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ANÁLISIS A LAS ESCENAS DE LA RESURRECCIÓN

El cuarto y último episodio del seriado The Passion (2008), dirigido por Michael Offer y
producido por la BBC en alianza con HBO Films, acomete la compleja labor de poner en
escena los eventos de la Resurrección de Jesucristo y la posterior interacción del Resucitado
con un grupo de discípulos que aún no acaban de asimilar el cumplimiento de las profecías
mesiánicas (Sal 16,10; Sal 68, 18; Sal 110, 1; Os 6, 1-2; Is 53), un reto que sólo había sido
asumido de modo parcial y transitorio en algunas de las anteriores producciones
cinematográficas, como es el caso de las dos versiones de L’inchiesta: la original de 1986,
dirigida por D. Damiani, y la nueva adaptación de 2006, dirigida por G. Base.
El filme combina y adapta tres de los Evangelios (Mateo, Lucas y Juan) para representar la
mañana del primer domingo de Pascua posterior a la muerte de Jesús. Cuando María
Magdalena llega a la tumba y la encuentra abierta y vacía, corre a decirle a Pedro y al
discípulo amado y los lleva a que vean el sepulcro. Ellos tampoco logran encontrar el cuerpo
de Jesús; sólo las vendas con las que lo habían envuelto (cf. Jn 20, 6) y que Pedro decide
tomar antes de retirarse. Los guardias judíos, que se habían ido a comer de manera previa a
estos últimos acontecimientos, regresan y también descubren que la roca que cubría la tumba
ha sido movida. Éstos corren a decirle a Caifás y al resto del Sanedrín que el cuerpo de Jesús
ha desaparecido y se sugiere que todo ha sido causa de asaltantes de tumbas, entre los que se
presumen los mismos discípulos del Nazareno (cf. Mt 28, 11-15).

De regreso en la tumba, María Magdalena rompe en llanto ante la idea de que el cuerpo de
Jesús haya sido robado (cf. Jn 20, 11). De repente, Jesucristo Resucitado se le aparece y,
usando las palabras que San Lucas pone en boca de dos ángeles descritos como hombres
vestidos con ropas brillantes (Lc 24, 4-7), le pregunta que por qué busca entre los muertos al
que está vivo. El episodio, del mismo modo, sigue la versión de Lucas al hacer que algunos
discípulos hombres desacrediten las noticias de la Magdalena acerca de la resurrección,
tildándolas como un autoengaño a causa de haber querido ver vivo a Jesús.
El seriado agrega otras tres apariciones de Jesucristo Resucitado. En una casa de camino a
Emaús, éste parte el pan con dos de sus discípulos y ellos lo reconocen cuando rememora las
palabras con que había instituido la Eucaristía en el cenáculo (Lc 24, 30-31); de hecho, el
actor que lo caracteriza pasa de ser David Rubin, que consta en el reparto como “El
Peregrino”, al protagonista, Joseph Mawle. Luego se le ve cuando se aparece a sus discípulos
reunidos en Jerusalén. Al final se encuentra con Pedro al lado de un estanque en que se
encuentra lavando los pues a un paralítico. El guión prosigue de manera anacrónica con el
evangelio de San Juan cuando Jesucristo interpela a Pedro tres veces acerca de su amor hacia
Él y le encomienda continuar su ministerio sobre la tierra (Jn 21,15-19).

A modo de síntesis, el seriado se debate entre la pretensión de ser históricamente preciso y


el reto de representar a Jesucristo Resucitado. Las palabras de María Magdalena, cortesía de
los libretistas para el episodio de cierre y que se podrían traducir como un “no era Él, pero lo
era” ofrecen una pista sobre las implicaciones de esta transformación. Él era y es el mismo
Jesús, pero ahora gloriosamente distinguido mediante su resurrección de entre los muertos.
El episodio finaliza con la escena de Jesús mirando a Pedro con amor y alejándose luego por
una de las calles de Jerusalén. Aquellos que pasan por allí no interactúan con Él ni se
percatan. Jesucristo resucitado está en medio de ellos, pero sólo aquellos que lo aman y lo
siguen, sus discípulos, pueden reconocerlo.