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ANTONIO TELLECHEA SOLlS
Doctor en Ciencias Juridicas
-' de Derecho y
Profe sor en la Facultad
Ciencias Sociales de la Universidad
Nac iona l de Asunción
Profesor en la Facultad de Ciencias .
Juridicas y Diplomáticas de la Universidad

NULIDADES
EN EL
PROCESO
CIVIL
El Recurso de Nulidad
La Acción Autónoma de Nulidad

Asunción
1 90

LA LEY
PARAGUAYA SA
© NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL
Antonio Tellechea Solís
LA LEY PARAGUAYA S. A.
Generalísimo Franco 2012
Teléfonos: 208-79115
Asunción - Paraguay
Tirada: 750 ejemplares

Hecho el depósito que establece la ley.


A la memoria de mis queridos padres
Don Bias Tel:echea Zubiaguirre y
Doña Silvería Salís Caballero

A mi eE¡Josa, Sonia
IN DICE
Pág.
Exordio _.................................. __ ................... 11
PRIMERA PARTE

C3pitulo 1. Consideraciones prelíminares ......... 15


Capítulo 11. El proceso y la misión del juez en
este tiempo ...................................... 23
Capítulo 111. Los actos jurídicos procesales y .
sus formas ...................................... .31
Capítulo IV. Las nulidades procesales ............... .4 1
Capítulo V. Los medios de impug nación de los
actos procesales ................ : .... .-.. :.: .. 51

SEGUNDA PARTE

EL RECURSO DE NULIDAD . . . .
Capítulo 1. . GeneraJidades ................................. 59
Capítulo 11.' Antecedentes históricos .................. 61
Capítulo 111. El recurso de Nulidad y el Recur-
so de Apelación. Su vinculación.
La autonomía del Recurso de
.
Nulidaa ............................................ 63
Capítulo IV. El Recurso extraordinario de Nu-
lidad ................................................. ?1
8 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Capítulo V. Nulidad e Inconstitucionalidad ........ 73


Capítulo VI. El Recurso de Nulidad en la Legis·
lación Paraguaya: ........................... 75
Parágrafo 1- Jurisdicción Ordi·
naria: Código Procesal Civil y
Ley de Ouiebras .............................. 84
Parágrafo 2- Jurisdicción Arbi·
tral ................................................... 86
Parágrafo 3- La Nulidad por Via
de la Inconstitucionalidad ................ 88
Capítulo VII. Nuestra Opirjón .............................. 93

TERCERA PARTE

LA ACCION AUTONOMA DE NULIDAD


Capitulo 1. Generalidades ............................... 105
Capitulo 11. El Debido Proceso ........................ 111
Capitulo 111. La Cosa Juzgada .......................... 119
Capitulo IV. El Fraude procesal yla Cosa Juz·
gada Fraudulenta .......................... 135 .
Capítulo V. Seguridad y Justicia ...................... 145
Capitulo VI. La Acción Autónoma de Nulidad
como medio de impugnación de la
Cosa Juzgada Fraudulenta ........... 149
Parágrafo 1- Origenes y Desarro·
110 histórico del Instituto ................. 150
Parágrafo 2- Derecho Compara·
do ................................................ 156
Parágrafo 3- Doctrina y Jurispru·
dencia. Proyectos .......................... 165
Parágrafo 4- . Derecho Paragua:
yo ......................................... _...... 178
Capitulo VII. Nuestra Opinión ·............................ 197
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 9

Capitulo VIII. La Propuesta de régimen procesal


de la Acción Autónoma de Nulidad
en el Código Procesal Civil .......... 205

Bibliografía ..................................... ..................... 209

Códigos ............... .. ............................................. 215


EXORDIO

La materia de las nulidad es procesales ha cons -


ituido, en mi larga carrera de Magistrado Judicial que
a he desempeñado durante 26años, un tema apasio -
nante y de muy subido interés. Ha influido seg ura -
mente en ello, el conocimiento muy amplio y cercano
que he ·podido tener, mediante el ejercicio do la
actividad juri sd iccional, de numerosos casos, en que
por la integración irregular del proceso o por los vicios
u omisiones que son capaces de privarle de legitimi-
dad, se llega al momento crucial y supremo del fallo
definitivo, en condiciones tales que, casi irreversible-
mente, encaminan la solución dada en el pronuncia-
miento, hacia una lamentable e inevitable .injusticia.
Cu ando se ejerce el magisterio casi sagrado de
administrar justicia, con vocación profunda y con
vol untad firme e in claudicable, nada repugna más a la
conciencia jurídica, que el caso concreto de' la inde-
fensión procesal.
Es por eso, que cuanGo se pretende legislar sobre
el sistema de las formas 'del proceso, no siempre
estamos tan seguros' de poder encontrar y señalar
con precisión, los límites prudentes entre las formas
procesales esenciales y las de mero ritual, que algu-
12 ANTONIO TELLECHEA SOllS

nos autores califican de mero formulismo. El temor de


estar por la eliminación de las formas que se presen-
tan como superfluas o elementos de innecesaria
complicación del pro<;eso, radica sobre todo, en el
peligro que siempre advertimos, de dar acceso al
mismo, a las maniobras dolosas que pueden ser
desencadenadas por lo que llamamos fraude proce·
sal.
Prácticamente, todos los sistemas procesales
tienen previstos los medios que puedelJ utilizarse
para la impugnación de la validez dé los actos proce-
sales, que acusan irregularidades o vicios o adolecen
de la omisión de requisitos que son ineludibles para
que pueda darse la situación del debido proceso. Y
ellos reconocen como fundamento, no solamente las
disposiciones de carácter procesal, sino que se hallan
expresa y claramente consagrados, en normas fun-
damentales como son las que forman parte de la
. Constitución Nacional de cada estado.
De entre los medios que se utilizan para impugnar
la validez de los actos procesales, a los efectos de
mantener firme y perennemente vigente el principio
constitucional de la inviolabilidad de la defensa en
juicio, los del recurso y la acción de nulidad, son los
que ofrecen mayor atractivo para nosotros, en cuanto
la vía incidental aparte de ser la más utilizada, ofrece
más puntos de coincidencia en las distintas aplicacio-
nes que de ella se realizan, así como en los criterios
jurisprudenciales y doctrinarios, De entre los dos
medios mencionados, el recurso y la acción de nuli-
dad, es este úliimo el que despierta grandes dudas,
reserva extrema y hasta resistencia tenaz, para ser
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 13

aceptado normalmente en los sistemas procesales.


Vamos a encarar, pues, el estudio del recurso de
nulidad y de la acción de nulidad como dos medios
fundamentales, para impugnar la validez de actos
procesales, de consecuencias muy graves. El estudio
se hará con el interés de aportar criterios que puedan
resultar útiles para dar solución práctica, y sobre todo
justa, a numerosas cuestiones que se plantean y a
veces no encuentran el cauce jurisdiccional adecua-
do o tropiezan con el pensamiento cerrado. conseNa·
dar y tradicional, que no admite ninguna clase de
afectación a la sentencia que ha adquirido la catego-
ría de Cosa Juzgada. Esta última expresión, precisa·
mente, resulta sin duda, detonante en materia proce-
sal, porque no hay necesidad de recordar el valor y la
importancia del principio de Seguridad que debe
preservar las consecuenCias de los actos jurídicos, y
en el caso, de los actos jurídicos procesales. Pero, no
depe olvidarse que toda la razón de ser del ordena-
miento jurídico y de la actividad jurisdiccional, des-
cansa en esa búsqueda incesante: incansable e inter-
minable de la Justicia, valor fundamental que debe-
mos procurar hacer prevalecer, finalmente.
Cuando, hoy, . retirados de la actividad judicial,
transitamos el camino arduo, apasionante y difícil del
ejercicio de la profesión de abQgado, nos reafirma-
mos en la trascendencia que debe otórgarse a esta
materia de las nulidades procesales, que puede dar-
nos el seguro contra las omisiones graves, el dolo, la
arbitrariedad y finalmente, y sobre todo, contra la
injusticia.
Abordaremos, pues, en este trabajo los aspectos
14 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

que estimamos más trascendentes, de estos dos


medios de impugnación de la validez de los actos
procesales, que son la acción de nulidad y el recurso
de nulidad. Para ello. natu"ralmente, tendremos que
hacer referencia al importante tema de la Cos" Juzga-
da, considerando su inalterabilidad absoluta o la
posibilidad de su revisión en casos de excepción.
También habremos dé considerar la preeminencia de
uno de esos valores fundamentales que son el de la
Seguridad y el de la Justicia o admitir la adecuada
coexistencia de ambos, como ideal para hacer posi-
ble la paz social.
PRIMERA PARTE

CAPITULO 1

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Harto recon¿.cida es la perfectibilidad de la con-


ducta humana en todas sus expresiones. Se acentúa
el interés en destacar tal carácter, especialmente,
cuando
.
de evaluar
.
la justicia impartida por los hom-
bres investidos del poder jurisdiccional se trata. Y es
que efhombre, de por si, sujeto intrínsecamente a sus
propias debilidades y falencias, [lO p·uede sustraerse
totalmente a los factores de presión qué le rodean y
que son c'lsi una constante en su desenvolvimiento
social, por lo que debe sostener una lucha permanen-
te para persistir en la búsqueda del equilibrio que le
conduzca aun obrar recto y justo.
Desde que los primeros hombres percibieron la
necesidad de crear una organización para hacer
posible la convive ricia no ·solamente ordenada ·sino
también relativamente armónica, surgen los sistemas
para hallar los instrumentos normativos elementales
capaces de permitir que la comunidad pudiera reali-
zarse en sus objetivos, al menos, elementalmente.
16 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Así, habrían de ir apareciendo los distintos siste-


mas de defensa de los derechos, de esos de cuya
violación o desconocimiento, surgían las consecuen·
cias más impactantes para la mentalidad del hombre
primitivo. La Venganza Privada, la Ley del Talión y la
Composición, constituyen etapas importantes en ese
proceso y son expresiones claras de como dichas
primeras sociedades reaccionaban contra quienes
agredian de alguna forma, a cualquiera de sus miem-
bros. El Código de Hammurabi y la Ley Mosaica
reflejan con elocuencia, a través de sus disposicio-
nes, la preocupación por determinar sistemas par¡]
defender los derechos que dentro de la relatividad de
ese tiempo reflejan una ponderable riqueza juridica
que llega hasta la preocupación por evitar la Lesión,
hoy instituto juridico importante del Derecho Civil.
Cuando más adelante y sobre todo, dentro de
Roma van surgiendo sistemas procesales mejor de·
lineados, fundamentados en aquel portentoso senti-
do práctico de los romanos, cuando se· admite como
consecuencia de la influencia de los principios del
Derecho Natural, la Aequitas, como instrumento pre-
ventivo y paliativo de la injusticia, influencia acentua-
da en la Edad Media,por el desarrollo que de dicho
derecho. hicieron los llamados Doctores de la Iglesia,
ni aún así, sin embargo, se logra evitar el riesgo
tremendo de una sentencia injusta.
Fueron evolucionando los sistemas procesales y
fue naciendo toda una ciencia procesal, fecunda en
principios y cultores, <)cicateados todos ellos, por el
propósito de buscar el perfeccionamiento de procedi-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 17

mientos, sistemas y organizaciones, para hacer rea-


lidad el ideal de justicia .
. No estuvieron ajenos estos afanes, a las corrien-
tes filosóficas y políticas y desde luego, eJ derecho
todo sufrió el impacto de teorías .y posiciones doctri-
narias cOntradictorias. Todas ellas, sin embargo, con
sus seguidores, supieron hacer fecunda la trayectoria
del ya llamado Derecho Procesal, como ciencia jurí-
dica autónoma y tan importante y trascendente, que
de la buena aplicación de sus principios, depende al
final, la vigencia real de un auténtico orden jilrídico.
Pero, a pesar de sostener los adalides del de re-
.cho procesal, con enjundia, con idealismo ejemplar,
con perseverancia y fervor, el estandarte de la Justi-
cia, en esta interminable "lucha por el derecho",
todavía hoy, desgraciadamente, no en pocas ocasio-
nes gana la injusticia, gana el que no tiene derechos,
pierde el que con la convicción· honesta de su razón
jurídica y con el impulso noble de su Buena Fe, cree
en el Derecho, cree en la Justicia, cree en el Orden
Jurídico y en la vigencia plena, real inexcusable de
esos bellos principios que informan todas las leyes
fundamentales. Felizmente, todo esto, en vez de
resultar
, un factor de decepción, ha significado un
estimulo inagotable para procurar correctivos, solu-
ciones, enmiendas, en busca de reducir al mínimo, la
posibilidad que quede trunca y sedienta esa petición
a veces angustiosa y dramática, de Justicia.
y fueron otra vez los romanos, aquellos hombres
duros, toscos, no identificables con los griegos en la
brillantez de su genio,los que, sin embargo, dentro de
su inicialmente pesado e intrincado sistema de defen-
1B ANTONIO TELLECH EA SOLlS

sa de los derechos, comenzaron a imaginar, crear e


institucionalizar algunos medios elementales para
procurar corregir una situación injusta, cuando ella
proviene nada menos que de algún iallo judicial firme
que tiene el sello de la Cosa Juzgada, la famosa Res
ludicata
. del Derecho/ Romano.
' . ' .
. Es que, pareciera que a veces, la verdad, en el
curso de un juicio, no puede o no tiene ocasión de
manifestarse por motivos que no 'trascienden o que
aparecen deformados en esos caminos, a veces
azarosos, del proceso y así, se da la última palabra en
el pleito para culminar con la sanción de una espan-
tosa injusticia. Y esto, no es elucubración fantasiosa
sino producto de la experiencia vivida en la magistra-
. tura, durante muchos años, cuando en medio de esa
a veces desesperante soledad, intimidad y privaci-
dad, que impone la función judicial como garantía de
imparcialidad del Juez, nos hemos puesto a pensar y
a vivir intensamente, el.temor grande de dictar un fallo
injusto. Y hemos vivido también 'Ia impotencia de no
poder tener al alcance con la claridad deseada, la
verdad sobre el caso: Llegamos a sentir así, aversión
o repugnancia ante el riesgo inminente de dictar una
sentencia injusta.
"Dura lex, sed lex", decían los romanos en la
época de la Ley.de las XII Tablas proclamando la
supremacía de las fórmulas sacramentales cuando
ellas se anteponían al fondó de la cuestión. Sin
embargo, en el proceso histórico evolutivo de su
derecho, fueron capaces de crear, luego, institutos
como el de la "In Integrum Restitutio", en la medida
que el derecho natural, la filosofía estoica y la irrup-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 19

cíón del cristianismo en el Imperio, se hacían sentir


con su influencia dentro de Roma. Se hace entonces
realidad, la admisión de la Equidad para iluminar el
camino hacia la Justicia. Pero, así y todo, llegamos a
este tiempo en el que todavía puede darse el caso y
se da, de que los Jueces más probos y capaces,
pueden dictar una sentencia injusta, por las secuen-
cias partiCulares de un proceso afectado por irregula-
ridades no siempre muy evidentes o identificables.
Surge entonces la interrogante, de si en estos
casos se debe res¡:Qnder o reaccionar con la indife-
rencía, con el encog imiento de hombros que refleja la
resignación en este caso ante la injsuticia evidente o
de si se debe asumir la defensa de la justicia y buscar
los remedios adecuados para hacerla posible.
Nosotros estamos por la segunda actitud, por la
de defender
..'
a toda costa, la Justicia, que es el valor
más preciado entre los que hacen posible una convi-
vencia pacifica y ordenada y estimula en grado super-
lativo la realización del bien común.
La búsqueda ansiosa de la Justicia no puede ser
cercenada, como noble empeño que es, solamente
por el mero apego a los cerrados mecanismos forma-
les que si resultan valiosos en una medida razonable,
no pueden constituirse en instrumentos que sirvan
para asfixiar a la Justicia.
Si concebimos al derecho como el instrumento
fundamental para llegar a la Justicia, no podríamos
admitir, que tomando un cauce equivocado, las nor-
mas formales nos lleven de la mano en dirección
totalmente contraria y terminen por arrojarnos a la
injusticia.
20 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Vertimos estas consideraciones, a propósito del


tema que hemos elegido para desarrollar este traba-
jo, impulsados en gran medida, por esa vocación
vivida durante muchos años en el Servicio de Justicia,
cuando con inocultable orgullo desempeñamos la
Magistratura Judicial procurando y esfor~ándonos en
cumplir 10 mejor posible esa "excelsa misión reserva-
da al Juez" según la inolvidable expresión del maestro
Eduardo J. Couture. y es que en todos los círculos
dentro de los que actuamos, académicos, sociales,
politicos, económicos y culturales, el clamor que
retumba e impresiona, es el que apunta hacia la
Justicia y cuan pequeño se siente el hombre que
investido de la jurisdicción, debe impartirla, ante la
inmensidad de su responsabilidad y que dimensión
notable adquiere luego, cuando sobre la base de
normas precisas, claras y explícitas y mediante prue-
bas contundentes, halla la solución para fundar en
derecho su veredicto final. Pero es distinto el caso, en
el que aún cuando no pueda darse la convicción
plena, aquella que satisface cabalmente la concien-
cia del Juez, éste debe dictar sentencia de igual
modo, porque es su deber inexcusable hacerlo.
Además,
. .
desgraciadamente, no solo la insufi-
ciencia de las disposiciones contenidas en las nor-
mas que vienen al caso concreto o la deficiencia de
las pruebas rendidas o la habilidad de una de las
partes para inducir a la confusión,
. pueden
. llevar hacia
' .

una sentencia injusta. También,la malevolencia, la in-


dign idad y porque no decirlo, la ignorancia de algunos
magistrados pueden provocarla, previa contribución
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 21

con iguales aditamentos, de algunos abogados inter-


vinientes.
y es por eso, que pensando en todas esas
situaciones, expuestas antecedentemente y absolu-
tamente factibles, hemos examinado siempre, con
gran respeto pero también con alguna reserva, el
instituto de la Cosa Juzgada. Porque si ella es sello de '
garantía para la terminación definitiva de pleitos y
controversias, lo cual es sinónimo de seguridad ' y
tranquilidad social, puede convertirse también, en
verdugo implacable de una causa verdaderamente
justa, aunque no 'reconocida como tal en el terreno
formal del proceso .
. Nuestra afición por el estudio del Derecho Roma-
no, nos llevó a observar siempre, con especial curio-
sidad, el instituto de la "In Integrum Restitutio" el
famoso "extraordinarium auxilium" al que apelaban
los juristas romanos para retrotraer un caso a una fase
anterior a un acto determinado, cuando se trataba de
situaciones excepcionales,

porque ellas podían moti-
var una situación que no fuera la auténtica expresión
de la Justicia:
'De allí nació nuestro interés particular por exami-
nar más en profundidad, este instituto procesal nota-
ble, discutido, temido, vilipendiado y también ponde:
rada., llamado "Acción Autónoma de Nulidad". Su
tratamiento, siempre se hace con cautela y cuidado-
samente, porque nadie y menos nosotros, puede
sustraerse al temor de su utilización, que conlleva los
riesgos de un remedio formidable, que usado en dosis
exageradas y para casos que no corresponden, puede
afectar a otros valores que hacen a una verdadera
22 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

justicia y hasta puede llevar a un caos jurídico y social.


Concientes somos de ello. Por eso mismo, nos inte-
resa hablar de esta acción de nulidad y referirla a
nuestra realidad procesal y a las posibilidades de su
utilización adecuada y seria, pensando que debería
ser manejada en todo caso, por manos honestas,
absolutamente responsables, experimentadas y
substancialmente capaces, como deben ser, desde
luego y siempre, las de quienes ejercen la Magistra-
tura Judicial.
En el desarrollo de este trabajo, iremos haciendo
referencia a los actos procesales, a las nulidades
procesales, al fraude procesal, al detonante tema de
la Cosa Juzgada y a los medios de impugnación de los
actos procesales, al recurso de nulidad, para luego,
examinar en concreto y con mayor amplitud, la llama-
da Acción Autónoma de Nulidad.
CAPITULO 11

EL PROCESO Y LA MISION DEL JUEZ EN


ESTE TIEMPO

Los hechos y las circunstancias que hoy emer-


gen en nuestras sociedades, sometidas a inex orables
cambios, traen consig o el imperativo de reflexio nar
con mucha seriedad sobre el proceso y la misión del
Ju ez en este tiempo.
Las vinculaciones de orden económico que hoy
dia abarcan todo el mundo, permitiendo la relación
comercial entre los países más distantes entre si, los
procesos de desarrollo de muchas nac iones antes
sometidas a un sistema de vasallaje económico,
social y político y hoy abiertas a las posibilidades que
se dan para su emancipación, han generado hecllos
nuevos, realidades no conocidas anteriormente, que
sin duda, implican a su vez, novedades para el orden
jurídico y ni qué decir, para los Jueces. Debe sumarse
a ello, la notable evolución de la tecnología, que ha
suprimido distancias y hoy permite celebrar contra los
entre personas de distintos continentes y separadas
por miles de kilómetros, con la misma celeridad y
efectos con que pueden celebrars e los contratos
24 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

entre personas presentes. Y no puede desconocerse


tampoco, que este avance de la tecnología ha hecho
más factible la afectación del campo de la privacidad
y de la intimidad de las personas, por lo que hoy el
derecho muestra mayor preocupación para dar ga-
rantías y seguridad a los derechos que hacen a la
protección elel mismo.
La agilidad cada vez más acentuada proveniente
no sólo de la realidad objetiva de las transacciones
económicas sino de las propias exigencias del desen-
volvimiento útil y práctico de las sociedades en trans-
formación, imponen la necesidad de conceptos nUe-
vos en el funcionamiento del proceso, el cual debe
estar de acuerdo con tales exigencias y con los
requerimientos que no solo imponen soluciones cer-
teras y razonables, sino también inexcusable celeri-
dad en el pronunciamiento. . .
Es que en esta época se siente con más fuerza y
parece más potente el clamor por la justicia. El proce-
so, conducto legal para poder llegar a ella, mediante
la reclamaCión que se formula a través del mismo,
debe tender necesariamente hacia la consecución de
aquella. Más que el proceso escrupulosamente lleva-
do dentro de las formas de estilo, por encima de él:
interesa que al final del recorrido por las diversas
etapas de un juicio, se llegue precisamente a la
justicia.
Nos parece oportuno, aqui, reproducir lo que el
maestro Piero Calamandrei dijo sobre el proceso, en
el discurso pronunciado ,en la sesión inaugural del
Congreso Internacional de Derecho Procesal Civil el
30 de setiembre de 1950: "Pero la finalidad del proce-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 25

so no es solamente la búsqueda de la verdad; la


finalidad del proceso es algo más, es la justicia, de la
cual la determinación de la verdad es solamente una
premisa. Y precisamente aquí me parece que de
ahora en adelante deba ponerse, por los estudiosos
del proceso, el mayor empeño científico. Para noso-
tros los procesalistas, justicia ha querido decir hasta
ahora legalidad: aplicación de la ley vigente, sea
buena o mala, a los hechos determinados según
verdad. La justicia intrínseca de la ley, si responde
socialmente, su moralidad, no nos toca a nosotros los
procesalistas (al menos así se ha enseñado siempre);
nosotros estudiamos los métodos , .
según los cuales el
Juez traduce en voluntad concreta, como se suele
decir, la voluntad abstracta de la ley; pero sobre el
valor social y humano de esta voluntad abstracta, el.
Juez no puede pronunciarse, porque ésta, se dice, es
investigación que está fuera de nuestro campo vi~
sua 1" : .
Más adelante el mismo Calamandrei dice: "Esta
ceguera de la justicia que e n ciertas representaciones
simbólicas aparece con la venda sobre los ojos para
·que no pueda ver cara a cara a los justiciables, se
manifiesta como garantía suprema de imparcialidad;
y de ella es expresión aquella exigencia, tantas veces
repetidas en el estado de derecho, de la neta separa-
ción entre la política y la justicia. El Juez se dice, en el'
contrato entre las partes, debe ser y sentirse impar-
cial, esto es, tercero; pero, ¿es humanamente posible
que el Juez, el cual es también un hombre, se sienta ·
tercero en un debate en el que se encuentran, aunque
sea ocasionalmente encarnados en una litis singlJlar
26 ANTONIO TELlECHEA SOllS

o reducidos a escala individual. aquellos mismos


intereses colectivos que chocan en la vida política de
la sociedad de la que el mismo Juez forma parte?".
Dice luego Calamandrei: "Si yo debiese resumir
en una. sola frase el programa para continuar con
renovada·confianza nuestro trabajo. diría solamente
esto: acordarse de que también el proceso es esen'
cialmente estudio del hombre: no, olvidarse nunca de
que todas nuestras simetrías sistemáticas. todas
nuestras elegantiae iuris. se convierten en esquemas
ilusorios si no nos damos cuenta de que por debajo de
ellas. de verdadero y de vivo no hay más que los
hombres. con sus luces y con sus sombras. con sus
virtudes y con sus aberraciones". 'Todas las liberta-
des son vanas si no pueden ser reivindicadas y
defendidas en juicio. si los jueces no son libres. cultos
y humanos, si el ordenamiento del juicio no está
fundado, el mismo. sobre el respeto de la persona
humana. gl cual en todo hombre reconoce una con-
ciencia libre. única responsable de sí y por esto
inviolable". (Piero Calamandrei. Derecho Procesal
Civil, Tomo 111, págs. 214 a 220).
Sobre la misma cuestión David Lascano, citado
por Fernando Horacio Payá, "Fundamento y Trascen-
dencia de las Nulidades Procesales, pág. í 5, expre-
sa:"EI derecho procesal que tiene a su cargo estable-
cer el procedimiento por el cual se asegure el mejor
cumplimiento de los fines aquí ante dichos. es ya una
verdadera ciencia con autonomía propia, ciencia que
como es natural. ha debido sufrir las transformacio-
nes consiguientes a los procesos de la Civilización.
tratando siempre de satisfacer la aspiración propia de
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 27

todo organismo social: realizar un ideal de justicia".


J. Ramiro Podetti, en su obra "Teoría y Técnica
del Proceso Civil", se refiere a la necesidad de que el
proceso reconozca como presupuesto al principio de
moralidad, que muchos doctrinarios quieren repeler
como principio o como norma objetiva. Yesos expo-
nentes dicen "cuando un litigánte ejercita un derecho
no puede haber represión, aún cuando la intención
sea torcida". Sobre esto expresa Podetti: "Y por el
cauce de ese criterio erróneo va el derecho dando
tumbos y perdiendo su prestigio de norma directriz de
la conducta humana". Al referirse al principio de
moralidad en el proceso dice Podetti que el mismo
"consiste en el deber de ser veraces y proceder de
buena fe. de todos cuantos intervienen en el proceso
a fin de hacer posible el descubrimiento de la verdad"
(págs. 142 y 145 ob. cit.).
El proceso de este tiempo es el receptáculo
normal de los conflictos humanos y caja de resanan,
cia de,la fplta de armonía entre la realidad social y las
previsiones que para afrontarlas tienen el orden jurí-
dico y el mecanismo jurisdiccional. Por lo mismo, han
aparecido doctrinas e institutos jurídicos procesales,
como los que tienen que ver con el abuso procesal del
derecho, la teoría de los actos propios y el despacho
saneador, destinado este último al blanqueo del pro-
ceso para evitar nulidades posteriores. Las primeras,
para proteger la búena fe de los litigahtes y para evita'r
que las normas procesales puedan convertirse en
instrumentos hábiles para la protección de la malicia
y de la mala fe procesal.
El proceso debe transformarse en un instrumen-
28 ANTONIO TElLECHEA SOLlS

to ágil Y protector de la buena fe y ser hábil para


conducir a una verdadera justicia. Por e.1l0 mismo, el
Juez debe asumir un rol protagónico mucho más
importante y más trascendente. Desde luego, ello
implica,. el acrecentamiento de su responsabilidad
que debe. ser mucho
. más amplia y que por lo mismo
.

requiere una preparación, una capacidad y una for-


mación más completa y de más alto nivel para el
desempeño de la función judicial.
Sobre el particular dice Carlos Alberto Nogueira
en "La Justicia entre Dos Epocas", pág. 30, " ... el
proceso ha dejado de ser algo librado a la exclusiva
voluntad de las partes. Si bien la publicización es
carácter no desconocido por los clásicos, no es menos
cierto que, extendida y recientemente, hay consenso
teórico en hacer del Juez una figura diligente en
tiempo; saneador en patologías; concentrador en
trámites; frecuentador en audiencias; moralizador en
conductas; conciliador en pretensiones y repartidor
en soiuciones justas y reales, huido de velos formales
y aproximado a la justicia del caso". Más adelante el
mismo autor señala que la jurisdicción yana es hoy
una función estática del estado liberal, de_ Jueces
parlantes de textos legales, sino que cumplen o
deben cumplir una función pública del estado a través
de un proceso justo, de libertades e igualdades posi-
tivas, de Jueces atentos a la realidad de la litis y que
controlen la constitucionalidad de las leyes.
Consideramos que el Juez de hoy no es el que
debe hacer la justicia con los ojos vendados. Al
contrario debe despojarse de la venda para conocer
todos los aspectos que puedan conducirle a la verdad
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 29

objetiva de los hechos que hacen al proceso, porque


únicamente de esta forma, podrá llegar a la verdadera
justicia.
Debe ser el Juez de este tiempo, el que tenga
capacidad para preservar el equilibrio procesal, para
asegurar el desenvolvimiento del proceso, dentro del
marco de la BUena Fe y para llegar con la mayor
claridad y seguridad al momento de la convicción, que
motivará su sentencia la que debe ser expresión de su
saber jurídico y de su experiencia humana.
Augusto Mario Morello, en "Estudios de Nulida·
des Procesales", HAMMURABI, 1980, dice: "No nos
conformamos con una sentencia que sea la respues·
ta aparente de la aplicación del derecho positivo a las
circunstancias de las causas". "La validez no puede
legitimar el órgano para conformar resultados disva·
liosos en orden a la Justicia. Un juez director, activa-
mente intelig~nte
. .,
y protagónico, sabe que está obli·
gado en hacer uso de poderes·deberes de la jurisdic·
ción. Que tiene que llevar a cabo un examen profundo
del material probatorio". .. . .
Sobre el mismo tema dice Osvaldo A. Gozaíni en
"La Conducta en el Proceso", LEP, 1988, pág. 45: "El
derecho procesal moderno quiere, en suma, una
justicia menos formalista, más humana, más auténti·
ca, más noble". Más adelante, en la pág. 46, en la
misma obra citada, dice el mencionado autor: "Se ha
expresado que el derecho no es· una ciencia exacta.
y
Está dominado por la· justicia la moral. Los jueces
deben procurar la realización de una justicia sustan-
cial, apegada a la médula de las cosas y no a fórmulas
rígidas".
CAPITULO 111

LOS ACTOS JURIDICOS PROCESALES y SUS


FORMAS

Los actos jurídicos procesales están enmarca-


dos dentro de los principios generales que da el ar1.
296 'del Código Civil acerca de los actos jurídicos.
Dicho artículo dice: "Son' actos jurídicos los actos
voluntarios lícitos, que tengan por fin inmediato crear,
modificar, transferir, coriservar o extinguir derechos.
Las omisiones que revistieren los mismoscaracteres
están sujetas a las reglas del presente título". Eduar.
do J. Couture dicé sobré . el.particular:
. "El acto proce-
. .
sal es una especie dentro del género del acto jurídico.
Su elemento caracteristico es que el efecto que de él
emana, se refiere directa oindirectamente al proce-
so". Más adelante dice el mismo ilustre procesalista:
"El procedimiento es . la sucesión de .losactos.Los .
actos procesales tomados en sí mismos son procedi-
miento y'. no proceso. En :ptros términos: e.1procedi'
miento es una cuestión de actos; el proceso es la
sucesión de esos actos apuntada hacia el fin de la
cosa juzgada. La instancia es el grupa de esos .r:nis-
mos actos unidos en un fragmento de proceso, que se
32 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

desarrolla ante un mismo Juez." (Eduardo J. Couture,


"Fundamentos del Derecho Procesal Civil", 3' Edi-
ción, Editorial Depalma, Buenos Aires, 1973, págs.
201 y 202).
En cuanto a la relación o vinculación que puede
existir entre los actos jurídicos reglados en el Código
Civil y los actos jurídicos procesales, dice Augusto
Mario Morello, recordando a Mercader: "Cuando
nosotros nos enlazamos con un contrato, el desenla-
ce puede ser la satisfacción voluntaria, normal en el
tráfico. por el pacifico comportamiento de las partes;
más habrá que conceder que desde ese mismo
momento -'-cuando se ajustó el negocio- otra de las
alternativas posibles es que haya un entuerto, que
haya una litis y que esta litis debe constituirse en el
contenido de un proc'eso, sea por vía arbifral, bien por
vía judicial, ante un tercero irnparcial que la' cornpon-
ga" ("Nulidaes Procesales"; HAMMURABI, pág. 161,
1980). En lamisma obra citada, Morello recuerda a
Mercadercuando expresaba que "en el proceso nacen,
se recrean, modifican y extinguen los derechos" y
más adelante agrega que "el proceso es tarnbién un
campo donde los derechos subjetivos tienen posibili-
dad de realizarse o de frustrarse, sea por la caducidad
de la prueba, ya por negligencia en su práctica, bien
por la imposibilidad de probar o por una manifestación
sobreviniente-Ia renuncia- que deja sin virtualidad
el derecho reconocido por una sentencia" (Obra cita-
da, pág. 162).
Para otros autores, "Son actos procesales los de
las partes
.
y del Juez que forman la'situación procesal,
. '

es decir que constituyen, modifican o extinguen ex-


NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 33

pectativas, posibilidades o cargas procesales o dis-


pensan de cargas" (LuisAlvarez Juliá, Germán Neuss,
Horacio Wagner, "Elementos de Derecho Procesal",
Editorial Universitaria de Buenos aires, 1987, pág.
107),
Queda entonces en claro, que los actos jurídicos
procesales son aquellos que se realizan dentro de un
proceso y cuyos protagonistas son las partes, el Juez,
los órganos auxiliares de la justicia y a veces, los
terceros.

Podetti dice que los actos procesales que
deben realizar los sujetos procesales son ve :untarios,
en el sentido que no pueden ser const,eñidos a
realizarlos y los que deben realizar los Jueces y los
auxiliares de la justicia son obligatorios, pues, no
pueden ser omitidos, bajo pena de sanciones (J.
Ramiro. Podetti,"Teoria y Técnica del Proceso Civil",
EDIAR, 1963, pág. 203).
Son varios los elementos que hacen al acto
procesal, entre los que señalamos, a los sujetos del
acto, al objeto ya la forma.
Angel Fermin Garrote sos·tiene que son elemen-
tos constitutivos de los actos procesales, "la forma y
el contenido" ("Estudios de Nulidades· Procesales",
Editorial HAMMURABI, 1980, pág. 42).
Entre los sujetos del acto procesal, hallamos al
actor, al demandado, a los jueces, a los auxiliares de
la justicia y, en ciertos casos, -a los terceros· cuya
pretensión, reclamo o defensa de derechos legitimos
se da en una cuestión planteada entre otras partes.
El objeto del acto procesal está determinado en
su contenido. El acto procesal inicial que es la deman-
da, contiene uria pretensión precisa y de bien marca-
34 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

do límite, que implica la reclamación que se espera


sea satisfecha mediante el pronunciamiento oportu-
no del órgano jurisdiccional. Se completará este
contenido con la expresión de la contestación de la
demanda y aún con la reconvención, así como con las
defensas que aparezcan expuestas en el proceso.
y el acto procesal, tiene sus formas que resultan
absolutamente necesarias y a las que Enrique Ama-
ya, citado por Alberto Luis Maurino, "Nulidades Proce-
sales", Astrea 1982, pág. 4, llama "las reglas básicas
para encausar la defensa de las partes" y dice Mau-
rino que "la experiencia ha demostrado que su ausen-
cia produce desorden e incertidumbre y, por el contra-
rio, su presencia es garantía de justicia,. de igualdad
-".-

en la defensa, etc"'. El mismo autor sigue diciendo


que "al exagerar el formalismo a ultranza, nos llevaría
a la situación que con acierto describe Berizonce, de
degeneración del formalismo en formulismo".
y es, justamente, este tema de las formas el qUe
ha sido la piedra del escándalo, en el examen de las
causas de la dilación y obstrucción de los procesos y
del desconocimiento de la verdad jurídica objetiva
que deriva al proceso hacia la injusticia.
El notable procesalista Piero Calamandrei esbo-
zó en el. afán de lograr un justo equilibrio. . en sil
utilización, "el principio de elasticidad de las formas".
Con referencia al formalismo, resulta muy opor:
tuno recordar las expresiones de Legaz y Lacambra
en su obra "Introducción a la Ciencia del Derecho",
Barcelona, 1943, pág. 32, citado por Pedro J. Berto-
lino, en "El Exceso Ritual Manifiesto", Librería Editora
Platense, 1979, pág. 7: "El formalismo como actitud
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 35

espiritual es una aberración cuando es el refugio o la


fachada del escepticismo y la indiferencia ante valo-
res sustanciales, cuarido es' un formalismo del inte-
lecto; en el que las formas ~ategorias vacias-
desplazan y sustituyen a las sustancias; pero es un ~
actitud sana y fecunda cuando es la.expresiól!, más o
menos consciente del sentido de la continuidad histó-
rica, del sentido. de la fragilidad de las realidades
socio-vitales, que no pueden ser objeto de experien-
cias de laboratorio" (ob. cil. Nº 5, pág. 32).
Luis A. Rodriguez, r.n "Nulidades Procesales'~;
Editorial Universidad, 1987, págs. 30, 31 Y 32, se
refiere a la finalidad de la norma procesal y dice de ella
que "es un instrumento para la aplicación del dere-
cho". Que es forma sin contenido, porque el contenido
es la ley sustancial y al preguntarse cuáles son las
finalidades de las formas procesales encuentra como
respuesta concreta LA DE QUE ES LLEGAR A LA
APLlCACION DE LA LEY DE FONDO, GARANTI-
ZANDO LA D¡:FENSA EN JUICIO.
Adolfo Alvarado Velloso, en un trabajo publicado
en La Ley, Año L, Nº 1.18, titulado "Presupuestos de
la nulidad procesal" dice sobre las formas: "Para
mejor comprender lo expuesto, cabe recordar que
aún contando con antiguo y vulgar desprestigio todo
lo que huele a formalismo (porque ello lleva rápida-
mente al formulismo) el proceso debe ser -y de
hecho lo es- formalista. No puede ser de otra mane-
ra, ya que solo la forma (latamente concebida) es lo
que permite mantener el orden mínimo que se requie-
re para asegurar la vigencia de dos valores de la
mayor importancia para la pacífica convivencia de los
36 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

hombres: la certeza y la seguridad jurídicas. Utiliza(l-


do frases de Montesquieu, "la forma es la condición
necesaria para la certeza y el precio de la seguridad
jurídica". Por supuesto, esta exacta idea no puede
generar un formalismo de extremo,del cual debe huir
el legislador, pues a menudo crea un abismo insonda-
ble entre el proceso y la realidad de la vida. Pero no
puede negarse seriamente que debe respetar e impo-
ner un mínimo de formas en orden a la naturaleza del
derecho en general y muy especialmente de los actos
procesales".
Jorge-P. C.amusso, en "NuHdades Procesales",
Ediar. 1983, pág. 237 sostiene: "Es perceptible a
simple vista que las formas son connaturales y sin
duda necesarias. En su mérito, se puede hablar
entonces de un estado de salud o fisiológico referido
a las formas". En estas expresiones, sigue a Pedro
Bertolino en la obra de éste titulada "El Exceso Ritual
Manifiesto". Más adelante dice Camusso, que "Hace
a la función del Juez entonces, respetar y hacer
respetar las formalídadesimpuestas por la ley. Su
natural acatamiento constituye la esencia misma del
sistema, que desconocido, provoca el desmorona-
miento del proceso. Ello no significa empero acceder
indiscriminadamente al sistema legal, porque en vir-
tud de la finalidad e instrumentabilidad asignada a las
formas, llevan las mismas un fin prefijado. 'De tal
manera que alcanzado aquel, queda satisfecha la
misión asignada a la formaHdad por el legislador. Y
eso es lo que cuenta".
-
Estimamos como muy claras y terminantes las
conclusiones de Rodríguez sobre el particular, por el
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 37

énfasis que pone en [o referente a la garantía de la


defensa en juicio, que si bien lleva el sello de un
principio constitucional fundamental, no siempre es
objeto en todos los procesos del meticuloso y porms-
no rizado análisis que merece, para comprobar si e[
mismo ha tenido vigencia suficiente en un determina-
do prciceso. Y es precisamente en esa circunstancia,
que a veces se .observa, que el Juez se limita a
eXqminar si las formalidades en su expresión más
superficial, han sido cumplidas, para certificar la legi-
timidad de un proceso que deberá desembocar natu-
ra[mente en una sentencia, [a cual será afectada por
el vicio que [e afecta a aquél y no podrá alcanzar [a
dimensión ~rascendente y grave de [a cosa juzgada si
llegare a comprobarse que e[ proceso fue írrito o
fraudulento. Esto, porque por sobre el cumplimeinto
de meras formalidades" podrá aflorar [a verdad obje-
tiva de los hechos, que indicará la existencia
, ,
de un
vicio que ha afectado a ese principio constitucional de
[a defensa en juicio. En se sentido, la norma contenida
en el art. 102 de nuestro Código Procesal Civil es bien
clara y significativa.
De ahí que para los efectos de este trábajo,
tengamos que acordar a las formas procesales una
importancia especial, porque el[as no pueden ignorar
o dejar de lado [a intervención de todos los sujetos
legítimos de un proceso, cuya actuación debe darse
en igualdad de condiciones y oportunidades· 'Í cuya
participación real en el proceso es parte esencial
dentro de las formas de éste.
La garantía del debido proceso, exige que en la
realización de los actos procesales, se reúnan todos
38 ArHONIO TELLECHEA SOLlS

los pesupuestos que los hacen . Ello significa, que


todas las personas a quienes pueda afeclar un proce·
so, lomen conocimiento del mismo y si no fuera
posibie , que por lo menos se agoten los medios para
tal cometido; que esas mismas personas tengan
oportunidad de hacer valer sus defensas; que las
notificaciones sean practicadas correctamente y en
concordancia con su fin específico; que la tramitación
del proceso sea normal y aséptica de toda chicana,
dolo o fraude.
El debido proceso, es la base de la Cosa Juzga-
da, que con absoluta legitimidad pueda expresar la
extinción definitiva del conflicto. Para ello, aquél debe
sustentarse sobre act:Js procesales que no merezcan
reparos y que se han cumplido con la plenilud de los
requisitos que para ellos estan determinados.
Sobre el particular consideramos oportuno repro·
ducir los conceptos vertidos por el Prol. Adolfo Alva-
rada Velloso en una conferencia pronunciada ante el
Congreso Nacional de Derecho Procesal realizado en
la ciudad de C9rdoba, República Argentina, en el mes
de agosto de 1989 sobre el Proceso y el Debido
Proceso. Respecto del Proceso, dice que es "el medio
pacífico de debate dialéctico que tiene como razón de
ser la total erradicación del uso de la fuerza ilegítima
en una sociedad que intenta una convivencia armo-
niosa y. no es otra cosa que una serie lógica y
con seCuencial de instancias bilaterales conectadas
entre sí por la autoridad". Respecto del Debido Proce-
so, dice que "es sólo aquet que se adecua plenamente
con el simple concepto de proceso que se puede
instrumentar a partir de la aceptación del sistema
NULIDADES EN El PROCESO CIVil 39

dispositivo O acusatorio con los principios esenciales


qué ha de tener en cuenta como puntos de partida
para lograr la coherencia interna que todo sistema
requiere para su existencia como tal_ En el caso,
basta exigir que haya dos sujetos que actúen como
protagonistas en pie de pertecta igualdad ante una
autoridad que sea realmente un tercero en la relación
litigiosa y que, consecuentemente, se comporte siem-
pre como tal. En otras palabras: el Debido Proceso no
es ni más ni menos que el Proceso (lógicamente
concebido) que respeta los principios que yan ínsitos
en el sistema establecido desde el propio texto cons-
titucional".
LEGISLACION NACIONAL: El Código Procesal
Civil en su Titulo V, Libro 1, se ocupa de los Actos
Procesales y trata de los mismos en diez Capítulos
que se refieren a las Formas Procesales, Expedien-
tes, Acumulación de Procesos, Oficios y Exhortos,
Notificaciones, Citaciones y Emplazamientos, Plazos
Procesales, Suspensiones, Audiencias, Resolucio-
nes Judiciales, y Otros Modos de Terminación de los
Procesos.
Fundamentalmente determina en el art. 102 que
"Los actos del proceso para los cuales la ley no
requiere formas determinadas, pueden cumplirse en
el modo más idóneo que alcance su finalidad". El art.
104 quese refiere a las formas renunciables estable-
ce que "Las partés no pueden darse un procedimiento
especial distinto del legal, para sustanciar judicial-
mente el proceso en que intervengan, pero pueden
renunciar a trámites o diligencias particulares, está-
blecidos en su interés exclusivo".
40 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Es importante poner énfasis en lo referente a la .


última parte del art. 102 en el sentido de la importancia
que da el Código Procesal a la finalidad de los actos
procesales, a veces, por sobre las formas específica-
mente determinadas. Ello se ve corroborado por ID
que dispone en su última parte el arto 111 del mismo
Código cuando dice: "Si el acto ha alcanzado su fin,
aunque fuere irregular, no procederá su anulación".
Igualmente, el mismo criterio predomina en la dispo-
sición del art. 132 del Código Procesal que se refiere
a la notificación tácita, aquella que se da cuando por
circunstancias que menciona la norma, resulta. evi-
dente que se ha cumplido la notificación, que implica
el conocimiento de las aCtuaciones realizadas en un
expediente.
Igualmente, el Código Procesal Civil se refiere a
los actos procesales en su Libro V, el cual trata del
Proceso Arbitral, concretamente en los arts. 794 y
795, referidos al régimen y a la eficacia de las notifi-
caciones dentro del Proceso Arbitral.
CAPITULO IV

LAS NULIDADES PROCESALES

Los actos jurídicos procesales tienen un régimen


que marca diferencias con el de los actos jurídicos en
general. Y así, las normas que regulan la validez de
ellos, surgen de la ley de forma o adjetiva y no de la
leyde fondo, aunque no puede negarse la vinculación
existente entre ellas.
No siempre ha sido éste el criterio predominante
y el mismo recién adquirió consenso mayoritario en el
momento en que éomenzó a reconocerse la autono-
mía del Derecho Procesal y por ende, de los actos
procesales.
Por eso mismo, no resulta muy fácil encuadrar la
conceptualización de la nulidad procesal con la mis-
ma facilidad que la nulidad de los actos jurídicos
comunes.
En el caso de actos jurídicos reglados por ·el
Código Civil, Ocurre que doso más partes dentro del
plano de la libertad de negociación celebran acuerdos
respetando el marco formal que da la ley para preser-
var la legitimidad y validez de esos actos, procurando
dotarlos de los instrumentos que harán prueba de los
42 ANTONIO TElLECHEA SOLlS

mismos, certificando la capacidad de las partes, la


ausencia de vicio s formales y el principio de igualdad
que debe primar entre ellas, sin perjuicio de aquella
libertad de contratac ión. Como dice Morello, en párra-
fos ya transcriptos en este mismo trabajo, esas mis-
mas partes que celebraron entre sí, libremenle, aclos
pr evistos y reg lados por el Código Civil, pueden ser
también prolagonistas de actos jurídico? procesales,
como consecuencia de las derivaciones e implican-
cias que pueden surg ir de aquellos actos jurídicos. Y
si aquella vinculación anlerior fue pacífica y negocia-
dora, la que va a surgir de! acto jurídico procesal,
resulta en principio co nflictiva y suma ader.:;'!s la
interVenció n de una nueva parte en el desarrollo del
acto y sus secuencias , que es , el órgano judicial,
imparcial, ante el cual dichas parles habrán de venti -
lar los diferendo s surgidos con motivo del incumpli-
miento del acuerdo, su dislorsión o cualquier otra
situación que signifique la quiebra del mismo y su
traslado al lerreno conlencioso. Co nviene recordar
aquí las disposiciones del arto 357 , inc. b) y 363 , 2º
párrafo, del Código Civil.
Dice Eduardo J. Coulure que la nulidad procesal
"consiste en el apartamiento del conjunlo de formas
necesarias estab lecidas por la ley", refiriéndoe a las
que hacen al juicio ("Fundamentos del Derecho Pro-
cesal Civil", Depalma, 1973, pág. 374). Más adelanle
agrega que las nulidades procesales no constituyen
"un error en los fines de justicia queridos por la ley,
sino de los medios dad os para obtener esos fines de
bien y de justicia". Esos medios a los qu e se refiere el
gran maestro uruguayo, son las formas que buscan
NULIDADES Hl EL PROCESO CIVIL 43

asegurar el desarrollo de un proceso que garantice la


posibilidad real de la defensa y la reunión de todos los
elementos que sirvan de sustentación legítima al
veredicto definitivo.
Alberto Luis Maurino, define la nulidad procesal,
como "... el estado de anormalidad del acto procesal,
originado en la carencia de alguno de sus elementos
constitutivos o en vicios existentes sobre ellos, que
potencialmente lo coloca en situación de ser declara-
do judicialmente in'válido" (aut. cit. "Nulidades Proce-
sales", Astrea, 1982, pág. 16).
Lino Palacio, en su obra "Derecho Procesal Civil",
T , IV, pág. 141, señala que "los actos procesales se
hallan af,'.'ctados de nulidad, cuando carecen de algún
requisito que les impide lograr la finalidad a la cual
están destinados".
Ramiro Podetti, dice que la nulidad procesal
viene a ser "la ineficacia de un acto por defecto de sus
elementos esenciales que le impide cumplir con sus
fines" ("Tratado de los Actos Procesales", T. 11, pág.
481).
El procesalisla rosarino; Adolfo Alvarado Velloso
da una definición de la nulidad procesal, en los si-
guientes términos: "Es la sanción (se repite que el
vocablo se utiliza con una significación muy genérica)
que priva de efectos (eficacia) a un acto procesal en
cuya estructura no se han guardado los elementos .
ejemplares del modelo, en tanto ellos constituyen
garantiasde los derechos del justificiable. De tal
modo, la sanción opera no solo respecto de la simple
exteriorización del acto ((arma propiamente dicha)
44 ANTONIO TELLECHEA SOllS

sino también en cuanto'a sus demás elementos" (La


Ley, Año L, N' .118-1986).
Así, en la nulidad procesal lo que se está advir-
tiendo mediante el mecanismo procesal que sirve de
ataque a aquella, es que la ley de fondo no ha sido
cumplida por causa de anomalías procesales, porque
la norma aplicada al acto procesal tiene por objeto
fundamental dar plena vigencia al derecho positivo_
Es ':un instrumento para la aplicación del derecho".
.En cuanto a la finalidad de las nulidades procesa-
les, hay coincidencia en afirmar que ella consiste en
dar la seguridad de la vigencia de la norma constitu~
cional que otorga como derecho fundamental la de-
fensa en juicio de la persona. Hugo Alsina, en su
"Tratado de Derecho Procesal", T. 1, pág. 652, dice al
respecto: "Donde hay indefensión hay nulidad, si no
hay indefensión no hay nulidad". En forma parecida
hacen alusión otros autores como Podetti, Palacio y
Amaya, al considerar que el objetivo final de la nulidad
procesal es asegurar la realización del debido proGe-
so.
Juan Carlos Mendonca, en "Nulidades Procesa-
les Civiles", La Plata, 1966, pág, 137, hace referencia
al tema, dejando establecido el criterio de que las
nulidades procesales tienen su apoyo en la Constitu-
ción y que ellas tienen por objetivo asegurar el cum-
plimiento de la finalidad del proceso.
, Es de observar, que el antiguo Código Procesal,
hoy derogado, no contiene ningún título dedicado a
las Nulidades Procesales y las disposiciones conteni-
das en él, que tratan del tema, se hallan dispersas_ Es
.en el artículo 238, referente al recurso de nulidad, que
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 45

dicho Código da una referencia más o menos amplia


sobre la cuestión.
Respecto de los presupuestos básicos que ha-
cen a la nulidad procesal, queremos hacer referencia
a los mismos tomandoen consideración las disposi-
ciones que sobre la materia trae' nuestro Código
Procesal Civil y también sig uiendo en alguna medida,
la enumeración que de ellos hace el Pro!. Alvarado
Velloso.
En efecto, el art. 111, que es el primero dentro de
la Sección 11, Capitulo 1, Título V de nuestro Código de
Forma, establece el presupuesto fundamental para la
procedencia de la nulidad de un acto procesal, cuan-
do dice que "Ningún acto del proceso será declarado
nulo si la nulidad no está conminada por la ley". En la
segundaparte del artículo, con el propósito de asegu-
rar la legitimidad de todo acto procesal, dice: "Podrá,
no obstante, pronunciarse la nulidad, si el acto carece
de un requisito formal o material indispensable". Y
siguiendo el criterio doctrinario casi unánime expues-
to antecedentemente en este trabajo de que el obje-
tivo finalde la nulidad procesal es asegurar la realiza-
ción del debido proceso, dice: "Si el acto ha alcanzado
su fin, aunque fuere irregular, no procederá su anula-
o ~ 11

clan.
Sobre este presupuesto, dice Alvarado Velloso:
"En un sistema esencialmente formalista, resulta
razonable que la propia ley sancione el apartamiento
del modelo por ella establecido. Por supuesto, no
siempre fue así: la ordenaflza francesa de 1667
facultaba a los Jueces para declarar o rehusarnulida-
des según las circunstancias. Ello degeneró en abu-
46 ANTONIO TELLEGHEA SO LIS

sos y, por ende, en arbitrariedad judicial, contra la cual


reaccionó la Revolución Francesa: su conocida y
característica idea de omnipotencia legislativa hizo
que plasmara la reacción en norma positiva que luego
pasó a casi todas las legislaciones que consagran el
sistema: no existe sanción sin texto legal que especí-
ficamente la consagre. Y de aquí el nombre del
principio: especificidad que, resulta obvio, debe ser
de interpretación estricta".
Luis A. Rodríguez al referirse al principio de que
no hay nulidad sin texto' expreso que la sanciona, cita
recordando a Chiovenda, que hay tres sistemas acerca
de la sanción por inobservancia de las normas proce·
sales que son: a) el de reglamento gregoriano, que
establece que cualquier cóntrav8nGÍón de las leyes
de procedimiento induce a la nulidad del acto; b) el
sistema del artículo 1030 del Código de Procedimien·
to Francés que establece que no hay nulidad sin texto.
y que ningún acto será nulo si la ley no provee
expresamente esa sanción, y c) el del Código proce·
sal Civil Italiano que viene a atemperar el anterior,
estableciendo que "no puede pronunciarse la nulidad
de ningún acto de citación o de otro acto de procedi-
miento si la nulidad rlo está declarada por la ley".
"Puede, empero, anularse el acto que carezca de los
elementos que constituyen su esencia",
Este es el sistema que fue adoptado en la Repú·
blica Argentina y que también adopta nuestro actual
Código Procesal Civil.
y aquí es oportuno acotar que nuestro Código
acoge también el llamado principio del finalismo que
se encuentra expuesto en la segunda parte del artícu-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 47

lo 111 que ya ha sido transcripta anteriormente y que


ratifica el criterio de que si no existe previsión expresa
de sanción de nulidad en la ley procesal, resulta
. suficiente que el acto adolezca de algún vicio funda·
mental que puede provenir de la carencia de los
requisitos formales o materiales indispensables, lo
cual da facultad al Juez para declarar la nulidad.
Otro presupuesto fundamental es el interés que
debe existir para su petición, proveniente de un per-
juicio cierto y concreto causado por el acto procesal
afectado de nulidad, en cuanto la mera omisión o
violación de las formas, sin la demostración fehacien-
te de un perjuicio concreto, no puede justificar la
nulidad.
La necesidad de petición de parte interesada en
pedir la nulidad, constituye un requisito que tiene
alcance solamente relativo y está expuesto en el
Código Procesal en el art. 112, el cual consta de dos
partes. Enla primera, establece que "La nulidad sólo
será declarada a instancia de la parte perjudicada por
el acto viciado, ''''''.Y en la segunda parte, deja a salvo
la circunstancia de que la ley establece casos de
nulidades que pueden ser declaradas de oficio, a lo
que se refiere concretamente en el art. 113, Pero,
además, la nulidad puede ser peticionada solamente
por quienes no contribuyeron a ella y en esto desde
luego, el Código Procesal no hace sino aplicar los
principios de buena fe que son tan transcendentes en
el desarrollo del proceso y tiene que ver además con
lo que Alvarado Velloso denomina, el principio de
protección del litigante de buena fe.
Consecuente con la aplicación del principio del
48 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

finalismo procesal, "siempre que exista duda en el


Juez acerca de si cabe o no declarar la nulidad de un
acto dado, debe optar por conservar o mantener su
validez. Así nace el principio de conservación". (Adolfo
Alvarado Velloso, ob. cit.). En nuestro caso, debe
tenerse en cuenta la disposición del artículo 114, inc.
a) del Código Procesal que dice: "Las nulidades
quedan subsanadas por haber cumpliao el acto su
finalidad, respecto de la parte que pueda invocarla".
Asimismo, lo dispuesto en el art. 102 del mismo
Código cuando dice que "Los actos del proceso para
los cuales la ley no requiere formas determinadas,
pueden cumplirse en el modo más idóneo pala que
alcancen su finalidad" (Ver artículo 41 del antiguo
Código de Procedimientos y artículos 144 del actual
Código Procesal Civil). Interesante resulta, además,
ver las disposiciones que sobre la materia trae el
Código de Processo Civil Brasileño,en sus arts. 154
y 244, que reflejan la importancia del cumplimiento de
su finalidad por los actos del proceso, como factor
preponderante de la validez de los mismos.
. Por último, resulta muy importante recordar que
toda nulidad procesal para tener existencia que pue-
da ser invocada en el proceso, debe ser judicialmente
declaíada.
En cuanto a la clasificación de las nulidades
procesales en absolutas y relativas, existe una mayo-
ritaria te ndencia que sostiene que todas las nulidades
procesales son relativas, es decir, convalidables
(Alsina, Palacio , Podetti, Fassi, Ibañez Frocham). Sin
embargo, también existe un casi unánime reconoci-
miento de que existen nulidades procesales que con-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 49

figuran los llamados "actos inexistentes", a los que no


afecta el criterio anteriormente mencionado. Ello ocu-
rre, por ejemplo, cuando se da el caso de una indefen-
sión total, proveniente de actos a los cuales no se les
puede adjudicar no solo validez sino que existencia
misma, por no haberse dado en su realización los
requisitos mínimos exigidos por la ley procesal.
Jorge P. Camusso, en "Nulidades Procesales",
EDIAR, 1983, pág. 51, dice: "El principio de la conva-
lidación no juega tratándose de actos inexistentes.
Tampoco si se trata de actos afectados por vicios
susianciales (incapacidad, error, dolo, violencia, frau-
de, simulación)". El mismo autor dice que la "inexis-
tencia importa "un no acto", porque el elemento cons-
titutivo esencial que le falta es de tal identidad, que el
acto mismo no puede concebirse sin él". Sobre el
punto, Lino Palacio distingue los actos procesales
nulos (nulidad relativa), de los actos procesales ine-
xistentes (Camusso, ob. cit.).
El Prof. Hugo Allen, tomando como refe rencia las
disposiciones que sobre nulidades traía el antiguo
Código Procesal, las clasifica en substanciales. y
accesorias y en expresas e implícitas. Respecto de
estas últimas, dice: "".Iajurisprudencia ha admitido la
existencia de nulidades implícitas, sea porque se han
violado formas consideradas esenciales para la vali-
dez del acto, sea porque, aún cuando no se exija
expresamente una formalidad, ella debe suponerse
necesaria en el .caso (ejemplo: si el juicio se ha
tramitado con quien no tenía la representación de la
parte)" (aut. cit., "Lecciones de Derecho Procesal
Civil, I Parte, El Foro, 1985, pág. 154).
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 53

el mismo legisla sí expresamente sobre el recurso de


nulidad y algunos casos de nulidades de actuaciones
("Lecciones de Derecho Procesal Civil", pág. 154).
Tanto Mendonca como Allen se refieren al Códi-
go de Procedimientos derogado, ya que el actual, sí,
dedica la Sección II del Capítulo l del Título V, a la
Nulidad de los Actos Procesales.
Prec:;isamente, el artículo 117 del Código Proce-
sal Civil se refiere a los medios de impugnación de los
actos procesales y determina que ellos son el inciden-
te y el recurso ordi'¡ario de nulidad, "según se trate de
vicios en las actuaciones o en las resoluciones".
Además, el artículo 409 del Código, inserto en el
Capítulo IV del Título IV, correspondiente al Recurso
de Nulidad, se refiere a la Acción Autónoma de
Nulidad expresando textualmente: "Las resoluciones
judiciales no hacen cosa juzgada respecto de los
terceros a quienes perjudique. En caso de indefen-
sión, ellos dispondrán de la acción autónoma de
nulidad cuando la excepción de falsedad de la ejecu-
toria o la de inhabilidad de título fuese insuficiente
para reparar los agravios que aquellas resoluciones
pudiesen haberles ocasionado".
En cuanto al recurso de nulidad, es el artículo 404
el que lo previene diciendo que: "El recurso de nulidad
se da contra las resoluciones dictadas con violación
de las formas o solemnidades que prescriben las
leyes". El artículo 238 del antiguo Código de Procedi-
mientos, decía en. cambio: "El recurso de nulidad
tendrá lugar contra las sentencias pronunciadas con
violación de la forma y solemnidad que prescriben las
leyes, o en virtud de un procedimiento en que se
54 ANTONIO TELLECHEA SO LIS

hayan omitido las formas substanciales del juicio, o


incurrido en algún defecto de los que, por expresa
disposición de derecho, anulen las actuaciones".
Como puede apreciarse, el texto del artículo 238
del Código anterior, era mucho más amplio que el que
corresponde al artículo 404 del Código actual. Ello se
debe seguramente, a lacircunstanciade que el Código
derogado no contenía un capítulo dedicado a las
nulidades y dentro del articulo que consagra el recur-
so de nulidad, inc<luye, como dice Hugo Allen, "todas
las contingencias que puedan hacer a la nulidad
procesal" (ob. cil. pág. 154).
Con respecto al incidente

de nulidad, el Código
Procesal, en el 3rlículo 114, inc. b) impune un plazo
dentro del cual puede interponerse el mismo y que es
de cinco días, subsiguientes al conocimiento del acto
viciado, bajo pena de que su no interposición en dicho
término, implica una confirmación tácita del acto vicia-
do. Durante la vigencia del Código anterior, no existía
ninguna disposición expresa que estableciera dicho
plazo, pero, era de"aplicación pacifica y uniforme, el
criterio jurisprudencialmente establecido de limitar la
posibilidad de la promoción del incidente de nulidad
de actuaciones, al mismo plazo que hoy, expresa-
mente, consagra el artículo 114, inc. b) (Arquímedes '
Laconich, "Repertorio de Jurisprudencia", pág. 177,
Nº 545)_

lOS MEDtOS DE tMPUGNACtON EN El


DERECHO POStTtVO PARAGUAYO

Los medios de impugnación que hoy existen en


la legislación positiva nacional, provienen del Código
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 55

Procesal Civil de 1988 y de la Constitución Nacional.


En efecto, el Código Procesal Civil establece en
su artículo 117 que la nulidad de los actos procesales
podrá pedirse por vía de incidente o de recurso, según
se trate de vicios en las actuaciones o en las resolu-
ciones. Aquí se menciona dos medios importantes, el
incidente de nulidad de actuaciones que deberá ser
deducido en la misma instancia donde el vicio se ha
producido y el recurso ordinario de nulidad, que
deberá ser interpuesto ante el Tribunal Superior contra
las sentencias o resoluciones que dicte el Juez. Si
bien se trata de dos medios diferentes, existe correla-
·ción entre ellas, por cuanto si las actuaciones ataca-
das por la vía incidental fueran declaradas nulas
quedarán también invalidadas las resoluciones que
sean su consecuencia. Desde luego el incidente de
nulidad de actuaciones tiene fijado el término dentro
del cual debe interponerse desde que se tomó cono-
cimiento del acto viciado y que es de los cinco días
subsiguientes a dicho conocimiento.
El Recurso de Nulidad está previsto en el artículo
404, concordante con el artículo 396 del Código
Procesal Civil de 1988 y el plazo para interponerlo es
de cinco días si se trata de sentencias definitivas y de
tres días para las otras resoluciones, es decir, autos
interlocutorios y providencias.
La excepción de nulidad, como otro medio de
impugnación, está prevista en el artículo 463 que
corresponde al Libro JlI, referido al Proceso de Ejecu-
ción, Título 1, Del Juicio ejecutivo y tiene como conse-
cuencia la nulidad de las actuaciones previas a la
citación para oponer excepciones o citación de rema-
56 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

te y que se refieren a los trámites preliminares prepa-


ratorios de la vía ejecutiva.
La excepción de nulidad está prevista en el
artículo 463, inserto en el Capítulo IV, Título 1, Libro 111,
del Código qUé) se refiere al Proceso de Ejecución.
Ella no está incluida en las prescripciones del artículo
462 que se refiere a las excepciones oponibles en el
juicio ejecutivo. Es de carácter eminentemente proce-
sal y tendrá como consecuencia, retrotraer el proce-
dimiento de la ejecución al estado anterior a las
actuaciones declaradas nulas. El antiguo Código, en
su artículo 423, traía una disposición similar, aunque
no tan explícita como la contenida en el ~rtículo 463
del Código actual y muchas veces su aplicación
suscitó criterios controvertidos. Sin embargo, última-
mente, ha predominado el criterio jurisprudencial de
adjudicar a dicha excepción el alcance que hoy tiene
más claramente establecido en la redacción del artí-
culo 463'" ,
..
citado (Juan Guillermo Peroni,
.
La Ley Para-
guaya, año 1988, Nº 3, pág. 603) . .
Lino Palacio expresauna opinión que con.sidera-
mas de mucho interés sobre el tema de que al
ejecutado pueda acordársele la posibilidad de optar
entre la oposición de una excepción de nulidad o la
promoción de un incidente de nulidad y señala que
"mientras la excepción tiene por objeto impugnar la
validez de los actos procesales cumplidos con ante-
rioridad a la intimación de pago, el incidente. está
reservado para obtener la declaración de nulidad de
ese mismo acto o de actos posteriores (incluso la
sentencia, cuya validez se halla comprometida a raíz '
de los vicios que afectan a aquél" (ob. cit.pág.172 y
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 57

173).Es decir, el campo de aplicación del incidente de


nulidad es mucho más amplio que el de la excepción,
la cual sólo puede referirse a un estadio procesal
determinado, que es anterior a la intimación de pago.
Surge también, con claridad, que si el afectado por la
intimación de pago prefiere la utiiización de la vi"
incidental antes que la oposición de la excepción de
nulidad, puede hacerlo, con el mismo resultado y
consecuencias que si opusiera aquella.
El mismo autor recuerda que "diversos códigos
. provinciales prevén recursos extraordinarios destina-
dos a la reparación de defectos formales que pueden
afectar a la sentencia definitiva, o tanto a ésta cuanto
a los procedimientos que la precedieron, siempre que
no hayan sido consentidos por las partes" (ob. ciL
pág. 171).
El artículo 409 del CÓdigo Procesal Civil se refiere
a la Acción Autónoma de Nulidad, un medio de
impugnación que es absolutamente nuevo en nuestra
legislación positiva y cuyo ejercicio está reservado 2
los terceros, ajenos a la relación procesal que origina
una resolución que les afecta. A este medio de impug-
nación, habremos de referirnos con toda amplitud ,
más adelante.
Igualmente, podemos citar como un medio extra-
ordinario de impugnación de la validez de los actos
procesales, a la Acción de Inconsrituciona!idad, pre-
vista en el artículo 200 de la Co'nstitución Nacional y
reglamentada, para el caso que mencionamos en el
articulo 556, inc. a) del Código Procesal Civil de 1988.
Podemos considerar que viene a constituir un verda-
dero recurso extraordinario de nulidad, que debe S8r
58 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

administrado dentro de un marco restrictivo y de


extrema prud(lncia.
Estos son los medios de impugnación que hoy
existen en la legislación positiva nacional para obte-
ner la nulidad de los actos procesales que no se
ajustan a los preceptos constitucionales fundamenta-
les,a las disposiciones de la ley procesal y a los
principios básicos que informan la elaboración de lo
que se llama, el Debido Proceso.
SEGUNDA PARTE

EL RECURSO DE NULIDAD

CAPITULO I

GENERALIDADES

Entre los medios de impugnaCión de los actos


procesales, antes que se produzca la cosa juzgada, el
recurso de nulidad, ofrece un interés especial porque
si bien es admitido prácticamente en todas las legis-
laciones, no siempre los sistemas de su aplicación
son coincidentes. Por ello mismo, suelen surgir du-
das, muchas veces, ante actos 'procesales irregula-
res, para precisar con seguridad, si corresponde su
. interposición o más bien la promoción de un incidente
de nulidad para atacar dichos actos o situaciones
viciadas, dentro de un proceso. Igualmente, una
cuestión que surge siempre que se hable del recurso
de nulidad, es la de su vinculación con el recurso de
apelación, que a veces se da muy estrechamente y,
en otros casos, es objeto de una casi total autonomía.
Er] efecto, algunos sistemas procesales lo supeditan
a la interposición del recurso de apelación, aunque en
60 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

general se recon ocen, para ambos re cursos, objeti-


vos diferentes, el análisis del "error in procedendo" a
través del recurso de nulidad y del "error in iudicando",
a través del recurso de apelación. Mediante el recurso
de nulidad, se busca la reparación de los vicios extrín-
secos d e la se ntencia, mientras que el recu rso de
apelación procura cerciorarse de la justicia de su
contenido.
Igualmente, ha sido objeto de discusión de·si un
órgano judicial superior, puede o no, actuar de oficio
para fulminar de nulidad una fClsolución del inferior.
No s estamos refiriendo, desde luego, al recurso
ordinario de nulidad, conviene aclararlo, en cuanto
muchos códigos procesales tienen pre',isto a más de
és te, el recu rso extraordinario de nulidad.
CAPITULO II

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Podemos considerar a una institución correspon-


diente al sistema de la defensa de los derechos en la
antigua Roma, como el origen del actual recurso de
nulidad, nos referimos a la "revocatio in duplum", uno
de los recursos que aparece dentro del sistema pro-
cesal romano denominado "De las Fórmulas de la
Ley" o "Formulario". Dicho recurso, impedía el ejerci·
cio de la llamada "actio iudicati" con lacual se iniciaba
el procedimiento de ejecución. Es cierto, que no se da
una completa similitud entre la'''revocatio in duplum"
y el recurso de nulidad, pero la semejanza se da en la
finalidad del medio utilizado, cual es, la declaración de
nulidad de la sentencia pronunciada. Mediante la
"revocatio in duplum", el condenado por la sentencia,
podía entablar antes que se promoviera contra él la
"aclio iudicati", otro juicio cuyo objetivo era determinar
si la sentencia era o no válida. Si el recurrente lograba
la declaración de nulidad de aquella sentencia, podía
volver a discutir judicialmente la misma cuestión, pero
si la nueva sentencia no hacía lugar a la impugnación,
el litigante que se opuso a la ejecución era condenado
62 ANTONIO TELLECHEA SOllS

al duplo de lo establecido en la sentencia que había


impugnado. Esta sanción tenía el propósito de impe-
dir la temeridad irresponsable en la interposición del
recurso.
En cuanto a las causas de nulidad de la senten-
cia, mediante la interposición de la "revoca ti o in du-
plum", se puede mencionar como ejemplo los de
aquellas que fueron dictadas contra una persona
inexistente o ya fallecida o cuando ordenaba la pres-
cripción de una cosa imposible o cuando violaba la
autoridad de la Cosa ,juzgada o cuando proviniera de
un procedimiento llevado ante un magistrado que no
tuviera facultades para ello. (Vittorio Scialoja, "Proce-
dimiento Civil Romano", EJEA, 1954, pág. 356 Y
sgtes., Luis Alberto Peña Guzmán y Luis Rodolfo
Argüello, Derecho Romano, Tomo 1, TEA, 1966, pág.
515 Y 516).
CAPITULO III

EL RECURSO DE NULIDAD Y EL RECURSO DE


• • •
APELACION. SU VINCULACION. LA AUTONOMIA
DEL RECURSO DE NULIDAD

Lino Palacio señala con mucha claridad, toman-


do en cuenta la estructura de los códigos vigentes en
la República Amentina, la agrupación de los mismos
en tres sistemas, según la forma en que tienen previs-
to el recurso de nulidad y ellos son: "1) erigir al de
nulidad en recurso autónomo; 2) considerarlo, acor-
dándole o no la denominaciÓn de recurso, implícito en
el de apelación; 3) declarar a ambos recursos recípro-
camente implícitos". El mismo autor señala que al
primer sistema responden los Códigos de Córdoba,
. Salta y San Juan, aunque subordina la admisibilidad
. del recurso de nulidad a la del de apelación. Dentro
del segundo sistema ubica al Código de Procedimien-
tos de la Nación Argentina y el Código de Tucumán y-
menciona como pertenecientes al tercer sistema á 10$
Códigos de Corrientes y Santa Fe. PalaCio sostiene
además. que la legislación procesal argentina reco-
noce en forma unánime el principio de que solo sor'!
susceptibles 001 recurso de nulidad las resoluciones
64 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

apelables. Es decir, no existe una autonomía en dicha


legislación, del recurso de nulidad y, por tanto, consi·
dera que no existe necesidad de que el recurso de
nulidad sea interpuesto en forma expresa y, por lo
tanto, concedido por el Juez de Primera Instancia,
resultando suficiente que lo sea el de apelación (aut.'
cit., "Derecho Procesal Civil", Tomo IV, págs. 139 a
142).
Hugo Alsina, al analizar el recurso de nulidad de
acuerdo con el anterior Código Procesal Argentino,
sostiene que al hablar de recurso de nulidad,dicho
Código emplea la palabra recurso en el sentido de
medio de impugnación y recuerda que en otras legis-
laciones el recurso de nulidad "ha sido suprimido por
razones de economía procesal" (aut. cit., "Tratado
Teórico Práctico de Derecho Procesal Civil y Comer-
cial", Tomo IV, EDIAR, 1961, págs. 238 a 240).
Luis A. Rodríguez sostiene que no puede hablar-
se con propiedad de recurso de nulidad, por lo menos
en forma autónoma, porque el mismo se ha subsumi-
do en el recurso de apelación y resulta accesorio de
la apelación y siguiendo a Calamandrei, al cual cita,
recuerda la cuestión de la absorción de la invalidez en
la impugnación (Nulidades Procesales, ED lAR, 1987).
Alberto Luis Maurino dice que "en el plano de la
pureza terminológica el vocablo adecuado para de-
signar este medio impugnatorio, es el de re_curso de .
anulación. Pero habitualmente se habla de recurso de
nulidad, identificando el vicio y el modo de repararlo:
la enfermedad y el remedio". Hace referencia segui-
damente a las discrepancias existentes en la doctrina
acerca de la autonomía del recurso de nulidad y las
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 65

posiciones encon,tradas sobre el tema, las cuales


tienen muy calificados representantes. Así, por ejem-
plo, Rosemberg, Chiovenda y Carnelutti no recono-
cen autonomía al recurso de nulidad. Inclusive, Car-
nelutti afirma que "carece de finalidad práctica", fun-
dado en las disposiciones del Código Italiano .. El
mismo Hugo Alsina, aunque en forma más cautelosa,
no reconoce la autonomía del rtlcurso de nulidad,
como tampoco lo hace Santiago Fassi, quien señala
que "no es autónomo, sino que está comprendido en
el de apelación" y Ramiro Podetti expre:óa que "la
autonomía del recurso de nulidad va desapareciendo
de nuestra legislación" (aut. cit., "Nulidades Procesa-
les", Astrea, 1982),
Lucio R. R. Gernaeri Willmar, al referirse al siste-
ma imperante en la legislación procesal argentina
actual, dice que "lo que se persigue es que dentro del
trámite de la apelación pueda alegarse y resolverse el
planteamiento de la nulidad, sea como cuestión pre-
via que impida considerar en la segunda instancia la
cuestión de fondo, sea en cuanto aparece superada
por el tratamiento de los motivos in iudicando. De esto
resulta la falta de autonomía indicada." (Autor citado,
"Manual de los Recursos", Abeledo Perro!, 1985, pág.
62).
Morello citado por Gernaer! Willmar, obra citada,
sostiene que el recurso de nulidad ha perdido su
independencia formal, pero que ello no es óbice para
que los agravios que deban expresarse en la preten-
sión de nulidad de una sentencia, deban ser especi,
licos y concretos en cuanto a las causales de nulidad
66 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

y no puedan confundirse con los que hacen al recurso


de apelación.
Sin embargo, el gran maestro uruguayo Eduardo
J. Couture sostiene la autonomía del. recurso de
nulidad que no es reconocida, dice "por una confu-
sión inexplicable"_ Igualmente lo hace Eduardo B.
Carlos, al expresar en el comentario de un fallo
dictado por la Sala 11, en lo Civil y Comercial de Santa
Fe, que "la nulidad como recurso autónomo instituido
en nuestra ley, se da contra las resoluciones pronun-
ciadas con violación u omisión de las formas prescrip-
tas por el Código bajo esa sanción". Se refiere, desde
luego, al Código Procesal de la Provincia de Santa Fe.
Jorge P. Camusso sClstiene que "no obstante
aparecer absorbido por el de apelación (el recurso da
nulidad), no por ello carece de vida propia, como lo
. denota su irrenunciabilidad". Se refiere al Código
. . de
Procedimientos de la Provincia de Santa Fe (aul. cil.
"Nulidades Procesales", EDIAR, 1983, pág. 35).
Santiago C. Fassi y César D. Y,áñez sostienen
que "la sentencia interlocútoria con fuerza de definiti-
va que contenga un defecto formal, debe ser atacada
con el recurso de apelación, que comprende el de
nulidad. No necesita interponer el de nulidad expresa-
mente, pues se encuentra comprendido en la apela-
ción, aún cuando será necesario fundar la nulidad"
(autores citados, "Código Procesal Civil y Comercial
Comentado, Anotado y Concordado", tomo 1, Astrea,
1988).
Enrique Vescovi, eminente procesalista urugua-
yo, al analizar los sistemas imperantes en Iberoamé-
rica, en materia de recursos judiciales, dice que "en el
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 67

Derecho europeo, siguiendo el modelo francés, no


hay un recurso de nulidad contra la sentencia, se
juzga tanto el vicio formal como la injusticia a través de
la apelación". "En general, en los más nuevos códigos
del área, sucede lo mismo, esto es la nulidad - al
menos de la sentenci a- queda absorbida por la
apelación y entre las facultades del Tribunal de Se-
gunda Instancia se comprende la de examinar -aún
de oficio-laS nulidades. El resto de las nulidades se
impugnan por la vía incidental". Cita luego a contínua-
ción los códigos que no regulan el recurso de nulidad
y determina que el medio para resolverla es la apela-
ción. En ese sentido menciona los códigos de Costa
Rica, Colombia, Guatemala, Ecuador, Panamá, Cuba
y Venezuela. .
Luego menciona igualmente que, en general,
existe la tendencia de suprimir el reenvío, considerá~­
dolo un instituto de carácter obsoleto. Se refiere a la
circunstancia de que, al ser anulada la sentencia de
primera instancia, por el Superior, éste devuelva a
primera instancia el caso para que se dicte de nuevo
sentencia en la causa. Menciona luego que, en el
Uruguay, el código de forma tiene previsto el recurso
ordinario de nulidad pero estrechamente vinculado al
recurso de apelación, porque si ésta no puede darse
tampoco puede haber nulidad (auto. cil. "Los Recur-
sos Judiciales y demás medios impugnativos en Ibe-
roamérica", DE PALMA, 1988, págs. 204 a 206).
José Levitan dice que "El recurso de nulidad ha
sido suprimido como recurso autónomo". Toma como
referencia la disposición contenida en el artículo 253
del Código de Procedimientos de la Provincia de
68 ANTONIO TELLECHEA SOllS

Buenos Aires. Sostiene que "el recurso de nulidad


admitido, aunque subsumido en el de apelación sólo
se refiere a los defectos de la sentencia". Menciona
luego, cuales son esos defectos de la sentencia: "a) si
no se funda en la ley y, a falta de ley que contemple
el c.:l~]O, en Jos principios do la leg:Slac:6n \/iS;JntC', un
la materia respectiva; y, en defecto de éstos, en los
principios del derecho, teniendo en consideración las
circunstancias del caso. Además, si se resuelven en
la sentencia cuestiones ajenas al pleito o si en ella se
omite la resolución de cuestiones litigiosas del proce-
so. En consecuencia, cualquier otro vicio del proceso
debe ser cuestionado mediante la vía del incidente de
nulidad. (Aut. cit., "Recursos en el Proceso Civil y
Comercial", ASTREA, 1986. págs. 63 Y 64).
Los códigos procesales europeos, en general no
consideran al recurso de nulidad como autónomo y
casi todos traducen el criterio de que el mismo va
implícito dentro del recurso de apelación.
Por las referencias citadas en los párrafos que
anteceden y que provienen de la doctrina elaborada
por muy eminentes procesalistas. parece existir una
corriente mayoritaria que sostiene que el recurso de
nulidad carece de autonomía y que en todo caso la
nulidad de una sentencia. "el error in procedendo",
que afecta a sus formas extrínsecas, puede ser exa-
minada mediante la interposición del recurso de
apelación, dentro del cual va implícito o subsumido el
recurso de nulidad.
Debe tenerse muy en cuenta, además, que la
confusión que a veces surge entre la consideración
del recurso de nulidad y el de apelación, se ve
NULIDADES EN ELPROCESO CIVIL 69

aumentada por las dudas que pueden surgir respecto


de la procedencia de la nulidad de actos que no fueron
oportunamente atacados en la instancia correspon-
diente, mediante el incidente de nulidad de actuacio-
nes. y no se crea que esto puede solucionarse tan
simplemente mediante la afirmación de que si los
errores de procedimeinto no fueron impugnados
oportunamente mediante incidente y dentro del térmi-
no previsto en la ley o jurisprudencialmente aceptado,
ya no podrán serlo una vez dictada la sentencia, salvo
que la parte afectada no haya tenido oportunidad de
promover el incidente en primera instancia por no
haber tenido conocimiento de las actuaciones proce-
sales. Porque ocurre, en la realidad, que muchas
veces el Tribunal, al examinar la causa a través del
recurso, encuentra que las actuaciones que precedie-
ron a la sentencia atacada por el recurso, no han
llenado los requisitos básicos que hacen a 'un proceso
correctamente sustanciado. Allí aparece el ótro tema,
el de la nulidad que, incluso, puede ser declarada de
oficio por el órgano judicial, cuando advierte que hay
vicios procesales cuya gravedad no permite su con-
validación, de ningún modo.
CAPITULO IV

EL RECURSO EXTRAORDINARIO DE NULIDAD

Este recurso se da en la legislación argentina


contra las sentencias definitivas pronunciadas en
última instancia por los tribunales cuando se aleguen
violaciones de normas constitucionales como aque-
llas que determinan que todas las sentencias judicia-
les deben ser fundadas en el texto expreso de la ley.
Este recurso tiene como objetivo velar por la aplica-
ción delas formas y solemnidades que la Constitución
determina como obligatorias para los jueces y tribu-
nales.
La legislación procesal paraguaya no tiene pre-
visto este recurso y en materia de recurso de nulidad
solamente el Código Procesal se refiere al de carácter
ordinario al que nos hemos referido antecedentemen-
te, aunque debe tenerse en cuenta en este sentido la
vía de la inconstitucionalidad, prevista en el art. 200
de la Constitución Nacional.
CAPITULO V

NULIDAD E INCONSTITUCIONALlDAD

En el seno de la Comisión Nacional de Codifica·


ción, Juan Carlos Menconca presentó una muy inte-
resante nota sobre el tema que sirve de subtitulo a
esta parte de nuestro trabajo. Transcribimos las par-
tes más resaltan tes de dicha nota producida en oca-
sión del estudio del Anteproyecto de Código Procesal
Civil, que es obra de dicho ilustre jurista paraguayo.
Dichas p<;li tes son las siguientes: "Está unánimemen-
te admitido por la d.octrina y la jurisprudencia que la in-
defensión es causa de nulidad, como también está
unánimemente admitido por ellas que es causa de in-
constitucionalidad. Surge entonces el problema de
establecer cuándo debe usarse una vía u olra o si es
facultativo del interesado el uso indistinto de una vía
u otra". Más adelante prosigue: "Cuando no se tuvo la
oportunidad de ejercer alguna defensa y tampoco la
oportunidad de reclamar el ejercicio de aquella defen-
sa por las vías ordinarias, debe usarse la inconstitu-
cionalidad. Se trata, en el caso, de indefensión irrepa-
rable por vía ordinaria. De manera que si se tuvo esa
oportu nidad y no se la usó mediante las vias ordina-
74 ANTONIO TELLECHEA SOllS

rias reconocidas dentro del proceso común -sea a


través del incidente o del recurso-, precluye la facul -
tad de hacerlo y el vicio queda compurgado por con -
sentimiento tá cito, aunque consista en la indefensión.
Por tanto , ya no será posible usar la inconstituciona-
lidad". .
En otra parte de su trabajo Mendonca dice que "si
bien la indefensión es punto de convergencia entre
nulidad e inconstitucionalidad, no es ella la única
causa de nulidad ni la única causa de inconstituciona-
lidad. La importancia de la convergencia es, sin
embargo, de gran entidad jurídica, porque, vinculada
como está a la garantía i~nominada del "debido
proceso", es preciso dilucidar lo relativo al uso de las
vías destinadas a protegerlo".
Fundamentalmente, la nulidad a la que hace
referencia Mendonca. se refiere a la que proviene de
la violación de los arts. 60, 61, 64, 67 Y 204 de la
Conslitución Nacional y concordantes, a los que vol-
veremos a referirnos más adelante.
CAPITULO VI

EL RECURSO DE NULIDAD EN LA LEGISLACION


PARAGUAYA

El Código de Procedimientos en materia Civil y


CQmercial promulgado como ley de la Nación en
fecha 21 de noviembre 1883 y que estuvo en vigencia
hasta el3 de noviembre de 1989 trata del Recurso de
Nulidad en el Título 111, Sección 111, en los artículos
238,239,24.0
. Y 241. El artículo
, 238 dice: "El recurso
de nulidad tendrá lugar contra las sentencias pronun-
ciadas con violación de la forma y solemnidad que
prescriben las leyes, o en virtud de un procedimiento
en que se hayan omitido las formas substanciales de!
juicio, o incurrido en algún defecto de los que. por
expresa disposición del derecho, anulen las actuacio-
nes " .
El Anteproyecto elaborado ' por Juan Carlos
Mendonca que la Comisión Nacional de Codificación
convirtió en proyecto y lo remitió como tal al Poder
Ejecutivo en fecha 4 de julio de 1973, trata del tema en
el Título IV, Capítulo IV, cuyo artículo 410 dice:
"Casos en que procede. El recurso de nulidad se
otorgará de las resoluciones apelables: 1º) cuando
76 ANTONIO TELLECHEA SOLlS ,

hubieren sido dictadas con violación de la forma y


solemnidad que prescriben las leyes; 2") cuando
hubieran sido ,dictadas en virtud de un procedimiento
en que se hubieran omitido las formas substanciales
del juicio; 3 Q) cuando se hubiere incurrido en algún
defecto de los que, por expresa disposició¡; de la ley,
anulan las actuaciones",
El Código Procesal Civil que 11a entrado en vigen-
cia el4 de noviembre de 1989, trata del Recurso de
Nulidad en el Título IV, Capítulo IV y dice en el artículo
404: "Casos en que procede. El recurso de nulidad
se da contra las resoluciones dictadas con violación
de la forma o solemnidade:: que prescriben las leyes",
De la lectura de las tres disposiciones citadas,
puede concluirse que la redacción del artículo 404 del
Código Procesal Civil, en vigencia, es idéntica a la
primera parte del artículo 238 del Código derogado y
al texto del artículo 410, inc. 1Q) del proyecto de 1973.
La diferencia fundamental entre estas disposicio-
nes, radica en que el artículo 404 del Código vigente
se refiere en forma concreta y específica a la proce-
dencia del recurso contra las resoluciones, y no
menciona las situaciones previstas en la segunda
parte del artículo 238 del Código derogado y de los
ines. 2º) y 3º) del artículo 410 del Proyecto de 1973,
que se refieren a las actuaciones previas a la resolu-
ción, el cual era concordante con el artículo 126 del
Anteproyecto. Dicho artículo 126 seguía el criterio
jurisprudencial aplicado entonces de la doble impug,
nación, por vía del incidente y por vía del recurso,
cuando las actuaciones nulas habían dado origen a
resoluciones. Por ello se explica que el Código Proce-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 77

sal Civil de 1988, en su Libro 1, Titulo V, Capítulo 1,


Sección 11, que se refiere a la Nulidad de los Actos
Procesales, en el artículo 117 diga: "La nulidad de los
actos procesales podrá pedirse por vía de incidente o
de recurso, según se tratG de vicios en las actuacio-
nes o en las resoluciones. El incidente se deducirá en
la instancia donde el vicio se hubiere producido.
Cuando las actuaciones fueren declaradas nulas,
quedarán también invalidadas las resoluciones que
. "
sean su consecuencia.
Ocurre entonces, que el Código Procesal Civil
que nos rige actualmente, establece expresamente
cuáles son los medios de impugnación de los actos
procesales cuando se los quiere atacar de nulidad,
determinando con precisión que el recurso de nulidad
debe darse contra las resoluciones y el incidente de
nulidad contra las actuaciones. Incluso en el artículo
313 inserto en el Capítulo IV, Título 11, Libro 11, que se
refiere al proceso de conocimiento ordinario, Prueba
Documental, encontramos la disposición siguiente:
"La impugnación de actuaciones judiciales, integran-
tes de los autos, se hará por la vía del Incidente de
Nulidad".
Categóricamente, entonces, el Código Procesal
Civil establece la vía del Incidente de Nulidad para
impugnar la validez de las actuaciones y reserva el
Recurso de Nulidad como medio impugnativo de las
resoluciones dictadas dentro de un juicio. En el caso
del incidente contra las actuaciones, el segundo pá-
rrafo del artículo 117 es categórico, en el sentido de
determinar que la nulidad de ellas, tiene como cons.e-
cuenica la nulidad de las resoluciones que sean su
78 ANTONIO TELLECHEA SOllS

consecuencia. Esta reforma fue propuesta en el seno


de la Comisión Nacional de Codificación por Hugo
Allen y tiene relación con la redacción del articulo 404
del Código Procesal Civil de 1988, que se refiere a los
casos en que procede el recurso de nulidad.
Se ha planteado en la práctica la situación que
proviene del hecho que un demandado toma conoci-
miento real de la existencia del proceso, recién cuan-
do el mismo ya tiene sentencia. Sobre el particular
Epifanio J. L. Condorelli, reputado procesalista argen-
tino. al C".lmentar el recurso de nulidad y su concepto
y diferer.cias con el incidente, dice: "Desde el vamos
alertamos. como ya lo hemos dicho, que el incidente
de nulidad cubre las patologías o deficiencias que se
puedan presentar en o interin el proceso; en cambio,
el recurso de nulidad cubre las deficiencias que pueda
tener alguna resolución interlocutoria o la sentencia
definitiva. Se refiere a vicios de la sentencia. Para
este recurso no interesa si lo anteriormente hecho en
el proceso, me refiero a su desarrollo, está o no bien.
Esto es cuestión del incidente de nulidad". Más ade-
lante el mismo procesalista dice: "El recurso de nuli-
dad implícito en el de apelación está destinado sola-
mente a reparar los vicios o defectos propios de la
sentencia, no de las actuaciones que la preceden"
(Autor citado, "Código Procesal Civil de Buenos Ai-
res", Comentado, Tomo 1, Zábalía, 1988, pág. 629 Y
630). En cambio, Lino Palacio dice que "El recurso (o
alegación) de nulidad por defecto de procedimiento,
de conformidad con los ordenamientos que contem-
plan ese causal, es admisible para subsanar irregula-
ridades procesales, que acaecidas con anterioridad
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 79

al pronunciamiento de la resolución, han afectado el


derecho de defensa de cualquiera de las partes, sea
por omisiones o restricciones en la audiencia o en la
prueba. Tal seria el caso de la sentencia definitiva
dictada sin abrirse el juicio o prueba, pese a la circuns-
tancia de existir ilecrlOs controvertidos o sin declarar-
se la cuestión de puro derecho, o de la sentencia
interlocutoria pronunciada con prescindencia de! previo
traslado a la parte contraria a aquella que promovió la
cuestión". Más adelante dice el mismo autor: "Pero
todos los códigos que prevén 'esta modalidad del
recurso supeditan su admisibilidad a la condición de
que el defecto procesal que se trata no haya sido
convalidado o subsanado por falta de oportuna recla-
mación en la instancia en que se produce. lo cual
obedece al carácter relativo que revisten todas las
nulidades procesales". "De ello se sigue que el recur-
so (o alegación) de nulidad por vicios de procedimien-
to se encuentra circunscripto a la hipótesis de que
aquellos hayan llegado a conocimiento del interesado
con posterioridad al dictado de la resolución impugna-
da ... ". (Autor citado, Derecho Procesal Civil, tomo V,
pág. 145 y 146).
Es lo que trae a consideración Hugo Allen en un
trabajo ' public'l-do en Gaceta Judicial, Ai'io 1, Enero-
Febrero, 1984, NQ 3, pág. 15 Y sgtes. El citado jurista.
paraguayo sostiene como conclusión- en el trabajo
citado, elaborado y publicado en el tiempo en que
estaba en vigencia el Código Procesal hoy derogado,
que en ese caso, "basta la vía del recurso de nulidad
(interpuesto con el de apelación) para atacar tanto las
actuaciones viciadas como la resolución definitiva". A
80 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

esta conclusión llega Allen coniderando que un crite-


rio judicial constante, consideraba que en tal caso
debía plantearse incidente ante el Juez y recursos
para ante .el Superior. Ello, con la consecuencia
lógica, dice Allen, de "un dispendio de actividad pro-
cesal, dilaciones y complicacionGs exasperCintes". La
conclusión mencionada está de acuerdo con las dis-
posiciones del artículo 241 del Código de Procedi-
mientos Civil y Comercial de 1883.
Actualmente, con la vigencia del nuevo Código
Procesal, la cuestión merece un examen especial, en
cuanto las disposiciones referentes al Recurso de
Nulidad que van del art. 404 al art. 408, deben
aplicarse en concordancia con el arto 117 referente a
las nulidades en el proceso e, incluso, también, de
conformidad con el art. 313. Dichas disposiciones
señalan con precisión y énfasis que las actuaciones
procesales solamente pueden ser atacadas por vía
del incidente de nulidad, reservándose el recurso
para impugnar las resoluciones y sentencias. Señala-
mos que el art. 406 del Código actual que correspon-
de al art. 412 del Anteproyecto de 1973, suprimió el
segundo párrafo del art. 412 de este último, que se
refería al caso en que la nulidad fuere declarada por
vicio del procedimiento, en cúyo caso los autos debe-
rían pasarse al Juez del mismo fuero para que conoz-
ca la cuestión, una vez declaradas nulas las actuacio-
nes. Esta modificación resulta concordante con la que
la Comisión Nacional de Codificación hizo el al artícu-
lo 126 del referido .anteproyecto, que corresponde al
117 del Código Procesal Civil de 1988..
En otro aspecto, concerniente a la validez del
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 81

acto, debe tenerse en cuenta lo que dispone la última


parte del artículo 111, que dice: "Si el acto ha alcan-
zado su fin, aunque fuere irregular, no procederá su
anulación". La disposición consagra la recepción en
nuestro Código del principio del finalismo procesal, es
decir, que las nulidades deben ser declaradas sola-
mente cuando los actos procesales no han podido
llegar a su finalidad, respecto de quien la invoca. Este
mismo principio se halla inserto en la disposición del
artículo 102, que se refiere a las formas procesales.
Resulta de estas normas, el espíritu del Código de no
admitir la nulidad, sólo por causa de la irregularidad
formal de un acto, sino teniendo en cuenta porqué
éste no ha logrado alcanzar su finalidad, es decir, la
realización del derecho de fondo.
También consagra nuestro Código, en esta par-
te, el principio de la buena fe procesal, determinando
que la invocación de la nulidad sólo podrá hacerse por
quien no tuvo contribución en el acto viciado, siempre
que la nulidad no se encuentre en la categoría de las
que pueden ser declaradas de oficio.
Es justamente el artículo 113 el que se refiere a
las nulidades que pueden ser declaradas de oncio,
estableciendo que ello puede darse "cuando el vicio
impida que pueda dictarse válidamente sentencia
definitiva y en los demás casos en que la ley lo
prescriba". Es la excepción al principio consagrado en
ª
el artículo 112, 1 parte, que dice: "La nulidad sólo
puede ser declarada a instancia de la parte perjudica-
da por el acto viciado ... ". Sobre el punto, deben
tenerse en cuenta las disposiciones contenidas en el
artículo 15, incs. b), e), d) y e), cuya infracción "causa·
82 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

rá la nulidad de las resoluciones y actuaciones".


También vale la pena tener en cuenta la disposición
del artículo 15, inc. e), en cuanto a la posibilidad de
que el Tribunal, mediante un recurso de nulidad,
pueda anular actuaciones, mediante la simple verifi-
cación en los autos del hecho concreto que es causal
de la nulidad expresamente penada por la ley.
Cuando el Código Procesal se refiere a la forma
de interposición del recurso de nulidad en el arto 405,
dice que "Podrá hacerse independiente, conjunta o
separadamente con el de apelación, en el cual se lo
considerará implícito, y regirá a su respecto lo dis-
puesto en los artículos 396 y 397". Es decir, e I recurso
de nulidad en nuestro réqimen procesal está provisto
de una relativa autonomía, aunque, no se puede
negar su vinculación con el recurso de apelación, en
el cual va implícito aunque no sea interpuesto expre-
samente, como surge de la disposición transcripta .
. Vale la pena destacar espécialmente el alcance
de la disposición contenida en el ya citado art. 405, en
cuanto dice que al recurso de nulidad se lo considera
implícito en el de apelación. En efecto, ello constituye
una protección más que el Código Procesal otorga a
los litigantes para asegurar el correcto desarrollo del
proceso. Significa, que aún no habiendo sido inter-
puesto expresamente el recurso de nulidad, el Tribu-
nal que entiende en la cuestión, ante el recurso de
apelación ~ sí interpuesto, puede examinar y resolver
sobre aspectos que hacen al recurso de nulidad. En
suma, es notable la amplitud que caracteriza la orien-
tación de nuestra actual ley de forma en materia de
recurso de nulidad, para asegurar la realización de un
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 83

proceso más correcto y justo. Además, ello resulta


congruente con las disposiciones de los arts. 15, incs.
b), c) y d) Y 113 del Código Procesal Civil.
Sin embargo, su interposición no está supedita-
da, como lo estaba, al de apelación, según las dispo:
siciones de los articulas 239 y 240 del Código de
Procedimientos Civil y Comercial de 1883.
Una cuestión importante que se adapta a las
modernas tendencias procesales, es la que se refiere
a la supresión del reenvío de los autos a Primera
Intancia, una vez que el Tribunal declara la nulidad de
una sentencia. Esta supresión, surge del contenido
del articulo 406 que dice: "El Tribunal que declare la

nulidad de una resolución, resolverá también sobre el
fondo, aún cuando no se hubiere deducido apela-
ción". Este artículo, ya lo hemos dicho antes, no siguió
el texto de su fuente, el articulo 412 del Anteproyecto
de 1973 y más bien recogió la disposición contenida
en el segundo párrafo del artículo 253 del Código
procesal Civil y Comercial de la Nación, de la Repú-
blica Argentina. Guarda estrecha relación con la dis-
posición del artículo 40"1 para el caso en'que, al tratar
la cuestión de fondo, pueda decidir a favor de la parte
a quien aprovecha la nulidad, en cuyo caso no la
pronunciará. Al dar la norma, la facultad al Tribunal de
pronunciarse sobre el fondo de la cuestión, luego de
anular una sentencia por vía de recurso, aún cuando
no se hubiera interpuesto el recurso de apelación,
está dotando al proceso de una gran agilidad, evitan-
do la significativa pérdida de un valioso tiempo que
insume siempre el reeDvio a Primera Instancia, que
84 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

suele provocar tanta desazón y angustia y da lugar a


la exasperación de las partes.
En cuanto a las costas, el Código anterior en el
último párrafo del artículo 241, determinba que las
costas debían ser a cargo del Juez, en todos los
casos, si se declaraba la nu~idad soflcit2.da.. Elctrtículo
408 del nuevo Código Procesal Civil determina que si
se declara la nulidad de una resolución, las costas
serán total o parcialmente a cargo del Juez, "si el vicio
le fuere imputable, sin necesidad de petición de parte,
salvo que la otra se hubiese opuesto a la declaración
de nulidad, en cuyo caso cargará con las costas".
Como se ve, la disposición transcripta prevé la posi-
bilidad de que las costa: sean impuestas a la parte
contraria a quien solicitó la nulidad, siempre que
expresamente hubiese manifestado su oposición a la
declaración de nulidad y ésta haya sido dada por el
Tribunal. y que las costas al Juez le serán impuestas
"si el vicio ie fuere imputable".

1) El Recurso de Nulidad en el procedimiento


concursal y de quiebra.

La Ley N' 154, de Ouiebras, establece el régi-


men de los recursos en los procedimientos concursa-
les, y entre ellos, desde luego ,"el recurso de nulidad.
Es la Sección 111, Capítulo 11, Título 11, Libro 11, donde
encontramos legislada la materia a partir del artículo
201. Dicho artículo dice: "El recurso de nulidad se
otorgará de las resoluciones apelables: 1) cuando
hubiesen sido dictadas con violación de la forma y
solemnidad que prescriben .las leyes; 2) cuando
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 85

hubiesen sido dictadas en virtud de un procedimiento


en que se hubieran omitido las formas substanciales
del juicio;,y 3) cuando se hubiese incurrido en algún
defecto de los que por expresa disposición de la ley
anulan las actuaciones",
Del texto del mencionado artículo se deduce que
la interposición del recurso de nulidad está supedita-
da, en la Ley de Quiebras, a la apelabilidad de la
resolución contra la que se quiera interponer el recur-
so y en cuanto a las causales que puedan motivarlo,
prácticamente se remite a la disposición conten'da en
el artículo 238 del Código de Procedimientos Civil y
Comercial derogado. Igualmente, concuerda el artí-
culo citado de la ley de referencia, con el ariículo 410
del Anteproyecto Mendonca. No ocurre lo mismo en
su comparación con el artículo 404 del Código Proce-
sal Civil.
Existe, sí, una marcada diferencia entre el régi-
men establecido para el recurso de nulidad en la Ley
de Quiebras y el que establecía el código de Procedi-
mientos Civil y Comercial, sobre el punto en que la
interposición del recurso de nulidad puede hacerse
según el articulo 203 de la Ley Nº 154, en forma
independiente, conjunta o separada con el de apela-
ción y en ese ' sentido, se adecua a la disposición
contenida en el artículo 405 del nuevo Código Proce-
sal Civil.
Determina igualmente la Ley de Quiebras la
posibilidad de que la nulidad pueda ser declarada de
oficio, en el artículo 202, que coincide en esta materia,
con el Código Procesal Civil, el cual regula la misma
en el artículo 113.
86 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Especial interés reviste destacar que la Ley de


Ouiebras en su artículo 189, especifica los actos del
juicio concursal que serán tramitados como inciden-
tes, porque alguna relación tiene con el tema de los
que pueden ser objeto del recurso de nulidad, que es
objeto
.
de este trabajo.
-
Las disposiciones que comentamos brevemente
y que corresponden a la Ley de Ouiebras, en la parte
que ella trata del procedimiento referente a los juicios
concursales, están en vigencia y no son afectadas por
las normas del nuevo Código Procesal Civil. Juan
Carlos Mendonca se refiere a la casuitistica que
podria darse dentro del ju:cio concursal si se vulnera-
ra el orden público, citando como ejemplo la substan-
ciación del proceso concursal sin la intervención del
síndico o la aceptación de un concordato sin los
requisitos establecidos en el articulo 44 o si la resolu-
ción de quiebra viene como consecuencia de la soli-
citud de quien no tiene capacidad para formularla.
Formula dichas consideraciones en forma de crítica a
la falta de mayor amplitud que el mismo observa en la
norma que determina la posibilidad de la declaración
de oficio de la nulidad de acuerdo con el artículo 202
de dicha ley, que se refiere muy especialmente, a las
situaciones derivadas de la violación del derecho de
defensa (Autor citado, Nulidades Procesales Civiles,
La Plata, 1966, pág. 155).

2) El Recurso de Nulidad en el Proceso Arbitral.

Es el Libro V del Código Procesal Civil el que trata


del tema. El Proceso Arbitral no figuraba en el Ante-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL B7

proyecto de 1973 y su elaboración e inclusión en el


Código Procesal Civil se realizó en el seno de la
Comisión Nacional de Codificación, con la colabora-
ción especial y destacada de Hugo Allen, quien tiene
desarrollados interesantes trabajos sobre el tema. Y
es muy acertada, desde luego, la inclusión del Proce-
so Arbitral en el Código Procesal Civil, más aún que
ya en el anterior Código de Procedimientos Civil y
Comecial, la materia estaba tratada en los Títulos
XXVI y XXVII. Debe recordarse, además, que el
Código de Organizaciór Judicial en su artículo 2"
incluye entre los órganos que componen el Poder
Judicial de la Nación a los Jueces Arbitras y Arbitra·
dores. El artículo 536 del Código Procesal Civil tam-
bién hace mención de los Laudos Arbitrales pronun-
ciados por los tribunales extranjeros.
El Proceso Arbitral, hoy día, es de enorme inte-
rés, sobre todo por la evolución y desarrollo de las
relaciones contractuales de carácter internacional. Si
bien en nuestro país, el Proceso Arbitral es aún poco
utilizado, sin duda, hay un futuro importante para esta
forma de dirimir controversias y, por ello mismo, ha
sido creada hace 110 mucho tiempo la Comisión Para-
guaya de Arbitraje Comercial Internacional, con los
auspicios del Colegio de Abogados del Paraguay y de
la Cámara y Bolsa de Comercio.
Las disposiciones que se refieren al recurso de
nulidad .en el proceso
. arbitral están previstas en el
artículo 815, el cual dice: "Recurso de nulidad. En
cuanto no contradiga lo dispuesto en este Libro, se
estará a lo previsto en los artículos 404 a1409. El plazo
para deducirlo es de cinco días. Si la nulidad del laudo
88 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

se fundare en la violación del artículo 786, última


parte, el Tribunal dispondrá, por vía de mejor proveer,
la renovación de los actos anulados o la producción
de los que estimase pertinentes y luego resolverá
sobre el fondo, de conformidad con lo dispuesto en el
articulo 406. Procederá, asimismo, la nulidad, por
haberse dictado el laudo fuera de los plazos previstos
por el articulo 797"'. Debe tenerse igualmente presen·
te la disposición contenida en el párrafo 3" del artículo
813.
Pese a la relativa libertad de los árbitros en el
procedimiento, de acuerdo con lo convenido por las
partes, las disposicione~ del Código referentes al
Proceso Aroitral, aseguran que siempre se respetará
el derecho de las partes a ser oídas y al de ofrecer o
producir oportunamente pruebas pertinentes e idó-
neas (artículo 786, párrafo 2"), por lo que se quiere
asegurar la vigencia de la garantía constitucional de
la defensa en juicio y la posibilidad de que los actos
del Proceso Arbitral que no la observen puedan ser
atacados de nulidad.

3) La Nulidad por vía de la Inconslitucionalidad

En este mismo trabajo, ya hicimos mención ante-


riormente a la vinculación de la nulidad y de la incons-
titucionalidad. Corresponde ah ora, precisar si en la
legislación paraguaya es posible la utilización de. la
vía de la inconstitucionalidad para obtener la nulidad
de sentencias y resoluciones.
La Corte Suprema de Justicia ha sentado juriS-
prudencia sobre la materia en varios fallos que han
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 89

tenido pública y amplia repercusión y que ya forman


parte de lo que puede llamarse el Derecho Judicial
Paraguayo.
En efecto, el máximo órgano judicial de la Repú-
blica ha dictado sentencias en varios ,iuicios mediante
las cuales ha declarado la nulidad de resoluciones de
órganos inferiores por considerar que los fundamen-
tos expresados en las mismas no se adecuan y no
responden a los principios fundamentales, que como
garant ías individuales, consigna la Constitución
Nacional.
Podemos citar en ese sentido, la SD. NO 107 del
17 de mayo de 1985 mediante la cual la Corte Supre-
ma de Justicia declaró inconstitucional y anuló dos
sentencias, una de Primera Instancia y otra de Segun-
da Instancia, que habían recaído en un mismo juicio
y que tenían autoridad de cosa juzgada de acuerdo
·con las pautas del Derecho Procesal común. Poste-
. riorme!lte, yen el curso del mismo año 1985, dictó la
S.D. Nº 166 del 18 de julio del mencionado año,
haciendo lugar a la acción de inconstitucionalidad
deducida y declarando nulas las sentencias dictadas
en Primera y Segunda Instancia. Fueron los primeros
pasos que dio la Corte Suprema de Justiciapara deja;
sentada la doctrina de la in constitucionalidad por
arbitrariedad en nuestro medio jurídico, inconstitucio-
. nalidad que tiene como consecuencia lógica y nor-
mal, la nulidad de las resoluciones afectadas po.[ ella.
Los fundamentos expuestos en la primera de la~
sentencias mencionadas por el preopinante, Dr. Luis
María Argaña, ponían un énfasis especial en la cir-
cunstancia de que "toda sentencia debe estar funda-
90 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

da en la ley y ser racionalmente justa y no arbitraria y


caprichosa". Más adelante agrega que "es deber de la
Corte imponer la supremacía de la Constitución y dar
plena vigencia al mandato contenido en el artículo
204 de la misma, para evitar la efectiva privación de
justicia". Más adelante prosigue diciendo: "Estoy de
acuerdo en que es preciso distinguir la arbitrariedad
del mero error de interpretación de las leyes o en la
apreciación de la prueba. En el primer caso, la senten-
cia estará desprovista de todo apoyo legal y sólo
fundada en la voluntad de los jueces y, en consecuen-
cia, será nula por inconstitucional". "Una sentencia
que no es tal porque está corltra las pruebas produci-
das en autos, porque prescinde de pruebas fehacien-
tes regularmente traídas a juicio, porque hace una
interpretación caprichosa del derecho, no reúne los
requisitos que establece al Constitución Nacional,
cuando dice que nadie puede ser privado de su
propiedad sino por sentencia judicial fundada en la
ley". Por su parte, el Dr. José Alberto Correa fundó la
decisión contenida en su voto en la S.D. Nº 166/85 en
que "se ha violado en este caso concreto el principio
del debido proceso". El Dr. Alexis Frutos Vesken
manifestó en el mismo falio que "una sentencia puede
ser calificada como "arbitraria" desde el punto de vista
constitucional, siempre que lesione o viole alguna
norma, garantía o principio consagrado por la Cons- '
litución".
Las referencias dadas precedentemente, son
claras y terminantes en el sentido de establecer de un
modo definitivo que la nulidad de las sentencias
puede darse a través de la vía de la inconstituciona-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 91

lidad, cuando ellas infringen principios, derechos y


garantías que son de orden constitucional y que
pueden referirse a cuestiones meramente procesa-
les, como el caso de la indefensión o pueden tener
relación directa con el derecho de fondo, como cuan-
do se trata de la privación del derecho de propiedad
mediante una sentencia que no esté fundada en la
ley.
Conviene si, tener presente, que la vía de la
in constitucionalidad constituye un remedio jurídico de
excepción, que no puede ser utilizado cuando en los
momentos procesales oportunos no se ha instado por
los medios pertinentes, la impugnación de los actos
viciados de nulidad. La inconstitucionaliiJad como
medio para la obtención de la nulidad de sentencias,
puede utilizarse solamente en la situación de una
irreparabilidad absoluta mediante el uso de la via
ordinaria. Es decir, debe tenerse presente lo que se
entiende por subsanación de nulidades, concepto
dentro del cual va involucrada la convalidación por el
consentimiento que otorga la parte afectada en los
estadios procesales pertinentes. El principio de pre-
clusión, dice Mendonca, "después de desaprovecha-
da la oportunidad de la defensa o de ejercida ésta,
cubre toda posibilidad de articular la inconstituciona-
lidad" (autor citado, Sentencia inconstitucional por
arbitrariedad, Litocolor, i 986, pág. 80).
CAPITULO VII

NUESTRA OPINION SOBRE LAS NULIDADES


EN EL NUEVO CODIGO PROCESAL CIVIL.

Sin duda alguna, el tema de las Nulidades en el


Código Procesal Civil de 1988 se encuentra mucho
mejor estructurado que en el Código de Procedimien-
tos Civil y Comercial de 1883.
En efecto, en el nuevo Código Procesal Civil
dentro del Título V, que se refiere a los Actos Proce-
sales, yen la Sección" del Capitulo 1, los articulas 111
al 117 se refieren a la Nulidad de los Actos Procesa-
les, respecto de· su procedencia, pronunciamiento,
nulidades declarables de oficio, subsanación de la
nulidad, extensión de la nulidad, renovación de los
actos anulados y medios de impugnación. El Código
de 1883 no ~ontiene ninguna referencia semejante
para sistematizar el tema de la nulidad de los actos
procesales.
Asimismo, señala con mayor precisión el nuevo
Código Procesal Civil, los deberes y facultades de los
jueces, cuya infracción causará la nulidad de las
resoluciones y actuaciones, según puede compro-
barse mediante la lectura del artículo 15 de dicho
94 ANTONIO TEll ECHEA SOllS

Código. En este aspecto, sin embargo, es de necesi-


dad puntualizar, que lamentamos la supresión de las
facultades otorgadas al Juez, previstas en el artículo
16 inc. 6) apartado b) del Anteproyecto de 1973, que
dice: "Se.ñalar, antes de dar trámite a cualquier peti-
ción, los defectos u omisiones de que adolezca,
ordenando que se subsanen dentro del plazo que fije,
y disponer de oficio toda diligencia que fuere necesa-
ria para evitar nulidades". La disposición proyectada
y no recogida por el Código Procesal Civil de 1988,
corresponde al llamado "auto saneador" o "despacho
saneador" de los derechos portugués y brasileño.
Esta facultad del Juez hubiera seJ. ;-':v, "" muy apre-
ciable medida, a evitar r,¡;!!dades de actuaciones y,
consiguientemente, pérdidas muy valiosas de tiem-
po, que en el proceso tanta significación tiene. Pare-
ceria que existe un temor inyencible de dar facu Itades
suficientes al Juez para "blanquear" el proceso, evi,
tando una serie de trámites engorrosos, complicados,
onerosos y también exasperantes. En alguna medi-
da, los legisladores hicieron la concesión de otorgar al
Juez, como indica toda la tendencia procesal más
moderna, mayores poderes y más amplio protagonis-
mo, pero, al final persiste la desconfianza hacia la
actuación del Juez. Nosotros consideramos que la
solución no está en reducir las facultades del Juez
para evitar perjuicios derivados de su actuación de-
feciúosa, motivada por su inexperiencia o ignorancia;
la solución vendrá mediante la aplicación de un más
acertado régimen de selección y designación de los
Jueces, que reconozca como fundamento, única y
exclusivamente la capacidad, la probidad y la ho"m-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 95

bría de bien y una relativa experiencia, cualidades


que habrán de cimentar una actuación capacitada,
diligente, responsable y absolutamente imparcial.
Los caracteres generales que se refieren al
Recurso de Nulidad tal como lo previniera el Código
de Procedimientos Civil y Comercial de 1883, hoy
derogado, pueden resumirse en los siguientes:
1) El Recurso de Nulidad está supeditado al
Recurso de Apelacíón, en la posibilidad de su interpo-
sición. El artículo 238 dice que "Sólo podrá deducirse
el recurso de nulidad contra los autos o sentencias de
que pueda interponerse apelación. No habiendo lugar
al recurso de apelación, no lo habrá tampoco al de
nulidad". El articulo 240 di:;e: "El recurso de nulidad se
interpondrá juntamente y en el mismo término que el
de apelación";
2) El Recurso de Nulidad se puede interponer
contra las sentencias pronunciadas con violación de
la forma y solemnidad que prescriben las leyes o que
hayan sido dictadas en virtud de un procedimiento
viciado según el artículo 238;
3) El Recurso de Nulidad no tiene previsión legal
para ser substanciado de oficio. Existía sí un criterio
jurisprudencial fundado en la omisión o violación de
normas substanciales;
4) La declaración de nulidad por el Tribunal si ei
procedimiento previo hubiere estado arreglado a.
derecho, ténía por :consec.uencia el reenvío de los
autos a Primera Instancia para que un Juez diferente
del que dictó la sentencia anulada, emita nuevo
pronunciamiento;
5) Las costas correspondientes al Recurso de
96 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Nulidad, siempre son a cargo del Juez según la


disposición del párrafo último del artículo 241. Sola·
mente un criterio jurisprudencial pacíficamente acepo
tado llegó a establecer que sí el recurrente de la
nulidad de la sentencia nó solicitó expresamente que
las costas sean a cargo del Juez, no podía pedir
luego, que se impongan al mismo.
En el Código Procesal Civil de 1988, en cambio,
el Recurso de Nulidad tiene.una autonomía al menos
relativa. El artículo 405 dice, en efecto, que "La
interposición del recurso de nulidad podrá hacerse
indepenc:ente, conjunta o separadamente con el de
apelación, en el cual se lo considerará implícito y
regirá a su respecio lo disput:3to en los artículos 396
y 397", Por su parte, el articulo 406 dice que "El
Tribunal que declare la nulidad de una resolución
resolverá también sobre el fondo, aún cuando no se
hubiere deducido apelación".
Las disposiciones referentes al Recurso de
Apelación son concordantes con las contenidas en el
artículo 113, el cual tiene previsto la declaraciÓn de
nulidad de oíicio.
El Código Procesal Civil de 1988, suprime el
reenvío en el caso de que el Tribunal declare la
nulidad de la resolución, porque deberá expedirse en
ese caso sobre el fondo de la cuestión y no remitir a
Primera Instancia para que se dicte una nueva reso·
lución. En el artículo 407, señala que no se \á necesa-
ria la declaración de la nulidad por el Tribunal cuando
él puede decidir a favor de quien se ve favorecida por
ella.
El art. 117 determina con precisión que los medios
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 97

de impugnación son el incidente y el recurso de


nulidad. El primero, para los vicios en las actuaciones
y, el segundo, para los que se den en las resoluciones.
Por ello es que el arto 404 limita los casos en que
procede, a las resoluciones dictadas con violación de
la forma o solemnidades que prescriben las leyes.
Ello justifica, igualmente la supresión del reenvío,
dispuesta por el art. 406, ya que a través del recurso
no se podrán atacar actuaciones, que son las que
obligan al reenvío a la instancia inferior. En el caso
citado, del art. 406, estimamos que la resolución
dictada por el Tribunal, ya no puede ser objeto de
recurso en cuanto a la declaración de nulidad, pero sí,
puede serlo, en cuanto al pronunciamiento sobre el
fondo de la cuestión, atendiendo a lo dispuesto en el
art. 403 del Código Procesal Civil.
En cuanto a las costas, tema previsto en el
artículo 408 hay una diferencia importante con el
régimen del Código de 1883, en el sentido que ellas
pueden imponerse a la parte que se opuso a la
declaración de nulidad. S[ ello no hubiere ocurrido,
serán a cargo del Juez, "si el vicio le fuere imputable",
es decir; que la imposición de las costas al Juez no se
da siempre, tal como ocurría en el Código de 1883,
sino solamente cuando ha tenido una participación
decisiva en los vicios observados en la resolución y
que determinan la nulidad de ésta.
Respecto del plazo y forma de interposición, el
Código de 1988 se remite a lo que sobre el particular
dispone para el Recurso de Apelación.
Oueda igualmente en claro, que la vía de la
inconstitucionalidad puede significar un recurso ex-
98 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

traordinario de nulidad, con las severas limitaciones


que surgen de la propia legislación y de la acentuada
prudencia que exige su correcta utilización. Esto
surge ya en forma de ley positiva de la disposición
contenida en el artículo 561 del Código Procesal Civil
de 1988 cuando establece que "La acción de incons-
titucionalidad sólo podrá deducirse cuando se hubie-
ren agotado los recursos ordinarios". .
Resulta muy importante recordar la disposición
contenida en el artículo 556 del Código Procesal Civil
de 1988 en la parte que dice: "La acción procederá
contra resoluciones de los jueces o tribunales cuan-
do: a) por sí mismas sean violatorias de la Constitu-
ción;".Se refiere a la Impugnación de Inconstituciona-
lidad contenida en el Libro IV, Título 1, Capítulo 11, de
dicho Código Igualmente trascendentes resultan las
disposiciones de los artículos 563 y 564, el primero de
ellos en cuanto faculta a la Corte Suprema de Justicia
a declarar de oficio la inconstitucionalidad de resolu-
ciones', en los procesos que le fueren sometidos en
virtud de la ley, cualquiera sea su naturaleza. Esta
disposición señala la congruehcia del Código en
cuanto a la declaración de oficio de la nulidad que es
admitida expresamente por los medios ordinarios de
impugnación (artículo 113) con el recurso excepcio-
nal y extraordinario que es la Acción de Inconstitucio-
nalidad.
El artículo 564, por su parte, dice: "No serán
atacables por la vía de la acción de inconstitucionali-
dad las resoluciones dictadas por la Corte Suprema
de Justicia". La disposición contenida en esta norma,
es muy importante, en cuanto determina la imposibi-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 99

lidad de accionar de inconstitucionalidad contra las


resoluciones dictadas por la Corte Suprema de Justi-
cia. El tema, asume especial interés, habida cuenta:
que en fecha reciente, el28 de agosto de 1989, la
Corte dictó la SD. NQ 137, que tiene como consecuen-
cia la nulidad de todo un proceso, incluida una reso-
lución de la propia Corte Suprema de Justicia. La
decisión que implica la nulidad de una resolución de
la Corte, fue tomada en mayoría por voto del Dr.
Jerónimo Irala Burgos y la adhesión de los Dres.
Benito PereiraSaguier y Oamián Pérez Azcona,
mientras que el Dr. José Alberto Correa votó en
minoría con el Or. Albino Garcete Lambiase. El Dr.
Correa sostuvo el criterio que contra las resoluciones
de la Corte no se admite la declaración de inc:onstitu-
cionalidad y para abonar su criterio mencionó antece-
dentes jurisprudenciales
, sobre el caso, entre ellos la
S.O. Nº 181 del18 de julio de 1988 y el voto del Dr. Luis
Mada Argaña contenido en la S.O. Nº 253 del 5 de
octubre de 1987, de la Corte Suprema de Justicia. El
fondo de la cuestión, radica prácticamente en la
vigencia del principio de seguridad que es fundamen-
tal para dar estabilidad a la justicia. (Revista Jurídica
Paraguaya La Ley, Año 12, Nº 3, págs. 553 a 556).
Por ello, la disposición contenida en el artículo
564 resulta muy importante y para nosotros especial-
mente en este trabajo que se refiere a las Nulidades
Procesales, en cuanto hemos sostenido que la vía de
la inconstitucionalidad se constituye a veces, en for-
ma excepcional, er un instrumento idóneo para obte-
ner la nulidad de resoluciones que están afectadas de
vicios que no han tenido oportunidad de ser examina-
100 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

dos en instancias ordinarias anteriores. Deja en claro,


terminantemente, que las resoluciones de la Corte
Suprema de Justicia no pueden ser atacadas de
in con stitucion al idad.
Puede decirse, entonces, que la inconstituciona-
lidad viene a ser, en nuestro Derecho Positivo nacio-
nal, un medio extraordinario para obtener la nulidad
de sentencias que no están de acuerdo con principios
constitucionales fundamentales y que como auxilio
excepcional que es debe ser objeto de un prudente y
cuidadoso manejo para no desnaturalizar su objetivo
tan noble y elevado, expuesto magistramente en el ya
referido voto del Dr. LUis M. Argana.
En conclusión, en materiade Nulidades Procesa-
les, el Código Procesal Civil que ha entrado en vigen-
cia el 4 de noviembre de 1989, implica un progreso
evidente en materia de la normatividad procesal. Con
creces se justifica esta afirmación, atendiendo a la
amplitud con que se trata la materia y a la sistemática
aplicada a la misma, la cual sigue los lineamientos
más avanzados en la materia, expuestos en los
códigos procesales más nuevos y en la opinión de
muy destacados procesalistas.
Desde luego, frente a la ausencia en el Código
Procesal de 1883, de algún capítulo referente a las
Nulidades del Proceso, el Código Procesal Civil en
vigencia, trata ampliamente de las Formas de los
Actos Procesales y luego, seguidamente, de las
Nulidades Procesales. Lo hace, dando evidente re-
cepción a los principios que hoy asumen mayor pre-
dicamento, como el del finalismo procesal, es decir, la
determinación y exigencia de las formas, para lograr
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 101

la realización plena del derecho substancial o dere-


cho de fondo. A tal punto es asi, que dispone expre-
samente que si un acto procesal ha alcanzado su' fin,
no procederá su anulación, aún cuando fuere irregu-
lar en sus formas, desterrando de esta manera, el
apego al mero formalismo que puede convertirse en
formulismo simplemente, y que suele llevar a la decla-
ración de la nulidad por la nulidad misma.
Impone, además, el actual Código Procesal Civil
la vigencia del principio de la Buena Fe en materia
procesal, que ayudará a evitar muchas nulidades y a
la no proliferación de los factores que las causan.
Consagra la Teoría de los Actos Propios en materia
procesal, sustentada también sobre la base de la
Buena Fe, para dar mérito y trascendencia a la
coherencia en la conducta de los litigantes, como
también ella tiene acogida plena en el Derecho Civil
actual. Castiga el Abuso Procesl del Derecho, así
como el Código Civil procura reprimir el Abuso del
Derecho.
Favorece la declaración de oficio de la nulidad,
por los órganos judiciales, cuando las irregularidades
resultan evidentes ante su consideración y pueden
causar impedimentos para que se dicte sentencia
válida. •
Determina con claridad, el tema .de la subsana-
ción de las nulidades y hace referencia a la extensión
de ella, señalando con precisión, los medios de im-
pugnación que pueden darse contra las actuaciones
'o resolucíones en las que el vicio se hubiera produci-
do.
Ya lo dijimos en otra parte anterior de este mismo
102 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

trabajo, pero lo reiteramos. Lamentamos que se haya


suprimido de entre las facultades del Juez, la de dictar
un Despacho Saneador, para purificar el proceso, tal
como estaba en el art. 16, inc. a) del Anteproyecto
publicado en el año 1973, por la Comisión Nacional de
Codiíicación, que tlUbiera estado a tono con los
mayores poderes que hoy tiene el Juez y que para
nosotros son bienvenidos, y que además, hubiera
permitido que los buenos Jueces pudieran ir creando
procesos más limpios, con menos imperfecciones,
porque no se puede negar que, a veces, los Aboga-
dos no ponen mucho empeño en clarificar y hacer
más diáfano el panoramél del proceso, que es el ideal
para facilitar la labor del Juez.
Específicamente, en materia de Recurso de ·
Nulidad, al otorgársele una relativa autonomía frente
al Recurso de Apelación, se le ha dado mayor jerar-
quía y se han creado mecanismos que contribuirán a
la agilización del proceso, como el que suprime el
reenvío a Primera Instancia, cuando el Tribunal anula
una sentencia, para que un Juez distinto dicte la
nueva sentencia. La supresión de dicho reenvío,
mediante el pronunciamiento del mismo Tribunal que
declara la nulidad, sobre la cuestión de fondo, evita
una serie de trámites engorrosos, inútilmer¡,je largos y
maniobras tendientes a dilatar una resolución defini-
tiva.
El criterio de la imposición de las costas en caso
de declararse la nulidad de una sentencia, a la parte
que se hubiese opuesto a ella, es absolutamente
correcto y, sobre todo, muy justo. Debe castigarse a
quien pretenda mantener los vicios dentro de un
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 103

proceso, ya sea de las actuaciones o de una senten-


cia, por lo que resulta congruente, con la disposición
que impone las costas aquien se opone a un incidente
de nulidad de actuaciones.
Además la imposición de las costas al Juez, se
dará solamente si la nulidad decretada es atribuible al
mismo.
Finalmente, ia incorporación del instituto de la
Acción Autónoma de Nulidad, es toda una conquista ·
de orden procesal, proclamada hace tiempo en la
mejor doctrina y en las legislaciones más avanzadas,
como lo explicamos con mayores y más amplias
referencias en la segunda parte de este trabajo.
TERCERA PARTE

LA ACCION AUTONOMA DE NULIDAD

CAPITULO I

GENERALIDADES

Una de las novedades importantes que trae el Código


Procesal Civil de 1988, es la conten ida en el articulo
409, el cual se refiere a la Acción Autónoma de
Nu[idad.
E[ instituto procesal de referencia, no conoce de
antecedentes en nuestra legislación de forma, aun-
que si, nuestros Tribuna[es co.nocieron de su p[antea-
miento con an terioridad, sobre [a base de [os concep ·
tos básicos que hacen a su elaboración doctrinaria y
también, acogiendo criterios jurisprudenciales expre-
sados en diversos fallos de órganos judiciales exlran-

[eros. .
Aún hoy, el instituto procesal de la Acción Autóno-
ma de Nulidad, no encuentra e[ camino. fácil, que no
[o. puede ser desde luego, para tener una aplicación
indiscutible. Es que a[ hablarse de su admisión, trope-
zamos con [a afectación necesaria de un instituto
106 ANTONIO TElLECHEA SOllS

jurídico que es guardián de la seguridad y de la


tranquilidad social, cual es, la Cosa Juzgada. El temor
surge, con justificación, cuando se perfila la posibili-
dad de admitir, mediante el ejercicio de la Acción
A,utónoma de Nulidad, la vulnerabilidad de la Cosa
Juzgada que desde los tiempos de la antigua Roma,
significa el cierre de toda discusión sobre una contro-
versia determinada y constituye una defensa proce-
sal básica para impedir que se reabran discusiones
sobre causas .va fenecidas,
Por ello, h8 resultado muy arduo y difícil el camino
recorrido por esta institución procesal, porque aún
ante el reconocimiento de su necesidad, en caso de
excepción, se considera que su utilización abusiva e
indebida, puede ser un arma letal para la tranquilidad
social que pasa por la necesaria escala previa de la
Seguridad Jurídica.
Necesario resulta por ello, al estudiar la Acción
Autónoma de Nulidad y las posibilidades y medios de
su aplicación, analízar el verdadero sentido de la
Cosa Juzgada, su alcance, sus presupuestos, porque
ella aparece al final de un proceso, significando el fin
de una controversia.
y cuando se haga ese análisis habremos de
encontrarnos con expresiones como Fraude Proce-
sal, Cosa Juzgada Fraudulenta o Irrita, Debido Proce-
so o Proceso Inexistente.
A esos conceptos, provenientes de situaciones
que denuncian irregularidades en la elaboración de la
Cosa Juzgada, habremos de referirnos oportuna-
mente en la prosecución de este trabajo, dejando
previamente en claro, que resulta evidente la influen-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 107

cia de la filosofía orientadora de la ley de fondo. para


la organización de los mecanismos procesales que
deberán no solamente resolver 90nflictos. sino hacer-
lo cuidando de manera privilegiada la vigencia de la
Buena Fe y de las garantías fundamentales que para
el proceso. surgen de la Constitución Nacional y de
las leyes procesales.
Por ello. consideramos que hoy se da una loable
coherencia en nuestra legislación general en materia
civil. cuando luego de ser acogidos en el Código Civil.
los principios que informan una verdadera justicia
contractual. cuidando de mantener el equilibrio entre
las partes. también da recepción en el Código Proce-
sal Civil. a institutos como el de la Acción Autónoma
de Nulidad. remedio procesal fuerte. drástico y gene-
ralmente doloroso y de alto precio. pero muchas
veces fundamentalmente necesario. para extirpar
vicios que afectan de nulidad a todo un proceso.
La Acción Autónoma de Nulidad'f1Uede oir.e.ce.c
dos posibilidades de aplicación. Laprimera. cuando
se la permite para ser promovida por un tercero; la
segunda. cuando se permite que una de las mismas
partes intervinientes en la relación procesal que ha
culminado en la situación de Cosa Juzgada. pueda
utilizar la misma. lo cual abre discusiones mucho más
serias y despierta resistencias más categóricas. siem-
pre motivadas por la muy grave afectación· que ello
significa. al instituto de la Cosa Juzgada.
A todas estas cuestiones habremos de referirnos
en las páginas siguientes. para llegar a dar. finalmen-
te. nuestra opinión sobre la Acción Autónoma de
Nulidad y nuestra sugerencia respecto de las cuestio-
108 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

nes que rodean su ejercicio y desarrollo y que aún no


han sido objeto de reglamentación.
Desde luego, debe entenderse que como instru-
mento procesal excepcional que es, la Acción Autó-
noma de Nulidad debe funcionar dentro de un régi-
men muy severo de aplicación, para cuando no sea
posible la utilización de otros medios para impugnar
de nulidad los actos procesales, o mejor dicho, todo
un proceso, teniendo en cuenta asimismo, que no se
hayan dado las circunstancias que hacen a la subsa-
nación d8 las nulidades según las disposiciones del
Código Procesal Civil.
La denominación de autónoma, dice Jorge W.
Peyrano, se debe a que es creadora de una nueva
instancia; independiente en principio, de la que inten-
ta destruir (autor citado, El Proceso Civil - Principios
y Fundamentos, .!\strea, 1978, pág. 195).
Nuestro Código de Procedimientos Civil de 1988
tienepLevista la Acción Autónoma de Nulidad en su
artículo 409, pero solo a favor de los terceros. De
cualquier manera, es importante la incorporación de
este instituto y ubica a nuestro Código entre los más
avanzados en la materia. Obviamente, su aplicación
no es fácil y los Jueces deben interiorizarse muy bien
de su verdadero objetivo y de su auténtico sentido, en
el momento de darle trámite y de dictar resolución
sobre la misma. Los abogados 'no deben buscar en
ella un elemento más para elucubrar aventuras proce-
sales, que tanto daño hacen a la justicia y que son
producto de la falta de ética profesional y de la más
elemental formación y capacidad para el ejercicio de
la profesión de abogado.
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 109

Señalemos, finalmente, que la Acción Autónoma


de Nulidad como uno de los medios impugnatorios
previstos en el Código Procesal Civil de 1988, trasun-
ta el espíritu de éste, cual es el de procurar conducir
el prOC~S8 finJ!mento racia unél \/:rdéJcsra justicia.
CAPITULO 11

EL DEBIDO PROCESO

En el desarrollo del tema que hace a la Acción


Autónoma de Nulidad, vamos a referirnos brevemen-
te a lo que se da en llamar el Debido Proceso. Esta
expresión es utilizada con mucha frecuencia en el
ámbito de las cuestiones que se vinculan a la activi-
dad jurisdiccional, sobre todo, cuando se trata de
justificar la nulidad de actos procesales con vicios u
omisiones graves, en cuyo caso, se habla corriente-
mente de que en la causa afectada, no se ha dado el
desarrollo del Debido Proceso.
Se tiene entonces la idea que el Debido Proceso
es un proceso absolutamente normal, correcto, sus-
tentado sobre la base del cumplimiento de todos los
presupuestos esenciales y de la aplicación de princi-
pios constitucionales y procesales, en la búsqueda de
la vigencia de las normas del derecho sustancial.
Podemos leer en un trabajo publicado por Osval-
do D. Miras, en El Derecho, Tomo 104, pág. 166, que
la garantía del Debido Proceso se halla consagrada
por la ConstituciónNacional y que guarda vinculación
con los requerimientos mínimos para hacer efectiva la
inviolabilidad de la defensa en juicio.
112 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Eduardo J. Couture, se refiere al Debido Proceso


y sostiene que la garantía que de él deriva "está
.vinculada a la historia misma de la libertad civil"
. (autor
citado, Estudios de Derecho Procesal Civil, Ediar,
1948, Tomo 1, pág. 193 Y 194).
Germán J. Bidart Campos, se refiere al Debido
Proceso diciendo: "El derecho constitucional argenti-
no conoce ampliamente a la manera americana, el
desdoblamiento de la garantía del Debido Proceso:
en sentido sustantivo o material, como principio de
razonabilidad y ell sentido adjetivQ o formal; como rito
legal de tramitación de los procedimientos (principal·
mente judiciales, pero también administrativos)". (Autor
citado, La Corte Suprema - El Tribunal de las Garan-
tías Constitucionales, Ediar, 1984, pág. 117). Más
adelante el mismo reputado constitucionalista argen-
tino señala que "el Debido Proceso formal se enlaza
con el Debido Proceso sustantivo o principio de razo-
nabilidad, para suministrarnos la noción de que nadie
puede ser privado judicial o administrativamente de
su libertad y sus derechos sin que se cumplan ciertos
procedimientos establecidos en la ley, pero no en una
ley cualqui2ra sino en una ley que otorgue la posibi-
lidad de defensa, de prueba y de sentencia fundada".
Cita luego a Couture, "cuando enseña que el Debido
Proceso consiste en no ser privado de la vida, la
libertad o la propiedad, sin la garantía que supone la
tramitación de un proceso desenvuelto en la forma
que establece la ley".
Genaro R. Carrió y Alejandro D. Carrió, en su obra
"El Recurso Extraordinario por Sentencia Arbitraria",
Abeledo Perrot, 1983, Tomo 1, pág. 46, dicen que el
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 113

Debido Proceso recibe dos acepciones distintas y en


cierto modo .complementarias,
. "en el sentido de Debido
Proceso Sustantivo cónstituye un standard o pauta
para apreciar la validez constitucional de actos legis-
lativos (lato sensu); en el sentido de Debido Proceso
Adjetivo (procedural due process) constituye un stan-
dard o pauta para apreciar la validez constitucional de
actos jurisdiccionales". Los autores citados se refie-
ren a la enmienda de la Constitución americana que
trata del tema. La referencia al derecho norteamerica-
no viene al caso, teniendo en cuenta que el standard
a que se refiere la cita anterior, tiene un rol similar al
que significa para nosotros el principio de la inviolabi-
lidad de la defensa en juicio. En la misma obra citada
puede leerse en la pág. 48 que "decidir que una
sentencia satisface el test del Debido Proceso legal
no es reconocer en ella o atribuirle una elusiva e
indefinible propiedad o característica. sino que es
señalar que no exhibe ninguna de las muy variadas
anomalías que directa o indirectamente pueden afec-
tar un acto tan complejo como el de dictar una deci-
sión judicial". Si bien estas expresiones son vertidas
con motivo del examen de las causales que' hacen a
la llamada sentencia arbitraria, vienen al caso nues-
tro, en cuanto están señalando las pautas que sirven
para caracterizar al Debido Proceso_
Adolfo Alvarado Velloso, procesalista rosarino de
larga trayectoria en la historia del Derecho Procesal
argentino, pronunció una conferencia sobre el Debido
Proceso en' ocasión de la realización del Congreso
Nacional de Derecho Procesal en la ciudad de Córdo-
ba, República Argentina, en el mes de agosto de
114 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

1989. El texto de la misma fue publicado en el Correo


Comercial, edición del dia miércoles 6 de setiembre
de 1989.
Señala Alvarado Velloso que "la adjetivación
debido aparece históricamente contenida en norma
de rango constitucional en la cuarta enmienda de la
Constitución de los Estados Unidos de América que,
al establecer los derechos de todo ciudadano en las
causas penales dice en su parte pertinente que no
podrá someterse a una persona dos veces, por el
mismo delito, al peligro de perderla vida o sufrir daños
corporales, tampoco podrá obligársele a testificar
contra si mismo en una c~usa penal, no se le privará
de la vida, la . libertad o la propiedad sin el debido
proceso judicial". Recuerda que el mismo mandato
figura también en el texto de la 14' enmienda donde
se utilizan palabras diferentes "... ningún Estado podrá
privar a persona alguna de la libertad o la propiedad
sin el debido procedimiento jurídico". Menciona, 'que
a partir de alli, el ejemplo de esos textos fue seguido
en toda América y utilizando casi las mismas pala-
bras.
Alvarado Velloso realiza un amplio análisis acer-
ca del concepto de proceso y de los principios que le
dan sustentación, como la igualdad, la imparcialidad,
la moralidad'.

etc:, y llega finalmente a la definición

que él denomina positiva de concepto de Debido


Proceso y asi dice que "el Debido Proceso es sólo
aquel que se adecua plenamente con el simple con-
cepto de Proceso que se puedeinstrumentar a partir
de la aceptación del. sistema dispositivo. o acusatorio
con los principios esenciales que ha de tener en
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 115

cuenta como punto de partida para lograr la coheren-


cia interna que todo sistema requiere para su existen-
cia como tal. En el caso, basta exigir que haya dos
sujetos que actúen como antagonistas en pie de
perfecta igualdad ante una autoridad que sea real-
msnteun tercero en la relación litigiosa y que, conse-
cuentemente, se comporte siempre como tal". En
otras palabras: el Debido Proceso no es ni más ni
menos que el Proceso (lógicamente concebido) que
respeta los principios que van ínsitos en el sistema
establecido desde el propio texto constitucional".
Las referencias que antecederi acerca del con-
cepto del Debido Proceso, parecen resultar necesa-
rias a los efectos de examinar luego el tema de la
Cosa Juzgada y de la Cosa Juzgada Fraudulenta o
Irrita, producto del Fraude Procesal, porque lógica-
mente si la Cosa Juzgaa es consecuencia natural del
Debido Proceso, tendrá toda la fuerza cancelatoria
que corresponde a su misma naturaleza y no permi-
tirá su revisión o impugnación por ningún medio.
Las referencias dadas por los conocidos autores
citados en los párrafos precedentes han servido para
que nuestros Tribunales utilicen en innumerables
ocasiones la expresión de Debido Proceso, para
señalar que al no haberse dado el mismo,.las decisio-
nes que son consecuencia de los actos procesales
previos, son vulnerables y pueden ser objeto de
nulidad.
Resultan por otro lado oportunas estas mencio-
nes y consideraciones, atendiendo a las circunstan-
cias que el nuevo Código Procesal Civil al otorgar al
Juez más amplias facultades y al acentuar la aplica-
116 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

ción de algunos principios procesales básicos, como


el de la inmediación, insistiendo además, en la vigen-
cia de la Buena Fe de las partes y penalizando las
formas de abuso procesal del derecho, está creando
condiciones más propici2s para ](1 rCS,riz3GÍón dor
Debido Proceso. Estrechamente vinculado con el
tema de las disposiciones que hace a las facultades
del Juez, esta sin duda, el de las condiciones que
debe reunir el mismo para poder realizar acabada-
mente su misión. Esas condiciones tienen que ver con
la imparcialidad, su formación profesional y su hom-
bria de bien y desde luego, la condición de la idonei-
daci , basica y fundamG;~:al para el ejercicio de cual-
quier función pública y mas aún cuando se trata de un
funcionario que va a tener a su cargo la prestación del
Servicio de Justicia. Premisa para el desarrollo de
estas cualioades debe ser la independencia del órga-
no judicial, garantizada por principios constituciona-
les y por el ejercicio correcto del gobierno en un
Estado de Derecho y de funcionamiento absoluta-
mente democrático.
Debe tenerse en cuenta, además, que el llamado
"exceso ritual manifiesto" puede afectar la realización
del Debido Proceso, en cuanto al desarrollo de los
actos procesales en una causa, este signado, más
por el cuidado puntilloso de las meras formas, antes
que por la preocupación de llegar al conocimiento de
la verdad objetiva y sustancial, como presupuesto
indispensable de un pronunciamiento que pretenda
.ser verdaderamente justo.
Previsiones incorporadas por el Código Pro-
cesal Civil de 1988 para procurar la realización del
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 117

Debido Proceso: El nuevo Código de forma incorpo-


ra a su texto numerosas disposiciones, no existentes
en el Código de 1883, para contribuir a la realización
cierta del Debido proceso. Entre ellas podemos citar,
las contenidas en el articulo 15, inc. e) y f) que se
refieren a los principios de inmediación y concentra-
cion procesal; la que tienen que ver con la responsa-
bilidad civil del Juez, contenidas en el articulo 16 y las
facultades ordenatorias e instructorias contenidas en
el artículo 18, incs. a) a f), de entre las cuales resalta
la incluida en el ine. a) que tiene que vr,'r con el deber
de velar por las reglas constitucionales. Se establece
en el articulo 241a recusación sin expresión de causa,
que es importante para asegurar el requisito de la
imparcialidad del Juez. El artículo 51 contiene dispo-
siciones que hacen a la buena fe y al ejercicio regular
del derecho por las partes. Dicho ariículo dice: "Las
partes deberán actuar en juicio con buena fe y no
ejercer abusivamente los derechos que le conceden
las leyes procesales". En los anículos 52 y 53 deter-
mina que actos realizados por las partes pueden ser
reputados de mala fe o constituir una forma de ejerci-
cio abusivo de sus derechos, y determina responsa-
bilidades y sanciones en los articulas 55 y 56. Esto,
reconoce como antecedente lo dispuesto en el 2ft
372 del Código Civil que dice: "Los derechos deben
ser ejercidos de buena fe. El ejercicio abusivo de los
derechos no está amparado por la ley y compromete
la responsabilidad del agente por el perjuicio que
cause, sea cuando lo ejerza con intención de dañar
aunque sea sin ventaja propia, o cuando contradiga
los fines que la ley tuvo en mira al reconocerlos. La
presente disposición no se aplica a los derechos que
118 ANTONIO TELLECHEA SOLl S

por su naturaleza o en virtud de la ley pueden ejercer-


se discrecionalmente".
Para facilitar la comparecencia en casos urgen-
tes y asegurar el ejercicio de la defensa en juicio, el
artículo 60 admite la representación sin mandato
denrro de un plazo que establece en treinta días.
Asegura, asimismo, la intervención de terceros en un
proceso cualquiera fuen~ el estado y la instancia en
que se encontrare, como lo dice el artícúlo 76.
Estructura sistemáticamente la nulidad de los
actos procesales en siete artículos 111 al 117 y
establece expresamente que la nulidad deberá ser
declarada de oficio, cuarrlo el vicio impida que pueda
dictarse válidamente sentencia definitiva, y en los
demás casos en que la ley lo prescriba (artículo 113).
Instrumenta un procedimiento que permite luchar
en forma más positiva contra la morosidad judicial,
mediante la disposición contenida en el artículo 412.
Impone sanciones en forma de multa a quienes
actúan de mala fe, como en el caso de quien niega
indebidamente su firma en la preparación de la acción
ejecutiva (artículo 446).
Es decir, agrega a las reglas normales que hacen
a las formas del proceso, varias disposiciones que
tienen por objeto asegurar el imperio de la buena fe,
siguiendo en esto la línea trazada por el nuevo Código
Civil.
CAPiTULO III

Ltl. COSA JUZGADA

El tema de la Cosa Juzgada tiene mucha resonancia


en el ámbito de la actividad procesal. Todos los
Códigos Procesales incluyen entre sus normas fun-
damentales a esta expresión que es sinónimo de
fuerza legal definitiva.
La Cosa Juzgada en el Derecho Romano: La
Cosa Juzgada, "res iudicata" para los romanos, ha
merecido a través del tiempo conceptos que ofrecen
variaciones según las épocas o períodos históricos y
según los espacios territoriales donde la misma ha
sido objeto de aplicación. .
En el Derecho Romano la "res iudicata" surgía
luego de la sentencia del Juez que constituía la
actividad final del proceso. Para los romanos que van
afirmando el concepto en el momento del desarrollo
del sistema procesal denominado De las Fórmulas de
la Ley o Formulario , la Cosa Juzgada implica que la
decisión contenida en la sentencia judiciál está firme
y es expresión de la verdad legal y definitiva : "res
iudicaia pro veritate habetur". Ello tenía como conse-
cuencia que la demandante ya no podía repetir el
120 ANTONIO TELLECH EA SOLlS

ejercicio de la misma acción. Y recordamos preci,;a-


mente que este entendimiento acerca de la "res
iudicata" se da en la época del Procedimiento Formu-
lario, teniendo en cuenta el alcance que dentro del
mecanismo de dicho sistema procesa! tenía la "litis
con:estatio". en eíocto, alllegJ.r a dichu et2¡J¿ píOCS-
sal, las partes renunciaban a todos los derechos que
podian invocar sobre el fondo de la causa 'y se
sometian, totalmente, a la decisión final del Juez. Es
por eso que suele hablarse del origen contractua,1 de
la Cosa Juzgada, recordando aquel efecto de la "litis
contestatio" del Procedimiento Formulario, pero que,
desde luego a nuestro Derecho no sirve para explicar
su naturé.leza. Sí, sirve, la "r",s iudicata" en el sentido
de una decisión que asume carácter inmutable.
Sobre el particular dice Luis Rodolfo Argüello que
"El reconocimiento de la autoridad de la Cosa Juzga-
da llegó en la legislación romana a desplazar la
importancia que se atribuia a la "litis contestatio'"
hacia la sentencia, concediendo a ésta un valor de
interés público, que superaba, por cierto, los simples
intereses de los litigantes. Era, pues, una cuestión de
orden público la que impedía que se volviera a plan-
tear nuevamente un caso litigioso ya resuelto. La
Cosa Juzgada daba a la sentencia del Juez el carác-
ter de firme e inimpugnable. A consecuencia de ese
efecto positivo de la "res iudicata", se amplía el
significado de! principio "bis de eadem re ne sit actio",
ya que ahora no debe entenderse como antes, que no
se puede interponer dos veces la misma ación (bis ne
sit eadem actio), sino, también, que no puede hacerse
valer otra acción distinta sobre el mismo asunto
NULIDADES EN El PROCESO CIVil 121

(eadem res, eadem quaestio)". (Autor citado, Manual


de Derecho Romano, Astrea. 1985, pág. 527). Cuan·
do se producía la "res iudicata", la misma otorgaba al
vencedor del juicio el derecho de ejercicio de la "actio
iudicati" con el fin de obtener la ejecución de la
. . ., en I3 r.:,pn·c·nf'l:-l
,.
conoena cOl ltnnl""'"
, L ".....ve.... ...
~ _J' ".' '-' .....

La Cosa Juzgada en la Doctrina: Dice Couture


que en materia de Cosa Juzgada no existe uniíormi·
dad en las distintas épocas históricas y en los distintos
pueblos y que ni aún en los tiempos actuales, se da un
concepto único y efectos similares respecto de este
instituto. Señala que, por ejemplo, en los países
nórdicos europeos, se desconocía, en su época de
desarrollo primitivo, el instituto de la Cosa ,Juzgada y
que el derecho español y el derecho colonial america-
no no tenían de la Cosa Juzgada una noción tan
contundente como la actual (autor citado, Fundamen-
tos del Derecho Procesal Civil, Depalma, 1973, pág.
406). El mismo jurista uruguayo da una defi8ición de
la Cosa Juzgada en la mencionada obra, y dice de ella
que "es la autoridad y eficacia de una sentencia
judicial cuando no existen contra ella medios de
impugnación que permitan modiiicarla".
Se atribuye a la Cosa Juzgada. el carácter de
inmutable o inmodificable. Pero, debe reconocerse
que el mismo no prevalece frente a la conducta que
.Ias partes puedan asumir respecto de ella, hablando
de la materia en el derecho privado.
Chiovenda, el gran procesalista italiano dice que
la Cosa Juzgada "es la afirmación indiscutible y obli-
gatoria para los Jueces de todos los juicios futuros, de
una voluntad concreta de ley. Que reconoce o des-
122 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

conoce un bien de la vida a una de las partes" (Autor


citado, Instituciones de Derecho Procesal Civil, Madrid,
1948, Volumen 1, pág. 387).
Adolfo E. parry sostiene que "la Cosa Juzgada no
es el efecto o uno de los efectos de la sentencia, sino
.una calidad, una calificación particular de dichos
efectos, esto es, su inmutabilidad. Independiente·
mente de la Cosa Juzgada, la sentencia tiene su
eficacia natural, obligatoria e imperativa, que deriva
simplemente de su naturaleza, de acto de autoridad,
de acto del estado, pero que está destinada a desa·
parecer cuando se demuestre que la sentencia es
injusta, por cuanto la injusticia provoca una grave
alteración social". (Autor citado, "La Cosa Juzgada
Irrita", La Ley, Tomo 82, abril-junio 1956, pág. 743).
Carlos J. Colombo dice que la Cosa Juzgada
propiamente dicha ha sido definida por Betti "como la
fuerza vinculante que la declaración jurisdiccional
desarrolla en cuanto decide irrevocablemente acerca
del fundamento de la razón hecha valer en juicio, o
cuando menos, sobre la acción deducida:acogiendo
o rechazando en el mérito la demanda propuesta. Ella
consiste en el valor normativo que la decisión asume,
cual regla ya indiscutibie para las partes en sus
relaciones y como criterio obligatorio para el Juez en
cualquier juicio futuro sobre el mismo objeto" (Autor
citad, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación
- Anotado y Comentado, tomo 11, pág. 84).
Isidoro Eisner, dice que, en definitiva "la Cosa
Juzgada se nos manifiesta como un atributo de las
sentencias judiciales que no siendo susceptibles de
ser atacadas ni alteradas dentro del proceso o fuera
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 123

de él, otorga la certeza definitiva de la "ve rdad legal"


impuesta por la autoridad del estado" (autor citado,
Planteas Procesales, Ensayos y Notas sobre el Pro-
ceso Civil, La Ley, 1984, pág. 520).
Lino Palacio define la Cosa Juzgada "como la
inlllutabilidad o irrevocabiiidad que adquieren los
efectos de la sentencia definitiva cuando contra ella
no procede ningún recurso (ordinario o extraordina-
rio) susceptible de modificarla, o ha sido consentida
por las partes". Agrega el autor citado que "se trata, en
rigor, de una cualidad que la ley le agrega a aquella a
fin de acrecentar su estabilidad, y que tiene la misma
validez con respecto a todos los efectos que puede
producir (declarativo, ejecutivo, determinati'/o)" (au-
tor citado, Derecho Procesal Civil, tomo 1, págs. 498
Y 499, Abeledo Perrot, 1986).
En cuanto a los fines de la Cosa Juzgada, ellos
apuntan hacia la vigencia de la certeza y de la paz
soCial. Es decir, que todo anhelo de justicia que puede
tener la virtud de poner en marcha la actividad juris-
diccional, debe tener, necesariamente, una culmina-
ción definitiva. Es lo que se da en llamar, el valor
"Seguridad Jurídica".
La Seguridad Jurídica significa que las discusio-
nes provenientes de los conflictos que son sometidos
a la jurisdicción, deben tener un final preciso, que
interesa no soramente a las partes, sino a la sociedad
misma. En otras palabras, debe darse la seguridad
del derecho reconocido en una sentencia firme, firme-
za que proviene del atributo esencial que le da la Cosa
Juzgada.
La Suprema Corte de la Provincia de Buenos
124 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Aires ha dicho: "La sentencia pasada en autoridad de


Cosa Juzgada plena, esto es en cosa juzgada sustan-
cial, adquiere dos atributos esenciales: el de coercibi-
lidad en cuanto tiene la virtud de ser ejecutable
coactivamente en caso de eventual resistencia del
obligado, y el de i/llllutabilidad, porque en el futuro
ningún Juez podrá alterar los efectos de ese fallo sin
modificar sus términos" (Fallo citado por Juan C.
Hitters en Revisión de la Cosa Juzgada, Librería
Editora Platense, 1977, pág. 132).
Clasificación: La más elemental clasificación eje
la Cosa JU 7 gada, se refiere ala Cosa Juzgada Formal
y a ia Cosa Juzgada Material.
~a primera viene a ser el presupuesto de la Cosa
Juzgada iJ1aterial, a la que también se denomina
Cosa, JuzgaO¿ Sustancia!. Consideramos de interés
dar la conceptualización que de ambas ha dado un
fallo de la Suprema Corte de Mendoza, República
. Argentina . en fecha 11 de- diciembre de 1967, que
dice: "Hay Cosa Juzgada en sentido Sustancial o
Material cuando la eficacia de la sentencia definitiva
se proyecta en función de los procesos futuros, es
decir, existe inmutabilidad. Y es Formal en tanto
deviene definitivamente la sentencia en un mismo
proceso, esto es, cuando media irrecurribilidad. Se
produce la Cosa Juzgada en sentido Material o Subs-
tancial, cuando se opera la afirmación, indiscutible y
obligatoria para los jueces de todos los juicios futuros,
de una voluntad concreta de la ley que reconoce o
desconoce un bien de la vida a una de las partes. La
Cosa Juzgada Substancial presupone, como hecho
previo necesario, la Cosa Juzgada Formal. La preclu-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 125

sión definitiva de las cuestiones alegadas o que se


puedan alegar, se produce cuando en el proc~so se
ha obtenido una sentencia que no está sometida a
ninguna impugnación. Esta se llama sentencia pasa-
da en autoridad de Cosa Juzgada formal. La Cosa
Juzgada Formal consiste en la inatacabilidad poste-
rior del bien reconocido o negado en el pronuncia-
miento judicial, mediante la preclusión de todas las
cuestiones que surgierori o todas las cuestiones que
hubieren podido surgir en torno a la voluntad concreta
de la ley, con el 'fin de obtener el reconocimiento del
bien negado o el desconocimiento del bien reconoci-
do" (Revista La Ley, Tomo 131, pág. 1152).
La Cosa Juzgada Formal es aquella que se da en
los juicios que tienen procedimientos especiales y
que tratan de situaciones de contenido limitado, como
los procesos llamados sumarios, para los cuales se
da siempre' la posibilidad de un proceso posterior de
pleno conocimiento. Y así se habla, por ejemplo, del
juicio ordinario posterior, en el caso concreto de los
juicios ejecutivos, conforme lo establece el artículo
471 del Código Procesal Civil de 1988.
En cambio, lo que caracteriza a la Cosa Juzgada
Material o Substancial es su inmutabilidad, es decir,
que no solamente es irrecurrible sino que también es
inmutable.
Modo de aplicación de la Cosa Juzgada; En e!
análisis que hace Lino Palacio de la Cosa Juzgada, en
cuanto a su vigencia o aplicación, dice que ella puede
ser encarada en sentido positivo o en sentido negati ·
va, en otras palabras para lograr la ejecución de 1,·.
sentencia que tiene la fuerza de Cosa Ju;-:gada (sentid' ,
126 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

positivo) y como defensa o excepción, ante la preten-


sión de querer revivir las mismas cuestiones, entre las
mismas partes y con el mismo objeto, en un proceso
diferente. Cita Palacio a Morel, que dice que la Cosa
Juzgada puede invocarse por vía de ataque o por vía
de defensa.
En el caso de nuestra legislación procesal, la
Cosa Juzgada tiene aplicación en los dos sentidos a
los que se refiere Palacio. En efecto, por un lado
tenemos el Libro 111, Capítulo V, Títu!o V, la disposición
del artículo 519 que se refiere ala:; resoluciones
ejecutables, es decir, las que gozan de la autoridad y
de la fuerza de la Cosa Juzgada. Por otro, vemos que
el articulo 224, inciso f) y ei "riículo 462 se refieren a
ella, como defensa o excepción. En el caso del
artículo 224, la referencia es a la excepción previa
dentro del Proceso de Conocimiento Ordinario, en
cuyo caso se está refiriendo a la Cosa Juzgada
Substancial y én el caso del artículo 462, inc. i) se
refiere a la Cosa Juzgada Formal, teniendo en cuenta
que está inserta la disposición en el Título referente al
Juicio Ejecutivo, contra el cual cabe el juicio ordinario
posterior. Igualmente, están las disposiciones conte-
nidas en los artículos 504, 508 Y 516, que se refieren
a la excepción de Cosa Juzgada en las ejecuciones
hipotecaria, prendaria y de obligación de dar cosa
cierta mueble.
También debe tenerse presente que según nues-
tro Código Procesal Civil, ante el procedimiento de
ejecución
, de sentencia, podría admitirse la excepción
de cosa no juzgada, pese aque ella no esté enume-
rada dentro de los incisos del artículo 526. Ello en
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 127

concordancia con la disposición contenida en el artí-


culo 409, primera parte, cuando dice que "Las resolu-
ciones judiciales no hacen cosa juzgada respecto de
los terceros a quienes perjudique". Este artículo fue
modificado durante su tratamiento en el Congreso
Nacionill, en cuanto a la versión que corresponde al
Proyecto de la Comisión Nacional de Codificación y
que fuera publicado en 1987, en el que se habla
expresamente de la excepción de cosa no juzgada,
redacción que a nuestro criterio resultaba más acer-
tada y sobre la que volveremos más adelante.
La Cosa Juzgada en el Código Civil: Pero es
interesante recordar que no solamente el Código de
forma se refiere a la Cosa Juzgada. También lo hace
el propio Código Civil en varios artículos, como lo
hacía igualmente el Código de Vélez Sársfield que
estuvo en vigencia anteriormente en nuestro país. Y
así, por ejemplo, vemos que el articulo 4 del Código
Civil dice: "Las leyes que tengan por objeto aclarar o
interpretar otras leyes, rio tienen efecto respecto a los
casos ya juzgados". El artículo 84 del Código Civil,
dentro del Capítulo de la Interdicción y de la Inhabili-
tación de las Personas Físicas dice: "La sentencia de
interdicción o la de su cesación, no hace cosa juzgada
en el juicio penal para determinar la imputabilidad del
procesado". Este artículo reconoce como fuente al
artículo 71 del Anteproyecto De Gásperi y artículo 51
del Código de Vélez.
Igualmente, ~Iartículo 1501 del Código Civil,
ubicado dentro del Capítulo correspondiente al Con-
trato de Transacción, dice: "La transacción extingue
los derechos y las obligaciones que las partes hubie-
128 ANTONIO TELLECHEA SOLIS

ren renunciado. y tiene para con ellas y sus sucesores


la misma autoridad que la Cosa Juzgada". Las fuen-
tes de este articulo son el articulo 2191 del Antepro-
yecto De Gásperi y articulo 850 del Código Civil de
Vélez. Este art íeulo está vinculado con 01 art!c!Jlo 520
del Código Procesal Civil que corresponde a!a ejecu-
ciónde resoluciones judiciales, cuyo inc. a} dice: "Las
disposiciones de este capítulo serán aplicables tam-
bién: a) a la ejecución de transacciones o acuerdos
homologados". El articulo 1868, ubicado en el Título
de la Responsabilidad Civil, y en el Capítulo referente
al ejercicio de la acción civil y su vinculación con la
acción penal, dice: "Desp~gs de la condena del acu-
sado en el juicio criminal, no se podrá negar en el juicio
civil la existencia del hecho principal que constituye el
delito, ni impugnar la cu Ipa del condenado. La senten-
cia dictada en juicio criminal no será oponible al
obligado a responder por el hecho de otro, si aquel no
tuvo ocasión de ejercer su defensa". Este articulo está
señalando que la sentencia del juicio criminal a que
hace referencia, no hace Cosa Juzgada en la condi-
ción que señala la última parte del segundo párrafo
del artículo. Asimismo, tratan de la materia los articu-
las 1869 y muy expresamente el artículo 1871, segun-

do párrafo.
El artículo 1652 del Código Civil que corresponde
a los Contratos de Seguro's de Responsabilidad Civil,
trata fundamentalmente de la citación en garantía al
asegurador, que puede formular ei damnificado hasta
que se reciba la causa a prueba. El segundo párrafo
de dicho artículo dice: "La sentencia que se dicte hará
cosa juzgada respecto del asegurado y será ejecuta-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 129

ble contra él en la medida del seguro. En este juicio,


o en la ejecución de la sentencia, el asegurador no
podrá oponer las defensas nacidas después del si-
niestro".
Por su parte, el ilrtículo 2242 dol Código Civii
inserto en el Capitulo referente al Usufructo y más
concretamente, al Usufructo de las Cosas, dice: "El
usufructuario tendrá derecho: inc. i) a ejercer todas
las acciones inherentes a los derechos comprendidos
en el usufructo, e intentar las posesorias y petitorias,
q:/e el nudo propietario estaría autorizado a deducir.
SI este último no hubiere intervenido en tales juicios,
podrá beneficiarse con la sentencia favorable, más no
le afectará la dictada contra el usufructuario".
Las referencias que, corno vemos, hace el Códi-
go Civil del tema de la cosa Juzgada, ponen de
manifiesto la vinculación que siempre se da y que de
ningún modo puede negarse, respecto de institutos
que corno éste, siendo de carácter más bien procesal,
asumen connotaciones importantes para precisar y
afirmar los derechos que provienen de las disposicio-
nes del Código Civil.
La Cosa Juzgada y los terceros: En cuanto a los
límites de la Cosa Juzgada, debe deterrni CJarse si ella
solo puede alegarse "inter partes" o si puede afectar
a terceros. En muchos casos puede darse la posibili-
dad de que los efectos de la Cosa Juzgada alcancen
a terceros, por causa de la complejidad de las relacio-
nes jurídicas. En principio, sin embargo, debe tomar-
se como base, que la Cosa Juzgada no puede afectar
a terceros. Es la opinión de Chiovenda, quien decía
que la sentencia recaida "ínter partes" no puede ex-
130 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

tenderse a los terceros si con ello le ocasiona un


perjuicio jurídico; pero no así, si únicamente puede
producirles un perjuicio de hecho o "de mero hecho"
(mencionado por Isidoro Eisner, en obra citada con
anterioridad). Se aclara que el perjuicio jurídico se
daria si se intentara comprender a un tercero en los
alcances de una sentencia que juzga sobre una
relación jurídica que le concierne. Cita igualmente, el
caso de las sentencias de estado, (la dictada entre los
legítimos contradictores, padre e hijo si se discute la
paternidad, marido y mujer si se cuestiona el matrimO-
nio), es oponible "erga c1l11nes" y nadie de grado
mediato podrá cuestionarlo.
Palacio sostiene también que la Cosa Juzgada
"no puede beneficiar ni perjudicar a los terceros que
han permanecido ajenos al proceso". Agrega, sin
embargo, que "el ordenamiento juridico prevé la
posibilidad de que la eficacia de la Cosa Juzgada se
extienda a personas ajenas al proceso. y que los
casos configurativos de esta aplicación extensiva de
la Cosa Juzgada se dan sobre todo frente a la suce-
sión de derechos y a la conexión juridica existente
entre las partes y los terceros" (autor citado, obra
citada, págs. 521 y 522). Son los casos que, en
nuestra legislación, derivan de las disposiciones de
los artículos del Código Civil que hemos citado con
anterioridad, como el 1652, referente a la citación en
garantia del asegurador, y el 2242, inc. i) referente a
las consecuencias del ejercicio de las acciones que
corresponden al usufructuario y que en ciertos casos
pueden beneficiar al nudo propietario, pero cuyo
resultado no puede serie opuesto al mismo como
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 131

excepción, si no tuvo intervención en el juicio.


Los elementos que deben considerarse para la
determinación de dar el efecto de "erga omnes" a una
sentencia con autoridad de Cosa Juzgada, son entre
otros la legitimación procesal para interponer la pre-
tensión, la finalidad de. ésta y el contenido de la
sentencia, según lo afirma Palacio.
Debemos tener en. cuenta, ad5más, que nuestro
Código Procesal Civil tiene regulada la intervención
de terceros en la relación procesal en los artículos 76
al 79.
Nuestro Código Procesal Civil, por otra parte, en
su artículo 409 dice en su primera parte: "las resolu-
ciones judiciales no hacen cosa juzgada respecto de
los terceros a quienes perjudiquen". Significa que, en
general, el efecto de la Cosa Juzgada se circunscribe
a las partes intervinientes en el juicio, aunque debe
examinarse con atención algún caso que pueda ofre-
. cer similitud con los citados anteriormente, en los que,
por la naturaleza de las cuestiones que se debaten en
el juicio, la sentencia alcanza el indicado efecto de
"erga omnes". El artículo 308 del Código Civil se
refiere igualmente a la situación de los terceros perju-
dicados por un acto simulado y a los efectos que
tendrá la sentencia que recaiga en la acción de
anulación promovida por ellos. En el artículo 363,
segundo párrafo'del Código .Civil podemos leer que
"los terceros podrán siempre ampararse en las reglas
que protegen la buena fe en las transmisiones".
La Cosa Juzgada y la acción penal y civil: En
cuanto a la vinculación de la Cosa Juzgada en las '
acciones civil y penal, los artículos 1868, 1869 Y 1871
132 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

del Código Civil marcan las pautas para dar solución


a los casos que se presentan.

Porqué puede atacarse a la Cosa Juzgada

r-iluchos autores conCOCú/1 a la Cosa._:uzgJ.dJ un


caracter público, atendiendo a los objetivos de evitar
la repetición de la misma controversia y dar fijeza a la
interpretación judicial de la ley en el caso concreto .
(Michelli, Guasp, Prieto Castro, Podettil citado por
Palacio (obra citada, pago 501 l. De este criterio surge
que en algunos códigos como los de Mendoza y
Santa de la República Argentina autorizan al Juez a
pronunciarse de oficio sobre la existencia de la Cosa
Juzgada. Es decir, que la excepción de Cosa Juzgada
no solo puede ser considerada cuando ha sido opues-
ta formalmente por las partes, sino que el Juez puede
aplicarla de oficio.
Las consideraciones que preceden se refieren a
la Cosa Juzgada proveniente de sentencias y resolu-
ciones judiciales· dictadas en virtud de un procedi-
miento que responde a todos los presupuestos que
hacen al llamado Debido Proceso, acerca del cual
hemos formulado igualmente algunas consideracio-
nes elementales previas. Ya señalamos anltlriormen-
te las previsiones que la ley de forma torna pdra lograr
la realizaCÍón del Debido Proceso.
Ocurre, sin embargo, dentro de las vicisitudes de
las causas judiciales, que muchas veces, no se dan
con propiedad dichos presupuestos, sobre todo en lo
referente a Ia'vigencia amplia y clara de la defensa en
juicio. Muchas veces, esas anomalías se hallan encu-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 133

biertas por un formalismo procesal aparentemente


correcto, pero'que en el fondo solo sirve, para ocultar
la verdad que debe surgir del transcurso de las
actuaciones procesales y que debe orientar al Juez
hacia un pronunciamiento de justicia. En suma, se
trata de enfermedades que pueden afectar al proceso
y que no siempre, durante su transcurso y en el
momento de dictarse la sentenCia, presentan sínto-
mas claros o evidentes de irregularidades que están
provocando una verdadera patologia procesal.
Cuando S8 producen estas circunstancias, es
que aparece la posibilidad de impugnar una sentencia
o varias, que tengan autoridad de Cosa Juzgada,
porque en el fondo, el proceso no ha cumplido con su
finalidad esencial, cual es, la realización plena y
correcta del derecho sustancial, a partir de las normas
constitucionales Y se habla entonces de la Cosa
Juzgada Fraudulenta o Cosa Juzgada irrita o Cosa
Juzgada Inicua, que si, puede ser objeto de impugna-
ción, corno se considera ya en la tendencia procesal
moderna, que no admite la inmutabilidad absoluta de
la Cosa Juzgada, por las razones brevemente ex-
puestas antecedentemente.
Por lo mismo, en las páginas siguientes hemos de
referirnos al Fraude Procesal que hace a la Cosa
Juzgada Fraudulenta y'especialmente a la llamada
Acción Autónoma de Nulidad, que es el medio de
impugnación que la doctrina procesal moderna consi-
dera más contundente para atacar aquella.
CAPITULO IV

EL FRAUDE PROCESAL Y LA COSA JUZGADA


FRAUDULENTA

El tema del Fraude Procesal, que ha merecido


una notable preocupación en la doctrina, está estre-
chamente vinculado con el de la autoridad de la Cosa
Juzgada. Y, precisamente, la circunstancia que ha
puesto en duda la inmutabilidad absoluta de aquella,
es la de la consideración que se ha dado a nivel
jurisprudencial, de los casos en que la ilicitud de los
actos procesales, en su totalidad puedan tener por
consecuencia, pese a todo, la elaboración del institu-
to de la Cosa Juzgada, con todos los atributos que
emergen del mismo ..
Resulta de mucho interés y a modo de ilustración
sobre
, el tema, recordar una sentencia dictada por la
. Juez Maria L. Anastasi de Walger en fecha 15 de abril
de 1969,. en la ciudad de Buenos Aires, por la que
resuelve declarar la nulidad de todas las actuaciones
cumplidas en un juicio y se refiere a la figura del
Fraude· Procesal en los considerandos de su muy
meduloso fallo, el cual fue confirmado por la Cáma-
ra Nacional Civil, Sala F, en fecha 19 de ag'osto de
136 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

1969. El fallo mencionado, es comentado por Cle-


mente A. Díaz, en la Revista Argentina de Derecho
Procesal N" 4 -Octubre-Diciembre de 1969, Editorial
La Ley, siendo directores Lino E. Palacio y Carlos J.
Colombo. Las conclusiones a que llegó la citada Juez
para decretar la revocación de una sentencia firme,
surgen de presupuestos tales como el de que "si está
configurado ~en el caso, en el concurso civil~ la
ilicitud de los actos procesales en su conjunto, es
consecuencia inevitable la declaración de su nulidad,
porque se está ante un proceso fraudulento en el que
se utiliza ei derecho procesal para operar ilícitamente
en perjuicio de terceros, ouienes, en el sub-judice, no
son otros que los deudores y acreedores" (Revista
citada, pág. 503).
En el comentario que formula Clemente A. Díaz
del fallo mencionado, se refiere a la cuestión del
Fraude Procesal y cita especialmente una resolución
tomada en las Primeras Jornadas de Derecho •Proce-
sal, realizadas en Rosario en 1969, elaborada me-
o •

diante el aporte de juristas como Gelsi Bidart, Vesco-


vi, Escalpez, Minoprio, Arazi y otros y que es la
siguiente: "a) Conceptuación del fraude Procesal,
todo, maniobra de las partes, de los terceros, del Juez
o de sus auxiliares, que tienda a obtener o dictar una
sentencia con o sin valor de Cosa Juzgada o a la
homologación
.
de un acuerdo procesal
, -" - -
u otra resolu-
. .
ción judicial, con fines ilícitos o a impedir su pronun-
ciamiento o ejecución. El Fraude Procesal puede ser
unilateral o bilateral, realizado con el proceso o dentro
del proceso, del autor dei acto procesal o para inducir
al engaño al Juez o a una de las partes y en perjuicio
138 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

de los requisitos esenciales y para causar un perjui-


cio".
Angel F. Garrote, en un trabajo denominado
"Fraude Procesal" publicado en la Revista de Estu-
dios Procesales de Rosario, NQ 4, pág. 67, dice al
respecto que "es elemento característico en el Fraude
Procesal el fin, que consiste en desviar el proceso de
su curso natural, que es la decisión de la litis de
acuerdo con el derecho. Esta finalidad dolosa implica
una violación al principio deJa buena fe procesal. Es
violación al principio de la buena fe y no vicio de la
voluntad, porque es regla general admitida en los
actos o negocios procesales la p,evalencia de la
voluntad declarada sobre la. voluntad real".
Osvaldo A. Gozaini en "La Conducta en el Proce-
so", Librería Editora Platense, 1988, dice que "en el
Fraude Procesal existe concíencia de la actitud con-
traria al orden adjetivo, de manera que, aunque exista
mala fe, lo partícular de la figura es la consecuencia
desdorosa que persigue a través del proceso una
finalidad ilícita, que posterga la agresión al principio
de buena fe" (obra citada, pág. 245). El mismo autor
señala más adelante que el Fraude Procesal puede
ser planteado unilateralmente o bilateralmente. Se
daría lo primero, cuando es realizado por una de las
partes del proceso y estaría dado bilateralmente
cuando se origina en la actitud de engaño de las
°
partes para perjudicar a un tercero, burlar la ley, el
orden público o el interés fiscal. .
Hernando Devis Echandía, acerca del Fraude
Procesal, expresó en una ponencia presentada en las
Primeras Jornadas de Derecho Procesal del Litoral
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 139

Argentino, año 1969: "La presencia corrosiva del


fraude puede aparecer en distintas etapas del proce-
so y por conducto de cualquiera de sus sujetos, las
partes y el Juez, como también puede ser obra de los
llamados auxiliares de la justicia (peritos, testigos,
intérpretes, traductores, depositarios, síndicos de
quiebra, etc,) y de los funcionarios subalternos del
despacho judicial (secretaras, notiiicadores, etc.).
Jorge W. Peyrano en "El Proceso Civil, Principios
y Fundamentos", Astrea, 1978, pág. 181, dice: "Existe
Fraude Procesal cuando media toda conducta, activa
u omisiva, unilateral o concentrada, proveniente de
los litigantes, de terceros, del oficio o de sus auxilia-
res, que producen el apartamiento dañoso de un
tramo del proceso o del proceso todo de los fines
asignados: desviación que por cualquier circu!1stan-
cia y sin que medie culpa del afectado, no puede ser
subsanado mediante los remedios legales instrumen-
tados a otros efectos por el ordenamiento respectivo",
Enrique Vescovi, procesalista uruguayo, se refie-
re al Fraude Procesal dicie,ndo que "el Fraude apare-
ce en el proceso como en los demás campos de
derechos y se disfraza allí como aquí de las formas
más inimaginables, Su represión es a veces difícil y
choca contra principios de seguridad, como el de la
propia Cosa Juzgada que domina el ámbito de las
providencias judiciales, Dicha represión representa a
nuestro juicio, un aspecto de la tendencia a moralizar
el proceso" (citado por Peyrano, obra mencionada
con anterioridad, pág. 180),
Augusto Mario Morello, en el prólogo a la obra de
Roberto Berizonce, "La Nulidad en el Proceso", Edito-
l~O ANTONIO TELLECHEA SO Ll S

ra Platense, 1967, dice: "En los tiempos que corren,


muchos abogados "prácticos" que, para desgracia.
merecen el concepto público de expeditivos y de dar
soluciones milagrosas, no titubean en aconsejar la
"íabricación" de procesos ejecutivos simulados o 01
fraude de los acreedores suspensivos. Y son muchas
las facetas que requieren pro nta respuesta desde que
no ocultamos esta observación: la complejidad del
actuar judicial de nuestros días. lamentablemente.
brinda signos muy llamativos en el apartamiento de la
regla me',ral",
Como se ve, las referencias que se dan en la
doctrina más calificada y moJerna sobre la materia.
resultan abundantes y explícitas. Hoydía,la figura del
Fraude Procesal es reconocida y merece serios estu-
dios para procurar evitarlo y, en último caso, lograr su
represión, del modo más efectivo para hacer posible
la verdadera realización del objetivo supremo del
proceso, que es la Justicia. Y tampoco existen dudas,
que el Fraude Procesal puede ser consecuencia de la
participación de los distintos sujetos que intervienen
en un proceso, no solamente las partes y el Juez, sino
todos los llamados auxiliares dela justicia. en su más
amplia acepción, porque todos ellos pueden contri-
buir al engaño procesal, al encubrimiento del verda-
dero sentido que anima aciertas actuaciones y que no
son precisamente, los que tienen que ver con el
esclarecimiento de los hechos, la evidencia de la
verdad objetiva y la lealtad y buena fe en la realización
de los actos procesales.
Debe tenerse en cuenta, además, que el Fraude
Procesal requiere de ciertos presupuestos. Sobre el
142 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

cita de Bielsa cuando dice: "La expresión "Cosa


Juzgada" no equivale a decisión definitiva, o inapela-
ble --Goma erróneamente suele creerse- , pues
solamente hay Cosa Juzgada cuando ha habido
contienda promovida por la lesión de un derecho o de
un interés legítimo, y la decisión a la cual la Cosa .
Juzgada se refiere ha sido dictada en virtud de "pro-
cedimiento regular", con "garantías de defe:lsa",
"audiencia","prueba" y "alegación".
Augusto Mario Morello, en "Pretensión autónoma
de sentencia declarativa revocatoria de la Cosa Juz-
gada Irrita", El Derecho, Tomo 36, año 1971, pág.
288, señala que "la Cosa Juzgada será respetada si,
en último análisis, y en el cone;reto supuesto en que
ella venga a operar, se conjuga con la garantía de la
defensa en juicio y la plena y libre actividad de la
función jurisdiccional".
En cuanto a las situaciones generales, que po-
drian dar lugar a la impugnacióll de la sentencia
pasada en autoridad de Cosa Juzgada, Jorge P.
Camusso cita un despacho elaborado sobre la base
de un trabajo presentado por los Ores. Larrain y Vera
Tapia en las Segundas Jornadas de Derecho Proce-
sal del Litoral, realizada en la ciudad de Corrientes, en
el mes de octubre de 1971 y que expresa: "Se podrá
impugnar la sentencia pasada en autoridad de cosa
juzgada o de actos que pongan fin al proceso única-
mente en los siguientes casos: "a) Cuando haya
habido indefensión absoluta de la persona contra
quien se pretende hacer valer la cosa juzgada. b)
Cuando se apoye la sentencia en instrumentos que,
al tiempo de valorarse, se ignorase por la parte
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 143

perjudicada que estuvieron reconocidos o declarados


falsos, o que se reconocieren o declarasen falsos con
-posterioridad. c) Cuando se hallaren o recobraren
documentos decisivos ignorados, extraviados o reté-
nidos por fuerza mayor por obra de un tercero, o de
aquel en cuyo favor S8 dictó el fallo. d) Cuando se
hubiese obtenido la sentencia por prevaricato, cohe-
cho, violencia, colusión u otra colusión fraudulenta o
en base de pruebas declaradas falsas. Se haya
dictado en base a, o mediante un vicio de voluntad
esencial y determinantes"_ (Autor citado, Nulidades
Procesales, Ediar, 1983, págs. 151 y 152).
Las citas doctrinarias realizadas precedentemen-
te y las consideraciones formuladas acerca del Frau-
de Procesal y su consecuencia, la Cosa Juzgada
Fraudulenta o Irrita, sirven para ponerde manifiesto la
tendencia absolutamente . mayoritaria que existe
acerca del reconocimiento de la posibilidad de impug-
nar'la sentencia que, pasada en qutoridad de Cosa
Juzgada,

pretenda ser ejecutada, para consumar
definitivamente el fraude elaborado a través del pro-
ceso y utilizando sus formas legales.
Gelsi Bidart, prestigioso procesalista uruguayo,
sostiene, refiriéndose a la Acción de Nulidad como
medio de ataque a la Cosa Juzgada Fraudulenta: "La

acción de nulidad no ataca a la cosa juzgada; no
habiéndose configurado ésta, se limita a poner en
claro la verdadera situación encubierta por una apa-
riencia engañosa, sin verdadera realidad jurídica". Es
una concepción muy interesante de Gelsi BicJart en 12
que llega a la conclusión de que el Fraude Procesal.
en realidad, impide la realización de la verdadere
144 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Cosa Juzgada y que la llamada Cosa Juzgada Frau-


du lenta o Irrita o Inocua, es simplemente un simulacro
de Cosa Juzgada, pero no alcanza a la verdadera
dimensión de este tan importante instituto jurídico
procesal (cita en el trabajo titulado "Revocación de la
Cosa Juzgada por "iniquidad" de Mariano Arbonés,
presentado en el X Congreso Nacional de Derecho
Procesal, realizado en la ciudad de Salta, República
Argentina, en el mes de mayo de 1979 - Actas y
Ponencias, pág. 296).
CAPITULO V

SEGURIDAD Y JUSTICIA

Cuando se habla de la posibilidad de la revisión


de la Cosa Juzgada, la reacción que inmediata,m ente
produce tal actitud, proviene de la afectación de un
principio jurídico tan importante como lo es el de la
seguridad, del cual el derecho tiene tanta necesidad
y que se relaciona incluso con la armonía y la paz
social, Es ese principio de Seguridad el que ha servi-
do para fundamentar la pretensión de que la Cosa
Juzgada debe ser inexpugnable,
Es muy cierto que no solo las exigencias judicia-
les, su propia seriedad y respetabilidad exigen que los
conflictos tengan conclusiones definitivas y que ya no
puedan ser modificadas, Es cierto, igualmente, que la
inseguridad y la inestabilidad de las resoluciones
judiciales puede tener el negativo efecto de llevar a
una verdadera anarquía social,
Sin embargo, lo que verdaderamente da susten-
tación sólida, permanente y duradera a la pacífica
convivencia social, es la realización de la Justicia, Sin
ella los estamentos sociales no podrán convivir en,
paz y en igualdad de derechos y oportunidades y sus
146 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

reclamaciones se harán sentir siempre por encima de


cualquier modalidad formal, por perfecta que ella
fuere ya veces, con un costo desgraciadamente muy
alto. .
No se puede desconocer, porque seria cerrar los
ojos a.la realidad, que sobre todo conocemos muy
bien los Jueces, Abogados y todos quienes tienen
algo que ver con la actividad que en su conjunto
desarrolla el llamado Servicio de Justicia que, pese a
los tantos medios de prevención' del Fraude Procesal
que incorporan los Códigos de forma con el objeto de
evitar la consumación de actos atentatorios de los
principios que rigen un proceso, ellos pueden darse y
ser factores para que se dicte una sentencia absolu-
tamente injusta.
Pensamientos muy encontrados se han dado
sobre la materia y ellos han surgido, especialmente,
de la posición doctrinaria difererite de quienes han
.sido sus exponentes. Asr, como sostiene Hitters, "la
ciencia jurídica ha creado una falsa opción colocando
en las antípodas Seguridad y Justicia; ello sin duda se
debió por un lado a las exigencias del positivismo que
impulsó a la primera; y por otro al jusnaturalismo que
sobrevaloró a la segunda; d.e esta forma se han
considerado como valores antagónicos estas dos
'piezas del mecanismo judicial que, como dijimos,
deben funcionar yuxtapuestas sin descompensarse"
(autor citado, Revisión de la Cosa Juzgada, Librerra
Editora Platense 1977, pág. 167).
En la doctrina argentina por ejemplo un procesa-
lista tan meritorio como Ibañez Frocham se ha mani-
festado de manera absoluta y decidida, contra todo
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 147

intento de ataque a la Cosa Juzgada y advertía que


"sin seguridad no hay justicia", pretendiendo imponer
el principio de que solo una Cosa Juzgada inmutable
puede ser capaz de cimentar la paz social.
Pero. quienes asumen la defensa de la inmutabi-
lidad de la Cosa Juzgada hasta límites extremos,
olvidan que ella proviene simplemente de una senten-
cia y que esa sentencia es apenas una obra humana
y que como tal puede estar impregnada de errores,
leves o graves, y que si son de esta última naturaleza,
pueden consag rar la injusticia y, tras ella, desencade-
nar una situación que precisamente es contraria a la
anhelada paz social.
Consideramos que de la Seguridad debe nacer la
realización plena de los principios que dan garantía al
proceso. Si los propios romanos, tan apegados a las
formas y solemnidades, a las que otorgaban valor tan
importante, fueron capaces de apreciar que en algu-
nos casos esa "res iudicata" que surgía como conclu-
sión de un proceso, había sido elaborada mediante el
engaño, el dolo o la violencia o despreciando princi-
pios tan sustanciales como el de la defensa en juicio,
concibiendo por eso mismo la posibilidad de la revi-
sión de un proceso y de su restitución al estado inicial,
mediante la "In Integrum Restitutio", nacida de ia
inspiración del pretor romano, estimulado por su
conviCción acerca de la "Aequitas", hoy día no podría-
mos resistirnos a admitir que en carácter excepcional,
ia Seguridad concebida en aquellos términos tan
absolutos como lo hacía Ibañez Frocham, debe ceder
ante el valor Justicia. Conste que sobre el particular,
señala José Levitán, que Ibañez Frocham en la 4'
148 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Edición de su "Tratado de los Recursos", en la pág.


570 correspondiente al Parágrafo 377, formula un
agregado a las consideraciones vertidas en las edi-
ciones anteriores sobre la materia y comenta un falló
en el que se hace lugar a la Acción Revocatoria de
Cosa Júzgada, exhaltando su notable finalidad mora·
lizadora y construtiva (autor citado, Recurso en el
Proceso Civil y Comercial - Ordinarios y Extraordina·
rios, Astre, 1986, págs. 224 y 225).
. Felizmente, la doctrina más moderna, acoge a
instituciones como la Acción Autónoma de Nulidad
que hacen posible la realización del valor justicia para
asegurar la paz social, desde luego, restringiendo su
aplicación a casos verdaderamente excepcionales.
Hitters sostiene que "no es correcto contraponer
la Seguridad a la Justicia, ya que como con justeza lo
han señalado Legaz y Lacambra, Recasens Siches,
Guaspo y Linares, entre muchos otros, no se trata de
principios antagónicos ni debe mediar pugna entre
ellos". Agrega luego que "Para la efectiva realización
del derecho -por sl.lpuesto, siempre de lo relativo
que es lo humano~ ambas figuras de la axiología
jurídica tienen que conjugarse armoniosa y subordi-
nadamente, pero invariablemente, con. la meta final
de afianzar la Justicia" (autor citado, obra citada, pág.
174).
CAPITULO VI
. .
LA ACCION AUTONOMA DE NULIDAD

COMO MEDIO DE IMPUGNACION Df'. LA COSA
JUZGADA FRAUDULENTA

Hecha la referencia a la Cosa Juzgada y a las si-


tuaciones que pueden afectarla y.hacerla vulnerable,
si un Fraude Procesal le ha precedido. deseamos
ocuparnos especialmente de la Acción Autónoma de
Nulidad, llamada también por algunos autores Pre-
tensión Autónoma de Nulidad para la Revocatoria de
la Cosa Juzgada Fraudulenta. como el medio más
interesante para impugnar la Cosa Juzgada que no
cuenta con el precedente fundamental del Debido
Proceso. N uestra preocupación por este estudio nace.
sobre todo. de la incorporación al Código de forma, de
este instituto que constituye una novedad trascen-
dente que ofrece el Código Procesal Civil de 1988,
aunque no era absolutamente extraño en nuestro
país. por cuanto los tribunales paraguayos ya han
conocido de su planteamiento ante ellos, que debie-
ron resolverlos, atendiendo a principios doctrinarios y
de interpretación.
Antes de examinar la Acción Autónoma de Nuii-
150 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

dad en nuestra legislación y de vertir sobre la misma


las consideraciones que ella nos merece, haremos
referencia a los antecedentes históricos de la institu-
ción, cuyo origen más remoto se sitúa en el prodigioso
Derecho Romano y recordaremos su aplicación en el
Derecho Comparado, así como las más calificadas
opiniones que en la doctrina jurídica ha merecido la
misma.
1. Orlgenes y desarrollo histórico del Institu-
to: Derecho Romano. El Derecho Pretoriano, tan
importante en la creación de institutos jurídicos que
con el correr del tiempo fueron Incorporados al lus
Civil e, en Roma, produjo también una institución en
materia de revisión de procesos, en tos que podría
haberse dado alguria de las situaciones que hoy
vienen a configurar lo que denominamos "Fraude
Procesal". Es así, como por inspiración y acción del
pretor, Magistratura que aparece en tiempos de la
República Romana, de tan prodigiosa creatividad,
surge la llamada "In Integrum Restitutio", denominada
.también por los romanos, "Extraordinarium Auxilium",
como expresión de un remedio procesal excepcional
Y: extréjordinario, capaz de vulnerar la rígida "Res
Judicata", Cosa Juzgada del Derecho Romano. .
Es que en el consenso de los jurisconsultos
romanos, influía ya entonces, con marcado acento, la
Aequitas, para asegurar la plena realizaciÓ[l de la
Justicia. No escapaba a la tan fina intuición jurídica de
lo.s romanos, que ya habia superado la época de su
formalismo más estricto y rigido en materiajuridica, la
posibilidad de que frente a una aparente normalidad
en el cumplimiento de todas las formas previstas para
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 151

el proceso, éste termine consagrando en la sente[1-


cia, una iniquidad, por resúltar falsos sus presupues-
tos más importantes, Así nació este recurso procesal
extraordinario de la "In Integrum Restilutio",
La posibilidad de aplicación de la "In Integrum
Restitutio", estaba supeditada a varios requisitos que
podemos resumir en los siguientes: a) que se haya
ocasionado mediante el proceso atacado por este
recurso, un grave y concreto perjuicio, a quien lo
interpusiere; b) que los actos atacados fueran sus-
ceptibles de ser restituidos a su estado anterior; c)
que no existan otros recursos jurídicos, capaces de
remediar la situación del afectado; d) que exista una
justa causa de restitución, Se consideraban como
justas causas de restitución, las siguientes: a) la
minoría de edad; b) la existencia de vicios en. el.
,

consentimiento, como error, dolo y violencia, y c) la


ausencia del afectado, por estar el mismo al servicio
de la República Romana, situación un tanto frecuen-
te, por la situación permanente casi de beligerancia
que caracteriza a la historia de Roma, También se
daba, sin perjuicio de la llamada Acción Pauliana;
igualmente creada por los romanos, en los casos de
actos realizados por un deudor insolvente para dismi-
nuir su responsabilidad patrimonial.
Concretamente, la "in Integrum Restitutio", se
daba "ob aetatem'.', "ob dolum", "ob errorem", "ob
metum", "ob Abstentiam" y "ob fraudem creditorium",
El procedimiento se realizaba ante el Magistrado,
El plazo para intentar este recurso, fue al comienzo de
un año útil posterior a la desaparición de la caus'a de
restitución, por ejemplo, la llegada a la mayor edad y
152 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

en el derecho de la época de Justiniano, se llegó al


plazo de cuatro años continuos, a partir del mismo
criterio. Estaban legitimados para interponer la "In
Integrum Restitutio", los propios afectados y sus
sucesores, contra el autor del perjuicio y sus suceso-
res, aunque también de modo restringido, se conce-
dió contra los terceros poseedores de la cosa, si ella
estuviera en discusión. Los efectos de la "In Integrum
Restitutio", hacían que las cosas volvieran al estado
anterior, ignorando los efectos jurídicos de los actos
anulados y era extensiva a los terceros que no hubie-
ran intervenido en la realización de los actos. Si
resultare necesaria la restitución de una cosa, se
podía pedir la aplicación de una acción restitutoria o
rescisoria.
La "Supplicattio~' fue otro auxilio pro~esal extraor-
dinario. Estaba destinado a lograr la revisión de las
decisiones tomadas por 'el Prefecto del Pretorio, que
normalmente eran irrecurribles. Se interponía este
recurso extraordinario ante el propio' Emperador
, romano.
Edad Media: Como consecuencia de la aplica-
ción de estas instituciones del Derecho Romano y de
la influencia que éste ' sigue teniendo en el ordena-
mientó jurídico de las naciones que comienzan a
formarse en la Edad Media, aparece en el llamado
Derecho Estatutario de este períOdO histórico, la
llamada "Querella Nullitatis", que tiene puntos de
semejanza con la "In Integrum Restitutio".
La "Querella NuUitat!s" aparece el siglo XII. Ella,
no perseguíatanto lograr la declaración de la inexis-
tencia del fallo, como en el caso de la "In Integrum
NULIDADES EN ¡:L PROCESO CIVIL 153

Restitutio" y de la '.'Supplicattio", así como de la


"Revocatio in Duplum" (antecesor del recurso de
nulidad), sino más bien a despojar 'a la sentencia de
su validez jurídica, como instrumento de ejecución.
Hitters, citando a Calamandrei y Chiovenda, dice qlJe
"era una institución típicamente procesal, de conteni-
do eminentemente publicístico" (autor citado, Revi-
sión de la Cosa Juzgada, pág. 44).
la "Querella Nullitatis" funciona como una verda-
dera acción de nulidad. Su aplicación en aquel tiem-
po, era coincidente con el de la "In Integrum Restitu-
tio". Algunos autores sostienen que la "Querella Nulli-
tatis" se dirigía a atacar más bien los vicios formales,
mientras que la "In Integrum Restitutio" se reservaba
para impugnar el proceso por vicios substanciales.
El plazo para el ejercicio de la "Querella Nullitatis"
era de treinta años, cuando el vicio procesal no
pudiera ser otljeto de subsanación y de un año cuan-
do fuere subsanable. El Derecho Canónico que apa-
rece en esa misma época incorpora estas dos institu-
ciones jurídicas, que son antecedentes de la Acción
Autónoma de Nulidad. En· efecto, en el Codex Juris
Canónici, aparecen la "Restitutio In Integrum" y la
"Querella Nullitatis" y di<;e sobre el particular José
Becerra BalJtista, Profesor emérito de Derecho Pro-
cesal de la Escuela Libre de Derecho de la Universi-
dad de México que ello ha servido de antecedente
fundamental para el medio impugnativo de la Cosa
Juzgada que en México tiene el nombre de Apelación
Extraordinaria (autor citado, El Proceso Civil en México,
Editorial Porrua, S.A., 1986, pág. 649).
Las Leyes de Partidas, dictadas en la época de
154 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Alfonso El Sabio, en Espai'ia, admitieron una acción


de impugnación para atacar las resoluciones que
habían adquirido ejecutoriedad. Desde luego, en ese
tiempo, la Cosa Juzgada, si bien era conocida y
reconocida como institución del procedimiento, no
tenía aún la fuerza y la autoridad que luego iba a
adquirir. Ello, pese a algunas disposiciones que
aparecen en la Recopilación de Indias, como esta:
"que los jueces ordinarios y en comisión no conozcan
de causas pasadas en autoridad de cosa juzgada".
Hitters, que realiza un interesante estudio de la cues-
tión, al referirse al tema, dice: "En suma, puede
decirse que en el antiguo derecho espai'iollos vicios
del dispositivo 'sentencial no solo podían enmendarse
por vía de excepción por recurso, sino también por vía
de acción luego de que ,el fallo quedara firme" (autor
citado, obra citada, pág. 51).
En el derecho de Portugal, que también acoge las
instituciones jurídicas romanas, los antecedentes de
la Acción Autónoma de Nulidad se manifiestan en las
llamadas Ordenanzas Alfonsinas que datan del siglo
XV. Las causales, para la aplicación de los medios
revocatorios son muy parecidas a las que hoy admite
la doctrina y la legislación para dar fundamento a una
acción revocatoria y podemos Citar entre ellas, la
citación defectuosa del demandado, las pruebas fal-
sas, la sentencia dictada por Juez que carece de
competencia, la sentencia que va contra la disposi-
ción de la ley, etc.
En Francia, el antecedente que interesa a nuestra
institución, es el que aparece en el siglo XIV, con la
Ordenanza Real del 23 de marzo de 1302, que tiene
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 155

la característica de un recurso de revisión ante el Rey.


Este recurso permitía llegar al Rey para solicitar la
nueva tramitación de una causa, en cuyo desarrollo
se habían cometido graves errores,por los Parlamen- ·
tos, que así se llamaban los órganos de justicia en
Francia.
En el antiguo Derecho Germánico se consagró la
invulnerabilidad de la Cosa Juzgada. El fundamento
era que las sentencias emanaban de lás Asamblea~
del Pueblo, que según sus principios religiosos, inter-
pretaban la voluntad de dios. Sin embargo, enel curso
de la Edad Media y en el periodo de las grandes
transformaciones políticas que sigue a la era de las
invasiones, la caída del Imperio Romano de Occiden:
te y la formación de nue,!as naciones, ellos fueron
influenciados por los romanos y, sobre todo, por la
devoción de éstos hacia la Aequitas, lo qUe lestlevó
a aceptar medios de impugnación de la Cosa Juzgada
como la "Restitutio lri Integrum" y la "Supplicattio",
En conclusión, con referencia a los aritecedentes
históricos de la Acción Autónoma de Nulidad pueden
señalarse como los más importantes a los que corres-
ponden al Derecho Romano, al Derecho Gerrriánico,
al Derecho Canónico, que de algún modo está vincu-
lado al llamado Derecho Estatutario y a las disposicio-
nes contenidas en las Partidas y en las Recopilacio-
nes del Derecho Español de la Edad Media.
El nuevo Código de Derecho Canónico promulga-
do el 25 de enero de 1983 trae en los Cánones-1645
a 1648, las disposiciones que hacen referencia a la
Restitución In Integrum, dentro del procedimiento
canónico, cuya tramitación corresponde al Jl;le~.IiI""
156 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

dictó la sentencia.(Canon 1646) dentro del plazo de


tres meses del día en que se tuvo conocimiento de
esos motivos, si es que las causales se refieren a
pruebas falsas, nuevos documentos o dolo de una
parte. En cambio, debe promoverse ante el Tribunal
de Apelación, en el mismo plazo, si las causales se
refieren al caso de la prescripción· de una ley o a la
contradicción de la sentencia con otra precedente
que haya pasado a cosa juzgada. Otorga a la petición
efecto suspensivo.
Sin duda, el antecedente más importante y tras-
cendente resulta el de la "In Integrum Restitutio" del
Derecho Romano y más aún, porque surgió precisa-
mente dentro de un sistema jurídico que, como el
Romano, ·era eminentemente formalista y solemne.
Además, la "Querella Nullitatis" que aparece en la
Edad Media en el Derecho Canónico, se fundamenta
en los principios que inspiraron a los Pretores Roma-
nos para crear la "In Integrum Restitutio", recurso
excepcional y extraordinario al que dotaron de una
sencilla pero certera reglamentación de aplicación y a
la que atribuimos el carácter de antecedente más
valioso de lo que hoy se conoce como Acción autóno-
ma de Nulidad.

2) Derecho Comparado: Al formular una ele-


mental referencia a las disposiciones que en el Dere-
cho Comparado tienen que ver con la revisión de la
Cosa Juzgada, debemos adelantar que en algunas
leyes de carácter procesal, el medio imp\Jgnatorio de
la Cosa Juzgaa se presenta en forma de recurso de
revisión y en otros en forma de acción.
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 15T

Nos referiremos solamente a aquellos que esti-


mamos de mayor influencia para el desarrollo de la

-
institución, antes de hacer referencia a las opiniones
que ha merecido en la doctrina el tema de la impug-
nación de la CosaJuzgada.
En Espafía, ya habíamos sefíalado con anteriori-
dad que su derecho antiguo había acogido la posibi-
lidad de la revisión de la Cosa Juzgada por vía dé
recurso o de acción, tal como estaba dispuesto en las
Partidas y en la Recopilación. Sin embargo, la ley de
enjuiciamiento civil de 1855, que es fuente de nuestro
Código de Procedimiento
. . .
Civil y Comercial de 1883,
no trae una disposición expresa y algunos autores
sostienen que se debía esto a que en parte la Reco-
pilación aún tenía vigencia. Sí, aparece una disposi-
ción expresa sobre el tema en la ley espafíola de
1880.
En Alemania, si bien a través de la reforma de
1934, se admiten medios de revisión Illediante figuras
como la Demanda de Nulidad y la Demanda de
Restitución, los autores tienen opiniones diversas
sobre la verdadera naturaleza de estos medios de
impugnación. Se advierte con claridad, sin embargo,
qe en ambos casos se está frente a institutos deriva-
dos de la "Querella Nullitatis" y de la "Restitutio In
Integrum". Un carácter especial. y digno
. de apuntarse
especialmente, es que estos medios no podían ser
promovidos por terceros, ajenos a la relación procesal
que habia motivado el acl/;¡ atacado de nulidad. En
realidad, el sistema que impera en Alemania está
configurado enel ejercicio de dos demandas, prácti-
158 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

camente hablando, una demanda de nulidad y una


demanda de restitución.
En Italia, existe una forma de revisión mediante
recurso llamada la "Revocazione" y las causales que
pueden motivarla se inspiran en la "In Integrum Res-
titutio" y en la "Requéte Cívile" del Derecho Francés.
Entre esas causales encontramos el dolo de ' Ias
partes y del Juez,la falsedad de las pruebas y el error.
y un artículo del Código Procesal, el 404, determina
con precisión que el tercero puede oponerse a la
sentencia con autoridad de Cosa Juzgada cuando
perjudica a sus derechos.
En Francia, se mantiene el instituto de la "Requé-
te Civile", que constituye un medio extraordinario de
revisión de la sentencia. Igualmente, existe la llamada
Oposición del Tercero (Tierce Oposition), que tiene el
trámite de un recurso extraordinario.
En Portugal, existen dos medios para la impugna-
ción de la Cosa Juzgada que son el Recurso de
Revisión y uno similar al del Derecho Francés que es
el de la Oposición del Tercero.
En América del Sur, es el Derecho Brasileño el
que ofrece el más claro antecedente de un medio
impugnatorio de un proceso con sentencia que tenga
autoridad de Cosa Juzgada. Reconoce este medio
del Derecho Brasileño, como antecedente, ias dispo-
siciones contenidas en las llamadas Ordenanzas
Alfonsinas del derecho portugués.
En el Código de Procedimiento Civil Brasileño de
1939 aparece entonces la llamada Ac.ción Rescisoria
que ~e mantiene¡ hasta hoy, luego de las reformas que
se hicieron al mismo, y asi la encontramos a partir del
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 159

artícu lo 485. La pri ncipal reforma a que fue sometido


dicho código es la del 11 de enero de 1.973, que a 'su
vez fue objeto de algunas enmiendas en octubre'del
mismo año.
No hay coincidencia entre los autores en la deter-
minación de si lo que el Código Brasileño llama Acción
Rescisoria, es realmente acción. En el libro de Pontes
de Miranda y Araujo se sostiene que este medio de
impugnación procesal muy especial, asume los ca-
racteres de un recurso y de una acción y dice que la
acción rescisoria "es un recurso vestido de acción"
(Juan C. Hitters, obra citada, pág. 99).
El mencionado artículo 485 dispone que la sen-
tencia firme puede ser rescindida si se comprueba el
prevaricato, la concusión o colusión con el Juez; sí fue
dictada por Juez sin competencia, si hubo dolo por
parte de la vencedora, si la providencia fue dictada
contra la cosa juzgada; por violación de las claras
disposiciones de la ley; si se funda en pruebas falsas;
si después de.la sentencia se obtuvieron documentos.
cuya existencia · se ignoraba o que ' no se podían
utilizar, capaces por sí de asegurar un pronuncia-
miento favorable; si se dan fundamentos para invali-
dar la confesión o la transacción en la que se funda la
sentencia; si la sentencia está fundada en errores de
hecho. El artículo 487 del mismo Código Procf:¡sal
Civil Brasileño dice que pueden prQmover' lá ACción
Rescisoria, quienes fueron partes en el proceso y sus
sucesores a título universal y singular; los terceros
con interés jurídico y el Ministerio Público, este ~Itimo
en el caso en que no se le dio intervención en si
proceso, pese a que ella era obligatoria y también
160 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

cuando la sentencia sea la consecuencia de la colu-


sión entre las partes para defraudar a la ley. El artículo
489 señala que la acción rescisoriano suspende la
ejecución de la sentencia que es objeto de la impug-
nación. El artículo 88 señala que la petición inicial de
~romoción de la acción rescisoria deberá ser acom-
o pañada del depósito de una suma equivalente al 5%
del valor de la causa, suma que perderá el accionante
si la acción es declarada improcedente o inadmisible
por unanimidad de votos. El plazo para promover la
acción es de 2 años según disposición del artículo 495
del referido Código Procesal Brasileño, que deben
contarse desde el momento que la sentencia atacada
de nulidad adquirió la calidad de Cosa Juzgada.
{Código de Processo Civil e legislac;;áo processual em
vigor, 12' Edi<;:áo, Atualizada até 15.3;83, a cargo de
Theotonio Negráo, Editora Revista Dos Tribunais,
Sao Paulo, 1983, págs, 168 a 172).
En México, se' tie'ne la figura de la Apelación
Extraordinariá, que constituye .un procedimiento
impugnativo que afecta a un juicio ya concluido con
sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada.
Tiene como efecto, la nulid¡¡d de la sentencia y de
lodo el procedimiento
,
previo que la origina. José
Becerra Bautista, prestigioso procesalista mexicano
o diGe que "La Apelación Extraordinaria refleja institu-
ciones canónicas, es más, que como en el Codex luris
Oanonicci, tanto la "Restitutio In Integrum" como la
"Querella Nullitatis", se pueden interponer por un
procedimiento de apelación ... ". Señala el mismo au-
tor, que "el Tribunal Superior de Justicia ha dicho: que
fa finalidad de la apelación extraordinaria es reparar
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 161

viciosy defectos capitales procesales entre los cuales


se encuentra indudablemente la falta de repr~sentaT
ción de las partes contendientes y es procedente si se
interpone dentro de los tres meses de la notifiCación;
aún cuando la sentencia haya sido declarada ejecu7.
toria" (autor citado, El Proceso Civil en México, Porrua
S.a., 1986, .págs ..649 y 650). El artículo.717·.Q~1
Código Procesal Mexicano es el que señala los su-
puestos que otorgan la legitimación para el plantea-
miento de este medi<;> impugnatório y ellos sor.¡: 1) El
emplazado por edictos a quien se siguió el 'juicio, en
rebeldía; 2) el demandado que no fueemplazadp
conforme a la ley; 3) el actor o demandado quª nq
estuvieron legítimamente representados en juicio. o
siendo incapaces, con ellos se hubiesen entendido
las diligencias; y 4) el actor y el demandado que
hubieren seguido unjuicio ante Juez incompetente,
no .sielido,prorrogable la jurisdicción. .
El procedimiento de la apelación extraordinaria
en el Derecho Procesal Mexicano debe iniqiarse
mediante una demanda ante el Superior,. con los
trámites propios de un juicio ordinario. El efecto de la
sentencia que recaiga en este procedimiento es elde
anular no solo la sentencia definitiva sino todo .el
procedimiento que le ha dado origen. Becerra Bautis-
ta sostiene que en realidad, este medio de Impugna-
ción constituye un verdadero proceso impugnativo de
nulidad y no un recurso, como indica su nombre de
Apelación ' Extraordinaria (autor y obra citada, pág.
658).
En el Uruguay, la revisión de la Cosa Juzgada, se
da en su Derecho Positivo sólo en materia penal, en
182 ANTONIO TELLECHEA SOUS

fÓrma de un recurso previsto en el Código Penal de


1980; que reforma la ley respectiva del año 1909. El
procedimien"to se lleva ante la Corte Suprema de
Justicia. Enrique Vescovi, expresión mayor del proce-
s'<!llsmo uruguayo, estima que, sin embargo, puede
dEirse en el Uruguay la promoción de una Acción
AUtónoma de Nulidad en el ambito civil, ydesde luego
considera los valiosos antecedentes qué en ese
. sentido, dejó Eduardo J. Couture sobre el tema.
Señala como causas capaces de dar lugar a tal medio
impugnativo, el proceso fraudul~nto, la indefensión y
la falta de competencia del Juez que dictó la sentencia
(autoréitado, Los Recursos Judiciales ydemás Medios
Impugnativos en Iberoamérica. Depalma, 1988-, págs.
365 y 366). . "
En la República Argentina, la legislación procesal
civil no tiene hasta ahora disposiciones especificas
para la promoción de la Acción Autónoma de Nulidad.
¡-Jos relerim'os, desde luego, especialmente al Código
Procesal de la Nación de ese país, debiéndose ello
seguramente, en alguna medida, a que una de ias
fi:ientes más. importantes de la legislación procesal
a~gentina,que es la Ley de Enjuiciamiento Civil Espa,
~ola de 1855, no traia una disposición sobre el tema.
NI 'él Código de Procedimientos de la Nación en
wgencia en ese pars, trae hoy alguna disposición que
fj'9tede la cuestión, Sin embargo, en el Código de
ProeedimientoCivil de la Provincia de Jujuy, está
prevista la anulación de actos fraudulentos de un
proceso, para el caso en que la demanda se funde en
ún instrumento público o en uno pdvado otorgado por
er adversario (Fernando Horado Payá, Fundamento
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 163

y Transcendencia de las Nulidades Procesales,


Abeledo Perrot, 1984, pág. 104). Pese, entonces, a la
muy valiosa producción de la doctrina argentina sobre
el tema de la pretensión autónoma de nulidad, ella no
ha sido aún sancionada en su Código ritual nacional,
aunque, desde luego, ha tenido recepción importante
en el Derecho Procesal Civil Argentino, mediante la
elaboración jurisprudencial del instituto, que ha alcan-
zado una dimensión muy importante.
En la República Dominicana, entre las vías de
recurso extraordinarias, el Código de Procedimient')
Civil de dicho país, se refiere a la Tercería y a la
Revisión Civil.
La Tercería está prevista en el arto 474 del men-
cionado Código, que dice: "Una parte perjudicada en
sus derechos por una sentencia en la que ella ni las
personas que ella represente, hayan sido citadas,
puede deducir tercería contra dicha sentencié!". El
fundamento de esta vía extraordinaria, radica en el
principio general establecido en el ar!. 1351 del Código
Civil de la República Dominicana, que limita estricta-
mente la autoridad de la Cosa Juzgada a las partes en
causa, según lo expresa el procesalista Carlos P.
Romero Buttem, profesor de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Políticas de la Universidad Autónoma de
Santo Domingo, en una ponencia presentada en la
reunión de Consejo de la Federación Interameriéana
de Abogados, realizada en Asunción en noviembre
de 1989. Señala el mismo jurista dominicano que dos
son las condiciones para la interposición del recurso
de tercería y ellas son: a) que el recurrente debe ser
real y efectivamente un tercero, y b) que exista inte-
164 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

res, derivado del perjuicio causado ai recurrente,


perjuicio que puede ser de carácter materal o moral.
El recurso no es admisible contra las sentencias de la
Suprema Corte de Justicia y debe ser interpuesto
ante el mismo Tribunal que dictó la sentencia impug-
nada. El término de la prescripción del recurso es de
20 años de la fecha de la sentencia.
La revisión civil es otro recurso extraordinario que
puede darse contra las sentencias con autoridad de
cosa juzgada en los casos que señala en forma
estrictmente limitativa, el arto 480 del Código de Pro-
cedimiento Civil de la República Dominicana. Entre
ellos señalamos los que tienen que ver con el incum-
plimiento de las formalidades prescriptas para el
proceso, bajo pena de nulidad; la omisión de la
decisión en cuanto a uno de los puntos principales de
la demanda; la omisión de la intervención del repre-
sentante del Ministerio Público; la declaración de
falsedad de fecha posterior a la sentencia, de docu-
mentos qua han sido fundamentales para el sentido
del fallo impugnado; la contradicción entre las dispo-
siciones de una misma sentencia. El plazo para
interponer este recurso es de dos meses a partir de la
notifi<;ación de I.a sentencia. Esta revisión civil puede
ser solicitada por las personas que hayan sido partes
o hubieran estado representadas en el proceso en el
que recayó la sentencia definitiva.
Una disposición interesante y llamativa es la que
trae el art. 495 del9ódigo Procesal Dominicano como
requisito previo, para la interposición de .Ia Revisión
Civil. Dicho artículo dice: "La consulta de tres aboga-
dos se notificará en cabeza de la demanda.. En la
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL '65

consulta de los abogados declararán que sonde


opinión de que es procedente la revisión civil y enun-
ciarán los medios en que se funden; de lo contrario, la
revisión civil noserá admitida". Dice Romero Buttem
que este requisito se exige para prevenir recursps
temerarios o irreflexivos. Nosotros agregamos, que la
disposición hace presumir el alto concepto de que
gozan los profesionales abogados en la República
Dominicana.

3) Doctrina y Jurisprudencia: En la doctrina, la


Acción Autónoma de Nulidad ha sido objeto de am-
plias y medulosas consideraciones.
En la Argentina, procesalistas de la alcurnia de
Hugo Alsina, David Lascano, Jofre, Ibañez Frocham,
Fernández, Eduardo Carlos, Halperín y otros, han
manifestado su opinión contraria a la posibilidad de
una Acción Autónoma de Nulidad, con fuerza de .
afectar la Cosa Juzgada. Ibañez Frocham sostenía la
tesis básica de que la Cosa Juzgada saneala nulidad
y contra ésta ---<Jice- no hay revisión civil, ni acción
revocatoria, ni medio de destruirla. Dice además, que
"La seguridad jurídica, valor por cuya vigencia hemos
debido reclamar, está pidiendo aquí la mayor previ-
sión; en último análisis el problema consiste en saber
si al interés de la república le conviene subordinar el
valor seguridad al valor justicia o viceversa" (Juan C.
Hitters, obra citada, pág. 266). Agrega Ibañez Fro-
cham, citado por el autor de referencia, "El fraude
procesal en el estado actual del derecho es excepcio-
nalísimo. Y el derecho encuentra medios prácticos
para prevenirlo o sancionarlo de inmediato sin nece-
166 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

sidad de poner en capilla a la cosa juzgada". Sostiene


además, que "mientras la Acción Autónoma de Nuli-
dad no esté expresamente prevista en la ley, de
ningún modo podrá ser ejercida" (autor'¡ obra citados,
pijg. 267). Es de recordar, como lo hemos hecho notar
precedentemente y a través de una cita de José
Levitán, que Ibañez Frocham, de algún modo varió en
cierta medida su criterio tan absoluto sobre la no
admisión de la Acción Autónoma de Nulidad, en las
últimas publicaciones que realizó el mismo.
Lascano y.Eduardo Carlos asumieron la misma
posición que Ibañez Frocham, aunque, como anota
Hitters, estos autores consideraron la posibilidad de la
AcciónI de Nulidad. sólo ante la circunstancia de vicios
del procedimiento, resignando de algún modo su
posición tan tajante, si se trata de la consideración de
vicios substanciales.
En la posición doctrinaria contraria a la expuesta
antecedentemente, podemos citar a Eduardo J.
Couture como uno de los más calificados represen-
tantes de la causa en favor de la Acción Autónoma de
Nulidad. Su actuación en el Primer Congreso de
Ciencias Procesales, realizado en Córdoba, Repúbli-
. ca Argentina, en el año 1939 y la publicación de su
monografía "La Acción Revocatoria de la Cosa Juzga-
da Fraudulenta" publicada en la Revista Argentina La
Ley, Tomo XVI, pág. 104, expresan con singular
elocuencia, su· posición sobre el tema. Fue autor,
además, de un proyecto- sobre la cuestión, en cuyo
comentario dice, en una parte: "Si se cierra la vía a la
acción revocatoria, el fraude procesal y aún las for-
mas delictuosas del proceso adquieren carta de ciu-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 167

dadanía y carácter legitimo. La máxima "fraus omnia


corrumpit" carecerá ya de aplicación, porque una
envoltura de Cosa Juzgada purifica todos los vicios de
los actos jurídicos".
Gelsi Bidart, otro procesalista uruguayo, se
manifiesta partidario de .Ia admisión de la Acción
Autónoma Impugnativa de la Cosa Juzgada, aunque
en su país no existe texto que la autorice, para los
casos en que ias resoluciones firmes estén afectadas
de nulidades absolutas en los casos de fraudes y
cuando afectan derechos de terceros.
Enrique Vescovi, cuya autoridad en materia pro-
cesal es conocida y respetada no solo en su país, el
Uruguay, sino también en toda América, se muestra
igualmente partidario de la admisión de la Acción
Autónoma de Nulidad, pese a que en la legislación
IJruguaya no existe un texto expreso que hagarefe-
rencia a la misma.
Adolfo E. Parry se manifiesta también en favor de
la Acción Autónoma de Nulidad y expresa en ese
sentido, que "para su procedencia basta con acudir a
la teoría que recuerda que ciertos principios genera-
les del derecho no necesitan formulación expresa
porque son del derecho mismo, sin los cuales no
habría igualdad, ni seguridad ni justicia. La consagrá-
ción del fraude es el desprestigio máximo y la nega-
ción del derecho, fuente incesante de descontento en
el pueblo y burla a la ley (autor citado, La Cosa
Juzgada irrita, La Ley, Tomo 82, pág. 743) .
. Roberto Berizonce, en su libro "La Nulidad en el
Proceso", con prólogo de Augusto Mario Morello, se
refiere con amplitud a la viabilidad del planteamiento
168 ANTONIO TELLECHEA SOLlS'

de la pretensión autónoma de nulidad. Dice en una


parte de su obra, que "es conveniente que se legisle
sobre la Accion Autónoma Procesal de Nulidad, por
vicios intrínsecos como se hace en el artículo 577 del
Proyecto Couture, pero mientras ello no ocurra, no
puede negarse válidamente viabilidad a ese medio de
impugnación de creación pretoriana (autor y obra
citada, pág. 133).
Jorge Walter Peyrano, joven y brillante procesa-
lista rosarino, sostiene que "la sensibilidad contempo-
ránea reclama la impugnabilidad de la Cosa Juzgada
Fraudulenta... " (autor citado, El Proceso Civil, Princi-
pios y Fundamentos, Astrea, 1978). Determina su
posición ante el dilema de optar por la seguridad o la
justicia, con estas palabras: "Pensamos que, como
bien decía el filósofo, lo concreto está en el justo
medio. Ni endiosamiento del valor seguridad en detri-
mento del valor justicia, ni invocacíón indiscriminada
de éste para convalidar atentados, también en ciertas
medidas, inicuos, contra aquél" (obra y autor citados,
pág. 190). .
Juan C. Hitters, en su libro "Revisión de la Cosa
Juzgada", Librería Editora Platense, 1977, pág. 251,
dice: "Reiteramos aquí que ·Ios efectos de la cosa
juzgada no son absolutamente inmodificables y que,
en ciertos casos, pueden alterarse sea a petición de
ias propias partes o de los terceros". Más adelante, en
la misma obra citada, sostiene que el sentido visceral
de la misma es el de intentar demostrar la proceden-
cia en el Derecho Argentino de la revisión de la Cosa
Juzgada por canal de la Acción Autónoma (pág. 325,
obra citada).
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 169

Alberto Luis Maurino, en su ilbro "Nulidades Pro-


cesales", Astrea, 1982, pág. 234, dice: "Del preceden-
te razonamiento, concluimos que es admisible una
acción de nulidad autónoma contra la sentencia pasada
en autoridad de cosa juzgada, siempre que, exceR-
cionalmente, la justicia y equidad lo exijan. Será en
definitiva labor del magistrado valorar tan delicada
situación, para no alterar la seguridad del proceso y
abrir la puerta a pleitos inacabables. Más exigente
aún, digamos que resulta imprescindible, para su
procedencia judicial, que se halle legislada sistemáti-
ca y hasta minuciosamente, por los valores que están .
en juego, quizás'más que en ninguna otra situación
procesal. En caso de duda, el magistrado deberá
abstenerse de anular la cosa juzgada". Como puede
apreciarse, la opinión de Alberto Luis Maurino, revela
mayor cautela y prudencia en cuanto a la utilización
de la vía procesal de la Acción Autónoma de Nulidad
para la revisión de la Cosa Juzgada.
JoséLevitán hace referencia a la Acción Autóno-
ma de Revocatoria en su libro "Recursos en el Proce-
so Civil y Comecial", Astrea, 1986, pág. 216. Refirién-
dose a la misma, dice: "En el estado actual de nuestro
derecho, el principio de la cosa juzgada no es inmu-
table". Agrega: "La revisión de la cosa juzgada es
válida y puede hacerse cuando la sentencia afecta a
terceros y también cuando perjudica a las partes.
Porque si falta la buena fe, la sinceridad con que
deben actuar las partes en un proceso, es lógico que
ceda el principio de la inmutabilidad de la cosa juzga-
da" .
Augusto Mario Morello, en el comentaro a un fallo
170 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

de la Corte Suprema de Justicia referente a la Cosa


Juzgada Irrita, titulado "Pretensión Autónoma de
Sentencia Declarativa Revocatoria de la Cosa Juzga-
da Irrita", publicado en "El Derecho", tomo 36, año
1971, pág. 288, considera que la Acción Autónoma de
Nulidad tiene ya recepción definitiva en el Derecho
Argentino y sostiene que la Cosa Juzgadaserá respe-
tada si en el supuesto en que ella venga a operar, "se
conjuga con la garantía de la defensa en juicio y la
plena y libre actividad de la función jurisdiccional".
Igualmente !?ostiene que "se requiere un proceso de
conocimiento al que sólo es posible acceder median-
te una acción (o pretensión) autónoma declarativa
invalidatoria, para plantear la nulidad de todo un
proceso".
Osvaldo A. Gozaini, en su obra "La Conducta en
el Proceso", Librería Editora Platense, 1988, págs.
277 y 278, formula las siguientes consideraciones
sobre el tema que denomina Pretensión Autónoma de
Revisión: "En nuestro parecer, la posibilidad de im-
pugnar la cosa juzgada fraudulenta tiene cabida a
través de una pretensión .autónoma de revisión de
aquel proceso. Pretensión, pues, el objeto del litigio
(ia cosa o el bien y el derecho que se reclama)
consiste, precisamente, en que se reconozca el ver-
dadero derecho (material); algo así como un desarro-
llo del derecho de acción (Carnelutti) pero independi-
zando el objeto procesal del objeto material. Autóno-
ma, en el sentido de demanda introductoria a una
nueva instancia. De revisión, en cuanto ello constitu-
ye la causa de pedir, cuyo fin último es la nuiidad. Al
pretendiente de esta vía le interesa que se revise el
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 171

proceso viciado intrínsecamente y procurará demosc


trar la trascendencia de aquellos vicios que nulificarán
ia sentencia. Estos vicios se extienden a todo desqui-
ciamiento de la axiología del proceso, sea porque ha
mediado ausencia de discernimiento, dolo, fraude,
violencia o simulación. En este sentido, compartimos
el parecer de Couture, fundado en distinciones de
Chiovenda, quien veía en la revocación a la: acción
pauliana del derecho común, extendida al campo
procesal". Más adelante agrega que "si bien entre
revocación y acción pauliana .existen diferencias de
contenido, la télesis que inspira el acto es la misma".
Guillermo César Barragan, en una Monografía
publicada en La Ley de fecha 13 de octubre de 1987,
titulada "Las Nulidades Procesales Absolutas .en el
Proceso Civil", dice en un párrafo: "En poder de la
conceptualización procesal de la problemática de las
nulidades, 'en el juicio civil, digamos entonces que el
presente trabajo apunta a presentar la situación que
se configura, cuando en el proceso se introduce un
acto con elementos a los cuales la ley de
, ' . fondo les.
atribuye virtualidad nulificante absoluta, y el que por el
estado de la normativa procesal, corre el riesgo de
quedar como válido e incluido en un estado de cosa
juzgada, sin posibilidad de reparación en un juicio
iniciado con posterioridad". Agrega: "Desarrollado el
tema, intentaremos proponer algunas posibles solu-
ciones, sin dejar de lado la posibilidad de la integra-
ción de la legislación por medio de construcciones
jurisprudenciales;.las que, como sabemos, han sido
en muchos casos cimientos de las novedades legis-
lativas". Sugiere' la inserción de una disposición en el
172 ANTONIO TEllECHEA SOLlS

tema de las nulidades procesales absolutas, como


parte del Código Procesal de la Nación, cuyo texto es
el siguiente: "Si una de las partes en el juicio, o un
tercero afectado por un acto procesal, alegara que el
mismo contiene un elemento que lo invalida en forma
absoluta, podrá solicitar su nulificación al Juez de la
causa, en cualquier etapa del proceso, yaún habien-
do alcanzado éste el estado de cosa juzgada. Regirá
para el caso las normas del Código Civil en lo aplica-
ble. El Juez, al recibir el pedido y teniendo en cuenta
las circunstancias del caso, resolverá sobre la vía
procesal aplicable, preservando en todos los casos el
derecho de defensa en juicio, el principio de amplitud
de prueba y la integridad del proceso".
Es esta una breve reseña de las opiniones verti-
das en la doctrina, acerca de la posibilidad del ejerci-
cio de una acción o pretensión autónoma de nulidad,
capaz devulnerar la Cosa Juzgada. Puede apreciar-
se a través de dicha reseña, que las tendencias más
modernas del derecho procesal en nuestro continen-
te, se muestran favorables a la Acción Autónoma de
Nulidad, aún en aquellos países en los que la legisla-
ción procesal aún no ha incluido entre sus normas, a
disposiciones expresas sobre la materia. Observa-
mos, asimismo, que dentro de esta corriente de
opinión favorable al instituto jurídico de nuestra refe-
rencia. se dan posiciones muy amplias o algunas muy
cautelosas. También puede observarse que para
algunos la legitimación para el ejercicio de la Acción
Autónoma de Nulidad, debe circunscribirse a los
terceros perjudicados por un proceso en el que no han
tenido participación procesal y otros sostienen en
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 173

cambio, que dicha legitimación puede corresponder a


las propias partes intervinientes en el proceso que va
a ser objeto de impugnación.
En la Jurisprudencia argentina, que siempre
tomamos como referencia, teniendo en cuenta que en
gran medida las normas procesales vigentes en ese
país sirven de fuente a la ley de forma que rige en el
nUestro, encontramos numerosos fallos que han arro-
jado como conclusión la admisión de la vía de la
acción de nulidad para atacar actuaciones judiciales
firmes en los casos en que se ha comprobado la
existencia de vicios sustanciales que han motivado
una sentencia no ajustada a los principios fundamen-
tales. que hacen a lo que da en llamarse Debido
Proceso . .
Podemos encontrar referencias importantes de
esa jurisprudencia en la ya citada obra de Juan C.
Hitters, págs. 269 y más específicamente a partir de
la pág. 285, en los que se dan referencias acerca de
la jurisprudencia de la Corte Suprema Nacional Ar-
gentina. De entre tales referencias, sobresale el
conocido asunto "Campbell Davidson", referente a
una cuestión de expropiación, en la cual se había
dado una evidente presión sobre los magistrados
intervinientes y hasta una coacción por las autoridac
des políticas sobre una de las partes. En. primera
instancia, el Juez expresó: "El proceso quedó huérfa-
. no de seriedad, tuvo más de simulacro que de honra-
da controversia, de farsa más que de bilateralidad. No
puede hablarse de cosa juzgada, de preclusión, ni
siquiera de sentencia, si se prueba que tal pieza es
esencial del pleito que emana no del recto administrar
174 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

justicia, sino del compromiso y de la obsecuencia, la


imposición, el fraude, el peculado, el prevaricato o
cualquier otra irregularidad que despoja al Juez de un
augusto carácter de tal para convertirlo.en instrumen·
to espúreo del gobernante". Y concluye que "... si la
observancia de los principios básicos de la Constitu-
ción Nacional es quehacer no excusable del Juzga-
dor, sin vacilación alguna afirmo que no puede haber
cosa juzgada cuando para obtener tal fallo se avasa-
llaron los derechos y garantías que las normas funda-
mentales conceden a los justiciables". Contra este
fallo recurrió la otra parte y el mismo fue revocado por
la Cámara de Apelación. Sin embargo, la cuestión
llegó ante la Corte Suprema, la cual confirmó el
pronunciamiento de primera instancia que acogía la
revisión. Vale la pena transcrtibir parte del dictamen
del Procurador General de la Nación que dice: "Es
decir, no puede invocarse la cosa juzgada cuando no
ha existido un auténtico y verdadero proceso judicial,
ni puede aceptarse que habiendo sido establecida
dicha institución para asegurar derechos legítima-
mente adquiridos, cubra también aquellos supuestos
en los que se reconozca que ha mediado solo un
remedo de juicio y que éste ha sido resuelto por los
jueces obedeciendo órdenes impartidas por el Poder
EjecutivQ". En la misma obra de Hitters se formula un
resumen sobre la doctrina sentada por la Corte Su-
prema argentina, tomando en consideración los valio-
sos aportes de Augusto Mario Morello, el cual ha
dicho que "la penetración de la Corte ha ido al corazón
d.e la cuestión, sin dejarse atrapar por mallas formales
que suelen amadrigar los pliegues y repliegues del
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 175

enjuiciamiento, admitiendo el ejercicio autónomo de


la acción de nulidad revocatoria de la .cosa juzgada
írrita, contra aquella sentencia que sólo es el resulta-
do de una pseudo labor jurisdiccional" (autor y obra
citada, pág. 298).
En concreto, de acuerdo con los fallos que sobre
el punto ha emitido la Corte Suprema argentina, ,los
principios provenientes de los mismos pueden resu-
. .
mirse en que la Cosa Juzgada no es absoluta; que su
firmeza está condicionada a la inexistencia de vicios
de la voluntad tanto de las partes como del juzgador;
que la seguridad jurídica debe ceder a la razón de
justicia; que la estafa procesal no puede ser convali-
dada por los órganos jurisdiccionales; que para la
configuración de la Cosa Juzgada es necesaria la
existencia de un juicio regular (debido proceso), falla-
do libremente por los jueces; que la falta de un
procedimiento ritual específico, no es óbice para que
el órgano jurisdiccional disponga la revisión de sen-
tencias firmes y que la vía idónea es la de un prooeso
de con6cimiento ordinario donde puedim ser debati-
dos ampliamente todos los elementos que pueden
. hacer viable la revisión.

Proyectos y Anteproyectos presentados por


algunos autores y en algunos Congresos.

Podemos citar entre ellos al de Bibiloni, dentro de


su propuesta de reforma al Código Civil argentino, en
el que regula expresamente el tema de la cosa juzga-
da y su posible revisión. Se refiere a los efectos de la
sentencia que clasifica en procesales y materiales y
176 ANTONIO TEllECHEA SOllS

prevé la modificación de ella, a petición de los terceros


perjudicados por sus efectos si llegaren a probar la
colusión de las partes que intervinieron en el proceso.
En el Proyecto de la Comisión argentina reforma-
dora del Código Civil del año 1936, se prevé igual-
mente en su art. 302 que "cuando hubiera conniven-
cia fraudulenta entre las partes, los terceros perjudi-
cados podrán ejercer la acción revocatoria".
Como se ve, estos proyectos corresponden a
propuestas de reformas del Código de fondo, en el
cual se insertan disposiciones que tienen trascenden-
cia procesal.
Podemos citar igualmente el Proyecto de Eduar-
do J. Couture del año 1945 que se refiere en su art.
577, a la anulación de actos procesales fraudulentos,
aún después de terminado el proceso. El Proyecto de
Couture no dice concretamente que la anulación de
actos procesales fraudulentos poará hacerse si existe
sentencia con autoridad de cosa juzgada, aunque se
deduce delcontexto general, que es así.
En las Primeras Jornadas de Derecho Procesal
de Rosario, realiiadas en el año 1969, se resolvió
"otorgar a cualquier perjudicado por una sentencia,
una acción autónoma de anulación del proceso frau-
dulento, en IQS términos del arto 577 del Proyecto
Couture".
En las Jornadas de Derecho Procesal de San
Isidro, Provincia de Buenos Aires, realIzadas en el
año 1970, se resolvió recomendar la ioclusión de un
artículo con la siguiente redacción, en el Código
Procesal argentino: "Podrá pedirse, aún después de
terminado el proceso, la anulación de los actos reali-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 177

zados mediante dolo, fraude o colusión, Esta anula-


ción podrá pedirse solo por aquellos a quienes esos
vicios hubieren causado perjuicio; los terceros y el
ministerio público están habilitados para solicitarla.
La acción deberá promoverse dentro del plazo de 30
días, contados desde que se tuvo conocimiento de los
hechos en que se funda. Su deducción no suspende
la ejecución de la sentencia. Al promovérsela se
deberá consignar un importe sobre el valor del pleito
en la fOima y con el alcance establecido en el arto 280.
Tramitará por lavía del proceso ordinario o del plena-
rio abreviado, según lo determine el Juez, atendiendo
a las circunstancias delcaso. Será ésta, asimismo, la
vía idónea cuando bajo la apáriencia de un vicio de
actividad por la indebida citación de las partes se haya
producido fraudulentamente su indefensión. Sin per-
juicio de las disposiciones que establece el Código
Civil en materia de efectos de lanulidad de los actos
jurídicos regirá lo dispuesto en el arto 174".
~n las Quintas Jornadas Latinoamericanas de
Derecho Procesal, realizadas en Bogotá en el alío
1970, fue aceptada la admisión de una acción poste-
rior "de manera que se puede revisar el proceso, aún
yendo contra la autoridad de la cosa juzgada, espe-
cialmenteen caso de fraupe".
En el X Congreso Nacional de Derecho Procesal
realizado en Salta, República Argentina en el alío
1979, fue aprobado un despacho cuyo relator fue el
Dr. Eduardo J, Barrios sobre los siguientes puntos: "a)
la cosa juzgada es revislble en casos excepcionales;
b) la falta de normas positivas que regulen una acción
contra la cosa juzgada; no es óbice'para su ejercicio.
178 ANTONIO TEllECHEA SOllS

aunque se recemienda su censagración legislativa; el


las causas de procedencia deben establecerse taxa-
tivamente".
El Instituto de Dereche Procesal de la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Seciales de La Plata formuló un
proyecto cen el .objete de la agregación de su texte al
Código Pfocesal, que en su partes fundamentales
dice: "Podrá pedirse, aún después de terminado el
procese, la anulación de los actos realizados, me-
diante dolo, fraude o celusión". "Esta anulación podrá
requerirse por aquellos' a quienes esos vicios hubie-
ran causado perjuicio, ya sean partes o terceros. El
Ministerio Público estará legitimado para solicitarla.
La acción deberá promoverse dentro del plazo de 60
días contades desde que se tuvo conecimiento de los
. hechos en que se funda. Su deducción no suspende
la ejecución de la sentencia, salve que el accienado
preste caución suficiente". El proyecte se refiere igual-
mente a la procedencia de la acción centra las senten-
cias definitivas .o laudes arbitrales cuando concurran
las circunstancias de instrumentos ignorados por el
impugnante o declaradesfalsos con .pesterioridad
. al
juicie ..

4) Derecho Paraguayo: Legislación y Juris-


prudencia. a) Legislación: En el Código de Procedi-
mientes Civil y Comercial dé 1883,existía más bien
unadispesición centraria a la aplicación del principio
que inferma a la Acción Autónoma de Nulidad.' Aun-
que n.o referida ' a ella. directamente, existía sí una
alusión.a su antecedente histórice más impertante.
En efecto, el Código de 1883, en su artículo 66,
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 179

establece: "Queda abolido absolutamente, en mate-


ria de procedimientos, el beneficio de restitución "in
integrum". Puede leerse en el Repertorio de Jurispru-
dencia de Arquímedes Laconich, 1948, pág. 37, que.
dicho artículo tiene concordancia con el artículo 58 del
Código Civil de Vélez Sársfield. Por su parte, Ray-
mundo L. Fernández, en su Código de Procedimeinto
Civil y Comercial, Concordado y Comentado, Compa-
ñía Impresora Argentina, 1944, pág. 140, hace refe-
rencia a la restitución "in integrum", como un privilegio
acordado a los incapaces, la Iglesia, el Fisco, etc.,
para indemnizarlos por lesiones que pudieran sufrir
en los actos o contratos, reponiéndose las cosas al
estado que tenían antes del daño; anota, además,
que el Código Civil lo suprimió aún para los incapaces
en el artículo 58 del mismo. Se refiere desde luego, al
Código Civil de Vélez Sársfield. Como consecuencia
lógica, dice Fernández, el mismo criterio debía regir
en materia procesal, "prohibiéndose toda restituci.ón
de término". Además, la nota de Dalmacio Vélez
Sársfield ai artículo 58 de su Código, dice: "este
artículo es el 43 del Proyecto de Freytas para el
Imperio del Brasil. En varios Códigos están ya supri-
midos los beneficios de menores, incluso el de resti-
tución in integrum, que abrazaba a todos los incapa-
ces, las iglesias, el fisco, etc., privilegio exhorbilante
que le dan nuestras leyes no sólo por un daño recibi-
do, sino por una gran ganancia, que en virtud de él
puedan obtener. Esa prótección exagerada a los
incapaces no presenta una utilidad que cClmpense los
males que causa a.la sociedad y a los bienes mismos
de los menores. La confianza en la adquisición queda
180 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

vacilante, e impide la seguridad del derecho de pro-


piedad, pues ese beneficio aún dura más que la
minoridad de los que favorece. Excluye por el exceso
de protección, la concurrencia a la compra de los
bienes de los incapaces: Por otra parte, en la época
actual, las lesiones no pueden admitirse como vicio
en los contratos, según veremos en adelante. Cree-
mos pues, que más valiera a los menores y a los
incapaces una buena administración de sus bienes,
que todos los privilegios con que han querido ampa-
rarlos las leyes, y aese objeto tenderán las ulteriores
'disposiciones de este Código" (Código Civil de la
República Argentina con las notas de Vélez Sársfield
- .Reproducción de la edición auténtica de 1877 -
L.ajouane S.R.L. Editores, Buenos Aires,1950).
Consideramos. que la alusión contenida en el
citado articulo 66 del Código de 1883, no se refiere
precisamente a ia "restitutio in integrum" del Derecho ·
Romano en su acepción más amplia, que abarcaba
un. mayor campo que el que le señala Raymundo L.
Fernández en el comentario de dicho articulo y ai.que
le asigna Dalmacio Véle;¡:Sársfíeld en su nota al . .
artículo 58 del Código Civil de su autoría, porque
ambos le dan un alcance en cierto modo limitado
frente al más amplio que en verdad tenía dicho
iñstituto,en el Dercho Romano .
. . Aún así, .a estar por las expresiones de Vélez
Sárslield en su referida nota al artículo 58 del Código
Civil, parece' ser q~e el fundamento para negar
. mediante ese artículo el beneficio de la "restitutio in
integrum", como se expresatambién en el artículo 66
del Código de Procedimientos de 1883; radica en el
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 181

predominio en ese tiempo, de la doctrina de la Auto-


nomía de la Voluntad, en su más amplia aplicación, en
materia de relaciones contractuales, que es nota
característica en el Código de Vélez y, asimismo, en
la preocupación pcr la prc;servación del principio de la
Seguridad Jurídica. Esta presunción, se ve corrobo-
rada por las mismas expresiones del codificador
mencionado, cuando más adelante se refiere a la
imposibilidad de admitir "la lesión" en los contratos,
por razonamiento coherente con la consideración de
la teoría de la Autonomía de la Voluntad, reconocida
sin lim itaciones, por la óptica liberal-individual ista que
predominaba en ese tiempo. El CÓdigo de Vélez
estuvo en vigencia en nuestro país ¡lasta el 31 de
diciembre de 1986 y su influencia, lógicamente, no
podía dejar de ser notoria y muy importante en el
ámbito procesal, cuando de invocar lesiones prove-
nientes de un contrato, se tratare, mediante el ejerci,
cio de una acción.
El artículo 741 del Código de 1883, inserto en el
Título XXVII correspondiente al Juicio de Amigables
Componedores, sí, trae una disposición referente a la
Acción de Nulidad que puede promoverse contra la
sentencia del Tribunal de Amigables Componedores.
El Código Civil de la República que entró en
º
vigencia el 1 de enero de 1987, de¡ recepción a
principios importantes en materia contractual y de sus
más importantes fuentes, Anteproyecto De Gásperi,
Reforma Argentina de 1968, Código Civil Alemán y
Código Civil Italiano, asimila isntitutos como el Abuso
del Derecho (artículo 372), la Lesión (artículo 671) Y
la Imprevisión (artículo 672). Pone énfásis, además, .
182 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

en la Buena Fe cDmDfactDr fundamental para ser


tenido. en cuenta eri la interpretación y cumplimiento.
de IDS cDntratDS.
HDY, sin duda, SDn DtrDS vientDs Io.s que sDplan en
materia de relaciDnes cDntractuales, y ya no resulta
nDvedad . o. atrevimiento., hablar de desprDpDrción
entre las pDsibilidades de las partes cDntratantes o. del
Estado. de Necesidad que pueda afectar a alguna de
ellas. A tDdD este tema, se refiere en fDrma magistral,
JDrge MDsset Iturraspe, en su Dbra "Justicia CDntrac-
tual", EDIAR 1977. FDrmula este prestigiDsD civilista
argentino., la vinculación que se da entre la nueva
mentalidad que hDy predDmina en materia cDntrac-
tual y la.repercusiÓn que ella tiene en el prDcesD,
cUq,ndD el desenvDlvimientD de un cDntratD llega al
terreno cDntenciDsD y el órgano. judicial debe hacer el
análisis de las patDIDgías que ID afectan. PrDpugnala
necesidad de que el Juez en su mDmentD, pueda
llegar a la verdad jurídica Dbjetiva y no. deba quedar
encerrado. en la mera verdad jurídica fDrmal. Cita a
CDlmD y SpDta, para expresar que "... nuestrDs Tribu'
nales han recDrdadD muchas veces, que si bien el .
Juez no. es el amo. del prDcesD ni .Ie está permitido.
cDi;¡ducirlD asu arbitrio. o. viDlar las nDrmas legales que
10 r~ulan, tampDcD reviste el carácter de un ente que
miq¡"CDn pasividad e indiierencia el triunfo. de la
maliciáD de articulaciDnesleguleyescas que se sus-
tentan en un cerrado. fDrmalismo., pDrque él debe
respDnder, igualmente, a su sentido. de justicia y velar
pDr el triunfo. final de la verdad" (autDr y Dbra citadDs,
pág. 55). Más adelante dice el mismo. autDr: "De mDdD
cDnvergente al pDder de revisión y recDnducción que
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 183

la 'ley civil confiere álJuez en materia contractual, el


legislador procesal ha ampliado en forma notoria los
poderes de dirección y comando reconocidos alJuez".
Señala, luego, que éste, de convidado de piedra ha
pasado a ser "Juez-Director", asumiendo un rol activo
y vigilante en la marcha.del proceso, adjudicándosele
prerrogativas y poderes mayores. Cita a Berizonce
cuando dice, q~e así se complementa la tesitura del
legislador civil y que hoy el Juez pasivo e inerme-
compañero de ruta del señorío absoluto de la Autono-
mía de la Voluntad, ya no puede actuar, ante las
nuevas funciones que hoy la ley pone asu cargo (obra
citada, pág. 56) .
. Estas consideraciones pueden. ayudar a com-
prender la aparición en nuestro Código Procesal Civil
de 1988, de la figura novedosa de la Acción Autómo-
ma de Nulidad, inadmisible en medios impregnados
de liberalismo individualista, pero normal y necesaria
en cuanto se hace un examen sincero de la realidad
social y de las circunstancias que rodean las relacio-
nes contractuales y las relaciones procesales; un
instituto procesal vilipendiado y condenado por el
prurito de la protección sobredimensionada del prin-
cipio de la Seguridad Jurídica, concordante con la
vigencia irrestricta del principio de la Autonomía de la
Voluntad,
El Proyecto de Código Procesal Civil presentado ,
por la Comisión Nacional de Codificación en fecha 4
de julio de 1973 con la exposición de motivos del
mismo, lo conocemos mediante una edición patroci-
nada por la Asociación de Magistrados Judiciales del
Paraguay publicada en octubre de 1973. Dicho pro-
184 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

yecto, no contiene ninguna disposición referente a la


Acción Autónoma de Nulidad. Como se sabe, dicho
proyecto, recibido por el Poder Ejecutivo de la Nación
y remitido por éste al Poder Legislativo, tuvo comien-
zo de tratamiento dentro de este último y a raiz de
varias objeciones que se formularon a algunas inno-
vaciones de él, se resolvió devolver el mismo a la
Comisión Nacional de Codificación, para que ella
vuelva a examinarlo con mayor minuciosidad .
. La Comisión Nacional de Codificación revisó to-
talmente dicho proyecto y debe destacarse que en el
estudio que se hizo del mismo, tuvieron participación,
muy destacados
. \
procesalistas de nuestro país, como
el profesor titular de la cátedra de Derecho Procesal
Civil de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de
la Universidad
, Nacional, Dr. Hugo Allen, ei profesor
titular de la misma cátedra de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Diplomáticas de la Universidad Católica y
autor del anteproyecto original examinado por la
Comisión Nacional de Codificación, Dr. Juan Carlos
Mendonca. Igualmente, participó de las deliberacio-
nes motivadas por el estudio del Proyecto el Prof. Dr. .
José Alberto Correa, magistrado judicial de larga y
meritoria trayectoria y actual Presidente de la Corte ·
Suprema de Justicia, cuya muy rica experiencia en
materia procesal, ha constituido sin duda, un valioso
. aporte para el estudio adecuado del, Proyecto.
En el segundo estudio .Que realizó la, Comisión
Nacional de Codificación del Proyecto de Código
Procesal Civil; el Prol. Juan Carlos Mendonca, ante la
sugerencia de prever en una disposición la posibili-
dad de la revisión de la Cosa Juzgada, propuso la
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 185

inclusión de algunos articulos en los que hace refe-


rencia a la revisión automática de. las sentencias y a
los trámites previos a su ejecución, como un modo de
impedir que una sentencia dictada luego de un proce-
so irregular pueda adquirir la autoridad de la Cosa
Juzgada, sobre todo en casos de juicios tramitados
con la le presentación del defensor de ausentes.
Respecto de los trámites previos a la ejecución de la
sentencia, sugería la propuesta, la publicación de un
resumen de la misma en dos diarios de gran circula-
ción, a los efectos de procurar evitar las situaciones
de indefensión y el perjuicio de los terceros. La
propuesta incluía la posibilidad de la promoción de un
incidente de nulidad por las partes y de la Acción
Autónoma de Nulidad, por los terceros. Tal propuesta
reconoce como fundamento la posición doctrinaria .
del destacado procesalista paraguayo, de evitar la
vulnerabilidad de la Cosa Juzgada, por inscribirse
entre quienes sostienen que debe procurar evitarse la
aplicación de medios que tiendan a aniquilarla o
debilitarla. Sostuvo Mendonca en esa ocasión, que
aún en la hipótesis de producirse injusticias irrepara-
bles
. a través. de procesos no debidamente tramita-
dos, no se justificaria una innovación tan radical, con
su secuela de litigiosidad indefinida y de zozobra en
el derecho. ..
Por su parte, · el Prof. Hugo Alien propuso la
inclusión de disposiciones que se tradujeron en la
redacción del artículo 409 que se refiere a la Acción
Autónoma de Nulidad y cuyo texto era el siguiente:
"Las resoluciones judiciales no hacen 'cosa juzgada
respectó de los terceros a quienes perjudiquen. En
186 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

caso de indefensión, ellos dispondrán de la acción


autónoma de nulidad, cuando ia excepción de cosa
no juzgada fuese insuficiente para reparar los agra-
vios que aque)ias resoluciones pudiesen haberles
ocasionado". Puede leerse esto en el texto del Pro-
yecto que fue resultado del segundo estudio que hizo
la Comisión Nacional de Codificación y que fue publi-
cado en el año 1987 por la Editorial El Foro.
Las propuestas mencionadas de los profesores
Mendonca yAlien, respondieron a una inquietud ,
expresada en la Comisión Nacional de Codificación
de proteger al máximo la garantia constitucional de la
defensa en juicio ante las situaciones que a veces se
dan y que pueden ocasionar perjuicios irreparables
por la aplicación mecánica yformal dela Cosa Juzga-
da. .
El Código Procesal Civil, Ley N ~ 1337 del 4 de
noviembre de 1988, que en gran medida sigue al
proyecto anteriormente mencionado, trae, sin embar-
go, una redacción diferente en el artículo 409, que
también se refiere a la Acción Autónoma de Nulidad.
En efecto, dicho artículo 409 del Código Procesal Civil
dice: "Las resoluciones judiciales no hacen cosa
juzgada respecto de los terceros a quienes perjudi-
quen. En caso de indefensión, ellos dispondrán de la
acción autónoma de nulidad, cuando la excepción de
falsedad de la ejecutoria o la de inhabilidad de titulo
fuese insuficiente para reparar los agravios que aque-
llas resoluciones pudiesen haberles ocasionado".
La cjiferencia que se observa entre el artículo 409
del Código Procesal Civil vigente y el articulo 409 del
último Proyecto considerado por el Poder Legislativo
NULIDADES EN El PROCESO CIVIL 187

radica en que este.últlmo hacía referencia a la excep-


ción de cosa no juzgada, mientras que el Código
convertido en Leyde la Nación se refiere a excepcio-
nes de falsedad de la ejecutoria o de inhabilidad de
título, las cuales se hallan previstas en el artículo 526,
incisos a) y c), que se pueden oponer ante el proce-
dimiento de ejecución de sentencia.
Consideramos más feliz y acertado el texto que
traía el proyecto que vino de la Comisión Nacional de
Codificación, en cuanto el mismo hacía referencia a la
excepción de cosa no juzgada que podria oponer el
tercero ante un procedimiento de ejecución de sen-
tencia. Lo decimos, porque su aplicación resultaría
más fácil al ofrecer total y absoluta claridad, respecto
de la situación del tercero afectado por un proceso en
el que no tuvo. intervención ni participación y por lo
tanto donde no pOdría serie aplicada la autoridad ·de
la cosa juzgada. La nueva redacción con la modifica-
ción mencionada sólo puede aportar algunas compli-
caciones

o dudasen la correcta interpretación del
artículo.
Como se ye, la Acción Autónoma de Nulidad
consagrada en el artículo 409 del Código Procesal
Civil de 1988, da legitimación para promoverla, sola-
mente a los terceros, que no han intervenido en el
proceso cuya consecuencia les resulta perjudicial. Es
decir,este Códi~o recepciona el institUto solo en
forma parcial, en cuanto no se refiere a la posibilidad
de que puedan promover dicha acción, las partes
intervineintes en el. procéso anterior ni el Ministerio
Público. En este punto, conviene señalar especial-
mente que, el artículo 409 citado, viene a hacer

'.
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 189

opinión sobre el punto, peró antes, vamos a hacer


referencia a algunos fallos que señala la orientación
de la jurisprudencia nacional en la materia.
Debe considerarse, además, el funcionamiento
de la Acción Autónoma de Nulidad, en cuanto la vía
procesal a laque deberá adecuarse, pruebas, conte-
nido de la sentencia, término de prescripción. de la
acción, etc., sobre todo lo cual hemos de dar nuestra
opinión en la concl.usión de este trabajo.
b) Jurisprudencia. Pasamos a citar los siguien-
tes ,fallos sobre ios temas de Acción de Nulidad yde
Revisión de Cosa Juzgada Fraudulenta, dictados por
la Corte Suprema de Justicia, Tribunales de Apela-
ción y algunos fallos de Primera Instancia, a través de
los cuales podrán surgirlas conclusiones acerca de la
Jurisprudencia Nacional en la materia.
Ac. ySent. NO 18. 17/04/73, Trib. Apel.Civ. y
Com.,l~ Sala, en el caso J.M.A. c/M.T.B.O.A. y otros
s/ nulidad de acto judicial y de escritura detransferen-
cia de dominio_ "EI ejercicióde la acción de nulidad
contra sentencias o resoluciones judiciales con fuer-
za de tales, debe ser siempre de carácter restrictivo y,
en último análisJs reservado a casos en que existe
imposibilidad absoluta de lograr, por los medios nor-
males de impugnación, la nulidad de las mismas.'
Pues, salvo el caso del' artículo de nulidad contra.
sentencias o resoluciones judiciales con fuerza de
talés, debe ser· siempre de carácter restrictivo y, en
último análisis reservado a caso en que existe impo-
Sibilidad absoluta de lograr, por los medios normales
deiinpugnacióri; la nulidad -de las mismas. Pues,
salvo el' caso detarticuto 741 del Código de Procedí,
190 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

mientos Civil y Comercial y del artículo 199 de la


Constitución Nacional, nuestro derecho no admite la
acción de nulidad para atacar resoluciones judiciales.
Contempla únicamente las vías del incidente, del
recurso y de la excepción - cón ámbito restringido a la
ejecución forzada". Voto del Dr. Mendonca.
A.I. N° 359,18/09/74, Trib. Apel. Civ. y Com., 2"
Sala, en el caso M.G. y otros el SAM. yES.J./ 51
prescripción. "Al quedar probado que la demandada
no pudo tomar intervención directa en el juicio, por la
irregularidad de referencia, es indiscutible el estado
de indefensión que ha afectado a la misma. Para más,
la publicación de los edictos de citación y emplaza-
miento se realizó dejando de lado la expresa ¡eco-
. mendación contenida en una Acordada de la Corte
Suprema de Justicia y cuya importancia es desde
luego acentuada por el criterio que manda extremar el
cuidado para que la garantía de .Ia defensaen juicio no
se vuelva ilusoria. La Constitución Nacional establece
en su artículo 62 que ladefensa en juicio de la persona
y de los.derechos es inviolable. Es deber del magis-
trado judicial velar porque tan preciada garantía tenga
vigencia plena y amplia y no puede haber dudas en la
'consideración' de haberse agotado los medios para
hacerla efectiva. Los hechos relacionados antecfih
dentemente, constituyen indubitablemente dentro de'
su grave y peligrosa irregularidad, causa de la inde'
fE¡nsión de ia demandada". "En el. caso de autos,
verdaderamente, se ha dado el caso:excepcional,de
que.a una sociedad que h¡¡.píatomado las disposiei9"
nes legales del caso, para asegurar su representa,
ció n en cualquier situación que pudiera afectar $US
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 191

derechos, se le privó, a través de actuaciones afecta,


das por indudables irregularidades'de la oportunidad
de defenderse er.! juicio, Por ello encontramos en este'
caso, la limitación de la cosa juzgada, dada la relevan- ·
cía que tiene en el proceso la cuestión de los términos .
en que ha quedado trabada la litis, Hubo indefensión,
que implica violación. de la garantía constituc;iona!
expresamente establecida en tai sentido, La indefen-
sión se dio por medios fraudulentos, anormales, Hubo
fraude, porque el informe del Registro General de la
Propiedad no consignó la verdad de acuerdo con las
anotaciones obran tes en dicha oficina", "Coincidimos '
por todo ello, en que la resolución que fue objeto del
recurso, es correcta y, fundamentalmente, ellaconsa-
gra el principio de justicia que es el valor supremo que
se da con motivo de la función judicial", "Sostenemos,
que las garantías constitucionales no deben ser iluso-
rias como meros principios enunciados sin conse-
cuencia práctica y fáciles de ser olvidadas o violadas,
Es deber inexcusable de los Jueces y Tribunales velar
por su fiel y estricta observancia y tener muy presente,
que ellas forman parte esencial de la ley suprema de .
la República", Voto del miembro del Tribunal de
Apelación, Antonio Teilechea,
. Esta resolución fue objeto de una Acción .de
Inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justi- .
cia, la cual la rechazó por Acuerdo y Sentencia NQ 26
del 16 de julio ,de 1976, en el que puede leerse un
meduloso voto del Dr. César Garay~ De dicho Acuer-
do y Sentencia se pueden -
.
extraer las siguientes
conclusiones: "Para que la sentencia haga cosa juz-
gada debe haber sido dictada en juicio contradictorio,
192 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

Donde no hubo proceso, O,' más· concretamente,


donde todas las diligencias se cumplieron a espaldas ·
del litigante o propietario, no iría a caber la invocación
de la cosa juzgada". "La cosa juzgada puede derivar
únicamente del Debido Procesal Legal, esto es, del ·
cumplimiento de ciertas exigencias ineludibles". "La
cosa juzgada puede en algunas circunstancias con-
sagrar la injusticia en casos particulares porque el
errorjudicial siemp're es posíble. Pero parece preferi-
ble, y dentro de nuestro sistema jurídico es así ,que
alguna vez pueda darse el caso de alguna injusta
sentencia que no admitiera revisión, al peligro que
supone la posibilidad de una constante reapertura de
fallos firmes". (Revista Jurídica Paraguaya La Ley N°
O. pág. 13; ario 1977).
Consignamos esta jurisprudencia, pese a que
ella se refiere a un incidente de nulidad de aotuaclo-
nes promovido por una de las partes a la que por los
vicios procesales cometidos se le asignó la represen-
tabión a través del Defensor de Ausentes, porque
surge tanto dela resolución del Tribunal de Apelación
como de la Corte Suprema de Justicia, principios que
hacen, a temas tratados en este trabajo, como la
indefensión en juicio, el debido proceso, y la revisión
de la cosa juzgada fraudulenta. En el caso,' al plan-
tearse el incidente de 'nulidad de actuaciones, ya se
habían dictado las sentencias coincidentes de Prime-
ra y Segunda Instancia ,haciendo lugar a la prescrip-
ción adquisitiva de. dominio y, formalmente, había
Cosa.Juzgada:
Ac. y Sen!. NQ 91, 5/07/82,Trib. Apel. Civ. y Com.,
3" Sala, 'en el caso L.G.P.SA el M.L. Y otros sI
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 193

simulación y nulidad. "En efecto, coincido con el a-qua


que, si bien nuestro derecho positivo no admite la
nulidad como acción para impugnar actos o resolucio-
nes procesales, que tienen remedios apropiados y
previstos en la ley de forma (incidentes, excepciones
y recursos de nulidad), sin embargo, la doctrina y la
jurisprudencia lo admiten en casos excepcionales,
cuando la ¡lcción es deducida "por un extraño que no
haya intervenido en eljuicio,aún cuando éste hubiera
terminado con una sentencia". "En la negada hipóte-
sis que L.A.P.S.A. pueda ser considerada como un
tercero extraño en el juicio que pretende anular, la
acción de nulidad debe reunir otros requisitos para ser
viable: perjuicio grave al que la invoca y fraude, dolo
o simulación cometido por las partes denunciadas".
Ac. y Sen!. Nº 171, 20/12/82, Corte Suprema de
Justicia, en el caso L.R. cl F.R. "A nadie escapa ya, en
efecto, que el acto procesal, como acto jurídico que
es, resulta susceptible de ser afectado por los vicios
de forma y también•
por los de fondo, propios del acto
jurídico del derecho civil, o por los originados por la
actitud de las partes, como simulación yel fraude, no
solo porque -como dice un autor- ei fraude puede
provenir de los litigantes a espaldas del Juez, sino,
inclusive, de,l mismo Juez o de los otrcisfuncionarios
judiciales que contribuyen a la formación del proceso.
La existencia de procesos simulados, tampoco puede
ser desconocida. El problema es serio y gravé. Nues-
tra jurisprudencia -en una cabal demostración de
como la praxis judicial crea el derecho- ha venido
admitiendo el incidente de nulidad después de la
sentencia, entre partes. Pero, en algunos casos, a mi
194 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

juiGÍO al menos, se los sustancia mal, privándose, por


regla general, a quien lo deduce, de la oportunidad de
demostrar los hechos. Pero aquella no acepta que
también puedan hacer lo mismo los terceros perjudi-
cados en situaciones parecidas. A éstos, les restaría
la acción autónoma de nulidad, que implicaría la
revisión del proceso en su totalidad, porqué sería
injusto e ilegítimo negarles una defensa que tienda a
lograr la reparación del daf'io sufrido. Nuestro Código
no la éonsagra expresamente, pero tampoco la prohi-
be". (Voto del Dr. José Alberto Correa). En otro
párrafo de dicho voto, dice el Dr. Correa: ..... Ia solidez
de la cosa juzgada es característica de la sentencia
que pone fin a un proceso válidamente integrado, no
de la obtenida mediante el fraude, entendiendo esta
palabra en su acepción más amplia" .
. A.i. N< 66, 16/06/83, Trib.Apei. Civ. y Com., 3a
Sala, en el caso M.P., I cl i.B.R. "La acción autónoma
de nulidad de sentencia no está legislada en nuestro
derecho procesal y la jurisprudencia la ha admitido
excepcionalmente cuando ha sido promovida por
terceros extraf'ios al juicio o por fraude, dolo o colu-
sión".
A.i. N° 252, 7/07/83, Trib. Apelo Civ. y Com., 1"
Sala, en el caso Ch.H. cl P.F. "las cuestiones formales
no pueden anteponerse a lo que es substancial en el
proceso, como el derecho de defensa que el deman-
dado no pudo ejercer como consecuencia del ardid
empleado por el aCtor".
Ac. y Sen!. N° 4, 11/02/86, Trib. Apelo Civ. y Como
3a Sala, en el caso A.V. de M. el Expte. E.M. sI
rectificación de acta de nacimiento sI Acción Autóno-
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 195

ma de Nulidad. "En autos la acción autónoma de


nulidad fue promovida por quien fuera tercero en el
proceso impugnado, lo que hace innecesario abundar
sobre el tema, puesto que para los terceros ambas
corrientes citadas conceden sin duda o reservas, la
mencionada acción autónoma de nulidad en salva-
guardia de su derecho a la legítima defensa, remedio
éste que fue acogido por este Tribunal y por nuestra
Excma. Corte Suprema de Justicia".
CAPITULO VII

NUESTRA OPINION.

La Acción Autónoma de Nulidad o Pretensión


Autónoma de Revocación de la Cosa Juzgada Frau-
dulenta. ha tenido recepción en nuestra legislación
positiva. Ella se da. mediante la disposición contenida
en el mencionado art. 409 del Código Procesal Civil.
La norma citada concede legitimación para pro-
moverla, solamente a los terceros que no han interve-
nido en el juicio contra el cual se dirige la acción.
Previamente, sin embargo, se exige de los terceros
interesados en promoverla, que ellos utilicen la vía de
defensa que menciona el artículó y que son las excep-
ciones de falsedad de la ejecutoria o la de inhabilidad
de título, previstas ambas en el art. 526, incs. a) y c)
del Código Procesal Civil. Dichas excepciones cons-
tituyen medios de defensa ante la Ejecución de Sen-
tencias. Las partes que intervinieron en el juicio, no
están legitimadas para promover la Acción Autónoma
de Nulidad.
El artículo no contiene una disposición que esta-
blezca el término dentro del cual podrá intentarse la
acción y tampoco ante qué Juez deberá promoverse
198 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

la misma, así como los trámites que habrán de corres-


ponderie.
Por considerarlo de interés, queremos referirnos
en primer lugar, a la modificación de que fue objetO la
redacción del arto 409, en su tratamiento en el Poder
Legislativo. En efecto, ya nos referimos antes a la
redacción que tuvo el "citado artículo cuando fue
elevado el proyecto, por segunda vez, por la Comisión
Nacional de Codificación al Congreso Nacional, en la
parte pertinente, la cual decía: "... ellos dispondrán de
la acción autónoma de nulidad, cuando la excepción
de cosa no juzgada fuese insuficiente para reparar los
agravios que aquellas resoluciones pudieren haber-
les ocasionado".
La actual redacción del arto 409, en la misma
parte, ya convertido el nuevo Código en ley de la
Nación, dice: "... ellos dispondrán de la acción autóno-
ma de nulidad, cuando la excepción de falsedad de la
ejecutoria o la de inhabilidad de título fue insuficiente
para reparar los agravios que aquellas resoluciones
pudieren haberles ocasionado".
Estimamos que la redacción última, elé!borada en
el Poder Legislativo, no es acertada. Y no la es,
porque trae a la cuestión aportes negativos para una
decisión rápida y absolutamente clara, como la pre-
vista en el proyecto de la Comisión Nacional de
Codificación. Enefecto, al obligar al tercero afectado
por una sentencia firme, a recurrir previamente a las
excepciones mencionadas, previstas como defensas
ante el Procedimiento de Ejecución de Sentencias,
está dando pie a innecesarias complicaciones, por
cuanto esde todos conocida, la diversidad de criterios "
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 199

para la apreciación de las defensas de falsedad de la


ejecutoria y y la de inhabilidad de título, sobre todo, de
la primera de ellas. Pero, además, ellas son defensas
que no hacen precisa y específicamente a la situación
de un tercero, ajeno a la litis concluida y con sentencia
firme, sino a situaciones que pueden referirse a diver-
sas circunstancias, largamente discutidas en los jui-
cios en ios que se plantean tales defensas. En cam-
bio, la expresión de excepción de cosa no juzgada,
resultaba mucho más clara y concreta, mucho más
contundente para expresarla real situación del terce-
ro, que no intervino en el juicio cuyas consecuencias
se quieren hacer valer contra el mismo. Lamentamos
por ello esta modificación que le resta precisión a la
norma, que puede dar lugar a discusiones estériles,
que denota ligereza en el trat.amiento de la cuestión
en el Parlamento y que había sido muy bien elaborada
en la Comisión Nacional
. de
. Codificación.
La Acción Autónoma de Nulidad no está prevista
en el Código Procesal Civil, para las partes intervi-
nientes en el proceso donde se dictó sentencia con
fuerza de ejecutoria. Ya señalamos con anterioridad
que constituye el punto más delicado en esta cuestión
porque es el que en mayor y más grave medida puede
afectar la Cosa Juzgada y el principio de Seguridad
Jurídica.
Nos preguntamos, entonces, ¿resultaría pruden-
te incluir una disposición en el Código Procesal Civil,
que contemple la posibilidad de la promoción de la
Acción Autónoma de Nulidad por unade las partes del
proceso, contra el cual se quiere dar la pretensión?
Para nosotros, la respuesta es afirmativa. Lo es,.
200 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

porque nuestra larga experiencia judicial y una ya


respetable experiencia profesional, nos ha dado
muestras que, pese a todas las previsiones que el
mecanismo procesal tiene para el logro del llamado
Debido Proceso, más aún, teniendo en cuenta las
disposiciones incorporadas con mucho acierto en el
Código Procesal Civil recién entrado en vigor, como la
Buena Fe en el Proceso y el Abuso Procesal del
Derecho, pese a todo ello. decimos, el Fraude Proce-
sal es posible, desgraciadamente. Ya se hadicho que
en la doctrina, hondos y persistentes son los clamores
contra el fraude en el proceso, contra los factores
externos que muchas veces, negativamente, vienen
a'influir-para consagrar fallos absolutamente injustos,
. aunque formalmente perfectos .
. Nuestras sociedades no han podido aún sUs-
traerse definitivamente a ciertos modos y costumbres
provenientes de las fuentes del poder político o del
poder económico, para crear influencias que preten-
den muy a menudo constituirse en factores de presión
que embalen contra los atributos cardinales de la
función judicial, cuales son la independencia y la
imparcialidad, pasando por la honestidad. Es una
realidad que no se puede desconocer, es una realidad
que acecha, para impedir la Justicia.
Tampoco puede desconocerse la tremenda cri-
sis de formación moral y técnica que afecta a los
profesionales abogados, no solamente consecuencia
de factores socio-económicos y políticos, sino tam- .
bién de la cada vez más defectuosa educación y
formación legal de los mismos.
Y resulta casi un contrasentido, que mientras las
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 201

legislaciones evolucionan para ponerse a tono con


las realidades sociales en sus cambios constantes,
mientras surgen mejores códigos y leyes que traen la
esperanza y el alivio de mayores posibilidades de
llegar a la Justicia, la educación y formación legal de
los Abogados y Jueces, no ha tenido la evolución
proporcional, a tal punto que nuestra profesión, tan
hermosa y digna, tan honrosa y tan noble en su
cometido, se ha visto desdibujada en el señorío que
la presidía.
Sí, lamentablemente, es posible que un juicio
pueda ser producto del fraude, del dolo, pese a todos
los medios previstos para impedirlo y llegar a consu-
mar la temible Cosa Juzgada Irrita a la que tantos
ilustres procesalistas se han referido con toda ampli-
tud y con inocultable preocupación.
Ese dolo, puede provenir de la colusión de las
partes, para defraudar a la misma ley. Puede provenir
del Juez que, olvidando su independencia, su impar-
cialidad o su honestidad, admita presiones políticas,
acceda a favorecer a sus amigos· o acepte pOner
precio a su pronunciameinto. Puede provenir de quie-
nes, siendo auxiliares de la Justicia, atenten contra
ella, como cualquier funcionario judicial, perito, infor-
mante de oficinas públicas, etc. Este fraude puede ser
provocador de la indefensión procesal, situación ex-
trema que la Constitución Nacional no puede conva-
lidar de .ningún modo y que justifica inexorablemente
la revisión de cualquier proceso, aunque exista sen-
tencia con autoridad de Cosa Juzgada.
Ya no nos referiremos a los motivos por los
caules el principio de Seguridad debe ceder en estos
202 ANTONIO TEllECHEA SOUS

casos ante el valor Justicia, porque hemos dado una


amplia exposición, con anterioridad, del pensamiento
de los más calificados exponentes de la doctrina
procesal sobre eltema y hemos demostrado que sus
cultores más modernos y más actualizados están,
definitivamente, en favor de la Justicia ante la terrible
alternativa de elegir entre ésta y la Seguridad, desde
luego con el más acentuado criterio restrictivo y el
más escrupuloso análisis de cada caso y de cada una
de las circunstancias que se dan en el mismo.
Por las razones expuestas, consideramos noso-
tros, que la inclusión de la Acción Autónoma de
Nulidad en el Código Procesal Civil de la República,
que ha entrado en vigencia el 4 de noviembre de
1989, es todo un acierlo y viene a plasmar un anhelo
de muchos procesalistas, que reconocen en el institu-
to un medio eficaz para el logro de la Justicia.
Consideramos. ig ualmente, que ha sido una
equivocación, sin duda alguna, la modificación que
hizo el Congreso de la redacción del. arto 409, elabo-
rada por la Comisión Nacional de Codificación, en la
forma ya comentada con anterioridad. .
Propugnamos con la fuerza de la convicción que
emana de los estudios realizados de la Cosa Juzga-
da, del Fraude Procesal y de los Medios Impugnato-
rios de la Cosa Juzgada Fraudulenta o Irrita, la inclu-
sión en el Código Procesal Civil de las ampliaciones
que habremos de .sugerir más adelante.
Los fund1tmentos de nuestra opinión, surgen
igualmente. de la amplia exposición de la doctrina,
manifestada a través de los más eminentes procesa·
listas de este tiempo y especialmente en América
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 203

Latina y también en Congreso y Jornadas de Derecho


Procesal, en los cuales ha sido unánime ~I reconoci-
miento de la necesidad de prever un medio concreto
de impugnación de la Cosa Juzgada Irrita o Fraudu- .
lenta. Asimismo, teniendo en cuenta lo que nos ofrece
el derecho comparado en la materia, como en el caso
del Código Procesal Civil Brasileño, ya comentado.
Además, no puede prescindirse de las disposi-
ciones concordantes contenidas en el Código Civil,
como las que provienen de los arts. 356 y 357 espe-
cialmente, así como la contenida en el arto 361 del
mismo Código.
Dichas ampliaciones se refieren, en primer lugar,
a dar legitimación a las partes intervinientes y al
Ministerio Público para promover la Acción Autónoma
de Nulidad, en la situación de darse las causales que
se enumerarán oportunamente; en señalar la compe-
tencia del Juez que habrá de entender en la sustan-
cia9ión de la acción, en el plazo c;ie caducidad de la
acción, en el procedimiento, en la carga de la prueba
yen el contenido y efectos de la sentencia que deberá
recaer en el juicio iniciado con motivo de la promoción
de la Acción Autónoma de r\Julidad.
Antes de dar las propuestas concretas que po-
drían servir de base para ampliar el régimen procesal
de la Acción Autónoma de Nulidad ya prevista en
nuestro Código Procesal Civil, daremos, asimismo,
nuestra opioión sobre si, en las condiciones actuales, .
en que ella solo otorga legitimidad a los terceros para
promoverla, sería viable, si es promovida por una de
las partes intervinientes en el proceso o por el Minis-
terio Público.
204 ANTONIO TElLECHEA SOLlS

La respuesta es afirmativa. Tiene ese sentido,


porque consideramos que aún con el régimen del
nuevo Código Procesal Civil, pueden darse situacio-
nes que, reconociendo irregularidades que desnatu-
ralizan el proceso, no tendrán remedio procesal de
impugnación por la preclusión operada y por la auto-
ridad de Cosa ·Juzgada adquirida por la sentencia
definitiva dictada en un proceso.
y las causas de esas irregularidades que impiden
la realización de la Justicia afectan no solo la morali-
dad del proceso, que es uno de sus . . presupuestos
esenciales, sino que, además, lesionan normas de
jerarquía constitucional, a las que los órganos judicia-
les deben fidelidad insoslayable. Surge, desde luego,
con nitidez notable, el caso de la indefensión yapare-
cen los casos en los que el Juez falta al deber de
aplicar correctamente la ley y de actuar con absoluta
independencia o imparcialidad. Y surge el fraude de
la ley provocado por las partes en colusión. Ante estas
situaciones no creemos que pueda negarse la consi-
deración de una pretensión muy seria y muy cierta-
mente fundada, a la qu~ se exigirán requisitos acor-
des con la gravedad de dicha pretensión.
Repetimos, para nosotros, no puede convalidar-
se el proceso simulado o el proceso fraudulento,
porque, así como el Código Civil no convalida actos
que considera inexistentes por su afectación de nuli-
dad, el Derecho Procesal Civil, instrumento dinámico
para la realización plena de aquél, no puede convali-
dar actos afectados de nulidades insanables.
CAPITULO VIII

PROPUESTA DE BASES FUNDAMENTALES PARA


LA AMPLIACiÓN DEL RÉGIMEN DE LA ACCiÓN
AUTÓNOMA DE NULIDAD EN EL CÓDIGO
PROCESAL CIVIL.

Es necesario volver. en la redacción del art. 409.


a la que tenia el mismo, elaborada por la Comisión
Nacional de Codificación, en cuanto a la excepción
oponible por el tercero contra quien se pretende
ejecutar U/ia sentencia dictada en un juicio en el que
no intervino y que debe ser, como estaba previsto en
el proyecto, la excepción de cosa juzgada.
La legitimación para promover la Acción Autóno-
ma de Nulidad, debe ser extendida a las partes y a sus
sucesores universales o a titulo particular, así como al
Ministerio Público.
Las causales por las cuales, las partes o sus
sucesores universales podrán promover la Acción
Autónoma de Nulidad, podrán ser las siguientes: a)
Por la conducta delictiva del Juez que dictó la senten-
cia, entendiéndose por tal, la proveniente del cohe-
cho, prevaricato o colusión del Juez con una de las
partes; b) por la índefensión que afectó a una de las
206 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

partes, que resulta evidente mediante el simple exa-


men del proceso que es objeto de la acción; c) si la
sentencia definitiva se ha fundado en una prueba
falsa, probada dicha falsedad en juicio criminal con
sentencia firme; d) si con posterioridad a la sentencia
se hubieran podido obtener instrumentos públicos
capaces, por sí mismos, de provocar un pronuncia-
miento favorable.
Las causales por las cuales el Ministerio Público
podrá promover la Acción Autónoma de Nulidad,
serán las siguientes: a) Si no se le ha dado interven-
ción en un proceso, en el cual es parte esencial; b) si
ha habido col usión entre las partes para defraudar a
la ley.
En cuanto .al procedimiento de la Acción Autóno-
made Nulidad, la misma debe tramitarse por la vía del
Juicio de Conocimiento Ordinario.
En principio, consideramos que podría ser con-
veniente plantear la Acción Autónoma de Nulidad
ante el mismo Juzgado que entendió en el proceso
atacado por ella. Sin embargo, pueden darse causa-
les de dicha acción, qu~ precisamente se refieren a la
conducta del Juez en el proceso. Ello obliga a pensar
en la necesidad del planteamiento de la acción ante el
Juzgado de turno, lo que, si bien podría.significar
algún dispendio de tiempo, por otro lado, permitiría un
nuevo examen del caso, sin el riesgo de prejuicios de
ningún género. Por todo ello, consideramos más
válida la segunda alternativa.
Serán legitimados pasivos de la Acción Autóno-
ma de Nulidad quienes intervinieron en el proceso
que es Impugnado por la misma.
NULIDADES EN EL PROCESO CIVIL 207

La sentencia que recaiga en el juicio promovido


mediante la Acción Autónoma de Nulidad, constará
de tres partes: a) la primera se referirá a la admisión
o no dela Acción; b) en la segunda, de ser afirmativo
el pronunciamiento en cuanto al éxito de la Acción, se
declarará la riulidad del proceso atacado por ia Ac- .
ción, incluidas las sentencias dictadas en el mismo; y
c) en la tercera, el Juez emitirá ei nuevo pronuncia-
miento.
Si una de las partes promueve la Acción Autóno,
ma de Nulidad, deberá hacer previamente, el depósi-
to de una suma equivalente al cinco por ciento (5%)
del monto o cuantía del mismo, que surgirá de la
expresión de la condena o será estimado por el Juez,
mediante las constancias de autos. La suma que
corresponda a este depósito, la perderá el depositan-
te, si la acción es rechazada, sin perjuicio de las
costas del juicio. No tendrán esa obligación el Minis-
terio Público y el tercero. · .
La demanda no tendrá efecto suspensivo de la
sentencia definitiva dictada en el proceso impugnado ·
mediante la Acción.
En caso que el Juez, concluido el proceso y en el
momento del pronunciamiento, tenga la más mínima
duda acerca de la admisión o el rechazo de la deman-
da, deberá rechazarla.
Serán presupuestos esenciales de la Acción
Autónoma de Nulidad, la imposibilidad de recurrir a
ningún otro remedio procesal, la demostración con-
creta, clara y fehaciente del perjuicio sufrido y la no
contribución del accionante de modo alguno, a la
208 ANTONIO TELLECHEA SOLlS

realización de los actos procesales atacados de nuli-


dad.
El derecho de promover la Acción Autónoma de
Nulidad. se extingue. luego de transcurrido un año de
haber alcanzado la sentencia. la autoridad de la Cosa
Juzgada.
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