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Diario de la política en

America latina

Representación política en Chile contemporáneo

Roberts, Kenneth M. (2016),


(Re) Politización desigualdades: movimientos, partidos y ciudadanía social en Chile, en: Diario de la
política en América Latina, 8, 3, 125-154.

URN: http://nbn-resolving.org/urn/resolver.pl?urn:nbn:de:gbv:18-4-10067 ISSN: 1868-4890 (en

línea), ISSN: 1866-802X (impresión) La línea versión de este artículo se puede encontrar en: < www.jpla.org>

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? Diario de la política en América Latina 3/2016: 125-154

(Re) Politización desigualdades: movimientos,


partidos y ciudadanía social en Chile
Kenneth M. Roberts

Abstracto: Durante 20 años después de la transición democrática 1989-1990, la política chilena se caracterizó
por formas estables de representación política basada en parte, los niveles relativamente bajos de movilización
social, y un consenso tecnocrática en torno a un modelo de desarrollo neoliberal que genera rápida y sostenida,
aunque muy desigual, los patrones de crecimiento económico. Esta matriz sociopolítica fue cuestionada, sin
embargo, cuando cientos de miles de estudiantes y sus partidarios salieron a las calles para protestar contra las
desigualdades educativas, mientras que un número menor de manifestantes se movilizaron en torno a una
plétora de otras formas de trabajo, el medio ambiente, y las reivindicaciones de derechos indige- nous. Esta ola
de protesta social se produjo en un contexto de creciente distanciamiento de los ciudadanos chilenos de los
partidos tradicionales y las instituciones representativas, y se perforó el aura de inevitabilidad y el consenso que
rodeaba el modelo económico del país. El oleaje subterráneas de la protesta popular significó el fin de una era
política postransición en Chile y el amanecer de una nueva definida por la repolitización de las desigualdades
sociales y económicas, incluyendo intensos debates sobre los pilares sociales del modelo neoliberal y el alcance
de los sociales los derechos de ciudadanía. El caso chileno arroja nueva luz sobre los procesos por los cuales
cualidades INE- vienen a ser politizado o despolitizado en diferentes contextos estructurales, institucionales y
ideacionales. incluyendo intensos debates sobre los pilares sociales del modelo neoliberal y el alcance de los
derechos de ciudadanía social. El caso chileno arroja nueva luz sobre los procesos por los cuales cualidades
INE- vienen a ser politizado o despolitizado en diferentes contextos estructurales, institucionales y ideacionales.
incluyendo intensos debates sobre los pilares sociales del modelo neoliberal y el alcance de los derechos de
ciudadanía social. El caso chileno arroja nueva luz sobre los procesos por los cuales cualidades INE- vienen a
ser politizado o despolitizado en diferentes contextos estructurales, institucionales y ideacionales.

Manuscrito recibió el 10 de octubre de de 2016; aceptado 23 de de noviembre de el año 2016

palabras clave: América Latina, Chile, la transición democrática, los partidos políticos, los movimientos sociales

Kenneth M. Roberts es profesor de gobierno en la Universidad de Cornell y se especializa en la


economía política de América Latina y las políticas de desigualdad. Sus trabajos más recientes
incluyen Cambiando el rumbo en América Latina: sistemas de partidos en la era neoliberal ( Cambridge
University Press) y El resurgimiento de la izquierda latinoamericana ( co-editado con Steven Levitsky
de la Johns Hopkins University Press). E-mail: <Kr99@cornell.edu>
? 126 Kenneth M. Roberts

Introducción
Desafíos para la representación democrática en Chile contemporáneo reflejan, en parte, un creciente
desapego de los ciudadanos de los partidos políticos y otras instituciones representativas formales.
Este desprendimiento, sin embargo, no puede simplemente ser atribuido a la apatía política
generalizada o una retirada de los asuntos políticos. En cambio, para muchos ciudadanos y grupos
sociales, el desapego de las instituciones formales se acopla con una mayor propensión a ES- Gage
en la acción colectiva - es decir, a movilizarse políticamente - tanto fuera de y

en contra canales de representación interés partido mediada. Los movimientos de


protesta de masas de la segunda década del siglo XXI son la manifestación más visible
de esta movilización sociopolítica extrainstitucional, y demuestran su inclinación hacia
modos de contenciosos de la acción colectiva y la articulación de la demanda (ver
McAdam, fila Tar, y Tilly 2001 ). 1

Como sugiere Tarrow, formas discutibles de la acción colectiva se in- trinsically relacionados con
deficiencias de representación. Es decir, que se em- pleados por personas “que no tienen acceso regular a
las instituciones representativas” y “actuar en nombre de reivindicaciones nuevas o no aceptados” (Tarrow,
2011: 7). Estas deficiencias se encuentran en el corazón de la protesta social en el Chile contemporáneo,
como en otros países de América Latina que han experimentado las protestas masivas en las últimas
décadas (Roberts 2014). Mientras que una diversa gama de actores sociales han participado en actividades
de protesta en Chile - incluyendo estudiantes, trabajadores, grupos in- digenous y activistas ambientales -
todos han articulado las reclamaciones que se encuentran A poca expresión en las organizaciones de los
partidos principales que dominaron electoral y los ámbitos de formulación de políticas bajo el régimen ocratic
demos- posterior a 1990. La mayoría de estas reclamaciones estaban relacionadas con los “déficits sociales”
del modelo de desarrollo neoliberal que los principales partidos de Chile conservan en gran medida después
de la transición de un régimen militar. De hecho, desafíos a las desigualdades sociales y económicas
incrustados dentro del modelo al neoliber- han proporcionado un tipo de “marco maestro” (Snow y Bedford

1992) para diversas formas de acción colectiva contenciosa fuera de los canales formales de
representación - un patrón que previamente se ha visto en otros países latinoamericanos como
Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador (Silva 2009). Como tal, la politización de la
desigualdad - o, como se explica a continuación, la repolitización - es fundamental para la
comprensión de la

1 El autor desea agradecer a Carolina Segovia, Cristóbal Rovira Kaltwasser, y Rosanna Castiglioni por
sus útiles comentarios sobre una versión anterior de este documento.

Los editores de este número especial desean reconocer el apoyo de la Iniciativa Científica
Milenio de Chile (proyecto NS130008).
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desafíos que enfrentan las instituciones representativas de la democracia chilena


contemporánea.
Durante 20 años después de la transición de régimen 1990, demo- cracia chilena se
caracteriza por formas estables de repre- sentación política basada en parte, los niveles
relativamente bajos de movilización social, y un consenso en torno a políticas neoliberales
tecnocrática que generó una rápida y sostenida, sin embargo, muy desigual , patrones de
crecimiento económico. Se desafiaron las tres dimensiones de esta matriz socio-política, sin
embargo, cuando cientos de miles de estudiantes y sus partidarios salieron a las calles en 2011
para protestar contra las desigualdades educativas, mientras que un número menor de res protes-
movilizaron en torno a una plétora de otras formas de trabajo, el medio ambiente, y reivindicaciones
de derechos digenous in- (ver Donoso y von Bülow 2017). Rompiendo con un cuarto de siglo de
quiescencia social relativa y la competencia política institucionalizada, esta nueva ola de protesta
social desbordado sistema de partidos de Chile a la izquierda y se punza el aura de inevitabilidad y
consenso que rodeaba el modelo económico muy promocionado. Aunque ni las redes de activistas
ni los agravios que articulan eran nuevos en la política chilena, su nueva capacidad para movilizar a
un gran número de ciudadanos de marzo de protesta, ocupe los espacios públicos, e interrumpir las
actividades diarias marcaron un cambio radical en la arena política nacional.

De hecho, la oleada de protestas populares significó el fin de la era política postransición y el


amanecer de una nueva definida por la repolitización de las desigualdades sociales y económicas.
A pesar de que las desigualdades no eran del todo ausente de la agenda política durante la era
ción posttransi-, estaban dirigidas de una manera altamente tecnocrática que de- hizo hincapié en
conflicto distributivo como eje de la competencia entre partidos y en gran parte eliminada como un
punto focal de movilización social. Esta despolitización tecnocrática cambió abruptamente cuando
los estudiantes se rebelaron en masa y obligó a las instituciones partidistas y representativos de
Chile para abrir nuevos debates en torno a los pilares sociales del modelo neoliberal, el alcance de
los derechos de ciudadanía social, e incluso los mismos fundamentos constitucionales de la
post-1990 orden democrático.

El caso de Chile, entonces, está hecha a medida para la comprensión de cómo llegan a ser
politizado o despolitizada en diferentes contextos estructurales, institucionales y ideacionales cualidades
INE. Aunque la politización tiene fundamentos estructurales en los patrones existentes de estratificación
social, se inevita- blemente un proceso político históricamente contingente, centrada en la agencia que es
impulsado hacia adelante por los actores sociales y políticos. Estos actores son generalmente de
naturaleza colectiva y potencialmente situado en una amplia gama de diferentes posiciones estructurales.
Un proceso de politización puede asumir formas de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba y está sujeta
a una miríada de expre- organizativa
? 128 Kenneth M. Roberts

siones y canales institucionales que median entre estos diferentes niveles.

por lo tanto este trabajo problematiza el proceso de politización de las desigualdades, rompiendo
con la influyente obra reciente que asume el carácter y la intensidad de los conflictos distributivos se
puede deducir directamente de las estructuras subyacentes de la desigualdad (véase Boix 2003;
Acemoglu y Robinson 2006). Siguiendo una lógica más constructivista, se argumenta que la politización
de las desigualdades es ni una ni un imperativo estructural dada; Es, en cambio, un contingente y
variando resultado de los procesos de movilización históricamente situados sociopolítica, la competencia
y el conflicto. agencia política es fundamental para este tipo de procesos, que están fuertemente
condicionados por la construcción social y el comportamiento estratégico de los actores colectivos como
los lazos políticos par-, organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales.

Donde la competencia partidista y electoral no politizar las desigualdades - es decir, donde los
partidos ignorar o minimizar los resultados distributivos y competir sobre la base de otras formas de
diferenciación política - la agenda política puede estar divorciada notablemente de las
desigualdades estructurales subyacentes. Tal despolitización, sin embargo, se basa en gran medida
en la quiescencia et al socie-, ya que es susceptible a la movilización social y política fuera de las
instituciones representativas establecidas por los actores colectivos que articulan las afirmaciones
de que los principales partidos no reconocen ni aceptan. partidos del gobierno de Chile, por ejemplo,
minimizaron las desigualdades estructurales en el sistema educativo al tratar de ampliar el acceso a
la educación superior privada, la creencia de que los créditos de matrícula y los préstamos
estudiantiles crearían nuevas oportunidades educativas y mejorar la movilidad social individual. El
movimiento estudiantil, por el contrario, afirma movilizado en torno a las reformas institucionales
funda- mentales que eliminen los beneficios privados del sistema de educación y establecer la
educación pública universal y gratuita - demandas que iban mucho más allá de las medidas
limitadas que fueron entretenidos inicialmente por la clase política.

Para explicar esta dinámica, este artículo describe el proceso por el que las desigualdades se
despolitizadas primero y luego repoliticized durante el período democrático contemporáneo de Chile,
centrándose en la interacción entre los actores institucionales y sociales - en particular, los partidos
políticos y los movimientos sociales. a continuación, que saco de datos de la encuesta de opinión pública
para analizar el comportamiento de protesta en el nivel micro y explorar sus correlatos demográficos,
políticos, y de actitud. El análisis demuestra que la activación de las preocupaciones relacionadas con las
necesidades sociales y las desigualdades se encuentra en el corazón de los últimos ciclos de la acción
política en Chile. Si bien gran parte de esta ción activa- se produce fuera establecieron canales partidarios,
algunos de También toma
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colocar entre los miembros del partido o simpatizantes que apoyan los esfuerzos del estado ous más vigor- para
hacer frente a los problemas sociales.

La conceptualización de la politización de la desigualdad


Las políticas de desigualdad han ocupado un lugar destacado en el panorama político de Chile
durante la mayor parte del siglo pasado, a pesar de haber jugado a cabo en muy diversas y
cambiantes formas. La gestión de las desigualdades sociales y económicas ha sido una
preocupación central de los gobiernos democráticos de Chile desde 1920, y los conflictos
distributivos estaban en el corazón de colapsos de la democracia - y subsiguientes períodos de
cierre autoritario - en los años 1920 y 1970. Incluso para los estándares de América Latina, los
flujos y reflujos de la política chilena han sido fuertemente condicionada por los patrones cíclicos de
la politización y despolitización de las desigualdades, que han creado marcada cohortes
generacionales y los efectos en el cuerpo político nacional.

Estos patrones cíclicos ayudan a arrojar luz sobre las limitaciones de los enfoques teóricos
inante dom- al estudio de la democracia y la desigualdad. Basándose en el modelo formal pionero
de Meltzer y Richard (1981), los estudios célebres de Boix (2003) y Acemoglu y Robinson (2006)
hacen dos hipótesis fundamentales: (1) que los regímenes democráticos corres- re a las
preferencias políticas de la mediana votantes, y (2) que estas preferencias se inclinan naturalmente
hacia medidas de redistribución bajo condi- ciones de desigualdad, ya que los ingresos del votante
mediano es necesariamente inferior a la media de ingresos en la sociedad cuando la riqueza se
concentra entre los pocos. A pesar de su teoría de juegos, el rigor microanalítica, tales enfoques
racionalistas en última instancia, descansan sobre cimientos altamente estructuralistas, como
resultados de régimen y de distribución se derivan tanto de la la agregación de las preferencias
individuales sobre la base de la estructura aeronáutica en la escala in- venir. Las instituciones
políticas, a continuación, - ya sea democrática, authoritari- una o revolucionario - se tratan como una
función del conflicto distributivo.

Como en cualquier enfoque estructuralista, estas obras carecen de una apreciación por la relativa
autonomía de la esfera política y el papel de la agencia política, incluyendo sus bases ideacionales de
comportamiento estratégico. Cuando la política se tiene en cuenta, tanto de los supuestos mencionados
anteriormente se vuelve altamente contingente y variables; regímenes democráticos pueden no
responder a las preferencias políticas del votante medio, y jorities ma- populares no pueden expresar
sus preferencias - mucho menos movilizarse políticamente - para los resultados de redistribución. Una
amplia gama de factores institucionales, de comportamiento y ideacionales puede causar resultados
democráticos que se desvían de los supuestos racionalistas estructuralmente derivados. Desde arriba,
estos supuestos
? 130 Kenneth M. Roberts

en gran medida caso omiso de los potenciales efectos distorsionadores de la riqueza


concentrada en las instituciones democráticas y los procesos de elaboración de
políticas, ya que las élites económicas poseen una amplia gama de recursos basados ​en
la riqueza políticos, el acceso y la influencia que puede compensar su escaso número
(Winters 2011; Gilens 2012) . Desde abajo, estos supuestos radicalmente descuentan
los desafíos políticos de la agregación de las preferencias individuales detrás de un
proyecto colectivo Tarian mayorías para los resultados de redistribución. Este último, por
ejem- plo, a menudo es socavado por (i) los patrones de clientelismo que in- votantes de
bajos ingresos Duce para dar prioridad a los beneficios particulares sobre medidas de
redistribución más amplios, (ii) la competencia política se centraron en cuestiones de
valencia ampliamente compartidos (tales como el crecimiento económico, un gobierno
limpio,

De hecho, como pone de relieve Schattschneider (1960: 101-110), las desigualdades sociales
y económicas puede tener un efecto político excluyente: por skew- ing el funcionamiento de las
instituciones democráticas y el contenido de las políticas públicas hacia los intereses de la gente
acomodada-, alienan y desactivan los pobres, que de manera desproporcionada a abstenerse de la
participación democrática, incluso cuando poseen derechos formales sufragio. Además, como
Castillo (2012) demuestra en el caso chileno, un cierto grado de desigualdad tiende a ser
“normalizado”, e incluso justificada por ambos sectores populares y de elite, en lugar de servir como
un punto focal de la contestación democrática.

Finalmente, incluso cuando las mayorías populares prefiero OUT- redistributivo viene, estas
preferencias no son agregados y canalizadas en ámbitos institucionales y normativos de forma
automática. La organización política se esen- cial para traducir el peso en el número de grupos de
clase baja en una fuerza política coherente, inevitablemente, lo que plantea problemas significativos
de acción colectiva para cualquier proyecto de redistribución (Ansell y Samuels 2014: 41-42). Los
patrones de organización ciudadana y partidista son por lo tanto cruciales determina fácilmente si y
cómo los intereses de redistribución de los sectores populares logran representación institucional
eficaz (véase Huber y Stephens

2012).
No hay garantías, entonces, que la competencia democrática se encenderá cuestiones
distributivas o que las desigualdades sociales y económicas, incluso será políticamente relevante.
Donde las clases más bajas son políticamente fragmentado o desorganizado, constituida políticamente
a través de las redes clientelistas-elite controlada, o movilizados a través de temas de valencia o
recursos culturales que no impliquen compromisos de redistribución, las instituciones democráticas
pueden muy bien reproducir o incluso acentúan las desigualdades estructurales. Esta conclusión es un
complemento analítico para el trabajo reciente que desafía Boix (2003)
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y Acemoglu y Robinson (2006) con el argumento de que los orígenes de mocracia de- menudo
se pueden encontrar en los esfuerzos para regular e institucionalizar la competición de élite y
no en presiones redistributivas desde abajo (Haggard y Kaufman 2012; Ansell y Samuels
2014).
Sea cual sea el origen de la democracia, sin embargo, las élites económicas inevitable provechosamente
se enfrentan al reto de salvaguardar sus intereses minoritarios en instituciones de gobierno de la mayoría. La
estrategia dominante para los actores de élite es, pues, a despolitizar las desigualdades - es decir, para excluir
cuestiones distributivas se convierta en un punto focal de la contestación democrática de las mayorías po-
pulares. Tal despolitización tiene dos componentes centrales. En primer lugar, se requiere que la competencia
partidaria y electoral giran en torno a temas o ejes competitivos que reducen la prominencia de los conflictos
distributivos y no escinden el electorado en líneas de clase. Los patrones antes mencionados de clientelista,
valencia, o la competencia cultural que atraviesan las líneas de clase son por lo tanto susceptibles de ser
favorecido por los actores de élite que buscan minimizar las presiones redistributivo desde abajo. En otras
palabras, partes con núcleos electorales de élite buscan movilizar obrera y el apoyo de la clase baja a través de
vínculos clientelares o un énfasis en temas de valencia como el crecimiento eco- nómico, “modernización”, o el
orden público. En segundo lugar, depoliticiza- ción requiere la contención de la movilización social y ciudadana
fuera de la arena partidista / electoral por parte de los actores que persiguen objetivos de redistribución. Dado
que los derechos y las libertades democráticas se oponen a una dependencia de los instrumentos coercitivos de
la desmovilización, la contención efectiva es probable que descansar sobre la fragmentación política y
organizativa de los sectores populares y los problemas de acción colectiva que se enfrentan. ción depoliticiza-
requiere la contención de la movilización social y ciudadana fuera de la arena partidista / electoral por parte de
los actores que persiguen objetivos de redistribución. Dado que los derechos y las libertades democráticas se
oponen a una dependencia de los instrumentos coercitivos de la desmovilización, la contención efectiva es
probable que descansar sobre la fragmentación política y organizativa de los sectores populares y los problemas
de acción colectiva que se enfrentan. ción depoliticiza- requiere la contención de la movilización social y ciudadana fuera de la a
Naturalmente, tales despolitización es difícil de sostener en contextos de desigualdades sociales y
económicas agudas, como las que se encuentran en América Latina. Tanto los actores sociales y políticos
están seguros de tratar de politizar cualidades INE- haciendo cuestiones distributivas un punto focal de contes-
tación democrática. La politización se produce desde la parte superior hacia abajo cuando los partidos
políticos o líderes son capaces de movilizar bloques significativos de los votantes detrás de plataformas
redistributiva y así estructurar la competencia electoral y de políticas públicas procesos de toma de posiciones
alrededor de rivales en cuestiones distributivas. la politización puede también ocurrir de abajo hacia arriba
cuando los movimientos sociales, organizaciones civiles, o estratégicamente colocados los agentes sociales
interesados ​adquirir la suficiente capacidad de movilización de influir en las agendas nacionales de
formulación de políticas o inducir a los actores institucionales para responder a sus demandas. Estos efectos
son especialmente propensos que los movimientos sociales son capaces de actividades cotidianas rupting dis-
través de protestas a gran escala sociales, huelgas, bloqueos de calles, o las ocupaciones de lugares públicos
o privados.
? 132 Kenneth M. Roberts

Como se explica en un informe reciente del Programa de Naciones Unidas


para el Desarrollo (PNUD 2015b: 15), la politización implica un intento de in- una
cuestión corporativa en el campo político de toma de decisiones colectivas.
problemas de politización ausentes suelen ser relegados a la esfera privada de la
familia o las relaciones interpersonales, la participación ciudadana, o cambios ex
mercado. No son, en otras palabras, sujeta a la inter- vención reguladora de los
procedimientos de toma de decisiones colectivas bajo ins- tituciones democráticas.
Politizar, por lo tanto, implica inevitablemente un conflicto entre los actores Tal socie-
que buscan mantener a un problema en el dominio privado y los que tratan de
inyectarlo en la esfera pública en la que se puede someter a colec- los procesos de
toma de decisiones tivos.

Esta conceptualización de politización es especialmente instructivo para la comprensión de las


políticas de desigualdad en Chile contemporáneo. régimen democrático posterior a 1990 de Chile no
sólo heredó un panorama político donde los partidos, sindicatos y otros actores sociales que
tradicionalmente politizadas desigualdades habían sido fuertemente reprimida; También heredó una
economía de mercado altamente privatizado y mercantilizado que relegó una amplia gama de
resultados sociales a la esfera privada, al menos parcialmente aislante gobernantes tecnocráticas de
las reivindicaciones democráticas populares. Hough Alt toda América Latina adoptaron políticas
macroeconómicas neoliberales de ajuste estructural en los años 1980 y 1990 (Edwards 1995; Lora,
2001), Chile fue el más lejano en la construcción de los “pilares sociales” de “sociedad de mercado” de
Polanyi (Polanyi, 1944) a través de la liberalización de los merca- dos de trabajo y la privatización a
gran escala de la atención de salud, educación y seguridad social. Estos pilares sociales - educación
en particular - han estado a la vanguardia de los esfuerzos recientes para repolitizar desigualdades en
Chile, donde los partidos de izquierda y los movimientos sociales han buscado redefinir vicios básicos
cios como los derechos de ciudadanía sociales universales que están sujetas a los procesos de toma
de decisiones colectivas , en lugar de bienes privados que se asignan de manera desigual por el
mercado.

Dictadura, Democracia y despolitización en Chile

Chile tiene una larga e ilustre tradición de politización de las desigualdades en la democracia. A
diferencia de cualquier otro país en el hemisferio occidental, Chile desarrolló ambos partidos
socialistas y comunistas a base de masa (el Partido Socialista de Chile, Psch, y el Partido
Comunista de Chile, PCCh), que ambos tenían fuertes lazos con el trabajo organizado por la década
de 1930. estas par-
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lazos participaron en tres mentos consecutivos de centro-izquierda del Frente Popular GOBIERNOS
hasta que la coalición liderada por el Partido Radical disuelto y el PCCh fue reprimida como la Guerra
Fría se extendió a América Latina a finales de 1940. Después de un período de fragmentación y
decadencia, un PSCh reorganizado unió al PCCh en una nueva coalición electoral de izquierda a
finales de 1950, que finalmente eligió a Salvador Allende a la presidencia en 1970 - la primera cabeza
marxista de Estado elegido en la historia de América Latina. Podría decirse que el experimento más
radical en el socialismo democrático que el mundo ha visto, el gobierno de Allende se movió
rápidamente para redistribuir las grandes propiedades Land-, nacionalizar los bancos y las industrias
básicas, aumentar los salarios, y poner en marcha programas sociales redistributivos. reformas de
Allende activan la movilización generalizada por los sindicatos y campesinas y organiza- ciones de la
comunidad junto con un contramovilización furiosa por los intereses comerciales - que declaró una
huelga de capital - y de su medio y aliados de la clase alta (véase Stallings 1978; Winn, 1986). Chile
bajo Allende presenta así una forma especialmente aguda de los conflictos distributivos basados ​en la
clase teorizado por Boix (2003) y Acemoglu y Robinson (2006), pero templado en la mayoría de los
ajustes democráticos del mundo real.

El golpe militar de 1973 que demolió la “vía democrática al socialismo” de


Allende estaba destinado no sólo a revertir sus reformas socialistas que emplear la
fuerza militar abrumadora para reprimir a los partidos y sindicatos que los
respaldaron, desmovilizar a sus grupos de base, e imponer un orden político
autoritario que se cerró con las reivindicaciones sociales (mer REM 1980). En 1975,
el régimen militar había comenzado a imponer el corolario eco nómico a esta
despolitización coercitiva: el programa más doctrinaria e integral de ajuste estructural
neoliberal que América Latina había visto nunca. Implementado por la Universidad
de Chicago- entrenado tecnócratas chilenos que fueron aisladas de las presiones de
la sociedad por el gobierno militar, estas reformas neoliberales desmanteladas
protecciones comerciales y controles de precios, las industrias privatizadas y
servicios sociales,

Con los partidos de izquierda prohibidos y la clandestinidad por la policía secreta de


Pinochet, y con las uniones campesinas y laborales en declive (Rob- ERTS 1998), verdadera
revolución del mercado de Chile encontraron con poca resistencia nizado or- durante su fase
inicial de implementación. re- sistencia masiva estalló en 1983, sin embargo, tras el colapso del
sistema financiero liberal-izada y el inicio de una recesión severa en medio de la crisis de la
deuda en toda la región. Después de una década de desactivación coercitiva, la sociedad ean
Chil- removilizado pronto como la crisis económica debilita la dictadura, provocando disensiones
internas dentro de las filas de la mili-
? 134 Kenneth M. Roberts

régimen tario y entre sus partidarios tecnocráticas y de negocios (véase Silva 1996). La convocatoria de
una jornada de protesta nacional por la federación de trabajadores del cobre en de mayo de 1983 provocó
un levantamiento de tres años contra la dictadura y su modelo económico, lo que supuso una amplia
participación de una amplia gama de mano de obra, las de las mujeres, los jóvenes, los derechos humanos
y organizaciones comunitarias. Cada vez más, sin embargo, los jóvenes villa de emergencia compuesto
por el núcleo del movimiento de protesta que se intensificó la violencia política, la represión militar sified
intención y la aparición de una insurgencia armada (Garretón 1989b) PCCh respaldados.

Este resurgimiento de la movilización social coincidió con un resurgimiento de los partidos de


oposición, con los demócratas centristas Cristiano (PDC) y una facción moderada de la PSCh
profundamente fragmentado encabezando un esfuerzo para negociar un régimen de transición con
los representantes civiles de la dictadura. Por lo tanto, las fuerzas de oposición se dividieron entre
los que creen que la protesta de masas y la insurrección popular podría conducir al régimen de
pow- er, y los que pensaban que la insurrección popular contra un militar profesional era inútil y que
una transición negociada ofrecen el único camino lejos de la dictadura . El punto de inflexión se
produjo a finales de 1986 y en

1987, cuando el movimiento de protesta comenzó a disminuir, la economía comenzó una recuperación a
largo plazo, y la dictadura se trasladaron a implementar planes de un plebiscito de 1988, sobre el régimen
de Pinochet en los términos de constitución de 1980 del régimen. Con el régimen de la apertura de
espacios para que las partes deseen recuperar el estatus legal y reanudar las actividades políticas, una
coalición de 16 partidos de la oposición del partido de centro izquierda y moderados conocido como el Concertación
vierte su energía en la campaña plebiscitaria, con la esperanza de derrotar a la dictadura donde era más
débil: en la cabina de votación. Incapaz de sostener el movimiento de protesta y su estrategia de rebelión
popular cuando Nels Chan-institucionales comenzaban a abrir, el PCCh regañadientes y tardíamente se
unió a la campaña plebiscitaria, pero se mantuvo fuera de la Concertación alianza (véase Roberts, 1998).

Chile la transición a la democracia cuando la coalición de la oposición de- feated Pinochet


en el plebiscito de 1988, negociado un paquete de reformas constitucionales con el régimen, y
procedió a ganar las elecciones presi- denciales competitivos en diciembre de 1989. Sin embargo,
a lo largo de tres dimensiones fundamentales, la lógica de la transición de régimen y el equilibrio
de poder que subyacía se erige formidable obstáculos a la politización de las cualidades INE bajo
el nuevo régimen democrático.

En primer lugar, a pesar de la negociación de las reformas constitucionales, el régimen


militar fue detrás de una serie de enclaves autoritarios y restricciones institucionales sobre la
soberanía popular que limitaría las reformas políticas y eco- nómicas con el nuevo gobierno de
la Concertación. Más
? (Re) Politización Desigualdades 135

en lugar destacado, la Constitución permitió que Pinochet para nombrar a un bloque de senadores
que dieron a las fuerzas conservadoras mayoría no elegido en la cámara alta del Congreso,
mientras que la legislación electoral establece un sistema binominal ingeniosamente
desproporcionado de la representación que mantuvo el PCCh fuera del Congreso y activar la
sobrerrepresentación de la segundo mayor bloque electoral del país - la alianza conservadora
entre Renovación Nacional (Renovación Nacional, RN) y la Unión Democrática Independiente
(Unión Demócrata Independiente, UDI). A pesar de que poseía una mayoría electoral, el centro
izquierda gobernante coalición ción, por tanto, no podía adoptar reformas en su propio; no existe
una legislación podría pasar sin el apoyo de los miembros conservadores del Congreso que
estaban afiliados a los partidos que eran firmes defensores del legado de Pinochet. Este veto
legislativo conservador coloca obstáculos importantes reformas institucionales y socioeconómicos
en el marco del nuevo régimen democrático. En segundo lugar, aunque los partidos de
centro-izquierda que componen el tación concer- habían sido enemigos acérrimos de los “Chicago
Boys” modelo neoliberal y sus desigualdades concomitantes durante la mayor parte del período
autoritario, que con cautela se alejó de esta actitud crítica durante el período de transición de
régimen. En parte, esto refleja el dinamismo de la economía chilena que se había hecho evidente
por la segunda mitad de la década de 1980, in- cluyendo el rápido desarrollo de nuevos sectores
de exportación basadas en los recursos agrícolas y naturales. También se atribuyó un cambio en
el régimen a un equipo de liderazgo tecnocrático menos doctrinario y más pragmático siguiente al
colapso financiero de 1982 a 1983 (Silva 1996). En un momento cuando los países vecinos de
América Latina seguían sumidos en la deuda y las crisis inflacionarias y las versiones que abarcan
de reformas de libre mercado de Chile para estabilizar sus economías, el crecimiento y la
estabilidad de los precios acelerar Chile ayudó a reforzar el apoyo de negocios para Pinochet y su
modelo de ne- oliberal. De hecho, aseguró que gran parte del sector empresarial se opondría
enérgicamente a cualquier régimen de transición que amenazaba la continuidad del modelo
neoliberal.

Reconociendo que la cooperación empresarial sería vital para la estabilidad política y


económica bajo un nuevo régimen democrático, la Concertación
partes templadas sus críticas del neoliberalismo, reconocieron el nuevo dinamismo de la
economía chilena, y trataron de tranquilizar a las élites empresariales que sus intereses
serían protegidos en todo proceso de régimen tran- sición. Se apartó del movimiento de
protesta de mediados de 1980, y PSCh recién reunificada se movieron hacia el centro para
alinearse con el PDC, haciendo una ruptura definitiva con sus aliados históricos del PCCh y
su estridencia antineoliberal, línea cuasi-insurreccional (Garretón
? 136 Kenneth M. Roberts

1989a). En el proceso de las partes de la Concertación activistas canaliza desde las esferas sociales
en las actividades electorales más institucionalizados que no requirieron la movilización popular
sostenida (Oxhorn 1995). Se comprometieron a atender las necesidades sociales dentro de los
parámetros del modelo neoliberal en sí, a fin de evitar un retorno a la clase e ideológico polarización
del período de Allende. Una vez en el cargo, adoptaron un enfoque tecnocrático de la política social
y un mayor gasto en gramos alivio pro focalizados en la pobreza sin politizar las desigualdades de
clase, prometiendo grandes medidas redistributiva en las campañas electorales, o la movilización de
CIES constituen- populares fuera de la arena electoral como un contrapeso a los intereses de la
élite (ver Torcal y Mainwaring 2003). Como demuestra Soto Zamorano (2016), las plataformas y el
discurso de la Concertación en la primera década luego de registrar la transición del régimen de
Chile no enfatizó la desigualdad per se, sino más bien centrado en la reducción de la pobreza y la
movilidad social mejorada a través de un modelo más inclusivo de crecimiento económico.

En tercer lugar, esta despolitización de las desigualdades desde arriba, en el ámbito


parti- san, se complementó con la desmovilización social desde abajo. La combinación de
represión política, crisis económica y la reestructuración del mercado había diezmado las filas
de los obreros y campesinos los movimientos en el núcleo del experimento de Allende,
mientras que la legislación laboral de Pinochet puso restricciones en curso sobre la
sindicalización y la negociación colectiva (Roberts 1998; Kurtz 2004) . Del mismo modo, los
jóvenes villa de emergencia y otros movimientos sociales prodemocráticas detrás del ciclo
1983-1986 protesta en gran medida desmovilizado como los partidos tradicionales volvieron a
surgir y “acción política” dieron paso a las formas institucionalizadas de la competencia
partidaria y electoral (McAdam, Tarrow y Tilly 2001; Oxhorn 1995) . Con (i) la dictadura retira
como punto focal para variadas formas de protesta de la oposición, (Ii) canales
institucionalizados de apertura de la representación, y (iii) los partidos dominantes priorizar
pactos políticos y la estabilidad económica, la restauración de las libertades civiles y políticas
democráticas tras 17 años de dictadura no generaron una oleada de movilización social en
torno a las reclamaciones redistributivo. Aunque los sindicatos, organiza- ciones indígenas
mapuches y activistas estudiantiles articulan demandas que desafiaron las desigualdades
existentes, ninguno poseía la capacidad de movilización para obligar a las partes corriente
principal para aceptar sus demandas o para perturbar la vida diaria y las instituciones
públicas hasta que sus demandas se abordaron en la política -Realización de las arenas.
Como O'Donnell y Schmitter (1986) teorizan, la “resurrección de socie- dad civil,” se produjo
antes de la transición régimen mismo - de hecho,
? (Re) Politización Desigualdades 137

Sin embargo, cuando las desigualdades fueron finalmente repoliticized en Chile unos 20 años más
tarde, se produciría principalmente a lo largo de esta tercera dimensión de la movilización social desde
abajo, y en gran parte en la oposición a las dos primeras dimensiones de régimen y las instituciones
partidistas. Es a ese proceso que ahora vuelvo.

Protesta social y repolitización


El paisaje sociopolítico e institucional que se congeló durante la transición democrática de Chile
resultó ser muy resistente, especialmente en comparación con la agitación política y la fluidez
institucional que se encuentra en gran parte del resto de América Latina. En otras partes de la
región de los regímenes democráticos y sistemas de partidos, en lugar de una dictadura militar,
asumió la responsabilidad de imponer las políticas de ajuste estructural durante las crisis
económicas de los años 1980 y 1990, y estas instituciones llevaban los costos políticos
concomitantes. Estos costos fueron especialmente graves en los países donde los partidos
populistas de izquierda o de mano de obra habían tomado la iniciativa en la adopción de reformas
de mercado que se enfrentaron con sus plataformas estatistas y redistributivas tradicionales. En
países como Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador y tales modelos de liberalización “cebo y el
interruptor” dealigned sistemas de partidos mediante programación y los dejó sin canales
institucionalizados a disentir de la ortodoxia mercado. Este disenso finalmente se canaliza en las
formas, anti-sistémicos a base de masa de la protesta social y electoral a finales de 1990 y la
primera década del siglo XXI, que culminó en una serie de renuncias presidenciales, la ruptura
parcial o com- pleta de los sistemas tradicionales del partido, y la elección de los extraños o
nuevos populistas “partes” de movimiento fuera del esta- blecimiento política (véase Silva 2009;
Roberts 2014).

Chile, al parecer, había escapado a ese destino. Chile fue el único try Con- en la región
para consolidar un amplio programa de reformas de mercado bajo una dictadura militar, las
partes aislantes de los costes directos de la gestión de políticas de ajuste estructural. Cuando las
partes re- volvieron al poder en 1990, el país estaba en las primeras etapas de un ciclo a largo
plazo de rápido crecimiento impulsado por el mercado, lo que permitió la Concertación

para poner una nueva energía y recursos en los programas sociales, sin correr el riesgo de un gran
esfuerzo de redistribución. Después de la elección de los del PDC Patricio Aylwin en 1990, el Concertación
fue capaz de negociar un modesto aumento en el impuesto sobre la renta con los miembros
conservadores del Congreso, al-mugido de un aumento gradual en el gasto social en vivienda, salud y
programas de asignaciones fa- ly (Weyland 1997). Aunque el Congreso bloqueó los esfuerzos por parte
del gobierno para adoptar importantes reformas al Código de Trabajo
? 138 Kenneth M. Roberts

que habría ampliado la negociación colectiva y alentó zación unioni-, la economía en auge permitió
que los salarios aumenten y empleo se expandan. por lo tanto las tasas de pobreza cayeron
fuertemente después de 1990, aunque el índice de Gini de desigualdad del ingreso se mantuvo
persistentemente alta (Banco Mundial
2002).
A corto plazo, el aumento de los niveles de vida, sin duda ayudaron a Chile a evitar el tipo
de movilización social y la protesta masiva que otros intentos Con- de la región experimentaron
durante los períodos de dificultades económicas en curso. Del mismo modo, la estabilidad
electoral fue alentado por la profunda división política-social entre los bloques pro y
anti-Pinochet que estructuraron la competencia y “ordenados” del electorado bajo la nueva re
gimen democrático (Valenzuela, Somma, y ​Scully en prensa). Esta escisión tuvo tanto régimen
y componentes económicos, ya que divide los autoritarios de los demócratas, así como
partidarios de oponentes del modelo neoliberal. Para estar seguro, el componente económico de
esta división “suavizado”, como PSCh rompió con el PCCh, se trasladó a una alianza con el
PDC, y de mala gana aceptó los principios macroeconómicos del modelo neoliberal. La escisión
no se borra, sin embargo, como el ala izquierda de la tación concer- seguido promoviendo
reformas de política laboral y social que se apartaban de la ortodoxia neoliberal de los partidos
conservadores, la UDI en parti- cular.

A medida que las tasas de pobreza cayeron y la sociedad chilena se hicieron más ricos, tanto en el Concertación
y sus oponentes conservadores comenzaron a discutir temas de desigualdad más abiertamente en sus
plataformas y campañas electorales en la segunda década de gobierno democrático. Aunque ambas
coaliciones propugnado ampliar las oportunidades de educación y empleo en un con- texto de un
crecimiento económico estable, el ala izquierda de la Concertación También estaba dispuesto a enmarcar
las cuestiones en cuanto a los derechos de ciudadanía a los bienes sociales básicos (Soto Zamorano 2016).
Este sutil cambio en el discurso político de élite ayudó a colocar las desigualdades sociales y económicas
en la agenda política, con cautela politizar ellos desde la parte superior hacia abajo. Lo hizo de una manera,
SIN EMBARGO, que era relativamente consensual y tecnocrática. Este enfoque tecnocrático evitarse
drásticamente la polarización del campo de formulación de políticas públicas o desencadenar la movilización
social desde abajo.

En la segunda década democrática la dirección de la Concertación


También desplazado hacia la izquierda con la elección de presidentes Psch Ricardo Lagos y Michelle
Bachelet, tras dos presidentes de PDC en la década de 1990. re- formas menores de Lagos eliminaron
la de los senadores designados y se introdujo un nuevo programa de cobertura universal para las
necesidades básicas de salud, mientras que Bachelet adoptó un nuevo plan de pensiones públicas para
ampliar la seguridad social a los sectores de la sociedad que fueron excluidos de o inade-
? (Re) Politización Desigualdades 139

cuadamente cubiertas en el sistema privado de pensiones. Ambos presidentes Psch, por lo tanto,
reformados uno de los pilares sociales privatizados y mercantilizadas del modelo neoliberal, empujando
las políticas públicas en la dirección de sal universalmente los derechos de ciudadanía social (véase
Pribble 2013). Sin embargo, estas reformas mantienen la lógica tecnocrática de las políticas públicas
en Chile ya que ofrecían poco ímpetu para la movilización social.

Sin embargo, este paisaje sociopolítico de la estabilidad institucional, la reforma social


tecnocrática gradual, y la desmovilización social en curso comenzó a mostrar tensiones a lo largo
del mandato de Bachelet en la oficina (2006-
2010). A nivel institucional la estabilidad de la competencia partidaria y electoral contrastado con
signos de desprendimiento de la sociedad por las partes establecidas e instituciones
representativas de crecimiento; este fue el caso especial- mente entre los jóvenes que habían
alcanzado la madurez política desde la transición de régimen. Esto podría ser visto en niveles
decrecientes de identifica- ción partidista y la participación en las campañas electorales, los cuales
casi al final de la región de América Latina. En las encuestas de 2010 del Proyecto de Opinión
Pública de América Latina (LAPOP), Chile, paradójicamente, ocupó el último lugar en la región con
un mero 11,6 por ciento de los encuestados sympa- thizing con un partido político a pesar de su
estabilidad electoral (Luna, Meister Zech-, y Seligson 2010 : 170). El registro de votantes y la
participación ciruela meted después de la transición democrática, especialmente entre los jóvenes;
el porcentaje de la población en edad de votar que votó cayó constantemente desde el 86 por
ciento en 1989 a 59.6 en 2009 (PNUD 2015A: 34). Al final de la primera administración de
Bachelet, los chilenos en el último lugar en América Latina en relación con el porcentaje de
encuestados que ex- pulsa un interés por la política (28,6 por ciento) y la segunda más baja en
relación con el porcentaje de los que dijeron que habían asistido a un gobierno municipal o reunión
del consejo (4 por ciento) (Luna, Zechmeister, y Seligson 2010: 135,

143). En muchos aspectos, este desapego de las instituciones representativas establecidas


estaba en consonancia con las expectativas (1960) de Schattschneider con respecto a la
alienación y los efectos de las desigualdades flagrantes desactivación. En un subgrupo de la
población, sin embargo, el desprendimiento no necesaria- mente indica una retirada de la política
del todo; por el contrario, fue el preludio de una reactivación de la sociedad civil en torno a una
serie de cuestiones y demandas sociales que los principales partidos habían descuidado en gran
medida. Como docu- umented por Somma y Medel (2017), las actividades de protesta social
aumentó de manera constante después de 2003 a 2004, que culminó con la oleada de protestas
educativos y ambientales en el período 2011-2012. Estudiantes, trabajadores subcontratados, los
grupos indígenas y ambientalistas estaban en la vanguardia de esta movilización social,
? 140 Kenneth M. Roberts

debatir y agudizado las diferencias entre las fuerzas rivales de una manera que no tiene
precedentes en el nuevo régimen democrático.
Esta tendencia hacia el aumento de la movilización social refleja varios cambios sutiles en el
contexto político de Chile en la segunda década de la democracia. La amenaza de volver a un régimen
autoritario retrocedió claramente a medida que el régimen democrático consolidado y el crecimiento
económico edad éxito hombre-. De hecho, el ex dictador Pinochet envejecimiento pasó sus últimos
años bajo arresto domiciliario librando batallas legales para evitar el juicio por violaciónes de derechos
humanos. Como tal, la disociación entre el régimen de autori- tarians y demócratas erosionado con el
tiempo, y el extremo cuidado que marcó el período de postransición temprana disminuyó. Mientras
tanto, las reformas de salud y de pensiones de los presidentes Lagos y Bachelet Psch centraron la
atención en nuevos derechos de ciudadanía social, sino también exponen las limitaciones de estos
derechos en el marco del modelo neoliberal imperante, a pesar del crecimiento económico rápido y
sostenido bajo una sucesión de los gobiernos de centro-izquierda. Estas limitaciones, especialmente
en los ámbitos de la educación y los derechos laborales, se convirtieron en puntos focales de
movilización social y política bajo contesta- ción Bachelet, el cuarto (y último) de la administración tación
concer-.

Por lo tanto, las desigualdades sociales y económicas eran en gran parte repoliti- cized por
los actores de la sociedad desde abajo y desde fuera del sistema de partidos, que está en agudo
contraste con la experiencia democrática de pre-1973 de Chile. De hecho, se produjo repolitización
cada vez más en oposición a los partidos tradicionales por completo. Aunque el desapego de los
principales partidos se llevó a cabo todo el espectro político, la repolitización de las desigualdades
desbordado esencialmente el sistema de partidos de la izquierda. Desprendimiento y OUT-
flanqueo son, pues, los fenómenos relacionados pero distintos. Flanquear a la izquierda tenían dos
dimensiones principales: uno programáticas, uno de la organización. En primer lugar, en la parte
frontal programática, que significó la articulación de demandas que eran sustancialmente más difícil
de ortodoxia del mercado de los soportados por la PSCh y su vástago aliado, Concertación. Como
Castillo, Madero-Cabib, y vich Salamo- (2013) demuestran, diferenciación programática entre las
partes corriente principal de la izquierda y la derecha se había desvanecido progresivamente en
Chile, pero los movimientos de protesta se rompió la tendencia hacia la convergencia programática
y revivió la contestación. Por ejemplo, el movimiento de la minería de cobre y de trabajadores
subcontratados lanzó la huelga más larga en el período demo- crática en 2007, presionando las
reclamaciones de los bonos y los derechos de negociación colectiva de ING que desafiaron el
“todo marco legal” ciñendo modelo neoliberal de Chile de “flexibilizado ”las relaciones laborales
(Donoso 2013b: 2-3). Del mismo modo, la “Patagonia sin Represas” movi- ambiental
? (Re) Politización Desigualdades 141

ción, lo que provocó grandes protestas contra los proyectos hidroeléctricos en


2011, criticaron la subordinación de las preocupaciones ambientales a eco- nómicas objetivos de
desarrollo y los motivos de beneficio de las empresas de energía nacionales privadas nacionales y
trans (Schaeffer 2017).
Sin embargo, movimientos envolventes programático a la izquierda fue más dramático en el
sector de la educación, un pilar social del modelo neoliberal que el
Concertación reformas tecnocráticas cautelosos habían dejado en gran parte intacto. Alt- sucesivos
gobiernos del Hough Concertación había puesto en marcha nuevos programas de gasto focalizado en las
escuelas en los distritos de bajos ingresos y subvencionado una ampliación de la jornada escolar, “nunca
hubo ningún intento de alterar la estructura general del sector de la educación” (Pribble 2013: 97).
Educación había sido descentralizada y parcialmente privatizada por el régimen militar en la década de
1980, y el proceso de privatización profundizado después de la transición democrática; el porcentaje de
estudiantes de primaria y secundaria en las escuelas públicas se redujo de casi el 80 por ciento en 1980
a menos del 60 por ciento en 1990, y continuó cayendo bajo la Concertación a alrededor del 40 por ciento
en 2010 (Bidegain Ponte 2015: 193). Los estudiantes en los municipios pobres por lo general se
mantuvieron en las escuelas públicas de baja calidad, mientras que las familias de clase media luchaban
para cubrir los gastos de matrícula en las escuelas privadas subvencionadas públicamente con los
requisitos de las misiones ad-selectivos. Aunque el porcentaje de estudiantes que cursan la educación
superior aumentó de forma pronunciada como para fines de lucro lazos universidades privadas, centros
de formación profesional y los institutos técnicos proliferaron - que ofrece muy diversas cualidades de la
educación - los subsidios gubernamentales y programas arship schol- fueron incapaces de igualar el
acceso a la educación superior o prevenir la carga de la deuda se eleve la matrícula. A medida que la
Organización para la Eco- nómico la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) (2004: 254-255) ed informe-, El
sistema educativo de Chile “era consciente de clase estructurado” y “altamente estratificada” en términos
de acceso a una educación de calidad en todos los niveles de instrucción; estudiantes de familias de
bajos ingresos y los fondos de las escuelas públicas fueron excluidos en gran parte de las principales
instituciones de educación superior mediante la combinación de las tasas de matrícula empinadas y
competitivos normas ad- misiones.

La rebelión estudiantil apuntó directamente a la lógica de la privatización, basados ​en el mercado de


este sistema de educación, que tanto refleja las desigualdades de clase y reproducibles ducido en la sociedad
chilena. En abril de 2006 las pruebas pro- pequeña escala por parte de estudiantes de la escuela secundaria
enojados por el derrumbe de un techo de la escuela pública y los retrasos en la entrega de transporte escolar
pasa rápidamente se hinchó en una serie mucho mayor de manifestaciones contra las desigualdades
educativas. Marchas asociados a una huelga nacional de estudiantes culminaron en violentos enfrentamientos
con la policía y más de mil detenciones a principios de mayo.
? 142 Kenneth M. Roberts

Cuando recién elegido Presidente Bachelet criticó los disturbios, las organizaciones de estudiantes
respondieron con una ola de sentadas que paralizó cientos de escuelas y movilizó a más de 130.000
estudiantes secundarios (Donoso 2013b: 10-11). Aunque Bachelet calmó el llamado león Pingüino
por los rebeldes - llamado así debido a que los estudiantes llevaban uniformes blanco y negro -
mediante la creación de una comisión asesora para el diálogo con los representantes de estudiantes
y profesores y el desarrollo de una propuesta de reforma de la educación, el paquete de reformas
que finalmente trabajado su camino a través del Congreso en 2009 era tan aguadas que deja intacta
la estructura básica del sistema educativo izada privat- (Pribble 2013: 104-105).

Ampliamente interpretado como una traición por el movimiento estudiantil (Bidegain Ponte
2015: 252-255), la reforma de la educación 2009 sentó las bases para el 2011-2012 explosión de
protestas de estudiantes universitarios contra el sucesor conservador de Bach- elet, Sebastián
Piñera. Si el Concertación 'S ciclo de 20 años en el cargo había dejado profundas desigualdades
estructurales intactos, los spects pro de la reforma de redistribución significativa serían claramente
disminuidos bajo una nueva administración conservadora que apoya firmemente el modelo
neoliberal. Como la ventana para la reforma redistributiva cerrada y la izquierda moderada pasó de
ser el gobierno de ser la oposición, activistas estudiantiles provocaron la mayor y más sostenida
ciclo de movilización social del país se había visto desde mediados de la década de 1980. Cientos
de universidades y escuelas secundarias fueron cerradas por las ocupaciones estudiantiles, y más
de 900 manifestaciones se produjeron en todo el país en un día nacional de protesta en agosto de
2011 (Guzmán-Concha 2012: 410).

Con el apoyo de los sindicatos de maestros, profesores, y la Confederación Nacional bor la-, el
movimiento estudiantil llamó a poner fin a la educación con fines de lucro y exigió la educación
pública universal y gratuita en todos los niveles de instrucción. Estas demandas flanquearon
claramente el sistema de partidos de la izquierda mediante programación, ya que exigían una reforma
estructural del sistema educativo altamente privatizado, y no sólo nuevas formas de gasto o mejoras
de la calidad del gobierno, como el Concertación había ofrecido. Esta politización de la desigualdad
también desbordado el sistema de partidos a la izquierda vista organizativo, ya que la dirección
política de ambas organizaciones de estudiantes secundarios y univer- sidad movido hacia la
izquierda progresivamente con el tiempo. Siguiente al de la transición democrática, activistas
estudiantiles desde el PDC y PSCh asumieron roles de liderazgo en las principales federaciones de
estudiantes; howev- er, en la última parte de la década de 1990 y la primera parte del vigésimo
primeros líderes estudiantiles PCCH siglo y redes izquierda radical independientes conocidos como
“colectivos sociales” fueron entrando en la vanguardia. Con sus críticas acérrimos del sistema
educativo, su énfasis en la organiza- ción a través de asambleas populares, y su preferencia por
confrontation-
? (Re) Politización Desigualdades 143

AL formas de protesta más de las negociaciones con el gobierno, el PCCh y redes independientes
que quedan controlados dos tercios de las federaciones de estudiantes universitarios representadas
en la Confederación de Chile- un Estudiantes (Confech) para el año 2005 (Bidegain Ponte 2015:
235). También jugaron un papel central en las revueltas estudiantiles de 2006 y 2011 (Donoso
2013a: 6-7). De hecho, incluso el PCCh perdió terreno frente a grupos de izquierda independientes
en el movimiento estudiantil, ya que se unió a una alianza de centro-izquierda reconfigurado con los
viejos partidos de la Concertación antes de las elecciones de 2013 que volvieron Bachelet a la
presidencia.

Como tal, la politización de las desigualdades en Chile se inserta dentro de un


proceso complejo, altamente contradictoria de desprendimiento de la sociedad de
partes establecidas y las instituciones representativas. Para algunos ans Chile-,
desprendimiento institucional refleja, sin duda, una de abstinencia apolítica de los
asuntos públicos de cualquier tipo. Para otros, sin embargo, refleja una alienación de
las instituciones que habían dejado en gran parte a ofrecer alternativas sentido- ful
para cuestiones de gran importancia para su vida diaria - en particular los
relacionados con las necesidades sociales y las desigualdades. Este subgrupo
último fue, de hecho, muy político; por lo menos, estaba disponible para las formas
de oposición de movilización política en torno a estas demandas sociales.

Reclamaciones social y la activación de la conducta de la protesta:


un análisis de datos de la encuesta

Estas tendencias son evidentes en la encuesta nacional de 2015 ciuda- danos chilenos por la
Universidad Diego Portales, que incluyó preguntas sobre las actitudes y la participación política,
incluyendo la participación en actividades de protesta. 2 En la encuesta el 12,1 por ciento de los
encuestados afirmó haber participado en al menos uno de los cinco tipos diferentes de actividad de
protesta en el año anterior: huelgas, manifestaciones, bloqueos de calles, la edad DAÑO propiedad, o la
ocupación de un edificio. Como se ve en la Tabla 1, más de un tercio de los participantes de la protesta
(36,9 por ciento) identificado con un partido político, más del doble de la tasa de identificadores partido
(17,6 por ciento) entre tores nonprotes-. Por lo tanto, los ciudadanos que protestaron fueron Más, no
menos, probable que identi- ficar con los partidos políticos, pero se dedican a la actividad de protesta de
articular

2 La encuesta está disponible en <http://encuesta.udp.cl/>. Los cálculos presentados en este documento se basan
en el análisis del autor de los datos del estudio. Ver el Appen- Dix para una descripción de las variables.
? 144 Kenneth M. Roberts

reclamaciones que aún no estaban bien representadas o a la presión establecida institu- ciones sean
más receptivos.

Tabla 1. protesta social e identificación del partido

Los participantes de la protesta Nonprotestors


58 201
Identificadores del partido
(36.9) (17.6)
99 944
Nonpartisans
(63.1) (82.4)
157 1145
Total
(100,0) (100,0)
Fuente: Encuesta Nacional UDP ( 2015). Cálculos realizados por el autor; véase el Apéndice para una
Descripción de las variables.

De hecho, el análisis estadístico de los resultados de la encuesta demuestra que los términos de
referencia protes- en Chile tienden a ser altamente involucrado en la vida ciudadana, de izquierda
políticamente, y profundamente preocupado por los llamados déficits sociales del modelo oliberal
ne-. La Tabla 2 presenta los resultados de una serie de modelos de regresión logística en la
participación de la protesta, que puso a prueba los efectos de diversos factores sociales y políticos
mientras se controlan las influencias demográficas. Como era de esperar en un contexto de
movilización estudiantil generalizada, la edad se correlaciona negativamente con la protesta social, lo
que indica que los jóvenes son más propensos a tomar las calles. Mientras que el género no tiene
ningún efecto estadísticamente significativo sobre la protesta, la educación tiene una relación fuerte y
con- sistente: protesta es más común entre los ciudadanos con mayores niveles de educación,

Una vez que la educación es controlada, sin embargo, el nivel socioeconómico tiene una
asociación negativa estadísticamente significativa con la partici- ción protesta en dos de los cuatro
modelos de regresión y cae justo antes de significación en los otros dos modelos. La percepción
generalizada de que los movimientos sociales contemporáneos de Chile son predominantemente de
clase media en carác- ter tanto, parece ser algo engañoso; de hecho, los hallazgos re- portado aquí
sugieren que una mejor educación obrera-media e inferior-jóvenes de la clase son los participantes
más activos de protesta. Estos grupos sociales son propensos a tener fuertes aspiraciones de
ascenso, y se ven al gobierno para hacer frente a los problemas sociales que les impiden avanzar.
escritura in-, los participantes de la protesta manifiesta una fuerte creencia de que las necesidades
sociales son los problemas más importantes que enfrenta el país.
? (Re) Politización Desigualdades 145

Tabla 2. Correlaciones social y política de la participación en protestas (Logística


Análisis de regresión)

Variables modelo 1 modelo 2 modelo 3 modelo 4


independientes
Indicadores
demográficos
Años - . 0371 *** - . 0379 *** - . 0383 *** - . 0372 ***
(0.0070) (0.0070) (0.0070) (0.0071)

Educación . 2335 *** . 2302 *** . 2332 *** . 2277 ***


(0.0603) (0.0605) (0.0600) (0.0599)

Género - . 1259 - . 0872 - . 0508 - . 0656


(.2119) (.2129) (.2110) (.2116)

Estatus - . 3071 * - . 2934 - . 3008 * - . 2900


(0.1516) (.1518) (0.1508) (.1505)
socioeconómico
Problema principal
Necesidades sociales . 6,920 ** . 6,711 ** --- ---
(0,2210) (0,2217)

Corrupción --- --- - . 1272 ---


(.3403)

Crimen --- --- --- - . 3560


(.2362)

El compromiso
político
interés político . 7,106 ** . 7,363 ** . 7,387 ** . 7,315 **
(0,2546) (0,2549) (0,2542) (0,2543)

identidad izquierda . 8442 *** . 8254 *** . 8334 *** . 8095 ***
(0.2497) (0.2509) (0.2503) (0.2518)

pación de la sociedad civil *** 1,017 . 9800 *** . 9362 *** . 9339 ***
(0.2194) (0.2169) (0.2167)
partici- (0,2187)
partici- pación *** 2,106 *** 2,122 *** 2,124 *** 2,099
institucional (0,2487) (0,2503) (0,2489) (0,2488)
insatisfacción - . 0534 --- --- ---
democrática . 2506
Las actitudes populistas --- . 1884 * . 2005 * . 1897 *
(0.0827) (0.0822) (0.0821)

Pseudo R cuadrado 0.3271 0.3326 0.3234 0.3257


Prob> ji 2 0.000 0.000 0.000 0.000
norte 1302 1302 1302 1302

Nota: * = P <0,05; ** = p <0,01; *** = p <.001 (errores estándar entre paréntesis).

Fuente: Encuesta Nacional UDP ( 2015). Véase el Apéndice para una descripción de las variables en
el análisis de regresión.

Una variable ficticia identificación de los encuestados que mencionaron una necesidad social específica o
servicio (es decir, la educación, la salud, las pensiones, la vivienda, la ronment bientes, transporte, u obras
públicas) como el principal problema fac- ción del país está positivamente relacionada con el comportamiento
protestar y estadísticamente
? 146 Kenneth M. Roberts

significativo al nivel de 0,01. 3 Los encuestados que se identificaron corrupción o la delincuencia como el
problema más importante, por el contrario, eran menos propensos a protestar - aunque los coeficientes
de regresión de estos indicadores no son estadísticamente significativas.

El análisis estadístico también sugiere que el comportamiento protesta es a menudo una


extensión de otras formas de compromiso cívico y no simplemente un expre- sión de alienación
o descontento. A continuación, los participantes tenían niveles más altos de protesta de interés
político y era más probable que políticamente auto-localizar a la izquierda, a pesar de la
presencia de un presidente PSCh en el momento de realizarse la encuesta. 4 También era más
probable que pertenecen a diversas organizaciones de la sociedad civil, políticos y no
religiosos, como los sindicatos, los partidos, las asociaciones profesionales, las juntas de
vecinos, asociaciones de caridad, y deportes o grupos culturales. Del mismo modo, los
manifestantes tenían más probabilidades de haber participado en los canales institucionales
democráticas como las reuniones del partido u otras personas convincentes para votar.
Curiosamente, los manifestantes no eran más propensos a expresar su descontento con el
desempeño de la democracia, pero su espíritu participativo está marcada por tendencias
populistas. Para postura in-, tenían una gran fe en la subjetividad política de “el pueblo” y se
mostraron escépticos de una clase política profesionalizada que dice hablar y actuar en nombre
de las personas.

Estos resultados estadísticos son indicativos de los desafíos centrales a la representación


democrática en Chile contemporáneo: (i) institu- ciones representativas son (hasta la fecha)
políticamente estable pero cada vez más profunda en sus raíces sociales; (Ii) un subconjunto
altamente activado y politizada de la po- blación opera dentro de un contexto general de retirada
política o desprendimiento; y (iii) al menos parte de este subsector activado retiene las edades
vinculando a los partidos establecidos, mientras que presionándolos para profundizar las reformas
sociales de redistribución y ampliar los derechos de ciudadanía social. En consecuencia, Hough
alt-tanto la movilización social y la protesta se ha producido fuera y contra los partidos dominantes del
régimen democrático posterior a 1990, tiene

3 Curiosamente, estas necesidades concretas sociales, que están estrechamente vinculados a las políticas
específicas del gobierno (o la falta de ella) pesaron en mayor medida de protesta partici- pación que hizo más amplia
o preocupaciones económicas más abstractos como erty POV, la desigualdad y el empleo, para lo cual los resultados
están fuertemente condicionados por las fuerzas macroeconómicas fuera del control del gobierno. 4

resultados prácticamente idénticos se obtienen si un indicador de identificación con Bachelet de Nueva Mayoría coalición
reemplaza la identidad de izquierda en los modelos de regresión. Los manifestantes, en definitiva, son más
propensos a identificarse con el rector de coa- lición ciudadanos que no protestan.
? (Re) Politización Desigualdades 147

sin embargo, para desovar un electoralmente competitivo nuevo “partido movimiento”, como el
Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia, y mucho menos una persona ajena populistas como Hugo
Chávez en Venezuela o Rafael Correa en Ecua- dor. En el momento de escribir (finales de 2016), la
protesta social todavía no se había lated trans en el tipo de protesta electoral que es el indicador más
seguro de una crisis en toda regla de la representación democrática.

En su lugar, la movilización social apretó el ción coalición de centro-izquierda establecida de nuevo


a la izquierda, mediante programación, reactivar, al menos parcialmente la escisión política de
izquierda-derecha que se había desvanecido progresivamente en el transcurso del período democrático
(Castillo, Madero-Cabib, y Salamovich 2013 ). “Nueva mayoría” de Bachelet amplió la edad Concertación por
incor- ing del PCCh en su alianza electoral y de gobierno y competir en las elecciones 2013 en una
plataforma que abarcaba gran parte de las demandas del movi- miento de los estudiantes. El segundo
gobierno de Bachelet procedió a im- plemento una importante reforma fiscal para ayudar a los programas
sociales de fondos, reemplazar el sistema electoral binominal por un sistema más proporcional de repre-
sentación, y proponer la reescritura de la constitución de los militares. A principios de 2016, que había
empujado a través del Congreso una reforma educativa importante que se de- firmado a eliminar las tasas
y los requisitos de admisión selectiva en establecimientos subvencionados por el estado y proporcionar
una educación universitaria gratuita a algunos

165.000 estudiantes de bajos ingresos. Aunque otras partes del paquete de reforma educativa del
gobierno quedaron pendientes - incluyendo el renationali- zación de las escuelas municipales - el
tercero de los cuatro “pilares sociales” del modelo neoliberal es claramente en transición bajo Bachelet.
De hecho, la lógica basada en el mer- cado de la educación privatizada ha perdido mucho terreno a
una concepción más universalista de la educación como un derecho de la nave ciudadanía social. No
es sorprendente que las reformas de Bachelet han sido duramente contestadas por sectores
empresariales y conservadores de la sociedad chilena, que son los principales beneficiarios y más
ardientes defensores del modelo neoliberal.

Mientras que los pilares de pensión y salud del neoliberalismo se reformaron por tecnócratas
estatales en ausencia de movili- zación significativa sociales, el pilar de la educación se convirtió en
el punto focal de una nueva politización de la desigualdad en la sociedad chilena, en que las
instituciones democráticas eran lentos para responder. Aunque la actividad de protesta de masas ha
disminuido gradualmente desde su máximo en 2011-2012, las desigualdades sociales y económicas
claramente han regresado a su plano de la agenda política; De hecho, según la encuesta
Latinobarómetro 2015, sólo el 5 por ciento de los chilenos dice que la distribución del ingreso en su
sociedad era justo, el porcentaje más bajo de la región (Latinobarómetro 2015: 67). instituciones
partidistas y de gobierno de Chile han demostrado una capacidad de respuesta a estas
preocupaciones renovada Tal socie-, pero aún no se ha determinado si esta respuesta tardía
? 148 Kenneth M. Roberts

es suficiente para revertir la constante erosión de su capacidad para expresar y representar los
intereses de la sociedad. El deshilachado de la matriz sociopolítica implantado durante la transición
1989-1990 régimen ha dejado al país en aguas políticas desconocidas; la agitación de estas aguas por
la politización zación de las desigualdades es seguro que será una fuerza impulsora en los años
venideros.

Conclusión
Aunque muchos modelos formales de la democracia suponen que partidista y electoral a su vez la competencia
en los conflictos distributivos, el caso chileno sugiere que la politización de la desigualdad no es ni natural ni
inevitable mesa; de hecho, puede variar sustancialmente con el tiempo. Los sistemas de partidos e instituciones
Gime re- pueden minimizar las desigualdades en un esfuerzo por forjar un consenso na- cional o fomentar la
eficiencia tecnocrática, pero al hacerlo, crear deficiencias de representación que pueden inducir a los actores
sociales para articular y movilizar a las reclamaciones de redistribución en la configuración extrainstitucionales.
Así concebida, la despolitización es un equilibrio institucional inestable en contextos de desigualdad aguda. Chile
sufrió tal equilibrio para la mayor parte de dos décadas después de su transición de régimen 1990. Sin embargo,
este equilibrio se rompió por la oleada de estudiante y la protesta popular en los últimos años. En el proceso,
esta oleada presenta nuevos retos fun- damentales a uno de los sistemas de partidos más resistentes y estables
de América Latina. Por lo tanto, los desafíos a las instituciones de representación en Chile no sólo consisten en
la retirada o desprendimiento de la sociedad, sino también de la movilización extrainstitucional de nuevos
actores. Estos actores articu- demandas de redistribución finales que eran en gran parte desconocida por los
partidos establecidos y completamente incompatible con los pilares sociales del modelo eral neolib-
construyeron. retos para las instituciones de representación en Chile no sólo consisten en la retirada o
desprendimiento de la sociedad, sino también de la movilización extrainstitucional de nuevos actores. Estos
actores articu- demandas de redistribución finales que eran en gran parte desconocida por los partidos
establecidos y completamente incompatible con los pilares sociales del modelo eral neolib- construyeron. retos
para las instituciones de representación en Chile no sólo consisten en la retirada o desprendimiento de la
sociedad, sino también de la movilización extrainstitucional de nuevos actores. Estos actores articu- demandas de redistribución finales que era

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? 152 Kenneth M. Roberts

Apéndice

Las variables incluidas en la Tabla 1 y la Tabla 2:

Años: variable continua que indica la edad del encuestado en su


último cumpleaños (P54).
Participación de la Sociedad Civil: variable ficticia que indica que el demandado
pertenece a ninguna de las organizaciones de la sociedad civil no religiosas INCLUYENDO ed en P14.

Corrupción: variable ficticia que indica los encuestados que se identificaron cor-
rrupción como el problema más importante que enfrenta el país (P10).
Crimen: variable que indica encuestados ficticias que se identificaron como delincuencia
el problema más importante que enfrenta el país (P10).
La insatisfacción democrática: variable ficticia para los encuestados que indicaron
que son “no muy satisfecho” o “nada satisfecho” con el buen funcionamiento de la
democracia en Chile (P13).
Educación: Una escala de 0-9 que indica el nivel de educación logrado por el
demandado (P59).
Género: género variable binaria que indica del entrevistado (P53; mujer =
1).
Participación Institucional: variable ficticia que indica que el demandado
ha participado en una reunión del partido o tratado de convencer a otros a votar (P16A y B).

Identidad izquierda: variable ficticia para los encuestados que indicaron que
identificados o simpatizado con las posiciones políticas de la izquierda (P23).

Partido de identificación: Variable dummy que indica si o no un responder-


ent identificó un partido político que “representa mejor sus intereses, creencias y
valores” (P21).
Interés político: variable ficticia para los encuestados que indicaron que
son “algo interesado” o “muy interesado” en la política (P15).
Las actitudes populistas: Un índice (0-4) construido sumando el maniquí
las variables de cuatro preguntas sobre las actitudes populistas. Los encuestados
recibieron un “1” en cada pregunta si estaban de acuerdo o muy de acuerdo en que “los
políticos en el Congreso tienen que seguir la voluntad de las personas (P41A), que‘las
decisiones más importantes que deben ser tomadas por el pueblo y no por los políticos’(
P41B), que “las diferencias políticas entre la élite y las personas son mayores que las
diferencias que existen entre las personas” (P41C), y que “preferiría ser representado por
un ciudadano común, más que por un político experimentado” ( P41D).
? (Re) Politización Desigualdades 153

Participación protestar: Variable dummy que indica si el encuestado


participado en al menos uno de los siguientes tipos de actividades de protesta en el último año:
una demostración (P16C), destrucción de la propiedad o de saqueo (P16D), ocupación de un
edificio (P16E), el bloqueo de una calle (P16F), o una huelga ( P16G).

Necesidades sociales: variable ficticia que indica si el demandado nombrado


una de las siguientes necesidades sociales o servicios públicos como el problema más im-
portante que enfrenta el país: educación, salud, portaplumas siones, la vivienda, el medio
ambiente, las obras públicas, o trans- porte público (P10).

Estatus socioeconómico: A 1-5 escala que indica el material de la demandado bienestar


basándose en condiciones de uso doméstico y de vida (P73, con la escala invertida de manera que las
puntuaciones más altas reflejan una tus esta- socioeconómico más elevado).
? 154 Kenneth M. Roberts

La (re) politización de desigualdades: Movimientos, Partidos sociales y ciudadanía en Chile Resumen: Durante
los 20 años posteriores a la Transición Democrática de 1989 a 1990, la Política chilena se caracterizó por
Estables Formas de Representación Política Basada en Partidos, relatively Niveles Bajos de Movilización Social
y Un consensus tecnocrático En torno a la ONU modelo de Desarrollo neoliberal Que Generó Rápidos Y
sostenidos, Desiguales Altamente AUNQUE, patrones de Crecimiento Económico. This matriz sociopolítica FUE
desafiada, sin embargo, Cuando Cientos de miles de Estudiantes Y Partidarios SUS Salieron a Calles las párr
protestar Contra las desigualdades Educativas, MIENTRAS Que Un Número Menor entre Manifestantes se
movilizó Alrededor De Una plétora de Otras Reivindicaciones laborales, Ambientales y de Derechos indígenas.
This version de protesta social, se produjó En un contexto de Creciente desvinculación de los Ciudadanos
chilenos de los Partidos Tradicionales y de las Instituciones representativas, y perforó el aura de inevitabilidad y
Consenso Que rodeaba the example Económico del País. La oleada de protesta significó populares El Fin De
Una época Política pos-Transición en Chile y el amanecer De Una Nueva Época DEFINIDA Por la repolitización
de las desigualdades sociales y Económicas, incluyendo debates vigorosos Sobre los pilares sociales del modelo
neoliberal y el Alcance de los Derechos sociales de ciudadanía. El caso chileno Arroja Nueva Luz Sobre los
Procesos Por los que las desigualdades Llegan un zarse políticamente o despolitizarse en Diferentes Contextos
Estructurales, instituciona- les e ideacionales. y perforó el aura de inevitabilidad y Consenso Que rodeaba the
example Económico del País. La oleada de protesta significó populares El Fin De Una época Política
pos-Transición en Chile y el amanecer De Una Nueva Época DEFINIDA Por la repolitización de las
desigualdades sociales y Económicas, incluyendo debates vigorosos Sobre los pilares sociales del modelo
neoliberal y el Alcance de los Derechos sociales de ciudadanía. El caso chileno Arroja Nueva Luz Sobre los
Procesos Por los que las desigualdades Llegan un zarse políticamente o despolitizarse en Diferentes Contextos
Estructurales, instituciona- les e ideacionales. y perforó el aura de inevitabilidad y Consenso Que rodeaba the
example Económico del País. La oleada de protesta significó populares El Fin De Una época Política
pos-Transición en Chile y el amanecer De Una Nueva Época DEFINIDA Por la repolitización de las desigualdades sociales y Económicas, inclu

Palabras clave: América Latina, Chile, Transición Democrática, Partidos Políticos,


Movimientos Sociales