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El Holocausto1. 65° aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia.

Abstract: la integración de los judíos a las sociedades europeas se produjo en


el marco de un largo proceso iniciado en la segunda mitad del siglo XVIII, y que
no se completó hasta la finalización del siglo XIX, o en algunos lugares, las
primeras décadas del siglo XX. A mediados de eses siglo, sin embargo, era
indudable que los judíos europeos habían logrado, finalmente, ser
considerados connacionales, ciudadanos de sus respectivos Estados, iguales
al resto de la población. En algunos lugares, sobre todo en países de Europa
Occidental y Europa Central, como Alemania o Austria, algunos judíos habían
logrado ascender a posiciones importantes y prestigiosas.
Sin embargo, ese proceso de integración y movilidad social se vio
brutalmente interrumpido por el ascenso al poder del partido nacionalsocialista
en Alemania. En forma inesperada e incomprensible para los judíos de la
época, no sólo se vieron despojados de las posiciones alcanzadas, sino que
fueron degradados, humillados, expropiados, segregados… y finalmente,
brutalmente asesinados. Todo ese proceso genocida, en el contexto de la
Segunda Guerra Mundial se produjo en un marco de absoluta legalidad y
legitimidad en Alemania, y contó con la colaboración de gran parte de la
población, no sólo en esa nación, sino también en los países conquistados.
El asesinato masivo, planificado y sistemático de las comunidades judías
europeas es conocido como Holocausto. Esta experiencia, marcó para siempre
el futuro de la identidad judía. La relación entre los judíos y las sociedades
mayoritarias ya nunca sería igual. Pero el auge y la caída del nazismo también
significaron un punto de inflexión para todas las sociedades occidentales. La
pregunta acerca de cómo pudo suceder, cómo una sociedad avanzada cultural,
industrial, científica e incluso económicamente pudo, a partir del juego
democrático depositar su poder en un régimen asesino, que la condujo a la
destrucción en poco menos de diez años, y que le costó a Europa una guerra
con cincuenta millones de muertos.
El presente artículo rastrea los orígenes del nazismo, su ascenso al
poder y el desarrollo del proceso genocida practicado contra los judíos.
Además de la información fáctica y la inclusión del proceso en su contexto
histórico, cuenta con un glosario de términos específicos y con un anexo
documental. A través del artículo, el glosario y el anexo, se pretender contribuir
a la comprensión del proceso, aun en la certeza de que, por su magnitud y sus
características singulares, el Holocausto siempre dejará abiertas más
preguntas que respuestas.

I - Introducción
En enero de 1942, en una reunión conocida como Conferencia de
Wannsee, la dirigencia alemana, en el marco de la Segunda Guerra Mundial,

1
Utilizaremos este término para designar el proceso genocida aplicado
por el nazismo contra los judíos europeos y otras minorías. Tal
proceso se inicia con el ascenso del nazismo al poder y continúa hasta
su caída. Optamos por esta definición por razones prácticas,
considerando al término intercambiable por los términos Shoá,
genocidio judío, o Auschwitz. Respecto de la pertinencia, el
significado y la implicancia de cada término, ver la actividad n° 4.
decidió implementar la solución final. En otras palabras, un plan para el
traslado masivo de la población judía hacia el Este, a fin de emplearlos en
trabajos forzados. Se preveía que muchos de ellos morirían a causa de las
pésimas condiciones en las cuales se los mantenía, y se anticipaba que los que
sobrevivieran deberían ser “tratados en consecuencia”, es decir, exterminados.
De hecho, de eso se trataba la solución final: de terminar para siempre con la
presencia judía en Europa.
El plan, que consistía en la eliminación de todas las poblaciones judías
europeas, incluía un nivel de planificación estatal y de innovación tecnológica
que constituyó uno de los rasgos particulares del proceso: explícitamente, los
avances tecnológicos y la racionalidad productiva no se emplearían al servicio
del enriquecimiento de los hombres o de la producción de bienes. Se trataba de
planificar sistemática y racionalmente todo un complejo de maquinarias,
hombres, nuevas tecnologías, transporte, funcionarios, órdenes burocráticas,
etc., para montar una cadena productiva eficiente que permitiera matar de la
manera más económica y efectiva a la mayor cantidad posible de personas,
siendo ese el objetivo en sí mismo: el asesinato de esa parte de la población.
Sin embargo, el proceso que acabaría con la existencia de las
comunidades judías anteriores a la guerra había comenzado mucho tiempo
antes, con un discurso que pretendía preparar a la población de Europa para
aceptar la separación de los judíos del resto de la población. Desde la
separación psicológica hasta el exterminio físico, el proceso se produjo
buscando siempre mantenerse dentro del plano de la eficiencia racional.
Para comprender el origen, el desarrollo y las consecuencias de esa
terrible experiencia, comenzaremos, en primer lugar, por la situación de los
judíos europeos antes de la Segunda Guerra Mundial.

II - La entreguerra, Alemania y los judíos. La integración fallida


Como hemos visto en el artículo acerca del sionismo (II - La Cuestión
judía. Como recién llegados [a Europa], de El estado de Israel a los 60 años.
Un sueño después del sueño), la integración de los judíos como ciudadanos de
plenos derechos era, a comienzos del siglo XX, muy reciente en la mayoría de
los Estados de Europa. Uno de los primeros países en integrar a los judíos y
otorgarles derechos había sido, justamente Alemania.
La Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, había logrado que en
cada país la sociedad se uniera, por encima de las divisiones de clase,
partidarias o ideológicas, contra los enemigos de la nación. En Alemania, el
emperador Guillermo II había dicho, al comenzar la contienda, no conocer “ya
ningún partido, sólo conozco alemanes”. Al día siguiente, el presidente
francés, Poincaré, anunciaba la “Unión Sagrada” de todos los partidos y clases
de Francia por el interés del país. Así, tanto en Francia como en Alemania, al
igual que en el resto de los países beligerantes, las distintas clases sociales y
los partidos políticos olvidaron sus diferencias y se unieron detrás de lo que
consideraban el bien de la patria.
También la mayoría de los judíos fue sensible al llamado del
nacionalismo. Prácticamente en todos los frentes los judíos se enrolaron y
defendieron con celo las banderas de sus respectivos Estados. Por ejemplo,
uno de los principales poemas patrióticos alemanes de la guerra había sido
escrito por el poeta judío Ernst Lissauer (Anexo 1). El autor fue condecorado
por Guillermo II, el poema fue musicalizado y llegó a hacerse popular.
Mientras tanto, en Francia, los judíos también se esforzaban por
demostrar su patriotismo y adherir a la fiebre nacionalista y anti-germana.
Incluso algunos los principales ideólogos antisemitas, como Maurice Barrès,
aceptaban hermanarse con los judíos en contra el enemigo común (Anexo 2).
Sin embargo, a pesar de lo que dijeran las leyes y las necesidades
militares, aún era común la percepción de que los judíos eran extranjeros y que
difícilmente podrían integrarse totalmente a los franceses o a los alemanes. Es
decir que incluso en esta época los judíos debían seguir demostrando que eran
dignos de pertenecer a sus naciones, como se percibe en algunas obras
literarias de la época (Anexo 3). Por otra parte, la acción de los judíos en el
frente, si bien era reconocida, no eliminaba el carácter nocivo de esa minoría,
como se empeñaba en recordar el líder de Acción Francesa*, Charles Maurras
(Anexo 4).
Por otro lado, la Unión Sagrada, no duró ni un día más que la guerra. Al
finalizar la contienda, el temor a la revolución socialista invadió a las clases
propietarias tanto en los países vencedores como en los vencidos. La
revolución rusa de 1917, los estallidos encabezados en Baviera y Hungría por
los comunistas y las huelgas que paralizaban la producción francesa, no
contribuían a despejar esos temores. También regresó, con la paz, la idea de
que el judío era un extranjero viviendo entre las golpeadas naciones.
Tras la guerra, una Alemania derrotada militarmente y humillada por los
vencedores, se vio amenazada por el crecimiento de los movimientos
socialistas. Algunos de ellos, como el Partido Socialdemócrata, eran
democráticos. Pero otros grupos preferían los métodos revolucionarios.
El triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, en octubre de 1917,
aumentaba el temor de las clases propietarias alemanas. Además, los
bolcheviques habían propuesto, para que la guerra terminara inmediatamente,
una paz sin anexiones. Eso perjudicaba a Alemania, que había realizado
avances territoriales durante los enfrentamientos con el Imperio Ruso. Sin
embargo, el Partido Socialdemócrata alemán aceptó la propuesta, lo cual fue
considerado una traición por los alemanes conservadores. Los grandes
empresarios vinculados a la industria pesada, los nacionalistas, el ejército, las
familias vinculadas al imperio alemán, se opusieron a la finalización de la
guerra. En Alemania se comenzó a identificar a los pacifistas con la izquierda, y
a ésta con los judíos.
Al finalizar la guerra estallaron una serie de huelgas, e incluso un intento
revolucionario por parte de los socialistas más radicales. La revolución fue
reprimida y sus líderes, algunos de ellos judíos, como Rosa Luxemburg, fueron
asesinados.
Entre las medidas aplicadas sobre Alemania después de la guerra, se
contaba la disolución del Imperio y la constitución de una república
parlamentaria, cuyo partido más importante era el Socialdemócrata.
La derecha alemana consideraba entonces que el imperio alemán
hubiera podido ganar la guerra, de no haber sido por la puñalada por la espalda
que le había asestado la alianza de socialistas, pacifistas, judíos y
republicanos.

III - La crisis de la República y el ascenso del Nacionalsocialismo


La derrota alemana en la Primera Guerra Mundial marcó el final del
Imperio y el comienzo de un sistema republicano conocido como República de
Weimar. Sin embargo, esa república tuvo una corta duración (1918-1933), ya
que no pudo superar la falta de legitimidad interna, así como su constante
crisis, expresada fundamentalmente en dos planos. En primer lugar, una
profunda crisis económica. En segundo lugar, la falta de legitimidad del
sistema, tanto frente a las presiones de las agrupaciones conservadoras
(antidemocráticas o antirrepublicanas) como a las de los grupos revolucionarios
(comunistas).
La crisis económica fue a su vez una consecuencia de las durísimas
condiciones impuestas a Alemania en el Tratado de Versalles*. De esa manera,
era casi inevitable que los antirrepublicanos pudieran explotar el argumento de
que la aceptación de la paz (es decir, el pacifismo, y con él, la República
democrática) era la responsable de la situación de los ciudadanos alemanes.
La crisis se profundizó aun más cuando el sistema económico mundial
sufrió los efectos del quiebre de la Bolsa de Estados Unidos en octubre de
1929*. Las dificultades para disponer de sus recursos y el profundo desempleo
afectaron principalmente la situación de los trabajadores alemanes
sindicalizados, principal base electoral del partido Socialdemócrata.
El poder político de la República se centralizaba en la figura de un
canciller que debía contar con una mayoría parlamentaria. Mientras que el
principal partido del parlamento era el socialdemócrata, sus principales aliados
contra las fuerzas antirrepublicanas, los comunistas, se negaban a formar
alianzas, ya que aspiraban a la creación de un orden revolucionario como el
que se había impuesto en la recientemente creada Unión Soviética. Así, las
victorias socialdemócratas sólo se mantendrían mientras se evitara la unidad
de las fuerzas más conservadoras.
Luego de sucesivas alianzas parlamentarias que no lograban estabilizar
el poder, tal unidad comenzó a darse en torno al líder del Partido
Nacionalsocialista (o nazi), Adolf Hitler. En 1933 logró ser nombrado canciller al
atraer a una heterogénea alianza de partidos que, en conjunto, superaba a los
escaños de la socialdemocracia.

IV - Los primeros años del nacionalsocialismo. La concentración del


poder
Desde los primeros momentos, el nuevo gobierno comenzó a disolver
los elementos republicanos a fin de crear el Tercer Reich*. La suspensión de
los derechos fundamentales consagrados en la constitución, con el pretexto de
la situación de emergencia que se atravesaba, tuvo su punto culminante
cuando se acusó a la oposición comunista de incendiar el parlamento. Como
consecuencia de esa acción, se prohibieron las actividades de los partidos
políticos, quedando el poder concentrado en el partido de gobierno. A su vez,
los dirigentes socialdemócratas y comunistas fueron arrestados. Por otro lado,
cuando en marzo de 1933 las elecciones sindicales le dieron al
nacionalsocialismo sólo un cuarto de los votos emitidos, el gobierno arrestó a
los líderes de los trabajadores y los reemplazó por funcionarios adictos al
nuevo régimen. Los diferentes Estados regionales, así como las
municipalidades, fueron intervenidos, pasando a ser gobernados por miembros
del partido. Lo mismo sucedió con los funcionarios del Poder Judicial.
Con el control del gobierno, Hitler emprendió la tarea de concentrar el
poder en su propia organización. Efectivamente, contaba con la fidelidad de
una milicia especial, las SS, pero éstas estaban subordinadas a la otra milicia
del partido, las SA, comandadas por Ernst Röhm. Por otra parte, el ejército
alemán pretendía conservar la independencia respecto de todos los partidos,
incluyendo al nacionalsocialismo.
Röhm era un ferviente anticapitalista, por lo que los banqueros y
empresarios desconfiaban de él, considerándolo una figura mucho menos
controlable que Hitler. Por otro lado, el líder de la SA pretendía subordinar a las
fuerzas armadas a su organización. Por esa razón, Hitler contó con un gran
consenso cuando, en junio de 1934, en un episodio conocido como la noche de
los cuchillos largos, las SS asesinaron a toda la dirigencia de la SA, resultando
muertos unos mil miembros de sus líderes. Tanto empresarios como militares
se tranquilizaron, ya que parecía que podrían conservar su autonomía frente al
partido de gobierno. Ese mismo año falleció el presidente Hindenburg, y un
plebiscito permitió que Hitler reuniera los dos cargos (presidente y canciller),
con casi el 90% de los votos.
Mientras tanto, el ministro Hjalmar Schacht inició la reconstrucción
económica de Alemania. Mediante el emprendimiento de obras públicas y el
otorgamiento de créditos y exenciones impositivas para inversores, Alemania
pudo contrarrestar el alto desempleo. De seis millones de parados en 1932, se
pasó a un millón en 1936. El empleo público había absorbido a dos millones de
esos trabajadores.
El crecimiento de la economía atrajo inversiones y por fin Alemania
superó la crisis económica posterior a la Primera Guerra Mundial. El gobierno
prohibió las cooperativas, las negociaciones colectivas entre empresarios y
obreros, y las huelgas; los obreros fueron sindicalizados obligatoriamente en
centrales estatales, controladas por el gobierno. Si bien se respetó la propiedad
privada, se favoreció la concentración de empresas y bancos. Por ejemplo, las
firmas Krupp (acerías) y Farben (colorantes, caucho sintético y petróleo)
controlaban a casi 400 empresas.
Por último, pero no menos importante, la reactivación de la economía y
el descenso del desempleo no podrían explicarse sin la política de rearme
emprendida por el gobierno, en oposición a las sanciones del Tratado de
Versalles, desde 1935.

V - El inicio de la política antijudía. 1933-1938


El hostigamiento y los ataques contra negocios judíos por parte de las
SS habían comenzado antes de la asunción de Hitler al poder. Pero en abril de
1933, poco tiempo después de unas elecciones en las cuales el
nacionalsocialismo no había obtenido la mayoría parlamentaria, se intentó
utilizar el discurso antijudío como un medio de obtener consenso interno. Así,
se dictó oficialmente un boicot contra los negocios judíos. Debido a las
presiones recibidas por parte de empresarios y aliados políticos (el presidente
Hindenburg y el ministro de Relaciones Exteriores se habían opuesto), la
medida se redujo a un solo día. Miembros del partido evitaban el ingreso a los
locales judíos. Sin embargo, el boicot fracasó, entre otras cosas, porque
perjudicaba enormemente también a alemanes no judíos, como proveedores,
empleados o clientes de los negocios boicoteados.
Ese mismo año una ley prohibió la crueldad contra los animales,
condenando explícitamente la matanza ritual kasher*.
La situación de los judíos comenzó a empeorar al promulgarse la Ley de
restitución de las funciones públicas profesionales de la nación a su base. Se
trataba de una reacción contra lo que se consideraba una excesiva presencia
de judíos en la función pública (12% de los jefes de familia judíos eran
funcionarios). La ley impulsaba el despido de todos los funcionarios que no
fueran de origen ario. Sin embargo, aún se exceptuaba a los nombrados antes
de 1914, los que hubieran participado en la Primera Guerra Mundial, o aquellos
cuyos padres hubieran muerto en dicha guerra.
La aplicación de la ley requirió la publicación de un reglamento que
especificara quién no era ario. Según el mismo, no era ario quien no tuviera un
origen ario, especialmente quienes tuvieran “padres o abuelos judíos”. De esta
manera, todo funcionario que no estuviera comprendido en las excepciones
antes nombradas debía demostrar que era ario, es decir, que no tenía un
abuelo judío. Así, la medida devolvió a las filas del judaísmo a personas que
habían decidido mantenerse al margen de esa tradición.
A lo largo de 1933 se expulsó a los médicos judíos del Seguro Nacional
de Salud, se aplicó un cupo para los judíos en escuelas y universidades, se
suspendió la asistencia social a matrimonios mixtos y se limitó la prensa judía,
entre otras medidas. Finalmente, en 1935, se promulgó un conjunto de leyes
raciales conocido como Leyes de Nuremberg (Anexo 5).
Más allá del cumplimiento efectivo de estas leyes en este período, su
importancia radica en que se institucionalizó la política racial del régimen, así
como los criterios biológicos para condicionar la definición de la ciudadanía.
Al mismo tiempo se emprendió un proceso de arianización de las
propiedades. Paulatinamente, se comenzó a nombrar apoderados arios para
los negocios judíos, responsables de la transferencia de los mismos a dueños
no judíos. No se trataba de una nacionalización de la propiedad privada, ya que
la misma se destinaba a particulares.
Estas medidas provocaron que hasta 1938 una parte de la comunidad
judía alemana abandonara el país. Sin embargo, la emigración de los judíos, si
bien contaba con la simpatía del régimen, era una opción de la que muy pocos
podían beneficiarse.
Para impulsar la salida de judíos del país, en agosto de 1933 se firmó un
convenio entre el ministerio de economía alemán y la Agencia Judía*. De
acuerdo al mismo, todo emigrante tenía derecho a disponer de dos cuentas
bancarias, una en Berlín y una en Tel Aviv. Efectuaba un depósito en la
primera, y retiraba, después de la emigración, el equivalente en la segunda.
Los fondos de la cuenta palestina provenían de las exportaciones alemanas a
esa región, mientras que en Alemania se pagaba a los exportadores con lo
depositado por los judíos. De esta manera, se favorecía la emigración judía y la
exportación, al tiempo que se impedía la salida de divisas. El sistema se
mantuvo hasta el inicio de la guerra, aunque limitado, debido a que Gran
Bretaña ponía obstáculos para el ingreso de judíos a Palestina (Ver El estado
de Israel a los 60 años. Un sueño después del sueño).

VI - El comienzo de la Segunda Guerra Mundial

Alemania había logrado volver a ubicarse como una más de las naciones
europeas. El Tratado de Versalles había quedado de hecho sin efecto, y
muchos políticos de Europa Occidental consideraban que el régimen
nacionalsocialista era preferible al peligro de la revolución comunista en Europa
central.
La organización de los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, había
permitido presentar ante el mundo a una Alemania recuperada de la
destrucción y la crisis, con un régimen consolidado y exitoso. Alemania había
abandonado la Liga de las Naciones (Ver El estado de Israel a los 60 años. Un
sueño después del sueño), reinstaurado el servicio militar y comenzado una
política de rearme, sin demasiada oposición del resto de los Estados.
En 1936, se realizó el Pacto contra el comunismo internacional, entre
Alemania y Japón, al cual adhirió Italia en 1937. Un año después, Hitler invadió
y anexó Austria, sin enfrentar ninguna resistencia. El mismo año, comenzó una
campaña en la prensa que exigía la liberación de los Sudetes, una región de
Checoslovaquia habitada por una numerosa minoría alemana.
En el Pacto de Munich, de 1938, Francia y Gran Bretaña permitieron la
invasión alemana de los Sudetes, con la promesa de que esa sería la última
exigencia de Hitler. Sin embargo, al poco tiempo Alemania invadió el resto del
país, el cual fue repartido también entre Polonia y Hungría. Además se creó un
Estado títere de Berlín: Eslovaquia. Una vez más, tanto Londres como París
dieron, con su silencio, la aprobación a Alemania.
En 1939, se firmó un Pacto de no agresión germano-soviético.
Secretamente, se pactaba, entre otras cosas, el reparto de Polonia. El 1° de
septiembre de ese año, Alemania invadió Polonia, a pesar de conocer un
acuerdo de defensa y protección entre Varsovia y Londres. El pretexto alemán
fue la reivindicación de la ciudad de Danzig, cuya población era alemana, y la
exigencia de un corredor entre Prusia Oriental y Alemania.
Gran Bretaña y Francia declararon finalmente la guerra a Alemania,
comenzando la Segunda Guerra Mundial.
Alemania implementó la guerra relámpago, con ataques fulminantes
combinados de la aviación y las fuerzas terrestres acorazadas. Polonia fue
repartida, en un mes, entre Alemania y la Unión Soviética. Esta última también
invadió Finlandia, Lituania, Letonia y Estonia. Antes de que Francia y Gran
Bretaña pudieran reaccionar, Alemania invadió Dinamarca, Noruega, Holanda,
Bélgica y Luxemburgo. Treinta y cinco mil soldados británicos apostados en el
continente tuvieron que huir hacia Gran Bretaña, abandonando todo su equipo.
Los franceses, estacionados tras la frontera con Alemania, fueron invadidos por
el territorio de los Países Bajos. En sólo seis semanas, Francia fue ocupada. El
país fue dividido en dos: la zona atlántica fue ocupada por Alemania. La
mediterránea, fue la república de Vichy, teóricamente independiente, pero con
un gobierno colaboracionista*.
Luego de sus rápidos éxitos, la aviación alemana comenzó sus ataques
a las islas británicas. Sin embargo, Inglaterra nunca corrió el riesgo de ser
invadida. En África, los alemanes ocuparon los territorios italianos y
amenazaron al canal de Suez, británico, en Egipto. El ejército alemán ocupó
también Bulgaria, Rumania, Yugoslavia y Grecia. Finalmente, en 1941, lanzó la
ofensiva contra la Unión Soviética, ocupando Ucrania, Letonia, Lituania y
Estonia. Mientras las fuerzas alemanas parecían imparables en Europa, Japón
comenzó su expansión por el Pacífico. La amenaza a los intereses
norteamericanos conducirían a los Estados Unidos, dos años después de
comenzado el conflicto, a involucrarse directamente en la contienda.

VII - Los judíos bajo ocupación. 1938-1939


Esta expansión territorial alemana, justificada por el principio del espacio
vital* del nacionalsocialismo aumentó la cantidad de judíos que quedaban bajo
el gobierno nazi. En principio, a los 350 mil judíos alemanes se sumaron los
200 mil austríacos. Inmediatamente la política antijudía se intensificó.
A partir de 1938, se eliminaron los nombres judíos de las calles; los
judíos fueron identificados con una letra J en sus pasaportes y se les prohibió
poner nombres alemanes a sus hijos; los hombres debieron agregarse el
nombre Israel, y las mujeres, Sara; fueron obligados a llevar siempre cédula de
identidad; se limitó la cuota de divisas y materias primas destinadas a sus
fábricas; se cancelaron los préstamos que habían realizado; se elevó el
impuesto a la emigración; se ordenó su expulsión de la Bolsa. Se definió
también el significado de negocio judío (cinco años después del primer intento
de boicot), determinando que sería considerado así todo negocio del que
fueran judíos el dueño o su socio, uno de sus directores, el titular de un cuarto
del capital, o la mitad de los accionistas. En esos casos, debería aplicarse la
mencionada política de arianización de las propiedades.
También en 1938 se clausuraron todas las instituciones judías, y muchos
de sus líderes fueron arrestados y enviados a campos de concentración*.
En ese momento, se incrementó el número de judíos dispuestos a
abandonar el país. Sin embargo, la inmigración estaba cerrada en la mayor
parte del mundo, aún no recuperado de la crisis económica de 1929. Ante la
gravedad de la situación de los emigrados judíos, que no eran recibidos en
ningún país, se convocó, a instancias de los Estados Unidos, la conferencia de
Evian, Francia, en julio de 1938. Asistieron 32 países, pero ninguno estaba
dispuesto a recibir judíos. Perú, Ecuador, Bolivia y Brasil adujeron que sólo
podrían recibirlos si se tratara de mineros o agricultores. Australia se negaba a
importar el problema racial. El propio Estados Unidos recibió, entre 1936 y
1939, tan sólo a 35 mil judíos. Las únicas excepciones fueron la República
Dominicana (si los inmigrantes aportaban capitales a la agricultura), Dinamarca
y Holanda (pero estos dos últimos sólo podrían abrir sus puertas a unos miles
de judíos). Los representantes judíos en la conferencia exigieron la apertura de
la emigración a Palestina, pero Gran Bretaña había aceptado asistir sólo bajo la
condición de que ese tema no fuera tratado, por lo que esa emigración
tampoco fue posible.
En noviembre de 1938, con la excusa de un asesinato cometido por un
judío contra un funcionario de la embajada alemana en París, se desató la
noche de los cristales: en todo el territorio alemán, se produjo un ataque contra
las propiedades judías. Entre 25 y 30 mil judíos fueron arrestados y enviados a
campos de concentración, mientras que 91 resultaron asesinados, 400
sinagogas fueron incendiadas y 7.500 comercios destruidos. Los judíos fueron
culpados por incitar los disturbios y condenados a pagar fuertes multas.
Además se obligó a los propietarios de los comercios a reparar la destrucción,
confiscándose sus seguros. Finalmente, se promulgó la expulsión de los judíos
de los cargos de dirección de las empresas. Los niños judíos también fueron
expulsados de las escuelas públicas.
Tras la invasión de su territorio, de los trescientos mil judíos que residían
en Polonia, doscientos mil quedaron en la zona ocupada por Alemania. A
diferencia de los judíos alemanes, los polacos eran más tradicionalistas,
hablaban ídish, usaban barbas, sombreros y capotas oscuras. Los judíos
polacos eran, en suma, más parecidos a la imagen que el régimen quería crear
del judío: alguien completamente diferente al hombre alemán.
Desde octubre de 1939, los judíos tuvieron que llevar en sus ropas un
distintivo amarillo o blanco con la estrella de David. En Polonia, los varones de
14 a 60 años podían ser reclutados para trabajos forzados. En todos los
territorios invadidos se aplicaron las leyes raciales vigentes en Alemania.
A finales de ese año la Unión Soviética cerró sus fronteras a los judíos
que huían de los territorios alemanes. Por su parte, en Estados Unidos se
promulgó la Ley de parientes cercanos, que impedía a sus residentes traer a
familiares provenientes de la Europa ocupada.
El cerco sobre los judíos, se había cerrado.

VIII - El aislamiento físico. Guetos y campos. 1939-1941


a) Los guetos
A partir de 1939, comenzó una nueva etapa en la política antijudía del
nazismo. La separación entre los judíos y el resto de la población, hasta ese
momento legal y simbólica, debía traducirse en la construcción de barreras
físicas. En otras palabras, se confinó a los judíos en espacios específicamente
creados para ellos. Los primeros de esos espacios fueron los guetos*.
Estos guetos se levantaron en Europa Oriental: Polonia, Unión Soviética
y Hungría. Los judíos de Europa Occidental (Alemania, Francia, etc.), aun sin
poder ingresar a ciertos lugares y con sus libertades seriamente limitadas, no
serían confinados de esa forma hasta el momento de ser trasladados hacia el
Este.
A diferencia de los guetos medievales, esta vez se trataba de barrios
cerrados, de manera que el ingreso o egreso era controlado por oficiales del
régimen. Rápidamente, debido al traslado forzado de poblaciones provenientes
de otros lugares de ocupación, surgieron en los guetos problemas de
hacinamiento y pésimas condiciones de salubridad. La situación de los judíos
se agravaba ya que conforme se profundizaba el aislamiento de los guetos y
aumentaba su población, cada vez se tornaba más difícil conseguir empleo
dentro de ellos. Unos pocos privilegiados contaban con trabajos, a veces en el
lugar, y otras veces para fábricas alemanas que encontraban en la población
confinada una fuente constante de mano de obra barata.
Mientras que, debido a la guerra, la ración de alimentos diaria para los
alemanes era de 2614 calorías y la de los polacos 670, para los judíos del
gueto se reducía a 184 calorías. Durante el año 1941 el 10% de la población
del gueto de Varsovia murió por hambre.
Para la mejor administración de los guetos, los alemanes ordenaron que
cada uno de ellos contara con un Judenrat, es decir, un gobierno judío. Se
trataba de personas que habían tenido algún reconocimiento en sus
comunidades, y que por eso recibían la responsabilidad de organizar la vida
judía de intramuros. En la práctica, eran los responsables de mantener el orden
y cumplir con los objetivos de las autoridades alemanas. Debían registrar a la
población, encargarse de la seguridad y de la salud pública, y proveer la
cantidad de judíos solicitada para los traslados. Estos traslados podían tener
que ver con la necesidad de mano de obra, o, sobre todo después de 1942,
con las deportaciones que conducían a los judíos a los lugares en donde serían
asesinados.
En algunos casos, los Judenrate cobraban impuestos para financiar sus
actividades. Algunos intentaban mejorar las condiciones de vida de los judíos,
encargándose de la distribución de viviendas o de la educación. Cada Judenrat
contaba también con un cuerpo de policía, responsable de la seguridad interna
y de colaborar con las órdenes de deportación. Estaba compuesta en general
por judíos sin un pasado de militancia comunitaria. Por ejemplo, en el gueto de
Varsovia, su jefe era Scherinski, un converso al cristianismo, que había sido
rejudaizado por las leyes raciales, ex miembro de la policía polaca. En general,
la policía judía del gueto era vista, por los mismos judíos, como
colaboracionista.
En los guetos surgieron rápidamente actividades vinculadas a la
resistencia judía. En general, eran organizadas por los movimientos juveniles*
de todas las corrientes ideológicas. Estas actividades, realizadas en la máxima
clandestinidad, podían involucrar el contrabando de alimentos desde el exterior,
la producción artesanal de diferentes productos para vender fuera del gueto
(para comprar luego tanto alimentos como armas), o la publicación de prensa
ilegal con el fin de concientizar a los judíos acerca de la situación. Respecto de
esto último, es necesario recordar que los judíos desconocían cuál sería su
destino próximo, y muchos de ellos aún creían que el nazismo era un mal
pasajero. De hecho, era común que los judíos creyeran exagerados los
rumores que decían que los nazis habían comenzado a exterminar a todos los
judíos trasladados hacia el Este. En cambio, los movimientos políticos, mejor
preparados para un análisis político de la situación, eran los que tenían más
posibilidades de comprender el carácter del régimen que los oprimía.

b) Los campos de concentración


Mientras los guetos eran barrios urbanos, los campos de concentración
fueron espacios, fuera de las ciudades (aunque a veces muy próximos a ellas),
especialmente creados para el confinamiento de prisioneros. Los campos de
concentración reunían a soldados capturados a los ejércitos enemigos,
delincuentes comunes, presos políticos*, romaníes*, homosexuales, testigos de
Jehová* y judíos.
Muchas veces, los campos de concentración eran también campos de
trabajos forzados, donde la fuerza de trabajo era prácticamente utilizada hasta
su total agotamiento. De hecho, en los primeros años, la mayoría de los
prisioneros moría al poco tiempo de arribar a los campos, por una combinación
de la subalimentación, el trabajo extenuante y los malos tratos recibidos por los
guardias.
La llegada a los campos se producía en trenes, provenientes de los
guetos o los centros urbanos occidentales. Desde el llamado a la deportación,
el trato recibido era brutal, así como las condiciones del viaje. Al llegar a los
campos, los prisioneros eran recibidos por personal de las SS, que los
obligaban a abandonar todas sus pertenencias y a desvestirse. Al separarse
los sexos, las familias eran desarticuladas inmediatamente. Luego recibían un
uniforme de prisionero, en el que se incluía un número y un triángulo de color
según la categoría a la que se perteneciera: amarillo para los judíos, rojo para
los presos políticos, rosa para los homosexuales, violeta para los testigos de
Jehová, verde para los presos comunes. A partir de ese momento, el prisionero
perdía, frente a los guardias, cualquier otro signo de identidad. Ya no importaba
su nombre, profesión, ideas o pensamientos. Se transformaba, para las
autoridades del campo, en sólo una categoría y un número. En algunos
campos, el número de los prisioneros judíos se tatuaba en el brazo.
Las condiciones de salubridad en los campos eran aún peores que en
los guetos. Las barracas, los alimentos, las letrinas, las frazadas, el agua
potable, las condiciones básicas para asegurar la subsistencia eran
insuficientes. Mientras que los militantes de algunas organizaciones políticas
podían recrear en los campos redes informales de solidaridad y protección
mutua, para la mayoría de los prisioneros el arribo significaba una carrera
contra la muerte en la cual era casi imposible ganar. En algunos campos el
promedio de supervivencia desde la llegada se reducía a unos pocos meses o
semanas.
En los campos se practicaban diariamente varios controles de las listas
de prisioneros: los mismos debían reunirse en silencio a la intemperie mientras
se gritaban sus números para controlar si estaban todos. A veces, el control
podía durar horas, ya sea porque se investigaba la ausencia de algún
prisionero, o porque simplemente los guaridas habían decidido que la
formación continuara. Las golpizas eran frecuentes, aun sin que existiera una
causa específica, y muchas veces provocaban la muerte del afectado.
La disentería y el tifus eran presencias constantes. Si la enfermedad no
acababa con la vida del prisionero, muchas veces éste, imposibilitado de
trabajar, era asesinado.

IX - La solución final. 1942-1945


a) Los Einsatzgruppen
El exterminio físico de los elementos que el régimen nazi consideraba
como indeseables había comenzado al mismo tiempo que la Segunda Guerra
Mundial. El 1° de septiembre de 1939 se promulgó un programa de eutanasia
aplicado, secretamente, a discapacitados mentales. Se comenzó con el
asesinato de recién nacidos, que los hospitales estaban obligados a declarar, y
continuó con los enfermos o discapacitados internados en manicomios. Los
familiares eran notificados acerca del fallecimiento de las víctimas por causas
naturales. Se calcula que unos cien mil alemanes fueron asesinados de esta
manera. Sin embargo, pronto empezaron las sospechas y las manifestaciones
en contra del traslado de los internados. Cuando las principales iglesias de
Alemania se opusieron a la práctica de la eutanasia, en 1941, el programa fue
formalmente suspendido. Hay que destacar que estas mismas iglesias no se
opusieron cuando el régimen comenzó, hacia la misma época, el exterminio de
los judíos y los eslavos.
Desde el inicio de la expansión territorial alemana comenzaron a actuar
en los territorios de Austria, Checoslovaquia y Polonia los Einsatzgruppen. Se
trataba de cuerpos de seguridad e inteligencia cuya misión era detectar y
reprimir los elementos resistentes en las zonas invadidas. Desde la invasión a
la Unión Soviética, en el verano de 1941, estos cuerpos recibieron órdenes
más específicas. Actuando en la retaguardia del ejército, su nueva misión era el
asesinato inmediato de los enemigos de Alemania, es decir, líderes políticos
comunistas y judíos en general.
En Ucrania, Letonia, Estonia y Lituania, los Einsatzgruppen contaban
con la ayuda de colaboracionistas locales, que actuaban tanto por
anticomunismo como por antijudaísmo. Reunían a las poblaciones judías,
hombres, mujeres y niños, al borde de barrancos o fosas cavadas para esa
ocasión, y, después de despojarlos de sus vestimentas y bienes personales
(apropiados por los soldados o los pobladores del lugar), los fusilaban.
En septiembre de 1941 se produjo la matanza de unos treinta y cinco mil
judíos en Babi Yar, cerca de la ciudad de Kiev, mientras que en Odesa,
colaboracionistas rumanos asesinaron a veintiséis mil judíos. Hasta la
primavera de 1943, se calcula que los Einsatzgruppen asesinaron de esta
manera a 1.250.000 judíos y a cientos de miles de soviéticos.
Sin embargo, el método de asesinato masivo por fusilamiento fue
rápidamente cuestionado por diferentes razones. En primer lugar, por el
impacto emocional que producía tanto entre testigos (soldados alemanes o
pobladores locales) como entre los mismos ejecutores. Recordemos que
fríamente, sin ninguna razón aparente, se debían fusilar diariamente miles de
personas indefensas que no habían cometido ningún delito. En segundo lugar,
el plan de exterminio total de la población judía hacía necesario un sistema
más eficiente: el fusilamiento requería, a mayor cantidad de víctimas, mayor
cantidad de ejecutores. Por el contrario, debía encontrarse un método que
acelerara los resultados sin incrementar los costos. Había comenzado la
planificación del asesinato a la manera de la producción industrial. Estaba por
comenzar el período de las fábricas de la muerte.

b) El uso del gas y los campos de exterminio


La decisión de terminar definitivamente con el problema judío fue
tomada por la dirigencia nazi a comienzos del año 1942, en la Conferencia de
Wannsee (ver Introducción y Anexo 6).
En principio, el método de asesinato que reemplazó a los fusilamientos
fue, durante un breve período, la utilización de camiones que trasladaban a los
prisioneros mientras los asfixiaban con monóxido de carbono. Este sistema
también fue abandonado debido a su falta de eficiencia.
A continuación comenzó el emplazamiento de campos de exterminio, en
algunos de los cuales funcionaban cámaras de gas. Los campos de exterminio
propiamente dichos fueron Birkenau (o Auschwitz II, donde fueron asesinados
de uno y medio a dos millones de judíos), Chelmno (trescientos mil asesinados,
la mitad de ellos judíos), Belzec (seiscientos mil judíos), Sobibor (doscientos
cincuenta mil), Treblinka (setecientos mil judíos, mil romaníes) y Majdanek
(campo de concentración y de exterminio, trescientas sesenta mil víctimas). Es
decir que cerca de tres millones y medio de judíos fueron asesinados en estos
complejos.
Los campos de exterminio funcionaban además como una unidad
productiva en sí misma. Tras el arribo en tren, los prisioneros debían
abandonar todas las pertenencias personales que tuvieran. Luego pasaban a
una selección, en la que se determinaba quiénes podían ser destinados a
trabajos forzados y quiénes serían asesinados inmediatamente en las cámaras
de gas. Tras la muerte de las víctimas, otros prisioneros eran los encargados
de extraerlas de las cámaras. Luego de una revisión final de sus cuerpos (en
búsqueda de dientes de oro, o alhajas escondidas) eran trasladados a grandes
hornos donde la cremación terminaba por eliminar los rastros de la matanza.
El sistema de los campos de exterminio necesitaba una cuidadosa
planificación y una burocracia eficiente. Las órdenes de deportación precisas,
el número exacto de prisioneros que podían ser trasladados y asesinados en
cierto tiempo, la disponibilidad de condiciones materiales (alojamientos,
transportes, etc.), requerían que las instrucciones fueran cumplidas
meticulosamente. Un tren detenido más de lo necesario podía atrasar toda la
cadena, a la vez que aumentaba las posibilidades de rebeliones de los
deportados.

X - La desaparición de las comunidades judías de Europa


A comienzos de 1941, vivían en Alemania unos ciento setenta mil judíos.
Para 1944, sólo quedaban quince mil. En Francia, las deportaciones
comenzaron en junio de 1942. El 16 de julio de 1943 fueron arrestadas por la
policía francesa, en París, trece mil personas, enviadas inmediatamente a
Auschwitz. Entre julio y agosto, otros veinticinco mil judíos fueron trasladados.
Una cuarta parte de la comunidad francesa fue exterminada.
La comunidad judía de Holanda estaba compuesta por unos ciento
cincuenta mil judíos. En febrero de 1941 una huelga general en solidaridad con
aquella fue duramente reprimida. También allí la comunidad sería
prácticamente diezmada: de los ciento quince mil deportados, sobrevivieron
diez mil. Cincuenta mil judíos yugoslavos fueron asesinados, con la
colaboración de población local, al igual que cuatrocientos cincuenta mil judíos
rumanos. Más de trescientos mil judíos húngaros fueron asesinados a partir de
1944, cuando Alemania tomó el control de ese territorio aliado. También se
eliminaron las comunidades judías de Bélgica y Salónica.
Algunos Estados invadidos por Alemania se opusieron firmemente a la
deportación de su población judía. En Finlandia el gobierno se negó a la
entrega de su pequeña comunidad, compuesta por unas mil personas.
Dinamarca envió a la neutral Suecia a unos seis mil judíos. También Italia,
aliada de Alemania en la guerra, se opuso a las deportaciones, y no las realizó
hasta que la invasión alemana de 1943 tomó el control del país. Las
poblaciones de Noruega y Bulgaria fueron importantes en la salvación de la
mayor parte de sus comunidades.

XI - Los movimientos de resistencia judíos y los intentos de supervivencia


A pesar de la sorpresa inicial de los judíos europeos, y de la enorme
maquinaria que los nazis implementaron para exterminarlos, aquellos no fueron
de ninguna manera pasivos frente a la situación. Por el contrario, una parte
importante de los judíos europeos organizó y participó de distintas maneras en
movimientos de resistencia. Algunos de ellos tenían el objetivo de lograr la
supervivencia del mayor número posible de judíos; otros, el de obstaculizar los
planes alemanes y contribuir a su derrota militar; por último, algunas
organizaciones, sin esperanza de salvación, decidieron enfrentar a los nazis
con el objetivo de morir combatiendo, obligando a sus enemigos a pagar altos
costos por sus muertes.
A grandes rasgos, podemos clasificar estos movimientos según el
espacio físico en el que se desempeñaron: las ciudades, los guetos, los
campos de concentración o exterminio, y los bosques.
a) El ocultamiento y la resistencia urbana
Un reducido número de judíos de Europa Occidental, a medida que
tomaba conciencia del destino que les esperaba, emprendió acciones
destinadas a lograr el ocultamiento de sus familias, sobre todo de sus hijos.
Este ocultamiento requería la absoluta dependencia de encubridores no judíos.
Éstos debían, poniendo en riesgo sus propias vidas, no sólo proveer escondite,
sino además alimentos (en el marco de la guerra, que imponía un estricto
racionamiento) a sus protegidos, por largos períodos. El riesgo de ser
descubierto era constante. En Holanda se escondieron veinticinco mil judíos,
de los cuales ocho mil fueron descubiertos; en Bélgica se logró salvar así a
cinco mil niños. En Alemania se escondieron diez mil judíos, de los cuales la
mitad eran niños; el 30% logró salvarse.
En idioma hebreo se denomina Jesidei humot haolam, justos entre las
naciones, a los no judíos que arriesgaron sus vidas para salvar a judíos. El
Instituto Iad Vashem de Jerusalén, encargado del estudio del Holocausto,
reconoce en la actualidad a más de seis mil de estos justos.
También en Europa Occidental, algunos judíos se unieron a movimientos
armados de resistencia a la ocupación. Sin embargo, es necesario aclarar que
la resistencia de los países invadidos prácticamente no actuó hasta que los
alemanes comenzaron a ser derrotados en todos los frentes, es decir, a partir
de finales de 1943. En el caso de Francia, donde los judíos eran sólo el 1 % de
la población, conformaban entre el 15 y el 20% de la resistencia. Los primeros
actos armados antinazis en ese país fueron protagonizados por el Main
d’Oeuvre Inmigré, movimiento judío comunista que actuó en París, Lyon y
Toulouse, entre 1942 y 1943. También en Francia, los movimientos juveniles
judíos formaron, en 1944 la Organisation Juive de Combat. París se rebeló el
19 de agosto, una semana antes de la liberación. Por su parte, como otro
ejemplo, la rebelión polaca, estalló sólo a mediados de 1944, con el ejército
soviético avanzando hacia el oeste, y un año después de la rebelión judía del
gueto de Varsovia.

b) La resistencia en los campos


En muchos campos de trabajo o exterminio hubo movimientos de
rebelión. También hubo intentos de fugas, la mayoría de ellos infructuosos. Las
rebeliones de los campos también fueron reprimidas, pero en algunos casos
lograban detener, al menos por un tiempo, el funcionamiento del sistema de
exterminio.
La primera revuelta en un campo fue en Treblinka, donde se asesinaba
a veinte mil judíos por día. Un grupo de judíos, armados con cuchillos, atacó a
los guardias, siendo asesinados en el momento.
En agosto de 1943 estalló una rebelión planificada con antelación en el
mismo lugar. Los rebeldes lograron matar a varios guardias SS y ucranianos, y
centenares de prisioneros lograron huir del campo. Sin embargo, la mayoría fue
muerta en la represión o poco después. Sólo cuarenta prisioneros lograron
escapar.
En octubre de 1943, estalló una revuelta en Sobibor. Tras atacar a los
guardias ucranianos, novecientos judíos murieron y trescientos huyeron.
Algunos de ellos se unieron a los partisanos* soviéticos. Poco tiempo después
el campo fue desmantelado.
Una semana antes había estallado una rebelión en Auschwitz, con el
levantamiento de trescientos miembros del Sonderkommando (unidad especial)
que trabajaban en el crematorio. Casi todos fueron asesinados.

c) Los movimientos partisanos


Sobre todo en Europa Oriental, debido a la mayor presencia de bosques
rodeando los centros urbanos, fueron posibles los movimientos armados
guerrilleros. Sin embargo, insistiremos en que la mayor parte de ellos fue
relevante sólo a partir de finales de 1943.
Uno de los movimientos guerrilleros más importantes fue el dirigido por
el comunista yugoslavo Tito, que finalmente, con el apoyo soviético, lograría
expulsar a los alemanes de su territorio. En el movimiento de Tito actuaron
unos dos mil judíos. En Eslovaquia hubo quince mil combatientes en el
momento de la liberación, de los cuales dos mil eran judíos.
Incluso en los movimientos partisanos hubo actos antijudíos. En algunos,
no se les permitía tener armas. En otros, como por ejemplo el Ejército Patrio
polaco, los judíos eran asesinados.
La Unión Soviética no aceptó apoyar a ninguna milicia judía. Para recibir
apoyo, éstas debían desarmarse e integrarse en otras fuerzas partisanas.
Sin embargo, muchos judíos participaron en los movimientos
guerrilleros, e incluso existieron grupos exclusivamente judíos. Muchos de
estos movimientos partisanos se formaron con huidos de los guetos tras las
rebeliones, como el comandado por uno de los líderes de la rebelión del gueto
de Vilna, Abba Kovner.
Al final de la guerra salieron de los bosques de Europa Oriental miles de
judíos armados. También hubo treinta y dos voluntarios de Palestina que
saltaron en paracaídas en zonas de ocupación para apoyar a los movimientos
partisanos. Siete de ellos fueron fusilados por los nazis.

d) La resistencia armada en los guetos. El caso de Varsovia


En numerosos guetos se produjeron rebeliones armadas, sobre todo al
intensificarse la práctica de las deportaciones hacia los campos de trabajo o
exterminio. En muchos casos, estas acciones eran encabezadas por los
líderes de los movimientos juveniles, que contaban con entre 16 y 20 años,
debido a que los líderes políticos adultos habían huido al comenzar la guerra, o
ya habían sido detenidos por los nazis. En Bialystok, una insurrección fue
reprimida duramente en febrero de 1943. En Cracovia, numerosos judíos
lograron huir del gueto para sumarse a los partisanos de los alrededores. En
Kovno, donde la mitad de los cuarenta mil judíos había sido asesinada en los
primeros días de la invasión alemana, las agrupaciones de resistencia, antes
de ser liquidadas, enviaron, con ayuda del Judernat, a numerosos judíos a los
bosques. Un caso similar se dio en Minsk, donde de una población original de
cien mil judíos, se calcula que diez mil lograron llegar a los bosques, de los
cuales, tras la guerra, había sobrevivido la mitad. En Vilna, las organizaciones
de resistencia del gueto lograron iniciar una rebelión, que tras su fracaso logró
hacer llegar a muchos combatientes a los bosques cercanos. Algunos de sus
líderes fueron después comandantes de grupos partisanos que sobrevivieron a
la guerra.
Por su duración y organización, la rebelión más conocida en los guetos
fue la que estalló el 19 de abril de 1943 en Varsovia. Si tenemos en cuenta que
hasta finales de ese año no estallaría ninguna rebelión antinazi importante en la
Europa ocupada, la de los judíos de Varsovia fue la primera y más extensa
acción urbana que los nazis debieron enfrentar.
De 25 millones de habitantes en Polonia, 3.350.000 eran judíos. La
mayoría de ellos vivía en las principales ciudades. Se calcula que el 20% de la
población judía de Polonia murió en los primeros dos años de la vida en los
guetos debido a las matanzas producidas en las calles, las epidemias, o la
desnutrición.
Desde el siglo anterior existían en Polonia numerosos partidos políticos
judíos laicos, de diferentes tendencias: sionistas, sionistas-socialistas,
socialistas no sionistas, comunistas, entre otros. Al comenzar la guerra, la
mayoría de sus líderes huyó hacia el Este, quedando las organizaciones bajo la
dirección de sus referentes más jóvenes, menores de 25 años. Estos líderes
juveniles, con formación política, fueron los primeros en considerar verídicos
los rumores de que los judíos deportados eran asesinados masivamente en el
Este. Por esa razón, además de su gran acción social (comedores, prevención
de enfermedades, educación, etc.), las organizaciones políticas comenzaron, al
principio en forma aislada, y luego en conjunto, la tarea de contrabandear
armas y prepararse para la defensa armada del gueto.
Es necesario recordar que estos preparativos se llevaba a cabo, además
de en forma clandestina, en condiciones extremadamente duras de
supervivencia. Por ejemplo, de 550 mil habitantes en el gueto en 1941, sólo 27
mil de ellos contaba con algún tipo de trabajo. El resto, debía contar con la
caridad, el contrabando o la corrupción para conseguir alimentos. Hacia fines
de 1942, la población se reducía ya a cincuenta mil personas.
Entre las primeras acciones de la resistencia armada, se cuentan las
ejecuciones de dos jefes de la policía judía y del encargado del servicio
económico del gueto, acusados de colaborar con la política nazi. Estas
acciones recibieron el apoyo de gran parte de la población judía.
La primera insurrección importante se produjo en enero de 1943, cuando
los alemanes anunciaron la deportación de dieciséis mil judíos del gueto. Los
combates producidos redujeron la cifra de los deportados a seis mil quinientos.
Sin embargo, de los cincuenta grupos armados judíos, sólo habían sobrevivido
cinco. Después de estos hechos la resistencia judía intensificó sus actividades.
Prácticamente tomó el control del gueto, ejecutó a numerosos espías y
colaboracionistas y aumentó el contrabando de armas.
Estas acciones contaron con gran apoyo de la población. Cuando los
alemanes ofrecieron que los trabajadores que se presentaran
espontáneamente serían traslados a zonas industriales fuera del gueto, se
presentaron, de seis mil candidatos, sólo trescientos cincuenta. La mayoría de
los habitantes del gueto se preparaba para el combate final.
La resistencia organizó veintidós células, de veinte integrantes cada una.
Cada combatiente judío no contaba más que con quince balas. El 19 de abril
de 1943 ingresaron al gueto mil soldados alemanes, apoyados por mil guardias
SS y seiscientos policías. Los combates contra la resistencia se extendieron
hasta el 16 de mayo, pero los alemanes no tomaron el control total del territorio
hasta fines de septiembre. Ese mes, los últimos diecisiete integrantes de la
resistencia judía lograron abandonar las ruinas del gueto y unirse a la
resistencia polaca.

XII - Consideración final. El pueblo judío después del Holocausto.


La persecución nazi costó la vida de alrededor de seis millones de
judíos. Si tenemos en cuenta que en la Segunda Guerra Mundial murieron
cincuenta y cinco millones de personas, y que los judíos eran menos del 1% de
la población total de antes de la guerra, el porcentaje de judíos asesinados es
muy elevado. En algunos lugares, sobre todo en Europa Oriental, las
comunidades judías fueron totalmente exterminadas.
El Holocausto significó una suerte de ruptura en la historia occidental en
general, y en la del pueblo judío en particular. En la historia occidental porque
representó el punto culminante de la subordinación de una sociedad moderna,
industrializada, culta, desarrollada, al poder de un Estado que arbitraba y
decidía sobre la vida y la muerte de sus ciudadanos. Un Estado que destinó
recursos a crear un sistema legal, institucional y discursivo que, explícitamente,
legitimaba el extermino físico y la deshumanización de una parte de su
población. Las sociedades actuales, aún organizadas en Estados que deciden
sobre sus recursos y sus normas, no deberían perder de vista esa situación.
Para el pueblo judío, el trauma sufrido no requiere demasiada
explicación. La experiencia del Holocausto no sólo asesinó a millones de
personas, y sólo eso ya tendría la gravedad suficiente, sino que además hizo
desaparecer la vida judía en Europa, con sus tradiciones, sus producciones, su
lengua, el ídish, hablada entonces por casi diez millones de personas, con la
que habían creado literatura, cine, teatro, prensa, ideas, folklore, durante
cientos de años.
El pueblo judío se recuperó después del Holocausto. Fue creado y
reconocido el Estado de Israel; se mantuvo la tradición y la educación judía en
todas partes del mundo, e incluso comenzaron a formarse nuevamente algunas
comunidades europeas; quizás lo más importante, ya no es posible en
Occidente emitir juicios antijudíos sin, por lo menos, suscitar las reacciones de
una parte importante de la intelectualidad, la clase política o la prensa.
Sin embargo, todo esto no debería ser suficiente: la memoria del
exterminio, que cambió para siempre la identidad judía, creó también, en este
pueblo, el compromiso con una lucha y una guardia permanente contra todo
tipo de persecución, opresión y discriminación.

Glosario:
Acción Francesa: Action Française. Agrupación francesa surgida a finales
del siglo XIX, antirrepublicana y reaccionaria. Algunos de sus miembros
eran monárquicos; había también militantes favorables a la restauración del
poder de la Iglesia. Cultivaban un fuerte nacionalismo y el rechazo a las
ideas democráticas y socialistas. Algunos líderes apelaban a la unidad de la
nación en torno de una monarquía fuerte y de la Iglesia católica, pero
tomando a ésta como fuente de cohesión social, y no por interés religioso.
Dentro de su concepción del nacionalismo, se consideraba al judío como
claramente ajeno a la nación.
Agencia Judía: organización fundada en 1929 para promover la emigración de
los judíos europeos hacia la tierra de Israel. También se convirtió en una
organización encargada del nexo entre Israel y los judíos de la diáspora. Antes
de la independencia del Estado de Israel fue una especie de proto-Estado,
asumiendo las funciones de un gobierno judío: promoción de la inmigración,
aplicación de políticas laborales y desarrollo industrial, organización de grupos
de defensa judía, etc.

Campo de concentración: campos donde se enviaba a prisioneros sin juicio


previo. Algunos eran estrictamente de concentración, otros de tránsito, y
algunos eran específicamente para prisioneros de guerra. Si bien algunos
campos se denominaban de trabajo, tanto en éstos como en los campos de
concentración se practicaba el trabajo forzado. Al principio (década del treinta)
se destinaron a delincuentes comunes, mendigos o vagabundos. Hacia el final
de la década comenzaron a incluirse las otras categorías de prisioneros.
Algunos de los más importantes campos de concentración fueron Dachau,
Buchenwald, Mauthausen, Auschwitz, Majdanek, entre otros.

Colaboracionista: persona que colabora con un régimen antipatriótico o


extranjero, generalmente ocupante.

Crisis de la Bolsa de 1929: después de un período de expansión económica


posterior a la Primera Guerra Mundial, se produjo en Estados Unidos una crisis
que afectaría a todo el mundo. Se denomina crisis de la Bolsa porque estalló al
sobrevaluarse las acciones de la Bolsa de Nueva York, pero la detención de la
economía que sobrevino posteriormente afectó al comercio, los créditos y la
producción en todo el mundo occidental.

Espacio Vital: en alemán, Lebensraum. La expresión designaba, en la


geografía del siglo XIX, la relación entre una población determinada y el
espacio necesario para garantizar su supervivencia. Aplicado a la competencia
entre Estados desde finales del siglo XIX, aludía al territorio que cada uno de
ellos debía disponer para proteger la calidad de vida de su población. Hitler
utilizó la expresión para justificar la necesidad de Alemania de expandirse hacia
el Este, conquistando a otros países y garantizando así, con el territorio de
pueblos inferiores, la supervivencia de la nación alemana.

Gueto: barrio habitado por una minoría, generalmente delimitado físicamente.


Antes de su integración a las sociedades de Europa Occidental o central, los
judíos solían habitar en guetos. En aquella época el gueto no implicaba
confinamiento, ya que su entrada o salida era libre. Sí existía la obligación de
fijar residencia en esa parte de la ciudad.

Kasher: o Casher. Dieta que respetan los judíos religiosos. Implica la


prohibición de ciertos alimentos y de cierta combinación de los mismos. En el
caso de la carne, contiene, además, prescripciones acerca de cómo debe ser
sacrificado el animal.
Movimientos juveniles: en hebreo, tnuot noar. Surgidos en Europa desde
principios del siglo XX, los movimientos juveniles solían ser agrupaciones
políticas judías sionistas. Se dedicaban a la instrucción de la juventud judía en
sus respectivas ideas políticas y a la preparación para la migración hacia la
tierra de Israel. Los había de distintas tendencias e ideologías: socialistas, no
socialistas, etc.

Partisanos: guerrillero, combatiente irregular; miembro de una resistencia


armada.

Presos políticos: se designa así a quienes son encarcelados sólo por sus
ideas políticas. Es decir que se diferencian de los encarcelados por cometer
delitos, o por pertenecer a un pueblo determinado.

Romaníes: El término romaní, identifica tanto a una etnia como a la lengua que
hablan sus miembros. Se caracterizan por ser una minoría en todas partes.
Presentes en muchos países de occidente, no cuentan con un lugar de
referencia en el cual sean mayoría. Su presencia en casi todos los países ha
originado múltiples denominaciones, muchas veces de connotación peyorativa.
Las más conocidas son gitanos (debido a su supuesto origen egipcio),
cíngaros, o bohemios, entre otras. Probablemente, se hayan originado en la
región de la actual India. Su condición de minoría permanente los ha convertido
frecuentemente en víctimas de prejuicios y persecuciones.

Tercer Reich: Reich es una palabra alemana que significa reino o dominio. El
Primer Reich sería así el Imperio Germánico medieval; el segundo el
representado por la unión de los Estados Alemanes en torno a un Emperador,
con la creación de la Alemania moderna (1871-1918); el tercero, el
nacionalsocialista posterior a la República de Weimar

Testigos de Jehová: Iglesia cristiana que pretende respetar una interpretación


del cristianismo más fiel al discurso original de Jesús, antes de que el mismo
fuera reelaborado por la Iglesia católica.

Tratado de Versalles: tratado de paz impuesto a Alemania tras la Primera


Guerra Mundial por las potencias vencedoras. Dictaminando la responsabilidad
alemana en el estallido de la guerra, esa nación era despojada de sus colonias
en África, así como de algunos de sus territorios en el continente europeo. Se
ordenaba también la reducción del ejército alemán, tanto en número como en
armamento, a la vez que se prohibía el reclutamiento mediante un servicio
militar obligatorio. Finalmente, Alemania debía pagar las reparaciones o
indemnizaciones a los países vencedores, responsabilidad que se hizo
incompatible con la recuperación económica de la nación derrotada.

Anexos:
1 ) Canto de odio contra Inglaterra, de Ernst Lissauer:
“...Y algún día concluiremos la paz/ pero a ti te odiaremos por mucho tiempo. /
Nunca disminuirá nuestro odio/ odio en el mar, odio en la tierra/ odio mental,
odio manual/ odio del herrero, odio del príncipe/ odio feroz de setenta millones/
unidos para amar, unidos para odiar/ todos tienen un solo enemigo/ Inglaterra”.

2) “Cada uno de nosotros, en nuestra aldea, en nuestro mundillo, no cesa de


clasificarse como católico, protestante, socialista, o judío. De repente, aparece
algo esencial que nos es común a todos. ¡Ser francés! Somos el río de Francia
dispuesto a precipitarse en el interior de un largo túnel de esfuerzos, de
sufrimientos (...) Se ha reconstruido el honor nacional. Lo que acaba de ocurrir
ya nadie podrá decir que no ha ocurrido”. Maurice Barrès, sobre la Unión
Sagrada

3) “En ese hoyo no había muertos ni heridos, porque nadie se exponía. Pero
Jacob se exponía (...) Era un judío (...) Le dieron en el vientre (...) Era tremendo
lo francés que podía llegar a ser Jacob, aspiraba a hacerse matar por Francia.
Lo que han tenido que aguantar los judíos por las Patrias, en esta guerra”.
Drieu La Rochelle, La Comédie de Charleroi, 1934

4) “Acción Francesa respeta a los héroes judíos (...) nuestro antisemitismo ya


planteó sus principios con anterioridad a esta guerra; se confundía con nuestro
nacionalismo, que no ha variado. Nos hemos quejado de ver que los judíos
gobernaban Francia; nunca nos disgustó que otros judíos le sirvieran (...).”
Charles Maurras, sobre los caídos judíos en la Primera Guerra Mundial

5) Leyes de Nuremberg (fragmentos)


“Ley de ciudadanía del Reich del 15 de septiembre de 1935.
Artículo 1°
1) Será considerado ciudadano con todas las responsabilidades inherentes
todo aquel que disfrute de la protección del Reich alemán y que por ello esté en
especial deuda con él.
2) La ciudadanía se adquiere de acuerdo con las normas que establecen las
leyes del Reich y de ciudadanía nacional.
Artículo 2°
1) La ciudadanía del Reich se limitará a los connacionales de sangre alemana
o afín que hayan dado debida prueba, a través de sus acciones, de su voluntad
y disposición de servir al pueblo y al Reich alemán con lealtad.
2) Los derechos de ciudadanía del Reich se adquieren mediante la obtención
de la carta de ciudadanía del Reich.
3) El ciudadano del Reich es el único titular de todos los derechos políticos de
acuerdo con lo establecido por la ley.

Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes, del 15 de septiembre


de 1935
Imbuidos de la conciencia de que la pureza de la sangre alemana constituye la
condición imprescindible para la continuidad del pueblo alemán y animados por
la voluntad indeclinable de asegurar el futuro de la nación alemana por todos
los tiempos, el Reichstag ha sancionado por unanimidad la siguiente ley, que
queda promulgada por la presente:
Artículo 1°
Quedan prohibidos los matrimonios entre judíos y ciudadanos de sangre
alemana o afín. Los matrimonios celebrados en estas condiciones son nulos
aun si hubieren sido celebrados en el extranjero a fin de evitar ser alcanzados
por la presente ley
Artículo 2°
Queda prohibido el comercio carnal extramatrimonial entre judíos y ciudadanos
de sangre alemana o afín.
Artículo 3°
Los judíos no podrán emplear en su hogar a ciudadanas de sangre alemana o
afín menores a los 45 años.
Artículo 4°
(1) Queda prohibido a los judíos izar la bandera del Reich o la enseña nacional
como así también exhibir los colores patrios.
(2) En cambio quedan autorizados a exhibir los colores judíos. El ejercicio de
esta autorización queda sometido a protección estatal.”

6) Conferencia de Wannsee:
“(…) De ahora en adelante, la emigración ha cedido su lugar a otra posibilidad
de solución: la evacuación de los judíos hacia el Este, solución adoptada con el
acuerdo del Führer (guía, líder; se refiere a Hitler. Nota del autor)
Sin embargo, hay que considerar estas soluciones como meros
paliativos, auque a partir de ahora utilizaremos nuestras experiencias prácticas,
tan indispensables para la solución final del problema judío.
La solución final del problema judío de Europa deberá aplicarse
aproximadamente a once millones de personas (…)
En el marco de la solución final del problema, los judíos deben ser
trasladados bajo fuerte escolta al Este, donde se les asignará una labor.
Distribuidos en colonias de trabajo, los judíos no inválidos, hombres aun lado,
mujeres a otro, serán conducidos a estos territorios para construir carreteras;
no hay que decir que una gran parte de ellos se eliminará naturalmente por su
deficiente estado físico.
El residuo que a fin de cuentas subsistirá –y hay que considerar como la
parte más resistente- deberá ser tratado en consecuencia. En efecto, la
experiencia histórica ha demostrado que, una vez liberada, esta elite natural
lleva, en germen, los elementos de un nuevo renacimiento judío.
Gracias a la generalización práctica de la solución final, Europa será
barrida de Oeste a Este (…).”

7) Programa del partido obrero nacional socialista alemán de 1920


(fragmentos)

1. Reivindicamos la reunificación de todos los alemanes, sobre la base del


derecho de los Pueblos a la autodeterminación, a fin de crear una Gran
Alemania.
2. Reivindicamos para el Pueblo alemán la igualdad de derechos en
relación con las otras naciones, la supresión de los tratados de paz de
Versalles y Saint Germain.
3. Reivindicamos espacio y tierras (colonias) que permitan alimentar a
nuestro Pueblo y establecer en ellas nuestro excedente de población.
4. No puede ser ciudadano, sino quien posee la cualidad de miembro de la
comunidad nacional. No puede serlo sino quien tiene sangre alemana,
cualquiera que sea su Confesión. Ningún judío, consecuentemente,
podrá ser miembro de la comunidad nacional.
5. Quien no es ciudadano no podrá vivir en Alemania más que en calidad
de huésped y deberá atenerse a la legislación aplicable a los extranjeros.
6. El derecho respecto a la conducción y creación de las leyes del estado
debe recaer exclusivamente sobre los ciudadanos. Demandamos, en
consecuencia, que la función pública, cualquiera que ella sea, en servicio
del Reich, de un Land (estado o provincia) o de una comuna, sea reservada
a los ciudadanos. – Luchamos contra la corrupción del régimen
parlamentario, que distribuye los puestos únicamente según los intereses
de los partidos, sin tener en cuenta del carácter y la capacidad de los
candidatos.
7. Demandamos que el estado se comprometa a interesarse en primer
lugar en las posibilidades de trabajo y de vida de sus ciudadanos. Si no es
posible alimentar al conjunto de la población, conviene expulsar del Reich
a los sujetos pertenecientes a otras naciones (los no-ciudadanos).
8. Es necesario impedir toda nueva inmigración de personas no-alemanas.
Demandamos que todas las personas no-alemanas llegadas a Alemania
desde el 2 de agosto de 1914 sean obligadas a abandonar el Reich
inmediatamente.
9. Todos los ciudadanos deben poseer los mismos derechos y obligaciones
(...).

20. Con el objeto de permitir a todos los alemanes capaces y diligentes


alcanzar un nivel de formación superior y acceder a puestos de
responsabilidad, corresponde al estado emprender el desarrollo sistemático
del conjunto de la educación del pueblo. Los programas de estudio de
todos los establecimientos escolares deben adaptarse a las necesidades de
la vida práctica. Siempre que las propias facultades lo permitan, la escuela
debe alcanzar de los jóvenes que comprendan el sentido del civismo
(instrucción cívica). Reivindicamos la formación, a expensas del estado, de
los niños dotados intelectualmente de forma particular, pero nacidos de
familias pobres, sin distinción de su pertenencia social o profesional.
21. Corresponde al Estado mejorar la sanidad pública protegiendo a la madre
y al niño, y prohibiendo el trabajo de los jóvenes, poniendo en acto todos
los medios conducentes a promover la educación física, por la prescripción
legal de la participación obligatoria a la práctica de la gimnasia y los
deportes, y por el sostenimiento generoso de todas las asociaciones que se
consagran a la formación física de la juventud.
25. Para realizar todas estas reivindicaciones, exigimos para el Reich la
instauración de un poder central fuerte.
La autoridad absoluta del parlamento político central sobre el conjunto del
Reich y, de forma general, sobre sus organismos.
La creación de cámaras de oficios y profesiones encargadas de ejecutar en
los diferentes estados federales las leyes básicas decretadas por el Reich.

8) “Existen en la historia innumerables ejemplos que prueban con


alarmante claridad cómo, cada vez que la sangre aria se mezcló con la de otros
pueblos inferiores, la consecuencia fue la destrucción de la raza
portaestandarte de la cultura. La América del Norte, cuya población está
formada en su mayor parte de elementos germánicos que apenas si llegaron a
confundirse con las razas inferiores de color, exhibe una cultura y una
humanidad muy diferentes de las que exhiben la América Central y del Sur,
pues allí los colonizadores, principalmente de origen latino, mezclaron con
mucha liberalidad su sangre con la de los aborígenes. Si tomamos esto como
ejemplo, fácilmente comprenderemos los efectos de la confusión racial. El
habitante germánico de América que se ha conservado puro y sin mezcla, ha
logrado convertirse en el amo de su continente; y lo seguirá siendo mientras no
siga en la deshonra de confundir su sangre (...).
Si dividiésemos a la raza humana en tres categorías –fundadores,
conservadores y destructores de la cultura– sólo la estirpe aria podría ser
considerada como representante de la primera categoría.”

9) “El antípoda del ario es el judío. Es difícil que exista en el mundo nación
alguna en la que el instinto de la propia conservación se halle tan desarrollado
como en el ‘pueblo escogido’. La mejor prueba de ello la constituye el hecho de
que esta raza continúe existiendo. ¿Qué pueblo ha experimentado en el
transcurso de los últimos dos mil años tan contados cambios como los que
exhibe la raza judía? ¿Qué otra raza ha debido soportar mudanzas más
revolucionarias que las que ha soportado ésta y ha logrado, no obstante,
sobrevivir intacta a las más terribles catástrofes? ¡Qué bien expresan estos
hechos su resuelta voluntad de subsistir y conservar el tipo!
Las cualidades intelectuales del judío se desarrollaron en el transcurso
de los siglos (…). Pero su capacidad intelectual no es el resultado de la
evolución personal, sino el de la educación recibida de los extranjeros (...)
(…) nada mueve al judío fuera del más puro interés personal; y a ello se
debe que el Estado judío –el cual es, según se supone, el organismo viviente
para la conservación y el crecimiento de una raza– carezca por completo de
confines (...)
Para poder continuar subsistiendo como un parásito dentro de la nación,
el judío necesita consagrarse a la tarea de negar su propia naturaleza íntima.
Cuanto más inteligente sea individualmente el judío, tanto más afortunado será
en su engaño, gracias al cual conseguirá que una parte considerable de la
población llegue a cree seriamente que el judío es un legítimo francés, un
legítimo inglés, un legítimo alemán o un legítimo italiano, a quien no separa de
sus compatriotas otra diferencia que la de la religión (...).
La ignorancia exhibida por las muchedumbres con respecto a la
verdadera naturaleza del judío, convierte al pueblo en fácil víctima de esta
judaica campaña de mentiras (...).
Así, si pasamos revista a todas las causas del desastre alemán,
advertimos que la causa final y decisiva habrá de verse en el hecho de haber
omitido comprender el problema racial y, en especial, la amenaza judía.”

10) “Al Estado y la nación le interesa fundamentalmente que el pueblo no


caiga en la garra de maestros malos, ignorantes y de aviesas intenciones.
Por consiguiente, debe vigilar la educación popular, evitando que la misma
sea encargada erróneamente, cumpliéndole también seguir de muy cerca
las actividades de la prensa en particular, porque su influencia sobre los
hombres es la más poderosa y penetrante de todas, ya que su acción no es
transitoria sino, continua. La inmensa importancia del periodismo reside en
la uniformidad y persistente repetición de su prédica. Si el Estado tiene un
deber que cumplir, él consiste precisamente en no olvidar que todo lo que
haga, sea lo que fuere, no puede tener sino una única y exclusiva finalidad;
en no consentir, deslumbrado por los fuegos fatuos de la ‘libertad de
imprenta’, en que se lo lleve por extraviados derroteros ni en que se le
persuada para que olvide sus obligaciones y permita la retención de los
víveres que la nación necesita para conseguir su bienestar. El estado debe
empuñar las riendas de este instrumento de educación popular con absoluta
determinación, poniéndolo a su servicio y al de la nación.”

11) “El lugar de las ejecuciones se encuentra generalmente a diez o quince


kilómetros de la carretera principal, y por consiguiente, es un sitio de difícil
acceso (…) en tiempo húmedo o lluvioso es imposible llegar hasta allí. Si los
individuos a los que hay que ejecutar son conducidos en camiones y
obligados a ir a pie, adivinan inmediatamente lo que va a sucederles y se
alborotan, cosa que conviene evitar (…)”

12) “Muchos comandantes efectúan la descarga por medio de sus hombres


después del empleo del gas (…) Los hombres acuden a mí quejándose
de dolores de cabeza que les sobrevienen después de cada operación
(…). El gas no se emplea correctamente. Para terminar más rápido, el
conductor aprieta a fondo el acelerador (…) Mis observaciones han
demostrado que, con un correcto ajuste de las palancas, la muerte es
más rápida y los prisioneros se adormecen apaciblemente. No se ven
rostros convulsos ni excreciones, como antes se veían”
13) “En cuanto llegaban los convoyes los soldados recorrían las filas de los
vagones, en busca de gemelos y enanos. Las madres esperaban que
se les reservara un trato especialmente favorable y entregaban sin
vacilar a sus hijos gemelos. Los adultos gemelos saben que son
interesantes desde el punto de vista científico y se presentan
voluntariamente (…).
Con ello consiguen morir en uno de los barracones del campo de
Auschwitz, en el cuartel B1, a manos del Dr. Mengele. Porque aquí se da un
caso único en la historia de las ciencias médicas. Dos hermanos gemelos
mueren simultáneamente y se tiene la oportunidad de someterlos a una
autopsia. ¿Dónde hallar en circunstancias normales dos gemelos que
mueran simultáneamente en el mismo lugar? (…)
Exámenes clínicos muy detallados, acompañados de radiografías,
descripciones y dibujos, que reproducen las manifestaciones científicas del
fenómeno. Sólo faltan las observaciones de anatomía patológica. He de
hacerlas yo (…).
Dar un paso adelante en la investigación de la multiplicación de la raza
superior (…). Podría conseguirse que en el futuro, cada madre alemana
diera a luz el máximo posible de parejas de gemelos. ¡Es un proyecto
insensato! Sus promotores son los teóricos dementes del Tercer Reich (…)
El objetivo inmediato es la producción de alemanes puros, en número
suficiente como para sustituir al pueblo checo, al húngaro, al polaco;
pueblos condenados a ser destruidos sobre el territorio que ha sido
declarado espacio vital del Tercer Reich, habitado momentáneamente por
ellos (…).
Me parece que mi jefe está contento con mi trabajo. Le hago notar que si
desea informes limpios y claros necesitaré una máquina de escribir.
Pregunta por la marca de la máquina que uso habitualmente (…). ‘La
recibirá mañana. Quiero informes limpios porque van a ser transmitidos al
Instituto de Investigaciones Biológicas Raciales de Berlín-Dahlem’. Así me
entero de que las investigaciones que aquí se llevan a cabo están
controladas por los mejores elementos de uno de los institutos científicos
mejor equipados del mundo. Al día siguiente, un soldado SS me trae la
máquina de escribir. Sigo recibiendo cadáveres de gemelos. Me traen
cuatro parejas del campo de los cíngaros.”
Bibliografía
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Poliakov, León (1964): Auschwitz (Documentos y testimonios del genocidio


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