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Supertoci

Supertoci Judy Blume


Judy Blume
Ilustraciones de Asun Balzola
Peter se entera de que sus padres
van a tener otro hijo y le
preocupa que el bebé sea
tan pesado como Süpertoci,
su hermano pequeño.
Y, por si eso fuera poco, sus padres
le informan de que han
decidido trasladarse a vivir
a otra ciudad durante un año.
Para Peter las cosas no pueden
estar peor.
JJ11.1J
ISBN 956 • �J� I'
AL�RA
INFANTIL
AL RA

Título original: SUPERFUDGE
©Del texto: 1980, Judy Blume
©De las ilustraciones: 1999, Asun Balzola
©De la traducción: 1996, Asun Balzola
©De esta edición:
Supertoci
Aguilar Chilena de Ediciones S.A.
Dr. Aníbal Ariztía 1444, Providencia Judy Blume
Santiago de Chile Asun Balzola
Ilustraciones de
ISBN: 956-239-151-5
Impreso en Chile/Printed in Chile
Primera edición en Chile: marzo de 2001
Novena edición en Chile: enero 2011
Diseño de la colección:
Manuel Estrada
Una editorial del grupo Santillana con sedes en:
España• Argentina•Bolivia•Brasil• Chile• Colombia•
Costa Rica•Ecuador•El Salvador• EE.UU.•Guatemala•
Honduras•México•Panamá•Paraguay•Perú•Portugal•
Puerto Rico•República Dominicana•Uruguay• Venezuela
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previo por escrito de la Editorial.
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·-
AL�RA

Para Larry,
porque sin él no existiría un Supertoci,
y para todos los lectores que me
pidieron que escribiera otro libro sobre él.
JI Capítulo 1
.
¿A que no lo adivinas, Peter?
..
No me iba mal por aquel entonces, hasta
que mi madre y mi padre soltaron la bomba...
¡Pumba! ¡Como si nada!
-Tenemos algo fantástico que contar­
te, Peter -me dijo mamá antes de cenar. Ella
estaba cortando zanahorias para la ensalada y
yo tomé una.
-¿El qué?-le pregunté.
Pensé que a lo mejor a papá le habían
hecho presidente de la agencia de publicidad
donde trabaja o que mi profe los habría llamado
diciendo que, aunque no tengo las mejores notas
de mi curso, soy el chico más listo de la clase.
-Vamos a tener un bebé -dijo mamá.
-Vais a... ¿qué?-le dije, y se me atra-
gantó lo que comía. Papá me dio unas palmadas
en la espalda y enseguida de mi boca volaron
pedacillos de zanahoria masticados, que fueron a
parar a la repisa de la cocina. Mamá los limpió
con un trapo.
-A tener un bebé -dijo papá.
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-Quieres decir que ... ¿estás embaraza­ otra vez a pasar por lo mismo: patadas, alaridos,
da? -le pregunté a mamá. porquerías, y muchas otras cosas por el estilo.
-Sí me contestó, palmeándose la tri­ Estaba tan rabioso que pegué una patada en la
pa-. Casi de cuatro meses. pared.
-¡Cuatro meses! ¡Hace cuatro meses Supertoci se dio la vuelta.
que lo sabes y no me habías dicho nada! -¡Hola, Peter! -me dijo, pronuncian­
-Queríamos estar seguros -dijo papá. do mi nombre con acento británico.
-¿ Y necesi tabais cuatro meses para -¡Eres un monstruo! -le chillé, y el
estar seguros? tío me tiró un montón de galletas encima.
-El ginecólogo me ha visto hoy por Me escapé a mi cuarto y di un portazo
segunda vez -dijo mamá-. El bebé llegará en tan fuerte que el mapamundi se cayó de la pared
febrero. -alargó la mano e intentó hacerme un y aterrizó en mi cama.
remolino en el pelo; pero me aparté antes de que Mi perro Tortuga soltó un ladrido. Abrí
me tocara. la puerta lo suficiente como para que pudiera
Papá destapó el puchero del fuego y em­ salir fuera de la habitación y volví a dar un por­
pezó a revolver el guisado. Mamá siguió cortan­ tazo cuando salió. Saqué del armario mi bolsa
do zanahorias. Ni que estuviéramos hablando del Adidas y vacié dos cajones .en ella.
tiempo. -Otro Supertoci -me dije-. Van a
-¿Cómo habéis podido?-grité-. ¿Có­ tener otro Supertoci.
mo? ¿Es qve con uno no tenemos bastante? Entonces llamaron a mi puerta. Era papá.
Mis padres me miraron. -Peter...
-Sí, ¡otro Supertoci! ¡Justo lo que esta -¡Márchate! -le dije.
familia necesita! -di media vuelta y me marché -Me gustaría hablar contigo -dijo.
corriendo. -¿De qué?-le contesté. Como si no
lo supiera.
Mi hermano Supertoci, que tiene cuatro -Del bebé.
años, estaba en la sala (Supertoci no es su nom­ -¿De qué bebé?
bre verdadero. Mis padres le empezaron a llamar -Ya sabes de qué bebé.
así desde que estaba en la cuna. Ellos decían que -No necesitamos a ningún otro bebé.
el pesado era tan dulce como el tocino de cielo). -Lo necesitemos o no, está por llegar
El tío estaba poniéndose ciego de galletas y se -dijo papá-. Así que mejor será que te vayas
reía como un lunático viendo Barrio Sésamo en acostumbrando a la idea.
la tele. Le miré y pensé que tendría que volver -¡Eso, nunca!
• Tocino de cielo: dulce elaborado con yemas de huevo y almíbar bien cuajados.
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-Bueno, ya hablaremos más tarde. Aho­ agua. Así que dejé mi bolsa Adictas, crucé el reci­
ra, lávate las manos que vamos a cenar. bidor y me fui al baño.
-No tengo hambre. Supertoci estaba en el lavabo, subido en
Cerré la-cremallera de mi bolsa, me pu­ su taburete y embadurnándose las manos con
se una cazadora y abrí la puerta. No había na­ tres palmos de espuma de jabón.
die. Crucé el recibidor y vi que mis padres esta­ -¡Hola, tú debes de ser Beto! -me di­
ban en la cocina. jo, imitando la voz de uno de los personajes de
-Me voy-les anuncié-. No voy a que­ Barrio Sésamo-. Yo me llamo Ernesto. Me ale­
darme aquí con los brazos cruzados esperando a gro de verte -y me ofreció una de sus manitas
que nazca otro Supertoci. Adiós. jabonosas.
No me moví.. Me quedé allí parado, espe­ -Súbete las mangas, que estás hecho
rando a ver qué hadan ellos. una porquería -le dije.
-Y, ¿adónde vas a ir? -me preguntó -Porquerías, porquerías... Me gusta ha­
mamá. Sacó cuatro platos del aparador y se los cer porquerías ---canturreó.
pasó a papá. -Ya lo sabemos; ya lo sabemos ... -le
-A casa de Jimmy Fargo -le contesté; dije. Puse las manos bajo el grifo y me las sequé
aunque la verdad es que hasta ese mismo mo­ en los vaqueros.
mento no se me había ocutr:ido pensarlo. Cuando nos sentamos a la mesa, Super­
-Su apartamento sólo tiene un dormito­ toci se acomodó en su silla. Como no le gustan
rio -dijo entonces mamá-. Vais a estar un poco los cojines, tiene que arrodillarse en la silla por­
apretados. que, si no, no llega a la mesa.
-Bueno, pues iré a casa de la abuela. -Peter no se ha lavado las manos con
Se pondrá muy contenta de verme. jabón -dijo-. Sólo con agua.
-La abuela ha ido a Boston a ver a la -Pedazo de ... -empecé a decir yo; pero
tía Linda. Supertoci ya estaba charlando con mi padre, tan
-¡Oh! contento.
-Así que, ¿por qué no te lavas las ma- -jHola! Yo me llamo Beto. Tú debes de
nos, cenas y luego piensas adónde irás? -dijo ser Ernesto, ¿no?
mamá. -Sí, claro -le contestó mi padre, si­
guiéndole la corriente-. ¿Qué tal estás, Beto?
Yo no quería admitir que tenía hambre, -Pues, hombre, te diré: el hígado se
pero sí la tenía; y, además, de la cocina salía un me está poniendo verde y se me están cayendo
olorcito riquísimo y se me estaba haciendo la boca las uñas de los pies.
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-Lo siento mucho, Beto -dijo mi pa­ -A, b, c, d, e, f, g, r, b, y, z...
dre-. ¡Mañana será otro día! -¿No hay nadie que le pare? -dije yo.
-Sí, eso -dijo Supertoci. Supertoci se quedó callado unos minu­
Me serví puré de patata en el plato y lue­ los, y después les preguntó:
go le eché encima un montón de salsa. -¿Cómo va a ser el bebé?
-¿Os acordáis de cuando le llevamos a -Esperemos que no sea como tú -le
Supertoci al «Paraíso de la Hamburguesa» y em­ contesté.
badurnó las paredes de puré de patata? -¿Por qué no? Yo era un niño muy bue­
-¿ Yo hice eso? -preguntó Supertoci no, ¿verdad, mamá?
muy interesado. -Eras un bebé muy particular, cielo
-Sí -le contesté-, y te tiraste un plato -dijo ella.
de guisantes por la cabeza. -¿Lo ves? Era un niño muy particular
Mi madre empezó a reírse. -me dijo Supertoci.
-No me acordaba para nada de ese día -Y Peter era un niño muy dulce -dijo
-dijo. mamá- y muy callado.
-¡Qué pena que no te acordaras de eso -Qué suerte que fui el primero porque,
antes de decidir tener otro bebé! -le dije. si no, a lo mejor no hubieras tenido más niños
-¿Bebé? -preguntó Supertoci. Papá y -le dije.
mamá se miraron el uno al otro y me di cuenta -¿Yo era un bebé callado? -preguntó
de que no le habían contado la buena nueva. Supertoci.
-Sí, vamos a tener un bebé -dijo mamá. -Yo no diría eso -le respondió papá.
-¿Mañana? -preguntó Supertoci. -¡Quiero ver al bebé! -dijo Supertoci.
-No, mañana no -contestó ella. -Ya lo verás.
-¿Cuándo, entonces? -preguntó Su- -¡Ahora!
pertoci muy interesado. -Ahora no puedes verle -dijo papá.
-En febrero -respondió papá. -¿Por qué?
-Enero, febrero, marzo, abril, mayo ... -Pues porque le llevo dentro -le aclaró
-recitó Supertoci. mamá.
-Vale, tío, vale -le dije-. Ya sabe- «Bueno», pensé, «aquí viene la gran pre­
mos que eres muy listo. gunta.» Cuando yo la hice, me regalaron un libro
-Diez, veinte, treinta, cuarenta, cin­ que se llama De dónde vienen los niños. «¿Qué le
cuenta... dirían papá y mamá a Supertoci?» Pues no le dije­
-¡Basta ya! -le grité. ron nada porque él no les hizo ninguna pregunta.
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En cambio, empezó a pegar con la cuchara en el -Pero tampoco tiene por qué no pare­
plato diciendo: cerse a él.
-¡Quiero ver al bebé! ¡Quiero ver al be­ Supertoci me dio un tirón en la pierna.
bé ahora! -Yo quiero que sea un bebé muy parti­
-Pues tendrás que esperar a febrero, cular. Como yo.
como todos -dijo papá. -Si creéis que va a dormir en mi cuar­
-¡Ahora! ¡Ahora! ¡Ahora! -chilló Su­ lo, estáis locos -les dije.
pertoci. -El bebé dormirá por aquí, en el come­
«Otros cinco años así», pensé. «Quizá dor -aclaró mamá.
más. Y quién me dice a mí que no les va a dar -¿Y dónde vamos a comer nosotros?
ahora por tener un hijo detrás de otro.» -Bueno, hombre, ya pensaremos en
-Perdón -me disculpé, mientras me algo.
levantaba de la mesa. Fui a la cocina y agarré mi Agarré mi bolsa otra vez e intenté qui­
bolsa Adidas. Después me quedé parado en la tarme a Supertoci de encima.
puerta-. Bueno, será mejor que me vaya -dije, -Vale, me quedo; pero si cuando lJe­
haciendo como un gesto de adiós. gue el bebé no me cae bien, me voy.
-¿Dónde va Peter? -preguntó enton­ -Yo también -dijo Supertoci-. Sam
ces Supertoci. ha tenid o un herm ano y huel e muy mal -se
-Me marcho -le contesté-; pero vol­ tapó la nariz-. ¡Puaj!
veré de visita... algún día. -¿ Quién quier e postr e? -pr egun tó
-¡No! ¡No te vayas, Peter! -Supertoci papá-. Hay flan de vainilla.
bajó de su silla de un salto y vino corriendo hacia -Yo quiero ... yo quiero -dijo Super­
mí; se agarró a mi pierna y empezó a berrear-: toci. Soltó mi pierna y volvió a su silla.
¡Peter! ¡Peter! ¡Llévame contigo! -¿ Y tú, Peter? -preguntó papá.
Intenté quitármele de encima, pero me -Cl aro, ¿por qué no? -y me senté
fue imposible. El tío es muy fuerte cuando quie­ otra vez a la mesa.
re. Eché una mirada a mis padres y luego a mi Mamá se acercó y me revolvió el pelo.
hermano, que me miró igual que mi perro Tortu­ Esta vez le dejé hacerlo.
ga cuando quiere una galleta.
-Si sólo supiera cómo va ser el bebé ...
-dije.
-Espera a verle, Peter. No tiene por qué
parecerse a Supertoci -me dijo papá.
rl Capítulo 2
«Cuchi, cuchi ... »
.. 19
En el autobús, Supertoci se fijó en una
señora embarazada y le espetó:
-Ya sé lo que llevas ahí y ya sé cómo
te lo metiste en la tripa.
. Y la señora se levantó y se fue a sentar a
otro sitio.
Se lo dijo también a la abuela, quien le
preguntó a mamá:
-Ann, ¿crees que es bueno que el niño
sepa tanto sobre el asunto?En mis tiempos ha­
blábamos de la cigüeña.
Antes de acabar la semana, Supertoci hi­ -¿Qué es una cigüeña?-preguntó Su-
zo la gran pregunta: pertoci.
-Mami, ¿cómo hizo el bebé para estar -Un pájaro grande -le contesté.
dentro de ti? -¿Como el de Barrio Sésamo?
Entonces mamá me pidió prestado el li­ -No, exactamente.
bro De dónde vienen los niños y se lo leyó. -Me gustan los pájaros. Cuando sea ma-
En cuanto mi hermano se enteró de cómo yor quiero ser pájaro -dijo.
estaban Jas cosas empezó a explicarle a todo el -Tú no puedes ser pájaro -le dijo la
mundo y con muchos detalles cómo mamá y pa­ abuela.
pá habían hecho el bebé. Se lo contó a Henry, el -¿Por qué no?
ascensorista de mi casa. -Porque eres un niño.
-Te viene un poco ancho el tema, chi­ -¿Y qué?-le contestó Supertoci, rién-
co -le dijo éste. dose como un loco y dando volteretas por el suelo.
Se lo contó a la cajera del supermerca­
do, y sus ojos se fueron abriendo más y más, Supertoci no dejó de hablar sobre el asun­
hasta que mamá le dijo a Supertoci: to, que se había convertido en su tema favorito. Se
-¡ Basta ya, cielo! lo contó a la profe de la guardería, que se quedó
-Pero, mamá, ¡ si me falta lo mejor! -le tan impresionada que llamó a mamá por teléfono
contestó mi hermano. para que fuera por allí, porque los niños tenían
-Peter -me dijo mamá-, hace mucho <.:antidad de preguntas que hacerle. Así que mamá
calor: ¿por qué no le sacas de aquí? fue y se lo pasó tan bien que se ofreció para venir
1ambién a mi cole. Le dije que ni hablar.
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Yo no le había dicho a nadie lo del bebé, nació mi hermana; justo cuando estábamos vien­
exceptuando a Jimmy Fargo, porque a él le cuento do las momias de las salas egipcias.
todo. Y también lo sabía Sheila Tubman, porque La llamaron Tamara Roxana, pero duran­
vive en nuestro bloque y se dio cuenta de que ma­ te varias semanas todo el mundo la llamó «El
má estaba embarazada. Bebé » : «El Bebé está llorando. » «El Bebé tiene
-Es un poco vieja para tener un niño, hambre. » «Calla, que El Bebé está durmiendo ...»
¿no? -me preguntó una tarde. Luego, mamá empezó a llamarla Piruleta
-Tiene treinta y cuatro años -le respondí. y a decirle las típicas tonterías: «¿Cómo está mi
Abrió la boca como un buzón. pequeña Piruleta? » (Como si la otra le pudiera
-¡Ah, pues sí que es vieja la tía! responder...) «¿Hay que cambiarle el pañalito a
-No tanto como la tuya -le contesté. mi Piruleta?» (¿ Y todavía lo pregunta...?)«¿ Tiene
No sabía cuántos años tenía Sheila, pero su her­ hambre mi Piruleta?» (Sí, casi todo el tiempo ...)
mana Libby tenía trece; así que pensé que su Y la pequeña Piruleta de mamá no dormía
madre sería mayor que mamá. más de dos horas seguidas. Sus berridos me des­
-Pero no es mi madre la que va a tener pertaban todas las noches. Tortuga, que duerme a
un niño... los pies de mi cama, también se despertaba y se
-No... pero ... -no se me ocurrió nada ponía a ladrar siguiendo el ritmo: ¡vaya dúo!
mejor que decir. De todos modos, tampoco sa­
bía a dónde quería llegar Sheila. Para cuando cumplió un mes, todos la lla­
Cuando subí a casa le pregunté a mamá: maban Piruleta. A mí me pareció que esto le iba a
-¿A los treinta y cinco años se es dema- lraer problemas. Traté de advertirles a mamá y
siado viejo para tener un niño? a papá lo que podía ocurrir.
-No, ¿por qué? -Cuando vaya al cole, le van a tomar el
-Bueno, por nada. pelo cantidad con un nombre así.
-La abuela tuvo a la tía Linda a los trein- Mamá y papá se rieron.
ta y ocho. .-¡Qué gracioso eres, Peter!
-j Ah! -qué tranquilidad: mi madre no Yo no me estaba haciendo el gracioso en
era la mujer más anciana del mundo que iba a absoluto. Sé lo que digo, pero no puedo hacer
tener un hijo, así que Sheila hablaba por hablar, nada. Tengo un hermano apodado Supertoci y
como siempre. ahora una hermana a la que llaman Piruleta. A lo
mejor, lo que quieren mis padres es poner una
El 26 de febrero, cuando fuimos toda la fábrica de dulces. Me pregunto cómo pude esca­
clase a visitar el Museo de Arte Metropolitano, par yo a esa manía familiar.
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Piruleta era mucho más pequeña de lo -j No es posible! -gritó mamá-. ¡ La
que había pensado, pero tenía fuerza la tía. Me han raptado!
di cuenta el día en que Supertoci le quiso arran­ -No sé quién querría raptarla -dije; pe­
car los dedos de los pies. rn inmediatamente me arrepentí.
-Quería ver qué pasaba -dijo, mien­ -¡ Llama a la policía, Pe ter ... ! -dijo
tras Piruleta se ponía a llorar. mamá-. No, espera; ¡ llama primero a papá... !
-¡No lo vuelvas a hacer nunca más! -le No, ¡ llama a la policía... !
dijo mamá-. ¿Te gustaría que Peter te hiciera lo -Espera un minuto, mamá. ¿Dónde es­
mismo? tá Supertoci?
No pude evitar la risa. -¿Su pertoc i? En su cuarto , supongo
-Peter ya sabe de sobra que mis dedos -se quedó pensativa un momento-. ¿No esta-
no se arrancan -dijo Supertoci. rás pensando que... ?
-Bueno, ¡pues los de Piruleta tampoco! Echamos a correr hacia el cuarto de Su­
pertoci, que estaba jugando con sus coches
Una tarde, al volver del cole, no encontré miniatura yoyendo el disco de Puff, el dragón
a Piruleta en su cuna. Pensé que mamá le estaría mágico.
dando de comer; así que fui a su cuarto. Mamá -¿Dónde está Piruleta? -· le preguntó
estaba tumbada en la cama, tapándose los ojos mamá.
con las manos. -¿Piruleta? -dijo Supertoci con una
-¡Hola! -le dije-. ¿Dónde está Piruleta? voz muy parecida a la que yo utilizo cuando no
-En su cuna, durmiendo -murmuró. quiero contestar a una pregunta.
. -No, no está -le dije. -¡Sí, Piruleta! -respondió mamá, al-
-Que sí, que la acabo de dejar allí. zando la voz.
-Te digo que he mirad'o en su cuna ha- -Está escondida -dijo Supertoci.
ce un momento, y no está. Mamá se retiró las ma­ -¿Qué estás diciendo?
nos de la cara. -Pues que estamos jugando -contestó
-¿Qué estás diciendo, Peter? Supertoci.
-Que Piruleta no está en la cuna. -¿Quién está jugando? -le preguntó
Mamá dio un salto. mamá.
-Entonces, ¿dónde está? -Nosotros -dijo Supertoci-: Piruleta
Fuimos corriendo al lugar donde antes yyo.
comíamos. Mamá miró en la cuna, pero Piruleta -Piruleta no puede jugar. Todavía es
no estaba allí. muy pequeña...
24 25
-Pero yo la ayudo -dijo Supertoci-; -¡Oh� gracias al cielo, mi pequeña Piru­
la ayudo a esconderse. leta está sana y salva! -mamá la volvió a meter
-Supertoci -dijo mamá. Yo me di cuen­ en la cuna y luego estalló-: Estoy muy enfadada
ta de que mi hermano se la iba a ganar de un mo­ contigo, Supertoci. ¡Lo que has hecho está muy
mento a otro-, ¿dónde está Piruleta? mal! -gritó.
-No te lo puedo decir, mamá. Se enfa­ -Pero... ¡si le gusta mucho jugar! -dijo
daría muchísimo. Supertoci.
-¿La has escondido otras veces?
Un segundo antes de que mi madre ex­ -Sí.
plotara, se me ocurrió algo: -¡Pues no vuelvas a hacerlo nunca más!
-Vamos a jugar a «Caliente, caliente» ¿Me entiendes, Supertoci?
-le dije a Supertoci-. T ú me sigues y, cuando -No.
esté cerca de Piruleta, dices «caliente» y, cuan­ -¡Es que no te la puedes llevar por ahí
do me aleje, dices «frío». ¿Te has enterado? como si nada!
.
-Me encantan los juegos --exclamó Su- -P ero... 1. s1 no pesa.r
pertoci. -A los bebés hay que llevarlos de un mo-
-Vale. ¿Estás listo? do muy especial.
-Sí. -¿Como las. mamás gatas llevan a sus
-Pues vamos -crucé el recibidor y me gatitos? -le preguntó Supertoci.
dirigí a la sala. -Sí, justo -le respondió ella.
-Frío... frío... frío... -cantuireó Supertoci. Supertoci se echó a reír.
Me metí en la cocina. -¡Pues tú no llevas a Piruleta en la boca!
-Frío ... frío ... frío... -No, no lo hago; pero la llevo con mu-
Fui al recibidor. cho cuidado para que no se haga daño.
-¡Caliente, caliente!-chilló mi hermano. -¿Me quieres, mamá?
Abrí el armario. -Sí, mucho.
-¡Muy caliente, muy caliente! ¡Cuida­ -Entonces, ¡ é c hala de casa! -dijo
do, que te quemas! Supertoci-. Estoy hasta el gorro de ella. No
Y se puso a saltar aplaudiendo con las dos me divierte nada.
manos. -Algún día te divertirá ... y podrás ju­
Piruleta estaba en el fondo del armario, gar con ella al escondite; pero tienes que espe­
medio dormida en su sillita. Mamá la tomó entre rar un poco, porque todavía Piruleta es muy pe­
sus brazos. queña.
26 27
-No quiero esperar. ¡Quiero que te des- Lo intentó con Sheila Tubman.
hagas de ella ya! -Mi madre me dijo que, cuando yo na­
-Pero Piruleta es nuestro bebé. d, Libby también quería deshacerse de mí -dijo
-¡No! ¡Yo soy tu bebé! Sheila.
-Tú eres mi pequeñín. «No me extraña», pensé yo.
-¡No! ¡Yo soy tu bebé! -Pero se le pasó, y a ti también se te pa­
-Bueno -dijo mamá-, vale, tú eres sará -le dijo a mi hermano.
mi bebé. Supertoci le dio una patada y luego se
-Pues, entonces, llévame en tus brazos fue corriendo por el recibidor.
como haces con Piruleta. Sheila se quedó junto a la cuna de Piru­
Mamá abrió los brazos y Supertoci saltó lcta, y me dijo:
hacia ellos. Puso la cabeza en el hombro de -Es una suerte que no se parezca a ti,
mamá, se metió los dedos en la boca y empezó Peter.
a chupeteárselos. -¿Qué quieres decir con eso?
Ya sé que parecerá estúpido; pero creo -Mírate al espejo de vez en cuando
que por un minuto hubiera querido yo también -me contestó, y luego se dirigió a Piruleta-:
ser el bebé de mamá. j Cuchi, cuchi ... !
-Oye, que nosotros le hablamos como
Después de aquello, a Supertoci le dio a una persona -le dije.
por vender a la nena en cuanto se encontraba -Pero es que no es una persona. Es un
con alguien. bebé.
-¿Te gusta el bebé?-decía. -Aunque sea un bebé, no tienes por
-¡Ay, sí! ¡Es adorable! qué hacerle ruidos estúpidos.
-Pues te le puedes quedar sólo por 25 -Pero a ella le gustan. Mira: si le hago
centavos. cosquillas debajo de la barbilla, se ríe.
Y como eso no funcionó, entonces intentó -Parece que se ríe, pero son gases.
regalarla. -¡Qué va! Piruleta me está sonriendo,
-Tenemos un bebé ahí arriba. Puedes ¿verdad que sí, chiquitina mía, preciosa?
quedártele. Gratis y todo. Efectivamente, parecía que la pequeña
Y como eso tampoco resultaba, intentó le sonreía; pero, ¿cómo podía alguien sonreírle
pagar para que se la llevaran. a Shéila Tubman, aunque fuera un bebé?
-Te doy 25 centavos si te la llevas a tu Esa misma noche, Supertoci se subió a
casa y no nos la traes nunca más. la cuna de su hermana.
28 29
-Yo soy el bebé -dijo-: Gu, gu, da, da. -¿Por qué?
Papá le sacó de allí. -Porque tenemos más privilegios.
-Tú eres un chico grande que duerme -¿Qué son «privilegios»?
en una cama de chico grande. -Significa que nosotros hacemos cosas
-No. Yo soy un bebé. Buá, buá, buá... que ella no puede.
Decidí que era el momento de tener una -¿Como qué?
conversación con el chaval; así que le dije: -Como quedarnos levantados hasta
-Oye, Supertoci, ¿quieres que te lea un tarde y... ver la televisión y... bueno, cantidad de
cuento? cosas.
-Sí. -Yo no me quedo levantado hasta tarde.
-Vale, pues métete en la cama y ahora Tú sí.
mismo voy. -Porque soy el mayor. Tú ya tendrás
Me lavé los dientes y me puse el pijama. tiempo de quedarte hasta más tarde que Piruleta.
Cuando entré en el cuarto de Supertoci, él estaba -¿Cuándo?
sentado en su cama, con su libro favorito: Arturo --Cuando tengas ocho años y ella cuatro.
el comehormigas. Entonces te acostarás la mar de tarde e irás al co­
-Lee -me dijo. legio y sabrás leer y escribir y ella no y, además,
Me senté a su lado. pues...
-¿No te cansas de hacer de bebé?-le -Lee, anda -dijo él, metiéndose bajo
pregunté. las sábanas.
-No. -¿Vas a dejar de hacerte el canijo? -le
-Creí que querías ser como yo. pregunté.
-Sí. -Me lo pensaré -me contestó.
-Pues no puedes ser como yo y ser bebé -Vale, eso ya es algo.
al mismo tiempo.
-¿Por qué no? Se quedó dormido antes de que acabara el
-Pues porque los bebés no pueden ha- libro. Le estiré las mantas, ·apagué la luz y después
cer nada de nada, tío. Lo único que hacen es co­ fui al baño y me estuve mirando detenidamente en
mer, dormir y llorar. No son nada divertidos. el espejo. «¿Qué quiso decir Sheila Tubman? Yo
-Entonces, ¿por qué dicen todos que soy el mismo de siempre. ¿Y por qué diría eso de
Piruleta es fenomenal? que Piruleta tenía suerte de no parecerse a mí? A
-Porque es nueva. Ya se cansarán. Es no ser que sea por mis orejas. Últimamente me
mucho mejor ser mayor -le dije. parecen demasiado grandes». Intenté pegármelas
30
a ambos lados de la cabeza. «Bueno, así no están
tan mal», pensé. «A lo mejor podría pegármelas
con adhesivo todas las mañanas, pero sería mucho


Capítulo 3
Otro notición
..
trabajo. Si me dejo el pelo largo, las podría escon­
der. Sí. Eso es justo lo que voy a hacer: dejarme
crecer el pelo hasta cubrirlas.»
Bostecé. Cuando bostezo mientras me
miro en el espejo, me veo las amígdalas.
Me füi a mi cuarto, me metí en la cama
y me quedé dormido. Al fin y al cabo, ¿a quién
le importa lo que diga Sheila Tubman?
Sin duda, las cosas en casa habían cam­
biado. Por la noche llegaba papá del trabajo, car­
gado de bolsas de la compra, y era él quien se
encargaba de preparar la cena. La lavadora esta­
ba siempre en marcha. Cada vez que Piruleta
comía, echaba sus eructos; y la mitad de lo que le
había entrado salía otra vez para fuera. Había que
cambiarla unas seis veces al día. Supertoci, sin
embargo, primero empezó a mearse encima, co­
mo cuando era pequeño, y después a mojar la ca­
ma otra vez. Mamá y papá dijeron que era algo
pasajero y que teníamos que tener paciencia, que
ya se le pasaría. Les sugerí que le volvieran a
poner pañales, pero no me hicieron caso.
Una tarde, mi madre se echó a llorar. En
mis narices.
-¿Qué pasa? -le pregunté.
-¡Estoy tan cansada! -me contestó-.
¡ Hay tanto que hacer que a veces no sé ni cómo
voy a poder acabar la semana!
32 33
-Eso te pasa por haber tenido otro bebé El último día de cole hicimos una fiesta
-le dije; pero se puso a llorar aún más fuerte. Me en clase, con magdalenas y un batido de frutas
da pena; pero, por otro lado, me pone de muy mal guay, llamado «Isla Tropical». Yo me bebí ocho
humor. vasos de batido porque me encanta. Mamá dice
Mi abuela se vino unos días para echar­ que soy un adicto, y yo le contesto:
nos una mano y mamá le encargó a Libby Tub­ -Sí, señora; y, si me abrieras las venas,
man que viniera a cuidar de Supertoci después verías que corren por mi sangre siete sabores de
del cole. Yo me quedaba en casa de Jimmy Fargo fruta distintos.
hasta la hora de cenar: de todos modos, nadie Después de beber ocho vasos de Isla Tro­
parecía echarme mucho de menos. pical, volver a casa en el autobús, entrar en el edi­
ficio, esperar el ascensor, correr hasta llegar a la
A mediados de mayo, las cosas empeza­ puerta del piso, buscar mi llave y abrir la puerta,
ron a mejorar. Piruleta dormía hasta cuatro ho­ tenía muchísimas ganas de ir a] baño. De veras
ras de un tirón y por las noches más, incluso. Papá que sí.
y mamá preparaban la cena juntos; mamá hablaba Pero Supertoci me había quitado el puesto
de volver a la Uni a estudiar Historia del Arte, co­ y estaba sentado en la taza leyendo Arturo el
sa que me sorprendió, porque desde que nací comehormigas.
siempre había trabajado como ayudante de un -¡Venga, date prisa! -le dije-. Que
dentista. me lo hago encima.
-¿ Y por qué Histor ia del Arte? -le Pero es que no es bueno que me dé prisa
pregunté. -me contestó.
-Porque siempre me ha gustado. Fui corriendo al baño de mis padres, pe­
-¿Y los dientes? ¿Es que ya no te gus- ro la puerta estaba cerrada.
tan los dientes? -¡Mamá! -chillé, golpeando la puerta.
-Bueno, sí; pero no tanto como la His­ -¡No te oigo! -me contestó--". Me es-
toria del Arte. Creo que me apetece un cambio. toy duchando. Acabo en cinco minutos. ¿Le echas
-¿ Y no te parece que ya es bastante cam­ un vistazo a la nena?
bio tener a Piruleta? Volví a mi baño a todo correr, pero Su­
-Sí, claro; pero algún día crecerá e irá al pertoci seguía allí sin inmutarse.
colegio, y a mí me gustaría tener una carrera, la -¡Venga, tío! ¡Es una emergencia! ¡He
verdad. bebido ocho vasos de Isla Tropical esta tarde!
-Vale -le dije; pero no estaba muy se­ -Pues yo, dos vasos de chocolate.
guro de haberlo entendido. -¿ Y si te levantaras sólo por un minuto?
34
-Eso no sería bueno para mi salud.
-¡ Venga, Supertoci !
-No puedo pensar contigo aquí delan-
te -me contestó.
-Pero, ¿qué es lo que tienes que pensar?
-En hacer eso.
Podía haberle sacado de allí; pero ahora
que ha dejado de mojar los pantalones se supo­
ne que tenemos que animarle a usar el baño.
Así que me marché corriendo mientras pensaba
lo fácil que era para Piruleta: se lo hace, sin más,
cuando quiere y donde quiere.
Luego me acordé de que mi profe nos
había contado las costumbres de los ingleses en
el siglo xvm, cuando la gente usaba orinales. Me
hubiera gustado mucho tener un orinal porque,
18
para entonces, estaba totalmente desesperado.
Corrí a la sala y miré por todos lados. Tenemos
una planta muy grande en una esquina, como de
unos dos metros. «¿Debo o no debo?», me pre­
guntaba. «No. Vaya porquería», pensé.
Pero cuando la naturaleza llama, uno no
se puede negar, ¿no?; y enseguida empecé a des­
abrocharme el cinturón.
Y en ese momento oí a Supertoci que
me decía:
.. ..
-Vale, Peter. Puedes pasar y tirar de la
----�/·····- ....___::__,,/
__,,-:. , /"
cadena. /
.. .
.
Supertoci se niega a tirar de la cadena.
Tiene miedo de desaparecer por el desagüe.
Pero no era éste el mejor momento para pensar
en convencerle. Llegué como una bala y pude
-�--
36 37
descargar por fin. Supertoci me miraba y el tío -Bueno, no nos tengáis con el alma en
se quedó muy impresionado. vilo -les dije yo-. ¡Contadlo de una vez!
-Nunca había visto tanta junta-me dijo. -¿Qué es «con el alma en vilo»?'¿Algo
-Gracias -le contesté. parecido a «privilegio»? -me preguntó Supertoci.
-No -le contesté-. ¡Calla y escucha!
Esa noche estuvimos todos viendo la te­ -miré a papá-: ¿Entonces, qué? -porque sus
le en la sala. Yo tenía a Piruleta en brazos. Soltó ideas sobre lo que es interesante no suelen coin­
un suspirito. Cuando duerme se parece un mon­ cidir con las mías.
tón a mi perro Tortuga. -Que nos mudamos a Princeton -dijo
Yo sé perfectamente lo que sueña Tortu­ papá.
ga por los ruidos que hace; y, a veces, cuando -¿Nos, qué? -estuve a punto de dar
tiene una pesadilla, llora y tiembla. Entonces le 110 brinco; pero me fue imposible porq
ue tenía a
acaricio el lomo hasta que se tranquiliza. mi hermana encima.
Y lo mismo pasa con Piruleta. Está dormi­ -¿Y eso queda cerca del parque? -le
da como un lirón, pero hace ruiditos o lloriquea y preguntó Supertoci, que jugaba con su cocheci­
se menea inquieta. A veces parece que chupa del to, subiendo y bajándolo por la pierna de mamá.
biberón. Apuesto a que cree que está comiendo. -¡No, estúpido! ¡Queda en Nueva Jer­
Pero lo que más me gusta son sus suspiritos, por­ sey! -Ie'dije.
que sé que entonces está contenta. Y la siento tan -¿Y Nueva Jersey está cerca del parque?
tibia y blandita en mis brazos que me flipa. -Por lo menos, no de Central Park -le
En cuanto terminó el programa, papá contestó mamá.
apagó la tele; se volvió, nos miró, y dijo: -Pero no importa, porque allí tendrás un
-Tenemos buenas noticias para voso­ patio en la parte trasera de la casa -le dijo papá.
tros, chicos. -¿Qué es un «patio»? -preguntó enton­
-¡Ay, no! ¡Otra vez, no! -dije yo, mi- ces Supertoci.
rando a mi hermana. -Es com o un parquecito -le contestó
Mamá y papá se echaron a reír. papá.
-Esta vez es otra cosa-dijo papá. -¿Un parque para mí solo? -volvió a
-¿Algo interesante? -le preguntó Su- preguntar Supertoci.
pertoci, que jugaba a las carreras con sus coches -Algo así -le respondió papá, para que
miniatura-. Bruuummm, bruuummm... se callara de una vez.
-Sí, algo muy interesante -le contes­ -¿ Y tu Historia del Arte?-le dije a mamá.
tó mamá. -¿Qué?
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-Pues que creí que ibas a volver a la 111ar de tontos que teníais allí, y que nos dieron
Uni a estudiar Historia del Arte. u na comida de lo más asquerosa? Gambas con
-La Universidad de Princeton tiene un �etas y espinacas, todo junto. Y yo tenía hambre,
departamento de Historia del Arte. A lo mejor me pero no me dieron nada más que eso. Ni siquiera
apunto a las clases. un trozo de pan... ¡Pues yo sí que me acuerdo!
-Es sólo por un año -dijo papá, mirán­ -¡Ay, sí! ¡Es verdad! Se me había olvi­
dome-. Para ver qué tal resulta vivir fuera de la dado que pasamos un día con Millie y George
ciudad. dijo mamá.
-¡Fuera, fuera, fuera! -canturreaba -¡Es que a ti se te olvida todo lo impor­
Supertoci. tante! -le dije.
No se puede tener una conversación nor- -M ira, Pet er -m e dijo mi pad re-.
mal delante de él. ¡Qué plasta! ¿Es que mis pa­ Pensábamos que te iba a gustar lo de Princeton.
dres no lo ven, o qué? 1 lemos alquilado una casa allí. De hecho, es la
-Nos vamos la semana que viene -di- casa de Millie y de George, porque ellos se van a
jo papá. 1 �uropa por un año.
-¿ Y Maine? -pregunté, porque en -¡Ese vejestorio de casa!
verano siempre vamos dos semanas a Maine. -No es un vejestorio. Es·una casa anti-
-Maine se escribe M-a-i-n-e -cantu­ gua y muy hermosa. Además, hemos consegui­
rreó Supertoci. do que nos alquilen nuestro piso. Así que no te
-¿Cómo sabe él cómo se escribe? -le cierres en banda, Peter.
preguntó mamá a mi padre. -¡Banda, banda, ban da! -c anturreó
-No tengo ni la menor idea. mi hermano.
-Y, b ueno ... ¿iremos
.· a M ame,
. o no.? -¡Pues me lo debíais haber dicho antes!
-repetí. 1 gual que debíais haberme dicho antes lo de Piru­
-No, esta vez iremos a Princeton. leta, en cuanto lo supisteis. No me contáis nunca
-Esta vez, esta vez, esta vez -cantu- nada de lo que pasa. Y, además, ¿por qué no car­
rreó Supertoci. gas tú con tu estúpida criatura? Yo tengo cosas
-¡Calla! -le chillé, y luego volví a chi- que hacer -le pasé a Piruleta a papá, me levanté
llar-: ¡Odio Princeton! y salí de la sala precipitadamente. De paso, pegué
-Pero si no has estado nunca ... -me una patada a un par de cochecitos de carreras de
dijo mamá. los de Supertoci, que para cuando entr é en mi
¡Sí, señora! ¡Sí que he estado! ¿No os cuarto berreaba como un poseso.
acordáis que fuimos a visitar a unos amigos la «Me alegro», pensé.
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Y luego, también Piruleta empezó a be­ -Me he acostumbrado, supongo.
rrear: «¡Mejor que mejor!» -También te acostumbrarás a Prince-
Y entonces, Tortuga se puso a ladrar: tnn. Ya lo verás.
«¡Que sufran!» Después me empezó a contar no sé qué de
Cerré la puerta de un portazo y el mapa­ mi nuevo colegio; pero yo seguía medio donnido
mundi volvió a aterrizar en mi cama. y no la escuchaba del todo, hasta que dijo algo así
i·omo ... «tu hermano va a ir a tu mismo colegio».
Debí de quedarme dormido con la ropa Y eso.sí que me hizo abrir los ojos.
puesta, porque luego me despertó mamá, y me -¿Cómo dices?
dijo: -¿El qué?
-¡Venga, Peter! ¡Quítate la ropa y méte­ -Eso... Lo que has dicho ahora... Lo de
te en la cama! Ya es muy tarde. Supertoci y mi colegio.
-Hace mucho calor para taparme con -¡Ah, sí! Es que le han hecho un test y, a
las mantas -murmuré medio dormido. pesar de que todavía es pequeño, ya puede empe-
-Vale; si quieres dormir así... Pero, por 1.ar a ir al cole. Ha estado un año en la guardería y
lo menos, quítate los zapatos. �mbe contar de diez en diez; se sabe el alfabeto, los
-Estoy bien así. dfas de la semana, los colores y.. : bueno, ¡hasta
-Bueno, pase por esta noche. sabe cómo se deletrea Maine!
-A lo mejor lo hago todas las noches. -Sí, guay -le dije-. Sabemos que es
Mamá no me hizo caso, pero empezó a un genio; pero es que, además, dijiste algo de que
decir: N iría al mismo colegio que yo.
-Escúchame, Peter, en cuanto a lo de -Sí, eso. Tú estarás en sexto grado y él
Princeton ... con los pequeños. ¿A que es díver?
Levanté una mano: -¿Díver?
-Ahora no quiero hablar de eso. Eso ya era el colmo. Salté de la cama y
-Pero... ¡si no tienes que hablar! Basta eché mano de mi bolsa Adidas.
con que escuches. -¿Piensas que es divertido ir a un cole­
-Estoy muy cansado. gio nuevo sin conocer a nadie? Y, además, te lo
-Bueno, ya hablaremos mañana. digo rotundamente: ¡no pienso ir al colegio con el
-De todos modos, ¿qué puedo hacer monstruo del enano! ¿Es que no lo entiendes? ¿Es
yo, mamá? Es como lo de Piruleta. Tampoco que tú no entiendes nada de nada, o qué? Abrí mis
pude hacer nada respecto a ella. cajones y empecé a sacar ropa, metiéndola en la
-Pero ahora te cae bien, ¿no? bolsa de mala manera.
42 43
-¡Esta vez sí que me voy! -¿Ha dejado su trabajo?-le pregunté,
-Peter, tesoro... ¡No puedes salir con deteniendo mis preparativos.
eso de que te vas cada vez que sucede algo que -No.
crees que no te agrada! -¿Le han echado?
-¡No es que lo crea! ¡Es que lo sé! -No.
-Aun así; no resuelves nada con que- -¿Entonces?
rer huir. -Pues que ha pedido un permiso por un
-Tú quizá no resuelvas nada; pero yo año. Espera a que te lo diga él mismo -y se fue a
sí creo que resuelvo algo. la puerta a llamarle-: ¡Warren! ¡Warren! ¿Pue­
Metí en la bolsa mi guante de béisbol, c.les venir, por favor?
mis vaqueros preferidos, la mitad de mis revis­ -Estoy cambiando a Piruleta. Ensegui­
tas favoritas, un montón de mapitas y un par de da voy -contestó mi padre.
casetes de música. -Creí que papá no había cambiado paña­
-¿Te hago un buen bocata de mante­ les en su vida.
quilla de cacahuetes?-me preguntó mamá con -Es cierto. Papá no lo había hecho hasta
una sonrisa. que Piruleta vino al mundo.
-No me trates como a un niño pequeño -¿ Y qué tienen de especial sus paña­
-le dije-, porque hablo en serio: ¡yo me largo! les, si puede saberse?
Se le quitó la sonrisa. -Nada. Es sólo que se ha dado cuenta
-Entiendo lo que sientes ... Pero es que de que se ha perdido muchas cosas de vuestra
papá y yo pensamos que... infancia, y esta vez no quiere volver a cometer
-Papá y tú no pensáis igual que yo. el mismo error.
-Sí, ya lo veo. -¡Claro! ¡Y está tan ocupado cambian­
-Y, si os importara algo lo que me pasa, do los pañales de Piruleta que no tiene tiempo
aunque fuera solamente un poco, no me hubierais para nada más!
hecho esto. -Peter, ¡eso no es justo!
-Peter, nos importa muchísimo lo que te -¡Y tú no tienes ni idea de nada!
pasa. Precisamente ésa es una de las razones que Entonces entró papá en mi cuarto olien­
tenemos para ir a Princeton. Y, además, no llega­ do a perfume de bebé.
mos a contarte las novedades más importantes. -Le he dicho a Peter que tenemos una
-¿Cómo?¿Más novedades?¡No veo el sorpresa para él -dijo mi madre.
momento de oírlas! -Me tomo un año libre y lo hago para
-¡Papá se toma un año de vacaciones! estar más tiempo con vosotros, porque voy a
44
trabajar en casa escribiendo un libro -me ex­
plicó mi padre.
-¿Un libro?

,l Capítulo 4
Como una cabra ..
-Sí. Sobre la historia de la publicidad
y sus efectos en el pueblo estadounidense.
-¿Y no puedes escribir algo más inte­
resan te -le pregunté-, como, por ejemplo,
una novela sobre un chaval que se larga de casa
porque sus padres deciden mudarse de ciudad
sin consultarle?
-Me parece un buen argumento -dijo
papá-. A lo mejor tú mismo podrías escribir al­ Le conté a mi amigo Jimmy Pargo lo de
go así. Princeton.
-A lo mejor lo hago -le dije, antes de -¿Que te vas? -me preguntó como si
añadir-: Y me gustaría saber de qué vamos a no se lo creyera.
comer si tú no trabajas. -No, no exactamente. Nos vamos sólo
-Tenemos algunos ahorros y, además, por un año.
probablemente me darán u� adelanto a cuenta -Os vais. No me lo puedo creer.
del libro. -Yo tampoco.
-Peter, dale una oportunidad, ¡ hom­ -No tienes que irte si no quieres.
bre! -me dijo mamá. -¿Crees que no quiero quedarme? No
-Lo tengo que pensar -le contesté-. conozco a nadie en Princeton. ¿Crees que quie­
Pero no os sorprendáis si ya no estoy aquí maña­ ro ir a un colegio donde no conozco a nadie?
na por la mañana. -Diles a tus padres que no quieres ir.
En ese momento se podía oír a Superto­ Eso es lo que yo haría.
ci en su habitación canturreando en la cama ya -¿Y dónde iría yo a vivir?
listo para dormir: -Conmigo.
-M-a-i-n-e se lee Maine; S-u-p-e-r-t-o­ -¿ Y dónde dormiría?
c-i se lee Supertoci; P-e-t-e-r se lee Peter... -pro­ -En el suelo. Es fenomenal para la es-
nunciaba mi nombre con acento británico. palda -dijo Jimmy.
-Pero, ¿le estás escuchando? -dije-. Pensé en lo que sería dormir en el suelo
Seguro que el chaval será la estrella de su clase. durante un año y vivir con Jimmy y su padre. El
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señor Pargo fue actor, pero ahora es pintor. Pinta llante de cristal que va de un lado a otro, y me con­
esos cuadros raros que llevan círculos, cuadrados centro en ella hasta que los párpados me pesan y
y triángulos, y vive tan en la luna que sólo com­ se me empiezan a cerrar.
pra comida y esas cosas cuando Jimmy se lo re­ Abrí la ventana lo suficiente como para
cuerda. Una vez eché un vistazo a su nevera, y lo tirar el péndulo de Kreskin. Imaginaba cómo se
único que había dentro era una botella de vino rompería en millones y millones de cachos al caer
vacía, media manzana y un bocata de salchichón sobre la acera... Pero, y si tuviera problemas para
y cebolla que estaba tan pasado que se había dormir en Princeton, ¿qué haría entonces? Así
puesto verde. que lo dejé de nuevo en su caja. Debía haber algo
-Si no te quedas, no pienso volver a ha­ mejor para igualar la faena que me iba a hacer
blarte -me dijo Jimmy-. Nunca -y se aga­ J1mmy con lo de la roca.
chó para atarse los cordones de los zapatos, que Dos horas más tarde seguía devanándo-
siempre se le sueltan-. Y, además, le diré a Shei- 111c los sesos para encontrar un modo de hacer
1 a Tubman que puede quedarse con tu roca del las paces con él, cuando de improviso sonó el
parque. tim­bre de la puerta. Era Jimmy.
-¡No te atreverías! -He cambiado de idea -dijo -y,
-¡Ya verás como sí! ade­más, lo siento, oye.
-¡Pues vaya amigo que eres! -Vale ... bueno ... esto ... yo también ...
-¡Igual que tú! -exclamó Jimmy. Y se -Estaba fastidiado porque te vas. Eso
_marchó con las manos metidas en lo más hondo es todo. No quiero que te vayas, pero no hay na­
de los bolsillos. da que pueda hacer para evitarlo ... No es culpa
En cuanto se fue se me ocurrieron un luya.
montón de cosas que decirle; pero en vez de ir -Ya. Eso es precisamente lo que inten-
tras él me fui a casa. taba decirte.
-¿Eres tú, Peter? -me preguntó mamá. -Ya.
-¡No! -Bueno...
-Mi padre me ha dicho que Princeton só-
Me fui a mi cuarto. Al entrar di un porta­ lo queda a una hora de tren.
zo, contentísimo de no haber vuelto a colgar el -Sí, eso es.
mapamundi en la pared, y saqué el péndulo de -Bueno ... Creo que al final no le daré
Kreskin que me dio Jimmy en Navidad. tu roca a Sheila Tubman.
De noche, cuando no puedo dormir, lo -Gracias. No creo que supiera qué ha­
sostengo en alto por la cadena, miro la bolita bri- cer con ella.
48 49
-Pero no pienso jugar allí hasta que tú puerta y... a correr al jardín. Así no tendría que
vuelvas. limpiar lo que va dejando, porque desde que aquí
-Pues yo tampoco sacaré el péndulo c•r1 Nueva York salió una ley a la que yo llamo la
de Kreskin hasta que regrese aquí. de «Haz, perrito», pasear a Tortuga no es muy
-¡Hecho! -dijo Jimmy. Y chocamos divertido. Al principio, cuando oí que se iba a
las manos para cerrar nuestro pacto. 11probar la ley, le dije a mamá que me sería impo­
i.¡ible seguir sacándole a pasear.
A la mañana siguiente, cuando bajaba Mamá me contestó:
en el ascensor con Tortuga, Henry me dijo: -jPues muy mal, Peter! Porque ya me
-Os echaré de menos a ti y a tu familia. contarás quién va a sacarlo, si no lo haces tú.
-Me apuesto a que no echarás de me- Yo esperaba que mi madre se ofreciera.
nos a Supertoci. 1 �speraba que dijera:
-¡Oh, sí! Incluso a ese diablillo-dijo-. -Sé el asco que te da a ti limpiar las ca­
Me acuerdo del día que entró en el ascensor y cas de Tortuga ...
apretó todos los botones a la vez. ¡Se armó un lío Pero, nada de eso. En cambio, me dijo:
que no se arregló ni en dos horas! -y se echó a -Mira, Peter; vas a tener que tomar
reír. La verdad es que su risa me recuerda el soni­ una decisión. Si quieres quedarte con Tortuga,
do que hacen las focas. No se por qué, pero siem­ tendrás que limpiar sus excrementos porque, si
pre espero que aplauda con sus manazas cuando no lo haces, papá y yo le buscaremos una bonita
se ríe-. Y también echaré de menos al bebé. No granja en el campo donde...
la voy a ver crecer. No le dejé acabar, y grité:
-Sí que la verás; sólo nos vamos por -¿Estás de broma o qué? Tortuga es un
un año. perro de ciudad. jEs mi perro!
-Ya; todos dicen lo mismo, y luego ... -Bueno, pues ya lo sabes... -dijo ma­
má sonriendo.
El día estaba húmedo y gris. Me pregunté Y yo lo entendí enseguida, claro.
si en Princeton haría sol. Saqué a Tortuga a pase­ Mamá me compró un aparatito que es
ar y se puso a olisquear de aquí para allá, buscan­ como una pala unida a una bolsa; y, cuando Tortu­
do un lugar que le gustara. Traté de que lo hiciera ga hace sus cosas, las amontono, las meto en la
cerca del bordillo de la acera y pensé que, a lo bolsa, ato la párte superior y lo tiro en el recipien­
mejor, en Princeton podría ir suelto y por donde te de la basura.
le diera la gana. Incluso puede que no tuviera que Al principio me armaba un lío y me ensu­
sacarlo yo. A lo mejor me bastaba con abrirle la ciaba todo; pero ahora me he convertido en un
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experto, aunque todavía siga siendo una porqueria -¡la, ja¡ ¡Qué gracioso! ¡Tú y tu perro
casi tan asquerosa como los pañales de Piruleta. sois la mar de graciosos!
Me encantarla poder enseñarle a mi perro a usar el -¡Sic y a ella, Tortuga! -le dije.
retrete, sobre todo en invierno, cuando tengo que Tortuga gruñó y luego se puso a ladrar; lo
esperar a 9ue se decida y me quedo helado como que me pareció genial porque él no sabía lo que
un poste. El no tiene la culpa, porque es un perro y yo le estaba diciendo -pues no le estaba dicien­
no puede evitarlo. Y, además, cuando duerme a do nada-. Pero Sheila, que tampoco sabía, se
mis pies o me lame la cara sé que vale la pena. creyó no sé qué; empezó a chillar como una pose­
sa y echó a correr hacia nuestro edificio. Y, cuan­
Justo cuando Tortuga acababa de hacer do Tortuga la vio correr así, echó a correr tras ella,
sus cosas, apareció Sheila Tubman. ladrando sin parar, convencido de que jugábamos
-Ya me he enterado de que os mudáis a algo. Me arrancó la correa de las manos y tuve
-me dijo. que ir tras él, gritando:
Asentí con la cabeza y amontoné las ca­ -¡Tortuga! ¡Eh, chico! ¡Quieto! -por­
cas de mi perro. que estaba ya encima de Sheila, saltando y que­
-¡Qué bien! Tenía miedo de que fuera riéndole lamer la cara.
sólo un cotilleo. Así no tendré que soportar a tu Y ella, sin parar de gritar, hasta que Henry
maloliente perro nunca más. salió del portal, y dijo:
-¡Mi perro no es maloliente! -le con- -Pero, bueno, ¿qué rayos pasa aquí?
testé, mientras ataba la bolsa de Tortuga. Apartó a Tortuga de Sheila y lo agarró
-¿Lo has olido alguna vez, Peter? para que yo lo sujetara. Yo tomé la correa y le
-Claro, todo el rato. di unas palmaditas en la cabeza.
Por eso no lo notas, porque tú también -Es Peter Hatcher -dijo Sheila-,
hueles como él -y empezó a retroceder. que le ha dicho a su perro «sic» para que me
-Oye, Sheila... s1gmera.
-¿Qué? -¡No, señora!
-¡Vete a freír monas! -¡Sí, señor!
-Peter Hatch, ¡eres un asqueroso! -Pero ¡si ni siquiera sabes lo que signi-
-Y tú eres algo peor -le contesté, pa- fica «sic»!
sándomelo guay. -¡Claro que lo sé!
-¿Ah, sí? ¿El qué? -¿Ah, sí? ¡Pues, a ver!
-Eso sólo lo sé yo; y, si lo quieres sa- -Pues es ... quiere decir: «volver loco a
ber, trata de adivinarlo. alguien para que vaya al sicólogo».
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-Pero, ¿la oyes, Henry? ¡Si es que está -¡Hola, mami ! -respondió Supertoci,
majara! gateando desde debajo de la cuna de Piruleta.
-Sí� la oigo -me contestó él-. Y lo Tenía puesto su antifaz: una montura de gafas
que te digo es que sujetes a tu perro hasta que se negra, pegada a una nariz de goma, una barba de
calme -y luego se dirigió a Sheila-: ¡ Ven, quita y pon y un bigote. Hace unos meses que lo
pequeña! Te llevaré a casa. consiguió, y le costó cuatro paquetes de cereales y
-Me alegro de que se vaya a vivir a otro veinticinco centavos.
lado -moqueaba ella-; y espero que no vuelva -¿Le has hecho tú esto a Piruleta?
nunca más. Debería haber una ley que... -Sí, mamita -contestó con esa voce-
Y yo seguí hasta la esquina, partiéndome cita de yo-soy-el-niño-más-bueno-del-mundo.
de risa; y, sin exagerar, creo que Tortuga también -¿Por qué?
se reía. -Porque Piruleta me lo pidió -contes-
tó Supertoci, que trepó por el costado de la cuna
El día que nos mudamos, mamá me des­ y le dio un empujoncillo a la nena.
pertó a las seis de la mañana. Yo tenía que em­ -¿Verdad que tú me lo pediste, nena mo-
paquetar una parte de mis cosas; pero primero ne­ na, nena bonita ... ?
cesitaba tomar mi zumo de frutas, porque por la Piruleta levantó sus piernas·al aire, y dijo:
mañana siempre tengo mucha sed. Al ir a la cocina -Baaa ...
pasé junto a la cuna de Piruleta, que miraba al -¡Eso ha estado muy mal, Supertoci!
juguete móvil suspendido sobre su cabeza y hacía -le dijo mamá-. ¡Estoy muy enfadada contigo!
ruiditos muy contenta, y vi que estaba totalmente Supertoci le besó una mano.
cubierta de sellos de correos. Los tenía pegados a -Te quiero mucho, mami.
sus brazos, a sus piernas, en la tripiIJa y en la cara. -Eso no te va a servir de nada, Supertoci.
Tenía uno en la coronilla y otro en cada piececito. -Pero, de todos modos, te quiero, mami
-Oye, mamá -le dije. -y le besó la otra mano-. Eres la mejor mamá
-¿ Qué quieres, Peter? del mundo entero. ¿No quieres a tu nene?
-Es Piruleta. -Sí, te qmero; pero todavía estoy enfa­
-Pero si acabo de... dada contigo, y ¡mucho! -y le dio unos azotes.
No la dejé terminar. Supertoci hizo unos pucheritos; pero
-¡Date prisa, mamá! ¡Ven! luego cambió de idea, y dijo:
Y ella Jlegó, abrochándose la camisa. -No me ha dolido.
-¡Oh, no! -dijo al ver a Piruleta. Y lue- -¿Quieres unos azotes que te duelan?
go gritó-: ¡Supertoci! -le preguntó mamá entonces.
54 55
-No. Seguí a mamá al baño y vi cómo ponía a
-Entonces no se te ocurra volver a hacer mi hermana en el lavabo.
eso nunca más, ¿entiendes? -¡ Dos años coleccionando sellos para
-Sí. esto! ¡Para que terminen por el desagüe! -le dije.
-Oye, mamá -le dije-. Pensé que tú -¡ Adiós, sellos, adiós! -canturreó
creías en la no violencia. Supertocí en la puerta.
-Sí, pero a veces se me olvida. -No voy a volver a coleccionar sellos
-Bueno, a mí me parece bien que zurres nunca más -dijo mamá-. Coleccionaremos
a Supertoci -le comenté-. Personalmente, me otras cosas.
parece chachi si le atizas un día a la semana.
-¡No, no, no! -chilló Supertoci, aga­ Una hora después llegó papá con la fur­
rrándose el trasero. goneta alquilada: la llenamos con nuestras co­
-¿Por qué lo has hecho? -le pregunté. sas y nos fuimos.
-Es que la quería cambiar por una bi- En cuanto pasamos el túnel Lincoln,
cicleta como la tuya. Supertoci empezó a cantar:
-Pero no la puedes cambiar. Es una -M-a-i-n-e se lee Princeton.
persona, no un álbum de sellos -le explicó mi -No seas estúpido: se lee Maine -le
madre. dije.
-Pues parece un álbum de sellos -dijo -Ya lo sé -contestó Supertocí-. Pero
Supertoci. es una canción que me he inventado.
Mamá tomó en brazos a Piruleta. -Quizá podrias cantarla para tus adentros
-¿Verdad que sí, mami? -repitió enton­ -le sugirió mi padre- y, cuando lleguemos a
ces Supertoci. Princeton, nos la cantas. Así será una sorpresa.
Me di cuenta de que mamá trataba de no -¡Una sorpresa ... ! -dijo Supertoci-.
soltar una carcajada. ¡Me gustan las sorpresas!
-¿Sabes una cosa, Supertoci? -le dije Se quedó quieto unos minutos, y luego
yo-. Estás como Una cabra. De veras. e.lijo:
-¡Como una cabra! ¡Como una cabra! -¿Sabes qué, papí? ¡Estoy como una
-se puso a cantar Supertoci, bailando alrede- cabra!
dor de mamá y de Piruleta-. ¡ Supertoci está -¿Quién lo dice?
corno una cabra! -Peter lo dice. ¿ Verdad, Peter?
Piruleta se rió (¿o lloriqueaba?). Es difí­ -Desde luego. Lo dije y lo mantengo.
cil de saber. Estás como una verdadera cabra.
56
-Lo estoy dijo Supertoci, apoyando la
cabeza en el hombro de mamá. Luego se puso a
chuparse los dedos, todavía con sus gafas y su

" Capítulo 5
Los pequeños son más dulces ..
nariz de disfraz puestas.
Nuestra casa, es decir, la casa de Millie
y George, es tan vieja que la bañera está colo­
cada en el suelo sobre cuatro patas, y el agua
caliente y la fría no salen de un solo grifo, sino
de dos; de manera que, cuando te lavas las ma­
nos, o te quemas o te hielas. Mamá dice que lo
que hay que hacer es poner el tapón y esperar a
que el agua de los dos grifos se mezcle en el
lavabo; pero eso es un rollazo... Pero al menos
no tenemos que usar orinales, porque los retre­
tes sí funcionan.
Por fuera, la casa está pintada de blanco
con las contraventanas amarillas. Las ventanas y
los marcos de las puertas están bastante joroba­
dos, pero papá dice que eso es parte del encanto
de la casa. Prefiero no decirle lo que pienso al
respecto. Por dentro, los suelos son de madera y
crujen cuando se anda sobre ellos.
Abajo hay una sala con un piano, un co­
medor con una mesa que es tan grande que tienes
que gritar para que te oigan, una cocina con un
58 59
montón de perolas y sartenes colgadas por todos -¡Corta el rollo! -volvió a repetir mi
lados, y una biblioteca donde los libros están or­ hermano.
denados por colores. Hay una sección de libros en­ Ahora le ha dado por repetir todo lo que
cuadernados en piel marrón; otra con los encuader­ digo. Me va a volver majara.
nados en piel verde; luego están los encuadernados -Pásame la sal, por favor -le pedí a
en piel roja, y, por último, los encuadernados en mamá.
piel dorada. -Pásame la sal, por favor -repitió Su­
En el piso de arriba hay cuatro dormito­ pertoci entre risas.
rios, todos en hilera: uno para cada uno de noso­ -¡No puedo más! ¡Haced algo, por fa­
tros; y, dondequiera que estés, ves una chimenea. vor! -les dije, moviendo mi silla hacia atrás.
Hay una por habitación: una en la sala, otra en el Pero ya estaba él diciendo:
comedor y otra más en la biblioteca. No las hay, -¡No puedo más! ¡Haced algo, por fa­
en cambio, ni en los baños ni en la cocina. vor! -y se reía tanto que se atragantó.
Mi madre y mi padre dicen que esta casa Papá lo puso boca abajo y le dio unas pal­
es «fantástica, fabulosa, indescriptible». Los oigo madas en la espalda.
hablar de la casa por teléfono con sus amigos y -Quiero que te calles de una vez, Su­
comentan todas esas idioteces. pertoci -le dijo-. ¿Entiendes?·
Nuestro vecindario es tan viejo como la No sé por qué le están preguntando todo
casa. En este barrio, todas las casas se parecen: el rato que si entiende. Claro que entiende. Ése,
tienen un patio pequeño por delante y uno muy desde luego, no es el problema.
grande por detrás. En el patio de atrás tenemos Supertoci asintió con la cabeza.
las rosas de George y el huerto de Millie. El pri­ -Porque si no paras de repetir lo que
mer día que pasamos aquí apareció papá con un dice Peter, te la vas a ganar. ¿De acuerdo? -le
montón de libros, cuyos títulos eran más o menos dijo papá, y yo no pude contener una sonrisa.
así: Conoce tus rosas, Conoce tus hierbas, Las
verduras orgánicas y tú y, mi favorito, La agonía Mamá tiene una especie de mochila para
del escarabajo de tu jardín. transportar a Piruleta que tiene una tira que se
-En Nueva York no tenías que preocu­ coloca alrededor del cuello; y se pone a la cría por
parte por los escarabajos, ¿ verdad, papá? -le delante, más o menos a la altura del pecho. Parece
pregunté en la cena. la mar de cómodo. A veces también la lleva papá
-Ya basta, Peter -me contestó. en ese artilugio. Mamá dice que cuando yo nací
-Ya basta, Peter -repitió Supertoci. no los fabricaban todavía. Hay que ver la de co­
-¡Corta el rollo! -le dije yo. sas que me he perdido.
·1.¡¿
60 61
Todas las noches, despué·s de cenar, da­ -¿Gusanos?
mos un paseo por el centro de la ciudad y toma­ -Sí, eso. Gusanos.
mos un helado en la heladería Baskin-Robbins. -¡Gusanos! -dijo Supertoci, dando
Una noche, mamá me preguntó si quería llevar yo saltos en el porche-. ¡Gusanos y gusanitos!
a Piruleta en ese cacharro. -No le hagas caso -le dije a Alex-.
-No gracias -le dije-. Mejor muerto Es mi hermano pequeño.
que llevar a un bebé colgando del cuello. -Bueno, entonces, ¿qué me contestas?
-¡Qué bobo eres, Peter! -me volvió a preguntar él.
En Baskin-Robbins están haciendo un -Trato hecho -le respondí, sin tener
concurso y están pidiendo ideas para ver qué ni la menor idea de qué era «un negocio de gu­
nombre le ponen al nuevo sabor que van a sacar. sanos»-. ¿Y cuándo empiezo?
Hasta ahora mis sugerencias han sido: Limón -¿Qué te parecería ahora mismo?
Lamido, Choco-Loco y Menta Demente. -Vale. ¿Qué tengo que hacer?
-Primero tenernos que cavar agujeros
Después de llevar dos semanas dando para buscarlos. Luego se los venderemos a la
vueltas por ahí, me he encontrado hoy por pri­ señora Muldour, que vive calle abajo. Ella paga
mera vez con un chico de mi edad. Vive al otro cinco centavos por cada uno.
lado de la calle; pero no lo había visto porque, -¿Y para qué los quiere?
cuando llegamos, estaba en una colonia de boy -No me lo dice. Hay gente que piensa
scouts. Se llama Alex Santo y está en sexto que los usa para pescar; otros dicen que son para el
grado, como yo. Es bajito, tiene un montón de jardín... pero, si tú quieres mi opinión ... -Alex
pelo que le cae sobre los ojos y lleva puesta dejó de hablar y se rascó la cabeza.
siempre una camiseta con un lema que dice: -Sigue ... sigue ...
«Princeton. Promoción del '91. » Cuando me -Pues yo creo que se los come -dijo
encontré con él, me sentía tan aburrido y solo Alex.
que me hubiera dado igual que tuviera tres ca­ Me quedé pensativo.
bezas, con tal de que fuera de mi misma edad y -¿Pastel de gusanos? -le pregunté
quisiera ser amigo mío. después.
Alex llegó una mañana y me preguntó: -¡Eso! Y guisado de gusanos y... zumo
-¿Quieres que seamos socios en un de gusanos...
negocio que tengo? -Y. .. ¡sopa de gusanos! -exclamé yo,
-¿Qué clase de negocio?-le pregunté. que ya empezaba a entusiasmarme- y... ¡pan
-Gusanos. de gusanos!
62 63
-¡Sí, eso! ¡Eso es lo más rico de todo! Piruleta, sosteniendo un gusano sobre la nariz
-dijo Alex-. Un delicioso pan crujiente con de la nena.
gusanitos por aquí y por allá. -¡Déjala en paz, tío! -le grité, abalan-
-Bueno, y... ¿qué me dices de los sa­ 1.ándome sobre él.
brosísimos sándwiches de gusano con queso -¿Por qué? Si le gusta mucho -con­
fundido? -le dije yo ... Para entonces, los dos testó Supertoci-. ¡Mira!
estábamos retorciéndonos de risa. Alex y yo metimos la nariz en el carricoche
-Y también helado de gusano -añadió y era verdad: Piruleta se reía cada vez que Superto­
Supertoci. c.;i le enseñaba el gusano suspendido sobre su cara.
-¡¡Helado de gusano! ! -chillamos -Tienes razón. Le gusta -reconocí yo--.
Alex y yo a la vez. Mamá, ven a ver esto -le dije a ella.
-¿El qué? -me preguntó mamá, que
Después de esto pensé que, a pesar de estaba sembrando algo en el huerto de verduras
todo, Princeton no debía de estar tan mal; sobre orgánicas de Millie.
todo, teniendo a Alex Santo en mi clase. -¡Ven! ¡Tienes que verlo!
Esa misma tarde, Alex y yo nos fuimos Y mamá vino, mientras se limpiaba las
a cavar agujeros para buscar gusanos. Fuimos manos en los vaqueros.
en bici hasta el lago. Es muy fácil andar en bici­ -Mira, mami -Supertoci sacó el gu­
cleta en Princeton porque por todas partes hay sano que tenía escondido detrás de la espalda y
senderos especiales para bicis. Alex llevaba un lo sostuvo sobre la nariz de Piruleta, que hizo
cubo y también teníamos un par de palas; así unos gorjeos y luego sonrió.
que enseguida nos pusimos a trabajar. No tuvi­ Pero en cuanto mamá lo vio, se puso a
mos ningún problema para encontrar gusanos. gritar:
Una hora más tarde volvimos a casa. -¡Quita eso de ahí! ¡Deprisa! ¡Tíralo
ahora mismo!
Cuando llegamos, Alex me dijo: -Pero... ¡si es sólo un gusano, mami !
-La señora Muldour los quiere bien ¿No te gustan los gusanos?
limpios. -No, no. No me gustan nada de nada; y
-¡Hombre, si se los va a comer, pues no quiero que me enseñes otro nunca más. ¿En­
claro! -le contesté. tiendes?
Dejamos el cubo con los gusanos fuera Supertoci se puso el gusano sobre el
y entramos a beber algo. Cuando volvimos a brazo y éste empezó a trepar por él hasta llegar
salir, allí estaba Supertoci, junto al cochecito de a su hombro.
64 65
-¿Lo ves? ¡Mira qué rico es! ¡Le llamaré La sonrisa de Alex se iba haciendo cada
Willy! Willy el gusano. Y será mi mascota: dor­ vez mayor.
mirá conmigo, comerá a mi lado, se bañará con­ -¡Pero, claro! ¡Cómo no se me había
rrugo... ocurrido antes!
-¡Supertoci! Yo me callé.
-¿Sí, mamá?
-Ya te lo he dicho: ¡no quiero ver a ese Sacamos los gusanos al lado del camino
bicho nunca más! Y no te permito que lo metas y los cortamos en dos. Había uno tan grande
en casa y mucho menos que se lo acerques a que lo dividimos en tres. Así que ahora tenía­
Piruleta. ¿Entiendes ahora? rnos treinta y tres gusanos en vez de dieciséis.
-Sí. Veo que no te gustan nada de nada La señora Muldour vive en una vieja ca­
los gusanos. sa, pintada de gris y con las contraventanas azu­
-Eso es. No me gustan nada de nada les. Alex llamó al timbre. Nos abrió la puerta
-le contestó mamá. una señora grande y gorda que tenía el pelo del
-¿ Y por qué no? L'Olor de su casa y unas gafas que le caían sobre
-No sabría explicártelo -dijo mamá, la nariz. Llevaba zapatillas de deporte, pantalón
volviendo a sus semillas, mientras Supertoci la vaquero y una camisa roja y blanca.
seguía pegado a sus talones. -¡Hola, Alex! Hace tiempo que no te
-¿Es siempre así tu familia? -me pre­ veía -dijo.
guntó Alex. -¡Hola, señora Muldour! -contestó
-Incluso peor -le contesté-. Toda­ Alex-. Ahora tengo un socio.
vía no has visto nada. Ella me miró por encima de sus gafas.
-Soy Peter Hatcher. Nos hemos mudado
Cuando íbamos a casa de la señora Mul­ hace poco. Vivimos calle abajo -y, como seguía
dour me acordé de haber leído que, si partes a mirándome, seguí hablando-. Estamos en la
un gusano en dos, se regenera� pero no estaba casa de los Wentman ... Millie y George Went­
del todo seguro. Así que le pregunté a Alex si él man... amigos de mis padres... por un año... a ver
había hecho la prueba. qué tal nos va ... fuera de la gran ciudad...
-Pues claro. Cantidad de veces. -¿Has· acabado? -me preguntó entonces.
-¿ Y 'qué pasa? -Sí.
-Nada, que salen dos gusanitos. -Bueno, pues ¡al grano!
-¿Ah, sí ... ? Pues si la señora Muldour -Hoy tenemos treinta y tres gusanos
nos paga cinco centavos por cada uno... para usted, señora Muldour -le dijo Alex-, y
66 67
le advierto que esta vez son unas verdaderas pre­ -No, señora: cuando se trata de mate­
ciosidades. máticas, no me engaña nadie -contestó él-.
-Treinta y tres -repitió ella, echando ;,Querrá usted más la semana que viene?
un vistazo al frasco de cristal donde estaban guar­ -Claro, todos los que podáis traerme.
dados-. Son pequeñísimos-dijo. Nunca están de más...
-Los pequeños son mucho más dulces Alex me miró de reojo; le dimos las gra­
-le dije. das a la señora Muldour y nos fuimos. En cuanto
Esta vez sí que me miró realmente ex­ l!Stuvimos a una distancia prudente, Alex dijo:
trañada, por lo que yo añadí rápidamente: -Los pequeños son más dulces ... -y
-Van creciendo a medida que llega el me pegó un codazo en las costillas.
verano. -Sopa de gusano para la cena. Calenti­
-¿Sí? Yo pensaba que era ahora cuan­ la -y nos echamos a reír como locos.
do estaban más crecidos.
-¡Qué va! Es en agosto cuando se ponen Después de cenar, mamá se puso a Pirule­
más gordos y más largos ... En septiembre es ta al cuello y nos fuimos los cinco a la heladería
cuando alcanzan su plenitud. Baskin-Robbins. Cuando llegamos, Supertoci fue
-¿Estás seguro? derecho al mostrador y le dijo a la dependienta:
-Hum, hum ... -le contesté como pude, -Un helado de gusano, por favor.
para que no se diera cuenta de que no tenía ni idea -¿Cómo? -contestó ella.
de lo que decía. -Helado de gusano -repitió él.
-Bueno, ¡vive y aprenderás! -<lijo ella. -No tenemos.
Se metió en la casa a buscar su monedero. -Es el sabor del mes -dijo Superto-
-¿Sabéis? -nos dijo cuando volvió a ci-. Helado de gusano.
salir-. La verdad es que podría comprarlos en la -¿Estás diciendo que... ? -le preguntó
tienda, pero creo que los que están recién sacados la chica.
de la tierra son mucho mejores -abrió el mone­ -Sí -le dije yo--. Gusano: g-u-s-a-n-o.
dero--: Así que son... veamos ... cinco por treinta -Sé cómo se escribe -respondió mo-
y tres gusanos ... son un dólar cincuenta -y le dio lesta-; pero no creo que a la gente le guste ese sabor.
el dinero a Alex. -Hay gente que estaría encantada -<lijo
-Perdone, señora, pero son un dólar Supertoci-, ¿verdad, Peter?
sesenta y cinco. -Sí, es cierto. En esta ciudad hay gente a
La señora Muldour se echó a reír. quien le encantaría el helado con sabor a gusano
-No puedo engañarte, ¿eh, Alex? -le contesté.
68
-Bueno, chicos... hoy estamos muy
ocupados; así que si os dejáis de tonterías y me
decís qué es lo que queréis ...

,, Capítulo 6
Harry Drexel se encuentra
con Cara de Rata
..
-Yo quiero una copa de chocolate con
menta y trocitos de chocolate -dije.
-Y yo un cono relleno de tocino de cielo,
como mi nombre.
-¡Ah! ¿Te llamas Cono?-le preguntó
la chica.
-No.
-¿Relleno, entonces?
-No. En agosto a mi perro le tocaban su revi­
-Entonces ... ¿no me dirás que te lla- sión anual y sus vacunas. Mamá y papá estuvie­
mas Tocino, verdad? ron preguntando por ahí y decidieron que le lle­
-Eso es. Exactamente. Me llamo Su­ vara a El Arca, una clínica de animales que está
pertoci -exclamó mi hermano, acodándose en cerca de la autopista. Para llegar allí tuvimos que
la barra. cruzar la ciudad en coche: pasamos por el puente
-¡ Qué rico! -murmuró la chica, hablan­ que está sobre el lago donde Alex y yo vamos a
do para sí-. ¡Un chaval la mar de rico! por gusanos, y luego subimos una colina hasta
llegar a la rotonda. «Se les podía haber ocurrido
un sitio más cerca», pensé.
Cada vez que lo llevo al veterinario, Tor­
tuga se pone a temblar. No sé cómo rayos sabe
que lo van a pinchar; pero lo sabe. Traté de con­
vencerlo de que no le iba a doler ni un pelo, pero
no hizo más que gemir todo el rato, hecho un ovi­
llo en un rincón.
A la vuelta paramos en la pastelería
Sandy, que es donde hacen los mejores pasteles
de chocolate que he comido hasta ahora. Y sin
nueces, porque mamá es alérgica a las nueces;
lo que significa que no puede comer ni siquiera
70 71
mantequilla de cacahuetes. Si yo no pudiera -De los monstruos.
comer mantequilla de cacahuetes, creo que me -Los monstruos no existen.
moriría de hambre. -¿Cómo lo sabes, papá?
-Porque lo sé -respondió mi padre,
La semana antes de que comenzaran las poniendo mermelada de fresa en su tostada.
clases tuve muchos problemas para dormirme. -¿Lo aprendiste en la Uni? -le pre­
Princeton es una ciudad tranquila, por lo que Hlmtó Supertoci, que estaba haciendo una espe­
echaba de menos el ruido de Nueva York. Intenté l'ÍC de masilla aplastando sus cereales.
no pensar en el péndulo de Kreskin, que estaba -No.
metido en su caja, en la balda de mi armario. Me -Pues, ¿dónde lo aprendiste?
puse a contar ovejitas y también recité el alfabeto Papá sorbió su café, y luego contestó:
al revés... Pero ni así. Ya no podía más. Me le­ -Hummm... Creo que en el cole.
vanté, eché mano del péndulo, e imaginé que el -¡Venga, hombre! -le dije yo riéndome.
mismísimo Kreskin estaba al pie de mi cama y Papá me miró como diciéndome que no
me decía: metiera la pata. Y yo me pregunté entonces si él
-Duérmete, duérmete... y mamá me habían contado cuando yo era cani­
A la mañana siguiente me desperté con el jo las mismas memeces que le cuentan a Super­
cristal de Kreskin bajo del cuerpo. Me dolía el tra­ toci y si yo me las creía.
sero por haber dormido así, y me sentí fatal por ha­ -Pues aún tengo miedo. Quiero dormir
berlo usado y no haber cumplido la promesa que con Peter--dijo Supertoci.
le hice a Jimmy Fargo. -¡Ni hablar! -dije yo-. En mi cuarto
Habíamos hecho un trato y yo lo había no hay sitio para ti porque hablas en sueños, tío.
roto. ¡Vaya amigo! ¡Qué desastre! Me hubiera -Pues entonces dormiré con mamá.
gustado decirle que podía usar nuestra roca del Mamá, que hasta ese momento había
parque, pero Jimmy estaba en Vermont con su estado leyendo el periódico, nos miró, y dijo:
madre y allí no tienen teléfono. -¿Qué?
Pero yo no era el único que tenía pro­ -Que de ahora en adelante voy a dor-
blemas para conciliar el sueño, porque Superto­ mir contigo -dijo Supertoci.
ci dijo en el desayuno: -Tú tienes tu cuarto, Supertoci. Eres ya
-No puedo dormir. muy grande para dormir en el nuestro -ijo d
ella.
-¿Por qué no? -preguntó papá. -¡Yo no quiero estar solo en el cuarto!
-Porque tengo miedo. Yo quiero compartirlo. Es mejor compartir. Siem­
-¿De qué?-dijo papá. pre lo estáis diciendo -gritó mi hermanito.
72 73
Mamá suspiró, y dijo: fase por la que él tenía que pasar y que la sµpe­
-Pero, hombre, eso es diferente. Com­ raría. Y es que Supertoci, si no estaba pasando
partir es ... compartir galletas, y juguetes, y... por una fase, es que estaba pasando por otra. No
-A lo mejor, si Supertoci duerme con pude menos que pensar si uno de estos días no
Tortuga... -dijo papá. sería Pirul�ta la que empezaría a pasar por dife­
Pero yo no le dejé continuar: rentes fases también. Y, por la pinta que tenía la
-¡Eh, oye! -le dije-. Tortuga es mi cosa, podíamos seguir así de por vida.
perro, ¿no te acuerdas?
-Pero querrás compartirlo, ¿verdad, El día anterior a que empezara el colegio,
Peter? -siguió papá. Alex y yo fuimos en bici al centro comercial a
-Por las noches, no. Tortuga duerme comprar el material escolar que necesitábamos.
conmigo. Me sentía muy solo sin Jimmy y me preguntaba
Supertoci empezó a llorar: todo el rato cómo sería el cole... A lo mejor todos
-¡ A nadie le importa lo que le pase al mis compañeros me odian. A lo mejor los voy a
pequeño Supertoci! ¡A nadie le importa que se odiar yo. A lo mejor nos vamos a odiar mutua­
le coman los monstruos! mente. A lo mejor mi profe es lelo, y los profes
-Pero, ¡si nadie te va a comer! -dijo lelos son lo peor de lo peor. Si lo sabré yo: en ter­
mamá. cer grado me tocó uno.
-¿ Y cómo lo sabes? -le preguntó Su- Esa noche ni siquiera hice un esfuerzo
pertoci. por no utilizar mi cristal de Kreskin; e incluso
-Porque lo sé. así, me desperté un trillón de veces.
-¿Lo aprendiste en el colegio? A la mañana siguiente le pregunté a ma­
-Hum... -dije yo-, me vais a perdo- má cómo iba a hacer para ir al cole en bici cori
nar; pero ya me sé el resto. Alex y a la vez llevar a Supertoci a pie. Porque
Alex me había contado que aquí en Princeton la
. Supertoci encontró una solución a su pro­ gente va al colegio en bici.
blema. Cada noche, después de que todos nos -A lo mejor, si vas despacio, él puede
metiéramos en la cama, arrastraba por el recibi­ seguirte andando.
dor su bolsa de dormir Snoopy, la plantaba en­ -¡Venga ya, mamá!
frente de la puerta de mis padres y allí dormía. -Bueno, quizá puedas ir a pie con él
Y ellos no hicieron nada especial al res­ hasta que conozca el camino él solo.
pecto, sino que, cuando se levantaban, pasaban -Sí, claro. Eso puede llevarnos un año.
por encima de Supertoci. Decían que era una Además, yo quiero ir al cole con Alex.
74 75
-Mira, Peter ... ¿qué tal si le acompañas dar pena el pobre crio. No era culpa suya ser uno
la primera semana? Luego, ya veremos... de los pequeñajos; así que le aupé sobre la barra de
-Me parece que no entiendes, mamá. mi bicicleta, aunque mis padres me habían di­
La gente de sexto grado no va por ahí llevando cho algo así como un millón de veces q:ue no lo
a los niños pequeños, ¿me entiendes? hiciera nunca. Creo que se enteraron de que al­
-Creo que tú eres el que no entiende lo guien se había roto la cabeza de esa manera; pe­
mal que lo va a pasar Supertoci cuando se ente­ ro, como esta vez no se iban a enterar y «cora­
re -y mamá cerró la puerta del frigo de un por-· zón que no ve, corazón que no siente...» Además,
tazo-. Pero, si no hay otra solución, le llevaré el cole no estaba lejos.
yo misma. A Supertoci le encantó eso de ir en la ba­
-Ésa me parece una idea estupenda rra. Saludaba a todo el que pasaba por la calle y
-dije. canturreaba:
Pero Supertoci, que estaba oyéndonos -¡ Hoy empiezo el cole!
detrás de la puerta, apareció por allí berreando: Alex, que es hijo único, se moria de risa.
-¡No! ¡Yo quiero ir al cole con Peter! Cuando llegamos al colegio, le llevé a la
¡Me lo prometiste, mamá! clase de la señorita Hildebrandt, y le di a ella su
Mamá me miró y me dijo: tarjeta de identificación. Después me fui arriba
-¿Lo ves? con Alex, al sexto grado, al aula del señor Bogner.
-Bueno, vale -acepté-. Yo, en bici, Al llegar, encontré a toda la clase cantando:
y tú me sigues andando.
-Yo también iré en bici. «¿De quién es hoy el cole?
-Tú no tienes bici, Supertoci. ¿De quién es hoy el cole?
-Tengo triciclo. ¿De quién es hoy el cole?
-Pero no se puede ir al cole en triciclo. Que no hay ya quien lo controle.
-¿Por qué no? El cole es ahora nuestro.
-Porque no. ¡Y date prisa que no quie- El cole es ahora nuestro.
ro llegar tarde el primer día! El cole es ahora nuestro.
¡Porque somos los de sexto!»
Alex me esperaba fuera y enseguida nos
marchamos al colegio. Supertoci intentaba se­ Me senté en un pupitre junto al de Alex.
guirnos con todas sus fuerzas, jadeando a todo Al otro lado se sentaba una chica que era por lo
jadear; pero, aunque íbamos muy despacio, no po­ menos tres cabezas más alta que yo, y que tenía
día mantener nuestro ritmo. A mí me empezó a el pelo castaño y revuelto.
76 77
El señor Bogner no era lelo ... pero que -Pero, señor Bogner...
nada lelo. Tengo mucho ojo para esas cosas. Pri­ -¿Por qué no vienes a verme cuando
mero nos contó cómo había pasado el verano: acabemos la clase? -sugirió él. Y no parecía ni
había estado en Colorado como instructor especia­ enfadado ni nada.
lista en actividades al aire libre y enseñaba monta­
ñismo a grupos de universitarios. Después fuimos Más tarde me enteré de que la chica que
nosotros los que tuvimos que contarle lo que había­ se sienta a mi lado, la del pelo revuelto, se llama
mos hecho. Me hubiera gustado poder decir algo Joanne McFadden. Le iba a preguntar cómo se lla­
más interesante a mis compis; algo así como: «Este maba cuando llegó un mensaje a través del tele­
verano crucé el Atlántico en un barco a vela: yo, l'onillo de clase.
mi perro Tortuga y mi amigo Jimmy Fargo. Bueno, -Buenos días, señor Bogner -se oyó-;
claro, sí que pasamos momentos difíciles; pero, en por favor, ¿podría mandar a Peter Hatcher al des­
fin, el caso es que lo logramos. Todo salió bien.» pacho del señor Green?
Pero Alex estaba allí y sabía la verdad; -Desde luego. Ahora mismo -respon­
de modo que... dió mi profe.
Éramos tres los nuevos de la clase: otro -Gracias -contestó la voz.
chico, llamado Harvey, que venía de Pensilva­ El señor Green es el director de mi cole.
nia, y una chica, Marta, que era de Minnesota. ¿ Qué rayos querría de mí?
El señor Bogner nos habló de algunas de J oanne McFadden me preguntó en voz
las cosas que íbamos a hacer durante el curso: baja:
construir un barco vikingo, estudiar nuestro esta­ -¿Qué has hecho?
do natal, el de Nueva Jersey... A mí me hubiera -No tengo ni idea -le contesté, al mis-
gustado decirle que Nueva Jersey no era para mo tiempo que sentía que se me subían los co­
nada mí estado natal y que nunca lo sería; pero, lores a la cara.
antes de que se me presentara la oportunidad, -¿Sabes dónde queda el despacho del
Marta le preguntó: señor Green? -me preguntó el profe.
Perdone, señor Bogner, pero mi estado -No, pero lo encontraré. Gracias.
natal es Minnesota; así que ... ¿me tocará estu­ -No te preocupes tanto, Peter -me dijo
diar Minnesota, mientras los demás estudian i,;ntonces-. No te ha dado tiempo a cometer nin­
Nueva Jersey? guna trastada. Hoy es sólo el primer día de clase.
-No, Marta -le contestó el profe-. Todos se rieron, menos Joanne McFad­
Mientras vivas aquí, puedes considerar Nueva clcn. Ella me sonrió con una sonrisa un poco ...
Jersey como tu estado. tfmida, creo.
78 79
«Seguro que se trata de algún asunto rela­ -¿Qué ha hecho esta vez?-_pregunté.
cionado con mi inscripción », pensé, mientras me -Bueno, un montón de cosas ... -dijo
encaminaba al despacho del dire. «Apuesto a que él-. Bajemos a su clase y lo verás.
a mi madre se le ha olvidado rellenar la parte de Y allí nos fuimos los dos.
la hoja de inscripción donde preguntan a quién
avisar en caso de emergencia cuando no se pueda Todos los niños de la clase de Supertoci
localizar a los padres. Todos los años se le olvida. estaban en lo suyo: unos hacían construcciones
O, a lo mejor, el dire me quiere saludar personal­ con los cubos de plástico, otros pintaban y otros
mente, porque soy nuevo en este colegio. Pero jugaban en grupo en un rincón. Era tal como yo
hubiera llamado también a Harvey y a la Marta lo recor\iaba de cuando era pequeño. A quien
de Minnesota... ¿Llamará a la gente por orden al­ no se veía por ninguna parte era a Supertoci.
fabético?» Yo no sabía cuál era el apellido de los -¡Ay, señor Green! -dijo la señorita
chicos nuevos. «A lo mejor ha empezado por la A Hildebrandt, mientras se acercaba cojeando ha­
y a lo largo de la mañana ha llegado a la H. Sí, cia nosotros-. ¡Qué bien que haya venido! ¡Ya
puede que sea eso. » no sé qué hacer con él! ¡No quiere bajar!
Por fin encontré el despacho del señor Levanté la vista. Supertocí estaba enca­
Green. Entré, y le dije a su secretaria: ramado encima de los armarios, tumbado allá
-Soy Peter Hatcher. arriba de lo más tranquilo, a poca distancia del
-Pasa, que ya te está esperando -me techo.
contestó ella. -¡ Hola, Peter! -me dijo, mientras me
-¿Quería usted verme, señor Green? saludaba con la mano.
-le dije nada más entrar. -¿Qué haces ahí? -le pregunté.
-¡Hola, Peter! -dijo él. -Descanso -contestó.
El señor Green se parece a mi tío, pero -¡Bájate de ahí, tío!
con bigote. (Le presto más atención a estas cosas -No me quiero bajar; no me gusta el
desde que papá se ha empezado a dejar la barba.) cole. Me voy a ir.
-Tenemos problemas con tu hermano -No puedes irte -le espetó el señor
-me dijo. Green.
¡Claro! Me lo tenía que haber imaginado. -¿P9r qué no?-le preguntó Supertoci.
-Hemos intentado ponemos en contac­ -Porque tu deber es ir al colegio; si no,
to con tus padres, pero no contestaba nadie al ¿qué vas a ser cuando seas mayor?
teléfono; así que pensamos que quizá tú podrías -Pájaro -respondió Supertoci-. Voy
ayudamos. a ser pájaro.
80 81
-¡No se puede negar que este chico tie­ Le dije que le llamaría Harry... o Drexel... o
ne una imaginación muy fértil! -dijo el señor H.D...
Green riéndose. -¡ Pero que no me llamaría Supertoci !
-Creo que yo no lo calificaría precisa­ -chilló él.
mente así -comentó la señorita Hildebrandt. Todos los niños se dieron la vuelta para
-¿ Por qué se ha subido en el armario? mirarnos y de repente el aula se quedó en abso­
-pregunté. luto silencio.
-Bueno -contestó ella-. Eso sería -.Así es -le contestó ella-. Eso de «Su­
muy largo de contar. pertoci» está muy bien para un dulce; pero no pa­
-Es que ella es mala -gritó Superto­ ra un chico.
ci-. ¡M-a-1-a! ¡Mala! -Ya le dije que soy un pájaro -chilló
-¡Señor Green! A usted, que me cono­ Supertoci.
ce desde hace tiempo, yo ... es que, le pregun- -A este chico le falta algo ... -dijo ella.
to ... : ¿alguna vez he tratado mal a mis alum- -¡No Je falta nada! -repliqué yo-.
nos... es decir, consciente e intencionalmente, Mí madre le llama Supertoci, mi padre le llama
sobre todo en su primer día de colegio? Supertoci, mi abuela le llama Supertoci, sus
-Se negó a llamarme Supertoci -dijo amigos le llaman Supertoci, mis amigos le lla­
él-. Por eso le pegué una patada. man Supertoci, yo le llamo Supertoci, y él se
-¿Le pegó una patada? -le pregunté a U ama Supertoci a sí mismo...
la señorita Hildebrandt. -Creo que has dado en el clavo -dijo
Ella se levantó la falda y me enseñó el el señor Green.
moretón. -No puedo ... no puedo imaginarme a
-Y no tengo reparo en decirte que me sus padres llamándole Supertoci --dijo ella.
dolió muchísimo -dijo-. Casi me desmayo... -Usted no conoce a mis padres -le
delante de los niños. dije.
-¿Fue entonces cuando mi hermano se -Sí, eso es verdad; pero...
subió ahí? -Creo que lo que tenemos aquí es lo
-Sí. Así es. que podría llamarse «un conflicto de personali­
-¡Porque no quería llamarme Superto- dades» -dijo el señor Green-; así que... ¿qué
ci! -repitió él. r al si llevamos a Supertoci a la clase de la seño­
-No es un nombre apropriado para un rita Ziff?
niño -dijo ella-. Es como si no tuviera nom­ -¡Espléndida idea! -afirmó la señori­
bre... y lo tiene. Se llama Harry Drexel Hatcher. ta Hildebrandt-. ¡Y cuanto antes, mejor!
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-¡Oye, tú! -le dije a Supertoci-. ¡Ya
puedes ir bajando, que te van a llevar a otro cla­
se! ¡Venga!
-¿ Y la profesora me llamará Supertoci?
-Si eso es lo que tú quieres, sí-le dijo
el señor Green.
-¿ Y podré jugar con los bloques redon­
dos? -preguntó mi hermano.
El señor Green miró a la señorita Hilde­
brandt.
-Nunca les dejo utilizar los bloques
redondos en el primer día de colegio. Es una de
mis reglas -dijo ella.
-Es que no se puede construir nada bo­
nito sin los bloques redondos -dijo Supertoci.
-Se lo preguntaremos a la señorita Ziff
-le dijo el señor Green a Supertoci-. Pero es
que aquí tenemos nuestras reglas ... y las tendrás
que respetar.
-Bueno, si me dejan jugar con los blo­
ques redondos... -dijo Supertoci.
El señor Green se desabotonó el cuello
de la camisa y se secó la frente con un pañuelo.
-Anda, date prisa -le dije a Superto­
ci-. Me estoy perdiendo cosas importantes en
mi clase.
-¿Como qué?-preguntó él.
-Tú no te preocupes por eso y baja.
Supertoci descendió de lo alto del armario
._;.'·-@
hasta la parte de arriba de los estantes. El señor
Green le agarró de los brazos y le bajó al suelo.
-Adiós, Harry Drexel -dijo la señori-
ta Hildebrandt. .. .
····' . ... : ::...... ·. . .
, • •
t • •
.

84
-Adiós, Cara de Rata -contestó él.
Le di un codazo, y le dije en voz baja:
-No puedes ir por ahí diciéndoles esas

" Capítulo 7
Un pájaro muy culto
..
cosas a los profesores.
-¿No?¿Aunque sea verdad?
-No, ni siquiera si es verdad.
El señor Green y yo acompañamos a
Supertoci al aula de al lado, a la clase de la se­
ñorita Ziff, que en ese momento estaba leyendo
a los niños Arturo el comehormigas. Mi herma­
no se quedó muy impresionado. Muy bien im­ Todos los días, Supertoci traía a casa los
presionado. Se lo noté enseguida. dibujos que hacía en clase y mamá los colgaba
-Ya me sé ese cuento -dijo él-. A en la pared de la cocina.
Arturo no le gusta comer hormigas rojas. -Supertoci, te estás portando tan bien
El señor Green le pasó a la señorita Ziff en el cole que te voy a hacer un regalo -le dijo
la tarjeta de Supertoci. un día-. ¿Qué te gustaría?
-Su nombre es Harry Drexel, pero to­ -Un pájaro -respondió Supertoci,
dos le llaman Supertoci -dijo él. como si llevara cientos de años pensándolo.
La señorita Ziff sonrió a Supertocí, y le -¿Un pájaro?-repitió mamá.
dijo: -Sí, un pájaro para mí sólo.
-Me apuesto cualquier cosa a que eres -Un pájaro ... -dijo papá, rascándose
tan dulce como tu nombre. la barba.
-Sí que lo soy -contestó él. -Bueno, yo pensaba más bien en un
«Que se lo pregunten a la señorita Hil­ yoyó o algo por el estilo -dijo ella.
debrandt», me dije para mis adentros. -Ya tengo un yoyó, pero no un pájaro
-reclamó Supertoci.
Y así fue como empezó la vida escolar -No veo por qué Supertoci no puede
de mi hermano. tener uno -dijo papá-. Puede que le venga
bien tener a un animalito.
-Pero, Warren, ¿crees que podrá cui­
dar de él?-le preguntó mamá.
86 87
-Sí, yo creo que sí -respondió papá. alrededor de la sillita de Piruleta, sin parar de
-Bueno... -aceptó mamá; aunque yo cantar:
me di cuenta de que no estaba plenamente con­ -Pájaro, pájaro, pájaro... un pájaro pa­
vencida-. Bueno, si a ti te parece bien... -aña­ ra mí sólo...
dió después-, pues por mí, vale. -Ba, ba, ba -contestó Piruleta, tirando
-Y podrá dormir en mi cuarto, ¿ ver- al suelo su peluche. Es su juego favorito: primero
dad? -preguntó Supertoci. tira el peluche al suelo y luego se pone a berrear,
-Sí -dijo papá. hasta que llega uno de nosotros y se lo da. Y, en
-¿En mi cama? cuanto lo recupera, lo vuelve a tirar. ¡Tiene cada
-No -contestó papá-. Los pájaros cosa ... !
duermen en sus jaulas, no en camas. A Piruleta__le están saliendo los dientes y
-Pero yo tendré mucho cuidado -alegó le duelen las encías. Llora como una posesa. Le
Supertoci- y lo pondré debajo de mis mantas damos un anillo de plástico que solemos tener
y... en el frigo para que lo muerda, porque el frío le
-Los pájaros no pueden dormir en la calma el dolor.
cama -repuso mamá. Bueno, la verdad es que muerde todo lo
-¿Por qué? que pilla, incluyendo sus dedos del pie. No hago
-Porque les gusta dormir de pie. más que decírselo a mi madre; no me parece bien
-¿De verdad? eso de que crezca con los pies metidos en la boca.
-Sí, Supertoci, de verdad. Pero ella dice que eso es algo pasajero y que ya
-Creo que esta noche lo voy a probar lo superará. Hasta me sacó una foto mía de cuan­
-dijo Supertoci. do era de la edad de Piruleta, para que viera que
-Mira, la gente duerme acostada -le yo también lo hacía.
explicó papá- y los pájaros, de pie, ¿sabes? Le dije a mamá que tirara esa fotografía y
Ésa es una de las diferencias entre las personas también otra donde estoy con una escoba, desnu­
y los pájaros. do. Si la gente pudiera verlas, las carcajadas no se
-Y otra diferencia es que los pájaros acabarían nunca.
vuelan, ¿no? --dijo Supertoci. Supertoci le preguntó a mamá si podía
-Sí, también -respondió papá. llevar a Piruleta al colegio para la actividad de
-Pues algún día yo pienso volar -dijo «Enséñalo y cuéntanos». Quería repetir el gran
Supertoci-. ¡Igual que un pájaro! éxito que había tenido con la charla que les dio al
-No cuentes con ello, chaval -le dije resto de sus compañeros de la guardería sobre
yo; pero ya no me oía. Se había puesto a bailar «Cómo se hacen los bebés». Mamá llamó a la se-
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ñorita Ziff, y a ésta le pareció una idea estupen­ -Sí, bueno, casi todo -le contesté,
da;· pero, antes de que la llevaran a cabo, la seño­ mientras me decía para mis adentros: «Ya sé por
rita tuvo que consultarlo con el director. El señor dónde vas, tío...»
Green dijo que ni hablar, que de ninguna mane­ -¡Un pájaro que habla! -exclamó mi
ra; así que la cosa se quedó ahí. Supertoci se llevó hermano con satisfacción. ¡A Supertoci le van a
una gran desilusión; pero mamá y papá le conven­ comprar un pájaro que habla!
cieron de que, cuando tuviera el pájaro, tendría al­ -Bueno, oye, espera un momento -le
go mucho más interesante que contar en «Ensé­ paró papá-. Todavía no hemos decidido qué
ñalo y cuéntanos». clase de pájaro vamos a comprar. Yo pensaba en
un bonito periquito azul: le puedes enseñar a ate­
La abuela vino a visitarnos y se quedó aizar en un palito.
unos días en casa. -Y yo, en un precioso canario amari­
-Me van a comprar un pájaro -le dijo llo. Los canarios cantan y te hacen sentir feliz,
Supertoci. ¿sabes?-repuso mamá.
-¿Y qué clase de pájaro te van a com­ -¡Qué bonito! -dijo Supertoci-. Pa­
prar?-preguntó ella. pá se compra un periquito; mamá, un canario, y
-No lo sé, abu. ¿Qué clase de pájaro va a yo, un estornino.
ser?-preguntó Supertoci a mis padres. -Sólo vamos a comprar un pájaro -le
Y todos contestamos a la vez: aclaró mamá-: sólo uno.
-Un canario -dijo mamá. -¡Ah! -dijo Supertoci-, entonces
-Un periquito -dijo papá. papá se queda sin su periquito y mamá sin su
-Un estornino -dije yo. canario, porque Supertoci tendrá su estornino; y
Supertoci estaba desconcertado. Peter dice que los estorninos hablan y que sa­
Entonces, la abuela intervino: ben un montón de cosas.
-Bueno, ya veo que aún no lo habéis Mamá y papá me miraron.
decidido. -Bueno ... yo no sabía que tú querías
-Los estorninos pueden hablar -le di­ un canario y que tú querías un periquito -les
je a Supertoci. dije-. ¿Cómo rayos lo iba a saber?No lo habíais
-¿Un pájaro puede hablar? dicho nunca.
-Sí. Le puedes enseñar a decir todo lo -Un estornino será muy educativo pa­
que quieras. ra Supertoci -comentó la abuela.
-¿ Todo?-prosiguió Supertoci con su -Si le enseño a hablar -dijo Superto.:.
interrogatorio. ci-, a lo mejor él me enseña a volar -y abrió
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los brazos y los empezó a mover para arriba y -¿Qué estabas haciendo?-pregunté.
para abajo. -Bailando -respondió-. A Piruleta le
A Piruleta le dio hipo y luego empezó a encanta, ¿sabes?
llorar. -Pues no. No lo sabía.
-¿Quién quiere unas galletas que he Piruleta la agarró por el pelo y empezó a
traído?Las he hecho yo -preguntó la abuela. tirar de él con mucho entusiasmo.
Luego levantó a Piruleta de su sillita y la tomó -¿Y qué es lo que cantabas?
en brazos, dándole palmaditas en la espalda. -«Piruleta, Piruleta... adiós, adiós» -di-
La abuela es muy buena para lograr que jo ella.
la gente se entienda. -Pero, ¿quieres decir que esa canción
existe?¿Que no te la estabas inventando?
Al día siguiente, cuando volví del cole­ -No, hombre, no. Era muy popular en
gio, el coche no estaba y la casa se hallaba en los años... Bueno, veamos... No me acuerdo del
silencio. Fui al piso de arriba y, cuando me diri­ año... pero fue todo un éxito.
gía a mi cuarto, oí algo raro que venía de la habi­ Piruleta empezó a menearse en los bra­
tación de Piruleta. Su puerta estaba a medio zos de la abuela; quería más, y la abuela me la
cerrar y eché un vistazo por la rendija. Y, nada, pasó.
allí estaba mi abuela: descalza, bailando y dando -Toma -me dijo-. Prueba tú.
vueltas con Piruleta en los brazos, y cantando una -¿ Yo? ¿Qué quieres?¿Que baile con
canción: Piruleta?
-¿Y por qué no?
«Piruleta, Piruleta ... -¡Pero, abu! ¡Que estoy en sexto grado!
adiós, adiós. ¡No puedo ir por ahí bailando con un bebé!
Piruleta, Piruleta... -¿Por qué?
no me llores, por favor. -Pues... pues, porque...
El tren me lleva, -¡Venga, tío! -me dijo ella-. Te la
el tren se va; canto y la bailas, ¡anda! -y empezó otra vez-:
Piruleta, Piruleta ... «Piruleta, Piruleta... adiós, adiós... »
sé que pronto tú vendrás. » Yo empecé a dar vueltas por la habita­
ción con la nena en brazos y ella se puso con­
-¡Hola, abu! -le dije. tentísima. Tenía razón la abuela. Piruleta gritaba,
-¡Oh, Peter! -exclamó, a la vez que se reía y echaba la cabecita hacia atrás. Enseguida
se ponía roja como un pimiento. empecé a reírme yo también ... Los tres nos lo es-
92 93
tábamos pasando chachi, hasta que apareció Su­ -Y ya le he puesto nombre -dijo Su­
pertoci en la puerta, preguntando: pertoci.
-¿Qué haces, Peter? -¿Qué nombre?
-¡Oh! Pues, bueno... yo... estaba ... Esperé que me dijera Pierre o Jacques,
-Bailando -dijo la abuela-. A Piru- ya que hablaba francés.
leta le gusta bailar, y estamos bailando con ella -Tío Plumas -dijo él.
-y la abuela volvió a ponerse los zapatos que -¿ Tío Plumas?
había dejado bajo la cama. -Sí -respondió Supertoci-. ¿No te
Puse a Piruleta en su silla otra vez y le parece un nombre muy bonito para un estor­
arreglé el pelito con las manos. Pensaba decir­ nino, Peter?
les a todos que esa idea de bailar había sido de -Bueno ... hum... Es un nombre no muy
la abuela, que yo sólo le estaba siguiendo la común,desde luego.
corriente. Pero resultó que no tuve que explicar -Y también muy particular,¿no?
nada a nadie, pues nadie pareció encontrar nada -¡Oh,sí! Muy particular, sin duda.
extraño en el hecho de que bailara con Piruleta, -¿A que es un privilegio? -me pre-
mientras la abuela le cantaba su canción: guntó-. ¿A que sí?
-«Piruleta, Piruleta... adiós, adiós ...» -No, no es un privilegio. No tiene nada
-Adivina, adivinanza... -dijo entonces que ver con privilegios.
Supertoci. Nunca hubiera debido decirle al chaval
-¿El qué?-dijo la abuela. esa palabra. No sabe cómo usarla todavía... y, a lo
-¡ Que lo vi! ¡Que vi a mi estornino! mejor, nunca lo sabrá.
-¿Dónde?-le pregunté. -Bueno,pues no es un privilegio; pe­
-En la tienda -contestó él-. Mañana ro, ¿qué más da?-añadió Supertoci.
lo traeremos. Es que tienen que pedir la jaula. Es Y acto seguido, se puso a cantar:
negro, con las patas y la nariz amarillas.
-¡El pico, no la nariz! -le corregí. «Tío Plumas a volar
-Nariz, pico, ¡qué más da! -dijo él-. se puso un buen día.
Y,además... ¡habla! Y llegó a este lugar
-¿Y qué dice? a buscar compañía.
-Dice «hola» en francés. Todos luego preguntaron:
-¿En francés? ¿Saben de quién es el tío?
-Eso es, en francés -respondió ma- Pero Juego se callaron,
má-. Es un estornino muy culto. al enterarse que era mío.»
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-Venga, abuela -dijo después-. Aho­ un bocazas. ¿Por qué no convencería a Supertoci
ra baila conmigo. de que se comprara un canario como decía mamá
Y la abuela y Supertoci se agarraron de o un periquito como decía papá?»
las manos y empezaron a bailar por el cuarto,
tarareando una canción. Al día siguiente, cuando fui a echarle un
Mi familia y sus números musicales me vistazo al Tío Plumas, me recibió con un:
empezaron a resultar excesivos, así que me largué a -¡Bonjour, imbécil!
casa de Alex a ver si allí encontraba un poco en paz. -¿A que es listo? -me dijo Superto-
ci-. ¿A que aprende rápido?
Al día siguiente fueron a la tienda a por -Pues sí, oye, es impresionante.
el estornino, y volvieron con el Tío Plumas y su Cuando salí de la habitación, el Tío Plu-
equipo completo: la jaula, lo que cubre la jaula, mas dijo:
una caja de comida para pájaros y un libro lla­ -Adiós, imbécil, adiós ...
mado Conoce a tu estornino. -Imbécil lo serás tú -le respondí.
-Bonjour, bonjour -decía Tío Plumas -Imbécil lo seras tú -repitió.
una y otra vez.
-Eso quiere decir «buenos días» en -Y le gustan lo.s gusanos y l0s insectos
francés -me explicó Supertoci. y las plantas -dijo Supertoci cuando estába­
Papá llevó la jaula del bicho al cuarto de mos desayunando-. Así que tendré que buscar
Supertoci, que da la casualidad que está al lado algunos gusanos por ahí.
del mío, y durante toda la tarde estuve oyendo -¡ Ay, no! Estará estupendamente co­
decir al estornino: «Bonjour, bonjour. » Golpeé miendo lo que le compremos en la tienda -dijo
la pared, y dije: mamá.
-Oye, Supertoci, ¿no podrías enseñar­ -Pero, mami, ¿tú no le darías a Pirule­
le otra cosa? ta un. solo tipo de comida, no?
-Lo estoy intentando --contestó él. -No compares. El Tío Plumas es un
-Intentando, .intentando -repitió el estornino y Piruleta, una niña.
estornino. -¡Eso ya lo sé! -<lijo Supertoci-. Pero
«Fenomenal», pensé. «Justo ahora que el Tío Plumas necesita comerse sus gusanitos
Supertoci está dejando su costumbre de repetir para ser feliz, ¿no lo ves?
todo lo que oye, nos compramos un estornino que -Pues no, no lo veo, y estoy segura de
hace lo mismo... ¿Por qué abriría la boca aquella que será feliz también sin gusanos -dijo mamá,
noche en la cena? Bocazas, que no soy más que apartando el plato a un lado.
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-Bueno, ¿qué tal si dejamos este tema -Tengo una profe muy maja -dijo él-.
para más tarde? -dijo entonces papá-. No es Dice que soy tan dulce como mi nombre.
precisamente la conversación ideal para el de­ -Y lo eres,¿verdad? -dijo la abuela.
sayuno. Yo solté un bufido.
-Gusanos... gusanos... gusanos -can­ -¿ Tú no crees que lo sea, abu? -dijo
turreó Supertoci. Supertoci.
-¡Basta, Supertoci! -dijo papá; pero -Claro que lo creo.
mamá ya se había largado al baño, de donde no Volví a soltar un bufido.
volvió. -¿Todo el rato? -preguntó Supertoci.
-Quizá no todo el rato; pero la mayor
La abuela volvió a venir de visita el si­ parte del tiempo, sí.
guiente fin de semana y se quedó muy sorpren­ -Entonces, ¿por qué vienes aquí sólo a
dida de que Supert9ci no durmiera ya frente a la jugar con Piruleta y no conmigo?
habitación de mis padres. -Vengo para veros a todos -contestó
-Abuela, es que tengo que dormir en la abuela, colocando a la nena en una postura
mi cuarto -le explicó Supertoci-. Tío Plumas para que pudiera eructar.
me necesita, ¿sabes? -Pero siempre la llevas encima -dijo
-Claro que te necesita -dijo la abue­ Supertoci- y le cantas canciones tontas...
la, que estaba junto a la jaula del estornino-. -No son tontas. Son canciones de los
¿Verdad que eres un pajarito muy rico? tiempos de la abuela -le dije yo-, de cuando
-Pajarito rico, pajarito rico -repitió era Joven.
Tío Plumas. -¿Tú eras joven? --dijo Supertoci, tra­
La abuela se echó a reír: tando de sentarse en el regazo de la abuela.
-¡Huy! ¡Qué listo es! -Claro -le contestó ella, pasándose a
-Qué listo, qué listo, qué listo -dijo Piruleta al otro brazo para dejarle sitio a él.
Tío Plumas. -¿Eras pequeña... igual que yo?
-Sí. Y también iba al colegio, como tú.
Esa noche, mamá y papá salieron. La Supertoci le quitó el sitio a Piruleta y la
abuela se quedó con nosotros y estuvimos vien­ abuela me la pasó a mí.
do la tele. Piruleta estaba en brazos de la abue­ -¿ Y qué hacías en tu cole? -preguntó
la, tomándose el último biberón. Supertoci.
-¿Qué tal el cole, Supertoci? -pregun­ -Pues... cantaba canciones y pintaba y
tó la abuela. jugaba y aprendía a leer.
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-¿Aprendíais a leer en el cole? -Tampoco le importa a un perro -le
-Sí, en primer grado -dijo la abuela, <lije yo-. Deberías comprarte un perro como
acariciándole la cabeza a Supertoci-. Es que Tortuga, abuela.
ha pasado mucho tiempo y casi no me acuerdo. En cuanto oyó su nombre, Tortuga le-
-¿Sabes una cosa, abu? vantó la cabeza del suelo y empezó a ladrar.
-¿Qué? Piruleta abrió los ojos, y dijo:
-Que yo soy ahora el niño mediano, -Ga, go, ga, ga.
¿sabes?Y por eso-necesito mucha atención. -Sí, señora. Muy bien. Ahora cierra
-¿Quién te ha contado eso, Supertoci? los ojos y duerme -le dije yo.
-le preguntó ella. La abuela subió al piso de arriba para
-Se lo he oído a mamá cuando habla- arropar a Supertoci, y yo también subí, porque
ba por teléfono. Es más importante que jue­ tenía que acostar a Piruleta.
gues conmigo que con Piruleta. Y no debes ol­ -Buenas noches, duerme bien -le di­
vidarlo. jo la abuela a Supertoci.
-¿ Y yo, qué?-pregunté-. ¿Qué pa­ -Buenas noches, duerme bien, buenas
sa ... ? A mí no me toca nada. noches -repitió Tío Plumas.
-Tú no necesitas atención; tú estás en La abuela puso la funda sobre la jaula:
sexto -dijo Supertoci. es el único modo de que se calle. Y aun así
A mí me estaba empezando a fastidiar. siguió diciendo «buenas noches...» hasta que
-Que esté en sexto grado no significa pegué una patada en la base de la jaula y, por
que no necesite atención -le dije. fin, se quedó en silencio.
-Todos necesitamos atención -dijo la
abuela. Después de dos semanas de tener en ca­
-¿Tú también?-preguntó Supertoci. sa a Tío Plumas, Supertoci estaba totalmente lis­
-Sí, yo también -respondió ella. to para dar su charla sobre los estorninos. La se­
-Y a ti, ¿quién te presta atención, abu? ñorita Ziff invitó a 1a otra clase de los pequeños
-preguntó Supertoci. a que asistiera a la charla, y yo obtuve un per­
-Mi familia y mis amigos -contestó miso especial del señor Green para poder au­
la abuela. sentarme durante media hora de mi clase de in­
-Deberías tener un pájaro -dijo Super­ glés y bajar a la presentación de Supertoci, por
toci-. Te prestaría un montón de atención. A los s1 acaso.
pájaros no les importa nada si eres la hermana Cuando todo el mundo se hubo acomo­
mayor o la mediana. dado en su sitio, Supertoci comenzó:
,, ..
100
-Les presento a... ¡Tío Plumas! -y Capítulo 8
levantó la funda de la jaula.
-¡Ohhhh! -dijeron todos. Calorías para todo el día
-¡Qué pájaro más hermoso tiene Ha-
rry ! -dijo la señorita Hildebrandt-. ¿No os
parece, niños?
-¡Sííí! -contestaron los niños de su
clase como pequeños robots.
-Sí, ¿qué? -volvió a preguntar la se­
ñorita Hildebrandt.
-¡Que Harry tiene un pájaro muy her­
moso! -dijeron todos al unísono.
-Y que habla francés -dijo Supertoci. -En Halloween me quiero disfrazar de
-¿De verdad? -preguntó la señorita fantasma dijo Supertoci-: un fantasma horri­
Hildebrandt-. Bueno, ¡qué coincidencia!, ¡yo pilante, la mar de horripilante.
también! -y se fue derecha a la jaula, y le di­ -· Creo que no va a haber ningún pro­
jo-: Parlez-vous franfais? blema -dijo mamá, que le estaba dando de co­
Tío Plumas la miró a los ojos, irguió la mer a Piruleta una papilla rosa de un tarrito de
cabeza, y le contestó: cristal. Piruleta escupía la mitad de las cuchara­
-¡Bonjour, imbécil! das, y mamá le limpiaba la cara y empezaba
otra vez. Para que tragase cada cucharada, tenía
que hacer tres intentos por lo menos. Darle de
comer a Piruleta es una tarea que puede durar el
día entero.
-¿Y tú, Peter?-me preguntó mamá-.
¿Qué vas a hacer?¿De qué te vas a disfrazar?
-Los de sexto grado no nos disfraza­
mos, mamá -contesté.
-¿De veras?Pues cuando yo estaba en
sexto ...
-Eso fue hace mucho tiempo -dije.
-¿Cien años, o más... marni?-pregun-
tó Supertoci.
ü\\)3�
102 103
-No tantos -contestó mamá. hacer la compra, el tío nos vuelve locos con los
-¿Y de qué se va a disfrazar Piruleta, rollos esos de por qué debes comprar una cosa y
mami?-preguntó él. no la otra.
-De bebé -contesté yo. Ahora mi padre suele pasar las mañanas
-la, }a, ja -se rió Supertoci-. ¡Qué en la biblioteca de la Universidad y por las tar­
gracioso eres, Peter! des trabaja en casa.
En cuanto Supertoci se ríe, se ríe tam­ -¿Qué tal va el libro?-le pregunté un
bién Piruleta. Y como esta vez lo hizo con la bo­ día, al volver del cole.
ca llena, el resultado fue una auténtica porque­ -Lento, Peter -me contestó mi padre-.
óa: a la pequeña se le llenó la cara de trocitos de Muy lento. Todavía estoy reuniendo informa­
comida; trocitos que se deslizaban por el bibe­ ción. Para Navidades, espero haber terminado
rón, que se le pegaban en el pelo y también en el con esta tarea, para poder empezar a escribir el
peluche, al que golpeaba contra la bandeja al libro en sí.
compás de su risa. Supertoci estaba en la puerta royendo
un trozo de queso.
Cuando mamá le da de comer a Piruleta, -Pues el doctor Seuss escribe un libro
Tortuga no se mueve de su lado. Últimamente ha en una hora -dijo.
adquiriqo una gran afición por las comidas de -¿Cómo lo sabes?-le pregunté yo en­
bebés. Mamá dice que no es bueno para él; que tonces a Supertoci.
necesita comer cosas duras para ejercitar los -Saberlo, no lo sé; pero me apuesto lo
dientes y las mandíbulas. que sea a que es verdad.
Una vez por semana le doy una pastilla Y dicho esto, se puso a cantar:
especial para que mejore su aliento, que última­
mente, la verdad, deja bastante que desear. Me «Pez espada, pez martillo, pez marrón ...
alegro de que Sheila Tubman no ande por aquí, Dime acaso si has comido
porque estaría todo el rato diciéndome lo mal huevos verdes con jamón.
que huele mi perro... y ahora yo no podría de­ ¿Que si he comido?
fenderlo. ¡ Claro que sí, Filemón ! »
Supertoci dice que debería enjuagarse la
boca con «Aliento Refrescante», un enjuague -Vale, vale. Está bien -le dije.
azul que anuncian por la tele. Y es que Supertoci -Bueno, chicos, que estoy tratando de
está muy puesto con respecto a los anuncios: se trabajar -dijo papá-. ¿No podéis iros a otra
los sabe de memoria y, cuando vamos al súper a babitación?
104 105
Más tarde, estábamos viendo las noticias -Calores para todo el día.
de las seis en la televisión, cuando dieron el anun­ -Calores, no, tonto -le dije-. Calo-
cio que más le gusta a Supertoci. rías: lo que te da energía.
-¡Mira qué guay! ¡Los gatos bailones! -¿Sí?
-dijo, dejando a un lado lo que estaba montan- -Sí. Pero, dejando eso a un lado, no te
do con el Lego. tienes que creer a pies juntillas todo lo que ves
-Todo el mundo sabe que los gatos no en la tele, ¿verdad, papá?
bailan. Son trucos de la televisión -le dije. -Sí, así es -contestó él.
-¡Tú calla, Peter! -me contestó, antes -Entonces, ¿se miente cuando se hace
de volverse hacia papá para preguntarle-: Hay un anuncio, papi? -le preguntó Supertoci.
anuncios de comida para gatos y anuncios de -No necesariamente; pero hay veces
comida para perros: ¿por qué no hay anuncios que en ellos se exagera bastante.
de comida para pájaros? -¿Qué es «exageraD>?
-Buena pregunta, Supertoci -le dijo -Abultar o encarecer las cosas para
papá, sin contestarle nada en realidad. conseguir algo -contestó papá.
-¡Estorninos de todo el mundo, uníos! -¿Qué es «encarecer»?
-grité yo, tratando de inventar un anuncio de -Que algunas veces se agranda la ver-
comida para pájaros. dad un pelín -le dije yo.
-¿Qué es «uníos»? -me preguntó. -Gracias, Peter -me dijo papá-. Lo
-Olvídalo... olvídalo -le contesté. has expresado muy bien.
-Cuando repites las cosas, pareces el -¿Cómo sabes tantas cosas, Peter?-di­
Tío Plumas -dijo él. jo Supertoci.
-Es que es contagioso -le dije. -Pues, en parte porque estoy en sexto
-¿Qué es «contagioso»? -me pregun- grado y en parte porque soy muy inteligente. Es
tó entonces. de nacimiento -le contesté.
-¡Olvídalo! -respondí. -Entonces, ¿por qué has sacado sólo
-Deberíamos darle chocolate líquido a un aprobado en la evaluación de Geografía?
Tío Plumas -dijo entonces mi hermano--. «Cho­ -Porque el señor Bogner nos hizo pre­
co: saludable bebida. Sírvalo a su familia por la guntas rebuscadas.
mañana y no tendrá que preocuparse por ellos -¿Y qué es eso?
hasta la noche, porque les da calores para todo -Pues es lo que hacen los profes para
el día.» demostrarte que no eres tan inteligente como te
-¿Te da qué? -le pregunté. crees -le dije-. Ya te enterarás algún día.
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-Pues yo soy tan inteligente como me muy guapa, de veras. Me gustaba su manera de
creo -aseguró él. andar, muy derecha y con la cabeza erguida.
Pero yo ya no estaba para discutírselo. -¡Hola! ¿Qué deseáis?-nos preguntó.
-Bueno -contesté-, nos interesa la
El viernes por la tarde, Alex y yo fui­ pintura del escaparate. Esa que tiene los círcu­
mos al centro de la ciudad. Nos paramos en un los negros.
cine a ver los carteles de Superman. Yo había -Se llama La ira de Anita -dijo-. Es
visto la peli en Nueva York, pero Alex se la ha­ de Frank Fargo.
bía perdido; así que decidimos que iríamos a -Te lo dije; lo sabía -le dije a Alex,
verla cuando la proyectaran. que no parecía muy interesado-. Yo conozco a
Al lado del cine había una galería de ar­ Frank Fargo -le comenté a «Cuello de Jira­
te, y a mí me pareció haber visto antes uno de fa»-. Es amigo de mi padre.
los cuadros que se había en el escaparate. Tenía -¿De verdad?-preguntó ella.
el fondo completamente blanco, con dos círcu­ -Sí -respondí.
los negros en el medio y un cuadrado rojo en el -¿Cuánto cuesta?-preguntó Alex.
ángulo superior izquierdo. -Dos mil quinientos dólares.
-Creo que he visto este cuadro antes -¿Qué?-exclamó Alex-. ¿Tanto?
-le dije a Alex. -Sí. Es un pintor que se está haciendo
-La verdad es que no hay mucho que bastante famoso.
ver -dijo él. -Pero si ... ¡si ese cuadro no es gran co­
Chasqueé los dedos. sa! -afirmó Alex-. ¡Apuesto a que yo pinto al­
-¡Ya sé! -exclamé-. ¡Es un cuadro go así en menos de una hora!
de Frank Fargo! -Igual que el doctor Seuss, que escribe
Alex puso cara de asombro. un libro cada sesenta minutos -murmuré.
-¿Y quién es Frank Fargo?-preguntó. -¿Qué dices?
-Un amigo de n;li padre -respondí-; -Nada, ¡olvídalo!
y, además, yo estaba presente cuando lo pintó. -Puede parecer sencillo -dijo Cuello
Vamos a entrar, anda. de Jirafa-; pero os aseguro que para pintar así
se necesita tener mucho talento.
En la galería no había nadie, a excepción
de una mujer muy alta y muy flaca que tenía el Por la noche, en la cena, les pregunté a
cuello largo como el de una jirafa y el pelo más mis padres si se habían enterado de que Frank
rizado y abundante que había visto nunca. Era Fargo se estaba haciendo famoso.
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-Sí, claro -me contestó papá-. ¿No lo Me daba igual que se enfadara, porque
sabías? yo también me estaba enfadando.
-No. Nadie me lo ha dicho. Nadie me -Está bien, Ann, no pasa nada -dijo
dice nunca nada. papá-. Ya sé por dónde va la cosa. A Peter le
-Mamá y yo estamos pensando en com­ gustaría que yo fuera el presidente de la agen­
prarle un cuadro: uno que exponen en una gale­ cia, ¿verdad, Peter?
ría del centro. -Claro; ¿y a quién no?-le contesté.
-¿La cosa blanca con los círculos ne­ -Pues a mí, por ejemplo. A mí no me
gros y el cuadrado rojo?-pregunté. gustaría ser el presidente de la agencia -dijo
-La misma -respondió papá-. ¿ Te él-. Y quisiera que tú lo entendieras. Quiero
gusta? escribir ese libro, y a veces no hay que hacer sólo
-No lo sé; pero cuesta una pasta. lo práctico, sino lo que consideras que es más
-Ése es el problema -dijo papá. importante para ti.
-Bueno, pero ahora que voy a empezar -Y yo no he dicho que esté hasta el go­
a trabajar otra vez ... -comentó mamá, levan­ rro de mi profesión -dijo mamá-. Lo que dije
tando los ojos de su labor de ganchillo. fue que quería un cambio profesional, y es en eso
-¿Que vas a qué?- le pregunté. en lo que estoy pensando. Además; trabajar otra
-A trabajar -me contestó-. Me han vez me apetece mucho... Y si papá no estuviera en
ofrecido un trabajo en la ciudad a tiempo parcial casa escribiendo su libro yo no tendría a nadie con
con un tal doctor Monroe, un dentista, claro. quien dejar a Piruleta. Así que todo encaja. ¿Lo
-Creí que ibas a estudiar Historia del ves?
Arte -dije-; que estabas hasta el gorro de ayu­ -No, no lo veo -respondí-. Veo que
dar a los dentistas. todo es distinto.
-La Historia del Arte va a tener que es­ -¿ Qué quieres decir? -me preguntó
perar. He decidido ser más práctica -sentenció papá.
mamá. -No sé... todo... que mamá vuelva a tra­
Yo miré a papá, y pensé: «Esto es por bajar, que tú escribas, que vivamos aquí... la re-
culpa del libro. Por el estúpido libro.» cién nacida... Supertoci, que va al colegio... yo, en
-No tendrías necesidad de ser práctica si sexto grado... Todo es distinto.
papá fuera el presidente de su agencia, ¿a que no? -¿No te gusta que las cosas sean dife­
-¡Peter! -exclamó mamá muy irrita­ rentes? ¿Es eso lo que tratas de decir? -dijo
da-. ¡Lo que has dicho no ha estado nada bien, mamá.
¿sabes?! -Es que no sé si me gusta o no.
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-Adaptarse a un cambio lleva tiempo; tal de Kreskin. Pero no sólo mirándolo, sino, eso,
pero creo que, a la larga, los cambios son muy usándolo para poder dormirme.
beneficiosos -sentenció papá. -¡Oh! -dijo él.
No me apetecía seguir con aquella con- -Así que me parece que estamos em-
versación; así que pregunté: patados ...
-¿Puedo llamar a Jimmy ahora? -Sí, ya lo veo -dijo.
-Claro, hazlo -contestó papá. Pero su voz había cambiado. Yo ya no
parecía ser tan fenomenal.
Fue el mismo Jimmy el que respondió al -Hoy he visto un cuadro de tu padre
teléfono: -le dije para cambiar de tema-. Ese blanco
-¡Hola, tú! ¿Cómo te va?-me dijo. de los círculos negros y el cuadrado rojo.
Apuesto a que se estaba comiendo algo. -¡Ah, sí! -=-exclamó él-. Lo pintó justo
-No sé -le contesté-. Todo es dis- antes de que mi madre se fuera a Vermont. Una
tinto. No me acabo de acostumbrar. noche montaron una bronca terrible y mi madre le
-Pues por aquí todo sigue igual, Peter... tiró un bote de pintura roja encima. Por eso tiene
salvo que tú te has ido. el cuadrado rojo y se llama La, ira de Anita.
Debió de haber acabado lo que estaba No supe qué decir. Jimmy nunca habla­
comiendo, porque su voz sonaba más clara. Me ba del divorcio de sus padres. Así que volví a
contó cosas del cole y que Sheila Tubman iba cambiar de tema:
diciéndole a todo el mundo que me echaba mu­ -Y, ¿sabes cuánto cuesta? -le dije-.
chísimo de menos. Y luego añadió: Dos mil quinientos dólares. ¿Puedes creer que
-Peter, tengo que confesarte algo. haya alguien que pague tanto por un cuadro?
-¿Como qué? -Eso demuestra lo mucho que sabes de
-Que he estado jugando en tu roca. No arte, Peter -dijo él.
sólo me he sentado en ella, sino que la he usa­ Parecía que tenía la boca llena otra vez.
do, ¿entiendes? «Serán galletas», pensé, y él continuó:
-No pasa nada -le dije. -Los tres últimos cuadros que vendió mi
-¿Estás de broma? padre costaron más de dos mil dólares cada uno.
-Que no, que no pasa nada. De veras. Así que, antes de abrir la boca, entérate de lo que
-¿Sabes?Eres un amigo fenomenal. .. estás hablando, tío.
auténticamente fenomenal. Y colgó el teléfono.
-Bueno... yo también tengo que confe­ Fantástico. Eso era justo Jo que me fal­
sarte algo -le dije-. He estado usando el cris- taba. Mi mejor amigo me colgaba el teléfono:
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«Seguro que vuelve a llamar. Será cosa de diez Sí, sí que estaba mascando chicle. Estaba
minutos.» haciendo globos. Le oía estupendamente. Creo
Pero no llamó. que incluso oí el ruido cuando explotó uno.
Esperé hasta la tarde del día de Hallo- Mis padres se sorprendieron cuando me
ween y entonces le llamé yo. oyeron decirle a Jimmy que me llevaría a Su­
-Lo siento -le dije-. Perdona. pertoci conmigo. Pero es que Alex había dicho
-¿El qué? que a él no le importaba que le llevásemos por
-Pues ... aquello que te dije sobre el ahí a dar una vuelta, siempre y cuando mi her­
precio de los cuadros de tu padre. mano caminara solo y no tuviéramos que darle
-¡Ah, eso! -dijo Jimmy. la mano para cruzar la calle o cosas así. Además,
-Resulta que mis padres están pensan- pensábamos sacarle primero a él, temprano,
do en comprarle uno: dejarle luego en casa y volver a salir los dos so­
-¿Cuál? los. Yo sabía qu� él prefería mil veces salir con
-Ya sabes, La ira de Anita. nosotros que con mis padres, como hacen todos
-¿Ése? Pues diles que se compren otro. los niños de su clase.
Ése no merece la pena. Papá también lo dice. Alex apareció a las seis y media. Y cuan­
-Pero si tú dijiste que ... do le vi, no me lo podía creer. ¡El tío iba disfraza­
-Ya sé lo que dije. do! Llevaba puesta una sábana encima, decorada
Estuvimos callados por espacio de un con círculos negros y un cuadrado rojo.
minuto. Al final, le pregunté: -Soy La ira de Anita; ¿te mola? -dijo,
-¿Qué vas a hacer en Halloween? dándose la vuelta un par de veces con los bra­
-Lo de siempre; o sea, nada -dijo-. zos extendidos.
¿Y tú? -Pues ... no es muy común que diga-
--Creo que acompañaré a Supertoci a dar mos ... -le dije.
una vuelta. -¿Y tú? -preguntó él.
-¿Y cómo te han liado para que hagas -¿Yo?
eso? Yo llevaba unos vaqueros y una camisa
-Yo mismo me ofrecí. de franela; o sea, la misma ropa que me había
-¡¿Quééé?! -creo que ahora estaba puesto para ir al cole.
mascando chicle-. ¡Desde luego que no bro­ -Peter va de que es uno de sexto -di­
meabas cuando decías que las cosas habían jo Supertoci-, y Piruleta va de bebé, y Tortu­
cambiado! -dijo. ga, de perro, y mamá y papá, de mamá y papá;
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pero yo, en cambio, soy un fantasma muy, pero que había dentro. Allí estaban las gafas de mon­
que muy horripilante: ¡ Uhhhhh! -y Supertoci tura negra y sin cristales, pegadas a la nariz de
se echó a correr por la habitación. broma con la barba y el bigote, dentro de una caja
-¿No te vas a disfrazar?-dijo Alex-. de galletas. Encontré también un sombrero que
¿Ni siquiera te vas a poner un antifaz? en su tiempo perteneció al abuelo Hatcher. Lo
-Sí, sí -dije yo-. Es que ... es que lo cepillé un poco y me puse el antifaz de Supertoci.
tengo en mi cuarto. Espera un minuto, que ense­ Me miré en el espejo del baño a ver qué tal estaba
guida vuelvo -y eché a correr escaleras arriba. y eché a correr escaleras abajo.
Y me encontré con mamá, que estaba -¡Oye, eso es mío! -gritó Supertoci en
cambiando a Piruleta. cuanto me vio.
-¿Dónde está el antifaz de Supertoci? -Te lo alquilo. Es sólo por unas horas...
-le pregunté. -¡No! ¡No! ¡No!
Mamá me miró con cara de no haberse -Bueno, vale, tío, pues no -le dije-.
enterado. Pero entonces no vendrás conmigo y con Alex a
-Sí, mamá ... el que le costó las cuatro dar una vuelta. Puedes ir con papi, como el res­
cajas de cereales y los veinticinco centavos. to de los niños de tu clase. ¡Adiós!
-¡Ah! ¡Ese antifaz! -dijo ella, mien­ Me quité la nariz postiza y todo lo de­
tras rociaba con polvos de talco el trasero de Piru­ más; lo dejé a un lado e hice como si fuéramos
leta-. Pues... no estoy segura. a irnos sin él.
-Pero, mamá; es que lo necesito ahora... -¡No, Peter! ¡ Vuelve! -chilló.
porfa... ¡Trata de recordarlo! -No, si no llevo puesto el antifaz.
-Pensé que no te ibas a disfrazar. -Vale, te lo puedes poner -dijo Su-
-He cambiado de opinión y... Alex me pertoci-; pero es mío, ¿eh?
está esperando abajo. -Sí, tío. Es tuyo. Vale -dije yo.
-Déjame ver -dijo mamá, sujetándo­ Miré a Alex, que parecía un poco con­
le los pañales a Piruleta-. Puede que esté con los fuso. No acaba de acostumbrarse a las cosas de
juguetes de Supertoci. Siempre le ha gustado mi familia.
ese�antifaz. Mira a ver ,en su armario, en la caja Preparamos nuestras cajas de Unicef y las
roja de juguetes. fundas de nuestras almohadas para meter lo que
Fui corriendo al cuarto de Supertoci y recolectáramos, y nos fuimos.
abrí la puerta de su armario. «La caja roja de ju­ Recorrimos toda la calle: primero pasa­
guetes ... la caja roja de juguetes ... la... ¿A ver...? mos por una acera y fuimos calle arriba casa
¡Aquí está!» Saqué la caja y empecé a revolver lo por casa. Luego bajamos por la otra acera y, al
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cabo de un rato, nos encontramos frente a la ca­ -¡ Hola, Alex! ¡ Qué disfraz tan original
sa de la señora Muldour. Entonces, Alex dijo: llevas!, ¿no?
-A lo mejor nos da algunos gusanillos de -Se llama La ira de Anita -dijo él-.
regalo. La idea me la dio un cuadro que vi en un esca­
-¿Gusanos?-preguntó Supertoci. parate.
-Sí -le contestó Alex-. La señora Ella se dio la vuelta, y exclamó:
Muldour sabe mucho de gusanos. -Oye, Beverley, ¡ ven, que tienes que
-También Tío Plumas -dijo Supertoci. ver esto!
-Tío Plumas es un pájaro -dije yo. Y yo supe inmediatamente que era ella:
-¿Por qué todo el mundo dice eso todo Cuello de Jirafa. Lo supe incluso antes de verle
el rato?-dijo Supertoci-. Ya sé que es un pá­ la cara� por su modo de andar y por el montón
jaro -se estuvo callado un minuto o algo así, y de rizos.
luego añadió-: ¿ Y qué es lo que hace esa se­ -Ésta es mi hija Beverley -dijo la se­
ñora con los gusanos? ñora Muldour-. Alex se ha disfrazado de cua­
-Pues... se los come -dijo Alex. dro. ¿Adivinas de cuál?
-¿De verdad?-me preguntó Supertoci. Beverley se quedó pensando un ratito.
-Nosotros creemos que sí -le contesté. -Bueno--dijo entonces-.. Con el fon­
do blanco, los círculos rojos y el cuadrado rojo,
Llegamos al porche de la señora Mul­ tiene que ser La ira de Anita.
dour, y Alex tocó el timbre. -Eso es -dijo Alex.
-Si nos regala gusanos -dijo Superto­ Pensé en contarle a Beverley lo de la bron­
ci-, se los podemos dar a Tío Plumas, ¿no? ca entre los padres de Jimmy: que la madre había
-Shhh ... -le dije. tirado la pintura roja sobre el lienzo y que por eso
La señora Muldour, en chándal, nos abrió el padre le había puesto ese nombre al cuadro, ya
la puerta. que la madre de Jimmy se llama Anita. Podía con­
-¡ Vaya, vaya, vaya! -dijo-. ¡Qué fan­ tarle toda la historia de cabo a rabo. Pero luego
tasmita tan lindo! pensé también que yo le he contado a Jimmy co­
-No soy lindo -dijo Supe11oci-. ¡Soy sas que no he contado nunca a nadie, y no me gus­
horripilan te! ; Uhhh! taría nada que mi mejor amigo se las contara a to­
La señora Muldour se llevó las manos al do el mundo.
corazón, y dijo: -¿De verdad que tú comes gusanos?
-¡Huy! ¡Qué miedo! -le preguntó Supertoci a la señora Muldour,
-¡Hola, señora Muldour! -dijo Alex. como caído del cielo a patatazos.
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Le di una patada; pero no sirvió de nada La señora Muldour empezaba a hablar
porque siguió hablando: como en los anuncios. Podía imaginarme clara­
-Peter dice que tú estás todo el rato co­ mente el resto del discurso. Sería algo así como:
miendo gusanos y él sabe lo que dice porque es
inteligente de nacimiento, excepto para las pre­ «¡Compre los gusanos orgánicos
guntas rebuscadas. de la señora Muldour! Con todas las calo­
La señora Muldour y Beverley se mira­ rías que usted necesita. ¡Añádalos a los
ron. Y Supertoci, impertérrito, le preguntó: ingredientes de su receta favorita! ¡Páse­
-¿Es verdad, o no? los por el pasapurés y sírvalos en lugar de
-¿El qué? -le preguntó la señora Mul- la coliflor! ¡La mejor guarnición para sus
dour a él. mejores platos!»
-Que has comido gusanos para cenar.
Alex soltó entonces un gemido y yo pen­ -¿ Te gustaría probar mis deliciosas ga­
sé que nuestro negocio acababa de irse a freír lletas de gusano? -le preguntó la señora Mul­
espárragos. dour a Supertoci.
La señora Muldour sonrió. -Sí -contestó él, siguiéndola hacia el
-Sí. interior de la casa.
Y Beverley añadió: Fuimos a la cocina. En el aparador ha­
-No hay nada como los gusanos gui­ bía un gran plato de galletas.
sados. Y la receta de mi madre sin duda es la -Acaban de salir del horno -dijo la se­
meJor. ñora Muldour.
-Los comemos en lugar de la coliflor, -Parecen galletas de chocolate norma­
¿sabes? Es un modo como otro cualquiera de les y corrientes -dijo Supertoci.
obtener las vitaminas necesarias para una ali­ -Sí, sí, son de chocolate -contestó
mentación sana -dijo la señora Muldour. ella-. Pero también de gusano.
-¿Los gusanos les dan calorías para to­ -¿ Y dónde están los gusanos? -pre­
do el día? -preguntó Supertoci. guntó él.
Alex volvió a gemir. La señora Muldour se echó a reír:
-Mis gusanos constituyen un alimento -No se ven. Los machaco y los mezclo
completo y totalmente natural -dijo la señora con la harina.
Muldour-. Están repletos de vitaminas. Nada «Igual que en mi anuncio», pensé.
de conservantes ni colorantes ni aditivos. ¡Mis -Sírvete, anda -dijo la señora Muldour,
gusanos son orgánicos! ofreciendo las galletas a Supertoci-. Toma una.
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Supertoci eligió una galleta y se la llevó -¡Hummm! -exclamó mamá al pro­
a la boca; pero dudaba si comérsela o no. Creo bar la galleta-. ¡Qué buena! Gracias. Me pre­
que pensaba que quizá no serían tan apetecibles gunto de dónde habrá sacado esta receta.
las galletas de chocolate con sabor a gusano. -Es una receta tradicional en su familia
Entonces Beverley tomó una y se la me­ -dije yo-. La tienen hace mogollón de años.
tió en la boca de golpe. -Y con calorías de... -empezó a decir
-¡Hummm! ¡Qué buena! ¡Están estu­ Supertoci.
pendas, mamá! -dijo. Pero yo no le dejé terminar.
Tomó otra y se la comió también a toda -Sin aditivos, sin colorantes y repletas
pastilla. Luego se sacudió las migas que se le de vitaminas.¿ Verdad, Supertoci?
habían quedado en las manos. -Sí, Peter -contestó, dirigiéndome
Supertoci mordió una galleta. La masti­ una sonrisa-. De verdad.
có muy despacio. Me di cuenta de que me había entendido
-Está muy buena -dijo-. Los gusa­ perfectamente.
nos ni se notan.
La señora Muldour nos ofreció el plato
a Alex y a mí, que tomamos una cada uno.
Supertoci preguntó que si podía repetir.
Y ella le dijo que era mejor que se llevara unas
cuantas y se las envolvió en un paquetito.
Cuando llegamos a casa, Supertoci hizo
recuento de su botín. Volcó el contenido de la
funda de su almohada en el suelo y empezó a
contar:
-Once Smarties... siete Crunch de Nes­
tlé... cinco chocolatinas sin almendras ... siete con
almendras ... dos tabletas de chocolate con leche...
cuatro manzanas... y seis galletas de gusano.
-¿Qué has dicho?-preguntó mamá.
-Nada, mamá -le contesté yo-. ¿Ver-
dad que no has dicho nada, Supertoci?
-Toma, mami, prueba -dijo Superto­
ci-. Las ha hecho la señora Muldour.

Capítulo 9
Supertoci
..
;:;/i� (//Ít-;:..
Supertoci tiene un amigo que se llama ---> � ' � \""
--...
Daniel. Es gordito y pelirrojo, con un montón de i / 11 -(
pelo y unas orejas que son incluso mayores que las
mías. La primera vez que le vi estaba frente a la
jaula de Tío Plumas, dándole la charla a Supe1toci:
-Los estorninos -decía- son origi­ •/ Q
narios de la India y de otras partes de Asia. El
estornino doméstico común es un pájaro atrevi­
do que no le teme a nada, de tamaño algo ma­
,,
yor que un petirrojo. .,a
-Petirrojo... petirrojo -repitió Tío
., ·..... .. ... .
-- �
Plumas. .,·.-r-.--
-Cállate y escucha -le dijo Superto­
ci-. ¿O es que no quieres aprender cosas so­
bre ti mismo?
Entonces, Daniel continuó con su «con­
ferencia»:
-El estornino es un pájaro sociable y
ruidoso ...
/]
-Sin duda alguna -dije yo desde el um­
bral de la puerta. .
::, ':"
"
124 125
Daniel se volvió y se me quedó mirando -¿Dónde está la tele?-preguntó Da­
fijamente. niel-. Yo siempre veo la tele a la hora de comer.
-Y tú, ¿quién eres?-preguntó. -La tele está en la sala -dijo Supertoci.
-Soy Peter... el hermano mayor de Su- -¿Y no tenéis una en la cocina?-pre-
pertoci -contesté-. ¿Y tú? guntó Daniel.
-Soy Daniel Manheim: tengo seis años y -Pues no -dijo mamá-. No tenemos.
vivo en la calle Vine, número 432. ¿Pasa algo, tío? -Me dais pena -dijo él, levantándose
Esta última frase la soltó con voz de «du­ de la silla-. Creo que me iré a comer a la sala.
ro» de película y sonó algo así como: «¿P'sssal­ -En casa no vemos la televisión cuando
go-tío?» comemos; así que, ¿por qué no te sientas y espe­
-Pues nada en particular -le contesté, ras a que la comida esté lista? -le pidió mamá.
conteniendo la risa. Entonces, Daniel soltó un grito:
Daniel se volvió hacia Tío Plumas otra -¡Es que si no veo la televisión no tengo
vez: hambre!
-Hay muchos estorninos que aprenden -Pues si no tienes hambre, nadie te obli­
a imitar la voz humana, y son capaces de cantar ga a que comas -dijo mamá-. Además, la te­
y silbar. El estornino común es del género Acri­ le no tiene por qué afectarte al apetito.
dotheres, especie A tristis. Yo pensaba que al niño este tampoco le
-Daniel es un experto en pájaros, ¿sa­ vendría mal renunciar a un par de comidas.
bes? -dijo Supertoci. -A mí me gustan Los Teleñecos y Ba­
-Ya lo veo -contesté. rrio Sésamo -dijo Supertoci, como si a al­
-¿Quieres saber algo sobre los buitres? guien le importara-. Y todos los anuncios: no
-me preguntó Daniel. me los pierdo por nada. Es lo que más me gusta.
-Pues, mira, no. Otro día me lo cuen- Mi papi solía hacer guiones para anuncios, y yo
tas, ¿te parece? salí en uno, montado en un triciclo; pero ahora
está escribiendo un libro.
Daniel vino el sábado a comer a casa. -¡No saliste! -dijo Daniel.
-¿Quieres mantequilla de cacahuetes o -Sí que salí -dijo Supertoci.
atún? -le preguntó mamá. -¡Pues no te creo! -chilló Daniel.
-Atún -dijo él-. ¿P'sssalgo, o qué? Mamá apareció en ese momento con los
-Pues no -dijo mamá, mirándole un sándwiches de atún y dos vasos de leche.
poco sorprendida ante su repentino cambio de -Yo no como nada que tenga cebolla,
tono-. Vale, te pongo atún. judías blancas o guisantes. Sólo bebo leche con
..
126 127
cacao y únicamente como la miga del pan -dijo bolla, sin guisantes ni judías blancas, Piruleta
Daniel. aprendió a gatear. Estaba balanceándose hacia
-No hay cebolla ni judías ni guisantes en delante y hacia atrás a cuatro patas sin ir a ningún
el atún -le dijo mamá, con una voz que yo tradu­ lado y de pronto se empezó a mover por la habi­
je como: «A mí no me importar gran cosa lo que tación. Mamá llamó a papá, que subió corriendo
tú comas, chaval.» las escaleras en busca de su videocámara.
Pero, a pesar de ello, le trajo a Daniel el El resto del día estuvimos filmando las
cacao para que se lo pusiera en la leche y le fue actividades familiares y Piruleta fue la estrella.
quitando la corteza al pan de su sándwich. A Daniel no le entusiasmó para nada to­
-Bueno, creo que ya no falta nada, ¿no? do aquelllo.
-nos preguntó después. -Todos los niños gatean -dijo.
-¿Verdad que salí en un anuncio, ma-
mi?-preguntó Supertocí. Piruleta se convirtió en una verdadera
-Sí -contestó mamá-. Saliste en un experta en gatear después de la primera semana.
anuncio de triciclos. Se movía tan deprisa que era muy difícil seguirla.
-¿Lo ves?-le dijo entonces Supertoci Y no sólo eso, sino que también aprendió a poner­
a Daniel-. ¡Ya te lo decía yo! se de pie. No podíamos dejar nada a su alcance.
-¿Y te pagaron?-le preguntó éste. Todo lo que pillaba se lo llevaba a la boca: desde
-No se� ... ¿Me pagaron, mam1. .? lápices de colores hasta carretes de hilo, desde los
-Pues no lo sé, Supertoci. Recuerda que ladrillos del Lego de Supertoci hasta el cuaderno
estaba de viaje. Había ido a Boston a ver a la tía de apuntes de papá. Una tarde lo pilló; se comió
Linda, que acababa de tener un bebé. tres páginas y papá se pasó toda la noche intentan­
-¡Ah, sí! -exclamó Supertoci y, co­ do reconstruirlas.
mo mamá no lo sabía, me lo preguntó a mí-: Mamá y papá decidieron revisar toda la
¿Me pagaron, Peter? casa para evitar que ocurrieran cosas como ésta.
-Te dieron todas las galletas de choco­ Quitaron todo lo que estaba al alcance de Piru­
late que quisiste. leta. Ella, sin embargo, estaba muy satisfecha
-Me dieron galletas Oreo le dijo Su­ de sí misma, y decía:
pertoci a Daniel. -Oga, oga, bah, bah, buuu...
-Odio las galletas Oreo -repuso éste. Tortuga también aprendió a gatear. Se
ponía con la tripa pegada al suelo, se deslizaba
El mismo día en que Daniel se comió su por la habitación y Piruleta le perseguía riéndo­
sándwich de atún, con el pan sin corteza y sin ce- se. Eran grandes amigos.
128 129
Yo mantuve la puerta de mi cuarto cerrada -Habla francés -dije-. Dile «bon-
a cal y canto. No quería correr riesgos. Papá instaló jour». Ya verás.
una especie de verja en la parte de abajo de las -Bonjour -dijo Jimmy.
escaleras y otra en la parte de arriba. -Bonjour, estúpido -dijo Tío Plumas.
Había que tener cuidado también para Yo me reí; pero Jimmy no.
no pisar a Piruleta. Casi siempre estaba debajo -Oye, cerebro de mosquito, que me
de los pies de uno. llamo Jimmy. ¿Lo puedes decir?Jimmy.
-¡Ponedla en el corralito! -gritó Su­ -Puedes decir... puedes decir... -repi-
pertoci un día en que le revolvió el Lego. tió el pájaro.
-Necesita libertad para poder moverse -No, tonto, ¡es Jimmy!
a su gusto -le explicó papá. -Jimmy... tonto ... Jimmy... tonto...
-Bueno, pues que no se le ocurra po­ -¡Quita, pájaro bobo! -dijo Jimmy.
nerse en mi camino -dijo Supertoci-. Tendrá -Bobo... Jimmy... bobo -dijo entonces
que aprender que soy su hermano mayor -y, Tío Plumas.
¡hala!, fue y le pisó el brazo, y ella entonces se echó -¡Calla! -chilló Jimmy.
a llorar. -¡Calla! -repitió Tío Plumas.
Al final, también Jimmy se río.
El sábado siguiente vino a verme Jimmy -¡Vaya pájaro! -exclamó.
Pargo. En ese momento, mi amigo Alex vino a
-¡Hala! ¡No me lo puedo creer! ¡Lo que buscarnos.
ha crecido Piruleta! -dijo, viéndola ir por el sue­ -O sea, que tú eres el famoso Jimmy
lo como un coche de carreras-. Cuando os fuis­ Pargo -dijo.
teis, era del tamaño de mi gato y ahora ... bueno, -¿Quién ha dicho que lo soy?
¡es una niña normal! -Bueno ... como Peter habla tanto de
-Gu... gu ... gu... -dijo Piruleta, mien­ ti... -contestó Alex.
tras se ponía de pie apoyándose en mis piernas. Después de eso, las cosas fueron de mal
-¿Qué dice? en peor... y. es duro estar en medio de tus dos
.
-Nada ... Balbucea como hacen todos meJores amigos.
los bebés. Creo que mamá se dio cuenta de que las
Pero a Jimmy, más aun que Piruleta, le cosas no iban bien, porque nos sugirió:
impresionó Tío Plumas. -¡Eh, chicos! ¿Os apetece ir al cine es­
-¡Buenooo! -dijo-. Éste sí que es un ta tarde?
señor pájaro. -¿Qué ponen?-preguntó Jimmy.
130 131
-Superman -respondió mamá. Fuimos paseando al centro de la ciudad.
-Ya la he visto -dijo Jimmy. Era todavía muy temprano para comprar las
-Yo también, pero no me importaría entradas; así que nos dirigimos a la galería de arte
volver a verla -añadí yo. para que Jimmy viera el cuadro de su padre.
-Yo ya la he visto dos veces -repuso -Yo me vestí de La ira de Anita -le
Jimmy. dijo Alex a Jimmy-, y mi disfraz estuvo su­
-Pues yo ninguna -dijo Alex. perguay, aunque no esté bien que lo diga yo.
-Me gustó más la segunda vez -co- -¿Piensas que eres guay, eh? -dijo
mentó Jimmy. Jimmy.
-Me apuesto a que la tercera te gustará -Te estoy diciendo la verdad -res­
más todavía -dijo mamá. pondió Alex.
-Vale, pues vamos -dijo Jimmy, -No aguanto a este tío -me comentó
mientras se agachaba para atarse los cordones Jimmy en voz baja.
de los zapatos. -No sueJe ser así -le contesté yo,
Entonces mamá propuso: también por lo bajo.
-¡Fantástico! Supertoci y Daniel irán «Nunca debí haberlos juntado. Esto no
con vosotros tres. funciona», pensé.
Mis amigos y yo nos apartamos a un la­ No podían verse ni en pintura, y me es­
do para discutir el asunto. taban amargando fa tarde.
-A mí no me importa que Supertoci -¿Y si entramos y le presentamos a Be­
venga, siempre que no se siente a mi lado -dijo verley? -le pregunté a Alex, intentando mostrar­
Jimmy. me alegre y contento.
-Lo mismo opino yo -repuso Alex-. Beverley nos saludó, diciendo:
Y tampoco pienso sentarme junto al otro ... que -Pero, bueno, bueno, ¡ si son Alex, Peter
es un asco. y Supertoci !
-Lo mismo digo -opinó Jimmy. -Y Daniel Manheim -intervino Da­
Fui a ver a mamá, y le dije: niel-: tengo seis años y vivo en la calle Vine, nú­
-Vale, los llevaremos; pero no vamos mero 432.
a sentarnos con ellos. Ya lo sabes. -Encantada de conocerte, Daniel -di­
-Vale. Me parece razonable -respon­ jo ella.
dió mamá. -Y éste es Jimmy Fargo -le aclaré
-Mamá está de acuerdo -les comuni­ yo-. Ya sabes ... Fargo.
qué a mis amigos. -¿El hijo de Frank?
132 133
-Exacto. niel-; odio la corteza del pan y sólo bebo leche
-Me encantan los cuadros de tu padre con cacao.
-le comentó Beverley-. Son muy originales. -Pues eres bastante difícil de contentar
-Está trabajando en uno nuevo -dijo -sentenció Bevyrley.
Jimmy-. Se llama Desfile de salchichones. -Sí -repuso él-. ¿ P 'sssalgo?
-¡Qué maravilla! -exclamó Beverley. -No -contestó Beverley-. Nada de
-Le encanta el salchichón. A mi padre nada.
-nos contó Jimmy-, los sándwiches de sal- -Bueno, nos vamos -intervine yo-.
chichón y cebolla son los que más le gustan. Vamos a ver Superman.
-Yo no tomo nada que lleve cebolla -¡Que lo paséis bien! -nos dijo ella.
-repuso Daniel.
-Ya lo sabemos -dije yo. Me preguntaba si alguien iría a esa gale­
-Salchichón y cebolla... Apuesto a que ría. Hasta ese momento no había visto a nadie;
mi padre podría vivir únicamente de eso -aña­ nosotros éramos los únicos.
dió Jimmy.
Beverley se echó a reír: En la puerta del cine se había formado
-Pues yo me, apuesto a que no da besos una cola.
muy a menudo. Mientras nos colocábamos en el final, vi a
-Es cierto -respondió Jimmy-. A mi Joanne McPadden. Estaba con Sharon, que es una
madre es a la que le gustan los besos. Por eso se ha que se pasa el día mirando a las nubes o al suelo, y
largado a Ve1mont. con Elaine, la que pega puñetazos en el estómago.
-Bueno --continuó ella-. La verdad es Joanne también me vio a mí, y me llamó:
que me encantaría conocer a tu padre algún día. -¡Eh, Peter! -dijo, saludándome con
-Quizá eso se pueda arreglar -dije, la mano-. Dame el dinero y te saco las entra­
pensando que a lo mejor el señor Pargo y Be­ das. Así no tendréis que hacer cola.
verley se podrían gustar. Como mamá me había dado suficiente
Y Jimmy debió de pensar lo mismo que pasta para invitarlos a todos, se la di y me quedé
yo, porque añadió: detrás de ella. Su pelo me dio en la cara por un
-Bueno, no es que coma salchichón y golpe de viento; pero no me moví, aunque me
cebolla todos los días. Los domingos, por ejem­ hizo cosquillas.
plo, le gusta comer huevos con salmón. -Bueno -me dijo Elaine, señalando a
-Yo no como nada que lleve cebolla o Jimmy Pargo, cuando tuvimos las entradas en la
judías blancas o guisantes -interrumpió Da- mano-. ¿No nos lo presentas?
134 135
-Sí, claro. Jimmy, te presento a Elaine, -¡Tú te callas, chaval, o te doy un tor­
Sharon y Joanne. tazo! -le dijo Elaine.
Jimmy se quedó mirando a Sharon, que Daniel empezó a gimotear.
se puso a mirar al cielo. -Has prometido que no lo harías -chi­
-Yo soy Daniel Manheim -dijo el pe­ lló-. Recuerda que sólo tengo seis añitos.
queño monstruo-: tengo seis años y vivo en la -¿Por qué no os calláis todos? -dijo
calle Vine, número 432. Sharon, sin levantar la vista del suelo.
-Qué bien -exclamó Elaine-. ¿Y tú
quién eres? -le preguntó a Supertoci. Entramos y compramos palomitas y
-Supertoci Hatcher. Coca-Cola. Después les buscamos asiento a los
-¿Es tu hermano el pequeño? -me peques y los dejamos allí sentados. Luego nos
preguntó Joanne-. No sabía que tenías un her­ fuimos al extremo opuesto del cine y buscamos
manito tan rico -me dijo. una fila vacía para nosotros seis.
Joanne jamás me había hablado tanto. Primero se sentó Alex, después Jimmy,
-Muy rico... Soy muy rico -dijo Su­ después yo, Joanne, Sharon y Elaine. Pensé si
pertoci, con una sonrisa de oreja a oreja. Joanne habría intentado sentarse junto a mí,
-Y yo soy Daniel Manheim -repitió como lo había hecho yo.
Daniel-, y tengo seis años. Cuando empezó la peli Joanne me ofre­
-Lo sabemos -respondió Elaine. ció palomitas, y cuando metí los dedos en el
-¿P'sssalgo?-dijo Daniel, con su voz paquete de cartón toqué los suyos. Después le
de duro de película. ofrecí palomitas de las mías y nuestros dedos se
-¡Sí! -contestó Elaine-. ¡Arriba las encontraron otra vez. Para entonces, mis dedos
manos! estaban supercubiertos de la mantequilla de las
Y entonces Daniel rompió a llorar. palomitas; pero, ¿a quién le importaba eso?
-¡No me pegues, por favor! ¡Sólo tengo Empecé a relajarme, aunque no podía
seis añitos! -y se cubrió la cara con las manos. concentrarme en la peli porque estaba pendiente
-¡Anda, tonto! Claro que no te voy a de Joanne... o a lo mejor era porque ya la había
pegar -dijo Elaine-. Sólo pego a los de mi visto.
edad,¿verdad, Alex? -y le pegó un golpe. Y justo cuando Superman estaba a punto
-¡Corta el rollo! -dijo Alex, antes de de besar a Lois Lane sentí algo helado que me
empezar a llamarla de todo. bajaba por la espalda y solté un grito.
-¡Huy, lo que ha dicho! ¡Huy, lo que Supertoci estaba detrás de mi asiento con
ha dicho! -gritó Daniel. un puñado de cubos de hielo de su Coca-Cola.
136 137
-¡Hola, Peter! -me dijo, desaparecien­ había guisantes para acompañar... y lo más gra­
do al instante. cioso es que normalmente no suele poner nada
-Pedazo de ... --empecé a decir yo; pe­ más que pan y ensalada cuando comemos fideos.
ro ya se había ido. -Yo no como nada que lleve cebolla ni
-Toma -me dijo J oanne, ofreciéndo­ tampoco como nada con guisantes -dijo Da­
me un pañuelo de papel. rúel-. ¿Qué otra cosa tienes?
-¿Podrías ... ? -le pregunté-. No creo -Nada --contestó mamá.
que alcance. -Entonces, me parece que iré a comer
Joanne me secó el pelo y la espalda ... y, a mi casa -dijo él.
luego, acercó su mano a la mía. Para cuando me Y juraría que mi madre sonrió.
di cuenta, estábamos haciendo manitas. Su mano
era suave y fría. Después de cenar, Alex pasó por su casa a
Después, cuando la película terminó, buscar su saco de dormir, y él y Jimmy durmieron
Joanne, Sharon e Elaine se fueron a casa y noso­ en el suelo de mi cuarto. No sabía por qué no me
tros también, pero en direcciones opuestas. hacía gracia que fueran tan amigos. El que se
-Bueno, ¿qué tal se siente uno cuando cayeran bien no quiere decir que no les cayera
se enamora? -me preguntó Alex. bien yo, pero me costaba convencerme de ello.
-¿De qué me estás hablando?-le con­
testé con otra pregunta. Durante la semana siguiente, Supertoci
-¿De qué me estás hablando? -repi- iba por ahí hablando solo:
tió él, imitándome. -La mayoría de la gente le conoce como
Y Jimmy dijo: Supertoci Hatcher, un chico común y corriente.
-¿Cuándo es la boda? Pero su fiel estornino y su amigo Daniel saben la
-Corta el rollo, ¿quieres? -le dije yo. verdad: es más rápido que una bala y más podero­
so que una locomotora, Superman...
Hasta que llegamos a casa, Alex y Jimmy
no hicieron más que hablar y reírse, como si se -¿Te acuerdas de cuando yo nací, Peter?
conocieran desde hace cien años, y yo empecé a -me preguntó una mañana.
sentirme un poco fuera de lugar. -Sí.
Papá había preparado un gran puchero de -¿Crecí de verdad en la tripa de mamá?
fideos y Daniel andaba detrás de él vigilándolo, -Sí.
hasta que mamá le explicó exactamente cuántas -¡Oh! -me contestó. No parecía muy
cebollas llevaba la salsa. Y no sólo eso, sino que contento con la respuesta.
138
-¿Por qué? -le pregunté.
-Porque si crecí dentro de mamá, en-
tonces no puedo ser de otro planeta.

,l Capítulo 10
¿Papá qué?
..
-Créeme, Supertoci; tú eres terrícola.
Te lo aseguro.
Unos días más tarde, Daniel le contó que
él había sido adoptado.
-Entonces -me dijo Supertoci-, él
sí que puede ser extraterrestre.
«Sí», pensé. <<Eso explicaría un montón
de cosas.»
-Y a lo mejor hasta vuela y todo -me Mi padre se matriculó en un curso de co­
volvió a decir Supertoci al cabo de unos días. cina china en diez lecciones. Se compró un wok,
-No estés tan seguro, tío -le advertí. que es un cacharro grande y redondo, y cuatro li­
-Daniel es mi mejor amigo -dijo Su- bros de cocina. Casi todas las noches se queda le­
pertoci-. Si al final resulta que es de otro pla­ yéndolos, sentado junto a la chimenea.
neta, tendrá que llevarme con él de visita. -Cuando termines el libro, puedes abrir
-Sí, hombre -le dije-. Pero no os un restaurante chino, ¿eh? -le dije.
precipitéis en volver. -No tengo pensado abrir ningún res­
-Tienes envidia porque tú no tienes taurante -dijo, mientras hojeaba el libro La
ningún amigo que vuele. cocina china de la A a la Z.
-Ni siquiera tengo amigos extraterres­ -Te lo digo porque el padre de Jimmy Far­
tres. go antes era actor y ahora es pintor; así que, bueno,
-Lo siento por ti, Peter -y se marchó, pensé que a lo mejor tú ibas de la publicidad a la
moviendo los brazos, mientras decía-: Es un literatura y, al final, a la cocina. Sólo eso.
pájaro... Es un avión... -No -me contestó papá-. Para mí,
cocinar es un hobby, no una profesión.
-Ya -le dije-. Me gustaría saber si va
a suceder algo -añadí-, no sé, algún cambio,
porque se te suele olvidar contármelo.
-No pasa nada -<lijo él. Hojeó unas pá­
ginas y se volvió hacia mamá-: Oye, Ann, ¿qué
140 141
te parece esto para mañana por la noche: pollo -A quien madruga, Dios le ayuda -dijo
frito con cebolletas, setas, berros y una pizca de Supertoci.
jengibre? -¿De dónde has sacado eso?
-Me parece bien -dijo ella. -De la abuela -contestó.
-Lo que a mí me parecería bien es un va- -Ya me parecía a mí.
so de chocolate con galletas -dijo Supertoci, que -Pues es «umánime», ya ves -dijo Su-
había estado muy callado, tirado en el suelo con pertoci.
un cuaderno y una gruesa pintura de cera verde. -Papá-le advertí a mi padre-. Ten cui-
-¿Quién más se apunta?-dijo mamá, dado con lo que dices, porque lueg-0 éste se ha­
levantándose de su sillón favorito. Luego soltó un ce un lío.
bostezo y estiró los brazos. -Un lío ... un lío ... un lío ... -repitió
-Yo -dije. Supertoci.
-Bueno, pues que sea unánime, enton- -Me parece que debe de ser muy difí-
ces -dijo papá. cil escribir una carta cuando ni siquiera sabes
-¿Qué es «unánime»?-preguntó inme- escribir -le dije.
diatamente Supertoci. -Sí que sé escribir -respondió.
-Cuando todo el mundo está de acuer- -¿Desde cuándo?-le pr.egunté.
do -le expliqué. -Desde que nací --contestó Supertoci.
-Todo el mundo está de acuerdo -re­ -¡ Qué gracioso! -dije yo.
pitió él-. ¡Qué bonito! ¡Me gusta eso de que -Que tú no me hayas visto escribir no
todo el mundo esté de acuerdo! quiere decir que yo no sepa -dijo Supertoci-.
-¿Qué es eso que estás dibujando?-le ¿ Verdad, papi?
pregunté. -Buen razonamiento, Supertoci -sen-
-No dibujo: escribo -respondió. tenció papá.
-¿ Y qué escribes? -Déjame verla carta -le dije a Super-
-Le escribo a Papá Noel. toci, intrigado por la posibilidad de que, en rea­
-¿No te parece un poco pronto para eso? lidad, el chaval supiera escribir.
Todavía estamos comiendo lo que quedó del pavo «A lo mejor», pensé, «el tío es una espe­
del Día de Acción de Gracias 1 -le dije. cie de genio y mis padres no quieren que me en­
tere porque yo soy bastante normalucho. Quizá
1 El Día de Acción de Gracias o Thanksgi1·ing Day se celebra ellos ya saben que el tío superará varios cursos a
en Estados Unidos el cuarto jueves de noviembre con el tradi­ la vez. Peor todavía, a lo mejor se salta la Primaria
cional pavo a�ado relleno. entera y me pilla el año que viene, y se viene a mi
142 143
clase de séptimo grado. Y, mucho peor aún, a lo -Vale -me dijo entonces. Me pasó la
mejor es uno de esos superdotados que entra a la pintura verde y una hoja de papel-. Ya te diré lo
Universidad a los doce años... Entonces se hablará que tienes que poner.
de él en todos los periódicos y revistas del mundo. Se sentó junto a mí y empezó a dictarme:
Y la gente me dirá: "¿Hatcher? Ah, sí, déjame
pensar, que me suena mucho. ¿Por casualidad no «Querido Papá Noel:
serás pariente de ese niño superdotado, de ese Por favor, tráeme una bici de dos
Supertoci Hatcher que anda por ahí?" Y yo ten­ ruedas, y que sea roja como la de Peter. »
dré que decir entonces: "Pues, sí, es mi herma­
no menor. " Y la gente dirá: "Bueno, hombre, -Venga, tío -le dije yo-. Sé un poco
¡ qué pena que no te haya tocado nada de su más original. Pide una azul o amarilla.
inteligencia!, ¿eh?" Y se reirán y me dejarán -Roja -repitió-, igual que la de Pe­
allí solo. » ter, y sin ruedas auxiliares: las ruedas auxiliares
Eché mano de la carta de Supertoci y la son para los pequeñajos.
miré detenidamente. Hizo una pausa.
-¡Son garabatos! -dije con alivio. -Sigue -le dije.
-¡No lo son! -aseguró él. -Ya está. He terminado -dijo él-.
-Papá Noel nunca podrá leer tu carta. Ahora pondré mi nombre.
-Leerá la parte más importante -dijo Y con una letra enorme escribió «Su-
Supertoci. pertoci» al final de la carta.
-Sólo hay una palabra que se puede leer: -¿Y no vas a poner tu apellido?
bici. -No.
-Pues ésa es la parte importante -me -¿Por qué no?-le dije-. A lo mejor
dijo Supertoci, quitándome la carta. Papá Noel se equivoca de niño.
-Si quieres, te ayudo a escribir una de -No se equivocará -aseguró.
verdad -le sugerí. -¿Cómo lo sabes?-le pregunté.
-Ésta es de verdad. -No hay muchos niños que se llamen Su-
-Te ayudo a escribir una de verdad pa- pertoci. Pero, si quieres, puedo poner una hache
ra que la envíes con tu carta, por si Papá Noel después de mi nombre. De ese modo no podrá
no te entiende. confundirse.
Noté que Supertoci calibraba mi oferta. Mamá regresó de la cocina con una ban­
Cuando piensa, se muerde los labios y parece deja con el chocolate y las galletas, y todos nos
un mono. sentamos en el suelo.
144 145
-Mañana pondré tu carta en el correo -Pregúntaselo a papá y mamá -me su­
-le dijo papá a Supertoci. bí la cremallera de la cazadora y guardé mis li­
-¿Te sabes la dirección de Papá Noel? bros-. Ellos te lo explicarán.
-le preguntó él. -¿Cómo funcionan, mami? -pregun­
-Sí. tó Supertoci.
-¿Y cuál es, papi? -¡Venga, Supertoci! ¡Date prisa! -le di­
-Humm... Ahora mismo no me acuerdo, jo mamá sin contestarle-. ¡Llegarás tarde al
pero sé que la tengo anotada -le contestó papá, cole!
antes de que mamá y él se cruzaran una mirada y
sonrieran. Por la tarde, cuando regresé del colegio,
obligué a mamá a hablar en serio.
-Daniel también ha pedido una bici­ -Oye, mamá -le dije-. No creo que
cleta; así que iremos los dos juntos al cole en bici sea bueno que le dejéis a Supertoci ir por el mundo
-nos contó Supertoci dos días más tarde. creyendo en Papá Noel. Se cree que basta con
-Eso si Papá Noel te la trae -le recordé. pedir lasd cosas para que se las den. No se imagina
-¿Y por qué no me la va a traer? Me por- que hay gente que no tiene nada para comprarse
to la mar de bien, ¿no, mami? ¿A que me porto regalos. Deberíais hacer algo. Total;ya le habéis
la mar de bien? contado de dónde vienen los niños. ¿Cómo va a
No esperé a que mamá le contestara. creer en Papá Noel un chaval que sabe de dónde
-Oye, Supertoci -le dije-. Hay un vienen los niños?
montón de niños por ahí que no reciben ni si­ -No veo qué tiene que ver una cosa con
quiera lo que se merecen. Hay un montón de la otra -dijo mamá-; pero en lo que sí estoy de
niños que... acuerdo contigo es en que, tarde o temprano, ten­
-¿ Y por qué no les traen lo que quie­ drá que enterarse de que lo de Papá Noel no es
ren? -preguntó Supertoci. más que una tradición -suspiró--. Pero, bueno,
-Pues, ¡porque los juguetes y las bici­ ahora está tan entusiasmado con la idea y toda
cletas y todo eso cuestan dinero! -le contesté esta historia de Papá Noel es algo tan bonito, que
un poco enfadado. papá y yo hemos pensado que no le puede hacer
-¿ Y qué más da? Papá Noel no paga ningún daño, ¿entiendes, Peter? Así que, por fa­
-dijo Supertoci. vor, síguenos el juego.
-Las cosas no funcionan exactamente -Supongo que a Piruleta también le con­
así -le dije yo, sorbiendo el chocolate. tarás todo el rollo de Papá Noel, ¿no? -le pre­
-Entonces, ¿cómo funcionan? gunté.
146
-Supongo que sí -contestó mamá.
-Pues es un error -le dije, antes de
largarme de allí.
No recuerdo haber creído nunca en Pa­
pá Noel. Cuando tenía tres años pillé a mis pa­
dres poniendo regalos bajo el árbol de Navidad
y, para cuando cumplí los cinco, sabía exacta­
mente dónde encontrar los regalos que mis pa­
dres habían escondido con mucho cuidado. Y
este año, sin ir más lejos, ya sé que la abuela me
va a regalar una calculadora de bolsillo y mis JI
padres, una radio-despertador, porque el pasado
fin de semana oí a mamá y a la abuela comen­
tarlo por teléfono.
A veces pienso que sería más divertido
encontrarme con una sorpresa el día de Navi­
dad. Me gustaría que mi familia se esforzara un
poco más para que no me enterara de lo que me
van a regalar.
Por la noche, después de que Piruleta se
hubo dormido, Supertocí estuvo detrás de todos
para que escribiéramos nuestras cartas a Papá
Noel.
-A quien madruga, Dios le ayuda -<lijo.
-¿Quién te ha contado eso? ¿El Tío
Plumas? -le pregunté riéndome. . . •.:f :-�
:
-No. Ha sido la señora Muldour -dijo
Supertoci muy serio; luego, nos dio a cada uno
una hoja de papel y un lápiz.
. �.: � �
ll
-Sólo faltan tres semanas -dijo, y
después se puso a bailotear, cantando: �·.::•
------------- .
148 149
«Él tiene una libreta reo para mi habitación, seis discos y un
y en ella va a anotar avión a control remoto.
si te has portado bien Te lo agradecería muchísimo.
o si te has portado mal. Atentamente,
Papá qué ya llega a la ciudad. » PETER W. HATCHER»
-¿Papá qué?-le dije. -¿Y cómo va a saber Papá Noel qué dis­
-¡Papá Noel! -dijo él, riéndose y aplau- cos quieres? -preguntó Supertoci.
diendo-. ¿Lo entiendes, Peter? Es un chiste. Yo -Lo que puede hacer es dejarme un
digo «Papá qué » y tú entonces dices «¿Papá vale de la tienda y así no tendrá que preocupar­
qué?» , y yo digo «¡Papá Noe1!». ¿Lo entiendes? se de ello.
-Sí, claro. Lo comprendo dije yo. -Anda, pues yo no sabía que se pudiera
-¿A que es guay? -di jo. hacer eso -dijo.
-Sí, tío. -Claro. Papá Noel puede hacer lo que le
-Me lo contó Danie1. dé la gana.
-No me extraña nada. Supertoci asintió y, acto seguido, se di­
-Bueno -dijo Supertoci, con los bra- rigió a mamá:
zos en jarras-. Ahora, daos prisa, que tenéis que -Ahora tú, mami.
escribir vuestras cartas a Papá Noel. Cuando mamá y papá acabaron de leer
Antes que ponernos a discutir con é], sa­ sus cartas, Supertoci dijo:
bíamos que era mejor acceder a lo que fuera. Y yo -Bueno, ¿y la abuela, qué?
ya sabía lo que vendría luego: -Estoy segura de que también ha escri-
-Bueno, ahora cada uno que lea su carta to una carta -dijo mamá.
-dijo. -¿Y Píruleta?
Miré a papá y a mamá, que asintieron con -Es todavía muy pequeña para escribir
la cabeza para darme ánimos. De modo que leí mi a Papá Noel -contesté yo.
carta y me volví a sentir como un niño pequeño. -Bueno, pues escnbesela tú -dijo Su­
Hacía tanto tiempo que no me sentía así: pertoci, dándome otra hoja de papel.
-¿Tengo que hacerlo? -les pregunté a
«Querido Papá Noel: mis padres.
Te pido que me traigas una o más -Sería un gesto muy bonito de tu par­
cosas de esta lista: una radio-despertador, te, Peter -me contestó mamá.
una calculadora de bolsillo, un equipo esté- -Vale.
150 151
«Querido Papá Noel: -¿Ah, sí? <::reí que Supertoci había di­
Te pido que me traigas una muñe­ cho que pediste una bicicleta para Navidad.
ca, un osito de peluche y... » -En casa celebrarnos el Januká2 -dijo
Daniel-; pero sí que pedí una bicicleta.
-Y una caja de galletas -dijo Super­ -¿Y a quién se la pediste?
toci-. Ya está. Con eso basta. Total, la niña no -A mi padre y a mi madre, ¿qué te crees?
sabe nada de nada -Supertoci se estuvo quieto -No sé. Pensé que a lo mejor había un
un minuto, y después dijo-: Y Tortuga, ¿qué? hada de Januká o algo así.
-¡Oye, tú! ¡Que ya está bien!, ¿no?-di­ -Eres un imbécil, tío. De veras -dijo
je-. Eso es una ridiculez y, además, ¡ tengo que Daniel, metiéndose un montón de gominolas en
hacer los deberes! la boca.
Pero él ya había arrancado otra hoja de -Gracias, Daniel. Viniendo de ti, re­
su cuaderno y tuve que esc1ibir. sulta un cumplido.
-Que te aproveche -dijo él, mientras
«Querido Papá Noel: se marchaba sin dejar de refunfuñar-: Un hada
Te pido que me traigas una pelota de Januká... 1ja!
de goma, unas galletas para perros y un
collar nuevo. En mi clase celebramos las Navidades el
Atentamente, día antes de las vacaciones. Hicimos una fiesta,
TORTUGA HATCHER.» con galletas de Navidad y batido de frutas Isla
Tropical. Pero esta vez no tomé ni un solo vaso.
Doblé la carta, se la di a Supertoci, y le No quería correr ningún riesgo, pese a la sed que
dije: tenía. Nos dieron un regalito a cada uno: una bo­
-Te advierto que no pienso escribirle bada. A mí me tocaron un par de labios de plás­
otra a Tío Plumas. tico rojo.
-Su carta la escribe él solo -dijo Su­ El señor Bogner trajo una rama de muér­
pertoci, soltando una carcajada. dago a nuestra clase y nos preguntó si sabíamos
algo del muérdago. Alex levantó la mano, y dijo:
Daniel vino a casa al día siguiente. -Que si te pillan debajo del muérdago,
-¿Le has escrito a Papá Noel?-le pre- a lo mejor te besan y todo eso.
gunté.
-No, yo soy judío -me contestó-. No 2Januká: fiesta judía de las luces que conmemora la purifica­
creo en esas cosas. ción del templo.
152 153
-¿Alguien sabe algo más?-preguntó el La mañana de Navidad, Supertoci nos
señor Bogner. despertó a todos antes de las seis.
Entonces, intervino Elaine: -¡Me la trajo! ¡Me la trajo! -chilló-.
-Que si quieres que te den un beso, vas ¡Una bici roja sin ruedecitas! ¡Gracias! ¡Gracias!
y te pones debajo. ¡Gracias, Papá Noel, dondequiera que estés!
Todo el mundo se rió. Entonces bajamos todos a abrir los re­
-¿Alguna otra cosa sobre el muérdago galos. Tortuga recibió todo lo que pedía en su
que no esté relacionada con los besos? -pre­ carta y Piruleta también, aunque a ella le gusta­
guntó el señor Bogner. ron más los papeles de envolver que los regalos
Nadie dijo nada. en sí. Y yo, aparte de la calculadora y de la ra­
-Bueno, pues entonces, creo que debe­ dio-despertador, me encontré con una sorpresa:
ríais saber que el muérdago es, además, una un vale por dos discos.
planta que crece como parásito en los troncos A las siete y media, mamá nos preparó
de los árboles. Los pájaros se comen sus frutos, tortitas. A las diez, papá se quedó dormido en el
que son vistosos y de buen color. Sin embargo, sofá y mamá en el mismísimo suelo.
para los seres humanos, estos frutos son vene­
nosos. Los primitivos habitantes de Europa usa­ Esa noche, Supertoci se vino a mi cuar­
ban el muérdago en su-s ceremonias, y, proba­ to. Yo estaba sentado en la cama leyendo las
blemente, es por lo que ahora lo asociamos con instrucciones de mi radio-despertador.
las Navidades -y mientras hablaba, se dirigió -¿Me enseñarás a montar en bicicleta?
al fondo de la clase y colocó la rama de muér­ -me preguntó Supertoci.
dago junto a los armarios donde colgamos los -Sí, claro -le respondí-, en cuanto
abrigos. la nieve se derrita.
Luego, cuando fui por mi cazadora, me -Daniel dice que él va a aprender so­
di cuenta de que estaba junto a Joanne, parado bre hierba.
bajo el muérdago. Nos miramos, y ella se acer­ -¡Qué tontería!
có a mí y me dio un beso en la cara, cerca de la -Es que, si te caes en el asfalto, te pue-
oreja. Y en cuanto Jo hizo se puso colorada des hacer daño -aseguró Supertoci.
como un tomate. Creí que se iba a echar a llorar, -Bueno, sí, te raspas las rodillas, y ya
pero no. Entonces, yo la fui a besar en el mismo está.
sitio en el que ella me había besado; pero como -¿Eso no duele, verdad? ¿Te sale sangre?
se movió en el último momento, acabé con un -A veces -contesté.
montón de sus pelos en la boca. -No me gusta que me salga sangre.
154 155
-No te preocupes, tío. Me sonrió.
-¿ Tú te caíste cuando estabas apren- -¿A que me lo monté bien?-se jactó
diendo, Peter? Supertoci.
-Sí, claro. Un par de veces. No creas -Pues sí -le dije.
que te caes tanto, de verdad -le respondí.
-Te creo -dijo, y se subió a mi cama
y se tumbó, apoyando la cabeza en la almoha­
da-. Papá Noel no te trajo todo lo que querías,
¿verdad?
-Tampoco lo esperaba -contesté.
-Te hubiera comprado un equipo de
música, pero no tenía tanto dinero.
-Yo no me lo esperaba. Solamente esta-
ba bromeando.
-Yo también.
-¿Qué quieres decir?
-Todo ese lío de Papá Noel...
Dejé las instrucciones de la radio-des­
pertador sobre la cama, y le pregunté:
-¿Qué quieres decir con eso del lío de
Papá Noel...?
-Bueno, ¡pues que yo ya sé que Papá
Noel no existe! -dijo.
-¿Desde cuándo lo sabes?
-Pues ... ¡desde siempre!
-¿Que no crees en Papá Noel?
Supertoci se echó a reír.
-¡No! ¡Nunca he creído! -dijo.
-Entonces... ¿por qué... ?
-Pues porque mamá y papá se entu-
siasman tanto, que hice como si me lo creyera.
-¿ Como si te lo creyeras, eh?¿Y todas
esas cartas ...?-le pregunté yo.
" Capítulo 11
Catástrofes
.. 157
-Sí, y los vómitos también. Es algo que
tiene algo que ver con la temperatura del hielo y
la temperatura del cuerpo; y entonces ocurre
que...
-¡Jimmy, por favor! -dijo papá, que
se había puesto verde.
-Es la verdad, señor Hatcher -conti­
nuó Jimmy-. La sangre y los vómitos rebotan
en el hielo.
-Bueno, quizá sea así; pero ésa no es
la razón por la que venimos a ver los partidos.
Papá ya no hablaba de su libro. Me pare­ -Lo sé -dijo Jimmy-; pero Je da un
cía que no le iba muy bien. En vez de eso, le daba atractivo especial.
por hablar de la comida china, de cómo cultivar Mi padre movió ]a cabeza mostrando su
las mejores verduras orgánicas o sobre el equipo desaprobación y empezó a tachar ]os nombres
de hockey de la Universidad de Princeton. Por de algunos jugadores del programa.
cierto, me llevó a todos los partidos que el equipo Jimmy se inclinó hacia él y le tocó en el
jugó como local. Y cuando mi amigo Jimmy vino brazo.
a verme, fue con nosotros. -Oiga, señor Hatcher, yo no soy un ti­
-Me gusta mucho la violencia -dijo po violento -le dijo-. No me malinterprete. Es
Jimmy-. El hockey es un deporte estupendo: sólo una forma de descargar algo de la agresivi­
mucho más sangriento que el fútbol americano, dad que me sobra.
y, además, hay muchos más encontronazos en­
-Oye, Jimmy -le dije.
tre los jugadores.
-¿Qué?
-Pero eso no es lo más relevante del
-¿Quieres callarte?
hockey -repuso papá-. Es un juego de habi­
lidad, de precisión y de ritmo. -Vale, de acuerdo. Me callo.
-Sí, bueno -dijo Jimmy-. Eso ya lo Y se estuvo callado hasta casi el final del
sé, pero sigue siendo guay ver la sangre rebo­ tercer tiempo, cuando cuatro de los jugadores
tando en el hielo. se enzarzaron en una pelea. Entonces se levantó
-¿La sangre rebota en el hielo? -le y gritó con todas sus fuerzas:
pregunté yo. -¡Mátale! ¡Mátale!
Tuve que agarrarle por el jersey para
obligarle a que se sentara de nuevo.
158 159
Después, cuando estábamos acostados, él Si quieres ver a alguien realmente pequeño, mí­
en el saco de donnir y yo en mi cama, me dijo: rala a ella, a la del cumple.
-Voy al psicólogo del cole dos veces La del cumple estaba sentada en su silli­
por semana. Dice que estoy muy cabreado por ta haciendo porquerías. La abuela le había traí­
la separación de mis padres, ¿sabes? Te lo juro, do una taza nueva, a prueba de bombas, que no
Peter, ¡es un desastre que tus padres se divorcien! se volcaba por mucho que Piruleta se empeña­
Será mejor que vigiles a los tuyos y que escuches ra. Al final, dio un berrido, agarró la taza y se
con atención todo lo que se dicen; así no te pillará echó la leche por la cabeza.
por sorpresa. -El cumple de Piruleta puede que ter­
mine en una verdadera catástrofe -dije.
Y así lo hice por espacio de dos sema­ -¿Qué es una «catrástofre»? -pre­
nas, buscando algún síntoma raro; pero no vi ni guntó Supertoci.
oí nada distinto de lo habitual. Además, cuando -Cuando algo va mal -le contesté.
mis padres discuten, terminan siempre a carca­ -0, mejor, cuando todo va mal -dijo
jada limpia. mamá.
En febrero celebramos el primer cum­ Y, hablando de catástrofes-, seis meses
pleaños de Piruleta, que continuó la tradición más tarde, Piruleta aprendió a caminar. Al prin­
familiar de destrozar la tarta de cumpleaños de cipio eran sólo unos pasitos: desde donde esta­
un puñetazo. La abuela, que cree que es mucho ba papá a donde estaba mamá, o desde donde
mejor que en los cumpleaños haya regalos para me encontraba yo hasta llegar a Supertoci. Pero
todo el mundo y no sólo para el homenajeado, en poco tiempo ya caminaba por todas partes. A
me trajo un bolígrafo de cuatro colores, y a Su­ veces se pegaba un tortazo y, si no había nadie
pertocí un libro de Brian Tumkin que todavía no por allí cerca, se reía y empezaba otra vez. Si, en
había leído. cambio, andábamos cerca uno de nosotros, llo­
-¡Lee! -le pidió Supertoci. raba como una descosida y no paraba hasta con­
La abuela le tomó en sus brazos y le seguir una galleta.
leyó el último cuento de Uriah, uno de los per­ Y no era sólo ella la que se estrellaba,
sonajes de Brian Tumkin. porque Supertoci estaba aprendiendo a montar
-Cuando era pequeño me gustaban en bici y uno de sus mayores problemas surgía
mucho -dije. a la hora de detenerse. Seguía saltando de la bi­
-Yo no soy pequeño -dijo Superto­ ci, en vez de usar los frenos cuando quería
ci-. El año que viene estaré en primer grado. parar. Esta vez me había equivocado completa-
160 161
mente cuando le dije: «Bueno, sí, te raspas las -Nada, que Supertoci se ha hecho unas
rodillas, y ya está.» Supertoci tenía rozaduras rozaduras en las rodillas y en los codos -con­
por todas partes; pero no cedió en su empeño. testó la señorita Elliot.
Estaba emperrado en ir al cole en bici. -Unas rozaduras en las rodillas y en
los codos ... -repitió él-. Cuando yo era niño
A finales de abril, mamá y papá se con­ me las hacía todo el rato. Me gustaba patinar y
vencieron de que Supertoci ya dominaba el arte me caía, semana tras semana.
de montar en bicicleta lo suficientemente bien Y Supertoci, sollozando, le dijo:
como para ir al colegio con su amigo Daniel. -Entonces es que lo hacía muy mal.
Éste había aprendido a andar en bici en la hier­ -¿Y cómo sabes que Jo hacía mal?
ba, delante de su casa, exactamente como dijo -Porque usted acaba de decir que estaba
que aprendería y sin hacerse ni una sola herida. siempre por el suelo.
Y todo hubiera transcurrido con toda normali­ -Sí, bueno -dijo el señor Green-.
dad si Supertoci se hubiera acordado de accio­ Eso era porque me arriesgaba mucho, ¿com­
nar los frenos al llegar a la zona donde aparca­ prendes?En fin, será mejor que te apresures y
mos las bicis; pero como no fue así, aterrizó en vayas a tu clase, porque esta mañana vamos a
medio de una pila de bicicletas y cayó allí mis­ tener una visita sorpresa.
mo, tirándolas todas al suelo. No hace falta -¿ Y quién es?-preguntó Supertoci.
decir que acabó con rozaduras en los codos y en -Es un hombre muy famoso que se
las rodillas, y con los vaqueros hechos un asco. dedica a escribir e ilustrar libros para niños. Se
-No se lo diga� a mamá -me pidió­ llama Brian Tumkin.
o nunca volverá a dejarme montar en bici. -¿Está vivo? -le preguntó Supertoci
-Se va a dar cuenta aunque no se lo diga, sorprendido.
tío -le aseguré-. Estás hecho una pena. -Vivito y coleando -le aclaró el señor
Le llevé a la enfermería. La señorita Green-, y de camino a nuestro colegio.
Elliot le lavó las heridas y le puso agua oxige­ -¡Brian Tumkin está vivo! No lo sabía.
nada. Supertoci soltó un aullido, lo que no me ¿Tú lo sabías, Peter? -me preguntó Supertoci.
extrañó nada. Podía imaginarme perfectamente -Ni se me había ocurrido preguntár­
cómo le escocería. Pero la cosa no acabó ahí, melo -dije yo.
porque Supertoci siguió chillando hasta que el El señor Green miró a la señorita ElJiot,
señor Green, el director, le oyó y vino corriendo y le dijo:
por el vestfüulo. -Tenemos mucha suerte de que haya
-¿Qué pasa aquí?-preguntó. accedido a darnos una charla.
162 163
-Me parece que no sé quién es ese se­ blándole como si de verdad existiera. Yo pensé:
«O este tío está como una cabra o es un actor
ñor -dijo la señorita.
-Pues entonces es que eres más tonta estupendo.» Luego nos miró y nos preguntó si
alguno de nosotros veía a Uriah. Y una voz, en
de lo que yo pens aba -re puso Sup erto ci- .
las filas delanteras, respondió:
Primero vas y me pones el agua oxigenada sin
-Sí, sí. Yo le veo.
soplar, para que no me pique, y ahora... resulta
No tuve que verle, para darme cuenta de
que no sabes quién es Brian Tumkin.
-Nunca soplo sobre las heridas, por­ quién era.
-Lo véis ... -dijo el señor Tumkin-.
que se pueden transmitir microbios.
-Pues mi madre siempre lo hace -re- Uno de vosotros le ve·. Ven aquí, jovencito. ¿Có­
mo te llamas?
puso Supertoci.
-Bueno -intervino el señor Green-, Y enseguida apareció en el escenario
bueno, bueno... Vamos a clase, ¿eh? Casi es la nada más y nada menos que Supertoci. Claro,
yo me hundí en mi asiento.
hora de nuestra charla.
-¿Cómo te llamas, jovencito? -Je
A las diez de la mañana nos reunimos preguntó.
-Supertoci.
todos en el salón de actos del colegio. Entonces,
la señora Morgan, la bibliotecaria, nos presentó -Vaya, vaya, tienes un nombre muy po-
co común.
a Brian Tumkin y nos dijo que millones de ni­
ños en todo el mundo habían leído sus libros y -Sí, ya lo sé -dijo mi hermano.
que debíamos estar la mar de contentos por la -Oye, Supertoci, ¿qué te parece si hoy
me ayudas con mi charla?
suer te que tení amo s de que hub iera pod ido
venir a nuestro colegio. -Pues que sería un verdadero privile­
Brian Tum kin salió al esce nario. Era gio -respondió Supertoci.
alto y tenía el pelo y la barba de color grisáceo. ¡No me lo podía creer! ¡Supertoci había
Nos saludó con la mano, y luego se volvió ha­ aprendido a utilizar bien la palabra! Y se podía
ver perfectamente lo impresionado que se había
cia el fondo del escenario y pareció que hablaba
quedado Brian Tumkin, que le contestó:
con alguien.
-V enga , Uria h -dijo-. Date prisa, -Bueno, para mí también lo es.
-Entonces es unánime -añadió mi
que los chicos te están esperando.
No apar eció nadie, pero él siguió ha­ hermano.
-Oye, ¿sabes que tienes un vocabula­
ciendo como si el tal Uriah estuviera aJlf. Como
rio impresionante? -dijo Brian Tumkin.
si le llevara agarrado de la mano. Y siguió ha-
164 165
-En casa aprendo mogollón de pala­ guda. Y tiene un bigote que se le dobla hacia
bras -contestó Supertoci. abajo, alrededor de la boca ...
-Eso es estupendo. Brian Tumkin dibujaba y dibujaba a la
-Sí, aunque algunas no las puedo repe- velocidad con la que hablaba Supertoci.
tir en el cole. Como las que dice mi pájaro, que -...Y tiene un diente roto, justo delan-
se llama Tío Plumas. te, y los pies muy grandes y anda así...
Yo me hundí más en mi asiento. Y Supertoci nos hizo una demostración.
-¿En qué clase estás, Supertoci? -¿Como un pato?-preguntó Brian.
-Con los pequeños. -Sí.
-¿Y quién es tu profe? De pronto me di cuenta de quién estaba
-Pues empecé con Cara de Rata; pero hablando Supertoci. Hubiera salido de allí a to­
ahora estoy con la señorita Ziff. Es mucho más do correr si no fuera porque en ese mismo mo­
maja que Cara de Rata. mento mi hermano miró hacia el público, y dijo:
En ese momento, me tapé la cara con las -¿Dónde estás, Peter, que no te veo?
manos. -me di cuenta de que no podía irme de allí sin
-Bueno ... esto... Pasemos ahora a nues- que todo el mundo me viera; así que me escondí
tra «charla de tiza». lo mejor que pude y no contesté.
-¿Y qué es eso? -preguntó extraña- -¡Peter! ¿Es que no me ves, Peter?
do Supertoci. Se me escapó un gemido y Joanne, que
-Pues que yo me siento en mi taburete estaba a mi lado, se rió.
y tú me describes a alguien que conozcas. Yo -Es que no encuentro a mi hermano -le
iré dibujando todo lo que tú me vayas diciendo. dijo Supertoci a Tumkin.
¿Podrás hacerlo? -Ya le buscarás luego -dijo éste-.
·-Creo que sí -dijo Superto ci-. Se Ahora dime qué ropa lleva ese señor que me
trata de un hombre. has descrito.
-Necesitaré más detalles -dijo Brian -¿Que qué ropa lleva? -dijo Superto­
Tumkin, tomando un pedazo de tiza-. ¿Es alto ci-. Pues lleva una camisa azul, corbata a ra­
o bajo? yas, pantalón y calcetines marrones, y zapatos ma­
-Es alto -dijo Supertoci- y tiene la rrones con cordones del mismo color.
tripa tan gorda que le sobresale por encima del -Con cordones marrones ... -repitió
pantalón. Está casi calvo, pero todavía le queda Tumkin-. Vale; pues ya está. He terminado -se
algo de pelo a ambos lados de la cabeza. Suele limpió las manos de tiza, tomó el papel, lo levantó
llevar :vaqueros, tiene gafas y su nariz es puntia- en el aire para que lo viéramos, y añadió:
166
-¿Qué?¿Te recuerda a alguien que co-
nozcas, Supertoci?
-Sí -dijo él.

,, Capítulo 12
Piruleta empieza a hablar
..
-¿A quién?
-Al señor Green.
Todos se rieron.
Brian sonrió:
-¿ Y quién es el señor Green? -pre-
guntó entonces.
-El director del cole -dijo Supertoci.
Todo el mundo se caía de la risa.
-¿Ah, sí? -dijo Tumkin-. El señor Una mañana de mayo Supertoci me des-
Green... -y se tapó la boca con las manos para pertó bruscamente:
poder contenerse. -¡Date prisa, que llegas tarde al colegio!
Entonces, el mismísimo señor Green su­ -¡Vete! -refunfuñé-. ¡Vete de aquí!
bió al estrado y se presentó a Tumkin. Se dieron Me retiró las mantas de encima y me sa­
la mano, y el señor Green le dijo: cudió bruscamente.
-Creo que ha hecho un dibujo precio­ -¡Que vas a llegar muy tarde! -me vol­
so. Me encantaría ponerlo en mi despacho. vió a decir.
¿Podría usted firmarlo? Miré mi radio-despertador. Las ocho y
-Desde luego -dijo Tumkin-. Me diez. «¿Por qué rayos no ha sonado?», pensé,
alegro de que le guste -estampó su firma en el levantándome de la cama de un salto. Me metí
dibujo y se lo entregó. en el baño a toda prisa, me lavé la cara con agua
Todos aplaudimos. fría, me puse algo encima apresuradamente y
Y entonces Supertoci le preguntó: bajé las escaleras. En la cocina no había nadie.
-Oiga, señor Green, ¿ha sido esto una -¿Dónde estáis?-pregunté.
catástrofe? -¡la, ja, ja.' -se rió Supertoci, dando
-No del todo, Supertoci. Sólo un intento saltos de contento-. Es sábado. Te he engaña­
de catástrofe -le contestó el director riéndose-. do, ¿a que sí?
Pero de lo que sí estoy seguro es de que volverás -Pedazo de... -chillé, pero Supertoci
a intentarlo. ya había desaparecido por la puerta de atrás, an­
tes de que le pudiera poner las manos encima.
Y yo sabía bien que no se equivocaba.
Ir'
168 169
Volví a subir las escaleras como un au­ Cuando Piruleta vio a Supertoci cabeza
tómata y me volví a meter en la cama: «Algún abajo empezó a reírse y a aplaudir. Para enton­
día le mataré», me dije. «Le haré pedacitos.» ces, la cara de Supertoci se había puesto toda
Di vueltas y vueltas en la cama, pero era morada.
imposible: no podía dormirme. Oí balbucear a Pi­ -¡Bájame, bájame! -gritó.
ruleta. Me levanté y fui a su cuarto. Estaba senta­ -No lo pienso hacer -le contesté.
da en su cuna tirando sus juguetes al aire uno tras -Era sólo un juego -gimoteó-. ¿No
otro. Cuando me vio, se puso de pie y abrió los bra­ eres capaz de aguantar una broma?
zos. La saqué de la cuna. -Pues... ¡vaya broma! -dije yo.
-¡Jo! -le dije-. ¡Hueles muy mal, Supertoci daba patadas en el aire y no pa-
hija mía! raba de chillar:
La senté en su mesa y le cambié el pa­ -¡Bájame, bájame!
ñal. Sin duda, lo peor de los bebés son los paña­ -Di «por favor» -le dije.
les. La limpié y la espolvoreé enterita con pol­ -¡Por favor! -chilló.
vos de talco. -Por favor, ¿qué? -le pregunté.
-¡Jok! -dijo Piruleta. -Por favor, ¡bájame al suelo!
-Sí, eso mismo -le dije-. ¡Jo! Niña -Ahora vas a decir: «No te volveré a des-
sucia. pertar ningún sábado.»
La bajé a la cocina, la puse en su sillita -No te volveré a despertar ningún sá­
y le di un cuenco de cereales para que pudiera bado -repitió él.
masticar algo. -Ni ningún domingo -añadí.
Supertoci se asomó por la puerta de atrás -Ni ningún domingo -repitió Super-
y en cuanto me vio echó a correr otra vez; pero toci al momento.
ahora le alcancé. Cuando le agarré le puse cabe­ -Ni en vacaciones -volví a decir yo.
za abajo, me le eché sobre el hombro y le llevé -Ni en vacaciones -dijo él.
de vuelta a casa. -Dime que sientes mucho lo que has
-¡Voy a gritar! -dijo. hecho hoy -insistí.
-Grita y eres hombre muerto -le ad- -Lo siento.
vertí yo. -¿Cuánto lo sientes?
-Peter, si me pegas, se lo diré a papá y a -Lo siento mucho.
mamá. -Pero, ¿mucho, mucho? -le pregunté
-Pues, nada, díselo -y abrí de una entonces.
patada la puerta de la cocina. -Sí. Mucho, mucho, mucho, mucho.
170 171
Le puse de pie, y me quedé mirándole -Podríamos ir a buscar gusanos para la
hasta que volvió a su ser y su color cambió de señora Muldour -sugirió Alex.
morado a su tono habitual. -No, es muy pronto para eso. Recuer­
-¡Ja, }a, }a! -me dijo, corriendo ya da que le dije que los mejores se encuentran a
fuera de mi alcance-. He tenido los dedos cruza­ finales del verano.
dos detrás de la espalda, y eso quiere decir que -Bueno, pues entonces, ¿qué?
nada de lo que he dicho es verdad -y volvió a -Lo pensaremos -le dije.
salir de la casa.
«Este tío es imposible», pensé. Nos quedamos en su casa viendo la tele
-¡Jok, jok! -dijo Piruleta, al mismo un rato; pero sólo ponían unos dibujos anima­
tiempo que agarraba el cuenco y lo tiraba al suelo. dos aburridísimos, los típicos del sábado por la
mañana. Mientras veíamos El hombre araña se
Una hora más tarde apareció mamá boste­ me ocurrió una idea:
zando, a la vez que se ataba el cinturón de la bata. -¿ Y si fuéramos de excursión? -le
-¿Por qué te has levantado tan tempra­ pregunté.
no, Peter? -me preguntó. -¿ Y adónde iríamos?
-Sería muy largo de contar -respondí. -No sé.
-Bueno, hace un día precioso; así que Alex se rascó la cabeza.
será mejor no desperdiciarlo -llenó una taza -¿Y si fuéramos al lago? Podríamos ir a
de leche para Piruleta, y luego preguntó: -¿Dónde comer y ver a los de la Uni que van a remar, ¿no?
está Supertoci? -Sí, buena idea -le dije-. ¿Qué tie-
-Afuera, con Tortuga. nes para comer?
-Qué madrugador -dijo mamá. -Nada, seguramente -me contestó.
-A quien madruga, Dios le ayuda -le Entramos en la cocina.
dije yo. -Mi madre hace la compra los sábados
Mamá asintió y se preparó una taza de -dijo, mientras abría la puerta del frigo-. ¿Lo
café. ves? No hay nada -y cerró la nevera dando un
portazo.
Al rato, me fui a casa de Alex. -Mi padre compra los viernes -dije
-¿Por qué no hacemos hoy algo distin­ yo-. Vamos a ver qué hay.
to? -propuse.
-¿Como qué? En casa había pollo frío, tomates, pan
-Pues ése es el problema, que no lo sé. integral, fruta y limonada congelada.
172 173
-¡Jo! ¡Qué gozada! -dijo Alex-. agua a su cuenco y empezó a hacer los ruidos
¡Preparemos lo que nos vamos a llevar! de siempre.
Me puse a hacer unos sándwiches mien­ Supertoci observó nuestros movimien-
tras Alex hacía la limonada. tos con gran atención.
-No te olvides de la sal -me recordó -¿Qué hacéis?-preguntó.
Alex. -¿ Y a ti qué te parece? -le contesté.
-Vale... y tampoco te olvides de la ma­ -Pues me parece que estáis preparando
yonesa -añadí. la comida -dijo.
-Pero, tío, no puedes llevar mayonesa -Eso es. Nos vamos de excursión.
en una excursión -dijo él. -¿Nos vamos?
-¿Por qué no? -Sí, nosotros; es decir, Alex y yo.
-Porque es muy pringosa -dijo-. Y, -¿Dónde vais?
además, te puedes poner malo. -Al lago.
-¿Quién te lo ha dicho? -Pues yo también iré-dijo Supertoci.
-Lo sé, porque una vez a mi madre le -¡No, señor! ¡Tú no!
sentó mal -dijo Alex-. Se intoxicó por tomar -¿Por qué no?
ensaladilla con mayonesa yendo de acampada. -Pues porque no estás invitado. Por eso.
-Pero nosotros no llevamos ensaladilla. -Pero ... ¡a mí las excursiones me gus-
-Fue la mayonesa la que la intoxicó; tan cantidad!
no las patatas, tío. -Pues cómo lo siento -le contesté.
-Pero no vamos de acampada -le di­ -Ya te dije que lo sentía mucho -ale-
je-. Sólo vamos al lago. gó él.
-Pues yo no quiero mayonesa. Ni si­ -Sí -afirmé yo-, y también dijiste
qmera un poco. que habías cruzado los dedos detrás de la espal­
-Vale, pues yo sí -y me la puse en las da y que no servía.
rebanadas de mi sándwich. -Pero... era mentira.
-No te olvides de la sal -repitió. -¿Sabes qué les pasa a los mentirosos,
Saqué el salero del bolso de la comida, Supertoci?
lo levanté y eché sal en la cabeza de Alex. -No.
-¡Qué gracioso eres! -me dijo, mien­ -Pues ya te enterarás -y le aparté pa-
tras se sacudía. ra poder seguir a lo mío.
La puerta de la cocina se abrió y apare­ Supertoci se fue a todo correr, a la vez
cieron Supertoci y el perro. Tortuga fue a beber que gritaba:
174 175
-Mami, mami, ¿puedo ir al lago con -¿Qué tal la excursión? -me pregun­
Peter? tó mamá.
-No -respondió mamá. -Díver -respondí-. Había muchas
-¿Por qué? hormigas y todo eso, pero fue divertida.
-Porque está lejísimos y, además, en -No te olvides de lavar el termo -me
esa caffetera hay mucho tráfico. recordó papá.
Supertoci empezó a patalear y a chillar: -Descuida ... Pero, ¿dónde está Super­
-¡Yo quiero ir al lago! ¡Quiero ir de ex­ toci? -añadí.
cursión! -y, cuando nos vio salir con las bol­ -Pues supongo que en casa de Daniel
sas de la comida, se abalanzó sobre mí y se aga­ -dijo mamá-. Estaba furioso.
rró de mi pierna. -Ya me di cuenta -dije yo.
-¡Llévame! ¡Llévame! -chillaba.
-Venga, tío, ¡piérdete! -y conseguí A las cuatro sonó el teléfono. Yo mismo
que se soltara-. Llama a Daniel, cuenta hormi­ contesté. Era la madre de Daniel. Llamaba para
gas o haz lo que quieras. que le dijera a su hijo que ya era hora de volver
Supertoci se tapó los oídos con las manos, a casa.
abrió la boca de par en par y se puso a gritar como -Pero si Daniel no está aquí...
un loco. -Entonces, ¿dónde está? -preguntó
-Acabará afónico -dijo Alex. ella.
-Venga, ¡vámonos! -le apremié yo. -Pues no lo sé -respondí-. Espere un
Saltamos sobre las bicis y nos fuimos momento, por favor -dejé el teléfono, y llamé
pedaleando por el arcén de la carretera. Super­ a mis padres por la puerta de atrás.
toci empezó a tirarnos piedras, pero no consi­ -Es la señora Manheim ... Está buscan­
guió alcanzarnos. A dos manzanas de distancia, do a Daniel.
todavía oíamos sus beITidos. Mamá corrió al teléfono, mientras se se­
caba las manos en los vaqueros.
Alex tenía que volver a su casa a las tres -Señora Manheim... Creíamos que los
y media porque tenía clase de piano. Además, niños estarían ahí ... No, no ... desde las once y
para entonces ya habríamos visto a los remeros media, más o menos ... ¿Qué dice que ha encon­
de la Uni (y ya estatíamos hartos de los bichos del trado ... ? ¡Ay, no ...! No creerá que ... Sí, claro,
lago). Cuando llegué a casa, mamá y papá esta­ ahora mismo -y colgó el teléfono.
ban trabajando en el jardín y Piruleta dormía en -¿Qué sucede? -preguntó papá, que
una tumbona. había llegado mientras tanto.
176 177
-La señora Manheim dice que ha en­ -Creemos que se han ido al lago -di­
contrado la hucha de Daniel hecha pedazos y jo papá.
que el dinero no estaba. -¡El lago! ¡Dios santo! ¡Daniel no sabe
Mamá subió a todo correr al cuarto de nadar! -dijo ella.
Supertoci y nosotros la seguimos. -Pues Supertoci tampoco -afirmó mi
-Bonjour -dijo Tío Plumas. madre.
-¿Dónde guarda Supertoci la hucha que -Sí que sabe -intervine yo-... Al es­
le regaló la abuela por su cumpleaños? -pre­ tilo perro.
guntó mamá. -Peter, ¡por favor!
-¡Aquí! -dije yo, al verla sobre una -Pero, ¿por qué iban a ir a nadar? El
bald�-. ¡Y está vacía! agua está demasiado turbia como para meterse.
-¡Bonjour, estúpido! -dijo Tío Plumas. -Peter, ¡por favor! -dijo papá.
-¡Cállate! -le grité yo. -¿Qué?-dije yo.
-Cállate tú... tú... tú ... -repitió él. -Silencio, que estamos pensando.
-¿Cuánto dinero crees que podría te- -No perdamos más tiempo -se impa-
ner? -me preguntó mamá. cientó Ja señora Manheim-. Vamos a buscar­
-Pues ... dos dólares con cincuenta cen­ los de una vez.
tavos -contesté-. Precisamente lo contó ayer -Warren -dijo mamá-, tú vete con
por la noche. la señora Manheim... Yo me quedaré con Peter,
-Así que tienen unos siete dólares en­ por si llama alguien por teléfono.
tre los dos -dijo mamá.
-Siete dólares ... siete dólares ... siete Piruleta dormía como un tronco en la
dólares -repitió el estornino. tumbona y, cuando se fueron, mamá me dijo que
-No pueden ir muy lejos con ese dine­ la metiera en casa. La tomé en brazos y la lleve
ro -dije yo. dentro. Ella abrió los ojos, me miró, y dijo:
-Peter, ¡por favor! -exclamó mamá. -¡Jok/
Al cabo de un rato apareció la señora
Manheim en un deportivo rojo. Llevaba unos A las cinco de la tarde sonó el teléfono:
vaqueros cortados por la rodilla, una camiseta « Ya está», pensé. «Le han encontrado
con un lema que decía «¡Viva el esquí!» y unas deshecho en la carretera, con la bici destrozada a
playeras de tenis con las puntas cortadas. Lle­ su lado... O a lo mejor le ha encontrado el equipo
vaba el pelo trenzado en una coleta que le caía de remo de Princeton. Puede que le hayan sacado
por la espalda. del lago con la cara morada e hinchada.» Se me
178 179
hizo un nudo enorme en la garganta. «Si le hubie­ tan preocupados ... ! ¡No te muevas de ahí, que
ra dejado venir de excursión, nada de esto hubiera ahora mismo vamos!
ocurrido. Si no hubiera deseado que se muriera Nos metimos al coche de un salto. Yo
cuando me despertó por la mañana ... Pero ahora coloqué a Piruleta en su sillita y salimos pitan­
ya es demasiado tarde. » do. Nos encontramos con papá y con la señora
Me imaginé el funeral. Supertoci y Daniel Manheim cerca del lago, y les contamos la bue­
na noticia. Subieron en el otro coche y fueron
en sus pequeños ataúdes blancos ...
-¡Peter, contesta tú! -me dijo mamá, detrás de nosotros por la autopista.
Supertoci y Daniel nos estaban esperan­
cuando sonó el teléfono.
-D iga -contesté, con apenas un hilo do fuera de la panadería. Se los veía muy peque­
de voz. ños allí parados. Supertoci llevaba una bolsa de
«¿Qué le diré a mamá si me dan una mala papel con el logo de Sandy. Mamá aparcó, saltó
noticia?», pensé. rápidamente del coche y le abrazó con todas sus
-¡Hola, Peter! fuerzas.
-¡Supertoci! ¿Dónde estás? -¡Qué contenta estoy de verte, Super­
-Adivina ... toci ! -le dijo.
-¿En la estación de tren? Volví a sentir un nudo en la garganta; pero
-No. esta vez era diferente.
-¿En la de autobuses? -Ten cuidado, no me aplastes o te que­
-No. darás sin tus pasteles de chocolate, mami -dijo
. , "
-1.,·En 1 a... com1sana .
mi hermano.
-No. ¿Te rindes? Cuando llegamos a casa, Supertoci se
-Me rindo. ¿Dónde estás? sentó en el sillón preferido de mamá, y dijo:
-En la panadería Sandy. -Fuimos a comer a ese sitio de cosas
-¿En la que está junto a la autopista? guays, el que está al lado de Sandy, y nos repar­
-Sí. timos un sándwich de crema de anchoas.
-¿Y fuiste en bicicleta hasta allí? -Y tomamos un batido cada uno -aña­
-Fue la mar de fácil. dió Daniel, repanchigado en el sofá de papá.
-¿ Y Daniel está contigo? Mamá, papá y la señora Manheim esta­
-Sí. ban sentados uno al lado del otro, enfrente de
Mamá me arrancó el teléfono de las manos. los fugitivos.
-¡Ay, Supertoci, mi vida! ¡Qué conten- -Sabéis que lo que habéis hecho está
muy mal -dijo mamá, rompiendo el hielo.
ta estoy de que estés sano y salvo! ¡ Estábamos
180 181
-Ha sido algo muy irresponsable... una
-Estoy de acuerdo -afirmó la señora
locura -dijo papá. Manheim.
-Y muy peligroso -prosiguió mamá. -Y yo -sentenció mamá.
-Y una tontería -dije yo.
No podía creérmelo. Por fin me toma­
-Y, aunque nos alegramos mucho de
ban en serio.
veros, estamos muy enfadados -dijo a conti­
-¿ Y cómo vamos a ir ál cole? -pre­
nuación la señora Manheim.
guntó Supertoci, haciendo pucheritos.
-¡Muy enfadados! -repitió mi madre.
-¡ Pues andando! -exclamó mamá-.
-Creo que os merecéis un castigo -dijo
Como antes. Como cuando no teníais bici.
mi padre. -Pero mami -empezó Supertoci-.
Supertoci y Daniel se miraron. Si tú me quisieras...
-¿Se os ocurre algo? -les preguntó
-Lo hago precisamente porque te quie­
papá. ro y porque quiero que tengas cuidado.
-Meternos en la cama a las ocho -di­ Supertoci se levantó y dio una patada en
jo Supertoci. el suelo.
-No me parece suficiente -intervino -¡No debí comprarte pasteles, mamá!
mamá. ¡Si lo sé, no te los traigo! -gritó.
-¿ Y a las siete? -preguntó Supertoci
bostezando. Papá fue a por las bicicletas, las encade­
-Claro -contestó lé1- señora Manheim-, nó y las colocó en una balda del garaje.
porque estáis muy cansados; pero eso no es un -Espero que hayáis aprendido que no
castigo. podéis huir de casa cada vez que sucede algo
-¿Qué os parece si les dejamos sin bi­ que no os gusta.
cis durante un mes? -propuse yo, suponiendo -Huir no resuelve nada -dijo mamá.
que todos se abalanzarían sobre mí diciendo: -Pues nos lo pasamos fenomenal -repu-
«Pero, Peter, ¡por favor...!» so Danie.1-. ¡Ja, ja, ja.'
Se hizo un tenso silencio. -Y nos dimos una buena panzada de co­
-¡Nooo! -gritó Supertoci. mer -añadió Supertoci-. Además, os hemos
-¡No es justo! -chilló Daniel. demostrado a todos que podemos llegar al lago
Mamá, papá y la señora Manheim inter­ en bicicleta.
cambiaron miradas. -No -dijo papá-, lo único que habéis
-Me parece que eso es muy razonable demostrado es que no estáis preparados para usar
-opinó papá. las bicis.
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Supertoci y Daniel se miraron el uno al -Pues no es verdad -alegó papá.
otro; pero esta vez se echaron a llorar. -Entonces, ¿por qué vinimos a Prince-
ton? -preguntó Supertoci.
Para la cena pedimos una pizza. Daniel -Para cambiar de aires -le aclaró papá.
dejó de llorar sólo para recordarle a mamá que: --Pues por eso quería yo ir al lago -di-
-No como nada que tenga cebollas o jo Supertoci-. Para cambiar de aires.
guisantes. -Hablando de Princeton y hablando de
Y ella le contestó: cambios -dijo mamá, que se acababa de comer
-¿Cómo podría olvidarlo? su tercer pastel de chocolate-, resulta que Mi­
llie y George volverán pronto y tenemos que de­
Después de que Daniel y la señora Man­ cidir qué vamos a hacer.
heim se marcharan, mamá puso su último disco de -¿Cómo? No entiendo -intervine yo.
Mozart y todos nos sentamos en la mesa de la sala -Bueno, pues que, o buscamos otra ca-
para tratar de annar nuestro puzzle: uno en el que sa aquí, en Princeton, o regresamos otra vez a Nue­
se ven unas montañas al atardecer. Hasta el mo­ va York.
mento sólo hemos conseguido montar una esquina. -¿Eso quiere decir que podemos ele­
-Pues también Peter se escapó de casa gir? -pregunté-. ¡ Siempre pensé que estába­
una vez -dijo Supertoci, con una de las piezas mos en Princeton sin tener otra opción!
del puzzle metida en la boca. Apareció Piruleta, echó mano de un
Se la quité, y Je dije: puñado de piezas del puzzle y se largó.
-Pensé en escapar, pero nunca lo hice. -¡Eh! -le dije-. ¡Trae eso aquí!
Puse otra pieza en su sitio. La perseguí por la habitación hasta atra­
-Y papá también quiso escapar cuando parla, le di un ratón de goma y entonces ella sol­
decidió no seguir trabajando -continuó Super­ tó las piezas.
toci, apilando unas cuantas piezas del puzzle color -No es que me entusiasme la idea de
naranja. viajar en tren todos los días -dijo papá-; pero,
-¿Cómo? -preguntó papá. si vosotros queréis quedaros en Princeton, lo
-¿No es por eso por lo que vinimos a haré.
Princeton? -preguntó Supertoci. -¿En tren? -le pregunté.
-Por supuesto que no -dijo papá-. -Sí -afirmó papá-, voy a volver a tra-
¿Quién te ha metido esa idea en la cabeza? bajar en la agencia.
-Nadie -respondió Supertoci-. Ha -¿Y ya no vas a seguir escribiendo?-le
sido idea mía. pregunté.
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-Por ahora no. He descubierto que no -En algunos sitios como en Central
soy muy buen.escritor. Incluso es posible que Park, sí -le contesté.
no acabe nunca mi libro -nos confesó. -Me acuerdo de Central Park -añadió
Yo ya lo sabía; pero no quise decir nada. Supertoci.
-En cambio, soy muy bueno en publici­ -Y te acordarás de nuestro apartamen­
dad y, además, me apetece mucho volver a traba­ to y de Henry y del ascensor -le dije.
jar; lo que no significa que quiera ser el presidente -Ah, sí, es verdad. Sí; me acuerdo de
de la agencia donde trabajo, Peter. Henry y del ascensor.
-Lo sé, lo sé -dije-. Y tú, mamá, ¿qué Mamá y papá se rieron.
harás?-añadí. -¿Y tú, qué?-preguntó Supertoci-.
-Bueno, si papá vuelve a trabajar, sí ¿Dónde quieres vivir, Piruleta: en Princeton o
que me gustaría empezar a estudiar Historia del en Nueva York?
Arte ... Quizá en la Universidad de Nueva York. -¡Jok! -dijo Piruleta.
-Y la Universidad está en la ciudad, -¿Habéis oído eso?-dijo Supertoci.
¿verdad? -¡Jok!-repitió Piruleta.
-Sí, en Greenwich Village -contestó Mamá y papá se miraron sorprendidos.
ella. -¡Es su primera palabra!-·dijo Super-
-¿Así que los dos queréis volver a la toci-. ¡Y quiere vivir en Nueva York!
ciudad?-pregunté. -Nu Jok -dijo Piruleta.
Mis padres estrecharon sus manos, y Yo era el único que sabía que Piruleta se
mamá dijo: había pasado el día diciendo eso, y que no tenía
-Creo que sí. nada que ver con el nombre de la ciudad; pero
-¿Y tú qué, Peter?¿Qué quieres hacer? volví a callarme.
-me preguntó papá. -¡Es una decisión unánime! -dijo en­
-No lo sé -contesté-. Me he acos- tonces Supertoci.
tumbrado a Princeton; pero todavía echo mucho -Ésas son palabras mayores -añadió
de menos Nueva York. mamá.
-Pues yo no me acuerdo de nada -di­ -Conozco un montón de palabras ma­
jo Supertoci. yores -continuó Supertoci-. ¡Te sorprende­
-Que sí, tío; que sí -le dije. rías de todas la palabras mayores que conozco,
-Que no, que no me acuerdo -insistió mami!
él, antes de preguntar-: ¿Se puede andar en -Mi Supertoci, mi cielo ... -dijo ma­
bici? má-, eres una cajita de sorpresas.
186
«Así que volvemos», pensé. «Volvemos a
la Gran Manzana3 , a nuestro apartamento. Otra
vez Jimmy Pargo y Sheila Tubman, y mi roca del

,l
,,
Indice
.
..
parque. Otra vez a pasear a Tortuga e ir detrás
con el recogedor. Pero vale la pena. Ya lo creo
que sí.»
Levanté a Piruleta en brazos y la balanceé
en el aire. Yo no hacía más que reírme, y Piruleta
también se reía.
Para algunos, no hay mejor sitio en el
mundo que «Nu Jok» ... l. ¿A que no lo adivinas, Peter? ........... 9
2. «Cuchi, cuchi ...» .............................. 18
Yo creo que tienen razón. 3. Otro notición .................................... 31
4. Como una cabra .............................. . 45
5. Los pequeños son más dulces .......... 57
6. Harry Drexel se encuentra
con Cara de Rata .. .................. .......... 69
7. Un pájaro muy culto ......................... 85
8. Calorías para todo el día .................. 1O 1
9. Supertoci .......................................... 122
10. ¿Papá qué? ....................................... 139
11. Catástrofes .......... .. . ....... ................... 156
12. Piruleta empieza a hablar .......... ....... 167
3Gran Manzana o «Big Apple»: nombre que se le da a la ciu­
dad de Nueva York.
JUDYBLUME
Vive en Nueva Jersey con su marido y sus dos
hijos. Está considerada como una de las au­
toras de literatura infantil más importantes de
Estados Unidos. Sus libros han recibido una
gran acogida por parte de la crítica. El pre­
sente título, Supertoci, ha alcanzado tal éxito que
ha inspirado una popular serie de televisión.