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REVIS

. E NUMERO 4/ NOVIEMBRE / 1988

LENGUA YLITERAl RA
DEPARTAMENTO DE LETRAS

FACULTAD DE HUMANIDADES
fV\\fn.de:'n~U"·.A.!t'"\ UA.~If""¡UA' nt::'1 ,..,";'tf¡3.f.,~i¡¡::

(
María Teresa Gramuglio
La construcción de la imagen//
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El tftulo de estas notas puede i~


1 ~ ducir a un equívoco que me apre
suro a disipar: las imágenes de que a
quí se trata son jmágenesde ';esc~itor; >
esto es, un motivo'que remite no a la.
poétí~a., sino a un aspecto vinculado a, la
Jpí$(9.lia\ Iíterariaen la Argentina. Es po
sfliíe afirmar que las hipótesis, apro~
maciories teóricas y observaciones meto
dol6gicas que se esbozan, hallan su puñ
to de partida en unacomproQa,Gióp. ero
pirlca: Ja de que losescritores¡ con ciones se arremolina, generalmente en
gran frecuencia, construyen en sus tex" un estado fluido y no cristalizado, una
itos 1 figuras de escritor, y que estas JI, constelación de motivos heterogéneos
i guras suelen condensar , a veces OSGUfa que permiten le<;jr un conjunto variado y"
. mente, a veces de manera más o menos, variable de cuestiones: cómo el escritor .
. expHcita y aún programática, imágenes representa, en la dimensión imagina
¡que son proyecciones, autoimágenes,ii ria I la constitución de su subjetividad,
tam bién anti-imágenes o contrafiguras en tanto escrítor} y también, más;
de sí mismos. ~a hipótesis inicial, enton allá de lo estrictamente subjetivo, cuál
ces, es que en torno de esas construc es el lugar que piensa para sr en la lite
MARIA TERESA GRAMUGLlO

tatura y en la Sociedad. Su lugar en. la chos motivos, aunque recurrentes, nun.;:'


UteratW'a, esto es, su relaclÓñ""coñ·'''sus resultan idénticos, y siempre se refo
pares;"'""coñ' los escritores que son sus mujan y resemantizan en función de
contemporáneos y aún con los futuros, contexto en que se inscriben. Habrj
pero también con la tradición literaria que tener en cuenta, entonces, que má:
en que se inscribe o que pretende modi allá de las constantes retóricas, que, <
ricar; con los temas y los lenguajes veces parecieran vaciarlas de su espec
que esa traciición le provee; su relación ficidad semántica, las figuras de escn
de amor y de odio con sus modelos y tor remiten inexorablemente, por un la
precurso Kes; sus filiaciones, parentescos do, a la constitución de una .§ubjetiVi
y genealogfas; su actitud frente a los dad. t~.S;,~~$!, . y por el otro,. al éstaCl'il
lectores, las institucione.ll y el mercado. '-d€T'Ca"rrípo literario a que pertenece el
y ~ lugar en la sociedad, es decir, la escritor ,'a los conflictos presentes en
vinculaCi6n con--aquellas"1nstancias que ese campo., a las formas de acceso po
en un sentido estricto podemos llamar sible y al conjunto de condiciones caro
extra-literarias, funcionalmente ligadas biantes ,que regulan la práctica litera
a lo literario pero regidas por otras ló ria.. ~ '.>:{ ,.,> ',/):b ~~;\ ,-
gicas: las I!!~ culturales, la vincula Las figura!! de escritor pueden ser
ción con los sectores soclales dominañ concebidas como~~IQg!l.!P,as en el sen
tes o dominados,. con ·los mecanismos tido que Jameson confiere 'a este tér
del reconocimiento social, con lás insti mino, esto es, como unidades discurSí
tuciones polfticas y con los di3losi tivos vas complejas, a la vez ideológicas y
del· pode.r. De modo que en estas figu formales,' que construyen soluciones
"ras el escritor proyecta, de esa manera sim bólicas a conflictos hist6ricos con
fluida, difusa y no cristali~da que ca cretos. 4 Estos conflictos ponen en jue
racteriza a las "estructuras de senu go un sistema de e.1ecciones y de valo
miento"3 tanto una idea de sr en cuañ raciones -qué autores se leen, por ejero
to escritor como Uto¡a. idea acerca de lo plo, ° qué ternas se privilegian, cómo
que- --la ··-liter-a-tui!a"'-·-es. gil ese sei'"ltido, es es concebida la función dei escritor;
posible postular. que la construcción de cuestiones que se pueden reconocer co
la imagen conjuga una ideologra litera mo decisivas en Borges, eh Gálvez y eñ
ria y una ética de la escritura,ética Mallea- y operan. en muchos casos co
que compromete la estética del escri mo verdaderos exorcismos de los fantas
tor y que llega a convertirse, para d'Ei mas más temibles que acechan la aü
cirio al modo sart'reano, ert· una mor.al toimagen del escritor, vinculados fre
del estilo, una moral de la Jorma., cuentemente a la esterilidad o al fraca
En la construcción de estas figuras so -no poder escribir, es' el drama que
ingresan a menudo m'otivos que por su organiza la peripecia corrosiva de "Es
recurrencia han ,llegado a convertirse: en critor fracasado", de Roberto Arlt:
verdaderos tópicos. Asr, la figura del es Estas primeras aproximaciones podrr
critor malogrado, prisionero de sus de an quizá condensarse en una cita muy
cunstancias, que fracasa por carecer de breve: "El imaginario de un escritor es,
libertad para consagrarse a su ,obra, o también, la construcción de una imagen
la 'más romántica del genio solitario e de sr en el espacio literario, y su esté
incomprendido, han. llegado a ser fami tica, la forma que da a esa. imagen". 5"""
liares, por 10 menos en la literatura oc
cidental a partir del siglo XIX. Sin -ero
bargo, estas construcciones están de tal
modo atravesadas por la historia, que <!!

4
; c.

.'....

LA CONSTRUCCION DE LA IMAGEN

11 Siempre se podrá argüir con ver


dad que de¿de que hay. escritores
y escritura, o, más precisamente desde
con la autonomización del campo inte
lectual, dentro .del cual se recorta ca
mo un subconjunto.
que hay poetas y poesía, la cuesti6n de Es. posible señalar rápidamente c6mo
la figura del poeta y su función social operan estas cuestiones si se repasan
ha sido tema de . preocupaci6n y de con algunos datos en la litera,tura argentina
troversia: basta recordar, para confíe del siglo XIX.7 La relación entre inte
marlo, los diálogos plat6nicos y, entre lectuales y poder, o, más concretameñ
ellos, La Rep:1íblica (diálogo éste que, te, la funci6n de los intelectuales en
dicho sea de paso, presenta una de las la esfera polftica, fue una cuesti6n que
primeras justificaciones sistemáticas de preocupó intensamente a los represen
la censura que desde el poder se ejer tantes de la generación del 37, Y como
ce sobre la literatura). Pero lo cierto tal está planteada en los escritos de
es que la construcci6n de imágenes de los miembros del Salón Literario, en
escritor en el sentido que aquí he tra Echeverría, en Alberdi, en Sarmiento.
tado de ir definiendo se convierte eñ Pero en el siglo XIX la heteronomía de
un motivo relevante, llamativo por su la actividad intelectual es aún casi to
frecuencia y revestido. de significacio tal, y la literatura o la escritura eñ
nes nuevas a partir 'de' la autonomiza sentido amplio son generalmente instru
ción de los respectivos campos litera mentales con respecto a la función poir
ríos en las 'literaturas nacionales. 'Pero tica, diseñan sus estrategias para influir
como la autonomización de un éampo sobre el poder o para acceder a él, y
literario no es algo que pueda fecha.rse carecen, en términos globales, de instan
de modo puntual (a menos que uno lo cias de legitimaci6n en su propia esfEi
haga metafóricamente), habrá que pen ra .. Todavía en la segunda mitad del Sí
sar en un proceso de formación de glo XIX, un escritor como José Hernáñ
aquellas bases o'¡;:'ondiciones de posibili dez manipula no sólo sus escritos perie
dad sociales y mentales necesarias para dísticos, sino el mismísimo Martín Fie
que,en primer lugar, el dominio cultu no para ganar por medio de ellos un 1\1
ral adquiera cierta autonomía con res gar expectable en la clase política de
pecto a las instancias del poder ecie Buenos Aires. 8 Y por otIO lado, la exis
siástico y polItico y, dentro de ese do tencia de campos literarios autonomiza
minio, al que "llamamos campo intelec dos como el francés, que proveen moda
tual, el campo literario se distinga a los prestigiosos, da ocasiones a no pe
su vez de manera más o menos preci cos desfasajes y anacronismos en cuanto
sa; y también para que, en segundo lü a las figuras que movilizan el imagina
gar, el Ser escritor y escribir,"literatü rio de nuestros escritores. Así Sarmieñ
ra se invistan de un sentido y un valor to, cuando publica su primer artículo pe
especffícos que diferencie a la práctica riodístico en Chile, puede alimentar fañ
literaria de otras prácticas de escritu tashs dignas de un Rubempré en un me
ra como la que pueden realizar, por dio donde no hay ni bohardilla parisina
ejemplo, filósofos, publicistas, historia ni redes institucionales adecuadas para
dores, tratadistas y sociólogos. 6 La lite brindar el tipo de éxito que esas ensoña
ratura no puede concebirse como un es ciones requieren. 9 -
pacio social específico si el conjunto 'El proceso de autonomización y el
de las actividades culturales no se ha surgimiento del púmer campo literario
lIa en condiciones de acceder a una argentino puede seguirse en la c reaci6n
cierta autonomía', y la génesis del cam de redes institucionales y discursivas es
po literario debe encararse en relación pecíficas (universidades, cátedras, acad~

5
MARIA TERESA GRAMUGLlO

It·V~'t\ ... . .
mias, sociedades, premios, cargos) y de .,..tl'uéC"ión para invocarlo como llave maes
be ser puesto en relación con' las trans tra y. explicación omnicomprensiva de
formaciones sociales que se inician eñ las imágenes de escritor. Aunque como
la Argentina del Centenario.10 No es ne es evidente estas notas deben buena par
cesaría repetir aquí esos datos, pero sr te de su inspiración a las teorías de
subrayar nuevamente que las figuras de Pierre Bourdieu,12 el. paso metodológico
escritor y las representaciones del cam ,~ue proponen es casi inverso: intentar,
po literario se convierten en objetos . no una descripción de estados de cam
frecuentes en el imaginario de los escri po, sino· una lectura de las imágenes de
tares cuando comÍEmza ese proceso: es ''>,.i
'escritor que algunos textos construyen,
entonces. cuando proliferan los textos f. 'poniendo las estrategias discursivas y
que tienen como tema algún aspecto de · las estrategias de escritor 13 en relación
la vida Ii teraria, que designan, con la · de implicación mutua, para seguir en
ficción o con la polémica, los lugares sus articulaciones los modos específicos
del campo y los. puntos de conflicto · y diferenciados' que revisten tanto los
presentes, que proponen representacio conflictos inscriptos en la formulación
nes y que edifican mjtos.~1 Los años que ·,.I del proyecto literario, como 10.S siste
van desde el Centenario hasta la crisis mas de valor que sustentan la conceE
de 1930 en la Argentina se caracterizan .ción acerca de la función de la litera
por un conjunto de transformaciones es
trechamente vinculadas a la moderniza
ción sociopolítica y a los cambios 'urha
U ura .y del escritor. . -

nísticos, dos aspectos que incidieron de


modo visible en la configuración y en
la dinámica de la vida cultural. Entre
la emergencia del primer campo Iite:a
río argentino y la consolidación de sü
autonomía relativa, el ingreso de nuevos
actores (entre ellos, de modo notorio,
las mujeres) y la ampliación de!' público En e~ primer c?,mp; literario al
lector, mod.ificaron sustancialmente: -las gen uno, espaCIO aun en proceso
condiciones de la práctica literaria. En de formación, puede inscribirse la apari
el transcurso de esos años la oferta Ii ción, en 1910, de El diario de Gabriel
teraria se diversificó; surgieron nuevas Quiroga,14 de Manuel Gálvez, un texto
editoriales, instituciones y grupos; pro que si bi en no tuvo éxito de venta -la
Iiferaron las revistas literarias; tendeñ tirada fue de 500 ejemplares y no hubo
cias poéticas contrapuestas polemizaroñ reediciones- resultó, en cambio, notable
entre sí con más o menos vehemencia; mente exitoso en cuanto a la superVi
se delinearon nuevas formas de relación vencia de un conjunto de temas ideol6
de los escritores con el público y con gicos del nacionalismo espirit\1alista que
el conjunto social. Todo ello implicó no en él se plantearon, temas que fueron
sólo modificaciones en la relación entre luego recuperados en numerosos textos
"campointele<;:tual y campo del poder", posteriores vinculados a esa corriente
sino .también re definiciones de laima . de pensamiento, como, para mencionar
gen dele~crit()~, . un ejemplo notorio, Historia de una pa
Esta brevrsima referencia a las trans si6n argentina de Eduardo Mallea. No
formaciones del campo literario argeniT se trabajará aquí sobre esa zona ideoló
no no indican de ninguna manera que gica, ya bastante conocida, sino sobre
se intente aqur proceder a su recons la' estrategia discursiva por la cual Gál

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LA CONSTRUCCION DE LA IMAGEN

vez, en lugar de escribir lisa y llanamen que era "castellano, hidalgo y opulen
te un ensayo sobre lo que consideraba to", con lo cual introduce el tópico de
los "males" que aquejaban a la nación, los mitos del linaje, constitutivo de tan
apeló a un género convencional y con tas figuras de escritor en la literatura
ven~i?naJizado -el diario- y const ruy6 argentina.15 Por último, el prologuista
unaparaJio,,;¿híbcrido para introducir a un aclara que el uso del se'ud6nimo no se
personaje ficticio -Gabriel Quiroga- que debe a la cobardía sino a. la modestia
se hace cargo del discurso de ideas. de Gabriel Quiroga, modestia que, visi
Es posible postular, por un lado, que blemente, no se cuenta entre los atribu
El diario... elige ser un ensayo desvia tos de Manuel Gálvez, quien sr insc ribe
do, porque su pacto constitutivo coloca su nombre en la tapa como nombre de
en la base una ficción, la de ese perso autor.
naje, Gabriel Quiroga, que ha escrito uñ La segunda voz, la de Gabriel Quiro
diario; y por el otro, que esa estrategia ga, entra después de esa larga introduc
constructiva lo presenta como un texto ción, en un segundo prólogo titulado
donde, aparentemente, hablan dos voces. Dos palabras y firmado con las iniciales
La . primera de ellas es la de un autor G.Q. Este segundo prólogo, escrito en
real, ¡yIanuel Gálvez, nom bre que figura primera persona, gira en torno de d0s
en la 'ta-a~der'"nb'io 'también'ál" ·····ie· cuestiones centrales: Ulla -quizá la más
d'eJ3;·}ar~i'¡~1:rQdiiG¿J¿¿ • · qu;pre~~ªePa.I··.·· atractiva , pero que aquf resulta late
.diario propiarn(¡nte dicho,e.n la cual. el ral- la idea de que phblicar es perder
\luto r se .. proclam a .si rupleme,nte".~JQ! algo del yo; la otra, el reconocimiento
<:le lo que sé va a leer,
en un sentido de que este libro es un homenaje a la
muYPi6ximo iiJciélactü'á] uso anglosa patria en su centenario, pero un home
jón del término: dice que ha depurado naj e que se calí fica de "duro y cruel".
el texto original de elementos que harf por las verdades que encierra, y que se
an dificultosa la lectura, que ha realiza guramente sonará como una nota' discor
do una especie de montaje con los ma dante en medio de los festejos que fa:
teriales del diario de Quiroga, y que ha: celebración suscita. Gabriel Quiroga es
practicado una selección de los mismos, cribe entonces "Yo me resigno a pubIT
ohed.endo a los lectores una versión ex car ••• " y "Yo le ofrezco a mi patria•.. 'r;
purgada de acontecimientos Intimos y pero en la última; frase del prólogo, in
subjetivos (algo asr, fabulemos, como lo mediatamente antes de las iniciales
que Leonard Woolf hizo con el diario de G.Q. con que se lo firma, leemos: "y
Virginia Woolf). En ese prólogo, la voz este fue el primero y el último libro de
de Manuel Gálvez traza una semblanza Gabriel Quiroga". Ante esta ruptura en
y una historia intelectual de Gabriel el nivel de la enunciación, el lector no
Qt.:iroga en la que cualquier lector más puede menos que sobresaltarse y pregun
o menos informado puede reconocer fá tarse "¿quién habla aquf?". Pues este i!
cilmente datos autobiográficos del pro ro discursivo de la frase final resulta
J
pio Gálvez, y que por lo tanto diseñañ en verdad inesperado y enigmático. Re
a GaJ?riel Quiroga como un doble o un capitulando estos desvíos, vemos que, pa
,8.1ter..ego de Gálvez, cuestión' que la crí ra gran sorpresa nuestra, hemos acaba
1 tica Contemporánea señaló de inmedia do por encontrarnos, en los comienzos

I
I .'
too Además, el autor-prologuista-editor
Manuel Gálvez aclara que Gabriel Quiro
gil. no se llama "en realidad" Gabriel'
Quiroga, sino que ese nombre es un seu
de un texto de Galvez, con estrategias
dignas de Borges: un ensayo enmascara
do que tiene como punto de partida
una ficción; un pacto de lectura desvía
dónimo' tomado de un antepasado suyo do que nos instala en el apócrifo: un a~

I 7
MARIA TERESA GRAMUGLlO

tor que escribe. un diario que es el di~ al mismo tiempo que revela la ambigüe
rio de otro; un escritor ficticio que tie dad del pri mer campo literario, Gálvez
ne un nombre (un seudónimo) tomado elimina una parte de sí mismo que sim
\, ¡de sus antepasados; finalmente, un reI~ boliza su colocaci6n todavía indecisa eñ
~ ¡va de voces que torna dudoso el estat~ ese cam po, y procede a instalar, en su
ro del sujeto de la enunciación. lugar, otra figura, la del autor-editor
Pero este escritor no es, en la con Manuel Gálvez, primera de la larga se
cepción de Gálvez, un escritor, pues se rie que irá desfilando en sus textos pos
trata de alguien que no publica, alguien reriores. Aunque con estrategias difereñ
a quien este texto le es arrancado y tes, esta liquidación puede considerarse
\j,)_ que no escribirá un segundo libro: no homóloga a la que se· realiza con el es
~li.J,.·' ~
. ~l'e. g.·Íl.'.\.á..., .. p.or .10. tanto, a constituirse .e.n.
' )~yl: autor . ~t.9~. es en alguien cuyo ~~r::l>,;Sl
critor bohemio Riga, protagonista de El
mal metafísico, que finalmente muere
Q; Se;:::! :(1).Y.l,tlJ:.t.e...~~.i;_Qlll,lQª,".9I!,~"_~':::~!,~, en Nacha Regules. En Gabriel Quiroga
lJ[1j.5lil~cL.~ . . !l:!:!. . . S¿QDj.ynJo.. ,d,Sl..,,~Sl~1Q~~,1.§ En el se condensan, como en Riga, zonas de
discurso de la. voz que firma Manuel rechazo; por eso, simbólicamente, ese
Gálvez, Gabriel Quiroga encarna explíci doble que es Quiroga morirá como escri
tamente la f!gyra-_slel esteta, del dile tor (éste fue su último libro) y el nom
ttante, del I¡fficionado) y en este último bre de Gálvez usurpa su nombre en la
sentido apar~ifsr como un heredero tapa como nombre de autor.
de los escritores"del ochenta: un ama Pero habría que añadir, para ser pre
tem. En su versión tradicional, 'el ama cisos, que no todo' Gabriel Quiroga se rr
teur es, ciertamente, un bel esprit, que quida, pues Quiroga, ¡¡.demás de un ama
confiere un noble prestigio a las let ras teur, es un patriota, y este rasgo que
y que aparentemente desdeña el presti también será retomado por Gálvez en
gio que las letras pueden conferirle a textos posteriores, y reelaborado de ma
él. Pero con .la ,figura del amateur el neras diversas, constituye un caro motI
escritor corre el riesgo de quedar atra vo nacionalista que se manifiesta de mo.
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de . Lugones.. Pero la historia -de laS
comoo un amateur y no como un profe transformaciones y desplazamientos del
sional permanece en algunos casos some ideologema de escritor-patriota es un
tido a actitudes y estrategias pre-mo capítulo que la economía de estas notas
de mas (en otros quedará alojado en uñ permite omitir.
lugar sospechoso o margina!), y es por Conviene ahora reiterar la pregunta:
ello que el conflicto con la figura del ¿por qué esa estrategia complicada?
amateur se plantea de modo caracteris ¿Por qué el alter-ego, por qué Gabriel
tico en las etapas de iniciación del es Quiroga? Nombrar el libro es encontrar
critor y en los campos literarios en for se con la exasoer¡¡.ciÓn dióll e.sc.amoteo y
maci6n, donde aún resultan ambiguos de la ambigüedad: el Diario de Gabriel
tanto el estatuto del escritor como el Qulroga de Manuel Gálvez. En el ptólo
de la práctica literaria. 17 go firmado por Manuel Gálvez se lee:
Por todo esto, parece pertinente pr~ " ••. mi condici6n de editor no me res
poner que en la figura de Gabriel Qui ponsabiliza de las ideas del autor. En o
roga Gálvez intenta distanciarse de uñ tra parte sería ridícula esta adverteñ
tipo de escritor, y procede a liQuidarlo; cia, pero en Buenos Aires nunca. esta
"y éste fue el pnmero y el último U de más". La cita no puede dejar de ser
bro de Gabriel QUiroga" es, por cierto, puesta en correlaci6n con la anterior de
una frase que suena a epitafio.Con ella, negaci6n de la cobardía de. Gabriel Q~

8
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LA CONSTRUCCION DE LA IMAGEN

roga CGmo motivo para no firmar su li 1910 hasta la década del 40, Gálvez ha
bro con su propio 'nombre. Pero si esta seguido otorgando centralidad a la figu_
lectura resultara abusivamente maligna, ra del escritor en sus textos, no sólo
se puede señalar que ella revela, por lo construyendo autoimágenes en que se
menos, una preocupación bastante aguda proyecta su subjetividad, sino sobre todo
acerca de lo que se puede o no se pue convirtiendo al escritor en el punto fo
de decir, esto es, de las condiciones de cal que orienta la perspectiva desde la
recepción para un libro como El día cual son percibidos los temas en torno
ño.•• ; es también elocuente en cuanto de los cuales se organizan sus ficciones,
a la imagen negativa que Gálvez presen sean la prostitución y la injusticia so
ta del medio literario porteño, confir cial o el fracaso de las ilusiones de re
mada por numerosos pasajes de sus Me generación moral que produjo en alg~
moñas, en los que deja minuciosamente nos sectores sociales el golpe del 'trein
registradas ingratitudes, insidias y mez tao y es justamente en la nove! a dél
quindades sin cuento; y realiza una ma treinta, en Hombres en soledad, donde
niobra sinuosa: yo, Gálvez, firmo este es posible encontrar, junto a la cons
libro, pero afirmo que no soy responsa trucción de una imagen que temariza
ble de sus ideas, puesto que estas ideas 'uno de los motivos recurrentes caracte
son de otro, maniobra que revela el' ca .rísticos, el de la soledad del escritor;
rácter aún precario de la autoridad de una representación ficcional del campo
un autor que necesita enmascararse literario tal como Gálvez lo concebía,
tras la figura del editor, del que hace esto es, como una construcción imagina
públícos los discursos de otro.18 Final ria cuyo valor de verdad no reside en él
mente cabría agregar que, además de regist ro de los datos reales, sino en lo
remitir a la ambigüedad de la propia que revela acerca del sistema de valo
colocación en un campo también toda res que la sustenta.
,! vía ambiguo, esta estrategia se halla es
trechamente emparentada con un proce En cuanto a lo primero, a la sole
dimiento que opera en la misma direc dad, es fácil ceder a la visión ya cano
ción (que Gálvez dice' haber tomado de nizada que, desde distintos lugares ideo
FlauJ:¡ert) y que utilizará hasta el hartaz lógicos, ha visto en la década del trei:!;
go en sus ficciones: el estilo indirecto ta un páramo cuyo signo más evidente
libre. Con él, el narrador delega en las es el aislamiento y la incomunicación
voces de los personajes el discurso de entre los intelectuales. Títulos famosos
ideas, ,y sobre todo de aquellas ideas se invocan para confi rmar esa imagen:
de crítica social cuya atribución al au El hombre que está solo y espera, La
tor podría resultar poco conveniente pa bahla de silencio y el mismo Hombres
ra la estrategia del escritor. 19 - en soledad. Es aquí donde se torna nec!,:
De modo que Gabriel Qdroga es ape sario proceder a cotejar los daros con
nas el primero de la larga serie de per los discursos literarios y los mitos sedi
sonajes escritores que pueblan los libros mentados sobre ellos: pues basta leer;
de Gálvez, y que van regist rando la sin ir más lejos, en las Memorias de
transformación de aquella figura inicial Gálvez la infatigable actividad gremial
de escritor patriota y amateur. Son es y social que desplegaba por esos años
critores prácticamente todos los perso en el ám bito literario, la cantidad de
najes de El mal metafrsico, es escritor agrupaciones, revistas, editoriales, con
el Monsalvat de Nacha Regules, y es es gresos, cenas, homenajes en que partid
critor Cla..raval, el. protagonista de Hom paba, la vinculación con instituciones a
bres en soledad y El uno y la multitud: las cuales pertenecían otros escritores
Es decir, que en el lapso que va de nacionales y extranjeros, para percibir

9
MARIA TERESA GRAMUGLIO

la asimetría entre los datos y el mito, imaginario de Gálvez esta cumbre. es


y dejar planteado el interrogante acer tan temible como el submundo crapulo
ca de esta insistencia obsesiva en una so del teatro: porque el poeta, en esta
soledad y un aislamiento que no eran, ficción, es el gran solitario, y su aisla
por lo menos, tan extremos como en la miento, signo de una elección, es tam
novela se los representa. Y en cuanto a bién el signo de una maldidón: la sole
lo segundo, se puede observar que los dad extrema consiste en el no reconoCí
personajes escritores de Hombres en so miento, en el fracaso. 20
¡edad. van diseñando una representacióñ En ese cuadro jerárquico, tampoco
del campo literario articulado según un el ensayista alcanza las señales del re
orden jerárquico que tiende a dar cuen conocimiento. Es ensayista el protagonís
ta de los lugares y posiciones que se ta central de Hombres en soledad, pero-;
juzgan más o. menos validados y presti además de revelarse como moralmente
giosos. En la ficción de Gálvez, un jue endeble, no obtiene con su práctiCa Ji
go de tres factores triangula la coloca teraria"ni éxito económico, ni prestigio
ción de los escritores: retribución mate social ni reconocimiento público. Nueva
dal, retribución simbólica y trayectoria mente el discurso de la ficción requiere
elegida. Si la retribución material, aun ser confrontado con los datos, pues re
que deseada, no aparece revestida de sulta al menos paradójico que en un pe
valores positivos, es' en la retribución dodo que se destaca por la abundanda
simbólica donde se juegan todas las. as de la producción ensayfstica y por el
pi raciones 'Visibles que se juzgan _ como peso que ella adquiere como forma de
nobles: por un lado, en el reclamo de reflexión acerca de la problemática na
que las clases dominantes otorguen un cional (son los años de Scalabrini, de
reconocimiento que legitime socialmen Mallea, de Martrnez Estrada, son los
te el estatuto del escritor; por el otcO"; años de Sur) la figura del ensayista apa
en la demanda de que la sociedad en rezca de tal modo desvalorizada en el
su conjunto . ,del!Uelva al escritor una texto, y .más. aún si se repara en que
imagen positiva de sr mismo, admitien es en esos años, justamente, cuando Gál
do la importancia de su función. Eñ vez, ya asentado en su condición de no
cuanto a la trayectoria, es la elección velista, comienza un pasaje hacia el eñ
de un género lo que termina por defi sayo e inicia, junto con los artfculos áe
nir las estrategias de escritor, cuyo re Este pueblo necesita, su serie de biogra
sultado organiza a los personajes escn Has históricas. Las estrategias del escn
tores de Hombres en soledad en una es tor, proyectadas sobre estas estrategias
cala de méritos que coloca en la cíts¡)í textuales, indican la incidencia de una
de al poeta, y en el escalón más bajo tensión o un conflicto cuyos perfiles, en
al autor de obras de teatro, que gana algún momento, habrá que despejar.
dinero con sus piezas de éxito fácil, pe Pero hay en esta ficción jerárquica
ro que frecuenta el medio social y r:no una imagen de escritor que condensa
ralmente dudoso de actores y periodís todas las positividades: es la figura del
taso El dramaturgo es el menos califica novelista. Hombres en soledad construye
do socialmente de los escritores, cerca en Pedro Roig, otro a1ter-ego de Gál
no a la bohemia pero no bohemio él vez, una figura de' escritor-redentor, de
mismo (puesto que gana dinero con sus escritor-padre, de escritor como gufa
obras) y desproVisto, por lo tanto, hasta moral, no aceptado por los poderosos y
del aura romántica que enl!Uelve a la ~ sin éxito comercial, pero admirado por
gura del bohemio. En el otro extremo, legiones de an6nimos lectores sobre los
en la cumbre, está el poeta, pero en el cuales ejerce un apostolado privado. La

10
LA CONSTRUCCION DE LA IMAGEN

gloria del novelista Roig en Hombres en cularmente en los de Lugones: pues en


soledad se asienta en una particular en éstos se parte de una imagen de matriz
tereza moral, en una consagración mo romántica eri que el poeta se erige en
nacal y absoluta a su trabajo y en la: mediador con la divinidad y conductor
posesión de facultades casi extrahuma de muchedumbres (es la figura vic.torhu
nas para la percepción de las debilida guesca que abre Las montañas del oro)
des y pasiones de los demás seres huma a la del mediador .entre la clase diri
nos. Se postula así la autoridad de un gente y el fondo arcaico de la tradI
saber necesario para la práctica del no dón que se encarna en El payador, pa
ve lista, pero ese saber, al mismo tiem ra llegar, finalmente, a la del mentor
po, sólo puede adquirirse con esa prác intelectual de los poderosos,eBi eserifur ..
rica, y confiere al novelista un poder legislador de La grande Argentina, cu
sobre los otros: el novelista será enton ya apoteosis consiste en escribir la pro
ces un padre, un confesor, un guía mo clama (rechazada) para Uriburu en ei
ral, para multitud de lectores ganados golpe de 1930. Si pensamos en este re
por su obra, que le otorgan su reconoci chazo, yen' que la trayectoria de Lugo
miento en circuitos anónimos, legitl nes se cierra en 1938 con su suicidio-:
mando su función por fuera de los espa podríamos concluir que las imágenes de
cios vinculados a las instituciones y a:r escritor de sus textos condensan de
poder. Si en El diario de Gabriel QuilO modo ejemplar no tanto sus estrategias
ga, con el Centenario, la figura dj'll es de escritor como las fantasías de los
critor dilettante era desplazada por fa: escritores con el .poder y, también, su
del escritor patriota, en este texto del estrepi tosO fracaso.
treinta emerge una imagen de escritor
apóstol", de connotaciones semi-religio
sas, cuya función pública es desplazada
por un sacerdocio que se ejerce en la
esfera privada; la ficcionalización cir
cunscribe ahora la función social del es
critor . a una instancia diferente, más
melancólica. y menos espectacular.
Para completar esta aproximaclOn,
la parábola que traza la imagen de es
critor en las ficciones .de Gálvezreque
tirIa ser confrontada' cO.!l....I{l;'::a:.l!t..o¡m~ªg€lñ... ,
IV Fr~ntea estas imágenes patrióti
cas y apostólicas, .laJigura ...¡j.e es
critor que construye 'jfábeno Arlt' eñ·
i que construye en sus'(~emorias,} con su sus textos plantea una rU¡:ifiüa:"'" radical.
proyecto literario y suS"est'rlLtegias de Personajes como Astier, Erdosain y Ea!
escritor, sin perder nunca de vista su det admiten ser lerdos como metáforiS
colocación con respecto a los nuevos ac de"i~telectual y deess.rÜor, cuyasp~;:¡
tores que eme'rgenen la década dél pec ias·"ponén"éfi"·escEúla . buena part e de
veinte y sus virajes de la década del las cuestiones vinculadas con el acceso
treinta y, luego, con la aparición del al mundo de la cultura, la adquisición
peronismo, todo ello proyectado sobre y el uso del saber; relatos como "El
los nuevos conflictos ideológico-litera poeta parroquial"21 y "Escritor fracasa
rios que con estos cambios inciden so do" acumulan una profusión de motivos
bre el campo. A su vez, ella puede vf¡:¡ negativos que exhiben los fantasmas a
cularse con las figuras de escritor que exorcizar, convirtiendo a estos textos
se construyen en textos pertenecientes en una especie de conjuro de aquello
a la misma parentela ideológica, parti que se rechaza y que se teme. El escri

11
MARIA TERESA GRAMUGLIO

tor fracasado es, en el relato homóni Arlt es, en definitiva, hijo de sus .obras.
mo, el que se liga a camarillas litera En "Yo no tengo la culpa" el traba.
rías, el que se convierte en crítico, él jo textual que se despliega a partir de
que hace polftica con la literatura; el un recurso frecuente en las Aguafuet
escritor fracasado es la eterna prorne tes, el de responder las cartas que los
sa generada por el éx:ito fácil; es fina¡ lectores dirigen al escritor, somete el
mente, el que no produce: el que no es nom bre a todas las presiones imagina
cribe. En está. autobiografía ficticia, el bIes: la superchería de un nombre falsO
escritor fracasado carece de nombre y ("ya sé quién es usted a través de su
, de dtulos; por lo tanto, no puede reem Arlt"), el seudónimo ("0fgame, .usted
plazar su nombre por los títulos de sus no es el señor Roberto Giusti, el conce
jal del Partido Socialista? 11 o más di ree
.
',,"
~.r
, obras: es, en definitiva, un anónimo .
El J1Q,.mbl~ y 10s~JÚ1!.!g§~ aparecen
,- DI fuertemente ligados en la construcción
tamente, en otra carta: "0fgame, ese
Arlt no es Un pseudónimo?"), la cosifi
I de la autoimagen de escritor en los cación ("Cómo se escribe 'eso'?"), ra:
LJextos de Arlt. El nombre sufre una paronomasia ("Tampoco puedo argUlr
transformación significativa en la serie que soy pariente de WilliamHart ••. ") y
de las cuatro pequeñas autobiografías finalmente el extrañamiento, descampo
que Arlt escribió entre 1926 y 1931. El niendo el nombre en sus elementos
nombre 'es también el rema de una de consti tutivos: "y ustedes comprenderán
las Aguafuertes porteñas, "Yo no tengo que no es cosa agradable andar demos
la culpa". Se trata, en este último ca trándole a la gente que una vocal y
so, del apellido, esto es, del nombre tres consonantes pueden ser un apelli
que viene del padre: ArIt. ¿Cómo hacer do". Rareza del nombre: el nombre ex
de ese conjunto malsonante, diffcilmen tranjero, el nombre sospechoso (limas
te pronunciable, un nombre? ¿Cómo de tampoco me agrada que le pongan
mostrar que "una vocal y tres consonañ sambenitos a mi apellido, y le anden
tes" pueden, sin escándalo, llegar a ser buscando tres pies"). Nombre que ap~
un nombre? En otras palabras, ¿cómo rece ligado a una culpa misteriosa que
, \ ~~_ posible, en el m,undo de las letras, se remonta a orfgenes oscuros y sin
'f~erse un_Jl~.? El conflicto de prosapia: " ••. opto por acostumbrarme a
ArIt, simbolizado, en el trabajo con el mi 'apellido y cavilar,' a veces, quién
nombre, se despega totalmente de la fue el primer Arlt de una aldea de Ger
preocupación patriótica de raíz naciona mania o de Prusia, y me digo: ¡Qué bar
lista y produce un asombroso desvío de baridad habrá hecho ese antepasado añ
·Ia postulaCión de cualquier, función p.Q cestral ' para que lo llamaran Arlt!" "J;:Q,
blica que legitime el trabajo del escri ',dos estos ,juegos con, el nombre. colo
tor por apelación a' otra' esfera, sea bán-at"'e~critor baj.o el estatuto ~e la
apostolado mor"l o eficacia polftica.,.La lsospecha..,.JY lo conylerten -en una figura
construcción de la imagen ,en Arlt ins dt!t!esx('en alguien a quien de antemano
cribe una figura desacralizada y laica-;- se le adjudica "cualquier barbaridad",
una figura .sospechosa que' elude, ade en alguien que, como los delincuentes,
más, la apelación al pasado que está: usaría alias y nombres falsos.
en la base de los mitos más frecuentes Oetras de la serie de catástrofes
en torno a la figura de escritor en la acarreadas por el nombre, late, en "Yo
literatura argentina: ni pasado nacional no tengo la culpa", la pregtir. ta escondi
ni pasado familiar, detrás de esta figu da: ¿quién es ese Arlt? ¿quién es' éste
ra no hay tradición, no hay linaje, no que firma las Aguafuertes porteñas? 22
hay, antepasados ni padres, y el escritor Las cuatro pequeñas autobiograffas que

12
, ... '."} ' ..
,e" ....

LA CONSTRUCCION DE LA IMAGEN

ArIt escribió entre 1926 y 1931 pueden miento característico de Arlt, y que po
ser leídas, desde la perspectiva del üa drfamos reconstruir parafraseando su 1"6
bajo con el nombre, como una secueñ gica .retorcida: "Quisiera escribir nove
cia de respuesta· a esa pregunta (auñ las que fueran panorámicos lienzos ce
que son mucho más que eso, pues acu mo las de Flaubert. Pero para escribir
mulan cantidad de motivos arltianos). bien,hacen falta tiempo y dinero. Sin
La primera es de 1926, y en ella se embargo, a quienes tienen tiempo y di
lee: "Me llamo Roberto Godofredo Chris . nero no les interesa la li teratura, y a
tophersen Arlt". Es el año de publica los que escriben bien apenas si los leen
ción de El juguete rabioso, y se sabe correctos miembros de sus familias". Si
que no le resultó fácil a ArIt encontrar en lo más inmediato el "escribo mal"
editor para este primer libro. En la se remite a los conocidos déficits de la
gunda, de 1927, el nombre se acorta y formación literaria de Arlt, a lo preca
desaparece el Godofredo: "Me llamo a
rio de sus capitales cultural y social,
Roberto Christophersen Arlt"; no se la necesidad imperiosa de legitimar una
menciona El juguete, ya publicado, y se colocación que no halla sustento en t ra
anuncia una novela futura, Los siete lo diciones, saberes y linajes prestigiosoS;
cos. En la de 1929, el nombre es expul el reverso de esa afirmación inscribe
sado del texto, y en su lugar apareceñ en la autoimagen de Arlt, como un os
los tftulos y la jactancia: "A los veinti curo objeto del deseo, siempre presente
dós años esc ribí El juguete rabiosó..•. Ac por su ausencia, el fantasma de un li··
tualmente tengo casi terminada la nove bro otro, de un libro imposible: una no
la Los siete locos. Me sobran edito vela perfecta como las de Flaubert o
res. >l. En la de 1931, ni nombre ni títu "una novela amable como una nube son
lo, desplazados ambos por la obra coñ rosada". 23 Pero ese libro imposible, ¿es
vertida en cantidad: "Obra realizada: "3 el libro que no se puede o no se quiere
novelas, 20 volúmenes de impresiones escribir?· Tensión indecidible y pregunta
porteñas en el diario El mlIDoo" y un sin respuesta en un proyecto literario
signo de reconocimiento: "Premio Muni que, por otro lado, exige libros con "la
cipal". En el transcurso de la .. secueñ violencia de un cross a la mandíbula" y
cia los títulos han desplazado "al no [ji que instala la escena de la escritura
bre, el escritor se nombra por la obra-; entre los ruidos de las "redacciones es
y la obra se valida por la cantidad. Es,' trepitosas" y de "un edificio social que
acaso, una manera de confirmar aquella, se desmorona".24 .
"prepotencia de trabajo" que Arlt prq Los ruidos y el vértigo de la urgen
clamaba .' en el prólogo de Los lanzalla cia. de la producción minan al mismo
mas, ·c9n la exigencia vertiginosa de tiempo las tradicionales imágenes sacra
"un libro tras otro"; prepotencia que es lizadas de la literatura y del escritor:
en definitiva potencia: "sí, un libro tras El aguafuerte "La inutilidad de los li
otro, y que los eunucos bufen", UfilCO bros", además de descalificar el mundo
capital con que ingresa al mundo litera de la cultura al que se intenta acceder,
río. . - proponiendo en su lugar la reivindica
En esa afirmación prepotente que es ción de un saber no libresco, introduce
el prólogo de Los lanzallamas se inscri la figura del escritor como un "opera
be otro conflicto. Es el célebre "Se dI rio que escribe para ganarse el puche
ce de mí que escribo mal", conflicto ro" y reescribe la tensión entre "ritmo
que es enunciado en el texto apelando de producción" y "belleza". La práctica
a esa estrategia deceptiva que hemos de la escritura, finalmente, se convierte
aprendido a reconocer como un proce~ en una lucha contra el tiempo y el es

13
MARIA TERESA GRAMUGLlO

pacio reales: un tiempo medido tiránica La aproximación planteada en estas


mente por el reloj, un tiempo siempre notas no autoriza clausuras conclusivas,
corto, que apremia, y en el que liay pero sí permite alguna puntualización
que Henar un espacio, el de la antes que qUIza parezca redundante si se han
poética página en blanco convertida aho leído atentamente los dos primeros pa
ra en las carillas pautadas de la colum rágrafos. El rápido recorrido por algü
na periodística. El. aguafuerte "Una ex nos textos de Gálvez y de Arlt mues
cusa: el hombre del trombón" pone eñ tra cómo la construcción de la imageñ
escena esta lucha, con una estrategia termina por ficcionalizar dos figuras de
que bien podría pensarse como una ver escritor diferentes y aún opuestas. El
sión moderna de aquel clásico "Un sane hecho de que. en parte coexistan por los
to me manda hacer Violante ... " Porque mismos años indica que la diferencia no
aqur el mandante no es la dama, sino es atribuible únicamente a la lógica de
el director del diario, que indica: "Dejá dos sucesivos estados de campo; la dife
nota adelantada, Arlt", y si en el sane rencia tampoco admite ser remitida de
to todo giraba alrededor de una forma modo directo a una determinación de
(son catorce versos,. con rima consonan clase, y menos aún es reductible a fac
te, distribuidos en dos cuartetos y dos tares estrictamente subjetivos. Se trata
tercetos), en el aguafuerte se trata de . ría entonces de capturar la índole sobre
un espacio que hay que cubrir ("Gra determinada y fuertemente histórica de
cias a Dios' he entrado en la tercera ca estas figuras, en el sentido de que' ellas
rilla"; "Me faltan siete renglones para remiten a conflictos individuales, posicio .
terminar"), espacio que se vincula con nes y estrategias diferentes que generl!ii
el tiempo y la urgencia, marcados por estructuras simbólicas e ideológicas tam
los motivos del reloj y los horarios. Asr, bién diferentes, inscriptas en un campo
el tema se convierte en una excusa, el literario diversificado y complejo, con
escritor en un forzado, y la escritura temporalidades heterogéneas, donde se
. en un trabajo de galeote: un trabajo ponen en iuelZo no sólo distintas instan
brutal. ~i~~ d~ ,__Jig_~~J~ª~~iqn._,,_ Y_~.___~?_GJ,~n.Q_Gimlent_o-;
"Una excusa: el hombre del trom sino, sobre todo, maneras distintas de
bón" se cierra con una escena en la concebi r la relaci6n entre la escritura
que el di rector del diario presenta al y los sistemas de valor.
escritor a un visitante con esta frase:
"El atorrante de Arlt, gran escritor".
La frase conjuga los tres significantes
principales que la const rucción de la Notas: .
imagen ha puesto en juego: el' nombre,
Arlt, el estatuto sospechoso, atorrante, 1. Hablo de textos en el sentido más amplio
y la condición arduamente ganada, escri y laxo.del término: puede tratarse de una
tor, y es posible descomponerla, desdo autobiografía, de un prólogo, de un ensa
blándola según los' atributos centrales yo sobre otro escritor, de un poema, de
que definen el 'nombre, en los dos entt.!! una ficci6n narrativa y aGn de casos fron
ciados indisociables que se convocan pa terizos como un reportaje.~
ra construir la imagen de escritor en es
tos textos: Arlt, ese atorrante; Arlt; 2. Pienso la dimensión subje"tiva de las
ese gran escritor. figuras de escritor en los textos de fie
ción en la perspectiva de esta observa
.. * .. ción de Marthe Robert: " ••• nada traiciona
más claramente el origen subjetivo de un

14

", '::,

o,': ' . .. --:.::


"
LA CONSTRUCCION DE LA IMAGEN

o
personaje novelesco que su pertenencia a rano y B. Sarlo, cito
la literatura y al arte". En "ovela de
los orígenes y orígenes de la novela, Ma 11. Viala señala, como advertencia metodológl
drid, Taurus, 1973, p¡g. 151. ca, la necesidad de examinar los datos
históricos, los discursos sedimentados so
3. Hago una extensión poco ortodoxa de la n~ bre ellos y las imágenes del mito que se
ción de estructura de sentimientos de Ral deben reconocer y analizar.
mond Williams para caracterizar estas
construcciones. Cf. Raymond Williams, 12. Pi erre Bourdieu, "Campo intelectual y pr~
Marxis ..o. .y Hteratura, .Barcelona, Peníns.'!. yecto creador", en Problemas del estructu
la, 1980, pp. 150-158. r.!isBo, México, Siglo XXI, 1967. Ca"p;
del poder y ea ..po intelectual, Bs. As.,
4. Cf. Fredric Jamason, ··The Polítical Uncos rolios Ediciones, 1983.

~0 La
cious, Cornell University Press, 1981,
pp. 87-88 Y 115-119. i noción de . estrategias de escritor d!
V signa el conjunto de operaciones -dIscur,
5. En Alain Viala, Nalssance de l'icrivaln, sivas y no discursiv.ás- que 1.os escn to - ~

Paris, Minuit, 1983, p¡g.10. resreahzan para hacer' carrera; son e1


trategiasque ponen en juego. el estat.'!.
6. Sobre imágenes-de escritor en algunos mo to social del escritor y definen, de
mentas de la literatura francesa, que pe~ acu,erdo con las posibilidades que ofrece
mi tan reflexionar sobre la incidencia de el campo, elas.es de trayectoria liter.a
lo social y del estado de campo en la ria. ef. Viala, op. cit., Segunda parte.
construcción de las figuras, puede verse
Viala, cit., y Paul Bénichou, La corona 14. fue editado por Moen, en Buenos Aires.
ción dele~crJtor, México, fondo de Cultu
ra Económica, 1981. 15. En las 1'Ie00orias de G¡lvez nos enteramos
de que Gabriel Quiroga es el nombre de un
7. En la crítica literaria argentina, los antepasado del mismo Gálvez.
trabajos, entre otros, de Adolfo Prieto,
David Viñas, Beatriz Sarlo, lIalter Migno CI. Philippe Le.'je'un.e, Le pacte autobiogr!
lo, francine Masiello, se han ocupado~ phigue, Paris, 'Ou Seuil, 1975.
desde diversas perspectivas, de estos as
pectos. 17. cr. Alain Viala, op. cit.

8. Cf. Tulio Halperín Donghi, Los.··mundos de 18. Nada de esto queda en 1930, cuando Gálvez
José Hernández', Buenos Aires, Sudamerica comienza a publicar su serie Este pueblo
. na, 1985. necesita ••• en La ~ación, donde se vuelve
a introducir una auto imagen de escritor
9. Véase la escena que analizan C. Altamira . patriota en una inflexión atravesada por
no y B. Sarlo en "Una vida ejemplar: lá" nuevos componentes ideológicos y forma
estrategia de Recuerdos de Provincia". [~ les.
sayos argentinos, Buenos Aires, Centro
Editor de América Latina, 1983. p. 38. 19. G¡lvez publicó Macha Regules en el perta
dico socialista La vanguardia. Cuando sé
10. Al respecto, véase "La Argentina del Cen le reprocharon las ideas a'narquistas y
tenario: campo· intelectual, vida literá" meximalistas que proli feran en algunos 'p!
ria y temas ideológicos" y "La fundació;;- sajes de esa novela, pudo aducir, como
de la literatura argentina", en C. Altami cuenta en sus l'Ie""rios, que no era él
MARIA TERESA GRAMUGLlO

quien decía" eso, sino el personaje, Mon


salvat.

20. Cf. Hooores en soledad, pág. 153 de la


edición de losada, Bs. As., 1957.

21. "El poeta parroquial" es un capítulo eli


minado de El juguete. rabioso, que fue p!!.
blicado corno adelanto de la novela en
Proa, NQ 10, marzo de 1925. Cf. Mirta
Ar lt y ama r Bor ré, Para leer a Roberto
Arlt, Buenos Aires, Torres Agüero editor,
1985, pp. 123-128.

22. Arlt publicó sus Aguafuertes porteñas en


el diario El !!undo entre 1928 y 1935. Co
menzó a firmarlas apenas iniciada la pu
blicación aunque esta práctica no era fre
cUlnte en el periodi~mo, sobre todo s~ n;
se tenía un nombre que lo justificar?..! Yo
no tt1ft'!lO la culpa es seguramente una de
las primeras Aguafuertu (en ella se lee
"ahora que tengo veintiocho septiem
bres"), lo cual refuerza la hipótesis de
que su verdadero tama es la cuestión del
nombre como Rcobre do autor.

23. Dedicatoria de El jorobadito, hay varias


ediciones"

24. Prólogo de los lawzalla!l!l3s, hay varias


ediciones.

16