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Contactados en EE.UU.

1950-1965

La emoción era casi palpable, como si alguien hubiera anunciado la llegada de Mick Jagger, Jimi
Hendrix o cualquier otro famoso de la época. Corría la década de los '60 y todo parecía posible,
desde la inminente llegada del hombre a la luna, la igualdad entre razas, y el auge de una nueva
generación con valores radicalmente contrarios a los de sus padres. Así que la multitud que
abarrotaba el salón un prestigioso hotel neoyorquino no dudaba de que una mujer del planeta
Venus estuviera a punto de anunciar la "buena nueva" de sus congéneres a nuestro planeta.

Se llamaba ViVenus y era preciosa. Diminuta y de muy buen vestir, se había personado en los
estudios de la cadena NBC en el mes de junio de 1.967 para entablar una conversación con el
locutor Long John Nebel, cuyo programa radial convocaba la flor y nata de la ufología
estadounidense en las altas horas de la noche para recorrer toda la gama de temas afines al
fenómeno OVNI.

Bueno...en realidad se llamaba Vivian, Vivian Venus...y aunque provenía de un pueblo pequeño de
Nueva Inglaterra, afirmaba haber nacido en Venus 28 años antes y de llevar una estadía de sólo
seis meses en nuestro planeta, y su misión era bastante directa: la de llevar su mensaje a cada
hombre, mujer y niño de nuestro mundo. Por m s que el curtido locutor--conocido por su
característica expresión "I don't buy it" (no me lo trago) cuando alguien le relataba una
extravagancia sobre "marcianos"--intentaba hacer trizas la historia de ViVenus, le fue imposible
lograrlo. "Quince minutos después", aseveró el locutor, "formulé‚ mi juicio al respecto. Estaba
absolutamente convencido de que esta encantadora señorita creia a pies juntillas en su
procedencia venusina y en cada palabra que había pronunciado al respecto".

Pero desde ese momento, Nebel supo que ViVenus, origen aparte, representaba material de gran
valor para su programa de radio. Se comunicó con el departamento de publicidad de la cadena
para que anunciaran que el próximo sábado, una venusina compartiría el micrófono con él.
Aunque los encargados de la publicidad pensaron que todo podía tratarse de una de las burlas que
Nebel solía jugar al personal de la estación, siguieron su pedido fielmente, emitiendo comunicados
a la prensa y por la radio. Llegada la noche de la transmisión en directo, cuarenta personas
miraban por los cristales de la cabina de radio para ver a la venusina, leyendo tranquilamente un
ejemplar del New York Times, antes de comenzar el programa. Entre los presentes estaba el
investigador ovni Art Ford. Nebel dio la bienvenida a su distinguida invitada y le pidió que contara
su historia al público.

ViVenus no se hizo de rogar: se explayó durante media hora sobre la vida en el planeta de Afrodita,
diciendo que todos los seres humanos tienen su doble en Venus, y que en dicho planeta imperan la
paz, la armonía y la buena salud. Los venusinos son sumamente longevos, llegando a vivir cientos o
miles de años. En Venus había de todo: perros, gatos, televisores y coches, al igual que en la Tierra.
La diferencia es que bastaba con hacer uso de poderes mentales para conseguirlo todo; en otras
palabras, no había que trabajar en Venus.

Después de esta descripción del paraíso espacial, Nebel comenzó a hacer preguntas a la presunta
extraterrestre sobre cómo llegó a nuestro medio. ViVenus contestó que los venusinos sólo pueden
visitar la Tierra si su contrapartida terrícola ha muerto, y ViVenus aprovechó el suicidio de su
doble humano para asumir su cuerpo terrestre.

El número de espectadores fue en aumento: Nebel pudo distinguir entre ellos a varios
comentaristas y locutores de renombre de la NBC que se interesaron en la atractiva venusina y sus
declaraciones. Art Ford y los miembros del panel de ufólogos la bombardearon de preguntas, y la
venusina salió airosa. Sin embargo, el supuesto mensaje quedó sin articularse. Los humanos aún
no estaban listos para recibir su mensaje, y sería necesario aguardar varios meses m s.

En los días siguientes, Long John Nebel recibió m s de diez mil cartas, tarjetas y telegramas de los
oyentes de su programa: algunos querían unos momentos a solas con la venusina, mientras que
otros querían extraerle el secreto de la vida eterna. Otros deseaban comunicarse con los "dobles"
de seres queridos muertos en la Tierra que aún seguían vivos en Venus.

Fue entonces que Jim Moseley, el conocido empresario OVNI y editor del boletín Saucer News,
sugirió que no sería mala idea que ViVenus acudiese al gran congreso OVNI de Nueva York a
celebrarse en fechas próximas. Nebel repuso que no tenía manera de comunicarse con la señorita
Venus, y para su sorpresa, recibió una llamada esa misma noche de parte de su entrevistada,
manifestando su agrado por la invitación extendida.

Y fue así como tres mil personas se dieron cita en el salón de bailes del Hotel Commodore en
Nueva York para conocer a la enviada del planeta Venus.

Tras de una breve presentación por parte de Nebel, los asistentes al congreso OVNI de Jim
Moseley escucharon con detenimiento las palabras de ViVenus, totalmente cautivados por esta
personaje mesiánico que les prometía el paraíso a menos de 200 millones de millas de la Tierra.
Pero no fue sino hasta que ViVenus declaró: "Damas y caballeros, efectivamente ¡existe un Dios!"
que los miles le dieron una ovación ensordecedora que duró muchos minutos. Todas las promesas
de los hippies sobre la era de Acuario, la nueva era, y la ‚poca de grandes cambios que
experimentaba Estados Unidos se habían concretado en ese momento, en la persona de la
encantadora venusina.

Haciendo memoria sobre sus experiencias, el ya fallecido Nebel afirmó que en ningún momento
creyó lo de la procedencia venusina de ViVenus, pero que no podía tacharla de fraude porque en
ningún momento saco provecho de su origen extraplanetario y jamás cobro un centavo. Parecía
estar sinceramente convencida de sus orígenes y de su misión, cuyo objetivo nunca fue esclarecido.

El caso de ViVenus, olvidado por la ufología, es uno de decenas de casos de "contactados" o de


individuos que alegaban proceder de otros mundos con un mensaje de amor, paz y esperanza para
los seres humanos. Tal vez ninguno de los otros (Adamski, Menger, etc.) tuvo la fuerza carismática
de la señorita Venus, pero sí lograron hacer mella en la conciencia de la investigación ovni y ser
recordados.

Por esas casualidades de la vida, la periodista Mary Hyre - famosa por sus escritos sobre el
"Mothman" de Point Pleasant, Virginia Occidental, figurando de manera prominente en aquellos
relatos - se encontraba en Nueva York para participar en el programa radial de Long John Nebel en
la cadena NBC junto a John Keel y ViVenus - "Miss Venus", como la llamaron durante la
transmisión.

"Entre los otros participantes en el programa que interrogaron a Miss Venus por más de cuatro
horas," escribió la Sra. Hyre en su nota para el Point Pleasant Messenger, "figuraban el
comentarista deportivo Mel Allen, el célebre presentador de radio y televisión Art Ford, así como
periodistas de la prensa neoyorquina. Mientras que nadie creyó su historia, todos se quedaron
perplejos sobre su identidad y origen. Miss Venus apareció en el congreso ovni la noche siguiente".
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"Miss Venus," prosigue el escrito de Hyre, "afirma haber llegado a la Tierra el 27 de septiembre,
hace siete años, como la doble de una niña que se suicidó por aquellas fechas, y ha vivido con los
padres de la chica, que no están conscientes del hecho de que ella no es su hija. Ha trabajado en
varios trabajos, valiéndose del nombre y número de seguro social de la difunta, cuyo nombre no
quiso difundir para no herir a los sus padres".

"Le pregunté a Miss Venus cómo había llegado a la Tierra, y repuso que fue mediante un platillo
volador, pero que ellos lo llaman Swoope, y que aterrizó no muy lejos de Nueva York. Afirmó que
hay quince mil venusinos en la Tierra con la misión de reencaminar el desarrollo de la gente y
"avivar el amor", y que su tarea consistía en despertar a las personas. Al preguntarle por qué había
esperado siete años para darse a conocer, contestó que ese era el espacio de tiempo que había
necesitado para hacer lo que había que hacer, afirmando que estaba obligada a vivir la vida de los
terrícolas. Manifestó tener veintisiete años de edad en años terrestres, y cincuenta y cuatro en años
venusinos".

"Le pidieron que dijera algo en venusino", prosigue Hyre, "pero ella aseveró que nadie podría saber
si estaba hablando o no, pero sí escribió lo que dijo ser la escritura de los venusinos. Al describir la
vida en Venus, comentó que no había crimen, ni dinero, ni dolor, ni tiempo, ni avaricia, y que
todos viven del pensamiento. Tampoco comen carne, tan solo vegetales y frutas. No existen ni la
guerra ni la pobreza. Se juega al beisbol, pero solo juegan cinco entradas. Manifestó que tienen
muchas de las cosas que tenemos nosotros".

"Miss Venus indicó que la Tierra es un gran planeta, pero que la gente anda descarriada y que los
venusinos nos ayudarán. Contestando la pregunta que le formulara Mel Allen sobre métodos de
transporte, repuso que los venusinos se desplazan por caballo, camello y andando."

Sobre el aspecto físico de la enigmática contertulia, Hyre observó lo siguiente: "Era sumamente
atractiva con un cabello negro precioso. Pero sus ojos representaban el aspecto más extraño de su
apariencia. Su estatura era muy pequeña."

La señorita venusina desapareció sin dejar rastro hasta 1982, cuando escribió una memoria o
autobiografía titulada Starchild – obra repleta de parrafadas contactistas de luz y bondad – con la
siguiente observación: “Hace años (en 1967), de pie en el escenario de un enorme congreso de
platillos voladores en Nueva York, me molestó que los hijos de la Tierra estuviesen más
interesados en Venus que en mí y el mensaje que les transmitía. Pero ahora (1982) ya no me
molesta, pues después de tantos años de supervivencia y misión en este inhóspito mundo,
comprendo dentro de mi corazón una dimensión adicional de corazón humano, que era incapaz
de comprender entonces: la necesidad que tienen de creer en un mundo mejor, o quedar
fascinados por el concepto".

Pero mientras que miles de personas vitoreaban a la venusina en el prestigioso salón neoyorquino,
otros enviados de lo extraño pululaban por Nueva York en 1.967, aunque de corte más siniestro.

Como la princesa Lechuza Lunar.

En su libro Las profecías del hombre polilla (NY: Signet, 1975), John A. Keel, indudablemente el
máximo autor de temas ovni/paranormales, narra la extraña aparición de un personaje en los
estudios de la estación de radio WBAB (Babylon, Nueva York) el 11 de junio de 1.967 a las 3:30 pm.
La locutora Jaye Paro llegó al trabajo para comenzar su turno cuando descubrió que alguien la
esperaba: una mujer de raza negra y de dos metros de estatura, vestida en un traje que consistía
mayormente de plumas. Fijando sus ojos grandes y vidriosos sobre la locutora, dijo, "Soy la
princesa Moon Owl (lechuza lunar). Soy de otro planeta. Llegué‚ aquí en un platillo volador".

La mujerona jadeaba de tal manera que Paro pensó que estaba a punto de sufrir una crisis
cardiaca. Pero a pesar de ello, la princesa espacial, cuya edad mediaba en unos siete "ungotes"
(aproximadamente 350 años terrestres) mal cuidados, pudo hablar por espacio de media hora
sobre la vida en el planeta Ceres y despotricando sobre los investigadores y entusiastas ovni de la
zona neoyorquina. La locutora pudo grabar la mayoría de las opiniones vertidas por el personaje,
pero se sintió alarmada por el hecho de que el cuerpo de la princesa Lechuza Lunar exudaba un
fuerte olor a huevos podridos que iba en aumento.

Una vez que la extraña visita abandonara el estudio, Jaye Paro se comunicó con Keel por teléfono
sobre la nueva estrella del firmamento ovni. El autor le instó a no transmitir la grabación, ya que
Lechuza Lunar era un fraude o peor aún, una víctima de posesión demoniaca, por las señas. Paro
hizo caso omiso y difundió la grabación, creando sensación en los círculos platillistas de la región.

Lechuza Lunar inició una campaña telefónica, comunicándose con todos los aficionados del tema
ovni en Nueva York y sus alrededores--incluyendo aquellos con números privados--para hablar
sobre el evento a ser celebrado en el Hotel Commodore por Jim Moseley. Esto hizo creer a Keel
que la princesa no era más que artilugio publicitario creado por el mismo Moseley, pero a partir de
su encuentro con la princesa espacial, la locutora Jaye Paro comenzó a experimentar incidentes
claramente paranormales en su vida, documentados en el libro de Keel.

¿Fue Lechuza Lunar un fraude creado por Moseley para su congreso? El empresario platillista
nunca lo admitió, ni siquiera en su autobiógrafa Shockingly Close to the Truth (2002). Y existe otro
hecho provocador: el 16 de junio de 1.967, la señora Gladys Fusaro recibió una llamada telefónica
de parte de la princesa Lechuza Lunar para el investigador Keel. El mensaje rezaba: "Los guijarros
en la playa son depositados bajo el puente dónde se reúnen las aves y se entrevén los rayos del sol".
¿Una predicción sobre el desastre del puente Silver Bridge en Virginia Occidental al final de las
apariciones del hombre-polilla? Nunca lo sabremos.

Hasta escépticos a ultranza como el Dr. Edward U. Condon tuvieron sus transacciones con
contactados: según el experto en estadística David Saunders, autor del libro UFOs? Yes! que sacó a
la luz pública las manipulaciones del Informe Condon sobre la realidad de los OVNI, Condon
pasaba gran parte de su tiempo metido con "chiflados": entre ellos figuraba Sir Salvador,
representante autoproclamado del Tercer Universo, quien había ofrecido la suma de tres mil
millones de dólares en oro a cambio de recibir permiso para construir un ovnipuerto capaz de
alojar las naves procedentes de su espacio tiempo. Saunders agrega el comentario mordaz de que si
alguien estaba interesado en saberlo, existe un Segundo Universo habitado por osos.

Pero Sir Salvador no pasó a convertirse en una mera nota al calce de los libros de ovnilogía. Al
contrario. En el otoño de 1969, meses después de su transitoria relación con Condon, el extraño
personaje figuraría en las experiencias del escritor Eugene Olsson, mejor conocido por su nombre
de pluma, Brad Steiger.

Steiger cuenta que en los últimos meses de la "década del amor", recibió una llamada de una
agencia publicitaria en la ciudad de Chicago, que solicitaba sus servicios como asesor en una
reunión de ejecutivos de aerolínea, pilotos y un grupo de extraterrestres. El autor quedó
boquiabierto mientras que la voz al otro lado del teléfono explicaba que los extraterrestres tenían
cosas que interesaban a la aerolínea, específicamente una sustancia capaz de transmutar el agua en
carburante, y un líquido ignífugo que sería de gran valor para la aviación comercial. La agencia
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publicitaria solicitaba la experiencia de Steiger en averiguar si estos supuestos "aliens" eran


quienes decían ser.

El escritor llegó a la reunión y se encontró con el ejecutivo de la agencia publicitaria, un piloto


militar, y con un extraterrestre--Salvador--quien afirmaba ser navegante abordo de un OVNI y el
elegido para negociar con los humanos. Presente en la reunión también se encontraba "una
pelirroja de ojos extraños", según la descripción de Steiger, quien increpó al escritor por haber
sugerido que las intenciones de los OVNI pudiesen ser menos que amigables.

El autor descubrió que "Salvador" no era un extraterrestre, sino un humano más al servicio de los
extrahumanos, o mejor dicho, un sabio alemán que había trabajado para "ellos".

Hacia el final de la 1ra Guerra Mundial, el sabio alemán había recibido indicaciones por parte de
un grupo de extraterrestres de que se le concederían los planos y ayuda para fabricar una m quina
maravillosa, a condición de que el germano formase un grupo de colegas en un pueblo minero de
Estados Unidos. El alemán no se hizo de rogar y sus colegas se mudaron a EUA tan pronto como se
firmó el armisticio entre ambos pases. El núcleo científico, apoyado con recursos financieros
ilimitados por los supuestos extraterrestres, se instaló en el pueblo minero y poco a poco fue
adquiriendo las minas para convertirlas en hangares y laboratorios. Pasaron los años y la primera
de las naves "en forma de plato sopero" estaba lista para volar. Salvador, un aprendiz en aquella
‚poca, estaba ciegamente enamorado de la hija del sabio alemán, quien sería la primera en volar el
aparato.

La nave despegó sin contratiempos, dijo Salvador, y la hija del sabio alemán se convirtió en el
primer ser humano en salir de la atmósfera terrestre. Por desgracia, otro platillo volador mayor
que el suyo apareció de la nada, engullendo al platillo "made in U.S.A." y alejándose a gran
velocidad.

Los científicos alemanes recibieron la noticia de parte de sus amigos extraterrestres de que "otro
bando" de no humanos se había opuesto a que los humanos recibieran dicha tecnología, y que el
plativolos y su piloto habían sido confiscados, para gran pesar de Salvador y del viejo sabio alemán,
quien afligido por su pérdida murió poco después.

A pesar de que la rocambolesca historia de Salvador tenía visos de ciencia ficción de los años '30,
los presentes estaban interesados en los productos que el extraño decía tener, y m s importante, si
tenía permiso para divulgar dichas sustancias. Salvador dijo que sí, y que algunos de los presentes
habían comprobado la utilidad de tanto el ignífugo como del carburante instantáneo.

A fin de cuentas, la gran demostración que prometida por Salvador--la de traer uno de los platillos
restantes diseñados por los sabios alemanes a un aeródromo cerca de la ciudad--jamás se cumplió,
y el mensajero de los hermanos del espacio desapareció para siempre... ¿tal vez para reunirse con
ViVenus y reírse a carcajadas?

Ahora está muy de moda tomar un interés activo por la bolsa de valores y "jugar el mercado". A
comienzos de la década de los '70, eran pocos los que solían hacerlo y eran mayormente grandes
empresarios o personas habituadas a la cotización de valores. Invertir cincuenta mil dólares y ver
un capital reducido a varios miles nada m s es una experiencia sumamente dolorosa para el
accionista--sobre todo si la pérdida se debe a los malos consejos de un "hermano del espacio".
La víctima de este descalabro financiero lo fue "H.T.", un comerciante de la ciudad de Springfield,
Missouri (EUA) entrevistado por el autor Warren Smith para su libro Gods and Devils from Outer
Space (Lancer, 1976). Smith, famoso por sus entrevistas y sesiones hipnóticas con Herb Schirmer,
el policía secuestrado por un OVNI cerca de Ashland, Nebraska, disponía de un dossier de once
casos que según ‚l, "documentaban casos de posesión por seres relacionados con los ovni". La
importancia del Caso H.T. no sólo en que se trata de un caso de contactismo en el que el
contactado no tenía ni el más mínimo interés en la vida extraterrestre, sino porque envuelve al
Comandante Ashtar o Ashtar Sheran.

H.T. se describía a sí mismo como el típico hombre de negocios estadounidense: preocupado sólo
por los ingresos de su empresa y poco amigo de leer nada aparte de su estado de cuenta. Una
buena noche a comienzo de los años '70, decidió acudir a una reunión en la ciudad de St. Louis con
el objetivo de aumentar su eficiencia personal y su "potencial humano". De regreso a casa, el
automóvil de H.T. sufrió una avería y se vio obligado a caminar las dos millas que lo separaban de
su hogar. A mitad del camino, se dio cuenta de que una luz le venía siguiendo; sintiendo un miedo
repentino, se lanzó a la carrera, perseguido por el extraño objeto.

La luz se hizo m s grande y H.T. pudo ver que se trataba de un platillo volador con luces
parpadeantes. Sorprendido, el comerciante dejó de correr para ver el objeto que se le venía encima.
Pero el aparato se detuvo a una distancia prudente del testigo antes de salir disparado a gran
velocidad.

Pasaron varios días tras el extraño encuentro antes de que H.T. comenzara a experimentar fuertes
dolores de cabeza y la sensación de que una voz le hablaba. Pensó primero que se trataba de una
ilusión producida por la jaqueca, pero al relajarse escuchó lo siguiente: "Soy Ashtar, Representante
del Consejo Unido de la Hermandad Universal. Los Consejeros son los gobernantes del universo, y
necesitamos de tu ayuda para impedir la destrucción de tu mundo. Debes ayudarnos--el tiempo se
agota".

Aunque H.T. pensó que se trataba, tal vez, de un dialogo entre su inconsciente y su consciente, las
explicaciones de Ashtar eran bastante convincentes. Su interlocutor se encontraba en una nave
espacial y se comunicaba mediante una máquina de vibraciones cerebrales. Mediante esta
comunicación remota, explicó H.T., Asthar le ofreció una excursión a los demás planetas habitados
del universo y--lo que más impresionó al comerciante--la promesa de un secreto de negocios que le
rendiría millones de dólares.

Este contacto mental duró por siete meses, según el contactado y Asthar se deleitaba en vaticinar el
futuro, informándole cuales serían los titulares de prensa al día siguiente o asesorándolo sobre la
bolsa de valores. "Me sentí confiado de que se trataba de una persona del espacio exterior", explicó
H.T. a Warren Smith. "Llegué‚ a interesarme en la filosofía, el esoterismo, la ovnilogía, la PES y la
reencarnación".

Cumplidos los siete meses, Ashtar informo a su contacto en la tierra de que había llegado la hora
de que el comerciante "salvara a la humanidad". El mandamiento del hermano espacial consistía
en fundar una iglesia, y que los hermanos espaciales convertirían a H.T. en un nuevo mesías, con el
poder de sanar, cautivar la atención de millones y ayudar a los demás.

H.T. era un hombre eminentemente práctico y no podía verse a sí mismo como predicador de la
"buena nueva" de los extraterrestres. Tan cortésmente como pudo, H.T. rehusó la misión
encargada y ofreció a cambio hacer cualquier cosa que estuviese dentro de sus medios.
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La voz de Ashtar adquirió tonos amenazantes, advirtiendo al comerciante del peligro que
representaba negar los deseos del Consejo Universal. A veces el hermano espacial moderaba su
tono, suplicando la ayuda de H.T. para realizar la misión. Mientras que esta tormenta paranormal
se desataba dentro del cráneo de H.T., el comerciante podía ver que su mundo se desintegraba: su
mujer le exigía el divorcio y sus negocios habían quedado en el olvido. "Estaba tan absorto
pensando en asuntos filosóficos", explico el comerciante, "que pasaba dos o tres días sin
afeitarme".

Pero el hermano espacial parecía conocer el punto vulnerable del comerciante, que era la
especulación bursátil. Comenzó a suplicarle que lo consiguiese dinero, a como diese lugar, para
invertir en determinada acción. Mediante hipotecas y préstamos, H.T. reunió 50.000 dólares y los
invirtió, creyendo en la predicción de Ashtar. Pero a las dos semanas, el valor de la acción había
mermado a tan solo trece mil dólares.

Ashtar desapareció completamente de la vida de H.T.

"Ya no escucho voces," confesó el hombre de negocios. "Me dedico a llevar mi negocio y leo muy
poco. La vida me resulta menos misteriosa gracias a las enseñanzas de Ashtar...pero me pregunto
si ser‚ capaz de resistir a Ashtar si regresa...me pregunto si perdí más de lo que gané‚ al no seguir
sus instrucciones."

Miles de estadounidenses de distintas edades disfrutaron--en la década de los '30, finalizados los
estragos de la Gran Depresión--de las aventuras espaciales el personaje Buck Rogers,
protagonizado por Buster Crabbe en una serie de películas de matinée que abarrotaban los cines
los s sábados por la mañana. Veinte años después, miles de estadounidenses se deleitarían con las
aventuras de un personaje llamado Buck Nelson, interpretado por sí mismo.

Las crónicas contactistas han exaltado las historias de Adamski, Fry, Williamson y otros
contactados de la década de los '50, pero las historias de ninguno de estos se compara en encanto a
las aventuras del desdentado e hirsuto montañés Buck Nelson y su perro, que se lanzaron al
espacio muchos años antes de que lo hicieran Alan Shepherd y John Glenn con el proyecto
Mercurio de la NASA.

Nelson, oriundo del estado de Colorado en el oeste de Estados Unidos, se había desempeñado
como obrero rural y urbano en distintos estados de la unión y en otros países. Después de vagar de
obra en obra, decidió asentarse en Mountain View, en plena ruralía del estado de Missouri, la
tierra del personaje Huck Finn del autor Mark Twain.

Según el relato ofrecido por el mismo Nelson, su vida sosegada sufrió un vuelco cuando durante
una tarde del mes de julio de 1.956, el obrero salió de su rústica cabaña para ver tres enormes
objetos discoidales cerniéndose casi directamente sobre su hogar. Sin pensarlo dos veces, Nelson
agarró una linterna e hizo señales contra uno de los gigantescos platívolos, recibiendo como
respuesta un rayo que lo bañó de energía sumamente extraña.

El obrero no perdió el conocimiento ni mucho menos. Tras de haber padecido neuritis y otros
síndromes relacionados con su vida de esfuerzo físico, Nelson sintió como dichos achaques se
desvanecían por obra de la fuerza que lo invadía. Los platívolos se elevaron y desaparecieron, pero
volverían a visitarlo en varias ocasiones.

Nelson adquirió la dignidad de contactado cuando un buen día aterrizó un platillo y salieron tres
individuos acompañados por un "perro gigante". Uno de los individuos resultó ser "Little Bucky"
(pequeño Bucky) un pariente de Nelson que había fallecido algún tiempo atrás, pero que en
realidad había cambiado de residencia a Venus. Los otros dos eran venusinos de pro, un aprendiz y
un mecánico de doscientos años de edad cuyo aspecto físico era el de un joven de veinte.

"Little Bucky" había regresado al mundo de los vivos, por lo que parece, para encargarle una
misión muy especial a Buck Nelson: velar por la seguridad de su gigantesco chucho "Big Bo",
sumamente lanudo y con un peso de trescientas ochenta y cinco libras. Las instrucciones eran
bastante sencillas--Nelson sólo tenía que cepillar el perro espacial varias veces al día.

Con el paso de los meses, Nelson llegó a acumular cantidades considerables de la lana del "perro
venusino", colocándolo en sobrecitos destinados a la venta en las reuniones contactistas de la
década de los '50, principalmente la Cuarta Convención Interplanetaria celebrada por el
contactado George Van Tassel en California. Cuando la gente comentó que la lana del perro
venusino guardaba un parecido sorprendente con la de un perro terrícola, Nelson repuso, en su
inimitable acento: "Claro que sí. Los perros son perros, no importa de qué planeta vengan".

Nelson no tardó en publicar un librito titulado My Trip to Mars, the Moon and Venus en el que
trataba las "Doce Leyes de Dios en Venus" comparándose a sí mismo con Juan el Bautista, y
relataba su "viaje a la luna" acompañado por "Little Bucky", el perro "Big Bo", y su propio perro,
Teddy. Sus descripciones sobre la superficie selenita son muy escuetas: Nelson alcanzó a ver una
estructura y varios niños selenitas que jugaban con perros de tamaños distintos. Sin embargo, los
chicos lunares se emocionaron mucho al ver a "Big Bo", y se montaron sobre su espalda "como si
fuera un potro", según Nelson. En Venus, Nelson se quedó sorprendido de que dicha sociedad
practicaba la segregación racial, situación que tuvo su aprobación.

Nelson comenzó a celebrar sus propios congresos en su propiedad de Missouri, llegando a


encargar nueve mil hot dogs para un evento en 1959 al que sólo se presentaron 300 personas. En
1964, según recuerda Jim Moseley, Nelson presentó varias diapositivas borrosas de un humanoide
venusino, una foto bien enfocada de sí mismo y de su perro Teddy, y una foto de "Big Bo".

A pesar de figurar en el elenco de contactados de la ‚poca, Nelson parece no haber alcanzado la


fama de sus congéneres y sus aventuras autopublicadas no tuvieron el éxito de las obras de Daniel
Fry o Adamski.

Frank Sinatra es sin duda uno de los gigantes de la música popular estadounidense, pero
desgraciadamente jamás se interesó por los ovnis ni los hermanos del espacio. Le tocaría a otro
Sinatra--Andy Sinatra, para evitar confusiones--establecer contacto con los buenos hermanos
espaciales y difundir la buena nueva de la salvación por los ovni.

Sinatra era un inmigrante italiano que hablaba el inglés a duras penas, y que tenía una peluquería
en Brooklyn. Autoproclamándose "el peluquero místico", el brooklinense se consideraba profeta y
vidente, iluminado por sus contactos psíquicos con seres del espacio exterior. La naturaleza de su
contacto le permitía realizar viajes astrales sin la engorrosa necesidad de platillos voladores: fue así
que el peluquero místico llegó al centro de la tierra y posteriormente a la superficie lunar. Ayudado
por su esposa Giovannina, el peluquero vendía "m quinas psíquicas" --extrañas cintas metálicas
para la cabeza, que sobreviven en nuestros días como las "cintas atlantes" disponibles por varios
dólares en las revistas ufológicas--diseñadas para evitar que los "seres espaciales negativos"
leyesen el pensamiento de los seres humanos.

En febrero de 1.962, el peluquero místico se personó ante la sede de las Naciones Unidas en Nueva
York para realizar una ceremonia destinada a proteger el enorme edificio contra las fuerzas
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destructoras que lo amenazaban. Sinatra y sus aliados--un ejército invisible de marcianos, según
su descripción--lograron su propósito ante los atónitos ojos de varios turistas y transeúntes.

Pero los hermanos del espacio parecen haber abandonado a su "elegido" después del incidente en
Nueva York: Sinatra fallecería de un cáncer fulminante luego de haber aparecido en un programa
de televisión.

El autor estadounidense Max Blumenthal ha escrito un libro con el sugerente título de Republican
Gomorrah (La Gomorra Republicana) que aborda la manera en que la extrema derecha en USA se
ha aprovechado de la religión para reclutar seguidores y afianzar su punto de vista entre los
integristas. La obra de Blumenthal recoge el pensamiento mágico – por así decirlo – de los
republicanos integristas que ven en Sarah Palin, la ex-gobernadora de Alaska, la figura bíblica de la
reina Ester, considerándola como “ungida por el Altísimo” para ejercer las más altas funciones
ejecutivas de la nación. Y como si no bastara con eso, consideran que la “forma de corona” del
lejano estado de la unión representa su función como “reino de los Elegidos” – el lugar al que
emigrarán todos los fieles que no hayan sido elevados al cielo durante el Rapto. Las imágenes de la
iglesia integrista de la ex-gobernadora, y la bendición que le diera el “obispo” de dicha iglesia
contra las magia maligna, dieron la vuelta al mundo gracias a la bola de cristal que es YouTube.

Se podría escribir largo y tendido sobre la forma en que los conservadores se han valido de la
religión como herramienta, e igual partido le han sacado a lo paranormal. Es posible entrar a
cualquier librería religiosa para comprar tomos bien encuadernados sobre la “guerra espiritual” u
otros temas que se abordan con soltura en los programas radiales integristas. Pero el fenómeno
OVNI también viene jugando un papel importante en el pensamiento reaccionario.

Una de las afiliaciones visibles de la derecha con el fenómeno aparece en el movimiento contactista
estadounidense de mediados del siglo XX. Según Jacques Vallée: “[el contactado] George Adamski
tenía vínculos antes de la Segunda Guerra Mundial con William Dudley Pelley, el líder de los
fascistas estadounidenses que acabó internado durante la guerra. Otro contactado, George Hunt
Williamson (cuyo verdadero nombre era Michel D’Obrenovic) estuvo asociado con la
organización de Pelley a comienzo de la década de los ’50. De hecho, es posible que haya sido
Pelley quien haya puesto en contacto a Williamson con Adamski”.

Esto le sonará al lector como “culpabilidad por asociación”, pero resulta que Pelley, líder del grupo
fascista Silver Shirts (los camisas plateadas), también mantenía vínculos con otro importante
movimiento sobrenaturalista de la década de los ’30 – el movimiento I AM de Guy Ballard. Tras la
victoria de los aliados en 1945, Pelley fue puesto en libertad y enseguida formó un nuevo grupo
esoterista – Soulcraft – y para 1950 escribiría un libro llamado Star Guests (los invitados de las
estrellas) (Indiana: Soulcraft, 1950) una recopilación de escritura automática proveniente de
supuestos extraterrestres.

Fue en estos primeros años de la era nuclear que George Hunt Williamson comenzó a trabajar para
Pelley en las oficinas de movimiento Soulcraft antes de mudarse a California, donde sería testigo
del supuesto encuentro entre Adamski y un supuesto venusino de cabellos largos y rubios como
una valquiria. Williamson también colaboró con John McCoy, con el que escribiría el libro UFOs
Confidential. Según Vallée, McCoy “introdujo el concepto de la conspiración de la banca judía
internacional al problema de los OVNIS”.

Estos visitantes de mundos perfectos y racionales, habitados por seres de facciones perfectas, ojos
claros y pelo rubio, gobernados por la lógica y carentes de sexualidad podrían confundirse – si
somos malpensados – con las élites arias del nazismo, o mejor dicho, el nazismo mágico, que
imaginaba a los ubermenschen extendiendo su férula sobre hordas de seres humanos de facciones
burdas, pelo oscuro, irascibles y obsesionados por el sexo. Otro escritor, Francis King, tomaba nota
de esto en su obra Satan and Swastika (Mayflower, 1976) apuntando la cantidad de revelaciones
esotéricas que comparten la política racial y política de la extrema derecha. Todas estas formas de
pensar parecen ser ramas que parten del gran tronco de la teosofía, con sus élites secretas y razas
que se “perfeccionan” con el paso del tiempo, desde los monstruosos “lemurianos” hasta la raza
perfecta que está por llegar – un pueblo rubio de ojos grandes y facciones finas.

Fue precisamente una de las herederas de la inagotable pluma de Madame Blavatsky – Vera Alder
– la que escribía sobre un subcontinente indio primigenio en el que los arios adoraban al dios
Brahma, hasta la irrupción de las gentes de piel oscura, adoradores de Siva, que suplantaron a los
arios. “Los arios blancos comenzaron a sucumbir a la fascinación que ejercen los de piel oscura
sobre ellos, y comenzaron a mezclarse con ellos” (Alder, The Initiation of the World. Lucis Trust,
1968)

De acuerdo con los escritos de Walter Kafton-Minkel, autor de Subterranean Worlds


(Loompanics, 1993), la creencia en los intraterrestres tampoco se escapa de este mal. Los escritos
de Walter Siegmeister, mejor conocido como el “Dr. Raymond Bernard” sobre la tierra hueca,
aparte de abogar por la alimentación correcta para reducir los apetitos, nos indican que los
habitantes de la subterránea Aghartha son del tipo “nórdico” por haberse escapado de los efectos
malignos del sol. Aquellos que decidieron permanecer en la superficie terrestre se convirtieron en
la raza negra. “Todas las razas, incluyendo la negra”, escribe Bernard, eran originalmente rubias y
de ojos azules”.

Siegmeister – perdón, el Dr. Bernard – tenía un punto común con algunos de los adalides de la
derecha estadounidense actuales: una repugnancia por la sexualidad humana (aunque los
telediarios nos presentan rectos y castos varones republicanos que siempre acaban en líos de
faldas) que lo llevaba a promover “la abolición de los alimentos cocinados de la dieta humana”. Eso
resultaría, según su lógica, en la desaparición de la menstruación en las hembras y la desaparición
total del sexo masculino. Aunque Siegmeister nunca escribió sobre extraterrestres idealizados,
hubiese visto en los “venusinos” de Adamski sus seres perfectos. O mejor aún, en el extraterrestre
rubio que daba pepitas de oro a cambio de pan y leche a Jaume Bordás Bley en la década de los ’60,
cuya conformación física no delataba atributos sexuales de ningún tipo.

Hay un apartado en la vida del “Dr. Bernard” que no tiene desperdicio: su intento por crear una
raza de superhombres. En 1943, un tal J. Sheppard, escribiendo para la revista The American
Weekly, le hizo una entrevista a la señorita Marian Windish, descrita como una joven ermitaña que
vivió por dos años en la selva ecuatoriana, desnuda y desprovista de armas o medicamentos. Está
claro que esta hija de la diosa Diana no podía estar sola, sino al contrario, tenía al Sr. John Wierlo
como su protector – “un gigante rubio, doscientas libras de huesos y musculatura maciza”. Esta
visión idílica, típica de las portadas de las pulpas norteamericanas de la época, sería fácil de
descartar como una fantasía más, pero la entrevista de Sheppard también incluía las declaraciones
del Dr. Walter Seigmeister. El visionario imaginaba que de la unión repetida entre su Adán y Eva
surgiría una raza nueva que se alimentaría exclusivamente de nueces y vegetales sin cocer, y se
prohibiría todo lo material, incluyendo la ropa. La prole de Wierlo y Windish sería físicamente
enorme, espiritualmente perfecta, y viviría en un estado de inocencia total.

Pero el “Dr. Bernard” se caería de su mullida nube cuando se descubrió que el relato de Sheppard
era un fraude total. Wierlo y Windish, amigos mutuos, estaban confabulados con Siegmeister y
hasta lo habían fotografiado “caminando sobre agua” y reunido con ascetas tibetanos en la
Contactados en EE.UU. 1950-1965

cordillera andina – relatos que pasarían a formar parte de las obras de otros autores, como Vincent
Gaddis.

Tampoco debemos subestimar la importancia del “Dr. Bernard”, a pesar de estos desaciertos
jocosos. Su periplo le llevaría a Guatemala, donde se hizo pasar por el experto en nutrición “Uriel
Adriana” y a Puerto Rico, donde trabó amistad con la contactada Mayita, cuyo cuerpo – según el
buen doctor – “funcionaba como un radiorreceptor interplanetario” y cuyas profecías estaban
perfectamente adaptadas a las creencias del visionario. Aquellos que habían logrado purificar sus
cuerpos y abstenerse de lo carnal (¡claro!) escaparían la inevitable destrucción de nuestro mundo
gracias a la intervención de los seres perfectos a bordo de los ovnis, que pasarían a recogerlos en
algún punto en Sudamérica. Los restos depurados de la humanidad vivirían en Marte (¿a pan y
leche?) presenciando la destrucción de sus impuros congéneres en la tierra. Pero lo que más
agradaba al “Dr. Bernard” era que Mayita recibía visitas de una imponente figura espiritual de
cabellos largos y dorados – la Magna Mater – que había sido mortal cien mil años antes, cuando
los varones no existían y las mujeres se reproducían por partenogénesis. “Bernard” también estuvo
relacionado con logias teosóficas brasileñas que creían a pies juntillas en los intraterrestres. Es
posible que las conferencias de Henrique de Souza y el comandante Paulo Strauss de la Sociedad
Teosófica Brasileña hayan atizado las fogatas de muchos creyentes en estos temas en el hemisferio
norte. Hasta es posible que exista una conexión tenue entre el “Dr. Bernard” y la controversia
sobre la isla Friendship en Chile. Ray Palmer, uno de los pioneros de la prensa OVNI
estadounidense, dijo en su revista Flying Saucers que “...[Siegmeister] había vendido lotes de
terreno en una isla cercana al Cabo Hornos en América del Sur, afirmando que existía una entrada
al mundo intraterreno, y en donde iba a fundar una colonia contra la amenaza de la lluvia
radiactiva”.

El inexorable paso del tiempo ha hecho que muchos interesados en el tema ovni / paranormal
hayan olvidado a ciertas figuras históricas. Entre estos se destacan los gemelos Ray y Rex Stanford,
que contribuyeron de manera considerable a las investigaciones y al pensamiento sobre estos
temas en las décadas de los ’60 y ’70. Uno de sus proyectos científicos más significativos lo fue
Project Starlight, el intento de comunicarse con los ovnis mediante un rayo láser en un campo
baldío en la oscura inmensidad del estado de Texas en 1975.

En 1978, el investigador ovni Jerome Clark, en aquél momento con la revista SAGA UFO REPORT,
tuvo la oportunidad de entrevistar a Ray Stanford sobre el fenómeno ovni, y entre los temas a
tratar surgió el misterio de George Adamski – contactado, timador, maestro o propietario de un
negocio de comidas rápidas, o tal vez las cuatro cosas. Esta fue la respuesta que diera Stanford en
aquel momento sobre aquel controvertido pionero de los OVNIS.

Jerome Clark: En la década de 1950 eras allegado del fallecido George Adamski, cuyos alegatos de
contacto con extraterrestres benevolentes fueron y siguen siendo materia de controversia. ¿Cómo
llegaste a conocerlo?

Ray Stanford: Leí su libro (escrito con Desmond Lesley) Flying Saucers Have Landed cuando lo
publicaron en octubre de 1953. Adamski fue la primera persona que reclamaba estar en contacto
con los seres de los OVNI. Su historia me gustó y la acepté. Debo señalar, sin embargo, que yo
tenía 15 años de edad en aquel momento. De todos modos, le escribí y me contestó. Estuvimos en
contacto y finalmente llegué a conocerlo por primera vez en el verano de 1956. Me cayó bien como
persona. Me di cuenta enseguida de que era un bebedor empedernido, pero también llegué a
vislumbrar su aspecto gentil, bondadoso y artístico, que fue revelando con el paso del tiempo. Nos
mostró muchas piezas que había realizado y que estaban muy bien hechas. Como pintor que soy,
me impresionaron mucho. Adamski tenía destrezas técnicas y artísticas considerables. Yo seguía
creyendo en sus historias platilleras. No fue hasta que comenzó a decir ciertas cosas que me puse
sospechoso, pensando que Adamski hizo lo que hizo por afán de lucro solamente, creyendo por
igual que de paso podía hacer el bien.

Jerome Clark: ¿Y qué cosas te comentaba?

Ray Stanford: Fueron varias cosas. Una revelación particularmente impactante tomó lugar en
1958, cuando fui a verlo con mi hermano Rex, quien nunca aceptó a Adamski desde el principio.
Bill Hamilton, que aún vive en California, estaba ahí. Adamski comenzó a rememorar el pasado
con nosotros. Nos dijo, en su pesado acento polaco: “Chicos, ustedes son demasiado jóvenes para
saber la clase de cabrón que era [el Presidente F.D] Roosevelt. Ustedes no saben nada sobre la
Prohibición, pero no importa. Durante la Prohibición fue que tuve la Sagrada Logia de Tibet. Era
un montaje. Oigan, lo importante era hacer el vino. Se suponía que íbamos a celebrar ritos
religiosos. Podíamos hacer nuestro propio vino y las autoridades no podían interferir con nuestra
religión. ¡Pude hacer suficiente vino para la mitad del sur de California! De hecho, chicos, yo era el
contrabandista más importante de estos lares. Entonces llegó este Roosevelt y levantó la
Prohibición. De no haber sido por ese hombre Roosevelt, no hubiese tenido que meterme en esta
bazofia de los platillos”. Después de escuchar esto, hubiese sido tonto en seguir creyendo en
Adamski. En un sentido, nos decía que su verdadero motivo por afirmar la realidad de sus
contactos ovni era monetaria, y que nunca hubiese dicho nada si le hubiese sido posible conservar
su lucrativo negocio de contrabando de licores. Algunos dirán que esto no supone una confesión.
Lo fue para mí, porque solamente una hora antes de esto, Adamski había hecho una declaración
muy interesante. Me dijo: “Ray, oye, nunca tuve que ir al espacio para tener conocimiento sobre las
naves espaciales. Caray, supe de ellas y estuve en ellas muchos años antes. Sube a la oficina y verás
en el anaquel un libro que se titula Pioneers of Space, y que escribí en 1940. Ese libro te lo dirá
todo, al igual que Inside The Space Ships. Lo único que tuve que hacer fue proyectar mi
inconsciente hacia los seres que estaban allá afuera y pude verlos, y ver lo que hacían en sus naves.
Sube y mira. Lo escribí todo en aquel entonces.”

Pues subí a la oficina y encontré las conversaciones casi idénticas con seres a bordo de las grandes
naves nodrizas que salían en Inside the Space Ships. Hasta salía el Gran Maestre. Exactamente en
la misma forma en que “la misteriosa imagen del Ser Infinito” aparece en el muro en las páginas en
Inside the Space Ships, y que [Adamski] luego afirmaría haber visto durante una visita física a las
naves. Fue cuando regresé de haber consultado ese libro que me hizo su confesión sobre la Sagrada
Logia de Tibet y el contrabando de licores. Francamente, esa fue la última vez que visité a George
Adamski, y creo que fue con justa razón.

Jerome Clark: ¿Consideras que había algo de cierto en las historias de Adamski, o crees que eran
completamente inventadas? Algunos suponen que tuvo una experiencia real, pero que
posteriormente le añadió los elementos de fraude.

Ray Stanford: Pues no lo sé, a decir verdad. Adamski se lo inventó en gran medida, pero también
llegué a conocer a su técnico fotográfico, el difunto Norman S. Kossuth, un hombre bueno y
sincero. Una noche, Kossuth, a quien conocía bastante bien, me llevó a su apartamento con
algunos amigos y nos mostró todo el pietaje a color que Adamski supuestamente había tomado de
los ovnis. En cierto caso, nos enseñó una película y dijo que cuando los objetos pasaron a plena luz
del día, pudo ver a Adamski tomando fotos. Ahora bien, estoy tan seguro como puedo estarlo de
que Kossuth no mintió sobre eso. Aun así, Norman nos presentó otras películas que francamente
consideraba como trucadas por Adamski.
Contactados en EE.UU. 1950-1965

Jerome Clark: Una pregunta obvia sería: ¿por qué trucaría fotos una persona que ha tomado
fotografías aparentemente muy cercanas y auténticas?

Ray Stanford: Creo que se trataba de una racionalización, fundamentada tal vez en su creencia
sobre la realidad de los OVNI, habiéndolos visto y habiéndolos fotografiado. Adamski pensaría,
“bueno, si es la verdad y puedo convencer a la gente emperifollando el asunto, ¿porque no? Le
meteré un poco de filosofía positiva que ayudará al mundo y me ganaré la vida, de paso”. Aparte
del carrito de salchichas que regentó en el Monte Palomar por algún tiempo, [Adamski] no tenía
otra fuente de ingresos. Tienes que entender que Adamski había vivido una vida muy dura como
emigrante polaco que llegó a los Estados Unidos a los 2 años de edad. Luego atravesó la Primera
Guerra Mundial, y por eso lo sepultaron en el Cementerio Nacional de Arlington. Creo que pensaba
que el mundo le debía el porvenir después de tantos sinsabores en su vida. Pero en cuanto a los
contactos, te puedo hablar la noche entera sobre las cosas raras que él y otros nos contaron. Me
contaron lo suficiente como para pensar tal vez algo llegó a suceder. Por ejemplo, toma la primera
famosa experiencia en el desierto, la del 20 de noviembre de 1952, el contacto con el venusino
Orthon. La narración, como tal, resulta absurda, pero tiene aspectos muy raros. Conocí algunas de
las personas que estuvieron con [Adamski] en el desierto. Dijeron que sintieron haber visto una
supuesta nave nodriza pasarles por encima y luego vieron algo destellante en la distancia mientras
que Adamski hablaba con Orthon. Pero la figura era tan distante que no llegaron a ver mucho.

Jerome Clark: ¿Dijeron que estaba hablando con la figura?

Ray Stanford: Podían ver que hablaba con una figura humana, pero estaba tan mal definida que no
podían identificar nada sobre ella. El dibujo de Orthon en Flying Saucers Have Landed era un
trucaje, según George Hunt Wiliamson, porque dijo que no pudieron haber visto semejante
detalles ni con prismáticos. Podían determinar que se trataba de una figura humana. Los detalles
fueron suministrados posteriormente y no me sorprendería saber que Adamski, siendo tan buen
dibujante, ejecutó el dibujo por sí mismo. Se supone que lo hizo Alice Wells, pero no me lo creo por
nada.

Jerome Clark: ¿Pudo haber tenido Adamski un cómplice en el desierto?

Ray Stanford: No lo sé. Williamson jura, mientras maldice a Adamski con cada resuello, que
Adamski no les dijo dónde ir ese día. Betty, la esposa de Williamson, me lo confirmó antes de
morir. Una vez que llegaron al desierto, Adamski dijo que tenía la sensación de Williamson era el
que tenía que dirigirlos. Williamson me dijo que así lo hizo, y que él fue el que eligió el lugar a
donde acabaron. Así que, ¿cómo sabría Adamski decirle a su cómplice donde encontrarse con él, si
suponemos que la figura en el desierto era en efecto su cómplice? Supongo que es posible que por
una muy grata casualidad, algún gambusino le haya dado los buenos días a Adamski. Pero siguen
la dudas. Qué hacer con la nave nodriza que vieron? Betty juró haberla visto. Lo único que sé es
que mis contactos con Betty me dejaron con la impresión de que se trataba de una mujer que no
mentiría sobre esto. Y he escuchado a Williamson maldecir a Adamski por horas, haciendo el
listado de todos sus defectos, pero insistiendo a la vez que algo sucedió allá afuera. Que
efectivamente vieron ovnis y que vieron a Adamski hablando con alguien en la distancia. Es un
acertijo. Yo diría que es muy posible que exista un grano de verdad en las afirmaciones de
Adamski. Un grano muy diminuto, que conste.

El contactismo en Estados Unidos produjo los pintorescos personajes mencionados arriba además
de los otros cuyas historias transcendieron a la comunidad internacional. Puede apreciarse que sus
personalidades recorrieron la gama desde personalidades sociopaticas hasta timadores de poca
monta, pero ciertos detalles resultan altamente curiosos, tal como la "segregación racial"
practicada en la utopía venusina de Buck Nelson: el contactismo parece ensalzar sociedades
altamente estructuradas que oscilan peligrosamente en el fascismo, habitadas por seres rubios y de
ojos claros de costumbres claramente militares, algo que queda a la vista en el sinnúmero de
"capitanes" y "comandantes" adosados a distintas flotas espaciales, o que ostentan títulos
nobilarios.

El mismo Long John Nebel, que sirvió de anfitrión a muchos de los contactados descritos en este
trabajo, comentó en su libro The Way-Out World (NY: Prentice Hall, 1961) que el nazismo se había
vuelto palpable en las narraciones de los contactados que desfilaban ante su micrófono noche tras
noche. Nebel comentó sus preocupaciones con Robert Eric Norden, un politólogo de la época,
expresando el temor de que individuos sin miramientos y con fines puramente políticos pudiesen
aprovecharse de la ingenuidad de los contactados para perseguir otros fines. Norden, por su parte,
consideraba que el movimiento contactista era ideal para ocultar espías extranjeros a plena vista,
pero que resultaba imposible manipular a los contactados para convertirlos en una m quina
política derechista. El lector debe tener presente, sin embargo, que las cavilaciones de ambos
autores estaban marcadas por la preocupación general por la Guerra Fría y la eventual "guerra
caliente" que le sucedería.

Los contactados que han sobrevivido los cincuenta años que nos separan de su ‚poca dorada inicial
son pocos. La mayoría ha fallecido, incluyendo Ruth Norman su secta UNARIUS, cuyos miembros
se atavían como príncipes y princesas en un cuento de hadas. Entre nosotros siguen el Dr. Frank
Stranges y su contacto venusino, el príncipe Val Thor; el reverendo Hal Wilcox y su contacto, el
"Maestro Fahsz" del planeta Narvon en el sistema Eltair; Penny Harper y sus amigos del planeta
Erra...vestigios de una corriente casi desconocida para los que se interesan en el fenómeno ovni.

####
Contactados en EE.UU. 1950-1965

A la izquierda, Buck Nelson, el dueño del perro Little Bucky y protagonista de una singular visita al
planeta Venus; A la derecha superior, portada del libro “The Flying Saucers Have Landed” de
George Adamski y Desmond Leslie; Derecha inferior: El libro “From Venus I Came” de otra
venusina – Omec Onec – que permanece activa en la actualidad en los círculos contactistas.
Fotografía de la colección del paranormalista e investigador ovni Peter A. Jordan que muestra a una
de las parejas contactistas de mayor fama en Estados Unidos durante los ’50: el pintor de brocha
gorda Howard Menger y su esposa Connie Webber. Menger afirmaba haber conocido a Connie
durante una vida anterior en el planeta Venus, mientras que ella recordaba a Howard como “mi
amante saturniano”, concepto que daría lugar a la novela “My Saturnian Lover” de Connie Menger.
Referentes del contactismo, la presencia de esta pareja era una constante en los congresos de
ovnilogía. Menger falleció en el 2009 a los 87 años de edad.

Portada de “From Outer Space To You” por Howard Menger (1959)


Contactados en EE.UU. 1950-1965

Portada del libro “Starchild” por ViVenus, publicado en 1982 por la Inner Light Press (New
Brunswick, NJ, EEUU) de Timothy Green Beckley. Las memorias de la extraña “visitante de otro
mundo” incluyen un manuscrito perdido con secretos esotericos.
ANEXO I

Las Mujeres de Venus


Por Regan Lee
(c)2010-01-20

La contactada Dana Howard tuvo varios encuentros con Diane, un ser que informó a Dana sobre su
procedencia del planeta Venus. Howard no fue la única contactada cuyo visitante espacial
manifestó tener una procedencia venusina. En ocasiones, los seres del espacio afirmaron provenir
de Marte, o fuera de nuestro sistema solar, pero Venus parece ser el lugar de origen predominante
para estos visitantes del espacio.

Los contactados eran seres humanos y mortales que por casualidad habían tenido encuentros con
alienígenas. Cada informe individual varía de muchas formas, pero comparten similitudes también.
Un encuentro típico de contacto tomaba lugar entre un humano y un extraterrestre que a menudo -
aunque no siempre - decía ser venusino. Los contactados recibían la invitación de subir a bordo de
las naves espaciales, iban de paseo a otros mundos, recibían lecciones e información sobre los
cambios que se avecinaban para la tierra y la humanidad, datos metafísicos y otros afines. Pero
también sucedieron encuentros de otra índole con venusinos.

Estos venusinos tenían un modo de proceder muy distinto. En vez de encontrarse con los
contactados humanos en el desierto o en los bosques, empleaban otro método. "Omnec Onec" era
una venusina que sencillamente "entró andando" - es decir, se apoderó - del cuerpo humano de
Sheila, una niña de siete años de edad que había muerto en un accidente de autobús. El libro "UFO:
From Venus I Came" (OVNI-De Venus fue que vine) narra la historia de esta "contactada humano /
venusina". Esta es la explicación que se ofrece sobre cómo fue que Omnec llegó a ocupar su cuerpo
humano:

Su tío y la tripulación (los venusinos) que la trajeron a nuestro mundo la presentaron a una familia
del estado de Tennessee (USA) que acababa de perder su hija de 7 años de edad, Sheila, en un
terrible accidente de autobús cuando iba de camino a la casa de su abuela para ir de ahí al colegio.
La abuela, que veía su nieta con poca frecuencia, no se dio cuenta de la sustitución y envió la niña
al colegio como si fuese suya. Años después, la madre de Sheila fue informada sobre el reemplazo
por el tío venusino, quien se lo explicó todo. La mujer estuvo de acuerdo en criar a Omnec Onec en
el lugar de su propia hija Sheila.

Aunque Omnec tenía el aspecto de una niña de 7 años, contaba con la sabiduría y la experiencia de
su equivalente de 210 años terráqueos al momento de su llegada en 1955. Esto le permitió
destacarse en el colegio y en casi todo, mientras que trataba de ocultar su verdadera identidad.

Otra visitante venusiana se llamaba "Christina". Christina fue capaz de "manifestar su propio
cuerpo" para los fines de su estadía en la tierra. Sus manos tenían una forma extraña, como aletas o
las "llamas de una vela". [El libro] "I Was An Extraterrestrial Walk-In from Venus!" narra su
historia. Al igual que Omnec, Chrisitna creció en el cuerpo de una niña terrestre, y el texto explica
la forma en que la realidad puede crear la realidad y objetos concretos en Venus:
Contactados en EE.UU. 1950-1965

"El mundo en Venus es muy distinto al nuestro. Todo se crea por los pensamientos, a diferencia de
la Tierra, donde debemos construir nuestra realidad físicamente. Una vez que nuestra mente
considera que podemos adquirir lo que deseamos, los objetos se manifiestan a través de lo que
parece ser un esfuerzo físico cuando de hecho, el objeto fue adquirido por creencia mental nada
más. En Venus la gente lo adquiere todo mediante el pensamiento nada más.

El libro "Over The Threshold" de la contactada Dana Howard narra lo mismo durante numerosas
reuniones en el desierto de California: "...el pensamiento es la herramienta que moldea la sustancia
y le da forma..." Según Dana, el proceso de manifestar la realidad es difícil tanto humanos como
venusinos.

Según Christina: "Lo más difícil para mí fue ajustarme a mi cuerpo físico. La realidad no estaba a
mi disposición tan solo por pensamiento, como en Venus."

Semanjanzas interesantes entre los mensajes emitidos a los contactados humanos por las
inteligencias. La pregunta es: ¿qué son esas inteligencias? ¿Se pueden tomar estas visitas
literalmente, o las descartamos como las historias de individuos con desajustes mentales? Me niego
a hacer ninguna de las dos. Y no me inclino por tomar lo último como literalmente cierto (que son
una pandilla de locos) ni tampoco lo literal (¿quien sabe si son de Venus en verdad?)

Pero desde la perspectiva folclórica/Forteana, un observador de anomalías y de alta extrañeza no


considera el fenómeno del contactismo como un asunto de "ni uno ni otro". De cierta forma, no
importa si estas anécdotas son ciertas o no. Por un lado, me acerco a estas historias como literatura
o mito, que no es lo mismo que decir que son ficción. Por el momento basta con explorar estos
encuentros y su simbolismo, conexiones e hilos - es decir, bajar por el agujero del conejo, como
Alicia en el país de las maravillas.

Apuntes:

Omnec -- www.ufohypotheses.com/cont.htm

Dana Howard: Over the Threshold,Llewellyn Publications, 1957

Alien LIfe on Venus -- www.world-famous.com/Alternate-Venus/Alien-Life-On-Venus-2.html

Nick Redfern: Contactees: A History of Alien-human Interaction, New Page Books, 2009