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Gerchunoff y Torre

Antes que nada: Recordar que es un texto escrito en 1996, no extender a toda la década.

El pensamiento neoliberal conllevaba reformas económicas estructurales. Este tuvo consenso


dentro de las instituciones latinoamericanas y, particularmente, las argentinas. Esto debido a lo
permeable que estas eran a la inclinación ideológica de las entidades financieras
internacionales. La relación con estas últimas deriva, no solo por un consenso en la
intelectualidad, sino también por el endeudamiento que contraen los países latinoamericanos
con aspiraciones de desarrollo con estas entidades.

Men*m lanza reformas estructurales al arribar al poder y con ellas llega la transformación
económica. Estas están signadas por dos factores. El primero es la explosión hiperinflacionaria
de mayo y agosto de 1989: en donde la alta deuda externa, la situación fiscal adversa, y la
incertidumbre por las elecciones desató una huida hacia el dólar, provocando una devaluación
del peso del 2500% y una inflación llegó a un 200% en julio.

Ante este panorama, Menem decide abandonar el programa populista con el que asumió para
acatar uno neoliberal, consiguiendo la aprobación de los principales agentes económicos. Y
aquí aparece el segundo factor, el del problema de credibilidad, dado el cambio fundamentos
políticos, abandonando las banderas clásicas del peronismo –así como el acompañamiento de
peronistas lo que refiere al área económica- y oponiéndose al programa por el cual fue electo.

Los recursos institucionales para las reformas consiguieron en un muy corto lapso de tiempo.
Estos son, por un lado, la Ley de emergencia económica que suspendía los regímenes de
promoción industrial, regional y de exportaciones y las preferencias que beneficiaban a las
manufacturas nacionales en las compras del estado; también se autorizó el licenciamiento a
empleados públicos y se terminó con los salarios privilegiados en la administración. Por otro
lado, la Ley de reforma del Estado, posibilitaba la privatización d empresas públicas. Sumado a
esto, se expandió la corte suprema de 5 a 9, en donde Menem se aseguró un respaldo judicial.

Del mismo modo, otros componentes embrionarios de las reformas fueron el descreimiento de
gran parte de la población a las instituciones económicas, debido a la escalada
hiperinflacionaria, lo que permitió el gran giro ideológico del gobierno y la aplicación de
medidas profundas pese a sus costos. Gerchunoff se explaya en que las reformas –en general-
son difíciles de aplicar, dado a que tiene que poseer un objetivo de solucionar un problema
muy sensible en le sociedad. Es decir, debe haber un fin futuro por el cual la sociedad acepte
pagar sus costos hoy; a su vez, es necesario que exista para poder compensar los costos
políticos de los sacrificios de las reformas.

El giro hacia una liberalización económica fue con el intento de apalear la crisis fiscal y para
ganar reputación en la comunidad de negocios. Así, el abandono de las banderas del
peronismo y optar por las del neoliberalismo se dio sin costo electoral, dado a que no hubo
alternativas políticas que puedan canalizar el sector disconforme del movimiento peronista;
entonces, logró fusionar el peronismo con los núcleos más poderosos del poder económico.

Las reformas estructurales fueron, por una parte, las privatizaciones de empresas públicas.
Estas fueron aceptadas por el deterioro de los servicios prestados por las empresas estatales.
Las nuevas empresas privadas, paradójicamente al argumento de que el mercado es el mejor
regulador, operaron en un marco regulatorio que le permitía ser monopólicas, sin siquiera
contar con agencias regulatorias.

Por otra parte, la reforma comercial, con la que se redujeron las barreras arancelarias a los
productos importados. En un momento se planteó con cierto gradualismo, pero ya en 1990 –
entre marchas y contramarchas- las barreras habían sido casi eliminadas, aligerado por la
sublevación a la comunidad financiera local o global. Estas reformas no fueron compensadas
con políticas complementarias, repercutiendo en cierre de empresas, generando dependencia.

Otra reforma fue la tributaria, que buscaba equilibrar el déficit fiscal, mediante tres cambios
principales. Estos fueron, en primer término, la concentración de la estructura impositiva en
pocos impuestos, sobre todo al valor agregado y ganancias; en segundo lugar, la ley de
emergencia económica, de la que me explaye en un comienzo, dado se dejó de eximir de
impuesto a ciertas industrias; por último, una ley penal tributaria aumentaba los riesgos de
evadir impuestos.

Estas tres reformas (privatizaciones, comercial y tributaria) se enmarcaban en un discurso,


como dije más arriba, responde a una ideología neoliberal; sosteniendo premisas como la
necesidad de un “orden económico más centrado en el Estado” y de la “apertura al comercio
internacional”. Estas fueron realizadas como único recurso posible para salir de la crisis, que
junto a la habilidad política de Menem, permitieron que el peronismo no se oponga a
aplicarlas. A su vez, el presidente acordó con las grandes empresas argentinas afectadas con la
apertura comercial, para que sean beneficiadas con las privatizaciones, recolectando apoyos.

En 1990, se comienza a aplicar una política monetaria restrictiva, con el objetivo de contener la
hiperinflación. Esta fue posible porque antes se aplicó un esquema de flotación libre y porque
los pagos gubernamentales se redujeron al nivel estricto de los recursos fiscales. Luego de
aplicarla, se eliminaron las restricciones a movimientos de capitales –sea nacional o extranjero-
y se facilitó la remisión de utilidades al exterior. Esta política, si bien logro frenar la inflación
trajo recesión, generando tensiones con los actores económicos.

Sólo con la Ley de Convertibilidad (debe considerarse una cuarta reforma estructural),
impulsada por Cavallo –ministro de economía- en 1991, la que logró encausar la economía
hacia la estabilidad. Esta creó una moneda convertible en relación 1:1 con el dólar, prohibiendo
cualquier emisión sin contar de respaldo de divisas en el Banco Central, volviendo a este una
mera caja de conversión. Logró estabilizar los mercados financieros y la inflación logró
descender gradualmente. Los logros, permitieron el otorgamiento de un crédito del FMI y la
renegociación del plan Brandy. Políticamente, significó tomar el control de la economía y la
política.

Esta situación de estabilidad monetaria y cambiaria, y el acatamiento a las reformas que el FMI
y el Banco Mundial impulsaban; atrajo capitales externos y un reflujo de capitales argentinos
en el exterior. A su vez, se fijó una estructura de precios relativos que iban en detrimento de los
productos nacionales, favoreciendo a los importados y generando un déficit comercial. Esto
último, incentivaba el consumo de amplias capas sociales, deteriorando el ahorro. Esta etapa
de expansión duraría cuatro años.
Entre el 91y el 94 el PIB aumentó 7,7 %, sobre todo por consumo, que logró un superávit
debido a los impuestos al consumo. A su vez, no mejoró la distribución del ingreso y hubo una
caída del 10% de los salarios reales y un crecimiento de la desocupación. Al mismo tiempo, los
índices del desempeño económico eran positivos y la balanza de pagos se estabilizó con los
fondos externos.

Gerchunoff diferencia la forma de actuar con problemas apremiantes, que son los que se
imponen en las crisis y llaman a la improvisación para poder sortearlos y a los problemas
escogidos, que son lo que se elige atender. Es aquí que el autor entiende que en el régimen de
convertibilidad se está fuera de un período de crisis que se pueden elegir los temas a tratar.
Esta nueva situación, trae consigo la posibilidad de rediseñar las reformas, como es el caso de
las privatizaciones, que en la segunda ola, se les dio acciones de las nuevas empresas a
trabajadores y facilidades a que sindicatos compren activos estatales; o de las exportaciones,
donde reaparecieron estímulos fiscales para una mayor competitividad de las empresas. A su
vez, en este período de bonanza donde parecía haberse conseguido el fin que perseguían las
reformas, generó mayores articulaciones políticas, lo que llevó a salvaguardar la coalición de
gobierno, reviendo las políticas de ajuste.

Es aquí que aparece el plan de reforma del sistema de seguridad social, que buscaba que sea
por medio de cuentas de ahorros individuales. La ley tuvo dos efectos: el de incrementar los
problemas financieros del anterior plan de seguridad social al nuevo, y mejoró la solvencia de
las finanzas públicas a largo plazo. Al mismo tiempo, siguiendo con esta segunda ola de
privatizaciones, llegó el turno de YPF, mediante la venta parcial y luego final – en 1993-,
reformando el mercado de hidrocarburos. En este caso, el dinero de la venta se destinó a pagar
deuda con los jubilados.

El nuevo período postconvertivilidad, abre también una nueva relación con los sindicatos. Estos
últimos fueron perdiendo capacidad de movilización y prefirieron optar por una negociación
corporativa. Algo que viró nuevamente en el 92 con el anuncio de reformas en la negociación
colectiva que volvieron al paro., o que lo obligaron a volver atrás. Otro hecho ilustrativo de esta
nueva etapa es el Pacto Fiscal, que proveía de mayores fondos coparticipables a las provincias.

La reedición de las reformas, con vistas a sostener la alianza de gobierno, dio sus frutos en las
elecciones de 1993, aunque demostraron una gran disconformidad.

En 1994, las altas tasas internacionales y la devaluación mexicana decantaron en un


desaceleramiento de la economía, generando debilidades en dos dimensiones: la fisca –
estancamiento de la recaudación- y la externa –el temor de que la Argentina copie a México,
provocó una salida de activos financieros, desencadenando más intereses y una crisis recesiva.

Este panorama, sumado a la baja en el consumo y la inversión, llevó a una crisis de liquidez
para sostener el Régimen de convertibilidad. El PBI descendió, el desempleo creció al 18%,
había una insolvencia de los bancos. La economía entraba en recesión por causa del cambio
fijo. Se enfrentaban a dos problemas que este tipo de cambio acarrea. El primero el de la
fragilidad del sistema financiero, fue resuelto por el Banco Central, conteniendo las corridas. El
segundo, el de cómo ajustar los precios relativos, dio más complicaciones.