Está en la página 1de 19

GLOSARIO II

Círculo de Viena: La corriente neo-positivista surge en Viena aproximadamente por los años 1920-
1930, “es un grupo integrado por pensadores, científicos, matemáticos y filósofos, que se denominaron
Wiener Kreis (Círculo de Viena)”1. Su origen tuvo lugar en 1922 cuando Moritz Schlick, fundador y
guía del grupo, ocupó la cátedra de Filosofía en la Universidad de Viena, en donde existía una tradición
de filosofía empirista creada por Ernest Mach (1838-1916, físico y filósofo austriaco) quien ocupó la
cátedra de dicha universidad de 1895 a 19012.

La intención de los pensadores del Círculo de Viena, fue introducir un nuevo espíritu científico en el
campo tradicional de la filosofía. Las primeras ramas del conocimiento que tuvieron influjo
neopositivista fueron las matemáticas y la lógica, por lo que ciencia, matemáticas y lógica simbólica,
fueron los principales temas en sus reuniones; con el tiempo las reuniones del Círculo de Viena
quedaron impresas en publicaciones que versaban sobre política, lo cual permitió construir una
organización consistente. Los pensadores Carnap, Hahn y Neurath, publicaron la obra Concepción
científica del mundo. El círculo de Viena, en 1929, cuyo fin era exponer al mundo la génesis y la
posición filosófica del grupo, logrando expandir así su ideología.
Clases sociales (marxismo): El marxismo considera que las clases sociales aparecen en las
sociedades con división social del trabajo. No todo el mundo trabaja de la misma manera, ni se
relaciona del mismo modo con las fuerzas productivas. Con la aparición de la propiedad privada la
sociedad se divide en dos grandes grupos o clases: la de las personas que poseen propiedad privada,
que son dueñas de los medios de producción (tierras, fábricas, ...) y la de aquellas personas que no son
dueñas de dichos medios y sólo disponen de la fuerza de su trabajo para sobrevivir. De este modo, son
básicamente dos las clases sociales en toda sociedad que admite la propiedad privada de los medios de
producción: la clase explotadora. En función de las peculiaridades del modo de producción de cada
sociedad, del modo en que cada sociedad produce bienes, las clases sociales serán distintas.

CLASIFICACIÓN DE LAS CLASES SOCIALES

modo de ESCLAVISTA FEUDAL CAPITALISTA


producción

clase explotadora Amos señores burguesía

clase explotada Esclavos siervos proletariado

En el modo de producción capitalista la división social más importante es la que opone a la


burguesía y al proletariado, aunque Marx también señaló variantes de estas clases sociales:

1
1. burguesía financiera (banqueros y propietarios de las materias primas);
2. burguesía industrial (propietarios de las grandes empresas);
3. pequeña burguesía (pequeña empresa, pequeños propietarios, comerciantes, ...);
4. clase terrateniente (dueños de las tierras);
5. clase campesina;
6. proletariado (obreros de las fábricas y asalariados en general, que viven exclusivamente de
su trabajo);
7. lumpemproletariado (clase desposeída situada fuera del mundo laboral y que sólo es
contratada esporádicamente, en función de las necesidades del capitalismo).

El factor fundamental que define a una clase es la relación que las personas que en ella se incluyen
tienen con los modos de producción, pero, a partir de este factor principal, las clases sociales presentan
también otras características: por ejemplo, en “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” nos dice
Marx que las condiciones económicas determinan “su modo de vivir, sus intereses y su cultura”. Como
consecuencia de la existencia de esta fractura en la sociedad, el marxismo es una teoría que destaca el
conflicto, el enfrentamiento entre clases sociales (guerra encubierta dice Marx a veces); no es posible
la armonía ni la paz social definitiva en las sociedades clasistas, la armonía y la paz social sólo será
posible en la sociedad sin clases (comunismo).

Conciencia: Según el Diccionario de Filosofía, de Ferrater Mora, el término conciencia tiene al menos
dos sentidos: en primer lugar, la percepción o el reconocimiento de algo (una cualidad, una situación...),
o de algo interior, como las modificaciones del propio yo; en segundo lugar, es el conocimiento del
bien y del mal. El segundo sentido se suele expresar mejor como "conciencia moral", del que nos
ocuparemos en otro momento, y resulta significativo que en algunos idiomas se empleen términos
distintos para expresar los dos sentidos mencionados. El primer sentido, a su vez, puede desdoblarse
en otros tres: el sicológico, en el que la conciencia es la percepción del yo por sí mismo (puede hablarse
de modificaciones del yo sicológico, por lo que el termino conciencia se suele confundir habitualmente
con el de autoconciencia); el epistemológico o gnoseológico, en el que la conciencia es primariamente
el sujeto del conocimiento (se habla entonces de la relación conciencia-objeto similar al conocimiento),
y el sentido metafísico, en el que la conciencia se suele denominar el Yo (supuestamente, previa a toda
esfera sicológica o gnoseológica).

Con la filosofía crítica de Kant, el concepto conciencia adquiere, especialmente en el sentido de


autoconciencia, una interpretación que lo convertirá en clave para lo que será luego el idealismo alemán
(Fichte, Schelling, Hegel). Kant distingue entre conciencia empírica (sicológica), perteneciente al
mundo fenoménico, en las que su unidad sólo puede establecerse por la síntesis llevadas a cabo
mediante las intuiciones del espacio y del tiempo y los conceptos del entendimiento, y la conciencia
pura o trascendental, que supone la unificación de toda conciencia empírica (formación de la identidad
de la persona y posibilidad del conocimiento). Dicho de un modo elemental, para Kant la
autoconciencia (conciencia sicológica) produce en nosotros en primer lugar la relación de los
fenómenos, y su unidad se produce en cuanto unidad trascendental de la autoconciencia con la
consecuente posibilidad del conocimiento. Con Fichte y Hegel, se producirá un paso de la idea de la
conciencia trascendental (gnoseológica) a la idea de conciencia metafísica. Fichte hace de la conciencia
el fundamento de la experiencia total y la identifica con el Yo que se pone a sí mismo. Lo que realiza
Hegel es describir grados o figuras de la conciencia en un proceso dialéctico en el curso del cual el

2
despliegue de la conciencia es identificado con el despliegue de la realidad. En Hegel, la conciencia
abarca la realidad que se despliega a sí misma, trascendiéndose a sí misma y superándose
continuamente a sí misma; así, una de las figuras hegelianas es la conciencia infeliz o alienada, que
aparece como dividida y contradictoria, sin que se acabe produciendo una síntesis o saber absoluto.

Aunque Marx es heredero del sistema de Hegel en un primer momento, se acaba produciendo una
ruptura con su pensamiento a través de Feuerbach (Marxismo y democracia. Enciclopedia de conceptos
básicos, v.v.a.a.). La crítica que Feuerbach realiza a Dios, como una ilusión del hombre, Marx la
extiende a la propia filosofía. No es la conciencia por sí misma, en cuanto a autoconciencia absoluta,
quien pone la naturaleza, la sociedad y la historia, sino que es el hombre, en cuanto ser de la naturaleza,
quien adquiere en la sociedad una conciencia de sí mismo y de su posición en la naturaleza y en la
historia. Marx lleva la crítica hasta toda la filosofía alemana, al desenmascarla como ideología: en lugar
de partir de las ilusiones e imaginación de los hombres, se parte del hombre activo y se presenta el
desarrollo de los reflejos y ecos ideológicos del proceso de su vida real. En otras palabras, para Marx
no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia; esta segunda
postura se identifica con una vida real, que supone la existencia del hombre en su conflicto con la
naturaleza. Marx transforma la pura dialéctica de la conciencia de Hegel en una dialéctica de la
sociedad, la cual se va haciendo compleja y sutil en el pensamiento marxista a medida que se investigan
las condiciones económicas de la existencia social. La confirmación de la conciencia social se concibe
como resultado de las contradicciones entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción;
para Marx, el comienzo de la evolución de la conciencia humana se establece en una llamada
"conciencia de manada" (o "de raza"). Como es sabido, la anulación de las contradicciones para el
comunismo marxista pasa por la anulación de la división del trabajo, la cual pasa por la eliminación de
la propiedad privada mediante la revolución. Por lo tanto, la dialéctica de la conciencia social acaba
siendo una teoría de la revolución.

Con Marx, se produce un giro en la problemática de la conciencia en el que abandona el campo de la


filosofía al pasar de la teoría a la praxis. Con Engels, se completará la dialéctica de la sociedad de Marx
con una dialéctica de la naturaleza; si el movimiento dialéctico impulsa la historia, Engels lo entiende
de modo tan universal que lo observa como cualidad de la materia, causa de todos los movimientos de
la naturaleza y de todas las transformaciones de la materia (en las que están el origen de la vida, de la
naturaleza y de la historia). Se trata de una dialéctica objetiva de la naturaleza que se reproduce, como
dialéctica subjetiva, en el pensamiento humano (los pensamientos son imágenes de la realidad). La
inversión materialista de la filosofía de Hegel con la implantación de una concepción materialista de
la historia se ha producido: se explica la conciencia de los hombres a partir de su ser, en lugar de al
revés. La validez del pensamiento marxista, al igual que la del idealismo anterior, es puesta en duda
desde un punto de vista científico. Con la llegada del leninismo y de la revolución de 1917 en Rusia,
se pondrá a prueba el materialismo dialéctico y su consecuente teoría del Estado. La transformación de
las relaciones de propiedad debería haber generado un hombre nuevo, con una nueva conciencia, algo
que obviamente no se produjo. Es por eso que la concepción marxista variará en el sistema soviético,
considerando que la conciencia natural es un residuo de su alienación de la esencia del hombre bajo
las relaciones capitalistas de producción; de ese modo, la conciencia se convierte en una categoría
moral y se promueve la reeducación interior de las personas, en lugar de un cambio que debería haberse
producido por la relaciones externas. La importancia de Marx en el campo de lo filosófico y de lo
teórico social ha ido paralela a una refutación en la praxis.

3
No es posible negar la influencia de la concepción materialista de la historia y evolucionista del
universo en los primeros pensadores anarquistas. Sin embargo, no puede decirse en absoluto que tal
vinculación sea necesaria ni la única posible. Es significativo que, aceptando la imposibilidad de una
concepción definitiva sobre la condición humana, se reivindique desde el anarquismo a autores
influenciados por el materialismo, como Bakunin y Kropotkin, y aparentemente en el polo opuesto a
Stirner, que parte del idealismo hegeliano para llegar a una síntesis que desemboca en la conciencia
particular del único. Por otra parte, autores anarquistas del siglo XX como Malatesta o Rocker realizan
ya una crítica a la fundamentación materialista y a todo determinismo en aras de una visión más amplia
que tenga en cuenta la libertad y la acción humanas. El desarrollo de la conciencia humana hay que
situarlo en el contexto social, con la diversidad de factores concurrentes que la estimulan o apagan
según las circunstancias. Herbert read consideraba que la conciencia del individuo, así como su
vitalidad, dependían de su rol en la sociedad: si es meramente una unidad en un cuerpo colectivo, su
vida será gris y limitada, pero todo lo contrario si es en sí mismo una unidad y puede desarrollarse y
expresarse. Por lo tanto, para la concepción anarquista la libertad es clave para el despertar la
conciencia. De igual modo, el origen de ésta, así como de la moral, pueden encontrarse en gran medida
en las relaciones entre el individuo y la colectividad, aunque se valora enormemente la conciencia de
uno mismo como humano particular. Por otra parte, desde esta posición particular del individuo, que
combate toda fuerza externa que pretenda constreñir la libertad de conciencia de sí mismo, se busca la
máxima creatividad y, en libre unión con sus semejantes, las mejores relaciones sociales con el
consecuente nacimiento de una nueva conciencia social y política.

Consciencialismo: En ética, se refiere a todas aquellas teorías de la ética normativa que sostienen que
las consecuencias de una acción (pudiendo incluir las consecuencias de los medios empleados) suponen
la base de cualquier apreciación moral que se haga sobre dicha acción. Así, siguiendo esta doctrina,
una acción moralmente correcta es la que conlleva buenas consecuencias o crea un bien. Entre las éticas
consecuencialistas podemos encontrar muchas formas de utilitarismo (las mejores consecuencias para
el mayor número), el egoísmo moral (las mejores consecuencias para mí mismo) y la ética del altruismo
de Auguste Comte.

Consenso: es un término que procede del latín consensus y que hace referencia al acuerdo que se
alcanza por el consentimiento entre los miembros de un grupo o entre varios grupos. Por ejemplo: “No
hubo consenso y la decisión fue aplazada hasta la próxima semana”, “El gobierno busca un consenso
con la oposición para establecer nuevas políticas económicas”, “Existe un amplio consenso entre los
dirigentes del club para renovar el contrato del técnico”.
Una decisión por consenso, por lo tanto, es aquella que se toma gracias al acuerdo de una mayoría pero,
a su vez, tratando de minimizar el nivel de conflicto con la minoría. Esto quiere decir que una decisión
tomada por la mayoría no siempre implica un consenso, ya que puede avasallar la opinión de la minoría.
El consenso no requiere el consentimiento activo de todos los involucrados: alcanza con que, quienes
se oponen la decisión, atenúen su rechazo y toleren la disidencia. Gracias al consenso, una sociedad
puede alcanzar la paz social y la convivencia armónica.
Contextualismo: partimos de una premisa básica:
1) En todo lo referente a religión, moral, gustos, opinión, filosofía, política... es decir, en todo lo
"humano", no es posible encontrar una sola verdad absoluta. Se entiende como verdad absoluta a

4
aquella que puede aplicarse a toda persona en toda época y lugar simplemente por ser persona. Esto se
debe a que:
a) Es imposible establecer un consenso con todos los seres humanos que existen (imposibilidad
espacial) han existido y existirán (imposibilidad temporal) y a la no-existencia o no-manifestación de
un ente racional no-humano que pueda arbitrar en este asunto.
En otras palabras. Puesto que ningún ser humano posee ningún criterio válido que demuestre de forma
lógica y racional (si se prefiere, científica) que le otorgue la razón, y puesto que no existe un consenso
universal, la verdad y el bien no existen como concepto universal, arrancadas de un marco en que la
misma sociedad impone un modelo con el que compararse.
Por ejemplo: robar, en nuestra sociedad, está mal. Sin embargo, los germanos veían el saqueo como
algo válido. Y en determinadas situaciones muy puntuales: cualquier mexicano de hoy en día robaría
(dar de comer a tu hijo hambriento si no tienes dinero). De este modo, robar no está ni bien ni mal en
términos universales.
b) Aunque fuéramos capaces de llegar a un consenso universal, la mente humana no es capaz de
procesar la totalidad de situaciones prácticas a las que se puede aplicar una moral o filosofía
determinadas, ni adivinar su opinión futura u omitir la pasada. Por tanto, ni siquiera se puede crear o
exponer una moral totalmente fidedigna a un solo individuo con pretensión de validez: mañana puede
ocurrir algo que la cambie.
Siguiendo el ejemplo anterior, si creo personalmente que robar está mal puedo encontrarme con que
en una semana he perdido todo en la bolsa y necesito robar para comer. Estoy en una situación Y que
no había previsto en mi estado inicial, y que contradice a la idea de que robar está mal. Existen en
principio un número ilimitado de situaciones a las que aplicar un principio moral, de las cuales una
pequeña parte las reconocemos y contemplamos en nuestra moral. Otras nos llegan mediante la puesta
en común de estas posibilidades con otro ser humano o mediante la meditación personal. Otras,
mediante hechos imprevistos que ocurren. Y otras no las llegamos a contemplar jamás.
A la luz de lo anterior uno podría llegar a la conclusión de que toda la moral es igualmente válida. De
hecho, si existiera ese observador imparcial e inhumano del que hablé antes, sí. Podríamos imaginar
una especie de máquina que evaluara mecánicamente lo acertado o erróneo de varias morales, y esta
no encontraría nada que las hiciera más o menos válidas.
El problema es que los filósofos (y los humanos en general) somos eso, humanos, y por tanto
subjetivos. El objetivismo pleno no existe, porque incluso el objetivista defiende su teoría frente a la
del resto. Todas las personas se ven empujadas a expresar y defender sus ideas, su moral, sus
sentimientos... etc.
El contextualismo admite que toda moral, política, etc. es válida, y sólo puede calificarse de mejor o
peor en función del contexto. Es decir, en tanto que se amolde a las necesidades de una persona, pueblo,
sociedad... necesidades que vienen dadas de igual modo por el contexto. Es la interacción con el medio
y con la sociedad lo que forja el carácter de una persona, y es esa misma interacción la que la hace
evolucionar.
No puede expresar en caracteres universales ni una moral humana ni una personal, sino restringirla a
una serie de situaciones contextuales o limitadas. Eso significa que, en ocasiones, se pueden mantener
opiniones aparentemente contradictorias al aplicarse las mismas a contextos diferentes.

5
La moral individual puede compartir una serie de patrones con la de otras personas. A mayor patrones
compartidos, mayor afinidad con ese grupo, hasta llegar a una unidad de cohesión que podemos llamar
cultura, sociedad, etc. Sin embargo, ningún ser humano, aunque pertenezca a la misma sociedad,
cultura, religión o filosofía, puede tener una moral idéntica a otra: dos personas jamás pueden vivir
exactamente el mismo contexto en su vida, y diferirán siempre en algo.
En definitiva, la moral debe ir ligada a la historia, los condicionantes externos, la sociedad y el
individuo, todo en conjunto. Los individuos no pueden poseer la verdad absoluta ni expresar su moral
de forma completa, pero si expresar mediante el lenguaje una serie de patrones básicos y defender sus
opiniones frente a las de otros. El ser humano está condenado a hacerse las mismas preguntas a lo largo
de la historia, y la única solución que tienen esas preguntas es la que el propio ser humano quiera darle.

Contractualismo o Contrato Social: La teoría del Contrato Social, llamada así por la obra de
Rousseau, pero también denominada contractualismo, sostiene que la sociedad humana debe su origen
(o su posibilidad) a un contrato o pacto entre individuos. Según Platón -que trataría de refutar tal
concepción-, es posible que algunos sofistas desarrollaran ya una teoría contractualista, según la cual
era más provechoso llegar a un entendimiento con el fin de no cometer ni sufrir injusticia; así, la justicia
no sería algo absoluto, sino el resultado de un acuerdo o compromiso. En la Edad Media, la teoría
contractualista estaría condicionada por el conflicto entre el poder temporal y el poder espiritual -
conflicto inexistente en el mundo antiguo-. Es en la Edad Moderna cuando se desarrolla la teoría
plenamente, en parte por la secularización del Estado y en parte por una concepción atomista según la
cual el Estado se halla compuesto primariamente por individuos cuyas relaciones entre sí son
comparables a las relaciones entre partículas. Lejos quedará ya la fundamentación trascendente, pero
también la noción de politicidad innata al hombre de la época clásica, y se tratará de fundamentar los
ordenamientos civiles (sometimiento a la autoridad de un Estado). Los dos autores contractualistas
modernos más conocidos son Hobbes y Rousseau. El primero no partirá de un hecho histórico para el
pacto (como Locke), sino de una hipótesis explicativa cuya conclusión es el poder legitimado del
Estado. Hobbes considera que los hombres en un estado natural, sin un poder que los controle y
sometidos a sus deseos incontrolados, se mostrarán en una situación de incertidumbre permanente, con
la constante amenaza de la guerra. Es una concepción negativa de la naturaleza humana que requiere
de un estado positivo donde reine el orden y los hombres se respeten mutuamente. Según Hobbes, el
pacto se da en un contexto de reciprocidad horizontal, donde se cede el derecho natural a una instancia
vertical (el soberano, de poder absoluto). Por el contrario, Rousseau tiene una concepción magnánima
de la naturaleza humana, regida por el amor de sí, pero también por la piedad hacia los otros. Esta
última característica se fue perdiendo con el tiempo (llegando el camino de la propiedad privada y
estableciendo un orden abusivo y desigualitario) y la manera de salir de ese estado de decadencia es
mediante un verdadero contrato social que permita la igualdad y acabe con la injusticia. El contrato
será la expresión de todas las voluntades en una sola, en función de un cuerpo político donde todos se
comprometen a observar las leyes dictadas por todos. Será una voluntad general que establece un orden
justo (el hombre es perfectible para Rousseau y, por lo tanto, capaz de ello) donde se establece una
igualdad artificial (se restaura la igualdad natural perdida). De la misma manera que en los clásicos, en
Rousseau no hay distinción entre moral y derecho, el hombre será virtuoso cuando obra acorde con el
bien común.

6
D

Dios ha muerto: La frase «Dios ha muerto» (en alemán “Gott ist tot“), también conocida como la
muerte de Dios, es usualmente atribuida al filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Sin embargo, la
encontramos antes en Hegel (Fenomenología del espíritu, FCE, 435) e incluso en Dostoievski (Los
hermanos Karamazov). Aquél se refiere al colapso de las ciudades estado y su orden autónomo. Es un
momento que se expresa plásticamente en el panteón romano, recinto circular que reunía todas las
deidades de las provincias sin conceder preeminencia a ninguna. «Dios ha muerto» es una frase
dolorosa, que sirve como expresión de una de las figuras del Espíritu, denominada «Conciencia
desventurada»: «es el destino trágico que reúne todos aquellos dioses individuales y todos aquellos
atributos de la substancia en un panteón, en el espíritu autoconsciente como espíritu» (ibid. p. 436).
Es una figura o momento espiritual, incomprensible al margen de su contrario dialéctico, la «conciencia
cósmica», que simboliza la liberación del espíritu de las formas anquilosadas en las que estaba preso
por los diversos órdenes mitológicos y teocráticos, que aglutinó el Imperio romano: «la ausencia total
de terror, la ausencia de esencia de cuanto es extraño, y un bienestar y un sentirse bien de la
conciencia, tales como no se encontrarán nunca ya fuera de esta comedia» (ibid. p. 433).

Nietzsche retoma la frase en La gaya ciencia (Die fröhliche Wissenschaft), en la sección 108 («Nuevas
luchas»), en la sección 125 («El loco»), y por tercera vez en la sección 343 («Lo que pasa con nuestra
alegre serenidad»). También se encuentra en Así habló Zarathustra, libro responsable de popularizar
la frase. La idea indicada en «El loco» es la siguiente:

Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos
reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo
ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros?
¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No
es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de
ella?

Nietzsche, La gaya ciencia, sección 125

Doble efecto (principio del): es un principio de razonamiento práctico que sirve para determinar la
licitud o ilicitud de una acción que produce o puede producir dos efectos, de los cuales uno es bueno y
el otro es malo. La idea principal que subyace al principio del doble efecto es que una persona no es
igualmente responsable por todos los efectos malos que se siguen de su acción, sino que existe una
diferencia fundamental entre aquellos que intenta y aquellos que solo prevé o debe prever. También
puede ser denominado como principio de no imputabilidad del mal indirecto producido por un acto
voluntario directo.

El principio del doble efecto reúne cuatro condiciones:

7
La acción debe ser buena o, al menos, no mala; para algunos no mala es equiparable con indiferente o
permitida.

La acción no busca producir malos resultados ni mal alguno.

El buen resultado no es consecuencia del mal. Es decir, no se usa un mal como medio para obtener
algún resultado (para muchos éste es el punto de mayor importancia).

El resultado final es que lo bueno debe ser proporcionado. Es decir, las metas positivas deben ser
mayores que los males acumulados como consecuencia de los actos.

El principio del doble efecto -también conocido como el principio del voluntario indirecto- pone de
manifiesto que la inmensa mayoría de los actos conllevan incontables ambigüedades y problemas. Lo
anterior implica que entre una decisión y otra debe elegirse la que más se apegue a la "mejor ética", o
la que produzca el mayor beneficio, y el menor daño, en caso de que no exista la posibilidad de no
afectar.

Enajenación: comúnmente se refiere a un sentimiento de separación, de estar solo y lejos de otros.


Para Marx, la enajenación no era un sentimiento ni una condición mental, sino una condición
económica y social de la sociedad de clases–en particular, de la sociedad capitalista.

El Che Guevara sostiene que la principal tarea de las revoluciones es liberar al ser humano de su
enajenación. La categoría enajenación tiene un origen económico. Uno de sus posibles orígenes
proviene del derecho romano, ya que vender una casa equivalía a “enajenarla”. La casa deja de ser mía,
pasa a ser de otro, pasa a ser “ajena”.

La enajenación, es cuando un proceso genera que el ser humano pierde algo, y ese algo se le vuelve
ajeno. Después vamos a ver qué es lo que pierde el ser humano…Pero enajenar, entonces, quiere decir
eso: algo deja de ser “mío”, deja de ser propio y se transforma en “ajeno”.

Estado prusiano: Prusia (en alemán: Preußen o Preussen; en polaco: Prusy; en ruso: Пру́ссия; en
latín: Borussia, Prutenia) fue un reino alemán y Estado histórico nacido de la unión del Ducado de
Prusia y el Margraviato de Brandeburgo (Brandeburgo-Prusia).
Prusia es parte fundamental de la historia de Alemania y de Europa, y desde su fundación como reino
fue una de las grandes potencias del continente. El Estado prusiano alcanzó su mayor hegemonía
durante los siglos XVIII y XIX. En el año 1701 Prusia pasó a ser oficialmente el Reino de Prusia
durante el reinado de Federico I de Prusia, con capital en Berlín, centro neurálgico de la región de
Brandeburgo.
El canciller Otto von Bismarck, primer ministro prusiano desde 1862 hasta 1873, y desde 1873 a 1890,
incluiría a Prusia en su concepto de Gran Alemania (Großdeutschland), del que más tarde surgirían la
Confederación Alemana del Norte (1866) y el Imperio alemán (1871), de los que Prusia fue el eje
político y económico. En el año 1918 tuvo lugar la abdicación del último rey prusiano, Guillermo II,

8
lo que provocó que la nobleza perdiera su poder y se aboliera la monarquía. Prusia desapareció
oficialmente en el año 1947, al término de la Segunda Guerra Mundial.

Ética del discurso, comunicativa o dialógica: Propuesto por Apel y Habermas. Persigue la
comprensión el entendimiento, no el éxito ni el lucimiento personal o retórico. Se debe dar en
condiciones óptimas de comunicación. Asimismo, el diálogo presupone la autonomía de los sujetos
participantes y, a través de él, las personas se reconocen recíprocamente como sujetos conscientes de
argumentación racional. El acuerdo alcanzado en el seno de una acción comunicativa es entonces
garantía de legitimidad de la norma. Demanda también cierta simetría en la comunicación. El diálogo
ideal sería aquel que estuviera libre del dominio de unos sobre otros. La ética del discurso no pretende
sólo fundamentar racional y dialógicamente lo moral, sino que busca también su aplicación en la vida
cotidiana, ya que los valores propios de cada actividad y la actividad misma no están cerrados sino que
se desarrollan progresivamente. La racionalidad inherente al diálogo es comunicativa y ha de satisfacer
intereses universalizables.

Ética según Marx y Engels: Parece que no es muy abundante el tratamiento en los escritos de Marx
a cuestiones éticas o morales. No obstante, la concepción materialista histórica tiene gran importancia
para la ética. Como es sabido, la relaciones materiales (socioeconómicas) de producción son la base,
en el pensamiento de Marx y Engels (y, posteriormente, en que se denomina marxismo-leninismo)
sobre la cual se produce la superestructura jurídica y política; a ella le corresponden las distintas formas
de conciencia social, y entre ellas también se encuentra la moral. Según esta perspectiva, en todo
periodo histórico surgen según las formas de producción, de forma directa o indirecta, las costumbres
y los usos, que luego determinan los modos de vida de las personas. Es por eso que los cambios en las
relaciones materiales llevan a nuevas costumbres y usos. Éstas, entran en conflicto con las normas ya
existentes, entendiendo que las nuevas forman parte de los intereses de la clase ascendente. No es que
los ideólogos creen la moral perteneciente a su clase social, sino que unicamente fijan las normas
morales con las que se motiva a los integrantes de una clase en base a sus intereses materiales y de
relaciones sociales. En definitiva, a la clase dominante de una determinada sociedad, le interesa
imponer su moral a la correspondiente clase oprimida; ello solo se produce si los dominados no son
conscientes de su situación y, recordemos la importancia de la historia en el pensamiento marxista, de
su vocación histórica. La clase oprimida, si obtiene esa consciencia, acaba alzándose contra la clase
dominante desarrollando nuevas normas, costumbres y comportamiento; es lo que llamamos
revolución. Si por un tiempo conviven dos tipos de normas, la clase revolucionaria acaba rechazando
las normas que ya no le son útiles y aceptando las que corresponden a las nuevas relaciones que surgen,
y añadiendo posteriormente aquellas que demandan la nueva situación económica y su propia situación
en la sociedad.

Por lo tanto, en la tradición marxista las relaciones económicas son también el fundamento de la moral,
aunque es obvio que esa relación de dependencia no se manifieste siempre de forma clara y sencilla.
La conciencia no avanza siempre al mismo ritmo que la realidad (los hábitos y la tradición); las
diferentes expresiones políticas y culturales (lo que el marxismo denomina superestructura) ejercen
con frecuencia un influjo paralizador. En un círculo algo vicioso, en el que hay salvar siempre la
libertad y la dignidad humanas (tal vez, alejándonos del marxismo), como las formas de conciencia
son también elementos que forma parte de la superestructura, dependerían igualmente de las relaciones
económicas de la sociedad. Como resulta evidente, y coincidiendo en gran parte con el anarquismo,
estamos ante una visión que niega toda fundamentación de la moral por encima de la historia y de la

9
sociedad; del mismo modo, y esta es una de las polémicas habituales en la filosofía ética, se niega toda
validez universal y atemporal (derivadas habitualmente de la divinidad, de lo absoluto, de la naturaleza
humana, entre otras fuentes). Lo que es válido moralmente en una época, puede ser inmoral en otro,
como demuestra la existencia de la esclavitud durante siglos y su abolición final (inaugurando nuevas
formas de servidumbre económica, por supuesto). Aunque es obvio que la tradición marxista admite
la relatividad de la moral, no se habla de arbitrariedad ni de dependencia de la voluntad del individuo;
no parece que haya sitio para la subjetivida, ya que se sostiene que la moral de una clase o de la sociedad
es necesaria y objetiva, determinada por las relaciones económicas. Estamos ante una visión
evolucionista que ha descubierto las leyes de la historia, y también del progreso de la moral: la moral
primitiva cedió su lugar a la que defendía la esclavitud, ésta dio paso a la correspondiente a la sociedad
feudal, que a su vez cedió ante la moral burguesa. Es la sociedad burguesa y su correspondiente moral,
con sus contradicciones basadas en la propiedad privada, el trabajo asalariado y la explotación del
hombre por el hombre, la que dejará su lugar a la moral comunista inherente al proletariado y
caracterizada por el fin de las clases sociales. Es esta característica, de forma paradójica, la que acaba
convirtiendo la moral comunista en universal y humana.

Aceptando la importancia del pensamiento marxista, se trata de una visión muy rígida que, como es
obvio, ha fracasado en aquellos regímenes que se han dicho basados en su doctrina (con todo lo que
eso tiene de relativo, ya que se confunde el pensamiento de Marx y Engels con el de Lenin). La
tradición libertaria, también en cuestiones morales, ha sido mucho más flexible y humanista, no ha
sucumbido ante la objetividad ni ante la historia. De hecho, el primer pensador netamente anarquista,
Proudhon, realiza una importante aportación a la historia de la ética, declarando que la base de las
normas morales está en los conceptos de la justicia y de la igualdad. El filósofo francés, negador por
supuesto de toda base religiosa o metafísica para la moral, afirmó que es necesario estudiar la vida de
las sociedades y descubrir aquellos principios cohesionadores. Estamos hablando de una época donde
se empieza a consolidar una visión que aparta definitivamente a la religión. Aunque Proudhon y Marx
inauguran la primera gran disputa dentro del socialismo, entre autoritarios y antiautoritarios, coinciden
en algunos aspectos como es el hecho de la igualdad económica como base de la moral. El francés
insistirá también en la igualdad de derechos, por lo que su visión es más amplia y difiere notablemente
al no aceptar una subordinación a lo económico. Esto es así porque Proudhon asocia el derecho y la
igualdad económica al valor personal, un sentido desarrollado en las personas que se completa con la
aceptación de la misma dignidad en los demás. La moral anarquista se empieza a construir sobre las
bases de aceptar la particularidad de cada personalidad y del respeto mutuo. Proudhon no cae en un
concepto trascendente de la justicia, base de la moral, ni tampoco la considera algo innato en el hombre;
la posibilidad del desarrollo moral, del reconocimiento de la dignidad propia y de la del semejante,
aunque forme parte de la estructura síquica humana, solo es posible gracias a la educación y a la
experiencia social. No obstante, la visión de Proudhon es también hija de su tiempo, ya que la confianza
en el progreso es excesiva, aunque con mayor amplitud de miras, ya que no observa solo la evolución
de las relaciones materiales y no subordina a ellas todas las otras facetas humanas. Para ir abriendo
boca, he dedicado alguna de las últimas entradas a la historia y las problemáticas de la ética, y he
dedicado gran parte de ésta a ese gran pensador que, a pesar de todo, fue Marx. Es tremendamente
interesante seguir indagando en la tradición libertaria, para comprender que aquella primera
concepción de las normas morales, que podemos llamar humanista y evolucionista, no hay que verla
de forma constreñida. El anarquismo está siempre obligado a ampliar su horizonte, a mostrarse flexible
poniendo a prueba sus aportaciones en cada tiempo y en cada sociedad, sin sucumbir ante ninguna
fuerza que trascienda lo humano.

10
F

Feminismo, ética y libertad, de Francesca Gargallo. Ética para sí es la libre acción de una persona en
solidaridad con las demás y el todo, tanto en contra de la injusticia de la dominación de una persona,
sexo, clase, cultura o raza en nombre de su supuesta universalidad, tanto en contra del avasallamiento
de la naturaleza de la que somos parte con base en una supuesta superioridad humana sobre todo lo
vivo.

Ética feminista es la que, actuando contra el privilegio moral y social del macho de la especie humana,
reconocido como universal en la cultura, descubre que éste constituye la injusticia inicial sobre la que
se ha construido un sistema lógico-político que ha llevado a la humanidad por una senda de destrucción
e incapacidad de paz.

Como feminista, por tanto, actúo responsablemente en contra del sistema cada vez que lo descalifico
en una de sus injusticias. Asimismo, mediante esta acción ética me libero. De tal modo la liberación
ética feminista es la que impulsa mi acción y es el resultado de mi accionar. Esto implica que, para mí,
en la ética feminista no hay fin ni medios para alcanzarlo, ya que ambos momentos de la acción se
confunden, son lo mismo.

El feminismo no se agota en la lucha (palabra de contenido competitivo patriarcal) por la liberación de


las mujeres, ni es un instrumento de recuperación de los ideales más elevados de las utopías pasadas;
el feminismo es una ética porque no deja fuera de su razonamiento a ningún elemento de lo humano.
Al reivindicar que lo privado es también público, ha ampliado la esfera de la ética (como acción
individual libre y responsable) a la política (como acción de y en la sociedad), negando a ésta última
como ámbito desligado de la acción individual. El feminismo es una ética y como tal una propuesta
civilizatoria distinta, una transformación de todas las relaciones que el ser humano es capaz de producir.

Feminismo: El feminismo es definido por la Real Academia Española (RAE) como la «ideología que
defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres».2 La definición de este
concepto ha sido tema de debate entre diferentes autores e incluso ha generado diferentes movimientos
sociales y culturales.

Como movimiento de transformación de la sociedad, tiene una vocación de influencia sobre la forma
en la que se conceptualiza la realidad y en el discurso científico. A medida que el movimiento feminista
adquiere relevancia en el mundo académico, se va generando un cuerpo teórico independiente con
herramientas conceptuales propias.7

En su consideración de movimiento social, el feminismo se conceptúa como un proceso, una sucesión


de etapas o fases, también llamadas "olas". Es importante tener en cuenta que la cronología del
feminismo estadounidense no coincide con la de los estudios feministas europeos, entre los que
destacan los que se realizan en idioma español. En cada fase u "ola" se han desarrollado ideas y
conceptos, teorías, estrategias, acciones, corrientes muy diversas, así como una teoría feminista que ha

11
dado lugar a la aparición de disciplinas como, por ejemplo, la geografía feminista, la historia del
feminismo o los estudios de género. Como movimiento de transformación de las relaciones de poder
entre varones y mujeres,7 el feminismo realiza una crítica de la visión androcéntrica de la sociedad, a
la que debe atacar para conseguir sus objetivos.

Feuerbach Ludwig (1804-1872): Eminente materialista del período premarxista, que proclamó y
defendió en Alemania el materialismo y el ateísmo en la década del treinta del siglo XIX, ideólogo de
la burguesía democrática. Fue idealista hegeliano en sus comienzos, hasta que rompió definitivamente
con el idealismo y se unió al materialismo. En su obra Crítica de la filosofía hegeliana (1839), se
pronunció resueltamente contra el sistema idealista de Hegel. Feuerbach vinculaba su crítica del
idealismo con la de la religión. Y mostró que el idealismo en general, y más particularmente el de
Hegel, constituye el fundamento teórico de la religión, que la doctrina de Hegel sobre la prioridad de
la idea y su metamorfosis en naturaleza, no es otra cosa que el dogma cristiano de la creación del
mundo expresado bajo una forma racional. Pero esta crítica es unilateral. Al renunciar al idealismo de
Hegel, Feuerbach arrojó por la borda la dialéctica hegeliana sin extraer de ella su núcleo racional: la
teoría del desarrollo y del cambio. No supo generalizar los grandes descubrimientos del siglo XIX y
elaborar, sobre esa base, una concepción dialéctica de la naturaleza.

Filosofía analítica: El término filosofía analítica, se refiere a un modo particular de hacer filosofía
desarrollada a principios del siglo XX, a partir de las obras de Bertrand Russell, George Edward Moore,
varios miembros del Círculo de Viena y Ludwig Wittgenstein, entre otros. Por extensión, la filosofía
analítica también se refiere al desarrollo filosófico posterior, desplegado bajo la influencia de estos
autores, y que prevalece con particular hegemonía dentro de la esfera académica anglosajona (sobre
todo en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) y los países escandinavos.

Aunque difícil de determinar con exactitud, a grandes rasgos el término apunta a una forma de
aproximarse a los problemas filosóficos, caracterizada principalmente por:

1. Un especial interés en el estudio del lenguaje y el análisis lógico de los conceptos, considerando tanto
la lógica formal, como el lenguaje ordinario. Este rasgo se encuentra prácticamente en todas las obras
más representativas de la Filosofía Analítica desde sus orígenes, como en Principia Mathematica
(1910-1913) de Russell y Whitehead, o como en el Tractatus Logico-Philosophicus (1921) de
Wittgenstein.
2. Una posición más bien escéptica respecto de la tradición metafísica. Esta característica encontró su
punto más álgido en el neopositivismo del Círculo de Viena de Otto Neurath y Rudolf Carnap, quienes
llegaron a adoptar la posición fuerte de que los enunciados metafísicos carecen de sentido, una vez
sometidos al análisis lógico.5
3. Una conexión con la tradición empirista, tanto en espíritu, estilo, foco y análisis filosófico (ver
Empirismo lógico).
4. Una autoproclamada afinidad con la investigación científica. En particular, con los conceptos de la
física como paradigma de comprensión de lo real. Esta cualidad encuentra su lugar más evidente en el
Fisicalismo, pero es un rasgo muy difundido dentro de la tradición analítica.

12
5. Una contraposición respecto a otras tradiciones filosóficas. Principalmente en relación a la llamada
Filosofía Continental, aunque también a las diferentes formas de Filosofía Oriental, de Tomismo y de
Marxismo, entre otras.

En la actualidad, junto con la Filosofía del lenguaje de los inicios, se han añadido nuevos temas dentro
de la Filosofía Analítica, como la Filosofía de la Mente, la Filosofía de las ciencias, la Filosofía de las
Matemáticas, la Epistemología e incluso la Metafísica. Esto ha enriquecido enormemente la tradición
analítica iniciada a principios del siglo pasado, pero también ha desdibujado los principios y límites
característicos de esta corriente filosófica, razón por la cual resulta muy polémico intentar trazar una
definición precisa del término en el presente.

Filosofía de la sospecha. La expresión «filósofos de la sospecha» fue acuñada por el filósofo francés
Paul Ricoeur en 1965 para referirse a los tres pensadores del siglo XIX que desenmascaran la falsedad
escondida bajo los valores ilustrados de racionalidad y verdad: Marx, Nietzsche y Freud.

Los tres expresan, cada uno desde perspectivas diferentes, la entrada en crisis de la filosofía de la
modernidad, al mostrar la insuficiencia de la noción de sujeto, y al desvelar un significado oculto: Marx
desenmascara la ideología como falsa conciencia o conciencia invertida; Nietzsche cuestiona los falsos
valores; Freud pone al descubierto los disfraces de las pulsiones inconscientes. El triple
desenmascaramiento que ofrecen estos autores pone en cuestión los ideales ilustrados de la
racionalidad humana, de la búsqueda de la felicidad y de la búsqueda de la verdad.

Iatrogenia: es un daño en la salud, causado o provocado por un acto médico involuntario. Se deriva
de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (iatros
significa ‘médico’ en griego, y génesis: ‘crear’). Puede ser producido por una droga, procedimiento
médico o quirúrgico, realizado por algún profesional vinculado a las ciencias de la salud, ya sea médico,
terapeuta, psicólogo , farmacéutico, enfermera, dentista, etc. También puede ser causado por un médico
que practique terapias alternativas. Puede ocurrir debido a un error o elección incorrecta del
tratamiento, por negligencia, inexperiencia, imprudencia o abandono del paciente.1 Sin embargo,
también puede resultar de procedimientos médicos realizado dentro una indicación correcta, realizados
con pericia, prudencia y diligencia.

Algunos ejemplos son la flebitis postcatéter, la infección urinaria leve después de mantener por varios
días una sonda vesical, la flebitis de las piernas después de la extirpación de un apéndice gangrenado,
etc.

Desde un punto de vista sociológico hay tres tipos de iatrogenia: clínica, social y cultural.

Imperativo categórico: Kant sostenía que la conciencia moral es el reino de lo que debe ser, en
oposición a la Naturaleza, que es el reino del ser. “Las leyes son, o leyes de la Naturaleza (leyes por
las cuales todo sucede), o leyes de la libertad (leyes según las cuales todo debe suceder). La ciencia de
las primeras se llama ‘Física’; la de las segundas, ‘Ética’.” Mientras en la Naturaleza impera la
necesidad, la causalidad, en la conciencia moral encontramos un imperativo categórico que manda a
un sujeto libre, que puede o no obedecer. El imperativo es “categórico” («Debes trabajar») y no

13
“hipotético” («Si quieres sentirte útil, tienes que trabajar»), porque este último depende de una
circunstancia (que yo quiera o no sentirme útil). El imperativo moral manda más allá de cualquier
circunstancia o situación concreta. Los imperativos categóricos ordenan acciones que son buenas en
sí mismas y no por constituir meros medios para conseguir algo. Kant los denomina como imperativos
apodícticos, es decir, imperativos que valen por sí mismos. Por todo ello afirma Kant: el imperativo
categórico, que declara una acción es objetivamente necesaria en sí misma sin referencia a finalidad
alguna, o sea, sin finalidad alguna distinta de sí misma, es válido como principio práctico
apodíctico. Justamente en la medida en que el hombre actúa por deber, su obrar es moralmente bueno.

Necesidad y universalidad , declara Kant, no se pueden derivar de la experiencia cuyo sujeto es siempre
particular y contingente, sino sólo de la mente, de las formas cognitivas innatas en ella. De ahí que la
ley moral se origina en la razón pura y es enunciada por un juicio sintético a priori – a priori porque
tiene su razón no en la experiencia sino en la mente misma; sintética porque se forma no por el análisis
de un concepto sino por una extensión del mismo.

Kant trata de probar la existencia de un imperativo categórico a priori partiendo de la idea de la voluntad
de un ser racional. La voluntad es concebida como una facultad determinandose a sí misma a la accion
de acuerdo con ciertas leyes. Ahora bien , es sólo un fin que sirve como objetivo principal para la
autodeterminación de la voluntad y sólo un fin en si mismo que sirve como principio universal para
todos los seres racionales. De donde Kant infiere en primer lugar que la voluntad de todo ser racional
al exigir respeto para la humanidad como un fin en si misma, establece una ley universal y es por
consiguiente una ley en si misma, autónoma y no sometida a legislador exterior y en segundo lugar que
la moralidad consiste en la obediencia a la ley de nuestra propia razón y que la inmoralidad, por el
contrario , en la heteronomía, es decir, en la obediencia a cualquier autoridad, aunque sea divina,
distinta de nuestra razón.

Kant da ciertas fórmulas generales del imperativo categórico, las que resumen todos los
mandatos morales:

•Fórmula de la Ley Universal:

“Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”.

•Fórmula de la Ley de la Naturaleza

“Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la
naturaleza”.

•Fórmula del Fin en sí Mismo:

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier
otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”.

•Fórmula de la Autonomía:

14
“Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal
de fines”.

Ironía, Rorty Richard: Rorty emplea el término ironista para designar a quienes reconocen la
contingencia y fragilidad de sus creencias y deseos más fundamentales. Los ironistas son personas
que entre esos deseos imposibles de fundamentar incluyen sus propias esperanzas. Ello hace del
“ironista” una persona incapaz de tomarse en serio a sí misma “porque sabe que siempre los términos
con que se describe a sí misma están sujetos a cambio, porque sabe siempre de la contingencia y
fragilidad de sus léxicos últimos y, por tanto de su yo” ( Contingencia, ironía y solidaridad, Ed.
Paidós, Barcelona, 1996, p. 92.)

Para los ironistas, señala Rorty (ibid. p. 98), nada puede servir como crítica de un léxico último salvo
otro léxico semejante; no hay respuesta a una redescripción salvo una re-re-redescripción. Nada
puede servir como crítica de una persona salvo otra persona, o como crítica de una cultura, salvo otra
cultura alternativa, pues, como se ha señalado, personas y culturas son léxicos encarnados. Por eso
nuestras dudas acerca de nuestros caracteres o de nuestra cultura sólo pueden ser resueltas o
mitigadas mediante la ampliación de nuestras relaciones y nuestras perspectivas, del alcance de
nuestra mirada. La mejor manera de hacerlo es la de leer libros o ver obras cinematográficas, por lo
cual los ironistas pasan la mayor parte de su tiempo prestando más atención a las obras literarias y
cinematográficas que a las personas reales. Los ironistas temen quedar atascados en el léxico en que
fueron educados si sólo conocen gente del vecindario, de manera que intentan trabar conocimiento
con personas desconocidas (Alcibíades, Gregor Samsa, Winston Smith), familias desconocidas (los
Karamazov, Rocco y sus hermanos) y comunidades desconocidas (los caballeros teutónicos, la
policía del pensamiento del Londres de 1984, los obreros de Metrópolis).

Modernidad: La Modernidad es una categoría que hace referencia a los procesos sociales e históricos
que tienen sus orígenes en Europa Occidental a partir de la emergencia ocasionada desde el
Renacimiento. El movimiento propone que cada ciudadano tenga sus metas según su propia voluntad.
Esta se alcanza de una manera lógica y racional, es decir, sistemáticamente dándole sentido a la vida.
Por cuestiones de manejo político y de poder se trata de imponer la lógica y la razón, negándose a la
práctica los valores tradicionales o impuestos por la autoridad.

La Modernidad es un periodo que principalmente antepone la razón sobre la religión. Se crean


instituciones estatales que buscan que el control social esté limitado por una constitución y la vez se
garantizan y protegen las libertades y derechos de todos como ciudadanos. Surgen nuevas clases
sociales que permiten la prosperidad de cierto grupo poblacional y de la marginalidad de otro. Se
industrializa la producción para aumentar la productividad y su economía; y, finalmente, es una etapa
de actualización y cambio permanente.

Moral marxista: de acuerdo con la doctrina marxista, todas las instituciones humanas, el pensamiento
y las acciones tienen una base económica. De allí que los seres humanos no necesitan una moral para
transformar el mundo, sólo se necesita transformar las condiciones materiales en que se desarrolla la

15
vida de la humanidad. Como se sabe, para Marx no es la teoría sino la práctica, el cambio de
circunstancias reales, lo que eliminará ciertas ideas de las mentes humanas y así erradicar la moral de
las personas al considerarlas ya no necesarias. La moral no será capaz de superar la alienación del
hombre, sino que será preciso la transformación de las estructuras materiales que son las realmente
culpables de la enajenación de los seres humanos. Las ideas morales o filosóficas, al contrario de lo
que creían los filósofos e intelectuales de su época, no contribuyen a superar este mundo, más bien lo
consagran y lo justifican al no darse cuenta de su procedencia. La Ley y la moral son prejuicios
burgueses derivados de intereses burgueses con la única y exclusiva intención de perpetuar las
condiciones existentes de la sociedad de clases. En este cuadro, los valores morales cumplen la función
de ser los portadores y portavoces de los intereses de la clase dominante. De esto se instituye que la
transformación moral del mundo es una mentira si no atiende fundamentalmente a la corrección de una
distribución de la riqueza radicalmente injusta.

Nihilismo: A menudo, se usa la palabra "nihilismo" aludiendo a la absoluta falta de principio moral o
político. Tal vez, el primer filósofo que utilizó el término fue William Hamilton, el cual consideró que
el nihilismo es la negación de la realidad sustancial. Hamilton consideró que Hume era un nihilista, al
negar que exista una realidad sustancial -o que en realidad hay sustancias- solo cabe sostener que se
conocen fenómenos. Desde este punto de vista, el nihilismo sería idéntico al fenomenismo -el cual
tiene, a su vez, diversas vertientes-. Este nihilismo de Hamilton sería llamado posteriormente
"nihilismo epistemológico". Se diferencia del nihilismo moral -negación de que haya principios
morales básicos-, pero está tal vez muy emparentado con el nihilismo metafísico -pura y simple
negación de "la realidad"-. El propio Hamilton aludió con frecuencia al sofista Gorgias, según el cual
no hay nada -y si hubiera algo, sería incognoscible; y si fuera cognoscible, seria inexpresable, inefable
o incomunicable-. También se ha mencionado al escéptico Pirrón a propósito del nihilismo; aquí es
importante detenerse, cuando se equipara muy a menudo nihilismo y escepticismo radical y se
considera que ambos apuestan por una especie de universal "negacionismo". El escepticismo se ha
manifestado muchas veces como duda de que haya nada permanente en el movimiento y en el cambio,
el nihilismo se ha entendido como la afirmación de que todo cambia continuamente y de que todo varía
en función del sujeto. A veces, se expresa el nihilismo en forma de una concepción del mundo, que
puede adoptar un pesimismo radical o bien conduce a un punto de vista totalmente "aniquilacionista".
Así, en este último sentido, en el Fausto de Goethe Mefistófeles considera que sería mejor que nada
surgiera ya que todo perece; en La vida es sueño, Segismundo parece seguir esa línea al decir que "el
delito mayor del hombre es haber nacido". Schopenhauer, en El mundo como Voluntad y
Representación, cita esas dos obras, así como versos de Teognis. Este filósofo consideró que toda
existencia "refleja" el impulso irracional e incesante de la Voluntad; la vida es lucha, y la vida humana
está llena de sufrimientos y oscila entre el dolor del deseo (basado en la necesidad o en la carencia) y
el dolor no menos intenso del aburrimiento o la inanidad (experimentado cuando todas las necesidades
han sido satisfechas). Para Schopenhauer, la Voluntad es la causa, no solo del egoísmo y la agresión,
sino la raíz de todo mal en general. Ante la objeción de que la negación del sufrimiento implica la
eliminación de la voluntad y, por lo tanto, "el deslizamiento hacia una nada vacía", el filósofo afirmará
que, para quienes se hallen llenos de Voluntad, lo que permanece después de la completa abolición de
la Voluntad -o después de su negación- es una nada. Para Nietzsche, la noción de nihilismo es muy

16
importante. Por un lado, considera al nihilismo como una amenaza, como el término final de un
desarrollo histórico sin salida. En otro sentido, considera como nihilista la interpretación de la
existencia humana y del mundo proporcionada por la Europa cristiana y por la Europa moderna; esa
interpretación niega los valores superiores de la fuerza, la espontaneidad, el concepto de superhombre,
a beneficio de los supuestos valores de la equidad, la humildad, etc. Se puede hablar así de un nihilismo
"malo", que será aquel pasivo perteneciente a la tradición moral y metafísica. Pero se puede hablar
también de un nihilismo "bueno" -o "auténtico"-, que sería activo y consistiría en destruir el sistema de
valores de aquel nihilismo pasivo tradicional. El nihilismo de los "espíritus fuertes" pone punto final
al nihilismo débil del pesimismo, del historicismo, del afán de comprenderlo todo, de la idea de que
todo es vano. Este tema nietzscheano del nihilismo ha sido recogido por Heidegger al tratar de la
destrucción de la metafísica occidental e, incluso, de toda metafísica como un "acontecimiento".
Capítulo aparte merece la historia del nihilimo ruso, con fuertes raíces sociales. Recordaremos que
Bakunin llegá a afirmar que sólo la destrucción es creadora (y consideramos aquí, por supuesto, que el
gigante ruso se refería a la instituciones, y tenía en mente la injusticia social, por supuesto). Más radical
aún será Dimitri Ivanovitch Pisarév, el cual escribió que "todo lo que puede romperse, hay que
romperlo; lo que aguante el golpe, será bueno; lo que estalle, será bueno para la basura. En todo caso,
hay que dar golpes a derecha y a izquierda: de ello no puede resultar nada malo". Hay que entender
este violento párrafo como que sólo lo que resiste la crítica implacable es digno de ser conservado.

Posmodernidad. El término posmodernidad o postmodernidad fue utilizado para designar


generalmente a un amplio número de movimientos artísticos, culturales, literarios y filosóficos del
siglo XX, que se extienden hasta hoy, definidos en diverso grado y manera por su oposición o
superación de las tendencias de la Edad Moderna.

En sociología en cambio, los términos posmoderno y posmodernización se refieren al proceso cultural


observado en muchos países durante el siglo XXI, identificado a principios de los años setenta. Esta
otra acepción de la palabra se explica bajo el término posmaterialismo.

Las diferentes corrientes del movimiento posmoderno aparecieron durante la segunda mitad del
siglo XX. Aunque se aplica a corrientes muy diversas, todas ellas comparten la idea de que el proyecto
moderno fracasó en su intento de renovación radical de las formas tradicionales del arte y la cultura, el
pensamiento y la vida social.

Uno de los mayores problemas a la hora de tratar este tema resulta justamente en llegar a un concepto
o definición precisa de lo que es la posmodernidad. La dificultad en esta tarea resulta de diversos
factores, como la actualidad -y por tanto la escasez e imprecisión de los datos a analizar- y la falta de
un marco teórico válido para poder hacerlo extensivo a todos los hechos que se van dando a lo largo
de este complejo proceso que se llama posmodernismo.

Pero el principal obstáculo proviene justamente del mismo proceso que se quiere definir, porque es eso
precisamente lo que falta en esta era: un sistema, una totalidad, un orden, una unidad, en definitiva,
coherencia.

17
Primum non nocere: La traducción de la alocución latina Primum non nocere, atribuida a Hipócrates,
acepta varias formas, aunque se reconocen diferencias sutiles entre ellas:

"Primero no hacer daño"


"Sobre todo no hacer daño"
"Ante todo no hacer daño"
"Primero que nada no dañar"
"Antes que nada no dañar"

Se refiere, entonces, al deber de los médicos de no causar daño, deber que se ubica como prioridad en
la jerarquización de obligaciones éticas, según se muestra, por ejemplo, en el libro de William
Frankena1, expresadas en orden de mayor a menor compromiso:

1. La obligación de no producir daño o mal.


2. La obligación de prevenir el daño o el mal
3. La obligación de remover o retirar lo que esté haciendo un daño o un mal.
4. La obligación de promover lo que hace bien.

Se da por sentado que ningún médico tiene la intención de dañar. Más aún, el médico ha sido
considerado “la segunda víctima” en los daños iatrogénicos, no sólo por el riesgo que implica
exponerse a demandas y reclamaciones, sino porque tiene que enfrentar las culpas y remordimientos
que un profesional responsable siente cuando percibe que perjudicó a su enfermo2.

Pero aún el daño involuntario puede significar una responsabilidad ética en tanto que, por ejemplo,
participen la falta de previsión y los errores evitables, no se diga la negligencia, ignorancia o fraude.
Colocar este compromiso “sobre todo”, “antes que nada” y “primero que nada” hace énfasis en lo
paradójico que resulta que una profesión que tiene el propósito de hacer el bien pueda resultar dañina,
y que a veces resultaría preferible ni siquiera intentar hacer el bien si al hacerlo se pudiera generar
daño.

Romanticismo: El movimiento romántico hunde sus raíces en el siglo XVIII, al igual que el
Neoclasicismo del que se considera la antítesis; pero no existe una clara separación entre ambas
corrientes que podían coexistir. Las dos se inspiran en las ideas de la Ilustración.

El término «romántico» se aplicó por primera vez en la Inglaterra del siglo XVIII a los jardines ingleses
“naturales”.

El Romanticismo es más una ideología y actitud de pensamiento y vida que un estilo. Al racionalismo
del Neoclasicismo y a su idea de belleza armoniosa, el romántico opone su gusto por lo sublime, que
provoca dolor e inspira terror, y por lo pintoresco y lo subjetivo. Es el triunfo del yo. La imaginación,
que permite conectar con lo ininteligible y misterioso del cosmos, y el sentimiento ocupan el lugar de
la razón. El romántico afirma su individualidad frente al mundo, su genio y su deseo de libertad.

18
Frente al amor por la Antigüedad del clásico, el artista romántico muestra interés por la Edad Media y
el exotismo de Oriente. Siente pasión por la Historia, atraído por la diversidad de costumbres de los
pueblos. A menudo el Romanticismo va unido al Nacionalismo. Frente al laicismo, algunos románticos
proponen la vuelta a la Religión.

La burguesía, que se ha convertido en la clase dominante gracias a las revoluciones políticas, constituye
la clientela mayoritaria en el siglo XIX. En general tiene un gusto reaccionario y académico en materia
artística, a la vez que trata de imitar el lujo y los gustos de la aristocracia reduciendo los gastos. Los
artistas románticos, interesados por las novedades, critican esta actitud y buscan escandalizar al
burgués llevando una vida bohemia, siendo originales en modales, traje y conducta. Se inicia así una
disociación entre el arte oficial de las Academias y Salones y el arte independiente de los artistas. El
romántico, al luchar contra las reglas, se convierte en un revolucionario.

Utilitarismo: El utilitarismo es una teoría y doctrina ética que establece que la mejor acción es la que
maximiza la utilidad. Esta "utilidad" se define de varias maneras, generalmente en términos del
bienestar de los seres humanos. Jeremy Bentham, el fundador del utilitarismo, describió la utilidad
como la suma de todo placer que resulta de una acción, menos el sufrimiento de cualquier persona
involucrada en la acción. El utilitarismo es una versión del consecuencialismo, que establece que las
consecuencias de cualquier acción son el único estándar del bien y del mal. A diferencia de otras
formas de consecuencialismo, como el egoísmo, el utilitarismo considera todos los intereses por
igual.

En la economía neoclásica, se llama utilidad a la satisfacción de preferencias mientras que en


filosofía moral, es sinónimo de felicidad, sea cual sea el modo en el que esta se entienda. El
utilitarismo es a veces resumido como "el máximo bienestar para el máximo número". De este modo
el utilitarismo recomienda actuar de modo que se produzca la mayor suma de felicidad posible en
conjunto en el mundo.

Se considera que existen tres tipos de teoría del valor:

 La que considera que lo valioso son los estados mentales (placer, felicidad...).
 La que considera que lo valioso es la satisfacción de las preferencias.
 La que considera que lo valioso es un elemento de una lista objetiva.

19