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Theologica Xaveriana

ISSN: 0120-3649
revistascientificasjaveriana@gmail.com
Pontificia Universidad Javeriana
Colombia

CARRASCO R., ALFONSO


El desarrollo de la teología trinitaria tras el Vaticano II
Theologica Xaveriana, núm. 143, 2002, pp. 561-568
Pontificia Universidad Javeriana
Bogotá, Colombia

Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=191018084011

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El desarrollo de la teología


trinitaria tras el Vaticano II

561

○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○ ○






ALFONSO CARRASCO R.*

La renovación contemporánea de la teología trinitaria encuentra su funda-


mento en la superación de los planteamientos deístas y racionalistas, así
como de su influencia en el pensamiento teológico sobre Dios.
Ya desde inicios del siglo XIX la teología católica subraya muy
conscientemente que el cristianismo no puede ser considerado expresión
de la mera religiosidad humana -entendida racionalista o sentimentalmen-
te-, sino que es un acontecimiento histórico novedoso, originado por la
iniciativa gratuita de Dios, por la que el Hijo eterno se hace hombre por
nuestra salvación, para lo cual enviará al Espíritu Santo sobre los suyos. Por
tanto, la relación del hombre con el Dios cristiano no puede ser entendida
tan sólo como el conocimiento racional del Creador, de la inmortalidad del
alma, de las leyes morales y de la justicia del juicio divino final, que distribuye
premios y castigos. En este horizonte, la doctrina trinitaria no podía ser más
que un añadido dogmático marginal, sin significado real para la vida del
creyente.
La percepción de la urgencia de recuperar la perspectiva histórico-
salvífica para salvaguardar la naturaleza verdadera del cristianismo y de la
fe, pone de nuevo en el centro de la atención al Dios trino, que, por amor
misericordioso, viene personalmente al encuentro del hombre, comunicán-
dose a sí mismo y abriéndole la posibilidad de una relación viva y personal
como hijos adoptivos, que viven en un mismo Espíritu Santo.

* Sacerdote. Profesor de Teología, Madrid, España.

THEOLOGICA XAVERIANAALFONSO CARRASCO


143 (2002) R.
561-568
Estas perspectivas serán hechas propias por el Vaticano II, que
fundamenta sobre ellas su enseñanza. La teología trinitaria, por su parte, se
renovará asumiendo igualmente como principio metodológico el camino “de
la economía a la teología”.
La adopción sistemática de este horizonte de pensamiento fue vivido
teológicamente, en primer lugar, como superación de un tratado De Deo
562 uno, aislado y de corte más filosófico que teológico, y como la urgencia de
volver a situar en el centro de la reflexión al Dios trinitario, determinando así
radicalmente toda la comprensión de la relación de Dios con el hombre.
Consecuencia inevitable fue la revisión de las formas habituales de presentar
la teología sobre Dios en la manualística más al uso; si pudo darse también
algún exceso en la crítica a determinadas presentaciones de los tratados De
Deo uno y De Deo trino, la renovación del planteamiento de fondo era
absolutamente necesaria para el pensamiento cristiano y, de hecho, resultó
imparable.
Un paso fundamental en este camino fue la distinción entre la teolo-
gía de nuestros manuales y la de santo Tomás de Aquino, punto de referen-
cia y maestro reconocido para todo teólogo católico. Volver la atención a
santo Tomás con estas preocupaciones, situando su obra de nuevo en la
historia de la tradición y no viéndola racionalísticamente como una especie
de “ciencia absoluta”, había conducido ya durante la primera mitad del siglo
XX a una magnífica renovación de los estudios tomasianos. Se pudo constatar
que Tomás había hecho obra de teólogo, que tal había sido su intención en
todo momento; y, por esta vía, se hizo claro también que su tratado sobre
Dios había sido escrito y debía ser leído en horizonte teológico y no mera-
mente filosófico, que estaba enraizado en la Sagrada Escritura y sostenido
por los aportes de la tradición patrística, así como de los grandes concilios
anteriores.
Ello permitió poder afirmar de nuevo, con mejor comprensión de su
trasfondo histórico y teológico, la tradición agustino-tomasiana que había
determinado profundamente el camino de la teología trinitaria.
Esta peculiar profundización creyente del ser trinitario del Dios uno y
de la unidad del Dios trino, que culmina en la presentación tomasiana de las
personas divinas como “relación subsistente” uniendo definitivamente la
esencia divina única con las tres Personas reveladas, constituye una reflexión
teológica imprescindible.

EL DESARROLLO DE LA TEOLOGÍA TRINITARIA TRAS EL VATICANO II


Situar la enseñanza tomista en el horizonte histórico-salvífico no
significó, pues, desconocer su intención y su valor doctrinal propio; ni
pretendió minusvalorar el rigor conceptual de esta magnífica tradición
trinitaria, o el método teológico, “analógico”, con el que se desarrolla. Este
aporte sigue siendo imprescindible como vía para poder percibir la
razonabilidad profunda del misterio trinitario; lo que es una exigencia
intrínseca y absoluta del hombre, que por su misma naturaleza no puede 563
aceptar aquello que contradiga de pleno a la razón. Este esfuerzo, iniciado
por los Padres y que Tomás simboliza, resulta particularmente urgente para
la subsistencia de la fe en el Dios trinitario en nuestra época. Pues la tradición
de pensamiento moderno, caracterizada como racionalismo, cuyos
planteamientos fundamentales siguen vivos e incidentes en nuestro mundo,
plantea precisamente tal objeción de fondo: la irracionalidad y el absurdo
del dogma trinitario católico, que sería inaceptable para un hombre racional
adulto. Acusación de irracionalidad que no ha desaparecido, sino que sigue
presente al menos como pregunta y desafío en las relaciones cada vez más
frecuentes también con otras culturas y religiones, entre las que destaca
ciertamente el islam.
Por otra parte, la fecundidad de una recepción plena y no polémica,
en el adecuado horizonte histórico, de los aportes de la teología trinitaria
clásica, ha sido puesta de manifiesto recientemente en el importantísimo
acuerdo logrado a propósito de la antigua y dolorosa cuestión del Filioque.
La adopción de las perspectivas histórico-salvíficas condujo inevita-
blemente a poner de nuevo, en el centro de la teología trinitaria, el testimo-
nio escriturístico, sobre todo, el neotestamentario, que por otra parte se ha-
bía convertido desde finales del siglo XVIII en ámbito primario del debate
sobre la naturaleza de la revelación de Dios y de la salvación del hombre.
La Escritura testimonia la experiencia israelita de un Dios verdadera-
mente trascendente quien al mismo tiempo toma la iniciativa de acercarse a
salvar al hombre que gime en la esclavitud, movido por una benevolencia
que -como manifestará cada vez más el anuncio profético- es amor gratuito y
misericordioso; esta historia de salvación encuentra su culmen y plenitud en
el envío de Jesucristo. El Nuevo Testamento no ofrece, por supuesto, los
desarrollos de la posterior teología trinitaria; anuncia, en cambio, el aconte-
cimiento de la comunicación de Dios al hombre en la misión por el Padre
del Hijo y del Espíritu, culminando incluso en netas formulaciones trinitarias.

ALFONSO CARRASCO R.
La fe apostólica y la de las primeras generaciones cristianas rechazaron siem-
pre reducir el significado del envío del Hijo hecho hombre a “mitos”, limi-
tarse a una comprensión “moral”o “metafórica” de la filiación de Jesucristo
y, por consiguiente, de la filiación adoptiva ofrecida al hombre. En ello la fe
cristiana vio y defendió desde el principio la manifestación sorprendente e
inimaginable de la gloria de Dios, que revela realmente su amor al hombre
564 en el don personal e infinitamente libre de sí mismo, así como la afirmación
definitiva de la grandeza de la salvación ofrecida al hombre, de la gloria del
destino ofrecido de modo gratuito al que quiera acoger con libertad al Hijo
de Dios y a su Santo Espíritu. Renovar la percepción crítica y sistemática de
estas afirmaciones primordiales de la fe se hace necesario también en nues-
tra época, en la que siguen estando presentes interpretaciones reductivas,
de matriz sobre todo racionalista, de los acontecimientos de la historia de la
salvación y, concretamente, de la divinidad del Hijo y del Espíritu, y de la
salvación y el destino humano.
La investigación neotestamentaria, centrada en el acontecimiento mis-
mo que fundamenta la fe trinitaria, se vio continuada por un importante de-
sarrollo del estudio de las primeras tradiciones cristianas, que enriquecieron
de modo importante nuestra comprensión de los primeros grandes conflic-
tos teológicos y de las respuestas dadas por los Padres: desde la reflexión
sobre el judeo-cristianismo, al estudio del gnosticismo y de la respuesta de
Ireneo, la teología de Tertuliano, el desarrollo del problema arriano, sin olvi-
dar nuevas lecturas de Agustín, etc. Esta investigación histórica ilumina y
ayuda a comprender mejor el testimonio escriturístico, y su lectura por la
tradición, en la que se conforman las bases de toda la doctrina trinitaria
posterior.
Esta renovación de perspectivas de la reflexión sistemática sobre el
Dios cristiano tiene un punto culminante en el magisterio mismo del conci-
lio Vaticano II. Dei Verbum, en particular, enseñará que “quiso Dios, con su
bondad y sabiduría, revelarse a sí mismo y manifestar el misterio de su vo-
luntad: por Cristo, la Palabra hecha carne, y en el Espíritu Santo, los hombres
tienen acceso al Padre y son hechos partícipes de la naturaleza divina”. Con
su enseñanza sobre la naturaleza de la revelación y de la Iglesia, y sobre el
destino del hombre, el Concilio confirma y relanza el camino iniciado por la
teología católica.

EL DESARROLLO DE LA TEOLOGÍA TRINITARIA TRAS EL VATICANO II


Como un primer gran testigo de los desarrollos trinitarios posconciliares
puede citarse, sin duda, a Karl Rahner, quien al presentar al hombre con
método trascendental como “oyente de la palabra”, subraya de modo muy
influyente la urgencia de asumir radicalmente estas perspectivas histórico-
salvíficas en el pensamiento teológico. Rahner presenta la revelación como
la autocomunicación de Dios, por la cual el hombre se encuentra llamado a
participar de la verdad y de la vida divina misma, que es la vida trinitaria. Así 565
pues, en la economía se ha revelado el ser eterno de Dios, que se manifiesta
y se dona al hombre como principio de salvación.
De la afirmación plenamente consciente de lo acontecido en la histo-
ria de la salvación, se deriva el principio de su teología trinitaria: La Trinidad
económica es la Trinidad inmanente, y viceversa. Se subraya así todo el sig-
nificado de la revelación en Cristo y, al mismo tiempo, el de la Trinidad
inmanente. Lo que acontece en Cristo es la manifestación y el don al hombre
de lo que Dios es en su ser más propio, la presencia y la apertura del ser
eterno e inmanente de Dios.
La comprensión del axioma citado, sobre todo, en su segunda parte,
fue objeto de un amplio debate en la teología católica, al poder prestarse
fácilmente a malentendidos. Es cierto, en todo caso, que también para Rahner
la economía es fruto de la libre iniciativa divina, del amor gratuito del Dios
eterno; su propuesta teológica, por tanto, no ha de ser leída en un horizonte
de tipo hegeliano.
Por otra parte, Dios se revela verdaderamente en la economía; sería
un error grave afirmar la Trinidad económica y, al mismo tiempo, hablar del
Dios eterno a partir de la imagen deísta del Dios inmutable y no como misterio
personal de amor; en ello se correría el riesgo de un modalismo disimulado.
Este peligro sigue vivo en nuestro tiempo, particularmente, en los desafíos
que presenta la teología pluralista de las religiones. En este sentido, sigue
siendo muy necesario subrayar que no se puede hablar adecuadamente de
la Trinidad inmanente sin partir de la económica, que en la revelación se ha
manifestado verdaderamente la Trinidad en su misterio propio, abriendo
gratuitamente acceso a su ser eterno.
La teología posconciliar va a esforzarse en alcanzar una comprensión
del Dios trinitario desde este horizonte de la economía, releyendo a su luz
los principios filosóficos de la inmutabilidad e impasibilidad divinas, y apo-

ALFONSO CARRASCO R.
yándose en la doctrina trinitaria clásica, cuyos orígenes estaban ya en esta
misma voluntad de comprensión de la revelación.
Puede destacarse aquí, en particular, la propuesta amplia y articulada
de H. U. v. Balthasar, sobre todo, en la segunda y tercera parte de su monu-
mental Trilogía. Construye sobre la base de la tradicional teología de las
procesiones y relaciones, y de la comprensión de las misiones temporales
566 del Hijo y del Espíritu en continuidad de las procesiones eternas.
La realización inimaginable y gratuita de la economía de la salvación
habría de ser entendida, por tanto, como la manifestación en el tiempo de la
verdad y la profundidad infinita de las relaciones eternas, llegando el autor
hasta formular la coincidencia de persona y misión en Jesucristo. En este
horizonte puede comprenderse la existencia de una creación verdadera, en
su alteridad para con Dios, expresada principalmente en la existencia de un
hombre dotado de libertad real, aunque finita; pues el Padre y el Hijo son ya
eternamente uno y otro en la unidad de un mismo Espíritu. Todas las facetas
de la respuesta libre del hombre a Dios, incluida la distancia que puede
generar la negación y el pecado, son incomparables con las dimensiones
del amor eterno, con la riqueza de vida de las personas divinas. En este
horizonte, todo el camino de la encarnación, culminando en la experiencia
del abandono de la cruz, es igualmente manifestación en el tiempo de Aquél
que proviene eternamente del Padre y le responde con una entrega igual-
mente eterna e ilimitada de sí, en la unidad de un mismo Espíritu.
Puede decirse, sin duda, que la propuesta balthasariana, indebidamente
simplificada aquí, constituye una de las contribuciones sistemáticas más en-
riquecedoras del actual panorama de la teología trinitaria. En todo caso, es
cierto que la teología contemporánea ha hecho ya la opción de situar la
reflexión sobre la Trinidad en el horizonte del designio salvífico; de modo
que el acercamiento primero a la revelación y a la tradición –con todo el
rigor del método histórico– permita dar adecuadamente el paso “de la eco-
nomía a la teología”. Ello ha llevado a un florecimiento nuevo de la teología
sobre el Dios cristiano, tanto en la presentación sistemática del misterio
trinitario, como en la mayor atención dedicada a su manifestación económi-
ca, por ejemplo, a la pneumatología.
La comprensión de la razonabilidad de la fe cristiana en la Trinidad no
se pone de manifiesto sólo en la percepción de su no-contradictoriedad, de

EL DESARROLLO DE LA TEOLOGÍA TRINITARIA TRAS EL VATICANO II


que en principio la aceptación de un Dios uno y trino sería admisible para la
razón, y que además es posible también afirmar la concordia entre los rasgos
fundamentales de su manifestación histórica en Jesucristo con las exigencias
de una razón filosófica crítica. Esta razonabilidad se pone igualmente de
manifiesto por la luz poderosa que arroja sobre el ser y las relaciones que
constituyen al hombre y a su vida en el mundo.
Así, por ejemplo, la asunción sistemática de la perspectiva trinitaria ha 567
permitido comprender la posibilidad misma de la existencia de una creación
en la que se afirme a la vez la libertad plena del Dios que obra junto con la
consistencia y la autonomía real del ser y de la libertad creada, evitando los
riesgos cercanos y contrarios del panteísmo y del nihilismo. Enraizado en la
gratuidad del amor trinitario pleno y eterno, el ser creado como tal puede
ser visto como un verdadero don, abriéndose el camino, por ejemplo, a una
ontología de la donación que permita valorar plenamente los gestos libres
con los que el hombre construye su historia en relación con el dato del ser.
El diálogo con la filosofía contemporánea ha llevado a subrayar con
acentos particulares la dimensión personal y comunional del misterio de la
Trinidad, en continuidad con datos fundamentales de la revelación y de la
tradición teológica (Ricardo de San Victor). Ello permite acercarse más radi-
calmente al significado de la persona, así como al de la presencia del otro
para su constitución, al abrir perspectivas interesantes a la antropología en
las múltiples dimensiones en que en ella se manifiesta la dinámica de la
alteridad: por ejemplo, en la relación hombre-mujer, individuo-sociedad, etc.
En todo caso, junto con la verdad profunda de un dogma capaz de
iluminar de modo nuevo y sorprendente el ser y al hombre, se ha manifestado
aquí igualmente la necesidad de un verdadero rigor en toda teología de la
Trinidad; pues en continuidad con la comprensión moderna de la persona y
en relación con el diálogo intentado con planteamientos filosóficos
personalistas, se ha desarrollado un importante debate sobre la urgencia de
una verdadera purificación del concepto de “persona” para su aplicación a
Dios, evitando su asimilación sin más desde las diferentes concepciones
filosóficas. De este modo se ha puesto de manifiesto de nuevo lo
imprescindible de un uso cuidadoso del principio de la analogía en la teología
trinitaria.

ALFONSO CARRASCO R.
En conclusión, puede decirse que el camino teológico posconciliar ha
mostrado que la comprensión del cristianismo como acontecimiento histórico
salvífico conduce inevitablemente a situar en el centro de la reflexión el
misterio de la Trinidad, partiendo de su manifestación económica, para poder
comprender los datos fundamentales de todo el dogma católico: la creación
del mundo y del hombre, el acontecimiento de la encarnación y salvación
568 en Cristo, así como el sacramento fundamental que lo testimonia en la historia,
la Iglesia, que el concilio Vaticano II fundamenta y presenta trinitariamente.
Este horizonte muestra luego su fecundidad fortaleciendo e iluminan-
do a la razón en su trabajo de penetración en la realidad, de comprensión
del ser creado y de la naturaleza humana, abriendo perspectivas nuevas allí
donde muchas veces el pensamiento del hombre encontraba profundas ten-
siones y paradojas.
Este camino está siendo recorrido conscientemente por la teología
católica posconciliar, que ha llegado ya a proponer verdaderas presentacio-
nes sintéticas de la dogmática desde un punto de vista formalmente trinitario.
Por estas vías, la teología trinitaria está llamada a ofrecer una gran
ayuda a la vida de la fe. Pues no sólo presenta al Dios verdadero, uno y trino,
como un misterio inalcanzable para las fuerzas de la razón y sin embargo, a
pesar de las apariencias, no contradictorio con sus leyes; sino que al introdu-
cir al creyente en las perspectivas trinitarias, le permite alcanzar una percep-
ción adecuada de la economía salvífica, de la entrega del Hijo y el don del
Espíritu, de forma que su fe se consolide con la convicción de que proviene
de la comprensión y crezca en un afecto verdadero por el Dios que le ha
venido al encuentro en un gesto inimaginable de amor.
La fe en el Dios trinitario iluminará así toda la realidad, haciendo posi-
ble al hombre contemplar el mundo y su propia historia en relación verdade-
ra, libre y personal con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con la Santísima
Trinidad, el único Dios.

EL DESARROLLO DE LA TEOLOGÍA TRINITARIA TRAS EL VATICANO II