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Maria Isabel Rodríguez Ponce – Las oraciones coordinadas y las yuxtapuestas

LAS ORACIONES COORDINADAS Y LAS YUXTAPUESTAS

ISBN - 84-9822-306-7

MARÍA ISABEL RODRÍGUEZ PONCE


mirponce@unex.es

THESAURUS: oración compuesta, oración compleja, yuxtaposición,


coordinación, copulativas, adversativas, disyuntivas, subordinación,
exclamativas

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28 y 29 del programa de gramática

RESUMEN O ESQUEMA DEL ARTÍCULO: Tras el panorama general


de la oración compuesta que se presenta en el artículo 29, en el artículo 30 se
profundiza en primer lugar sobre la relación existente entre oraciones
coordinadas y yuxtapuestas para, a continuación, describir cada una de sus
respectivas modalidades.

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1. Introducción

El Esbozo académico señala que la unidad de la oración compuesta está


determinada por dos factores: la entonación y las palabras de enlace. Según se
combinen ambos, se obtendrán tres tipos de oración compuesta entre los que la
yuxtaposición se definió como aquél en que no hay nexos gramaticales de enlace
(unión asindética) y “la unidad oracional queda confiada al juego de la entonación y de
las pausas”. De esta definición, y de las de coordinación y subordinación, parece
deducirse la idea de que la yuxtaposición es un tipo enraizado en el plano oral, en el
habla, mientras que los otros dos se vinculan más a la escritura, al “estilo lógico
discursivo “ que “emplea un repertorio abundante de enlaces gramaticales”. Aunque es
evidente que los tres tipos pertenecen, en primer lugar, al habla, está demostrado que
en las distintas lenguas los principios que organizan los textos (por ejemplo, la
cohesión de los mismos mediante elementos concretos como conjunciones) se van
adquiriendo paulatinamente con el dominio de la escritura.
Habitualmente, los manuales y monografías han respetado el análisis
lingüístico que en español ha distinguido tradicionalmente tres tipos de oración
compuesta (una “útil diferencia”, según S. Gili Gaya): yuxtapuestas, coordinadas y
subordinadas. La distinción se basa en si la relación entre las proposiciones para
establecer un período sintáctico se realiza con nexos o sin nexos. Si la relación se
establece con nexos, estamos ante oraciones coordinadas y subordinadas (a través de
nexos coordinantes y subordinantes, respectivamente). Los nexos coordinantes
establecen una relación de igualdad dentro del período sintáctico; es decir, cada
miembro de la coordinación es sintácticamente independiente. Los nexos
subordinantes hacen depender una oración de otra. Si la relación no se configura
mediante nexos, estamos ante un caso de yuxtaposición. La oración yuxtapuesta se
distingue de la mera sucesión de oraciones independientes por su unidad entonativa y
de sentido. Su significado y las relaciones sintácticas que establece pueden
compararse con el de las oraciones coordinadas y subordinadas, de las que se
diferencia sólo por la ausencia de nexos.
Parece que los procesos diacrónicos de la lengua avalan esta triple distinción.
El Esbozo (reflejando una tesis expuesta tiempo atrás por Wartburg) señala que la
coordinación y la yuxtaposición (parataxis) y la subordinación (hipotaxis) son fases
distintas de un mismo proceso histórico, fenómeno que ha sido demostrado por la
teoría lingüística. La fase más primitiva es la yuxtaposición (a veces llega a afirmarse
de forma exagerada que es pregramatical, o incluso agramatical). La siguiente es la

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coordinación. A medida que las lenguas se van desarrollando en el tiempo pueden


expresar relaciones cada vez más complejas, y la subordinación se une a los otros dos
tipos descritos. Según, Gili Gaya, la hipotaxis significa un fortalecimiento de las
relaciones entre los componentes del período, y, por lo tanto, una mayor posibilidad de
expresión de matices cualitativos.
Wartburg pensaba que la parataxis es característica de todo lenguaje popular,
y que, por ejemplo, se pasó de una organización más paratáctica en el latín arcaico a
otra más hipotáctica en el latín clásico. Actualmente, de hecho, el empleo de la
parataxis y de la hipotaxis depende del registro lingüístico y de su grado de formalidad.
Muchas veces se ha considerado que la sintaxis del registro coloquial era “inferior” a la
de otros registros más formales porque carecía de la riqueza conjuntiva (tanto
coordinante como subordinante) de éstos últimos. Sin embargo, la investigación ha
demostrado que la tendencia de la sintaxis coloquial a la yuxtaposición y a una
parataxis básica atesora en realidad unos esquemas de organización sintáctica
extremadamente complejos y expresivos. Por otra parte, la adquisición del lenguaje en
los niños también confirma la gradación entre la parataxis y la hipotaxis. En realidad,
las relaciones paratácticas del habla infantil tienen muchas veces un contenido
hipotáctico. Sí es cierto que la hipotaxis reflejada en conjunciones aparece en los
niños muy tardíamente, salvo excepciones (la conjunción “que”).

2. Yuxtaposición y oraciones yuxtapuestas

La definición de yuxtaposición que se ha ofrecido al comienzo de estas páginas


es la que refleja el planteamiento gramatical tradicional. Ya Gili Gaya mencionaba que
el significado del período yuxtapuesto equivale al de las oraciones coordinadas o
subordinadas, como se observa en los siguientes ejemplos:

(1) Fui al teatro ayer; volveré mañana (relación copulativa)


(2) Quería verte; no pude salir de casa (relación adversativa)
(3) No llueve; nada cogeremos (relación consecutiva)
(4) No sabía nada; le suspendieron (relación causal)

Es decir, desde el punto de vista significativo, la diferencia entre los tres tipos
mencionados puede difuminarse hasta desaparecer. El verdadero problema se plantea
en el momento de describir sintácticamente (formalmente) la yuxtaposición. Muchos
estudiosos se han preguntado si este tipo podía adscribirse a la coordinación o a la
subordinación. Para algunos, la yuxtaposición no es más que coordinación sin nexos

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(Seco).
Gili Gaya es, asimismo, el primero en abordar una de las grandes dudas que la
yuxtaposición plantea en su consideración como tipo oracional: la diferencia poco clara
entre la sucesión de oraciones independientes y la yuxtaposición de oraciones que
forman un período sintáctico sin nexos. Este gramático toma como criterio
diferenciador la entonación en el plano oral. En la escritura, la presencia de comas
separa las proposiciones de un período yuxtapuesto, y los puntos indican que se está
ante oraciones independientes.
Para Alarcos (1994), la yuxtaposición es la reunión de dos o más unidades (no
exclusivamente oracionales) que desempeñan en conjunto la misma función que
cumpliría cada una de ellas aisladamente (“Comimos peras, manzanas y uvas”;
“Llegué, vi, vencí”). Alarcos también hace depender la caracterización de las unidades
yuxtapuestas de la entonación (que debe ser descendente en cada una de ellas para
que la yuxtaposición, en teoría, se entienda como tal). Pero, al mismo tiempo, señala
la dificultad en distinguir un grupo oracional yuxtapuesto de una serie de oraciones
independientes. Para ilustrar este hecho propone el siguiente ejemplo: en “Carecía de
recursos; volvió a su trabajo; se cansaba” sólo la intención del hablante, expresada a
través de una determinada entonación (que se refleja con signos de puntuación en la
escritura), puede hacer que se interprete como un grupo oracional yuxtapuesto con un
sentido equivalente a “Como carecía de recursos, volvió a su trabajo, pero se
cansaba”. En definitiva, se deduce de este ejemplo que ni el criterio entonativo ni su
correspondiente manifestación ortográfica resultan pertinentes para caracterizar la
yuxtaposición como tipo oracional.
En cuanto al tipo de unión sintáctica que se instaura en la yuxtaposición, Gili
Gaya insiste en que, aunque no hay nexos, sí se da otra serie de elementos
lingüísticos que pueden marcar la relación dentro de un período. Por ejemplo:

• El mismo sujeto en los verbos de las distintas oraciones: “Fui a mi casa.


Lo encontré escribiendo”.
• Algunos pronombres y adverbios que constituyen referencias anafóricas
o catafóricas: “Dijo que volvería, lo dudo”; “Quizás perdamos el tren,
malo será”; “Vaya al teatro esta noche; allí nos veremos”.
• El contraste de estructuras: “No tenía este filósofo el tonel de Diógenes,
sí una mísera casilla (…) allá al extremo de la ciudad” (Azorín).
• La repetición de una palabra: “Enfermo lo dejé, enfermo lo he vuelto a
encontrar”.

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Gili Gaya señala que incluso sería difícil llamar asindéticas a estas oraciones,
puesto que, a pesar de no presentar conjunciones que relacionen sus partes, sí
presentan elementos lingüísticos que establecen esa relación. Todos estos elementos
lo son de coherencia y cohesión. Sin embargo, para Alarcos tampoco son criterios
pertinentes la coincidencia de sujetos entre unidades yuxtapuestas (“Llegué, vi,
vencí”), pues hay grupos oracionales que pueden interpretarse como yuxtapuestos sin
la mencionada coincidencia (“Llegamos, te vi, nos comprendimos”); ni la anáfora que
ejecutan algunos pronombres entre unidades yuxtapuestas (“Es culpable, lo
reconoce”), ya que esos pronombres (“lo” en este caso) no demuestran que haya una
particular relación sintáctica entre ambas oraciones, aunque evidentemente sí exista
un enlace semántico.
Por lo que se refiere al establecimiento de tipos dentro de la yuxtaposición,
Alarcos considera entre ellos los incisos oracionales dentro de una oración. Una vez
más, la entonación es el criterio que separa esos incisos oracionales dentro del
enunciado: “Compréndeme, no estaba en mi mano ayudarte”; “Ella sospecha, me
imagino, que la van a despedir”. Aunque los verbos de cada ejemplo están
relacionados semánticamente, no lo están sintácticamente (ninguno de ellos
presupone al otro). Por los mismos motivos, Alarcos incluye en la yuxtaposición las
oraciones coordinadas distributivas, que carecen de índices explícitos de coordinación.
Las define como grupos oracionales yuxtapuestos en los que las unidades se
relacionan semánticamente por medio de elementos correlativos que no indican
ninguna función sintáctica y que son heterogéneos en cuanto a sus categorías
gramaticales (adjetivos, sustantivos, adverbios, incluso verbos). Alarcos menciona que
el esquema distributivo es compatible también con la coordinación.
Alcina y Blecua incluyen como subtipos de yuxtaposición las fórmulas
aclarativas y rectificativas con “o sea”, “es decir”, “es más”; los “subjuntivos
yuxtapuestos” del tipo “Un hecho aislado, así sea el del más enorme calibre, no explica
ninguna realidad histórica” (J. Ortega y Gasset); y las fórmulas que en el coloquio
sirven para iniciar una intervención convocando la atención de los receptores (“mire
usted”, “vamos”, “fíjese”, etc.).
Otro tipo de yuxtaposición es el que constituyen grupos oracionales cuyas
oraciones componentes parecen estar enlazadas con unidades y locuciones
adverbiales como “luego”, “con que”, “así que”, “pues”, “por tanto”, “por consiguiente”,
etc. (Alcina y Blecua unen a “luego” en esta nómina “apenas”, “ínterin”, “conforme” y
“según”):

(5) No había nadie; estaba seguro. Luego aquellas señoras se habían ido sin

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confesión.
(6) Trabajo en el ramo cafetería, conque tú verás.
(7) ¿Ven ustedes este santurrón? Pues hasta vende hostias y cera.
(8) Había bebido mucho vino, así que me puse el chaquetón y salí.

Según Alarcos, en estos casos las unidades conjuntivas pueden eliminarse sin
perjudicar las relaciones semánticas establecidas entre las partes del grupo
yuxtapuesto (ilación, consecución, continuación, etc.). Las unidades mencionadas
cumplen un papel adverbial y anafórico con respecto a lo expresado en la secuencia
precedente. Sin embargo, en opinión de otros estudiosos, este subconjunto de
oraciones constituye una variedad más de oraciones coordinadas: las consecutivas
(Seco, Gómez Torrego).
Para recapitular, retomando la idea expuesta inicialmente, y analizando con
detenimiento la formulación de Gili Gaya, se observa que le falta muy poco para sacar
estos tres tipos del concepto de oración compuesta, cada uno por motivos diferentes.
Si se toma como criterio esencial la independencia sintáctica, en la coordinación y en
la yuxtaposición no puede hablarse realmente de oración compuesta, sino de
conjuntos de oraciones independientes cohesionadas por diferentes medios textuales
(enlaces, marcadores, elipsis, repetición…). Por lo que respecta a la subordinación,
hay que recordar la definición de oración subordinada (Gili Gaya): se trata de una
oración simple en la que algunos elementos se expresan con un verbo en forma
personal. Es decir, no hay en ella independencia sintáctica de los componentes, no
hay más de una oración. Por eso Alarcos prefiere para las oraciones subordinadas la
denominación “oración compleja”, y no compuesta.
Actualmente, los estudios han modificado el ámbito de la yuxtaposición, que, o
bien se considera coordinación o subordinación sin nexos, o bien oraciones
independientes. El fundamento de que la yuxtaposición pueda expresar relaciones
paratácticas e hipotácticas es de tipo pragmático y comunicativo (López García). Tanto
en la historia de la lengua como en el proceso de aprendizaje de la lengua por parte de
cada individuo, hay una tendencia a interpretar la sucesión de turnos de un
intercambio comunicativo como una sola unidad (yuxtaposición). Posteriormente, esa
relación se reelabora de dos formas:
1) Mediante conjunciones paratácticas o coordinantes si el intercambio
comunicativo original era de tipo alter, es decir, basado en una estructura anfilógica.
Un anfílogo es un intercambio comunicativo en el que cada una de las intervenciones
no tiene por qué estar relacionada con la anterior. Por ejemplo:

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(9) Juan: -Hoy es jueves


(10) María: -Me estoy quedando helada
(11) Pedro: -¿Nos vamos a ver mañana?

2) Mediante conjunciones hipotácticas o subordinantes si el intercambio


comunicativo original era de tipo alius, basado en una estructura dialógica. Un diálogo
es un intercambio comunicativo en el que cada intervención constituye una reacción a
la anterior:

(12) Juan: -¿Te vienes mañana al cine?


(13) María: -¿Qué película vais a ver?
(14) Juan: -Cantando bajo la lluvia
(15) María: Ah, pues sí, me apetece mucho.

En realidad, la investigación demuestra que la yuxtaposición presenta una


naturaleza comunicativa que sobrepasa el dominio de las gramáticas de las lenguas
particulares. Al comparar estas últimas mediante la traducción y la interpretación, se
ha comprobado que las pautas organizativas del texto recogidas en la yuxtaposición
son prácticamente idénticas en diferentes idiomas.

2. Las oraciones coordinadas en español

Además de las vinculaciones ya analizadas entre yuxtaposición y composición,


resulta evidente la estrecha relación que ésta última presenta con la subordinación.
Para no ir más lejos, la gramática académica de 1931 todavía distinguía entre
coordinadas causales y subordinadas causales, siguiendo a la gramática latina, donde
los nexos de coordinación y subordinación eran claros. Lo mismo sucedía con las
consecutivas. Gili Gaya incluyó ambos grupos (consecutivas y causales) en las
subordinadas, y así aparecen en el Esbozo académico y en muchos manuales
modernos de gramática. En los últimos decenios, algunas tesis han insistido en los
límites fluctuantes entre coordinación y subordinación, señalando que la frontera entre
coordinadas y subordinadas la establecen precisamente las coordinadas adversativas.
García Berrio se inclina a ver en las adversativas una caracterización más
subordinante que coordinante.
Las adversativas, frente a las copulativas y las disyuntivas, establecen una
relación por contraste entre sólo dos miembros. Guillermo Rojo saca las adversativas
de la coordinación. En su opinión, estas oraciones constituyen un tipo de

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subordinación que se denomina relación bipolar. La bipolaridad es la


interdependencia; es decir, entre las proposiciones no hay un regente y un regido, sino
que las dos partes que se relacionan dependen la una de la otra. Según este criterio,
en este grupo de bipolares habría que incluir también las subordinadas adverbiales
impropias. Por falta de espacio y por adecuación al tema tratado, no se van a
desarrollar aquí estos conceptos que la investigación sintáctica ha ideado para
describir las relaciones dentro de la oración compuesta. Para profundizar en esta
cuestión se remite a la bibliografía y a los artículos dedicados a la subordinación.
En cuanto a las oraciones coordinadas, algunos estudiosos creen más
adecuado hablar de coordinación de oraciones, y no de oraciones compuestas. Se
trata de una cuestión que sobrepasa el ámbito de la oración como unidad. La
coordinación de oraciones tiene unicidad semántica y es también un conjunto
sintáctico (por la presencia de nexos), pero no es una oración, sino un conjunto de
oraciones. Alarcos (1994) denomina a las tradicionales oraciones compuestas por
coordinación “grupos oracionales”, constituidos por una reunión de oraciones que
podrían usarse independientemente. Del mismo modo, donde Alarcos habla de “grupo
oracional”, Gómez Torrego introduce el concepto de “conjunto oracional”, que puede
serlo por yuxtaposición, coordinación y subordinación.
La coordinación de oraciones es un problema textual cuya explicación resulta
insatisfactoria si se toma como unidad límite la oración, y no el texto. La oración
subordinada sí es una oración en el sentido de dependencia sintáctica y semántica. No
está compuesta de oraciones, sino de sintagmas. La oración subordinada es una
oración compleja (y no compuesta, según Alarcos) en la que alguno de los elementos
componentes es un segmento “degradado” que originariamente era también una
oración.
Según Alarcos, la coordinación equivaldría a yuxtaposición+conjunciones.
Como se ha mencionado, este lingüista aplica a la coordinación el concepto de grupo
oracional. Cada una de las oraciones componentes podría aparecer con
independencia, y la unificación del grupo se realiza gracias al nexo. Tal descripción se
opone a la de las oraciones subordinadas, en las que una oración pasa a ser elemento
sintáctico de la otra. La clasificación de las oraciones coordinadas puede tomar como
referencia o bien las relaciones que se establecen entre sus miembros, o bien la
concreción de esas relaciones en el nexo y su significado. De acuerdo con las diversas
relaciones antes indicadas, tradicionalmente se han distinguido cuatro tipos de
coordinación (Esbozo):

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1) Coordinación copulativa, cuando las oraciones coordinadas se


suceden por adición: “María canta y Jaime toca el piano”.
2) Coordinación distributiva, cuando las diferencias de cualquier clase
(temporales, espaciales, lógicas) se expresan mediante alternancia
sintáctica: “Ya llora, ya ríe”.
3) Coordinación disyuntiva, cuando las diferencias lógicas pueden llegar
a formular dos o más juicios contradictorios: “¿Vienes o te quedas?”.
4) Coordinación adversativa, cuando se expresa una oposición total o
parcial entre las oraciones que componen la coordinación: “Es guapo,
pero muy grosero”, “No te he dicho que vinieras, sino que te
quedaras en casa”.

Alarcos, basándose en el significado del nexo, reduce estos cuatro a tres tipos
de grupos oracionales coordinados: copulativos, disyuntivos y adversativos, puesto
que, en su opinión, la tradicional coordinación distributiva se incluye en la
yuxtaposición. Para Gómez Torrego, los subtipos de oración coordinada son cuatro, en
relación con los tipos de conjunciones coordinantes que establece: copulativas,
disyuntivas (entre las que se incluyen las distributivas como variedad), adversativas y
consecutivas (subtipo considerado también por M. Seco). En las coordinadas
copulativas y disyuntivas el grupo puede constar de más de dos oraciones
componentes; en las adversativas el grupo oracional está constituido sólo por dos
oraciones.
Los nexos o conjunciones coordinantes constituyen un excelente punto de
partida para una exposición científica y didáctica de la coordinación de oraciones, ya
que son la clave de los principales problemas de ésta última, centrados especialmente
en los planos semántico y sintáctico.

2.1. Caracterización básica de los coordinantes

Este apartado se ajustará a la descripción y exposición esquemática de los


rasgos inherentes de cada coordinante. En el desarrollo de cada subtipo de
coordinación, además de retomar estos rasgos, se tratarán las características
sintácticas y semánticas que vayan más allá de lo pertinente.
En cuanto al plano sintáctico, los coordinantes, a diferencia de los
subordinantes, relacionan partes que cumplen la misma función, pero sin cumplir ellos
mismos esa función: simplemente, la indican. En cambio, los subordinantes son
elementos funcionales, ya que marcan la función del segmento al que pertenecen.

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Además, en la subordinación, el elemento subordinante forma parte de la proposición


subordinada, hecho que se comprueba fácilmente si se desplaza la posición de ésta
última, ya que el subordinante acompañará a la proposición desplazada:

(16) Cuando llegue Juan, saldremos a pasear


(17) Saldremos a pasear cuando llegue Juan

Sin embargo, el nexo coordinante no forma parte de ninguno de los miembros


que coordina. Por eso, cuando hay cambio de orden, el coordinante no puede variar
de posición:

(18) Pepe lee y María escucha la radio


(19) María escucha la radio y Pepe lee
(20) * Y María escucha la radio, Pepe lee
(21) No fueron al cine, sino que se quedaron estudiando
(22) *Sino que se quedaron estudiando, no fueron al cine

En algunos casos, tampoco puede cambiarse el lugar del subordinante, ya que


se trata de estructuras que poseen un orden fijo:

(23) Como llegó tarde, perdió el tren


(24) *Perdió el tren, como llegó tarde

También existe un orden fijo en oraciones subordinadas que presentan nexos


correlativos (comparativas, consecutivas: “más…que”, “tan…como”, “tan…que”).
Por la situación de indefinición sintáctica de la coordinación descrita más arriba,
puede darse una cierta confusión entre coordinantes y marcadores discursivos. Está
claro que “y”, “o”, “pero” no pueden combinarse entre sí, salvo en casos como los
siguientes en los que la primera conjunción de la secuencia actúa como un enlace
textual y hay una pausa prosódica entre una conjunción y otra:

(25) No puedes hacer otra cosa. Y o lo tomas, o lo dejas


(26) Pero, ¿y a mí que me importa?

Estas conjunciones sí se pueden combinar con marcadores como “sin


embargo”, “en conclusión”, respetando la misma estructura. Habría que distinguir,
entonces entre coordinantes intraoracionales y coordinantes extraoracionales. Ya se

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ha comprobado que “y”, “o”, “pero” pueden cumplir el papel de marcadores discursivos
dentro de un texto:

(27) Pero acabemos ya


(28) Y ya es hora de acabar

“Y”, al ser el más neutro, puede acompañar a otros marcadores de contenido


más específico (“Y sin embargo”, “y en consecuencia”).
En cuanto al nivel semántico, estos coordinantes presentan un contenido sólo
gramatical en su mayoría. Muchos de ellos tienen también contenidos léxicos, aunque
muy genéricos. Estos contenidos son inherentes a ellos y hacen que se distingan unos
de otros. También habría que distinguir entre alomorfos de un mismo coordinante
(“y/e”, “o/u”).
Según A. M. Barrenechea, en español existen cinco coordinantes:

Unión Contraposición Elección Correlación Correlación


obligatoria obligatoria
(primero (todos
negado) negados)
y + - - - -
pero + + - - -
o + - + - -
ni + - - + +
sino + + - + -

En este cuadro no aparecen “u” o “e” porque son variedades que surgen en
determinados contextos fónicos y gráficos. Tienen que tener un rasgo común que los
haga constituir el campo semántico de la coordinación, y, al mismo tiempo, deben
tener un rasgo que los diferencie para que sean elementos distintos. El rasgo
semántico común es ‘unión’. Los coordinantes unen oraciones sin subordinarlas. “Y”
es el coordinante más neutro. “Pero” tiene los rasgos de ‘unión’ y ‘contraposición’. “O”
tiene los rasgos de ‘unión’ y ‘elección’. “Ni” tiene el rasgo de ‘unión’ y la correlación
obligatoria de primer miembro de la correlación negado y de todos los miembros
negados. “Sino” tiene los rasgos de ‘unión’, ‘contraposición’ y la correlación obligatoria
de primer miembro negado.

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2.2. Las oraciones coordinadas copulativas

El valor inherente de las conjunciones copulativas es simplemente ‘unión’. Las


conjunciones copulativas reúnen en una sola unidad funcional dos o más elementos
homogéneos. La conjunción principal es “y” cuando las oraciones son afirmativas, y
“ni” cuando son negativas. “Y” se sustituye por e cuando precede a palabras que
comienzan por i- o hi-, a no ser que /i/ forme diptongo: “Los reyes católicos se
llamaban Fernando e Isabel”, pero “Matan y hieren sin piedad”.
Tanto “y” como “ni” aparecen habitualmente ante el último miembro de la
coordinación. Cuando aparecen en otros miembros de la misma, se trata de usos
enfáticos cuya valoración y contenido es diferente según el contexto (“¡Y tú has
aprobado!”, “No tengo ni idea”). Por ejemplo, “ni” se antepone de forma habitual al
último componente del grupo oracional, pero puede ir con todos ellos (menos con el
primero, si en éste ya hay un elemento de negación) cuando se pretende dar más
expresividad al enunciado. Se trata de lo que en Retórica se denomina polisíndeton
(tanto con “y” como con “ni”). El valor enfático de “ni” es frecuente con la palabra
“nada” en enunciados de entonación exclamativa en los que la negación se convierte
en una afirmación con valor superlativo: “¡No es listo ni nada!” (Gómez Torrego). El
mismo valor superlativo presentan expresiones como “ni a tiros”, “ni mú”, “ni hablar”,
“ni en broma”, “ni Cristo que lo fundó”.
Si el primer miembro del grupo no es negativo y el segundo sí, se emplea “y
no” en lugar de “ni” (evidentemente, no son equivalentes): “Hizo esto y no lo otro”,
*Hizo esto no lo otro, “No hizo ni esto ni lo otro”.
En locuciones fijas que funcionan como adyacentes adverbiales puede
aparecer “que” con valor copulativo (“¡Y las campanas toca que tocarás!”). Muchas
veces, el valor introducido por “que” en estas locuciones es más de intensificación que
de adición. Además del valor sumativo inherente de estas conjunciones, cualquier otra
relación semántica que se instaure depende de las relaciones léxicas establecidas
entre los elementos del grupo o del contexto. Es decir, se trata de una cuestión
semántica y pragmática que deja inalterada la caracterización sintáctica de este tipo.
Asimismo, depende del contexto el contenido de muchas coordinadas
copulativas, que, manteniendo su forma canónica, pueden llegar a invadir, desde el
punto de vista lógico y significativo, el terreno de los otros subtipos (adversación…), e
incluso de la subordinación. Este hecho se debe al valor neutro de la conjunción “y”,
que por su inespecificidad semántica original permite que sea el contexto el que
“recargue” de contenido las secuencias. Efectivamente, “y” es el término no marcado
de este grupo, y sus funciones pueden ser múltiples. Unas veces se acompaña de

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adverbios y locuciones adverbiales que se encargan de ofrecer esos contenidos


adicionales, además del de ‘unión’ (“y además”, “y en consecuencia”, etc.); y otras, ni
siquiera es necesaria la presencia de estos elementos y es el propio contexto el que
aporta los contenidos mencionados.
Por ejemplo, el hecho pragmático de que las narraciones tengan habitualmente
un orden cronológico hace que en muchas coordinadas se establezca internamente
una relación de secuencia temporal que puede derivar hacia una relación de causa-
consecuencia o de condicionante-condicionado: “Llegué a casa y encendí la
calefacción”; “Cogió la pistola y se mató”; “Se casó y tuvo dos hijos”; “He vivido
muchos años y sé más que tú”; “Piensa mal y acertarás”; “Escribe eso y te
suspenderán”; “Juan es estudioso, y su hermano un vago” (contraste excluyente);
“Estudia poquísimo y aprueba” (contraste no excluyente); “-Mi madre me dio un
tortazo” “-¿Y tú qué hiciste?” (‘y entonces’). También influye en estas relaciones
internas entre los miembros de las oraciones coordinadas copulativas el aspecto
verbal, como se explica en el artículo 17 del presente programa de gramática.
Cuando la coordinación une una oración afirmativa con una negativa, se
produce un contenido de oposición más o menos acentuado que se acerca a la
adversación: “Lo busco y no lo encuentro”; “Tú eres el culpable y no yo”; “Muchos
teólogos hay que no son buenos para el púlpito, y son bonísimos para conocer las
faltas o sobras de los que predican” (Cervantes). La evidencia de esos contenidos
surge en el momento en el que dotamos de un contexto a la oración y la convertimos
en enunciado. Se trata, en esencia, de un problema pragmático y discursivo.

2.3. Las oraciones coordinadas disyuntivas

Por la definición del Esbozo, puede entenderse que las coordinadas disyuntivas
son un subtipo semántico de las distributivas en el que se expresan juicios
contradictorios entre sí; es decir: uno de los miembros coordinados excluye al otro. Sin
embargo, los enfoques gramaticales más recientes se inclinan por invertir estos
términos: el valor distributivo es una variedad del disyuntivo (Gómez Torrego).
Además, ya se han mencionado otras visiones gramaticales que extraen las oraciones
distributivas de la coordinación para asignarlas a la yuxtaposición.
Sobre la definición académica de la disyunción, Alarcos precisa que la
conjunción disyuntiva “o” presenta las oraciones que une como alternativas para una
misma realidad designada o como contenidos que se excluyen simultáneamente. Por
ejemplo, en “Leen, escriben o pasean” se reflejan tres actividades que pueden
sucederse en la realidad pero no ocurrir al mismo tiempo. Normalmente, “o” precede al

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último miembro de la coordinación; en “O pagas la deuda o vas a la cárcel” los


contenidos se excluyen, ya que la presencia de la conjunción delante de cada
componente de la coordinación expresa que la no realización del primero supone
forzosamente la realización del segundo. Por eso no puede repetirse la conjunción en
enunciados interrogativos (*¿O vienes o te quedas?). De cualquier forma, la repetición
puede darse por motivos de énfasis: “O tu marido o yo”. En “Aquel charlatán hablaba o
graznaba” lo que se establece es una equivalencia.
No obstante, Alarcos también señala que la conjunción disyuntiva puede
efectuar una especie de enumeración distributiva de los elementos enlazados, a veces
se acompaña de unidades de tipo adverbial como “bien”, “ya”. Puede decirse que se
trata de contenidos contextuales superpuestos al significado inherente de la
conjunción.
La conjunción “o” se convierte en “u” cuando precede a una palabra que
empieza por o-, ho-. Según la caracterización básica de los coordinantes que se ha
ofrecido, o presenta los rasgos inherentes ‘unión’+ ‘elección’. En este caso, la elección
excluyente no puede ser rasgo inherente, ya que hay contextos en los de elección no
excluyente en los que aparece “o”. En latín se especificaba el rasgo [+/- excluyente] a
través de la oposición entre aut y uel. En español este esquema se reduce a una
única forma, y el contexto es el que se encarga de determinar los rasgos ‘excluyente’ y
‘no excluyente’: “No sé si se mató o no se mató” (excluyente); “Apruebe o no apruebe,
me voy de vacaciones” (no excluyente). “Y” puede incluso invadir el terreno de “o”
cuando éste es no excluyente.
Asimismo, se dan contextos de equivalencia estricta entre los términos dentro
de lo no excluyente. En estos casos la conjunción “o” posee un valor explicativo o
declarativo: “colibrí o pájaro mosca”, La destrucción o el amor (título de un libro del
poeta Vicente Aleixandre), “las lenguas romances o neolatinas”; “El protagonista o
personaje principal de la fábula es Hércules”. La equivalencia también puede ser
aproximada: “El individuo que ha sufrido o el que ha tenido que luchar mucho en la
vida saben qué hacer en los casos de dificultad”. Para estas funciones habría que
considerar asimismo el conector “o sea”, que, según Alarcos, no es más que una
variante reforzada de la conjunción disyuntiva. Desde otros puntos de vista, “o sea”,
junto con “es decir” y “esto es”, forma parte de un grupo de locuciones coordinantes
explicativas (Gómez Torrego). Por último, en lo que se refiere a la conjunción “o”, uno
de sus posibles valores contextuales es el de ‘elección con imprecisión’, sobre todo
con referentes mensurables: “Tiene nueve o diez años”, “Pesará 79 u 80 kilos”.

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2.4. Las oraciones coordinadas adversativas

Según la definición académica, en las oraciones coordinadas adversativas se


oponen dos juicios de cualidad. Esta definición, así expuesta, resulta insuficiente, pues
no diferencia las coordinadas adversativas de otros tipos oracionales. En realidad, el
contenido adversativo puede manifestarse también mediante la yuxtaposición, la
coordinación copulativa e incluso mediante la subordinación, si se admite que la
coordinación adversativa comparte nexos con un subtipo de ésta última (concesiva:
“aunque”). Según Alarcos, lo fundamental de las coordinadas adversativas es que en
este grupo oracional la oposición de los contenidos de las oraciones componentes
queda explícita a través de un indicador formal (el coordinante adversativo).
“Estudiaba y no aprobaba” es un grupo oracional copulativo que manifiesta un
contenido adversativo; “Estudiaba pero no aprobaba” es un auténtico grupo oracional
adversativo, ya que lleva un indicador formal específico.
Las principales conjunciones adversativas del español actual son “pero” y
“sino”. “Empero”, “sin embargo”, “no obstante”, etc. son según Alarcos unidades
adverbiales, aunque introduzcan un contenido adversativo. El empleo de “empero” se
halla en claro retroceso en español actual, y resulta inexistente en la lengua hablada;
es más, su uso en ese registro, aunque se trate de una situación muy formal, es
sentido por la mayoría de los hablantes como muy afectado. Comparte con “pero” su
valor restrictivo, pero posee más posibilidades de posición en la oración (además de
encabezar la oración que introduce).
Con respecto a las numerosas locuciones de valor adversativo (“sin embargo”,
“no obstante”, “con todo”, “más bien”, “fuera de”, “excepto”, “salvo”, “menos”, “más
que”, “antes”, “antes bien”, “que no”, etc.), hay que destacar que algunas de ellas sí
tienen carácter conjuntivo, como “excepto”, “salvo” y “menos”, que presentan la
particularidad de poder encabezar un enunciado (a diferencia de “pero” y “sino”). Otras
no tienen carácter conjuntivo, sino adverbial (“sin embargo”, “no obstante”), y resulta
trascendental su funcionalidad como marcadores discursivos, sobre todo en la
orientación de la argumentación discursiva.
Alarcos se opone también a la inclusión de “aunque” como nexo adversativo,
pese a su parentesco semántico, pues sus funciones no son identificables: “Es
inteligente, aunque distraído”/ “Aunque distraído, es inteligente”, frente a “Es
inteligente, pero distraído”/ *Pero distraído, es inteligente. Para Gómez Torrego puede
admitirse “aunque” como conjunción coordinante adversativa en aquellos casos en los
que sea sustituible por “pero”. En el resto, se trata de la conjunción subordinante
concesiva.

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A continuación se expondrán con algo más de detalle las conjunciones


tradicionalmente descritas en la coordinación adversativa:
a) Pero. Es el coordinante adversativo predominante en español actual, e
históricamente su empleo creció a expensas de “mas”, casi completamente en desuso
hoy en día (completamente en la lengua hablada). “Pero” indica que la oración por él
encabezada introduce una restricción en la referencia de la primera oración: “Juan
quiere estudiar arte dramático, pero sus padres se oponen”. En otras épocas del
idioma, “pero” tuvo un significado excluyente (equivalente al actual “sino”): “Todo lo
cual no solo no me ablandaba, pero me endurecía” (Cervantes). “Pero” tiene un
empleo frecuentísimo como marcador textual, sobre todo encabezando una secuencia
aparentemente aislada. En esta misma posición puede adquirir valores enfáticos
(sorpresa, extrañeza) y discursivos muy concretos (por ejemplo, interrupción del turno
de palabra del interlocutor): “Pero ¡qué bonito!”, “Pero yo no estoy de acuerdo”. Esta
función se explica porque “pero” señala una oposición o contradicción entre dos
términos bien explícitos, bien implícitos. Lo implícito suele ser una expectativa del
hablante que se opone a la realidad, de donde resultan los valores recién
mencionados. “Pero”, como “y”, es uno de esos elementos que necesitan para su
correcta explicación un enfoque pragmático, además del semántico. De hecho, desde
el punto de vista veritativo, serían semánticamente equivalentes dos oraciones como
“Es pobre y honrado” y “Es pobre pero honrado”, porque en ambas se efectúan las
mismas atribuciones referidas al mismo sujeto. Sin embargo, no son iguales porque
“pero” añade un significado de contradicción entre las cualidades. Ese significado
añadido por “pero” es extraveritativo y se explica por unos principios estables
estudiados por la Pragmática, no por la Semántica.
b) Sino exige negación en el primer miembro de la coordinación, al que se
contrapone, siempre con sentido excluyente, una oración afirmativa. En las oraciones
adversativas con “sino” es muy frecuente la elipsis: “No busco recomendaciones, sino
méritos”. El sentido excluyente del coordinante puede verse reforzado con otras
expresiones: “sino al contrario”, “sino también”, “sino además”. La combinación
correlativa de “no solo…sino” parece añadirle un sentido aditivo a este último (“No solo
la ignoro, sino que la odio”). En realidad, esta construcción, aunque presenta índices
formales explícitos de adversación, no posee un sentido adversativo, sino de refuerzo
de la adición o copulación, como otras estructuras correlativas (“Tanto la madre como
el bebé se encuentran bien”). Cuando los verbos de las dos oraciones son distintos, es
frecuente que a “sino” se añada la conjunción “que”: “No solo le insultaban, sino que
además le tiraban piedras”.

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De la acomodación de los coordinantes a los contextos en los que intervienen


surgen algunas distinciones mantenidas por la tradición gramatical. Por ejemplo, la
contraposición no excluyente/excluyente entre “pero” y “sino” puede verse atenuada,
ya que ambos pueden adaptarse indistintamente a contraposiciones excluyentes y no
excluyentes. De esto habría que deducir que este rasgo no es pertinente para
distinguir los dos coordinantes. En determinados contextos, “pero” sí puede presentar
una contraposición excluyente o restrictiva: “No hay embargo contra Colombia, pero sí
contra Cuba”. En este caso, al darse elipsis del verbo en la segunda parte de la
oración, hay que mantener el adverbio de afirmación, ya que, en caso contrario, esta
construcción tomaría un sesgo arcaizante ya citado, equivalente a “sino”: * No hay
embargo contra Colombia, pero contra Cuba”. En este ejemplo también sería posible
sustituir “pero” por “y”, dejando con ello que la noción de contraste recaiga sobre todo
en el contexto: “No hay embargo contra Colombia y sí contra Cuba”. “Sino” ofrece
como rasgos inherentes ‘unión’+’contraposición’+’correlación negativa obligatoria con
el primer elemento negado’: “No se exportan naranjas a Estados Unidos, sino a
Sudamérica”.
Es muy frecuente la contraposición excluyente con “sino”, pero también
aparecen contraposiciones no excluyentes. En la acomodación de “sino” a los
enunciados en los que interviene pueden encontrarse contraposiciones excluyentes
atenuadas (“Prefiero no tanto la gente inteligente sino más bien la gente cordial”); o los
usos expresivos en los que se niega completamente el primer miembro para luego
hacer una excepción: “No voy nunca, sino cuando me invitan”; “Durante la semana no
voy nunca al cine, salvo los viernes”. En este apartado cabría también la estructura
correlativa “no sólo…sino también”.

2.5. Las oraciones distributivas

Ya se ha señalado en diferentes partes de este artículo que este subtipo


tradicional de coordinación había generado entre los estudiosos un debate sobre su
adscripción. Según la definición académica, las oraciones coordinadas distributivas
expresan alternancias entre contenidos que se sienten diferentes lógica, temporal,
espacialmente, etc. Los nexos correlativos destacan por la heterogeneidad de su
procedencia (adverbios, pronombres, sustantivos, adjetivos, verbos), ya que realmente
se construyen uniendo estructuras encabezadas por elementos correlativos
consagrados como tales por la tradición gramatical (“bien…bien”, “ya…ya”,
“ora…ora”); o por la repetición de cualquier otra categoría gramatical: “tal…tal;
“cual…cual”; “uno…otro”; “aquí…allí”; “cerca…lejos”; “Viene mi hermana y se va mi

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prima”; “Culo veo, culo quiero”; “Testarudo nació, testarudo morirá”.


Esta heterogeneidad, junto con la estructuración mencionada, hace que Alarcos
considere estas piezas como formantes de yuxtaposición de oraciones con palabras
correlativas. Mientras que la definición académica consideraba las disyuntivas como
subtipo de las distributivas, algunos estudiosos, como se ha mencionado, han invertido
estos términos. Las distributivas podrían considerarse como variante de las disyuntivas
dentro del valor contextual ‘elección con imprecisión’. También se ha señalado en las
páginas anteriores el valor de refuerzo del contenido ‘unión’ que presentan muchas
estructuras correlativas.

2.2. Problemas de las estructuras de coordinación

En cuanto al plano semántico, durante mucho tiempo se habló para las


oraciones coordinadas de una mera suma de significados de los miembros que se
coordinan. Ya Gili Gaya observó que las oraciones que se coordinan no suponen sólo
una suma desde el punto de vista semántico.
El generativismo abrió camino en este sentido. Por ejemplo, resultaría absurdo
coordinar dos oraciones como “Soy alto como tú” y “Su abuelo murió el jueves”,
aunque la construcción sintáctica sea gramatical. Es decir, existe una restricción
semántica para la coordinación. Algunos autores generativistas distinguieron entre
coordinación simétrica y coordinación asimétrica. Hay coordinación simétrica cuando
al alterar las oraciones no se altera sustancialmente el significado de la coordinación.
En la coordinación asimétrica, cuando se altera el orden de los elementos, se altera
también el significado, o se produce algo absurdo:

(29) Luis rompió un vaso y su madre le riñó


(30) La madre riñó a Luis y Luis rompió un vaso

Al cambiar el orden se ha alterado la relación causa-efecto entre una y otra


oración. En otros casos, como se ha mencionado, el resultado es absurdo:

(31) Juan se tiró al vacío y se mató


(32) *Juan se mató y se tiró al vacío

Investigaciones ulteriores determinaron que para que dos oraciones se


coordinen tiene que haber un tema común (commun topic), una coherencia desde el
punto de vista de la Lingüística textual. La búsqueda de temas comunes se reforzó:

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que las oraciones tengan el mismo sujeto y el mismo verbo; que haya un elemento
pronominal que las una mediante anáfora o catáfora (“María busca trabajo y su hijo
está enfermo”). Muchas veces estos criterios también tropiezan con el absurdo
semántico: “Un camarero ha sido multado y su mujer se llama Pepa”, “Juan estudia en
el parque y la poda de árboles se regularizará”.
El tema común es necesario, pero no suficiente para justificar la coordinación.
¿Cómo se especifica la coherencia entre las partes de este tipo sintáctico? La
coherencia no tiene por qué estar sólo en esos elementos, sino también en otras
partes del texto o del contexto. Hay que recurrir a un análisis extraoracional y
extralingüístico si es necesario, como se ha demostrado en las páginas anteriores y
como puede certificarse en la bibliografía indicada.
En cuanto al plano sintáctico, la coordinación requiere que los elementos que la
forman estén en equivalencia funcional. El generativismo llegó a la conclusión de que
toda coordinación de partes de oración en la estructura superficial supone
coordinación de oraciones en la estructura profunda:

(33) Carlos y Amalia son rubios (estructura superficial)


(34) Carlos es rubio y Amalia es rubia (estructura profunda)

Pero esta afirmación también presenta sus contradicciones:

(35) Juan y María forman una pareja deliciosa (estructura superficial)


(36) *Juan forma una pareja deliciosa y María forma una pareja deliciosa
(estructura profunda)

En este ejemplo se trata con una serie de miembros que no se pueden dar por
separado. En todo caso, la estructura profunda de una oración como la anterior podría
parafrasearse como “Juan forma una pareja deliciosa con María y María forma una
pareja deliciosa con Juan”. Este tipo de ejemplos, entre otras cosas, hizo que se
empezara a tratar más cuidadosamente la estructura profunda como herramienta de
análisis sintáctico. Por ejemplo, la transformación de la oración anterior a “Juan y
María son una pareja deliciosa” ni siquiera tendría posibilidad de explicarse mediante
una ampliación en la estructura profunda, porque cualquier intento de manipulación en
este sentido produce el absurdo. Barrenechea señala que hay casos que pueden
explicarse por elipsis o por reducción de la estructura profunda a la estructura
superficial, y otros que no pueden ser analizados por este método, como los
anteriores.

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Como ha podido observarse a lo largo de estas páginas, la elipsis es un recurso


de extrema importancia en el análisis de los tipos oracionales hasta aquí estudiados.
Jiménez Juliá resume los principales tipos de elipsis en la coordinación en español:
1) Gapping. Es la elipsis del núcleo del predicado y de algunos de sus
complementos en el segundo componente de la coordinación. Siempre debe
mantenerse algún complemento de este último: “Antonio va al trabajo en coche todos
los días y Luis sólo los viernes”. El gapping es posible dado el carácter contrastivo de
los componentes de la coordinación.
2) Elipsis remática. Se refiere a la obligatoriedad en el segundo componente
de las oraciones coordinadas en español de que el verbo aparezca con complementos
cuando expresa hechos no habituales: “Tú has traído la entrada, pero yo no la he
traído”. El complemento se recupera mediante un pronombre. Las alternativas a esta
elipsis son elidir el núcleo del predicado y todos los complementos (“Tú has traído la
entrada, pero yo no”) o no elidir nada (“Tú has traído la entrada, pero yo no he traído la
entrada”).
3) Elipsis catafórica de complemento. Se trata de una elipsis poco frecuente,
asociada sobre todo a la lengua escrita: “Ana compró, y Luis cocinó el besugo”.
4) Elipsis ponderativa. Su función es destacar o focalizar el elemento del
mensaje que más le interese en ese momento al hablante: “Juan estudia, y con gran
entusiasmo”, “Compramos telas, pero de buena calidad”, “Como, y mucho”. En los
ejemplos citados, el segundo miembro de la coordinación es el complemento
circunstancial del primero; es decir, no hay equivalencia funcional, y para
reestablecerla el único recurso es la elipsis: “Juan estudia y [estudia] con gran
entusiasmo”, “Compramos telas, pero [telas] de buena calidad”, “Como, y [como]
mucho”.
Para concluir, cada uno de los tipos de elipsis que pueden darse en las
oraciones coordinadas (Barrenechea, Jiménez Juliá, Franchini, Brucart) se justifica
funcionalmente por la necesidad de dotar de cohesión a la expresión y también por el
deseo de enfatizar determinados aspectos del mensaje.

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