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EL IMPERIO ROMANO EN LOS DIAS DEL MINISTERIO DEL SEÑOR

El imperio de Roma

El imperio de Roma constituía el factor político que determinaba todos los

demás durante el primer siglo. La gran república había extendido el poderío

y la influencia de Roma desde Galia hasta Mesopotamia durante los siglos

anteriores a nuestra era, recogiendo Augusto, hijo adoptivo de Julio Cesar,

Ia herencia de conceptos y de poder del prócer que transforma la República

en Imperio. El periodo del imperio, por lo tanto, puede datarse del año 27

a. C., y el Senado había conferido tales poderes a Augusto que todo

gobierno, en todas las provincias, le correspondía; no siempre nombraba a

procónsules o a procuradores, sin embargo, pues a veces confirmaba sobre

el trono a reyes nacionales que regían sus respectivos países por gracia del

Emperador. En Siria, provincia de gran importancia, se hallaba un procónsul

(Quirinio cuando Cristo nació), quien ejercía cierta supervisión sobre

Palestina. En el momento del nacimiento (fecha única en Ia historia

espiritual de la raza, pero ignorada por la política contemporánea) Herodes

el Grande, por haberse congraciado con el Emperador, gobernaba todo el

país, con Ia excepción de Decapolis, una confederación de ciudades de

límites fluctuantes al sudeste del Mar de Galilea, pero que incluía otros

centros importantes, hasta Damasco mismo, dependiendo todo ello del

procónsul de Siria. Hubo un área también alrededor de Gaza, en la antigua


Filistía, que se excluía de los dominios de Herodes y dependía del procónsul

de Siria.

Hemos de recordar que Herodes no era judío de nacimiento, pero sí de

religión. Procedía de Idumea (Edom) al Sur y Sudeste de Judea. Por una

mezcla de astucia, de diplomacia y de fuerza, había logrado la soberanía,

pero los judíos estrictos nunca se olvidaron de que la familia herodiana tuvo

sus raíces en Edom, la tierra de los descendientes de Esaú, enemigos

durante siglos de la monarquía davídica. Se cash con una princesa de la lima

sacerdotal-real de los asmoneos con el fin de establecerse más firmemente

en Palestina, y, sobre todo, quiso ganar el favor de los judíos por la magna

tarea de reedificar el Templo de Jerusalén en vasta escala de inusitada

magnificencia.

Por testamento suyo (sujeto a la aprobación de Roma) Herodes dejó las

regiones de Judea, Samaria y el norte de Idumea a su hijo Arquelao, pero

Este no pudo mantenerse en el poder, y en el año 6 las mismas regiones

pasaron al poder de un procurador romano, bajo la supervisión general del

procónsul de Siria.

Según los términos del mismo testamento, Galilea y Perea fueron regidas

por el tetrarca Herodes Antipas, y una amplia región al nordeste del Mar de

Galilea (Gaulianitis, Iturea, Traconitis, etc.) constituía la tetrarquia de


Felipe, otro hijo de Herodes «el Grande». La egida de Roma y la supervisi6n

del procónsul de Siria daban una unidad efectiva a esta diversidad de

regiones y de gobiernos. Es de suponer que Herodes Antipas tendría un

medio eficaz para pasar tropas, etc., desde Galilea a Perea, a pesar de estar

separadas por un rincón de Decápolis.

Desde el punto de vista de los romanos, Palestina era una provincia

fronteriza que servía de baluarte contra las incursiones de los Arabes

nabateos y los partos, que se hallaban en un estado de perpetua y peligrosa

agitación al Este.