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LAS PERIPECIAS DE UN COSTAL

Adaptación

Personajes
Niña Abuela
Diablo Ángel
Pescador Virgen
Pescadora San José
Otro pescador (él) Rey
Otra pescadora (ella) Burro

ESCENA 1
La playa. Amarrado a un poste, un burro triste y despeluchado. Se ve inquieto. Entra la niña corriendo y
llorando al centro del escenario, gritando:
NIÑA: ¡Señorita Laura, señorita Laura! (mira al público, buscando) ¿Alguna de ustedes es la señorita Laura? ¡Porque
tengo un caso que quiero presentarles! ¡Es una injusticia! Mi madre se pone enfurece y nomás busca pretextos para
desquitarse con alguien, ¡y yo siempre estoy a la mano! Ni modo que le pegue a mi papá o a mi abuelita. ¡Ojalá que se
machuque las manos en el metate, que se la coman los cangrejos, que se le vaya el Wi-Fi! Por mí que se la lleve un
diablo prieto al hoyo más caliente del infierno...
(El diablo se asoma al escenario por detrás, mira a todos lados y sonríe viendo a la niña)
NIÑA: (llorando) ¡No es cierto, no quiero que se muera mi mamacita! (el diablo desaparece desilusionado, pero al salir
hace ruido y la niña voltea a ver al burro, deja de llorar). ¿Qué tienes, burrito? Hoy estás muy alebrestado. ¡Ay, esos
peregrinos que llegaron hace rato a casa! Mis papás no quisieron recibirlos. Mi abuela sí quería, pero nadie le hace
caso. Mis padres piensan que es un estorbo. Yo creo que ella es buena, a veces cuenta historias muy chulas.
(dirigiéndose de nuevo al público) La otra vez me contó que un día la Virgen se estaba peinando y oyó una voz que
salía del mar que le decía que sería madre de Dios. ¡Imagínense! Y que cuando naciera el Diablo no tendría ya poder
sobre la gente. Entonces ella juntó sus cabellos y con ellos hizo un costal. Si metes ahí al diablo, ya no puede salir, a
menos que engañe a alguien para que lo saque... (la niña empieza a llorar de nuevo). ¡Pobres peregrinos, los recuerdo
y se me apachurra el corazón! Quizá pueda alcanzarlos y ayudarles en algo... voy a ir con ellos.
(La niña sale de escena. Entra el diablo)

ESCENA 2
DIABLO: ¡Hoy es Nochebuena! Quizá no lo sepan, pero tengo que apurarme a recoger almas y llevármelas al Infierno
antes que nazca el Niño, porque entonces ya no podré hacer diabluras por el mundo. Tengo que impedir que esos
estúpidos pescadores vayan a adorarlo. Para eso voy a soltar al burro: la idea de caminar y caminar para ir a ver a un
mocoso les parecerá ridícula (brinca y baila de puro gusto).
(El diablo va a desaparecer cuando entra la Pescadora. El diablo se esconde y ella no lo ve)
PESCADORA: ¡Ay, Dios mío! ¡Agárrenme que me da el soponcio! ¡Ya no aguanto más! (mira al público). Dirán que estoy
loca, pero todos sabemos lo que es una suegra: una lata, un estorbo, origen de puros pleitos y disgustos en el
matrimonio. Figúrense: ya está vieja, no lava, ni plancha, ni sacude el polvo, ¿y no tuvo la desgraciada la ocurrencia de
ayudar a una pareja de vagabundos? ¡Quería que les diéramos posada, nomás porque la mujer ésa está a punto de dar a
luz. ¡Por supuesto que me negué! Ya tengo bastantes problemas como para cargar con los de ellos. ¡Pero en cuanto
llegó mi esposo, la vieja metiche le contó todo y él la agarró contra mí! Díganme ustedes, ¿recibirían en casa a dos
mendigos? ¡Ya estoy harta de esa vieja, harta, harta!
(El diablo hace ruido detrás de ella. Ella se sorprende, pero no voltea)
PESCADORA: ¿Eres tú, Negro?
DIABLO: (al público). Fíjense bien, ¡ésta es presa fácil! (a la pescadora) Sí, vieja, soy yo.
PESCADORA: Ay, Negro, no te fijes en lo que digo cuando hablo sola, estoy enloqueciendo...
DIABLO: No te apures. Yo también creo que mi madre ya está chocha. ¿Qué tal que esos vagabundos andan huyendo de
la policía y quieren un tonto que los esconda? Pero total, la vieja ya nos va a durar poco...
PESCADORA: ¡Ay, qué bueno eres con tu mujercita! (lo abraza) Eres un ángel, Negro.
DIABLO: ¡Ésta ya cayó redondita!
PESCADORA: Sí, total, ya mero se muere. Bien puedo soportarla, pero solo MUY poco más.
DIABLO: No te apures, ya mero me la llevo al hoyo más profundo del infierno...
PESCADORA: ¡Ay, Negro, te quiero tanto...! (voltea su cabeza a los cuernos del diablo, pone cara de espanto y se aleja
alarmada) ¿Pero qué tienes, qué te pasó?
DIABLO: Nada, nada, son unos chipotes...
(La pescadora ve su cola y se sobresalta)
PESCADORA: ¡Jesús!
DIABLO: ¡Ese nombre no lo soporto! ¡Eso sí que no!
PESCADORA: ¡Virgen Santísima!
DIABLO: ¡Otra vez!
PESCADORA: ¡Tú no eres mi marido, desgraciado! ¡Me has estado viendo la cara!
DIABLO: ¡Yo soy nada menos que...!

ESCENA 3
PESCADOR: (voz en off, gritando) ¡Vieja, ya llegué!
PESCADORA: ¡Huye, huye! Si mi marido nos encuentra juntos nos mata!
DIABLO: ¡Pero es que yo soy...!
PESCADORA: ¡Cállate y escóndete! Pronto, métete en este costal.
PESCADOR: (voz en off, gritando) Negrita, chulita, ¿dónde estás?
DIABLO: ¡Que te digo que yo soy...!
PESCADORA: ¡Tú métete! (le da una patada y lo hace entrar, después amarra el costal).
PESCADORA: ¡Aquí estoy, amor! ¿No me ves?
(El diablo se retuerce en el costal y la pescadora se apoya sobre él. No deja de retorcerse)
PESCADOR: ¡Vengo furioso! Ya se acabó la despensa: no hay carne, no hay frijoles, no hay nada, ni siquiera pescado. No
tenemos nada pa’ cenar, ¿tú crees eso?
PESCADORA: Ya creo TODO.
(el Diablo se mueve más de lo usual y la pescadora le da un golpe al costal)
PESCADOR: ¿Qué tienes ahí? ¿Por qué se mueve?
PESCADORA: Son pescados. Están frescos.
PESCADOR: ¿Y qué esperas para guisarlos? ¡Eso vamos a cenar!
PESCADORA: (fuerte para que el diablo la oiga) Entonces acompáñame a buscar leña. Ya verás qué filetes tan sabrosos
vamos a comer...
(Salen, la pescadora no deja de voltear a ver el costal con preocupación. Entra el otro pescador con su mujer. El
diablo se mueve en su costal)

ESCENA 4
ÉL: Mira, vieja. Un costal.
ELLA: Y se mueve.
ÉL: ¿Qué será? Parece un animal muy grande.
ELLA: Serán gallinas.
ÉL: No, mujer, qué van a ser gallinas. Por lo menos un guajolote bien gordo.
ELLA: Ay, ya me dio hambre.
ÉL: Claro, tonta, si no hemos cenado.
ELLA: Tan sabrosos que son los guajolotes...
(Él voltea a todos lados, dudando. Al fin se decide)
ÉL: Fíjate si no viene nadie.
(Ella mira a todos lados, disimulada y se queda atenta. Él se acerca de puntillas al costal, lo agarra y se lo echa a la
espalda. Sale corriendo a donde está su mujer)
ÉL: Está muy pesado. Ésta Nochebuena cenaremos de verdad (deja caer el costal. Se oye un grito). Y ahora, ¿por qué
gritas? ¿Ya te arrepentiste?
ELLA: No he gritado, tengo más hambre que arrepentimiento.
ÉL: Pero cállate, que nos van a descubrir. Voy a ver si consigo salsa Valentina. Tú prepara el pavo.
(Sale)

ESCENA 5
ELLA: (saca un cuchillo y desamarra el costal) Sal, guajolotito, anda, sal, chiquito, ven acá...
(sale el diablo haciendo un escándalo)
ELLA: (asustada) ¡Aaaaaaaaaah!
DIABLO: (le tapa la boca) Cállate, cállate, ¿no ves que si me descubren me va a ir mal? ¡Y a ti también, por
complicidad, alevosía y ventaja! ¡Y ROBO!
ELLA: (asustada) ¿Quién eres? ¡Di pronto o te mato! (lo amenaza con el cuchillo)
DIABLO: Soy... su admirador secreto.
ELLA: ...
DIABLO: La ví pasar de lejos y desde entonces sólo puedo pensar en usted. (al público) Con esto pecará de soberbia y
me la llevaré arrastrando de las patas.
ELLA: (llorando) Ni mi marido me había dicho cosas tan bonitas... (lo mira fijamente) ¿no se burla usted de mí?
DIABLO: Sería incapaz.
ELLA: Aunque reconozco sin vanidad que soy atractiva, déjeme decirle que no soy la burla de nadie. ¿No sabe usted
que soy casada? (le pega). ¿Quiere hacer tonto a mi marido? Pues ahora va a ver, desgraciado (a empujones y golpes lo
mete en el costal de nuevo y lo amarra). Ya verá usted cuando él regrese... (suspirando) y yo que creía que era un
guajolote.
(Ella llora y se queda dormida junto al costal. Entra la Abuela y ve que el costal se mueve. Llena de curiosidad lo
abre. El Diablo se asoma y la Abuela se carcajea)
ESCENA 6
DIABLO: Eres tonta, ¿verdad? No te reirías si supieras quién soy.
ABUELA: Pues más me vale, porque estás requetefeo. Por eso te metieron al costal, por feo.
(la abuela sigue riendo y el Diablo sale del costal)
DIABLO: ¡Yo soy Lucifer!
ABUELA: Tanto gusto. Yo soy Rosa Lagúnez, pero mi nuera me llama estorbo.
DIABLO: Ella la odia.
ABUELA: Pues sí, pero ¿qué le vamos a hacer? De todos modos me dan de comer, tengo cama, baño y hasta Netflix.
¿Qué más puedo pedir?
DIABLO: Entonces usted quiere a su nuera.
ABUELA: Ah, no, eso tampoco. Sé sus faltas y las veo con tolerancia y benevolencia, pero aparte de fea es flaca,
fregona y fría.
DIABLO: Con esa maravilla de mujer no debería tener ningún problema. Pero, ¿qué anda haciendo usted de noche por
acá?
ABUELA: Busco a unos peregrinos.
DIABLO: (interesado) No me diga. Cuénteme más.
ABUELA: ¡Jum! Si tú no quieres ni saber de ellos. Para ti sería mejor que no existieran.
DIABLO: ¡Yo soy Lucifer, el príncipe de las tinieblas, y no quiero nada de ellos porque no tengo sed de belleza, verdad o
justicia!
ABUELA: Sí, te reconocí desde el inicio. Por eso me dio risa verte ahí amarrado como puerco. Y ahora me voy a buscar
a los peregrinos.
DIABLO: No te vayas tan rápido. No me da la gana que vayas a adorar a esos engreídos de baja estirpe. Aquí te
quedarás, que ya vendré por ti. Vas a pagar por las maldades que dijiste de tu nuera (la mete en el costal. La Abuela
patalea. Sale el Diablo y deja de patalear).
ABUELA: Qué tonto el Diablo. Este costal es de la Virgen, y se está muy a gusto aquí. Sobre todo porque no está mi
nuera.
(Entra Él)

ESCENA 7
ÉL: Vieja, sí hubo Valentina y ni siquiera la tuve que robar, fue un regalo del compadre. Hey, despierta (la sacude. Ella
abre los ojos). ¿Y el guajolote?
ELLA: Ay, Negro, ni te cuento. Que voy abriendo el costal y sale un bicho muy grande, como un diablo prieto y feo.
¡Qué horror! Me dijo que era mi enamorado y otras cosas muy raras...
ÉL: Estás borracha, te has de haber quedado ahí tirada como vaca ronque y ronque.
ELLA: ¡Ni que fuera tu mamá!
ÉL: ¡Con mi mamá no te metas!
ELLA: Claro, si hasta la encuentras bonita. Yo seré fea, pero al menos no me faltan dientes.
ÉL: No, a ti te sobran.
(Ella y Él empiezan a pelear, tratando de jalarse por los pelos, dando patadas, etc., y se alejan un poco del costal. Por
el otro lado del escenario entran Pescador y Pescadora)
PESCADORA: ¡Te digo que es verdad! ¡Era como un diablo grande y feo! ¡Y yo pensé que eras tú!
PESCADOR: Cállate, mentirosa. Quién sabe qué conciencia tendrás para andar viendo al diablo, ya te hace falta
confesarte, ¿eh? Mira, ahí está el costal, vamos por él.
PESCADORA: Déjalo ahí y vámonos.
PESCADOR: ¿Cómo que vámonos? ¿Y mis filetes?
PESCADORA: ¡Te digo que no eran pescados! Te engañé porque no sabía qué pasaba...
PESCADOR: En la casa me cuentas tus tonterías, pero mientras tanto...
(Toma el costal y se lo echa al hombro. Él deja de pelear con su esposa)
ÉL: ¿A dónde lleva ese saco?
PESCADOR: Pues a mi casa, de ahí salió.
ÉL: ¿Cómo que de ahí salió? Ese costal es mío, y el guajolote también.
PESCADOR: No se haga, ¿cuál guajolote? Son pescados.
ELLA: ¡Llévenselo! ¡Más nos vale!
PESCADORA: No, señora; eso no me lo llevo por nada del mundo. Suéltalo, Negro.
PESCADOR: Tú te callas, que no me tienes contento. Ése costal es mío.
ÉL: Nada de eso, me lo gané con el sudor de mi frente.
PESCADOR: Será el de las patas; ¡así habrá corrido cuando se lo robó!
PESCADORA: ¡Un momento! Mi marido dice que hay pescados y usted que un guajolote. Ábranlo primero. A lo mejor no
es lo uno ni lo otro.
HOMBRES: ¡Yo lo abro!
ÉL: ¡Yo lo abro!
PESCADOR: ¡No, yo lo abro!
ELLA: ¡Basta, lo abro yo!

ESCENA 7.5
(se acerca al costal y lo abre cautelosamente. Sale la Abuela con cara de diversión)
PESCADORA: Y usted, ¿qué hacía ahí?
PESCADOR: ¡Mamá! ¿Qué te pasó?
ELLA: ¿Usted estaba hace rato ahí...? Había algo con cuernos y cola...
ABUELA: Claro, Satanás. A ése viste.
PESCADOR: ¿Y qué hacías tú ahí?
ABUELA: No estaría bailando un danzón, ¿verdad? El Diablo me metió ahí.
TODOS: ¿El Diablo?
ABUELA: Sí, y debemos darnos prisa para alcanzar a los peregrinos que tú (señala a la nuera enérgicamente) corriste
con tanta amabilidad. Eran San José y la Virgen María.
PESCADORA: ¿Cómo iba a saber? No traían coronas, ni ángeles, ni el resplandor de la Rosa de Guadalupe...
ABUELA: Estás fregada si piensas que ellos necesitan tanta tontería...
ELLA: (a Él) Ya ves, y tú que no me querías creer, hasta me dijiste mariguana.
ÉL: No te enojes, no lo decía en serio, perdóname.
ELLA: Tú también por lo que dije de tu mamá.
ÉL: Si te dije fea fue por... bueno, bonita bonita no eres, pero sí trabajadora (Ella lo ve feo). Y simpática.
ELLA: Ya no digas más.
ABUELA: Hay que buscar regalos para el Niño.
ELLA: Ay, seño, ¿de dónde vamos a sacar regalos? No tenemos ni qué comer, por eso robamos el costal. Ay, Diosito, qué
bien nos castigaste: que va saliendo ese diablo prieto.
ÉL: Es que no habíamos cenado.
PESCADOR: Lo hubieran dicho antes. Vieja, a ver qué hay en la casa.
PESCADORA: Pues vamos todos. Usted ha de tener hambre, suegra.
ABUELA: Ya lo creo (ríe). Ya verás que para acabarme los frijoles no soy un estorbo.
(salen todos, contentos. Entra la niña)

ESCENA 8
NIÑA: Buff, ya estoy cansada y aún no alcanzo a los peregrinos. No he pensado qué regalo llevarle al Niño... al menos
buscaré para él algunas conchitas y caracoles, seguro que le gustan...
(entra el Diablo)
DIABLO: ¿Para quién son esas conchitas? ¿para los peregrinos?
NIÑA: Si ya sabes, ¿pa’ qué preguntas?
DIABLO: Pues no serán para ellos, serán para mí (se las arrebata)
NIÑA: ¡Vas a ver! ¡Te voy a acusar!
DIABLO: (con desprecio) ¿Con quién me vas a acusar? (amenazador) ¿Estás bautizada?
NIÑA: Este... yo creo que sí.
DIABLO: ¡Pues no le hace! ¡Te llevaré conmigo! (hace gesto de querer atraparla y en eso entra el Ángel)
ÁNGEL: ¡Suéltalos, Satanás!
DIABLO: ¿No habíamos quedado que hasta el nacimiento de Jesús tenía derecho de llevarme al infierno a cuantos
pudiera?
ÁNGEL: Pero solo a los que merecieran tal castigo, no a ésta niña que va a adorar al Niño Dios.
(la niña corre y se esconde tras el Angel)
ÁNGEL: Como ya has cometido suficientes maldades hoy, te quedarás encerrado en este costal.
DIABLO: ¡Esto es una injusticia, es un atropello, una violación a mis derechos! ¡Voy a quejarme y no quedarás impune!
ÁNGEL: ¿Y con quién te vas a quejar, eh? ¡Entra en el costal de una buena vez!
(saca su espada. El Diablo hace como que lo obedece pero luego se lanza contra el Ángel, éste se hace a un lado y el
Diablo cae. El ángel lo mete en el costal y él y la niña lo amarran).
ÁNGEL: (a la Niña) No te tardes, Cristo está por nacer.
NIÑA: ¡Gracias, Ángel...! Ahora tengo que juntar más conchitas... (sale)

ESCENA 9
(Entran Pescador, Pescadora, Abuela, Él y Ella)
PESCADOR: No encuentro mi burro...
PESCADORA: ¿Para qué lo quieres? Andará brincando en el monte...
PESCADOR: Pero, ¿cómo vamos a llegar?
PESCADORA Y ABUELA: ¡Caminando!
PESCADORA: Claro, flojo. ¿Tú crees que los peregrinos se fueron en un Cadillac?
ÉL: Andando, que se hace tarde.
ELLA: ¿Y qué vamos a llevarles?
ABUELA: Algo de pescado, huevos, tortillas... lo que sea para alimentarlos.
PESCADOR: Yo les daré mi suéter, ya está viejo pero aún sirve.
ÉL: Yo una cobija para que el Niño no pase frío.
ABUELA: Pues andando, sigamos la estrella...

ESCENA 10
(salen. Entra el Rey)
REY: Estoy cerca, el resplandor de la estrella me lo dice. Cada vez estoy más cerca del Mesías, el Niño prometido que
liberará a la humanidad. Uff, ya estoy cansado. Y con las prisas olvidé traerle un regalo, ¿qué le voy a dar? No puedo
darle mi corona, porque su Reino no es de éste mundo. Aparte, ni siquiera es de oro sino de hierro. Es indigna de Él. T
endré que encontrar algo que le agrade. Bueno, es hora de seguir, seguro por el camino encontraré algo.
(Sale. Entran José y María)

ESCENA 11
MARÍA: Ya falta poco para el parto y estoy muy cansada.
JOSÉ: Haz un esfuerzo.
MARÍA: No tenemos a dónde ir.
JOSÉ: Yo sé que Dios nos indicará el lugar para que su Hijo nazca. Apóyate en mi brazo...
(Entra el burro)
BURRO: ¡Qué weno que los encontré! ‘viera llegado más pronto pero estaba amarrado bien juerte y aunque tiraba recio
no me soltaba. ¡Hasta que llegó el mugre Diablo y me soltó, dizque pa’ que mis amos no tuvieran en qué venir a adorar
al Niño, y creyendo hacer el mal hizo el bien, porque ahora podré llevarlos.
JOSÉ: Gracias, Burro.
BURRO: ¿Se han fijao’ que a veces los malos hacen el bien sin darse cuenta o el que se cree bien inteligente no dice
más que puras burradas?
JOSÉ: (viendo al burro) Sí, puras burradas...
BURRO: ¡Weno! Pos´ora los invito de todo corazón, hay un pobre pesebre cerca de aquí, es mío y por hoy puede ser la
humilde casa suya de ustedes también. Me dará mucha alegría recebirlos hoy.
JOSÉ: Gracias, Burro. Démonos prisa, no vaya a ser que el Niño nazca aquí en plena calle.
(Salen. Entran los cuatro pescadores y la Abuela)

ESCENA 12
PESCADORA: ¿Qué vamos a hacer si no les gustan los regalos? ¿O si no les gusto yo?
ABUELA: Cada quien da lo que tiene. Cada Navidad hay muchos que a Dios nada le ofrecen.
(Entra el Angel. Todos quedan como encandilados, y abren los ojos poco a poco, sorprendidos)
ANGEL: La maldad es lo que ofende
La falda de amor enfada,
Pero quien amar pretende
Muy pronto habrá de alcanzar
Un Reino bello y seguro.
No tengan ningún apuro
Y al Niño vayan a adorar.
(Sale)
PESCADOR: ¡Que venga esto a sucederle
A un pobre como yo!
ÉL: ¡Ya tengo ganas de verle,
Aunque soy un pecador!
ABUELA: Aunque esté vieja y sin dientes,
Y tú seas pobre y ladrón,
Ampare el cielo clemente
El alma que Dios nos dio.
(salen de escena cantando algún villancico. Aparecen María, José y el Burro, con el niño en brazos, en un pesebre en
algún rincón. Entonces entran de nuevo los pescadores, la Abuela y la Niña)

ESCENA 13
ABUELA: ¡Dios mío, si es nuestra casa!
PESCADORA: ¡Qué cosas tan extrañas pasan!
PESCADOR: A veces buscamos a Dios
Y después de una larga andanza
Nos damos cuenta que en nuestra casa
Hace ya rato que entró.
PESCADORA: ¡Mira, viejo, nuestro burro!
ÉL: Oh, Señor del Universo,
Tan grande pero tan pequeño,
De mi vida eres mi dueño.
Acepta mis pobres versos
Que lanzo al aire terso.
PESCADORA: (Ofrece comida al Niño)
Comida pobre he traído,
Pero se ha convertido en plata
El barro humilde que trata
De guardar manjares tibios.
En nombre tuyo y honor
La tierra humilde se vuelve
Metal cantarino y leve
Para que comas mejor.
ÉL: Una cobija te doy
Un poco rota y maltrecha
¡Mentira, de joyas hecha
En mis manos se volvió!
PESCADOR: Y mi suéter que traía,
¡todo lleno de remiendos!
Te juro, Señor, no entiendo,
Esta paz que yo sentía.
(Ofrece el suéter, y junto al pesebre, continúa) Prometo mejor portarme.
PESCADORA: Juro en todo obedecerte.
ABUELA: Yo optaré por callarme:
No hay modo de adivinar
Cómo me voy a portar
Al regresar a casa.
Lo cierto es que vine
De un modo muy especial:
Sucia, pobre y sin amar,
Y no he quedarme así.
(Entra el Rey con el costal)

ESCENA 14
REY: ¡Al fin lo logré! ¡Te veo, Señor, te veo! ¡Buenas noches a todos, ciudadanos de... este lugar! Esta es una ocasión
histórica, que marca la entrada de mi reino, representado por mí (se señala a sí mismo con orgullo) en el marco de los
acontecimientos trascendentales del mundo, o mejor, ¡del Universo! Este evento resulta de la mayor importancia y
hemos querido darle el realce conveniente por medio de un presente, fruto del esfuerzo de mi pueblo. Aquí está: ¡un
costal cargado de sorpresas! Ni se imaginan lo que tiene dentro, ni yo me lo imagino, porque hemos querido que sea
sorpresa para todos y no lo he abierto, pero debe ser algo muy especial, porque está pesado y casi no me dejan pasarlo
en la aduana. Así que aquí está para depositarlo a los pies del Señor.
(pone el costal junto a la Virgen y lo desamarra. Sale el Diablo enfurecido, pero al ver a la Virgen se arrodilla,
tembloroso, cubriéndose el rostro con un brazo. Deja caer las conchitas que arrebató a los niños. La Virgen le pone el
pie sobre su cabeza con fuerza)
VIRGEN: Hoy que tu mal poder por fin acaba
Recuerda que enseñaste del pecado
Al mortal que del fruto perfumado
Voraz probó, y Dios desaprobaba.

Lograste lo que ya se imaginaba:


Al probar quedó el hombre separado
De la mente creadora de lo amado.
El origen de los males comenzaba.

Pero ha nacido tu Señor y Dueño


Que ha de poner su cuerpo como escala
Entre cielos y tierra, bestia y ala,
Sacrificando su vida en un leño.

Nada sirven maldad y fortaleza.


Llora si quieres, y al costal regresa.
DIABLO: No puedo contra el poder de Dios, y ahora no podré hacer nada contra los hombres (dirigiéndose a los
pescadores y también a los espectadores) Pero óiganme bien todos ustedes: no vuelvan a meterme en sus líos. Ahora
que Cristo nace, no tengo ningún poder, y si algo malo les ocurre es porque a ustedes se les da la gana apartarse de
Dios. Tengan la bondad, aunque esa palabra no debería existir, de no mezclarme en sus asuntos (entra rezongando al
costal).
JOSÉ: Rey, es el regalo más extraño, si es que se le puede llamar regalo...
REY: Perdón, no supe lo que hacía, ojalá me tragara la tierra. Pero no tenía joyas, ni oro ni dinero... y entonces
apareció en mi camino este saco, y me pareció que era justo lo que necesitaba: un regalo, algo con qué demostrar mi
estimación, mi aprecio... ustedes saben cómo es eso del sentimiento, eso del amor a Dios...
VIRGEN: ¿Y por amor a Dios recoges lo primero que ves? ¿Y también por amor a Dios regalas lo que no es tuyo?
REY: Reconozco mi culpa, y me lleno de vergüenza. ¡Yo que quería causar buena impresión, llevarme bien con ustedes,
platicar, compartir, no sé! Y que va saliendo el Diablo, ¡chin! No me miren así, ya sé que es mi culpa, pero da coraje.
De plano les entrego lo que debí dar desde un inicio: ésta corona, que es todo lo que tengo. Es fea, vieja y de hierro. Si
hubiera estado dispuesto a entregarla me habría ahorrado esta escenita. (se la quita) Tómala, Señor. Con ella renuncio
a mi poder, que desde ahora está en mejores manos.
(Sale el Rey)

ESCENA 14.5
ABUELA: Podemos estar contentos, que el Diablo ya está refundido en su costal.
PESCADOR: Ojalá sea cierto. Todavía no puedo creerlo.
ABUELA: Bueno, bueno. Pero ya es hora de despedirnos del Niño, la Virgen y San José. Dios necesita personas que
vayan a todo el mundo a anunciar esta buena noticia: que Jesús ha nacido por amor, para librarnos del Diablo prieto y
feo y llevarnos al Paraíso.
PESCADORA: Ay, suegra, pero si nosotros somos bien poquitos, ¿cómo vamos a hacer eso?
ABUELA: No sólo nosotros, también ellos (señala al público). Todos podemos anunciar a Cristo en nuestra familia, con
nuestros amigos, haciendo las cosas bien y queriéndonos unos a otros. Y que nunca se nos olvide que el amor que Dios
nos tiene es tan grande que ha querido hacerse hombre como nosotros.
(todos los personajes aparecen de nuevo para la despedida)
ÉL: La pastorela ha terminado, pero no la Navidad. A todos los que nos han acompañado les damos las gracias. No se
olviden que Cristo está por nacer: ¿ya han pensado qué quieren regalarle? Y recuerden que...
TODOS: Navidad es Jesús.

FIN