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FALSEDAD-DOCUMENTO PÚBLICO.

Sumario: 1. Introducción, 2. Del bien jurídico protegido, 3. De las conductas típicas, 4. La posibilidad de
causar perjuicio, 5. Tipo subjetivo, 6. Consumación del tipo de falsificación (primer párrafo), 7. Tentativa
explicación 8. Consumación del delito de uso (segundo párrafo), 9. Conclusiones.

1. Introducción

Los delitos de falsificación material de documentos[1] son, en general, tipos delictivos con estructuras
típicas muy complejas. De ahí que el estudio sobre estos sea objeto de un amplio debate doctrinario;
amén de ello es, además, uno de los delitos de más común realización, configurando un gran porcentaje
de causas que se tramitan en el Poder Judicial. Este trabajo tiene el limitado objeto de centrarse
solamente en el aspecto tan discutido del momento de su consumación. La postura que expondré, con
seguridad, no estará exenta de críticas, sin embargo, espero superarlas con las armas de la lógica y de las
razones. No pretendo extenderme en un comentario genérico sobre este tipo, partiré pues de la breve
referencia acerca del bien jurídico protegido, las conductas típicas, para luego pasar al abstruso asunto
de la consumación, eso sí, haciendo una descripción de sus elementos para, al final, extraer algunas
conclusiones. Así trazada esta empresa, en adelante tendré a bien exponer su escueto desarrollo.

Lea también: El delito de plagio y usurpación de derechos autorales y conexos.

2. Del bien jurídico protegido

Este delito está ubicado bajo el título de los “delitos contra la fe pública”, de lo que se entiende que el
legislador ha optado por establecer que el bien jurídico protegido aquí es la fe pública (lo que, como
veremos más adelante, es coherente con la construcción típica del delito). Podría señalarse aquí el
criterio dualista de Carrara, para quien lo directamente atacado, vulnerado o desconocido por este tipo
de delitos es la fe constituida en cada uno de los miembros de la comunidad, por el valor de veracidad
que el Estado (el derecho) otorga a determinadas formas instrumentales de su propia actividad[2].

Lea también: Hurtado Pozo denuncia haber sido víctima de plagio en una tesis.

No puede dejar de mencionarse, además, que en el desarrollo doctrinal de este delito, se ha hecho la
propuesta de que el bien jurídico es pluriofensivo[3]; o también que el mismo atenta con un sentido de
más concreción y especificidad en contra de la fiabilidad y seguridad del tráfico jurídico[4], lo que
merece especial atención, dado que con este bien jurídico se pretenderá proteger algo que, si bien en
definición es más tangible y menos genérico que lo que se entiende por fe pública, es también una
forma de asumir un determinado momento de consumación (lo que se verá más adelante).

Lea también: Gunther Gonzáles Barrón denuncia plagio en sentencia del VII Pleno Casatorio Civil.

3. De las conductas típicas

El ataque directo de estas conductas se da en contra de las características de autenticidad o genuidad del
documento[5], el mismo que se entiende como el objeto material de este delito; refiere García Cantizano
que un documento es auténtico cuando procede de la persona que figura como su autor. Por lo que
debemos descartar de entrada cualquier ataque en contra de la veracidad de la realidad contenida (por
medio de la escritura) en el documento, puesto que esto es materia de tipificación por la falsedad
ideológica[6].

De acuerdo al texto de este dispositivo normativo tenemos que las conductas típicas son las siguientes:

Hacer en todo un documento; llamada también imitación total, esta conducta se realiza de dos formas:
la primera es imitar copiando un documento verdadero (preexistente) en otro soporte material, de tal
manera que en él se introduzcan modificaciones sustanciales y deformantes del documentos verdadero
que sirviera de modelo; y la segunda forma consiste en crear un documento sin tener ningún modelo
pre-existente, de tal forma que su surgimiento se origina con la creación del mismo[7].

Hacer en parte un documento; llamada también imitación parcial, esta forma de falsificación se identifica
con el verbo “agregar”, dado que en este caso se partirá de la existencia de un documento verdadero, al
cual se le agregarán líneas de palabras o párrafos (supóngase pues el caso donde el documento
verdadero contenga espacios en blanco), los mismos que darán a conocer una nueva idea no existente
en el documento hasta realizada aquella acción.

Adulterar un documento verdadero; el verbo adulterar se identifica con el verbo “alterar”, el mismo “que
ha sido entendido como sinónimo de modificar o cambiar la existencia material de un documento
auténtico ya formado”[8], de tal manera que su consecución se da mediante las acciones de “supresión”
y “sustitución”; de ahí que la realización de las mismas sobre la escritura del documento se da alterando
lo ya existente, mediante la modificación o sustitución de palabras, siendo que lo que se cambia y
deforma es su sentido, sin llegar a crear parcialmente un documento como se viera en el anterior caso.

4. La posibilidad de causar perjuicio


Existe gran debate doctrinario a propósito de este elemento común en diversos tipos de falsedad
documental en el derecho comparado, de ahí que lo que a mi juicio mejor se ha plateando es su
configuración como un elemento del tipo objetivo, y no como una condición objetiva de punibilidad,
como tal vez se ha querido confundir[9]. En consecuencia, el dolo abarcará el conocimiento de este
elemento también.

«Lea también: «Si el proceso inmediato fuera facultativo los fiscales no lo usarían». Texto completo de la
ponencia de César Nakazaki en el II Pleno Jurisdiccional.

En esta misma disyuntiva se han visto también confundidos los conceptos de posibilidad y probabilidad
de causar algún perjuicio; así García Cantizano, citando a Moliner, advierte que, “lo que puede ser es
posibilidad, lo que tendría que ser, aunque eventualmente no sea es probabilidad”[10].

Aquí será, pues, de suma importancia la característica de idoneidad (capacidad y/o potencialidad) que
tenga el documento falsificado para poder engañar (piénsese pues en el documento tan burdamente
falsificado que de ninguna manera pudiera causar engaño), de tal manera que no podrá configurarse el
delito si este documento no tiene la aptitud para poder engañar (para estos casos se utiliza siempre el
parámetro del ciudadano común).

Vídeo: La justicia comunal.

Así pues, debe entenderse que el recurso de la ley que fluye de la frase “si de su uso puede causar algún
perjuicio” constituye un elemento integrante del tipo objetivo, cuya utilización es propia de la técnica
legislativa empleada en la construcción de los delitos de peligro y pretende remarcar la idoneidad que la
conducta de falsificación (la llamada acción falsaria) debe cumplir para ingresar al tráfico jurídico,
afectándolo[11].

Lea también: La primera vez del sistema acusatorio en el Perú.

5. Tipo subjetivo
Además del dolo[12] (que implica el conocimiento de la significancia y la voluntad de realizar la conducta
típica descrita), encontramos también otro elemento subjetivo del tipo, el propósito de utilizar el
documento, que puede igualarse con la intención de querer usar el documento (sea introduciéndolo en
el tráfico jurídico o presentándolo al sujeto que se quiere perjudicar), lo que no implica que esto se deba
llevar a cabo.

6. Consumación del tipo de falsificación (primer párrafo)

En el primer párrafo se tipifican las conductas arriba mencionadas, que re-caen sobre los documentos
públicos[13] y los documentos privados[14].

Lea también: Técnicas para memorizar las ideas básicas del alegato.

Así, la consumación del delito de falsedad documental se da en el momento mismo de la realización de


cualquiera de las conductas típicas unido con el ulterior propósito subjetivo de hacer un uso de él, sin
necesidad de un uso efectivo del documento en el plano objetivo ontológico, sucediendo que, de darse
este uso posterior (exigencia no típica), estaríamos en la fase de agotamiento delictivo (lo que implica la
irrelevancia de este posterior uso, dado que quedaría impune)[15]. Por lo mismo, como no se requiere el
uso externo del documento falsificado para la perfección del delito, lo que sí se exige es la aptitud e
idoneidad del mismo para que potencialmente pueda producir efectos en el tráfico jurídico, sin que sea
necesaria la comprobación del perjuicio[16].

Lea también: Imponen multa de 790 soles a abogado por no asistir a audiencia.

La doctrina contraria se inspira en la necesidad de una lesión o perjuicio objetivo, la que malentiende
pues lo que el legislador ha tipificado en este delito, donde es evidente que ha optado por un desvalor
de la acción y no por una desvaloración del resultado, siendo pues un delito de peligro que se configura
mediante una acción y no un delito de lesión. Esta posición ha sido asumida pues por un sector
jurisprudencial de forma errónea (lo que ha dejado impunes no pocas de estas conductas):
“En el caso del artículo 427 si no se da el perjuicio resultante del acto delictivo y siendo inexistente la
condición objetiva de punibilidad, es decir, el perjuicio ocasionado al agraviado, el hecho consumado no
constituye delito y por ende no es justiciable penalmente (…)” (Ejecutoria Superior de Lima del
05.09.97). También “No obstante ser típica, antijurídica y culpable la conducta de la acusada, sin
embargo, estando a la condición objetiva de punibilidad contenida en el art. 427 del C.P., así como por
razones de política criminal, para la punibilidad de la referida conducta se requiere que del uso de
documento resulte un perjuicio, caso contrario esta no se castigará (…)” (Ejecutoria Suprema del
01.12.97)[17].

Lea también: Sarmiza Bilcescu, la primera abogada.

Distinto de lo que entiende la anterior jurisprudencia señalada respecto del momento de la consumación
de este delito, es afirmar que al Poder Judicial sólo llegan los casos en los cuales se han llegado a utilizar
los documentos falsificados. Ciertamente es muy complicado probar este delito antes del uso externo
que le pudiera dar su falsificador, amén de los problemas que surgirían de la ubicación en el tiempo de
su real consumación; por lo mismo, se puede entender también que por cuestiones pragmáticas y de
utilidad probatoria se tenga que la consumación se realiza en el momento de la introducción del
documento falseado en el tráfico jurídico. Esto a efectos de determinar el momento exacto de la
comisión delictiva y en consecuencia el inicio cierto del plazo prescriptorio. Esta práctica posición ha sido
también asumida por cierta jurisprudencia:

“En el delito de falsificación de documentos, el momento de la consumación se produce desde que el


sujeto conociendo la falsedad del documento realiza un acto material de utilización del mismo (…)” R. N.
4036-2004-Lima, p. 1574, El Código en su Jurisprudencia, p. 447.

Además:

“(…) el delito de falsedad es de comisión instantánea y se consuma, en todo caso, cuando a sabiendas se
utiliza el documento falso, un supuesto típico distinto de la confección, alteración o modificación falsaria
del documento y que, asimismo, puede concurrir con él y ser perpetrado por el propio autor de la
elaboración del documento falso o por un tercero (…)”. Corte Superior de Justicia, Sala Penal
Permanente, Queja núm. 1678-2006, Lima, Precedente Vinculante, fundamentos del 4 al 6. El texto que
señalamos aquí es parte del fundamento 5.
7. Tentativa explicación

La jurisprudencia anotada que exige el perjuicio objetivo para la consumación del delito que venimos
comentando, obedece a ciertas consideraciones entre nuestros jueces, las cuales podrían ser: 1) La
seguridad y fiabilidad del tráfico jurídico como bien jurídico protegido; se traslada entonces el momento
consumativo del delito al momento en que éste se introduce objetivamente en el tráfico jurídico; 2) La
consideración de la posibilidad de perjuicio como una condición objetiva de punibilidad[18]; exigiéndose
para la perfección del delito la consecución y probanza de un perjuicio; y 3) La necesidad de un perjuicio
objetivo; habiendo entendido este delito no como uno de peligro sino como uno de resultado.

Lea también: ¿Puede el juez ordenar al condenado leer un libro como regla de conducta?

8. Consumación del tipo de uso (segundo párrafo)

Al ser un delito de mera actividad se consuma con el uso externo del documento falsificado (ya sea
procesal o extraprocesalmente). Nuestra legislación sanciona con las mismas penas la conducta de
falsificación (siendo que si después –como ya mencionara– deviene el falsificador en el uso, esto es sólo
un agotamiento de la conducta falsaria que nada agrega al acto ya consumado, quedando en este
extremo impune la conducta sobreviniente del uso) y la conducta del estricto uso del documento
falseado. Además sólo pueden ser sujetos activos los agentes que no hayan tomado parte en la conducta
de falsificación de aquel documento (ya sea a título de autoría o de participación).

Lea también: Diez cosas que debes saber de de Claux Roxin y de su teoría del dominio de la voluntad en
aparatos organizados de poder.

Una crítica a esta tipificación apuntaría a la desproporción penal que existe cuando el legislador ha
previsto la misma pena para el agente falsificador como para el agente que solamente se limita a
utilizarlo; siendo que la conducta del primero implica un mayor desvalor de la acción (lo que equivaldría
a decir que contiene una mayor carga de antijuridicidad) que el del segundo, quien por limitarse al
estricto uso, su acción tiene un menor desvalor[19].

Lea también: ¿Puede anularse la sentencia si los jueces estuvieron distraídos con el celular en la
audiencia?.
9. Conclusiones

El delito de falsificación de documentos es de peligro, basta para su consumación la sola conducta


falsaria idónea y capaz de engañar; de tal manera que no es necesaria la causación de un perjuicio
objetivo para la perfección de este delito.

La posibilidad de causar perjuicio es un elemento del tipo objetivo y no una condición de punibilidad, la
misma que deviene de la potencialidad de producir efectos en el tráfico jurídico.

Cierto sector jurisprudencial entiende que la consumación de este delito se da cuando se causa un
perjuicio objetivo; otro sector entiende que lo propio se realiza con la introducción del documento
falsificado en el tráfico jurídico. La postura aquí expuesta es la que se hace de una interpretación que no
excede el sentido literal del texto normativo (el mayor límite de legalidad y seguridad jurídica), en
contrapartida a las tantas interpretaciones extensivas, lo que no me impide abogar por la reforma del
tipo penal bajo comentario.

Lea también: Lo más duro que los abogados hacemos por nuestros clientes.

Actualización

Hace pocos días la Corte Suprema adoptó la posición expuesta en este artículo. Pueden leer la sentencia
casatoria haciendo click aquí.

Lea también: Casación 1121-2016, Puno: Configuración del delito de falsificación de documentos no
exige materialización de un perjuicio (doctrina jurisprudencial)

[1] Los mismos que se ubican en el artículo 427 del Código Penal y cuyo texto normativo declara:

“Art. 427.- El que hace, en todo o en parte, un documento falso o adultera uno verdadero que pueda dar
origen a derecho u obligación o servir para probar un hecho, con el propósito de utilizar el documento,
será reprimido, si de su uso puede resultar algún perjuicio, con pena privativa de libertad no menor de
dos ni mayor de diez años y con treinta a noventa días-multa si se trata de un documento público,
registro público, título auténtico o cualquier otro trasmisible por endoso o al portador y con pena
privativa de libertad no menor de dos ni mayor de cuatro años, y con ciento ochenta a trescientos
sesenticinco días-multa, si se trata de un documento privado.

El que hace uso de un documento falso o falsificado, como si fuese legítimo, siempre que de su uso
pueda resultar algún perjuicio, será reprimido, en su caso, con las mismas penas.”

[2] Citando a Carrara; Carlos Creus; Falsificación de Documentos en General; Editorial Astrea; Buenos
Aires; 2004; p. 4.

[3] En este sentido la tesis mantenida por Cobo del Rosal, Esquema de una Teoría General de los delitos
de Falsedad, CPN, 1995, p. 1995; quien admitiendo la fe pública, no obstante, declara que “al mismo
tiempo comportan, cuando menos, una puesta en peligro de concretos bienes jurídicos (propiedad,
honor, objetividad e imparcialidad en la administración de justicia, etc.)”.

[4] Castillo Alva; opus cit.; p. 33, quien la define como “la certeza, firmeza o consistencia, en que se
desenvuelven el conjunto de las relaciones jurídicas como consecuencias de la corrección y autenticidad
de los actos que las crean, modifican o extinguen”.

[5] Al que se le puede definir como “todo soporte material que exprese o incorpore datos, hechos o
narraciones con eficacia probatoria o cualquier otro tipo de relevancia jurídica”; García Cantizano,
Falsedades Documentales; Tirant lo Blanch; Madrid; 1997; p. 45.

[6] Código Penal, artículo 428.

[7] En este mismo sentido Carlos Creus; opus cit.; p. 59 y ss.

[8] García Cantizano, citando a Carrara; opus cit.; p. 114.

[9] Así también lo asume Carlos Creus; opus cit.; p. 95.


[10] Sigue diciendo además que “la posibilidad es lo que cabe en un orden material o lógico, lo probable
es lo posible que es más fácil que ocurra, que deje de ocurrir”.

[11] En este sentido Castillo Alva, José Luis; La Falsedad Documental; Jurista Editores; Lima; 2001; p. 194;
de forma similar también Soler, Sebastián; Derecho Penal Argentino; Tomo V; p. 345.

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Penal

¿En qué momento se consuma el delito de falsedad documental?

POR LILA ARENAS - MARZO 7, 2016070457

Sumario: 1. Introducción, 2. Del bien jurídico protegido, 3. De las conductas típicas, 4. La posibilidad de
causar perjuicio, 5. Tipo subjetivo, 6. Consumación del tipo de falsificación (primer párrafo), 7. Tentativa
explicación 8. Consumación del delito de uso (segundo párrafo), 9. Conclusiones.

© Lila Arenas

© Lila Arenas

Sumario: 1. Introducción, 2. Del bien jurídico protegido, 3. De las conductas típicas, 4. La posibilidad de
causar perjuicio, 5. Tipo subjetivo, 6. Consumación del tipo de falsificación (primer párrafo), 7. Tentativa
explicación 8. Consumación del delito de uso (segundo párrafo), 9. Conclusiones.

1. Introducción
Los delitos de falsificación material de documentos[1] son, en general, tipos delictivos con estructuras
típicas muy complejas. De ahí que el estudio sobre estos sea objeto de un amplio debate doctrinario;
amén de ello es, además, uno de los delitos de más común realización, configurando un gran porcentaje
de causas que se tramitan en el Poder Judicial. Este trabajo tiene el limitado objeto de centrarse
solamente en el aspecto tan discutido del momento de su consumación. La postura que expondré, con
seguridad, no estará exenta de críticas, sin embargo, espero superarlas con las armas de la lógica y de las
razones. No pretendo extenderme en un comentario genérico sobre este tipo, partiré pues de la breve
referencia acerca del bien jurídico protegido, las conductas típicas, para luego pasar al abstruso asunto
de la consumación, eso sí, haciendo una descripción de sus elementos para, al final, extraer algunas
conclusiones. Así trazada esta empresa, en adelante tendré a bien exponer su escueto desarrollo.

Lea también: El delito de plagio y usurpación de derechos autorales y conexos.

2. Del bien jurídico protegido

Este delito está ubicado bajo el título de los “delitos contra la fe pública”, de lo que se entiende que el
legislador ha optado por establecer que el bien jurídico protegido aquí es la fe pública (lo que, como
veremos más adelante, es coherente con la construcción típica del delito). Podría señalarse aquí el
criterio dualista de Carrara, para quien lo directamente atacado, vulnerado o desconocido por este tipo
de delitos es la fe constituida en cada uno de los miembros de la comunidad, por el valor de veracidad
que el Estado (el derecho) otorga a determinadas formas instrumentales de su propia actividad[2].

Lea también: Hurtado Pozo denuncia haber sido víctima de plagio en una tesis.

No puede dejar de mencionarse, además, que en el desarrollo doctrinal de este delito, se ha hecho la
propuesta de que el bien jurídico es pluriofensivo[3]; o también que el mismo atenta con un sentido de
más concreción y especificidad en contra de la fiabilidad y seguridad del tráfico jurídico[4], lo que
merece especial atención, dado que con este bien jurídico se pretenderá proteger algo que, si bien en
definición es más tangible y menos genérico que lo que se entiende por fe pública, es también una
forma de asumir un determinado momento de consumación (lo que se verá más adelante).
Lea también: Gunther Gonzáles Barrón denuncia plagio en sentencia del VII Pleno Casatorio Civil.

3. De las conductas típicas

El ataque directo de estas conductas se da en contra de las características de autenticidad o genuidad del
documento[5], el mismo que se entiende como el objeto material de este delito; refiere García Cantizano
que un documento es auténtico cuando procede de la persona que figura como su autor. Por lo que
debemos descartar de entrada cualquier ataque en contra de la veracidad de la realidad contenida (por
medio de la escritura) en el documento, puesto que esto es materia de tipificación por la falsedad
ideológica[6].

De acuerdo al texto de este dispositivo normativo tenemos que las conductas típicas son las siguientes:

Hacer en todo un documento; llamada también imitación total, esta conducta se realiza de dos formas:
la primera es imitar copiando un documento verdadero (preexistente) en otro soporte material, de tal
manera que en él se introduzcan modificaciones sustanciales y deformantes del documentos verdadero
que sirviera de modelo; y la segunda forma consiste en crear un documento sin tener ningún modelo
pre-existente, de tal forma que su surgimiento se origina con la creación del mismo[7].

Hacer en parte un documento; llamada también imitación parcial, esta forma de falsificación se identifica
con el verbo “agregar”, dado que en este caso se partirá de la existencia de un documento verdadero, al
cual se le agregarán líneas de palabras o párrafos (supóngase pues el caso donde el documento
verdadero contenga espacios en blanco), los mismos que darán a conocer una nueva idea no existente
en el documento hasta realizada aquella acción.

Adulterar un documento verdadero; el verbo adulterar se identifica con el verbo “alterar”, el mismo “que
ha sido entendido como sinónimo de modificar o cambiar la existencia material de un documento
auténtico ya formado”[8], de tal manera que su consecución se da mediante las acciones de “supresión”
y “sustitución”; de ahí que la realización de las mismas sobre la escritura del documento se da alterando
lo ya existente, mediante la modificación o sustitución de palabras, siendo que lo que se cambia y
deforma es su sentido, sin llegar a crear parcialmente un documento como se viera en el anterior caso.

4. La posibilidad de causar perjuicio

Existe gran debate doctrinario a propósito de este elemento común en diversos tipos de falsedad
documental en el derecho comparado, de ahí que lo que a mi juicio mejor se ha plateando es su
configuración como un elemento del tipo objetivo, y no como una condición objetiva de punibilidad,
como tal vez se ha querido confundir[9]. En consecuencia, el dolo abarcará el conocimiento de este
elemento también.

«Lea también: «Si el proceso inmediato fuera facultativo los fiscales no lo usarían». Texto completo de la
ponencia de César Nakazaki en el II Pleno Jurisdiccional.

En esta misma disyuntiva se han visto también confundidos los conceptos de posibilidad y probabilidad
de causar algún perjuicio; así García Cantizano, citando a Moliner, advierte que, “lo que puede ser es
posibilidad, lo que tendría que ser, aunque eventualmente no sea es probabilidad”[10].

Aquí será, pues, de suma importancia la característica de idoneidad (capacidad y/o potencialidad) que
tenga el documento falsificado para poder engañar (piénsese pues en el documento tan burdamente
falsificado que de ninguna manera pudiera causar engaño), de tal manera que no podrá configurarse el
delito si este documento no tiene la aptitud para poder engañar (para estos casos se utiliza siempre el
parámetro del ciudadano común).

Vídeo: La justicia comunal.

Así pues, debe entenderse que el recurso de la ley que fluye de la frase “si de su uso puede causar algún
perjuicio” constituye un elemento integrante del tipo objetivo, cuya utilización es propia de la técnica
legislativa empleada en la construcción de los delitos de peligro y pretende remarcar la idoneidad que la
conducta de falsificación (la llamada acción falsaria) debe cumplir para ingresar al tráfico jurídico,
afectándolo[11].

Lea también: La primera vez del sistema acusatorio en el Perú.

5. Tipo subjetivo

Además del dolo[12] (que implica el conocimiento de la significancia y la voluntad de realizar la conducta
típica descrita), encontramos también otro elemento subjetivo del tipo, el propósito de utilizar el
documento, que puede igualarse con la intención de querer usar el documento (sea introduciéndolo en
el tráfico jurídico o presentándolo al sujeto que se quiere perjudicar), lo que no implica que esto se deba
llevar a cabo.

6. Consumación del tipo de falsificación (primer párrafo)

En el primer párrafo se tipifican las conductas arriba mencionadas, que re-caen sobre los documentos
públicos[13] y los documentos privados[14].

Lea también: Técnicas para memorizar las ideas básicas del alegato.

Así, la consumación del delito de falsedad documental se da en el momento mismo de la realización de


cualquiera de las conductas típicas unido con el ulterior propósito subjetivo de hacer un uso de él, sin
necesidad de un uso efectivo del documento en el plano objetivo ontológico, sucediendo que, de darse
este uso posterior (exigencia no típica), estaríamos en la fase de agotamiento delictivo (lo que implica la
irrelevancia de este posterior uso, dado que quedaría impune)[15]. Por lo mismo, como no se requiere el
uso externo del documento falsificado para la perfección del delito, lo que sí se exige es la aptitud e
idoneidad del mismo para que potencialmente pueda producir efectos en el tráfico jurídico, sin que sea
necesaria la comprobación del perjuicio[16].

Lea también: Imponen multa de 790 soles a abogado por no asistir a audiencia.

La doctrina contraria se inspira en la necesidad de una lesión o perjuicio objetivo, la que malentiende
pues lo que el legislador ha tipificado en este delito, donde es evidente que ha optado por un desvalor
de la acción y no por una desvaloración del resultado, siendo pues un delito de peligro que se configura
mediante una acción y no un delito de lesión. Esta posición ha sido asumida pues por un sector
jurisprudencial de forma errónea (lo que ha dejado impunes no pocas de estas conductas):

“En el caso del artículo 427 si no se da el perjuicio resultante del acto delictivo y siendo inexistente la
condición objetiva de punibilidad, es decir, el perjuicio ocasionado al agraviado, el hecho consumado no
constituye delito y por ende no es justiciable penalmente (…)” (Ejecutoria Superior de Lima del
05.09.97). También “No obstante ser típica, antijurídica y culpable la conducta de la acusada, sin
embargo, estando a la condición objetiva de punibilidad contenida en el art. 427 del C.P., así como por
razones de política criminal, para la punibilidad de la referida conducta se requiere que del uso de
documento resulte un perjuicio, caso contrario esta no se castigará (…)” (Ejecutoria Suprema del
01.12.97)[17].

Lea también: Sarmiza Bilcescu, la primera abogada.

Distinto de lo que entiende la anterior jurisprudencia señalada respecto del momento de la consumación
de este delito, es afirmar que al Poder Judicial sólo llegan los casos en los cuales se han llegado a utilizar
los documentos falsificados. Ciertamente es muy complicado probar este delito antes del uso externo
que le pudiera dar su falsificador, amén de los problemas que surgirían de la ubicación en el tiempo de
su real consumación; por lo mismo, se puede entender también que por cuestiones pragmáticas y de
utilidad probatoria se tenga que la consumación se realiza en el momento de la introducción del
documento falseado en el tráfico jurídico. Esto a efectos de determinar el momento exacto de la
comisión delictiva y en consecuencia el inicio cierto del plazo prescriptorio. Esta práctica posición ha sido
también asumida por cierta jurisprudencia:

“En el delito de falsificación de documentos, el momento de la consumación se produce desde que el


sujeto conociendo la falsedad del documento realiza un acto material de utilización del mismo (…)” R. N.
4036-2004-Lima, p. 1574, El Código en su Jurisprudencia, p. 447.

Además:

“(…) el delito de falsedad es de comisión instantánea y se consuma, en todo caso, cuando a sabiendas se
utiliza el documento falso, un supuesto típico distinto de la confección, alteración o modificación falsaria
del documento y que, asimismo, puede concurrir con él y ser perpetrado por el propio autor de la
elaboración del documento falso o por un tercero (…)”. Corte Superior de Justicia, Sala Penal
Permanente, Queja núm. 1678-2006, Lima, Precedente Vinculante, fundamentos del 4 al 6. El texto que
señalamos aquí es parte del fundamento 5.

7. Tentativa explicación

La jurisprudencia anotada que exige el perjuicio objetivo para la consumación del delito que venimos
comentando, obedece a ciertas consideraciones entre nuestros jueces, las cuales podrían ser: 1) La
seguridad y fiabilidad del tráfico jurídico como bien jurídico protegido; se traslada entonces el momento
consumativo del delito al momento en que éste se introduce objetivamente en el tráfico jurídico; 2) La
consideración de la posibilidad de perjuicio como una condición objetiva de punibilidad[18]; exigiéndose
para la perfección del delito la consecución y probanza de un perjuicio; y 3) La necesidad de un perjuicio
objetivo; habiendo entendido este delito no como uno de peligro sino como uno de resultado.

Lea también: ¿Puede el juez ordenar al condenado leer un libro como regla de conducta?

8. Consumación del tipo de uso (segundo párrafo)

Al ser un delito de mera actividad se consuma con el uso externo del documento falsificado (ya sea
procesal o extraprocesalmente). Nuestra legislación sanciona con las mismas penas la conducta de
falsificación (siendo que si después –como ya mencionara– deviene el falsificador en el uso, esto es sólo
un agotamiento de la conducta falsaria que nada agrega al acto ya consumado, quedando en este
extremo impune la conducta sobreviniente del uso) y la conducta del estricto uso del documento
falseado. Además sólo pueden ser sujetos activos los agentes que no hayan tomado parte en la conducta
de falsificación de aquel documento (ya sea a título de autoría o de participación).

Lea también: Diez cosas que debes saber de de Claux Roxin y de su teoría del dominio de la voluntad en
aparatos organizados de poder.

Una crítica a esta tipificación apuntaría a la desproporción penal que existe cuando el legislador ha
previsto la misma pena para el agente falsificador como para el agente que solamente se limita a
utilizarlo; siendo que la conducta del primero implica un mayor desvalor de la acción (lo que equivaldría
a decir que contiene una mayor carga de antijuridicidad) que el del segundo, quien por limitarse al
estricto uso, su acción tiene un menor desvalor[19].

Lea también: ¿Puede anularse la sentencia si los jueces estuvieron distraídos con el celular en la
audiencia?.

9. Conclusiones
El delito de falsificación de documentos es de peligro, basta para su consumación la sola conducta
falsaria idónea y capaz de engañar; de tal manera que no es necesaria la causación de un perjuicio
objetivo para la perfección de este delito.

La posibilidad de causar perjuicio es un elemento del tipo objetivo y no una condición de punibilidad, la
misma que deviene de la potencialidad de producir efectos en el tráfico jurídico.

Cierto sector jurisprudencial entiende que la consumación de este delito se da cuando se causa un
perjuicio objetivo; otro sector entiende que lo propio se realiza con la introducción del documento
falsificado en el tráfico jurídico. La postura aquí expuesta es la que se hace de una interpretación que no
excede el sentido literal del texto normativo (el mayor límite de legalidad y seguridad jurídica), en
contrapartida a las tantas interpretaciones extensivas, lo que no me impide abogar por la reforma del
tipo penal bajo comentario.

Lea también: Lo más duro que los abogados hacemos por nuestros clientes.

Actualización

Hace pocos días la Corte Suprema adoptó la posición expuesta en este artículo. Pueden leer la sentencia
casatoria haciendo click aquí.

Lea también: Casación 1121-2016, Puno: Configuración del delito de falsificación de documentos no
exige materialización de un perjuicio (doctrina jurisprudencial)

[1] Los mismos que se ubican en el artículo 427 del Código Penal y cuyo texto normativo declara:

“Art. 427.- El que hace, en todo o en parte, un documento falso o adultera uno verdadero que pueda dar
origen a derecho u obligación o servir para probar un hecho, con el propósito de utilizar el documento,
será reprimido, si de su uso puede resultar algún perjuicio, con pena privativa de libertad no menor de
dos ni mayor de diez años y con treinta a noventa días-multa si se trata de un documento público,
registro público, título auténtico o cualquier otro trasmisible por endoso o al portador y con pena
privativa de libertad no menor de dos ni mayor de cuatro años, y con ciento ochenta a trescientos
sesenticinco días-multa, si se trata de un documento privado.
El que hace uso de un documento falso o falsificado, como si fuese legítimo, siempre que de su uso
pueda resultar algún perjuicio, será reprimido, en su caso, con las mismas penas.”

[2] Citando a Carrara; Carlos Creus; Falsificación de Documentos en General; Editorial Astrea; Buenos
Aires; 2004; p. 4.

[3] En este sentido la tesis mantenida por Cobo del Rosal, Esquema de una Teoría General de los delitos
de Falsedad, CPN, 1995, p. 1995; quien admitiendo la fe pública, no obstante, declara que “al mismo
tiempo comportan, cuando menos, una puesta en peligro de concretos bienes jurídicos (propiedad,
honor, objetividad e imparcialidad en la administración de justicia, etc.)”.

[4] Castillo Alva; opus cit.; p. 33, quien la define como “la certeza, firmeza o consistencia, en que se
desenvuelven el conjunto de las relaciones jurídicas como consecuencias de la corrección y autenticidad
de los actos que las crean, modifican o extinguen”.

[5] Al que se le puede definir como “todo soporte material que exprese o incorpore datos, hechos o
narraciones con eficacia probatoria o cualquier otro tipo de relevancia jurídica”; García Cantizano,
Falsedades Documentales; Tirant lo Blanch; Madrid; 1997; p. 45.

[6] Código Penal, artículo 428.

[7] En este mismo sentido Carlos Creus; opus cit.; p. 59 y ss.

[8] García Cantizano, citando a Carrara; opus cit.; p. 114.

[9] Así también lo asume Carlos Creus; opus cit.; p. 95.

[10] Sigue diciendo además que “la posibilidad es lo que cabe en un orden material o lógico, lo probable
es lo posible que es más fácil que ocurra, que deje de ocurrir”.
[11] En este sentido Castillo Alva, José Luis; La Falsedad Documental; Jurista Editores; Lima; 2001; p. 194;
de forma similar también Soler, Sebastián; Derecho Penal Argentino; Tomo V; p. 345.

[12] En este delito debe entenderse que sólo pueden aceptarse el dolo directo de primer grado y de
segundo grado; mas no el dolo eventual. Entendiéndose por esto que en las dos formas de dolo directo
existe un conocimiento actual y sin dubitaciones respecto de los elementos típicos y además de la
intención de engañar implícito en el propósito de utilizar el documento falsificado, lo que no se da en el
dolo eventual.

[13] El art. 427 es una ley penal en blanco, así pues, la definición de documento público la encontramos
en el artículo 235 del Código Civil, el mismo que ad litteran declara: “Artículo 235.- Es documento
público:

1. El otorgado por funcionario público en ejercicio de sus atribuciones; y

2. La escritura pública y demás documentos otorgados ante o por notario público, según la ley de la
materia.

La copia del documento público tiene el mismo valor que el original, si está certificada por Auxiliar
jurisdiccional respectivo, notario público o fedatario, según corresponda. Esta definición además ha sido
asumida por el Tribunal Constitucional, en la sentencia recaída en el Exp. núm. 03742-2007-PHC/TC,
fundamento 3.

[14] Su definición también se remite al Código Civil, así se declara: “Artículo 236.- Documento privado.-
Es el que no tiene las características del documento público. La legalización o certificación de un
documento privado no lo convierte en público”. Esta definición además ha sido asumida por el Tribunal
Constitucional, en la sentencia recaída en el Exp. núm. 03742-2007-PHC/TC, fundamento 4.

[15] Nuestro Código Penal no tipifica la conducta de falsificar y posteriormente usar; tipificando sí, las
conductas de la estricta falsificación (art. 417, primer párrafo), y el estricto uso (art. 427, segundo
párrafo).
[16] Es de esta opinión Arroyo de las Heras; opus cit.; p. 225 y ss. También Carlos Creus, para quien
“cuando se trata de un documento público el delito se consuma con la sola acción de la creación total o
parcial, o con la adulteración, ya que con esos hechos surge la posibilidad de perjuicio”.

[17] Con esta misma línea y consecuencias pueden verse las ejecutorias supremas del 28.08.97 y la del
06.10.97.

[18] Son de esta posición Bramont Arias y García Cantizano; citados por Castillo Alva; opus cit.; p. 628.

[19] De este mismo parecer es Arroyo De las Heras, Alfonso; Editorial Bosch; España; 2005; p. 207 y ss.,
al considerar correcto que la modalidad de uso del documento falso tenga menor pena que la del
falsificador, siendo que de esta forma es como está tipificado en los artículos 391, 392 y 393 del Código
Penal Español.

© Lila Arenas