los Beatles.
Dolor cruzó por mi pecho. Me lo tragué en una pesada respiración antes
de leer el epitafio gravado en cursiva bajo su nombre.
Algunas veces el amor es por un momento.
Algunas veces el amor es para toda la vida.
Algunas veces un momento es toda una vida.
Nuestros por un pequeño momento.
Alas para la eternidad.
Habían pasado doce años, aun así, el tiempo no había cerrado la herida
que seguía abierta por la muerte de Lucy. Todavía dolía como el infierno.
Dolor fresco. Solo que hoy, en lugar de alejarlo, le di la bienvenida.
Leí una vez más el inicio de las palabras escritas.
Algunas veces el amor es por un momento.
Algunas veces el amor es para toda la vida.
¿Esto era lo que Maria quería que viera? Intenté darle sentido. ¿Lucy era
mi momento y Kendall toda mi vida?
Alas para la eternidad.
215
¿Intentaba decirme que no merecía ninguna? ¿Qué estaba destinado a
volar alrededor del mundo por toda la eternidad y nunca sentar cabeza?
El dolor se intensificó. Cerré los ojos al sabor de las lágrimas saladas en
mi nariz. ¿Este era mi castigo? Lucy había amado y perdido. Yo le hice eso a
ella. Me hizo dar cuenta que mi vida había sido más fácil de vivir antes de que
Kendall caminara a ese Bar del aeropuerto. Dicen que es mejor haber amado y
perdido, que nunca haber amado, pero en este momento, creía que era un
montón de mierda. ¿Acaso Lucy y yo no hubiéramos estado mejor si nunca
hubiéramos amado? No me había dado cuenta que mi vida apestaba antes de
que Kendall y Lucy estuviera… todavía aquí.
Mis hombros comenzaron a temblar antes de que el sonido llegara.
Cuando todo me golpeo, tuve que sentarme en la nieve, o hubiera caído. Por
mucho que intenté luchar, no podía más. Los sollozos venían de adentro de
mí, y lloré por todas mis perdidas. Por los padres de Lucy que nunca
experimentaron todas las alegrías que mis padres tuvieron. Por Lucy y
Kendall, por defraudarlas, por no poder mantener mi polla en mis pantalones.
Y por darme cuenta de que…
Algunas veces un momento es toda una vida.
… y es todo lo que obtienes.

216
CINCO DÍAS DE R&R no ayudaron. Decidí no visitar a mis padres, a
pesar de que estaba a una corta distancia de ellos. Estaba hecho un desastre, y
si ellos me veían así, solo les haría preocuparse.
Tristemente, no podía esperar el regresar a trabajar. Estar en el aire se
había vuelto mi hogar, y me estaba volviendo loco el estar en otra parte.
Llegué al aeropuerto de Detroit tres horas y media antes del vuelo. El punto de
217 chequeo para la tripulación todavía no habría, así que me fui al Sky Lounge
para tomar mi desayuno mientras esperaba. Ordené un omelette de pavo y
queso suizo y me senté a leer el periódico, cuando una voz familiar me habló.
—Hola Trip.
Alexa Purdy, definitivamente no llevaba el uniforme de capitán. Parecía
más que estaba a punto de ir a la playa, que a pilotear un vuelo comercial. Sus
piernas torneadas ya eran largas, pero los shorts cortos que llevaba, junto con
sus sandalias de tacón, la hacían ver como si pudiera ser una Rockette de la
ciudad de Nueva York.
—Alexa —la saludé.
—¿A dónde te diriges hoy?
—Nueva York, ¿tú?
Me dio una: voy-a-comerte-para-la-cena- sonrisa y ronroneó.
—Nueva York.
—Plan de vuelo me puso a Ken Nyers como mi segundo.
—¡Oh! Soy solo un pasajero. Supuestamente me encontraría con una
amiga en la ciudad por unos días. Pero me canceló de último minuto. —Hizo
un puchero y coquetamente se movió—. Ahora estoy sola.
Me aclaré la garganta.
—Es una ciudad ocupada. Seguro encontrarás mucho que hacer.
Sin que la invitara, se sentó frente a mí e inclinó la cabeza.
—¿Todavía tienes a esa pequeña novia rubia? ¿Cuál era su nombre?
¿Kylie?
No me molesté en corregirla, porque decir su nombre dolía.
—Terminamos.
Alexa ni siquiera pretendió ocultar que mi respuesta la hacía feliz.
—¿Y cuánto tiempo tú vas a estar en la ciudad Trip?
—Solo por una noche. Tengo un vuelo a Copenhague mañana en la tarde.
—Una noche, ¿eh?
Estaba agradecido cuando el mesero llegó con mi Omelette. Aunque no
218 estaba exactamente hambriento, ocupé mi boca para no tener que seguir
hablando.
Alexa se decidió por un yogurt parfait27 y café negro. Con su alta y
delgada figura, largo cabello oscuro y grandes ojos café, ella era una mujer
realmente hermosa. Aunque todo en ella era exactamente lo opuesto a como
Kendall se veía. Si recordaba bien, ella también era el polo opuesto a Kendall
en la cama. Mientras Kendall tenía un saludable apetito sexual, a ella le
gustaba que yo tomará la parte dominante en la cama. Alexa, por el otro lado,
era agresiva, y le gustaba eliminar la parte de misterio al decirte exactamente
lo que quería. En ese entonces, eso había funcionado muy bien para mí. Nos
aseguraba un rápido y fácil final feliz para los dos. Dado que mi tiempo con
ella había sido limitado a unos cuantos acostones, solo estaba ansioso por
liberar un poco, y después seguía una buena siesta.
Pensar en Alexa de esa manera me hacía sentir enojado conmigo mismo.
Pero también me hacía enojar con Kendall. En los últimos cinco días me había
dado cuenta que el que estuviera embarazada, sería complicado, pero en mi
mente, ella lo valía, sin importar que pasara. Sin embargo, ella me había

27 Yogurt Parfait: Una combinación fresca de frutas de temporada con yogurt y granola. Esta
receta lleva queso cottage para adicionar más proteína.
dejado antes de siquiera estar segura de que yo tuviera un hijo. Había pasado
de triste a enojado y de regreso, en los últimos días. Y mi humor en estos
momentos estaba en la zona de enojo.
La siguiente hora, Alexa y yo nos pusimos al corriente sobre los lugares
donde habíamos pasado el tiempo, y hablamos de quien se retiraría. Todo lo
relacionado con el trabajo me daba tranquilidad. Porque era todo lo que me
quedaba.
—¿Ya tienes un lugar reservado para tu noche? —preguntó.
En realidad, no tenía nada porque no había aceptado el vuelo hasta que
desperté esta mañana.
—Probablemente me quedaré en el Radisson del JFK. Creo que todavía
nos alojan ahí.
—Tengo una habitación en el Plaza, que dices, ¿te vienes a la ciudad
conmigo y pasamos la noche? Podemos ir a bailar. O si no tienes ganas,
podemos saltarnos el baile e ir directamente a la cama. —Levantó una ceja.
Alexa siempre iba al punto.
A pesar de no tener realmente deseados de hacerlo, me di cuenta que era
219 mejor regresar a mi vida. Esto sería para mí. No había estado con otra mujer en
once meses. Si iba a regresar a la acción, era mejor que fuera con una mujer
con la que era compatible y que tampoco existieran expectativas de algo que
no fuera sexo. ¡¿Qué demonios?! Era mejor que volver a estar solo.
—Seguro, porque no.

DESPUÉS DE QUE ATERRIZAMOS, tuve que esperar a uno de los


mecánicos de la aerolínea. Uno de los gauges28 del avión había dejado de
funcionar en pleno vuelo. No era algo crítico para la seguridad del vuelo, pero
nuestra política nos decía que nos teníamos que quedar hasta que llegara el
técnico, para que pudiéramos explicarle de primera mano qué había sucedido.
Le dije a mi copiloto que se fuera, y que yo esperaría. A diferencia mía, él tenía
familia que lo esperaba en casa. Además, tenía a Alexa para hacerme
compañía mientras esperaba. Aparentemente había un suplente en las

28 Gauges: Uno de los medidores en el avión, puede ser de combustible, altitud, dirección, etc.
llamadas de servicio y esperaría hasta una hora. Alexa me acompaño en la
cabina a esperar.
—¿Recuerdas esa vez en Berlín donde casi nos atrapan mientras
estábamos en retraso por mal clima? Estaba sentada en tu regazo, montándote
y la puerta de la cabina abierta, no escuchamos el aviso de que finalmente
abordarían. —Ella estaba sentada en la silla junto a mí y acariciaba mi brazo de
arriba abajo mientras hablaba.
Yo asentí, incapaz de responder con mi voz, porque sabía que mi voz
saldría llena de asco. Recordaba el día del que hablaba, aunque pensar en eso
me hacía sentir enfermo. Sexo sin amor ¿Qué había pasado que ya no estaba
interesado? Estaba completamente seguro, que si le decía que se pusiera de
rodillas en este momento mientras esperábamos al mecánico, lo hubiera hecho
tan feliz. Había existido una época en la que recibir una mamada en la cabina
había sido lo mejor. ¿Regresaría alguna vez a esos días? Estaba jodidamente
seguro que en este momento no lo disfrutaría.
—Tenemos una hora libre ¿Podríamos poner la cubierta para el sol e ir
calentando?
—Preferiría que eso se arreglara en el hotel.
220
Permaneció en silencio por un momento.
—¿Qué te sucede Trip? No pareces tú.
—Nada. Solo cansado por el vuelo. —No iba a insultarla y decirle la
verdad, que me sentía como si estuviera esperando el pasar por un firing
squad29 en lugar de estar esperando el estar dentro de ella. No había razón
para herir sus sentimientos. La mierda por la que estaba pasando era mi
problema.
Debió de haber sentido que mi cabeza se encontraba en otro lado.
—¿Qué pasó contigo y la pequeña rubia? Los rumores entre el staff es que
alguien finalmente había atrapado al Capitan Granpolla.
Levanté las cejas.
—¿Capitan Granpolla?
—No pretendas que no sabes cómo te llaman las azafatas. No es secreto
que te gusta follar y que estas bien equipado.

29 Firing squad: Grupo de soldados que son comandados para dispararle a una persona.
Negué, asqueado de mí. Dios, realmente había sido un idiota antes de conocer
a Kendall.
Cuando no respondí, presionó de nuevo.
—¿Qué? ¿Te enamoraste de ella o algo así?
De los pies a la cabeza.
—No quiero hablar de eso contigo Alexa.
—¿Por qué? Yo estuve casada una vez. Podría ser tu amiga también,
sabes. Soy algo más que un lugar donde puedas meter tu polla de vez en
cuando. Solo que nunca tuviste ningún interés en llegar a conocerme antes.
Me le quedé viendo. Tenía toda la razón. Antes de Kendall, no hubiera
estado de acuerdo con ella, pero ahora sabía lo que era dejar entrar a alguien,
abrirme para algo más que solo sexo, por lo que podía ver las cosas con
claridad. Nunca le había dado la más mínima oportunidad.
—Lo lamento Alexa.
Dejó caer su guardia, y por un segundo vi una parte vulnerable de ella
que nunca había visto antes.
221 —Está bien. Tomo lo que puedo obtener de ti.
Afortunadamente el mecánico llegó antes de lo esperado y terminó
nuestra pequeña charla. Después de mostrarle el gauge roto y responderle
otras preguntas de rutina, había terminado y estaba libre de mi deber. Alexa y
yo desembarcamos, y nos dirigimos a la terminal, después a la salida.
Mientras nos dirigíamos a la salida, mi mente corría. ¿Esta era la manera
correcta de hacerme sentir como mi viejo yo? ¿Follar con una compañera de
trabajo? ¿Por qué se sentía mal ahora? Kendall se había ido, once meses habían
pasado, y no tenía razón de serle fiel a un fantasma.
Mientras pasábamos un stand de Hudson News, pensé que de verdad vi
a un fantasma. Una mujer revisaba las revistas, dándome la espalda, pero
desde atrás se veía exactamente como Kendall. Mis latidos comenzaron a
acelerarse más rápido de lo que habían hecho en un largo tiempo. Ver el
fantasma de Kendall me había calentado más que la idea de tener relaciones
con Alexa. Observe a la mujer mientras caminamos. Usaba el uniforme de una
aerolínea hermana, National Elite, me sentí decaído y me obligué a mirar a
otro lado. De verdad comenzaba a perder la cabeza.
Una consciencia que no me di cuenta que tenía empezó a activarse, en el
momento que llegamos a la salida. No existía modo de que pudiera hacer esto
con Alexa. Por mucho que odiara el no poder seguir con mi vida, no estaba
listo. La fila del taxi solo tenía una persona esperando. Nos metimos, y un taxi
rápidamente llegó. Cuando el conductor abrió la cajuela, esperé hasta que
tomara el equipaje de Alexa.
—Alexa lo siento. Aprecio la invitación, pero no puedo hacerlo.
—¿Hacer qué? —Parecía sinceramente sorprendida.
—Ir contigo. A tu hotel. No estoy listo.
—¿No estás listo? Quieres decir…
—No, no es así. No es un problema físico. Es solo que... mi mente está en
otro lugar, y no es justo para ti.
Ella dio un paso y me tomó del uniforme.
—No me importa.
Forcé una sonrisa triste.
—Lo siento. Pero a mí sí.
222 Suspiro fuertemente.
—¿Existe algo que pueda ofrecer para convencerte?
¿Podías volver un fantasma en realidad?
—No. Lo siento. —Abrí la puerta de atrás del carro y esperé a que
entrara. Se metió y se veía realmente triste, no parecía molesta.
—Si cambias de idea, tú sabes dónde encontrarme.
—Gracias. Cuídate Alexa.
Cerré la puerta y toque con mis nudillos para hacerle saber al conductor
que podía irse. Luego me quedé de pie por diez minutos mirando a la nada.
No sabía qué hacer. Podía ir al hotel, pero eso me deprimía más que el
incidente con Alexa. Así que hice lo único que me hacía sentir mejor
últimamente, y regresé al aeropuerto.
La comida del Sky Lounge no era tan mala, y mataría algo de tiempo
antes de ir a mi deprimente hotel por mi cuenta. Pasé por seguridad y de
regreso al área abierta del National Elite. Mientras pasaba por la puerta 32,
volví a ver a quien pensaba era el fantasma rubio de Kendall, caminando hacia
el hangar para abordar su vuelo. Realmente se parecía a ella de espalda. El
contonear de sus caderas era incluso similar. Me detuve para mirarla caminar,
sin moverme, hasta que desapareció de mi vista. Una vez más mi corazón latía
aceleradamente, con solo ver a alguien que era similar a Kendall.
¿Qué demonios estaba mal conmigo?
Negué con la cabeza, parpadeé un par de veces, y me obligué a seguir
caminando. Había pasado dos o tres puertas más cuando me di la
vuelta. ―Estoy perdiendo la maldita cabeza‖, me dije. Era ridículo, lo sabía. Pero
mi corazón seguía acelerado, y nunca sería capaz de volver a dormir, si al
menos no preguntaba.
Esperé en fila, detrás de una mujer que quería cambiar su asiento.
Cuando fue mi turno, me aseguré que el sombrero de Capitán estuviera en mi
cabeza.
—Hola, soy Carter Clynes con International. Juraría que acabo de ver a
un viejo amigo con el que solía trabajar entrando por la puerta.
—¿Te refieres al Capitán Reisher?
—No, una azafata. Solíamos trabajar juntos.
—Déjame ver. Tenemos a Melissa Hansen, Nat Ditman y… —la mujer
223 volteó hacia su compañera—. ¿Cuál es el nombre de la nueva azafata? ¿La
rubia?
Mi corazón se aceleró con anticipación.
—¿La que acaba de terminar su entrenamiento la semana pasada?
—Si esa. Ella acaba de abordar su vuelo.
—¡Oh! Su nombre… es Kendall.
Me congelé. No podía ser.
—¿Dijiste Kendall?
—Si. ¿Es quien pensabas que era?
Tenía que ser una jodida coincidencia.
—Kendall… ¿su apellido es Sparks?
—Sí, ese es. Ella está tomando la ruta Nueva York – Boston, en este
momento.
¿Estoy imaginando lo que escuché? ¿Me habré vuelto loco? ¿O puede ser
realmente posible que Kendall se haya convertido en azafata y estuviera justo cruzando
el pasillo?
La idea parecía loca.
Miré hacía la pantalla de vuelos. Mostraba Boston, pero parpadeaba como
retrasado.
—¿A qué hora supuestamente tiene que salir?
—En quince minutos, pero nos están diciendo que se espera un retraso
del al menos una hora por los vientos fuertes.
—¿El vuelo está lleno?
Tecleo algunas cosas.
—Hay algunos lugares disponibles ahora.
—Estaré de regreso. —Salí corriendo lo más rápido que pude, corriendo a
donde vendían los boletos, podría comprar un lugar.

224

DADO QUE NO ERA MI AEROLÍNEA, tuve que esperar en fila como


todos los demás, y estaba comenzando a ponerme ansioso. Había chequeado
la hora en mi celular una docena de veces en los quince minutos que llevaba
esperando.
La persona delante de mí lo debió de notar.
—Te ves preocupado, como si fueras a perder tu vuelo, compañero. —
Tenía lo que parecía ser acento australiano.
—Estoy tratando de meterme a un vuelo retrasado. No quedaban muchos
asientos.
—Eres piloto, ¿verdad?
Asentí.
—¿No le dan ninguna preferencia al niño grandote que adelante del
avión? ¿Qué esperas en línea como los demás?
—No trabajo para esta aerolínea.
—Ah. Bueno, puedes pasar antes que yo si eso ayuda. Estoy tres horas
antes. —El tipo cargaba con una gran jaula para perro.
—¿Llegas temprano para registrar a tu perro o algo así?
—O algo así. —Se rió—. Mi esposa y yo visitamos la ciudad. Ella no
dejaría a Mutton en casa, solo. La estúpida cosa va a cualquier lugar a donde
vayamos.
—¿Mutton?
Se acercó a susurrarme.
—Es una cabra. —Luego levantó su dedo para hacer la señal universal de
guardar silencio—. No le digas a los de la aerolínea. Mi esposa cree que no lo
notarán.
Me acerqué para ver dentro de la jaula. Y efectivamente, el tipo tenía una
pequeña cabra en el interior.
—¿No crees que sabrán que es una cabra?
—No has conocido a mi esposa, Audrey. Ella fue al baño. Pero cuando
terminemos en este mostrador, ellos le estarán ofreciendo huesos de leche a
225 Pixy. Ella puede vender madera a un bosque. Pensándolo mejor, creo que
deberías de pasar antes que yo. Porque si ellos intentan hacer volar a esta cosa
con animales de granja, vamos a estar ahí por un rato.
Moví la cabeza sorprendido. Él tipo era tan carismático y apuesto, algo
me decía que podía venderles a las señoritas del mostrador, que la cabra era
un gatito si lo intentaba. Hablamos por unos minutos.
—¿Así que? ¿A dónde te diriges? ¿Rumbo a alguna clase de aventura?
—Eso espero —dije.
Cuando la señorita llamó al ―siguiente‖, el australiano me dijo que pasara
antes que él. Le extendía la mano.
—Gracias. Buena suerte con tu… mascota.
—Gracias. Espero que encuentres tu aventura.
Yo también lo espero.
ERA ELLA.
Mi pecho se encogió.
Mientras ocupaba mi asiento en la parte trasera del avión, entrecerré los
ojos para ver cada movimiento que Kendall hacía mientras trabajaba en la
parte delantera del Boeing 737. Era irreal el verla en este papel. Era como si
mis mundos chocaran de la manera más extraña.
Por alguna razón, todavía no me había visto en el avión. Era una
226 bendición porque necesitaba tiempo para procesarlo todo. Ella estaba
ayudando a un anciano a meter algo en los compartimientos de la parte de
arriba cuando pasé junto a ella.
Debatí el enfrentarla en ese momento, pero no era ni el lugar ni el
momento para hablar de todo lo que debíamos. Mi gran ilusión era que no
entrara en pánico cuando inevitablemente me viera.
Hacer que la despidieran también era algo que verdaderamente quería
evitar. Sabía cómo era. Había muchas personas esperando una oportunidad
para ser azafatas. La mayoría que había pasado por el entrenamiento nunca
terminaba siendo contratado por las aerolíneas. Aunque no entendía, era algo
que ella quería. Y no iba a arriesgar a que se lo quitaran.
La confusión girando en mi cabeza, me dejo entumecido.
¿Tuvo el bebé o no?
El entrenamiento para ser azafata solo duraba un par de meses.
Técnicamente pudo haber entrenado mientras estaba embarazada, luego volar
hasta que ya no se lo permitieran. Lo que pasó en esos meses es un misterio.
El vuelo a Boston solo sería de una hora. Gracias a Dios. No existía
manera en la que hubiera podido soportar más estando en mismo lugar, sin
obtener respuestas.
Gotas de sudor se formaron en mi frente. Mi corazón estaba latiendo tan
fuerte, que por primera vez estando en un vuelo sentí pánico. Nunca me
gustaba volar, a menos que yo fuera el que manejaba el avión.
Kendall tomó su posición al frente, para el despegue. Una vez que
estuvimos en el aire, posiblemente pasaría a la cocineta. No existía forma en
que pudiera pasar desapercibido hasta que el vuelo finalizara. La idea de
encontrarnos cara a cara, frente a todas estas personas me provocaban ganas
de vomitar.
Trabajar como piloto me había preparado para enfrentarme a varios
escenarios catastróficos. Y aun así, no me sentía ni remotamente preparado
para enfrentarme a Kendall.
La estudié lo mejor que pude desde la distancia. Llevaba una falda gris y
una blusa azul claro, con mangas tres cuartos. Había una tira azul oscuro que
corría en medio. Su cabello normalmente suelto, estaba amarrado en un moño
bajo.
227
Parecía cautelosa y mecánica cuando interactuaba con los pasajeros. La
sonrisa que recordaba y que iluminaba la habitación parecía falsa, con una
pizca de oscuridad en ella. Kendall me recordaba a como era antes de
conocerla. No existe mejor profesión que volar, para todas aquellas personas
que quieran escapar de sus problemas.
Me asustaba el pensar de qué podría estar huyendo.
¿Tuvo al bebé y se sintió culpable de darlo en adopción?
Mierda.
La necesidad de saber que había pasado estaba poniendo mi piel de
gallina.
Kendall había estado hablando con un pasajero, cuando de pronto
comenzó a caminar hacia la parte trasera del avión.
Habló con otra de las azafatas.
—Necesito un curita para el pasajero en el 6C. ¿Dónde tenemos esas
cosas?
—Yo iré por ella —dijo su compañera.
Dio la casualidad que ella mirara en mi dirección, mientras esperaba el
curita.
Nuestras miradas se encontraron, y no hubo vuelta atrás.
Pareciendo que había visto un fantasma, Kendall se sostuvo de la parte
trasera del asiento para no caer. Nos miramos por un tiempo muy largo. Su
rostro me decía que, si no fuera porque estábamos a miles de kilómetros en el
aire, ella posiblemente ya hubiera escapado. En realidad, parecía que estaba
analizando si saltar o no del avión.
Aunque se encontrara justo frente a mí, parecía que estaba a miles de
kilómetros, nada preparada para enfrentarme. Quizás ella realmente pensó
que no me volvería a ver. Me pregunté muchas veces lo mismo.
—Tenemos que hablar —dije en voz baja antes de silenciosamente
articular—, más tarde.
Antes de que pudiera responder, la otra azafata regresó.
—Tengo el curita.
Kendall no sé movió. Todavía me miraba, parpadeando, sonrojada.

228 La mujer movió el curita para llamar su atención.


—Kendall…
Apartando la mirada, se aclaró la garganta y la tomó.
—Gracias.
Su andar de regreso al frente del avión fue lento e incluso tembloroso. Se
sostuvo de cada asiento mientras caminaba. Sabía que el que me viera sería
una sorpresa, pero claramente la había impresionado. Transpirando
profusamente, yo no estaba mejor que ella.
Para cuando el avión aterrizó, no tuve más interacciones con ella.
Su voz sonó por el intercomunicador una sola vez.
—Por favor recuerden tomar todas sus pertenencias antes de dejar el
avión.
Esperé a que todos los pasajeros dejaran el avión antes de caminar
lentamente hacia donde estaba limpiando. Me detuve al escuchar la voz del
capitán diciéndole.
—Kendall, ¿te sientes con ganas de tomar algo con nosotros en el centro?
Mis puños se cerraron. Sabía muy bien qué planeaba. Era una jodida
serpiente. Esto era el burro hablando de orejas, por supuesto, yo había sido
una víbora en cierta época.
—No. Gracias. Estoy cansada. Voy a ir a casa,
Casa
¿Estaba viviendo en Boston?
Ella no me estaba mirando cuando los pasé al salir. Con todas las miradas
en ella, no podía arriesgar a que ella se quebrara aquí en el avión. Así que
simplemente caminé con un nudo en la garganta a la terminal y la esperé.
Diez minutos después, Kendall apareció, pasando a los dos pilotos y al
resto de la tripulación. Llevaba una pequeña maleta negra. Cuando se detuvo,
el capitán giró.
—¿Estás segura de que no puedo convencerte para que vayas?
—Estoy segura. Nos vemos la próxima semana.
—Está bien.
Le di una mala mirada. Cuando finalmente estuvieron lejos para que no
229 escuchen, Kendall finalmente giró hacia mí.
Me quedé de pie, mirándola, todavía intentado respirar.
Logré decir un: —Hola, Perky.
Sus ojos se llenaron lentamente de lágrimas, que no cayeron.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Qué crees? Necesitaba verte.
—Debiste de irte.
Me acerqué un poco más.
—Necesitaba saber que estabas bien.
Se alejó un poco.
—Estoy bien,
—No, tú no lo estás.
—¿Cómo me encontraste?
—Había dejado de buscar y luego sucedió.
Comprensiblemente, parecía confundida. La gente nos pasaba, pero
nosotros nos quedamos inmovibles en el mismo lugar.
—Necesito saber que pasa contigo Kendall.
Moviendo la cabeza, lloró.
—Bueno, yo no quiero saber que pasa contigo Porque no puedo
manejarlo.
Elevé la voz.
—No puedes aceptar la idea de que soy el padre de un niño con otra
mujer, porque todavía me amas —a centímetros de su rostro, dije—: Lamento
decírtelo, pero te fuiste por nada.
—¿Qué quieres decir?
—El bebé no es mío. ¡Él no es mío Kendall! Una prueba de ADN lo
confirmó. Ella estaba intentando atraparme.
—¿De quién es?
—Joder si lo sé.
Pensado sobre la situación, me estaba poniendo realmente furioso,
230 prácticamente de la nada.
Llevó su mano a su boca.
—Dios mío. —Nos quedamos callados por un minuto, la voz de una
mujer sonó sobre el intercomunicador, anunciando que alguien estaba
perdido.
Cuando la voz se detuvo, continúe:
—Todo este tiempo pudimos estar juntos. Pudo haber sido el que
compartiera contigo. ¿Dónde está?
—¿Dónde está qué?
—¡El bebé! ¿Lo hiciste? ¿Continuaste el embarazo?
Movió su cabeza lentamente y susurró.
—No.
Un dolor de cabeza comenzó a formarse.
—¿No?
—No.
—Quieres decirme que, todo esto —me pause, para calmarme—, pasó…
¿por nada? —Frotando la sien, dije—: Ni siquiera sé que decirte. Me siento
entumecido. —Miré hacia el piso, antes de volverla a mirar—. ¿No pudiste
embarazarte o no pudiste continuar con eso?
—¿Podemos ir a otra parte para hablar de esto, alejados de estas
personas?
—¿A dónde quieres ir?
—Tengo un auto estacionado en el garaje.
—Está bien. —Tomando mi maleta de viaje. Seguí a Kendall al lugar
donde su viejo Ford Explorer estaba estacionado.
Entramos y nos sentamos en silencio hasta que ella habló.
—Fui a Alemania, a pasar un tiempo con Hans y Stephen después de que
te dejé en el aeropuerto. Se suponía que regresaría a casa, tomar mis cosas y
regresar. Si regresé a Dallas y empaqué algunas cosas. Tenía un boleto de
regreso a Alemania, pero mientras estaba en el aeropuerto, decidí que no
podía continuarlo, no podía traer un bebé al mundo por las razones
incorrectas. Quiero decir, no podía traer un bebé a este mundo y darlo. El
231 dinero había dejado de importarme hace mucho tiempo, creo. La herencia ya
no me importaba nada.
—¿Por qué no viniste a buscarme en ese momento?
—Estaba asustada. Creí que no podría manejar lo que pensé estaba
pasando contigo y esa mujer. Era demasiado.
Decidí no decirle que visité el rancho en Texas. No quería desviar la
conversación del tema sobre el que hablábamos, que era el descubrir qué
demonios había hecho los pasados once meses.
—Así que, no fuiste a Alemania. ¿A dónde fuiste?
—Me sentía tan perdida. Sentí que era el punto más bajo de toda mi vida.
El único lugar donde sentía, que podía regresar era a la playa de Rio.
Mi corazón comenzó a latir más fuerte.
—¿Fuiste a Rio?
—Si. Me quedé con Maria Rosa.
¿Qué?
—¿Qué?
—Sí.
—Ella nunca me dijo.
—Lo sé. Le hice jurarme que nunca te diría que estuve ahí. Había un
huésped que hablaba inglés que estuvo traduciendo para mí todo el tiempo. A
pesar de que me asustaba, le pedí a Maria que me leyera, que me dijera que
debería de hacer el resto de mi vida.
—¿Qué te dijo?
—Se traducía a la respuesta está en el cielo.
Mierda.
Con mi boca abierta, la dejé continuar.
—Pensé por un largo tiempo que podía significar. Lo primero que pensé,
es que intentaba decirme que volviera a ti. Pero no podía hacerlo. En mi vuelo
de regreso a Estados Unidos, recordé que me sentía como si no perteneciera a
ningún lugar. Sentí envidia de ti, porque la mayor parte del tiempo, tu trabajo
no te obligaba a permanecer en un solo lugar. Eso era lo que necesitaba en mi
vida. Necesitaba volar, viajar, vivir…. reencontrarme conmigo misma. Pero
también necesitaba dinero para sobrevivir. Luego, todo tuvo sentido. La
232 respuesta está en el cielo Unos días después, desde la habitación de un hotel en
Texas, comencé a buscar escuelas para azafatas, comenzando mi
entrenamiento un mes más tarde. Después de seis semanas, me contrataron, y
como soy la novata, me tienen atrapada en rutas de conexión de Nueva York a
Boston. Tengo un departamento aquí en Everett, pero no paso mucho tiempo
en él. Vuelo en standby30, cuando puedo para así poder visitar otros lugares.
Básicamente deambulo.
Vaya.
—Discúlpame Kendall, pero esto es como una píldora difícil de tragar.
Me dejaste en el aeropuerto, con el corazón hecho pedazos, para que tú,
básicamente, pudieras volar por todos lados, todo el día, como una cascara de
persona escapando de la vida. Dios… eso suena jodida y terriblemente
familiar para mí.
—Básicamente me convertí en ti.
—¿Has follado con ese piloto?
—¡No!

30 Volar standby: Es comprar boletos baratos en vuelos que tengan asientos disponibles.
La idea de ella con alguien más me daba pensamientos asesinos. Algo en
el aire cambió cuando nos miramos, y en ese momento, simplemente
necesitaba tocarla, sentir sus labios contra los míos antes de que más palabras
se intercambiaran. Sin pensarlo demasiado, coloqué mi mano sobre su rodilla
y la apreté. Cerró los ojos, y apoyó su cabeza contra el asiento al simple toque.
Su respiración se aceleró, moví mi mano, y la coloqué en la parte de atrás de
su cabeza, acercándola a mí y devorando su boca.
El beso fue ardiente y desesperado, diferente de todos los que nos
habíamos dado antes. Este, estaba liberando casi un año de emociones
embotelladas y privación sexual, por lo menos para mí. Oré para que fuera lo
mismo para ella, que no hubiera estado con alguien más.
A pesar de que seguía enojado, necesitaba tenerla, era como si mi vida
dependiera de ello. Empujé mi asiento lo más que pude y la coloqué arriba de
mí. Demasiado caliente para siquiera hablar, me dije que dejaría que su
respiración y su cuerpo me guiaran, que me hicieran saber si eso estaba bien.
Cuando Kendall comenzó a moverse desesperadamente sobre mi
dolorosa erección, sabía que no había vuelta atrás. Cuando ella de repente
levantó su falda para que se quedará en su cintura, yo desabroché mi pantalón
233 y segundos después estaba bajando hacia mí. El sentimiento de estar entrando
en su caliente, y húmedo coño después de todo este tiempo, no se comparaba
con nada. Ni siquiera había durado tanto tiempo sin sexo, y nunca había sido
separado de alguien a quien verdaderamente amaba. Esas dos cosas
combinadas, estaban haciendo esa aventura totalmente diferente a lo que antes
había experimentado.
Fue desenfrenado.
Fue imparable.
Fue totalmente inapropiado en el estacionamiento del aeropuerto.
Fue jodidamente caliente.
Duró menos de un minuto.
Cuando sentí sus espasmos alrededor de mí, terminando dentro de ella,
esperando que estuviera tomando la píldora, pero sin importarme realmente
los riesgos para hacerme parar. Se sentía tan bien. Permaneció arriba de mí por
un rato, antes de regresar al asiento del conductor. Todavía jadeando y
cansados, ambos nos recargamos en los asientos, diciéndonos a gritos con la
mirada, ―¿Qué demonios acaba de suceder?‖
Ella fue la primera en hablar mientras se acomodaba la ropa.
—Necesitaba descubrir quién era Carter, además de la rica y perra de
Kendall Sparks de Dallas, Texas. No estaba lista para tener un bebé. No estaba
preparada para nada. Necesitaba madurar. Cuando me conociste, todavía era
una persona confundida. El tiempo a solas me ayudo a crecer. He sido
miserable. Y me ha enseñado que esta no es la clase de vida que quiero a tener
a largo plazo. Pero por ahora, ha tenido su propósito. También lo que aprendí
es que no ha existido ni un momento en el que me arrepienta de no tener
dinero. Esa herencia fue toda a la caridad como mi abuelo prometió ¿Y sabes
qué? No podría estar más feliz con eso. El dinero no me había hecho feliz. Eso
no habría cambiado nada. Lo único que hubiera hecho, hubiera sido mantener
el trasero de mi madre en casa, cuando debió de estar trabajando como los
demás.
Necesitaba saber
—¿Has estado con alguien más en este tiempo?
—No. No, he estado —tragó— ¿Y tú?
—No. No podía. Incluso cuando llegué a creer que te habías ido para
siempre, aun así, no pude. Pero estoy tan jodidamente enojado Kendall. Estoy
234
enojado porque me dejaste, que no me creíste lo suficiente para quedarte
conmigo. Estoy enojado porque los pasados once meses, fueron un infierno, y
por nada. Pero lo que me enoja más, es que a pesar de todo… lo entiendo. Y te
amo jodidamente demasiado. —Tomando su mejilla, finalmente lo admití—
También fui con Maria Rosa. Y justo como tú, estaba desesperado. El mensaje
que me dio fue: ―A resposta está no céu‖ ¿Sabes lo que significa?
—No.
—La respuesta está en el cielo.
Los ojos de Kendall se abrieron.
—¿Estás bromeando?
—No. Pensé que tenía algo que ver con Lucy in the sky with
Diamonds. Gracias a ese mensaje fui a la tumba de Lucy, y lloré hasta no poder
más. Nunca la había visitado. Y aunque fue extremadamente doloroso, me dio
un porqué del cierre que desesperadamente necesitaba. El cambio de planes
por ese vuelo, rompió mi rutina, y me puso en Nueva York exactamente al
mismo tiempo que te vi en el aeropuerto. Nunca te hubiera visto si no hubiera
sido por eso.
—Ambos tuvimos el mismo mensaje.
—Ninguno de los dos estaría aquí si no hubiera sido por esas palabras.
Maria nos dio un mapa para encontrarnos. Lo interpretamos a nuestra manera,
tomamos rutas diferentes, pero terminamos aquí. Ahora depende de nosotros
el siguiente paso que vamos a dar en este viaje, ya sea juntos o separados.

235
AMBOS HABÍAMOS ESTADO callados todo el viaje a mi apartamento.
Solo eran diez millas, pero el tráfico me dio más de media hora para pensar.
Carter estaba mirando por la ventana aparentemente perdido en sus
pensamientos. Después de nuestra locura en el estacionamiento, le había
preguntado si quería venir a casa conmigo. Me sorprendió que su respuesta
inmediata fuese sí. En realidad, él había sugerido que quizás fuese mejor para
él quedarse en un hotel para darnos algo de tiempo. Pero le había dicho de
pasar la noche conmigo en mi casa. Y ahora… estaba comenzando a darme
236 cuenta de que no era lo más inteligente. Me estaba dando vueltas la cabeza
pensando sobre todo lo que había sabido durante las dos últimas horas.
Especialmente lo que significaba para nosotros desde aquí.
Estacioné mi SUV en mi lugar de estacionamiento designado y rompí
nuestro silencio.
—No es tan hogareño como Silver Shores, pero aquí es donde vivo.
Carter miró el letrero sobre el césped.
—¿The Charleston Chew Lofts, eh? Estoy bastante seguro de que nadie
en Silver Shores puede comer Charleston Chew. Esas cosas siempre eran
matadoras para los dientes. Me rompí un diente de leche comiendo uno de los
congelados. Probablemente el más duro para las dentaduras.
—En realidad el edificio es la vieja fábrica de caramelos Charleston Chew.
Fue convertida en condominio pero todavía tiene un montón de detalles de la
fábrica original, como ladrillos expuestos y vigas de madera. Mi casa es
pequeña, solo un estudio que apenas puedo pagar ahora que soy una chica
trabajadora, pero el edificio tiene un balcón en la azotea en el que pasé mucho
tiempo. —Señalé la cima del edificio—. He pasado horas mirando el cielo y
pensando sobre los últimos meses.
Había estado mirando a mi edificio de apartamentos y cuando me giré
hacia Carter me di cuenta de que había estado mirándome.
—¿Qué? —pregunté.
Negó.
—Nada.
Carter tomó nuestras bolsas y yo lideré el camino hacia mi casa. En el
ascensor, se sentía casi surreal estar de pie junto a él de nuevo. Durante el
pasado año, a menudo había soñado con él estando aquí conmigo. Así que no
era sorprendente que en este momento sintiera como si estuviese en medio de
una confusa fantasía en lugar de la realidad. Que probablemente es la razón de
que cuando las puertas del ascensor se abrieron en la tercera planta, no me
moví.
—¿Este es tu piso? Pulsaste el tres cuando entramos.
—Oh. Sí. Lo siento.
Jugueteé con mis llaves cuando desbloqueé la puerta a mi apartamento.
Una vez dentro, giré con los brazos extendidos.

237 —Este es tu tour. Puedes ver casi todo el lugar desde aquí.
Carter dejó nuestras bolsas y miró alrededor.
—Muy agradable. Es moderno pero cálido. Encaja contigo.
—Gracias. Mis vecinos a ambos lados también trabajan en aerolíneas.
Gabby en el 310 es una azafata de Delta. Max en el 314 es piloto de American.
Hacemos barbacoas juntos en las raras ocasiones en que nuestros horarios
concuerdan.
Vi la mandíbula tensa de Carter.
—¿Un piloto vive en la puerta de al lado?
—Sí.
Asintió.
El hecho de que estuviese restringiendo su comentario me hizo ofrecer
más:
—Acaba de cumplir cincuenta y tres y está pensando en retirarse a
Florida. Quizás cuando sea un poco más mayor, puede ser tú vecino.
—Listilla.
Me quité los zapatos y caminé hacia el refrigerador, consiguiéndonos
unas bebidas.
—Hablando de Florida. ¿Cómo está tu grupo? ¿Muriel, Bertha y Gordon?
La expresión de Carter cayó.
—En realidad Gordon no está bien. Tuvo un derrame hace unos cuatro
meses y la terapia física no está yendo tan bien como pensaban. Perdió el uso
completo de un brazo y su habla todavía sigue bastante mal pronunciado.
—Eso es terrible. Lo siento mucho. ¿Tiene familia cerca de ti?
—Nadie. Tomé unas semanas de vacaciones después de que ocurriese
para ayudarle. Pero cuando me voy por cuatro o cinco días, no sale mucho.
Muriel y Bertha toman turnos para vigilarlo, pero no pueden levantarlo. El
terapeuta físico viene a casa para hacer sus ejercicios, pero aparte de eso, ha
sido duro para él.
—Tiene suerte de tenerte.
—Quieres decir, Brucey. —Carter sonrió.
—Sí, su maravilloso hijo, Brucey. —Dudé antes de continuar, insegura de
238 si debería ir tan lejos. Al final, decidí que lo que quería decir era sobre Carter y
no sobre nosotros, así que lo dije—. Sabes… la primera vez que fuimos a
visitar a Gordon y me di cuenta de que no solo estabas cuidando a un hombre
que era un extraño para ti, sino que le estabas permitiendo llamarte Brucey y
llenar el vacío de su hijo desaparecido, fue el momento que me admití a mí
misma que estaba enamorada de ti. Porque no solo eras este hermoso hombre
por fuera con el que era divertido pasar el tiempo, eras igual de hermoso en el
interior.
Carter me miró. Cuando habló, su voz estaba ronca.
—Si realmente me amabas, ¿cómo pudiste dejarme, Kendall?
Avergonzada aparté la mirada.
—No lo sé.
—¿Te arrepientes ahora?
—Me he arrepentido cada día desde que te deje en el bar del aeropuerto.
—¿Entonces por qué no hiciste algo sobre ello? Sabías dónde
encontrarme. Sabías dónde trabajaba, dónde vivía… sabías todo lo que había
que saber de mí, por el amor de Dios. —Se pasó los dedos por el cabello.
Aunque me había hecho la misma pregunta una y otra vez el año pasado,
todavía no tenía respuesta.
—No lo sé. Lo siento, Carter.
Después de unos tensos minutos, Carter habló:
—¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo? ¿O quieres ir a dormir? Debes
levantarte temprano para trabajar en el puente aéreo.
—En realidad estoy muy cansada.
—Está bien. Vayamos a dormir.
Miré alrededor del apartamento, extrañamente insegura de cuáles
deberían ser nuestros arreglos para dormir, aunque habíamos intimado en el
auto.
—Puedo dormir en el sofá si quieres. Puede tener la cama.
Carter caminó hacia mí, me levantó la barbilla para que nuestras miradas
se encontrasen.
—Estoy confuso sobre un montón de cosas que tienen que ver con
nosotros. Pero querer compartir una cama contigo, definitivamente no es una
239 de ellas. Si estás bien con ello, nada me gustaría más que volver a dormir junto
a ti.
—Me encantaría eso.
Movió la mano en mi barbilla para tomar mi rostro, y se agachó, así
nuestras narices casi se estaban tocando.
—Y otra cosa. Cuando nos despertemos, planeo follarte en esa cama que
estaremos compartiendo. Solo que esta vez, no tardaré dos minutos como hice
en el estacionamiento.
Tragué.
—También me encantaría eso.
—Bien. Ahora consigamos algo de descanso. Porque vas a necesitarlo.
CARTER Y YO ESTÁBAMOS sentados en el balcón del tejado junto a una
estufa eléctrica que también servía como un poste de luz. Era un poco después
de media noche y estaba acurrucada contra él en el delgado colchón con una
manta sobre nosotros. No había estado bromeando cuando dijo que la
segunda vez que estuviésemos intimando, iba a durar más de dos minutos.
Después de una siesta de hora y media, pasamos tres horas haciéndolo en mi
cama. Estaba saciada y contenta mientras él me acariciaba el cabello y ambos
mirábamos las estrellas.
—Conocí a tu madre.
Bueno, eso obtuvo mi atención. Sin duda, nunca esperé que esas palabras
saliesen de la boca de Carter. Eché la cabeza atrás para mirarlo.
—¿Acabas de decir…
—Conocí a Annabelle.
—¿Dónde? ¿Cómo?
—Fui a Dallas después de averiguar que el bebé no era mío. Necesitaba
verte.
—¿Cómo conseguiste la dirección?
240
—No es difícil encontrar a la gente en internet, Kendall. Le envié una
carta y nunca me respondió. Mi terapeuta dijo que necesitaba un cierre, así que
decidí tomar una oportunidad y fui a la dirección donde había enviado la
carta.
Había tanto en esa respuesta que tenía más preguntas. ¿Terapeuta?
¿Cierre? Pero mi curiosidad sobre mi querida madre ganó.
—¿Qué te dijo ella?
Se encogió de hombros.
—No mucho. Básicamente dijo que no sabía dónde estabas e insinuó que
la dejaste desamparada.
—En cierto modo lo hice. Mi estilo de vida no fue el único que cambió
drásticamente por las decisiones que he tomado. Fui egoísta tomando
decisiones.
Carter se enfadó.
—Joder. Tú no fuiste la egoísta. Ella no tenía derecho a esperar que
siguieses con esa loca cláusula que tu abuelo puso en su testamento. Cuando
pensé que había una posibilidad de que fuese padre, al principio pensé mucho
sobre lo que significaría para mí. Luego, un día estaba de pie frente al avión
saludando a los pasajeros y una pareja abordó con un bebé. No los conocía,
pero miré al pequeño monstruo chillón de ojos azules y me di cuenta de que
cómo me afectase ya no era importante. No tendría mucho que darle a mi hijo,
pero le daría lo mejor de mí sin importar el qué. Cualquiera puede ser padre,
pero los buenos padres ponen las necesidades de su hijo antes que las suyas.
Un padre debería ser desinteresado, no egoísta. Lo que tu madre esperaba que
hicieses era egoísta. Nunca debería haberte presionado.
—Vaya. Suena como si realmente estuvieses preparado para que el bebé
fuese tuyo.
—No sé sobre eso. Pero decidí que si era la forma en que resultaba, iba a
darle a él lo mejor de mí.
—Él. ¿Ella tuvo un niño?
—Sí.
Estaba oscuro, pero vi el dolor en los ojos de Carter.
—Dolió cuando averiguaste que no era tuyo, ¿no es así?
241 Asintió.
—No esperaba eso. Pero sí, lo hizo. Por mucho que no quería tener un
bebé con ella, de algún modo comencé a preocuparme por el bebé no nacido.
Me puse de rodillas para mirarlo directamente a los ojos.
—Eres un hombre increíble, Carter Clynes. Algún día vas a ser un padre
increíble.

LA MAÑANA SIGUIENTE vino demasiado rápido. No tenía que estar en


el trabajo hasta el día siguiente, Carter tenía un vuelo a la tarde y todavía tenía
que volver a Nueva York antes de eso. Me encontré mirando la hora cada
pocos minutos mientras él estaba en la ducha. Cuando salió con su camisa de
piloto de la aerolínea y pantalón ya puestos, en lugar de con la toalla con la
que esperaba verlo, estuve decepcionada.
—Estaba esperando con ansias ver tu cuerpo todo húmedo después de la
ducha, sabes.
Se sentó en la cama y se puso los calcetines.
—No puedo estar medio desnudo a tu alrededor. Eso acabaría conmigo
medio desnudo dentro de ti. Y necesito llegar al aeropuerto si voy a tomar el
vuelo de enlace de regreso a Nueva York para realizar mi vuelo.
Todavía no habíamos hablado sobre lo que iba a suceder después de que
se marchase hoy. ¿Volvíamos a estar juntos? ¿Esto solo era físico para él? Sabía
que él todavía me amaba, aun así tenía la sensación distintiva de que no estaba
seguro de querer estar conmigo como yo estaba sobre él. Sería doloroso si no
quería intentarlo de nuevo, aunque podía ser lo que me merecía después de
huir de él cuando más me necesitaba.
Abordé el tema con duda.
—¿Estarás en Boston pronto?
Me miró sin decir nada. Se me hundió el corazón.
»¿Qué hay de Nueva York? Debes tener alguna escala en Nueva York en
tu horario.
242
Metió uno de sus grandes pies en un zapato.
—No lo he revisado. —Cuando había terminado de vestirse, se levantó y
cerró su maleta—. Probablemente deberíamos ponernos en camino en caso de
que haya tráfico.
Asentí y de algún modo, logré mantener mis lágrimas a raya.
Tragándolas por la garganta mientras me vestía, dejando un gran nudo de
emociones colgando en mi pecho.
Al igual que el trayecto desde el aeropuerto ayer, el viaje fue en silencio.
Cada minuto que pasaba se estaba haciendo más y más difícil concentrarme.
Nos acabábamos de encontrar el uno al otro y no estaba preparada para
perderlo de nuevo. No necesitaba un compromiso, pero necesitaba saber que
este era el comienzo de algo. Que intentaríamos resolver las cosas. Aun así
mientras salía de la autopista hacia el bullicioso aeropuerto de Boston, estaba
comenzando a sentirse más como el final que el comienzo.
Oh Dios mío.
¿Era el final? ¿Este era el cierre del que había hablado con su terapeuta?
Era algo bueno que casi estuviésemos en la terminal de llegada, porque estaba
luchando contra las palpitaciones en mi pecho y comenzaba a sentir un ataque
de pánico del estilo de hiperventilar llegando pronto.
Estacioné en la acera y miré directamente al frente. Sabía que si miraba su
rostro, iba a perder la cordura. Carter me estaba mirando intensamente, podía
sentirlo.
—Perky…
Las lágrimas llenaron mis ojos y me negué a dejarlas caer. Aferré el
volante tan apretadamente con las manos que los nudillos se me pusieron
blancos.
Él continuó:
»Fue un buen momento.
Escuchando el comienzo de su despedida, mi tristeza de repente se
transformó en furia.
—No te atrevas, Carter. Sé que la jodí. Pero no te atrevas a pasar la noche
conmigo y darme la despedida especial del Capitán Carter Clynes a las
azafatas. —Finalmente me giré para enfrentarlo—. Te amo. Nunca dejé de
hacerlo. Y sé, que en el fondo, tú también me sigues amando. Así que no
243 rebajes lo que hemos tenido tratándome como una de las de tu harén… una de
tus azafatas para follar. Dime que se ha acabado si quieres, pero al menos
dame más respeto.
Carter agachó la cabeza. Su voz más suave y tensa cuando volvió a
hablar:
—Lo siento. Eso no era lo que quería hacer.
Justo entonces, un fuerte golpe en la ventanilla del pasajero me
sorprendió. Era la seguridad del aeropuerto diciéndonos que saliésemos y
continuásemos. Carter le aseguró que terminaríamos en un minuto y luego
alcanzó mi mano.
—Te llamaré. ¿Está bien, hermosa?
—¿Cuándo?
De nuevo, apartó la mirada.
—Pronto.
Quería desesperadamente saborear el último beso que me dio. Pero no
pude. Todo estaba entumecido. Acarició suavemente sus labios contra los
míos y luego tomó mi rostro con ambas manos.
—Yesterday —susurró.
Sonreí y asentí. The Beatles resumió nuestro momento perfectamente. El
amor regresando hacía Yesterday parecer mucho más fácil. ¿Pero qué traería el
mañana?

244
—ESTA ES TU SEGUNDA VISITA en una semana. ¿Paso algo que te trae
de vuelta aquí hoy? —preguntó la doctora Lemmon.
—No puedo dormir.
—¿El problema es conciliar el sueño o permanecer dormido?
—Ambos. Tengo esta increíble energía dentro de mí y simplemente
parece que no puedo deshacerme de ella.

245 —¿Cómo quemas normalmente el exceso de energía?


—Esa no es una opción.
La doctora Lemmon asintió como si le hubiese dado la respuesta aunque
no había dicho una mierda.
—Entonces hablemos sobre eso. ¿Estoy equivocada si asumo que en el
pasado usabas el sexo como una forma de relajarte lo suficiente para
descansar?
—No estás equivocada sobre eso.
—Y cuando dices que no es una opción, estoy asumiendo que no es en
sentido literal. Eres un piloto guapo. Las opciones deben ser ilimitadas.
—No, no quería decir que no hubiese opciones. Quería decir que no
toMaria ninguna de las opciones disponibles.
—Entonces ha sido qué, ¿una semana desde que tú y Kendall pasaron
una noche juntos?
—Una semana hoy.
—Y han pasado tres días desde que estuviste aquí.
—¿Quieres que ponga esta mierda en el calendario para ti?
La doctora Lemmond sonrió.
—No, creo que ya lo tengo. ¿Has hablado recientemente con Kendall?
—Solo esa vez sobre la que ya te hablé. Cuando me llamó.
—De nuevo, ¿qué noche era cuando hablaste con ella?
¿Qué demonios pasaba con esta mujer y sus citas, hoy? Lo recordé.
Acababa de aterrizar en Florida de mi vuelo a Dubai cuando llamó, así que
debe haber sido el martes.
—Martes.
—Y hablaste con ella una hora, si mal no recuerdo.
—Más o menos, sí.
—¿Y cómo dormiste esa noche?
Veamos. Kendall y yo habíamos hablado todo el trayecto a casa y luego
mientras hacía un sándwich en mi apartamento. Me había despertado la
mañana siguiente todavía con el uniforme puesto casi a las diez.
246 —Esa fue mi última buena noche de sueño. Pero estaba cansado de un
largo vuelo.
—¿Volaste ayer?
—Lo hice.
—¿Durante cuántas horas?
—Nueve.
—¿Y de cuántas horas fue el vuelo del que estabas cansado cuando
hablaste con Kendall esa noche que dormiste?
—Alrededor de las mismas.
La doctora Lemmon simplemente me miró fijamente.
—¿Así que estás diciendo que ya no puedo dormir sin hablar con
Kendall?
—Estoy diciendo que los dos están probablemente muy conectados. Estas
sintiendo ansiedad. Agitación. Nervios. Todo lo cual evita que duermas. ¿Hay
otra razón por la que te estés sintiendo de este modo, otra más que cómo
dejaste las cosas después de encontrarte con Kendall?
Me molestó muchísimo que tuviese toda la razón.
—No.
—Bueno, ahí lo tenemos.
—¿Entonces qué se supone que haga? ¿Llamarla cada noche así puede
cantarme una nana?
—Ya sabes lo que tienes que hacer.
—¿Entonces por qué demonios estoy pagando si ya sé todas las
respuestas? —Dejé salir un suspiro frustrado.
—Necesitas tomar una decisión, seguir adelante con Kendall o cortar los
lazos. Hablamos sobre esto el otro día. Puedo ayudarte a aclarar tus
pensamientos y averiguar tus siguientes pasos, pero solo tú puedes tomar la
decisión de estar con la mujer que amas o no. Tienes problemas de confianza
con Kendall. Es entendible. Te dejó una vez, y tienes miedo de que lo hará de
nuevo cuando las cosas se pongan difíciles. —La doctora Lemmon se sacó los
lentes y se frotó los ojos—. Carter, Lucy tenía una enfermedad.
—¿Lucy? Estamos hablando de Kendall, Doc.

247 —Las dos están muy entrelazadas. En nuestras sesiones previas,


admitiste que Lucy tomó el camino fácil con su suicidio. Esa es una concepción
errónea muy común sobre los amados que dejamos atrás. Pero la verdad del
tema es que la gente que comete suicidio cree que no hay otra opción. La
depresión es una enfermedad, no muy diferente al asma, el sarampión o la
peste. Si no se trata, todas empeoran y, con el tiempo, la enfermedad quita la
vida.
Me pasé los dedos por el cabello.
—Está bien. Pero no entiendo que tiene que ver todo esto con Kendall.
—Has tenido dos mujeres especiales en tu vida. Lucy, quien percibes que
te dejó cuando las cosas se pusieron difíciles. Y Kendall, que hizo lo mismo.
Tienes miedo de que suceda de nuevo.
No estaba seguro de que tuviese razón, pero me sentía agotado y quería
que la conversación siguiese adelante.
—Así que, ¿el balance final es que tengo que tomar una decisión sobre si
puedo confiar en Kendall de nuevo, o nunca voy a conseguir dormir?
La doctora Lemmon se rio.
—Puedo recetarte algo que te ayude a dormir por la noche a corto plazo.
Pero aparte de eso… cagas o sales del baño.
¿Cagas o sales del baño? Estaba pagando doscientos cincuenta dólares la
hora, por un consejo que mi padre me dio en tercer grado.

TENÍA MIEDO DE TOMAR pastillas para dormir. Aunque pedí la receta,


el prospecto advertía contra manejar maquinaria pesada veinticuatro horas
después de tomar el medicamento. Diría que mi Boing 747 se clasifica como
una maquinaria pesada y desde que tenía un vuelo mañana por la tarde,
necesitaba encontrar otras formas de desgastarme para conseguir dormir un
poco.
Después de correr cinco millas alrededor de las afueras de mi
urbanización, decidí detenerme y comprobar a Gordon de nuevo.
Desafortunadamente, la visita solo me había hecho sentir peor. No era ningún
experto, pero parecía estarse deteriorando un poco más cada día. Sus tobillos
248 siempre estaban hinchados de fluido y anoche tuvo problemas moviendo los
dedos de un pie. Aunque era tarde, había llamado a su médico para
informarlo. Básicamente me había dicho que debería simplemente intentar
asegurarme de que estaba cómodo, que no había mucho más que pudiesen
hacer por un hombre de la edad y salud de Gordon.
Era tarde a la hora que llegué a mi apartamento. Sintiendo una profunda
tristeza sobre como las cosas estaban progresando con Gordon, no quería
nada más que tomar el teléfono y llamar a Kendall. Aparte de la doctora
Lemmon, era la única persona a la que realmente me había abierto en mi vida.
Sabía que ella entendería cómo me sentía. Pero no era justo hacerle eso.
Necesitaba averiguar si podía ver un futuro con ella antes de soltar mi mierda
depresiva sobre ella.
Lo jodido de la situación, era que no sabía cómo ver un futuro para
nosotros. Aunque no podía ver un futuro para mí sin ella. Estaba atrapado en
el purgatorio. La historia de mi vida.
A media noche decidí empacar la bolsa para mi vuelo de la mañana
siguiente. Muriel había lavado y planchado todos mis uniformes, aunque le
había dicho que o era necesario un millón de veces. Lo que me encantaba de la
gente aquí en Silver Shores era que sabían que necesitaban ayuda de vez en
cuando, aunque nunca quería aceptarla gratis. Les hacía sentir bien cambiar
cosas que yo podía usar a cambio. Eran buena gente.
Mi armario estaba lleno de camisas almidonadas. Tomé tres y las guardé
en mi bolsa. Había perdido un poco de peso los pasados meses, así que aparté
mis chaquetas extragrandes a un lado y alcancé en el fondo del armario una
talla grande que estaba escondida al fondo.
La percha que había tomado ya tenía una pequeña chaqueta en ella. Solo
que era unas cuarenta tallas más pequeñas. En mi mano estaba el pequeño
uniforme de piloto que había encontrado en el armario de Kendall cuando
había ido a buscar pistas en su habitación. Lo había metido bajo mi camisa y
por alguna razón me lo llevé conmigo ese día. Después de que llegué de vuelta
a casa, me enfadaba verlo cada día, así que con el tiempo, lo empujé al fondo
donde no podía verlo. Aun así nunca lo tiré.
Miré el pequeño uniforme durante un largo tiempo. Imágenes de un
pequeño niño rubio vistiéndolo mientras corría alrededor de su madre
mientras se reía, eran claras como el día. El niño tenía brillantes ojos azules
justo como su madre. Y Kendall se veía más hermosa que nunca. En realidad,
249 cerré los ojos y sonreí viendo la escena representándose en mi cabeza.
Esa noche, dormí como un bebé. Soñé con un niño pequeño y su madre.
Fue tan vívido, tan real, que estaba confundido cuando me desperté. Por un
momento esperé que entrasen corriendo en mi habitación.
Pero no lo hicieron.
Lo que causó un dolor corrosivo en mi pecho.
Y eso era culpa mía.
Mientras me apresuraba para prepararme para mi vuelo, el pequeño traje
de piloto todavía estaba colocado encima de mi cómoda. Pasé un dedo sobre
las pequeñas alas de la solapa y recordé el rostro del niño pequeño de mi
sueño. Despegando las pequeñas alas de la chaqueta de niño las cambié con
las alas de mi propio uniforme. No eran tan diferentes en apariencia, aunque
había hecho una diferencia para mí.
Podía ver mi futuro.
Podía ver a mi familia.
Podía ver a la mujer que amaba.
Ahora solo necesitaba averiguar cómo volver a hacer las cosas correctas.

Decidí comprobar rápidamente a Gordon antes de irme al aeropuerto, ya


que pasarían unos días antes de que volviese a casa de nuevo.
Normalmente una de las mujeres venía a su casa más tarde por la
mañana y se quedaba hasta que aparecía el fisioterapeuta, pero probablemente
nadie estaba allí todavía.
Sabiendo que podía estar dormido, tuve cuidado de abrir la puerta
lentamente.
—¿Papá? —llamé en voz baja.
No hubo respuesta. Gordon siempre roncaba con fuerza así que era
extraño que no hubiese ningún ruido proveniente de su habitación.
Estaba tumbado de espaldas, completamente quieto.
250 —¿Papá?
No respondió.
Sentándome en el borde de la cama, repetí más alto mientras lo sacudía
por el hombro:
—Papá, soy Brucey. Despierta.
Poniendo dos dedos contra su cuello, busqué el pulso.
No había nada.
Bajando la cabeza, escuché por un latido que no había.
Mantuve la mejilla en su pecho y lloré. Puede haber sido mi padre de
mentira, pero no había nada falso en las lágrimas que estaban cayendo de mis
ojos.
UN SIMPLE MENSAJE estaba a punto de cambiar todo.
Llevando mi maleta por el aeropuerto Logan, me di cuenta que tenía
una llamada perdida de Carter. El teléfono debe haberse apagado mientras
conducía con la música alta.
Escuché el mensaje.
—Oye, Kendall. Estoy a punto de abordar mi vuelo. Quería escuchar tu voz
251 antes del despegue, pero supongo que eso no va a ser posible. Ha sido una mañana muy
de mierda. Um…
Hubo una larga pausa.
—Gordon murió. Lo encontré en la cama. No estaba respirando. Debió haber
muerto durmiendo. Estaba solo.
Mi corazón se rompió.
Oh no.
Un largo suspiro se oyó por el teléfono.
—Murió solo, sin que nadie le sostuviera la mano. Es tan jodidamente
triste. Nadie debería morir solo.
Una lágrima cayó por mi mejilla mientras el mensaje continuaba.
—De todos modos, realmente me recordó lo que importa. Te extraño. Voy a
necesitar escuchar tu voz esta noche para dormir. Sólo quería contarte eso.
Hubo un poco de silencio antes de decir:
—Mierda. Me tengo que ir. Te llamaré cuando aterrice en Rio.
Inmóvil en medio del terminal, de repente me sentí como un completo
pez fuera del agua en este aeropuerto. Sudando a través de mi uniforme, sabía
que no podía dejar que esto siguiera.
¿Qué estaba haciendo aquí?
Necesitaba estar con él.
El balón ya estaba en mi patio, y ni siquiera era divertido. Fui la que se
fue; necesitaba ser la que nos uniera de nuevo.
El tiempo separados desde que nos reconciliamos ha sido bueno para
nosotros, nos dio tiempo para pensar, pero ya era hora. No había manera que
algo pudiera funcionar entre nosotros si mantenía este trabajo. Debido a su
horario, era difícil tener una relación. Sumado a eso dos personas que trabajan
para diferentes aerolíneas, y era prácticamente imposible. A este ritmo, nunca
lo vería. Tenía que renunciar a algo.
Era mi turno de renunciar.

252
MARIA ROSA ME DEJÓ ENTRAR con pocas preguntas. No es que
hubiera entendido sus preguntas de todos modos. Creo que ella sabía muy
bien por qué estaba allí.
Asentí.
—Obrigada. —Por fin aprendí a decir "gracias" apropiadamente en
portugués.
Pedro saltó sobre mi hombro, y para mi sorpresa, no me orinó antes de
huir otra vez. Quizás, después de tres visitas, finalmente estaba en paz con la
multitud de monos.
Maria me señaló la habitación correcta, indicando con su dedo índice
mantener silencio ya que Carter estaba durmiendo. Abriendo lentamente la
puerta, me encontré con un regalo para la vista.
No sabía lo que Carter había estado soñando, pero claramente estaba…
mojado. Su polla dura y goteando, erecta en el aire. Estaba completa y
gloriosamente desnudo. Estaba tan cansada de mi viaje, que no quería nada
más que arrastrarme a la cama con él. Quitándome cada último hilo de ropa,
me puse de manos y rodillas sobre el colchón.
Carter parpadeó y se estremeció antes de darse cuenta que era yo.
—¿Perky?
—Sí.
—Oh Dios mío. Pensé que estaba soñando.
—No lo estás.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Shh —dije mientras bajaba mi boca sobre su pene. Sus palabras se
desvanecieron cuando perdió la habilidad de hablar. Echando su cabeza hacia
atrás, cedió todo el control mientras me cernía sobre él. Agarrando la parte de
posterior de mi cabello, guio el movimiento de mi boca.
Me encantaba escuchar los bajos gemidos de éxtasis que se le escapaban.
En un momento, se alejó y levantó mi cuerpo sobre el suyo.
La cama tembló cuando lo hicimos. Era bastante temprano por la
253 mañana, y estaba seguro de que estábamos interrumpiendo a los otros
huéspedes, que estaban durmiendo o desayunando, pero no me importaba.
Necesitábamos esto. Ambos llegamos en menos de unos minutos. Había
pasado demasiado tiempo.
Llena de felicidad post-coital, respondí a su pregunta anterior.
—Recibí tu mensaje. Les dije que era una emergencia familiar. Tan
pronto como aterricé en Nueva York, reservé un boleto para el próximo vuelo
a Rio.
—¿Mentiste por mí?
—No. No fue una mentira. Eres la única familia real que tengo ahora. Y
realmente necesitaba verte, como si mi vida dependiera de ello. Así que es una
emergencia a mi modo de ver.
Todavía estábamos tumbados desnudos uno encima del otro cuando
preguntó:
—¿Cuánto tiempo puedes quedarte?
—Todo el tiempo que me necesites.
—¿Entonces jodidamente para siempre?
—De acuerdo.
Se apartó para examinar mi rostro.
—¿De acuerdo?
—Sí.
—¿No volverás a trabajar?
—Volar nunca fue para mí, Carter. Era sólo un medio para huir
mientras, al mismo tiempo, de alguna manera una inútil conexión contigo. Fue
una buena experiencia, cumplió su propósito, pero necesito poder verte
cuando estés en casa.
—¿Qué harás?
—A ti. —Me reí—. Voy a dedicarme a ti… hasta que me digas que haga
otra cosa.
Pasando sus dedos por mi cabello, sonrió.
—Justo parece que tengo una posición a tiempo completo libre para eso.
254
—Honestamente, encontraré algo, algo que ame. Por ahora, sólo te amo
a ti. Te debo tanto, por venir a buscarme y por rendirte conmigo, aunque te
había abandonado. Ya no huiré. Y no hay mejor lugar para quedarme que
donde empezó todo.
—Tenemos dos días aquí. Luego, voy a regresar a Florida para el funeral
de Gordon.
—Vamos a regresar a Florida.
—¿Vienes conmigo?
—¿Si a Silver Shores no le importa un residente menor de edad?
—¿Esto realmente está sucediendo?
—Sí. Si me quieres, soy tuya. Quiero cantarte en persona para que
duermas cuando estés en casa.
—Este es realmente el día más feliz de mi vida, Perky. Quiero que sepas
eso.
Más tarde ese día, Carter y yo estábamos en la playa bebiendo
Caipirinhas como lo habíamos hecho durante el comienzo de nuestro viaje.
Pensé en lo aterrorizada que estaba en esos tiempos en comparación con la paz
que estaba experimentando ahora.
—La última vez que estuvimos aquí haciendo esto, no sabía quién era
yo. Era sólo una chica acompañando a un piloto caliente, bebiendo tragos en la
playa de Rio. Era una persona confundida, lista para vender su alma y la de su
hijo por nacer.
—¿Y ahora?
—Ahora, sólo soy… amada. No quiero otra cosa que ser la chica en la
playa acompañando al piloto que me ama. Todo lo que alguna vez necesité, en
realidad lo tenía ese día. No lo sabía todavía. Y mis futuros hijos no solo me
tendrán, sino que tendrán tanta suerte de tenerte como padre.
—¿Quieres tener un bebé conmigo, Perky?
—Algún día, sí. Pero antes quiero disfrutar de estar contigo un rato.
Me miró durante un buen rato antes de decir:
255 —Lo guardé.
Incliné la cabeza.
—¿Guardar qué?
—El pequeño traje que compraste en Carter’s que parecía un uniforme
de piloto.
—¿Cómo supiste eso?
—Estaba colgado en tu armario en Texas. Cuando lo vi, así fue cómo lo
supe.
—Entonces, sabías que iba a decirte que quería tener a tu bebé, que
mentí en el salón del aeropuerto cuando te dije que había tomado mi decisión
de seguir con la inseminación.
—Ese pequeño traje fue a lo que me aferre con esperanzas todo este
tiempo.
—Estaba segura que cuando lo vi en la tienda con tu nombre fue una
señal.
—Lo fue. Hemos tenido algunos desvíos mientras tanto.
—Hay señales por todas partes, ¿no?
El sonido de un pequeño avión podía ser escuchado en lo alto.
Carter señaló hacia arriba.
—Hay una ahora mismo.
Ambos miramos al cielo al mismo tiempo. Una pancarta con un mensaje
era arrastrado por la pequeña avioneta.
Carter resopló.
—¡Mierda! Los idiotas lo arruinaron. La pancarta debía decir: La
respuesta está en el Cielo: Kendall ama a Carter. ¡Sabía que ese tipo no me
entendía!
En su lugar decía: La respuesta está en el disfraz: El muñeco Ken ama tirarse
gases.

256 CARTER Y YO REGRESAMOS A Silver Shores al terminar el funeral de


Gordon. Era un día lluvioso, apropiado para la tarea que se estaba realizando.
Estábamos limpiando su apartamento, eligiendo qué artículos donar y qué
conservaría Carter.
—No hay manera que arroje estas fotos de él y su hijo. Los guardaré
conmigo mientras viva. Es lo menos que puedo hacer por él.
Gordon no tenía familia que conociéramos, así que, si Carter no hubiera
guardado estas cosas, todos los recuerdos habrían sido destruidos.
Cuando estaba limpiando el armario del dormitorio, me reí cuando vi el
par de pantalones que Carter había pedido prestado la noche de nuestro
accidente de ropa perdida por el lago.
—¿Recuerdas esto, Capitán?
—¿Cómo podría olvidarlo? Eso me recuerda, ¿te diste cuenta que el
anciano George se presentó en el funeral con uno de mis uniformes? No podía
imaginar cómo se mete en mi casa y roba mi mierda. Resulta que ha estado
engañando a todas estas mujeres, diciéndoles que solía ser un piloto de avión.
Hace que se lo hagan a medida y todo. Tiene suerte que no devele su coartada.
—Deja que se divierta. Es un inocente y viejo búfalo.
Justo entonces, un golpe en la puerta interrumpió nuestra risa.
Cuando la abrí, un hombre de traje gris estaba allí, sosteniendo una
carpeta.
—¿Puedo ayudarlo?

—Sí, estoy buscando a Carter Clynes.


Carter dejó la caja que había estado examinando.
—Ese soy yo. ¿Cómo puedo ayudarlo?
—Gary Steinberg. Soy el abogado de Gordon Reitman.
—¿Abogado? ¿Tenía un abogado? Ni siquiera tenía teléfono celular.
—Sí. Llevo años con Gordy.
—¿Cómo puedo ayudarlo?
—Él me instruyó que le diera esta nota cuando muriera. Tal vez debería
257 leerla primero, y luego podemos repasar su herencia.
—¿Herencia?
—Sí. El señor Reitman tenía una cantidad significativa de dinero. Lo
dejó como único beneficiario.
—No, no lo entiende. Enloqueció hace algunos años. Creía que yo era su
hijo. Quería dejarle todo a Brucey. No puedo tomar de buena fe algo de él,
sabiendo que tenía intención que fuera destinado a su hijo.
—¿Eres Carter Clynes?
—Sí.
—Él te nombró específicamente, no Bruce Reitman.
—No entiendo.
—Tal vez la carta lo explique.
El abogado le dio el pequeño sobre blanco. Carter la abrió y
cuidadosamente desplegó el papel. Después de leerlo, lucía aturdido. Luego,
me lo dio.
Lo sé.
Gracias por dejarme fingir que era verdad.
Nunca podría devolvértelo, pero voy a intentarlo.
Sinceramente,
Gordon C. Reitman, III
Vaya.
Simplemente vaya.
Carter negó con incredulidad.
—No lo entiendo. ¿Durante todo este tiempo supo que no era su hijo?
El abogado asintió.
—Aparentemente sí.
Arrodillándome hacia donde Carter estaba sentado, puse mi mano en su
hombro.
—Oh Dios mío.
258 El abogado continuó:
—Como mencioné, el Sr. Reitman acumuló una cantidad considerable
de activos durante su vida. Sin familia inmediata, lo ha nombrado el único
heredero de su herencia, que está valorada en más de veinte millones de
dólares.
Sentí que iba a colapsar.
¿Qué acaba de decir?
Los ojos de Carter se ampliaron.
—¿Disculpe?
—Gordon había invertido considerablemente en bienes raíces cuando
era más joven y vendió sus propiedades gradualmente en los últimos quince
años. Tenía un montón de dinero guardado como resultado. Sin embargo, él
eligió vivir modestamente.
La boca de Carter se abrió.
—¿Qué… cuándo puso mi nombre allí?
—Hace aproximadamente un año, vino a mí y cambió el beneficiario.
Anteriormente había dejado todo a un sobrino por defecto. Lo recuerdo
específicamente, señalando que, en sus palabras, el "buen hijo de puta" nunca
lo visitaba. Él sabía que usted era completamente inconsciente de su riqueza.
Porque estaba seguro de que lo estaba ayudando por la bondad de su corazón,
quería hacer esto por usted.
—¿Qué significa eso?
—Significa que veinte millones de dólares serán puestos a su nombre
muy pronto. Prepararemos otra reunión en mi oficina para asegurar que todos
los fondos de las distintas cuentas sean transferidos apropiadamente.

Me quedé allí sin palabras.


Carter me miró, luego al abogado.
—No sé qué decir. No siento que merezca esto.
—Bueno, si lo merece o no es irrelevante, señor Clynes. El dinero es
suyo.
259

TOMÓ MESES ANTES que realmente lo procesara.


Carter terminó donando parte del dinero a caridad y estableciendo una
beca en el nombre de Bruce Reitman. Ciertamente quedó mucho, bastante para
mantenernos de por vida. No nos sentimos culpables por mantener el resto del
dinero, ya que era lo que Gordon quería.
No pasamos por alto la ironía, que una vez que habíamos dejado de
pensar en el dinero y dejamos que impacte en nuestras vidas, acabamos
teniendo más de lo que sabríamos qué hacer con él.
Carter continuó trabajando como piloto por ahora, mientras me mudaba
a su apartamento de Florida permanentemente. Dijo que sabría cuándo sería el
momento de dejarlo. Aunque era una buena sensación para él no tener que
trabajar, sólo volaba porque le gustaba. No fue hasta que le dieron la opción
de dejarlo que Carter se dio cuenta que realmente ama ser piloto. Llegaría un
momento en que los niños entrarían en la fotografía, cuando probablemente
reduciría las horas o lo dejaría. Nos ocuparíamos de eso cuando llegara.
En cuanto a mí, estaba dándoles una competencia a las ancianas de aquí
en Silver Shores. Había notificado a los Ángeles de Carter (como las llamaba)
que podían reducir gradualmente las comidas para mi hombre. Realmente me
dio un inmenso placer aprender a cocinar las cosas que a él le gustaban.
Florida era mi hogar ahora. Incluso Matilda, el gato, había renunciado a
su determinación por espantarme una vez que se dio cuenta que estaba allí
para quedarme.
Sintiéndome eternamente agradecida por la vida cómoda que Carter me
había proporcionado, también había descubierto una forma de devolvérselo.
Mi abuela solía decir siempre, si quieres cambiar el mundo o marcar la
diferencia, no tienes que viajar muy lejos. Sólo mira tu propio patio trasero a
las personas que te necesitan.
Carter fue el mejor ejemplo de eso. Un día, había estado pensando en lo
que solía hacer por Gordon, y me di cuenta de que había muchas cosas básicas
que los ancianos ya no podían hacer por sí mismos. Cosas que damos por
sentado, como la capacidad de agacharse y cortarse las uñas de los pies, eran
260 tareas imposibles para ellos.
Después de tomar un corto curso de cosmetología, empecé a ofrecer mis
servicios en la comunidad Silver Shores de forma gratuita. Viajando unas
pocas horas al día de condominio a condominio, programando citas para
darles a algunas de las mujeres, pedicuras y manicuras. Les daría mi tiempo y,
a cambio, me contaron historias y me dieron grandes consejos. Algunas de las
mujeres se volvieron como figuras de madre para mí. Al margen de mi propia
madre, aprecié eso más de lo que sabían.
Los mejores días, por supuesto, fueron los que Carter estaba en casa. No
era raro que lo saludara desnuda en nuestra cocina, sosteniendo una
Caipirinha recién hecha cuando regresaba de un largo viaje.
Un día en particular, sin embargo, me había pedido que me reuniera con
él en el aeropuerto en su lugar. Me instruyó hacer una maleta junto con mi
pasaporte. Nos encontraríamos en el salón donde nos conocimos.
Cuando llegué, Carter estaba sentado en la misma mesa donde nos
habíamos sentado aquel primer día. También llevaba la misma chaqueta de
cuero marrón con su prendedor de alas en ella. Me dio una gran sensación de
déjà vu. En la mesa había bastones de queso mozzarella, alas y rollos de
huevo, los mismos aperitivos que había pedido en aquel entonces.
Me hizo un gesto para que me sentara.
—¿Sabes qué día es hoy, Perky?
Me devané los sesos.
—No.
—¿No?
—No.
—Hace dos años, Kendall.
—¿Es el aniversario de dos años del día que nos conocimos? ¿Cómo no
supe de eso?
—Bueno, nunca lo olvidaré. El veintiocho de julio.
—Tanto puede pasar en dos años, ¿huh?
—Sí. Pero algunas cosas siguen igual. Todavía soy un hombre
261 desesperadamente flechado por una rubia hermosa y sin sujetador.
—Entonces, dime, ¿a dónde vamos?
—De acuerdo con la tradición, depende de ti. —Mostrando los horarios
de los vuelos en su teléfono, dijo—: El mundo está a tu alcance, nena.
—¿En serio? ¿Me dejarás elegir?
—Sí. Iremos a donde quieras. Pero elije sabiamente. Este va a ser un
viaje importante que recordarás por el resto de tu vida.
Mi cuerpo se llenó de adrenalina.
Oh Dios mío.
¿Iba a proponerse matrimonio allí?
—¿De verdad?
—Sí. Créeme.
—No lo sé, Capitán. La última vez que hice eso, acabé enojada con un
mono, me arrestaron en Dubai y me convertí en una puta de Amsterdam.
Cerró los ojos.
—Esa noche en el Red Light District fue tan caliente. Esa fue la primera
vez que me sorprendiste. —Continuando, dijo—: De acuerdo, ¿dónde?
Pasando por la lista de opciones de vuelo, dije:
—¿Qué hay de Australia?
Él sonrió.
—Eso me recuerda a una chica que conocí una vez. Se llamaba Sydney.
Sydney Opera House. Tenía increíbles y suaves tetas.
Le di un golpe juguetón.
—Entonces, ¿Sydney?
Tomó su teléfono.
—Sí. Qantas Vuelo 853, sale en dos horas. Vamos.

262 DEBERÍA SABER que nada con el capitán Carter Clynes era predecible.
Nos habíamos acomodado en nuestros asientos de primera clase
mientras el avión navegaba. Era de noche, y el avión estaba oscuro. Me había
dormido y desperté con la vista de Carter observándome.
—¿Estabas observándome dormir?
—Sí.
—¿Y en qué estabas pensando?
—Estaba pensando en lo fácil que sería deslizar este anillo en tu dedo
mientras estabas durmiendo.
Mi corazón pareció saltar. Me enderecé en mi asiento y cuando bajé la
mirada, una enorme roca de corte radiante envuelta alrededor de mi dedo
anular.
Cubriendo mi boca con mi otra mano, dije:
—Oh Dios mío.
—Kendall Sparks, ¿me harás el honor de convertirte en mi esposa
durante nuestro viaje a Australia? —susurró, queriendo mantener este
momento privado entre los dos.
—Sí. ¡Sí! —Asentí una y otra vez—. Esto no era lo que esperaba.
—Lo sé. —Llevó mi mano a su boca y la besó—. ¿Te gusta el anillo?
—Es fenomenal.
—Es Carter con una "I" en el medio. —Me guiñó.
Me tomó un tiempo.
¡Oh!
Cartier.
Nos abrazamos durante varios minutos.
—Te amo tanto, Carter.
—También te amo, señora Clynes. —Sonrió—. Oye, ¿puedo preguntarte
algo?
—Sí. Cualquier cosa.
263

—¿Me seguirás amando cuando tenga sesenta y cuatro años?


—Es una edad extraña. ¿Por qué escogiste esa?
Me guiñó un ojo.
—Canción de los Beatles, nena. When I’m Sixty-Four.
—Debería haberlo sabido. No cambies nunca, hombre loco. —
Acercándolo para besarlo, hablé por encima de sus labios—: ¡Te amo tanto! No
puedo esperar a casarme contigo en Down Under31.
Nos besamos durante varios minutos. La gente que nos rodeaba parecía
no tener en cuenta nuestro momento que cambió nuestras vidas.
Carter rompió el beso.
—Sabes… hablando de abajo32… me encantaría ir allí ahora mismo. De
repente tengo que usar el baño. ¿Quieres venir?

31 Down Under: se refiere a Australia o Nueva Zelanda.


—Después de todo este tiempo, ¿cómo es que recién ahora vamos a
unirnos al club de amantes de las alturas? ¡Eres piloto, y fui azafata por el
amor de Cristo!
Carter sonrió.
—Nunca es demasiado tarde para empezar.

264

32 Juego de palabras, “down” y “under” significan abajo en inglés.


—¡VAMOS, RECÓGELO! No quieres que yo gane la carrera, ¿verdad?
—Miré hacia atrás a mi hijo, que seguía detrás de mí. Ambos llevábamos
cascos a juego mientras nos deslizábamos por la carretera vacía. Yo estaba en
mi Segway, mientras él montaba un tradicional scooter de niño.
Días como estos, nunca me arrepentí de retirarme de la aerolínea. No
podía imaginarme perdiendo estos preciosos momentos con Brucey.
265 Hoy, lo llevé a visitar el antiguo barrio de Silver Shores. Nos habíamos
mudado a una casa más grande a unos tres kilómetros de distancia cuando él
tenía un año de edad, pero todavía volvíamos para visitar a los residentes todo
el tiempo.
Le señalé mi viejo condominio. —Te llevamos a casa a esa casa cuando
eras un bebé.
—¿Allí fue donde me hicieron?
Inseguro de cómo responder a eso, dije:
—Técnicamente, fuiste hecho en Australia, pero naciste aquí.
—¿Australia?
—Sí.
—¿Soy como un Koala?
—Supongo que sí. —Me reí en voz baja.
Kendall se había enterado de que estaba embarazada de Brucey poco
después de que regresamos de nuestra boda privada en Australia. Nos
habíamos casado bajo un atardecer a las afueras de la Ópera de Sydney.
Vivíamos modestamente en una típica casa de un piso de tres
dormitorios en Boca. Kendall era firme en que no quería que nuestro hijo
creciera como ella. No quería que pusiera tanto valor en las cosas materiales.
Kendall amaba ser una mamá ama de casa. Mientras tanto, yo tomé una
posición de piloto de contrato para una compañía de jets privados que me
permitía elegir cuando quería trabajar. Era lo mejor de ambos mundos; todavía
puedo volar, pero en mis propios términos.
A medida que continuamos por el camino, tuve cuidado de mirar hacia
atrás por cualquier auto que venía.
Señalé el viejo condominio de Gordon. —¿Ves esta casa allí?
—¿Sí?
—Ahí es donde vivía tu abuelo Gordon.
—¿Gordon? ¿Como Trash Gordon de Sesame Street?
—El mismo nombre, sí. Tu abuelo fue un gran hombre, mucho más
genial que Trash Gordon. Algún día, cuando seas un poco mayor, te contaré
una historia realmente genial sobre él y cómo conseguiste tu nombre.

266 —De acuerdo.


Reduciendo la velocidad, pregunté:
—¿Estás cansado? ¿Quieres tomar un descanso para comer algo?
Asintió.
Terminamos deteniéndonos bajo la sombra de un árbol. Saqué las cajas
de jugo y varios bocadillos que Kendall había empacado.
Brucey me miró. Tenía mi cabello oscuro y los ojos azules de Kendall. —
Papi, cuéntame una de tus historias.
—¿Cuál?
—Lucy.
Sonreí y revolví su cabello. Comenzó cuando él tenía unos dos años,
inventaba historias para contarle a la hora de acostarse. A veces, me pedía
aleatoriamente que recitara uno durante el día. Lucy in the Sky with Diamonds
era su favorito, en parte porque —como él siempre señalaba— Lucy rimaba
con Brucey.
—De acuerdo. Lucy in the Sky with Diamonds, es.
Dejando escapar una respiración profunda, puse mi brazo alrededor de
él y empecé.
—Había una vez una chica llamada Lucy que vivía en el cielo...

FIN

267
Autora súper ventas del New York Times. Con más de un
millón de libros vendidos, sus títulos han aparecido en más de cincuenta listas
de Bestseller y actualmente están traducidos en doce idiomas. Vive en Nueva
York con su esposo y sus tres hijos, donde disfruta de su propio felices para
siempre con el niño que conoció a los seis años.
Es un ratón de biblioteca y se la puede ver leyendo su Kindle en los
semáforos, mientras le cortan el cabello, pasando la aspiradora, caminando,
durante los eventos deportivos, y con frecuencia mientras pretende trabajar.
Es una aburrida abogada de día, y una emocionante autora de
bestsellers, por la noche.
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es una autora de superventas 'USA Today.' Creció en


Boston con cinco hermanos mayores. Pasó la mayor parte de sus veinte años
como presentadora de noticias de televisión, antes de cambiar a una carrera
más familiar.
Penélope vive para la lectura de libros (género adulto), el café y salir con
sus amigos y familiares los fines de semana.
Es la orgullosa madre de una hermosa niña de 10 años de edad con
autismo (la inspiración para el personaje de Callie en Géminis) y un niño de 8
años de edad: ambos son la luz de su vida. Residen en Rhode Island.
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