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16 de marzo de 2012 a las 7:57

Susana Vior: La educación responde a un proyecto de sociedad presente y futura


Publicado el 16 de febrero de 2009
entrevista: Mariane PécoraPeriódico Vas
Es una de las más destacadas especialistas en educación del país. Profesora de Política Educacional en el
Departamento de Educación y directora de la maestría en Política y Gestión de la Educación en la Universidad
Nacional de Luján. Participó en congresos nacionales e internacionales en Chile, Brasil, Uruguay, México,
Colombia y España. Es autora de numerosos trabajos, entre los que cabe mencionar: “Conservadurismo y
formación de maestros”, “La Universidad Argentina en los `90. Políticas, procesos y propuestas” “La Nación, el
Estado y la Educación: entre el liberalismo social y el liberalismo conservador”. Ha escrito artículos para Le
Monde Diplomatique analizando las políticas educacionales en Argentina y América Latina. En esta entrevista,
Susana Vior analiza el rol de la educación en nuestro país a partir de la aplicación de las políticas neoliberales.
Periódico Vas : Una pregunta que puede parecer pueril, ¿para qué se educa?
Susana Vior: Justamente me parece que por ahí hay que comenzar. En principio todos tenemos una visión un
tanto ingenua acerca de la educación. Pensamos que la educación en sí, es buena, y que no hay diferencias ni en
los contenidos a enseñar, ni en las formas de enseñar, ni en las formas de transmitir ciertos valores. Pero, si uno
estudia la historia de la educación y la historia de las políticas educativas, queda muy claro que en cada momento
histórico los sectores que detentan el poder tienen un proyecto político, social, económico y por lo tanto un
proyecto educativo. Este proyecto educativo implica pensar a la educación como el proyecto para la formación
de las jóvenes generaciones, sea para reproducir el orden social vigente o para transformar ese orden social. Eso
no quiere decir que todos y cada uno de los que trabajamos en la educación tengamos en mente llevar adelante un
proceso educativo que reproduzca ese orden social, y mucho menos que aceptemos que haya una educación
determinada para los pobres, otra para las capas medias, y otra para las capas altas. Pero, en algún lugar del poder
eso está presente. Es así.
P.Vas: ¿Cómo se planifica una educación en países periféricos como el nuestro dentro del contexto de una
economía globalizada?
S. Vior: Periférico da la idea de que estamos en un lugar hacia fuera o en los alrededores, cuando en realidad no
es así. Creo que como dice el sociólogo Guillermo O’Donnell debemos recuperar la categoría de países
dependientes, y el nuestro es un país dependiente porque formamos parte de una economía global en la que los
países centrales nos han asignado un papel. En ese contexto, la educación responde a un proyecto de sociedad
presente y futura. En nuestro país, las capas medias de la sociedad perdieron no solo capacidad adquisitiva,
también capacidad de reacción ante el proceso de transformación económica y de flexibilización laboral. Este
fenómeno hizo que, en la lucha por la supervivencia, no se prestara atención a lo que estaba pasando con la
educación. Que se fue deteriorando en infraestructura, en equipamiento, en condiciones laborales para los
docentes y, en consecuencia, en las condiciones que ofrece para el aprendizaje. La escuela pública se convirtió
en un espacio para pobres. En este momento, en la Argentina existen escuelas privadas de un elitismo absoluto,
bien articuladas con escuelas elitistas de países centrales. Hay algunas instituciones públicas que se conservan
como espacios para la formación de hijos de profesionales que no quieren mandar a sus hijos a escuelas privadas.
Pero, mayoritariamente, la escuela pública atiende a pobres.
P.Vas: ¿Cómo repercute este fenómeno a nivel social?
S. Vior: Como institución, la escuela perdió su capacidad integradora de grupos sociales diferentes.
Históricamente, la escuela atemperaba las diferencias sociales porque a la misma escuela iba el hijo del médico,
del obrero o del comerciante. Y eso generaba no sólo vínculos personales muy fuertes; también permitía la
experiencia de descubrir qué tenemos en común como seres humanos los integrantes de una sociedad. La escuela
ha perdido todo eso. Creo que los sectores que detentan el poder han perdido de vista el papel fundamental de la
escuela como instrumento de integración social. Y sin integración social no hay gobernabilidad posible. Porque
quieras o no, más temprano o más tarde, los conflictos sociales surgen. Y surgen con las características de
enfrentamientos muy tremendos.
P.Vas: Se dice que la nueva ley de educación fue consensuada con los sectores gremiales ¿cómo se explica que
haya tantos conflictos docentes?
S. Vior: Es que no fue consensuada. Las bases docentes se sintieron burladas por este proceso de consulta que,
considero, fue irrespetuoso. Frente a esto, vale la pena hacer un comentario sobre el proceso de consulta que se
llevó a cabo en Uruguay, también sobre la ley de educación. Allí, autoridades de educación y grupos de trabajo
recorrieron el país e hicieron entre 700 y 800 asambleas con docentes, padres y estudiantes. Les tomó todo un
año. Volviendo a nuestro país. Entre la ley federal de educación del menemismo y la sancionada el año pasado
no existen mayores modificaciones. Salvo la obligatoriedad del ciclo secundario, pero no está planteada ninguna
medida para concretarla efectivamente.
P.Vas: ¿Por qué?
S. Vior: El censo de 2001, mostraba que solamente en la ciudad de Buenos Aires había 17.000 adolescentes fuera
del sistema educativo. ¿Sabés el número de escuelas y divisiones que tenés que crear para que esos chicos entren
al sistema? Se invirtió muchísimo dinero en escuelas de reinserción para el programa “Volver a la Escuela”, que
resultó un fracaso total. No se tomó ninguna medida para evitar las nuevas deserciones que se están generando en
las escuelas secundarias publicas que están colapsando.
P. Vas: ¿Cómo es la educación en la ciudad de Buenos Aires?
S. Vior: En la ciudad de Buenos Aires la mitad de la matrícula escolar está en el sistema privado. Y la otra mitad
ha colapsado. Esto significa que hay cientos de chicos en el sur de la ciudad, que no tienen vacantes en la escuela
pública. Hace años que el Estado no planifica ni crea las escuelas necesarias. Han construido alguna escuela para
reemplazar edificios del siglo XIX, pero no ha crecido el número de establecimientos públicos y la demanda es
cada día más grande, sobre todo en la zona más pobre de la ciudad. Esta es una cuestión que el próximo gobierno
de la ciudad tendrá que encarar con alguna seriedad. Y en relación con esto: la sociedad tiene que dejar de comprar
espejitos de colores. En educación no pueden verse resultados inmediatos, son procesos muy largos que hay que
sostener permanentemente. Tampoco se arreglan las cosas sólo con “proyectos innovadores”, sino reforzando las
cuestiones estructurales como son el equipamiento y la infraestructura de las escuelas, la formación de los
docentes, el mejoramiento de las condiciones laborales, de las cuales el sueldo es una pero no la única. Es terrible
pensar que en pleno siglo XXI, no está garantizado lo elemental.