Está en la página 1de 14

Enfermedades sagradas mayas en el pensamiento hispano.

El
caso de la península de Yucatán en el siglo XVII.

En todas las culturas y a lo largo de la historia, los temas de la salud y la


enfermedad han sido de gran interés para la humanidad, por lo que cada
sociedad manifestó y transmitió su pensamiento médico de distinta manera, el
cual sigue vigente en la actualidad. En la mayoría de los casos este saber
estuvo relacionado con su vida religiosa, logrando un rasgo característico de
cada pueblo, pero teniendo una única finalidad: comprender qué era la
enfermedad y cómo eliminarla del cuerpo.

Durante el siglo XVII, en Yucatán convivieron cotidianamente la población


hispana y la indígena maya, teniendo como resultado un intercambio cultural.
En temas relacionados con la medicina maya, el español concibió esta práctica
de distintita manera, relacionando todas las prácticas indígenas como
hechicerías. No obstante la población española requirió el servicio del médico
maya para curar lo que dentro del diagnóstico indígena representó una
enfermedad sagrada.

De esta manera, para comenzar mencionaré brevemente las características de


la medicina maya, así como de las enfermedades sobrenaturales.
Posteriormente aludiré brevemente a un caso de hechicería amorosa que
ocurrió en la provincia de Yucatán. Para finalizar expondré las conclusiones
que éste generó.

La medicina maya en el siglo XVII

La cultura maya, al igual que los demás pueblos mesoamericanos, creía en la


existencia de un equilibrio que se encontraba presente en cada aspecto de su
realidad, principalmente en el cosmos, el cual estaba dividido en tres partes: el
cielo, la tierra y el inframundo.1 Dentro de esa misma concepción el hombre
estaba integrado por tres partes: física, mental y anímica.

En el pensamiento médico maya, lo físico se relacionó con características


visibles como las partes del cuerpo, la estatura y la piel; 2 mientras que lo
anímico y lo mental correspondieron a elementos que son invisibles para el
hombre como la energía, el aliento, las emociones y los pensamientos. Para
Mercedes de la Garza, la parte física del hombre representa una materia
pesada y la parte anímica simboliza la materia liviana de una persona. 3

Es importante señalar que esta parte anímica no es equivalente al espíritu o


alma del pensamiento cristiano, ya que ésta última únicamente se refiere a una
entidad inmortal que conforma el cuerpo humano. Para los mayas, la parte
anímica fue un conjunto de entes y características etéreas que cada individuo
poseía, estos fueron el óol, el pixan, el kinam y el ik.

Actualmente la parte anímica entre los pueblos indígenas mayas se conoce


como uaay o wayjel, y es una entidad etérea que se puede liberar a voluntad y
que por lo regular se encuentra unido al espíritu de un animal,4 por lo que todo
aquello que afecte al hombre -enfermedades o daños físicos- lo padecerá su
animal compañero y viceversa.5 Asimismo, para el pueblo tzotzil, una de las
almas se denomina Ch’ulel, la cual posee las cualidades del óol y del pixan. 6
Para los pueblos nahuas, el tonalli es una entidad ligera que se mueve
libremente por medio de los sueños y es comparable con el Ch’ulel.7

1 Garza, Mercedes de la, Origen, estructura y temporalidad del cosmos, en Religión


maya, Madrid, Editorial Trotta, 2002. p.68.
2 Álvarez, Cristina, Vindobonensis: Diccionario Etnolingüístico del idioma maya

yucateco colonial, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de


Estudios Mayas, 1980. p.75.
3 Garza, Mercedes de la, Sueño y éxtasis…. op.cit., p.20.
4 Ibid. p.156.
5 Ibid. p.34.
6 Pitarch Ramón, Pedro, Ch’ulel: una etnografía de las almas tzeltales, México, Fondo

de Cultura Económica, 1996. p.351


7 López Austin, Alfredo, Dioses del Norte, dioses del sur: religiones y cosmovisión en

Mesoamérica y los Andes, México, ed. Era, 2008. p.106-107.


De esta manera podemos observar que la parte anímica del hombre estuvo
conformada no sólo por un ente, sino por un conjunto de ánimas que le daban
vida al cuerpo físico y le proporcionaban los elementos de su existencia.8

Las enfermedades sagradas de los mayas

Dentro del pensamiento médico maya existieron tres formas distintas de


adquirir una enfermedad: por causa natural, por origen sobrenatural y la
producida por acción de chamanes. Por motivos del presente trabajo
únicamente me enfocaré en los malestares sobrenaturales. Estas
enfermedades así como sus remedios aparecen en los textos coloniales como
el Ritual de los Bacabes y en el Recetario de indios en lengua maya, el primero
menciona remedios dirigidos principalmente a las enfermedades
sobrenaturales, por lo que contiene una gran cantidad de oraciones; el segundo
se caracteriza por mencionar las propiedades naturales de algunas plantas
medicinales

Ahora bien, los padecimientos sobrenaturales fueron considerados de larga


duración, ya que generaban un malestar más intenso que una producida por
causas naturales, por lo que fueron tratadas por un especialista que combinaba
las cualidades curativas de las plantas con oraciones o cantos, lo que formaban
rituales de carácter sagrado.9

Estas enfermedades fueron comprendidas como entes ligeros o malos aires


con voluntad propia, que se movían con libertad en los tres espacios del
mundo. Estos seres poseían una energía sagrada y tenían la habilidad de
introducirse en el cuerpo del hombre, originando un desequilibrio en él.10

Para los mayas, las enfermedades sobrenaturales afectaban la parte anímica y


arrojaban síntomas hacia la parte física del cuerpo. Un ejemplo para las
enfermedades anímicas se encuentra el mal de ojo el cual consistió en una
transmisión de energía fría generada por un fuerte deseo de envidia o codicia

8 Ibid. p.101.
9 Garza, Mercedes de la, Sueño y éxtasis…. op.cit., p. 24.
10 Ritual de los Bacabes, Ramón Arzápalo (Ed.), México, UNAM, IIFL, 1987. p.15.
de una persona hacía otra.11 Esta enfermedad se manifestó de manera anímica
con síntomas como la tristeza y la melancolía, sin embargo también se
exteriorizó físicamente en el individuo, ya que éste se mostraba con
inapetencia, fiebre, sudores, cansancio, vómitos, diarreas y dolores de
cabeza.12

En este grupo de malestares sobrenaturales también se encuentran las


enfermedades relacionadas con las divinidades. Los dioses mesoamericanos
tuvieron la característica de poseer una naturaleza ambivalente, es decir, sus
energías y sus acciones resultaron beneficiosas o perjudiciales para el
hombre,13 por lo que así como enviaban un padecimiento también favorecían la
recuperación de la salud.

Dentro del panteón maya prehispánico, como en otras culturas


mesoamericanas, se encontraban las deidades relacionadas con la medicina,
en este caso las más relevantes fueron Itzamná,14 el dios creador y la diosa
lunar Ixchel. 15 El fraile Diego de Landa en su Relación de las cosas de
Yucatán, menciona una reunión llamada Ihcil Ixchel, en honor a la diosa Ixchel,
donde participaban los médicos con sus esposas y los sacerdotes, y por medio
de oraciones invocaban a los otros dioses de la medicina Itzamná, Citbolontun
y Ahau Chamahez.

Asimismo, en el Ritual de los Bacabes se hace alusión a Ixchel en distintas


enfermedades. De acuerdo con Noemí Cruz en Las señoras de la luna, la diosa
Ixchel es mencionada con diferentes nombres dependiendo del tipo de
enfermedad al que se hace referencia.

11 Ibid, p.43.
12 Juan Comas y Enrique González, El mestizaje cultural y la medicina novohispana
del siglo XVI, Valencia, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la
ciencia, 1995. p.44.
13 Sotelo, Laura Elena, “Los dioses: energías en el espacio y en el tiempo”, en Religión

maya, Madrid, Editorial Trotta, 2002. p.111.


14 Gubler Ruth, Yucatán a través de los siglos: (Memorias del 49° Congreso

Internacional de Americanistas), Quito, Ecuador, Ediciones de la Universidad


Autónoma de Yucatán, 1997. p.231.
15 Cruz Cortés, Noemí, Las señoras de la luna, México, UNAM, Instituto de

Investigaciones Filológicas, 2005. p.106.


Aquí es llamada la señora, la que se esconde en las nubes, la Uno
Ahau, la Mortal, la Prostituta, etcétera; recibe cada uno de estos
títulos de acuerdo con la enfermedad y con los distintos
tratamientos.16

Uno de los malestares relacionados con la diosa lunar son los que se
denominan Tancaz, Tamkas o Tamcas.17 De acuerdo con el Diccionario maya
cordemex, la palabra Tamkas se traduce como “frenesí o locura”.18 En el Ritual
de los Bacabes aparecen distintos tipos de frenesís, pero la mayoría de ellos se
refieren a un estado o un mal erótico. Esta enfermedad puede considerarse
como “maligna”, pues en algunos textos que muestra el Ritual de los Bacabes
se hace mención de cómo eliminarla del cuerpo; 19 aunque también era
beneficiosa, ya que favorecía la pasión e incrementaba la lujuria 20 de quien lo
padecía lo que facilitaba el encuentro sexual.

De esta manera los signos que manifestó este padecimiento fueron vómitos,
fiebres y podía presentar entumecimientos. 21 Por su parte, Mercedes de la
Garza menciona que los Tancas también podían arrojar otros síntomas físicos
como dolores, hinchazones y en casos extremos la muerte; y anímicos como
producir depresión, irritabilidad y locura.22

Igualmente se encuentran los padecimientos causados por la acción de


chamanes que tenían la habilidad de “arrojar” el malestar ya que la
enfermedad, al ser una entidad ligera, podía transmitirse con facilidad. Este
grupo también puede considerarse dentro del campo sobrenatural, pues los
curanderos requerían de una energía sagrada para enfermar a una persona. La

16 Ibid. p.96.
17 Ibid. p.99.
18 Barrera Vázquez, Alfredo, Diccionario maya cordemex: maya-español, español

maya, Mérida, Cordemex, 1980. p.768.


19 Cruz Cortés, Noemí, op.cit., p.98.
20 Garza, Mercedes de la, Sueño y éxtasis…. op.cit., p.177-178.
habilidad que tenían estos especialistas también fue utilizada entre ellos
mismos, como resultado de alguna indiferencia o enemistad. 23

Para los mayas, en la época prehispánica se le dio el nombre de Ah-pul-yaah a


la persona que se arrojaba el malestar; pero también existió el Ah cun-al balam,
el hechicero que enfermaba con encantos y la ix-cun-ah t’an quien enfermaba
con palabras.24 Actualmente, entre las poblaciones mayenses, a los chamanes
que arrojan una afección se conocen como ak’ chamel y entre los tzeltales
recibe el nombre de ts’ilwanej, que significa “el que ensucia”.25

Por otra parte, uno de los medios donde estos chamanes actuaban para
enfermar fueron los sueños. Entre los grupos mayas se tenía –y se tiene- la
creencia de que cuando una persona duerme o se encuentra en un estado de
inconsciencia, una de sus partes anímicas abandona el cuerpo, volviéndola
más vulnerable a la acción de las enfermedades que se mueven a través de los
aires. 26 La mayor parte de estos malestares afectan y se manifiestan en la
parte física del cuerpo, como “tumores, cáncer, llagas infectadas, hinchazones,
espasmos o calambres”.27

Una característica de los echadores de enfermedades fue que sólo ellos podían
curar la enfermedad que habían arrojado, ya que eran los únicos que sabían el
tipo de malestar y por ende conocían los remedios exactos como plantas u
oraciones para eliminarla.28

El médico y el diagnóstico maya

Dentro de la sociedad maya, los chamanes tenían -y tienen- la función de ser


sacerdotes, curanderos, adivinos y terapeutas. Estos individuos atendían

24 Garza, Mercedes de la, Sueño y éxtasis…. op.cit., p.147.


25 Ibid. p. 246.
26 Cruz Cortés, Noemí, op.cit., p.98.
27 Garza, Mercedes de la, Sueño y éxtasis…. op.cit., p.246.
28
Ibid. p.247.
enfermedades naturales pero principalmente eran especialistas en tratar con
padecimientos de tipo sobrenatural, en este grupo se encuentran los H’men.29

Actualmente entre los tzotziles el i’lol es el especialista en tratar las


enfermedades naturales y los males por causa sobrenatural, principalmente los
que son arrojados por una persona y que pueden enfermar el espíritu.

El chamán, además de eliminar las enfermedades sobrenaturales, tenía la


habilidad de controlar la energía de la naturaleza y de poder transformarse en
animales o fenómenos meteorológicos.30 Durante la época colonial, la figura del
chamán se mantuvo entre la población indígena, no obstante en este periodo y
para la población occidental, se le dio el nombre náhuatl de nahualli, 31
generalizando su habilidad de transformación únicamente en la de un animal.
Asimismo a los chamanes maléficos se les dio el nombre de brujos, 32 en este
grupo se encuentran principalmente quienes arrojaban la enfermedad, como el
ah pulyaah, quien era el “hechicero en general que hace enfermar”.33

Por otra parte, antes de aplicar la terapéutica correcta el médico maya debía
conocer el tipo y origen de la enfermedad y esto se lograba por medio del
diagnóstico, el cual incluyó la observación de los síntomas físicos que
manifestaba la enfermedad, como una mirada melancólica, cambios en el color
de la piel, inflamaciones, o erupciones dermatológicas como las llagas,
verrugas, o salpullido.

Igualmente el uso de la palabra tomó un significado importante dentro de este


ritual, ya que la fuerza sagrada se manifestaba a través del lenguaje para
“atacar” al malestar, en el Ritual de los Bacabes se observa que esto se hacía
de una manera agresiva, obligando a la enfermedad abandonar el cuerpo
aliviándola parte física y anímica.34

La enfermedad maya en la hechicería amorosa: estudio de caso.

29 Pío Pérez, Juan, Recetario de indios en lengua maya, México, UNAM, 1996. p.24.
30 Nájera Coronado, Martha Ilia, “Rituales y hombres sagrados”, en Religión maya,
Madrid, Editorial Trotta, 2002. p.136.
31 Ibid.
32 Garza, Mercedes de la, Sueño y éxtasis…. op.cit., p.147.
33 Barrera Vázquez, Alfredo, op.cit., p.307.
34 Ibid.
El uso de la hechicería con fines emocionales se puede definir como la
manipulación de los sentimientos de una persona por medio de energías
sobrenaturales. De esta manera la hechicería amorosa estuvo integrada por
distintos elementos para su realización, los más comunes fueron el uso de las
plantas, y en otros casos también se utilizaron animales.

Así, la hechicería amorosa se puede clasificar dependiendo de su finalidad:


enamorar o atraer, retener y para amansar. Para los dos últimos casos el
resultado que se consiguió fue el mismo, provocar impotencia en el hombre, es
decir, “enfermarlo” para que el pene no tuviera ninguna erección,
garantizándole que el hombre no tuviese relaciones sexuales con otra mujer.

Dentro de esta práctica hechiceril, para atraer o enamorar a un hombre, la


mujer buscó despertar el deseo sexual mediante la ingesta de alimentos que
actuaban como potenciadores sexuales.

Por otra parte, a pesar que dentro del pensamiento maya no existieron rituales
para enamorar o retener a una persona, debido a los distintos contextos socio-
culturales de ambos pueblos, en el saber médico sí existió algo similar a la
ligadura amorosa, si se toma en consideración un aspecto relevante que es el
simbolismo del amarre o la ligadura, el cual fue inhibir la erección del pene. En
las fuentes coloniales como el Ritual de los Bacabes y el Recetario de Indios en
lengua maya, la impotencia aparece como una enfermedad y ambos textos
proporcionan los remedios para curarla.

En el Recetario de Indios, la impotencia recibe el nombre de Chibal bac o


Chibal bacel,35 y en la descripción se menciona que es un “dolor de hueso y de
todo el cuerpo, es quedarse impotente”.36

Por otra parte, en el Ritual de los Bacabes existe una oración llamada “Texto
para la erección del hombre”, y de acuerdo con Noemí Cruz, en este conjuro se
mencionan las partes erógenas del cuerpo de la mujer y tuvo la finalidad de
conseguir la erección del pene para propiciar la eyaculación y con esto
conseguir la reproducción.

35 Pérez, Juan Pío, op.cit., p.283.


36 Ibid. p.179.
Ahora bien, en la provincia de Yucatán y dentro de toda la Nueva España, las
mujeres españolas pedían el servicio de las mujeres mayas para realizar o
eliminar una hechicería amorosa, especialmente las ligaduras. No obstante lo
que estaban solicitando, sin saberlo, era la práctica médica maya. Para
ejemplificar esto, a continuación mencionaré un estudio de caso donde se
alude a esta acción

El documento fue producido en la ciudad de Mérida el 8 de agosto de 1616 y


concluyó el 11 de febrero de 1617 y es una denuncia que hizo Ana de Garibay,
en contra de Leonor de Medina, esposa de Francisco Mallen de Rueda, quien
fue acusada por ligar a un nombre llamado “el capitán Farias”. En este proceso
participaron otras tres mujeres españolas: Juana González del Prado, Isabel de
Mora Ana de Avendaño; y una mujer maya llamada Ixcach.37

En el documento se muestra que Leonor de Medina, además de haber ligado al


capitán Farias, también poseía unos papeles de hechizos y encantamientos,
por lo que también fue acusada por esto.

Una de las mujeres que es llamada a declarar fue Isabel de Mora, quien contó
que, por petición de Ana de Avendaño, fue a buscar a una india llamada Ixcach
del pueblo de Chuburná para que curara al hombre que ligó Leonor de Medina,
pues la india tenía fama de ser una gran hechicera y sabía curar esa
enfermedad. Cuando Ixcach estuvo en la casa del hombre “enfermo”,
únicamente le dio unos bebedizos e Isabel de Mora le pagó por su servicio.

Asimismo Isabel de Mora declaró que Ixcach dijo, delante de ella y de Ana de
Avendaño, que Doña Leonor de Medina la había llamado para curar unas
llagas a su esposo. Leonor de Medina le preguntó a Ixcach con qué hierbas
debía curar a su marido, por lo que ella le respondió que “con tal o tales”
hierbas”, asimismo mencionó que Leonor de Medina sacó unos papeles y los
estuvo leyendo, en dichos papales tenía escrito los nombres de otras plantas
las cuales eran desconocidas para Ixcach y por esta razón dijo que “Leonor de
Medina sabía más que ella” y que había reñido con ella. Cuando Ixcach le

37 AGN, México, Inquisición, vol.360, exp.17, f.317.


preguntó a Leonor de Medina quién le había enseñado tanto, ella le dijo los
nombres de algunos indios que habían sido sus maestros.38

Ahora bien, un elemento relevante de analizar es que Ixcach poseía


conocimiento de herbolaría al igual que Leonor de Medina, por lo que la
“disputa” que tuvieron ambas mujeres posiblemente fue por saber quien
conocía más hierbas. Asimismo este saber que poseía Ixcach la convertía en
médico, en este caso en hierbatera, ya que sabía con qué plantas medicinales
podía curar las llagas del esposo de Leonor de Medina.

Otro aspecto importante es considerar si las llagas del esposo de Leonor de


Medina estuvieron relacionadas con la ligadura amorosa o sí sólo eran llagas
comunes. Para dar un acercamiento a esta suposición propongo dos hipótesis.

Para la primera propuesta sugiero que las llagas del esposo de Leonor de
Medina se encontraban en su entrepierna. A pesar de que en el documento no
mencionan el nombre de las plantas que empleó Ixcach, debido a que para el
Santo Oficio esta información no era relevante, con el estudio de las fuentes
coloniales podemos dar un acercamiento de las plantas que recetó. Una de
estas fuentes es el Recetario de indios en lengua maya, donde se menciona un
tipo de llagas que afectaba la ingle del hombre y se llamó Incordio, el cual
también recibió los nombres de Bokan, chuchum kak, ek o k’at ek’ 39 y el texto
proporciona un remedio para esta llaga el cual incluye dos plantas para curarla,
que en su traducción al español corresponde al Ricino y la Berenjenita
cimarrona.

Por otra parte, el Ritual de los Bacabes también ofrece un remedio para el
Incordio, el cual se menciona que es “un viento el cual le aparece al hombre
por su comportamiento pecaminoso hasta el grado de agotamiento”. 40 Dentro
de esta receta también se mencionan cuatro plantas que deben colocarse en la
entrepierna, las cuales son : anona de llano, jaral de castilla, roble de la costa y
Viguiera dentata

38 Ibid.
39 Pérez, Juan Pío, op.cit., p.283.
40 Ibid., p.231.
Ahora bien, en esta última fuente se menciona que el Incordio aparece por
cansancio o agotamiento del miembro viril, por lo que podemos suponer que
esta enfermedad pudo afectar la erección del hombre, es decir causó
impotencia. Con esto sugiero que Leonor de Medina ligó a su marido pero con
el conocimiento de la medicina maya y que la razón de llamar a Ixcach fue para
ver la habilidad que tenía la india de curar las ligaduras, en este caso como las
llagas que tenía su esposo, y confirmar sí en verdad Ixcach era una poderosa
hechicera.

La segunda teoría propone que las llagas eran comunes. Dentro de todas las
enfermedades que padecían los mayas antes de la llegada de los españoles,
las llagas se encuentran entre las más frecuentes. Para el caso de esta
enfermedad, el Recetario menciona distintos tipos de llagas que afectan a
mujeres y hombres, y que se originan en cualquier parte del cuerpo.41

Conclusión

Ahora bien, la ligadura amorosa que solicitaban las españolas ¿Puede ser
considerada como una enfermedad para el médico maya? Para responder a
esta pregunta es necesario tomar en cuenta el proceso del diagnóstico maya,
la cual inicia con la observación de los síntomas de un malestar. La ligadura
podía manifestar otros síntomas físicos aparte de la perdida de la erección del
pene, como fiebres o vómitos, pero también producía síntomas anímicos, ya
que podemos inferir que la impotencia generaba en el hombre sentimientos de
tristeza, melancolía y angustia. Por ende sí la española pedía que se rompiera
esa ligadura, era lo mismo que curar la impotencia y en ese aspecto el indio
ofrecía algún remedio para devolver la erección, sin embargo, por otro lado sí
lo que solicitaba la española era ligar al hombre, la perdida de la erección
vuelve a ser interpretada como una enfermedad.

Dicho lo anterior, esto nos indica que la población hispana acudió a los
médicos indígenas y a su herbolaría, aunque desde un trasfondo diferente, ya
que lo que ellos pedían era hechicería y no la medicina tradicional. No

41
Las llagas se podían encontrar en las manos, pies, boca, lengua, en los senos de la
mujer y en la ingle de los hombres. Véase Juan, Pío Pérez, op.cit.
obstante, en el caso presentado se da una valoración por parte de la población
española hacía la hechicería como una habilidad del indígena maya.

De esta manera la terapéutica indígena fue un conjunto de procedimientos de


carácter litúrgico. Como cualquier otro ritual indígena, este rito introduce al
hombre (el chamán y el enfermo) en un espacio sagrado, 42 donde la
enfermedad es manipulada por medio del control de energías que ejerce el
médico-chamán.

De esta manera los españoles acudieron al servicio de los curanderos mayas,


pero esto sólo fue para solicitar servicios de la hechicería, pero al mismo
tiempo reconocieron su saber sobre las propiedades <mágicas> de las plantas,
como fue el caso de la india Ixcach. Así, los médicos mayas preservaron su
conocimiento, su importancia y respeto dentro de sus comunidades, esa
reputación que generaron estos especialistas se debió a su conocimiento y
manejo de las fuerzas naturales y sagradas.

Fuentes documentales del Archivo General de la Nación

Inquisición, Mérida, Yucatán, “Testificación contra doña Leonor de Medina por


tener unos papeles de hechizos y encantamientos”, 12 de agosto de 1616. Vol.
316. 6 f.

Bibliografía

Aguirre Beltrán, Gonzalo, Medicina y Magia. El proceso de aculturación en la


estructura colonial, México, FCE, 1992.

Álvarez, Cristina, Vindobonensis Diccionario etnolingüístico del idioma maya


yucateco colonial, UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de
Estudios Mayas, México, 1980.

Barrera Vázquez, Alfredo, director, Diccionario maya cordemex: maya-español,


español-maya, Mérida, Cordemex, 1980. 984 p.

42Garza, Mercedes de la, Rostros de lo sagrado en el mundo maya, México, Paidós,


UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 1998. p.143.
Barrera Marín, Alfredo, et.al., Nomenclatura etnobotánica maya, México, INAH,
1976. 537 p.

Cruz Cortés, Noemí, Las señoras de la luna, México, Universidad Nacional


Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, 2005. 112 p.

Garza, Mercedes de la, Sueño y éxtasis: visión chamanica de los nahuas y los
mayas, ed. FCE, México, 2012. 341 p.

___________________, Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya,


UNAM, México. 1990. 291 p.

___________________, Rostros de lo sagrado en el mundo maya, México,


Paidós, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 1998. 193p.

Garza, Mercedes de la, y Najera Coronado Martha Ilia, Religión maya, Madrid,
Editorial Trotta, 2002. 416 p.

Gubler Ruth, Yucatán a través de los siglos: (Memorias del 49° Congreso
Internacional de Americanistas), Quito, Ecuador, Ediciones de la Universidad
Autonoma de Yucatan, 1997. 318 pp.

Hinostroza García y Dudet Peraldi, Chamanismo Americano: Medicina y


religión de los pueblos originarios de tradición de Alta Cultura americana
(maya, mexica-azteca e inca), USA, Palibrio, 2011. 352 p.

Holland, William, Medicina maya en los altos de Chiapas, Instituto Nacional


Indigenista, Texas, 1963. 321 p.

Juan Comas y Enrique González, El mestizaje cultural y la medicina


novohispana del siglo XVI, Valencia, Instituto de Estudios Documentales e
Históricos sobre la ciencia, 1995. 296 p.

Landa, Diego de, Relación de las cosas de Yucatán, Madrid, Historia, 1985.
187 p.

López Austin, Alfredo, Dioses del Norte, dioses del sur: religiones y
cosmovisión en Mesoamérica y los Andes, México, ed. Era, 2008. 294 p.
Pedro Pitarch Ramón, Ch’ulel: una etnografía de las almas tzeltales, México,
Fondo de Cultura Económica, 1996. p.351

Pérez, Juan Pío, Recetarios de indios en lengua maya, Índices de plantas


medicinales y enfermedades coordinados por D. Juan Pío Pérez, con estractos
de los Recetarios, Notas y añadiduras por C. Hermann Berendt. M. D., Raquel
Birman, (ed.), Traducción de Domingo Azul y Revisión de Tsubasa Okoshi,
México, UNAM, IIFL, Centro de Estudios Mayas, 1996. 294 p.

Ritual de los Bacabes, Ramón Arzápalo (Ed.), México, UNAM, IIFL, 1987.
197p.