Está en la página 1de 36

TÉCNICAS DE

SEGUIMIENTO -
ESCOLTAS
abril 05, 2012

TÉCNICAS DE SEGUIMIENTO

Destacaremos aquí las técnicas y métodos del escolta moderno. El

escolta (agente de protección, guardaespaldas, etc.) se caracteriza

principalmente por dos cosas: su compromiso con la defensa de su

cliente, y la alta especialización que requiere su cometido.

Por ello es recomendable destacar la cada vez mayor importancia que

cobran este tipo de especialistas, auténticos “fantasmas en la sombra”

que vigilan y salvaguardan los movimientos de sus protegidos en un

mundo cada vez más inseguro y con enemigos, también, cada vez más

peligrosos y variados.
En este manual tocaremos exclusivamente los “escoltas urbanos”, los

llamados “guardaespaldas” cuyo fin es proteger a diferentes

personalidades en los más variados terrenos pero siempre -o casi- en

ambientes civilizados de las sociedades occidentales.

Por tanto, no tocaremos otro tipo de escolta, como puede ser la militar, o

la escolta en zonas bélicas y de conflicto (que requiere no sólo de una

táctica diferente, sino de un variado número de unidades y soldados que

ejercen como escolta), así como la escolta en otro tipo de terrenos (selva,

bosques o desiertos…) cuyas técnicas difieren en alguna medida con la

mayoría de las descritas aquí. No obstante, y dicho lo anterior, hay que

mencionar que el tipo de escolta en la sociedad urbana occidental es,

también, el escolta más requerido.

La protección personal y la escolta ha ido variando a lo largo del tiempo,

en la actualidad, debido a la falta de personal específicamente formado y

a la creciente necesidad de determinadas personalidades, es llamativo ver

a personal de seguridad privada o policía municipal, sin la suficiente

preparación, ejerciendo labores de escolta de alto nivel. Esto trae consigo


no ya el lógico peligro para la propia persona a la que se quiere proteger,

sino actuaciones, en muchos casos, desproporcionadas o intervenciones

ineficientes en las que, sólo por fortuna, no ocurren mayores desgracias.

La formación como escolta ha estado íntimamente ligada a las policías

de los gobiernos, así como a sus servicios secretos. La labor de un

policía, unido a su deber de sacrificio, es uno de los puntales sobre los

que, cada vez más, se asienta esta tarea, sin embargo no debemos olvidar

la labor de las agencias secretas y de espionaje, que, debido

principalmente a su especializada formación, han ejercido -y ejercen- un

papel primordial en la salvaguarda de las personas.

Número adecuado de escoltas a utilizar

El número de escoltas depende, casi siempre, de la importancia de la

persona VIP a proteger, y, cómo no, de su poder adquisitivo. Un político

de una corporación local con pocos medios muy probablemente posea a

su disposición un único escolta (en la mayoría de las ocasiones pagado

por el propio partido y/o estado), mientras que un personaje mediático a


nivel internacional, un alto gobernante (presidente de un país, rey o

reina) o el dueño multimillonario de una corporación poseerán varios,

incluso, y dependiendo de los actos, decenas de ellos (algunas veces,

bien es cierto, ofrecidos por el propio servicio secreto de su país).

Por lo tanto no sería correcto clasificar a la escolta adecuada por su

número, ya que muchas veces el protegido no puede elegir cuántos deben

protegerle y, el escolta, además, mucho menos, de modo que tendremos

que conformarnos, si somos únicamente uno, con utilizar y aprovechar la

mayoría de los recursos posibles a nuestra disposición (o que podamos

obtener) para hacer nuestro trabajo lo mejor posible, aún careciendo,

como en la mayoría de las ocasiones, lamentablemente, suele suceder, de

los medios óptimos para hacerlo.

Pero no solamente esos medios están en nuestra contra, sino que también

lo que nos rodea (y el propio protegido debido en algunas ocasiones a su

inexperiencia, y, otras, a propósito) nos ponen no pocas trabas y

dificultan nuestro trabajo. Un buen escolta, por tanto, deberá considerar

todo ello para hacer que no se convierta en un peligro para su protegido.


En resumen: un escolta debe tener la suficiente intuición y experiencia

como para no convertir una situación cotidiana y banal en una

emergencia, y, a la vez, para no perder los papeles en una emergencia.

Equipo del escolta

El equipo con el que contará un escolta para sus labores de protección es

muy variado, y depende en gran medida de la situación, el conflicto y

terreno en el que actuará, y sus propias preferencias.

No obstante, podemos destacar del mismo varios elementos (que no

siempre van a utilizarse, pero que merece la pena incluir en un listado

como recordatorio):

- Arma. Ligera y fácilmente portable si se va a trabajar en zonas urbanas

o en ambientes con mucha movilidad.

- Teléfono móvil: Debe ser también muy portable, con cámara - en

algunas ocasiones podríamos llegar a necesitar la cámara para obtener

pruebas, matrículas, captar a personas y/o sus movimientos - y de


inicialización rápida. La cámara no debe tener mucho retardo en

inicializarse, de forma que una vez lo saquemos del bolsillo lo tengamos

listo para hacer fotos de manera inmediata, por lo tanto desechemos los

aparatos de telefonía de vanguardia que requieren minutos y minutos

para su inicio, y elijamos aparatos más rápidos, como los Nokia S40. No

elijamos el teléfono móvil, así como diversos elementos, por estética. La

estética debemos guardarla para nuestra vida privada. El aspecto

principal que debe primar es la eficiencia.

- Equipo de escucha y/o comunicación

- Equipo de protección personal: Integrado por chaleco antibalas, si se

requiere y dependiendo del caso, situación o zona específica, además de

otros útiles y utensilios a elección de cada persona.

- Otros elementos: Como claves de intervención, de llamada, de

comunicación… esto dependerá siempre de la unidad a la que

pertenezcamos o del grupo que nos haya encargado la protección.

Mapas, rutas, desviaciones y rutas alternativas, junto con históricos de

recorrido, vehículos de los alrededores con fotografías de los mismos,

etc. etc., son algunos de los elementos con los que contará también un
escolta en su trabajo cotidiano. Esto es de vital importancia, por ejemplo,

en casos de coches bomba o emboscadas. Debemos conocer los

vehículos habituales que aparcan o están cerca de donde vive nuestro

protegido, de manera que ante la aparición de cualquier vehículo

sospechoso podamos estar alerta y, en su caso, advertir al protegido de

ello.

Pautas de actuación y comportamiento de un escolta

Aunque el deber de un escolta es el de evitar todo peligro para su

protegido, nuestra labor debemos hacerlo lo más solapada y

tranquilamente posible, de manera que no sólo no consigamos ejercer

una mejor labor, sino, y un punto importante, que nuestro trabajo no

afecte a la persona a la que protegemos.

El escolta ha de estar todo el tiempo alerta y precavido, pero no debe

contagiar este estado a su protegido, ya que éste, en la mayoría de las

ocasiones, tendrá su propia vida y rutina. Debemos saber adaptarnos -en

la medida de lo posible, lógicamente- a ella sin que se note ni nuestra


intervención, ni nuestros miedos o sospechas.

Sólo en última instancia intervendremos con el protegido para hacerle

modificar, aunque sea mínimamente, sus pautas cotidianas.

Por ejemplo: si existe un auto aparcado, que nos hace sospechar, no

debemos advertirle de ello al protegido y hacerle variar su ruta. La

mayoría de las veces esto crearía situaciones de alerta que, con el tiempo,

pasarán no sólo a afectar su vida privada, sino su propia estabilidad

emocional.

Por ello es imperativo que dejemos claro al protegido que aceptará

nuestras sugerencias por encima de todo y las tendrá en cuenta.

Debemos, en lo que se llama en el argot, obrar con psicología.

En otras ocasiones, sin embargo, y en determinados trabajos, solamente

tendremos acceso al VIP a través del Jefe de Seguridad, que es la persona

que contará con todos los medios y que, se supone, posee la mayor

experiencia. Si esto es así, el Jefe de Seguridad debe saber interpretar

correctamente nuestras órdenes y trasladarlas correctamente al protegido,

de manera que no se cree confusión y la situación no derive en un acto de


irresponsabilidad.

Ante el vehículo aparcado del ejemplo anterior no diremos algo así:

“Sospecho de ese auto, probablemente tenga una bomba adosada,

vámonos por este lado de la acera o por esta ruta”. Eso, dicho la primera

vez, probablemente le afectará y nos hará caso, pero cuando lo decimos

diez, doce o cien veces, como, probablemente, tengamos que hacer -

dependiendo del caso- el protegido acabará o por no hacernos caso, o le

crearemos una situación de estrés para la que él no está - y no tendría por

qué estarlo, por otra parte - preparado.

En lugar de ello diremos: “Vamonos por esta zona (o por esta acera, o

por esta parte del edificio)”. No le diremos por qué ni para qué. Si la

bomba explota luego en la otra parte del edificio por la que nosotros no

hemos pasado, ya habrá tiempo de explicárselo; y, sino explota, le

habremos ahorrado un disgusto.

Por todo lo anterior hay que insistir sobre ello: antes de entrar a cumplir

nuestro trabajo debemos dejarle claro cómo actuaremos y la importancia

de hacernos caso.
Esto implica algo importante: responsabilidad. A partir de ahora no

podremos decir que el protegido ha ido por éste u otro sitio “por su

culpa”, aunque en la mayoría de las ocasiones, realmente, así sea.

Debemos tener la capacidad -y la autoridad- para modificar rutas,

cambiar ubicaciones y alterar recorridos. Esto, lógicamente, es más o

menos fácil cuando el protegido decide dar un paseo todas las tardes,

pero es más difícil de conseguir cuando debemos hacer la escolta sobre

un determinado trazado con multitud de gente que ha sido previsto con

antelación semanas, cuando no meses, atrás.

Por ello, otro de los aspectos importantes del escolta es que ha de ser

flexible. Y, por ello también, es muy importante que sepa analizar, en

minutos (¡o segundos incluso!) la situación que le rodea y que rodea a su

protegido: posibles zonas de evacuación, peligros inminentes, zonas de

paso más seguras… a veces solo tendremos unos minutos para decidir

todo esto, y es nuestra experiencia, junto con nuestra profesionalidad, la

que nos ayudará a salir airosos.


Todo ello, además, debe hacerse de modo “transparente” para el

protegido, sin que nada le afecte o, cuanto menos, le afecte lo más

mínimo. Es lo que se denomina “intervención silenciosa”, una especie de

vigilancia latente que nunca debemos aletargar y, también, nunca

debemos hacer evidente.

No obstante, en muchas ocasiones no tendremos la capacidad (ni la

autoridad moral, no ya profesional) de modificar su agenda o sus

compromisos. Ante ello debemos actuar intentando haber preparado el

terreno mucho antes (esto es posible en muchos casos, ya que los

compromisos de muchas autoridades han sido pactados bastante tiempo

antes). Pero incluso eso es menos importante, a veces el peligro lo

tenemos nada más salir a la puerta de casa, y si modificamos esa parte

podemos haberle salvado la vida, aún sin nosotros llegar a saberlo nunca.

escolta en la calle
Este es un buen momento para recordar que toda esta serie de libros de

“Técnicas de Seguimiento” se basan, como su aspecto primordial, en

técnicas a pie. Para automóvil y en diferentes circunstancias existen otro

tipo de técnicas específicas, las cuales no son cometido abordar en esta

colección.

También he de señalar que, por la propia filosofía de estos manuales,

sólo se incluyen en los mismos unas “pautas de actuación”, unos puntos

principales y primordiales, ya que el desarrollo completo de la temática

de seguimiento daría para un volumen mucho más amplio y profundo.

Dicho todo lo anterior, abordaremos ahora un aspecto puramente técnico

y de actuación: la protección en la calle.

Ya hemos dicho que lo principal para un escolta (y para la buena salud

física y mental de su protegido) es que no se note su intervención, que

sea totalmente transparente pero, a la vez, totalmente eficaz. Conjugar

ambos aspectos es algo para lo que no todos están preparados, y que,

también, no todos se ven capaces de hacer. Aún así es primordial, porque

de lo contrario encerraremos a nuestro protegido en una especie de urna

de cristal que, irónicamente, le otorga una protección falsa, ya que un


simple disparo de un desconocido en la nuca, que nos salga por cualquier

esquina, puede acabar con todo al traste. Es importante no olvidar que

somos nosotros los que debemos estar siempre en alerta, precavidos, y en

tensión, pero no podemos trasladar todo ello a nuestro protegido porque

ni ése es su papel, ni su profesión, ni, seguramente, está preparado para

hacerlo correctamente.

Si al escolta le pueden los nervios, la tensión y el miedo, es su problema.

Su único y exclusivo problema, y si no puede con la situación o ésta le

supera es cuando debe contemplar, seriamente, el abandonar y dejar que

ocupe su puesto alguien mejor. No es el primer caso de escolta

“quemado” que se da, ya que ésta es una profesión en la que el descanso

no siempre se consigue, en donde dormir, a veces, cuesta muchísimo y

en donde nuestra vida pasa en un milisegundo por el filo de la navaja, ¡y

a veces durante varios días a la semana!

Existen varias técnicas básicas de escoltar a una persona. Tocaremos por

alto alguna de ellas, no sin antes recordar que esto ni es “norma de ley”

ni siempre lo más eficaz, sino, simplemente, un “abecedario básico” que


todo buen escolta debería saber contemplar.

Escolta en calles de población.

Habitualmente los escoltas protegen a su defendido poniéndose detrás de

él, caminando a una distancia prudencial (más lejos cuando hay más

espacio, menos cuando la situación es más abierta o hay más gente) del

mismo. Si van por parejas uno se colocará a su parte izquierda, y el otro

se colocará a su derecha.

En el presente manual actuaremos siempre como si hubiera un único

escolta, ya que es la labor más difícil y donde podremos cometer los

mayores fallos, puesto que cuando hay dos escoltas siempre podremos

contar con el compañero/s.

Si nos situásemos hacia la derecha, en la zona donde están los edificios y

comercios, fácilmente podríamos quedar sin salida, acortando no sólo

nuestras opciones y vías de escape, sino nuestra movilidad.


Desde donde nosotros estamos podremos ver tanto el tráfico como lo que

se acerca por delante a nuestro protegido, así como el interior de tiendas

y portales.

Podremos avanzar, además, fácilmente hacia nuestro protegido, así como

actuar sobre un campo mayor de terreno. Si ocurre algún incidente,

tendremos más facilidad para refugiar a nuestro protegido hacia los

edificios.

Algunos profesionales estiman que la mejor forma de proteger en uno de

los puntos más sensibles a un individuo, como es la salida a la calle (en

un auto, o en un local, tenemos más flexibilidad y podremos controlar

más puntos y zonas), sin llamar en exceso la atención, es con cuatro

escoltas. Dos se situarían por delante, y otros dos por detrás, todos ellos

en los flancos. Los de delante “limpiarán” el camino y preservarán de los

peligros, mientras que los detrás actuarán de apoyo y evitarán

acercamientos por sorpresa. Así es como salen a la calle alguna que otra
estrella del pop y del cine.

Sin embargo incluso así es bastante “fácil” actuar contra el protegido, o,

incluso, capturarlo. En una ocasión un tipo esperaba en un portal,

mientras que, en frente, y con la puerta corrediza de una furgoneta

abierta, su cómplice esperaba mirando por el espejo retrovisor. A una

señal, el sujeto del portal avanzó como un vendaval “cogiendo”

brutalmente a su paso al protegido, y arrojándose luego ambos, tirándose,

sobre la furgoneta abierta.

Otra variante es cuando va uno, o un par, de escoltas “limpiando” la

zona: contenedores, papeleras… incluso cloacas y bocas de riego y

eléctricas. Esto se suele hacer ante el paso de comitivas muy importantes,

tras lo cual se quedan soldadas para que no vuelvan a abrirse. El efectuar

esta tarea se mostró una práctica muy eficiente cuando podemos contar

con importantes recursos y una cantidad considerable de policías

expertos, así como agentes de todo tipo. Sin embargo, es totalmente

inservible cuando se realiza a la par que aparece el sujeto, poniendo a


uno o dos guardaespaldas a “mirar cosas”: extrañamente puedan tener el

tiempo suficiente para considerar que cualquier bolsa es un artefacto

explosivo y, en caso de serlo, el terrorista, hábilmente apostado a

prudente distancia, podría hacerla explotar consiguiendo, muy

probablemente, herir a nuestro protegido.

Por ello, lo mejor para estos casos es modificar rutas (¡incluso sobre la

marcha!), por muy preferida que sea determinado trazado para nuestro

protegido, o mucho cariño o preferencia que tenga por determinada calle.

- Escolta en el sitio de trabajo y hogar de su protegido.

Deberemos tomar imágenes de todos y cada uno de los vehículos

aparcados en la zona donde trabaja nuestro protegido, así como de su

hogar - ¡u hogares! -, sus matrículas, viviendas adyacentes, caminos,

calles, arbolado, etc. etc., y repasarlo diariamente. Mantendremos

también un histórico de todo ello, investigando la aparición de nuevos

vehículos o personas ajenas al lugar, ¡no es la primera vez que un

terrorista sorprende “inocentemente” poniendo un arma bomba en el


mismo lugar de residencia!

El tránsito de personas también es una de las tareas que debemos

controlar, todo ello, a veces roza la ilegalidad (también muchos otros

actos de espionaje…), por lo que deberemos tener especial cuidado con

ello. Asimismo, papeleras, contenedores de basura (¡y su posible

modificación o alteración!, etc. etc.).

Esta es una labor metódica, que, la mayoría de las veces, solo nos

ofrecerá la llamada “información basura”, pero de vital importancia si

llegamos a dar en el clavo. Por todo ello es importante apoyarse en la

informática: existen programas que facilitan enormemente esta labor,

ahorrándonos horas y horas de tediosas tareas de visionado, como se

hacía antiguamente.

Lógicamente, toda esta información se almacenará en el ordenador “off-

line”, haciendo copias de seguridad en discos duros externos, si lo

creemos necesario.

Con ello podremos saber si determinado contenedor de basura, por

ejemplo, lo mueve hasta nuestro portal un basurero X que pasa los


miércoles por la calle, o, por el contrario, lo han movido expresamente

cerca de nuestro portal o coche. Si es en éste último caso, seremos

nosotros quienes salgamos primero, llevemos de nuevo el contenedor

hasta su ubicación original y solamente después vayamos a buscar al

protegido. De forma similar obraremos con todo lo demás que se salga

de la “normalidad”.

- Escolta a la salida y entrada del sujeto.

Existen personal de escolta que, al salir el protegido de un determinado

local, restaurante, de su casa o de su oficina, comienzan a mirar

nerviosamente arriba y abajo, a uno u otro lado, de tal forma que lo

miran todo menos, quizá, el francotirador que está apostado algunos

metros por encima de ellos.

En las academias y centros de formación se centran, sobre todo, en la

cualidad no tanto de ver, sino de observar. Debemos comparar la

situación global tal como estaba hace unos minutos y cómo está ahora, y

lo mejor no es salir a la par de nuestro protegido cogiéndolo del brazo,


atosigándolo y atosigándonos a nosotros mismos, sino tomarnos nuestro

tiempo, salir antes, y, luego, avanzar con nuestro protegido.

En locales y sitios cerrados, en cualquier caso, saldremos nosotros

primero, y nuestro protegido detrás. Sólo nos colocaremos detrás de

nuestro protegido una vez éste inicie la marcha para caminar, y nunca si

ésta marcha la inicia para llegar al coche.

Uno de los puntos donde suelen aprovechar los sujetos para dañar a sus

víctimas es precisamente en las aglomeraciones de la salida de los

locales. Allí, muchas escuelas de escoltas, erróneamente, ordenan a sus

profesionales colocarse delante y abrirles la puerta del auto. Eso no es

tarea de un escolta, debe ser otra persona la encargada de hacerlo. En

estas situaciones las personas forman un pasillo a derecha e izquierda, y

es en uno de esos flancos donde un terrorista se suele apostar con un

arma al frente para disparar. Debemos colocarnos a un lado, de manera

que, extendiendo simplemente un brazo, eliminaremos a nuestro

protegido de la línea de disparo y, a la vez, posibilitemos todo el campo

libre para poder nosotros actuar. Esto debe practicarse asiduamente en


entrenamiento, ya que es un acto reflejo y debe hacerse de manera

inmediata.

Éste es el cometido que hace en esas situaciones el personal de seguridad

privada o los agentes locales de policía, pero éstos no tienen la suficiente

sensibilidad ni rapidez para obrar con la celeridad que requiere la

situación, por lo tanto lo mejor es que seamos nosotros mismos quienes

cumplamos ésa labor.

Con respecto a la entrada, actuaremos igual.

Otro punto conflictivo, y en el cual pocos especialistas se ponen de

acuerdo, es en evitar ataques de francotiradores. Lógicamente, si un

terrorista prepara muy bien este tipo de ataques estamos perdidos,

aunque los contra de hacerlo son de un riesgo tan elevado que,

afortunadamente, pocos lo hacen (es casi seguro que tras efectuar el

disparo el francotirador sea fácilmente detenido, además de la poca

seguridad de que dicho disparo cumpla su objetivo, por lo que la mayoría

de terroristas prefieren acercarse a más distancia, consiguiendo mucho


más eficazmente sus sangrientos fines).

Lo mejor sería “limpiar” previamente la zona con policía experimentada,

y, luego, mantenerla en ése estado mediante agentes y la imprescindible

ayuda de helicópteros volando a baja altitud. Lamentablemente, eso no es

siempre posible, por lo que las medidas a tomar serían:

- Acercar el coche blindado lo más posible a la puerta, de modo que el

espacio libre entre éste y la salida sea de apenas unos centímetros.

Para apoyar esta medida, además, una vez saldrá primero el escolta, otra,

unos agentes, otra, diferente personal, de manera que el francotirador no

tenga una certeza matemática de que tras determinada persona (o

determinado número de personas) pase su objetivo, y no pueda efectuar

un disparo “de memoria”. Como es sabido, ni siquiera en esto deberemos

mantener una rutina.

- El protegido entrará y saldrá del coche de la manera más rápida posible.

De modo que siempre tendrá que estar vacío el espacio del interior del

coche o del interior del local, y no tenga que esperar en mitad del

trayecto. Da igual la personalidad o el VIP que esté en el otro lado, esto


debe cumplirse siempre.

- El chofer, u otra persona, protegerá de visión directa desde abajo con

un paraguas todas las entradas y salidas, y no sólo la del protegido

En algunas galas, celebraciones y actos, se suele poner una marquesina,

que no sólo decora, sino que impide la visión de posibles francotiradores.

Para ello existen unas medidas estándar, que debemos hacer cumplir -

aunque de ello ya se encarga el personal de seguridad encargado de velar

por el acto-, y en donde la marquesina no debe ser muy alta (para evitar

líneas de disparo abiertas a los lados) ni estar muy retrasada con respecto

a la llegada de los autos (para evitar un espacio “delicado” entre la

marquesina y el mismo auto).

Además, el material que cubre la marquesina no ha de ser transparente y,

a poder ser, colores chillones. El exterior de la marquesina, si es de

noche, podrá cubrirse de negro para aumentar aún más su eficacia.

También se suelen disponer contra-francotiradores en puntos estratégicos


que deben, previamente, calificar el equipo de guardaespaldas. No

obstante esto no es siempre posible (depende de muchas cosas, entre

ellas los gastos que podemos hacer para cubrir determinado evento y la

preparación con la que contemos en cuanto a tiempo). Cuando

recurrimos a contra-francotiradores es conveniente apostar con ellos

personal de apoyo; en algunos manuales de terrorismo se sugiere la

estrategia de atacar al contra-francotirador (que suele estar solo)

disponiendo en su lugar luego un terrorista con su propia indumentaria

(ya que será mucho más fácil acceder al edificio del contra-

francotirador). Por lo tanto, si hacemos que el contra-francotirador vaya

apoyado también por otra persona armada que vigile no sólo los

alrededores, sino el lugar mismo, podremos prevenir atentados como

éste. Lógicamente, ello depende del personal que tengamos a nuestra

disposición y en muchos casos no es posible.

- Evitando sorpresas.

Cuando caminamos por una zona de arboleda, protegiendo a una persona

al paso, los manuales nos dicen que debemos evitar pasar cerca de los
árboles, en donde puede haber personas emboscadas.

Cuando nos atacan por detrás, el primer punto de atención en el que se

centra el terrorista somos nosotros: el objetivo no es tan importante,

porque pueden acabar con él de una forma u otra, pero los profesionales,

quien puede poner en peligro toda la operación, es el escolta. A veces se

tienda a proteger “en exceso” a nuestro cliente obviando esta máxima.

A nosotros se nos acercarán por detrás o a los lados, o, incluso, en coche

o en moto. Elegirán los lugares más propicios para ellos, donde podrán

huir mejor y donde los testigos sean mínimos: aparcamientos, zonas

aledañas de parques, jardines amplios con rincones sombríos… Etc.

En otras ocasiones es el guardaespaldas quienes les sorprenden a ellos, e,

incluso, se han dado casos de querer “pedirles la documentación”. No es

buena consejera el hacer de héroe en estos casos. Si el terrorista quiere

huir pongámosles un “puente de plata” y que se encarguen de él la

policía, ya que nosotros no tenemos -ni podemos, ya que nuestro

principal cometido es proteger a nuestro cliente- la capacidad ni los


medios para ello.

Pero, si por el contrario, son ellos quienes nos sorprenden a nosotros,

estamos acabados. Lo que buscan no es herirnos, lo que buscan es

matarnos. Saben que somos un “testigo vital” en la investigación, y nos

harán callar la boca. Y, luego, acabarán con nuestro protegido. ¿Qué le

decimos, por tanto, a nuestro protegido? ¿Qué evite los lugares

rutinarios, su bar preferido de las tardes, su rincón melancólico del

parque que le trae tantos recuerdos?

Si estamos escoltando a nuestro protegido, es fácil para un grupo

terrorista, relativamente, acabar con él y con nosotros por sorpresa, casi

al mismo tiempo. Pero ¿y si le protegemos mediante persecución

suprapanorámica? Los terroristas dudarán, el elemento sorpresa ya no lo

sería tanto, y, aunque consiguieran su objetivo, muy difícilmente

conseguirían salir airosos de la situación. Y eso es algo que les hará

sopesar muy mucho el hacerlo.


La protección más eficaz que un escolta puede hacer no es estar todo el

día sobre su protegido como una lapa, sino, siempre, elegir la manera

más eficaz de protección, dependiendo de la situación, la ubicación, la

oportunidad y las posibilidades reales de ataque; ahí es donde entra en

juego la habilidad de nosotros como profesionales. De otra forma no sólo

no realizaremos bien nuestra labor, poniendo en peligro su vida, sino

que, además, y “de regalo” para los terroristas, acabarán con un buen

escolta. No permitas que eso te ocurra.

- Vigilancia máxima al caminar.

Mientras el escolta (o escoltas) caminan con el protegido, deben

centrarse también en ir mirando los posibles refugios y parapetos que se

encuentran por el camino, los cuales utilizarán de forma inmediata en

caso de una agresión repentina.

Esto se hace mientras nos vamos desplazando, observando a la vez

potenciales peligros, que nos harán movernos a izquierda o derecha del

protegido, según de dónde provengan estos, sin olvidarnos de mirar


arriba buscando posibles amenazas (materiales que pueden caer,

francotiradores…), a nuestra espalda, a nuestros pies, y muchos metros

por delante nuestro.

Aunque es algo complicado obtener soltura para realizar todas estas

funciones mientras nos desplazamos, con la práctica se va adquiriendo

una cierta intuición que hará que todo ello aparezca casi por reflejo.

Además no debemos olvidar prestar atención a múltiples incidencias que

pueden ocurrir o estar en el camino, como charcos de barro, tapas de

alcantarillas abiertas, obras... que podrían dañar al protegido o hacer que

pase un momento bochornoso, lo cual entra dentro del papel de escolta

evitarle.

- Comportamiento ante manifestaciones, altercados y actos multitudinarios.

Obviamente, lo lógico sería evitarlos, de no ser posible, rodearlos,

eligiendo un trayecto alternativo. Cuando ni eso podemos hacer,


podemos entonces optar a que pasen y, si no es posible porque nos

hemos visto envueltos en uno, nos iremos colocando al final del mismo

para salir.

Siempre suelen haber grupúsculos conflictivos, que son quienes inician

las hostilidades y a los cuales debemos intenta esquivar. Se suelen

colocar a los flancos e inician incidentes tales como quemas de

contenedores, rotura de escaparates, etc. A ellos se dirigen los

antidisturbios, iniciando entonces una batalla campal. No debemos

dirigirnos a los antidisturbios porque nos confundirían seguramente con

ellos, al contrario, si nos vemos envueltos en uno de esos grupúsculos,

nos adentraremos en él como se ha mencionado anteriormente: hacia

atrás hasta salir. En este sentido también podemos elegir una calle

adyacente para huir por ella.

Respecto al escolta, se mantendrá junto al protegido en todo momento,

no interviniendo en las reyertas que se produzcan y tratando de preservar

la integridad de su cliente. Si es necesario, le cogeremos de la mano o del

brazo para guiarle, apartando a los que se interpongan sin brusquedad


pero firmemente y de manera decidida.

Centros comerciales y lugares de ocio.

Una de las mayores contradicciones para el escolta es tener que realizar

su trabajo viendo como los demás se divierten, es más, mientras su

propio cliente se está divirtiendo. Y no solo por el hecho en sí, sino por

tener que verse obligado a minimizar aún más su afán protector. Para que

su labor no resulte tan ingrata y, a veces, exasperante, es crucial la

colaboración del protegido. No obstante es bastante lógico que esto en

muchas ocasiones no ocurra, y es entonces cuando nos vemos obligados

a hacer uso de todos los recursos a nuestra disposición.

El cliente creerá, obviamente, que esta vez, como todas las anteriores, no

ocurrirá nada. Bien, eso es bueno. Pero por si acaso ocurre algo es para

lo que estamos nosotros.

Lo malo es que también depende mucho de la edad que tenga nuestro

protegido, como este sea un adolescente podeos acabar la noche como

niñeras, no solo de él, sino de los demás miembros de su panda y amigos.


Lo bueno sería que, por lo menos, nuestro cliente no bebiera a alcohol: si

ya es complicado proteger a alguien así, mucho mas lo es si además

tenemos que vigilarlo borracho.

Hay cosas que se deberían dejar claras a nuestros protegidos, como es

este tema de las drogas, pero, aún así, no siempre nos van a hacer caso.

Si esta borracho y es difícil de controlar podremos optar por meterlo en

el coche y llevarlo a casa sin contemplaciones. Da igual que nos amenace

con despedirnos o denunciarnos, siempre es mejor perder un trabajo que

perder un cliente por haber hecho mal nuestro cometido.

Lo que no debemos hacer es, por mucho que nos enfademos, dejarlo solo

e irnos. Siempre le devolveremos sano y salvo a su casa y, una vez en

ella, podremos tomar las decisiones extremas que nos plazcan.

Insistiremos siempre, eso si, para que no vaya a los mismos lugares a la

misma hora, y pondremos especial hincapié en facilitar que su protección

no signifique un agobio. Recordemos que él se está divirtiendo.

Prestaremos especial atención a las personas, sobre todo desconocidas,

que conoce y se encuentra, recordando sus rasgos faciales e, incluso,


tomándoles fotos con las técnicas que deberíamos ya dominar. Dichas

fotos las incorporaremos a su dossier personal junto con el día y la hora

(nota: la creación y mantenimiento de tales dossieres esté prohibido en

muchos países).

Llevaremos un recuento de los sitios que visita, sus propietarios, fecha de

apertura y todo lo que nos pueda ser útil (esto es importante en

determinadas zonas donde los grupos terroristas poseen una amplias

raíces sociales).

En su caso, le convenceremos para que tenga un número de teléfono

"basura", que facilitará a todos sus amigos esporádicos o contactos de

una noche, lo mismo con direcciones de correo electrónico, que, además,

deberá poseer configuración de alta seguridad.

Aunque todos sepan que eres su escolta, el te presentará, siempre que lo

haga, como un amigo, enfatizando que eres su amigo "callado y tímido".

Ya habrá tiempo para que descubran la realidad después.


No confraternices con sus nuevas amistades, ni con sus amigos de toda la

vida. Es mejor pasar por un ser huraño y distante que no por un detective

de novela policíaca, cuyo papel no solo no te corresponde sino que,

además, no podrías utilizar llegado el caso.

Es muy tentador, a veces, querer participar de las discusiones y

conversaciones de sus amigos, sin embargo no debes olvidar que esos no

son tus amigos y que cualquiera de ellos podría convertirse en un soplón

de lo que digas. No caigas en la antigua trampa de querer ser la estrella

de la reunión. Y, si te embaucan, recurre a las "Técnicas de Distracción".

En las tiendas y centros comerciales donde salga de compras acompáñale

hasta la caja, y ponte entre el y el cliente siguiente. Despreocúpate de lo

que compre, de quien llene las bolsas o del dinero: ocúpate solo de su

seguridad. Así le ayudarás a que actúe siempre con naturalidad y como si

tú no estuvieras.

Podéis elegir, antes de salir, un lugar de reunión en caso de extrema

necesidad y de que ocurra algo que obligue a separaros. Dicho lugar


deberá ser público, preferentemente, y estar abierto hasta altas horas. El

hall de un centro comercial o determinado restaurante del mismo centro

es un buen lugar. Deberás elegir un lugar discreto en el que pueda ver sin

ser visto por todo el que pase y que, además, pueda ser vigilado todo el

tiempo por camareros, trabajadores, etc.

Recuerda, por último, que en la calle es vital que conozcas la multitud de

técnicas de seguimiento para que puedas contrarrestarlas. Los terroristas

no te van a dar tregua, aunque estéis en un pueblo o ciudad. No les des tu

tampoco tregua a ellos.

Acercamiento a fans y periodistas, peticiones de entrevistas y autografos.

Lo mas lógico, lo más seguro y lo más normal es que las entrevistas que

conceda el protegido las realice en sitios seguros, previamente analizados

por nosotros y a periodistas de los que nos hayamos asegurado tanto su

acreditación como identificación. Pero en algunos momentos esto no es

posible. Cada vez más programas de televisión envían a reporteros

audaces y astutos a colarse entre la masa de gente para que el VIP le


responda a un par de preguntas, o le salude. Si es esto último puede

saludar a distancia, pero, otras veces, el protegido insiste en acercase al

público para firmar algún autógrafo o responder a sus preguntas.

En tales casos extremaremos la precaución al máximo, los escoltas,

entonces, se acercarán al protegido, formando en torno suyo una célula

de seguridad, e interponiéndose entre el protegido y los extraños, dejando

el hueco mínimo imprescindible para que el VIP conteste al periodista o

firme el autógrafo. Si el protegido se traslada firmando a la masa de

gente, los escoltas se trasladarán con él.

Sería conveniente, también, que uno de los escoltas (o el propio

protegido) llevase consigo un bolígrafo o rotulador, que es el que

utilizaría el protegido para firmar el autógrafo. Asimismo, el cuarderno

(u objeto) sobre el que firme se dejará que lo sostenga el propio fan

alargando la mano (si no podemos mantenerlo alejado) o, en su caso, uno

de los escoltas.