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EJERCICIOS

ESPIRITUALES
DE
SAN IGNACIO
DE LOYOLA
Francisco Javier Casadevall

EJERCICIOS ESPIRITUALES
DB

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VA AÑADIDO UN EJERCICIO PARA EL DlA DE RETIRO MENSUAL.

VIOBt:
Im p re n ta y U h M a d « B n m 6 n A n c la d »,
1607.
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EJERCICIOS ESPIRITUALES
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SAN IGNACIO DI LOYOLA


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PRESBITERO,

Aitdiiao Je U 8uU Ighria Citrinl Bttfliet de Tiek.

VA AÑADIDO UN EJERCICIO PARA EL DÍA DE RETIRO MENSUAL,

V IC H :

Im p re n ta y lib r e r ía d e R a m ó n A n s ia d a ,

1807 .
ÍNDICE GENERAL.
Primera parte.

REFLEXIONES, Ó SEA, BREVE COMENTARIO DE LOR SANTOS

EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN ION AGIO DE LO YOL A.

Páginas.

C a p í t u lo p r im e r o .— De las Anotaciones..................... 3
C a p í t u lo s e g u n d o .— De los Santos Ejercicios en g e ­
neral.......................................... 25
C a p í t u lo t e r c e r o . — De las Adiciones para mejor ha­
cer loa Ejercicios..................... 44
C a p í t u lo c u a r t o . . — De los Santos Ejercicios en par­
ticular....................................... 46

P R IM E R A S E M A N A .

Principio y Fundamento................................................. 46

e j e r c ic io s .

Párrafo /.°— De los pecados.......................................... 57


Párrafo 2.°— De las penas del Infierno......................... 63

SEG UND A SEM ANA.

Párrafo J.°— Del Reino de Cristo................................. 66


Párrafo 2.°— Del Misterio de la Encarnación del Hijo
de Dios. . ................................ 71
Mg
Párrafo 8.°— D e l Misterio del Nacimiento del Hijo de
D ios....................................................... 74
Párrafo 4.°— De otros Misterios de la vida privada de
Nuestro Señor Jesucristo.................... 78
Párrafo ó.°— De dos Banderas...................................... 80
Párrafo 0.°— De tres Binarios de hombres.................. 88
Párrafo 7.°— De otras varias Meditaciones................. 92
Párrafo 8.°— De los tres grados de humildad. . . . 93

TERCERA SEM ANA.

Párrafo único................................................................. 98

CUAR TA SEM ANA.

Párrafo único................................................................. 101

Párrafo último.— B e la contemplación para alcanzar


amor............................................... 103
C a p ít u l o q u im t o .— De las reglas para la elecoión de
estado, y reforma de vida. . . 109
Párrafo /.°— Elección de estado.................................... id.
Párrafo 2.°— Reforma de vida....................................... 113
Párrafo 3.°— Catálogo de las cosas que ordinariamen­
te deben reformarse............................. 114
C a p ít u l o hjc&t o .— D e los tres modos de orar. . . . 116
Párrafo 2.°— Primer modo de orar.............................. id.
Párrafo 2.°— Segundo modo de orar............................. 118
Párrafo 3.°— Tercer modo de o ra r................................120
Ca p ít u l o s é pt im o .— D e las reglas de discreción de
espíritus................................... 122
Párrafo 2 . ° ................................................. id.
P á rra fo 2. ° ............................................ .... 127
C a p ít u l o o c t a v o .— De otras varias reglas para la
perfección del espirita................... 134
Segunda parte.
Contime varia* Meditaciones para loa días de Ejercicios.

Antes de la Oración........................................................ 189


Oración preparatoria...................................................... 141
Conclusión de la Meditación.......................................... 142
Examen de la Meditaoión............................................... id.

P R IM E R A S E M A N A .

MEDITACIONES PARA LA PRIMERA SEMANA.

Principio y Fundamento.

Meditación previa,— D e nuestro origen, ó sea, de nues­


tro primer principio................... 145
Meditación i.a— D el fin para que el hombre es criado. 149
Meditación 2.a— Del fin de las demás cosas criadas. . 158
Meditación 3.a— Sobre el mismo fin de las cosas cria­
das....................... ...........................157
Meditación 4.a— De la indiferencia en que hemos de
estar sobre las cosas criadas.. . . 160
Meditación 5.a— De los impedimentos de la indiferen­
cia, y medios para alcanzarla. . . 165

EJERCICIOS.

Meditación /.*— De la gravedad y malicia del pecado


mortal, considerado en los castigos,
que Dios ha dado al mismo. . . . 169
Meditación 2.*— Del número, gravedad y malicia de
nuestros propios pecados.................. 174
Meditación 3.a— De las penas del Infierno=Pena de
sentido............................................... 178
Meditación 4.a— De las penas del Infierno=Pena de
sentido............................................... 183
Meditación 5.a— De las penas del Infierno=Pena de
daño................................................... 186
Pág.

Meditación 6.a— Calidades de las penas del Infierno. 189


Meditación 7.a— De la Muerte........................................ 191
Meditación 8.a— De la historia del rico Epulón, y del
pobre Lázaro..................................... 196
Meditación 0.a— Del Juicio particular. . . . . . . 201
Meditación 10*— Del Juicio universal..........................206
Meditación 11*— Do los pecados veniales................... 212
Meditación 1 2 *— De la parábola del Hijo pródigo. . 218

A P É N D I C E de algunas Meditaciones, para interca­


larlas en su lugar correspondiente, pertenecientes d
esta primera semana, propias para personas reli­
giosas.

Meditación 1.a— Del fin de la persona Religiosa. . . 225


Meditación 2.a— De la gravedad y malicia del pecado
de la persona religiosa. . . . . . 229
Meditación 3 *— Del Infierno de la persona Religiosa. 238
Meditación 4.a— Do la diforenoia de muerte en la Re­
ligiosa relajada, 6 fervorosa. . . . 237
Meditación 5.*— De la parábola de las diez Vírgenes. 242
Meditación 6 *— De la conversión de la Magdalena. . 247

SEG UND A SEM ANA.

MEDITACIONES PARA LA SEGUNDA. SEMANA.

Meditación previa.— De la Conquista del Reino de


Cristo.......................................... 264
Meditación 1.n— De la Encarnación del Hijo de Dios,
considerada como Misterio de amor
infinito............................................... 260
Meditación 2.a— De la Encarnación del Hijo de Dios,
considerada como modelo de humil­
dad.....................................................266
Meditación 3 *— Del Nacimiento del Hijo de Dios, con­
siderado como modelo de pobreza. . 269
Meditación 4.*— Del Nacimiento del Hijo de Dios, co-
Pág.
mo modelo del despreoio del mundo. 274
Meditación fi.a— De la Adoraoión de los Pastores al
Niño Jesús, considerado este Miste­
rio, como modelo de adoración hu­
milde* • ! « • • • • • • • • 278
Meditación 6 * — De la adoración de los Santos Beyes
&1 Niflo Jesús, considerado este Mis­
terio, como modelo de perfeoto ser­
vicio................................................... 284
Meditación 7.a— De la Presentación del Niño Jesús en
el Templo, considerado este Miste­
rio, como modelo de perfeota abne­
gación propia.....................................289
Meditación &a— De la huida de la Santa Familia á
Egipto, considerado este Misterio,
como modelo de conformidad á la
voluntad divina................................. 294
Meditación S.a— De la vida privada de Jesús en Naza­
re th, considerado este Misterio, co­
mo modelo de vida perfecta. . . . 300
Meditación 10.a— De otras virtudes de que nos dá
ejemplo Jesús en sn vida privada
en Nazareth.....................................306
Meditación 11.a— De la pérdida y encuentro del Nifio
Jesús en el Templo, considerado
este Misterio, como modelo de soli­
citud en buscar 4 Jesús, y despren­
dimiento de todo afecto natural y
terreno............................................. 310
Meditación 12.a— De dos Banderas............................... 316
Meditación 13.a— De tres Binarios, ó sea, tres clases
de personas, que aspiran á la per­
fección..............................................321
Meditación 14.a— De la tentación que sufrió Jesucris­
to en el desierto............................. 926
Meditación 15.a— Do los tres grados de hum ildad.. . 83Q
Pág.
A P É N D I C E de algunas Meditaciones, para interca­
larlas en su lugar correspondiente, pertenecientes á
esta segunda semana, propias para personas reli­
giosas.

Meditación 2.a— De la vocación de los Apóstoles, mo­


delo de la vocación religiosa. . . 335
Meditación 2.a— De tres gracias singulares en la vo­
cación religiosa................................ 339

TERCERA SEM ANA.

MEDITACIONES PARA LA TERCERA SEMANA.

Meditación 2.a— De la ida de Jesús, de Betania á Je-


rus&len............................................... 844
Meditación 2.a— De como Josús lavó los piés á bus
Apóstoles........................................... 849
Meditación 3.a— D e la institución del Santísimo Sacra­
mento................................................. 353
Meditación 4*—De la Oración de Nuestro Señor Je­
sucristo en el H u e r t o .................. 368
¡Meditación 5.a— D e los dolores de Jesús en su Pasión. 364
:■*Meditación De las ignominias y afrentas de Je-
- 8Ús en su Pación.............................. 369
'J^ditación 7.a— De cómo Jesús subió al Calvario, con
la Cruz acuestas.............................. 374
Meditación 8.a— De la Crucifixión y Muerte de Nues­
tro Señor Jesucristo........................ 880
Meditación 0.a— De la Soledad de la Santísima Virgen
M aría................................................. 385

C UAR TA SEM ANA.

MEDITACIONES PARA L A CUARTA SEMANA.

Meditación 2.a— De la Resurrección de Nuestro Sefior


Jesucristo......................................... 390
Pág.
Meditación 2.a— D e la aparición de Jesús resucitado
á bu Madre Santísima la Virgen
M aría................................................. 396
Meditación 3.a— De la Asoensión de Nuestro Señor
Jesucristo al Cielo........................... 400
Meditación 4.*— De la venida del Espirita Santo so­
bre los Apóstoles............................. 405
Meditación 5.a— Contemplación para alcanzar amor. . 409
Meditación 0.a— De la devoción & la Santísima V ir­
gen M aría.......................................... 416

Advertencias para después de los Santos Ejercicios. . 426

C u ad r o s in ó ptic o para varios días de Ejeroioios.. . 433

Oración de San Ignacio de Loyola................................474


Acto de contrición de San Francisco Javier................ 476

D ía d e r e t i r o m e n s u a l................................................... [1 ]
PÉ DE E R R A T A S .

PÁGIKA8. LÍNEAS. DIOE: léase:

144 11 protejáis protegais


149 13 que te debes que le debes
151 36 sermtis servistU
154 12 sirvidiéndola sirviéndola
170 37 Batan Satanam
182 33 retribuís retribuit
204 12 det del
213 18 enfermedades enfermedades
222 31 oneraiis onerati
249 35 coeHs casis
249 36 Dcemonicos Dcemoniacos
261 32 presencia presciencia
275 36 maledixerlnt máledixerint
277 32 opprobium opprobrium
367 89 Deitale Deitate
377 21 CrisoBtomo Jerónimo
404 34 letantium Iwtantium
436 1 La 2/ L a 3.a
Dueatn eam in solitudinem, et Inquar ad cor tfus. (Osase. 2.)
Conduciré al alma á la soledad, 7 le hablaré al corazón.

Voa Domini non sonat in foro , sed nec auditur in publico;


secretwn consilium secretum qucerxt auditum. (S. Bern.)
La voz del Señor no suena en las plazas, ni se oye en público;
es un consejo secreto que e iig e secreto oído.
L IC E N C IA D E L O R D IN A R IO .

Excmo. é I l m o . S e ;:

E n virtud del mandato de V. E. I. accediendo á los


deseos del M. Iltre. Sr. Dr. D. Francisco Javier Casade-
vall, Canónigo, Arcediano de la Santa Iglesia Catedral
Basílica de esta Ciudad, hemos examinado detenida­
mente el autógrafo de la obra titulada: E j e r c ic io s E s p ir i­
t u a le s ACOMODADOS Á LAS PRRSONAS QUR ASPIRAN k LA
con un E j e r c ic io p a r a e l d ía d e r e t i r o m en ­
p e r fe c c ió n ,
s u a l , compuesta por él mismo; y, en atención á la
pureza de la doctrina, á la multitud de autoridades
acertadamente escogidas y á las reglas y comentarios
que ella contiene sobre el libro de Ejercicios del gran
Maestro de espíritu San Ignacio de Loyola, no titubea­
mos en decir que, la referida obra puede ser de muchí­
simo provecho á cuantos, dcsoosos do su propia santi­
ficación, dediquen algunos días á la oración y prácticas
que ella contiene; saladmeliori.
Lo que tenemos el honor de comunicar á V. E. lima,
para los efectos oportunos.
Dios guarde á. V. E. lima, muchos años.
Vich, 21 Junio 1896. ,
Ramón Salay P b r o J a i m e Clotet, Pbro., '
Canónigo Penitenciario. C. M. F.

Sebastián Aliberch, Pbro.,


Catedrático.
=Excmo. é limo. Sr. Obispo de esta Ciudad y Diócesis.

£ Ín virtud de la censura que antecede concedemos


muy gustoso que se imprima el libro & que se refiere,
y concedemos cuarenta días de indulgencia á cuantos
se sirvan de él para practicar ejercicios espirituales, ó
leyeren alguno de sus capítulos.
Vich, 5 de Julio de 1896, festividad de San Miguel de
los Santos.

• J O S É , O b ispo dx V ic h .

Por mandado de S. E. I . el Obispo mi Señor,

Lic. Josi Mareer y Grau, Pbro.,


Maestrescuela Secretario.

(Hay un sello.)
A li guita memora del Venerable Siervo de Dios

A H S O IIIO H & B t i O liA B B T ,


A R Z O B IS P O

1 FnttUr ti ln Minero 1H»iellinciUio Coruói le Kiiíl

_ v i los que no han tenido la honra de trataros ni co-


•Sinocero9, Venerable Siervo del Sefior, vienen Vos, á
A gesto es, se esmeran con el mayor entusiasmo en ob­
sequiaros, y os tributan los mayores elogios por vues­
tras acendradas virtudes, ¿cómo han de enmudecer los
que más ó menos de cerca os trataron durante vuestra
peregrinación en este valle de lágrimas? Imposible no
manifestar la dicha que les cupo en las varias ocasiones
que se les ofrecieron. |Ohl si, Venerable Siervo de Dios,
el corazón se roe derrite, y asoman las lágrimas & mis
ojos al recordarlas varias ocasiones, en que me dispen­
sasteis el más cordial afecto. Es verdad que tuve la in­
comparable honra de ser otro de los que trabajaron con
todo fervor en el Proceso informativo para vuestra Bea­
tificación, que todos sinceramente anhelamos, sin em­
bargo mo parecería incurrir en la nota de Ingrato á los
muchos favores, que de Vos tengo recibidos ya en vida,
ya después de vuestra santa muerte, si me contentaba
de aquella sola prueba de mi veneración y aprecio. Dig­
naos pues, ó Venerable Siervo de Dios, aceptar la dedi­
cación y consagración de este mi pequeño trabqjo, que
titulo: E je r c i c i o s e s p i r i t u a l e s a c o m o d a d o s p r i n c i p a l ­
m e n te A PERSONAS QUE ASPIRAN A L A PERFECCIÓN. VOS,
ó Venerable, que sin duda llegasteis á la cumbre de la
misma, lo recibiréis con agrado, y espero .que me al­
canzaréis del Sefior, que sea todo para mayor gloria
suya y provecho de las almas.
J. C. C. P.
Ali LECTOR.

Edice del Sabio en el Sagrado Libro del


IEcclesiastés: Recogió sentencias provechosas,
y escribió documentos doctísimos, y llenos de
verdad (1). Estas sagradas palabras pueden con
toda propiedad aplicarse al gran Patriarca San
Ignacio de Loyola, de quien dice el P. Pedro de
Ribadeneyra, que puso todo su conato en for­
mar el interior del hombre, fundando en ello,
todas sus esperanzas, dirigiéndolo todo d la
mayor gloria de Dios. Y en efecto. ¿Quién pue­
de negar la grande utilidad y provecho, que
proviene á las almas, de los documentos y sen­
tencias consignadas en su admirable libro de los
Ejercidos espirituales, fruto de su altísima con­
templación, y extraordinaria penitencia, y dic­
tados (según se cree) por la Santísima Virgen
María, que ilustraba su entendimiento de tal
manera, que, como decía después él mismo, aun-
(1) Quearnt verba utilia; et conscripait sermones doctisaimos, et ve-
rítate plenos. (Ecdes. 12.)
vm

que se perdieran las Santas Escrituras, estaba


pronto en derramar su sangre en defensa de la
Fé, sólo por las ilustraciones, que había tenido
en la Cueva de Manresa? Cualquiera que lea con
atención, y estudie seriamente este precioso
libro se convencerá de esta verdad, viendo que
todo él en sus maximas y documentos, en sus
sentencias y admoniciones, está fundado en las
SantaB Escrituras, y doctrina de los Santos Pa­
dres; lo que manifiesta que al escribirlo el San­
to, cuando todavía era hombre iliterato, y al
principio de su vida espiritual, faé en ello cierta
y admirablemente inspirado de Dios por modio
de la Santísima Virgen María Madre de la gra­
cia, á quien tanto veneraba y amaba, desde que
se le ofreció por hijo suyo en el Santuario de
Montserrate. Por esta razón, pues, y por la
constante y práotica utilidad de los mismos, han
merecido los más grandes elogios de muchísimos
Santos, y la singular aprobación de la Sede
Apostólica con estas palabras: Los hemos en­
contrado llenos de piedad, y santidad; y hábiles
para la edificación, y provecho espiritual de los
fieles (1).
No debe, pues, admirarnos lo mucho que se
ha escrito sobre tan excelente libro, por ser un
depósito inagotable de máximas y documentos
espirituales para cuantos en él seriamente me-

(1) Pietate ac sanctitate plena, et ad «diflcationem, et spiritualem


profectum fldelium valde utilia et salubria esee et íore eomperimus.
(Smua. D. N . Psulus PP. I I I , in Bulla: Pastoralis Officii. 1548.)
IX
diten; padiéndose en cierto modo decir de su
santo Autor, lo que dijo Jesucristo de San Juán:
Era una antorcha que ardía, é iluminaba (1),
pues en efecto, arde en este libro, aunque tan
pequeño en su volumen, el inflamado espíritu
de Ignacio, é ilumina asimismo los entendimien­
tos, y conduce los corazones de los hombres has­
ta llegar al puro amor divino.
Nada por cierto de nüevo puede añadirse á los
muchos comentarios y explicaciones, que de él
se han hecho; sin embargo, siguiendo el consejo
dol Apóstol San Pablo d su disoipulo Timoteo
sobre varios documentos de celestial doctri­
na: Medita estas cosas, y ocúpate seriamente en
ellas (2), he procurado sacar del mencionado li­
bro algunas reflexiones, y meditaciones para
utilidad de mi espíritu, y tal. vez de otros, según
sea la voluntad de Dios. Es insignificante la
parte, que en este escrito corresponde á mi es­
caso ingenio; siendo más bien su contenido una
breve recopilación de varias explicaciones, que
Bobre el mismo libro han dado clarísimos Expo­
sitores, haciendo acerca de las mismas la apli­
cación en las Meditaciones, principalmente para
las almas que aspiran á la perfección.
No se crea, sin embargo, al decir esto, que se
excluya aquí estado alguno. Á todos incumbe el
caminar á la perfección, según el precepto de
Nuestro Señor Jesucristo: Sed perfectos, así como
(2) lile erat lucerna ardens, el lucens. (Joan. 5.)
(8) ü e c medítate; in his esto, (l.se Tim. 2.)
*
X
vuestro Padre Celestial es perfecto (1), sobre lo
que dice el P. A Lapide: La perfección de que
habla Jesucristo, parte es de precepto. parte es de
consejo. Es de precepto, en cuanto todo cristiano
debe esforzarse en ser perfecto, esto es, en obser­
var con perfección los preceptos divinos, y procu­
rar la perfección en su estado, oficio y empleo,
pues esto se requiere para ser hijo del Padre Ce­
lestial, como añade Jesucristo; sobre lo que dice
San Cipriano: Los hijos de tal, y tan gran Padre
no deben desdecir de quien son. Es de consejo, en
cuanto se extiende la perfección d la observancia
de los consejos evangélicos, como son, la pobreza
voluntaria, la castidad, y la obediencia religio­
sa (2). Solamente pues, se dice, que estos Ejer­
cicios se dirigen principalmente á las personas,
que tratan de perfección, para distinguir ciertas
otras, que tratan solamente de salir del estado
de pecado, y ponerse en gracia del Señor, ó bien,
son de las que dice el Santo en la Anotación 18“
de poco subjecto, ó de poca capacidad natural, d
las cuales mas conveniente es darles algunos de
estos Exercicios leves, hasta que se confiesen de
sus pecados, y despues dándoles algunos exame-
(1) Estote perfecti, sicut Pater vester coelestis perfectus est. iMat. 5.)
(2) Perfectio hroc, par ti m ost prrecepti. partim est consilii. Praeceptuui
ost, ut quisque fidelis in Christianismo, et suo ataln conetur esse perfec­
tus, nt, scilicet, perfecto omnia Dei mandata ohservet; et tendere ad per-
fectionem sui status. ofRcii, et gradúa: hoc enim requiritur, ut sint fllii
Patria Coelestis, ut ait Chiistus; nam, ut att Sanctus Cyprianus: fllios
tfllift, actanti PAtria non decet esfio degeneres. Perfectio consilii est, qua-
tenus perfectio se extendít ad observantiam non tantum pnpceptonim,
aed et consiliorum evangelicorum, ut paupertatis voluntaria castitatis,
ct ohedientise religiosa». (K. P . A Lapide.)
il
nes de consciencia, y orden de confesar mas d
menudo que solían, para se conservar en lo que
han ganado, no proceder adelante. Así pues, pa­
ra todos los demás sirven estos Ejercicios, ya
sea para los que tratan de seguir el camino de
la perfección en lo que es de precepto, ya tam­
bién para los que son llamados á seguir lo que
es de consejo.
Se hallarán quizás algo difusas algunas Medi­
taciones, pero á más de ser fácil tomar solamen­
te de ellas lo que se juzgue más útil al Ejerci­
tante, dejando lo demás, me haré propias las
palabras del R. P. Luís Belecio sobre el parti­
cular: Aquel á quien le parecieren muy largas
las Meditaciones, tomará solamente uno de los
puntos, según le conviniere, dejando la lectura de
los demás para otro tiempo (1). Mas, este tiempo
debe entenderse en el mismo día después de la
Meditación, antes de empezar otra, que tal vez
no tondría ol mismo objeto, sirviendo lo que res­
ta de aquella para Lectura espiritual, como lo
nota el mismo Padre en el contexto de sus Ejer­
cicios.
En dos partes se divide este libro. La primera
contiene un breve comentario sobre el Texto de
los Ejercicios del Patriarca San Ignacio para
mejor aprovechamiento de los Ejercitantes. La

(1) Quibus subjectffi MeditAtiones justo longiores ?idebunttir, iilis


8olummo<io eorumdem punctis immuren tur, quse magia upportuua vi-
deuntur, reliquorum leclione in altad commodum tempu? dilata. (R. P.
Bellecius.)
XII
segunda comprende una serie de Meditaciones
pertenecientes á las cuatro Semanas del libro
del Santo; con nn Cuadro Sinóptioo de aquellas
para determinados días de Ejercicios. Añádese
al último, como cosa muy análoga á los mis­
mos, un Ejercicio para el día de retiro mensual.
Si con este mi pobre trabajo puedo ser útil, y
de provecho á una sola alma, quedo con ello
suficientemente recompensado.

VALE, EL ORA PRO ME.


PRIMERA PARTE.

Contiene vkfiM ¿eflexioqe^ ¿ofefe


lo¿ 3<jerti<5iojí e^firitukle^ ¿e
Igqkéio de I<oyolá.
VIVA JESÚS, MARÍA Y JOSÉ.

(Ó SEA) '

M i n SONE LOS SANTOS «ICIOS ESPMlllS


DS

$ an I g n a c io de Ü o yola.

CAFtTU&O FX K lSnO .
DE LA S ANOTACIONES.

m p ib zael gran Patriarca San Ignacio de Loyola


/ *| su admirable libro de los Ejercicios espirituales
con veinte Anotaciones, que, como dice el Re-
verendísimo P. Juan Roothaan, pueden con­
siderarse como Introducción á lo* mismos; pero son de
suma importancia, como lo indican las mismas palabras
del Santo, cuando dice, que sirven: para tomar alguna
inteligencia en los Exercicios espirituales, que se siguen, y
para ayudarse, asi el que los ha de dar, como el que los
ha de recebir. De cuyo titulo dos cosas se desprenden;
1.a: alguna prdvia noticia y explicación de los mismos;
2.a: ciertos avisos generales tanto para el Director, co­
mo para el Ejercitante, & ña de sacar de aquellos fruto
más abundante y seguro (l).
(1) R. P. Roothaan.
- 4 -
De estas veinte Anotaciones (aunque interpoladamen te)
tres corresponden al Director y al Ejercitante; doce son
propias para el primero; y cinco pertenecen más direc­
tamente al segundo.
De la primera que corresponde al Director y al Ejerci­
tante, se desprende lo que son los Ejercidos espirituales,
y el fin de los mismos.
Por Ejercicios espirituales se entiende todo acto que
ejerce el espíritu, ya por si mismo, ya por medio de los
sentidos, en el camino de la virtud ó perfección. Tales
son, como dice el Santo, todo modo de examinar la cons­
ciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental,
y de otras espirituales operaciones. Estas son, por ejemplo,
la elección de estado, ó reforma de vida; la renovación
del espíritu; el discurrir y determinar los medios que
deben adoptarse para la perfección del alma, etc., en
cuales cosas, aunque, propiamente hablando, ni se exa­
mina la conciencia, ni se medita, ni se ora, no obstante
el espíritu verdaderamente se ejercita (1).
Pone el Santo el ejemplo de los ejercicios corporales,
pasear, caminar y correr, que importan cierta gradación,
y que muy provechosamente pueden aplicarse á los
Ejercicios espirituales. Bueno es el practicar actos de
virtud, aunque sea lentamente y en cierto limitado es­
pacio ó grado, (como el que se pasea) pues escrito está:
Bienaventurado» los que andan en la Ley del Señor (2);
mejor es el adelantar en las virtudes, ó en sus grados,
no olvidando el fln á que se dirigen, que es Dios; (como
el caminanto quo so dirigo 6 un término) y asi dice Da­
vid: Caminarán de virtud en virtud, y el Dios de los
dioses se dejará ver en Sida (3); y sumamente bueno
será seguir con toda velocidad el camino de la virtud,
llevado en alas de la caridad del Seftor, (como el que co­

tí) R. P. Roothaan.
(2) Beatl qui ambulant in lega Domini. (P b. 118.)
(8) Ibunt de vlrtutt in virtatem; videbitur Deas deorum in Sion.
(Pe. 88.)
- 5 -
rre estimulado por el deseo de llegar & su fin), que es lo
que dice el mismo Profeta: He seguido velozmente el
canino de tus mandamientos, cuando tu amor ha en­
sanchado mi corazón (1). A esta gradación misma aplica
el Santo los tres actos que deben practicarse en los San­
tos Ejercicios, á saber: l.°: Procurar desarraigar los
afectos desordenados de nuestro corazón; 2.°: buscar en
todo la voluntad divina; 3.°: hallada, ó conocida, abra­
zarla enteramente para la salud del alma; y asi dice:
por la mesma manera todo modo de preparar y disponer
el ánima para quitar de si todas las afecciones desordena­
das, y, despues de quitadas, para buscar y hallar la vo­
luntad dioina en la disposición de su vida para la salud
del ánima, se llaman Ejercidos espirituales.
EL fin es doble; inmediato y mediato. El primero es la
salud ó santificación del ánima; y el segundo es preparar
y disponer el Anima con los tres actos susodichos.
Las afecciones desordenadas provienen, ó del desor­
den, é inmortiflcación de nuestras pasiones, ó de nues­
tros malos hábitos, y traen su origen de no fundar, ó
motivar su principio en la fe, ó en la recta razón, y
si nos preguntamos el ¿por qué? en nuestros actos, fá­
cilmente conoceremos si hay desorden, ó no, en nues­
tros afectos (2).
Es mucho de notar, que si bien los Ejercicios espi­
rituales, de sí, son á propósito y están dostinados á
producir todo su fruto, esto es, quiten las afecciones
desordenadas y alc&nzen lo domás, y esto suceda en
algunas almas que se preparan y disponen con cierta
eficacia ó actividad admirable; sin embargo uo siempre
surten el total efecto, por ser esto la obra y el trabajo
de toda la vida; pero con los Santos Ejercicios el alma
se prepara y se dispone para ello (3).

(1) Viam mandatorum tuorum cueurri, cum dilatasti cor meum.


(P b. 118.)
(2) R. P. Roothaan.
(8) M.
-6 —
De lo que so infiere que con los Santos Ejercidos, ó so
logra el fin total, ó se facilita el camino, y se dan armas
para vencer ert lo sucesivo; pues no debo creerse que
con solo algunos buenos deseos concebidos en aquellos
pocos días de retiro, podamos ya gloriarnos de haber
alcanzado victoria (1).
Esta primera anotación, ó sea )o que son los Ejerci­
cios, y cual su fin, es necesario explicarlo al Ejercitante
desde un principio, en la introducción de los mismos,
para que por una parte no decaiga de ánimo, y por otra
se active todo lo posible. Y esto mismo debo tenerse
muy presente en todo el curso de los Ejercicios.
Sobre la Anotación segunda, que corresponde propia­
mente al Director, debe atenderse; l.°: ¿ lo que dice el
Santo de dar modo y orden. No se entiende modo y orden
acerca de los actos en general de los Santos Ejercicios,
ni sobre las cuatro semanas de los mismos, sino modo y
orden en las operaciones del alma de meditar ó contem­
plar. El Modo sirve para facilitar la oración, sin fatigar
la cabeza, y el Orden para no confundirse, divagando
inútilmente. Modo es acerca de cómo han de ejercitarse
las tres facultades del alma, y cómo han de sacarse
resoluciones prácticas. La memoria se ejercitará recor­
dando, y hasta ponderando la máxima ó misterio en
sus circunstancias; el entendimiento reflexionando sobre
lo mismo, aplicándolo á las propias necesidades y sa­
cando resoluciones prácticas; la voluntad excitando
afectos en el curso de la oración, y formando propósi­
tos. Aunque algunos de estos actos de la memoria pare­
ce que corresponden más bien al entendimiento, esto no
importa, pues el entendimiento pasa ya más adelante
con la aplicación y resoluciones prácticas (2). Pueden
ejercitarse á la vez la memoria y el entendimiento, y
aún excitarse afectos en la voluntad.=Orcten es la ma­
nera ó el método que debe observarse en el ejercicio de
(1) £ . P. Roothaaa.
(9) Id.
— 7—
estas mismas facultades en cada panto, y en cada una
de sus partes. Todo esto es útil enseñarlo ó recordarlo
al Ejercitante (según su condición) ya desde un princi­
pio, ya también al tomarle cuenta ó informarse de cómo
le van los Santos Ejercicios.
2.°: Dice el Santo que se debe narrarfielmente la his­
toria de la tal contemplación ó meditación. Esto no debe
concretarse solamente en las meditaciones ó contempla­
ciones que versan sobre un punto de historia propia­
mente dicha, sino que el nombre historia debe aquí
tomarse en general por la materia ó argumento de la
meditación, aunque esta verse sobre una máxima eterna
ó misterio de fd, que todo esto puede llamarse historia;
pues hasta los pecados y las penas de los mismos son
hechos históricos (1).
3.": Advierte el Santo que el Director no sea muy di­
fuso en las consideraciones y aplicaciones prácticas,
discurriendo, dice, solamente por los puntos con breve 6
summaria declaración. Se funda el Santo en que la per­
sona que contempla ó medita, saca más gusto y fru to
espiritual de lo que ella misma raciocina, ó entiende por
divina iluminación, que de la mucha declaración, ó
ampliación del sentido de la historia. Todo esto debe
principalmente entenderse de los Ejercicios que se dan
privadamente á una ó pocas personas, (que esta parece
ser la intención del Santo en sus Ejercicios) y aún en­
tonces, ha de hacerse cargo el Director de la condición
de las mismas para alargar ó acortar las consideracio­
nes ó aplicaciones; pero cuando los Ejercicios son públi­
cos, ó se dan á alguna Comunidad, ó á muchas personas
juntas, es casi siempre necesario proponer las verdades
y hacer las aplicaciones con minuciosidad y variación
según parezca conveniente (2).
Esto viene como confirmado con lo que dice el Santo (y
lo nota el R. P. Ignacio Diertins) en la 3.a parte, cap. 1.°
(1) R. P . Roothaan.
13; Id.
— 8—
de las Constituciones. Dice, que hay alguno», que si bien
son aptot para los Ejercicio» Espirituales, todavía no lot
habrán experimentado, y que & esto» »erá conveniente
ayudarle» con particulares consideraciones que los con­
duzcan y estimulen al temor y amor de Dios y d éla » vir­
tudes; del modo que la razón dicte conveniente. Estas con­
sideraciones particulares, pertenecen á. la operación del
entendimiento; y el temor y amor de Dio» y de la» virtu-
de», son obra de la voluntad (l).
4.°: Tanto en esta Anotación, como en la primera
habla el Santo de Meditación, y de Contemplación: no
ser& pues inoportuno recordar aquí lo que dice el R. P.
Jaime Alvarez de Paz acerca de la Contemplación, para
que se vea la diferencia que media entre ella y la Medi­
tación. «La Contemplación, dice, es, á mi parecer, un
libro perspicaz, y cierta intuición de Dios, y de las cosas
celestiales, que causa admiración, y acaba en amor, y
de amor proviene. No es obra de la razón que discurre
y busca la verdad, como la Meditación; sino que es obra
de la inteligencia que mira la verdad, sin ninguna clase
de discurso. Podemos en verdad desear la Meditación,
y esforzarnos en conseguirla; mas para la Contempla­
ción, el deseo es bueno; el esfuerzo es supérfluo; es obra
en la que, hasta que Dios nos eleve, nada podemos».
Acerca de la Anotación tercera, que pertenece direc­
tamente al Ejercitante, debe atenderse mucho & lo que
dice el Santo: quando hablamos vocalmente, ó mentalmente
con Dios Nuestro Señor, ó con su* Santo», se requiere de
nuestra parte mayor reverencia, que quando usamos del
entendimiento entendiendo. Con los actos del entendi­
miento, raciocinando, hablamos, por decirlo así, con
nosotros mismos, pero con los actos de la voluntad, ó
sea, con los afectos y súplicas nos dirigimos & Dios, ó &
los Santos, & quienes hemos de considerar entonces
como especialmente presentes, y muy cercanos £ nos-

(i) B. P. Diertina.
— 9—
otros, y que sobre nosotros tienen Ojos sus purísimos
ojos; por lo que justo es que se les reverencie con más
cuidado (1). Y es de observar que dice el Santo mayor
reaerencia, y no precisamente reverencia, suponiendo
que ósta ha da haberla en todo el curso de la oración
por estar & la presencia de Dios, fundados, según doctri­
na de Santo Tomás, en la infinita grandeza de la Majes­
tad Divina, y en nuestra suma vileza, que nos hace in­
dignos de tanta gracia. Por esto dice el P. San Gregorio:
¡pequé seroirá la alabanza á Dios, tí.falta la devoción
y reoerenciat (2) Acuérdese el Ejercitante, que las obras
devotas, que se dicen de Dios, han de hacerse con reve­
rencia, y no con negligencia ó mala (e, de otro modo,
dice el Profeta: serán maldita» del Señor (3).
Esta advertencia es muy interesante no solo para el
tiempo de los Santos Ejercidos, sino siempre en todas
nuestras oraciones.
Sobre la Anotación cuarta, que pertenece al Director,
debe tenerse presente lo que se dijo en la segunda, acerca
de alargar ó acortar las Meditaciones; lo mismo debe
decirse de cada una de las cuatro semanas ó partes en
que se dividen los Ejercicios, y como nota el Santo, no
debe entenderse que hayan de emplearse rigurosamente
siete ü ocho días en cada una, sino que debe tenerse en
cuenta las condiciones del Ejercitante. Tres enumera,
que son: ó el ser tardo de ingenio, ó la poca aplicación
á los mismos, ó las varias agitaciones de diversos espi­
tas. El Director ha de usar de gran discreción, para de­
tenerse más ó menos en cada semana ó parte, según
conozca y observe en el Ejercitante, ó éste le dé cuenta
de cómo le van los Ejercicios. Esta advertencia com­
prende también la consideración del Principio y Funda­
mento, sobre lo que deben hacerse más ó menos medita­
ciones según se estime conveniente. En esto debe insis-

(1) R. P. Roothaan.
(2) ¿Qu» et quanta erit laus, si devota non aitf (S. Greg.)
(3) Malsdietns qui facit opus Domini fraudulenta!*. (Jar. 48.)
-1 0 -
tlrse tanto, cuanto sea necesario, para que el Ejercitante
perciba y se convenza bien y sólidamente de la verdad
del mismo. Todo esto se entiende principalmente cuan­
do se dan los Ejercicios & una ó pocas personas; pero si
se dan & una Comunidad ó en público, debe mirarse la
disposición de la mayoría de los Ejercitantes y sus ne­
cesidades; pero no se debe olvidar la necesidad de pene­
trarse bien de las verdades del Fundamento, y de sacar
sólido íruto de la primera semana (i).
En la Anotación quinta, propia para el Ejercitante,
dice el Santo: A l que retcibe los Ejercicios mucho aprove­
cha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su
Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad.
Esta liberalidad contiene dos cosas; 1.°: gran deseo de
conocer la voluntad de Dios, al modo como decia San
Pablo: Señor, iqué queréis que hagotf (2) (y esto es ofre­
cerle todo su querer)', 2.°: resolución en el ánimo y deseo
de la gracia, para cumplir en todo la misma voluntad
divina, como le decía el Profeta: Señor, enseñadme á
cumplir vuestra santísima voluntad (3), (y esto es ofre­
cerle toda la libertad). Estas jaculatorias es muy conve­
niente repetirlas con frecuencia; muchas veces no he­
mos querido conocer la voluntad de Dios; ó conocién­
dola, hemos despreciado el seguirla; con razón, pues,
hemos de instar en esta oración: Señor, ¿qué quereis que
hagaS pidiendo perdón de nuestra ceguedad, ó negligen­
cia, ó contumacia pasadas. Anade el Santo: para que
Su Dioina Magestad asi de su persona, como de todo lo
que tiene, se siroa conforme á su santísima voluntad. Esta
palabra, se siroa, es propia de instrumentos, que care­
ciendo de voluntad propia, jamás resisten al que los
usa, sino que le sirven en todo. Tal debe ser el ofreci­
miento del Ejercitante, si quiere aprovechar mucho en
los Santos Ejercicios (4).
(1) R . P . Roothaan.
(2) Domine, ¿quid me vis facere? (Act. 9).
(8) Domine» doce me fácere volunUtem tuam. (P b. 143).
(4) R. P . Roothaan.
-1 1 -
De la Anotación sería, que pertenece al Director, se
desprende que durante los Santos Ejercicios hay varias
mociones en el alma, que ó provienen de Dios, como
son; inspiraciones, consolaciones, santos deseos, etc.,
pues está escrito que el Señor conducirá al alma á la
soledad y le hablará al corazón (1), sobre lo que dice
Ricardo de San Víctor: en la oración habla el alma fam i­
liarmente con D io», y conoce que D io» la escucha y oye
lo que Diot le habla (2); ó provienen del espíritu malo,
como son tentaciones, tristezas, desconfianzas, etc. pues
como dice el Sabio:,Ilijo , en entrando al servicio de Dios
prepara tu alma para la tentación (3); y en sentir de
San León Papa, no hay obra verdadera de virtud que no
sea probada con la tentación (4). Si pues al Ejercitante,
dice el Santo, no te vienen algunas mociones espirituales
en su anima, mucho le debe interrogar (el Director) cerca
los Ejercicios, si los haze á sus tiempos destinados, y cómo.
Estos tiempos destinados es la observancia exacta del
Horario, que no debe alterarse, sino por causa gravísi­
ma. El cómo sexeflere á la aplicación seria que debe te­
nerse á los actos de los Santos Ejercicios; sean exáme­
nes, meditaciones, lecturas, etc. Asimismo, continúa el
Santo, de las adiciones, si con diligencia las haze. Con lo
que se vé cuán importantes son estas, para sacar el de­
bido (ruto de los Santos Ejercicios.
En la Anotación séptima, qne pertenece al Director,
nótese bien la mansedumbre y caridad que le encarga
el Santo cuando dice, que si vó que el Ejercitante está,
desolado y tentado no se haga con él duro y desabrido, sino
blando y suave. Este estado del Ejercitante abraza los dos
extremos de las mociones en el alma de que se habla en
(1) Dacam eam in solitndinem, et loqnar ad cor «ju*. (Oae«. 2).
(2) In oratioQo h&bet anima cum Deo familiare colloquinm, audiri so
sentiens, et audiant quid loquatar in ea Dominas Deus. (Ricar. 4 S.
Victor.)
(8) Fili, aocedena ad aervitutem Del, prepara animam tuam ad ten­
tad onem. (Eccli. 2.)
(4) Nulla annt opara virtatia tiñe tentatioxram experimento. (8. Lao.)
-12-
la anotación anterior, tanto las que provienen de Dios,
en la palabra desolado, como del mal espíritu, en la de
tentado; y en ambos debe el Director ayudarle con toda
caridad. Aunque la desolación puede provenir de Dios,
permitiéndolo así Su Divina Majestad, la tentación em­
pero siempre viene del demonio; y aquí el Santo parece
que habla de estos dos estados juntos, pues dice desolado
y tentado; y no desolado ó tentado, usando de la conjun­
ción copulativa y, y no de la partícula disyuntiva ó; su­
poniendo asi que el demonio muchas veces para tentar
al alma se prevale de la permisión de Dios en dejarla en
alguna desolación. En tal caso, tres cosas encarga el
Santo al Director; l . 4: que esfuerzo y anime al Ejercitante
á proseguir con denuedo, y no cejar en el camino em­
prendido, dándole, dice, ánimo y fuerzas para adelante;
2.a: que le advierta é instruya acerca los ardides del
maligno espíritu que nos odia y procura estorbar en
nosotros todo bien, descubriéndole, dice, las astucias del
enemigo de natura humana; expresión ésta, que revela
el motivo ú origen del odio que profesa al hombre. Odia
en nosotros nuestra misma naturaleza, que & más de
ser toda ella obra de Dios, ha sido elevada & la mayor
dignidad en su Divino Hijo; y por esto, no tanto nos odia
á nosotros, cuanto al mismo Dios en nosotros (1); 3.*:
que procure que el mismo Ejercitante se prepare y dis­
ponga para la consolación venidera; haciéndole, dice,
preparar y disponer para la consolación ventura; con lo
que se vó que no es del Director el prepararle y dispo­
nerle para la consolación, sino del mismo Ejercitante;
es, sin embargo, propio del Director, hacer, exhortar é
instruir al que se ejercita á que se prepare por si mismo
y se disponga á ello. De tres modos puede ser esta pre­
paración y disposición del Ejercitante, según se des­
prende de lo que dice el Santo en la regla 6.a de las que
pone después para discernir los espíritus, & saber; i.°:

(1) R. P. Roothaan.
-1 3 -
alargar 6 aplicarse m&s seriamente á la oración, en ins­
tar más, dice, en la oración, meditación; 9.°: poner espe­
cial cuidado en los exámenes, en mucho examinar, esto
es, examinar nuestra conciencia, nuestros actos, y todas
nuestras operaciones; 3.a: aumentando discretamente las
mortificaciones, en alargarnos en algún modo conveniente
de haser penitencia. La razón de todo esto es porque en
el ejercicio de estas tres cosas, oración, examen y peni­
tencia, es en lo que nos hace tardos la desolación (1). •
De las Anotaciones octava, nona y décima, que pertene­
cen al Director, se desprende la necesidad que tiene éste
de estar bien imbuido en las reglas para conocer y dis­
cernir los varios espíritus, tanto para la primera, como
para la segunda semana, que pone el Santo en otra par­
te de los Santos Ejercicios; y no es menos la discreción
que debe tener en la aplicación de los mismos. Igual­
mente, que no debe concretarse en dar en la primera
semana las reglas de la primera, en la segunda las de la
segunda, sino que indistintamente debe hacer uso de las
mismas, según las tentaciones y necesidades del Ejerci­
tante. Y esto, que principalmente se desprende de la
Anotación 8.a, con más distinción lo aclara el Santo en
la 9.a cuando dice, que al Ejercitante de la primera se­
mana, n e» persona que en cosat espirituales no haya sido
versado; y síes tentado grosera y abiertamente, no le pla­
tique las reglas de la segunda semana, sino de la primera.
Lo mismo en la 10.a, cuando dice, que si el Ejercitante
es batido, y tentado debaxo de especie de bien, entonces es
proprio de platicarle sobre las reglas de la segunda semana,
y añade; comunmente el enemigo de natura humana tienta
mas debaxo de especie de bien, quando la persona se exer-
cita en.....la segunda semana. Esta Anotación décima (y
lo mismo parece que puede decirse de la anterior) no
tanto se refiere á la primera y segunda semana de los
Santos Ejercicios, cuanto al estado habitual del espíritu

(1) R. P. Roothaan.
— 14 —
del ejercitante, y por esto el Santo en lo tocante á las
tentaciones del maligno espíritu en la segunda semana,
no dice siempre, sino comunmente, esto es, de ordinario.
No pooos de los que practican los Ejercicios de la se­
gunda semana viven habitualmente en la vía purgativa,
y son tentados grosera y abiertamente. Cada uno es
ordinariamente tentado según el estado habitual de su
espíritu, y deben aplicársele las reglas de la primera ó
segunda semana, según sean las tentaciones, ya se ejer­
cite en la primera, segunda, tercera ó cuarta semana (1).
Todo lo que confirma lo que dice el Santo en la Ano­
tación 8.*, que según la necesidad del Ejercitante de­
ben practicársele las reglas de la primera ó segunda
semana.
De la Anotación undécima que pertenece al Ejercitante,
se desprende el sumo cuidado y atención que éste debe
tener en los Ejercicios que va practicando, sin cuidarse
ni atender á los que han de seguirse, confiando hallar ó
alcanzar lo que desea en aquel ejercicio, que practica,
como que de él sólo dependiese todo el fruto. Y esto,
aunque el Santo sólo habla de los ejercicios de la prime­
ra semana respecto de la segunda, debe igualmente en­
tenderse de la segunda con respecto á la tercera y cuarta
semana; y no menos en cada uno de los ejercicios de
cada semana. Esto se confirma por lo que dice el Santo
en las Anotaciones anteriores, sobre que en los Santos
Ejercicios hay varias mociones en el alma. En efecto,
Dios habla al alma que se ejercita, dice el P. San Ber­
nardo, y le habla de humildad, de paciencia, de frater­
na caridad, de obediencia, de pax, de mortificación, de
compunción y de toda santidad (2). Y esta habla de
Dios, que es la gracia del Espíritu Santo, dice el P. San
Gregorio, asi como ilustra, muda lo» afectos en un ins-

(1) R. P. Boothaan.
(2) Den8 loqoitur in anima devota humilitatem, patientiam, fraternam
chsritatem, obedientiam, pacem, mortiflcaUonem Titiornm, compunctio-
nem, omnemque sanctimoniam. (3. Bern.)
-1 5 -
ianie (1). Preciso es, pues, hacer todos los actos de los
Santos Ejercicios con atención, sin cuidarse de los que
han de seguirse, pues no sabemos en que momento y
ocasión el Sefior se dignará hablar á nuestra alma, y
como dice un devoto contemplativo; asi como la gracia
del Espíritu Santo siempre te hade pedir, asi siempre se
ha de esperar (2).
En la Anotación duodécima, que conviene al Director
y al Ejercitante, debe atenderse mucho á lo que dioe el
Santo, que el enemigo no poco suele procurar de haser
acortar la hora de la oración, en cuyas palabras no poco
y suele, debe entenderse, ya la frecuencia, con la pala­
bra suele, ya el mucho empeño y engaño, con las pala­
bras no poco, con que el demonio pretende que se acorte
la hora (3). Por esto el Santo dice antes, que se procure
siempre que el animo quede harto en pensar que ha estado
una entera hora en el Ejercicio, y antes más que menos.
Ordinariamente y según la mente del Santo manifestada
en esta Anotación, son cinco las horas de Meditación
diaria, si bien que en otra parte de los Santos Ejercicios,
á saber, en la tercera semana dice: según la edad, dispo­
sición y temperamento ayuda á la persona que se exereita,
hará cada dia los cinco Ejercicios, ó menos. De lo que pa-
roce inferirse, que ol número de Ejercicios diarios, y su
duración lo deja á la prudencia y discreción del Director.
Asi vemos que se previene en el cap. 3.° del Directorio
que á los de salud endeble ó los que no pueden observar
el modo exacto (del Santo) se les puede dispensar la
hora de media noche, pero de suerte que queden cinco
horas de meditación, ó menos, si el Director lo juzgare
conveniente (4). Y asi lo vemos practicado tanto en el
número, como en la duración del Ejercicio, por muchos
venerandos Padres de la Compañía, como por ejemplo,
(1} Humanum súbito ut illustrat, mutat afféctum. (S. Greg.)
(2) Sicut gratia Spiritus Sancti semper est expetenda, ita semper est
expectandfi. (R. P. Avancioi.)
(8} B. P. Roothaan.
(4) Directo rium, cap. 8.
-1 6 -
los Ferrusola, Izquierdo, Calatayud, Mach y otros, que
sin duda atendían & las circunstancias de las personas,
lugares ó tiempos, mayormente al dar Ejercicios á Co­
munidades. Siempre, no obstante, conviene atender
mucho al espíritu de esta Anotación, que es completar
bien y no acortar en modo alguno el tiempo prescrito ó
dedicado á la Meditación.
La Anotación décima tercera, que pertenece al Ejerci­
tante, es como una continuación y aclaración más pre­
cisa de la anterior, advirtiendo al que se ejercita lo
que debe practicar acerca del tiempo de la oración
cuando se encuentra desolado. Como en el tiempo de la
consolación, dice el Santo, es fácil y leoe estar en la con­
templación la hora entera, así en el tiempo de la desola­
ción es muy difícil cumplirla. Ya se dijo en la Anotación
7.*, que la desolación puede ser una permisión de
Dios para probar la fidelidad del alma, pero que el ene­
migo se prevale de aquel estado para tentarla, y lo que
procura es que el alma entre en fastidio y desconfianza;
y si no puede lograr que abandone la oración, so empe­
ña en que alomenos la acorte. Por esto dice el Santo
que la persona que se excrcita, por haser contra la deso­
lación y vencer loa tentaciones, debe siempre estar algo
más de la hora cumplida, porque no sólo se aoeze d resis­
tir al adversario, más aún á derrocalle. Esto mismo lo
confirma en las reglas de discreción de espíritus cuando
dice: el que está en desolación considere como el Señor le
ha deseado en prueba en sus potencias naturales, para que
resista á las varias agitaciones y tentaciones del enemigo;
pues puede con el auxilio divino, el cual siempre le queda,
aunque claramente no lo sienta', poniendo, dice, las d ili­
gencias contra la tal desolación, y entre estas pone por
primera: instar más en la oración. Anímese el Ejercitante
con el ejemplo de nuestro Divino Salvador, que en la
desolación y entrando en agonía oraba más intensa y lar­
gamente (1). Dígale entonces el alma con toda humildad
(1) Factns in agonía prolizius orabat. (Lúe. 93.)
— 17 —
al Señor, dice el Venerable Tomás de Kempis: Aqui me
teneis en vuestras manos, Padre mió muy amado, yo
me inclino á la vara de vuestra corrección, heridme para
que enderece mi torcido querer á vuestra voluntad san­
tísima (i). Y practicándolo as(, piense, dice el Santo,
(como que dijera: esté persuadido) que será presto con­
solado. Estas advertencias no sólo deben tenerse presen­
tes en los días de Santos Ejercicios, sino que son Utilí­
simas para continuar despuós en el fervor de una vida
virtuosa.
En la Anotación décima cuarta, que pertenece al Di­
rector y al Ejercitante, nótese bien el cuidado que debe
tenor el Director en observar al que se ejercita, cuando
éste se encuentra consolado y fervoroso, y en atender al
mismo tiempo á su natural condición, para irle á la
mano á ñn de que no se precipite en votos ó promesas.
Con esto se vé la discreción, que quiere el Santo que
haya sobre el particular. No dice absolutamente, no se
hagan, sino que el Ejercitante no haga promesa ni voto
alguno inconsiderado y precipitado; como puede suceder
en actos de fervor ó de consolación. Mucho debe de mirar,
dice, la propria condición y subjecto. La condición mira las
circunstancias extrínsecas que rodean á la persona; el
subjecto mira las intrínsecas de la misma. Aunque siem­
pre, según la doctrina del Santo, debe el Director preve­
nir esto al Ejercitante al encontrarse fervoroso; mas,
si le conoce de ligera condición, esto es, algo voluble
ó inconstante en su natural, entonces, dice, más le debe
prevenir y admonir, cuyas palabras, significan reiterada
advertencia, para que en un acto de fervor no prometa
algo imprudentemente, de lo cual después haya de
arrepentirse (2). Es cierto, como dice el Santo, que la
buena obra que se haxe con voto es más meritoria que la

(1) Ecce, Pater dilecte, in manibns tais sum ego; sub virga correctio-
nis tus me inclino; percate, ut incurvem ad volunUtem tuam tortuosi-
tatem meam. (Kem. 1. 8.)
(í) R. P. Roothaan.
i
— 18 —
que se haze sin él; y esto por tres razones, dice el P. A
Lápide, 1 .': porque el voto es un acto de religión y de
latría, que entre las virtudes morales es la nobilísima,
2.a: porque él que hace una obra, tan solamente dá á Dios
el acto, pero el que añade el voto, juntamente con el acto
le dá la fuerza y el poder, esto es, la libertad y la volun­
tad, 3.a: porque el voto afianza y confirma la voluntad,
débil de si misma é inconstante, en la virtud que promete,
resultando que el acto que procede del voto es más firme,
fuerte y constante, y por lo misino, mejor y más perfec­
to (1). Esto no obstante, dice el Santo; el que se ejercita
mucho debe de mirar quanta ayuda ó estorbo podrá
hallar en cumplir la cota que quisiere prometer. Acuér­
dese de lo que está escrito: Mucho mejor es no hacer
votos, que hacerlos y no cumplirlos (2).
De la Anotación décima quinta, que pertenece al Di­
rector, se colige la indiferencia, en que éste debe estar
acerca del estado ó modo de vivir del Ejercitante, al tra­
tarse de elección, pues dice el Santo que el que dá los
Sxercicios no debe mooer al que loa resabe más á pobreza
ni á promesa, que á sus contrarios, ni á un estado ó modo
de vivir, que á otro. No dice, que no se pueda aconsejar
el estado de porfocción Evangélica á los que son aptos
para él, sino que dice: en los Exerclcios Espirituales
más conveniente y mucho mejor es, buscando la divina
voluntad, que el mismo Criador y Señor se comunique & la
su ánima devota, abrasándola en su amor y alabanza, y
disponiéndola por la via que mejor podrá servirle adelante.
Atiéndase bien & las palabras más y mucho, que indican

(1) 1.*: Votum est aclus Religionis et Latría, q u » inter morales pri­
ma ct iiobiltasima est vtrtus; 2.*: Qui facit opas, actam dumtnxat dat Deo;
qui vero addit votum, siroul cum aetu dat Yim et potentiaiu, puta, vo­
la nta te m et libertatem; 8.*: Votum voluntatem, ex se flexibilem et incons
tantem, in acta virtutis, quam vovet, roborat et conflrmat; quo flt, ut
actus, qui ex voto prodit, flt flrmior, robnstior et conatantior, ideoque
ZBdlior et perfcetior. (R. P. A Lapide.)
(2) Multo melius est non vovere, quam post votum promieaa non red-
dere. (Ecdes. &.)
-1 9 -
la exclusión de toda presión moral, que quizás con la
más leve Indicación pudiera ejercerse en el ánimo del
lyercitante. Este ha de buscar la divina voluntad, y el
Director ha de mostrarse Indiferente; dea.re, dice el Santo,
inmediate obrar al Criador con la criatura, y á la criatu­
ra con $a Criador y Señor, sin embargo, si el Ejercitante,
libre y espontáneamente, sin presión de ninguna clase,
pide consejo, entonces licito y bueno será dárselo, según
doctrina del eximio P. Suarez. Dice éste Padre: Cuando
el que ha de elegir, por encontrarte perplejo y dudoto,
pide contejo, entoncet no será cota mala el dártelo, por
no recibirlo ya como cota del todo agena, tino como oriun­
da en cierto modo del mitmo postulante, porque asi mát
fácilmente recibe aquel medio por el cual et iluminado de
Diot. Sólo debe tenerte presente que no tea el Director
muy fácil ni pronto en ofrecerte á dar el contejo, tino
que antea le proponga las razones mát eficacet, y lat con­
veniencias ó dificultades de entrambas partes, y procurar
que el mismo las considere y haga por ti mitmo la
elección. Pero, si esto no obstante, el que ha de elegir
insta, y se empeña en saber el modo de pensar ó el juicio
del Maestro ó Director, no se le débe negar, ordinaria­
mente hablando, pues entonces la tal obra ó consejo, de
si, es lo mejor, y del mismo puede esperarte fundadamente
mayor utilidad (1).
En la Anotación décima sexta, que pertenece al Ejer­
citante, atiéndase bien á la palabra desordenadamente,

(1) Quando consiliuui poatulat ipse qui electurue est, quoniam ancepa
«st et dubiu8, tune non erit malam illud praeatare, quia j&m non reclpi-
tur ut omnino alienum, sod ut ab ipsomet postulante aliquo modo ortum,
quia etlam facilius accipit illud médium, per quod á Deo ipso illunaina*
tur. Solum observandum est, ne quia nimium fadlem et promptum so
exhibeat ad hujusmodi coneilium praatandum: sed priua effleaciores ra-
tionea, et commoda yol incommoda utriusque partís proponat, casque
alteri considerandaa, et electionem faeiendam, eommittat: quod ai nihi-
lo mi ñus alter instet, et Magistri judicium intelllgere volit priusquam el i*
gat, non est lili deuegandum, rsgulariter loquendo, quia tanc et opns
ipsum secundum se melius est, et ex ilio major utilitas non immerito
spectari potest. (R. P . Suarez.)
— 20 —
que responde de un modo muy directo al fin mediato de
los Santos Ejercicios, que, como se dijo en la Anotación
1.a, es preparar y disponer el ánima para quitar de tí
toda» lat afecciones desordenada». Esto desorden, no se
entiende precisamente de la afición á ana cosa menos
recta, sino de la afición desordenada á cualquier cosa,
ya sea menos recta, ya sea buena y muy buena (1). La
afición desordenada á una cosa menos recta, dice el
P. A Lápide, es cuando el alna, despreciando lat lene» y
orden comunet, quiere obrar ó oioir á tu antojo (2), y
esto no es bueno. Pero & más, puede haber desorden
en la afición á una cosa buena de si misma, ya sea
por el deseo de una cosa buena en si, pero no para un
fin bueno, ya también porque la cosa buena no es un
medio apto para conseguir el debido fin, ya finalmente
porque se afecta el alma á la tal cosa inconsiderada y
precipitadamente, con demasiado ardor y ansiedad (3).
De cualquier modo que sea el desorden, debe el ánima,
dice el Santo, afectarse al contrario, instando en oraciones
y otrot Exercicm espirituales, y pidiendo á Dio» Nuestro
Señor el contrario, et á saber, que ni quiere el tal oficio ó
beneficio (ejemplo que pone el Santo) ni otra cota alguna,
t i Su Dicina Majestad, ordenando tu t deseo», no le mudare
tu afección primera: de manera que la cauta de desear ó
tener una cota ú otra, tea tolo teroicio, honra y gloria de
Su Dioina Majettad. Esta Anotación debe tenerse muy
presente en las meditaciones del Principio y Fundamento
al tratar de la indiferencia en que se ha de estar acerca
los medios para alcanzar el fin; ó igualmente en los
Ejercicios, en la Meditación de los Tres Binarios.
La Anotación décima séptima, que portenece al Direc­
tor, manifiesta la conveniencia de que éste, sin presu­
mir ni querer penetrar en los senos de la conciencia del

(1) R. P. Roothaan.
(2) Dum quis, contempüa legibus et ordine communibus, vivere vnlt
auo arbitratu.
(8) R. P. Roothaan.
-2 1 -
Ejercitante, entienda, no obstante las varias agitaciones
que en aquellos días le acometen, como se Indicó ya en
la Anotación 6.a, para acertar en darle los Ejercicios ó
Meditaciones convenientes & su necesidad, pues son va­
rios los espíritus que pueden moverle, y no debe creerse
A todos, como dice San Juan, sino que debe examinarse
si son de Dios (1.) Esto ya se ve desde luego que no
pertenece ni es propio del Ejercitante, sino del Director.
Solamente los principios generales, dice el P. Suarez, pue­
den ser comunes á todos, empero la aplicación particular
con mayor ó menor extensión, ó según estas ó aquellas
circunstancias pertenece d la prudencia del Maestro espi­
ritual y Director, el cual, como se indica en las primeras
Anotaciones de ¡os Ejercicios, jamás debe fa lta r al que se
ejercita espiritualmente, según consejo del Padre San Ber­
nardo á los Monges de M o n t e Dbi, diciéndolet: que hasta
que se aprenda plenamente estar á la presencia de Dios,
se procure cada uno su Pedagogo; y en otro lugar dice:
grande consuelo es para la vida espiritual tener á quien
manifestar su interior (2).
En las tres últimas Anotaciones décima octava, décima
nona y vigésima, que pertenecen al Director, se vé los
varios modos que deben seguirse en dar los Ejercicios,
según las diferentes clases de personas. Mucho debe te­
nerse en cuenta la calidad, la disposición y voluntad de
las mismas, según la doctrina del Santo. Nota el mismo
como cuatro clases de personas: la primera es, del que
te quiere ayudar para se instruir, y para llegar hasta

(1) Nollte omni spirltui credere, sed probate spiritus si ex Deo sint.
(1.a Joan. 4.)
(2) Sola principia geoeralia posaunt esse ómnibus communia, appli-
eatio autem in p&rtieulnri cnm major i ?el mi ñor i extenaione, aut cum
bis vel illis circumstantii8 relinquitur prudenti® spiritunlis Magistri et
Instruetoris, quem in ipsis primis Annotationibas Exercitioram supponit
3. P. numqu&m defuturum oi,qui in spiritualibus exercetur, justa con*
Bilium Divi Bernardi ad fratras de Monte Del: «Doñee píen¡ua addíscaa
divinan cogitare prosentiam, Ptedagogum tibí procura.=fit alibi=Mag-
nnm v ita solatium est, ut babeas eui pectus tuum aperias. (R .P . Suarez.)
— 22 —
cierto grado de contentar A su ánima, que podríamos in­
terpretar: ponerse y conservarse en gracia del Señor, y
esta manera, dice el Santo, et más propia para persona*
más rudas ó sin letras. La segunda es, del que es de poco
subjecto, ó de poca capacidad natural, de quien no se es­
pera mucho/ruto, esto os, del quo 110 obstante su bue­
na voluntad, tiene poca disposición natural, ya sea de
índole, ya sea de ingenio. La tercera es, del que estuviere
embarazado en cosas públicas ó negocios convenientes,
quier letrado ó ingenioso, esto es, del que deseando viva­
mente aprovecharse de los Ejercicios, le es imposible
desocuparse de sus estudios ó negocios por espacio de
muchos días. Finalmente, la cuarta es, del que es más
desembarazado, y que en todo lo posible desea aprovechar,
esto es, del que deseando aprovecharse mucho, siendo
de ingenio idóneo para ello, está libre de negocios y
ocupaciones precisas. A. todas estas clases pueden darse
los Santos Ejercicios, pero de diferente modo. A los de
la primera clase, dice el Santo, se puede dar el examen
particular y el general; juntamente por media hora á la
mañana el modo de orar sobre los mandamientos, pecados
mortales, etc., y se les recomiende la frecuencia de reci­
bir los Santos Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía.
Y si bien el Santo no prescribe ni indica que se les den
las Meditaciones dei Fundamento, ó algunas de ellas,
no obstante, tampoco debe juzgarse que lo prohíbe (1).
A los de la segunda clase, dénseles, dice el Santo, algu­
nos destos Exerciciot leves, esto es: más fáciles, ni casi
otros que los de la primera semana (2). Y advierte el
Santo no proceder adelante en materias de elección, ni en
otros algunos Exercicios, que están fuera de la primera
semana. Lo que es muy conveniente, para no cargar
demasiado las fuerzas intelectuales del Ejercitante (3).
Pero quiere el Santo que se le den algunos exámenes
(1) R. P. Roothaan.
(2) Id.
(8) Id.
-2 3 -
de consciencia y órden de confesar más á menudo que
solía para se conservar en lo que ha ganado, k los de la
tercera clase, pueden dárseles los EJorcicios, según el
Santo, tomando cada día hora y media para se exercitar,
ya sea con las meditaciones del Principio y Funda­
mento, práctica del examen particular y general, recep­
ción de Sacramentos, como también con las meditacio­
nes de todas las semanas de los Santos Ejercicios, pues
el Santo habla en general de todos los Ejercicios, cuando'
dice: para te exercitar: y esto puede hacerse empleando
muchos días con la sola hora y media diaria, según
el admirable método que pone el Santo en la 19.* de
estas Anotaciones. Asi lo hizo (como lo escribe de si
mismo), el P. Antonio Possevino, siendo Secretario del
Rmo. P. General de la Compañía, Everardo Mercurián,
empleando cuarenta y siete días en la sola primera
semana bajo la dirección del P. Jaime Mirón, discípulo
de San Ignacio (1). A los de la cuarta ciase, dénseles,
según el Santo, todos loa Exercicios por la misma órden
que proceden: y atiéndase bien á lo que aQade: tanto más
se aprovechará (el Ejercitante) quanto más se apartare
de todos amigos y conocidos, y de toda solicitud terrena.
Esto mismo indica el P. San Bernardo: Huye de los
cuidados y cosas exteriores, para que libre y sosegado
tu interior puedas decir como Samuel: Hablad, Señor,
que vuestro sieroo escucha (2). Y como so exclamaba
el V. Mártir de Holanda Cornelio Musió: ¡ ó feliz soledad!
¡ó sola felicidad/ (9) Tres provechos principales nota el
Santo que provienen de este apartamiento: 1.°: Mucho
mérito delante de Dios. 2.°: Uso más libre de las po­
tencias para buscar con diligencia el modo de servir
al Seflor y aprovechar el alma. 3.°: Más aptitud para
acercarse al SeQor, y asi disponerse para recibir gracias

(1) R P. Roothaan.
(2) Fage cu rain exteriorem, ut expedito et vacante interno sensu, di-
cas cum Samuel©: Loquera, Domine, qnia audit servas tuufl. (S. Ber.)
(3) jO beata solitadot iO sola beatitudo. (Cora. Mus.)
— 24 —
y dones de su Divina Bondad. Acuérdese el Ejercitante
de la máxima que el Seflor dictó al Santo Anacoreta
Arsenio: Huye, calla, coa en. tu» ocupaciones, y serás
saleo (1). Y no menos de aquella otra: Entraré toda,
esto es, interior y exteriormente, alma y potencias,
cuerpo y sentidos, corazón y afectos: permaneceré tolo,
esto es, ocupado únicamente en el negocio de mi salva­
ción: y saldré otro, esto es, renovado en mi espíritu (2).
' De lo dicho se infiere, que pueden considerarse como
cuatro órdenes de Ejercicios espirituales.
Primero: Los Ejercicios enteros en materia y forma,
tales como los prescribe el Patriarca San Ignacio, con
las Adiciones, etc., durante el tiempo de un mes, poco
más ó menos.
Segundo: Los Ejercicios en cierto modo enteros en
materia y forma, pero concretados en la duración de
solos ocho ó diez días.
Tercero: Los Ejercicios enteros en la materia, pero no
en la forma, cuales son los que nota el Santo para las
personas muy ocupadas.
Cuarto: Los Ejercidos que no son enteros en la mate­
ria, como son los que se dan de la sola primera semana,
ó de otros más fáciles.
Los dos primeros órdenes son propiamente los llama­
dos Ejercicios, aunque el segundo no tanto como el pri­
mero. Los dos últimos faltan, ó en la materia ó en la
forma, ó á veces en ambas cosas (3).
Sin embargo de lo dicho, no dejan todos estos modos
de llamarse y ser Ejercicios espirituales, provechosísi­
mos á las personas que los practican.
Bendigamos al Señor, y admiremos la santa industria
y ardiente zelo del gran Patriarca San Ignacio, que á to­
da clase de personas ha proporcionado un medio, á la
par que suave, muy eficaz para alcanzar la virtud
(1) Fuge, tace, quiesce, et salvus eris. (ad Arsen.)
(2) Ingrediar totas, raanebo aolus, egrediar alias.
(8) R. P. Diertins.
-2 5 —
y perfeccionar al alma, á saber: Los Sanios Ejercicios.
¡Ojalá, dice el P. Roothaan, que toda esta doctrina
fuese siempre familiar & los Confesores, con lo cual
atendieran más y más á la salud y perfección de los
fieles! (1)

CAPÍTULO STOUNDO.
DE LOS SANTOS EJERCICIOS EN GENERAL.

ltitulo, ó sean, las palabras con que el Patriar­


ca San Ignacio da principio á los Santos Ejer­
cicios, son de singular consideración, por in­
dicarse con ellas el objeto á que se dirigen y
conducen los Santos Ejercicios. Sabido es que el nobi­
lísimo y último fln de los mismos es la gloria de Dios
en la santificación .del alma, hasta llegar ésta á aquel
grado de perfección que para cada uno tiene prescrito
el Señor; y los Ejercicios son el medio, la dirección y
conducción, para llegar á él (2).
l.°: Dice el Santo: Exercicios espirituales para vencer
á si mismo, y ordenar su vida sin determinarsepor afección
alguna que desordenada sea. Dos cosas indica el Santo;
l.°: La victoria que el hombre que se ejercita ha de pro­
curar conseguir de si mismo; 2.°: el arreglo de la vida
para la sucesivo. Que'debamos procurar esta victoria de
nosotros mismos se deduce de lo que dice Job, que nues­
tra vida sobre la tierra es una batalla (3); y los princi­
pales enemigos con quienes hemos de combatir, según
sentencia de Jesucristo, son domésticos (4). Estos son:
las pasiones desordenadas de nuestro corazón, los há­
bitos malos, las perversas inclinacionos, etc.: preciso es,
pues, procurar la victoria de si mismo, venciendo, como
(1) jUtinam omnis hsec doctrina Confessariia fcmiliaris semper esset,
quo fldelium salutl et perfectloni magia magisque consulerentt
(9) R. P. Diertins.
(8) Militia est vita hominis super terram. (Job. 7.)
(4) Ininici hominis domestici ejus. (Mat. 10.)
-2 6 -
dice el P. A Lápida, la desidia y entorpecimiento con la
penitencia; y con una teria deliberación de renovar en
el alma el fervor de la caridad (1), que es lo que dice el
Santo en segundo lugar, esto es: ordenar su vida sin
determinarse por afección alguna que desordenada sea.
Tal es el fruto de los Santos Ejercicios, verificándose
con ello lo que dice el Apóstol San Pablo: desnudaos
del hombre viejo con sus acciones, y revestios del nuevo
que ha sido criado conforme á la imagen de Dios (2).
Las palabras del Santo: ordenar su vida sin deter­
minarse por afección alguna que desordenada sea, deben
principalmente entenderse para ol tiempo y acto de
ordenar la vida, de modo que esto se haga apartando
y excluyendo toda afección desordenada, sin que nin­
guna induzca á determinarse ó resolverse: y no deben
entenderse directamente dichas palabras, para vivir sin
alguna afección desordenada, por ser esto, muy di­
fícil (3). Esto no obstante, como & ello hemos de aspi­
rar, y el Santo en la 1.a de las Anotaciones pone
como acto de Ejercicio preparar y disponer el ánima
para quitar de si todas las afecciones desordenadas, pode­
mos igualmente decir, que siendo lo que principalmente
se opone al fin principal de los Ejercicios los desorde­
nados afectos del corazón, se dirigen también los Santos
Ejercicios, en todas y cada una de sus semanas ó partes,
á desarraigar ó quitar los tales afectos, en cuanto sea
posible. En este sentido, pues, diremos que:
La primera semana es, para quitar las afecciones des­
ordenadas del corazón, con el arrepentimiento y dolor de
los pecados.
La segunda, para quitar las afecciones desordenadas
del corazón, con la elección de estado, ó reforma de

(1) Vincendo remissionem et torporem .per psenitontiam, se «erium


deliberationem reaumendi chanta ti a fervoren). (R. P. A Lapide.)
(2) Expoliantes vos vetorem hominem cum actibus suis, induite novum
hominem, qui secundum Deum creatus est. (Ad Culos, et Eph.)
(8) R. P. Roothaan.
-27-
vida, al ejemplo de las virtudes de Jesucristo en su vida
privada y apostólica.
La tercera, para quitar las afecciones desordenadas del
corazón, procurando vencer el temor y repugnancia á
las penas, al ejemplo de Jesucristo paciente.
La cuarta, para quitar las afecciones desordenadas del
corazón, con la esperanza del premto en la gloria, y por
puro amor de Dios.
O sea: La primera semana, para conocer lo que hemos
hecho, y arrepentimos.
La segunda, para conocer lo que hemos de practicar,
y enmendarnos.
La tercera, para conocer lo que hemos de combatir, y
esforzarnos.
La cuarta, para conocer lo que hemos de esperar, y
animarnos.
2.°: Empieza el Santo con un aviso ó advertencia que,
más bien parece pertenecer á la Ley común de la Cari­
dad, que no directamente á los Santos Ejercicios; sin
embargo, el ponerlo el Santo inmediatamente después
del titulo, manifiesta lo interesante que es el tal aviso
respecto de los mismos. Dos cosas se deducen de las
palabras del Santo; 1.°: Que no sólo ha de ayudarse y
aprovecharse de los Santos Ejercicios el que los prac­
tica, sino también el que los dirige, cuando dice: para
que asi el que dá los Exercicios espirituales, como el que
los rescibe mas se ayuden y se aprovechen, etc. 2.°: Que
para lograrlo han de radicarse ambos en la humildad y
caridad. En la humildad: no queriendo que prevalezca
su propio sentir ser más pronto, dice, á salvar la pro­
posición del próximo, que á, condenarla. En la caridad:
amonestando y corrigiendo al prójimo con amor; no
juzgando precipitadamente sus intenciones; inquira, di­
ce, como la entiende..... corrijále con amor. Todo esto
presupone que los Santos Ejercicios se dan en particular
á una sola persona, y que ésta, como queda indicado
en la Anotación 17.a, informa fielmente al Director de las
— 28 —
oarla* agitaeione* y pensamientos que lo* cario* espíritu*
le traen; y entonces con esta íntima comunicación
espiritual del Ejercitante con el Director tiene propia­
mente lugar 69ta advertencia del Santo, 6 salvando el Di­
rector la proposición ó parecer del Ejercitante, ó, si es
mal entendida, corrigiéndole con amor, y con los medios
convenientes para que, bien entendida, se salve. Esto no
obstante, aunque los Ejercicios se den á muchos, ó á una
Comunidad, no debe olvidarse esta advertencia, por si
alguno de los Ejercitantes quiere comunicar las cosas
de su espíritu con el Director de los Santos Ejercicios.
3.a: Varios son los actos que acompañan los Santos
Ejercicios, y para todos ellos nos ha dado el Patriarca
San Ignacio en su admirable libro reglas y documentos
para sacar el debido fruto de los mismos. Siete notare­
mos principales á saber: Disposiciones, Meditación, Pro­
pósitos, Exámenes, Reso*, Lectura* y Mortificaciones.
Disposiciones. La disposición es de dos modos: interior
y exterior. La interior es un vivo y eficaz deseo de apro­
vecharse y trabajar en la propia santificación, con grande
confianza en la bondad del señor que le ha llamado al
retiro en aquellos días, no fluctuando, dice San Jaime (1),
dejándose vencer de cualquier viento de temor y abati­
miento de espíritu, antes al contrario, desprendiéndose
total y generosamente de sí mismo, y ofreciéndose con
toda humildad y entereza al Señor, que es lo que dice
el Santo en la Anotación 5.a, entrar en ello* con grande
ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole
todo su querer y libertad, para que Su Dioina Majestad
asi de tu persona, como de todo lo que tiene, se sirva con­
form e ásu Divina voluntad. En el grande ánimo, que nota
el Santo, se incluye y significa la absoluta confianza en
el Señor, asi como el gran deseo de aprovecharse; y en
la liberalidad, se manifiesta el absoluto abandono que ha
de hacer de sí, dejándose enteramente en las manos de

(1) Nihil hsesitaos. (Jac. 1.)


-29 —
Dios. La exterior es el retiro y el mayor alejamiento po­
sible de las personas y cosas exteriores; y esta disposi­
ción la sédala el Santo en la Anotación 20.a cuando dice,
que el Ejercitante tanto mas se aprovechará, quanto mas
te apartare de todos amigos y conocidos y de toda solici­
tud terrena. Es igualmente disposición exterior, no pré-
via, sino concomitante, la guarda de los sentidos du­
rante los Santos Ejercicios; así dice el Santo (en las Adi­
ciones para mejor hacer los Ejercicios) que el Ejercitante
debe privarse de toda claridad, no necesaria, en la cámara
ó aposento; que debe refrenar la vista, y la lengua, no reir
ni decir cota motiva á rita. Lo es también el refrenar
pensamientos, imaginaciones y deseos, no queriendo
pensar en cosas que no atañen á los Ejercicios que prac­
tica, ni en los que después han de seguirse, sino trabaje,
dice en la Anotación 11.a, para alcanzar la cota que butca
como si ninguna esperase hallar en los dem&s Ejer­
cicios.
Meditación. La Meditación debe considerarse como
otra de las partes más principales de los Santos Ejerci­
cios. No se mueve ordinariamente la voluntad, ni se ha­
cen resoluciones prácticas y convenientes, sin que el
entendimiento esté imbuido y persuadido de la verdad,
considerando bien, ya sean las máximas eternas para
reformar el espíritu, ya también los misterios de nuestra
redención para más imitar y seguir de cerca á Nuestro
Señor Jesucristo. Son de gran provecho, y aún necesa­
rias, las pláticas en los Santos Ejercicios, especialmente
siendo muchas personas juntas, ó alguna Comunidad
religiosa que los practica; pero debe haber especial cui­
dado en dar las Meditaciones ó sus puntos, por ser mu­
cho más interesante; por cuanto el que se ejercita parti­
culariza más con ello su propio estado. Esto se desprende
de lo que dice el Santo en la Anotacion 2.a; no el mucho
saber harta y satisface al anima, tino el sentir y gustar
de las cosas internamente. No debe olvidarse para el buen
efecto de la Meditación la preparación remota y la pró­
-3 0 -
xima. Indicadas en parte por el Santo, la primera en la
Anotación 5.* cuando dice: mucho aprovecha al Ejercitan­
te entrar con grande ánimo y liberalidad con tu Criador
y Señor, (ofreciéndole todo m querer y libertad, lo que In­
dudablemente puede aplicarse & todas las Meditaciones
en particular; y la segunda en las tres primeras Adicio­
nes, cuando dice respecto á la primera Meditación, (cu­
yos puntos han de leerse en la noche anterior) ya que me
quiero dormir, despues de acottado, por espacio de una
A v b M a r í a pensar á la hora que me tengo de levantar, y á
que, resumiendo el Exercicio que tengo de haacr, y quando
me despertare advertir luego á lo que voy A contemplar en
el primer Exercicio: y también respecto & todas las Medi­
taciones, actuándose un instante por espado de un P a t e r
n o s t e r , alzado el entendimiento arriba, considerando como
Dios Nuestro Seflor me mira, etc. -, y hazer una reverencia
ó humillación (lo que si es en público debe hacerse con
sólo el espíritu.) Además encarga el Sauto de un modo
especial la que podríamos llamar preparación inmediata,
esto es, la oración preparatoria y los dos preámbulos,
(aunque esto sea propiamente el principio de la oración)
lo cual, como dice en el primer Ejercicio, se debe hazer
siempre aquella sin mudarse, y estos mudándose según
subjecta materia. La oracion preparatoria, dice, es pedir
gracia á Dios Nuestro Señor, para que todas mis intencio­
nes, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en
servicio y alabanza de su Divina Magestad.
Con esto se.vó que el Santo abarca todo el hombre,
interior y exterior, y que para todo debe implorarse
el auxilio divino, pues como dice San Pablo; no so­
mos capaces de nosotros mismos para concebir algún
buen pensamiento, sino que nuestra capacidad viene de
Dios (1). En el decurso de la oración ó meditación, se
suscitan muchas intenciones y deseos, y se ejercen
varias acciones y operaciones, asi en el alma ó sus
(1) Non quod suficientes simus cogitare aliquid i, nobis quasi ex co­
tia, sed sufflcientia oostra es Deo est. (2a Cor. 8.)
-3 1 —
potencias, como en el cuerpo ó sus sentidos, y todo ha
de dirigirse & Dios (1). Acciones en el alma, puede enten­
derse la moción de Dios que el alma recibe, y & la que
esta se porta como páticamente, y operación, será la
cooperación del alma & dicha moción divina, y en la que
se porta como acticamente, proponiendo y resolviendo.
E l primer preámbulo, dice el Santo, et composicion, viendo
el lugar, y si la Meditación es de cosa vitible, como de
algún misterio de nuestra redención, entonces la com­
posición será ver con la vitía de la imaginación el lugar
corpóreo donde te halla la cota; pero si es de objeto intu­
tible, será ver con la vista imaginativa c o m o un ser re&l,
del mejor modo posible. Y si nada ocurre fácilmente,
podrá 'servir de preámbulo el simple recuerdo de la
materia sobre que debemos meditar (2). E l segundo
preámbulo dice el Santo, es demandar á Dios Nuestro
Señor lo que quiero y deseo. La demanda, añade, ha de
ser según subjceta materia. Este preámbulo, consiste en
pedir la gracia para bien meditar, no ya en general,
sino en particular, para obtener el fruto (inmediato)
que nos hemos propuesto, y en este sentido hemos de
pedir toa en el entendimiento y fervor en la voluntad,
para que podamos conocer y querer (3). En el progreso
de la Meditación, según enseña el Santo, deben aplicarse
las tres potencias; memoria, entendimiento y voluntad:
asi en la Anotación 2.* dice, que el que dá los Ejercicios
debe narrar fielmente (a historia de la Meditación, y en
esto queda indicado para el Ejercitante el uso de la me­
moria; y en la Anotación 3.* dice, que debemos usar
de los actos del entendimiento discurriendo, y de lot de
la voluntad afectando; y la buena aplicación de estas
potencias hará buena la meditación; pudiendo las tres
aplicarse á cualquier punto. En los actos del entendi­
miento, para quedar este convencido de la verdad de
(1) R . P. Roothaan.
<*) Id-
(8) Id.
— 32 —
la m&xima ó misterio pueden hacerse actos de fé, de
humildad, etc., y en los de la voluntad corresponde el
excitar afectos convenientes y adecuados, teniendo pre­
sente lo que dice el Santo en la Adición 4.a: en el punto
en el qual hallare lo que quiero, ahi me repotaré sin tener
ansia de potar adelante hasta que me satisfaga, esto es,
que debemos fomentar aquel afecto hasta quedar satis­
fechos, A saber, persuadidos y resueltos, sin cuidar de
lo demás. Deben hacerse uno ó más Coloquios, según lo
requiera el objeto de la Meditación. El Coloquio, dice el
Santo, te hanepropiamente hablando, asi como un amigo
habla A otro, ó un tieroo A tu Señor, quando pidiendo al­
guna gracia, quando culpAndose por algún mal hecho,
quando comunicando sus cosas y queriendo consejo en ella».
Con esto se vó, que no debe andarse en busca de pala­
bras, sino de sentimientos; hable el corazón, hable el
afecto. Puede también añadirse en el Coloquio alguna
petición sobre las necesidades presentes propias ó en­
cargadas: pero siempre hemos de concluir con el P a -
dre-nuestro, como lo nota el Santo en todas las Medita­
ciones. Advierte al mismo tiempo el Santo que se hagan
algunas Repeticiones en varias Meditaciones de las cua­
tro semanas, y en las de la segunda, tercera y cuarta,
aplicación de sentidos. En las Repeticiones dice, que se
haga pausa en las puntos que he sentido mayor consola-
cion ó desolación, con lo que nos enseña que las Re­
peticiones no son para entretenerse ó hacer de nuevo
toda la Meditación precedente, si no que han de versar
principalmente sobre lo que más ha movido el espíritu,
mayor sentimiento espiritual, ya sean consuelos ya deso­
laciones, pues sucede muchas veces, dice el Directorio,
que en lo que se ha tenido más aridez en la Meditación,
en la Repetición se siente consolación más abundante;
y deben evitarse largos discursos del entendimiento,
repasando tan sólo sencillamente la Meditación, Aján­
donos principalmente en los afectos; que por esto nota
el Santo en las Repeticiones más coloquios que en los
demás Ejercicios (1). Bueno pues será ratificar en ellas
los propósitos, y pedir con instancia la gracia para cum­
plirlos. En cuanto á la aplicación de sentidos, según se
desprende de la intención del Santo, se requiere menor
esfuerzo que en la Meditación ordinaria, y asi debe
hacerse suavemente, sin conato ó esfuerzo alguno espe­
cial (2). A. más, siendo la aplicación de sentidos cosa
que se acerca á lo sensible y material en su considera­
ción, advierte el Directorio, que se haga siempre con
toda modestia, reverencia y temor santo (3).
Propósitos. De poco servirla la Meditación si no se for­
maran Propósitos. El Santo indica la necesidád de los
mismos, cuando dice en varias Meditaciones: Después
reflectir en mi mismo para sacar algún provecho. Esta re­
flexión, es atender sobre si, es la aplicación de la máxima
ó misterio que se pondera, al estado de la propia concien­
cia, mirar bien los medios que deben adoptarse, asi como
los obstáculos que deben combatirse, para la reforma del
espíritu; y proponer con esto lo que se juzgue más opor­
tuno y conveniente. Siempre hemos de proponer, dice el
V. Tomás áfi Kempis, alguna cosa determinada, y princi­
palmente se han de remediar las que más nos estorban (4).
Así los propósitos han de ser prácticos, y no en general,
sino en particular, que según el estado de la conciencia
en que se encuentre el Ejercitante, correspondan á estas
reflexiones: ¿Qué debo hacer en adelante? ¿Qué medios
debo practicar? ¿Qué impedimentos debo eludir? Para
esto, pueden considerarse las razones de lo útil, de lo
justo, de lo necesario; y si bien esto paroco más conformo
á los actos del entendimiento, sin embargo no importa
que estas dos potencias, entendimiento y voluntad, obren
de consuno para conseguir el fin, que es la reforma del

(I) Directoriam, cap. 10.


(3) R. P. Roothaan.
(8) Directorium, cap. 15.
(4) Semper aliquid certi proponendum est, et contra illa precipuo,
qu» amplius nos impedlunt. (Kem. 1 1.* c. 19.)
— 34 —
espirita; conduciendo asi ai alma á formar propósitos
oportunos, y, como dice, el Santo en la Anotación 1.a;
buscar la voluntad dioina en la disposición del ánima.
Estos propósitos, son tan esenciales considerada la
vida del Cristiano, que, si se omiten, no llenará la Me­
ditación todo su objeto (l). Pero á más, otra circuns­
tancia ba de acompañarles, y es la humildad. No sólo
han de ser prácticos, sino también humildes, esto es,
llenos de desconfianza en nuestras propias fuerzas, po­
niendo solamente toda nuestra confianza en la gracia
y auxilio de Dios, que no ha de faltarnos si de veras
se io pedimos, pues que está escrito: á los humildes
concede la grada (2). Tampoco hemos de descuidar la
invocación del poderoso patrocinio de la Bienaventurada
siempre Virgen María, del Santo Á.ngel de nuestra guar­
da; y de los Santos Patronos (3).
Exámenes. Digao es de notarse que el Santo, antes del
primer Ejercicio, trata del Examen de conciencia, tanto
del particular, como del general. Esto corresponde en
primer lugar, & lo que dice en la Anotación 1.a; que por
Exerciciot espirituales se entiende todo modo fie examinar
la consciencia, etc., notando luego el Examen, como otro
de los primeros y principales actos de los mismos;
y en las Anotaciones 18.a y 19.a advierte, que á los
que por alguna razón especial no se les dan todos los
Ejercicios, si tan sólo algunos, se puede dar el examen
particular, y después el general: de lo que se inñere
la importancia de los mismos, que, como dice el P. San
Juan Crisóstomo, es doble, ya por ser gran disposición
para no caer en el dia siguiente, ya por ser freno para
el mismo dia, recordando que hemos de exigirnos cuen­
ta de nosotros mismos. En segundo lugar, correspon­
do al objeto de los Santos Ejercicios, que es la en­
mienda ó reforma de la vida, lo que no se consigue
(1) R. P. Roothaan.
(2) Humilibus dat gratiam. (Job. 4.)
(8) R. P . Roothaan.
-3 5 -
sln que el hombre se conozca, entrando en si mismo con
diligente examen de sus actos. Dos son los exámenet
que el Santo nota muy expresamente; el particular, y el
general: y trata primero del particular, no porque de sf
sea más importante que el general, sino porque el par­
ticular mira más directamente al fin de los Santos Ejer­
cicios, que es; desarraigar los afectos desordenados del
corazón, por ser ellos la raíz de todo pecado. Esto se
entiende para lo sucesivo, pues en los días de Ejercicios
ha de hacerse este examen sobre los mismos; ó sea, su
observancia, como dice el Santo en la Nota 4.a después de
las Adicloues; el examen particular se haga para quitar
defectos y negligencias sobre los Exercicios y Adiciones.
Tres tiempos, según el Santo, comprende el examen
particular. Son en suma: Prim er tiempo, á la mañana
en levantándose, proponer guardarse de aquel pecado par­
ticular 6 defecto: con lo que se vé, que este examen no
debe abarcar más de una sola cosa; empezando, como
aconseja el V. P. Alonso Rodríguez, por las faltas exte­
riores que ofenden ó desedifican al prójimo, que esto lo
exige la razón y la caridad. El segundo (tiempo) despues
de comer pedir á Dios gracia para acordarse quantas cezes
ha caido, y para se enmendar adelante, y haga el primer
examen, discurriendo de hora en hora, ó de tiempo en tiem­
po, etc., y asi debemos pedir á Dios Luz para conocernos,
y A uxilio para enmendarnos; pues que de la falta de
esta petición, proviene comunmente el no sacar fruto
del tal examen; ocultándose en nosotros cierta presun­
ción que nos hace confiar en nuestros propios propósi­
tos ó industrias, siendo asi que, como dice el Apóstol:
toda nuestra capacidad viene de Dios (1). El tercero tiem­
po, continúa el Santo, despues de cenar se hará el segundo
examen asimismo de hora en hora, etc., y en estos dos
últimos tiempos deben notarse las faltas, para poder
conferir su número un día con otro, una semana con

(1) OmoU sufflcientia nostra ex Deo est. (2. Cor. 8.)


-3 6 -
otra, y m irar ti te ha enmendado. Toda la materia de este
examen, puede reducirse á aquellas tres cosas que el
Sacerdote conmemora en la Misa, cuando dice: Por los
innumerables pecadas, ofensas y negligencias (1). Pecados:
ya sean graves, ya leves, en los que frecuentemente se
caiga, sean de pensamiento, palabra, obra, ú omisión,
y asi, pecados propiamente dichos. Ofensas: se entiende
culpas que, aunque Involuntarias, por fragilidad fácil­
mente cometemos; y que procediendo con más cautela,
ó no cometeríamos, ó disminuiríamos mucho. Negligen­
cias: no se entiende aquí omisiones, sino imperfecciones,
como por ejemplo; falta de rectitud y pureza de in­
tención, poca conformidad de nuestras obras con la
gracia y auxilios que el Seflor nos dispensa, etc. Estas
imperfecciones, aunque, como* dice Santo Tomás, no
podemos evitarlas todas de una vez, ó en conjunto,
atendida nuestra fragilidad, debemos, no obstante, abo­
rrecerlas, y procurar evitarlas en particular con la
práctica de las virtudes. En cuanto al Examen general,
nunca se olvide el método tan excelente y propio que
enseña el Santo para recoger fruto saludable. Consta
de cinco puntos; pero tan enlazados entre si, que natu­
ralmente se desprende el uno del otro. E l primer punto,
dice, es dar gracias á Dios Nuestro Seflor por los beneficios
recibidos. Esto siroe, dice el V. P. Rodríguez, de contra­
peso por las faltas cometidas contra la bondad de Dios, y
tomar de ahí ocasión de confundimos y humillarnos. El
segundo, dice el Santo, pedir gracia para conocer los pe­
cados y lanzallos. Somos ciegos aún para nosotros mis­
mos, y no podemos conocernos sin el auxilio divino,
pues, como dice el P. San Agustín, no hay quien no ne­
cesite la lus de lo alto (2). El tercero, continúa, demandar
cuenta al ánima de hora en hora, ó de tiempo en tiempo, de
pensamiento, palabra y obra: esto es, examinar las faltas
cometidas en aquel día, ó bien siguiendo los manda-
(1) R. P. Roothaan.
(2) Nemo est, qui superna iUustraUone non egeat. (S. Aug.)
— 37 —
mlentos; 6 9obre lo que se haya faltado con respecto
& Dios, al prójimo y á si mismo. El quarto, pedir
perdón á Diot Nuestro Señor de la» faltas. En esto es
en lo que más nos hemos de detener, excitándonos
al dolor, humillándonos mucho, y confiando en la di­
vina misericordia. El quinto, proponer enmienda con
tu gracia. No hay dolor verdadero sin el propósito
eficaz de no volver al pecado. Ya se vé, pues, desde
luego el enlace que tienen entre si estos cinco pun­
tos. En resúmen: 1.°: Dar gracia» á Dios. 2.°: Pedirle
gracia. 3.°: Examinarse. 4.°: Dolerse. 6.°: Proponer.
Para-todo esto bastará emplear, á lo más, un cuarto de
hora. Se acabará, dice el Santo, con un Padre-nuestro.
Pero, á más de estos dos exámenes, que son, como dice
el Santo, el particular, para más presto quitar aquél peca­
do ó defecto particular; y el general, para limpiarse, y
para mejor se confesar, indica él mismo otros dos, á
saber: para después de la Meditación, y para ordenar
la vida en lo sucesivo. El primero lo previene en la Ano­
tación 5.a, cuando dice: despues de acabado el Exercicio,
miraré como me ha ido en la Meditación, y si mal, miraré
la causa, y asi mirada, arrepentirme, y si bien, dando
gracias á Diot Nuestro Señor, haré otra oes de la misma
manera. Este examen es de grande utilidad, y jamás
debe omitirse (1). El segundo, y muy propio para el
tiempo de Ejercicios, se deduce de lo que dice el Santo
en la Anotación 1.a: todo modo de examinar la conscien­
cia, y todo modo de preparar y disponer el ánima, para
quitar de ti todas las afecciones desordenadas; y lo mismo
en los varios documentos que pone para enmendar y
reformar la propia oida y estado; y también en las re­
glas para ordenarse en el comer para adelante; y final­
mente en la enseñanza de los tres modos de orar. De todo
esto se colige que el Ejercitante hade examinarse acerca
las pasiones que le dominan, las inclinaciones que le

(1) R. P. Diertins.
— 38 —
arrastran, los respetos humanos que le sujetan, las oca­
siones peligrosas que se le ofrecen, el modo con que
practica las obras ordinarias, en una palabra, todo
cuanto conoce que es causa de la más ó menos disipa­
ción de su espíritu, para en adelante ordenar su vida
rectamente, y como dice el Santo en la citada Anotación,
para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición
de tu oída para la talud del ánima. Con este examen, y
las varias ilustraciones que habrá recibido dol Divino
Espíritu en las Santas Meditaciones, ó bien, las buenas
inspiraciones que habrá tenido en estos días de retiro,
fácilmente podrá formular los convenientes propósito»
que debon constituir la regla y norma de su vida ul­
terior.
Resos, 6 Devociones. El Santo no prescribe, ni prohibe
deoocionet particulares en tiempo de los San tos Ejerci­
cios; y de este mismo procedimiento podemos recoger
doctrina práctica y muy saludable. No las prescribe; sin
duda para significarnos que en días de Ejercicios no
conviene aglomerar devociones agenas á los mismos,
para no distraer al alma de su práctica ó principal obje­
to, que, como llevamos dicho, es la reforma del espíritu,
combatiendo los afectos desordenados del corazón con
la seria meditación de las verdades eternas, y atenta
consideración de los ejemplos de Jesucristo Nuestro Se­
ñor. No las prphibe: porque no puede negarse, que to­
madas ó practicadas algunas de ellas moderada y dis­
cretamente, son poderosísimas para ayudar al alma á
conseguir el indicado ñn de aquel santo retiro. La » ora­
ciones vocales, dice el P. A. Lápide, son buenas y recomen­
dables, en cuanto sirven A que el afecto del alma mA» y
más se excite, se avive y se continúe (1). El Santo en la
Anotación 1.a dico que orar vocalmente es Ejercicio espi­
ritual, y en la Anotación 20.a habla de la Santa Misa y
asistoncia á Vísperas (como se acostumbrarla en su
(1) Ut roce, mentís affeetus magia excitetur, acuatur et contínuetnr.
(E. P. A Lapide.)
-3 9 -
tiempo) suponiendo con esto que admite algunas devo­
ciones particulares. Las principales que pueden practi­
carse, son; l.°: La Santa M ita, que nunca debe dejar de
oirse si hay proporción, pues como sacrificio impetrato­
rio, alcanzaremos por su medio los auxilios divinos de
que tanto necesitamos. 2.°: Las visitas al Santísimo Sa­
cramento, que debemos frecuentarlas & lo menos dos
veces por la mañana y otras dos por la tarde, para que
como foco de Luz Divina ilumine nuestro entendimiento
para conocerle, y como volcán de Caridad inflame nues­
tros corazones para amarle. 3.*: El Santísimo Rosario,
y el O/lcio paroo (este se entiende para los que no estén
obligados al rezo del Oficio divino) devociones estas las
más agradables á la Santísima Virgen, y de mas efica­
cia para alcanzar su poderosísimo patrocinio. 4.°: Algu­
na breve oración á los Santos Patronos, y lo que á cada
uno le parezca conveniente según las necesidades de su
espíritu, no olvidando lo que se ha dicho, que no deben
multiplicarse devociones, que & la par que fatigan al
alma, pueden distraerla de su principal objeto en estos
días. Lo que debe frecuentarse son las Jaculatorias, di­
rigiéndose al Sefior, como se advierte en la Anotación
5.a, con las palabras de San Pablo: Sefior, ¿qué quereis
que haga? ó con las del Profeta: Sefior, enseñadme & ha­
cer vuestra divina voluntad. Finalmente será muy útil
repetir con frecuencia la oración que compuso, y á me­
nudo solía decir el Santo, en especial durante los Ejer­
cicios, á saber: Alma de Cristo, santifícame, etc.
%Lecturas. En cuanto á las Lecturas, el Santo no se­
ñala cuales hayan de ser, ó puedan servir durante la
primera semana de los Santos Ejercicios; solamente an­
tes de la primera Contemplación de la segunda semana,
dice: para la segunda semana, y así para adelante, mucho
aprovecha el leer algunos ratos en los libros de Im itation e
Christi, ó de los Evangelios y de vidas de Santos. El notar
pues el Santo las lecturas convenientes para la segunda
y ulteriores semanas, supone que han de ser diferentes
-4 0 — '
de las de la primera. Y que en esta ha de haberlas, lo
previene el Directorio, seflalando en primer lugar la
Imitación de Cristo del V. Tomás de Kempls, (cuya lec­
tura dice el P. Roothaan, es la más apta para radicarse
en las resoluciones que se han concebido en la Medita­
ción), á DioniBio Cartujano sobre los Novísimos, las
Confesiones de San Agustín, ú otros semejantes (1). En­
tre estos podemos citar por muy oportunos; las Verda­
des eternas del P. Rosignoli, el Temporal y Eterno del
P. Nieremberg, la Guia de pecadores del P. Granada, en
una palabra, los que sean aptos y convenientes para
engendrar en el alma afectos propioe de los Ejercicios
de la primera semana, oorao son: contrición, temor y
amor de Dios; pues, no debe seguirse el propio gusto
variando de libros, aunque sean piadosos, para leerlos
en los Ejercicios (2). En cuanto á la lectura de las demás
semanas, si es del Sagrado Evangelio ó Misterios de
Nuestro Sefior Jesucristo, han de leerse los que ya se han
meditado, ó se meditan en aquel día, como nota el Di­
rectorio, y no los que han de ser todavía objeto de otras
Meditaciones (3). Asimismo, en la lectura de Vidas de
Santos, es conveniente leer tan sólo las de aquellos que
son más conformes al estado del Ejercitante. Por último
debemos recordar, que el principal fru to de la lectura
espiritual, es sacar el alma algún buen deseo, ó aparejo en
la voluntad para cumplir con la voluntad Divina (4).
Mortificaciones. El Santo, particularmente en las Adi­
ciones, se detiene de un modo notable, al tratar de la
mortificación ó penitencia; y la doctrina que sobre este
particular emite, así como muchos de los documentos
de su admirable libro, no han de considerarse como
exclusivos para los dias de Ejercicios, (asi equivocada­
mente piensan algunos), sino que son también para toda

(1) Directoriun, cap. 8.


(2) B. P. Roothaan.
(8) Directoriuna, cap. 8.
(4) V. Luis de Blosio.
— 41 —
la vida (1). Dice el Santo en las Adicione»: La décima
adición, et-penitencia, la cual te divide en interna y exter­
na: interna e» dolerse de »u » pecado», con firme propósito
de no cometer aquéllos, ni otros alguno». La externa 6
fru to de la primera es castigo de lo» pecado» cometida».
En cuanto á la penitencia interna, ó sea el excitarse y
procurar el dolor de los pecados cometidos, es manifies­
ta su necesidad en todos tiempos, pues dice Nuestro
SeHor Jesucristo: si no hiciereis penitencia, todos igual­
mente pereceréi» (3): y muy particularmente ha de
procurarse en tiempo de los Santos Ejercicios, cuyo ob­
jeto, como repetidas veces se ha dicho, es la reforma de
la vida; y esta ciertamente no se verifica sin el dolor de
los pecados, y propósito de la enmienda; pues, como
dice el P. S a n Agustín: no puede empezarse una vida nue­
va, sin el arrepentimiento de la pasada (3): y de nada
serviría la peniteneia externa, por ser ésta fruto de
la interna; y á más, la penitencia externa es manifes­
tación del dolor verdadero, pues llega á la venganza
de la ofensa, y á poner medios costosos para no
volver á caer en ella (4). En cuanto á la penitencia ex­
terna, en tres manera» se toma, dice el Santo, la primera
cerca del comer; la segunda cerca del dorm ir; la tercera
castigar la carne. Acerca de las do» primera», atiéndase
bien que no debe confundirse la templanza con la peni­
tencia; asi, el no comer en horas extraordinarias, no
buscar manjares delicados, no quejarse de los grose­
ros, etc., es templanza, y no propiamente penitencia;
pues, como dice el Santo: quando quitamos de lo super-
fluo no es penitencia, mas temperancia; penitencia e» quan­
do quitamos de lo conveniente, y quanto más y más, mayor
y mejor, esto es, con abstinencias ó ayunos más ó me­

tí) R. P. Roothaan.
(9) Nial psBnitentlam egeritls, omnes aímlliter peribitis. (Lnc. 13.)
( 8) N ovan -vitan lnchoare non potest, qaem veterem non paolteat.
(S. Aog.)
(4) R . P . L a Palma.
-4 2 -
nos rigurosos (1), tolo, añade el Santo, que no te corrom­
pa el tubjecto, ni te tiga enfermedad notable. Lo mismo
debe decirse de la bebida, especialmente del vino, del
que no se deberla usar sino como de medlbina (2). Esto
mismo lo confirma el Santo en los Reglas para ordenar­
te en el comer. En cuanto al suefio, dice, que no et peni­
tencia quitar lo superfino de cosas delicadas ó moles, cerca
del modo de dormir; mas es penitencia quando en el modo
se quita de lo conveniente; pero aOade también la salve­
dad de que no se corrompa el subjecto, ni te siga enfer­
medad notable; ni tampoco te quite del sueño conveniente:
por lo que esta penitencia en el modo de dormir, se
entiende de la aspereza, como por ejemplo, durmiendo
vestido, ó en el suelo, etc. (3). Por lo que mira & la ter­
cera, á saber, castigar la carne, es, dice el Santo, dándole
dolor sensible, esto es, macerar el cuerpo con disciplinas,
cilicios y otras asperezas semejantes: sobre lo cual, dos
cosas deben atenderse; 1.a: que el dolor, como dice, sea
sensible en las carnes, y que no entre dentro en los huesos,
de manera que dé dolor, y no enfermedad: y como en es­
te particular podría haber excesos por un mal entendido
é indiscreto celo, es regla general de los Santos Padres
y Maestros de espíritu que no se practiquen estas peni­
tencias corporales sin anuencia y consejo del Confesor
6 Director, sujetándose al parecer ageno (4). No olvide­
mos lo que dice el P. San Gregorio: De mucho más méri­
to es sujetar la propia noluntad á la voluntad agena, que
macerar el cuerpo eon rigurosos ayunos, 6 sacrificarte
ocultamente con rigor y asperezas (5). 2.a: Que las peni­
tencias corporales no pueden ser iguales en todas las
personas, ni lo deben ser en todos los tiempos. Prime­
ramente debe atenderse á la salud y fuerzas corporales,
pues el que tiene achaques ó enfermedades no debe ha­

ll) R. P. la Palma.—(2) Id .-(3 ) Id.—(4) Id.


( 6) Longe altioris est meriti propriam Tolnntatem a lien » «amper vo­
luntad snbjicere, quam magnls jejuniis corpus atterere, aut per con-
puncUonem ae in secreUori sacrificio maclare. (S. Greg.)
-4 3 -
cerlas más pesadas con el rigor y penitencia, sino que
debe aplicarse á sufrir aquellas con devoción y confor­
midad por ser penitencia, que viene de la mano de Dios.
En segundo lugar, se debe tener consideración á las ocu­
paciones y trabajos necesarios y de mayor servicio divi­
no, ora sea en bien espiritual de los prójimos, ora en su
ayuda temporal, mirando bien, y sin pasión, que las
penitencias no estorben los tales actos de caridad; y
decimos, sin pasión; porque á veces lejos de estorbar,
ayudan para sujetar el cuerpo al espíritu, y la sensuali­
dad á la razón (1). En tercer lugar, (y esto principalmen­
te en tiempo de Ejercicios) debe acomodarse la peniten­
cia á la materia de la Meditación, porque unas piden
más penitencia, como las de la primera y tercera sema­
na, y otras menos, como las de la segunda y cuarta.
No menos debe atenderse á la consolación ó desolación
en que se encuentre el Ejercitante, y á la deooción 6
sequedad quo siente, y para acertar en el medio aprove­
cha, dice el Santo, haiter mudanza en los modos de haier
penitencia, pues Dios Nuestro Señor muchas veaes en las
tales mudanzas da & sentir á cada uno lo que le conviene.
Tres son los efectos de la penitencia externa; el primero,
dice el Santo, por satisfacción de los pecados pasados; se­
gundo, por vencer á si mesmo; tercero, para buscar y ha­
lla r alguna gracia ó don que la persona quiere y desea, ya
sea espiritual, ya temporal; porque cuando á la oración
se le arrima la penitencia, tiene más fuerza para impetrar,
como consta de la Sagrada Escritura (2). Sobre estos tres
efectos, atiéndase que el Santo dice que son los principa•
les, con lo que se vó que no son los únicos; otros frutos y
efectos particulares pueden intentarse, aunque todos se
reducen fácilmente á alguno de los tres indicados por el
Santo (3).

(1) R- P L a Palma.
(2) Id.
(8) R. P . Roothaan.
-4 4 -

C lP tT V lO TXRCXXIO.

DE L A S ADICIONES P A R A MEJOR HACER L 0 8 EJERCICIOS.

ie zAdicione» pone el Santo para mejor hazer


T 1 los Ejercicios y para mejor hallar lo que se detea,
J L M las cuales, dice el P. Diertins, deben leerse
con atención) y observarse con mucho cuida­
do; y el Directorio dice, que las nueoe deben explicarse
Inmediatamente antes de empezar los Ejercicios, por
tratarse en ellas de muchas cosas que ayudan á la Me­
ditación; y la décima puede diferirse para otro día; te­
niendo gran cuidado en que se observen con exactitud,
por depender mucho de ollas el fruto de los Santos Ejer­
cicios; evitando no obstante cualquier exceso, teniendo
en cuenta el carácter y complexión de las personas (1).
Las cuatro primeras miran más directamente á la
preparación de la Meditación, y de ellas hemos hablado
ya al tratar de la misma en el Capítulo 2.°, número 3.°;
sólo recordaremos aquí lo que dice el Espíritu Santo:
antes de la oración prepara tu, alma, no quieras ser co­
mo el hombre que tienta á Dios (2). Sobre lo que dice
San Bernardo: como tu te prepararás para Dios, Dios se
aparecerá á ti (3).
La quinta pertenece á la conclusión de la Meditación,
y de ella hemos hablado ya en el citado Capítulo y nú­
mero, al tratar de los Exámenes.
La sexta debe tenerse muy presente en las Meditacio-

(1) Dlrectoriam, cap. 16.


(2) Ante orationem prepara animam tnam, et noli ease quasl homo
qnl tentat Detun. (Kecli. 18.)
(8) Qnalem tn p rep ararais Deo, talla Ubi appareblt Dees. (S. Bern.)
— 45 —
nes de la primera semana, por ser casi exclusiva para
ella, debiendo cambiarse en la segunda semana, como
nota después el Santo, asi como la segunda, la téptima,
y en parte la décima.
Las téptima, octaoa y nona deben observarse en todo
el decurso de los Santos Ejercicios, y en todos sus actos
por tratarse en ellas del recogimiento exterior, que debe
observar el Ejercitante, y que ayuda admirablemente
para el recogimiento del espíritu, pues está escrito: No
hay compunción donde hay disipación (1).
La décima queda explicada en el citado Capitulo, al
tratar de la Mortificación.
Por último, afiadiremos que todas estas Adicione»,
aunque el Santo las escribe para el debido fruto de los
Ejercicios, no obstante su observancia ayudara siempre,
y á su modo servirá para la perfección de la vida cris­
tiana y religiosa.

(1) OinipaU 8unt, nee compuncti. (Ps. 84.)


-4 6 -

CX PtTVlO CTJUITO.

DE LOS SANTOS EJERCICIOS EN PARTICULAR.

PRIMERA. SEMANA..

Principio y Fundamento.

s tb titulo es el único que dá el Santo á esta


^ •1 Meditación, que, si bien con ella empieza la
^^1 Primera Semana, no la llama todavía Ejercicio.
Se dice Principio , por estar encerradas y conté*
nidas en esta Meditación todas las verdades ó conclu­
siones, que con profusión se desprenden y se derivan
de cuanto se trata en los Santos Ejercicios, los que po­
dríamos llamar Ciencia espiritual, y como tal tiene su
Principio; y en este concepto, mira más directamente ¿
ilustrar y convencer el entendimiento. Seaflade también
Fundamento, por serlo de la vida del alma, ó su refor­
ma, que á modo de Edificio espiritual se levanta en ella
por medio de los Santos Ejercicios, principal fruto de los
mismos; y bajo este respeto, mira más directamente á
mover la voluntad. Asi es, que estas palabras del Santo
Principio, Fundamento, no son sinónimas. Se dice Prin­
cipio teóricamente, y se llama Fundamento en la prác­
tica (1).
La doctrina qne aquí se contiene, es una máxima in­
concusa y eterna, es la primera verdad, sobre la cual
las demás verdades que después se proponen, se levan­
tan con toda solidez y firmeza (2). De este modo parece
(1) R. P. Roothaan.
( 8) Id.
-4 7 —
que la presenta el Santo, sin forma de Meditación, sin
notar preludias, ni prescribir coloquio»; sin embargo
no hay Inconveniente alguno en que se dé con las reglas
y forma de tal, tcomo las demás (1); y es convenentísi­
mo darla en esta forma, y en más de una Meditación,
(según sean los días de Ejercicios) para que esta verdad,
que no es otra cosa, que el conocimiento de nuestro fin,
se grabe más y más en el entendimiento, por depender
de ella todo el fruto délos Santos Ejercicios, y porque con
la seria y profunda consideración del ñn último, y de
los medios á él conducentes, cualquiera podrá conocer
como y cuanto se ha apartado de él, con que dafio y
con que peligro (2). Mas, si bien esta Meditación nos
hace atender al ñn para que somos criados, en las pri­
meras palabras del Santo: E l hombre es criado, puede
incluirse otra, que llamaremos preoia, esto es, de nues­
tro origen, la que puede darse segün sean los días de
Ejercicios.
Cuatro son los puntos ó extremos que abarca esta
verdad del Principio y Fundamento, á saber: Fin del
hombre: Fin de las demás cosas criadas: Uso que se debe
hacer de ellas: Indiferencia en que te debe estar respecto
de las mismas.
Acerca del primero, debe considerarse como doble el
fin del hombre: ñn mediato ó próximo; y fin último 6
inmediato. Aquel, lo expresa el Santo, cuando dice: El
hombre es criado para alabar, hazer reverencia y servir á
L íos Nuestro Señor; y este, cuando añade: y mediante
esto, salvar su ánima. Tal es la bondad y liberalidad in­
finita de nuestro Criador y Señor, que ¿ la alabanza,
reverencia y servicio, une estrechamente, y como por
necesidad, nuestra felicidad interminable (3). Nótese
bien la gradación que pone el Santo en el fin próximo:
Alabar, hazer reoerencia y servir á Dio» Nuestro Señor.

(1) R. P. Diertins.
(9) R. P. PatiUidier.
( 8) R. P. Roothaan.
— 48 —
A teta r, es lo m&s fácil; reverenciar, do es difícil; pero
en el te ñ ir, que no es otra cosa que conformarse en
todo y por todo con la voluntad divina, es donde se en­
cuentra dificultad, á causa de nuestra naturaleza co­
rrompida. Por esto ha de instarse mucho en los Santos
Ejercicios con las citadas Jaculatorias: Señor, ¿qué que­
réis que hagaí esto es: dadme á conocer vuestra volun­
tad divina; y la otra: Señor, enseñadme d hacer vuestra
voluntad santísima; esto es: concededme que sepa fiel­
mente practicarla (1).
La alabanza que debemos tributar al Sefior, debe ha*
cerse con el entendimiento, esto es, con Jé, con convic­
ción y con sujeción, considerando que su Nombre es
admirable... que Él nos ha criado... que es Nuestro Dios
y Señor (2): debe hacerse con el corazón, esto es, con
amor y puro afecto; creyendo que Él es el Dios de nues­
tro corazón y nuestra herencia eterna (3): debe hacerse
con la lengua, esto es, encomiando y glorificando sus
excelencias y atributos; diciéndole: llénete de loores mi
boca para cantar todo el día tu gloria y tu grandeza (4):
debe filialmente hacerse con las obras, esto es, obrando
de modo que se edifique al prójimo, y éste glorifique á
Dios, pues está escrito: vean vuestras buenas obras, y
glorifiquen al Padre Celestial (5).
La reverencia que debemos al Sefior, es reconocerle
por nuestro Dios con actos de fé, esperanza y caridad;
creyendo .lo que nos ha revelado, esperando lo que nos
ha prometido, y amándole como & Infinito Bien, y úni­
co Un nuestro. Esta reverencia mira principalmente la
Infinita Majestad Divina, por esto dice el Apóstol; que

(1) R. P. Roothaan.
(2) Admirabile est nomen tunm... Ipse faeit nos... Ipse est Dominas
Deas aosier. (Pe. 83, 94, 00.)
(8) Deus cordis mei, et pars mea Deus in sternum. (Pa. 92.)
(4) Repleatur os meum laude, ut cantem gloriam tuam, tota die mag-
nitudinem tuam. (Ps. 70.)
(5) Videant opera restra booa, et gloriflcent Patrem yeatrum, qui in
ccbíís est. (Math. 6.)
— 49 —
débeme» agradar al Seflor con temor y reverencia (1); esto
es, con confusión y vergüenza de nuestra indignidad, y
con humildad y confianza por su inmensa Bondad. Y
asi dice el P. San Ambrosio: como siervos, debemos al Se­
ñor el temor reverencial, y como hijo», el piadoso afecto de
nuestro corazón; y si esto no hacemos, no amamos & Diós
ni le reverenciamos (2).
• El servicio que debemos prestar al Seflor, es cumplir y
conformarse con su Divina voluntad siempre, en todo
lugar, y en todas las cosas. Esta es la condición del sier­
vo ñel, que no hace la voluntad propia, sino la de aquel
& quien sirve. Y esta conformidad con la voluntad Divi­
na, es lo que nos ensena el mismo Jesucristo, que hemos
de pedir al Padre Celestial en nuestras oraciones: Hága­
te tu voluntad, asi en la tierra como en el Cielo (3). Hemos
de imitar á lo» Angeles, su prontitud, su celeridad, su efi­
cacia, su perfección en cumplir la voluntad divina, glori­
ficando asi al Señor, según la» palabra» del Profeta: Ben­
decid al Seflor lo» que componei» su celestial milicia,
m ini»tro» tuyos, que haceit tu divina voluntad (4).
No debe extrañarse, que el Santo no diga: £1 hombre
es criado para amar ¿ Dios; la razón es, porque el amar
se incluye en las tres cosas susodichas, de alabar, reve­
renciar y servir. No se alaba lo que no se ama, ni se re­
verencia lo que se aborrece, y no se sirve á lo que se
detesta; así es, que amar se desprende de estas tres
operaciones, que al propio tiempo, que son manifesta­
ción del amor, son medios para conservarlo y perfec­
cionarlo. Es lo que dice el Espíritu Santo en el sagrado

(1) Placen tea Do o oum mota ct reverentia. (Heb. 12.)


(2) Si servas es, redde Domino timoris obsequium; si filius, exhibe
Patri piotatis affectum. Si non agis, Deum non diligis, nec vereris.
(S. Ambr.)
(8) Fiat voluntas tua, sicut in ccelo, et in térra. (Mat. 6.)
(4) Angelorum promptitudinem, cftleritatam, efficaciam, perfectinnem
in implenda Dei volúntate imitar! debemns, ut illam veneremos et ho-
noremufl, juxta illud: Benedicite Domino omnes virtutea ejus, miniatri
ejufl, qui facitis voluntatem ejus. (R. P. A Lapide.)
4
-5 0 -
libro de ECclesiastés: Teme A Dios y observa sus precepto»,
qué en esto consiete el todo del hombre (1). Este temor, que
esprincipalmente el temor ñlial, que proolene del amor con
que reverenciamos á Dio» (2), está significado en la' ala­
banza y reverencia de que habla el Santo; y la observan­
cia de tos preceptos divinos, que es efecto del amor ó te­
mor filial (3), está descrita en el perfecto servicio divino.
Y para esto es criado el hombre, dice el Sanio, como
que dijera: esto et todo lo que debe prestar el hombre (4).
■Alabar, pues, reverenciar y servir al Sefior, es amar
á Dios.
Mas, esto es solamente el fin mediato, no el último:
mediante esto, salvar él ánima, dice el Santo. Este es
pues el último y principal fin del hombre, y ¿qué es, y
cuánto importa salvar el almal jAh! si no se salva, in­
dudablemente se pierde, y perder el alma, es condenar­
se eternamente. No hay pues medio en que pueda pa­
rarse, para ni salvar, ni condenar el alma. De aquí la
suma utilidad y necesidad de trabajar para la salva­
ción (5). A esto se dirige toda la práctica de los Ejerci­
cios. Con toda propiedad podemos aplicar á esta verdad
inconcusa, la sentencia de Jesucristo: una tola cosa final­
mente es necesaria (6). Una tola, dicen los PP. San Agus­
tín y San Gregorio, y ésta es el último fin, y el sumo bien
del hombre; al cual ha de dirigirse et alma, y del que
nunca debe apartarse ni olvidarse (7).
Acerca del segundo extremo, que es el fin de las de­
más cosas criadas, dice el Santo: y las otras cotas sobre
la haz de la tierra son criadas para el hombre. Esto debe
(1) Time Deum, et mandata ejua obsorva, hoc ost cnim omnis homo.
(Recles. 12.)
(2) Potius est timor fllialis, quo Deum reveremur. (E. P. A Lapide.)
( 8) Timor Del causat observantiam mandatorum. (Id.)
(4) Hoc est totum qiiod debet homo pnevtare. (R. P. Mariana.)
(6) R. P. Roothaan.
( 6) Porro unum est necessarium. (Luc. 10.)
(7) Unum, est ultimus finis, et Bummum hominis bonum, ad quod
nostra mens est dirigenda, et & quo numquam est distrahenda. (S. Aug
et S. Grog.)
-5 1 -
entenderse, según el Santo, no sólo de las cosas anima­
das y sensibles, como animales, plantas, etc., sino tam­
bién de todo lo que no es Dios, ó está fuera de Dios (1).
Son criadas para el hombre; esto es, el hombre es el ñn
de todas ellas. El Señor crió la tierra, las aguas, la luz,
los peces, las aves, las plantas, los animales, y por últi­
mo crió al hombre, para que lo prendiera todo (2), esto
es, todo sirviera & él, constituyéndole sobre toda» »u »
obra», poniéndolo todo bajo tu » p ii» (3), y & él estuviera
todo sujeto. Son criada» para el hombre; sin el hombre
carecen de fin ; como que e} hombre, dice San Gregorio
Niseno, fuete cabeza, fin y Seflor de todo (4); pero el hom­
bre es para Dios, no para estas cosas, y por esto aflade
el Santo: y para que le ayuden en la prosecución del (In
para que es criado. El hombre debe servirse de ellas, ó
mejor, debe hacerlas servir, para alcanzar él su ñn; su
fin próximo 6 mediato, que es alabar, reoerenciar y ser­
vir á D io» en esta vida, y su fin último ó inmediato, que
es taloar »u alma. (Admirable liberalidad de Dios para
con el hombre! (providencia inefable! (5) De tres mane­
ras puede el hombre servirse de estas cosas criadas
para elevarse á Dios, y alcanzar su ñn; 1.°: con la con­
templación: elevándose de la consideración de las cosas
criadas, al conocimiento dei Criador, según lo que dice
San Pablo: las perfecciones invisible» de D io» te han hecho
visiblet por el conocimiento, que de ellas nos dan sus cria­
turas (6): sobre lo que dice San Bernardo: Tanta varie­
dad de form a», tanta multitud de especies, ¿qué son sino
rayos resplandecientes de la D ivinidad (7) 2.°: cón el uso:
(1) R. P. Roothaan.
(2) Fadamus Uomiueui... ut prsesit. (Geu. 1.)
(8) Oonstituisti eum snper opera manuum tuarum... omnia subjecisti
sub pedlbus ejus. (Pe. 8.)
(4) Qa&8i qui omnium esset yertez, finís et Dominas. (S. Greg. Nis.)
(5) R. P. Roothaan.
( 6) Invisibilio ipsiua (Dei) por ca quid facta eunt, intellecta conspi-
ciuntur. (Rom. 1.°)
(7) Tanta formanim yarietas, tanta numerositas flpeáeram, ¿qiid ni-
si radii sunt Difinitatis? (S. Bera.)
— 52 — '
valiéndose de ellas rectamente; según la necesidad, uti­
lidad, honesta recreación y noble ejercicio de las facul­
tades propias del alma y cuerpo; dando gracias al Sefior
por tan grande liberalidad, que, como dice el Apóstol
Santiago, á todo* dá copiosamente, y A nadie zahiere (1);
sobre lo que dice el mismo Santo Padre; Dio* no es otra
cosa, que una voluntad omnipotente, y una beneooleneia
infinita (2); 3.°: con la abstinencia de las mismas; abs­
teniéndonos por virtud de templanza, ó mortificación,
por no ser licito al alma, seguir todos los deseos hacia
las cosas terrenas, como dice el Sabio: *i satisfaces los
antojos de tu alna , ella te hará la rita y fábula de tus
enemigos (3), lo que comenta el P. San Agustín; el satís-
facer todo deseo, determina, lleca á la infamia (4). Preci-
so es, pues, que el hombre en el uso de las cosas cria­
das, se sobreponga á si mismo, negando muchas veces
su propia voluntad y natural inclinación.
De estos modos, el primero es el más noble, por unir*
nos de corazón al Sefior; el segundo es el más común,
por la necesidad que tenemos de las cosas mismas de la
tierra; el tercero es el más difícil, atendidas las malas in­
clinaciones, que nos han quedado del pecado original;
pero por lo mismo es el más necesario, de modo que
nunca llegaremos á ser Heles, ni moderados en el segun­
do, y mucho menos, aptos para el primero, si no somos
asiduos, y no nos ejercitamos mucho en el tercero.
Acerca del tercer extremo, que es el uto que se debe
hacer de las cosas criadas, dice el Santo: de donde te
tigue que el hombre, tanto ha de usar dellas, quanto le
ayudan para su fin; y tanto debe quitarse dellas quanto
para ello le impiden. Debe Ajarse mucho la atención en
la fuerza ó importancia que aquí tienen estos dos ad-
(1) Qui datlomnlbua affluenter, et non improperat. (Jac. 1.•)
(2) ¿Quid est Deus? Voluntas omnipotone, bonavoloutissima virtus.
(S. Item.)
( 8) Si prsestes anim » tu® concupiscentias ejus, faciet in gaudium
inimicis tuis. (Eccli. 18.)
(4) Ezpletio concupiscentl», consciscet infamiam. (S. Aug.)
— 53 —
verblos, tanto, quanto; que no es precisamente en admi­
tir, ó rechazar; sino en el modo, grado y valor de la
admisión ó rechazo de las mismas; así en tanto deben
admitirse las que nos ayudan, en cuanto nos ayudan; ni
más, ni menos; y en tanto deben rechazarse las que nos
impiden, en cuanto nos impiden; ni más, ni menos ( l ) ,
lo que indica, hasta que punto ó término debemos ad­
mitir ó rechazar las cosas mismas. Esto nos advierte,
cuan fljo debemos tener en nuestro entendimiento y en
nuestro corazón el altísimofin , ya mediato, ya inntedia-
to, & que somos llamados, para no apartarnos de él por
cosa alguna criada, no olvidando que éstas no son más
que medios para alcanzarlo. Todas las cosas criadas
son buenas en sí mismas, así leemos en las Sagradas
Letras: ció Dios todas las cosas que había hecho, y eran en
gran manera buenas (2); pero no todas son buenas para
todos, ni convenientes según los estados, tiempos, lu­
gares ó circunstancias. Hay diversidad de dones, dice el
Apóstol San Pablo, hay dioersidad de ministerios (3). Se­
gún, pues, sean las condiciones, pueden ser las cosas,
buenas, aptas, convenientes, en una palabra, medios
conducentes á nuestro fin; ó al contrario, malas, inep­
tas, inconvenientes, esto es, obstáculos para alcanzarlo.
Al modo que todas las herramientas é instrumentos de
un artífice son buenos para diferentes usos, pero de
aquellos solamente echa mano, que vienen bien para su
obra, por que no puede usar de todas juntas, y si toma
unas por otras, se estorba, y hace daño (1). Este es un
principio de verdadera sabiduría, con cuya aplicación
práctica se ordena verdadera y propiamente la vida
según la recta razón, que es tomar el fin como ñn, y
los medios, no más que como medios; lo que nunca de-

(1) B. P. Roothaan.
(8) Vidit D«ua cuneta q u e fecerat, et «rant raido bona. (Qon. 1.)
(8) Divisiones gratiarnm «unt, et divisiones ministeriorum. (In .
Cor. 12 .)
(4) B. P. La Palma.
• - U -
bemos oividar ( i ) . Es lo que pedia á Dios el sánio Pro­
feta David: Dadme, Sefior, á conocer el camino que tengó
de seguir ( 2), y como interpreta el sabio Belarmlno:
Iluminad, Sefior, mi entendimiento áñn de conocer y te­
guir el camino de la, justicia para llegar á Vot (3).
Acerca del cuarto extremo, que es la indiferencia, en
que debemos estar respecto de las cosas criadas, no es
más que la consecuencia legitima y necesaria de lo que
se ha dicho. Asi el Sanio: por lo cual, dice, es menester
hasefinos indiferente» á todas las cosas criadas. Todas
ellas son indiferentes de s(; dejan de serlo aplicadas &
nosotros, según doctrina de Santo Tona&s, & saber;
cuando de ellas nos servimos, entonces, ó nos ayudan,
ó nos impiden. ¿Cuáles son unas, y cuáles son otras? Lo
ignoramos. Si Dios nos diera á escoger, dictándonos:
¿cuál e» la mejor y má» oportuna para nuestro ñnt No
hay quien no debiera responderle: Señor, lo ignoro:
Vot lo tobéis. Nada, pues, más justo ni oportuno á
nuestra salud, que mostrarnos del todo indiferentes
acerca las cosas criadas (4). Hay no obstante algunas,
que ya de si, ya según el estado, condición, lugar ó
tiempo, etc., son mandadas, ó prohibidas; acerca de
éstas no tiene lugar la indiferencia, por esto dice el San­
to: indiferentes... en todo lo que es concedido á la libertad
de nuestro libre aloedrio, y no le está prohibido: y añade;
en tal manera que no queramos de nuestra parte más sa­
lud que enfermedad, riqueza que pobresa, honor que des-
tumor, oída larga que corta. Atiéndase bien á las pala­
bras: que no queramos de nuestra parte. No habla el
Santo de las inclinaciones de nuestra naturaleza co­
rrompida, que nos inducen siempre á lo más cómodo y
plausible & la misma, sino á obrar contra de ellas con

(1) R. P. Roothaan.
(2) Notam lac mtht vlam, in qua ambulem. (Pa. 142.)
(8) Illumina mentom moim, ut eognoseam Tiam justitín, in qua aro-
balara debto, ut ad Te perveniam. (Bel&rm.)
(4) R. P. Roothaan.
-5 5 -
ddoidida voluntad; que no queramos, esto es, que no an­
siemos, ni busquemos una cosa, más que otra.
Se dirá, tal vez, que esto se comprende muy bien, en
cuanto á las riqueza» y honores, que por lo que son en
si, no deben desearse, según la recta razón, por no ser
de si mismas, cosas necesarias, ni convenientes & la na­
turaleza humana; sino que de si son indiferentes, como
sus contrarios, pobreza y desprecio: mas, por lo que mi­
ra & la salud y la oída son cosas apetecibles de st, por
ser convenientes y muy conformes & nuestra humana
naturaleza. ¿Cómo poder estar, pues, indiferentes acerca
de ellas? A. esta dificultad, d& una clara y bellísima
solución el eximio P. Suarez con estas palabras: E l bien
de la pida y déla salud es de aquellos, que por si mismos
pueden apetecerse, esto es, en cuanto de st son convenientes
á, la naturaleza, y necesarios á su integridad, por lo cual
honestamente se desean, sin atender á otro ñn; y por esto
sin culpa, puede el afecto no ser del todo indiferente acerca
de estos bienes, mirados en st mismos. Esto no obstante, es
de mayor perfección (y ésta juzgo que fué la intención de
N. P . San Ignacio) no amar estos bienes, sino como ins­
trumentos de virtud; pues aunque de si sean amables, á
veces sucede, que él hombre toma de ellos ocasión ó de pe­
car, ó de no aprovechar en la virtud; y por esto, es útilísi­
mo no afectarse en ello», más de lo que pueden conducir al
mayor aprovechamiento de las virtudes. Allégate & esto,
que á vcces, es necesario despreciar y arriesgar estos bienes
por Dios, ó bien para alcanzar la virtud, ó alomenos la
perfección de ella. Para que pues el hombre esté en esta
disposición y prontitud para verificarlo, al ofrecérsele la
ocasión, es sin duda obra de consejo, ejercitarse y conser­
varse en esta indiferencia (1).
(1) Bonnm v ita et salutis est ex his, qu® propter se appetl possunt, id
est, qnatenus per se sunt conyenientia natura, et netessaria ad quam-
dam ejus integritatem, propter quam honeste appetuntur, siae respectu
ad alinm fln*m: et ideo sine culpa potest affectui non esse omnino indiffe*
ren 8 clrca hoc bona, secundum se spectata. Nihilominns tamen, ad majo-
rem perfectionem spectat (et hanc existimo faisae mentem S. P . N. Igna*
— 56 —
A.Qade el Santo: y por consiguiente en todo lo demás.
En lo cual ye incluyen todos los dones naturales y so­
brenaturales, como son, por ejemplo, estado, oficio, lu­
gar, empleo, etc.; y también, consuelos ó desolaciones,
devoción sensible ó sequedad, quietud ó tentación, y
otros; en todos los cuales debemos estar indiferente», sin
determinar nuestra voluntad, reprimiendo la inclina­
ción; y, como concluye el Santo, solamente deseando y
eligiendo lo que más nos conduce para él fin que somos
criados. Para llegar & esta indiferencia, que, si bien se
mira, no es otra cosa, que la continua práctica de nues­
tra conformidad & la voluntad Divina, ya se vó desde
luego, la necesidad de la mortificación y abnegación
propias, pues comunmente lo que más gusta es lo que
menos conduce al recto fín, y lo qüe menos place es lo
más conveniente. Sufre, abstente (i), declan ya los Filó­
sofos de la antigüedad.
De todo lo dicho se deduce, ser de tanta importancia
esta Meditación del ñn para el cual hemos sido criados,
que sin ella, en vano trabajaríamos en los Santos Ejer­
cicios. ¿Cómo es posible formar el debido empello en
enmendar nuestro proceder, ni trabajar para nuestra
perfección, sin persuadirnos de estas verdades inconcu­
sas: Soy de Dios... Vioo en Dios... Voy á Dios?... M i úni­
co objeto es la posesión de Dios, y de nada me sirven las
cosas, si no alcanzo á Diosf... Si esto se olvida, cuantos
afectos se promuevan en el decurso de los Santos Ejerci­
cios, serán transitorios y efímeros, por no decir, canos ó
inútiles. Se podría entonces aplicar lo que'ttecla el Santo
tii) hsec ipsa bona nou amare, nisi ut sunt instrumenta virtutis: quamvis
onim por se amabilia sint, interdum aolet homo ex illis occasionem sume-
re vel peccandi, vel non proflciendi in virtute; et ideo utilissimum est,
non plus ad illa afflci, quam ut eonducere possunt ad mqorem Tirtutis
profectum. Accedit, quod interdum est yel ad virtutem necessarium, vel
saltem ad perfectioneui virlutis, hmc bona oontemnera et prodigere prop-
ter Deum. Ut ergo homo, et paratas et promptus sit ad hoc prastan*
dum, oblata occasione, opus sine dubio consilii est, illam indifferentiam
exercere, et in ea conservar!. (E. P . Suarez.)
(1) Sustlne, abstine.
-5 7 -
Profeta Jeremías & su pueblo: teniendo ojos, no veis;
teniendo oído», no oit (1). De ahí, que con toda propiedad
y exactitud llame el Santo & esta Medit&oión: Principio
y Fundamento.
Muy ÚU1 serla (según sean los días de Ejercicios) ha­
cer de ella alguna repetición, recordando lo que se dijo
acerca las Repeticiones en la pág. 32.

EJERCICIOS.
§. i.
De los pecados.

E i . Santo con admirable discreción y sabiduría llama


á este, Prim er Ejercicio, pues corresponde perfectamen­
te al principal objeto de los Ejercicios espirituales, que
no es otro, como dice el mismo, que vencer el hombre
d sí mismo y ordenar su oida. Este orden de vida ha de
estar basado sobre el fin para que fuimos criados, que
explica el Santo en el Principio y Fundamento; y como
lo único, que nos aparta de 61, es el pecado, necesaria­
mente debemos considerar la gravedad que éste incluye
en si, y el daño que causa al alma, que lo comete, para
trabajar con empeño en vencerse el hombre á si mismo,
no dejándose arrastrar de las malas inclinaciones y pa­
siones desordenadas, que lo inducen & pecar, y lo apar­
tan del noble ñn á que está llamado. De esto se sigue,
que nunca deben dejarse estas Meditaciones sobre los
Pecados, inmediatamente después de las del Fundamento,
sí se quiere seguir el orden perfecto, y muy provechoso
establecido por el Santo.

(1} HabenUs ooulos, non yidetU; et aures, et non «uditia. (Jer.6.)


— 58 —
Cuatro Ejercicio» pone sobre los pecada».
En el primero, dice:
Prim er Exercicio es meditación con la» tres potencia»,
sobre el primero, segundo y tercero pecado. No debe en­
tenderse por esto, que sólo en la presente Meditación
bayan de ejercitarse las tres potencias del alma, pues
esto tiene lugar en todas las Meditaciones, sino que el
Santo lo nota en este prim er Ejercicio, según dice el
Directorio, como á regla, que debe observarse en todos
los demás ( l ) . Los tres pecados de que habla, son: de los
Ángeles, de nuestros primeros Padres, y de una alma
condenada por un sólo pecado mortal, ó por varios,
pero siempre en menor número que los propios. Obsér­
vese bien, que todos estos tres pecados provienen de la
falta de indiferencia hacia las criaturas, ó de su abuso.
Mucho debe ponderarse en este primer Ejercicio la gra­
vedad y malicia de cada uno de los tres pecados, ya por
la ingratitud & las gracias y beneficios recibidos, y tan
liberalmente dispensados por el Criador, ya por el des­
precio de los medios concedidos por el mismo Señor
para conservarse en su amistad y gracia, ya también
por la vileza de sobreponer el amor propio al amor di­
vino; pero en lo que más debe insistirse, es en lo que
dice el Santo: trayendo en comparación de un pecado de
los Angeles tantos pecados mió», y donde ellos por un pe­
cado fueron al infierno, cuantas veces yo lo he merecido
por tantos. Lo mismo debe hacerse sobre el segundo y
tercer pecado, como lo indica el Santo al hablar de ellos:
hazer otro tanto... y, usando de la voluntad como está di­
cho. Esto importa mucho para sacar el fruto de esta Me­
ditación, que como dice, es: vergüenza y confusión de mi
mismo.
El mayor impedimento de la verdadera conversión y
penitencia, es la soberbia del pecador, que disminuye
siempre la culpa; por esto el Santo aplica la medicina á

(1) Directorium, cap. 14.


— be­
es la dolencia, para desengañar al pecador, que ni es
más digno de respeto que los Ángeles, y que nuestros
primeros Padres, y otros muchos que se han condena­
do, antes inferior á ellos; ni son menos en número sus
pecados, antes mucho más; ni se ocultan al Sefior, que
encontró manchas en sus Ángeles; ni puede esperar di­
simulo, porque el Señor no es aceptador de personas (l ) .
En esta Meditación, el móvil del dolor, que ha de se­
guirse á la vergüenza y confusión, no es precisamente la
fealdad y malicia, que en si tiene el pecado, sino los
castigo», que Dios ha dado por el pecado mismo: motivo
este, más acomodado para los que empiezan, y escar­
mienten asi en cabeza ajena; y considerando la pena
que se ha ejecutado en otros, prevengan en sí el rigor
de la Divina Justicia (2).
Adviértase además, que el primer pecado, esto es, el
de los Ángeles, puede llamarse espiritual, por ser de so­
berbia, engreídos de la excelencia y nobleza de su sér;
y también interno, por ser sólo de pensamiento. El se­
gundo, ó sea, el de nuestros primeros Padres, es sensual,
por ser de gula, y también externo, pues comieron de la
fruta prohibida. El tercero, á saber, el de una alma con­
denada por un pecado mortal, ó por varios, puede con­
siderarse mixto, y principalmente terreno, pues su fln
son las cosas viles de la tierra. Y considerados los tres
pecados bajo de este respeto, conviene también hacer la
comparación, antes notada, délos nuestros con aquellos;
y dolerse, y prevenirse para batallar en lo sucesivo con
la práctica de las virtudes contrarias, á saber: humildad,
mortificación y desapego de las cosas terrenas.
Finalmente en este primer Ejercicio, lo mismo que en
el segundo que sigue, téngase especial cuidado, en obser­
var la segunda de las diez Adiciones, que pone el Santo
al Ultimo de esta primera Semana, pues sirve admira-

(1) R. P . L a Palma.
(2) Id.
-6 0 —
blemente para recoger el espíritu, y sacar el debido fru­
to de ambos Ejercicios.
En el segundo dice:
Segunda Exercicio et meditación de lot pecadat. Esta
Meditación, es la que comunmente se llama: D é lo » pe­
cado» propio». Con ella se adelanta, para concebir el Ejer­
citante más perfecto dolor. Ya no es precisamente el
móvil del mismo la vergüenza y confutlón, viéndonos
más reos de castigo, que los Ángeles, que nuestros pri­
meros Padres y que muchos condenados, comparándo­
nos con ellos; sino el conocimiento de \&fealdad y ma­
licia del pecado, ya por lo que e» en ai, ya por la ofenaa
infinita, que se hace á Dios; pudiéndose decir, que el
prim er Ejercicio tiene principalmente por objeto el dolor
de atrición, aunque en el tercer punto, se empieza ya á
disponer al alma á la contrición perfecta, cuando dice el
Santo: trayendo (el Ejercitante) á la memoria la grave­
dad y malicia del pecado contra su Criador y Señor: mas
en este aegundo, no sólo es objeto el dolor de atrición,
sino también, y muy particularmente, el de contrición;
cuando se dice en el cuarto punto: considerar quien e»
L io », contra quien he pecado.
El fin ó fruto de este Ejercicio, es crecido é intento do­
lor de los pecados, que es lo que, según el Santo, debe
pedirse en el segundo preámbulo. Crecido: esto es: gran-
de, como que dijera: creciendo hasta llegar á ser gran­
de (1). Intento; á saber: vivo, penetrante, y como dice el
Sanio, en el punto quinto: con crescido afecto.
Considerados en el primer punto los pecados de la
vida en general, como advierte el Directorio, su multitud
y gravedad; y ponderada en el segundo la fealdad y ma­
licia , que importa en si el pecado, motivo más perfecto
para dolerse de él y aborrecerlo, que no el mero te­
mor de la pena; en el tercer punto, en que empieza el
alma á disponerse á la contrición perfecta, debe obser-

(l) B. P . RoothMn.
— 61 -
varse el modo y gradación, con que procede el Santo en
las cinco partes del mismo. Modo; acerca del bien y del
mal, que hay en mi. Bien, ninguno. M al, excesivo.
Gradación; acerca del ningún bien, comparándome 1.°:
con todos los demás hombres; 2.°: con los Ángeles y
Bienaventurados; 3.°: con Dios. Y si todo lo criado nada
es en comparación de Dios, yo tolo ¿qué puedo terf .....
Nada por cierto. Acerca del excesivo mal que hay en
mi, considerando, 1.°: la corrupción del alma y fealdad
del cuerpo, efecto dei pecado original; 2.°: el aumento
de esta corrupción y fealdad por los muchos pecados
actuales, hasta llegar á ser ponzoña para todo el mun­
do (1). Y eeto mismo debe observarse muy exactamente
en las comparaciones, que hace el Santo en el punto
cuarto. El quinto, ha de ser, por modo de admiración:
juzgando mi desagradecimiento por merecedor de que
todas las criaturas vengasen en mi la Injuria de su Cria­
dor, y ensalzando su infinita bondad y amor que les ha
mandado que le sirvan, haciéndome nuevos beneficios
por medio de todas ellas (2).
En el tercero dice:
Tercero Exercicio es repetición del primero y segundo
Exercicio. Esta palabra repetición, de que usa el Santo,
indica que no debe hacerse esta Meditación, confun­
diendo ó mezclando las dos precedentes, sino ordenada­
mente, siguiendo todos los puntos de las mismas; no
deteniéndose mucho en cada punto, sino en razón del
intimo sentimiento, ó afecto de consolación ó desolación,
que sienta el Ejercitante (3).
Tres coloquios ordena el Santo en este Ejercicio, y
aunque no se nos prohíbe el hacerlos, siempre que
nuestro espíritu se sienta movido á ellos, sin embargo,
en el exercicio de los pecádos, solamente en este tercero
los prescribe el Santo. Es, que en cierto modo en este

(1) R. P. Roothaan.
(2) R. P. L a Palma.
(8) R. P. Roothaan.
-6 2 -
tereer Ejercicio, se completa la consideración ~de la gra­
vedad y malicia del pecado, tanto por lo que es en si, y
en sus efectos, como considerado en nosotros que lo he­
mos cometido; y asi las gracias, que dice el Santo, que
hemos de implorar, es convenentísimo pedirlas al Pa­
dre Celestial por los méritos de su Divino Hijo, 6 Inter­
cesión de la Santísima Virgen Marta.
Tres son estas gracias; La primera, dice, para que
sienta interno conocimiento de mis pecados y aborrecimien­
to dellos; cuya gracia, versa sobre la malicia del pecado,
que hemos considerado en los anteriores Ejercicios (l).
La segunda, dice el Santo, para que sienta el desorden de
mis operaciones, para que aborreciendo, me enmiende, y
me ordene; y esto se dirige & corregir el orden perverso
de nuestras obras, cuya corrección & ninguna regla po­
demos atribuir mejor, que a ljln para el cual hemos si­
do criados (2). La tercera, dice, pedir conocimiento del
mundo, para que aborreciendo, aparte de mi las cotas
mundanas y vanas; incluyéndose en esto la huida de las
.vanas y perniciosas esperanzas y deseos de este mun­
do (3). En resúmen: Tres son estas graciat: 1.*; arrepen­
timiento de nuestros pecados: 2.a; enmienda de nuestros
desórdenes: y 3.*; precaución de los peligros del mun­
do; sobre los cuales dice el P. San Agustín: Lat cotas
humanas mienten, mueren y conducen á la muerte (4).
En el cuarto dice:
Quarto Exercicio es resumiendo este mitmo tercero. Ob­
sérvase que aquí no dice el Santo, repitiendo, sino, resu­
miendo, como significando con esto, que no debe repe­
tirse el prim er y segundo Ejercicio en todos los puntos,
como en el tercero, sino m&s bien, resumiendo ó reco­
pilando lo que m&s ha movido nuestro espíritu en la

(1) R. P . Díerüns.
(2) Id
(8) Id.
(4) Res humana mentiuntur, moriuDtur, et ad mortem trahunt. (S.
Aug.)
-6 3 —
anterior repetición; para que Ajándonos más en ello, sin
divagación, lo gravemos más en nuestro espíritu, prin­
cipalmente el dolar de los pecados, y el propósito de la
enmienda (1). Por último, previene el Santo, que en este
cuarto Ejercicio se hagan también los tre» coloquios,
haziendo, dice, lo» mismos tre» coloquios, esto es, á la
Santísima Virgen, al Divino Hijo, y al Padre celestial.
Adviértase finalmente, que según sean los días de
Ejercicios, y la calidad de las personas, puede también
añadirse una Meditación sobre la graóedad del pecado
de la persona religiosa.
Por conclusión de estos cuatro Ejercicios, que pone el
Santo sobre la consideración de los pecados, conviene
recordar la sentencia del Espíritu Santo, cuando dice
por el Santo Proteta Jeremías: M ira y advierte, cuan ma­
la y amarga cosa es, el haber abandonado á tu Dios y
Señor (2); reconociendo de ahí, la necesidad de gravar
más y más en nuestro espíritu la verdad del Principio y
Fundamento, que pone el Santo, esto es, de nuestro últi­
mo fin, que es la saloación eterna. Nadie, dice el P. San
Agustín, que se aparte de Dio», puede tener sosiego, y lo»
que se gozan en sus mortíferos placeres, no pueden dejar
de temer el castigo (3).

§• 2.°

De las penas del Infierno.

Este Ejercicio de la consideración de las penas del In ­


fierno, conviene hacerla inmediatamente después de la
de los pecados, como así la pone el Santo, ya por ser
muy conforme considerar luego su efecto, ó sea, la pena
(1) R. P. Roothaan.
(2) Soito, ot vidc, quia m alun ot amarom est dereliquisse Dominum
Deum tuum. (Jer. 2.)
(8) Nulli á Deo recedenti bonum est; et qui gaudent in mortiferis
voluptatibus sino dolorta timore esse non possuut. (S. Aug.)
— 64 —
que.merecen diciendo San Agustín: Aterroricen lo» su­
plicio», á quien no halagan, lo » premio» (1), ya también
porque esta Meditación sirve principal y directamente
para el conocimiento y detestación del pecado, y las
otras, como son, de la Muerte del Juicio, etc., (que pue­
den añadirse, como diremos) sirven principalmente pa­
ra ordenar mejor la vida, y conocer y aborrecer el
mando, que es el triple (trato que se ha de sacar, y en
que se ha de insistir en los Coloquios de estas Medita­
ciones (2).
Esta Meditación, que debe hacerse con atención muy
seria, aunque es pavorosa de sí, no obstante debe pro­
curarse mucho en ella la calma de espíritu, sin dar lu­
gar á la perturbación, antes bien alentando mucho la
confianza, viendo que Dios, por su infinita misericordia,
nos ha librado hasta ei presente de penas tan horribles,
y que tantas veces justamente hemos merecido. Convie­
ne en gran manera, templar en esta Meditación el temor
con la esperanza, para que no se venga en desespera­
ción (3), acordándonos de lo que dice el Sabio en el
Sagrado libro del Eclesiástico: Los que temeis á Dios, es­
perad en É l, que tu misericordia vendrá á consolaros (4);
todo lo que debe excitarnos más al dolor de los pecados,
y al propótito eficaz de la enmienda, como Indica el San­
to en el segundo preámbulo, en que dice: alomenot el
temor de las penas me ayude,- para no oenir en pecado.
Con grande humildad pues, y contrición hemos de acu­
dir con frecuencia al Calvario, y acogernos confiada­
mente á las Sagradas Llagas de Nuestro Señor Jesucris­
to, como á lugar de refugio, á semejanza del pajarito
que se esconde en su nido, huyendo del Gavilán.
El Santo solamente pone la consideración de la pena

(1) Supplicia terreant, quem pratnia non invitant. ( 8. Aug.)


(2) R. P. Roothaan.
(8) R. P. La Palma.
(4) Qul timetis Dominnm sperate in illum, et in oblectationem veniet
misericordia. (Eccli. 3.)
— 65 —
de tentído, y si bien esta es la más fácil y más obvia
comunmente para el Ejercitante, pueden no obstante»
afladirse otras, como son, de la pena de daño, de las
cualidades de las pena», de su eternidad, y según sea la
calidad de las personas, la del infierno de la persona re­
ligiosa.
Después de la Meditación de las pena» del infierno,
pueden darse otras, á saber: de la muerte, de la dife­
rencia de muerte de justos y pecadores, del juicio parti­
cular y unioertal, de los pecado» veníale», etc., y es úti­
lísimo el darlas, pues, aunque el Santo no las nota en
el libro de los Santos Ejercicios, consta no obstante, que
él mismo, y los primitivos Padres, amaestrados por el
Santo, las daban. Asimismo, según sean los días de
Ejercidos, podrían afladirse las Meditaciones sobre las
Parábolas del Ateo Epulón, ó de las D iei virgene» pru­
dentes y fátuas. Son estas Meditaciones de gran pro­
vecho para sacar el triple fruto antes indicado.
Por último, como conclusión de la Primera Semana,
y para alentar el ánimo del Ejercitante, y poner toda
su confianza en la Bondad y Misericordia infinita del
Sefior, es muy conveniente dar la Meditación de la Pa­
rábola del Hijo pródigo, ó bien de la Conoertión de la
Magdalena, pues como dice á este propósito el Directo­
rio: Déte la Meditación de la Parábola del Hijo pródigo,
ú otra semejante ( l ) .

(1) Dlrectorinm, Cap. 17).


5
-0 0 -

SE6UNDA SEMANA.

§. 1.

Del Reino de Grieto.

E l título que dá el Santo & esta Meditación, es como


sigue: E l llamamiento del Rey temporal ayuda á contem­
plar la vida del Rey Eternal. Á este titulo corresponde
perfectamente el que de ordinario se d& & esta Medita­
ción, & saber: De la conquista del reino de Cristo. El
contemplar la vida del Rey Eternal, Jesucristo Nuestro
Señor, no tiene otro objeto quo seguirle ó imitarle, asi
como el Rey temporal llama & sus vasallos en pos de sí.
Jesucristo, pues, nos llama & trabajar para alcanzar el
Reino de los Cielos; vino Jesús predicando él Evangelio del
Reino de Dios, diciendo; Hacedpenitencia g creed al Evan­
gelio (1), y añade: el Reino de los Cielos se alcanza á viva
fuerza, y los que se la hacen son los que lo arrebatan (2);
A l contemplar, pues, la vida del Rey Eternal, ó sea al
conocer y seguir, como es debido, la doctrina de Jesu­
cristo, es preciso, como dicen los ss. PP. San Gregorio
y San Crisóstorao, hacerse violencia por medio de la pe­
nitencia, pobreza, continencia y mortificación (3); y poder
asi llegar á ser partícipes de la gloria de su reino,
como Él mismo nos tiene prometido: para que comáis y
bebáis á mi mesa en mi Reino (4). Muy adecuadamente,

(I) Venlt Jesas pradicana Evangelium regnl Dei, et dicens: panite-


mini, et credite Evangelio (Mar. 1).
(3) Regnum ccelorum vim patitur, et yiolenti rapiunt illud. (Mat. 11).
(8) V im ioferre per poenitentiam, paupertatem, continentiam et mor*
tifleationem. (SS. Greg. et Crysost.)
(4) U t edatis et bibatis super mensam meam in regno meo. (Luc. 22).
— 67 —
pues, se interpreta el Utulo de esta Meditación: De la
conquista del Reino de Critto.
Esta Meditación es como otra introducción de los
Ejercicios para la segunda y tercera Semana, pero de un
modo más singular y perfecto, que la del Principio y
Fundamento para la primera. Esta de la primera sema­
na es más universal, y nos conduce á la total indife­
rencia hacia las cosas, ya sean agradables, ya desagra­
dables á la naturaleza; pero la Meditación del Reino de
Cristo ó su conquista, nos lnoita á indinarnos más á lo
contrario á nuestra naturaleza corrompida. La primera,
tiene por objeto servir á Dios del modo que Él quiera:
esta, tiene un fin más concreto; seguir é imitar á Cristo
Nuestro Sefior. La primera es propio de todo racional;
la segunda, de todo cristiano. Sin embargo, esta resolu­
ción de seguir á Cristo, no es todavía en tal ó cual esta­
do, en tal ó cual grado de perfección, sino en general,
en cualquier estado, ó grado á que Dios nos llame, es­
forzándonos á seguir al salvador con la práctica de
la virtud, combatiendo la soberbia y sensualidad, que
son las cosas que principalmente nos arrastran, y nos
apartan del Reino de los Cielos, ó sea, del Reino de
Cristo.
Esta Conquista, podemos también considerar, que tiene
dos fines, uno mediato, otro inmediato; el primero, es la
conquista de nuestro corazón', el segundo, la conquista del
Reino de los Cielos. La conquista mediata, ó sea, la de
nuestro corazón, es según lo que nos dice Jesucristo: E l
Reino de Dios está dentro de vosotros (1), sobre lo que
dice Teofllacto: E l reino de Dios es, oioir angélicamente,
cuando en nuestras almas no se anidan las eosas munda­
nas (2); por esto hemos de batallar contra los tres ene­
migos, mundo, demonio y carne, que lo han usurpado.
El corazón es el centro del amor; y el reino de Dios es el
(1) Regnum Dei intra to s est. (Luc. 17).
(2) Regnum p ei est more Angelorum vivera, quando ulhll munda-
num in animabas nostris versatur. (Teophil.)
-6 8 -
reloo del amor; asi es que el propio Rey de nuestro co>
razón, no puede ser otro, que el mismo Dios; hé ahí,
pues, la mediata y primera conquista, á la que necesa­
riamente se sigue la inmediata y última; que es, la del
Cielo, donde se completa el reino de la caridad ó amor
perfecto, que es la unión con Dio».
Esta Meditación comprende do» partes: la primera, es
una parábola de un Rey terreno, que llama A los suyos
á una conquitta terrena', la segunda, es la realidad del
Rey Celestial, Cristo Jesús, que nos convida y nos anima
& la conquitta del Cielo. En la primera , debemos suponer
en el Rey humano (para que la semejanza nos conduzca
mejor á la contemplación de Cristo Rey) no sólo la elec­
ción divina, como dice el Santo, escogida de mano de Dios
Nuestro Señor, sino también, que la empresa es dioina-
mente inspirada; la victoria divinamente revelada; la vida
de todos, en medio de los combates divinamente conser­
vada (1); mas, en la segunda, hemos de ponderar que
todas estas condiciones se hallan en realidad, y de un
modo excelentísimo, en el Rey Celestial Nuestro Señor
Jesucristo. Si, pues, aquellas condicione», meramente su­
puestas, aunque no hubiera certitud de la victoria, con
sola la esperanza, suelen ya enardecer los ánimos para
la pelea ¿cuánto más deben excitarnos á nosotros las
condiciona mucho más excelentes que se nos prometen,
siguiendo á Nuestro Rey y Señor Jesucristo? Asi, debe
hacerse la aplicación con minuciosidad, comparando
Rey con Rey; expedición con expedición; enemigos con ene­
migos; trabajos con trabajo«; combates con combates; vic­
toria con victoria; triunfo con triunfo', ponderando bien
la diferencia infinita de lo humano á lo divino, de lo tem­
poral á lo eterno (2).
Ocurre preguntar aqui, si en esta Meditación es mejor
considerar antes toda la primera parte, y después la se-

(1) R . P . Roothaan.
(2) Id.
guada? ó bien en cada punto hacer la aplicación de la
segunda parte á la primera? Esto es del todo indiferente,
y cada uno puede hacerlo del modo, que más le guste y
mayor fruto recoja (1).
Para conocer mejor, y alcanzar el fin de esta Medita­
ción, que (como el de las demás de esta segundo sema­
na) es vencerse á si mismo, siguiendo de cerca A Jesucristo
en la práctica, de las virtudes, conviene advertir la gra­
dación que pone el Santo en el segundo y tercer punto
de la segunda parte. En el punto segundo dice: todos los
que tuvieren juicio y razón ofrecerán todas sus personas
al trabajo. Esto corresponde muy bien á lo dicho en el
Fundamento, á saber: que nos hemos de ofrecer á Dios
y procurar nuestra salvación; y esto, es tener juicio y ra­
zón, correspondiendo á ello el trabajo de que habla el
Santo, que no es otra cosa, que batallar varonilmente
contra los enemigos, mundo, demonio y carne, resistien­
do sus tentaciones; cosa ciertamente común á todos los
Cristianos (2). Poro en el tercer punto, afiade el Santo:
los que más se querrán afectar y señalar en todo servicio
de su Rey Eterno y Seflor universal, no solamente ofrece-
rAn sus personas al trabajo, más aún haciendo contra su
propia sensualidad, y eontra su amor carnal y mundano,
harán oblaciones de mayor estima y mayor momento. Esto
en verdad supone más: hacer contra, es más que resistir,
es acometer al enemigo, es no sólo abstenerse de lo
ilícito, sino privarse de lo licito; es obra de superero­
gación; es no sólo ser buen súbdito, sino insigne soldado
de Jesucristo; por esto dice que es propio de los que se
querrán afectar y señalar en todo servicio de su Rey eter­
no y Señor universal. A esto hemos de aspirar', y si por
nuestra debilidad y flaqueza no sentimos en nosotros
tan vehementes é inflamados deseos, anhelemos alome-
nos tenerlos, dlciéndole al Señor con el Profeta: Desea

(1) R. P. Dlertlns.
(9) Id.
— 70 —
mi alma arder en deseos de tu santa Leu* en todo tiem­
po (1).
Varios son los grados en la imitación de nuestro Rey
y Señor Jesucristo. El primero es, resistencia en la re­
belión de la carne, sentidos y amor propio y mundano:,
el segundo, sufrimiento en los trabajos: el tercero, po­
breza espiritual: el cuarto, pobreza real: el quinto, tole­
rancia en las injurias y adversidades. Y estos dos úl­
timos grados, son dádivas más grandes y excelentes,
propias de los que del todo se ofrecen á seguir á Jesu­
cristo (2). Es lo que decía San Pablo: todo lo he abando­
nado para ganar á Cristo (3).
En el coloquio ú ofrecimiento que pone el Santo, hay
un paréntesis que dice: sólo que sea vuestro mayor ser­
vicio y alabanza; y después la condición: queriéndome
vuestra santissima Magestad elegir y recebir en tal vida y
estado. Esto supone, que el Ejercitante no ha elegido
todavía el estado de vida & que Dios le tiene destinado,
y así, á las personas religiosas, ó que tienen ya su pe­
culiar estado de perfección, no parecen tan propias
estas condiciones, á no ser, que se refieran al acto mis­
mo de tener que sufrir las tales asperezas, en lo que
siempro so dobo depender de la Providencia Divina, ó
manifestación de la voluntad dol Señor (4). Y aun las
tales condiciones tienen también lugar en los que han
abrazado el estado de pobreza, pues acontece con mu­
cha frecuencia,tener que deliberar sobre varias cosas,
en las que el espíritu debe estar preparado, para desear
seguir de cerca & Jesucristo, mientras esto ceda á ma­
yor gloria suya y provecho de la propia alma (5). De
todo lo que se deduce, que no conviene dejar palabra

(1) Concapivit anima mea desiderare jnstifieationes toas, in omni


tempore. (V e. 118J.
(3) R. P. Diertins.
( 8) Omnia detrimentum feci, ut Christnm lueriftcerem. (Phil. 8).
(4) R. P. Roothaan.
(5) R. P. Diertins.
-7 1 -
alguna de tal coloquio, ú ofrecimiento, aunque el Ejer­
citante sea persona religiosa, ó tenga estado fijo.
Según sean los días de Ejerciólos, se hará esta Medi­
tación do» veces en un día: asi lo previene el Santo, sin
que prescriba otra para este día; y si tan sólo la pre­
senta do» veces, como separada del orden de las dem&s
de esta segunda semana, y como Fundamento de la mis­
ma (1).

§. 2.°

Del misterio de la Enoapnaoión


del H^jo de Dios.

El santo pone por primera Meditación de esta segunda


semana la Contemplación de la Encarnación de Nuestro
Selior Jesucristo con estas palabras: E l primero dia y
primera Contemplación es de la Encarnación. Esta pala­
bra Contemplación, de que usa el Santo, tanto en la an­
terior Meditación, como en la presente, y otras, no debe
entenderse en el sentido riguroso de tal, como se ex­
plica en la Anotación 2.\ sino en sentido más lato, esto
es, de Meditación (2).
En esta Meditación, y en las que versan sobre alguna
historia, previene el Santo, que á más de los dos preám­
bulos de composición de lugar, y petición de la gracia
particular, se haga primero otro de relato sucinto de la
respectiva historia. Esto es muy conveniente, para que
la imaginación no se desvie en otros objetos. Sin em­
bargo, advierte el Directorio, que no debemos detener­
nos mucho en este preludio, por no ser todavía la Medi­
tación. Es tan solo Ajarnos en general en el objeto de la
misma: al modo que, dice, si se presenta á nuestra vista
un cuadro, en que hay varias pinturas, de pronto nues-

(1) r / p . DUrtins.
(9) Id.
— 72 —
tros ojos se fijan confusamente en el total de las mismas;
pero después van descendiendo en la consideración de
las cosas en particular, para la mejor inteligencia y
comprensión de cada una de ellas (l ) .
Elyin principal de esta Meditación es el conocimiento
íntimo de Jesucristo, y su amor é imitación. El medio para
alcanzarlo es el reconocimiento del Amor Divino, y la
práctica de la humildad; por ser aquel lo que más brilla
en este Misterio, y ésta la que más admirablemente nos
enseñan el Divino Jesús, y la Santísima Virgen María.
Así que, de dos modos puede presentarse esta Medita­
ción: ó bien como misterio de Am or Divino hacia nos­
otros, tanto más grande y digno de reconocimiento,
cuanto más indignos éramos de este rasgo de miseri­
cordia verdaderamente infinita, para asi encendernos en
su amor; ó bien como misterio de humildad profundí­
sima, bajando del Cielo el mismo Hijo de Dios, y hacién­
dose hombre por nosotros; y la Santísima Virgen María
teniéndose por esclava, no obstante su Dignidad, casi
infinita, como dice Santo Tomás, de Madre de Dios,
para asi ensenarnos á batallar contra el enemigo formi­
dable de la soberbia, principio de todo pecado.
Pero adviértase, que bájo cualquier de estos dos res­
petos que se considere este Misterio, debe seguirse el
método que propone el Santo en estas Meditaciones de
historia, esto es: oer las personas, oir lo que hablan, mi­
ra r lo que hacen: no precisa y materialmente con este
orden, sino, como advierte el Directorio, no salirse de
esta materia en cada punto, á saber: personas, palabras
y hechos; aunque, añade, bien podemos alargarnos á
considerar los pensamientos y afectos de las personas,
las virtudes que practican, y también la causa, los efec­
tos, el tiempo y demás circunstancias de los mismos
misterios, para dar más pávulo á la Medltaolón, y sa­
car de ella mayor fruto (2).
(1) Director., cap. 19.
(2) Director., id.
— 73 —
No debe tomarse como cosa vana ú ociosa, ni efecto
de pura imaginativa, la consideración que pone el Santo
sobre multitud y variedad de gentes, y vicisitudes tan
encontradas de la vida humana, como son: de blanco»
y negro»; de paz y de guerra; de rita y de llanto; de ta­
lud y de enfermedad; de vida y de muerte, etc., sino
que en ello debemos mirar la naturaleza humana en
general, destinada en su principio á un nobilísimo fin,
pero que por su prevaricación se vé derribada de tan
gran altura, y sumida en un abismo de miserias; y asi
en los blanco» y negro» está representada toda la natu­
raleza humana; en la guerra, está significado el furor y
la crueldad; en la p<u, el ocio y la liviandad; en la rita,
el gozo mundano y la torpeza; en el llanto, el infortu­
nio y la desgracia; en el nacimiento, las miserias y el
lloro; en la muerte, las angustias y el desespero; y como
todo esto debe considerarse haciendo abstracción del
Beneficio de’ la Redención, hemos de concluir, que todos
absolutamente habíamos de condenarnos (1); y como
dice el Santo en el segundo punto: la» tre» Pergona» Di­
vina» miran toda» las gente» como mueren y descienden
al infierno. ¿Quién no vé desde luego, y no reconoce la
infinita é incomprensible bondad y misericordia del
Redentor, en sacarnos de tanta miseria y libramos de
tan horrenda desgraciat A la misericordia del Sefior de­
bemos que no seamos consumido» (2).
En cada punto, dice el Santo, debemos rtflectir para
tacar provecho: y esta reflexión, en la que debe formarse
alguna resolución práctica, tiene lugar no sólo en cada
punto, sino en cada una de sus partes (3). El fru to pue­
de ser vario, según la calidad de la persona que se ejer­
cita; ó el estado de su espíritu, ora sea de contoladón,
ora de desolación; ó según la necesidad en que se en­
cuentra, ya de combatir vicio», ya de ejercitar virtude».

(1) R. P. Roothaan.
(2) Misericordia Domini, quia non sumos consumpti. (Thren. 3).
( 8) R. P. Roothaan.
-7 4 -
Lo mismo este Misterio, como todos los demás, con­
viene meditarlos, no como cosas pasadas, sino pre­
sentes; como si ahora sucedieran á nuestra vista (1).
Esto sirve mucho para fijar el espíritu, y sacar mayor
provecho.

§. 3.®

Del Misterio clel Nacimiento del


Hijo de Dios.

La segunda Contemplación, dice el Santo, es del Na­


cimiento. El fin de esta Meditación es el mismo, que el
de la anterior, esto es, conocimiento, amor é imitación de
Nuestro Seflor Jesucristo. El medio es el amor y la prác­
tica de la pobreta, ó real, ó alomenos afectiva, y el des­
precio del mundo y sus vanidades, por ser todo esto lo
que más brilla en Jesús, reclinado en el Pesebre.
De dos modos puede también presentarse esta Medi­
tación; ó bien considerando este Misterio como modelo
de pobreta sobre aquellas palabras: Yo soy pebre y ne­
cesitado (2); ó bien como modelo de desprecia del mundo
sobre aquellas otras: No queráis amar al mundo, ni las
cosas que son del mundo (3).
En el primer preámbulo que pone el Santo, que es el
relato sucinto de la Hisioria, nota tres cosas que no es­
tán en el Evangelio, á saber: l.° que la Virgen Santísima
durante el viaje de Nazareth á Belén anduviera asentada
en una asna; 2.° que les acompañara una ancila, y 3.°
llevando un buey. Es verdad que el Santo ya dice, como
te puede meditar piamente, indicando, que todo esto no
es más que una suposición piadosa. No obstante, no
será por demás, exponer aquí lo que sobre esto dice el

(1) S. P. Roothaan.
(2) Ego egenus et pauper. sum. (Ps. 69).
( 8) Nolite dillgere mundum, nec ea que auntin mundo. (1.a Joan. í).
— 75 —
P. Suarez. En cuanto & lo primero dice: El ir la Virgen
montada en una cana, no es contrario A la pobreta, antes
bien es cosa muy conforme, en sentir del Padre San C ri-
sóttomo, caando la necesidad obliga; y si bien la Virgen,
próxima al parto, no necesitaba de este aliono por si, no
obstante por los demás, que no podían conocer el auxilio
sobrenatural de que disfrutaba, era muy conoeniente pa­
ra que José no pareciese muy cruel é inhumano para con
su Esposa.
En cuanto á lo segundo, dice: No carece de probabili­
dad que les acompañara una ancila, pues aquel servicio
no excedía al estado n iá la pobreta de José, como se des­
prende de lo que dice Canisio sobre el cargo y estado dé
José, y délos Padres de la Virgen. Y asi no dudo, que en
su casa tendría semejante ayuda y servicio, por ser mo-
ralmentc necesario, principalmente por la decencia, retiro
y guarda virginal de María, y por su asidua contempla­
ción y sosiego.
En cuanto á lo tercero, dice: El llevar consigo (la Sa­
grada Familia) un buey, varios son los autores que lo
aseguran ( Deda, San Crisóstomo, Lirano y otros), y esto
concuerda muy bien con la común tradición de los Santos
Padres, que dicen: que Jesús en él Pesebre estaba echado
en medio de un buey y una asna; pues si bien aquellos
animales podían pertenecer á otros, con todo, lo más ve­
rosímil es, que en aquel lugar ó rincón no había cosa
que no perteneciera al mismo José. Notan además los
citados autores, que podían haber conducido el buey
para venderlo, y pagar de su precio el tributo y los otros
gastos que se les ofrecieran, pues permanecieron muchos
dias en Belén.
Y concluye: Pero en todo esto, no importa mucho la di­
ferencia de opinión, caando por una parte no repugna
al Evangelio, n iá la tradición; y por otra tampoco es muy
clara la congruencia (1).
(1) Intidere asina Virginem, pinpcrtati non repngnat; imo máxime
commendatj ut dixit Chrysoatomus, qoando necessitas cogit; et Ueet
-7 6 -
Lo que dtce el Santo en el primer punto de esta Me­
ditación, haciéndome yo un pobrecito y esclaoito indigno,
indica, que al considot^r las personas en este Misterio,
y principalmente al Infante Jesús, nos hemos de esforzar
(haciéndome, dioe) en humillarnos y reconocernos mi­
serables 4 indignos. ¡Quién me diera, dice en los Can­
tares, poder adorarte A tí que te ha» hecho hermano mió,
aunque te halle fuera de la Ciudad, como abandonadot ( l )
Estos y semejantes afectos corresponden á la conside­
ración de la vista de las personas.
En el segundo punto, dice el Santo: m irar, advertir y
contemplar lo que hablan, y no dice oir, como en la Me­
ditación precedente. Esto es ya porque el Evangelio
nada nos dice de palabras que se profirieran en este
Misterio, y asi tan solo hemos de figurárnoslas y con­
templarlas; ya también porque no solo podemos con­
siderar lo que hablan, sino lo que no hablan, esto es,
que no hay entre ellos murmuraciones contra el decreto
del Cesar; ni quejas contra los habitantes de Belén por

propter so, Virgo partui próxima, non indigeret juvamine, tamen prop-
ter al ios, qui supernaturale auxilium agnoscere non poterant, erat valde
expediens, ne Joseph nimis acerbas et inhumanus in snam Sponsam
Yideretur.=De aneillulfe, probabilitate non caret: nam illa famulatos
non excedebat statum et paupertatem Joseph, ut ex muñere ejus et
statu lillas, et Parentum Virginis, tractat Cañistas. Unde non dnbito,
qnin domi su© hnjusmodi adjutoriam, sea f&mulatam haberet, erat enim
moraliter necessarium, praesertim propter deoentiam, et clausuram, et
custodiam virginalera M a ri», et propter aasiduam ejus contemplatio-
nem et quietam. SI antam illam hababant domi, nihil prefecto obstabat,
qaoniam illam secnm deferrent.=Bovem secum adduxisse, varii aucto*
res affirmant, (Beda, Chrysostomus, Liranus, et alii) et consonat com*
tiiuoiu tradiiio Patrum dicentium: Christum jacú Use in pr&Bepio inter
bovem et asinam; nam licet illa animalia potuerint «ase aliena, verosi-
milius tamen est, in illo loco, sen ángulo, nihil fuisse, quod ad ipsum
Joseph non pertineret. Insuper, notant auctores prodlcti, bovem addaci
potuiase, ut venderetur ad solyendum trlbutum, et alias expensas, quia
per multo* dies morati snnt in Bethleem.=Sed in his rebus, sic yel all-
ter sea tire, non multum refert, cum nee Evangelio, nee Traditioni re-
pngnent, et congmentia ambigua sit. (R. P . Suarez).
(1) iQuis mihi det, te fratren menm nt inveniam foris, et deoscoler
te. (Oant. »).
— 77—
el mal recibimiento, desprecios, etc;, ya finalmente,
porque podemos considerar el silencio admirable que
reina en aquel establo, ó lugar del Nacimiento ( l ) .
En el tercer punto, atiéndase bien & las palabras del
Santo: para que el Señor sea nateido en turna pobreza,
significando con esto, que los trabajos, las incomodi­
dades y las fatigas que sufrían María y José iban diri­
gidos, disponiéndolo asi la Providencia Divina, para
que el Señor naciera en suma pobreza, y diera así prin­
cipio & una vida trabajosísima, y que había de consu­
marla en lo alto de la Cruz (2). Y añade el Santo: Y todo
etto por mi; y esta causa debe ponderarse mucho para
sacar el íiruto espiritual que hemos dicho, & saber: ma­
yor conocimiento y amor hacia Jesucristo y mayor reso­
lución de imitarle, recordando la advertencia de San
Pablo: P or vosotros se ha hecho pobre (3); sobre cuyas
palabras dice el P. San Crisóstomo: No debe avergon­
zarse a cristiano, ni temer la pobreza & la vista de Jesús
pobre por su amor (4). Esto sirve mucho para la reflexión
que nota el Santo en cada punto; reflectir en mi mismo
para sacar algún provecho.
Según sean los días de Ejercicios, pueden hacerse
repeticiones sobre estos Misterios, como dice el Santo, é
igualmente la aplicación de sentidos. En esta Meditación
del Nacimiento, puede reflexionarse también sobre la
adoración de los Pastores, modelo de adoración hu­
milde, y de la de los Santos Reyes, modelo de perfecto
servicio.

(1) R P- Roothaan.
(9) Id.
(3) Propter tos «genos factus est. (3.a Cor. 8).
(4) Non est erub«8cenda ChrisUano nec extimeacenda paupertas.
(8. Ohrys).
-7 8 -

8- 4.°

De otros Miaieriot de la vida privada


de Nuestro Señor Jeauoriato-

Deepuós da las dbs Meditaciones de la Encamación


j Nacimiento del Hijo de Dios, pone el Santo algunas
notas, que conviene tener muy presentes para hacer
con fruto los Santos Ejercicios; pero de un modo es­
pecial debe atenderse & la primera, en que dice: sola­
mente tengo de leer el misterio de la contemplación que
inmediato tengo que hazer. Esto es de suma importancia,
para que el entendimiento no se distraiga en otros ob­
jetos, que, aunque santos, no son propios para aquella
ocasión, y como dice el mismo: porque la consideración
de un misterio no estorbe A la consideración del otro. Ob­
sérvese que el Santo dice leer; y no dice, pensar; y esto
con mucha razón; pues hay varias acciones durante el
dia, en las que necesariamente ha de pensarse en otros
Misterios, como es, en la Misa, Rezo, etc., de modo
que bien puede entenderse que el Santo en la palabra
leer, no prohíbe ei pensar, sino, el reflexionar deteni­
damente sobre otros Misterios (1).
Indica luego el Santo la continuación de las Medi­
taciones sobre la vida de Nuestro Sefior Jesucristo; y pri­
meramente sobre la Infancia del mismo con las Medi­
taciones de la Presentación en el Templo, y la Huida
como en destierro á Egipto. El primero de estos Miste­
rios, puede considerarse como modolo de perfeota ab­
negación propia, y el segundo, como modelo do con­
formidad perfecta á la voluntad divina en las contra­
dicciones y contratiempos que se nos ofrezcan.
En segundo lugar, sobre la vida prioada de Jesús desde
la edad de doce altos hasta los treinta, en que empieza

(1) R. P. Rootta»*n.
— 79 —
su vida Apostólica. Asi, dice, debe considerarse como él
Niño Jesús era obediente d sus Padres en Naaareth, y
como después le hallaron en el templo. En la vida privada
en Nazareth, es Jesús no solo un modelo perfectlsimo
de vida perfecta, sino también un cabal ejemplar de
todas las virtudes para todos los estados. La mayor
parte de su vida la pasó Jesús en el retiro y oscuridad,
pero no en la inacción y ociosidad, dice San Buenaven­
tura: iEstaba por ventura ocioso el Señor durante tanto
tiempo7 Nó: sino que trabajaba practicando la virtud de
un modo admirable, desconocido hasta entonces (1); sobre
lo cual pueden hacerse varias reflexiones ó Meditacio­
nes, según el estado del Ejercitante y los días de Ejer­
cicios.
En la Meditación de la pérdida y encuentro del Niño
Jesús en el Templo, puede considerarse la solicitud que
debemos tener en buscar & Jesús, al ejemplo de María
y de José, pero principalmente el desprendimiento que
nos enseña Jesús de todo afecto natural y terreno. Esto,
si bien corresponde á todo cristiano, pero de un modo
singular atañe ¿ las almas que llama Dios á la perfec­
ción. De aquí es, que no debe extrañarse que el Santo
ponga primero la Meditación de la vida privada del
Señor, y después la de la pérdida del mismo en el Templo;
pues, aunque con esto, parezca invertirse el orden cro­
nológico, prescinde no obstante de ello el Santo, para
Ajarse solamente en el orden moral, que exige que la
Meditación de la vida privada se anteponga á la de la
pérdida en el templo, pues que aquella enseña á cumplir
con los deberes comunes á todo estado, y esta nos ma­
nifiesta los deberes para cumplir con la perfección ha­
ciendo en todo y por todo la voluntad de Dios.
Aunque el Santo no nota más que estas cuatro Medi­
taciones sobre los Misterios de la Infancia y pida p ri-
(1) ¿Stetitne otiosus Dominus Jesús tanto tenopore? Minime, sed
yirtutes operabatur modo admirabili, et retroactis tempoñbus inaudito.
<S. Bona*.)
-8 0 -
vada de Jetú», no obstante, á más de las repetíame» que
prescribe, pueden, según sean los días de Ejercicios,
considerarse otros Misterios sobre los dictaos objetos,
según lo designa el Santo en los puntos de varias Me­
ditaciones acerca de los M i»terio» de la Vida de Critio
Nuestro Señor, que pooe al último de los Ejercicios.

§. 5.°

De dos Banderas.

Aunque esta Meditación es primariamente una intro­


ducción para la elección de estado, es no obstante úti­
lísima (y que nunca debe omitirse) para la reforma de
vida en el estado que ya se profesa(l); y de las palabras
del Santo: oeremo» como nos fiemo» de ditponer para ve­
nir en perfección en cualquier estado 6 vida que Dio»
Nuestro Señor nos diere para elegir, se deduce la utilidad
y necesidad de este Ejercido ó Meditación, para los que
tienen ya estado fijo á fin de perfeccionarse en el mismo,
tanto, como los que han de elegir estado; y esto ya sea
para los que llama el Santo del primer estado que es en
custodia de los mandamientos, y que podríamos apellidar
estado común, ya también para los del segundo estado
que es de perfección evangélica, ó sea estado perfecto (2).
A todos conviene conocer de que espíritu somos llevados
para no caer en engafio, pues escrito está para todos:
No querai» creer á todo espíritu, sino examinad lo» espí­
ritus si ton de Dio» (3). Varios son los espíritus, según
San Bernardo, á saber: Dioino, Angélico, Diabólico, Hu­
mano, Carnal y Mundano; no obstante, pueden redu­
cirse á dos, esto es: Dioino y Diabólico', el Angélico pro­
viene de Dios, pues los Angeles son Nuncios de Su Di-

(1) R. P. Roothaan.
(3) R. P . Diertins.
(8) Nolito Omni splritui rodare, sed probate spiritns si es Deo sint.
(2 © Joan. 4).
-8 1 —
vina Majestad; y el Humano, Carnal y Mundano son
arnaas de que se vale el demonio, nuestro enemigo.
Por esto, el Santo d& á esta Meditación el titulo: De
dos Banderas; y observemos, que no dice: De las dos,
sino, De dos; pues estas Banderas no existen real u
materialmente, y si tan sólo se proponen d la imagina­
ción, como si dijera: De dos ciertas cotas, como Bande­
ras (1). Y estas dos como Banderas, son: la inspiración
de Dios, ó sea su espíritu. Divino, y. la instigación del de­
monio, 6 sea, el espíritu Diabólico.
Á conocer, pues, estos dos espíritus para no errar, ya
sea en la elección de estado, ya también en la reforma
de vida, se dirige principalmente esta Meditación, y no
& deliberar á cual de las dos Banderas hemos de alistar­
nos, ó cual espíritu hemos de seguir; pues esto, & más
de ser injurioso á Nuestro Seflor Jesucristo, poniéndole
en parangón con Lucifer, os del todo inútil, por haber­
nos ya resuelto seguir á Jesús nuestro Rey, desde un
principio de los Ejercicios, y muy particularmente en la
Meditación del Reino de Cristo. Sin embargo, esto no
impide, antes es muy conveniente, que, conocido el mo­
do con que Dios inspira, y el demonio tienta, examine
cada uno sus pensamientos y movimientos interiores
conforme á lo que se expone en la Meditación, para
mejor entender debajo de que Bandera milita (2).
Y no se crea, que inmediatamente después de esta
Meditación deba procederse á la elección de estado, ó
reforma de vida. Tan sólo, como hemos indicado, y di­
ce el Santo, es esta Meditación para alguna introducción
dello, ilustrando nuestro entendimiento, para conocer la
intención de Ckristo Nuestro Señor, y por el contrario la del
enemigo de natura humana, y no dejarnos arrastrar del
amor propio, cuando la.eleccióñ ó reforma. Y asi, al tra­
tarse de esto, no deben suspenderse las Meditaciones de
la vida de Nuestro Señor Jesucristo, sino como dice el San-
(1) R. P. Roothaan.
(2) R. P. La Palma.
6
— 82 —
to: comenzarémos juntamente contemplando su vida (la de
Jesucristo) á investigar y demandar en que vida ó estado
de nosotros se quiere servir Su Divina Majestad: y lo mis­
mo debe entenderse en lo que atañe & la reforma de
vida. No han de faltar las horas ordinarias de Medita­
ción sobre algún misterio de la vida de Cristo Nuestro
Sefior; de manera que los ejercicios de la elección ó re­
forma, deben hacerse en horas diferentes (1). Dice el
Santo, investigar, significando con esto, que por nuestra
parte debemos discurrir y aplicar nuettra atención para
conocer lo que más nos conviene á mayor gloria de
Dios; y demandar, esto es, debemos pedir A Dios luz y gra­
da para que no nos engañe nuestro amor propio (2).
Las Meditaciones, pues, ayudan á la elección 6 reforma
que debe hacerse por separado de aquellas, y según las
reglas que pone el Santo; aunque puede suceder muy
bien, que alguna vez se ofrezca como espontáneamente
al ánimo del que medita lo que le conviene elegir (3).
Si comparamos esta Meditación con la del Reino de
Cristo, veremos cuan clara y conveniente conduce el
Santo al Ejercitante, de lo general al particular, y con
cuanta suavidad por una parte le dá á conocer la per­
fección; y por otra le esfuerza para que animosamente
la emprenda (4).
Finalmente podemos también considerar esta Medi­
tación, segün la mente del Santo, como introducción,
información 6 incitación á la vida perfecta, siguiendo
los consejos Evangélicos, especialmente en la vocación
Apóstolica. Y en este sentido conviene .esta Meditación,
muy particularmente á los que tratan de seguir la per­
fección evangélica, ó sea, á los de vida religiosa (5).
Dos partes tiene esta Meditación: en la primera, pre-

(1) R. P. La Palma.
(2) R. P. Roothaan.
( 8) Id.
<«) Id.
(5) Id.
-8 3 -
senta el Santo & Lucifer, caudillo de todo» lo» malos, que
llama y quiere i todos debajo de su bandera: y en la
segunda, al Sumo Capitán general de toda» lo» buenot,
Christo Nuestro Señor, que llama y quiere á todos debaxo
de la suya. Tres cosas deben considerarse en cada uno
de estos Jefes, á saber: Carácter que les distingue; Fin
que se proponen; Medio» de que se valen. El carácter
nos indica de donde proceden las mociones de nuestro
espíritu; el tin, nos advierte lo que hemos de mirar en
nuestras acciones; y los medios, nos ense&an lo que he­
mos de seguir y practicar.
En la primera parte nos presenta el Santo el terrible
carácter de Lucifer, en el nombre y circunstancias que
le acompañan. Dice: Imaginar asi como si se asentase el
caudillo de todo» lo» enemigo» en aquel gran campo de
Babilonia como en una gran cátedra de fuego y humo, en
figura horrible y espantosa. Se llama caudillo de los ma­
tos, esto es, cabeza y gula, profano é implo, capitán in­
truso, como leemos en Ezequiel (2): sentado, dice, en
campo de Babilonia, esto es, en confusión permanente;
en gran cátedra, esto es, en suma soberbia; de fuego,
esto es, en conmoción y tormento; de humo, esto es,
en densísimas tinieblas; figura horrible y espantosa, esto
es, con manifiesto extremecimiento y temor.
Es pues su carácter, de inquietud, turbación, descon­
fianza, ansiedad, oscuridad, tristeza, etc. Tale», pues, son
también los efectos de sus obras.
El ñn, no es otro que hacernos desgraciados como
61, pues como dice el P. San Ambrosio: El demonio siem­
bra halago» de pecado», para tener compañeros en la»
penas (2); y esto, por envidia y rabia, por ver en nos­
otros la imagen de Dios, y vernos destinados á ocupar
en el Cielo el lugar de donde fuá ál arrojado; y por lo
mismo, como dice el Santo, es el enemigo de natura

(1) Profanas et implas dax (Ezech. 21).


(3) Serit dsemon illecebros delictorum, ut socios habeat suppliciorum
( 8 . Ambr.)
— 84 —
humana. Su intención, pues, como dice Jesucristo, no es
otra que robarnos, sacrificarnos y perdernos ( l ) .
Los medios de que se vale son tres: 1.° Haze llama­
miento, dice el Santo, de innumerables demonios, y los
esparee por todo el mundo, no dexando lugares ni per­
sonas algunas á quienes no tienten. Y á más de los de­
monios, podemos considerar, que tiene también por
emisarios á muchos hombres coadjutores suyos (2). 2.°
Echa redes con el halago de los sentidos y fomento
del amor propio, infundiendo codicia de riqueza», vano
honor del mundo, y crecida soberbia, presentando estas
cosas como verdaderos bienes. 3.a Echa cadenas para
aprisionarnos y debilitar nuestra libertad, enlodándo­
nos en el cieno de todo pecado. De estos tres escalone»,
dice el Santo, induce & todos los otro» victos, y no con
otro resultado, sino para que enmarañados con estas
redes y cadenas seamos arrastrados á desgracia sem­
piterna. De modo que, naciendo de la soberbia, entre
otros vicios, la estima de las cosas presentes y gusto de
los deleites carnales, pues Dios muchas veces castígala
soberbia con manifiesta lujuria, (3) podemos decir que
todas las tentaciones de Lucifer se fundan en las tres con­
cupiscencias de que nos habla San Juán: concupiscencia
de la carne, concupiscencia de los ojos, y soberbia de la
vida (4). Cualquiera, pues, que se deje coger en alguna
de estas mdes ó aprisionar con estas - cadenas, indis­
pensablemente ha de experimentar en si los terribles
caracteres de Lucifer, esto es: inquietud, desasosiego, tur­
bación, oscuridad, desconfianza, ate. Mire, pues, bien el
alma si se siente acometida de alguno de ellos, y exa­
mine luego qué afectos le dominan, y de seguro hallará
que más ó menos son de alguna de las tres concupis­
cencias.
(1) Non venit nial ut furetur, et mactet, et perilat. (Joan. 10).
(2) R. P. Roothaan.
(8) R. P. La Palma.
(4) Concupiscentia carnis, concupiscentia oculorum. et superbia Titee.
(1.9B Joan. 2.)
-8 5 —
En la segunda parte dice el Santo: Asi por él contrario
se hade imaginar del Sumo y verdadero Capitán, que e»
Christo Nuestro Señor... como se pone en un gran campo
de aquella región de Jerusalen en lugar humilde, hermo­
so y gracioso. Hé aquí indicado el sublime carácter de
Cristo Nuestro Señor. Se llama sumo y verdadero Capi­
tán, esto es, como dice San Ju&n: Principe de los Reyes
de la tierra ( l ) ; y á quien los Reyes de la tierra rinden
su gloria y Majestad (2). Se considera sentado en campo
de la región de Jerusalen, que significa, visión de paz;
y como dice Isaías: descansa en la hermosura de la
paz (3): en lugar humilde’, señal de la humildad y man­
sedumbre que le acompaña, como dice el Apóstol (4);
hermoso y gracioso, como dice David: El más gentil en
hermosura entre los hijos de los hombres (5), y esta her­
mosura y graciosidad es la suma dulzura y amor con
que atrae á sí todas las cosas, pues escrito está: Los
atraeré á mi con oinculos de caridad (6). Tranquilidad,
pues, paz, sosiego, confianza, amor, tales son las señales
de su carácter, tal es el efecto de su inspiración.
Eljlrt que se propone, no es otro que instruirnos, es­
parciendo, dice el Santo, su sagrada doctrina por todos
estados y condiciones de personas', y como dice San Juán:
darnos oida y abundancia de vida (7), esto es, vida de
gracia en este mundo, vida de gloria en el otro, hacién­
donos sentar, como dice El mismo, en su trono en la
patria del Cielo (8).
Los medios son muchos, pero especialmente tres; l.°
Escoge, dice el Santo, y envía Apóstoles, Discípulos, etc.,
pudiendo también entenderse los Santos Ángeles, lo que

(1) Princeps Regum terree. (Apoc. 1.)


( 2) Reges terree aflerent gtoriam et honorem in illam. (Apoc. 21.)
(0) Sedet in pulchritudine pacis. (la. 21.)
(4) Cnm omni humilit&te et mansuetudine. (Ephes. 4.)
(5) SpecioBus forma p ro filiis hominum. (Pe. 44.)
( 6) Traham eos in vinculis cbaritatis. (Ose. 11.)
(7) Ego yeni, ut Titam habeant, et abandantius habeant. (Joan. 10.)
( 8) Dabo sedero inecum i a tbrono meo. (Apoc. 8.)
— 86 —
ciertamente alienta mucho los ánimos de los Varones
Apostólicos (1). 2.° La8 envía, dice, por todo el mundo.
Esta mitión es la que está consignada en San Marcos: id
por todo el mundo, predicad él Evangelio á toda criatura,
(2) significando con esto Jesucristo, dice el P. A Lapide,
qué con su poder y autoridad envía á la8 Apóstoles para
convertir A todas las gente» en la fe (3). 3.°: Ayuda por
medio de sus enviados; asi dice el Santo: encomendándo­
les que á todos quieran ayudar en traerlos á pobreza con­
tra riquezas, á oprobia ó menosprecio contra el honor mun­
dano, á humildad contra soberbia.. Esta ayuda, no es otra
cosa que el perenne auxilio divino, que á los Apóstoles, y
á los fieles todos en la persona de ellos nos tiene prome­
tido con estas palabras: Estad ciertos que yo estaré siem­
pre con vosotros hasta la consumación de los siglos; (4)
pues, como dice el Padre San Crisóstomo, no se entiende
que solameníe había de estar con los Apóstoles, sino con
todos aquellos que habían de creer después de ellos, ya que
no hablan de permanecer los Apóstoles hasta la consuma­
ción de los siglos, y asi habla á los fM.es como á un sólo cuer­
po (dirigiéndose á los Apóstoles) (6). Innumerables son
los lugares de la Santa Escritura en quo se nos promete
el auxilio divino; y sobre lo que dice David: No íemeré
mal alguno porque Vos estáis conmigo; (6) dice el Y. Be-
larmino: inponderable es la seguridad del que de corazón
ama & Dios, pensando queestá consigo Aquel á quien nada
puede resistir', (7) Dice el Santo que les ayuden & traerles
(1) R. P. Roothaan.
(2) Euntes in mandum nnirersum predícate Evangeliam omnl crea-
turne (Marc. 16).
(3) Ut 8ignificet Christus, tse ex sua potestate mittere Apostólos ad
omne8 gentes fldei su » subjugandas. (R. P. A Lapide.)
(4) Ecce ego vobiscum sum ómnibus diebus, ueque ad consnmmatio-
oem seculi. (Matth. 28.)
(5) Non cum illia flolum dixit ae futurum esae, sed et cum ómnibus
qui posi illos credunt; nonenim ad consummationem saculi Apostoliman-
suri eraot; et ita sicut uni corpori fldelibus loquitnr. (S. Chrys.)
(6) Non timebo mala, qnoniam tu mecum es. (Ps. 22.)
(7) Incredibilis securitaa est in corde diligentis Deum, dum recogitat
secum esae Dlum, cui nihil reiistere potest. (Bellarm.)
— 87 —
á tres cosas: á pobreza, & oprobiat y á humildad. Tres
punto* de) todo contrarios á lo que el demonio persuade,
y el mundo ensena; y de estos grados, nacen todas las
virtudes, (1) puos como dice el Santo: y destos tre* es­
calones induzgan á todas las otras virtudes. Cuando, pues,
el alma se siente movida para abrazar alguna de estas
cosas, y por otra parle reina en ella quietud, suavidad,
luz, confianza, etc. es indicio del buen espíritu.
Conforme pues á lo declarado, conviene examinar ca­
da uno sus pensamientos y movimientos interiores, y
reconocer dentro de si mismo las coces de su Capit&n y
de su contrario, para mejor entender debajo de qué ban­
dera milita (2).
Mucho es de notar que el Santo en esta Meditación, ya
en la exhortación de Jesucristo á sus enviados, ya des­
pués en los coloquios se lija mucho en la suma pobreza,
alomenos espiritual: y no es extraño; porque siendo al
mismo tiempo, como hemos dicho, esta Meditación co­
mo una introducción & la vida perfecta ó Apostólica, ya
m&s en particular que la dol Reino de Cristo, ¿cómo se
alcanzará esta perfección, cuando sin la pobreza espiri­
tual ni buen Cristiano se puede serf Esta pobreza suma
consiste, no sólo en no ser aoaro ni codicioso, sino en
aborrecer la avaricia y la codicia.
Finalmente, en los coloquios el Santo no se para en
pedir más que la pobreza y los desprecios. ¿Por qué no la
humildad7 Es porque la humildad es fruto que nace de
la pobreza y del desprecio; y como estas dos cosas son
más repugnantes y costosas á nuestra naturaleza co­
rrompida, por esto quiere el Santo que de un modo es­
pecial las pidamos, pues alcanzándolas necesariamente
tendremos la verdadera humildad, que es la del cora­
zón. (3) Adviértase por último, que si bien se ha dicho
que esta Meditación no es para escoger la bandera que

(1) R. P. L a Palma.
(3) Id.
(8) R. p. Roothaan.
— 88 —
hemos de seguir, podría no obstante dar márgen á pen­
sarlo asi, al leer que el Santo en los coloquios dice, que
pidamos A la Virgen Santísima que nos alcance gracia
de su Hijo y Seflor, para que seamos recibido» bajo su
bandera: mas esta palabra del Santo que tea yo retcibido,
no debe entenderse precisamente como donación nueva,
6 actual, sino, como confirmación de la anteriormente
hecha en la Meditación de la conquista del Reino de Cri»to\
teniendo presente, que en esta Meditación se particula­
riza lo que en general se ha dicho en aquella. Puede
también entenderse tea rescibido, esto es, no prevalezca
en mi el enemigo; ó bien, sea yo tan absolutamente re­
cibido que nunca jamás me pertenezca yo A mi mismo.

§. 6.»

De tres Binarios de hombres.

Tal es el titulo que dá el Santo á esta Meditación, di­


ciendo: Se haga meditación de tres binarios de hombres pa­
ra abrazar el mejor. Por estos tres binarios se entiende
tres clases: asi lo interpreta la versión latina, que lla­
man Vulgata, de los mismos Ejercicios. Y se dicen tales,
componiéndose cada una de dos personas. Y ¿por qué
dos? Quizás, para que determinado así un tal número, no
vaguée el entendimiento en la Meditación y representa­
ción de la clase de hombres. ¿Y por qué no uno? Es por­
que uno no constituye clase, y asimismo no parezca
que se determina una particular persona (1), y al mis­
mo tiempo binarios ó pares importa multitud, y significa
que, lo que aquí se cuenta como en parábola, en la rea­
lidad pasa á muchos (2).
El ñn de esta Meditación, es vencer la repugnancia de

(1) R. P. Roothaan.
(2) R. P. Ferrusola.
— 89 —
la voluntad, y convencerte di hombre, de que no bastan
mero» deseos para la virtud (l). Y asimismo para que,
preparada el alma con la precedente Meditación de Do»
Banderas, más se confírme en ella, y ponga en obra lo
concebido sin tardanza alguna; debiendo esto entender­
se, asi para' la elocción do estado, como para la reforma
de vida (2).
Aunque el Santo pone por ejemplo el afecto desorde­
nado á las riqueza», puede platicarse este mismo ejerci­
cio en materia de honra, de regalo, ó en otra» semejan­
tes; y así, según sea la condición, estado ó necesidad
del Ejercitante, deberá aplicarse á cualquier otro afecto
desordenado (3), como por ejemplo, en personas religio­
sas puede versar sobre el afecto al empleo, cargo, ocupa­
ción, lugar, etc., y aplicar los mismos grados de afecto
de que trata el Santo, hablando de las riqueza».
En el primer preámbulo, dice el Santo acerca del dine­
ro, que los tales hombres lo han adquirido no pura y
debidamente por amor de Dio»', lo que indica, que no lo
han adquirido injustamente, sino con afecto más ó me­
nos desordenado. Lo mismo debe entenderse de los car­
gos, honores, etc., obtenidos en los diversos estados, y
cuyo afecto desordenado, aunque, por de pronto, no
aparte absolutamente al alma de Dios, no obstante le
falta lo que dice el Santo; hallar en paz & Dio» Nuestro
Señor, y saberse salvar, por cuanto el afecto desordenado
á la cosa que obtiene, le causa inquietud y desasosiego; y
puede añadirse, que como se trata de abrasar el mejor
para más asegurar la salvación, el no procurarlo es
ponerse en peligro de perderla, pues como dice el Santo:
quieren todo» salvarse... quitando la graoedad é impedi­
mento que tienen para ello en la afección de la cosa acqui-
»ita. Afección, que ciertamente es un peso que agobia al

(1) R. P. Roothaan.
(2) R. P. Diertlns.
( 8) R. P. La Palma.
— 90 —
alma. Esta gravedad, pues, é impedimento puede alguna
vez llegar & la pérdida de la salvación ( l ) .
No se olvide que el desordenado afecto puede ser de
cosas en sí buena», pero que por ciertas circunstancias
no son convenientes, y por lo mismo no conducen perfec­
tamente ¿ Dios, ni son conformes á su Divina voluntad.
Siendo el objeto de esta Meditación, vencer la repug­
nancia de la voluntad, debe atenderse que esta repug­
nancia puede versar acerca de dos cosas ó términos, á
saber; el exterior y el interior. En cuanto al exterior, pue­
de haber repugnancia en apartar al afecto & persona»,
empleo», tugare», etc. Si esto nos impide la perfección, ó
el caminar rectamente & nuestro último fin, aunque sea
sin culpa grave, debemos dejarlo pronto; si lo diferimos
y vamos dando largas á ejecutarlo, pertenecemos á la
primera cíate de que habla el Santo en el primer punto.
Si buscamos paliativos para conservar el afecto, aunque
no la cota ú objeto, ó viceversa, nos engañamos; per­
tenecemos á la segunda clase, notada en el segundo
punto. Si empero nos desprendemos de todo con pron­
titud y generosidad ¡felices! pertenccomos & la tercera
clase, que es la del punto tercero.
En cuanto al interior, puode haber repugnancia en
contrariar el propio juicio, pretendiendo que se siga
nuestro parocor; el amor propio, buscando siempre
nuestra propia conveniencia; la propia voluntad, que­
riendo que todo ceda á nuestro propio querer; la pro­
pia excelencia, manifestando siempre las gracias que
tenemos, ó que nos figuramos tener, haciéndonoslas
propias y no de Dios, etc. Si conociendo estos Impedi­
mentos para alcanzar la perfección, no los contraria­
mos pronto, y vamos difiriéndolo, somos de la primera
clase, no lograremos el fin. SI los excusamos y busca­
mos descargos para cohonestarlos, obramos hipócri­
tamente, somos de la segunda clase. Pero si los con-

(1) K . P . Koothaan.
-9 1 -
trarlamos y nos humillamos, cediendo y callando, so-
mos felizmente de la tercera clase.
Adviértase, que en la primera de estas clases, no hay
más que veleidad, no voluntad verdadera, nada hace, y
asi puede decirse que quiere la imperfección, el impedi­
mento, y tal vez el pecado. La segunda clase se engaña;
aunque no quiera directamente la imperfección ó el pe­
cado, quiere no obstante el peligro, pues si bien dice, que
no quiere el afecto, quiere, st, la cosa, que le es un pe­
ligro próximo para el afectó, cuando á más de esto el
no querer desprenderse de la cosa, es ya tenerle qfecto.
Puede también considerarse que la primera dase quie­
re salvarse (ó perfeccionarse) pero sin practicar medio
alguno, ó porque los aborrece (y esto, es de almas relaja­
da»), ó porque los difiere de día en día, (y esto, es de al­
mas perezosas). La «efunda dase quiere salvarse, practica
medios, pero, ó no todos los necesarios (y esto, es de al­
mas tibia»), ó tan solo los que le gustan y placen á su
voluntad (y esto, es do almas hipócritas).
Portenece Analmente á la primera clase, el alma que
conoce la virtud que necesita, y nada hace para adqui­
rirla, y de ella está escrito, que será castigada severa­
mente: E l que habiendo conocido la voluntad de su Señor
y no se porta conforme á ella, recibirá muchos azotes (1).
Pertenece á la segunda clase la que se contenta con sola
la exterioridad, y nada procura de lo interior, y de ella
dice Job, que su esperanza quedará,frustrada (2).
Ordena el Santo que se hagan en esta Meditación los
tres coloquios como en la precedente, y en la nota que
pone después, dice que en ellos, cuando se siente repug­
nancia, debemos pedir al Seflor lo contrario á lo que el
corazón se siente Inclinado según la carne. De suma im­
portancia es esta nota del Santo, á la que nos remite 61
mismo después muchas veces. Se trata en ella del modo

(I) Qul ccgnovit Tolunt&tem Domini sal, et non focit seoandam vo-
Inntatem qjiu, r a p a lu lt maltis. (Luc. 1S.)
(9) Spes hypocrit» peribit. (Job 8.)
-9 2 -
de vencerla repugnancia que cada uno siente en si, y
que le conduce á 110 determinarse á abrazad lo que cono­
ce que le as mejor. Debe insistlrse en la oración, y aun­
que nos repugne, aunque nos asalte cierto temor de ser
oídos, pedir no obstante al Señor, y pedir con instancia,
y protestar de nuestra prontitud ¿ lo que Dios disponga
á pesar de la repugnancia (1). No es de escaso mérito
ni de poca eficacia esta oración, cuando el mismo Sefior
agonizante en el Huerto se ha dignado darnos ejemplo
de ella. Esto se manifiesta con una comparación; asi
como para enderezar una vara, es menester torcerla á
la parte contraria de donde está inclinada, asi para’ po­
ner indiferente nuestra voluntad, ayuda inclinarla & la
parte contraria de lo que desea, y asi estará bien dis­
puesta en la ejecución para lo que Dios le ordenare (2).
Pero en la tal petición no debe olvidarse la condición
que ha de acompañarla, como dice el Santo, estoes: que
el quiere, pide, y suplica, solo que tea servicio y alabanza
de la su divina bondad.

§. 7.a

De otras varias Meditaciones.

Después de la Meditación de los tres Binarios indica el


Santo varias Meditaciones sobre la vida pública ó Apos­
tólica de Nuestro Sefior Jesucristo, desde la ida de Naza-
reth al rio Jordán, hasta la entrada en Jerusalén en el
día de Ramos inclusive, y según el método del Santo,
este es el lugar propio de estas Meditaciones, si quieren
hacerse más ó menos, según sean los días de Ejercicios,
como dice él mismo: En las Contemplaciones dcsta se­
gunda semana, según que cada uno quiera poner tiem­
po, puede alongar 6 abreviar, y aún quitar de los Mis­
terios que están puestos, porque esto et dar una introduc-
(1) R. P. Roothaan.
(9 R. P. La Palma.
-9 3 -
ción y modo para después mejor y más cumplidamente
contemplar. Este método no sólo sirve en los siguientes
Ejercicios, si que á más es útilísimo para después de
completados, ó sea, en la oración cotidiana.
No obstante esta libertad que pone el Santo de alongar,
abreoiar y aún quitar de las indicadas Meditadme*, pa­
rece que serta conveniente no dejar la Meditación de la
tentación que sufrió Nuestro Sefior Jesucristo en el de­
sierto, por ser para nosotros una eneeñansa del modo de
combatir las tentaciones, y la de la vocación de los Após­
toles, modelo de la vocación religiosa; pues son de
grandísimo provecho.
No debe olvidarse que en estas Meditaciones de la vida
Apostólica de Nuestro Señor Jesucristo ha de seguirse el
mismo método indicado ya antes por el Santo, de ver
las personas, oír lo qué dicen, y observar lo qué hacen,
y luego reflectir sobre si mismo, sacando resoluciones
según sea la materia y las propias necesidades, acaban­
do, dice el Santo, con los tres coloquios de los tres Binarios,
ó según la nota que sigue después de los Binarios.

§. 8.°

De los tres grados de humildad.

El Santo pone este Ejercicio, no en forma de Meditación,


sino más bién como una reflexión ó consideración an­
tes de elegir el estado de vida, ó su reforma, pues dice:
antes de entrar en las elecciones para hombre afectarse á
la vera doctrina de Christo Nuestro Señor, aprovecha mu­
cho considerar y advertir en las siguientes tres maneras de
humildad, y en ellas considerando á ratos por todo el día,
y asimismo haciendo los coloquios. Dice afectarse, esto es,
apreciar y amar <¡on grande afecto la doctrina de Cristo.
Mas, aunque este ejercicio no esté, como hemos dicho, en
forma de Meditación, puede no obstante darse como tal,
— 94 —
si se considera útil, como lo hacen varios Expositores
de los Santos Ejercicios.
El/In de este Ejercicio, es reunir el fru to de todos los
pasados, y actuarse en todos I09 propósito» y determina­
ciones que se han hecho hasta aquí. Llama el Santo & es­
te Ejercicio gradas de humildad: l.° porque piden suje­
ción á todos los Mandamientos divinos; 2.® porque exigen
desprecio de todas las riquezas y honras del mundo, y
aliento y ¿uena disposición para todas las deshonras y
abatimientos que puede haber en él. En lo primero
se funda la perfección; y lo segundo es quitar todos los
estorbos de ella, y bajo este nombre de humildad, com­
prende el Santo la renunciación perfecta en toda su
latitud, que abraza el desprecio de la hacienda, de la
honra y de la misma vida (1).
Este Ejercicio es de tanto interés, que serla mucho
de desear que jamás lo olvidáramos por la suma uti­
lidad y excelencia que incluye en si, principalmente en
el tercer grado.
El primer grado de humildad, es de obligación abso­
luta. Incluye el deber de conformarse siempre con la
voluntad de Dios, sujetándose á cumplir sus manda­
mientos, no queriendo ofenderle nunca grave y delibe­
radamente. Asi dice el Santo: La primera manera de hu­
mildad es necesaria para la salud eterna, á saber, que asi
me baxe y asi me'humille quanto en mi sea posible, para
que en todo obedezca á la Ley de Dio» Nuestro Señor, de
tal suerte, que aunque me hiciesen señor de todas las cosas
criadas en este mundo, ni por la propia vida temporal,
no sea en deliberar de quebrantar un mandamiento, quier
divino, quier humano que me obligue á pecado mortal.
Estas palabras, no sea en deliberar, deben entenderse de
la disposición de animo, ó estado habitual, no empero
de estado actual, pues las palabras del Santo, quanto en
mi tea posible, serian supérfluas, si se tratara de no

(1) R. P. L a Palma.
— 95 —
cometer actualmente pecado mortal; muy bien pues se
dice: cuanto pueda, tenga esta preparación de &nlmo (1).
El segundo grado es más perfecto, y parte es de obli­
gación, parte de consejo. Es de obligación, en cuanto
nunca debemos querer cometer un pecado venial deli­
beradamente, por ser siempre ofensa de Dios; y es de
contejo por lo que mira á la indiferencia acerca las cosas
que son de igual gloria de Dios. Dice el Santo: La se­
gunda e» mas perfecta humildad que la primera, es á sa­
ber', si yo me hallo en tal punto que no quiero ni me efecto
mas á tener riqueza que pobreza etc. siendo igual servicio
de D io» Nuestro Sefior, y talud de mi anima, y cotí esto,
que por todo lo criado, ni porque la pida me quitasen, no
sea en deliberar de hazer un pecado venial, esto es, en
tal disposición de ánimo, como se ha dicho en la pre­
cedente.
Este segundo grado, es una deducción del Funda­
mento: so citan aquí las mismas cosas que allí fueron
propuestas: por lo quo si all( dijimos que es necesario
estar indiferente» acerca las cosos criadas, es igual­
mente necesario para este grado, que con ánimo resuelto
lo estemos, cuándo igual es la ocasión de la divina ala­
banza, y de la propia salud (2).
El tercer grado es de perfección suma. Comprende el
puro amor de Dios, queriendo y eligiendo lo más re­
pugnante á la naturaleza, para más imitar á Jesucristo,
aún en cosas de igual gloria divina. Dice el Santo: La
tercera es humildad perfectissima; es á saber, quando in­
cluyendo la primera y segunda, siendo igual alabanza de
la Dioina Magestad, por imitar y parecer mas actual­
mente á Christo Nuestro Sefior, quiero, y eltjo mas po­
breza con Christo pobre que riquezas etc. Esta tercera hu­
mildad elige actualmente la pobreza y los oprobios,
mientras la mayor gloria de Dios no exija retener ó ad-

(1) R. P. Boothaan.
(3) R. P. DierUns.
— 96 —
miltr riquezas y honores, pues esto en casos particu­
lares puede muy bien ocurrir.
Contiena el castísimo amor de Cristo Rey, y en este
amor está todo fundado, y concuerda admirablemente
con el Ejercicio del Reino de Cristo, fundamento de to­
dos los Ejercicios, después de la primera semana (1).
Pueden también considerarse estos grados de humildad
del modo siguiente: El primero es: no pecar; esto, es obli­
gatorio & todo Cristiano, y «agrado que complace & Dios.
El segundo es: sufrir con paciencia y resignación con­
trariedades y penas, esto, es muy conforme para no fal­
tar, y es propio de almas virtuosas, y este grado es de
mucha gloria de Dios. El tercero es: anhelar las penas y
contradicciones, para más unirse á Jesucristo, y esto, es
de perfección suma; y este grado dá á Dios la mayor glo­
ria. A esto alomenos hemos de aspirar: á mayor gloria
divina.
Los medios para venir & estos grados, son: Para el pri­
mero', atendido que los sentidos y pensamientos del cora­
zón humano están inclinados al mal desde su moce­
dad (2), á causa de la concupiscencia, ó sil desarreglo,
que nos proviene dei pecado original, se necesita gran
violencia contra las pasiones y malas inclinaciones, que
es lo que dice Jesucristo: El Reino de los Cielos se alcansa
á viva fuersa, y los que se la hacen á si mismos son los que
lo arrebatan (3). Para el segundo se necesita mucha vigi­
lancia acerca de nuestras operaciones, como de si mismo
decía el Santo Job: De todas mis obras tenia yo recelo; (4),
y á más, debe apartarse el afecto á las criaturas todas:
Desestímese toda, criatura, dice San Agustín, para sentir
en el corazón la dulzura del Criador. (5). Para el tercero
es menester profesar amor tierno á Jesús con gran deseo
(1) E. P. Roothuan.
(2) Sen8u» et cogitatio bumnni cordis In malam prona sunt ab ado-
lescentia sua. (Gen. 8.)
(8) Regnum coelorutr» vim p a ti tur, et Tiolenti rapiunt ¡liad. (Msth. 11.)
(4) Verebar omnia opera mea. (Job. 0.)
(5) Omnis m atu ra vilescat, ut Creator in corde dulcescat. (S. Ang.)
— 97 —
de la perfección, basta poder eixclamár con la Esposa de
los Cantares: M i Amado et todo para mi, y yo soy toda
para mi Amado ( 1).
Es preciso no olvidar, que no bastan las preces que
dirigimos al Seflor, para alcanzar un dón tan singular
como son estos grado», especialmente el tercero; es ne­
cesario que de nuestra parte nos esforcemos en practicar
los medio» que estén á nuestro alcance, y que coopere­
mos con nuestro ejercicio y generosa victoria de nos­
otros mismos; pudiéndose aplicar aquí lo que dice el
P. San Agustín: El que te crió sin ti, no te ju»tiflcará sin ,
ü; te crió sin saberlo tu, te justificará queriéndolo tu (2).
Ordena el Santo, que se hagan los tres Coloquios de la
Meditación de los Binarios, y si bien es útilísimo hacer­
los para alcanzar todos estos grado», no obstante el
Santo dice: Para quien desea alcanzar esta tercera hu­
mildad mucho aprovecha haier lo» tre» coloquios de los'
Binarios ya dichos, sobre lo que debemos observar, que
el Santo no los nota para todos indistintamente, sino
para aquellos que dosean llegar á humildad tan perfec­
ta, que son los que, como se dice en la Meditación del
Reino de Cristo, quieren señalarse de un modo insigne
en el seroido del Sefior (3). Sin embargo, como es tan
débil nuestro poder para ejercitar este último grado,
por esto hemos de trabajar mientras vivimos para al­
canzarlo, y nunca hemos de dejar los tres Coloquios de
que aquí se trata, aun para adquirir los dos primeros,
sin los cuales no se llega al tercero (4).
Después de este Ejercicio, 6 Meditación, (si no ha de
hacerse elección de estado, en cuyo caso pone aqui el
Santo reglas muy santas y oportunas) debe empezarse
á notar lo que ha de reformarse en el método de vida,
que debe regir en lo sucesivo, para lo que dá también
(1) DilectuB meas mihl, et ego lili. (Cant. 2.)
(2) Qui creavit te sine te, non justifieabit to sine te; fecit nescientem,
ju 8tiflcat volentem. (S. Ang.)
(8) R. P. Roothaan.
(4) R. P. Diertios.
7
— 98 —
el Santo las coavenientes instrucciones, Ajándonos mu-
oho en la máxima que pone en ellas: tanto te aprovecha­
rá cada uno en toda» cosa» espirituales, quanto saliere de
tu propio amor, querer é interese, sobre lo que debemos
observar, que si se consigue el fruto ó ñn próximo de
los Ejercicios, que es la victoria de ai mitmo, se llegará
al /!n último, que es la gloria de Dio», y la talud y tan-
tifleacton del alma; y esto último con tanta más abun­
dancia y perfección, cuanto más plena y generosamente
se trabaje en el primero (1).

TERCERA SEMANA.

§ . ÚNICO.

E s t a semana, ó sean, sus Meditaciones, comprenden


la última época de la vida de Nuestro Señor Jesucristo,
á saber: desde su ida de Belania á Jerusalén para ce­
lebrar la Pascua, hasta su sepultura; y asi abarca toda
la Pasión, cuyos Misterios, ó sus Contemplaciones, se­
gún nota el Santo, podrán alargarse ó abreviarse como
más le parecerá (al Ejercitante) que aprovechar se podrá,
ó según sean los días de Ejercicios.
El ñn de esta Semana, es vencerse el hombre A st
mitmo, esforzándose á vencer la repugnancia á las pe­
nas, al ejemplo de Jesucristo paciente: es el ejercicio de
las virtudes más perfectas que se ejercitan con contra­
dicción y adversidades, con deshonras y dolores, y con
falla do las cosas temporales; de todo lo cual tenemos
los m&s edificantes ejemplos en la Pasión de nuestro
Divino Salvador (2).
Nada por cierto más saludable A nosotros, dice el P. San
(1) R. P. Roothaan.
(8) R. P. La Palma.
-9 9 -
Agustín, que el meditar todot la» días cuanta tufrió Diot
y Hombre por nuettra talud (1). Y esto es lo que en est$
semana de un modo especial se considera, d&ndonps
el Seftor un ejemplo práctico de combatir á los enemi­
gos de nuestra alma, asi Internos oomo externos. En la
Meditación del ReiQO de Critio vemos á nuestro Rey
que nos invita á las batallas, le olmos como una trom­
peta sonante; pero aquí vemos en q\ie trabajos y vigi­
lias persiste nuestro Rey; aquí vemos como se combate
la rebelión da la carne, de los sentidos, del amor propio
y mundano; aquí vemos claramente como sostiene
nuestro esforzado Capitán los mayores y más escla­
recidos cargos de sufrir las injurias y adversidades to­
das; aquí Analmente vemos el esforzado ejemplo de la
tercera clase de hombres, no tan sólo deseando la po­
breza y los oprobios, sino abrazándolos efectivamen­
te (2).
En las Meditaciones de esta Semana, debe tenerse
muy presente lo que se notó en la segunda, y seguir el
mismo método, como lo ensena el Santo, esto es: ver
las personas, oir lo qué hablan y obteroar lo qué hacen,
y esto en todos los puntos, y rsflectir siempre en sí mis­
mo para sacar el correspondiente fruto. Y á más, en
todos los Misterios que en esta semana se contemplan,
debe procurarse concebir dolor, vario según la variedad
de los dolores de Cristo; por cuanto en unos Misterios
se contemplan los dolores de Cristo internos, en otros
los externos, en unos la tristeza y desolación, en otros
las ignominias y tormentos acerbísimos. Este dolor va­
rio que hemos de concebir se entiende que ha de recaer
sobre las cautat, por las cuales el Señor padece estos ó
aquellos dolores y penas (3).
Conviene mucho fijarse en estas Meditaciones dé la

(1) Nihil tam salutifernm nobis est, quam quotidie cogitare quanta
pro nobis pertulit Deus et Homo (S. Aug.)
(2) R. P. Diertina.
(8) R. P. Roothaan.
— 100 —
Pasión en el gran milagro de suspender la Divinidad
toda influencia sensible acerca la Humanidad de Nuestro
Señor Jesucristo, como dice el P. San León (1), soste­
niéndola solamente para poder padecer más, que es lo
que indica el Santo en.el punto quinto de la primera
Contemplación, cuando dice: Considerar como la Divi­
nidad se esconde, es á saber, como podría destruir á sus
enemigos y no lo haze, y como dexa padescer la sacratí­
sima Humanidad tan crudelisimamente.
Finalmente, dice el Santo: Acabar con un Coloquio A
Cristo Nuestro Señor, pero advierte inmediatamente
que si la materia ó la devoción le conmueve (al Ejercitante)
puede hazer los tres Coloquios, uno á la Madre, otro al
Hijo, otro al Padre por la misma forma que está dicho en
la segunda semana en la Meditación de los tres Binarios
con la nota que se sigue & los Binarios. Sobre lo que pue­
de reflexionarse, cuan convenientes son en esta semana
los tres Coloquios, pues eistas Meditaciones de la Pasión,
como está ya indicado, se dirigen no sólo & concebir
dolor de nuestros pecados, por haber sido ellos la causa
de la misma, como lo nota el Santo en el sexto punto,
diciendo: considerar como todo esto padesce por mis peca­
dos,, etc., y como dice el P. San Agustín: Yo soy la causa
de vuestros dolores, yo tengo la culpa de vuestra muerte (2);
sino también se dirigen á esforzarnos & imitar y seguir
¿ Jesucristo en el tercer grado de humildad, que es lo que
dice el Apóstol San Pablo: poniendo siempre los ojos en Je­
sús, Autor y Consumador de la Fe, el cual, en vista del gao,
sufrió la Cruz sin hacer caso de la ignominia (3); y como
interpretan los Santos Padres Crisóstomo, Ruperto y
otros: Jesucristo, en lugar del gozo propuesto por el Padre
Eterno en el primer instante de su encarnación, de modo,

(1) Cohibita est potentia Deitatis. (S. Leo).


(2) Ego 8um tui causa doloris, ego tus culpa occisionia. (Aug.)
( 8) Aspiciontos in Auetorcm Fidoi et consummatorem Jesum, qul
proposito sibi gaudio, sustinuit crucem, confussione contempta. (Hebr.
] 2).
-1 0 2 —
Los afectos que han do procurarse exoitar en el ánimo
son de gozo y alegría, y que aquellos s«an intento»,
como lo nota el Santo en el tercer preámbulo, cuando
dice: El tercero, demandar lo que quiero, y será aquí pe­
dir gracia para me alegrar y gozar intensamente de tanta
gloria y gozo de Christo Nuestro Setlor. Atiéndase bien
á estas palabras, pues este gozo y alegría ha de prove­
nir del amor á Cristo Nuestro Señor, á saber: que nos
alegremos y nos gozemos de la gloria y gozo de Cristo
por él mismo Cristo, esto es, por la gloria que le cabe,
olvidándonos, en cierto modo, por algún tiempo de la
felicidad y gloria, que de aquella resulta á nosotros. En
este sentido se alegra la Iglesia Santa, cuando en el
Cántico de Gloria á Dios en las alturas, dice: Gracias os
damos, Señor, por vuestra magnifica gloria (1). Con todo
como la gloria de Cristo excita la esperanza de que al­
gún día se operará en nosotros, miembros suyos, lo que
se ha verificado en Él que es nuestra cabeza, podemos
también y debemos alegrarnos con esta misma espe­
ranza, mientras estamos peregrinando distantes del Se­
fior; de modo que nos hemos de alegrar de la gloria
que se ha cumplido ya en Cristo, y de la esperanza que
en nosotros infunde, como dice San Pablo: Alegraos en
el Señor, y alegraos con esperanza (2). Todo esto lo sig­
nifica el Santo, cuando en el quinto punto dice: mirar
el oñcio de consolar que Cristo Nuestro Sefior trae, y
comparando como unos amigos suelen consolar á otros. Y
este oficio de consolar de Cristo resucitado es de dos
maneras: Primero, consuela á los suyos con su propia
gloria, de la que ellos se alegran más que de cualquier
felicidad suya. Segundo, con la felicidad que les dispen­
sa, ó de presente, como á los Padres y Justos del Limbo,
6 de esperanza, como á su Santísima Madre, á los Dis­
cípulos, y en ellos á todos nosotros (3).
(1) R. P. Roothaan.
(2) Gandete in Domino... Spe gaudentea. (Philip. A. Rom. 12).
(8) R. p. Roothaan.
— 103 —
Finalmente, aunque el Santo al terminar el coloquio
ó coloquios que se hagan, según subjeeta materia, pres­
cribe que se concluya con un Padre-nuestro, no será
inoportuno el dirigirse á la Santísima Virgen con el
Regina Cooli, ya que Ella forma una parte muy principal
de estas Meditaciones.

§ . ÚLTIMO.

De la. Contemplación para


alcanzar amor.

E s t a Meditación debe considerarse como separada de


las cuatro semanas de Ejercicios, pues el Santo ni la in­
cluye en la última Semana, ni la numera como las Se­
manas de Primera, Segunda, Tercera y Cuarta. Esto no
obstante, se acostumbra dar después de la cuarta Se­
mana, como conclusión y fin de los Santos Ejercicios.
Y este es el lugar propio de esta Meditación puesta aquí
por el Santo, ya que el Amor de Dios que aquí se ense­
ña, es el últimQ término y la perfección en esta vida (1).
Dos advertencias pone el Santo antes de esta Medi­
tación, las que podríamos llamar fundamento de la
misma. La primera, dice, es que el amor se debe poner
más en las obras que en las palabras. Esto mismo nos
lo ensefia San Ju&n: Hijitos mios, no amemos solamente de
palabra y con la lengua, sino con obras y de ceras, ó sin­
ceramente (1). Sobre lo que dice San Gregorio: nuestro
amor ha de manifestarse con palabras comedidas y con
oficio de liberalidad y largueza (2). Ni bastan los afectos
(1) B. P. fUiolha»n.
(1) Filioli mei, non diligamns verbo, ñeque lingua, sed opere et ve-
rítate. (2.** Joan. 8).
(2) Dilectio nostra semper exhibenda est, et veneratione sermónis, et
ministerio largitatia (S. Qreg.)
- 101 —
que ti quería podía entre gozot y delicia» dar la salud al
mundo, se abrazó con la Cruz y prefirió ser crucificado
por nosotros ( l ) .

CUARTA SEMANA.

§. ÚNICO. |

E s t a cuarta Semana comprende las Meditaciones des­


de la Resurrección gloriosa de Nuestro Seflor Jesucristo
hasta su Ascensión á los Cielos inclusive. Si bien el San­
to no pone otras Meditaciones en esta Semana, puede
no obstante hacerse, si se quiere, otra Meditación sobre
la venida del Espíritu Santo, fruto de la Ascensión del
Señor, como lo hacen algunos Expositores.
El ñn de esta Semana os vencerte el hombre á ai mis­
mo quitando toda afección desordenada por puro amor
de Dios, con el ejercicio del mismo, y deseo de la eter­
nidad, de la cual se nos propone como ejemplar la Re­
surrección de Cristo Nuestro Señor y los gozos que se
siguieron de ella (2).
Adviértase en esta Semana, ó en sus Meditaciones, lo
mismo que en la anterior, esto es: ver las personas, oir
lo qué hablan y observar lo qué hacen, sobre lo que
presta abundante materia el preámbulo primero que
pone el Santo en la primera Contemplación, la cual por
otra parte, según se propone, podría parecer algo ári­
da (3).
(1) Cbriutu» loco gaudli sibl proposito á Patre ¿Eterno in primo susb
incarnfttionÍ8 instan ti, ita ut, el vcllot, possot gaudens et deliciane sal li­
ten afierre mundo, amplexus est crucem, et maluit pro nobis crucifigl.
(S. Crbys., Ruper. et alii).
(2) R. P . La Palma.
(8) R. P. Roothaan.
— 104^—
estériles d Ineficaces, pues estos no son más que pala­
bras internas (1).
La segunda, dice el Santo, el amor consiste en la comu­
nicación de las dos partes, es saber, en dar y comunicar
el amante al amado lo que tiene, ó de lo que tiene 0 puede,
y asi por el contrario el amado al amante. Nadie se per*
suada que el amor le ha de salir de balde, sino que ha
de ser & costa, st fuese menester, de todos sus bienes (2).
Mutuo debe ser el sacrificio, pues, como dice el P. San
León: El que es generoso contigo, quiere que lo seas iu con
éU y el que tedáde lo suyo, exige que tu le des de lo tu­
yo (3).
En el segundo preámbulo ya Indica el Santo el moti­
vo, por el cual debemos nosotros amar del todo, y en
todo á Dios, cuando dice: El segundo será pedir conotci-
miento interno de tanto bien resabido paraque yo entera­
mente reconociendo, pueda en todo amar y seroir á su Di­
vina Magestad; y este reconocimiento es el que de ratón
y justicia, como dice después en el primer punto, debe­
mos á Dios, por corresponder al amor que Él nos dis­
pensa. Amemos pues á Dios, dice San Ju&n, porque Él
nos amó primero á nosotros (4), y como interpreta el
P. San Agustín: no» amó paraque le amáramos (5).
En cuatro puntos divide el Santo esta Meditación, ex­
poniendo en ellos las razones ó motivos que nos obligan
á amar á Dios. En el primer punto hemos de considerar
los beneficios de Dios hacia nosotros en general, tanto
los que nos ha hecho, como los que esperamos con viva
fe, atendiendo que de su amor han provenido, provienen
y han de provenir eternamente.
En el segundo punto hemos de considerar que estos
(1) R. P. Roothaan.
<S) R. P. La Palma.
(8) Munerator tuus vult te esse munificuni; et qui dat ut babeos,
mandftt ut tribuas, (S. Leo.)
(4) Nos ergo diligamus Deum, quoniam Ipse prior dilexit nos. (2.®
Joan. 4).
(5) Ad hoo nos dilexit, ut diligamus eum. (8. Aug.)
— 105 —
beneficios nos los dispensa el Seflor estando Él presente,
como está en todas las cosas que nos comunica, y en
nosotros mismos; de manera que en cierto modo po­
demos decir que Él personalmente nos favorece; cir­
cunstancia que- hace más apreciable el beneficio.
En el tercer punto hemos de considerar que Dios no
sólo está presente, dispensándonos los beneficios, sino
que en cierto modo trabaja Él mismo beneficiándonos,
lo que por cierto autnenta la significación del amor en
cualquier Bienhechor, y en Dios prueba un amor inex­
plicable é infinito.
En el cuarto punto hemos de considerar la pura, pu­
rísima razón de la perfección absoluta en Dios, haciendo
abstracción dei bien, que resulta á nosotros beneficián­
donos, y esto contiene el amor purísimo y perfectísimo
á Dios, á saber: por ser Él quién es (1).
Ni se prohíbe, que en el segunda punto se considere
la presencia de Dios en Jesucristo Hijo del Eterno Padre,
ya sea en carne mortal, cuando se ha dejado ver sobre
la tierra y ha conversado con los hombres, ya también
en la presencia real en el Santísimo Sacramento de la
Eucaristía: y en el tercer punto pueden considerarse tam­
bién los verdaderos y gravísimos trabajos y dolores,
que siendo verdadero Hijo de Dios quiso sufrir por nos­
otros, no dudando entregarse en manos de los malvados
y sufrir el tormento de la Cruz (2).
En todos estos cuatro puntos, dice el Santo, que de­
bemos refiectir con mucha razón y justicia sobre nos­
otros mismos, cuya reflexión no es otra cosa que la
consideración de la debida correspondencia que debe­
mos á los quilates del amor, que en cada punto hemos
considerado que Dios nos profesa.
En el primer punto, pues, la reflexión debe consistir
en procurar reconocerse todo de Dios, y ofrecerse todo

(1) ll. P . Roothaan.


» M-
-1 0 6 -
á Él. Esto lo manifiesta el Santo en el sublime ofreci­
miento, que en el mismo punto prescribe con estas
palabras: Tomad, Señar, y recibid toda mi libertad, etc.
En el segundo punto, debe consistir la reflexión en
procurar conservar la presencia de Dios en todo lugar,
como que sernos^de Dios y vivimos en Él (1). Así corres­
ponderemos á la consideración de Dios habitante, esto
es, presenta en las criaturas y en nosotros mismos, si
con viva fe y solicitud nos esforzamos en buscar & Dios
en todas las cosas, como dice el Apóstol: mirar como
visible á Dios invisible (2).
En el tercer punto, debe consistir la reflexión en tra­
bajar por Dios, obrando siempre según su voluntad, y
sufriendo por Él cuanto nos sobrevengá de contrario.
Asi se corresponderá á la tercera consideración con tra­
bajar y obrar por Dios, á fln de que nuestro amor no
se pare en solos afectos del corazón; y al mismo tiempo
recibir con viva fe, como venido de las manos de Dios
lo que nos sobrevenga de las criaturas, sea agradable,
sea desagradable, pues escrito está, que A los que aman
A Dios todas las cosas se les concierten en bien (3).
En el cuarto punto, consiste la reflexión en procurar
desprenderse todo lo posible del afecto á las cosas cria­
das, y & si mismo, para ponerlo sólo en Dios. A este
coarto punto corresponde el purísimo afecto de amor
á Dios, despojándonos, cuanto podamos, del amor á
todas las criaturas, transfiriendo todo el afecto al Cria­
dor de las mismas, amándole en todas ellas, y á todas
sólo en Él, según su santísima y divina voluntad (4).
Este bellísimo argumento que pone el Santo para al­
canzar el Amor Divino, parece corresponder perfecta­
mente á lo que nos dice el Señor en él Sagrado Evange­
lio: AmarAs A tu Dios y Señor con todo tu corazón, con

(1) In Deo vivimos, movemur et sumos. (Act. 17).


(2) lnvisibilem Deum taraquam vislbilem suetinere. (üebr. 11).
(8) Diligentibus Deum omnla cooperantar in bonum. (Rom. 8).
(4) R. P. Roothaan.
toda tu alma, con toda» tus fuer tas y con toda tu men­
te { 1).
El primer grado, ó sea, la primera reflexión, como ae
ha dicho, es: ofrecerse á Dios, reconociéndose todo
suyo. A. esto corresponde el amar á Dios de todo corazón,
pues como Interpreta el célebre expositor P. Manuel Sá,
significa amar ¿ Dios con toda voluntad (2), y esta vo­
luntad nunca será verdadera ni perfecta, si algo se
reserva para si, y no se ofrece toda á Dios.
El segundo grado, ó segunda reflexión, es: conservar
la presencia de Dios en todas las cosas, y en si mismo,
por ser todo suyo. k esto corresponde el amar & Dios
con toda el alma, que significa, según el citado Exposi­
tor, con el pensamiento (3), lo que no se verificará, si
nos distraemos, ó nos apartamos de su presencia vo­
luntariamente.
El tercer grado, ó tercera reflexión, es: trabajar y obrar
siempre según la voluntad de Dios. Á esto corresponde
el amar & Dios con todat las fuerzas, que significa, se­
gún el mismo Intérprete, cuanto se pueda (4), lo que no
tendría lugar, si no acompañáramos el afecto con las
obras.
El cuarto grado, ó cuarta reflexión, es: procurar des­
pojarse de todo afecto mundano y propio, y transfe­
rirlo todo á Dios, k esto corresponde el amar & Dios
con toda la mente que lo interpreta el mismo Padre, con
todo el entendimiento (5), y siendo éste la primera po­
tencia ó facultad del alma, á la que siguen las dem&s,
no so verificará el tal amor, si el entendimiento se fija
inconsideradamente en lo terreno.
Por conclusión de esto Capitulo, recordemos el céle-

(1) Dilig 68 Dominum Deum tnum ex toto corde luo, ex tota anima tva,
ex ómnibus Tiribus tuia, ot ox tota mente taa. (Loe. 10).
(2) Id est, volantate. (R. P. Sá).
(8) Id est, cogitatione. (Id).
(4) Id est^ quantum potest. (Id).
(5) Id est, intellectu. (Id).
-1 0 8 -
bre documento, que nota «1 Santo al fln de la Segunda
Semana, á saber: que píente cada uno, que tanto te apro­
vechará en todat coto* espirituales (cuyo fln y término
es el perfecto amor Divino) quanto taliere de tú propio
amor, querer é interese.
-1 0 9 -

C iT tT V lO QUINTO»

DB LAB REGLAS P A R A L A BLBOQÓN DB BOTADO


Y REFORMA 0 8 VIDA.

§. t.°
Elección de estado.
é

s de tanta importancia la elección de estado,


L j ] que, como dicen los Santos Padres, de ella co-
j[ munmente depende la salvación; por esto el
Patriarca San Ignacio, en su admirable libro
de los Ejercicios, trata de este asunto, y dirige princi­
palmente & este fln los Ejercicios de la Segunda Semana,
para que el hombre delibere sobre negocio tan impor­
tante; procediendo asi cada cual, como dice San Pablo,
según el estado á que Dios le haya llamado (1).
Preimbulo para la elección. Lo primero que debe ha­
cerse para elegir con acierto, es dirigir la Intención,
única y sencillamente al fln del servicio Divino, y sal­
vación del alma. Asi dice el Santo: en toda buena elec­
ción, el ojo de nuestra intención debe ser simple, solamente
mirando por lo que soy criado; es A saber, para alabanza
de Dios Nuestro Señor, y salvación de mi anima. A esto
pues, debe ordenarse toda materia ó cosa de elección;
no ordenando, dice, ni trayendo el Un al medio, mas el
medio al ñn pues ninguna cosa me debe mover sino solo el
servido y alabanza de Dios Nuestro Señor, y la salud eter­
na de mi anima.

(1) Unumquemque, sicvt vocavit Deas, ita ambulet. (2.» Cor. 7).
— 110 —
Materia de elección. Tan solo las cosas buenas en s(
ó indiferentes son materia de elección; y de ningún mo­
do las cosas malas ó reprobadas por la Santa Iglesia.
De las cosas buenas 6 Indiferentes, unas son de elección
inmudable y perpétua, tales son el Sacerdocio, el estado
Religioso, el Matrimonio, etc.; otras, empero, son de
elección mudable, como beneficios, empleos, cargos,
bienes temporales, etc.
Hecha la elección de cosa inmudable, no debe pen­
sarse más en ello; y si ha sido mala la elección, debe­
mos arrepentimos y procurar, como dice el Santo, ha-
zer buena oída en tu elección, esto es, en lo elegido, pues
aunque no fuese vocación Divina, (la cual, como dice,
et siempre pura y Umpia, sin mixtión de carne ni de otra
afección alguna desordenada) con ei dolor y arrepenti­
miento puede enmendarse el yerro y esperar miseri­
cordia de la Bondad Divina, pues esta escrito: el A lti-
tímo uta de misericordia con lot que se arrepienten (1).
Ni tampoco debe pensarse en ello, aunque sea de cosa
mudable, si se hizo la elección rectamente, y sin razo­
nes de carne y mundo, sino en aquella, dice, perflcio-
narse quanto pudiere. Mas, si la elección no ha sido he­
cha con la debida sinceridad, entonces, dice, aprovecha
hajer la elección debidamente, quien tupiere deseo que del
salgan frutos notables y muy apacibles á Dios Nuestro
Señor.
Tret tiempos ó disposiciones en que la elección et sana
y buena. l.°: Cuando Dios Nuestro Se&or llama tan cla­
ramente al alma, que ella ni duda, ni puede dudar de
que es llamada; tin dubitar, dice, ni poder dubitar sigue
á lo que es mostrado: ati como S. Pablo y S. Matheo lo
hiaieron en seguir á Christo Nuestro Señor. Pero este no
es el modo ordinario de las vocaciones de Dios. 2.°: Cuan­
do el hombre, andando en deliberación sobre tomar
estado, es agitado de varios espíritus, y con la expe-

(1) Quoaiáin Aitissimus misertas est psnitentibus. (Ecoli. 12).


— 411 —
rienda y buenas reglas, principalmente las que se pu­
sieron en él Ejercido de dos Banderas, conoce cual es
el bueno, y le sigue. 3.°: Cuando sin haber precedido
conmoción y pugna de espíritus diferentes, considera el
alma, libre, pausada y tranquilamente el fln para que
fuó criada, y deseándolo, elige con la misma serenidad
alguno de los estados ó géneros de vida, que hay den­
tro de la Santa Iglesia, siempre para la consecución de
su fln ; y como dice el Santo: paroque sea ayudado en
seroicio de su Señor y taloacion de su anima.
Esto supuesto, hé aquí dos modos de elegir relativos
& este tercer tiempo, en caso de no haber elegido en el
primero y segundo.
Primer modo de elegir bien. 1.°: Poner delante de si la
cosa ú objeto que se quiere sujetar á elección. 2.°: No ol­
vidar el fln para que fué criado, y ponerse en total In­
diferencia, sin inclinarse & una parte ni & otra para to­
mar, no tomar, ó dejar la cosa de que se trata, no esté
dice el Santo, mas inclinado ni afectado A tomar la cosa
propuesta, que 6. dexarla, ni mas A dexarla que A tomar­
la; sino seguir solamente lo que se conozca ha de ser
de mayor gloria Divina, y más conducente á la propia
salvación. 3.°: Pedir al Sefior que rija y mueva su vo­
luntad para hacer de la cosa propuesta lo que más con­
duzca á su mayor gloria, y^aplicar el entendimiento á
discurrir en ello, pausada y rectamente, para elegir lo
que conozca ha de ser más conforme á su Divino bene­
plácito, dlciéndole con el Profeta: Muéstrame, Seflor, el
camino que debo seguir, ya que hada A tí he levantado mi
corazón (1). 4.°: Considerar y comparar atentamente las
ventajas é inconvenientes que han de resultar de ad­
mitir ó retener la tal cosa, asi como de no admitirla ó
dejarla, pero sólo medidos ambos casos con el fln de la
gloria Divina y salvación de la propia alma, y como dl-

(1) Notum loe, Domine, mlhi viatn, io qua ambulero, quia ad Te leva-
v i animam meam. (Ps. ¡42).
-1 1 2 —
ce el Santo: para tola la alabanaa de Dio» Nuestro Señor
y talud de mi ánima. 5.°: Considerada asf- la cosa por to­
dos sus lados, mírese & donde la razón más se Inclina, y
según la mayor moción racional, y no sensual, elíjase
por último. 6.°: Póngase luego la persona en oración
delante de Dios, y ofrézcale la elección hecha, suplicán­
dole se digne aceptarla y confirmarla, si ha de ser para
mayor honra y gloria suya, dlciéndole con el Profeta:
Muestra, Señor, tu poderlo: confirma, ó Diot, esta obra
que has hecho en mi (1).
Segundo modo ó cuatro reglas para elegir bien. 1.a: El
amor ó Inclinación á la cosa propuesta debe descender
de arriba, del amor de Dios; de manera, que se sienta
primeramente que el amor ó menor afecto, con que se
mira y elige la cosa, es tan sólo por su Criador y SeAor.
2.*: Ver lo que se aconsejarla & un desconocido, á quien
se desease toda perfección para mayor gloria Divina, y
tomárselo para si. 3.*: Hacer ahora lo que se quiera
haber hecho en la hora de la muerte. 4.*: Lo que se
Juzgue que dará más consuelo y gozo en el tribunal
Divino. Con estas reglas, dirigidas a la quietud de la
conciencia y salvación propia del alma, se hará por úl­
timo la elección y oblación al Señor, como se dijo en el
primer modo.
Esta es la forma del ejercicio de la elección, según
prescribe el Santo, no obstante será bueno considerar lo
siguiente: 1.°: Esté el Ejercitante muy advertido, para
no obligarse con voto á cosa ninguna, sin consultarlo
con su confesor ó padre espiritual. 2.°: Cuando le parez­
ca que los dos extremos del si ó del no, que son materia
de su elección han de conducirle igualmente á la gloria
Divina y salvación de su alma, es entonces el momento
oportuno de pedirá Dios con instancia lo que el Santo
aconseja al fin de la meditación de los tres Binarios, y

(1) Manda, Deus, virluti tu©; conñrma hoc, Deas, quod operatas es
in nobis. (Ps. 62).
— 113 —
elegir, con la inspiración y gracia Divina, el extremo más
contrario á la sensualidad, para más imitar y seguir á
Cristo nuestro Redentor y Seflor. 3.°: Elegida la cosa
según dichas reglas, no se haga mudanza, especialmen­
te en tiempo de inquietud, desolación, tentación, oscu­
ridad ó afecto terreno; pero, si pasada ia borrasca, so
juzga necesario deliberar sobre la cosa elegida, hágase
entonces de auevo según las mismas reglas. 4.°: Cuan­
do la cosa elegida es de tal calidad, que pida tiempo
sucesivo para ejecutarla, será bien aplicar á ella el exa­
men particular, y será de grande acierto. 5.”: Finalmen­
te para fortalecer el propósito, y vencer las nuevas difi­
cultades, que suelen surgir en la ejecución de lo elegido,
ayuda mucho la consideración de la vida, pasión y
muerte de Nuestro Sefior Jesucristo.

§. 2.°

Reforma de vida.

Para enmendar y reformar la propia vida y estado,


debe tenerse en cuenta la calidad de las personas. Aque­
llas á quienes falta la posibilidad, ó prontitud de ánimo,
para hacer elección ó mudanza perpetua, será muy pro­
vechoso que á lo menos se enmienden, reformen y
pongan en tal grado de virtud y probidad, que toda su
vida y estado quede ordenado y dirigido á su único /In,
que es la gloria Dioina y su, propia salcaeión. Para ello,
considérese atentamente según las reglas del ejercicio
próximo anterior, cuanta casa y familia haya de tener,
cómo la debe regir y gobernar de palabra y ejemplo,
qué parte de las rentas ó facultades destinará para el
uso de su casa y familia, y cual para limosnas, no que­
riendo ni buscando, en suma, otra cosa sino en todo y
por todo la mayor alabanza y gloria de Dios; y persua­
diéndose que á la medida que se desprenda de su inte-
8
— 114 —
rés, voluntad y amor propio, á esa misma crecerá en
virtud, y ganará en riquezas espirituales.
Según esta doctrina del Santo Patriarca, vemos que
además de la reforma del estado, en quien ya le tiene
cuanto á las cosas particulares que le pertenecen, como
criados, gastos y limosnas, puede ser materia de elec­
ción cualquiera otra cosa de suyo buena ó indiferente,
acerca de la cual es dudoso si convendrá tomarla ó de­
jarla, como: oficio, beneñcio, ocupación, acción de im­
portancia, arreglo interior y distribución del tiempo (1).
Adviértase lo que dice el P. Suarez que, si bien la Per­
sona Religiosa no debe deliberar acerca de su estado,
puede, no obstante, examinar con provecho, cual es el
modo mejor do perfeccionarse en ol ya abrazado (2).

§. 3.°

Catálogo de las oosas, que


ordinariamente deben reformarse.

1.°: Poco ó ningün trato con Dios en la oración.


2.°: Omisión de los exámenes de conciencia.
3.°: No levantar el corazón á Dios, ofreciéndole las
obras al empezarlas.
4.°: Indevoción y distracciones voluntarias en la
oración, rezo, Misa y otros actos religiosos.
5.°: Poca ó ninguna enmienda de las confesiones.
6.a: Poco fruto de la Comunión, palabra Divina, lec­
ción espiritual, y devociones á la Santísima Virgen,
Angeles y Santos.
7.°: Infracción' de los mandamientos de la Ley de
Dios, de los de la Iglesia y de las obligaciones del propio
estado.

(1) Lib ro : Práctica de Ejercicios espirituales.


(2) L lcet Rellglosus Jnm non debent de statu deliberare, potest mérito
oxercori, ut in ano statu eligat optimum procedendi modum. (R. P. Sun
rez).
— 115 —
8.°: Descuido en usar los medios que ayudan á su
observancia.
9.°: Poco ó ningún zelo de la gloria Divina, y bien
de las almas.
10.°: Indocilidad ó resistencia á los consejos del
Confesor.
11.°: Soberbia, gula, ü otros pecados capitales.
12.°: Horas del dia pasadas en ociosidad, regalo y
exceso de diversiones, aunque sean licitas.
13.a: Fuga ó desprecio de asperezas y mortificacio­
nes.
14.°: Impaciencia en llevar la cruz, y los trabajos de
la vida.
15.°: Demasiada libertad en los sentidos corporales.
16.a: Inclinaciones y ocasiones peligrosas ó pecami­
nosas.
17.°: Gastos supérfluos, y mal empleo de los bienes.
18.°: Mal desempeño de las obligaciones para con el
prójimo, mayormente con los superiores y súbditos.
19.°: Infidelidad ó tardanza en cumplir los deberes
de justicia.
20.°: Dureza de corazón, ó descuido en ejercitar las
obras de misericordia.
21.°: Escándalos, inmodestias, trato áspero, ó len­
gua suelta ó mordáz.
22.°: Buscar las ocasiones ó malas compañías.
23.°: Odios, perjuicios, fraudes ó embrollos para en­
gañar al prójimo.
Por último, póngase principalmente la mira en re­
formar el corazón, porque del corazón nocen todas
nuestras obras buenas y malas.
— 116-

C1PÍTULO 8XZTO.

DE LOS TRES MODOS DB O RAR.

Santo, en su admirable libro de los Ejercicios


l

l j | espirituales, procura, lleno de celo, el bien


\ j[ espiritual de todas las almas. En verdad que
puede decir, lo que de si decía el Apóstol San
Pablo: soy igualmente deudor A sabios y á ignorantes (1).
Como lo principal de los Santos Ejercicios es la Oración,
después de ensenar en las primeras Meditaciones el
modo de orar ejercitando las tres potencias del alma, al
fln de la cuarta semana señala tres modos de orar ase­
quibles á la capacidad de toda clase de personas. Son
estos modos como siguen:

§. l.°

Primer modo de orar.

La primera manera de orar, dice el Santo, es cerca de


los diez mandamientos, y délos siete pecados mortales, de
las tres potencias del Anima y délos cinco ientidos corpo­
rales.
Este modo, m&s bien que oración, es cierto ejercicio
espiritual para recorrer ó repasar las cosas antedichas,
reflexionando sobre las faltas cometidas en las dos pri­
meras, y el bueno ó mal uso que hemos hecho de las
segundas; esto lo indica el Santo, diciendo: La qual

(1) Sapienttbus, et insipientibus dobilor sam. (Rom. 1).


— 117 —
matura de orar es mas dar forma, moda y exercicios,
como el anima se apareje y aproveche en ellos, y paraque
la oración sea acepta, que no dar forma ni modo alguno
de orar. Esto no obstante, quiere el Santo que ante todo
se recoja la persona en sí misma, como en toda oración,
pensando que es lo que va á hacer; repose, dice, un poco
el espíritu, considerando á donde ooy, y á que. Asimismo
debe hacerse la oración preparatoria, pidiendo gracia
& Dios Nuestro Señor para conocer las faltas, y pedir
auxilio para enmendarse de ellas. Todo esto, dice, se
hará ai principio de todo* modos de orar. La práctica de
este modo, es recorrer cada uno de los diez Manda­
mientos de la Ley de Dios, y de los cinco de la Iglesia,
y pensar cómo se han guardado, y en qué se ha fallado,
así en general; asimismo, recorrer los siete pecados
mortales, y ver en qué se ha delinquido en ellos: lo
mismo en cuanto á las operaciones de las tres potencias
y de los cinco sentidos, mirando el recto uso ó abuso
que hemos hecho de ellos; deteniéndonos en cada punto
de estos el tiempo que se requiere para rezar tres veces
el Padre-nuestro y el Ave María. Acerca de los preceptos
se podrá también pensar, cuan justos son, cuan salu­
dables, cuan santos. Sobre de los pecados, no será fuera
del caso considerar, cuan feos y dafiosos son, y por el
contrario, cuan hermosas y provechosas las virtudes
opuestas. En las potencias y sentidos, convendrá discu­
rrir cuan nobles y útiles son, y el fin para que nos las
dió el Criador (1).
Este modo de orar, aunque á primera vista parece
examen, se diferencia, no obstante, en que no se des­
ciende á cosas particulares, por ser, como dice el Direc­
torio, el intento principal, no tanto examinar la con­
ciencia, como meditar dichos mandatos ó prohibiciones;
haciendo con esta ocasión alguna reflexión general so­
bre nosotros mismos (2). En los Mandamientos, que
(1) R. P. BeUecio.
. (2) Direetorium. Cap. 37.
— 118 —
menos hubiéremos quebrantado, nos detendremos me­
nos tiempo; y más, en donde halláremos haber caldo
con frecuencia; así dice el Santo: que quando hombre vi­
niere A pensar en un mandamiento, en el qual halla que
no tiene habito ninguno de pecar, no et menester que te
detenga tanto tiempo: mas según que hombre halla en ti
que mas ó menos estropiesa en aquel mandamiento, asi
debe mas ó menos detenerse en la consideración y escru­
tinio dél. Y lo mitmo te guarde en los pecadot mortales.
Por último, debe concluirse con un Coloquio á Dios
Nuestro Señor, según sea la materia, sobre que verse la
consideración.
Este modo de orar, lo proponia frecuentemente el
grande Apóstol de las Indias, San Francisco Javier, de
modo que muchas veces lo daba en penitencia, para que
mañana y noche se ejercitáran en él.

§. 2.
Segundo modo de orar.

El segundo modo de orar, dice ol Santo, es contemplán­


dola significación de cada palabra de la oración. Este
segundo modo, si bien en alguna manera puede lla­
marse oración vocal, tiene, no obstante, mucho más de
mental, pues ya dice el Santo, contemplando, y es que
después de prevenir la persona, una ó más oraciones
vocales, de las que usa la Santa Iglesia, ó bien algún
texto de la Sagrada Escritura, principalmente de los
Salmos de David, tome por punto de meditación cada
palabra, deteniéndose en considerarla, dice el Santo,
tanto tiempo quanto halla significaciones, comparaciones,
gusto y consolacion. Las comparaciones ó significaciones
que se ofrecen en la oración, son comunmente útilísi­
mas, no sólo para el gusto, sino también para el eficaz
provecho del espíritu; ni debemos pasar por ellas, como
de corrida, sino debemos detenernos con mucho cuidado,
— 11» —
cuanto podamos, en considerar la perfecta conveniencia
de la comparación ó semejanza, con el objeto que se
medita; lo que deberá observarse siempre en toda ora­
ción mental (1).
Debe hacerse la correspondiente preparación como
en el primer modo, advirtiendo el Santo que la petición
sea proporcionada & la materia de la oración, y á la
persona á quien se dirige.
Previene el Directorio, que cuando una palabra, de st
sola, no tiene sentido, debe unírsele otras, como por
ejemplo: Que estás en los Cielos, ó bien, Santificado sea
el tu Nombre. Otras hay, que por si solas, prestan ma­
teria suflcionte para la meditación, como por ejemplo:
Padre, ó, Nuestro (2).
Si en una ó dos palabras de lo que se medita, se em­
plea toda la hora ó tiempo de la meditación, por hallar
en abundancia gusto y consuelo espiritual, no se debe
pasar adelante; pero al fln se rezará lo restante de la
oración, concluyéndose de la manera acostumbrada.
Pasada la hora, ó el tiempo destinado, otro día al tor­
nar & la oración, se rezarán las palabras meditadas, y
se comenzará y continuará la contemplación en la pa­
labra ó palabras que inmediatamente se siguen.
Este segundo modo de. orar se diferencia del primero
en dos cosas: 1.°: en la materia, pues el primer modo
en su mayor parte versa sobre actos lícitos ó ilícitos,
mandados ó prohibidos; y este segundo tiene por objeto
alguna oración, dicho, ó sentencia; 2.J: en el ñn, porque
el primero no tanto es especulativo, como práctico,
pues su ñn es la enmienda do las costumbres; pero el
segundo es más especulativo, pues principalmente se
dirige á entender el sentido de lo que se medita, si bien
que últimamente debe excitarnos á devoción y consuelo
espiritual, contemplando las palabras que se han me­
ditado.
(1) R. P. Roothaan.
(2) Dir«ctor¡um, cap. 87.
-1 2 0 -

§. 3.°

Teroer modo de orar.

El tercer modo de orar, dice el Santo, terá por compát.


Esta expresión del Santo es metafórica, sacada de la
música, pues con este modo se junta cierta harmonía
sagrada, con la cual corresponden los pensamientos y
afectos piadosos á cada respiración ( i): verificándose
lo que dice David: M i corazón y mi cuerpo se trasportan
de gozo contemplando al Dios vioo (2).
Este modo de orar es muy semejante al segundo, por
fundarse en oraciones vocales, sin embargo, se diferen­
cia de aquel, en que este tercero tiene más de vocal, que
el otro, y en que es más breve, y con menos pausa, el
tiempo que se emplea en meditar cada punto. La prác­
tica es, que después de los preámbulos y oración pre­
paratoria que, como dice el Santo, será como en el se­
gundo modo de orar, se empiezo á rezar la oración ú
oraciones vocales, sobre las que se quiere meditar, de­
teniéndose en cada palabra solamente el tiempo, que
comunmente se gasta en una respiración, excitando
algún piadoso afecto, atendiendo al sentido de la tal
palabra, ó á la excelencia de la persona con quien se
habla ó á la propia vileza; prosiguiendo en rezar asi
todo el tiempo destinado á la oración. Se concluirá se­
gún costumbre.
Este modo de orar, á más de la devoción y gusto que
trae consigo, tiene un efecto maravilloso, que es reco­
ger el pensamiento y la imaginación; ayudando mucho
á los que padecen distracciones ó sequedades en la ora­
ción mental, pues con alguna oración vocal ó versos
(1) R. P. Roothaan.
(2) Cor meum et caro mea exultayerunt In Deum vivum. (Pa. 88).
-1 2 1 -
de Salmos al modo dicho, recobrarán atención, devo­
ción y sentimiento.
Se vé, pues, que el primer modo tiene más de examen,
el segundo más de consideración, el tercero es más sen­
cillo, y tiene menos de uno y otro; pero ayuda mucho,
como hemos dicho, para acostumbrarse á rezar con la
atención y devoción debidas, verificándose ast lo que
dice el Apóstol San Pablo: Oraré con el espíritu y oraré
con el entendimiento ( l ) . Asi es que ol Directorio advierte
que este modo de orar es muy útil para los que tienen
obligación de rezar el Oficio Divino, ú otras oraciones
vocales (2).

(1) Orabo spiritu, orabo et ment«. (3.a Corint. 14).


(2) Direclurium, cap. 87.
— 122 —

C iPÍT U LO SEPT IMO.

DB L A S REGLAS DE DISCRECIÓN DB ESPIRITUS.

§. 1.°

l Sanio Patriarca Ignacio pone varias reglas


L j ] da discreción de espíritus, que titula: Regla»
\ j| para en alguna manera conoscer las varias mo-
clones que en el anima se causan, las buenas
para rescibir, y las malas para lanzar; y son mas propias
para la primera semana. Estas reglas no tan solamente
son para discernir los movimientos del alma, sino tam­
bién para sentirlos, y conocerlos, esto es, observarlos;
pues son muchos los que ni tan solo atienden ú obser­
van los movimientos de su propio espíritu. La necesidad
de esta atención ú observación nos la indica el Espíritu
Santo cuando dice: No queráis creer á todo espíritu, sino
examinad los espíritus si son de Dios (1), para lo cual
sirven admirablemente estas reglas del Santo.
Catorce, nota él mismo, más propias para la primera
semana, no exclusivas, pues como dejamos dicho en las
reflexiones sobre las Anotaciones octava, nona y décima,
deben aplicarse las reglas de la primera ó segunda se­
mana (para la cual, como diremos, el Santo nota ocho)
según sea el estado del Ejercitante, ó sus tentaciones,
ya se ejercite en la primera, segunda, tercera, ó cuarta
semana.
En la primera y segunda, se explican los medios de
que se valen tanto el Ángel malo como el bueno, contra­
di Nollte omni apiritul eredere, ted probate spiritt», si ex Deo lint.
(3.a Joan. 4).
— 123 —
ríos, según contrarios son losjlne», que ambos Intentan,
y según las disposiciones de cada uno de los hom­
bres (l). Y obsérvese que las palabras del Santo: delec-
taciones y placera sensuales no son sinónimas, ni por
deleites de los sentidos, debe entenderse necesariamente
deleites carnales, antes bien por deleita de los sentidos se
entiende el deseo de riquezas y honores; asi se dice, con­
cupiscencia de los ojos, y soberbia de la oida, que son di­
ferentes de la concupiscencia de la carne (2).
En la tercera y cuarta trata el Santo de la consolación
y desolación espiritual; y con doctrina bien apreciable,
distingue el Santo entre la consolación sensitiva de lá­
grimas devotas, alegría y gozo del corazón, y entre la
devoción y consolación racional, que consiste en el au­
mento de fe, esperanza y caridad y demás virtudes, y
en la facilidad y alegría para continuar en su ejercicio,
y progresar en el servicio de Dios. Así también distin­
gue entre los desolaciones, la que es crasa, y propia de
los principiantas, como os la inclinación á las cosas te­
rrenas, etc., y la que es más sútil, y propia de personas
que van aprovechando, como son las tentaciones, des­
confianza de su salvación, caimiento de ánimo y des­
confianza de Dios, y de su clemencia y misericordia (3).
Esta situación del espíritu entre los vaivenes de conso­
lación y desolación, es muy común en las almas, no solo
en tiempo de Ejercicios, sino también en otras ocasio­
nes, en lo que, como dice el P. San Anselmo sobre
aquello de San Pablo á los Corintios, que debemos com­
batir con las armas de la justicia á la diestra y 4 la si-
niatra (4), nos hemos de portar sin ensoberbecernos en
las prosperidades del alma, ni perturbamos en las nece­
sidades (5). Para esto ayudará mucho el conocimiento
de estas dos reglas del Santo. *
(1) R. P. Roothaan.
(2) R. P. Diertim.
(3) R. P. Moneada.
(4) Per arma justitie á dextrifl et á sinietria. (2.m Cor. 6).
(5) Nec prosperis elevemnr, nec turhemnr advérala. (S. Anflélm.)
— 124—
En la quinta, sexta, séptima y octava advierte el Santo
lo que debe practicar, ó más bien, como debe conducirse
el alma en tiempo de desolación, & saber:
1.°: Nunca, dice, hazer mudanza en lo» propósito» y
determinación en que estaba el dia antecedente á tal deso­
lación; y esto no sólo en los propósitos concebidos en
la deooción temible, sino en los hechos antes, cuando
el alma estaba en sosiego y quietud. Esto mismo nos
lo advierte el Espíritu Santo en el libro del Eclesiástico,
diciendo: En tiempo de oscuridad no agites tu espíritu,
lleoa con paciencia la humillación ( l ) ; que es lo que dice
el Santo: estar firme y constante en los mismos.
2.°: Advierte asimismo, que si bien en la desolación
no debemos mudar los propósitos, mucho aprovecha
el intenso mudarse, esto es, mudar el modo de tratarse
á sí mismo (2); cual mutación consiste, según el Santo,
en instar mas en la oracion, meditación, en mucho exa­
minar y en alargarnos en algún modo conveniente de hazer
penitencia. De estas tres cosas hablamos más detenida­
mente en la Anotación 7.*
3.°: Advierte, igualmente, que en la desolación, al
paso que hemos de considerar, que es una prueba que
el Sefior hace de nosotros, considere, dice, como el Señor
le ha dexado en prueba en sus potencias naturales, que
es lo que nos dice el Sabio: en el fuego se prueba el oro
y la plata, y los hombree aceptos á Dios en la fragua de
la tribulación (3), esto no obstante, debemos resistir al
enemigo en las varias agitaciones y tentaciones, pues
lo podemos hacer con la gracia del SeQor; lo puede, dice
el Santo, con el auxilio Dioino, el qual siempre le queda
aunque claramente no lo tienta’, que es lo que dice el

I
(1) Ne festines in tompore obductionis, in humilitate tua patientiam
habe. (Bccli. 2).
(2) R. P. Roothaan.
(3) In igne probatur aurum et argentum, et homlnes receptiblles in
camino humiliationis. (Eceli. 2).
— 125—
Sefior por el Profeta: con él estoy en la tribulación, pon-
dréle en talco (1).
4.°: Exhorta el Santo & la paciencia: trate de ettar en
paciencia, y píente que terá presto consolado; y como dice
el P. A. Lapido sobre aquellas palabras de Santiago: Bie­
naventurado el que sufre la tentación (2), has entrado en
la carrera de la paciencia, ie mira la Trinidad Beatísima
y Ella mitma te ayuda en la» batallas para coronarte
victorioso (3).
En la nona indica el Santo las principales causas de
la detolación, las cuales han de examinarse para ver
cual de ellas encontramos en nosotros, y poner asi el
conveniente remedio (4). Tres nota el Santo: la primera,
dice, por ser tibios, perezosos ó negligente» en nuestras
Ejercicios espirituales. Esta, es en purgación de tales fal­
tas y castigo de las mismas. La segunda, dice, por pro­
barnos, para quanto somos, y en quanto nos alargamos
en su servicio y alabanza, sin el estipendio de crecida»
gracia». Esta, es una prueba de nuestra fidelidad y es­
fuerzo: quanto somos, esto es, que resolución tenemos;
quanto nos alargamos, esto es, cuanto nos esforzamos
de nuestra parte; y esta prueba redunda en bien nues­
tro, para estimularnos y trabajar con voluntad sincera.
La tercera, dice, por darnos cera noticia y conoscimiento
paraque internamente sintamos que no es de nosotros traer
ó tener deoocion crescida... mas que todo es dón y gracia
de Dios Nuestro Señor. Esta prueba, es para que nos hu­
millemos, y no nos atribuyamos nada de bueno á nos­
otros, que nada somos, nada calemos y nada podemos (5);
y lo advierte el Santo, cuando dice: porque en cosa ajena
no pongamos nido, alzando nuestro entendimiento en al­
guna soberbia vana. Ñóteso que el Santo no dice abso-
(1) Cum ipso 8um in tribulationc, eripiam eum. (Ps. 90).
(2) Beatus vir qui suffert tentationom. (Jac. 1).
(8) Stadinm patienti» ingreseus es; speotat te Sanetissima Trinitas;
Eadem pugnantem adjuvat, ut te vincentem coronet. (R. P. A Lapide).
(4) R. P. Diertlns.
(&) Nlhll 8um, nihil babeo, nihilque yaleo. (Y . Th. á Kemp. 18, c. 8).
-1 2 6 -
luiamente soberbia; sino, alguna soberbia, entendiéndose
con ello, que con alguna lece soberbiu, 6 alguna peque­
ña complacencia, desagradamos mucho á Dios, y que
por esta causa, no pocas veces nos priva justamente de
la consolación celestial (1).
En la décima y undécima ensefta el Santo, como hemos
de portarnos en tiempo de consolación, no olvidando
entonces el tiempo de la desolación, previniéndonos
para ella, tomando, dice, nueoas fuerzas para entonces;
y asimismo, humillándonos mucho sin atribuirnos lo
más mínimo de ella, por ser toda de Dios, ahondando
mucho en el pensamiento de nuestra miseria; asi, dice,
procure humillarse y baxarse quanto puede, pensando
quan para poco es en el tiempo de la desolación, sin la tal
grada ó consolacion. Por el contrario, el alma desolada
piense, dice, que puede mucho con la gracia suficiente
para resistir & todos sus enemigos, tomando fuerzas en su
Criador y Sefior. Esto significa, que debemos entonces
fundarnos en la paciencia y confiansa, pues, como dice
el P. San Basilio: El Sefior libra de las miserias & sus
escogidos, pero no sin probarlos antes, dándoles para ello
tolerancia y paciencia (2). Esto es lo que dice el Señor al
santo Profeta Jeremías: Ciñe tus lomos, no te detenga»
por temor de ellos, porque yo haré que no temas su pre­
sencia (3), esto es, dice el P. A Lapide: Esfuérzate, ten
buen animo, yo alojaré todo peligro que pudiera» temer (4).
En las tres última» regla» pone el Santo tres admirable»
comparaciones, que no sólo manifiestan toda la doctrina
declarada en las regla» antecedentes, sino que dan me­
dios eficacísimos con que vencer todas las sugestiones del
demonio, como son: en la primera, cobrar brio y valor

(11 R. P. Roothaan.
(3) Eripit quidem ex mlseriis sanctos soos Deas, non tamen aboque
probatione, aeil tolerantiam Ipsls trlbult. (S. Basil.)
(8) Aeeinge tombos tuos, et ne formldo» & fació ooram, nec «nim ti­
ñere te faciam valtum eorum. (Jer. 1).
(4) Corrobora te; forti animo esto; amotiar omne periculum quod
timere posses. (R. P. A Lapido).
— 127 —
contra el demonio; en la segunda, manifestar todos los
pensamientos y movimientos del alma al Confesor; y en
la tercera, reconocer sus propios ejercicios, para au­
mentar las virtudes que tuviere débiles, y acrecentarlas
y fortalecerlas para atajar é impedir los asaltos y ace­
chanzas del demonio (l).

§. 2.°

Después de estas catorce reglas, pone el Santo otras


ocho, que titula: Reglas para el mismo efecto con mayor
discreción de espíritus y conduce más para la segunda
semana. Este adverbio comparativo, más, indica que
estas reglas no son exclusivamente para la segunda se­
mana. Su conveniencia depende, no tanto de la semana,
en que se encuentre el Ejercitante, como de la disposi­
ción y estado de su espíritu. Recuérdese aquí lo que se
ha dicho en la Anotación décima.
En la primera de estas Reglas, dice el Santo: Proprio
es de Dios y de sus Angeles en sus mociones dar verdadera
alegría y gozo espiritual. Esto nos manifiesta el carácter
Divino, que, como dicen los Profetas, es de paz y ale­
gría, y no de aflicción: Yo tengo designios de paz y no de
aflicción (2); y esta espiritual alegría es prenda y prin­
cipio de ia alegría eterna, de que gozan los Bienaven­
turados, como dice Isaías: Coronados están de gozo sem­
piterno, y disfrutan de celestial placer y contento (3). Al
contrario, dice el Santo: es proprio del enemigo militar
contra la tal alegría y consolacion espiritual, esto es, in­
fundir tristeza y zozobras, señal evidente del carácter
del espíritu maligno, con el cual arrastra á muchos á
la perdición, como dice el P. San Crlsóstomo: El demo-

(1) R. P. Moneada.
(2) Ego cogito cogitationes pacis, et non aíllietlonis. (J«r. 29).
(8) L etitia sempiterna super capita eorum, gaudiom et exultationem
obtinebunt. (Is. 30).
— 128 —
nio casi A todos los que vence, los vence con la tristeza, si
la combatimos, no seremos vencidos ni heridos del demo­
nio (1). Es verdad, que hay tristeza según Dios, como dice
San Pablo (2); mas, esta tristeza, dice el citado Padre
San Crisóstomo, es la que causa arrepentimiento y por
ato et obediente, afable, humilde y mansa, porque proviene
del amor Ditino', pero la del demonio es áspera, impa­
ciente, dura, llena de inquietud y malestar, y lleva á la
desesperación (3). De ahí se vé, con cuanto acierto dá el
Santo esta regla de atender á los caractéres de Dios y
sus Ángeles; y del demonio y sus ministros, en las mo­
ciones del alma.
En la segunda, dice el Santo, que tolo et de Diot Nues­
tro Seflor dar consolaclon al anima sin causa precedente,
esto es, inmediatamente, sin motivo U objeto interme­
dio, asi dice: ti/i ningún previo sentimiento ó conosci-
miento de algún objeto, por el qual venga la tal contola-
cion. Esto corresponde & lo que dice el mismo, al tratar
del primer tiempo de hacer buena elección: quando Dios
Nuestro Seflor asi mueve y atrae la voluntad que tin de­
bitar, ni poder dubitar, la tal anima decota sigue á lo
que es mostrado. Es lo que dijo Nuestro Señor Jesucristo
& Nicodemo: El espíritu sopla donde quiere (4); lo cual
San Agustín, San Gregorio y otros, interpretan del
Espíritu Divino, y su inmediata moción: El Espíritu San­
to, dicen, sopla donde quiere', y á quienes quiere comunica
tus impulsos de fe, de penitencia y de gracia (5). Y el V.
Deda dice: El Espíritu Santo es el que donde quiere topla

(]) Dsemon quoscumque fere euperat, per msrorem superat, eum si


aufer&8, nemo ¿ dacmone laedi poterit. (S. Chrys.)
(2) Qu® enim secúndum Deum tristitia est. (2. Corin. 7).
(8) Tristitia secúndum Deum peenitentiam ad SAlutem operatur, ideo
obediens est, affabilis, humilis, mansueta, titpote ex Dei rharitata das-
cándeos; tristitia d&monis asperrima est, impatiens, dura, plena r&ncore
et meerore, ad desperationem. (S. Chrys.)
(4) Spiñtus, ubi vult, spirat. (Joan. 3).
(5) Spiritua S&nctuQ, ubi vult, spirat; ot quibus vult ospirat suos
fldei, peenitentiae et gratite impulsus. (S. Aug. S. Greg.)
— 129 —
ó inspira, porque en su podér están los corazones para
visitarlos é ilustrarlos con su gracia divina ( l ) .
En la tercera y cuarta ensena el Santo; 1.°: los flnes
contrarios del Angel bueno y malo en lo qu'e pretenden
daí alma, valiéndose igualmente de la consolación, asi
dice: con causa, esto es, intermediando algún motivo ú
objeto, puede consolar al alma, asi el Angel bueno como
el malo por contrarios flnes; el buen Angel por provecho
del mima, paraque crezca y suba de bien en mejor; y el
mal Angel para el contrario, y adelante para traerla á
dañada intención y malicia. Supone con esto el santo,
que la persona que recibe el consuelo está actualmente
en buen estado, y que por lo mismo el Angel bueno le
infunde consolación, para adelantar más en el bien; por
el contrario, el Angel malo lo hace para hacerle decli­
nar al menor bien, y aún al mal; 2.°: el modo perverso
del Angel malo en la tentación, pues entra al alma con
suavidad, con pensamientos buenos y santos, procurando
con astucia hacérsela suya con paliativos y engafios,
poco á poco procura de talirse, trayendo al anima á sus
engaños cubiertos y perversa» intenciones. Con mucha
razón recuerda aquí ol Santo lo que dice San Pablo, que
el Angel malo se transforma en Angel de lúa (2); sobre
lo que dice Santo Tomás: De dos modas se transfi­
gura Satanás: 1.a, alguna vez visiblemente, como se apa­
reció á San Martin para engañarle, y de este modo en­
gañó á muchos; 2 otras veces invisiblemente, á saber:
cuando hace aparecer como buenas las. cosas, que de si son
malas, perturbando el pensamiento ó percepción del alma,
y encendiendo vivas llamas de concupiscencias; asi se lee
en los Proverbios: Hay un camino que al hombre le parece
recto, y su fin conduce á la muerte (3).

(1) Spiritus Sanctus est qui, ubi vult, spirat; qnia Ipse in potestate
babet, cujus cor gratia bu® visitationis illustret. (V. Beda).
(2) Satanas tiansflgurat se in Angelum lucia. (2.M Cor. 11).
(3) Notandum quod Satanas transflgurat se aliquando visibiliter, ei-
c u t Beato Martino, ut dtciperet eum; et hoo modo multos decepit; ali-

9
— 130 —
En la quinta y sexta advierte el modo de conocer las
mociones del Angel bueno, y las del malo; para seguir
aquellas y resistir & éstas. Debemos mucho advertir, dice,
el discurso de loe pensamientos, esto es, el principio, me­
dio y fin. Esto, ya no es solamente atonder al car&oter
de los motores, sino mirar el efecto de la moción en
nosotros, y por esto dice, que si estas cosas se inclinan
á todo bien, señal es de buen Angel; mas si acaba en al­
guna cosa mala, ó distractioa ó menos buena, clara seflal
es proceder del mal espíritu. Con esto se vé, que no sólo
hemos de mirar el principio, que puede ser en todos bue­
no, sino los medios de que se valen, y el ñn á que con­
ducen. Esto mismo nos ensena Santo Tomá?: El An­
gel bueno, dice, en un principio exhorta al bien, y per­
severa en él; mas el Angel malo en un principio presenta
el bien, pero después queriendo satisfacer sus deseos y ma­
las intenciones, como es, engañar, induce é instiga al
mal (1). Y añade el Santo, que es también sedal del mal
espíritu, cuando ó enflaquece, ó inquieta ó conturba á la
anima, quitándola su pan, tranquilidad y quietud que
antes tenía; y es lo que dice Santo Tomás: El Angel mor-
lo espania y deja desolación, y esto, para mas fácilmente
engañar al alma y persuadirla á que le siga (2). Por
último recomienda el Santo que ol alma que ha sido ten­
tada quede muy advertida, y dice: sentido y conocido el
enemigo de su cola serpentina, esto es, por los efectos que
produce, aprovecha á la persona que fué dél tentada mi­
rar el principio de los buenos pensamientos que le truxo,

quando autem transflgurat so invisibilitar, et hoc( quando ea, q u » in


se mala sunt, facit apparere bona, pervertendo sensus hominis, et in*
flammando concupisoentiam: ita Prov. 14: Eet via, qtre videtur homini
recta, novísim a autem ejus deducunt ad mortem. (S. Tliom.)
(1) Angelus bonue in principio hortatur ad bona, ct porsovorat in eis;
sed malus in principio quidem pretendít bona, sed postmodum voleos
explere desiderium suum, et quod intendit, acilicet, decipere, induclt et
instigat ad mala. (Id.)
(2) Angelus ni&lu» «tu pe facit; et desolaium diuiittit, et boc ideo, ut
stupefactum faciliua dedpiat et persnadeat aibi. (Id.)
-1 3 1 -
y como poco á poco procuró haaerla descender de la sua­
vidad y gozo espiritual hasta traerla d su intención de­
pravada, paraque con tal esperienáa se guarde para ade­
lante. Esto es lo que encarga el Apó9tol San Pablo & los
de Éfeso, cuando dice: mirad, hermanos, que andéis con
gran circunspección, no como necios, sino como pruden­
tes (1); sobre lo que, dice el sabio Menoquio: Usad del
conocimiento ó experiencia que teneis para ver la circuns­
pección con que habéis de portaros (2). Todo esto perte­
nece á la transfiguración invisible del Angel malo en An­
gel de luz, pues en la visible es del todo necesaria la hu­
mildad y el implorar el austUo dioino, dice Santo Tomás
(3); y nota el P. A Lapide aquella sentencia de los anti­
guos Padres: Aunque un Angel en verdad se te aparez­
ca, no seasfácil en recibirle, sino humíllate, diciéndole: no
soy digno de ver un Angel, viviendo en pecado (4).
En la séptima trata el Santo de las mociones del Angel
bueno y del malo, según el estado y condición del alma,
á la cual se dirigen; asi dice: en los que proceden de bien
en mejor, él buen Angel toca & la tal anima, dulce, lece y
suavemente; que es lo que dice David: el Señor es sua­
ve y benigno fiara cuantos le invocan y son de corazón
recto (5); y continúa el Santo: á los que proceden de mal
en peor, toca contrario modo: es lo que leemos en el libro
de la Sabiduría: A los que andan perdidos, tu los castigas
poco á poco, amonestándoles con esto, y hablándoles de las
fallas que cometen (6). Mas, añade el Santo: el Angel

(1) Vldete, frailes, quomodo eaute ambuletis, non quasi insipientes,


sed quasi sapientes. (Gpb. 5).
(2) Utimini luce vestra ad videndum quomodo circunspecta converse-
mini. (Menoquio).
(S) Recurrnndnm «ut ad adjutnrium divinnm. (S. Thom.)
(4) Etlamsi Angelus in veritato tibí app&reat, non suscipias facile,
sed humilia te, dic«ns: non tum dignus Angelum videre, vivens in pee-
catis. (R. P . A Lapide).
(5) Tu, Domine, «u avii et mitis ómnibus invocantibui te; qni recto
Bunt corde. (Ps. 72 et 86).
(6) Eos, qui exerrant, partibus corripis, et de quibus peccant, ad-
010068 et alloqueris. (Sap. 12).
— 132 —
malo toca agudamente y con sonido A los que proceden de
bien en mejor; es como león rugientet dice San Pedro (1);
sobre lo que dice el P. A Lapide: al modo que el león
herido acomete con mas rabia al que le hiere, asi el de­
monio mas se embravece cuando se le hiere, esto es, cuando
el hombre practica la virtud (2). Empero, dice, A los que
proceden de mal en peor, entra con silencio. Lo dice asi­
mismo San Cipriano: & los remisos é incautos, el demo­
nio los lisonjea blandamente> para asi llevarlos al nau­
fragio de la fe , de la salud y déla vida eterna (3). Sobre
esta tan importante regla, dice el P. Suarez: mucho debe
considerarse la condición de la persona que es movida;
porque cuando el hombre resiste al buen espíritu, necesita
de reprehensión y defuerte moción; con todo si entonces
obedece, digno es de consuelo y promoción suaoe. Y por el
contrario, el demonio contra aquel que adelanta en el bien9
se levanta como contra un enemigo, y con dureza le impele
A lo contrario, pero en aquel que es negligente, descansa (4).
En la octaoayadvierte el Santo el cuidado y circuns­
pección que se debe tener en hacer resoluciones y pro­
pósitos después que ha pasado la moción, aunque ésta
sea sin causa, ó venga inmediatamente de Dios, por no
ser igual el tiempo actual de la moción , y el que viene
después, cuando ya el alma, si bien que impresionada
por la moción divina, obra por sí propia; siendo enton­
ces muy fácil quo el mal espíritu se prevalga de aquel
estado de fervor para hacerla formar propósitos ó reso­
luciones inconsideradas; por esto dice: muchas veces en
(1) Tamquam Leo rngiens. (1 *’ Pet. 5).
(2) Sicut leo 1jb8U8 acrius in l&dentem insurgit, ita daemon magia s «*
vit cura lseditur, id est, cum homo tacat pietati. (R. P. A Lapide).
(8) Di abo) us icmissis et incautis leniore aura, et statu molliore blan-
ditur, nt sic ruinas fldei, salutis et vito naufragia moliatur. (S. Cypria.)
(4) Ergo consideranda est conditio persona qua movetur; quia
dum homo resistit bono spiritui, indiget reprehensione et aspera mo-
tione; tamen si ei obediat, meretur consolationem et snavem promo-
tionem. Et é contrario, daemon in eum qui crescit in bono, tamquam in
hostem insurgit, et in contrarium dariter impellit, in eo yero qui negli*
gens est, quiescit. (R. P. Suarez.)
-1 8 3 -
este segundo tiempo (el alma) por tu propio discurso for­
ma diversos propósitos y pareceres que no ton dados in­
mediatamente de Dio» Nuettro Señor; con lo que se vó
que estos conceptos y juicios pueden provenir ó por el
buen espíritu, ó por el molo, y por tanto, concluye, han
menester ser mucho bien examinado» antes que te le» dé
entero crédito, ni que se pongan en afecto. Esto es muy
conforme á lo que en general dice Santo Tomás: Alguna
cota puede ser buena considerada unioersalmente, cuando
en particular puede ser mala por determinadas circuns­
tancias ( l ) .

(1) AJiquid in universal! est bonum, quod in particular! est malum


propter circunstantias. (S. Thom.)
— 134 —

CAFtTUXO OCTJLYO.

DE OTRAS VARIAS REGLAS P A R A L A PERFECCION


DEL ESPÍRITU»

arias otras reglas escribe el Santo para per­

V feccionarse en el camino de la virtud. Des­


pués de la tercera semana, nota: Reglas para
ordenarse en el comer para adelante. Este títu­
lo ya indica, que si bien deben observarse en lo posible
en tiempo de Ejercicios, no obstante su principal objeto
es para después de ellos en lo sucesivo. Y obsérvese,
que muchas de estas Reglas contienen una doctrina,
que aunque está aquí aplicada á la comida, sin embar­
go puede ser de grandísima utilidad para ordenar todas
las accione* y afecciones; por ejemplo: para domar la
soberbia, la ira, etc. Dos cosas nota el Santo que acos­
tumbran estimular al hombre para desordenarse en el
comer, y que por lo mismo enseña á observarlas y com­
batirlas, á saber, el apetito natural, y la tentación del
demonio. Pero esto mismo puede y debe observarse en
otro cualquier desorden, y muchos de los remedios
prescritos aquí por el Santo, sirven igualmente en cual­
quier materia de apetito y tentación, mayormente los
que prescribe desde la Regla 5.* al último de las mis­
mas (1). Dice el Santo en estas Reglas, que mientras se
come es bueno considerar á Jesucristo sentado en la
mesa, comiendo con los Apóstoles, ó bien tomar otra
consideración de la vida de algún Santo, ú otra cosa

(1) R. P. Roothaan.
— 135 —
pladósat esto es miiy conforme á lo que dice San Pablo
& los Corintios: Sea que comáis, tea que bebáis, hacedlo
todo para gloria.de Dios (1); sobre io cual pregunta San
Basilio: ¿Cómo te comerá y beberá para gloria de Diost Y
responde; si acordándose de tos beneficios divinos, dándole
gracias por ellos, te toma el manjar y la bebida en ala­
banza del Seflor, no buscando el deleite del manjar, tino
ordenándolo y ofreciéndolo á mayor gloria Divina, lo que
concendria que obseroáran todos, no sólo los Religiosos,
sino también los Cristianos que desean en verdad honrar á
Dios (2).
Otras Reglas nota el Santo al último de los Ejercicios
y son: El modo de distribuir limosnas=El modo de sentir
y entender eserúpulos=El modo de conformarse á los
sentimientos de la Santa Iglesia. Sobre estas Reglas, digní­
simas de ser estudiadas, por dirigirse á la perfección del
hombre según su condición y estado, no nos detendre­
mos á hacer reflexiones, por no considerarlas directa­
mente para el buen éxito inmediato de los Santos Ejer­
cicios en ol común do los Ejercitantes, siguiendo en esto
la advertencia que d& el Directorio: Las reglas añadidas
al fin délos Ejercicios no son para ser propuestas á to­
dos, sino según la necesidad ó devoción de cada uno ( 3 ) .
Y ei P. Beileclo dice: Las reglas que añade San Ignacio
al fin de los Ejercicios, para distribuir limosnas, conocer
escrúpulos y sentir con la Iglesia, solo se darán á los que
respectivamente les tocan, como á los ricos, & los escru­
pulosos y á los predicadores, y también á los que tratan
con los cismáticos y herejes.
Por conclusión de esta primera parte, séame permi-

(1) Sive manducatis, s iv e bibitis, omnia in gloriam Dei focite. (la .


Corint. 10).
(2) ¿Quomodo quis manducat et bibit ad gloriam Dei? Si beneflclorum
Dei menor, Largitori giatiam rependens, comestionem et potum referat
ad laudein Dei, non quserens cibi voluptatem, sed ordinans eam et offe*
rens ad Dei gloriam, quod (acere et consuescere deceret omnes non tan-
tum Religiosos, sed et Christianos verosque Dei cultores. (S. Basil.)
(8) (Dircctorium, cap. U8).
— 138 —
tido valerme de aquellas palabras de San Pablo á los
fieles de Galacia: Cuanto» siguieren etta norma ó doctrina
tendrán paz y alcanzarán misericordia (1). Cuantos, pues,
se ejerciten en este precioso libro de San Ignacio, y si­
guieren su doctrina y reglas, tendrán lo que dice Santo
Tomás expositando el susodicho texto, la paz de la in­
terior quietud, se perfeccionarán en el bien, y alcanzarán
misericordia, con la cual se oerán libres del pecado (2).

FU DE LA FRUEU PAITE,

(1) Quicumque turne regulam secuti fuerint, paz super lllos et mise­
ricordia. (Gal. 6).
(2) Paz, qua quietentur et perflci&ntur in bono, paz enim est tran-
quillitaa mentía; et misericordia, per quam liberentur á peccatis. (S. Th.)
SEGUNDA PARTE

§ne ¿obtiene ^editáéioqejt

p á A lo¿ áiájt de S(jef¿i&o0.


Non impediarU oraré semper (id est,
crelro et a ssid a e .= R . P . A Lápide);
et ante orationsm prcepara animam
tuam, et noli e»ee quaat homo, qui ten•
tai Deum.
( E o o l i . 18.)

Nada te detenga de orar siempre,


(esto es, con frecuencia y diligentemen­
te), y antes de la oraoión prepara tu
alma, y no' quieras ser como el hombre
que tienta á Dios.
VIVA JESÜS, MARfA Y JOSÉ

m i t o h b y t w a e iit ia .

Invóquese la asistencia del Espíritu Santo.

Por la maflana, antes de la primera Meditación, se


dirá el Himno: Vmi Creator Spiritm . En las demás Me­
ditaciones, bastará decir la Antífona: Veni Sánete Spiri-
tus; pero siempre con el versículo y oración.

H y miras. Himno.

Veni Creator Spiri tus Ven, Espirita Santo desea­


do,
Mentes tuorum visita, Visita de tus siervos las po-
tenoias,
Imple superna gratia, Llena de tas divinas influen­
cias,
Q u » tu creasti, peotora. Y de gracia las almas, que
has criado.
Qui diceris Paraclytus, Til eres abogado y ñel con­
suelo,
AltÍ88Ími donnm Dei, Dón de Dios soberano y ex­
celente,
Pona vivas, ignis, chantas, Caridad, fuego hermoso, viva
fuente,
— 140 —
Et spiritalis unotio. Y espiritual unción, toda del
Cielo.
Tu septiformis muñere, Tú, qne oon siete dones
resplandeces,
Digitus P a t e r a » Dexteree, D e la diestra del Padre To­
dopoderoso
Tu rite promisBum Patria Eres dedo, promesa, dón gra­
cioso,
Sermone ditans guttura. Que las lenguas de vooes en­
riqueces.
Accénde lumen sensibus, Enciende tu luz bella en los
sentidos.
Infunde amorem oordibus, Infunde al corazón tn amor
ardiente,
Infirma nostri corporis Con virtud roborando perma­
nente
Virtute firmans per pe ti. Los desmayos del cuerpo pa­
decidos.
Hostem repellas longius, Ahuyenta al enemigo m&s
perverso,
Pacemque dones protinus; Danos pronto la pas firme y
constante,
Ductor© 8Íc te prsevio Siendo nuestro Adalid, yendo
adelante,
Vitemus omne noxium. Evitemos asi todo lo adver­
so.
P er Te sciamus da Patrem, Concédenos que al Padre
conozcamos,
Noscamue atque Filium, « Por Tí, y al Hijo amado con­
fesemos,
Teque utriusqne Spiritum Y á Tí, Espíritu de ambos,
ven erem os,
Credamus omni tempore. Y en todo tiempo firmes to
oreamos.
Deo Patri sib gloria, Sea gloria á Dios, Padre
Omnipotente,
Et Filio, qui & mortuis A l Hijo Soberano, que glo­
rioso
Surrexit, ac Paraclyto, Resucitó triunfante y victo­
rioso,
In ssBOulornm ssecula. Y al Espíritu Santo eterna­
Amen. mente. Amen.

f . Emifcte Spiritum tuum, et f . Envía, ó Sefior, tu Espí­


creabuntur. ritu, y serán criadas
Rf. Et renovabis faciem ter­ Ff. Y renovadas todas las co­
ree. sas de la tierra.
-1 4 1 —

OBIMUS. OBÁOIÓH.

Deas, qui corda fidelium ¡O Dios! que habéis ins­


Sanoti Spiritas illustratione truido é iluminado los cora­
docuiati; da cobis, in eodom zones de los fieles, derraman­
Spiritn recta sapera, et de do en ellos la Iub del Espirita
ejus semper consolatione gau- Santo, haoed que el mismo
dere. Per Christum Dominum Espíritu ilustre nuestras al­
nostram. Amen. mas, y que las consuele sin
cesar por una santa y celes­
tial alegría. Por nuestro Se-
flor Jesacristo. Amen.

Ó bien, otra Antífona:

Afía. Veni Sánete Spiritas, Antífona. Ven, ó Espirita


reple tuorum corda fidelium, Santo, llena los corazones de
et tui amoris in eis ignem ao- tus fieles, y enciende en ellos
cende. el sagrado fuego de tu amor.
f . Emitte, etc. f . Envia, etc.
ñf. E t renovabis, etc. ñf. 7 renovadas, eto.

Luego se hará la siguiente

ORACIÓN PREPARATO RIA.

aSenor y Dios mió, en quien creo, en quien espero, y


»á quien amo con todo mi corazón, con toda mi alma,
»con todas mis fuerzas, os adoro profundamente, ó Dios
»m io, y os ofrezco las adoraciones de los Ángeles, de los
oSantos del Cielo, y justos de la tierra, de la Santísima
«Virgen María, y de vuestra Sacratísima Humanidad,
ppara suplir mi insuficiencia, mi nulidad, mi suma in­
dign idad; me pesa, Dios mió, de haberos ofendido,
osólo por ser quien sois; propongo con asistencia vues­
t r a , nunca más ofenderos; reconózcome por mi vileza
» y muchísimas culpas indignísimo de hablaros; pero
•Sefior, ya que con tanta bondad y misericordia me 11a-
•mais, y me concedeis audiencia, dadme gracia, Dios
— 142 —
troto, dadme gracia para que aproveche esta Medita-
ftción á gloria vuestra y bien de mi alma. Amen».

Rócese una Aoe M arla.= Luego se dirá:


«María, Madre de gracia, Madre de misericordia, An -
«gel de mi guarda, Ángeles y Santos de mi especial
«protección y devoción, interceded por mfp.

{Aquí se hará la Meditación correspondiente).

CONCLUSIÓN DE LA MEDITACIÓN.

Acción de g ra c ias.— «O s doy gracias, Seflor, por la


«paciencia que habéis tenido en sufrirme & vuestra pre-
«sencia en esta Meditación, y en acción de gracias os
•ofrezco las alabanzas de los Ángeles y Santos del Cielo,
»y justos de la tierra, de la Santísima Virgen María, y
»de vuestra Sacratísima Humanidad, para suplir mi In-,
«suficiencia, mi nulidad, mi suma indignidad».
Ofrecimiento.— «O s ofrezco, Señor, los buenos pensa­
limientos y afectos que me habéis comunicado, los pro-
«pósitos y resoluciones que he formado; y os pido gra­
nóla para ponerlos en ejecución. Á este ñn, imploro la
«protección de la Virgen Santísima, del Angel de mi
«guarda, y de los Santos de mi especial protección y
«devoción, paraque intercedan por mi & vuestra Divina
«y Soberana Majestad».

EXAMEN DE LA MEpiTACIÓN.

1.° ¿He prevenido los puntos de la Meditación?... Y


para la de la mañana ¿he recapitulado, antes de dor­
mirme y al despertarme, los puntos ü objeto de la
misma?
2.° ¿He venido & la Meditación con ánimo tranquilo,
— 143 —
con recogimiento de sentidos, y pensando qué Iba á
hacer?
3.° ¿He hecho la oración preparatoria coa humildad
y confianza?
4.® ¿He hecho ios preludios, especialmente el último?
5.° ¿He ejercitado la memoria, recordando la mate­
ria; el entendimiento, discurriendo sobre la misma y
aplicándolo á mis espirituales necesidades; la voluntad,
excitando afectosf
6.* ¿He sentido consuetos ó desolaciones? SI lo pri­
mero, ¿me he humillado, considerándome indigno de
ellos?... Si lo segundo, ¿he alentado mi confianza en la
misericordia divina?
7.° ¿Me ho dejado vencer de la distracción, tibieza,
desconfianza ó sueño? ¿Cuál ha sido la causa?
8.° ¿He completado el tiempo señalado á la Medita­
ción?
9.° ¿He estado con reverencia exterior ó interior, es­
pecialmente en los Coloquios?
10.° ¿He hecho resoluciones prácticas sobre lo que
he conocido que más convenía á mi alma? ¿He pedido
la gracia para cumplirlas?
Si encontramos haber hecho alguna (¡alta, miremos la
causa y arrepintámonos; si nos ha Ido bien la Oración,
demos gracias á Dios.

Se concluirá con la siguiente antífona y oración:

Alia, Sal> tanm presidium Antífona. Bajo vuestra pro*


confugimus, Sancta Dei G e­ tección nos acojamos, ó Santa
nitriz, costra* deprec&tiones Madre de Dios, no despreciáis
ne despioits in neceasitati- nuestras súplicas en las nece­
bns, sed k periculia cnnctis sidades, antes bien libradnos
libera nos semper, Virgo glo­ siempre de todos los peligros,
riosa et benedicta. ó Virgen gloriosa y bendita.
f . Ora pro nobis Sancta ■f. B uega por nosotros. 6
Dei Genitrix. Santa Madre de Dios.
rf. U t digni effioiamnr pro* vt. P a ía que seamos dignos
missionibna Christi. de las promesas de Jesucristo.
-1 4 4 —

0BXMU8. 0 2 A C IÓ *.

Defende, qunsumus Domi­ O8 suplicamos, Señor, que


ne, Beata M añ a semper Vir- por la intercesión de la Bie­
gine intercedente, istam ab naventurada siempre Virgen
omni adversitate familiam; et María, defendáis de toda ad-
toto corde tibi prostratam ab •versidad & esta vuestra fa­
ómnibus propitius tuero ele* milia, que postrada de todo
menter insidiis. Per Christum corazón á vuestra presen oía,
Dominum nostrum. Amen. oa ruega que le s m ís propi­
cia, y que clemente la prote­
jáis en las asechanzas ae sus
enemigos. Por Jesucristo Se­
ñor nuestro. Amen.
PRIMERA SEMANA.

M H M T A 0 I 0 M1 B
P A R A L A PR IM E R A SEM ANA.

Principio y Fundamento.

m n r ic M to r p b z t i i .

De naestro o rig e n , ó sea, de nuestro p rim e r p rin c ip ia .

Or a c ió n p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P relu d io l.° — Figurarse á Dios como un océano in­
menso, del cual salen todos los rios, y al que van & pa­
rar todas las aguas; asi salen de Dios todos los bienes,
y á Él, como & centro, confluyen todas las cosas.
P relu dio 2.°— Será pedir al Señor la gracia de oonocer
y penetrar bien la grandeza de nuestro primer principio
y el nonada propio, 6 de nuestra parte, diciéndole con
San Agustín: «Haced, Señor, que os conozca & Vos y me
conozca & mí» (1).
Punto i . ° —El hombre et criado, nota el Patriarca San
Ignacio... Esto lo dice la Fé: Criado fué Adán, (2), esto

(1) Domine, noverim te, noverim me. (S. Aug.)


(2) Creatus est Adam. (Eccli. 88).
— 146 —
es: El hombre... En Adán y por Adán Dios hizo y crió á
los demás hombres, dicen San Basilio y San Ambro­
sio (1)... Es criado el hombre... No, no es de si mismo...
no es eterno... ni se ha formado á sl... no nosotros á
nosotros mismos, dice David (2). Criado, es ser producido
ó sacado de la nada... y la nada es impotente... necesa­
rio es, pues, reconocer un principio increado... omnipo­
tente... eterno... y este principio es Dios... SI, alma cris­
tiana, Dios es quien te ha criado. Dios crió al hom­
bre (3)... Él es el que nos hito (4)... Sus manos te forma­
ron y coordinaron todo tu ser (5)... alma... cuerpo...
sentidos... y potencias... todo lo tienes de Dios... Eres
nada desde la eternidad... y en un instante has apare­
cido en el mundo... ¿Cómo? ¡Oh! por un acto de la Om­
nipotencia divina... por efecto d é l a caridad infinita de
todo un Dios... por un rasgo incomprehensible de su mi­
sericordia. Tu, Señor, me formaste, decía David, y pusiste
sobre mi tu mano bienhechora (6)... Pora nada te necesi­
taba el Seflor, y sólo por su bondad existes... En esto,
dice el Venerable Tomás do Kompis, manifestó Dias la
dulzura de su caridad, que no existiendo tú, te hito, te
crió (7)... A Dios, pues, te perteneces... eres toda de
Dios.., ¿Lo crees así, alma cristiana?... ¿Te persuades de
esta verdad?... ¿Cómo, pues, te olvidas tan fácilmente de
ella?... ¿Y qué? ¿No te consideras como independiente
siempre que obras según tu capricho, y por sola tu pro­
pia satisfacción, sin cuidarte de referirlo á Aquel, de
quien todo procede y á quien lodo lo debes?... ¿Eres en
la práctica como aquellos insensatos, de quienes dice la

(1) In Adáno et per Adimum Deas fecit et crsavlt cceteros bomlnes.


(S. Basil. et Ambr.)
(2) Non ipai nos. (Ps. 99.)
(8) Creavit Deas hominem. (Gen. 1.)
(4) Ipse fecit nos. (Ps. 99.)
(0) Manus tuse fecerunt me, et plasmayerunt me. (Ps. 118.}
(6) Tu formaati me, et posuisti super me manum tuam. (Ps. 188.)
(7) In hoc ostendit Deas dulcedinem suam, qoia cum non essea, fecit
te. (Kem. 1. 8.)
/
-1 4 7 -
Escritura Santa, que negaban conocer á Diost (1)... ¿No
te confundes?.., ¡Ah! Humíllate, y recuerda con frecuen^
ola en ti misma esta máxima: Soy toda de Dio». Examí­
nate, y propon...
Punto 2.°— Considera más, alma cristiana. ¿Cómo te
ha criado Dios? ¡Oh!... ipásmatel... á su imagen y seme­
janza: Hagamos al hombre, dice, á nuestra imagen y se­
mejanza (2)... ¡Imagen divinal... ¡Semejanza del mismo
Dios... ¡Reflejo de aquel Ser inmenso, infinito, eterno!...
¡Qué nobleza!... Te ha dado una alma dotada de tres po­
tencias; entendimiento para conocerle... memoria para
recordar sus beneficios... voluntad para amarle!... Te
ha enriquecido con libertad ó libre albedrío, para que
con tus actos pudieras merecerlo!... Te ha dado un
cuerpo tan sabiamente compaginado, adornado de cinco
sentidos para poder asi publicar sa gloria... para ren­
dirle exterior homenaje... ¡Qué grandeza!... poco inferior
d los Angeles, glorificado y honrado sobre los demás seres
criados, con poder y dominio sobre las demis obras divi­
nas (3)... Lo ves?... ¿Lo reconoces?... ¿Cómo te portas?...
¿Eres de aquellos de quienes dice el Profeta: No recono­
cen á su Hacedort (4)... ¿Te has olvidado de tu grandeza,
degradándole y asemejándote á un vil jumento? ¡necia!.,
has dicho prácticamente en tu corazón: No hay Dios (5),
¡Oh! examina tus obras... mira bien que revelan... Arre-
piéntate... humíllate... y reconócete toda de Dios...
Punto 3.°— Más todavía: No sólo eres toda de Dios,
sino que dependes enteramente de Dios... Considéralo
bien: Tú existes... tú vives... y la conservación es una
creación conttnua... ¿Quién te conserva?... ¿Quién tesos-
tiene?... ¿Vives acáso por tu propia virtud?... ¿Qué pue-

(1) Nejantes T e notae irapii. (Sop. 16.)


(2) Facíanmehominem ad imaginern et similitadinem nostram.(Gen. 1.)
(8) Paulo minua ab Angelia... gloria et honor* coronaati eum... oona*
tituisti eum super opera manuum tuarum. (Pa. 8.)
(4) Non est Deus in conapectu ejus. (Pe. 10.)
(ft) Non est Deus. (Pe. 18.)
-1 4 8 —
dan para ello todos tus afanes y cuidados?... (Ahí... Tu
vida ao es tuya... es de Dios... de Él depende absoluta­
mente... nada ton mi» dia», dice Job, Vot me disteis la
, pida (l)... 31 Dios se apartara de U... si no te sostuviera...
volverías á la nada de donde has salido... no podriat
tubtistlr (2)... ¿Y qué es sostenerte... conservarte?... |oh!
es acordarse incesantemente de ti... es tener Ojos sobre
ti sus divinos ojos... es llenarte continuamente de bene­
ficios... es bendecirte largulsimamente sin mérito algu­
no de tu parte... ¿Y qué caso has hecho de todo esto?...
Dios de continuo piensa en ti... y tú ¿piensas mucho en
Dios?... ¿No has dicho prácticamente muchas veces lo
de aquellos insensatos de quienes habla Job, Que dije­
ron á Dios: Apártate,... no queremot reconocerte (3)...
¡Ah!... mira bien que si eres de Dios porque te ha cria­
do... no menos eres suyo porque vives por Él y de Él...
pues te conserva... ¿Lo has reconocido asi?... ¿Cómo
has empleado los años de tu vida?... ¡Oh! Cuán ingrata
has sido á tu Bienhechor y Sefior!... Humíllate... arre­
piénta te y propon...
Coloquio. —Será pedir al Sefior vivo conocimiento de
su Bondad infinita para amarle; al mismo tiempo cono­
cimiento claro de la propia miseria para despreciarse,
diciéndole: «Dadme, ó Dios mió, que os conozca & Vos
»para amaros, y que me conozca & mí para despreciár­
onle (4) d.
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último: dar gracias; ofrecer los propósitos; pedir
gracia para cumplirlos. Luego el examen de la medita­
ción.

(1) Nihil sont dies nei... Titam tribuisti mibi. (Job. 7 et 10.)
(2) Non BubBifltam. (Id.)
(9) Qoi dlxerunt Deo: Recode & noble; scientiam viarum tuarum no-
lumus. (Job. 21.)
(4) Noverim te, Deas meas, ut Te amem: noyerim me, ut me despi­
dan*. (S. Aug.)
— 149 —

■XDITJLCIÓK t 1
Del Un p u » que el hombre es orlado.

Or a c ió n p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P relu dio 1.°— El mismo de la meditación anterior.
P relu dio 2.j — Pedir vivo conocimiento de nuestro fin,
y graciq. para trabajar constantemente por alcanzarlo,
dicióndole con el Profeta: «Sefior, hazme conocer mi
fin» (1).
Punto 1.°— El hombre, dice el Santo, et criado para
alabar, hacer reoerencla y servirá Dios Nuestro Señor...
Hó aquí, alma cristiana, el ftn mediato de tu existencia
en el mundo,... eres de Dios... y toda te debes & Dios...
Lo primero que te debes es el tributo de alabanza (2). ¿Y
qué es alabar á Dios? Es celebrar su excelencia... enco­
miarla... divulgarla... bendecirla... en cualquier lugar
de su universal imperio bendice al Señor (8), y esto por
dos motivos, por su grandeza ó infinitas perfecciones, y
por ser nuestro Criador y Señor: Grande es el Señor, y
dignísimo de alabanza... Él es el Sefior Dios nuestro (4)...
y esta alabanza ha de ser de todo corazón, como dice
David: Alabarte hé, Señor, con todo mi corazón (5), bien
penetrada dél deber que te incumbe: ha de ser también
absoluta, como dice Isaías: Sólo el Señor ha de ser ensalza­
do (6)... sólo Dios es el ünico objeto digno de alabanza:
ha de ser finalmente un sacrificio, ofreciendo este in­
cienso de alabanza en el ara del corazón, consumiéndolo
el fuego del amor, como dice Belarmiao (7). ¿Es asi co-

( ]) Domine, notum fác flnem meum. (Ps. 88.)


(2) SacriAcium laudis. (Ps. 49.)
( 8) In omni loco dominatíonis ejus, benedic... Dominum. (Ps. 102.)
(4) Magnus Dominus et laudabilis nimis... Ipse est Dominus Deus
noster. (Ps. 47 ot 94.)
(5) Oonfitebor tibí, Domine, in toto corde meo. (Ps. 85.)
(6) Ex&ltabitur Dominus solus. (Is. 2.)
(7) In ara cordis, eum igne charitatis thus laudis offerre. (Bellarm.)
-1 5 0 -
mo alabas tú A Dlosf... ¿Le alabas con los labios, y tu
corazón está lejos de Él?... ¿Buscas en tus obras tu pro­
pia alabanza, y no la de Dios?... Examínate... y haz que
en adelante puedas exclamar con toda verdad con el
Profeta: Nunca mis labios han de cesar de pronunciar sus
alabamos (1).
Punto».*— Mas, no sólo debes á Dios el sacrificio de
alabanza, si que también de reverencia... El hombre es
criado, dice el Santo, para... hacer reverenda... á Dios
Nuestro Señor. La reverencia no es otra cosa que el ho­
nor que por su excelencia se presta & otro que está pre­
sente... ¿Y hay por ventura cosa más presente á nos­
otros, ni más excelente que Dios?... ¿Por ventura no lleno
Yo el Cielo y la tierra, dice el Señor? (2)... Es el excelso
sobre los reyes de la tierra (3). Y á más, dice San Ber­
nardo: Quiere Dios que se le honre como á Padre (4)...
es el Padre de quien dependes... y á quien todo lo debes.
Has de reconocerle, has de honrarle como á lal con ac­
tos ie fé , creyendo en El, y lo que se ha dignado reve­
larnos... con actos de esperanza, esperando en Él, y
todo lo que nos ha prometido... con actos de caridad,
amándole como á Sumo ó Infinito Bien, pues como dice
el mismo Santo Padre, sin este amor no hay reoerencia
digna (5). Finalmente has do reverenciarle Interna y ex­
ternamente... siempre... y en todo lugar... honrándole
con toda tu alma (6). ¿Lo haces asi?... ¿Eres de los que
lo honran solamente de palabra?... Míralo bien... y pro­
cura en adelante ser de los que dice San Pablo: agra­
dando á Dios reverenciándole (7).
Punto 3.°—Finalmente has de servirle. El hombre, di-

(1) Semper laus ejus in ore meo. (Ps. 88.)


(2) ¿Knmquid non coolum ei terram ego impleo, dicit Dominus? (Jer.
28.)
( 8) Excelsuspra regibusterrae. (Ps. 88.)
(4) Exigit Deas honorari ut Pater. (S. Bern.)
(5) Absque amore, honor non habet gratiam. (S. Bern.)
(6) Honora Deum ex tota anima tua (Eecli. 7.)
(7) PUcentes Deo cum rewreotia. (Hebr. 12.)
— 151 —
os al Santo, et criado para teroir á Dio» Nuestro Sefior...
Servir & Dios es estar del todo sujeto & la voluntad di*
vina... conformarse con ella siempre... en todo lugar...
en todo tiempo... en todas las cosas, asi en lo próspero
como en lo adverso... Es obedecer al Sefior con todo
rendimiento de voluntad y de juicio... Es cumplir exac­
tamente todos sus mandatos, atender & sus inspira­
ciones, seguir sus consejos... y todo, del modo que ¿ Él
le plazca... En una palabra: es renunciar la propia vo­
luntad para cumplir solamente la divina... deseando
siempre y pidiendo al Sefior, com o dice el V. Tomás de
Kempis, que se cumpla en ti enteramente su santísima
voluntad (1). El que sirve á otro no cumple, si no hace
en todo la voluntad de su Dueño... Y esto es lo único
que Importa al hombre... Con esto consiste el toda del
hombre, dice el Sabio (2). Si: este es el negocio único y
máximo... Ünico: ni riquezas... ni honores... ni placeres,
son su fln... criado por Dios y para Dios, ha de servir
á Dios. Máximo: de él depende la tranquilidad ó desa­
sosiego de conciencia en este mundo, y la felicidad ó
infelicidad eterna... ¿Te persuades de esta verdad?... ¿Y
cómo te has portado hasta el presente?... ¿A quién has
servido?... ¿Eres de aquellos, de quienes se lamenta el
Señor por el Profeta: Me habéis abandonado y habéis ser­
vido á dioses extrañotf (3)... ¿á tu propia voluntad?...
tus caprichos?... ¿á viles criaturas?... Reconócete
transgresora... humíllate... y propon servir en adelante
á Dios con fervor de un nuevo espíritu, como dice San
Pablo (4).
Punto 4.°— El hombre ha de salvar su alm a... Hé
aquí el fin inmediato que tiene... su ñn último. Y me­
diante esto, dice el Santo,(esto es, alabando, reveren­
ciando y sirviendo & Dios) saloar su anima... Esto mis-

(1) Opta semper et ora, ut voluntas Dei integro in te flat. (Kemp.)


(2) Hoc est enim omnis homo. (Bccles. 12.)
( 8) Dereliqoistis me, et serritis dito alienis. (Jer. 5.)
(4) Serriamus in novltate epífitos. (Rom, 7.)
-1 5 2 —
mo te lo dice el Seflor por su Apóstol: sirviendo á Dios
cogéis por fruto vuestro la santificación, y por fin la vida
eterna (1). Fln en este mundo, la propia santificación en
el servicio divino... fln en el otro, la salvación. ¿Y qué
es salvarset... Es asegurar la suerte eterna... es alcanzar
á Dios... es poseer ó Dios... es gozar de Dios incesante*
mente... con toda plenitud... y para siempre... Y el no
salvarse... ¡ay!... es perderse eternamente... es conde­
narse!... Entre estos dos extremos no hay medio, en que
pueda pararse el alma... Compáralos entre sí... mira lo
que es saldarse... lo que es condenarse... y no podrás
menos de convencerte de que la única cosa necesaria ál
hombre es su salvación (2). ¿Es así como lo has conside­
rado siempre? (Oh! {Cuán olvidado has vivido de esta
máxima!... Arrepiénta te... y propon trabajar en adelante
con denuedo para salvar tu alma... Recuerda á menudo
aquella sentencia del Salvador: ¿De qué lesiroeal hombre
ganar todo el mundo, si pierde tu almdf 0, ¿con qué cam­
bio podrá el hombre rescatarla una vez perdida# (3)
Coloquio.— Será pedir al Sefior la gracia de no olvi­
darte jamás'del fin de tu creación, y que en todas tus
cosas sepas obrar según el mismo. Pídele con instancia
tuyin último, dicióndole muchas veces con el Profeta:
aExtiende, Seflor, tu mano para salvarme» (4).
Se concluirá con un Padrenuestro.
Por último: dar gracias; ofrecer los propósitos, pedir
gracia para cumplirlos.— Luego el examen de la medi­
tación.

(1) Servi facli Deo, babetia frnctam vestrum in saDctificationem, flnem


yero Titam eternam. (Rom. 6).
(2) Porro unom est necesaarium. (Lúe. 10).
(8) ¿Quid prodeat homini, si mundum universum lucretur, anima
vero «u a detrimentam patiatur? Aut ¿quan dabit homo commntationem
pro anima sua? (Mat. 16.)
(4) Fiat inanus tna, Domine, ut salvet me. (Pa. 118.)
-1 5 3 -

■ID X T A qO N i.1
Del fin de loa demás cosas orladas.

de costumbre.
O ra c ió n p r e p a r a t o r ia : la
Preludio 1.a— El mismo de la meditación anterior.
Preludio 2.°— Pedir al Señor gracia para rectificar los
afectos de nuestro corazón, dirigiéndolos únicamente al
fln para que somos criados, diciéndole con el Profeta:
«Renovad, Sefior, en mi corazón el espíritu de recti­
t u d » (1).
P onto 1.°— Y las otra» cotas sobre la haz de la tierra,
continúa el Santo, son criadas para el hombre... ¡Para el
hombre!... ¡Quién no se pasma!... El hombre es el fln
que Dios Nuestro Sefior se ha propuesto en la creación
de todas las demás cosas!... Todo lo que no es Dios, to­
do lo irracional tiene por fln al hombre!... todo es para
el hombre!... Dios, dice San Gregorio Niseno, cria el
mundo como un espléndido paludo 6 aposento... lo llena
de todo cuanto siroe de uso, de recreo, de conocimiento...
y como si no tuoieran estas cosas dbjeto especial, cria al
hombre como á cabeza, fln y Señor de todas ellas (2). Fué
el hombre criado el último, afiade San Ambrosio, para
significar que todas las cosas criadas en el aire, en el mar
y en la tierra habían de estar sujetas á él, siendo con esto,
como Rey délos elementos (3). ¡Qué dignidad!... Todas las
cosas para el hombre... no el hombre para las cosas...
Con ellas socorre sus necesidades... le sirven de mucha
utilidad... usa de ellas para su recreo... y en el presente
ostado do hombro pecador, hasta las cosas que parecen

(1) Domine, apiritum rectum innova in visceribus meis. (Ps. 50.)


(2) Deus palatium hoc mundi, quasi splendidum triclinium, instruit
ómnibus rebus, qu® ad usum, oblectationem et scientiam sunt opportu­
na; ac deinde ultimo iu illud ita adornatum induit creatque hominem,
quasi qui omnium esaet \ertex, flnis et dominun (S. G reg. Nisen )
(8) Ultimo creatus fuit homo, ut subjecta haberet omnia creata in
aere, in mari et in térra; eseetque quasi rex elementorum. (S. Ambr.)
11
-1 5 4 —
nocivas y penales son criadas para él... st... para satis­
facer con ellas por sus pecados... y tener ocasión de me­
recer con la práctica de las virtudes... cosas por cierto
del todo necesarias al hombre caldo... ¡Otil... todo, todo
para el hombre... no el hombre para las cosas criadas...
Ahora bien, ¿crees tú, alma cristiana, esta verdad?... y
si la crees, ¿cómo te has portado hasta aquí?... Supe­
rior en naturaleza á todo lo criado, ¿lo has sido tam­
bién en el afecto?... Esto es, ¿te has dejado dominar de
las cosas terrenas? Y, de presente, ¿hay algo de este
mundo que te arrastre el corazón?... Mira que inviertes
el orden, sirvidiéndola tú, como si fueras tú para esta
cosa miserable, y no ella para ti... ¿Reparas bien el des­
orden?.,. ¿Qué has, pues, de hacer?... jAhl Rompe de
una vez las ataduras que te tienen esclavo de lo terre­
no... eres de Dios... eres para Dios... no para lo caduco
y perecedero de este mundo... Reflexiona, y propon...
Punto 2.°— Pero más todavía: Es verdad que las co­
sas todas son para el hombre; pero sólo ha de usar de
ellas para alcanzar su fln. Asi dice el Santo: Las cotas
son criadas para que ayuden al hombre en la prosecución
del fln para que et criado... Sólo, pues, son ayuda, me­
dios para que el hombre alcance su fin , esto es, el fln
mediato, que es servir á Dios en esta vida, y el inmediato
ó último, que es salvar su alma... ¡Ohl ¡Y con qué faci­
lidad puede y debe el hombre servirse de estos medios
para su fln!... Primeramente, con la contemplación y
consideración de las cosas mismas, elevándose con su
conocimiento al conocimiento del Criador, pues, como
dice San Pablo: Las perfecciones invisibles de Dios se han
hecho visibles por el conocimiento que de ellas nos dan las
cosas criadas (1). No: no debemos pararnos en ellas, ni
en su hermosura, ni en su bondad, ni en su grandeza;
sino elevar nuestro entendimiento y nuestro corazón,
alabando, bendiciendo, ensalzando al Sefior en su bon-
(1) Invisibilia Dei, per ea, qu® facía sunt, intellecta conspiciuntur.
(Rom. 1).
— 155 —
dad y misericordia, que lo ha criado todo, que todo lo
rige, y todo lo conserva. Hemos de mirar las cosas de
este mundo como imágenes de las cosas invisibles, las
presentes como imágenes de las venideras. En este sen-
tido puede tomarse lo del Profeta: El hombre pata por
entre imágenes (1). (Y es asi como miras tú las cosas de
este mundo? ¿Te paras solamente en ellas, sin elevarte
al Criador?... ¡Ah!... una pequeña florecita enardecía el
corazón del angélico joven San Luis, y exclamaba: Ben­
dito tea el Señor que te ha criado... ¿Lo haces tú asi?...
En segundo lugar, con el uto de las misma». Unas son
de necesidad, otras de utilidad; estas de conveniencia,
aquellas de honesta recreación; en una palabra, todas
sirven para el cuerpo, ó para el alma... ayudándonos
todas á alabar, reverenciar y servir al señor mientras
peregrinamos en este mundo, y á merecer nuestro úl­
timo ñn que es salvar el alma... Este, y sólo éste es el
objeto del uso de las mismas... Lo demás es abuso... es
estorbo, no es medio... ¿Y cómo usas tú de las mismas?...
¿Te complaces en ellas, no para servir al Señor, sino
para satisfacerte á ti?... ¡Oh, qué engañol ¡qué insen­
satez!... Tuerces el fln de las mismas, y el mal uso que
de ellas haces serán tu fiscal en el juicio del Señor, pues
escrito está: Todas las criaturas pelearán con Él contra
los insensatos (2). ¿Por qué? Lo dice San Gregorio: Porque
hemos torcido su ñn, y las hemos obligado á seroir nuestra
perversidad (3). Mira, pues, como has de usar de las
mismas; para Dios y para tu salvación... Uso neto: no
abuso... absteniéndote de las mismas muchas veces con
la virtud de templanza y mortificación... ¿Lo haces asi?
Punto 3.°—Continúa el Santo: De donde se sigue que
el hombre, tanto ha de usar deltas, quanto le ayudan
para su fin; y lanío debe quitarse dellas, quanto para ello

(1) lo imagine p«rtranslt homo. (P b. 38).


(3) Et psgnabit cuno ¡lio orbis tarrarum contra insensatos.
(Sap. 6.)
( 8) Quia ad perversitatem intorsimus, servire coegimus. (S. Greg.)
— 156 —
le impiden. Hé aquí la consecuencia inmediata de lo di­
cho. Hé aquí la práctica que debemos seguir en el uto
de las cosas criadas... Atiéndelo bien: todas las cosas
criadas son buenas en si, pero no todas son buenas
para todos... todas son para el hombre, pero para que
éste alcance su fln: así pues para usar ó no usar de ellas,
no hemos de mirar, si gustan ó no gustan; sino, si nos
ayudan ó impiden lograr nuestro ñn... Y más aún: si
nos ayudan, han de admitirse, pero no absolutamente
y sin discreción, sino en tanto han de admitirse en
quanto nos ayuden, ni más ni menos: y si nos impiden
han de rechazarse, hemos de abstenernos de ellas, pero
no de cualquier modo, sino en tanto han de evitarse en
quanto impidan, ni más ni menos. No olvidemos que son
medio», instrumentos, no más; si pues no son aptos
para nuestro fin, ya para nosotros no son tales, medios,
instrumentos; son si, obstáculos. Esta es la verdadera
sabiduría, tomar el Jln como fin, el medio como me­
dio, .. ¿Y lo has practicado asi?... ¡Ayl |Cuántas veces
has utado de las cosas sólo para complacerte en ellas,
sin atender si eran conducentes á tu finí... y quizás co­
nociendo claramente que te apartaban lejos, muy lejos
de tu fin , que es Dios!... ¿Cuál ha sido el regulador de
tus acciones?... ¿Una pasión in mortificada?... ¿Un vil
interés?... ¿Una despreciable vanidad?... Y aun las cosas
conducentes á tu ñn ¿cuántas veces por tu intención
torcida las has convertido en obstáculos?... |Oh!... ¡qué
trastorno! ¿Y no te confundes?... ¿No te arrepientes?...
¡Ahí Mira bien la importancia de esta regla que pone
el Santo: Tanto debes admitir, quanto te ayude; tanto
debes evitar, quanto te impida. El apartarse de esta
regla, es apartarse de lo recto... Resuélvete, y pro­
pon...
C o l o q u io . — Será pedir al Sefior conocimiento verda­
dero del /tn de las cosos quo nos rodean, y gracia para
no torcerlo en la aceptación ó uso de las mismasj di­
ctándole con el Sabio: «Asísteme, Señor, con tu Sabidu-
— 157 —
»ria, 6 fln de que me guie con acierto, y me proteja
«siempre en todas mis obras» ( i ) .
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último: dar gracias, ofrecer los propósitos, pedir
gracia para cumplirlos.=Luego el examen de la medi­
tación.

MEDITACION 8.a
Sobre el mismo ñn de las cosas orladas.

Oración preparatoria : La de costumbre.


Preludio 1.°: El mismo de la meditación antecedente.
Preludio 2.°: Será pedir al Sefior vivo conocimiento
del/c'n de las cosas criadas, para usar rectamente de las
mismas, dictándole con la Santa Iglesia: «Haced, Señor,
»que sepa usar rectamente de las cosas criadas, para
»no perder las eternas» (2).
Las oirás cosas sobre la haz de la tierra, dice el Santo,
son criadas para el hombre, y páraque le ayuden á la pro­
secución del fln paraque es criado. Es decir, que el fln de
las cosas criadas es ser medio para que el hombre al­
cance su doble/m mediato y último. ¿Reparas aquí, alma
cristiana, la infinita bondad de Dios?... Tú vas á Dios;
pero entre Dios y ti hay una distancia infinita... inmen­
sa... para salvar, pues, esta distancia... para que puedas
llegar á Dios... unirte á Dios... ha criado Él todo lo que
ves, todo cuanto te rodea, para que te sirva de medio
para alabarle, reverenciarle, servirle, y últimamente
gozarle... /Mediosi jOh! ¡Cuántos, y cuán excelentes!II...
Unos son naturales, otros sobrenaturales, otros divinos.
1 .° M e d io s n a t u r a l e s . — De estos, unos son propios,
ó que están en nosotros; otros son extraños, ó que no

(1) D a mihi, Domine, auistricem Sapienliam, ut deducat me i i ope-


ribug meis sobrie, et custodiat me. (Sap. 9.)
(i) Ds Domine, ut ale tranaeamua per bona temporalia, ut non amtt-
t&mus «ftterna. (Collec. Ecclo.)
— i5á —
están en nosotros. Los que están en nosotros son: las
facultades del alma... entendimiento para conocer las
cosas, discernir y juzgar sobre las mismas... memoria
para conservar las especies ó ideas de las cosas y acor­
darse de lo pasado... voluntad, para querer ó rechazar,
admitir 6 repugnar, amar ó aborrecer las mismas co­
sas... los sentidos del cuerpo, con los que se perciben
las impresiones de las cosas exteriores, y ayudan al
alma en el ejercicio de sus potencias... Oh! ¿puede haber
cosa más excelente?... Y todo se te ha dado á ti, alma
cristiana, como instrumento para alabar, reverenciar y
servir á Dios, y de este modo salvarte eternamente!...
Los que no están en nosotros son todas las cosas que
nos rodean... los elementos con todas sus propiedades...
el Sol, la Luna, los astros todos, con todos sus influjos...
los árboles y plantas con todas sus producciones... los
animales con todos sus servicios... ¡oh! qué admirable
conjunto!!... y todo te sirve á tí, para que tu sirvas á
Dios... ¿Lo conoces? ¿Te persuades de esta verdad?... y
¿qué uso has hecho de todos estos medios?... mejor,
¡cuánto has abusado de los .mismos! 11 lejos de servirte
de ellos para alabar, reverenciar y servir á Dios, ¡ayl
te has valido de los mismos para ofenderle!!... ¿hay por
ventura en ti, ó al rededor de ti, cosa alguna de que no
hayas abusado?... ¿qué te dice la conciencia?... ¡ah!
¡cuántas veces has puesto el fin, en las cosas de este
mundo... en placeres viles... en riquezas vanas... en ho­
nores falsos... en deleites abominables... en 11 misma,
buscándote solamente á ti, y apartando el pensamiento
de Dios!... ¿No es asi?... ¡Qué desorden!... ¿Qué has de
hacer?... Piénsalo bien...
2 .° M e d io s s o b r e n a t u r a l e s . — ¡Oh! jcuán excelentes!
la gracia santificante, que nos allega á Dios, haciéndo­
nos amigos suyos... las inspiraciones santas, con las que
ol Señor dá fuertes aldabadas en nuestro corazón... los
buenos afectos, que mueve en nuestra alma para despren­
derla de lo terreno y vanidoso del mundo... los Santos
— 159 —
Sacramentos, con los que nos purifica y vigoriza, levan­
tándonos del sepulcro del pecado, y resucitándonos á la
vida de la gracia... los avisos espirituales que nos ad­
vierten de los peligros, y nos ensenan el verdadero ca­
mino... las buenas lecturas, que nos ensenan la práctica
de la virtud... ios ejemplos de los Santos, que nos ani­
man para luchar y vencer todas las dificultades... y
otros, y otros que la bondad infinita del Sefior nos pro­
porciona... {Cuántos medios!!... Y si bajas al particular,
alma cristiana, icdrno no te confundes al recordar los
muchos y singulares beneficios que te ha dispensado el
Sefior 11... ¡de cuántos peligros te ha librado su amorosa
providencial!... ¡de cuántas gracias te ha enriquecido!!
y esto, sin mérito alguno de tu parte... antes, habiendo
en U deméritos infinitosl!... jY con tanta largueza se te
ha dado todo, para que alabes, reverencies, y sirvas á
Diosl!... ¿Te convences de esta verdad?... ¿La crees?...
¿Y cuál ha sido tu comportamiento?... ¿Cuál es de pre­
sente?... ¿Cuál hade ser en adelantel...
3 .° M e d io s d iv in o s .— ¡ O h ! ¡Pásmate, alma cristia­
na!... No se contenta Dios con darte todos estos medio»
para que vayas á Él, y á Él te entregues, no; Él mismo
de un modo portentoso ha querido hacerse medio, sien­
do Él tu fln... ¿Cómo? Ah! no de un modo solo, sino
de muchos... El hombre |miserable! por su orgullo
quería ser como Dios (1) y Dios por un rasgo de mise­
ricordia infinita ha querido hacerse hombre, para hacer
al hombre en cierta manera Dios, como dice el Padre San
Agustín, (2), esto es, para salvar su alma y unirla eter­
namente á SI. ¿Y no te pasma este exceso de bondad!...
Naciendo el Sefior, dice Santo Tomás, se te ha dado por
compañero, para que no te pierdas, yendo sola por el
desierto de este mundo; se hace comensal y se te dá por
alimento para que no desfallezcas, peregrinando por este

(1) Eritifl sient Dii. (Gen. 8.)


(2) F&ctus est Deas homo, ut homo fieret Deas. (S. Aug.)
— 160 —
destierro, muriendo en una erux se dá en precio para re­
dimirte y rescatarte de la esclavitud en que estabas por
el pecado; Analmente, en ol Cielo mismo e»tá reinando
para ser tu premio y glorificarte eternamente (1)... ¿Qué
m&s podía hacer para que le alabaras, reverenciaras y
sirvieras?... pero jay!... ¿Qué caso has hecho de esas in­
comparables finezas!... ¿Cómo has correspondido?... (In­
feliz! Has despreciado tantos y tan excelentes medio»
como se te han dado para obtener tu Un!... y, á pesar
de conocerlo, has dicho prácticamente, no una, sino
muchas veces, no quiero seroir á mi Dios (2)... ¿Y conti­
nuarás de este modo?...
C o l o q u io . — Será dar gracias al Seflor por sus miseri­
cordias en darnos tantos medios para ir & Éi y pedirle
con el Venerable Tomás de Kempis: «Llenad, Seflor, mi
«corazón de vuestra gracia, ya que no quereis que en
•nosotros estén vacias vuestras obras» (3).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último: dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen de la
meditación.

KXDITJLCIÓXr 4 a
De la indiferencia en fue hemos de estar
sobre las eosas criadas. ‘

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io Figurarse una persona que tiene


p r im e r o :

delante de si muchos caminos, sin saber cual de ellos


ha de conducirle al fin de su jornada.
P r e l u d io s e g u n d o : Será pedir al Señor luz para cono-

(1) Se n&scens dedit socium; convescens in edulium; m moriens in


pretium; se regntns dat in prsemium. (Div. Tliom.)
(2) Dlxisti: Non serviam. (Jer. 2.)
(8) Implo, Domino, cor meum gratia tua, qu¡ non vis esse vacua ope­
ra tua. (Kemp. 1. 8, c. 3.)
— 161-
oer su voluntad y gracia para cumplirla, diciéndole con
ol Profeta: «Sofior, ensenadme & cumplir vuestra volun­
t a d » (l).
P u n t o 1.°— El Santo, después de habernos indicado ol
fin de todas las cosas de la tierra, dice: Por lo qual es
menester hacernos indiferentes. Es esto una consecuencia
ó deducción práctica de lo dicho acerca del fin y de los
medios. ¿Y qué será esta indiferencia? No es otra cosa
que, no escoger, ni rechazar; no admitir, ni despreciar;
no querer, ni aborrecer más una cosa que otra... es re­
primir todo lo posible las Inclinaciones de nuestra vo­
luntad..... esforzándonos en ponernos en un perfecto
equilibrio... como el fiel del peso, sin inclinarnos á una
parte ni á otra: que no queramos, dice el Santo; con lo
que se vé que el objeto de la indiferencia es domar la
propia voluntad... Nuestro querer ó no querer, no ha
de tener otra regla, que la suprema voluntad de Dios;
asi en resúmen, esta indiferencia no es otra cosa que la
absoluta conformidad á la voluntad divina... ¿Puede ha­
ber cosa más justa?... Mira en primer lugar lo que de­
bes á Dios, alma cristiana... de Dios vienes... de Dios
dependes... á Dios vas... ¿será justo prescindir de su vo­
luntad en escoger los medios que á Él han de conducir­
te, y seguir solamente los instintos de tus desarregladas
pasiones y vanos caprichos?...'¿Piensas buscar la gloria
de Dios, y tu salvación, viviendo & tu antojo?... Mira que
el Señor todo lo tiene dispuesto en justa medida, número y
peso (2)... su altísima providencia todo lo gobierna con
suaoidad (3)... ¿será justo que te empoñes en frustrarla?..
Pero, más: considera, en segundo lugar, tu absoluta ig­
norancia... Es cierto, que todas las cosas las ha criado
Dios para que sirvieran al hombre de medio... Mas,
¿pueden acáso servirle todas indistintamente para este
firít Imposible... Unas servirán... otras impedirán...
(1) Domine, doce me facer© voluntAtom tuam. (Ps. 142.)
(2) Ornóla in mensora, numero et pondere disposuisti. (Sap. 11.)
( 8) Disponit omoia suaviter. (Sap. 8.)
— ié2 —
¿Cuáles son éstas, cuales aquéllas?... Lo ignoras... Oye
lo que dice el Venerable Tomás de Kempis: No todo de­
seo procede del Espíritu Santo, aunque parezca justo y
bueno al hombre. Muchos se hallan engañados al fin, que
al principio parecían ser movidos del buen Espíritu (1)...
Como el fin es sobrenatural... es Dios... sólo Él conoce
y sabe los medios, que pueden serte conducentes i fin
tan altísimo... sólo, pues, á su voluntad suprema has
de estar sujeto... iL o has hecho asi hasta el presente?
¿qué parte han tenido en tus obras tu voluntad... tu
amor propio?... Piénsalo bien... confúndete de tu sober­
bia... y enmiéndate...
P unto 2.®— f i en qué cosas has de estar indiferente
Te lo dice el Santo: indiferente á todas las cosas criadas
en todo lo que es concedido á, nuestro libre aloedrlo y no le
está prohibido. Entiéndalo bien: hay cosas que nos son
prohibidas, otras mandadas; ni unas ni otras son objeto
de indiferencia. Sólo se trata de las que están á nuestra
libre elección de voluntad; por esto dice el Santo, que
no queramos más una cosa que olra; y nota singular­
mente cuatro extremos, á saber: riqueza ó pobreza, ho­
nor ó deshonor, salud ó enfermedad, oida larga ó oída
corta... comprendiendo en riquezas, comodidades, bien­
estar, conveniencias, abundancia; en pobreza, falta de
todo hasta de lo necesario; en honor, cargos elevados,
primeros puestos, títulos, empleos; en deshonor, despre­
cios, olvidos, injurias, calumnias; en salud, agilidad,
robustez, resistencia; en enfermedad, naturaleza débil,
delicada, de poca fuerza; en oida larga, obtener muchos
años un mismo empleo, oficio ó cargo; en oida corla,
cambio continuo de los mismos, y de lugares; en una
palabra, no sAlo lo que materialmente significan aque­
llas palabras del Santo, sino también ios lugares, mo­
dos, oficios y tiempo; lugares honoríficos ó desprecia-
(1) Non omne desiderium est á Spiri tu Sancto, etiamei homini yidea-
tur recium et bonum. Mullí in fine sunt decepti, qni primum bono api-
ritu vidobantur inducti. (Kemp. 1. 8. c. 16.)
- 163-
bles; modos cómodos ó incómodos; oficios agradables ó
penosos, tiempo largo ó corto... ¿Qué dices & esto, alma
cristiana?... ¿Te espantas?... ¿Te arredras?... Pues sepas
que si todo esto no procuras, si no te esfuerzas en estar
indiferente, te expones á escoger lo que no te conviene:
mira que no todo lo que gusta es lo más conducente al
fin ; al contrario, lo que menos place, es comunmente lo
que m&s conviene... Todas las cosas, todos estos mo­
dos, en si, son indiferentes, es verdad, pero aplicados á
nosotros dejan de serio; y asi, ó nos conducen, ó nos
apartan dol fin... Mira, pues, cuán necesario te es la in­
diferencia para no errar en cosa de tanta monta... ¿Te
persuades de esta verdad?... Examina, pues, cuál ha
sido tu conducta... mira si has buscado la voluntad de
Dios, ó más bien tu gusto y comodidad... Arrepldntate...
y propon...
P u n t o 3 .#— E l Santo aflade: Y por consiguiente en
todo lo demás, en lo que se significa no sólo lo dicho
acerca del modo, oficio, cargo ó empleo, sino también
lo tocante al espíritu; como es: consuelos ó desolacio­
nes; devoción sensible ó sequedad; quietud ó tribula­
ción; sosiego ó tentación... todo, todo puede conducirte
á tu/m... pero sólo Dios sabe lo que te conviene... ¡oh!
¡cuántos con los consuelos se han desvanecido, buscán­
dose últimamente á si mismos, y olvidándose de Dios!...
con la devoción sensible se han engallado, teniéndose
ya por muy adelantados en la virtud... con la quietud,
y sin la contradicción han despreciado á los demás, fi­
gurándose, que ellos solos son justos y favorecidos de
Dios... y al contrario, ¡á cuántos la desolación... la se­
quedad... la tentación... les han sido el medio para llegar
á grande santidad!... Atiende bien á lo que dice el Espí­
ritu Santo: Quien no ha sido tentado ó probado, ¿qué es lo
que sabéf (1) como que dijera: nada sabe. Ignoramos lo que
podemos, dice un Siervo de Dios, y la tentación, la prueba

(1) Qui non est tentatos ¿quid seiW (Eccli. 84.)


— 164 —
ó contradicción not descubre lo que somos (1). Y Dios, dice
San Pablo, de las contradicciones saca provecho para el
alma (2). Eo algunos abundan las consolaciones, porque
les conviene; en otros las desolaciones, porque les son
necesarias; y á todos para un mismo fin , la salvación...
¿Cuál de estas cosas te conviene?... Sólo Dios lo sabe...
de ah( la indiferencia que has de tener acerca de las
mismas... mira como concluye el Sanio: solamente de­
seando y eligiendo lo que más nos conduce para él ñn que
somos criados; y atiéndese bien & estas palabras desean­
do, eligiendo, esto es: sea que te veas con facultad ó ne­
cesidad de elegir, sea que solamente se te permita de­
sear, únicamente has de mirar lo que más conduce á tu
salvación... Asi, y no de otro modo, cumplirás con la
voluntad del Seflor... ¿Y es este tu comportamiento?...
¿Te dejas arrastrar de tus inclinaciones naturales?... |Ah!
cela sobre tí mismo (3) mira el fin , y, según él, abraza
los medios.
C o l o q u io . —Será decirle al Señor con el Venerable To­
más de Kempis: «Con indiferencia, Seflor, quiero recibir
»de vuestras manos lo bueno y lo malo, lo dulce y lo
«amargo; lo alegre y lo triste; y te daré las gracias por
»todo lo que me sucediere. Guárdame de todo pecado,
» y no temeré la muerte, ni el infierno, no te apartes de
»m ! para siempre, ni me borres del libro de la vida, y
•no me dafiará cualquiera tribulación que venga sobre
»m (» (4).
Se concluirá con un Padre-nuestro.

( 1 ) Nescimus sepe quid1 posramus; sed tentatlo aperit, quid sumos.


(Kemp. 1.1, e. 13.)
(3) F tclt eum tentatlone proventum. (l.ce Cor. 10.)
( 8) Atonde Ubi. ( l e Timot. 4.)
(4) Indifferenter, Domine, voto de menú tos bonum, et malum; dnlee
et amarnm; latum et triste susclpere; et pro ómnibus mibi contingenta
baa gratias agtre. Caetodl me ab omnl peccato, «t non ttmebo morUm
nec infernum; dnmmodo in aternum me non projieias, nec deleaa de li­
bro vita, aon mibi nocebit quidquid venerit tribulaUonls super me.
(Kemp. i. 8, c. 17.)
— 165—
Por último dar gracias & Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen de la
meditación.

HXDXTJLCXÓZY 8.*
De los Impedimentos de la indiferencia
y medios para aleauarla.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io i.°: El mismo de la meditación anterior.


P r e l u d i o 2.°: El mismo que el anterior.
Punto l.°— El primer impedimento para la total indi­
ferencia es nuestra soberbia... Siendo la indiferencia un
rendimiento absoluto de nuestro juicio y de nuestra vo­
luntad, al juicio y voluntad divina, nuestro amor propio
lo repugna, y se muestra tanto más rebelde, cuanto más
necesario se presenta el tal rendimiento,.. Para la indi­
ferencia ha de renunciar el amor propio aquel yo juzgo,
yo quiero, con que trata todas las cosas... ha de destruir
y disipar el desorden en que vive, sobreponiéndose ¿
todo... ¡Oh! ¡Cuán repugnante es esto para el alma so­
berbia!... para el alma, que no busca más que compla­
cerse á si misma!... Mas, ¿cuándo ha sucedido, que la
soberbia haya quedado plenamente satisfecha?... Nunca,
jamás; porque siempre se le figura que es despreciada y
poco atendida... ¡Ay alma cristiana! Si te impide estar
indiferente el tener que renunciar & tu juicio y voluntad,
dime: ¿qué pretendes?... ¿Te conoces?... ¿quieres sobre­
ponerte á Dios, tu, polvo y ceniza?... ¿quieres sacudir el
yugo de la obediencia, tú, miserable pecadora?... ¡quie­
res despreciar á los demás, tú, la misma ignorancia?...
¿Qué no sabes por experiencia que yerras en la mayor
parte de tus juicios?... Y á más ¿de dónde esa intranqui­
lidad en que vives, aun cuando logres salir con la tu­
ya?... ¡Ah!... Hueso dislocado eres, y asi no puedes de-
far de sufrir en cualquier parte trabajos sin cuento, por
-1 6 6 -
tu amor propio... Discurre, dice el V. Tomás de Kempis,
por acá y por acullá; no hallarás descanto sino en la
humilde sujeción (l), esto es, en la resignación á la vo­
luntad divina, en la indiferencia. ¿Te persuades de esta
verdad)... Ea, esfuérzate en reprimir las fogosidades de
esa hidra Infernal del amor propio... y humíllale... rín­
dete bajo la. poderosa y benéfica mano del Se/lor ( 2 ) . . .
P u n t o 2 .° — El otro impedimento para la indiferencia,
es el amor á las cosas terrenas. La inclinación perversa
que desde el pecado original tenemos hacia las cosas
sensibles, y que halagan nuestros sentidos, hace que in­
consideradamente nos lancemos á todo cuanto nos place
y deleita... [Qué repugnancia, pues, á todo lo que nos
contraria y nos aflige!... Quizás esta sea la causa más
común de la repugnancia que sentimos á la indiferen­
cia... Pero, alma cristiana, mira bien el desorden de tus
afectos... mira cuánto te apartan de Dios, que es tu fin...
y á que profundo abismo te conducen, dándoles rienda
suelta, no reprimiendo sus Ímpetus desordenados!!... ¿Y
qué?... ¿Acáso por tus pecados no mereces toda contra­
dicción y pena?... ¿Y piensas, que no esforzándote á la
indiferencia, antes bien siguiendo las inclinaciones de tu
bienestar y de tu gusto, evadirás el castigo de la mano
del Seflor?... Pregúntalo á Jonás que, temiendo ir á Ni-
nive, donde el Señor le enviaba, huyendo de la presen­
cia divina, fué engullido por un mónstruo marino... Mi­
ra á Saúl, que quedándose por su gusto con lo que el
Seflor le mandaba sacrificar, fué reprobado del Seflor, y
destituido de su Reino... ¿Teme ac&so tu delicadeza la
enfermedad en el lugar, ú oficio á que te destinan?...
Sepas que el Seflor te la puede enviar más recia todavía
en el lugar que tu apeteces... ¿Te repugnan los trabajos,
Incomodidades, cuidados, falta de medios en el lugar,
oficio, ú ocupación que se te designa?... A más de que
(1) Curro hue vel llluc, non invenios quieUm nial in hnmili snbje-
cUone. (Kem. 1.1, e. 9.)
(3) Humiliamlni oub potentl manu Dei. (l,n Pet. 5.)
-1 6 7 -
poderoso es el Seftor para compens&rtelo con consuelos
Interiores, que nunca son comparables con las penas,
piensa también, que es providencia del Seftor, para qua
asi satisfagas por tus pecados; y que & más, bien puede
llenarte de trabajos y adversidades en cualquier parte,
mucho mayores, que en los ministerios de que tanto
huyes... Es verdad, no se te prohibe que expongas hu­
mildemente al Superior las dificultades, que se te pre­
sentan, pero después has de estar pronta para hacer lo
que te ordenen, sin insistir temerariamente en hacer
tu voluntad. ¿Lo harás asi?...
Punto 3.°— Considera ahora los medio» para alcanzar
esta indiferencia. El primero es el desprender ei afecto
á las cosas terrenas. No hay duda: tanto se adelanta
en la indiferencia, cuanto el corazón está desprendido
del mundo, esto es, de las cosas mundanas. No queráis
amarla», dice San Juán, porque estas cosas que constitu­
yen la vida del mundo no son más que las tres concupis­
cencias de soberbia, de aoaricid, de lujuria (1), concu­
piscencias despreciables, porque, como dice el mismo
Apóstol, no prooienen del Padre Celestial sino del mun­
do (2), esto es, en sentir de San Cipriano, de la corrup­
ción y vicio de tos mundanos (3). Si pues no provienen
de Dios ¿cómo nos conducirán á Él, ni á hacer su volun-
tad?... Y proviniendo del mundo, ¿cómo podrán guiar­
nos & los goces celestiales... á la salvación?... ¡Ah! son
hechizos de vanidad, dice el Espíritu Santo, que oscurecen
el bien verdadero (4); imposible, pues, que acierten &
escoger el fin... De ahí, que los que las siguen lejos es­
tán de rendirse á la voluntad divina... recalcitran siem­
pre, y viven desasosegados... mientras que los que las
aborrecen, se dejan al cuidado de la Providencia del

( 1 ) Nolite diligere mundura: omne quod est in mundo, concupiscentia


carois est, et concupiscentia oculorum, et superbia vito. (1 . » Joan. 2.)
(2) Que non sunt ex Paire, »ed ex mundo. (Id.)
(8) Bx mundi ac mundanorum corruptione et vitio. (8. Cypria.)
(4) Fascinatio nngacitatis obscurat bona. (Sap. 4.)
— 168 -
Sefior, abrazan la indiferencia, viven tranquilos, son
felices... Aquellos todo lo quieren... todo lo apetecen...
todo lo temen... éstos nada quieren... nada desean...
nada temen... no conocen las dos aflicciones, fuentes
de toda turbación en la tierra, deseo de alcanzar, temor
de perder... ¿Qué dices & esto, alma cristiana?... ¿No
procurarás de veras desprender tu corazón de todo
afecto terreno?...
Punto 4.°— El otro medio para alcanzar la indiferen­
cia es la absoluta y entera confianza en el Sefior... No,
alma cristiana, no debe arredrarte el rendirte á la vo­
luntad divina... el estar indiferente... Arroja todos tus
cuidados y ansiedades en el seno del Señor, te dice el Pro*
feta: Él te sustentará (1)... Confia en el Señor, te dice
San Pedro, que Él tiene cuidado de ti (2)... ¡Oh! ¡Cuán
poderosa es esta confianza! ¿Y quién no se dejará el)
tan buenas manos, sabiendo que sus ojos están siempre
fijos sobre los que le aman... que es un protector poderoso
para nosotros... que es nuestro apoyo fuerte... que es un
toldo contra todo ardor... fresca sombra contra el resis­
tero del medio dia... sustentáculo para no tropezar... so­
corro en las caídas... finalmente que Él es el que eleoa el
alma y alumbra los ojos... quedé la salud, la oida y la
bendición? (3) ¡Oh, confianza feliz en la Providencia del
Seflort! ¡Cuánto conduces á la absoluta indiferencia!!...
Contigo, nada de temor, nadado agitación... ¿A quién
he de temer? dice el Profeta, ¿quién me hará temblar? (4)
Ea, pues, alma cristiana, alíenla tu confianza, déjate
gobernar del Sefior... seas indiferente á todo, en lo prós­
pero y en lo adverso; nada te faltará (5).
(1) Jacta super Dominum curam tuam; Ipse te enutriet. (Ps. 54.]
(2) Omnem sollicitudinem vestram projicientes in Eum, quoniam Ipsi
cura est de vobis. (l.ae Pet. 7.)
(8) Oculi Domini super tímenles eum; protector potentio; flrmamon-
tam virtutia; tegimen ardorU; nmbracntvm meridiei; deprecatio offen-
8Íoni8; adjutorium casns; elevans animam, et illuminaus oculos; dans
sanitatem, et yitam, et benedictionem. (Eccli. 84.).
(4) ¿Quem timebo? ¿á quo trepidabo?
( 6) Dominus regit me, nihil mihi deerit. (Pe. 22.)
— 169 —
Coloquio.—Será pedirla una fe viva en su Providencia
paternal que todo lo gobierna, y que asi como Él man­
da á los vientos y & la mar, asi rinda nuestra voluntad
& la suya, dictándole con San Agustín: «Compeled, Se-
»fior, mi rebelde voluntad, á cumplir siempre la vues­
t r a » (i) .
Se concluirá con un Padre-nu&tro.
Por último, dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumpiirlos.=Luego el examen de la
meditación.

EJERCICIOS.
H ID ITIC lO ir 1.a
De la gravedad y malicia del pecado mortal, considerad*
en los castigos que Dios ha dado al mismo.

Or a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o : Imaginarse al alma como encar­


celada en el cuerpo; y alma y cuerpo como desterra­
dos á vivir en este mundo entre brutos animales.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será pedir al Señor vergüenza y
confusión de mi mismo, viendo la severidad con que es
castigado un sólo pecado mortal, y yo haber cometido
tantos; diciéndole con un Profeta: «Tuya, Señor, es la
ajusticia; en mi, la confusión cubre mi rostro» (2).
P u n t o 1.®—Pecado y castigo de los Angeles malo».—
Dios en el principio del tiempo, por un rasgo de su bon­
dad infinita, crió una multitud casi inmensa de espíritus
celestiales, á quienes llamamos Angeles por ser nuncios
y ministros del Sefior... Crióles en gracia, amigos su­

(1) Compelle, Domine, rebsllem votantatem meam, ad faciendam yo -


Inntatem tuam. (S. Aug.)
(2) T1M, Domine, jostiíia, nobia aulem coafuaio faciei. (Dan. 8.)
1S
— 170 —
yos... seres nobilísimos sobre todo lo criado... principes
excelsos, al rededor de su trono... ¡Qué grandeza! ¡qué
felicidad! iqué honor!... Pero, ¡ay!... Una tercera parte
de ellos con Lucifer, uno de los principales, lejos de
adorar y prestar vasallaje & su Criador... engreídos de
sus dones y gracias, se ensoberbecieron... se rebelaron
contra el Seflor... no quisieron someterse, y dijeron: No
queremos teñirte (1) y en su soberbia pretendieron ser
como Diat (2)... pecaron... ¡qué desgracia!... Al mo­
mento su hermosura quedó convertida en fealdad ho­
rrible... su nobleza en esclavitud... su amistad para con
Dios en enemistad eterna... de moradores del Cielo, del
lado de Dios se ven arrojados, como un rayo, al profunda
del Infierno (3)... ¿Y porqué?... por un sólo pecado... de
pensamiento... interno... que podríamos llamar pecado
espiritual... de soberbia... [Y se ven castigados por un
Dios infinitamente bueno... que no puede engañarse
ni excederse en el castigo... que es más inclinado á la
misericordia que á la justicia... ¡y lanzados al infier­
no!... |Oh! qué horrible cosa sorá el petado!... Alma
cristiana, ¿qué dices á esto?... ¿qué sientes en ti?... ¡Ah!
si un sólo pecado... y de pensamiento... asi provoca ó
irrita la justicia de Dios... ¿cómo la habrás tú irritado
con tantos pecados como has cometido, de pensamien­
to... de palabra... de obra?... Si una sola gota de veneno
que vió Dios en aquellos vasos de oro, como eran los
Angeles, bastó para echarlos de su mesa, y arrojarlos al
muladar del infierno... ¿de qué te habrás hecho digna tú,
miserable... vaso de barro... lleno de ponzoña... de as­
querosidad... de inmundicia?... ¿Eresacáso tú más noble
por naturaleza que los Angeles... más agraciada... más
digna que ellos?... Di, ¿no te avergüenzas de ti misma?...
¿no te con fundas?... ¡Oh!... tienes tiempo todavía... y lo
que no es, ni fué dado & los Ángeles malos, á ti se te
(1) Dizisti: Non serviam. (Jer. 9.)
(2) Similis ero Altissimo. (le. 14.)
(8) Videbam Satan sicut fulgor de ccelo cadentem. (Luc. 10.)
— 171 —
concede... Dios te avisa... ¿qué haces, puésf... ¿no te
arrepientes?
P o n t o 2.° —Pecado y castigo de nuestros primeros pa­
dres.— Para que te persuadas más, alma cristiana, de
la malicia que entrada en si el pecado, considera otro
castigo del mismo, no menos terrible por sus circuns­
tancias, que el de los Angeles malos. Dios, cuya natu­
raleza es la bondad misma, cria & nuestros primeros
Padres Adán y Eva... los coloca en un paraíso de deli­
cias... adórnales con justicia original... les hace amigos
suyos, imprimiendo en ellos su imagen y semejanza...
les colma de toda suerte de gracias naturales y sobre­
naturales... les exime de toda penalidad... y les hace
herederos del Cielo... ¡Qué dichal |Qué felicidad!... Un
sólo precepto les dá, y es, de no comer de la fruta del
árbol, que está en medio del Paraiso, amenazándoles con
el castigo en caso de desobediencia... Y ¡quién lo pensá-
ra! Ellos desobedecen... se dejan seducir del demonio
en forma de serpiente... toman de la fruta... comen...
pecan... ¡Dios mió! ¡qué horror!... Han caldo de lo más
alto á lo más profundo! se oen desnudos ( 1); si, desnudos
de la justicia original... despojados de todas las gracias
de que estaban adornados... sienten en si una rebelión
interna de sus pasiones... un Ángel les arroja del Pa­
raiso... y se von lanzados on osto mundo misorablo...
condenados á todas las miserias y enformodados... su­
jetos á la muerte temporal... y reos de condenación
eterna... arrastrando en pos de sí á toda su descenden­
cia á tantos infortunios. ¡Desgracia terribilísima!... ¿Y
por qué todo esto?... por un sólo pecado... por un acto
sensual, de gula... á la que se sigue una formal des­
obediencia al Criador... ¿Y quién los castiga tan terri­
blemente?... Dios... Dios Santo... Dios justo, que no pue­
de excederse... Dios sabio, que no puede engañarse...
Dios misericordioso, que si castiga lo hace con intimo

(1) Cognoverunt se esse nudos..(Gen. 8.)


— 172—
sentimiento ie m coratón (i)... ¡Ay! ¡Qué mónstruo tan
horrible será el pecado!... ¡Ay, alma cristiana!... mírate
á ti misma, y pásmate... reflexiona sobre ti... un sólo
pecado que se cometió en el Paraíso terrenal... una
mera desobediencia... un acto de gula... la comida de
una fruta... ha merecido tantos castigos... castigos que
duran y durarán hasta la consumación de los siglos...
¿qué habrás tú merecido con tantos pecado» y tantas
transgresiones durante tu vida... y con la experiencia
de los castigos divinos... lo que ciertamente aumenta la
malicia?... ¿Eres por ventura tú de mejor condición que
nuestros primeros padres?... ¡Ay!... Ellos criados en
gracia... tú, nacida en pecado!... Ellos por un sólo pe­
cado... y tú, tantosl... más de nuevecientos anos de pe­
nitencia en ellos no fueron bastantes para borrar los
efectos de aquel pecado... y tú vivirás descuidada... sin
arrepentirte de la multitud de tus desórdenes?...
P u n t o 3.° — Castigo de una alma por un tólo pecado
mortal.—Finalmente pondera bien, alma cristiana, la
gravedad del pecado, por lo que merece una alma por
un sólo pecado mortal... ¡Oh!... represéntate una alma
cristiana... llamada á la perfección... agraciada de Dios
con muchos dones... distinguida singularmente por su
fervor... por su santidad... pero, que con el tiempo, de­
cayendo de su primitiva virtud... entibiándose en el ser­
vicio divino... tiene por último la desgracia de cometer
un pecado mortal!... ¡ay!... ¡qué transformación! ¡qué
cambio!... la que hasta ahora era amiga de Dios, está
hecha un objeto de abominación á los ojos divinos... ha
perdido toda su hermosura... todos sus méritos... nada
ton todas tu$ obrat á la pretenda del Señor (2); y Dios,
por sus juicios, siempre justos, le envía la muerte... se
condena... ¡y por un sólo pecado!... ¡oh! ¡mónstruo te­
rrible que causas tanto estrago y tan irreparable!... ¿Y

(1) Tactos dolore eordis intrínsecos. (Oen. 6.)


(2) Omites justttin, qnas fecerat, non recordsbnntnr. (Ezech. 18.)
— 173 —
habr&de estas almas en el Infierno?... jayl no hay duda,
alma cristiana; y lo que es también cierttsimo, que mu­
chas hay en aquel abismo, con menos pecados de los
que tú has cometido; almas que hablan adelantado más
que tú en el camino de la virtud y de la perfección... y
por un sólo pecado, ó por menos que los tuyos, se han
condenado... ¿Te persuades con esto de la malicia que
incluye en si el pecadot... ¿Conoces cuánto contraríala
Bondad de Dios y su Infinita largueza en conceder gra­
cias?... Ahí no: no es otra cosa el pecado que un des­
precio absoluto y criminal de esta misma Bondad y lar­
gueza... y por esto merece todo el peso de la justicia
divina... «1 Infierno... Y tú, tantas veces que lo has co­
metido durante tu vidal... y más, que muchas de aque­
llas infelices almas!... di, ¿qué habrás merecido por tan­
tos, cuando ya por uno sólo la Justicia Divina reclamaba
tu condenación eterna?... ¿Y no te avergüenzas?... ¿No
te confundes?... ¿No te arrepientes?... ¡Ah!... Levanta tus
ojos, alma cristiana, mira á Jesús... al Unigénito del
Padre Eterno, que por haber salido fiador del pecado
mortal... de tus pecados... se vé entregado por la Justi­
cia Divina á tan horribles tormentos, y á la muerte más
afrentosa... Reconoce, te dirá con San Bernado, cuán
graves, cuán terribles son las llagas que en ti causa él pe­
cado, cuando para curarlas ha sido necesario causar lla­
gas tan horrendas en el mismo Hijo de Dio» (1). Ea: arró­
jate á sus piós... te espera... te convida... no, no difie­
ras más tu conversión...
Coloquio.— Será bueno, por coloquio, rezar aquí con
todo afeoto y compunción el Salmo: Miserere.
Por último, dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumpllrlos.=Luego el examen de la
meditación.

(1) Agnoece quam gravia stat vulnera, pro quibus necease fuit Chrl-
atom Domlnam vulnerar!. (8. Bernar.)
— 174 —

m zd x tjiciOn a/
Del número, gravedad j malicia de nuestros propios
pecados.

La de costumbre.
O r a c ió n p r e p a r a t o r i a :
P r e l u d io p r im e r o : El mismo de la meditación an­
terior.
Preludio segundo: Será pedir al señor crecido é inten­
so, esto es, vivo y ponetrante dolor de mis pecados, y
lágrimas verdaderas, que basten á borrarlos, diciendo
con el Profeta: «¡Quién convertirá mis ojos en fuentes
»de lágrimas, para llorar d(a y noche mis pecadosh (1)
Punto 1.°—Consideremos en primer lugar la multitud
de nuestros pecados. Demos una ojeada sobre nuestra
vida... traigamos á la memoria el proceso de todas
nuestras acciones, pensamientos y palabras... ¡qué ho­
rror!... Pregúntate á tí misma, alma cristiana, sí, pre­
gúntate como Job: ¿cuánta» son mis iniquidades y peca­
dos (2)... mis delitos y maldades?... y mira si con mu­
cha más razón que David te ves obligada á exclamar:
Hanse multiplicado mis iniquidades, más que los cabellos
de micabesa (3)... ó bien con Manassés: sobrepujan mis
pecados & las arenas del mar (4)... ¡Oh! pecados en la
infancia... ¿qué hacías?... ¿á qué te inclinabas?... ¿cómo
te portabas?... con tus padres... contigo misma... con las
de tu edad?... ¡Oh! el Padre San Agustín se horrorizaba
de sí mismo al considerar su comportamiento en aque­
lla tierna edad, y exclamaba: ¡tan pequeñito, y tan gran
pecador/ (5)... ¿Has de exclamarte tú de este modo?...
(1) iQuia dabit oculto tneis fontem lacrym&rum, et plorabo die ac
noctet (Jer. 9.)
(2) ¿Quantas habeo ioiquitatea et peccata? (Job. 19.)
(3) Iniquitates me® multiplícate sunt super capillos capitia mei.
(Ps. 89.)
(4) Peccavi super numerum arenco moris. (Orat. Manas.)
(5) jTantillus puer, tantus peccatort (S. Aug.)
-1 7 5 -
¿Y en tu Juventud?... ¿y en la adolescencia?... ¡Cuántos
pecados!... ¿Quién puede contarlos?... quizás no habla
desorden en que no te deslizaras... ¿to dejabas seducir
del demonio?... ¿con quién te asociabas?... ¿qué lugares
frecuentabas?... ¿cuáles eran tus conversaciones?... ¿Se-<-
gulas las vanidades del mundo?... ¿te arrastraba el im­
pulso de tus pasiones?... ¡Ohl ¡qué pecados!... ¡y esta
era tu Tidal... ¡y asi malograste los mejores anos de tu
juventud!... Y de presente ¿qué te dice la conciencia?...
¿cómo te portas con respecto & Dios?... al prújlmo... con*
tigo misma? |Ah! Poudéralo bien, alma cristiana, y
avergüénzate... confúndete, al verte tan llena de mise­
rias y de malicia...
Punto 2.°—Consideremos la fealdad y malicia del pe­
cado por lo que es en st... Pecar, es ir contra la razón
natural. La regla próxima de nuestros actos, dice Santo
Tomás, es la, ratón humana, asi como la regla suprema
es la ley eterna: y el pecado es el desvío de estas reglas,
que el Seflor ha impreso en nosotros... ¡Oh, qué defor­
midad! Mira, repáralo bien, alma cristiana, ¡con cuánta
vergüenza natural se peca!... No, no hay pecador alguno
que quiera ser tildado, ó tenido por tal... Sólo los jus­
tos, por humildad, se llaman & si mismos, pecadores...
Tal, y tan grande os la fealdad, que en st incluye el pe­
cado. ¡A.h! Degrada al hombre, y le pone al nivel de las
bestias, como dice David: Se ha igualado con los insen­
satos jumentos, y se ha hecho como uno de ellos (1). ¿Y su
malicia?... ¡Oh! es incomprensible... quila el honor, el
respeto y la reverencia que se debe á Dios... en cuanto
es de si, tiende a destruir al mismo Dios... ¡qué horror!...
Y al alma ¡cuántos males le acarrea!... cuánto más
peca, más se debilita para el bien... más se aumenta la
mala inclinación... más se desconciertan y alborotan
las pasiones... ¡Qué miseria!... El que peca, se hace til

(1) Comparatos n t jumentil Insiplentibn», et limilia facías eet ¡Hit.


(Ps. 48.)
-1 7 6 -
esclaoodel pecado, dice el mismo Jesucristo (1); si, es­
clavo, y esclavo uncido á un carro del que tira como
bestia, en expresión de Isaías (2); carro, como dice Santo
Tomás, que le oprime con bu servidumbre, que agobia su
corazón con el temor, y le aterra con la inquietud de su
conciencia (3); pues, como dice Isaios: el alma del peca­
dor es como un mar alborotado que no puede sosegarte (4).
¿Lo vos, alma cristiana? ¿Reparas ahora el profundo
abismo en que te sumerges por el pecadof ¿Qué dices á
esto?... ¿Qué piensas?... ¿No te confundes?... ¿No te arre­
pientes?...
P unto 3.a—Consideremos todavía más: la fealdad y
malicia del pecado por parte del pecador. ¿Quién es el
que peca?... ¿Quién eres tú? |Oh, alma crlstianal S ite
mirasen cuanto al alma, has sido creada de la nada...
nada eres de ti misma; toda mi substancia, dice el Profe­
ta, es como nada ante los ojos dioinos (5), nada eres...
nada vales... nada puedes... nada mereces... á la nada
volverías si Dios no te conservase... ¿Y en cuánto al
cuerpo? |Ayl un pufiado de polco (6); miseria... hedion­
dez... digna del mayor desprecio... Más aún: repara
tu mutabilidad... tu flaqueza... tu inclinación al mal...
el desorden de tus apetitos y pasiones... mira como no
hay pecado alguno á que no estés expuesta á cometer,
pues, como dice el Padre San Agustín: No hay pecado que
haya cometido una persona, que otra no pueda cometer­
lo (7)... ¡Oh, qué miseria! ¡qué profunda miseria!... ¡ser
una fuente inquinada, de donde puede manar tanta
ponzoña!!... Y si es tanta tu fealdad ¿cuánta será tu ma-

(1) Qui facit pcccatum, servas eet peccati. (Joan. 1.)


( 2) Quasi vincuUm plaustri peccatum. (Is. 5.)
( 8) Opprimit servitutis onere, cordis timore, consdenti» inquietud!-
ne. (D. Tli.)
(4) Impium cor qnasi mare ferrons, quod quieacere non potest. (Is. 07.)
(5) Substantia mea, tAmqimm nihilum ante Te. (Ps. 88.)
(6) Pulvis es. (Gen. 8*.)
(7) Nullum est peccatum, quod umquam íecerit homo, quod non
posait facere altar homo. (S. Aug.)
— 177 —
lleta peeandcf Tü, que nada eres, ¿te atreves A levantarte
contra Él que es... Dios?... ¡Oh, quó vileza! mira cuán
poca cosa eres, comparada con los demás hombres...
y todos estos, cuán insignificantes son comparados con
tantos millones de Ángeles y Santos... y atiende que
tantos millones de millones de Ángeles y Santos, nada
son en comparación de Dios... ¿qué serás, pues, tú de­
lante de Dios? |Ay! nada, nada (l); y no obstante, te has
atrevido &pecar, retando, por decirlo asi, al mismo Dios,
y dlciéndole prácticamente, no quiero serviros (2)... ¿Qué
has hecho?... ¡Ahí considéralo bien, alma cristiana, y de
seguro, que no encontrarás una palabra, que adecuada­
mente pueda calificar lu conducta... ¿Y no te arrepen­
tirás?...
Ponto 4.°—Finalmente, miremos la fealdad y ma­
licia del pecado, considerando quién es Dios, contra
quién se comete. ¡Ohl... es incomprensible su fealdad y
malicia bajo este respeto... Es como infinita Id injuria,
dice Santo Tomás, porque es contra Dios, infinito en su
Sér y perfecciones... ¡Oh! considéralo, alma cristiana...
Dios, infinitamente bueno, injuriado por la refinada ma­
licia del hombre pecador!... Dios, infinitamente santo,
vilipendiado por la suma vileza del hombre pecador!...
Dios, Infinitamente sabio, despreciado por la absoluta
ignorancia del hombre pecador!... Dios, infinitamente
Justo, provocado por el atrevimiento del hombre peca­
dor!... Dios, infinitamente misericordioso, odiado por el
desprecio del hombre pecador!... Dios omnipotente... Dios
inmenso... obligado, por decirlo asi, á ser instrumento
del pecado, como se queja Él mismo por un Profeta: Te
has servido de mi en tus pecados (3)... |Qué injuria! (Qué
desatino!... Hacer guerra & Dios con el mismo poder de
Dios! aprovecharse de sus auxilios para ofenderle!!...
¿Qué no es asi? ¡Ah! acuérdate, alma cristiana, que si
(1)' Tamquam nibilum ante Te. (Ps. 88.)
(2) Non serviam. (Jer. 2.)
( 8) Serviré me fecUtl in peccatis tnis. (la. 48.)
— 178 —
existes, es que Dios te sostiene... si piensas... si hablas...
si obras... es con el concurso de su Omnipotencia... en
cualquier parte que estés, estás á su presencia... nada,
nada puedes sin Él... y no obstante te has atrevido á
ofenderle; te has teroido de Él en tus pecados... ¡Oh, alma
cristiana! ¿Comprendes ahora en algo, la malicia del pe-
cadóf... Di, ¿qué has merecido?... ¿qué mereces? ¿No te
pasmas de que te sostenga la tierra y no te trague vi­
va?... ¿qué los elementos y los astros influyan en tu con*
servación, y no te destruyan?... ¿qué los Ángeles santos
te auxilien y rueguen por ti, y no sean un cuchillo de
la Justicia Divina, que te lance á los infiernos?... Ea:
confúndete... humíllate... arrepiénlate... no endurezcas
más tu corazón á las voces del Seflor, que te llama hoy
con su misericordia...
C o l o q u io . — Será bueno, por coloquio, rezar aquí con
toda compunción el Salmo: De profundis, etc.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

HXDIT1CIÓN «.*
De las penas del Infierno.

PENA DE SENTIDO.

O r a c ió n p r e p a r a t o r i a : La de costumbre.
Preludio 1.°: Figurarse en el centro de la tierra un
estanque ó pozo muy alto, muy ancho y profundísimo,
lleno de fuego, pez y azufre, y en él, innumerables de­
monios, y almas, ardiendo y penando horrorosamente.
Preludio 2.° Será pedir al Sefior interno y vivo senti­
miento de la pena que padecen los condenados, para
que, si me olvido por mis continuas faltas de su divino
amor, á lo menos, el temor de las penas me retraiga del
pecado, diciéndole con el Profeta: «Traspasa mi corazón
»y mi cuerpo con tu santo temor, pues tus juicios, que
— 179 —
•amenazan penas horribles, me han llenado de es-
«panto» (1).
Punto único.— Aplica, alma cristiana, aplica tus sen­
tidos á aquellas penas, y atiende bien & lo que padecen
aquellas infelices almas, por lo que pecaron con los
sentidos de sus cuorpos. Primeramente aplica la vista:
¿Qué vea allí?... ¡Oh! grandes fuegos encendido» por el
soplo de la indignación de todo un Dios (2); fuegos que
abrasan y no consumen (3); fuegos, á cuya comparación
todo fuego de este mundo es como pintado... ves allí
una multitud enorme de almas hechas ascuas... ardien­
do... ¿Y qué ven ellas? ¡Ay! nada más que demonios...
aspectros... figuras horribles que las amedrentan (4); fue­
go y hamo, que las ciega... Sus ojos son dos fuentes de
fuego qm lansan lágrimas ardientes... abrasadoras (5)...
Es verdad, no tienen cuerpo, pero sufren como si le tu­
vieran, y, despuós del día del juicio, estarán allí sus
cuerpos, padeciendo con ellos, lo mismo que ahora pa­
decen solas... ¡Ay!... ¡Y asi se pagan las miradas curio­
sas... libres... obscenas... malas!... ¿Qué dices tú á
esto?... ¿Pecas con este sentido?... ¡Ah!... mira lo que se
te espera, si no te enmiendas... Aparta, te dice el Sefior,
tus ojos para que no vean la vanidad (6).
En segundo lugar aplica el oído: ¿Qué oyest... ¡Ay! el
continuo trueno de la ira divina: trueno grande y es­
pantoso (7)... alaridos... llanto y crujir de dientes (8)...
blasfemias las más horrendas contra Dios... contra la
Humanidad Sacrosanta de Jesucristo... contraía Santí­
sima Virgen María... contra los Santos... maldiciones,

(1) Confige timore tuo carnes meas, & judiclis eaim tula (poenaa hor­
ripiles conminantibus) timui. (Belar. super Ps. 118.)
. (2) Ignis 8iiccen8U8 eat in furore meo. (Deut. 82.)
(3) In igne, frustra conflavit conflator, non sunt consumpte. (Jer. 6.)
(4) Visiones, qu® illos turbaverunt. (Sap. 18.)
(5) H orrendas a b oculis scintillas emiltentes. (Sap. 19.)
( 6) Averte ocnloa, n« videant vanitatem. (Ps. 118.)
(7) Vox tonitmi ejus, sieut tonítnmm magnnra. (Eccli. 40 et 48.)
( 8) Fletus et stridor dentiun. (Matth. 8.)
— 180 —
Imprecaciones las más horribles, que se echan entre si...
gritos... desesperaciones... ¿Y qué oyen ellos? |Oh, qué
horrorl... Resuena continuamente en sus oído» el eco
espantoso de aquella fulminante palabra: id, maldito»,
al fuego eterno (1)... vibra en sus oído»: siempre, siem­
pre... jamá», jamás... siempre durará,., jamás se aca­
bará... ¡Ayl |Y asi se paga el prestar oído... complacer­
se en escuchar conversaciones malas... pecaminosas...
obscenas... palabras de dos sentidos... criticas... mur­
muraciones!... ¿Qué dices tú á esto? ¿Pecas con este
sentido?... Mira bien lo que te aguarda, si no te enmien­
das... Cerca de espinas tus orejas, te dice Dios, mientras
vives en este mundo faláz (2).
En tercer lugar aplica el olfato: ¿Qué percibes?... (Dios
mió! ¡Qué fetidez/L.. No hay sentina, no hay sepulcro,
no hay lugar Inmundo, que pueda compararse con el
infierno. Lo dice el Señor por Isatas: Arrojados serán los
muertos, esto es, los condenados, y sus cadáveres exha­
larán un hedor insufrible (3). Y en otro lugar dice: Será
el condenado insoportable á todos por lo intolerable del
hedor que despide (4). ¿Y qué perciben ellos? Lo dice el
mismo Dios: ni él mismo condenado puede ya sufrir su
hedor (5)... ¿Qué despedirán, pues, tantos condenados y
demonios, hacinados en aquel lugar hediondo??... ¡Oh!
¡cuán caras se pagan las complacencias de este senti­
do!... ¡Qué náuseas! ¡qué desmayos!... ¿Pecas tú con
este sentido? ¿Te complaces vanamente y con exceso en
él? Atiende & lo que te dice el Sefior: tendrás por tus com­
placencias pecaminosas del olfato, el hedor (6). Arrepién-
tate, y enmiéndate...
En cuarto lugar aplica el gusto. ¡Oh! Saborea por un

(1) Ite, nuledlcti, in igoem seUrnnm. (MatUi. 26.)


(2) Sepi aurea tuas apiris. (Eccli. 28.)
(3) Interfecti projicientur, et de cadareríbus ascendet totor. (le. 84.)
(4) Nemo poteat propter intolerantiam fatoris portare. (2. Mach. 9.)
(&) Nec ipee jam fetorem saum ierre potest. (2. Mach. 12.)
(6) Krit pro odore fotor. (Is. 8.)
— 181 —
momento la amargura del condenado, y vé con cuanta
razón la llama el Profeta: amargura amarguísima(1); ¡qué
lágrimas tan amarga»!... nuestro» ojo» no destilan más
que amarguras, exclaman con más razón que Job (2)...
¡Qué tristezas tan repugnantes!!... gutta, si puedes, la
terrible amargura del remordimiento de la conciencia,
gusano que continuamente roe sus entrañas (3); ¡oh! ¡qué
hastio!... ¿Y qué gustan ellos! Lo dico el Profeta: por una
parte padecen hambre canina (4); sed insaciable, inextin­
guible que seca su lengua g les abrasa la» entrañas (5);
por otra parte gustan incesantemente hiel de dragones
g veneno de áspide» (6). ¡Oh! ¡qué amargos son para
ellos los gustos, antes tan sabrosos al paladarl ¡Cuán
caros se pagan!!... ¿Te arrastra á ti el deleite de este
sentldot... Mira bien lo que se te espera... no quieras
dar rienda al gusto, que ha de convertirse en amargura
mortal y eterna.
En quinto lugar aplica el tacto. ¡Qué dolorl... este
sentido extendido por todo el cuerpo... ¡qué tormento
tiene en aquel estanque de fuegotl Si. El juego, y fuego
vioftimo es la oengansa, el castigo del alma sensual, impu­
ra, viciosa, soberbia (7); y fuego continuo, perenne, que
nunca dice: basta (8). Percibe un tanto con la imagina­
ción la intensidad de est* fuego, que penetra el cuerpo y
el alma del condenado, y atiende á lo que te dice el Pro­
feta: ¡Cómo podrás morar en ese fuego tragadorl (9). ¿Y
qué sienten aquellas almas? ¡Ahí arden, sf, arden, y no
se consumen... están como ascuas vivísimas y horrl-

(1) Amaritudo amarissima. (Is. 28.)


(2) In amaritudinibus moratur oculas mens. (Job. 17.)
(3) Comedet eos yermis. (Is. 51.)
(4) Famem patientur ut canes. (Ps. fifi.)
(5) Lingua eorum siti aruit... moríen tur in siti. (Is. 41 et 50.)
(6) Fel draconum vinum eorum. (Deut. 82}... Venenum aspidum sub
labils eorum. (Ps. 189.)
(7) Vindicta carnis impii, ignio. (Eocli. 7.)
(8) Ignia, qui numquam dicit: Sufflcit. (Prov. 80.)
(9) ¿Qais ex vobis habitabit cum igne devorante! (Is. 88.)
— 182 —
bles... y cuánto más te kan deleitado en el pecado, tanto
más oioo ¡f penetrante es aquel fuego para ellas (1). ¡Oh!
¡y en qué tormento tan horrible sa convierten las com­
placencias y deleites sensuales!... Y tú, alma cristiana,
¿cómo te portas con este sentidof... ¿Lo refrenas?... ¿Le
das mucha libertad?... ¿Eres enemiga de la mortifica­
ción?... Acuérdate de lo que te dice San Pablo: Para vi-
oir eternamente, has de mortificar las pasiones, ú obras de
la carne (2).
C o l o q u io .— Será dirigirse á Nuestro Sefior Jesucristo,
dándole humildes gracias por la piedad y misericordia
en no haberla dejado caer en aquel lugar de tormentos,
como aquellas infelices, de las cuales unas están allt,
porque no creyeron en Él, antes de su venida al mundo,
otras porque le despreciaron cuando vino, y otras por­
que no creyeron en su doctrina, y no guardaron sus
mandamientos. ¡Oh! En cualquier de estos estados po­
día yo haber caido, y su misericordia me ha preservado.
«¡Gran Dios! ¿Qué debo y qué puedo yo retribuiros por
«tanto amor y tantos beneficios? (3) ¡Ah, Sefior! Reco-
«nozco que & vuestra misericordia y bondad infinita
«debo, que por mis enormísimos pecados, no esté ya
«eternamente perdida... ¡oh! jamás han faltado sobre
«m i vuestras piedades (4). Aquí me teneis á vuestros
«piés, y humilde os diré con San Agustín: Aquí quemad,
«aquí cortad sin consideración alguna, mientras que
«eternamente me perdoneis» (5).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último, dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

(1) Quantum in deliciis fuit, tantum date illi tormentum. (Apoc. 18.)
(9) Si epiritu facta carnis mortiflcaveritis, vivetis. (Rom. 8.)
(8) ¿Quid retribuam Domino pro ómnibus quse retribuís mihi? (Ps.115.)
(4) Misericordia Domini, quia non sumus consumpti... non defecerunt
miserationes ejus. (Thr. 3.)
(5) Hic ure, Domine, hic seca, hic non parcas, modo in ffiternum
pareas. (S. Aug.)
— 183 -

KZDXTAClGir 4.*
De las penas del Infierno.

PENA DB SENTIDO.

La de costumbre.
O ra c ió n p r e p a r a t o r ia :
Preludio 1.°: El mismo de la meditación anterior.
Prbludio 2.°: El mismo que el anterior.
Punto ú n ic o : — Afiádese á la pena de sentido, la que
padece el alma en sus potencias interiores.
En primer lugar: la imaginación. Fija est& siempre
ésta en la vehemente aprehensión de los males, y tor­
mentos que experimenta... y esta aprehensión misma,
al paso que los hace más insufribles, la está siempre
maquinando y revolviendo en si misma, angustiándola
espantosamente (1). ¡Oh! ¡Qué horribles representaciones!
¡qué monstruosos visajes! ¡Qué espantosos fantasmas
hierven en la imaginación, mucho más terribles que los
de los Egipcios, de quienes está escrito: Aparedansele»
horrorosas figura» que lo» llenaban de espanto (2). ¡Ay!...
|Y asi se pagan tantos proyectos pecaminosos, tantos
planes malvados... tantas complacencia» criminales!...
¿Qué dices tú á esto?... ¿En qué emplee» tu imagina­
ción?... Acuérdate de lo que está escrito: de nada siroen
los proyectos que se vuelven amargura (3).
En segundo lugar: El hpetito sensitivo. Está éste como
un mar tempestuoso, dice el Profeta, en que se agitan
con la mayor furia y violencia las pasiones todas (4);
la ira, el odio, el temor, la tristeza, la envidia, el furor,
la desesperación... ¡oh! el corazón todo está convulso...

(1) Angustia apprehendet eam, (Jer. 50.)


(2) Persone tristes, lilis apparentas, pavorem illis prsstabant. (Sap.
17.)
(8) Non est sensus ubi est amaritodo. (Eccll. 21.)
(4) Quasi mare feríeos. (Is. 67.)
— 184 —
no hay reposo... oo hay quietud... no hay sosiegoII...
deseos, sin logro alguno... amias, sin alcance... anhe­
lo», sin cumplirse... todo, malestar y desorden: rodeado,
dice Job, de tribulación y angustia (1)... jOh! ¡Cuán te­
rriblemente es castigada la libertad, el desenfreno de
las pasiones!/... ellas mismas son su verdugo... Y tú,
alma cristiana ¿qué desead ¿qué apeteced... mira que
está escrito: los deseo» de los pecadores se desvanecerán
como el humo (2).
En tercer lugar: La memoria. Es ella un roedor ince-
sante lleno de amargura (3), Ojo siempre el recuerdo
de lo pasado, sin que pueda ya gozarlo... continuo lo
presente, sin que pueda evitarlo... eterno su estado, sin
que pueda variarlo... acuérdase de las oportunidades
que tuvo para evitar los males que sufre, y conseguir
los bienes, de que carece... las ocasiones perdidas... los
medios despreciados, y que nunca jamás han de volver,
porque se ha acabado el tiempo (4). ¡Oh! ¡Cuán caros
cuestan los desprecios de los remordimientos... el vo­
luntario olvido de las postrimerías que, como dice el
Sabio, son un /reno para no pecar!t (5)... ¿qué haces túf
¿En qué empleas tu memoria?... Acuérdate ahora del
llanto que causa después la memoria de lo pasado (6).
En cuarto lugar: El entendimiento. ¡Oh! ¡Cuán oscure­
cido y lleno de errores!(7)... ciego para todo bien... sin
que le sea dado discurrir en cosas apacibles... fijo siem­
pre en el mal que padece... sólo con la idea del bien
como perdido... hé ahí el eje en que da siempre vuelta»
su pensamiento (8). ¡Oh! ¡qué desesperación!!... juzga
con portinacia, que Dios es injusto porque le castiga...

(1) Tribulatio et angustia vallabit eum. (Job. 15.)


(2) Desiderium peceatorum peribit. (Ps. 111.)
( 8) Amara est memoria. (Eccli. 41.)
(4) Tempus non erit amptius. (Ap. 10.)
(6) Memorare novisaima tua et in «ternum non peccabis. (Eccli. 7.)
(6) Qemitus cuxn memoria prseteritornm. (Sap. 11.)
(7) Error et tenebro peccatoribus. (Eccli. 11.)
(8) Axis yersatilis cogitatus íllius. (Eccli. 88.)
— 185 —
no quiere atender á la gravedad de sus pecados,... fija
su mente en ellos, sin el goce de los mismos... ¡qué
rabial ¡qué despecho! Asi se pagan los vanos discursos,
las maquinaciones perversa*, que ha engendrado para
obrar el mal (1). Y tú, ¿cómo empleas tu entendimientot
¡Le haces servir para la vanidad? ¿Es esclavo de tus pa­
siones) ¡Ahí no seas de los que han de conocer después
el espíritu del error en que vician (2).
En quinto lugar: La voluntad. Siempre perversa, obs­
tinada siempre en el mal (3), está abrasándose en conti­
nuos deseos de bienes, que no pueden conseguir... ra­
biando por los males, que no puede evitar... odia á Dios
y á los Santos... los blasfema... se maldice á sí... mal­
dice las criaturas todas... quisiera dostruirse, y no pue­
de... quisiera morir, y no encuentra la muerte (4). ¡Ohl
¡qué violencia! ¡qué horror!!... Así son retribuidos ios
que siguieron su voluntad perversa y los deseos de su mal­
vado corazón (5)... ¿Qué haces tú? ¿qué deseas? mira que
los goces mundanos se convierten en llanto sempiterno (6).
C o l o q u io . — Puede servir el mismo de la meditación
anterior.
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

(1) Mtchinans ccgitationes pesflimas ad currendum in malnm.


(ProY. 6.)
(2) Scient errftntafi Rplritn ¡Bfallectnin. (Is. 29.)
(8) Malitia ipsorum in perpetuum. (Sap. 12.)
(4) Fugiet mora ab eis. (Apoc. 9.)
(6) Abieruut in voluntatibus, et in pravitate cordls sai mal!. (Jer. 7.)
(6) Defecit gattdinm, versum est in loctum. (Thr. 5.)

13
— 186 —

■ n iT A C K n r

De las penas del Infierno.

PENA DE DAÑO.

Oración La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o : El mismo de la meditación anterior.


P r e l u d io segundo: El m ism o da la m editación anterior.
P u n to 1.°— ¿Qué es la pena de daflct Es la privación
de Dios. |Oh! ¡privación de Diosll ¡Nunca poder ver á
Dios!!... ¡no poteer jamás á Dios!! ¡Eternamente sin
Dios!!... ¿Quién es capaz de ponderar debidamente esta
penal no, no hay á que pueda comparársela... podría­
mos llamarla único mal... mal infinito, dico Santo To­
más, porque priva de un bien infinito... (1) pero mal
justo, justísimo, porque corresponde á la aversión que
el alma ha hecho de Dios, pecando... SI, justo, justísi­
mo es, que habiéndose apartado el alma de Dios, Dios
se niegue al alma, arrojándola de su presencia (2). Pero
¡ay! ¡qué desgracia!! Dios, sumo é infinito Bien... último
fin del alma... sumamente amable... único centro de
todos sus deseos... ¡y nada de esto se consigue!! ¡Oh!
qué separación tan violenta! ¡qué privación tan amar­
ga!!... El alma separada asi de Dios se encuentra en so­
ledad espantosísima... no tiene donde asirse, ni apo­
yarse... no encuentra descanso, ni sosiego... todo para
ella es un caos tenebroso... todo le falta, porque le falta
su fin í!... ¡Qué violencia padece! no hay piedra... no
hay cuerpo alguno, que ame tanto su centro, como el
alma desprendida de su cuerpo mortal desea estar unida
á Diosl!... y se vé impedida... y se vé rechazada... y se

(1) Prona damni est infinita, est enim amissio inftnitl boni, scilicet
Del. (D. Tli.)
(2) Projiciam á fació mea. (Jer. 7.)
-1 8 7 —
vé arrojada lej09, infinitamente, de su fínft ¡Oh! ni mil
fuegoi del infierno, dice San Crisóstomo, que se juntasen
en uno, serían de tanta pena para el alma condenada,
como el verse sin Dios... privada de Dios... rechazada de
Dios... ( l ) ¿Lo ves, alma cristiana? ¿Ves cuán caro se
paga el olvido, que ahora se tiene de Dios por el pecadcf
¿Qué haces tú? ¿Eres de aquellas, de quienes se lamenta
el Profeta: Delante de ella* no hay Dio*t (2) ¿Olvidas su
Divina presencia? ¡Oh! Teme, que después no seas tú
olvidada de Dios... Piénsalo bien, y enmiéndate.
Punto 2.°— Á esta privación de la vista de Dios, añá­
dese la otra privación de la vista de Nuestro Sefior Jesu­
cristo, de la Santísima Virgen María, de . los Ángeles y
de los Santos... ¡Oh! qué pena!!... La Humanidad sacro­
santa de Nuestro Sefior Jesucristo, que es el vivo reflejo
de la luz Divina (3), que es la alegría, el gozo de los
Bienaventurados... ¡ayl no le verán nunca para su con­
suelo... sólo en el día del juicio lo verán con terrible
penaf y despecho furioso: verán al H ijo del hombre, que
viene sobre las nubes del Cielo (4), cuando los juzgue úl­
timamente, y los rechazo de sí, dicióndoles: Apartaos
de mi , malditos (5), y la memoria de esta vista les du­
rará siempre para aumentar la pena de la privación de
su vista gloriosa... ¿Y á María? ¡Ah! tampoco la verán
nunca, metidos en aquel lugar de tinieblas. ¡Oh! ¡María!
que, como dice San Buenaventura, es después de Dios la
mayor gloria del Cielo (6). ¡María! la Madre del mismo
Dios que está colocada á su diestra (7). ¡María!... nuestra
amorosísima, clementísima, benignísima Madre, ¡ay!...
ya no lo es para ellos... nunca verán su resplandeciente

(1) Si millo aliquis ponat gehonnas, nihil talo dictaros est, quale est
á bettse illius gloria honore, & Dei visione repelli. (8 . Crys.)
(2) Non est Deus in conspectu ejus? (Ps. 10.)
(3) Lucerna ejus est Agnus. (Apoc. 21.)
(4) Videbont Filivm hominis Tenien fom in nubibus Cceli. (Mal. 24.)
(5) Discedite á m« maledicti. (Mat. 24.)
( 6) Sumina gloria est, ó María, post Deum, te yidere. (S. Bonay.)
(7) Astilit Regina á dextris tais. (Ps. 44.)
— 188 —
rostrol!... Ni han de ver jamás á los Ángeles, ni & los
Santos... exclamarán, dice San Efren: ¡ay! no podemos
ver aquellot admirables órdenes celestiales, á ninguno de
ellos hemos de oer por toda la eternidad ( l); ¡qué deses­
peración! hemos errado, exclamarán, y para nosotros no
hay más que tinieblas... (2) ¿Lo ves, alma cristiana?
IDónde están, te dice San Cirilo, el amor del mundo, la
gloria cana, los deleites, los desprecios, la insolenciaf (3)
Atiéndelo bien... cierra tus ojos al mundo, para que
puedas ver y gozar de la gloria de Dios, y de los Santos.
Punto 3.°— Comprende también la pena de daño el
destierro perpétuo de aquella mansión celeste, donde se
goza lo que ni los ojos han visto, ni los oídos han oido, ni
se ha podido nunca conocer ni apreciar lo que Dios tiene
preparado á sus moradores (4). ¡Oh! ¿qué será carecer de
todos estos bienes?... El alma condenada, por lo que pa­
dece, vendrá en conocimiento de lo que ha perdido...
¡Qué cotejoll ¡Desheredada de una región tan excelente,
y desterrada á una región tan formidable!!... ¡separada
como maldita de aquella Corte celestial, donde son ben­
ditos todos sus habitantes!!... ¡trocadas las delicias ce­
lestiales, en dolores y penas eternas!!... el Cielo en infier­
no... el Paraíso en tormentos!!! ¡Qué rabia!! ¡qué deses­
peración!! tenia por insensatez laoida de los justos, y su
muerte por ignominia, ellos eran el blanco de sus escar­
nios (5)... ¡Oh! ¡Cómo se han trocado las suertes! la suya
es la de los Santos, y nosotros nos hemosfatigado en seguir
el camino de la perdición!! Asi discurren y se lamentan en

(1) N on nmplius Sanctorum aspiciemus ordinee, nullum eiquidem


illonim visuri sumus ultra. (S. Ephren.)
(2) Ergo errATÍmu8... et lumen non illuxit nobis. (Sap 5.)
( 8] ¿Ubi mundi jactantia, ubi inania gloria, ubi delicia, ubi contemp-
tas, ubi pctulantla? (S. C yril.)
(4) Nec oculus vidit, nec auris audivit, nec in cor hominis ascendit,
qua proeparavit Deus diligentibus se. (1.a Corin. 2.)
(5) Vitam illorum sestimabamua insaniam, et finem illorum sine ho­
co re,... quos habuimus aliquando in dertaum... jinter Sanctos sors iilo-
rúm est!... lassati sumus in Tía perditionU. (Sap. 5.}
— 189 —
el infierno los pecadores, dice el Espíritu Santo (1). En
vista de esto, di, alma cristiana, ¿cuál de esta suerte
escoges? Tu vida lo ha de decidir: el fin de cada uno será
según sus obras, dice San Pablo (2).
Coloquio.— Puede seryir el mismo d éla meditación
antecedente.
Se concluirá con un Padre-nuesiro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

MSDZTAOXON •.*
Calidades de las penas del Infierno.

O r a c ió n : La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia

P r e l u d io El mismo de la meditación anterior.


p r im e r o :

P reludio segundo: El mismo de la meditación anterior.


Punto l.° — Tres son las principales calidades de las
penas del infierno. La primera es, la universalidad. Son
universales en si mismas. Todas ias penas están allí re­
unidas... Penas de cuerpo, y de alma... penas interiores,
y exteriores... Cuantos tormentos haya inventado la
malicia de los tiranos, y cuantos puedan imaginarse,
están allí en sumo grado... por esto el infierno es llama­
do por antonomasia, lugar de tormentos (3)... es también
llamado suplicio (4), como el complexo de toda pena, y
todo dolor... Son universales, por parte del condenado.
No hay sentido en el cuerpo, no hay potencia en el alma,
que no tenga su tormento: todos dicen con el Rico Epu­
lón: me abraso en estas llamas (5)... la tribulación les
atormenta de lleno (6). Son universales por el modo. Ator­

(1) Talia dixerunt in inferno hi qui peccaveruct. (Sap. 5.)


(2) Finís «orum erit seeundum opera ipsorum. (2 .» Cor. 11.)
(3) Locas tormentorum. (Lnc. 16.)
(4) Ibunt In aupplicium. (Mat. 85.)
(5) Crucior in hae flamma. (Luc. 16.)
( 6) Cruciabit illam, in tribul&tione. (Eccli. 4.)
— 190 —
mentan hasta con modos contrarios entre st; patán,
dice Job, de un internísimo frió , á un calpr extremado (1),
allí la nieoe y el hielo resisten la fuer xa del fuego, y no se
derriten, dice el Sabio (2). ¡Qué horror, alma cristiana!!
¿Cómo sostener esa universalidad de penas, cuando una
pequeña mortificación ya te asusta?...
P u n t o 2.a— L a segunda calidad es, la continuidad. SI.
Son continuas... ¡Oh! por grandes que sean... ¡si hubiese
descanso!!... no lo hay, ni en el fuego, ni en el remordi­
miento, que continuamente roe su corazón (3), no hay
intermisión de la ignominia, de que se ven cubiertos (4),
no hay disminución en los tormentos (5 ), no hay alioio, no
hay consuelo (6). ¡Qué situación tan violenta!! ¡Oh! ¿qué
se han hecho tantas ocasiones perdidas?... ¿tantos avisos
despreciados?... ¿tanto tiempo malogrado?... ¡ya no hay
ocasión que aprovechar!!... ¡no hay aviso que poder se­
guir!!... ¡no hay tiempo que cambiar!!... En este mundo
los males, las penas van mezcladas con bienes... hay
treguas de alivio... hay interpolaciones de algún con­
suelo... no siempre se sufre... no siempre s6 padece...
pero en el infierno, no se conocen cesasiones, ni descan­
sos... es un puro y. continuo penar (7). ¿Lo ves, alma
cristiana?... ¿Y no te espanta ese continuo penar?... Ea:
aprovecha el tiempo... mira que allí el alma está siempre
fija, siempre inmoble (8).
Punto 3.°— Finalmente, la tercera calidad es, la eter­
nidad... ¡La eternidad!! ¿Quién es capaz de ponderarla?...
Héahf lo más terrible de aquellas penas... Allí no hay
fin ... no hay esperanza del fln... Para mi no hay fin (9),

(1) Ad nimiuni calorem transeat ab aquíb nivinm. (Job. 24.)


(2) Nix et glacies sustinebant vim ignis, et non tabescebant. (Sap. 16.)
( 8) Comedet eos vermis. (Is. 51.)
(4) Confussio sine intormtssione. (Eccli. 20.)
(5) A livore non minnitur. (Eccli. 28.)
(0) Consolatio abscondita est. (Ossese. 18.)
(7) Non cessantibas doloribas. (2. Mac. 9.)
( 8) Flxa manebat, immobilis. (Ac. 27.)
(9) Periit finís mena. (Thr. 8.)
— 191 —
exclaman todos, y cada uno de los condenados; ¡para mi
no hay fin!!... No, no hay término, no hay fin... La eter­
nidad es un peso enorme, que oprime continuamente al
condenado... es una duración interminable, siempre pre­
sente, y que jamás se acaba... |Terrible duración! ¡Ohl si
las delicias y los gocos do esta vida, por buenos que
sean, con su mucha duración, se vuelven tormentos,
¿qué será en el infierno, arder siempre, y no consumirse;
agonizar continuamente, y nunca morir; buscar la muer­
te, y no encontrarla (1)? ¡Oh! ¡qué estado tan horrible!!...
De ahí la desesperación, el llanto y crugir de dienta (2)...
pero en vano... es la eternidad... no hay más tiempo (3).
¡Alma cristiana! piénsalo bien... todo tiene fin en este
mundo, pero en el otro no hay fin ... todo es eterno...
Recuerda con frecuencia esta verdad con el Profeta, que
dice: Fija está siempre en mi mente la eternidad (4)...
Coloquio.—Sera el mismo de la meditación anterior.
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

nsD iTA Ciózr r.a


De la Huerto.

Oración La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io Figurarse estar ya en aquellos úl­


p r im e r o :

timos momentos de la vida, agonizando, y con la can­


dela en la mano.
P r e l u d io s e g u n d o : Será pedir al Seflor vivo conoci­
miento de lo que sentiremos en aquellos terribles mo­
mentos, acerca la vanidad del mundo, y de la Impor­
tancia de la salvación, diciendo al Señor con el Profeta:

(1) Mora fuglet ab eis. (Apoc. 0.)


(2) Fletas et stridor dentium. (M&t. 8.)
(3) Tempus non erlt amplios. (Apoc. 10.)
(4) Annos eternos in mente habui. (Ps. 76.)
— 192 —
alluminad, Señor, mis potencias con vuestra benigna
«mirada, para que no incurra en la muerte del peca-
»d o» (1).
P u n t o l . 9— ¿Qué es la muertá Morir, es dejarlo todo, y
ser dejado de todo... es ser despojado entera, y eterna­
mente de todas las cosas de la tierra... despojo absolu­
to (2), dice Job... riquezas... comodidades... deleites...
honores... cargos... empleos... de todo despoja la muer­
te... todo lo destruye... Amigos... parientes... conoci­
dos... compañeros... de todo separa la muerte... todo lo
aleja... ¡despojado!... Esperanzas fallidas... proyectos
frustrados... planes desvanecidos... deseos burlados...
lié ahí los trofeos de la muerte... todo abandonado...
¡despojado!... ni esperanza de recobrar la oida presen­
te (3)... Morir, es la consunción del cuerpo {A), su con­
versión en asquerosa podridura, y pasto de gusanos,
¡consumido!... su reducción en polvo... (5) en ceniza... en
nada... Morir, es desaparecer el hombre de sobre la tie­
rra, como que no hubiera sido... (6) M orir, Analmente,
es el tránsito del alma de esta á la otra vida... de lo
transitorio, á lo perdurable... del tiempo, á la eterni­
dad.. y ésta, feliz ó infeliz... ¡Oh! ¡qué desengaño!...
Piénsalo bien, alma cristiana, mira que es lo que vale
en aquel momento supremo. Un religioso se apareció
después de su muerte á un amigo suyo, y le dijo: Fui
Teólogo; y esto, aqui es nada... fui Predicador; y esto
nada es... fui Superior; tampoco cale esto... ful Religioso;
esto, es lo que me ha valido, y roe vale... ¿Lo oyes?... no
te valdrán los cargos... los honores... los destinos... los
talentos... nada de esto, todo lo dejarás... sólo el haber
servido ñelmente al Señor, esto te valdrá... Seas, pues,
(1) Illuonina Domine oculos meos ne nmquam obdormiam in norte.
(Ps. 12.)
(2) Nudatus. (Job. 14.)
(3) Spea ejus frustrabitur. (Job. 40.)
(4) Consumplufi. (Job. 14.)
(5) In pulverem reverteris. (Gen. 9.)
16) Poat hoc erls, tamquam non íueris. (Sap. 2.)
- 193 —
fiel en tu estado... cumple debidamente... taina tu al­
ma (1) ¿Lo haces así? ¿Lo harás?...
P u n t o 2.°— Certitud de la muerte. La muerte, et cierta.
[Ahí si. Toda esta miseria de la muerte ha de sucederte
indispensablemente, alma cristiana... morirás, y no vi­
virás (2 ). Es un decreto general, dice San Pablo, decreto
dioino, de que todos hemos de morir (3). En los antiguos
Patriarcas, vemos una longevidad admirable... pero de
todos se lee: Y murió (4)... ¿Quién et el viviente, pregun­
ta el Profeta, que no ha de ver la muertéf (5) como si
dijera: no hay hombre vico, que no haya de morir. Como
las olas del mar, que van corriendo una tras otra, pero
todas se deshacen en la orilla, asi los siglos, las genera­
ciones van sucediéndose unas á otras, pero todas desapa­
recen, todas se estrellan en la orilla de la eternidad... en
la muerte. Todos morimos, y nos deslisamot como el agua
derramada sobre la tierra. (6) Esto lo dice la fe... ¿Y la
razón? La razón nos dicta, que el hombre ha de morir...
El hombrees compuesto de los cuatro elementos, fue­
go, agua, aire y tierra, elementos contrarios entre si...
que siempre están en pugna... que tienden siempre á la
disolución de su compuesto... de ahí, las enfermedades...
el decaimiento de fuerzas... la muerte... Pero, finalmente,
mira lo que te ensena la experiencia... Todos los días...
todas las horas del día, la muerte recojo sus victimas...
Cerca de noventa mil personas, según el calculo más
aproximado, caen cada día bajo la guadaña de la muer­
te... DI, alma cristiana, ¿dónde están tantas personas,
que hablas conocido en el mundo?... ¡ay! han pasado...
han muerto... ¿dónde tantas compañeras en tu estado?...
han desaparecido... Tú ocupas el lugar, el destino, que
(1) Salva animam tuam. (8. Reg. 1.)
(2) Morieris tu, et non vives. (4. Reg. 30.)
(0) Statutum est hom taibus... morí. (Ile b . 9 .)
(4) E t m ortuin e«t. (Gen. fi.)
(6) ¿Qu ¡8 est homo qui vivet, et non videbit mortemf (Ps. 88.)
(6) Omnes morimur, et qu u l aqu# dilabimur super terram.
(2. Reg. 14.)
-1 9 4 -
elias tenían... otra te sustituirá á ti... ocupará el lugar,
el empleo que ejerces, ¿porqué? porque habrás desapare­
cido... habrás muerto... Ya puedes gozar de salud...
estar muy encumbrada... ser muy complacida... tener
mucha influoncia... nada to valdrá... porque, ni el po­
der, ni los riquezas, ni la salud, ni los honores, ni las
alabanzas... nada... nada salva de la muerte... ¿Porqué,
pues, no haces ahora espiritualmente, lo que después
real y necesariamente tendrás que hacer? ¿porqué no
haces lo que de sí decía San Pablo: todos tos dios estoy
muriendo (1), desprendiendo todos tus afectos de todo
lo terreno?... Mira bien, cuanto te importa hacerlo... y
propon...
P onto 3.°— Incertitud de tas circunstancias.— Tanto
como es cierta la muerte, tanto son inciertas las circuns­
tancias, que la acompañan... ¿Cuándo morirás, alma
cristiana? ¿será pronto, ó tardarás mucho?... ¿Te vendrá
la muerte en este ano?... en el siguiente?... ó tardará
más?... ¿Morirás esta semana?... este mes?... mañana?...
hoy mismo?... ¡Ayl nada sabes, todo es posible... es in­
cierto el número de años (2). ¿Y dónde morirás?... ¿En
casa, ó en la calle?... ¿Estando en cama, ó fuera de ella?...
¿En tu aposento?... ¿En el recreo?... ¿En el trabajo?...
Todo es posible... todos los lugares son á propósito para
la muerte... pero ¿cuál será?... no se sabe (3). ¡Terrible
incertitud!... Lo que es cierto, que vendrá, cuando menos
pensarás; te lo avisa Jesucristo (4)... vendrá como un
ladrón, y éste acecha siempre al descuidado, para aco­
meterlo de improviso... ¿Qué será pues, de ti, si no
vigilas?... Mira que á esto te exhorta Jesucristo, cuando
dice: celad, porque no sabéis el día, ni la hora (5)...'Vela,
pues, alma cristiana, vela, que si la muerte viene de

(1) Quotidie morior. (l.oo Cor. 15.)


(2) Numerus annorum incertus est. (Job. 15.)
(8) Nescit homo flnem snum. (Bccles. 9.)
(4) Qua hora non putatis. (Luc. 12.)
(5) Vigilato, quia noecitie diom, noque lior&m. (Mat. 25.)
— 195 —
repente, no te halle á lo menos desprevenida... Practica
lo que decía aquel Santo Abad Rariaám á SU discípulo
San Josafat: Piensa, que hoy empieza* la vida religiosa,
y que hoy mismo has de acabarla (1). ¡Oh! ¡qué prepara­
ción, qué vigilancia esta, para no ser sorprendida! ¡cuán
prevenida estarías, alma cristiana, si así lo practica­
ras... ¿Porqué no lo haces?...
P u n to 1 .°— Unidad de la muerte.— Hé ahí la circuns­
tancia, ó mejor, la propiedad más terrible de la muerte.
La muerte es una. Sí. Una sola oes has de m orir , alma
cristiana. Te lo dice San Pablo: está decretado que lo*
hombres mueran una sola vez (2). Y esta vez es, para
siempre... ¡Oh! ¡torriblo verdad!... Si pudieses m orir , do*
veces, en la segunda, podrías reparar los yerros de la
primera ... pero, .imposible... una sola vez; allí donde
quierat que cayere el árbol cuando le cortaren , allí se que­
dará para siempre (3). Es la muerte como la última suer­
te del juego, en que va todo el rosto... si se gana , esto
es, si se muere bien, todo está ganado... todo es segu­
ro... pero si st pierde... si se muere mal... ¡ay! todo está
perdido... y sin remedio... Es un momento decretorio,
del qüe pende \&eternidad... ¿Qué no has do hacer, pues,
alma cristiana, para asegurar este paso?... Mira, que las
cosas difíciles y desusadas no suelen salir bien, las más
de las veces; por esto se ensayan... se repiten sus prue­
bas para acertarlas... Adiéstrate, pues, ahora & morir
espiritualmente á todo lo del mundo, para que desasida
de todo afecto terreno, nada encuentre en tí la muerte
de que despojarte, y aciertes asi á dar el paso grande
del tiempo á la eternidad...
C o l o q u io .— Será primero con la Santísima Virgen Ma­
ría, implorando su protección para aquella hora, con las
palabras de la Santa Iglesia: «María, Madre de gracia,

(1) Hodie te vitam religiosam inchoasRe, cogita; hodie qnoque finita*


rum. (S. Barlftám.)
(2) Statutum est hominibus semel mori. (Heb. 9.)
(8) In quoeumque loco exciderit lignum, lbl erlt. (Sccles. 11.)
— 196 —
nMadre de misericordia, protegednos contra nuestro
nene migo, y amparadnos, y recibidnos en vuestros bra-
ozos en la hora de la muerte» (1); y después con el Divi­
no Je6ús, diciéndole con San Ignacio: «En la hora de mi
«muerte, llámame; que venga & TI, mándame; para que
»con tus Santos te alabe, por los siglos de los siglos
oAmena (2).
Se concluirá con un Padre-nueetro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

H ID IT IC lO N
De la historia del rieo Epulón, y del pobre lázaro.

Oración preparatoria : La de costumbre.


Preludio primero : Figurarse á Lázaro, primero entre
penas, abandonado; y después gozando en el Paraíso: y
al Rico, primero entre delicias; y después sumido en las
llamas del infierno.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será pedir al Señor luz, para co­
nocer más y más la vanidad del mundo, y sus peligros,
así como las ventajas de la mortiflcación; y gracia para
saber abrazar ésta, y apartarse de aquéllos, diciéndole
coa ol Profeta: «He aborrecido la iniquidad, y he amado
otu santa Ley» (3).
P u n t o l . “— Consideremos primeramente la oída de
estos dos hombres. Dice Jesucristo: Habla cierto hombre
rieo, qúe vestía de púrpura y de lino finísimo, y tenia cada
día expandidos banquetes', y habla también un mendigo
llamado Lázaro, que yacía á la puerta del Rieo, y estaba

(1) Maria, Mater gratis, Mater miseiicordie, tu dos ab hoste prote­


ge, ot mortis hora suscipe. (Ant. Eccla.)
(2) In hora m or ti b mese voca me; et ju be me venire ad T e; ut eum
Sanctis tuis laudem Te, in sseenla sseculorum. Amen. (S. Ignat.)
(8) JniquitEtem abominatus sum, legem autem tuam dilezi. (Ps. 118.)
— 197 —
cubierto de llagas, hambriento, deseando saciarte con las
migajas, que caian de la mesa del Rico, y nadie se las daba;
y venían los perros, y lamíanle *ut llagas (1)... ¡Qué con­
traste de estas dos vidas!... ¿Á. quién Uamarémos feliz?...
Si lo miramos según el mundo, |feliz el Rico!!... (infeliz
Lázaro!!.. Á. aquél todo le sobra... disfruta de cuanto el
mundo ama... riquezas, era rico; honores, vestía de púr­
pura y lino finísimo', deleites, comía todos lot días esplén­
didamente (2), en cuales cosas, ven los Santos Padres
significadas las tres concupiscencias del mundo; en las
riquezas, lleno de avaricia, dice San Crisóstomo (3); en
los vestidos, la soberbia, para aparecer más digno de honor
que los demás, dice San Gregorio (4); y en la comida
explóndida, la lujuria, pues como dice el mismo Santo
Padre; de ordiñar in en la» comilonas acompaña la lastci-
oia (5). De todo, de todo goza el Rico... todo le sobra... Y
4& Lásarot ¡Ayl... todo le falta... pobre, haraposo, necesi­
tado (6)... despreciado, olvidado, aborrecido (7)... mortifi­
cado, leproso, hecho todo una llaga (8); ¡qué infelicidad!!...
Asi piensa, asi juzga el mundo... Mas ¿qué nos dice la
Fe?... ¡Oh!... todo lo contrario... Bienaventurado», dice
Jesucristo, los pobres, y pobres de espíritu (9)... Bienaven­
turados lo» maldecidos y despreciados (10)... Bienaventu­
rados loa limpia» de corazón (11), esto es, felices los que

(1) Homo quídam erat dlves, qul induebatur purpura et bysso; et


epulabatur quotidio eplondidc. Et orat quídam mendicus, nomine L aza-
rus, qui jacebat ad januam ejus. ulceribus plenas, cupiens saturarl de
micis, qu^ cadebant de mensa divitis, et nenio illi dabat: sed et canes
▼eniebant, et lingebant ulcera ejus. (Luc. 16.}
(2) E rat divos... induebatur purpura et bysso... epnlabatur quotidie
splendide.
(8) Avaritia plenus. (S. Chrys.)
(4) ]nani8 gloria, ut honorabilior caeteris videretur. (S. Greg.)
(6) Peno semper ©pulas comitatur yoluptas. (id.)
(6) Mendicus.
(7) Jacebat ad januam.
(8) Ulceribus plenus.
(9) Beati pauperes splritu. (M at. 5.)
(10) Beati cnm mftledixerint vob. (id.)
(11) Beati mundo corde. (id.)
— 198 —
mortifican las concupiscencias, porqué estos vivirán eter­
namente, como dice el Apóstol (1)... ¿Qué dices & esto,
alma cristiana?... ¿Te olvidas de tu perfección?... ¿Qud
anhelas?... ¿Qué amas?... ¿Eres pobre de espíritu, ó de­
seas riquezas, bienestar, comodidades?... ¿Sufres con
paciencia los desprecios, ó buscas ser honrada, exalta­
da?... ¿Mortificas las pasiones, ó te dqjas dominar de
ellas?... ¡Oh!... Piénsalo bien... acuérdate de lo que de­
bes ser... no quieras amar al mundo, ni las cosas que son
del mundo (2).
P u n t o 2.°—Muerte de entrambos.— Dice Jesucristo:
Sucedió, que murió Lásaro, y fué trasladado por los Ange­
les al seno de Abrahán, esto es, al Paraiso; murió tam­
bién el Rico, y fué sepultado en el infierno (3)... ¡Oh! am­
bos murieron... para los dos se acabó todo lo de este
mundo... Pero ¡ay! ¡De qué modo tan diferente!! Lázaro,
el pobre, el abandonado en vida, es consolado en la
muerte... es llevado, conducido... despreciado, aborre­
cido de los hombres, es acogido de los Angeles... sin ho­
gar en este mundo, es trasladado al Paraiso (4)... ¡oh!
Cualquiera que tú seas, dice San Crisóstomo, mira los
trabajos, mira el premio; mira á Lásaro, ayer en la mise­
ria, hoy en las delicias... ayer rodeado y lamido de los
perros, hoy acompañado délos Angeles... ayer batallando,
hoy coronado (5)... ¿Y el Ricol ¡Oh! nadando en delicias
en vida, seoé abandonado en la muerte... honrado, aplau­
dido en este mnndo, cae por si sólo en el sepulcro, lugar
del olvido... gozando aquí ricas haciendas, en la muerte

(1) Si facta cain is mortificaveritis, viyetio. (R om . 8.)


(2) Nolita diligere mundum, ñeque ea qua» sunt in mundo, (1 .a
Joan. 2.)
(8) Factum est autem ut moreretur mendicus, et portaretur ab An-
gelis in 8lnum Abra Uso. Mortuus est autem et dives, et sepultus est in
inferno. (Luc. 16.)
(4) Portaretur ab Angelis in sinum Abraha.
(5) Quisquís sis, vide labores, y i de prsemium, Yide Lazarum, tune in
paupertate, nunc in deliciis; heri á esnibus circumlinctum, hodie ab
Angelis atipatam; tune certantem, nuuc coronatum. (S. Chrjsoe.)
-1 9 9 -
encuentra un in fie ro (1)... Diñe, ó Epulón, exclama
San Crisóstomo, comidera tu» muebles, tu» alhaja», tu»
aroma», tu» delicia» ... tu» vino» exquisito», tu» manjare»
delicados... recuerda tu» aduladores, tus criados, toda tu
pompa... ¡Quése ha hecho?... todo apagado... todo perdi­
do... sólo te queda ceniza, polco, lamentos, llanto (2).
¡Qué cambio!! Ya lo dice Job: pasan en delicia lo» dios
de su vida, y en un momento bajan al infierno (3)... ¿Lo
ves, alma cristianaf ¿Reparas el engaño, en huir de las
penas de esta vida, que no son m&s que transitoria«?...
¡A.h! no te Ajes en el tiempo, mira la eternidad... la mor>
tiflcación, las privaciones, la cruz, producen la palma,
el gozo sempiterno... los goces, los deleites, el amor
mundano, engendran el tormento, el llanto perpetuo...
d la palma guia la Cruz, al tormento conduce el delei­
te (4)... Atiende, y propon... .
Punto 3.°—Lo sucedido, después de la muerte. Dice
Jesucristo: Eleoando el Rico los ojos, estando en los tor­
mentos, oió de lejos á Abrahán, y á Lázaro en su seno (5),
esto es, en el Paraiso... ¡Ali! ¡Le vióü... Vió á aquel, &
quien se desdeñaba de mirar en este mundo! á aquel,
á quien tanto despreciaba!!... /Qué tormento para el Rico,
dice San Eutimio, la cista de Lázaro! (6) ¿Y porqué?
porque véel diferente estado en que se encuentran los
dos... Y exclama, diciendo: Padre Abrahán, compadécete
de mi, y enola á Lázaro, para que, mojada la punta de
su dedo en agua, refrigere mi lengua, pues que me abraso

(1) Mortuus ost et dives, et sepultus est in inferno.


(2) Dic mili i, 6 dives, considera t&petia, ornamenta domustnae... aró­
mala, delicias... vini meri eopÍHiii... eduliorum varietates... adulatores
fámulos... pompam universam... ¡heut extinctum, marcidumqne facturo...
ubique cinis, pulvis, lamenta, luctus!... (S. Chrys.)
(3) Ducunt in bonis dies suos, et in puncto ad inferna descendunt.
(Job. 21.)
(4) A d palmam ducit crux, ad gladium voluptas. (R . P . A . Lapide.)
(5) Elevarm Autam oculos suos, cum esset in tormentis, vidit Abraham
á Jonge, et L&zarnm in sinu ejus. (Luc. 16.)
(6) Additio suppliciorum diviti est, videre Laz&rum. (S. Euthi.)
— 200 —
en estas llamas... (1) ¡Ah!... ¡el que fntes era rieo, pida
ahora al que antes era pobre!... ¡Asi se cambian lasco-
sasen un mámenlo, dice San Crisóstomo (2)... Pero, en
vano pide: un abismo insondable, le dice Abrahán, media
entre los dos (3)... y este abismo, dicen San Ambrosio y
San Crisóstomo, es la inmutabilidad de los dos estados
del Cielo, y del infierno, decretada y sancionada por d
mismo Dios ( 4). Acuérdate, le dico, que en vida gozaste,
y Lásaro padeció; justo es, pues, que éste sea ahora conso­
lado, y tú atormentado (5)... ¡Oh justicia verdadera! |Oh
eternidad!!... |0h alma cristiana! ¿No te conmueve ahora
esa inmutabilidad eternat... ¿Nada dicen á tu espíritu
estas palabras: Lázaro lo pasó mal en el mundo, ahora
goza de consuelos Inefablest ¿No le animarás con esto, &
ser constante en la cruz de la abnegación, con que
debes abrazarte para ser perfectas... para ser feli¿t...
IAyI no, no quieras perder la apreciable joya de las
penas temporales... no olvides aquella gran sentencia:
Breoe penar, eterno gozar; breoe gozar, eterno penar...
Anímate, resuélvete...
C o l o q u io . — Será dirigirse á. Jesucristo Crucificado, pi­
diéndole el completo desasimiento de todo lo terreno,
diciéndole con el V. Tomás de Kempis: «Retira de mi,
«Señor, y líbrame de toda transitoria consolación terre-
»na, y úneme contigo con vinculo inseparable de amor,
aporque Tú sólo eres suficiente, y sin Ti todas las cosas
»son despreciables» (6).
(1) Et ipse claman a dixit: Pator Abrah om , miserere moi, ot mitto
Lazarum, ut intingat extremum digiti su i in aquam, ut refrigeret lin*
guam meam, quia crucior in hac flamma. (Luc. 16.)
(2) Hebus brevi eommutatis. (S. Uhrys.)
(8) M agnum chaos flrmatum est inter nos ot t o s . (L u c . 16.)
(4) Chaos hoc á Deo flrmatum, est immutahiliR flrmitas conditioois et
sepRrationis Beatorum á damnatis, á Deo decreta et sancita. (SS. Ambr.,
Chrys. et alii.)
(5) Recordare quia re d p isti bona iu Tita tua, et L a z a ra s similiter
m ala, nurc autem hic consol&tur, tu vero ernciaris. (L u c. 16.)
(6) Rape me, et eripe me ab omni indnrabili consolatione... junga
m e Tibi inseparabili dilectionis vinculo, qunniam Tu solus suffleis aman*
ti, et absque Te frivola sunt universa. (Kemp. 1. 8, c. 23.)
— 201 —
• Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias áDlos, ofrecer los propósitos,:
y pedir gracia para cam plirlos.=Luego el examen, etc.

HSDXTJICION 8.*
Bel Juicio particular.

O ra ción p r e p a r a t o r ia : La de costum bre.


P r e l u d i o p r im e r o : Figurarse á Jesucristo, Juez de
vivos y muertos, sentado en su tribunal, y al alma á
su presencia, para ser juzgada de todas sus obras.
Preludio seguido : Será pedir luz, para conocer lá
terribilidad del juicio que se te espera, y gracia para
saberte prevenir con saludable temor, diciéndole con el
Profeta: «Traspasa, Señor, mi corazón con temor, pues
»tus juicios me llenan de espanto» (1).
Punto 1.°— Es de fe, que á la muerte sigue el juicio;
nos lo dice el Señor por San Pablo: Está decretado por
Dios, que muramos una sola vez) y que inmediatamente
seamos juzgados (2). ¡Oh!, exclama un Sabio: Hé aquí
la constitución del hombre: vida, muerte,juicio. Nacemos
para m orir, morimos para ser juzgados (3)... Para, pues,
tu atención, alma cristiana, en estajuicio, que te aguar-*
da, y considera primeramente las personas que inter­
vienen en él. El Juez: Jesucristo, constituido por el Eter­
no Padre, Juez de uioos y muertos (4). Juez sapientísimo,
(l quien nada se oculta (5 ). Juez rectísimo, justísimo, que
ha de dar d cada uno según sus obras (6). Juez supremo,

(1) Conflge ti mure luu carues meas, ¿ judiciis enim luis tiuiui.
(Ps. 118.)
(2) Statatum est hominibus semel morí; post hoc autem judicium.
(Hebr. 9.)
(3) Ecce hominis sors: vita, mors, Judlclum. Nasclmur, morí turl; mo-
rimur, judicatura. (R. P. Colmet.)
(4) Con8titutus á Deo Judex vivorum et mortuorum. (Act. 10.)
(6) Omnia aperta sunt oculis ejus. (Heb. 4.)
(6) Reddet unicuique secundum opera ejus. (Rom. 2.)
14
-2 0 2 -
omnipotente {!). Juez único, del que no hay apelación,
ni recurso (2)... El reo; el alma... tu misma... no otra...
sola... perpleja... atónita... desamparada de todo...
acompañada únicamente de todas tus obras buenas y ma­
las, como dice San Pablo (3)... Los acusadores; el demo­
nio, acusándote de todos, hasta de los más mínimos
pecados, de malicia... de negligencia... de comisión...
de omisión... te acusará tenazmente, persiguiéndote en
aquel último trance, por el mal que habrás obrado (4).
£1 Angel bueno; ¡ay!... éste debería ser tu patrono...
pero, se acabó el tiempo... y si bien es verdad presenta­
rá tus buenas obras, pero no puede ocultar los defectos
voluntarios, en que están envueltas... tampoco puede
ocultar tus obras malas... las resistencias, que has hecho
ásus inspiraciones... el desprecio de las gracias... en
una palabra, presentará todas tus obras, con todas sus
circunstancias, para ser pesadas en la balanza de la Jus­
ticia de Dios (5)... Finalmente los testigos. Lo serán todas
las cosas criadas, de las que tanto has abusado para
ofender á Dios; el unioerso todo peleará contra los peca­
dores (6)... Lo será el mismo Jesucristo, Sabiduría eter­
na, juez y testigo á un mismo tiempo, como lo dice por
Joromías(7). Por último, tu propia concioncia, quo te
manifestará todas tus obras, (ales como han sido, con
luz clara, como la del medio clia (8)... ¡Olí! ¿Quién podrá
sufrir semejante espectáculo dejuiciot (9) [Oh, alma cris­
tiana! Si has sido pecadora, negligente, perezosa ¿cómo
estarás en aquel momento delante de Aquel, que habla

(1) Magnus et potens. (Eccli. 10.)


(2) Unue estjudex. (Jac. 4.)
(8) Keferet unusquisque propria, prout gessit; sive bonum, sWe ma-
lum. (2. Oor. 6.)
(4) Projaeit Iflrftfil honutn; ¡ni mleua persequetur eum. (Om . 8.)
(5) Statera ponderaban tur. (Eccli. 21.)
(6) Pugnabit orbis terrarum contra insensatos. (Sap. 5.)
(7) Ego sum Judex et teatis. (Jer. 29.)
(8) Sieut meridiana lux, olara. (la. 18.)
(9) ¿Quia stabit contra judicium? (Sap. 12.)
-2 0 3 -
de ser tu herencia eterna, y es ahora tu juez inexora­
ble?... ¿Qué sentirás de tí misma... de tu vida... de tus
obras?... ¡Ah! Vive ahora» como quisieras entonces ha­
ber vivido, sacude la tibieza, aprovecha el tiempo para
obrar el bien, como te amonesta San Pablo (1).
P u n t o 2.°—Consideremos la tela de este juicio , 6 sea,
el examen del mismo* ¿Qué se discutirá en él? Lo dice el
Sabio: Dias aducirá en juicio , cuanto ahora se hace, sea
bueno, sea malo (2)... Pensamientos... palabras... obras...
hábitos... ideas... afectos... todo, hasta de la más míni­
ma palabra ociosa se tomará cuenta (3)... Se aducirá, ó
alma cristiana, todo el mal que has cometido, ya sea
abierta, ya ocultamente... como cristiana, y según tu es­
tado... los pecados propios, y los ajenos, de que has
sido causa... ¡oh! ¡qué campo verás en tu conciencia, tan
lleno de abominaciones, como el que en otro tiempo vió
el Profeta Ezequiell (4) ¡Cómo cargarán sobre tí, como
peso abrumador (5), tantos pecados y transgresiones,
casi innumerables, por su multitud... enormes, por su
gravedad... horribles, por su fealdad!... Ahora te pare­
cen insignificantes... más ¡ay! entonces oirás una voz,
que te dice: Cuéntalos, si puedos... pésalos con toda exac­
titud (6)... A más, se aducirá allí todo el bion que has
omitido... las gracias, que has despreciado... las bueuas
ocasiones, que has perdido... los avisos, de que te has
burlado... ¡oh! cuéntalos, te dirán ...pésalos estrictamen­
te... cuenta también, y pesa las obras buenas, que has
hecho, pues está escrito que el Señor juzgará las mismas
justicias (7), esto es, las buenas obras; mira tu in ten­
ción.. . mira su fin... si separas en ellas lo precioso de lo

(1) Dum tempus hubemus, operem ur bonum . (G al. 6.)


(2) Cuneta qua flunt, adducet Deus in juditium, si ve bonum, si ve
xnalum. (Eccles. 12.)
(8) De omnl yerbo otioso reddendum est Judlclum. (Mat. 12.)
(4) V i di in campum abominationes magnas. (Ezech. 3.)
(5) Tamquam onus grave. (Pe. 87.)
(6) Numera, appende. (Eccli. 42.)
(7) Ego ju8tiiias ju dicabo. (Ps. 74.)
— 204 —
vil, como dice Jeremías (1), teme, no sean llamadas por
Dios, plata espúrea, como dice el mismo Profeta, parque
el Sefior las ha reprobado (2), por su intención torcida...
|No será asi?... Escucha al Padre San Gregorio, que ate­
rrorizado con esta consideración, exclama: Nuestra justi
cía sometida al examen de la Justicia Didina, no será sino
injusticia, y la mirada del Juez hará palidecer el brillo ,
conque, al obrarla, la creíamos resplandeciente (3). ¡Oh,
alma cristianal Abre tus ojos... júzgate tú ahora estric­
tamente, para que lo séas después benignamente... sé
ahora cuidadosa, te diré con el V. Tomás de Kempis,
concibe dolor de tus pecados, para que en el dia det juicio
estés segura con los elegidos (4).
P u n t o 3.°— Consideremos por último \sl sentencia f que
se pronunciará en este juicio ... Es de dos maneras, ó de
salvación ó de condenación... aquella, sumamente desea­
ble... ésta, sumamente terrible... ambas justísimas, se
gún lo merecido; se retribuirá á cada uno según sus obras9
dioo el Apóstol (5). Ambas definitivas... irrevocables...
eternasf como palabra de Dios vivo, que permanece eterna­
mente (6)... La una, expresada al alma, con la dulce pa­
labra: ven, esposa mia, serás coronada (7)... la otra, con
la fulminante: apártate de mi, maldita (8)... ¡Oh sentencias
supremas/... Pondera bien, alma cristiana, el sentido de
estas palabras... en la primera, llama alalma9esposa, dice
Santo Tomás, por su pureza, y por el resplandor de sus
virtudes; y la invita, dice, para recibir en el Cielo el digno

(1) Si sepnraveria pretinsutn ¿ Yili. (Jer. 15.)


(2) Anzcntum reprolmni, quia Dominus projocit illa. (Jer. 6.)
Jii.süiin nojítiH ad niHincn Divinre Justi tire dedncU, injiistitU erit,
pI sordehit in riiatrirtmiip judiéis, qua» in ffiatimatione fulgehat operan*
tis. (S. Ore#-)
( i ) Esto solli< itus modo, e td olen s pro pcccatis luis, ut in die judicii
sis securuH eum benito. (Kem. 1, 1. cap. 24.)
(5) Reddet unicuíque secundum opera ejus. (Rom. 2.)
(8) Verbum Dei y í v í , permanentia in eternum. (1.a Pet. 1.)
(7) Veni eponsa mea, coronaberis. (Cant. 4.)
(8) Discede á M e xnaledicta. (M at. ¿6.)
— 205 —
premio de sus acciones ( l). (Qué gozo!... (qué júbilo!...
Mas, en la segunda, rechaza al alma, la arroja de su
presencia... apártale, le dice, con lo que significa, según
el P. A. L&pide, la pena dedaflo, áque la condena... ya
no la llama espota, sino maldita; significando los tor­
mentos, á que la arroja por sus pecados (2)... (Qué deses­
peración!... ¡qué llanto!!... pero Inútil... no hay más
tiempo (3)... ¿Lo ves, alma cristiana?... Una de estas
■sentéacias te aguarda... ¿Cuál será?... Sin duda, laque
t& escojas (4). ¿Quieres ser rechazada?... Es cosa fácil,
ancho es el camino (5)... complace tus pasiones... sigue
tus concupiscencias... vive según el mundo... ¿Deseas la
corona? Véncete á ti misma... sigue el camino estre­
cho (6)... vive religiosamente, según tu estado... anda
siempre en santidad y justicia (7), serás salva.
Co l o q u i o . — Será dirigirse á Jesús Crucificado, pidién­
dole, que te juzgue ahora que es Jesús, esto es, Salcador,
dicléndole con la Sania Iglesia: «Concédeme, Señor, el
«perdón, por tu infinita misericordia, antes que llegue el
»dla de la cuenta» (8).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

0 ) Sponsam vocat candidatam ot dcalbatam, ni lo re vjrtutum... ut


dignam ccelestiam promiorum retributionem accipiat. (D. Th.)
(2) Vox, discede, signiflcat poenam damni... maledicta, ut omnia sup-
plteiorum genera In ea intorqueat. (K. P. A Lapide.)
(8) Tempus non erit ampllua. (Apoc. 10.)
¡4) Elige quod placet. (Jos. 24.)
(6) Lata est via. (Mat. 7.)
(6) Arcta est via. (Id.)
(7) In sanctitate et justitia ómnibus diebus. (Luc. 1.)
(8) Donum tac remissionls, anta diera rationis. (Eacl. in seq.def.)
— áóé -

MEDITACIÓN SO.*

Del Inicie universal.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o :Figurarse el valle de Josafet, mi­


rando allí reunidas todas las gentes, y á Jesucristo, que
aparece en las nubes del Cielo, con gran poder y majes­
tad, para juzgar & todos.
P r e l u d i o s e g u n d o : Pedir gracia para concebir grande
y saludable temor de aquel gran dia, y prevenirse ahora
para poder oir entonces sentencia favorable, diciéndole
con el Profeta: «Traspasa, Señor, mi corazón con salu-
»dable temor, pues tus juicios me llenan de espanto» (1).
Punto 1.°— Consideremos que ha de venir un día, en
que el Seflor reunirá, á todas las gentes en el calle de Jo-
safat, y allí estará sentado, para juzgarnos á todos (2).
Este dta se apellida: dia grande del Señor, y en extremo
terrible (3). ¡Oh!... si... ser& en primer lugar, espantoso
este dta, por los señales, que lo procohir&n... k su vista,
dice el mismo Sefior, los hombrea se caerán de temor y
sobresalto, por las cosas que han de sobrevenir al unioer-
80 (4). Estas señales podemos considerarlas remotas,
próximas, é inmediatas. Las primeras nos las anuncia el
SeAor, cuando dice: Oiréis noticias de batallas y rumorea
de guerras... se armarán las naciones contra las naciones,
y los reinos contra los reinos... habrá pestes, y hambres, y
terremotos en carios lugares... empero, todo esto, no es
más que el principio de los males. Aparecerán falsos Cria-
(1) Confige, Domine, timore tuo carnes meas, á judiciis enim tu¡8 ti*
mui. (Ps. 118.)
(Q) Deducam omnes gentes in valiem Josaphat, ibi sedebo, ut judi-
cem omnes gentes. (Joel. 8.)
(») Magnus dies Domlnl et tenrlbllls valde. (Joel. 2.)
(4) Axescentibus hominibus p r o timore et expectalione, qu n bu p er-
venient universo orbi. (Luc. 21.)
-2 0 7 -
tos, y falsos Profetas; y pervertirán á muchos, y harán
alarde de maravillas, y prodigios, de modo que, si posible
fuera, los mismos escogidos caerían en error; y los justos
serán aborrecidos de todas las gentes, por ser discípulos
mios; y será tanta ¡a inundación de vicios, que se resfria-
rá la caridad de muchos (1). ¡Oh!— Día terrible, cuyas
señales son tan formidables!! Y si tales son, las que po­
demos llamar señales remotas, ¿qué serán las próximas
é inmediatas? ¡Ah! Dice Jesucristo: Después de estas tri­
bulaciones, el Sol se oscurecerá, la Luna no alumbrará,
las estrella* caerán del Cielo, y temblarán las virtudes
celestiales... y entonces, cuando habrá resonado por to­
das partes la trompeta del Angel, llamando á todos á
juicio, aparecerá en el Cielo la señal del Hijo del hom-
bre (2) ¿qué señalt La Cruz, que, como dicen San Agustín
y otros Santos. Padres, será llevada por los Angeles de­
lante del Supremo Juez, Jesucristo, como trofeo de su vic-
toria9é insignia real de su eterno poder é imperio (3)... y
esta será la última é inmediata señal... ¿Y no te horro­
rizas, alma cristiana?... ¿Te quedas insensible?... ¡Oh!
dirás, yo ya no existiré... creo estos señales... pero no
las veré... (Necia!! El Sofior nos las ha dejado escritas,
para que todos las temamos, y á su consideración nos
enmendemos... Si, pues, las miras ahora con indiferen­
cia ¡ay! que resucitada al sonido de la trompeta, te sor­
prenderá como á I 03 incautos é imprudentes la vista

(1) Audi tun 68li8 pralia et opiniones prsliorutn... consurget gens in


gentem, et rognum in regnum, et erunt pcetilcnltao, ot fainos, ot torree-
inotus per loca; h »c autem omina, initia sunt dolornm... Surgent pseudo-
chrlsti, et pseudoprophets, et dabunt Bigna magna, et prodigia; ita ut
in errorom inducantur (si fieri potest) etiam elecli... Et eritis odio óm­
nibus gentibue, proptor nomon meum. Et quoniam abundabit iniquitas,
refrlgescet chantas multorom. (Mat. 24.)
(2) Post tribulationem dierum illorum, 8ol obsenrabitur et luna non
dabit lumen suum, et stella cadent de cáelo, et virtutes coBlorum coromo-
Tcbuntur, et tune pare bit signum Filii hominis in ccbIo. (Mat. id,)
(8) Hoc Grucis vexillum ab Angelís deferretur ante conapectum Chrl.
8ti Judiéis, descendeatis ad judicium, quasi tropheum victoria, ac in­
signe regale summ» potestatis et imperii. (SS. Aug., Chrys. et alii.)
— 208 —
de la Cruz, y el advenimiento del Juez, y llorarás con loa
pecadores de todas las tribus de la tierra, pero en vano
será su llanto, dice San Agustín, por su voluntaria ce­
guedad (1). ¿Qué has de hacer? Te lo dice San Jerónimo:
Sea que comas, sea que bebas, sea que veles, sea que duer­
mas, resuene siempre en ti el sonido de la trompeta: Le­
vantaos, muertos, venid, á juicio (2).
Punto 3.°— Consideremos en segundo lugar la terri­
bilidad de este día para los pecadores. Dice el Evangelio:
X verán al Hijo del hombre, esto es, á Jesucristo, que
aparece en las nubes del Cielo, con gran poder y majes­
tad (3). Esto lo verán todos. Pero jay' (Con cuánta di­
ferencial! Los pecadores, terriblemente sobresaltados,
pedirán á los montes que caigan sobre ellos, y los aplas­
ten... á los collados, que los cubran, y los escondan de
la presencia del Señor, que está tentado sobre el trono, y
de la ira del Cordero (4). Esta vista, por la turna confu­
sión y vergüenza les será m&s insufrible, dice San Basilio,
que las llamas mismas del infierno (5)... Y si tal efecto
les produce la sola vista del Juez, ¿qué será su juicütf
¡Oh! abiertos están los libros de sus conciencias (6); van
á verse públicamente todos sus pecados, con toda sil
malicia, y todas sus circunstancias; por ocultos, que
sean, el Señor los hará patentes á todo el mundo (7). ¡Qué
confusión!!... Y les acriminará el Seflor, dice no escritor
piadoso, con estas palabras: Yo por vosotros me hice
hombre... por vosotros me vi atado, burlado, herido y
crucificado... ¡dónde está el fruto de tantas injuriast...
(1) Frustra plangent suam voluntarían) ceecitatem. (S. Ang.)
•(2) Si ve bibas, sive comedas, sive vigiles, sive dormías, hac tibi tib a
insontt: Surgite mor tui, yon i te ad judicium. (S. litaron.)
(8) E t v id A h n n t Filinm hominia venientem in imbibus c a li, cum vir»
tute multa et mqjestate. (M&t. 24.)
(4) A facie sedentis super thronum, et ab ira Agni. (Apoc. 6.)
(5) Acorbissimum cruciatum ultricibus inferorum flammls Inustom
damnfttis, pndore isto et confusione, longo le vio re m ac tolorabiliorem
egse, existimo. (S. Basil.)
(0) Libri apertl sunt. (Apoc. 20.)
¡7) Occulta oordis manifesta flent. (1 .» Cor. 24.)
-2 0 9 -
yo di mi sangre en precio de vuestra redención... ¿dónde
está el servicio, que por este precio me debiaief... Yo os pre­
fe rí á mi gloria, haciéndome hombre, siendo el mismo
Dios... y vosotros, me habéis tenido por más vil que vues­
tras concupiscencias!... ¡Oh! ¡qué reconvenciones tan amar­
gas!!... En verdad, que llorarán, pues nadie intercederá á
su favor, porque la naturaleza de aquel juicio no admite
misericordia (1)... Asi, pues, el Seflor los apartará luego
de si, fulminando la sentencia de condenación eterna,
con aquellas terribles palabras: Apartaos de mi, maldi­
tos, id al fuego eterno (2)... Apartaos de mí, les dirá, co­
mo Interpreta San Hipólito mártir, apartaos de mi, ope­
rarios de iniquidad, no os conozco, no sois mios, habéis ser­
vido á otro Señor, esto es, al diablo... id, pues, con él, á las
tinieblas y fuego eterno (3)... y al momento serán arras­
trados á los suplicios eternos (4). ¡Qué horrorl |qué deses­
peración!!... ¡Alma cristiana! ¿Y no te espanta este ju i-
cío? Si eres descuidada, tibia, relajada... ¡ay! que serán
tanto mayores las reconvenciones, que se te esperan,
Cuánto más singulares han sido las gracias y beneficios
que se te han dispensado; y tanto más terrible tu con-
donación, cuánto más elevado había de ser tu destino...
Ea, despierta de tu letargo... llora, y oxtremécete con
más razón que el Padre San Bernardo, cuando decía:
Me estremezco de la indignación del Todopoderoso, y de
la vista de su fu ro r; me estremezco de la voz del Arcángel,
y déla palabra 0 sentencia del Juez airado: ¿Quién dará

(1) Ego propter tos homo factus sum... propter tos alligatus, delu-
stis. cesas* et crucilixus sum... ¿ubi tantarum mearum injuriarum fru-
ctu8?... Sangainem dedi in redemptione animarum veetrarum... ¿Ubi ser1
Titus qtiam mihi pro tali pretio debebatis?... Ego super gioriam meam
tos habui, apparens homo, eum essem Deus... et voe me Tlllorem ómni­
bus rebus T eetri» feciatistl... Mérito plangent so, quia tune nono faeit
Yftrbum, quia non recipit natura judicii misericordiam. (Auct. lm p e rf)
. (2) Discedite ¿ me, maledicti, in ignem eternum. (Mat. 25.)
(8) Discedite & me, operarii iniquitatis... non agnosco vos, alterius
domini operarii facti estis, hoc est, diaboli; possidete eum «o tenebraa
et ignem, qui non entinguitur. (S. Hypol. Mart.)
(4) Et Ibuot hi in soppiicium seternura. (Mat. 25.)
-2 1 Ó -
agua i mi cabeza y una fuente de lágrima» á mis ojo»,
para preoenir con llantos, un llanto tan terrible? ( l ) H6
aquí, alma cristiana, lo que has de hacer tú, mientras
el Sefior te concede tiempo, y te avisa... Arrepiéntate, y
propon...
P u m to 3."—Consideremos, finalmente, cuan glorioso
será aquel día para los justos. Es verdad, que serft tam­
bién para ellos, dta del Señor; pero, día de la gloria del
Sefior, y de ellos mismos. Lo dice el Apóstol: Cuando
apareciere Jesucristo, vuestra vida, esto es, vida de los
justos, entonce8 aparecerei» también vosotros gloriosos con
Él (2). ¡Ahí no: no les causarán espanto las señales, que
precehirán... ni la vista de la Cruz... ni la aparición del
Juez: el mismo Sefior lo asegura, cuando dice 4 los jus­
tos: A l suceder estas cosas, abrid los ojos, y levantad vues­
tras cabezas, porque se acerca vuestra redención (3), que
en sentir de San Gregorio, quiere decir: Alegraos de co­
razón, porque se acercan los gozos de la Patria celes­
tial (4)... ¡Qué triunfo tan glorioso!... Los impíos, los
pecadores estarán como apiñados en tierra, á la izquierda
del Juez, dicen los Santos Padres (5): pero los justos
serán arrebatados por los aires al encuentro de Jesús (6),
como nota San Pablo. Entonces, dice la Escritura, esta­
rán con grande constancia, á la presencia de los que les
angustiaron (7), esto es, según San Dionisio, con una se-
(1; Contremisco ab ira Omnipotentis, et á ftcie furoris ejus: contre­
misco & voco Archangeli, et á verbo Judiéis ira ti. ¿Qu1s dabit capiti
neo aquam, et oculis meta fontem lacrymaruin, ut praveniam fletibus
fletum?... (S. Bern.)
(2) Cum Christna apparuerit, \ita vestra; tune et vos apparebitis
cuna ¡lio in gloria. (Coloh. B.)
(8) HIb fleri inoipientlbus, respiáte et Uvate capita veelra, quoniam
appropinquat redemptio vestra. (Luc. 21.)
(4) Exhilarate corda, quoniam appropinquant gaudia patria coelestis.
(S. Oreg.)
(6) Impii in valle coneisUnt in térra con»tlpati, á sinistris Judicls.
(Varii SS. PP.)
(6) Rapiemur in nubibus obviam Christo in aera. (2.te Thesal. 4.)
(7) Tune stabunt justi in magna constantia adversus eos, qui se an-
gustiaverunt. (Sap. 5.)
— 2 1 Í—
guridad inmoble, y con una fortaleza insuperable (1), y
los pecadores mismos publicarán su gloria, diolendo:
Vedles, como gosan, y son contados entre los hijos de
Dios (2). ¡Qué gozo inundará sus corazones, cuando el
Sefior hará patentes á todo el mundo sus obras buenas...
sus trabajos... sus virtudes todas, hasta los actos más
ocultos... y las manifestará para ser glorificados en Él,
y con Él, presentando el glorioso fruto de sus obras (3).
Pero más: se aumentará su gloria, viéndose constitui­
dos jueces, que con el Señor juzgarán á los pecadores de
todo el mundo (4)... ¡Oh almas justas! exclam a San Ci­
priano; cuando pensáis, que habéis de ser jueces con Jesu­
cristo, es preciso que os alegreis, y desprecieis ahora los
juicios del mundo, con la esperanza del gozo venidero (5).
Finalmente el colm o de su gozo y de su gloria será al oir
de la boca misma del Señor: Venid, benditos de mi Pa-
dre, poseed el reino, que os tengo preparado desde el prin­
cipio del mundo (6). ¡Oh palabras dulcísimas! Venid,
com o interpretan los Santos Padres, de las tinieblas, á la
luz... de la esclavitud, á la libertad de los hijos de Dios...
del trabajo, al descanso eterno... de la lucha, al triunfo...
de la muerte, á la vida (7)... oetiid, benditos una y mil ve­
ces, com o dice San Agustín, pues sois predestinados por
mi Padre antes del mundo... sois escogidos, y santificados
en medio del mundo... y aliora sereis glorificados después
del mundo {8)... venid, y poseed el reino celestial... ¡Oh!
(1) Cum immobili securitate, et insuperabili fortitudine. (S. Diony.)
(2) Ecce quomodo computati sunt ínter illios Del. (Sap. 6.)
(8) Bonorum laborum gloriosus fructus. (Sap. 8.)
(4) Judicabunt nationes. (Sap. 8.)
Í5) Qliando judicaturas tos cum Christo cogitatis, exnltetis necease
est, et futuroium gaudio presentía judicia calcetis. (S. Cypri.)
(6) Yenite, benedlctl Patria mel, posaidete paratum yobia regnum á
eonatitutione mundi. (Mat. 25.)
(7) Yenite de tenebris ad lucem; de semtute ad libertatem flliornm
De i; de labore ad requiem perennem; de bello ad pacem; de morte ad
Titam. (R. P . A Lapide.)
(8) Vonito benedicti, terque, quaterque beati, qnoa Deus amarit et
pradestinavit ante mundum, vocavit de mundo, nundavit et sanctifl-
cavit in mundo, nunc autem magnifleabit post mundum. (S. Aug.)
-2 1 2 —
pjle cuánta gloria, de óu/tntafelicidad ton estas ¡palabras,
dice San Crisóstomo! no dice el Señor: Recibid: sino, Po-
seéd: como herencia propia, como herencia paterna, y que
seot debe desde un principio (1). ¡Oh, alma cristiana!
¡Qué goao será ei tuyo, si correspondes ahora á las ins­
piraciones del Señor! (Cómo bendecirás entonces las vir­
tudes, que has practicado... las batallas, que has soste­
nido... las contradicciones, que has sufrido... los medlos¿
que has empleado! ¿Y no te alienta ahora esta esperan­
za?... Felices las aflicciones, que sufres... las lágrimas,
que derramas... mira que . el Señor te asegura, que en
aquel día, las tristezas te convertirán en gozos inefa­
bles (2). Ea: anímate... ofrécete en sacrificio, y espera en
el Señor (3).
C o l o q u io .— Será el mismo de la meditación anterior.
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumpUrlos.=Luego el examen, etc.

■ ID IT IC tO ir 11.a

De los peoados Teníales.

Oración p r e p a r a t o r i a : La de costumbre.
P r e l u d io p r im e r o : Figurarse ver á aquel hombre, de
quien habla Jesucristo, que bajando de Jerusalén & Jerl-
có, cayó en manos de ladrones, los cuales llenándole de
heridas, le dejaron tendido en el camino, y casi muerto.
P r e l u d io s e g u n d o : Será pedir al Seflor luz para cono­
cer lo que es el pecado oenial, y gracia para saber evi­
tarlo á toda costa, dlciéndole con el Profeta: asácame,

(1) iQuantn glorie, quanto beatitudinis luec verba suntl Nec ditit:
Acciplte: sed, possideta; qtinsi propria, qutsl paUrna, qnaal vestra he-
reditaie, qoc yobis A principio debebatur. (S. Chrys.)
(3) Tristitia vestra rertetur In gandium. (Joan. 10.)
(8) Sacrifícate sacriflclum, et aparate In Domino. (Ps. 4.)
— 213 —
sSelloP, del cieno de mis faltas, para que no quede yo
•atascada en él» (i).
Punto l.°—Consideremos primeramente, lo que et en
si, el pecado venial... ¡Oh!... ¡Pecado!... Esta sola palabra
habría de hacernos concebir un horror grandísimo al
mismo... Es verdad, decimos, venial... pero atiende bien,
alma cristiana, antes dices; pecado, esto es, transgre­
sión... desorden... culpa... ofensa á Dios, porque todo
pecado es transgresión de la ley divina... desorden de la
razón... culpa de la voluntad... y ofensa, esto es, injuria
A Dios... y si se aflade, venial, es tan sólo por compara­
ción, y relativamente, al pecado mortal... no que en st,
no sea una cosa monstruosa, y del todo aborrecible...
¿Y cómo puede dejar de ser tal, si se considera el des­
agrado, con que lo mira la Majestad infinita... el Sumo
Bien, que es Dios?... (O h !... quita el pecado mortal, y no
encontrarás mal mayor en el mundo, que el pecado ve­
nial... Ni las más recias enfermedadas... ni las guerras
más atroces... ni las pestes más crueles... ni las mayo­
res calamidades... ni todos los males de pena, tempora­
les y eternos, pueden compararse al pecado venial, que
es mal de culpa, y como tal, as contrario á la gloria, á
la voluntad, á la santidad, & los atributos de todo un
Dios... y asi, más le disgusta un sólo pecado venial deli­
berado, que no le gustan cuantas obras buenas pode­
mos hacer, porque esto, es de gracia suya; y aquello, es
de malicia nuestra... ¿Conoces pues, en algo, con esto,
alma cristiana, lo que es en si, el pecado venial?... ¿Y
cómo quedará el alma, que con la mayor facilidad le
comete?... ¡Ohl ¡qué manchada!... ¡qué tiznada!... ¡qué
fea!... ¡indigna de comparecer á la presencia del Se­
ñor!!... ¿Qué no será asi?... Si esto piensas, alma cristia­
na, no, no ponderas debidamente su monstruosidad...
no conoces... no amas á Dios... Esfuérzate en considerar
atentamente la Majestad Divina... quién es Dios... y no

(1) Eripe me, Domine, de luto, ut non inflgar. (Ps. 66.)


— 214 —
podrás menos de horrorizarte dé la fealdad de la más
mínima falta deliberada... no podrás menos dearrepen-
lirle de haber tantas veces disgustado, .y despreciado á
tu Dios y Señor... Acuérdate de aquella sentencia del
piadoso Salviano: no debe tenerse en poco, lo que injuria
á Dios', y si amas al Señor, huye del más mínimo peca­
do (1).
P unto 2.°— En segando lugar, consideremos los terri­
bles efectos, que causa el pecado venial. Primeramente
disminuye el fervor de la caridad. El fervor hacia Dios,
dice Santo Tomás, es un intenso deseo de unirse á Él (2).
¿Y cómo puede subsistir este deseo con el desprecio que
se hace de Dios con el pecado venial?... por osto dico ol
mismo Santo: desaparece el fervor de la caridad, donde
habita el pecado venial (3)... Pero, más todavía. Dismi­
nuye mucho el pecado venial la confianza en Dios... |Oh,
alma cristiana! ¿De dónde ese decaimiento de tu cora­
zón... esa desconfianza, con qué te acercas al Seflor?...
|Ah!... que las más de las veces, es, porque estás man­
chada de pecados veniales voluntarios... Escucha lo que
te dice San Juán: en tanto tenemos confianza, en Diosy erí
cuanto no nos reprende nuestro corazón (4). Purifica pues
tu alma de las manchas veniales voluntarias, y descan­
sarás confiadamente en el Señor... A. más de esto, enfla­
quece el pecado venial la fuerza y eficacia de la oración...
Y no es extraño: quien es remiso en hacer la voluntad
de Dios, no merece que Dios sea pronto en dispensarle
gracias... ¿Te quejas muchas veces, alma cristiana, de
que en tus oraciones no eres oida?... Escucha al Profeta
Jeremías, que te dice: has interpuesto entre Dios y ti una

(1) Nil leve ffistimetur, quo cceditur Deus: etiam mínima fugiat, qui
Deum umat. (Salvlan.)
(2) Fervor in Deum est intensum desiderium de consecutione amati.
(D. Th.)
(3) Ex ea parte, qua peccatum veniale committitur, fervor charitatis
non apparet. (D. Th.)
(4) Si cor nostrum non reprehenderit nos, flduoiam habemus ad Deum.
(l.ce Joan. 3.)
— 215 —
nube, y por esto tu oración no se eleoa (i). Y esa nube,
dice San Gregorio, son los pecados veniales, los afectos
terrenos, que cohfunden las rectas intenciones de la ora­
ción (2)... Finalmente es el pecado venial una disposición
inmediata para caer en el mortal... SI. Escrito está: el
que desprecia las cotas pequeñas, poco á poco se arruina­
rá (3). El desprecio de lo menor, lleva á la costumbre; y
la costumbre, lleva al desprecio de lo mayor; pues que
el espíritu enflaquecido no resiste mucho tiempo á la
tentación... Las grandes caldas, ordinariamente, recono­
cen por principio el desprecio de las faltas pequeñas...
¿Lo habrías quizás tú experimentado?... No lo olvides...
sé cauta, y acuérdalo do la sentencia de San Bernardo:
El alma que se entrega á Dios, asi eoite loe faltas veniales,
como las mortales; porque empiezan por cosas pequeñas,
las caídas en cosas grandes (4)...
P u n t o 3.°—Finalmente consideremos los castigos, que
merece el pecado venial. Eii primer lugar, como pecado
que es, es precisa la penitencia... Dice el Espíritu Santo:
Hijo, ¿pecaste no vuelvas á pecar, antes bien ruega que se
te perdone (5). En cuales palabras, según San Agustín,
se incluye el arrepentimiento... la penitencia; es necesa­
rio arrepentirse del pecado cometido, y con humildad pe­
dir perdón del mismo (6). Esto lo exige la infinita justicia
y santidad de Dios, que no puede dejar sin reparación
cualquier ofensa por levísima que sea... ¡Ohl... ¡Y cuán
omisos nos portamos en esto!!... Cometemos las faltas
con tanta facilidad, y nos exclamamos: Y bien, ¿qué mal

(1) Opposuisti nubem tibí, no transeat oratio. (Thr 3.)


(2) Mentis nostree terrena voluptates, justo Dei judicio, ipsam oratio*
nis intentionem confundunt. (S. Greg.)
(8) Qul 8pernlt módica, paulatira decldet. (Eccli. 1.)
(4) Men8 Deo dicata sio caveat minora vitia, ut majora; quia á mini­
mis iacipiunt, qui in maxima proruunt. (S. Bern.)
(5) Fili, ¿peccasti? ne adjicias iterum, sed deprecare ut tibí remitta-
tur. (Eccli. 21.)
(6) Opus est doloro de pocoato commisao, ejusque veniam humiliter
et dolenter deprecari. (S. Aug.)
*-216.—
he hecho1 ! (1) y nos olvidamos, que si el Señor es paciente^
es al mismo tiempo justiciero (2)... En segundo lugar.
Dios castiga ya muchas veces en esta vida el pecado ve­
nial con penas temporales... La mujer de Loth, conver­
tida en estdiua de sal, por una vana curiosidad (3)...
¡Pecado venial!... El Levita Oza muerto de repente por
haber tocado con imprudencia el Arca Santa (4)... ¡Pe­
cado venial!... Ananías y Záflra muertos á los pié* de
San Pedro por una mentira (5)... ¡Pecado venial!... Un
Profeta Santo del Sefior, llamado Jaddo, muerto por un
león por una desobediencia(6)... /Pecado venial!... Moisés
privado de entrar en la tierra de promisión por una in­
credulidad (7)... su hermana María cubierta de lepra
por una murmuración (8)... y otros castigos temporales
de enfermedades, pérdidas de bienes, desgracias, y do-
más, son efecto, las más de las veces, del pecado venial...
Afiádase á esto, las tentaciones é inquietudes, las turba­
ciones y desconsuelos, las tinieblas y sequedades, que se
padecen en el espíritu, que si bien es verdad, son per­
misión del Señor, pero son también muchísimas veces,
como dicen los Santos Padrós, para borrar las manchas,
con que se ha afeado el alma con el pecado venial... Fi­
nalmente lo castiga ol Soñor en la otra vida, con el te­
rrible fuego del Purgatorio. ¡Oh!... ¡Purgatorio!... ¡Lugar
de expiación sin mérito alguno!... ¡Lugar de pena, y
pena horrible, pues que se padece allí la doble de daño
y de sentido!... Privadas aquellas almas, aunque justas,
de poder ver... de poder unirse aún con su Dios y Señor,
por las manchas de leoes culpas, que las afean... ator­
mentadas con tan espantoso fuego, que, en sentir de
(1) Quod malum est in manu mea? (1. Reg. 26.)
(2) Altissimus est patiens, et redditor. (Eccli. 5.)
(8) Versa est in staluam salís. (Gen. 19.)
(4) Porcussit oum Dominus super temeritate. (2. Reg. 0.)
(5) Cecidit ante pedes ejus, et exspiravit. (Act. 5.)
(6) Invenit eum leo, et occidit. (3. Reg. 13.)
(7) Non intrabit terram, quam dedi filiis Israel. (Num. 20.)
(8) María apparoit candens lepra, eicut nix. (Num. 12.)
- 217 —
San Agustín, e* m i* cruel que cuanta» pena* pueden oer-
te, sentirse, ó pensarse en este mundo (1). El mismo fuego,
dice Santo Tomás, atormenta á los condenado* en el in­
fierno, que á lo* justos en el Purgatorio (2), sólo se dife­
rencia, dicen los Santos Padres, en que no es eterno.
(Oh Purgatorio! ¡y cuán poco meditado eresl... |Oh,pe-
cado* veniales! que en sentir de San Pablo, sois leña,
heno y paja (3), en que se ceba, y se aviva el fuego del
Purgatorio!.., ¡Oh, alma cristiana! mira bien tu con­
ciencia... arrepiéntate de los muchos pecado* veniales
que has cometido, que si no lo* teme* por tu gravedad,
te dice San Agustín, témelos por su multitud (4), y si
quieres evitar aquella cárcel horrible, huye ahora del pe-
cado venial, como de la vista de una terpiente (5).
Co l o q u io . —Será pedir perdón al Seflor de todas nues­
tras transgresiones, humillándonos á su presencia, co­
mo seres despreciables; pero alentando al mismo tiempo
la confianza, decirle con el Santo Job: «Vos, Seflor, co-
o'nocels, y teneis pesadas todas mis obras; mas condo-
nnadme ahora todos mis pecados, y faltas (6), para que
opueda con toda seguridad comparecer á vuestra pre­
sencia».
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

(1) lile purgatorias ig n is durior est, qu&m quid in hoc sáculo poena-
rom videri, nAntiri, aut cogitari poLeat. (S. Aug.)
(2) Idem ignis est, qui damnatos cruciat in inferno, et qui justos in
purgatorio. (D. Th.)
(8) Liguum, fusnum, ati pulano, ( l. s Cor. 8.)
(4) Si non limes ea, quando ponderas, time quando enumerts. (S. Aug.)
(5) Tamquam á facie colubri fuge peccatum. (Eccli. 21.)
(6) Tu quidem gressus meos dinumerasti, sed parce peccatis meis.
(Job. 14.)
15
— 218 —

H X S IT ia Ó R 18.*
De la Parábola del Hijo Predigo.

O r a c ió n p r e p a r a t o r ia :La de costumbre.
P r e l u d io p r im e r o : Ropresentarso al hijo pródigo, hu­
millado, y arrepentido, á los piés de su padre, pidiéndole
perdón; y al padre abrazando & su hijo con la mayor
ternura.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será pedirle verdadero arrepenti­
miento de nuestros extravíos; y gran confianza en su in*
finita misericordia, diciéndole con el Profeta: «Atiende,
»ó Señor, y compadécete de mi, pues eres Dios de ml-
nsericordia» (1).
P u n t o 1 / —Consideremos primeramente la vida del
pródigo. Tres cosas se observan en ella. Primera; te
marcha lejos (2), muy lejos de la casa paterna; ni le de­
tiene el amor de su padre... ni la liberalidad, con que le
ha enriquecido, cediendo á sus ruegos, de que le dé la
parte de herencia que le toca (3)... ni las conveniencias
de su casa... ni la compañía de su hermano... todo lo
deja..; todo lo desprecia... y se marcha á una región
desconocida... lejana (4), ¿y para qué?... Esta es la se­
gunda cosa que se observa en él... Para vivir á sus
anchuras... con libertad y desenfreno... disipando todos
sus haberes, y dando rienda suelta & sus pasiones, y apeti­
tos (5)... La tercera cosa, que se observa en él, es la pe­
nuria y miseria grande, á que se oé reducido, hasta el ex­
tremo de tener que ponerse al servicio de un amo, que le
destina á guardar cerdos (6); y llega á tanto su hambre,
(1) Atiende, Domine, et miserere, quia Deus misericors es. (Baruch. 8.)
(2) Peregre profecías est. (Luc. 15.)
(8) Da mihl portionem substantioe, quo me contingit. (Luc. id.)
(4) In reffionem longinquam. (Luc. id.)
(5) Ibi dissi pavit substantiam suam, vivendo luxurióse. (Luc. id.)
[0) Postquam consummasset omnia, ccepit egere; et adtesit oni ci-
viom... et misait illum... utpasceret porcoa, (Luc. id.)
— 219 —
que detea saciarse con las algarrobas, que comen lo* eer-
dot, y nadie te latdá (1)... |Qué infelicidad!... (qué mi­
seria!... Pero, ¿sabes, alma cristiana, de qutón es esa
historia?... ¡Ay!... Piénsalo bien... míralo espiritual men­
te, y verás, que es la verídica historia de una alma
pecadora... ¡quizás, tu misma historia!... ¿Qué es, la
lejana huida de la cata paterna, tino el oloido de Diot
por el pecado, como dice San Agustin?(2) el huir de Diot,
no por la dittancia de lugaret, tino por los afectos peca­
minosos, añade San Gerónimo? (3) ¿Y no te ha sucedido
á ti lo mismo muchísimas veces?... Mas, ¿y por qué?...
|Oh!... recuérdalo con confusión... para dar un desaho­
go á tus pasiones.., por satisfacer tus apetitos... por un
vil deleite... por un capricho... por un nonada!... y asi
has disipado tu espiritual hacienda, con que te habla
enriquecido el Señor... la gracia... lat virtudes... lat bue­
nas costumbres, como dice San Ambrosio, todos los dones
de alma y cuerpo... de naturaleza y de gracia!! (4)... ¿Y
qué te ha sucedido?... Has caldo, como el pródigo, en la
más espantosa miseria en tu espíritu... y ni has podido
saciar tu alma con el desahogo de tus pasiones, que son
los cerdos, á cuya guarda y común vida has sido desti­
nada por el demonio, á cual servicio te has puesto por
el pecado... Hace el pecador la oida de cerdo, dice San
Pedro Crisólogo, y ni con el manjar de loa cerdos, puede
saciarse {5)... ¿Reparas ahora el infeliz estado... el pro­
fundo abismo, en que te sumerges cuando pecas?... Y de
presente ¿cómo te encuentras? Abre bien los ojos de tu
alma... y si has seguido al pródigo en sus extravíos, imi-

(1; Cupiebat implore ventiom do siliquis poreorum, ot nomo illl da


b&t. (Luc. 15.)
(2) Regio longinqua, oblivio est Dei. (S. Aug.)
(8) Non locorum spatiis, sed affectu á Deo discedere. (S. Hier.)
(4) Gratiam et virtutea, moresquo probos; omnia dona Dei, tum ani­
me, tum corporis, tum natura, tnm gratis. (S. Ambr.)
(5) Porcinam quidem agit vitam peccator, et tamen ne porcino qui­
dem victu saturatur. (S. Petrus Chrysol.)
— 220 —
table ahora en la penitencia, te diré con el Padre San
Ambrosio (i).
Punto 2.°—Consideremos en segundo lugar el arre­
pentimiento del pródigo. Tres cosas podemos también
notar... Primero: reflexiona el pródigo, sobre su misera­
ble estado... vuelve en si (2)... en si, esto es, en su alma,
como dice una versión sagrada (3)... en si, como vol­
viendo de su exterior divagación, según Teofllacto (4).
¡Oh feliz momento! principio de su conversión!... Vuelve
en si... como despertando de embriaguez, y profundo sueño,
dice San Eutimio (5)... recuerda vivamente la felicidad,
de que gozaba en la casa paterna, y mira su miseria
presente... compara la abundancia, de que disfrutan los
jornaleros en casa de su padre, con el hambro, que le
acosa en aquella región... vuelve en ti... y conmovido su
corazón, exclama: ¡Cuántos jornaleros, en casa de mi pa­
dre, tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí pereciendo
de hambre! (6) ¡Qué reconocimiento de st mismo! ¡Feliz
augurio!!... En segundo lugar, propone volverse & su
padre. Como consecuencia de su conocimiento propio,
se dice á si mismo: Me levantaré de esta postración en
que me encuentro... si, me levantaré, é iré A mi pa­
dre (7)... es verdad; yo he huido... me he apartado de
él... pero ¡ay! es mi padre... ya le diré: Padre, he peca­
do (8), huyendo de Vos... le diré, que no soy digno de
llamarme hijo suyo; pero, que me admita como jornalero,
ó criado de su casa (9), que es decirle, como nota San Eu­
timio, conozco, que he caido del primero y elevado orden de
(1) Qui secntos es errantem, sequere poenitentem. (S. Ambr.)
(2) In se reyersus. (Luc. 15.)
(#) In animara suam. (Veralo Syrla )
(4) A ana exterior! divagation» rediens. (Tfaeopbil.)
(6) Velnt expergiscens ab ebrietate, gnmque somno. (S. Eathim.)
(6) iQaanti mercenarli in domo patria mei abnndant panibus, at ego
ble fame pereol (Loe. 16.)
(7) Snrgam, et ibo ad Patrem meam. (Luc. id.)
(8) Pater, peccavi. (Lnc. id.)
(9) Noa eum dlgoua yoeari fllius tuus, (ae me sicut nnum de merce-
nariia tuia. (Lnc. id.)
-2 2 1 —
hijo; no me negueis el segundo de criado (1)... ¡Confesión
Ingénual ¡Resolución heróic&U... En tercer lugar, ejecuta
su resolución sin dilación alguna... Ni su miserable esta­
do... ni el temor de ser rechazado... ni la vergüenza, que
le ha de causar la vista de su padre... nada, nada es ca­
paz de detenerle... la Idea de que va á su padre la tiene
flja en su mente... el recuerdo del amor paterno, ¡ayt ha
herido al vivo su corazón... iré al que es mi padre: y asi
como lo dice, asi lo ejecuta, sin dilación alguna se le­
vanta... todo io deja... todo lo abandona... y emprende
el camino de la casa paterna (2)... ¿Lo ves, alma cristia­
na? ¿Qué dices á esto?... Cuando te has encontrado, y si
quizás te encuentras ahora lejos de Dios por el pecado,
¿haces estas reflexiones?... ¿tomas resoluciones seme­
jantes?... ¿Por qué has recaído tantas veces, y te has
apartado de tu padre, sino porque no has reflexionado
bien la miseria en que te abisma el pecadríf... Mira lo
que te dice San Gregorio Niceno: No volverás á la pri­
mera felicidad, sin persuadirte antes de la terrible enfer­
medad que te aqueja (3)... Recuerda la felicidad, y con­
tento del alma justa, y compáralo con la inquietud, que
devora la tuya... Acuérdate del amor, que el Seflor te
profesa, aunque indigna... Ea; triunfe en tu corazón este
amor... Imita al pródigo... vó á tu padre... humíllate á
su presencia... confiésate pecadora, dllo, que ya conoces
que tus pecados claman venganza allá en el Cielo (4)...
que ni tan solo su altísima presentía has respetado (5)...
que no eres digna de ser hija suya; pero que no te rechace,
sino que te admita como la tnñma de su casa (6)... y no

(1) E i quo primo ordine ttlicrum excldi; dignan me vel secundo s«r-
▼orum. (S. Euthlcn.)
(2; Sorgens, ve rit ad Patrem. (Loe. 16.)
(3) Non redil anima ad pristlnam lelidtatem, nlai prina in se rediens
sentiat opprlmentis nrumna presentían!. (S. Greg. Njrsse.)
(4) PeecaTi In ccBlum. (Luc. 10.)
(5) Peeeavi eoram Te. (Lne. id.)
(6) Non sum dlgnus vocari flliua tum; fac me sicut anom de meree-
nariia tula. (Lúe. id.)
— 222 —
temas... es tu padre, y padre amantísimo, que nada
más desea, que tu regreso ásu amistad, y gracia... mira
que te convida, como á todos, con aquellas dulces pa­
labras: venid á mi todos los que estáis agobiados, y andais
cargados de pecados, como interpretan San Agustín, y San
Gerónimo, y yo os aliviaré (1), esto es, dice san Crisós­
tomo, aquí con el perdón, y después con la eterna glo­
ria (2).
Punto 3.°—Consideremos en tercer lugar la reconci­
liación del pródigo con su padre. Tres cosas también
notamos en esto. En primer lugar, la bondad del pa­
dre... ¡Oh! ¡cuán grande fué ésta!... Estando todavía le­
jos, le oé su padre (3)... ¡De lejos le vé!... ¿qué significa
esto?... ¡Ah! significa, que durante su ausencia siempre
su padre ha pensado en él... Sí... El hijo se ha olvidado
del padre por mucho tiempo... y el padre le ha tenido
siempre fijo en su pensamiento... levé... ¡qué bondad!...
El hijo ha huido lejos, en región apartada... y el padre
le ha seguido de continuo, acordándose siempre de él...
le vé, estando lejo^.. ni la injuria, que ha recibido con su
huida, ni los extravíos, á que se ha entregado, han podi­
do borrarle de su memoria... le vé... ¡Oh, bondad, y
bondad excesiva!!... En segundo lugar, vemos su grande
amor. Miremos como el hijo va acercándose á su cosa,
arrepentido... y el padre ¡ay! impelido de su misericordia
corre hacia él ( 4)... no espera sti llegada, dice San Euti-
mio, sino que le sale al encuentro, y no de cualquier modo9
sino corriendo... y esto ¿porqué? ¡oh! para manifestarle
el grande amor que le tiene (5)... y no para aquí... se
encuentran padre é hijo... ¡oh! se arroja éste á los piés

(1) Yenite ad me omnes qui laboratis, et oneratis estis, et ego refl-


ciam vos. (Mat. 11.)
(2) Hic per Sacramenta, quasi pharmaca efficadasima, denique per
gioriam f«li cíasimam in ccelo. (S. Chrys.)
(8) Cum adhuc longe esaet, vidil illum paUr ipsias. (Luc.)
(4) Misericordia motus est, et accurrens. (Luc. 15.)
(5) Non expectat ut lile adsit, sed prior occurrit, ñeque id uteumque,
sed et accurrit... ut appareat amorta vchementla. (S. Eutbim.;
-2 2 3 -
del padre... y el padre extiende sus brazo* sobre su hijo...
lo aprieta contra su corazón... le abraza tiernisimamente...
y coa la mayor ternura le da un ósculo de paz (1). ¡Oh,
amor verdaderamente incomprehensible del padreU...
En tercer lugar, miromos las gracias que le dispensa...
El hijo, corrido... humillado... arrepentido, llora á los
piés del padre... Padre, he pecado, lo dice, no soy digno
de llamarme hijo vuestro (2)... y no dice más... Pero, jno
habla resuelto decirle, que le mirara como otro de sus
criados?... Sí, es verdad; pero el dolor tiene embargada
su lengua... y principalmente, dice el Padre San Agus­
tín, es porque el padre no le permite expresarse más,
pues que, el ósculo de paz, que le dá9desdefla el carácter
de siervo (3)... es señal de hijo predilecto... al momento
manda, que le vistan el vestido más precioso... que en su
mano pongan un anillo... que cubran con sandalias sus
piés, y que maten un ternero cebado... y gue hagan un
convite, porque aquel hijo suyo, que había muerto, ha re­
sucitado (4)... ¡Alma cristiana, que esto oyes! Mira cuán­
ta confianza ha de infundirte este ejemplo, que te pro­
pone el mismo Jesucristo!!... [Ahí no: nada has de te­
mer... alienta ese espíritu abatido, y medroso, en que
yaces... mira que es tu padre, y tu padre celestial, que
te sale al encuentro con santas inspiraciones... que co­
rre hacia tí con frecuentes avisos... Por más que hayas
pecado, si te arrojas humilde á sus piés, confesándote
pecadora, no lo dudes, Él te abrazará de nuevo... serás
hija suya predilecta... te vestirá de nuevo, como dicen
San Agustín y el V. Beda, con el vestido precioso de su
gracia y caridad... pondrá en tus manos, esto es, en tus

(1) Oecidit super collnm ejus, et osculatus est eam. (Luc. 15.)
(2) Pftter peccayi... non sum dignuB yocari ülíus tuus. (Luc. Id.)
(8) Pater ex amore yerba Filii intorrumpit et proescindit... oaculum
pacis jam generosisaime dedignatur mercenarii nomen. (S. Aug.)
(4) Afferte stolam primam et induite illum, date annulum in manu
ejus, et calceamenta in pedibus ejus, et adducite yitulum saginatum, et
occidite, et manducemus et epulemur; quia hic filias meue mortous erat,
et revixit. (Luc. 15.)
— 224 —
obra», él anillo de una fe sincera... arreglará en los pié»
de tu alma, esto es, en fru afectos, él colgado ligero del
amor, para correr con velocidad, por las sendas de la vir­
tud; y por último te hará participante del concite dioino,
en que Él mismo se te dará como cordero inmaculado, que
con sus carnes sagradas saciará tu hambre, y alegrará tu
corazón (1)... Ea, pues... ¿quó esperas, alma cristiana?
Ríndete de una vez... échate á los pies de tan buen Pa­
dre... confia de veras en sus entrañas de misericordia...
con una sola palabra lo has alcanzado todo: Padre, he
pecado... ¡Oh! ¡qué gozo le darás á Él, y á toda la Corte
celestial!!... Él mismo dice, que en el Cielo hay grande
alegría por la conversión de un pecador, por el regreso
de una alma pecadora á la gracia dioina (2).
Coloquio.— Dirigirse á Jesús Crucificado, confesán­
dote pecadora, diciéndole con el Profeta: «Confieso, Se-
•fior, á vuestra presencia mis iniquidades; pero, Dios
»mlo, con la mayor confianza, acudo á vuestro Corazón
«Divino, centro de vuestras misericordias, para alcanzar
»el perdón, y poder exclamar: Vos, ó Dios mío, habéis
«borrado la malicia de mis pecados» (3).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias ¿ Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

m DE LAS IEDITAQOHES DE LA PRIMERA SEXMA.

(1) Stolam primam, id est, pristinam gratiam et charitatem; annn-


lum, tamquam sincera fidel signacuinm; calceamenta, id est, promptitu-
dinem et cursum ad actas virtatum; vítulum sagiaatum, id est, Chri-
stum, qui in Eucharíatia justos «qu e ac peccatores post poBoiteatiam
carne ana pascit et aaginat. (S. Aug., Beda, et alii.)
(2) Gaudium erit in coelo, super uno peccatore pcenitentiam agente.
(Luc. 15.)
(8) Confitebor adversum me lnjnstltiam meam Domino; et Tu remi*
alati impietatem peccati mal. (Ps. 81.}
APÉNDICE
DE! A L G U N A S M E D IT A C IO N E S
PARA INTERCALARLAS EN 8U LUGAR CORRESPONDIENTE,

perteucleitH i esta prlien 8tiui,


PROPIAS PARA PERSONAS RELIGIOSAS.

■K D IT IC IÓ N 1/
Del Pin de la Persona Religiosa.

Oración p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
Preludio primero : Figurarse & Nuestro Sefior Jesu­
cristo en un huerto cerrado, que te recrea, como dice
en los Cantares, en la» asueenat, ó uno» del campo (i).
Preludio segundo: Será pedir al Señor vivo conoci­
miento del fin religioso, y gracia para trabajar fielmente
para alcanzarlo, diciéndole con la Esposa de los Canta­
res: «Atráeme, Señor, en pos de TI, y correré al olor de
»tus aromas» (2).
P unto 1.a—Fin. (Oh, alma religiosa! ¿cuál es tu fin?...
Escucha lo que te dice el Señor por un Profeta: Te haré
mi Btpota por toda la eternidad... haciéndote jutta, tan­
ta, v coronándote de imponderables misericordias (3)... Hé
aquí los dos fines: el inmediato; Esposa eterna del mis­
mo Dios... ei mediato; la justicia, la santidad, el reco-

(1) Qni pase itur inter HUa. (Cant. 6.)


(2) Trabe me; post te cúrrenlas in odorem unguentornm tuorum.
(Cant. 1.)
(8} SponsAbo te mihi in sempiternum... in justltia, in judicio, et in
misericordia. (Ose. 2.)
— 226 —
nocimlentó de las misericordias divinas... ¿Puede haber
fin más alto, nobleza más exquisita, excelencia más
suprema?... Pondéralo bien, alma religiosa... eres Es­
posa de Dios, y no únicamente durante esta mortal vi­
da... sino para siempre... eternamente... Puedes apli­
carte muy bien á ti lo que dijo Dios á Santa Catalina de
Sena: Te hago mi Esposa para siempre, hasta que en el Cielo
te una á M i en gloria eterna (l)... ¿Ves tu fin inmediato,
el fin último quo tienes?... Pero ea preciso no olvidar
el fin mediato... Este, es la justicia, la santidad, y la fiel
correspondencia á las misericordias divinas... SI. Has
de ser justa... y esta justicia comprende, como dicen los
Santos Padres, lagracia, la caridad, las virtudes todas,
con las que ha de hacerse agradable á Dios la persona
religiosa (%)... Has de ser santa; has de aspirar á la
perfección, formando en ti altísimo juicio de tu esta­
do... Has de corresponder á las misericordias del Señor...
has de acordarte siempre, que lodo lo debes á Dios...
has de ser agradecida, humilde, y teniéndote por indig­
na... por ser esta misericordia, dice el P. A Lapide, las
arras y el dote de la verdadera Esposa de Jesucristo, pues
como dice el Apóstol San Pablo: Nos ha salvado, no &
causa de las obras de justicia, que hubiésemos hecho, sino
sólo por su misericordia (3). ¿Lo practicas asi?... ¿Te olvi­
das fácilmente de tu fin í... ¡Ah' Oye á lo que te exhorta
el Seflor por un Profeta: Dime desde ahora: Tú eres mi
Padre", tu la custodia de mi virginidad, esto es, mi Es­
poso (4)...
P unto 2.°—-Medios. ¿Sabes, alma religiosa, cuáles son

(1) Despondeo te mihi immutabiiitcr, doñee nuptiia aternia tibi in


ralo conjungar. (Vita S. Cathar.)
(2) Sigaiflcat gratiam, charitatem, «eterasqua virtutes, qui bus cons-
tituuntur juati Deo grati. (V arii SS. P P .)
(9) Misericordia sum m » miserationis... hec est arrha et dos sponsa,
qua Dans eam in nternum slbi despondet, et hoc est, quod ait Paulus
ad Titom: Non ex operibus justitis, qua feriaras nos, sed secundum
suam misericordiam salvos nos fecit. (R. P. A Lapide.)
(4) Amodo voca me: Pater meus, dux yirglnitatls moa tu es. (Jer. 8.)
-2 2 7 -
los medio» para alcanzar tan alto fin t Los tienes com­
pendiados en aquellas divinas palabras de Jesucristo:
El que quiere venir en pos de Mi, que te niegue & tí mit-
mo, que tome su erua, y que me tiga (1)... Esto te dice á
ti, como á Esposa suya... Hé aqut la vida religiosa... Hé
aquí los medios... El primero es la abnegación de ti
misma... Abnegación de juicio, de voluntad, de amor
propio, de afectos humanos... ¿Y cómo? El Padre San
Gregorio te lo explica: has de salir de ti; has de ser otra
de ti; dejando lo que eras, y siendo lo que no eras (2)...
Todo lo que tenga resabio de mundo... todo lo que con­
traria la perfección, has de renunciarlo; y como dice
Víctor Antioqueno, has de abjurarlo, aborrecerlo; confor­
mándote, no sólo con los preceptos, tino con lot contejos
del EoangeUo (3)... ¿Lo haces asi?... ¿Has cambiado de
costumbres, y afecciones?... ¿Eres la misma que antes?...
El tegundo medio es llevar la cruz... ¿Y cuál?... No la de
Jesucristo, sino la tuya propia: tome tu cruz (4)... ¿Y
qué es llevar la propia cruz? Es la continua mortifica­
ción de potencias y sentidos... et, como dice San Geró­
nimo, estar crucificado al mundo (5)... es sufrir la per­
secución, el desprecio, la tribulación, la tentación, en
una palabra, todas cuantas pruebas quiera el Señor
hacor de tí, hasta hacerte con la paciencia y sufrimiento,
conforme, como dice San Pablo, d la imagen de tu Dioino
Hijo (6)... ¿Es esta tu conducta?... Finalmente el tercer
medio es seguir á Cristo. En esto se significa, que debes
tener á Cristo por modelo de tu conducta; y como dice
el Padre San Ambrosio, debes imitarle en cuanto puedat,

(1) Qui Yult venire post Me, abneget semetipsum, tollat crucera suam,
et sequatur Me. (Mat. 16.)
(2) Abeas i te; fias aliena & te; desloas esse quod eras, lnc! pías !esse
qaod non eras. (8. Grog.)
(8) Abneget, et adjuret, .ut non solam Christi legi, sed et consilils
ejus Evangelicis sese conformet. (Víctor Antioch.)
(4) Tollat crucem suam. (Mat. 16.)
(&' Tollit crucem suam, qui mundo cruciflgitnr. (S. H ier.)
(6) Conformes fleri imaginis filii h u í . (Rom. 8.)
— 228 —
para que merezcas llegar & la perfección de las virtudes (1).
No olvides que Él mismo te dice: Yo soy el camino, la
verdad, y la vida (2). ¿Sigues, pues, tu este caminí#...
¿Buscas esta verdad?... ¿Cómo vives?....
Punto 3.®—Indiferencia. Esta ha de proceder del des­
apego de ti misma, y de todas las cosas criadas. Cuanto
más apartado tu corazón de ellas, tanto más rendido &
la voluntad de Dios... ¿Y en qué has de estar indiferente?
En todo lo que es concedido á tu libre albedrío... Y asi,
Indiferente, en la reputación; sea ésta buena, sea mala;
seas buscada, seas despreciada... ¿Qué importa esto?...
Acuérdate de la máxima del gran San Francisco de Asís:
Ténganme por lo que quieran; nunca seré más ni menos,
de lo que soy delante de Dios; y delante de Dios soy...
nada... Indiferente, en los oficios; sean estos honrosos,
sean despreciables; sean grandes, sean humildes... Con­
sidera, que de ti eres incapaz de todo... inútil para to­
do.. si algo tienes, lo tienes de Dios. ¿Porqué, pues, glo­
riarte de lo que no es tuyo? (3)... Indiferente, en la salud;
sea flaca, sea robusta; estés enferma, ó estés sana; y si
bien es verdad, que has de mirar por tu salud, pero
siempre con sujeción de tu voluntad &la voluntad divina.
Sólo Dios sabe lo que te conviene para tu salud eterna..'.
Indiferente en la vida; sea esta tranquila, sea trabajosa;
sea larga, sea corta... Tu vida no es tuya, es de Dios,
pues como dice el Apóstol: en Dios oioimos (4)... Indife­
rente en las cosas del espíritu; consuelos ó desolaciones;
quietud, ó tentaciones... Arroja, te dice el Profeta, en el
seno del Señor todas tus ansiedades; Él cuidará, de ti (&)...
¿Y es asi como te encuentras?... ¿Y qué?... ¿Te arredra
esta indiferencia?... Ga: esfuérzale áella... desea sola­
mente que se cumpla en 11 la voluntad divina...
(1) Ipsum, pro possibilitato tua, debes i mi tari, ut ad consummatio-
nem virtutum pervenire merearia. (S. Ohrys.)
(2) Ego Bum via, veritas, et \ita. (Joan. 14.)
(8) ¿Quid gioriaris, quasi non acceperis? (l.aeCorin. 4.)
(4) la Deo Yivimns. (Act. 17.)
(5) Jacta super Dominum curam tuam; Ipse te enutriet. {Ps. 64.)
-2 2 9 —
C o l o q u io .—Será
pedir al Sefior el verdadero espíritu
religioso, que al paso, que purifique nuestro corazón de
todas las afecciones terrenas, lo rinda enteramente ásu
voluntad, dicióndolo con todo afecto: «Sefior, tenga yo
«contigo un mismo querer, y no querer; y no pueda yo
«querer, ó no querer, sino lo que tu quieras, ó no quie-
»rae» (1).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen de la
meditación.

B n iT IC IÓ N 8/
De la gravedad, y malicia del pecado de la persona
religiosa.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io Imaginarse al alma como encarce­
p r im e r o :
lada en el cuerpo; y alma y cuerpo, como desterrados á
vivir en este mundo entre brutos animales.
P r e lu d io segu n d o: Será pedir al Sefior crecido, é inten­
so, esto es, vivo y penetrante dolor de los pecados co­
metidos, y lágrimas verdaderas, que basten á borrar­
los, diciendo con el Profeta: «¿Quién convertirá mis ojos
»en fuentes de lágrimas, para llorar día y noche mis
pecados?» (2 )
P u n t o 1.®— Si tan grande es la fealdad, y malicia del
pecado mortal en cualquier persona, ¿qué será en la per­
sona religiosa?... ¡Ohl no hay palabras, que basten á
esperarlo debidamente... Tres razones nota Santo To­
más, que manifiestan la gravedad de este pecado. Estas

(1) Sit mihi, Domine, uoum velle et nolle tecum, nec aliud posae rel­
ie aut nolle, nisi quod tu vis et noii9. (Kem. 1. 8, c. 16.)
(2) ¿Quis dabit oculis meis fontem lachrymarum, et plorabo die ac
nocte? (Jer. 9.)
-2 3 0 -
son: Por los voto»; por el desprecio’, por el escándalo (1).
Primeramente dice, que es gravísimo, á causa de tos vo­
tos, esto es, por razón de la persona que lo comete.
Mira bien, alma religiosa, lo que eres. Eres persona con­
sagrada á Oíos, de un modo especial, por los votos,
con que & Él te has ofrecido... Ya no eres de ti... ni
te perteneces á ti... eres sola, y únicamente de Dios...
Cuando pecas pues, á más de contrariar su divina
Ley, le robas la libertad, que le has ofrecido con los
cotos, parausar de ella á tu antojo... ¿Dónde está pues
tu entero sacrificio?... jAy! Haces como los perversos
hijos de Heli, que se quedaban con lo mejor de los sacrifi­
cios ofrecidos al Señor (2)... Pero atiende, que de ellos
dice Dios, que su pecado era enormísimo (3). Enormísimo,
pues, es el pecado del alma religiosa, que bajo este con­
cepto, podríamos llamarle sacrilegio... Más todavía: los
mismos cotos hacon quo la porsona religiosa esté obli­
gada á aspirar á la santidad... no santidad común, sino
á la perfección... bago este concepto pues, en el pecado
del alma religiosa, hay un mayor desorden; no quiere
conocer al Señor, ni atiende á su obligación (4). jAyl ¿Y
asi has obrado tú?... Humíllate... arrepiéntate...
P u n t o 2 .°— En segundo lugar, dice Santo Tomás, que
el pecado del alma religiosa es gravísimo por el despre­
cio. La persona religiosa, por el estado que profesa, de­
be conocer más, que la seglar, quien es Dios... su bon­
dad... su misericordia... su justicia... en una palabra,
debe conocer más el desorden del mal... y pecando des­
precia este conocimiento... no lo quiere, como dice
David, para obrar el bien (5), cierra sus ojos, para en­
tregarse al pecado, ¡qué horror!... para obrar el mal,
desprecia las reglas de cioir bien, dice el sabio Belarmi-

(1) Ex votia; ex contemptu; propter sc&nd&lum. (D. Th.)


(2) Omne qood levabat fuscinulo, tollebat sacerdoe sibi. (l.« Reg. 2.)
(8) Peccatum grande nimte. (Id.)
(4) Kescit Dominum, neqne officium. (Id.)
(&) Noluit intelligere, ut bene ageret. (Ps. 82.)
— 231 —
no (i). Por el desprecio, su ingratitud es enorme... |Oh!
Cuenta, si puedes, alma religiosa, las singulares gracias,
y beneficios, que te ha dispensado el Sefior... mira el
sublime estado á que has sido llamada... las inspira­
ciones, que te ha dado... los ejemplos santos, que te ha
ofrecido... los medios quizas extraordinarios, de que se
ha valido para atraerte á SI... en fln, tú sabes el amor,
con que te ha prevenido, y te ha seguido siempre... ¿no
será pues un desprecio imponderable, no corresponder
debidamente, sino ofenderle por un vil gusto... por un
nonada?... Escucha como se queja el mismo Sefior por
Jeremías: ¿por qué causa, la que yo tanto amo, me ofende
tan gravemente en mi casa? (2)... ¡Ah! Pondéralo bien,
alma religiosa, y no podrás menos de confundirte... do
arropen tirte...
P u n t o 3 .° —En tercer lugar, dice Santo Tomás, es gra­
vísimo el pecado de la persona religiosa por el escánda­
lo... |Oh! ¡Escándalo!... si. Escándalo para la Comuni­
dad, y para el Instituto & que pertenece... El mal ejemplo
es uua incitación al pecado... y lejos de edificarse mú-
tuamente, la que peca destruye la caridad, y es causa
de la ruina espiritual de otras Religiosas, y en cuanto es
de si, infama el Instituto, del cual ella forma parte... ¡Ay
de la tal!... Bien puede aplicársele en cierto modo la
sentencia de Jesucristo: mejor le hubiera sido no ser Re­
ligiosa (3)... Es también escándalo para los seglares.
Éstos, (aunque erróneamente) arguyen de todas, por lo
que ven, ó saben de alguna. Mirad, como son las Reli­
giosas, diccn olios; bien podemos nosotros vivir á nuestro
gusto, cuando ellas vioen de este modo... ¡Ah! ¡qué escán­
dalo! ¡qué infamia!... y todo... por el pecado de una Re­
ligiosa!!... ¿Cómo lo sufrirá el SeflorT... ¡Oh!... yo remo-

(1) Ut male agat, acientiam bene vivendi eootemnit. (Bailar.)


(9) ¿Quid oat qnod dilectas meas facit in domo mea acelera mulla?
(Jer. 11.)
(8) Bonnm erat el, si natas non fnisset. (Mat. 96.)
— 232 —
veré ese eandelero de su sitio, dice Dios (1); como que
dijera & la Religiosa pecadora: tú debías dar luz de buen
ejemplo... debías iluminar A todos con tus virtudes... para
esto te había puesto en el eandelero de la Religión... pero
tú te has puesto bajo el celemín (2) buscando, como dice
San Agustín, los placeres terrenos (3)... pues yo vendré
pronto, y pelearé contra tí con la espada de sentencia fo r ­
midable (4). ¿Lo ves, alma religiosa?... ¿Te persuades
con esto de la gravedad de tus pecados?... Ea; confún­
date... haz penitencia, te dice el Seflor, y vuelve á la prác­
tica de las buenas obras (5).
Punto 4.°—Finalmente, alma religiosa, si no bastan
las razones indicadas, para que aborrezcas de una vez
todo pecado... muevan & lo menos tu corazón las senti­
dísimas quejas, que sobre el particular da el Seflor por su
Profeta: si mi enemigo me hubiese llenado de maldiciones,
¡ah! hubiéralo sufrido... y si los que me odian, me hubie­
sen insultado, podría haberme sustraído de su vista... mas,
tú, tú que aparentabas ser como otro yo, mi guia, y mi
amiga, tú, que te alimentabas juntamente conmigo, y an­
dábamos juntos en la casa de Dios! (6)... ¡Ay alma religio-
sal... ¿Y han de aplicarse á ti estas sentidas quejas del
Seflor?... jAhí__Tú. eres, te dice Dios, tú eres esa persona,
de quien yo no puedo ocultarme... que estás unida con­
migo de un modo etpecial por tu ettadol... que te he puesto
por guia, y faro para las demás... y tan allegada á miH...
tú, que con tanta frecuencia te alimentas en mi mesa!! que
te admití en mi casa para ir siempre acorde conmigo/1 tú,
tan favorecida... tan exaltada, ¿has de ser mi enemiga...
(1) Movebo candel&brum de loco suo. (Apoc. 2.)
(2) Sub modio. (M a t 5.)
(8) Qunrens commoda temporalia. (S. Ang.)
(4) Veniam cito, et pugnabo contra te in gladio oris mei. (Apoc. 2.)
(5) Age poenitentiam, et prima opera fac. (Id.)
(6) SI i ni inicua meus maledixisset mlhi, sustinuissem utiquo... et bI
ír , qui oderal me, super me magna locutus fuisset, abseondissem me for-
sitan ab eo... tu vero homo unanimis, dux meus, et notus meus... qui
simnl mecum capiebas ribos, et in domo Dei ambulavimus cum coa-
sensut (Ps. 04.)
— 233 —
ofendiéndome... maldieiéndome... despreciándome... fo r ­
mando coro cbn los que me aborrecen?... Dime: tfué et lo
que te he hecho, ó ea que le he contristado?... argüyeme...
respóndeme (1)... |Ay! alma religiosa!!... ¿Y puedes su­
frir tú, reconvención tan terrible??... ¿Y esta has mereci­
do, no una, sino muchas veces, con tus pecados... con tus
extravíos??... Tú lo sabes... ¿y no te confundes?... Ea;
arrójale & los piés del Señor... llora tus yerros... escii-
cha su voz, que con tanto amor llama á las puertas de
tu corazón... ábrele pronto... mira que no, no quiere tu
muerte, sino que vivas... que le arrepientas... que te
enmiendes; te lo dice por un Profeta: No quiero la muer­
te del pecador, tino que se convierta y viva (2).
Coloquio.— Será pedir humildemente perdón al Señor,
y aunque indigna, decirle con toda confianza con David:
«He pecado. Señor, he andado errante, como oveja des­
carriada; ven á buscar á tu sierva, que aunque no he
«observado tus mandamientos, no por esto los he ol-
»vidado» (3).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

KXDITJLCIÓMr 8.a
Del infierno de la persona Beligiosa.

Oración p r e p a r a t o r i a : La de costumbre.
P r e l u d i o p r i m e r o : Figurarse en el centro de la tierra
un estanque, ó pozo muy alto, muy ancho, y profundísi­
mo, lleno de fuego, pez y azufre, y en él innumerables

(1) ¿Qtiid feci Ubi... aut quid molestas fui Ubi? Responde mihi.
(Mich. 6.)
(2) Nolo raortem impii, sed ut convertatur et viyat. (Bzech. 38.)
(8) firravi sicut ovis q u » periit, qufflre servum tunm, quia mandata
tna non sum oblitus. (Ps. 118.)
16
— 234 -
demonios, y almas, ardiendo, y penando horrorosa­
mente.
P r e l u d io s e g u n d o : Será pedir al Seflor interno y vivo
sentimiento de la pena que padecen los condenados,
para que, si roe olvido, por mis continuas faltas, de su
Divino amor, á lo menos, el temor de las penas me re­
traiga del pecado, dioióndole con el Profeta: «Traspasa
»mi corazón y mi cuerpo con tu santo temor, pues tus
«juicios, que amenazan penas horribles, me han llenado
»de espanto» (l).
P u n to l.°—Posibilidad de condenarse una alma reli­
giosa. No hay persona, por más que sea religiosa, que
durante esta vida miserable, no esté expuesta á pecar
mortalmente, y morir en el pecado, y de consiguiente,
condenarse. Para todos indistintamente está escrito:
Mire bien, que no caiga, el que piensa que está seguro (2).
Por eso dice San Agustín, que con humildad y perseve­
rancia debemos implorar la gracia, para poder perseverar
en ella (3). No; no hay quien pueda presumir de si... no
hay estado en este mundo, que de si, asegure la salva­
ción... es preciso cooperar... ¡Ay! ¡Cuántos han caido
de la m&s alta cumbre de la santidad, y se han perdido
eternamente!... Alma, que esto oyes, por justa que seas,
puode & ti suceder te lo mismo... Cuando el grande
Apóstol San Pablo tomla do si, y por esto se mortificaba;
castigo mi cuerpo, decía, para no hacerme réprobo (4)...
cuando decía, que de nada le remordía su conciencia,
pero, que no por esto se consideraba ya seguro (5), ¿no te­
merás tú?... ¿Te tendrás ya por segura, sólo porque
eres religiosa? ¡Oh! El Apóstol, lan celoso... y tú, ¿tan

(1) Conflge ti more tuo carnes meas, & jndiciis enim tais (poen»s hor-
r i bles commin&ntibus) timui. (Dellar.)
(2) Qnl se existimat a ta ra , videat na cadat. ( l . « Cor. 10.)
(8) Humiliter et sollicite Dei gr&tiam imploret quisque, ut in gratia
perseverare sat&gat. (S. Aug.)
(4) Castigo Corpus meum, ne reprobas efflciar. (l.te Cor. 4.)
(5) Nihil mihi conseius sum, sed non in hoc juatiflcatus sum. (I.®
Cor. 4.)
-2 3 5 —
tibial... Él tan virtuoso... y tú, ¿tan defectuosa?... Pero
bien, ¿eres justa? Escucha lo que dice Jesucristo: Ot
digo &vosotros, amigos míos: temed á Aquel que puede lan­
zaros al fuego eterno (1)... Y obsérvalo bien; lo diceá
sus amigos... ¿Quiénes son estos? Los Apóstoles, y en
su persona, todos los justos. Vano serta este temor, s¡
el estado imposibilitaba la condenación... ¿Y eres tú,
por ser Religiosa, de un estado más alto, del que eran
los Apóstoles?... ¿Eres más justa que ellos?... (Misera­
ble!... piénsalo bien; y trabaja en tu salvación, como te
dice el Apóstol, con un santo temor, y temblor (2).
P u n t o 2 .° —Facilidad de condenarse una alma reli­
giosa. Cuán fácil es caer, y morir en pecado una alma
religiosa, tan fácil es condenarse. Del Colegio Apostólico
se condenó uno, Judas... Acuérdate, quo no el ser reli­
giosa da seguridad de salvación, sino, ol vivir y morir
religiosamente... Y |ay! ¡Cuántas almas, que profesan
el estado religioso, viven aseglaradamente... sin espí­
ritu... sin observancia... tibias... imperfectas... negli­
gentes... y lo que es más, pecadoras!!.. ¡Cuántas, que son
religiosas de sólo el hábito, sin corresponder á su sig­
nificado!! ¡Oh! son, como dice San Judas, nubes sin agua
llevadas por el ciento, presentan religiosidad y son esté­
riles en la virtud... Arboles de otoño (3), que no dan fru­
to sazonado de buenas obras; y escrito está, que todo
árbol, que no da fruto bueno, será cortado, y echado al
fuego {4)... Ves la facilidad? ¿Cuántas Religiosas excla­
man: Señor! Señor!... pero no obedecen... no se sujetan
á la voluntad divina... creen, si, pero no obran... ¿Qué
será de ellas?... Es sentencia de Jesucristo, que no todos
los que le dicen: Señor, Seflor, entrarán en el Reino de los
(1) Dico vobia amias meis; tímete Eum, qui liabet potestatem mitte-
ra in gehenn&m. (L úa. 12.)
(2) Cum timore, et tremore salutem vestram operamini. (Philip. 2.)
(8) Nubes sine aqua, quae ¿ ventis circumferuntur, arbórea autum­
nales. (Judas. 12.)
(4) Omnis arbor, quas non facit fractura bonum, excidetur, et in ig-
oem mittetur. (Luc. 8.)
— 236 —
Cielos; sino sólo los que harán la voluntad del Padre Ce­
lestial (1)... ¿Cómo te portes tú?... mira, que no te ilu­
siones... no te engañes á ti misma... fácilmente puedes
perderte, pues como dice San Crisóstomo, el alma, que
no obra según la doctrina de Cristo, no entrará en el Rei­
no de los Cielos (2).
P u n t o 3.°— Terribilidad de la condenación del alma
religiosa. Altísimo es el estado que profesa el alma reli­
giosa: de ella se puede decir: como el lucero de la maña­
na, asi brilla en el templo de Dios (3). ¿Cu&l será, pues,
y cuán horrible su calda á los abismos?... Si á los más
encumbrados amenasa mayor tormento (4), ¿quó será de
la que ha despreciado un estado tan santo, como profe­
saba?... La terribilidad de los suplicios está en relación á
la gravedad de sus pecados. Cuánto más graves son és­
tos, por la mayor ingratitud... por el mayor desprecio...
por el mayor escándalo... tanto mayores serán sus tor­
mentos, y más tremendas sus penas... La de daño, por
la mayor privación de la mayor gloria, á que estaba des­
tinada... por la mayor pérdida de la más clara vista de
Dios, que se le esperaba... por el mayor desprecio de las
mayores gracias que habla recibido... La de sentido, por
ser más punible, y vergonzosa en ella la adhesión á las
cosas viles, y caducas de la tierra, que en su día habla
renunciado... ¡Qué burlas! ¡qué desprecios tondrá quo
sufrir de los demonios mismos!! tu soberbia, le dirán,
ha sido abatida hasta los infiernos, y á nosotros te has
hecho semejante!! (5)... Qué horror!! la que habla de es­
tar entre los Ángeles, verse para siempre á los piés de
los demonios!!... Piénsalo bien, alma religiosa, y apro­

(1) Non omnis qui dicit mihi: Domine, Domine, intrabit in regnum
coelorum, sed qui fecit yoluntatem Patrie mei, qui in coelis est. (Mat. 7.)
(2) Qui non conyersatur aecundum yerbum Ohristi, non intrabit in
regnum coelornm. (S. Chrys.)
(3) Quftsi stella matutina, sic effuleít in templo Dei. (Eccli. 50.)
(4) Fortioribus fortior inetat cruciatio. (Sap. 6.)
(5) Detracta est ad infeios saperbia tua, tu nostri similis effecta es.
(le. 14.)
— 237 —
vecha el tiempo que Dios te concede... sigue el camino
del bien, mientras tienes luz; no sea el caso que te sorpren­
dan las tinieblas (1).
Co l o q u io . — Será humillarse mucho á la presencia del
Señor, pedirle perdón, y decirle con San Agustín: «Aquí,
»Seflor, me abraséis, aquí cortéis sin compasión, mien-
otras eternamente me perdoneis» (2).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósi­
tos, y pedir gracia para cumplirlos.=Por último el
examen, etc.

HXDIT1CIÓIT 4.a
Diferencia de muerte en la Religiosa relajada, ó fervorosa*

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io Figurarse estar ya en aquellos úl­
p r im e r o :
timos momentos de la vidav agonizando, y con la can­
dela en la mano.
P r e lu d io segu n d o: Será pedir al Señor vivo conoci­
miento de lo que sentiremos en aquellos terribles mo­
mentos acerca la vanidad del mundo, y de la impor­
tancia de la salvación, diciendo al Señor con el Profeta:
«Iluminad, Señor, mis potencias con vuestra benigna
^mirada, para que no incurra en la muerte del peca-
üdoti (3).
P u n t o 1.° —Consideremos primeramente á una Reli­
giosa pecadora en el lecho de la muerte. (Oh! ¡qué espec­
táculo tan triste!... ¿Qué le pasa á aquella alma infeliz?...
Mira, que espanto lo causa la muerte!... le viene de im­
proviso... vivía descuidada... sin vigilancia... comodor-

(1) Ambúlate, dum lucem habetio, ut non tos tenebr» comprehen-


dant. (Joan. 12.)
(2} Domine, hic ure, hic seca, ble non parcas, modo in aternum par­
cas. (S. Aug.)
(9) E lim in a , Domine, oeulos meos, ne unquam obdormlam in morte,
conBentiens peccato. (Bailar.)
-2 3 8 —
mida... Pero ¿qué no creía en la muerté... Ciertamen­
te... ¿Qué no sabia que habla de morir?... Si... mas, no
la miraba tan cercana... la creía todavía lejos... y ¡ayl
de repente oye que te dicen: has de morir {!)... ha lle­
gado el fin (2)... no hay más tiempo (3). ¡Oh, qué penal
exclama: ¿j/ asi, con tanta amargura ha de separarme
de todo la muerte? (4) Yo, que vivía tan delicada... tan
complacida... tan amante de mi misma... ¿he de dejarlo
todo... he de ser dejada de todo... ho de morir?,.. ¡Oh,
qué amargura la de mi corazón!!... La memoria de
lo pasado la atormenta... ¡tanto tiempo perdido!...
¡tantas ocasiones de obrar el bien malogradas!... ¡tan­
tos auxilios de la gracia, despreciados!... ¡votos infrin­
gidos!... ¡reconvenciones... avisos... inspiraciones...
remordimientos... todo, todo desestimado!... ¡qué
aflicción tan amarga cubre su alma! (5) Recuerda los
muchos pecados cometidos en la celda... en el coro...
en los oficios... en los empleos... en todo lugar, y en
todo tiempo... consigo misma, y con otras... las Induc­
ciones, y malos ejemplos... todo, todo de golpe se le
presenta, y exclama: recuerdo ahora, y tengo á la vista
iodo el mal que he hecho, y mi corazón se té abatido y
oprimido de pesares (6). La vista de lo presente suma­
mente la aflige. Se vé constreñida de los lasos de sus pe­
cados (7), al paso, que le dejan en desolación espanto­
sa... ya no hay goces... ya no hay satisfacciones... ya
no hay dulces afectos... todo, todo ha huido... y no hay
descanso para su corazón angustiado... y se encuentra
como bajo la presión de una tempestad furibunda (8)... y

(1) Moriarift. (4. Reg. 20.)


(2) Finia yenit, renit finia. (Ezeq. 1.)
(8) Tempus non erit amplias. (Apoc. 10.)
(4) ¿Siccine «eparat amara mora? (1.* Reg. 15.)
(5) A m an tad o am arissim a. (Is . 88.)
(6) Nunc reminiscor malorum, que íeci... concidi, et corrni corde
prae sollicitudine. (1.° Machab. 6.)
(7) Funibus peccatorum constringitur. (Proverb. 5.)
(8) Interitus, quasi tempesta*, ingruit. (Proverb. 1.)
-2 3 9 -
tu alma se oé en un mar de tribulación y angustia (1)...
|0h!... ¿Dónde están las ilusiones, que se hacia, de ju­
ventud... de robustez... de salud?... ¿Dónde las espe­
ranzas del tiempo venidero... de ocasiones más propi­
cias... de días más oportunos?... ¡Ay!... nada ha que­
dado... todo se ha pasado... de improviso se vé envuelta
en calamidad terrible (2)... ¿Y por lo tocante & lo venide­
ro?... ¡Oh, qué espanto! Vé un juicio tremendo... un Juez
Inexorable... un Dios ofendido... un Padre despreciado...
una conciencia que le remuerde, y la acusa, ¡oh! bien
puede decir, que empieza & gustar ya los tremendos cas­
tigos, que justamente se le esperan (3)... sobre sí, vé el
Cielo cerrado... al rededor de si, una soledad espanto­
sa... á sus piés, el abismo abierto para tragarla!! Tal
es, alma religiosa, el término de la relajada, de la pe­
cadora obstinada... pésima será su muerte (4). Tú que
esto oyes, mírate en este espejo, y seas prudente mien­
tras tienes tiempo; no difieras tu conversión, mira que,
como dice un célebre escritor, si es verdad que en esta
vida nunca es tarde la penitencia, si es verdadera; pero
no obstante, raramente es sincera, cuando es tardía (5 )...
Reflexiona... y resuelve.
Punto 2.°—Consideremos ahora el último trance de
la Religiosa justa, fervorosa... ¡Oh! ¡qué felicidad... Se
le dice, es verdad, ha llegado el fin de ius dias (6) y esta
noticia es para ella de un gozo inefable... ¡Oh! ex­
clama: ¡ Y cuánto me alegra semejante nueva!... iréá la
casa de mi Señor! (7) Van á cumplirse mis anhelos, que
todos los días me hacían exclamar: ¿Cuándo será la

(1) Venlt super eam tributado, et angustia. (Prov. 1.)


(2) Irruit repentina calamitas. (Id.)
(8) Dolores inferni circumdederunt me. (Ps. 114.)
(4) More peccatorum pessima. (Ps. 88.)
(5) Pcenitentia numqnam sera in hac vita, si vera; sed raro vera, si
sera. (R. P. A Lapide.;
(6) Finia venit, venit flnis. (Ezeeh J.)
(7) Laetata sum in bis qua dicta sunt mihi: In domum Domini ibl-
nus. (Ps. 120.)
-2 4 0 —
hora, en que podré ver á mi Dio» y Señort (1) El mundo
todo es para mi como carga molesta (2). Deseo ser des­
atada de este cuerpo miserable, y unirme á mi Esposo Je­
sús (3). Lo pasado, no la abate; descansa en la hermo­
sura de la paz (4)... ¡Oh, qué tranquilidad! ¿Qué oslo
que puede alterarla?... ¿Las transgresiones... Las ha ya
llorado... se ha arrepentido... las ha confesado... ¿Las
tibiezas?... Las ha enmendado... las ha corregido... ¿Las
omisiones?... Las ha suplido con nuevo fervor... flel á
su vocación... observante de las reglas... ejercitada en
las virtudes... sufrida en las contradicciones... confor­
mada, en fin, en todo, y por todo & la voluntad de Dios...
nada hay que pueda alterar su conciencia: descansa en
la hermosura de la paz... Lo presente, no la turba: des­
cansa como en tabernáculos de entera confianza (5)... Ha
trabajado para la gloria Divina... ha seguido fielmente
la voz del Señor, que la ha llamado... ha hecho de sf un
absoluto sacrificio... todo lo ha renunciado para ganar
á. Jesucristo (6). ¿Cómo no ha de estar en completa con­
fianza?... ¿Y cómo se aumenta ésta, viendo que Jesús
viene & visitarla sacramentalmente, y fortalecer su al­
ma, para el próximo viaje á la eternidad?... ¡Oh! ¡con
qué dulzura oye en su corazón la voz de Jesús, que le
dice: Pon, hija mía, toda tu confianza en M i (7). ¡Ah! no1
,
no estriba ella en sus méritos propios, que de ningún
modo los considera dignos... llena de humildad se aco-
go on las llagas do Jesús... la pasión de Jesús es toda
su fortaleza... el corazón de Jesús es todo su asilo...
¿cómo no ha de rebosar de confianza?... Vé á María, &
quien ha saludado tantas veces como Madre suya... á
María, á la que ha interesado tantas veces para esta

(1) ¿Quando veniam, et apparebo ante faoiom Dei*? (Ps. 41.)


(2) Quasi sareina in vía. (Eccli. 21.)
(3) Desiderium habeo dissoWi, et esse cum Christo. (Philip. 1.)
(4) Sedet in pulchritudine pacis. (Is. ¿12.)
(5) Sedet in tabernaculis fldiicie. (Is. 92.)
(8) OmnU detrimentum feci, ut Christo lucrifAciam. (Philip. 8.)
(7) Conflde, filia. (Mat. 9.)
— 241 —
última hora... á Marta, á quien ha amado con tanta ter­
nura, y procurado imitar... la vé, que viene con los
brazos abiertos á abrazar su alma... que Ella es la que
le alcanza consuelos inefables... Vé al Angel de su
guarda, que aparta de ella al demonio, y todos los ene­
migos... Vé á los Santos, en especial sus Patronos y
Abogados, que interceden por ella al Señor... ¡oh! ¡qué
consuelol [qué confianza!... El porvenir, no la asusta...
descansa en la opulencia, y riqueza, que. ha de seguírse­
le (1). La confianza misma, que la anima, le hace como
gustar ya anticipadamente aquellas celestiales delicias,
aquellos gozos eternos, que se le esperan, y exclama:
nada, nada me resta ya, sino ceñir la corona de justicia,
que me está reservada (2). El Señor va á conducirme á la
Patria Celestial (3)... Así es: el Cielo se abre sobre ella,
vé á Jesús, que alargándole la corona, le dice: Ven, Es­
posa mia, recibe la corona, que te tengo preparada por toda
la eternidad (4)... su corazón so onardcce, y espira dul­
cemente en el ósculo del Señor... ¿Lo ves, alma religio­
sa?... ¿Y no deseas tú, término tan feliz?... [Ahí exclamas:
sí; pueda yo lograr el morir como el alma justa, y que mi
fin sea semejante al suyo (5). Mas, no olvides aquella
verdadera, aunque vulgar, y común sentencia: Tal es la
muerte, cual es la vida (G)... Reflexiona, y propon...
C o l o q u i o . — Será primero con la Santísima Virgen
María, implorando su protección para aquella hora, con
las palabras de la Santa Iglesia: «María, Madre de gra-
»cia, Madre de misericordia, defendedme de mis ene-
omigos, y recibidme en la hora de rol muerte» (7); y
(1) Sedet in requie opulenta. (Is. 82.)
(2) In reliqno reposita est mihi corona justitise. (2.® Timot. 4.)
(8) Dominus sal va m me faciet in regnum auum celeste. (2. Timot. 4.)
(4) Veni sponsa Chriati, accipe coronara, quam tibi Dominus pne-
paravit in eteruum. (Ant. Eccto.)
(5) Moriatur anima mea morte justorum, et flant novissima mea,
horum similia. (Num. 28.)
(6) Tal ia vita, flnis ita.
(7) Maria, Mater gratise, Mater misericordia, tu nos ab bosta prote­
ge, et hora mortis suscipe. (Ant. Eccla.)
— 242 —
despuds con el Divino Jesús, diciéndole con San Ignacio:
«En la hora de mi muerte llámame; que venga á Ti
«mándame; para que con tus Santos te alabe; por los
«siglos de los siglos. Amen» (l).
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirios.=Luego el examen, etc.

HIDITICIÓN *.*

De la parábola de laa diei Vírgenes.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io p r im e r o :Será figurarse una Religiosa & la
presencia del supremo Juez Jesucristo, que le exige
cuenta de la fidelidad, que le ha guardado, como Esposa
suya.
P r e l u d io s e g u n d o : Será pedir al Señor luz para cono­
cer ahora lo riguroso de la cuenta; y gracia, para pre­
venirse con tiempo para recibir al Esposo, cuando la
llame; diciéndole con el Y. Tomás de Kempis: «Dadme,
«Señor y Dios mió, vuestro auxilio, para serviros con
toda santidad» (2).
P u n t o l.°—Dice Jesucristo en el Santo Evangelio, que
en el dia del juicio, el Reino de los Cielos, esto es, como
interpretan los Santos Padres, la Iglesia militante será
semejante á dies vírgenes, que tomando sus lámparas, sa­
lieron á recibir al Esposo, y ála Esposa, esto es, en sentir
do los mismos Santos Padres, á Jesús, y á la Iglesia
triunfante; pero que cinco de ellas eran fáluas, ó necias,
y cinco eran prudentes (3). En estas diez vírgenes, dicen
(1) In hora mortis mea roca me; et jube me venire ad Te; ut eum
Sanctis tuis laudem Te; in uecnlorum 8sécula. Amen. (S. Ignstlng.)
(2) Adjuva me Domine Deua in sancto servitio tuo. (Kem. 1. cap. 19.)
(3) Tune, aimile erit ragnnra ccelorum decem virginibus, quse aco­
píenles lampades suas, exierunt obviftm sponso et sponsa; quinqué an­
tena ex ele erant fatu», et quinqué prudentes. (Mat. 25.)
— 243 —
San Agustín, San Crlsóstomo y San Gregorio, están sig­
nificadas principalmente las alma3 religiosas, que se
llaman: Vírgenes del Seflor... Pero ¡ay! ¡Quién lo dije­
ra!... no todas son prudentes... hay también necias!...
Y asi en esta parábola están indicadas las dos clases de
Religiosas, fervorosas, y libias.
Consideremos, pues, qué hacen aquellas, y quó ha­
cen éstas. Dice Jesucristo: Las vírgenes fátuas tomaron
las lámparas, pero no se proveyeron de aceite', empero las
prudentes tomaron las lámparas, junto con unas vasijas
llenas de aceite; y como tardase el Esposo, todas se ador­
mecieron, y por fin se durmieron (1); esto es, dicen los
3antos Padres, esperaron todas durante la vida, y por
(In, murieron... Hé aquí lo que sucede en las almas re­
ligiosas. Las fervorosas toman las lámparas, esto es,
atienden á su conciencia... que es la lámpara del alma,
según San Hilario y San Jerónimo (2), entran por el
camino de la virtud, cuya puerta es la Religión... son
vírgenes, dice San Crisóstomo, y llevan consigo en su
entendimiento, y en su corazón,! que son los vasos del
alma, según los Santos Padres, el puro aceite de la rec­
titud de intención... del deseo y aspiración á la perfec­
ción religiosa... en una palabra, del amor de Dios, ó ca­
ridad (3)... y esperan... pero ¡con qué quietud! ¡con qué
confianza! ¡con qué amor!!... nada les perturba... an­
sian la llegada del Esposo... se lamentan con David:
¡Ohl cuánto tarda mi Amado!!... (4) están preparadas...
Las tibias, empero, entran también por el camino de la
verdad, porque entran en el asilo santo de la Religión...
son vírgenes (5), dice San Agustín; y asi toman también
las lámparas... mas, no se proveen de vasos de aceite,
(1) Quinqué fatua, acceptis lampadibus, non sumpsernnt oleum secum;
prudentes yero acceperunt oleum in vasis suis cum lampadibus. Moran
autem faeiente sponso, dormitarerunt omnes, et dormierunt. (Mat. 25.)
(2) Lampas, mona fldells est. (SS. Hilar, et Hier.)
(8) Cum virginitate habent oleum charitatis. (S. Chrys.)
(4) (Heu mihil quia incolatus meus prolongatns est)
(6) Virgínea aunt. (S. Aug.)
-2 4 4 —
para llenarlos & b u tiempo... esto es, tienen el entendi­
miento, y la voluntad, vactos de rectitud, y de amor... no
quieren adelantar, ni tan solo aspirar á la perfección...
dicen, que les basta ser Religiosas... que ya procuran
no hacer pecados... y que asi, esto les basta para sal­
varse... (qué ceguedad!... están desprevenidas!!... espe­
ran, si, ál Esposo... pero con cierto temor... con descon-
fianza... con recelo, porque ya conocen que no corres­
ponden fielmente á su vocación... y así, lejos de desear
al Esposo, se espantan de su venida... temen, porque está
escrito: al alma perezosa, tibia, la derriba el temor ( 1)...
Y tú, alma religiosa ¿á cuál de las dos clases perte­
neces? Piénsalo bien... sacude toda sombra de tibieza...
y procura, mientras tienes tiempo, hacer acopio del
buen aceite del fervor, y de la caridad, para cuando
venga el Esposo á llamarte para las bodas eternas...
P u n t o 2 .°— ¿Cómo se encuentran á la llegada del Es­
poso? Las prudentes, preparadas... las fáluas, despreve­
nidas... todas toman las lámparas... mas ¡ay! tanto
como arden las de las primeras, las do las sgundas no
dan lus alguna (2)... Asi sucede á las Religiosas, en la
hora de la muerte, que es el llamamiento del Esposo.
Las fervorosas jqué jubilo!... toman sus lámparas, esto
es, miran su conciencia; y ven, que arde con aceite eterno,
como dice San Agustín, esto es, por la bondad y segu­
ridad de sus buenas obras; arde con gloria interior,
por la rectitud de su intención, no habiendo buscado
aplausos ni glorias mundanas; arde con caridad perfecta,
por el puro amor de Dios (3)... ¡qué tranquilidad!
¡qué gozo!!... Mas, las tibias son llamadas también:
hé ahi que el Esposo cieñe (4)...se leoantan (&)... toman
también sus lámparas, miran su conciencia... pero ¡ay!
(1) Pigrum dejicit timor. (Prov. 18.)
(2) Extinguntur. (Mat. 25.)
(3) Oleo eterno, nempe, conscientiae securiUte, interiori gloria, inti­
ma charilate. (S. Áug.)
(4) Ecce sponsus venit. (M at. 25.)
(5) Surrexerunt omnes. (Id).
— 245 —
¡qué desgracia!... ¡esta lámpara... no arde!/... (1) les falta
el aceite de su bondad... podían obrar, y por pereza no
obraron!... dtbian obrar, y despreciaron los medios...
¡qué remordimientos!!... y la lámpara... no arde!!... les
falta la rectitud de intención en lo que han hecho...
obraban por vanidad... buscando los aplausos y la glo­
ria mundana... y este aceite ardía durante su vida, dice
San Agustín... pero ahora, á la presencia del Esposo
no es bueno este aceite... 110 arde!! (2) ¡qué confusión!!
les falta por último el aceite de la caridad... del puro
amor de Dios... se han buscado á si... no ban vivido
sino para si... y ahora no encuentran más que su mi­
seria, y su pobreza!... y la lámpara... no arde!!!... Es ver­
dad; buscan... piden... dadnos de vuestro aceite, dicen á
las fervorosas (3), pero éstas no pueden, pues les fa l­
taría á días (4)... y asi no encuentran quien se lo pres­
te, ni quien se lo venda... ha pasado el tiempo de com­
prar (5), dice el P. San Jerónimo, ó sea de merecer...
¡Qué pena! ¡qué temor!!!... ¡Oh, alma religiosa! atiende
bien á todo esto... pondera bien esta diferen ci a=/>repa-
rada=despreoenida=y reflexiona sobre ti... mira cómo
te hallas... y no olvides, que el Esposo vendrá de repen­
te... á la media noche (6), esto es, dice San Jerónimo,
cuando menos lo pienses (7)...
P unto 3.°— ¿Qué resultado experimentan? Las vírge­
nes prudentes, dice Jesucristo, com o preparadas, que
están, entran con el Esposo á las bodas (8). Las necias
como desprevenidas, encuentran ¿o puerta cerrada (9).
Hé ahí lo que acaece á las almas religiosas en aquella

(1) Extinga ntar. (Mat. 25.)


(2) Tune ardebant, nunc extinguntur. (S. Aug.)
(3) Date nobis de oleo rastro. (Mat. 25.)
(4) Ne forte non suffleiat nobis et vobis. (Mat. 25.)
(5) Excoesorat emondi tompue. (S. Hier.)
(6) Media nocte. (Mat. 25.)
(7) Inopinate. (S. Hier.)
(8) Intraverunt rom eo ad nuptias. (Mat. 25.)
(9) Clausa est jaoue. (Mat. id.)
— 246 —
hora extrema... Las fervorosas, como que han estado
siempre alerta... preparadas... prevenidas... al oír la voz
del Esposo, que las llama, le dicen: Señor, aquí estoy ( 1)...
no temen, porque aman... no desconfían, porque se han
prevenido... no titubean, porque su deseo es unirse con
su Dios... aquí me tenéis... ¡Ohl ¡qué alegría! ¡qué dul­
zura!!... Y el Seflor las conduce al convite celestial... á
las bodas eternas del Cordero sin mancilla... al descan­
so perpetuo... al gozo del Señor, entra en el gozo de tu
Dios, les dice (3), para ser eternamente Esposa mía muy
amada... ¡Qué triunfo!!... Las tibias, empero, las relaja­
das ¡ayt se sobresaltan al oir el llamamiento del Esposo...
como están desprevenidas todo les falta... se apresu­
ran... corren... pero... en vano... la puerta está cerra­
da (Z)... no há lugar... no hay entrada... son rechaza­
das, dice el P. San Agustín... y esto á pesar de su vir­
ginidad, esto es, de su vocación religiosa (4)... despre­
ciaron en vida, dice Orígenes, lo que les importaba; ahora
no encuentran más que las sombras, y el horror de la
muerte (5)... Es verdad, llaman á la puerta... vocean...
Señor, Señor, abridnos (6)... mas, ¿qué aprovechan las
voces, dice San Jerónimo, cuando no corresponden las
obrast (7)... ¿Y no oirán la voz del Seflor?... ¡Ah!, sí...
pero voz terrible... voz de trueno, que les dice: no os
conozco (8)... no sois mías... os rechazo... os repruebo...
os condeno, como dice San Agustín (9)... ¡Qué desgra­
cia!... ¡qué desesperación!!... ¿Lo ves, alma religiosa?...
¿Qué no has de hacer, para evitar esta desgracia?... ¡Oht

(1) Ecce ego. (1. Reg. 8.)


(2) Intra in gaudium Domini tui. (Mat. 25.)
(b) Clausa est janua. (Mat. 25.)
(4) Virgines sunt, et rapelluntur. (S. Ang.)
(5) Neglexerunt in vita uti lia; ín exitu comprehenduntur & morte.
(Origen.)
(6) Domine, Domine, aperi nobis. (Mat. 25.)
(7) ¿Quid prodest voce invocare, quera operibus negas? (S. Hier.)
(8) Nescio yos. (Mat. 25.)
(9) Nescio YOSf improbo vos. (S. Aug.)
— 247 —
Te lo dice el mismo Jesucristo: Vela de continuo, esto
es, prepárate... porque no sabes el día, ni la hora de mí
venida (1).
C o l o q u io . —Será dirigirse á Nuestro Sefior Jesucristo,
pidiéndole humildemente perdón del tiempo perdido,
y mal empleado; rogándole encarecidamente se digne
asistirnos con su gracia, para prepararnos debidamente
á su venida, diciéndole con el V. Tomás de Kempis:
«Derrama, Sefior, de lo &lto, tu gracia, para que mi alma
«produzca fruto bueno, y perfecto» (2).
Se concluirá con un Padre-nuesiro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

H XDITACI0N 0.a
De la Conversión de la Magdalena.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o : Será representarse á Maria Magda­


lena, en casa del Fariseo, á los piés de Jesucristo, hu­
milde, contrita; y á Jesús que le dice: Te son perdonados
tiut pecados; céte en paz.
P r b i .u d i o s e g u n d o : Será pedir al Seflor verdadera con­
trición de nuestros pecados, con grande confianza en su
misericordia, diciéndole con el V. Tomás de Kempis:
«Confesaré, Sefior, á Vos, mis fragilidades, que os son
«bien conocidas; compadeceos de mi, no quede yo des-
»amparada» (3).
P u n t o l.°—Consideremos primeramente á María Mag­
dalena en el estado de pecadora. Dice el Evangelio: habla

(1) Vigilate, quia nescilis diem ñeque horam. (Mat. 25.)


(2) Effunde, Domine, gralitmi luu.ui de»uper, ad produeendum cor
menm fructum bonum et optimum. (Kem. 1. S. c. 23.)
(3) Confltebor tibí, Domine, fragilitatem meam, undique tibi notam,
non permaneam dejectus usquequaque. (V. Th. é Kem. 1. 3. c. 20.)
— 248 —
en la ciudad una mujer pecadora (1); y esta era María
Magdalena, como la llama después el mismo Evange­
lista. \Pecadora!... y como interpreta San Bernardo,
mujer prevaricadora, Uena de crímenes, impura (2)...
Nobilísima por condición... nacida en la opulencia... fa­
vorecida de Dios con muy singulares gracias naturales
de alma, y cuerpo... todo lo conculca... de todo abusa...
¡pecadora!... poseído su corazón de un desmedido afán
de ataviarse, y engalanarse... de ver, y ser vista... de
agradar, y lucir en el mundo, sacrifica su honra, y su
concieucia al amor de la vanidad, y del vil deleite... ¡pe­
cadora!... y por sus enormes crímenes se vé poseída de
iiele demonios, como nos dice et mismo Evangelio...
¡Qué degradación! ¡qué infelicidadl!... Pero más: añade
el Evangelio pecadora en la Ciudad, esto es, como inter­
pretan los Santos Padres, pública pecadora... Tiene en la
Ciudad de Naim muchos Nobles enamorados, y servidores
suyos (4), cómplices en sus pecados... ¡Oh! ¡y á qué ex-
tromos conduce la vanidad mundana! ¡& qué abismos
sumerge un amor desordenado... ¡vicioso!!... ¿Te horro­
rizas, alma religiosa, de esta historia?... ¿Compadeces á
la Magdalena en tan infeliz estado?... ¡Ah!... Vuelve los
ojos en tí... mira bien lo que tú has sido... mira si en
algo, aunque no del todo, más ó menos, has imitado á
la Magdalena pecadora... observa de donde han prove­
nido & su tiempo tus desórdenes... ¿acáso de la vani­
dad?... ¿de la liviandad?... ¿del poco recato?... ¿del amor
del mundo?... recuérdalo con confusión... Y de presente,
¿cómo te encuentras?... ¿Conservas en tu corazón algo
de estos gérmenes de pecadof... ¿Hay en tus afectos al­
gún resabio de mundo?... ¿Tienes todavía algún apego
á personas... á alguna cosa de la tierra? ¡Oh! si asi fuera,

(1) Muliar firat in civitate peceatrix. (Lúe. 7.)


(2) Prffivaricatrix, criminosa, inmunda. (S. Bern.)
(3) Peccatrii, id est, meretriz. (SS - Aug., Greg., Ambros., Chrys.
et alli.)
(4) Habet inultos nobiles, amaaios, et aeseclaa. (R. P. A Lápide.)
— 249 —
arráncalo pronto; no sea que te arrastre de nuevo al
abismo, del que la misericordia de Dios te ha sacado.
Punto 2.°—Consideremos en segundo lugar, la pron­
titud de la Magdalena, en rendirse á las inspiraciones de
la gracia divina. Á. pesar de sus desórdenes, se siente
interiormente impulsada á escuchar á Jesús, que predica
en la Ciudad de Naim, y cuya fama es tan gloriosa por
haber resucitado al hijo de una viuda de aquella Ciu­
dad... Oye, pues, á Jesús', y le oye en ocasión, en que está
clamando: Venid á mi todos los que andais agobiados, y Yo
os alioiaré; y vé al mitmo tiempo, que en aquel instante
cura Jesús á muchos de sus enfermedades, y llagas, echa
de ellos los espíritus malignos, y da vista á los ciegos (1)...
todo lo vé... y un toque de la gracia divina la previene...
hiere su corazón... y al momento se reconoce misera­
ble... pecadora... y un dolor vivísimo de sus pecado»
traspasa su alma... se arrepiente, y queda libertada de
los siete demonios, de que estaba poseída (2)... y aquel
corazón, tanto tiempo dominado del amor profano, se
convierte del todo á Dios... ama mucho al Señor, in­
comparablemente más, de lo que habla amado al mun­
do... |Qué cambio tan repentino en aquel corazón!...
está ya hecho un volcán de amor divino (3)... ¡Oh poder
admirable de la gracia divina!... pero ¡oh prontitud inau­
dita de la Magdalena al llamamiento de la misma gra­
cia!!... ¿Y es ésta, la que has tenido tú, alma religiosa,
á las voces del Señor? ¿Cuántas aldabadas, por decirlo
ast, ha tenido que dar el Señor á tu corazón, para que
le respondieras? ¿De cuántos medios ha tenido que va­
lerse, para que te rindieras?... Y de presente, ¿cuántas
inspiraciones te dá continuamente, para que le sigas

(1) Audivit Magdalena hanc Tocem Chrlsti: Venite ad me omnes, qui


laboratis, et onerati estis, et Ego refldam t o s . Et vidit, quod Jesús ia
illa hora multes curaTit ¿ languoribus» et plagie, et spiritibus malta; et
CC08Í8 multis donavit visum. (R. P. A Lápide.)
(2) A Christo inter alios daemonico», ab iis llberata, de peccatis suis
pffloituit. (R. P. A Lapide.)
(9) Dilezlt muí tum. (Luc. 7.)
17
— 250 —
más de cerca, en el camino de la perfección?... y tú ¿re­
moloneas sin determinarte?... Ea: aprende de la Mag­
dalena á corresponder pronta á la gracia divina.
Punto 3.°—Consideremos en tercer lugar la perfecta
conversión de la Magdalena. Tocada de la gracia divina,
no sosiega hasta encontrar á Jesús. Va á la casa de Si­
món el Fariseo, donde sabe, que está convidado el Señor (1);
Poco le importan los juicios que se formen de ella... pú­
blicos han sido sus pecados, pública quiere, que sea
su penitencia; se avergüenza en su corazón, dice San
Gregorio, de lo% pecados que ha cometido, en nada tiene
la confusión, que le acarrea su penitencia (2)... ni la nota
de importuna la retrae, entra oportunamente para su
salud; osada ha sido para su perdición, más atrevida es
ahora para su bien, dice el P. San Agustín (3)... |Quó
valor! ¡qué intrepidez!!... ¿Y quó hace aill? |Ah! Llora,
y se sacrifica... Llora; estando por detrás á los pié» de
Jesús comienza á bañarlos con sus lágrimas (4); con tanta
copia, y abundancia, que limpia y purifica los piés del Sal­
vador, polvorosos del camino, que ha andado (5); lá­
grimas, dice el P. San Gregorio, que manifiestan el gran­
de dolor de su corazón, no avergonzándose de derramar­
las delante de los convidados (6)... Y se sacrifica... si...
Hasta ahora, la ha arrastrado un desordenado amor
de si misma, y del mundo; y ahora se desprecia á si, y
entrega todo su corazón al Señor; ama mucho á Jesús...
mucho más de lo que había amado la vanidad... ved­
la... todos los instrumentos del pecado, dice San Eutimio,

(1) Ut cognovit, quot accubuisset in domo Pharisaei. (Luc. 7.)


(9) Semetipsam gravitar erubeacebat intua; nihil eaae credidit, quod
ernbeseebat foris. (S. Greg.)
(8) Intrat importuna convivio, opportuna beneficio; frontosa ad per-
ditionem, frontosior ad salutem. (S. Aug.)
(4) Stans retro, secua pedes Jesn, laclirymi» cwpit rigare pedes ejus.
(Lúe. 7.)
(5) Tanta fuit lachrymarum copia, ut Christi pedes ex itinere pulve­
rulentos ablueret et puriflcaret. (R. P. A Lapide.)
(6) Máximo dolare ardet, qua Aere ínter epulas non erubescit.
(S. Greg.)
-2 5 1 -
los convierte en instrumentos de virtud (1)... sus cabellos,
que hablan servido de adorno profano, sirven ahora de
toalla, dicen San Gregorio y San Cipriano, su» ojo*, que
se habtan derramado á miradas ilícitas, sirven ahora de
aljofaina... sus lágrimas, por agua... y con el amor, que
tanto habla profanado, unge con precioso unguento los
sagrados piés del Salvador, concirtiendo sus ósculos mun­
danos, en ósculos santos á los piés dei Seflor; en una pa­
labra, tantos son los sacrificios que ofrece al Seflor, cuan­
tos eran los deleites, á que se habla entregado (2)... [Oh
penitencia santal... ¡Penitencia feliz!... Y ¿es éste, alma
religiosa, tu comportamiento? ¿Te dejas llevar del res­
peto humano, del temor del qué dirán, en ei servicio del
Señor?... ¿Sacrificas ahora al Señor todos tus afectos,
y cuanto habla servido antes para la vanidad, y para el
mundo?... Ahonda, alma religiosa, ahonda mucho en
esta consideración, y mira bien, si se puede decir de ti
como de la Magdalena: ama mucho... Escucha lo que
dice el P. San Agustín: el amor es la muerte del pecado,
y la vida de la virtud (3).
Punto 4.®—Consideremos Analmente la grande mise­
ricordia del Señor, para con la Magdalena. Primera­
mente se constituye defensor suyo. La Magdalena á los
piés del Salvador, dice San Pedro Crisólogo, et la misma,
pero otra’, es otra, pero la misma (4); esto es, es la mis­
ma persona, pero de diferentes afectos: antes pecadora,
ahora penitente; antes piedra de escándalo, ahora ejem­
plar de humildad y de virtud. Mas, el Fariseo juzga de

(1) Instrumenta peccati facit instrumenta Tirtutum. (S. Kutym.)


(2) Usa est pro liuleo capillis, quos ad compositionem vultu» exhi-
buerat; oculis, qui terrena concuplerunt, naa est pro catino; lachrymis,
pro baptismo; charitate, pedes sanctos pretioso rigavit unguento; oscula
impúdica in oscula casta et supplicia pedum Ckristi conver ti t; uno ver­
bo: quot de se habuit oblectamentum, tot do «e iuveuit holocaustum.
(68. Greg. et Cypria.)
(8) Chantas est mora criminum, et ?ita virtutum. (S. Aug.)
(4) Magdalena ante pedes Domini, erat eadem, sed altera; erat altera»
sed eadem. (S. Petr. Cbrysol.J
— 252 —
la Magdalena según lo pasado, sin atender á lo presente;
y Jesús, que penetra los corazones de entrambos, y vó la
diversidad de sus afectos, defiende contra el Fariseo á la
Magdalena, no ya pecadora, sino convertida; no ya mun­
dana, sino amante verdadera; y dice & aquel hombre
soberbio, que lo que no ha hecho él9como debía, en su
obsequio, lo hace con creces aquella mujer, por el mu­
cho amor, en que arde su corazón; y que así, le son per­
donados sus muchos pecados, porque ha amado mucho (1).
Es como si dijera, según San Agustín: esta Mujer ya no
es más pecadora, ni indigna de tocar mis piés, como tú
juzgas, 6 Simón, sino que es más santa que tú; y más dig­
na de estar conmigo (2)... ¡Oh benignidad inaudita del
Señor en defender, en ensalzar ¿ la humilde Magdale-
nal!... no sólo no la llama pecadora, sino que dice, que
no ba de llamarse tal, sino santa, por las obras que
ejecuta... Por último, la mira con ojos de bondad y mi­
sericordia (3)... y la perdona públicamente, diciéndole
en alta voz: tus pecados te son perdonados (4)... ¡Oh! ¿Y
cómo? ¿qué perdón?... perdona toda la culpa y toda la
pena debida á la culpa, dicen los Santos Padres (5), y la
despide derramando la paz en su alma con las conso­
ladoras palabras: vete en paz (6), como que dijera, dioe
San Eutimio: vete tranquila, alegre, y feliz; tus pecados
ya no te dañarán, ni despedezarán más tu conciencia; vete
en paz {7)... ¿Y no alienta tu corazón, alma religiosa,
esta misericordia infinita dol Señor?... Ea: anímate...

(1) Dimi&sa snnt ai percata multa, quoninm dilexit multum. (Luc. 7.)
(2) Mulier hoec jam amplius non est peccatrix, nec indigna contacta
pedum meorum, ut tu eeslimas, ó Simón, sed sanctior te est, dignior-
que meo attactu. (S. Aug.)
(3) Et converaus ad mulierem. (Lúe. 7.)
(4) Remittuntur tibí peccata tua. (Luc. id.)
(5) Non tantum omnem calpam, sed et omnem poenam culpeo debí*
Um ei reinissil. (R. P. A Lapide.)
(6) Vade in pace. (Luc. 7.)
(7) Vade tranquilla, teta et feliz, pretérita amplius tibi non noce-
bunt, nec conscientiam tuam amplius lancinabunt; Tade in pace.
(S. Euthym.)
— 253 —
por grandes quo hayan sido tus extravíos... por muchos
que hayan sido tus pecados, no te abandones, no des­
confíes... mira & la Magdalena, imítala... humilde & los
piés de Jesús... no habla, sino que llora... no pide, sino
que ama... no desespera,sino que confía... haz túlo mis­
mo (l)... arrójate & los piés del Seflor... llora tus peoí­
dos... ama de todo corazón... confia en la bondad In­
mensa de Jesús, que te llama, y te recibe... y de seguro
que oirás también de su boca divina: vete en paz; tufe,
y tu confianza te han salvado (2).
Coloquio.—Será dirigirse al Señor, pidiéndole perdón
de los pecados y arrojándose confiadamente en el seno
de su misericordia, decirle con el Santo Profeta: «Habed
«piedad de mi, ó Dios mió; compadeceos de mi, que mi
nalma tiene puesta en Vos toda su confianza» (3).
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propó­
sitos, y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el exa­
men, etc.

m DEL APÉNDICE DE LA FBHEBA 8EMAH1

(1) F ac tu eim iliter. (Luc. 10.)


(2) Fides tua te aalvam fecit, vade in pace. (Luc. 8.)
(8) Miserere mei, Deus, miserere mei, quoniam in Te confldit anima
mea. (Ps. 66.)
SEGUNDA SEMANA,

M 3B3TAOSONBS
PAR A LA SEGUNDA SEMANA.

HKDITACIÓIT P B S T II,
De la conquista del Beino de Cristo.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a k a t o k ia :
P r e l u d io Figurarse ver á Cristo Nuestro Se­
p r im e r o :
ñor, predicando en aquella tierra de la Palestina, en
las Sinagogas, Villas, y Castillos el Reino de Dios.
P r e l u d io s e g u n d o : Será pedir la gracia á Nuestro
Seflor, para que no seamos sordos á su llamamiento,
sino prontos, y diligentes en cumplir su santísima vo­
luntad, diciéndole con el Profeta: «Señor, enseñadme
»á hacer en todo vuestra voluntad» (1).
R e p r e s é n t a t e ante todo, alma cristiana, (como nota
el Santo) un Rey de este mundo, pero divinamente ele­
gido, reverenciado y obedecido de todos los Principes
y pueblo cristiano; que divinamente inspirado, prepara
una expedición para conquistar la tierra de los ínfleles;
resuelto á trabajar, y entrar en batalla, arrostrando

(1) Domine, doce me facere voluntatem tuam. (Pa. 142.)


— 255 —
cualesquiera privaciones, fatigas, y peligros; que divi­
namente cerciorado de la victoria, que ha de conseguir,
habla á sus vasallos, y les dice: Mi voluntad et: conquis­
tar toda la tierra de ios Infieles; por tanto, quien quisiere
oenir conmigo, ha de ser contento de comer como yo, y
ast de beber y vestir, etc., asimismo ha de trabajar como
yo en el dia, y vigilar en la noche, etc., porque ast tenga
parte conmigo en la victoria, como la ha tenido en los
trabajos. Considera bien: ¿Puede haber en lo humano,
Rey más excelente? es elegido de mano de Dios... ¿Puede
darse voluntad más recta? quiere acabar con la Infide­
lidad, conquistar toda la tierra de infieles... ¿Puede
hacerse invitación más noble? á todos convida á seguir­
le: quien quisiere oenir conmigo... ¿Puede infundirse es­
fuerzo más generoso? no exige más de lo que Él haga:
comer, beber, vestir como yo... ¿Puede Imaginarse libe­
ralidad más grande? quiere compartir con ellos la vic­
toria: tenga parte conmigo en la victoria... ¿Quien habrá
de los buenos súbditos gue no acepte la petición de tal
Rey... tan liberal, y tan humanof ¿No serla digno, quien
lo rehusare, de ser cituperado de todo el mundo, y tenido
por perverso caballerot esto es: por vil, cobarde, iDdigno
de ser súbdito de un tal Rey?... Piénsalo bien, alma
cristiana, y bien penetrada de esta parábola, pasa á
considerar la realidad; y asi
P o n t o 1 .° —¿Existe este Rey?... ¿Quién es?... SI: este
Rey existe... este Rey tan noble, tan grande, tan
generoso, es Nuestro adorable Señor Jesucristo... Je­
sucristo, Hijo de Dios vivo; Dios verdadero, de Dios
verdadero; y como tal, Rey eterno; Dueño absoluto de
todas las cosas, pues que 4 todas ha dado el sér (1). Je­
sucristo, que siendo Dios y Hombre verdadero, es ver­
dadero Rey, cuyo reino supera incomparablemente & los
reinos y cetros terrenos; ya ftor el origen, pues su derecho
no proviene de hombre, sino de Dios, como dice el Profeta:

(1) Omitía ptr Ipsnm tecla sunt. (Joan. 1.*)


— 256 —
Yo soy comiitu ido Rey por Dios Padre: ya por tu esta­
bilidad, pues tu reino no et transitorio, tino eterno; et
Rey inmortal de todot los tiglot, como dice el Apóstol... ya
también por su objeto, pues te extiende á todo lo criado;
ó Él están sujetos lot Reyes y Magnate* del mundo, lee­
mos en tí Apocalipsis: (1) es Rey de los Angelet y de lot
hombres, Rey del Cielo y de la tierra (2)... ¡Oh, qué
Reyl. ¿Y no le honrarás?... ¿no le amarás?... Mira cuanto
más digno es de honra, que el Rey humano, que supo­
nemos, aunque elegido por Dios. Éste, es puro hombre;
Jesucristo, es Hombre-Dios... Aquel, es Rey por elección,
aunque divina; Jesucristo, lo es por naturaleza... ¡Cuán
justo es, pues, que le ames... que le honres... que te
•sujetes!... Pero no basta: es preciso que atiendas á lo
que te dice: Escúchale, te dice.el Eterno Padre (3).
Punto 2.°—¿A qué invita? Mi voluntad, dice, et de
conquistar todo el mundo, y todos los enemigos, y asi entrar
en la yloria de mi Padre. La invitación es de batallar,
no he venido, dice, á traer la paz, sino la guerra (4)...
Pero, observa bien la diferencia inmensa de las batallas,
á que invita el Rey humano, y la diferencia de enemigos.
Éste, invita á batallas terrenas, quiere pelear con ene­
migos visibles, los infieles... Jesucristo, invita á bata­
llas espirituales, á pelear con enemigos invisibles, con­
tra los adalides de esta* tinieblas del mundo, contra lot
etplritut malignot (5), en una palabra, contra el mundo,

(1) Regnum Chrieti regna et seeptra terrona eupcroroinot omnia, tri­


bus poti8simum modis; 1." Origine: jus enim ejus non ab homine, sed
ab ipso Deo procedí!, juxta illud Psal. 2: Ego autem constituías sum
Rex ab Eo, id est, & Deo Paire; 2.': Stabilitate: non labile, non tran­
sí torium est, sed in aeternum manet, juila illud Apostoll ad Timotheam:
Begi sfflculornm immortali... honor et gloria; 8.*: Objecto: ad omnia
enim se extendit, illique Reges omnes et Principes subditi sunt, utl le-
gitur Apoc. 2: Rex Regum, et Dominus Dominantium. (R. P. A Lapide.)
(2) Data est mihi omnis potestas in coelo et in térra. (Mat. 88.)
(8) Ipsum audite. (Luc. 9.)
(4) Non veni pacem mittere, sed gUdium. (Mat. 10.)
(5) Adversas mundi rectores tenebrarum barum, contra spiritualia
nequiti». (Ephes, 6.)
-2 5 7 —
demonio y carne, que son, soberbia, avaricia, lujuria;
tres enemigos capitales de nuestras almas, á los que
siguen los demás... El fln del Rey humano es, conquis­
tar la tierra, y si bien quiere acabar con los infieles,
pero con olio, engrandecer su reino terreno... y Jesu­
cristo quiere conquistar el mundo y todos los enemigos,
no para su gloria, sino para la del Padre; no busco, dice,
mi gloria, sino la de Aquel, que me ha enoiado (1), quiere
saloar todas las almas (2)... SI pues en los vasallos del
Rey terreno, es tan grande el interés de reducir á los
Infleles, ¿cuánto mayor ha de ser el de los vasallos del
Reg celestial, de pelear, y destruir á los enemigos de
nuestra salvación?... ¿Ves, alma cristiana, la necesidad
que tienes de seguir á Jesucristo? ¿Y qué? ¿Tan poco te
Interesa el promover la gloria del señor? ¿Qué te has
olvidado, qué eres criada para servir & su gloriat (3)
¿Mirarás con indiferencia tu salvación? ¿Qué no recuer­
das, que tu último Jln es la salvación eterna? ( 4) Ea: re­
suélvete; sigue ¿ Jesús, que es tu Rey, tu Seflor, y tu
Dios...
Punto 3.°—¿4. quiénes invita? Á todos. Quien quiera
seguirme (5); á nadie excluye; y más todavía: á todos,
y & cada uno dice: Sígueme (6)... y todos están obligados
á seguirle; quién no le siga, no está con Él... y quién no
está con Él, está contra de Él (7), es su enemigo. Pero
mtralo bien, alma cristiana, á ti de un modo especial te
Invita, inspirándote, á que entres por el camino de la
perfección, ¿ ti te dice: Te Hamo, como á Israel (8), para
que seas mí familiar, y mi doméstica, como interpretan
San Jerónimo y San Cirilo, te llamo á un seroicio pecu-

(1) Non qnffiro gloriam manra, sed Rjns, qui miasit me. (Joan. 7.)
(2) Volt omnes hotnines salvos fieri. (1.® Timoth. 2.)
(3) In gloriam meam creavi eum. (Is. 48.)
(4) Habetis fineoi, vitam seternam. (Rom. 0.)
(5) Si quia vult poat me veni re. (Mat. 16.)
(6) Sequero me. (Mat. 9.)
(7) Qui non est mecum, contra me est. (Luc. 11.)
(8) Audi Israel, quem ego toco. (Ib. 48.)
- 258 —
liar mió (1). ¡Oh! si. Con la inspiración santa te llama,
no sólo á ofrecerte como los demás, sino á hacer obla­
ciones de mayor estima, y mayor momento, á hacer contra
la propia sensualidad, contra el amor carnal y mundano.
Esto, es ya no sólo resistir, sino combatir, es acometer
á los tres enemigos con las armas de las virtudes con­
trarias... A esto estás llamada, alma cristiana, con los
sentimientos, que el Señor te infunde, de seguir la per­
fección; esto, es señalarse en todo servicio del Rey eter­
no... ó sea, ponerse junto á Él... ir á su lado, como
los soldados de las compañías de preferencia rodean
á su General, y á s u Rey... |Qué gloria! ¡qué honor!...
¿Lo practicas asi? ¿Eres quizás de aquellas almas, que
con tardanza, con lentitud, con desagrado, con tibieza,
sirven á tan gran Rey?... ¿Eres de aquellas, que habien­
do emprendido el camino de la perfección, se cansan...
retroceden? ¡Ay! /Cuántas almas, dice San Agustín, son
llamadas por el Oriente, Dios, y vuelven los ojos al Occi­
dente, el mundo! (2)... Acuérdate que está escrito, que
ninguno que ha puesto la mano al arado, y vuelve los ojos
atrás, es apto para el Reino de Dios (3). Los soldados
rezagados, y que se apartan de su Rey, son presa de
los enemigos... ¿Lo entiendes?... aprende, pues... en­
miéndate y propon...
punto 4.°— ¿Qué exige? ¿Qué promete?... Escucha:
Quién quisiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo.
Esto te lo dice el Rey eterno, Jesucristo... El Rey tem­
poral, que suponíamos, quiere, que el que le siga, coma,
beba, vista, trabaje, y vigile como él, como yo, dice, esto
es, á su semejanza, siguiendo su ejemplo... pero Jesu­
cristo no se contenta, que combatas como Él, quiere

(1) Ut familiarem et domesticum, ad peculiarem mei cultum. (SS.


Hier. et Cyril.)
(2) Vocat te Orleos, (Deus) et tu attendis ad Occidentem (mundum).
(S. Aug.)
(8) Nemo mittens manum suam ad aratrum, et respicleos retro, ap­
tas est Regno Dei. (Luc. 0.)
— 259 —
que combatas con Él, conmigo, dice; quiere Él combatir
contigo, y asi quiere que comas, que bebas, que vistas,
que trabajes, que vigiles, no sólo como Él, sino con Él...
¿Ves el amor, con que te invita este Rey eterno?... Los
combates, los trabajos, las batallas, que se te preparan,
son en verdad terribles; pues bien, Él no quiere que
combatas sola; y para que no desfallezcas, para que te
animes, para que te esfuerzos, te dice: no temas, que yo
extoy contigo, no te desvies, pues yo soy tu Dios, yo te con­
forto, yo te auxilio, y mi diestra, justa y fiel, es la que te
ampara (1). ¡Oh! ¿A. quién no animan estas palabras de
tan gran Reyt... ¡Qué esfuerzo para una alma fiel, y ge­
nerosa fl... ¿Y qué promete? ¡Ah! Completa victoria: Con­
fiad, dice, yo he cencido al mundo (2), y al demonio,
príncipe del mundo, y á todos mis enemigos, que están
en el mundo... yo he vencido, no para mí, sino para
vosotros... he vencido, para que vosotros venciérais
conmigo. Victoria segura; pues, como dice el P. San
Agustín, no hubiera vencido Él al mundo, si el mundo
venciera á loe que están á Él unidos (3)... Todavía más:
te invita para que siguiéndole en la pena, también le sigas
en la gloria... ¿qué gloria?... El Reino celestial... Por
esto dice: Yo os preparo el Reino celestial, como mi Padre
me lo preparó á mi, para que comáis, y bebáis en mi mesa,
en mi Reino (4)... ¡Qué triunfo!! ¿Y no te resuelves, alma
cristiana?... Ea: sacude la tibieza, y ofrécete entera­
mente al Señor, con las palabras de San Ignacio:
Coloquio.—«Eterno Señor de todas las cosas, yo hago
»mi oblación con vuestro fayor y ayuda delante vuestra
oinílnita bondad, y delante vuestra Madre gloriosa, y

(1) Ne timeaa, quia Ego tecum sum, ne declines, quia Ego Deus tuus
confort&vi te, et auxiliatus sum tihi, et niiscepit te dextera justi mei.
(Is. 41 et 43.)
(2) Ego vici mundum. (Joan. 16.)
(8) Non viciseet lile mundum, sí ejua membra vinceret mundos.
lS. Ang.)
(4) Ego dispono vobis, sicut disposait mihi Pater regnum, ut edatis,
et bibatis super mensam meam in regno meo. (Luc. 22.)
— 260 —
»de todos los Santos, y Santas de la Corte Celestial, que
»yo quiero, y deseo, y es mi determinación deliberada
»(sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza) de
limitaros en pasar todas las injurias, y todo vituperio,
»y toda pobreza, así actual, como espiritual, querién­
dom e vuestra Santísima Majestad elegir, y recibir en
»tal vida y estado».
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

HIOIT1CIÓN f
De la Encarnación del Hijo de Dios, considerada como
misterio de amor infinito.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io Traer como historia, de que la Tri­
p r im e r o :
nidad Santísima mirando al mundo, y viendo que todos
los hombres se condenan, determina en su eternidad,
que la segunda Persona se haga hombre, para salvar al
género humano; y en la plenitud de los tiempos, envía
al Arc&ngel San Gabriel á la Virgen Maria Nuestra Se­
ñora, para anunciarle este misterio.
P r e l u d io s e g u n d o : Representarse la gran capacidad
del mundo, lleno de tantas y tan diversas gentes; pero
principalmente mirar á la Santísima Virgen, retirada en
su casa de Nazaret.
P r e l u d io t e r c e r o : Será pedir al Seftor conocimiento
interno del amor, con que por mi se ha hecho hombre;
y gracia, para más amarle, y seguirle de cerca, dictán­
dole con el Profeta: oHaced, Seflor, que os ame, Vos que
osois mi Salvador» (1).
P u n t o 1.° —Indignidad, del hombre, para un tan singu­
lar beneficio. Trasladémonos con la consideración en la
época, en que viene Jesucristo al mundo... ¡Ohl ¡Cuatro
(1) Diligam Te Domine, llberator mena. (Ps. 17.)
— 261 —
mil aftos que el hombre está sumido en el pec&doll ¡Qué
horror!! Miremos, como indica el Santo, la multitud de
gentes, que ha habido, y hay en el mundo... su diversi­
dad en edades... en costumbres... en estados... en con­
diciones... como han ido, y van sucediéndose las genera­
ciones unas á otras, sin interrupción, pero ¡ay! siempre
de mal en peor!!... Bien sabe el hombre que ha de venir
la redención, puesto que la reveló Dios á Adán, luego
de haber pecado... pero ól, ingrato, la desprecia... no
hace el menor caso de este rasgo de misericordia infini­
ta... ciego, cuánto más adelantan los tiempos, m&s cre­
ce en su malicia!!... ¿Cuáles son, ó sino, sus pensamien­
tos?... ¿Cuáles sus palabras?... ¿Cuáles sus obras?...
|Ah!... todo es desorden... todo malo... todo perverso...
En todo se piensa... de todo se habla... todo se practica
del modo más indigno... Se prescinde de Dios... no se
conoce, mejor, no quiere reconocerse un Ser Supremo...
En todas partes se le blasfema... so le insulta... se le
aborrece... Se obra contra el dictámen mismo de la ra­
zón... y como animal inmundo, se revuelca el hombre en
un cenegal de vicios y abominaciones... ¿Qué obras bue­
nas encuentra el Señor á su oenida, dice el P. San Agus­
tín? Ninguna: todas son obras malas (1). La misma pe­
queña familia, que el Señor se habla escogido, como
pueblo suyo, se ha degradado en extremo, y apenas hay
en ella quien conserve puro e! santo temor de Dios...
todos se han extraviado, no hay quien obre el bien (2)...
¡Abominable prevaricación del hombre!! ¿Qué merece?
¿De qué se hace digno?... ¡Ay! Solamente de la ira divi­
na (3)... del infierno... ¿Y tú, alma cristiana? ¿Qué dices
de tf misma?... Tú puedes, y debes considerarte entre los
indignos... En la presencia de Dios, estabas por el pe­
cado destinada al infierno... Y de presente, cuando ya
(1) ¿Qoorum opera boa» lnyeoit Dominas? Nalloram: omnia opera
mala lnvenlt. (S. Ang.)
(2) Omnes deelinayernnt... non est qui faciat bonum. (Pe. 13.)
(3) Iram Domini weretur. (2. Par. 19.)
— 262 —
no esperas la redención, sino que vives en la época feliz
de haberse ya verificado, ¿cómo estás? ¿Continúas en los
desórdenes?... ¿Cuál es tu conducía?... ¿Eres reconoci­
da?... jAhl... Humíllate profundamente... ama á quien
tanto te ha amado... y arregla tu vida, de modo que te
hagas digna de recibir los efectos de este misterio de
amor infinito...
P u n t o 2 .° — Dignación de Dios con tan singular benefi­
cio. jQuién lo pensara!... En medio de tanta indignidad,
Dios se acuerda del hombre... Dios piensa en el hom­
bre... á pesar de tanta perversidad, Dios se compadece
del hombre... sus pensamientos, sus palabras, sus
obras son un rasgo, casi diriamos, un exceso de amor,
para con el hombre... resuelve redimirlo del pecado...
quiero, que reaparezca en toda su brillantez la imagen
divina, que le ha impreso en su creación, y que el mis­
mo hombre ha ofuscado con su perversidad, y malicia...
En un principio dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra
imagen y semejanza (1); y después del pecado, escomo
si dijera: Redimamos al hombre, rehagamos nuestra ima­
gen... ¡Qué bondad!... Para con los Ángeles malos, fle­
cha su ira, y los arroja sin remedio á los inflemos... y
para con el hombre, que merece Igual castigo, quiere
manifestar su misericordia, y levantarle de su miseria!!
Así es... y cuando el hombre está más olvidado de Dios,
Dios anuncia esta su eterna determinación, por medio
del Arcángel San Gabriel, otro de los siete espíritus, que
están á su presencia, á la criatura más digna, que han
visto, y han de ver los siglos... á la purísima é inmacu­
lada siempre Virgen María, que desde su retiro en Na-
zaret, clama al Señor con más ansias, y deseos, que los
Patriarcas y Profetas, que ende para remedio del género
humano al Mesías que tiene prometido (2)... Y el Ángel
la saluda llena de gracia, y le dice, que el Señor la ha
escogido para ser Madre de su Unigénito... y Marta se
(1) Faeiamus hominem ad ¡maginem et similitudinem nostram. (Joan. 1.)
(2) Mitte quem mlssurus es. (Eiod. 4.)
-2 6 3 -
humilla profundamente al oir semejantes palabras, y se
llama, y se tiene por sierva, y esclava del Señor (l). ¡Qué
rasgo de amor! ¡qué dignación tan sublime la de Diosl!
¡qué humildad! ¡qué profundo abatimiento el de María!!
¡Oh, alma cristiana! Mira bien lo que debes al Señor,
que por amor á ti, obra cosas tan estupendas!... ¿Y no
correspondes? ¿y no amas? ¿y no te humillas? Reconoce,
te diré con San León, la dignidad, á que ie eleoa el amor
de todo un Dios, y no quieras en adelante desdecir de ella
con tu mal comportamiento (2)... Imita á María, que sin
ser indigna como tú, se humilla de una manera tan
profunda...
Punto 3.°—Medios de que se vale el Señor para un tan
singulár beneficio. Resuelta en los consejos eternos la re­
dención del linaje humano, ¡cuántos medios tenia Dios
para remediar la miseria del hombre!... Podia condo­
narle la deuda, que habla contraido, perdonándole por
sola su misericordia... podía formar dei polvo de la tie­
rra, otro hombre nuevo, que con ser inocente, satisfa­
ciese por los demás hombres culpables... podía enviar
uu Ángel, un Serafín, que están siempre á sus órdenes,
y encargarle la redención del hombre... podía... ¿pero
qué?... todos estos medios, y cuantos se podian inventar,
aunque buenos en si, no, no satisfacían su amor... Uno
sólo llenaba sus deseos... uno sólo calmaba sus ansias,
si es licito hablar ast, porque amaba infinitamente al
hombre. Este medio fué, enviar á su Unigénito al mun­
do, para que haciéndose hombre, revistiéndose de nues­
tra carne mortal, diese cumplida satisfacción á la Ma­
jestad Divina con sus penas, y con su muerte... ¡Oh!...
Asi, ast nos ha amado Dios, que nos ha dado á su Hijo
Unigénito!/ (3)... ¿Quién ha podido unir oxtromos tan

(1) Ecco andlla Domini. (Luc. 1.)


(2) Agnosce, 6 christiane, dignitatam tuam, et noli in veterem vilita-
tem degeneri conversatione redire. (S. Leo.)
(8) Sic DeU8 dilexit mundum, ut Filium suum Unigenitum daret.
(Joan. 8.)
— 264 —
distantes, Divinidad y Humanidad!? Infinita grandeza,
extrema bajeza?! ¡Ayl El amor, y sólo el amor Dioino...
¡A ti Diot not amó/... |Oh, amor infinito, incomprehen­
sible, de todo un Dios!!... (Bajar del Cielo el Hijo del
Eterno... revestirse de nuestra flaca naturaleza para re­
dimirnos... y bajar para dio, tin tener horror, al teño
de una Virgen!/ (1) DA María su consentimiento al anun­
cio del Ángel con aquellas humildísimas palabras: Há­
gate en mi tegun tu palabra (2), y en aquel mismo ins­
tante el Verbo Dioino te hace hombre (3), y la que era, y
se llamaba Esclava del Señor por naturaleza, queda hecha
Madre de Diot por gracia (4), dice San Pedro Damiano:
y todo, todo os ofocto del amor do Dios para con nos­
otros!... ¡Amor inefable, que, como dice el citado Santo,
á su oitta se admira la naturaleza, se pasma el Cielo, y
causa reverencia á los Angeles (5)... Y tú, alma cristiana,
¿te quedas insensible?... ¿á tan exceso de amor no co­
rrespondes?... Dios se dá todo á ti para tu rescate, y tú,
¿no te darás toda á Dios en sacrificio?... ¿No te mueve
el rendimiento de María?... mira, que la suprema digni­
dad, á que es elevada, no le acarrea en esta vida, dicen
los Santos Padres, más que penas, tribulaciones, sacri­
ficios; y no obstante, á todo se rinde por amor á Dios, y
por nuestra salvación... Ea: resuélvete de una vez...
entrégate enteramente al servicio divino... renuncíate á
ti misma... sea completo tu sacrificio. No: no amas, si
esto no haces... Examínate... y propon...
Coloquio .— Será dirigirse al Seflor, que se ha hecho
hombre por amor nuestro, bendiciendo su bondad, y
ensalzando su misericordia, porque siendo enemigos
suyos, nos ha reconciliado consigo mismo; y ofrecerse

(1) T q ad liberandum susceptnrus hominem, non horrulsti Yirginis


uterum. (Hym. Ecclse.)
(2) Fiat mihi aecundum verbum tuum. (Luc. i.)
(8) Verbum caro factum est. (Joan. 1.)
(4) Ancilia per naturam, Mater offlcitur per gratiam. (S. Pet. Dam.)
(5) Miratur natura, obstupeacit ccelum, reveretur Aogelua. (Id.)
— 265 —
A su voluntad, diciéndole con todo afecto las mismas
palabras, que Él dirige al Padre Celestial, en el primer
instante de su Encarnación: «Aquí me teneis, Sefior,
•pronta & cumplir, por vuestro amor, vuestra santísima
«voluntad» (l).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumpiirlps.=Luego el examen, etc.

KXDITACIÓN 2.a
De la Encarnación del Hijo de Dios, eonslderada
como modelo de humildad.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io p r im e r o : da la Meditación anterior.
El
P r e l u d io se g u n d o : El de la Meditación anterior.
P r e l u d io t e r c e r o : Sor¿ podir al Seflor conocimiento
vivo del estado humilde, con que se presenta en el mun­
do; y al mismo tiempo, gracia para saber seguirle de
cerca en las humillaciones, y desprecios, que nos sobre­
vengan, diciéndole con toda humildad: «seflor, con
«vuestra gracia, os seguiré donde queráis» (2).
P u n t o i .°—Anonadamiento de Días-Hombre. Conside­
remos bien, lo que abraza la humildad verdadera. En
primer lugar, según San Bernardo, la humildad es, des­
cender á la vileza (3). ¡Oh! ¡y á cuánta ha descendido
Dios!... Dios... Majestad infinita, hacerse hombre....
siervo... esclavo!! ¿Quién puede comprender un tan pro­
fundo abismo de humildad?... ¿Quién es Dios... quién es
el hombre?... ¿Qué distancia tan inmensa entre Verbo
Eterno, y miserable mortal!!!... Al Apóstol San Pablo,
parece, que le faltan palabras para expresar este admi­
rable descenso del Hijo de Dios, y pasmado exclama:
(1) Bcce venio, ut faciam voluntatem tuam. (Ps. 89.)
(2) Sequar te quocumque ieris. (Mat. 8.)
(8) Descensus ad vilitatem. (S. Bern.)
18
-2 6 6 -
se anonadó á SI mismo (1), esto es, se hizo como nada;
tomando el Seflor la forma de siervo, hecho semejante á los
demás hombres (2). ¡Qué abatimiento, exclama San Grego­
rio! Et Rey de Reyes, el Seflor de los que dominan, se reviste
de la forma de esclavof (3) El Verbo se hace carne (4); esto
es, se hace hombre, y hombre sujeto á dolores, como ob­
serva San Bernardo, flaco, delicado, necesitado de socorro
ajeno, reducido en todo á la condición de hombre (5); y lo
que más admira, siendo inocente y sin mancha alguna (6)
se presenta, por condición de naturaleza, semejante
álos pecadores (7). ¡Oh!... ¡Quién no se pasma de la vi­
leza, 4 que ha descendido el mismo Diosl!..; Y tú alma
cristiana, ¿qué haces? ¡Ahí Tú, en cierto modo, para
ser humilde, no, no has de bajar... Basta, que te con­
sideres bien... que te tengas, y te manifiestes por loque
eres... ¡oh!... vileza... polvo... ceniza... nada... y lo que
es peor, pecadorati... y, esto no obstante, ¿te engreirás?...
¿No serás humilde#... No hay cosa más indigna, ni más
detestable, exclama San Bernardo, que, viendo el hombre
á un Dios empequeñecido, quiera él presentarse grande
sobre la tierra; y es cosa intolerable, que anonadándose la
Majestad infinita, se ensoberbezca un miserable gusano (8).
P u n t o 2.° —Sujeción absoluta de Dios-Hombre. En se­
gundo lugar, la humildad verdadera comprende la su­
jeción absoluta. [Oh! ¡Cuánto lo es ésta en un Dios hecho
hombre!!... En el instante mismo de la Encarnación

(1) Exinanivit semetipsnm. (Philip. 2.)


(2) Formara servi accipiens, in similitudinem hominum factus. (Id.)
(8) Rex njgum, et Dominus dominantium Mr vil i forma indultar.
(S. Gwg.)
(4) Verbum caro factum est. (Joan. 1.)
(5) Verbum caro factum est, caro infirma, caro infantiüs, caro teñe­
ra, caro impotena, et ut ait Paulas, habita inventas ut homo. (S. Bern.)
(6) Innocens, impollatus. (Hebr. 7.)
(7) In similitudinem carnis peccati. (Rom. &)
(8) Nil magia indignara, nil amplius deteitandum, quam, ut videos
Deum cobIí , parvulum factum, ultro apponat homo magnificare se super
terram; et intolerabilis impudentia est, ut ubi se exinnnivit M^jestas,
vermieulus infletur et intameicat. (S. Bern.)
— 267—
profiere aquellas palabras tan humildet, para con su
Eterno Padre: Aqut me teneis rendido á vuestra nolun­
tad (1)... y en este rendimiento... en este sacrificio ab­
soluto de Si mismo, persevera constante... sin interrup­
ción... hasta el fln de 9u vida... |Ohl {y cuánto abarca
esta sujeción!!... Desprecios, oprobios, penas, angustias,
pesares, tormentos, muerte, y muerte de cruz! (2)...
Y todo lo abraza... á todo se sujeta... á todo se rinde...
Su voluntad, es la voluntad del Padre... Nada quiere,
nada pretende de SI mismo: he bajado del Cielo, dice, no
para hacer mi noluntad, sino la de Aquel, que me ha en­
viado (3); y esta voluntad del Padre es, de que se in­
mole en la Cruz para nuestra redención, hasta llegar al
extremo de hacerse objeto de maldición por todos nos­
otros (4). ¡Quién no se pasma!!... Se ha desprendido en
cierto moda, dice San Jerónimo, de la plenitud, y forma
divina, tomando la forma de esclaoo, para que en nos­
otros habitara la plenitud de la Dioinidad... y ha querida
ser suspendido en un leño para borrar el pecado, que en
otro leño hablamos nosotros cometido (5)... ¡Oh sujeción
inaudita!! ¡Oh misterio de humildad profunda!!... Y tú,
alma cristiana, ¿qué haces?... ¿Te sujetas?... ¿á Dios?...
¿de todo corazón?... ¿siempre, y en todo?... ¿en lo prós­
pero, y en lo advorso?... ¿Te sujetas & los Superiores
que están en lugar de Dios?... ¿con rendimiento de vo­
luntad?... ¿de juicio?... ¿sin murmuraciones?... ¿sin que­
jas?... ¡Oh!... ¡cuánto distas de ser verdaderamente hu­
milde! Ea: esfuérzate... dlle de corazón al Señor: Hágase,
cúmplase, ejecútese, en mi, de mi, por mi, cerca de mi, y

(1) Tune dixi: Ecce yenio, ut faciam voluntatem tuam. (Ps. 39.)
(2) Mortem autem crucis. (Pbilip. 2.)
(8) Descendí de ccelo, non ut faciam voluntalena mesm, sed voluuta-
tem RjU8, qui miiaitme. (Joan. 6.)
(4) Factus pro nobis maledlctnm. (Gal. 8.)
(5) Ule se quodammodo de plenitudlne et forma Dei evacaavit, for­
man) serví acclpiens, ut In noble babiUret plenltudo Dlvlnitatis; et
pependit In ligno, ut p«ccstum qnod in ligno conmiseramos, in ligno
deleret. (S. Hier.)
- 268 -

en toda» m i» cosa», vuestra santísima voluntad, en todo,


por todo, siempre, en todo lugar, en tiempo, y eternidad...
Punto 3.°— Renuncia de singularidades en Dios-Hom­
bre. Finalmente, la humildad verdadera no admite
singularidades. Obsérvalo bien, alma cristiana; Dios,
haciéndose hombre, aunque esto sea por virtud del
Espíritu Santo, no manifiesta exteriormente singula­
ridad alguna... Bien podía presentarse en el mundo
en edad completa, como crió á Adán; y no obstante,
quiere ser concebido en las entrañas de una Mujer,
aunque Virgen; quiere tener Madre, como los demás
niños, y para encubrir esta singularidad de Virgen
en su Madre, quiere, que ésta sea desposada con un
hombre de su linaje, según costumbre de los Judíos...
Dolado desde el primer instante de su Encarnación
del perfectislmo uso dé razón, quiere hacerse, y apa­
recer un infante, como los demás (1). Es Dios... es
inmenso... es eterno... y se hace un niño... podía, no
obstante, hacerse Impasible, Invulnerable... y quiere
hacerse pasible, vulnerable, mortal, en todo seme­
jante á sus hermanos los demás hombres (2)... y ex­
cepción hecha del pecado, ignorancia, concupiscen­
cias, y sus vicios, que nunca estuvieron en Él, en nada
se diferencia de nosotros, en lo que tiene de común la
humana naturaleza... Asi es, como dic9 Teodoreto, que
sostiene el trabajo, sufre en su espíritu, derrama lágri­
mas, está sujeto á la muerte, como nosotros (3)... Todo
común, nada de singular... Y de este principio tan hu­
milde proviene, que en su vida, nada quiere atribuirse
á Sí... ningún honor... ninguna gloria... todo lo refiere
al Padre; yo no busco mi gloria, dice Él mismo, sino que
honro A mi Padre (4)... |Qué humildad tan profunda!!...
(1) Pam ilu s natos est nobis. (la. 9.)
(2) Per omnia fratríbus similar i. (Eebr. 2.)
(8) Laboram snatinuit, arxio fuit spiri tu, flevit, mortem subiit, eieut
et nos. (Thedortt.)
(4) E go non qtiaero gloriam meam, sed honorífico Patrem menm.
(Joan. 8.)
-2 6 9 -
Y tú, alma cristiana, ¿cómo te portas? ¿Admites tingu-
laridade*t... las deseas?... las buscas?... Si te ves olvi­
dada, ¿to quejas?... si despreciada, ¿te resientes?... ¿te
abates?... |Oh!... [Cuántas veces un desaire, una pala-
brilla, un nonada, te altera, te congoja, s61o, porque
piensas, que se te debe más atención, ó por tu talento,
ó por lus gracias, ó por lo que has hecho... no advir­
tiendo, que de ti nada tienes, y que todo has de referirlo
á Dios, de quien todo lo has recibido!... Aprende,apren­
de de Jesús, de un Dios anonadado por ti... Examínate,
y propon...
C o l o q u io .— Será dirigirse al Señor, tan profunda­
mente humillado por nosotros, pidiéndole el espíritu
de humildad verdadera, por medio de un perfecto co­
nocimiento de nosotros mismos, diciéndole con el P.
San Agustín: «Señor, haced, que os conozca á Vos, y me
«conozca á mi; á Vos, para amaros; á mi, para despre­
c ia rm e » ( l ) .
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

MEDITACIÓN 8.a
Del Nacimiento del Hijo de Dios, considerado como
modelo de pobreza.

O r a c ió n p r e p a r a t o r ia : L a de costum bre.
P r e l u d io p r im e r o :Será recordar en suma, la historia
de cómo habiendo salido el decreto de Augusto Cesar
de que todos se empadronasen en el pueblo de su ori­
gen, la Virgen Santísima, y San José emprenden el
vi«je de Nazareth á Belén, teniendo que recogerse en
un establo, donde nace el Divino Jesús.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será mirar con la imaginación,

(1) Domine, noverim Te, noveri m me. (S- Aüg.)


— 270—
el lugar, ó establo del Nacimiento, ya sea grande ó pe­
queño, alto ó bajo, como cada uno mejor se lo flgure;
pero siempre, pobre, y desaliñado; y & Jesús reclinado
sobre las pajas.
P r e l u d io t e r c e r o : Será pedir vivo é intenso cono­
cimiento del miserable estado en que se encuentra el
mismo Hijo de Dios hecho hombre, nacido en tanta po-
breia; y gracia para más amarle, y seguirle de cerca
con el desprendimiento de todo lo terreno, repitiendo
con San Pablo: «Por vuestro amor, ó Jesús, todo lo
nabandono, y lo miro como basura» (1).
P u n t o 1.®— Pobreza en las pertonas, que concurren en
este Misterio. Dice el Santo Evangelio: Los Pastores en­
contraron á María, y á José, y al Infante, envuelto en pa­
ñales, reclinado en un pesebre (2). ¡Oh! ¡Qué espectáculo,
alma cristiana!... míralo bien... Tres personas concu­
rren en oste gran Misterio... y todas, /pobres!... María y
José, que han seguido un largo camino... que han ve­
nido de N&zareth, sin comodidad alguna... Tallos de
todo viático... sin abrigo, en tiempo tan riguroso... sin
encontrar albergue en la ciudad... enteramente pobre»!...
¡mírales!... recogidos en un establo miserable!... ¡Oh, qué
indigencia!! rechazados en todas partes, ni en el mesón
hay lugar para ellos!! (3)... Y todo esto, ¿para qué? ¡Oh!
dice San Ignacio, paraque el Señor sea nascido en suma
pobreza... para empezar una vida llena de trabajos... de
hambre... sed... calor... frío... Injurias... afrentas, y
morir por último en una cruz!... y todo esto, por ti!... Asi
entra en el mundo el Criador de Cielos y tierra... asi se
presenta pobre, el que es la riqueza misma por esen­
cia... quiere ser reclinado en un petebre miserable, el que
en el Cielo está sobre un trono de Querubines... asi

(1) Propter Jesum omnit detrimentum feci, et arbitror ut stercora.


(Philip. 8.)
(2) Invenerunt Mariam, et Joseph, et Infantem, pannls involutam,
positum in presepio. (Luc. S.)
(8) Non erat eis locus in diversorio. (id.)
— 271 —
quiere ser envuelto en pobres palíalet, el que viste de
gloria & los Ángeles y Bienaventurados... y iodo, por
tU... para enriquecerte, como dice San Pablo, con su ex­
trema pobreza! (1)... ¿Y no te confundes, alma cristia­
na?... ¿Cómo admirada no exclamas: ¡Oh, pobreza san­
tificada en el Pesebre por el mismo Hijo de Diosü mucho
más excelente, como dice el P. San Bernardo, que todas
las riquezas del mundo! (2)... Y, ¿son estos, alma cris­
tiana, tus afectos?... ó más bien, ¿te causa horror la
pobreza, y conservas afecto & las cosas terrenas?... ¿Qué
buscas?... ¿Qué apeteces?... Ea: aprende, aprende del
que es tu Rey, tu Maestro, tu Seflor, que por ti se ha
hecho pobre... mira bien, lo que con el ejemplo te enseña;
es lo mismo, que después ha de publicar en alta voz:
Bienaventurado» los verdaderamente pobres (3); y ; ay!
de los que aman, y tienen afecto á las riquezas! (4)... Exa­
mínate... y propon...
P u n t o 2 .° — Perfecta pobreza en el Hijo de Dios hecho
hombre. No, no se puede llamar verdaderamente pobre,
el que solamente carece de lo supérfluo... La perfecta
pobreza importa en si, la falta aún de lo necesario...
Tal es la del Hijo de Dios hecho hombre, y reclinado en
el Pesebre... Mírale, alma cristiana, admírate... y
aprende... |Oh!... Establo ruinoso!... ¿y ni un pequeño
albergue?... PaQales ásperos!... ¿ni un pedazo de lien­
zo?... Pesebre tosco y durísimo!... ¿ni una pequeña cu­
na?... Pajas miserables!... ¿ni un ordinario colchoncito?...
Tiritando de frfol... ¿ni una pequeña manta por abrigo?...
Nada... nada... recibiendo solamente el hálito de dos
animales inmundos!... y esto, por todo alivio, por todo
recreo!! (Quién no se pasma á vista de tanta pobreza!!
Madre... Ayo... habitación... vestido... compañía... todo

(1) Propter vos egenus factus est, cum esBet dives, ut illius inopia
dtaites essetis. (2. Cor. 8.)
(2) Ditior cunctis opibus sscnli. (S. Bern.)
(8) Beatl pauperes epirltu. (Mat. 6.)
(4) jV® Yobla divitibust (Luc. 6.)
— 272 —
extremadamente pebre//... ¿Y nada te dice todo esto,
alma cristiana? ¡Ah! Clama el establo, dice el P. San Ber­
nardo, clama el pesebre, claman los paños, claman las
lágrimas (1)... Escucha, las voces de aquel tierno In­
fante, que con sus lágrimas te está diciendo: Mírame:
Yo toy pobre... y tú, ¿buscarás comodidades?... Yo, sumido
en el frío y desnudés... y tú, ¿ibuscarás halagos?... Yo,
entre el hambre y la sed... y tú., ¿complacerás tus senti­
dos?... Yo, lleno de dolores y pesares... y tú, ¿te entrega­
rás á los deleites? (2)... |0h! ¿qué respondes á esto, al­
ma cristiana?... ¿qué te dice la conciencia?... Si experi­
mentas alguna falta de lo necesario, ¿cómo lo sufres?...
¿te impacientas?... ¿Buscas tus gustos y comodidades?...
¡Ahí... Mira, que no seas hipócrita en la pobreza, apa­
rentándola exteriormente, y encomiándola, y por otra
parte siendo, en realidad, rica por el afecto desordenado
á lo terreno... Si verdaderamente amas á Jesús... si quie­
res seguir á Jesús... arrancado tu corazón el amor á
las riquezas, y comodidades... sigue á Jesús que se ha
hecho verdadero pobre por ti... Resuélvete... y propón..
P u n to 3.°— Efectos de la pobreza en el Hijo de Dios he­
cho hombre. En la verdadera pobreza, la falta de lo ne­
cesario trae consigo incomodidades, penas, angustias,
aflicciones... Y á todo se sujeta el Hijo de Dios hecho
hombre... todo lo abraza en su Nacimiento!... Falto de
todo, siente en extremo su delicada naturaleza el rigor
do la estación... el horror de la noche... la duresa del
pesebre... la incomodidad de las pajas... el hedor del
establo!... ¡Oh!... ¡cuántas contradicciones en aquella in­
fantil edad!!... ¡y todo, efecto de la pobreza/t Penetran
al vivo su alma santísima las angustias de su amorosa,

(1) Clamat stabnlum, clim&t prasepe, damant panni, damant la*


chryma. (S. Bern.)
(2) Ecce; Pauper sum Ego, et t i , ¿quares grandia?... Ego, in írigore
ct nuditate, et tu, ¿quieres bla ndi monta?... Ego, lo fame et siti, et tu,
¿quae jocunda sapiunt?... Ego, in doloribua et «rum nis, et tu, ¿in deli-
cils afflueal (S. Bern.)
-2 7 3 —
y tierna Madre, que le vé sufrir, y no tiene con que
remediar su necesidad... las aflicciones de su Ayo José,
que ¡ay! es pobre, y no le puede socorrer... |Oh!... todo,
todo hiere profundamente aquel tiernlsimo, y divino Co­
razón, que por nuestra causa, y por nuestro amor, se
ha hecho tan necesitado, y tan pobre!... No: no hay efecto
de pobreta, que no la haya experimentado el Divino Je­
sús en di Portal de Belén... no, no hay pobreza igual á
la suya (1)... Mas, ¡con qué resignación sufre tantas con­
trariedades!... ¡con que rendimiento á la voluntad del
Padre Celestial!... En lo más recóndito de su corazón
exclama: Aquí me teneis, ó Padre mió!... Pobre soy, y
como tal, estoy bajo la tutela de vuestra amorosa Provi­
dencia (2)... Lo ves, alma cristiana?... ¿Y os ast como
tú to portas?... ¿te resignas?... ¿sufres las incomodidades,
las penas, las aflicciones, que de seguro han de resul­
tarte, imitando á Jesús eri su pobrezat... Ó más bien,
¿te impacientas, te intranquilizas, te desasosiegas en las
contrariedades y privaciones?... ¡Ahí si asi te portas, no,
no comprendes lo que es esta virtud de la pobreza, no
la estimas en todo su valor... Ea: esfuérzate en seguir á
Jesús... hazte por Él, como dice San Ignacio, una po-
brecita, una esclaoita indigna... Ofrécete generosa, y dile
de todo corazón: Pobre quiero ser, Señor, para seguiros
de cerca, pobre, y como tal, sólo en Vos confio (3)...
C o l o q u io . — Será dirigirse al Infante Jesús, pidiéndole
el espíritu de verdadera pobreza, con el absoluto desa­
simiento de todo afecto terreno, diciéndole con el Pro­
feta: «Vos sólo sois, Señor, el Dios de mi corazón, Vos,
»m i herencia por toda la eternidad» (4).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cum plirlos.=Luego el examen, etc.

(1) Non est qui similis sit tibí. (Ps. 89.)


(2) Scce: Pauper sum ego... Tibi derellctus est pauper. (Ps. 10. et 84.
(8) Tibi derelictus est pauperj orphano tu eris adjutor. (id.)
(4) Deus cordis mei, et pars mea Deus in seternum. (Pa. 72.)
— 274 —

MEDITACIÓN 4.*
Del KMlmitnto del Hijo de Dios, como modelo del
desprecio del mundo.

Oración p r e p a r a t o r i a : La de costumbre.
P reludio primero : Como el de la anterior meditación.
P reludio segundo : Como el anterior.
P reludio tercero : Como el anterior.
Punto 1.°— Desprecio actioo del mundo en el Hijo de
Dios hecho hombre. ¿Qué es el mundo, & la presencia de
un Dios hecho hombre, y reclinado en un pesebre?...
¿Qué son las pompas, y vanidades del mundo, á la pre­
sencia de viles pajas, y de pobres pañales?... ¡Ohl...
¡Cómo todo en aquella cueva está clamando: Vanidad
de vanidades, y lodo vanidadl (1)... ¡Cómo nos dice prác­
ticamente aquel Divino Infante, lo que después lia de
ensenarnos por su Apóstol: no queráis amar al mun­
do! (2)... ¿Quién, dice un devoto contemplativo, quién
sabiendo, que habla de venir al mundo el que es Rey
de Reyes, y Señor de los que dominan, para la repara­
ción del género humano, no hubiera pensado entre si:
Nacerá en algún Palacio del mejor Principe de la tie­
rra... será recibido, y acariciado de toda clase de per­
sonas, por su regia dignidad... será revestido de púr­
pura recomida de oro... será recostado en cuna de
plata, adornada de piedras preciosas... alabado... en­
grandecido... exaltado... y amado de todos?... ¿Quién
no asi pensára?... Y no obstante, ¿qué vemos en el Na­
cimiento de Jesús Hombre-Dios, Rey inmortal de todos
los siglos?... ¡Ohl todo lo contrario... ¿Y por qué? por­
que quiere ensenamos prácticamente el desprecio de lo
terreno... por esto desecha lo que el mundo tanto apre-

(1) Vtnitas raDitatum, el onnia varitas. iBccles. 1.)


(3) Nolite diligere mundum. (1 .» Joan. 2.)
— 275 —
cía... Riquezas, honores, deleites... hé aquí lo que for­
ma el espíritu mundano... Pobreza, humildad, morti­
ficación... tal es el espíritu de /et&r... ¿Quién se equivoca?
ó Jesús se engaña, dice el P. San Bernardo, ó el mundo
yerra. Mas, Cristo Jesús es la misma Sabiduría Eterna,
que no puede engañarse, ni engañarnos. La prudencia,
pues, de este mundo es necedad, y enemiga de Dios (1)...
Más todavía: miremos los efectos de entrambos espí­
ritus. ¿Qué dá el mundo con sus riquezas? ansiedades
en adquirirlas, cuidados en conservarlas, disgustos en
perderlas; nos lo dice el Sabio en el Eclesiástico: El que
ama las riquezas ningún fruto recogerá (2)... Y la pobreza
de Jesús ¿qué nos proporciona? Quietud, descanso, gozo
celestial y eterno; Bienaventurados los verdaderamente
pobres, pues de ellos es el Reino de los Cielos (3)... ¿Qué
ofrece el mundo con sus honores? Por su faltedad se
desvanecen, como el humo: sus honores se reducen á la
nada (4); y á más, causan pesares, porque no hay honor
sin carga... Y el desprecio, la humildad del Pesebre ¿qué
nos promete? Estabilidad, gloria imperecedera: Biena­
venturados sereis, cuando por mi causa os maldijeren, y
persiguieren, alegraos, porque vuestros nombres están es­
critos en el Cielo (5)... Finalmente ¿qué son los deleites
mundanalest Un engafio, un fastidio, porque nunca sa­
cian, y su resultado son las lágrimas; llorarán los que
vivieron en deleites (6)... Y las mortificaciones, las inco­
modidades, que sufre Jesús en el Pesebre, ¿qué nos re-

(1) Ant Christus fallitur, ant mundus errat Christus antera est Dei
Virtus, et Dei Sapieatla; et Divinam, fallí et fallero, ImpoBslblle est,
SapUntiam. Mérito proinde ueculi prndentia, stnltitia norainatar, et
ipsa inimica est Deo. (S. Bern.)
(2) Qui amat divitias, fructum non capiet. (Ecdes. 5.]
(8) Beati pauperes «pirita, lpsorum est enim regnum ccelorum.
(Mat. 5.)
(4) Honores ejus, in nihilum. (1. Machab. 1.)
(5) Beati estis cum maledixerlnt t o s ... gaudete, quia nomina vestra
scripta sunt in calo. (Mat. 0.)
(6) Flebunt, qui ia deliciis vixeruat. (Apoc. 18.)
— 276 —
velan? Abundancia, gozo sempiterno ( l ) . ¡Ohl Eoidente
cota ess pues, digamos con el mismo San Bernardo,
que el mundo yerra con sus devaneos, y Jesús nos enseña
la verdad con sus ejemplos... Y tú, alma cristiana, ¿á
quién imitas? ¿á quién sigues?... Tú, que aspirando á la
perfección, debes estar desprendida del mundo, ¿dónde
tienes el corazón? ¿Cuáles son tus afectos?... ¿tus aspira­
ciones?... ¿De dónde esas ansiedades, por bien parecer á
los demás, porque te tengan por hábil, por discreta,
por buena, sin serlo?... ¿Á qué buscas aplausos, alaban­
zas, estimaciones?... ¿Á. qué vienen esos excesivos cui­
dados, para que nada te falte, en nada se te contradiga,
y que ya en los empleos, como en los oficios, y destinos,
prevalezca siempre tu voluntad? |Ahl... ¿no es esto
amor vano, amor del mundo?... ¡Ay! ¡Cuán lejos estás
de seguir á Jesús, que desde las pajas te está clamando:
no quieras amar al mundo, ni las cosas que el mundo
ama (2).
Punto 2.°—Desprecio pasivo del mundo en el Hijo de
Dios hecho Hombre. ¿Qué es Jesús reclinado en el Pese­
bre, á la presencia del mundot ¿Qué piensa el mundo de
Jesús?... Lo dice el Evangelio: vino á su propia casa, (al
mundo hecho por Él), y los suyos no han querido recibir­
le (3)... El desprecio, el abandono, el odio, es lo que el
mundo ofrece á Jesús... La sabiduría mundana, por su
soberbia, no puede sufrir la humildad de un Dios Infan­
te... no quiere conocerle (4)... La riqueza del mundo, por
su codicia, huye y abandona la pobreza de Jesús... no
quiere conocerle... Los regalos y deleites mundanos, por
su sensualidad, odian las incomodidades del Pesebre...
no quieren conocer á Jesús... El mundo todo, aborrece la
cueva de Belén, porque contraria sus máximas, y sus

(1) Merces yestra malta est in Calo. (Mat. 5.)


(2) Kollte diligere mundum, ñeque ea, que sunt in mundo. (1.a
Joan. 8.)
(3) In propria venit, et sui Eum non receperunt. (Joan. 1.)
(4) Mundus Eum non cognoyit. (id).
— 277 —
devaneos... Jesús se vé depreciado en su Persona... no
hay quién le visite... Se vé despreciado en sus necesida­
des... no hay quien le socorra... Se vé despreciado en
sus penas... no hay quién le compadezca... Se despre­
ciado en sus ejemplos... no hay quién se ofrezca á se­
guirlos... Se vé goto... abandonado... aborrecido... y por
último perseguido... ¿Comprendes, alma cristiana, lo
que es Jesús en el Pesebre, & la presencia, y al juicio del
mundot... Para que mejor lo conozcas, escucha lo que
Él mismo te dice por el Profeta: Soy tratado como gusa­
no, y no como hombre... causo hastio al mundo, y soy
hecho como la vergüenza de los mundanos, y tenido como
el desecho de la plebe... Cuantos del mundo me ven, se bur­
lan de mi... y en vez de saludarme y honrarme, hacen
mofa de mi con sus palabras, y meneos de cabeza (1)... ¿Lo
ves, alma cristiana?... Es que el mundo se vé condenado
por Jesús, en sus máximas, en sus aspiraciones, en sus
pompas, y en sus obras; y por esto le desprecia ya desde
el Pesebre, y le perseguirá hasta el Calvario... Y tú,
¿qué haces?... ¿Eres todavía mundana1... Fomentas en
tí el amor del munddf... ¿Ansias ser amada del mun-
dot... ¡Ay! que entonces desprecias & Jesús... persigues &
Jesús... Tú dirás que amas á Jesús, que quieres seguir
á Jesús... pues di: ¿cómo sufres los desprecios del mundot
¿Te abates?... si no se hace caso de tus obras, ¿lo su­
fres?... ¿te resignas?... ¿cuál es tu ánimo para sufrir el
odio, la persecución del munddf... ¡Ah!... no olvides el
ejemplo de Jesús... esfuérzate... ofrécete... escucha lo
que te dice Él mismo: No temas; si el mundo te odia,
sepas, que antes me ha odiado á mi; pero confia, yo he
vencido al mundo (2); que es decirte en sentir del P. San

(1) E go a»in Tennis, et non homo, opprobium homlnum et abjectio


plebla: omn«« vldenUt m«, deriserunt me; locnti snnt labiis, ot moro-
runt caput. (Ps. 31.)
(2) Si mondas to s odit, Mitote qnia me priorem vobis odio habnit...
confldlte, Ego v id mondum. (Joan. 16. et 16.)
-2 7 8 —
Agustín, tú le vencerás conmigo... Ea, pues, mira bien,
qué has de resolver... qué has de enmendar...
Coloquio .— Será pedir al Sefior un absoluto desasi­
miento de todo lo terreno, y el desprecio activo, y pasivo
del mundo, esto es, saber despreciar al mundo, y sufrir
con gozo los desprecios del mundo, hasta poder excla­
mar con San Pablo: aEl mundo está muerto para mi, y
»y o lo soy para el mundod (1).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

amDITACIÓN 5.'
De la adoración de los Pastores al Niño Jesús, considerado
este misterio, como modelo de adoración humilde.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io Será resumir la historia, de que, al


p r im e r o :

nacer Jesús, un Angel se apareció á unos Pastores de


cerca de Belén, y les anunció el Nacimiento del Salva­
dor; y luego aparecieron multitud de Ángeles, cantan­
do: Gloria á Dios en las alturas, y paz A los hombres de
buena voluntad; y los Pastores fueron á Belén, adoraron
á Jesús, y regresaron á sus hogares, alabando á Dios.
P reludio s e g u n d o : Representarse la aparición dei
Angel á los Pastores; y á estos, como adoran humildes
al Niflo Jesús.
P reludio tercero : Será pedir al Señor afectos seme­
jantes á los de los Pastores, singularmente de fe, de
humildad, y de amor; diciéndole con el V. Tomás de
Kempis: aDadnos, Sefior, vuestra gracia, para que sea-
nmos agradecidos, humildes, y devotos, porque Vos
«sois nuestra salud» (2).

(1) Mibi mnndus crucifixus est, et ego mundo. (Galat. 6.)


(2) Conyerte nos, Domine, ad Te, ut limas grati, tamiles et devoti;
quia «alus Dostra Tu es. (Kem. 1. í . e. 8.)
-2 7 9 -
P d n t o 1 .° —Consideremosprimeramente el anuncio,
que te hace A lot Pastora del Nacimiento de Jesús. Dice
el Evangelio: En aquello» contornos de Belén, habla uno»
Pastores, que estaban pelando, y guardando sus rebaños;
y de repente un Angel del Señor se aparece junto á
ellos (1). jOh! |Un Angel del Seflor!... ¡un Enviado
del Padre celestial!!... ¡Oh, bondad divina!!... Nace en
este mundo Jesucristo, el Hijo de Dios vivo... la Ma­
jestad infinita... y nace, revistiéndose de nuestra flaca
naturaleza... humildísimo!!... y el Padre envía uno de
los primeros espíritus celestiales, el Arcángel San Ga­
briel, como comunmente se cree, para anunciar al mun­
do esta obra divina, y de humildad infinita... ¿Y á quié­
nes le envía? ¡Ah! no á los Escribas y Fariseos, no &
los potentados de Belén, sino & humildes y sencillos
Pastores, porque ettot, como dice San Eutímio, agra­
dan mát al Señor con tu humildad, que no aquellot
con tu altivez y soberbia (8), verificándose, lo que dijo
después el mismo Jesucristo: Etconditte, ó Padre, ettat
cosas á los tabiot según el mundo, y lo recelaste A lot pe-
queñuelos(3)... ¿Y qué les dice el Angel?... ¡Oh!... que
no teman, pues que ha nacido para ellos el Salvador del
mundo (4); y al momento aparecen por los aires multitud
de Angeles, que alaban al Señor, diciendo: Gloria á Diot
en las alturas, y en la tierra paa á lo» hombres de buena
voluntad (5)... ¡Oh! ¡Qué lecciones estas para ti, alma
cristiana! ¿Quieres tú gozar dicha semejante? Seas hu­
milde... seas sencilla de corazón y serás consolada,

(1) Pastores erant in regione eadem vigilantes, et custodíenles vigilias


noctis soper gregem suum, et ecce Augelus Domini stetit j u t a Ulos.
(Loe. 2.)
(9) Pastores aimpllees, pau peres et humiles magis placent Deo, quam
superbi diritea, et ineredaii Scrlbe et Pharistei. (S. Botbym.)
(8) Abscondistl hac i sapientibus et prodentibus, et re velas ti ea par-
to I ís . (Mat. 11.)
(4) Nolite timíre, natos est enim vobis hodie Salrator moadi. (Loe. 2.)
(fij Et súbito facta «ut cum Angelo mnUitndo m ilitis eaelestis, lau-
danlium Deum, et dicentium: Gloria in altissimis Deo, et in térra pax
hominibns bona volnntatla. (Id.)
— 280 —
pues como dice el P. San Bernardo, no & otro», tino A
lo» humildes de corazón consuelan los Angela (1). Pero
quó? ¿Acáso no son como Ángeles enviados de Dios, los
avisos, las lecturas, los buenos ejemplos? ¿No te dice
todo esto, lo que el Angel á los Pastores, que ha nacido
para ti el Salvador del mundríf... ¿No oyes muchas v e ­
ces en tu corazón esas Inspiraciones, voces divinas, que
te están clamando, que busques en todo la gloria de
Dios, y la gracia divina, que es la paz de tu alma?...
Pero, dirás tal vez, que estos medios de que Dios so
vale como de Ángeles, para atraerte á Él, no mueven tu
corazón... ¡Ahí cuidado no seas de aquellos, que oyen­
do de los Pastores la aparición, y relato dol Angel, y lo
que ellos habían visto, se admiraron, ti, pero no se mo­
vieron (2)... no hicieron otra cosa; no creyeron, dicen
los Santos Padres, porque ofendidos de la humildad, y
pobreza de Cristo, le despreciaron (3)... Revístete, pues,
de estas virtudes, y el Seftor se te manifestará como á
los Pastores, sino por la persona de un Angel, por su
gracia, pues que está oscrito: Dá la gracia á los humil­
des (4)... Examina como está esta virtud en ti, y pro­
pon...
P u n t o 2 .° — Consideremos en segundo lugar, lo que
hacen loa Pastores. Dice el Evangelio: A l retirarse los
Angeles, los Pastores dijeron entre ti: Vamos á Belén,
á ver este suceso, que el Seflor nos ha manifestado (5).
Y es de notar, que esta resolución la toman inmediata­
mente, á la desaparición de los Angele»... Prontos...
no se detienen... fieles corresponden al llamamiento del
Seflor... á la gracia divina... y van á Belén, no por mera

(1) Non alios, quam humiles consolantur Angelí. (S. Bern.)


(?) Qui audierunt á paatoribus, mirati sunt. (Luc. 2.)
(8) Non crediderunt, et offenBi humilitate et paupertata Christi, eum
spreverunt. (S. Amb. etalii.)
(4) Humilibus dat gratiam. (J&c. 4.)
(5 ) Ut disceaserunt Angelí, Pastores loquebantur ad invicem: Trau-
uamus usque Bethleem, et videamus hoc verbum quod Deus ostendit
nobis. (Luc. 2.)
— 281 —
curiosidad, sino, llevados de un impulso divino, á adorar
al que se les ha anunciado... Es cierto, dicen los Santos
Padres, que el Angel les habló, pero mucho más les ilu­
minó interiormente para conocer A Cristo, Dios, y Redentor
del mundo; y les movió eficazmente, para quefueran á oer-
le, A honrarle, d amarle, A adorarle (1)... y por esto vie­
nen prontos, A toda prisa (2). ¡Oh! ¡qué bien pagada esta
diligencia, y prontitud! Van á Belén, y encuentran A Ma­
ría, A José, y al Infante Jesús, reclinado en el Pesebre, como
se les había dicho (3). ¡Oh! ¡qué gozo!... ¡Ycon qué afecto
le adoran!... ¡Cómo derraman sus corazones & los plés
del Divino Niño! Le ofrecen el afecto de la más piadosa
deooción, dice San Cipriano (4)... Son pobres, es verdad,
pero la ofrenda, que le hacen de sus corazones, la acep­
ta el Divino Infante, y le complace mucho más, que las
riquezas todas de la tierra... Y tú, alma cristiana,
¿cómo te portas?... Advertida, instada muchas veces, á
que busques á Jesús, ¿te resuelves?... Convencida de que
Jesús es tu Señor, tu Dios, y tu todo, ¿te determinas?...
¿te apresuras?... Mira, te diré con San Ambrosio, cómo
se apresuran los Pastorest; sepas, pues, que con la flojedad
y pereza no se debe buscar A Jesús (5). Por esto, muchos
no le encuentran, por la indiferencia con que le buscan,
afiade el V. Beda(6)... ¿Querrás ser tú del número de
esas infelices almas?... Dirás, que no... Mas, ¿á qué esos
afectos, que te tienen como embebida, y asida á las
cosas de la tierra?... ¿Cómo no combates ese amor pro-

(1) Certnm est Angelum exterius locutum Pastoribus, sed multo ma­
gia interius illuminavit mentes eorum, ut cognoscerent Cbristum esse
Deum, ac Redemptorem mundi; eosque eicitavit ut Eumdem adirent, ut
colereut, ut amarent, ut adorarent. (V. Leda, et alii.)
(S) Festinantes. (Luc. 2.)
(8) InveneruDt Mariam, et Joseph, et Infentem positum in pnesepio,
videntes... quod dictum erat lilis. (Id.)
(4) P l » devotionls aflectum prasentant. (S. Cyprian.)
(5) Vid©, festinare Pastores; nemo igitur cum desidia Christum re-
quirat. (S. Ambr.)
(6) Ideo multi invenire Christum non merentur, quia desidiose illum
quarunt. (V . Beda.)
19
— 282 —
pió, qu^e te detiene, y te retarda de ir á Jesús, de buscar
& Jesús?... ¿Cómo no vences esos respetos humanos, que
te impiden ser toda de Jesús?... Mira, como los Pastores
todo lo dejan, todo lo abandonan, y se apreturan para
encontrar á Jesús... Y cuando te acercas á Jesús, ¿con
quó afecto le adoras? ¿te rindes enieramente á su vo­
luntad?... ¿te humillas de corazón?... ¿avivas la fe?...
Lot Pastores, añade San Ambrosio, cuánto mát viles
aparecían, según la prudencia del mundo, tanto más pre­
ciosos eran á los ojos del Seflor por su gran Je (1)...
Aprende... resuélvoto... y propon...
Punto 3.°— Consideremos, por último, el efecto, que
produce en los Pastores la visita á Jesús. B1 primer efecto
es la iluminación de sus entendimientos. "Viéndole, dice
el Evangelio, conocen la verdad del anuncio (2). ¿Cómo?...
Lo dice san Cipriano: Vén un Infante, y le confiesan In ­
menso, porque mát iluminados ton en tu t entendimientos,
que en sus ojot corporales (3)... ¡Ohl ¡qué iluminaciónl...
jqué viva fel... ¡Cómo reconocen la verdad de las Di­
vinas Escrituras!... ¡Cómo vén en aquella pequeñez al
Suspirado de las naciones, al Deseado de los Patriarcas,
al Anunciado de los Profetas, al mismo Dios!! (4)... ¡Ah!
no... Ya no son hombres rudos é ignorantes... son sa­
bios, porque lian conocido la verdad del Verbo hecho
carne; y este Verbo Dioino et la fuente de la Sabidu­
ría (5)... El otro efecto es el amor en sus corazones.
Los ofrecen al Señor, y el Señor, en sentir del V. P. La
Puente, les devuelve en paga, copiosos dones de su
amor, y de su gracia, para que no salgan vacíos de su
presencia... No cabe duda, dice un sabio expositor, que
los Pastores fueron justificados al adorar á Jesús, y ti

(1) Pastores, quanto viliores ad prudentiam, tanto pretiosiorea ad


fldem. (S. Ambr.)
(2) Videntes cognoverunt de Verbo, quod dictum erat ¡Uis. (Luc. 9.)
(8) Parvulum vidont, ot confltcntur Immensuov, quia amplius mente,
quam ocnlis carnalibua ¡lluminati sunt. (S. Cypri&n.)
(4) In membris parvis ipBum Deum. (S. Aug.;
(5) Fons sapientia Verbnm Dei. (Eccli. 6.)
— 283 —
eran ya juitot, recibieron aumento de justicia, y santi­
dad (1). Y el V. Beda afirma, que adorando & Cristo los
Pastores, descendió sobre ellos la gracia dioina, que los
santificó (2). ¿Son estos los efectos, que reportas tú, alma
cristiana, de las visitas que haces á Jesús? ¿Consigues
aumento en la virtud santa de la Fe? ¿le humillas?...
La Fe, dice el P. San Ambrosio, es la paga de la humil­
dad, no déla soberbia y ambición (3). ¿Adelantas, pues,
caminas con más fervor en la práctica de las virtudes,
que te inspira, y que le enseña el Divino Jesús?... ¿eres
constante en el servicio del Señor?... Los Pastores regre­
san á sus hogares, alabando y glorificando al Señor (4).
Ño salen de la Cueva de Belén más ricos de bienes tem­
porales, y no obstante glorifican al Señor... se quedan
en la pobreza, oscuridad, y privaciones propias de su
estado, y cou todo alaban al Señor... y este júbilo, y esta
alabanza es continua, dice un devoto expositor, sólo
porque han visto d Jesús (5)... jOhl Confúndete, alma
cristiana, avergüénzate de ti misma, al verte tan apáti­
ca, tan inconstante en el servicio divino, á pesar de las
frecuentes visitas que haces al Señor.... Ea: no desper­
dicies el bien, que el Señor te dispensa, llamándote, y
admitiéndote á su divina presencia... acuérdate que está
escrito: No te prives del dia bueno, que Dios te concede, y
no pierdas ni una partecita del buen dón, con que Dios te
favorece (6).
C o l o q u io .— Será dirigirse al Infante Jesús, adorán­
dole en espíritu con los Santos Pastores, y deseando
(1) ‘ Non est dubinm, Pastores fuisse bic jugtiflcatos, et si jam justi
erant, magnum Justitl® et sanctiutis incrementáis accepisse. (R. P. A
Lapide.)
(2) Pastores, adorato Christo, per ejas gratiam evasere Saneti. (V.
Beda.)
(3) Humilitas quaeritur ad fldem, non ambitio desideratar. (S. Ambr.)
(4) Reverai sunt Pantores laudantes et glorificantes Deum. (Lac. 2.)
(5) Ob visum Christum, assidue exultantes et jubilantes. (R. P. A
Lapide.)
(8) Ne defrauderis á die bono, et partícula boni doni non te prote-
reat. (Eccli. 14.)
— 284 —
adorarle con la devoción, con que ellos lo hacen; y
ofreciéndose totalmente á Él, con las palabras del V. To­
más de Kempis; «Sefior, yo me asocio con los Pastores,
«que entran á adoraros, con ellos os adoro, y me ofrez-
»co todo á Vos, en unión de los ofrecimientos, que ellos
aos hacen de sus corazoneso (l ) .
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias áDios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=l,uego el examen, etc.

HXDXTACIÓN 6.a
De la adoración de los Santos Beyes al Niflo Jesús,
considerado este misterio, como modelo de
perfecto servicio.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o : Será resumir la historia, de cómo


al nacer el Divino Jesús en Belén de Judá, vinieron á
Jerusalén desde el Oriente, y según se cree, de las tie­
rras de la Arabia, tres Magos ó Reyes, preguntando por
el nuevo Rey de los Judíos, que conocían habla na­
cido, por la estrella que se les habla aparecido en el
Oriente; y cerciorados de que en Belén habla de nacer
el Mesías, fueron allá, le adoraron, y le ofrecieron dones.
P r e l u d i o s e g u n d o : Representarse á los tres Reyes
postrados álos piés del Nifio Jesús, en la Cueva de Belén.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir ai Sefior iluminación en
el entendimiento para conocerle; y gracia en la volun­
tad para seguirle, y amarle, á imitación de los Santos
Reyes; diciéndole á menudo con el V. Tomás de Kem­
pis: aSefior, yo soy ciego, iluminad las tinieblas de mi
«entendimiento, y adornad mi corazón de virtudes ver-
odaderaso (2).

(1) Domine, cum intrautibus introito, cum adorantibus adorabo, et


cum offerentibus meipaum offeram ex (oto. (Kem. ser. 8.)
(2) CfBCU8 sum, Domine, illumina tenebras meas, et orna me virtn-
tibus veris. (Kemp. Ser. 6.)
— 285 —
P u n t o 1.®— Consideremos en primer lugar, la prontitud,
y constancia de lo» Santo» Reye», en seguir la inspiración di­
vina. Es mucho de notar lo que dice el Santo Evangelio:
Hemos ciato la estrella, venimos & adorar al nuevo Rey re­
cien nacido (1)... Entre la vi3ión, y la venida nada se in­
terpone.. » vén la estrella, nada les detiene... todo lo de*
jan... comodidades... parientes... amigos... vasallos: em­
prenden el viaje, vienen. Han conocido el significado; pues,
como dice el P . San León: dióles el Señor un conocimiento
de Él, mirando la estrella; y enviándoles la señal, tuzo
que la entendieran (2)... y de ahí, que se determinen con
prontitud á emprender el viaje por incierto, que sea...
por áspero, que parezca... ¡Qué fidelidad á la voz divi­
nal!... |Oh, alma cristiana! Una sola estrella basta ¿
los Santos Reyes para seguir prontos la voz del Seflor...
y ¿á ti? ¿Cuántas estrellas te ha enviado Dios, y te en­
vía?... inspiraciones... avisos... ejemplos... ¡Oh¡ ¡Cuánto
empeño, podríamos decir, ha formado Dios, para que
le busques... le encuentres... le adores... le ames!... ¿Y
cómo has correspondido hasta aquí? ¿Prestas tus oidos
a la voz del Señor?... ¡Feliz, si asi lo haces!... Pero, no
basta... ¿Eres constante en seguir ñel el camino em­
prendido do la porfección, á la que el Sefior te ha lla­
mado con tantas inspiraciones, y tan santos desoos?
Atiende bien á lo que dice la Iglesia de los Santos Reyes:
Los Magos siguen constantes el camino, por donde les guia
la estrella (3)... ¿Haces tú lo mismo? ¿te arredras en las
dificultades? ¿te espanta la aspereza de la vida perfecta?
¡Ah! Seas humilde, mansa, y obediente, como los Santos
Reyes; pues, como dice San León, nada de Arduo hay
para los humildes, nada de áspero para los mansos, y
fácilmente te cumplen todos lo» preceptos, cuando la gra-

(1) Vidimus, yen i mu8. (Mat. 6.)


(2) Dedlt Dominas aspicieatibus íntellectum; et qui prastitit signum,
fecit intelligi. (S. Leo.)
(8) Ibaot Magi, quam yiderant, stellam saquen tos prsmam. (Hym.
Eccíffi.)
-2 8 6 -
cia presta el atixilio, y la obediencia suaviza lo» manda­
tos (1)... Mira, pues, cómo te portas, y si has sido pronta,
seas tambián constante.
P u n t o 2 .°— Consideremos en segundo lugar, el amor
y diligencia con que los Santos Reyes buscan A Jesús. No
se puede dudar, que sus corazones van siempre encen­
diéndose en amor del nuevo Rey, que buscan... Hat)
sido fieles al llamamiento del Sefior, y este mismo Se­
flor es el que aviva en sus almas el deseo de encontrarle,
y adorarle. Asi es, que cuando cerca de Jerusalén se
les oculta la estrella, lqjos de decaer en su ánimo, intré­
pidos, entran en la Ciudad, y en alta voz preguntan por
el nuevo Rey de los Judio» (2)... practican todos los me­
dios, que están á su alcance... ¡Oh! ¡qué lección esta
para ti, alma cristianal... Si tuvieras verdadero, y fer­
viente amor á Jesús, ¿serla posible, que estuvieras tan
decalda en su servicio, tan negligente en su obsequio,
tan apática en buscarle?... Cuando el Sefior, para pro­
bar tu fidelidad, y la pureza de tu amor, parece, que
se te oculta... que te deja entre tinieblas... árida... de­
solada... sin consuelo alguno sensible, ¿qué haces?...
¡Ohl ¡qué decaimiento en tu espíritu!... ¡qué abando­
no!... ¡qué tristeza la tuya!... ¡Ah! no: no conoces el
verdadero amor. Sepas, que éste ha de ser desintere­
sado... no has de buscarte á ti... no, tu propia satis­
facción; has de amar á Dios, por ser Él quien es, suma-
mente amable... Humíllate, pues, entonces, como los
Santos Reyes; y como ellos, acude á los que el Seflor ha
puesto por tu gula... obedece... confia... No, no se turbe
tu corazón, te dice el Setlor, en expresión del V. Tomás
de Kempis, no se turbe tu corazón, cree en Mi, y confia
en mi misericordia: cuando tu piensas estar más lejos de

(1) Nihil arduum liumilibus; nihil aaperum mitibus; et facile omnia


precepto veniunt ad elTectum, quando et gratia prastat auxilium, et
obedientia mollit ímperíum. (S. Leo.)
(2) ¿Ubi est, qui natus est Rex Judeorum? (M at 2.)
— 287 —
Mi, estoy Yo muchas veces más cerca ie ti (1)... Búscale,
pues, como los Santos Reyes, y no dudes, que en pre­
mio de tu constancia, y de tu amor, brillará de nuevo
en tt la estrella celestial, esto es, el consuelo divino, y
te alegrarás en gran manera (2), como aquellos tres
ilustres Personajes.
P unto 3.®— Consideremos, Analmente, la adoración
que tribuían lot Santos Reyes al Niño Jesús, y los clones
que le ofrecen. Llegan los Santos Reyes á la cueva de
Belén, y encuentran al Infante con María su Madre (3)...
Hé aquí el premio de su prontitud... de su fidelidad...
de su constancia... de su amor... ¡Oh!... Encuentran á
Jesús!!... ¡Qué gozo! ¡qué alegría!... Bien pueden excla­
mar mejor, que la Esposa de los Cantares: Hemos ha­
llado al que nuestro amor buscaba (4). Y á pesar de su
regia dignidad, no Íes arredra la miseria del establo, ni
la pobreza de los pañales, ni la soledad, y abandono en
que encuentran al Infante con su Madre Santísima...
Entran en la cueva, se postran, y adoran al Niño (5).
¡Qué cambio en sus corazones!... Á la presencia de aquel
infante, en nada tienen lo que ellos son... ni su digni­
dad... ni los bienes que poseen... Toda su felicidad, sus
riquezas, su honor, lo rinden á los piós do Josús... ¡Oh!
¡Con qué humildad le adoran!!... Pero, ¿cómo manifies­
tan estos afectos de su corazón? Con lot dones, que le
ofrecen, dice el P. San León (6); mira lo que le ofrecen,
dice San Fulgencio, y conocerás lo que creen (7). Tres son
los dones, que le presentan; oro, incienso y mirra (8); lo

(1) Non turbetur cor tuum, dicit Dominas, ñeque íormidet. Orede in
Me; et in misericordia mea habeto fiduclam. Quando tu putas te elon-
gatum & Me, saepe sum propinquior. (Kem. 1. 8. c. 80.)
(2) G at ¡8í sunt gaudio magno, ralde. (Mat. 2.)
(8) Invenerunt Pueril m, enm María Matre ejus. (id.)
(4) Inveni, quem diligit anima mea. (Gant. 8.)
(5) Et intrantes domum... procidentes adoravernnt Eum. (Mat. 2.)
(6) Quod cordibus cred ant, muneribus protestantur. (S. Leo.)
(7) Attondo quid obtulerint, et cognosce quid crediderint. (S. Fulgen.)
(8) Obtulerunt Bi anrum, thus, et myrrham. (Mat. 2.)
— 288 —
mejor, lo más precioso de sus tierras... y acompaflan
estos dones con otros de más valia, esto es: con el oro,
le ofrecen su amor; con el incienso, su devoción; y con
la mirra, su mortificación, manifestando con esto su
gran fe, dice el P. San Gregorio, reconociendo á Jesús
como Rey; adorándole como Dios, y confesándole como
mortal (1). ¡Oh! ¡qué devoción! ¡qué generosidad!... ¡Y
cuánto complace al Divino Infante este ofrecimiento de
los Santos Reyes! Bien podemos creer, dice un devoto
contemplativo, que en retorno, reciben del Dioino Niño,
por el oro, aumento de sabiduría, y más acendrado amor;
por el incienso, aumento de oración, y devoción verdadera;
y por la mirra, la incorrupción, ó sea, la gracia, con la
que fuesen preservados de los pecados (2). ¡Qué felicidad!...
Igual la puedes tener tú, alma cristiana; si en fuerza de
las inspiraciones, con que el Seflor mueve tu corazón
para seguir el camino de la virtud, te resuelves á buscar
á Jesús; no lo dudes, le encontrarás en la humildad, en
la pobreza, en la soledad de la cueva santa de la per­
fección evangélica. Ofrécele entonces tus dones; los do­
nes de tu corazón; desasimiento de lo terreno, que es el
.oro puro, y que tanto le place, pues como dice un de­
voto expositor: Mucho más que este metal, estima Dios
aquel desapego (3); la humildad verdadera, que es el
más aromático incienso, pues la negación de la voluntad
propia sube á Dios, como incienso de holocausto (4); y por
último la puresa de tu alma, que es la mirra más exce­
lente, ya que la mortificación engendra esta virtud, que,
en sentir de San Buenaventura, hace á las almas, como

(1) Auro, Regem; thure, Deum; myrrha, morialem predicará.


(S. Greg.)
(2) Couaiderare licet Jesum lilis retnlisse, auro, augmentum sapienti©
et charitatis; thure, oratioois et devotlonis; myrrhse, incorruptionem,
sen gratiam, qua pr»8*rvati fuerint & peccatis. (R. P. ÁTaneini.)
(3) Rerom abalienatio, pro omni auro, Deo gratissima. (R. P . A
Lapide.)
(4) Yoluntatie tua abnegatlo, quasi thus in holocaustum. (id.)
— 289 —
espotas dignas de Dios (1). ¡Ohl SI asi lo haces ¡qué re­
compensa se te espera! Por el desapego, un Reino; por la
humildad, la Gloria; por la pureza, los Goces celestiales...
y todo, eterno; en una palabra, la unión eterna con Dios.
¿Qué falta pues? No más, sino que te esfuerzos en ofrecer
con frecuencia al Señor estos dones, con el piadoso afec­
to de los Santos Reyes, en la inteligencia, que cuanto
más te eefueraea en este ofrecimiento, tanto más recibiría
en premio (2). ¿Lo has hecho asi? ¿Lo harás en adelan­
te?...
C o l o q u io .— Será dirigirse al Infante Jesús, adorándole
profundamente en espíritu con los Santos Reyes, y con
ellos ofrecerse á su servicio; pidiéndole, que se deje en­
contrar para consuelo de nuestras almas, diciéndole
con el Y. Tomás de Kempis: «Seflor, yo no soy Rey,
»pero si, que soy otro de los que desean ser regidos por
»Vos; no descansaré, que no os vea; y clamaré, hasta
«que os posea» (3).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplírlos.=Luego el examen, etc.

■X D ITACIÓ N r.*
De la presentación del Nifto Jesús en el Templo,
considerado este Misterio, eemo modele de
perfecta abnegación propia.

Oración p r e pa r a t o r ia : La de costumbre.
P reludio primero : Será recordar la historia, de cómo
llegados los dtas de la Purificación de María, según la
Ley de Moisés, llevaron al Niño Jesús al Templo de Je-
rusalén, para presentarlo al Seflor, ofreciendo al mismo

(1) Castitas animas facit sponsas Dei. (S. Bonav )


(2) Quo plus dederis, plus accipios. (R. P. Avancini.)
(8) Domine, non snm R eí, aum tamen unus qui á Te regi cnpit; nial
videam, non quiescam; nisi teneam, non tacebo. (Kem. Ser. 10.)
— 290 —
tiempo dos tórtolas ó pichones, y redimiendo á Jesús,
con cinco ciclos de plata, equivalentes, según nuestra
moneda, & unos cuarenta reales.
P r e l u d i o s e g u n d o : Mi car con la imaginación & la San­
tísima Virgen en el acto de ofrecer al Niño Jesús, en el
Templo de Jerusalón.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir al Señor luz en el en­
tendimiento, para conocer la sublimidad de los afectos
de Jesús, y de María, en este misterio; y gracia para sa­
ber imitarlos, diciéndole con l a Santa Iglesia: aP u r ific a d ,
«Señor, mi alma, para que sea digna de ser presentada
»á Vos» (1).
P u n t o 1 .° — Consideremos primeramente, la abnegación,
que hace María de sus prerogativas, y excelencias, en
la presentación de su Hijo. Dice et Santo Evangelio: Cum­
plióse el tiempo de la purificación de Marta según la Ley
de Moisés (2). ¡Oh! (Quién no se admira de semejantes
palabras!!... ¡María... purísima... inmaculada... María
siempre Virgen... Madre, si, pero no de puro hombre,
sino de un Hombre-Dios... sujeta á la ley de la Purifi­
cación!! ¡Ahí no: no lo está... pero se somete volunta­
riamente á ella... No, dice San Bernardo, no hay en ti,
6 Bienaventurada Virgen, no hay en ti motivo, ni tienes
necesidad de purificarte, sino que quieres confundirte con
las demás mujeres, asi como tu Hijo ha querido confun­
dirse en la Circuncisión, con los demás niños (3)... Asi
es, que siendo Virgen, se presenta en el Templo en unión
con las demás mujeres de la plebe... siendo Inmaculada,
se presenta mezclada entre las inmundas... siendo Ma­
dre de Dios, aparece como madre de puro hombre... Por

(1) Fae nos, Domine, parifica tia tibi mentibus presentan. (Cotí.
E c tl».)
(3) Impleti sunt dies purgationis Marico, sccundúm legem Moysi.
(Loe. 2.)
(3) Vere, ó Beata Virgo, vere non habes causam, nec tibi opus est
puriflcatione; eris inter ñutieres tamquam unam earum, sicut Filius
tuus in Circnmcisione eat in numero puerorum. (S. Beru.)
— 291 —
su calidad tiene exención, y no la admite... tiene privi­
legio, y no lo alega... está dispensada, y calla... Es Rei­
na de cielos y tierra, porque es Madre del mismo Dios,
y se pone al nivel de las mujeres más pobres, ofreciendo
dos tórtolas, 6 dot pichones (1)... ¡Qué humildad es esta,
alma cristiana!! ¡Qué abnegación tan absoluta de exce­
lencias y prerogativas tan singulares!!... ¿Qué dices tú á
esto? ¿Qué conducta e9 la tuya?... Di: ¿cómo te presen­
tas?... ¿En qué concepto deseos quo te tengan?... Tú, que
no eres más que pecadora, abominable, ¿desearás ser
tenida por limpia... por justa... por santa?... ¿Qué son
todas tus justicias, y santidad? ¡Ay! Escúchalo que dice
el Profeta Isaías: Todos nosotros con todas nuestras justi­
ficaciones, venimos á ter como un inmundo leproso (2).
Aprende pues, alma cristiana, aprende de esta Soberana
Virgen á humillarte de veras, y abnegarte, esto es, des­
prenderte absolutamente de ti misma. Propon seria­
mente mortificar esos deseos, que tienes de ser buscada,
de ser preferida, de ser alabada, y engrandecida: Niégate
á ti misma, te dice el Seflor (3).
Punto 2.°— Consideremos en segundo lugar, la abne­
gación de Jesús y de María, en el acto de la presentación.
Dice el Evangelio: Llevaron al Niño á Jerusalén, para
presentarlo al Señor (4). Y esta presentación era, según
la Ley, ofrecer, y consagrar el primogénito al Seflor (5);
esto es, como dice un devoto expositor, debía ofrecerse
y consagrarse al primogénito, como cosa santa, y dedicada
al mismo Dios (6). ¡Ohl ¡Cuánta abnegación incluyen es­
tas palabras!... Absoluto desprendimiento de sf... de las
acciones... de las obras... de la propia vidal... todo de

(1) Par turturum, aut duoe pullos columbarum. (Luc. 2.)


(2) Foetl samas ut ímmundus, omnes nos, et omnes jastitía nostne.
(Is. 84.)
(8) Abneget semetipsum. (Matt. 16.)
(4) Tulemnt illum in Jerusalem, ut staterent eum Domino. (Luc. 2.)
(5) SanctiOca mihi omne primogenitam. (Exod. 18.)
(6) Deo, quasi res dicata, et eancta offerretur, et consecrabitur. (K. P.
A Lapide.)
— 292 —
Diot, nada de st (1)... jY esto hace Jesús al ser presenta-
do al Templo? {Ahí si... Con el perfecto uso de razón
que tiene, se ofrece del todo al Padre Eterno, diciéndole
interiormente aquellas palabras: Padre Eterno, aqui me
tenei» (2): vengo al Templo para honraros, y cumplir en
todo vuestra voluntad soberana... Que se aplaque vues­
tra justicia, pues os ofrezco el sacrificio de mi sangre, y
de mi vida, para redimir al hombre del pecado, aquí me
teneis... ¡Ah! dice San Pablo: Se entregó á Si mismo, en
oblación y hostia suavísima á Dios (3). ¡Qué abnegación/
Muere ya, en cierta manera, desde ahora á SI mismo,
rindiéndose en todo & la voluntad de Dios... ¿Y María?
¡Oh! María, llevando en sus brazos al Niño Jesús, con to­
da reverencia le ofrece al Eterno Padre, según el citado
expositor, diciéndole: ¡Oh, Padre Eterno, hé aquí á vues­
tro Unigénito Ilijo, es Él mismo, que por la redención del
linaje humano, habéis querido que se hiciese hombre en
mis entrañas', yo os lo devuelvo, Señor, y del todo ot lo
ofrezco, para que hagais de Él y de mi, lo que ot plazca,
y por su medio redimáis al mundo del pecado (4). ¿Puede
darse abnegación más grande ni más perfectot? Se des­
prende de su mismo Hijo, para ofrecerle al Padre por
nosotros... ¡Oh! ¡cuán lejos estás, alma cristiana, de
imitar ¿Jesús, y á María!! Tú dices, que también mu­
chas veces te ofreces al Señor... Pero ¡ay! ¿cómo es este
ofrecimiento? ¿Hay verdadera sinceridad en él? ¿Te des­
prendes de tu voluntad, de tu juicio, de tu amor pro­
pio?... Mira bien, si estás muerta á ti misma, y viva sólo
en Dios, pudiendo exclamar con el Apóstol: Vico yo, mas
no yo, tino que Cristo oioe en mi (5).
(1) Sanetum Domino vocabitur. (Lnc. 2.)
(2) Ecce venio. (Ps. 89.)
(8) Tradldlt semettpsum, hostiam et oblationem Deo. (Ephes. 6.)
(4) Virgo Ohrlstum manibus tenens, cum summa reyereutig obtnllt
Deo, dicens: En, Pater .iE terne, ble est Filias tiras, quem pro sálate
bomlnam, ex me carnets snmere voluisti; «go Tibi Eun redd», et in soli-
dum offero, ut de Uo, seque ac de me, facias quod tibi placuerlt, ae per
Eum redimas mundum. (R. P. A Lapide.)
(6) Vivo ego, jam non ego; v í t U vero la me Cbristus. (Qal. 3.)
— 293 —
Punto 3.°— Consideremos la abnegación de Jesús, y de
Marta en la redención, que hace María del Nifio Jesús. Es
verdad, que el Evangelio no expresa que María redi­
miese al Nifio Jesús, pero no hay que dudarlo, pues di­
ce, que cumplió todo lo que estaba mandado en la Ley (1),
y ésta mandaba, que se redimiesen los primogénitos por
cinco ciclos de plata (2). Jesús, pues, quiere ser redimido,
como puro hombre, siendo Hijo de Dios; y redimido, no
para SI, sino para ser sieroo de los hombres, y morir últi­
mamentepor ellos (3), y redimido con cinco cidos, figura,
como dicen los Santos Padres, de las cinco llagas, con
las que Él habla de redimir al linaje humano... (Reden­
tor, quiere ser redimido!! (Oh humildad profunda! ¡Ab-
negación inaudita!!... Maria, pues, redime ásu Hijo de
las manos del Sacerdote con cinco ciclos, como prescribía
la Ley (4)... Marta entonces vuelve á tomar en sus bra­
zos & su Hijo Jesús, pero ¿paraqué? ¡Ay! solamente para
alimentarlo, para guardarlo y reservarlo, á fln de que,
según la voluntad del Padre Celestial, muera en una
Cruz, para completar nuestra redención. Redime á Je­
sús, no para sí, sino para nosotros; no para gozar de Él,
sino para ofrecerlo de nuevo en su día al Eterno Padre,
en holocausto, por nuestra salud. ¡Ahí dice San Buena­
ventura: así María nos ama, que se desprende de su Hijo ,
para darlo por nuestro bien!! (5)..: Y tú, alma cristiana,
que un día te has ofrecido toda al Sefior en el Santo Bau­
tismo, tu alma con sus potencias, tu cuerpo con sus sen­
tidos, y que el Seflor te concede el uso de todo esto du­
rante tu vida, por el propósito que has hecho de servirle
fielmente, como precio que le has ofrecido de esto mis-

(1) Perfccerunt omnia secundum lepem D om iai. (Luc. 2.)


(2) Rede mp ti o erit eyelis argén ti quinqne. (Nam. 18.)
(8) Venit ministrare, et daré animam suam redemptionem pro multis.
(M a t 20.)
(4) A Sacerdote quinqué cyclis Eumdem redemit, ut prescribobat
Les. (R. P. A Lapide.)
(5) Sic Maria dilexit mundum, ut Filium stram Uní geni tum daret.
(S. Bonayen.)
-2 9 4 —
mo, ¿en qué lo empleas? ¿Haces servir lus potencias y
sentidos, sólo, y puramente para la gloria de Dios? ó
más bien, ¿los empleas para satisfacerte & ti misma? Ea:
aprende de Jesús y de María,... vive solamente en Dios,
y por Dios, muerta enteramente á ti misma; mortifica
tus deseos y apetitos, para que se pueda decir de ti:
muerta estás, y tu nueva, oída está escondida con Cristo
ea Dios (1).
C o l o q u io . — Será dirigirse á Jesús, pidiéndole, que se
digne ablandar nuestro corazón, para que la oblación,
que de él le hacemos, sea pura, limpia, y absoluta, des­
prendido» enteramente de todo afecto terreno, y de todo
amor propio. Pedir también á María, que se digne co­
municarnos aquellos afectos del desprendimiento propio,
con que Ella ofreció á su Hijo at Eterno Padre, para que
en nuestra oblación podamos verdaderamente exclamar:
aMi Amado es todo para mi, y yo soy toda de mi Am a-
»d o » (2).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos. = L u e g o el examen, etc.

HKDITACIÓN 8.a
De la halda de la Santa Familia á Egipto, considerado
este misterio, eomo modelo de conformidad á la
voluntad divina.

O r a c ió n p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P reludio primero : Será recordar la historia, de como
estando la Santa Familia on Nazaret, un Ángel se apare­
ció en sueños & San José, y le dijo, que tomase al Infan­
te Jesús, y á su Madre, y huyese á Egipto, porque Hero-
des buscaba al Infante para matarlo.
P reludio se g u n d o : V6r con la Imaginación á la Santa
(1) Mortua os, et *lta tua abscondita est cum Christo in Deo. (Coios. 3.)
(2) Dilectas meus mibi, et ego illi. (Cant. 2.)
— 295 —
Familia, como huye á Egipto, y vá por aquellos ásperos
caminos, pobre, y sin viático alguno; y cómo permane­
ce después en Egipto siete años, en la mayor pobreza
entre aquellos infieles.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir al Seflor luz para cono­
cer en algo los trabajos, y penalidades, que sufre en el
destierro; y gracia para saber imitarle en la paciencia,
y conformidad á la voluntad divina, diciéndole muchas
veces con el V. Tomás de Kempis: «Señor, de muy bue-
»na gana, padeceré por TI todo lo que quisieres, que
svenga sobre m i» (1).
P u n t o 1 .*— Consideremos, y hagamos primeramente
un cotejo del estado de Herodes en Jerusalén, con el de la
Santa Familia en Nazareth... ¿Qué le falta á Herodes, se­
gún el mundo? Nada; es feliz... Habita un Palacio sun­
tuoso... satisface cuantos gustos apetece... le sobran las
riquezas, y comodidades... es aplaudido de los Cortesa­
nos... hasta los principales judíos se esmeran en com­
placerle... todo lo tiene, de todo disfruta... Y esto no
obstante, está inquieto... desasosegado... no hay paz
en su corazón... Á la llegada de los Reyes Magos, al
oir que buscaban al Rey de los judios recien nacido, ya
te turba su ánimo (2)... pero después que ha llegado á
su noticia, que el Niño de Belén ha sido ofrecido al
Templo, que sobre Él han profetizado Simeón y Ana,
que todos le han tributado las mayores alabanzas, ¡ah!
llega á su colmo la perturbación.,. ¿Y porqué? porque
le domina una pasión desordenada... la de mando...
quiere ser Rey á toda costa; y al recordar, que los Sa­
cerdotes de los judíos, los Escribas, y Doctores de la
Ley, le han confirmado por las Escrituras, que en Be­
lén habla de nacer el que habla de reinar en Israel (3),
¡qué furor le acomete!... su loca ambición le convierte

(1) Domine libenter patiar pro Te, quldquid volutjri» venire super
me. (Kem. 1. 8. 12.)
(2) Turbatus est. (Mat. 2.)
(8) Qui regat popnlum meum Israel. (Mat. 2.)
— 296 —
en cruel, y sanguinario... d& el decreto de muerte dé
todos los niflos de Belén, y sus contornos... jÁ qué llega
una pasión desordenada!... Al contrario, la Santa Fa­
milia, después de la presentación del Niño Jesús al
Templo, vive retirada en Nazareth. Pero ¡con qué paz!
Es verdad, viven en suma pobreza... se ven desprecia­
dos... olvidados... perseguidos... pero, están tranqui­
los... ¿De dónde esta paz, esta tranquilidad? Es, que se
hau dejado en manos de Dios... nada quieren... nada
apetecen... nada desean... no tionon afecto á cosa al­
guna de la tierra... tienen á Jesús, lo tienen todo; sólo
quieren que se cumpla en ellos, y en todas sus cosas,
la voluntad divina. ¡Qué sosiego! [Qué tranquilidad!!
Es tanta, que es preciso baje un Angel, y despierte á
José, y le advierta del peligro... ¿Conoces con esto, al­
ma cristiana, de donde provienen tus inquietudes, tus
zozobras... las perturbaciones de tu corazón, y que éste
pierda muchas veces la paz, y tranquilidad?... ¡Ah! mi­
ra bien los afectos que le dominan... mira cómo están
tus pasiones... y sepas, que el más pequeño desorden
en ellas, es capaz de perturbar toda tu alma, ¿cuánto
más, si das rienda suelta á las mismas? Ea: aprende...
examínate, y propon...
P u n t o 2 .° — Consideremos la huida de la Santa Fami­
lia á Egipto. Dice el Evangelio: Un Angel del Señor apa­
reció en sueños á José, diciéndole: Levántate, toma al Niño,
y á su Madre, y huye & Egipto, y permanece allí hasta
que yo te avise, porque Herodes ha de buscar al Niño para
matarle (1). ¡Qué sobresaltol ¡Qué angustia!!... Pero,
Angel del Señor, ¿qué es esto? ¿No has dicho tú, que
este Niño ha de salvar á su pueblo (2), y ahora dices,
que huya para salvarse á SI?... ¡Huir!... como débil, é

(1) Angelus Domini apparuit in somnis Joseph, dicens: Surge, accipe


Puerum, et Matrem Ejus, et fuge in iEgyptum, et esto ibi, usque dum
dicam tibi; faturum est en i ai ut Herodes quserat Puerum, ad perdendum
Eum. (Mat. 2.)
(2) Ipse saWum faciet populum suum. (Mat. 1.)
— 297 —
impotente!!... ¿No es Él, por ventura, el Todopoderoso,
para hacerse invisible á los ojos del cruel Herodes?...
¿No puede hacer, que en un momento se abra !a tierra,
y trague vivo & tan impío Rey?... (Huir!... y huir á Egip­
to, lugar de idólatras... enemigos del pueblo judío...
¿qué no hay acáso lugares más cercanos, y de más co­
modidad, en que podría igualmente guarecerse, y estar
á salvo su vida?... |Y huir pronto... de noche... sin dar
tiempo de preparar lo conveniente... sin viático algu­
no!!... ¡Oh, alma cristiana! ¡Qué óbvias parecen estas
reflexiones!... pero, propias de un espíritu menos recto...
mundano... no, de un espíritu humilde, y de conformi­
dad absoluta á la voluntad divina, como el que anima
á María y á José... Nada dicen... ni murmuran de la
Providencia, que así lo dispone... ni se quejan de los
enemigos, que les persiguen... callan... rendidos obede­
cen; se levantan, y huyen á Egipto (1). Mas ¡qué pena la
de María y de José!! y no precisamente por tener que
huir, sino por ver, que persiguen al Infante Jesús!! ¡Oh!
¡cómo lo estrecha contra su amante corazón aquella
purísima Madre! ¡Con qué afecto le cubre con su manto
el Santo Patriarca!!... Y durante el camino, ¡cuántos
trabajos! ¡cuántas fatigas! ¡cuántas privaciones!!... tie­
nen que alejarse de todo poblado, para huir de los sa­
télites de Herodes... faltos de todo... de alimento... de
abrigo... hasta de lo más necesario!!... y todo lo su­
fren, todo lo soportan con amor, con generosidad, sólo
para salvar á Jesús... Y tú, alma cristiana, ¿qué haces
para salvar á Jesús en tu espíritu? ¿Cómo huyes de los
enemigos de Jesús, que son los mismos de tu alma,
mundo, demonio y carne?... Mira, que en tu corazón
se anidan muchos Herodes, que pretenden acabar con
Jesús en ti... Levántate, pues, de tu tibieza... huye con
María y José, esto es, como ellos, mortifícate, sufre, y

(1) Qui consurgens accepit Puerum et Mfitrom ejus nocte, et soeessit


in JSgiptum. (Mat. 2.)
20
— 298 —
salvarás á Jesús. ¿No lo harías? Ea: resuélvete, y pro­
pon...
Punto 3.°— Consideremos Analmente la estancia de la
Sagrada Familia en Egipto. El Santo Evangelio nada
más nos dice, sino, que estuvieron alli hasta la muerte
de Herodes (1). Y muchos Santos Padres dicen, que es­
tuvo la Sania Familia en Egipto, por espacio de siete
anos... ¡Ohl ¡qué larga duración! Habitan, dice San Bue­
naventura, en la ciudad de Heliópolis por espacio de siete
a/los, como peregrinos, forasteros, pobres, y necesitados (2).
¡Qué privaciones! ¡qué penas! ¡qué trabaos!!... El que
es el auxilio de todos, está alli como escondido, dice San
Pedro Crisólogo; El que es la fortaleza universal, está alli
como temeroso! { 3)... ¿Qué no padece un desterrado en
tierra extranjera? Todo le es pesaroso... nada hay, que
se parezca, ui que sustituya al amor de la patria... no
vém ás que miradas torcidas, sañudas... no oye sino
palabras duras, y de desprecio!!... y ¡todo esto padece
la Santa Familia!! y más, por ser pobre, y oriunda del
pueblo hebreo, enemigo de los epipciosü... En los tres
primeros dios, dice una respetable revelación, mendiga
la Santa Familia el alimento necesario (4), y después,
según el citado Doctor Seráfico, vá la Santísima Virgen
de casa en casa, pidiendo paños, y otras cosas, para arre­
glarlas, trabajar, y ganarse asi el sustento; y José con el
mismo fin, trabaja en el humilde oficio de carpintero (5).
¡Qué pobreza!! Es tanta, que, como añade el Santo, sien­
do Jesús de cinco años de edad, algunas oeces acosado del
hambre, pide pan á su Madre Santísima, y ésta no tiene
que darle! ¡Oh! ¡Cómo se parte en esta ocasión el corazón

(1) E t erat ibi usque ad obitum Horodis. (Mat. 2.)


(2) HftbiUnt Heliopolis per septem annos, tamquam peregrini, et ad­
ven®, pauperes et egeni. (S. Bonavent.)
(3) jAuxilium omnium latescit... formidat fortitudo cunctorumt (S. Pe­
tras Ohrjsologua.)
(4) (V. Agreda.)
(5) Ibat Yirgo per domos, petendo pannum, et alia, in quibus ope-
raretur; sed et S. Joseph operabatnr in arte lignaminis. (S. Bonav.)
— 299 -
de María, y te priva Ella misma de tu alimento para dar­
lo á tu Hijo (l)... Y situación tan angustiosa la sufre, la
soporta la Santa Familia, Jesús por cumplir la voluntad
del Padre Celestial; y María, y José por lo mismo, y por
salvar á Jesús... ¡Qué lección para tf, alma cristiana!...
Mira, que indispensablemente en el destierro, en que te
encuentras, de este mundo, padecerás desprecios, an­
gustias, pobreza, soledad, persecución... ea; no te que­
jes, no decaigas de espíritu, no murmures... Aprende
de la Santa Familia, que, aunque penosa, todo lo sufre
por cumplir la voluntad dieina (2).
C o l o q u io . —Será dirigirse á la Santa Familia, compa­
deciéndola en su destierro, viéndola en tantas penas, y
que ha de ganarse el sustento con el sudor de su rostro,
como dico San Buenaventura (3); y pidiéndola al mismo
tiempo la fortaleza necesaria, y la conformidad á la vo­
luntad divina, en las aflicciones, y contrariedades, que
nos sobrevengan en este destierro, para poder asi ex­
clamar generosos con el Y. Tomás de Kompis: «Dáme,
vSefior, que yo muera á todo lo de la tierra; y ame por
»T1 ser despreciado, y olvidado en este mundo» (4).
Se concluirá con un Padre-nueitro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos
y pedir gracia para cumpiirios.=Luego el examen, etc.

(1) Cum Jesús esset quioquennis, famem patiena, pttiit panero, nee
ande d&rot habuit M&tert jHoul Concutiebantur viscera Matris, et snbtra-
hebat de victu, ut Filio reservarett (S. Bonav.)
(2) Ita Pater, quoniam sic fuit placitum ante Te. (Mat. 11.)
(8) ln sudore vultus sui victurl. (S. Bonav.)
(4) Da mihi ómnibus morí, qu© in mundo sunt, et propter Te amare
eontemni, et íesciri in hoc sáculo. (Kemp. 1. 3. 15.)
-3 0 0 —

KsmrACióir •.*
De la rids privada de Jesús en Naiareth, eoasldersdo
este misterie, cono modelo de vida perfecta.

Orac ió n p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P reludio primero : Será recordar la historia, de como
al volver de Egipto la Santa Familia á la tierra de Israel,
oyendo José, que Arqueláo reinaba en Judoa, en lagar
de su Padre Herodes, temió ir allá, y avisado en sue­
ños, se retiró con Jesús, y María, á Galilea; y habitaron
en la Ciudad de Nazareth.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será representarse á la Santa Fa­
milia, viviendo en Nazareth, en el mayor retiro, pobre­
za, y desprecio; y & Jesús ayudando & María y & José.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir al Señor luz para co­
nocer las virtudes, que practica Jesús en aquel retiro;
y gracia para saber imitarle en el espíritu de perfección,
diciéndole con el V. Tomás de Kempis: «Ejercítese, Se-
oflor, este tu siervo en tu vida, porque en ella está mi
osalud» (1).
Punto 1.°— Consideremos primeramente, la humildad
profunda en que vive Jesús, en aquel retiro de Nazareth.
¡Ohl ¡Quién no se pasmall... Es el mismo Dios... es el
Verbo Eterno... y oculta ahora su Divinidad, y consien­
te ser tenido por un hombre de la plebe/ (2) Es el Omni­
potente... el Santo por esencia... y oculta su poder, no
hace milagros, ni obras singulares, que llamen de un
modo particular la atención... Es la Sabiduría increada,
y permite ser tenido por ignorante, en tanto, que des­
pués en su predicación te escandalizaron sus conciuda­
dano», diciendo: ¿cómo tiene sabiduría, no habiendo apren-

(1) Exerccatui* eorvu3 in vita tria, quia ibi est saína mea. (Kem.
1. «. 57.)
(2) Fratribns similari. (Hebr. 2.)
-3 0 1 -
dido las letras? (1) ¡Prodigio de humildadti... ¿Y en qué se
ocupa en tan largo espacio de tiempo, hasta los treinta
a (los? ¿Está acáso ocioso? pregunta San Buenaventura,
¡Ah! no, responde él mismo, trabaja, ayuda á su Madre
en los quehaceres domésticos... en preparar la comida...
en poner la mesa... en arreglarlos aposentos... siroe, y
ayuda á José en el humilde oficio de carpintero, de modo
que dicen sus conciudadanos, éste et un carpintero (2).
San Justino dice: te ocupa en hacer arados, y yugos de
bueyes (3)... Trabaja de manos, y trabaja en su espíritu,
dice el citado Doctor Seráfico; vá á la Sinagoga, y allí
ora mucho, poniéndote en el lugar más humilde... en una
palabra; trabaja, practica la virtud, de un modo admi­
rable, desconocido hasta el presente. ¿Cómof haciéndote, al
parecer de los hombres, inútil, despreciable, ignorante (4)...
¿Qué dices á esto, alma cristiana? Mira, que Jesús es
Dios, y vive la mayor parte de su vida mortal, en el re­
tiro, en el trabajo, en el desprecio... ¿Lo extrañas? Si
asi es, no, no conoces el espíritu de la vida perfecta; es
espíritu de humildad, y sin estefundamento no levanta­
rás, dice San Buenaventura, el edificio de perfección en
tu alma; no hay castidad, no hay pobreza, ni virtud al­
guna, sin la humildad (5)... ¿Y cómo has de alcanzarla?
El mismo Seflor te lo enseña: en lo interior, desprecián­
dote á si mismo y sufriendo los desprecios de los demás;
y en lo exterior, empleándote en obras humildes... ¿Lo
(1) ¿Quomodo bie ecit litteras, cum non didisceril? et scandalizaban-
tur in Eo. (Joan. 7. et Mat. 6.)
(2) Stetit ne otiosus Dominas Jesas tanto tempore? Minime certe.
Operabatur cum Matre in faciendo domus obsequia, parando victum, in
ponenda ménsula, in eubilibus aptandis: et suum nutrítium adjuraba!:
hic est faber, dicebant concives. (S. Bonav.)
(8) Erat aratra et juga boum conficiens. (S. JuBtin.)
(4) Operabatur manibus, operabatur spirita; ibat ad Sinagogam, ibi
atabat multum in oratione, in loco viliori se ponens, uno verbo, opera­
batur virtuoso, modo admirabili, et retroactia temporibua inaudito.
¿Quomodo? reddendo se in conspectu hominum inutilem, et abjectum, et
insipientem. (S. Bonav.)
(6) Sine boc fundamento frastra flt sediflcium; nec de virginitate, noc
de virtute al i qua, sine humilitate, confidas. (Id.)
— 302 —
comprendes? Anda, puet, te diré con el mismo Santo
Doctor, y has tú, otro tanto (1).
P unto 2.°— Consideremos en segundo lugar, la obe­
diencia de Jesús. Estaba sujeto á ellos (2). ¡Sujeto// ¿Qué
es sujeciónf Es estar sometido al dominio de otro, es
obedecer la voluntad agena... ¡Y Jesús, en Nazareth tiene
este sometimiento, esta obediencia//... ¡sujeto//... ¡Y
Jesús, no es un mero hombre... es Hombre-Dios... es
Aquel, dice San Bernardo, & quien están sujetos los A n ­
geles... á quien obedecen los Principados, y las Potesta­
des (8)... y le vemos aquí sujeto, obediente//... ¡Prodigio
estupendo!!... Y ¿á quién obedecet A Marta, y no sólo á
Marta , si que también A José, á causa de Marta, dice el
citado San Bernardo (4)... Es verdad, que María y José
son las personas más santas, que ha habido, y que ha­
brá... pero son puras criaturas... infinitamente inferio­
res á Jesús, porque Jesús es Dios... y no obstante, les
obedece, está sujeto á ellos... ¡Pasmo y milagro por todas
partes! exclama el mismo Santo, /qué Dios obedesca á
una mujer, y que una mujer mande al mismo Dios! (5)...
Y ¿en qué obedecet En todo... á María, en las cosas do­
mésticas, aún las más inferiores; á José, en las cosas de
su oficio, aún las más humildes... ¡sujeto!... Y ¿cómo
obedecet con alegría... con rendimiento... con pronti­
tud... sin esperar mandato, previniendo la voluntad de
María, y de José. No, no se ha visto obediencia más per­
fecta; ni puede expresarse mejor, que con esta palabra:
estaba sujeto, esto es,obediente interior, y exteriormente...
Y ¿porqué motivo obedecéf Porque, en las personas de

(1) Per Tilificationem et abjectionem sui ipsiua, ¡n suo et aliorum


tnnRper.tii, aí p«r exercitium humilium opernm. Vade ergo, et til fac
similiter. (S. Bona y .)
(2) Erat subditas illis. (Luc. 2.)
(8) Cui Angeli subdlti sunt, cul Prlnclpatus et Potestates obedlunt.
(S. Bern.)
(4) Non t&ntum Marine, sed et Joseph propter Mariam. (Id.)
(5) IJtrimque stupor, utrimque uniraculumt Et quod Deus femin® oh-
temperet, et quod ftemina Deo principetur! (Id.)
-3 0 3 -
María, y de José, mira la persona del Padre Celestial, y
continuamente repite en su interior: Aquí me teneis, pa­
ra hacer vuestra voluntad (1)... Y ¿á qué fln obedeced ¡Oh,
alma cristiana! Para enseñanza tuya... para que apren­
das á sujetarte, y ser del todo obediente... Y ¿le imitas?
¿Cuál es tu obediencial ¿Es pronta? El fiel obediente no
conoce tardanzas, dice San Bernardo, huye del dia de
mañana (2)... La voz del Superior es la voz de Dios, dice
el Patriarca San Benito, y añade: de los Superiores dice
Dios; quien á vosotros oye, á Mi me oye (3). Todo á esta
voz debe dejarse, y decir con Samuel: aqui estoy, porque
me habéis llamado ( 4)... ¿Hay en tu obediencia confor­
midad de voluntad? San Juán Ciímaco dice, que la obe­
diencia es el sepulcro de la voluntad propia (5)... ¿Repug­
nas tú, buscas pretextos, procuras, que no se te mande
sino lo de tu gusto? te engañas, dice San Bernardo, si
asi te tienes por obediente (6); obedecesf pero á tu amor
propio, no á Dios... ¿Rindes Analmente tu juicio al del
Superior? San Jerónimo escribe: no juzgues los manda­
tos de los Superiores, tu obligación es obedecer lo manda-
do (7). Escrito está: Escucha, Israel, y calla (8). ¿Criticas,
pues, los disposiciones, murmuras, y quieres saber el
porqué de lo mandado? Te falta la perfección de la obe­
diencia. Oye al citado San Ciímaco, que te dice: la obe­
diencia es obra sin examen, vida sin curiosidad (9). Exa­
mínate, pues, con mucho cuidado, y resuélvete á imitar
á Jesús, que en todo fué obediente; estaba sujeto á, ellos.

(1) E a » venia, ut faeiam voluntatem tuam. (P s. 89.)


(2) Nescit moras, fugit crastinum. <S. Bern.)
(3) V o i Superioris, vox est Dei, de illia dicit Dominas: Qui rosaudit
Me audit. (S. Beu.)
(4) Ecce ego, quia vocastl me. (S. Reg. 6.)
(5) Sepulchrum propri® voluntatis est obedientia. (S. Joan. Clim.)
(6) Ipse se seducit, si sic de obedientia btandiatur. (S. Bern.)
(7) Non de majorum sen ten ti a Judlces; tuam offlcium est, obedire
quffi ju88& 8unt. (S. Hieron.)
(8) Audi Israel, et tace. (Exod. 6.)
(9) Obedientia est motus inexaminatuB, vita curiositata carena. (S.
Joan. Glim.)
— 304 —
Pu nto 3.°— Consideremos Analmente, cuanto aprovecha
Jesús en su oída privada. Dice el Sagrado Evangelio, que
Jesús crecía en sabiduría, edad, y gracia delante de Diot,
y délo» hombres (1). Fácilmente se comprende, que Jesús
iba creciendo en edad. Al mismo tiempo, que Jesús os
verdadero Dios, es también verdadero Hombre; asi es,
que su Humanidad pasa por los diferentes periodos de
la vida humana, á saber, infancia, juventud, adolescen­
cia y edad varonil; pero no en vano se nota esto; es
para hacernos ver, que en toda edad complació Jesús á
Dio», y edificó á los lvombres (2). ¡Qué modelo!... |Y en la
larga estancia en Nazareth, se aventaja... crece... te
aprovecha en sabiduría y gracia (3). Es cierto, no puede
Jesús crecer realmente en sabiduría, por ser la misma
Sabiduría Eterna... inAnitamente Sabio... ni aumentar
en la gracia, por ser Autor de la gracia misma... in­
mensamente Santo... pero, d ed ia en dia, vá creciendo
en sus ejercicios en aquel retiro, dando de continuo
mayores muestras de ciencia, y de virtud; de sabiduría,
y santidad; y como dice San Gregorio Nazianceno, vá
manifestándose poco á poco, según oá creciendo en edad (4)
y como dice un sabio expositor, practica siempre nuecot,
y mayoret acto» de todas las virtudes (5); y esto, á la pre­
sencia de Dios, con grande mérito suyo; y á la vista de
los hombres, edificándolos con sus admirables ejem­
plos... ]Ay, alma cristianal ¿Y es este tu comportamien­
to? ¿Adelantas cada día más y más en la perfección?...
¿Qué progresos haces en la virtud?... ¿Se puede decir de
tí, que creces en sabiduría, esto es, en el amor de Dios,
que es la sabiduría verdadera... y en gracia, esto es, en
humildad, y práctica de todas las virtudes?... ¿Aumen-

(1) Jesús profleiebat sapientia, aetate et gralia, apud Deum, et homi-


nes. (Luo. 2.)
(2) Profleiebat apud Deum et homines. (id.)
(3) Profleiebat sapientia et gratia. (Id.)
(4) Paulatim manifestabatur. (S. Greg. Nazian.)
(5) Edendo semper niajores actus uinnium viitutum. (R. P. A Lapide.)
— 305 —
tas el mérito de tus obras á la presencia del Seflor, y
edificas con tu buen ejemplo á los demás?... ¡Ohl Tú
cuentas los aflos de tu edad... los aftos de profesión de
tu estado, cualquiera que sea, si; vas progresando en
esto; no hay duda; pero ¿puedes al igual de estos aftos
contar el aumento de tu provecho espiritual?... Míralo
bien; no seas de aquellas almas, que habiendo empren­
dido el camino de la virtud, vuelven con sus afectos al
mundo, y pierden ast el espíritu de perfección; no, no
son estas almas aptas para el reino de los Cielos, como
dice el mismo Jesucristo: ninguno que ponga la mano al
arado, y mire atrás, es apto para el reino de Dios (1).
Acuérdate, además, que no basta el empezar, y pararse
después en el camino de la virtud... es preciso ir apro­
vechando, pues como dice el P. San Bernardo: no pro­
gresar, es atrasar; y no querer aprovechar, es ya fa l­
tar (2)... Ea pues, seas tú de aquellas almas que, al
ejemplo de Jesús, se esfuerzan en caminar de virtud en
virtud, como dice David, hasta llegar á la cumbre santa
de Sión, donde verán á Dios (3)... Sacude la tibieza...
esfuérzate y propon...
C o l o q u io .— Será dirigirse al Seflor, pidiéndole, que, á
semejanza suya, avive en tt el espíritu de perfección, y
sepas seguirle de cerca en los actos de humildad, obe­
diencia, y demás virtudes; diciéndole con el V. Tomás
de Kempis: «Fortaléceme, Señor, en mi espíritu, para
nque aprenda á buscarte, y hallarte sobre todas las co-
nsas» (4).
So concluirá con un Padre nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

(1) Ñamo mlttens manual suato ad aratrum, et respiciers retro, aptos


est Regiio Dei. (Lnc. 9.)
(3) Non progredi regredi est; et nolle proflcere, deflcere est. (S. B«rn.)
(8) lbunt de virtute in virtulem, videbitur Deus deorum in Sion.
(Ps. 83.)
(4) Da, Domine, ilrtute corroboran in interiore homine, ut diacam
Te super omnia quserere et ínyenire. (Kem. 1. 3, 27.)
— 306 —

M EDITACIÓN 10.a
De otras virtudes, de que nos da ejemplo Jesús en su
rida privada en Nazareth.

La.de costumbre.
O ra c ió n p r e p a r a t o r i a :
Como el de la m editación anterior.
P r e lu d io prim ero:
Preludio secundo : Como el de la meditación anterior.
Preludio tercero : Como el de la meditación anterior.
P onto 1.°— Consideremos primeramente, la ejemplar
modestia de Jesús. Es la modestia, como dice San Am ­
brosio, una virtud, que regula, y modera las acciones ex­
teriores del hombre ( l ) . ¡Oh! jCuánta moderación en las
acciones de Jesús!... Obsérvalo bien, alma cristiana,
mira, cuan modesto en su compostura; Isaías, hablando
del Salvador, dice: no se muestra triste ni turbulento (2),
esto es, dice Santo Tomás, no es de corazón melancólico,
ni de rostro severo, conservando siempre una perfecta
igualdad de ánimo (3); y añade San Jerónimo; dueño
siempre dest, y de sus pasiones (4)... recalado, benigno
en sus miradas... grave, sin la menor afectación en sus
pasos... limpio, pero sencillo en sus vestidos... comedi­
do, sin violencia ni precipitación alguna en sus accio­
nes (5)... Modesto en sus palabras: no vocea, dice el mis­
mo Profeta, ni se oye suoos en las calles (6)... amante
siempre del silencio {!)... no habla, sino por necesidad,
ó utilidad... á la par que grave, es humilde en sus p a­
labras, sin porfiar en lo más mínimo (8)... Modesto en
(1) Modestia eut virlus, que modum ponit, et moderatur omnes adió­
nos exteriores. (S. Ambr.)
(2) Non crit tristis, ñeque turbulentas. (Is. 42.)
(8) Non tristis in corde, nec turbulentas in facie, sera per aeqoalitatem
mentis servaos. (D. Th.)
(4) Semper sui, et p&ssionum dominus. (S. Ilier.)
(6) Motuum omnium quietem omni témpora conservAvit. *Td.)
(6) Non clamabit, nec audietur vox ejua foris. (Is. 42.)
(7) Tacui semper, silui. (Id.)
(8) Non couteudet. (Mat. 12.)
— 307 —
sus obras, enemigo del ocio, trabaja desde su moce­
dad (1), ocupado siempre en cosas serias, aunque hu­
mildes... nada de vano, nada de inútil... ¡Oh! ¡Qué lec­
ción tan importante, alma cristiana! ¿Y cómo observas
tú esta virtud de la modestia}... ¿La practicas?... ¿Tienes
recogidos, y moderados tus sentidos, en especial la vis­
ta, la lengua, el tacto?... ó bien, ¿eres de aquellas almas,
que dicen, que la perfección sólo consiste en la limpieza
de corazón, y que de nada sirven estas cosas exteriores?
jAy! ¡qué engallo, dice San Gregorio Nacianzenof donde
hay el espíritu de Cristo, allí hay también compuesto el
exterior con la santa modestia (2)... y el Apóstol te dice:
revístete de la modestia (3)... Examínate pues, y propon...
P unto 2.°— Consideremos en segundo lugar, la man­
sedumbre de Jesús. Es la mansedumbre, según Santo
Tomás, una virtud, que modera, y refrena la pasión de la
ira (4). Podemos llamarla, en cierto modo, la modestia
del alma. ¡Olí! ¡y cuán grande, y admirable es esta vir­
tud en Jesús!... Esotro desús principales caractéres...
De Él estaba ya profetizado, que habla de manifestarse
Rey manso, Rey pacifico (5)... Su ánimo siempre tranqui­
lo... sin el menor desconcierto... lleno de zelo, si, pero
discreto... sin ira, sin alteración alguna... Perseguido
en su infancia, calla... pobre, necesitado en el destierro,
sufre... y ahora en Nazareth, ni los desprecios, que su­
fre por el bsjo concepto que forman de Él muchos de
sus conciudadanos, teniéndole por hijo de un artesano,
ni las burlas que de Él hacen, como dice San Buenaven-
ra, tratándole de hombre inútil é idiota (6), en nada per­
turban su corazón,... pues, como dice San Bernardo,

(1) ln laboribus ¿ juventu te mea. (Ps. 87.)


(2) Ubi Christus est, modestia quoque est. (S. Greg. Nazian.)
(8) lndaite modestiam. (Coloss. 8.)
(4) Mansuetudo est virtus, quoe moder&tur passionem irse. (D. Th.)
(5) Ecce Rex tuus venit tibí mansuetas. (Mat. 21.)
(0) Deridebant Eum, dicen tea: iste est homo inutilis, ipse est idiota.
(S. Ronaven.)
-3 0 8 -
conserca tietnpre la paz con todo* (1)... siempre afable,
siempre benéfico, es por su mansedumbre d imán de los
corazones (2): y muchos, en especial los nifios, dice San
Dionisio, al ir á encontrar á Jesús exclamaban: tuxrqué-
monos á la suavidad (3)... Y tú, alma cristiana, ¿cómo
estás acerca de esta virtud?... ¿Imitas á Jesús? Mira lo
que te dice San Bernardo: manso como es Él, ati te quiere
á ti (4)... Pero ¡ay 1 ¡cuán lejos estás de seguirle!... Re­
para, con cuanta facilidad te alteras, te desazonas...
¿Cómo reprimes el genio? ¿eres sufrida?... nunca serás
mansa, sin mortificarte y reprimirte... ¿eres dura, y
áspera con los demás? ¿porfías en tu parecer, y en tu
voluntad?... Sólo son mansos, dice San Ambrosio, aque­
llos, que vencen toda ira, todo enojo, y todo espíritu de
ditensión... Abomina pues, te diré con el Y. Blosio, abo­
mina, y reprime con gran cuidado, los fuertes Impetus de
la indignación, con traer á la memoria la mansedumbre
de Cristo Jesús, quien te dice, que aprendas de Él esta ex­
celentísima virtud: Aprended de mi, que soy manso de
corazón (&). Examínate pues con cuidado, y propon...
Punto 3.a— Consideremos Analmente, la sencillez de
Jesús. Es la sencillez, según Santo Tomás, una virtud,
que preserva del engaño, excluyendo toda dobles (6). ¡Oh!
¡Cuán admirable, y encantadora es \asencillcs de Jesús!...
Observa, alma cristiana, ¡qué candor de alma revelan
todos sus actos!... No, no conoco la simulación... abo­
rrece la hipocresía... huye de toda ambigüedad, como di­
ce San Bernardo (7). Sencillo en su tenor de vida, sin
singularidades, ni afectación alguna... conformándose
con los demás, y obrando según las circunstancias, y

(1) Mansuetas faclens pacom. (S. Bern.)


(2) Magnes cordium. (Id.)
(3) Eamus ad suavitatem. (S. Diony.)
(4) Qualis Ipse est mansuetas, talem te esse vult. (S. Bern.)
(0) Di8cite & me, quia milis sum corde. (Mat. 11.)
(6) Sim plicitas praeaervat h deceptione, excludendo duplicitatem.
(D. Thom.)
(7) Obscurum et atnbiguum non admittit. (S. B«rn.)
-3 0 9 —
haciendo exclusión de iodo pecado, y toda ignorancia, es
semejante en todo, como dice San Pablo, A los hombres,
que son sus hermanos (1). Sencillo en su intención. |Qué
recta, qué purísima es ósta, en todas sus obras!... No
tiene otro fln, que la gloria del Padre Celestial... Yo no
busco mi gloria, dice Él mismo, sino, que glorifico & mi
Padre (2). Y por esto, todos sus actos se dirigen á ins­
truirnos, y edificarnos... ¡Oh qué sencillez tan admi­
rable!!... ¿Le imitas tú, alma cristiana?... ¿Eres sencilla
en tus palabras, y en tus obras?... ¿Usas de simulación,
y ambigüedad?... ¡Oh! ¡Cuántas veces finges lo que no
eres!... ¡Cómo amas, y buscas las singularidades!!... Si
asi es, lejos, muy lejos estás de la virtud de la senci­
llez... Pero sobre todo, ¿cuáles son tus intenciones?
¿Buscas la gloria de Dios, ó te buscas á ti?... Escucha lo
que dice San Cirilo: El que no busca la gloria divina, sino
la suya propia, no es sencillo, sino mentiroso, pues simu­
lando obseroancia, intenta que prevalezca su voluntad (3).
Acuérdate de lo que te dice Jesucristo; seas sencilla, como
la paloma (4)... Esfuérzate, pues, y procura á negarte
á ti misma...
Será el de la meditación anterior.
C o l o q u io .—
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

(1) Per omnia fratribus similan, absque peccato. (Kebr. 2 et 4.)


(9) N on q u n ro gloriam meatn, sed honorífico Patrem onenm. (Joan. 8.)
(8) Qui gloriam Dei non q u a rit, sed suam, non simplex, sed mendax
est, qoia simulatione legis, suam volúntate» andiri proponit. (S. Cyrill.)
(4) Simplex sicut columba. (Mat. 10.)
— 310 —

KSDXTACIÓN U .'
De la pérdida y encuentro del Niño Jesús en el Templo,
considerado este misterio, eomo modelo de solicitud
en bascar & Jesús, y desprendimiento de
todo afecto natural y terreno.

O ración p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P reludio primero : Será recordar sumariamente la
historia, esto es, como siendo Jesús de doce años, yen­
do con sus Padres á Jerusalén en la festividad de la
Pascua, se quedó allí, sin avisar antes á María y á José.
Al tercer día de buscarlo, le hallaron en el Templo, en
medio de los Doctores; y preguntándole su Madre, por­
que había obrado ast, le respondió, que en las cosas del
Padre Celestial, es donde debta estar.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será representarse á Jesús en el
Templo, en medio de los Doctores, y á María, y á José
en el acto de encontrarle al tercer día de haberle per­
dido.
pre lu d io tercero : Será pedirle luz, para conocer el
ejemplo, que nos dá de desprendimiento de todo afecto
terreno; y gracia para saber imitarle, y ser sólo, y pu­
ramente suyo; diciéndole con el V. Tomás de Kempis:
«Dáme, Señor, que muera yo á todo lo del mundo, para
«descansar en Vos sobre todo lo deseable» (1).
Ponto 1.c— Consideremos la ida de la Santa Familia
al Templo. Dice el Sagrado Evangelio, que María y José
subieron con Jesús, de edad de doce años, al Templo de
Jerusalén, en el dia solemne de Pascua (2)... Obsérvalo
bien, alma cristiana: suben de Nazareth á Jerusalén...

(1) D a mibi, Domine, óm nibus m orí, quae in mundo sunt, et super


omnia deeiderata, in T e requiescere. íKem. 1. 3.)
(2) Ibant parentes Ejus per omnes annos in Jerusalem in die solem-
ni Paschse. E t cum factus esset annorum duodecim asceodentibus illis
Jiierosolymam, secúndum consuetudinem diei fes ti. (Luc. 2.)
— 311 —
jOh! ¡Qué trabajos en un viaje de treinta leguas, como
distan entre sí, estas dos ciudades! Se fatiga d Niño
Jesús, dice la V. María de Agreda en sus revelaciones,
y su amorosa Madre con natural compasión se enternece,
llora, y limpia con toda reverencia el sudor del dioino
rostro de Jesús... y el Divino Niño lo recibe con agrado, y
manifiesta á su Madre d gusto, con que sufre aquellos
trabajos por la gloria del Padre, y bien de los hombres...
¡Qué zelo! ¡qué amor!... Repara el recogimiento y la mo­
destia en sus ademanes, en sus conversaciones, en todo
su porte... son la admiración y el ejemplo de los demás
viajeros; con él convierten á muchos, dice la misma Ve­
nerable, y los reducen al verdadero conocimiento, y servicio
del Señor... Mira el espíritu que Ies anima... joh! ¡qué
rectitud de intención! José sube al Templo, por cumplir
con el precepto de la Ley... María, sin estar obligada,
vá al Templo, para ofrecer de nuevo á su amantísimo
Hijo por nuestra salud... y Jesús vá para cumplir en un
todo la voluntad del Padre Celestial... ¡Oh, y con qué
devoción, con qué fervor entran en aquel lugar santo!...
se postran... se humillan... adoran al Seflor, que quiere,
y ha escogido aquel lugar para ser adorado... Le ofre­
cen sus dones, esto es, los afectos más Intimos de su
corazón... ¡Qué ejemplos estos para ti, alma cristiana!...
mas, ¡qué confusión la tuya! Tantas veces que vás al
Templo del Seflor, donde reside, no en figura, sino en
realidad... y vás tan distraída... tan derramada en las
cosas terrenas, y lo peor, muchas veces, no con buena
voluntad, sino como por fuerza... |obligada!l ¿No es asi?
¿Dónde está, pues, tu amor?... ¿Dónde tu rectitud de
intención?... ¿Qué espíritu te anima?... ¿Te humillas pro­
fundamente á la presencia dol Seflor?... ¿Le entregas
todo tu corazón?... ¿Piensas, que vás á dar gloria & Dios,
cumpliendo con la ley, ó del rezo divino, ó de la oración,
ó de lo demás, á que estás obligada por tu estado?...
Aprende de la Santa Familia la devoción verdadera.
Examínate, y propon.
— 312 —
Punto 2.°— Consideremos la pérdida de Jesús en el
Templo. Dice el Santo Evangelio, que terminado» aque­
llos diat de la Pascua, y cotoiéndose d Nazareth, se quedó
el Niño Jetüs, sin que lo advirtieran sus Padres, pensando
que iba m ía multitud que regresaba (1), con la compañía
de los parientes, y conciudadanos que les precedían, dice
el P. A Lapide (2). Pero ¡ay qué dolorl... Han caminado
todo el d ia ( 3), llega la noche, y por más, que lo buscan
entre los parientes y conocidos (4) no, no lo encuen­
tran... nada saben de Él... nadie les dá razón de su
amado Jesús!! ¡Qué pena!... ¿Y cómo pasar adelante?...
Imposible... Regresan t Jerusalén, buscándole por todas
partes (5). ¡Y con qué angustia de su corazón! ¡Jesús
perdidol! ¡Jesús ausentado de su compañía!! ¡qué dolorl!
María, en su humildad profunda, se acusa á si misma,
dice San Buenaventura, y exclama, llorando: Ahora oeo,
que no he guardado bien á mi Hijo. ¡0ht Hijo amantisimol
ldónde estást ¡ah! perdóname por esta oes, que no, no ool-
oerá á suceder jamás, que yo sea negligente (6)... ¡Qué
humildad tan profunda!... ¿Y José? José, dice el mismo
Santo, sigue á María, llorando (7)... ¿Y es estala pena
que te aflige, alma cristiana, cuando pierdes á Jesús?...
¡Oh, qué diferencia tan enorme!!... María y José pierden
á Jesús, sin sombra de culpa... sólo, por disposición di­
vina... ¿y tú? jno reparas, cuán negligente, cuán pere­
zosa eres en el servicio del Señor?... y ¿más, sabes bien,
que muchas veces pierdes culpablemente á Josús... ¿y

(1) Oonnummatisque diebus, eum redirent, román si t puer Josué in


Jerusalem, et non cognoverunt parentes ejus, existimar tea illum esse in
comitatu. (Luc. 2.)
(2) In comitatu cognatorum, et vicinorum, qui pnecesserant (R. P. A
Lapide.) „
(3) Venerunt iter diei. (Luc. 2.)
(4) Inter cognatos et notos. (Id.)
(5) Regressi sunt in JerusAlem, requirentes Eum. (Id.)
(6) Nunc vidoo quod non beneFilium meum custodivi... Fili dilectissi-
me, ¿ubi es?... parce mihi hac vice; numquam amplinn continget, ut Te
custodiam negligenter. (S. Bouav.)
(7) Joseph sequebatur Eam cnm fleto. (Id.)
-3 1 3 -
no te duele? ¿no hace mella en tu corazón la ausencia
de tu Seflor, y de tu Dios?... ¡Ay! ¡cuán indigna eres,
aún, del nombre de cristiana!... Considéralo bien... bús­
cale con diligencia... clama con corazón contrito; y no
descanses, hasta que de nuevo le encuentres... Y si por
disposición divina, sin culpa tuya, alguna vez el Señor
se te oculta... te deja en desolación, árida, y sin con­
suelo sensible... no, no desfallezcas... no decaigas de
espíritu... no te desanimes... sigue & María, y ¿ José,
imítales, busca á Jesús con toda solicitud, espera en
Dios... y de seguro, que vendrá la hora, en que le encon­
trarás. Este ha de ser tu comportamiento. ¿Lo harás?
P u n t o 3.°— Consideremos el encuentro de Jesús, y la
respuesta, que Jesús dá á su Madre, y á San José. Es ya
ol tercer dta, en que María, y José se ven sin el objeto
de su amor... sin Jesús... Vanas han sido todas sus di­
ligencias: asi es, que se dirigen al Templo, ya para des­
ahogar su espíritu á la presencia del Padre Celestial, ya
también, para ver si encuentran á Jesús, orando en
aquel sagrado recinto; y al entrar en él, ¡qué sorpresa
tan agradable!... ¡qué cambio en sus corazones!... ¡cuán
bien recompensadas sus ansias, y su solicitud!!... Ven
& Jesús sentado en medio de los Doctores de la Ley, escu­
chándoles y preguntándoles (1), hecho la admiración de
todos, por su doctrina, y celestial sabiduría. ¡Ah! no,
no es posible imaginarse siquiera, el gozo de María, y
de José & la vista de Jesús... ¿Y Jesús?... Jesús ha cum­
plido ya su misión, y al ver á su Madre, dice San Bue­
naventura, deja á los Doctores, se cá hacia Ella, y la
abrasa tiernamente (2). ¡Qué latidos de amor dán sus
corazones!!... Y María, impelida de su ternura mater­
nal, le pregunta el motivo, porque les ha dejado: Hijo
mió, iporqué lo has hecho asif Hé ahi, que tu Padre, y yo,

(1) Invenerunt Eum seden tem in medio Doctorum, audientem et in-


terrogantem eos. (Luc. 2.)
(2) Ven it ad Eam , quom Ip s a inter brachia suscepit, et oaculayit.
(S. Bonav.)
21
— 314 —
apetadumbradot, te hemos butcado (1). Y Jesús, con
Igual afecto de amor, le responde: ¿Cómo et que me but-
cabaist ¿No sabíais, que yo debo emplearme en las cotat, que
miran al servicio de mi Padret (2). ¡Qué amor!... Ettat
palabras, dice el P. A Lapide, ton de instrucción, y de
eontuelo (3). SI. Recuerdan á María el altísimo destino
de su Hijo, y se consuela. Pero principalmente, son ins­
tructivas para ti, alma cristiana. Pondéralas bien. Mira,
como Jesús prescinde de los afectos naturales para con
su Madre, y San José, para cumplir únicamente la vo­
luntad de su Padre Celestial, y explica luego su con­
ducta con estas altísimas palabras: En las cotat, que
miran al servicio de mi Padre, alU debo yo estar. ¿No es,
pues, decirte con esto, quo toda voluntad dobo ren­
dirse & la voluntad de Dios?... ¿qué todo juicio debe so­
meterse al juicio de Dios?... ¿qué todo afecto debe pos­
ponerse al amor de Dios? ¿y qué Analmente, todo debe
sufrirse, por unirse á Dios?... Pérdida de parientes...
separación de personas las más allegadas, y más que­
ridas... respetos humanos... relaciones... afectos... todo,
todo debe despreciarse, cuando Dios habla... Jesús te
lo enseña: En las cosas, que pertenecen á mi Padre, allí
debo estar; como que dijera: mi oolunlad no et otra, que
la voluntad de mi Padre Celestial... la cumplo... la cum­
pliré siempre... para esto he venido al mundo (4). Es lo
mismo, que después nos ensefta en el Evangelio, cuan­
do dice: El que ama al Padre, ó & la Madre, más que á
Mi, no es digno de Mi (5). AI hablar Dios, dice el Apóstol,
no hemos de consultar afectos naturales (6), todo, todo

(1) Fili, ¿quid fecisti nobis sic? Ecce Pater tuus, et ego, dotantes,
qu8erebamn8 Te. (Luc. 2.)
(2) ¿Quid est, quod me quserebatis? ¿Nesciebatis, quia in his, qu®
Patris mei sunt, oportet me esse? (Id.)
(8) Yerba sunt Christi, inatruentis et consolantis. (K. P. A Lapide.)
(4) Ad hoc veni in mundum. (Joan. 18.)
(5} Qui amat Patrem et Matrem piusquam Me, non est Me dignus.
(Mat. 10.)
(6) Non acquiescentes carni et sanguini. (Gal. 1.)
— 315 —
ha de sacrificarse por Dios... ¿Lo haces asi?... Anímate,
pues, y cuando te veas en la tentación de estos afectos
naturales, responde valerosamente lo de Jesús: En lo
que et de mi Padre, en lo que me manda mi Padre Celet-
tial, alli debo ettar yo... alli ettaré...
Coloquio .— Será pedir al sefior la gracia de no apar­
tarnos jamás de Él, ni por el pecado, ni por nuestra ne­
gligencia; antes bien unimos más, y más & Él, pospo­
niendo todo afecto de nuestro corazón, que nos separe
de su amor, diciéndole con el V. Tomás de Kempis:
«Despoja, Seflor, mi corazón de toda afición desorde­
n a d a , á fln de que, bien purgado en mi interior, sea
«hábil para amarte (1).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

M EDITACIÓN 13.*
De dos Banderas.

•O ración p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P r e l u d i o p r im e r o : Será recordar, como historia, que
Cristo, llama, y quiere á todos debajo su bandera, y
Lucifér al contrario, debajo la suya.
P r e l u d i o s e g u n d o : Representarse como dos campos,
uno en toda aquella región de Jerusalén, donde está
Cristo Nuestro Señor, como Capitán general de los bue­
nos; y otro, en región de Babilonia, donde el caudillo
de los malos es Lucifér.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir luz en el entendimiento,
para conocor los engaños dél mal oaudillo, y gracia on
la voluntad para guardarme de ellos; y asimismo co­
nocimiento de las inspiraciones do vida verdadera del
sumo y verdadero Capitán, y gracia para seguirlas con
(1) Sana, Domine, cor meum ab omnibns affectionibus inordinatis, ut
iotus bene purgatua, aptuu eJfflciar ad ainaudum. (Keiu. 1. 8.)
— 316 —
toda fidelidad, dlcidndole al Señor con el V. Tomás de
Kempis. «Alúmbrame, 6 buen Jesús, con la claridad de
»tu luz interior, y quebranta las tentaciones, que me
»hacen violencia» (1).
P u n t o 1 .° — Consideremos primeramente el carácter
de ambos Jefes, y el fin, que se proponen. Las palabras
mismas, con que nos los describe San Ignacio, clara­
mente lo Indican: Imaginar, dice, al caudillo de todoslos
enemigos (Lucifér) como si se asentasse en aquel gran
campo de. Babilonia... hé ahí la confusión, en que de con­
tinuo se vé envuelto... como m una gran cátedra de fue­
go, y humo... hé ahí la inquietud, que sin cesár reina en
él, y la ceguedad y tinieblas, en que yace... en figura
horrible, y espantosa... hé ahí el temor y terror, que le
domina por su mismo estado fijo, y que su vista causa
á los demás, por el porvenir... Esto manifiestamente
declara, que todas sus obras ó instigaciones llevan en si
marcado el carácter de inquietud, tristeza, temor, albo­
roto, desasosiego, desconfianza, y todo cuanto causa per­
turbación en el alma... A l contrario Jesús, dice el Santo;
Imaginar como Cristo N. S. Sumo y verdadero Capitón
se pone en un gran campo de aquella región de Jerusalén...
hé ahí la paz, de que siempre disfruta... en lugar hu­
milde... hé alil la mansedumbre, y humildad de su co­
razón... hermoso y gracioso... hé ahí la dulzura, la ca­
ridad, el amor, que reinan en su alma santísima... Esto
claramente nos dice, que todas sus obras, é inspiracio­
nes son siempre de paz, quietud, sosiego, confianza, hu­
mildad, y amor... ¿Lo comprendes, alma cristiana?...
Atiende, pues, bien ¿ los movimientos de tu espíritu, y
conocerás siempre, de donde provienen, si no olvidas
ese carácter, que distingue al verdadero Capitan celes­
tial, del falaz é infernal caudillo... Pero, más; conside­
remos A fín , que entrambos Jefes se proponen. El cau­
dillo de los malos, Lucifér, no puede hacernos violencia,
(1) Clarifica me, bone Jesu, clarit&te interni luminis; et vim faclentes
elide tentationea. (Kem. 1. 8.)
— 317 —
por esto echa redes, y cadenas, esto es, alucina, engaña,
aprisiona; todo, para robar á Dios las almas, sacrificar­
las, y perderlas (1). Este, y no otro, es el fin, que se
propone tentando, instigando, é induciendo á lodos los
vicios, para hacer & las almas infelices con él, por toda
la eternidad. ¡Qué malicia! ¡qué perversidad! jqué odio
á Dios, y á las almas!!... Jesús, empero, al contrario;
Verdadero Capitan de los buenos, no quiere hacernos
violencia, para de este modo, dejándonos & que le si­
gamos libremente, podamos merecer; pero, nos ayuda,
esto es, nos alienta, nos conforta; todo para dár á nues­
tras almas vida, y abundancia de vida (2), esto es: vida
de gracia en este mundo, vida de gloria en el otro...
Este es únicamente el fin , que se propone instruyendo,
inspirando, é induciendo á todas las virtudes, pues nos
quiere suyos, en tiempo, y eternidad... ¡Qué dulzura!...
¡qué bondad!... ¡qué amor!!... No olvides, alma cris­
tiana, estos dos fines, tan opuestos entre sí, pero muy
conformes al carácter de cada uno de los dos Jefes...
Vive advertida; no sea, que por último te veas engañada
sin remedio...
Punto 2.°— Consideremos ahora los medios, de que se
vale el caudillo de los malos, Lucifér, para lograr su
perverso fin . Hace llamamiento de innumerables demo­
nios, dice el Santo, y los esparce los unot en tal ciudad,
y & los otros en otra, y asi por todo el mundo, no dejando
provincias, lugares, estados, ni personas algunas en par­
ticular, á quienes no echen redes, y no tienten. Y asi, do
tres modos, comunmente hablando, tienta al alma, que
aspira á la perfección. Primeramente procura, que bus­
que en todo el bienostar, y la propia conveniencia; 1.a:
excusando hasta la más moderada mortificación de los
sentidos, con el vano pretexto de conservar la salud,
para mejor servir al prójimo, olvidando, que es preciso

(1) Ut furetur, et mactet, et perdat. (Joan. 10.)


(3) Ut vitam habeant, et abundantius habeant. (Id.)
-3 1 8 -
podar el sarmiento, para que dé másfruto (1); 2.®: des­
preciando la interna mortificación de potencias, y pasio­
nes, persuadiéndola de que esto son nimiedades, que
el espíritu no debe estar encogido; sin advertir quo osto
conduce á la disipación del alma en todas sus obras (2);
3.°: evadiendo el trabajo, con el pretexto de que no se de­
be ser imprudente con el demasiado cansancio, no acor­
dándose, que debemos ayudarnos mutuamente, como dice
San Pablo, para cumplir con la ley de Critto (3)... En
segundo lugar, teniendo ya como embotado el espíritu
del alma cristiana con la propia conveniencia, adelanta
en la tentación, haciéndola ambicionar cargos hono­
ríficos; ya manifestando, y jactándose de aptitud, y habi­
lidad en las obras que hace, buscando vanamente los
aplausos de los demás... ya criticando las disposiciones
de los Superiores, tildándoles de imprudentes en su go­
bierno... ya también buscando adeptos, fomentando
amistades particulares, para obtener sus fines de am­
bición, y de gloria, propio todo esto de espíritu profano
y orgulloso... Por último, logrado esto, la embiste más
directamente, haciendo quo so ensoberbezca de si mis­
ma, con desprecio de los demás; ó teniéndose ella por
justa, despreciando, y resintiéndose mucho de los avisos
y correcciones de los Superiores, creyéndose injusta­
mente increpada... •ó teniendo á las demás por imper­
fectas, criticando sus más mínimas acciones, Juzgando
siniestramente de su intención... ó Analmente procu­
rando refundir á gloria propia, todo el bien, que obran
las demás, suponiendo, que si- no hubiesen sido sus
advertencias, é indicaciones, no lo hubieran practicado,
y que á ella se debe todo... ¡Oh! y á qué abismo de ma­
licia se vé sumergida!!... Verdaderamente ha venido á
crecida soberbia, como dice el Santo, y de ésta es indu-

(1) Purg&bil eum agrícola, ut fructum plus afterat. (Joan. 15.)


(2) Dissipa tum est vas, quod ipse faciebat. (Jer. 18.)
(3) Alter áltenos onera pórtate, et sic adimplebilis legem Cbristi.
(Gal. C.)
— Me­
cida A todo» lot oírot oIcio»... jY el resultado?... ¡Ayl Ce­
guedad completa... inobservancia absoluta de las leyes
divinas y humanas... relajación en su respectivo esta­
do... abandono de Dios... y algunas veces, ¡ohl... torpí­
sima apostasla... ¡Qué miseria! ¡qué desgracia!!...
P u n t o 3.a— Consideremos ahora los medios, de que
se vale el Sumo, y verdadero Capitán de los buenos,
Cristo Jesús, para el logro de su fin . Hemos de conside­
rar, dice el Santo, como el Señor de todo el mundo (Cristo
Nuestro Sefior) escoge tantas personas, apóstoles, d it-
cipulos, etc. {en lo que, dice el P. Roothaan, podemos in­
cluir los ángeles, enoiados para nuestra salud; (1) ) y los
encía por todo el mundo, esparciendo tu sagrada doctrina
por todos estados, y condiciones de personas, encomendán­
doles, que á todos quieran ayudar. De tres modos tam­
bién podemos considerar, que ayuda al alma que as­
pira á la porfección: Primeramente inspirándole amor
á la santa pobreza, ya desapegando el corazón délas
cosas terrenas, mirándolas por lo que son en si, cadu­
cas, transitorias, insuficientes para lograr la paz del
corazón; vanidad y aflicción de espíritu (2)... ya sufrien­
do resignada las privaciones y falta, aún de lo necesa­
rio, recordándole que Él tuoo hambre (3), tuoo sed (4),
y no tuoo donde reclinar su cabeza (5)... ya también
buscando en las cosas lo lnflmo, lo peor y más desagra­
dable á los sentidos, para de este modo hacerse más
semejante á los ángeles, como dice San Crisóstomo (6)...
En segundo lugar, asi desprendida el alma de lo terre­
no, le inspira el Señor el desprendimiento de si misma;

(1) N ihil vetat, quin hoc loco etiam de angelis cogitemos, quos
Christus Dominus in ministerium salutis mittlt. (R. P. Bootliaan.)
(2) Vanitaa, et afflietio apiritus. (Eccle. I.)
(3) Esurlit. (Mat. 4.)
(4) Sitio. (Joan. 10.)
(5) Fllius bominia non habet ubi caput aunm reclinet. (Luc. 10.)
(6) Quanto panciora amplecteria, tanto angelis apropinquaa. (S. Joan.
Cryaos.)
— 320 —
procurando negarse á si (1), mortificándose interior y
exterior mente... huyendo de las alabanzas, y refre­
nando el deseo de ser estimada, ó aplaudida, profundi­
zando en el propio nonada (2)... y por último, eludien­
do, en lo posible, los cargos honoríficos, acordándole
la máxima: ponte en el último lugar (3)... Finalmente,
le inspira un amor grande á la humildad verdadera,
teniéndose por lo que es, indigna de todo, aún de la mis­
ma vida (4)... callando, y sufriendo en los desprecios, y
humillaciones, al ejemplo de Él mismo (5)... impelién­
dola, últimamente, por decirlo así, á lo sumo de la per­
fección, alegrándose en los desprecios (6), y prefiriéndolos
á la estimación, y honras mundanas... Y de estos tres
escalones es inducida á todas las virtudes... ¿Cuál, pues,
ha de ser el resultado?... ¡Oh! El puro amor de Diosl!...
¡Qué felicidad!... ¡qué sosiego de espíritu!!... ¡qué tran­
quilidad de corazón!!... Ház, pues, ahora, alma cristia­
na, una aplicación práctica de lo expuesto. Di, ¿qué
siéntesen tí misma?... ¿De qué espíritu eres llevada?...
¿qué afectos te dominan?... ¿Cómo te portas?... ¿Y no te
animas?...
C o l o q u io .— Tres quiere el Santo que se hagan. Un
coloquio, dice, A Nuestra Señora porque me alcance gracia
de su Hijo y Señor, paraque yo sea rescibido debaxo de su
bandera... esto es, sea rescibido tan absolutamente, quo
nunca jamás prevalezca contra mi el enemigo con sus
falacias, antes bien siga yo siempre, y fielmente las di­
vinas inspiraciones, y con esto, una Ave María. Pedir
otro tanto al Hijo, paraque me alcance del Padre; y con
esto, decir: Anima Christi... Pedir otro tanto al Padre,
paraque El me lo conceda, y decir, un Pater noster.

(1) Abneget semetipsum. (Mat. 16.)


(2) Nihil eum. (2.ce Coiin. 22.)
(3) Recumbe in novlsslmo loco. (Luc. 14.)
(4) Vita ipsa putabantnr indigni. (Job. 80.)
(5) Ipse autem t&cebat. (Mar. 14.)
(6) Gloriamur in tribulationibus. (Rom. 5.)
— 321 —
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

B R SIT IC IÓ N 18.'
De tres Binarios, ó sea, tres clases de personas, que
aspiran á la perfección.

O ració n p r e p a r a t o r ia : La do costum bre.


P r e l u d io p r im e r o : Será, como historia, ver con la ima­
ginación tres clases de personas, que todas dicen, que
quieren salvarse, y hallar paz en Dios Nuestro Señor,
sirviéndole con perfección en el estado, á que han sido
llamadas.
P r e l u d i o s e g u n d o : Mirarse como delante de Dios Nues­
tro Señor, y de todos sus Santos, para desear, y conoscer
lo que sea mas grato á la su Divina Bondad.
P reludio tercero : Será pedir al Señor luz para co­
nocer su voluntad; y gracia para seguirla, dicióndole
con el V. Tomás de Kempis: «Dáme, ó benignísimo Je-
»sús, que desee, y quiera siempre lo que te es más
»acepto y agradable» (1).
P onto i.®— Consideremos la primera dase de estas
personas; conocen ellas muy bien los medios, que de­
ben practicar para su perfección... se sienten v iv a­
mente inspiradas & desprender su corazón, y quitar el
afecto de varias cosas, que las tienen como cautivas...
pero dicon, que como son cosas anejas al cargo, em ­
pleo, ú oficio, etc. que tienen, no puedon por de pronto
desprenderse de ellas; y que no siendo pecado mortal
ni las cosas, ni el afecto á las mismas, (aunque quizás,
como dice San Ignacio, las han obtenido no pura ó de­
bidamente por amor de Dios,) no hay necesidad apre­
miante para su desprendimiento... Yén, no obstante,
que todo esto, en especial el afecto, les es ocasión de
(1) Da mihi, benignissirae Jfisn, hoc aemper desiderare et velle, quod
tibi magis acceptum est, et charius placet. (Kem. 1. 3. 15.)
— 322 —
muchas faltas... conocen, que las distrae... que las di­
sipa... y van dando largas... dicen, que si... que ya lo
harán después... á su tiempo... mañana, mañana... y
este maflana nunca llega... lo mismo un día que otro (1).
Esta clase, 6 bien, es de almas relajadas, que no prac­
tican medio alguno, porque los aborrecen, de quienes
dice el Sabio: han abandonado la Ley, han despreciado
el santo temor de Dios (2), 6 bien, de almas perezosas, de
quiones, dice el mismo, que quieren, y no quieren (3).
¡A.h! no tienen voluntad, es sólo una mera veleidad la
que les mueve... Quisieran, pero no quieren: semejantes
al enfermo, que dice, que quiere la salud; pero¿ que no
quiere tomar medicina alguna, ó que vá difiriéndolas,
dejando que la enfermedad lome sus creces... ¿Lograrán
estas personas su fin?... No... Su fin es la perfección en
esta vida, y mediante aquella, en el grado que Dios pre­
tende de ellas, saloar sus almas: y ellas se quedan vo­
luntariamente en la imperfección: y esto, quizás, sea
ocasión de caer en pecado mortal, pues, por justos jui­
cios de Dios, se vén desamparadas de su gracia, por no
haber sido fieles á las inspiraciones divinas...
P unt o 2.°— La segunda clase, es de las que dicen, que
ya saben la obligación, que les incumbe de aspirar á la
perfección; pero, como lo que principalmente impide
ésta, no son las cosas en si mismas, ni los oficios, em­
pleos, cargos, etc., sino el afecto á ellas, ya procurarán
apartarlo de sf... y que esto, ya les basta... Quieren,
como dice San Ignacio, quitar el afecto, y quedarse con la
c o s a ... Mas, ¿es esto posible?... ¿Acáso el mismo querer
la cosa, no es tener voluntad, y afecto á la misma?...
Pero dicen, que se esforzarán en servir á Dios con ellas.
jA.y! ¡qué locura! Estas almas, dice ol mismo Santo, pre­
tenden, que allí venga Dios, donde ellas quieren, y no
ellas, donde quiere Dios... Esto, es propio, ó de almas

(1) Sieut hndie, ríc et crás. (Is. 56.)


(2) Reliquerunt legem, conteinpserunt timorem Dei. (Eccli. 49.)
(8) Vult et non vult, piger. (Pro?. 18.)
-3 2 3 -
itUas, que no se renuncian del todo A si mismas, sino
que entran á servir á Dios con condiciones ó pactos, y
de ellas está escrito, que serán rechazadas del Sefior, y
que las arrojará de Si (1), ó bien de almas hiftócritas,
que se contentan con sola la exterioridad, y nada pro­
curan de lo interior, y de ellas dice el Señor, que su es­
peranza quedará frustrada (2)... semejantes al enfermo,
quo dioo, que quiere la salud, pero tomando solamente
los medicinas, que le sean agradables, no reparando,
que esto es inútil para su curación... ¿Lograrán estas
personas su fin t Tampoco. Merecen las tales, que ya
que no se dán del todo á Dios, tampoco quiera el Soñor
aceptar la parte, que le ofrecen; sino que les sustraiga
la gracia, y las abandone á su propio querer, y volun­
tad... Estando, pues, en esta determinación de dejar el
afecto, sin renunciar el objeto, viven ilusoriamente, y
en grandísimo peligro de pecar, y de perderse como las
primeras...
P u nto 3.°— La tercera clase, es la única, que hace lo
conveniente para lograr su fin , esto es, la perfección en
aquel grado que sea del beneplácito divino, y sainar asi
su alma. Es de aquellas, que todo lo sacrifican, con tal
que dén gusto á Dios; objeto... afecto... inclinación...
deseos, ele., y si alguna vez conocen, que el corazón se
apega á alguna cosa criada, oficio, empleo, lugar, etc.,
de tal modo, que las distrae del puro servicio divino,
desde luego hacen todo lo posible, para quitar afecto, y
objeto, dejándose á la disposición de los Superiores se­
gún mejor á estos les parezca, esforzándose en ponerse
en una total indiferencia; prefiriendo solamente de su
parte, las cosas más humildes, con tal, que con ellas dén
gusto á Dios, venciendo así la repugnancia de la propia
voluntad; semejantes al enfermo, que se deja en manos
del médico, para que disponga, y ordene, como más
conveniente juzgue para su salud, sin respeto alguno á
(1) Incipiam to ovomere ex ore meo. (Apoc. 3.)
(2) Spes hypocrita peribit. (Job. 8.)
— 324 —
lo que apetecen su voluntad y su gusto. Esto, es propio
de almas fervorosas y determinadas, á quienes, como
dice San Ignacio, tolo let mueve el teroicio de Diot Nuet-
tro Señor, de manera, que el deseo de mqjor poder servir
á Diot Nuestro Seflor les mueva á tomar la cosa 6 de­
jarla.
Mira, pues, bien ahora, alma cristiana, & cual de
estas tret clases perteneces. ¿Gres de las que no tratan, 6
difieren el vencer la repugnancia de la voluntad, en
dejar, ó apartar las cosas exteriores, ó el afecto & las
mismas; ó bien, no tratas de contrariar el propio juicio,
el amor propio, la propia excelencia, conociendo cla­
ramente, que todo esto te impide el camino de la per­
fecciónt Entonces, eres de la primera cíate... no lograr&s
tu/Yn, que es el ser perfecta... ¿Buscas paliativos para
conservar el afecto, aunque no la cosa, ó viceversa; ó
bien, te esfuerzas on buscar excusas, y querer cohones­
tar tu juicio, y amor propio, y te apropias los dones,
que el Sefior ha depositado en ti? Perteneces á la segun­
da cíate... lejos andas para alcanzar tu fin ... Mas, si
con generosidad te desprendes de cuanto te Impide el
camino de la perfección, sea objeto, sea afecto... si con­
trarias tu juicio, y amor propio... si te humillas, ce­
diendo, y callando... alégrate... eres felizmente de la
tercera clase. Grande es por cierto el premio, que se te
espera... Medita... examina... y propon...
Co l o q u io .— 'Tres han de hacerse, según indica San
Ignacio: el primero & la Virgen Santísima, pidiéndole
nos alcance gracia, para vencer la repugnancia de nues­
tra naturaleza corrompida; y elegir, y seguir lo con­
trario, que ella apetece, sólo, que sea mayor servicio, y
alabanza de Dios Nuestro Sefior; y decir una Ave-María...
El segundo, pedir á Jesucristo Nuestro Salvador se
digne inclinar nuestra voluntad, ¿ seguirle en las hu­
millaciones, desprecios, y desasimiento absoluto de
todas las cosas de la tierra, y decirle Anima Christi, etc.
Finalmente, pedir al Padre Eterno estas mismas gracias,
— 325 —
por los méritos de Jesucristo, 6 intercesión de la Virgen
Nuestra Señora, y decir un Padre-nueeiro.
Por último, dar gracias & Dios, ofrecer los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

OZDITACION 1 C

De la temtaeión, que sufrió Nuestro Seftor Jesucristo


en el desierto.

Or a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o : Será recordar la historia, de como


estando Jesucristo en el desierto, ayunando cuarenta
días, y cuarenta noches, al último tuvo hambre, y apa-
pocióndosele el demonio, le tentó de tres maneras; por
gula, por presunción, y por avaricia; y habiéndole glo­
riosamente vcncido Josús, se retiró el demonio, y vinie­
ron los Angeles, y le sirvieron.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será representarse á Jesús en el
desierto, orando; y & Satanás, que se le presenta en for­
ma humana, y le tienta con pertinacia.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir luz en el entendimiento,
para conocer los ardides del maligno espíritu; y gracia
en la voluntad, para resistir á sus sujestlones, al ejem­
plo de Jesús, dicléndole con toda humildad, y afecto:
«No permitas, Seflor, que caigamos en la tentación» ( l ) .
P unto l . ° — Consideremos lo que dice el Sagrado
Evangelio: Fué conducido Jesús por et Espíritu Santo al
desierto, para ser tentado por el demonio (2). ¿Extrañas
este lenguaje, alma cristiana?... Mira bien las causas,
y agradécelo... Quiere ser tentado Jesús, para alentarte
¿ t í en las tentaciones que te sobrevengan... para que
no decaigas de espíritu, por grandes que sean, pues
(1) Et ne nos lnducas ln tentatlonem. (Mat. 6.)
(2) Ductus est Jesús á spiritu in deserto, ut tentaretur á diabolo.
(Mat. 4.)
-3 2 6 -
ningunaes insuperable con la gracia divlua... Quiere
ser tentado, para enseñarte el modo de resistir la ten -
(ación... el comportamiento, que debes observar en las
si^jestiones de los enemigos de tu alma... Quiere ser
tentado, para merecerte la gracia de la victoria en los
combates, que se te ofrezcan. Por esto fué tentado Jesu­
cristo, dice el P. San Agustín, para que el cristiano no
fuese vencido del tentador; sino que, venciendo Él, vencié­
semos también nosotros (1). jY esto, no te alienta?... Mas:
considera la ocasión, en que es tentado Jesucristo. ¡Oh!
en el retiro del desierto! No, cuando estaba en Naza­
reth... no, cuando hacia vida común con su Madre San­
tísima, y San José... sino en el desierto... y no al prin­
cipio de su retiro; sino después del largo ayuno de
cuarenta días... cuando tuvo hambre ( 2)... y estando en
oración, como observan los Santos Padres... ¿Y por qué
todo esto? ¡A.hl todo para ti, alma cristiana... para que
no extrañes, que te acometa el enemigo, quizás, con ma­
yor fuerza, al emprender el camino de la virtud... más
después de muchos años de trabajar para la perfección,
que no en sus principios... más en lá oración, que en
las obras manuales... más en el retiro, que entre el bu­
llicio del mundo... No; no debes extrañarlo, cuando esto
mismo sucede en Nuestro Divino Salvador... Pero ob­
serva, que Él no desampara el lugar... no se acobarda,
antes muestra gran valor. ¿Qué haces tú?... Medita, y
aprende...
P u n t o 2.°—Consideremos las tentaciones, que sufre Je­
sús en el desierto. Es verdad que Nuestro Divino Salva­
dor quiso experimentar toda tentación, como dice San
Pablo, sin incurrir en pecado (3); y ahora en el desierto,
por lo que indica San Lucas, dice San Agustín, y otros
Santos Padres, sufre muchas y varias tentaciones, para

(1) Ideo tentatus est Christu*, ne vincatur á tentatione christianus,


ut Illo Tincante, nos quoque vinceremus. (S. Aug.)
(2) E sariit. (M at., 4.)
(3) Tontatum por omnia, absquo peocato. (Hebr. 4.)
— 327 —
nuestro ejemplo; sin embargo, tres son las principales,
como nota San Mateo: La primera, es de gula, con el
pretexto de socorrer el hambre, dicióndole. el demonio,
que sí et Hijo de Dios concierta en pan las piedras, que le
presenta ( 1)... La segunda, de presunción, con pretexto
de confianza en Dios, diciéndole, que si es Hijo de Dios,
se eche abajo, desde lo más alto del Templo, adonde le ha
llevado, que Dios ya le enviará los Angeles para guar­
darle, y no recibir daño alguno (2)... La tercera, es de
amor á las riquezas del mundo, haciéndolas brillar
dolante sus ojos, y prometiendo dárselas, si le adora (3)...
Así es tentado Jesús por el demonio; y en estos tres ten­
taciones se incluyen las tres ralees de todo pecado, pues,
como dice San Ambrosio: en la primera tentación de
gula, está significada la concupiscencia de la carne; en la
segunda de precipitación, y presunción, la vanidad y so­
berbia; en la tercera de gloria y riqueza del mundo, la
acaricia (4). Estas son las tres concupiscencias de que
está lleno el mundo, como dice el Evangelista San Juán,
y con las que el demonio tienta á toda ciase de perso­
nas... ¿Lo oyes, alma cristiana?... Atiende, pues, que
no por seguir la virtud, te has despojado de las pasio­
nes de tu corazón... y si en Jesucristo no pueden des­
concertarle, porque no tiene pecado, ni raíz del mismo,
y no obstante exteriormente el maligno esptritu le tien­
ta, para moverlas, ¿qué no hará en tí, que abrigas en
tu corazón la raíz del pecado, esto es, la desarreglada
concupiscencia, que te ha quedado del pecado original,
y que continuamente te inclina á pecarf... ¡Oh!... vive
alerta... imita á Jesús, que sin necesidad, sólo para tu
ejemplo se retira... se mortifica... ora, para prevenirse

(1) Si Filius Dei os, dio ut lapides isti panes flant. (M at 4.)
(2) Si Filius Dei es, mitte te deorsum; scriptum est enim, quoniam
Angelis suis Deus mandavit de te, ut custodiant te. (Mat. id.)
(8) Omnia tibi dabo, si cadena adoraveris me. (id.)
(4) P rim a tantalio gulas, fuit coiicupiscentia cariiis; secunda pracipi»
tatioDis et prsesumptionis, fuit ostentationis et superbise; tertia g lo ria
et regnoram mundi, fuit avaritie, pariter, et snperbi». (S. Ambr.)
— 328 —
contra la tentación... Aprende de tan gran Maestro...
síguele, y podrás entonces exclamar: Señor, yo no te­
meré mal alguno, porque Tú estás conmigo (1)... ¿Lo
harás asi?...
Punto 3.°— Consideremos Analmente el modo, con que
jesús resiste la tentación. Á la primera, que es de gula,
en la que, como hemos dicho con San Ambrosio, está
significada la sensualidad, resiste con el desprecio, y la
mortificación de sentidos. El hombre, dice, no vive de sólo
pan, sino de toda palabra, que procede de la boca de
Dios (2), como que dijera: yo no trato de estas cosas
materiales, los sentidos son de Dios, y no han de vivir
á su gusto, sino según la disposición divina ¡Maravilloso
y eflcáz ejemplo de rosistencia á toda sensualidad! El
desprecio, la huida, esto es, dice San Juán Cllmaco, el
desoio de la cista, de la memoria, y consideración de las
cosas sensuales, es el modo de triunfar de la tentación...
Ahora, pues, ¿cómo te portas, alma cristiana, en estos
asaltos del enemigo? ¿Te paras en ellos?... andas en dis­
cursos y reflexiones?... entras en pláticas con el ene­
migo, y por otra parte complaces demasiado tus senti­
dos?... ¡Oh! te cansas en vano.... corres peligro... te ex­
pones á quedar vencida. Acuérdate de lo que dicen los
Santos Padres: el remedio, la victoria, en estas cosas, está
en la huida (3)... A. la segunda, que como dice el citado
San Ambrosio, es de presunción y ¡soberbia, resiste Jesús,
con una humildad profunda, y con el Santo temor de
Dios: Escrito está; dice, No tentarás & tu Dios y Se­
ñor (4), como que dijera: no debemos exigir do Dios
milagros, sin necesidad, sino humildes, usar en las
cosas los medios naturales, que Él nos concede, como
es bajar yo ahora de este lugar por la escalera, y no pre-

(1) Non timebo mala, quomnra tu mecum «a. (Ps. 22.)


(2) Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo, quod procedit
de ore Dei. (Mal. 4.)
(8) Sola fuga remedian. (Varii SS. P P .)
(4) Scriptum est: non ttntabis Dommum Deum tiium. (Mat. 4.)
— 329 —
eipiíarme (1)... ¡Bellísimo ejemplo de temor de Dios, que
odia el mal, la arrogancia, y la soberbia ( 2)... Hé aht lo
que debes hacer tú, alma cristiana, en las tentaciones de
presunción y vanidad... cuando te asaltan pensamientos
de que eres justa, de que eres digna del amor del Señor,
de que te conceda gracias singulares... ¡ahí humíllate,
y di con el Profeta: no tentaré al Señor (3)... Á la tercera
tentación de avaricia y soberbia á la vez, según el mismo
Santo Padre, resiste el Salvador con cierta indignación,
y absoluto desprecio del mundo: Apártale, Satanás, le di­
ce, escrito está, que sólo se debe adorar, y servir ai Señor
Dios nuestro (4); como que dijera: á sólo Dios se debe
adorar, y servir; no á tf, que eres principe del mundo
perverso, ni & todas sus vanidades. ¡Admirable ejemplo
de sugeción á Dios, que nos prohibe amar al mundo, y
las cosas, que son del mundo!... Esto, alma cristiana, es­
to es loque has de responder & toda sugestión de apego,
y afecto á las cosas mundanas; acuérdate, que está escri­
to: el mundo todo está poseído del espíritu maligno (5)...
¿Es éste tu comportamiento en las varias tentaciones,
que te acometen?... Examínate seriamente, y propon...
Coloquio.—Será dirigirse á Nuestro Señor Jesucristo,
implorando su auxilio en nuestras tentaciones, dicién-
dole con el Profeta: «Vuelve, Señor, y Dios mió, tu vista
»hacia mi, y escúchame benigno: Alumbra mis ojos, á
»fin de que no duerma yo jamás el sueño de la muerte,
»que es el pecado, no sea que alguna vez diga de mi el
«enemigo: He prevalecido contra ella» ( 6).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
(1) Non est necesse me precipitare ex pinnaculo, s«d per gradas dea-
»»nriere. (R. P. A. Lapide.)
(2) Timor Domini odit m&lum, arrogan ti am et superbiam. (Prov. 8.)
(3) Non tentabo Dominum. (Is. 7.)
(4) Vade Satana, scriptum est: Dominum Deum tuum adorabls, et
lili sol i eervies. (Mat 4.)
(5) Totus mundus in maligno positns est. (Joan. &.)
(6) Bespice et ezaudi me, Domine Deus meus: lllumina oculos rtieos,
ne unquam obdormiam in morte, nequando dicat inimicus meu&: Prae-
valui adversus eum. (P ». 12.J

22
- 330 —
Por último dar gracias & Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumpllrlos.=Luego el examen, ele.

HtlDlTJLCZOlT 10/
De los tres grados de humildad.

O r a c ió n L a de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io p r im e r o : Será representarse á Jesucristo ro­
deado de sus Discípulos, y de las turbas, diciéndoles á
todos: Aprended de mi, que soy manto, y humilde de
corazón ( 1 ).
P r e l u d io s e g u n d o : Será pedir al Señor luz para co­
nocer el verdadero espíritu de humildad, y gracia para
obtenerlo; diciéndole con el Y. Tomás de Kempis: «Con­
ciérten os, Señor, á Vos, para que seamos humildes, y
»devotos, pues en Yos estriba toda nuestra fortale-
»za» ( 2).
Punto 1.°— La primera manera de humildad, dice el
Santo, es necesaria para la salud cierna; es á saber: que
asi me baje, y asi me humille, cuanto en mi sea posible,
paraque en todo obedezca á la ley de Dios Nuestro Señor...
¡Ohl... ¡si penetráramos bien la verdad de esta manera,
ó de este primer grado de humildad!».. No olvides, alma
cristiana, las palabras del Santo: es necesaria para la
salud eterna... Es verdad, que el obedecer á Dios es cosa
debida, es cosa justa; pero hay en ello un excelente ejer­
cicio de humildad; por cuanto la tal obediencia incluye
la convicción de nuestro nonada, y la consideración y
reconocimiento del Sér Supremo, que es Dios... ¿Qué
es el hombre de sí mismo, sino vileza, miseria, nada?...
¿De quién es todo lo que tiene, todo lo que posee, en el
alma, y en el cuerpo?... ¿No es de Dios?... Es, pues, de
necesidad absoluta el sujetarse en todo, y por todo, á la

(1) Discito ¿ mo, quia mitis sum, et humilis corde. (Mat. II.)
(2) Conforto nos Domine ad Te, ut simus humiles et devoti, quia Tu
es fortitudo nostra. (Kem. 1. 8. ti.)
— 331 —
voluntad divina, y esto tan rendidamente, que, como
afiade el Santo, aunque me hiciesen Señor de todas las
cosas criadas de este mundo, ni por la propia oída tem­
poral, no sea en deliberar de quebrantar un mandamiento,
quier dioino, quier humano, que me obligue á pecado mor­
tal. Esta manera de humildad podemos decir, que es
nuestro centro, nuestra propia esfera; y el salirse de
ella, es pecar.es revelarse contra Dios... ¿Qué medio,
pues, hemos de practicar para conservarnos en ella?...
Observémoslo bien: atendido, que nuestros sentidos y pen­
samientos están inclinado» al mal ( 1), por la c^cu pis-
cencia, que nos proviene del pecado original, es nece­
saria gran violencia, guerra sin tregua & nuestras des­
arregladas pasiones, y malas inclinaciones; que es lo
quo dice Jesucristo: el Reino de lo» Cielos se alcanza á
cioa fuerza, y los que se la hacen á ti mismos, ton los que
lo arrebatan (2)... ¿Te persuades de esta verdad?... ¿Y
vivirás descuidada?...
P u n t o 2 . ° — La segunda, dice el Santo, es más perfecta
que la prlmtra, es á saber, si yo me hallo en tal punto,
que no quiero, ni me afecto más á tener riqueza, que po­
breza; á querer honor, que deshonor; á desear vida larga,
que corta; siendo igual servicio de Dios Nuestro Señor; y
salud de mi anima; y con esto, que por todo lo criado, ni
porque la vida me quitasen, no sea en deliberar de hacer
un pecado venial. Esta manera, ó grado de humildad po­
dríamos llamarle propio y necesario al alma, que aspira
á la perfección. Aunque en si, parte es de obligación, en
cuanto nunca debemos querer, ó cometer un pecado ve­
nial deliberadamente, por ser siempre ofensa de Dios, y
parte de consejo, por lo que mira á la indiferencia acerca
las cosas, que son de igual gloria de Dios, no obstante
para ti, alma cristiana, que estás obligada á aspirar á la
perfección, es necesario, que te esfuerzos en llegar á este

(1) Scdsus et cogit&tio humani cordi» prona sunt ad malum. (Gen. 8.)
(9) Reg na m ccelorum vim p&titnr, et violenti r&piunt i liad. (Mat. 11.)
— 332 —
grado. Observa, que dos cosas se te prescriben en ól:
desapego del corazón de todas las cosas criadas; y h o rro r
sumo al pecado venial deliberado. Y &tí te ha dicho Je­
sucristo, con santas inspiraciones, lo que al Joven del
Evangelio: vende lo que tienes, y sígueme ( 1 ), esto es,
despójate de todo afecto terreno, y sigue mis consejos.
Quiere el holocausto de tu corazón; y lo harás, dice San
Gregorio, si ofreces al Sefior tus haberes, tu vida, tus de­
seos (2); y lejos, entonces, muy lejos del pecado venial
deliberado, seguirás de cerca al Divino Jesús. Y esta re­
nuncia, y desapego de tí misma, y de todas las cosas
terrenas, es lo que constituye este grado de humildad...
¿Qué medio debes, pues, practicar para llegar á él? La
vigilancia sobre tu corazón, y un temor santo acerca tus
operaciones, al ejemplo del Santo Job, que decía: de to­
das mis obras tenia yo recelo para no ofender al Se­
ñor (3)... ¿Lo harás así?...
Punto 3.°—Z,a tercera , dice el Santo, es humildad
perfectissima, es á saber, cuando incluyendo la prim era
y segunda, siendo igual alabanza y gloria de la Divina
Magestad, por im itar y parecer más actualmente á Christo
Nuestro Señor, quiero y elijo más, pobreza con Christo
pobre, que riqueza; oprobios con Christo lim o de ello*, que
honores; y desear más ser estimado por vano, y loco, por
Christo, que primero fu é tenido p o rta !, que por sabio, ni
prudente en este mundo... ¡Qué sublimidad! ¡qué perfec­
ción!... Ya no se traía aqui, de indiferencia, ya no se
habla de combatir la rebelión de la naturaleza, sino de
obrar absolutamente, y en todo, contra la inclinación na-
tura l, puramente para más im itar y asemejarse á Jesu­
cristo ( i ) . Se trata de escoger lo más repugnante á la

(1) Vende qnna Imhen, et somiftio me. (M at. 10.)


(2) H»locausium est. «i quod liabes, si quod vivís, et quod sapis, Om­
nipotente Deo voveris. (S. Greg.)
<8; Vereliar omniu opera mett. (Joh. 9.)
|4) H¡<‘ iií»qno imUfTomitm, noque imputfnfttiono rebellionie conlentus
est, sed omnino in ouinilms agere contra natnrae incliDationem. idque
puto ob majorero Ohristi imitationem et similitudinem. (R. P. Roothaan.)
— 333 —
naturaleza, aún en cosas, como dice el Santo, que son
de igual alabanza y gloria de la Dioina Majestad. Se
trata de poner en práctica lo que dice en la Meditación
de la Conquista del Reino de Cristo, esto es, de hacer á
Dios oblaciones de mayor estima, y mayor momento, ha­
ciendo contra la propia sensualidad, contra el amor car­
nal, y mundano. Se trata finalmente de renunciar, aun
en las cosas, que son de mayor gloria de Dios, y al mis­
mo tiempo son agradables á los sentidos, renunciar,
digo, en cuanto al afecto, esta satisfacción, y gusto sen­
sible; purificando más y más la intención; y procurando
interiormente abrazarse con la Cruz de Jesucristo. Esto
es acompañar al Salvador que, como dice San Crisós­
tomo sobre aquello de San Pablo, propuesto que le fué
el goso, sostuvo la Crus ( 1 ), pudiendo hacer derivar la
gloria de tu alma beatifica á su cuerpo, prefirió recibir
en éste la Crus, y ser crucificado (2)... ¿Cuál, pues, será
el medio de Hogar á tanta sublimidad y perfección?...
¡Ay, alma cristiana!... El amor, y sólo el amor tierno á
Jesús Crucificado... el vivo y edcáz deseo de unirse á
Él, como San Pablo, que decía, que no se preciaba de
saber otra cosa, sino d Jesucristo, y Éste crucificado (3)...
Esfuérzate, pues, alma cristiana, esfuérzate á aspirar á
este altísimo grado de humildad. Atiende á lo que dice
el sabio P. Bellecio; si no aspiras á este grado, difícilmente
te conservarás en el segundo, y ni aún en el primero... ¿Y
no lo harías?...
Co l o q u io . — Aconseja el Santo, que se hagan los tres
coloquios de la Meditación de los Binarios, pidiendo que
el Señor Nuestro le quiera elegir en eMa tercera mayor
y mejor humildad, para mas le imitar, y servir, si igual
ó mayor servicio y alabanza fuere á su Dioina Magostad.

(1) Proposito 8¡b¡ gaudio sustinmt Crucem. (H ebr. 12.)


(2) Cuín posaet tiloriam el heaLihulinem aniinn» s u » in corpas deti
▼are, inaluit Crucem corporesuo excipere, et cruciílgi (S. Clirysos.)
(3) Non judien vi me scire aliquid, nisi Jesuin Christum, et hunc cru-
cifliura. (1. Cor. 2.)
— 334 —
Puedes decirle con el Y. Tomás de Kempls: «Sefior Je-
d s ú s , como lo dijiste, y prometiste, asi se haga, y yo lo

«merezca. Recibí de tu mano la Cruz, la llevaré hasta


ola muerte, así como tú me la pusiste. He comenzado,
«no debo tornar atrás, ni conviene que la deje» ( 1).
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

M DE LAS MED1TACI0KES DE LA SEMINA SEMANA.

(1/ Domine Jesu, aicut dixisti, et prouiissisli, sic ulique Hat, et m ibi
promerari contingat. Suscepi de manu tua crncem, portal>o eam usqne
ad mortem, sicut imposuisti milii. Incaeptum est, retro abire non licet,
nec relinquere oportet. (Kem. 1. 3. 56.)
APÉNDICE
D E A L G U N A S M E D IT A C IO N E S
P A R A IN TE R C A LA R LA S EN SU LUGAR CORRESPONDIENTE,

pertenecleitea i oto secnndi Semua,


P B O P IA S P A R A PEBSO NAS B E LIG IO SA S.

BID ITA C IÓ N 1/
De la vocación de los Apóstoles, modelo de la
vocación religiosa.

O r a c ió n p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P reludio primero : Será representarse á Nuestro Se­
ñor Jesucristo, en el acto de escoger de entre sus Dis­
cípulos, á doce por Apóstoles suyos.
P reludio segundo : Será pedir al Señor luz para co­
nocer la grandeza de la vocación religiosa; y gracia
para saber corresponder fielmente á la misma, dicién­
dole con el V. Tomás de Kempis: «¡Ojalá, Señor, pueda
»y o serviros dignamento, todos los días de mi vida!» ( 1).
P uñto 1.°— Consideremos la grandeza del beneficio de
la vocación, con respecto á Dios. Dice el Evangelio: que
Jesús pasó toda una noche ert oración ó Dios, y que ai lle­
gar el dia, llamó á sus Discípulos, y de entre ellos, escogió
á doce, á quienes dió el nombre de Apóstoles (2). Hé ahí

(1) Utinam, Domine, cunctis dietas vitse mese tibi dignum servitium
exhibere possim. (Kemp. 1. 3. c. 10.)
(2) E ra l pernoctans in oratione Dei, et cum dies factas esset, Toc&vit
Discípulos suos, et elegit duodecim ex ipsis, quos et Apostoloa nomi-
narit. (Luc. 6.)
— 336 —
la ooeaeión Apostólica!... toda, y enteramente divinal!
La principal acusa de la oración de Jesús, dice un expo­
sitor sayrado, fuá para suplicar al Padre Celestial, que
de entre sus di icipulos designase Él, y eligiese doce, para
el ministerio Apostólico (1)... ¡Qué grandeza! [Designa­
dos, elegidos por el Padre eterno!... fruto de la oración
de Jesús!!... ¿Te admira, alma religiosa, esta grandeza,
esta sublimidad de la ooeaeión apostólica?... jA.li! vuel­
ve los ojos en tt... considera atentamente ¿quién te ha
llamado?... ¿quién te ha escogido de entre la multitud,
y te ha colocado en la Religión?... y escucha al mismo
Dios, que te dice por Isaías: Yo, el Señor, yo soy Él que
te ha llamado... Yo, el Supremo Hacedor de todas las
cosas... el Sér infinito por esencia... que para nada ne­
cesito de U... Yo soy Él que por sola mi Bondad he
puesto los ojos en ti... te he escogido entre millares por
sieroa mía (2)... ¡Oh, grandeza de la ooeaeión religio­
sa!... No, no es ésta efecto de lisonjas, y deseos, dice otro
expositor, no es por gracia alguna natural, ni por propio
mérito, sino, como dice San Pablo, obra solo es de la M i­
sericordia Divina (G). Si, asi 63, alma religiosa, tu vo­
cación , es efecto del amor divino... es fruto de los mé­
ritos de Jesús.... ¿Lo reconoces asi? ¿Cómo, pues, co­
rrespondes á una gracia tan singular? ¿Puede el Señor
alabar tu fidelidad como la de los Apóstoles, cuando
les dice: Vosotros sois los que, á pesar de las tribulaciones,
habéis permanecido fieles conmigof (4)... Examínate...
mira bien lo que debes hacer, para corresponder digna­
mente á la bondad divina... Acuérdate, que amor, con
sólo amor se paga...
P unto 2.°— Consideremos la grandeza del beneficio

(1) Propria orationis nocturna causa fuit, ut per eam rogarat Patri,
ut á Discipulis, duodecim Apostolos designaret, eosque deligeret. (R. P.
A Lapide.)
(2) Ego Dominue voca\i te... eervus m c u sc s tu, ologi to. (Is. 41 et42.)
(8) Non ex studio blandientium, non ex naturali aliqua virtute, aut
ex nostro mérito; sed opus est miserentis Dei. (R. P. Gordoni.)
(4) Vos estis qui perm&nsistis mecum in tribulationibus. (Luc. 22.)
— 337 —
de la vocación con respecto al estado. Apóstoles llama el
Seflor á los doce, que elige ( 1)... (Apóstoles!... Estado
ciertamenle el más elevado, que puede darse... ^Familia­
res de Cristo! [Legados de Cristo!!!... preferibles, dice
Santo Tomás, por este estado, á todos los demás Santos,
cualquiera que sea la prerogatiea de que gocen, ya de vir­
ginidad, ya de doctrina, ya de martirio, por tener con más
abundancia los dones del Espíritu Santo (2). ¡Qué eleva­
ción de estado!... ¿Y no pasa en ti, alma religiosa, cosa
semejante, por el estado, que profesas? ¿No te vós encum­
brada á la alta dignidad de familiar... de Esposa de Je­
sús?... ¿No te ha elevado con esto el SeDor sobre todas
las grandezas del mundo?... ¿Qué tienen que ver éstas,
comparadas con la tuya?... Ellas miran solamente al
exterior, el cuerpo... la tuya está en tu interior, en el
alma (3)... aquellas son transitorias... la tuya es perma­
nente, es eterna (4)... aquellas son mundanas... la tuya
¡oh! es casi divina... eres por tu estado, Esposa del mis­
mo Dios... intermediaria, cual otra Esthér, para, con
la práctica de las virtudes, y tus fervientes oracio­
nes, aplacar la justa indignación divina... ¡qué gran­
deza! ¡qué dignidad! No, no puedes comprenderla...
debes si humilde admirarla... David se pasmaba, vién­
dose yerno de Saúl, Rey terreno, iquién soy yo, decía,
para llegar á ser yerno del Reyf (5)... y tú, ¿no te admi­
rarás viéndote Esposa de Dios, Rey del Cielo, y de la
tierra, de los Angeles, y de los hombres?... ¡Ahí mira
bien, que aprecio has de hacer de tu estado... ¡Ay de tí,
si lo degradas! si te haces indigna de éll! Acuérdate,
quo de entre los Apóstoles, uno, Judas, no correspon-
pondió, se olvidó de lo quó era, y se perdió... ¿Qué has

(1) A.pos tolos nominavit. (Luc. 6.)


(2) Apostoli sunt ómnibus aliiB Sanctis, quacumque prorogativa
prsfulgeant, sive yirginitatis, sivo doctrina, si ve martyrii, prseferendi,
tamqunm abundantíus Spiritum Sanctum habentes. (D. Tli. io Rom.)
(#) 0mni9 gloria cjus ab intus. (Ps. 44.)
(4) Sponsabo te mibi in sempiternum. (Osese. 2.)
(5) ¿Qúis ego 8um, ut flam gener Regis? (1. Reg. 8.)
— 338—
hecho hasta el presente?... ¿Hay algo, que enmendar en
tu comportamiento?... Examínate, y propon...
P u n t o 3.°—Consideremos la grandeza del beneficio
de la ooeaeión con respecto á la propia persona. Doce
escogió el Seflor entre todos sus Discípulos, para la Dig­
nidad Apostólica... ¿Y quiénes eran estos? Atiende, dice
el P . San Ambrosio, que lot que Uama, g elige el Señor
ton pescadores, ton publícanos, esto es, de baja condición,
de oficio humilde, y algunos, pecadores... y no obstan­
te los elige Apóttoles suyos... los coloca en el más su­
blime estado (i)... [Oh! ¡cuánto engrandece el beneficio,
esta circunstancia!! De hombres rudos, ignorantes, des­
conocidos, hacerles lumbreras del mundo//... constituir­
les sal de la tierra! (2)... para condimentar, dice el P.
San Gregorio, lot entendimientos de los hombres... Es
ciertamente tanto más grande el beneficio, cuanto más
insignificante es el agraciado... ¿No lo conoces así, alma
religiosa? Considéralo, pues, esto en tí misma, en tu
vocación... ¿Te has olvidado, por ventura, de lo que
eres? ¡Ay! polvo, ceniza, nada... Pero, menos todavía,
has sido pecadora... ¡Oh!... ¡pecadora!... tú lo sabes...
y quizás, gran pecadora!... Por tú nada, no eras digna
detestado, en que te hallas... y por ser pecadora, eras
del todo indigna del mismo... y no obstanto, lo profo­
sas... Dios te ha llamado, y te ha pue9to en él... ¡Qué
grandeza de beneficio!!... Dios, á quién nada se oculta,
veía tu indignidad... tu abyección... y de vaso de igno­
minia, te ha hecho vaso de honor... y no contento con
perdonarte, te ha elevado á la dignidad de Esposa su­
ya!!... ¿To persuades de la grandeza del beneficio?...
Mira bien la distancia, que media entre pecadora, ene­
miga de Dios, y... ¡esposa de Dios!... Y tú has salvado
esta distancia, no por tus méritos, si tan sólo por
un rasgo infinito del amor divino!!... ¿Qué retribuirás,

(1) Adverte piscatores et publícanos eligí, et Apostolos nominari.


(S. A m br.)
(2; Vos eatift lux mnndi: voa aatis sal te rr». (Mat. 5.)
— 339 —
pues, al Seflor?... ¿Qué debes hacer en su obsequio?...
Coloquio.—Será dirigirse al Divino Jesús, dándole
gracias por el beneficio de la vocación religiosa, y pro­
testarle de querer serle fiel en su servicio, hasta el últi­
mo aliento de la vida, diciéndole con el V. Tomás de
Kempis: «¡Oh fuente perenne de amorl ¿cómo puedo ol­
v id a rm e de Tí, que te has dignado acordarte de mi?
oNunca jamás he de cesar de alabarte. Así lo quiero,
»así lo deseo, y lo que me falta, ruógote, quo lo suplas
»con tu misericordia» ( 1 ).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen) etc.

HIDIT1CZON 8.a
De tres gracias singulares en la Tocación religiosa.

Oración p re p a r a t o r ia : La de costumbre.
Preludio primero : El mismo de la meditación anterior.
P reludio segundo : El mismo de la meditación anterior.
Punto l . ° — Consideremos la primera grada en la vo­
cación religiosa, que es: gracia de elevación. El Evange­
lista San Juán dice en el Apocalipsis, que oió á Jesús,
Cordero de Dios, como le llama repetidas veces, que esta­
ba sobre el monte de Sión, y con Él, ciento cuarenta y cua­
tro mil, esto es, según muchos expositores santos, un
número indefinido, que en sus frentes tenían escrito su
nombre, y el nombre del Padre Celestial, y que eran Vír­
genes (2). Esto, según los Santos Padres, se entiende
primariamente, de los que aparecerán en los últimos

(1) |Oh fon8 amorí8 perpetuit ¿Quomodo possum Tai oblivisci, qui
mci dign&tus es recordari? Num quam in laudibus tais debeo fastidire.
Sic volo, sic desiderc; et quidquid mihi deeet, Tu digneris supplere.
(Ketn. 1. 3, 10.)
(2) Et vidi: et ecce Agnus stabat supra montem Sion, et cum eo een-
tum quadraginta quatuor millia, habentes nomen ejiis et nomcn Patria
ejus scrlptum iu frontibus suis... virgínea enim sunt. (Apoc. 14.)
-3 4 0 -
tlempos, para oponerse al dragón infernal, y á su pre­
cursor el Anticristo; pero, secundariamente, se aplica
al estado religioso, monte santo, donde habita el Corde­
ro sin mancilla, rodeado de las almas, que se lian con­
sagrado á su servicio y le siguen de cerca (1). Ellas son
los lirios, en que se apacienta, esto es, se complace el
Señor, como se lee en los Cánticos (2): y como interpreta
San Gregorio, entre las almas castas (3). Por esto San
Cipriano llama á las Religiosas: flores del Jardín de la
Iglesia, adorno de la gracia divina, región superior de la
espiritual alegría. ¡Qué felicidad!... N ote olvides, alma
religiosa, de esta elevación del monte santo, en que es­
tás, y en donde, como dice Santo Tomás, se encuentra
el trato familiar con Dios Nuestro Señor, y la prontitud
de ánimo para el ejercicio santo de las virtudes... Ahora
bien; ¿qué corresponde á esta gracia de clcoaciónf Te lo
dice el mismo Espíritu Santo; el ejcrcieio continuo déla
humildad {i), sobre lo que dico el P. San Agustín: la
medida de la humildad la tienes en tu misma grandeza (5).
Si pues eres grande por tu estado, debes por tu Indigni­
dad humillarte liasta lo profundo... ¿Es asi cómo te por­
tas? Acuérdate de la sentencia del V. Tomás de Kempis:
Es la religión un lugar, en que nadie puede estar, si no
quiere de todo corazón humillarse (6)... Examínate, y
propon...
P u n t o 2.°— Consideremos la segunda gracia en la oo-
cación religiosa, que es: gracia de preservación. El Santo
Profeta David, reconocido á las misericordias del Seflor,
exclamaba: Alargóme el Señor desde lo alto su mano,
sacóme de la inundación de muchas aguas, púsome en lu -

(1) Sequnntnr Agnum quocumque ierit. (Apoc. 14.)


(2) Qni pascitur ínter lilía. (Can. 6.)
(3) Inter lilía pascitur, qui proculdubio animarum castitate delecta-
tur. (S. Greg.)
(4) Qaanto inagnue es, hnmilia te in omtiibu». (Eccli. 3.)
(5) Mensura luimilitatis, ex mensura magniindinis data est. (S. Aug.)
(6) Hic, in Religione, netno potest staie, uísi ex toto corde se voluarit
humillare. (Kem. 1. 1, 17.)
— 341 —
gar seguro, y saleóme por un efecto de su buena voluntad
para conmigo ( 1); estoes, como interpreta Belarmino,
me ha salvado de tanto», y tan inminentes peligros ( 2)...
¿Y no es esto lo que has de exclamar tú, alma religiosa,
en agradecimiento á tu vocación?... La mano del Seftor
te ha sacado del cenagal del mundo, y te ha puesto en
el asilo santo de la Religión, donde estás preservada de
muchos, y grandes peligros... En el mundo, como dice
San Juán, reina el espíritu maligno (3), no rigen en él,
sino las tres concupiscencias, de soberbia, de acaricia, de
lujuria (4). Es el mundo, como vió en espíritu el grande
San Antonio Abad, un campo lleno de lazos y peligros...
á cada paso se tropieza con pesares, y disgustos... se
levantan por todas pai tes inquietudes, y zozobras... en
una palabra, es el mundo para el espíritu, región de ti­
nieblas... ¡Y de lodo esto te ha preservado el Señor) con
la vocación religiosa! ¡Qué gracia! jqué beneficio!...
¿Cómo debes, pues, corresponder á esta gracia tan sin­
gular de preservación^ ¡Ahí con la continua vigilancia
sobre ti misma... Advierte, que todavía hay un mundo
dentro de tí, del que no has podido desprenderte, en­
trando en Religión; este mundo, son las afecciones terre­
nas, los hábitos contraídos, las inclinaciones mundanas,
que ¡bien lo sabes! te acechan de continuo, y se empe­
ñan en sufocar en tí, el espíritu religioso... Vela pues,
sí, vela, y ora, te dice Jesucristo, para que no seas presa
de la tentación (r>)... ¿Lo haces asi?... ¿Cómo vives?...
Punto 3.°—Consideremos la tercera gracia en la voca­
ción religiosa, que es: gracia do consagración... En la
antigua Ley había los llamados Nazareos, esto es: Santos
para el Señor, como se escribe en el libro de los Nüme-

(1) Missit do mínimo ot accopit me, ot oeaumpsit mo do aquin multis,


eduxit me in latitndinem, salvum me fecit quoniam voluit me. (Ps. 17.)
(2) Sftlvwm me fecit ¿ tot imminentibus periculis. (Belarm.;
(3) Totus mundus in maligno positus est. (1.a Joan. 5.)
(4) Omne quod est in inundo, concupiscentia carnisest, et concupisccn-
tia ocnlornm, et Hiipnrhia vitm. ( I . íp. Joan.2.)
(5) Vigila te et orate, ut non intretis in tontationem. (Mat. 26.)
— 342 —
ros ( 1): separado» del común de la vida, y costumbres de
los demás, como dicen los Santos Padres (2). Señal ó f i ­
gura, dice el P. San Gregorio, de la vida religiosa de la
Ley de gracia (3). ¡Oh! ¡Consagrados al Señor! iSantidea­
dos!... ¡qué gracia tan singular, alma religiosa!!... No,
no era para todos los judíos la gracia del Nazarea to, si
tan sólo, para los que se sentían llamados á vida con­
templativa, y penitente... tampoco lo es en la Ley de
gracia la vocación á la vida religiosa... es esta una gra­
cia singular, para ciertas almas, de comagración al
Seflor, y de propia y especial santificación... Y tú, alma
religiosa, por la misericordia del Señor, la has alcanza­
do!!... ¡Eres toda de Dios!/... Por esta nobilísima cir­
cunstancia, el Santo Profeta Jeremías llama & los Nasa-
reos, más blancos, que la nieoe; más lustrosos, que la leche;
más rubicundos, que el marfil antiguo; y más bello», que el
záfiro (4). Y esto es cabalmente lo que se verifica en tí,
dice un sabio expositor, con los tres votos, con que te
has consagrado á Dios: en la nieoe y en la leche, dice,
está significada tu castidad; en el marfil antiguo, la con­
tinua y absoluta obediencia; en el záfiro, que es de color
celeste, está representada la pobreza, que estriba su espe­
ranza en sólo Dios (5). Y estos votos han sido aceptados
por el Sefior, y con esto te ha hecho toda suya... ¡Qué
gracia! ¡qué amor! En verdad puedes exclamar con la
Esposa de los Cantares: M i Amado es iodo para mi, y yo
soy toda para mi Amado (6). Escucha al V. Tomás de
Kempls, que dice: El estado religioso hace al hombre igual

(1) Sanctus erit Domino. (Num. 6.)


(2) Separati á commuai hominum consuetadine, et vivendi ratione.
(Vai-ü SS. P P.)
(3) Nazar®i, Religiosorum nostrorum vitam prsesignarunt. (S. Greg.)
(4) Nazareei, candídiores nive, nitidiores lacte, rubicundiores ebore
aoliquo, saphiro pulchrlores. (Thren. 4.)
(5) In nive et lacte eignifleuiur religiosa castitas, in ebore antiquo
Jugis et fortis obedientia, in zaphiro paupertas, qua spem in solo Deo
deflgit. (R. P. A Lapide.)
(0) Dilectus meus mihi, et ego lili. (Cant. 2.)
— 343 —
á los Angelest apacible A Dios, terrible á los demonios; y
de todos los fieles alabado. Trabajo, digno de ser abraza­
do, y siempre apetecido, con el cual se merece el sumo bien,
y se adquiere el gozo, que durará para siempre, y sin
M U ) ' ¿Cuál debe ser pues tu correspondencia?... [Ahí
no: no haces lo que debes, si no amas... si no despren­
des tu afecto de todas las cosas, y de tí misma. Dios9y
sólo Dios ha de ser el dueño de tu corazón, y tu herencia
perpetua. Ni en el Cielo, ni en la tierra ha de haber para
ti cosa apetecible, cosa amable, sino sólo Dios (2). ¿Lo ha­
ces así?... ¿Qué afectos te dominan?... ¿Qué debes elimi­
nar do tu corazón?...
C o l o q u io . — Será el mismo de la meditación anterior.
Se concluirá con.un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumpiirlos.=Luego el examen, etc.

P IÍ DEL APÉNDICE DE LA SEGUNDA SEMANA.

(1) |0 ssinctiig et nacer status religiosi famulatos, qui homioem Angelis


reddit sequalem, Deo placabilem, doemonibus terribilem, et cunctis flde-
libus commendabilemt O amplectendum, et semper optandum servitium,
quo summum promeretur bonum, et gaudlum acquiritur sine flne man*
eurum. (Kem, 1.8, e. 10.)
(2) ¿Quid mihi est in cáelo, et á Te quid volui super terram? Deus
cordis mei, et p&rs mea Deus in nternum. (Ps. 72.)
/
TERCERA SEMANA, .

mií&oionu
PARA LA TERCERA SEMANA.

HBD1T&CI0N 1.a
De la ida de Jesús, de Betania á Jerusalén.

Oración p re p a ra to ria : L a de costumbre.


P r e l u d io p r i m e r o : Será recordar en resúmen, la his­
toria de como el Señor salió de Betania con sus discí­
pulos, y se dirigió á Jerusalén, montado primero en
una asna, y después en un pollino, entrando asi triun­
fante en la Ciudad, entre las aclamaciones de las turbas.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será figurarse vér á Jesús sentado
sobre una asna, acompañado de sus discípulos, y ro­
deado de las turbas, que con ramos y palmas, y ex­
tendiendo por tierra sus vestidos, le aclaman por el
Mesías enviado de Dios.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir conocimiento Intimo
del Salvador, y de los sentimientos de su corazón; y
gracia para seguirle de cerca, ó imitar sus virtudes, di­
ciéndole con la Esposa de los Cantares: «Atraedme,
-3 4 5 -
»Sefior; y siga yo en pos de Vos, al olor de vuestros
«aromas» (1).
Punto 1 .°— Consideremos la humildad, y pobreza, que
acompaña á Jesús, en medio de su triunfo. Dioe el Evan­
gelio: Acercándote Jesús & Jerusalén, envió á dot de tus
discípulos, dicióndoles: id á esa aldea, que se vé enfrente
de vosotros, y luego encontraréis una asna atada, y su
pollino con ella; desatadlos, y traédmelos ( 2), y añade
el texto, que asi lo hicieron los discípulos; y echan­
do sus vestidos sobre aquellos dos animales, le hicie­
ron sentar primero en el asna, y después en el pollino,
como dicen varios Santos Padres, y asi se dirigieron
á la Ciudad. (Quién no se pasmal!... Jesús quiere hacer
una entrada triunfal en Jerusalén... quiere manifes­
tarse lo qué es. Rey, Mesías, el Deseado de las gentes,
y vá montado, no en soberbio caballo, no en esplén­
dida carroza, sino montando, ya una asna, ya un
pollino!... En medio de la gloria, se presenta pobre...
entre las ovaciones, se manifiesta manso y humilde/ Es
el Rey profetizado por Zacarías: hé aquí que viene tu Rey,
y viene pobre, manso, montado tobre una asna, y un po­
llino (3). Y los jaezes, que adornan estos animales, son
los vestidos, las capas de los discípulos (4), vestidos sen­
cillos... pobres... Y estos admite el Sefior... y con estos
se gloría... y con estos triunfa... |Qué misterio!!... Pero
¡qué lección para tí, alma cristiana!... Jesús, que es Rey,
que es Dios, para quien todo es poco, y á quien todo se
debe, desprecia las vanidades mundanas, y te ensefla,
que la gloria verdadera se cifra en la humildad, y pobre­
za... y tú, ¿ quien nada se debe, y para quien todo

(1) Trahe me: post te curremim in odorem nnguentorum tuorutn.


(Can. 1.)
(8) Cum appropinquasset Hierosoljmis missit dúos discípulos dicens:
Itft in castellum quod contra vos est, et stAtirn invenielis asinam alli -
gátam, et putlum cum ea, solvite, et adducite mibi. (Mat. 21.)
(8) Ecce Rex tuus venit tibi, ipse pauper et mansuetas, sedens super
asinam et pullum. (Zacb. 9.)
(4) Imposuerunt super eos vestimenta sua. (Mat. SI.)
23
-3 4 6 —
63 demasiado, ¿buscarás las vanidades... te engreirás,
si en algo te vós ensalzada?... ¿buscarás adornos, afe­
minaciones?... ¡Qué vergüenza!!... |Oh! [Si los afectos
de tu corazón, bien que pobres, fuesen sencillos y hu­
mildes! ¡cuánto se gozaría en ellos el Señoril... Escucha
á un devoto expositor, que te dice: El Señor quiere re­
posar en una asnilla, esto es, ea el alma humilde, mansaf
obediente, sufrida, y que se resigne enteramente á su vo­
luntad ( 1)... Ea, reconócete una pobre asnilla, como
David, cuando decía: Señor, soy como un jumento delante
de Vos ( 2)... y ofrécete así al Señor, adórnate con los
vestidos de humildad, mansedumbre, sencillez, puresay
y desprendimiento de lo terreno... y no lo dudes, el Se­
ñor reposará en tí, reinará, y triunfará contigo. Resuél­
vete, y propon...
Punto 2.°—Consideremos el comportamiento de las
turbas, al acercarse Jesús á Jerusalén. Tres cosas nota
el Santo Evangelio, que hacen aquellas gentes, saliendo
al encuentro de Jesús. Le reverencian, le alaban, le glo­
rifican. Le reverencian, como á Rey; le alaban, como á
Triunfador y Salvador; le glorifican, como á Mesías 6
Enviado de Dios. Le reverencian; gran muchedumbre de
gentes extienden sus vestidos por el camino, y esparcen
también por la tierra hojas de los Arboles (3); como para
honrar á un Rey, dice el P. A Lapide, suelen entapizarse
las plazas, y sembrarlas de flores (4). Le alaban; cogen
ramos de palmas, y salen á recibirle (5): la palma es la
señal de triunfo, y así le aclaman, y le acompañan á la
Ciudad, confesándole Salvador de su pueblo, y Triunfa­
dor de sus enemigos. Finalmente tanto los que le preces

(1) Dominus insidet asín®, id est anim » humili, miti, obedienti, pa


tienti, quee se toti Christo sessori resignet. (R. P. A Lapide.)
(2) Ut jumentum factus sum apud Te. (Ps. 72.)
(8) Plurima turba straverunt vestimenta sua in via,... frondes de
arboribus stemebantin vía. (Mat. 21. et Mar. 11.)
(4) Uti solent platea ad honorandum Regem inaterni tApetibua et
floribus. (R. P. A Lapide.)
(5) Acceperuut ramos palmarum, et processerunt obviam Ei. (Joan. 12.)
-3 4 7 -
den, como los que le siguen le glorifican como á Mesías
prometido, clamando en altas voces: Salud, y gloria al
Hijo de David: Bendito sea el que viene en nombre del Se­
ñor ( 1 ). ¡Oh! ¡qué afectos tan sinceros, y elevados, los de
aquellas turbas!... Nada les arredra... ni la ira de los fa­
riseos... ni el decreto de ser echado de la Sinagoga el que
confesara á Jesús por el Mesías (2); nada les detiene, le
acompañan en su triunfo, y así entran en la Ciudad...
¿Lo ves, alma cristiana? ¿Y es este tu comportamiento
para con Jesús? Mira, que á ti también se dice: hé aM que
d ti viene tu Rey... viene en el Santísimo Sacramento...
viene en las inspiraciones... viene en los avisos, en los
buenos ejemplos... y viene para reinar en tu corazón,
quiere ser su Rey... ¿Cómo le reverencias? ¿cómo le aco­
ges?... viene como Salvador tuyo ¿le alabas? ¿Se lo agra­
deces?... viene como Dios, ¿le reconoces? ¿le glorificas?
¿te humillas?... ó más bien ¿eres esclava de los respetos
humanos? ¿temes el qué dirán, si sigues el camino de la
virtud, de la perfecciónf ¡d i! que entonces eres del par­
tido de los fariseos enemigos de Jesús, no de las turbas
sencillas, y humildes, que siguen de cerca al Salvador...
Examínate, y propon.
Punto 3.°—Consideremos lo que hace Jesús, en medio
de su triunfo. Dice el Sagrado Evangelio, que Jesús vien­
do la Ciudad llora sobre ella (3). ¡Oh! y llora Jesús entre
las aclamaciones... las alabanzas... el triunfo!... ¿Qué
significan esas lágrimas en el fervor de los aplausos?...
Vé la Ciudad, y sus habitantes, dicen los Santos Padres
Cirilo, Beda y otros, y en ella vé tres cosas, que le
ontristccon, y quo á pesar de la gloria, quo 1c rodea, le
obligan &llorar: vé la ceguedad del pueblo judio, la du­
reza de su corazón, y su negra ingratitud, y llora por la
(1) Turba quae prseibant, et quaa sequebantur clamaban t, dicentes:
Hosanna Filio David: Benedictas qui venit in nomine Domini.
(Mat. 21.)
(2) Si quia Eum confltarAtnr esse Christum entra synagognm fieret.
(Joan. 9.)
(8) Videns civitatem flevit super illam. (Luc. 19.)
— 348 —
vehemencia del dolor ( 1)... por los castigos, que se les es­
peran; y para que se reconozcan, se los anuncia clara­
mente con estas palabras: vendrán días sobre ti , en que
tus enemigos te circunvalarán con trinchera, y te estre­
charán por todas partes, y te arrastrarán d tí, y á tus
hijos, porque has desconocido el tiempo, en que Dios te ha
visitado (2). Asi á la ceguedad le corresponde la apari­
ción del día funesto, en que ha de verse rodeada de
enemigos aquella famosa Ciudad; & su obstinación, y
dureza, la estrechez del hambre, y miserias á que se verá
reducida, como interpreta el P. A Lápide (3); y á la in­
gratitud, la total destrucción de ella, y de sus hijos; y
todo, por no reconocerle por su Rey, por su Seflor, y
por su Dios... Y tú, alma cristiana, ¿has dado, y das mo­
tivo también & esas lágrimas divinas? Mira que, como
dicen los Santos Padres, Jesús viendo la Ciudad, vió en
ella representado todo el mundo... viendo los pecados
de aquella, vió en ellos los de todos los hombres... vió
los tuyos... ¡ay! y llora por tí, por tu ceguedad, en ol­
vidarte de Él... por tu obstinación, en no haccr caso de
los avisos... por tu ingratitud, en no corresponder fiel­
mente á sus inspiraciones. ¡Oh! que si ahora no cono­
ces los días de tu visitación, esto es, los días de tu vida,
en sentir de San Gregorio, en que el Sefior te visita, ven­
drá el dia de ta muerte, en que caerán sobre ti las mis­
mas calamidades de aquella Ciudad; entonces te circuirán
por todas partes los enemigos, que son los demonios, te ten-
. taran, y te estrecharán, y te arrastrarán á, tos tormentos
del infierno, quedando asi disipada la construcción de las
piedras de tus pensamientos (4). Vive, pues, apercibida...

(1) Deflevit üierosolimitanorum caecitatem, obdurationem et ingra-


titudinem, et hoc ex doloria vehementia. (Varii SS. P P .)
(2) Venient dies in tef et circumdabunt te inimici tui vallo et coan-
gu8tabunt te undique, et ad terram prosternent te, et fiUos tuos, eo
quod non cognoveris tempus visitationis tuse. (Luc. 19.)
(8) A.d maximas famis et ¡arumnarum angustias redigent. (R. P. A
Lapide.)
i4) Hfflc omnia in morta contiagent anim®, qua voluptatibus serviyit:
-3 4 9 —
no desperdicies el tiempo que el Sefior te concede, y en
que te llama, para que le recibas, le honres, le ames, y
te entregues enteramente á Él.
C o l o q u io . — Será dirigirse al Divino Jesús, arrojándose
á sus piés, y haciéndole una total entrega de tí misma,
de tu honra, de tu salud, de tu vida, pidiéndole que lo
disponga todo, según su voluntad, mientras que con
Él puedas triunfar eternamente, diciéndole con San
Agustín: «Señor, aqui abraséis, aquí cortéis sin com­
p asión , mientras eternamente me perdonelso ( 1 ).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para curapllrlos.=Luego el examen, etc.

MXDXTACI0N 8.a
De cómo Jesús lavó los piés á sms Apóstoles.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

p r e l u d io p r im e r o : Será recordar en resúmen la his­


toria de cómo Jesús, después de haber celebrado con
sus Apóstoles lacena legal, se levantó de la mesa, y
dejando los vestidos de ceremonia, que, como dice el
P . A Lápide, se ponían para la cena sobre los vestidos
propios, se ciñó una toalla, y echando agua en un le­
brillo, se puso á lavar los piés de sus Apóstoles, lim­
piándoles con la toalla misma, de que estaba ceñido.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será representarse á Jesús pos­
trado á los piés de sus Apóstoles, lavándoselos con la
mayor ternura y caridad.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedir al Señor conocimiento
vivo de su humildad y caridad; y gracia para saber

tune «tomones undique eam cingunt, t.ntant et coangustant, et ad lar-


tara rapiunt... omnis illa lapidum, id est cogitationnm suarum con-
structio dibBipatur. (S. Greg.)
(1) Domine, hic uro, hic seca, hic non pareas, modo in oternum
parcas. (S. Aug.)
— 350 —
Imitarle en estas virtudes, al propio tiempo que pedirle
se digne lavar nuestras almas de la sordidéz del pecado,
diciéndole con el Profeta: «Lavadme, Seflor, m&s y más
ode mis iniquidades, y purificadme de toda mancha de
«pecado» ( 1 ).
Ponto 1.®— Consideremos primeramente lo que obra
el Señor antes del Lavatorio; pues, como dice San Buena­
ventura, hemos de considerar bien todos los actos de Jesús
en este misterio, y hemos de admirarnos de todo lo que está
obrando (2). Dice el Sagrado Evangelio: Jesús se leoanta
de la cena, deja sus vestidos de ceremonia, toma una toalla
y se la ciñe, echa agua en un lebrillo (3)... ¡Y todo esto
lo hace por ti mismo, sin que le ayude persona algunai
como observa el P. San Crisóstomo (4). jOh! ¡Cómo
practica aquí lo que habla dicho: que no habla venido
para ser sereido, sino para seroir (5)... y añade el eitado
Padre, que todo esto lo hace el Divino Jesús para nues­
tra instrucción y enseñanza, para manifestarnos cuan de
buen grado, con cuanto cuidado, y diligencia hemos de
aeroir & los demás (6). Es un ejemplo de humildad pro­
fundísima, y de caridad excesiva. Se inclina, dice ol
Doctor Seráfico, se inclina la Majestad infinita, y Maes­
tro de la humildad hasta los piés de hombres pescadores,
y está encornado, y arrodillado delante de los Discípulos,
que están sentados! (7)... ¡Qué lección para ti; alma C ris­

ti) Amplius lava me, Domine, ab iniquitate mea, et & pcccato meo
munda me. (Ps. 50.)
(2) Considera bene singulos actúa in hoc mysterio, et cum admira-
tione conspira qure geriintur. (S. Bonav.)
(3) Surgit á cana, et ponit vestimenta sna, et cum aceepisset lin-
team, precinxit se, et mittit aquam in pelvim. (Joan. 38.)
(4) H »c oinuia per se solum, sine aiicujus ope et tninisLeriu, fecit.
(S. Chrya.)
(5) Non veni ministran. sed ministrare. (Mat. 20.)
(6) Ut nos eradiat, quam sedulo, accurate et studiose aliis servire
dehemus. (S. Chrys.)
(7) Indinat se suinma M*je«tas et humilitatis Magister usque ad pia-
catornm pedes, et ntat iocurvatus, et genibiis flexis coram ipsis seden-
tilms. (S. Bonav.)
— 351 —
tianal ¿Tienes tú estos sentimientos de humildad, y ca­
ridad para con tus semejantes? ¿Rehúsas servir á las
demás? ¿Deseas tú ser servida de las otras? ¿quieres que
se te tengan todas las consideraciones? ¿Huyes el servir
á la que te ha hecho algún agravio? ¡Oh! Mira á Jesús
á los piés de Judas, que lo ha vendido, y que dentro
pocas horas ha de entregarle en manos de sus enemi­
gos... Aprende á humillarte de veras, y hacer bien á
los que te aborrecen.
Punto 2.°— Consideremos á Jesús laoando los piés &
sus Apóstoles. Dice el Santo Evangelio: y pórtese á lavar
los piés de los Discípulos, y á limpiarlos coa la toalla de
que estaba ceñido (1). Y añade el Doctor Seráfico, que la­
vados los piés9los besa con el mayor cariño, practicando
estos mismos actos9hasta para con el traidor Judas (2)...
/Caridad inmensa, infinita, propia solamente de un Dios
hecho hombre!! ¿Qué no lo comprendes, alma cristiana?
Tampoco lo comprende Pedro, que por humildad, y re­
verencia, como dicen los Santos Padres, y lleno de pas­
mo y admiración, como añade San Cirilo, rehúsa el de­
jarse laoar los piés (3); pero el Señor le dice, que lo que
Él hace, ahora no lo-conoce, pero que después lo conoce­
rá, (4); como que dijera, dico el citado Santo Padre, co­
nocerás después, que lo hago para daros ejemplo de suma
humildad, y caridad, que vosotros debeis imitar (5). Y
Pedro se rinde á la voluntad del Señor al oir que le ad­
vierte, que si no se deja lavar los piés, no tendrá parte
con Él, esto es, como expone el P. San Agustín, del dón
del gran Sacramento, que oá á instituir, exceso de amor, y

(1) Et ccepit lavare pedes Discipulorum, et extargere linteo, quo erat


priBdnctus. (Joan. 13.)
(2) Lavftt p ropriU manibue, abstorgit, deosculaturque omnium eorum
pedes, et ipsi proditor i eadem obsequia pnebet. (S. Bonav.)
(8) S tu pena et admírans tantam Cbristi humilitatem, lavari reíugit.
(S. Cyril.)
(4) Quod E go fació, tu nescis modo, scica putero postea. (Joan, 18.)
(5) Ut dem exemplum summa humilitatis et caritatis, ut imitemini.
(S. Cyril.)
— 352 —
de caridad (1). ¿Reparas aquí, alma cristiana, la unión
y enlace de estas dos virtudes, humildad y caridad? ¡Ohl
¡si penetraras bien la excelencia de las mismas! ¡Cómo
te rendirías como Pedro, y le dirías: Lavadme, Señor,
no sólo los pié», tino las manos, y la cabeza ( 2), esto es,
los afectos, los pensamientos, y las obras. ¡Oh! ¡cómo
te emplearlas en obsequio de los demás, ejercitándote
en actos de humildad y caridad! Aprende de Pedro el
rendimiento, la obediencia, pero principalmente de Je­
sús la humildad, y la caridad.
P u n t o 3.a—Consideremos Analmente la admonición,
que dá Jesús á sus Apóstoles, después del Lavatorio.
Dice el Seilor: iEntendeis lo que yo he hecho con vos­
otros? (3) Con esta pregunta nos indica la atención, y
consideración, que debemos tener en todas las acciones
del Señor, aún en las más mínimas, pues todas son á
(avor nuestro, por nuestra salud. Pero ¡ay! ¡Cuántas
nos pasan desapercibidas por nuestra negligencia, y
apatía! ¡Cuántas las miramos con criminal indiferen­
cia!!... Y luego lo explica Él mismo, diciendo: Si Yo,
tiendo vuestro Señor y Maestro, os he lavado lot piés, de­
bele también, vosotros lavaros lot piés unos & otros; os he
dado ejemplo, para que hagais entre vosotros, lo que con
vosotros he Yo practicado (4). ¡Cuánto deben ponderarse
estas dos palabras; Yo, y vosotros, dico un devoto con­
templativo!... Yo, vuestro Señor, y Maestro... Yo, Verbo
Eterno, igual al Padre... y vosotros, polvo, ceniza, pe­
cadores.... Yo, me he humillado hasta vuestros piós...
y vosotros ¿no os humillaríais unos á otros?... ¡Oh! ¡qué
fuerza tan irresistible tienen estas palabras del Señor!...
Y atiende, alma cristiana, que esto, es de necesidad ab-

(1} Si non lavero, non dabo tibi Eucharistiam, quam jam instituere
paro. (S. Aug.)
(2) Domine, non tantum pedes, sed et manus, et caput. (Joan. 18.)
(3) ¿Scilis, quid fecerim vobis? (Id.)
(4) Si ergo Ego lavi pedes Teatros Dominus et Magiater, et t o s de-
beti* alter alterlns lavare pedes: exemplum enim dedi vobis, ut que-
madmodum Ego íeci vobis, ita et vos faciatis. (Id.)
— 353 —
soluta: serás felis bienaventurada, no precisamente, si esto
sabes, ti esto conoces; sino, si lo practicas, te dice el Se­
ñor ( 1 ); como que dijera: no, conociéndolo, sino, prac­
ticándolo, serás discfpula mia, serás bienaventurada.
¿Y no te obliga esto á practicar estas dos excelentes
virtudes, la humildad, y la caridad}... Acuérdate, que
está escrito, que el criado que sabe, y conoce la voluntad
de su Seflor, y no la practica, será severamente castiga­
do ( 2); ¿cuánto más, teniendo delante el vivo y práctico
ejemplo de nuestro amabilísimo Redentor?... Ea: que­
branta la cabeza de esa hidra infernal del amor propio,
y muéstrate humilde y caritaliua, si quieres ser verda­
dera discípula de Jesús.
C o l o q u io .— Será dirigirse á Jesús, pidiéndole con todo
afecto el espíritu de humildad, y caridad, para con
nuestros prójimos, y que se digne limpiar nuestros co­
razones de todo afecto menos puro, diciéndole con el
Profeta: «Dadme, Señor, un corazón limpio, y renovad
»en mi interior la rectitud de mi espíritu ( 3), que no es
ootra cosa que vuestra caridad» (3).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

H SD ZTAO X Ó N 8*a
De la institución del Santísimo Sacramento.

O r a c ió n La de costum bre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io Será resumir la historia de cómo
p r im e r o :

Nuestro Señor Jesucristo, después de haber celebrado la


cena legal, y haber lavado los piés á sus discípulos,
(1) Si hffir. ficitta, beati eritis ai fecerilis ea. (Joan. 18.)
(2) Servas qui cogmmt voluntatem Domini sui, et non fecit, vapu-
lavit multis. (Luc. 12.)
(3) Cor mundum crea in me Doub, et spiritum rectuin iunova in vis-
coribus meis. (Ps. 50.)
(4) Quod nihil aliad est nisi caritas. (Belarm.)
— 354 —
sentándose otra vez á la mesa, tomó en sus divinas
manos un pan, le bendijo, y partiéndole, dióle á sus
Discípulos, diciéndoles: Tomad y comed; este es mi cuer­
po, que por vosotros será entregado; y tomando un cáliz
con vino, le bendijo, y dióselo también, diciendo: Tomad
y bebed; esta es mi sangre, que por vosotros, y por muchos,
esto es, por todos, será derramada en remisión de los pe­
cados; y haced todo esto en memoria de mi.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será representarse A Nuestro Se­
ñor Jesucristo rodeado de sus Apóstoles, en el acto so­
lemne de consagrar el pan, y el vino, convirtiéndolos en
su Cuerpo, y Sangre preciosísimos, y dándoselo con la
mayor ternura, y amor.
P r e l u d io t e r c e r o : Será pedirle vivo conocimiento del
amor, con que se nos entrega; y viva fé, humildad, y
pureza al acercarnos á tan divino Sacramento, dictán­
dole con el V. Tomás de Kempis: «Iluminad, Señor, mis
oojos para mirar tan alto Misterio, y esforzadme para
»creerlo con viva fe, previniéndome con bendiciones de
»dulzura, para merecer acercarme digna, y devota-
»mente, á vuestro magnífico Sacramento» (l).
Punto 1.°— Consideremos el amor de Jesús, en dár­
senos todo á nosotros. Dice el Santo Evangelio: habiendo
Jesús amado á los suyos que vivían en el mundo, los amó
hasta el fin (2). ¿Qué fin í Hasta la muerto, diccn San
Agustín y San Cirilo (3)... hasta un extremo de amor, y
sumamente, dice San Crisóstomo (4)... hasta la perfec­
ción del amor, que la manifiesta, instituyendo la Santa
Eucaristía, dice San Eulimio (5). ¡Ohl Todo, todo en
(1) lllumina, Domine, oculos meos ad intuendum tantum Mysterium,
et ad credendum illud indubilata fide, me robora; et prseveni servum
tuuin iu beiieilictionibus dulcedinis tus, ut ad tuum magnlflcum Sacra­
menta m digne ac devoto merear accede re. (Kem . 1. 1. 4.)
(2) Cum dilexisset suos, qui erant iu mundo, in flnem dilexit eos.
(Joan. 18.)
(3) Usque ad mortem. (SS. Aug. et Cyril.)
(4) Extrem o amore, et sumtnc. (8. C hrys.)
(5) Usque ad perfectissimum amorem, quem ostendit Eucharistiam
instituendo. (S. Eutirn.)
-3 5 5 -
este Sacramento se reduce al amor inmenso, infinito,
incomprehensible de Jesús hacia nosotros. Ast dice San­
to Tomás, que el Señor, para grabar más profundamente
en nuestro» corazones la inmensidad de su amor, insti­
tuyó en la última cena este divinísimo Sacramento ( 1).
¡Ah! Mírale, alma cristiana, mírale á Jesús allá en el
Cenáculo, rodeado desús Apóstoles, con el pan, y el cáliz
con vino en sus divinas manos... ¡oh! ¡cómo se abrasa
su corazón en Incendios de amor!!... Escúchale: Este es
mt Cuerpo, dice, esta es mi Sangre; y de repente queda
con estas palabras convertida toda la sustancia del pan
en su Cuerpo, y toda la sustancia del vino en su Sangre
preciosísimos... ¡Oh omnipotencia de la palabra divi­
na!... Pero, ¡oh fuerza inmensa del amor de todo un
Dios, que le obliga á tal extremo, como es darse todo
& nosotros!!... Con su Cuerpo, y con su Sangre nos dá
su Alma, y su Divinidad... con su Humanidad sacro­
santa nos dá todos los méritos de su vida, y de su
muerte... con su Divinidad nosdá todos los tesoros de
su sabiduría, de su poder, y de su bondad infinita, en
una palabra, dice San Crisóstomo, nos dá el Señor en la
Santa Eucaristía todo cuanto tiene, sin reservarse cosa
alguna para Si ( 2). ¡Oh, alma cristiana! ¿No te conmue­
ves... no te abismas en lo más profundo de tu miseria...
de tu nada, viendo tanta fineza de amor en Jesús, y
tanta ingratitud por parte tuya?... ¡Oh! ¡Tanto incen­
dio... y tanta frialdad!... ¿Es posible que tu corazón esté
asi cerrado para Dios, cuando Él lo tiene todo abierto
para tí... cuando tan pródigo de amor se manifiesta
contigo?... Ea: resuélvete de una vez... entrégate toda
al Seflor, tu alma con sus potencias, tu cuerpo con sus
sentidos... tu ser... y tu vida... No, no correspondes,
no entiendes de amor, si esto no haces.
P u n t o 2.°—Consideremos el amor de Jesús en dárse-

(1) Ut arclius charitatis hujuR immensitas fldolium cordibus inflge*


retur, in ultima cana hoc Sacramentum inslituit. (D. Thoin.)
(2) Totum tibi dedit, nil sibi reliquit. (S- C h rys.)
— 356 —
nos por alimento de nuestras almas. Todo se nos dá
Jesús en el Santísimo Sacramento; pero, no se nos dá,
sólo, y precisamente, para que le adoremos, le visite­
mos, le expongamos nuestras necesidades, é implore­
mos su auxilio. Todo esto quiere, sí, es verdad; pero
para más todavía se nos dá. No dice al instituirlo: Ved,
adorad, pedid; sino, tomad y comed: Este et mi Cuerpo...
tomad y bebed: Etta es mi Sangre. (Oh, qué amor tan
tierno!!... En comida, en bebida se nos entrega; se hace
alimento do nuestras almas... quiero hacernos una sola
cosa con Él; lo dice con estas terminantes palabras: El
que come mi carne, y bebe mi tangre, permanece en Mi,
y Yo en él ( 1 ). Desea, dice el V. Beda, descantar en nues­
tras almas, y habitar en ellas como en su templo, y en su
mgrario (2). Y añade San Cirilo: con la Santa Comunión
nos hacemos concorpóreos y consanguíneo» de Cristo (3);
y como dijo el Señor al P. San Agustín: no me mudaré
Yo en ti, como el manjar de tu cuerpo; sino que tú te mu­
darás en M i (4). ¡Oh! ¿Quién es capáz, no digo de com­
prender, pero ni aún de ponderar la grandeza, la ter­
nura de este amort ¡Quedar con este Sacramento lan
íntimamente unidos á Jesús! ¡Oh, Jesús!!... ¡Oh amor!!...
¿Y no te enternece, alma cristiana, esta dignación del
Seflor? ¿Es posible, que con tan frecuentes comuniones,
no seas ya santa?... ¿Qué hace ese tu corazón? ¿anidas
en él afectos terrenos, mundanos, carnales?... Examina
bien las causas de esa tu indiferencia... sacude la tibie­
za... ama á Quien tanto amor te manifiesta, y entrégale
tu corazón, pues esto es lo que te pide: Dame á M i tu
corazón, hija mía (5). ¿Y se lo negarás?...
(1) Qui manducat im a m carnem, ot bibit meum sanguinem, iu Me
manet et Ego in illo. (Joan. 6.)
(2) Christus siimme desiderat in animabas nostris quiescere, in iisque
quasi in templo et sacrario suo habitare. (Y . Beda.)
(8) In eacra communione nos fieri concorpureoB et consanguíneos
Christi. (S. C jril.)
(4) Non Ego mutabor in te, sicut cibnm carnis tuse, aed tu mutaberia
in Me. (S. Aug.)
(5) Preebe, Qli mi, cor tuum mili i. (Prov. 28.)
— 357 —
Punto 3^— Consideremos el amor de Jesús, en sacri­
ficarse continuamente por nosotros en el Divino Sacra­
mento. No se contenta Jesucristo, en instituir la Santa
Eucaristía, como Sacramento, para alivio y sostén de
nuestras almas, sino que á m&s quiere, que sea un con­
tinuo sacrificio de Sí mismo de un modo Incruento, por
nuestra salud. Instituyó este Sacramento, dice Santo
Tomás, como á memoria perenne de su pasión (1). Muere,
sí, muere el Señor, místicamente, en cada Misa que se
celebra, ofreciéndose al Eterno Padre, y aplicándonos
los méritos infinitos de su muerte real en la Cruz. ¿Com­
prendes, alma cristiana, la grandeza de este amort...
Aquellas palabras de entrega de su Cuerpo, y de derra­
mamiento de su Sangre, que profirió en la consagra­
ción, tuvieron, es verdad, su real efecto á las pocas
horas de haberlas proferido, en su amarguísima pasión
y muerte; pero de un modo incruento continúan su
efecto en el santo sacrificio de la Misa, que por esto, se
llama tal, sacrificio, y sacrificio propiciatorio, y expiato­
rio , esto es, que nos alcanza la remisión de los pecados,
y do las penas por ellos merecidas. ¡Oh, exceso de
amor /... Pero m&s, ¿no es acáso la vida de Jesús, en
este Sacramento, un continuo sacrificio, por lo quo su­
fre de injurias, desprecios, irreverencias, y horrendas
profanaciones, ya de los infieles y herejes, ya también
délos malos cristianos?... Y todo lo tiene previsto el
Señor, y nada es capáz de detenerle, en instituir este ad­
mirable Sacramento... ¿Cómo llamaremos & este amor?
¿A qué lo compararemos?... En verdad que esfuerte co­
mo la muerte ( 2), á la que nada resiste, pues como dice
el V. Beda: Jesucristo no desiste de amar á los hombres,
por más que preoé sus grandes iniquidades (3). ¿Qué retrl-

(1) Hoc sacramentum instituit, tamqnam passionis 8use memorial©


perenne. (D. Thom.)
(2) Fortis est ut mora dileclio. (Cant. tí.)
(8) Ohristus non desistit ab amanéis hominibus, ob quantaslibet
graves eorim improbitates. (V. Beda.)
— 358 —

buir&s al Seflor por un amor tan excesivo?... Ea: dile


con el Santo Profeta: Si, Señor, yo por Vot tomaré de
buena gana el cáliz saludable ( 1 ), ya tea de la tribulación,
ya de peligros, ya de la misma muerte, como expone el
sabio Belarmino (2). Sacrifica tu amor propio, tu juicio
propio, tu voluntad propia en obsequio del Seflor, y asi
vivirás ya no en ti, sino en Jesús, y por Jesús.
C o l o q u io . —Será dirigirso con toda humildad al divino
Jesús, pidiéndole con el mayor afecto el aumento de la
fé, y una tierna y verdadera devoción & esto divino Sa­
cramento, diciéndole con el V. Tomás de Kempis: «Re-
nclbeme, Seflor, para honra y gloria de tu Nombre,
«pues me aparejaste tu Cuerpo, y Sangre, en manjar y
«bebida; concédeme, Señor Dios, y Salvador mió, que
«crezca el afecto de mi devoción, con la continuación
«de este Misterio» (3).
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumpiirlos.=Luego el examen, etc.

M EDITACIÓN 4.a

De la Oración de Nuestro Seflor Jesucristo en el Huerto.

La de costumbre.
O r a c ió n p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io Será recordar sumariamente la
p r im e r o :

historia de cómo Jesucristo Nuestro Señor, después de


haber instituido el Santísimo Sacramento, sale del Ce­
náculo con sus unce Apóstoles, y se dirige al huerto
de Gethsemaní, á orar, como tenía de costumbre, y de­
jando á ocho de sus Apóstoles á la puerta del mismo,

(1) Oalicem salutaris accipiam. (Ps. 115.)


(2) Biham liban ti animo cslicem Domini, sive tribulationes, sive pe­
lícula, eive mortem ipsam. (Bollnrm.)
(8) Suscipe me, Domine, in laudem et gloriam nominis tui, qui Cor­
pus tuum et Sanguinem In cibum et potuin mihl parasti; presta Do­
mine Deue salutaris meus, ut cum frequentatione mysterii tuí, crencAt
mece devotionis affectus. (Kem. 1. 1. 4.)
— 359 —

se interna en aquel lugar solitario con Pedro, Santiago


y Ju&n, á quienes dice, que su alma está triste hasta la
muerto, que velen, y que oren; y apartándose sólo, ora
al Padre Celestial, por espacio de tres horas.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será figurarse ver al divino Jesús
postrado en tierra, orando con la más profunda hu­
mildad, y fervor de ospíritu.
P r e l u d i o t e r c e r o : Será pedirle luz en el entendi­
miento, para conocer las condiciones, que acompañan
su oración; y gracia en la voluntad» para sabor imitarle,
diciéndole con otro de sus Discípulos: «Seflor, enseftad-
»nos á orar» ( 1 ).
P u n t o l.° — Consideremos la profunda humildad de
Jesús, en su oración. Es la humildad la primera condi­
ción, que debe acompañar todas nuestras oraciones,
pues, como dice San Crisóstomo: si no acompañas la
oración con la humildad, se hace inútil, y de nada sir­
ve (2). [Oh! [Cuánta es la de Jesús orando en el Huerto!!
Mírale, alma cristiana, mírale postrado en tierra, caido
sobre su rostro , orando (3). ¡Caído sobre su rostro!!...
¿Y porqué? Lo dice el P . A Lápide: ya para darnos ejem­
plo insigne de humildad, ya también para manifestar su
suma reverencia hacia Dios Padre. ¿Y en su interior?
¡Oh! sumergida su alma en humildad profunda, consi­
derándose á la presencia del Padre como reo, y penitente,
p or nosotros, y ofreciéndose todo al castigo, como que le
dijera: azótame, coróname, crucifícame, con tal que p er­
dones á ios hombres (4). ¡Oh, humildad nunca oida! que
el Hijo del Eterno... la inocencia misma, se humille por
los soberbios!!... ore... clame con tanta humildad por

(1) Domino, doco nos orare. (Luc. 11.)


(2) Nisi orationem cum humilitate congreges, statim diffluit et depa-
riit. (S. Chrys.)
(3) Procidit in faciem suam, orans. (Mat. 26.)
(4) Ut insigne kuiiiilitaiis exemplum daret, et ut summam Deo Patri
reverentiara exhiberet: et nt Ipse quasi reus et poenitens pro nobis se
sisteret Patri, eique totum se ad caatigationem offerret, quasi diceret:
tlagella, corona, cruciftge, ut hominibus parcas. (R. P. A Lapide.)
— * 360 —

nosotros miserables pecadores!!... ¡Oh, alma cristianal


Compara tu oración, con la de Jesús... mira cómo te
presentas á o ra r , cómo estás interior, y exteriormente
á la presencia del Sefior... ¡Ah! Jesús postrado con
tanto respeto... hincadas las rodillas (l)... y tu estarás
en pié, como el Fariseo? (2)... Jesús caido sobre su ros­
tro (3)... y tú jcon la cabeza erguida, mirando á una y
otra parte, sin la menor reverencia, y compostura, á la
presencia del Altísimo?... ¿Y qué abriga tu corazón en
aquel momento? ¿No te confundes, y avergüenzas de tí
misma, persuadida de tu indignidad? ¡Ay! ¡Cuántas veces
el Sefior puede decir de tí en tu oración : Esta alma me
alaba con la lengua, pero su corazón está lejos de M i! (4)...
{Te quejas, de que no eres oida en la oraciónt Escucha lo
que dice San Agustín: La oración del humilde penetrará
los Cielos (5). Es que el Sefior dá las gracias á los hu­
mildes, y no escucha á los soberbios... Aprende, pues,
de Jesús á ser humilde , cuando oras ...
Punto 2.°— Consideremos la confianza, con que ora
Jesús. La segunda condición en nuestras oraciones , ha
de ser la confianza ; sin ella , dice el Apóstol Santiago, no
piense alguno alcanzar gracias del Señor (6). Humildes
hemos de ser en la oración, pero no abatidos, ó decaídos
de ánimo, sino confiados. Jesús nos dá ejemplo. En
aquella actitud tan humilde , ora, y la primera palabra
de su oración , es: Padre (7). ¡Oh, qué dulce y amorosa
palabra! Esta invocación, dice Tertuliano, es de piedad
tj de poder (8), y asi de ilimitada confianza y amor (9),

(1} Positis ffenibus, oraba!. (Mat. 26.)


(2) Pharisseus stans. (Luc. 18.)
(3) Procidit in faeiem suam. (Mat. 26.)
(4) Populus hic labii6 Mo honorat, cor autom eorum Ion ge est á Me.
(M at. 18.)
(5) Oratio humiliantis se, nubes penetrabit. (S. Aug.)
(6) Non astimet homo ¡He, quod accipiet aliquid á Domino. (Jac. 1.)
(7) Pater. (Mat. 26.)
(8) Appellatio iata ftt pietaus et potestatis est. (Tertul.)
(9) Ac consequenter summa fiducia et charitatis. (R. P A Lapide.)
— 361 —
aliada el p . a Láplde. Y repite esta palabra en el de­
curso de aquellas tres horas, y con el mayor afecto de
su corazón, dice el mismo expositor, la duplica, diclén-
dole, como nota San Marcos: Padre, Padre ( i ) ; señal de
su gran confianza, pues como dice el P. Mariana: la re­
petición, acrecienta (2); y por último, le invoca como
Padre, especialmente, tuyo: Padre mió (3); como que
dijera: Sois Padre de todos por adopción, pero de mi
sois Padre natural; Padre mió. ¿No es esto manifestar
la esperanza y Arme seguridad, que tiene de ser oído?
Con este nombre, dice San Agustín, se promueve el amor,
y una cierta seguridad de alcanzar lo que sepide (4). ¡Oh,
alma cristiana! ¿Á quién te diriges, cuando orast ¿No es
acáso el Sefior, tu Padre? ¿No eres tú su hija, por c re a -.
ción, por redención, por regeneración, por adopción?
[Oh! jqué títulos son éstos, para que alientes tu confian­
za!... Oye lo que dice San Agustín: De nada sirce la
oración, sin la confianza (5); y Santo Tomás dice, que la
eficacia de lograr, se funda en la confianza ( 6). Aliéntate,
pues, y graba en Iu corazón aquellas palabras del Sal­
vador: confia, hija mía ( 7); invócale con frecuencia en
la oración con el nombre de Padre; no quedarás frus­
trada, antes bien oirás: tu confianza te ha saleado ( 8).
P u n t o 3.° — Consideremos la resignación de Jesús en tu
oración. La tercera condición en nuestras oraciones, ha
de ser la absoluta resignación á la voluntad divina.
(Cuánta, y cuán grande es la do Jesús, en su oración en
el Huerto! Triste... acongojado... lleno de temor y espanto

(1) E i intimo eordis señau geminat: Abba, pater. (R. P. A Lapide.)


(S) Geminatio exaggorat. (R. P. Mariana.)
(9) Pater mi. (Mat. 26.)
(4) Patris Domine charitaa ezeitatur, et quadam impetrandi prae-
sumptio. (S. Aug.)
(5) Si fides déficit, oratio perit. (Id.)
(6) Oratio efflcacitm impetrandi habet á ftducia. (D. Thom.)
(7) Conftde filia. (Mat. 9.)
(8) Fidea tua te salvam fecit. (Id.)
24
— 362 —
por lo que pronto ha de sufrir (1)... ora... pide al Padre
que, si es posible, aleje de si tan amargo cáliz ( 2)... y si con
esto nos manifiesta, que podemos nosotros licitamente
pedir el remedio de nuestros males, luego con su vo­
luntad racional, nos enseña & resignarnos absolutamente
á la voluntad divina, diciendo, no se haga mi voluntad,
esto es; no se haga, á lo que me inclina mi humana na­
turaleza, sino hágase vuestra voluntad soberana (3); no lo
queyoquiero, esto es; no lo que deseo según mi natural
inclinación, sino lo que Vos quereis (4); no según, y cómo
yo apetezco, esto es; no del modo, y según las circuns­
tancias, que mi natural desea, sino del modo, y según sea
vuestro beneplácito dioino (5). ¡Oh, resignación admira­
ble!!... Objeto, modo, forma, circunstancias, todo, todo
según la voluntad del Padre!... manifiesta, expone su
voluntad, como hombre, pero la sujeta del todo & la vo­
luntad divina... ¡Qué lección tan importante para ti, al­
ma cristiana! Obsérvalo bien; ni el temor, ni la tristeza,
ni la angustia... nada es capáz de retraerle del cumpli­
miento d éla voluntad del Padre Celestial, f í es este el
modo, con que tu oras? ¿Si te ves triste, y agobiada, y
no logras io que pides... si desolada, y como abandona­
da, y el Señor difiere el concedértelo,... si Analmente,
no lo alcanzas del modo, que tú deseas... ¡ay! ¿ledesazo­
nas,... te quejas... y llegas á veces á murmurar d é la
Providencia divina?... ¡Oh! ¿Dónde está tu humildad, y
resignación?... ¿dónde tu conformidad & la voluntad del
Señor?... Aprende de Jesús; ora, sí, pide, suplica con
humildad, con confianza, pero enteramente rendida á la
voluntad del Señor: repite con frecuencia: no se haga,
Señor, mi voluntad, sino la vuestra...

(1) Tristis... cepit pavere, et taedere, et moeslus ene. (Mat. 26, et


Mar. 14.)
(2) Si possibile est, transeat á me ealix isto. (Id.)
(8) Non mea voluntas, sed tua fiat. (Luc. 22.)
(4) Non quod ego yoIo , sed quod tu. (Mar. 14.)
(5) Non sieut ego volo, sed sicut tu. (Mat. 26.)
- 363 -

Punto 4.°— Consideremos finalmente la perseoerancia


de Jesús en orar . Esta es la última condición, que debe
acompañar nuestras oraciones; continuos en la oración ( 1 ),
dice el Apóstol, esto es, insistir con perseverancia en la
oración, como interpreta el P. A Láplde (2). Tal es la
conducta de Jesús en el Huerto. Por tres horas, insiste
en la oración... la interrumpe dos veces brevemente, y
sólo poY caridad, para visitar á los Apostóles, y adver­
tirles, que han también de orar; y luego vueloe al lugar
solitario de la oración; ooloióse de nueoo por segunda vez,
y oró (3)... por más que el Cielo parece estar cerrado
para Él... por más, que no aparezca señal alguna de ser
oido, Él no obstante persevera orando; ora por tercera
vezr, repitiendo las mismas palabras (4); y es tal la angus­
tia de su alma, que en esta tercera oración, suda sangre,
que chorrea hasta el suelo (5), y no desiste de la oración,
antes al contrario, agonizante como está, ora con mayor
intensión (6). ¡Oh, perseverancia heróica, verdaderamen­
te divina!! Á ella se debe, que se ablande el Cielo, y que
el Padre Celestial envíe al Arcángel San Gabriel para
confortarle y aconsolarle (7), y con ello9 dice el P. A Lá-
pide, cesa de orart de temer, y de entristecerse; y animosa­
mente se entrega á la Pasión, y sale al encuentro del trai­
dor Judas ( 8). ¿Ves, alma cristiana, como te enseña el
Señor la perseverancia en la oración^ por más afligida y
desolada que en ella te encuentres? Entonces, dice el
citado expositor, has de duplicar, y triplicar tu oración,
hasta que seas oida, y alcances lo que deseas. Con la per-
(1) Orationi instantes. (Rom . 12.)
i?) Cum perseverantia insistero in oratione. (U. P. A Lapide.)
(3) Iterum secundo abiit, et oravit. (Mat. 26.)
(4) Iterum abiit, et oravit te d io, cumdem sermonem dicens. (Id .)
(5) Factus est sudor ejus aicut g u t t » sangninis dfcnrrftnti» in torram.
(Luc. 22.)
(6) Factus in agonía, prolixius orabat. (Id.)
(7) Apparuit Angelas de ccolo, confortans eum. (Id.)
(8) Quo faeto, dcsiit oraro, eoquo ae pavero et mccrero, et animoso seso
ad passionen) composuit, nltroque Judoc proditori obviam prodiit. (R. P.
A Lap id e)
- 364 -

. teoerancia experimcntarómo» el fruto de la oración que


logró el Dioino Jet&s ( 1 ). ¿Lo haces asi? ¿Te esforzarás
en hacerlo?... Piénsalo bien...
Co l o q u io . — Será pedir al Sefior, que por su Infinita
misericordia, y por lo que nos mereció, orando en el
Huerto, se digne concedernos el verdadero espíritu de
oración, diciéndole con el V. Tomás de Kempis: aDáme,
«Sefior, que en mi oración sepa conversar humlldemen-
»te contigo, y concédeme fortaleza para resistir, paclen-
»cia para sufrir, constancia para perseverar» (2).
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

MEDITACION 0.a
De los delores de Jesús en sn Pasión.

Oración p r e p a r a t o r ia : La de costumbre.
P r e l u d io Será resu m ir la historia do la Pa­
p r im e r o :

sión; como Nuestro Sefior Jesucristo fué preso en el


Huerto de Gethsemanl, y conducido con gr&n vocería, y
fuertemente atado, á la casa de Anás, donde fué cruel­
mente abofeteado, y de allí al tribunal de Caifás, donde
fué tratado de blasfemo, luego al tribunal de Pilatos,
y al palacio de Herodes, aquí, burlado, mofado, y tra­
tado como loco, alli, acusado, azotado, coronado de
espinas, con innumerables burlas y afrentas, y última­
mente condenado á muerte ignominiosa de Cruz, con­
ducido al Calvario, crucificado entre dos ladrones, y
muerto á la violencia de tan horribles tormentos.
P r e l u d io s e g u n d o : Será representarse los principales

(1) Docet tune -orationem esse duplicaadam et triplicaudam, doñee


exaudi&mur á Domino et ¡mpetremus quod poscimus; sic fructum oratio*
nis, quem sentit Christus, experiemur. (R. P. A Lapide.)
(2) Doce me Domine coram te humiliter conversan, et da mihi forti-
tudinem resistendi, patientiam tolerandi, eonstantiam perseverando
(Kem. 1. 1, 8.)
— 365 —
lugares, donde el Salvador sufre mayores penas, y do­
lores, y singularmente el Calvario.
P relu dio te rc e ro : Será pedirle vivo conocimiento de
lo que sufre por nuestra causa; y gracia, para saber
acompañarle con compasión, y vivo deseo de sufrir con
Él, y por Él, diciéndole con aquel gran Santo Ju&n de la
Cruz: «Dáme, Señor, que sepa yo padecer, y ser despre­
c ia d o por Vos» ( l ) .
Punto 1.®— Consideremos los acerbísimos dolores, que
padece el Divino Jesús en su inocentísimo, y purísimo
cuerpo. Son tantos, y tan atroces, que no hay entendi­
miento humano, que pueda alcanzarlos. Vilmente piso­
teado, en su prendimiento en el Huerto (2)... fuertemente
cUado, como ladrón facineroso (3)... presentado en casa
de An&s, donde es burlado, y horriblemente abofeteado
por mano de un hombre vil, y plebeyo (4). |Oh! se excla­
ma San Cirilo: ¡El Señor de la gloria se vé herido, por la
impla mano del hombre! (5)... Es arrastrado al tribunal
de Caifás, allí es tratado de blasfemo, y digno de muer­
te ( 6); En el tribunal de Pllatos es crueltstmamente azota­
do (7), tormento atrocísimo, por el número de azotes,
que según algunos Santos Padres exceden de cinco mil,
por la complexión delicadísima de su cuerpo virginal,
por la ferocidad de los verdugos, y por los horribles ins­
trumentos de que se valen, que, como nota el P. A L á -
pide son de tres clases: Varas espinosas, cuerdas con ga­
rabatos de hierro, y por último cadenas corvadas (8). Es
coronado de agudísimas espinas por los soldados (9), y de
(1) Domine, pati et coniemni pro te. (S. Joan, á Crac.)
(2) Conculc&verunt me. (Ps. 50.j
(8) Comprehonderunt et ligaverunt Eum. (Joan. 18.)
(4) Unus ex ministris dedit alapam Jesu. (Joan, id.)
(5) Dominus gloria impia manu hominis cedebatur. (S. Cyril.)
(6) Bl&sphemavit... reus est mortis. (Matb. 26.)
(7) Apprehcodit Pila tua Josnm, et flagellavit. (Joan. 19.)
(8) Primo virgis spineis; secando chordis cum stimulis ferráis; tertio
c&tenis adunéis. (R. P. A Lapide.)
(9) Et milites plectentes coronatn de spinis, imposnerunt capí ti ejus.
(Joan. 19.)
— 366 —
modo tan horrible, que como dice el P. San Bernardo,
abre la corona en tu caibesa dioina mil agujeros (1). Sube
al Calvarlo, lleoando &cuestas la cruz ( 2), con cuyo peso
se abren las espaldas destrozadas ya con los azotes!...
por último es crucificado, traspasadas tus manos, y piés
con durísimos, y agudísimos claoos (3). ¡Oh! ¡qué cumulo
de doloresW... Con toda verdad le llama, por antonoma*
sia, el Profeta Isaías: Varón de dolores (4). Si, dice Santo
Tomás, es el hombre de dolores, porque los padece agudí­
simos en todos sus miembros; en el tacto es asolada, y tras­
pasado con claoos; en el gusto et acibarado con hiel, y oi-
nagre; en el olfato es crucificado en el lugar fétido de los
cadáveres; en el oido es prooocado con horrendas blasfe­
mias, y burlas; en la oista es penetrado de dolor, viendo á
su Madre, y al Discípulo amado, que lloran!! (5)... ¡Oh!
Bien lo dice el mismo Profeta; que á la vehemencia de
tantos dolores, su rostro está desconocido, y afrentado ( 6),
que es como que dijera, según Sanctes Pagnino, es como
un leproso, del que se aparta la vista (7)... ¡Oh, tremenda
justicia divina, que tan terriblemente castiga, en el ino­
centísimo cuerpo de Jesús, nuestros abominables peca­
dos!! Por causa de nuestras iniquidadet es atl llagado, y
despedazado por nuestras maldades ( 8)... ¿Quieres, ó alma
cristiana, ver tu imagen cuando peeas, te diré con el de­
voto P. A Lapide? Mira á Cristo azotado, escupido, coro­
nado, y crucificado,... mira todo su cuerpo sangriento, y
(1) Mille puncturis speciosum ejus caput divulneravit. (S. Bern.)
(2) Et bftjulAns sibi crucem. (Joan. 19.)
í3) Et crueiflxerunt eum. (Id.)
(4) Virum dolorum. (Is. 53 )
(5) Singulft Chri8ti membra habebant dolores acutissimos; sacundum
tac tuni fuit flagellatus, et clavis coufUus; «ecundum gustuin felle et aceto
pntutu*; Mftcundtim olfartiim, in loto fietirin cAdaverum appensus patíbulo;
secundum auditum lacessitus vocibus hlasphemantium et irridentium;
secundum visum, videns Matrem et Discipulum qnem diligebat flentestt
(D . T h .)
(6) Quftui abscomlitus vnltus ejus, ot dospectus. (Is . 53.)
(7) Ut ¡sf i\ qno quis ahsconderet faciem suam. (Sanctes Pagn.)
(8) Vulneratus est propter iniquitAtes nostras, attritus est propter
acelera ilustra. (Is. 53.)
— 367 —
amoratado, de modo que todo él, no parece más, que una
sola llaga, y herida,...- mírale desfigurado, como un lepro­
so... Esta es la forma, esta es la figura de tu alma, que
Cristo tomó sobre si, y te la manifiesta (1).-. ¿ i esto vés...
y esto miras, y to quedas insensible?... ¿Y no te compa­
deces de Jesús, que tanto padcco por til... ¿Y no se le
rompe el corazón de dolor, siendo tú la causa de tan
terribles penas en Jesús?... Ea: ofrécete en sacrificio por
Él que se sacrifica por U... dlle con el P. San Bernardo:
Señor, dos cosas tengo, aunque pequeñas, el cuerpo, y el
alma, ¡quién me diera podértelas ofrecer en perfecto sacri­
ficio! ( 2)
Punto 2.°— Consideremos los dolores, y penas interio­
res de Jesús. ¡Ohl ¡Cuánto padece nuestro Divino Salva­
dor en su alma!... Se vé sumergida en total abandono
de su pueblo, de sus discípulos, y conocidos... los que me
conocían se han retirado de mi, como extraños, y me han
olcidadoü (3)... hasta del Padre Celestial se vé como
desamparado... y de un modo tan horrible, que le obli­
ga á exclamar: Dios mió! Dios mió! ¿porqué me has
desamparado? (4) El alma santísima de Jesús, dice San
Lorenzo Justiniano, se vé como desamparada de la Divi­
nidad, porque ésta no la socorre, sino para sostenerla en
los tormentos, y alargar la vida para sufrir más y más,
y cruelisimamente, ni le dispensa el Padre el menor con­
suelo en tan atrós pasión, ni en el cuerpo, ni en la parte
inferior de su alma (5)... t0b! ¡en qué mar de angustias

(1) Vis videre viyam imaginem animae tuse peccantis? InspiceChristum


flagellatum, consputum, coronatum, crucifixum; inspice toto corporc
cruenta tum, ot lividum, ita ut totum corpus non videatur esae nisi una
plaga et vulnus: inspice defiguratum quasi leprosum... Haec est forma,
hsec est species animae tuse, quam Christus in se suscepit et ezpressit.
(R P. A Lapide.)
(2) Dúo minuta habeo, Domine, corpus et animam, jUtinam hac tibi
perfecto possim in sacrificium offerret (S. Bern.)
(8) N oli mei, quasi alien i, recesserunt á me, et obliti sunt mei.
(Job. 19.)
(4) Deas meus, Dens meus, ¿ut quid derellquistl me? (Mat. 27.)
(5) Cbristum desertum á Deitale dicimus, quia Deltas ad aliud ei non
-3 6 8 -
se vé sumergida aquella alma sanMsimal... Prevé el
escaso fruto de sus penas, y de su muerte, por la ingra­
titud, con que casi la mayor parte de los hombres ha
do corrcspondor & tan inmenso amor!! ¡Cómo recapacita
aquellas palabras del Real Profeta: ¡Qué utilidad sacaré
yo de derramar tan copiosamente mi sangre? ( 1 )... Cae
ahora en tierra, sin que haya quien la recojal... y des­
pués, será indignamente pisoteada por tantos Infleles,
herejes, y malos cristianos, que con sus pecados, é im­
peni ten cía, se harán reos de condenación eterna!!... Vé
por último al pié de la Cruz & su Madre Santísima, ane­
gada en un mar de aflicciones, de penas, y de dolores;
pues como dice un devoto contemplativo: los dolare» del
Hijo traspasan, como agudas espadas, el alma de la Ma­
dre, y como por reflexión, hieren luego el alma misma de
Jesús (2)... ¡Oh! ¡qué penar tan terrible es el de Jesús!!...
Penas exteriores, é interiores... penas por parte d élo s
hombres, y del Padre Celestial... del Cielo y de la tie­
rra!!... ¡Oh! exclama: ¿Nadie dará consuelo á mi a l-
mat (3)... ¡Ay! á ti, alma cristiana, á ti se dirige el Divi­
no Jesús con tan sentidas palabras... por ti sufre este
cúmulo de penas, por tus pecados, por tus transgresio­
nes, por tus infldeiidadés... le lo dice por Isaías: El
Señor ha cargado sobre sus espaldas todas nuestras ini­
quidades (4). ¿Y esto no te conmueve? ¿no te esforzarás
en darle algún alivio?... Pero, todavía más: advierte el
amor, con que sufre por ti este diluvio de penas, nos lo
dice el Profeta, se ofrece de buena voluntad (5), esto es,

succurrebat, quam ut eum sustontaret in tormentis, eiqne ad piara et d i­


ño™ patienda vilam prorrogaret, nec consolatione ulla tam diram pas-
sionem, in carne, et parte an im » inferiore mulcebat et mitigabat Pater.
(S. Laiir. JustinO
(1) ¿Que utilitas in sanguino meo? (Ps. 20.)
(2) Dolores Filii, quasi gladii acutissimi, transfixerunt animam Matris,
et e i ea in ipsum Cliristum reflexi sunt. (R. P. A Lapide.)
(8) ¿Non est qui consoletur eam? (Thr. 1.)
(4) Posuit Dominus in eo iniquitates omnium nostrum. (Is. 58.)
(5) Oblatus est quia Ipse voluit. (Is. 58.)
dice el P. A Lápida, no obligado por las arma», y la fuer-
xa de lo» judíos, que le prenden, no forzado, ni resistien­
do; sino, etpontáneamento, acepta la voluntad, y el man­
dato del Padre, y se ofrece liberalmente A la muerte (l).
Verdaderamente has de exclamar con San Pablo: Me
amó, y se entregó á St mismo por mt ( 2). Ea, pues, ofrécete
de todo corazón al Señor, diciéndoie con el P. San Ber­
nardo: ¡Oh Seflor, y amor miol Con toda voluntad, quiero
sacrificarme toda á Tí, pues que te has ofrecido todo por
mi salud, y de buena voluntad, no por tu necesidad (3).
Si & esto no te esfuerzas, alma cristiana, nó, no amas,
ni conoces el amor.
Coloquio.— Será pedir al Seflor, con toda humildad,
la participación de sus penas, y dolores, en el grado,
que sea de su beneplácito; y al mismo tiempo, que se
digne encender en nuestro corazón viva llama de amor,
para saber sufrirlo todo á gloria suya, diciéndoie con
el devoto P. A Lápide: «Herid, Seflor, nuestro corazón
.con vuestros dolores, y embriagad nuestras almas con
«vuestro divino amor» (4).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

H K D IT IC IÓ N 0.a
De las ignominias, 7 afrentas de Je9Ús en su Pasión.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o : El mismo de la anterior.
P r e l u d io segu ndo: Será representarse los principales
(1) Non coactas armiB et vi Judaorum Eum capienlium, noii iuvilus
ot roluotans, sed spont* accepUns voluntatem Patrie, morti se liberali-
ter offert. (R. P. A Lapide.)
(2) Dilexit me, et tradidit Semetipsum pro me. (Gal. 2.)
(8) Voluntario sacriflcabo me tibí, Domine amor meus, quia volun­
tario oblatus es pro mea salute, non pro tua necessitate. (S. Bern.)
(4) ValnerA, Domine, cor nnatrum dolore tuo, inebria animam nos-
tram amore tuo. (R. P . A Lapide.)
— 370 —
lugares, donde el Seflor recibió mayores injurias, sobre
todo el Calvario.
P r e l u d i o t e r c e r o : El mismo de la anterior.
Punto l.°— Consideremos primeramente, como Jesús
padece en su honor. Dice Santo Tomás: padece Jesús en
su honor, por las burlas y afrentas, que le hacen (1). ¡Oh!
¡Cuántas, y cuán graves son éstas!I A la verdad, toda la
Pasión del Salvador es una continua deshonra á su di­
vina Persona... sin embargo, los Sagrados Evangelistas
notan ciertos actos, ó circunstancias, en que más cla­
ramente se manifiesta este deshonor. A más de ser tra­
tado como & ladrón en su prendimiento (2), siendo Él, á
quien poco antes buscaban las turbas, para hacerle
Rey (3), ahora en los tribunales le escupen & la cara,
y le maltratan á fuñadas (4); le vendan los ojos, y le dán
bofetones, diciéndole: adivina quién es el que te ha heri­
do (5)... Asi que, de tres modos, observa el Padre San
Agustinj es principalmente Injuriado el Divino Jesús:
Primero, con puñadas en la cabeza, cuello y espaldas-, con
terribles bofetadas en su dioina cara ( 6), lo cual trae con­
sigo, dice el P. A Lápide, grandísima ignominia, rubor,
y vergüenza (7). Lo dijo el mismo Señor por el Profeta:
mi rostro se vé cubierto de confusión ( 8)... ¡Qué des­
honor!!.. En segundo lugar, escupen á su dioina cara con
salioas asquerosas (9)... ¡Oh! se exclama San Eutimio;
horrorizaos cielos, y tierra, y todas las criaturas! ¡oed en

(1) Passus est Chriatua in suo honore, per irrision es et contumelias


Ei illatas. (D. Thom.)
(2) Tamquam ad latronom existís compreliendere Me. (Mat. 26.)
(3) Venturi, ut facerent tíum Regem. (Joan. 6.)
(4) Expuerunt in faciem suam, et colaphis Eum cociderunt. (Mat. 96.)
(5) Velaverunt Eum, ftt percuLiebant faciem ejus, dicentes: Prophe-
tiza, quis est qui te percussit. (Luc. 22.)
(6) Colaphis in caput, collum et dorsum; terribilibus alapis in ma­
lilla . (S. Aug.)
(7) Alapa plus ignominioe aflfert, ruboris et verecundia. (R. P. A
Lapide.)
(8) O pera i t confusio faciem meam. (Ps. 68.)
. (9) Expuerunt faciem ejus angelicam sputis excreatls. (S. Aug.)
— 371 —
qué cara infieren tan grande injuria!! (1)... En tercer
lugar, vendados sus ojos, le insultan, y se burlan de Él
con palabras afrentosas (2). ¡Qué horror! El Sefior, á
quien todo está patente (3), es vendado en sus ojos, y el
Seflor de los Profetas, dice Teofllacto, es burlado, como
Profeta falso! (4)... como que le dijeran, dice el P. A Lá-
pide, si tú, eres Cristo, nada se te oculta, di pues ¿quién te
ha heridot (5)... ¡Oh, Angeles del Cielo! ¡y á tanta des­
honra ha de verse aquella cara divina, que tanto deseáis
contemplar? ( 6), aquella cara, que allá en el Tabor res­
plandeció como el sol? (7)... aquella cara , dice San
Crisóstomo, que reverenciaban las olas del marf ( 8)...
¡Oh! mírala, contémplala atentamente, alma cristiana,
y cubre la tuya de vergüenza, al ver velada, y herida
la cara de tu Sefior, por tus inmodestias, liviandades, y
pecados... ¡ah! estos son, por los que ha permitido le ven­
dasen los ojos ( 9). Ar repióntate/pues, de ellos, y agro doce
al Sefior, que, como dico San Jorónimo, con sus opro­
bios, te libra de los oprobios eternos (10).
Punto 2.°—Consideremos como Jesús padece en su
fama. Dice Santo Tomás: Padece Cristo en su fama por
las blasfemias, que contra Él se profieren ( 11). De tres
modos podemos decir, que blasfeman contra el Salvador.
En primer lugar blasfeman contra su vida. La vida de

(1) Hórrete coelum et térra, uníversaeque creaturiet in quam faciera,


quam intulerunt injiiriamlt (S. Eutym.)
(2) Convitiis, qui bu8 voluta fació, illussorunt Ei. (S. Aug.)
(8) Omnia nuda et aparta sunt oculis ejus. (Hebr. 4.)
(4) Prophetarum Dominus quasi pseudopropheta irridetur. (Too-
philftc.)
(5) Si tu es Christiis, non potes ignorare occulta, edicito ergo nobis,
¿quia te percussit? (R. P. A Lapide.)
(0; Quera desiderant Angelí prospicere. (l.rc Petr. 1.)
(7) Reaplenduit facica Ejus sicut sol. (Mat. 17.)
(8) Quam fluctus maria revoriti sunt. (S. Chris.)
(9) Abscondam faciem meam ab ois. (Deut. 82.)
(10) Opprobrla ejus nostrum abstulere opprobrium aeternum. (S.
Hieron.)
(11) Passus est Christus in fama, per blasphemias contra Eum pro-
latas. (D. Th.)
— 372 —
Jesús, fuente de toda santidad, vida, de Hombre-Dios,
es calumniada, acusándole de alborotador del pueblo ( 1),
y puesto vilmente en parangón, con un sedicioso in­
signe, cual es Barrabás, es diabólicamente pospuesto á
éste. ¡Infamia grandísima la de Jesús! dice San Crisós­
tomo, viéndose el Inocente y Santo, y el Santo de los San­
tos, pospuesto d un hombre famoso en la maldad, y reo de
muchos homicidios! (2)... Con esto dice el devoto P. A
Lápide, tratan á Jesús de más sedicioso, y más nocioo á
la sociedad, que Barrabás (3)... y para colmo de infamia,
é ignominia, los mismos, que cinco días bá clamaban
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (4), claman
ahora más, dice Orígenes, esto e s , con más animosidad,
que sea crucificado (5), cumpliendo aquí los judíos, dice
San Jerónimo, lo que estaba escrito en Jeremías: M i he­
redad, y pueblo escogido se ha vuelto para Mi, como león
entre breñas, ha levantado la vos, blasfemando contra
M i (6)... y á la vista de todo el pueblo es crucificado en
la cima del Calvario, en medio de dos ladrones, como
el mayor de todos ellos... En segundo lugar es blasfe­
mado en su doctrina. Él, que ha enseñado públicamente
la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la misericor­
dia, en una palabra, todas las virtudes... Él, que ha
dicho al pueblo, que practicase la doctrina, que enseñaban
lo» fariseos, desde la cátedra de Moisés (7). Él, de cuya
doctrina admirados, han dicho los emisarios de los

(1) Invenimus subvertentem gentem nostram. (Lúe. 28.)


(2) Magna hteo infamia Josaf quod 6o Innocentem et Sanctum, immo
Sanctum Sanctorum cerneret postponi homini famoso in proterótate,
et multia homicidiis inquinato. (S. Chrys.)
(8) Quasi magia aeditiosus et noxius Reipublica, quam Barabbas.
(R. P. A Lapido.)
(4) Benedictas qui venit in nomine Domini. (Mat. 21.)
(5) Augentes animositatem, magis clamabant: Crucifigatur. (Orig )
(6) Judai hic impleverunt contra Christum illud Jeremía, 12: Facta
est Míhi haereditas mea, quasi leo in sylva, dedenint contra Me vocem
suam. (S. Hier.)
(7) Super cathedram Moysis sederunt pharisaei, quacumque dizerlnt
vobís, facite. (M at 28.)
-3 7 3 -
mismos fariseos: Jamás hombre alguno ha hablado tan
bien, como ese hombre ( 1)... ahora, es acusado de blas­
femo contra de Dios ( 2), y como tal es condenado A muer­
te por el Sanedrín (3)... Él, que públicamente ha dicho:
Dad al César, lo que es del César (4)... que sin estar obli­
gado, ha pagado el tributo al Emperador, ahora es
acusado ante Pílalos, que prohíbe pagar los tributos im­
puestos (5), como enemigo de los Romanos!!... En tercer
lugar es blasfemado é injuriado en los milagros tan es­
tupendos, que ha obrado en favor de su pueblo, atribu­
yéndolos al poder del demonio, acusándole con esto de
mago, supersticioso, y endemoniado... tildándole de
impotente de bajar de la Cruz, y salvarse, como habla
saloado-á otros (6). ¡Oh! ¡Y en qué abismo de infamia
s e v é sumergido el Salvador del mundo!!... A.ún des­
pués de haber espirado en el infame patíbulo de la Cruz,
es tratado de seductor! (7). En una palabra: El Hijo de
Dios, el Admirable, el Omnipotente, el Esplendor del
Padre, ha venido á ser el escarnio del pueblo, y su can­
tinela diaria (8)... Mas, en medio de humillaciones tan
estupendas, y horribles ¿qué hace el Divino Jesús? ¿cómo
las soporta? ¡Oh! dice San Eutlmio: con grande ánimo9y
con corazón como de diamante por su constancia, y fo r­
taleza; enseñándonos á sufrirlo iodo con constancia, y pa­
ciencia diamantina (9)... lo soporta con sufrimiento sin
ejemplar, por su admirable y profundísimo silencio ( 10)...

(1) Numquam sic locutns est homo, sicut hic homo. (Joan. 7.)
(2) Blasphemavit. (Mat. 26.)
(8) Dixernnt: Reus est mortis. (Id.)
(4) Reddite quw sunt Csesaris, Caesari (Mat. 2$).
(5) Prohibentem tribu tum daré Caesari. (Luc. 28.)
(6) Alios salvos fecit, Seipsum non potest salvum facere. (Mat. 27.)
(7) Seductor ille. (Id.)
(8) Factus sum in derisum omni populo, et canticum eorum tota die.
(Thre. 8.)
(9) Universa magno animo sustinebat, ut quasi ex adamante Chris­
to hauriamu8 adamantinam in ómnibus constantiam et patientiam.
(S. Eutym.)
(10) Jesús autem tacebat. (Mat. 27.)
— 374 —
Aprende, alma cristiana, aprende de tu Esposo Jesús
estas virtudes tan necesarias para la perfección... callar,
sufrir, y amar... hé ahí, el compendio de la vida per­
fecta... ¿Te ves atribulada, desatendida, despreciada,
mortificada? Mira á Jesús... piensa ea Jesús... ofrécete
á Jesús... sufre, calla con Jesús, ama á Jesús... y no lo
dudes, triunfarás con Jesús...
C o l o q u io .—Será pedir al Seflor con todo el afecto del
corazón, el desasimiento de ti misma, y de lodo amor
propio; y la gracia de saber sufrir por Él, cualquier
contradicción que sobrevenga, esperando en Él, que,
como dice David, está siempre con los atribulados ( 1 ).
Dile, pues, con el V. Tomás de Kempis; «Pleguete, Se-
»flor, de librarme; porque yo pobre, jqué puedo hacer,
»y adónde Iré sin Ti? Dáme paciencia, sefior, ayúdame,
»Dios mió, y no temeré, por más atribulada, que me
»halle» (2).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumpiirlos.=Luego el examen, etc.

M EDITACIÓN 7.a
De oómo Jesús subió al Calvario, con la Cruz acuestas.

La de costumbre.
O r a c ió n p r e p a r a t o r i a :
Será resumir la historia do cómo
P r e l u d i o p r im e r o :
Jesús condenado á muerte por Pilatos, y entregado por
éste á la voluntad de los judíos, para que le crucifica­
sen, presentándole la Cruz que tenían ya preparada, la
cargó sobre sus despedazadas espaldas, y salió para la
montaña del Calvarlo.
P r e l u d io segundo: Será representarse á Jesüs, con la

(1) Cum ipso sum in tribulalione. (Ps. 90.)


(2) Complace&t tibi, Domino, ut eruas me; nam ego pauper ¿quid
agere possum, et qnn iho sine Te? Da patientiam, Domine, adjuva me,
Deus meus, et non timebo quantumcumque gravatus fuero. (Kem. 1.1, 8.)
— 375 —
Gruz acuestas, encorvado bajo tan horrible peso, tem­
bloroso, casi sin fuerzas, dirigiéndose al lugar del su­
plicio.
p re lu d io te rc e ro : Sera pedirle vivo conocimiento del
modo, con que lleva la Cruz; y gracia para saber imi­
tarle, siguiéndole de cerca, con la cruz, que Él sea ser­
vido enviarnos, diciéndoie con el V. Tomás deKempis:
«|Oh, amantlsimo Jesús! Compadézcase mi alma de Vos,
»y os siga siempre en cualquier lugar de la Pasión, de­
sean d o ardientemente padecer, y morir con Vos» (1).
P u n t o 1.° — Consideremos primeramente la obediencia
de Jesús, en aceptar, y llevar la Cruz. Dice el Santo
Evangelio: y llevando Él mismo acuestas la Cru3, sa­
ltó (2). |Ohl /grandioso espectáculo! exclama San Agus­
tín: pero para los implos, de grande infamia; para los
fieles, de grande misterio! (3). Contémplalo bien, alma
cristiana, y penetrando en aquel Corazón divino de
Jesús, pásmate de la sujeción, y obediencia, con que
acepta, y carga sobre sus hombros el durísimo, y pesa­
dísimo leño, i Ahí nó, á los ojos de Jesús, no son los
judíos, los que le cargan el instrumento del suplicio...
ni es Pilatos, que ha Armado la sentencia... nó... es,
como dice el devoto, y V. Tomás de Kempls, el deseo
ardiente de cumplir el precepto del Padre, que ha dis­
puesto desde la eternidad, que su Hijo consuma por medio
de la Cruz, la obra de la redención humana (4). Es el Di­
vino Abrahan, el Padre Celestial, que impone sobre las
espaldas del nuevo Isaac, su Hijo, la leña del sacrificio (5).

(1) ¡Oh amanti88ime Jesul Oompatiatur tibi anima mea, et in omni


loco Passionis tecum vadat, et tecum pati et commori tibi ardenter con-
cupiscat. (Kem. de Christi passione.)
(2) Et bajulans sibi Crucem, exi\it. (Joan. 19.)
(8) (Grande spectaculumt Si spectet i mpie tas, grande ludibrium: si
pietas, grande mysteriumt (S. Aug.)
(4) Bajulat sibi Crucem ardenti desiderio, cupiens praceptum Patris
ab «torno dlspositum adimplero, ut opus humaneo roparotionie per
Crucem Filius con summat. (Kem. de Christi passione.)
(5) Abraham ligna holocausti imposnít super Isaac filium suum.
(Gen. 22.)
— 376 —
T este divino Isaac, Cristo Jesús, obedece, como el pri­
mero, quien, como dice San Crisóstomo, ni repugna, ni
lo toma á mal, sino que cede, y obedece (1). (Oh, alma
cristiana! ¡Qué lección tan importante la del Salvador
cargado con la Cruzl... Á tt se dirige, y con su ejemplo
te está diciendo: ¿Hay quién quiera venir en pós de
mif (2) Es verdad, no te hace violencia el Seflor, dice San
Crisóstomo, sino, que quiere, que le sigas voluntariamente,
como que te dijera: Yo my delante de tt como Capitán...
sígueme (3)... ¿Y no lo hartas? ¿No te abrazarás con la
Cruz, que Él mismo, con la vocación á la vida perfecta
te impone?... Acuérdate, dice el citado Tomás de Kem­
pis, que has sido llamada á padecer, no á holgar, y que
es preciso hacerte tonta según el mundo, como dice San
Pablo, por Jesucristo, si quieres seguir la oida perfecta (4);
y no olvides, que el tronco de esa Cruz de la vida per­
fecta es la abnegación de la propia voluntad, y los bra­
zos de la misma son el desapego de lo terreno, y la mor­
tificación. ¿Estás pues bien abrazada con esta Cruz? (Te
dejas llevar de la repugnancia, y recalcitras?... SI es asi,
no sigues & Jesús, no acompañas á Jesús... Ea: ríndete
pues de una vez, obedece como Jesüs la voluntad del Pa­
dre Celestial; acuérdate, que en esa Cruz está la oida; en
esa Cruz, la suma de la virtud; en esa Crus la perfección
de la santidad (5).
Punto 2.°—Consideremos en segundo lugar, la sumi­
sión y humildad, con que el Salvador lleva la Cruz...
cargando sobre si la Crus, salió. ¿Que es la Cruz? La Crus,

(lj Nec reluctatu8 est, nec factum aegre tulit, sed cessit et obtempe-
ravit (S. Clirys.)
(2) ¿Si quis vult ?enire post me? (Mat. 16.)
(3) Non vim infert Christus, sed volentes invitat, quasi dicat: Ego
Dux vobis prceibo, sequimini, (S. Chrys.)
(4) Ad patiendum acias te Tocatam, non ad otiandum; et oportot te
Rtultam fleri propter Christum, si vis perfectam ducere vitan (Kempis
1. c. 17.)
(5) In Cruce vita, in Groce summa virtutis, in Cruce perfectio saccti-
tatls. (Kem 1.1. 1.)
-3 7 7 —
dice Justo Lipslo, significa tormento, y muerte en un
Ipflo (i). La Cruz, dice San Crisóstomo, e» un instrumen­
to atrocísimo, y del más grande dolor, es ignominiosísima
por ser suplicio de ladrones, de sediciosos, y de usurpado­
res de Reino (2). ¡Oh! ¡y todo esto abraza Jesús, á todo
esto se humilla, cargando sobre si la Cruz!; Humildad
extrema, profundísima, nunca oida!! El Libertador del
género humano (3), abrazado con el suplicio de ladro­
nes!!... El que es Principe de la pax (4), tratado como se­
dicioso, y condenado á recibir el estigma de alborota­
dor!!... El Rey inmortal de todos los siglos (5), tenido por
usurpador del Reino de Israel, y oprimido con el ins­
trumento del suplicio!!... ¡Y no obstante infamia tan
terrible, Él la acepta, la abraza, la carga sobre si ( 6)...
¡Oh alma cristiana, ¡Que ejemplo te dá el Divino Jesús
con tanta humillación!!... Nó, no basta que le compa­
dezcas... es preciso que le sigas, si quieres ser digna de
Él... Escucha lo que te está diciendo en tan doloroso
camino: El que no toma su crus, y no me sigue, no es dig­
no de mi (7)... Tu cruz, te dice, no la suya, sino la tu­
ya... ¿Sabes cuál es? Te lo nota el P. San Crisóstomo:
nuestra crus, dice, es: primero, la persecución, y el mar­
tirio; segundo, cualquier aflicción, ó tribulación, que Dios
not envíe; tercero, tas tentaciones del demonio, pero per­
mitidas por Dios, para aumentar nuestra virtud y co­
rona; cuarto, la propia abnegación, y mortificación de
nuestros apetitos (8). ¿Quó dicos á esto? ¿Te arredras?

(1) Oros cruciatum et interitum notamua in ligno. (Just. Lypa.)


(2) Crus erat atrocissima et aammi dolorie, erat ignominiosissima,
ntpote latronum, seditiosorum, et regnum invadentium supplicium. (S.
Ohrys.)
(S) Redemptor noater. (I b. 08.)
(4) Princeps pacis. (Id. 9.)
(5) Rex sceculorum immortalis. (l.ae Tim. 1.)
(6) Bajulans sibi crucem. (Joan. 19.)
(7) Qui non accipit crucem suam, et eequitar me, non est me dlgnus.
(Mat. 10.)
(8) Crux noatra primo est persecutio et martyrtam; secando, afflictio
et tritralatio queevis á Deo inflicta; tertio, tentatio á Daemone immissa,
25
— 378 —
Escucha al P. San Crlsóstomo que te advierte: El Sefior
te está diciendo: Vén en pot de mi, que Yo, no tan sólo
voy delante de tí con el ejemplo, tino que te anudaré y te
ateguraré el triunfo, y la corona, ti eres constante en se­
guirme, y cooperas decididamente á mi gracia ( 1 ). ¿Y
esto no te alienta?... Esfuérzate; y dile al Seflor con el
Apóstol San Pedro, pero con toda humildad: Prepa­
rada estoy, Seflor, para ir con Vos á la cárcel y Ala muer­
te (2).
P u n t o 3 .°— Consideremos la heróica paciencia y man­
sedumbre de Jesús en llevar la Cruz. Do Él estaba escrito
que sería silencioso, que callaría, que serta paciente (3).
Y esto se cumple admirablemente ahora, en tan dolo­
roso camino... Ni el enorme peso de la Cruz, ni su de­
bilidad extrema, ni las horrendas blasfemias de los ju­
díos, ni las sañudas imprecaciones con que le insultan,
ni las burlas más soeces, con que un pueblo frenético
le acompaña... nada, nada es capaz de alterar su áni­
mo... sufre, calla, es paciente. Es el manso cordero, de
quien habla Jeremías, que es lleoado al sacrificio, sin
conocerlo [4); esto es, dicen los Santos Padres y expo­
sitores sagrados, sabe bien el Seflor A donde es arrastra­
do; y se porta, y se deja Ueoar, como quien lo ignora, y
como sencillo corderito, que no sabe donde le conducen,
de nada te queja, A nada resiste, en nada repugna (5).
¡Oh, paciencia, oh mansedumbre verdaderamente divi—
sed & Deo ad nostram vlrtutem et coronam augendam permissa; quarto,
sui a bn A gatio et cupiditatum mortiflcatio. (S. Hieror.)
(1) ChrisHus ait: Venite post me, quasi dieat: Ego vobis non tantum
exemplo, sed et adjutorio antecedan), ac car tos vos faciam de triumpho
et corona, si me dumtaxat sequi, ac gratis mea strenue cooperare Te-
litis. (S. Chrys.)
(2) Domine, tecnm paratas sum et in carcerem, et in mortem iré.
(Luc. 22.)
(3) Tacui semper, silui, patiens fui. (Is. 12.)
(4; Ero quasi agnus mansuetas qui portatur ad yíctimam, et non cog-
novi. (Hiereno.)
(5) Etsl probe noscet quo duceretur, perinde tamen se gessít, et duci
passus est ad mortem, ac instar Simplicia agnelli nescivisset quo rape-
retur, nil quarens, nil reealcitrans, nü repugnaos. (R. P. A Lapide.)
-3 7 9 —
nasü E$ta$ son las virtudes, dice Casslano, que nos ense­
ña Cristo Jesús en este camino, y que son el escudo de de­
fensa en los asaltos de nuestros enemigos, asi como los
dardos9que hemos de lanzar contra ellos, seguros de la
victoria (1 ). ¡Oh, alma cristianal ¿Y cómo practicas tú
estas virtudes? ¿Eres mansa de corazón... eres sufrida y
pacientet Acuérdate que d los mansos está prometida la
posesión de la tierra de los vivientes (2); y á los pacientes
el triunfo y la gloria. Te lo enseña el mismo Jesús: La
cruz, dicen San Basilio y San Agustín, que con admi­
rable paciencia lleva el Señor sobre sus hombros, es la
gloria de su Principado, como dice Isaías (3); y como
dice Tertuliano: Cristo Jesús lleva en sus hombros una
nueva gloria , todo su poder y exaltación, esto es, la cruz,
para reinar desde ella, según estaba profetizado por Da­
vid (4). Aliéntate, pues, alma cristiana, sigue al Seflor,
cargada con tu cruz; que si eres compañera suya en las
penas, lo serás también en la gloria, te dico el Apóstol (5).
Coloquio.—Será dirigirse á nuestro Divino Salvador,
ofreciéndose á llevar la cruz, implorando á este efecto
su gracia, diciéndoie con el V. Tomás de Kempis: «Haz-
ame, Sefior, posible por tu gracia, lo que me parece
^imposible por naturaleza; séame por tu nombre, ama-
»ble y deseable cualquier ejercicio de tribulación, por-
»que el padecer por Ti, es de gran salud para mi
»alm a» (5).
Se concluirá con un Padrenuestro.
(1) Mftn9uetudin©m et patiantiAin nos docflt Chriatua Jesús esse flde*
lium acata in bello defensivo, et in offenaivo tela invicta, quibus adver-
sarii superantur. (Cassian.)
(2) Beati mitea, quoniam ipsi possidebunt terram. (Mat. 5.)
(8) Principatua super hum erum eju». ( I b . 9.)
(4 ) Christua Jesús novam gloriam, poteatatem et sublimitatem suam
in harnero extulit, Crucem scilicet, ut secundum Davidis prophetiam
exinde regnaret. (Tertullia.)
(6) Si compatimur, ut et congloriflcemus. (Rom. 8.)
(6) Fiat mihi, Domine» possibile per gratiam tuam, quod impossibile
videtur per naturam; effieiatur mihi qualibet exercitatio tríbulationis,
pro nomine tuo amabilis et optabilis, nam pati pro Te, valde salubre
est anima mees. (Kem. 1. 1. 8.)
-3 8 0 -
Por último dar gracias & Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

h k d i t a c i On «.*
De la Cruclflxióa, y Huerta de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración p re p a r a t o r ia : La de costumbre.
Prbludio primero: Será resumir la historia de cómo
el Divino Jesús, al llegar al Calvario, fué despojado de
sus vestiduras, y extendido sobre la Cruz, traspasando
sus divinas manos, y piés con durísimos clavos, y des­
pués de tres horas de terrible agonía, pendiente de la
cruz, entregó su espíritu al Padre Celestial, y murió.
Preludio segundo: Será representarse á Jesús cruci­
ficado, en medio de dos ladrones, en la cima del Cal­
vario y muerto á la violencia de atrocísimos dolores,
pendiente de aquel leño de infamia.
P reludio te rc e ro : Será pedirle vivo conocimiento del
amor, con que por nosotros acepta los padecimientos
y la muerte tan ignominiosa; y gracia para aceptar por
su amor todas las penas, y morir á todo lo del mundo,
y á nosotros mismos, en obsequio suyo, diciéndole con
el Apóstol: «En nada quiero en adelante gloriarme, sino
»en la Cruz de mi Sefior Jesucristo» (1).
Punto 1.°— Consideremos primeramente la terribili­
dad de la crucifixión de Jesús. Dice el Evangelio: Lle­
garon al lugar, que te llama Calvario, y alli le crucifica­
ron ( 2). ¡Ohl ¡Le crucificaron!!... ¿Qué es la crucifixiónt
Es el tormento más cruel, y más acerbo, dice Santo To­
más, pues los crucificados son traspasados en lo más ner­
vioso, y sensible, como son las manos, y los piés; y el peso
mismo del cuerpo, que está colgado, aumenta de continuo

(1) Mihi absit gloriari, niai in Cruca Domini noatri Jesuchriati.


(Gal. 6.)
(2) Venerunt ad locum, qui vocatur Calvari®, ibi cruciftiernnt Enm.
(Luc. 28.)
— 381-
d dolor (1); y añade el devoto P. A L&pide: en la cruci­
fixión concurren todo género de pena*; la cruz corta,
como con espada, la* manos, y los piés, taladrándolos;
extiende con horrible violencia, como en potro, todo el
cuerpo; rasga, como con uñas, la carne, y la despedaza
á modo defieras; atormenta, como en hogar; y á modo de
fuego lento, asa, y consume; y así, concluye, Jesucristo
en la Cruz, padeció los tormentos de todos los Mártires (2).
¡Ohl ¡Con cuánta razón se exclama el Seflor por Jere­
mías: considerad bien, y red si hay dolor, gue pueda com­
pararse con mi dolorl (3)... /3/e he disuelto como el agua,
0 lodo* huesos se han desencajado! mi corazón está
como cera derritiéndose en mis entrañas! me tiene sitiado
una turba de malignos, y han taladrado mis manos, y
mis piés) y uno por uno, pueden contarse todos mis hue­
sos (4). jOhl exclama San Buenaventura, corren por todas
partes arroyos de sangre divina, que salen de aquellas
grandes y espantosas fieridas! y aquellos tres claoos sos­
tienen el peso de todo el cuerpo, siendo ast atormentado, y
afligido sobre toda ponderación y concepto (5). Oh, alma
cristiana! ¿Y no te conmueve tan doloroso espectácu­
lo?... ¿Puedes mirarlo con los ojos enjutos?... ¡Ahí P re-
gúiU aleal Señor admirada y conmovida: ¿Qué son, Se­
ñor, esas llagas en medio de vuestras manost (6). ¿Quién
(1) Cruciflúo est pcena acerbissima, nam crucifixi conflguntur in lo­
éis nervosis et magis sensibilibns, scilicet in manibus et pedibus; etip-
sum pondus corporis pendentis continué auget dolorem. (D. Thom.)
(2) In cruciflixione omnia pcenarum genera concurrunt: crux manus
pedesque secat, ut gl&dius; corpua distendit, ut equuleus; lacerat, ut
ungula; l&niat ut bestise; urit, cruciatque ut focus, et ut lento igne assat
et necat: quare Chriatus in cruce omnium Martjrum cruciatus senBit.
(E. P . A Lapide.)
(S) Altan dita et vidnte, ai est dolor, sicnt dolor meus. (Hier. 1.)
(4) Sicut aqua effussus sum, et dispersa sunt omnia ossa mea... fac-
tum est cor meum tamquam cera liquescens in medio ventris mei...
concilium malignaiiliuiii obsedit me; foderunt manus meas et pedes
meos; dinumeraverunt omnia ossa mea. íPs 21.)
(5) Fluunt undique Sacratisaimi Sanguinis rivuli ex illis magnis seis-
suris; et illi tres clavi sustinent totius corporis pondus, et ultra quam
diel vel excogltarl posBlt, aflligitur. (S. Bonav.)
(6) ¿Quid aunt p l a g » istse in medio manuum tuarum? (Zach. 13.)
— 382 —
os las ha causado? pues escrito está, que no hay heridas
sin motivo ( 1 )... Si; pregúntaselo admirada y pasmada,
dice el P. A Lápida, pues no hay cosa más admirable que
un Dios llagado, clavado, coronado de espinas, crucifica­
do ( 2 )... Y escucha, y atiende bien á la sentida respuesta
que te dá: estas llagas, estas heridas, las he recibido en
la casa de aquellos que me amaban (3); esto es, dice el
citado expoaitor, lo he recibido de aquellos, que decían,
que me amaban, y que de un modo particular estaban
obligados á mi amor (4)... ¡Oh, alma cristiana! ¿Y no te
ves, en estas palabras, indicada, descrita á ti misma?...
Reconoce de una vez, te diré con San Bernardo, la gra­
vedad de las llagas de tu alma por tus culpas, cuando
para sanarlas, ha sido necesario llagar y herir al Señor
de Cielos y tierra (5). Ea: arrepiénta te de veras, y dile
con el P. San Agustín: Confieso, Seflor, que yo soy lo
amoratado de tu pasión; yo lo trabajoso de tus tormentos;
yo, tus llagas adoloridas; yo, la causa de tu muerte ( 6 ).
Pésame, Señor, de todo mi corazón, compadeceos de
mi por vuestra gran misericordia...
P u n t o 2.°— Consideremos ahora la dolorosa, á la par ,
que amorosa muerte de Jesús, Dice el Evangelista santo:
Clamando Jesiís con grande oo*, dice: Padre, en tus ma­
nos encomiendo mi espíritu (7). ¡Oh! ¡Clamor prodigioso,
p e r o altamente significativo!... Clama, dicen los Santos
Padres, para manifestar, que, aunque muere á la violen­
cia de los tormentos, muere no obstante libre, y oolunta-

(1) ¿Cui sine causa vulnera? (Prov. 23.)


(2) Admirans et obstupeacena, nam nil mirabiliiia, quam Deas pía
gatua, clAvatiifl, npinis coronatua, cruciAxua. (R. P. A Lapide.)
(3) Hia plagatus sum in domo eorum qai diligebaat me. (Zach. 18.)
(4) Qui se Deum diligere profltebantur, et ad id pecaliari obligatione
adfltringebantur. (R. P. A Lapida.)
i5) Agnoace quam gravia aunt toa vulnera, pro quibua necease eal
Dominum Christum vulneran. (S. Bernar.)
(6) Ego snm, Domine, tus passionis livor, ego tui crueiaius labor,
ego tui plaga doloris, ego tus culpa occissionis. (S. Aug.)
(7) Clamaos voce magna Jesua, ait: Pater in manua tuaa commendo
spiri tum meom. (Luc. 28.)
— 383 —
riamente, esto es, por amor, no obligado por necesidad, ó
flaqueza... clama para dar público testimonio de su Dioi-
nidad, y de ser dueño de la oida, y déla muerte ( 1 )... Cla­
ma para manifestar la confianza, con que deposita su
alma en manos de su Eterno Padre, dando con esto per­
miso A la muerte para que se le acerque, dice San Euti-
mio, sabiendo, que el Padre guardarA su alma para rea­
sumirla en la resurrección (2)... Clama Analmente por
nosotros, dice el P. San Atanasio, pues con este clamor
nos deposita, y encomienda á todos, como miembros suyos,
en manos de su Eterno Padre, para que con Él, y por É l
seamos todos orificados (3). [Oh, amor incomprehensible
de iesúslt... ¡Verdaderamente se verifica aquí lo que
dice San Juán: nos amó hasta el fin { i), y más allá del
fln de su mortal vida, pues asi nos recomienda á su Ce­
lestial Padre!!... Y luego, inclina la cabeza (5)... ¡Oh,
alma cristianal ¡Qué acción ésta de Jesús tan tierna y
misteriosa!!... Inclina la cabeza para significar, que
acepta la muerte por obediencia, verificándose lo que
dice San Pablo que se ha hecho obediente hasta la muerte,
y muerte de crus ( 6 ), dándonos ejemplo de tan noble vir­
tud, aún en los preceptos graves y difíciles, como dice el
R. P. A. Lápide (7)... Inclina la cabeza para humillarse
y reverenciar ast al Padre Celestial ( 8 ); enseñándonos

(1) Licet vi dolorum et tormentorum, attamen non coactum ex necea*


sítate vel infirmitate, sed libere et ex volúntate mori, et ut ra Denm
esse ostenderet, vita mortisque Do mi num. (Varii SS. P P.)
(2) His verbis mor ti permissit, ut ad se accederet, caito sciens Pa-
trem spiritum suum sorvaturum, et tertio di* io resurrectioue reddi-
turum. (S. Eutym.)
(8) In eo clamore omnee homines apud Patrem deponit, et commen-
dat, per Ipsum, et in Ipso vivifican dos, siembra euim ejus sumus.
(S. Athanas.)
(4) In finem dilexit eos. (Joan. 13.)
(6) Inclínalo capite. (Joan. 19.)
(0) Factus obodiens usque ad mortem, mortem autem crucis. (P h i­
lip. 2.)
(7) Tam grave et durum prwcsptum aecipere volult Christus ut per-
(ectum nobis daret tam nobilis virtntis exemplum. (R. P. A Lapide.)
(8) Ut se Patri humiliaret, et re?erentiam ei exhiberet. (Id.)
— 384 —
con esto, dice San León, la excelencia de esta virtud,
habiéndola practicado desde el seno de su Madre, hasta
el suplicio de la Cruz (1)... Inclina Analmente aquella
cabeza, dice San Lorenzo Justinlano, que como mediador
ha sostenido, durante la pasión, las ignominias y el su­
plicio de la muerte, á favor det hombre, ahora la inclina,
como que se deshace, y se derrita en misericordia, como
que se doblega á la gracia, y se baja para el perdón é in­
dulgencia (2)... Y... espira... muere (3). ¡Oh, misterio de
amor infinito!!... ¡Muere el autor de la vida... y muere &
la violencia de horribles tormentos... pero |ay!... obli­
gado del amor!!... ¡Oh, alma cristiana! míralo bien...
mira si debes exclamar como San Pablo: Me ha amado,
y se ha entregado a la muerte por mi (4). Pero, no basta.
¿Es posible, que no se rasgue tu corazón, como el velo
del templo... que no se parta, como las piedras... que
no se abra, como los sepulcros?... La naturaleza toda se
conmueve, y tú ¿te quedarás insensible, sabiendo, que
tus pecados han sido la causa de esta muerte?... Rín­
dete de una vez... arrójate á sus piós... pídele humilde­
mente perdón, y quede todo Él impreso en tu corazón, te
diré con el P. San Agustín, ya que todo Él está fijado en
la Cruz por li (5)...
C o l o q u io . — Será pedirle con toda humildad al Divino
Jesús, que se digne mirarte con ojos de misericordia, y
que borrando tus pecados, encienda en tu corazón la
llama de su divino amor, diciéndoie con San Francisco
de Asís: «Ocupe, Sefior, del todo mi alma el fuego, y la
»dulzura de tu amor, para que muera por amor tuyo,

(1) Ab útero Matris naque ad suppliciutn crueis elegit et docnit.


(S. Leo.)
(2) Caput hoc, dum passione m, ludibria, et mortis supplicia pro ho-
minibus pertulit mediator, liquefecit ad mi86ricordiam, flectit ad gra-
tiam, inclinavit ad indulgentíam. (8. Laur. Justini.)
(8) Bt eip iravit. (L uc. 28.)
(4) Dilexit me, et tradidit Semetipsum pro me. (Gal. 2.)
(5) Totus tibi figatur in corde, qui totus pro te fuit afflxus in
crace. (S. Aag.)
-3 8 5 -
»ya que te has dignado morir tú en una cruz por amor
»m io» ( í) .
Se concluirá con un Padre-nu<xtro.
Por último dar gracias áDios, ofrocorle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luogo el examen, etc.

MXSXTACXÓH 9.a
De la soledad de la Santísima T iig e i Haría.

Or a c ió n p r e p a ra to r ia : La de costum bre.
P r e l u d io p r im e r o : Será resumir la historia de cómo
la Santísima Virgen, después de sepultado el sacrosanto
Cuerpo de su Divino Hijo difunto, se retiró en el Cenáculo
de Jerusalén, pasando allí treinta y seis horas en so­
ledad amarguísima, hasta la Resurrección de Jesús.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será figurarse ver en aquella casa
á la Santísima Virgen, en compañía de aquellas pocas
mujeres, y de Juán, llorando la muerte de Jesús; pero
principalmente mirar el corazón santo de la Virgen,
sumergido en soledad profunda, por la pérdida de su
Divino Hijo.
P r e l u d io t e r c e r o : Será pedir á la Virgen vivo cono­
cimiento de la gravedad de sus penas; y gracia para
saber acompañarla en ellas, mereciendo asi, que nunca
nos desampare en nuestras tribulaciones, diciéndoie
con la Santa Iglesia: «Haced, ó Divina María, ya que
«sois fuente de amor, que sepa yo sentir vuestros do-
olores, y que mis lágrimas se mezclen, con las que Vos
nderramais en vuestra soledad» ( 2 ).
P u n t o 1.°—Consideremos la profunda Soledad de Ma­
ría, sepultado su Divino Hijo Jesús. Los Santos Padres

(1) Absorbeat quseso, Domine, mentem meam ígnita et melliflua vis


amoris tui, ut amore amoris tui moriar, qui amore amoris mei digDatus
es in cruce morí. (S. Francia. Assissi.)
(2) Eja, Mater, fons amoris, me aentire vim doloris fac, nt tecum
lugeám. (S. Eccla. in of. Virg. Doloros.)
-3 8 6 -
aplican & María en este misterio aquellas sentidas pa­
labras de los Profetas: El Señor me ha como desampa­
rado, y como que se ha oloidado de mi... me ha dejado
tola, y sumida todo el dia en la mayor trielesa ( l ) . Y á
la verdad. ¡Quién es capaz de comprender el significado,
y cuánto abarca esta palabra... ¡Soledad//... Aislamiento
completo... orfandad absoluta... desierto espantoso...
cruel desamparo/... ¡Y esto en María!! ¡Cómo no excla­
mar con el Profeta Daniel: Atended, Señor, por amor
de Vos mismo, á vuestro Santuario santo, que está desier­
to, y desamparado (2). ¡Oh, alma cristiana! Mira este
santuario del Corazón santo de María, ha llegado á la
alta mar de las penas, y tribulaciones, y la tempestad de
una soledad espantosa la ha sumergido en el profundo
abismo del desconsuelo (3). En el Calvario, al pié de la
Cruz, puede decirse que María estaba sola de su Hijo
vivo, cuando al dirigirse el Señor á Ella, ya no la llamó
Madre, sino con el nombre genérico de Mujer. ¡Ohl
¡qué espada tan aguda para su corazón maternal!!...
Se vió en cierto modo sin Hijo, sola, á la vista de su
mismo Hijo!! Bien podía decir esta soberana Sefiora:
El Señor se oleida de mi... me ha desamparado (4)... esto
no obstante, estaba á su presencia... le vela... ofa su
voz divina... Llegó el momento supremo de la muerte,
espira el Seflor... Y Marta quedó sola, sin Hijo... se apa­
gó la luz de sus ojos... ya no vió más que el cuerpo yerto
de Jesüs (5)... sin embargo, lo tuvo por algunos mo­
mentos en su regazo, al bajarlo de la Cruz... ¡qué tier­
nos abrazos le daba! ( 6 )... Mas, ahora... mírala, alma
cristiana, mírala... sola... sin su Hijo Divino, ni vivo...

(1) Dereliquit me Dominus, Dominus oblitus est mei... posuit me de-


solatam, tota die meerore coníectam. (Is. 40, et Jer. 1.)
(2) Ostende, Domine, faciem tuam super Saactuarium tuum, quod
desertan est, propter Temetipsum. (D an. 9.)
(8) Veni in altitudinem maris, et tempestas demersit me. (Ps. 68.)
(4) Dominus oblitua est mei... dereliquit me. (Is. 49.)
(5) Lumen oculorum meorum, et ipsum non est mecum. (Ps. 87.)
(6) Tempus ampielan di. (Eccles. 3.)
— 387 —
ni muerto... ni sepultado... lejos del sepulcro, donde
yace aquel Cuerpo Sacrosanto... ¡Ah! no: ya no le es da­
do abrasarlo ( 1 )... está puesta en soledad, en abandono,
en desamparo, según expresión del Profeta Sofonlas (2)...
¡Qué situación tan aflictiva!!... Se deshace aquel cora­
zón maternal en tiernos suspiros, exclamando con el
Profeta: ¡Oh Seflor! Vos sabéis bien las angustias, ios an­
sias, que siente mi alma en esta soledad', g no se os ocul­
tan los lamentos de mi angustiado corazón ( 3), trastor­
nado está mi corazón, porque estoy llena de amargura ( 4 ).
¡Oh, alma cristiana! ¿no procurarás tú dar algún con­
suelo á Aquella, que es tu Madre, constituida tal en la
primera de estas soledades? ¿Y tendrá qué quejarse de
ti con las palabras del Profeta: oyen mis gemidos, y no
hay quién me consuele! (5>. ¡Ah! nó, no sea asi: esfuér­
zate á consolar á Marta tu Madre, compadécete de Ella,
pero con compasión verdadera, esto es, comparte con
Ella sus penas, llora tus pecados, que han sido su cau­
sa, y dile con todo afecto con la Santa Iglesia: De ceras,
Señora, deseo acompañaros en vuestra soledad, en vuestro
desamparo, en vuestro llanto ( 6 ).
P unto 2.°— Consideremos á María en el retiro del Ce­
náculo. ¡Qué situación tan triste, y angustiosa presenta
la Santisima Virgen en aquel retiro\... Es verdad, que
tieue alli á Juán, y á las demás m u jeres, que han asis­
tido al pié de la Cruz, en la muerte de su Hijo; mas,
¡ayl mudos están todos... en profundo silencio... sólo
hablan los ojos con lágrimas, y los corazones con ge­
midos... Sola pues está María, flja la mente en su Hi­
jo Divino; pero cuánto más vivo es su recuerdo, tanto

(1) Longe fieri ab amplexibun. (Eeeles. 8.)


(2) In soiitudinem, in invium, in desertum. (Sophon. 2.)
(9) Domine, ante Te omne desideriura meum, et gemitus meus á Te
non est abecondttus. (Ps. 87.)
(4) Subversum est cor rnenm in memetipsa, quia amaritudine plena
sum. (Thr. 1.)
(G) Audierunt quia ingemisco, et non est qui consoletur me. (Id.)
(6) Me tibi sociare in planctu, desidero. (S. Eccla. in off. Yir. Dolor.)
- 388-
más desolada se encuentra, viéndose separada del único
objeto de su amor... |Ah! nó: no entra consuelo alguno
en aquella alma santísima, abismada en el dolor ( 1 ). Y
ast exclama con el Profeta: mis lágrimas son mi
sustento noche y diat cuando me pregunto á mi misma
¿en dónde está ahora tu Diosf (2)... Todo contribuye
al aumento de su dolor. Los tiernos abrazos, que da­
ba él su Hijo en su infancia... su dulce compañía en
Nazareth... los sudores y fatigas de su predicación... y
principalmente los crueles tormentos y acerbos dolores
de su pasión reciente... todo se representa de golpe á su
imaginación, y á modo de avenida de aguas tempestuo­
sas, la sumerge en mar de angustias, y penas indeci­
bles... Todo ha pasado, y no le queda más que el triste
recuerdo de su Hijo difunto, y sepultado... ¡Oh! entre
tinieblas anda aquel corazón santo, sin que le amanezca
el resplandor de la luz (3)... Mírala, alma cristiana, mira
á aquella angustiada Madre, salpicados sus vestidos de
la adorable sangre de su Hijo, destilada sobre ellos,
cuando con inmenso dolor le ha tenido en su regazo,
al bajarlo de la Cruz... mírala con la corona de espinas
en una mano, y en la otra los clavos, todo ensangren­
tado... y adorándolo todo con la más profunda reve­
rencia, deshaciéndose sus ojos en continuo llanto, por no
tener reposo alguno, en expresión del Profeta (4). ¡Con
cuánta razón dice el Doctor Seráñco: Busco á María ,
busco á la Madre de Dios, y no encuentro más que espi­
nas y claoos, azotes y heridas, por estar toda Ella tras-
formada en estas cosas (5)... Sí. Toda el alma de María
está convertida en instrumentos de dolor, y por esto es

(1) Renuit consolad anima mea. (Ps. 76.)


(2) Fnerunt mihi lachryms mes panes die ac nocte, dum dicitur
mihi ¿Ubi est Deus tuus? (Ps. 41.)
(3) Me miaavit et adduxit in tenebras, et non in lucem. (Thr. 3.)
(4) Oculus meus affllctus est, nec tacult, eo quod non esset requies.
(Id )
(5) Quero Matrem Dei, et invenio spinas et clavos; qusero Mariam,
et invenio vulnera, et flagella, quia tota conversa est in ista. (S. Bonav.)
-3 8 9 —
más que Mártir, dice San Jerónimo, por ser todo inte­
rior tu martirio, y su amor más fuerte que la muerte,
por hacerte propia la muerte de tu Hijo (1)... ¿Y no te
compadeces de María, la m&s angustiada de todas las
Madres? ¡Ah! Mira cómo á pesar de sus inmensos do­
lores, no se olvida de II, te habla, y te dice: aqui estoy
cumpliendo lo que resta de la pasión de mi Hijo, enseñán­
dote á sufrir algo por Él (2). Imítame, pues, como yo le
imito á É l{ 3)... Mira pues, alma cristiana, como en me­
dio de su aflicción levanta sus ojos, y su corazón, al
Padre Celestial, y le dice: Sea asi, ó Padre, padezca yo
esta soledad, porque así lo quereis (4). Soy esclava vuestra,
hágase en mi según vuestra palabra (5). ¿Lo haces tú asi?
Cuando te ves afligida, penada, desolada ¿levantas tu
corazón al Señor? ¿Te ofreces por esclava suya? ¿para
hacer su voluntad, y del modo que Él quiera? Ea: hu­
míllate, ofrécete de veras & aquella Virgen Soberana, y
dllo de todo corazón con la Iglesia'Santa:
C o l o q u io . —«Haced, ó Madre m ía, que yo sepa llorar
»con Vos, condoliéndome de las penas de vuestro Hijo,
«mientras haya en mi un soplo de vida» ( 6 ).
Se concluirá con un Padre-nuestro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cumplirlos.=Luego el examen, etc.

FIH1E LAS MEDITACIONES DE LA TERCER! SEMANA.

(1) Qui* mente pasea fuit, pluaqaam Martyr fuit, et ejue dilectio am-
plius fortis qu»m more, quia morUm Christi suam fecit. (S. Hier.)
(2) Adlmpleo qua desuní passionum Christi, pro corpore ejue quod
eet Ecoieei*. (Coios*. 1.)
(8) ImiUtores mei estote, eicut et ego Christi. (l.ae Cor. 11.)
(4) lia Pater, quoaiam eie fuit pladtnm ante Te. (Mat. 11.)
(6) Eece ancilla Domini, Qat mihi secundum verbum tuam. (Luc. 1.)
(6) Fac me rer» tecum Aere, Cruciflxo condoler», doñee ego yiiero.
(S. Eeelt. in off. Vir. Doloroe.)
CUARTA SEMANA.
■ —«e»<XNto —

M 5 D I7 A O X O H 1 S

PAR A LA CUARTA SEMANA.

M E D IT A C IO N 1*

De la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

O r a c ió n L a de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :

P r e l u d io p r im e r o : Será resumir la historia do cómo


el Salvador, después de haber permanecido au sacrosan­
to Cuerpo en el Sepulcro, por espacio de treinta y seis
horas, en la madrugada del domingo, uniéndosele otra
vez su Santísima Alma, sale del Sepulcro triunfante, y
glorioso; resucita de entre los muertos, para no morir
jamás, sino vivir eternamente, triunfando ast de la
muerte, como con ella habla triunfado del pecado, y del
infierno.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será figurarse á Jesús, que sale
del Sepulcro, lleno de resplandor, y de gloria.
P r e l u d io t e r c e r o : Será pedirle vivo conocimiento de
su gloria; y gracia para saber imitarle en su gloriosa
resurrección, diciéndole con la Santa Iglesia: «Líbranos,
»ó Divino Jesús, de la muerte cruel del pecado, á los
— 391 —
»que hemos renacido á la vida do la gracia, para que
oseas el gozo pascual de nuestras almas eternamen-
»te*> ( 1 ).
Punto 1.°— Consideremos, quo la Resurrección del Se­
ñor fué verdadera. Dice el Santo Evangelio: El Seflor
resucitó verdaderamente (2). Él mismo lo había dicho
repetidas veces & los Apóstoles: conviene, que el Hijo del
hombre padezca, muera, y al tercer dia resucite (3). Lo
m ism o había anunciado á sus enemigos, los Sacerdotes,
Escribas, y Fariseos: Destruid este templo, y lo reedificaré
en tres dias; y añade el Evangelio: esto lo decía signifi­
cando el templo de su cuerpo, esto es, la resurrección del
mismo (4). Y del exacto cumplimiento de estos vatici­
nios dán testimonio los Ángeles á las piadosas mujeres,
que han ido al sepulcro, diciéndoles: no está aquí; ha
resucitado, como lo había predicho (5). Y más, esta re­
surrección no fué aparento, sino real, esto es, de su mis­
mo cuerpo; y así, resucitado, dice & sus Discípulos, que
le creen un espíritu: ved mis manos y mis piés, Yo mis­
mo soy; palpad, y considerad, que un espíritu no tiene
carne, y huesos, como oosotros veis, que tengo Yo (6). !Oh,
alma cristiana! ¿No te admira, no te alegra esta trans­
formación del Señor, de la muerte á la vida? ¡Oh, qué
gloria!... Pero advierte, que, como dice San Agustín,
todo lo sucedido en la resurrección de Jesucristo, es el mo­
delo de la resurrección de la vida cristiana (7)... [Cuánto

(1) Ut sis perenne mentibus paschale, Jesu, gaudium, & morte dirá
criminum, ’vitse renatos libera. (Eccla. bimn.)
<2) Sur reí i t Dominus vere. (Luc. 24.)
(8) Oportel Filiuin liominis multa pati, occidi, et tertia die resurgere.
(Mat. 16.)
(4) Solvite tamplun hoc, et in tribus diebus resdifleabo illud; lile
autem dicebat de templo corporis sui. (Joan. 2.)
(6) Non est hic; surrexit, slcut dixit. (Mat. 28.)
(6) V ido te manug meus et pede9 meoe, quia Ego Ipse sum: palpate,
et videte, quia spiritas carnem et ossa non habet, sicut Me Tidetis ha­
bere. (Luc. 24.)
(7) Quidqnid gestum est in resurrectione Christi, ita gestum est, ut
iifl rebus eonfiguraretur vita ohristiana. (S. Aug.)
— 392 —
m&s, de la vida perfecta! Te lo dice San Pablo: asi como
Jesucristo resucitó de la muerte á la vida, para gloria del
Padre, atl también procedamos nosotros con nuevo tenor
de vida (1). jY se puede decir esto de ti? ¿Has resucitado
en 69tos días, de la muerte, á la vida; de la tibieza, al
fervor; de la imperfección, & la perfección, 6 al deseo
vivo de emprenderla? ¿Se puede decir de ti: ya no está
esta alma en el sepulcro, en el lugar de los muertos? ya
ha salido del triste estado del pecado, ó de la indiferenciaf
¿Está ya resuelta en poner en práctica las resoluciones
que ha hechot(2)... ¡Ahí no vuelvas al pecado. Mira lo
que dice Santo Tomás: la oida del pecado tiene su. oejéz,
porque conduce á la corrupción (3); y cita á San Pablo
que dice: lo oiejo está cerca de la muerte (4). Reflexiona
seriamente, y propon.
p u n t o 2.°— Consideremos, que la Resurrección del
Señor, fué gloriosa. Dice el Apóstol San Pedro: Dios Pa­
dre ha glorificado á su Rijo Jesús, resucitándole de entre
los muertos (5); sobre lo que dice el sabio P. Calmet:
Dios Padre ha aumentado la gloria de su Hijo con su re­
surrección (6). Se levanta el Salvador del Sepulcro, triun­
fante y glorioso, revestido de los cuatro dotes de gloria,
de que habla el Apóstol, esto es; impasibilidad, claridad,
agilidad, y sutileza. Es verdad, que estos dotes ya los
tenia el Señor desde el prim er instante de su concep­
ción, pues com o dicen los Padres San Agustín y San
Crisóstomo, le eran debidos, y connaturales, pero, á causa
de su, Pasión, los tenia como represos, y sólo alguna oez,
como de paso, los habla manifestado; mas ahora, los ma-

(1) Quomodo Chrietus eurrexit ¿ mortuis per gloriam Patris, ita et


dos in novitate v ita ambulemus. (Rom. 6.)
(2) Non est hic, surrexit, sicut dixit. (Mat. 28.)
(8) Vita peccati yetustatem habet, quia in corruptionem nos docit.
(D. Th.)
(4) Quod seneseit, prope interitum est. (Heb. 8.)
(5) Deus Pater gloriñcavit Filium euum Jesum, quem suscltavit á
mortuis. (Act. 8.)
(6) Deus Pater F ilii gloriam resurrectione ejus auxit. (R. P. Calmet.)
-3 9 3 -
nifiesta en toda su plenitud, y por esto el Apóstol llama á
Cristo, celestial, y celestial también su cuerpo (1). ¡Oh!
¡qué gloria! Con la impasibilidad, ya no padeco, ni muo-
re otra voz; con la claridad es glorioso, y resplandecien­
te, más que el sol; con la agilidad, se presenta instan­
táneamente en todas partes; con la sutileza, penetra
para con todos los cuerpos; y así sale del sepulcro,
sin que se mueva la piedra, que lo cerraba... ¿Lo ves,
alma cristiana? ¿Entiendes con esto, cuál debe ser tu re­
surrección á la gracia?... No lo dudes; para ser verda­
dera, ha de ir acompañada de cuatro condiciones, co­
rrespondientes á los cuatro dotes de gloria. Ha de ser
impasible, esto es, has de tener, ó procurar, una perfecta
igualdad de ánimo en lo próspero, y en lo adverso, co­
mo dice San Pablo, tengamos utia vida quieta, y tranqui­
la (2), sin alteración alguna en tu espíritu. ¿Cómo lo
lograrás? Sin duda con el total desprendimiento de todo
afecto terreno, carnal, y mundano. ¿Lo procuras? ¿en
qué tienes puesto el corazón?... Ha de ser clara , esto es,
has de dar buen ejemplo con la práctica de las virtu­
des, acordándote de lo que dice Jesucristo: Brille vues­
tra luz ante los hombres, de manera, que vean vuestras
buenas obras (3). Y esto lo alcanzarás con la rectitud de
intención, pues el mismo Señor te lo indica, cuan­
do añade, que esta luz de tus buenas obras ha de diri­
girse al Cielo, para que todos glorifiquen á Dios (4). ¿Lo
practicas así? ¿Qué pretendes en tus acciones? ¿Te bus­
cas á tí, 6 la gloria de Dios?... Ha de ser ágil, esto es,
has de ser pronta en seguir, ya las inspiraciones de
Dios, diciéndole con David: Preparado está mi corazón, ó

(1) Debiti erant et connatnralpa Christo, sed ob Paasionem suspensi


erant, et obiter ante mortem subinde illos assumpsit, sed hodie illos
manifestat, eaque de causa vocat Apostolus Christum caelestem, et corpus
Christi cíeleste. (SS. Aug. et Chrys.)
f2) Quietam, et tranquil km vitam agamue. (2.® Tim. 2.)
(8) Luceat lax vestra coram hominibus, ut videant opera vestra bo­
na. (Mat. 5..i
(4) Et gloriflcent Patrem vestrum qui in calis est. (Id.)
86
— 394 —
Dios mió, aparejado está ( 1 ); ya también los mandatos
de los Superiores, atendiendo á lo de San Pablo: asi
como el ánimo es pronto en querer, así lo sea en ejecu­
tar (2). Para lograrlo, debes combatir el am or propio,
desprendiéndote de tí misma, recordando, que eres cria­
da para gloria de Dios (3). ¿Lo haces así? ¿Te resientes,
cuando te vés contrariada? ¿Te entristeces?... Por últi­
mo, ha de ser aútil, esto ea, has de esforzarte en prac­
ticar la yirtud, á pesar de las contradicciones, y tenta­
ciones que sobrevengan, resistiendo, y pasando por so­
bre todo, firme en la fe, como dice San Pedro (4). Lo al­
canzarás, si eres humilde, y confiada, pues está escrito
que á los humildes dá el Señor la gracia (5), y que el que
confia en Él, no padecerá menoscabo (6). Pondéralo bien,
y propon.
P u n t o 3.°—Consideremos que la Resurrección del Se­
ñor fué constante, ó permanente. Dice el Apóstol San Pa­
blo: Jesucristo, resucitado de entre los muertos, ya no
muere otra vez, la muerte ya no tiene dominio sobre Él (7).
Hé ahí el complemento de la gloria de la Resurrección
del Señor: la permanencia. Vine Jesús, y vine para
Dios ( 8). Vive, como dicen San Crisóstomo, Toleto, y
otros Santos Padres, por virtud de Dios; vive vida celes­
tial, divina, bienaventurada, inmortal; vive para gloria de
Dios (9). La muerte, dice el devoto P. A Lápide, como
Señor y Rey, dominó á Cristo, y á todos los hombres,
pero por Cristo resucitado fué despojada de todo domi-

(1) Par atum cor meum, Deas; p&r&tum cor meum. (Ps. 107.)
(2) Quemadmodum promptus est animus roluntatis, ita sit et perfl-
cíendi. (2. Cor. 8.)
(3) la gloriam meam creavi te. (Is. 48.)
(4) Eesistite fortes in fide. (S. Petr. 5.)
(5) Humilibus dat gratiam. (Jac. 4.)
(6) Qui confidit in Illum, non minorabitur. (E cdi. 82.)
(7) Ghristus resurgens i mortuis, jam non moritur; mora illi ultra
non dominabitur. (Rom. 6.)
(8) Y ivil, vivil Deo. (Rom. 0.)
(9) V ivit per virtutem Dei, v irit vitam cselestem, divioam, beatam,
i mmor talero, viyit ad Dei gloriam. (S. Chrys. Tolet. et aUi.)
-3 9 5 -
nio (1). ¿Es asi, alma cristiana, tu espiritual resurrecciónt
¿Deseas, que se a permanente? ¿Lo procurarás!... No lo (lu­
des; tai ha de ser tu resurrección á la gracia, pues como
dice un sabio expositor: Asi como la muerte ha perdido
todo derecho en Jesucristo, asi nosotros debemos oioir en
Él, con oida del todo nueva, sin ooloer jamás al pecado,
que es la muerte del alma (2). Esta, pues, lia de ser tu
resolución firmísima, después de estos días de retiro,
este es el fruto de los Santos Ejercicios, muerta al mun­
do, al pecado, y á ti misma; y viva solamente en Jesús,
y por Jesús. Pídele esta gracia al Sefior, y á este fln dile
devotamente con el Venerable Luís de Blosio:
C o l o q u io . — «Saludóte, dulcísimo Jesús, séate dada
«toda alabanza, honor, y gloria, que saliendo vencedor
«del sepulcro cerrado y sellado, con noble triunfo re-
«sucitaste de entre los muertos. Concededme, Señor,
»que resucitando yo de los vicios de la vida vieja, viva
«nueva vida, y busque las cosas soberanas, y eternas;
«guste las del Cielo; y las de la tierra me sean desabri-
»das, para que, cuando Tú, ó vida mia, aparecieres el
»d la del juicio, aparezca yo también contigo en la g lo -
»ria. A m en».
Se concluirá con un Padre-nueslro.
Por último dar gracias á Dios, ofrecerle los propósitos,
y pedir gracia para cu m p lirlos.= L u ego el examen, etc.

(1) Mor», quasi Doiniuu» t)l Re a , Christo om ni busque hominibus fuit


dominata, sed per Chrisium dominio hoc fuit in resurrectiom? si>oliflhi.
(R. P. A Lapide.)
(2) Nullum jus morti est in Christo, quamobrem ita vivendum nobis
est in Christo, vita penitus nova, nullo umquam ad peccatum, anima
mortem, redilu. (R. P. Calmet.)
-3 96 —

M ID ITIC IO IT 2/
De la aparición de Jesús resucitado i su Madre
Santísima, la Virgen Maria.

O r a c ió n La de costumbre.
p r e p a r a t o r ia :
P r e l u d io p r im e r o : Será resumir la historia, en opi­
nión unánime de los Santos Padres, de cómo el Divino
Jesús resucitado se apareció inmediatamente á su Ma­
dre Santísima, en su retiro del Cenáculo, llenando el
alm a de la Virgen de un gozo indecible, siendo Ella la
que más intensa y plenamente participó de las glorias
de la Resurrección del Salvador.
P r e l u d i o s e g u n d o : Será figurarse ver al Sefior, lleno
de gloria, á la presencia de su Santísima Madre, y á esta
Soberana Sefiora, adorando profundamente, y abrazan­
do con inefable gozo á su Sunlfsimo Hijo.
P r e l u d i o t b r c e r o : Será pedir á María vivo conoci­
miento de los afectos de am or, y de gozo, que inundan
su corazón; y gracia para saber imitarla, y lograr por
su intercesión los dulces efectos de la Resurrección de
su Divino Hijo, diciéndoie con el Seráfico Doctor San
Buenaventura: «O dignísima Reina del Cielo, dignaos
«ro g a r por nosotros á Jesucristo, Dios y Sefior nuestro,
«para que nos haga participantes de su Resurrección
ogloriosa, ahora por gracia, y después por g loria » (1 ).
P u n t o 1 .° — Consideremos los ardientes deseos de la
Virgen de cer resucitado á su Santísimo Hijo. Es cierto,
que la soledad en que se encuentra Marta, después de
sepultado su Divino Hijo, es otro de los dolores más
acerbos de 9u piadoso y maternal corazón; pero á
pesar de tan terrible desamparo, no se m inora en lo
más mínim o la viva fe de ver á su Hijo resucitado. ¡Oh!

(1) Oh, dignissima Regina CcbIí , ora pro nobis Deum et Dominum
nostruni Jesum Christum, ut nos resurrectionis participes efflciat in
praobeuti per gratiaui, et iu futuro per gloriam. (3. Boca y .)
-3 9 7 -
jqué deseos tan ardorosos... qué ansias tan vivas la$de
su alma!!... Ella exclama con Isaías: M i alma te desea
en medio de la noche déla tribulación, y mientras haya
aliento en mis entrañas, me dirigiré á ti desde que ama-
nezca ( 1 ). ¿Y de dónde tan ardiente deseo?... ¡A y , alma
cristiana! atiéndelo bien... del acendrado amor, en que
se abrasa su corazón. Recuerda bien que su Divino Hijo
ha dicho: El que me ama, será amado de mi Padre, Yo le
amaré, y me le manifestaré { 2). ¿Y dónde encontrar amor
hacia Jesús, que pueda equipararse al de María?... Im­
posible. Por esto dice San Buenaventura, que mientras
Maria Magdalena, Maria de Santiago, y Salomé oán muy
de mañana al Sepulcro para ungir el Sacrosanto Cuerpo
del Señor, la Santísima Virgen se queda en su retiro,
orando (3), y que dirigiéndose al Padre Celestial, le dice.
/Oh, Padre clementísimo y piadosísimo! Vos sabéis, que
ha muerto mi Hijo, crucificado entre dos ladrones, y que
yo misma le he dado sepultura; pero, Seflor, Vos sois To­
dopoderoso para restituírmelo sin lesión ni menoscabo;
ruego pues, á vuestra Majestad Soberana, que os digneis
devolvérmelo. ¡Oh! ¿por qué tarda tanto venir á mi? En­
viádmelo, os ruego, Seflor, pues nó, no descansará mi al­
ma hasta que le vea (4), y dirigiéndose á su Divino Hijo,
exclama: ¡Oh, Hijo mío dulcísimo! ¿qué te has hecho?...
Ruégote, que no difieras. más venir á mi. Tu dijiste: resu­
citaré al tercer día: Mira que ha llegado ya: levántate

(1) Anima m«A ápsidmavit te in nor.te, and et spiritu man in praecor-


di¡8 meis, de mane vigilado ad te. (Is. 26.)
(2) Qui diligit me, diligetur á Patre meo, et Ego diligam eum, et
manifestabo ei meipsnm. (Joan. 14.)
(8) Summo mane Marta Magdalonc, Maria Jacobi ct Salomé esporunt
iré cum unguentis ad monumentum; Domina autem domi remansit, et
orabat. (S. Bonav.)
(4) (Pater clementissimef jPater piisaimel fiieut scitis, mortuus est
Filius meus, ínter dúos latrones cruci afllxus, r;t ego sepelivi maiii-
bus meis; sed potens es, Domine, Eum mihi restituere ¡ncolumem; rogo
Majestatem vestram ut Eum mihi reddatis. ¡Heu! ¿Quare tardat tantum
ad me venire? Permitte, obsecro, Eum mihi; quia non quiescet anima
mea, nisi videam Ipsum. (Id.)
-3 9 8 -
pues, ó gloria mia, nada deseo tanto como verte á Ti: Que
me consuele tu presencia, ast como tanto me contrista tu,
ausencia ( 1 ). ¡Olí, alma cristiana! ¿Qué son estas voces
de la más pura de las Vírgenes... de la más amante de
las Madres? ¿Qué son, sino llamas vivísimas de amor,
en qua arde su corazón purísimo? ¿Y no te dice esto, que
para gozar de la visita del Señor, es preciso que ames
verdadera, y cordialmente? ¡Ah! Si amabas tiernamente
á Jesús, ¡qué deseos, qué ansias tendrías de verle, y gozar
de sus glorias inmortales!!... Atiende á lo que dice San
Agustín: El Señor ha prometido manifestarse á sus aman­
tes (2); y el mismo Señor te asegura, que si le arrias, Él
te amará, y con su Celestial Padre vendrán á ti, y harán
mansión dentro de ti (3). ¿Qué aguardas pues? ¿qué te
detiene?...
P ú n t o 2.®—Consideremos la aparición de Jesús á su
Madre Santísima. Dice el Doctor Seráfico, que estando
asi María en altísima oración, y en ticrnlsimot afectos,
de repente se le presenta el Divino Jesús, como en vestido
blanco, radiante de gloria, con aspecto sereno, todo gra­
cioso, y rebosando la más pura alegría (4). ¡Oh! ¿Quién
es capáz, no ya de explicar, pero ni tan sólo de conce­
bir, lo que pasa en el purísimo, y amante Corazón de
María?... ¡Qué cambio! ¡Qué transformación!!... Se pos­
tra al momento aquella Virgen Soberana, dice el Santo,
adora á su Hijo, llorando tiernamente por el gozo que la
inunda (5). ¡Oh! Llora, si, llora María.., pero ¡cuán di-
(1} ¡Heu, Fili mi duleissimet ¿Quid est de Te? ¿Quid moram contra-
bis? Rogo Te ne A m p liu s di (Teras venire ad me: Tu dixisti: Tertia dio
resurgam: ergo, F ili mi, hodie est tertia dies: exurgs ergo gloria mea;
super omnia desidero Te videro; consoletur me tuus reditus, quam con-
tiiatAvit discessus. (S. Honav.)
(2) Sftipsnm prnm isaiL D o m in u s ns tan s m m n dile rto rih u a sn is. (S . A n g .)
(3) Qui diligit Me, diligelur á Patre meo, ot Ego diligam eum, et ad
eum veniemus, et mansionem apud eum faciemus. (Joan. 14.)
(4) Illa ergo sic orante, et dulciler afTectus emitiente, ecce súbito
Dominus Jesús venit in vestibus albis, vultu sereno, epeciosus, gratio
sus. et gaudens. íS. Bonav.)
(6) Illa 8tatim genuflcctit, adorans Eum cum lachrymis pregaudio.
(Id.)
-3 9 9 -
ferentes son las lágrimas, qué con tanta abundancia
han vertido sus ojos hasta el presente, de las que de­
rraman ahora con tanta dulzura! Aquéllas eran la ex­
presión del dolor, y de la amargura, éstas lo son del
gozo, y de la alegría... Á la verdad, todas son de amor,
pero aquéllas iban mezcladas con el dolor más acerbo,
éstas con gozo inexplicable. |Oh! Bien puede exclamar
con el Profeta: Según la multitud de los dolores, que
atormentaron mi corazón, los consuelos del Señor han
llenado de alegría mi alma ( 1 ). Ella mira atentamente
el rostro resplandeciente de su Hijo , á la par que las cica­
trices de sus manos, y de todo su cuerpo (2); y el Señor
le dice: /Dulcísima Madre mía/ Todo dolor se ha apar­
tado de mi, /ie vencido la muerte, el dolor, y las angustias;
y de hoy en adelante ninguna pena tendrá lugar en M i .
lie resucitado, y me hallo contigo (3). Y María transpor­
tada de gozo, exclama: Bendito sea tu Padre Celestial,
que Te me fía devuelto; sea su Santísimo Nombre exal­
tado, alabado y engrandecido por todos los siglos (4). ¿Te
pasmas, alma cristiana, á la consideración de tanta
gloria, y tanto gozo? i Arde tu corazón en vivos deseos
de tan celestial dulzura? ¡Ahí No olvides, que María lo
mereció con el amor, y con el dolor... Ama á Jesús,
sufre por Jesús, y no lo dudes, participarás de las glo­
rias de Jesús. La misma Celestial Reina dice á su sierva
la V. María de Agreda: Oloid¿ la amargura, y el trabajo,
que padecí porque el sumo gozo desterró la pena; pero
nunca perdí la vista de lo que mi Hijo padeció por el li­
naje humano. Esto te indica, que entre las penas y tri-

(1) Secundum multitudinem dolorum meorum in corde meo, consola-


tiones tu » laetificaverunt animam meam. (Ps. 83.)
(2) Curióse iutuebutur eumdem io vultu, in cicatricibus manuum, et
totius corporis. (S. Bonav.)
(3) (Duleissima Mater meal Omnis á Me dolor abscessit,