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INDEPENDENCIA DE GUATEMALA

ACONTECIMIENTO

La junta se inició sin mayor retraso. El ambiente era tenso ante la


importancia de lo que se habría de tratar y resolver. La reunión fue a puerta
abierta, en el Real Palacio. Estaban alrededor de 50 personas en el salón, pero en
la antesala y en el corredor se reunieron cada vez más personas, lo mismo que en
el patio, portales exteriores y en la plaza misma.

Durante la lluviosa noche anterior se acudió a los barrios a fin de invitar al


vecindario. Al principio la concurrencia no era muy nutrida, por lo cual Basilio
Porras y Dolores Bedoya de Molina trataron de reunir más gente, pusieron música
en la plaza y quemaron cohetes para atraer la atención del pueblo.

Primero se dio lectura a los documentos llegados de Chiapas y a


continuación se escuchó la opinión de los asistentes. El primero en tomar la
palabra fue el Arzobispo Casaus y Torres, quien expresó que no había nada que
resolver, sino esperar que España decidiera acerca del Plan de Iguala.

Desde fuera llegaron voces acallándolo y aun algunos insultos. Después


opinaron el Canónigo José María Castilla y el Deán Antonio García Redondo,
ambos en favor de declarar la Independencia. El Brigadier Gaínza, aún vacilante,
se mostró partidario de declarar la emancipación, pero conforme al Plan de Iguala,
es decir, en unión con México.

Ese fue el tema fundamental de la reunión, según lo reconoce el autor de


las Memorias adjudicadas a Molina: sobre todo se suscitó una cuestión que fue
después la manzana de la discordia: tal fue, si nos pronunciaríamos
independientes absolutos o en unión a México. Prevaleció por de pronto la opinión
de independencia absoluta'.

En general, predominó el criterio que llevaba preparado y que defendió el


ilustre jurisconsulto José del Valle, el cual satisfizo a la mayoría en ambos bandos.

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La base jurídica del criterio de Valle era que como no se tenía
representación de todas las regiones del Reino, se carecía de autorización para
decidir en forma definitiva acerca de la Independencia, mas era conveniente
declararla `para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso que la
proclamase de hecho el mismo pueblo'. Por ello tenía que convocarse a un
Congreso, cuyos diputados, debidamente instruidos, deberían ratificarla y decidir,
`en caso de acordarla', la forma de gobierno y la ley fundamental.

Apenas se opuso uno de los curas párrocos, quien no veía la necesidad de


hacer variación en el gobierno, al que consideraba en capacidad de tomar las
medidas de seguridad que convinieran.

Aproximadamente a las 11 de la mañana se hizo la votación. Dos terceras


partes estuvieron en favor de lo propuesto por Valle, es decir, que mientras se
llevara a cabo el Congreso continuaran en sus cargos las autoridades. Se formó la
llamada Junta Provisional Consultiva, integrada por la Diputación Provincial y los
siguientes representantes: Miguel de Larreinaga, por León José del Valle, por
Comayagua el Marqués de Aycinena, por Quezaltenango José Valdez (tesorero
de la Catedral), por Sololá y Chimaltenango Ángel María Candina, por Sonsonate,
y Antonio Robles, por Ciudad Real. Después de efectuada la votación se dio por
disuelta la reunión.

En el momento de su retiro, algunos de los que habían estado en contra


fueron insultados, y el Arzobispo Casaus fue halado de las vestiduras hasta
romperle el roquete o sobrepelliz. Además, se detuvo su coche en la calle, y se le
lanzaron improperios. La sala, donde quedó reunida la Diputación Provincial y el
Ayuntamiento, fue invadida por más de 100 personas, que pedían la destitución de
quienes habían estado en contra y exigían la inmediata jura del Brigadier Gaínza.
Se acordó entonces la deposición del Coronel Félix Lagrava, Jefe del Batallón de
Veteranos, y del Comandante de la artillería, N. de Sotomayor. La multitud no
abandonó el salón hasta que el Jefe Político juró la Independencia, aunque
todavía pretendió hacerlo conforme al Plan de Iguala. Inmediatamente juraron los
otros miembros de la nueva Junta Provisional Consultiva. A continuación se
procedió a preparar el acta.

La noticia corrió como reguero de pólvora en la ciudad. Los pocos


españolistas quedaron pasmados, aunque algunos creyeron que las tropas al
mando de Lagrava reaccionarían. Sin embargo, dicho jefe decidió no actuar, no
por temor, según dijo, sino porque iba contra sus principios enfrentarse al pueblo.
Al retirarse del salón las autoridades, la gente descolgó el retrato de Fernando VII,
el que fue escupido y arrastrado hacia la plaza, donde también fue arrancada la
estatua ecuestre de Carlos III, que estaba en la fuente. Otro grupo se dirigió al

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salón de sesiones del Ayuntamiento para retirar también los retratos de Fernando
VII y del Adelantado Pedro de Alvarado.

Tanto en el edificio del Real Palacio como en el Ayuntamiento hubo


destrozos en los barandales interiores y algunos vidrios rotos. Después de
permanecer un rato en la plaza mayor, el populacho decidió atar lazos a las
alcayatas de los cuadros, que fueron arrastrados por las calles con todo y sus
marcos. Una lluvia torrencial, al mediar la tarde, hizo que se disolviera la turba,
que dejó abandonados los lienzos. Se evitaron así mayores desórdenes y
enfrentamientos con la tropa, que ya había salido a hacer rondas, con órdenes de
disolver los grupos.

Probablemente estos acontecimientos hicieron que Gaínza emitiera ese


mismo día el bando citado antes. Así culminó el día en que se rompió la
dependencia del Reino de Guatemala respecto de España.

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El proceso de la emancipación del Reino de Guatemala ha de apreciarse en
relación con los acontecimientos que se suscitaban en Europa y el resto del
continente americano, y debe examinarse en toda su larga duración, tratando de
captar su evolución o `maduración', hasta culminar, más o menos
simultáneamente que en otras partes de Hispanoamérica, en el rompimiento de
los vínculos de dependencia con España.

El historiador Chester Zelaya ha dividido el proceso en tres etapas: la del


Despotismo Ilustrado (1794-1810), la Constitucionalista (1810-1820) y la
Independentista (1820-1823).

La primera escapa al presente artículo, ya que se trata en otras partes de


esta misma obra se refiere al clima ideológico y político que se creó
paulatinamente por una compleja serie de factores que de hecho venían desde
tiempo atrás y entre los que ha sido usual mencionar la Independencia de los
Estados Unidos de América y la Revolución Francesa. Por supuesto, es cierto que
en historia resulta imposible trazar mojones radicales, y si se habla de etapas es
sólo como recurso de comprensión y análisis, puesto que en la realidad no han
existido esos rompimientos que se plantean aquí para una explicación más clara
de los hechos.

Al reducir el estudio a las otras dos etapas, es preferible, al menos para el


caso centroamericano, hacer otra división. El primer hito lo establecieron los
súbitos y graves acontecimientos peninsulares que se iniciaron en 1808 y que
desembocaron en el proceso constitucionalista de Cádiz, el cual se interrumpió
abruptamente con la derogatoria de la Constitución en 1814 y la vuelta al régimen
absolutista.

Entre 1814 y 1820, mientras no estuvo vigente la Constitución, se produjo


una interrupción aparente, un interregno calmado, durante el cual pareció

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afirmarse el dominio español, pero en el que, de manera encubierta, se produjo
una definición de las diversas posturas de los grupos urbanos que buscaban un
cambio de la situación, especialmente en la ciudad de Guatemala.

La última etapa (1820-1823), en coincidencia con Zelaya, puede dividirse en


dos sub etapas: la comprendida de 1820 a la declaratoria de la Independencia el
15 de septiembre de 1821, y la que se inició con la aplicación de lo decidido
provisionalmente en la capital. Este período estuvo dominado por la unión al
Imperio mexicano, y se cerró al caer el régimen y reanudarse el proceso de
decisión interrumpido por la anexión. Esta última etapa, desarrollada en el seno de
la Asamblea Nacional Constituyente, se trata en la cuarta parte de esta misma
obra.

Antes de referirse a los acontecimientos españoles, sin embargo, es


conveniente describir cómo funcionaban en el Reino de Guatemala las relaciones
de poder, tanto políticas como económicas, ya que su comprensión permite
apreciar mejor los cambios que deseaban las élites criollas, que estaban
inconformes con esa situación, aunque en diferente forma, según se tratara de la
élite de la ciudad de Guatemala o de las élites de las principales ciudades
provincianas, las cuales tenían aspiraciones diversas.

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CONSTITUCION FEDERAL DE 1824

ANTECEDENTES

La Asamblea Constituyente de las


Provincias Unidas del Centro de América
designó una comisión para redactar la
futura Constitución de la República y en
diciembre de 1823 aprobó las Bases de
Constitución Federal, documento que
operó como Constitución provisional y
como anteproyecto para la redacción de la
definitiva.

La comisión redactora del proyecto


de Constitución presentó el fruto de sus
trabajos a la consideración de la
Asamblea Nacional Constituyente el 5 de
julio de 1824. El texto fue aprobado por la
Constituyente el 22 de noviembre de
1824, con el nombre de Constitución de la
República Federal de Centroamérica, y se
le dio vigencia provisional, a la espera de
que fuese sancionado por el primer
Congreso de la Federación.

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CONTENIDO

La Constitución federal constaba de 211 artículos distribuidos en quince


títulos. Su texto, en lo fundamental constituía un desarrollo pormenorizado de las
Bases de Constitución Federal. Entre sus principales innovaciones cabe destacar
su tratamiento de los derechos humanos, en el cual destacaban, entre otros
aspectos, la proscripción absoluta de la esclavitud, la consagración del derecho
de asilo, la limitación de la pena capital, el establecimiento del jurado y la
supresión de los fueros. Se restringían considerablemente las facultades
gubernamentales para limitar los derechos civiles y políticos, incluso en caso de
graves amenazas o ataques al orden público, lo cual habría de ser un grave
obstáculo para las autoridades.1

En su parte orgánica, la Constitución reprodujo y aumentó los defectos de


las Bases. Mantuvo la división entre un Congreso unicameral todopoderoso,
un Ejecutivo prácticamente reducido a la nulidad, un Senado que actuaba como
cuerpo intermedio y una Corte Suprema de Justicia, todos elegidos popularmente
conforme a un sistema de sufragio universal indirecto en cuatro grados. No se
indicaba la ciudad sede del Congreso, ni se establecía un distrito federal, sino que
solamente se anunciaba que cuando las circunstancias lo permitiesen, se
construiría una ciudad nueva para residencia de las autoridades federales, que
ejercerían en ella jurisdicción exclusiva.2

La Constitución era rígida, ya que para la aprobación de una reforma parcial


a la Constitución se exigía la aprobación de dos terceras partes de votos del
Congreso y la ratificación de la mayoría absoluta de los Estados, con las dos
terceras partes de votación de sus respectivas asambleas. Si la modificación
proyectada variaba elementos esenciales de la forma de gobierno, se debía
convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para que resolviese en
definitiva. Algunos aspectos de esta constitución permanecen en la actualidad.

VIGENCIA

El 6 de febrero de 1825 se inauguró en la ciudad de Guatemala el primer


Congreso federal, que el 1° de septiembre de ese año otorgó su sanción a la
Constitución de la República. Sin embargo, no tardaron en surgir dificultades. Para
junio de 1826 el Congreso federal quedó de hecho disuelto, y en el mes de
septiembre siguiente el Senado corrió la misma suerte. Todos los Estados, con
excepción de Costa Rica, se sumieron en la guerra civil y la anarquía, y el

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Presidente federal don Manuel José Arce y Fagoaga, elegido para el período
1825-1829, asumió una virtual dictadura.

El 13 de abril de 1829, un ejército encabezado por el militar hondureño


don Francisco Morazán Quesada entró en la ciudad de Guatemala y derrocó al
Vicepresidente don Mariano de Beltranena y Llano, que desde febrero de 1828
ejercía interinamente la primera magistratura en sustitución del Presidente Arce.
Morazán dispuso llamar a sesiones al Congreso y el Senado de 1826, cuyo
mandato estaba más que extinguido. Esos cuerpos eligieron como Presidente
provisional al Licenciado don José Francisco Barrundia y Cepeda, quien procedió
a convocar elecciones presidenciales y legislativas. En todo esto se actuó como si
Constitución federal estuviese vigente, sin parar mientes en que el orden
constitucional había quedado roto con el derrocamiento de la administración de
Arce. Las elecciones dieron la victoria al general Morazán, quien tomó posesión de
la Presidencia el 16 de septiembre de 1830.

En esta segunda época de vigencia de la Constitución federal los titulares


del Ejecutivo federal fueron don Francisco Morazán Quesada (1830-1834),
don Gregorio Salazar y Castro (1834-1835) y nuevamente don Francisco Morazán
Quesada (1835-1839).