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TRAS LAS HUELLAS DEL JESÚS HISTÓRICO: MANIFESTACIONES DE UNA

DIVINIDAD REVELADA EN LO HUMANO

La presente indagación, suscitada en el marco del curso Jesús en el Cine, responde al interés

académico y personal de la autora por fundamentar su fe cristiana mediante un escrutinio

interdisciplinar de la historia de Jesús iluminada por los testimonios bíblicos y extrabíblicos

recopilados a lo largo de los siglos que median entre los primeros rastros de su existencia

histórica y la actualidad de nuestras comunidades de estudiosos y creyentes. De este modo,

al abordar aspectos puntuales sobre la vida del Jesús de Nazaret como los que se recrean en

los filmes propuestos para el curso en cuestión, se tendrá además un conjunto de elementos

de juicio que permitirán contextualizar, ampliar y profundizar esta experiencia vital.

La labor de asumir a Jesucristo como objeto de estudio a la luz de la historia es claramente

lo más delicado que puede hacer tanto quien cree como quien no cree que él sea el Hijo de

Dios y el Salvador de la humanidad. La principal razón para que se trate de una labor tan

crítica radica en el hecho de que lo que se busca es aproximarse a un personaje histórico cuya

identidad es asequible totalmente sólo a la luz de la fe. A este respecto, el cine ha jugado un

papel trascendental al poner en escena las más variadas teorías y versiones que han ido

definiendo el corpus de lo que actualmente constituye la cristología en su vertiente

antropológica; no obstante, en la mayoría de los filmes, como ya recalcaba David Kapkin en

su artículo sobre La Última Tentación de Cristo el caso de los evangelios apócrifos, persiste

una tendencia a novelizar y fantasear que por sí misma supone un obstáculo para el rigor

histórico requerido para una indagación como la que se pretende acometer.

Con respecto a las fortalezas que se pueden identificar dentro de este ámbito, se tiene la

diversidad y la comprobada veracidad de las fuentes y registros históricos disponibles


actualmente para fundamentar la existencia del Jesús de Nazaret, tanto cristianos (canónicos

y apócrifos), como no cristianos (Plinio “El Joven”, Tácito, Suetonio, Flavio Josefo,

Syncellus, Mara bar Serapion, Luciano de Samosata, Celso). Asimismo, concurre el aval de

numerosos autores contemporáneos que han propendido ampliamente por la

contextualización y sistematización de los estudios sobre el Jesús histórico, entre los cuales

figuran Rinaldo Fabris, Henry Cazelles y Oscar Cullman.

Evolución y cambios

Cabe referir, que la cuestión del Jesús histórico, en el ámbito de las producciones fílmicas,

ha sido abordada de modos que oscilan entre lo meramente informativo y lo coyuntural en

términos de la repercusión del rigor científico en la estructuración y desarrollo de

determinadas tramas, así como para efectos de la construcción de los personajes y el diseño

de los escenarios. En el caso de filmes como Rey de Reyes (1961), de Nicholas Ray,

representante del cine épico sobre Jesús, se tiene el precedente no sólo de haber mostrado por

primera vez el cuerpo completo y el rostro humano de Jesús en escena, sino también de

ampliar la narrativa de los evangelios canónicos con una oportuna caracterización de los

personajes (incluso de aquellos que, como Barrabás, sólo son mencionados de paso en la

Biblia) y una detallada contextualización del momento histórico en el cual tienen lugar los

eventos de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.


Por su parte, el filme Jesús de Montreal (1989), de Denys Arcand, representante según

Alfonso Méndiz (2009) de una de las “nuevas polémicas” del cine de los 80’s sobre Jesús,

pone en escena los intentos de un actor en ciernes, Daniel Coulombe, por modernizar una

obra de teatro sobre la Pasión de Jesucristo que lleva presentándose desde hace 35 años, sin

modificación alguna, en un santuario católico de la aludida ciudad canadiense. Para dicho

fin, el ahora director y protagonista de la nueva adaptación contrata los servicios de un

arqueólogo y lleva a cabo sus propias pesquisas bibliográficas para recabar la información

existente sobre la historicidad de Jesús en textos como el Talmud, donde se le llama Yeshua

Ben Panthera (Jesús hijo de Pantera) y se teoriza sobre un soldado romano, trasladado por

orden imperial a Cafarnaum (Galilea) en el año 6 a. C., como su verdadero progenitor.

Casi un par de décadas después, dentro de lo que se conoce como el cine del III milenio sobre

Jesús, irrumpe el filme La Pasión de Cristo (2004), de Mel Gibson, en el cual se intercala

una constatable preocupación por el rigor histórico de los eventos recreados con adaptaciones

de lo consignado en la narrativa mística católica sobre la última semana de la existencia

terrena de Jesucristo; en particular, las visiones de la beata Anne Catherine Emmerich

presuntamente recopiladas por el poeta y novelista romántico Clemens Brentano. De este

filme se destacan las aportaciones del Pbro. William J. Fulco, sacerdote jesuita y profesor de

Estudios del Mediterráneo Antiguo en la Universidad Loyola Marymount (California), quien


fue el encargado de traducir el guión original presentado en inglés por Mel Gibson y Benedict

Fitzgerald a las variantes dialectales del latín, el arameo y el hebreo que se hablaban por

aquella época del s. I d. C. en la entonces provincia romana de Judea.

Como entrada final en este listado de adaptaciones cinematográficas que destinaron una parte

significativa de su producción a la indagación histórica sobre la persona y el contexto cultural

de Jesús de Nazaret, se tiene el seriado The Passion (2008), dirigido por Michael Offer, con

guión de Frank Deasy y producido por la BBC One en alianza con HBO Films y Deep Indigo

Productions. El equipo creativo buscó emular al Jesús humano propio del neorrealismo

(cinema verité) de Pier Paolo Pasolini en El Evangelio según San Mateo (1964), como

respuesta a los extremos del espiritualismo figurativista de Franco Zeffirelli en Jesús de

Nazaret (1977) y el sadismo sensacionalista de Mel Gibson en La Pasión de Cristo (2004).

En este sentido, la caracterización de Jesús y del resto de los personajes implicados en su

obra redentora se fundamenta en una pormenorizada elaboración de sus perfiles psicológicos,

que le brindara una mayor complejidad al desarrollo narrativo de cada personaje (con algunas

licencias creativas como la de representar la vida conyugal de Caifás y un presunto ascenso

de Pilato en su servicio imperial) y permitiera superar aquella tendencia a la dicotomía entre

“héroes” y “antagonistas” que había marcado a otras producciones fílmicas del III milenio

sobre Jesús. De igual modo, en cuanto a la contextualización de los eventos presentados en


el seriado, los académicos británicos Mark Goodacre y Michael Wakelin proveyeron sendas

aportaciones sobre las costumbres, creencias, expresiones artísticas y demás fenómenos

sociales que convergían en la Jerusalén del siglo I d. C.

Logros, avances y alcances

En el marco de las fuentes no cristianas que respaldan la historicidad de Jesús de Nazaret,

concurren autores latinos como Plinio “El Joven”, quien escribe al procurador Traciano

exponiéndole que no sabía qué hacer con los cristianos, haciendo referencia a Cristo que era

adorando “como un Dios”. A la par, Tácito, en el capítulo XV de sus Anales Romanos,

cuando se refiere al incendio de Roma, menciona a Cristo como fundador de los cristianos,

quien fue condenado a muerte por Poncio Pilato. De igual modo, Suetonio en La vida de los

Césares, en su acápite dedicado al emperador Claudio, expuso que éste había expulsado

continuamente a los judíos por instigación del llamado “Cristo”.

Dentro de las fuentes de índole judía, se postula el testimonio de Flavio Josefo en sus

Antigüedades Judías (18-XVIII; 63-64), el cual hace referencia a los milagros, enseñanza e

impacto de Jesús de Nazaret en las culturas de su tiempo. Este autor se pregunta si es posible

llamarlo hombre, refiriéndose a su muerte y resurrección. Respecto de su testimonio, se

plantea la hipótesis del retoque, siendo la misma ampliamente aceptada, pues tiene como
respaldo un documento árabe que refiere una versión más breve y sin alusiones mesiánicas

(2-XX), la cual habla de Santiago, hermano de Jesús, “que también había sido condenado”.

Entre otras fuentes de origen diverso que también constatan la existencia histórica de Jesús

de Nazaret, se encuentra Syncellus, autor bizantino que escribió sobre un padre de la Iglesia

llamado Julio Africano, quien recordaba el testimonio de un samaritano que atribuía el

eclipse acontecido tras la muerte de Jesús a un fenómeno natural; por su parte, Mara bar

Serapion, en una carta escrita a su hijo, hacía un recuento de las muertes más lamentables de

los tres sabios de la historia a manos de la incomprensión de sus pueblos, refiriéndose a Cristo

como “el sabio rey judío que no había muerto gracias a las nuevas leyes por él promulgadas”.

Asimismo, Luciano de Samosata en Sobre la muerte de Peregrino, recuenta la historia de un

gran hombre crucificado en Palestina que se había convertido al cristianismo, muriendo junto

a su fundador. A la par, Orígenes, en respuesta a la obra de Celso Contra el cristianismo que

quedó inédita, cita afirmaciones sobre Jesús como “hijo ilegítimo, feo, pequeño, que

platicaba la hechicería, se pasaba pidiendo limosna, había convencido a unos pocos incautos

y cuya resurrección sólo se le había presentado a unas cuantas mujeres”.

En relación con la heterodoxia cristiana, se pueden encontrar registros sobre la existencia de

Jesús de Nazaret en los llamados “evangelios apócrifos”, un conjunto de escritos que, a partir

de finales del siglo I, y de modo más intenso en el siglo II, se producen en los diversos

ambientes y regiones cristianas, en respuesta a dos intereses o intenciones: uno de carácter

biográfico y popular; el otro de intención apologética frente a las acusaciones y rumores del

ambiente judío o pagano, o bien ideológico, como expresión de las orientaciones doctrinales

del grupo disidente y herético ebionita, doceta o gnóstico.


La pregunta sobre la historicidad de Jesús, como se verá en lo siguiente, no es teológicamente

irrelevante. Un análisis conjunto del desarrollo de la investigación histórica sobre Jesús (el

“Jesús histórico”) nos hace ver la problemática de la distinción entre la cuestión del “Jesús

terreno” (en su complejidad) y aquella en torno al “Jesús histórico” (que viene de la

investigación moderna y contemporánea, a través los documentos). En estos términos lo

expone Eloy Bueno de la Fuente (2000):

El Jesús de la historia y la historia de Jesús constituyen el objeto y a la vez el


fundamento de la cristología y de la vida cristiana. Sin ello aquélla se convertiría en
especulación vacía, y ésta, en espiritualidad desencarnada o en sentimentalismo
inconsistente (p. 54).

En línea con lo anterior y a modo de síntesis de lo expuesto por el autor en la citada obra, es

posible datar cuatro fases en la historia de la cuestión de la historia de Jesús:

- Desde 1778 hasta 1906 (The Old Quest) se intentaba, a partir de las indagaciones de

Hermann Reimarus, Gotthold Lessing, David Strauss y diversas escuelas (historicista,

romántica, documentaria, sociológica y liberal), redactar una biografía del Jesús histórico

(“Leben-Jesu-Forschung”) al margen del Cristo de la fe referido en los Evangelios. Llega a

su conclusión con la tesis de Albert Schweitzer en la que argumentaba que la investigación

sobre la vida de Jesús había fallado, en tanto que prevalecían en ella las ideologías de quienes

la efectuaban y se relegaba del todo la auténtica preocupación por fundamentar la historicidad

de su objeto de estudio.

- Los años entre 1921 y 1953 (The No Quest) están caracterizados por la reacción teológica

a la tesis de Schweitzer, con las aportaciones de los teólogos protestantes Martin Kähler, Karl

Barth, Rudolf Bultmann y la Nouvelle Théologie católica en pro de la aproximación fideísta

al Cristo Viviente de los Evangelios bajo la consigna que resume Bueno de la Fuente (2000)
en las siguientes líneas: “la fe puede vivir sin historia, el Cristo de la fe puede ser autónomo

respecto al Jesús de la historia y a las pruebas de los historiadores” (p. 60). De este modo, se

llega a una renuncia a la investigación.

- Desde 1953 hasta 1980 (The New Quest) y en reacción al fideísmo de la fase anterior, inició

una nueva corriente investigativa presidida por Ernst Käsemann (discípulo de Bultmann) y

secundada por otros autores como Günther Bornkamm, Ernst Fuchs, Joachim Jeremias y

escuelas como el Jesus Seminar fundado por Robert Funk en California (EEUU). A partir de

la herencia histórica de los Evangelios asumidos como recopilación de lo atestiguado por

algunos discípulos en torno a su experiencia concreta con Jesús, esta nueva corriente

investigativa intenta hacerse una imagen del Jesús histórico, de sus intenciones y de su

destino en profunda relación con sus raíces y su contexto judío bajo el influjo grecolatino que

tuvo prevalencia durante el período de la dominación romana.

- Desde 1980 hasta la actualidad (The Third Quest), se perfilan los desarrollos más recientes

de la cuestión del Jesús histórico llevados a cabo por académicos como Ed Sanders, John

Meier, James Dunn y Gerd Theissen que retoman de la fase anterior el interés por el contexto

judío y grecolatino del Nuevo Testamento, profundizando y ampliando su estudio a partir de

las perspectivas de nuevas ciencias como la sociología, la arqueología y la psicología, que

permiten trazar con mayor detalle sobre la identidad social de Jesús de Nazaret, no sólo desde

como el Hijo de Dios y el Cristo de los Evangelios, sino desde sus facetas como hijo,

hermano, discípulo, sanador, líder carismático, predicador, rabí, sabio, profeta,

revolucionario, visionario y santo.


Propuesta de seriado sobre el Jesús histórico

Una posible nueva producción cinematográfica que acometa la tarea aún pendiente de

representar a Jesús de Nazaret, hijo del carpintero y nacido en Belén de Judea, recreando sus

30 años de vida oculta y los 3 de su ministerio público con toda la riqueza de matices

culturales propios de su momento histórico y de su contexto social, debe, ante todo, partir de

los hallazgos que la investigación histórica y documental, aquí reseñada, ha revelado y

corroborado acerca de la persona y las circunstancias que rodearon al Dios-Hombre cuya

encarnación y glorificación instauraron en el mundo la simiente del Reino de los Cielos y

permitieron humanizar lo divino divinizando lo humano.

Para dicho fin, se requiere de una producción con los suficientes recursos materiales e

informáticos para reconstruir, con pleno rigor, los eventos históricos y las circunstancias

socioculturales que marcaron cada uno de los escenarios en que transcurrió la existencia

terrena de Jesús; es preciso, además, un talentoso y bien preparado reparto capaz de

caracterizar en toda su complejidad no sólo al protagonista de la Historia de Salvación, sino

además a cada uno de los personajes que interactuaron con él a lo largo de su paso por el

mundo; finalmente, resulta indispensable un director y un equipo creativo con el suficiente

criterio y asertividad para suscitar y coordinar una óptima sinergia entre los recursos fílmicos

y el talento humano con una puesta en escena que, más allá del pietismo y el sensacionalismo,

haga conocer a la humanidad de estos tiempos la vida de quien marcó un antes y un después

en la historia universal.
Conclusión

A manera de síntesis de lo hasta aquí expuesto, los testimonios judíos, latinos y de otras

fuentes no son muchos, pero son suficientes para confirmar algunos elementos importantes

acerca de la existencia histórica de Jesús. En consecuencia, los registros históricos a este

respecto son pocos, ocasionales y, muy a menudo, ideológicamente sesgados; no obstante,

corroboran la existencia histórica de Jesús de Nazaret como autor de enseñanzas y hechos,

gracias al cual surgió el movimiento cristiano.

Lo anterior se puede evidenciar en la mayoría de los filmes propuestos para el curso de Jesús

en el Cine, adscrito a la Escuela de Humanidades y Teología de la Universidad Pontificia

Bolivariana, con la excepción cuando menos parcial de las cuatro producciones que se

abordaron para ilustrar el presente ejercicio investigativo y que, a la luz de estas

consideraciones, sentaron a su modo el precedente para posteriores aproximaciones fílmicas

a la persona de Jesús con todo el rigor científico y, ante todo, con la riqueza humana que

implica recrear la vida de aquel que es Dios con nosotros.

Referencias

Bueno de la Fuente, E. (2000). 10 palabras clave en Cristología. Navarra: Editorial Verbo

Divino Estella.

Méndiz, A. (2009). Jesucristo en el cine. Madrid: Ediciones Rialp.