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INTRODUCCIÓN

El Estado suele definirse como la organización jurídica de una sociedad bajo un


poder de dominación que se ejerce en determinado territorio. Tal definición revela
que son tres los elementos de la organización estatal: la población, el territorio y el
poder. El poder político se manifiesta a través de una serie de normas y de actos
normativamente regulados, en tanto que la población y el territorio constituyen los
ámbitos personal y espacial de validez del orden jurídico. Se ha dicho que la
ordenación jurídica bajo un poder de mando es el elemento formal, mientras que la
población y el territorio son los elementos materiales del Estado. Mas no hay que
olvidar que lo mismo la población que el territorio háyanse en todo caso
determinados por el ordenamiento jurídico.

Nacionalidad y ciudadanía frecuentemente se confunden y la definición de uno y


otro, en gran medida, depende del derecho positivo del Estado con el que está
vinculado cada individuo. No obstante, es posible formular algunas precisiones.
Por lo general, se acepta que la nacionalidad es el vínculo de un individuo con
una nación. Hay individuos que tienen doble nacionalidad y otros que, habiendo
cambiado su nacionalidad, pueden perder la adquirida por situaciones diversas,
generalmente por haber.

La Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada en 1948 por la


Organización de las Naciones Unidas, establece que todos los hombres
tienen derecho a la nacionalidad y estipula que nadie debe ser privado
arbitrariamente de ella.

La ciudadanía es una forma privilegiada de nacionalidad. Es decir, el ciudadano,


además de poseer las atribuciones de la nacionalidad, goza de derechos y está
sometido a obligaciones que no tienen todos los nacionales. Por ejemplo, los
ciudadanos tienen el derecho a votar o a ocupar cargos públicos y, como
contrapartida, están sometidos a algunas responsabilidades
I. CONCEPTO DE ESTADO
Es la Nación organizada jurídica y políticamente bajo una autoridad
(gobierno) que tiene la finalidad de lograr el Bien Común, es la
concreción jurídica de una Nación.
El Estado emerge como una entidad jurídico-política constituida sobre la
base de aquella entidad social denominada Nación (o colectividad
nacional, para comprender a una pluralidad de Naciones articuladas en
una unidad), pero también sobre la base física o espacial en la que se
desenvuelve la vida nacional, y, particularmente, sobre la base jurídico
política plasmada merced al poder político estatal, como dimensión
específica del poder social para satisfacer necesidades comunitarias.

El Estado es un concepto “jurídico” mientras que la Nación tiene un


sustento “sociológico”, ello hace posible la integración de ésta en aquel.
Cuando una Nación adquiere conciencia como tal, aspira a ser Estado.
El Estado nace por ello en la necesidad que tiene la sociedad de lograr
el “Bien Común”, lo cual exige el reconocimiento e intangibilidad por
otros Estados, tanto de su independencia, soberanía e inviolabilidad de
su territorio, como de la facultad de organizarse política, social,
económica, tecnológicamente, militarmente y de emplear sus medios en
la forma que juzgue conveniente para la consecución de sus fines.

II. ELEMENTOS DEL ESTADO


2.1. PUEBLO
Es el elemento humano del Estado, constituido por el conjunto de
personas, unidas por un vínculo histórico - jurídico político, sustentado
en la vigencia de valores comunes, históricamente compartidos, que se
llama Nacionalidad.
Los pobladores nacionales, así como los extranjeros nacionalizados,
constituyen el Pueblo de un Estado. El pueblo es el elemento más
importante del Estado, porque de él emana el poder, constituye el
ámbito social de la aplicación de ese poder, es la razón de la validez del
ordenamiento jurídico y es el destinatario del Bien Común.

2.2. TERRITORIO
Es el elemento físico del Estado, comprende el suelo, el subsuelo, las
aguas de los lagos, ríos, pluviales y el mar adyacente, el lecho y
subsuelo marino, fluvial y lacustre y el espacio aéreo que los cubre.
Comprende también el patrimonio nacional, vale decir la infraestructura
habitacional, social, cultural, histórica, arqueológica, tecnológica,
productiva, vial, artística, etc.

El territorio nacional es inalienable e inviolable, y en él, el Estado ejerce


soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de las libertades de la
comunicación internacional, de acuerdo con la ley y con los tratados
internacionales ratificados por el Estado.

2.3. PODER POLÍTICO


Es el elemento organizativo, normativo, jurídico, coercitivo y
administrativo del Estado. Es la potestad y facultad de ejercer la acción
de gobierno de manera equilibrada e independiente, conforme a lo
establecido en la Constitución y las leyes. Es la capacidad de ejercer el
mando, organizar y conducir la vida política, económica, social,
tecnológica, administrativa y de seguridad y defensa de la Nación.

El Poder Político se sustenta principalmente en la capacidad de generar


consensos, en la creencia de la población de que es legítimo aceptar el
ordenamiento jurídico y normativo vigente, y en la eficacia demostrada
por el poder político en el logro de los fines esenciales del Estado, vale
decir, el Bienestar General y la Seguridad Integral.
Cabe señalar que el Poder Político Estatal, es un fenómeno
culturalmente creado en el largo desarrollo de las sociedades humanas,
para organizar integralmente la vida social, consolidar y perfeccionar el
orden que ella requiera, regularla mediante la creación y aplicación de
normas que asumen carácter jurídico y sustancialmente, canalizar la
acción social, enrumbando la marcha histórica social, que en este caso
es la colectividad nacional, hacia la progresiva consecución de los altos
fines que permitan la realización plena de todos sus integrantes.

El poder emana del pueblo, quienes lo ejercen lo hacen con las


limitaciones y responsabilidades que la constitución y las leyes
establecen. Ninguna persona, organización, Fuerza Armada, Policía
Nacional o sector de la población puede arrogarse el ejercicio de ese
poder.

III. LA CIUDADANÍA.

3.1. CONCEPTO DE CIUDADANÍA


La ciudadanía es la condición del hombre moderno, que se
caracteriza por ser una persona autónoma, es decir, sin lazos
de dependencia personal (no es esclavo ni siervo); además,
tiene derechos y responsabilidades para con la comunidad
política (estado) a la que pertenece.

3.2. DERECHOS QUE TIENE UN CIUDADANO


Los ciudadanos tienen los siguientes derechos:

3.2.1. Derechos civiles

Es decir, libertad para actuar sin impedimentos que bloqueen


la acción ni restricciones que lo obliguen a actuar de una
manera no deseada. El ciudadano puede hacer todo aquello
que la ley no prohíba. Los derechos civiles son los siguientes:
libertad de la persona, libertad de palabra, libertad de
pensamiento y de fe; derecho a la propiedad personal y a
establecer contratos válidos, y el derecho a la justicia.
Nuestros derechos civiles están consagrados en la
Constitución Política del Perú.

3.2.2. Derechos Políticos

Es decir, libertad para decidir libremente y participar


activamente en los asuntos públicos. Los derechos políticos
son los siguientes: El derecho al sufragio y el derecho a
ocupar cargos públicos. Nuestros derechos políticos están
consagrados en la Constitución Política del Perú.

3.2.3. Derechos Sociales

Es decir, son aquellos que nos permiten participar de la


riqueza y el bienestar que produce la sociedad. Los derechos
sociales van desde el derecho a un mínimo bienestar y
seguridad económica, hasta el derecho a compartir
plenamente el patrimonio social, viviendo como seres
civilizados, de acuerdo a los patrones vigentes en la sociedad.
Nuestros derechos sociales están consagrados en la
Constitución Política del Perú.

3.3. RESPONSABILIDADES CIUDADANAS

Son las acciones o conductas que deben adoptar los ciudadanos, para
contribuir al bien común, a la redistribución de la riqueza, al
sostenimiento de la administración del Estado y, principalmente, para
garantizar el ejercicio de sus derechos y el de todos los individuos que
componen la comunidad política a la que pertenecen.
Dependiendo de la cultura de cada nación, las responsabilidades van
desde el sostenimiento de la administración pública y de servicios
mínimos (salud y educación), hasta el financiamiento de pensiones a
los jubilados y cesantes, que les permitan vivir dignamente. También es
una responsabilidad ciudadana, la lealtad del ciudadano a la
comunidad política a la que se pertenece. Nuestros deberes se
encuentran establecidos en la Constitución Política del Perú y en otras
normas como son las leyes y los códigos.

3.4. EL MODELO LIBERAL DE CIUDADANÍA

El modelo liberal de ciudadanía parte en un primer momento de la


propuesta que T. H. Marshall (1998), quien explica en esta obra el
aumento de derechos asociados al estatus de ciudadano y cómo este
estatus fue paulatinamente extendiéndose a todas las esferas de la
sociedad inglesa.

En primer lugar, ser ciudadano se asociaba al disfrute de una serie de


derechos civiles (siglo XVIII en Inglaterra), posteriormente se añadieron
los derechos políticos (siglo XIX) y finalmente los derechos sociales en
el siglo XX. Consideraba así que se había llegado a la formulación final
de ciudadanía: un estatus que confiere derechos a todos los miembros
plenos de una comunidad política. Todos los ciudadanos son, en este
sentido, iguales respecto a los derechos y deberes que acompañan al
estatus.

A la comprensión de ciudadanía descrita líneas arriba, suele


denominársela ciudadanía "pasiva" o "privada", porque concibe la
ciudadanía como un estatus que comporta más una serie de derechos
que de obligaciones. Según Marshall el énfasis en los derechos
liberales y en la vida privada impide forzar a alguien a llevar una vida
pública activa y a tener una serie de deberes. Esto se comprendería
como una imposición que privaría a una persona de su libertad. Esta
definición de la ciudadanía como "ciudadanía como posesión de
derechos" fue defendida en la teoría política contemporánea por
autores liberales, hasta que en 1971 John Rawls, el más importante
representante del "liberalismo igualitario" la modifica parcialmente.

De esta manera, el ciudadano sigue siendo principalmente un sujeto de


derechos, pero añade a su condición de sujeto libre e igual que disfruta
predominantemente de derechos, también de obligaciones de ser una
persona razonable y tener un sentido del deber para con la sociedad.
Estas condiciones llevarían a todo ciudadano o ciudadana a
comportarse cívicamente, por ejemplo a ser tolerante, equitativo y a
cooperar a lo largo de toda su vida en una sociedad bien ordenada.

Así, el deber de civilidad impone a los ciudadanos ciertos límites


cuando deciden o votan cuestiones políticas fundamentales, pues
siempre se ha de decidir teniendo en cuenta que las posturas han de
ser razonables y con las que toda otra persona libre e igual puede
concordar. Por tanto, los ciudadanos disfrutan de «libertades básicas
iguales», de igualdad de oportunidades, y de una serie de bienes
primarios distribuidos estratégicamente para que cada ciudadano
pueda desarrollar su plan de vida.

3.5. LA CIUDADANÍA REPUBLICANA

La ciudadanía republicana es comprendida más como un modelo


procedimentalista, es decir, un modelo que parte también del
pensamiento ético formal del filósofo Emanuel Kant (Ferrater, 1999),
pero que lo transforma sustituyendo la razón práctica y solipsista
kantiana por una razón de tipo intersubjetiva y en constante diálogo con
las demás, es decir una alteridad. Es también concebido como una
racionalidad comunicativa, que presupone una situación ideal de libre
expresión de las ideas muy lejos de dominaciones, imposiciones y
desigualdades. Una situación ideal que sirve de ideal regulativo y en la
que se pueda llegar a un entendimiento mutuo y acuerdos. Acuerdos
que podrían responder, de esta forma, a criterios de rectitud y de
veracidad.

Por otra parte, la concepción de ciudadanía del filósofo Jürgen


Habermas (1998) pone especial énfasis en la vida pública y activa de
los ciudadanos. Por lo que, necesariamente, los deberes de ciudadanía
aumentan. Según Habermas, para ser verdaderamente libres, además
de poder regir nuestra vida en el ámbito privado, también hemos de
poder regir nuestra vida en la esfera pública. Necesitamos también
poder ir constituyendo, a través del diálogo y la deliberación
intersubjetiva, las condiciones jurídico-políticas en que convivimos,
pues sólo a través de nuestra autonomía pública podremos ser
autónomos en nuestra vida privada. Y viceversa: sólo siendo
autónomos "privadamente" podremos llegar a ser autónomos en la
esfera pública.

Habermas afirma que surge una concepción procedimental del


derecho, según la cual el proceso democrático debe asegurar
simultáneamente la autonomía privada y la autonomía pública tanto del
individuo como del grupo social. En este sentido, no son suficientes los
derechos liberales, si no que deben completarse con derechos de
participación y comunicación en la esfera pública, de tal forma que se
pueda ir constituyendo el propio medio de vida social.

3.6. CIUDADANÍA COMUNITARIA

El modelo de ciudadanía más conocido como comunitario surge en los


años ochenta como respuesta crítica a la teoría liberal de la justicia de
John Rawls. Es un movimiento que, a diferencia de los dos anteriores,
reivindica políticamente el concepto de comunidad y la idea de bien
sobre la idea de lo justo.

Para los comunitarios, la ciudadanía no sólo responde a valores


políticos universales, como ocurre en los otros modelos que se ha
estudiado, sino también a identificaciones culturales particulares y a
una idea concreta de bien. Encontrar el equilibrio entre estos dos tipos
de identificaciones será uno de los objetivos de Taylor y Kymlicka
(2002).

Por tanto, Taylor reivindica el regreso a una sociedad cohesionada bajo


una idea determinada de bien que dé sentido y oriente la vida. La
vuelta a una ética sustantiva que sustituya a las éticas procedimentales
que predominan actualmente en teoría política. El contenido, la
"sustancia" de esta ética sustantiva consistiría en ser fiel a uno mismo,
a la propia originalidad y unicidad. Lo que Taylor denomina el "ideal de
autenticidad" y que sólo tiene sentido considerando que la identidad
personal es una identidad que se va haciendo y constituyendo en
diálogo continuo con otros significativos y en un determinado contexto
social-comunitario.

Según Taylor (citado líneas arriba), se necesita el reconocimiento de


los demás para constituir la propia identidad individual (y colectiva), es
un error muy propio del pensamiento moderno representar a la persona
construyendo su propia identidad y originalidad de forma aislada,
independientemente de sus relaciones con otros significativos. Se
necesita de los otros, de su mirada y reconocimiento para construir la
propia identidad, pues la identidad personal depende decisivamente de
relaciones dialógicas con los demás. Se da así una conexión básica
entre identidad, (mi identidad), autenticidad (mi autenticidad) y
reconocimiento, (el reconocimiento que se obtiene de los demás).

Es así que, la corriente comunitaria reivindica el reconocimiento político


de los diferentes grupos culturales minoritarios que componen una
sociedad: el reconocimiento de su diferencia e igual valor (al menos en
principio). Y el derecho a participar en pie de igualdad en el espacio
público.

3.7. CONCEPCIONES LIBERALISTAS Y COMUNITARISTAS


El estudio sobre ciudadanía puede resumirse en las posturas
liberalistas y comunitaristas. En la década de los setenta y ochenta, se
inició un debate, más de carácter filosófico sobre la naturaleza del
individuo y sobre sus derechos en relación con el Estado. Los
principales protagonistas de este debate fueron, por una parte los
liberales, encabezados por John Rawls, Dworkin y Gauthier, y, por otra
parte, los comunitaristas, como Arendt, Walzer, Taylor y Sandel. El
debate, desarrollado en Norteamérica y Europa, tuvo dos esferas la
metodológica y la normativa sobre la concepción de individuo y de
comunidad:

Actualmente, se encuentra todavía vigente el debate entre liberalismo y


comunitarismo. Frente a este tema, se hace un planteamiento muy
interesante, en el que asocia la postura liberalista con un tipo de
ciudadanía entendida más como un estatus, y por otra parte la postura
comunitarista, que entiende la ciudadanía como una práctica donde
predomina la idea de grupo.

En tal sentido, según estas posturas, para llegar a ser ciudadano activo
en una determinada comunidad uno debe estar motivado, formado
cívicamente y gozar de oportunidades de participación del bien común.
Además, la tradición cívica considerada como "republicanista" ha
pasado por dar mayor importancia al ejercicio de la virtud cívica, la
participación en la construcción del interés común y el cumplimiento de
los deberes cívicos desde un ideal moral de servicio a la comunidad y
en todo caso a la república. Y sólo así, desde esta tradición, el
individuo accede a la condición de plena ciudadanía, ya que ésta es
una actividad básicamente deseable que entraña un compromiso moral
y cívico.

A diferencia de esta tradición considerada como clásica de ciudadanía,


más centrado en el republicanismo, el pensamiento filosófico del
liberalismo cívico da más importancia, sobre todo, a la idea de que la
ciudadanía es un título al que se accede cuando se reconocen
determinados derechos. Pero existe un elemento en que ambas
tradiciones no podrían entrar en contradicción. Se trata precisamente
de un elemento que forma parte de una noción comprensiva de
competencia cívica, lo que se denomina como el juicio político. A través
del ejercicio de la facultad de juzgar las realidades políticas, y no sólo
por el ejercicio de la virtud cívica, también se accede a una plena
condición de ciudadanía, a un tipo de actividad ciudadana en la que los
valores de la tradición liberal y los del pensamiento cívico republicano
pueden llegar a armonizarse.

De esta manera, el debate entre los denominados liberales y


comunitaristas continúa en la actualidad, y trata sucesivamente en
buscar respuestas a los fenómenos sociales que influencian la vida de
individuos y colectivos en las sociedades. No obstante, el concepto
liberal de ciudadanía es susceptible de replantearse conforme la
emergencia de una pluralidad de ciudadanías en varios países tanto de
Europa como de América Latina.

3.7.1. Crisis del concepto liberal de Ciudadanía

Según muchos estudiosos del tema, el concepto de


ciudadanía se ha convertido en uno de los términos
fundamentales del debate político a partir de la década de los
90. Esta importancia que ha adquirido el concepto de
ciudadanía se debe en gran medida a que es un concepto que
se halla en plena "evolución", debido más que todo a los
grandes cambios económicos, sociales, culturales y políticos
de la actualidad.

Desde la antigüedad clásica, es decir, Grecia y Roma hasta


nuestros días el concepto de ciudadanía ha ido cambiando
cada vez más. En pleno siglo XXI se ve como el discurso de
ciudadanía se convierte en algo claramente diferente a lo que
se entendía anteriormente:

La demostración comparativa que se aprecia en el cuadro


anterior, dio lugar a un concepto clásico de ciudadanía, es
decir, como estatus jurídico y político mediante el cual el
ciudadano adquiere unos derechos como individuo (civil,
político y social), además también unos deberes respecto a
una colectividad política, además de la facultad de actuar en la
vida colectiva de un Estado. Por consiguiente, la condición de
ciudadanía estaría restringida a las personas que tienen esa
condición.

Por tanto, todas las personas que viven en un determinado


territorio del que no son ciudadanos, están excluidas de los
derechos y deberes que permite la condición de ciudadano en
tal territorio. Cada Estado tiene unas normas que regulan la
manera por la cual una persona adquiere la nacionalidad de
ese Estado, es decir, la condición de ciudadano.

Este concepto de lo que es ciudadanía, es la correspondiente


al periodo histórico que se inició con las grandes revoluciones
liberales de finales del siglo XVIII, y caracterizado por la
primacía del Estado – nación como colectividad política que
agrupa a los individuos. Un siglo después empieza a entrar en
controversia esta concepción de ciudadanía. En contraparte
emerge la concepción de ciudadanía multicultural.

3.8. CIUDADANÍA MULTICULTURAL

En la perspectiva de Will Kymlicka (2002), se puede comprender que la


ciudadanía multicultural es propiciar que las democracias de los
Estados multinacionales y poli-étnicos construyan como fundamento en
sus Constituciones Políticas, el reconocimiento y apoyo a la identidad
cultural de los grupos étnicos y minorías nacionales, y apostar con toda
potencia y creencia por una justicia basada en la igualdad, que permita
adecuar necesidades diferenciadas, es decir, los derechos colectivos
para que puedan tener la posibilidad de mantenerse como cultura
distinta. Y es imprescindible además, que se les brinde las mismas
asistencias y oportunidades que a la nación mayoritaria en términos
equitativos.

Es necesario valorar la diversidad cultural, darle voz a las minorías, y a


los grupos étnicos para que puedan expresar sus necesidades,
intereses y aspiraciones. Según Kymlicka resulta imprescindible que
las minorías dispongan de procedimientos justos para que se escuche
su voz en los procesos políticos, sociales y económicos.

Del mismo modo, no se puede olvidar que para soñar con una
democracia estable a largo plazo, en un Estado pluriétnico y
multicultural como el caso de Bolivia, es necesario desarrollar en
primera instancia los siguientes aspectos:

3.8.1. El sentido de la solidaridad

La ciudadanía debería ser un foro donde la gente supere las


diferencias y piense en el bien común de todos los
ciudadanos. En este sentido, la salud y la estabilidad de las
democracias modernas no solo dependen de la justicia de sus
instituciones básicas, sino también de las cualidades y
actitudes de sus ciudadanos; es decir:

 De su sentimiento de identidad y de cómo consideran a


otras formas de identidad nacional, regional, étnica o
religiosa;
 De su capacidad de tolerar y de trabajar con personas
distintas de ellos; de su deseo de participar en el
proceso político para promover el bien público;
 De apoyar a las autoridades políticas responsables;
 De su voluntad de demostrar comedimiento y de
asumir la responsabilidad personal en las exigencias
económicas;
 De su sentido de justicia y su compromiso con una
distribución equitativa de los recursos.
3.8.2. Sociedad de justicia compartida

Es importante que exista una sociedad que una a las


sociedades modernas. El acuerdo público en cuestiones de
justicia política y social mantiene los lazos de la amistad
pública y asegura los vínculos de asociación.

3.8.3. La identidad compartida

Generalmente, la identidad compartida procede de la historia,


de la lengua y, tal vez de la religión común. Pero en muchos
países multinacionales como Bolivia la historia no es una
fuente de orgullo compartido, sino de resentimientos y de
divisiones entre grupos nacionales.

Tomando en cuenta los anteriores conceptos, los Estados a


través de sus políticas debe favorecer la consecución de los
derechos culturales (múltiples derechos de las diferentes
culturas), ya que pueden contribuir más a esa solidaridad e
impulsar la integración social y la unidad política.

Se puede entender que la ciudadanía intercultural es una


iniciativa concertada entre el Estado y los grupos o pueblos
que la integran en un contexto caracterizado por su diversidad
étnica y cultural, para hacer factible que todas las personas de
todos los grupos étnicos y culturales conozcan, comprendan y
compartan las diferentes culturas, sus problemáticas, no solo a
nivel legal y político, sino que también se tome en cuenta la
dimensión social y civil.

IV. LA NACIONALIDAD

Se encuentra comprobado históricamente que desde los primeros


estados de la coexistencia social el hombre sintió la necesidad de
fortalecer su vínculo con la tierra que la viera nacer. Empero el origen de
esta necesidad tuvo un marcado acento religioso; así, cuando las
familias, comunidades y tribus concordaron sobre la necesidad de
adoptar un culto común, fundaron inmediatamente la urbe para
establecer el santuario donde ofrecer el rito religioso generalizado. Por
eso se señala con acierto que la urbe siempre fue un acto religioso.

Al respecto, es dable advertir que, ciudad y urbe no eran expresiones


sinónimas en el mundo antiguo: la ciudad se manifestaba como el área
donde se forjaba la constitución de la asociación religiosa de las
familias y de las tribus; en cambio la urbe se expresaba como el lugar
del santuario de esa Ciudad.
De ese entroncamiento nacerá el nacional, quien era aquel que
participaba del culto de la ciudad y a quien por serlo se le otorgaba el
ejerciciode los derechos existentes. Por ende, si renunciaba al culto,
perdía ipso facto el goce de tales derechos.

Isabel Kluger [Citado por Jorge Huamán Tasco. La nacionalidad en la


Constitución peruana de 1979. Tesis de Bachiller. Lima: Universidad
Inca Garcilaso de la Vega, 1989] define al nacional en ese marco
histórico, como "aquel hombre que sigue la religión de la ciudad; que
honra a los mismos dioses de la ciudad". En ese sentido, el extranjero
se caracterizaba por no tener acceso al culto, es decir, era aquel que los
dioses de la ciudad no protegían.

En predios estrictamente jurídicos, la nacionalidad expresa la calidad o


condición de nacional atribuida a una persona en razón de su
entroncamiento con la nación jurídicamente organizada a la que
pertenece.

Eduardo Jiménez de Arechaga [El derecho internacional


contemporáneo. Madrid: Tecnos, 1980] la define como "una relación
jurídica entre una persona y el Estado, que se caracteriza por la
existencia de derechos y deberes recíprocos".

Como afirma Klisberg López Martínez [Nacionalidad peruana y


Constitución. Lima, 1984], se trata de un vínculo entre la persona y la
nación jurídicamente organizada (Estado).
La nacionalidad se manifiesta de doble manera:
 Es social porque representa un nexo con los usos y costumbres
de una nación determinada.
 Es jurídico-política porque crea derechos y obligaciones entre las
personas, amén de manifestar implícitamente un sometimiento al
poder político establecido en el respectivo Estado.

Como bien afirmó la Corte Internacional de justicia en el caso


Nolterbohm (1955), la nacionalidad "se fundamenta en un hecho
social de relación, en una solidaridad efectiva de existencia de
intereses y de sentimientos, junto a una reciprocidad de derechos y
deberes.

Es, se puede decir, la expresión jurídica del hecho de que el


individuo al que le ha sido conferida -bien directamente por la ley o
bien por un acto de autoridad- está, concretamente, más
estrictamente unido a la población del Estado que se la ha conferido,
que a la de cualquier otro Estado".

Al respecto, es recordable que Friedrich Nolterbohm había nacido en


Alemania en 1881 y residido posteriormente en Guatemala desde
1905. Este viaja a Liechtenstein en 1939 y al cabo de dos meses
adopta la nacionalidad de dicho país.

En 1940 regresa a Guatemala y se le incautan sus bienes, habida


cuenta que el referido país había declarado la guerra a Alemania; es
puesto bajo custodia y trasladado a los Estados Unidos bajo la
condición de enemigo de guerra.

En 1946 Liechtenstein intenta ofrecerle protección diplomática; la


corte rechaza la pretensión por la carencia de vínculo efectivo con
aquel cuerpo político.

En nuestro país, es citable el caso Canevaro resuelto por la Corte


Permanente de Arbitraje en 1912. Es de verse, que, Rafael
Canevaro italiano de origen había adquirido unos años antes la
nacionalidad peruana. El citado invocó la intervención del gobierno
italiano en razón del incumplimiento de ciertos pagos por parte del
Estado peruano.

La judicatura internacional resolvió a favor de nuestro país,


esgrimiendo la tesis que la nacionalidad efectiva de Rafael Canevaro
era la peruana; máxime cuando este tenía residencia permanente;
había participado en los procesos electorales; y hasta había
ocupado la condición de Cónsul de los Países Bajos en nuestro
territorio, previa expresa autorización del gobierno nacional.

La evolución del derecho permite señalar que la nacionalidad


entendida como un atributo que se extendía al individuo por gracia
del Estado, ha pasado a convenirse en un derecho fundamental de
la persona.
José Pareja Paz Soldán (Derecho constitucional peruano y la
Constitución de 1979. Lima: Justo Valenzuela Ediciones, 1981)
señala que los nacionales son los individuos que conforman el
Estado, identificándose por ello con una colectividad determinada,
por lo que se distinguen al mismo tiempo de los extranjeros. Debe
dejarse constancia de que el nacional debe lealtad al Estado; a
cambio de ello tiene el derecho de ser protegido por la organización
política.

4.1. PRINCIPIOS DE LA NACIONALIDAD


Para establecer el concepto de nacionalidad, la doctrina ha
señalado los cuatro principios siguientes:

4.1.1. Toda persona tiene el derecho a una nacionalidad

Con este principio se busca evitar que se produzca la condición


del apátrida [Víctor García Toma. "Constitución, nacionalidad y
ciudadanía". En: Gaceta Jurídica, tomo 13. Lima, 1995], que es
aquella persona que carece de una nacionalidad o ha sido
despojada de ella. Es constatable casuísticamente que dicha
condición emerge ya sea porque una persona no tiene una
nacionalidad de origen o ha perdido esta sin posibilidad de
adquirir otra por la vía de la naturalización, etc.

4.1.2. Ninguna persona puede ser despojada arbitrariamente


de su nacionalidad

Con este principio se busca evitar que por razones inicuas se le


prive del derecho a su nacionalidad. No debe olvidarse que
durante el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado
(1968-1975) se procedió -por la expeditiva y arbitraria vía de los
Decretos Leyes N° 18309 y N° 19003- a despojar de la
nacionalidad a los periodistas Manuel D' Ornellas y Eudocio
Ravines.

En nuestro caso, a tenor de lo establecido en el artículo 53 de la


Constitución no existe forma alguna de legitimar la pérdida no
voluntaria de la nacionalidad.

4.1.3. Ninguna persona puede ejercer simultáneamente dos


o más nacionalidades

Con este principio se busca evitar que una persona ejerza en un


mismo lugar y momento de los beneficios y derechos emanados
de dos nacionalidades. Tal el caso ocurrido a mediados de la
década de los 90, cuando la cantante Ángela Carrasco luego de
un fallido ingreso a Lima como nacional del Estado español,
intentó inmediatamente conseguir dicho propósito utilizando un
pasaporte dominicano.

4.1.4. Toda persona tiene derecho a cambiar de nacionalidad

Con este principio se reconoce el derecho a la libertad del sujeto,


así como la verificación del fundamento básico de la
nacionalidad, la que descansa en la aspiración de querer
compartir un destino y una vida en común con una determinada
nación.

Como señala Tula Sánchez Domínguez ("Nacionalidad y doble


ciudadanía en la Constitución peruana: breve comentario y
análisis". En: lus et Praxis, N° 14. Lima: Facultad de Derecho y
Ciencias Políticas de la Universidad de Lima, 1989): "La
regulación jurídica internacional sobre la nacionalidad otorga un
apreciable y decisivo nivel de autonomía y discrecionalidad a cada
Estado, para que, a través de su derecho interno, establezca la
regulación jurídica, en detalle, de todos los aspectos relacionados con
la nacionalidad que otorga. Tal autonomía tiene su fundamento en el
respeto al ejercicio del derecho de Imperiumt y soberanía que tiene
todo Estado sobre sus nacionales".
Cabe consignar que los antecedentes propiamente dichos del
concepto de nacional son aquellos que nacen conjuntamente con
el Estado.

En la antigüedad no se tenía una noción cabal y exacta de la idea


de Estado, y, por eso, se suscitaba el mismo fenómeno en torno
a la nacionalidad. En todo caso, en la legislación del antiguo
derecho ro-uno se distinguía la natio como grupo sociológico
definitivamente constituido, y el populus corno aquella mera
agrupación de seres humanos unificados por el derecho. En ese
contexto los romanos regulaban su conducta social mediante el
ius civile , mientras que los extranjeros se ceñían al Ius Gentium.

Los romanos se adscribían al denominado ius sanguini, a saber:

 El hijo de justas nupcias seguía la nacionalidad del


padre.
 El hijo nacido fuera de justas nupcias se adscribía a la
nacionalidad de la madre.
 El hijo de padre extranjero y madre romana quedaba
sujeto a una serie de variaciones legales a lo largo del
tiempo.

En razón del nacimiento, ciudadano era aquel concebido por


romanos unidos en justas nupcias. Fuera de esta unión,
únicamente se podía acreditar por manumisión dicha condición.

4.2. LOS MODOS DE ADQUISICION DE LA NACIONALIDAD


En lo que se refiere a los tipos o modos de adquirir la
nacionalidad, la doctrina reconoce como tales al originario y al
derivado. Al respecto, veamos lo siguiente:

4.2.1. Modo originario


Dicha adquisición se sustenta en el nacimiento de una persona.
Este modo admite tres posturas jurídicas: el sistema de ius
sanguini, el sistema de ius soli y el sistema dual. - El sistema de
ius sanguini Este sistema radica en la aplicación del "derecho de
sangre", que consiste en otorgar al infante la nacionalidad que
tienen los padres en el momento que se produce su nacimiento
(sistema auspiciado con el auge de la Roma antigua). La filiación
determina la vinculación con un Estado.

En este caso es irrelevante, para los efectos y adquisición de la


nacionalidad, el lugar donde se produjo el nacimiento. Este
sistema es el de mayor antigüedad y es un rezago del derecho
personalista de los romanos. Es aplicado preferentemente por los
estados de Europa y Asia, inspirados en el propósito de
conservar el vínculo con aquella parte de su población que reside
en el extranjero.

4.2.1.1. El Sistema de Ius Sanguini

Dicha adquisición se sustenta en el nacimiento de una


persona. Este modo admite tres posturas jurídicas: el
sistema de ius sanguini, el sistema de ius soli y el sistema
dual. - El sistema de ius sanguini Este sistema radica en
la aplicación del "derecho de sangre", que consiste en
otorgar al infante la nacionalidad que tienen los padres en
el momento que se produce su nacimiento (sistema
auspiciado con el auge de la Roma antigua). La filiación
determina la vinculación con un Estado.

En este caso es irrelevante, para los efectos y adquisición


de la nacionalidad, el lugar donde se produjo el
nacimiento. Este sistema es el de mayor antigüedad y es
un rezago del derecho personalista de los romanos. Es
aplicado preferentemente por los estados de Europa y
Asia, inspirados en el propósito de conservar el vínculo
con aquella parte de su población que reside en el
extranjero.

4.2.1.2. El Sistema de Ius Soli

Radica en la aplicación del denominado "derecho a la


tierra", haciendo abstracción de la filiación (sistema
auspiciado con el auge del feudalismo). Consiste en el
otorgamiento de la nacionalidad del Esta-do en cuyo
territorio se produjo el nacimiento.

En este caso resulta irrelevante, para la adquisición de la


nacionalidad, la que tengan los padres en el momento en
que se produjo el nacimiento.

4.2.1.3. El Sistema dual

Radica en la aplicación simultánea y paralela de los


anteriores sistemas dentro de un mismo Estado; empero
dicha aplicación sucede en casos específicamente
establecidos y diferenciados. Este es el sistema que se
aplica en nuestro país.

4.2.2. Modo derivado

Dicha adquisición se sustenta en hechos o circunstancias


posteriores al nacimiento de una persona. Este modo admite dos
posturas: la adquisición de la nacionalidad con expresión de
voluntad y la adquisición de la nacionalidad sin expresión de
voluntad.

4.2.2.1. La adquisición de la nacionalidad con


expresión de voluntad

En esta modalidad se produce la manifestación de


voluntad de una persona de adquirir una nueva
nacionalidad. Es el caso dé la naturalización. Esta
requiere también la emisión de un acto estatal de
avenencia a admitir a un extranjero como nacional.

Esta modalidad plantea un concurso de voluntades: así,


debe existir la voluntad de un residente extranjero de
convertirse en nacional de otro Estado, y la concesión
graciosa de dicho cuerpo político de acceder a la petición.
Esta adquisición de la nacionalidad puede efectuarse por
opción o por adopción.

La adquisición con expresión de voluntad implica el


acceso a la nacionalidad en razón de haberse acreditado
la radicación en el territorio de un Estado, con ánimo de
permanencia física y realización personal dentro de él.

Su gestación se inicia con una manifestación de voluntad


por parte de la persona interesada, y se consuma por una
expresa decisión estatal de admitirla en su seno. En este
caso no existe per se un derecho a alcanzar necesaria e
irremisiblemente la nacionalidad por opción o adopción
(naturalización), ya que el Estado tiene reservada la
prerrogativa de admitir o desestimar la solicitud del
peticionante, aun cuando se encuentre reglado el proceso
de naturalización. El cuerpo lírico emite un acto de libre
arbitrio y por eso su determinación de desestimación no
requiere ser motivada, como tampoco puede discutirse
por la vía judicial.

Usualmente la naturalización no lleva necesariamente a


equiparar la situación jurídico-política del naturalizado con
la del nacional de origen: es el caso del Estado peruano,
en donde existe reserva en favor del último para acceder
a los más importantes cargos públicos (Presidente de la
República, congresistas, ministros, etc.). La excepción a
esta regla puede encontrarse en los Estados Unidos, en
donde un alemán de origen, Henry Kissinger, se convirtió
en uno de los más respetados secretarios de Estado del
siglo XX.

4.2.2.2. La adquisición de la nacionalidad sin


expresión de voluntad

En esta modalidad una persona adquiere una nueva


nacionalidad sin haberse producido ni manifestado ex
profesamente una voluntad en ese específico sentido: la
nueva nacionalidad la adquiere sin haber existido
preexistencia de voluntad de desearla. Dicha nacionalidad
surge como simple consecuencia de la realización de un
acto diferente, que no tiene ninguna relación directa con la
nacionalidad como status jurídico (tal el caso del acto
jurídico del matrimonio).

4.3. EL PROBLEMA DE LA DOBLE NACIONALIDAD

Guillermo Cabanellas de Torres (Diccionario de derecho usual. Buenos


Aires: Heliasta, 1979) señala que el concepto de la doble nacionalidad
hace referencia a aquella posesión -por parte de una persona- de
derechos políticos y civiles de dos estados. Sin embargo, estas
facultades no pueden ser ejercidas simultáneamente dentro del territorio
de un mismo Estado.

La doble nacionalidad puede presentarse desde dos perspectivas: la


situación concordada y la situación no concordada. Al respecto, veamos
lo siguiente:

4.3.1. La situación concordada

La doble nacionalidad es el producto de la situación en que dos


legislaciones estatales coordinadas entre sí, consideran
simultáneamente a una persona con derecho a la doble
nacionalidad.

4.3.2. La situación no concordada

La doble nacionalidad es el producto de la situación en que dos


legislaciones estatales sin coordinación alguna entre sí,
consideran simultáneamente a una misma persona como
nacional. Tula Sánchez Domínguez plantea siete situaciones
concretas en que se produce la doble nacionalidad, a saber:

 Cuando como consecuencia de la suscripción de un tratado


internacional se considera a una persona como nacional de
dos estados. Es lo que se hizo en el caso del tratado
suscrito entre el Perú y España en 1959 (situación
concordada).
 Cuando un Estado establece la doble nacionalidad en su
legislación interna. Empero la aplicación efectiva del
derecho a la doble nacionalidad queda supeditada a la
posterior existencia del principio de reciprocidad entre los
estados involucrados (situación concordada). Dicha
decisión estatal se fundamenta básicamente en razones de
índole política y en una identificación social, cultural e
histórica entre las organizaciones políticas. Al respecto
debe recordarse lo previsto en el artículo 92 de la
Constitución de 1979 con relación al caso de los
latinoamericanos domiciliados en el Perú.
 Cuando una persona que posee una nacionalidad
determinada adquiere involuntariamente una segunda
nacionalidad (situación no concordada). Así, sin que esta
hubiese renunciado o perdido su nacionalidad de origen,
por el mero hecho de efectuar un acto jurídico que nada
tiene que ver con un proceso de naturalización, se genera
la adquisición de una segunda nacionalidad. El ejemplo
más claro es el del extranjero que contrae matrimonio con
una persona natural de un Estado que no es el suyo. En
esta hipótesis el referido acto jurídico debe realizarse en el
territorio del Estado que otorga la segunda nacionalidad, así
como que se registre e inscriba conforme a las exigencias
establecidas por la legislación interna de este.
 Cuando la legislación interna de un Estado otorga su
nacionalidad a los hijos de nacionales -ius sanguini- que
nacen en territorio extranjero (situación no concordada). En
este caso la doble nacionalidad puede ser imperativa y
automática cuando no se requiere de expresión de
voluntad, u opcional cuando se requiere que la persona
cumpla determinados trámites previstos. En esta hipótesis
el sujeto tiene la nacionalidad del país en cuyo territorio a
nacido (ius soli), pero simultáneamente adquiere o puee
adquirir la nacionalidad de sus padres (ius sanguini). Como
puede verse, no se produce de modo alguno ningún tipo de
renuncia.
 Cuando un Estado a través de su legislación interna fija los
requisitos que debe cumplir una persona para obtener la
naturalización, sin exigirle la renuncia previa a su
nacionalidad de origen (situación no concordada). En esta
hipótesis no existe acuerdo entre los estados involucrados
para la dispensa de dicha renuncia. En puridad, el
fundamento de esta postura jurídica radica en la
identificación política, histórica y cultural de la persona con
el Estado que toma dicha postura.
 Cuando un Estado no reconoce efecto legal alguno de la
renuncia a la nacionalidad presentada por un nacional para
optar por otra. En esta hipótesis la persona obtiene una
nueva nacionalidad y solo suspende la de origen (situación
no concordada). Al respecto, son citables los casos de
Alemania y Uruguay.
 Cuando un Estado declara como nacionales a personas
extranjeras, en virtud de los servicios prestados en su favor
por ellas (situación no concordada). Este fue el caso
previsto en el artículo 11 de la Constitución peruana de
1826, que otorgó su nacionalidad a los libertadores de la
República. También fue el caso previsto en el artículo 6 de
la Constitución de 1839, qué señalaba similar derecho a los
extranjeros admitidos al servicio de la República (milicia,
burocracia, etc.).

En suma, las personas que gozan de esta prerrogativa


ejercitan los derechos y obligaciones de la nacionalidad del
país en donde domicilian y en relación a un tercer país, solo
pueden ejercer alternativamente una de ellas.

4.4. LA PÉRDIDA Y LA RENUNCIA DE LA NACIONALIDAD

La pérdida implica la privación jurídica de la condición de nacional. Es


usual que las causales que la generan se encuentren señaladas en una
ley especial. Más aún, existen casos como el de la vigente Constitución
Chilena, que establece expresamente que dicha pérdida se genera
como consecuencia de la adquisición de otra nacionalidad, por la
prestación de servicios de guerra exterior a ejércitos enemigos.

En nuestro país no existe posibilidad alguna de privación de ella; ergo,


no cabe, en modo alguno el despojo de la nacionalidad peruana.

La renuncia de la nacionalidad implica el abandono voluntario de la


condición de nacional, por manifestación expresa ante una autoridad
estatal competente.
Al respecto, debe advertirse que algunos estados no reconocen efecto
legal alguno a dicha decisión.

4.5. LA RECUPERACIÓN DE LA NACIONALIDAD

Alude a la facultad de recobrar la nacionalidad a la cual anteriormente


se había renunciado. Esta recuperación se produce cuando el
interesado acredita cumplir con los requisitos de la legislación ordinaria
de su primigenio Estado dispone para tal efecto. Resulta obvio que
dentro de estas exigencias se establezca la previa renuncia a la
nacionalidad que se adquirió voluntariamente.

4.6. EL CASO DE LOS EXTRANJEROS

Denomínese como tales a aquellos que no tienen la calidad de


nacionales de un Estado.

En relación al cuerpo político, estos están sujetos a su discrecionalidad


para ser admitidos dentro de su territorio ya sea como residentes o
transeúntes.

Ahora bien, cualquiera sea la condición de su admisión, estos se


encuentran protegidos por las convenciones internacionales en lo
relativo al ejercicio de los derechos humanos.

Añádase a ello que existen estados que facultan a los extranjeros


residentes a participar en la vida pública a través del derecho de
sufragio. En nuestro caso, el artículo 31 de la constitución y la Ley N°
26864 establece que pueden elegir y ser elegidos en cargos edilicios.

V. LA RELACIÓN ENTRE NACIONALIDAD Y CIUDADANÍA


Como refiere José Pareja Paz Soldán, la nacionalidad es el género y la
ciudadanía la especie. La primera de las citadas es una categoría
jurídica que contiene, entre otras, la noción de la segunda. En tal
sentido, la nacionalidad es un requisito indispensable para el ejerciciop
de la ciudadanía.

Domingo García Belaúnde (Esquema de la Constitución Peruana. Lima:


Justo Valenzuela Ediciones, 1992) señala que para ser ciudadano de un
estado se requiere previamente ser nacional de éste.

La ciudadanía es un derecho derivado de la nacionalidad; se trata en


esencia, de una consecuencia de ser nacional. Empero al ser
condicionada por el Estado, plantea doctrinariamente la existencia de
las cuatro reglas siguientes:
a) La persona tiene derecho a la nacionalidad.
b) El nacional, en caso de cumplir con todas las exigencias
que señala la legislación de su Estado, puede convertirse
en ciudadano.
c) La persona que pierde la condición de nacional, ipso facto
deja de ser ciudadano.
d) La persona que es suspendida en su condición de
ciudadano, no necesariamente sufre similar consecuencia
en su condición de nacional.

En consecuencia, todo ciudadano es siempre un nacional, pero no todo


nacional es un ciudadano.

Carlos Sánchez Viamonte (El poder constituyente. Buenos Aires:


Editorial Bibliográfica Argentina, 1957) señala que el ciudadano es el
individuo, miembro del cuerpo social, que interviene en la formación del
gobierno, que participa en la Sanción de la Constitución y de las leyes
por medio de sus representantes -amén de estar facultado para
controlar el desempeño de sus funciones públicas y que asume una
parte de la responsabilidad que le cumbe al pueblo como titular de la
soberanía.

Los antecedentes de esta institución se encuentran en Roma, en donde


se adquiría la ciudadanía ya sea por nacimiento o derecho posterior.

La ciudadanía alude a una suerte de status jurídico que permite el


ejercicio o el cumplimiento de determinados derechos y deberes de
carácter político. Los derechos y deberes políticos son aquellos que
están referidos a la participación en la vida pública nacional (elección,
representación popular, etc.).
CONCLUSIONES

1. La ciudadanía es una forma única de representar la nacionalidad, Tanto


la nacionalidad como la ciudadanía dependen de los derecho de cada
Estado donde se fusione un individuo. Para la obtención de ambos
dependen de los vínculos que se otorgan dependiendo de los derechos,
de sangre o de suelo.

2. La nacionalidad se adquiere (la mayoría de las veces) automáticamente


al momento de nacer en un Estado específico, mientras que la
ciudadanía se adquiere luego de un tiempo y de requisitos específicos,
viviendo en un Estado.

3. La ciudadanía depende de la nacionalidad, en cuanto a las atribuciones


que se le otorga a cada individuo.

4. La concepción del Estado es inseparable de una concepción del hombre.


Es preciso para que el Estado aparezca, que haya un número bastante
considerable de seres humanos, es decir, que el Estado supone una
determina cifra de población, esto es necesario para que pueda cumplir
su misión social.

5. El territorio es el en sentido estricto, es el espacio dentro del cual el


Estado tiene la facultad para ejecutar actos coactivos, con exclusión de
todos los otros Estados.

6. El poder no es más que la orden, a cuya coacción, a cuya ley nos


encontramos sometidos. Este garantiza la vida social del Estado ya que
es la suprema autoridad a la cual se debe obediencia. Está por encima
de los ciudadanos, organismos, tales como religión, arte, sociabilidad.
RECOMENDACIONES

1. Tener una Nacionalidad es muy importante en este contexto porque


da derecho, cuando menos, a habitar en el territorio del Estado del
que uno es nacional. Asimismo, se debe tener en cuenta que a
diferencia de las constituciones anteriores, la de 1993 deja los
detalles de la regulación de la adquisición de nacionalidad a una
norma de rango legislativo. Esto puede perjudicar en ciertos casos al
derecho a la nacionalidad, desde que un gobierno preocupado por
los derechos puede establecer modificaciones legislativas que lo
entorpezcan. Por eso somos partidarias de que sean dadas reglas
básicas de rango constitucional.

2. En cuanto al tema de la pérdida de la nacionalidad, el segundo


párrafo del artículo 213 describe la norma constitucional: no se
puede despojar a nadie de la nacionalidad peruana y ésta sólo se
pierde por renuncia expresa ante una autoridad peruana. Es claro
que la recomendación que mantenemos aquí, es que siga
perdurando en la constitución y no en las leyes este precepto
constitucional. Ya que estas disposiciones fueron establecidas en la
Constitución de 1993 porque los gobiernos de facto del pasado
impusieron en muchos casos la sanción de pérdida de nacionalidad
peruana contra los opositores o enemigos políticos.