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El poder económico de las bananeras se incrementó al diversificar sus inversiones, como lo hizo la

Vaccaro de La Ceiba al crear el Banco Atlántida (1913), una cervecería, una fábrica de zapatos, una
fábrica de aceite vegetal y otras que multiplicaron sus actividades y beneficios. La Cuyamel Watt
Company instaló un ingenio azucarero en La Lima, que en 1927 producía 40 millones de libras; la
cría de ganado y el cultivo de frutas tropicales para la exportación. El poder económico de las
bananeras se tradujo también en poder político. Durante la época de auge de la «república
bananera», el intervencionismo que antes se originaba en los países vecinos fue asumido por las
compañías bananeras. Los motivos eran principalmente de orden económico, tales como la
necesidad de obtener nuevas concesiones, exenciones y privilegios fiscales; la roturación de nuevas
tierras para incrementar la productividad de sus plantaciones; y, el control sobre recursos nacionales
como los puertos, las aguas y el Ferrocarril Nacional. La persecución de tales beneficios las llevó a
una aguda competencia, particularmente entre la United Fruit Company y la Cuyamel Fruit
Company, hasta que la segunda fue absorbida por la primera. Las consecuencias de dicha rivalidad
fueron nocivas para
El Estado hondureño en la medida que, para satisfacer sus ambiciones, ambas compañías buscaban
aliados en los partidos políticos, los altos funcionarios gubernamentales y los diputados al Congreso
Nacional. Cuando ello no bastaba, las bananeras ponían a su servicio a algún caudillo que estuviera
dispuesto a promover una revuelta que amenazara la estabilidad del régimen de turno.
Las bananeras crearon una situación que implicaba relaciones de dependencia para los miembros de
la elite política y social de Honduras, por medio de beneficios y canonjías que las compañías
ofrecían a cambio de apoyar sus objetivos. En la prensa y los círculos políticos de la época se
afirmaba que la Cuyamel Fruit Company favorecía al Partido Liberal y que la United Fruti
Company sostenía al Partido Nacional. Las bananeras, sin embargo, sólo apoyaban a los partidos,
facciones o caudillos que podían beneficiarlas en una coyuntura determinada. Entre el sistema
político nacional y el poder económico de las bananeras se estableció así un modo de operar que
generaba beneficios para ambos, en detrimento del Estado nacional. En 1931, el diputado Izaguirre,
quien a la vez era médico de la Tela Railroad Company, afirmaba:
Los poderes públicos desde el nacimiento de aquellas compañías han vivido, así como en
perpetuo concubinato con ellas y. prueba de esto es que la gran mayoría de los empleados
nacionales de la Costa Norte reciben sueldos de esas empresas, muchas veces el doble de lo
que les paga el gobierno. Esto abran a los comandantes. los Administradores de Aduana.
Guarda Muelles. Comandantes Locales de los Campos, algunos ministros del Estado se
dirían: de éstos yo no lo sé. pero la opinión pública los sindica; (...) He visto desfilar por los
dominios de la Tela a nuestros grandes hombres públicos a vivir, a comer y beber de balde
de las tan odiadas compañías.
Una lista de la United Fruit Company incluía entre sus empleados a Presentación Quezada y
Plutarco Muñoz. El primero era vicepresidente de la República (1924-1928) y. a la vez, miembro
del cuerpo legal de la United Fruit Company; y. el segundo. diputado del Partido Nacional desde
mediados de la década de 1920 y presidente del Congreso Nacional durante el período 1933-1948,
desempeñándose también como abogado de esta compañía. Por su parte. el Estado obtuvo créditos y
sostenimiento económico de las bananeras durante los períodos de crisis, que eran frecuentes;
mientras, los partidos políticos encontraron en las bananeras el financiamiento que demandaba su
actividad. Así se cerró el círculo de la lógica creada por la «república bananera» en sus relaciones
con el Estado liberal oligárquico, causando profundas consecuencias en el proceso de construcción
nacional.
El poder económico y político adquirido por las compañías bananeras provocó otras consecuencias
de largo alcance para la sociedad hondureña; entre éstas el traslado del centro de gravedad de la
economía nacional del sur al norte y la consolidación de la hegemonía de los Estados Unidos en
Honduras. Hasta la primera década del siglo XX. la economía nacional miraba más hacia Europa
que hacia los Estados Unidos. La ubicación de su principal puerto en la época. Amapala, sobre el
Golfo de Fonseca en el Océano Pacifico, indicaba la predisposición del país a privilegiar sus
relaciones económicas con Europa, especialmente con Alemania. Desde la década de 1920, los
modernos puertos construidos por las compañías bananeras en la Costa Norte desplazaron a
Amapala como puerto principal del país. La primera guerra mundial contribuyó a que el
intercambio comercial entre Honduras y los países europeos se redujera al mínimo. En 1918,
Honduras le declaró la guerra a Alemania y confiscó los bienes de sus ciudadanos, bajo la presión
de los Estados Unidos. El presidente de la República, Francisco Bertrand (1913-1919), renunció a
su cargo y denunció la intervención del gobierno estadounidense en los asuntos internos de
Honduras.
La confiscación de los bienes económicos y comerciales de los alemanes asentados en el sur y el
centro de Honduras tuvo efectos desfavorables para Honduras y benéficos para los Estados Unidos.
Los comerciantes alemanes eran el sector más dinámico de la economía de Amapala y los
principales intermediarios del comercio hondureño con Europa, por lo que su despojo dejó al puerto
sin recursos económicos y sin movimiento comercial. Este hecho facilitó el monopolio económico y
comercial que los Estados Unidos y sus compañías bananeras comenzaban a ejercer sobre la
economía hondureña; una de sus consecuencias fue el traslado del comercio de importación y
exportación a la Costa Norte. Esto constituyó el gran viraje económico y comercial de Honduras en
el siglo XX, siendo el factor que movió el péndulo del poder de un extremo a otro del país. En lo
sucesivo, las relaciones mercantiles de Honduras pasarían por la Costa Norte y tendrían en el Mar
Caribe la ventana más ancha hacia los Estados Unidos. Por el contrario, al finalizar la primera
guerra mundial, el sur de Honduras inició una depresión económica que lo llevó a la decadencia.