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Dentro de los primeros trabajos en los que Marx comienza a manifestar las ideas que

caracterizan a su pensamiento, nos encontramos con ‘sobre la cuestión judía’. Texto en el


cual Marx realiza una caracterización de la emancipación humana en términos de la vida
material y condiciones materiales propias de cada ser humano. Distanciándose de la idea de
emancipación característica de los estados liberales o laicos, llamada por él como
emancipación política. En la tarea de ofrecer una caracterización de lo que debe ser una
emancipación realmente humana y las limitaciones de la emancipación ofrecida por los
estados liberales, Marx realiza un esbozo de lo que es el estado liberal a sus ojos, su forma
de existencia, su génesis, su existencia en el tiempo y la relación con las personas de las que
se dice soberano.
Aquello que puede decirse como el modo de emancipar característico de un estado liberal
está plasmada por la propuesta de Bruno Bauer –miembro y compañero de Marx de los
jóvenes hegelianos-, según la cual, para lograr la emancipación de los judíos y de los hombres
en general, hay que abolir la religión. Esta solución se basa en la idea de que “el Estado
cristiano sólo puede portarse con el judío como lo que es, Estado cristiano: es decir según el
modo de los privilegios. Permitirá la separación de los judíos de otros súbditos” (Marx 14),
mientras que el judío tratará a los otros como otros, no como ciudadanos bajo un mismo
estado, sino como cristianos. Esto significa que, con la existencia de diferentes religiones
dentro de una sociedad, los seres humanos tendrán un trato con los otros como si se tratara
de extraños, no como seres humanos como tal. De tal manera, el estado, compuesto por seres
humanos representantes de un grupo mayoritario, ya sea por la democracia o por la
monarquía, tratará a los grupos minoritarios con diferencia. Por lo tanto, para lograr que
estado y los mismos seres humanos tengan un trato en términos de iguales, de seres humanos
libres, para Bauer hay que abolir la religión.
Sin embargo, Marx hace notar que el objetivo propuesto por Bauer es característico de
aquello que sucede en estados laicos y liberales como el de estados unidos. En este estado, la
religión ha sido abolida de la política, es decir, el estado es un estado ateo, que no profesa
ninguna religión y por lo tanto se dirige hacia todos los seres humanos miembros de dicha
sociedad en los mismos términos, como seres humanos iguales y libres. El estado se ha hecho
un garante de la igualdad y libertad que Bauer tenía como objetivo lograr, por ello, en
términos prácticos, los estados unidos logran lo que propone Bauer, por los mismos métodos
que propone este1. Aun así, “Norteamérica es por excelencia el país de la religiosidad” (CJ
18), en ese sentido, la propuesta de Bauer es parcialmente falsa, puesto que no es necesaria
una abolición total de la religión para lograr sus objetivos. Pero, además, esto muestra que,
ante el escenario de un estado garante de libertad e igualdad, la religión sigue existiendo.
Hay que tomar como un hecho que Marx era un ateo, para él, el hecho de que la religión siga
existiendo significa “la existencia de una carencia” (CJ 19). Por ello, para Marx, la propuesta

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Aquello que comparte la postura de Bauer con lo que sucede en el estado estadounidense es la
característica de que hay una abolición de la religión por lo menos en el ámbito restringido de la vida
pública. Pero, además, también la idea de que el estado es garante de la libertad y la igualdad, y que todo
aquello que evité que el estado actué, debe ser eliminado.
de Bauer “incurre en contradicciones … Establece condiciones que no tienen que ver con la
esencia de la emancipación política. Plantea preguntas ajenas a su tarea y soluciona tareas
que dejan intacta su pregunta” (Marx 17). Puesto que la emancipación política se puede dar
y se da sin la abolición total de la religión, solo se necesita la abolición de la religión en la
vida pública, a su vez, esto muestra que ante la emancipación política no hay una
emancipación humana, puesto que sigue existiendo la religión como un indicador de que
sigue existiendo alguna forma de una carencia. Por ello, Bauer deja intacto el problema de la
emancipación humana.
El enfrentamiento con la postura de Bauer también es un enfrentamiento por la forma de
existencia de los yugos humanos. Este litigio está presente de una manera mucho más extensa
en ‘la ideología alemana’, en donde Marx, rechaza que Feuerbach sostenga que los yugos
humanos sean formas de conciencia, por ejemplo, la idea de Dios, que es para Feuerbach una
abstracción humana que impide que estos sean realmente libres. En este caso, Bauer presenta
una idea similar a la de Feuerbach; la religión, en tanto la institución, que existe gracias a
unas ideas de Dios y de lo divino, es aquello que impide la emancipación humana. De esta
manera, el yugo humano, que impide la verdadera libertad humana, es una forma de
conciencia y la solución es la eliminación de esta conciencia, de esta idea o ideas. Sin
embargo, para Marx, los yugos humanos no parten de la conciencia, si partiéramos de esta
tendríamos que, ante la abolición de estas formas de conciencia, habría emancipación y como
se ha mostrado, parece ser que la abolición política de la religión no significa emancipación
en absoluto. Por esto, cualquier carencia o yugo del ser humano no puede ser buscado en
alguna forma de conciencia, descartando a la religión, la existencia de cualquier carencia “no
puede ser buscada sino en el ser mismo del estado” (CJ 19).
Con la idea de ‘ser’ del estado, Marx hace referencia es a la vida en colectividad, a la vida
que se desarrolla en relación con otros seres humanos. Esto en textos posteriores a ‘sobre la
cuestión judía’ Marx basa su análisis en las prácticas, las cuales son esencialmente sociales2.
En ese sentido, las carencias o yugos humanos deben ser explicados partiendo de las
actividades humanas, de su vida en sociedad y no de las formas de conciencia que presentan
en su vida. Tal inversión es constatada en ‘sobre la cuestión judía’ de la siguiente manera:
“La religión ya no es para nosotros el fundamento sino sólo el fenómeno de los
límites que presenta el mundo. Por tanto, las trabas religiosas de los libres
ciudadanos las explicamos partiendo de sus trabas profanas. No afirmamos que
tienen que superar su limitación religiosa para superar sus barreras mundanas.
Afirmamos que superarán sus barreras religiosas tan pronto como destruyan sus
barreras profanas. No transformamos las cuestiones profanas en teológicas.
Transformamos las cuestiones teológicas en profanas. La historia ya ha sido
reducida bastante tiempo a superstición, nosotros convertimos la superstición en
historia. La cuestión de la relación entre la emancipación y la religión se

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Toda actividad, todo trabajo, toda praxis es para Marx social puesto que parte de un material social, ya sea
una materia trabajada por otro o el lenguaje en virtud del que se piensa, y también, porque la actividad se
realiza pensando en otros y con conciencia de que se es un ser social.
convierte, para nosotros, en la cuestión de la relación entre la emancipación
política y la emancipación humana” (CJ 19)
Esta inversión con respecto a la propuesta de Bauer, consiste de esta manera en el giro de
pasar de explicar la vida a partir de la conciencia, a explicar la conciencia a partir de la
práctica o praxis.
Con este giro, la existencia de la religión como existente en la conciencia humana ya no
tendría la función de explicar la manera en la que se desarrolla la vida, sino que Marx
pretende explicar la existencia de la religión y en general de toda conciencia a partir de la
práctica humana. Dicho punto de vista permite no solo explicar la existencia de yugos en la
conciencia, como la religión, sino que establece que también hay yugos en la vida material,
en la vida real y práctica humana, por lo tanto, partir de las prácticas humanas permite dar
cuenta de todas las carencias humanas, tanto material como en la conciencia. Pero también,
se parte de la idea de que hay una relación entre las carencias materiales y las carencias de la
conciencia, de tal manera que la disolución de toda carencia de la conciencia para por la
disolución de las cadenas en la vida práctica3. De esta manera, la explicación del paso de un
estado religioso a un estado laico se da en términos de cambios que se dan en prácticas
humanas.
Como el estado, en tanto es la vida en comunidad, no puede ser conformada por otra cosa
que por seres humanos, la actitud del estado para con la religión “es solo la de los hombres
que componen el estado ante la religión” (CJ 20). De tal manera, cuando el estado se hace
ateo y los seres humanos se liberan por medio del estado de la religión, solo se liberan de
esta en su vida pública, puesto que la vida del estado es la vida pública. Según Marx, la
emancipación política por la que los seres humanos se liberan de la religión por medio del
estado se “hace dando un rodeo, a través de un medio” (ibid.). Esto quiere decir que el medio
por el que ocurre la emancipación política es el estado, lo cual tiene como consecuencia que
cada ser humano se reconocerá dando un rodeo a través de un medio, es decir que el ser
humano solo se reconoce como un ser humano en el estado, puesto que en este “transfiere
toda su terrenalidad, toda su libertad de espíritu humano” (CJ 21).
Marx resalta que la emancipación política sucede cuando “el Estado en cuanto tal anula, por
ejemplo, la propiedad privada, el hombre declara la propiedad privada como políticamente
abolida, al eliminar el carácter censitario del electorado y de la elegibilidad, como lo han
hecho muchos Estados de Norteamérica” (Marx 21). Es decir que se anula cualquier
diferencia entre seres humanos gracias a la eliminación de un elemento que influye
directamente en sus prácticas sobre el mundo, es decir, cuando se elimina la propiedad
privada. Este punto es solo mencionado en ‘sobre la cuestión judía’ de una manera muy
superficial, pero es un delante de las críticas a la propiedad privada desarrolladas por Marx
en toda su obra. En este caso, el hecho de que en la vida política el valor de un voto sea lo

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Tal como dice Marx: “La contradicción del Estado con una religión precisa, por ejemplo, el judaísmo,
la humanizamos viendo en ella la contradicción del Estado con elementos mundanos determinados y, en la
contradicción del Estado con la religión en general, la contradicción del Estado con sus presupuestos generales.”
(Marx 19)
mismo, así provenga de un pobre o un rico, demuestra que la eliminación de la propiedad
privada permite una igualación de los seres humanos, una eliminación de sus diferencias.
Como dice él: “el Estado suprime a su modo las diferencias de nacimiento, estamento,
cultura, ocupación, declarándolas apolíticas, proclamando por igual a cada miembro del
pueblo partícipe de la soberanía popular, sin atender a esas diferencias, tratando todos los
elementos de la vida real del pueblo desde el punto de vista del Estado” (ibid.).
Sin embargo, aunque el estado suprima la propiedad privada dentro de la actividad propia de
este, es decir, la vida en comunidad, el estado presupone la propiedad privada4. Todo estado
liberal supone entre sus códigos el derecho a propiedad privada, de esta manera, presupone
la existencia de propiedad privada, pero en los límites de la vida del individuo. Con la
presuposición de la propiedad privada, se crean dos esferas de vida, una esfera pública que
es la vida del estado, en donde se elimina toda propiedad privada, mientras existen una esfera
privada, caracterizada por la vida de la burguesía, del trabajo asalariado, en general, la vida
del capitalismo. Dicho por Marx:
“el hombre lleva una doble vida no sólo en sus pensamientos, en la conciencia,
sino en la realidad, en la vida: una vida celestial y una vida terrenal, la vida en la
comunidad política, en la que vale como ser comunitario, y la vida en la sociedad
burguesa, en la que actúa como hombre privado, considera a los otros hombres
como medios, él mismo se degrada a medio y se convierte en juguete de poderes
ajenos” (CJ 22).
Hay que decir que esta vida privada también es la vida del trabajo, en sus vidas individuales,
características del capitalismo, los seres humanos trabajan en una maquina sin interacción
directa con otro ser humano. A su vez, esta vida individual es llevada incluso en relación con
otros, puesto que, para Marx, en el capitalismo las relaciones están marcadas por el egoísmo,
en tanto que los seres humanos son poseedores de propiedad, buscan en los otros seres
humanos los medios necesarios para sus necesidades y deseos, y de tal manera no se
relacionan en tanto humanos, sino como poseedores de mercancías. No hay una verdadera
comunidad sino una búsqueda individual de las necesidades y deseos. Dentro de este mundo
individual acosado por las relaciones humanas y explotación características del capitalismo,
Marx encuentra que la religión puede existir en la forma de una religión individual.
De esta manera, la religión es un síntoma de una forma de vida en la que los seres humanos
son obligados a buscar una salida frente a la vida de penurias que viven. Para Marx, es
evidente que, en el capitalismo, pese a los avances y a la libertad ganada, estos son solo
‘pañitos’ de agua tibia frente a un sistema de explotación que esconde los problemas al
hacerlos un asunto del individuo. Sin embargo, aunque la regla general del capitalismo sea
la existencia de individuos escindidos de sus congéneres, no necesariamente todos los seres
humanos –aunque la mayoría- viven en condiciones deplorables. Las condiciones para los
miembros de las diferentes clases sociales serán diferentes, aquella propiedad que tengan

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Al presuponer la propiedad privada, el estado mantiene la religiosidad en una forma privada, tal como indica
la cita que toma Marx de Hegel: “Solo de este modo, a través de las iglesias particulares, ha adquirido el
Estado la generalidad del pensamiento, el principio de su forma, y la hace real.” (Marx 21)
ciertos seres humanos será desbordante, mientras otros a duras penas tienen aquello necesario
para sobrevivir. De esta manera, las diferencias son explicadas por Marx en términos de la
propiedad privada, pero también, a partir de esta, de la cantidad que tengan, los seres
humanos vivirán de manera diferente las relaciones características del capitalismo, por ello,
las religiones también serán diferentes.
Podría pensarse que los miembros de la clase burguesa, que no tienen necesidades
insatisfechas, no tendrán una carencia y por lo tanto parece que la explicación de la existencia
de la religión dada por Marx no es correcta. Sin embargo, dadas las relaciones típicas del
capitalismo, el burgués seguirá siendo un hombre individual que considera a los otros como
medios pero que también será considerado como medio para otros hombres, por lo tanto, es
juguete de poderes ajenos, porque la relación que sostiene con otros seres humanos no es una
relación humana, sino una relación abstracta, por lo tanto, incluso él será objeto de los
intereses de otros y no será libre. En ese sentido, no solo la carencia de necesidades obliga a
los seres humanos a refugiarse en la religión, sino que las relaciones sociales de una época
histórica conllevan también a crear diferentes formas de creencia religiosa dependiendo de
si gracias a estas el ser humano no es libre.
A partir de esto, puede notarse que Marx coloca a la base de todo esto a las condiciones
materiales o alguna forma de propiedad que caracteriza un periodo histórico. Con la
existencia de la propiedad privada se elimina de la vida pública cualquier forma de propiedad
para individualizarla y con ello dar paso a la existencia de la vida de la burguesía, una vida
caracterizada por la existencia de sujetos en relaciones egoístas. De tal manera, a partir de
una forma de propiedad también se dan ciertos fenómenos religiosos propios de dichas
condiciones. Dichos fenómenos religiosos, puestos de esta manera, no son más que “la forma
ideal de un estadio del desarrollo humano plasmado en ella” (Marx 27), puesto que las
condiciones materiales toman formas históricas, son transformadas por los hombres durante
la historia y son heredadas a estos, los cuales continúan el proceso de transformarlas. Con
ello, las formas que adquiere la religión dependen de las formas que adquieren las
condiciones materiales, como la forma ideal o forma de conciencia de las condiciones
materiales.
Por ello Marx dice: “Una organización de la sociedad que suprimiese los presupuestos del
tráfico sórdido habría acabado con el judaísmo” (Marx 40), porque la religión existe es por
las condiciones -históricas- en las que se desarrolla la vida, por lo tanto, si estas cambiasen,
cambiaría la conciencia humana. El trafico sórdido que menciona Marx es el comercio, por
lo tanto, la religión judía existe para él como la conciencia de una clase dedicada al comercio,
y si se eliminase dicha necesidad del comercio se eliminaría la existencia de la religión judía.
En ese sentido Marx no es un antisemita, sino que él encuentra una relación entre el sistema
económico y la conciencia humana. La propuesta de acabar con el judaísmo va en la línea de
acabar con el sistema económico que mantiene a dicha religión y así liberar al mismo judío
y a la humanidad en general de la explotación capitalista.
Esta forma de pensar la religión tiene importantes consecuencias para el estado, puesto que
muestra cómo existen forma de conciencia o ideas que apoyan ideológicamente cierta visión
del mundo, para Marx, en el caso del judaísmo: “El dinero es el celoso Dios de Israel, que no
tolera otro dios a su lado… Lo que la religión judía encerraba en abstracto –el desprecio de
la teoría, del arte, de la historia, del hombre como fin de sí mismo–, todo esto es el punto de
vista real, consciente, la virtud del hombre de dinero” (Marx 43-44). Puesto en estos
términos, el judaísmo hace parte de la superestructura ideológica que defiende el orden
capitalista. Esta religión se configura según la estructura social pero también defiende
teóricamente a esta. El judío aboga por el dinero porque el judaísmo nace para Marx de la
vida del mercader, de tal manera en su conciencia defenderá el orden de cosas, defenderá el
capitalismo.
Sin embargo, no solo la religión se crea a partir de las condiciones materiales, sino también
las ideas sobre las que se ordena el estado. Esto es señalado por Marx al hacer notar que los
derechos del hombre y del ciudadano no son más que derechos para el hombre individual
capitalista y la propiedad privada, puesto que uno de los primeros derechos y de los más
importante es el derecho a la libertad entendida como: “el poder que tiene el hombre de hacer
todo lo que no perjudique a los derechos de otro” (CJ 31). Esta manera de entender la libertad
es para Marx una muestra de que “se trata de la libertad del hombre en cuanto mónada aislada
y replegada en sí misma” (ibid.), es decir, de la libertad del hombre individual característico
del capitalismo.
A su vez, los derechos humanos no promulgan la abolición de la religión, sino que la permiten
abiertamente en lo privado, “El privilegio de la fe es un derecho humano general” (CJ 30).
Lo que, junto con la promulgación de la igualdad propia de estos derechos humanos, llevan
a Marx a aceptar que en los derechos humanos está constatado el hecho de que la vida de los
seres humanos está dividida en una vida privada propia de la vida burguesa y una vida en
comunidad, en donde se es igual. Esto queda reforzado al verse que en dichos derechos se
separa a los derechos del hombre y los derechos del ciudadano, de tal manera que estos
derechos son solo ideas que parten de la conciencia de las condiciones materiales y relaciones
sociales características de este momento histórico.
Pero más diciente es el derecho a la propiedad, este es citado por Marx de la siguiente manera:
“El derecho de propiedad es el que corresponde a todo ciudadano de disfrutar y disponer a
su arbitrio de sus bienes, de sus ingresos, del fruto de su trabajo y de su industria.” (Marx
32). Tal como lo interpreta él, dicho derecho es “el derecho a disfrutar y disponer de los
propios bienes a su antojo, prescindiendo de los otros hombres, independientemente de la
sociedad; es el derecho del egoísmo” (ibid.). Junto con la libertad entendida como lo muestra
Marx y con esta forma de “formalizar” la propiedad privada, Marx concluye que estos
derechos solo normativizan la sociedad burguesa. Es decir, normalizan la posibilidad de ser
egoístas y disponer de los bienes como se quiera. Los otros derechos como la igualdad y la
seguridad giran alrededor de la misma idea, la de la defensa de la vida burguesa. La igualdad
es para Marx una igualdad de libertad en los términos mencionados y la seguridad es “el
supremo concepto social de la sociedad burguesa, el concepto del orden público: la razón de
existir de toda la sociedad es garantizar a cada uno de sus miembros la conservación de su
persona, de sus derechos y de su propiedad” (Marx 33). La seguridad se presenta acá como
la seguridad del egoísmo.
Estos derechos se obligan a cumplir y se dice que la organización política existe para
garantizarlos, de tal manera que: “el ciudadano es declarado servidor del hombre egoísta, el
ámbito en que el hombre se comporta como comunidad queda degradado por debajo del
ámbito en que se comporta como ser parcial y, por último, lo que vale como hombre propio
y verdadero no es el hombre como ciudadano sino el hombre como burgués” (Marx 34).
Dicha preservación del orden burgués está también presente en la libertad de prensa 5, el
estado burgués garantiza la libertad de prensa como consecuencia de la libertad individual,
sin embargo, “la libertad de prensa no debe ser permitida, cuando compromete la libertad
pública” (ibid.). Lo que quiere decir que la libertad deja de ser un derecho humano cuando
entra en confrontación con los ideales burgueses.

De esta manera la emancipación política se vuelve un medio de la finalidad que es la


conservación de los derechos humanos, que no es otra cosa que la conservación del orden
burgués. En lugar de los derechos estar para permitir la praxis revolucionaria, la actividad
política, al contrario, esta está es para preservar el orden burgués. Dicho orden es hecho pasar
por un orden natural, por ello “Les droits de l’homme se presentan como droits naturels”
(Marx 36). De esta manera se naturaleza la vida de la burguesía. Junto con esto, también
existe la religión con sus ideales morales manteniendo los ideales de la vida burguesa,
mientras que el estado se erige con los ideales los derechos del hombre y del ciudadano. De
esta forma, la vida burguesa viene acompañada de una institucionalización de sus prácticas,
tanto la religión como el estado en tanto cimentados por la conciencia que es producto de un
momento histórico determinado, justificarán como natural aquello que sostiene a la práctica
establecida. Que, en este caso, es la vida de la burguesía, de la explotación del hombre por el
hombre y la acumulación del capital.

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Hay que recordar que Marx fue periodista, por lo que este es un caso que le toca a él como persona.