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INSTITUCIÓN EDUCATIVA NUESTRA SEÑORA DEL GA-GAP GU-07

CARMENDE LA CALIDAD
SISTEMA DE GESTIÓN VERSIÓN 1.0
GUIA DE TRABAJO COLABORATIVO 19/04/2018
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NOMBRE DEL DOCENTE: EDWER JESUS ARIAS – EMMANUEL ACOSTA


LALLEMAND – LUIS YAMID SANCHEZ
NOMBRE DE LA ASIGNATURA Y AREA: Área Ciencias Económicas Y Políticas
OBJETIVO SOCIAL: Proyecto de vida: autorrealización
META DE TRABAJO: Lograr que el estudiante explique y comprenda de manera pertinente el
concepto de nacionalismo y socialismo.

1. FASE CONCEPTUAL:

Defina: nacionalismo, socialismo, proletariado, lucha de clases, capitalista, estado,


unificador, soberanía, disgregador.

2. FASE DOCUMENTAL:

NACIONALISMO

El nacionalismo es la ideología que ha propugnado a los Estados-nación como horizontes


modernos de socialización para el desarrollo de la humanidad durante los siglos XIX y XX.
La expansión de las potencias europeas alrededor del mundo en los últimos cinco siglos ha
ido acompañada de la generalización del capitalismo como modelo de relaciones
económicas, un modelo que ha combinado la obtención de recursos y mano de obra a bajo
coste gracias al colonialismo, la revolución industrial y el desarrollo de las economías de
escala. La ideología nacionalista se desarrolló en paralelo a la revolución industrial europea
como respuesta a dos factores, en primer lugar frente a la concentración internacional de
poder económico fruto de las propias reglas de juego del capitalismo industrial emergente, y
en segundo lugar, como un instrumento de las burguesías nacionales para legitimar la
abolición del absolutismo en Europa y la instauración de nuevos regímenes parlamentarios,
ya fueran monárquicos o republicanos.

El objetivo del nacionalismo era conseguir la adhesión de las clases populares a los
proyectos de desarrollo social de las nuevas élites burguesas en Europa, más tarde en
América del Norte y del Sur, y durante el siglo XX, en África y Asia. Este imaginario contenía
elementos como las libertades y derechos ciudadanos, el Estado como aparato
administrativo moderno de servicio público, y el carácter original de cada pueblo o los
elementos singulares de su paisaje y de su territorio. Todos estos elementos cautivaron la
imaginación de poetas, filósofos y artistas y sirvieron para crear una consciencia colectiva de
lo nacional mediante la generalización del sistema educativo y el ensalzamiento de
tradiciones y valores considerados “nacionales”. El nacionalismo se convirtió así en la
gasolina espiritual que garantizó la unidad y la fuerza de los Estados y que encendió el motor
de la inteligencia colectiva de los pueblos, necesaria para que las naciones fueran
competitivas en la nueva era industrial.

Pero debido a su carácter altamente inflamable, esta substancia ideológica prendió fuego en
múltiples ocasiones, conduciendo a varias contiendas en Europa durante el propio siglo XIX
y a las guerras mundiales del siglo XX, entre otros conflictos. El nacionalismo había estado
fundamentando narrativas abiertamente belicistas como el imperialismo colonial o el racismo,
y su combinación con el desarrollo industrial armamentístico, revelaron su lado más mortífero
y esquizofrénico en conflictos que ocasionaron millones de víctimas. La doctrina de lo
nacional mostró con ello sus enormes limitaciones como discurso conductor del desarrollo
de la humanidad.

Al final de la Segunda Guerra Mundial un humanismo internacionalista emergente se plasmó


en la creación de la ONU, sucesora de la fracasada Sociedad de Naciones, pero su acción
sucumbió al enfrentamiento ideológico de la Guerra Fría durante las décadas siguientes, y a
la agenda neoliberal desde 1989 hasta la actualidad. Mientras, los Estados-nación han
perdido protagonismo en beneficio de otros actores como las corporaciones transnacionales,
las instituciones internacionales y la sociedad civil. El asalto definitivo al poder estatal llegó
a partir de los años 1990 con las oleadas neoliberales de privatización de los servicios
públicos en todo el mundo. El nacionalismo ha sobrevivido a todos estos acontecimientos no
sin dificultades, pero ha perdido su razón de ser y es necesario transformarlo o remplazarlo
por visiones que respondan mejor a las necesidades humanas contemporáneas (ver
*identidad mundial)
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La matriz comunitarista del discurso nacional establece una distinción insalvable entre seres
humanos, de un lado los “nuestros” y del otro lado los “otros”, y con ello impide la posibilidad
de aplicar allende las fronteras, otros valores más inclusivos como la justicia, la libertad y la
solidaridad. El nacionalismo establece para los ciudadanos de la comunidad nacional, un
sistema de derechos, y narrativas de liberación, de solidaridad, de bienestar y de desarrollo
compartido. Estos beneficios son negados por principio a los extranjeros. Ante éstos, el
Estado-nación ha ejercido históricamente la indiferencia, la ignorancia, la exclusión, la
rivalidad, el enfrentamiento, e incluso la violencia y el genocidio. El sistema westfaliano de
no injerencia en los asuntos internos, que es un mecanismo de equilibrio entre Estados-
nación cuyo propósito es salvaguardar la paz global, está siendo substituido en algunas
partes del mundo por la más inclusiva doctrina onusiana R2P (Responsabilidad de Proteger),
de manera que ambos principios se desarrollan en paralelo alrededor del mundo en función
de diversos intereses y equilibrios geopolíticos, sin responder en primer lugar a una
protección altruista de las víctimas de los conflictos, tal como lo demuestran los casos de
Libia y Mali por un lado y el de Siria por el otro.

Todavía se está lejos de una obligación de asistencia mutua en caso de atentado a la


seguridad humana que asocie a todos los países y a sus recursos económicos y humanos.

El modelo nacionalista de ordenación política del mundo está actualmente agotado. El


nacionalismo tiene una presencia importante en muchos países, pero ha dejado de ser una
fuerza motriz de progreso para convertirse casi siempre en un factor que entorpece el
desarrollo de las necesidades humanas. Anclado en el mito decimonónico de la robustez de
un puñado de Estados-nación, ya fuera en la versión de los imperialismos colonizadores
occidentales o en la del romanticismo de las nuevas naciones libres de América Latina y
Europa Central y Oriental que alcanzaban la modernidad, en la actualidad este pensamiento
camina a contracorriente de los intereses ciudadanos y representa el discurso de los
conglomerados de intereses público-privados que se forman alrededor de los Estados. Pero
estos conglomerados no son totalmente autónomos sino cada vez más subsidiarios de los
grandes entramados financieros e industriales multinacionales, y ya no responden a la
defensa de los intereses económicos o culturales de los pueblos de los que formaban parte.

En ciertas regiones del mundo la no correspondencia generalizada entre etnicidad y Estado


ofrece poco futuro a los nacionalismos estatales. En América Latina el mapa identitario se
está enriqueciendo más allá de los Estados-nación mediante la descentralización y la
aparición de soluciones plurinacionales que reflejan mejor la defensa de las culturas, los
modos de vida y la diversidad económica, al tiempo que las integraciones regionales apuntan
a la eventual emergencia de sistemas de solidaridad continentales. África podría seguir el
mismo camino en el futuro, a condición de desarrollar también sistemas sólidos de resolución
de conflictos en el interior de los Estados y de reparto de beneficios en su desarrollo. En
Europa, en paralelo a una avanzada integración regional, algunos separatismos como los de
Cataluña y Escocia intentan defender sus culturas de la marea globalizadora, pero para ello
anteponen valores ciudadanos, pacíficos y democráticos. Son ejemplos que, junto con el de
Quebec, pueden influenciar positivamente en la modificación de otros esfuerzos
secesionistas de tipo étnico, violento o antidemocrático en otras partes del mundo. En Asia
Oriental el perseverante discurso nacionalista de los Estados alimenta ocasionalmente roces
territoriales, especialmente entre China y sus vecinos, y ralentiza con ello la integración
regional en un escenario de Guerra Fría regional con Estados Unidos, sin que por otro lado
sea previsible a corto plazo un escenario de conflicto armado.

Esta disparidad entre regiones no oculta sin embargo un repliegue generalizado del
nacionalismo, aunque no es probable su futura desaparición a corto plazo como ideología
que sostiene la presencia de los Estados-nación, ni mucho menos la extinción de éstos. Es
más, la crisis económica puede reactivar y de hecho está reactivando permanentemente las
fuerzas nacionalistas en lugares tan diversos y distantes como Estados Unidos, Japón,
Europa del Sur, África Oriental o Asia Central.

El mundo actual necesita sin embargo que el nacionalismo se transforme en otra cosa o
desaparezca. En primer lugar se precisa un periodo de transición en el que los Estados
deben asumir su pérdida relativa de soberanía y participar junto con instituciones
internacionales, sociedad civil, autoridades locales y otros actores, en la puesta en marcha
de un nuevo sistema mundial compartido de toma de decisiones. En esta nueva arquitectura
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los Estados cosoberanos desarrollarían un mecanismo de obligación de atención mutua en


caso de inobservancia de necesidades humanas como alimentación, seguridad ante la
violencia, cobijo, educación, salud o libertades. La protección de la diversidad cultural estaría
incluida. La promoción de las identidades no respondería a la exaltación de la rivalidad o al
descrédito de lo alieno, sino a la celebración de la diferencia como uno de las características
de lo que une a la especie humana, la “unidiversidad”. El primer paso puede consistir en
“desnacionalizar” las identidades, disgregando el monopolio que los conglomerados público-
privados de los Estados-nación ejercen sobre las sociedades especialmente en los ámbitos
político, educativo, mediático y policiaco-militar.

SOCIALISMO

El socialismo es un sistema económico y social que centra sus bases ideológicas en


la defensa de la propiedad colectiva frente al concepto de propiedad privada de los
medios productivos y de distribución. A efectos conceptuales, es la posición
económico-social contraria al capitalismo.

Según expresa el socialismo, el principal fin es la consecución de una sociedad justa y


solidaria, libre de clases sociales y que cuente con un reparto de riqueza igualitario. Para
ello, los medios productivos no tienen que ser de propiedad privada, porque considera que
de esta manera acaban perteneciendo a una minoría capitalista que domina los mercados,
aprovechando de su posición para controlar al trabajador y al consumidor.
El socialismo generalmente propone que la economía debe ser planificada y por tanto, los
medios de producción deben ser del Estado, quién se encarga además de mediar en los
mercados y proteger a la ciudadanía tratando de garantizar una situación de justicia social.
Aunque existen excepciones como el socialismo de mercado o socialismo libertario.

Principios básicos del socialismo


Desde el origen del socialismo sus principios básicos son:
 Su base es la propiedad colectiva en los medios de producción y distribución, buscando el
bien social.

 La riqueza no debe recaer sobre los empleadores capitalistas sino que debe estar repartida
de forma igualitaria, eliminando la diferencia entre clases sociales.
 Injerencia del estado en el espectro económico y social, no dejando al mercado toda la
capacidad de decisión y control. En otras palabras, mayor centralización que en sistemas
capitalistas.

En su esencia, un estado de carácter socialista cuenta con un gobierno o una estructura


estatal fuerte y con amplio poder en la toma de decisiones en materia económica y de
distribución de rentas y bienes. Aunque en teoría es la ciudadanía la que debe controlar
mediante mecanismos democráticos a sus gobernantes, han sido numerosos los estados
socialistas que han derivado en gobiernos totalitarios y poco defensores de la libertad
individual.

Con el paso de los años, las posturas socialistas han ido evolucionando desde sus
premisas más clásicas hasta una postura más abierta y aceptante del libre
comercio. Bajo ciertas premisas básicas como el control de los gobiernos en el ámbito
económico y financiero y la protección del ciudadano para evitar situaciones de desigualdad
o abuso social. Se trata de sistemas económicos mixtos conocidos como socialismo
de mercado o socialdemocracia.

Teóricamente, el socialismo es la etapa anterior al comunismo, sistema en el que los obreros


controlen los medios de producción en su totalidad y se organizan en una sociedad sin
clases.

3. REFLEXIVA:

IDEOLOGÍAS EN EL S. XX Tipo de autorrealización:


Nacionalismo y socialismo Académico - Social - Emocional

4. FASE DE AMPLIACIÓN:
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1. Ajustando los conceptos, y después de analizar, contesta:


1.1 ¿Qué ventajas desde tu punto de vista ofrece el NACIONALISMO para una nación como
la nuestra?
- Ahora escribe desventajas del NACIONALISMO para una nación como Colombia.
1.2 ¿Qué podríamos esperar a nivel positivo y negativo si en Colombia se implementara el
SOCIALISMO?

2. ¿Por qué consideras que el modelo socialista ha fracasado en Venezuela?


3. De acuerdo a la fase documental, cual consideras que fue el origen del nacionalismo y el
socialismo.
4. ¿Qué consecuencias generaron las ideologías nacionalistas y socialistas en su implementación?

5. FASE DE APLICACIÓN:

1. Explica el contexto de la caricatura.


2. ¿Qué políticos en Colombia tienen influencias
socialistas? Y como lo manifiestan.
3. ¿Existe en Colombia el nacionalismo?
4. ¿Podrías señalar a algún líder colombiano que tenga
características de nacionalista?