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No de los textos más profundos del Nuevo Testamento sobre la lámpara del

cuerpo

En Lucas 11:33-36 Jesús inicia un discurso revelador tanto para la gente de


su época como para los cristianos de nuestros tiempos. En los tiempos de Jesús
existía dos escuelas de teología dentro del judaísmo, fariseos y saduceos. En
realidad existían tres pero solo dos eran acreditadas por el estado, o sea el
judaísmo en Israel. La tercera escuela era la de los esenios que se desligaron
de la metrópolis de Jesrusalén por la corrupción espiritual y por el legalismo
rampante de los fariseos y de los saduceos.

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo
estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas.
Mateo 6:22.23

nuestros ojos son uno de nuestros cinco sentidos físicos, pero también
espirituales ya que con ellos vemos para bien o para mal, es decir, para
bendición de nuestras almas o para perdición de éstas.

Hemos oído decir que los ojos son las ventanas del alma, que ellos reflejan lo
que realmente hay dentro de nuestro ser, y con ellos, muchas veces decimos
cosas que aún no han salido de nuestros labios; por ejemplo, cuando estamos
enojados, alegres o tristes no necesitamos hablar, ellos lo dicen todo.

Jesús dijo en Mateo 5:29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de


caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus
miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno… ¿qué es lo que
puede estar ocasionándole a tu corazón que se contamine?
Cuando Jesús nos dio esta enseñanza, estaba dándonos una analogía. Una
enseñanza que representa la teoría que debemos tener los llamados hijos de
Dios, porque si esto fuese una práctica real que debiéramos llevar a cabo,
todos tendríamos que quedarnos ciegos, cojos o mancos.

La enseñanza que El trae es como una luz puesta sobre una repisa. Sin embargo, cada persona tiene que
decidir cuánta luz permitirá penetrar su vida y su corazón. Podemos poner la mirada en Jesús, permitiendo
que su luz ilumine toda nuestra vida. Pero también podemos cerrar los ojos a su verdad, encerrándonos en
nuestro propio mundo y cerrando las cortinas para que la luz no entre.

Podemos creer que tenemos luz, pero podría resultar que esa luz es oscuridad. Cuando nos dejamos guiar
por nuestro propio criterio, podemos fácilmente ver mal. ¿Cómo ves? Cristo te llama a ir mucho más allá de
una perspectiva positiva y aprender a ver las cosas como El te enseña a verlas. Te llama a reconocer la
oscuridad que puede haber en tu corazón y cambiarla por su luz. Hoy veremos tres cosas que Jesús nos
enseña, de las muchas enseñanzas que El nos dejó, para empezar a cambiar nuestra oscuridad por su luz.

Pasemos al capítulo 12, versos 1 al 3:

12:1 En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus
discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

La primera clase de oscuridad que Jesús menciona es la hipocresía. Me fascina el hecho de que ninguno
de nosotros quiere reconocer que somos hipócritas. Te aseguro que, si examinas tu corazón, encontrarás
al menos un poco de hipocresía. Te lo puedo asegurar porque lo he encontrado en el mío. La triste realidad
es que, si crees que no eres hipócrita, lo más probable es que no te conozcas muy bien a ti mismo.

¿Qué es la hipocresía? La palabra viene del teatro griego. En la Grecia antigua, los "hipócritas" eran los
actores. Representaban un papel dentro de la obra, pero no tenía nada que ver con su vida real. De la
misma forma, un hipócrita es alguien que muestra incongruencia entre lo que dice y lo que hace, que
aparenta una cosa en ratos y otra cosa en otros.

Jesús nos dice que no hay cosa oculta que no se dé a conocer. Creo que todos sabemos que no podemos
engañar a Dios. Lo que Jesús aquí nos dice es que Dios revelará a todos un día las cosas que hemos hecho
en lo secreto, a menos que nos hayamos arrepentido y las hayamos dejado.

Aquí Jesús nos habla de la oscuridad del temor. El temor nos lleva a dejarnos influenciar por la gente. En
algunas partes del mundo, existe el peligro verdadero de sufrir daño físico por causa del evangelio. Para
muchos de nuestros hermanos, los que matan el cuerpo son un peligro real.

La realidad, sin embargo, es que nosotros actualmente no enfrentamos esa clase de peligro por seguir al
Señor. El temor de nosotros es, más bien, el temor al qué dirán, el temor al rechazo de nuestras amistades,
el temor a la discriminación sutil en el trabajo a causa del evangelio. Pero me pregunto: si no debemos de
temer a los que pueden matarnos, ¿debemos de temer a los que sólo nos pueden matar con la lengua?
¡Mucho menos! Más bien, debemos de temer a Dios, y no a los hombres.

Cuando conocemos a Cristo, su luz nos da valor. Si realmente lo conocemos, lo reconoceremos ante los
demás. Ya no tenemos que escondernos en temor, porque Dios nos cuida.

La Lámpara del Cuerpo


Alberto Vega Estudios Bíblicos

“La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu
cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo
está en tinieblas. 35 Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea
tinieblas. 36 Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte
alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te
alumbra con su resplandor. ” (LUCAS 11:34-36 RV60)
Tus ojos son la lámpara de tu cuerpo. Si tu visión es clara, todo tu ser
disfrutará de la luz; pero si está nublada, todo tu ser estará en la oscuridad.*
35 Asegúrate de que la luz que crees tener no sea oscuridad. 36 Por tanto, si
todo tu ser disfruta de la luz, sin que ninguna parte quede en la
oscuridad, estarás completamente iluminado, como cuando una lámpara te
alumbra con su luz.” (Lucas 11:34-36 NVI)

Todos conocemos la función tan importante que tienen nuestros ojos. Es un


sentido del cuerpo humano, sumamente importante y vital para todo el
desarrollo de nuestras actividades.
Es muy vital también, porque nos permite ver nuestro alrededor, apreciar la
belleza de las cosas de la vida, ver esos atardeceres, y ver la belleza de las
personas.
Cuando este órgano del cuerpo, empieza a fallar, inmediatamente acudimos al
oftalmólogo a que nos ausculte para decirnos que hacer, que medicina o
tratamiento seguir.
A través de este sentido, entra toda la información a nuestro cerebro, y ahí es
procesado para poder apreciar las formas y colores, y para que logremos
comprender el mundo que nos rodea. Con estas palabras, pretendo que
entendamos la importancia de nuestros ojos. La palabra de Dios, en el texto que
nos ocupa, se ocupa de hablar de su importancia para nuestras vidas, no tanto
en el especto materia, sino más bien, en el espiritual.

Notemos que nos explica que la lámpara de nuestro cuerpo son nuestros ojos.
Es con ellos que alumbramos nuestro interior. Recordemos lo que Jesús
menciono acerca de nuestro interior:
Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque
de adentro del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos,
fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños,
sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de
adentro salen y contaminan al hombre. (Marcos 7:21-23).
Pero a lo que el Señor se refería más que todo con respecto a nuestra visión
es, a nuestra naturaleza pecaminosa, debido al pecado original de Adán, Y al
Señor lo que le interesa es nuestra vista espiritual. Si analizamos estas palabras,
nos daremos cuenta que todo nuestro interior esta lleno de maldad y oscuridad.
¿Nos identificamos con algunas de estas palabras? Creo que todos, tenemos
muchas de ellas.
Lo que Jesús pretendía decirnos es que no busquemos causas externas para
nuestros males internos. Nuestra naturaleza caída nos heredó todos estos males.
Ahora bien, ¿qué función entonces juegan nuestros ojos en todo esto? Ellos son
nuestra lámpara, ellos se encargan de iluminar nuestro interior. Entonces
estimado amigo, es lo que vemos con ellos lo que determinara nuestra luz
interior. Por ejemplo, los programas de televisión que vemos, la clase de libros
que leemos, incluso en como vemos a una persona del sexo opuesto, etc. Esto
juega un papel muy importante en nuestra vida. Debemos cuidar nuestros ojos,
para que nuestro interior sea alumbrado, y recordemos que la Luz que debe de
alumbrar nuestro interior debe de ser la luz de Cristo Jesús.
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me
sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. 13 Entonces
los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no
es verdadero. 14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca
de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a
dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.
15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. 16 Y si yo juzgo, mi
juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el
Padre. 17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es
verdadero. 18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me
envió da testimonio de mí. (Juan 8:12-18).
Que necesitamos para tener derecho a esa Luz, nada más seguir a Cristo como
el Señor de nuestras vidas, y ya no andaremos más en tinieblas, sino que
tendremos la Luz de la vida

La puerta del alma.

El Salmista David hizo un pacto con sus ojos cuando él prometió no poner
ninguna cosa maligna delante de ellos. El también pidió que Dios le diera el
poder de cumplir con su voto cuando dijo, “Aparta mis ojos, que no vean la
vanidad” (Salmo 119:37). La vanidad se refiere a cualquier cosa que es sin
valor, necio, vacío, y falto de realidad. ¿Por qué puso David tanto énfasis en
no dejar que su ojo percibiera cosas malignas y vanas?

La razón es que el ojo es un miembro único del cuerpo en respecto a ciertos


aspectos importantes. Jesús nos dijo en Mateo 6:22-23 y Lucas 11:34 que el
ojo es la luz del cuerpo. Si es bueno (claro, entero, no cegado), entonces el
cuerpo entero estará lleno de la luz. Si es maligno (malvado, enfermo, ciego),
entonces el cuerpo entero estará lleno de tinieblas. Si la luz del cuerpo es
oscura, ¡cuán grande es la oscuridad del resto del cuerpo! En otras palabras,
Jesús enseñó que el ojo es la puerta al corazón o al alma del hombre. Es el
principal órgano sensorio que usamos para recibir información desde el
mundo de afuera. Si nuestro ojo se llena constantemente de visiones
perversas, entonces se afectarán drásticamente nuestros pensamientos y
acciones.

Los psicólogos han verificado esta declaración, estimando que el noventa por
ciento de nuestros pensamientos son estimulados por lo que vemos. También,
los experimentos han mostrado que la mente humana retiene en la memoria a
largo plazo más o menos el 65% de lo que recibe simultáneamente através de
los ojos y oídos, pero solamente más o menos el 15% de lo que viene
mediante los oídos no mas. Como una ilustración sencilla del impacto de los
ojos sobre la mente, piense de la diferencia entre ver a un horrible accidente a
diferencia de meramente oir de ello. Esto explica porque hay tanta verdad en
el viejo dicho, “ver es creer.”

Está bien demostrado que lo que una persona ve tiene una poderosa influencia
sobre sus pensamientos. A la vez, los pensamientos de un individuo
determinan lo que él es. “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es
él” (Proverbios 23:7). Como Jesús dijo, la condición de los ojos determina la
condición del cuerpo entero.

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¿Cuál es la luz que te ilumina? ¿Estás caminando en la luz de Cristo, o te estás tratando de guiar por
alguna otra luz? ¡Cuidado que tu luz no sea oscuridad! Si Dios está hablándote al corazón acerca de
algún rincón de oscuridad en tu vida, no resistas su voz. Ven a su plena luz para que puedas ser
transformado. Deja que Cristo te ilumine completamente. Puedes vivir según sus enseñanzas, y por sus
enseñanzas, puedes vivir.

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