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“Tengo sed” (Jn.

19,--)
La expresión que pronuncia Jesús en la cruz es, sin duda, muestra del
sufrimiento que, hasta ahora, había vivido en silencio. Es muestra del
dolor de descubrirse abandonado por algunos de sus discípulos, dolor de
ver el rostro sufriente de su madre y quienes lo acompañaban en ese
momento. Sin embargo, esta expresión, exclamada de seguro con
crudeza, sobrepasa los límites del tiempo y de la historia y resuena aún
hoy.
¿Quién de nosotros, escuchando a nuestro Señor diciendo “tengo sed”,
habría acercado a Él la esponja con vinagre? El Jesús que hoy, en la cruz,
se expresa así, es el mismo que se acercó a la Samaritana (Jn. 4, 7 – 10)
y le dice “Dame de beber”. Pero, recordemos, en seguida agrega “Si
supieras quién te pide hoy agua, tú le pedirías que te diera de beber y te
daría agua viva”. Si supiéramos, si comprendiéramos quién es Aquél que
hoy clama tener sed.
Sin duda, hoy Jesús en su exclamación reúne la de muchos otros y otras
que también tienen sed. Porque la sed de Jesús es sed de almas, sed de
amor. ¡Tanto tiempo entre nosotros y no hemos aprendido a reconocerlo!
Esta es la sed de Él. En esta expresión hace suya la sed de esta humanidad
y de esta Tierra que claman. Hombres y mujeres sedientos de un salario
digno, un lugar quepara habitar; jóvenes que, en medio de sus
dificultades (las drogas, la delincuencia, la violencia) están sedientos de
adultos libres de la corrupción y de la mentira, sedientos de condiciones
que les permitan un futuro feliz, sedientos de amor; ancianos y ancianas
sedientos del amor de sus familias, de mejores condiciones para ellos y
los que vienen,; una Colombia, sedienta de justicia y reconciliación; en
definitiva, es la voz de tantos que son discriminados, abandonados,
relegados, olvidados por la sociedad y sus condiciones actuales. Pero es,
también, la voz de un Planeta que clama cuidado, respeto. Todos ellos,
anhelan el “agua limpia” del amor. Una mirada, un gesto, la misericordia.
Aquéllos hombres, por quienes hace un momento Jesús había pedido al
Padre, le ofrecen una esponja con vinagre, y con ella, se hace evidente la
maldad que ciega al hombre y la mujer de la sociedad contemporánea. El
trabajo, el estudio, las ocupaciones, hacen que pasemos corriendo por la
vida, de afán, y así somos incapaces de reconocer a Cristo que clama
“agua limpia”. El ruido de la vida, impide que escuchemos la voz que hoy
nos dice “Tengo sed, dame de beber”.
En 1986 la, ahora Santa, madre Teresa de Calcuta decía: “el objetivo de
la vida es saciar la sed de Dios, la sed de Jesús en la cruz, por el amor a
las almas. Esa sed, la saciamos con nuestro amor en acción”. La expresión
de Jesús, resuena hoy en la voz de muchos. La pregunta es ¿la
reconocemos, la escuchamos? Y, cuando lo hacemos, ¿acercamos la
esponja con vinagre o el agua limpia?
Tengo sed, es la expresión de Jesús que muere de sed, pero de un Jesús
que muere POR amor. Hoy, Cristo nos invita a hacer silencio en nuestras
vidas y a reconocer aquel clamor, hacerlo nuestro y estar prontos para
acercar el agua limpia, que es la del amor.
Finalmente, quisiera que recordáramos las palabras de la Madre Teresa:
"Las personas somos irrazonables, inconsecuentes y egoístas;
ámalas de todos modos.
Si haces el bien, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas;
haz el bien, de todos modos.
El bien que hagas hoy, será olvidado mañana,
haz el bien de todos modos.
La sinceridad y la franqueza te hacen vulnerable,
sé sincero y franco de todos modos.
Lo que has tardado en construir años puede ser destruido en una noche,
construye de todos modos.
Alguien que necesita ayuda de verdad, puede atacarte si le ayudas,
ayúdale de todos modos.
Da al mundo lo mejor que tienes y te golpearán por ello,
da al mundo lo mejor que tienes de todos modos.
Dios conoce nuestras debilidades
y nos ama de todos modos"
A Él, le acercaron el vinagre, y sin embargo los amó, nos amó. de todos
modos.