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PROBLEMÁTICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES

El éxito casi indiscutible que han tenido y de alguna forma tienen, las ciencias naturales,
especialmente la física, ha generado la idea de que sus métodos deben ser considerados cómo
los únicos con status científico. Para muchos epistemólogos, especialmente los más
tradicionales, las ciencias sociales o humanas, carecerían o no habrían llegado aún, a dicho
estatuto, por cuanto no les ha sido posible alcanzar unanimidad metodológica.

Para Esther Diaz (1989, pág. 157) existen tres posiciones divergentes respecto de las ciencias
sociales:

* Se las niega como ciencia.

* Se las acepta como ciencia, pero se les exige que adecuen su método al de las ciencias
naturales.

* Se las acepta como ciencia teniendo en cuenta su problemática específica o no se entra en la


discusión.

Muy brevemente debemos decir que las dos primeras posiciones le exigen a las ciencias
sociales que "cumplan" con los requisitos metodológicos que se postulan para el conocimiento
de la realidad del mundo físico, especialmente formulación de leyes y contrastación empírica.

La negativa en reconocer el estatuto de ciencia para las disciplinas que estudian el mundo social
y humano proviene del ideal de unificar el conjunto de las ciencias bajo el sello del método físico-
matemático, ideal positivista heredado del pensamiento del siglo XIX.

La tercera posición tiene entre sus representantes, a aquellos que consideran que las ciencias
sociales han alcanzado grandes logros, los cuales no tienen que ver con la exactitud propia de
las ciencias duras, pero sí con la rigurosidad; no se agrupan bajo un único método, porque su
objeto, el hombre, no es un ser meramente biológico o determinado por leyes naturales, sino que
es un ser inserto en una trama cultural y simbólica del que es productor y producto.

El Hombre tiene lenguaje, manifiesta de múltiples formas sus deseos, se relaciona con otros
hombres en la construcción de sus condiciones de vida, por ello, concebir el conocimiento de
estas producciones como una simple relación entre sujeto y objeto, podría ser útil para las
ciencias naturales, pero no lo es sin dudas para las ciencias sociales. No podemos dejar de
considerar que en esta relación de conocimiento, el científico no puede sostener la misma
distancia con su objeto de estudio, que es en realidad un sujeto, como aparentemente lo hacen
las ciencias naturales. Cuando el objeto es otro hombre la relación no es ni imparcial ni
transparente. Si el problema de la objetividad científica ha sido fuente de numerosas discusiones
entre las corrientes epistemológicas, se torna aún más complejo, en el caso de las ciencias
sociales.

Si tomamos como fuente de reflexión sobre estas cuestiones a una disciplina eminentemente
cualitativa como la Antropología Social, podría resultar más clara la imposibilidad de insistir en
un criterio de cientificidad al estilo de las Ciencias Naturales o Físicas. La propuesta de
reintegrar la Antropología al campo de las Humanidades, implica centrar la atención no en la
conducta observable sino en los significados subjetivos que los propios actores les dan a sus
acciones, esto es, buscar la comprensión de los fenómenos y no aspirar a su explicación a partir
de la formulación de leyes causales.
Esta propuesta de una Ciencia Social interpretativa, se funda entre otras cosas, en la
especificidad del objeto de estudio, en contraposición a los objetos de estudio que encontramos
en la naturaleza.

"La vida humana como objeto de estudio se caracteriza por su autoconciencia, por ser reflexivo,
creativo, por imputarle intencionalidad, propósito y significado a sus actos. En síntesis, la vida
humana conforma un fenómeno de estudio cuyas dimensiones son totalmente diferentes a
cualquier otro objeto de la naturaleza y, por lo tanto, no está sujeto a leyes naturales" (Falomir,
R. 1991, pág. 37).

Dos cuestiones deben ser resaltadas; una se refiere al objeto de estudio de estas disciplinas,
formulado no en términos de fenómenos observables, sino de la comprensión de categorías de
comportamiento subjetivo, y la otra, a la dificultad epistemológica derivada de este objeto de
estudio, es decir, la similitud entre objeto y sujeto de estudio. Ambas se relacionan con el
problema de la objetividad del conocimiento en Ciencias Sociales.

A modo de síntesis queremos resaltar los siguientes puntos de la discusión acerca de la


cientificidad de las disciplinas sociales:

* la discusión sobre la cientificidad de estas disciplinas, entre las que se cuentan la antropología,
la sociología y la historia, entre otras, sólo es posible si partimos del reconocimiento de la
singularidad y especificidad de sus objetos de estudio.

* el punto más problemático es el que se refiere a las relaciones entre la interpretación que
remite a la singularidad del fenómeno y la teoría que remite a la generalidad. Estos procesos no
son excluyentes, por el contrario, deben entenderse como la búsqueda del sentido existente
(mediado por la construcción teórica) y no del sentido "creado" por quien investiga.

* la interpretación de lo singular sólo adquiere sentido en el contexto de una explicación general,


contexto teórico mayor, aspecto éste relacionado con el punto anterior.

Si nos referimos a los métodos, lo propio de las ciencias sociales es la pluralidad y la


convergencia metodológica, con el fin de alcanzar distintos puntos de vista sobre el mismo
objeto y partiendo de diversas fuentes de conocimiento. (Vasilachis, 1993, pág. 15)

Si nos referimos a los paradigmas en las ciencias sociales, lo característico de estas, es también
la convergencia y la simultaneidad (no la sustitución de paradigmas como sostenía Kuhn). Si
bien es posible atribuir un momento histórico de surgimiento y consolidación respecto de un
determinado paradigma, la aparición de paradigmas alternativos a los dominantes, no conlleva la
sustitución o eliminación de los mismos.

"Podemos sostener que el tipo de acumulación que se da en el conocimiento sociológico es


predominantemente, de tipo intraparadigmático y que las discontinuidades que se observan no
son signos de falta de progreso o del desarrollo de esta disciplina, sino muestras evidentes de
un tipo de desarrollo diferente al propuesto por el modelo de conocimiento aplicable a las
ciencias naturales" (Vasilachis, 1993, pág. 25).

(fuente: ‘Ciencia, Investigación y Sociedad’ de Patricia Sorokin. Argentina).