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1 El mordisco de la medianoche Premio El Barco de Vapor - Biblioteca Luis Ángel Arango

El mordisco de la medianoche

Premio El Barco de Vapor - Biblioteca Luis Ángel Arango 2009

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Francisco Leal Quevedo

2 Francisco Leal Quevedo Nació en Ibagué, Colombia, en 1945. Es un destacado médico y tiene

Nació en Ibagué, Colombia, en 1945.

Es un destacado médico y tiene una Maestría en Filosofía. Sus relatos de viaje para niños han abierto una nueva ruta en la literatura infantil colombiana.

Su obra “El mordisco de la medianoche” fue ganadora en 2009 del Segundo Premio de literatura infantil El Barco de Vapor / Biblioteca Luis Angel Arango, en el que también resultó finalista con su novela Los secretos de Hafiz Mustafá. Es autor, además, de Aventura en el Amazonas y Aventura en Tierradentro.

con su novela Los secretos de Hafiz Mustafá . Es autor, además, de Aventura en el
con su novela Los secretos de Hafiz Mustafá . Es autor, además, de Aventura en el

El mordisco de la medianoche

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Mile es una niña indígena Wayuu que vive feliz con su numerosa familia en una ranchería de la Guajira, entre el mar y el desierto.

El descubrimiento involuntario de un delito, con su secuela de retaliaciones, los obliga a huir como desplazados a una gran ciudad. Allí se apodera de ellos el "mordisco de la medianoche", el hambre y la nostalgia por el hogar perdido.

el hambre y la nostalgia por el hogar perdido. Una obra estremecedora que desde una mirada

Una obra estremecedora que desde una mirada auténtica, la de los niños, recrea una realidad compleja y actual de Colombia con acierto y sutileza.

Jurado del II Premio de literatura infantil El Barco de Vapor - Biblioteca Luis Ángel Arango

de literatura infantil El Barco de Vapor - Biblioteca Luis Ángel Arango BARCO DE VAPOR SERIE
BARCO DE VAPOR SERIE ROJA A PARTIR DE 12 AÑOS
BARCO DE VAPOR
SERIE ROJA
A PARTIR DE 12 AÑOS
de literatura infantil El Barco de Vapor - Biblioteca Luis Ángel Arango BARCO DE VAPOR SERIE
Discurso en la presentación de “El mordisco de la medianoche” Por Francisco Leal Quevedo Ganador

Discurso en la presentación de “El mordisco de la medianoche”

Por Francisco Leal Quevedo

Ganador del II Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor-Biblioteca Luis Ángel Arango, 2009

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“Hoy quiero presentarles a ustedes una historia que pronto dejará de ser mía, porque los relatos publicados se separan de sus autores para tener vida propia. Para seguir solos su camino y perpetuarse luego en el corazón y la memoria de los lectores.

Cuando uno asume este oficio de contador de historias siempre está al acecho para capturarlas, como un cazador tras su presa, pero ellas se esconden.

Sin embargo, de pronto saltan a tu encuentro, cuando

no las esperas. Y se adueñan de ti y de tu pluma.

Deambulaba por esta ciudad llena de historias increíbles y desgarradoras, en cada semáforo, en la entrada de los supermercados, en las calles, siempre

hallaba una o varias victimas del desplazamiento, con los carteles rústicos que contaban su historia, extendiendo sus manos tras una moneda. El corazón

se encogía en los primeros encuentros, luego se fue

blindando poco a poco para intentar olvidar el dolor

de haber tenido los ojos abiertos.

Y debajo de esa costra de aparente insensibilidad fue

Me senté varias veces a diseñar la historia. Creía conocer sus ingredientes. Además tenía una confianza razonable en mis limitadas capacidades narrativas. Pero todos los intentos de hacer un relato de diseño fueron fallidos. La historia se escondía siempre.

De pronto el relato vino a mí. Otra vez durante un viaje, como siempre me ocurre. Le agradezco a la vida que me haya concedido la capacidad de mimetizarme con los lugares: considero que ellos no son testigos mudos en la vida de los hombres, sino también actores en la existencia de aquellos que con espíritu abierto vagamos por ellos. Cuando viajo procuro visitar los lugares con los cinco sentidos. Palpar sus texturas, llenarme de sus olores, probar sus sabores, oír sus sonidos y ante todo ver sus paisajes.

De pronto, en febrero de 2008, estaba en la Guajira con tres maravillosos compañeros de viaje y con la compañía de un guía nativo. Recorría ese desierto sin caminos trazados, abriendo todos los poros para llenarme de desierto, de mar color turquesa y de viento indómito que es como una escoba loca que barre esos espacios inmensos.

surgiendo un deseo: escribir una historia de

Me puse en la tarea de mirar qué precedentes había

Y

la historia vino a mí: un nombre oído al azar de una

desplazamiento. Quería que los niños y jóvenes lectores de mi país fueran sacudidos por ella. Por tanto el protagonista debía ser un niño o una niña, que les permitiera identificarse.

chica guajira en El Cabo de la Vela, fue el detonante. Unos parajes exóticos con nombres extraños como el Desierto de la Ahuyama, las rancherías que tercamente perduran en un clima extremo, el tren más largo del mundo con sus 148 negros vagones, una playa interminable y solitaria con un nombre sonoro

en

nuestro acervo literario. Nuestra literatura infantil

de vocales llenas –Taroa-, cementerios blancos que

y

juvenil no es muy abundante en ese tipo de

producen reverencia, una vegetación escasa

historias. Releí Paso a paso de Irene Vasco, Los agujeros negros de Yolanda Reyes, y No comas

compuesta de trupíos y muchas manchas móviles: las cabras domadoras de riscos que están por todas

renacuajos de Francisco Montaña, tres historias bellas

partes

Los ingredientes geográficos estaban

y

desgarradoras a la vez. Ellas hablan de dolorosas

completos.

verdades inocultables, como el secuestro, la desaparición forzada y la subsistencia en situación de

Entonces, a la poderosa geografía debía agregarle la

marginalidad extrema, pero ninguna de ellas se ocupa

ficción. Y surgió Mile, la pequeña protagonista, unida

de los desplazados.

a su desierto, anclada en él, casi como una lagartija.

Pero ella es de pronto arrancada de su entorno, debe huir de su amada tierra

Pero ella es de pronto arrancada de su entorno, debe huir de su amada tierra para evitar la venganza despiadada por un crimen descubierto al azar. E inicia su largo viaje hacia una tierra lejana y hostil, donde le espera el desarraigo más profundo, el desplazamiento y la miseria.

El pueblo wayuu tiene el arraigo más hondo con sus tradiciones y su entorno. Por ello una niña de esa etnia podía ser el símbolo del desarraigo límite. En esa dolorosa adversidad había que esperar contra toda desesperanza. Todas las posibles soluciones estaban cerradas. Quedaba solo una: la palabra que abre puertas. Ellos poseen una institución cultural única: el palabrero. Alguien, que armado únicamente de la palabra, media en los conflictos. El sería el símbolo del poder del diálogo, único medio válido para zanjar las diferencias.

Poco a poco uní los ingredientes y luego les fui colocando un sobrio ropaje de palabras, sin adornos innecesarios, como una manta guajira.

Finalmente faltaba el título. Necesitaba una metáfora contundente y sonora. Tras mucho buscar encontré una expresión guajira para hablar de la tristeza del envejecimiento: “El mordisco de la medianoche”. La noche muerde el alma y la va llenando de fría oscuridad.

La extrapolé para designar una tristeza aún más honda: aquella de perderlo todo, la tierra, la casa, las cabras, el mar, el desierto y los lazos con una comunidad.

Fueron tres meses de arduo trabajo, pero la historia emergía sin dificultad, poderosa y completa. Trabajaba sin descanso pues tenía prisa. Necesitaba emprender otro viaje que había planeado durante 5 mucho tiempo, me iba a un sitio mítico: quería visitar la legendaria Troya, en Turquía. Había leído a Homero en mi adolescencia. Y en sus versos intenté, en esa lejana época, aprender el griego clásico, que luego he olvidado por completo. Pero quedó en lo más profundo de mi mente como un canto de sirenas.

en lo más profundo de mi mente como un canto de sirenas. La historia guajira había

La historia guajira había quedado lista y reposaba en un cajón de mi escritorio. Y de pronto apareció la

convocatoria para el II Premio Barco de Vapor – Biblioteca Luis Ángel Arango. Le tenía fe a esa historia. La envié sin pensarlo dos veces.

Luego releí la convocatoria. Se podía enviar más de un relato. Tenía otro también nacido de un solo impulso luego del encuentro reciente con ese otro lugar maravilloso: Estambul. Decidí enviarlo también.

Luego de unas pocas semanas llegó una comunicación invitando a la ceremonia de premiación. Para mi sorpresa había quedado finalista con ambas historias. ¿En el remoto caso de ganar, con cuál de las dos lograría el premio? Pueden ustedes imaginarse la ansiedad durante la larga ceremonia de premiación.

Para mi sorpresa, primero me llamaron para entregarme el premio de finalista con la historia de Estambul. Lo recibí con alegría mezclada de desilusión. Me sentía descartado del premio mayor.

Pero, ¡oh sorpresa!, comenzaron a describir la obra ganadora sin decir aún su título. Todos los detalles coincidían. No podía ser: ¡era la mía! Luego el Jurado me contaría que ambas historias habían competido duramente entre sí, para ganarse el premio.

Esa es la pequeña anécdota que reposa detrás de El mordisco de la medianoche. Un relato visceral, cargado de emociones aunque ese lenguaje sobrio y contenido aparenta otra cosa, una historia que ojalá sensibilice a mis jóvenes lectores acerca de esa realidad desgarradora que son los desplazados de nuestro país y que desde momento empieza su peregrinar por las aulas, de la mano de docentes amantes de las buenas historias como son muchos de ustedes, aquí presentes.

Finalmente, además de agradecerles su presencia, quiero invitarlos a hacernos juntos a la mar en el Barco de Vapor y navegar por esta historia”.

Pronunciado el 25 de marzo de 2010 en la Casa Gómez Campuzano.

mar en el Barco de Vapor y navegar por esta historia”. Pronunciado el 25 de marzo
Entrevista a Francisco Leal Quevedo Por Carlos Sánchez Lozano (carlos.sanchez@grupo-sm.com) Comencemos por la curiosidad

Entrevista a Francisco Leal Quevedo

Por Carlos Sánchez Lozano (carlos.sanchez@grupo-sm.com)

Comencemos por la curiosidad más evidente: ¿cómo un médico pediatra emigra a la literatura para niños? Simplemente por contagio, trabajar con niños durante tantos años, compartir ese imaginario donde todo es

posible, hace que uno vea la realidad con ojos nuevos.

El obvio paso siguiente es poner esa nueva mirada en

palabras.

Cuéntenos aspectos biográficos: viene usted de una familia de escritores y gente del Tolima interesada en la cultura. Soy tolimense casi por accidente, mi madre es antioqueña y mi padre boyacense. Mi familia materna,

a la cual crecí más ligado, tiene dos vertientes,

médicos y docentes. Recibí de ellos una educación muy personalizada y crecí amando los libros. Ahorraba para comprar ediciones especiales. Recuerdo haber ahorrado durante meses para comprarme un libro de Constancio C. Vigil, de tapa dura. Cuando uno crece entre libros, luego difícilmente se separará de ellos.

¿Durante su infancia qué libros lo atraparon? Los clásicos para niños, Andersen, Dickens, Mark Twain, los relatos de viaje y en especial Salgari de quien llegué a ser fanático, como para llegar a esconderlo en

el libro de Geografía y leerlo mientras el profesor

hablaba de continentes y volcanes.

En sus años de estudiante de bachillerato, ¿cómo fue su relación con la literatura? ¿Tuvo maestros que lo alentaran a escribir? Definitivamente los profesores de literatura dejan huella, me tocó uno muy especial. Como estudié en un seminario, a mi profesor de literatura se le ocurrió hacerme leer el Pinocho, de Collodi, pero en latín. Y

6 realmente lo disfruté. Por mi pasión de escribir terminé siendo el director del periódico de aquel plantel.

terminé siendo el director del periódico de aquel plantel. ¿Hubo problemas en la decisión de ser

¿Hubo problemas en la decisión de ser hombre de ciencia u hombre de letras? Nunca lo he visto como un conflicto, en especial porque en Medicina, quizás como en pocas profesiones, ese maridaje entre la materia científica y las Humanidades

es muy frecuente. Aún hoy, cuando escribo con gran

dedicación, no quisiera renunciar a ninguna de mis dos mitades.

¿Cuál fue el primer relato que usted escribió? ¿Apareció publicado?

A los seis años, alguien me regaló una pequeña

imprenta de letras de caucho, para hacer todo el proceso a la antigua, como un contemporáneo de Gutemberg. Aquellas vacaciones se fueron en imprimir veinte copias de un cuento de dos páginas. Ya no recuerdo su nombre, excepto cortas frases. Diríamos que tuvo una publicación “artesanal”.

En la universidad, ¿turnaba sus libros de medicina con los de literatura? Sin duda, en especial porque antes de estudiar medicina, empecé filosofía y luego arquitectura. Y no sólo alternaba tratados de medicina con libros de literatura, sino también de Arte y Filosofía. Me encanta tener motivación por intereses diversos.

¿Tuvo que ver el hecho de ser médico de niños lo que lo definiera, de algún modo, a escribir literatura para ellos? Fue un hecho decisivo. Antes me dedicaba a escribir densos libros médicos y ensayos con pretensiones filosóficas para adultos serios y un poco aburridos, que aún se encuentran en circulación.

¿Cómo fue su proceso de formación como escritor de libros infantiles? ¿Asistió a talleres de escritura creativa? ¿Se formó de modo autodidacta? ¿Quién lo alentó a seguir en la ruta de los libros para niños?

El proceso de base fue una labor autodidacta, y sigue

siéndolo porque en este oficio todos los días se aprende. Tomé varios cursos de escritura creativa( Piedad Bonett), de creación poética (Jaime García Maffla) y de novela policíaca (Pedro Badrán), pero ninguno de literatura infantil. Creo que la mejor escuela es conocer la tradición, leer muchas veces los clásicos, los modernos y también los contemporáneos. Y luego queda el largo camino inevitable del ensayo y error que cada uno debe recorrer en carne propia.

Recuérdenos el momento en que se dijo a sí mismo: “Quiero escribir un libro para

Recuérdenos el momento en que se dijo a sí mismo:

“Quiero escribir un libro para los niños? ¿Qué suscitó ese momento? Hacia enero del 2000 en un viaje familiar al Amazonas empecé a tomar apuntes para cuentos de viajes, sin

somos hacia el niño que fuimos y viceversa. Mi niño interior sale a dialogar con el niño lector que tengo enfrente. Uno de los aspectos más gratificantes del oficio de escribir para niños y jóvenes es oír esos comentarios espontáneos del niño que se emociona con

mayores pretensiones literarias. Escribí sendos relatos,

una

historia que lo ha atrapado y sentir que a nuestro

para mis dos hijos, compañeros de viaje. Al tenerlos

niño

interior también lo ha cautivado.

listos pensé: el tema da para un libro de literatura infantil y continué escribiendo. Era un campo nuevo y arriesgado para alguien acostumbrado a escribir monografías científicas y disertaciones. Sentí que

La crítica literaria ha cuestionado en sus primeros libros la intención edificante. ¿Qué dice al respecto? Recuerdo únicamente un comentario de una

entraba en una atmósfera diferente, pero

historiadora de la literatura infantil colombiana, sobre

terriblemente atrayente. Luego fue quedar de finalista

mi

primera publicación. Me pareció una crítica

en Fundalectura 2003 con ese libro y la maravillosa acogida de los lectores desde entonces.

infundada, ese libro, Aventura en el Amazonas, no tenía una intención edificante, quizás algún viso “pedagogizante”, que puede ser diferente y

¿Con qué autores de la literatura infantil se siente deudor? Sin duda con los escritores nórdicos. Andersen, naturalmente, pero también Astrid Lindgren, con su Pipi Calzaslargas, que marcó a toda una generación de niños suecos. Y María Gripe, con sus libros Hugo y Josefina, quien me mostró el camino para describir y analizar las emociones con la sensibilidad de un niño.

Nos gustaría conocer sus ideas sobre el modo en que los relatos literarios pueden ayudar a los niños. Me identifico con los análisis de Bruno Bettelheim. Los relatos infantiles de todas las épocas siempre han ayudado a crear resiliencia, entendida como capacidad para resistir la adversidad) Los cuentos de hadas, por ejemplo, enseñan a esperar contra toda desesperanza. Aún la situación más adversa es susceptible de ser cambiada. En mi libro El camino de Matilde he querido hacer una pequeña historia de resiliencia.

A los niños les conviene conocer la vida y las adversidades de otros niños, por ello en El mordisco de la medianoche he traído a cuento la historia de una niña 7 desplazada. Me impactaba que a pesar de vivir esa realidad de forma cotidiana no hubiera un solo relato colombiano sobre el tema, escrito especialmente para niños.

colombiano sobre el tema, escrito especialmente para niños. Cómo es el diálogo que usted tiene con

Cómo es el diálogo que usted tiene con los niños sobre sus libros. ¿Qué opinión le dan ellos? Recuerdo siempre la actitud que sugiere Graciela Montes: el vaivén, ondulando desde el adulto que

explicable. Se trataba en ese libro de crear un relato de viaje, casi como una guía turística y se requería contar detalles sobre sitios, costumbres, animales, etc. Pero esa columna me sirvió de voz de alerta para evitar aún

más frontalmente una de las taras más corrosivas de

esta literatura que es utilizarla para enseñar o para moralizar.

¿Cómo le gustaría figurar en la literatura infantil colombiana? Ante todo como una voz diferente, con un lenguaje propio y con un imaginario nuevo. Y como creador de personajes infantiles y juveniles con un estructurado y complejo mundo emocional.

Usted es muy juicioso y sistemático en el trabajo escritural. Coméntenos el proceso de creación y desarrollo de sus primeros libros para niños. Creo que un libro se construye con una parte de inspiración y nueve de transpiración. Trabajo disciplinadamente, quizás herencia de mi antigua formación, escribiendo tres horas al día. El tipo de literatura que hago requiere escenarios reales. Viajo al sitio, ojalá varias veces, tomo notas, regreso, busco material para construir en detalle la geografía del relato. Entonces colocó allí los personajes, de completa ficción, en armónica simbiosis con ese escenario real pero a la vez literario.

¿Considera que usted ha abierto en Colombia un nicho en el mercado de literatura para niños al contarles de lugares que desconocen del país?

Me encantan los viajes y he querido simplemente contagiar mi entusiasmo. Cuando visito colegios, me

Me encantan los viajes y he querido simplemente contagiar mi entusiasmo. Cuando visito colegios, me sorprende lo poco que nuestros estudiantes conocen esos sitios maravillosos que abundan en nuestro país. Quizás ese elemento sea parte del encanto que ellos encuentran en mis relatos.

¿Por qué le fascina la literatura de viajes? Los viajes son una metáfora de la vida. El viaje es una búsqueda del sitio maravilloso, de la emoción perfecta. Así como en la vida uno busca la imposible felicidad completa. El buen viajero sabe que los mejores viajes ocurren siempre debajo de los párpados. Y cuando uno lee o escribe libros de viajes se crea una especie de hermandad tácita entre los buscadores de ese edén emocional con los cuales se comparten los relatos.

¿Cuáles son sus autores favoritos de literatura de viajes? Marco Polo, Julio Verne, Kerouac, Darwin. Y en la teoría del estado de ánimo que nos acompaña al viajar, Alain de Botton (El arte de viajar).

Piense en un escritor al que le gustaría conocer y entrevistar personalmente. ¿Qué le preguntaría? De los autores vivos, Oran Pamuk, me gustaría recorrer con él, una a una, las calles de su propio Estambul.

Usted es un best seller en la literatura infantil colombiana. ¿Le gusta, le incomoda? Siempre halaga la acogida de los lectores. Pero mi verdadero sueño es ser un long-seller, pasar de una generación a otra, que mis actuales lectores le hablen de estos libros a sus futuros hijos.

¿Cuál considera usted es su libro más acabado y exigente? ¿Por qué? El mordisco de la medianoche, sin duda. Necesitaba emplear un lenguaje sobrio, totalmente alejado del 8 melodrama, hallar unas metáforas poderosas que comunicaran la desolación y el desarraigo pero sin caer en la porno-miseria que describe horrores y tragedias inútiles y a la vez hablar de esperanza sin vender ilusiones baratas.

y a la vez hablar de esperanza sin vender ilusiones baratas. A lo anterior agregué una

A lo anterior agregué una dificultad adicional, quería describir y compartir con mis lectores todo el paisaje guajiro. Sólo quedaba una posibilidad: aglutinar la

geografía. Desde Bahía Honda al desierto de la Ahuyama o la salina de Manaure hay varios cientos de kilómetros, es imposible que una niña en bicicleta los recorra en una sola jornada. Afortunadamente existen las licencias literarias.

¿Sobre qué lugares de Colombia o el mundo le gustaría escribir libros de literatura para niños? ¿Por qué? Aunque no soy bogotano de nacimiento, sino de convicción, quiero escribir próximamente relatos urbanos localizados en esta ciudad, que cada día es más agradable e incluyente. Pero hay dos escenarios que he visitado y que quiero utilizar en algún relato, la isla de Balí y el norte de la India, pues son lugares únicos que tendrían fuerza y atractivo.

¿Por qué del título El mordisco de la medianoche? Buscaba una expresión que resumiera la desolación y el desarraigo y hallé en Internet una expresión guajira para describir la depresión que sufren los viejos al sentir el ineluctable deterioro. Es una expresión tomada del lenguaje popular guajiro pero dándole un sentido más amplio.

¿Recuérdenos cuándo y cómo fue su viaje a La Guajira?

A pesar de ser buen viajero, nunca había ido a la

Guajira. Era una asignatura pendiente. Programé el viaje para febrero de 2008. Fuimos en grupo familiar hasta Punta Gallinas. Pocas veces mi corazón de viajero

se había emocionado tanto, el paisaje es deslumbrante,

lleno de contrastes y a la vez privado de comodidades.

Luego he vuelto de visita para sentir de nuevo, como expresa Saint-Exupèry, que el desierto te lleva a sentir qué tan fuertes son tus dioses, tu sensibilidad poética,

tu propio imaginario.

¿Qué le llamó la atención de los wayuu?

El amor por su territorio, el respeto por la tradición, la

beligerancia para revindicar lo suyo. Y la fortaleza para sobrevivir en condiciones difíciles.

¿Cuándo comenzó a trabajar en el libro? ¿Cuánto tiempo duró? ¿Qué obstáculos enfrentó? Tan pronto regresé del viaje, con las imágenes aún frescas en mi retina, inicié la tarea. Es el libro que he

escrito en menos tiempo, la historia salió de un jalón, me tomó quince semanas, con

escrito en menos tiempo, la historia salió de un jalón, me tomó quince semanas, con trabajo diario, en sesiones de unas tres horas. Lo terminé entonces, porque me iba de viaje, precisamente a Estambul, de donde tomé el escenario para otro de mis libros Los secretos de Hafiz Mustafá.

¿Tuvo intención de escribir un libro de reivindicación de una etnia indígena? De ninguna manera, no soy un experto en cultura wayuu. Además quería emplear en este relato unos recursos literarios que les permitieran a los niños sentir el drama de los desplazados de otras etnias también.

Mile, como personaje, es encantadora. ¿Existe en verdad esa niña? Es un personaje de ficción, no conozco a nadie que se le parezca.

La abuela Chayo representa la cultura, la fuerza de la tradición wayuu. ¿Por qué es tan importante la cosmovisión wayuu? Cada cultura elabora una cosmovisión hecha a la medida de su entorno. Se crea sobre cada uno de sus miembros una especie de atmósfera que nos hace ver la realidad de una cierta manera. La cultura realiza el encantamiento del mundo. Es esa cosmovisión particular lo que hace de un lugar un hogar. Dumezil, el gran mitólogo, decía que sin mitos la humanidad se moriría de frío. La cosmovisión wayuu está hecha a la medida del desierto.

El jurado que premió su libro destacó la sutileza en el tratamiento del tema de la violencia. ¿Fue difícil manejar este tópico? Siempre la moderación del entusiasmo incluye un freno a la retórica. Y prefiero la representación simbólica a la descripción de la violencia. Además no se trataba de una descripción periodística. Era más efectivo hacer 9 alusión que describir en detalle.

más efectivo hacer 9 alusión que describir en detalle. El personaje del Palabrero wayuu sin duda

El personaje del Palabrero wayuu sin duda alguna da una salida positiva al conflicto planteado en el libro. ¿Ve usted a esta figura como símbolo de la necesidad de la mediación en el conflicto armado que actualmente sufre el país?

Así como la etnia wayuu es aquí un símbolo de las otras etnias, el palabrero es un símbolo de todas las iniciativas que lleven a un diálogo entre las partes en conflicto.

Sin duda hay avances y logros técnicos y narrativos de este libro frente a los anteriores. ¿En cuáles piensa sobre todo?

Mi respuesta es visceral. Faulkner decía que el escritor

que tiene que preocuparse intencionalmente por su

estilo, debe más bien dedicarse a pegar ladrillos. Para

mí los recursos técnicos no son herramientas externas,

deben emanar intrínsecamente de la forma de sentir la historia. Y hay una especie de instinto o de olfato que lleva a usarlos según las necesidades del relato.

¿Qué piensa que dirán los wayuu sobre su libro? ¿Le preocupa la recepción del libro? Me produce cierta curiosidad más que preocupación. Confío en que sea visto por ellos como una historia literaria, convincente y honesta. Nunca como una descripción etnológica.

¿Le gustaría que el libro fuera traducido a la lengua wayuu? Sería maravilloso.

¿Qué mensaje tiene para los lectores de El mordisco de la medianoche? Que espero que logre cautivarlos desde el primer capítulo.

Para cerrar esta larga entrevista, ¿quiere agregar algo más? Quisiera agregar una breve percepción sobre el actual panorama de la literatura infantil en Colombia. Estoy parcialmente de acuerdo con Beatriz Helena Robledo en que nuestra literatura infantil ha sido una manifestación cultural menor, una tortuga que avanza con paso somnoliento. Pero hay unas cuantas voces e ilustradores maravillosos que hablan de una nueva época, quisiera destacar en especial a Gloria Cecilia Díaz con sus magistrales relatos: El valle de los cocuyos y El sol de los venados y a Ivar da Coll como una acertada conjunción de ilustrador y escritor.