Está en la página 1de 274

Tendencias actuales

en Estudios Retóricos
Tendencias actuales
en Estudios Retóricos

María Alejandra Vitale y María Cecilia Schamun


(compiladoras)
Vitale, María Alejandra
Tendencias actuales en Estudios Retóricos / María Alejandra Vitale y María Cecilia Schamun;
compilado por María Alejandra Vitale y María Cecilia Schamun. - 1a ed. - La Plata: Universidad
Nacional de La Plata, 2012.
270 p.; 21x15 cm.

ISBN 978-950-34-0872-8

1. Retórica. 2. Análisis del Discurso. 3. Crítica Literaria. I. Schamun, María Cecilia II. Vitale,
María Alejandra, comp. III. Schamun, María Cecilia, comp. IV. Título

Tendencias actuales en Estudios Retóricos


María Alejandra Vitale y María Cecilia Schamun (compiladoras)

Diseño de tapa: Erica Medina


Diagramación: Andrea López Osornio

Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (Edulp)


Calle 47 Nº 380 / La Plata B1900AJP / Buenos Aires, Argentina
+54 221 427 3992 / 427 4898
editorial@editorial.unlp.edu.ar
www.editorial.unlp.edu.ar

Edulp integra la Red de Editoriales Universitarias Nacionales (REUN)

Primera edición, 2012


ISBN N.º 978-950-34-0872-8
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723
© 2012 - Edulp
Impreso en Argentina
Índice

Prólogo................................................................................... 9

PARTE 1. ANTIGUA Y NUEVA RETÓRICA

Un ensayo acerca de la diabolé en la Retórica


de Aristóteles, Graciela Marta Chichi...................................... 17
Canon, historia literaria e ideología: el Libro X
de la Institutio Oratoria de Quintiliano, Josefina Nagore.......... 43
Lenguaje en movimiento y belleza: claridad
y metáfora en Quintiliano, Andrés Covarrubias Correa........... 59
Problemas de comprensión de cuestiones retóricas
en la universidad, Roberto Bein ............................................. 77

PARTE 2. RETÓRICA Y DISCURSIVIDAD POLÍTICA

Contribuciones del género epistolar al ejercicio de la


palabra pública en México, Mariana Ozuna Castañeda............ 89
Discurso político y análisis sociológico-lingüístico
del discurso: la representación de las personas pobres y
de las situaciones de pobreza, Irene Vasilachis de Gialdino.... 103
De los mecanismos argumentativos en un ejemplo
de debate parlamentario, Hernán A. Biscayart.......................... 135
Argumentación y «diálogo de sordos» en el conflicto
de «el campo», Roberto Marafioti.............................................. 155
PARTE 3. RETÓRICA, LITERATURA Y CRÍTICA

Macedonio. Retórica y política de los discursos


paradójicos, Ana Camblong.................................................... 171
Leonardo Castellani: polémica y mezcla
de estilos, Diego Bentivegna................................................... 183
Figuras, ontología y cosmovisión: retórica
y representación de mundo en la poesía vanguardista
de Jorge Luis Borges, Víctor Gustavo Zonana........................ 197

PARTE 4. RETÓRICA Y CRÍTICA (INTER)CULTURAL

Con-versiones: de la metáfora al orden metafórico,


Silvia Noemí Barei................................................................... 213
Retóricas fronterizas y diseños de sitios web,
Barry Thatcher......................................................................... 229

Los autores............................................................................ 265


Prólogo

El libro reúne conferencias expuestas en diversos paneles orga-


nizados durante el I Coloquio Nacional de Retórica «Retórica y Po-
lítica» y las I Jornadas Latinoamericanas de Investigación en Estu-
dios Retóricos, desarrollados entre el 17 y el 19 de marzo de 2010
en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.1 Es-
tos encuentros científicos representaron un hito en el campo acadé-
mico de Argentina y Latinoamérica, dado que sirvieron como mar-
co para la creación de la Asociación Argentina de Retórica (AAR),
primera institución de este tipo en América Latina, y la Asociación
Latinoamericana de Retórica (ALR).
Es sabido que desde hace largo tiempo asistimos a un renacer de
la Retórica que, por un lado, se vincula con condiciones sociohistó-
ricas que signaron el derrumbe de sistemas ideológicos monolíticos
y propiciaron la creación de una coyuntura favorable para abrir paso
al debate público o profundizarlo. Por otra parte, la Retórica preten-

1
Las conferencias dictadas por Nora Múgica y Fernando Ramírez Vidal fueron
reformuladas como artículos, que se publicaron en el primer número de la revista
Rétor, de la Asociación Argentina de Retórica: www.revistaretor.org

9
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

de constituir un campo autónomo del saber con un espacio propio


en las universidades, lo que, entre otras acciones político-académi-
cas, lleva a promover la constitución de posgrados que favorezcan
la formación y el perfeccionamiento en la Retórica y sus diversas
ramas, especialmente en Argentina y en otros países de América
Latina, en los que dichos posgrados aún no existen o son escasos.
En esta dirección, la Retórica se perfila como un campo interdisci-
plinario al tiempo que la caracteriza, frecuentemente, la (re)lectura
de una tradición discursiva recuperada y reformulada desde los es-
tudios de la antigüedad grecorromana. La expresión «Estudios Re-
tóricos», si bien puede y suele ser usada como equivalente del tér-
mino Retórica, da cuenta, además, de que el saber retórico no se
limita a esta tradición clásica y trasciende sus fronteras, aunque ello
no sea algo necesario. A su vez, otros campos del conocimiento,
particularmente la Semiótica y el Análisis del Discurso, abrevan en
la tradición retórica para enriquecerse y transformarse a sí mismos.
Estas (inter)relaciones que la Retórica entabla con otras disciplinas
y las que al mismo tiempo ligan a estas con la Retórica no están
exentas de tensiones ni de hibridaciones, que deberían ser analiza-
das como indicios de relaciones de alianza o de contradicción en
campos culturales específicos.
Las conferencias publicadas aquí expresan estas tensiones e
hibridaciones en el complejo entramado de los Estudios Retóricos.
La diversidad de temas y de perspectivas de los textos incluidos
exponen la riqueza del campo y permiten delinear cuestiones que le
son inherentes, tales como la reflexión sobre la argumentación y sus
límites, la polémica, los géneros, la dispositio y los estilos, la ade-
cuación del discurso al auditorio, la construcción del ethos y su efi-
cacia, los tropos y figuras, su relación con modelos de mundo o
sistemas ideológicos, y el poder performativo del lenguaje, cuya
ponderación nos remonta hasta Gorgias.
En relación con esas temáticas y perspectivas, el libro está es-
tructurado en cuatro partes. La primera parte, «Antigua y Nueva
Retórica», presenta cuatro artículos, tres de los cuales se ocupan de

10
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

estudiar aspectos particulares de las enseñanzas retóricas de dos


autores referenciales e insoslayables de la antigüedad grecorromana:
Aristóteles y Quintiliano. El cuarto trabajo, desde la perspectiva de
la Nueva Retórica, indaga sobre las dificultades de comprensión
que manifiesta una muestra significativa de alumnos universitarios
respecto de conceptos y prácticas retóricos. Así, Graciela Marta
Chichi analiza el tratamiento que Aristóteles dio al recurso denomi-
nado en griego diabolé, que traduce como sospecha, y se refiere a
su valor y originalidad, aduciendo que el recurso –que el filósofo
menciona entre las emociones– abre una instancia dialogada del tipo
de una confrontación, a determinada altura del proceso de persua-
sión, que plantea cuestiones irrelevantes para el caso en disputa y
hace que el auditorio se forme una opinión negativa de la parte con-
traria. Para ello, describe minuciosamente los pasajes pertinentes de
Retórica y expone los resultados de su revisión de Retórica a Ale-
jandro y de las observaciones de quienes registraron la presencia
del recurso en las figuras de la oratoria griega. Por otra parte, Josefina
Nagore estudia los parágrafos 46 a 131 del Libro X de Institutio
Oratoria de Quintiliano (con especial atención a los parágrafos 85 a
131, dedicados a la literatura latina), donde el rétor, en el marco de
la relación entre Retórica y Crítica literaria, configura su versión
del pasado literario grecorromano –que se concreta en un canon de
autores consagrados–, organizada a partir de la ideología dominan-
te de la época y legitimada e institucionalizada por la autoridad del
propio Quintiliano y por su difusión en las escuelas y su vínculo
con la práctica oratoria. También Andrés Covarrubias Correa abor-
da el estudio de Institutio Oratoria, pero se interesa por considerar
el alcance y las proyecciones del logro de los ideales de claridad y
belleza del lenguaje a partir del uso de tropos y figuras, y en parti-
cular de la metáfora y la alegoría (libros VIII y IX). Se refiere, en-
tonces, a que dichas propiedades no sólo favorecen la eficacia retó-
rica, ya que permiten que el buen orador mueva a la audiencia por
medio de la apelación a las emociones –lo que se consigue en gran
medida en virtud del embellecimiento que la metáfora y la alegoría

11
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

confieren al lenguaje–, sino también habilitan a la Retórica a


instaurarse como ciencia del hablar bien. Roberto Bein, en cambio,
sobre la base de las consideraciones de la Nueva Retórica de
Perelman y Olbrechts-Tyteca, especialmente respecto de cuestiones
como la diferencia entre convencer y persuadir y el concepto de
auditorio, analiza un corpus de cincuenta exámenes parciales de la
asignatura Lingüística Interdisciplinaria de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que cuenta con pregun-
tas sobre Retórica Clásica y Nueva Retórica. Observa que las prin-
cipales dificultades de comprensión que presentan las respuestas de
los alumnos, focalizadas en particular en las problemáticas de la
contribución de la razón y la emoción en los discursos y la concep-
ción del auditorio como construcción del orador, podrían explicar-
se, en unos casos, por la situación institucional de examen y, en
otros, por la complejidad de algunas nociones teóricas aún no re-
sueltas por la Nueva Retórica.
La segunda parte, «Retórica y Discursividad política», reúne tra-
bajos que enfocan la Retórica en discursos que, producidos en dife-
rentes coyunturas sociohistóricas y bajo formatos genéricos diversos,
tienen como protagonista la política. De esta manera, Mariana Ozuna
Castañeda caracteriza el género epistolar y estudia el papel que jugó
en la construcción del espacio público y de la ciudadanía en México,
durante el siglo XIX, en relación con los procesos de emancipación
política. Irene Vasilachis de Gialdino, a la vez que aporta precisiones
sobre la metodología cualitativa que constituyen un insumo para los
Estudios Retóricos, aborda, en los primeros mensajes presidenciales
ante la Asamblea Legislativa pronunciados por los últimos cuatro pre-
sidentes argentinos, los modelos interpretativos de la realidad social
y su vínculo con la representación de las personas pobres; para ello,
se detiene, entre otros aspectos, en las estrategias argumentativas más
relevantes. Hernán Biscayart, por su parte, a través del análisis de un
debate parlamentario desarrollado en 2002 en Argentina, ilustra los
esquemas de la argumentación parlamentaria y su naturaleza genéri-
ca híbrida. Roberto Marafioti, por último, caracteriza aspectos de la

12
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

retórica política de Argentina con la expresión «diálogo de sordos»,


tomada de Marc Angenot, a través del análisis, por un lado, de la
cobertura de un canal de cable (TN) del conflicto desatado en 2008
entre el gobierno presidido por Cristina Fernández de Kirchner y el
sector agropecuario y, por el otro, de la construcción del ethos presi-
dencial durante ese conflicto.
La tercera parte, «Retórica, Literatura y Crítica», agrupa los tra-
bajos que focalizan el discurso literario y su crítica. Ana Camblong
comenta la retórica de Macedonio Fernández y, a partir de jugar con
la dispositio, hace suya una forma de escritura que se rebela contra
lo establecido, y en este sentido dice y hace performativamente una
forma de crítica que apuesta a nuevos modos de pensar. En el caso
de Diego Bentivegna, se aproxima a un texto de crítica literaria de
Leonardo Castellani, figura clave de la derecha nacionalista
antisemita argentina, para ejercer a su vez una crítica que busca
distanciarse de la analogía directa entre las decisiones políticas de
un autor y la política de sus textos. Gustavo Zonana, en cambio,
ilumina en los primeros libros de Jorge Luis Borges la alianza entre
la antimetábole y la metáfora para diseñar una ciudad que, desde
una cosmovisión «nominalista», sólo cobra cierto grado de entidad
gracias a la escritura poética.
La última parte del libro se denomina «Retórica y Crítica
(inter)cultural» e incluye trabajos que piensan la Retórica en su re-
lación con la cultura. Silvia Barei indaga en la metáfora y acuña la
noción de orden metafórico para dar cuenta de un orden cognitivo e
ideológico que se manifiesta bajo la forma de cadena o de constela-
ción. Barry Thatcher, por último, en el marco de la conexión entre
retórica, cultura y nuevas tecnologías, analiza de modo contrastivo
el diseño de los sitios web de universidades públicas de México,
Estados Unidos e India para concluir que –salvo retóricas híbridas
fronterizas– la constante interacción promovida a través de Internet
no estaría cambiando los valores locales.
Confiamos en que el panorama de tendencias actuales en los
Estudios Retóricos contribuya a la revitalización actual de este ám-

13
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

bito y estimule el diálogo y el debate entre sus propias diversidades,


con la convicción de que la deliberación y el trabajo en equipo ha-
cen surgir las ideas más fructíferas y los mejores resultados.

14
PARTE 1

| ANTIGUA Y NUEVA RETÓRICA |

15
Un ensayo acerca de la diabolé
en la Retórica de Aristóteles1

Graciela Marta Chichi

Estudiosos de los documentos que atestiguarían la práctica ora-


toria del siglo V antes de nuestra era defienden que en particular
esos textos, cuando exhiben «la retórica del prejuicio en contra del
oponente» (diabolé), son más estilizados y fecundos a la hora de
decir qué y cómo despertar hostilidad sobre el adversario, que lo
que leeríamos al respecto en los tratados clásicos de retórica del
siglo IV. Mi trabajo se ocupa del recurso que en griego se llamó
diabolé y que Aristóteles presenta con más detalle en el Libro III de

1
Es una versión con notas y menos ceñida que el trabajo con el que participé del
panel de Retórica Antigua, en la primera sesión vespertina del 17 de marzo de
2010, como invitada a las I Jornadas Latinoamericanas de Investigación en Estu-
dios Retóricos, abiertas durante el I Coloquio Nacional en Estudios Retóricos en el
aula magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Retomo
el planteo de un escrito en colaboración editado a fines de 2009, y pretendo aportar
desde este ángulo al actual proyecto de investigación que dirijo, «Entre la Filoso-
fía y la Literatura», acreditado en la UNLP (11H548/ 2010-2011) en el Programa
Nacional de Incentivos. Con ese título radiqué el primero (11H376/ 2004-2006) y
con él una línea en la universidad que mantengo de modo complementario a mis
artículos sobre el argumento ad hominem y las cuestiones de relevancia que desa-
rrollo en sucesivos planes como investigadora del Conicet.

17
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

su Retórica. En tren de procurar puntualizar lo propio del tratamiento


aristotélico y de pronunciarme tentativamente acerca de su valor y
de su originalidad, entran también los pasajes pertinentes de la Re-
tórica a Alejandro –cuya edición inglesa vierte y equipara la noción
griega de diabolé como prejuicio–, a propósito de revisar las obser-
vaciones de quienes rastrearon su presencia en las figuras de la ora-
toria griega. Como punto de partida, reviso la cuestión en los prime-
ros estudios sobre la retórica antigua que aparecieron a comienzo
del siglo XX hasta los años cuarenta, y que parecen haber desestima-
do los trabajos más recientes al respecto. La temática pertenece a
aquello que los enfoques tradicionales de la historia de la retórica
clásica presentan de la etapa sofística de la retórica, en referencia a
quienes se pronunciaron sobre los efectos de las apelaciones
emotivas.

El recurso llamado en griego diabolé se cuenta entre los mate-


riales de la enseñanza más antigua y difundida sobre la persuasión,
entre los que se atribuyen a las figuras de la retórica clásica. Preci-
samente, esa instrucción proponía dividir el discurso en un número
acotado de partes distinguibles entre sí, de modo tal de poder ligar a
cada una recetas acerca de cómo animar ciertas emociones en los
oyentes en determinada etapa (Solmsen, 1938: 390-391). El primer
testimonio aristotélico sobre la voz diabolé no pierde de vista esos
viejos materiales de enseñanza, cuando leemos en el curso de la
primera página de Retórica lo siguiente:2

2
Sigo el texto griego que editó Kassel (1976) y translitero las expresiones griegas
que mencione, con la expectativa de llegar a quienes no accedan al original. Las
traducciones (tanto como las paráfrasis de los pasajes) me pertenecen; de lo con-
trario, indicaré la edición.

18
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Pero justamente entonces (nûn mèn oûn oi) los


que redactaron artes de los discursos se han esfor-
zado por una pequeña parte suya, porque las prue-
bas (písteis) son lo único conforme al arte, mien-
tras que las otras [partes] son accesorias; y aque-
llos, por un lado, (oi dè perì mèn) nada dijeron
acerca de los entimemas, que es el cuerpo de la
persuasión, y, por el otro (perì dè tôn), trataron la
mayoría de las veces cuestiones ajenas al asunto:
en efecto, sospecha (diabolé), compasión, cólera
y estados semejantes del alma no se ocupan del
asunto –ou perí toû prágmatos– sino que atien-
den al juez. (Ret. I, 1, 1354a12-18)

En caso de que la expresión griega correspondiente en mi versión


a lo que traduje por «estados del alma» haya sido una glosa (en la
línea 1354a17), y que leemos hoy día en la mayoría de las ediciones
en carácter de colofón del breve recuento que se inicia con la diabolé,
el pronunciamiento aristotélico no habría alcanzado a las emociones
en general sino a algunas, en determinado respecto comparables, o
que fuesen del tipo de aquellas que menciona otra vez (en Ret. III,
19, 1419b25-27) en contexto semejante. Y si no hubiera habido
pronunciamiento general acerca de las emociones en tanto
«cuestiones dirigidas al juez», de las cuales el pasaje advierte sobre
su irrelevancia, porque son «de las cosas que están fuera del asunto»
(Ret. 1354ª15-16), que antes tildó de accesorias, habría quedado
debilitada la duda acerca de la coherencia de la tesis aristotélica
respecto de las emociones. El texto hablaría en todo caso de algunas
emociones y de la diabolé, por el hecho de que esos materiales fueran
equiparables de algún modo. Entonces, si el pasaje describe lo que
esa enseñanza ofreció y lo que no ofreció según el planteo aristotélico,
es también plausible que la expresión sôma tês písteos (Ret. 1354ª15)
–que traduje «cuerpo de la persuasión», como habitualmente ocurre–,
haya podido entenderse en el sentido de cuerpo de la prueba, dado

19
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

que la expresión griega pístis es, como se sabe, el nombre tradicional


de esa (tercera o segunda) parte del discurso de acuerdo a la respectiva
división que los primeros manuales habían enseñado a mantener.
Aristóteles estaría indicando, en suma, que esa única parte es lo
importante a la hora de convencer, aquello que es conforme al arte,
lo cual ya se identificaba bajo el nombre de entimema. Señalo por
fin que, cuando se advierte sobre la práctica usual de los remedios
(Ret. III, 14, 1415b4), reaparece la metáfora. La perspectiva de lo
relevante no escapa al capítulo sistemático que refiere cómo se
dispone un discurso: un comienzo mínimo necesario, que por eso
asuma lo fundamental en materia de estilo, es «aquél que presenta
los puntos capitales de la prueba, a fin de que el cuerpo tenga cabeza»
(Ret. III, 14, 1415b7-8). Justamente, la expresión que caracteriza lo
irrelevante desde el comienzo del texto y de nuevo en ese pasaje (de
Ret. III, 14) corresponde a la fórmula técnica habitual de los
tribunales atenienses, que atestigua Lisias (Marx, 1900: 115; Kassel,
1972: 4; Chichi, 2007: 3-6), sobre lo cual volveré inmediatamente.
Estudios pioneros de la retórica antigua ya habían apuntado al
blanco de la crítica de Aristóteles en esa famosa primera página. Sin
ir muy lejos, la referencia platónica del Fedro (267c7-d) documenta
la habilidad de Trasímaco de Calcedonia con las tres materias iden-
tificadas en la cita anterior (Navarre, 1900: 156-157, 166, nota 2;
Solmsen, 1938: 391-392; De Voegelin, 1943: 23).3 Y, por fin, una
figura del círculo de Isócrates de nombre Teodectes enseñaba a pro-
ferir epílogos que movían a la compasión y a la cólera. Las mencio-
nes aristotélicas de ambas emociones parecen guardar la misma cer-
canía y su orden de origen, tanto en la línea que cité antes como
entre las recomendaciones sobre las partes del discurso, que ocupan
los últimos capítulos del escrito que conocemos (Solmsen, 1932:

3
Hoy día vuelve a pensarse que Trasímaco es el aludido en Ret. 1354ª16-18 (Rapp,
2002, vol. I: 45; Dow, 2007: 391-4). En el Fedro (266b-c), Trasímaco «y otros»
representan la retórica como arte de los discursos (lógoi) y de ser sabios al hablar,
mientras que Sócrates se dice amante de las divisiones y reuniones, a fin de reivin-
dicar la dialéctica como arte de hablar y pensar.

20
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

199; 1938: 391-392). Precisamente, a propósito del epílogo, se lee:


«cuando están claras tanto las cualidades como las magnitudes, hay
que provocar en el oyente determinadas emociones, que son: la com-
pasión, el sobrecogimiento, la cólera, el odio, la envidia, la emula-
ción y la riña», cuyos lugares se habían presentado anteriormente
(Ret. III, 19, 1419b25-28). Quien escribió en inglés para colegas
que por entonces pudieron haber entendido que la retórica consistía
en jugar con las emociones del auditorio fue contundente en su ape-
go a la tesis de Barwick (Hermes, 1922). Reconociendo ya por en-
tonces a quien había llamado la atención sobre la conexión de las
partes del discurso con las apelaciones emotivas en ese sistema pri-
mitivo de retórica, Solmsen llamó la atención de sus colegas sobre
los dos modos (o métodos) antiguos acerca del «arte de animar las
emociones en el auditorio» (1938: 390-392). En sus palabras,
Aristóteles no pensaba que las pasiones –o emociones, diríamos hoy
día, tal como se entiende el griego páthe– estuviesen conectadas
con partes específicas del discurso, como tampoco insinuaba la uti-
lidad de apelar a ellas a determinada altura del discurso. Por lo de-
más, el discurso no es algo que tenga partes, sino que es un conjun-
to, que resulta pistós y efectivo debido a la combinación de tres
písteis –llamadas apódexis, êthos del que habla y páthe (cfr. I, 2,
1356a1)– que Aristóteles reconoce (Solmsen, 1938: 393, 394).

Aristóteles difiere de la práctica de los retóricos


contemporáneos o antiguos por (a) sacar la teoría
de las páthe del sistema de tà mére lógou y esta-
blecerlas como uno de los temas primarios del sis-
tema de retórica, y por (b) darles un tratamiento
cuidadoso y analítico... (Solmsen, 1938: 394)

La diabolé figura entre las modalidades habituales de prólogos,


que Aristóteles toma por «remedios» y que constata en el uso co-
mún (Ret. III, 14, 1415a25). Lo corriente por entonces era precisa-
mente atender primero al orador, otras veces al oyente, en otro caso

21
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

tocar o ir directamente al asunto (prâgma) y por fin atender al con-


trario (Ret. III, 14, 1415a25-27). Sin más pausa, añade: «Y acerca
del mismo (perí autoû) y del adversario» (toû antidokoû) están cuan-
tas cosas tienen que ver con la diabolé, tanto para disolverla como
para provocarla, mientras que es posible proceder en ambas situa-
ciones pero no de modo «semejante» (1415a27-28, con referencia
hasta la línea 34) (Marx, 1968: 112-113). La advertencia (y crítica)
del autor de nuestro texto al modo habitual de construir un prólogo
consiste en destacar que, en tres de las referencias apuntadas, el
orador se dirige a alguien descalificado como destinatario –pròs
faûlon gàr akroatén, dice el griego–, en la medida en que este no
escucha (ni es capaz de atender) lo que importa –en griego se lee
seguido kaì tà éxo toû prágmatos akoúonta– (Ret. III, 14, 1415b5-
6) (Marx, 1900: 115).
Ahora bien, el estudio de Marx, que apenas se recuerda hoy día,
llegó a reunir y cotejar documentos antiguos relacionados con mi-
ras a identificar los cuatro modos que se leen en Ret. III, 14 (1415ª25-
27) (1900: 113-115). La perspectiva del contrario que figura en la
presentación de los remedios coincidiría con la perspectiva del ad-
versario, expresada en «acerca de (uno) mismo y el adversario» de
la oración siguiente, donde se manifiesta que los recursos que sur-
gen del mismo orador y del adversario sirven para armar y desarmar
la diabolé (Ret. III, 14, 1415a27). Entre los latinos, Cicerón (De
Inventione I, 16, 22) y el escrito de la Rhetorica ad Herenio (I, 4, 8)
distinguieron los puntos de partida del ab nostra, ab adversariorum,
ab iudicum (auditorum) persona y a causa (o, alternativamente, ab
rebus ipsis). Dionisio de Halicarnaso (del primer siglo antes de nues-
tra era) atestiguaba que Isócrates mantuvo el diabállein bajo la cate-
goría del adversario, y la acción de elogiar en la del orador. En co-
nexión con la sospecha y el elogio, Marx señala entonces la coinci-
dencia con la línea del capítulo 16 (Ret. III, 1417b15) que algunas
ediciones atetizan. Allí se admite que la narración de hechos pasa-
dos es central en la oratoria política (que delibera sobre lo futuro),
sea que su recuerdo quiera construir una sospecha, sea que con ello

22
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

alguien quiera expresar un elogio (1417b13-15). Dado que Ret. III,


14 no desarrolla los modos relacionados con el oyente y los que
correspondan al asunto, Marx entiende que ambas perspectivas ha-
bían sido las previamente consideradas: al comienzo de la Retórica
ya se contempla al oyente y al juez, y también consta la referencia a
lo ajeno al asunto (y lo que es «accesorio») y a la escasa contribu-
ción de los escritos precedentes (1900: 113-114). El modo que parte
del orador (a saber: «el que habla», o «del mismo») consiste en
mostrarse honesto (tó dokeîn epieikés tòn légonta eînai), tal como
Isócrates, que también refería el recurso de llamar la atención del
auditorio (1900: 115-116). Adelanté que la expresión éxo toû
prágmatos (que señala lo irrelevante) correspondía a la fórmula pro-
cesal del Areópago ateniense. El comentario anónimo también con-
tiene la comparación del prólogo (o proemio) con la cabeza de un
hombre.4
Los resultados directos del cotejo de Marx destacan, en suma, el
enfoque doble que tiene la diabolé: cuando figura a la par de la
compasión y la cólera, al comienzo del escrito, integra una lista de
recursos familiares en la enseñanza que examina; todos ellos po-
drían siempre identificarse desde la perspectiva del/ los oyente/s. El
juez identifica la figura colegiada de los tribunales populares que,
como se sabe, corporizan el auditorio al que está dirigido el discur-
so y en definitiva a quienes se pretende influir y convencer. En tal
caso: «no se debe torcer al juez moviéndolo a la ira, al odio o a la
compasión, porque sería semejante a que alguien torciera la regla de
la que va a servirse» (Ret. 1354a24-26). De nuevo se admite de esa
enseñanza: «definió en qué consiste un prólogo, qué debe tener la
narración y cada una de las otras partes, y que no se ocuparon de
ninguna otra cosa más que de hacer que el oyente se encuentre de
algún modo» (tòn kritèn poión tina poiésosin) (Ret. I, 1, 1354a17-20).

4
La lectura de Marx postuló que un redactor interfirió de hecho en el hilo del texto
que conocemos, y a la altura del Libro III llegó a defender la influencia y la crítica
–del autor de la Retórica– a la tradición isocrática.

23
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

En Ret. III, 14, en cambio, la diabolé identifica directamente uno de


los cuatro modos habituales de abrir un discurso: en particular, aquel
que se dirige a la figura del adversario de quien haya tomado la
palabra. Ahora bien, ese adversario es el interlocutor del discurso, y
no las figuras del primer enfoque. A la hora de pensar en cuestiones
relacionadas con la factura del texto, quedaría bien documentado, a
mi entender, que Aristóteles reubicó y redefinió ejes de análisis al
interior de la propia reflexión, a partir de fórmulas y referencias
familiares o en curso en su época. La categoría de prâgma entre los
cuatro modos de construir prólogos (Ret. III, 14, 1415a25-27) ha-
bría pasado a nombrar lo relevante en su proyecto, cuya via regia se
valdría de entimemas o argumentos. Su autor se hizo cargo de un
hecho compartido: «(pues estamos convencidos de algo sobre todo,
cuando creemos haber probado la cuestión)» (Ret. I, 1, 1355a5-6).
Aristóteles no planteó asociar las emociones a determinada parte o
etapa del discurso, sino que ellas serían fuentes genuinas de persua-
sión, cada vez que el orador fuese capaz de precisar causas de las
emociones ligadas a aspectos de la cuestión de la que se habla.5

5
El primero de los trabajos de Dow (2007) considera autores de los años setenta en
adelante, a excepción del conocido comentario de Cope (de la nota 13) entre sus
referentes (nota 1). Sobre la cuestión tan discutida acerca de cuál habría sido la
apreciación aristotélica respecto del papel de las emociones en ese contexto, Dow
abogaría por la idea de que la alusión de Ret. I, 1 (en la primera cita de mi trabajo)
no comprometería la coherencia del planteo aristotélico respecto de las pruebas
emocionales y/o de las premisas emocionales (2007: 387), posición que desarrolla
en su tesis doctoral (Dow, 2008). Precisamente, los especialistas son Barnes y
Fortenbaugh (Dow, 2008: 137 y nota 136), y, por su lado, Grimaldi (2007: 385
nota 5), entre quienes a fines de siglo XX sientan posición por el rehabilitado tema
de las emociones. De un modo o de otro, juega en ellos la idea de que las
inconsistencias hablarían en contra de la unidad del tratado aristotélico, por lo cual
cabría pensar en explicaciones en términos de redactores o de distintos períodos en
el escrito que conocemos, lo cual encerró la hipótesis evolutivista en la Retórica
que F. Solmsen postula a fines de los años veinte. A juicio de Dow –y puedo sólo
resumir–, Aristóteles estaba recordando y criticando la instrucción de Trasímaco
(2007: 391-394), toda vez que sus recetas sobre cómo acusar, sobre cómo apelar a
la piedad o a la cólera, pretendían ganar el favor de sus oyentes, en lugar de aten-
der a los hechos actuales del caso sobre el que tocase debatir (2007: 390, 398). Por
diabolé debería entenderse la actividad de calumniar o de acusar maliciosamente a

24
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Asimismo, el uso de la voz prâgma en el tratado de Retórica exhibe


una categoría ubicua, que excede la noción actual de relevancia tó-
pica o temática, en la medida en que la perspectiva de lo pertinente
atraviesa el tratamiento aristotélico sobre el modo de decir o léxis
(Chichi, 2007 y 2008). El escrito reconoce dos capítulos sistemáti-
cos: uno que ofrece los materiales de la diánoia (de los libros pri-
mero y segundo), que abastecen qué decir (esto es, los distintos ti-
pos de pruebas y cómo reaccionar en cada caso); y otro que procura
los de la léxis, en el libro tercero, que enseñan a decir el discurso tal
como es preciso a fin de que se muestre convincente, «de tal condi-
ción», dice el texto (Ret. III, 1, 1403b13-17, y II, 26, 1403a34-b2).

II

En lo que sigue sostengo, en síntesis, que la diabolé nombra un


recurso que (a) abre una instancia dialogada del tipo de una con-
frontación, (b) a determinada altura del proceso de persuasión. Jus-
tamente, la perspectiva del adversario es una de las señales textua-
les del rasgo (a), y así se refiere el eventual interlocutor en el tercer
libro, al que apunta el blanco de la diabolé. La idea misma de un
adversario asociada a una de esas presentaciones admite de suyo
que eventuales papeles de defensa o de ataque característicos de un
diálogo del tipo del enfrentamiento o de la polémica, que generaría
la diabolé, identificarían las correspondientes ocasiones de uso en
torno a movidas posibles acerca de cuándo disipar o, contrariamen-
te, cuándo levantar sospechas sobre alguien, que en la situación jue-

alguien, antes que la idea de levantar «prejuicio» (2007: 388 y nota 13). La refe-
rencia del pasaje de la Ret.I, 1 a la piedad y a la cólera también pretendía asociar
antiguas técnicas para despertar emociones («rhetorical technical for the arousal
of emotions», 2007: 390). Y el uso antiguo de la diabolé al comienzo del discurso,
esto es, en los proemios, tanto como al final –en las conclusiones– se desentendía
de cualquier compromiso de querer atender a los hechos del caso (Dow, 2007: 388,
398). Cerrando, ahora sí, Dow (2008) discute la cuestión de la posición aristotélica
sobre las emociones en general, midiéndose con trabajos tardíos de W. Fortenbaugh.

25
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

ga la parte contraria o el papel de un rival en el encuentro en alguno


de los tres contextos de práctica oratoria que Aristóteles reconoce.
Me refiero a los tres géneros de la práctica asociados a los respecti-
vos instrumentos o recursos de su tratamiento. Respecto del rasgo
(b), como mostré en la sección anterior, o bien habría que pensar
que hay usos de la diabolé que valen al comienzo y al final del
discurso respectivamente (1415a30-35), habiendo supuesto que su
autor hubiese querido aquí distanciarse de la costumbre de manejar
la sospecha en los exordios exclusivamente (14, 1415b17-25), tal
como enseñó Trasímaco (Navarre, 1900: 156-7 y 166),6 o bien, si
no hubiese sido este el caso, deberíamos pensar que las considera-
ciones (del capítulo 14 de Retórica) siguen describiendo enfoques
ajenos al propio enfoque aristotélico, tal como propuso la lectura
del redactor (Marx, 1900: 112-115).
Debido a que la diabolé figura entre los remedios habituales a
los prólogos (Ret. III, 14, 1415a26-39), nuestro autor sostuvo a esa
altura que quien se hubiese servido de ellos en tres casos precisos
no habría querido más que desviar la atención del asunto que fuese
objeto de prueba, en cuyo caso habría tenido presente y querido
influir sobre un auditorio que no pudiera seguir lo relevante.
Aristóteles habla de phaûlos, atendiendo a cierto uso técnico, hasta
donde pude documentar, antes que a alguna categoría sociohistórica.
Hasta donde sigo el punto, se trataría de una categoría moral que
por eso descalifica a quien obra mal.7 Podría traerse a colación el

6
Aristóteles reconoce el uso de la diabolé en el proemio y en los epílogos (Dow,
2007: 388).
7
«El phaûlos es la configuración de sí que realiza la acción incorrecta; se lo define
por su elección contraria a la moral: katà proaíresis légontai (Tópicos V, 5, 126a36),
antes que por la mera capacidad. Prueba de esto es que, si se pretendiera definir al
sofista, al calumniador (diábolos) o al ladrón por su capacidad (dýnamin), podría
replicarse que la divinidad y el honrado podrían hacer cosas phaulá, dice Aristóteles
en Tópicos (V, 5, 126a30-b3) [...] Por eso dice que el phaûlos está en el êthos
(Ética a Nicómaco 1121, entre otros pasajes). De ellos trata en particular la come-
dia según la definición de Poética 2. Lo contrario es la conducta noble (spoudaîos,
epieikés). Cfr. Bonitz (1961: 813)» (Chichi y Schamun, 2009: 517-518, nota 11).

26
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

lugar dialéctico que cito en nota, e intentar expresar aquí que las
acciones tipifican y son indicios del carácter correspondiente: la di-
ferencia zanja distancias a la hora de hablar de ladrones, calumniado-
res y quien pretende pasar por alguien que sabe, en ocasión de dialo-
gar con otros al menos, por un lado, y dioses y hombres honestos, por
el otro. En suma, todos por igual pueden actuar en uno u otro sentido,
de modo tal que «la capacidad no será el género de ninguna cosa
reprobable» (Tópicos, 126b1-2) –o no todo lo posible es reprobable–.
Ahora bien, actuar conforme a una elección que consume lo bueno en
determinada ocasión en situación de actuar marcaría la diferencia entre
unos y otros, porque lo elegible y bueno no es el género de lo posible
–o no todo de lo que se puede/es posible es elegible o bueno–. Con
todo, volviendo a situaciones propias de la disciplina en cuestión,
cabe también pensar que el oyente o auditorio malo vendría a corporizar
aquella actitud hostil de quienes pudiesen oponer resistencia a quien
habla; pienso en la conducta típica de un auditorio que integra una
facción cualquiera donde haya campos enfrentados –coloreada nega-
tivamente ahora–. Frente a ese auditorio comprometido ya con uno
de los dos interlocutores del enfrentamiento oratorio, la propia re-
flexión aristotélica sobre la materia tendría que ofrecer(nos) salidas o
recursos, tomando en serio tal vez el punto de vista de la persuasión
pertinente que deja a salvo, por así decir, la referencia al prâgma del
conjunto de los remedios en Ret. III, 14. Quien se plante a hablar ante
ellos podría, no obstante, obtener algo fructífero en alguna instancia
de la mera confrontación con quienes así suelen conducirse en el pro-
ceso de persuasión. Supuesta la calidad cooperativa del auditorio, en
cambio, nuestro escrito admite que sería suficiente presentar en vista
de qué se habla y entrar directamente a la prueba que es el «cuerpo de
persuasión». Es más, si aquello (o lo que se defiende) fuese conocido,
ni siquiera se necesitaría mayor aviso o antesala (Ret. III, 14, 1415a22-
24). Por ahora, dejo en suspenso la tarea de fortalecer un eventual
planteo en torno a cómo entender una aproximación dialéctica o dia-
logada en textos de la retórica aristotélica, que es lo que intento de-
fender a propósito de los usos de la diabolé.

27
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

En sección aparte, una fórmula de título: «acerca de diabolé»


(15, 1416a15) abre una lista de expedientes. Los «lugares de la
diabolé» ofrecerían tópoi de carácter no argumentativo, porque ellos
no pondrían en juego premisas, de los cuales se pueda inferir
determinada conclusión (Rapp, 2002: 298). 8 Un conjunto
representativo de lugares en el resto de la obra, desde Aristóteles sin
duda, cumpliría, en cambio, la función argumentativa.9 A esta altura
sólo puedo hacer una breve alusión respecto del carácter central de
la diferencia entre unos y otros lugares, aun cuando no pueda
profundizar la lectura de Rapp sobre los lugares de la diabolé en
Ret. III, 15 en particular. Hasta donde sigo el debate de los lugares
aristotélicos y el de su recepción actual, subrayo al menos que fue
Otto Bird (1969), un estudioso de la lógica medieval, el primero en
esclarecer la lógica de los consequentiae y el hecho de que los lugares

8
Una versión ágil, dentro de la aridez del tema de los lugares aristotélicos, a cargo
de Rapp sobre la cuestión en la Retórica está en uno de los suplementos a su
artículo de 2002 en The Stanford Encyclopedia of Philosophy, cuyo sitio consigno
entre mis referencias.
9
El proceso de dar con una argumentación, tanto en la retórica como en la dialéctica,
tiene lugar en la mente de quien argumenta como un movimiento hacia atrás:
aquel que va desde la tesis a defender a la búsqueda de los datos que correspondan,
tal como es típico en otras situaciones, también cuando se delibera antes de decidir.
Me interesa marcar entonces que tanto el orador como el dialéctico saben de
antemano aquello que intentarán defender, de modo tal que por esa situación ellos
tienen que preguntarse luego cómo y con qué datos apoyar la posición elegida, que
haría las veces de la conclusión en el proceso concreto de la discusión. El éxito o
eficacia en el proceso de realizar su métier en determinada situación –su êrgon, en
griego– depende, entre otros factores ajenos a su arte, de no haber soslayado cómo
responder a eventuales objeciones. Ahora bien, el hecho de no haberlo logrado con
su interlocutor no hace mella en la valoración profesional que nos merezca, porque
cuestiones concretas de éxito o eficacia no deberían confundirse con las cuestiones
de método: el fin, dice Aristóteles en ambos campos, es distinto al cumplimiento
de la acción en cuestión en términos profesionales, porque lo profesional no se
valoraría en términos de eficacia o éxito. La última versión del escrito de Rapp
sobre la retórica aristotélica concede el punto que quiero destacar en esta nota (cfr.
2010, secciones 6.3 y 7.4). Añado por fin que se debe a los trabajos de Ernst Kapp
(1932 y 1940) el haber esclarecido lo típico del enfrentamiento dialéctico, con
miras a salvar la fundación griega de la lógica de objeciones psicologistas.

28
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

cumplen típicamente el papel de la inferencia o el de una garantía


en determinado esquema representativo. De este modo, los lectores
norteamericanos conocieron a través del escrito de Bird la famosa
tesis de Stephen Toulmin y supieron del aporte, que no había sido
bien recibido o había sido directamente ignorado entre los más
estrechos colegas ingleses de entonces (Toulmin, 1986: 56).
Volviendo al punto, entonces, la función lógica del tipo de lugares
(argumentativos) es la que despeja un movimiento selectivo, que
apunta hacia atrás, por así decir, por el cual, debido a la inferencia
que expresa el lugar, en tanto enunciado general que puede o no
admitir excepciones, quedan unidos ciertos datos apropiados con la
tesis que hará las veces de conclusión del argumento, tanto en retórica
como en dialéctica. Respecto de los lugares de la diabolé del Libro
III de la Retórica en particular, Rapp además sostiene que el material
aristotélico reunido no le serviría a alguien que pretendiese liberarse
de una situación incómoda por una sospecha injustificada, sino que
sólo ayudaría a quien hubiese querido diseminarla (2002: 967).
Ahora bien, es claro que los lugares de la diabolé aportan al
papel de la reacción, de la defensa, y que algunas salidas buscan en
particular enfrentar («hapantân») la situación de sospecha.10 Se nom-
bra primero un modo general de resolver la opinión que pese sobre
alguien (1),11 y seguidamente figuran distintas reacciones que bus-
can desmentir puntual y sucesivamente aspectos pertinentes de la

10
De acuerdo a las indicaciones del margen derecho de la edición de Kassel, no
son catorce los lugares de la diabolé de Ret. III, 15, como dije (Chichi y Schamun,
2009: 518). Coincido con Rapp (2002: 967) en que serían doce.
11
Entre los lugares del Libro II, 23, se habla del modo de resolver mediante el
hecho de decir lo extraño («parádoxon»), que dio lugar a que se interpretara injus-
tamente las circunstancias de la acción o se tuviera una opinión de alguien (el 23).
El primer lugar de la lista de Ret. III, 15 habla de la diabolé como suposición
manipulable («hypólepsis dyscherés»), que no necesariamente es verbal. En aten-
ción a la nota de Racionero (ad locum), planteé que pudiera fundarse en los gestos
o acciones del sospechado aquello que nos induzca a formar una opinión. Los usos
de la voz griega en cuestión describen la suposición que no encierra verdad, sino la
creencia que está sujeta a error, y que la mayoría no comparte (Chichi y Schamun,
2009: 519).

29
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

prueba en determinado contexto de oratoria (2), hasta el punto de


aconsejar aceptar el cargo mostrando atenuantes, aduciendo algo
ajeno a la decisión humana (3). El libro de Navarre reconoció en
esta tercera etapa momentos de la prueba asociados a la doctrina de
la stásis (1900: 262-3, 269) que se atribuye a Hermágoras de Temnos
(a mediados del siglo II a.C.), cuyas recepciones griegas y romanas
tardías llegarían a hablar luego de la operación de la inventio, tal
como se documenta hoy día (Braet, 1987: 79-80).12 Entre los restan-
tes lugares de la diabolé están, por cierto, aquellos cuatro que de-
vuelven al otro la misma sospecha recibida (4-7), el que recuerda
que ya hubo juicio (8), el que genera una acusación (9), hasta la
situación de considerar indicios en terceros (10). Y entre lo propio
del arte figura, por fin, el consejo de dar vuelta las valoraciones (11)
y cambiarles su significado (12). Pospongo la tarea de ofrecer las
descripciones particulares que corresponden en cada caso.
Llegados a este punto, señalo que una sección de la Retórica, de
factura presuntamente independiente, precisa por fin que hombres y
prágmata son, ambos por igual, blancos de la diabolé, cuya solu-
ción consiste siempre y en resumidas cuentas en decir lo que parece
extraño (parádoxon) (Ret. II, 23, 1400a23-29). Un comentador lati-
no antiguo lo denomina lugar para desatar (en griego, lýsin) la causa
de la sospecha; mientras que su glosa, que ya opone res a personae,
entiende que lo extraño sería resultado de haber interpretado accio-
nes o circunstancias. Aristóteles, por su lado, menciona el caso de
pensar mal de una madre que hubiese caído accidentalmente enci-
ma de su hijo, tras haber querido abrazarlo. El otro ejemplo, que le
era familiar por una tragedia de Teodectes, dice que Odiseo explica

12
Navarre había relacionado con Hermágoras los lugares segundo y tercero de
Ret. III, 15, y en cuanto a antecedentes reconoció por entonces textos de Lisias,
Antifonte, Demóstenes, que reflejarían el procedimiento de las cortes atenienses
desde Dracón (265-271 antes de nuestra era). Por su lado, la versión de Quintiliano
de la doctrina del status de Hermágoras, que Braet transcribe sobre los cuatro
modos del defensor (1987: 82-83; 1996: 354), tiene estrechos paralelos con el
segundo lugar aristotélico.

30
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

por qué Ayax parece más valiente que él, aunque no lo fuese real-
mente. La salida en tales casos es que el involucrado hable o diga lo
que sucede o cómo es la situación, a fin de desmentir (o disolver) lo
que terceros de hecho crean o puedan creer en determinada circuns-
tancia, como respectivamente ilustran ambos ejemplos aristotélicos.
La Retórica a Alejandro, por su parte, aporta algo equiparable a
las referencias del lugar de Ret. II, 23 recién aludido, con la salve-
dad de que el escrito que ahora traigo a colación ofrece una clasifi-
cación más complicada de la cuestión. En efecto, el tratamiento de
la diabolé (RA, cap. 29, 1437b33-1438a2) distingue primero la pers-
pectiva del hombre que así refiere al orador, y que despliega exáme-
nes subsiguientes, a saber: establecer (i) si la diabolé pertenece al
pasado o es actual –y en tal caso, (ii) si la sospecha recae en el
orador por el hecho de ser joven o de ser viejo– o si no, observar
(iii) de qué naturaleza es el cargo (si fuera una cuestión de carácter
político o no, entre otras consideraciones al respecto), seguidos por
eventuales reacciones que en cada caso puedan anular la duda. La
segunda perspectiva corresponde a la del prâgma, bajo lo cual en-
tiende el objeto de los dos géneros de oratoria involucrados. Los
usos de la voz griega prâgma refieren lo que se defiende, lo que se
aconseja o aquello de lo que se disuade: en suma, las medidas que
tienen que ver con materias políticas (por caso, aconsejar una paz
vergonzosa), o aquellas que involucran a terceros, asuntos de la co-
munidad (determinada medida sobre los festivales, entre otros ejem-
plos). Junto a esas dos perspectivas, presentes en el texto aristotélico
(de Ret. II, 23 y en los primeros lugares de Ret. III, 15), la Retórica
a Alejandro ofrece también la tercera perspectiva del lógos. Esta se
abre, por su parte, conforme a despejar tres análisis, a saber: (i) si su
materia es amplia, (ii) si es no convincente y (iii) si corresponde a
un hecho pasado. En la sección dedicada a materias propias de un
proceso legal (en el cap. 36), la diabolé tiene que ver con imputar
acciones realizadas por la fuerza, por ejemplo la sospecha de robo,
entre otros. En la perspectiva del hombre (el orador), se trata de ver
si la acción compromete a extraños o a amigos, y a cuestiones

31
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

reprobables o no, entre otros. La Retórica a Alejandro ofrece, en


suma, una variedad de ángulos sobre las causas de la sospecha pre-
sentes en situaciones del género político y del judicial.
Ahora bien, entre las voces más influyentes en el ámbito de los
estudios clásicos de habla inglesa, Carey defiende que la diabolé
descubre la eficacia del dominio sobre los efectos emocionales del
discurso, y en ese punto la reflexión retórica del siglo IV quedó reza-
gada a la vista de la riqueza que atestiguan los oradores, tanto en
cuestiones de fondo como de método (2004: 1, 8 y 12).13 Con todo,
su estudio reconoce lineamientos expresos de la teoría correspon-
diente, aun cuando quedara por dirimir la mutua relación entre el
escrito aristotélico y la Retórica a Alejandro.14 Carey concede as-
pectos de la noción de relevancia cuando revisa en detalle finas ar-
gumentaciones de los textos de los oradores y cuando repara en la

13
«The contexts for Greek oratory are explicitly or implicitly triangular; two
speakers (sometimes more) or groups are competing for the favorable judgment of
an audience. It had been recognized long before Aristotle that audience good will
was vital for the task of persuasion. But in a competitive context this almost
inevitably has a negative counterpart, the creation of an emotional distance between
the audience and one’s opponent» (Carey, 2004: 1 y la 12 enfáticamente). Su pri-
mer artículo, de alcance temático más general, rastreó los contextos de uso de la
diabolé en la oratoria deliberativo-política de Tucídides (1994: 34), sin dejar de
mostrar que el contexto antagónico por antonomasia fuese el de los contrincantes
en la corte (1994: 29). Por entonces Carey ya defendía la ubicuidad del recurso en
tres oradores centrales del canon clásico: el amplio espectro de las acusaciones
personales, a diferencia de la esquematización y la rigidez de los dos planteos
teóricos del siglo cuarto, sin dejar de conceder que la técnica del prejuicio en
contra del oponente trae a colación materiales irrelevantes al punto en cuestión
(1994: 31). Los estudios de Gastaldi (2003 y 2004) sobre el uso de diabolé en
textos de tragedia siguen este trabajo de Carey. En la última nota a pie de la sec-
ción I me ocupé de los antecedentes y del tratamiento de Dow (2007 y 2008).
14
Los límites del escrito están entre los años 341 y 300 antes de nuestra era; mien-
tras que las fechas del texto aristotélico, salvando sus etapas de redacción, podrían
estar entre los años 360 y 341 debido a los acontecimientos que nombra. Con todo,
Braet admite la presencia de una misma tradición que pudiese haber influido en
sendos escritos y de modo independiente (1996: notas 2 y 3). La Retórica a Ale-
jandro pudo haber sido entonces el más antiguo de los dos y el heredero de la
antigua tradición sofística (Braet, 1996: nota 4).

32
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

línea de quienes investigaron la máxima de «mantener el punto de


la cuestión» en la historia de los testimonios sobre el proceso griego
antiguo (2004: 5).15 Por su parte, los lugares aristotélicos de la diabolé
(Ret. III, 15) recorren instancias de procedimientos de la prueba de
un cargo legal en el contexto correspondiente. En este sentido, la
inicial advertencia de Navarre parece estar en consonancia con si-
tuaciones que describen los textos de Retórica a Alejandro (tal como
indiqué en una nota anterior). También están las salidas que hoy
podrían calificarse de ad hominem, consistentes, tal como adelanté,
en devolver la sospecha a la persona que primero la levantó, con el
propósito de desconfiar y desacreditar la palabra del otro. La recep-
ción anglosajona rescata textos del manual de retórica de Richard
Whately (1787-1863) que apoyan la tesis (concedida en el campo
del debate contemporáneo sobre la argumentación) de que es el uso
del discurso el que se cataloga o califica como legítimo o ilegítimo
en el sentido de falaz o tramposo, y no el discurso en abstracto.
En segundo lugar, los estudios de Carey plantean descubrir la
relación entre la diabolé y la eúnoia. El escrito de la Retórica a
Alejandro muestra en qué medida la diabolé apela a los efectos
extradiscursivos de la persuasión, ligados al auditorio y a aspectos
negativos –emocionales– que este tuviera sobre los interlocutores
del discurso, tal como admite el último artículo (Carey, 2004: 1 y
8). Cuando se ocupa de cómo se disponen los discursos públicos y
los legales, y en particular de los fines del prooímion en esos con-
textos (RA, cap. 29), se admite que el orador debe asegurarse que
los oyentes se encuentren en buena disposición para escucharlo
(eumeneía). Entre las situaciones contrarias u obstáculos a esa bue-
na disposición, el texto reconoce la situación de un auditorio que
albergue sospechas acerca de la persona del orador, la de que repro-
base los hechos o medidas por las que el orador podría abogar, y por
fin el caso de que se desestimase el propio discurso (lógos). Cuando

15
Carey aduce que el uso de la diabolé gana espacio ante la falta de noción de
evidencia legal y la frecuencia del argumento de probabilidades.

33
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Aristóteles, por su parte, enumera los turnos de quienes mantienen


una rivalidad, prevalece la idea de que habría que contestar a las
objeciones y luego contraargumentar teniendo presente la posición
del interlocutor. «En efecto, como el alma no admite al hombre sos-
pechoso, del mismo modo tampoco su discurso, sobre todo si el
contrario ha tenido buena aceptación» (Ret. III, 17, 1418b13-17).
Por su parte, la eúnoia que Aristóteles tuvo presente (en Ret. II, 1,
1378a6-20) parece un atributo del orador, pero también del discurso
que pueda armarse técnicamente a tal efecto. Su idea sería que el
discurso de alguien es creíble o confiable para quienes lo escuchan
si y sólo si quien les habla no sólo es capaz de reconocer sino tam-
bién de decir lo que fuese mejor para su auditorio, asumiendo con
ello que llegó a deliberar sobre lo óptimo desde la perspectiva de
quien escucha ese discurso. En estas circunstancias, se admite que
la opinión formulada por el orador sería creíble e influyente en ese
auditorio (Ret. II, 1378a16-17).

III

Queda destacar un tercer rasgo (c). Un comentador latino adujo


que la diabolé no sería una emoción, sin embargo, importa ponerla
en la emoción.16 La palabra que separa, que siembra discordia o que
divide, sabe de componentes emotivos. Aristóteles menciona la
diabolé entre las emociones que hoy se llaman «negativas», sobre
todo en círculos de la ética contemporánea que rehabilitan su exa-
men.17 La Retórica ya concede que la calumnia se alimenta del odio

16
Así traduzco: «‘Diabolé non est páthos, sed pertinet ad iudem ponendum en
páthei’, Moretus 1602, 192" (Rapp, 2002: 44). La observación de Moretus ayuda
a entender la idea de Dow, según la cual sería crucial desligar la acusación de las
emociones, a fin de poder equipararlas a todas solamente en sus respectivos efec-
tos irrelevantes (2007: 388-390).
17
Tanto el tratamiento neoaristotélico como el feminista reivindican y avanzan en
el estudio de las emociones en la línea cognitivista. El enfoque de género en el
debate de la ética actual legitima emociones «prohibidas», a saber: el enojo, la

34
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

y de la envidia que despierte su víctima en terceros, por lo cual


quien agudizara la sospecha hasta ese punto sacaría provecho de esa
conexión. Entre los lugares que exhiben quiénes pueden ser blanco
de un acto injusto, se dice que los calumniados –entiendo ahora– se
conducen como si fueran objeto de odio o de envidia, dado que,
como temen a los jueces, no habrían de tomar la iniciativa de defen-
derse, porque tampoco lograrían convencerlos (Ret. I, 12, 1372b35-
1373a1).18 La palabra que sospecha de otro, en el sentido fuerte de
levantar una calumnia, cae en la órbita de lo injusto. Precisamente, los
expedientes retóricos que ofrecen salidas a la calumnia serían de dudo-
sa eficacia: el calumniado contaría con la expectativa de que terceros le
desean efectivamente males (Ret. II, 4, 382a8) o muerte (a15). En caso
de que despertara en ellos envidia, sabría que disputa con ellos por el
logro de bienes valiosos para todos. La envidia –sostiene Aristóteles–
consiste en sentir pesar por el éxito del semejante (Ret. II, 9, 1386b19-
20); y ese éxito consiste en haber alcanzado los bienes que importan
en la vida buena (Ret. II, 10, 1387b36-1388a6). Precisamente por
esto se compite con quienes fueran cercanos y la envidia plantea riva-
lidad (1388a12-16). Ahora bien, aunque el calumniado pudiera escla-
recer que se trató de algo inmerecido, el éxito de su defensa depende-

rabia, la amargura, entre otras, cuyo análisis despeja situaciones inequitativas o


contextos de sometimiento de sus víctimas, interesantes para el análisis teórico de
las cuestiones de filosofía moral. En este sentido, el papel esclarecedor de las
emociones negativas dejaría en un segundo plano la elección de estudiar las emo-
ciones (positivas) típicas del análisis neoaristotelista reconocido en los estudios de
Martha Craven-Nussbaum (Salles, 2002: 55). En la línea de la lógica informal,
Brinton (1988) reconoció las emociones airadas («angry emotions»), a saber: có-
lera, resentimiento, indignación, envidia, en relación con la idea de hablar de «ar-
gumentos patéticos», cuya razonabilidad el autor examina y reivindica.
18
Cito al respecto un famoso comentario: «And those that have already been the
subjects of hostile charges, suspicion, calumny (all included in diabállein ‘to set
one man at variance with, or against, another’), and such as are especially exposed
or liable to it (easily calumniated, &c.); for such as these have neither the will (to
prosecute) from fear of the judges (who are prejudiced against them), nor are they
able to persuade (the judges, for the same reason, if they brought this case before
a court of law): and to this class belong all that are hated and envied» (E. M. Cope,
1877, Comment ad Ret. I, 12, 1372b35-1373a1).

35
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

ría también de que el auditorio pudiese poner distancia de esas emo-


ciones, tanto como de tener en claro sus propias causas hasta el punto
de ver que lo proferido por el otro no concierne con la cuestión.19
También se habla de los efectos de la acusación. La diabolé pro-
voca enemistad, tal como la ira y el insulto (epereasmenós) (Ret. II, 4,
1382a2). La calumnia pertenece a quien dice lo malo del otro
(kakológous), que alimenta el enojo. Aristóteles diferencia en este
punto la actitud del hombre bueno, que sólo sabe de lo bueno de los
otros y de sí mismo. Por encima de ambos hay casos de virtud moral
superior: el magnánimo que estaría por encima de cualquier elogio o
reproche no porque desee evitar la ofensa (Ret. II, 4, 1381b7-9).20
Respecto del planteo aristotélico de las emociones, cabe decir que,
entre los primeros estudiosos en lengua inglesa, Fortenbaugh admitió
que la persuasión a través de los oyentes no habría estado confinada
al proemio y al epílogo, porque las emociones pueden ser excitadas y
calmadas por argumentación razonada. Cuando un orador demuestra
que el peligro es inminente, él está provocando miedo en el auditorio
y su razonamiento hace que este concluya que el peligro es inminente
y piense cómo permanecer a salvo. El miedo los hace deliberar (Ret.
II, 1383a6-7). Por lo tanto, «no serían víctimas de alguna fuerza irra-
cional que los hiciera actuar como lo hacen» (1970: 62). Lo central
del análisis (aristotélico) de las emociones esgrime la tesis de que hay
cognición en la respuesta emocional, y por eso el tratamiento
aristotélico vino a mostrar la conexión con la razón. Hasta entonces,
esas apelaciones no habían sido más que encantamientos que envuel-
ven a los oyentes (Fedro, 276c7-d1) o que actúan como drogas sobre
ellos, tal como pensaron Trasímaco y Gorgias (1970: 63).21

19
Rapp (2002: 45) discrimina dos situaciones: una, cuando el auditorio odia al
difamado (Ret. I, 1, 1354a7), y otra, cuando la víctima y los oyentes odian al
difamador (que sería la perspectiva de II, 4, 1382).
20
Cope señala la referencia a Teeteto 173d y a EN IV, 9, 1125a8.
21
Dow rechaza la posición de Fortenbaugh (2002), según la cual las emociones y
el placer y la pena que les siguen son causados por los pensamientos que ellas
implican, en la medida en que sus definiciones recogen el contenido relevante de
la cuestión del miedo, del odio, etcétera (Dow, 2008: 260 y siguientes). Del

36
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

IV

Cuando Aristóteles se jacta de haber sentado las bases acerca del


argumentar sobre cualquier cuestión en el contexto de un diálogo
bien pautado (Ref. Sof. 34, 183b1-2), traza dos parámetros en fun-
ción de los cuales el propio autor pondera lo que acaba de ofrecer y
aquello que quedaría por hacer. A esas primeras lecciones, que es-
peran de sus oyentes el ánimo adecuado para recibir los aportes y
las inevitables lagunas de su empresa (Ref. Sof. 34, 184b5-7), se las
comparó con una enseñanza que sólo había acumulado ejemplos y
reglas de modo casual y sin criterio a la hora de servirse de ellos
(183b35-184a8; Chichi, 1994). En relación al parámetro externo,
en cambio, Aristóteles reconoce que los frutos en materia de retóri-
ca son fehacientes y superiores (183b25-26, 184b1-5): sería positi-
vo el resultado de haber acumulado y aumentado materiales gracias
a la dedicación de sucesivas figuras (183b25-34). A ellos se atribu-
yó luego el proceder de una casuística que a lo sumo había acu-
mulado preceptos y modelos (Navarre, 1900: 156-157, 312-13;
Kennedy, 1959). En el propio contexto de la reflexión retórica, en
cambio, los antecesores habrían llegado a proveer materias acce-
sorias, que Aristóteles atribuye a quienes enseñaron a dividir el
discurso en partes y a asociar a ellas apelaciones emotivas
(Fortenbaugh, 1970: 63-4). Se reconoce todavía que esas figuras a

ilustrativo estudio de Fortenbaugh resalto su defensa acerca del componente


cognitivo necesario en las emociones aristotélicas, por lo cual las emociones no
serían impulsos ciegos: «When a man responds emotionally, he is not the victim of
some automatic reflex. On the contrary, he is acting according to his judgment.
When a man become angry, he takes revenge because he thinks himself insulted.
He is prepared to explain and justify his action by reference to an insult» (1970:
61). La definición trae además la causa (1970: 54-58). Aristóteles piensa que saber
cómo se despiertan las emociones, ante quiénes y cuándo surgen, instruye cómo
despertarlas. «In comparison with the tricks of former rhetoricians, this method of
arousing emotions has a striking advantage: The orator who wants to arouse
emotions must not even speak outside the subject; it is sufficient to detect aspects
of a given subject that are causally connected with the intended emotion» (Rapp,
2010, sección 5.b. Destaco en cursiva lo que interesa).

37
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

lo sumo revelaron conocimiento de la psicología de la persuasión


(Lloyd, 2010: 1, 9).
La presentación aristotélica del tipo de acusación (más o me-
nos fuerte) que he revisado expuso, en suma, uno de los medios
corrientes para ganar el favor interesado (positivo o negativo) de
quienes podrían hacer las veces de jueces. El proyecto de Aristóteles
descarta semejantes apelaciones porque cuestiones irrelevantes con
el caso en disputa colaboran con el objetivo de lograr que el audi-
torio se forme una opinión negativa de la parte contraria supuesta
en un encuentro de las características de un litigio. El proyecto de
explicar y describir la persuasión mediante recursos que atiendan
al discurso pertinente demanda de los destinatarios de esas leccio-
nes el compromiso de saber y de ser capaz de identificar lo ajeno
al tema a fin de desactivarlo y, por fin, detenerse a atender –o a
refutar, cuando cabe– las razones que se ofrecen en relación con el
caso.

Bibliografía

Bird, O. (1960). «The rediscovery of The Topics: Prof. Toulmin’s


Inference warrant». En: Proceedings of American Catholical
Philosophical Associations, 34, 200-205. También en Mind,
1961, 70, 1961, 534-539.
Bonitz, H. (1961). «Index Aristotelicus». En: Bekker, I. (ed.)
Aristotelis Opera, vol. V. Berlin: W. De Gruyter et Socios.
Braet, A. (1987). «The Classical Doctrine of ‘status’ and the
Rhetorical Theory of Argumentation». En: Philosophy and
Rhetoric, 20(2), 79-83.
––– (1996). «On the Origin of Normative Argumentation Theory:
The Paradoxical Case of the Rhetoric to Alexander». En:
Argumentation, 10, 347-359.
Brinton, A. (1994). «Appeal to the Angry Emotions». En: Informal
Logic, 10(2), 77-87, 1988.

38
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Carey, C. (1994). «Rhetorical Means of Persuasion». En:


Worthington, I. (ed.). Persuasion: Greek Rhetoric in Action.
London-New York: Routledge.
––– (2004, octubre). «The Rhetoric Of Diabole». En: The interface
between philosophy and rhetoric in classical Athens - an
international conference organized by the University of Crete, 29-
31 octubre de 2004, Rethymno, Grecia. Disponible en: <http://
www.eprints.ucl.ak.uc/3281/>. Consultado el 3 de febrero de 2010.
Chichi, G. M. (1994). «Tradición y aporte de Los Tópicos de
Aristóteles: análisis de su epílogo». En: Synthesis, 2, 43-62.
Disponible en: <http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?
codigo=334456>, <http://biblioteca.universia.net/html_bura/
ficha/params/id/38293945.html.>
<http://www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/
pr.2439/pr.2439.pdf>. Consultado en marzo de 2010.
––– (2007). «El tratamiento de la relevancia en textos de la Retórica
de Aristóteles». En: Zecchin de Fasano, G., L. Pepe de Suárez y
J. T. Nápoli (eds.). Actas Cuarto Coloquio Internacional Len-
guaje, Discurso y Civilización. De Grecia a la Modernidad,
UNLP, La Plata, junio de 2006. La Plata: UNLP.
––– (2008). «El modo adecuado de decir y la relevancia estilística
(Aristóteles, Retórica III, 7)». En: Durán, C. y H. Hebrard (comps.).
Actas de las VI Jornadas de Investigación en Filosofía para profe-
sores, graduados y alumnos 2006, FAHCE, UNLP, La Plata, 4-6/
12/06 (Tomo I, pp. 55-64). La Plata: Ediciones Al Margen.
Chichi, G. M. y M. C. Schamun (2009). «El uso de la acusación
retórica (diabolé) en el discurso agonal de Electra de
Eurípides». En: Granato, L., M. L. Móccero y G. Piatti
(comps.). Diálogo y Diálogos, Actas del IV Coloquio Argen-
tino de la IADA (Internacional Association for Dialogue
Analysis) FAHCE, UNLP, La Plata, 1 al 3 de julio 2009 (pp.
514-525). La Plata: UNLP. Disponible en: <http://
www.datafilehost.com/download–cd7d34fb.html>. Consulta-
do el 20 de diciembre de 2009.

39
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Cooper, C. (2007). «Forensic Oratory». En: Worthington, I. (ed.). A


Companion To Greek Rhetoric. Maden-Oxford-Victoria:
Blackwell Publishing Ltd.
Cope, E. M. (1887). Commentary on Aristotle Rhetoric. Cambridge:
Cambridge U.P. Disponible en: < http://www.perseus.tufts.edu/ >.
Consultado el 23 de febrero de 2010.
Crane, G. R. (ed.). Perseus Digital Library. Tufts University.
De Voegelin, W. (1943). Die diabolé bei Lysias. Basel: Beno
Schwabe & Co. Disponible en: <http://books.google.es/>. Con-
sultado el 5 de febrero de 2010.
Dow, J. (2007). «A Supposed Contradiction about Emotional Arousal
in Aristotle’s Rhetoric». En: Phronesis, 52, 382-402.
––– (2008) The Role of Emotion Arousal in Aristotle´s Rhetoric.
University of St. Andrew. Disponible en: <http://hadl.handle.net/
10023/501>. Consultado el 12 de agosto de 2009 .
Fortenbaugh, W. (1970). «Aristotle’s Rhetoric on Emotion». En:
Archiv für Geschichte der Philosophie, 52, 40-70.
Gastaldi, V. (2003). «Tragedia oratoria y oralidad: Fórmulas retóri-
cas en un proceso judicial (Esquilo, Euménides)». En: Synthesis,
10, 77-90.
––– (2004). «El Lógos trágico y la funcionalidad de la retórica».
En: Calíope (Río de Janeiro), 12, 72-83.
Halliwell, S. (1997). «Between Public and Private Tragedy and
Athenian Experience of Rhetoric». En: Pelling, C. (ed.). Greek
Tragedy and The Historian. Oxford: Clarendon Press.
Kapp, E. (1942). «Syllogistik». En: Paulys Wissowa, R.E.C.A., IV
A 1 1931, columnas 1046-1067.
––– (1942). Greek Foundation of traditional Logik. New York.
Kassel, R. (1976). Aristotelis, Ars Rhetorica. Berlín-New York:
Walter de Gruyter.
Kennedy, G. (1959). «The earliest Rhetorical Handbooks». En:
American Journal of Philology, 169-178.
Lloyd, G. E. R. (2010). «La retórica en la Antigüedad griega y chi-
na». En: Revista Ibearoamericana de Argumentación, 1, 1-12.

40
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Disponible en: <http://.www.e-espacio.uned.es.8080/fedora/>.


Consultado el 4 de enero de 2011.
Marx, F. (1968). «Aristoteles’ Rhetorik». (Berichte über die
Verhandlung der königlich-sächsischen Gesellschaft der
Wissenschaften zu Leipzig, Philologisch-historische Classe, 52,
1900, pp. 241-328). Rhetorika. Schriften zur aristotelischen und
hellenistischen Rhetorik, Herausgegeben von R. Stark mit einem
Vorwort von P. Steinmetz (pp. 36-123). Hildesheim: Olms Studien.
Navarre, O. (1900). Essai sur la Réthorique Grecque avant Aristote.
París: Libraire Hachette.
Racionero, Q. (1990). Aristóteles. Retórica. Madrid: Gredos.
Rapp, C. (2002). «Aristoteles Rhetorik. Ubersetzt und erläutert von C.R».
En : Flashar, H. (ed.). Aristoteles Werke in Deutscher Übersetzung
(vol. 4). Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellschaft.
––– (2002). «Aristotle’s Rhetoric». En: Zalta, E. N. (ed.). The
Stanford Encyclopedia of Philosophy. Disponible en: <http://
plato.stanford.edu/entries/aristotle-rhetoric/#Rel.>. Consultado
el 20 de febrero de 2010.
Ross, W. D. (1958). Aristoteles, Topica et Sophistici Elenchi. Oxford, O.C.T.
––– (1959). Ars Rhetorica. Aristotle. Oxford: Oxford Clarendon
Press. Disponible en: < http://www.perseus.tufts/>. Consulta-
do el 20 de febrero de 2010.
Tovar, A. (1990). Aristóteles. Retórica. Madrid: Centro de Estudios
Constitucionales.
Salles, A. (2002). «Reivindicando las emociones: contribución de
la ética feminista». En: Mora, 8, 47-58.
Solmsen, F. (1932). «Rekonstruktionen zu Rhetorik». En: Hermes,
67, 133-154. Consultado en Stark, R. (1968). Rhetorika.
Schriften zur aristotelischen und hellenistischen Rhetorik (184-
205, cuya paginación sigo). Hildesheim: Georg Olms.
––– (1938). «Aristotle and Cicero on the Orator’s Playing Upon
Feelings». En: Classical Philology, 33(4), 390-404.
Toulmin, S. (1986). «Die Verleumdung der Rhetorik». En: Neue
Hefte für Philosophie, 26, 55-68.

41
Canon, historia literaria e ideología:
el Libro X de la Institutio Oratoria
de Quintiliano

Josefina Nagore

El siglo I de nuestra era se destacó por el desarrollo de la crítica


literaria y de la retórica, dos actividades vinculadas entre sí, pero
teóricamente diferenciadas. Al respecto opina L. Pernot: «The
intellectual resemblance and the precise contact points between
Aristotle’s Poetics and Rhetoric reveal the bridges existing between
rhetoric and poetics, and more broadly between rhetoric and literary
criticism» (2005: 135-136). En ese siglo, los representantes de la
crítica literaria son Dionisio de Halicarnaso –fines del siglo I a.C.–,
Séneca el Joven, Pseudo-Longino, Plutarco, Plinio el Joven y Táci-
to. El tópico central del Dialogus de Oratoribus, como se sabe, es la
contraposición entre dos posturas frente a las modificaciones que
sufrió la oratoria a lo largo de ese siglo: unos elogian sus transfor-
maciones, otros las detractan y consideran que la nueva situación
política es la responsable de la decadencia de la oratoria. Este tópi-
co fue reelaborado sin cesar desde fines de la república hasta que
desapareció luego del siglo I. Entre las múltiples opiniones sobre el
tópico y su significado, considero oportuno presentar la del mismo
Pernot sobre este punto: «The debate on this topic reflected the

43
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

intellectual shock at the newness of the imperial regime. Once that


was past, rhetoric evolved and prospered in a new setting with which
contemporaries were comfortable» (Ibid.: 134).
Precisamente a finales del siglo I, probablemente entre el 93 y el
96, Quintiliano, en poco más de dos años, escribió la Institutio Orato-
ria,1 tratado pedagógico de retórica, obra en la que entran en contacto
la retórica y la crítica literaria, en especial en el Libro X, donde en los
parágrafos 46 a 131 del capítulo 1 aparece una enumeración y carac-
terización de aquellos a quienes él considera los mejores poetas, his-
toriadores, oradores y filósofos de Grecia y de Roma. Se trata, pues,
de un canon y un compendio de la historia literaria griega y romana
que es única en la Antigüedad (Schwindt, 2000: 155).
Esta obra logró su legitimación e institucionalización por la au-
toridad del propio Quintiliano y mediante su difusión en las escue-
las y su relación con la práctica oratoria. Siguió vigente –en forma
parcial– durante el Medioevo; el texto completo, descubierto por
Poggio Bracciolini en 1416, fue reeditado innumerables veces des-
pués de la edición princeps de 1470, tanto en su versión original
como en traducciones a diversos idiomas.

Institutio Oratoria: el canon y su vigencia

Corresponde, pues, preguntarse acerca del motivo de su vigencia


y su supervivencia. Más allá de los probables cuestionamientos
epistemológicos que puede suscitar el uso de ciertas categorías teóri-
cas actuales, considero que algunos conceptos vertidos por Raymond
Williams en Marxismo y literatura (2009: passim) contribuyen a la
comprensión del proceso que desemboca en un canon y una historia
literaria. Este filósofo reacciona contra el concepto de tradición «como
un segmento histórico relativamente inerte de una estructura social»

1
Quintiliano (I.O., Carta a Trifón, 1).

44
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

(Ibid.: 158), y, mientras desarrolla los conceptos de hegemonía y de


cualidad dinámica de la tradición, que siempre es selectiva, afirma:

dentro de una hegemonía particular, y como uno de


sus procesos decisivos, esta selección es presenta-
da y habitualmente admitida con éxito como «la
tradición», como «el pasado significativo». Lo que
debe decirse de toda tradición [...] es que constitu-
ye un aspecto de la organización social y cultural
contemporánea del interés de la dominación de una
clase específica. Es una versión del pasado que se
pretende conectar con el presente y ratificarlo. En
la práctica, lo que la tradición ofrece es un sentido
de continuidad predispuesta. (Ibid.: 159)

Williams considera también que toda «tradición viviente» ofre-


ce una ratificación cultural e histórica de un orden contemporáneo,
indica direcciones para el futuro y «se halla siempre ligada, aunque
a menudo de un modo complejo y oculto, a los explícitos límites y
presiones contemporáneos» (Ibid.: 161).

Esa «tradición viviente» es poderosa debido a que


se halla sumamente capacitada para producir co-
nexiones activas y selectivas, dejando a un lado
las que no desea bajo la idea de que están «fuera
de moda» o resultan «nostálgicas» y atacando a
las que no puede incorporar considerándolas «sin
precedentes» o «extranjeras». (Ibid.: 160)

Esa versión del pasado literario valioso en la que se han borrado


las huellas de la selección realizada se «naturaliza», se ofrece como
algo natural, como algo que no puede ser presentado de otra manera.
Por otra parte, conocemos la función que desempeñan en una
sociedad los críticos literarios y las instituciones educativas con res-

45
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

pecto a la imposición de normas estéticas, que se expresan también


a través del canon. Schwindt (2000: 168) añade que el canon impli-
ca un considerable poder sobre la literatura y que a él deben some-
terse los oradores y autores jóvenes. Recordamos que ya hubo en
épocas anteriores a Quintiliano en Roma otros críticos o poetas que
eran críticos que impulsaron desplazamientos y cambios de direc-
ción en la literatura latina.
Sin duda, la posición de Quintiliano en la sociedad romana del
siglo I y su vinculación con el poder imperial es más que adecuada
para proponer una recuperación significativa del pasado. Vivió sus
últimos cuarenta años bajo la dinastía de los Flavios y recibió de
ellos notables distinciones: es probable que, cuando en el 69 llegó
al poder Vespasiano, quien comprendía la necesidad de proteger y
desarrollar los aspectos culturales de la comunidad, el emperador le
haya dado a Quintiliano un subsidio (Suetonio, Vesp. 18; Tácito,
D.O. 9.5), como al poeta Saleyo Basso, o bien que simplemente
haya concedido a profesores de retórica, entre los que se contaba
nuestro rétor, exenciones de orden fiscal (Marrou,1960: 401); otros
textos, de San Jerónimo y de Casiodoro, dudosos y motivo de con-
troversias, aseguran que bajo aquel emperador Quintiliano fue el
primero en abrir una escuela pública de retórica y recibir un salario
del fisco. Más tarde, Domiciano lo designó preceptor de sus dos
sobrinos nietos, propuestos como herederos del trono imperial, y
Quintiliano recibió de él ornamentos consulares. Además, se había
destacado como orador y profesor de retórica, actividades en las
que logró gran prestigio; Plinio el Joven, Tácito y quizás Juvenal y
Suetonio fueron sus alumnos.

Institutio Oratoria: la construcción del canon

El canon se encuentra dentro de la sección dedicada a la elocutio, que


abarca los libros VIII a XI.1, concretamente, en los parágrafos 46 a 131
del capítulo 1 del Libro X, el cual se ocupa del legere, scribere, dicere.

46
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

En el comienzo de ese capítulo, Quintiliano explica qué lugar tie-


ne la lectura de textos en la formación del orador, qué relación se
establece entre lectura y escritura, cómo se logra la vim dicendi («fuerza
del discurso»), la copia verborum («riqueza de vocabulario»): cuál es
el valor formador de la lectura en la educación del orador.
Si bien solamente nos ocuparemos de los poetas recomendados
por Quintiliano, destaco que él aconseja tanto la lectura de poetas como
la de historiadores, oradores y filósofos, muchas veces respaldado en
un criterio de autoridad. Ahora bien, corresponde recordar que
Quintiliano diferencia claramente la oratoria de lo que para nosotros es
la literariedad: el orador no debe poner en práctica ni la libertas verborum
(«libertad en las palabras») ni la licentia figurarum («permisividad en
las figuras») propias de la poesía, y caracteriza a esta como «genus
ostentationi comparatum, et, praeter id quod solam petit uoluptatem
eamque [etiam] fingendo non falsa modo sed etiam quaedam incredibilia
sectatur» (X 1.28) («género preparado para mostrar y, más allá de esto,
aspira únicamente al placer y lo logra mediante ficciones no sólo falsas,
sino también increíbles»).2 También considera la historiografía proxima
poetis («próxima a los poetas») en la medida en que recurre a verbis
remotioribus («palabras poco comunes») y liberioribus figuris («figu-
ras bastante libres») (X 1.31), es decir que ya reconoce las característi-
cas literarias de la historiografía.
Con estas afirmaciones iniciales parecería, pues, que al canon
que va a trazar sólo se incorporarán aquellos autores útiles para el
orador. Sin embargo, como ha señalado Citroni (2006: 2-7), encon-
tramos en él varios autores sobre los que el mismo Quintiliano ob-
serva que no son adecuados para el orador. De esto se infiere que el
objetivo de Quintiliano va más allá de lo expresamente dicho y que
consiste en presentar un canon y una especie de historia de la litera-
tura, la historiografía, la oratoria y la filosofía griega y romana, ela-
boradas de manera paralela, constituida por aquellos géneros y au-

2
Las citas del texto de Quintiliano corresponden a la edición de Winterbottom
(1970: t. II).

47
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

tores que él considera representativos de ambas culturas, y que han


logrado un carácter identitario.
Quintiliano asegura que se referirá únicamente a autores que ya
han muerto y añade:

Paucos (sunt enim eminentissimi) excerpere in ani-


mo est: facile est autem studiosis qui sint his simillimi
iudicare, ne quisquam queratur omissos forte aliquos
<quos> ipse ualde probet; fateor enim pluris
legendos esse quam qui nominabuntur. (X 1.45)
[Tengo la intención de elegir a unos pocos (pues
son eminentes); por otra parte, es fácil para los
que estudian juzgar quiénes son muy parecidos a
los que elijo, para que ninguno se queje de que
fueron omitidos aquellos a los que él aprueba; en
efecto, reconozco que hay que leer a más autores
que los que son nombrados.]

Como dice Schwindt (200: 157-158), se trata de un largo preámbulo


que da testimonio del malestar de quien establece el canon; desde el
comienzo se imponen «silencios» en la construcción de la historia
literaria; es evidente que Quintiliano tiene conciencia de la fragilidad
de esa tradición. Acotamos que en el parágrafo 105, al cerrar el canon
de historiadores romanos, afirma: Sunt et alii scriptores boni, sed nos
genera degustamus, non bibliotecas excutimus (X.1.104) («Hay también
otros escritores buenos, pero nosotros elegimos dentro de cada género,
no revisamos las bibliotecas»).

El canon griego (X 46-84)

Está dividido en cuatro partes. Decrecientes en extensión, en ellas


Quintiliano agrupa primero a los poetas, después a los historiado-
res, más tarde a los oradores y por fin a los filósofos. Es probable

48
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

que para elaborar este canon haya tomado muchos elementos del
libro segundo del tratado Perì Miméseos (Sobre la imitación), del
rétor e historiador Dionisio de Halicarnaso, que vivió en Roma en-
tre los años 30 y 2 a.C., o bien que ambos hayan partido de una
fuente común, hoy perdida. De ese libro segundo sobrevive sólo un
epítome y algunos fragmentos, por lo cual sólo podemos indicar
referencias generales a la relación entre ellos.
En el ítem de los poetas, el epítome de Dionisio se refiere prime-
ro a poetas épicos y didácticos: Homero, el más elogiado, y luego
Hesíodo, Antímaco y Paniasis. Por su parte, Quintiliano enumera y
caracteriza a los mismos poetas que Dionisio, reiterando un elogio
sumo a Homero y menor a los otros, pero introduce una innovación:
añade a poetas del período helenístico, cultores del hexámetro y de
diversos géneros literarios: Apolonio de Rodas, Arato y Teócrito.
Con respecto a esta ampliación del canon griego, Citroni obser-
va certeramente: «Quintiliano includes in his survey those poets
who, regardless of their usefulness for the training of orators [...],
enjoyed the greatest prestige in Rome, seeing that they had been
taken as models by great Latin poets» (2006: 7). En efecto, estos
tres autores incorporados al canon griego por Quintiliano generaron
en la literatura latina o bien mutaciones genéricas –por ejemplo, la
inclusión de una relación amorosa como elemento central en un
poema épico: Eneida– o bien el surgimiento de géneros nuevos –las
Bucólicas de Virgilio–; además, Astronomica de Manilio tiene pun-
tos de contacto con Phaenomena de Arato, obra que fue traducida
parcialmente por Varrón de Átax y Cicerón.
El siguiente párrafo –una especie de preterición– es especial-
mente revelador en este aspecto:

Audire uideor undique congerentis nomina


plurimorum poetarum. Quid? Herculis acta non bene
Pisandros? Quid? Nicandrum frustra secuti Macer
atque Vergilius? Quid? Euphorionem transibimus?
Quem nisi probasset Vergilius idem, numquam certe

49
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

conditorum Chalcidico uersu carminum fecisset in


Bucolicis mentionem. Quid? Horatius frustra
Tyrtaeum Homero subiungit? (X 1.56)
[Me parece oír desde todas partes a los que men-
cionan nombres de muchísimos poetas. ¿Qué?
¿Pisandro no elogió bien las acciones de Hércules?
¿Qué? ¿Macro y Virgilio siguieron en vano a
Nicandro? ¿Qué? ¿Dejaremos de lado a Euforión?
Si el mismo Virgilio no lo hubiera aprobado, sin
duda nunca habría mencionado en las Bucólicas los
poemas escritos en verso calcídico. ¿Qué? ¿Horacio
unió en vano el nombre de Tirteo al de Homero?]

Aquí Quintiliano, luego de afirmar indirectamente que quizás


debería mencionar más autores griegos, desarrolla varias preguntas
retóricas –equivalentes a aserciones enfáticas– en las que destaca la
vinculación de otros poetas griegos que no ha nombrado con auto-
res latinos que los imitaron: Nicandro con Virgilio, Euforión con el
Virgilio de Bucólicas; y al final hay una alusión a los versos 401-403
del Ars Poetica de Horacio, en los que este nombra a Tirteo después
de Homero.
Otra innovación de Quintiliano es que incluye a dos grupos de
poetas que tampoco figuran en el epítome de Dionisio y que reite-
ran la vinculación de la literatura griega y la latina: los elegíacos
Calímaco y Filetas, imitados por los elegíacos latinos (par. 58), y el
yambógrafo Arquíloco (par. 59), punto de partida de los Epodos de
Horacio.
Luego retoma el texto de Dionisio: presenta a los mismos poetas
líricos que el griego, pero en diferente orden, quizá respondiendo a
un criterio cronológico: Píndaro, el más elogiado, Estesícoro, Alceo
y Simónides de Ceos; en ninguno de los dos constan los otros
cinco poetas líricos del canon alejandrino. La referencia a Alceo
presenta aspectos significativos: Quintiliano lo presenta como el
poeta del «áureo plectro», retomando una expresión de Horacio

50
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

(Carm. 2.13.26-27, y Ars 401-403), y observa que al perseguir a los


tiranos contribuyó a la moral, habla de sus cualidades literarias y de
su semejanza a los oradores; después dice: «pero también escribió
cosas triviales y descendió a los amores, pese a que tenía aptitud
para temas más elevados»3. Es decir que desvaloriza la poesía amo-
rosa de Alceo y tampoco menciona –siguiendo a Dionisio– ni a Safo
ni a Anacreonte entre los líricos griegos; ya en el Libro 1 de la I.O.
(I, 8.6) Quintiliano había afirmado que la lectura de la elegía erótica
debe ser evitada por los jóvenes.
El epítome de Dionisio pasa a referirse después a la poesía
dramática; primero, a la tragedia: caracteriza a Esquilo y establece
una comparación detallada entre Sófocles y Eurípides; después se
refiere a los comediógrafos en general, alabándolos, pero menciona
sólo a Menandro. En cambio, Quintiliano se refiere primero a la
antiqua comoedia (1.65) de modo muy elogioso: subraya el encanto
de su lengua, la libertad de palabra,4 su censura del vicio; considera
que, salvo Homero, es el género más semejante a la oratoria y el
más conveniente a la formación de oradores (1.65); y nombra a sus
autores. Remite luego a la tragedia (1.66-68): caracteriza a Esquilo
y desarrolla la comparación entre Sófocles y Eurípides. Presenta
por fin a Menandro como admirador y seguidor de Eurípides, aunque
en un género diferente, y lo considera sumamente útil para el orador.
Citroni (2006: 10) destaca primero la ubicación en el canon de
Homero, el primero, y Menandro, el último, y después el hecho de
que ambos están separados de todos los demás y el de que son los
únicos que constituyen un modelo para todo lo que necesita un orador.
En resumen, las inclusiones de poetas helenísticos que ejecuta
Quintiliano en el canon propuesto por Dionisio deben de vincularse
con su deseo de señalar que hubo entre los griegos otros poetas

3
Alcaeus in parte operis aureo plectro merito donatur, qua tyrannos insectatus multum
etiam moribus confert, in eloquendo quoque breuis et magnificus et diligens et
plerumque oratori similis, sed et lusit et in amores descendit, maioribus tamen aptior
(1.63).
4
Cf. Hor., S., 1.4.1-5, versos que pueden ser la fuente de Quintiliano en este aspecto.

51
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

valiosos que Dionisio no tuvo en cuenta y que a partir de esos poe-


tas los latinos forjaron nuevos géneros literarios o modificaron los
códigos de otros. Así destaca la vinculación intertextual entre am-
bas literaturas. Puede llamar la atención el hecho de que elogie am-
pliamente la comedia antigua, de índole eminentemente política y
democrática, pero la mayor parte de su alabanza es de carácter for-
mal: grandis, («intensa»), elegans («refinada»), venusta («encanta-
dora»), ad oratores faciendos aptior («bastante adecuada para for-
mar oradores») (I.O. 1. 65).

El canon latino (X 86-131)

Como el griego, está dividido en cuatro partes, decrecientes en


extensión, en las que agrupa a poetas, historiadores, oradores y filó-
sofos. Se inicia así:

Idem nobis per Romanos quoque auctores ordo


ducendus est. Itaque ut apud illos Homerus, sic apud
nos Vergilius auspicatissimum dederit exordium,
omnium eius generis poetarum Graecorum
nostrorumque haud dubie proximus. (X 1.85)
[Debemos disponer el mismo ordenamiento entre
los romanos. Así pues, como entre ellos Homero,
entre nosotros Virgilio habrá dado el comienzo más
auspicioso, ya que él es sin duda el más próximo a
Homero de todos los poetas épicos griegos y
romanos.]

Presenta un canon latino paralelo al griego,5 con la misma es-


tructura y ordenamiento de los géneros, características resaltadas
por el paralelismo y la técnica contrastiva. Lo inicia con la única

5
Obsérvese el hipérbaton Idem ... ordo («el mismo ... ordenamiento»).

52
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

figura latina que puede compararse con Homero: Virgilio, el más


próximo a aquel; incluso Quintiliano dice que vale más: curae et
diligentiae vel ideo in hoc plus est, quod ei fuit magis laborandum
(X 1.86) («en este hay más preocupación y cuidado por esto: por-
que debió esforzarse más»).
Luego menciona y perfila con rapidez a varios poetas épicos y
didácticos, desde Ennio hasta Saleyo Basso (pars. 87 a 90), a los
que considera bastante alejados de Virgilio en méritos. En la carac-
terización, muy escueta, de todos ellos aparece primero un rasgo
positivo y luego alguna forma de desvalorización que mitiga el elo-
gio anterior, rasgo claramente paradójico; además, la mayoría de
esos poetas no son adecuados para la formación del orador. Sólo
nos detenemos en los que se refieren a obras supérstites:

Nam Macer et Lucretius legendi quidem, sed non


ut phrasin, id est corpus eloquentiae, faciant, ele-
gantes in sua quisque materia, sed alter humilis,
alter difficilis... (X 1.87)
[En efecto, Macro y Lucrecio deben ser leídos por
cierto, pero no para formar el estilo, es decir, el objeto
de la elocuencia; ambos son atractivos en su temática,
pero el primero es humilde, el segundo, difícil...]
Ennium sicut sacros uetustate lucos adoremus, in
quibus grandia et antiqua robora iam non tantam
habent speciem quantam religionem [...] Lasciuus
quidem in herois quoque Ouidius et nimium amator
ingenii sui, laudandus tamen partibus. (X 1.88)
[Adoremos a Ennio por su antigüedad como a los
bosques sagrados en los que los robles enormes y
antiguos no poseen ya tanto atractivo como valor
religioso [...] Ovidio, bastante lascivo inclusive en
los versos heroicos y demasiado complacido con
su talento, debe ser elogiado sin embargo en partes
de su obra.]

53
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Lucanus ardens et concitatus et sententiis


clarissimus et, ut dicam quod sentio, magis
oratoribus quam poetis imitandus. (X 1.89)
[Lucano, ardiente y apasionado, famosísimo por
sus máximas y, para decir lo que siento, debe ser
más imitado por los oradores que por los poetas.]

En seguida Quintiliano dedica varios parágrafos (91-92) al elogio


de Domiciano como creador de un poema épico que nunca fue encon-
trado y del que se sospecha que nunca existió. Se trata de un asunto
muy debatido por la crítica, que presenta interpretaciones dispares:
algunos opinan que el texto es una adulación obligada al emperador,
la expresión de un elogio «políticamente correcto»; otros, que es iró-
nico, como Penwill (2000: 60-83), quien postula que allí Quintiliano
ha empleado la figura llamada emphasis, vinculada con el encubri-
miento y la dissimulatio: el hablante dice una cosa, pero quiere sig-
nificar otra, y se emplea en momentos en que no se puede decir la
verdad. Otro crítico, Roche (2009: 367-385),6 acuerda con Penwill en
una lectura de carácter irónico y hasta satírico, y se refiere a los casti-
gos que sufrieron muchos intelectuales por enfrentarse a Domiciano.
La factura del texto, su índole hiperbólica, la acumulación de interro-
gaciones retóricas en gradación ascendente y de comparativos inten-
sivos favorece su interpretación irónica. Comienza así:

Hos nominamus quia Germanicum Augustum ab


institutis studiis deflexit cura terrarum, parumque
dis uisum est esse eum maximum poetarum. (1.91)
[Nombramos a estos porque a Germánico Augusto7
lo apartó de las ocupaciones retóricas el cuidado
del mundo y porque a los dioses les pareció
demasiado poco que él fuera el mayor de los poetas.]

6
Acerca de los delatores, cf. Winterbottom (1964: 90-97).
7
Domiciano.

54
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

De modo que en este ítem de los poetas que escribieron en


hexámetros sólo quedan en pie los mejores –tal como en el canon
griego Homero y Menandro–, enfrentados y asimilados: Virgilio,
cuya obra era entendida en aquel momento en términos de adhesión
absoluta a Octavio Augusto, y Domiciano.
Siguiendo el orden del canon griego, Quintiliano se ocupa rápi-
damente de la elegía (1.93) y caracteriza sólo con adjetivos a los
cuatro poetas elegíacos; a Ovidio lo vuelve a calificar como lascivior
(«bastante lascivo»). Dedica más espacio y más cuidado a la carac-
terización de un género que considera de origen romano: la sátira en
verso, a cuyo iniciador, Lucilio, valora; pondera a Horacio como el
mejor escritor de sátiras y ensalza a Persio; también se refiere a M.
Terencio Varrón, que escribió sátiras menipeas. Con respecto a los
yambos, observa que no se cultivaron en forma independiente, sino
combinados con otros versos; menciona a Catulo y a Horacio, quien
también es considerado el único poeta lírico digno de ser leído.
Pasa luego a la poesía dramática; primero se refiere a la tragedia
y presenta, omitiendo a Ennio, a los que él considera sus primeros
autores: Pacuvio y Accio; y hasta excusa sus defectos como propios
de su época; elogia mucho Thyestes de Vario y hasta la Medea de
Ovidio. Pero desaprueba la comedia latina, que es apenas una som-
bra de la griega: In comoedia maxime claudicamos (X, 1.99) («Clau-
dicamos sobre todo en la comedia»): reprueba la lengua de Plauto,
aunque elogia la de Terencio. Se refiere luego a Afranio, escritor de
comedias togadas, y añade: utinam non inquinasset argumenta
puerorum foedis amoribus, mores suos fassus («Ojalá no hubiera
ensuciado sus comedias con amores infames, confesando sus pro-
pias costumbres»).
Corresponde señalar la técnica contrastiva empleada por
Quintiliano a lo largo del canon latino: Elegia quoque Graecos
prouocamus (X, 1.93) («También en la elegía desafiamos a los grie-
gos»); Iambus non sane a Romanis celebratus est (X, 1.96) («El
yambo no fue muy frecuentado por los romanos»); Iam Vari Thyestes
cuilibet Graecarum comparari potest (X, 1.98) («Ya el Thyestes de

55
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Vario puede ser comparado con cualquiera de las tragedias grie-


gas»); In comoedia maxime claudicamus (X, 1.99).

Conclusiones

Los objetivos centrales de Quintiliano son, por una parte, de-


mostrar que la literatura latina se había desarrollado de tal forma
que se acercaba a la altura de la griega, que tiene carácter modélico,
y, por otra, oponer a esta un panorama romano de calidad semejan-
te. Por eso el canon latino se traza siguiendo los lineamientos y la
disposición del griego, de ahí la técnica contrastiva y los paralelis-
mos. Quintiliano corrobora que los poetas latinos conocían amplia-
mente la literatura griega y la habían incorporado «imitándola».8
Pero el modelo sigue siendo la literatura griega.
Quintiliano posee una visión unilateral y atemporal de la litera-
tura, ya que en general no percibe las relaciones existentes entre el
texto literario y la situación extraverbal (Bajtín), ni tampoco las
mutaciones que se presentan en los géneros literarios a lo largo de
su desarrollo. Los diversos géneros de la poesía están caracteriza-
dos sólo formalmente, según el tipo de verso empleado. Hay pocas
referencias al contenido habitual en ellos, al horizonte de expectati-
vas que cada uno engendra. En algunas ocasiones, el canon parece
un catálogo de nombres, provistos a lo sumo de algún adjetivo
diferenciador.
La formación del canon estaría ligada, pues, a la afirmación que
hace Schwindt: «La historia literaria se constituye como tal me-
diante la comprobación de la transmisión del nómos» (2000: 164).
Así se explica la posición privilegiada en ambos cánones de Homero
y Virgilio, así se explican algunas características que hemos señala-
do: a) deja de lado los géneros literarios de menor prestigio, como

8
Imitatio es la palabra que se usa en la Antigüedad para lo que hoy llamamos
actividad intertextual. Cf. Quintiliano, I.O. 10.2.

56
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

el mimo, el epigrama, la novela, la fábula, que fueron cultivados en


el siglo I, exclusión por demás significativa (Citroni, 2006: 4); b)
determinados lineamientos éticos que surgen en la exposición: des-
dén por los géneros o autores que desarrollan una temática amoro-
sa, elogio de la comedia antigua griega «porque persigue a los vi-
cios», y de Alceo porque «ataca a los tiranos», censura de Afranio
por incluir la temática homosexual en sus comedias; c) la exclusión
de Séneca del canon y la crítica despiadada que ejecuta contra su
figura (X 1.125-131).
Evidentemente el canon construido por Quintiliano está estre-
chamente ligado a la ideología dominante a fines del siglo I. Corres-
ponde acotar que, para Williams (2009: 101), la ideología está vin-
culada con la dimensión de la experiencia social en la que se produ-
cen los significados y los valores de una comunidad. Quintiliano,
desde su lugar oficial, ha seleccionado los materiales literarios que
deberán ser leídos y valorados para lograr la inclusión de algunos
ciudadanos en la esfera política, en los puestos de gobierno, en los
lugares meritorios de la sociedad.

Bibliografía

Citroni, M. (2006). «Quintilian and the Perception of the system of


poetic genres in the Flavian age». En: Nauta, R. R., H. Van Dam
y J. J. L. Smolenaars. Flavian Poetry. Leiden, Boston: Brill.
Marrou, H. I. (1960). Histoire de l’Éducation Dans l’Antiquité. Pa-
rís: Seuil.
Pennacini, A. (2001). «Dalla comunicazione di massa alla retorica
classica». En: Quintiliano. Institutio Oratoria. Ed. a cura di A.
Pennacini. Torino: Einaudi.
Penwill, J. L. (2000). «Quintilian, Statius and the Lost Epic of
Domitian». En: Ramus, 29(1), 60-83.
Pernot, L. (2005). Rhetoric in Antiquity. Washington: The Catholic
University of America Press.

57
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Quintilianus, M. Fabius (1970). Institutio Oratoria. Ed. M.


Winterbottom. Oxford: Oxford University Press.
Quintilien (2003). Institution Oratoire. Texte établi et traduit par
Cousin, J., 7 t. París: Les Belles Lettres.
Roche, P. (2009). «The Ivy and the Conquering Bay: Quintilian on
Domitian and Dominitianic Policy». En: Dominik, W. J., J.
Garthwaite y P. A. Roche (eds.). Writing Politics in Imperial
Rome. Leiden, Boston: Brill.
Schwindt, J. P. (2000). Prolegomena zu einer «Phänomenologie»
der römischen Literaturgeschichtsschreibung. Göttingen:
Vandenhoeck & Ruprecht.
Tacite (1947). Dialogue des orateurs. Texte établi par H. Goelzer et
traduit par H. Bornecque. París: Les Belles Lettres.
Williams, R. (2009). Marxismo y literatura. Buenos Aires: Las cua-
renta.
Winterbottom, M. (1964). «Quintilianus and the vir bonus». En:
Journal of Roman Studies, 54, 90-97.

58
Lenguaje en movimiento y belleza:
claridad y metáfora en Quintiliano*

Andrés Covarrubias Correa

Definición estoica de retórica: el arte de hablar bien


y el hombre bueno

En lo fundamental me referiré a los libros VIII y IX de la Institutio


Oratoria de Quintiliano, textos donde se hace presente todo el valor
y la eficacia de la metáfora y la alegoría como altas expresiones de
la belleza del lenguaje. Pero para mostrar con claridad la importan-
cia de ambas, sobre todo desde un punto de vista cognoscitivo, de-
bemos también poner en relación estos aspectos con un horizonte
más amplio de la obra del Orador de Calahorra, incluyendo su defi-
nición, tomada de Catón y Cicerón, del orator como vir bonus dicendi
peritus, pues el hombre bueno es el sujeto que busca ser formado
por la ciencia del buen decir (bene dicendi scientia), concepción de
la retórica que hunde sus raíces en la tradición estoica, la que desta-
ca la importancia de decir siempre lo adecuado como una parte fun-
damental del ideal del hombre sabio.

*
Este texto forma parte del proyecto de investigación FONDECYT N.º 1095208.

59
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

A este respecto, la posición de Quintiliano es clara en su Institutio


Oratoria II, 15:1

(33) Pero nosotros, que hemos empezado a for-


mar al orador perfecto [perfectum oratorem], que
sobre todo queremos que sea un hombre bueno
[virum bonum], volvamos a los que piensan me-
jor [melius sentiunt] acerca de esta ocupación.
Algunos juzgaron que la retórica es civilidad
[civilitatem], arte de gobernar el Estado, Cicerón
la llama parte de la ciencia del Estado (y ciencia
[scientia] política es lo mismo que sabiduría
[sapientia]), algunos lo mismo que filosofía
[philosophiam], entre los que se encuentra
Isócrates. (34) A esta esencia de la retórica le con-
vendrá muy especialmente la definición (a saber;
de Cleantes): la retórica es la ciencia de hablar
bien [rhetoricen esse bene dicendi scientiam]. Pues
tal definición incluye de una vez todas las virtu-
des [virtutes] del discurso y en consecuencia tam-
bién los fundamentos morales [mores] del orador,
ya que no puede hablar bien sino el hombre bue-
no [cum bene dicere non possit nisi bonus]. Bue-
na es asimismo aquella definición de Crisipo, de-
rivada de Cleantes: la ciencia de hablar rectamen-
te [scientia recte dicendi].

Quintiliano, en definitiva, se queda con la definición bene dicendi


scientia, como la que mejor delimita lo que es propio del ars (Inst.
Orat. II, 15, 38). Sin embargo, es posible percibir una diferencia
central respecto a los intereses estoicos, en el sentido de que a

1
Las traducciones del latín le pertenecen al autor en todos los casos, a menos que
se indique lo contrario.

60
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Quintiliano le importa sobremanera el mejor modo de educar al jo-


ven romano, para hacerlo excelente y extremadamente sagaz en los
asuntos públicos, más que un filósofo o sabio en el sentido estoico
del término. En esta tarea, el papel principal le corresponde a la
retórica como ars formativa, en una tan importante medida, que
todas las demás disciplinas, incluyendo la filosofía, le están subor-
dinadas. En esto es posible establecer una importante diferencia con
la posición estoica, en el sentido de que para estos, respecto al cono-
cimiento, la dialéctica y la retórica se diferencian como una mano
empuñada y luego extendida, según la sugerente imagen ofrecida
por Zenón (Cicerón, De finibus II, 17), y no en una relación de
subordinación de los conocimientos filosóficos respecto a los
retóricos. En efecto, para Quintiliano hay dos géneros de discurso,
uno continuado, el retórico, el otro conciso, llamado dialéctico, res-
pecto a los cuales Zenón evidenció su íntima conexión, al mostrar a
este como un puño cerrado y al primero como una mano abierta.
Pero el Orador de Calahorra agrega que la primera, es decir, la retó-
rica, tiene más belleza y mayor claridad (quae speciosior atque
apertior tanto est) (Inst. Orat. II, 20, 7).
En este mismo sentido debemos entender las palabras de
Quintiliano en Institutio Oratoria XII, 2, 6 y 7:

Por lo cual esta exhortación mía no tiene por ob-


jeto evidenciar que sea mi deseo mostrar que el
orador debe ser filósofo, ya que ninguna otra for-
ma de vida se ha alejado más de las obligaciones
de la vida cotidiana y de toda la incumbencia del
orador [...] Pero el orador que yo formo quiero
que sea un sabio romano [Romanum], que mues-
tre ser verdaderamente un hombre de auténtico
sentir ciudadano, no en discusiones esotéricas, sino
en las experiencias de la vida real y en sus obras
[sed rerum experimentis atque operibus vere
civilem virum exhibeat].

61
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Ahora bien, Quintiliano considera que, sin embargo, las aspi-


raciones a la sabiduría de las cosas de la vida fueron en un tiempo
abandonadas por los oradores y el Foro, y, por tanto, estuvieron
primero en los Pórticos estoicos, en los gimnasios y más tarde en
los círculos cerrados de las escuelas filosóficas, de manera que
estos asuntos, tan importantes para formar al buen orador, han de
ser buscados en aquellos en quienes los guardaron, y «quiere esto
decir que se debe estudiar profundamente a los autores que propo-
nen enseñanzas sobre la virtud, para que la vida del orador esté
unida con el saber de las cosas divinas y humanas» (Inst. Orat.
XII, 2, 8). Los oradores, en este sentido, deben recuperar la heren-
cia que les pertenecía, uniendo sabiduría y elocuencia, y evitando
así que este saber prosiga en manos de un nombre tan altanero
como lo es el de «filosofía», puesto que, según el Orador de
Calahorra, algunos de sus representantes se han acercado más al
vicio que a la virtud.
Quintiliano separa la filosofía, al modo clasificatorio estoico,
en filosofía de la naturaleza (física, para los de la Stoa), ética y
lógica. Respecto a esta última, el Orador de Calahorra afirma que
es asunto del orador conocer las significaciones propias de las
palabras, aclarar las dudosas, hacer un juicio sobre sus falsas in-
terpretaciones y demostrar por medio de conclusiones y refutacio-
nes, aunque ha de considerar todo esto no de un modo tan conciso
y detallista como se hace en las discusiones filosóficas. La razón
de ello es que el orador no sólo debe enseñar, sino también mover
y deleitar a sus oyentes, para lo cual se necesita vehemencia, fuer-
za y belleza del discurso (Inst. Orat. XII, 2, 10-11), a diferencia de
los estoicos, a quienes faltó la plenitud y brillantez de la elocuen-
cia, aunque se destacaron por su sutileza al momento de probar
(Ibid.: 25). En relación con la Ética, es claro que su conocimiento
y práctica forma parte de la tarea del orador (Ibid.: 15), junto con
tener a la mano conocimientos adecuados de la filosofía de la na-
turaleza.

62
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El filósofo debería aspirar a ser un hombre bueno (bono viro),


al igual que el orador (Inst. Orat. II, 21, 12).2 De manera que,
estando la filosofía y la retórica vinculadas por naturaleza, y al
estar ellas unidas por su campo propio de acción, los sabios y los
elocuentes deberían llegar a ser lo mismo. Sin embargo, después se
escindió este común empeño, y por negligencia llegaron a parecer
actividades diferentes. En efecto, los que practicaban la oratoria
buscaron las ganancias materiales, haciendo costumbre para ellos el
mal empleo de los bienes de la elocuencia. Finalmente, por estas
razones, se separaron de ellos los que dieron en llamarse pretencio-
samente (pues lo reclaman solo para sí mismos) aspirantes de la
sabiduría, despreciando ese trabajo del bien decir, para dedicarse a
intentar educar el corazón de los hombres y establecer leyes ade-
cuadas para dirigir la vida (Inst. Orat. I, Proem. 13-14).
Así, pues, es posible afirmar que Quintiliano asume la defini-
ción de raíz estoica, pero para implementar su propio proyecto res-
pecto a lo que la retórica debe ser,3 bajo una concepción que toma
distancia en relación con los filósofos de su tiempo, frente a muchos

2
Quintiliano, en Inst. Orat. II, 21, 12-13, afirma: «Y respecto a los que dicen ser
tarea propia de la filosofía el tratar sobre lo bueno, lo útil y lo justo, no hay nada
contrario; porque cuando dicen filósofo, esto quieren que sea entendido como hom-
bre bueno. Pues, ¿por qué me voy a extrañar de que trate de esta misma materia el
orador, a quien no separo del hombre bueno? [quem a bono viro non separo] (13)
[...] los filósofos han ocupado esta parcela abandonada por los oradores, la que
había sido siempre propia de la retórica, de modo que son ellos los que tienen que
ver con la materia nuestra. Por último, como la materia de la dialéctica es disputar
sobre temas a ellos sujetos, y el método de la dialéctica es un discurso conciso
[oratio concisa], ¿por qué no va a ser vista la misma materia como propia también
del discurso continuo [perpetuae]?».
3
Williams (2009: cap. 9, 398) afirma: «From the very beginning of Institutio, he
stressed that the orator must be a good man, Cato’s and Cicero’s vir bonus dicendi
peritus. But good in what sense? Quintilian’s definition of rhetoric as bene dicendi
scientiam –the science of speaking well- is drawn directly from Stoic rhetoric and
its focus on scientia recte dicendi –knowledge of correct speaking. We therefore
might be tempted to conclude that Quintilian’s «good man» is a philosopher simi-
lar to the Stoics «wise man» who has attained true knowledge (katalepsis). But
this conclusion would not be entirely accurate».

63
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

de los cuales el poder imperial, a cuyo servicio trabajó Quintiliano,


era hostil. En este sentido, el vir bonus dicendi peritus propugnado
por el Orador de Calahorra implica alinear la educación retórica,
sobre todo, con una ética y moralidad civiles, y que, por lo tanto,
secundariamente tome en cuenta los conocimientos filosóficos, al
menos en una medida mucho menor que la que propusiera su men-
tor Cicerón, en el siglo I a.C. (Covarrubias, 2003: cap. III, 91-99).4
Por tanto, es posible afirmar que Quintiliano estructura su teoría
retórica en base a la convicción, con fundamento en el estoicismo,
de que es imprescindible armonizar sabiduría y virtud con la elo-
cuencia, en una dirección que lo pone en una posición decidida-
mente contraria a la sofística, línea de pensamiento que había ad-
quirido un fuerte poder en la cultura romana de su tiempo (Colish,
1985: 327).
Asimismo, es posible sostener que el concepto de razón que adop-
ta Quintiliano es más semejante al del estoicismo que al que fue
aportado por la tradición platónica o aristotélica. Esto puede ser
dicho en virtud de que el concepto estoico de lógos implica la unifi-
cación bajo una noción de «causa» que deja de lado las considera-
ciones universales, para ocuparse de la clasificación de las cosas
mediante los conceptos, en vistas a una adecuada descripción de lo
real, esto es, de lo que se despliega ante los ojos. En esto consiste la
concepción de aquello que debe ser dicho de un modo adecuado
(lektón), pues, en este sentido, sólo los lektá pueden ser verdaderos
o falsos, y reconocerlos es, en definitiva, lo propio del sabio (Sellars,
2006: 140).5 Asimismo, toda acción ha de ser expresión de nuestra
naturaleza (katà phýsin) para que pueda ser llamada una «acción
apropiada» (kathêkon) en sentido estricto.6

4
Para otros aspectos de interés, cf. Covarrubias (2007: 141-147).
5
Cf. para este importante punto, Long (1986: 135 ss.). Para el sentido concreto del
conocimiento por parte del estoicismo y las características atribuibles del sabio
estoico, cf. especialmente pp. 130 y 147.
6
Para la relación de kathêkon (apropiado, razonable, ventajoso) con oikeîon,
eúlogon, symphéron, cf. Brennan (2003: 268).

64
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

En la línea desarrollada también por el estoicismo, Quintiliano


concibe la retórica como una virtud (Inst. Orat. II, 20) y a la vez
como una ciencia y un arte, entendiendo esta última como la capaci-
dad de llevar a cabo algo con método, es decir, con orden, en la
línea de la definición propuesta por Cleantes (Arnim, 1903: 790).
Sin embargo, y a pesar de los puntos de aproximación antes
mencionados, una diferencia fundamental con el estoicismo es que,
pese a estar Quintiliano de acuerdo con que es necesario expresar lo
apropiado con claridad y sin aridez de estilo, sin embargo lo más
relevante, en definitiva, ha de ser mover a la audiencia por medio de
la apelación a las emociones, y esto se da en gran medida en virtud
del embellecimiento colorido del lenguaje, donde la metáfora cum-
ple su más relevante papel. Esto, asimismo, implica que el orador
pueda mentir en ciertas ocasiones para lograr un fin que estima con-
veniente.7 Cuando Quintiliano analiza las críticas que pretenden
sostener que la retórica no es arte, «porque tanto dice falsedades
como excita las pasiones», establece:

Ni lo uno ni lo otro es algo vergonzoso, cuando


parte de un fundamento bueno [ex bona ratione],
y por eso tampoco es un vicio. Pues también algu-
na vez está permitido al sabio decir una mentira
[mendacium dicere], y necesariamente tendrá que
mover pasiones el orador, si no hay otro medio de
poder conducir al juez a la equidad; pues se sien-

7
Para un estudio más detallado en torno al papel central de las emociones en
Quintiliano, aspecto en el que el Orador de Calahorra reconocía explícitamente su
real aporte a la tradición retórica, y el problema de la aceptación, en ciertos casos,
de la mentira, donde lo que importa es que la intención sea honrosa, cf. Covarrubias
(2009: 289-303). Leemos en Institutio Oratoria XII, 1, 38: «Y en primer lugar,
deben admitir todos conmigo lo que admiten hasta los más rígidos de los estoicos:
que un hombre honrado se verá alguna vez en situación de decir una mentira, y
alguna que otra vez precisamente en casos de menor importancia, como cuando a
los niños que están enfermos, con algún fin de utilidad para ellos, les inventamos
muchas cosas y les prometemos otras muchas que no vamos a cumplir».

65
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

tan a juzgar hombres ignorantes, y para este mis-


mo fin tienen que ser frecuentemente engañados,
para que no cometan errores. Porque si a mí me
dieran sabios por jueces, asambleas de sabios las
del pueblo y todo el Senado, ningún poder tendría
la envidia, ninguno la influencia, ninguno la opi-
nión preconcebida ni los falsos testigos: muy re-
ducido espacio tendría la elocuencia y casi podría
consistir en servir sólo de deleite [exiguus
eloquentiae locus et prope in sola delectatione
ponatur]. (Inst. Orat. II, 17, 27-28)

Respecto a la opinión que Quintiliano tiene de los filósofos grie-


gos, admira como pensador principal a Platón, también a Jenofonte,
Aristóteles y Teofrasto, y agrega:

Menos atención prestaron a la elocuencia los an-


tiguos filósofos estoicos, pero por una parte ex-
hortaron persuasivamente a la moralidad y, por
otra, ejercieron muchísima fuerza en la técnica
silogística y en la de la demostración, en las que
habían ofrecido su doctrina, pero fueron más pro-
fundos en sus pensamientos que magníficos en la
expresión de su discurso, cosa que ciertamente no
pretendieron. (Inst. Orat. X, 1, 84)

Es en este contexto en el que es oportuno considerar los alcances


y proyecciones de la metáfora y la alegoría en Quintiliano, puesto
que estas están en íntima relación con el embellecimiento colorido
del lenguaje, lo que permite al buen orador, por su impacto, mover
más firmemente los afectos (adfectus) y emociones del auditor, as-
pecto en el que el Orador de Calahorra pone principal atención e
incluso apunta a este elemento como aquello en lo que propiamente
ha hecho verdaderas innovaciones dentro del arte retórico, y, según

66
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

sus propias palabras, ha logrado hacerse de un cierto renombre de


ser poseedor de talento literario (Inst. Orat. VI, 2, 36).

El hombre bueno en búsqueda de la claridad


del sentido y su capacidad de mover los afectos
del auditorio: tropos y figuras

El libro octavo de la Institutio Oratoria está dedicado a los tropos,


y el noveno, a las figuras. El tropo se caracteriza por ser un modo de
hablar que se traslada de su significación natural y originaria a otro
significado, para servir de embellecimiento al discurso, cuidando
en todo momento su efectividad persuasiva frente al auditor. La fi-
gura, por su parte, es una configuración (conformatio) del lenguaje
que se aparta del habla común. Respecto a los tropos, analizaremos
su forma más efectiva, fundante y bella, a saber, la metáfora, y su
expresión extendida en la figura de la alegoría, en cuanto esta últi-
ma es una metáfora continuada, en una frase o más. Por su parte, la
ironía, que tiene como genus propio a la alegoría, es una inversión
de las palabras respecto a lo que se quiere decir.
Nuestro interés presente se relaciona, en lo fundamental, con la
importancia capital que asigna Quintiliano a la claridad (perspicuitas)
como virtud retórica central de la expresión, y con la concepción
del lenguaje adecuado como un movimiento y transformación, por
medio de la claridad, hacia el grado máximo de belleza. Esto bajo la
convicción de que las palabras que dan a entender más de lo que
ellas dicen se han de poner bajo la categoría de la claridad, abando-
nando el camino errado de quienes «seducidos por el fantasma de la
brillantez, dan mil vueltas parafraseando todo con opulenta locuaci-
dad» (Inst. Orat. VIII, 2, 17), en virtud del equivocado consejo «pon-
lo oscuro» (skótison).
Estos aspectos serán analizados tomando algunos ejemplos ex-
traídos de la consideración que hace el Orador de Calahorra de las
figuras, tanto las de pensamiento (diánoia) como las relativas a la

67
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

palabra (léxis), siempre bajo la convicción de que las palabras han


de estar adheridas al sentido y lo siguen como la sombra al cuerpo,
ya que, en definitiva, se inventaron por amor a los pensamientos
(Inst. Orat. VIII, Proem., 30).
En su Institutio Oratoria, Quintiliano defiende, respecto a las
figuras y tropos, el ideal de la claridad y la belleza, ya que estas
últimas características favorecen de una manera adecuada la efica-
cia retórica, pues reflejan aquello que es más próximo a la naturale-
za, permitiendo así la coronación de la retórica como ciencia de
hablar bien (rhetoricen bene dicendi scientiam) (Inst. Orat. VIII,
Proem., 6). El principio interpretativo, a mi juicio, radica en aquello
que el Orador de Calahorra explicita en Inst. Orat. VIII, Proem., 23:

porque las mejores expresiones no están traídas


de lejos, y se parecen a cosas sencillas y que se
derivan de la misma realidad. Ya que aquellas ex-
presiones que delatan esfuerzo y hasta quieren
aparecer como invenciones y productos del arte,
ni aceptación consiguen; y pierden su credibili-
dad por motivo de esto, porque oscurecen el sen-
tido [quod sensus obumbrant] y lo ahogan
[strangulant] como quedan los sembrados en me-
dio de exuberante hierba.

Esta naturalidad del lenguaje es corroborada, a mi entender, en


la comparación que realiza Quintiliano entre las palabras y su orden
y las pircas construidas con piedras de distinta forma, pues cada
palabra debe ponerse en el lugar en que conviene, ya que no pode-
mos recortar las rocas ni pulirlas para que se unan más, sino que hay
que tomarlas como ellas son y se les da a elegir su propio puesto
(Inst. Orat. VIII, 6, 63).
Quintiliano, pues, privilegia la claridad del sentido, la naturali-
dad y la belleza del lenguaje por sobre todas las cosas. Tanto es así
que, refiriéndose al uso trasladado (translatio) –a saber, la metáfo-

68
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

ra–, que constituye el más grande de los adornos del discurso y que
acomoda palabras a cosas que no les pertenecen, indica que, a fin de
cuentas, la propiedad de una expresión no está referida a la denomi-
nación, sino a la fuerza del significado (sed ad vim significandi
refertur), y en esto consiste el punto capital de su valoración y no a
su sonido al oído (Inst. Orat. VIII, 2, 6). Esta es la razón por la cual
Quintiliano critica tan duramente a los oradores que rebuscadamente
intentan ocultar el sentido bajo la consigna «tanto mejor, ni siquiera
yo lo entendí» (Inst. Orat. VIII, 2, 17). En efecto, aludiendo a este
aspecto, dice el Orador de Calahorra: «Estas expresiones se tienen
como geniales, vigorosas y elocuentes por su falta de claridad, y se
ha extendido ya a muchos esa persuasión de que cabalmente tienen
por expresión llena de elegancia y exquisitez la que necesita de in-
terpretación» (Inst. Orat. VIII, 2, 21). Sin embargo, ha de asumirse
la claridad, en definitiva, como la virtud principal de la expresión
(Ibid.: 22).

La metáfora: el más frecuente y bello (pulcherrimus)


de los tropos

Los tropos (motus) o mutaciones representan «el trueque artísti-


co [mutatio], cum virtute, del significado propio de una palabra o de
una expresión a otro significado» (Inst. Orat. VIII, 6, 1). En este
sentido, los tropos pueden ser tales en razón del significado (metá-
fora, sinécdoque, metonimia, antonomasia, onomatopeya y
catacresis) o por motivo de la expresión, es decir, en virtud del ador-
no de esta (epíteto, alegoría, enigma, ironía, perífrasis, hipérbaton e
hipérbole). Además, es preciso hacer notar que unos se utilizan en
las palabras propias y otros en las trasladadas, influyendo la muta-
ción no sólo en la forma de las palabras, sino también en su sentido,
incluso en la conexión de las palabras (Inst. Orat. VIII, 6, 2). Esto
implica el hecho de que no es correcto entender por tropos aquellos
giros en que una palabra simplemente es sustituida por otra.

69
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

La traslatio en griego se dice metaphorá. Esta es dada a noso-


tros, según Quintiliano, por la naturaleza, de tal modo que incluso
las personas incultas la usan sin saberlo, por ser agradable y res-
plandeciente y porque refulge con luz propia (clara proprio tamen
lumine eluceat) (Inst. Orat. VIII, 6, 5), aunque se dé a veces el caso
de que el discurso en el que aparece sea, a su vez, también brillante.
Entre sus características principales está el hecho de que no pue-
de ser vulgar ni baja, ni de efecto desagradable. Asimismo, y espe-
cialmente, ella aumenta la plenitud de la expresión,

por trueque o préstamo del significado, que una


cosa no tiene o le falta, y, lo que es aún más difí-
cil, presta al lenguaje el beneficio de que ninguna
cosa parezca carecer de nombre. Por consiguien-
te, se traslada un nombre o un verbo del lugar don-
de ocupa su significación propia a otro en el cual
o falta el propio nombre o el nombre trasladado es
mejor que el propio. (Ibid.: 6)

Esto tiene un cierto carácter de obligatoriedad, ya porque la ex-


presión es más significativa o debido a que es más bella.
Pero, considerada en su totalidad, la metáfora es una compara-
ción (comparatio) más breve (brevior), y mientras la semejanza
(similitudo) propiamente tal contiene una comparación con la cosa
que queremos expresar, la metáfora se dice «en lugar» de la cosa
misma (Ibid.: 9).
Quintiliano distingue cuatro tipos de metáfora, según se dé una
sustitución de una cosa animada por otra animada, como cuando se
dice «con gran fuerza hizo el auriga dar vuelta al caballo» (Inst.
Orat. VIII, 6, 9); o se trate de una sustitución de una cosa inanimada
por otra inanimada, como cuando decimos «suelta a la flota las rien-
das» (Inst. Orat. VIII, 6, 10); o una sustitución de una cosa inanima-
da por otra animada, como en «¿Cayó el antemural [i.e. Aquiles] de
los argivos por fuerza de la espada, o del destino?» (Inst. Orat. VIII,

70
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

6, 11); o, en cuarto lugar, cuando se sustituye una cosa animada por


una inanimada, como en Virgilio, «Y armar la espada con veneno»,
porque, explica Quintiliano, tanto «armar con veneno» como «ar-
mar la espada» son metáforas, lo que la hace doblemente eficaz
(Inst. Orat. VIII, 6, 11). Esta clasificación puede abarcar otros esce-
narios, por ejemplo, el juego que puede darse entre lo racional y lo
irracional.
De entre los tipos de metáfora, la más grande es aquella que en
temeraria traslación se alza a las alturas y de ahí nace una «maravi-
llosa sublimidad», y es cuando damos a las cosas que carecen de
sentimientos un cierto modo de actuar y de vida, como ocurre en el
verso virgiliano que arma de veneno la espada.
Sin embargo, con la utilización de la metáfora debemos ser
cuidadosos, pues su uso moderado y oportuno da claridad y es-
plendor al discurso, pero su concurso frecuente lo oscurece y llena
a los auditores de hastío (Ibid.: 14). No debe ser ni demasiado
elevada ni demasiado baja, ni disparatada. La condición, en fin, es
que, cuando comparece en un lugar que corresponde a otra pala-
bra, la metáfora debe tener mayor fuerza expresiva que la palabra
que ella misma quiere desplazar (Ibid.: 17). Siempre, pues, debe
dar cumplimiento a aquello para lo cual se inventó, a saber: «para
producir las más de las veces un efecto en los sentimientos, y para
caracterizar las cosas y acercarlas a los ojos [ac sub oculos
subiciendis reperta est]» (Ibid.: 19).8

8
Pujante (2003: 215-216) afirma: «En cuanto a la oportunidad de la creación de
metáforas, nos dice Quintiliano que nunca debe forzarse si no viene a cuento, y
que de hacer una metáfora nunca debe estar mal confeccionada (metáfora débil), y
en ningún caso debe aparecer como un despropósito, pues resulta totalmente con-
traproducente y risible. Su uso excesivo cansa y se convierte en vicio, sobre todo
si se repiten metáforas de un mismo tipo. Tres son los fines por los que se crean
metáforas, según el rétor de Calahorra: 1) para mover los espíritus; 2) para dar
relieve a las cosas, para caracterizarlas mejor; 3) para que lo que decimos se haga
evidente ante nuestros ojos; hacer imagen de la palabra».

71
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

La metáfora en el contexto de las figuras


de pensamiento: la alegoría

Una figura, a diferencia de los tropos, puede formarse tanto


con palabras en su propio significado como colocadas por orden
(Inst. Orat. IX, 1, 4). Sin embargo, la expresión se puede
transformar en una figura, tanto con palabras utilizadas en sentido
propio como metafórico (Ibid.: 9). Ahora bien, un primer sentido
de «figura» es el que abarca toda la formación del lenguaje, y este
no es el que nos interesa aquí. El segundo sentido sí es relevante
para nuestro análisis:

Pero si se han de llamar así ciertas actitudes


[habitus] externas y, por decirlo así, gestos [gestus]
de la expresión, será preciso que definitivamente
se entienda en este contexto por figura aquello que
representa una mutación de la forma de expresión
sencilla y espontánea en el marco de la poética y
la retórica. Pues así será realmente verdad que hay,
por una parte, un modo de decir aschemástistos, o
sea, que carece de figuras, y que en los defectos
de la expresión no está entre los más pequeños, y
por otra parte el eschemastisméno, es decir, el dis-
curso formulado con figuras. (Ibid.: 13)

Así, pues, Quintiliano define: «Valga como figura, por tanto, la


forma de expresión que renueva el modo de decir con un arte cons-
ciente» (Ibid.: 14). Ars consciente que, como la esgrima, utiliza es-
trategias de engaño para llegar más hondamente al corazón de los
jueces (Ibid.: 19-21).
Quintiliano cita literalmente el libro tercero de Sobre el orador
(III, 52, 201 ss.) de Cicerón para caracterizar la importancia capital
de las figuras:

72
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

En el discurso continuado –escribe Cicerón– una


vez que hemos conseguido el perfilado primor de
su unión y de sus ritmos, es algo fundamental que
el discurso entero se haga visible, por decirlo así,
por las luces [luminibus] de los pensamientos y de
las palabras y que tales luces aparezcan con fre-
cuencia. (27) Porque tanto el acto de detenerse en
un objeto como también su exposición luminosa
causan impresión grandísima, y en cierto modo la
viva exposición de las cosas, como si estuvieran
ocurriendo delante de nuestros ojos; un efecto, en
suma, que tiene muchísima eficacia en la descrip-
ción de un hecho y para esclarecimiento de lo que
se está exponiendo, como asimismo para su realce,
a fin de que aquello a lo cual estamos aumentando
su importancia sea, al parecer de los que escucharen,
de tanta envergadura cuanta pudiere lograr el dis-
curso... (Inst. Orat. IX, 1, 26-27)

En este contexto, Heinrich Lausberg (1967: II, 895-896) afirma


que la alegoría es al pensamiento –que es una subdivisión principal
de las figuras, junto a las de palabra– lo que la metáfora es a la
palabra aislada, y, en este sentido, guarda con el pensamiento una
relación de comparación. Así, pues, la alegoría es una metáfora con-
tinuada en una frase entera (y a veces más), y bajo ella se incluye,
con frecuencia, la ironía como genus propio.
La allegoría (inversio) también tiene la capacidad de poner ante
nuestros ojos una cosa en las palabras y otra en su sentido. También
a veces el sentido contrario (en este caso están la eironeía y la ilusio
o mofa: género de alegoría en el que se muestran cosas contrarias,
Inst. Orat. VIII, 6, 54). La alegoría, como hemos dicho, se hace
comúnmente por medio de una serie no interrumpida de metáforas
(Ibid.: 44). Destaca, en este sentido, la alegoría mixta, pues en esta
forma la belleza de la expresión es resultado de las imágenes de la

73
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

palabra tomadas prestadas, y la comprensión inteligible de las de-


nominaciones propias (Ibid.: 48).
Asumiendo lo anterior, Quintiliano explicita cuál es la forma más
hermosa de hablar, y esta es, en definitiva, aquella en la que se en-
cuentra mezclado «el canto de los tres recursos de la expresión: de
la semejanza, de la alegoría y de la metáfora» (Ibid.: 49). Sin em-
bargo, al suponer el hecho de que la novedad y la variedad en el
lenguaje tienen su encanto, se ha buscado esto exageradamente,
perdiendo la mesura y arruinando, finalmente, toda esta belleza y
eficacia (Ibid.: 51). De modo que una alegoría que termina resultan-
do menos diáfana se convierte en aenigma. Para Quintiliano esto
representa un vicio, bajo la condición de que hablar con claridad es,
como hemos indicado, una virtud principal del lenguaje (Ibid.: 52).

Conclusión

Asumiendo todo lo anterior, podemos decir que Quintiliano pone


el énfasis en la capacidad del lenguaje, en gran medida mediante el
uso adecuado de la metáfora y la alegoría, para mover nuestros afec-
tos y, en virtud de esta complicidad con ellos, también hacer paten-
tes las cosas ante nuestros ojos, lo que a mi entender aporta un ele-
mento cognoscitivo a la tarea propia de la oratoria. Esto se consigue
por medio de la selección de la expresión más bella y clara, incluso
incidiendo en aquellas cosas que carecen de nombre, con lo que
comienzan a existir por el discurso, y que por medio de la palabra
renovadora traemos a la luz. En esto consiste, pues, la vocación
filosófica del lenguaje, ya vuelto a su lugar originario según
Quintiliano, que no es otro que la retórica concebida como ciencia,
virtud y arte del bien hablar, la que exige oradores que manifiesten
un extremo grado de adhesión a las buenas costumbres romanas.
Quintiliano es explícito al sostener que, aunque hubiese alguien que
tuviera condiciones técnicas pero que no fuese bueno, no lo desea
por ningún motivo como discípulo de retórica.

74
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Para desarrollar su teoría oratoria, Quintiliano se ha apropiado


de la definición estoica de esta virtud humana que permite la per-
suasión, pero se distancia del estoicismo en dos vertientes funda-
mentales, a saber: la primera, al asumir el papel central que cum-
plen las pasiones en el proceso persuasivo; la segunda, en su esfuer-
zo por devolver al caudal de la retórica todos aquellos conocimien-
tos que, en parte, la filosofía resguardó como un préstamo, en buena
medida por causa del descuido y mal uso, en no pocas ocasiones por
vanidad o codicia, que de tales hallazgos hicieron los oradores del
pasado. Por tanto, restituir a la retórica su auténtica función signifi-
ca, para el Orador de Calahorra, poner al servicio de la oratoria
todos los saberes, entre ellos la filosofía, que comienza, por lo mis-
mo, a tener un papel auxiliar en el cumplimiento de los objetivos
que ha de trazarse el vir bonus con el fin de servir de la mejor mane-
ra a Roma.
A mi juicio, en una época donde la filosofía, especialmente la de
cuño sofístico, cae en extrema sospecha en virtud de las restriccio-
nes que le impone el poder imperial absolutista del siglo I d.C.,
Quintiliano, profesor oficial de retórica por mandato del emperador
Domiciano, intenta llevar a la práctica una fórmula que permita res-
catar dicho saber, pero, sin duda, restándole poder. En este sentido,
la retórica se vuelca principalmente al ámbito judicial, y, por su
parte, la filosofía se restringe a aportar ciertos elementos que permi-
tan una mejor persuasión en un contexto eminentemente práctico y
técnico que, bajo muchos aspectos, le es ajeno. Por lo anterior, el
Orador de Calahorra pone un fuerte énfasis en la necesidad de per-
feccionar las herramientas oratorias que permiten una mejor per-
suasión, sobre todo en el terreno de los adfectus, aspecto en el que
la dialéctica, por servirse de argumentaciones complejas, tiene una
deuda. Asimismo, los avances de esta disciplina filosófica han de
ser integrados al bagaje del orator, en tanto este último debe mane-
jar del mejor modo las técnicas que permiten el más efectivo y bello
uso del lenguaje, donde la metáfora, según Quintiliano, ejerce su
reinado sin contrapesos.

75
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Bibliografía

Arnim, H. F. A. von (ed.) (1903). Stoicorum Veterum Fragmenta.


Stuttgart: Teubner.
Brennan, T. (2003). The Cambridge Companion to the Stoics.
Cambridge: Brad Inwood, Cambridge University Press.
Colish, M. L. (1985). The Stoic tradition from antiquity to the Early
Middle Ages: I. Stoicism in Classical Latin Literature. Leiden:
E. J. Brill.
Covarrubias, A. (2003). Introducción a la retórica clásica: una teo-
ría de la argumentación práctica. Santiago de Chile: Universi-
dad Católica de Chile.
–– (2007). «Orator perfectus: la réplica de San Agustín al rector ideal
de Cicerón». En: Revista Teología y Vida, XLVIII, 141-147.
–– (2009). «Vir bonus: el modelo retórico-educativo en Quintiliano».
En: Veritas: Revista de Filosofía y Teología, IV (21), 289-303.
Lausberg, H. (1967). Manual de Retórica Literaria. Madrid: Gredos.
Long, A. A. (1986). Hellenistic Philosophy: Stoics, Epicureans,
Sceptics. Berkeley: University of California Press.
Page, T. E. (ed.) (1914). Cicero. De finibus bonorum et malorum,
con traducción al inglés de H. Rackham. London: William
Heineman, Loeb Classical Library.
Pujante, D. (2003). Manual de retórica. Madrid: Castalia.
Sellars, J. (2006). Stoicism. Berkeley: University of California Press.
Williams, J. D. (2009). An Introduction to Classical Rhetoric:
essential readings. Oxford: Wiley-Blackwell.
Winterbottom, M. (1970). M. Fabius Quintilianus. Institutio Ora-
toria. Oxford: Oxford University Press.

76
Problemas de comprensión de cuestiones
retóricas en la universidad

Roberto Bein

En este trabajo me referiré a las respuestas que dan nuestros alum-


nos de Lingüística Interdisciplinaria –una asignatura dirigida por
Elvira Arnoux de la carrera de Letras de la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA)– a preguntas so-
bre retórica que les formulamos en exámenes parciales. Entre los
temas de la asignatura solemos incluir una unidad sobre argumenta-
ción y retórica, en la que tratamos las retóricas antigua y nueva, en
aspectos como los géneros retóricos, inventio, elocutio y dispositio,
las pruebas, los lugares comunes, las figuras, logos, ethos y pathos,
la distinción entre convencer y persuadir, los problemas de verdad y
verosimilitud, la construcción del auditorio y algunas cuestiones
especiales, como el discurso polémico y el uso de la ironía. Es decir
que no enseñamos a argumentar, sino a reflexionar sobre las condi-
ciones y características de la argumentación desde la perspectiva
retórica.
He revisado las respuestas de unos cincuenta parciales de dife-
rentes años; analizaré sus características y errores más representati-
vos de manera cualitativa más que cuantitativa, porque, como en los

77
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

exámenes los alumnos pueden consultar los textos y fichas persona-


les, pero no los apuntes de teóricos, hay varios casos que no reflejan
problemas de comprensión, sino simplemente falta de elaboración
y de distanciamiento del texto fuente.

La situación de examen

Una de las preguntas que hemos tomado con variaciones repeti-


das veces es «¿por qué la ironía por contraverdad es redundante con
respecto al contexto?». Esta pregunta remite a un artículo de Laurent
Perrin (1993), en el que este distingue entre ironía por contraverdad
e ironía por exageración.1 En la ironía por contraverdad, el efecto
irónico se produce únicamente si el locutor contradice una opinión
común, es decir, conforme a la definición de Sperber y Wilson (1978)
de contexto, contradice un conjunto de informaciones mutuamente
manifiestas: no basta con que esas informaciones las tengan tanto el
locutor como los alocutarios, sino que todos los participantes del
acto comunicativo deben saber que los demás las poseen. Si intento
ser irónico diciendo que «La música fortalece cuerpo y alma; por
eso, Mozart fue tan longevo» y tanto mis interlocutores como yo
sabemos que Mozart murió a los 35 años de edad y sé que mis
interlocutores lo saben pero mis interlocutores creen que yo no lo
sé, simplemente me creerán desinformado, no irónico. Ahora bien:
casi todos los alumnos que eligieron esa pregunta (por ejemplo, doce
de los catorce que la eligieron en 2009) no explicitaron claramente
el caso en que el locutor debe añadir información contextual –como
podría ser la indicación de que Mozart vivió de 1756 a 1791– para
que los alocutarios perciban la ironía. En algunos casos dijeron que
la información debe ser mutuamente manifiesta, pero en los ejem-
1
Ejemplo de ironía por contraverdad: digo «Pablo sí que es un buen tipo» ante
interlocutores que saben que considero a Juan una deshonra para la especie huma-
na; ejemplo de ironía por exageración: «Los bancos en la Argentina están en la
más espantosa miseria: este año ganaron sólo 28 mil millones de pesos».

78
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

plos presentaron evidencias que no necesitaban un añadido de in-


formación, como la de decir «qué lindo día» cuando llueve; uno de
ellos narró que «esta mañana en la oficina un colega dijo ‘menos
mal que terminó la psicosis de la gripe porcina’» (el parcial se tomó
en plena época de terror al contagio); otro señaló que «no hay nece-
sidad de adicionar datos para contextualizar al interlocutor, y por
eso se dice que es redundante: porque no aporta información nue-
va», con lo cual mostró que confundía el conocimiento del contexto
con la redundancia de la expresión irónica respecto de ese contexto.
Otra pregunta que solemos evaluar con variaciones es «¿en qué
consiste la diferencia entre convencer y persuadir a un auditorio
según la Nueva Retórica?». Lo primero que me llamó la atención
fue que casi la mitad de las respuestas incluía la distinción que Chaïm
Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca trazan en Tratado de la Argu-
mentación (1989) no sólo entre el auditorio universal y el particu-
lar, sino también la de la argumentación ante un único oyente (pp.
78-85) y la deliberación con uno mismo (pp. 85-91), pese a que en
clase habíamos dado únicamente la primera distinción, precisamen-
te para mostrar que la Nueva Retórica no basa la diferenciación
entre convencer y persuadir en lo racional y lo emocional, respecti-
vamente, sino que «nos proponemos llamar persuasiva la argumen-
tación que solo pretende servir para un auditorio particular, y nomi-
nar convincente la que se supone que obtiene la adhesión de todo
ente de razón (1989: 69).
Teniendo en cuenta que nuestros alumnos ya han aprobado el
Ciclo Básico Común de la UBA y, entre otras, las asignaturas Teoría
y Análisis Literario, Gramática y Lingüística, de manera que no sue-
len presentar problemas mayores de comprensión del material, de
las consignas ni de redacción, la conjetura que esbozaré para expli-
car las características de ambas respuestas es que se deben en gran
medida a la situación de examen: en los exámenes formulamos
pseudopreguntas, pues no queremos conocer las respuestas sino
averiguar si los alumnos las saben, y, al tratarse de una materia de
grado y no de un coloquio entre especialistas, tendemos a pedir un

79
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

saber reproductivo o la aplicación de conocimientos teóricos a ca-


sos concretos más que a la creación y defensa de puntos de vista
propios. Por eso mismo, los alumnos contestan no sólo lo que en-
tendieron, sino también lo que suponen que la cátedra considera
correcto: se adecuan al auditorio. Si la retórica clásica pretendía
enseñar, conmover y deleitar, la primera de esas metas aparece aquí
invertida: en los exámenes, el orador no es dueño de un mayor saber
que pretende transmitir al auditorio, sino de uno menor que tiene
que validar ante quien aparece como depositario de ese saber. Debe
persuadir a un auditorio muy particular de que conoce y comparte
ese saber para moverlo a la acción de ponerle una buena nota. Pero
el alumno también sabe que ese auditorio está compuesto, por lo
común, de una sola persona, y que aun en caso de que su parcial lo
lea más de un docente, todos ellos cumplen la función de una sola:
la del evaluador, que, dadas sus características, no es percibido por
el alumno como representante de un auditorio universal al que se
pueda convencer con la sola racionalidad. Como lo destaca el pro-
pio Tratado de la Argumentación (p. 84), muchas veces el oyente
único es portador de un auditorio particular, no de uno universal.
Además, el alumno tiene en realidad dos auditorios, puesto que, al
releer el examen antes de entregarlo, como se lo recomendamos, se
desdobla en productor y receptor de su propio discurso. La confor-
mación de esos dos auditorios –el evaluador y el propio alumno– es
lo que me lleva a suponer que por eso aparecen con tanta fuerza no
sólo el auditorio particular, sino también la mención de la argumen-
tación ante un único oyente y la deliberación con uno mismo.
Este mismo papel en la interacción alumno-docente podría
explicar la omisión o comprensión difusa del caso en que el orador
debe aportar información contextual para que la ironía se produzca.
Si la institución didáctica construye el supuesto de que es el docente
quien posee el saber, todo el saber, podría no resultar siquiera
pensable que haga falta suministrarle información adicional para
que comprenda que las antífrasis utilizadas como ejemplos son
irónicas.

80
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

La construcción del auditorio

Analizaré ahora las respuestas a la segunda pregunta –la relativa


a la diferencia entre comprender y persuadir– en relación con aque-
llo que los alumnos dicen respecto del auditorio. Del corpus de res-
puestas se puede inferir que los alumnos comprenden generalmente
bien la manera en que Perelman postula la diferencia entre com-
prensión y persuasión. Cito a una alumna:

El auditorio universal es el que realmente pone a


prueba la posibilidad de convicción, puesto que
impone al orador la necesidad de lograr un dis-
curso que contemple la heterogeneidad de los com-
ponentes del auditorio. Para ello la argumentación
debe contemplar razones que tengan valor abso-
luto independiente de toda temporalidad. (I. G.,
2009)

A veces actúan como locutores que se distancian de la responsa-


bilidad del papel de enunciador mediante el uso del pretérito imper-
fecto, como diciendo «esta es la respuesta que debo dar, no la que
me convence»: «El discurso utilizado para convencer comprendía
razonamientos construidos por el orador [...] en tanto que el discur-
so persuasivo estaba compuesto por datos que se reunían para dar
confianza» (M. A.).
En otros casos, en cambio, dan ejemplos vinculados con la reali-
dad inmediata, como en un parcial tomado en el momento de la
derogación de la Resolución N.º 125 sobre las retenciones a la ex-
portación de granos en 2008:

se considera auditorio universal propiamente di-


cho a aquel conformado por la humanidad toda,
donde es posible que una argumentación científi-
ca también logre ser convincente si fuera declara-

81
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

da «universal». En cuanto a la persuasión, se pro-


duce en ámbitos y con auditorios de un interlocu-
tor o bien los auditorios de élite a los que no siem-
pre se considera asimilables al universal, como
podría ser el constituido por los dueños de los cam-
pos del interior del país. (M. D.)

(Algunas veces, esa realidad que nos parece inmediata no lo es


para el alumno. Así, uno de ellos contesta:

creemos que ejemplificar la persuasión de un au-


ditorio es más fácil: cuando Néstor Kirchner ar-
gumenta que si el PJ no tiene la mayoría parla-
mentaria, la Argentina corre serio riesgo de «vol-
ver» a la crisis de 2001, no pretende convencer a
todo ente de razón. En primer lugar, Kirchner,
como orador, supone que su auditorio conoce lo
que pasó en Argentina en diciembre de 2001, lo
que sin duda reduce considerablemente al posible
auditorio. (G. G.)

La respuesta del alumno, que en 2001 tenía unos quince años,


me hizo reparar en que la bancarrota del Estado y la conmoción
social de 2001 son, para millones de votantes, un lejano recuerdo
adolescente.)
Son, en cambio, muchos menos los alumnos que plasman la
diferenciación más compleja que el Tratado de la Argumentación
traza entre su posición, que difumina el límite entre comprensión y
persuasión a partir de la dificultad de determinar qué auditorio se
puede considerar normativo intemporalmente, y la concepción de
Kant, quien admite para la convicción únicamente la prueba lógica
«porque la argumentación no apremiante está, a su juicio, excluida
de la filosofía» (p. 68), y formula «el criterio de distinción entre la
persuasión y la convicción en la oposición subjetivo-objetivo» (Ibid.).

82
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Así lo muestra la siguiente respuesta, que recorta lo dicho en el


Tratado de la Argumentación como si este sostuviera la posición
kantiana:

La diferencia entre persuadir y convencer se arti-


cula, para la nueva retórica, sobre la base de la opo-
sición entre un discurso que se vincula con la filo-
sofía y persigue lo absoluto y la verdad a través de
la objetividad y la razón y otro discurso que se vin-
cula con la retórica y tiene como fin lograr la ac-
ción concreta y generar para ello una determinada
opinión a través de lo subjetivo. (M. B.)

Pero la omisión más significativa en la mayoría de los exámenes


es la concepción perelmaniana del auditorio como construcción del
orador. Podríamos relacionar también esta omisión con la situación
de examen universitario, es decir, con la interacción alumno-docen-
te en que el alumno-orador no puede seleccionar su auditorio, sino
únicamente hacer esfuerzos por adaptarse a él mediante el conoci-
miento del pathos de los evaluadores que le ha dado el cursado de
materias anteriores, y construyendo su ethos con la presentación
gráfica –subrayados, notas al pie–, con el uso de un registro formal
del lenguaje, con referencias a veces no del todo pertinentes pero
que demuestran que ha leído toda la bibliografía y también con citas
«cultas» como la siguiente (no muy bien escogida porque reafirma
la diferencia entre persuadir y convencer que Perelman procura
relativizar):

Finalmente, y para matizar el «mundo eidético»


al que parece llegar la literatura filosófica, dare-
mos como ejemplo una paráfrasis de Borges, en
donde puede observarse que, con la sola razón,
no basta para actuar; esto mismo es lo que señala
Perelman: «Los argumentos de Hume no admiten

83
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

la menor réplica, pero no infunden la menor con-


vicción». (M. G.)

Sin embargo, la ausencia de la mención de la construcción del


auditorio por parte del orador, así como otros problemas conceptua-
les –reformulaciones que convierten el texto del Tratado de la Ar-
gumentación en afirmaciones rotundas («no importa si un científico
está seguro de la validez de su tesis sino de si su estrategia contem-
pla las opiniones de su auditorio»)–, no pueden ser atribuidos úni-
camente a la situación de examen ni a la juventud de los alumnos. A
mi juicio, intervienen aquí algunos problemas que continúan discu-
tiéndose en la actualidad porque no fueron del todo resueltos por la
nueva retórica de Chaïm Perelman o cuya formulación puede resul-
tar ambigua. Entre ellos, la construcción del auditorio: como lo des-
taca también Ruth Amossy (2002: 160) citando a Catherine Kerbrat-
Orecchioni, según Perelman «no se habla a un destinatario real, sino
a lo que se cree saber sobre él»2; es esta la construcción del audito-
rio por parte del orador en el discurso mismo, pero como el Tratado
de la Argumentación también da ejemplos de selección del audito-
rio por parte del orador e incluso de división de un único oyente en
auditorios distintos (pp. 58-59), podría parecer que esa construc-
ción del auditorio obedece a una decisión previa a la composición
del discurso. Al mismo tiempo, señala también Amossy, Perelman
está lejos de concederle a la oposición entre intercambio real y vir-
tual la importancia decisiva que le confiere el estudio de las
interacciones verbales, que distingue netamente lo interaccional,
lugar de un verdadero intercambio entre partes, y lo dialógico, en
donde el otro no es un participante activo. En la misma línea de
objeciones, Bertrand Buffon (2004: 47) señala que, a pesar de que
Perelman apelara en lo político a la participación de cada uno y
propusiera borrar la distinción clásica entre retórica y dialéctica,

2
La traducción del texto de Amossy en su totalidad fue realizada por Verónica
Záccari para los alumnos de la cátedra de Lingüística Interdisciplinaria, Facultad
de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (Argentina).

84
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

concibió la Nueva Retórica esencialmente sobre


el esquema disimétrico del orador que se dirige a
un auditorio. Presupone así que la tesis está ya
trazada y que se trata sólo de hacerla creer [...]
Este esquema corresponde a una situación políti-
ca en la que se tienen no ciudadanos que buscan
conjuntamente la mejor decisión, sino represen-
tantes que monopolizan la palabra y se dirigen
unilateralmente a los electores para persuadirlos
de la excelencia de la medida que defienden. Esta
concepción borra la construcción misma de la de-
cisión propuesta.3

Nuestros alumnos, que conocen los artículos de Amossy y de


Buffon, se encuentran entonces con la complejidad de tener que
relacionar la convicción y la persuasión, por una parte, con la
construcción del auditorio mediante la adecuación del discurso a las
características de los oyentes seleccionados, y con ello tener en cuenta
su voz de manera dialógica, y, por la otra, con la voluntad de ganar
adhesión a los argumentos prefijados del orador, hecho que pueden
relacionar con la clase magistral universitaria. No desestimo, por
supuesto, el hecho de que el poco tiempo y la tensión que crea un
examen presencial restringe la posibilidad de plasmar esa
complejidad.

A modo de conclusión

En estas breves reflexiones he intentado analizar algunas de las


características problemáticas que presentan las respuestas de alum-

3
El texto de Buffon fue traducido por Nicolás Bermúdez para los alumnos de la
cátedra Lingüística Interdisciplinaria de la Facultad de Filosofía y Letras, Univer-
sidad de Buenos Aires (Argentina).

85
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

nos universitarios sobre cuestiones retóricas: la omisión de la repo-


sición del contexto en la ironía por contraverdad, la mención del
auditorio de oyente único y la deliberación con uno mismo, la falta
de precisión en la distinción entre la posición de Perelman y la de
Kant en cuanto a la distinción entre persuadir y convencer y la omi-
sión del concepto del auditorio como construcción del orador. He
cifrado su origen, en algunos casos, en la situación institucional de
examen y, en otros, en la complejidad de algunas cuestiones teóri-
cas no del todo resueltas por la Nueva Retórica. Con ello he querido
contribuir a razonar sobre algunas dificultades que encierra enseñar
a argumentar sobre lo opinable.

Bibliografía

Amossy, R. (2002). «Nouvelle rhétorique et linguistique du


discours». En: Koren, R. y R. Amossy. Après Perelman. Quelles
politiques pour les nouvelles rhétoriques? L’argumentation dans
les sciences du langage. París: L’Harmattan.
Buffon, B. (2004). «Perelman et la relégitimation du politique». En:
Meyer, M. (coord.). Perelman. Le renouveau de la rhétorique
(pp. 39–50). París: Presses Universitaires de France.
Perelman, Ch. y L. Olbrechts-Tyteca (1989). Tratado de la argu-
mentación. La Nueva Retórica. Madrid: Gredos.
Perrin, L. (1993). «Opinion et lieu commun dans l’ironie». En :
Plantin, Ch. (ed.). Lieux communs, topoi, stéréotypes, clichés.
Lyon: Editions Kimé.
Sperber, D. y D. Wilson (1978). «Les ironies comme mentions».
Poétique, 36, 399-412.

86
PARTE 2

| RETÓRICA Y DISCURSIVIDAD POLÍTICA |

87
Contribuciones del género epistolar al
ejercicio de la palabra pública en México

Mariana Ozuna Castañeda

Actualmente no se duda del papel que tuvo la cultura impresa en


los procesos de emancipación política de los pueblos americanos
durante el siglo XIX; en relación con ello, me interesa en este breve
trabajo esbozar la manera en que algunas prácticas de escritura retó-
rica como la epistolografía participaron en la construcción de la
cultura política entre el grupo letrado.
La carta o epístola articula lo privado en lo público, la experien-
cia individual en la dimensión de la comunidad. Esto cobra relevan-
cia si atendemos a la idea de ciudadano del sistema republicano,
sistema que algunos proponían como forma de gobierno en Méxi-
co. Para erigir una república son necesarios los ciudadanos: «El ciu-
dadano, antes que otra cosa, es un individuo» (Escalante, 1992: 37),
y el concierto de ciudadanos es la base de la sociedad republicana.
En este marco se elaboran las siguientes reflexiones.

89
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Del ars dictaminis a la moderna escritura de cartas

La carta o epístola –herencia de la Antigüedad– aparece desde la


Edad Media como ars dictaminis y articula dos dimensiones de la
vida de los individuos: la pública y la privada. La dimensión pública
se refiere a la comunicación de los sujetos con las instituciones, cor-
poraciones o autoridades, o entre instituciones, corporaciones o auto-
ridades;1 la circulación de manuales para escribir cartas deja ver lo
importante que resultaba la escritura de este tipo de documentos que
testimonian las redes sociales y las relaciones entre los diferentes gru-
pos. Mientras en la dimensión privada la llamada carta familiar evi-
denciaba las relaciones interpersonales basadas en el parentesco o la
amistad, esta implicaba que los corresponsales compartían intereses,
valores o creencias. Durante el humanismo, la carta familiar adquirió
además valor literario (Lafaye, 2005); con la imprenta de por medio
se publicaron colecciones de cartas de sujetos contemporáneos que
reflejaban uno de los rasgos que definirían la modernidad: la nove-
dad. Estas colecciones de cartas resultaron un éxito editorial –un caso
notable es el de Pietro Aretino (1492-1556)–,2 pues apelaban al «aquí»

1
James P. Murphy asevera que la complejidad de la sociedad feudal reflejada en el
incremento de relaciones sociales y legales puede advertirse claramente en la
formulaica de la escritura; las fórmulas de salutación en las cartas establecen el
tipo de relación entre remitente y destinatario (de un superior a un inferior, de un
inferior a un superior); además, los temas fueron también reducidos a modelos:
cartas de consolación, cartas de petición, cartas de «la misma multiplicidad de
rangos y órdenes de la sociedad feudal emergente» que «condujo a un incremento
del número de relaciones sociales y legales, que llegaron a reflejarse de una u otra
manera en los escritos. Una solución pronta al problema de escribir acerca de tales
situaciones recurrentes fue bosquejar una formula, esto es, forma normalizada que
se pudiera copiar según las circunstancias» (Murphy, 1986: 207).
2
El 29 de diciembre de 1537 aparece el volumen inicial de las cartas de Pietro
Aretino, publicadas por Francesco Marcolini en Venecia. De enero de 1538 a febrero
de 1539 se reimprimirá diez veces. Aretino publicará cuatro volúmenes. A diferencia
de Petrarca y de Erasmo, no se paraba «cuidar» la edición, sino que, a decir de
Guillén, mientras las escribía las enviaba para ser publicadas, así «Sus
corresponsales se encontraban ante la inminencia constante de ver sus nombres y
asuntos en letras de molde. Entre la tentación de la fama y el peligro de la difamación,

90
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

y «ahora» de los receptores, sumergiéndolos en el conocimiento de


su presente a partir de la escritura subjetiva. El auge editorial no fue
sólo para las colecciones de cartas, sino también para los manuales.
Ya para los siglos XVIII y XIX, escribir y leer cartas pasó a formar parte
de las habilidades que debía tener la mayoría de los individuos
(common man) pertenecientes a la sociedad moderna (Mitchell, 2007).3
Enumeremos las características retóricas de la carta según apa-
recen consignadas desde la Antigüedad hasta la modernidad:

- La epístola es definida desde la Antigüedad como una «conver-


sación entre ausentes» (Trueba, 2000: 16), por lo que posee un
vínculo estrecho con la oralidad.
- Esta relación con la oralidad afecta su estilo, que debe emular la
sencillez y llaneza de la conversación; conforme se va estable-
ciendo el género de carta familiar, se insiste en que esta debe ser
amena y su temática variada como la conversación misma.
- Su relación con la conversación obliga a la carta a ser breve y
quedar a la espera de la respuesta; es, pues, condición de la epís-
tola inducir a la escritura.

observaban cómo la publicación ininterrumpida de esta correspondencia conse-


guía para su autor cuotas extraordinarias de poder» (Guillén, 1998: 219). Los vo-
lúmenes de cartas de Aretino fueron un éxito editorial y ejemplo para otros auto-
res, como Claudio Tolomei (1547), Pietro Bembo (1548), Bernardo Tasso (1549),
Annibal Caro (1572, 1576).
3
Así lo asienta Don J. Antonio D. y Begas en su Nuevo estilo y formulario de
escribir cartas misivas, y responder a ellas en todos géneros de correspondencia.
Reformado según el estilo moderno, y añadido en esta última edición. En la «Ad-
vertencia al lector» se lee: «La necesidad de comunicarse los miembros de esta
sociedad, es ejecutiva: a unos en cumplimiento de los preceptos que exige la urba-
nidad y política con sus iguales: a otros en cumplimiento y pererogación [sic] con
quien necesitan o pueden necesitar: a otros por razón de sus negocios y comercio;
y en fin a todos obligan sus preceptos por no vivir juntos, aunque todos compon-
gan una sociedad; no pudiendo ser esta comunicación social por otro medio que
por cartas, esquelas o papeles. Con este motivo o mediante esta necesidad, se han
impreso en todos tiempos distintos formularios (por régimen de aquellas personas
que no están prácticas en el ejercicio de la secretaría, por razón de su ejercicio,
ocupación o empleo) conforme el estilo del tiempo en que se han escrito».

91
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

- Otra característica, ya insinuada antes, es la narración en presen-


te, promoviendo la ilusión de simultaneidad en la lectura y sal-
vando el tiempo diferido entre la escritura del texto y su recep-
ción, como si el remitente se «pusiera ante los ojos» con la lectu-
ra de la carta.4
- Quien escribe prefigura a su receptor en la carta misma.5
- La epístola se enuncia desde un «yo», quien, al mismo tiempo
que se ocupa de narrar, se presenta a sí mismo, dando forma a un
ethos particular según sea el caso.

La epístola es descrita en los manuales como un discurso que


consta de cinco partes: la ineludible salutatio; el exordio, donde se
valoraba la relación entre el remitente y el destinatario; la narra-
ción; la finalidad (petición, condolencia, recomendación, participa-
ción, etcétera); la conclusión (Murphy, 1986: 221), siguiendo en
esto la tradicional partición del discurso en cuatro o seis segmentos.

La carta en la esfera pública

Con la emergencia de la cultura impresa en el siglo XVI, la cultu-


ra escrita, restringida hasta entonces, se expande. Hay que advertir
que durante el siglo XVIII las élites letradas en las sociedades moder-

4
A decir del mismo J. Antonio D. y Begas, en la «Advertencia» de su Nuevo estilo...
ya referida, en las cartas «se representan al vivo los objetos de las personas que las
escriben y las leen, pues les parece que mutuamente se hablan. Por ellas se explican
los conceptos del ánimo, mediante la distancia en que se hallan el uno del otro, y por
cuyo medio oportuno franquea la comunicación en todos los asuntos». Cabe advertir
aquí que la escritura se concibe como supletoria de los objetos.
5
Por ejemplo, en la «Epístola a la posteridad» (1351) de Petrarca, donde se constru-
ye un receptor curioso, interesado en saber de Petrarca, como lo estaba él de saber de
Cicerón: «Quizá hayas oído algo acerca de mí, aunque es poco probable que mi
pobre insignificante nombre haya llegado lejos en el espacio y el tiempo. Aún así, tal
vez quisieras la oportunidad de saber qué tipo de hombre fui o cuál fue el destino de
mis obras, especialmente de aquellas cuya reputación hubiera persistido, o cuyo
nombre hayas vagamente escuchado» (Petrarca, 1966: 5). La traducción es mía.

92
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

nas habían desarrollado una serie de prácticas sociales sofisticadas,


algunas englobadas en el refinamiento de las normas de urbanidad
–los modales–, que diferenciaban a los sujetos dentro de la misma
sociedad letrada. Era imperativo no sólo saber leer, sino compartir
las lecturas, no sólo saber escribir, sino hacerse de un estilo –recor-
demos la frase de Buffon: «el estilo es el hombre»–, no sólo saber
hablar, sino saber conversar, haciendo de la oralidad una plataforma
en que se desplegara la inteligencia, la oportunidad, la información
de actualidad con ánimo de deleitar y hacerse útil. La buena conver-
sación se dejaba escuchar tanto en las tertulias como en los cafés y
salones. Nada más normal que el hecho de que la carta fuera una
prolongación de estas prácticas sociales letradas y adquiriera una
suerte de autoridad estilística en lo que a decoro social se refiere,
sin olvidar que igualmente los secretarios o manuales de
epistolografía tuvieron su importancia para las formas de sociabili-
dad moderna (Chartier, 1994).
La instrumentación de las reformas borbónicas en la América
española durante el siglo XVIII significó la conciencia de sí de los
grupos hegemónicos frente a la Corona (Lynch, 2004: 9-43). Estos
grupos estaban constituidos por sujetos letrados. La conciencia de
sí implicó que los grupos se reconocieran en tanto comunidad, esto
es, que compartían intereses y propósitos comunes, generando la
emergencia de una esfera pública. Esta situación impuso que los
letrados echaran mano del repertorio de géneros conocidos para dar
cauce y forma a sus propósitos frente a las medidas coloniales, y es
que la elección y práctica de un género en una circunstancia precisa
modifica lo mismo al género que a los individuos y a la situación en
que se hallaban:

En los casos donde el género es elegido en lugar


de asignarse se hace explícito el papel que juega
la situación en la construcción del género: las per-
sonas identifican la situación para elegir un géne-
ro apropiado. Sin embargo, una vez que el género

93
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

es elegido, éste actúa recíprocamente para dar for-


ma a la situación. (Devitt, 2004: 26)6

En el caso particular de la carta, considero que fue seleccionada


del repertorio porque ya funcionaba en la sociabilidad moderna
exitosamente como articuladora de la voz singular y privada del
individuo en la dimensión de la esfera privada de los salones, cafés
o tertulias. Su paso a la esfera pública, que es donde se discute el
bien común, permitió a los sujetos comunicarse con otros sin me-
noscabo de su diferencia, con la ventaja de reunir en torno suyo a
otros que se reconocerían en los propósitos y valores que ellos pro-
pugnaban.
Durante los años que siguieron a 1799 (año en que Francisco
Miranda publicó la Carta dirigida a los españoles americanos, es-
crita por Juan Pablo Viscardo y Guzmán en 1792), los americanos
tomarán la palabra en el espacio público, ya sea con periódicos o
folletos que circularán en muchos casos clandestinamente.7 A dife-
rencia de los periódicos, los folletos han gozado de menor atención
por parte de los estudiosos, ya sean historiadores o literatos (Giron,
2005). Un folletinista es un particular que toma la pluma para poner
a consideración de otros sus ideas sobre los asuntos públicos, es
decir, para opinar. El folleto, a decir de Nicole Giron, «fue un ins-
trumento ideal para expresar las opiniones particulares; en muchos
casos, aunque no participara del tono panfletario, contenía argu-
mentos defensivos, desarrollados por su autor frente a algún
cuestionamiento» (2005: 383-384); y ya que «el folleto vino a ser
un instrumento editorial de extrema flexibilidad que podía respon-
der a una amplia gama de necesidades de comunicación en razón de

6
Devitt (2004: 26) sostiene: «where the genre is chosen rather than assigned make
explicit the role of situation in constructing genre: people identify the situation in
order to choose an appropriate genre. Once the genre is chosen, however, the genre
reciprocally acts to shape the situation». La traducción al español es mía.
7
La circulación del manuscrito es indiscutible, sin embargo precisa de otro marco
teórico para su análisis.

94
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

su bajo costo» (2005: 379-380), muchos sujetos letrados se decidi-


rán a intervenir de esta manera en la discusión de los asuntos de su
interés. Así, el género editorial refuerza el gesto individualista y el
tono subjetivo del género epistolar: la carta es la escritura de un
«yo» lanzada al espacio público; el folleto, por su parte, es una mer-
cancía editorial breve, barata, efímera, libre del compromiso de la
periodicidad, carece de editor, redactor o colaborador, es el resulta-
do –en la mayoría de los casos que he analizado– de la decisión de
un solo sujeto, su autor; en este sentido, la carta hecha folleto es la
manera en que ese «yo» proclama doblemente su individualidad en
el espacio público.
En estas páginas me interesa sobre todo la carta que representa-
ba por sus características retóricas la forma ideal de intervención de
esos individuos, quienes, al actuar discursivamente, daban forma a
esa comunidad en el espacio público, al tiempo que lo forjaban. Sin
embargo, la carta en forma de folleto sirvió también a la propagan-
da contra Napoleón,8 contra la insurgencia de Miguel Hidalgo. Ra-
món Casaus y Torres publicó El Anti-Hidalgo, subtitulado Cartas
de un Doctor Mexicano al Br. D. Miguel Hidalgo Costilla, ex-cura
de Dolores, ex-sacerdote de Cristo, ex-cristiano, ex-americano, ex-

8
Algunos ejemplos de cartas ficticias fueron hallados en la Colección Lafragua del
Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México. Llaman la atención las que
se suponen escritas por la familia de Napoleón y por él mismo, dado que son textos
que exaltan el patriotismo español: Anónimo, Carta sobre las maldades cometidas
por los franceses en Cuenca, Valencia, en la Imprenta de D. Benito Monfort, 1808;
Dupont, Carta de Dupont al Duque de Róbigo, General en Gefe de los exércitos
Franceses en España, interceptada por un Andaluz, hombre de verdad y concien-
cia [s.l., s.i. 1808]; Leticia, Carta de la madre del emperador Napoleón I, dirigida
a su hijo desde Roma e interceptada, traducida del italiano [s.l., s.i. 1808, 4 pp.];
Josef Bonaparte, Carta de Josef Bonaparte, rey que pensaba ser de España, a su
hermano Napoleón, interceptada en Logroño, por un colector de basura. Logroño
13 de octubre de 1808, impreso en Málaga y por su original en la Oficina de la
calle de Santo Domingo, año de 1809 [4 pp.]; Contestación que Napoleón I, intru-
so emperador de franceses, hace á la carta que su madre Leticia le dirigió desde
Roma. Interceptada por el Americano F.M.D. d. C. Con licencia, impreso en casa
de Arizpe, año de 1809 [8 pp.].

95
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

hombre y Generalísimo capataz de salteadores y asesinos, con su-


perior permiso en la imprenta de Mariano de Zúñiga y Ontiveros en
1810. El Anti-Hidalgo se conforma de dieciséis cartas cuya publi-
cación iba siguiendo la gesta bélica del cura de Dolores, de septiem-
bre de 1810 a enero de 1811. La forma de carta encubre el vituperio,
a Hidalgo se le insulta sin esperar respuesta, al tiempo que el autor
se construye un ethos moralmente superior. Las epístolas de fray
Servando Teresa de Mier, publicadas en Londres y dirigidas en prin-
cipio a Blanco White, colaboran como la carta de Viscador y Guzmán
a discutir públicamente la independencia de las naciones america-
nas, donde el destinatario no es únicamente Blanco White sino to-
dos aquellos cuyos intereses estén fijos en la emancipación de las
colonias españolas en América. Claro que se deben considerar como
apelados primeramente a los habitantes de los virreinatos, pero no
hay que olvidar los intereses comerciales de al menos los ingleses y
franceses (Ozuna Castañeda, en prensa, b).
Otras epístolas en folleto atraen nuestra atención en esta oca-
sión, porque hallamos en ellas la opinión de individuos abriéndose
paso para alzar la voz respecto de asuntos que consideran de su
incumbencia. Tal es el caso de un sujeto que firma «Qualquiera» y
que en un folleto titulado Carta al diarista en defensa del coman-
dante y oficiales del batallon primero americano. Señor diarista
don José Ruiz Costa, publicado en 1812, opina:

Muy señor mio, amigo, dueño y señor de toda mi


estimacion y respeto. Despues de saludar á U. con
la mas atenta consideracion, me tomo la libertad
de emprender un rato de conversacion con U. si
no lo ha por enojo. Pues señor, es el caso, que yo,
como la mayor parte de los habitantes de esta Ca-
pital, me quedé tamañito al leer el estrepitoso par-
te, narracion ó cuento que U. tubo la bondad de
embocarnos en su diario num. 2575 del lunes 19
del corriente [...]

96
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Pero aqui entre nosotros, ¿há tenido U. razon? ¿ha


hecho bien en publicar el lanze? ¿Há cumplido U.
con el reglamento de la libertad de imprenta? Va-
mos sin sofocarnos á exâminar la cosa por partes.
Empieza U. diciendo que recivió un papel relati-
vo al Comandante del batallon Americano y re-
clama la responsabilidad al autor. Muy bueno. En
seguida refiere U. el lance con los oficiales, ocu-
rrido el dia 17. Muy malo. Con que si no acuden
estos no se acuerda U. de pedir responsabilidad, y
nos emboca el discurso santísimamente? No hay
duda; porque U. no resolló con la tal responsabili-
dad hasta el dia 19. El 17 fue el ataque brusco,
segun U. lo pinta; luego el folleto estaba en poder
de U. lo menos cinco dias antes que nos lo insi-
nuara. Pue[s] bien: ó el escrito era bueno, ó era
malo; esto es, ó podia imprimirse, ó pecaba con-
tra el justísimo reglamento. Si lo primero, no im-
portaba la fianza del autor: si lo segundo ha sido
U. muy omiso en no entregrarlo al gobierno in-
mediatamente [...]
De todo esto resulta, que el lance es absolutamen-
te inverosímil, lleno de accidentes pueriles y ridí-
culos, opuesto al carácter militar, increíble y con-
tradictorio. Qualquiera que reflexîone un momento
sobre la narracion de U. se convencerá luego de
esto mismo [...]
Pero supongamos por un momento que todo fue
como U. lo dice. Nunca puede pasar de un lance
particular y privado, efecto de la precipitacion de
dos oficiales poco reflexîvos. ¿Y qué le importa
al público que dos particulares por causas que ellos
se saben, se rompan las cabezas, se insulten ó se
engañen? ¿Se ha erigido al público en juez de con-

97
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

tiendas privadas? Y aunque esto fuera, ¿bastaria


con oir á U.? ¿Se ha establecido la libertad de im-
prenta para contar chismes y reyertas particula-
res? [...]
¿Y por donde se ha figurado U. que es el deposi-
tario de la opinion pública y de los secretos
agenos? ¿Está U. en su juicio? [...] ¿Sabe U. por
ventura lo que es opinion pública, y lo que es ser
periodista? Pues mire U.: opinion pública es el
modo de pensar de la mayor parte de los indivi-
duos de la sociedad sobre una materia que influya
o pueda influir sobre la sociedad misma. Por con-
siguiente no puede estar depositada en ningun
miembro particular, sino que exîste siempre en la
totalidad de ellos. Ni el gobierno mismo puede
ser ni llamarse depositario de la opinion pública
[...]
Fuera de este negocio queda muy de U. Su apa-
sionado amigo y servidor Q. B. S. M. Qualquiera.
(Qualquiera, 1812)

Esta carta en folleto articula su experiencia y opinión privada en


la dimensión pública; lo particular en lo general; al individuo en lo
comunitario: la opinión de Qualquiera se refiere a la libertad de la
imprenta, a la censura, al derecho de expresión, a la opinión pública
misma; en ese marco mayor, las ideas de Qualquiera importan. Y es
que ya durante el siglo XVIII la conversación era

una actividad de grupo que debía favorecer el pro-


greso de la razón, ofreciendo un método de inves-
tigación abierto y atento a los mejores argumen-
tos, y pensado para asegurar concretamente la co-
hesión social y para reforzar el interés por el bien
público. (Craveri, 2004: 426)

98
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

En este sentido, hay que notar el método de contraste con el


que el autor del folleto demuestra en el tercer párrafo que el diarista
cae en contradicciones, y, a partir del quinto, que la experiencia
narrada por el diarista es puesta bajo el pensamiento crítico del
«deber ser». Las opiniones de Qualquiera se inscriben en el am-
plio horizonte del «interés por el bien público» y desde ahí preten-
den convencer a los lectores. Así le indica al diarista: «se ha que-
dado U. en ayunas del fin con que se ha concedido la libertad de
imprenta que es algo mas grande y noble de lo que U. se ha imagi-
nado». Eso «más grande y noble» es el deber ser que beneficia a
todos.
Consideramos que la tertulia dieciochesca, enfocada en el ejer-
cicio de la razón y en el juicio crítico de la realidad, era el espacio
de «una asamblea libre a puerta cerrada» (Craveri, 2004: 426).
Por extensión, escribir una carta dirigida a otro o a muchos otros
concebidos como «iguales» y publicarla en el interés común su-
pone en quien escribe las nociones de espacio, esfera y opinión
públicos, en contraposición a espacio privado y razón privada. Tal
individuo, además, está consciente de su relación con el bien co-
mún desde la esfera pública, donde sabe que sus palabras adquie-
ren el estatuto de «acciones sociales». Tales acciones prefiguran
en México y en el resto de Nuestra América al ciudadano:

a partir del momento en que ya no es el grupo sino


el individuo el que se concibe como ser real, la
jerarquía desaparece, y con ella la atribución in-
mediata de la autoridad como a un agente del go-
bierno [...] El espacio público es ocupado, ya no
por estamentos ni corporaciones, sino por indivi-
duos o por fórmulas de representación de los inte-
reses de los individuos. (Escalante, 1992: 38)

Como habíamos mencionado en el principio, dentro del modelo


cívico:

99
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

El ciudadano, antes que otra cosa, es un indivi-


duo, y como individuo es la realidad básica de la
vida social. Frente a él, las instituciones, las for-
mas de organización todas no son sino «residuos»,
que pueden ser explicados por los intereses y ac-
ciones individuales. (Escalante, 1992: 37-38)

Desde este horizonte, la carta familiar, con su estilo llano, su


enunciación desde un «yo» con voluntad de pensarse en lo comu-
nitario, su flexibilidad temática, su presentismo, así como su ca-
rácter apelativo y de suspenso, coadyuvó a articular el mundo in-
terior del individuo y sus intereses en el espacio público –adonde
iban a parar periódicos, folletos, hojas volantes, manuscritos–; por
esta articulación, lo público se modeló como una gran asamblea
virtual donde asistían estos individuos agitando sus opiniones en
el discurso. En esta asamblea virtual se llevaba a cabo de facto un
ejercicio de ciudadanía que aguardaba realizarse por la vía del
derecho.

Bibliografía

Begas, J. y Antonio, D. (1808). Nuevo estilo y formulario de escri-


bir cartas misivas, y responder a ellas en todos géneros de co-
rrespondencia. Reformado según el estilo moderno, y añadido
en esta última edición. Con licencia. Barcelona: Por los Con-
sortes Sierra y Martí, Plaza de S. Jayme.
Chartier, R. (1994). «Los secretarios. Modelos y prácticas epistola-
res». En: Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna. Ma-
drid: Alianza editorial.
Craveri, B. (2004). La cultura de la conversación. Buenos Aires:
Fondo de Cultura Económica.
Devitt, A. J. (2004). Writing Genres. Carbondale: Southern Illinois
University.

100
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Escalante Gonzalbo, F. (2009). Ciudadanos imaginarios: memorial


de los afanes y desventuras de la virtud y apología del vicio
triunfante en la República Mexicana: tratado de moral públi-
ca. México: El Colegio de México.
Giron, N. (2005). «La folletería durante el siglo XIX». En: Clark de
Lara, B. y Speckman Guerra, E. (eds.). La república de las le-
tras. Asomos a la cultura escrita del México decimonónico.
Vol. II. México: UNAM.
Guillén, C. (1998). «La escritura feliz: literatura y epistolaridad».
En: Múltiples moradas. Ensayo de Literatura Comparada. Bar-
celona: Tusquets.
Habermas, J. (1994). Historia y crítica de la opinión pública. Bar-
celona: Gustavo Gili.
Lafaye, J. (2005). Por amor al griego. La nación europea, señorío huma-
nista (siglos XIV-XVII). México: Fondo de Cultura Económica.
Lynch, J. (2004). Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826.
Barcelona: Ariel.
Miller, C. R. (2005). «Genre as Social Action». En: Freedman, A. y
P. Medway (eds.). Genre and the New Rhetoric. London: Taylor
& Francis.
Mitchell, L. C. (2007). «Letter-Writing Instructions Manuals in
Seventeeth- and Eighteenth-Century England». En: Poster, C.
y L. C. Mitchell (eds.). Letter-Writing Manuals and Instruction
from Antiquity to the Present. Historical and Bibliographic
Studies. South Carolina: The University of South Carolina Press.
Murphy, J. J. (1986). La retórica en la Edad Media. Historia de la
teoría de la retórica desde San Agustín hasta el Renacimiento.
México: Fondo de Cultura Económica.
Ozuna Castañeda, M. (en prensa-a). «Mier en su escritura». En:
Begoña Pulido (coord.). Fray Servando Teresa de Mier, entre
la fe y la revolución. México: Fondo de Cultura Económica-
UNAM, f.l.m.
–– (en prensa-b). «La correspondencia trasatlántica de las Améri-
cas: Viscardo y el padre Mier». En: Gómez Álvarez, C., J. Mac

101
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Gregor y M. Ozuna Castañeda (coords.). Memoria Coloquio


Los Centenarios: análisis y reflexión de dos procesos históri-
cos. México: UNAM, Facultad de Filosofía y Letras.
–– (2009). «Géneros menores y ficcionalidad en el periodismo de
Fernández de Lizardi». En: Literatura Mexicana, Vol. XX.1.
Petrarca (1996). Letters from Petrarch. Selected and translated by Morris
Bishop. Ilus. EU: Indiana University Press. Bloomington & L.
Qualquiera (1812). Carta al diarista en defensa del comandante y
oficiales del batallon primero americano. Señor diarista don
José Ruiz Costa. México: Imprenta de Doña María Fernández
de Jáuregui.
Trueba Lawand, J. (2000). «Aproximación a la retórica epistolar de
fines del siglo XV: el Ars Conficiendi Epistolas de Jacobo
Publicio». En: J. Arribas Rebollo, J. C. Gómez Alonso, G.
Ramírez Vidal y J. Trueba Lawand (comps.). Temas de retórica
hispana renacentista. México: UNAM.

102
Discurso político y análisis sociológico-lingüístico
del discurso: la representación de las personas
pobres y de las situaciones de pobreza

Irene Vasilachis de Gialdino

Pregunta de investigación y corpus

Esta investigación, 1 realizada desde una perspectiva


interdisciplinaria en la que se conjugan la sociología y la lingüísti-
ca, tuvo por objetivo responder a la siguiente pregunta: ¿qué carac-
terísticas asume la representación de las personas pobres y de las
situaciones de pobreza en el discurso de los presidentes argentinos
que ejercen su mandato a partir de 1983? Este interrogante se vin-
cula con otros: ¿cómo las personas pobres son categorizadas y cali-
ficadas?, ¿cuál es la vinculación entre los recursos lingüísticos em-
pleados para nombrarlas y el modelo de sociedad y de relaciones
sociales subyacente en los textos?, ¿cuáles son las particularidades
representacionales en las que los diversos textos se asemejan y se
diferencian?

1
La presente indagación fue posible en virtud del financiamiento acordado por el
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet-Argentina)
y por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

103
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

El corpus2 estuvo formado, en especial, por siete primeros mensa-


jes presidenciales desplegados ante la Asamblea Legislativa, a saber:
- El de Raúl R. Alfonsín, del 10 de diciembre de 1983 (Texto 1).
- El de Carlos S. Menem, del 1º de mayo de 1990 (Texto 2).
- El de Fernando de la Rúa, del 1º de marzo de 2000 (Texto 3).
- El de Eduardo A. Duhalde, del 1° de marzo de 2002 (Texto 4).
- El de Néstor C. Kirchner, del 25 de mayo de 2003 (Texto 5).
- El de Cristina Fernández de Kirchner, del 1° de marzo de 2008
(Texto 6).
- El discurso pronunciado en el acto de asunción del mando en el
Congreso por Cristina Fernández de Kirchner, el 10 de diciem-
bre de 2007 (Texto 7).
Los textos que los presidentes pronuncian ante la Asamblea Le-
gislativa tienen, en particular, una gran repercusión en los medios,
contribuyendo con la creación y reproducción de representaciones
sociales. La prensa gráfica los transcribe en todo o en parte, y las
afirmaciones, evaluaciones, advertencias, promesas, proclamas, pre-
dicciones de los mandatarios son rápidamente transmitidas y ulte-
riormente aceptadas, cuestionadas, reformuladas, refutadas por quie-
nes tienen acceso al discurso, incorporándose así a los patrones y
modelos de interpretación presentes en el horizonte compartido del
mundo de la vida (Habermas, 1990: 87).

Metodología y estrategias metodológicas: los modelos


interpretativos y el análisis sociológico-lingüístico del
discurso

Este estudio se ubica en el paradigma interpretativo cuyo su-


puesto básico es "la necesidad de comprender el sentido de la ac-

2
La referencia a las emisiones de los siete textos del corpus se realizará señalando
a la derecha de la letra «T» mayúscula el número de texto citado y a la derecha de
la letra «e» minúscula el número de emisión correspondiente a ese texto. Así, por
ejemplo, la cita (T3e10), corresponde a la emisión 10 del Texto 3.

104
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

ción social en el contexto del mundo de la vida y desde la perspec-


tiva de los participantes" (Vasilachis de Gialdino, 1992: 43).
El proceso de investigación ha sido inductivo y la metodología,
cualitativa (Vasilachis de Gialdino, 1992, 2006a). Entre los rasgos
más salientes de la investigación cualitativa, se encuentran: el inte-
rés por el significado y la interpretación; el énfasis en la importan-
cia del contexto y de los procesos; la estrategia inductiva y herme-
néutica (Maxwell, 2004: 36); la relevancia atribuida a los relatos, a
las experiencias internas, vitales (Whittemore et al., 2001: 524;
Morse, 2005: 859) en un determinado contexto histórico y social
(Haverkamp y Young, 2007: 276), tratando de comprender el com-
portamiento humano en toda su complejidad (Fine, 2007: 460); y el
alcance asignado al estudio del lenguaje de los actores, a sus prácti-
cas (Silverman, 2000: 89), a sus diferentes conocimientos, a sus
distintos puntos de vista (Flick, 1998: 6).
Los investigadores cualitativos han preferido, pues, describir e
iluminar el significativo mundo social de acuerdo con las disposi-
ciones del paradigma interpretativo, centrándose en la comprensión,
en el significado de la palabra y de la acción, en el sentido que se
expresa en el lenguaje (Silverman, 1994; Mason, 1996: 4).
Esta indagación, de la que expongo los primeros resultados, ha
sido realizada de acuerdo con los supuestos del que denomino aná-
lisis sociológico-lingüístico del discurso (ASLD), que ya he em-
pleado en otros estudios (Vasilachis de Gialdino, 1997, 2007a,
2007b). El interés de mi propuesta interdisciplinaria radica en exa-
minar lingüísticamente los recursos y estrategias empleados en los
textos orales o escritos para imponer, sostener, justificar, proponer
un determinado modelo interpretativo de la realidad social.
Los modelos interpretativos de la realidad social, por lo general,
no figuran en el texto de manera explícita, sino que se traducen en el
empleo de distintos recursos lingüísticos y de variadas estrategias
argumentativas, utilizados para representar esa realidad, a sus acto-
res, sus relaciones, sus procesos. Tales modelos suponen: alguna
forma de ser de la sociedad y de la organización social, uno o varios

105
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

modos de diferenciación y/o jerarquización entre sus miembros, un


tipo de relaciones sociales predominante y, en consecuencia, una
mayor o menor posibilidad de los actores sociales de contribuir con
la construcción y transformación de la sociedad (Vasilachis de
Gialdino, 2003: 266-267). En gran parte, esos modelos interpretativos
están fundados cognitivamente en los distintos paradigmas
epistemológicos (Vasilachis de Gialdino, 1992).
Los modelos interpretativos presupuestos por los hablantes son
los que proporcionan los contextos de significado. Luego, las mis-
mas palabras pueden adquirir diferentes contenidos semánticos se-
gún el modelo interpretativo presupuesto por quienes las emplean.
Así, por ejemplo, el significado de la palabra "crisis" es construido
en los diferentes textos del corpus asumiendo un determinado con-
tenido: el que haga posible exhibir la acción presente, con miras al
futuro, que predican de sí mismos los presidentes como una conse-
cuencia forzosa del pasado, y, a la vez, como el trayecto ineludible
para la construcción del futuro.
La detección de los modelos interpretativos subyacentes en la
representación discursiva de la realidad social no puede realizarse
sin un conocimiento de las teorías vigentes en las ciencias sociales.
La mayor parte de estas teorías fue creada en relación con contextos
que difieren social, histórica, cultural y/o económicamente de aque-
llos a los que esas teorías son aplicadas. La reproducción irreflexiva,
acrítica, de los modelos interpretativos fundados en esas teorías le-
gitimadas coadyuva a la aceptación de las formas vigentes de ser y
de conocer a las sociedades y, al mismo tiempo, obstaculiza e impi-
de la creación de nuevas y renovadas formas en las que esas socie-
dades podrían conocerse, construirse, transformarse. Afirma Lyotard
(1991: 29) que, simplificando al extremo, la representación metódi-
ca que se ha hecho de la sociedad contemporánea se ha dividido, en
principio, en dos modelos: la sociedad forma un todo funcional y la
sociedad está dividida en dos. Este corte metódico que establece
dos grandes tipos de discursos sobre la sociedad -el del funcionalismo
y el del marxismo- proviene del siglo XIX.

106
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El análisis sociológico-lingüístico del discurso buscará, por ende,


precisar a qué modelo responde la representación de la sociedad en
el discurso político, y qué vinculación tiene esa representación con
la de las personas pobres.
De esta manera, el intento radicará, entonces, en: analizar los
textos en sus formas lingüísticas, y determinar para qué se las selec-
ciona en relación con el tipo de sociedad que se promueve. Las re-
presentaciones acerca de la sociedad, de sus relaciones, de la legiti-
midad de estas, de las identidades individuales y colectivas, de la
mayor o menor posibilidad de las personas de desarrollarse
autónomamente, entre otras, son construidas textualmente a partir
de la adhesión a los postulados de los modelos interpretativos, esto
es, de las teorías en las que estos se sustentan.
Entiendo las representaciones sociales como

construcciones simbólicas individuales y/o colec-


tivas a las que los sujetos apelan, o las que crean,
para interpretar el mundo, para reflexionar sobre
su propia situación y la de los demás, y para deter-
minar el alcance y la posibilidad de su acción his-
tórica. (Vasilachis de Gialdino, 1997, 2003: 218)

Estas representaciones median entre los actores sociales y la rea-


lidad, y se le ofrecen como recursos para: poder interpretarla, con-
juntamente con su propia experiencia, referirse a ella discursivamente
y orientar el sentido de su acción social.

Contexto conceptual

Al tratarse de una investigación cualitativa, su diseño fue flexi-


ble (Maxwell, 1996: 3; Marshall y Rossman, 1999: 54, 56) y no
estructurado, interactivo y no lineal. En ese diseño se interconectan
los distintos componentes, esto es: el propósito, el contexto concep-

107
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

tual, las preguntas de investigación, los métodos y la validez


(Maxwell, 1996). El carácter inductivo del proceso de investiga-
ción cualitativa determina la emergencia de cuestiones, interrogantes
y procedimientos (Creswell, 1998: 18; Creswell, 2009: 4), y la ne-
cesidad de recurrir a nuevos datos y fuentes, de revisar las interpre-
taciones, de construir conceptos, entre otros, todo lo cual impide
apelar a un diseño concebido como un plan preestablecido de se-
cuencias o pasos sucesivos, y definidos cognitiva y temporalmente.
Por tanto, no se comenzó el análisis de los textos presuponiendo la
presencia de determinados recursos lingüísticos seleccionados pre-
viamente con base en una determinada teoría que se pretendía veri-
ficar, sino que se realizó el camino inverso: los textos fueron exami-
nados intentado establecer, primero, cuáles eran las estrategias
discursivas y los recursos predominantes para, después, acudir a las
contribuciones teóricas y conceptuales que podían dar cuenta de
ellos, y vincular más tarde esas estrategias y recursos con los mode-
los interpretativos presupuestos por los hablantes.
Cuando, como en esta indagación, se aplican metodologías cua-
litativas y el procedimiento, como ya expresara, es inductivo
(Creswell, 1998: 24), la verificación de teoría es sustituida por la
creación de teoría (Vasilachis de Gialdino, 1992: 61; 2006a: 33;
Flick, 1998: 2). En consonancia con ese trayecto inductivo, la lite-
ratura no se ha de tratar como una autoridad que debe ser acatada,
sino como una útil pero falible fuente de ideas que permite vislum-
brar formas alternativas de enmarcar las cuestiones (Maxwell, 1996:
26, 27) que atañen a la investigación.
En este sentido, mencionaré los principales aportes conceptua-
les y teóricos a los que apelé, una vez analizados los textos presen-
tes en el corpus, teniendo a la vista la pregunta de investigación, y
considerando reflexivamente el alcance de esos aportes para acce-
der a las peculiaridades halladas en los textos examinados en el con-
texto de esta investigación, que se interesa por la relación entre el
discurso y el poder y en la que se considera el lenguaje como una
práctica social con capacidad para producir la realidad (Fowler,1985:

108
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

62; 1996: 40; Fairclough y Wodak, 1997: 258; Van Dijk, 1993).
Esos aportes fueron: la teoría de la argumentación (Perelman y
Olbrechts-Tyteca,1989; Perelman, 1979), la teoría de los actos de
habla (Austin, 1982; Searle, 1986; Habermas, 1990), el análisis de
la categorización (Sacks, 1992; Jayyusi, 1984; Eglin, 2002; Leudar,
Marsland y Nekvapil, 2004; Housley y Fitzgerald, 2002, 2009), el
análisis de la conceptualización narrativa (Shenhav, 2004, 2006) y
los estudios acerca de la metáfora, en general (Lakoff y Jhonson,
1995; Blasko, 1999; Giora, 1999; Glucksberg y McGlone,1999), y
en el discurso político, en particular (Lakoff, 1995; Chilton y
Schäffner,1997, 2002; Wodak y De Cillia, 2007).
Investigaciones previas y en curso que tienen por objetivo pro-
fundizar el estudio de las características que asumen las situacio-
nes sociales de extrema pobreza en la Ciudad de Buenos Aires, y
en las que comparo dos grupos: el de las personas que residen en
la calle y el de las personas y familias que tienen viviendas preca-
rias o un acceso temporal a la vivienda, y que están en riesgo de
perder su alojamiento, me han llevado a construir, a partir de los
datos, una definición relacional de las situaciones de pobreza y a
concluir que las personas pobres son aquellas que se ven someti-
das a un entramado de relaciones de privación de múltiples bie-
nes materiales, simbólicos, espirituales y de trascendencia, im-
prescindibles para el desarrollo autónomo de su identidad esen-
cial y existencial.
Esta definición relacional pretende: evitar la llamada
"invisibilidad" de las personas pobres (Brighenti, 2007: 329;
Bohman, 2007: 271), superar la deshistorialización y la
despolitización propia de la noción de "exclusión" (Bourdieu y
Wacquant, 1999: 49-50), romper con el estigma espacial por el que
se desacredita a las personas atrapadas en determinados barrios
(Wacquant, 2007: 68; 2008: 116-117) y, a nivel de las representa-
ciones sociales, sustraerse al empleo de la metáfora espacial, ligada
tanto a las teorías de la exclusión como de la underclass y de la
marginalidad (Fassin,1996a: 68; 1996b: 263).

109
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

De modo tal, las personas pobres no han de ser observadas, sim-


ple y estáticamente, como compartiendo los rasgos de una determi-
nada situación, sino indagando acerca de cómo han sido llevadas a
ella como consecuencia de las acciones y/u omisiones de diferentes
personas y/o grupos (Vasilachis de Gialdino, 2003: 91-92). Entre
esas acciones, las prácticas discursivas y las representaciones creadas
a partir de ellas se constituyen en otras formas mediante las cuales se
manifiesta y opera la violencia (Vasilachis de Gialdino, 2007b).
A continuación, señalaré las estrategias argumentativas más re-
levantes empleadas por los distintos presidentes y las formas en las
que representan a las personas pobres y las situaciones de pobreza,
en vinculación con los modelos interpretativos presupuestos en los
distintos textos.

El discurso del presidente Raúl R. Alfonsín


(10/12/1983 - 8/7/1989)

Concibiendo el texto como una unidad semántica (Halliday y


Hassan, 1976: 2), es dable considerar al término "democracia"3
(T1e13, 22, 62) como uno de los nudos de la red semántica subya-
centes en el discurso de Alfonsín. Ese nudo constituye una señal,
una marca que orienta el sentido de la interpretación, y, junto con
otros, se ubica en el núcleo de los modelos interpretativos de la
realidad que emplean los hablantes (Vasilachis de Gialdino, 1997:
300).
El mandatario se ubica en «la línea divisoria» entre el pasado y
el presente, entre otros, con el empleo del adverbio «hoy», como en
«hoy ha terminado la inmoralidad pública» (T1e4), o en «hoy
asumimos el gobierno de la Nación cuando está sumida en la crisis
quizás más grave de su historia» (T1e334). La construcción textual

3
En los textos citados del corpus, emplearé la cursiva para señalar los nudos de la
red semántica y los modelos interpretativos con los que esos nudos están vinculados.

110
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

del pasado asume en todos los textos analizados una singular


preeminencia, y es a través de ella que los presidentes se posicionan
(Davies y Harre, 1990) y legitiman en el presente y a la vez proyectan
argumentativamente el futuro. Alfonsín habla, pues, de «reanimar»
las potencialidades de la sociedad, durante tanto tiempo «sofocadas»,
o declara que la Argentina «democrática» «da hoy sus primeros
pasos» (T1e90). Aquí, como en gran parte de los discursos
estudiados, la entidad política aparece como un niño y los hablantes
como sus padres (Wodak y Cillia, 2007: 350).
Las comparaciones por oposición (Perelman y Olbrechts-Tyteca,
1989: 376) constituyen, como en otros textos del corpus, la
estrategia argumentativa más destacada del texto de Alfonsín.
Entre ellas se encuentran: inmoralidad/decencia (T1e4),
totalitarismo/democracia (T1e8); violencia/legitimidad (T1e15);
violencia/sufragio (T1e17); violencia (del «guerrillerismo» y del
«golpismo»)/ley (T1e18); fuerza/razón (T1e42); sospecha y
represión/participación activa (T1e115); mentira/verdad (T1e 57).
El segundo término de estas oposiciones viene a construir la imagen
positiva del hablante, respecto de la que busca aprobación, y que
incorpora y ejemplifica los valores oficialmente acreditados de la
sociedad (Brown y Levinson, 1978: 66-67; Goffman, 1959: 47-48).
Esa imagen aparece ligada al futuro y en contraposición a la de los
«otros», a los que el antagonismo invoca (Leudar et al., 2004: 245).
A esos «otros», prácticamente no nombrados pero sí calificados y a
los que refiere en el primer término de la oposición, se les atribuye
la responsabilidad respecto del totalitarismo del pasado, y de ellos
el hablante se va diferenciando paso a paso en el texto, mostrándose
como un demócrata (Van Dijk, 2006: 377).
Las emisiones de Alfonsín adquieren un sentido más preciso
cuando explicita el modelo interpretativo subyacente en su texto,
en el que se acude a una concepción sistémica de la sociedad y,
por tanto, en ella las clases coexisten y las trasformaciones son
progresivas:

111
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

La democracia aspira a la coexistencia de las


diversas clases y sectores sociales, de las diversas
ideologías y de diferentes concepciones de la vida.
Es pluralista, lo que presupone la aceptación de un
sistema que deja cierto espacio a cada uno de los
factores y hace posible así la renovación de los
gobiernos, la renovación de los partidos y la
transformación progresiva de la sociedad. (T1e22)

El presidente llama a un «diálogo» en el que participarían los


partidos políticos, las asociaciones intermedias y los ciudadanos, a
fin de «permitir que los sistemas de fuerzas que anidan en la sociedad
argentina se articulen en una convivencia pacífica y creadora»
(T1e44-46). La paz, entonces, no es la consecuencia de la acción
histórica de personas y grupos, sino de la articulación de «sistemas
de fuerzas» presentes en la sociedad y que se constituyen en su
fuerza motora.
En el contexto de la oposición democracia/totalitarismo (T1e8),
sostiene que el sufragio es el que, limitando a los sectores privilegia-
dos, «tiende a lograr una mayor justicia distributiva» (T1e24) y «hace
posible la resolución pacífica de las controversias en la sociedad»
(T1e25). Por el contrario, el totalitarismo lleva, entre otros, a la
miseria (T1e25).
Alfonsín alude a la «desposesión y al abandono del pueblo»
(T1e87), y asegura dar prioridad a los «sectores de menores recursos»
proporcionándoles, a la vez, «techo y trabajo» (T1e101, 168).
Categoriza (Sacks, 1992) y califica a esos sectores como: los «más
desprotegidos» (T1e160), «más necesitados», «más desamparados»,
«más carenciados» de la población (T1e162, 164-5). Califica como
«marginados» y «castigados por la crisis nacional» a los «sectores»
que carecen de medicamentos (T1e107) y a las familias privadas de
alimentos (T1e125). Además, califica como «abandonada» a la
minoridad en situación de «extrema pobreza» (T1e113), y como
«desnutridos y enfermos» a los niños en igual situación (T1e164).

112
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El discurso del presidente Carlos S. Menem


(8/7/1989 - 8/7/1995 - 10/12/1999)

Los términos "nuevo", "nueva" y "cambio" constituyen los nu-


dos de la red semántica del texto de Menem, aunque el último tér-
mino se complementa con otros que contribuyen en el proceso de
diseñar y completar su significado. Estos términos son, entre otros,
"revolución", "transformación", "reestructuración", "construcción",
"resurrección".
Mediante la oposición enfermo/sano en relación con el pasado/
presente, y recurriendo a la metáfora de la personificación (Semino,
2002: 114), Menem alude a la Argentina como "país moribundo"
(T2e69) o "en un proceso terminal" (T2e168), o como un "país en-
fermo" que "no se sana con antiguos remedios" (T2e70). La oposi-
ción enfermo/sano le sirve para adjudicarse a sí mismo un rol fun-
damental en el proceso de restablecimiento tanto de la salud del
país como de los anteriores padecimientos y de las "heridas doloro-
sas" (T2e22) que lo afectan.
El texto de Menem contiene otras oposiciones con cuyos términos
positivos construye su imagen, y perfila el modelo de sociedad, de
Estado y de economía que propone, orientando al auditorio hacia la
aceptación de dicho modelo. Por ejemplo, respecto del Estado postu-
la "un Estado popular y no populista. Nacional y no chauvinista"
(T2e215), "libre y no anarquista" (T2e215). Más adelante, opone la
"Nación" a los "nacionalismos" (T2e226), "la integración" a "la ex-
clusión" (T2e237) y "el protagonismo" al "aislamiento" (T2e238).
A través de figuras retóricas como, por ejemplo, el "abismo de la
hiperinflación" (T2148), el "abismo de la hiperfrustración nacio-
nal" (T2e149), la "hiperpobreza de gran parte de nuestra gente"
(T2e150), el "hiperatraso económico y cultural" (T2e151), el presi-
dente describe el "estado de cosas" que es necesario "remover"
(T2e147), siendo él mismo quien se ocupará de "destrabar la vida
nacional" (T2e98), de "poner al descubierto sus más lacerantes lla-
gas" (T2e100).

113
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

En virtud de este procedimiento, la imagen que el presidente


construye de sí aparece unida a su protagonismo en el proceso de
cambio, al que presenta como la decisión resultado de un dilema
trascendental: «como mandatario de la ciudadanía» (T2e61) «o me
transformaba en un simple testigo de la crisis o me decidía a encarar
una transformación en serio» (T2e62), «o gerenciaba nuestra
pobreza o ponía en marcha un cambio de raíz» (T2e63). Estas
oposiciones tienen distintas funciones retóricas: sus segundos
términos justifican las decisiones del hablante y lo califican
positivamente, ya que afirma haber elegido la opción más «dura»,
«compleja» y «dolorosa» (T2e65), y sus primeros términos refieren
a los «otros» responsables de la situación descripta, los que son
representados como distintos del hablante y calificados con los
atributos contrapuestos a aquellos que afirma poseer.
Propone lo que denomina «un nuevo sistema político, económico
y social», «transformador» y «revolucionario» (T2e73), un «nuevo
modelo» que se asienta en «leyes fundacionales» como las de
Reforma del Estado y de Emergencia Económica (T2e111). Precisa
después en estos términos las características de ese «nuevo modelo»:
«aspiramos a construir un capitalismo humanizado. Decente.
Eficiente. Competitivo. Un capitalismo de verdad» (T2e114-122).
Declarando escapar de los «caprichos ideologizados de cualquier
signo», el presidente propone la «economía popular de mercado»
(T2e207), para lo cual repudia la idea de un «Estado totalitario»
(T2e209) y proyecta construir uno que no permanezca indiferente
ante las «escandalosas desigualdades sociales» (T2e210) y que sea
«garante del bien común, de la armonía social, del crecimiento
económico y del equilibrio en la distribución de la riqueza»
(T2e211). Todo lo cual es posible, para él, en un contexto de diálogo
y participación (T2e320).
Mediante el empleo de las metáforas de la máquina y del cuerpo
en movimiento, afianza su perspectiva sistémica y organicista: «La
unidad nacional es un motor dinámico, el músculo que nos moviliza
para recuperar la grandeza perdida y olvidada de la Nación» (T2e54).

114
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Esas mismas perspectivas, unidas a la evolucionista y a la


funcionalista, se advierten en la siguiente expresión: «Un país nunca
puede estarse quieto (T2e316). Si no avanza, retrocede (T2e317).
Si no evoluciona, envejece (T2e318.). Si no se desarrolla, muere»
(T2e319).
Los valores comunes (Perel-man y Olbrechts-Tyteca, 1989: 133)
que intervienen como base en la argumentación de Menem no difieren
significativamente de los del resto de los presidentes, apelando todos
ellos, salvo Fernández de Kirchner, a la «justicia social». Como
Alfonsín (T1e287) y Duhalde (T4e62), Menem (T2e325) invoca los
derechos humanos, al igual que Kirchner (T5e42,91), quien comparte
con Duhalde (T4e46,62) la apelación a la paz social y la dignidad y
con Alfonsín la exhortación a proteger esa misma dignidad (T1e76).
Menem categoriza a las personas pobres como «los más
humildes», «los más desposeídos», «los que tienen hambre a secas»
(T2e29, 85), «la población más necesitada y castigada» (T2e294),
«los que están sumergidos» (T2e313), mencionando también a los
que «están olvidados en el subsuelo de la patria» (T2e80) y a la
«niñez desamparada» (T2e294). Alude, como Alfonsín (T1e165), a
los «sectores más carenciados de la sociedad» (T2e341) y a los
«marginados sociales» (T2e381).

El discurso del presidente Fernando de la Rúa


(10/12/1999 - 20/12/2001)

El presidente de la Rúa inicia su discurso en primera persona, y


con una negación por medio de la cual comienza a delinear la cons-
trucción de su imagen al definir su identidad por oposición. Decla-
ra, entonces: "No he venido aquí a hacer un discurso de palabras
sino de actitud, estratégico y de voluntad política" (T3e2). Esa mis-
ma voluntad se reitera más adelante (T3e35), y a ella se le suman
otros atributos necesarios para "la transformación del Estado argen-
tino" (T3e18), tales como el "coraje" -cualidad que también se adju-

115
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

dican Alfonsín (T1e28), Menem (T2e242), Duhalde (T4e175) y


Kirchner (T5e18)-, la "decisión política" (T3e39) y la falta de "acti-
tudes soberbias" (T3e67). Los términos "crecer" y "crecimiento"
están entre los nudos de la red semántica del texto de de la Rúa, tal
como se advierte en la siguiente expresión: "la estrategia de este
gobierno es clara. Es crecer" (T3e30).
Al igual que Alfonsín (T1e163) y Duhalde (T4e28), de la Rúa
apunta a la "gravedad de la situación" (T3e3) con la que se encontró
al asumir su cargo, y es a partir de esa emisión que comienza con las
oposiciones pasado/presente/futuro, reservando para estos últimos
las evaluaciones positivas, las que se extienden a su propia imagen,
con lo que, simultáneamente (Windisch, 2008: 88), construye una
imagen positiva de sí y otra negativa de sus predecesores. De modo
tal, contrapone "el estancamiento" y "la recesión" al "desarrollo so-
cial" y "al crecimiento sostenido" (T3e3-4), "el déficit" al "progre-
so" y "crecimiento" (T3e27). Esos antagonismos son empleados,
también, para enfrentar el Estado que no garantiza "el cumplimien-
to de los derechos y las obligaciones de todos" con el Estado que
protege (T3e46), y para definir el Estado "honesto y eficiente"
(T3e52) que postula por oposición al Estado respecto del que inten-
ta "una segunda transformación": "Hoy, en cambio, tenemos un
Estado inútil, endeudado y sin recursos; quiero transformarlo en un
Estado rico, eficaz, activo en sus políticas, cercano a la gente y ca-
paz de pararse al frente del desarrollo de la Argentina" (T3e53).
De la Rúa asevera implementar una "nueva política del diálogo"
(T3e56) y, para fundarla, opone el "entendimiento, la comprensión
y el respeto recíproco" al "enfrentamiento" como claves del "siste-
ma democrático" (T3e55). Contrasta, además, la "cooperación" con
la "confrontación" (T3e84), y plantea la posibilidad de alcanzar el
"consenso" (T3e85).
El modelo interpretativo subyacente en todo el texto está
explicitado, con sus nudos de la red semántica, cuando justifica la
eficacia de la reforma laboral que promueve para resolver los pro-
blemas del empleo. Allí expresa:

116
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

La solución de fondo sólo vendrá si logramos


transformar el Estado que no sirve en un Estado
capaz de promover una economía competitiva que
nos permita aprovechar nuestras oportunidades.
Si somos capaces de competir, tendremos garan-
tizado el crecimiento sostenido de nuestra econo-
mía. Esta es la única y verdadera solución de fon-
do al desempleo; no hay otra. Tenemos que cre-
cer. Y ésta -vuelvo a repetir- es la estrategia eco-
nómica y política de mi gobierno. (T3e65)

A este mismo objetivo debe, para De la Rúa, servir la justicia,


"porque aporta previsibilidad, certeza a las relaciones, mejora la
competitividad y alienta las inversiones" (T3e69). Para él, una "eco-
nomía competitiva", como la que procura, "necesita un marco de
seguridad jurídica" (T3e72).
El mandatario, al igual que Menem (T2e29, 85), categoriza a las
personas pobres como "los más humildes" (T3e74). En el marco de
la relación causal entre el "deterioro del empleo" y la "exclusión
social y la vulnerabilidad" (T3e14), propone un "plan integral de
ataque a la pobreza" (T3e15).

El discurso del presidente Eduardo A. Duhalde


(1/1/2003 - 25/5/2003)

Entre los nudos de la red semántica del texto de Duhalde se en-


cuentra la palabra "crisis", a la que califica, por un lado, como "de
representatividad" (T4e6), de "confianza" (T4e40), o como una "cri-
sis" a la que hay que dar "batalla" (T4e82) y que no es "sólo econó-
mica, política o social, sino fundamentalmente espiritual" (T4e173).
Por otro lado, refiriere a varias "crisis" "superpuestas" (T4e96). "Esta
crisis que nos tiene paralizados", sostiene, puede ser "la gran opor-
tunidad para el cambio, para volver a creer en nosotros mismos y

117
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

cortar el ciclo de la decadencia" (T4e123). Los términos "cambio",


"nueva/o" vienen luego a constituirse también en nudos de la red
semántica, en particular en aquello que concierne a las propuestas
del presidente para superar la "crisis".
Duhalde proyecta reconstruir el "capital social" del país (T4e65)
para "terminar con una etapa sombría en materia social y para recu-
perar la fe en un futuro con justicia" (T4e67). Acude a la metáfora
de la personificación de la nación y a la oposición implícita "muer-
te"/"vida" para describir el pasado y proyectar promisoriamente el
futuro: "No es lo mismo el sufrimiento de la agonía, que el dolor
esperanzado del parto de una nueva nación" (T4e68).
El presidente califica como "modelo perverso" al que se acaba
de "dejar atrás", y destaca entre sus consecuencias: la destrucción,
la desarticulación del "aparato productivo" (T4e87, 91); la desapa-
rición no sólo de empresas, sino de ramas enteras de la industria; el
desempleo, que "alcanzó niveles nunca registrados" en el país
(T4e91); el endeudamiento, la pobreza y la "injusta distribución de
la riqueza" (T4e93).
Duhalde construye su imagen mediante el delineamiento de un
"nuevo rumbo" (T4e85) para el futuro, tal como lo he señalado res-
pecto de los textos ya examinados. Dentro de ese futuro se ubican las
acciones, consecuencia de los compromisos que asume, como, entre
otros: "llevar adelante una política de Estado en materia de justicia"
(T4e42) y "garantizar la paz". Para él, "en una sociedad enferma de
injusticia" (T4e47) "hay una sola garantía para la paz: la justicia so-
cial" (T4e56). Esa justicia social es, para el hablante, históricamente,
uno de "nuestros máximos y más entrañables valores" (T4e55).
Como el conjunto de los presidentes, Duhalde se posiciona en
un presente desde el que describe y califica el pasado y avizora,
cuando no prescribe, el futuro. Las oposiciones le sirven para con-
traponer positivamente el futuro al pasado, y las metáforas, para
ubicarlo a él en un sitio preferencial respecto del diseño y realiza-
ción de ese futuro. De forma tal, define su gobierno como "de tran-
sición" (T4e167), y le da a esa transición el significado de "viraje

118
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

histórico frente al quiebre total de un modelo fracasado" (T4e169),


de "bisagra entre una Argentina humillada y una nueva que intenta
duramente ponerse de pie" (T4e170). Declara, seguidamente, su
compromiso de "enfrentar la tormenta y conducir a la Argentina
hasta aguas tranquilas, donde pueda desplegar sus velas y navegar
con normalidad" (T4e172). La nación es representada ya sea como
una persona débil que ha encontrado quien la "sostenga", o como un
barco a la deriva que pareciera haber entregado su timón a un Odiseo
para poder arribar, por fin, a las ansiadas playas de Ítaca.
Duhalde expresa su compromiso "de abrir un nuevo ciclo"
(T4e168) y, en una emisión en la que la primera persona está refor-
zada por la reiteración del posesivo "mi", alude a los rasgos más
salientes de su identidad en relación con la capacidad y la voluntad
de cumplir sus promesas: "De mi parte, estoy dispuesto a dar todo:
mi empeño, mi fuerza, mi experiencia, mi coraje, mi fe, y el com-
promiso de mi acción y mi palabra" (T4e175). Convoca al "renaci-
miento de la Argentina" (T4e142) y, para justificar la propuesta y
motivar la adhesión a ella, evoca a una oposición implícita entre
liberación y dependencia: "O peleamos todos por este proyecto de
nación soberana, o nos resignamos a ser -en el mejor de los casos-
una factoría próspera" (T4e143).
El mandatario pretende no sólo "superar la grave coyuntura",
sino, además, "sentar las primeras bases de un verdadero desarrollo
humano sustentable, con inclusión y equidad" (T4e63, 84, 104). La
superación de las distintas crisis requiere, para él, un "profundo cam-
bio cultural" que haga posible el "nuevo modelo económico"
(T4e125), para después "rescatar la mejor tradición productiva de
la Argentina, que consiste en convertir la cultura del trabajo en mo-
tor del desarrollo" (T4e126).
Al igual que de la Rúa (T3e14), establece la relación causal entre
la "desocupación" y la "exclusión" (T4e49-51), y asevera que, "en
una sociedad enferma de injusticia" (T4e47) y con una "justicia
ineficiente", son "los más pobres y desamparados" los más perjudi-
cados (T4e44).

119
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Se propone, como de la Rúa (T3e15) y Kirchner (T5e94), lu-


char "contra la pobreza" que "está destruyendo millones de hoga-
res" (T4e29). Apelando a la "justicia social" (T4e56), en la que
califica como "sociedad en quiebra", categoriza metafóricamente
a las personas pobres como "acreedores preferenciales" (T4e57).
Fija prioridades en procura de evitar que "los costos de las crisis
no vuelvan a recaer sobre los sectores más vulnerables" (T4e70),
y propone "programas sociales para atender a los más desampara-
dos" (T4e72).

El discurso del presidente Néstor C. Kirchner


(25/5/2003 - 10/12/07)

Desde las primeras emisiones de su discurso, Kirchner plantea la


oposición entre el pasado y el presente y el futuro, asociando este
último con el cambio y con su propia capacidad para conducirlo.
Fundamenta su idoneidad en que sabe a dónde va y a dónde no
quiere ir (T5e3), y en que está legitimado para actuar, debido a que
son las "ciudadanas y ciudadanos" (T5e4) quienes, "en ejercicio de
la soberanía popular, se decidieron por el avance decidido hacia lo
nuevo, dar vuelta una página de la historia". Para él, "cambio es el
nombre del futuro" (T5e8). Las palabras "cambio" y "nuevo/a" cons-
tituyen los nudos de la red semántica de su texto, y se reiteran a lo
largo de todo su discurso. No obstante, el contenido semántico de
esos términos debe ponerse, como en el conjunto de los textos del
corpus, en relación con los modelos interpretativos del hablante.
"Nuestro pasado está pleno de fracasos, dolor, enfrentamientos, ener-
gías mal gastadas en luchas estériles", asegura, "en estas condicio-
nes [...] para poder tener futuro y no repetir nuestro pasado, necesi-
tamos enfrentar con plenitud el desafío del cambio" (T5e6, 7). De
esta manera, después de revisar críticamente las dos décadas ante-
riores que, para él, terminaron en el incremento "del desprestigio de
la política y el derrumbe del país" (T5e13), manifiesta que "en este

120
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

nuevo milenio, superando el pasado, el éxito de las políticas deberá


medirse bajo otros parámetros en orden a nuevos paradigmas"
(T5e14). La siguiente emisión sintetiza su postura: "Deben encarar-
se los cambios con decisión y coraje, avanzando sin pausas, pero
sin depositar la confianza en jugadas mágicas o salvadoras, ni en
genialidades aisladas" (T5E18). En este, como en el resto de los
textos analizados, la presencia de términos modales deónticos como
"deben", en relación con la forma de producir los "cambios", le sir-
ve al presidente, a nivel argumentativo, para medir el grado de se-
guridad de la afirmación (Lo Cascio, 1991: 153). Dada la necesidad
que ese verbo impone, esa seguridad es elevada y, por tanto, la solu-
ción elegida aparece como la única alternativa posible (Toulmin,
1983: 18-20).
Dentro de la "nueva lógica" que Kirchner propone, en la que la
acción reemplaza al discurso (T5e17), convoca a "inventar el futu-
ro" sustituyendo la "oposición" por la "cooperación" (T5e2), en tér-
minos similares a los empleados por De la Rúa (T3e84). En emisio-
nes sucesivas opone el "cambio" al "inmovilismo" (T5e20), y con-
cluyendo su discurso se identifica como parte de la "nueva genera-
ción de argentinos" que "llama al conjunto social para sumar, no
para dividir. Para avanzar y no para retroceder" (T5e102). Ensegui-
da se ubica como "parte de una generación diezmada" y se presenta
como "creyendo" en "valores y convicciones" que no "piensa" aban-
donar (T5e104). Por fin, invoca la "ayuda de Dios" para "iniciar un
nuevo tiempo, que nos encuentre codo a codo en la lucha por lograr
el progreso y la inclusión social, poniéndole una bisagra a la histo-
ria" (T5e106). Coincide con Duhalde en la forma en que presenta su
propuesta y en la función que le cabe en ella. Este último presiden-
te, como fue señalado, también declara abrir un "nuevo ciclo"
(T4e168), definiendo como "una bisagra" (T4e170) su gobierno de
transición.
Convoca a todos los ciudadanos a compartir "el amplio espacio
común de un proyecto nacional" (T5e21) e, inmediatamente, mani-
fiesta su "idea de reconstruir un capitalismo nacional" que posibili-

121
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

te "reinstalar la movilidad social ascendente" (T5e22). Esta pers-


pectiva coincide con la expresada el 2 de septiembre de 2003 en el
acto conmemorativo del día de la industria. Allí el presidente invita
a iniciar "un nuevo ciclo virtuoso construyendo un capitalismo en
serio".
Para Kirchner, los "sectores más vulnerables de la sociedad" que
deben ser protegidos por el Estado no son, como para los presiden-
tes cuyos textos he examinado, las personas pobres, sino "los traba-
jadores, los jubilados, los pensionados, los usuarios y los consumi-
dores" (T5e27). Proyecta profundizar la contención social de las
"familias en riesgo" y la asistencia a "quienes se encuentran debajo
de la línea de pobreza" (T5e35). Categoriza, y a la vez califica, a las
personas pobres como las "que menos tienen" (T5e55) o como "los
sectores de menos ingresos" (T5e60), mencionando a los
"desprotegidos" (T5e63), al igual que Alfonsín (T1e160). Conside-
ra, a la vez, la "pobreza económica" y la "pobreza cívica", "moral",
cultural (T5e28). En términos similares, Menem apunta a la "pobre-
za material" y a la "miseria moral" (T2e379).
Kirchner instala un conjunto de relaciones causales como nece-
sarias: la de la educación con la "inclusión" (T5e37); la del pago de
la "deuda" con el "hambre y la exclusión" (T5e82, 85); la del creci-
miento de la pobreza con el aumento de la "conflictividad social"
(T5e82); la del "incremento de los delitos" con el "crecimiento de la
exclusión, la marginalidad" (T5e46). Un modelo alternativo a este
último, que presupone la relación necesaria entre delincuencia y
exclusión, sería el que cuestione ese vínculo, no demostrado, pero
que afecta la dignidad de las personas pobres y lleva a constreñir su
libertad. Los modelos alternativos son los que vienen a estrechar el
suelo común de las convicciones compartidas, a plantear el disenso
(Habermas, 1990: 88), y, en este caso, aquellos que acudirían a cues-
tionar el predominio del modelo de la seguridad por sobre el de la
dignidad vigente en el texto, y en las concepciones de actores, gru-
pos e instituciones sociales que privilegian el fortalecimiento del
control en desmedro de la justicia.

122
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El discurso de la presidenta Cristina Fernández


de Kirchner (10/12/07 - continúa)

La construcción del pasado que realiza Fernández de Kirchner


difiere de la de los presidentes anteriores. Su mandato no se muestra
como una propuesta de ruptura respecto del pasado, sino que se esta-
blece un corte en la progresión temporal. La fecha clave en esa pro-
gresión no es aquella en la que asume el cargo, el 10 de diciembre de
2007, sino aquella otra en la que lo asumió su esposo: el 25 de mayo
de 2003. Se percibe así un pasado reciente, el que abarca el lapso que
va entre la asunción del mandato presidencial por su esposo y el ini-
cio de su propio mandato, y un pasado distante que llega hasta el
mencionado 25 de mayo de 2003. La presidenta marca la continuidad
respecto del pasado reciente mediante la identificación con las "con-
vicciones" de Kirchner (T7e3). Emplea el nosotros inclusivo tanto
para referir al "proceso que hemos iniciado el 25 de mayo de 2003"
(T7e12) como para aludir a los que considera logros en "las cosas que
hemos hecho en estos cuatro años y medio" (T7e11, 18, 38), exigien-
do asimismo "el necesario reconocimiento a los logros obtenidos"
(T7e27). En el Mensaje ante la Asamblea Legislativa, pronunciado
tres meses después, esos logros conjuntos se ligan a "cinco años inin-
terrumpidos de crecimiento económico" (T6e5, 24), al "modelo de
acumulación", al "superávit" fiscal y comercial (T6e6), a la
"competitividad" adquirida (T6e21), al intento de resolución de pro-
blemas sociales como los vinculados al desempleo, a la pobreza
(T6e10), a la vivienda (T6e30) y a la educación (T6e50). Los "lo-
gros" son, pues, los resultados de las acciones positivas predicadas
respecto de la presidenta y de Kirchner, y por medio de los cuales se
reúnen el pasado reciente y el presente.
Con los términos "frustración", "fracaso" y "no poder" (T7e7), la
presidenta caracteriza negativamente el pasado distante. Fue Kirchner
quien, por contraposición, "pudo" revertir esos sentimientos que em-
bargaban a los argentinos y "torcer un destino que parecía incierto"
(T7e17).

123
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

El antagonismo pasado distante/pasado reciente y presente está


dado por los términos "crisis", "recesión" (T6e4, 15)/"crecimiento"
(T6e5, 6, 24), "acumulación" (T6e6), "competitividad" (T6e21). Los
últimos tres términos, unidos al pasado reciente, al presente y al futu-
ro, se constituyen además en los nudos de la red semántica del texto
de Fernández de Kirchner, quien se define como presidenta "de la
modernidad", rememora sus antecedentes parlamentarios (T7e13, 12),
identificándose con el auditorio, y subraya su "aporte a la construc-
ción del sistema democrático" (T7e23). Se autocategoriza, junto con
Kirchner, como miembro "de una generación que creyó en ideales y
en convicciones y que ni aun ante el fracaso y la muerte perdimos las
ilusiones y las fuerzas para cambiar el mundo" (T7e50). Toma como
ejemplo para su acción futura el de Eva Perón y el de las Madres de
Plaza de Mayo (T7e53).
Alude, también negativamente, al pasado distante a través de la
mención de "la política del ajuste permanente que caracterizó la déca-
da de los noventa" (T7e13); "la presión permanente sobre el Parla-
mento de los organismos multilaterales" (T7e14) en esos mismos años
y, "en los años ochenta", "las leyes de Obediencia Debida y Punto
Final", "también, arrancadas a este mismo Parlamento" (T7e15). Vol-
viendo a oponer la imagen de Kirchner a la de los presidentes anterio-
res a él, afirma que "volvió a resituar la política como el instrumento
válido para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y para torcer
un destino que parecía incierto, que parecía casi maldito por momen-
tos" (T7e17). De esta forma, según la presidenta, es a partir del man-
dato de su esposo, y no del propio (como en los anteriores discursos
presidenciales), que se produce una ruptura con el pasado y se modi-
fica el destino "incierto" de los argentinos.
Fernández de Kirchner propone "un modelo económico de acu-
mulación con matriz diversificada e inclusión social", y lo ubica en el
que denominé pasado reciente, esto es, en el proceso "iniciado el 25
de mayo de 2003" (T7e12, 18; T6e6). En su narrativa, construye el
futuro basándose en sus asunciones acerca del pasado reciente y el
presente (Shenhav, 2004: 82). Esos tres tiempos están signados, de

124
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

este modo, por la persistencia del modelo de acumulación, tal como


lo expresa, señalando que esa continuidad económica puede ponerse
en riesgo a causa del cambio político:

Se trata entonces de poder sentar las bases de acu-


mulación para que luego las elecciones democráti-
cas que marca la Constitución no signifiquen que
cada cuatro años los argentinos cambiamos de mo-
delo económico y en una política pendular termi-
namos frustrando todo. (T7e34)

Las metáforas empleadas en la caracterización del modelo pro-


puesto, tales como "sinergia" (T7e31) y "fuerza motriz" (T7e30),
coadyuvan a representarlo como en un constante movimiento que se
retroalimenta y que apunta a un objetivo primordial: mejorar la vida
de los argentinos.
Ese modelo de acumulación, "modelo de crecimiento" (T6e9) o
"modelo de acumulación y crecimiento" (T6e15), calificado como de
"profunda racionalidad e inteligencia" (T6e22), se presenta aunado al
"acuerdo de los argentinos en torno al modelo de país" (T6e10), acuer-
do que "tiene participación de los distintos sectores" (T6e13). Con
ambos, con el modelo y el acuerdo, en palabras de la presidenta, el
Parlamento "tiene un gran compromiso" (T6e91). La reiteración del
término "acumulación" tiene como contrapartida la ausencia del vo-
cablo "distribución" en el modelo interpretativo de la sociedad sub-
yacente en el texto.
La presidenta alude metafóricamente a la lucha "sin tregua" que ella
y su esposo entablaron contra la "desocupación, la indigencia y la po-
breza" (T7e11, T6e8), y a la propuesta de ambos de llegar "a la pobreza
de un dígito" (T6e10), expresando que "mientras haya un pobre, nadie
podrá estar conforme" (T6e11), "siempre va a faltar la victoria definiti-
va" (T7e11). Califica a las personas pobres como de "altísimo riesgo
social" (T6e74) y las ubica en "los sectores más vulnerables" (T7e37),
sectores a los que denomina "núcleos duros de la pobreza" (T6e72).

125
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Vincula las situaciones de pobreza con las "brechas de equidad en la


sociedad" (T7e37), proponiéndose "mejorar la movilidad social as-
cendente que ha sido precisamente la que ha caracterizado a este país"
(T7e39). Liga causalmente la equidad con la seguridad, manifestando
que "no solamente la multilateralidad, sino la equidad serán las que
permitirán vivir en un mundo más seguro" (T7e49).
Entre los valores comunes a los que Fernández de Kirchner apela,
la "seguridad" constituye una significativa referencia en su texto. Jus-
tamente, al tratar sobre ella vuelve, como en otras emisiones (T6e74),
a explicitar su perspectiva sistémica, tal como se exhibe en la siguien-
te expresión: "Yo creo en la necesidad de volver a una sociedad de
premios y castigos, donde los que delinquen y los que se equivocan
sean castigados y no sean luego a través del artilugio de las leyes o de
vaya a saber qué, lograr libertades, creo que es imprescindible para
reconstruir la confianza en el sistema" (T6e88), "el sistema no tiene
lagunas, se basta a sí mismo" (T6e84). La perspectiva sistémica pre-
supone la analogía del funcionamiento de la sociedad con el de los
organismos vivos. La sociedad como sistema persiste gracias a la ten-
dencia espontánea de sus componentes a mantener el funcionamiento
del todo como una unidad. La desviación, como perturbación del equi-
librio del proceso interactivo, constituye una violación a las normas
institucionalizadas, y, como tal, requiere del control social para ase-
gurar los procesos de integración: a mayor capacidad disgregadora de
los conflictos, mayor será la necesidad funcional de su control (Parsons,
1966: 260, 176). Esta perspectiva se apoya, entre otros, en los si-
guientes presupuestos a) el de la legalidad, el de la normatividad pos-
tuladas respecto de la naturaleza, y, por ende, b) los de la pretendida
unicausalidad e irreversibilidad asignada a los procesos sociales.

Reflexiones finales

En los textos analizados, las comparaciones por oposición


(Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1989: 376) constituyen la estrategia

126
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

argumentativa más relevante. El pasado, en términos léxica y/o


semánticamente negativos, se contrapone al presente y al futuro,
ambos en términos positivos. Esa representación positiva se trans-
fiere a la imagen del hablante, la que incorpora y ejemplifica los
valores oficialmente acreditados de la sociedad (Goffman, 1959:
47-48), con el consiguiente deseo de que esa imagen sea apreciada
y aprobada (Brown y Levinson, 1978: 66-67). Apelando a este re-
curso, los mandatarios ubican las situaciones de pobreza como par-
te del que representan como contexto catástrofe (Vasilachis de
Gialdino, 1997: 47), con el que afirman haberse encontrado al asu-
mir su cargo (T1e25, T2e294, T4e28-29, T5e11, T6e8) y al cual,
recurriendo a las promesas (Austin, 1982: 53, 205; Searle, 1986:
69), se muestran en condiciones de superar en el futuro.
La necesidad de los presidentes de posicionarse entre el pasado
y el futuro y de autorrepresentarse como la única puerta legítima y
posible de acceso a este futuro me condujo a conceptualizar como
emisión bisagra a aquella que contiene la expresión mediante la
cual los hablantes se sitúan temporal, política y socialmente, mar-
cando el carácter imprescindible de su presencia, de su acción y del
sentido de esta. De este modo, mediante su narrativa construyen la
historia, al mismo tiempo que definen y legitiman su protagonismo
en ella, erigiendo el presente a la luz del pasado (Shenhav, 2006:
246). Un momento de su biografía personal se constituye así en
fundamental para la transformación de la historia nacional. La re-
presentación del contexto social, económico y político construida
en los distintos discursos varía por tanto dramáticamente de uno a
otro en términos del lenguaje usado, de los conceptos, temas y jui-
cios morales vertidos, y de la posición de los sujetos manifestada en
la narración (Davies y Harre, 1990: 2-3).
Los mandatarios presuponen un modelo interpretativo
sistémico (T1e22; T5e22; T7e39), armónico (T1e25; T2e211;
T3e85), evolucionista (T2e318; T4e126; T5e8), naturalista
(T3e14; T4e49-51; T5e46, T7e49) de la sociedad, a la vez que
promueven un modelo económico capitalista (T2e114-122;

127
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

T5e22), competitivo (T3e65; T6e21), productivo (T4e126), de


acumulación (T6e6).
Mientras a las personas pobres se las identifica "con" y "por" las
particularidades de la situación a la que han sido arrojadas, promo-
viendo la tergiversación ontológica de su común dignidad, la socie-
dad es representada metafórica y espacialmente (Fassin, 1996a: 68;
Fassin, 1996b: 263): dentro/fuera (teoría de la exclusión: T3e14,
T4e49, T5e11,82, T6e74, T7e37), arriba/abajo (teoría de la
underclass: T2e80, 313, T4e48, T5e35), centro/periferia (teoría de
la marginalidad: T1e107, T2e381). Este tipo de representación: ubi-
ca a las personas pobres fuera del centro vital en el que se toman las
decisiones en la sociedad; impide observar el carácter complejo y
relacional de las situaciones de pobreza, imprescindible para deter-
minar a los responsables de esas situaciones, a quienes las han pro-
ducido, las promueven y/o las conservan, beneficiándose con su
subsistencia; y, en consecuencia, tiende más a reproducir que a su-
perar la desigualdad (Koller y Davidson, 2008).
Tal representación se complementa y perfecciona con la
categorización y calificación realizadas de las personas pobres,
las que exhiben los procesos "des" que padecen: "desposesión",
"desamparo" (T1, 87, 333), "los más desposeídos" (T2e29), "los
más desamparados" (T4e44, 72); los "desprotegidos" (T5e63),
sin marcar, al mismo tiempo, los procesos "re" que encaran y
promueven, esto es, de resistencia, de reivindicación, de
redescubrimiento de habilidades, de restablecimiento de víncu-
los sociales, de redefinición de la propia identidad frente a las
representaciones creadas en torno de ellas (Vasilachis de Gialdino,
2003: 95; 2006b). A través de la apelación a los procesos "des"
para describir, interpretar y/o explicar las situaciones de pobreza
y definir, categorizar, calificar a las personas pobres, se recurre
argumentativamente al paradigma de la negación para marcar
aquello de lo que carecen, produciendo una imagen negativa de
ellas. Si la mención de los procesos "des" no se realiza acompa-
ñada de la de los procesos "re", se limita, se recorta, se tergiver-

128
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

sa la identidad de las personas pobres, se las discrimina. Esta


acción, que también es de privación de identidad, al igual que
las que resultan de subordinarlas a procesos ineludibles y de atri-
buirles roles pasivos, viene a fortalecer el entramado de las rela-
ciones de privación al que las personas pobres están sometidas.
Los procesos discriminatorios se consolidan, precisamente, a tra-
vés de la esencialización de las características existenciales y de
la negación del principio de igualdad esencial, de la común dig-
nidad; y, en esos procesos, tanto las categorías descriptivas sur-
gidas de teorías que dan prioridad a algunos aspecto de la reali-
dad por sobre otros (Berard, 2005), como los nombres que pro-
porcionan formas de conocer y de ser y construyen y reifican
lazos y divisiones sociales (Charmaz, 2006: 396), cumplen, con-
juntamente con las tipologías, las clasificaciones y los estereoti-
pos, una función de significativa relevancia en cuanto a, por un
lado, organizar la percepción y, por el otro, condicionar la eva-
luación y el reconocimiento de la posibilidad de transformar la
sociedad mediante la acción tanto individual como colectiva.

Bibliografía

Austin, J. L. (1982). Cómo hacer cosas con palabras. Barcelona:


Paidós.
Berard, T. (2005). "Rethinking Practices and Structures". En:
Philosophy of the Social Sciences, 35 (2), 196-230.
Blasko, D. (1999). "Only the tip of the iceberg: Who understands
what about metaphor?". En: Journal of Pragmatics, 31 (12),
1674-1683.
Bohman, J. (2007). "Beyond distributive justice and struggles for
recognition: Freedom, democracy, and critical theory". En:
European Journal of Political Theory, 6 (3), 267-276.
Bourdieu, P. y L. Wacquant (1999). "On the cunning of imperialist
reason". En: Theory, Culture & Society, 16 (1), 41-58.

129
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Brighenti, A. (2007). «Visibility: A category for the Social Sciences».


En: Current Sociology, 55 (3), 323-342.
Brown, P. y S. Levinson (1978). «Universals in language usage:
politeness phenomena». En: E. Goody (ed.), Questions and
politeness. Cambridge: Cambridge University Press.
Creswell, J. (1988). Qualitative inquiry and research design. Choosing
among five traditions. Thousand Oaks, California: Sage.
–– (2009). Research Design. Qualitative, Quantitative, and Mixed
Methods Approaches. Thousand Oaks, California: Sage.
Charmaz, K. (2006). «The power of Names». En: Journal of
Contemporary Ethnography, 35 (4), 396-399.
Chilton, P. y Ch. Schäffner (1997). «Discourse and politics». En:
Teun van Dijk (ed.), Discourse as social interaction. London:
Sage.
–– (2002). Politics as text and talk: analytic approaches to political
discourse? Amsterdam: John Benjamins.
Davies, B. y R. Harre (1990). «Positioning: The discursive
production of selves». En línea: http://www.massey.ac.nz/
~alock/position.htm (Consulta: 14 de mayo de 2007).
Eglin, P. (2002). «Members’ gendering work: ‘women’, ‘feminist’
and membership categorization analysis». En: Discourse &
Society, 13 (6), 819-825.
Fairclough, N. y R. Wodak (1997). «Critical discourse analysis».
En: Teun van Dijk (ed.), Discourse as social interaction. Lon-
dres: Sage.
Fassin, D. (1996a). «Exclusion, underclass, marginalidad». En:
Revue Française de Sociologie XXXVII, 37-75.
–– (1996b). «Marginalidad et Marginados. La construction de la
pauvreté urbaine en Amérique latine». En: Serge Paugam (ed.)
L’Exclusion, l’état des savoirs. París: Éditions la Découverte.
Fine, M. (2007). «Expanding the methodological imagination». En:
The Counseling Psychologist, 35 (3), 459-473.
Flick, U. (1998). An introduction to qualitative research. Londres:
Sage.

130
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Fowler, R. (1985). «Power». En: Teun van Dijk (ed.), Handbook


of Discourse Analysis, Vol. 4, 61-82. Londres: Academic
Press, Inc.
–– (1996). Linguistic criticism. Oxford: Oxford University Press.
Giora, R. (1999). «On the priority of salient meanings: Studies of
literal and figurative language». En: Journal of Pragmatics, 31
(7), 919-929.
Glucksberg, S. y M. McGlone (1999) «When love is not a journey:
What metaphors mean». En: Journal of Pragmatics, 31 (12),
1541-1558.
Goffman, E. (1959). La presentación de la persona en la vida coti-
diana. Buenos Aires: Amorrortu.
Habermas, J. (1990). Pensamiento postmetafísico. Madrid: Taurus.
Halliday, M. A. K. y R. Hasan (1997). Cohesion in English. Lon-
dres: Longman Group Limited.
Haverkamp, B. y R. Young (2007). «Paradigms, purpose, and the role
of the literature: Formulating a rationale for qualitative
investigations». En: The Counseling Psychologist, 35 (2), 265-294.
Housley, W. y R. Fitzgerald (2002). «The reconsidered model of
membership categorization analysis». En: Qualitative Research,
2 (1), 59-83.
–– (2009). «Membership categorization, culture and norms in
action». En: Discourse & Society, 20 (3), 345-362.
Jayyusi, L. (1984). Categorization and the Moral Order. Boston:
Routledge and Keagan Paul.
Koller V. y P. Davidson (2008). «Social exclusion as conceptual
and grammatical metaphor: a cross-genre study of British policy-
making». En: Discourse & Society, 19 (3), 307-331.
Lakoff, G. (1995). Metaphor, Morality, and Politics, Or, Why
Conservatives Have Left Liberals In the Dust. En línea: http://
www.wwcd.org/issues/Lakoff.html (Consulta: 14 de mayo de
2007).
Lakoff, G. y M. Johson (1995). Metáforas de la vida cotidiana.
Madrid: Cátedra.

131
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Leudar, I., V. Marsland y J. Nekvapil (2004). «On membership


categorization: ‘us’, ‘them’ and ‘doing violence’ in political
discourse». En: Discourse & Society, 15 (2-3): 243-266.
Lo Cascio, V. (1991). Grammatica dell’argomentare. Strategie e
strutture. Florencia: La Nuova Italia.
Lyotard, J.- F. (1991). La condición posmoderna. Buenos Aires: REI.
Marshall, C.y G. Rossman (1999). Designing qualitative research.
Thousand Oaks, California: Sage.
Mason, J. (1996). Qualitative researching. Londres: Sage.
Maxwell, J. (1996). Qualitative research design. An interactive
approach. Thousand Oaks, California: Sage.
–– (2004). «Reemergent Scientism, Postmodernism, and Dialogue
Across Differences». En: Qualitative Inquiry, 10 (1), 35-41.
Morse, J. (2005). «What Is Qualitative Research». En: Qualitative
Health Research, 15 (7), 859-860.
Parsons, T. (1966). El Sistema Social. Madrid: Revista de Occidente.
Perelman, Ch. (1979). La lógica jurídica y la nueva retórica. Ma-
drid: Civitas.
Perelman, Ch. y L. Olbrechts-Tyteca (1989). Tratado de la Argu-
mentación. La nueva retórica. Madrid: Gredos.
Sacks, H. (1992). Lectures on conversation. Oxford, Blackwell.
Searle, J. (1986). Actos de habla. Madrid: Cátedra.
Semino, E. (2002). «A sturdy baby or a derailing train? Metaphorical
representations of the euro in British and Italian newspapers».
En: Text, 22 (1), 107-139.
Shenhav, Sh. (2004). «Once upon a time there was a nation: narrative
conceptualization analysis. The concept of ‘nation’ in the
discourse of Israeli Likud Party leaders». En: Discourse &
Society, 15 (1), 81-104.
–– (2006). «Political Narratives and Political Reality». En:
International Political Science Review, 27 (3), 245-262.
Silverman, D. (1994). Interpreting Qualitative Data. Londres: Sage.
–– (2000). Doing qualitative research. A practical handbook. Lon-
dres: Sage.

132
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Toulmin, S. (1983). The uses of argument. Cambridge: Cambridge


University Press.
Van Dijk, T. (1993). «Principles of critical discourse analysis». En:
Discourse & Society, 4 (2), 249-283.
–– (2006). «Discourse and manipulation». En: Discourse & Society,
17 (3), 359-384.
Vasilachis de Gialdino, I. (1992). Métodos cualitativos. Los proble-
mas teórico-epistemológicos. Buenos Aires: Centro Editor de
América Latina.
–– (1997). La construcción de representaciones sociales: el discur-
so político y la prensa escrita. Barcelona: Gedisa.
–– (2003). Pobres, pobreza, identidad y representaciones sociales.
Barcelona: Gedisa.
–– (coord.) (2006a). Estrategias de investigación cualitativa. Bar-
celona: Gedisa.
–– (2006b). «Identity, poverty situations and the Epistemology of
the Known Subject». En: Sociology, 40 (3), 473-491.
–– (2007a). «Condiciones de trabajo y representaciones sociales. El
discurso político, el discurso judicial y la prensa escrita a la luz
del análisis sociológico-lingüístico del discurso». En: Discurso
& Sociedad, 1 (1), 148-187.
–– (2007b). «Representations of young people associated with crime
in El Salvador’s written press». En: Critical Discourse Studies,
4 (1), 1-28.
Windisch, U. (2008). «Daily political communication and
argumentation in direct democracy: advocates and opponents
of nuclear energy». En: Discourse & Society, 19 (1), 85-98.
Whittemore, R.; S. Chase y C. Mandle (2001). «Validity in qualitative
research». En: Qualitative Health Research, 11 (4), 522-537.
Wacquant, L. (2007). «Territorial stigmatization in the age of
advanced marginality». En: Thesis Eleven, 91, 66-77.
–– (2008). «Ghettos and Anti-Ghettos: An Anatomy of the New
Urban Poverty». En: Thesis Eleven, 94, 113-18.

133
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Wodak, R. & R. de Cillia (2007). «Commemorating the past: The


discursive construction of official narratives about the ‘Rebirth
of the Second Austrian Republic’». En: Discourse &
Communication, 1 (3), 337-363.

134
De los mecanismos argumentativos en
un ejemplo de debate parlamentario

Hernán A. Biscayart

El discurso parlamentario como subtipo del discurso


argumentativo

Para Perelman y Olbrechts-Tyteca, en su ya clásico Traité de


l’argumentation, la teoría de la argumentación tiene como objeto
«el estudio de las técnicas discursivas que permiten provocar o in-
crementar la adhesión de los espíritus a las tesis presentadas para su
asentimiento» (1970: 5).1 Jean-Baptiste Grize, por su parte, destaca
que la argumentación es «un procedimiento dirigido a intervenir
sobre la opinión, la actitud e incluso el comportamiento de alguien»
(1990: 40). En este sentido, el discurso resulta un medio imprescin-
dible para lograr esa persuasión. A su vez, Van Eemeren et al. se
refieren al componente interactivo que determina toda situación
argumentativa:

1
La traducción es mía.

135
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

La argumentación es una actividad verbal y social


cuya meta es reforzar o debilitar la aceptabilidad
de un punto de vista controvertido ante un oyente
o lector, emitiendo una constelación de proposi-
ciones destinadas a justificar [o a refutar] ese punto
de vista ante un juez racional. (1996: 5)

Desde estas premisas generales abordaremos un ejemplo de


interacción argumentativa que tiene lugar en el espacio político: el
debate parlamentario, cuyas líneas generales iremos caracterizando
en el transcurso de nuestro análisis.
El marco teórico desde el que se puede analizar el discurso par-
lamentario es variado, pero un buen acercamiento al tema desde la
perspectiva de la argumentación y la pragmática es el libro Parla-
mentos. Teoría de la argumentación y debate parlamentario (2007)
cuyo editor, Roberto Marafioti, reseña esta vertiente teórica en su
artículo «Discurso parlamentario: entre la política y la argumenta-
ción». A él nos referiremos en distintos momentos de este trabajo.
En otro de los artículos que conforman el referido volumen, María
Elena Bitonte y Zelma Dumm observan que

El análisis del discurso parlamentario no es un


asunto simple por varias razones: 1) por la com-
plejidad de su propia dinámica interaccional; 2)
por el tipo de circuito comunicacional al que está
expuesto (condiciones de producción, circulación
y consumo), y 3) por la dificultad de precisar sus
características específicas, teniendo en cuenta la
variedad de géneros discursivos emparentados
(diálogo, negociación, controversia, debate, etcé-
tera). (Marafioti, 2007: 174)

Por lo expuesto, tomaremos el corpus que se analizará a conti-


nuación desde la perspectiva del debate, sin perjuicio de que algu-

136
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

nos de sus tramos puedan corresponder a otras tipologías del discur-


so parlamentario.

Los antecedentes del debate

En marzo de 2002 tuvo lugar en la Cámara de Diputados de la


Nación el debate referido a un proyecto de modificación de la alí-
cuota del Impuesto al Valor Agregado a una serie de productos de
origen agropecuario. En dichas circunstancias, como se recordará,
Argentina estaba atravesando una severa crisis política y económi-
ca, una de cuyas manifestaciones fue la gran devaluación que sufrió
el peso tras el abandono del régimen de convertibilidad y la declara-
ción de cesación de pagos de la abultada deuda externa.
La devaluación contribuyó a mejorar la competitividad externa
del país al favorecer los procesos de sustitución de importaciones y
potenciar las exportaciones, en especial las del sector agropecuario.
Esto, a su vez, permitió revertir el ostensible desequilibrio fiscal
que había llevado a la mencionada situación de cesación de pagos.
Ante este nuevo cuadro, lo que se discute en este debate es en
qué medida se compatibiliza la necesidad del Estado de hallar for-
mas de financiamiento genuinas con la pretensión de los sectores
objetivamente favorecidos por la nueva situación. Esta polémica se
reactualizará años después en un contexto diferente, pero la situa-
ción que se presentaba en 2002 permite ver que ciertos argumentos
planteados por diputados con trayectoria previa como dirigentes de
las entidades tradicionales del sector agropecuario se han manteni-
do constantes. A esta posición debe sumarse la de otros representan-
tes de provincias cuya producción agropecuaria es una de sus prin-
cipales fuentes de recursos.
Este debate se inscribe en la caracterización del período bajo
análisis que propone Marafioti (2007: 94), quien habla de una «pér-
dida de protagonismo específico» del Poder Legislativo, que lo con-
vertiría en un «apéndice funcional» del Poder Ejecutivo. También

137
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

se refiere al «desdibujamiento de la identidad político-discursiva»


de los protagonistas parlamentarios, lo cual ha llevado a la frag-
mentación de los bloques partidarios.
El proyecto presentado por el Poder Ejecutivo planteaba una
modificación en la ley que rige el Impuesto al Valor Agregado –uno
de los que genera mayor recaudación fiscal en el país, si bien en una
época de fuerte crisis económica y caída en el nivel de consumo su
participación había disminuido al 34 por ciento el año anterior (Sainz:
2004)–. La Ley N.º 23.349, en su artículo 28, faculta al Poder Eje-
cutivo a «reducir con carácter general las alícuotas establecidas en
los párrafos anteriores y para establecer alícuotas diferenciales in-
feriores en hasta un cincuenta por ciento (50 por ciento) de la tasa
general». Posteriormente se añadió un párrafo que establece cuáles
son los productos incluidos en esa excepción.
La modificación propuesta para el artículo 28, entre otros bene-
ficios para el sector agropecuario, rezaba:

Incorpórase al inciso a) del cuarto párrafo del


artículo 28, el siguiente punto: ‘5. Granos –cereales
y oleaginosos– y legumbres secas –porotos, arvejas
y lentejas–’ (el proyecto finalmente aprobado
excluye al arroz) y [...] Sustitúyese el inciso b) del
cuarto párrafo del artículo 28 por el siguiente: ‘b)
Las siguientes obras, locaciones y prestaciones de
servicios vinculadas con la obtención de bienes
comprendidos en los puntos 1, 3 y 5 del inciso a):
1. Labores culturales (preparación, roturación, etc.,
del suelo). 2. Siembra y/o plantación. 3. Aplicación
de agroquímicos y/o fertilizantes. 4. Cosecha’.

La versión que pasó al texto legal consistió en un cambio en el


punto 3, que quedó redactado como «Aplicaciones de
agroquímicos», agregándose como punto 4 «Fertilizantes, su apli-
cación» y pasando el anterior punto 4 como 5. En consecuencia,

138
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

los productos mencionados pagarían una tasa de IVA equivalente


al 10,5 por ciento de su valor.
La naturaleza de la ley que se discute es, por lo tanto, presupues-
taria y, en el caso particular de la Cámara de Diputados, la Comi-
sión de Presupuesto tiene un carácter estratégico. Según observa
Marafioti, «el pasaje y la aprobación de un proyecto por esa comi-
sión garantiza, en la mayoría de los casos, su tratamiento favorable
en el recinto» (2007: 97).

El desarrollo del debate

En el debate del proyecto del Poder Ejecutivo, el miembro infor-


mante del bloque justicialista, el diputado Jorge Matzkin, al presen-
tarlo en el recinto señaló, entre otras cuestiones:2

Quiero recordar a los señores diputados que los


productos de exportación no llevan impuesto [...]
Anualmente los exportadores solicitan al gobier-
no la devolución, en concepto de impuestos con-
tenidos en la producción de granos y oleaginosas,
de aproximadamente 800 millones de pesos. De
acuerdo con el artículo 43 de la Ley del impuesto
al valor agregado, el Estado está obligado a de-
volver ese impuesto. El problema es que no tene-
mos la certeza de que se haya recaudado antes.
Más aún, es muy posible que en muchos casos esa
recaudación no se haya producido.

Cabe destacar que el proyecto de ley no buscaba modificar ese


artículo 43. El diputado Matzkin denuncia los mecanismos de eva-

2
Las intervenciones reseñadas corresponden a la sesión del 13 de marzo de 2002
(www.diputados.gov.ar).

139
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

sión que se darían en la cadena de comercialización al aludir a la


figura del «valijero»:

Así se conoce en el medio al que compra al pro-


ductor los granos, con una valija de efectivo –ob-
viamente en negro, sin pagar impuestos–, lo trans-
porta y luego blanquea la operación vendiendo la
producción al exportador a través de una sociedad
fantasma, o mediante testaferros con domicilios
falsos. Al vender la producción que compró en ne-
gro, sin pagar el IVA, a un exportador de buena fe
al cual sí le cobra el IVA, realiza un negocio muy
jugoso, pues se queda con el 21 por ciento del im-
puesto al valor agregado que nunca será deposita-
do en las arcas del Estado. A su vez, el exportador
irá luego a reclamar al Estado la devolución de un
impuesto que en realidad no fue recaudado.

El objetivo del proyecto no sería, entonces, combatir la evasión, sino


reducir su margen, con lo cual se la desalentaría, sin que eso afecte la
rentabilidad del productor. Así lo sigue presentando el diputado Matzkin:

A efectos de no perjudicar al productor


agropecuario, estamos prácticamente completan-
do el ciclo para que los insumos también estén en
línea con el impuesto que se va a pagar o cobrar.
Si va a tener insumos al 10,5 por ciento y sus pro-
ductos se venden al mismo porcentaje, sus saldos
estarán más o menos relacionados y no habría aquí
desfases significativos.

También podría verse como el reconocimiento de que el Estado


no puede garantizar la disminución de la evasión y procura por lo
tanto desincentivarla.

140
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Matzkin admite, en cambio, que el Estado se encuentra imposi-


bilitado de reintegrar a los productores un impuesto a cuya devolu-
ción tendrían derecho, incluyendo en este concepto al Estado nacio-
nal y a las provincias, ya que el IVA es un impuesto recaudado por
la nación y distribuido parcialmente a las provincias.
El diputado de la Unión Cívica Radical por la provincia de Jujuy,
Miguel Ángel Giubergia, reconoce los motivos expuestos por
Matzkin, pero señala:

creemos que el crédito fiscal sí puede ser com-


pensado con otros tributos que deben hacer efec-
tivo nuestros productores. Además, de sancionarse
esta norma tal cual se propone, se estaría dejando
de lado la inversión, que es lo que en las actuales
circunstancias necesita la República Argentina.

Giubergia introduce un nuevo elemento de análisis al poner como


objetivo de la legislación no solamente paliar las consecuencias de
la evasión, sino favorecer la inversión que sería necesaria para salir
de la fuerte recesión económica que afectaba al país en aquel mo-
mento. El diputado Rafael Martínez Raymonda, del Bloque Fede-
ral, integrado principalmente por legisladores de centroderecha del
interior del país, especialmente de las provincias de mayor produc-
ción agropecuaria, agrega:

El interés fiscal debe ser compatibilizado con el


del productor agropecuario legítimo y el interés
general del país en mantener el ritmo creciente de
la productividad de este sector. Estamos enorgu-
llecidos de dicho crecimiento; en menos de diez
años la Argentina prácticamente ha duplicado su
producción agropecuaria, ha extendido sus fron-
teras, ha mejorado la calidad de los productos, ha
disminuido los costos. Se ha puesto al campo con

141
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

precios realmente bajos en el mercado internacio-


nal, y se la ha pagado con deudas, con quebrantos
y con remates e hipotecas.

Martínez Raymonda –diputado por Santa Fe– esgrime el argu-


mento de que la rentabilidad del sector no sería posible debido a
que, si bien el productor percibe más pesos por su mercadería debi-
do al aumento generado por la devaluación del peso, los insumos
importados también son más caros:

Con los costos de los insumos que hay que pagar


en dólares –por ahora a un cambio de 2,50 pesos–
y una devolución de IVA de sólo 80 pesos, hay que
pensar mucho si se va a poder seguir usando la mis-
ma cantidad de fertilizantes porque la actividad
dejará de ser rentable. Y cuando perdamos este ele-
mento, que fue el ingrediente fundamental para
reactivar y crear esta explosiva producción
agropecuaria donde ya estamos pasando los 65 mi-
llones de toneladas,3 la vamos a poner en peligro si
dejamos que para los insumos en dólares se siga
manteniendo el 21 por ciento anterior mientras el
recupero –por esta disposición que se proyecta en
la presente iniciativa– es de apenas el 10,5 por ciento
en pesos de una suma mucho menor.

3
Las últimas estadísticas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca dispo-
nibles revelan que en la campaña 2006-2007 la producción de soja alcanzó los 47
millones de toneladas (http://www.minagri.gob.ar). En la campaña 2001-2002 ha-
bía sido de 30 millones. La producción total de granos ascendió a 96 millones de
toneladas en la campaña 2007-2008 y cayó abruptamente al año siguiente, por
factores climáticos a los que deberían sumarse las consecuencias del enfrenta-
miento entre la dirigencia sectorial y el Gobierno de la Nación. Sin embargo, la
producción prevista para el período 2009-2010, solamente para la soja, alcanzaría
los 52 millones de toneladas (http://mx.reuters.com/article/topNews/
idARN0214740620100302).

142
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

En apoyo de sus afirmaciones aporta algunos datos: «Por más que


la devaluación ha mejorado el valor de los precios en pesos de la
mercadería agropecuaria a exportar, no ha llegado a ser equivalente a
la verdadera aplicación de la tasa de exportación». En consecuencia,
propone que entre los productos sujetos a una modificación de la alí-
cuota del IVA se agreguen insumos tales como los costos de fumiga-
ción, lo que no afectará, según su opinión, el objetivo de mitigar los
efectos de la evasión y servirá, a su juicio, para «mejorar la ecuación
fiscal del productor, no del exportador, que es el que si a veces hacía
lo que señaló el señor diputado Matzkin, se quedaba no sólo con la
plata del gobierno sino con la del productor».4
El legislador Guillermo Alchourón –expresidente de la Socie-
dad Rural Argentina y diputado del partido formado por el exministro
de Economía Domingo Cavallo– va más allá que Martínez
Raymonda y plantea una defensa explícita de su sector, tratando de
desmitificar –con relativa fortuna– el estereotipo del productor
agropecuario como un hombre de riqueza económica:

En nuestra opinión es fundamental auspiciar y


alentar a nuestros productores, que no son los
exportadores sino los miles y miles de pequeños y
medianos productores, y también los grandes.
Porque no debemos pensar que un productor
agropecuario es un creso; habrá alguno que está

4
Martínez Raymonda, a fines de 2009, formuló, junto con el ex presidente de la
Junta Nacional de Granos Alberto Ferrari Etcheberry, una denuncia ante los presi-
dentes de ambas Cámaras del Congreso por la falta de funcionamiento de la comi-
sión bicameral prevista en la Ley N.º 26.397 (2008), que habría permitido la eva-
sión de 1.700 millones de dólares por parte de los exportadores de granos: «Martínez
Raymonda y Etcheberry recordaron que el objetivo que se le fijó a la comisión fue
investigar las irregularidades detectadas con las presentaciones anticipadas de ex-
portaciones de granos sin que se haya acreditado la tenencia o adquisición previa
de la mercadería. Con esa jugada, los exportadores eludieron el pago de las mayo-
res retenciones a las exportaciones agrícolas que el Gobierno había dispuesto a
fines de 2007» (http://www.clarin.com/diario/2009/12/20/elpais/p-02104660.htm).

143
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

en buena posición, pero la inmensa mayoría son


pequeños y medianos productores que todos los
días hacen sus números, los que evidentemente
deben mejorar porque de lo contrario no podre-
mos competir como corresponde en los mercados
internacionales.

Alchourón introduce argumentos que pueden considerarse una


constante en la defensa de los intereses del sector al que representa,
aunque no estén en juego inicialmente en el debate: la desigualdad
entre las políticas del Estado argentino hacia los exportadores de
materias primas agropecuarias y el incentivo que en otros países
reciben los mismos productores:

Actualmente, los mercados internacionales están


plagados de todo tipo de subsidios; nos cuesta
entrar en ellos porque entre las políticas de reten-
ciones y estos tratamientos arbitrarios estamos
alentando la posición del mercado internacional
que sostiene que si los argentinos nada hacemos
para mejorar nuestras condiciones de rentabilidad
no podemos pedir que otros países disminuyan los
subsidios y el proteccionismo.

Este tópico ha sido puesto a menudo como ejemplo del


«intervencionismo estatal» sobre la economía, que en realidad esta-
ría dado en ambos supuestos: el de las retenciones y el de los subsi-
dios. Las cifras que la producción argentina alcanzó en los años
posteriores desmienten en la práctica la gravedad del panorama pre-
sentado por Alchourón.
Pero no cabría atribuir las opiniones de los dos diputados cuya
intervención se reseñó anteriormente a su orientación política de-
clarada, ya que el diputado socialista Eduardo García, que represen-
ta a la provincia de Córdoba, coincide en líneas generales con la

144
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

postura de Alchourón: que en el punto b del artículo 28 de la ley se


incluyan los siguientes insumos: preparación y roturación del sue-
lo, siembra o plantación, aplicación de agroquímicos y fertilizantes,
y cosecha. Lo que finalmente se vota, como se ha señalado, difiere
del proyecto oficial en que ya no se coloca una posible disyunción
entre la aplicación de agroquímicos y fertilizantes, sino que se los
une mediante una cópula.
Lo que se está enfocando desde la perspectiva sectorial –el inte-
rés del productor– vuelve a su origen cuando el diputado radical
Héctor Romero denuncia la ineficiente política fiscal como causa
de lo expuesto por Matzkin:

La existencia del valijero tiene su razón de ser en


que nosotros no apuntamos a una reforma estruc-
tural del sistema que permita la contención de to-
dos los agentes del proceso económico. Porque si
hay valijero, hay productor, y si hay un productor
es porque este está en negro, es decir, no lo blan-
queamos adecuadamente. Y no lo blanqueamos
adecuadamente porque los impuestos son lo sufi-
cientemente altos como para impedir el ingreso.
En consecuencia, en lugar de crear aportantes al
sistema, estamos creando evasores con cada uno
de estos parches.

Romero agrega otra visión al planteo del diputado Alchourón,


que expresa el pensamiento del sector ruralista:

Todos estos instrumentos, al igual que las retencio-


nes –que son un instrumento, lo mismo que todas
esas otras medidas– no deben tomarse como un fin
en sí mismo sino como lo que son: un instrumento
para una política económica. Nosotros presentamos
un proyecto en contra de las retenciones pero así

145
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

como está planteado. Es decir, no estamos en con-


tra de que quien más gane tenga más carga, porque
eso hace a la equidad de la imposición.5

El diputado Romero, que representa a la provincia del Chaco,


expone las dificultades de los productores y el cambio en la estruc-
tura de cultivos: en la provincia se sembraban 600.000 hectáreas de
algodón, que han sido casi totalmente sustituidas por 550.000 hec-
táreas de soja, «de cuya producción más del 80 por ciento se destina
a exportación». Agrega:

Desde hace cinco años, los productores del Chaco


tienen los problemas que aquí se describieron y ca-
recen de toda rentabilidad. A raíz de la salida de la
convertibilidad están con la cuchara en la mano es-
perando la sopa que lloverá, pero no olviden que las
liquidaciones que realizan los productores no son al
dólar libre, porque los granos se están liquidando a
1,75 ó 1,80 pesos y el dólar libre está mucho más
arriba. Por lo tanto, hay una suerte de engaño en esto,
porque ahora vamos a cambiarles la cuchara con la
que esperan tomar esa sopa por un tenedor.

La diputada Alicia Castro, integrante de una escisión de la banca-


da del FREPASO, parte de la coalición que subió al poder en 1999 y
lo dejó dos años después, le responde a Alchourón en términos que
retomará el pensamiento del Poder Ejecutivo varios años después:

5
El diputado Romero anticipa de alguna manera la posición de los legisladores
que se opusieron a la aplicación de las retenciones móviles a la exportación de soja
durante los debates de 2008. Recuérdese que se pretendió entonces aplicar estas
retenciones por vía de una resolución ministerial, pero la presión de los sectores
que se consideraban perjudicados llevó a su tratamiento en el Congreso, con el
desempate del vicepresidente de la nación en la Cámara de Senadores que impidió
la aprobación del proyecto que buscaba dar categoría de ley a esta norma emanada
del Ministerio de Economía.

146
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El señor diputado Alchourón habló elocuentemente


de los pequeños y medianos productores, pero en
lugar de lo que él propone nosotros propiciamos
un tratamiento diferenciado para los pequeños y
para los grandes productores. Mediante la modifi-
cación de la ley se obliga a pagar el IVA el mes que
se facturó en lugar de hacerlo en el momento de
cobrar el dinero producido por la venta. Esta medi-
da puede ser positiva cuando se trata de empresas
grandes, pero acarrea graves problemas a las pe-
queñas unidades económicas y de producción.

La diputada Castro introduce un nuevo elemento al debate cuan-


do recuerda el funcionamiento del IAPI (Instituto Argentino para la
Promoción del Intercambio) durante el gobierno justicialista de 1946-
1955, que compraba la producción a los agricultores, y sugiere la
conveniencia de su recreación, que hasta el momento no fue anun-
ciada por las resistencias que seguramente generaría. Denuncia lue-
go las presiones de «un par de multinacionales» que se resisten a
liquidar 2.000 millones de dólares producto de las exportaciones,
en un momento de alta volatilidad de capitales, y agrega que «por lo
visto, están haciendo un lobby más fuerte que el de los ciudadanos a
los que se intenta alejar de las decisiones del Parlamento». En una
polémica posterior con otro representante de los intereses ruralistas,
el diputado Castellani (integrante del bloque de la Unión del Centro
Democrático por la provincia de Santa Fe), le solicita «con toda
humildad y respeto», que

exprese cuáles serían los fundamentos por los cua-


les la Argentina sería –quizá– el único país del
mundo donde las mayores ganancias, las ganancias
extraordinarias que van a recibir los exportadores
como consecuencia de la devaluación, no deberían
tener obvias retenciones cuyo fin sea el de equili-

147
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

brar los efectos distorsivos de la devaluación en los


sectores de ingresos fijos. En lugar de hablar con
consignas debemos explicar cuál es el fundamento
de la derecha para eximir a quienes tienen ganan-
cias extraordinarias de los impuestos más obvios
que se pagan en los países centrales.

Castellani le responde que todos los sectores se han empobreci-


do con la devaluación y utiliza un argumento que también sonará
familiar varios años después: «Esa costumbre de encontrar siempre
responsables en un momento en que la riqueza debe ser generada en
el país, y cuestionar muchas veces la rentabilidad, justamente hace
que los empleos y la generación de riquezas sean cada vez meno-
res». También apela a un razonamiento frecuente en los sectores
conservadores del país:

Los exportadores ganarán en este país como en


otros países del mundo; seguramente, no se ras-
garán las vestiduras por venir a nuestra Argentina
[...] En mi opinión, desde hace cincuenta años en
el Estado gastamos más de lo que producimos, y
las consecuencias son las que ahora vemos [...]
En los últimos diez años el campo multiplicó la
producción y generó divisas, que son tan necesa-
rias para el país [...] Muchas veces cuestionamos
las formas de producir y después tenemos que sa-
lir a pedir que nos presten divisas cuando real-
mente el campo las genera.6

6
En el contrapunto entre ambos diputados puede leerse un ejemplo de las posicio-
nes irreductibles que se manifestarán años después al discutirse, a mediados de
2008, las «retenciones móviles» a la exportación de soja. Para Castellani no es
válido hablar de «ganancias extraordinarias», prefiriendo volcar su crítica a los
«gastos extraordinarios» del Estado como causa de una presión impositiva que
«espantaría» a los inversores que tuvieran interés en colocar su capital en el país e

148
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El diputado justicialista por la provincia de Salta, Enrique


Tanoni, denuncia, en la línea de su colega Matzkin, que la defrau-
dación al fisco en un solo año equivale a «diez presupuestos com-
pletos de la provincia de Salta» y a la totalidad del presupuesto del
Congreso de la Nación, además de ser equivalente a «la educación
de 250.000 criaturas y del sistema de salud». Finaliza diciendo:

Vamos a enseñar a la gente de Ingresos Públicos


cómo son seis, siete o diez grupos económicos
los que comercializan la totalidad de la produc-
ción argentina, que es nuestra única salvación –y
en esto coincido con lo que dicen muchos legis-
ladores–, y así podremos encontrar la punta de
los quinientos mil valijeros que nos han robado
parte de la Nación.

Antes de proceder a la votación, Matzkin, diputado por la pro-


vincia de La Pampa, un territorio cuya principal actividad es la
agropecuaria, señala que «podría realizar un discurso en defensa
del sector de no menor calidad de los que hemos escuchado en
este debate. Podría desgarrarme las vestiduras en defensa del sec-
tor agropecuario, pero soy diputado de la Nación Argentina y no
de un sector». A continuación afirma: «En este momento es tan
buena la rentabilidad del sector agropecuario que no va a haber
una maceta en la que no se siembre. No se recuerda en qué época
la rentabilidad del sector fue tan alta como en la actualidad».

impediría la «generación de divisas». Castro caracteriza como «consignas de la


derecha» (calificativo frecuente en los debates de 2008) este planteo de Castellani
y propone explícitamente el retorno a medidas de gobierno puestas en práctica por
el primer peronismo, que ante la debilidad política del gobierno de transición no
son viables.

149
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Las funciones del debate parlamentario

Como puede observarse, la diversidad de mecanismos


argumentativos expuestos en el debate excede las posibilidades de
hacer aquí un análisis minucioso –baste citar el uso de figuras re-
tóricas como la hipérbole en la intervención precedente de Matzkin,
la metáfora de la cuchara y la sopa del discurso de Romero, o la
comparación entre el monto de la evasión anual y el del presu-
puesto de una provincia que expone Tanoni–, pero no pueden de-
jar de destacarse ciertas funciones típicas del debate parlamenta-
rio: a) la figura del miembro informante (Matzkin), que expone su
condición de diputado de la nación, antes que representante secto-
rial e incluso por encima de los potenciales intereses de su electo-
rado, focalizada en el logos y en el ethos; b) el otro diputado
oficialista, Tanoni, que reclama del Estado mayor eficiencia en su
función recaudadora; c) los diputados que representan los intere-
ses de su sector, parte importante del electorado de sus provincias,
generalmente de partidos de centroderecha (Alchourón, Castellani,
Martínez Raymonda, con matices en este último caso), en cuyos
discursos predomina un logos que contradice parte de los argu-
mentos de los diputados oficialistas y un pathos en el que apare-
cen los perjuicios que sufriría su sector; d) diputados de provin-
cias agropecuarias, identificados con el radicalismo o el socialis-
mo (García, Romero, Giubergia) y sensibles al reclamo de los pro-
ductores; e) diputados que cuestionan los ejes de la discusión, es-
pecialmente el logos propuesto por el oficialismo y los grupos
anteriores (Alicia Castro).
A través de la síntesis del debate y de la interpretación de los
roles de los distintos diputados, podemos considerar la hipótesis
de Marafioti por la cual el discurso parlamentario sería «un campo
híbrido» dentro del discurso político o, en otras palabras, un
subgénero, ya que también remite al discurso jurídico. Por ello,
«los legisladores se amparan en la técnica jurídica para formular
sus propuestas» (2007: 103).

150
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El esquema de la argumentación parlamentaria, según Marafioti,


incluye un proponente, un oponente y un tercero.7 Matzkin se ubica
claramente en el rol del proponente; los diputados agrupados en los
punto c) y d) del antepenúltimo párrafo precedente, en la función de
oponente, y por diferentes razones, Tanoni y Castro pertenecerían
al grupo de los terceros, dadas sus críticas al papel del Estado en la
recaudación impositiva, si bien Tanoni, por pertenecer al bloque
oficialista, da su voto afirmativo al proyecto. Sin embargo, Marafioti
observa que los roles son intercambiables, ya que se trata de «posi-
ciones actanciales» (2007: 105). Por ello propone a continuación,
siguiendo a Cecilia Quintrileo (2006), una clasificación de estas
funciones, entre las cuales podríamos destacar las de los «legislado-
res de representación», que son «los que optan por entregarse a una
relación especial con su distrito o circunscripción». Los diputados
identificados con el subgrupo d) pertenecerían a esta categoría. Pero,
si tomamos en cuenta a los del subgrupo c), su relación con el distri-
to o circunscripción es más compleja. No solamente defienden las
fuentes de recursos de sus provincias, sino que objetivamente se
sitúan en la defensa de intereses económicos particulares, lo cual es
evidente en el caso de Alchourón, que llega a la banca de diputado
luego de haber presidido la entidad más tradicional del sector
agropecuario.
Otra de las funciones destacadas por Quintrileo es la del «legis-
lador del Ejecutivo», claramente representada en el debate por
Matzkin, y la del «legislador de partido», rol que le correspondería
a la diputada Castro, que «emplea su posición para hacer política en
el ámbito partidario». Su caso es especial, ya que integra un bloque

7
En el mismo volumen coordinado por Marafioti puede leerse un trabajo de la espe-
cialista rumana Cornelia Ilie titulado «Rasgos histriónicos y agonísticos del discurso
parlamentario». Ilie también propone una tipología de funciones de los legisladores,
donde incluye a los «testigos circunstanciales» (2007: 147), que son los que no to-
man parte en un determinado debate, pero su clasificación, que sigue a Clark (1996),
se refiere en realidad a los roles en la conversación. Por razones lógicas nos concen-
tramos en los diputados que tienen un papel activo en la discusión.

151
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

que originariamente pertenecía a la coalición gobernante hasta di-


ciembre de 2001, pero estaba en el momento del debate en búsque-
da de organizar un nuevo espacio político. El diputado Tanoni re-
presentaría en el debate la función de «legislador de fiscalización»,
pues en el debate reclama la eficiencia del Estado en la recaudación
de impuestos.

Conclusiones

El resultado de la votación muestra que ha prevalecido la volun-


tad del Poder Ejecutivo, necesitado de apoyo político para superar
la crisis institucional todavía reciente, y la evolución posterior de
los reclamos del sector agropecuario ha dejado sin considerar los
efectos de la evasión impositiva de la que se beneficia el sector
exportador, que paradójicamente perjudica tanto a los productores
como al Gobierno. A la vez, el debate pone de manifiesto el papel
central en la economía argentina de la producción agropecuaria,
expresado también en un poder político que va más allá de la mag-
nitud de la representación parlamentaria de los partidos que se iden-
tifican con sus intereses.
Por otro lado, en función del desarrollo posterior del conflicto
entre las necesidades de financiamiento del Estado y la resistencia
de los productores a una mayor presión impositiva, cobra relevan-
cia la posición de los legisladores –generalmente de partidos oposi-
tores– que se ponen al frente de las demandas de los pequeños pro-
ductores de sus provincias, coincidiendo al menos parcialmente con
los que representan intereses más poderosos.

Bibliografía

Clark, H. (1996). Using Language. Cambridge: Cambridge


University Press.

152
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Grize, J.-B. (1990). Logique et langage. París-Gap: Ophyrs.


Marafioti, R. (ed.) (2007). Parlamentos. Teoría de la argumenta-
ción y debate parlamentario. Buenos Aires: Biblos.
Perelman, Ch. y L. Olbrechts-Tyteca (1970). Traité de
l’argumentation. La nouvelle rhétorique. Bruselas: Éditions de
l’Université de Bruxelles.
Quintrileo, C. (2006). «La argumentación parlamentaria en tanto
campo especializado de argumentación». En: Praxis, 9. Santia-
go de Chile: Universidad Diego Portales.
Sainz, A. (2004). «El IVA argentino, entre los más altos». En: La
Nación, 8 de septiembre.
Van Eemeren, F. et al. (1996). Fundamentals of Argumentation
Theory. A Handbook of Historical Backgrounds and
Contemporary Developments. Mahwah (N. J.): Lawrence
Elbaum.

153
Argumentación y «diálogo de sordos»
en el conflicto de «el campo»

Roberto Marafioti

El presente trabajo apunta a identificar algunos aspectos de la


actual retórica política en Argentina. Tanto la referida al empleo que
de ella hacen los medios, en particular la televisión, como a las
herramientas usadas en un determinado momento de la historia
política de este país, que aparece marcada no sólo por el conflicto
con «el campo», sino también por el grado de enfrentamiento que se
ha desencadenado a partir de la propuesta de Ley de Medios y su
posterior sanción. Este último momento es el que parece haber
desatado una mayor violencia simbólica por parte de los actores
involucrados. Sin embargo, los dispositivos empleados por el
monopolio controlado por el grupo Clarín son de una sofisticación
mayor que los empleados hasta ahora por el oficialismo.
Otros dos aspectos son de interés para este trabajo. Uno es la
construcción de un mito político fugaz, pasajero pero contundente:
el construido por Alfredo de Angelis. El otro es la caracterización
del discurso político de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner
como un discurso que posee una alta densidad oratoria, pero una
baja efectividad comunicacional. Proponemos como hipótesis la

155
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

dificultad que ha tenido desde el inicio de su gestión para construir


un ethos de credibilidad y de identificación (Charaudeau, 2005) que
le posibilitara afirmarse en su propio discurso político. El efecto
que genera a partir de su insistente y múltiple producción es débil e
ineficaz.

De la argumentación al «diálogo de sordos»

Los manuales de retórica insisten en que el objetivo de sus estu-


dios tiene que ver con la persuasión, pero en la actualidad, en el
ámbito público y político, sucede que la mayoría de las veces no se
alcanza esa finalidad y más bien lo que se comprueba es el fracaso
de quienes participan en los debates tendientes a modificar las con-
vicciones de las partes involucradas.
Lo que termina importando es la forma como los discursos y sus
entramados retóricos se van entretejiendo. Se asiste permanente-
mente a la frustración de la comunicación entre los diferentes per-
sonajes que discuten y lo que importa es la imposición de determi-
nados conglomerados discursivos que conllevan una visión única e
inapelable de la realidad.
En los últimos años, la retórica televisiva hizo un empleo vigo-
roso de estrategias para dar formato a una opinión que, lejos de
permitir la expresión de las diferentes voces que circulan en el espa-
cio público, promueve recursos para el fortalecimiento de posicio-
nes solidarias con los medios en cuestión.
El conflicto con «el campo» que se inició en Argentina en marzo
de 2008 sirvió para librar una auténtica batalla por la hegemonía
discursiva y dio inicio a una voluntad de cuestionamiento y descali-
ficación de la gestión de gobierno de la actual presidenta.
Tanto desde el sector oficial como desde el heterogéneo conglo-
merado conocido como «el campo», se diseñaron estilos que permi-
tían reconocerse en un presente inmediato, pero que también hacían
referencia a la historia sectorial.

156
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El problema central no es sólo el reconocimiento de las diferen-


cias de opiniones en juego, sino la consolidación de posturas que no
apuntan al intercambio comunicativo entre los protagonistas sino
que refuerzan las actitudes que ya han sido seleccionadas antes de
emitir un juicio determinado. Por ello, lejos de pensar en términos
de argumentación, es más provechoso estudiar estas situaciones como
auténticos «diálogos de sordos» (Angenot, 2008). Ello lleva a iden-
tificar los obstáculos argumentativos que hacen que no sólo se con-
sidere el contenido de las partes, sino más bien los mecanismos
retóricos empleados para fortalecer una posición u otra.

La historia de un conflicto

Después de la crisis de 2001, en Argentina se produjo una con-


moción que incluyó el cuestionamiento no sólo de los paradigmas
conceptuales que habían prevalecido en el decenio de los noventa,
sino también del estilo discursivo con el que se nombraba la reali-
dad y se pretendía transformarla.
Los impuestos a las exportaciones fueron introducidos en el año
2002 por el presidente Eduardo Duhalde para hacer frente al mayor
descalabro financiero del país, que provocó la caída del gobierno a
fines de 2001 en medio de sangrientas revueltas.
La economía se recobró a un promedio de cerca del nueve por
ciento durante cinco años aproximadamente, en los que Néstor
Kirchner gobernó el país. Cuando Cristina Fernández de Kirchner
reemplazó a su esposo el 10 de diciembre de 2007 como presidenta,
heredó una posición favorable. El ciclo de una recuperación econó-
mica y los altos índices de popularidad parecían destinados a conti-
nuar las políticas que posibilitaron a la Argentina sacarse de encima
las deudas. Menos de ocho meses después, la presidenta estaba sen-
tada en un turbulento sillón presidencial, en lo que parecía conver-
tirse en otra larga e inestable segunda presidencia de la historia ar-
gentina. La mayor parte de los desequilibrios se iniciaron con el

157
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

conflicto entre el sector agrícola y el gobierno, y a partir de enton-


ces se fueron sumando nuevos problemas para llegar a una situa-
ción de tensión sostenida. Es al mismo tiempo destacable el hecho
de que el gobierno se mostró, a pesar del traspié electoral de 2009,
firme en cuanto a su vocación de imponer su agenda política, desa-
rrollando los lineamientos que se fijó con independencia de las per-
turbaciones a las que debió enfrentarse.
En respuesta a las subas de impuestos a la soja y otros productos
agrícolas, el 11 de marzo de 2008, uno de los grupos económicos
más poderosos de Argentina, conocido como «el campo», y las en-
tidades que comprende tomaron las calles bloqueando el comercio
internacional y nacional en las protestas más importantes que se
realizaron en contra del gobierno desde la crisis financiera de 2001.
Manifestaciones a favor del gobierno y del sector agropecuario
se produjeron como una forma de avalar las dos posturas opuestas.
De un lado, los estancieros y sus aliados, pidiendo la rebaja drástica
de los impuestos de exportación a la soja, y de otro lado, el gobier-
no, incrementando los impuestos.
Desde el inicio hasta su finalización, el conflicto puede ser visto
como una batalla por el control de la construcción del sentido. Cada
sector combatió para ganar espacio en la producción discursiva en
todas las áreas. La escena pública se convirtió en una cruzada se-
miótica por la apropiación de la producción, la circulación y el con-
sumo de la significación.
El período fue rico en términos de proliferación de signos
lingüísticos y no lingüísticos, comprendiendo la definición de dife-
rentes áreas de gran valor. La apuesta excedía en mucho a una mera
modificación de la estructura impositiva.
A partir del estudio de los discursos de los protagonistas, se abre
la posibilidad de analizar las estrategias y las secuencias
argumentativas que fueron empleadas, reiteradas y modificadas.
El conflicto por la hegemonía política y discursiva es un fenó-
meno que se replica en otros gobiernos latinoamericanos, y en to-
dos los casos se emplean herramientas, estilos y dispositivos dife-

158
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

rentes. Pero siempre se trata de revisar los mecanismos que consoli-


den identidades y legitimidades específicas. Desde este punto de
vista, la construcción de imaginarios sociodiscursivos permite la
identificación de sujetos históricos diferenciados al tiempo que pone
en evidencia también las limitaciones de los mismos.

El giro argumentativo

Me referiré al «giro argumentativo», sintagma que en teoría po-


lítica representa una crítica importante a la tradicional concepción
de la práctica política, dado que:

Muestra que la incertidumbre y la contingencia


caracterizan al discurso político, y que la práctica
política es argumentativa y retórica más que cien-
tífica. La perspectiva de esta recuperación de la
retórica es limitada a raíz de la clásica división
entre lógica y retórica. Estos dos ámbitos también
permanecen separados en las teorías contemporá-
neas acerca de la retórica, previniéndonos de in-
corporaciones retóricas dentro de la teoría políti-
ca. Sin embargo, Michel Meyer muestra que la
división entre lógica y retórica se refiere a la su-
presión de la interrogación en la filosofía. Por re-
cuperación de la interrogación como un principio
racional, establece la retórica como fundadora de
la interrogación y, en consecuencia, brinda una
nueva perspectiva. (Turnbull, 2005: 39-58)1

El giro argumentativo en teoría política se aparta del modelo


racional de práctica política al centrarse en el lenguaje, la interpre-

1
La traducción es propia.

159
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

tación epistemológica y la razón posible más que la lógica formal.


Mientras los teóricos políticos sólo recientemente comenzaron a pres-
tar atención a la argumentación y la retórica, los especialistas en
retórica ciertamente lo advirtieron a partir de Harold Lasswell,
uno de los fundadores del campo de las «ciencias políticas».
Lasswell estaba interesado en la persuasión y la propaganda y en
los efectos retóricos de la comunicación masiva en la práctica polí-
tica. Pensaba que la retórica era importante para los antiguos filóso-
fos griegos y creía que el descrédito dirigido hacia ella desde la
condena de Platón a los sofistas representaba una obstrucción a la
investigación propiamente dicha. A pesar de esta atención al len-
guaje y la argumentación, el giro argumentativo en los estudios po-
líticos no llegó hasta mucho tiempo después. Incluso hoy no nos
hemos dado cuenta de las implicaciones reales de la retórica y la
argumentación en cuanto al estudio de la política y de las políticas.
El giro argumentativo se relaciona con el interés académico
acerca del estudio del discurso. Los teóricos políticos han estudia-
do el papel del lenguaje en el discurso político, rechazando la idea
según la cual el significado está ligado sólo a la verdad ontológica.
El discurso político está enmarcado en el lenguaje ordinario, que
es capaz de una considerable flexibilidad de significados. Toma
diferentes significados en distintos contextos y para diferentes
audiencias. Porque el conocimiento, en particular el conocimiento
político, está ligado al lenguaje ordinario, es un proceso social y
por lo tanto argumentativo. Las decisiones no establecen el signi-
ficado de la política que permanece sujeta a debate, y consecuen-
temente el proceso político es menos la resolución de un problema
ideal como el propuesto por Lasswell y más una batalla para crear
significados a través del proceso político en diferentes situacio-
nes. Los actores políticos intentan persuadir a los otros para com-
partir los significados que le atribuyen a los hechos. Emplean ar-
gumentos para atraer a los otros a sus posiciones y se justifican
con respecto al interés público. La doble misión de persuasión y
justificación, por tanto, constituye la base del giro argumentativo.

160
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

El problema es que no siempre los actores involucrados están en


condiciones de escucharse ni de hacerse entender. Surgen enton-
ces los desafíos mayores que tienen que ver con la búsqueda de
herramientas capaces de dar cuenta de realidades de alta compleji-
dad en la que los instrumentos teóricos tradicionales se muestran
poco efectivos para explicar la multiplicidad de problemas que
presentan.
El empleo de la argumentación se origina en que no se respon-
de de una forma preprogramada a los hechos y se puede cambiar
nuestro pensamiento acerca del significado de algo, repensar los
valores y hacer variar el grado en que se apoya a alguien o alguna
política. Para esto sirve el estudio de la argumentación. Los acto-
res políticos usualmente emplean la retórica para asegurarse el
consentimiento de los públicos respecto de sus propios puntos de
vista o su cooperación.
Es en este sentido que pensamos que los discursos pronuncia-
dos por Cristina Fernández durante el conflicto tuvieron el proble-
ma de, aun con un contenido sólido, ser poco persuasivos para sus
audiencias. Tuvieron densidad conceptual pero se mostraron poco
eficaces comunicativamente para sumar voluntades que no se iden-
tificaban con su propio sector político de origen. De allí la impor-
tancia de ubicar los recursos retóricos que permiten ampliar la base
de sustentación de una fuerza política.
Si entendemos la racionalidad como contingente, indetermina-
da, incierta, la problematicidad define las cualidades del discurso
contemporáneo en varios campos. La problematicidad es el domi-
nio de la retórica. En general, la retórica aparece en los tiempos de
crisis, cuando los sistemas estables de valores se quiebran y un
nuevo sistema coexiste con el viejo.
Entenderemos con Erik C. W. Krabbe (1996) por «dialéctica»
la práctica y teoría de las conversaciones; por «retórica», la prác-
tica y teoría de los discursos. Las conversaciones, pues, constitu-
yen instancias de la práctica de la dialéctica, mientras que los dis-
cursos forman la instancia de la práctica de la retórica.

161
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Aristóteles señala la utilidad de la retórica (Retórica I, 1355a20-


1355b5). Puede emplearse:

1. Para defender las decisiones propias (se puede estar en lo co-


rrecto, pero de todas maneras se necesita convencer a los otros,
de otra forma se le echará a uno la culpa).
2. Para convencer a aquellos que no pueden seguir los argumentos
científicos.
3. Para ser capaz de discutir a favor y en contra de una misma posi-
ción; no para hacer una y otra cosa, sino para:

a. tener una visión realista de una cuestión y


b. no dejarse engañar por las falacias.

I. A. Richards (1936) definió la retórica como los estudios de las


causas y los remedios de los desacuerdos. Este punto de vista será
útil para mostrar por qué los discursos de Cristina tuvieron tantas
limitaciones para volverse convincentes acerca de la justicia de la
propuesta hecha sobre la suba de los impuestos.

La retórica visual televisiva en el conflicto


y la construcción de un mito fugaz

Luego de la sanción de la Ley de Medios y en el contexto ya no


de una batalla por la hegemonía discursiva sino de una guerra de-
clarada entre el monopolio mediático y el gobierno, es habitual re-
conocer el empleo retórico que el canal de cable TN (Todo Noti-
cias) realiza de su pantalla. Pero, en un comienzo, los mecanismos
de orientación argumentativa visual no se habían definido. Es con
el desarrollo del conflicto y con el alineamiento de los distintos con-
tendientes que este produce que se comienzan a ver dos dispositi-
vos para la orientación de la opinión. Uno tiene que ver con el em-
pleo de recursos visuales dentro de la pantalla para dirigir la posi-

162
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

ción del espectador. La partición de la pantalla en dos, tres o cuatro


partes organiza de modo simultáneo la jerarquización de las voces.
En el discurso en Parque Norte de la presidenta, el canal dividió
la pantalla mostrando la actitud de los espectadores en las rutas y
enfatizando el desagrado que se iba produciendo.
La sobreimpresión de los textos se manejó de manera también
orientativa e inició el empleo de un recurso que en la actualidad es
usado ya para enfatizar una opinión, ya para descalificarla o para in-
tervenir con una diferente de la que está expresando el entrevistado.
El otro mecanismo empleado es la construcción de un mito que
represente a los sectores más afectados por las medidas adoptadas.
En este punto es importante ubicar la construcción mítica de Alfredo
de Angelis, ya que es una figura que surge con el conflicto y es
promovida tanto desde el sector político al que él representa, como
desde la instancia mediática como forma de enfatizar un tipo en
condiciones de representar el universo gauchesco/campestre que se
ponía en juego.
Se fortalecen los elementos básicos para afirmar una posición.
Tanto desde los recursos lingüísticos como desde los mecanismos
gestuales se reafirma la perspectiva gauchesca. La escenificación
es cuidada y preparada para que se vaya armando un mito político
que, si bien no está destinado a permanecer en el tiempo, sí da
cuenta de la voluntad mediática de asociarse en la instalación de
una imagen que represente el conflicto, pero que, al mismo tiem-
po, enfrente a otro personaje público con más tradición política.
En este sentido, De Angelis se puede oponer a Luis D’Elía; aun-
que este está en condiciones más apropiadas para defender las
posturas oficiales, es inmediatamente impugnado por los mismos
motivos que el otro es ensalzado. El «queremos decirle a la Seño-
ra Presidenta que minga nos van a poner de rodillas» nunca es
cuestionado por el tono, mientras que sí lo es en el caso de D’Elía,
que siempre es ubicado como un representante de los piqueteros
violentos urbanos. Sus apelaciones pueden ser evaluadas de la
misma forma que las de De Angelis, pero los medios se encargan

163
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

de cargar la balanza de un lado para favorecer el mito rural que se


construye.
El campo aparece como el territorio del trabajo, la tranquilidad y
el equilibrio que ha sido alterado por la vocación voraz del gobier-
no. La reactualización de los mecanismos propios de la literatura
gauchesca en su versión lugoniana se ponen en todo su esplendor.
Las imágenes de De Angelis como representante del sector más
trabajador, honesto e inocente del campo se multiplican. Los me-
dios enfatizan su carácter de apolítico. Aparece incluso dando en-
trevistas subido a un tractor, con una bandera argentina de fondo y
el sol que ilumina la escenografía.
El canal de noticias TN diseñó una combinación de imágenes
que hizo escuela y creó hábitos cinéticos durante todo el conflicto,
inaugurando un manual de estilo de una buena porción de la televi-
sión argentina.
Mito político y manipulación mediática aparecen destinados a in-
terpelar sentimientos, incluso vivencias y recuerdos de la vida campes-
tre. El campo es el lugar del trabajo febril. Desde el amanecer al ano-
checer, el hombre de campo dedica su vida a las labores agropecuarias.
El mito, en este caso, es producto de la imaginación, pero no como
creación de un mundo fantástico, sino más en el sentido romántico, es
decir, como enriquecimiento de la experiencia a través de la expresión.
El romanticismo no sólo reivindicaba la imaginación y su potencial de
creatividad, sino que, por medio de esta, los sentimientos, las creencias
y las emociones adquirían expresión en formas plenas de resonancias
emotivas. Es decir que la imaginación invocada es creativa e inventiva,
pero también respuesta o, mejor dicho, expresión de experiencias vita-
les. En este sentido, el empleo de recursos retóricos que pusieron en
juego el tono angustiado e hiperbólico del personaje sirvió para diseñar
un protagonista que abandonaba el territorio local para proyectarse a
nivel nacional, merced a la operación montada desde la televisión.
Otro rasgo que es propio del mito político es que permite señalar y
construir un enemigo y, al mismo tiempo, se señala su capacidad para
fundar una comunidad de acción. Desde esta posición, más próxima a

164
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Durkheim, el mito es un fundador de solidaridad social, de creencias


compartidas. En este punto, otra vez De Angelis resulta funcional a la
maquinaria de ficción que construyen la televisión y, en particular,
los noticiosos. Lo que más se destaca son los ingredientes cualitativos
de su personalidad, su autenticidad, su gestualidad y su visualidad. El
contenido no importa, porque son los medios los que lo orientan
argumentativamente. Es destacable también, en este caso, el trabajo
operado para socavar cualquier tipo de trabajo persuasivo realizado.
El ejemplo del líder piquetero funciona como una contracara de De
Angelis. Uno es un líder urbano y el otro es un líder rural. Uno tiene
una trayectoria política y el otro no la posee. Uno es crítico de los
políticos en general y el otro hace política desde hace años. Uno pro-
pone una referencia histórica y el otro tiene la referencia histórica que
le otorga un poroto de soja. Uno cumplió un ciclo cuando promovió
una manifestación al Congreso de la Nación para presionar a los le-
gisladores y terminó forcejeando con la policía. En ese momento, se
manifestó con mayor claridad la debilidad de un mito fugaz y la esca-
sa perdurabilidad que se le podía otorgar al construido mediático.

El ethos en los discursos de Cristina

El ethos se refiere a la confiabilidad y la credibilidad del escritor o


del hablante. El ethos es a menudo transmitido a través del tono y el
estilo del mensaje y a través de la forma en la que el escritor o el
hablante se refieren a puntos de vista diversos. Puede ser también
afectado por la reputación del autor o del orador, ya que existe inde-
pendientemente del mensaje, su capacidad en este campo, su actua-
ción previa o su integridad. El impacto del ethos es a menudo llamado
argumento de la referencia ética y de la apelación a la credibilidad.
A lo largo del conflicto, la presidenta tuvo una fuerte presencia
mediática, a través de convocatorias populares destinadas a expli-
car la estructura impositiva de los productos agrícolas. Pero ella,
como su esposo, no estaba acostumbrada a brindar conferencias de

165
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

prensa, a tener un contacto fluido con los periodistas, y desconfiaba


de las entrevistas por radio o televisión. En el fin del conflicto dio
su primera conferencia de prensa y estaba muy claro que era capaz
de responder a cualquier pregunta realizada de manera fluida, aun
cuando se pudiera estar en desacuerdo con ella. En ese momento el
estilo de la pareja resultó extraño, y pareció que apostaba más a
ganar el combate a partir de la apelación a la historia de la fuerza
política de origen que a la difusión de los fundamentos que la lleva-
ron a adoptar la medida de incrementar las retenciones.
Cristina Fernández convocó a enormes manifestaciones popula-
res. En cada una de ellas desplegó el uso de una feroz retórica, pero,
al mismo tiempo, el ethos que construyó se basaba en su historia
política y en las reminiscencias de los enfrentamientos del pasado.
La última manifestación fue resuelta con la intervención de su ma-
rido, que actuó como presidente del Partido Justicialista y que pre-
sidió el debate como orador principal, acompañado de los goberna-
dores y legisladores.
La presidenta, en la primera manifestación, argumentó que nadie
podría hacer que cambiara su decisión, pero luego, en otra manifesta-
ción, se dirigió a sus «votantes», después a los «compañeros», luego
a los «ciudadanos», más adelante recordó que en el comienzo de su
mandato había dicho que todo sería más difícil para ella porque era
una mujer y que para las mujeres todo en esta sociedad es más dificul-
toso. De este modo, en un período muy breve de tiempo, empleó
distintos argumentos para consolidar su punto de vista.
Al mismo tiempo, en algunas manifestaciones mencionó al «pue-
blo», en otras habló a los «ciudadanos» y en algunos casos apuntó a
aquellos que están siempre en contra de los intereses populares.

Conclusión

Desde el comienzo de su presidencia estaba claro que Cristina


Fernández disponía de una larga y sólida carrera en el ámbito polí-

166
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

tico. Fue diputada y senadora y tuvo una elocuencia pomposa en


ambas cámaras. Era reconocida por sus discursos épicos, pero, al
mismo tiempo, durante el mandato de su marido, se acordó que no
aparecería frecuentemente para no ensombrecerlo.
En algunos momentos dijo que una mujer política no debe em-
plear el apellido de su marido para ser reconocida. Pero, al mismo
tiempo, usó el del suyo y actuaron como una pareja dedicada y des-
tinada a hacer política. No es el caso de otras mujeres, como la pre-
sidenta de Chile, Michelle Bachelet, Hillary Clinton como Secreta-
ría de Estado de Estados Unidos o Angela Merkel como primer mi-
nistro de Alemania, que ocupan solas la escena política de sus res-
pectivos países.
Desde que Cristina fue electa presidenta, su marido siguió ha-
ciendo política: viajó a Colombia para tratar de supervisar la libera-
ción de los rehenes retenidos por las FARC, se convirtió en presi-
dente del Partido Justicialista, entre otras actividades. De este modo,
los problemas que tuvieron que enfrentar no fueron solamente
gestados por la oposición, sino que también hubo errores desde el
punto de vista del diseño de una estrategia retórica política destina-
da a sumar voluntades.
Sin embargo, como se señaló más arriba, a pesar de la derrota
electoral sufrida en 2009, el oficialismo se ha mostrado con una
capacidad de reacción mucho más sólida que el resto de las fuer-
zas políticas de la oposición. Ello ha llevado a que la confronta-
ción se dirima entre los medios masivos, convertidos en herra-
mientas de cuestionamiento a las medidas adoptadas por el go-
bierno, y el oficialismo, que se mantiene con sus políticas que
apuntan a desarticular el aparato estatal y jurídico construido du-
rante los noventa. Merece destacarse que esta conducta se repite
en varios países en los que se han encarado procesos de cambio
que tienen distintas connotaciones pero los mismos protagonis-
tas. El caso de Estados Unidos y Venezuela, por citar sólo dos
que no están precisamente en la misma sintonía, replican una
conducta similar por parte de una oposición que se encarama,

167
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

sobre todo, en el espacio que brindan los medios, en particular la


televisión.

Bibliografía

Angenot, M. (2008). Dialogues de sourds. Traité de rhétorique


antilogique. París: Mille et une nuits.
Charaudeau, P. (2005). Le discours politique. Les masques du
pouvoir. París: Vuibert.
Krabbe, E. C. W. (2002). «Meeting in the house of Callias. An
Historical Perspective on Rhetoric and Dialectic». En: Van
Eemeren, F. H. y P. Houtlosser (eds.). Dialectic and Rhetoric.
The Warp and the Woof of Argumentation Analysis. Netherlands:
Kluwer Academic Publishers.
Richards, I. A. (1936). The Philosophy of Rhetoric. New York:
Oxford University Press, 1950.
Tovar, A. (1990). Aristóteles. Retórica. Madrid: Centro de Estudios
Constitucionales.
Turnbull, N. (2005) «Rhetoric, questioning, and policy theory:
Beyond the argumentative turn». En: Melbourne Journal of
Politics 30, 39-58.

168
PARTE 3

| RETÓRICA, LITERATURA Y CRÍTICA |

169
Macedonio. Retórica y política
de los discursos paradójicos

Ana Camblong

Preliminar

Para hablar en un coloquio de «retórica y política», no podremos


evitar ese vocabulario clasificatorio de la antigua prosapia retórica,
consagrado por siglos y siglos de uso; tampoco podremos eludir el
vicio etimológico que evoca memorias lingüísticas ancestrales, y, a
la vez, ¿cómo privarnos de interpretaciones políticas que hurgan las
dinámicas del poder tramado en instituciones, cuerpos y ajetreos
socioculturales? Si esto es así, entonces, a tales condiciones me aven-
go. En este sentido, seleccionamos la dispositio, categoría que dis-
tribuye la composición del discurso. Por ejemplo, aquí mismo esta-
mos en la «preliminar», cuya etimología indica una ubicación pre-
limen, es decir, «ante el umbral». Todavía no entramos y, sin embar-
go, ya estamos en el centro del planteo, porque nuestra modesta
intención en este trabajo consiste en mantenernos entrando todo el
tiempo con miras a remedar el universo macedoniano y compartir
con ustedes la experiencia cierta de que siempre nos quedamos afue-
ra, a punto de entrar y a la vez saliendo estupefactos por haber vivi-

171
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

do semejante aventura textual. El mismo Macedonio nos enseñó los


rituales paradójicos de la permanencia constante en los umbrales
metafísicos, místicos y humorísticos, por tanto, los invito a pasar de
la preliminar al...

Proemio

El vocablo «proemio», tomado del griego prooimon –«preám-


bulo»–, deriva de oimos – «camino» o «marcha»– y de eimi –«yo
voy»–; efectivamente, estamos en camino y allá vamos.
En este arranque recordamos que la extensa, dispersa y frag-
mentaria obra de Macedonio Fernández se sustenta en una práctica
vitalicia que consiste en pensar-escribiendo. El ejercicio del pensa-
miento-escribiendo se desentiende de las búsquedas de estilo y del
pulido de las formas, no obstante deviene en una escritura singular,
en un ductus discursivo de características inconfundibles. Su retóri-
ca se gesta en una relación íntimamente diferente con el lenguaje en
general y con la lengua materna en particular. Dice Macedonio: «No
puedo dejar de ser todo lo que soy en todo lo que escribo [...] no
puedo dejar de ser risueño, doloroso y metafísico a cada página»
(1974: 20). Confesión y advertencia de una escritura que aprieta en
su propia materialidad dolorida y socarrona la saga de un destino
fatalmente criollo-sudamericano. La inscripción situada de su enun-
ciación enclava sus dichos en una territorialidad localizada con las
implicaciones éticas y políticas que esto supone. Macedonio, así,
con su nombre de pila vecinal y entrañable, asume «hasta las últi-
mas consecuencias» –nunca la frase hecha dijo tanto– la «Idilio-
Tragedia» de habitar con otros las condiciones de existencia en lo
que podría denominarse «estancia argentina». Decimos «estancia»
en tanto lugar de ficción en el que se desarrolla la fábula de su nove-
la; pero también «estancia» en tanto emblema argentino propio de
las dinastías patricias terratenientes; «estancia» en tanto escenario
poderoso de dimensión política para nuestra historia nacional; «es-

172
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

tancia» en tanto concepto filosófico que remite a la existencia y a la


estadía aquí con otros con los que se comparte amores y pesares, un
modo de hablar y de reír. «Estancia argentina»: morada trágica, pa-
radójica, plena de queja y humor, de pasión y melancolía, de un
estar y transcurrir «toda una vida» –como dice el fraseo popular– en
estos espacios abiertos y laterales, en estos «arrabales últimos», como
dijera Borges, su discípulo. «Estancia» donde, según piensa-escribe
Macedonio, el Amor alcanza una dimensión metafísica de alto vue-
lo en los vínculos de Amistad, Pareja y Maternidad. «Estancia» donde
se afronta la tragedia de la crueldad y la muerte con una potencia
inventiva capaz de imaginar un mundo excéntrico, conceptual y utó-
pico cuya originalidad rebelde disloca y se burla de los fundamen-
tos más consolidados de la cultura racionalista, moderna y colonial.
Dado que nos pusimos en marcha y hallamos su enunciación habi-
tando la estancia criolla, desde la misma tranquera del proemio avis-
tamos un horizonte de prólogos que se nos viene encima, así que
pasemos rápido del proemio al prólogo.

Prólogo

La tarea filológica en este caso resulta obvia: pro = «antes», logos


= «discurso», un vocablo cuya morfología guarda las claves princi-
pales del proyecto artístico, metafísico y político de Don Macedonio.
La retórica del prólogo infinito –su novela tiene más de setenta pró-
logos– se hace presente en todo el corpus de su escritura como una
alegoría esfumada que alude a la entereza humana trabajando desde
su pequeñez con vigorosa imaginación en un constante estar empe-
zando su falible saber, sus microscópicos logros incompletos que
no resultan más que nuevos inicios. El eterno instante, el comienzo
perpetuo, hacen de la contingencia un monumento en la obra del
pensador criollo. Por otra parte, su archivo de textos inacabados,
vueltos a empezar, repetidos y redactados de otro modo, constitu-
yen conatos teóricos y críticos que dramatizan lo que Macedonio

173
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

denominó la condición «tantálica» de nuestras existencias en estas


latitudes en medio de riquezas naturales edénicas y, sin embargo,
precarias, olvidadas y excluidas.
La retórica tantálica concentra su recurso en el «tienta y niega»,
mostrando diversas partes que son el todo; la retórica tantálica con-
vida y escamotea, esquiva tomarlo, evita poseerlo y vuelve a empe-
zar, a exhibir y a ofrecer. Este artilugio metafísico y estético nos atañe
también en lo político si ponderamos nuestros procesos históricos
cíclicos, inconexos, inconclusos e incongruentes. Nuestra fabulación
nacional nominada «historia oficial» responde a una dinámica tantálica
en la que se habla de riquezas naturales y socioculturales que se saben
disponibles, pero que se nos niegan, que se ofrecen y se retiran. Así
también memoramos iniciativas políticas que ponen en vilo la espe-
ranza, que abren procesos de ilusiones expectantes pero que final-
mente diluyen sus ofrecimientos en impotencias reiteradas. Los pró-
logos tantálicos refuerzan su dimensión política con el despliegue de
estrategias retóricas que responden a dos configuraciones privilegia-
das: la «promesa» y el «secreto».
Prometer y no cumplir, dilatar indefinidamente la concreción de
lo prometido, parodian y convergen literalmente con los procedi-
mientos típicos de los discursos y las prácticas políticas. En tanto
que los dispositivos del «secreto» operan con el poder, el saber y la
información, refieren a los secretos de Estado, a las manipulaciones
mediáticas, institucionales y de los aparatos de inteligencia. El se-
creto y los planes clandestinos se corporizan en la trama desopilante
de su narrativa, que metaforiza cofradías conspirativas, la «mesa
chica» de los grupos y «los amigos del poder». Pero no sólo hay
secretos de Estado, también hay secretos del arte y secretos de fami-
lia, en este trenzado biopolítico. Macedonio guarda en su novela los
enigmas autobiográficos que le imponen el pudor y el decoro de su
clase patricia, al tiempo que recubre con una alegoría manifiesta la
tremenda hegemonía presidencial de la historia oficial argentina.
En pocas palabras: en el mismo movimiento que exhibe un secreto
de Estado, solapa un cifrado autobiográfico.

174
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Pero tengamos en cuenta que las estrategias macedonianas no


están constreñidas a la escritura, sino que involucran todas las prác-
ticas y experiencias de su propia vida. Su producción discursiva
(tanto oral como escrita) no es más que otro componente del coti-
diano devenir de sus desempeños públicos, privados e íntimos
involucrados en una única figura de su condición humana. Veamos
en qué consiste esta actuación. Por tanto, los invito a pasar del Pró-
logo al Prefacio... y seguimos en el umbral.

Prefacio

Literalmente, pre-facio: «antes de hacer» o «antes de pasar a la


acción», nos insta a escudriñar cuáles son las convicciones que sos-
tienen el universo paradójico de experiencias y actuaciones inven-
tado por Macedonio. Por un lado, el Viejo genial nos anima a creer,
a tener fe en el Amor (siempre con mayúscula) como experiencia
genuina de la Pasión: «De ella tomo mis dogmas, amigo joven: bus-
ca la soledad de dos, la Altruística, y no te extravíen de tu fe en la
Pasión, las solemnidades de la ciencia, el arte, la moral, la política,
los negocios, el progreso, la especie» (1990: 232). Creer en el ami-
go, en la/el amante y en el cobijo materno constituye tanto en su
propia vida como en sus textos el logro humano más excelso. La
afección amorosa anuda lo familiar, lo público, lo privado, lo artís-
tico y lo metafísico. Ahora bien, con el mismo énfasis, su sabiduría
percibe el paradójico riesgo de nuestras creencias libradas a la ba-
nalidad de las presiones mundanas:

Creer menos. Hay que crear un fanatismo del no


creer; el pueblo ya lo tiene en una desconfianza
total de políticos, burócratas, periodistas, universi-
tarios, catedráticos, oradores eclesiásticos. (Los jó-
venes burgueses o ricos o estudiantes, gente libresca,
son más fácilmente crédulos). (1987: 202)

175
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Su interpretación desprejuiciada de las redes de poder admite


que los letrados son más crédulos y propensos a seguir modas que
el mismo pueblo sarcástico y desconfiado, posición que le trajo
incómodas situaciones con sus círculos de amigos y que lo mantu-
vo resueltamente alejado de lo que denominaba «Muerte Acadé-
mica». Para tales destinatarios escribió el «Evangelio del No creer»
y se lanzó a la prédica del retaceo de creencias a la política, a la
ciencia, al progreso, a la burocracia, a los protocolos sociales, lle-
vando en ristre su consigna: «no acatar, ni seguir». Cabe aclarar
que esta resistencia pertinaz contra las coerciones civilizadas no
alienta prácticas violentas. Por el contrario, su desobediencia em-
pacada y mordaz se mantiene en un perfil austero, casi privado,
pero sin concesiones. El desacato macedoniano bosqueja el perfil
del auténtico «retobado» de nuestra tradición criolla.
Para evaluar con buen tino su gesto de «renegado» barrial y
universal a la vez, habrá que evitar interpretaciones vanguardistas
de revueltas públicas y provocaciones subversivas. El escándalo
macedoniano no hace ruido ni agrede, se cumple en el largo pla-
zo, horada cimientos y barrena premisas de antigua data. Sus
actuaciones reticentes, tímidas al extremo del retiro silencioso,
abominan de la grosería y los estrépitos panfletarios. Sus discur-
sos inteligentes, implacables, irónicos, plagados de chistes con-
ceptuales, se enuncian acompañados de un trato cortés, afable,
intensamente delicado y caballeresco. Borges lo califica con acier-
to: «Don Quijote, sonriente y meditabundo», mientras Gómez de
la Serna lo llama el «Quevedo criollo». Destaco entonces, por
una parte, la impronta criolla amalgamada con una alquimia
arcaizante de tinte barroco-conceptista y, por otra, propongo una
retórica política que incluye su desempeño cotidiano, sus ocu-
rrencias extravagantes, su conversación legendaria, su lucidez
poderosa haciendo mundo en la conformación de una aura inte-
gral de autor que involucra su silueta corporal evanescente, su
discurso humorístico, su instalación móvil y estable en la estan-
cia del paisaje sudamericano.

176
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Precisamente, en «La Estancia» de su novela póstuma no sólo se


guardan testimonios y documentos fehacientes sobre sus teorías es-
téticas, sus propuestas narrativas, sus reflexiones metafísicas y su
interpretación política de la historia nacional, sino también se cus-
todia el arcano de su relación amorosa con Consuelo Bosch. Este
amor maduro y tardío, secreto y a la vez sabido por integrantes de
su círculo íntimo, se mantuvo completamente inadvertido para la
voracidad pública y la crítica literaria dedicada a su obra. El pacto
tácito y explícito resultó inexpugnable como La carta robada de
Poe: todo estaba dicho, todo estaba puesto sobre la mesa y, sin em-
bargo, el enigma permaneció invisible e ignorado. Los textos de la
«Novela de la Eterna», concebidos a lo largo de treinta años, res-
guardan con amoroso pudor el relato autobiográfico y romántico de
esta historia pasional que aconteció en su vida hacia fines de la dé-
cada del veinte y hasta su muerte en 1952. Mis investigaciones
genéticas en su archivo encuentran un orden del misterioso amor en
el magistral desorden de sus escrituras abandonadas e inéditas. Si
esto es así, entonces los invito a pasar del Prefacio al Exordio. Y
seguimos entrando y continuamos atravesando otro umbral.

Exordio

Sin renunciar a nuestra adicción etimológica, volvemos a tener


en cuenta que el vocablo «exordio» anuncia que estamos ex-ordior,
esto es, «desde el comienzo», pero ¿por qué no esta otra alternativa
que postula ex-ordine, «desde un orden»?, significaciones que nos
autorizan a pensar que algún orden se podrá lucubrar en esto que
intentamos comentar desde el inicio en el umbral. En efecto, el or-
den del secreto en los documentos desclasificados introduce un giro
insospechado en la lectura crítica. Los manuscritos de la novela no
acuden a eufemismos cuando invocan en directo el nombre de la
musa amada, «A Consuelo Eterna», y reiteran este envío en múlti-
ples pasajes del texto y anotaciones en cuadernos donde utiliza la

177
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

inicial «C» para referirse a ella. Pero lo más curioso y a la vez emble-
mático es que la propia Consuelo fue la encargada de realizar en 1929
la primera copia a mano de la novela, organizada, claramente legible,
datada, con correcciones del autor, que se mantuvo abrochada y bien
conservada en su archivo. Este documento secreto resulta clave en el
cifrado autobiográfico y en la historia de la novela: 1) desmiente el
mito exagerado de la despreocupación de Macedonio por sus textos
escritos; es cierto que perdió mucho en sus mudanzas, pero no es
menos veraz que guardó con cuidado otros tantos documentos que se
mantuvieron intactos desde principios de siglo, y este no es más que
uno de ellos; 2) este manuscrito muestra a la pareja constituida, traba-
jando juntos, y atestigua la injerencia y participación activa de Con-
suelo, quien no fue una mera copista, sino que su conversación y su
talento sofisticado forman parte de la producción y desarrollo de los
avatares novelescos (habría que indicar que la presencia omnímoda
de Consuelo en la vida de Macedonio expande sus huellas en la co-
rrespondencia, en los cuadernos, en las dedicatorias de libros, etcéte-
ra); 3) este prototexto testimonia que la estructura de la novela estuvo
configurada desde el comienzo del proyecto, cosa que muchos críti-
cos consideraban decisión posterior de sus editores.
Ahora bien, ¿qué implicaciones tiene este dato biográfico ignora-
do por la crítica? Mencionaremos algunas interpretaciones posibles
dentro de un espectro proficuo en alternativas. En primer término,
retomamos las maniobras de la retórica tantálica articulada con la
gestualidad caballeresca antes indicada, con el fin de completar el
aspecto práctico de la vida diaria. En efecto, el pensar-escribiendo
diseña y respira una continuidad semiótica en el despliegue de artifi-
cios que resguardan el enigma de su vida privada inserta en la carna-
dura del mundo ficcional novelesco. Esta continuidad retórica permi-
te catar cómo el autor teórico que fustigó con denuedo la mímesis y la
verosimilitud de la narración realista paradójicamente incrusta sus
criptogramas más queridos y las escenas más íntimas de su cotidiano
en la gran fábula ficticia de sus proyectos novelescos. Tanto en la
«última novela mala» –novelón sentimental– como en la «primera

178
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

novela buena» –belarte original–, el material autobiográfico despa-


rrama sus episodios difuminados en detalles artesanales y chisporroteos
conceptuales del humor haciendo su trabajo de ilógica, de levedad y
disloque. Sumergir la propia vida en la bruma fantástica del humor,
de la ficción novelesca y la diletancia anacrónica barroca y romántica
gesta la hidalguía de un personaje enamorado con funciones de Presi-
dente que lucubra maniobras políticas quijotescas1 siempre fracasa-
das y reiniciadas con agudas alusiones a la historia nacional.
En segundo lugar, ratificamos nuestra comprensión de la entera
figura de un pensador que, como todo filósofo que se precie, hace
de su pensamiento una existencia singular e intensamente arraigada
en arcaicas tradiciones; por esta vía se bosqueja el cotejo con la
figura de Heráclito, oscuro y melancólico. La continuidad paradóji-
ca de su vivir-pensando no tiene los mismos fines ni los mismos
procedimientos de Sócrates (recordemos que Scalabrini Ortiz lo lla-
mó «el Sócrates del Río de la Plata» y Borges insistía en esta com-
paración aduciendo su legado oral); tengamos en cuenta que su con-
versación no hace de la dialéctica un culto, por el contrario, la refuta
y ridiculiza, tampoco pretende «dar a luz» verdades, sino que
deambula sin metas arriesgando todo en perpetuo devenir abismal,
arrojada al «afán de disparatar» que desatiende coherencias racio-
nales y desbarata hegemonías de la lógica aristotélica.
Habitar la estancia paradójica significa embarcarse en torbelli-
nos contradictorios de dificultosa comprensión tanto para sus con-
temporáneos como para los que más tarde intentarán crear una me-
moria congruente de su obra. Traigo a colación una entrevista pe-
riodística de enero de 1930 en la que Macedonio da una versión de
sí mismo en estos términos: «Desde entonces vivo solo conmigo y
el pensamiento –un pensamiento mal mandado y desobediente– me
ha quedado como único vicio de mi desamparo»2. Este es el perfil

1
Para un estudio sistemático de este tema, cf. Attala (2009).
2
La entrevista, realizada por César Porcio, fue publicada en La Nación el 26 de
enero de 1930, p. 39.

179
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

público que contornea su propio discurso en continuidad con su


vida práctica a la vera de Consuelo, con sus hijos y sus amigos:
simultaneidad contradictoria de una existencia apasionada que di-
seña un refugio de aporías para protegerse de los insoportables fas-
tidios de la realidad. La Pasión de Macedonio encarna sus deseos y
su placer, tanto en el pensar cuanto en amar a sus amigos, a su fami-
lia y a su amante. No es cierto que la tragedia de su viudez lo haya
dejado definitivamente postrado en una existencia despojada de
pasiones amorosas. Sucede que fue genialmente consciente del ar-
mado de su aura pública en continuidad con su vida recóndita reser-
vada a unos pocos.
En tercer término, rescatamos aquel amor-joven y vibrante hacia
su esposa Elena, protagonista de una lírica metafísica y de una me-
tafísica lírica, para ensamblarlo con el amor-maduro a Consuelo,
cuya intensidad profunda conlleva las heridas trágicas del recuerdo
y una sabiduría alentadora de renovados bríos creativos, a fin de
interpretar la contundencia con la que el universo femenino se ins-
taló en la vida intelectual, filosófica y afectiva de Macedonio. En
dicha constelación femenina también fulgura la memoria deslum-
brante de su madre –matrona ejemplar, inmensa e inolvidable–, al
tiempo que titilan con simpático candor sus enamoramientos relám-
pagos y encantados hacia amigas, empleadas y cocineras. El enig-
ma femenino lo atrae, lo envuelve y lo deslumbra. Su asedio perpe-
tuo al universo femenino se constituye en sustento dinámico de bús-
quedas metafísicas, de enredos retóricos y de experimentos sensi-
bles acicateados por la pregunta base: «¿Cómo será ser mujer?».
En el plano político, el género femenino juega un papel auxiliar
y subalterno, mientras participa en discusiones y elaboración de pla-
nes en igualdad de condiciones. La simetría que propicia en las rela-
ciones de género nos remite a un texto muy temprano, como lo es su
tesis doctoral «De las personas» (1897), en la que reclama al Códi-
go Civil de Vélez Sarsfield la negación del estatuto de sujeto jurídi-
co a las mujeres. Sin embargo, su pensamiento teórico y político se
resuelve en un universo masculino de intelectuales, artistas y esta-

180
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

distas que deciden el destino del resto con impronta elitista de gru-
pos selectos casi aristocráticos. La complicidad masculina ejerce el
poder de facto mientras alienta intensas experiencias románticas que
ponderan la valía del intelecto, la creatividad y la sensibilidad de
los universos femeninos.

Epílogo introductorio

Finalmente arribamos al epílogo, donde se supone que se sale y


se cierra el tratamiento de un tópico o de un relato. Pero en el caso
de Macedonio todo se revierte, por tanto les anuncio que no llega-
mos a entrar al fondo de la cuestión, ni crean que están saliendo de
la extrañeza que provoca su pensar-escribiendo. Apenas estamos en
el umbral del asombro y de las operaciones interpretantes de políti-
ca tantálica que nos mantiene «saludando en el atrio» como novios
enamorados o como funcionarios políticos cumpliendo fórmulas
protocolares.

Bibliografía

Attala, D. (2009). Macedonio Fernández lector del Quijote. Con


referencia constante a J.L. Borges. Buenos Aires: Paradiso.
Fernández, M. (1974). Teorías. Obras completas, Vol. 3. Buenos
Aires: Corregidor.
–– (1987). Relatos. Cuentos. Poemas y misceláneas. Obras Com-
pletas, Vol. 7. Buenos Aires: Corregidor.
–– (1990). No toda es vigilia la de los ojos abiertos. Otros escritos
metafísicos. Obras Completas, Vol. 8. Buenos Aires: Corregidor.

181
Leonardo Castellani:
polémica y mezcla de estilos

Diego Bentivegna

Nuestro punto de partida será breve: un escrito de ocho páginas


recogido en la edición de la Nueva crítica literaria de Leonardo
Castellani, de 1976, sin mención al pie ni del lugar original de pu-
blicación ni de fecha, y que exhibe un título enigmático, seriado:
«Sobre poesía española (III): el bluff literario».
Nos concentraremos en este escrito menor de Leonardo Castellani
porque consideramos que en él se exacerban algunos de los recur-
sos retóricos que son recurrentes a lo largo de su producción crítica,
sobre todo en los escritos que adoptan posiciones especialmente
extremas desde el punto de vista ideológico y discursivo. El escrito
funciona, en efecto, como una invectiva, en algunos puntos violen-
ta, que exhibe de manera exacerbada los recursos retóricos, o, me-
jor, el «arsenal» retórico, propio del discurso panfletario, que ha
sido estudiado en detalle por Marc Angenot (1982).
Para el teórico belga, recordemos, la parole pamphletaire se de-
fine por una relación específica con una verdad que, más que pre-
existir al discurso, se constituye en él. Es, al mismo tiempo, un dis-
curso con vocación de ruptura, un discurso síntoma de una erupción

183
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

ideológica, que supone una posición enunciativa exotópica. Impli-


ca, además, una vocación martirológica para el enunciador (una
vocación por la inmolación), algo eminentemente patético, con ten-
dencia a la exacerbación y al escándalo, pero también, leída desde
una reflexión política en torno a ciertos conceptos teológicos, como
la idea misma de mártir lo sugiere, de exhibición.
El mártir, como recuerda el teólogo alemán Erik Peterson (Erik
Maria Peterson es uno de los pseudónimos que adopta Castellani),1
se muestra como cuerpo sufriente arrebatado por la «pretensión de
publicidad» (Offentlichkeitsanspruch), se expone a una mirada pú-
blica: se identifica con el Cristo expuesto.
Desde un punto de vista formal, pues, la retórica panfletaria
–extrema y maximalista, como subraya Angenot– es determinante
para dar cuenta del carácter combativo con el que Castellani pien-
sa sus propias intervenciones críticas y en el que el texto que aquí
considero se inscribe. A través de lo panfletario, en efecto, se rea-
liza desde el punto de vista del discurso la guerra total, los rasgos
que determinan su imaginación agónica, que se configura como
apocalíptica.

Pensar la lectura

El texto de Castellani describe la situación misma de la que sur-


ge: presenta una situación peculiar de lectura, despliega una repre-
sentación de la lectura crítica, como si la crítica necesitara no sólo
inscribirse como un yo en el texto que enuncia, sino también exhi-
bir su condición. Hacerlo, en un punto, palpable:

Inmovilizado por el más sabroso lumbago, mi mala


suerte me dejó alcanzar con la mano solamente el

1
Remitimos al escrito de Peterson «Testigos de la verdad» (1937), incluido en
Peterson (1962). Cf. además el útil prólogo de Gabino Uríbarri (1999) al volumen
de Peterson sobre el monoteísmo como problema político.

184
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

libro de Jiménez, y no ninguna novela policial de


Rex Stout, mi actual favorito, que se me han aca-
bado todas; y yo arrojo a los dioses mi queja. Así
que tuve que leerlo todo, notas inclusive; y como
quedan dos hojas en blanco al final, las rematé
con una nota mía, un cotejo entre Miguel
Hernández, el poeta nacido en la muy romana ciu-
dad de Oriolum (o sea Orihuela) y muerto en
Burgos a los 32 años; y J-R. Jiménez, el casi cen-
tenario Premio Nobel. (Castellani, 1976: 531)

La crítica delimita así un campo de tensiones, postulado ya des-


de la frase de inicio del párrafo articulado en torno al oxímoron
(«sabroso lumbago»), una de las dos figura, junto con la
antimétabole, con las que Antoine Compagnon caracteriza, a partir
del análisis de la prosa extrema del conde de De Maistre, el edificio
retórico de los «antimodernos» (Compagnon, 2007). En Castellani,
que podría ser pensado por cierto desde las categorías propuestas
por Compagnon, la crítica se posiciona como una palabra conflicti-
va, entre el estar retenido en la cama, obligando al lector a asumir
una incómoda posición pasiva, tensionada entre la lectura como
«consumo cultural» –la lectura de géneros (el policial, la ciencia
ficción, incluso el fantasy) a los que Castellani dedica algunos de
sus escritos más felices–2 y la lectura aparentemente «alta», renuen-
te a la clasificación genérica, «espiritualizada», del volumen de poesía
de Jiménez. De esta manera, desde la posición crítica que Castellani
explicita, no se pueden pensar los textos sino en la medida en que
estos entran en relaciones de conflicto, de colisión, de guerra. En
este ethos bélico radica la dimensión política de la crítica de
Castellani. Es una crítica política en un sentido cercano al de lo

2
Cf., por ejemplo, el artículo «Literatura de pesadilla», incluido en Castellani
(1976), o «La desesperación pagana», originariamente publicado en Criterio en
1941 y recogido en Castellani (1984).

185
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

político schmittiano3: lo es en tanto se instala en un campo de ten-


siones, en la medida en que reconoce un enemigo discursivo y esta-
blece con él relaciones específicas de hostilidad.
Asimismo, se afirma que no se puede pensar una obra poética,
en este caso la de Jiménez, sin pensar en los mecanismos de lectura
que esa poesía misma instaura y en el público lector –la mujer con
ciertas inclinaciones culturales a la que esa poesía se adecua–. La
crítica de Castellani no relega esas lecturas (no niega las huellas de
esas lecturas, con todas las marcas de alteridad, incluso gráficas,
que ellas implican), sino que las evidencia en el texto crítico mis-
mo, las pone en colisión.
La lectora «mujer», cuyas huellas lee Castellani, reproduce los
rasgos de una femineidad estereotipada:

Las notas de la señorita, que no sé por qué parece


ha de ser o haber sido una «filoletra» –o sea estu-
diante de la Facultad de Filosofía y Letras– no son
de consecuencia, pues se reducen a muchos sig-
nos de admiración y a los adjetivos: «¡inefable!»,
«¡admirable!», «¡delicado!», «¡profundo!» y otros
tales. (Castellani, 1976)

Es una lectura, la femenina, cooptada por los efectos que produ-


ce el mecanismo enunciativo del texto poético: una lectura empática
que reproduce lo que el mecanismo poético de alguna manera pre-
vé. El gesto de Castellani, en este sentido, reproduce el carácter
unívoco del tipo de lectura que, críticamente, impugna: son lecturas
que no muestran fisuras, que no se hacen violencia a sí mismas, que
no pueden ir más allá de subjetividades estereotipadas.

3
Me refiero, por supuesto, al comienzo de Concepto de lo político: «La distinción
propiamente política es la distinción entre amigo y enemigo. Ella da a los actos y
a los motivos humanos sentido político; a ella se refieren en último término todas
las acciones y motivos políticos y ella, en fin, hace posible una definición concep-
tual, una diferencia específica, un criterio» (Schmitt, 2006: 30).

186
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Lo que se hace hablar en la lectura son dos tipos, el femenino y


el masculino, que sólo pueden identificarse con la poesía de Jiménez
o rechazarla en bloque, justamente por considerarla una poesía dé-
bil y, en última instancia, una poesía «afeminada», que se expresa
en las supuestas notas al margen del lector-macho que Castellani
cita en toda una gama de recursos panfletarios que ha estudiado
Angenot y que llega incluso al uso de términos vulgares. «¡Este
marica afectado que habla con Goethe y con Dante, que al fin eran
hombres!». A través de la voz representada, el texto de Castellani
pasa el límite del discurso: se hace intolerable.

Retórica de la crispación

Si la voz femenina se reduce al puro subjetivema, si sus enuncia-


dos exclamativos no llegan a articularse en enunciado medianamente
reflexivo, si se encierra en el ámbito de la exclamación pura, pura
expresión de una subjetividad femenina estereotipada, la voz mas-
culina que Castellani injerta en su texto, más que razonar, lucha:
despliega los más variados recursos panfletarios, en especial los re-
cursos de la agresión: el calembour, por ejemplo (así, el título «Gra-
na triste» se transforma, en la nota de Moya, en «Gansada triste»,
«¿Baladas? ¡Balidos!»), la imitación satírica («Ay, no la toques más/
que así es la rosa/ Y así es mi gran poema: cualquier cosa»), la inju-
ria («Este marica afectado»), hasta la acumulación de invectivas
(«Es un poeta menor, elegíaco, preciosista, muy pedante, engreído,
afectado y alfeñicado; sin nada adentro»). A ello se suman recursos
panfletarios del propio Castellani, como el uso de comillas («El ‘li-
bro’ que tiene 8 piecitas»), ironías («poemazo») y el uso generoso
de término subjetivos.
La poesía de Miguel Hernández, en la que se detiene la parte
«positiva» de la crítica de Castellani, es tan moderna como la
«edulcorada» poesía de Jiménez. A su vez, algunos de los autores
que Castellani sentía más cercanos, como Claudel o Chesterton, como

187
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Gozzano o Belloc, y, sobre todo, como Charles Baudelaire, consi-


derado por Castellani como punto de inflexión de la lírica, articulan
a su modo modalidades específicas de eso que llamamos literatura
moderna. Sin embargo, la operación que pone en juego Castellani
en este breve escrito es más compleja, cercana a la lectura que pro-
pone de Oscar Wilde en Cristo y los Fariseos: la reivindicación de
la poesía de un autor, Miguel Hernández, estereotipado como el
poeta campesino, una suerte de Giotto de la poesía hispánica con-
temporánea, el impulsivo alumno de la escuela jesuita de campaña,
el poeta miliciano, muerto en la cárcel de la España franquista, ele-
gido para incomodar a los lectores identificados con lo que pode-
mos entender como una opción conservadora.
En el momento de evaluar la producción de Miguel Hernández,
la tópica en la que abreva Castellani es, otra vez, el campo de lo
orgánico y de lo sexual. En referencia a este último punto, la poesía
de Hernández, que se construye a partir del padecimiento de un
cuerpo enfermizo, subalimentado, que terminará consumido por una
tisis potenciada por la cárcel, es, en cambio, una poesía «robusta»,
son «elegías viriles que parecen odas pindáricas» y en las que fun-
cionan, como en las de Vallejo o en la del italiano crepuscular, el
«decadente» Guido Gozzano –que Castellani nombra también como
contrapeso, podemos pensar, moderno del modernismo vacuo de
Jiménez–, un elemento clave para pensar la especificidad escanda-
losa del cristianismo: un elemento resurreccional.

Digamos la palabra definitiva: es la cristiana es-


peranza de la resurrección de la carne, nunca ex-
presada explícitamente, la que hincha de callada
grandeza la breve e inmadura obra del joven con-
denado Miguel Hernández, el español. Que ni
ganó el premio Nobel, ni tuvo éxito inmediato,
ni vivió para verlo. Pero hizo algo en su breve
vida. ¿Algo? Y aun algo... Qualcosetta.
(Castellani, 1976: 533)

188
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Es probable que Castellani escriba estas líneas luego de leer


algunos de los textos más potentes de Hernández, como la «Elegía
Primera, a Ramón Sijé» o los poemas escritos en prisión por su
condición de derrotado en la Guerra Civil Española. Lo que se entona
en esa poesía, con tonos más elegíacos que proféticos, es algo
eminentemente del orden esjatológico, de retorno, de reconstrucción,
teológico-política, de la carne: se enuncia una política que no es
sólo política de un ser-ahí que se asume como un ser para la muerte,
sino también una política esjatológica proyectada hacia el futuro
que confía en la existencia de un lugar comunitario de restitución.
El pasaje de Jiménez a Hernández es el pasaje kierkegaardiano de
la vida estética a la vida religiosa, es el pasaje de lo escatológico (la
democacacria liberal, el presidente «cagón», el poeta «sodomita») a
lo esjatológico, de una concepción de poesía como percepción de un
momento que huye (fugit tempus), la concepción esjatológica que
Jacob Taubes define de manera certera en un escrito dedicado a Carl
Schmitt como pensador apocalíptico: pese a los posicionamientos
políticos diferenciados del jurista del Reich y del teólogo judío ligado
a los grupos de izquierda extraparlamentaria, «los dos –afirma Taubes–
tenemos en común la experiencia del tiempo y de la historia como
plazo, como plazo perentorio. Y ésta es en su origen una experiencia
cristiana de la historia» (Taubes 2007: 169).
Frente a la esterilidad afectada de Jiménez, aquello que la poesía
de Miguel Hernández convoca es una forma colectiva, eminente-
mente política, de lo generativo. En tal sentido, el aspecto que
Castellani rescata en la poesía de Hernández es especialmente in-
quietante para pensar algunas de las formas actuales de lo político.
Para pensar, por ejemplo, formas de aparición de lo comunitario.
Pienso en el retorno de la metáfora resurreccional en discursos pro-
fundamente críticos del orden político, económico y cultural con-
temporáneo. Uno de los casos más notables de esta reactualización
del discurso esjatolójico resurreccional lo hallamos en algunos tex-
tos que provienen del área de la autonomía política italiana. Por
ejemplo, en su escrito sobre Job, redactado durante los años de pri-

189
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

sión a comienzos de los ochenta, Toni Negri, acusado de «cattivo


maestro» y de mentor ideológico de las Brigadas Rojas, lee la resu-
rrección en términos claramente políticos, en un movimiento análo-
go al de la crítica de la piedad farisaica que obsesionaba a Castellani.4
Se diseña, en estas diferentes posturas escatológicas, una forma
resurreccional, en donde radicaría la potencia teológico-política de
esa poesía, que, en el ámbito de la poesía hispanoamericana, volve-
mos a encontrar en el Vallejo de Poemas Humanos, en el Cántico
Cósmico de Ernesto Cardenal, o en Inri de Raúl Zurita. No se trata
de seguir a Hernández en sus tomas de posición política concretas
en los años de la República Española –Castellani era partidario,
aunque no entusiasta, del bando nacional–, sino de leer en esa poe-
sía misma y en una existencia poética capaz de ponerse en riesgo,
en la palabra peligrosa, el aspecto político de la literatura.

Mezcla de estilos

En un breve texto que plantea problemas críticos cercanos al escrito


que estamos abordando, la carta a Tomás de Lara sobre el Cántico de
Jorge Guillén (recogido en Castellani, 1945), Castellani habla de una
poesía que opera por «transfiguración», una poesía que, a diferencia de
la poesía pura de Guillén (una poesía que «aspira a la inmaterialidad»,
una poesía viciada de «angelismo»). La «transfiguración» de Jesús en
el Monte Tabor, narrada en los evangelios sinópticos, es uno de los
puntos de configuración más fuertes de la teología de las iglesias orien-
tales, como lo recuerda Massimo Cacciari a través de la lectura de los
grandes teóricos rusos del siglo XX de la iconografía (en especial, de

4
«Durante siglos y siglos, la pretendida piedad trató de borrar de la experiencia
religiosa la materia natural y física, la carne: cuando no logró imponer esta aterra-
dora amnesia, afirmó la carne como mortificación, como sacrificio. El libro de Job
fue aplanado sobre esta sucia analogía, cuando en realidad en él el Mesías es el
signo de la resurrección de la carne, del mismo modo que, en el comunismo, el
Mesías es el signo de la resurrección del trabajo» (Negri, 2003: 133).

190
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Pavel Florensky, fusilado en las prisiones de Stalin en 1937, el mismo


año en que Hernández viaja a la Unión Soviética como parte de una
delegación de intelectuales enviada allí por el gobierno de la Repúbli-
ca). Supone un ejercicio de exhibición que afecta lo luminoso y la vi-
sión. Por la transfiguración, que preanuncia la resurrección (Sáenz, 1991:
2003), Jesús se manifiesta como Cristo: deja ver un rostro resplande-
ciente –una luz que altera la percepción de los tres apóstoles que lo
acompañan–, asume una «rostridad», como la denominan Deleuze y
Guattari en el capítulo «Año cero-rostridad» de Mil mesetas (Deleuze y
Guattari, 1988), en el fondo de la cual existe algo del orden de la alteridad:
un rostro que es de Jesús, sí, pero que también es el rostro de Otro.
En la concepción de Castellani, la transfiguración de la carne se
opone a su elisión: al «angelismo» puramente estético, y en este as-
pecto se conecta con la encarnación del Verbo. El arte cristiano no es
creación ex nihilo, no es tampoco negación de la carne: es, en cambio,
trabajo poético sobre ella, transfiguración que constituye acto poético
en tanto afirmación de la materia en estado de transformación, del
carácter corporal del acto estético. Evidencia, además, aquello que se
ha estado poniendo en juego desde el momento de la encarnación: el
«descenso» de lo divino a la carne. La encarnación es un aconteci-
miento, teológico e histórico, que, como ha insistido Erich Auerbach,
tiene consecuencias imprevisibles en el ámbito de la retórica y, en
consecuencia, de lo que en la herencia cristiana entendemos como
literatura y, en términos generales, arte. Más cerca de nosotros, Jean-
Luc Nancy entiende la especificidad de la pintura cristina –y, en ge-
neral, del arte cristiano– a partir de la idea misma de encarnación: se
trata de la mostración del cuerpo, del «Hoc est corpus» que se pro-
nuncia en el momento de la eucaristía y que supone la exhibición de
la hostia hecha carne. No es un acontecimiento del orden de lo
representable, sino de la presentación: la hostia no representa nada
fuera de sí, no es otra cosa distinta de sí misma, sino que es el lugar
donde se pone en acto una presentación.
En varios momentos de su obra crítica, Erich Auerbach se detie-
ne en lo que puede considerarse una anomalía cristiana en el siste-

191
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

ma de estilos heredado de la tradición retórica pagana: la teología,


que «encierra los misterios más sublimes y recónditos para el enten-
dimiento común, como los de la Trinidad o la Redención, se sirve
de un género de lenguaje sólo admitido para los medios de realismo
bajo». La humildad cristiana se realiza estilísticamente y trastoca el
orden de los discursos.
En efecto, en la antigüedad pagana, los estilos alto o sublime y
bajo o humilde están separados. Ya en la Retórica aristotélica po-
demos encontrar una aproximación a esta separación de los esti-
los, que Cicerón y Quintiliano pensarán en términos de una
tripartición estilística. Se habla, así, de un estilo «elevado» o «su-
blime», cuyo fin es conmover (movere), de un estilo medio cuyo
fin es deleitar (delectare) y de un estilo bajo o «humilde» cuyo fin
es enseñar (docere), de acuerdo con los temas que el orador trata.
La anomalía, el escándalo cristiano, es formulado de manera clara
unos siglos más tarde por San Agustín en De doctrina christiana,
destinada a la formación de los oradores sagrados y que, a través
de la mediación del humanismo, se convierte en una de las más
importantes fuentes para la formación de la cultura europea mo-
derna (Fumaroli, 1980: 70).
Para Agustín no hay temas que, en sí mismos, requieran de un
estilo determinado, sino que el orador sagrado debe elegir en la es-
cala estilística teniendo en cuenta la naturaleza de su auditorio, con
lo que se admite la posibilidad de tratar temas altos, como los temas
teológicos, en un estilo humilde.
La anomalía cristiana consiste justamente en su mezcla estilísti-
ca, apta para la predicación a los humildes, judíos y gentiles, que
está prevista, según Auerbach, en el fenómeno constitutivo del cris-
tianismo: la encarnación del Verbo en el hombre y la pasión de Cris-
to (Auerbach, 1950: 276). Como la resurrección rompe con el orden
lógico del tiempo de la vida y de la muerte, la mezcla de estilos
constituye una ruptura del orden del discurso: «escándalo para los
judíos y locura para los gentiles», como dice la frase de San Pablo
en la carta a los Corintios que tanto Castellani como Pasolini retoman.

192
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

La encarnación cristiana implica una forma de minorización de


la lengua: el griego de los Evangelios es un griego «malo» –Nietszche
lo recuerda–, cargado de formas impuras. El griego de Pablo, afir-
ma Jacob Taubes retomando un diálogo con uno de sus maestros,
es, en cierto sentido, equivalente al yddish. Es la tradición del «po-
bre de Asís», Giotto y Dante (el punto de partida de Auerbach, en un
artículo de 1941, 5 es el verso 56 del canto II del Infierno: e
cominciommi a dir soave e piana), a la que Auerbach vuelve en
Mímesis y en la que Castellani se detiene en uno de sus escritos
juveniles, en el que se refiere a la lengua toscana en formación de
Dante, que «conserva aún rastros de la briosa concisión y los gran-
des recursos sintácticos de su madre, la lengua latina», mezclada
«con modismos de la filosofía escolástica, con voces griegas y he-
breas, con fórmulas de la liturgia sagrada, con palabras provenzales»
(Castellani, 1945: 273-4). Es la apropiación crítica en clave de Dante
plurilingüístico que llevan adelante, desde la crítica, Erich Auerbach,
Gianfranco Contini, Pier Paolo Pasolini, desde la que se lee una
línea alternativa a la del «monolingüísimo» poético (el hermetismo,
Ungaretti, Montale) del siglo XX italiano6 y que encuentra un punto
de articulación especialmente influyente en el discurso católico en
la poética y retórica del barroco, en cuya formación los jesuitas ocu-
paron un lugar determinante.7
5
«Sacrae scripturare sermo humilis», incluido en Auerbach (1998:5).
6
En palabras de Pasolini, uno de los herederos del siglo XX –a través, por cierto, de
la mediación teórica de la filología de Gianfranco Contini y de la comparatística
de Auerbach– del «plurilingüismo» dantesco, lo que hace Dante no es «descubrir
la lengua», sino «las lenguas»: el plural de las lenguas, la zona en la que se
entrecruzan los registros en su variedad y en su diferencia, en su corporalidad, en
su espesor material (Pasolini, 2000: 194-5).
7
En este punto, Marc Fumaroli registra como rasgos de la retórica jesuítica barro-
ca –de la que en gran parte heredamos, enfatiza R. Barthes en Sade, Fourier, Loyola,
la idea moderna de literatura– algunos elementos que me parecen importantes para
pensar las intervenciones de Castellani, como la variedad de estilos. Fumaroli re-
cuerda la capacidad de mutación del discurso jesuita, moldeado por imitatio
multiplex y por la varietas ingeniorum. Cada orador dispone de una gran amplitud
para determinar su propio estilo en función de su propia naturaleza, pero también
en función de las características del receptor.

193
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Es esta línea de «mezcla estilística» la que está presente en los


escritos de Castellani, que se ponen en serie de esta manera con
una tradición que se percibe como propiamente católica. Sin em-
bargo, los elementos extremos que caracterizan el estilo de
Castellani van más allá de esta sensibilidad por la pluralidad esti-
lística cuya legitimidad radica en que se mueve en el marco de la
elocuencia. Y es que la tradición agustiniana de los estilos se
interrelaciona en Castellani (que reconoce en este punto la influen-
cia de los escritos de Quevedo y de la gauchesca criolla) con mo-
dalidades más populares y mordaces, que admiten el «mal gusto»
y la referencia escatológica y que, en este sentido, se mueven por
fuera de los límites de la elocuencia como «buen decir». Nos refe-
rimos a la «pluralidad de estilos y de tonos» que Mijail Bajtín
(1986: 144 y ss.) ha estudiado en función de la tradición de la
sátira menipea y del universo carnavalesco, algunos de cuyos ele-
mentos constitutivos, según Bajtín, se presentan de manera evi-
dente a lo largo de la producción de Castellani: presencia del «ele-
mento risa», creación en la narrativa de momentos excepcionales,
«naturalismo de los bajos sumamente grosero y extremo»,
experimentalismo psicológico, presencia de oxímoros y de mar-
cados contrastes, elementos de utopía social, uso de géneros inter-
calados (como cartas o diarios), etcétera.
Transfigurar la lengua implica, pues, hacer evidentes sus ele-
mentos de alteridad. Es ver la lengua en la medida en que se en-
cuentra habitada por Otro.

Conclusiones

En síntesis, el texto de Castellani permite pensar, en la operación


misma de mezcla de estilos y niveles que pone en juego, el lugar de
una crítica entendida no como producto de la elocuencia, sino como
un ejercicio polifónico de transfiguración de los estilo, atento a la
variedad de voces y de lectos, que no conviven en un plano ideal de

194
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

igualdad y neutralidad, sino que entran en relaciones explícitas de


contradicción y disputa. Permite pensar, al mismo tiempo, una críti-
ca que se distancia de la maquinaria despolitizadora (que Castellani
ve operar, por ejemplo, en la crítica borgeana a Lugones) y que, sin
embargo, no cae en la analogía directa entre las decisiones políticas
del autor y la política del texto. La crítica no opera ni por rechazo
puritano de los autores y menos por canonización, no es una serie
de apologías y rechazos, sino una rearticulación de las interrogacio-
nes que los textos mismos plantean.

Bibliografía

Angenot, M. (1982). Le parole pamphletaire. Contribution à la


typologie des discours modernes. París: Payot.
Auerbach, E. (1950). Mímesis. México: Fondo de Cultura Económica.
–– (1998). Figura. Madrid: Trotta.
Bajtín, M. (1986). Problemas de la poética de Dostoievski. México:
Fondo de Cultura Económica.
Castellani, L. (1945). Crítica literaria. Buenos Aires: Penca.
Castellani, L. (1976). Lugones. La esencia del liberalismo. Nueva
crítica literaria. Buenos Aires: Biblioteca del Pensamiento Na-
cionalista.
–– (1984). Las ideas de mi Tío el Cura. Buenos Aires: Excalibur.
Compagnon, A. (2007). Los antimodernos. Barcelona: Acantilado.
Deleuze, G. y F. Guattari (1988). Mil mesetas. Valencia: Pre-textos.
Fumaroli, M. (1980). L’âge de l’éloquence: réthorique et «res lite-
raria» de la Renaissance au seuil de l’èpoque classique. París:
Droz.
Negri, T. (2003). Job. La fuerza del esclavo. Buenos Aires: Paidós.
Nancy, J.-L. (2002). La visitazione. (Della pittura cristiana). Milán:
Abscondita.
Pasolini, P. P. (2000). Empirismo eretico. Milán: Garzanti.
Peterson, E. (1962). Tratados teológicos. Madrid: Cristiandad.

195
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Sáenz, A. (1991). El ícono. Esplendor de lo sagrado. Buenos Aires:


Gladius.
Schmitt, C. (2006). El concepto de lo político. Buenos Aires: Struhart
y Cía.
Taubes, J. (2007). La teología política de Pablo. Madrid: Trotta.
Uribarri, G. (1999). «Erik Peterson: teología y escatología». En: E.
Peterson. El monoteísmo como problema político. Madrid:
Trotta.

196
Figuras, ontología y cosmovisión: retórica
y representación de mundo en la poesía
vanguardista de Jorge Luis Borges

Víctor Gustavo Zonana

En un estudio remarcable sobre la hipálage, su caracterización


desde la semántica interpretativa y su funcionamiento y efectos en
la poesía de Borges, François Rastier apunta consideraciones de
interés sobre las figuras, sus relaciones con modelos de mundo y
los potenciales efectos estéticos que generan. Rastier llama la aten-
ción sobre el hecho de que, si bien «el tropo no contiene en sí
mismo una ontología determinada», sin embargo «puede ser pri-
vilegiado por una determinada ontología como medio de expre-
sión» (Rastier, 2005: 289). Desde esta perspectiva, la hipálage,
que dentro del sintagma nominal puede definirse como «una
alotopía entre el sustantivo y el epíteto o el complemento del sus-
tantivo», «afecta semas socialmente normados» y por ello «gene-
ra una ruptura en la doxa que lleva a mantener varios recorridos
interpretativos en forma simultánea» (Rastier, 2005: 292). La fi-
gura suscita un efecto paradójico que depende de asociar una in-
compatibilidad semántica con una compatibilidad sintáctica
(Rastier, 2005: 203). Estas relaciones entre sintaxis y semántica
–generadoras de una suerte de escándalo gramatical– suscitan un

197
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

efecto crítico sobre un modelo de mundo: si lo propio, de acuerdo


con una ontología fundada en las categorías aristotélicas, se ex-
presa mediante adjetivos epítetos –por ejemplo, «la nieve es blan-
ca», «la noche es oscura»–, la hipálage subvierte esta relación na-
tural (Rastier, 2005: 295). Por ello posee un efecto crítico, ya que
postula una contradicción insalvable «para cualquier interpreta-
ción que desee salvaguardar la identidad del ser respecto de sí
mismo y la univocidad de la clasificación ontológica» (Rastier,
2005: 295). Para Rastier, la frecuencia en el uso de hipálages en la
poesía de Borges, en conjunción con otras articulaciones retóricas
(las enumeraciones, por ejemplo), pondría en escena «una metafí-
sica sin ontología» (Rastier, 2005: 309). A partir del análisis de la
obra borgiana, Rastier postula a la hipálage como la antimetáfora:
mientras esta une el plano de la realidad a otro superior, «la hipálage
mezcla esos planos y derrumba el sistema del mundo», es decir, la
imagen que una doxa nos ofrece de él (Rastier, 2005: 310).
Esta rápida (y posiblemente injusta) síntesis de las considera-
ciones de Rastier permite ahondar en la relación entre figuras, on-
tología y efectos estéticos. Considero este trabajo como una mera
apostilla a su estudio. Para ello, propongo partir del cotejo de las
consideraciones teóricas de Borges en torno a la metáfora y a la
adjetivación insólita en la década del veinte y relacionarlas con su
práctica artística en Fervor de Buenos Aires (1923). Entiendo que
esta operación mostrará que, contrariamente a lo que postula
Rastier, en los primeros libros de Borges, la hipálage no es la
antimetáfora. Por el contrario, esta figura se alía a la metáfora para
el diseño de una ciudad de Buenos Aires que no responde ni a un
realismo empírico, ni necesariamente a uno trascendente. Antes
bien, metáfora e hipálage constituyen medios de expresión indis-
pensables –en consonancia con una concepción «nominalista» de
mundo (Rest, 2009)– a través de los cuales el sujeto paseante dise-
ña una ciudad ajena de sustancia, a la que sólo la escritura poética
puede dar cierto grado de entidad.

198
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Algunos postulados de la poética borgiana


en la década del veinte

Para comprender la complementariedad entre metáfora e hipálage


en la poesía juvenil de Borges, es necesario recuperar ciertos princi-
pios de su poética, en particular los referidos a su concepción del
lenguaje y de la metáfora. Cabe destacar al respecto que ningún otro
escritor en Argentina dedicó tanto empeño a pensar el problema de
la metaforicidad del lenguaje. Borges reflexiona sobre este asunto
en artículos específicos sobre la figura, en reseñas de obras líricas
contemporáneas, en comentarios incidentales de notas críticas y en
textos metapoéticos o metaficcionales a lo largo de toda su trayec-
toria literaria. Y si bien elude una exposición sistemática, la fre-
cuencia del abordaje del tema, la profundidad de sus observaciones
y la coherencia de sus reflexiones con la práctica artística suscitan
en el lector contemporáneo al menos una apariencia de sistema (Rest,
2009: 60). Conviene rescatar el horizonte desde el cual se efectúan
las consideraciones borgianas en torno al tropo.
Por una parte, tal como ha sido señalado por numerosos críticos
(Echavarría: 1983; Báez: 2001; Rimoldi: 2005; Rest: 2009), es po-
sible reconocer el influjo de la filosofía de Fritz Mauthner y de sus
consideraciones en torno al lenguaje como juego eficaz, pero «exento
de cualquier aptitud para representar» y conocer adecuadamente la
realidad (Rest, 2009: 87). Esta imperfección del lenguaje deriva del
hecho de que reduce la complejidad y riqueza del mundo (Rest,
2009: 87; Rimoldi, 2005: 41-42). Sólo proporciona un conocimien-
to parcial y abstracto (Rest, 2009: 65). Tal como afirma Borges en
su «Examen de metáforas», el mundo fenoménico es un conglome-
rado de percepciones y, frente a él, el lenguaje sólo constituye «un
ordenamiento eficaz de esa enigmática abundancia del mundo»
(Borges, 1993b: 71). Las clases de palabras son formas de recortar-
lo artificiales, prácticas, y de ellas se deriva esa parcialidad y esa
condición abstracta:

199
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Para una consideración pensativa, nuestro lenguaje


[...] no es más que la realización de uno de tantos
arreglamientos posibles. Solo para el dualista son
valederas su traza gramatical y sus distinciones.
Ya para el idealista la antítesis entre la realidad
del sustantivo y lo adjetivo de las cualidades no
corrobora una esencial urgencia de su visión del
ser... (Borges, 1993b: 72)

La particular inadecuación entre lenguaje y mundo representable


lleva a la creación de metáforas, especialmente en el espacio de la
expresión artística, aunque también sea posible hallar metáforas «mal
desasidas de la corporeidad» en el lenguaje abstracto de la metafísi-
ca (Ibid.). De allí que la metáfora aparezca como algo inevitable y
no esencialmente poético.
Por otra parte, la reflexión sobre la metáfora –pero también so-
bre la adjetivación insólita– surge al calor del debate de las poéticas
vanguardistas. En este contexto, metáfora e hipálage constituyen
instrumentos de impugnación de un universo simbólico heredado
(Zonana, 1994; 2001) y son herramientas para la renovación de una
forma consuetudinaria de ver el mundo. La metáfora, en especial,
permite a los poetas que asumen una nueva sensibilidad enarbolar,
frente a la visión mimética del arte como espejo, la «estética activa
de los prismas», en función de la cual cada poeta ofrece una visión
«desnuda de las cosas [...] fragante, como si ante sus ojos fuese
surgiendo auroralmente el mundo» (Borges, 1997a: 86). De allí que
el tropo asuma una función crítica que se resuelve de diverso modo
según el poeta: en un plano superior, posiblemente metafísico, en
obras como Días como flechas (1926) de Leopoldo Marechal. Por
el contrario, en obras como Veinte poemas para ser leídos en el
tranvía (1922) o Calcomanías (1925) de Oliverio Girondo, la reno-
vación en la percepción del mundo que produce la metáfora se re-
suelve en un plano inmanente; a la vez, la instauración de la sexua-
lidad como filtro alotópico en ambos libros impugna la sublimidad

200
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

de objetos culturales prototípicos, supuestamente intocables por su


«aura», como por ejemplo la ciudad de Venecia.
Tanto en los poetas mencionados como en Borges, el poema se
construye, en virtud de los poderes renovadores de la figura, como
«una serie de metáforas» dotadas de «sugestividad personal» y
que «sintetiza una visión de algún fragmento de la vida» (Borges,
1997b: 110).
Pero esta sucesión, al no ser la metáfora intrínsecamente poéti-
ca, deberá estar dotada de intensidad, es decir, deberá expresar una
intensa certitud de vivir (Borges, 1993b: 49; las itálicas son mías).
Como señala al respecto en el prólogo de Fervor de Buenos Aires,
Borges espera que en sus metáforas sea más notorio «lo eficaz» que
lo «insólito» (Borges, 1923).
Con respecto a la predicación metafórica, conviene subrayar un
último aspecto: el gusto por ciertas metáforas que tienden a «sutili-
zar lo concreto», cuya ascendencia encuentra Borges en la poesía
de Julio Herrera y Reissig y que considera «artimaña de insensuales
y meditabundos» (Borges, 1993b: 77).
En cuanto a la valoración poética del adjetivo y, en particular, de
su forma inusual, las consideraciones de Borges encuentran un sus-
tento ejemplar en la poesía de Quevedo y, en lo que se refiere a las
direcciones estéticas contemporáneas, en la lírica expresionista ale-
mana. Al examinar históricamente el uso de los adjetivos en poesía,
Borges reconoce ciertas tendencias. Por una parte, en la poesía
homérica o en la española de Fray Luis de León, el epíteto aparece
como una forma de descanso o énfasis, en la medida en que no
aporta ninguna información nueva y en que resalta aspectos previsi-
bles, inherentes, del sustantivo al que califica. Por el contrario,
Quevedo introduce asociaciones inéditas en su uso magistral del
adjetivo. Asociaciones que, incluso, constituyen aciertos metafóricos,
como los sintagmas: «ojos hambrientos de sueño», «humilde sole-
dad», «dignidad meretriz» o «sangrienta luna» (Borges, 1993a: 52-
53). Por su parte, los poetas expresionistas alemanes ponen toda su
atención «en las eficiencias del detalle: en la inusual certeza del

201
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

adjetivo, (y) en el brusco envión de los verbos», aspecto que resulta


de una «comprensión de los instantes y de las palabras, que son
instantes duraderos del pensamiento» (Borges, 1993b: 156). El uso
estratégico de adjetivos o epítetos entonces tiende a «no dejarlos
haraganear», y a considerar la eficacia estética de la «congruencia o
incongruencia lógica que hay entre ellos y el nombre calificado», es
decir, valorar «la variación que le imponen» al nombre (Borges,
1993a: 56).

Metáfora e hipálage en Fervor de Buenos Aires

Si se analizan las funciones de la metáfora y la hipálage en Fer-


vor de Buenos Aires, se advierte que desempeñan un papel funda-
mental en la configuración imaginaria de una ciudad casi irreal. Una
ciudad que, como postula en el poema «Amanecer», padece la tre-
menda conjetura de Berkeley y Schopenhauer, en la que «están aje-
nas de sustancias las cosas», apenas sostenida por perceptores anó-
nimos y noctámbulos en la noche universal. Una comparación de
esta forma de la ciudad –o, más precisamente, del barrio de Palermo–
con la presente en Misas herejes (1908) o La canción del barrio
(1913), de su admirado Evaristo Carriego, resalta aún más la condi-
ción abstracta de la Buenos Aires de Fervor de Buenos Aires: en
Carriego desborda la vida social, los personajes típicos, los espa-
cios de la cantina o la vereda, el chisme. Por el contrario, en Fervor
de Buenos Aires, como señala Cristina Grau, casi no hay gente: sólo
antepasados evocados en el hogar o en el cementerio y una amada
por lo general ausente. La ciudad está hecha de paisajes y de objetos
(Grau, 1995: 25-30). Por otra parte, en su recorrido de poeta flâneur,
Borges programáticamente elude los espacios populosos y los mo-
mentos del día de mayor actividad. Privilegia así visiones en que el
atardecer o el amanecer desdibujan los contornos de los objetos, o
espacios en que el perímetro urbano se difumina en el vasto hori-
zonte de la pampa (Barrenechea, 1984: 78).

202
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Pero, a su vez, esa ciudad solitaria –que es, como señala en el prólo-
go, su casa, los barrios amigables, las calles y retiros en los que experi-
mentó el amor– presenta al menos dos rasgos distintivos: en primer
lugar, se trata de un paisaje dinamizado por una mirada que declara «el
asombro de las calles endiosadas por la esperanza y el recuerdo» (Borges,
1923); en segundo lugar, ese paisaje adquiere la espesura ontológica de
un anhelo, de una imagen mental o de un poema. La expresión de tales
características depende básicamente del uso de metáforas que tienden a
sutilizar lo concreto, de verbos que personifican entidades inanimadas
y de la hipálage que, por lo general, consolida esa visión dinámica de lo
real al atribuir a las cosas una propiedad humana.
Así, la metamorfosis de la metrópolis tentacular en ciudad leve,
ideal, se manifiesta en sintagmas metafóricos que implican una
interiorización del espacio y su transformación en perceptos, ideas,
recuerdos o afectos de una conciencia que observa y siente:

Las calles de Buenos Aires


ya son la entraña de mi alma
(«Las calles». Borges, 1923)

Todo –honesta medianía de las casas austeras


travesuras de columnitas y aldabas,
tal vez una esperanza de niña en los balcones–
se me adentró en el corazón anhelante
con limpidez de lágrima.
(«Calle desconocida». Borges, 1923)

La ciudad está en mí como un poema


que aún no he logrado detener en palabras.
(«Vanilocuencia». Borges, 1923)

El arrabal es el reflejo
de la fatiga del viandante.
(«Arrabal». Borges, 1923)

203
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Esta traslación de lo fenoménico a lo psicológico responde a esa


voluntad del poeta flâneur de resistirse a la modernidad, al cambio,
y rescatar así el espacio paradisíaco pero inexistente de su infancia.
Ahora bien, el poeta es consciente de la vanidad de este gesto y por
ello juzga impotente su pretensión al afirmar:

¿Para qué esta porfía


de clavar con dolor un claro verso
de pie como una lanza sobre el tiempo
si mi calle, mi casa,
desdeñosas de plácemes verbales
me gritarán su novedad mañana?
(«Vanilocuencia». Borges, 1923)

Esta última cita nos permite considerar otro de los aspectos men-
cionados, asociado al uso de las figuras y su relación con la
cosmovisión borgiana en este volumen. De acuerdo con el ejemplo
de los poetas expresionistas (Videla de Rivero, 1990; Running, 1981;
García, 2002), Borges apela a la inusual certeza del adjetivo y al
brusco envión de los verbos para representar el dinamismo de los
seres que hacen la ciudad, al personificarlos y atribuirles acciones y
afecciones propias del ser humano. En la secuencia, los enunciados
calle/casa desdeñosas, calle/casa que «gritarán su novedad»,
instauran una ruptura de las isotopías presentes en el poema –en
términos de Rastier– o proyectan las propiedades del dominio con-
ceptual de lo humano sobre la representación de los espacios ciuda-
danos –en términos de la Lingüística Cognitiva. En las páginas del
libro se advierte una recurrencia casi manierista en este uso no hara-
gán del adjetivo (y de los verbos) que dinamiza los componentes
del escenario urbano: en las calles céntricas, las luminarias exhiben
«colores impetuosos/ [que] escalan las atónitas fachadas» («Ciu-
dad». Borges, 1923; las itálicas son mías); después del aguacero,
«un olor a inquieta tierra mojada/ alentó los jardines» («Barrio re-
conquistado». Borges, 1923; las itálicas son mías); «en una sala

204
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

taciturnamente rendida, se escucha con escándalo el nombre de


Rosas» («Rosas». Borges, 1923; las itálicas son mías). Estos ejem-
plos podrían multiplicarse. En todos ellos, el encanto poético deriva
de esa conjunción de «incompatibilidad semántica» y «compatibili-
dad sintáctica»; asimismo, se observa esa «ruptura en la doxa que
lleva a mantener varios recorridos interpretativos en forma simultá-
nea», y que llama la atención del lector al hacer del adjetivo epíteto
no un descanso, sino una sorpresa. El lector percibe la sala en tanto
espacio del hogar, pero reconoce, a mi entender, el filtro mediador
del poeta que difracta su cansancio y su condición taciturna sobre
dicho espacio.
En ocasiones, la metáfora despliega y «justifica» la ruptura isotópica.
Por ejemplo, en la siguiente secuencia del poema «Arrabal»:

Mis pasos claudicaron


cuando iban a pisar el horizonte
y estuve entre las casas
miedosas y humilladas
juiciosas cual ovejas en manada,
encarceladas en manzanas
diferentes e iguales
como si fueran todas ellas
recuerdos superpuestos, barajados
de una sola manzana.
(Borges, 1923; las itálicas son mías)

En esta secuencia, la comparación «cual ovejas en manada» aporta


en el acto de enunciación poética las formas semánticas singulares
(Rastier, 2003: 48) que hacen posible la interpretación de esas «ca-
sas miedosas y humilladas». Pero, además, la secuencia es intere-
sante porque plantea, en un segundo momento, otra reconfiguración
metafórica a partir de la instauración de una nueva alotopía: así, a
casas/como ovejas, le sigue casas/como recuerdos superpuestos. Esta
concatenación de metáforas referidas a una misma entidad es un

205
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

indicador de que ese mundo representado carece de la estabilidad


ontológica a la que aspiraría una estética realista o una filosofía
empirista. Carece incluso de la estabilidad del arquetipo metafísico.
Por el contrario, la multiplicación de metáforas aspira a resaltar, por
sugerencia, el conglomerado de percepciones que suscita esa enig-
mática abundancia del mundo.
La metáfora en ocasiones puede subrayar la condición del adje-
tivo en condición de hipálage, tal como se advierte, a mi juicio, en
la siguiente secuencia del poema «Benares»:

El sol salvaje
semejante a la decisiva zarpa de un tigre
desgarra la oscuridad maciza
de templos, muladares, cárceles, patios
(Borges, 1923; las itálicas son mías)

La categoría de «salvaje» puede predicarse de un paisaje o de un


terreno. La incompatibilidad semántica no presenta el mismo grado
de saliencia perceptiva que en el caso de «casas miedosas». Pero el
poeta desea resaltar que el salvajismo aludido es el del animal. Nue-
vamente, la metáfora «semejante a la decisiva zarpa de un tigre/
desgarra...» genera las formas semánticas singulares que coadyuvan
en la articulación retórica del pasaje y a su puesta en primer plano.

Consideraciones finales

La reconstrucción del horizonte teórico en los ensayos borgeanos


de la década del veinte nos permite advertir una cosmovisión
«nominalista» que asume la riqueza del mundo y la incapacidad del
lenguaje para representarlo. Borges manifiesta, además, su descon-
fianza con respecto a que las clases de palabras puedan correspon-
der a las categorías en función de las cuales se intentan delimitar las
entidades que componen lo real. En el contexto de esta concepción,

206
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

la metáfora es a la vez una fatalidad del lenguaje y una herramienta


para la renovación de un modelo del mundo heredado por las distin-
tas formas de los discursos sociales del arte, la ciencia o la filosofía.
Una función análoga desempeñaría el adjetivo inusual, cuyo uso
elude el descanso y aspira a despertar la atención del lector median-
te el aporte de información nueva –con respecto al sustantivo que
modifica– y a la producción eficaz de un efecto poético que mani-
fieste una intensidad de vida.
El análisis de los poemas de Fervor de Buenos Aires se ha orien-
tado a reconstruir la forma artística en que estos postulados se plas-
man. Metáfora e hipálage operan de manera complementaria. Am-
bas tienen, si se quiere, una función crítica, en el sentido en que
aspiran a renovar un imaginario heredado acerca de la ciudad. Es
decir, a derrumbar «un sistema de mundo» tal como este puede ser
concebido por el lector contemporáneo. Ahora bien, cabría pensar
que en Fervor de Buenos Aires la metáfora aspira a un plano supe-
rior o postula una Buenos Aires ideal, que posee la firmeza del uni-
verso platónico de las ideas. De hecho la crítica ha visto en los tres
primeros libros poéticos de Borges un camino que va hacia la fun-
dación mitológica de la ciudad (Marini-Palmieri, 1996; Olea Fran-
co, 1993).
En el caso de Fervor de Buenos Aires, creo que esta tentativa es,
al menos, ambivalente. La presencia incuestionable de alegorías
religiosas –por ejemplo en «Llaneza»– y de comparaciones que ape-
lan al imaginario bíblico (cielos como ángeles o atardeceres como
Juicio Final) podrían indicar un recorrido interpretativo conducente
a la resolución de toda ambigüedad en un plano de realidad supe-
rior, metafísico. Sin embargo, poemas como «Vanilocuencia» o
«Amanecer» exhiben la dificultad de un proyecto de esa índole y, a
la vez, resaltan la fragilidad ontológica de una urbe a la que sólo
salvan los taciturnos. Asimismo, la multiplicación de metáforas pre-
dicadas de un mismo objeto exhibe cierto arraigo en un plano
fenoménico en el que las formas de lo real acontecen según un dina-
mismo inherente, constante, inesencial, si se quiere.

207
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Por último, tal como espero se haya advertido en los ejemplos,


en Fervor de Buenos Aires, metáfora e hipálage se complementan
en su condición novedosa para resaltar el dinamismo característico
de todos los componentes «inanimados» de la ciudad.
En función de estas consideraciones, entiendo que el ejemplo de
Borges y el de otros fenómenos de vanguardia apenas aludidos en
este trabajo ponen de manifiesto otro aspecto del problema. Desde mi
punto de vista, no siempre la metáfora se resuelve en un plano supe-
rior, metafísico. Tampoco es siempre utilizada para unir los dos rei-
nos del Ser. Esta consideración del tropo omite el hecho de que la
figura no renuncia necesariamente a su radical inadecuación. De allí
su potencial semántico, de allí la tensión que establece, en última
instancia, su capacidad para resaltar ciertos aspectos y, paralelamente,
omitir otros. Lo que la metáfora omite, oculta, deja en el trasfondo, es
justamente el aspecto que explica su precariedad y la necesidad de
renovar, de tanto en tanto, el arsenal de metáforas vivas de una cultu-
ra. Para finalizar, creo oportuno rescatar una consideración de Paul
Ricoeur, quien reivindica este aspecto de la predicación metafórica.
Lo que la metáfora propone es también un «equívoco categorial»
(Ricoeur, 1977: 297). Un equívoco que no carece de potencial crítico
y que, en algunas ocasiones, puede ser instaurador de otro mundo.

Bibliografía

Báez, F. (2001). «Mauthner en Borges». En: Espéculo. Revista de


estudios literarios, 19. Consultado el 6 de noviembre de 2005
en http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/borg_mau.html.
Barrenechea, A. M. (1984). La expresión de la irrealidad en la obra
de Borges. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
Borges, J. L. (1923). Fervor de Buenos Aires. Buenos Aires: Edi-
ción del autor/ Imprenta Serantes.
–– (1993a). El tamaño de mi esperanza. Buenos Aires: Seix Barral.
–– (1993b). Inquisiciones. Buenos Aires: Seix Barral.

208
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

–– (1997a). «Manifiesto del ultra». En: J. L. Borges. Textos reco-


brados. 1919-1929. Barcelona: Emecé.
–– (1997b). «Ultraísmo». En: Textos recobrados. 1919-1929. Bar-
celona: Emecé.
Echavarría, A. (1983). Lengua y literatura de Borges. Barcelona: Ariel.
García, C. (2002). «Borges traductor del expresionismo: Wilhem
Klemm». En: Fénix. Poesía-Crítica, 11. Córdoba: Ediciones
del Copista.
Grau, C. (1995). Borges y la arquitectura (2ª edición). Madrid: Cátedra.
Marini-Palmieri, E. (1996). «Topos du passage dans Cercanías de
Jorge Luis Borges. Cheminement vers un au-delà du verbe».
En: F. Moreno (ed.). Borges, Calvino, la literatura. (El colo-
quio en la Isla), 1, 131-144. Madrid: Editorial Fundamentos.
Olea Franco, R. (1993). El otro Borges. El primer Borges. Buenos
Aires: El Colegio de México/Fondo de Cultura Económica.
Rastier, F. (2993). Arts et sciences du texte. París: Puf.
–– (2005). «La hipálage y Borges». En: Signo y Seña. Revista del
Instituto de Lingüística, 14. Buenos Aires: Facultad de Filoso-
fía y Letras, UBA.
Rest, J. (2009). El laberinto del universo. Borges y el pensamiento
nominalista. Prólogo de Maximiliano Crespi. Buenos Aires:
Eterna Cadencia Editora.
Ricoeur, P. (1977). La metáfora viva. Buenos Aires: Ediciones
Megápolis.
Rimoldi, L. (2005). «Fritz Mauthner. La entrada M de la enciclope-
dia borgeana». En: Revista de Crítica Literaria Latinoameri-
cana, año XXXI, 61.
Running, T. (1981). Borges’ Ultraist Movement and its Poets.
Michigan: International Book Publishers.
Videla de Rivero, G. (1990). Direcciones del vanguardismo hispa-
noamericano. Mendoza: Editorial de la Facultad de Filosofía y
Letras/UNCuyo.
Zonana, V. G. (1994). Metáfora y simbolización en Altazor. Mendoza:
Editorial de la FFyL, UNCuyo.

209
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

–– (1999). «Jorge Luis Borges: su concepción de la metáfora en la


década del 20». En: Revista de Literaturas Modernas, 29.
Mendoza, Facultad de Filosofía y Letras, UNCuyo.
–– (2001). «Herrera metaforista. (Una lectura desde Jorge Luis
Borges)». En: E. Marini Palmieri (ed.). Julio Herrera y Reissig.
L’homme et l’oeuvre. El hombre y su obra. Valenciennes: Presses
Universitaires de Valenciennes.
–– (2003). «Mundo nuevo: metáfora y representación literaria en
las vanguardias argentinas del 20». En: Itinerarios. Revista de
Literatura y Artes, 4. Buenos Aires: Eudeba.

210
PARTE 4

| RETÓRICA Y CRÍTICA (INTER)CULTURAL |

211
Con-versiones: de la metáfora
al orden metafórico

Silvia Noemí Barei

Toda metamorfosis es obra de la metáfora


JULIO REQUENA

Punto de partida teórico

El interés por la metáfora en las últimas décadas ha sido extraor-


dinario. Podría compilarse un grueso volumen sólo citando a quie-
nes se han ocupado de pensar la metáfora.
Mientras que la literatura, el arte, la filosofía han recurrido tradi-
cionalmente a la metáfora como fuente de la constitución estética,
este nuevo interés por ella apunta a remarcar el modo en que cons-
truimos el conocimiento y el mundo. Nombres prominentes de cam-
pos disciplinares diversos –Lakoff y Johnson, Gibbs, Ricoeur,
Caseaux, Derrida, Paul de Man, Kovecses, Goodman, Lotman, et-
cétera– son suficientes para justificar lo que acabo de afirmar.
Lo que es innegable es que la metáfora –desde los presocráticos
en adelante– ha sido destacada como el tropo más prominente den-
tro del campo de la retórica.

213
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Pero, ¿es que hay un campo nuevo para el desarrollo de la retó-


rica? Para la filosofía, el análisis del discurso, la teoría literaria, la
semiótica, los estudios de retórica ofrecen y constituyen un lengua-
je de interpretación cultural del que no es posible prescindir en las
investigaciones humanísticas. En el discurso políglota e
interdisciplinario de estos campos del saber, tal como se conciben
en la actualidad, la retórica exige una recuperación lejos de
trivialidades y de simplificaciones.
En un sentido tradicional, se entiende la retórica como el «Con-
junto de técnicas que permiten describir y reconstruir la producción
de discursos y de textos; implica una preferencia por la concepción
comunicativa de la palabra» (Kibédi Varga, 1993: 252).
Esta definición es restrictiva al pensar sólo en la dimensión
comunicativa del lenguaje: además de comunicar, el lenguaje nom-
bra el mundo y en este nombrar lo instituye, porque lo que el sujeto
comunica vive en el circuito de las mediaciones entre ideología y
subjetividad.
El renacimiento de la retórica en las últimas décadas del siglo
pasado conlleva dos cuestiones importantes:
Se ha producido una expansión de los estudios de retórica a
otros campos disciplinares, de los que nos interesa señalar aquí
la poética y la semiótica de la cultura. En estos campos
disciplinares se entiende actualmente que tanto los textos como
la cultura están constituidos por «una matriz trópica profunda»
(Grupo m, 1977: 48).
Dentro de esta expansión, ha concitado atención particular la
metáfora, no sólo como un tropo central para la creación poéti-
ca, sino como un modo de cognición que, en sus formas de trans-
posición, desplazamientos y conversiones, posibilita a los suje-
tos la experiencia del mundo.

En un trabajo que publicamos en el año 2006 con el equipo


de investigación que dirijo, decíamos que «el orden de la cultu-

214
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

ra se corresponde con el orden de sus metáforas» (Barei y Pérez,


2006: 33). 1
Hablamos desde entonces de una expansión de la retórica, en
una vinculación necesaria con la poética y la semiótica de la cultu-
ra, colocando la retórica más allá de la conceptualización tradicio-
nal. Para nosotros, una pregunta importante es: ¿cuál es el papel de
la retórica, y particularmente de la metáfora, para pensar los textos
de la cultura?
Al decir de Rancière, la metáfora «revela los negativos» de una
cultura al romper «el encadenamiento de las costumbres y las creen-
cias» (2009: 210). Hallo que esta es una buena metáfora para hablar
de la metáfora, lo cual demuestra certeramente que la constitución
de nuestro lenguaje, y, por lo tanto, la constitución cognitiva e ideo-
lógica de la cultura, es de matriz metafórica.
Sin embargo, históricamente no ha sido este el punto de partida
–hablo de Gorgias y luego Aristóteles– para pensar la metáfora.
Aunque solemos recurrir a la Retórica, es sin embargo en la Poética
aristotélica, obra parcialmente recuperada, en donde hay que buscar
una definición de metáfora: «Transposición del nombre de una cosa
a otra, transposición que se hace del género a la especie, de la espe-
cie al género, de la especie a la especie, o siguiendo una relación de
analogía» (Aristóteles, 1963: 82).
Otra definición que se ha seguido como clásica es la de
Quintiliano: «La metáfora traslada una voz de su significado propio
a otro donde, o falta el propio, o el traslado tiene más fuerza» (1949:
379).
El acento está puesto en la idea de «traslación», o sea, de movi-
miento, que por otra parte ya está en la definición de Aristóteles
como «transposición», aunque este hace hincapié también en la «ana-

1
GER: Grupo de Estudios de Retórica. Radicado en la Facultad de Lenguas de la
Universidad Nacional de Córdoba. Directora: Dra. Silvia N. Barei. Codirectora:
Dra. Elena del Carmen Pérez. Sus integrantes pertenecen a las Facultades de Len-
guas, Filosofía, Derecho y Matemáticas de la Universidad Nacional de Córdoba.

215
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

logía». «La traslación –dice Quintiliano más adelante– se inventó


para mover las más veces los ánimos y caracterizar las cosas y po-
nerlas delante de los ojos» (1949: 381). Otra vez una metáfora para
definir la metáfora, o, como bien señala Raúl Dorra: «para hablar de
la figura es inevitable seguir construyendo figuras» (2002: 26).
En estas definiciones se lee claramente que a la retórica clásica
le interesaba la metáfora por su capacidad movilizante, básicamen-
te performativa, como estrategia del orador para sensibilizar los áni-
mos de los oyentes.
En una definición también clásica pero más actual, en su Ma-
nual de Retórica Literaria, Heinrich Lausberg habla de la metáfora
como una translatio que diseña zonas o direcciones «de transferen-
cias» (1967: 63).
También encontramos acá la idea de «movimiento», pero no
tanto como «movilizante» de los sujetos, sino como propiedad del
discurso. Y cuando hablamos de movimiento en el discurso, esta-
mos señalando pasajes, transiciones e interferencias. En suma: con-
versiones. Versiones-otras que se producen justamente en el mo-
vimiento.
Más recientemente, los estudios cognitivos han observado otra
característica de la metáfora en relación con la constitución de la
subjetividad. Lakoff y Johnson, en los ochenta, aportan al estudio
de la metáfora el giro cognitivo, definiéndola de la siguiente manera:

La metáfora no es solamente una cuestión de len-


guaje, es decir, de palabras meramente. Sostene-
mos que, por el contrario, los procesos del pensa-
miento humano son en gran medida metafóricos
[...] Las metáforas como expresiones lingüísticas
son posibles, porque son metáforas en el sistema
conceptual de una persona. (1998: 42)

Nos parece más osado aún el pensamiento de Iuri Lotman que


habla de una «conciencia metafórica» (1996: 128), asimilando los

216
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

modos de funcionamiento de la mente creativa y de las culturas a


las operatorias de la metáfora. Señala:

El tropo no es un ornamento perteneciente exclu-


sivamente a la esfera de la expresión [...] es una
figura que nace en el punto de empalme de dos
lenguajes, y desde este punto de vista, es
isoestructural respecto al mecanismo de la con-
ciencia creadora como tal [también] un mecanis-
mo que introduce en la estructura semiótica de la
cultura el grado de indefinición que esta última
necesita [...] el retorismo es uno de los universa-
les de la cultura humana. (1996: 129)

Las dos últimas definiciones tienen varios aspectos en común,


el primero de los cuales es notable: desplaza la metáfora fuera de
los estudios clásicos de retórica y análisis del discurso y la ubica
en un sistema de relaciones que vincula cognición-cultura-tro-
pismo.
Hay que señalar, entonces, varias cuestiones importantes que
implican relaciones de analogía y el aporte más significativo de es-
tas teorías para el estudio de la metáfora:
La conciencia del hombre y los dispositivos de las culturas son
heterogéneos: trabajan con dos sistemas codificados que son dos
modos de construir los modelos de mundo y de procesar la infor-
mación: los sistemas discretos y los continuos. Los primeros
constituyen «cadenas lineales»; los segundos, organizan su sen-
tido tendiendo redes a lo largo del texto: «un contenido semántico
extendido por todo el espacio» (Lotman, 1996: 135).
El mecanismo de los tropos, particularmente la metáfora, consti-
tuye formas de conciencia que no son sólo individuales, sino
que permiten describir el funcionamiento de porciones enteras
de cultura. Por ejemplo, el barroco o el movimiento surrealista o
la Argentina de 2001.

217
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

La metáfora pertenece al dominio del pensamiento analógico y,


por lo tanto, está «orgánicamente ligada a la conciencia creado-
ra» (tanto en el dominio de la ciencia como en el arte).
La estructura retórica no se deriva de las leyes del lenguaje, sino
que crea sus propias leyes. Constituye una «reinterpretación» de
los sistemas modelizantes primarios, una «colisión de signos» y,
por lo tanto, una renovación estructural.
El contexto cultural determina los «límites de la comprensión» del
retorismo de los textos (normas predecibles y normas nuevas).

Este «giro» del discurso retórico a la cultura nos ha permitido


pensar que el ámbito del estudio de la metáfora debe inscribirse en
un campo ampliado: este que nosotros llamamos en nuestro trabajo
retórica de la cultura, deudor obviamente de la semiótica de la cul-
tura lotmaniana. Y nos ha permitido pensar que no pueden estudiar-
se las metáforas de manera aislada porque, en cualquier dominio de
la cultura, se manifiestan en textos de distinta índole formando ha-
ces de sentidos. Es por ello que hablamos ya no de metáfora, sino de
«orden metafórico» (Barei y Pérez, 2006), un orden que produce
dos figuras diferentes: la de la cadena y la de la constelación.

La cadena y la constelación

Vamos a tomar unos ejemplos muy simples y conocidos, pero no


por ello irrelevantes.
Encuentro en un recorrido rapidísimo por unos diarios del mes
de enero de 2010 estas metáforas, es decir, estas traslaciones de
sentidos:
«La ruta de los fondos...», «Una vez más a contramano del mun-
do...», «los mejores opositores frenaron en seco...», «Jugando a la
ruleta rusa» (La Voz del Interior, Córdoba, 10/01/2010).
«Gerentes y subgerentes no se sabía de qué lado jugarían...»,
«Se habilitaría en EEUU el reclamo de los fondos buitre», «Dosis

218
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

de cordura para no tensar aún más la cuerda», «Quien se dedicó a


cebar más la bomba fue Sergio Cobos...» (Clarín, 11/01/2010).
«la batalla sigue en la Justicia...», «la Presidenta comparó a los
fondos de inversión con las ratas del Riachuelo», «este es el sainete
de alguien queriendo atornillarse en una silla del Banco Central»,
«El Fondo del Bicentenario es una herramienta para desendeudar el
país» (La Nación, 14/01/2010).
«El conflicto surrealista ha hecho saltar las alarmas del temor»
(El Mundo, Madrid, 10/01/2010); «El estado de derecho es un en-
gorro» (El País, Madrid, 11/01/2010).
Ahora bien, en estos ejemplos vemos que las metáforas se refie-
ren todas a un mismo dato del mundo que necesita explicarse: el
gobierno nacional pretendió pagar deudas con el dinero del Banco
Central. Para decirlo metafóricamente, con «los fondos» del Banco
Central.
En los ejemplos citados, hay al menos tres metáforas de base: la
política es un camino («la ruta», «contramano», «frenar en seco»),
la política es un juego («ruleta rusa», «de qué lado jugarían»), la
política es desorden («sainete», «surrealista», «engorro») y hasta
peligro.
Sin embargo, la metáfora dominante y que subsume a todas es la
idea de que la política es un juego de guerra. El título más significa-
tivo y que resume todas las metáforas que he citado es este: «La
mejor batalla que debe librar este Bicentenario», una columna de
Natalio Botana en Clarín, curiosamente, una semana anterior a los
ejemplos que he mencionado (3 de enero de 2010).2
La idea de la política como una «guerra», tan estudiada ya desde
Lakoff (2002), parece primar en el espectro metafórico del perio-
dismo argentino. Para un análisis más detallado –que no podemos

2
Nelly Rueda, integrante del GER, estudia específicamente estas metáforas del
periodismo argentino en su proyecto de tesis doctoral titulado «Las metáforas po-
líticas en los artículos de opinión», Doctorado en Ciencias del Lenguaje, Facultad
de Lenguas, Universidad Nacional Córdoba.

219
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

realizar en esta breve exposición–, estas metáforas no se entienden


si no se contextualiza la «batalla» que vienen sosteniendo algunos
grupos fuertes de poder del ámbito empresarial periodístico (grupo
Clarín, La Nación, etcétera) con el Poder Ejecutivo nacional.
Es interesante ver que los textos periodísticos donde predomi-
nan estas metáforas se acompañan con ilustraciones que son tam-
bién metafóricas, lo cual deja claro que todo lenguaje metafórico,
tal como señala Lotman, tiene un componente fuertemente icónico.
Podríamos decir que acá hay dos lenguajes que se refuerzan
mutuamente mediante «implicaciones metafóricas comunes» (Lakoff
y Johnson, 1998: 137).
En La Nación y La Voz del Interior encontramos imágenes don-
de los buitres y el león aluden a la «batalla» de distintos miembros
del PEN (la presidenta, el ministro de Economía) contra un «otro»
que se presenta como la amenaza o como el enemigo que exige,
dirían Lakoff y Johnson, «plantearse objetivos, reorganizar priori-
dades, establecer una nueva cadena de mandos, trazar una nueva
estrategia, reunir una formación, ordenar las fuerzas, imponer san-
ciones [...] etc.» (1998: 138).
Digamos provisoriamente que estas metáforas constituyen una
especie de cadena cuya diferencia morfosintáctica apoya la consti-
tución y el refuerzo de un mismo sentido que se empeña en tratar de
construir la realidad de un solo modo.
Tomamos ahora otro ejemplo, más complejo, donde el proceso
de con-versión reside en la transmutación de elementos que conec-
tan el discurso con nuevas formas culturales frente a las cuales ex-
presa un cambio concreto: un proceso de devenir nunca completo o
finalizado que se abre en constelación.
«Hoy trabajé a lo negro» o «Hizo cosa de negros» o «Me pagan
en negro» (discurso de la vida cotidiana).
«El cielo de Talleres se puso negro» (Discurso Periodístico. Dia-
rio La Voz del Interior).
«Noche negra en Jesús María» (Discurso Periodístico. Diario
Día a Día).

220
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

«Los negros [...] vivían y ayudaban a vivir...», «Y por un mágico


instante, los negros olvidaban el Carnaval que los rodeaba, y desga-
rrados, retornaban al continente del que fueron arrancados...», «de-
jaba de ser Kumbá, para ser Yemojá, la madre marina de tantos huér-
fanos a los que consolaba con sus movimientos de cuna demorada»,
«los barrios negros abrían sus venas para que su música y su sangre
pasearan por la ciudad» (Discurso Literario. Ana Gloria Moya. Cie-
lo de tambores).
«En sus asientos las negras comenzaron a saltar y a dar gritos
tullidos, se les encrestaban los pelos mota y las prolongaciones de
las trenzas...», «La energía alegre de los negros era contagiosa, pues
a medida que el micro se acercaba a la bailanta toda la gente que lo
veía pasar cantaba la marchita y aplaudía», «Inconmovible, súper
subido al caballo, el negro azabache de más de dos metros de altura,
el Elvis negro como lo había calificado la prensa, cantaba y hacía
suspirar a miles de corazoncitos quinceañeros...» (Discurso Litera-
rio. Washington Cucurto. Cosa de negros).
«España legalizaría las corridas de negros. Olé. En el gobierno
socialista español apuestan a que los africanos se adapten a la vida
ibérica pues creen que les gusta la guasa, la chonga y el pitorreo.»
(Discurso humorístico. Revista Barcelona).
Es conocido que en nuestra cultura –y de hecho muchos estudios
demuestran que en varias–, el color negro se asocia con lo negativo,
con lo bajo corporal, con el caos, la muerte y el duelo. Es una cues-
tión de cognición social –cómo construye nuestro lenguaje las opo-
siciones blanco/negro, alto/bajo, bueno/malo, etcétera–, pero en ellas
se lee también una ideología.
Y la ideología habla, aunque en apariencia es lo que se escurre
en la red del lenguaje. Los significados convencionales se hacen al
menos contradictorios.
Detrás de la expresión «Hoy trabajé a lo negro» o «hace trabajos
en negro» hay un presupuesto inexpresable: la esclavitud. O, como
dicen Lakoff y Johnson, «hay algo oculto por la metáfora» (1998:
47). En el lenguaje se extrapolan marcas inconfesables de nuestra

221
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

conciencia y se extrapola también la contradicción entre una expre-


sión cristalizada y su verdadero significante flotante.3
Los detalles más importantes no están en el YO, sino en el OTRO, y
lo que debiera estar en primer plano (estoy cansada, trabajé mucho,
no cobro el salario que corresponde, etcétera) se retira al fondo y se
acentúa la relación negativa.
La puesta en metáfora, aquello que pone de relieve el discurso,
aunque pierda nitidez desde una cierta irreflexibilidad del sujeto
que enuncia, focaliza lo que es un fuera de foco, un desplazamiento
retórico: la memoria del lenguaje que señala al mismo tiempo una
conjunción: trabajo: cansancio, mal pago; y una identidad pospues-
ta: trabajo: esclavitud.
Podríamos hablar de una propiedad diaspórica de la metáfora
que remite siempre a otro implícito en sus desplazamientos y con-
versiones.
Las otras metáforas –las que hemos citado de la prensa y la lite-
ratura– componen un arco diferente. Si bien el periodismo sigue
usando la metáfora para dar cuenta de un revés de un partido de
fútbol o de una muerte en un festival veraniego –y acá el significa-
do está cristalizado–, en el caso de la obra de Ana Gloria Moya o de
Washington Cucurto, la literatura invierte la significación y la con-
vierte en un rasgo positivo, aunque en el segundo este rasgo provie-
ne de una fuerte inversión paródica de la cultura burguesa y la cono-
cida metáfora peyorativa «es cosa de negros». La descripción de los
personajes negros se realiza según una metaforización positiva que
realza valores fundamentales de una cultura y produce una
reevaluación: solidaridad, alegría, compasión, ayuda al prójimo,
valor, heroicidad, amor a la patria, vitalidad, sexualidad plena y ale-
gre, desparpajo, etcétera.
Efectivamente, las metáforas del arte, imaginativas y creadoras,
proponen una comprensión diferente de un mundo que se ha

3
Entendemos «significante flotante» en el sentido en que lo define Laclau (2005: 237):
«Arsenal de herramientas retóricas que pueden tener usos ideológicos diversos».

222
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

esquematizado. Como la metáfora, el OTRO se ha desplazado a otro


lugar de la cultura.
En el caso de la revista Barcelona y su casi intolerable discurso
bizarro, «España legalizaría las corridas de negros», el humor
remarca ideológicamente la metáfora y denuncia aquello que efec-
tivamente está ocurriendo con los inmigrantes ilegales africanos:
perseguidos, «corridos», tratados como animales en España por
su raza y su condición social, y aun por aquellos que, siendo «pro-
gresistas» –el gobierno del PSOE–, se suponen no discriminadores:
lo que se denuncia es la trama compleja de prácticas de desigual-
dad y diferencia.
Podemos ver conversiones, per-versiones, in-versiones y sub-
versiones de la metáfora de lo negro y, por lo tanto, un
trastrocamiento ideológico que apunta a afectar las maneras
estereotipadas de ver al Otro sujeto cultural.
Por ello, hemos ampliado la noción de metáfora a la de «orden
metafórico».
Si uno las observa funcionando de manera conjunta –y tomamos
la idea de «funcionamiento» de los antiguos griegos, es decir: pala-
bra en acción–, encuentra que constituyen un amplio prisma que
apunta a reforzar una misma idea sosteniendo una lógica diferencial
y una retórica que no forman parte de lo arbitrario ni de lo casual.
Los dos conjuntos de ejemplos que hemos citado constituyen,
según nuestra perspectiva, dos órdenes retóricos: uno hace eje en
una metáfora que se repite, aun en su lógica discursiva diferen-
cial: «la política es una batalla/la guerra». El segundo amplía el
orden metafórico y despliega una constelación interesante: «lo
negro es lo malo»/»lo negro es bueno»; «lo negro es inexpresa-
ble»/«lo negro es constitutivo de nuestra cultura»; «lo negro se
valora»/»se discrimina».
Las variables morfosintácticas y semánticas muestran formas de
repetición inestables y a la vez de creación que establecen sutiles
líneas de fuerza entre ellas, una organización material y simbólica
que indica una razón social. Se manifiestan en estos ejemplos los

223
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

grados diferentes del trabajo metafórico, desde el «máximo de


ocasionalidad» –como le llama Lausberg– a las formas de repeti-
ción más convencionales en que las metáforas se hacen
«habitualidad» (1967: 66).
El orden metafórico, que es un orden cognitivo e ideológico, se
manifiesta, según lo entendemos nosotros, al menos en estas dos
posibilidades:
Como una metáfora de base, fuerte (podríamos llamarla), que se
desplaza en el campo cultural y uno la encuentra reelaborada en
distintos textos, sin que sea exacta en su formulación pero
semánticamente apunta al mismo orden de cosas: por ejemplo,
las metáforas que aluden a la política como guerra y que tienen
un elemento en común que las hace reconocibles. Hemos usado
la noción de «cadena» para establecer el modo de funcionamien-
to de este tipo de orden metafórico.
Como una metáfora que se multiplica en constelación y que apun-
ta a desclausurar los sentidos únicos. Esto sucede cuando la metá-
fora circula por diferentes espacios del campo cultural, atraviesa
muchos de sus lenguajes y entra también al terreno del arte. Sus
variables acarrean su pasado y su presente, están conectadas con
otras, contienen y pueden ser contenidas en otras, pueden afectar
y ser afectadas por la historia. En este segundo tipo, usamos la
noción de «constelación» para referirnos a otra organización in-
terna del orden metafórico. Como señala Ana Camblong, «las fluc-
tuaciones del sentido se aposentan en palabras-clave que se desli-
zan en constelaciones heterogéneas» (2003: 274).

Estos haces de metáforas que se ordenan y se desordenan, se


repiten y se metamorfosean, constituyen un sistema de formas diná-
micas más que un sistema de imágenes únicas, una intensidad que
va más allá de sí misma.
En el campo restringido de la comunicación cotidiana o de la co-
municación mediática, están señalando lugares sociales donde tam-
bién se producen subjetividades, afectos, intensidades, denuncias.

224
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

En el campo complejo del arte, se multiplican en los textos a


través de diferentes significados que dejan ver la emergencia de la
innovación y la invención.
En sus dos potencialidades, la de reforzar el orden social o la de
desclausurarlo, apuntando a su lectura crítica, el orden metafórico
permite dar cuenta de la manera en que el lenguaje constituye tam-
bién una función política: acciones y discursos actuando conjunta-
mente. Acciones en el sentido de «liberación de procesos», discur-
sos que determinan lo que se construye como real en un espacio
dinámico de movilidad y transformación.
Cualesquiera que sean los órdenes metafóricos que observemos
para pensar nuestro mundo, ya sea que pensemos cadenas o conste-
laciones, estos nos permitirán determinar los mecanismos mediante
los cuales se establece un nexo estrecho entre construcción de sub-
jetividades y poder, violencia estructural y violencia simbólica, for-
mas de sometimiento y resistencia cultural.
Subjetividad y poder emergen claramente de las metáforas que
trabajamos en «cadena». Violencia estructural/violencia simbóli-
ca y sometimiento/resistencia cultural emergen de manera más com-
pleja de la constelación de lo negro con que ejemplificamos bre-
vemente.
Estas categorías teóricas que señalo en pares y que pueden
trabajarse de manera cruzada entre ellas son actualmente nuestro
objeto de preocupación en el Grupo de Estudios de Retórica
(GER).

Bibliografía

Albaladejo Mayordomo, T. (1991). Retórica. Madrid: Síntesis.


Aristóteles (1963). Poética. Madrid: Aguilar.
–– (2004). Retórica. Buenos Aires: Libertador.
Barthes, R. (1974). Investigaciones retóricas I. Buenos Aires: Tiempo
Contemporáneo.

225
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Barei, S. y E. Pérez (comps.) (2006). El orden de la cultura y las


formas de la metáfora. Córdoba: Facultad de Lenguas, Univer-
sidad Nacional de Córdoba.
Beristain, H. (2003). Diccionario de Retórica y Poética. México:
Porrúa.
Camblong, A. (2003). Macedonio. Retórica y política de los discur-
sos paradójicos. Buenos Aires: Eudeba.
Caseaux, C. (2005). Metaphor and Continental Philosophy. From
Kant to Derrida. New York y Londres: Routledege.
Dorra, R. (2002). La retórica como arte de la mirada. México: Be-
nemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Genette, G. (2005). Metalepsis. Figuras de la ficción. Buenos Ai-
res: Amorrortu.
Groupe m (1977). Rhétorique de la poésie. Bruxelles: Éditions
Complexe.
Jakobson, R. (1975). Ensayos de lingüística general. Barcelona: Seix
Barral.
Kibédi Varga, A. (1993). «Retórica y producción del texto». En: M.
Angenot et al. Retórica literaria. México: Fondo de Cultura
Económica.
Kinstsch, W. y A. Bowls (2001). «Metaphor comprehension: What
makes a metaphor difficult to understand?». En: Metaphor and
Symbol, 16, 133-187.
Laclau, E. (2005). La razón populista. México: Fondo de Cultura
Económica.
Lakoff, G. y M. Johnson (1998). Metáforas de la vida cotidiana.
Madrid: Cátedra.
Lakoff, G. (2002). Moral politics. Chicago: The University of
Chicago Press.
Lausberg, H. (1967). Manual de Retórica Literaria. Madrid: Gredos.
Lotman, I. (1996). La semioesfera I. Valencia: Frónesis-Cátedra,
Universitat de Valencia.
–– (1999). Cultura y explosión. Barcelona: Gedisa.

226
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

–– (2000). La semioesfera III. Valencia: Frónesis-Cátedra,


Universitat de Valencia.
Mandoki, K. (1994). Prosaica. México: Grijalbo.
Quintiliano, M. Fabio (1949). Instituciones Oratorias. Buenos Ai-
res: Joaquín Gil.
Rancière, J. (2009). La palabra muda. Ensayo sobre las contradic-
ciones de la literatura. Buenos Aires: Eterna Cadencia.
Ricoeur, P. (2001). La metáfora viva. Barcelona: Trotta.
Schmidt, S. et al. (1995). La ciencia empírica de la literatura. Ma-
drid: Verbum.

227
Retóricas fronterizas y diseños de sitios web

Barry Thatcher

Parece evidente que los países y culturas del mundo son cada
vez más interdependientes, debido en gran medida a la economía
mundial, la política, el medio ambiente y la inmigración. Además,
el desarrollo y uso de la web en todo el mundo han aumentado el
contacto intercultural en muchas maneras y entornos, tales como en
la investigación académica, la industria de exportación, las organi-
zaciones no gubernamentales y muchos otros. Este aumento de con-
tacto intercultural debería estar influyendo en los patrones retóricos
y culturales a nivel local, nacional e internacional, pero los investi-
gadores simplemente no saben cómo y qué está sucediendo como
resultado del contacto intercultural a través de la web.
Según se establece en una larga base de investigación, la asimi-
lación cultural y el cambio debido a las tecnologías de la comunica-
ción no son una cuestión fácil de investigar (Grossberg, 1992; Kaufer
y Carley, 1993; Bolter y Grusin, 1999). Es decir, el constante con-
tacto intercultural no quiere decir que las culturas en contacto sim-
plemente asimilan o integran las influencias de otras culturas en su
comportamiento diario. Como Stuart Hall (1976) argumentó hace

229
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

mucho tiempo, las culturas adoptan, resisten, cambian y reforman


los patrones retóricos y culturales sobre la base de una variedad de
factores sociales, económicos, personales y estéticos. Además, las
culturas locales a menudo no sólo rechazan la asimilación, sino que
se dedican a reforzar sus propios valores frente al constante contac-
to con otras culturas. Sin embargo, ¿están cambiando estas reglas
de la formación social debido al constante contacto a través de la
web? En otras palabras, ¿cómo influye la web en la formación de
distintos patrones de cultura y retórica nacional, regional y local? Y
¿sigue esta formación el mismo modelo de los otros medios de co-
municación como la televisión y el cine (Grossberg, 1992)? Por
otra parte, si la web está influyendo en el cambio cultural, ¿qué tipo
de cambios está ocurriendo y por qué?
Estas preguntas son fundamentales para los investigadores que
trabajan en la retórica intercultural y la tecnología, porque los avan-
ces rápidos de la tecnología y sus correspondientes comunicaciones
requieren capacidad intercultural para mantener la comunicación
eficaz y ética, y mucha de esta comunicación está mediada por la
web e Internet en todo el mundo. Estas preguntas sobre la web y la
cultura, sin embargo, son amplias, y los investigadores sólo recien-
temente han empezado a investigarlas. Por lo tanto, este artículo
busca establecer una base para explorar la web y la cultura median-
te el examen de diseños de sitios web en universidades públicas de
México, Estados Unidos e India, y sitúa este estudio en uno de ma-
yor alcance que comprende veintiocho universidades. La hipótesis
es la siguiente: si la web está influyendo en la formación de patro-
nes culturales en el nivel local y regional, esta influencia se reflejará
también en los diseños de los sitios web. Es decir, los diseños de
sitios web locales deben reflejar una mezcla de su cultura local y
global. Sin embargo, si los patrones culturales en los sitios locales
de la web solamente demuestran patrones locales, tal vez la web y la
globalización no están influyendo tanto como se supone.
Este artículo expone primero la teoría de la cultura y la retórica
en contextos interculturales. Después, describe el enfoque teórico

230
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

en el diseño de web y su conexión con los valores culturales y tradi-


ciones retóricas. En tercer lugar, se describen los métodos de los
investigadores que examinaron los diseños de sitios web en nueve
culturas. Por último, se estudian los resultados de la comparación
de diseños de sitios web con las actividades culturales locales y
tradiciones retóricas y se integran estas descripciones con investi-
gaciones previas de sitios web en veintiocho universidades públicas
de todo el mundo (Thatcher et al., 2007).

La retórica y la comunicación intercultural

«Cultura» es una palabra omnipresente, tanto en el mundo aca-


démico como en la sociedad contemporánea. A menudo parece que
la cultura es el mejor ejemplo de la influencia de los negocios globales
y el entretenimiento. Por ejemplo, McDonald’s o Coca-Cola ¿son el
mejor ejemplo de la cultura estadounidense, o las muchas películas
y series de televisión que son tan populares en todo el mundo? ¿O
son «la cultura» los artefactos y las pinturas exhibidas en los mu-
seos? La respuesta obvia a estas preguntas es sí, pero la cuestión
más importante sería ¿qué definición de cultura es más relevante
para la retórica y la investigación en comunicación intercultural en
contextos profesionales tales como los sitios web? La respuesta sim-
ple es la definición de cultura que está claramente ligada a la retóri-
ca y los patrones de comunicación en contextos profesionales, que
pueden ser comparados a través de grupos de personas.
La conexión entre la cultura y la retórica es común en la mayoría
de los estudios culturales contemporáneos, como se ejemplifica en
el estructuralismo, el nuevo historicismo, el posestructuralismo, las
teorías críticas y la comunicación intercultural, y en muchas teorías
antropológicas. Sin embargo, para mostrar claramente cómo la cul-
tura y la retórica trabajan en conjunto, este artículo se basará en uno
de los fundadores de los estudios culturales y la retórica en Estados
Unidos, James Berlin. Estudioso de la retórica que se basa en el

231
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

neomarxismo, los estudios culturales contemporáneos y el


posestructuralismo, Berlin (1987) muestra cuán profundamente están
arraigados los patrones culturales, sociales, históricos, políticos y eco-
nómicos en la definición de una retórica y sus correspondientes expec-
tativas de comunicación. La primera parte de la conexión entre cultura
y retórica es la definición o la concepción que desarrolla una cultura
sobre lo que es el ser humano o la subjetividad. Esta concepción del ser
humano, a su vez, construye o refuerza los patrones cognitivos o epis-
temología, y estos patrones cognitivos, a su vez, construyen un com-
portamiento social apropiado (ideología). Estas tres categorías (la sub-
jetividad, la epistemología y la ideología) corresponden a distintos pa-
trones retóricos. Y, por último, los patrones retóricos, de forma simultá-
nea, refuerzan o vuelven a crear las últimas tres categorías. La siguiente
tabla muestra este proceso y su relación:

Tabla 1. Modelo de la cultura y la retórica

MODELO DE LA CULTURA Y LA RETÓRICA


Sujetividad Epistemo- Ideología Patrones
logía retóricos
• Definición • Valoración
de un ser • El objetivo de distinto • Los patrones
humano. apropiado comporta- que, lógicamente,
• Percepción para el miento vinculan a las
de uno mundo. social. personas con el
mismo en • Cómo • Valor de pensamiento y el
relación con dividir y estructuras comportamiento
los demás. clasificar los específicas social.
• Evaluación fenómenos de la vida • Los patrones
del valor de tales como social. que parecen
un ser causa y naturales
humano. efecto. y reflejan a uno
• Lógica mismo, su
persuasiva. pensamiento y
su comporta-
miento social.

232
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Por ejemplo, la definición del ser humano como esencialmente


libre e independiente de los demás valora una epistemología objeti-
va, la cual corresponde a una ideología competitiva e individualista.
Y esta subjetividad, epistemología e ideología corresponden a los
patrones de comunicación que son directos, abiertamente
argumentativos, personales, analíticos y objetivos. En cambio, las
culturas que ven el ser humano como inextricablemente conectado
e interdependiente tienden a valorizar una epistemología particular,
contextual o más basada en las relaciones y estructuras sociales y,
como consecuencia, sus comportamientos sociales reflejan su senti-
do colectivo de los patrones de uno mismo y de pensar.
Este modelo es especialmente eficaz para la retórica intercultural
porque muestra cómo sistemas de valores tácitos o inconscientes
están relacionados con los patrones explícitos de comportamiento
social y la comunicación. Esto es lo que muchos estudiosos han
denominado como la teoría del iceberg: sólo el 10% de un iceberg
aparece por encima del agua, con el restante 90% por debajo de la
superficie. Del mismo modo, los patrones de comunicación suelen
ser la única manifestación tangible de las concepciones profunda-
mente arraigadas de epistemología o subjetividad.
Otro punto de vista que combina el modelo retórico de Berlin
con la teoría intercultural es el modelo de la cebolla, como se expli-
ca por primera vez en Trompenaars (1994). Como se muestra en la
Figura 1, el centro de la teoría retórica intercultural es la definición
del sujeto o subjetividad.
La segunda capa en movimiento hacia el exterior es la
epistemología, la tercera capa es la ideología, y la cuarta capa es la
retórica. Es importante tener en cuenta que sólo las dos capas externas
son empíricamente observables, mientras que las otras dos capas
internas están implícitas. Además, siguiendo el modelo de Berlin,
cada una de las estructuras de las capas internas estructura o refuerza
las capas externas, mientras que las capas externas reestructuran
continuamente las capas internas en un proceso mutuamente
constructivo. En otras palabras, la misma lógica aparece en las cuatro

233
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Figura 1. Teoría de la retórica intercultural

capas, pero se manifiesta de manera diferente. En resumen, podemos


observar los comportamientos sociales o los patrones retóricos y, de
estos, inferir las epistemologías y las definiciones de la subjetividad.
Por lo tanto, un patrón de comunicación no es simplemente una
transferencia de información, sino una extensión del ser humano, su
epistemología e ideología, por lo que apartarse de estos conceptos
significa negar estas raíces de la cultura y retórica. Por eso, una
mala comunicación puede tener un eco discordante en la esencia
misma de los valores culturales de los destinatarios.

Conexión de los valores interculturales a los sitios web

Luego de haber establecido la conexión entre la retórica y la


cultura, debemos abordar el tema de las relaciones entre la tecnolo-
gía y la cultura. El debate académico sobre las relaciones de los

234
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

patrones culturales y las tecnologías de la comunicación ha sido


largo y fructífero. Platón inicialmente sostuvo que la escritura –la
más nueva tecnología de comunicación– dañaría al ser humano, su
poder cognitivo y su retórica, en comparación con la oralidad
(Phaedrus, 1956). Según Platón, la escritura deterioraría la memo-
ria, causaría estragos en las construcciones lógicas y crearía una
realidad artificial. En consecuencia, argumenta Platón, las culturas
que se basaran en la escritura serían inferiores mental, social y lógi-
camente. Más tarde, Ong (1987) traza la evolución de las socieda-
des de la oralidad a la escritura, argumentando que el desarrollo de
la escritura cambió radicalmente los patrones culturales y retóricos.
Las sociedades sin escritura radican sus patrones culturales y
retóricos en el medio oral: la repetición para aumentar la memoria y
transferencia; una lógica basada sobre los patrones narrativos; y la
persuasión basada en la «presencia», la cual es un desarrollo del
lenguaje concreto sensorial que evoca el contexto, las relaciones
personales y eventos. Ong (1987) mantiene que, con el desarrollo
de la alfabetización y la escritura, estos patrones culturales cambia-
ron: en lugar de la repetición, la concisión; los mecanismos de orga-
nización de análisis en lugar de la narrativa; persuasión basada en la
lógica formal, más que en la presencia. Identifica esta transforma-
ción de la escritura que suplantó a la oralidad como quizás el cam-
bio cultural más importante de la historia.
En la década de 1960, McLuhan (1962) ofrece parecidas teorías
deterministas de los medios de comunicación como la televisión y
la radio, es decir, el medio es el mensaje –la estructura física del
medio impone los patrones culturales y retóricos en sus audiencias–.
Hacia mediados de 1980 y en la década de los noventa, muchos
estudiosos comenzaron a descontar la simplicidad de estas teorías
deterministas, argumentando a favor de patrones mutuamente cons-
titutivos. Estas relaciones se basan en el grado de coincidencia y
diferencia entre los patrones socioculturales, los patrones que el
medio de comunicación reforzaba y las condiciones sociohistóricas
específicas en que los medios están asociados. Por ejemplo, Martín-

235
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Barbero (1993), un estudioso colombiano de comunicación masiva,


y Grossberg (1992), un estadounidense, sostienen que los medios
de comunicación tales como las películas, la televisión y la prensa
escrita favorecen o refuerzan ciertos patrones culturales y retóricos,
pero el efecto de esta influencia es muy variable. Estos estudiosos
argumentan que necesitamos explorar las formas en que las culturas
locales integran, resisten e incluso rechazan los patrones culturales
asociados tanto con el contenido como con la forma de los medios
de comunicación. Kaufer y Carley (1993) postulan teorías igual-
mente constitutivas de las relaciones entre los patrones culturales
de la escritura y la oralidad, e investigan las formaciones sociales
no determinadas –pero reforzadas– por los medios escritos de co-
municación. Es raro que un medio suplante a otro, como alegó ori-
ginalmente Ong; comúnmente la retórica de un medio se ajusta más
a los patrones y la retórica de una cultura distinta y se aleja más de
otras culturas. Kaufer y Carley (1993) no se extienden en esta com-
paración para las investigaciones culturales, pero la conexión es
obvia. Algunas culturas se sienten más a gusto con algunos medios
de comunicación que con otros porque los patrones reforzados por
estos se corresponden bien con sus patrones culturales en general
(véase, por ejemplo, Thatcher, 2005).
En conclusión, cada tradición cultural y retórica se corresponde-
rá a diseños diferentes de la web, basados en los conceptos de ajuste
y reciprocidad. Entender cómo la web mundial encaja tradiciones
retóricas de todo el mundo es necesario para comprender las varia-
bles que subyacen a tradiciones interculturales y retóricas.

Las variables para el análisis intercultural de sitios


webs

Esta sección plantea las variables en una forma que sigue el


modelo de comunicación intercultural, empezando con la subjetivi-
dad, la epistemología, la ideología y la retórica.

236
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Subjetividad: yo/otros

Todas las culturas comparten el umbral de yo/otro o cómo una


sola persona se relaciona con los demás. En esencia, este valor
evalúa los niveles de dependencia o independencia entre las per-
sonas. Para algunas culturas, el modelo más probable para el «yo»
en relación con el grupo es individualista, mientras que en otras es
colectivo. El individualismo se forma cuando las personas se con-
sideran y definen principalmente independientes de los demás, ven
el mundo a través de sí mismos y negocian la vida basada en las
identidades individuales y sus propios esfuerzos. La mayoría de
los investigadores interculturales están de acuerdo en que el indi-
vidualismo es el enfoque predominante en Estados Unidos, Aus-
tralia, Sudáfrica y otros países europeos-protestantes occidentales
(Hofstede, 2004; Hamden-Turner y Trompenaars, 2000; Stewart y
Bennett, 1991).
Los patrones de comunicación del individualismo incluyen un
enfoque en el «yo» en lugar del grupo; el individuo como unidad de
análisis en vez del grupo; una bifurcación fuerte entre lo objetivo y
lo subjetivo; estrategias de comunicación personal que resuelven
los conflictos basados en la singularidad del individuo en lugar de
su contexto político o social (Stewart y Bennett, 1991); y un énfasis
en los logros personales, la autocreación y el diseño de plantillas y
modos de expresión muy fáciles para los lectores de poca experien-
cia con la escritura (Connor y Hinds, 1991).
Por otra parte, el colectivismo predomina cuando las personas
se ven a sí mismas y se definen como altamente dependientes de
los demás, y negocian la vida basada en grupos familiares o socia-
les. La mayoría de los investigadores interculturales argumentan
que el colectivismo es la solución más probable en muchos países
en Centroamérica, México y el norte de América del Sur, Asia y
Oriente Medio (Hofstede, 2004; Hampden-Turner y Trompenaars,
2000; Stewart y Bennett, 1991). Algunos investigadores han dis-
tinguido entre dos tipos de colectivismo: América Latina por lo

237
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

general exhibe una orientación colectiva vertical, mientras que los


países de Asia suelen reflejar una colectividad más horizontal.
Los patrones de comunicación colectiva dan énfasis a las re-
laciones interpersonales, la jerarquía social, las identidades de
grupo y el espacio personal íntimo. Los patrones de comunica-
ción colectiva no tienen una fuerte relación entre la bifurcación
de lo objetivo y lo subjetivo porque se resuelven los desacuerdos
sociales sobre la base de su contexto social, una combinación
eficaz de la política social y lo personal. En otras palabras, en
lugar de recurrir a la singularidad del individuo para resolver los
conflictos interpersonales, la comunicación colectiva suele de-
cir algo como «no nos llevamos bien porque venimos de diferen-
tes mundos políticos y sociales». En lugar de simplificar, los
comunicadores tienden a complicar su dependencia interpersonal
como una forma de expresar el propósito de la comunicación y
su participación, lo que crea en el diseño del documento patro-
nes amigables de escritor.

Epistemología: normas/reglas

Todas las culturas establecen normas o reglas, pero sus enfoques


y aplicaciones son muy variados. Los dos enfoques más comunes
son los universales y los particulares. En las culturas universalistas,
el enfoque es el de establecer reglas que definen lo que es bueno y
correcto, independientemente de la posición social del individuo.
El ideal es una «igualdad de condiciones y oportunidades». Muchas
de estas culturas tienen una tradición jurídica de derecho común, y
las leyes se basan en la prioridad y deben tener una aplicación igual
de un caso a todo el mundo. No es sorprendente que «empresas
familiares» sean posibles, pero no es la norma, porque en las cultu-
ras universalistas una empresa familiar no puede tratar a sus em-
pleados familiares de acuerdo con los protocolos universalistas. Los
patrones universales de comunicación incluyen estrategias de equi-

238
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

dad, justicia, igualdad, paralelismo y fuerte uso de plantillas. Ade-


más, en las culturas universalistas, dirigirse a una persona sobre la
base de su grupo étnico se define como hacer un estereotipo, porque
estos antecedentes no pertenecen a la igualdad de trato. Por ejem-
plo, en Estados Unidos es ilegal pedir ciertos tipos de información
en una entrevista de trabajo, como el origen étnico, la condición
social, la edad o el género.
En las culturas particularistas, el enfoque es aplicar las normas y
decisiones en función de las relaciones y el contexto. En lugar de
igualdad de oportunidad, el campo de juego particularista es abier-
tamente estructurado, y, por lo tanto, existe un conjunto de reglas
para cada relación social. Además, «las empresas familiares» son
muchas veces preferidas, ya que las reglas para tratar a los demás
son establecidas por los roles familiares. Los patrones de comunica-
ción particularista suelen ser la unicidad en el diseño de documen-
tos, énfasis del contexto y las relaciones particulares, circunstancias
excepcionales, el prestigio social y las relaciones de poder. De acuer-
do con algunos investigadores, el universalismo es el enfoque en
muchos países de Europa occidental, Estados Unidos, Canadá y
Sudáfrica, mientras que las culturas de América Latina, las árabes y
las asiáticas tienen enfoques particulares (Hofstede, 2004; Hamden-
Turner y Trompenaars, 2000).

Comportamiento social: público/privado y el grado de


participación

La tercera variable es el grado de participación en las diferen-


tes esferas de la vida, generalmente implicando una división entre
lo público y privado. Los investigadores han definido los dos en-
foques como difuso y específico. Las culturas difusas son gene-
ralmente culturas colectivas, por tanto, en ellas se comparten las
amistades en diferentes entornos como el trabajo, la diversión, la
religión, etcétera. Además, la jerarquía social se transfiere a todos

239
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

los entornos. En otras palabras, el jefe en el trabajo también puede


ser el jefe en la cancha de tenis, en la escuela, y así sucesivamente.
En la universidad, un profesor es para el estudiante no sólo una
autoridad en la clase, sino en todos los aspectos de la vida. El
profesor es un mentor holístico. Además, se necesita mucho tiem-
po para hacerse amigos en culturas difusas, porque al formarse la
amistad existe la expectativa de que ella se moverá a diferentes
áreas, tales como el trabajo o las actividades recreativas.
Como consecuencia, las culturas difusas tienen altos niveles
de desconfianza entre las personas de diferentes grupos sociales o
familias, lo que hace que el trabajo en equipo o la colaboración en
el entorno público estén llenos de conflictos. Por eso, algunos in-
vestigadores han argumentado que la democracia es muy difícil
de desarrollar en culturas más difusas y particulares tales como en
México y en otros países de América Latina (Thatcher, 2005).
Por otro lado, las culturas específicas se basan en la facilidad y
la confianza, por lo cual las personas de distintos grupos pueden
trabajar o formar grupos por un solo motivo. También, se hacen
amistades normalmente en un contexto específico como la univer-
sidad y el trabajo y estas amistades no cruzan esas fronteras, como
de la universidad al trabajo. Por ejemplo, el profesor universitario
es sólo una autoridad en su área de formación; fuera de ese tema,
él o ella es alguien como cualquier otra persona. Los estudiantes
universitarios, por ejemplo, a menudo pueden hacer rápidamente
amigos en el salón de clases con el fin de facilitar el aprendizaje
eficaz y proyectos en grupo, pero fuera o más allá del aula, estas
relaciones rara vez se prolongan. Las culturas específicas tienen
mucha más confianza en espacios públicos donde las leyes prote-
gen sus interacciones con otras personas y pueden trabajar de for-
ma rápida o hacer amigos con gente de todo tipo en cualquier
ámbito. En las culturas específicas, las jerarquías que están en su
lugar como en los negocios o la educación, por ejemplo, no se
transfieren tan fácilmente al contexto educativo o viceversa. Por
lo tanto, hay una transición más fácil a los foros democráticos o

240
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

más igualitarios. Así que la orientación específica favorece la co-


laboración pública más que la orientación difusa, y no es sorpren-
dente que la democracia haya sido relativamente fácil de estable-
cer en culturas específicas.
Como muchos investigadores han argumentado, el enfoque es-
pecífico es más probable en Estados Unidos, Canadá y Europa
Occidental, mientras que el enfoque difuso predomina en Asia,
América Latina y los países árabes (Hofstede, 2004; Hampden-
Turner y Trompenaars, 2000; Stewart y Bennett, 1991).

Comportamiento social: ser y hacer

La cuarta variable es la formación del estatus social: uno se hace


con hechos (hacer), el otro con características conectadas a la jerar-
quía social (ser). Las culturas orientadas a obtener el estatus con el
ser dan mucho énfasis a su grupo social, raza, sexo, edad, etnia y
lenguaje. Estas variables proporcionan al comunicador el poder para
realizar trabajos difíciles en las estructuras sociales. Quienes se ubi-
can en esta orientación dicen: «yo soy grande o importante por mis
antecedentes», y gracias a estos pueden rendir mucho. Los patrones
correspondientes de comunicación son señales evidentes de estatus
social y de poder.
En las culturas orientadas al hacer, no importa de dónde al-
guien viene, de qué familia es, su edad, idioma, etcétera, siempre
y cuando pueda alcanzar sus metas. Esta orientación al logro dice:
«yo he logrado muchas cosas; por lo tanto, soy grande e importan-
te». Los patrones correspondientes de comunicación dan énfasis a
la autorrealización a pesar de la familia o el entorno social. La
mayoría de los investigadores interculturales concuerdan en que
el hacer es el método de obtener estatus más probable en Estados
Unidos, Canadá, Australia y Reino Unido, mientras que el ser es
el método más probable en los países ex comunistas de Asia, Méxi-
co, Centro América y los países del norte de sur América (Hofstede,

241
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

2004; Hampden-Turner y Trompenaars, 2000; Stewart y Bennett,


1991).

Patrones comunicativos y desigualdad

La última variable se refiere al manejo de la desigualdad en la


comunicación interpersonal o lo que Hofstede (2004) llama «power
distance» (distancia jerárquica). La distancia jerárquica mide la
capacidad de dos personas con diferente poder y autoridad para
influir el uno en el otro. La baja distancia jerárquica utiliza estra-
tegias comunicativas que disminuyen los signos de jerarquía for-
mal que podrían poner a la vista las desigualdades sociales. Se
trata de esconder las diferencias sociales y jerárquicas para poder
mejorar la comunicación. La baja distancia jerárquica manifiesta
desdén por la supervisión estrecha; los superiores no tienen miedo
de mostrar que no saben las respuestas y los subordinados no tie-
nen miedo de mostrar su desacuerdo con sus superiores. La baja
distancia jerárquica se correlaciona fuertemente con el individua-
lismo, el universalismo y la orientación específica.
En la alta distancia jerárquica es evidente una comunicación de
una vía, desde arriba hacia abajo. Los subordinados tienen miedo
de mostrar abiertamente su desacuerdo y los superiores tienen mie-
do de mostrar a sus subordinados que no saben las respuestas. Tam-
bién se destacan y mantienen cuidadosamente las jerarquías so-
ciales, siguiendo muy de cerca los patrones de comunicación for-
mal que encarnan estas diferencias sociales. La alta distancia je-
rárquica se correlaciona fuertemente con –y refuerza– lo colecti-
vo, particular y difuso. Hofstede mantiene que es más probable
ver alta distancia jerárquica en México, partes de Asia y la región
andina de América del Sur, mientras la baja distancia jerárquica es
más común en el oeste europeo, Israel, Australia, Canadá y Esta-
dos Unidos.

242
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Diseño del estudio

Los métodos de investigación se pueden describir mejor como


un análisis retórico de los sitios web mediante un muestreo
cualitativo (Flicke, 2002) y métodos empíricos interculturales
(Thatcher, 2001). En el estudio original, nueve estudiantes de
posgrado de un curso de retórica intercultural en New Mexico State
University seleccionaron la cultura de un país para analizarla, con
el requisito de que cada investigador fuera nativo de esa cultura o
poseyera un conocimiento importante de ella y su idioma. Luego,
los investigadores seleccionaron sitios web de la universidad
pública de esa cultura, con New Mexico State University como
punto de referencia. Se utilizaron los siguientes criterios para
seleccionar las universidades:
Ser una universidad pública y con un perfil importante, pero no
reconocida a nivel nacional en un área determinada.
Tener una población de entre 10.000 y 30.000 estudiantes.
Ofrecer títulos de grado y de posgrado en humanidades, ingenie-
ría, ciencias sociales y agricultura.
El sitio web debería contar con un desarrollo comparable.

Para China, América del Sur, Estados Unidos, Canadá y Méxi-


co, los investigadores desarrollaron una lista de las universidades
públicas siguiendo estos criterios, y entonces seleccionaron tres
universidades al azar para su análisis. En los casos de Israel, Nepal
e Irlanda, no hubo suficientes universidades para que fueran se-
leccionadas aleatoriamente con eficacia, por lo que los investiga-
dores eligieron las que más se adecuaban a esos criterios. La si-
guiente Tabla 2 muestra los investigadores y los sitios web:

243
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Investigador y Cultura Universidades


país de origen o nación

Edgar Barrantes América - Universidad de Costa Rica


- Costa Rica Latina - Universidad Nacional de Colombia
- Universidad de Chile

Amy Dalzell Canadá - University of Calgary (Alberta)


- EE.UU. - University of Ottawa (Ontario)
- Concordia University (Quebec)

Qiumin Dong China - Hebei University


- China - Zhengzhou University
- Hunan University

Christopher Ford Irlanda - University College, Dublin


- EE.UU. - National University of Ireland, Galway
- National University of Ireland, Cork

Sipai Klein Israel - Hebrew University of Jerusalem


- Israel - Tel-Aviv University
- Ben Gurion University of the Negev

Rachel Gallagher EE.UU. - New Mexico State University


- EE.UU. - Texas Tech University
- Washington State University.

Marohang Nepal - Kathmandu University


Limbu - Nepal - Tribhuvan University
- Mahendra Sanskrit University

Lisa Ramírez México - Benemérita Universidad de Puebla


- Belize - Universidad Autónoma de Campeche
- Universidad Autónoma de San Luis
Potosí.

Natalia Urbina Argentina - Universidad Nacional del Cuyo


- EE.UU. - Universidad Nacional de La Plata
- Universidad Nacional del Litoral

Tabla 2: Investigadores y sitios web seleccionados

244
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Para el estudio de la frontera de Estados Unidos y México, yo


seleccioné cuatro universidades que cumplen con los mismos cri-
terios: New Mexico State University (NMSU) en Las Cruces,
Nuevo México, Visva-Bharati University en el estado occidental
de Bengali, India, y dos universidades mexicanas (la Universi-
dad Autónoma de Ciudad Juárez [UACJ], en el norteño estado
de Chihuahua, al otro lado de la frontera de El Paso, Texas, y la
Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca [UABJO], en
el sur de México).
Como se ha señalado en Thatcher (2001), para ser válida, la
investigación empírica intercultural debe establecer un enfoque
comparativo y neutral tanto para el análisis de datos como para
su recopilación. El equipo de investigación decidió que cinco
variables interculturales proveyeran este enfoque. En la selec-
ción de cada universidad a ser analizada, los investigadores tam-
bién utilizaron asignación al azar o el muestreo de la lógica des-
crita por Flicke (2002) para desarrollar resultados tan
generalizables como sea posible.
Para el análisis de datos, el equipo de investigación comparó
los sitios web de sus universidades sobre la base de las caracte-
rísticas de cada variable de comunicación intercultural. Las uni-
dades de análisis de los sitios web que fueron comparados según
las características de su comunicación incluyen: diseño de pan-
talla, enlaces, estilo del lenguaje, contenido de la página web,
gráficos, ilustraciones, navegación, uso del flash y los compo-
nentes de audio, color, fotografías, mapas, íconos, entre otros
componentes de la web. Para desarrollar los resultados, el equi-
po de investigación iba y venía entre una codificación inductiva
–abierta– y una codificación deductiva –teórica– (Flick, 2002:
176-195). La ida y vuelta entre la codificación abierta y la codi-
ficación teórica garantiza la validez en el análisis de los datos y
la construcción de los resultados.

245
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Resultados: diseños de sitios web a través de las culturas


En general, los diseños de los sitios web de todas las universida-
des estrechamente corresponden a los patrones culturales y retóricos
que se planteaban antes en las investigaciones interculturales. En
este articulo, me enfocaré en los sitios webs de Estados Unidos y
México. Para comenzar esta discusión de los resultados de la inves-
tigación, se muestran las páginas principales o de inicio de las cua-
tro universidades, empezando con la de NMSU:

Figura 2. Página de inicio de New Mexico State University

Figura 3. Página de inicio de la Universidad Visva-Bharati

246
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Figura 4. Página de Inicio de la Universidad Autónoma


de Ciudad Juárez

Figura 5. Página de inicio de la Universidad Autónoma


Benito Juárez de Oaxaca

Con la muestra de estas páginas, podemos hacer la comparación


intercultural de los sitios, usando las cinco variables ya explicadas.

247
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Subjetividad: valores individuales-colectivos a través


de sitios web

Los valores individuales-colectivos se observan fácilmente en los


cuatro sitios web. Por ejemplo, el sitio web de NMSU muestra fuertes
tendencias individuales. En primer lugar, casi todas las fotografías
son de una persona, o, si hay más, la mayoría de las fotos destaca una
por sobre el resto del grupo borroso en el fondo. La foto de la página
de inicio de NMSU ejemplifica el valor individual porque muestra a
la estudiante solitaria y con un gran espacio entre ella y los demás.
Además de las fotos, la navegación de la página web se centra en el
individuo. La página principal de NMSU está diseñada alrededor de
la facilidad con la que una persona –un estudiante, docente o perso-
nal– puede acceder rápida y fácilmente a la información pertinente
para ella. Por ejemplo, el diseño de la página web de Recursos y Ser-
vicios para Estudiantes Actuales (http://currentstudents.nmsu.edu/)
se basa en las necesidades individuales de los alumnos, y destaca las
opciones que tienen los estudiantes para su educación.
Al igual que las fotos y el diseño general, el lenguaje es casi exclu-
sivamente individual. La mayoría de los puntos utiliza un singular
«usted» o «yo» y hace hincapié en lo que los individuos, en lugar de
los grupos de personas, tienen o pueden cumplir en NMSU. Como se
explicó antes (Thatcher et al., 2007), todos los sitios web de Estados
Unidos y Canadá mostraron el mismo nivel de individualismo.
La página web de la universidad Visva-Bharati tiene algunos ele-
mentos de individualismo, pero su colectivismo domina en las re-
presentaciones visuales, el diseño general y el lenguaje. Primero, el
único paso de la página principal a las otras es a través de la imagen
del fundador, Tagore, o por medio del ícono de la esvástica, refor-
zando aún más la ruta colectiva de acceso para todos. Además, Visva-
Bharati tiene muy pocas fotografías, en comparación con los otros
sitios. Y cuando hay fotos de personas, sólo los líderes y los edifi-
cios son fotografiados. La pequeña fotografía en la página principal
muestra una persona sola en un laboratorio y dos personas en un

248
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Figura 6. Página de recursos y servicios para estudiantes actuales de NMSU

salón de clases, pero todas las demás son de personas en grupo, y el


propósito y la jerarquía del grupo son notables. La siguiente página
es un ejemplo de esta orientación colectiva:

Figura 7. Camino de la vida en Visva-Bharati

249
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Además de la fotografía del grupo, el idioma muestra una fuerte


orientación colectiva y de grupo que está en constante conciliación con
el rico contexto de la celebración conjunta. Como se describió antes
(Thatcher et al., 2007), las universidades de países con predominio de
valores colectivos tenían los mismos patrones en sus sitios web.
Los dos sitios web de universidades mexicanas muestran impor-
tantes diferencias interculturales en México, relativas al valor indi-
vidual o colectivo. El sitio web de la UACJ rara vez muestra imáge-
nes de los individuos, pero la mayoría de las fotografías son de gru-
pos pequeños, como en el encabezamiento; sin embargo, la mayor
parte de su lenguaje tiene un enfoque individualista, que hace hin-
capié en lo que el estudiante puede realizar allí. Por ejemplo, la
siguiente es la página principal del Instituto de Arquitectura, Dise-
ño y Arte. Se centra en la excelencia de la universidad como un
componente clave del crecimiento de cada uno:

Figura 8. Página de inicio del Instituto de Arquitectura,


Diseño y Arte de la UACJ

250
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

La primera frase de esta página dice:

Su ingreso a la Universidad Autónoma de Ciudad


Juárez es, por sí mismo, un gran logro que fue
ganado por cada uno de ustedes debido a sus co-
nocimientos y habilidades demostradas durante el
examen de admisión, por lo que, a nombre de di-
rectivos y profesores, les extendemos una felici-
tación y reconocimiento por formar parte del Ins-
tituto de Arquitectura, Diseño y Arte.

Esta frase demuestra que el desarrollo del individuo se basa en


los esfuerzos individuales, sin conexión con las relaciones sociales;
pero, al mismo tiempo, muestra signos de colectivismo porque la
persona forma parte del gran grupo.
En contraste, la UABJO es fuertemente colectiva, al igual que
Visva-Bharati. El sitio web sólo muestra imágenes de grupos de
personas, y también incluye imágenes muy tradicionales del funda-
dor, el escudo de armas de la universidad y fechas importantes. Es-
tas diferencias en los sitios web mexicanos podrían demostrar que
existen diferencias intraculturales en México. Ciudad Juárez está
tan cerca de Estados Unidos y tiene costumbres fuertes de industria
internacional y trabajo que no es extraño que haya una mezcla de
valores colectivos e individuales, mientras que la UABJO está en el
interior de México y no tiene tantas conexiones con la industria
internacional.

Epistemología: universal-particular

Los sitios web de NMSU y la universidad Visva-Bharati demues-


tran muy claramente las diferencias en los valores de lo particular y
de lo universal. En el sitio de NMSU, casi todas las fotos de grupos
de personas presentan una variedad de edad, etnia, género y talla, lo

251
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

que demuestra la igualdad de condiciones para todos. Por otra parte,


en sus políticas, NMSU expresa su meta de no tener discriminación
de ningún tipo. Todos los estudiantes, profesores y empleados pue-
den tener éxito sin importar la edad, religión, sexo, etcétera. Una de
las características más universales es el uso de plantillas –cada página
en la web sigue un patrón autorizado–; el deseo de mantener las plan-
tillas es tan fuerte que hay una página donde se explica cómo seguir
las reglas para todas las páginas web (Figura 9).

Figura 9. Requisitos de plantillas

Se llama «The new visual identity program» o «El nuevo pro-


grama de identidad» y, como resultado, todas las páginas del sitio
web del autor NMSU tienen un sentido muy parecido; hay poca
originalidad. Además de las plantillas y la no discriminación, el si-
tio web de NMSU ha sido diseñado para una audiencia universal:
un bajo nivel de lectura y poco conocimiento asumido de Las Cru-
ces y el mundo académico en general. Además, hay muchas listas
de la información en paralelo, lo que refuerza aún más la uniformi-
dad y la legibilidad. En otras palabras, casi cualquier persona puede

252
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

leer y navegar a través de la página web de NMSU. En el estudio de


las veintiocho universidades (Thatcher et al., 2007), todas las de
Estados Unidos y Canadá mostraban las mismas características del
valor universal.
En cambio, el sitio web de Visva-Bharati es muy singular. Todas
las páginas principales contienen un diseño completamente diferen-
te. Por ejemplo, el «patrimonio» de la página se ve completamente
diferente de la página principal.

Figura 10. Página del patrimonio de Visva-Bharati

La siguiente página de información general también tiene una


organización completamente diferente, incluyendo el color y la ico-
nografía:

Figura 11. Información general de Visva-Bharati

253
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Además, las pocas fotos son sólo de personas de India y mayormen-


te de hombres de edad mediana: no hay políticas de no discriminación.
Por otra parte, el lenguaje de Visva-Bharati asume una audiencia parti-
cular, una que conoce el lenguaje académico de India y otras filosofías
enfocadas al aprendizaje. Sólo unas pocas personas realmente pueden
navegar este sitio. En el estudio de las veintiocho universidades
(Thatcher et al., 2007), todas las universidades de América Latina y
Asia mostraban las mismas características del valor particular.
Los sitios web de la UACJ y la UABJO mostraron valores mixtos.
Tanto la UACJ como la UABJO manifestaron patrones de plantillas en
la mayoría de sus páginas. Sin embargo, los sitios diferían en las expec-
tativas de la audiencia o público. El público de la UACJ es más univer-
sal y constantemente la información mostrada en las listas hace hinca-
pié en la homogeneidad y la igualdad. Además, tiene una sección en la
web importante llamada «Transparencia», que se dedica a hacer todos
los procesos y operaciones transparentes a fin de combatir los proble-
mas de corrupción del particularismo (y tratando de cumplir con la
nueva ley mexicana de transparencia). En contraste, el sitio web de la
UABJO tiene un público menos universal. Por ejemplo, la siguiente
página de la rectoría muestra un lenguaje muy formalmente educado:

Figura 12. Página del presidente de la UABJO

254
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

En efecto, la primera frase dice: «día a día, la humanidad cons-


truye su legado. Nuestras actividades cotidianas van ocupando su
lugar en la historia, la cual será encargada de juzgarnos por las deci-
siones que tomamos y las acciones emprendidas».

Comportamiento social: específicos-difusos

Los sitios web de NMSU y de la universidad Visva-Bharati


ejemplifican perfectamente las diferencias culturales entre valo-
res específicos y difusos. En la página principal de NMSU, seis de
los diez enlaces principales son de índole específico, porque divi-
den a los seres humanos de acuerdo con sus actividades y roles,
como estudiantes actuales, estudiantes futuros, padres y familia-
res, profesores y personal, ex alumnos y visitantes. Esta división
de los seres humanos en sus respectivos contextos de actividad es
un ejemplo perfecto de la orientación específica. Por otro lado, la
página principal de Visva-Bharati sólo tiene dos enlaces: la ima-
gen del fundador y un ícono. Después, en el directorio, la arqui-
tectura de los enlaces no se basa en los diferentes roles de los seres
humanos, sino en categorías como el campus, académicos, institu-
tos y centros.
Además, el diseño de las páginas de NMSU y Visva-Bharati
difiere en su enfoque sobre el ser humano. Casi todas las imáge-
nes del sitio de NMSU son de personas que toman la mayor parte
del espacio de la foto, con relativamente mucho menos fondo, lo
que representa una visión más específica de la humanidad. Por
ejemplo, en la página de los estudiantes, que se muestra anterior-
mente en la Figura 6, todas las imágenes son de personas y, en
ocho de las diez, estas dominan el espacio de la foto. En dos fotos,
la gente y el contexto son casi iguales. Además, en casi todas las
fotos las personas tienen una sonrisa grande, lo que demuestra la
facilidad, confianza y apertura en este espacio público, un fuerte
rasgo del valor específico. Lo que es muy interesante es que, en el

255
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

estudio de las veintiocho universidades, todos los sitios de Esta-


dos Unidos y Canadá seguían este mismo patrón de especificidad,
demostrando una homogeneidad increíble.
Visva-Bharati manifiesta muy fuertemente los valores difusos
en sus fotos. Cuando hay imágenes de personas, gran parte del
espacio de la foto está dedicado al contexto con poco espacio dado
al ser humano. Además, en el sitio web de Visva-Bharati hay mu-
chas más fotos del contexto, tales como edificios, instalaciones y
naturaleza. Por otra parte, las fotos de la gente rara vez muestran
la apertura y confianza de la sonrisa, sino que hay más gestos y
miradas reservadas. Casi todas las subsecciones tomadas de la
página principal muestran un edificio, la naturaleza u otra entidad
no humana. En el estudio, la mayoría de las universidades en
América Latina y Asia también mostraron rasgos de valor difuso.
Los sitios web de la UACJ y la UABJO expresan valores mix-
tos. Mayormente, ambos sitios muestran un diseño web difuso. En
la página principal de la UACJ, la mayoría de los enlaces son de
índole difusa. Sólo una de las cuatro grandes secciones divide
«usuarios» en categorías tales como estudiantes, ex alumnos, maes-
tros y personal; las otras tres categorías son las divisiones más
holísticas, como institutos, estructura de la universidad y servi-
cios. Además, al igual que su página web, las fotografías de perso-
nas en la UACJ tienen una mezcla casi igual de personas y contex-
to. Así, las personas son vistas en su contexto más que en NMSU.
El sitio de la UABJO es más parecido a Visva-Bharati porque tie-
ne menos enlaces en su página de inicio en comparación con la de
NMSU y la de la UACJ, y ninguno de los enlaces especifica a
personas o entornos de actividad humana. Todos los enlaces son
entidades o instituciones. Las imágenes de la UABJO son exclusi-
vamente de los edificios o el rector y muy pocas son imágenes de
personas.

256
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Comportamiento: hacer y ser

Para esta variable, los sitios de NMSU y Visva-Bharati


ejemplifican las diferentes orientaciones. El sitio web de NMSU
demuestra fuertemente la orientación al logro o al hacer. En primer
lugar, la mayoría de las imágenes exhiben a personas haciendo algo.
Por ejemplo, la página principal de NMSU a menudo retrata a los
investigadores o estudiantes en la acción, como muestra la siguiente
página:

Figura 13. Página de inicio de NMSU

Las tres imágenes en esta página son de gente haciendo algo: el


investigador en el laboratorio, el profesor asociado a crear sonrisas
y a la defensa de los derechos. Además, cuatro de las cinco noticias
y eventos pone de relieve los logros de los miembros de la facultad.
El resumen del año destaca sólo los logros o eventos en los que
participaron personalidades. Asimismo, la página «Acerca de
NMSU» está enteramente dedicada a los logros, estadísticas y otros
datos concretos que enfatizan una fuerte orientación al hacer. En el
estudio de las veintiocho universidades (Thatcher et al., 2007), to-
das las de Estados Unidos y Canadá mostraban las mismas caracte-
rísticas del valor del hacer.

257
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

El sitio web Visva-Bharati demuestra algún tipo de acción, espe-


cialmente en la página de inicio, pero la mayor parte se centra en las
cualidades deseadas y se destaca la orientación hacia el ser. La Fi-
gura 7 muestra que Visva-Bharati se centra en el desarrollo de «una
forma de vida» para todos los de la universidad. De esta manera, no
se autoactualiza el ser humano a través del hacer, sino a través del
ser, y este proceso se manifiesta en las celebraciones alegres y en la
comunión social. Otra cualidad muy importante para Visva-Bharati
es su celebración de grandes figuras. La página de «Hechos y Ci-
fras» demuestra que la universidad es importante debido a sus gran-
des fundadores, los consejos y los institutos y porque así fue decla-
rado por un acto del Parlamento:

Figura 14. Hechos y Cifras de Visva-Bharati

258
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Esta universidad es grande porque sus fundadores y actuales di-


rigentes son de estatus muy importante. En realidad, es muy difícil
encontrar cifras concretas sobre la inscripción, tipo y número de
carreras de grado o incluso ex alumnos famosos. Además, casi to-
das sus fotos muestran la grandeza de los edificios e instalaciones,
con el argumento de que la universidad es importante porque sus
instalaciones son excelentes, no porque los estudiantes y los profe-
sores hayan obtenido muchos logros. En esta línea, la página «Acerca
de» se divide en cinco categorías con casi toda la información que
relata la historia y el contexto de la universidad para mostrar su
grandeza. Todo esto es la grandeza a través del ser. En el estudio de
las veintiocho universidades (Thatcher et al., 2007), las universida-
des de América Latina y Asia generalmente mostraban las mismas
características del valor del ser.
Los sitios web de la UACJ y la UABJO muestran valores mix-
tos, lo que ocurre más en la UACJ, más cercana a NMSU. La UACJ
demuestra una fuerte orientación al logro, ya que la mayoría de sus
fotos son de la gente en acción. Y muchos de los enlaces de la pági-
na principal son las actividades y eventos. Sin embargo, también es
difícil o imposible encontrar listas de inscripción, número de gra-
duados, logros de profesores reconocidos y alumnos y premios ob-
tenidos por la universidad. La UABJO se parece más a Visva-Bharati
porque demuestra su grandeza por su presidente, el liderazgo y las
instalaciones. Además, la página «Acerca de la UABJO» consta de
cinco componentes, ninguno de los cuales hace hincapié en los lo-
gros (ver Figura 15).

259
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Figura 15. Página acerca de la UABJO

Al igual que Visva-Bharati, esta universidad es grande debido a


su rica historia, su escudo de armas, su himno y su lema.

Patrones de retórica: desigualdad y poder

Los sitios web de NMSU, Visva-Bharati, la UACJ y la UABJO


se corresponden estrechamente con la distancia jerárquica. Prime-
ro, el sitio de NMSU muestra principalmente una baja distancia je-
rárquica porque la mayor parte del lenguaje –y en particular el len-
guaje dirigido a estudiantes– trata de reducir la desigualdad entre
los estudiantes y las autoridades. La página de «Futuros estudian-
tes» es un ejemplo de este enfoque de distancia jerárquica baja:

260
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Figura 16. Página para futuros estudiantes

Siguiendo muy de cerca los patrones de baja distancia jerárqui-


ca, esta página da importancia a la relación igualitaria entre los es-
tudiantes y la universidad, sobre todo con su lenguaje y los colores,
y también muestra que los estudiantes están a cargo de sus propias
vidas y lo que hacen en el campus. Las funciones integradas de
búsqueda de por dónde empezar y cómo solicitar información dis-
minuyen la distancia entre los estudiantes y la universidad. Además
de esta página, las fotos de los estudiantes rara vez muestran un
profesor o administrador único en toda su gloria. En cambio, la
mayoría de los profesores son presentados en un nivel de igualdad
con los estudiantes, a quienes les enseñan qué hacer, pero no qué
decir ni les dan órdenes. En muchas de las fotos es difícil decidir
quién es el profesor y quién es el estudiante. En el estudio de las
veintiocho universidades (Thatcher et al., 2007), todos los sitios de
Estados Unidos y Canadá seguían este mismo patrón de baja distan-
cia jerárquica, demostrando una fuerte homogeneidad.

261
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

La distancia jerárquica en el sitio de Visva-Bharati es algo dife-


rente. El símbolo de la primera autoridad es la imagen grande del
fundador, destacada y centrada en la página principal. Además de
este símbolo, todos los usuarios de la web tienen que entrar en la
página a través de un enlace en esta imagen o ícono, lo que obliga a
todos a ir por el mismo camino. Asimismo, en las fotos de grupos,
casi siempre es fácil distinguir quién tiene la autoridad: los profeso-
res. Sin embargo, a pesar de estos símbolos de alta distancia jerár-
quica, hay también símbolos de baja distancia. Esta universidad
destaca la unidad y la armonía como uno de sus principales objeti-
vos. Lo que es muy interesante es que, en el estudio de las veintio-
cho universidades, todos los sitios de América Latina seguían este
mismo patrón de alta distancia jerárquica.
Los sitios web de la UACJ y la UABJO muestran índices fuertes
de alta distancia jerárquica. Primero, ambos tienen muy al relieve la
administración y estructura de las autoridades de las universidades.
Y estos enlaces están bien desarrollados y muestran específicamente
las estructuras de poder. Además, la mayoría de los cuadros de pro-
fesores o líderes muestran al líder en ropa formal y en el centro,
claramente a cargo de lo que está pasando. No hay duda acerca de la
autoridad. En este caso, la UACJ no se parece al sitio web de NMSU,
tal vez resaltando un valor que no se cambia tan fácilmente.

Conclusión

Este estudio sitúa la conexión entre los sitios web y las culturas
nacionales, interculturales y fronterizas. En primer lugar, hay una
homogeneidad increíble en el diseño de las webs de Estados Unidos
y Canadá: todos siguen al pie de la letra los valores culturales que la
gran base de la investigación les atribuía. Igualmente, los sitios de
Asia, América Latina y otras partes del mundo reflejan los valores
culturales de sus naciones. Así que, parece, la constante interacción
promovida por la comunicación a través de la web e Internet no está

262
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

cambiando los valores locales. La única excepción es la Universi-


dad Autónoma de Ciudad Juárez, la cual demuestra patrones híbridos
(unos de Estados Unidos y otros de México).

Bibliografía

Berlin, J. (1987). Rhetoric and Reality: Writing Instruction in American


Colleges. 1900-1985. Carbondale: Southern Illinois UP.
Bolter, J. y R. Grusin (1999). Remediation: Understanding new
media. Cambridge, MA: MIT Press.
Flicke, U. (2002). An introduction to qualitative research. Thousand
Oaks, CA: Sage.
Grossberg, L. (1992). We gotta get out of this place: Popular culture
and postmodern culture. New York: Routledge.
Hall, E. (1976). Beyond culture. New York: Anchor Books.
Hampden-Turner, Ch. y F. Trompenaars (2000). Building cross-cultural
competence: How to create wealth from conflicting values. New
Haven, CT: Yale University Press.
Hinds, J. (1987). «Reader versus writer responsibility: A new
typology». En: U. Connor y R. Kaplan (eds.). Writing across
languages: Analysis of L2 text. Reading, MA: Addison-Wesley.
Hofstede, G. (2004). Cultures and organizations: Software of the
mind. New York: McGraw Hill.
Kaufer, D. S. y K. M. Carley (1993). Communication at a distance:
The influence of print on sociocultural organization and change.
Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum.
Martín-Barbero, J. (1993). Communication, culture and hegemony:
From the media to mediations. Trans. E. Fox and R. A. White.
Newbury Park, CA: Sage Publications.
McLuhan, M. (1962). The Gutenberg Galaxy. Toronto: University
of Toronto Press.
Ong, W. (1987). Oralidad y escritura: Tecnologías de la Palabra
(A. Sherp, Trans). México: Fondo de Cultura Económica.

263
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Plato (1956). Phaedrus. New York: Macmillan Publishing.


Stewart, E. C. y M. J. Bennett (1991). American cultural patterns:
A cross-cultural perspective. (Rev. ed.). Yarmouth, ME:
Intercultural Press, Inc.
Thatcher, B. et al. (2007). «Website analysis across cultures». En:
K. St. Amant (ed). Linguistic and cultural online communication
issues in the global age. Hershey, Pennsylvania: Idea Group.
Thatcher, B. (1999). «Cultural and rhetorical adaptations for South
American audiences». En: Technical Communication, 46 (2),
177-195.
–– (2000). «L2 professional writing in a U.S. and South American
context». En: Journal of Second Language Writing, 9 (1), 41-69.
–– (2001). «Issues of validity in intercultural professional
communicationvresearch». En: Journal of Business and
Technical Communication, 15, 458-489.
–– (2005). «Situating L2 writing in global communication
technologies». En: Computers and Composition, 22 (3), 279-295.
Trompenaars, F. (1994). Riding the waves of Culture: Understanding
Cultural Diversity in Business. Chicago: Irwin.

264
Los autores

Silvia Barei es doctora en Literaturas Modernas (Universidad Nacio-


nal de Córdoba) y profesora de Teoría Literaria y Estética en la Facul-
tad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba, donde se
desempeña actualmente como Decana. Es presidente honoraria de la
Asociación Argentina de Retórica y directora del Grupo de Estudios
de Retórica. Entre otros libros, ha publicado Borges y la crítica litera-
ria (1999) y es coautora de Texto/Memoria/Cultura. El pensamiento
de Iuri Lotman (2002) y Género, texto y discurso (2010).

Roberto Bein es profesor en Letras (Universidad de Buenos Aires)


y licenciado en Filología Hispánica (Universidad de Barcelona).
También cursó estudios de Interpretariado en la Universitat Autó-
noma de Barcelona. Actualmente se desempeña como profesor en
la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires,
en las cátedras de Lingüística interdisciplinaria y Sociología del Len-
guaje. Ha compilado en colaboración Prácticas y representaciones
del lenguaje (1999), Políticas lingüísticas, norma e identidad: estu-
dios de casos y problemas teóricos en torno al castellano, el galle-
go, el portugués y lenguas minoritarias (2001) y La regulación po-
lítica de la diversidad lingüística (2010).

265
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Diego Bentivegna es doctor en Letras (Universidad de Buenos Ai-


res), profesor en la cátedra Literatura del siglo XX en la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires e investigador
del Conicet. En la actualidad, se desempeña como vocal titular de la
Asociación Argentina de Retórica. Ha traducido, seleccionado y ano-
tado el epistolario de Pier Paolo Pasolini en Pasiones heréticas. Co-
rrespondencia 1940-1975 (2005) y es autor de Castellani crítico.
Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transformada (2010).

Hernán A. Biscayart es profesor y licenciado en Letras (Universi-


dad de Buenos Aires) y profesor en la cátedra de Semiología del Ci-
clo Básico Común y en Teoría y Análisis Literario de la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña
desde 2010 como tesorero de la Asociación Argentina de Retórica y
representante del Consejo de la Asociación Latinoamericana de Re-
tórica. Entre sus publicaciones, se encuentran los siguientes artículos:
«El pedido de informes en el ámbito legislativo: las estrategias
discursivas de funcionarios y legisladores» (2008), «Ariel de Rodó:
la máscara espiritualista del discurso positivista en el nuevo siglo»
(2009) y «Volver al futuro. Los efectos jurídicos y políticos de la
sanción, derogación y nulidad de las leyes de Obediencia Debida y
Punto Final en la Argentina» (coautor, 2010). Participa actualmente
en los proyectos UBACYT «Argumentación y política: la construc-
ción de antagonismos en el discurso político (2004-2010)» y «Pensar
la literatura. Nuevas perspectivas estéticas y políticas», dirigidos por
Roberto Marafioti y Nora Domínguez, respectivamente.

Ana Camblong es doctora en Letras (Universidad de Buenos Ai-


res) y profesora de Semiótica I y II en la Facultad de Humanidades
y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones, donde
dirige la Maestría en Semiótica Discursiva. Entre otros libros, es
autora de Macedonio. Retórica y política de los discursos paradóji-
co (2003) y Ensayos macedonianos (2006). Actualmente se desem-
peña como presidenta de la Sociedad Argentina de Semiótica.

266
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

Graciela Marta Chichi es doctora en Filosofía (Universidad de


Buenos Aires), con estudios de doctorado realizados en la Ruprecht-
Karls Universität-Heildelberg (Alemania) y ex becaria del Deutscher
Akademischer Austauschdienst (DAAD). Es profesora en las cáte-
dras de Filosofía Antigua y del Seminario de Textos Filosóficos en
Griego de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
de la Universidad Nacional de La Plata, e investigadora adjunta del
Conicet. Desde el año 2010 se desempeña como vicepresidente de
la Asociación Argentina de Retórica. Entre otras publicaciones, es
autora de los capítulos «El tratamiento de la relevancia en textos
próximos a los orígenes de la lógica» (en Filosofía e Historia de la
Ciencia en el Cono Sur, II, 2008) y «El papel de la emoción en el
argumento: la refutación por la vergüenza en el Gorgias de Platón»
(en Ensayos sobre la tradición retórica, Colección Bitácora de Re-
tórica 24, 2009).

Andrés Covarrubias Correa es magíster en Filosofía (Pontificia


Universidad Católica de Chile) y doctor en Filosofía (Universidad
de Granada). Es profesor en la Facultad de Filosofía de la Pontificia
Universidad Católica de Chile, e investigador de la Comisión Na-
cional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt, Chile).
La línea de investigación de sus publicaciones se centra en los cam-
pos de la Filosofía Antigua y Medieval, la Retórica y la Ética. Entre
otras publicaciones, es autor de Introducción a la retórica clásica.
Una teoría de la argumentación práctica (2003).

Roberto Marafioti es magíster en Ciencias Sociales (Facultad La-


tinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO) y profesor en el
Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires y la Uni-
versidad Nacional de Lomas de Zamora. Ha dirigido el Proyecto
UBACyT «Argumentación y política: La construcción de antago-
nismos en el discurso político (2004-2010)» en la Universidad de
Buenos Aires. Es miembro del Comité Directivo de la Asociación
Argentina de Semiótica, desde 2006, y miembro de la International

267
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

Society for the Study of Argumentation, desde 2005. Entre sus


publicaciones se encuentran Los patrones de la argumentación.
La argumentación en los clásicos y en el siglo XX (2003), De las
falacias (coeditor, 2009) y Teoría de la Argumentación: 50 años
después de Perelman y Toulmin (coordinador con C. Santibáñez
Yáñez, 2010).

Josefina Nagore es doctora en Letras (Universidad de Buenos Ai-


res) y profesora en la cátedra Lengua y Cultura Latinas III en la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Codirige la Maestría en Estudios Clásicos de la Universidad de
Buenos Aires. Es directora de Proyectos de Investigación (UBACyT).
Entre otras publicaciones, es editora de Estrategias intertextuales
en la narrativa latina: el Satyricon de Petronio (2003) y autora de
Satiricón. Petronio. Una introducción crítica (2005).

Mariana Ozuna Castañeda es doctora en Letras (Universidad


Nacional Autónoma de México, UNAM). Se desempeña como pro-
fesora de Literatura Mexicana del siglo XIX en la Facultad de Filo-
sofía y Letras de la UNAM y dicta asimismo la materia Iniciación a
la investigación. Es miembro fundador e integrante del Consejo de
la Asociación Latinoamericana de Retórica. Entre otras publicacio-
nes ha editado en colaboración Amigos, enemigos y comentaristas
de José Joaquín Fernández de Lizardi (2006).

María Cecilia Schamun es profesora y licenciada en Letras (Uni-


versidad Nacional de La Plata). Es profesora en la cátedra Técnicas
de Expresión en Castellano y en el Área de Griego de la UNLP. Es
investigadora del Centro de Estudios Helénicos y del Instituto de
Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales de la mencio-
nada universidad. Se desempeña desde 2010 como Secretaria de la
Asociación Argentina de Retórica (AAR) y como Representante del
Consejo de la Asociación Latinoamericana de Retórica (ALR). Es
miembro del Consejo Editor del Comité Editorial de la revista Rétor

268
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

de la AAR. Participa desde 1994 en proyectos del Programa Nacio-


nal de Incentivos en la Universidad Nacional de La Plata. Sus in-
vestigaciones se orientan al estudio de la Sofística, la Retórica Grie-
ga Clásica y las tragedias Eurípides. Entre sus publicaciones se en-
cuentran los artículos «El uso de la acusación retórica (diabolé) en
el discurso agonal de Electra de Eurípides» (en coautoría, 2009),
«El discurso agonal en Alcestes de Eurípides, vv. 614-738» (2010)
y «Los paralogismos en el discurso agonal de Andrómaca de
Eurípides, vv. 577-746» (2012).

Barry Thatcher es Ph.D. en Rhetoric and Professional


Communication (ESL Minor, Purdue University). Profesor de
Intercultural Rhetoric e Intercultural Writing en New Mexico State
University (Estados Unidos). Dirige la revista Journal of Rhetoric,
Professional Communication, and Globalization y es socio corres-
ponsal fundador de la Asociación Latinoamericana de Retórica. En-
tre otras publicaciones, ha coeditado Teaching intercultural rhetoric
and technical communication: Theories, curriculum, pedagogies,
and practices (2010).

Irene Vasilachis de Gialdino es doctora en Derecho (Universidad


Nacional de Córdoba y Universidad de Buenos Aires), socióloga
(Universidad de Buenos Aires) y especialista en análisis del discur-
so. Es investigadora del Conicet y docente de posgrado en universi-
dades argentinas y del exterior. Es autora de La construcción de
representaciones sociales: el discurso político y prensa escrita (1997)
y Pobres, pobreza, identidad y representaciones sociales (2003).
Ha coordinado Estrategias de investigación cualitativa (2006).

María Alejandra Vitale es Doctora en Lingüística (Universidad de


Buenos Aires). Es profesora en el Ciclo Básico Común y la Facul-
tad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Es investi-
gadora del Instituto de Lingüística de esa misma universidad. Se ha
especializado en Retórica y Análisis del discurso político. Se des-

269
M. A. VITALE | M. C. SCHAMUN

empeña actualmente como Presidente de la Asociación Argentina


de Retórica (AAR) y Secretaria de la Asociación Latinoamericana
de Retórica (ALR). Dirige la revista electrónica Rétor, de la AAR.
Ha dictado seminarios de posgrado en diversas universidades ar-
gentinas y ha sido profesora visitante en universidades de Brasil,
México y Estados Unidos. Ha codirigido proyectos UBACyT diri-
gidos por la Dra. Elvira Arnoux e integra en calidad de investigado-
ra extranjera el proyecto «La retórica en América Latina: Tradición
e innovación», UNAM, México, dirigido por el Dr. Gerardo Ramírez
Vidal. Es autora de El estudio de los signos. Peirce y Saussure (2002).
Entre sus últimos artículos pueden mencionarse «La noción de ethos.
De la Antigua Retórica al Análisis del Discurso» (2011) y «Memo-
ria discursiva y argumentación: los discursos golpistas en Uruguay
y en Argentina» (2011).

Víctor Gustavo Zonana es doctor en Letras (Universidad Nacio-


nal de Cuyo) y profesor en la cátedra Literatura Argentina II en la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.
Es investigador del Conicet y Director de Gestión de la Maestría en
Literatura Argentina Contemporánea de la Universidad Nacional de
Cuyo. Entre sus publicaciones se hallan Metáfora y simbolización
en Altazor (1994), «Herrera metaforista (Una lectura desde Jorge
Luis Borges)» (en Julio Herrera y Reissig. L’homme et l’oeuvre. El
hombre y su obra, 2001) y «Mundo nuevo: metáfora y representa-
ción literaria en las vanguardias argentinas del 20» (en Itinerarios.
Revista de Literatura y Artes, 4, 2003).

270
TENDENCIAS ACTUALES EN ESTUDIOS RETÓRICOS

271
Esta edición de 300 ejemplares se
terminó de imprimir en Estudiocentro,
Bolívar, Buenos Aires, Argentina,
en el mes de diciembre de 2012.