Está en la página 1de 404

08.245 - 01.

Primeras 29/10/08 10:00 Página 2


08.245 - 01. Primeras 29/10/08 10:00 Página 3

EVANGELIO DE LUCAS
HECHOS DE LOS APÓSTOLES
08.245 - 01. Primeras 29/10/08 10:00 Página 4
08.245 - 01. Primeras 29/10/08 10:00 Página 5

CÓRDULA LANGNER

EVANGELIO DE LUCAS
HECHOS
DE LOS APÓSTOLES

Biblioteca Bíblica Básica


16
Editorial Verbo Divino
Avenida de Pamplona, 41
31200 Estella (Navarra), España
Tfno: 948 55 65 11
Fax: 948 55 45 06
www.verbodivino.es
evd@verbodivino.es

Diseño de cubierta: Francesc Sala


Fotocomposición: NovaText, Mutilva Baja (Navarra)

© Córdula Langner.
© Editorial Verbo Divino, 2008
© De la presente edición: Verbo Divino, 2013
ISBN pdf: 978-84-9945-789-5
ISBN (versión impresa): 978-84-8169-858-9

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o


transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de
sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro
Español de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento
de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 7

CONTENIDO

Presentación de la colección por los directores ..................... 15

Tabla cronológica ................................................................... 19

Prefacio ................................................................................... 23

Preliminar metodológico: La particularidad de los textos bí-


blicos ....................................................................................... 25

CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA .. 31


I. El texto de la obra lucana ........................................... 31
II. Lucas, el escritor .......................................................... 33
III. El trasfondo sociorreligioso: los creyentes en Jesús en
la región mediterránea en el período subapostólico
(70-120 d.C.) ............................................................... 40
IV. Los destinatarios .......................................................... 43
V. Los temas centrales y elementos de la teología lucana 45

CAPÍTULO II. LECTURA GLOBAL


DE LA OBRA DE LUCAS ................................................... 51
I. El primer libro, el Evangelio: todo lo que Jesús empe-
zó a hacer y enseñar .................................................... 51
II. El segundo libro, Hechos de los Apóstoles:
testigos desde Jerusalén hasta los confines de la tierra 58
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 8

8 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

PRIMERA PARTE:
EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

CAPÍTULO III. PRÓLOGO Y «EVANGELIO


DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 ......................................... 67
I. El prólogo: Lc 1,1-4 ..................................................... 67
1. Texto ........................................................................ 67
2. Claves de interpretación ......................................... 67
II. El «Evangelio de la infancia»: Lc 1,5-2,52 ................. 69
1. El anuncio del nacimiento de Juan el Bautista y
de Jesús: Lc 1,5-38 ................................................... 69
2. El encuentro entre María e Isabel: Lc 1,39-56 ....... 77
3. El nacimiento de Juan el Bautista y el nacimiento
de Jesús: Lc 1,57-2,52 .............................................. 81

CAPÍTULO IV. LA PREPARACIÓN DEL CAMINO


DEL SEÑOR. JUAN Y JESÚS: LC 3,1-4,13 ......................... 93
I. El ministerio de Juan el Bautista: Lc 3,1-22 ............... 93
II. La genealogía de Jesús: Lc 3,23-38 .............................. 98
III. Las tentaciones de Jesús: Lc 4,1-13 ............................. 98

CAPÍTULO V. LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA


Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 ............................. 101
I. Introducción panorámica a la misión de Jesús: Lc
4,14-6,19 ...................................................................... 101
1. La predicación inaugural de Jesús: Lc 4,14-30 ....... 101
2. Las primeras curaciones y vocaciones: Lc 4,31-5,16.
El ejemplo de la suegra de Simón: Lc 4,38-39 ....... 108
3. La práctica de Jesús le causa conflictos: Lc 5,17-6,19 113
II. La enseñanza de Jesús. Cómo debemos actuar y vivir:
Lc 6,20-49 .................................................................... 114

CAPÍTULO VI. JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA:


QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9,50 ................... 117
I. La fuerza sanadora y salvadora de fe: Lc 7,1-8,56 ....... 117
1. La gran fe sanadora del centurión: Lc 7,1-10 ......... 117
2. Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín: Lc 7,11-17 122
3. La pregunta de Juan el Bautista: ¿Quién es Jesús?:
Lc 7,18-35 ............................................................... 123
4. La fe salvadora de la «pecadora»: Lc 7,36-50 ......... 124
5. Muchas mujeres acompañaban a Jesús: Lc 8,1-3 .... 132
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 9

CONTENIDO 9

6. La eficacia de la palabra de Dios: Lc 8,4-21 ........... 135


7. La tempestad calmada: Lc 8,22-25 ......................... 136
8. El endemoniado de Gerasa: Lc 8,26-39 .................. 136
9. La fuerza de fe: Lc 8,40-56 ...................................... 138
II. ¿Quién es Jesús?: Lc 9,1-50 ......................................... 141
1. La misión de los Doce: Lc 9,1-6.10 ........................ 141
2. Herodes pregunta por la identidad de Jesús: Lc 9,7-9 141
3. Jesús alimenta y satisface a todos los hombres:
Lc 9,11-17................................................................. 141
4. ¿Quién soy yo?: Lc 9,18-27 ..................................... 142
5. Dios confirma la identidad de Jesús: Lc 9,28-36 .... 143
6. Modelos para la práctica en la comunidad: Lc 9,37-50 144

CAPÍTULO VII. LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS


DE JESÚS: LC 9,51-12,53 ...................................................... 145
I. El seguimiento de los discípulos: Lc 9,51-10,42 ......... 146
1. Mala acogida en un pueblo samaritano: Lc 9,51-56 146
2. Seguimiento y envío: Lc 9,57-62 y 10,1-20 ............ 147
3. ¿Qué hacer para heredar la vida eterna?: Lc 10,25-37 152
4. Elegir la mejor parte: Lc 10,38-42 .......................... 156
II. La actitud adecuada de los seguidores de Jesús: Lc
11,1-12,53 .................................................................... 161
1. Cómo podemos orar: Lc 11,1-13 ............................ 161
2. Jesús discute con sus oponentes: Lc 11,14-54.
Los ejemplos de la verdadera dicha: Lc 11,27-28, y
de la luz en ti: Lc 11,33-36 ..................................... 167
3. Enseñanzas a los discípulos: Lc 12,1-53 .................. 170

CAPÍTULO VIII. DEL ARREPENTIMIENTO


Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 ............................ 173
1. Del arrepentimiento: Lc 12,54-13,9 ....................... 173
2. La curación en sábado de la mujer encorvada: Lc
13,10-17 ................................................................... 174
3. Del Reino de Dios: Lc 13,18-30.31-35 ................... 179
4. El Reino de Dios y el seguimiento de Jesús: Lc
14,1-35 ..................................................................... 181
5. Tres parábolas del Dios misericordioso: Lc 15,1-32 184

CAPÍTULO IX. EL REINO DE DIOS YA ESTÁ


ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 ........................................ 191
11. El buen uso de los bienes: Lc 16,1-13 ................... 191
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 10

10 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

12. La estimación de la Torá: Lc 16,14-18 ................. 197


13. El rico y Lázaro el pobre: Lc 16,19-31 .................. 198
14. Jesús enseña a sus discípulos: Lc 17,1-10 .............. 201
15. El samaritano agradecido: Lc 17,11-19 ................. 202
16. Del Reino de Dios y del día del Hijo del hombre:
Lc 17,20-21.22-37 ................................................. 202
17. La parábola del juez y la viuda: Lc 18,1-8 ............ 203
18. El Reino de Dios: ¿para los pecadores, los niños y
los ricos?: Lc 18,9-34 ............................................. 204
19. El ciego de Jericó, modelo para los seguidores de
Jesús: Lc 18,35-43 .................................................. 206
10. Zaqueo, modelo de identificación para los ricos:
Lc 19,1-10 ............................................................. 207
11. La parábola de las minas: Lc 19,11-27 .................. 212

CAPÍTULO X. EL CONFLICTO CON LOS


ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA:
LC 19,28-21,38 ........................................................................ 215
1. Jesús, rey de paz: Lc 19,29-46 .................................. 216
2. Los adversarios de Jesús buscan matarle: Lc
19,47-20,47. El ejemplo del tributo debido al César:
Lc 20,19.20-26 ........................................................ 220
3. El óbolo de la viuda pobre: Lc 21,1-4 ..................... 225
4. Discurso escatológico de Jesús: Lc 21,5-36 ............. 229
5. Jesús enseña en el Templo: Lc 21,37-38 ................. 230

CAPÍTULO XI. LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 ........................... 231


1. Preparativos para la Pascua y para la entrega de
Jesús: Lc 22,1-13 ...................................................... 232
2. La Pascua: Lc 22,14-38 ........................................... 232
3. Prendimiento de Jesús e interrogatorios: Lc
22,39-23,25 .............................................................. 238
4. La crucifixión y la muerte de Jesús: Lc 23,26-
43.44-49 ................................................................... 240
5. El sepelio de Jesús: Lc 23,50-56 .............................. 250

CAPÍTULO XII. LOS TESTIMONIOS


DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-53 ................................. 251
I. Enlaces narrativos ....................................................... 251
1. El mensaje de la resurrección: Lc 24,1-12 .............. 252
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 11

CONTENIDO 11

2. Los discípulos de Emaús: Lc 24,13-35 .................... 253


3. La aparición de Jesús a los discípulos: Lc 24,36-49 254
4. La Ascensión: Lc 24,50-53 ..................................... 254
II. Enlaces pragmáticos .................................................... 255
1. Las mujeres .............................................................. 255
2. Los discípulos de Emaús .......................................... 256
3. Los once y los demás discípulos .............................. 257
4. Los ángeles .............................................................. 258
5. Jesús resucitado ........................................................ 258
6. Ser testigo ................................................................ 259
7. La fracción del pan .................................................. 259
8. El Mesías que tiene que sufrir ................................. 260
9. Dios perdona porque es misericordioso .................. 262

CAPÍTULO XIII. RETROSPECTIVA Y ANTICIPACIÓN ... 265


1. Colaboración en el plan salvífico de Dios .............. 265
2. Jesús cura y perdona a los pecadores ....................... 266
3. El Evangelio para ricos y pobres ............................. 267
4. Hombres y mujeres escuchan y enseñan el Evangelio 268
5. El Evangelio se dirige a los judíos igual que a los
gentiles .................................................................... 269
6. La vida pluriforme de las comunidades .................. 271
7. El ejemplo de las mujeres para la vida de fe ........... 272
8. La fuerza dinámica del Espíritu Santo .................... 275

SEGUNDA PARTE:
HECHOS DE LOS APÓSTOLES

CAPÍTULO XIV. PRÓLOGO Y EL COMIENZO


DE LA PRIMERA COMUNIDAD: HCH 1,1-2,47 ............... 281
I. Prólogo y ascensión como conexión: Hch 1,1-14 ...... 281
1. Texto ........................................................................ 281
2. Claves de interpretación ......................................... 283
II. El comienzo de la primera comunidad: Hch 1,15-2,47 289
1. El complemento de los once: Hch 1,15-26 ............ 289
2. Pentecostés: Hch 2,1-47 ......................................... 290

CAPÍTULO XV. LA VIDA EN LA PRIMERA COMUNIDAD:


HCH 3,1-8,4 ............................................................................ 299
1. Pedro y Juan curan a un tullido: Hch 3,1-4,31 ...... 299
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 12

12 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

2. La praxis solidaria en la primera comunidad: Hch


4,32-37 ..................................................................... 301
3. El fraude de Ananías y Safira: Hch 5,1-11 ............. 306
4. El Sanedrín prohíbe enseñar en el nombre de Jesús:
Hch 5,12-42 ............................................................ 308
5. Desatención en la asistencia diaria: Hch 6,1-7 ...... 309
6. El testimonio y martirio de Esteban: Hch 6,8-8,1a 310
7. La persecución de la Iglesia: Hch 8,1b-4 ................ 310
CAPÍTULO XVI. LA MISIÓN EN SAMARÍA Y JUDEA:
HCH 8,5-9,31 ........................................................................... 321
1. La misión en Samaría: Hch 8,5-25 ......................... 322
2. El bautizo del primer temeroso de Dios. El eunuco:
Hch 8,26-40 ............................................................ 326
3. Saulo, su conversión y su trabajo por el Evangelio:
Hch 9,1-31 .............................................................. 327
CAPÍTULO XVII. EL EVANGELIO LLEGA
A LOS GENTILES: HCH 9,32-12,25 .................................... 329
1. Pedro en Lidia y Jope: Hch 9,32-43 ....................... 329
2. Dios da a los gentiles la conversión que lleva a la
vida: Hch 10,1-11,18 .............................................. 331
3. La iglesia de Antioquía: Hch 11,19-30 .................. 339
4. En Jerusalén: Hch 12,1-25 ...................................... 343
CAPÍTULO XVIII. LA PRIMERA MISIÓN
DE BERNABÉ Y SAULO: HCH 13,1-14,28 .......................... 345
I. La nueva obra: Hch 13,1-5 ..................................... 345
2. En Chipre: Hch 13,6-12 ......................................... 345
3. En Antioquía de Pisidia: Hch 13,13-52 ................. 346
4. En Iconio, Listra y Derbe, y el regreso a Antioquía:
Hch 14,1-28 ............................................................ 346
CAPÍTULO XIX. LA DECISIÓN OFICIAL DE ABRAZAR
A LOS GENTILES: HCH 15,1-35 ......................................... 349
1. La relación entre judíos y gentiles .......................... 350
2. El conflicto y su solución decisiva: Hch 15,1-35 ... 350
CAPÍTULO XX. LA SEGUNDA MISIÓN DE PABLO.
A EUROPA: HCH 15,36-18,23A ........................................... 359
1. La partida al segundo viaje: Hch 15,36-16,5 .......... 359
2. El Evangelio llega a Europa: Hch 16,6-40 .............. 359
3. En Tesalónica y Berea: Hch 17,1-15 ...................... 366
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 13

CONTENIDO 13

4. En Atenas: Hch 17,16-34 ....................................... 366


5. En Corinto, y vuelta a Antioquía: Hch 18,1-23a .. 367
CAPÍTULO XXI. EL TERCER VIAJE MISIONERO:
HCH 18,23B-21,16 .................................................................. 369
1. Apolo, Priscila y Áquila: Hch 18,24-28 ................. 369
2. Los discípulos en Éfeso: Hch 19,1-7 ....................... 371
3. Misión y resistencia en Éfeso: Hch 19,8-20,1a ....... 371
4. Pablo regresa a Jerusalén: Hch 20,1b-21,16 ........... 372
CAPÍTULO XXII. EL EVANGELIO SE DIVULGA
DE JERUSALÉN A ROMA: HCH 21,17-28,31 .................... 375
I. Pablo da testimonio de Jesús en Jerusalén: Hch
21,17-23,35 .................................................................. 375
1. Pablo llega a la comunidad de Jerusalén: Hch
21,17-26 ................................................................... 375
2. Pablo es arrestado: Hch 21,27-40 ........................... 376
3. Discurso de Pablo a los judíos de Jerusalén: Hch
22,1-29 ..................................................................... 377
4. Pablo ante el Sanedrín: Hch 22,30-23,11 .............. 379
5. Conjuración contra Pablo y su traslado a Cesarea:
Hch 23,12-35 .......................................................... 379
II. Pablo da testimonio de Jesús en Cesarea: Hch
24,1-26,32 .................................................................... 380
1. Pablo ante el procurador Félix: Hch 24,1-27 ......... 380
2. Pablo apela al César: Hch 25,1-12 ......................... 381
3. Pablo ante el rey Agripa: Hch 25,13-26,32 ............ 381
III. El camino de Pablo a Roma y su testimonio en Roma:
Hch 27,1-28,31 ........................................................... 382
1. Camino a Roma: Hch 27,1-13 ................................ 382
2. Tempestad y naufragio: Hch 27,14-44 .................... 382
3. En Malta: Hch 28,1-10 ........................................... 383
4. Pablo a Roma: Hch 28,11-31 .................................. 383
CAPÍTULO XXIII. CONCLUSIÓN
TEÓFILO HA LEÍDO Y ENTIENDE... ................................ 391
1. ¿Quién es testigo? o: ¿Cómo se llega a ser testigo? .... 391
2. Rasgos característicos de los testigos ....................... 393
3. ¿Cómo ser testigo? y ¿Cómo testimoniar su fe? ...... 394
Bibliografía básica sobre la obra de Lucas .............................. 397
Vocabulario básico .................................................................. 399
08.245 -02. Contenido 29/10/08 12:10 Página 14
08.245 -03. Presentación 29/10/08 10:03 Página 15

PRESENTACIÓN
DE LA COLECCIÓN
POR LOS DIRECTORES

«Hoy ha sido cumplida esta Escritura...» Lo que el Ungido de


Nazará echó a andar en la sinagoga de su pueblo, no ha cesado a
lo largo de las generaciones de las hijas e hijos de Dios, ungidos
todos con el Espíritu del Señor, «hasta los confines del mundo».
Desde aquel día, el Espíritu ha estado fundiendo el quehacer pro-
fético de Isaías con el libertador de Jesús, con el del catequista Lu-
cas, con el de otras testigos y facilitadores de la Palabra a lo largo
de los días y en los lugares más insospechados, para forjar la ple-
nitud del Evangelio; cumpliéndose día con día, pero incompleto mien-
tras haya oprimidas, ciegos, cautivas, pobres, inmigrantes, analfabe-
tas, violentados, excluidas...
En esa dinámica del Espíritu queremos colocar estas guías de es-
tudio que hemos llamado Biblioteca Bíblica Básica (BBB), como un
apoyo para proseguir el proyecto renovado del «año grato del Se-
ñor».
Estas guías de la BBB están destinadas a lectores que ya poseen
una información bíblica elemental y que buscan medios para aden-
trarse en el conocimiento de la Escritura. Particularmente los agen-
tes de pastoral, religiosas y religiosos, alumnas y alumnos de institu-
tos y escuelas bíblicas, sacerdotes y seminaristas encontrarán en
estas páginas elementos preciosos para crecer en amor y conoci-
miento de la Palabra de Dios.
En las páginas de la BBB se refleja también el mestizaje del
Evangelio que ha dado color y sabor tan nuestros a estas tierras; es-
cuchamos voces nacidas en México, e igualmente acentos que lle-
gan desde otras latitudes pero con fuerte arraigo aquí. Estamos con-
08.245 -03. Presentación 29/10/08 10:03 Página 16

16 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

vencidos de que sólo conjugando nuestros distintos contextos, per-


cepciones e inspiraciones facilitamos que la Palabra llegue a ser
Buena Noticia: una realidad «grata al Señor».
Esta serie constará de veintiún volúmenes que presentarán los
resultados más relevantes del estudio reciente sobre la Palabra de
Dios escrita, pero privilegiará la interpelación entre el lector y el
texto inspirado, porque nunca hay que olvidar que la Biblia es para
la vida, no al revés.
En este volumen presentamos los dos libros de la obra lucana, el
evangelio de san Lucas y el libro de los Hechos de los Apóstoles;
ambos configurados explícitamente bajo el sello del Espíritu eficaz.
El primero nos ofrece su peculiar testimonio sobre Jesús de Nazaret,
ungido con poder y Espíritu para liberar «a todos los oprimidos por
el diablo» (Hch 10,38); a ese Mesías de Dios lo ajusticiaron como
subversivo y malhechor, pero Dios lo resucitó de entre los muertos
y está vivo; por eso, lejos de haber sido cancelado, su proyecto tie-
ne nuevo poder.
El segundo libro constata que el propósito de Jesús ha sido pro-
longado y multiplicado por diversos testigos del Evangelio que, han
ido configurando las iglesias cristianas de los orígenes. Por esto, Hch
es también una ventana privilegiada para asistir a cómo fueron
alumbradas las iglesias de los orígenes; en Hch constatamos que más
que de un proceso de estabilización, homogeneización o institucio-
nalización, por alguna misteriosa razón del Espíritu, se trata de una
dinámica subversiva y constante, en la que las «prudentes medidas»
de algunos de sus protagonistas y responsables resultan insuficientes
e inoperantes, y por lo mismo rebasadas, pues otros, aquellos que no
cuentan –las y los excluidos– en la toma de decisiones, pero movi-
dos por el Espíritu, rompen los moldes establecidos para re-crear un
horizonte nuevo y un contexto diferente, donde los hombres se
vuelven sujetos o agentes del Espíritu y su quehacer facilita la Vida
nueva de los hijos de Dios, aportada en Jesucristo. Aquellas genera-
ciones encontraron modos de incluir a todos los que escuchan y re-
piten el Evangelio: a muchos y muchas sin nombre, como al paralí-
tico y a la encorvada, al eunuco y a la esclava poseída, pero también
a Pedro y a Magdalena, a Juana y a Zaqueo, a Susana y a Matías, a
Santiago y a Esteban, a Saulo y a Lidia y a Priscila, etc. Ambos li-
bros siguen siendo un espejo para nosotros y nuestros quehaceres y
proyectos; ambos nos tienen que inspirar para facilitar el proyecto
de Dios para todos nuestros hermanos excluidos.
08.245 -03. Presentación 29/10/08 10:03 Página 17

PRESENTACIÓN 17

La sugestiva propuesta que Córdula Langner nos ofrece privile-


gia los efectos inspiradores del texto, su potencial de identificación
para transformar el contexto nuestro y recrear eficazmente el que
Dios quiere. Para llegar allí, primero se han de percibir atenta y res-
petuosamente las voces y actitudes de los hombres y mujeres que
pueblan la narración lucana; estudiar el texto desde las cuestiones
que la profesora nos va planteando es el cimiento donde se asenta-
rá nuestra percepción y nuestra actitud ante la Palabra de Dios. Esto
es fundamental para mirar los textos como son, sobre todo los que nos
son más familiares, y no como «ya los conocemos». Luego podremos
percibir las analogías y conexiones que florecen conforme se desarro-
lla la narrativa de Lucas, y en este proceso podremos configurar,
afianzar o remodelar nuestras propias percepciones y actitudes. Des-
de allí estaremos mejor equipados para facilitar que el Evangelio de
Jesucristo consiga hoy su cumplimiento y tienda a la plenitud «en
cada rincón de la tierra».
Ojalá que las líneas de este volumen, el 16 de la Biblioteca Bí-
blica Básica, inspiren al lector a releer crítica y receptivamente la
Escritura, a cotejar sus propias actitudes y a enriquecerlas con lo que
el Espíritu le proclama a esta Iglesia que todos conformamos y que
debe caminar acorde a lo que escucha. El horizonte no es otro sino
el del Espíritu eficaz y renovador de Jesucristo resucitado.
Los directores:
Ricardo López Rosas
Carlos Junco Garza
Representante de la Editorial:
Julián Fernández de Gaceo, SVD
08.245 -03. Presentación 29/10/08 10:03 Página 18
08.245 - 04. Tabla 29/10/08 10:04 Página 19

TABLA CRONOLÓGICA

En esta tabla reúno los datos políticos del Imperio romano en la


medida en que refieran al país de Israel y/o a las personas que apa-
recen en Lucas, sea en el evangelio o en Hechos. Como no cono-
cemos las fechas exactas, las de esta tabla son aproximadas.

DATOS IMPERIALES FECHA DATOS BÍBLICOS


Octavio Augusto, César 37 a.C.-14 d.C.
Herodes el Grande, 37 a.C.-4 a.C.
rey de Judea, Galilea, Samaría,
Idumea y Perea
7/6 a.C. Nacimiento de Jesús
Quintilio Varo, gobernador 6-4 a.C. ¿Censo de Quirino
de Siria (Cireno)? Lc 2,2
Muerte de Herodes el Grande 4 a.C.
Herodes Antipas, tetrarca 4 a.C.-39 d.C.
de Galilea y Perea
Quirino (o Cireno), 6-7 d.C. Censo de Quirino
Gobernador de Siria
6-15 Anás, sumo
sacerdote Lc 3,2
Tiberio, César del Imperio 14-37
18-37 Caifás, sumo
sacerdote Lc 3,2
Poncio Pilato, procurador 26-36
de Judea
08.245 - 04. Tabla 29/10/08 10:04 Página 20

20 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

DATOS IMPERIALES FECHA DATOS BÍBLICOS


27/28-29 Predicación de Juan
el Bautista Lc 3,2-3
27/28 Bautismo de Jesús Lc
3,21
29 Decapitación de Juan
el Bautista Lc 9,9
30 ¿? Crucifixión de Jesús:
14 de Nisán / 7 de
abril Lc 23,26-49
33 ¿? Martirio y muerte de
Esteban Hch 6,8-7,60
33/35 Reorientación de Pablo
Hch 9,1-22
Calígula, César del Imperio 37-41
circa 40-45 Bernabé y Pablo
en Antioquía Hch
11,25-26
Claudio, César del Imperio 41-54
Herodes Agripa I, rey 41-44
de Palestina
42 Decapitación de
Santiago Hch 12,1-3
Hambruna en Judea 47 ¿? El profeta Ágabo previó
la gran hambre Hch
11,27-30
46-47 Primer viaje misionero
de Bernabé y
Pablo Hch 13,2-14,28
48/49 Asamblea de Jerusalén
Hch 15,1-35
Decreto del César Claudio: 49 Priscila y Áquila,
los judíos deben abandonar expulsados de Roma,
Roma llegan a Corinto Hch
18,2
50 Pablo parte a su
segundo viaje misionero
Hch 15,36-18,23a
Herodes Agripa II, 50-100
rey de Palestina
08.245 - 04. Tabla 29/10/08 10:04 Página 21

TABLA CRONOLÓGICA 21

DATOS IMPERIALES FECHA DATOS BÍBLICOS


Galión: Procónsul de 51/52 o 52/53 Pablo en Corinto
Acaya / Corinto Hch 18,12-17
Nerón, César del Imperio 54-68
53/54-55/56 Priscila y Áquila en
Éfeso Hch 18,18-19
Pablo en Éfeso Hch
18,18-19; 19,1-20,1
Apolo en Éfeso Hch
18,24-26
58 Despedida de
los ancianos de Éfeso,
viaje de Pablo a
Jerusalén Hch 20,16-
21,17
47-59 Ananías,
sumo sacerdote Hch
23,2-5; 24,1
Félix, procurador de Judea 58/59 Pablo bajo arresto en
Jerusalén y Cesarea
Hch 23,24-24,27
Porcio Festo, 59-60 Pablo ante Porcio Festo
procurador de Judea y los reyes Agripa y
Berenice Hch 25,6-
26,32
60/61 Viaje de Pablo a Roma
Hch 27,1-28,15
61-64/67 Prisión de Pablo en
Roma Hch 28,16-31
Ejecución de Pablo en
Roma
Incendio de Roma 64
Restricciones contra 66-70 Comienzo de
los creyentes en Jesús los sacrificios para
el César en el templo;
algunos de los creyentes
en Jesús huyeron de
Jerusalén a Pella,
en Jordania
Destrucción de Qumrán 68
08.245 - 04. Tabla 29/10/08 10:04 Página 22

22 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

DATOS IMPERIALES FECHA DATOS BÍBLICOS


Vespasiano: César del Imperio 69-79
70 Conquista de Jerusalén
por Tito y destrucción
del templo
73-135 Rabí Yojanan ben
Zakkai funda el centro
académico judío en
Jabne (Jamnia)
Tito, César del Imperio 79-81
Domiciano, César del Imperio 81-96
Restricciones contra filósofos circa 90
y creyentes en Jesús en Roma
y en el Oriente del Imperio
Nerva, César del Imperio 96-98
Trajano, César del Imperio 98-117
Edicto de Trajano:
el cristianismo es ilegal 111
Adriano, César del Imperio 117-138
Segunda sublevación judía 132-135
(bajo Bar Kokebá). Jerusalén
es destruida completamente,
los judíos son expulsados
de Judea y Jerusalén
será reconstruida como
ciudad pagana: «Colonia
Aelia Capitolina», con
un templo al dios Júpiter
08.245 - 05. Prefacio 29/10/08 10:04 Página 23

PREFACIO

Estimada lectora y estimado lector:


Tienes en tus manos una «guía de lectura y de estudio» sobre el
evangelio de Lucas (= Lc) y Hechos de los Apóstoles (= Hch). Esta
guía te servirá para comprender más profundamente los textos bí-
blicos. Es más fácil entender un texto marcando lo importante, su-
brayando lo esencial y apostillando notas o señales para reencontrar
a primera vista lo significativo e interesante. Quizá dudes si marcar
o no los textos de tu Biblia con colores o con lápiz, pero en este li-
bro puedes escribir cuanto quieras.
Analizaremos los textos más importantes y característicos de Lc
y de Hch, y así conocerás lo específico de Lucas. Encontrarás des-
pués de los textos elegidos unas preguntas y tareas para estudiarlos
mejor. Luego siguen unas explicaciones e interpretaciones que reto-
man preguntas respecto al estudio del texto. Así podrás comprobar
tus resultados. Conviene primero hacer las tareas del estudio del
texto, pues comprenderás y aprenderás mucho más de la obra de Lu-
cas (pero podrás entender las interpretaciones y explicaciones tam-
bién si no tienes tiempo de estudiar el texto). Al final, encontrarás
otra serie de preguntas para repensar el texto, para meditarlo a so-
las, o bien compartirlo con tu grupo bíblico.
08.245 - 05. Prefacio 29/10/08 10:04 Página 24
08.245 - 06. Preliminar 29/10/08 10:05 Página 25

PRELIMINAR METODOLÓGICO
LA PARTICULARIDAD
DE LOS TEXTOS BÍBLICOS

Acercarse a un texto –leerlo, estudiarlo e interpretarlo– se da


siempre desde una perspectiva determinada y con un cierto interés.
Por eso voy a presentar a continuación mi perspectiva y mi interés.
La lectura de los textos bíblicos es una forma especial de comunica-
ción. Una comunicación es un proceso que implementan los inter-
locutores juntos. En el caso de un escrito, sucede que un interlocu-
tor, el texto, no puede reaccionar. La comunicación se desarrolla
sólo en una dirección única: del texto al lector. Otra característica
propia de los textos bíblicos –a diferencia de otros textos– es su pre-
tensión de ser «palabra de Dios». La palabra de Dios como revela-
ción de Dios manifiesta su voluntad y su promesa. Además, la pala-
bra de Dios tiene fuerza dinámica, pues provoca, causa y crea una
nueva realidad. De la eficacia dinámica de la palabra de Dios lee-
mos por ejemplo en el primer relato de la creación que Dios habla
y así fue (Gn 1,1-25), y en el libro de Isaías: «Así será mi palabra,
la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya
realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié»
(Is 55,11). También en Hch notamos la dinámica autónoma de la
palabra de Dios: «La palabra de Dios iba creciendo...» (Hch 6,7) y:
«La palabra del Señor crecía y se difundía poderosamente» (Hch
19,20).
La palabra de Dios se expresa en las Sagradas Escrituras por me-
dio del lenguaje de los hombres, por eso podemos entenderla (Dei
Verbum 12-13). Nuestro lenguaje sigue ciertas reglas: un texto une
y relaciona palabras y frases a un conjunto para comunicar la in-
tención del autor al lector. La selección de palabras, la combinación
de frases (a nivel estructural), los caracteres narrados, sus acciones
08.245 - 06. Preliminar 29/10/08 10:05 Página 26

26 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

y diálogos (a nivel narrativo) dan a entender la intención del autor.


El lector distingue si el autor comunica o pone en duda algo, si quie-
re exhortar o advertir. Analizando las palabras usadas por el autor,
el lector puede averiguar también qué y cómo piensa el autor, su vi-
sión del mundo, sus valores éticos, su crítica, su esperanza...
Las intenciones del autor no son lineales y unilaterales, sino más
bien complejas. El autor puede informar y al mismo momento suge-
rir reflexiones alternativas, por ejemplo: «Los reyes de las naciones
las dominan como señores absolutos y los que ejercen el poder so-
bre ellas se hacen llamar bienhechores; pero no así ustedes...» (Lc
22,25-26).
Por medio del texto, el autor quiere provocar ciertas reacciones
en el lector. El autor formula su texto según su interés, para que cau-
se los efectos buscados. A veces hace evidente lo que quiere, por
ejemplo una exhortación o una advertencia: «Los exhorto, herma-
nos, a que sean unánimes y no haya entre ustedes divisiones...» (1
Cor 1,10), o: «No entren en Egipto. Pueden estar seguros de que se
lo he avisado hoy, que se están engañando a ustedes mismos...» (Jr
42,19-20). Otras veces no quiere que se identifique al instante su
intención. Así puede formular un texto también en una manera que
no surta su efecto en el momento mismo en que el lector lo lee, sino
después, cuando repiensa el texto. Esta intención la encontramos
por ejemplo en las preguntas de Jesús a los discípulos, pues exami-
nadas de cerca se trata de preguntas que exigen también una res-
puesta del lector: «¿Dónde está su fe?» (Lc 8,25), o: «Y ustedes,
¿quién dicen que soy yo?» (Lc 9,20).
Además, el autor puede formular un texto para que surta un
efecto posteriormente en el lector. Conocemos por ejemplo el efec-
to consolador del Salmo 23: «Yahvé es mi pastor, nada me falta...»,
y las palabras alentadoras y confortantes del Salmo 121: «Es tu guar-
dián Yahvé...». Estos ejemplos nos demuestran las dimensiones
múltiples y complejas de un texto. También los textos «actúan» por
sus palabras y consiguen que algo cambie: surten efectos en los lec-
tores y les sugieren algo, los alientan, los consuelan, los llevan a re-
flexionar...
En mi interpretación me importa sobre todo la dimensión del texto que
quiere crear la nueva realidad de Dios. La parábola de las semillas
que dan distintas cantidades de frutos dependiendo del terreno
en que caen (Lc 8,4-15) simboliza la eficacia de la palabra de Dios.
La semilla (la palabra de Dios) contiene en sí el potencial comple-
08.245 - 06. Preliminar 29/10/08 10:05 Página 27

PRELIMINAR METODOLÓGICO 27

to de dar frutos múltiples. Depende del terreno y de las circunstan-


cias cuánto fruto produzca, es decir, depende de nosotros qué efec-
to puede surtir la palabra de Dios en nosotros. Los textos bíblicos
quieren mover a los lectores –por su potencial dinámico– a descu-
brir la nueva realidad de Dios y actuar según la voluntad de Dios.
Así como la gente preguntó a los predicadores (a Juan, a Jesús, a
los discípulos): «¿Qué debemos o tenemos que hacer?» (Lc 3,10-14;
10,25; 18,18; Hch 2,37; 16,30), se preguntan hoy los lectores por el
significado de la nueva realidad de Dios para su vida actual, y cómo
deben actuar. Para descubrir la dimensión pragmática del texto vamos
a analizar la estructura y el nivel narrativo-comunicativo del texto.
No encontraremos recetas o instrucciones sobre qué debemos hacer,
sino más bien «semillas» –como ideas, invitaciones, proposiciones,
puntos de contacto– que debemos interpretar, actualizar y aplicar a
nuestra situación actual.
El mensaje y la intención de un texto dependen también de su con-
texto. Los textos bíblicos no se originaron en nuestro contexto socio-
cultural, pues surgieron en una época hace casi 3,000-2,000 años
y en una cultura e historia distintas. Así podemos preguntarnos
¿por qué y cómo podemos entender aquellos textos? Entendemos
el mensaje de los textos bíblicos porque compartimos las mismas
preocupaciones y miedos, esperanzas y nostalgias con la gente de
aquel tiempo. Es la misma fe que nos une. Por eso nos reflejamos
en las personas de las que hablan las narraciones bíblicas y las pa-
rábolas. Podemos identificarnos fácilmente con ellas, pues son
como nosotros. Incluso cometen las mismas faltas y tonterías que
nosotros. Las personas bíblicas sirven como modelos: aprendemos
por ellos –por su fe y confianza, por sus acciones y faltas– qué ha-
cer y qué no.
La misma fe nos une con las personas bíblicas por la revelación, la
tradición y los credos. Tenemos el mismo horizonte de fe como trasfondo
sobre el que interpretamos nuestras experiencias de la vida y de la fe. Por
eso interpreto los textos bíblicos ante este horizonte de fe como testimo-
nios de fe. Ante este horizonte de fe, frases como: «Los ciegos ven,
los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los
muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva» (Lc
7,22), o: «Todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que lla-
ma, le abrirán» (Lc 10,11), ya no son utopías, sino que anuncian la
presencia del Reino de Dios: «El Reino de Dios ya está en medio de
ustedes» (Lc 17,21).
08.245 - 06. Preliminar 29/10/08 10:05 Página 28

28 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Analizo las diversas dimensiones de los textos bíblicos desde la pers-


pectiva de la fe para encontrar su eficacia en los lectores. Se puede ilus-
trar con el ejemplo de una «red para pescar»: la red para pescar con-
siste en hilos anudados. Igualmente las palabras y frases de un texto
se unen por su estructura gramatical. Si cambiamos partes de una
frase, se cambia también su sentido: «Vende todo cuanto tienes y
repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego,
ven y sígueme», diferente de: «Vende todo cuanto tienes y repárte-
lo entre los pobres; luego, ven y sígueme, y tendrás un tesoro en los
cielos». ¿Qué debe hacer para tener el tesoro en los cielos?
Retomamos otra vez la imagen de la red para pescar: la red no es
fija e inflexible, sino flexible y elástica. Mirado desde cierta distan-
cia notamos mejor las conexiones de los hilos con otros: la estruc-
tura de la red. Las palabras y frases de un texto están igualmente re-
lacionadas a otros párrafos por el significado de las palabras y los
mismos campos semánticos. Las palabras «pecar», «perderse», «es-
tar muerto» y «arrepentirse» forman un campo semántico; otro es:
«hallar», «alegrarse», «besar», «hacer fiesta» y «volver a la vida».
Los mismos campos semánticos en las parábolas de «la oveja perdi-
da», de «la dracma perdida» y del «hijo perdido» nos demuestran el
entrelazamiento semántico de las tres parábolas: debemos interpretar-
las como unidad.
Tanto Lc como Hch son «narraciones». Las personas narradas,
sus acciones y diálogos no están unidas sólo a nivel de las palabras
y frases, sino también a nivel del contenido y de la narración. En
Hch, la narración de la muerte de Esteban tiene muchos paralelos
con la muerte de Jesús. También los hechos de Pedro y Pablo son
narrados en forma paralela. Lucas usa también motivos (los mila-
gros, las persecuciones), metáforas (el Reino de Dios), imágenes (el
terremoto, la nube) y símbolos (el monte, el desierto) para aludir a
otras narraciones de su obra o al AT o al contexto antiguo. Estos
motivos, metáforas, paralelas, imágenes y símbolos nos demuestran
el enlace narrativo de los textos.
Los entrelazamientos semánticos y narrativos –alusiones, citas,
palabras y motivos retomados, etc.– forman líneas de interpretación.
Así como los hilos de la red para pescar están anudados, también lo
están las líneas de interpretación. Estas conexiones posibilitan va-
riadas asociaciones ante del horizonte de fe. Los nudos de la red dan
estabilidad y flexibilidad. Por los nudos la red es una red y no un te-
jido. Los «nudos» de un texto –las conexiones de las líneas de in-
08.245 - 06. Preliminar 29/10/08 10:05 Página 29

PRELIMINAR METODOLÓGICO 29

terpretación– contienen la eficacia del texto. El autor ofrece por


medio de las personas narradas (por sus acciones y sus discursos)
modelos de identificación y de confrontación a sus lectores. Los lec-
tores toman posición frente a la acción u opinión de las personas
narradas. Así los lectores forman su opinión, aprenden, se desarro-
llan y profundizan su fe por los modelos narrados. El enlace pragmá-
tico de un texto contiene la eficacia del texto, abre a los lectores el hori-
zonte de interpretación y le propone pautas de acción.
Para pescar peces, se debe echar la red en el agua. No se puede
pescar en suelos de tierra. Y la red por sí sola no pesca. De igual
modo los textos bíblicos surten sus efectos: el agua es el horizonte
de fe; el terreno o el aire son ámbitos diferentes. Es decir: los textos
bíblicos son escritos en el horizonte de fe para surtir sus efectos y desple-
gar sus eficacias en este mismo horizonte. Los textos bíblicos aplicados
a otros horizontes –por ejemplo a las ciencias naturales– no tendrán
la misma eficacia. Tampoco un análisis estético podría decodificar
el potencial completo de un texto bíblico.
Finalmente, depende también de nosotros si pescamos peces: de-
bemos echar la red en el agua, y recogerla. Es decir: nosotros mismos
debemos relacionarnos con el texto bíblico, apropiárnoslo y aplicarlo en
el horizonte de fe a nuestra fe y nuestra vida. Sólo así nos ayudan los
textos bíblicos a profundizar nuestra fe y a vivirla más intensamen-
te. La aplicación de los textos bíblicos a la propia vida es indivi-
dualmente distinta para cada persona, pues cada uno se encuentra
en otra situación de vida y en otras circunstancias. Por eso no se
puede generalizar ni copiar la aplicación, pero ¡sí podemos compar-
tirla! Compartiendo lo que significa un texto para cada uno/a, no
sólo ganaremos otras perspectivas y más conocimientos sobre el tex-
to, sino que, sobre todo, ¡se enriquecerá nuestra fe!
08.245 - 06. Preliminar 29/10/08 10:05 Página 30
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 31

CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA

I. EL TEXTO DE LA OBRA LUCANA

La versión original de Lc y de Hch fue escrita en griego «koiné».


El estilo y la lengua griega de los dos libros son cuidados y elegantes:
encontramos frases subordinadas en vez de la simple yuxtaposición
o parataxis, así como el uso de conjunciones y de participios. El au-
tor domina las diferentes formas y géneros literarios como discursos,
cartas, homilías, discusiones, oraciones, etc. Llama la atención que
acomode bien la lengua y el estilo al contenido narrado, y caracte-
rice a las personas actuantes por la manera como hablan. Tanto la
lengua culta como el estilo elevado nos señalan que el autor revisó
y redactó todas sus fuentes, conformándolas a una unidad.

DOS VERSIONES DIFERENTES DEL TEXTO

Los manuscritos antiguos, entre ellos especialmente los textos co-


nocidos como «alejandrino» y «occidental», documentan la forma y
el contenido de la obra de Lucas. Curiosamente las dos versiones del
texto no son iguales, porque se diferencian tanto por las palabras usa-
das como por su extensión. El texto occidental es casi un 8,5% más
amplio que el alejandrino, porque corrige inexactitudes geográficas y
topográficas, aclara y describe más detalles, completa partes litúrgicas
como fórmulas, oraciones o credos y pone otros acentos teológicos.
Una añadidura típica del texto occidental –la que omite el texto ale-
jandrino– la encontramos en la narración del bautizo del eunuco, don-
de el eunuco responde con un breve credo: «Pero le dijo Felipe: si
crees con todo tu corazón, serás salvado. Respondiendo dijo: creo que
Jesucristo es el Hijo de Dios» (Hch 8,37).
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 32

32 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Otra modificación más notable la encontramos en la narración de


la asamblea de Jerusalén respecto las cláusulas que exigen los Apósto-
les a los gentiles (Hch 15,20.29), pues el texto occidental omite «lo
estrangulado» y añade la «regla de oro» (Mt 7,12 y Lc 6,31) en ex-
presión negativa: «... y lo que no quieren que se haga a ellos, no hagan
a otros». Por este cambio el texto occidental suprime el significado ri-
tual de las normas originales (Lv 17-18), y pone de relieve un sentido
ético y religioso.
Ambos textos parecen tener la misma edad, por eso discuten los
exegetas cuál preferir. De los ejemplos de la añadidura de Hch 8,37 y
las modificaciones de Hch 15,20.29 es obvio que el texto alejandrino
atestigua la versión original, mientras que el occidental representa una
versión revisada. Pero no todos los cambios son tan evidentes, así que
a veces es posible que también el texto occidental conserve el tenor
original.

Según la «hipótesis de las dos fuentes», el autor conocía el evan-


gelio de Marcos, que usó como modelo para la estructura de su pri-
mer libro: notamos que respecto el contenido coinciden sustancial-
mente Mc 1-16 y Lc 3-24, aunque el autor cambió el orden de unos
acontecimientos, por ejemplo la visita de Jesús a la sinagoga de Na-
zaret (Mc 6,1-6a paralela a Lc 4,16-30). Además encontramos en
Lc dos interpolaciones –la interpolación menor que incluye el ser-
món de la llanura (Lc 6,20-8,3) y la interpolación mayor que narra
el viaje de Jesús a Jerusalén (Lc 9,51-18,4)– que coinciden con tra-
diciones del evangelio de Mateo.
Se supone también que Lc incluye al menos dos fuentes más: una
fuente que tiene en común con Mateo (la llamada «fuente Q») y
otra propia de Lucas, desconocida por Mateo. En esta fuente propia
de Lucas encontramos narraciones valiosas, pues enriquecen nues-
tra fe, nos unen con las primeras comunidades y nos muestran as-
pectos importantes de la perspectiva teológica de Lucas: las parábo-
las del buen samaritano (10,30-37), del hijo amado (15,11-32), del
administrador (16,1-13), y del fariseo y del publicano (18,10-14),
además himnos, salmos y oraciones (los cánticos de María, de Za-
carías y de Simeón, las oraciones de la comunidad de Jerusalén y de
Esteban) e indicios importantes sobre la relación de Jesús con los
pecadores, publicanos y mujeres.
La cuestión de las fuentes que usó el autor para escribir Hch está
lejos de aclararse. Se supone que Lucas usaba una fuente de aque-
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 33

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 33

llos fragmentos que hablan del itinerario de un grupo (Pablo y sus


compañeros) en la 1ª persona plural (nos, nosotros). Es posible que
existiera una lista con notas de viaje, es decir: informaciones sobre
lugares, distancias, tiempos de viaje, comunidades, etc., que retomó
el autor. Insertando la 1ª persona plural, se presenta –conforme el
ideal del historiógrafo en la Antigüedad– como hombre ilustre y en-
tendido. Da a entender que viajaba mucho, insinuando al mismo
tiempo que era testigo ocular de los acontecimientos durante los
viajes de Pablo.
Estas partes con el rasgo característico de la 1ª persona plural se
encuentran sobre todo en las narraciones del anuncio del Evange-
lio en Europa y también en los viajes a Jerusalén y Roma. Es muy
probable que el autor quisiera autorizar especialmente estos aconte-
cimientos importantes por los «testigos oculares», porque coinciden
con su idea de la divulgación y aceptación del Evangelio hasta los
confines de la tierra (Hch 1,8).

II. LUCAS, EL ESCRITOR

Los prólogos del tercer evangelio y de Hch indican que los libros
están planeados como unidad.

AUTORÍA

La tradición antigua registrada por Ireneo de Lyon (ca. 180 d.C.)


identifica, basándose en Flm 24; Col 4,14; 2 Tim 4,11, al evangelista
«Lucas» con «Lucas» el acompañante y colaborador de Pablo.
Hoy ya no se asegura aquella identificación, pues el autor de Hch
no conoce ni las cartas de Pablo ni sabe que Pablo escribía cartas.
Aunque se encuentran en la obra de Lucas algunos conceptos y pen-
samientos que se asemejan a los de Pablo –por ejemplo: la misión, la
fe, el título kyrios (Señor) para Jesús–, faltan en particular los temas
centrales de la teología paulina: la justificación, la propiciación por la
muerte de Jesús, la contraposición de la Ley y del Evangelio, la contra-
posición de la fe y de las obras, el concepto de la iglesia, y el concep-
to del pueblo de Israel.
Además se notan ciertas contradicciones entre la biografía de Pa-
blo en Hch y la autobiografía de Pablo en sus cartas: Pablo habla en
sus cartas de tres viajes a Jerusalén, mientras que Hch narra cinco via-
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 34

34 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

jes de Pablo a Jerusalén; según Hch, la proclamación del Evangelio a


los gentiles por Pedro precedió a la proclamación a los gentiles de Pa-
blo, mientras que en Gal 2,1-10 Pablo escribe que él y Bernabé pro-
clamaban el Evangelio a los gentiles, y Pedro, Juan y Santiago se diri-
gían sólo a los judíos.
El interés de la tradición antigua de la Iglesia por identificar el
acompañante de Pablo con el autor del tercer evangelio y de Hch de-
pende probablemente del objetivo de declarar «un testigo ocular»
como autor para subrayar la autoridad de ambas obras, pues el autor
auténtico quedó en el anonimato.

Aunque el autor de Lc y de Hch no nos delata su nombre –lo lla-


mamos Lucas–, aparece explícitamente como autor de ambos libros
en los dos prólogos. Lucas se dirige directamente a Teófilo –y por me-
dio de él a todos sus lectores, incluidos nosotros hoy–, para explicar
su intención y su interés: «... para que conozcas la certeza y fiabili-
dad de las enseñanzas que te han sido catequizadas» (Lc 1,4). El ob-
jetivo de su obra es escribir de manera comparable los contenidos de
la catequesis –que es el mensaje de Jesús, lo que enseñó por su vida
y su enseñanza–, para que sea más evidente y convincente su fiabili-
dad, su certeza y su verdad, es decir: su coherencia interior.
Como Lucas –según su meta– «investiga diligentemente todo
desde los orígenes y lo escribe por su orden» (Lc 1,3), no le intere-
san tanto datos históricos exactos, tampoco la representación de los
discursos al pie de la letra. Lo que le importa es más bien la verdad
y autenticidad del mensaje de Jesús en su coherencia total, y por eso
convence. Lucas se presenta como testigo y catequista.
También la selección de palabras, la construcción y la composi-
ción de frases nos delata algo sobre el autor: su estilo culto lo prue-
ba como hombre ilustrado y erudito. Los discursos que pronuncian
Jesús y los testigos demuestran la formación retórica de Lucas.
Cuando cita las Sagradas Escrituras, usa su versión griega, la de los
LXX. Lucas está versado en las Sagradas Escrituras, en la interpre-
tación de la Escritura y en la tradición judía. Por eso muchos exe-
getas suponen que Lucas era prosélito. También es posible que Lu-
cas fuera –como Pablo– judío de la diáspora helenística. Es decir:
Lucas formaría parte de los judíos que vivían fuera de Palestina
como minoría en otros países, y estaban bajo la influencia de dife-
rentes culturas. Se nota en toda la obra lucana la influencia de la
cultura grecorromana y el carácter helenístico.
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 35

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 35

TIEMPO Y LUGAR

La información de que «ya muchos han intentado compilar orde-


nadamente las cosas que se refieren a la enseñanza y a los hechos de
Jesús» (Lc 1,1) nos indica que ya ha pasado algún tiempo desde la
muerte de Jesús. El autor pertenece a la segunda o quizá a la tercera ge-
neración de cristianos. No conoció a Jesús, ni a otras personas sobre
las que escribe, ni tuvo contacto con los testigos oculares.
Además, Lucas da por sabidas la destrucción del templo en el año
70 d.C. (Lc 21,5-24) y la muerte de Pablo en Roma ca. 64 d.C. (Hch
20,22-24; 21,13). Tenemos más indicios respecto a la fecha: Lc y
Hch están planeados como unidad. Hch se basa en Lc. De aquí pode-
mos deducir que Lucas empezó a escribir su obra después del año 70.
Ya no se puede afirmar que Lucas terminaría Hch antes de los años
90, porque no se refería a la persecución de los cristianos por Domi-
ciano. Bajo Domiciano en el año 95 –y ya antes bajo Nerón en el año
64– no hubo persecuciones sistemáticas, sino sólo restricciones oca-
sionales. Estas restricciones contra minorías estuvieron limitadas lo-
calmente a Roma y Asia Menor. Lucas también narra y describe res-
tricciones en Hch: interrogatorios, prohibiciones, pena de cárcel y
otros castigos más.
Las persecuciones sistemáticas de los cristianos con el objetivo de-
cidido de destruir la Iglesia –su institución, organización y sus repre-
sentantes– empezaron más tarde: en el año 249 bajo Decio y otra vez
en el año 257 bajo Valeriano. Bajo el reinado de Diocleciano en el año
303 ocurrieron las últimas persecuciones de cristianos. Diez años des-
pués, en el año 313 bajo Constantino, el cristianismo llegó a ser la re-
ligión estatal legítima.
Otros indicios para fechar la obra de Lucas nos los señalan los Pa-
dres de la Iglesia. En las obras de san Justino Mártir (ca. 150) se en-
cuentran referencias a Lc y a Hch (por ejemplo Justino, Apología I
50,12 se refiere a Lc 24,44-45 y a Hch 1,8). Tertuliano (ca. 160-220)
relata en su Adversus Marcionem IV, que el evangelio de Marción (es-
crito ca. 140) se deriva de reducciones y correcciones de Lc. En con-
secuencia, el evangelio de Marción es un testimonio antiguo de la
existencia de Lc.
Otro criterio –aunque insuficiente– para datar la obra de Lucas se-
ría la colección de las cartas de Pablo. Ésta empezó después del año
100 y probablemente en Éfeso. Lucas no conoció las cartas de Pablo.
Bien pudo ser porque hubiera terminado ya antes su obra o bien por-
que la colección de las cartas de Pablo no le fue accesible. Estas con-
sideraciones dan como resultado que Lucas habría escrito su obra en el
período de los años 70-120, en el llamado período subapostólico.
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 36

36 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

En cuanto al lugar donde surgió la obra de Lucas, no hay un resul-


tado definitivo. Los exegetas, en general, opinan que Lucas no escri-
bió en Palestina, pues desconoce la geografía de aquella región; sin
embargo, conoce muy bien toda la región mediterránea, por eso se su-
pone que Lc y Hch surgieron en el contexto helenístico.

Notamos que Lucas da por sabido que su lector Teófilo tiene co-
nocimientos fundamentales sobre «las cosas de Jesús» (Lc 1,4). En
consecuencia, Lucas no quiere en primer lugar informar, sino más
bien sugerir e inspirar a Teófilo –y a todos sus lectores hasta hoy–
cómo podemos profundizar nuestra fe. Como escritor usa el lengua-
je con sus medios de la estrategia comunicativa para posibilitar aso-
ciaciones variadas a sus lectores, inspirarles interpretaciones y ofre-
cerles puntos de contacto a su vida cotidiana, para que puedan
relacionar fácilmente Lc y Hch con su fe y su vida.

MEDIOS DE LA ESTRATEGIA COMUNICATIVA DEL AUTOR

Para conocer el modo como Lucas quiere conseguir su objetivo,


debemos observar:
• cómo construye una oración (sintaxis), y cómo la vincula con
otras, si agrega con «y», o contrasta con «pero»;
• las palabras que selecciona; por ejemplo: la palabra griega afesis
(Lc 4,18) significa «liberación» y también «remisión de deudas
y pecados»;
• las palabras que repite; así, «bienaventurados» (Lc 6,20-22), o pa-
labras contrarias, por ejemplo «rico – pobre», «bienaventurados
– ay»;
• la construcción de campos semánticos; por ejemplo, en las bie-
naventuranzas está descrita por palabras semejantes quiénes son
los «pobres» y los «ricos»: los pobres son los que tienen hambre,
los que lloran, los odiados, expulsados, injuriados y proscritos; los
ricos son los que están llenos, los que ríen, los que son alabados.
Así los lectores entienden por el campo semántico que la pala-
bra «pobre» no se refiere solamente a la pobreza material, pues
también los adinerados pueden ser injuriados y proscritos a cau-
sa del nombre de Jesús;
• el uso de metáforas como: «Reino de Dios», «Herodes el zorro»
(Lc 13,32) o «el seno de Abrahán» (Lc 16,23);
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 37

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 37

• el uso de símbolos, como «las lenguas de fuego» (Hch 2,3);


• el uso de imágenes, como «la lámpara debajo del lecho» (Lc
8,16);
• el uso de motivos, como el monte al que sube Jesús a orar (Lc
6,12; 9,28);
• la inserción de citas directas de la Torá, de los profetas y de los
Salmos, o alusiones a narraciones del AT; por ejemplo, la narra-
ción de la viuda de Sarepta y el leproso Naamán (Lc 4,25-27 alu-
de a 1 Re 17,8-16 y a 2 Re 5,1-19);
• la reiteración de contenidos, por ejemplo la visión de Pedro que
está narrada dos veces con palabras casi idénticas, y la conver-
sión de Pablo que está contada tres veces;
• los sumarios que realzan y generalizan lo más importante;
• el empleo de formas y tipos literarios, muy conocidos en la lite-
ratura pagana, por ejemplo: la estructura de discursos y cartas,
descripciones del viaje, sueños, visiones.

Lc y Hch son narraciones. El autor que usa el género literario de


la narración tiene algunos medios a su disposición para transmitir
sus intenciones a sus lectores. Habla en primer lugar por medio de las
personas que aparecen en las narraciones, y emplea tanto la des-
cripción de esas personas actuantes como su caracterización por sus
acciones y sus discursos.
Los lectores pueden identificarse con las personas en la narración,
y experimentan desde su perspectiva los sucesos. De esta manera,
los lectores entienden cómo diferentes acciones influyen y modifi-
can las situaciones. Además, los lectores pueden criticar a las per-
sonas actuantes, pues a veces las personas narradas personifican
oponentes, cuyos modelos y acciones los lectores deben reconocer
como falsos, y rechazarlos. En ambos casos los lectores distinguen
los modelos y acciones diferentes, pueden reflexionar sobre ellos y
aplicarlos a sus situaciones actuales.
En los discursos de las personas narradas aparecen otra vez personas
que actúan y hablan. Por ejemplo, en las parábolas que narra Jesús, ac-
túan y hablan un padre, el hijo menor, el hijo mayor y un criado (Lc
15,11-32), o aquel hombre rico habla con Abrahán (Lc 16,19-31). En
estos casos los lectores se encuentran en la misma situación que el au-
ditorio de Jesús –los discípulos y el pueblo– en la narración de Lucas.
Los lectores observan con interés las acciones de las personas narradas
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 38

38 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

en las parábolas: ¿Cómo actúan para superar su crisis? ¿Qué hacen para
encontrar una solución en una situación difícil? ¿Cómo solucionan sus
problemas? ¿Son exitosas sus acciones y soluciones?
Los lectores pueden preguntarse cómo actuarían ellos mismos en
tal situación, y por qué actuarían así. Además, pueden reflexionar so-
bre modelos y acciones alternativos. Al fin de las parábolas, con fre-
cuencia se encuentra una conclusión introducida por «yo les digo»
que explica claramente a los lectores la voluntad de Dios. Si los lec-
tores obran en consecuencia pueden estar seguros de que actúan y vi-
ven según la voluntad de Dios, y ya no pueden pretextar que no co-
nocen la voluntad de Dios. Lucas ofrece a sus lectores muchos puntos
de partida para sus reflexiones sobre la fe. Así llegan a profundizar su
fe propia. Pero del último paso importante Lucas no puede liberarnos,
debemos darlo nosotros mismos: se trata de reencontrarnos en sus na-
rraciones, repensar críticamente lo que hemos leído, aplicarlas a nues-
tra fe y a nuestra situación actual, y actuar en consecuencia.
Por lo que respecta a la estructura de la obra de Lucas, podemos
orientarnos por la literatura de narración. En general, nuevas escenas
y párrafos quedan marcados por cambios de lugares, por informacio-
nes sobre el tiempo y por nuevas personas que aparecen en escena.
Para obtener una visión general y de conjunto de la obra completa
de Lucas podemos estructurarla por lugares, tiempos y personas. Esta
estructura aclarará la difusión del Evangelio desde Galilea a Jerusa-
lén, y desde Jerusalén a los gentiles, hasta la ciudad Roma, el centro
del mundo antiguo grecorromano. Sin embargo, debemos tener en
mente que –aunque esta estructura es la más obvia– es sólo una de las
posibles, y que explica sólo una de las metas de Lucas.

ESTRUCTURA DE LA OBRA LUCANA

EL EVANGELIO
Lc 1,1-4: Prólogo
1ª PARTE: 1,5-4,13:
NARRACIÓN PARALELA ANTECEDENTE: JUAN EL BAUTISTA Y JESÚS
Lc 1,5-2,52: «Evangelio de la infancia»: nacimiento de Juan el Bau-
tista, nacimiento e infancia de Jesús
Lc 3,1-4,13: La preparación del camino del Señor: Juan el Bautista y
Jesús
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 39

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 39

2ª PARTE: 4,14-9,50:
EN GALILEA: LOS HECHOS Y LA ENSEÑANZA DE JESÚS
Lc 4,14-6,19: Introducción panorámica: la misión de Jesús y sus desti-
natarios
Lc 6,20-49: La enseñanza de Jesús: cómo debemos actuar y vivir
Lc 7,1-9,50: Jesús demuestra y enseña: quien cree, será salvado
3ª PARTE: 9,51-19,27:
EL CAMINO A JERUSALÉN: LOS HECHOS Y LA ENSEÑANZA DE JESÚS
Lc 9,51-12,53: La actitud de los discípulos de Jesús
Lc 12,54-15,32: Del arrepentimiento y del Reino de Dios
Lc 16,1-19,27: El Reino de Dios ya está entre ustedes
4ª PARTE: 19,28-24,53:
EN JERUSALÉN: LOS HECHOS Y LA ENSEÑANZA DE JESÚS
Lc 19,28-21,37: El conflicto con los antagonistas de Jesús se agudiza
Lc 22,1-23,56: La Pasión
Lc 24,1-53: Los testimonios de la resurrección

HECHOS DE LOS APÓSTOLES


Hch 1,1-14: Prólogo y ascensión de Jesús como conexión entre los dos
libros
1ª PARTE: 1,15-8,4:
LA COMUNIDAD DE JERUSALÉN
Hch 1,15-26: El complemento de los once
Hch 2,1-47: Pentecostés
Hch 3,1-8,4: La vida en la primera comunidad
2ª PARTE: 8,5-14,28:
EL EVANGELIO SE PROPAGA EN SAMARÍA, JUDEA Y A LOS GENTILES
Hch 8,5-9,31: La misión en Samaría y Judea
Hch 9,32-12,25: El Evangelio llega a los gentiles
Hch 13,1-14,28: La primera misión de Bernabé y Saulo
3ª PARTE: 15,1-21,16:
LA MISIÓN OFICIAL DE LOS GENTILES
Hch 15,1-35: La decisión oficial de abrazar a los gentiles
Hch 15,36-18,23a: La segunda misión de Pablo: a Europa
Hch 18,23b-21,16: El tercer viaje misionero
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 40

40 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

4ª PARTE: 21,17-28,31:
EL EVANGELIO SE DIVULGA DE JERUSALÉN A ROMA
Hch 21,17-23,35: Pablo da testimonio de Jesús en Jerusalén
Hch 24,1-26,32: Pablo da testimonio de Jesús en Cesarea
Hch 27,1-28,31: El camino de Pablo a Roma y su testimonio en Roma

Aunque Lucas no da fechas ni lapsos precisos, nos indica el


tiempo cuando anota los nombres de gobernantes, reyes y procura-
dores. Así entrelaza la historia de Jesús –y de los creyentes– con la
historia universal y con la del pueblo de Israel. Lucas, pues, no qui-
so escribir una crónica o una historiografía exacta, sino algo como
biografías de las personas centrales –Jesús, Pedro, Pablo– desde la
perspectiva de la fe. Y más que fechas de su vida, le interesan sus ex-
periencias con Dios, sus testimonios de su fe, y lo que hicieron y di-
jeron respecto a su fe. Por esto describe sus experiencias, y nos na-
rra milagros, visiones y epifanías.
Las biografías de fe que Lucas nos presenta se basan en las expe-
riencias y testimonios de fe, y se ubican en la vida cotidiana. Las bio-
grafías de fe de los protagonistas –Jesús, Pedro, Pablo– sirven como
modelos para la vida de fe de los lectores. Lucas da a los lectores la po-
sibilidad de identificarse no sólo con las personas que piden ayuda o
con los discípulos, sino también con los protagonistas, ¡y con Jesús!
Jesús como modelo y personaje de identificación presenta a los lecto-
res modelos de acción, y les abre nuevas dimensiones de su vida de fe.

III. EL TRASFONDO SOCIORRELIGIOSO: LOS CREYENTES EN JESÚS


EN LA REGIÓN MEDITERRÁNEA EN EL PERÍODO SUBAPOSTÓLICO
(70-120 D.C.)

Desde el año 44 d.C. Palestina pertenecía como provincia judía


al Imperio romano. Un procurador romano era responsable de la ad-
ministración, la jurisprudencia y los impuestos. Había con frecuen-
cia protestas y resistencias motivadas por la religión contra el pre-
dominio romano. Estas resistencias y protestas escalaron finalmente
en la guerra contra Roma. En su transcurso, el emperador Tito sitió
Jerusalén y, en el año 70, destruyó el templo.
La destrucción del templo como centro religioso y social causó una
gran crisis en la fe judía: muchos deberes religiosos dependientes del
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 41

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 41

templo perdieron vigencia. Dejó de existir el Sanedrín (órgano de


gobierno) y las funciones de los sacerdotes (órgano cultual). Los im-
puestos «sagrados» que los judíos pagaban al templo debieron pa-
garse a Roma (fiscus judaicus). A causa de esta situación, los judíos
tuvieron que redefinir su identidad.
Las comunidades judías en Palestina y en el mundo grecorromano no
eran homogéneas. Como en tiempo de Jesús, había agrupaciones di-
ferentes con doctrinas diversas e interpretaciones contradictorias
sobre las Escrituras. A pesar de tantas diferencias y opiniones, coexis-
tían todos estos grupos y partidos. A su vez, las comunidades judías
en la diáspora trataban de vivir su fe como minorías: buscaban su
identidad por medio de disociación, asimilación y adaptación. Estas
minorías estaban expuestas más intensamente a las influencias de
las culturas no-judías de su entorno.
A las comunidades judías pertenecían también los prosélitos (los
conversos) y –sobre todo en las comunidades judías de la diáspora–
los temerosos de Dios (simpatizantes no judíos), que eran quienes to-
davía no daban el último paso de su conversión, pero participaban
en el culto de las sinagogas, cumplían unos mandamientos y adop-
taban algunas costumbres judías. En esa pluralidad debemos figurar-
nos las misiones de Pedro, Pablo, Bernabé y Silas. En el mismo en-
torno y con la misma multiplicidad se ubicaban los creyentes en
Jesús, como el autor, Lucas, y su destinatario, Teófilo.
A causa de esta variedad de grupos con sus manifestaciones diferentes
de fe, no es posible hablar de manera generalizada de «los judíos»
y «los cristianos». Los conceptos más diferenciados como «judeo-
cristianos» y «pagano-cristianos» tampoco corresponden al espectro
amplio de aquella variedad, pues no incluyen a los judíos de la diáspo-
ra, ni a los prosélitos y simpatizantes que se interesan por el Evangelio.
El hecho de que los discípulos de Antioquía sean llamados «cris-
tianos» (Hch 11,26) no indica su separación de la fe judía, porque
la comunidad misma no se denominó así, sino que otras personas
designaron con ese nombre a un grupo en el entorno de la sinago-
ga. Tampoco el concepto «iglesia» (en griego: ekklesia) es un indi-
cio de «la Iglesia» como institución, pues la palabra significa «asam-
blea», y así es usada incluso por autores judíos y paganos.
El movimiento de los creyentes en Jesús –especialmente las llama-
das «primeras comunidades»– debemos ubicarlo, al menos hasta el
año 70, dentro de la fe judía. Antes no había separación o escisión
mayor. Los argumentos en pro son:
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 42

42 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

1) a pesar de su «reorientación» o conversión, Pablo mismo se


tiene por judío (Hch 22,3), y sigue orando en el templo (22,17);
2) Pablo y Silas son identificados como judíos (Hch 16,20);
3) el procónsul Galión de Acaya –ante el cual los judíos de Co-
rinto acusan a Pablo– supone controversias judías (Hch 18,15);
4) Alejandro, un judío de Éfeso, no logra distanciarse de los cre-
yentes en Jesús (Hch 19,33-34);
5) Áquila y Priscila, que vienen de Roma, son identificados
como judíos (Hch 18,2), pero Pablo les reconoce como creyentes
en Jesús (y no los convierte en creyentes en Jesús);
6) Pablo describe a Ananías como judío piadoso que cumple la
Ley (Hch 22,12);
7) el judío Apolo enseña sobre Jesús (Hch 18,24-26);
8) a la asamblea de Jerusalén pertenecen fariseos (Hch 15,5), y
hay muchos ejemplos más que vamos a conocer cuando leemos Hch.
Podemos partir de la base de que los judíos –y entre ellos espe-
cialmente los judíos de la diáspora– no notan disparidad de culto,
ni tienen a los creyentes en Jesús por seguidores de otra religión. Los
judíos y los creyentes en Jesús convivían (al menos hasta el año 70) en
cierta armonía. Notamos esta conformidad y concordia también en
los discursos: el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob es llamado «el
Dios de nuestros padres», y la ascendencia, los antepasados son lla-
mados «nuestros padres» (Hch 3,13; 5,30; 7,2-50, 13,17). Además,
los discípulos mismos se tienen todavía por los destinatarios de los
mandamientos de Dios (Hch 15,10; 24,14; 28,17).
Cuando leemos, sin embargo, sobre enfrentamientos y conflic-
tos, se trata de discusiones, discrepancias y disparidades dentro del
judaísmo, como las había ya desde hacía mucho tiempo entre rabi-
nos o entre fariseos y saduceos. Todos estos enfrentamientos se lo-
calizan en las sinagogas: se contradice a los creyentes en Jesús (Hch
13,45), o advierten contra ellos (Hch 28,21).
Después del año 70, a causa de la destrucción del templo, los ju-
díos tuvieron que redefinir su identidad. El mismo acontecimiento
motivó que los creyentes en Jesús buscaran definir su identidad. A
causa de muchas rebeliones y sublevaciones en Palestina, los judíos
fueron tenidos por rebeldes y enemigos potenciales del Imperio ro-
mano. Es obvio que los creyentes en Jesús quisieron distanciarse de
aquella reputación peligrosa. Pero no era fácil deshacerse de aquel
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 43

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 43

prejuicio, porque ellos mismos fueron considerados como conspira-


dores de un rebelde que fue crucificado bajo el procurador Pilatos.
Por la misma razón, los judíos se esforzaron en distanciarse de los
cristianos insurrectos.
Por un lado, sería ventajoso para los cristianos que el gobierno
romano los considere «judíos», pues su fe sería tolerada como «fe ju-
día», y serían dispensados del culto al emperador. Por otro lado, re-
sultaba desventajoso para los creyentes en Jesús ser considerados
«judíos» y «practicantes de las costumbres judías», pues tendrían
que pagar el fisco judaicus. Además, todos los practicantes de las cos-
tumbres judías –como los prosélitos, los simpatizantes y los creyen-
tes paganos en Jesús– siempre levantaban sospechas por rechazar el
culto al emperador, y hacerse culpables del delito contra la majes-
tad. Por eso la administración romana se volvió muy quisquillosa a
la concurrencia y al interés por la fe judía, y no tenía en buena es-
tima a los creyentes en Jesús.
Los procesos de la disociación entre judíos y cristianos transcurrieron
paulatinamente; dependiendo de los contextos culturales se desarro-
llaron diversamente. Mientras que en unas comunidades se distan-
ciaron judíos y cristianos, en otras regiones coexistían las comunida-
des judías y creyentes en Jesús, en tanto que, en otras partes, grupos de
gentiles con raíces en religiones paganas vivían sin practicar muchos
preceptos de la fe judía. Lucas refleja todas estas relaciones y situa-
ciones complejas en Hch.

IV. LOS DESTINATARIOS

En el prólogo a su evangelio, Lucas también informa sobre sus


destinatarios: dedica su obra al ilustre Teófilo (Lc 1,3). Éste ha sido
ya instruido en la enseñanza y vida de Jesús, ya está catequizado (Lc
1,4), y para él escribe Lucas –así como para todos los que ya saben
algo sobre Jesús– «un curso de catequesis para avanzados».
Con este curso quiere profundizar la fe en Jesús. Lucas no quiere
que sus lectores, después de haber leído su obra, digan: «¡Ajá, así
fue!», y pongan su libro en la estantería, como una enciclopedia de
dichos, hechos y acontecimientos importantes, que se vuelve a re-
leer sólo cuando se quiere saber algo. Lucas escribió más bien como
ejemplos para la vida de fe. Por eso quiere que los lectores noten:
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 44

44 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

«¡Lo que les pasó a aquellas personas en el libro es muy parecido a


mi situación!» El objetivo catequético de Lucas es que los lectores
repiensen las situaciones, reflexionen críticamente sobre las accio-
nes de las personas narradas, para que adquieran nuevas perspecti-
vas para su vida y su fe, y las apliquen.
Resumiendo, Lucas escribe para los que quieren profundizar su fe:
– para los que buscan conexiones entre el mensaje de Jesús y su
vida actual,
– para los que se interesan por los trasfondos y contextos de la
Buena Nueva,
– para los que conocen por experiencias propias dudas y reveses,
– para los que tienen nuevas ideas y quieren saber si son compa-
tibles con el mensaje de Jesús y con la tradición de las prime-
ras comunidades,
– para los que buscan sugerencias e inspiraciones sobre cómo rea-
lizar mejor y más intensamente el mensaje de Jesús en su vida.
Teófilo es un nombre muy popular que viene del griego, pero
adoptado también por judíos. Teófilo significa «amigo de Dios». Ya
los Padres de la Iglesia interpretaron este nombre de modo simbóli-
co, y lo refirieron a todo lector de la obra de Lucas: quien quiere
profundizar su fe, y quien se ocupa del mensaje bíblico, es «amigo
de Dios». En este sentido nosotros estamos incluidos en el círculo
de destinatarios de la obra de Lucas. Su mensaje tiene validez tam-
bién para nosotros.
El tratamiento de «ilustre» o «excelentísimo» se da a una perso-
na muy estimada. En la Antigüedad se trataba de esta manera tam-
bién a los soberanos, gobernantes y funcionarios oficiales. No sabe-
mos si Teófilo era funcionario de profesión, pero sí podemos decir
que era una personalidad culta y erudita, y que podía entender las
explicaciones de Lucas. Además sabía decodificar las intenciones y
llamamientos, que el autor transmite a sus lectores también de ma-
nera indirecta: por la caracterización de las personas actuantes, por
la selección de palabras y por la composición de las narraciones.
La caracterización de las personas actuantes y los temas que
aborda, Lucas nos dejan ver más sobre el círculo de destinatarios. Al
lado de los personajes principales –Jesús, los discípulos, Juan, Pedro,
Pablo– aparecen romanos (centuriones y funcionarios), mujeres, y
judíos y paganos influyentes y ricos. Entre ellos encontramos tam-
bién a Teófilo y al círculo de destinatarios de Lucas:
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 45

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 45

– personas cultas, eruditas y adineradas, hombres y mujeres ju-


díos que se comprometen con la fe, como María, Tabita, Este-
ban,
– entre ellos y especialmente, judíos de la diáspora, como Pablo,
Priscila y Áquila,
– personas convertidas a la fe judía, como el prosélito Nicolás,
– mujeres y hombres que simpatizan con la fe judía, como los te-
merosos de Dios, Lidia y Ticio Justo,
– hombres y mujeres paganos que están abiertos a la fe, como el
centurión Cornelio.
Lucas caracteriza a estas personas muy detalladamente, para que
los lectores se vean reflejados en ellas y puedan descubrir esos perso-
najes como identificación o modelos para su vida de fe. Por supues-
to, entre las personas actuantes hay también ciegos, cojos, lisiados,
enfermos, endemoniados, despreciados y pobres. Pero, a diferencia
de otros papeles, apenas actúan. Su acción ejemplar consiste en el
hecho de que se dejan curar por Jesús o por los discípulos.

V. LOS TEMAS CENTRALES Y ELEMENTOS DE LA TEOLOGÍA LUCANA

En el primer libro, el autor describe la misión de Jesús a los po-


bres, pecadores y despreciados: «... para anunciar a los pobres la Bue-
na Nueva... a proclamar la condonación a los cautivos, la vista a los cie-
gos, para dar la libertad a los oprimidos, y proclamar un año de gracia
del Señor» (Lc 4,18-19).
Una vez y otra, Lucas dirige la mirada de sus lectores adinerados
a la situación y al destino de los pobres, enfermos, oprimidos y mar-
ginados. Pobreza y riqueza son dos de los temas centrales en su obra.
Rehúye criticar sin miramientos a los ricos. Tampoco idealiza la po-
breza ni la marginación, sino que quiere superarlas por el modelo de
solidaridad que propone en Hch: todos juntos superan pobreza, su-
frimiento, discriminación, apuros y penas (Hch 2,43-47; 4,32-35).
En su segundo libro, Lucas presenta la difusión del mensaje de Je-
sús. Narra también los fracasos y resistencias que encuentra la pala-
bra de Dios antes de propagarse y crecer. Los gentiles –sobre todo
los centuriones romanos (Lc 7,2-10; 23,47; Hch 10), que están bien
dispuestos al Evangelio y lo aceptan con alegría– apuntan a otra te-
mática: el Evangelio se dirige también a los gentiles.
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 46

46 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Otro papel importante tienen las mujeres. Lc y Hch reflejan las si-
tuaciones diferentes de las mujeres de todas las capas sociales: muje-
res pobres y ricas, enfermas, marginadas, judías y paganas abrazan el
Evangelio, se dejan curar por Jesús, lo siguen hasta la cruz, y, en las co-
munidades, se comprometen de manera diversa con el Evangelio.
Lucas también aborda otras temáticas: se ocupa de la relación
entre la fe cristiana y el Estado romano, presentando el cristianismo
como inofensivo y no peligroso para el Estado, y los cristianos como
ciudadanos leales. Un aspecto importante es la acción vigorosa del
Espíritu Santo y de la palabra de Dios. La palabra de Dios dirige las
acciones de los hombres, pero actúa también independientemente
y se difunde.
Además Lucas describe la vida organizada de las comunidades
cristianas. En Lc encontramos alusiones e indicios indirectos, pero
Hch presenta más detalladamente servicios, carismas, cargos y estruc-
turas en las comunidades. Debemos considerar siempre que estas
descripciones no corresponden históricamente a las estructuras del
período subapostólico, sino que más bien reflejan la situación ulte-
rior de las comunidades en el tiempo de Lucas (ca. 70-120). Antes
de la destrucción del templo, los creyentes en Jesús formaban parte
de los diferentes grupos judíos. También los grupos mezclados de ju-
díos y paganos en la diáspora tenían las mismas estructuras que las
comunidades judías: un gremio de ancianos presidía la comunidad
(Hch 15,2-6; 20,17; 21,18).
Los temas diferentes que aborda el autor apuntan sus reflexiones
teológicas. Lucas no desarrolla una teología perfeccionada que ex-
prese en doctrinas abstractas. Él enseña y transmite sus conocimien-
tos y reflexiones en la narración, sobre todo mediante los discursos
de las personas actuantes: el sermón de la llanura (Lc 6,20-49) y las
parábolas que cuenta Jesús, el discurso sobre Dios de Esteban a los ju-
díos (Hch 7,2-53) y el discurso filosófico de Pablo al auditorio paga-
no (Hch 17,24-31). Aparte de estos discursos encontramos sola-
mente algunas frases o palabras que hablan de Dios. Estas «partes del
rompecabezas» transmiten lo más importante que Lucas quiere en-
señar a los lectores: que empiecen a buscar a Dios en su vida.
Al mismo tiempo Lucas deja abiertas muchas cuestiones. Así da
a entender que no tiene una teología completamente elaborada ni
«cerrada», pues no se puede fijar a Dios en palabras o doctrinas. Los
lectores están invitados a buscar y experimentar cada vez de nuevo
a Dios en sus situaciones actuales. El trasfondo de sus experiencias
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 47

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 47

de Dios, lo que ayuda a interpretarlas, son las experiencias de otros


hombres y mujeres con Dios. Las narraciones bíblicas de las expe-
riencias de estas personas y de sus encuentros con Dios o con Jesús
nos ayudan a interpretar nuestras experiencias y nuestra relación
con Dios y con Jesús.

DIOS

Al hablar de Dios, Lucas usa expresiones y oraciones subordinadas


que reitera en otros contextos, para que se graben en la memoria de
sus lectores; por ejemplo, que:
• «no hay nada imposible para Dios» (Lc 1,37 y 18,27) es una alu-
sión a la narración de Abrahán y Sara (Gn 18,14) y al profeta
Jeremías (Jr 32,17.27);
• Dios es el «salvador» y da la «salvación» (por Jesús) (Lc 1,47;
Hch 5,31; 7,25; 12,23; 13,23);
• Dios acepta y admite a los gentiles en su plan salvífico (Hch
11,18; 14,27; 15,7.14; 21,19);
• es Dios mismo quien declara todo purificado (Hch 10,15; 11,9);
• Dios realiza milagros, prodigios y signos (Hch 2,22; 15,12);
• Dios realiza su promesa (Hch 2,33; 13,23.32-33);
• Dios es el creador de todo (Hch 4,24; 14,15; 17,24-26);
• Dios actúa juntamente con los discípulos y testigos (Hch 14,27;
15,12; 21,19).
Además encontramos muchas partes que hablan de Dios en imá-
genes –sobre todo en las parábolas–, y llegamos a saber que Dios es
como un padre, un rey, un pastor, una mujer, etc.:
• Dios, nuestro padre, es misericordioso (Lc 6,36);
• Dios nos da el Espíritu Santo si lo pedimos (Lc 11,13);
• Dios ya sabe qué necesitamos y se preocupa por nosotros (Lc
12,22-30);
• Dios es como el pastor, la mujer, el padre que buscan lo perdido
hasta que lo encuentren, y se alegra de cada pecador que se con-
vierte (Lc 15,2-32).

Notamos que mucho de lo que Lucas dice de Dios lo dice tam-


bién de Jesús. Así explica a sus lectores que Jesús actúa en unidad
con Dios y que realiza su voluntad. Los lectores entienden: Jesús es
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 48

48 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

verdaderamente el hijo de Dios. Leemos en Lc una narración ejem-


plar de cómo Lucas expresa, aunque de modo indirecto, la unidad
entre Dios y Jesús: después de haber curado al endemoniado de Ge-
rasa, Jesús le dice: «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha
hecho contigo». Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que
Jesús había hecho con él (Lc 8,39).

LA UNIDAD ENTRE DIOS PADRE Y JESÚS SU HIJO

Ejemplos de la consonancia y unidad entre Dios Padre y Jesús su


Hijo son:
• nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre
sino el Hijo (Lc 10,22);
• que Dios conoce los corazones de los hombres (Lc 16,15; Hch
1,24; 15,8), y también Jesús conoce los corazones de los hombres
(Lc 9,47);
• que Dios perdona los pecados (Lc 5,21; 23,34; Hch 5,31; 26,18),
y lo mismo hace Jesús (Lc 5,24; 7,49);
• que Dios no hace acepción de personas (Hch 10,34 según Dt
1,17 y 10,17), ni Jesús hace acepción de personas (Lc 20,21);
• que Dios habla por medio de visiones a los hombres (Hch 10,11-
16 paralela a 11,5-10), y también Jesús aparece en visiones (Hch
9,10-16; 18,9).

Los lectores pueden decodificar también elementos de teología


lucana en las escenas vivas y en los acontecimientos narrados. Así,
la narración de los diez leprosos, de los que vuelve sólo uno, ex-
tranjero y de Samaría, para agradecer su curación (Lc 17,11-19),
contiene el mensaje de que la venida de Jesús es «sanadora y salvado-
ra» –o mejor: salvífica– también para las personas fuera del pueblo
de Israel. El encuentro con el hombre principal y rico que quiere sa-
ber qué debe hacer para heredar la vida eterna (Lc 18,18-30) nos
enseña que la condición previa para la vida eterna es cumplir los
mandamientos de Dios, y lo que hacía ya aquel hombre. Esta narra-
ción nos da a entender que Jesús está ubicado completamente en la
fe judía. Además, nos enseña que los judíos que no le seguían no
quedan excluidos de la vida eterna, sino que la heredan sin duda,
porque cumplen los mandamientos y la voluntad de Dios.
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 49

INTRODUCCIÓN A LA OBRA LUCANA 49

Las parábolas y su composición transmiten asimismo ideas fun-


damentales e importantes del autor. Lucas ensambla, por ejemplo,
tres parábolas de lo perdido que será encontrado (la oveja perdida,
la dracma perdida y el hijo perdido, Lc 15,3-32). Estas parábolas po-
nen de relieve que un pecador que se convierte será recibido con
alegría. Aparte de eso, la parábola del hijo perdido subraya explíci-
tamente que la alegría sobre el pecador convertido no excluye a los
fieles –los que personifica el hermano mayor– de la comunidad de
Dios, pues los fieles están siempre con Dios (Lc 15,31). Las parábo-
las del administrador astuto (Lc 16,1-8) y del hombre rico y Lázaro
el pobre (Lc 16,19-31) tematizan el buen y justo uso de las riquezas.
En su combinación dan a entender al lector que la riqueza no tiene
una finalidad en sí, sino que es más bien un medio que obliga a su
uso solidario.
Otro elemento importante de la teología lucana se encuentra en
las citas de las Sagradas Escrituras judías. Se trata de citas de los pro-
fetas, de los Salmos y de la Torá que Lucas inserta sobre todo en los
discursos para realzar que la enseñanza de Jesús se basa completa-
mente en la Torá.
Un ejemplo lo leemos en la narración de las tentaciones de Je-
sús en el desierto: Jesús cita la Torá (Dt 8,3; 5,9 y 6,16) y así supera
al diablo. Las citas del AT tienen también la función de interpretar
acontecimientos importantes. Así, la cita de Is 61,1-2 que lee Jesús
en su discurso inaugural en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,18-19) re-
sume el programa de Jesús que realizará en su vida y su enseñanza.
La cita de Joel 3,1-5 en el discurso de Pedro en el día de Pentecos-
tés (Hch 2,17-21) interpreta el acontecimiento de la transmisión
del Espíritu Santo como realización de la promesa de Dios.
Los sumarios y los relatos repetidos contienen asimismo reflexio-
nes teológicas importantes. Lucas narra por ejemplo dos veces la vi-
sión de Pedro en Hch 10,11-16 y en 11,5-10, y cuenta tres veces la
conversión de Pablo en Hch 9,1-22; 22,5-16 y en 26,12-18. Otros
ejemplos son: los portentos curativos de Jesús (Lc 4,14.40-41); el
compromiso de las mujeres en el movimiento de Jesús (Lc 8,1-3);
el interés de los pecadores y publicanos a los que se dirige explíci-
tamente el mensaje de Jesús (Lc 15,1); la vida de fe de la comuni-
dad de Jerusalén y su comunidad de bienes (Hch 2,43-47; 4,32-37);
la admisión de los gentiles (las visiones de Pablo y Hch 15,19-21.29;
21,25), y Pablo como testigo para los gentiles (la triple narración de
su conversión).
08.245 - 07. Cap. 1 29/10/08 10:05 Página 50

50 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Otro punto teológico que Lucas aborda con cierta frecuencia es


la importancia de la oración: muchas veces relata que Jesús y los dis-
cípulos oran, y nos cuenta la eficacia y el resultado de sus oraciones.
Además redacta algunas oraciones para que los lectores puedan
adoptarlas a su vida de fe: el cántico de María (Magníficat), el cán-
tico de Zacarías (Benedictus), el cántico de los ángeles (Gloria), el
cántico de Simeón (Nunc dimittis), el Padre Nuestro, la oración de
Jesús en el monte de los Olivos y la oración de Esteban.
Dos temas más importantes son el peligro del pecado y de la tenta-
ción –que Lucas describe por muchos ejemplos como superable–, y
la eficacia del Espíritu Santo como fuerza dinámica en los hechos de
Jesús y de sus discípulos.
Nos damos cuenta de que no existe «la» teología de Lucas. Los
elementos de su teología y los mensajes teológicos que le importan
debemos deducirlos de su contexto narrativo. Los numerosos y diver-
sos temas que Lucas plantea en su obra nos ofrecen puntos de con-
tacto, conexiones y relaciones con nuestra situación y nuestra vida de
fe. Relacionando la obra de Lucas y nuestra vida, podemos actualizar
el mensaje teológico de Lucas en nuestra fe y en nuestra vida.
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 51

CAPÍTULO II
LECTURA GLOBAL DE LA OBRA DE LUCAS
TEÓFILO LEE...

Para entender mejor el objetivo de la obra de Lucas, nos pone-


mos en el lugar de Teófilo, su destinatario primero. Teófilo ya ha
sido catequizado y posee conocimientos básicos que desea profundi-
zar. ¿Qué le podría importar a Teófilo? Probablemente no tanto cir-
cunstancias, datos y cifras, como: ¿A cuántas personas curó Jesús?
¿Qué ciudades visitó Jesús? ¿Cuántas veces estuvo en Jerusalén?
¿Cuándo nació y cuándo murió?... Supongo que a Teófilo le impor-
ta más enterarse mejor del mensaje de Jesús –qué hacía y enseña-
ba–, para encontrar sugerencias de cómo el Evangelio de Jesús está
relacionado con su fe y su vida. Leemos con Teófilo la obra de Lu-
cas para ver qué aprende de la enseñanza de Lucas y a qué objetivo
quiere éste llevarle.

I. EL PRIMER LIBRO, EL EVANGELIO:


TODO LO QUE JESÚS EMPEZÓ A HACER Y ENSEÑAR

En el prólogo de Hch, Lucas se refiere a lo que escribió en el pri-


mero: «todo lo que Jesús empezó a hacer y enseñar hasta el día en
que fue levantado a lo alto» (Hch 1,1-2). Así indica Lucas que todo
lo que Jesús empezó a hacer todavía no ha concluido, pues lo que Jesús
empezó comienza ahora a difundirse. Jesús manda a sus discípulos
–mujeres y hombres– como testigos de su Evangelio por todo el
mundo hasta los confines de la tierra (Hch 1,8; Lc 24,48). Quien
escuchó el Evangelio de Jesús y recibió el Espíritu Santo llega a ser
–él mismo, ella misma– testigo del Evangelio (Hch 2,4; 4,31; 5,32;
9,17-20; 13,52-14,1). El testigo anuncia y predica el Evangelio de
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 52

52 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Jesús a otros hombres por medio de su testimonio de fe y sus accio-


nes. Teófilo se habría preguntado: ¿Cómo se vive su fe? ¿Cómo se da
su testimonio de fe para que convenza también a otras personas?
¿Cómo se debe obrar? Por eso Lucas le presenta, por medio de las
personas narradas, variados y diversos modelos.

1. La narración de los antecedentes de Juan el Bautista y Jesús:


Lc 1,5-4,13

El primer libro, Lc, no empieza ni con la enseñanza de Jesús, ni


con el nacimiento de Jesús, sino narrando los antecedentes. Esto
tiene la función de preparar a los lectores para los acontecimientos
que sucederán en el libro. Igual que la obertura de una obra musical
contiene ya los temas centrales, los antecedentes tematizan los con-
tenidos y tramas importantes que serán retomados más tarde.
Entre los antecedentes Teófilo descubre un modelo negativo so-
bre cómo no debe obrar: el sacerdote Zacarías duda del mensaje del
ángel de que su mujer –a pesar de su edad avanzada– va a tener un
hijo, y está castigado, pues no puede hablar hasta el día en que se
realiza el anuncio del ángel. No obstante, su mujer, Isabel, queda
embarazada. Teófilo entiende que la duda de Zacarías no es un obs-
táculo para Dios. Pese a todo, Dios realiza su plan. Después del
ejemplo negativo de Zacarías, Lucas narra el ejemplo positivo de
María: ella sí cree en el mensaje del ángel, y consiente que Dios ac-
túe con ella.
Ya al comienzo Teófilo llega a saber que Dios tiene un plan con los
seres humanos, lo que quiere realizar juntamente con ellos, por medio de
su cooperación. Aunque a veces los hombres dudan y se niegan a co-
laborar, Dios realiza su plan salvífico. Partiendo de la base del buen
ejemplo de María, Teófilo concluirá que, respecto al plan salvífico
de Dios, hay la posibilidad feliz para los hombres de ponerse al ser-
vicio de Dios y de colaborar.
Las narraciones de los nacimientos y las infancias de Juan el
Bautista y Jesús están unidas a nivel del contenido, porque María es
pariente de Isabel. Además quedan entretejidas a nivel narrativo,
pues Lucas describe la vida de Juan el Bautista y la de Jesús de ma-
nera concatenada: lo que vale para Juan y sucede en su vida, seña-
la lo que vale para Jesús y sucederá en la suya. Pero como Jesús es el
protagonista, Lucas embellece sus cuentos: ángeles anuncian a los
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 53

LECTURA GLOBAL DE LA OBRA DE LUCAS 53

pastores el nacimiento del «Salvador», que es el «Mesías» y el «Se-


ñor» (Lc 2,11). Lucas subraya ya aquí que la venida de Jesús con-
cierne e importa a todo el pueblo de Israel (2,10), lo que reitera más
tarde Simeón en el templo (2,34-35). Igual que la mano de Dios es-
taba con Juan, la gracia de Dios estaba sobre Jesús (2,40). La narra-
ción del muchacho Jesús en el templo entre los doctores realza su
entendimiento, su sabiduría y sobre todo su relación con Dios. Las
primeras palabras de Jesús –que tienen una función decisiva– expre-
san su relación especial con Dios, pues le llama «mi Padre» (2,49).
Después, la perspectiva de la narración se dirige a Juan: «procla-
ma un bautismo de conversión para perdón de los pecados» (Lc
3,3). Así «da a su pueblo el conocimiento de la salvación» (1,77),
como profetizó su padre Zacarías. Juan como «profeta del Altísimo»
(1,76) prepara el camino de Jesús y anuncia que Jesús «bautizará en
Espíritu Santo y fuego» (3,16), lo que se realiza más tarde en el día
de Pentecostés (Hch 2,1-4). Mucha gente viene a escuchar a Juan,
y él les dice cómo deben vivir y obrar (Lc 3,7.10-11). Entre sus
oyentes se encuentran publicanos y soldados (3,12-14), que estarán
entre los que escuchen a Jesús más tarde.
La breve nota de que Juan fue encerrado en la cárcel por Hero-
des por criticar al tetrarca (3,19-20) no encaja bien en este lugar del
desarrollo de la narración, pues Juan sigue bautizando. Por eso de-
bemos interpretar esta nota como indicio anticipado al destino de
Jesús, pues Lucas pone frente a frente los hechos de Juan y de Jesús.
A nivel narrativo las líneas de sus vidas se encuentran otra vez en
el bautismo de Jesús, cuando Jesús fue bautizado por Juan en el río
Jordán (3,21).
Basándose en los antecedentes que unen y paralelan a Juan y Jesús,
Teófilo puede deducir los hechos y el destino de Jesús: Jesús predicará el
perdón de los pecados. Publicanos y soldados vendrán a escucharle
con mucho interés. Finalmente Jesús será condenado por Herodes.

2. El ministerio de Jesús: anunciar el Evangelio, enseñar y curar:


Lc 4,14-9,50

La narración de Jesús empieza con su discurso inaugural en la si-


nagoga de Nazaret (4,16-30). Sus primeras palabras en público
compendian, de manera programática, su ministerio, y lo documen-
tan con una cita del libro del profeta Isaías: Jesús es enviado a anun-
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 54

54 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

ciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la remisión a los cautivos,


la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos, y a proclamar
un año de gracia del Señor (4,18-19). Inmediatamente después Lucas
narra muchas curaciones (4,31-6,19) para confirmar la misión de
Jesús.
Lucas inserta en esta serie de curaciones otros sucesos que llegan
a ser importantes en el desarrollo avanzado de su narración: Jesús
tiene discípulos que le siguen (5,1-11). A sus discípulos y a las per-
sonas que siguen a Jesús pertenecen también publicanos y pecado-
res (5,27-32). Otros hombres –entre ellos escribas, fariseos, an-
cianos y los principales sacerdotes– dudan de Jesús y están en
desacuerdo con sus enseñanzas y hechos. Lucas sabe distinguir, y no
generaliza, pues subraya que Jesús tiene amigos entre los fariseos. A
los demás dirigentes religiosos –sobre todo a los escribas y los prin-
cipales sacerdotes– los caracteriza como oponentes de Jesús (5,17-
6,11).
Teófilo se entera del ministerio de Jesús. Puede hacerse una idea
general de los hechos de Jesús, y conoce a los actores importantes:
Jesús, los discípulos, publicanos, pecadores y personas que sufren, y
a los antagonistas: escribas, principales sacerdotes y ancianos. Teó-
filo sabe ya que Jesús enseñaba en las sinagogas, pero todavía no
sabe mucho sobre qué y cómo enseñaba Jesús.
Lucas responde a ese deseo de saber más de la enseñanza de Jesús,
y añade un largo discurso: el sermón de la llanura (6,20-49). En este
discurso Jesús da impulsos e instrucciones concretas para la vida de
fe, y los explica plásticamente con muchos ejemplos. Después de ese
discurso Lucas narra diversos hechos y palabras de Jesús: las cura-
ciones y señales identifican a Jesús como «el que ha de venir»
(7,19-20) y prueban su ministerio: «los ciegos ven, los cojos andan,
los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan,
se anuncia a los pobres la Buena Nueva» (7,21-22).
Las personas curadas y las que ven las señales de Jesús entienden:
la fe, la confianza y la esperanza en la palabra de Dios cura, ayuda
y salva (7,9.50; 8,25.48.50). Por eso Jesús enseña a oír, conservar y
cumplir la palabra de Dios (8,15.21). En la escena de la transfigura-
ción en el monte, Dios mismo confirma la enseñanza y los hechos
de Jesús: «Éste es mi Hijo, mi Elegido, ¡escúchenlo!» (Lc 9,35). Teó-
filo se entera de modelos fundamentales de acción –normas éticas–
conforme a los que debe vivir y obrar. Mediante varios ejemplos
aprendió que la fe y la confianza en la palabra de Dios salvan. Posible-
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 55

LECTURA GLOBAL DE LA OBRA DE LUCAS 55

mente Teófilo se preguntó cómo es este Dios al que Jesús llamó «Pa-
dre», y cómo él mismo podría mantener, cultivar y profundizar su
relación con Dios.

3. La enseñanza de Jesús, el fundamento de la vida de fe:


Lc 9,51-19,27

La situación de Jesús de camino a Jerusalén posibilita a Lucas in-


sertar muchas parábolas narradas en detalle y algunos discursos bre-
ves de Jesús, para tematizar la relación de los hombres con Dios y con
el Reino de Dios. En esta parte de Lc encontramos muchas indica-
ciones espirituales para la vida de fe, cuyos temas más importantes
son reiterados bajo otro aspecto o entretejidos con temas semejan-
tes. Lucas concreta por lo general el mensaje de estas parábolas por
medio de sucesos «reales», sean acontecimientos o palabras de Je-
sús. Así aclara que el mensaje de las parábolas es más que teoría,
pues debe ser aplicado a la vida actual. Los temas siguientes le im-
portan mucho a Lucas:
• La alegría por el pecador convertido es descrita en las parábolas
de la oveja perdida (15,1-7), de la dracma perdida (15,8-10) y
del hijo perdido (15,11-32). A la misma línea pertenecen las
invitaciones a la conversión que están ligadas a la parábola de
la higuera estéril (13,1-9), y a las exhortaciones a reconciliar-
se (12,58-59) y a perdonar (17,3b-4). Ejemplo concreto del
pecador convertido es el publicano Zaqueo (19,1-10).
• La oración perseverante y llena de confianza es tema de las pa-
rábolas del amigo insistente (11,5-8), del hijo incansable
(11,9-13) y de la viuda perseverante (18,1-8). Estas parábolas
alientan a no desfallecer en la oración. El modelo de oración
es el Padre Nuestro (11,1-4). El mendigo ciego de Jericó es el
ejemplo concreto, pues demuestra la confianza y perseverancia
en su súplica. Jesús corresponde a su ruego, el mendigo curado
glorifica a Dios, y sigue a Jesús (18,35-43).
• Las parábolas del rico insensato (12,16-21), del administrador
astuto (16,1-13), del hombre rico y Lázaro el pobre (16,19-
31), y la palabra de Jesús del tesoro en los cielos (12,33-34)
enseñan el buen y justo uso de las riquezas. El ejemplo concre-
to es el hombre principal rico a quien le resulta difícil de des-
prenderse de sus riquezas (18,18-27).
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 56

56 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

• Relacionados con el uso de las riquezas están el apego a la


palabra de Dios y el compromiso por el Reino de Dios: las pará-
bolas del rico insensato (12,16-21), el discurso sobre las pre-
ocupaciones inoportunas y oportunas (12,22-32), y la biena-
venturanza de los que oyen la palabra de Dios y la cumplen
(11,27-28) describen el comportamiento exigido por Jesús.
El ejemplo concreto es María, la hermana de Marta, que se
sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra, mientras
que su hermana Marta se preocupa por muchas cosas inne-
cesarias (10,38-42).
Otro tema importante es el seguimiento decidido de Jesús, y el es-
fuerzo comprometido por el Reino de Dios; las palabras de Jesús so-
bre el seguimiento (9,57-62; 14,25-35), la invitación a sus seguido-
res a hablar francamente y sin temor (12,4-12), la misión de los
setenta y dos discípulos, el relato de sus experiencias y su bienaven-
turanza (10,1-16.17-20.23-24) ilustran el tema del seguimiento. A
este contexto pertenece el tema de cumplir fielmente la voluntad del
Señor; las parábolas del buen samaritano (10,25-37), la del buen
siervo y del siervo infiel (12,35-48), la del siervo que ha hecho lo
que tenía que hacer (17,7-10), la del dinero confiado (19,11-27), y
el discurso de la venida del Hijo del hombre (17,22-37) ilustran
cómo cumplir la voluntad del Señor.
Además de esto, se encuentran diversas palabras y parábolas de
Jesús contra sus oponentes –los escribas, fariseos y principales sacer-
dotes–, por las que pone de relieve su autoridad y poder e invita a
un comportamiento modesto y sencillo, en consonancia con la fe
(10,25-37; 11,14-23.37-12,3; 14,12-14.15-24; 16,14-15; 18,9-
14.15-17).
Teófilo ha leído en la segunda parte de Lc que Jesús visitó mu-
chos pueblos, y enseñó en las sinagogas. Ahora acompaña a Jesús en
su camino por pueblos y ciudades, y se acerca con él a Jerusalén.
Mediante las parábolas y el comportamiento de diversas personas
–María, el ciego de Jericó, Zaqueo, el hombre principal rico, etc.–
Teófilo ha obtenido impulsos importantes y variadas sugerencias
para su vida de fe. Se ha enterado también de que las palabras y los
hechos de Jesús son criticados y rechazados. Teófilo sabe qué es-
fuerzo y qué comportamiento exige el Reino de Dios. Entiende que
el seguimiento de Jesús y el compromiso por el Reino de Dios no
son fáciles, pero sabe que puede confiar en Dios, el Padre que le dará
todo lo necesario (12,30-31).
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 57

LECTURA GLOBAL DE LA OBRA DE LUCAS 57

4. La pasión y resurrección de Jesús: Lc 19,28-24,53

Lucas narra en la última parte del evangelio los hechos y ense-


ñanzas de Jesús en la capital. Para Teófilo, instruido ya por la cate-
quesis, la pasión de Jesús no es nada nuevo. Todos los creyentes en
Jesús saben que Jesús, siendo justo, fue entregado, renegado y cruci-
ficado. Pero Dios le resucitó de entre los muertos –según las Sagra-
das Escrituras– y le ha exaltado como Salvador, para conceder el
perdón de los pecados. El credo básico se halla en 24,46-47: «Está es-
crito así: que el Mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos al
tercer día, y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de
los pecados a todas las naciones» (se encuentra también en Hch 4,10-
12 y 5,30-32; más extenso en Hch 2,22-33; 3,13-20; 10,39-43 y
13,27-39).
Porque la narración de la pasión de Jesús es conocida ya, Lucas
la acentúa para poner de relieve algunos aspectos más. Los discur-
sos de Jesús son más críticos, como demuestran la lamentación so-
bre Jerusalén (Lc 19,41-44), la parábola de los viñadores que matan
al hijo del dueño de la viña (20,9-19) y el discurso sobre el asedio
de Jerusalén (21,20-24). Además, se endurecen las posturas de Jesús
y de los escribas, principales sacerdotes y ancianos (20,8.19-20.45-
47). La situación se agudiza tanto que los principales sacerdotes y
escribas buscan matar a Jesús (22,1-2). Con esto Lucas crea el pasa-
je a la pasión (22,1-23,56).
La piedra que desencadena la avalancha es –en Lc– Satanás, que
entra en Judas para que entregue a Jesús a los sumos sacerdotes
(22,3-6). Lucas intercala en la narración de la pasión palabras y he-
chos de Jesús, que, ante su muerte, llegan a ser importantes; por
ejemplo, la palabra sobre quién es el mayor (22,24-30), el anuncio
de los apuros (22,35-38) y la curación del siervo del Sumo Sacer-
dote al que uno de los discípulos cortó la oreja derecha (22,49-51).
Lucas pone de relieve también las últimas palabras de Jesús. Las
palabras de Jesús en los interrogatorios de Pilatos y Herodes mani-
fiestan que Jesús es el Hijo de Dios y el rey de los judíos (22,69-70;
23,3); y la palabra última de Jesús en la cruz revela su confianza en
Dios, su Padre (23,46). La confesión del centurión pagano (23,47)
indica ya, en el momento de la muerte de Jesús, la pertenencia de
los gentiles al plan salvífico de Dios.
Teófilo, que sabe ya que Jesús resucitó, se entera de otro suceso
interesante: Jesús se apareció a dos discípulos (24,13-35), que al
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 58

58 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

principio no le reconocieron, pero que cuando aquél tomó el pan,


pronunció la bendición, lo partió y lo repartió, ellos lo identifica-
ron, y se acordaron de lo que sentían en sus corazones cuando él les
explicaba las Escrituras. Teófilo puede relacionar fácilmente esta
narración con el culto, la eucaristía, la lectura y enseñanza de las Es-
crituras, y el diálogo sobre ellas: así llega a saber dónde él mismo
puede encontrar a Jesús resucitado.
Después de la narración de la aparición de Jesús a los discípu-
los de Emaús, Lucas añade otra aparición a todos los discípulos
(24,36-51). También aquí subraya la relación con las Sagradas Es-
crituras, para ubicar la resurrección de Jesús en la historia del pue-
blo de Israel con Dios (24,44-46). Inmediatamente después, Lucas
cuenta cómo Jesús encarga a los discípulos de ser sus testigos, y de
predicar a todas las naciones del perdón de los pecados (24,47-
48). Jesús promete enviarles la Promesa de su Padre y la fortaleza
de lo alto (24,49); así alude Lucas al suceso de Pentecostés que na-
rrará en el segundo libro. Después de la ascensión de Jesús, los dis-
cípulos vuelven con gran alegría a Jerusalén, quedan en el templo
y bendicen a Dios (24,50-53). Así termina el primer libro en el
templo de Jerusalén, en el mismo lugar donde empezó con la na-
rración de Zacarías.

II. EL SEGUNDO LIBRO, HECHOS DE LOS APÓSTOLES:


TESTIGOS DESDE JERUSALÉN HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA

Teófilo se enteró de que los discípulos de Jesús deben ser sus tes-
tigos. Quizá se preguntó cómo testimoniaban a Jesús, qué les daba
ánimo y fuerza, y cómo reaccionaban ante problemas y dificultades.
Al principio del segundo libro, Lucas reitera otra vez la aparición de
Jesús resucitado a todos los discípulos, pero esta vez con otros acen-
tos: ahora es obvio que la Promesa de su Padre y la Fortaleza de lo
alto –de las que habló en el EvLc– son el Espíritu Santo. Los discí-
pulos serán bautizados con Espíritu Santo para que puedan ser tes-
tigos de Jesús en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los con-
fines de la tierra (1,4-8). Con esto Teófilo obtiene dos palabras
decisivas que manifiestan al testigo de Jesús: el Espíritu Santo y el
bautismo. Teófilo conocía ya al Espíritu Santo por las narraciones
del evangelio. El bautismo con Espíritu Santo llega a ser el criterio para
todos los seguidores de Jesús, es la señal común que confirma los testigos
y su testimonio.
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 59

LECTURA GLOBAL DE LA OBRA DE LUCAS 59

A diferencia del primer libro, Lucas no menciona que los discípu-


los de Jesús se queden y se encuentren en el templo, sino que se reú-
nen unánimes –en comunidad con las mujeres– en una casa (1,12-14).
Con esto Lucas marca otro acento importante: los lugares de reunión
de los seguidores de Jesús son las casas, pues el templo había sido des-
truido ya cuando Lucas empezó a escribir su obra. Las casas son por así
decir el germen de la difusión del Evangelio. Las casas no eran sola-
mente los lugares de reunión, sino también lugares de oración, de la
fracción del pan, de enseñanza, de discusión, de encuentro...

1. La comunidad en Jerusalén y el comienzo de la difusión


del Evangelio: Hch 1,15-8,4

En la primera parte del segundo libro, Lucas trata de los co-


mienzos de la comunidad en Jerusalén: los seguidores de Jesús se reú-
nen y tratan a restablecer el círculo de los Doce. El suceso de Pen-
tecostés (2,1-42) da el impulso de que los testigos hablan y actúan
en público. A causa de su testimonio se unían muchas personas con
ellos, y la comunidad crece imparablemente (2,41.47; 4,4; 5,14).
Igual que Jesús, empiezan desde ahora Pedro, Juan y los demás após-
toles a enseñar y curar con mucho éxito, e, igual que Jesús, encuen-
tran resistencia en el grupo de los saduceos y los sacerdotes del tem-
plo. Pero el Espíritu Santo les llena (4,31), y un ángel les da aliento
(5,20), así que siguen testimoniando francamente.
Una característica importante de la comunidad es su solidaridad
recíproca: tienen todo en común, y reparten lo que tienen entre to-
dos los miembros, así que no hay ningún necesitado entre ellos
(2,44-45; 4,32-35). Pero hay también problemas dentro de la co-
munidad, los que Lucas no calla: por ejemplo, no todos están dis-
puestos a compartir sus bienes con los demás, como demuestra el
ejemplo de Ananías y Safira (5,1-11). Además, hay divergencias
entre dos agrupaciones en Jerusalén –los helenistas contra los he-
breos, es decir, judíos grecohablantes de la diáspora contra judíos
hebreohablantes de Jerusalén y sus alrededores– a causa de inexac-
titudes en la asistencia diaria (6,1). Pero la comunidad llega a su-
perar las dificultades, y soluciona sus problemas, así que la comuni-
dad sigue creciendo (6,7).
La primera gran crisis que experimenta la comunidad es la muer-
te violenta de Esteban (6,8-8,1a). Lucas describe el destino de Es-
teban paralelamente a la condena y muerte de Jesús. La lapidación
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 60

60 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

de Esteban inicia la primera persecución de los seguidores de Jesús.


«Entre tanto Saulo hacía estragos en la Iglesia» (8,1b-3). Pero los
creyentes en Jesús superan también esta crisis, y siguen anunciando
el Evangelio en Judea y Samaría.
Lucas presenta a Teófilo el ejemplo ideal de la comunidad: la co-
munidad solidaria, que tiene un solo corazón y una sola alma. Pero
no le oculta los problemas de la vida comunitaria y los peligros mor-
tales que amenazan a los testigos. Probablemente Teófilo conoce
por experiencia propia los problemas de la comunidad y los ataques
hostiles desde fuera. ¿Qué hacer en esas situaciones? Lucas no quie-
re asustar sus lectores, sino alentarlos y fortalecerlos. Por eso no en-
cubre los hechos negativos ni las experiencias de los creyentes per-
seguidos, y describe cómo fueron superadas las crisis. Teófilo y los
demás lectores pueden reflejarse en los creyentes de aquel tiempo, y
debían buscar igual que ellos cómo superar las crisis.

2. El Evangelio se difunde entre los gentiles:


Palestina, Siria y el Oriente Próximo: Hch 8,5-14,28

El mensaje central de la segunda parte de Hch es que la perse-


cución y dispersión de los creyentes no consigue callar a los testigos
–como pretendía–, sino que causa lo inesperado: ¡el Evangelio se di-
funde fuera de Jerusalén! Primero en Judea y Samaría, luego en Si-
ria y en el Oriente Próximo. La persecución de los creyentes que al
principio pareció un percance, resulta ser el inicio del anuncio del Evan-
gelio fuera de Jerusalén, para los gentiles. Primero los testigos se diri-
gen a Samaría: Felipe –uno de los Siete– enseña y cura en Samaría,
y bautiza a un etíope. Luego obran también Pedro y Juan en Sama-
ría (8,5-8,40).
Los creyentes dispersados llegan hasta Damasco, en Siria, donde
había una comunidad judía. Pero Saulo los persigue hasta allí. Un
acontecimiento impresionante es la conversión de Saulo: es transfor-
mado de enconado perseguidor en predicador dilecto (9,1-30). Des-
de entonces las comunidades gozan de paz y siguen creciendo (9,31).
La perspectiva narrativa cambia a Pedro, que opera en Lidia y Jope
(9,1-43). El punto culminante de esta parte es la visión de Pedro –na-
rrada por duplicado– que lleva al bautismo del centurión Cornelio
(10,1-11,18). ¡El Espíritu Santo inició la misión a los gentiles! (10,44-47;
11,15-17). A partir de ahora crecen comunidades en Fenicia, Chipre,
Cirene, y una muy importante comunidad en Antioquía de Siria.
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 61

LECTURA GLOBAL DE LA OBRA DE LUCAS 61

Otra vez empieza la persecución de los creyentes en Jesús: el rey


Herodes echa mano de los miembros de la comunidad. Santiago, el
hermano de Juan, es asesinado, otros son maltratados, y Pedro es
encarcelado (12,1-4). Ahora intervienen ángeles y el Espíritu San-
to, para que –a pesar de todas las resistencias y situaciones penosas–
el Evangelio pueda difundirse. Pedro es liberado de la cárcel por un
ángel (12,6-19a), Herodes es castigado y herido por un ángel
(12,19b-23), y Bernabé y Saulo son enviados por el Espíritu Santo
a su primer viaje para predicar el Evangelio (13,1-14,28).
Los testigos Bernabé y Saulo viajan vía Chipre a Perge de Pan-
filia, a Antioquía de Pisidia y desde allí regresan vía Iconio, Listra y
Derbe de Panfilia hasta Antioquía de Siria. Anuncian el Evangelio
en las sinagogas, curan a enfermos, y hacen signos y prodigios. Pero
hay más problemas y dificultades: uno de sus compañeros –Juan
Marcos– se separa de ellos (13,13); entre los judíos y prosélitos sur-
ge una división, porque algunos creen en el Evangelio y otros lo re-
chazan (13,43.50; 14,2-4); y algunos paganos consideran a Bernabé
y Pablo dioses (14,8-18). Otra vez los testigos son perseguidos, mal-
tratados y lapidados. Pero su ánimo no decae, sino que visitan las
comunidades recién fundadas y las fortalecen.
Teófilo se entera así de que el Evangelio se difunde pese a muchos
problemas, resistencias y dificultades. Al mismo tiempo entiende que
no se propaga gracias al esfuerzo de los discípulos tan sólo, pues
«Dios actuaba juntamente con ellos» (14,27; 15,4). Jesús se apare-
ció a Saulo, y convirtió a su peor enemigo en un gran divulgador del
Evangelio. El Espíritu Santo cayó sobre los paganos –al centurión
Cornelio y su casa– y aclaró la voluntad de Dios: que el Evangelio
debía ser anunciado también a los paganos, y que ellos debían ser
bautizados, es decir, integrados en la comunidad. Un ángel liberó a
Pedro de la cárcel, y otro ángel castigó a Herodes. El Espíritu Santo
envió a Bernabé y Saulo a su primer viaje de misión, y Jesús confir-
ma sus testigos, obrando signos y prodigios por sus manos (14,3).
Teófilo entiende que Dios acompaña a sus testigos y les ayuda, realizan-
do su plan salvífico junto con ellos.

3. La decisión oficial de admitir a los gentiles


y la expansión de la misión hasta Europa: Hch 15,1-21,16

La misión de los gentiles empezó por iniciativa de Dios, que de-


rramó el Espíritu Santo sobre el pagano Cornelio y su casa. Así fue
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 62

62 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

como Dios concedió los mismos derechos a los paganos y a los ju-
díos, sin hacer distinción entre ellos (15,7-9). Eso causó incerti-
dumbres entre los creyentes que vivían como judíos según los man-
damientos mosaicos. Una asamblea de apóstoles y ancianos
encuentra la solución: no es preciso que los paganos se circunciden,
pero deben abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de los animales
estrangulados, de la sangre y de la fornicación (15,19-20.28-29;
21,25). Aquella reglamentación posibilita la comunidad entre los ju-
díos y gentiles, sobre todo al comer en común, pues evita las apa-
riencias de violación de la Ley y las indecencias.
Poco después decide Pablo visitar las comunidades fundadas por
él y Bernabé, para comunicar las decisiones de la asamblea. Pablo
toma consigo a Silas, y van a Siria, Cilicia, Derbe, Listra e Iconio.
Como el Espíritu Santo les impide predicar el Evangelio en Asia, se
dirigen –siguiendo una visión de Pablo– a Macedonia (en Grecia):
el Evangelio llega a Europa. En Filipos, una colonia romana, en-
cuentran a un grupo de mujeres que abrazan con alegría la fe (16,9-
15). También allí encuentran resistencias: los testigos son azotados
y metidos en la cárcel, pero Dios les libera por un milagro. En Te-
salónica, Berea, Atenas y Corinto creen muchas personas –mujeres
y hombres–, pero al mismo tiempo hay dudas y rechazos (17,1-
18,18). En Corinto, Pablo encuentra al matrimonio de Priscila y
Áquila, que colaboran con él y le acompañan hasta Éfeso (18,1-20).
Pablo vuelve por poco tiempo a Jerusalén y Antioquía, pero sólo
para marcharse de nuevo –esta vez solo– a su tercer viaje (18,23b-
21,16). En el transcurso de su viaje tenemos noticias sobre el predi-
cador Apolo, sobre otros discípulos de Jesús que no sabían nada del
Espíritu Santo, y de algunos exorcistas que intentan aprovecharse
del nombre de Jesús (18,24-19,20). Estos indicios aluden a otras
formas de fe que existían desde el principio. Lucas subraya que el Es-
píritu Santo obra por propio esfuerzo. Su eficacia confirma la au-
tenticidad de los testigos y su mensaje. Pablo decide terminar su
viaje y regresar a Jerusalén, para partir desde allí a Roma. Se despi-
de de las comunidades fundadas en Tróade y Mileto (20,7-38) y se
va, vía Tiro, a Cesarea. En ambas ciudades le avisan los discípulos,
por inspiración del Espíritu Santo, de no ir a Jerusalén, pero Pablo
no cambia de opinión.
Teófilo se entera de que los creyentes logran solucionar las difi-
cultades causadas por la misión a los gentiles al usar un término me-
dio: los creyentes insisten en respetar la Torá sin pedir demasiado a
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 63

LECTURA GLOBAL DE LA OBRA DE LUCAS 63

los paganos. Pese a las resistencias, el Evangelio se difundió hasta


Europa. Por eso, Teófilo entiende el deseo de Pablo de ir a Roma, a
la capital del Imperio, el corazón del mundo antiguo. Las adverten-
cias de ir a Roma insinúan las circunstancias de este «viaje». Apar-
te de eso, Teófilo se entera de otras formas de fe –como la de los dis-
cípulos de Jesús que nada sabían del Espíritu Santo–, y puede
deducir que, además de Pablo, había muchos predicadores y testigos más:
Felipe, Priscila y Áquila, Apolo, Bernabé y otros, cuyo testimonio
Lucas menciona sólo de paso.

4. La difusión del Evangelio desde Jerusalén a Roma:


Hch 21,17-28,31

A causa de las advertencias proféticas a Pablo, los lectores vis-


lumbran lo que le espera a Pablo en Jerusalén. Lucas describe su des-
tino guardando cierto paralelo con la pasión de Jesús, pero también
con una diferencia importante. Igual que Jesús, Pablo está acusado
de cargos falsos: de enseñar a apostatar de la Ley y de las tradicio-
nes judías, y de profanar el templo (21,21.29). Igual que Jesús, Pa-
blo es arrestado, y la muchedumbre grita que sea ajusticiado (21,36;
22,22). Pero, a diferencia de Jesús, que casi nunca respondió a las
acusaciones, Pablo testimonia el Evangelio en cada oportunidad: da un
largo discurso en el patio del templo (22,1-21) y otro discurso ante
el Sanedrín (21,1-10).
Jesús fue acusado ante el procurador Pilatos, que lo remitió al rey
Herodes, y Herodes lo remitió a Pilatos: ninguno de los dos halla-
ron delito alguno en Jesús, y lo consideraron inocente. Igualmente
Pablo es acusado ante el procurado Félix, y, de éste a Festo, y de Fes-
to al rey Agripa. Una vez y otra, Pablo aprovecha cada ocasión para
testimoniar el Evangelio ante los soberanos (24,10-21.24-26; 25,8-
11; 26,2-29). Ellos declaran inocente a Pablo, pero por haber éste
apelado al César debe ser conducido a Roma. La navegación resul-
ta peligrosa: una tempestad azota el barco y naufraga. Pablo apro-
vecha también esta situación para testimoniar su fe en Dios salva-
dor (27,21-26). Todas las personas de la nave se salvan en la isla de
Malta y allí son hospedadas. Pablo utiliza la ocasión y cura a los en-
fermos.
Al llegar a Italia, Pablo encuentra a creyentes en Jesús en Poz-
zuoli y otros creyentes salen desde Roma a su encuentro. Con esta
información Lucas da a entender que el Evangelio llegó ya a Italia
08.245 - 08. Cap. 2 29/10/08 10:06 Página 64

64 LUCAS. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

y a Roma antes que Pablo, es decir, por otros testigos. Así alude a la
difusión rápida del Evangelio y al compromiso de los demás testigos. Pa-
blo vive en Roma –bajo custodia de un soldado– en un piso de al-
quiler, donde recibe a muchas personas, predica el Reino de Dios y
enseña lo referente a Jesucristo.
Teófilo entiende que Pablo aprovecha cada ocasión –incluso
acusado y prisionero– para testimoniar su fe. No hay ninguna situa-
ción que dispense para testimoniar su fe. Teófilo concluirá que la casa
de Pablo en Roma llega a ser un centro de la comunidad: una igle-
sia doméstica. Así llegó el Evangelio al centro del mundo antiguo
pagano –y desde allí llegará hasta los confines de la tierra (cf. 1,8).
Teófilo entiende que –después de haber conocido la certeza, fiabili-
dad y verdad del Evangelio, y haberse enterado de las vidas modéli-
cas y hechos ejemplares de los testigos– él también debe ser testigo del
Evangelio y testimoniar su fe.
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 65

PRIMERA PARTE

EL EVANGELIO
SEGÚN SAN LUCAS
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 66
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 67

CAPÍTULO III
PRÓLOGO Y «EVANGELIO
DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52

Como buen escritor, Lucas presenta en el prólogo de su primer li-


bro (Lc 1,1-4) los objetivos a los que quiere guiar a sus lectores. No
empieza directamente con la misión y mensaje de Jesús, sino que in-
troduce, como preludio, el «evangelio de la infancia» (1,5-2,52) don-
de señala tanto los temas importantes como algunas palabras clave.

I. EL PRÓLOGO: LC 1,1-4

1. TEXTO
1 Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas
que se han verificado entre nosotros,
2 tal como nos las han transmitido
los que desde el principio fueron testigos oculares
y servidores de la Palabra,
3 he decidido yo también,
después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes,
escribírtelo por su orden,
ilustre Teófilo,
4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas
que has recibido.

2. CLAVES DE INTERPRETACIÓN
a) La función del prólogo
La obra de Lucas empieza con una amplia frase introductoria: el
prólogo. En la literatura griega y romana, el prólogo de un libro se-
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 68

68 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

rio mencionaba, en general, la investigación propia y el destinata-


rio. Algunos opinan que Lucas era historiador, pues investigó dili-
gentemente, insertó fuentes diversas, siguió los relatos de testigos
oculares, y escribió todo bien ordenado. Es cierto que la obra de Lu-
cas contiene más datos y referencias a sucesos históricos que otros
evangelios, y que la composición de los discursos –como el de Este-
ban en Hch 7,2-53– corresponde al ideal de presentación en com-
pendio. Pero comparada con otras obras históricas –como la de Fla-
vio Josefo (Guerra de los Judíos, Antigüedades de los Judíos) o de
Eusebio (Historia Eclesiástica)– la de Lucas no refleja la historia
completa del mundo como hacen los historiadores conocidos.
Encontramos más paralelos de la obra de Lucas con las biografías
de los filósofos griegos –como la de Sócrates– o con las biografías de
los profetas del AT –por ejemplo, las de Moisés, Elías y Eliseo–. Por
eso podemos partir de la base de que Lucas redactó más bien una
biografía de Jesús, y en Hch biografías de Pedro y de Pablo. Un pro-
ceder semejante en la literatura antigua lo encontramos en las Vi-
das paralelas escritas por Plutarco. Pero la meta de Lucas no es es-
cribir historiografía.

b) Los objetivos de Lucas


Miremos con detalle la estructura de la frase introductoria; la he
colocado de modo que se noten la oración principal y la oración fi-
nal. La oración final marca la meta y la intención del autor: escribe
todo para que Teófilo y nosotros podamos convencernos y encontre-
mos confirmada la solidez de lo que hemos escuchado en la cateque-
sis. La palabra «solidez» incluye «certeza», «fiabilidad» y «verdad».
A Lucas le importa en primer lugar la verdad y autenticidad de la ca-
tequesis: su objetivo es la fe. Notamos esta meta también en la formu-
lación: «... las cosas que se han verificado entre nosotros» (Lc 1,1).
La palabra «verificarse» implica un plan divino o una profecía, o
algo que existía ya antes como idea, y que empieza a realizarse.
En la Antigüedad, la catequesis preparaba al bautismo. Por eso,
en la obra de Lucas se encuentran tantas veces los temas del arre-
pentimiento, del perdón y del bautismo. El bautismo es el signo o
símbolo del arrepentimiento y concede el perdón de los pecados (Lc
1,77; 3,3; 24,47), y está unido al don del Espíritu Santo que confir-
ma a los bautizados como testigos (Lc 3,16; Hch 2,38; 10,47). Lu-
cas narra con frecuencia cómo Jesús aceptaba sin prejuicio a los pe-
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 69

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 69

cadores, perdonaba los pecados y enseñaba el amor ilimitado de


Dios que acepta a los pecadores sin condición. Por eso Jesús resuci-
tado encargará a los discípulos predicar como sus testigos en todo el
mundo el perdón de los pecados y bautizar (Lc 24,47-48; Hch 1,8;
2,38). Al leer la obra de Lucas, Teófilo puede confirmar que Jesús
aceptó a los pecadores arrepentidos.
Pero Lucas tiene en mente otro objetivo más. Él menciona a los
testigos oculares y a los servidores de la palabra, que transmitieron
la enseñanza y los hechos de Jesús. Cuando Lucas escribía su obra,
los testigos oculares ya no vivían. Sin embargo, el mensaje de Jesús,
que predicó el amor infinito de Dios que acepta a los pecadores arre-
pentidos sin condición, necesita también de testigos que lo sigan di-
vulgando. En vez de los testigos oculares, ahora son los pecadores
arrepentidos y convertidos quienes predican el perdón de los peca-
dos. Ellos habían escuchado el mensaje de Jesús en la catequesis, se
arrepintieron y convirtieron, se hicieron bautizar y recibieron el Es-
píritu Santo que les hizo testigos. Al fin de la obra de Lucas, Teófi-
lo entenderá que él también debe ser testigo del mensaje de Jesús.

PARA PROFUNDIZAR Y COMPARTIR

En el AT hay un ejemplo de un prólogo de género «historiográfi-


co»: leer 2 Mac 2,19-32 para compararlo con Lc 1,1-4.
El AT incluye con más frecuencia biografías de los profetas como
las de Elías y Eliseo, Isaías (Is 6), Jeremías (Jr 1) y otros más: vale la
pena leer 1 Re 17,1-21,29; 2 Re 1,1-2,25; 4,1-8,15; 13,14-21 (las bio-
grafías de Elías y Eliseo) para compararlas con las narraciones de los
hechos de Jesús que nos vienen a la memoria.

II. EL «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,5-2,52

1. EL ANUNCIO DEL NACIMIENTO DE JUAN EL BAUTISTA Y DE JESÚS:


LC 1,5-38

15 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea,


un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías,
casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 70

70 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

16 los dos eran justos ante Dios


y caminaban sin falta en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
17 No tenían hijos,
porque Isabel era estéril,
y los dos de avanzada edad.
18 Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el grupo de su turno,
19 le tocó en suerte,
según el uso del servicio sacerdotal,
entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
10 Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración,
a la hora del incienso.
11 Se apareció el ángel del Señor,
de pie, a la derecha del altar del incienso.
12 Al verlo Zacarías, se sobresaltó
y el temor se apoderó de él.
13 El ángel le dijo:
«No temas, Zacarías,
porque tu petición ha sido escuchada;
Isabel, tu mujer, te dará un hijo,
a quien pondrás por nombre Juan;
14 será para ti gozo y alegría
y muchos se gozarán en su nacimiento,
15 porque será grande ante el Señor;
no beberá vino ni licor; (Nm 6,3; Lv 10,9; Jue 13,4; Lc 7,33)
estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,
16 y convertirá al Señor su Dios a muchos de los hijos de Israel
17 e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías,
para hacer volver los corazones de los padres a los hijos
y a los rebeldes a la prudencia de los justos,
para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
18 Zacarías dijo al ángel:
«¿En qué lo conoceré?
Porque yo soy viejo y mi mujer de avanzada edad».
19 El ángel le respondió:
«Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios,
y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena
noticia.
20 Mira, por no haber creído mis palabras,
que se cumplirán a su tiempo,
vas a quedar mudo y no podrás hablar
hasta el día en que sucedan estas cosas».
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 71

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 71

21 El pueblo estaba esperando a Zacarías


y se extrañaban de que tardara tanto en el Santuario.
22 Cuando salió no podía hablarles,
y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario;
les hablaba por señas
y permaneció mudo.
23 Y se dio el caso de que, cuando se cumplieron los días de su servicio,
se fue a su casa.
24 Días después, concibió su mujer Isabel
y estuvo durante cinco meses encerrada
25 diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor
en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre la gente.»
26 Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David;
el nombre de la virgen era María.
28 Y, entrando, le dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
29 Ella se turbó por estas palabras
y se preguntaba qué significaría aquel saludo.
30 El ángel le dijo:
«No temas, María,
porque has hallado gracia delante de Dios;
31 vas a concebir en el seno
y vas a dar a luz un hijo
a quien pondrás por nombre Jesús.
32 Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo
y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos
y su reino no tendrá fin».
34 María respondió al ángel:
«¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
35 El ángel le respondió:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti
y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra;
por eso el que ha de nacer será santo
y se llamará Hijo de Dios.
36 Mira, también Isabel, tu pariente,
ha concebido un hijo en su vejez
y éste es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril,
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 72

72 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

37 porque no hay nada imposible para Dios» (Gn 18,14).


38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra.»
Y el ángel, dejándola, se fue.

ESTUDIO DEL TEXTO

Pongo el texto en un orden especial, para que su estructura sea más


inteligible: los verbos centrales que cuentan y desarrollan la narración
van cada uno por una línea separada. En griego, el tiempo de la na-
rración es en general el aoristo (a veces también el presente y el per-
fecto), en español es el indefinido. Las informaciones de trasfondo es-
tán sangradas. En griego se expresan por el imperfecto y por los
participios o por oraciones subordinadas; es lo mismo en español. En
las narraciones, los discursos incluyen con frecuencia informaciones
importantes, por eso va el estilo directo más sangrado a la derecha has-
ta el centro. Esta disposición permite que, leyendo el texto, puede uno
darse cuenta de los acontecimientos que estructuran y desarrollan la
narración (a la izquierda) y de las informaciones importantes que se
encuentran en los discursos (en el centro). Todas las informaciones de
trasfondo, no tan importantes, están sangradas.
Para comprender el mensaje del texto, y para ver más claro para-
lelos y diferencias de los anuncios, se puede buscar (y subrayar con co-
lores diferentes):
1. las personas actuantes
2. palabras o partes de una frase que se repiten, incluyendo las pa-
labras semejantes (por ejemplo: alegría y alégrate)
3. palabras que se refieren a los campos semánticos de «tiempo» y
de «reino»
4. en el discurso del ángel (1,13-17 y 1,28-35): ¿Cómo están des-
critos los niños?

a) Enlaces narrativos

a. Narraciones paralelas

Las narraciones de los anuncios del nacimiento de Juan el Bau-


tista y de Jesús están construidas paralelamente. Se unen por la fe-
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 73

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 73

cha «al sexto mes» (1,26), que se refiere a los meses de embarazo de
Isabel: después de su concepción estuvo cinco meses encerrada
(1,24). Otro indicio de la relación entre los anuncios es el ángel
Gabriel, que fue enviado también a María (1,26), y la información
de que Isabel es pariente de María (1,36).
Notamos paralelismos en la estructura de la narración. Al prin-
cipio el narrador nos presenta a los protagonistas con descripciones
detalladas (Zacarías: 1,5-7; María: 1,26-27), después aparece el án-
gel y anuncia el nacimiento (Juan: 1,13-17; Jesús: 1,30-33); sigue
una pregunta de los protagonistas que tematiza un obstáculo (Zaca-
rías: 1,18; María: 1,34) y la respuesta o explicación del ángel (a Za-
carías 1,19-20; a María: 1,35-37). La narración concluye con una
afirmación de los protagonistas: de Isabel, pues Zacarías queda mudo
(1,25), y de María (1,38).

b. Diferencias importantes

Analizamos con más detalle la narración para notar unas dife-


rencias interesantes: Zacarías e Isabel son presentados por su linaje;
ambos descienden de familias sacerdotales. Al presentar a María y
José falta el linaje de María; sólo nos enteramos de que José es de la
casa del rey David. Zacarías e Isabel son caracterizados también por
su vida justa y fiel a los mandamientos de Dios. No nos enteramos
de nada sobre la vida de María y José; el autor añade esta informa-
ción en el capítulo siguiente. La respuesta final de María demuestra
su disposición a cumplir la voluntad de Dios.
El discurso del ángel nos informa de que a pesar de su edad avan-
zada y la infecundidad de su mujer, Zacarías había pedido hijos a
Dios, pues el ángel le dice que su petición ha sido escuchada, y le
anuncia el nacimiento de un hijo (1,13). Con su petición expresó
su confianza en Dios, pues le cree capaz de darle hijos pese a todos
los obstáculos, porque Dios obró de igual modo con Abrahán y
Sara, y con Elcana y Ana. Por eso su pregunta: «¿En qué lo cono-
ceré?» (Lc 1,18) expresa su duda. Diferente a la pregunta de Zaca-
rías, la de María es fundada, pues ella no pidió hijos a Dios, ni ha-
bía tenido todavía relaciones conyugales.
A pesar de que Zacarías duda, Dios realiza su promesa. El ángel
le da a Zacarías una señal que confirma la verdad de su mensaje: Za-
carías quedará mudo hasta que se cumplan las palabras del ángel, «a
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 74

74 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

su tiempo» (1,20). Esta expresión nos señala la actividad de Dios:


Él escucha nuestras oraciones y realiza su plan salvífico no según
nuestros conceptos del tiempo, sino «a su tiempo» (cf. Lv 26,4; Dt
28,12; Ecl 3,11; Eclo 39,16).
También María recibe una señal: se entera del embarazo de Isa-
bel (Lc 1,36). El ángel asegura que su embarazo es otra señal de la
actividad de Dios: «no hay nada imposible para Dios» (Lc 1,37). Es-
tas palabras recuerdan a los lectores la promesa de Dios a Abrahán
(Gn 18,4), y la Alianza que pactó con él. Con esto, Lucas insinúa
ya cómo Dios actúa: por medio de dos embarazos aparentemente
imposibles él va realizando su plan salvífico. Los lectores se entera-
rán de otros hechos «imposibles» que Dios realiza.
Otras semejanzas y diferencias se encuentran en las descripcio-
nes de los hijos. Ambos hijos están llenos de Espíritu Santo: Juan ya
desde el seno de su madre, y Jesús es engendrado por obra del Espí-
ritu Santo y el poder de Dios (Lc 1,35). Los dos colaboran en el plan
salvífico de Dios: Juan preparará un pueblo bien dispuesto a Dios, y
Jesús reinará sobre ese pueblo. Además, los nombres de los hijos tie-
nen significado simbólico, pues aluden a su misión. Juan significa
«Yahvé es benévolo», lo que señala su predicación de conversión, y
el bautismo para perdón de los pecados. Jesús significa «Yahvé sal-
va», lo que señala el plan salvífico de Dios, lo que Dios realiza por
Jesús y por la colaboración de los hombres.

b) Enlaces pragmáticos

a. El anuncio del nacimiento

El anuncio del nacimiento de un hijo divino –la mayoría de


las veces por parto de una virgen– corresponde a un esquema li-
terario muy común en la literatura antigua. Este esquema fue
usado para realzar a personajes extraordinarios, como al semi-
diós griego Heracles, a Rómulo y Remo, fundadores de Roma, y
al emperador Augusto. Pero también otras religiones conocen
ese motivo, pues fue usado para contar los nacimientos de Zara-
tustra y de Buda; y también algunas tribus indígenas de la Amé-
rica del Norte cuentan que una virgen alumbra a un héroe o sal-
vador.
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 75

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 75

ESQUEMA LITERARIO DEL ANUNCIO DEL NACIMIENTO


DE UN HIJO DIVINO

Los elementos del esquema, normalmente, son:


1) anuncio del nacimiento por un mensajero divino, por signos
cósmicos o por un sueño,
2) susto del destinatario,
3) descripción del futuro particular del hijo,
4) a veces una señal que confirma el mensaje,
5) con frecuencia el motivo de la persecución del hijo divino, y su
salvación milagrosa, como en el Evangelio de Mateo.

En las narraciones bíblicas, el anuncio del nacimiento de un hijo


bajo condiciones difíciles o «imposibles», como infecundidad o
edad avanzada, es una señal del nuevo comienzo por Dios, como en
Is 7,14: «Pues bien, el Señor mismo va a darles una señal: he aquí
que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá
por nombre Emmanuel». O en Is 9,5-6: «Porque una criatura nos ha
nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro,
y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios fuerte»,
«Siempre Padre», «Príncipe de Paz». Grande es su señorío, y la paz
no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino para restau-
rarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia».
Los lectores recuerdan otros nacimientos bajo condiciones difíci-
les; los niños llegaron a ser extraordinarios en la historia de la relación
del pueblo de Israel con Dios. Isaac, el hijo de Abrahán y Sara, con-
firmó la Alianza entre Dios y los hombres (Gn 17). José, el hijo de Ja-
cob y Raquel, testimonió la elección del pueblo de Israel, que Dios
protege en situaciones apuradas, difíciles y peligrosas (Gn 37-50).
Sansón, el hijo de Manóaj y su mujer, empieza una nueva época de los
jueces: bajo su dirección el pueblo de Israel cumple los mandamientos
de Dios (Jue 13,2-24). Samuel, hijo de Elcana y Ana, es el último juez
del pueblo de Israel, que designa al primer rey de Israel (1 Sm 1-3).
Por medio del anuncio doble y paralelo de los nacimientos de Juan
y Jesús, Lucas aclara a sus lectores que empieza un tiempo nuevo: el
tiempo salvífico del reinado de Dios. Los diferentes datos, fechas y luga-
res marcan la diferencia entre los tiempos y la forma del poder: dividi-
mos nuestro tiempo en horas, días, meses y años; el tiempo de Dios es
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 76

76 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

intemporal, pues es eterno. Los soberanos mundanos reinan sobre un


terreno limitado. El Hijo de Dios, en cambio, reinará sobre la casa de
Jacob, es decir, sobre todo el pueblo de Israel que Juan prepararía a Dios.

b. Palabra clave

La alegría es el rasgo característico de este tiempo nuevo que ya


empezó. Desde el AT la alegría es la señal de la comunidad feliz con
Dios. La alegría expresa el agradecimiento de los hombres a Dios
por las bendiciones que les concedió (Dt 12,7.18; 16,14-17), por eso
celebran una fiesta en la que participan todos los hombres sin dife-
rencia. La fuente de la alegría son los mandamientos de Dios (Sal
1,2; 119,16.47.92.111), el perdón de los pecados (Sal 51,10-16) y
Dios mismo (Neh 8,10; Sal 4,8; 16,11; 43,4).
Lucas retoma en su obra el motivo de la alegría como señal de la
comunidad con Dios y al tiempo salvífico. Ya al inicio de Lc encon-
tramos el campo semántico de la alegría: el temor se cambia en ale-
gría permanente (1,14.28; 2,9-11). La alegría por Dios que perdona
los pecados y realiza su promesa la encontramos en el cántico de
María (1,46-56) y en el cántico de Zacarías (1,68-79). En las pará-
bolas de Jesús encontramos la alegría por el pecador arrepentido y
convertido (15,5.7.10.24.32). Luego, la comunidad se reúne en ale-
gría (Hch 2,46).

c. Personajes de identificación

Lucas describe a tres personas –Zacarías, Isabel y María–, que viven


las acciones salvíficas de Dios. Zacarías pedía un hijo desde hacía mu-
chos años, pero cuando oyó que su petición fue escuchada, y que su
hijo realizará cosas importantes para Dios, no lo cree y pide una señal.
Isabel es caracterizada como judía justa, que caminaba sin falta
en los mandamientos de Dios. Así, Lucas aclara desde el principio
que la falta de hijos no es castigo divino por algún pecado. Por la re-
acción de Isabel, intuimos su relación con Dios: pues, sin saber lo
«especial» que sería su hijo, interpreta su embarazo como acción de
Dios: Él ha quitado su oprobio ante la gente (1,25), y le concede re-
conocimiento y aceptación social.
María se entera por el ángel de que dará a luz un hijo especial que
asumirá el reinado tan esperado en Israel. El hecho de que reinará por
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 77

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 77

los siglos significa que su reinado corresponde completamente a la


voluntad de Dios, en contraste con los reyes David o Salomón, que
pecaron contra Dios, y les causó el fin del reinado. Como rey divino,
su hijo será santo, y será llamado Hijo de Dios. El mensaje suena ma-
ravilloso, pero Lucas no menciona las dificultades sociales inminen-
tes causadas por el hijo espurio. Entre los judíos, la prometida vivía
en la casa paterna hasta el día de su boda, aunque era ya legalmente
esposa de su marido. El embarazo antes de la boda habría expuesto a
María a la recriminación de adulterio. El evangelio de Mateo narra
esto desde la perspectiva de José, que piensa no difamarla y repudiar-
la en privado (Mt 1,18-19). Aunque María debe contar con las difi-
cultades sociales inminentes, se somete a la voluntad de Dios.

PARA PROFUNDIZAR

La situación de Isabel –su vejez y esterilidad– tiene paralelos en el AT:


leer 1 Sm 1,1-2,26 (Samuel) y también Jue 13,2-24 (Sansón). En Mal
2-3 se encuentran paralelos entre Juan el Bautista y el profeta Malaquías.

PARA COMPARTIR

¿Qué pensamos de las muchachas solteras que han dado a luz un


hijo o una hija?
¿Cómo las tratamos?, y ¿a su hijo o hija?
¿Por qué pensamos así y las tratamos de esa manera?
¿Y de las mujeres ancianas (solteras) que no han dado a luz un hijo
o una hija? ¿Qué pensamos de ellas y cómo las tratamos?

2. EL ENCUENTRO ENTRE MARÍA E ISABEL: LC 1,39-56

ESTUDIO DEL TEXTO

1. ¿Cómo se describe a María? ¿Qué dice Isabel de ella y cómo ha-


bla María de sí misma?
2. En el cántico de María (el Magníficat: Lc 1,46-55), ¿de qué ma-
nera actúa Dios con quién?
3. Compara el cántico de María con el cántico de Ana (1 Sm 2,1-
10): ¿Qué paralelos y qué diferencias encuentras?
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 78

78 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

a) Enlaces narrativos

Por las personas que entran en escena o salen, o por el cambio


del lugar donde actúan, el autor indica otra escena o tema. Las
informaciones de que el ángel dejó a María y se fue (Lc 1,38), y
de que María se puso en camino a Isabel (1,39), marcan un nue-
vo párrafo. La escena nueva está unida con la anterior por la ex-
presión «en aquellos días» (1,39), que refiere «al sexto mes» (1,26).
Los lectores entienden que –aunque empieza una escena nueva–
deben tener presente lo que fue narrado antes. Al contrario de la
escena anterior, en esta escena no ocurre mucho. María visita a
Isabel. Por medio del encuentro de las dos mujeres, sin más, Lu-
cas crea una pausa. En esta pausa, las mujeres –y con ellas los lec-
tores– reflexionan sobre los sucesos anteriores desde la perspecti-
va de fe.
La información acerca de la fecha es indefinida, y el lugar al que
se dirige María queda indeterminado. La atemporalidad, el lugar in-
determinado y la acción escasa consiguen que las interpretaciones
de fe de las dos mujeres adquieran cierto carácter universal. La bie-
naventuranza «¡Bienaventurada la que ha creído que se cumplirán
las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45), no se
dirige sólo a María, porque es también una invitación a todos los
creyentes, incluidos los de hoy. El cántico de María no describe so-
lamente sus experiencias propias, sino también las del pueblo de
Israel, y las que los hombres vivirán por los hechos de Jesús: Dios
realizó ya su justicia compensada, y sigue realizándola. Por eso po-
demos unir nuestra voz a la de María.

b) Enlaces pragmáticos

a. Palabra clave

En Lc encontramos la expresión ceremoniosa «y se dio el caso de


que» (1,41): dirige la atención al siguiente suceso importante. Aquí
sucede que, al oír el saludo de María, el niño de Isabel saltó de ale-
gría en su seno. Este evento es narrado dos veces –una vez por el na-
rrador (1,41) y otra vez por Isabel (1,44)– para realzar su importan-
cia: el niño salta de alegría. Lucas retoma el motivo de la alegría: el
tiempo salvífico continúa.
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 79

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 79

b. La actividad del Espíritu Santo

Isabel es la primera mujer que queda llena de Espíritu Santo


(1,41) y que profetiza (exclamar a gritos quiere decir profetizar). Ya
antes el autor mencionó la eficacia del Espíritu Santo: el ángel
anunció a Zacarías que Juan estará lleno de Espíritu Santo ya desde
el seno de su madre, y explicó a María que quedaría embarazada por
el Espíritu Santo y el poder del Altísimo. Pero aquí notamos por pri-
mera vez la actividad del Espíritu Santo: una mujer anciana, que fue
despreciada por la gente porque no tenía hijos, y que llevó una vida
retirada, queda llena de Espíritu Santo. Por eso sabe del embarazo
maravilloso de María. Su grito profético deja participar en su alegría
a todos los que oyen sus palabras.
La bienaventuranza que exclama Isabel (1,45) no toca sólo a
María, sino a todos los que la oyen: ¡Felices los que creen que se
cumplen las cosas que Dios prometió! La fe del pueblo de Israel es
la certeza de que Dios realiza sus promesas: Dios lleva a su pueblo
elegido a la tierra prometida (Dt 1,8; Sal 105,8-11); si los hombres
cumplen los mandamientos de Dios, Dios realiza su alianza con
ellos, y se preocupa por ellos, para que estén bien, como les prome-
tió (Dt 7,12-16; 28,9-14); según su promesa, Dios mantendrá el tro-
no de David por los siglos (Sal 89,4-5.36-37; 132,11-12). La biena-
venturanza alude también a los mensajes del ángel a Zacarías y a
María: mientras que Zacarías quedó escéptico, María creyó. Inde-
pendientemente de cómo reaccionemos nosotros a la voluntad sal-
vífica de Dios, ella se realiza, como mostró el ejemplo de Zacarías.

c. El cántico de María

María responde con un cántico que retoma su propia bienaven-


turanza en labios de Isabel (Lc 1,48), pero que llega a la alabanza de
Dios: en los versos 1,46-49a María habla de sí misma; en los versos
1,49b-55 habla de Dios y de sus hechos salvíficos. La misericordia de
Dios corresponde a todos los hombres por los siglos (1,50.54b-55).
Dios se dedica a los humildes y hambrientos y les colma de bienes.
Con el cántico de María, Lucas crea una oración de alabanza
para el uso de los creyentes. Su estructura y algunas expresiones tie-
nen paralelos en los Salmos, por ejemplo: mi alma alaba al Señor
(Sal 103,1.2.22; 104,1.35; 146,1); Dios es santo (Sal 22,3-5; 71,22;
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 80

80 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

99,5.9). Su contenido retoma la esperanza y la experiencia de Dios


del pueblo de Israel: Dios atiende a los pequeños y humildes (Sal
10,17-18; 102,18; 138,6); Dios obra por su brazo hechos maravillo-
sos y poderosos (Dt 11,2.7; Sal 71,18-19; Is 52,10); Dios muestra
siempre su misericordia (Sal 78,38; Is 14,1; 33,2; 55,7); y Dios re-
cuerda su promesa (1 Re 8,15.56; Sal 105,8-10; 119).
Comparado el de María con el cántico de Ana (1 Sm 2,1-10),
notamos el trato distinto de Dios con los potentados, soberbios y ri-
cos. Ana describe la inversión radical de los potentados a impoten-
tes, de los débiles a fuertes, de los hartos a hambrientos, y de las mu-
jeres que tienen muchos hijos a mujeres marchitas y estériles (1 Sm
2,4-5). María, en cambio, alaba la justicia compensada de Dios: los
potentados son derribados de sus tronos, ya no son poderosos, pero
todavía no son impotentes; los humildes son exaltados, pero no lle-
gan a ser los nuevos señores (Lc 1,52). Los hambrientos son colma-
dos de bienes por Dios, pero los ricos no llegan a ser pobres, Dios no
les quita sus bienes, sino que les colma más con riquezas (1,53).
Ana canta que sólo Dios es omnipotente, y que los hombres no
triunfan por la fuerza propia (1 Sm 2,2.6-7.9). María, en cambio,
alaba la misericordia de Dios, que se acuerda de su promesa y acoge
a Israel (Lc 1,50.54-55), para que su pueblo experimente su actua-
ción maravillosa (1,49). No se trata de una reversión o inversión ra-
dical, que en realidad nada cambiaría porque sólo canjearía los pa-
peles, sino que se trata más bien de la justicia compensada y
equilibrada. Aquí se manifiesta ya una reflexión que importa mucho
a Lucas: para que se realice la justicia compensada, los hombres pueden
y deben colaborar. Pueden colaborar en la justicia compensada cuan-
do invitan a las personas despreciadas (14,12-14), cuando comen,
festejan y viven en común con los excluidos y marginados (15,1-2),
y cuando reparten y comparten lo que tienen en abundancia (Hch
4,34-35).

PARA COMPARTIR

¿Cómo puedes relacionar el cántico de María con tu vida y con tus


experiencias?
¿En qué puedes colaborar para que se realice un poco más la justi-
cia compensada?
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 81

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 81

3. EL NACIMIENTO DE JUAN EL BAUTISTA


Y EL NACIMIENTO DE JESÚS: LC 1,57-2,52

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Lc 1,57-2,52 consiste en varias escenas marcadas


a) por una información temporal (la fecha), y/o,
b) por el cambio de personas que aparecen o que hacen mutis, y/o,
c) por un breve sumario en general.
Marca y titula las escenas.
2. Subraya las personas que aparecen y actúan (el Espíritu Santo y
Dios son también «personas» que actúan).
3. Marca las palabras o partes de una frase que se reiteran o se ase-
mejan.
4. A partir de estas informaciones, marca las semejanzas entre las
dos narraciones del nacimiento y de la infancia.

a) Enlaces narrativos

a. Narraciones paralelas
Lucas dispone las narraciones de los nacimientos paralelamente,
como antes los anuncios de los nacimientos. Para realzar la impor-
tancia de Jesús como Hijo de Dios y Mesías, Lucas adornó la narra-
ción de su nacimiento e infancia con añadiduras y duplicados, pero
los elementos significativos son los mismos.
La narración empieza sin introducir que Isabel hubiera dado a
luz un hijo (1,57). Los vecinos y parientes comparten su alegría,
pues identifican en el hijo la obra de Dios (1,58). La actuación de
Dios ya no se restringe al límite de la familia, pues se enteran otras
personas más del hecho maravilloso de Dios, y participan de la ale-
gría. Los lectores reconocen el motivo de la alegría, y entienden que
la actuación de Dios se propaga. La escena siguiente empieza con la
información sobre la fecha: al octavo día (1,59).

b. Relación con la historia universal


Comparada con la narración del nacimiento de Juan, la de Jesús
es introducida con más detalle por la información sobre el censo ro-
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 82

82 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

mano. Así Lucas relaciona el nacimiento de Jesús con el contexto políti-


co mundial del Imperio romano (2,1-3). Menciona a los soberanos ro-
manos: a César Augusto y al gobernador de Siria, Cirino, y otra vez
al rey de Israel, David –ya nos enteramos en 1,27 de que José era de
la casa de David–, para subrayar la importancia de Jesús. Además
alude a la escena del anuncio, pues los lectores recuerdan que el án-
gel anunció a María que Dios dará a su hijo el trono de su padre Da-
vid (1,32), que reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y que su
reino no tendrá fin (1,33). Los lectores pueden concluir que Jesús
será un nuevo Señor, más importante que los demás soberanos.

c. Dios realiza sus promesas

Lucas describe con detalle que Jesús es el primogénito de María


–lo mismo vale para Juan, aunque el autor no lo menciona–, y cómo
ella lo cuida: le envuelve en pañales y le acuesta en un pesebre
(2,7). El motivo del pesebre será reiterado en 2,12 y 16; es informa-
ción importante para el anuncio del ángel a los pastores.
Cuando nació Juan, vinieron los vecinos y parientes y compar-
tieron la alegría de Isabel. Jesús no nace en el círculo de la familia,
sino en una ciudad forastera. Ni siquiera puede vivir en una casa o
en un albergue, sino en un pesebre. En este momento Lucas no
piensa en la presencia de otras personas, pues le importa subrayar
que Jesús nace en un lugar solitario, pero ¿quiénes son «todos los
que lo oyeron y se maravillaban» (2,18)? ¿De dónde vienen? En-
contramos un punto poco claro en la narración, pero lo podemos
entender como construcción de Lucas, que termina la escena con
un sumario (2,18-20).
A los parientes y vecinos que dan la bienvenida a Juan e identi-
fican la actuación de Dios, Lucas les crea un paralelo en la narra-
ción del nacimiento de Jesús. En la misma comarca había pastores,
a los que un ángel anuncia «una gran alegría»: el nacimiento del
Mesías en la ciudad de David, como niño en un pesebre (2,10-12).
Tanto la mención de los pastores, de la ciudad de David, como del
pesebre relacionan a Jesús con el rey David, aquel joven pastor elegi-
do por Dios para ser el rey de su pueblo. Los ángeles interpretan a
los pastores la actuación maravillosa de Dios (2,13-14), e igual-
mente los vecinos y parientes reconocieron en el nacimiento de
Juan la actuación de Dios. Los pastores encuentran todo como el
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 83

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 83

ángel les anunció. Los lectores entienden que la actuación de Dios si-
gue desarrollándose, pues lo anunciado y prometido se realiza. También
los pastores alaban a Dios, porque han visto cumplida la promesa
(2,20). María guarda todo en su corazón (2,19).
Al octavo día de su nacimiento, el niño es circuncidado y se le
impone nombre. Mientras que el nombre de Jesús está mencionado
con pocas palabras que recuerdan al anuncio del ángel (2,21), nom-
brar a Juan es más complicado, porque su padre está mudo. Es la ma-
dre, Isabel, quien insiste –contra la opinión de vecinos y parientes–
en el nombre que dijo el ángel (1,60). Zacarías confirma por escri-
to el nombre de Juan (1,63). Porque cumplió la voluntad de Dios, su
boca se abre y su lengua se suelta, para alabar a Dios (1,64). Lo su-
cedido se difundió en toda la montaña de Judea, y los parientes y
vecinos grababan todo en su corazón, pues entendieron que Dios es-
taba con Juan (1,66).
Zacarías queda lleno de Espíritu Santo y profetiza (1,58-79): la
primera parte de su discurso profético es una larga alabanza de Dios
(1,68-57), sigue una profecía sobre el niño Juan (1,76-77), y termi-
na con la perspectiva a la actuación de Dios (1,78-79). Un verso su-
mario sobre el crecimiento del niño y su espíritu fortalecido termi-
na el relato de Juan (1,80).
En la narración sobre Jesús, Lucas añade el rito de la purificación
y el sacrificio de rescate (2,22-24); con ello señala la piedad de los pa-
dres de Jesús, que cumplen los mandamientos de Dios. Lucas subrayará
otras veces la religiosidad de María y José. Además notamos el cam-
bio de lugar: el templo. En este lugar central e importante para la fe
judía, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, profetiza so-
bre Jesús. Sus palabras paralelan la profecía de Zacarías sobre Juan:
primero una alabanza a Dios (2,29-32), luego la profecía sobre el niño
(2,34-38). Lucas emplea duplicados para subrayar lo significativo, por
eso aparece asimismo la profetisa anciana Ana y profetiza sobre Jesús.
Su profecía incluye la perspectiva de la actuación salvífica de Dios
(2,38). Termina el párrafo un verso sumario sobre el desarrollo de Je-
sús, lo que señala su sabiduría y la gracia de Dios sobre él (2,40).

d. La relación de Jesús con Dios, su Padre

Lucas añade otro episodio (2,41-52), que pone de relieve la re-


lación especial de Jesús con Dios. En esta perícopa Jesús habla por
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 84

84 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

primera vez; por eso sus palabras son importantes para el evangelio
completo. Al cumplir los doce años, Jesús sube con sus padres a la
fiesta de Pascua en Jerusalén. En el judaísmo, a los doce o trece
años, los varones son adultos, es decir, deben cumplir los manda-
mientos; pero no se sabe con certeza si en aquel tiempo valía ya esta
reglamentación. El muchacho Jesús se sienta en el templo, en me-
dio de los maestros, les escucha y les hace preguntas (2,46-47). En
las biografías helenísticas y judías, el motivo del héroe virtuoso e inte-
ligente es muy común, como en las biografías de Ciro, Alejandro,
Epicuro, Moisés, Salomón y Daniel. Con este motivo Lucas indica
a sus lectores la relación especial de Jesús con Dios.
La respuesta de Jesús a sus padres, que le habían buscado con an-
gustia, «Y ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en
la casa de mi Padre?» (Lc 2,49), señala en primer lugar a Dios como
su padre. Eso no quiere ser una verdad cristológica, sino que se re-
fiere más bien a su relación con Dios. En el texto griego, la respuesta
de Jesús no contiene la palabra «casa»; se debe traducir literalmen-
te: ¿no sabían que yo debía estar en el (asunto) de mi padre? Es in-
tención de Lucas que esta respuesta tenga un sentido ambiguo. Si
«estar en el asunto de mi padre» se refiere al lugar, significa que Je-
sús se encuentra en el templo como el edificio (la casa) de su padre.
Si se refiere «estar en el asunto de mi padre» al verbo, significa «de-
dicarse a», y dice que se encuentra a Jesús allá, donde se dedica al
asunto, es decir, a los mandamientos de Dios.
La información de que sus padres no comprendieron su respuesta
(2,50) funciona –igual que las demás respuestas de Jesús, cuando sus
discípulos no entienden– como señal a los lectores: ellos sí deben en-
tender su respuesta o mensaje. Lucas reitera otra vez que María guar-
daba todo en su corazón (2,19.51). Es también una instrucción a los
lectores para que graben los sucesos en sus corazones. Luego recorda-
rán la relación extraordinaria de Jesús con Dios. Así Lucas indica que
los acontecimientos ocurridos se vuelven significativos para el futuro.
La perícopa acaba con un breve sumario que retoma lo de 2,40: Jesús
crece en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres (2,52).

b) Enlaces pragmáticos

La narración de la infancia tiene la misma función que la ober-


tura de una ópera: indicar los temas centrales. El Espíritu Santo y
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 85

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 85

los profetas tienen un papel importante. El Espíritu Santo causa el


embarazo de María, está con los niños Juan y Jesús, guía al anciano
Simeón al templo, y llena a Isabel y Zacarías para que profeticen.
Aunque Lucas no transmite literalmente el discurso de Ana, su pro-
fecía proviene del Espíritu Santo, pues anuncia la salvación a los
que acuden al templo.
El Espíritu Santo y los profetas –representados aquí por la profe-
tisa Ana y luego por Juan el Bautista (3,1-20)– aseguran la conti-
nuidad de la alianza de Dios con Israel y de las promesas de Dios.
Recuerdan la alianza con Abrahán (1,54-55.72-73), la actuación
salvadora y liberadora de Dios (1,50-53.71; 2,38), y la promesa de
Dios (1,54-55.78-79; 2,38). Dios obra por su Espíritu Santo, y los
profetas anuncian la voluntad y el plan salvífico de Dios, también
cuando nace Jesús.
En las profecías de Zacarías, Simeón y Ana se manifiesta ya la
importancia de Jesús tanto para el pueblo de Israel como para los
gentiles (1,68-69; 2,30-32.38). Jesús es el salvador que realiza la re-
dención. Es luz para los gentiles y gloria para Israel. Lucas mencio-
na ya la experiencia feliz del perdón de los pecados (1,77): Juan dará
el conocimiento de la salvación, predicará el arrepentimiento y la
conversión, y practicará el bautismo como señal del perdón de los
pecados. Lo mismo enseñará Jesús, y luego también sus discípulos y
testigos (17,3-4; 24,47; Hch 2,38; 3,19).

a. Palabras clave

Lucas menciona con frecuencia la Ley (de Moisés o del Señor):


Zacarías e Isabel son justos ante Dios y caminan cumplidamente en
todos los mandamientos y preceptos del Señor (Lc 1,6); al octavo
día, Juan y Jesús son circuncidados conforme a la Ley (1,59; 2,21);
María y José cumplen la Ley (2,22-24.27.39.41). Este cumplimien-
to dice más que la religiosidad, pues caracteriza su vida entera en re-
lación intensa con Dios (Dt 26,16-19): un conocimiento intenso de
Dios (Jr 31,33-34) y una vida de fe viva (Ez 36,26-28).
Quien cumple los mandamientos de Dios y anda rectamente, tie-
ne la plenitud de vida, pues los mandamientos de Dios contienen su
voluntad salvífica (Sal 112; 119; Is 48,18-21; Jr 7,23). La voluntad
de Dios incluye a todos los hombres. Por eso Dios exige especial-
mente la asistencia, la caridad y el apoyo para los pobres, pequeños,
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 86

86 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

débiles, despreciados, viudas, huérfanos y extranjeros (Dt 14,28-29;


Lv 19,9-10.33-34; 25,35-38; Dt 15,1-11). Cuando ocurre una injus-
ticia, Dios tiene que mirar –¡ni cierra los ojos ni aparta la mirada!–
e intervenir para impedirla (Lv 20,4-5; Dt 22,1-4).
La vida según los mandamientos de Dios importa mucho a Lucas.
Cada uno debe conocer los mandamientos de Dios y cumplirlos (Lc
10,26-28; 18,18-22). La pauta y el ejemplo para nuestra vida y nues-
tras acciones es la misericordia de Dios (6,36). Luego, en Hch, los
discípulos y testigos discutirán en qué medida los gentiles deberán
cumplir la Ley. Pero nunca cuestionan la exigencia de cumplir los
mandamientos fundamentales. Los discípulos parten de la base de
que también los gentiles conocen y cumplen de todas maneras estos
mandamientos de Dios, como escribió Pablo en la carta a los Roma-
nos (Rom 2,14-15).
El motivo de la alegría es otro elemento importante en la obra de
Lucas. La alegría proviene de vivir en comunión con Dios, de que
su voluntad salvífica se está realizando. Mujeres y hombres notan
que su alegría nace de su comunión con Dios, pues viven con todos
sus sentidos la voluntad salvífica: Isabel y María, y las personas cu-
radas por Jesús, la viven en carne propia. Los pastores, vecinos y pa-
rientes, y las personas que presencian los hechos de Jesús, la ven. La
gente en Judea (Lc 1,66), y los hombres que escuchen el testimonio
de los pastores en el pesebre (2,18), la oyen; y Teófilo y los demás
lectores, incluso nosotros hoy, la leen.
Otra palabra clave importante es la paz (Lc 1,79; 2,14.29), que
quiere decir más que deseo o saludo (10,5; 24,36), pues incluye el
significado político (11,21; 14,32). En aquel tiempo, la Pax Roma-
na caracterizó el trasfondo y contexto de la vida de Lucas y de sus
lectores. La Pax Romana garantizaba la seguridad en el Imperio ro-
mano y posibilitaba viajar sin muchos peligros, pero estaba condi-
cionada por el poder del Imperio romano y la impotencia de las na-
ciones ocupadas. La paz en el evangelio, en cambio, es una fuerza
independiente (10,6; 19,42), que se origina en la fe: «Tu fe te ha
salvado. Vete en paz» (Lc 7,50; 8,48). La paz caracteriza a la comu-
nidad de los creyentes (Hch 9,31; 15,33).
Otro motivo que se reitera tres veces es el niño en el pesebre (Lc
2,7.12.16). A nivel narrativo, esta expresión tiene la función de se-
ñalar cómo se cumplió el mensaje del ángel, y la promesa de Dios
(2,16). A nivel semántico, el niño en el pesebre es el Salvador, el
Mesías y el Señor (2,11). Los títulos «salvador» y «señor» corres-
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 87

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 87

ponden a la ideología helenística de los soberanos, y fueron también


títulos de los reyes romanos. El «Mesías» es el salvador esperado por
los judíos. Lo que causa escándalo es el hecho de que el Mesías y
Salvador es ese niño en el pesebre.

b. El Mesías

Con el Mesías-niño en el pesebre, Lucas cambia por completo


las esperanzas y expectativas del Mesías y salvador fuerte, poderoso
y majestuoso. Los lectores se habrán preguntado: ¿Cómo puede ser
el Mesías y Salvador un niño en el pesebre? Lucas da a sus lectores
una señal importante: el Mesías Jesús no corresponde a sus expec-
tativas, pues no es ni un rey majestuoso, ni un jefe del ejército po-
deroso, ni un combatiente político... Pero sólo los hombres y muje-
res que se ponen en el camino para ver al niño en el pesebre
comprenden a ese Mesías y Salvador tan diferente. Y más tarde
vuelven a verlo en comunidad con los pecadores y publicanos.
En la historia judía encontramos a otras personas salvadoras,
cuyo comienzo fue tan pequeño y humilde como el de Jesús, por
ejemplo: el pastor fugitivo y tartamudo Moisés (Ex 2,15; 3,1; 4,10),
Saúl de una tribu menor y de la familia más pequeña (1 Sm 9,21),
el joven pastor David (1 Sm 16,7.11-12), la huérfana Ester (Est 2,7;
4,13-14) y la viuda Judit (Jdt 8,4-6; 13,14-16.18-20). Estos ejemplos
demuestran que «no está en el número tu fuerza [la de Dios], ni tu
poder en los valientes, sino que eres el Dios de los humildes, el de-
fensor de los pequeños, apoyo de los débiles, refugio de los desvali-
dos, salvador de los desperados» (Jdt 9,11).
Ya desde el principio de la narración del nacimiento y la infan-
cia de Jesús, Lucas emplea los títulos de Jesús como lo más natural
del mundo: Jesús es el Hijo del Altísimo, el Hijo de Dios, el Hijo de
David (Lc 1,32-35), el Salvador (1,69; 2,11), el Mesías y el Señor
(2,11). Los lectores volverán a encontrar estos títulos en Lc, y así
notan que el mensaje del ángel se cumplió.

c. Personajes de identificación

En la narración, las personas actuantes ofrecen a los lectores mo-


delos y sugerencias para la vida de fe. En la narración del naci-
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 88

88 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

miento y de la infancia de Jesús encontramos a Zacarías, Isabel, Ma-


ría (y José), los pastores, Simeón, Ana, el muchacho Jesús, los án-
geles, los vecinos y parientes, y muchas personas anónimas, que
oyen y se maravillan (1,65-66; 2,18.47).
Nos enteramos de que Isabel y Zacarías son gente justa y piadosa
a la que importa mucho cumplir los mandamientos de Dios (Lc
1,6). Los dos sufren por no tener hijos: Isabel vive una situación de
oprobio ante la gente (1,25). Zacarías se identificó con el destino
de su esposa y pedía –ciertamente desde mucho tiempo atrás– hijos
a Dios (1,13). Al darse cuenta de su concepción –pese a su edad
avanzada y a su esterilidad–, Isabel interpreta su embarazo como he-
cho benigno de Dios (1,25). Ella queda llena del Espíritu Santo y
profetiza (1,41-45). Su bienaventuranza se dirige también a los lec-
tores, y les invita a creer en la promesa realizada por Dios: ¡Feliz
quien cree que se cumplirá lo que fue dicho por parte del Señor!
Al ver el ángel, Zacarías se sobresalta (1,11). Aunque pedía al-
gún hijo, pregunta al ángel una señal confirmatoria (1,18), lo que
el ángel interpreta como duda de su mensaje. Isabel contradice a los
parientes y vecinos, los que quieren nombrar a su hijo Zacarías; ella
insiste en el nombre que dijo el ángel –Juan–, aunque ella no pudo
saberlo, pues ella no oyó la anunciación del ángel, y su esposo no
puede hablar. Pero Lucas no se interesa en la lógica de la narración,
más bien caracteriza a Isabel por su acción como mujer decidida y
valerosa, pues ella sola contradice a todos los demás que argumen-
tan bien. Isabel intercede contra las resistencias en favor de la rea-
lización de la voluntad de Dios. Al confirmar el nombre Juan, Za-
carías puede hablar, y con sus primeras palabras alaba a Dios (1,64).
También Zacarías queda lleno de Espíritu Santo y profetiza.
A diferencia de Zacarías, María no se asusta al ver el ángel, sólo
se turba por el tratamiento (1,29). Tampoco duda de su mensaje, sólo
pregunta por el modo, porque todavía no tenía relaciones conyuga-
les. En aquel tiempo, igual que hoy, dar a luz un hijo espurio traía
consigo muchos problemas. Pese a esta situación difícil, María da su
aprobación a la voluntad de Dios (1,38). Las dos mujeres –Isabel y
María– colaboran con Dios, aunque significa para ellas que se en-
frenten con la opinión pública. Más tarde, al visitar a Isabel, María
expresa su alegría en un largo cántico: reconoce la actuación de Dios
en sí misma, y, por ella, en el pueblo de Israel. Lucas caracteriza dos
veces a María como mujer que guarda todo lo que sucedió en su co-
razón (2,19.51), es decir: interpreta su vida en relación con Dios.
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 89

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 89

Lucas describe a María y José como creyentes y piadosos, que vi-


ven según la voluntad de Dios y cumplen la Ley. Todos los años ca-
minan a la fiesta de Pascua a Jerusalén, aunque este viaje era obli-
gatorio sólo para los que viven a menos de un día de camino. Desde
Nazaret se necesitan al menos tres días para llegar a Jerusalén. Lu-
cas pone de relieve cuánto importa la fe a María y a José. Como pa-
dres se preocupan por su hijo aparentemente perdido. Si ellos no
entienden la respuesta de Jesús, indica menos las diferencias usua-
les entre adolescentes y sus padres, que el camino diferente de Jesús,
que no corresponde a las expectativas armónicas de los hombres.
Aquí nota su madre que Jesús no es un hijo inofensivo y fácil de tra-
tar; luego la gente se escandalizará por la comunión de Jesús con los
pecadores.
Los pastores creen en el anuncio del ángel, y se ponen en cami-
no (2,15). La prisa (2,16) es para Lucas una señal del tiempo esca-
tológico: la presencia de Dios no admite prórroga. Los pastores na-
rran que se enteraron del hijo –que es el Salvador y Mesías–, y
alaban a Dios por lo que habían oído y visto, pues todo se realizó
como se les había dicho (1,20). Luego vuelven a su rebaño.
El anciano Simeón es justo y piadoso y espera el consuelo de Is-
rael para todo el pueblo. El Espíritu Santo está en él, y le ha reve-
lado que verá al Mesías. El Espíritu Santo le mueve, así que se diri-
ge al templo, donde ve a Jesús y le reconoce como Mesías. Simeón
agradece y alaba a Dios con una canción, y anuncia explícitamente
que la voluntad salvífica de Dios incluye a Israel y a los gentiles.
Añade una profecía sobre Jesús, que menciona por primera vez con-
flictos y réplicas, y alude también al dolor de María: así insinúa ya
la pasión de Jesús. Su cántico también expresa su sólida esperanza:
conflictos y problemas no impiden el plan salvífico de Dios, judíos
y gentiles verán la salvación que Dios les ha preparado.
La profetisa Ana se encuentra en la larga tradición de otras pro-
fetisas, al lado de Miriam, la hermana de Moisés (Ex 15,20); de la
profetisa y jueza sabia Débora (Jue 4,4), de Julda (2 Re 22,14), y al
lado de la profetisa sin nombre, madre del hijo de Isaías (Is 8,3).
Mientras que Simeón está guiado por el Espíritu Santo, Ana ya está
en el templo. Es un hecho evidente que, como profetisa, Ana está lle-
na de Espíritu Santo; Lucas no debe mencionarlo.
Lucas cuenta más detalles de la vida de Ana que de la de Si-
meón: ella se casó en su juventud, vivió siete años con su marido, y
ahora es una viuda de ochenta y cuatro años. Se queda siempre en
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 90

90 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

el templo y sirve a Dios noche y día con oraciones y ayunos, lo que


caracteriza su vida de fe abnegada y espiritual. A tono con la fe ju-
día y las primeras comunidades cristianas, las tres acciones de ayu-
nar, orar y dar limosnas (sinónimo de practicar justicia) describen
la vida de fe ideal. Lucas presenta a la profetisa Ana como persona
ideal. Su vida de fe debe servir a sus lectores como modelo ejemplar.
Mientras que Simeón habla sólo a los padres de Jesús, la profeti-
sa Ana se dirige a todos. Ella habla a la multitud de gente en el tem-
plo –la que espera la redención– sobre el niño Jesús y la salvación
(Lc 2,38). De lo dicho sobre la profetisa Ana, los lectores pueden
concluir: ¡Jesús es el salvador esperado!

PARA COMPARTIR

¿Con qué personas actuantes puedes o quieres identificarte, para


que te ayuden a desarrollar y profundizar tu vida de fe?
¿Qué es lo que guardas y meditas en tu corazón? (Lc 2,18.51)
¿Cómo tratamos a los ancianos?, ¿y a los adolescentes?
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 91

PRÓLOGO Y «EVANGELIO DE LA INFANCIA»: LC 1,1-2,52 91

ITUREA
Sidón

LÍBANO
Mar Mediterráneo Cesarea de Filipo
Tiro

GAULANÍTIDE
FENICIA

GALILEA Corozaín
Cafarnaúm Betsaida
Caná Betsaida-Julias
Tiberíades Mar de Galilea
Nazaret
Naín Gádara
Salim
Enón DECÁPOLIS
SAMARÍA
Sicar
Río Jordán


Mt. Garizim

Arimatea
Efraín PEREA

JUDEA
Emaús Jerusalén Betania

Mt. de los Olivos

Mar
Muerto

IDUMEA

0 20 km

Palestina en el siglo I
08.245 - 09. Cap. 3 (Parte I) 29/10/08 12:10 Página 92
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 93

CAPÍTULO IV
LA PREPARACIÓN DEL CAMINO
DEL SEÑOR. JUAN Y JESÚS: LC 3,1-4,13

Lucas sigue narrando en paralelo las vidas y actuaciones de Juan


y de Jesús. El ministerio de Juan (Lc 3,1-22) apunta ya a la misión
de Jesús. La genealogía de Jesús (3,23-38) funda la Mesianidad de
éste por descender de la casa de David. Y las tentaciones en el de-
sierto (4,1-13) manifiestan a Jesús como verdadero Hijo de Dios.

I. EL MINISTERIO DE JUAN EL BAUTISTA: LC 3,1-22

31 En el año quince del imperio de Tiberio César,


siendo Poncio Pilato procurador de Judea;
Herodes tetrarca de Galilea;
Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítide,
y Lisanias tetrarca de Abilene;
12 en el pontificado de Anás y Caifás,
fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
13 Y se fue por toda la región del Jordán
proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,
14 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
Voz del que clama en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
enderecen sus sendas;
15 todo barranco será rellenado,
todo monte y colina será rebajado;
lo tortuoso se hará recto
y las asperezas serán caminos llanos.
16 Y todos verán la salvación de Dios. (Is 40,3-5)
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 94

94 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

17 Decía, pues, a la gente que acudía para que los bautizara:


«Raza de víboras,
¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente?
18 Den, pues, frutos dignos de conversión
y no anden diciendo en su interior:
«Tenemos por padre a Abrahán»;
porque les digo
que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abrahán.
19 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles;
y todo árbol que no dé buen fruto será cortado
y arrojado al fuego».
10 La gente le preguntaba:
«Pues ¿qué debemos hacer?»
11 Y él les respondía:
«El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene;
el que tenga para comer, que haga lo mismo».
12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron:
«Maestro, ¿qué debemos hacer?»
13 Él les dijo: «No exijan más de lo que les está fijado».
14 Le preguntaron también unos soldados:
«Y nosotros, ¿qué debemos hacer?»
Él les dijo: «No extorsionen a nadie,
no hagan denuncias falsas
y conténtense con su salario».
15 Como el pueblo estaba expectante
y andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan,
si no sería él el Mesías,
16 declaró Juan a todos:
«Yo los bautizo con agua;
pero está a punto de llegar el que es más fuerte que yo,
a quien ni siquiera soy digno
de desatarle la correa de sus sandalias.
Él los bautizará en el Espíritu Santo y fuego.
17 En su mano tiene el rastrillo para limpiar su cosecha:
recogerá el trigo en su granero,
pero quemará la paja con fuego que no se apaga».
18 Y con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena
Nueva.
19 Pero Herodes, el tetrarca,
reprendido por él por el asunto de Herodías, la mujer de su hermano,
y por todas las malas acciones que había hecho,
20 añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en la cárcel.
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 95

LA PREPARACIÓN DEL CAMINO DEL SEÑOR. JUAN Y JESÚS: LC 3,1-4,13 95

21 Y se dio el caso de que, mientras se bautizaba todo el pueblo,


y bautizado Jesús, cuando estaba en oración,
se abrió el cielo,
22 bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma;
y vino una voz del cielo 1:
«Tú eres mi hijo;
yo hoy te he engendrado». (Sal 2,7)

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las personas mencionadas.


2. Marca las palabras y frases que se reiteran.
3. Resume en pocas palabras lo que predica Juan.
4. ¿Qué diferencias se notan entre las narraciones paralelas de Mt
3,1-17 y Mc 1,2-11?

a) Enlaces narrativos

a. Relación con la situación política

Una frase muy detallada que fija aproximadamente una fecha,


introduce el nuevo párrafo. Hasta este momento –es decir, en la na-
rración del nacimiento y de la infancia de Juan y Jesús– Lucas se
basó en tradiciones y construyó el «evangelio de la infancia». A
partir de ahora, el autor sigue el orden de los acontecimientos como
los narran evangelios como el de Marcos y Mateo.
La fecha tan detallada, que anota con «el año quince» un nue-
vo momento, tiene varias funciones. Da a entender que pasó mucho
tiempo desde las circuncisiones de Juan y de Jesús, y, luego, desde la
visita de Jesús al templo, pues Jesús tendría ahora unos treinta años
(3,23). En este intervalo cambiaron los soberanos: el rey judío He-
rodes fue sustituido por el procurador romano Poncio Pilato, y el ro-
mano Tiberio imperaba sobre muchas naciones. La fecha indica
también que pasaron muchos años durante los que no se notó tan
claramente la actuación de Dios.
1
El texto «alejandrino» (y muchas traducciones de la Biblia) documentan aquí una cita
compuesta de los textos antiguos: Tú eres mi hijo amado; en ti me complací» (Gn 22,2; Sal 2,7;
Is 42,1), pero la Biblia de Jerusalén sigue el texto «occidental».
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 96

96 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

La cronología señala también que, a pesar del tiempo transcurri-


do, Dios no olvidó su promesa. Además, la fecha relaciona lo que su-
cede ahora con los acontecimientos políticos internacionales: Dios prosi-
gue su actuación salvífica, pues dirige su palabra a Juan (3,2), y éste
empieza a predicar un bautismo de arrepentimiento para perdón de
los pecados (3,3). Lucas, con una cita de Isaías, une la nueva ac-
tuación de Dios, que confirma la realización de la promesa. Así los
lectores entienden que, pese a tanto tiempo, Dios no ha olvidado su
plan salvífico, sino que lo va realizando «a su tiempo», pues Dios no
depende de nuestros conceptos de tiempo.
A la predicación de Juan el Bautista siguen tres preguntas formu-
ladas igualmente de sus oyentes: ¿Qué debemos hacer? Juan se ocupa
individualmente de las preguntas, y responde a cada una con una ins-
trucción concreta. Después de un breve sumario (3,18), Lucas alude
al destino de Juan: su crítica y reprimenda al gobierno le llevó a la
cárcel. Los lectores, después de haberse enterado de estos paralelismos
entre Juan y Jesús, pueden concluir del destino de Juan el de Jesús.

b. Dios confirma a Jesús como su hijo


Cuando Lucas anota «y se dio el caso de que» (3,21), apunta a
un acontecimiento importante: el bautismo de Jesús. El Espíritu
Santo baja en forma de paloma sobre Jesús. La forma corporal del
Espíritu Santo tiene la función de posibilitar que todo el pueblo vea
a Jesús dotado con el Espíritu Santo. La misma función tiene la voz
del cielo. Lucas se la habrá imaginado como voz alta que oyen to-
dos los hombres, igual que en el evangelio de Mateo, donde dice la
voz: «Éste es mi hijo amado» (Mt 3,17). La segunda cita (Sal 2,7)
ratifica el suceso: Dios confirma a Jesús como su hijo amado, y así
se revela indirectamente como su padre. Dios confirmará esto en la
transfiguración de Jesús (9,35).

b) Enlaces pragmáticos

a. Perdón de los pecados

Ante la ira inminente (3,7) y la llegada del Mesías (3,16-17),


Juan predica el bautismo de conversión (3,3). La llegada pronta del
Mesías corresponde a la esperanza del pueblo (3,15), por eso la pre-
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 97

LA PREPARACIÓN DEL CAMINO DEL SEÑOR. JUAN Y JESÚS: LC 3,1-4,13 97

dicación de Juan no es sólo anuncio del juicio final, sino ya Buena


Nueva: «él los bautizará en Espíritu Santo y fuego... recogerá el tri-
go en su granero» (Lc 3,16-17), «y, con otras muchas exhortacio-
nes, anunciaba al pueblo la Buena Nueva» (Lc 3,18). Juan anuncia
el bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados; es decir: para
la condonación de los pecados basta el arrepentimiento. Lo mismo
enseñará Jesús (15,1-32): el amor misericordioso de Dios, que como
padre recibe con alegría a su hijo convertido, o que como pastor o
mujer busca su oveja o su dracma perdida, hasta que halle lo perdi-
do, recibe igualmente a los pecadores que se arrepienten.
A diferencia de Mt 3,1-17 y Mc 1,2-11, Lucas no se interesa por
el aspecto de Juan el Bautista. A Lucas le importa la predicación de
Juan, la misma que nos comunican más detalladamente los demás
sinópticos. Además narra los diálogos entre Juan y sus oyentes, que
quieren bautizarse. Mientras que, en el evangelio de Marcos, Juan
predica solamente a los habitantes de Jerusalén, el evangelio de Ma-
teo añade a los habitantes de toda Judea, de la región del Jordán, fa-
riseos y saduceos. En el evangelio de Lucas, en cambio, viene todo
el pueblo (Lc 3,21) a bautizarse, incluso publicanos y soldados.

b. Nuevo comienzo

Los publicanos vendrán también a Jesús, y Jesús hará comunidad


con ellos. El hecho de que los publicanos se arrepienten y piden ins-
trucciones concretas para su vida, demuestra su seria disposición, y
sobre todo señala un nuevo comienzo en el pueblo de Israel. Los sol-
dados que se arrepienten y preguntan por directrices concretas no se-
rán sólo soldados judíos de Herodes Antipas, sino soldados romanos,
en primer lugar, a los que Lucas caracteriza de manera muy positiva,
como demuestra el ejemplo del centurión de Cafarnaúm (7,1-10) y
del centurión Cornelio (Hch 10,1-48). Los soldados romanos indi-
can la disposición de los paganos: ellos también quieren vivir una
vida conforme a la voluntad de Dios. Desde el principio de Lc, los
paganos están incluidos en el plan salvífico de Dios, como aclara la
cita de Isaías: «y todos verán la salvación de Dios» (Lc 3,6).
Las preguntas de los hombres, publicanos y soldados, «¿Qué de-
bemos hacer?», señalan que nuestra vida de fe depende tanto de
nuestra decisión personal como de nuestras acciones. Las respuestas
de Juan sugieren e inspiran la construcción de una nueva realidad: ya
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 98

98 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

no pensar en el propio provecho, sino ajustar la perspectiva sobre el


prójimo y la justicia compensada. Las respuestas de Juan no son no-
vedades; corresponden más bien a los mandamientos de Dios, tener
presente a los pobres, marginados y discriminados, y no aprove-
charse de ellos (Lv 19,9-18.33-34; 25,35-38; Ex 22,20-26; 23,4-9;
Dt 14,28-29; 15,7-11; 24,19-22).
Juan el Bautista no predica el ideal de pobreza, pues ya Deutero-
nomio 15,4 anota que «no habrá ningún pobre entre los tuyos, por-
que Yahvé te bendecirá abundantemente»; es decir, Juan enseña
más bien la justicia y la caridad. Eso significa: (re)partir, sin empo-
brecer, y no querer tener más que lo necesario. La primera comuni-
dad en Jerusalén vive este ideal (Hch 2,45; 4,32-35). Los lectores
encuentran en la enseñanza de Juan estos mandamientos de Dios
como modelos de conducta y pautas de acción para la vida de fe.
Quien cumple estos mandamientos tiene parte en la continuación de
la alianza de Dios con su pueblo.

PARA PROFUNDIZAR Y COMPARTIR

Lee Lv 19,9-18.33-34; 25,35-38; Ex 22,20-26; 23,4-9; Dt 14,28-29;


15,7-11; 24,19-22.
Si tú preguntaras a Juan «¿Qué debo hacer?», ¿qué te habría res-
pondido?

II. LA GENEALOGÍA DE JESÚS: LC 3,23-38

Estas genealogías tienen la función de unir a Jesús con los Padres


(y en Mt 1,1-17 también ¡con las madres!) de Israel y de subrayar
que él es de la casa de David: así fundan los evangelistas la Mesia-
nidad de Jesús.

III. LAS TENTACIONES DE JESÚS: LC 4,1-13

Hay narraciones paralelas en Mc 1,12-13 y en Mt 4,1-11. Mien-


tras que Marcos informa brevemente sobre el hecho de que Jesús era
tentado por el diablo, narran Mateo y Lucas más detalladamente las
tentaciones. Las tres tentaciones son las mismas en Mateo y Lucas,
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 99

LA PREPARACIÓN DEL CAMINO DEL SEÑOR. JUAN Y JESÚS: LC 3,1-4,13 99

sólo que son cambiadas la segunda y la tercera. El diablo pone en duda


que Jesús es el Hijo de Dios, sembrando la desconfianza en Dios, su
Padre. Esas tentaciones nos demuestran que el diablo conoce ya la
identidad de Jesús, por eso quiere destrozar su relación con Dios.
Pero Jesús le descubre su juego y no sucumbe a la tentación. Al con-
trario, Jesús responde con más confianza en Dios, y refuta al diablo
citando la Sagrada Escritura. Jesús se muestra como verdadero Hijo
de Dios, pues refuerza su confianza en su Padre. Los lectores en-
tienden que no hay pruebas espectaculares de que Jesús es el Hijo
de Dios o el Mesías, sino que la única prueba es su confianza en
Dios, su Padre.
08.245 - 10. Cap. 4 29/10/08 10:06 Página 100
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 101

CAPÍTULO V
LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA
Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49

Después de su bautismo, cuando el Espíritu Santo bajó sobre Je-


sús en forma corporal, y después de que el Espíritu Santo expuso a
Jesús a las tentaciones del diablo en el desierto, Jesús se presenta
–otra vez guiado por el Espíritu Santo– públicamente en las sinago-
gas de Galilea. Lucas inicia con una panorámica la actuación de Je-
sús. El discurso inaugural de Jesús compendia programáticamente su
enseñanza y sus hechos (4,14-30). En los capítulos siguientes, Lucas
presenta los grupos de personas más importantes: unos que experi-
mentan los hechos de Jesús, y otros que se le oponen (4,31-6,19). El
sermón de la llanura explicará con ejemplos concretos cómo debe-
mos vivir y actuar según nuestra fe (6,20-49).

I. INTRODUCCIÓN PANORÁMICA A LA MISIÓN


DE JESÚS: LC 4,14-6,19

1. LA PREDICACIÓN INAUGURAL DE JESÚS: LC 4,14-30


14 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu
y su fama se extendió por toda la región.
15 Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
16 Vino a Nazaret, donde se había criado,
entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado,
y se levantó para hacer la lectura.
17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías,
desenrolló el volumen
y encontró el pasaje donde estaba escrito:
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 102

102 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

18 El Espíritu del Señor sobre mí,


porque me ha ungido
para anunciar a los pobres la Buena Nueva,
me ha enviado
a proclamar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos
para dar la libertad a los oprimidos
19 y proclamar un año de gracia del Señor. (Is 61,1-2; 58,6)
20 Enrolló el volumen,
lo devolvió al ministro
y se sentó.
En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.
21 Comenzó, pues, a decirles:
«Esta Escritura que acaban de oír se ha cumplido hoy.»
22 Y todos daban testimonio de él
y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de
su boca.
Y decían: «¿Acaso no es éste el hijo de José?»
23 Él les dijo: «Seguramente me van a decir el refrán:
Médico, cúrate a ti mismo.
Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm,
hazlo también aquí en tu patria.»
24 Y añadió: «En verdad les digo
que ningún profeta es bien recibido en su patria.
25 Les digo de verdad:
Muchas viudas había en Israel en los días de Elías,
cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses
y hubo gran hambre en todo el país;
26 y a ninguna de ellas fue enviado Elías,
sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. (1 Re 17,8-16)
27 Y muchos leprosos había en Israel
en tiempos del profeta Eliseo,
y ninguno de ellos fue purificado
sino Naamán, el sirio.» (2 Re 5,1-19)
28 Al oír estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira
29 y, levantándose, lo arrojaron fuera de la ciudad
y lo llevaron a una altura escarpada del monte
sobre el cual estaba edificada su ciudad
para despeñarle.
30 Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 103

LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 103

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca lo que Jesús hace (los verbos). ¿Se nota una estructura es-
pecial?
2. Marca la reacción de la gente (los verbos). ¿Qué es lo que de-
sencadena su reacción violenta?
3. Lee Is 61,1-2; 58,6-7.9b-10 y compara estos versos con la cita en
nuestro texto.
4. Lee las narraciones de la viuda de Sarepta (1 Re 17,8-16) y del
sirio Naamán (2 Re 5,1-19).

a) Enlaces narrativos

Los versos de Lc 4,14-15 presentan una breve panorámica de la


actuación en público de Jesús: enseña en las sinagogas, y la gente lo
alaba. Inmediatamente después Lucas cuenta sobre la enseñanza de
Jesús en la sinagoga de Nazaret, pero la gente lo rechaza (4,16-30).
Notamos que en este párrafo se reiteran algunas palabras, por ejem-
plo: sinagoga y libro. Además encontramos en la acción de Jesús unos
verbos opuestos: levantarse – sentarse; desenrollar – enrollar. Mi-
rándolo de cerca nos damos cuenta de una estructura concéntrica
con la cita del profeta Isaías en el centro:
v. 16a: Jesús entró en la sinagoga
v. 16b: Jesús se levantó
v. 17a: le entregaron el libro del profeta Isaías
v. 17b: Jesús desenrolló el libro
vv. 18-19: cita de Isaías: proclamación
del año de gracia del Señor
v. 20a: Jesús enrolló el libro
v. 20b: Jesús devolvió el libro
v. 20c: Jesús se sentó
v. 20d: en la sinagoga, todos los ojos estaban fijos en él.
Esta disposición del texto nos indica la importancia especial de
la cita de Isaías. En las narraciones siguientes del evangelio vamos
a ver que se realizará todo lo que aquí anunció Jesús: Él anunciará a
los pobres el Evangelio (6,20; 7,22); dará vista a los ciegos (7,21.22;
18,35-43); liberará a muchas personas de los malos espíritus (7,21;
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 104

104 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

8,2; 8,26-39; 9,37-43) y muchas veces leemos de las remisiones de


pecados realizadas por Jesús (5,20-24; 7,47-48; 24,47). Es decir: la
Escritura se cumple en y por Jesús, la voluntad salvífica de Dios se
realiza en y por Jesús.
La perícopa guarda una estructura concéntrica con la pregunta
por Jesús en el centro:
v. 16a: Jesús viene a Nazaret.
v. 16b: Jesús entra en la sinagoga.
v. 16c: Jesús se levanta para leer.
vv. 17-19: Jesús lee la palabra del profeta:
la voluntad salvífica de Dios para todos los hombres
v. 20: la expectación de los oyentes.
vv. 21-22: hoy se ha cumplido la Escritura
en y por Jesús: ¿Quién es Jesús?
v. 23: la expectación de los oyentes.
vv. 24-27: Jesús (como profeta) interpreta la Escritura:
la voluntad salvífica de Dios para todos los hombres
vv. 28-29a: los oyentes se levantan para protestar.
v. 29b: la gente de la sinagoga arroja a Jesús fuera de la ciudad.
v. 30: Jesús se marcha de Nazaret.
El centro de la perícopa, el cumplimiento de la Escritura por Je-
sús (vv. 21-22), nos plantea: ¿Quién es Jesús? Además, el lector
debe contar con que la enseñanza de Jesús provoca conflictos peli-
grosos y contradicción. Así, Lucas alude a la pasión de Jesús y nos
indica que debemos tomar posición: en pro o en contra de Jesús. Ya
al inicio, la identidad de Jesús nos confronta. Lc y Hch nos darán
algunas respuestas, pues demuestran las consecuencias de las posi-
ciones en pro y en contra de Jesús, e invitan a que cada uno adop-
te su decisión o postura personal.

b) Enlaces pragmáticos

a. Palabras clave

En la obra lucana, la palabra hoy tiene la función de señalar a la


acción divina y al tiempo de la salvación, por ejemplo en el naci-
miento de Jesús (2,11), en la reacción de la gente, cuando Jesús
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 105

LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 105

curó al paralítico y le perdonó sus pecados (5,26), o cuando Zaqueo


experimentó la salvación (19,5.9). En el AT, la palabra hoy es un
medio didáctico para mantener presente la acción salvífica y traer a
la memoria la entrega de la Torá, de modo que continuamente ac-
tualiza la alianza. En el mismo sentido, el año de jubileo se realiza
«hoy» por la proclamación de Jesús. Bien que la terminación de la
salvación esté pendiente, la salvación comienza aquí, «hoy», en el
presente, en la realidad palpable, audible y visible mediante las ac-
ciones de Jesús: en las curaciones y en la comunidad con los margi-
nados, publicanos y pecadores. Por esto, el anuncio de Jesús de que
«hoy» se ha cumplido la Escritura es ¡un encargo!
«El año de gracia del Señor» es una frase clave que se relaciona con
«Buena Nueva», «liberación» y «libertad» (4,18). La palabra griega
que está traducida por «liberación» y «libertad» tiene un significado
más amplio: significa también «perdón». Por eso es mejor traducirla
en este contexto por «remisión», que incluye tanto el sentido inter-
personal y político como el sentido religioso y la relación con Dios.
El «año de gracia» o «año jubilar» que se repite cada 7 o 49-50
años significa, según Lv 25,8-55, la libertad para todos, la exención
general de deudas y cargas, el restablecimiento de la inicial posesión
de las tierras y de los derechos generales de personalidad. El año de
jubileo apunta a una restitución y restablece la justicia, evitando la
espiral de empobrecimiento, esclavización y expulsión del medio fa-
miliar. El año jubilar, igual que el año sabático, exige a los ricos la
renuncia a sus pretensiones y deudas a favor de los pobres y pide a
los ricos que liberen a los pobres e indigentes y no les dejen con las
manos vacías.
El año de jubileo no es sólo «cosa de los hombres», porque tiene
que ver con los hombres y sus relaciones interpersonales y políticas,
sino que implica a los hombres también en su relación con Dios: ¡el
año de jubileo tiene un significado completo! Dios mismo se com-
promete a perdonar los pecados, y todos los hombres están llamados
a colaborar y participar, para que comience a realizarse la salvación
conforme a la voluntad de Dios para todos.

b. La voluntad salvífica de Dios

Un punto medular de la teología lucana es que la voluntad salví-


fica de Dios se realice ya en el tiempo presente en vez de esperarla para
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 106

106 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

el mundo futuro. Por eso Lucas nos pone muchos ejemplos de cómo
colaborar en el comienzo de la salvación: condonar deudas (7,41-
43; 11,4); dar cuando se nos pide y no reclamar si algo nuestro ha
sido tomado (6,30); prestar, aunque no se garantice la devolución
(6,34); refundir y cambiar creativamente las cuentas (16,6-8); dar
limosnas (12,33; Hch 9,36; 10,2.4); compartir lo que tenemos en
abundancia con los pobres (Lc 19,8); vender casas y tierras (lo que
tengamos en abundancia) para repartir el importe de las ventas a los
pobres (Hch 4,43-36). Al condonar deudas, perdonar y repartir lo
obtenido ¡empieza ya el año de jubileo!
El año jubilar está relacionado con la salvación escatológica: con
la esperanza y expectación del Reino de Yahvé, para apagar el mal
y los crímenes, y restablecer la justicia y los derechos de la persona
entre todos los hombres (Is 65,21-25). Lc retoma estas expectativas
en la proclamación del año de jubileo por Jesús y en su anuncio del
Reino de Dios, sobre todo en las bienaventuranzas (Lc 6,20-26). La
base de la salvación esperada, o sea, el Reino de Dios, es el bienes-
tar para todos los hombres, como intenta restablecer el año jubilar,
que se funda en la voluntad salvífica de Dios: «No deberá haber
ningún pobre entre los tuyos» (Dt 15,4).
Pero la realidad es diferente: «Pues no faltarán pobres en esta
tierra» (Dt 15,11). Este hecho negativo no debe ser razón para re-
signarse ni aplazar la esperanza salvífica escatológica hasta el futu-
ro, sino que más bien comporta un reto. La actual situación de po-
breza nos motiva a interceder en favor de la justicia y del bienestar
para todos, para vivir según la voluntad de Dios. Entonces nos da-
mos cuenta de que sí se puede romper la espiral de la pobreza. Pero
romper ese círculo no es asunto de una vez por todas, ni producto
de una acción singular, sino que se consigue con pasos pequeños:
cada encuentro con los pobres y cada situación de injusticia es un
punto de partida para cambiar las circunstancias actuales según la
voluntad de Dios. Jesús mismo la realizaba en su vida, perdonando
los pecados (también Lc 23,43), dedicándose a los pobres y menes-
terosos, viviendo con los marginados y despreciados, e intercedien-
do por ellos.
Otro punto interesante son las narraciones de Elías y Eliseo, de
la viuda de Sarepta y del sirio Naamán. Estos ejemplos de no israe-
litas plantean que también los gentiles participan en la salvación de
Dios, así que anticipan el anuncio del Evangelio a los extranjeros.
Los datos de que Elías fuera enviado a una viuda extranjera y de que
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 107

LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 107

un extranjero fuera curado por Eliseo no significan una devaluación


de Israel. De estas narraciones no se puede sacar la conclusión de
que Israel sea «rechazado» o de que la salvación corresponda sólo a
los gentiles, ¡al contrario! Más bien leemos que ambos extranjeros
aceptan la ayuda de los profetas israelitas, y se dejan prometer la sal-
vación por los profetas israelitas. Es decir, estas narraciones nos ex-
plican que también los gentiles buscan al Dios de Israel y que los
gentiles hacen todo para cumplir la voluntad de Dios, y por eso ex-
perimentan su voluntad salvífica.
La viuda de Sarepta reparte su último pedazo de pan con el ex-
tranjero Elías, y así cumple la voluntad de Dios. El rico leproso Naa-
mán tiene que superar sus prejuicios para creer y confiar completa-
mente en el Dios de Israel, y cuando cree, experimenta la voluntad
salvífica de Dios. También el AT nos habla de la voluntad salvífica
de Dios para todos los hombres: para los judíos igual que para los
gentiles, para los pobres igual que para los ricos, para las mujeres
igual que para los hombres. Así que Jesús y los discípulos de Jesús si-
guen en esta línea del AT anunciando la Buena Nueva a los genti-
les, a mujeres y hombres, a pobres y ricos.

c. Personajes de identificación

Sorprende cómo reacciona la gente: al principio todos están ad-


mirados de las palabras de Jesús, y dan testimonio de él (4,22), poco
después preguntan por la identidad de Jesús. Pero al oír los ejemplos
de la viuda de Sarepta y del sirio rico y leproso Naamán, se llenan
de ira (4,28) y quieren matar a Jesús (4,29).
Quizá a los oyentes no les gustó la opción de Dios a favor de los
gentiles, o de los pobres como la viuda, o de los ricos como el le-
proso. O puede ser que los oyentes reflejen a las personas acomoda-
das: les gusta escuchar palabras bonitas y edificantes, pero no acep-
tan que el mensaje se realice en su mundo y lo cambie. Ellos, que
están bien, no sufren, no tienen ningún interés personal en cambiar
su situación, porque este cambio podría conllevar inconvenientes y
no les representa ninguna ventaja para ellos. O puede ser que a los
oyentes no les gustara el hecho de que la viuda, igual que el lepro-
so, tuvieran que superarse a sí mismos: la viuda tuvo que compartir
su último pedazo de pan con Elías, y el leproso tuvo que lavarse en
el Jordán, lo que para él, como general del ejército de otro país, po-
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 108

108 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

dría significar ofensa y humillación. Sus ejemplos demuestran que


la propia resistencia interior debe ser superada para experimentar la
salvación.
Finalmente, la gente deja ir a Jesús. No pueden impedir el men-
saje de salvación: Jesús ya lo anunció, y la voluntad salvífica esca-
tológica de Dios está fijada desde el principio.

PARA PROFUNDIZAR

Lee los textos sobre el año de jubileo y el año sabático que fijan el
restablecimiento permanente de la justicia global: en el código deute-
ronómico (Dt 14-15 y 23-24), en el código de la alianza (Ex 23) y en
la ley de santidad (Lv 19 y 25); y sobre el año sabático (Dt 15).

PARA COMPARTIR

A ninguna persona se le pide que ella sola mejore y cambie el mun-


do. Elías ayudó sólo a una viuda y Eliseo curó únicamente a un lepro-
so, pero ambos consiguieron que una persona experimentara la salva-
ción de Dios. ¿Qué pequeños pasos podría dar yo para que alguien
experimente la voluntad salvífica de Dios?
Los oyentes en la sinagoga están entusiasmados por las palabras de
Jesús. Creen conocer muy bien a Jesús, y lo rechazan cuando dice algo
que no les gusta. ¿Quién es Jesús para mí?

2. LAS PRIMERAS CURACIONES Y VOCACIONES: LC 4,31-5,16


EL EJEMPLO DE LA SUEGRA DE SIMÓN: LC 4,38-39

Después de su predicación inaugural y el incidente en Nazaret,


Jesús se va a Cafarnaúm, donde enseña los sábados en la sinagoga.
Los lectores se enteran de que su enseñanza –aunque desconocen
los contenidos– es aprobada por las gentes, pues se asombran y
aceptan su autoridad (4,32). En Nazaret, Jesús se refirió a sus hechos
en Cafarnaúm (4,23), pero Lucas nunca había hablado de ellos, por
eso lo hace: Jesús no sólo enseña con autoridad, sino que tiene po-
der sobre espíritus inmundos, expulsa demonios y cura enfermos.
Nos enteramos de la curación de un hombre endemoniado (4,33-
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 109

LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 109

37) y leemos de la curación de una mujer, de la suegra de Simón


(4,38-39). Luego, en un resumen, nos enteramos de muchas cura-
ciones más (4,40-41).
El hecho de que las curaciones del hombre endemoniado y de la
suegra de Simón sucedan en sábado, en la sinagoga y en una casa,
no sorprende a nadie aquí. A Lucas le importa más poner de relie-
ve la autoridad y el poder de Jesús (4,31.36) y su popularidad entre
la gente (4,37.42). Un sumario compendia la misión de Jesús,
«“también a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del
Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.” E iba predicando por
las sinagogas de Judea» (Lc 4,43-44).
Inmediatamente después leemos la pesca milagrosa (5,1-11). Los
primeros discípulos se deciden a seguir a Jesús. No se trata de una
«vocación de los discípulos» como en los textos paralelos de Mt 4,18-
22 y Mc 1,16-20, porque no hay una llamada explícita, como «ven-
gan conmigo» o «síganme», como se encuentra, en cambio, en la vo-
cación de Leví (Lc 5,27-32). Tampoco hay palabras como «les llamó
que nos descubran la intención de Jesús». En esta perícopa hay sólo
una palabra a Simón Pedro que dice que él será pescador de hombres.
Simón Pedro (falta también Andrés), Juan y Santiago deciden ellos
mismos seguir a Jesús; Jesús no les llamó. Más tarde leeremos que las
mujeres decidieron ellas mismas seguir a Jesús (8,1-3), y allí también
son mencionados tres nombres de las mujeres. Así tenemos dos gru-
pos de tres personas mencionadas por sus nombres, los mismos que re-
presentan a todos los discípulos de Jesús, hombres y mujeres.
En el párrafo siguiente nos enteramos de que Jesús cura a un le-
proso y le manda cumplir las prescripciones de Moisés (Lc 5,12-14).
Jesús señalará varias veces más el cumplimiento de los mandamientos
(10,26-28; 18,18-22). La sección termina con otro sumario (5,15-16)
que menciona otra vez las curaciones de Jesús y su enseñanza, pues la
gente busca a Jesús para oírle y para ser curada. Pero Jesús se retira para
orar. Así Lucas da a entender que el criterio del mesianismo de Jesús
no son las curaciones, sino su relación con Dios, el Padre.
Resulta esta estructura:
Lc 4,31-37: Jesús enseña en Cafarnaúm y cura en la sinagoga por medio
de su palabra a un hombre endemoniado.
Lc 4,38-39: Jesús cura a la suegra de Simón en su casa.
Lc 4,40-41: Jesús cura a muchas personas de diversas dolencias y de de-
monios.
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 110

110 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Lc 4,42-44: Sumario: la misión de Jesús. Jesús sigue anunciando la Buena


Nueva.
Lc 5,1-11: La pesca milagrosa: los primeros discípulos deciden ellos mis-
mos seguir a Jesús.
Lc 5,12-14: Jesús cura a un leproso.
Lc 5,15-16: Sumario: la misión de Jesús. Su relación con Dios, el Padre.
Miramos de cerca, y de modo ejemplar, la curación de la suegra
de Simón (4,38-39):
38 Al salir de la sinagoga,
entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con mucha fiebre
y le rogaron por ella.
39 Inclinándose sobre ella,
ordenó a la fiebre;
y la fiebre la dejó;
ella, levantándose al punto, les diaconaba.

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Lee también los textos paralelos de Mt 8,14-15 y Mc 1,29-31,


para compararlos con nuestro texto.
2. ¿Cuáles son las personas que aparecen? ¿Qué hacen y qué dicen?
¿Qué hace Jesús?

a) Enlaces narrativos

a. Familiaridad

Lucas da por hecho que sus lectores conocen a Simón, pues no


se los presenta, ni explica quién es. Mateo y Marcos lo identifican
con Simón Pedro, pero estos dos sinópticos cuentan primero la vo-
cación de los discípulos, que Lucas narra más tarde (5,1-11). Lo
mismo tenemos cuando narra la «vocación» de los discípulos; Lucas
da por hecho que los lectores conocen a Simón, pues narra que Je-
sús sube al barco de Simón (5,3), y ya en esta narración le llama
«Simón Pedro» (5,8), sin explicar el significado de su nombre; aña-
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 111

LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 111

de esta información sólo en 6,14. Por eso es de suponer que Lucas


parte de la base de que Teófilo y los catecúmenos sabían ya quiénes
eran los primeros discípulos de Jesús, así que presentarlos resulta su-
perfluo. El conocimiento presupuesto de Simón causa a los lectores
una cierta familiaridad –pues conocían ya a Simón– y se sienten
como participantes en el grupo de los discípulos.
Lucas no menciona el nombre de la suegra, sólo nos dice que es
de la familia de Simón, y que tiene mucha fiebre. La palabra griega
expresa que la fiebre la asediaba, y que la mujer sufre por ella. La fie-
bre como enfermedad parece demonio. Lucas personifica la fiebre
diciendo: la suegra estaba asediaba por la fiebre (4,38), y la fiebre la
dejó (4,39). Lucas da a entender que la fiebre es una enfermedad
fuerte y seria, no una jaqueca psicosomática.
La suegra misma no pide a Jesús ayuda, sino que otros –¿la fami-
lia?, ¿Simón?, ¿los discípulos?– interceden por ella. Lucas menciona
con frecuencia que otras personas piden por alguien; por ejemplo,
los ancianos y amigos que ruegan por el asunto del centurión que
pedía por su siervo (7,3.6), Jairo, que pide por su hija (8,41), el pa-
dre que suplica por su hijo (9,38), y los discípulos que piden por Ta-
bita (Hch 9,38). El hecho de que uno pida por otra persona señala
que le importa mucho, es decir, que la quiere (Lc 7,2). Los que rue-
gan a Jesús por la suegra manifiesten su aprecio, estima y cariño por
esta mujer.

b. Palabra clave

Jesús cura a la mujer por su palabra. El suceso de su palabra se ve


en la acción de la suegra, que se levanta al punto, y –traducido li-
teralmente– les diaconaba. La palabra griega se refiere a servir a
otros. El imperfecto expresa la duración de este servicio, es decir: no
fue una acción única, sino que su servicio continuaba. Lucas emplea
la palabra diaconar también para las mujeres que siguen a Jesús
(8,3), para Marta (10,40) y para Jesús mismo (22,26-27). En He-
chos de los Apóstoles se refiere también al servicio o ministerio del
apóstol (Hch 1,17.25), al servicio de los diáconos (6,1-2), al servi-
cio de la palabra y de la enseñanza (6,4; 20,24; 21,19), y a la asis-
tencia caritativa (11,29; 12,25).
Traducir la palabra diaconar por «servir» en el sentido de «ofre-
cer hospitalidad» desvaloriza la acción de la mujer, que se funde en
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 112

112 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

la experiencia de su curación y expresa la duración y continuación


de su servicio. Debemos entender la narración de la suegra en su
contexto, es decir, en relación con los discípulos, que deciden, por
decisión propia, seguir a Jesús como Simón Pedro, Santiago y Juan
(Lc 5,11); sólo el publicano Leví está llamado explícitamente por
Jesús mismo (5,27-28). En este contexto del seguimiento, la suegra
de Simón podría formar parte de los discípulos que decidieron se-
guir a Jesús, y de entre los que Jesús, más tarde, elegirá doce apósto-
les (6,12).

b) Enlaces pragmáticos

a. Palabra eficaz

Comparada con las narraciones de Mateo y Marcos, notamos


que en la de Lucas Jesús no toca a la suegra. Sólo se inclina sobre
ella, y la cura mediante su palabra (4,39), igual que al endemoniado
en la sinagoga, al que liberó del espíritu inmundo con su palabra
(4,35): Jesús ordena, y el demonio sale, y la fiebre deja a la suegra.
Lucas subraya ya al inicio de la actuación de Jesús el poder y la au-
toridad de la palabra de Jesús, como dice la gente: «¡Qué palabra
ésta! Manda con autoridad y poder...» (Lc 4,36).
En la Antigüedad se pensaba que la cercanía y sobre todo el
contacto eran imprescindibles para curar, como se muestra en los
amigos del paralítico, que destejan el techo de una casa para po-
ner al enfermo lo más cerca posible de Jesús (5,17-19). También
la gente intenta tocar a Jesús, para participar de su fuerza sanado-
ra (6,19). La mujer hemorroísa toca el borde del manto de Jesús,
y experimenta su fuerza curadora (8,44). En Hch, la gente aplica
los pañuelos o mandiles de Pablo a los enfermos para sanarlos
(Hch 19,12). Leemos también que Jesús toca a un leproso y a una
muchacha muerta (Lc 5,13; 8,54), y que cura a los enfermos por
la imposición de sus manos (4,40; 13,13), igual que más tarde los
apóstoles y testigos curan a los enfermos por el contacto y la im-
posición de sus manos (Hch 3,7; 5,12; 9,12.17.41; 14,3; 19,11;
28,8). El hecho de que Jesús cure con su palabra demuestra la gran
eficacia y fuerza sanadora de sus palabras, y subraya la autoridad y
el poder de Jesús.
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 113

LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 113

b. Jesús, poderoso en palabras y hechos

En este párrafo de curaciones (4,31-44), Lucas presenta a Jesús


como poderoso en palabras y hechos: sus palabras expulsan demo-
nios y enfermedades, y sus manos curan. Lucas reitera también los
títulos importantes para Jesús, los mismos que ya conocemos por las
narraciones de la anunciación a María y a los pastores: Santo de
Dios (4,34), Hijo de Dios (4,41) y Mesías (4,41). Pero aquí, en este
párrafo, los demonios y espíritus inmundos llaman a Jesús por esos
títulos. Así Lucas da a entender que también el poder opuesto con-
firma a Jesús como Hijo de Dios, como ya antes el diablo (4,3.9).
Los lectores pueden preguntarse: ¿Es Jesús el Mesías, porque sus he-
chos poderosos demuestran su poder?

3. LA PRÁCTICA DE JESÚS LE CAUSA CONFLICTOS: LC 5,17-6,19

En esta parte nos enteramos de algunos temas centrales que Lu-


cas retoma otras veces más en su evangelio. Primero, Lucas nos na-
rra que Jesús sigue curando a los enfermos, pero con una novedad:
cura a un paralítico perdonándole sus pecados (5,17-26), y eso le
causa conflictos con los fariseos y los doctores de la ley. La frase cen-
tral es: «el Hijo del hombre tiene poder de perdonar pecados»
(5,24). Leeremos de este poder de Jesús varias veces más, como en
la narración de la pecadora que lo unge (7,36-50).
El párrafo siguiente (5,27-39) está introducido por «después de
esto», lo que indica la relación con la narración previa. Los lectores
se enteran de que continúan los conflictos, pues Jesús llama al pu-
blicano Leví a seguirle. La comunidad de Jesús y sus discípulos con
los publicanos y pecadores le(s) causa(n) conflictos con fariseos y
escribas. La frase central es: Jesús ha venido a llamar a pecadores
(5,32). Retomamos el tema del perdón y de los pecadores más tar-
de, al analizar la narración de la mujer que unge a Jesús (7,36-50).
El episodio siguiente (6,1-5) cuenta que los discípulos de Jesús
arrancan espigas el día de sábado, lo que le(s) causan conflictos
con los fariseos. La frase central es: el Hijo del hombre es señor
del sábado (6,5). Esta narración está unida por el tema del sába-
do con la siguiente de la curación del hombre de la mano seca, y
con las curaciones de la mujer encorvada (13,10-17), y del hidró-
pico (14,1-6).
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 114

114 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

El siguiente párrafo narra que Jesús cura al hombre de la mano


seca el día de sábado (6,6-11), lo que le causa conflictos con los es-
cribas y fariseos, que buscan de qué acusarle (6,7) y deliberan entre
sí qué harán con Jesús (6,11). Los lectores captan que estos conflic-
tos llegarán a un desenlace mortal.
En 6,12-16 nos enteramos de que Jesús elige de entre sus discí-
pulos doce, a los que llama apóstoles.
Los versos 6,17-19 compendian en forma de sumario que mu-
chos discípulos y una gran muchedumbre de las regiones de Tiro y
Sidón –¡judíos de la diáspora y gentiles!– siguen a Jesús, porque sale
de él una fuerza que sana a todos (6,19). Los lectores pueden en-
tender la fuerza sanadora de Jesús también en sentido figurado. La
gente de fuera de Israel, Tiro y Sidón, que sigue a Jesús apunta a la
difusión del Evangelio entre los gentiles que abrazarán la fe; Lucas
narrará más en esa línea en Hch.

II. LA ENSEÑANZA DE JESÚS.


CÓMO DEBEMOS ACTUAR Y VIVIR: LC 6,20-49

El segundo largo discurso de Jesús trata del comportamiento y de


la acción exigida de los Hijos e Hijas de Dios (6,35). Jesús se dirige
especialmente al gran número de sus discípulos y les dirige cuatro
bienaventuranzas y cuatro lamentaciones. Su discurso se estructura
así:
Empieza sin introducción especial con cuatro bienaventuranzas
que se dirigen directamente a los pobres, a los hambrientos, a los
tristes y a los que son despreciados y maltratados por causa de Jesús
(6,20-23). La cuarta bienaventuranza es más extensa y detallada.
Además incluye también dos motivos: primero, «su recompensa
será grande en el cielo», y segundo, «de ese modo trataban sus pa-
dres a los profetas».
En 6,24-26 siguen cuatro lamentaciones o «ayes» dirigidos a los
ricos, a los saciados, a los satisfechos y a los que son estimados por
la gente, es decir, a los que están en oposición al primer grupo bie-
naventurado.
Luego, Jesús se dirige explícitamente a todos los que le escuchan
–toda la gente que le sigue– y también a los lectores. Primero, Jesús
da instrucciones concretas de comportamiento como Hijos e Hijas
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 115

LA MISIÓN DE JESÚS: SU ENSEÑANZA Y SUS DESTINATARIOS: LC 4,14-6,49 115

de Dios (6,27-38). En la parte central encontramos 6,35-36: serán


hijos del Altísimo si aman a sus enemigos, si hacen el bien, si pres-
tan sin esperar nada a cambio y si son misericordiosos como su Pa-
dre es misericordioso. El modelo de esta conducta es Dios mismo,
pues «él es bueno con los desagradecidos y los perversos» (6,35), y
«compasivo» (6,36). Las demás frases de este párrafo son explica-
ciones y ejemplos de esta instrucción.
Al fin de su discurso, Jesús añade una parábola que ilustra las
consecuencias de si uno hace o no hace la voluntad de Dios que Je-
sús enseña (6,39-49). La frase central es: «¿Por qué me llaman: “Se-
ñor, Señor” y no hacen lo que digo?» (6,46), pues se trata de venir
a Jesús, de oír sus palabras y de ponerlas en práctica (6,47). Los lec-
tores entienden que no basta buscar a Jesús para hacerse curar y para
oír buenas palabras –lo que hizo la numerosa multitud (5,15)–, sino
que Jesús quiere que vivamos cada día como Hijos e Hijas de Dios.
08.245 - 11. Cap. 5 29/10/08 10:07 Página 116
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 117

CAPÍTULO VI
JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA:
QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9,50

En esta parte Lucas aborda y reitera dos temas importantes: la


fuerza sanadora y salvadora de fe (7,1-8,56), y la pregunta por la iden-
tidad de Jesús: ¿Quién es Jesús? (9,1-50).

I. LA FUERZA SANADORA Y SALVADORA DE FE:


LC 7,1-8,56

1. LA GRAN FE SANADORA DEL CENTURIÓN: LC 7,1-10

11 Una vez concluidas todas estas palabras al pueblo,


entró en Cafarnaúm.
12 Se encontraba enfermo
y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste.
13 Habiendo oído hablar de Jesús,
le envió unos ancianos de los judíos para rogarle
que viniera y salvara a su siervo.
14 Éstos, llegando ante Jesús, le suplicaban insistentemente,
diciendo: «Merece que se lo concedas,
15 porque ama a nuestro pueblo
y él mismo nos ha edificado la sinagoga».
16 Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa,
envió el centurión a unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes,
no soy digno de que entres bajo mi techo,
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 118

118 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

17 por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro.


Mándalo de palabra y quede sano mi criado.
18 Porque también yo, que soy un subalterno,
tengo soldados a mis órdenes,
y digo a éste: “Vete”, y va;
y a otro: “Ven”, y viene;
y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace».
19 Al oír esto, Jesús quedó admirado de él,
y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía:
«Les digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande».
10 Cuando los enviados volvieron a la casa hallaron al siervo sano.

ESTUDIO DEL TEXTO

1. ¿Qué personas son mencionadas?


2. ¿Cómo son caracterizadas por sus acciones y por sus palabras?
3. ¿Cómo actúan? (subrayar los verbos; buscar alternativas para
la palabra decir que expresa lo dicho, por ejemplo en 7,4: «elogian-
do»).
4. ¿Cuál es la consecuencia de su acción?

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

La narración tiene una estructura clara: el verso preliminar ter-


mina con el largo discurso de Jesús (7,1a) y pasa al nuevo aconteci-
miento con el cambio de lugar (7,1b). Lucas presenta al personaje
principal –al centurión– desde la perspectiva de su siervo enfermo,
que es el sujeto de la frase (7,2-3). Lucas se figura al centurión como
pagano, probablemente como romano; eso deja entender el discur-
so de los ancianos, que subrayan que el centurión «ama a nuestro
pueblo». Los versos siguientes (7,4-5) incluyen el discurso de los an-
cianos enviados por el centurión a Jesús para rogarle que sane al
criado. Los ancianos abogan en favor del asunto del centurión, ca-
racterizándole como muy digno de encomio.
El verso siguiente (7,6a) cuenta la reacción de Jesús: el ruego de
los ancianos tiene éxito, Jesús se va con ellos a la casa del centurión.
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 119

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 119

Estando todavía Jesús en camino, el centurión actúa por segunda


vez (7,6b), pues envía a Jesús a algunos amigos que le transmitan un
mensaje más. El centurión, interesado en la fe judía, sabe que las
prescripciones de los judíos les impiden entrar en casa de no judíos
(Hch 10,28). Por eso manda a sus amigos decir a Jesús que el cen-
turión no le pide entrar en su casa e infringir las leyes (Lc 7,6c).
Además, el centurión mismo no se considera digno de entrar en
contacto con Jesús (7,7a), por eso le propone sanar a su criado por
medio de su palabra (7,7b).
El largo verso (7,8) funda la propuesta del centurión, que se fía
completamente de la eficacia de la palabra de Jesús. Igual que él
obedece órdenes, manda a otros que obedecen las suyas. El centu-
rión sabe por experiencia propia que hay palabras que surten efecto
solamente con ser pronunciadas. Por eso puede confiar en la efica-
cia de las palabras. El verso siguiente (7,9) narra la reacción de Je-
sús ante el discurso de los amigos del centurión: Jesús se queda ad-
mirado del centurión, y alaba su gran fe y confianza ante la
muchedumbre reunida. El último verso (7,10) relata en pocas pala-
bras el restablecimiento del siervo.

b. Peculiaridades

Aunque la estructura es muy clara, encontramos a nivel del


contenido algunas peculiaridades. En esta narración son mencio-
nadas muchas personas, pero algunas de ellas no «aparecen»; por
ejemplo, el personaje principal –el centurión– y su criado enfermo.
Otras personas aparecen, pero no actúan mucho, como los amigos
del centurión, que sólo transmiten el mensaje, o Jesús, cuya activi-
dad consiste en acompañar a los ancianos y en admirar la fe del
centurión.
Esta narración no corresponde al género de curaciones milagro-
sas, pues el enfermo tiene un papel secundario; ni siquiera se en-
cuentra a Jesús. Tampoco Lucas nos informa de una palabra pode-
rosa que curara al siervo enfermo, como nos cuenta, por ejemplo, en
las narraciones de las curaciones del endemoniado (4,31-37) y de la
suegra de Simón (4,38-39). No está Jesús en el centro de la narra-
ción, sino el centurión. La enfermedad del criado es sólo el motivo
de su acción, pues está mencionada al principio y al final (7,2.10).
Por eso podemos concluir que la narración no tematiza a Jesús, sino
al centurión.
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 120

120 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

b) Enlaces pragmáticos

a. Palabras efectivas

Echando un vistazo a los campos semánticos, nos es fácil encon-


trar el tema central. Un campo semántico importante es el del man-
do: enviar (2 veces), digno (2 veces), mandar, el subalterno, las ór-
denes, los enviados, y muchos imperativos (7,8), que consiguen lo
dicho.

LA EFICACIA DE LAS PALABRAS

Conocemos bien la eficacia de palabras que realizan lo que dicen.


En el caso del centurión, de no haber obedecido la orden de su señor,
el soldado y el siervo habrían sido castigados, pero cabía la posibilidad
de que no la cumplieran, y las palabras del centurión nada hubieran
conseguido. Hay más palabras que al ser pronunciadas, efectúan y rea-
lizan lo pronunciado, por ejemplo: «prometo», «promulgo», «te bendi-
go», «te bautizo», «te perdono»... Es decir, actuando por medio de cier-
tas palabras cambiamos una situación.

Nuestra narración tematiza la eficacia de la palabra, pues esto hace


el centurión, que ni siquiera aparece en el escenario. También los an-
cianos y amigos enviados actúan únicamente con sus palabras. Mi-
rando de cerca las acciones de todas las personas, notamos que el cen-
turión que envía a los ancianos y a sus amigos tiene éxito con su
acción, pues los enviados llegan a Jesús y le transmiten el mensaje. Por
propia iniciativa, los ancianos elogian al centurión para fundamentar
su súplica: «merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo
y él mismo nos ha edificado la sinagoga» (Lc 7,4-5). Ellos también tie-
nen éxito con sus palabras, pues Jesús se va con ellos (7,6).

b. La fuerza de la fe

Los amigos enviados, en cambio, no logran que Jesús cumpla su


ruego: Jesús no pronuncia una palabra poderosa para curar al criado
enfermo (7,7). Jesús alaba más bien la fe del centurión: hasta el mo-
mento no ha encontrado una fe tan grande. Después Lucas relata la
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 121

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 121

curación del siervo. Esta conexión semántico-narrativa hace que los


lectores no atribuyan la curación a una palabra poderosa de Jesús
–pues no la pronuncia en esta situación–, sino a la fe del centurión.
Así Lucas alude a un tema que le es muy querido y que reiterará en
su obra: ¡la fe salva y cura!
Poco más tarde Jesús dirá a la pecadora que su fe la ha salvado y
que sus pecados le quedan perdonados a causa del amor que ha mos-
trado (Lc 7,47-50). Después Jesús dirá a la hemorroísa que su fe la
ha sanado (8,43-48), y al jefe de la sinagoga le animará a tener fe
para que se salve su hija (8,50). También al leproso samaritano le
dice que su fe la ha salvado (17,19). La narración del samaritano cu-
rado tiene varias semejanzas con nuestra narración: los leprosos ven
a Jesús de lejos, Jesús no los toca, ni les dirige una palabra sanado-
ra. Otro punto de contacto importante es que el samaritano –como
el centurión– representa a los no judíos que creen en Jesús.
El hecho de que Jesús alabe explícitamente la fe del samaritano
y ponga de relieve que su fe le ha restablecido, continúa la línea co-
menzada en la narración de la fe extraordinaria del centurión paga-
no. Los lectores entienden: ¡la fe salva y sana! La fe basta para la
salvación; no es preciso tener contacto directo con Jesús ni que Je-
sús pronuncie una palabra poderosa. La fe nos une con Jesús, y por
eso nos salva y sana.

c. Modelos para la vida de fe

En narraciones similares, Lucas describe la fe ejemplar con ma-


yor detalle: el centurión, la hemorroísa y Jairo muestran una fe uni-
da a la confianza en el poder de Dios; creen y confían que el poder
de Dios supera incluso la muerte. El centurión y la pecadora practi-
can una fe unida con hechos de amor. El centurión no ruega por sí
mismo, sino por su siervo, que le es muy querido (7,2); él llama a su
criado con una palabra que significa también «hijo» y expresa su re-
lación personal con él. Además, el centurión ama al pueblo, y envía
a sus amigos íntimos a Jesús. El centurión vive no sólo en términos
amistosos con sus prójimos, sino en relación amorosa y cariñosa, ya
que practica el amor al prójimo, como demuestra su súplica por el
criado enfermo y al haber edificado la sinagoga. También la pecado-
ra mostró mucho amor (7,47), y esto le trajo el perdón de sus peca-
dos. Los lectores entienden: la fe que salva y sana se caracteriza por
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 122

122 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

la confianza en Dios y el amor al prójimo. También nosotros pode-


mos vivir esta fe.
Otra particularidad marca nuestra narración: la súplica en favor
de otra persona. El centurión no ruega por sí mismo, sino por su
criado enfermo. Los ancianos enviados tampoco piden para sí mis-
mos, sino en favor del centurión. Lucas menciona en otras ocasio-
nes que las personas suplican e interceden en favor de otras, por
ejemplo las que ruegan por la suegra de Simón (Lc 4,38). Otro
ejemplo es el de los hombres que llevan al paralítico pese a muchos
obstáculos hasta Jesús (5,18-26): Jesús nota su grande fe (5,20).
Jairo pide por su hija (8,41), un padre por su hijo (9,38) y los discí-
pulos por Tabita (Hch 9,38). Jesús mismo, por la parábola del ami-
go suplicante (Lc 11,6), nos enseña a rogar en favor de otras perso-
nas. Todos consiguen cuanto suplicaron, pues «pidan y se les dará»
(11,9). La acción de estas personas que –motivadas por el amor al
prójimo– suplican por otra nos sirve como ejemplo para nuestra
vida y nuestra fe.

PARA COMPARTIR

La fe del centurión está caracterizada por la confianza profunda y


completa en Jesús. Jesús no se deja ordenar cómo curar al criado del
centurión, pues no manda de palabra que se sane. ¿Cómo describirías
tu fe, tu relación con Jesús y con Dios?
El centurión puede servir como modelo ejemplar para nuestra ora-
ción: no ve a Jesús; no tiene contacto físico con él; confía completa-
mente en la palabra de Jesús; respecto a lo que ruega, parte de sus ex-
periencias y de su situación concreta...

2. JESÚS RESUCITA AL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN: LC 7,11-17

Lucas narra que Jesús resucita al hijo único de una viuda, y poco
después leemos que Jesús resucita a la hija única de Jairo, el jefe de
la sinagoga. Encontramos el mismo motivo duplicado: la madre y su
hijo, y el padre y su hija. Lucas duplica un motivo para subrayar su
importancia. Llama la atención que narra siempre un ejemplo de
una mujer y de un hombre. Esta paridad de mujer y hombre es ex-
traordinaria para aquel tiempo. En Hechos leeremos dos ejemplos
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 123

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 123

más: Pedro resucita a Tabita (Hch 9,36-42) y Pablo resucita a Euti-


co (20,7-12); otra vez tenemos el ejemplo doble de una mujer y de
un varón.
Estas narraciones de resurrecciones de muertos tienen un para-
lelo en el AT: las narraciones de Elías y Eliseo. Elías resucita al hijo
de una viuda en Sarepta (1 Re 17,10-24), y Eliseo resucita al hijo
de una viuda en Sunén (2 Re 4,17-37). Las ciudades de Naín y Su-
nén no distaban mucho entre sí. Al retomar la tradición de Elías y
Eliseo para hablar de Jesús, Lucas lo presenta como los grandes pro-
fetas: «un gran profeta ha surgido entre nosotros» y «Dios ha visi-
tado a su pueblo» (Lc 7,17).

3. LA PREGUNTA DE JUAN EL BAUTISTA: ¿QUIÉN ES JESÚS?:


LC 7,18-35

En este episodio, Juan pregunta por la identidad de Jesús. En la


narración siguiente, los comensales se preguntan quién es Jesús
(7,49), y luego los discípulos se preguntan quién es Jesús (8,25). Je-
sús mismo pregunta a sus discípulos quién dice la gente que él es
(9,18), e incluso qué piensan de él sus propios discípulos (9,20).
También los lectores confrontan esta pregunta, y deben responder-
la. Lucas muestra varias respuestas ejemplares.
En esta narración, Lucas y Jesús mismos responden a la pregun-
ta del Bautista (7,21-23), refiriendo a lo que se ve y se oye. Su res-
puesta doble subraya el contenido y se graba en la memoria de los
lectores: «Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan lim-
pios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres
la Buena Nueva» (Lc 7,22). Estas palabras retoman la cita del pro-
feta Isaías en la predicación inaugural de Jesús (4,18-19). Los lecto-
res entienden: ¡ya se realiza aquello a lo que ha sido enviado Jesús!
En los capítulos 4 a 7 de Lc, hemos leído ya muchas narraciones
que ejemplifican aquel sumario: Jesús expulsó el espíritu inmundo
de un hombre endemoniado (4,31-37 corresponde a 7,21b); Jesús
curó a la suegra de Simón y al hombre con la mano seca (4,38-39;
6,6-11 corresponde a 7,21a); por Jesús un leproso queda limpio
(5,12-16 corresponde a 7,22d); por Jesús un cojo puede andar (5,17-
26 corresponde a 7,22c); Jesús resucitó al hijo muerto de una viuda
(7,11-17 corresponde a 7,22f); y Jesús anunció el Evangelio (6,20-
49 corresponde a 7,22g).
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 124

124 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Notamos la ausencia de la curación de algún ciego (7,22b), pero


Lucas narró, aunque de manera muy general (7,21c), que Jesús dio la
vista a muchos ciegos. El ejemplo concreto lo leeremos hasta la na-
rración del ciego de Jericó (18,35-43). Pero, prosiguiendo con la
enumeración, Lucas añade poco después la curación de un hombre
mudo (11,14 corresponde a 7,22e). Los lectores entienden que Jesús
cumplió todo lo que anunció el profeta Isaías (Is 29,18; 35,5-6;
42,18; 26,19; 61,1). Los lectores pueden ir respondiendo a la pre-
gunta: ¿Quién es Jesús?
Pero Jesús realiza más de lo anunciado en la cita de Isaías: Jesús
perdona los pecados. La liberación en el sentido doble de condona-
ción de deudas y de remisión de pecados se proclamó ya en la cita
de Isaías, interpretada por Jesús en su predicación inaugural: «me ha
enviado a proclamar la remisión a los cautivos (...), para dar la li-
bertad a los oprimidos» (Lc 4,18). La palabra griega significa tanto
liberación como remisión o perdón. Jesús perdona, por ejemplo, los
pecados del paralítico (5,20-24) y de la pecadora (7,47-49). Luego,
los testigos predican el perdón de los pecados por Jesús (Hch 5,31;
10,43; 13,38-39; 26,18).
Lucas añade el testimonio de Jesús sobre Juan (7,24-35). Con la
cita del profeta Malaquías –«he aquí que envío mi mensajero de-
lante de ti, que preparará por delante tu camino» (Mal 3,1)– Jesús
conforma que Juan el Bautista es el mensajero precursor. Simultá-
neamente la cita de Malaquías identifica indirectamente a Jesús
con aquel a quien el Bautista ha preparado el camino. Otra identi-
ficación indirecta de Jesús la encontramos en el reconocimiento del
Mesías por parte de Pedro: la orden de silencio de Jesús lo identifi-
ca como Mesías (9,20-21).

4. LA FE SALVADORA DE LA «PECADORA»: LC 7,36-50

36 Un fariseo le rogó que comiera con él,


y entrando en la casa del fariseo,
se puso a la mesa.
37 Y ¡mira!: Había en la ciudad una mujer pecadora.
Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo,
llevó un frasco de alabastro de perfume
38 y, poniéndose detrás, a los pies de él,
comenzó a llorar,
y con sus lágrimas le mojaba los pies
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 125

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 125

y con los cabellos de su cabeza se los secaba,


besaba sus pies
y los ungía con el perfume.
39 Al verlo el fariseo que le había invitado,
se decía para sí:
«Si éste fuera profeta, sabría
quién y qué clase de mujer es la que le está tocando,
pues es una pecadora».
40 Jesús le respondió:
«Simón, tengo algo que decirte».
Él dijo: «Di, maestro».
41 «Un acreedor tenía dos deudores:
uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta.
42 Como no tenían para pagarle,
perdonó a los dos.
¿Quién de ellos le amará más?»
43 Respondió Simón:
«Supongo que aquel a quien perdonó más».
Él le dijo: «Has juzgado bien».
44 Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer?
Entré en tu casa
y no me diste agua para los pies.
Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas
y los ha secado con sus cabellos.
45 No me diste el beso.
Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
46 No ungiste mi cabeza con aceite.
Ella ha ungido mis pies con perfume.
47 Por eso te digo:
Han sido perdonados sus muchos pecados,
porque ha mostrado mucho amor.
A quien poco se le perdona,
poco amor muestra».
48 Y le dijo a ella:
«Tus pecados te han sido perdonados.»
49 Los comensales empezaron a decirse para sí:
«¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?»
50 Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado.
Vete en paz».
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 126

126 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

ESTUDIO DEL TEXTO

1. ¿Quiénes son las personas que actúan?


2. ¿Qué hacen? ¿Qué alternativas (de sus acciones) hay? (Por ejem-
plo: en 7,39 el fariseo Simón dice para sí: habría podido hablar direc-
tamente a Jesús) ¿Cómo cambiarían estas alternativas el aconteci-
miento narrado?
3. ¿Qué palabras se reiteran? ¿Qué campos semánticos encuen-
tras?
4. Respecto a la parábola que narra Jesús (7,41-42): ¿Quién es el
acreedor?, ¿quién es el deudor que le debía quinientos denarios? y
¿quién es el deudor que le debía cincuenta denarios?
5. ¿Qué dice la parábola (7,41-42) sobre Dios? ¡Compárala con la
parábola de Mt 20,1-15!

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Esta narración compleja resulta del curso de los acontecimien-


tos, del estilo directo y de una parábola. Podemos estructurarla en
cuatro secuencias: la introducción (7,36-37); la primera secuencia
(7,38-39) presenta a los actuantes; la segunda contiene el diálogo
entre Jesús y el fariseo (7,40-43); la tercera (7,44-47) aplica la pa-
rábola a la mujer y al fariseo; y la última secuencia (7,48-50) con-
firma el perdón de los pecados.
El primer verso (7,36) describe la situación, el lugar, y mencio-
na algunos personajes importantes. Después (7,37) cambia la pers-
pectiva desde la casa del fariseo a la pecadora. La palabra «¡Mira!»
funciona como señal para que los lectores dirijan su atención a la
mujer pecadora. Estos dos versos forman la introducción.
La acción empieza en 7,38 con el llanto de la mujer. Cuatro ac-
ciones más son añadidas por «y»: moja los pies de Jesús, los seca con
sus cabellos, los besa y los unge. Se espera una reacción a estas ac-
ciones. Aunque Lucas no narra la reacción de Jesús, se puede dedu-
cir desde la reacción del fariseo. Porque Jesús toleró las acciones de
la mujer, el fariseo se forma una opinión negativa sobre Jesús, pues
niega que él sea profeta (7,39).
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 127

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 127

La segunda secuencia contiene un breve diálogo entre Jesús y el


fariseo Simón (7,40-43), en el que Jesús le cuenta una parábola
(7,42). Tras narrar la parábola, Lucas añade siempre una interpreta-
ción final y general que explica y aplica la parábola. En nuestra na-
rración encontramos este comentario final un poco desplazado en la
generalización: «a quien poco se le perdona, poco amor muestra»
(Lc 7,47b). Esta oración conclusiva seguiría mejor después de la pa-
rábola, a continuación de 7,42-43, así que resultaría: «Como no te-
nían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?»
Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le
dijo: «Has juzgado bien, pues a quien poco se le perdona, poco amor
muestra».

b. Conclusión y aplicación de la parábola

Si desplazamos la conclusión general a esta posición, entende-


mos mejor la intención: a quien se le perdonó mucho, mostró mu-
cho más amor que alguien a quien se le perdonó poco. Exactamen-
te lo mismo dice Jesús en 7,47. Antes de la conclusión, Lucas
insertó la aplicación concreta de la parábola, aplicada a la acción de
la mujer (7,44-46). En esta aplicación contrapone la acción de la
mujer a la del fariseo. Los lectores entienden por esta comparación
que la mujer mostró mucho más amor que el fariseo. La interpreta-
ción importante de la parábola está introducida de manera decisi-
va: «por eso te digo» (7,47a), y la conclusión –que tiene su lugar ló-
gico a continuación de la parábola de los deudores– está añadida
(7,47b). Así encontramos este entrelazamiento narrativo:
1. parábola (7,41-43.47b): a quien mucho se le perdona, mues-
tra mucho más amor que alguien a quien se le perdona poco.
2. aplicación concreta de la parábola al fariseo y a la mujer
(7,44-46): la mujer mostró mucho más amor que el fariseo.
3. conclusión (7,47a): a la mujer le quedan perdonados más pe-
cados que al fariseo. El motivo es: pues ha mostrado mucho
amor.
Por esta secuencia es obvio que los pecados de la mujer han sido
perdonados ya por Dios, el acreedor, pues por ese motivo ella mues-
tra tanto amor. Su amor es consecuencia del perdón de los pecados,
¡no es condición para el perdón! El hecho de que Dios haya perdo-
nado ya los pecados, porque es misericordioso, lo realzan las pará-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 128

128 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

bolas de la oveja perdida, de la dracma perdida y del hijo perdido


(15,4-32). Todas las parábolas subrayan que Dios busca al pecador
perdido y sale a su encuentro. No leemos hechos previos, que hu-
bieran causado el perdón. Dios mismo da el primer paso y perdona
los pecados. El amor practicado prueba el hecho de que los pecados
ya fueron perdonados.

c. Dios mismo causa el perdón de los pecados

Para que no se malinterprete ese orden, el de que Dios causa el


perdón de los pecados, y no los hechos del pecador, Lucas desplaza
la conclusión a esa posición: a quien poco se le perdona, poco amor
muestra. Porque Dios como acreedor perdona a los deudores, pues
también los pocos pecados del fariseo quedan perdonados. Esto se
nota en su reacción, pues demuestra poco amor al acoger a Jesús.
En la última secuencia (7,48-50), lo dicho en la parábola y su
aplicación Jesús lo repite otra vez a la mujer, y así le confirma, por
dos veces, que le han sido ya perdonados sus pecados (¡el texto grie-
go usa el perfecto!): tus pecados han sido perdonados, como lo prue-
ban sus hechos de amor (7,47), y son perdonados a causa de su fe,
que le ha salvado (¡el texto griego usa el perfecto! en 7,50). Sus he-
chos de amor fueron posibilitados por sus pecados perdonados. La
mujer sabía, ya por su fe en el Dios misericordioso, que sus pecados
le habían sido perdonados, como confirma Jesús: tu fe te ha salva-
do. Encontramos la misma formulación en la narración de la cura-
ción del paralítico. Al ver la fe de los hombres que llevaron al pa-
ralítico, Jesús confirma el perdón de los pecados (el texto griego usa
el perfecto también): «hombre, tus pecados te han sido perdona-
dos» (5,20).
La secuencia del perdón es así: 1. perdón de los pecados por el
Dios misericordioso; 2. certidumbre de fe de que fueron perdonados
ya los pecados; 3. hechos de amor a causa de los pecados perdona-
dos; 4. confirmación explícita del perdón de los pecados por Jesús,
porque ve la fe y los hechos de amor.
Al declarar Jesús que la fe de la mujer la ha salvado, contradice
las opiniones de los comensales, que piensan que Jesús le perdona
en aquel momento sus pecados a causa de sus hechos de amor
(7,49). Al mismo tiempo, es obvio que el fariseo se equivocó tanto
respecto a la mujer como a Jesús: «si éste fuera profeta, sabría quién
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 129

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 129

y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecado-


ra» (Lc 7,39), pues los pecados de la mujer le han sido perdonados
ya. Jesús, en cambio, se muestra como verdadero profeta, pues sabía
desde el principio que la mujer no es «una pecadora».

b) Enlaces pragmáticos

a. Los campos semánticos

Los dos campos semánticos importantes, «amor» y «perdón de los


pecados», realzan el tema de esta narración. Así resulta obvio que
el mensaje central no es: para que te sea perdonado mucho, tienes
que amar mucho, sino que es más bien: te son perdonados ya tus
muchos pecados, por eso puedes vivir y amar a causa de este perdón.

b. Personajes de identificación

Nuestra narración nos presenta distintos personajes de identifi-


cación que tratan de diferente manera el pecado y su perdón. La
mujer ha entendido –quizá desde el sermón de la llanura– que Dios
es misericordioso y bondadoso incluso con los desagradecidos y ma-
los: «... porque Él es bueno con los desagradecidos y los perversos.
Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso» (Lc 6,35-36).
La mujer demuestra –a causa de sus pecados perdonados– mucho
amor. Ella es un personaje positivo de identificación. Lucas no dice
en qué consisten sus muchos pecados. Considerarla peyorativa y
despectivamente por el complemento de lugar «en la ciudad» (7,37)
como prostituta no corresponde a la realidad ni del mundo antiguo
ni del AT.

PROSTITUCIÓN Y PROSTITUTAS

Tanto en el AT como en el NT –en el Oriente Antiguo y en la An-


tigüedad helenístico-romana–, las prostitutas formaban parte de la rea-
lidad social. Cometer adulterio contradice la voluntad de Dios, pero
dedicarse a la prostitución estaba permitido. Las prostitutas son –a no
ser que su prostitución constituyera adulterio– caracterizadas de ma-
nera positiva: por ejemplo, es muy natural que el viudo Judá tenga tra-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 130

130 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

to carnal con la «prostituta» Tamar (Gn 38,15-22). La prostituta Ra-


jab es muy apreciada, porque salvó la vida de los espías enviados (Jos
2,1-24; 6,17-25). El juez Jefté es hijo de una prostituta (Jue 11,1), lo
que le causa el desprecio ante los hombres, pero no ante Dios, pues
Dios mismo lo estima, y le elige como juez sobre Israel (Jue 12,7). El
profeta Oseas es enviado expresamente por Dios a la prostituta Gómer
(Os 1,2-3; 3,1-3). En el evangelio de Mateo, Jesús dice explícitamen-
te que los publicanos y las prostitutas llegan antes que los ancianos y
sumos sacerdotes al Reino de Dios, y les alaba expresamente, porque
han creído en el mensaje de Juan el Bautista (Mt 21,31-32).

La mujer moja con sus lágrimas los pies de Jesús, los seca con sus
cabellos, los besa y los unge con perfume (Lc 7,38). A esto llama
Lucas «amor». Es la misma palabra que se encuentra en los manda-
mientos del amor a Dios, al prójimo y al enemigo: «amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuer-
zas, con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc 10,27),
y en «amen a sus enemigos» (Lc 6,27.35).
Por su obvio contexto, la palabra no significa amor erótico. Sin
embargo, algunos exegetas lo interpretan en sentido erótico, pues la
mujer seca los pies de Jesús con sus cabellos; pero esta interpretación
así favorece el prejuicio de la prostituta pecadora. Lucas, en cambio,
lo interpreta como favor y servicio al prójimo, pues es el mismo ser-
vicio que el fariseo no le brindó a Jesús. La mujer cumple este servi-
cio con entrega personal, demostrada con sus besos. En mi opinión,
las lágrimas de la mujer simbolizan el agua para lavar los pies –en vez
de su arrepentimiento–, pues a causa de su fe la mujer cree que sus
pecados le han sido perdonados ya, y por eso puede mostrar ese amor.
Con la mujer pueden identificarse todos los que son conscientes
de que les son perdonados muchos pecados, y que quieren manifes-
tar su agradecimiento en el amor y servicio al prójimo. Hemos leí-
do en la narración de la suegra de Simón una reacción semejante
(4,38-39), y poco después nos enteramos de que las mujeres curadas
por Jesús le siguen (8,1-3). Todas ellas tienen motivos de agradeci-
miento, pues la suegra fue curada de la fiebre, y las otras de muchas
enfermedades y liberadas de espíritus inmundos. Su gratitud se ma-
nifiesta en el servicio y amor al prójimo, pues diaconaban a Jesús y
a otros discípulos.
Otro personaje de identificación es el fariseo Simón. En compa-
ración con la mujer (7,44-46), parece negativamente caracterizado,
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 131

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 131

porque sólo mostró poco amor. Pero notamos que él también buscó
comunión con Jesús, pues le invitó a un banquete en su casa (7,36).
Buscar la comunión con alguien e invitarlo es también una manera
de mostrar amor al prójimo. Además, el fariseo no expresa sus du-
das sobre Jesús, sólo piensa o dice para sí (7,39). Tampoco critica en
público a Jesús –porque él se dejó tocar por una mujer que en su opi-
nión es una pecadora–, sino que acepta la actitud de Jesús. El fari-
seo se dirige respetuosamente a Jesús, llamándole «maestro».
En la aplicación de la parábola sabemos más del fariseo Simón.
La mujer se refleja en el deudor que tiene muchas deudas, y el fari-
seo en el que tiene pocas. Pero también todas sus deudas –sus pocas
deudas– le son perdonadas ya, pues el acreedor –que personifica a
Dios– condona a los dos deudores. El fariseo todavía no ha interio-
rizado que sus pecados le son perdonados ya, y considera a la mujer
a causa de sus hechos pasados como pecadora. Él no se dejaría tocar
por ella. Él no cambia sus prejuicios, y así permite que sus prejuicios
dirijan su vida: porque él no se dejaría tocar por la mujer, no puede
vivir su amor. Porque él excluye a la mujer –en su opinión, pecado-
ra–, se excluye finalmente a sí mismo de la experiencia de vivir el
servicio agradecido de amor al prójimo.
El fariseo Simón recuerda nuestros prejuicios, muchas veces sin
motivo y sin justificación. ¿Quién es, en nuestra opinión, pecador o
pecadora? ¿En qué medida nuestros prejuicios impiden o dificultan
encontrarnos con otras personas? ¿Cómo nos impiden la experiencia
de servicio amoroso al prójimo? Aunque quizá no tengamos muchos o
graves pecados, podemos estar seguros de que Dios nos perdona nues-
tros pequeños pecados, pero ¿cómo demostramos nuestra gratitud?
Jesús es también personaje de identificación. Él acepta la acción
de la mujer y la interpreta como servicio de amor. Aunque conoce
los pensamientos del fariseo, no le critica, y no le dice que se equi-
vocó, porque la mujer no es pecadora. Por el contrario, por la pará-
bola, Jesús le aclara que a él se le perdonaron ya sus pocos pecados.
La aplicación de la parábola, es decir, la comparación entre la ac-
ción del anfitrión y la de la mujer, sirve en primer lugar para acla-
rar a Simón la causa y la consecuencia del perdón de los pecados.
La causa es el perdón realizado por Dios, y las consecuencias son los
hechos de amor: porque Dios ha perdonado ya los pecados, los hom-
bres pueden demostrar su gratitud con hechos de amor. La aplica-
ción de la parábola invita indirectamente al fariseo a mostrar más
patentemente su agradecimiento por el perdón recibido.
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 132

132 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

La acción de Jesús nos sirve como modelo: aceptar sin condicio-


nes a otros, pese a nuestros muchos prejuicios, sean públicos y co-
munes como en el caso de la mujer, o sean prejuicios ocultos como
los de la justicia aparente del fariseo. Podemos vivir desde la pers-
pectiva de que Dios ha perdonado ya sus pecados a estas personas.
Ante Dios, que nos ha perdonado ya, podemos empezar juntos a co-
laborar en la nueva realidad del Reino de Dios.

PARA PROFUNDIZAR Y COMPARTIR


Lucas pone de relieve que Dios es bondadoso, benigno y compasi-
vo con los desagradecidos y malvados (6,35-36). Subraya también que
Dios perdona tanto los muchos pecados de los pecadores como los po-
cos de los justos (7,42). ¿Cómo influyen estos hechos en tu relación
con otras personas que considerabas más pecadoras que tú? ¿Cómo
modifican tu relación con Dios?
Compara nuestro texto con las narraciones en Mt 26,6-13; Mc
14,3-9 y Jn 12,3-8. ¿Qué semejanzas y qué diferencias encuentras?
La narración de la unción se encuentra en el evangelio de Lucas al
inicio; en las narraciones paralelas, hacia el final, antes de la pasión.
¿Cómo influye la diferente ubicación en el mensaje de la narración?

5. MUCHAS MUJERES ACOMPAÑABAN A JESÚS: LC 8,1-3

1 Y se dio el caso de que a continuación recorría ciudades y pueblos,


proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios;
le acompañaban los Doce,
2 y algunas mujeres
que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades:
María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
3 Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes,
Susana
y otras muchas
que les diaconaban con sus bienes.

a) Enlaces narrativos

Introducido por un breve sumario sobre la actividad de Jesús


–anuncia el Evangelio en ciudades y pueblos–, Lucas da informa-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 133

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 133

ciones nuevas: no sólo los Doce siguen a Jesús, sino también muchas
mujeres. Lucas es el único evangelista que menciona el hecho de
que «otras muchas mujeres» seguían y diaconaban a Jesús.
Algunas de estas mujeres siguen a Jesús porque las curó de sus
enfermedades y las liberó de espíritus malignos. Lucas menciona a
las mujeres más importantes con sus nombres y con algún rasgo de
su vida o de su estatus: María Magdalena, Juana y Susana. Entre las
curadas podemos imaginarnos también a la suegra de Simón, la que
asimismo le diaconaba (4,38-39). Además de ellas, hay «otras mu-
chas» que diaconan, empleando sus bienes.
A causa de la descripción de estatus de Juana como mujer de
Cusa, administrador de Herodes, y a causa del uso de los bienes al
servicio de Jesús y sus discípulos, podemos deducir que hay en el
grupo algunas mujeres adineradas e influyentes. La comunidad de
Jerusalén intentará igualmente practicar el ideal de la comunidad
de bienes: las personas adineradas emplearán sus bienes al servicio de
la comunidad para que no hubiera entre ellos ningún necesitado
(Hch 2,44-45; 4,32.34-35).
Pero no debemos entender el servicio de las mujeres exclusiva-
mente como apoyo económico, pues Lucas dice sobre las mujeres
que seguían y acompañaban a Jesús igual que los Doce. Es decir,
las mujeres escuchaban igual que los apóstoles la enseñanza de Je-
sús, y habían sido envidadas –con los setenta y dos discípulos–
igual que los apóstoles a predicar el Evangelio y a sanar (10,1-
16.17-20). Las mujeres siguen a Jesús hasta la cruz (23,49), y asis-
tirán a su sepelio (23,55). Vuelven el día después del sábado para
ungir el cadáver de Jesús (24,1), y son las primeras testigos de su
resurrección (24,9-10.22). Lucas nombra entre ellas a María Mag-
dalena y Juana, que son las mismas mencionadas en nuestro tex-
to. Además, nombra a María, la madre de Santiago, y menciona
explícitamente a «las demás» (24,10), que vivieron y testimonia-
ron todo.

b) Enlaces pragmáticos

Lucas no narra «la vocación» de las mujeres, más bien ellas le si-
guen por decisión propia. Un motivo para seguirlo sería su gratitud
por haber sido curadas, pero nos enteramos de que muchas mujeres
más siguen a Jesús, así que ése no sería el único motivo.
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 134

134 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Que Lucas no cuente ninguna vocación de las mujeres no resul-


ta tan raro, pues tampoco los primeros discípulos –Simón Pedro,
Juan y Santiago– fueron llamados por una palabra de Jesús; ellos
mismos decidieron seguirlo. Lucas nos da tres nombres de discípu-
las, igual que menciona tres discípulos. Estos grupos de tres –muje-
res igual que varones– simbolizan el círculo interior de las personas
que seguían a Jesús. El hecho de que no sepamos mucho de las mu-
jeres –excepto de María y Marta y María, la madre de Santiago– no
es extraño, pues tampoco nos enteramos de muchos otros discípulos
cuyos nombres aparecen en la lista de los Doce.
No es fácil encontrar indicios y rastros de mujeres en la socie-
dad patriarcal del Antiguo Oriente, el mundo del AT y la Anti-
güedad helenístico-romana, pues las mujeres estaban subordinadas
a sus maridos o padres. Sin embargo, leemos en el AT de mujeres
que eran profetisas. Miriam, Débora, Julda y la mujer del profeta
Isaías anunciaron la voluntad de Yahvé en contra de las profetisas
de dioses extranjeros. Débora era una jueza famosa en Israel, y Ju-
dit y Ester, también mujeres, liberaron al pueblo de Israel de sus
enemigos.

TANTO HOMBRES COMO MUJERES

Al evangelista le importa el equilibrio entre hombres y mujeres, pues


se nota que en los mensajes decisivos para la fe se refiere cada vez a un
hombre y a una mujer:
• Al cántico de María (1,46-55) corresponde el cántico de Zaca-
rías (1,68-79),
• y a la profecía del anciano Simeón en el templo (2,29-32) sigue
la profecía de la profetisa Ana (2,38).
• Además, hay dos curaciones en la sinagoga en sábado:
la del hombre con la mano derecha seca (Lc 6,6-10) y la de la
mujer encorvada (13,10-17).
• Jesús resucita: al hijo de la viuda de Naín (7,11-17) y a la hija
de Jairo (8,41-56).
• Cuatro personas experimentan la fuerza salvadora de su fe:
la pecadora (7,37-50), la mujer hemorroísa (8,43-48),
el samaritano leproso (17,12-19) y el mendigo ciego (18,35-43).
• «Hija» e «hijo» de Abrahán son llamados: la mujer encorvada
(13,13) y el publicano Zaqueo (19,9).
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 135

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 135

El mismo equilibrio encontramos en Hch:


• Hay dos resurrecciones: la mujer Tabita (9,36-42) y el mucha-
cho Eutico (20,9-12);
• Hay dos iglesias domésticas entre los creyentes provenientes de
los paganos:
la del centurión Cornelio (Hch 10,1-8.22-48) y la de la vende-
dora de púrpura Lidia (16,14-15.40).
• El matrimonio Priscila y Áquila enseña como Pablo el Evange-
lio (18,18.26).
Y hay otros ejemplos más.

Desde el principio, las mujeres son miembros de igual valor y


competencia en la comunidad. Mujeres y hombres reciben el Espíri-
tu Santo (Hch 2,17-18). Aunque Lucas narra en Hch, en primer lu-
gar, la actuación espectacular de Pedro y de Pablo, no puede evitar
mencionar a las mujeres: mujeres y hombres son perseguidos por su
fe (8,3; 9,2), y mujeres y hombres se entusiasman por el Evangelio y
se bautizan (8,12; 17,12). Además leemos de muchas mujeres que se
emplean y dan todo de sí por el Reino de Dios: María, la madre de
Juan Marcos y Lidia ponen a disposición su casa, para que la comu-
nidad tenga un lugar de oración y reunión. Priscila y Áquila enseñan
el Evangelio, y las cuatro hijas de Felipe obran como profetisas.

PARA COMPARTIR

¿Qué hacen las mujeres en tu comunidad?


¿Qué sabes de las situaciones y actividades de mujeres en otras co-
munidades?
¿En qué ámbito de tu comunidad pueden colaborar mujeres y hom-
bres para edificar la comunidad y para preparar juntos la realización
del Reino de Dios?

6. LA EFICACIA DE LA PALABRA DE DIOS: LC 8,4-21

Jesús explica por la parábola del sembrador la eficacia de la pa-


labra de Dios en los corazones de los hombres. El punto clave es oír
la palabra de Dios (8,4-15). Para que no se malentienda la ense-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 136

136 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

ñanza de Jesús, la parábola de la lámpara (8,16-18) declara que


cuenta la manera de oír: «miren, pues, cómo oyen» (Lc 8,18). Por
esto, Lucas añade el encuentro con los parientes de Jesús. Jesús ex-
plica claramente que no basta con oír las palabras de Dios, sino que
se deben cumplir: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen
la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 8,21).

7. LA TEMPESTAD CALMADA: LC 8,22-25

El punto central en la narración de la tempestad calmada es la


pregunta por la fe de los discípulos: «¿Dónde está su fe?» Aparente-
mente Jesús no esperó a que sus discípulos llenos de miedo le des-
pertaran. La pregunta de Jesús por la fe de los discípulos indica que
había esperado más fe de ellos. Aunque Jesús «queda dormido»
–aunque Dios parece guardar silencio– podemos confiar en Él. No
podemos caer más bajo que en la mano de Dios.
Los lectores son invitados a revisar su fe: ¿Qué tan firme es mi
fe? ¿Cómo reacciono en situaciones difíciles? ¿Dónde está el punto
lábil o frágil en mi fe? ¿Qué puedo hacer para fortalecer mi fe? La
pregunta de Jesús por la fe de sus discípulos se convierte en la pre-
gunta de los discípulos por la identidad de Jesús: ¿Quién es este que
ordena a los vientos y al agua, y le obedecen? Los lectores se pre-
guntan: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Espero que Jesús o Dios resuelva
mis problemas cuando le grito?

8. EL ENDEMONIADO DE GERASA: LC 8,26-39

La narración del endemoniado de Gerasa está unida a la anterior


por el viaje en barco: la tempestad, la curación del endemoniado, y,
al regreso, a la curación de la mujer hemorroísa y la resurrección de
la hija de Jairo, que suceden a lo largo de un solo día. Nuestra na-
rración se desarrolla enfrente de Galilea: la Decápolis, en territorio
pagano. Otro indicio del terreno pagano son los rebaños de cerdos,
que no había en Israel, porque esos animales eran tenidos por im-
puros. En la cultura helenístico-romana, en cambio, los cerdos eran
muy importantes para los sacrificios.
Lc 8,26-39 muestra algunas rupturas e incongruencias: en 8,27a
sale al encuentro de Jesús un hombre de la ciudad, pero en 8,27b lee-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 137

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 137

mos que aquel hombre vive en los sepulcros que no «están en la ciu-
dad». Además nos enteramos de que el hombre estuvo poseído por
muchos demonios (8,27a), pero en 8,29 Jesús mandó al espíritu, y
Lucas describe más detalladamente al espíritu; en 8,30 el autor rei-
tera que el hombre estuvo poseído por muchos espíritus, lo que sa-
bemos ya desde la introducción.
El evangelista no cuenta ni una palabra poderosa, ni un gesto de
curación; sólo añade posteriormente que Jesús había mandado al
demonio salir (8,29a). Donde los lectores esperan la descripción de
la curación, sigue otra descripción de la posesión (8,29bc), un bre-
ve diálogo con el hombre endemoniado (8,30), y, en estilo indirec-
to, el discurso de los demonios (8,31-32). Finalmente Lucas nos
cuenta de la curación, que narra desde la perspectiva de los demo-
nios y no desde la del hombre curado (8,33).
Luego, Jesús sube a la barca y regresa (8,37c). De pronto, el hom-
bre curado –¿de dónde salió ahora?– le pide estar con él (8,38), pero
Jesús lo despide. El hecho de que Jesús despide a quien quiere acom-
pañarle y estar con él, sorprende, pues antes aceptó la presencia de
personas curadas –como las mujeres– entre sus discípulos. Mirándo-
lo de cerca notamos que el hombre curado llegó a ser discípulo de
Jesús, pues «está sentado a los pies de Jesús» (8,35), que es un tér-
mino técnico del discípulo.
Mientras que a otros curados les prohíbe contar sobre su acon-
tecimiento, ahora Jesús pide y envía explícitamente al hombre
que cuente su curación. Lucas subraya que el hombre proclamó y
predicó lo que le sucedió (8,39). Según esta información, enten-
demos que Jesús despidió y envió al curado: los discípulos no de-
ben seguir como discípulos durante un tiempo indeterminado,
sino que son igualmente enviados a testimoniar lo que experi-
mentaron. Jesús envía al curado para que cuente todo lo que Dios
ha hecho con él (8,39a). Cuando se va, proclama lo que Jesús hizo
con él (8,39b).
Este pasaje contiene varios mensajes. Lucas quiere mostrar el po-
der de Jesús: Jesús no manda sólo a los elementos naturales, sino
también a legiones de demonios que se le someten. La salvación y
curación que Jesús porta no están limitadas al pueblo de Israel; ya
leímos sobre la curación del criado del centurión romano (7,1-10).
Además, Lucas alude a la misión de sus discípulos (9,1-6.10; 10,1-
20): el curado de Gerasa es el primer predicador en la región paga-
na de la Decápolis.
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 138

138 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

9. LA FUERZA DE LA FE: LC 8,40-56

ESTUDIO DEL TEXTO

1. ¿Qué palabras se repiten?


2. ¿Qué personas aparecen y cómo actúan?
3. ¿Cómo están descritos y caracterizados (por sus acciones y sus
discursos) Jairo y la mujer?

a) Enlaces narrativos

a. Narración compleja

Hay dos narraciones paralelas a la nuestra, Mt 9,18-26 y Mc 5,21-


43. En todas, la curación de la mujer hemorroísa se intercala con la re-
surrección de la hija de Jairo. Ambas narraciones forman un conjun-
to; las dos están unidas por el número doce y por el tratamiento «hija»:
la hija de Jairo tiene unos doce años (8,42), y la mujer padecía flujo de
sangre desde hace doce años (8,43) y Jesús le llama «hija» (8,48).
Esta narración parece entreverada e intercalada: la primera frase
establece la conexión con la narración anterior, la curación del en-
demoniado (8,40). La presentación de Jairo y su petición forman la
introducción de la nueva narración (8,41-42a): Jairo pide a Jesús
venir a su casa, porque su hija única está muriendo. No nos entera-
mos de una respuesta de Jesús, pero se pone en camino a la casa de
Jairo. Lucas intercala otra información: las apreturas de la muche-
dumbre (8,42b). Después nos presenta a la hemorroísa, que se en-
cuentra desde hace mucho tiempo en una situación desesperada,
pues nadie podía curarla (8,43).
Lucas nos cuenta lo que aquella mujer hace y obtiene: está cura-
da (8,44), pero no nos informa sobre las reflexiones o intenciones de
la mujer, que narran en cambio Mt 9,21 y Mc 5,28. En Lc es Jesús
mismo quien sintió el toque y una fuerza que ha salido de él, y pre-
gunta por el causante (Lc 8,45a.46). Señalando apreturas, Pedro (y
los demás) rechazan la pregunta de Jesús (8,45b). En este momento
aparece la mujer y testimonia –¡ante de todo el pueblo!– la razón de
haberlo tocado, y lo que ha conseguido: ¡está curada! (8,47).
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 139

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 139

b. La fuerza de la fe

Jesús le confirma a la mujer que su fe la ha salvado (8,48). Con


eso Lucas subraya que no fue Jesús quien curó a la mujer, pues sólo
sintió la fuerza que le salió, sin saber quién le ha tocado y qué cau-
só su fuerza. Es obvio que fue la fe de la mujer que la ha sanado. Ya he-
mos leído algo semejante en la narración del centurión: Jesús no
pronunció una palabra poderosa, sino que simplemente alabó la fe
del centurión. Al regresar, los enviados del centurión encontraron
al criado sanado. Por el contexto, era evidente que la fe del centu-
rión curó a su criado. Otro ejemplo es el de la mujer que ungió a Je-
sús; Jesús confirmará posteriormente que es salvada por su fe. Por es-
tas narraciones, Lucas realza la fuerza salvadora y sanadora de fe.
Esta fuerza y eficacia de la fe es muy importante para los lectores:
entienden que las personas que no tienen contacto directo con Jesús pue-
den ser salvadas por su fe.
Enseguida aparece un recadero de la casa de Jairo e informa de
la muerte de la hija. Además añade el consejo: no molestar más a
Jesús (8,49). En el fondo de su consejo se entiende su opinión no
pronunciada: ya nada se puede cambiar. Es obvio que ese recadero
no cree que Jesús sea capaz de vencer la muerte, aunque apenas
poco antes Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naín y la noticia se
propagó por toda Judea y sus alrededores (7,11-17).

c. La función de la intercalación

De la composición de los acontecimientos surge la impresión de


que la muchacha murió a causa de la demora de Jesús por la mujer
hemorroísa (8,49). A nivel narrativo, también el diálogo con Pedro
demoró el avance de Jesús (8,45-46). Así notamos que la narración
de la mujer hemorroísa es independiente de la de Jairo. La narra-
ción de Jairo, en cambio, necesita la intercalación de la hemorroí-
sa para demorar la llegada de Jesús. La narración –y a nivel narrati-
vo Jairo– necesitan el ejemplo positivo de la mujer hemorroísa para
notar la eficacia de la fe.
Jesús invita a Jairo a tener fe, y le anuncia la salvación de su hija
a causa de su fe (8,50). Tanto la selección de las personas a las que
Jesús permite entrar con él (8,51) como el diálogo con los que llo-
ran y se lamentan por la muerte de la muchacha (8,52-53) demoran
otra vez el desarrollo de la narración. Aunque Jesús opina que la
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 140

140 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

muchacha está durmiendo, la impresión es que la situación es de-


sesperada. Jesús toca a la muchacha y le manda levantarse (8,54).
Enseguida retorna el espíritu a ella –los lectores entienden que ha-
bía fallecido– y se levanta (8,55). El asombro de los padres y la or-
den incomprensible de no contar lo sucedido (8,56) confirman la
resurrección y terminan la narración.

b) Enlaces pragmáticos

Los temas importantes son la fuerza sanadora y la fe salvadora.


Ya leímos que la gente sabía que de Jesús sale una fuerza sanadora,
pues intentó tocarle (6,19). En la Antigüedad se entendía que una
persona especial y llena de espíritu transmitía fuerzas misteriosas
por el toque de la mano (raramente por el pie). No se distinguía en-
tre medicina, religión y magia. Había terapias y exorcismos también
entre los paganos, fuera de la Biblia.
Nos enteramos ya de que la fuerza sanadora de Jesús le impulsa-
ba a curar (5,17b). Tanto en el AT como en el NT, esta fuerza tan
especial es un don de Dios. El Mesías dotado con la fuerza de Dios
corresponde a las esperanzas escatológicas de AT (Is 9,5; 11,2; 49,5;
Miq 5,3). Así se explica que esta fuerza saliera de Jesús, en cierto
modo, «involuntariamente», pues Dios mismo estaba obrando.
Varias veces Lucas retrata este motivo de la fuerza de Dios: la con-
cepción de Jesús sucedió por la fuerza de Dios (1,35); Jesús fue un-
gido por Dios con Espíritu Santo y con fuerza (Hch 10,38); Jesús
obra por esta fuerza (Lc 4,14); incluso expulsa por ella espíritus in-
mundos (4,36). Jesús confiere esta fuerza a sus discípulos (Lc 9,1;
24,49; Hch 1,8; 4,7.33). Los lectores entienden: la fuerza poderosa
que obra en y por Jesús señala al Mesías.
La mujer que toca a Jesús, esperando quedar sana por el contacto
con la fuerza curadora, reconoce la fuerza poderosa de Dios en Jesús,
y así confiesa simultáneamente a Jesús como Mesías. Por eso Jesús
confirma que la fe de la mujer la salvó (8,48). A Jairo, el jefe de la si-
nagoga, en cambio, Jesús debe animarle a creer: «sólo ten fe y se sal-
vará» (Lc 8,50). Así Jesús confirma otra vez que la fe salva. Los lec-
tores se acuerdan de los ejemplos del centurión (7,9-10) y de la mujer
pecadora (7,50): los dos experimentaron también la fuerza salvadora
de su fe. Los lectores entienden: la fuerza sanadora y la fe salvadora per-
tenecen a la misma voluntad salvífica de Dios para los hombres.
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 141

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 141

PARA PROFUNDIZAR Y COMPARTIR

Compara nuestra narración con las de Mt 9,18-26 y Mc 5,21-43,


para ver más claramente semejanzas y diferencias.
Esta narración nos ofrece en primer lugar dos modelos de identifi-
cación: Jairo y la mujer hemorroísa. ¿Con quién puedes identificarte y
por qué? ¿En qué y cómo te ayuda su modelo a desarrollar tu fe y a pro-
fundizar tu relación con Jesús / Dios?

II. ¿QUIÉN ES JESÚS?: LC 9,1-50


Esta unidad termina con la actuación de Jesús en Galilea y te-
matiza la pregunta por la identidad de Jesús.

1. LA MISIÓN DE LOS DOCE: LC 9,1-6.10


Jesús envía a los Doce para anunciar el Reino de Dios, y los provee
para su encargo con la fuerza y la autoridad de liberar a los hombres de
los demonios y de curar enfermedades. Los lectores se acuerdan del
discurso programático de Jesús en la sinagoga de Nazaret (4,16-30). A
partir de ahora, los Doce –y luego también los setenta y dos discípulos
(10,1-16)– se encargan del mismo ministerio. Pero Jesús no deja de tra-
bajar, como aclara 9,11: acoge a la gente, les habla del Reino de Dios
y cura a los que tienen necesidad de ser curados. Lucas pone de relie-
ve que Jesús, los Doce, los setenta y dos, y los demás discípulos obran
en común como trabajadores (10,2) del Reino de Dios.

2. HERODES PREGUNTA POR LA IDENTIDAD DE JESÚS: LC 9,7-9


Herodes hace la primera pregunta por la identidad de Jesús:
«¿Quién es, pues, este de quien oigo tales cosas?» (Lc 9,9), pues mu-
cha gente toma a Jesús por Juan el Bautista resucitado, por el profe-
ta Elías o por otro profeta resucitado. Herodes no acepta esas inter-
pretaciones. ¡Él quiere conocer a Jesús!

3. JESÚS ALIMENTA Y SATISFACE A TODOS LOS HOMBRES: LC 9,11-17


La multiplicación de los panes tiene su paralelo y modelo en el
AT, en la multiplicación de los panes de Eliseo (2 Re 4,42-44). Lu-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 142

142 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

cas presenta a Jesús como el que alimenta y satisface a todos los hom-
bres. Los lectores se acuerdan de la narración de las tentaciones de
Jesús en el desierto (4,1-13). Jesús rechazó la tentación de convertir
las piedras en pan para saciarse argumentando que los hombres no
viven únicamente de pan (4,4). Ahora sacia y satisface a los ham-
brientos tanto con el pan como con las palabras del Evangelio y con
los hechos salvíficos: «Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y
curaba a los que tenían necesidad de ser curados» (Lc 9,11).
Las palabras con las que Jesús toma los panes, los bendice, los
parte y los reparte, recuerdan la cena pascual (9,16 paralela a 22,19).
Lucas alude con esta fórmula litúrgica a la eucaristía y a la práctica
en las comunidades. Su orden: «denles ustedes de comer» (Lc 9,13),
recuerda a los discípulos su misión, es decir, ellos deben dedicarse a
los hombres, en vez de despedirlos. Ellos deben dar lo que tienen a los
hombres, aunque les parezca poco. Los verdaderos enriquecidos son
los Doce, que recogen doce canastos de trozos sobrados.

4. ¿QUIÉN SOY YO?: LC 9,18-27

Este párrafo tematiza claramente la identidad de Jesús. Jesús pre-


gunta a sus discípulos quién es él a los ojos de la gente, y los discí-
pulos cuentan la opinión de la gente, que corresponde a lo que oyó
Herodes de Jesús: Juan el Bautista, Elías o un profeta de los antiguos
que ha resucitado (9,19). Luego Jesús se dirige directamente a sus
discípulos: «y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? (Lc 9,20a). La pre-
gunta se dirige simultáneamente a los lectores: ¿Quién es Jesús (para
ti)? Pedro es el único que responde; quizá habla por los demás dis-
cípulos. Su respuesta es el modelo ejemplar: «el Mesías de Dios»
(9,20b). Ya los ángeles anunciaron a los pastores el nacimiento del
Mesías (2,11). Los lectores deben ahondar en la pregunta: ¿Es Jesús
el Mesías?
A la confesión de Pedro, Jesús reacciona con la orden enérgica de
no decir esto a nadie (9,21). A continuación, viene el primer anun-
cio de la pasión: el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser repro-
bado por las autoridades religiosas, será muerto y resucitará (9,22).
Así el evangelista da a entender que el mandamiento de callarse y
el anuncio de la pasión forman una unidad. Los discípulos y los lec-
tores deben preguntarse: ¿Es Jesús el verdadero Mesías, aunque re-
probado por las autoridades religiosas, que tienen argumentos con-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 143

JESÚS DEMUESTRA Y ENSEÑA: QUIEN CREE, SERÁ SALVADO: LC 7,1-9-50 143

vincentes? ¿Es Jesús el Mesías de Dios, aunque debe sufrir y morir? ¿El
sufrimiento forma parte de su Mesianismo? ¿Quiere Dios que su Me-
sías sufra?
También las instrucciones sobre el seguimiento de Jesús (9,23-
27) pertenecen a la unidad literaria del anuncio de la pasión, pues
Jesús sigue hablando. Estas instrucciones se dirigen a todos los que
quieren seguir a Jesús, incluidos los lectores de hoy. Jesús declara
que el seguimiento tiene que ver con negarse a sí mismo, con tomar
su cruz y con perder la vida (9,23-24). Los que le siguen se exponen,
igual que el Mesías, al sufrimiento. No se trata de aceptar sin más el
sufrimiento, sino de que Dios y su Mesías no desamparan a los que pa-
decen. Dios, su Mesías y los que le siguen conocen el sufrimiento por
experiencias propias, y por eso se compadecen con los que sufren y
no los abandonan.

5. DIOS CONFIRMA LA IDENTIDAD DE JESÚS: LC 9,28-36

La narración de la transfiguración de Jesús contiene la respuesta


de Dios a la pregunta por la identidad de Jesús: «Éste es mi Hijo, mi
Elegido; escúchenlo» (Lc 9,35). Los lectores se acuerdan del bautis-
mo de Jesús, cuando Dios confirmó a Jesús como su Hijo (3,22). Los
dos hombres –Moisés y Elías, que aparecen en el monte– tienen una
función muy importante. Ambos aparecen en gloria –igual que el
ángel a los pastores (2,9)–, para hablar de su fin que debe cumplir-
se en Jerusalén. La palabra «cumplir» alude a la voluntad salvífica de
Dios como telón de fondo.
Moisés simboliza los mandamientos de Dios, Elías a los profetas.
Ambos, mandamientos y profetas, anuncian y predican la voluntad
de Dios, igual que Jesús. La transfiguración ubica a Jesús en esa tra-
dición, la de la Torá y los Profetas. Es decir, la vida y la muerte de
Jesús, y sobre todo su confirmación directa por Dios, integran a Je-
sús en el contexto de la Torá y de los Profetas. Los lectores entien-
den que, sólo en el contexto de los mandamientos de Dios y de los
mensajes de los profetas, pueden entender adecuadamente a Jesús.
El mensaje de Jesús del Reino de Dios, su pasión y su muerte en Je-
rusalén se explican gracias a la predicación y al anuncio de Moisés
y de los profetas.
La transfiguración alude también a la pasión y la resurrección de
Jesús: Jesús sube a un lugar apartado a orar (9,28 como luego al mon-
08.245 - 12. Cap. 6 29/10/08 10:07 Página 144

144 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

te de los Olivos 22,41.44). Sus discípulos le acompañan, aunque se


duermen (9,28.32 paralela 22,39.45). En el sepulcro de Jesús apare-
cen dos hombres con vestidos resplandecientes (9,31a paralela 24,4),
y recuerdan a las mujeres los anuncios de la pasión en Galilea, así
como Moisés y Elías hablan del fin de Jesús en Jerusalén (9,31b pa-
ralela 24,6-7). Las mujeres comunican enseguida a los demás discí-
pulos qué experimentaron en el sepulcro, pero los discípulos en la
narración de la transfiguración no pueden hablar de su vivencia
(9,36b paralela 24,9-10). Por eso se interpreta la transfiguración
como un suceso pascual.

6. MODELOS PARA LA PRÁCTICA EN LA COMUNIDAD: LC 9,37-50

Este párrafo debe ser interpretado en el contexto de la narración


de la transfiguración (9,37). La transfiguración orienta a la pasión y
resurrección, y este párrafo focaliza el tiempo de la comunidad des-
pués de la pascua y la ascensión. Lucas dirige la perspectiva de los
lectores a la práctica en la comunidad. Se trata del tiempo cuando
Jesús ya no estará con ellos, lo que se nota en el tratamiento de «us-
tedes» (9,48.50): los discípulos no tienen éxito en expulsar todos
los demonios (9,40). Se pelean por la jerarquía (9,46). Viven con-
flictos con otras personas, a las que quieren excluir, porque no per-
tenecen a su círculo (9,49).
Jesús enseña a sus discípulos que la expulsión de demonios re-
quiere la fe (9,41; más obvio en la versión de Mc 9,23.29), y que el
más pequeño entre ellos es el más grande (9,48c). Además manda a
sus discípulos que no impidan a los oponentes no evidentes, sino
que los acepten, aunque no pertenecen al mismo círculo (9,50). Je-
sús invita a profundizar la fe propia, y les recuerda practicar la hu-
mildad y la tolerancia.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 145

CAPÍTULO VII
LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS:
LC 9,51-12,53

El evangelista señala que el ministerio de Jesús se cumplirá, y


para esto se vale de la frase «y se dio el caso de que» (Lc 9,51). Je-
sús decide ir a Jerusalén... pues debe ser recibido en el cielo. Por eso
la actividad de Jesús en Galilea termina, y los capítulos siguientes
(9,51-19,27) se ocupan del camino de Jesús a Jerusalén, donde se
cumplirá su destino.
Lucas usa el marco del «camino a Jerusalén» para intercalar más
enseñanzas de Jesús, sobre todo en forma de parábolas largas. Ade-
más el evangelista comunica encuentros de Jesús con otras personas
que se convierten en personajes importantes de identificación para
los lectores, pues les presentan modelos ejemplares para su vida y
para su fe. Estos encuentros tematizan dos veces la pregunta de qué
debemos hacer para heredar la vida eterna. También el uso de las ri-
quezas será un tema importante.
En este capítulo de nuestro estudio, nos enteramos de la actitud de
los discípulos que siguen a Jesús (9,51-12,53). Sobresalen dos líneas
generales: 1) el seguimiento de los discípulos y 2) la actitud adecua-
da de los seguidores de Jesús. En la primera parte (9,51-10,42) Jesús
envía a setenta y dos discípulos y les da instrucciones concretas sobre
qué deben hacer. La parábola del buen samaritano y la narración de
las hermanas Marta y María tematizan también el seguimiento de los
discípulos de Jesús. En la parte segunda (11,1-12,53) Jesús enseña con
parábolas sobre Dios, e instruye cómo orar. Las palabras contra los fa-
riseos y maestros de la Ley sirven de modelo negativo: los seguidores
de Jesús no deben ser como ellos. Lucas añade otras instrucciones so-
bre el comportamiento adecuado. En esta parte, los lectores van a en-
contrar muchas sugerencias para su vida de fe.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 146

146 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

I. EL SEGUIMIENTO DE LOS DISCÍPULOS: LC 9,51-10,42

1. MALA ACOGIDA EN UN PUEBLO SAMARITANO: LC 9,51-56

Aunque en la Antigüedad la hospitalidad era muy apreciada, Je-


sús y sus discípulos no son acogidos en un pueblo samaritano, porque
samaritanos y judíos no se apreciaban. Santiago y Juan quieren casti-
gar a los samaritanos, pero Jesús los reprende. El grupo se dirige a otro
pueblo donde sí será recibido. Lucas muestra que los discípulos de Je-
sús son rechazados. En Hch narrará más ejemplos del rechazo a los
discípulos; serán perseguidos y castigados (Hch 13,50; 14,5).

LOS SAMARITANOS

Los samaritanos formaron un grupo especial en la fe judía. Cuando


cayó el Estado de Israel en manos asirias (722 a.C.), y debido a su polí-
tica de mestizaje, los judíos de la clase alta de Israel fueron deportados a
Asiria, y gentes de otros países fueron traídas al territorio de Samaría; se
mezclaron los judíos que fueron dejados con los extranjeros.
Los extranjeros adoptaron la religión judía: creyeron en Yahvé, y
aceptaban como sagrada la Torá o Pentateuco, pero no los Profetas ni
los Salmos; y aunque se atenían a los mandamientos de la Torá, no de-
jaron su religión anterior, de modo que practicaban cierto sincretismo
(2 Re 17,24-41). La gente de Samaría se consideraba el verdadero pue-
blo de Israel, pues se quedó en la tierra prometida.
Al regresar a Israel los judíos deportados del exilio babilónico, no
aceptaron a los samaritanos como judíos –porque estaban mezclados
con otros pueblos– y los excluyeron del culto del templo reedificado
en Jerusalén. Cuando Alejandro III (el Magno), rey de Macedonia,
formó de Samaría una colonia macedonia (330 a.C.), los samaritanos
sitiaron Siquem y construyeron un templo al monte Guerizim (Dt
27,4-10). Aquel templo fue destruido (128 a.C.) por los Macabeos (o
Hasmoneos), una dinastía judía; desde entonces reinaba la enemistad
entre los judíos y los samaritanos.

La actitud de Jesús da a entender que no condena ni opinión ni


comportamiento de los samaritanos. Jesús practica la misericordia
de Dios, como la enseñó en el sermón de la llanura: «sean miseri-
cordiosos como su Padre es misericordioso» (Lc 6,36). En el párra-
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 147

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 147

fo siguiente Jesús da instrucciones concretas a sus discípulos sobre


cómo manejar el rechazo.

2. SEGUIMIENTO Y ENVÍO: LC 9,57-62 Y 10,1-20

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Subraya las palabras que se reiteran.


2. Estructura el texto: marca los párrafos que tratan del mismo
tema.
3. Lee Lc 9,1-6.10-11 y compáralo con nuestro texto para encon-
trar semejanzas y diferencias.

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Este párrafo trata del seguimiento de Jesús y del envío de los se-
tenta y dos discípulos. La palabra clave que une las dos narraciones
es «el Reino de Dios» (Lc 9,60; 10,9.11). Lucas realza que «seguir a
Jesús» y «anunciar el Reino de Dios» son la misma cosa, pues Jesús
invita al seguimiento (9,59a), y responde al reparo del hombre lla-
mado con el encargo al anuncio del Reino de Dios (9,60).
En la parte sobre el seguimiento (Lc 9,57-62), Lucas presenta
brevemente tres encuentros de Jesús con personas anónimas. Por sí
mismas, dos de ellas deciden seguir a Jesús (9,57.61). A otro, Jesús
le invita (9,59). En este evangelio se hallan sólo tres invitaciones
(o vocaciones) al seguimiento: la primera dirigida al publicano Leví
(5,27), la segunda se encuentra aquí y la tercera será para el hom-
bre rico de 18,22.
En nuestro texto queda pendiente si alguna de las tres personas
siguió a Jesús. Así Lucas da a entender que aquí no importa tanto el
hecho del seguimiento, sino los motivos para seguir a Jesús. Estos en-
cuentros ejemplares son modelos abiertos para los lectores, que de-
ben reflexionar sobre sus motivos: por qué –o por qué todavía no–
siguen a Jesús.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 148

148 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

El párrafo siguiente narra el envío de los setenta y dos discípulos


(10,1-20) en versión paralela al envío de los Doce (9,1-6.10). Lu-
cas es el único evangelista que nos comunica el envío de otro gru-
po además de los Doce. El discurso de envío aborda varias temáti-
cas. Después de una breve introducción (10,1) se trata el envío de
los discípulos (10,2-3), llamados «obreros de la mies» y «corderos».
La metáfora de los corderos en medio de lobos señala las dificulta-
des que encontrarán los enviados.

b. Instrucciones concretas
En Lc 10,4-12, Jesús da instrucciones concretas a sus discípulos:
10,4 contiene reglas generales; 10,5-7 instruye sobre qué hacer al
entrar en una casa, y 10,8-12 sobre qué deben hacer cuando sean y
cuando no sean acogidos en una ciudad. Llama la atención que los
discípulos, incluso si no son recibidos, deben también anunciar el
Reino de Dios. Ellos no deben ni amenazar ni juzgar la ciudad que
no los reciba. Los lectores recuerdan que Jesús no fue recibido en el
pueblo samaritano: ni condenó a los habitantes ni quiso que los dis-
cípulos los castigaran. Con todo, ahora Jesús amenaza con el rigor
del juicio final (10,13-15), porque las ciudades que lo rechazan, re-
chazan al que le ha enviado, es decir, a Dios mismo (10,16). Quien
rechaza a Dios, ha dictado sentencia sobre sí mismo.
Después Lucas intercala la reacción de los discípulos enviados, que
vuelven y relatan con alegría sus experiencias: hasta los demonios se
les someten en el nombre de Jesús (10,17). Jesús les confirma el po-
der que les ha dado, para que superen el poder del enemigo y nada les
haga daño (10,18-19). Pero la razón de su alegría no debe ser su po-
der, sino que sus nombres están inscritos en los cielos (10,20).
Luego Lucas añade algunas palabras de Jesús sobre la revelación
(10,21-22) y una bienaventuranza de los discípulos (10,23-24).

b) Enlaces pragmáticos

a. Tres personajes de identificación


Los lectores deben reflejarse en los tres modelos presentados (Lc
9,57-62), para reflexionar sobre su propia decisión respecto a seguir
a Jesús.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 149

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 149

¿El lector se encuentra en el modelo del primer hombre, que pro-


mete con entusiasmo y con buenas palabras seguir a Jesús sin ver con
realismo las consecuencias de esta decisión? Jesús no rechaza al
idealista, sino que le muestra posibles dificultades. Quien quiere se-
guir a Jesús debe contar con problemas, rechazos y acosos. Antes,
Lucas ejemplificó el rechazo real con la mala acogida en el pueblo
samaritano, y Jesús ya dio instrucciones a sus discípulos en el caso
de que sean rechazados.
¿Se refleja el lector en la situación del otro hombre que está lla-
mado explícitamente por Jesús, pero encuentra razones importantes,
personales y humanas, que le impiden seguirle ahora mismo? Jesús
responde que tales razones no impiden anunciar y vivir el Reino de
Dios. La instrucción de Jesús no la entiendo como «no le entierres»,
pues sería falta enorme de cariño e ingratitud al padre, contra el
cuarto mandamiento. Más bien la interpreto en el sentido de que:
«en cada situación y en todo lo que haces, debes anunciar y vivir el
Reino de Dios. No te fijes en el luto, porque el sepelio de tu padre
debe ser anuncio del Reino de Dios».
O ¿se identifica el lector con el tercero, que decide seguir a Jesús,
pero pone otros pretextos para no seguirle enseguida? Leemos un caso
semejante en 1 Re 19,19-21: Elías llama a Eliseo –cuando estaba
¡arando!– al echar su manto sobre él como señal de su vocación.
Eliseo le pide el permiso de besar a su padre y a su madre, y ¡Elías se
lo concede! Sólo lo exhorta a volver. El texto narra explícitamente
que Eliseo volvió atrás, es decir, deja de ir detrás de Elías, pero no
sólo para despedirse de sus padres, sino que además mata los bueyes,
cuece la carne y da de comer a la gente. Después de hacer todo esto
siguió a Elías.
Notamos que Jesús no dice que aquel hombre no deba despedir-
se, sino que quien mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios.
Quien se compromete con el Reino de Dios, debe mirar hacia de-
lante, al Reino de Dios. A Lucas no le importa –como a Mc 10,29-
30 y Mt 19,29– dejar la familia y las propiedades, sino sólo menos-
preciarlos (Lc 14,26), es decir, la familia y las propiedades no deben
importar más que Jesús o el Reino de Dios. En Lc no hay separación
y enemistad (como en Mt 10,35-36), apenas un simple desacuerdo
entre dos o tres personas (Lc 12,52-53).
Leeremos en Hch que alguien se bautiza con «toda su casa», por
ejemplo el centurión Cornelio (Hch 10,2.24 y 11,14), la vendedo-
ra de púrpura Lidia (16,15), el carcelero de Filipos (16,31-34) y el
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 150

150 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

jefe de la sinagoga Crispo (18,8). Por eso, la invitación de Jesús sig-


nifica: «si quieres seguir, hazlo con toda tu familia. En vez de sepa-
rarte de ella, debías anunciar y vivir el Reino de Dios en un círculo
pequeño». Pues en el Reino de Dios no se trata de dejar algo y de
mirar hacia atrás con tristeza y lamento. Se trata más bien de mirar
hacia delante: para vivir y actuar en el presente desde la perspecti-
va del Reino de Dios ya empezado.
Las objeciones de Jesús no quieren poner trabas a la decisión del
seguimiento; quieren más bien dirigir la atención de la persona que
quiere seguirlo tanto a problemas posibles como a nuevas perspecti-
vas. Quien quiere seguir a Jesús, debe reflexionar su decisión y su
vacilación, para que se decida consciente de su responsabilidad y de
sus posibilidades.

b. Palabras clave

El párrafo siguiente (10,1-20) narra el envío de los setenta y dos


discípulos. Muchos manuscritos mencionan setenta discípulos. Am-
bos números son cifras simbólicas: en aquel tiempo se contaban se-
tenta pueblos del mundo, y, según una leyenda, setenta y dos tradu-
jeron el texto hebreo del AT al griego (así surgió la Septuaginta).
Lucas señala con este número –sea setenta o setenta y dos– la difu-
sión del Evangelio en todo el mundo.
Jesús envía a los discípulos sin el equipamiento usual. Eso no es-
tiliza el ideal de la pobreza –¡que Lucas nunca afirma!–, sino que su-
braya la meta del viaje: ser recibido en las casas. La meta no es correr
mundo, sino visitar las casas. Por esto los discípulos deben perma-
necer en ellas, no andar de casa en casa (10,7). Lucas menciona ex-
plícitamente comer y beber (10,7-8): la comunidad a la mesa sirve
para anunciar el Evangelio, y alude a la eucaristía (cf. la narración
de los discípulos de Emaús en 24,29-32).
En la perspectiva del anuncio del Evangelio entre las naciones,
el mandamiento «coman lo que les pongan» (10,8) es muy impor-
tante. En efecto, leeremos en el libro de los Hechos que no hay que
declarar impuro lo que Dios ha declarado puro (10,15). Los discí-
pulos pueden mantener y cultivar la comunión con los paganos, y
no deben preocuparse de infringir las leyes al comer con ellos. La
asamblea de Jerusalén decidirá limitar los preceptos dietéticos,
para facilitar la comunión –ya practicada en la diáspora– entre ju-
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 151

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 151

díos y paganos, lo que posibilitará anunciar el Evangelio entre los


paganos.
El encuentro en las casas se da bajo el signo de la paz. Los discípu-
los son portadores de la paz. La palabra hebrea shalom significa no sólo
«paz», sino en primer lugar «vida abundante» y «bienestar completo».
El «hijo de paz» es un hebraísmo que designa a la persona que da todo
de sí para realizar la paz y para difundirla. Por eso Lucas presenta la paz
de manera personificada (Lc 10,5-6). La primera palabra debe ser el
deseo de la paz. El encuentro en casa, la comunión de las personas,
todo lo que será dicho y hecho, se da al servicio de la paz. La paz es el
motivo principal de los cristianos que se reúnen en las casas.

c. Ser enviado como discípulo

Los discípulos enviados son encargados de curar a los enfermos y


de anunciar el Reino de Dios (Lc 10,9). Ellos, igual que los apóstoles,
tienen poder sobre los demonios (10,17). Ellos hacen lo mismo que
Jesús hizo: curar, expulsar demonios y anunciar el Reino de Dios
(4,32.40.43; 7,21-22; 13,22.32). Al adoptar la actividad de Jesús,
los discípulos llegan a ser sus seguidores (Hch 4,30; también 4,22;
9,34; 16,18; 28,8). En el encargo de sanar y proclamar el Reino de
Dios arraiga el encargo diaconal de la Iglesia.
Al no ser recibidos, los discípulos deben sacudir el polvo de sus
pies. Este gesto no significa maldición, sino estar en paz con alguien,
no haberle quitado algo. Los discípulos vienen en y con paz, y de-
ben salir en paz, en caso de no ser recibidos. A la ciudad inhospita-
laria deben, sin embargo, anunciar el Reino de Dios. La oferta de la
salvación es para todos, así que los discípulos no deben omitir ningu-
na posibilidad para anunciarlo, para que cada uno se entere del Rei-
no de Dios cuando esté dispuesto.
También las lamentaciones, los «ayes» no significan maldición,
sino que expresan lamento (Lc 10,12.14). El juicio final todavía
está pendiente, por eso Jesús avisa a las ciudades de qué sucederá si
no se arrepienten. Ésta es otra oportunidad para convertirse. Leemos
en el AT que Dios avisa por medio del profeta Jonás a la ciudad Ní-
nive. Dios no quiere la extinción, ni la ruina o la perdición de los
hombres, sino su salvación y vida abundante. Por eso Dios ofrece e
invita muchas veces a los hombres a la conversión, y deja que li-
bremente se decidan.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 152

152 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Llama la atención que Jesús se identifica no sólo con el mensaje


del Reino de Dios, sino también con sus discípulos: «Quien a uste-
des los escucha, a mí me escucha; y quien a ustedes los rechaza, a mí
me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha envia-
do» (Lc 10,16). Los discípulos son instrumentos de Dios, Dios obra por
medio de ellos. Aunque ellos experimenten rechazo, pueden estar
seguros de que Dios no los abandona. Por eso el motivo de su alegría
no debe ser que los espíritus se les someten o que Satanás cae del
cielo, sino que sus nombres están inscritos en los cielos (10,19). Es
decir, el motivo de su alegría es que Dios está siempre a su lado y les
acompaña. Esta alegría debe ser fuente de su quehacer.
Los personajes de identificación son los discípulos: Jesús no en-
vía solamente a los doce apóstoles a las doce tribus de Israel, sino
que envía a muchos discípulos a todas las naciones conocidas en el
mundo antiguo. Igualmente, los lectores deben entenderse enviados
a poner y obrar la paz en las casas en su entorno. Igual que los dis-
cípulos, deben dedicarse a los enfermos y preocuparse por ellos. En
todas las ocasiones deben anunciar el Reino de Dios, independien-
temente de si son recibidos o rechazados, pues pueden estar seguros
de que Dios está siempre con ellos.

PARA COMPARTIR

¿Cómo puedes adoptar y adaptar la práctica de los discípulos a tu


vida y a tu situación actual? ¿Cómo instaurar paz y obrar en paz? ¿Y
respecto a los enfermos? ¿Cómo hablar sobre el Evangelio y profundi-
zar la fe?

3. ¿QUÉ HACER PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?: LC 10,25-37

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las preguntas y las respuestas directas a las preguntas (la


parábola no es una respuesta directa, es sólo un ejemplo que sirve a la
explicación detallada).
2. Subraya todos los verbos en el discurso directo.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 153

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 153

a) Enlaces narrativos

a. Primer cambio de perspectiva

La respuesta sobre qué se debe hacer y cómo se debe vivir para


tener en herencia vida eterna es el tema central. Lo mismo interesa
a los lectores de todos los tiempos, pues une su acción actual con su
esperanza de fe. En nuestra perícopa, un experto en la ley le plantea
la misma pregunta a Jesús (10,25), pero Jesús le responde indirecta-
mente, pues le contesta con otra pregunta, ¿Qué indica la Torá? La
respuesta directa de Jesús está en 10,28: Hazlo –es decir: cumple
la Torá, ponla en práctica–, y vivirás. Eso significa que quien cum-
ple la Torá, quien vive según la Torá, heredará vida eterna.
Pero el experto en la ley vuelve a preguntar: «Y ¿quién es mi pró-
jimo?» (10,29). Tampoco ahora Jesús responde directamente, sino
con una parábola (10,30-35). Luego retoma la pregunta del jurista,
modificándola. La pregunta «¿Quién es mi prójimo» se convierte
en: «¿Quién se comportó como prójimo?» (10,36). Jesús cambia la
perspectiva: el prójimo no es otra persona, sino que, por lo que
hago, yo me transformo en prójimo de otro; es decir: yo me hago pró-
jimo de otro.
Desde esta perspectiva nueva, el prójimo ya no está menospre-
ciado como un «menesteroso beneficiario de limosnas», sino que yo
obtengo la posibilidad de caracterizarme como hombre que cumple
la voluntad de Dios, y como persona misericordiosa, porque Dios
mismo es misericordioso (10,37 y 6,36). La respuesta de Jesús ter-
mina con un imperativo explícito: «¡Vete y haz tú lo mismo!» (Lc
10,37).

b. Segundo cambio de perspectiva

También al interior de la parábola Jesús cambia la perspectiva.


La opinión general asume que los sacerdotes y levitas, como clase
alta religiosa, conocen la voluntad de Dios, y que los samaritanos,
que no aceptan el templo en Jerusalén, desconocen la voluntad de
Dios. Jesús cambia la perspectiva habitual: en la parábola es el samari-
tano quien realiza –a diferencia del sacerdote y del levita– la vo-
luntad de Dios, haciéndose prójimo del judío herido, y preocupán-
dose por él.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 154

154 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Nuestra perícopa no cuenta si el experto de la ley actuó confor-


me a la parábola o no. Por eso el jurista es personaje de identifica-
ción para los lectores que se preguntan también qué hacer para he-
redar vida eterna.

b) Enlaces pragmáticos

a. Heredar vida eterna

El imperativo «hazlo» en las respuestas de Jesús une las dos pre-


guntas del experto de la ley. Los lectores entienden que se heredará
vida eterna al vivir y cumplir la voluntad de Dios expresada en sus
mandamientos, y que uno sólo se hace prójimo al actuar con mise-
ricordia con otro. Así Lucas subraya: quien cumple la Torá –que
contiene la voluntad de Dios: el amor a Dios y al prójimo– hereda-
rá vida eterna.
Casi al fin de esta tercera parte «en el camino a Jerusalén» (Lc
9,51-19,27), encontramos otra vez la pregunta por la vida eterna.
Ahora la plantea uno de los principales (18,18), y Jesús indica otra
vez al cumplimiento de los mandamientos (18,20), y señala la ca-
ridad al prójimo, al invitar al hombre rico a repartir sus bienes en-
tre los pobres (18,22). En ambos casos, la vida que cumple la vo-
luntad de Dios –según los mandamientos– es la condición previa
de la vida eterna. En ambos casos, Jesús da instrucciones concretas
para practicar el amor al prójimo: cuando uno se hace prójimo de
otro. El ejemplo del jurista subraya, cómo uno se hace prójimo de otro,
ayudando a quien está sufriendo; el ejemplo del hombre principal
demuestra que se puede ayudar también con los bienes que se
tengan.
Las informaciones de que el jurista pregunta a Jesús «para ten-
tarle» (Lc 10,25), y de que más tarde él mismo debe justificar su
pregunta (10,29), dan a entender que el experto de la ley contaba
con una respuesta opuesta. Ésa podía ser sólo una respuesta que
devaluara o redujera la validez de la Torá. Pero Jesús nunca tuvo
intención de reducir la validez de la Torá o de menospreciarla,
como aclara inequívocamente: «Es más fácil que el cielo y la tie-
rra pasen y no que caiga una coma de la Torá» (Lc 16,17). Y tam-
bién: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán»
(Lc 21,33).
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 155

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 155

Con eso Lucas realza que los judíos heredarán vida eterna, por-
que conocen los mandamientos de Dios y los cumplen, como
muestran los ejemplos del experto de la ley y del hombre princi-
pal. Los no judíos que no pueden conocer completamente los
mandamientos de Dios tienen también la posibilidad de cumplir-
los, como en el ejemplo del buen samaritano. El samaritano actuó
de manera ejemplar, pues se hizo prójimo del hombre en necesi-
dad, que ni puede hablar, al preocuparse por él. Tanto judíos como
no judíos tienen la posibilidad de cumplir la voluntad de Dios y de he-
redar vida eterna.

b. Personajes de identificación

Nuestra narración ofrece varios modelos de identificación a los


lectores: el experto de la ley, el sacerdote, el levita y el samaritano.
El experto de la ley quiere heredar vida eterna y pregunta a Jesús qué
hacer para obtenerla. El hecho de preguntar para tentar a Jesús no
parece simpático, pero el jurista no está caracterizado completa-
mente en negativo. Él conoce la Torá y sabe qué debe hacer. Ade-
más interpreta correctamente la parábola. Él entiende y sabe qué
debía hacer, pero busca el camino más fácil para vivir a sus anchas.
Los lectores pueden preguntarse: ¿Qué excusas y evasivas pongo yo
para no hacer lo que debo y cumplir la voluntad de Dios?
El sacerdote y el levita actúan de igual manera: ven al herido y dan
un rodeo, sin ayudarle. No nos enteramos de por qué lo pasan de
lado. El sacerdote tiene función ejemplar, pero hace caso omiso del
herido. El levita –clérigo de rango inferior– tiene también función
ejemplar. El levita se encuentra en una situación más difícil, porque
su superior no ayudó, pero él mismo tiene la posibilidad de actuar
de manera distinta a su superior. También el levita elige el camino
más cómodo y elude su responsabilidad. Los lectores pueden pre-
guntarse: ¿A quién o qué paso yo por alto? ¿Por qué razón no quie-
ro ver dónde o cuándo puedo hacerme prójimo de otro? Y ¿cómo
reacciono al darme cuenta de que otras personas podían o debían
ayudar ya antes que yo?
Del samaritano –extranjero y cismático–, los lectores judíos no
esperaban ni mucho ni algo bueno. Pero es él quien ve al judío he-
rido y se compadece (10,33). La misericordia motiva su acción
(10,34): venda sus heridas y se preocupa por él. Al no tener posibi-
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 156

156 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

lidad de seguir curándolo, le proporciona cuidado mediante el po-


sadero (10,35). Con eso Jesús explica que la asistencia y preocupa-
ción por el prójimo no pesan sobre las espaldas de una persona sola.
Ir a buscar a otros que pueden ayudar, llamar la atención de otros
sobre los que necesitan ayuda y recordar a otros su deber de amor al
prójimo es tanto como la ayuda misma. Los lectores pueden pre-
guntarse: ¿De quién puedo hacerme prójimo? Al notar que yo solo
no consigo ayudar mucho, ¿a quién puedo pedir ayuda? ¿A quién
puedo contactar que tenga más posibilidades y capacidades que yo
para ayudar? Y ¿quién me puede apoyar para que yo ayude más com-
petentemente?

PARA COMPARTIR

¿Con cuál de las personas puedes identificarte?


¿Quién puede decir de ti que tú eres su prójimo?
¿Cómo puedes hacerte prójimo de otra persona? ¿A quién puedes
pedir apoyo?

4. ELEGIR LA MEJOR PARTE: LC 10,38-42

38 Yendo ellos de camino,


entró en un pueblo;
y una mujer, llamada Marta,
le recibió en su casa.
39 Tenía ella una hermana llamada María,
que, sentada a los pies del Señor,
escuchaba su palabra,
40 mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres diaconales.
Al fin, se paró y dijo:
«Señor, ¿no te importa
que mi hermana me deje diaconar sola?
Dile, pues, que me ayude».
41 Le respondió el Señor:
«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas,
42 y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola.
María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 157

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 157

ESTUDIO DEL TEXTO

1. En 10,40 el texto griego usa la misma palabra para describir el


servicio de Marta y su acción; en español se podría decir «servicio» y
«servir», pero la palabra griega es la misma que se dice de la suegra de
Simón (4,39) y de las mujeres que seguían a Jesús (8,3): «diaconar».
En mi opinión, el sentido doble de «servir» y «diaconar» corresponde
a la intención del autor, por eso he cambiado el texto en 10,40 y he
escrito: «quehaceres diaconales» y «diaconar». Para comprender me-
jor qué significan «quehaceres diaconales» y «diaconar», se debe ana-
lizar cómo está descrito el servicio de Marta, y cómo está descrita la
«mejor parte».
2. ¿Cómo son caracterizadas (por sus acciones y palabras) Marta y
María?
3. Lee Hch 6,1-4 y compáralo con nuestro texto: ¿Qué semejanzas
encuentras? ¿Qué solución encuentran los apóstoles?

a) Enlaces narrativos

a. La situación

Esta breve narración sólo Lucas nos la cuenta. El texto está es-
tructurado de manera sencilla: después de la introducción (10,38) y
la descripción de la situación (10,39-40a) sigue un diálogo entre
Marta y Jesús (10,40b-42). La introducción reitera que Jesús y sus
discípulos están en el camino a Jerusalén. Una mujer, Marta, recibe
hospitalariamente a Jesús, y aunque los discípulos no son mencio-
nados, los lectores pueden deducir que Marta los acoge también.
Lucas describe la situación. Marta tiene una hermana llamada
María, que se sienta como discípula a los pies del maestro Jesús a es-
cuchar su enseñanza, mientras que Marta está atareada en muchos
quehaceres diaconales. Podemos figurarnos muy bien la situación:
Jesús entra en la casa de Marta y enseña –seguramente no sólo a
María, sino también a sus discípulos– en la casa. Cuando un rabí en-
seña, sus discípulos están sentados a sus pies, escuchan su enseñan-
za y hacen preguntas. Podemos figurarnos a María entre los discípu-
los de Jesús.
Mientras que María y los discípulos escuchan la enseñanza de Je-
sús, Marta está afanada y agobiada por muchos quehaceres. Lucas
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 158

158 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

no describe en detalle qué son estos quehaceres, pero los lectores


pueden imaginarse que se trata de ofrecer hospitalidad: acomodar a
los huéspedes, preparar y servir de comer y beber... Así, el servicio
de Marta es superior a sus fuerzas.
En 10,40b empieza la acción, el diálogo entre Marta y Jesús.
Marta se para en su ajetreo, y se dirige primero con una pregunta y
después con una orden a Jesús. Ella quiere que Jesús se interese por
ella y su servicio: «Señor, ¿no te importa... que me deje diaconar
sola?» Por eso Jesús debe mandar a su hermana que le ayude.

b. La respuesta de Jesús

Jesús responde a los dos deseos de Marta. Le confirma que ella se


preocupa y se agita por muchas cosas, y así se ha dado cuenta de su
servicio y lo aprecia (10,41). Pero a continuación le explica a ella
que sólo hay necesidad de pocas cosas o de una sola cosa (10,42a).
Jesús dirige su mirada a lo esencial. Antes que las acciones clasifi-
cadas automáticamente como «buenas», importa hacer lo necesa-
rio. Hay pocas cosas necesarias o quizá sólo una que debe ser hecha,
en vez de perderse en preocupaciones y cosas secundarias.
Jesús se ocupa también del segundo deseo de Marta, de enviarle
a su hermana como ayuda. Ahora pone en el centro la acción de
María (10,42b): María ha elegido la buena y mejor parte. Jesús su-
braya así que María no holgazanea o pierde el tiempo. Jesús explica
inequívocamente que escuchar y aprender la palabra de Dios es la
mejor parte, y no le será quitada. Así Jesús defiende la decisión de
María y su acción de escuchar y aprender la palabra de Dios. La na-
rración termina con estas palabras de Jesús. Los lectores pueden
identificarse con las dos hermanas e imaginar el fin de la narración.

b) Enlaces pragmáticos

a. Palabra clave

Quedan pendientes algunos detalles: ¿Por qué la parte que eligió


María es la mejor? ¿Cuál es la otra parte? ¿Cuál es la sola cosa nece-
saria? El contexto de nuestra narración y la selección de palabras –la
parábola del buen samaritano y la elección de los Siete hombres
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 159

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 159

(Hch 6,1-4)– nos ayudan a responder. También en Hch leemos un


conflicto, y en esa narración el servicio de la mesa y el servicio de la
palabra aparecen en el texto griego con la misma palabra: diaconía.
Así es obvio que se trata en ambos casos del servicio a Dios: el servi-
cio o diaconía de la palabra y el servicio o diaconía con otros hechos.
Las dos actividades de Marta y María son servicios diaconales.
Ambos servicios pertenecen al mismo servicio a Dios, como dos ca-
ras de una moneda, y no deben separarse. Quien estudia sólo la pa-
labra de Dios sin que repercuta en su vida y sin que se muestre en el
amor al prójimo, no entendió la palabra de Dios. La narración del
experto de la ley subrayó que la voluntad de Dios se muestra en los
hechos de amor al prójimo. Quien da todo de sí a favor de otros ac-
túa de manera social, hospitalaria y filantrópica. Para que esta acti-
vidad sea amor al prójimo y corresponda al amor a Dios, debe ajus-
tarse a los mandamientos de Dios, los que invitan a la relación
personal y emocional –al amor– a los débiles, discriminados y mar-
ginados. Este amor al prójimo fue mostrado en el buen samaritano
que tuvo compasión e hizo lo necesario.

b. El estudio de la palabra de Dios y los hechos de amor al prójimo

La parábola del buen samaritano y la narración de Marta y Ma-


ría se hallan una junto a otra, para indicarnos la intención de Lu-
cas: los mandamientos de Dios y los hechos de amor al prójimo for-
man una unidad. Las preguntas del jurista demuestran que él
conoce los mandamientos de Dios, pero pregunta por hechos con-
cretos. La parábola aclara qué se debe hacer y cómo se debe actuar.
En esos ejemplos la acción se encuentra en el centro. La narración
de las dos hermanas subraya desde la perspectiva de la acción el va-
lor del estudio de la palabra de Dios, y lo pone en el centro. Los lec-
tores entienden: el estudio de la palabra de Dios y los hechos de
amor al prójimo cumplen juntos la voluntad de Dios.
El ejemplo de Marta que ve solamente sus quehaceres y deberes
demuestra el peligro de olvidar la única cosa importante: el amor al
prójimo. Ella ha puesto el servicio en el centro de su actuación. Ya
no queda espacio ni para el prójimo ni para la palabra de Dios. Ella
necesita la ayuda de su hermana para hacer mejor sus quehaceres.
La diaconía está en función del hombre, y no el hombre en función
de la diaconía. La perspectiva cambia cuando el servicio está pues-
to en el centro en vez de en el hombre, es decir, cuando el servicio
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 160

160 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

llega a ser más importante que el hombre mismo. Se nota también


cómo se desplaza la perspectiva cuando el servicio de la palabra de
Dios, fundamento del amor al prójimo, está desatendido (Hch 6,2).
En Hch, Lucas narra un problema semejante (Hch 6,1-4), pero
la comunidad soluciona el problema al elegir a siete que se encar-
gan de la diaconía de las mesas; Esteban y Felipe son unos de ellos.
Sus ejemplos muestran que además de su servicio diaconal hacen
otras cosas: Esteban obra prodigios y señales, y Felipe predica el
Evangelio. También el samaritano en la parábola no vive sólo para
ayudar. Después de haber hecho lo necesario, se ocupa de que el
dueño cuide al herido, y el samaritano se va. Es preciso hacer lo ne-
cesario. Pero el servicio está limitado para no inhabilitar al prójimo,
y para que no sea objeto de la actividad.

c. Elegir la mejor parte

Si María ha elegido la mejor parte no quiere decir que Marta eli-


giera la peor. El servicio de la palabra de Dios no es mejor que el ser-
vicio de amor al prójimo. Jesús subraya que María eligió con la es-
cucha de la palabra de Dios una opción de valor equivalente al
servicio de amor al prójimo. Y, al mismo tiempo, le señala a Marta
que habría bastado un poco de pan y agua, y que ella se sentara...
Esta narración contiene un mensaje especial a las mujeres –de
aquel tiempo y de hoy–, aunque no sea sensacional. Este episodio
cotidiano se encuentra entre todos los relatos extraordinarios y de
hechos portentosos. Mientras que curaciones y milagros son únicos
y excepcionales, la historia de Marta y María no deja de repetirse en
cada ciudad, en cada pueblo. Nuestra narración refleja la vida dia-
ria de las mujeres, y por eso nos indica algo especial.
El judaísmo no mandaba que las mujeres estudiaran la Torá y
asistieran al culto en la sinagoga como, en cambio, se lo ordena a
los hombres. Desde hace mucho tiempo –inclusive hoy– las muje-
res no estudiaban intensivamente la palabra de Dios. El ejemplo de
María –estudiar o asistir a la enseñanza en casa– ofrece una posibi-
lidad practicable a las mujeres interesadas en dedicarse intensiva-
mente a la palabra de Dios. Ciertamente había y hay protestas para
reducir a las mujeres a sus quehaceres domésticos. A esa opinión
responde Jesús: dedicarse a la palabra de Dios es la mejor parte que
a nadie le será quitada, ¡ni a una mujer!
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 161

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 161

PARA COMPARTIR

¿Con quién puedes identificarte más: con Marta o con María?


Ponte en la situación de María y cuenta desde su perspectiva lo
que sucedió. Después ponte en la situación de Felipe (uno de los Sie-
te en Hch 6,1-7) y cuenta desde su perspectiva el problema y la solu-
ción. ¿Cómo es la situación en tu comunidad? ¿Cuántas Marías y
cuántas Martas (o Felipes) hay? ¿Cómo se puede mediar entre las dos
posiciones?
¿Dónde encuentras tú en tu vida cotidiana la posibilidad de dedi-
carte a la palabra de Dios?

II. LA ACTITUD ADECUADA DE LOS SEGUIDORES


DE JESÚS: LC 11,1-12,53

1. CÓMO PODEMOS ORAR: LC 11,1-13

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las palabras reiteradas en Lc 11,1-13.


2. Ordénalas por campos semánticos y por oposiciones.
3. ¿Cómo están caracterizados el Padre (y el amigo en la casa) y el
hijo (y el amigo que acude a su casa)?
4. Lee la versión del Padre Nuestro de Mateo (Mt 6,9-13) y com-
párala con nuestro texto para ver semejanzas y diferencias.

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Aparte de la introducción, nuestro párrafo contiene una ense-


ñanza de Jesús. En 11,1 se describe la situación y el ruego de un dis-
cípulo. Después el texto se estructura en dos párrafos paralelos: a la
enseñanza de Jesús sigue un ejemplo y una frase sumaria. 11,2-4
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 162

162 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

contiene la enseñanza de Jesús –el Padre Nuestro– como respuesta


a la pregunta del discípulo. Jesús añade una parábola (11,5-7) que
explica la oración. Jesús resume la quintaesencia de la parábola en
una frase concluyente (11,8). El párrafo siguiente está estructurado
de igual modo: 11,9-10 contiene la enseñanza de Jesús, explicada
con una parábola (11,11-12) y al final la conclusión (11,13).

b. Campos semánticos

Ciertas palabras repetidas indican el tema de la perícopa: padre,


pedir y dar. Al campo semántico del «padre» pertenece el «amigo»
que presta el pan, pero también la palabra «dar» y, en el contexto,
todas las cosas buenas: el pan (cotidiano), cuanto necesita, el pes-
cado, un huevo y el Espíritu Santo. Junto a los que piden encontra-
mos: el discípulo, el amigo que pide por el pan, el hijo que pide a su
padre y todo lo que está unido con «pedir», «buscar» y «llamar».
Fijándonos en las oposiciones notamos: «pedir y no recibir» son
las oposiciones contrarias. En consecuencia las palabras «pedir y re-
cibir» forman una unidad, como demuestra también el hijo que pide
y recibe. Además, «ser pedido y dar» forman una unidad, como de-
muestra el padre, a quien su hijo le pide y le da. Los imperativos di-
rigidos a «ustedes» (11,9) y la generalización en 11,10 resumen el
tema: pidan y se les dará, pues quien pide recibe.
Esta clasificación nos ayuda a caracterizar al que pide (el hijo y
el discípulo) y al que da (el padre). El que pide ruega por cosas ne-
cesarias para la vida cotidiana: el pan cotidiano, tres panes para dar-
les a su amigo, un pescado y un huevo. Pero pide también cosas de
la vida espiritual: el Reino de Dios, el perdón de los pecados y el Es-
píritu Santo. Quien da es alguien a quien se puede dirigir con toda
confianza –el padre, el amigo y Dios mismo–, pues dará todo lo ne-
cesario y otras cosas buenas.
El que pide es descrito como insistente y perseverante: alguien
que no olvida su ruego, y recibe –a causa de su perseverancia– lo que
ha pedido. Poco más adelante, Jesús cuenta una parábola semejan-
te, la de la viuda insistente y del juez inicuo (18,1-8). En esa pará-
bola, la viuda recibe a causa de su insistencia lo que ha pedido
(18,5), aunque no lo solicita a un amigo, sino a alguien que no res-
petaba a los hombres. Jesús termina aquella parábola con la conclu-
sión: «¿No hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 163

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 163

día y noche? Les digo que les hará justicia pronto» (Lc 18,7-8). Los
dos ejemplos alientan a los lectores a pedir y les aseguran que reci-
birán lo que han pedido incansablemente y con perseverancia.

b) Enlaces pragmáticos

a. Palabras clave

En la introducción, encontramos a Jesús en oración; esto le im-


porta mucho a Lucas, pues describe con frecuencia a Jesús en ora-
ción. Jesús se retira a lugares solitarios a orar (5,16; 22,41) o se va
al monte (6,12; 9,28). Asimismo Jesús ora en medio de sus discípu-
los (9,18; 22,17.19; 24,30) y en medio de la gente como al bauti-
zarse (3,21). Jesús ora también a la vista de su muerte (23,34.46). La
oración manifiesta su relación personal y llena de confianza a Dios.
Por eso Jesús llama a Dios «padre».
Tres veces antes Jesús llamó a Dios «padre»: siendo un mucha-
cho en el templo (2,49), en una palabra sobre el seguimiento que
menciona la gloria del padre (9,26) y en un grito de júbilo sobre
Dios su padre (10,21-22). En estas tres situaciones se trató sólo de la
relación de Jesús con Dios como su padre. Pero en el sermón de la lla-
nura Jesús invita a sus oyentes (y a los lectores): «sean misericor-
diosos como su Padre es misericordioso» (Lc 6,36), y: «amen a sus
enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio... y se-
rán hijos del Altísimo» (Lc 6,35). Estas palabras refieren por prime-
ra vez a Dios como nuestro padre y a nosotros como sus hijos, pero la
relación entre Dios y nosotros no fue explicada más detalladamente.
Ahora Jesús enseña a sus discípulos y a nosotros que podemos y
debemos hablar a Dios como «padre» (11,2). También la conclu-
sión (11,13) pone de relieve que Dios es padre. Es la segunda vez en
Lc que es obvio que Dios es también nuestro padre, y esta vez nues-
tra relación con Dios como nuestro padre está explicada más deta-
lladamente. Ya en el AT Dios es llamado «padre» (Sal 68,6; 89,27;
Is 63,16; 64,7; Eclo 23,1.4; 51,10; Sab 14,3; Dt 1,31; 8,5).
El tratamiento de «padre» expresa la relación cariñosa con Dios.
Eso subraya también el segundo ejemplo en el discurso de Jesús
(11,11-12): ningún padre daría cosas malas a su hijo. Igualmente
Dios, nuestro padre, dará sólo cosas buenas a los que se lo piden
(11,13). Eso significa que podemos pedirle y que podemos estar se-
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 164

164 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

guros de que Dios nos dará sólo cosas buenas, y especialmente el Es-
píritu Santo.
En los siguientes discursos encontramos más detalles de Dios
como nuestro padre; «ya sabe su Padre de qué tienen necesidad»
(Lc 12,30); «a su Padre le ha parecido bien darles a ustedes el Rei-
no» (Lc 12,32). También la parábola del hijo pródigo y del padre
misericordioso (15,11-32) caracteriza a Dios como padre: el padre
ha buscado a su hijo pecador con la vista, es compasivo con él, le
perdona, y le acoge como hijo amado.
La invitación a dirigirnos a Dios como nuestro padre trae consi-
go que podemos entendernos como hijos e hijas de Dios. Podemos en-
tender nuestra relación con Dios por analogía con nuestras relacio-
nes humanas, es decir, partiendo de la base de nuestra relación con
nuestros padres y amigos humanos. Pero queda claro que Dios es
«más» que nuestros padres y amigos humanos: cuando fracasan los
padres y amigos, Dios sostiene su relación con nosotros, como ano-
ta 11,13: ¡Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo!

b. La relación con Dios

Miramos con más detalle el Padre Nuestro. Los primeros dos rue-
gos se refieren a Dios: que santifique su nombre y que venga su Rei-
no. En el AT, el «nombre de Yahvé» significa Dios mismo. Invocar
el nombre de Yahvé se refiere al culto (Gn 4,26; 12,8; 13,4; 26,25;
Sal 29,2; 30,5). Santificar el nombre de Dios significa cumplir los
mandamientos de Dios, pues quien desacata los mandamientos de
Dios profana el santo nombre de Dios (Ez 20,39; 36,20-23).
Dios santifica su nombre mediante sus hechos salvadores y sal-
víficos, como describe el profeta Ezequiel: «Yo santificaré mi gran
nombre profanado allí por ustedes... Los tomaré de entre las nacio-
nes, los recogeré de todos los países y los llevaré a su suelo... Y les
daré un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu nuevo, qui-
taré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis
preceptos y observen y practiquen mis normas... Ustedes serán mi
pueblo y yo seré su Dios. Los salvaré de todas sus impurezas» (Ez
36,23-29a).
Con este fondo, las peticiones «santificado sea tu Nombre» y
«venga tu Reino» expresan la esperanza del pueblo de Dios, vincu-
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 165

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 165

lando el sentido salvífico con el sentido político. Es decir, los he-


chos salvíficos de Dios suceden aquí, en este mundo, en nuestra his-
toria, a la vista de todos; y aquí, en este mundo, debemos practicar
los mandamientos de Dios y vivir nuestra relación especial con Dios.
Los tres ruegos siguientes del Padre Nuestro los hace el hombre
necesitado. Necesita pan para su sustento cotidiano. Sus relaciones
interpersonales están marcadas por culpas y fracasos, por eso nece-
sita el perdón; y también es consciente de que él mismo debe per-
donar a otros, para poder realizar la vida en común según la volun-
tad de Dios. Su relación con Dios está amenazada por tentaciones,
y por eso necesita al Espíritu Santo como ayuda. Por eso Jesús nos
invita a pedir el Espíritu Santo y nos afirma que Dios se lo dará
(11,13).

JESÚS: MODELO DE ORACIÓN

La oración es comunicación y comunión con Dios.


Jesús nos enseña con su ejemplo cómo podemos orar (recomiendo leer
los textos indicados):
• Jesús se retira a lugares solitarios donde ora: 5,16; 6,12; 9,18.28;
11,1.
• Jesús pasa mucho tiempo en la oración: 6,12.
• Jesús pronuncia la bendición y da gracias por la comida –peces,
pan y vino–: 9,16; 22,17.19.
• Jesús ora por otros (Pedro) para que no desfallezca su fe: 22,32.
• Jesús ora en apuro y miedo e insiste en su oración; que se haga la
voluntad de Dios, el Padre: 22,41-44.
• Jesús ora en su hora de muerte; perdona a sus asesinos: 23,34.
• Jesús muere orando; se da en las manos de Dios, su Padre:
23,46.
• Jesús resucitado bendice a sus discípulos: 24,50-51.
Lucas nos comunica algunas reacciones de Dios a la oración de Jesús:
• Mientras que Jesús ora, el cielo se abre, el Espíritu Santo baja
sobre él y una voz del cielo le confirma como Hijo de Dios:
3,21-22.
• La oración cambia el rostro y el aspecto de Jesús, y una voz del
cielo le confirma como Hijo de Dios: 9,29.35.
• En sus apuros, un ángel venido del cielo le conforta: 22,43.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 166

166 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Jesús enseña explícitamente a sus discípulos cómo y qué orar:


• Bendecir y orar también por quienes nos maldicen o difaman:
6,28.
• Orar a Dios como nuestro Padre: 11,2.
• Orar y pedir lo que uno/a necesita, lo bueno y el Espíritu Santo:
11,9-13.
• Orar siempre, en todo tiempo, sin desfallecer: 18,1; 21,36.
• La parábola del publicano en el templo enseña que podemos orar
por el perdón: 18,13.
• Orar para no caer en tentación: 22,40.46.

c. Modelos de identificación

Los lectores se identifican en primer lugar con los que piden –con
los discípulos, con el amigo y con el hijo–, pero también con los que
dan –el amigo y el padre–. En 11,11 se cambia al tratamiento di-
recto de «ustedes»: ¿Qué padre hay entre ustedes...?» Ahora los lec-
tores se encuentran en el rol del padre a quien el hijo solicita, y que
da cosas buenas. Jesús compara al hombre que da con Dios que da
(11,13). Una situación semejante se encuentra en el Padre Nuestro
(11,4): igual que nosotros perdonamos a otros sus pecados, Dios per-
dona los nuestros. Los lectores no están siempre en la posición del
peticionario, sino también en el rol de quien da y perdona. Los lecto-
res entienden que el perdón debe ser dado siempre, cuando el her-
mano pecador lo solicita (17,4).
En el contexto más amplio de nuestra narración, Jesús invita a
los discípulos –y a los lectores– a orar siempre (18,1; 21,36). Así Lu-
cas subraya la importancia de la oración para relacionarnos con Dios.
Por eso nos presenta a personas que tienen una relación especial
con Dios y oran: la profetisa Ana (Lc 2,37), Pedro (Hch 10,9-15) y
el centurión Cornelio (Hch 10,1-4). En Hch nos enteramos de que
también los discípulos oran con frecuencia: se reúnen en las casas
para orar (1,14; 12,5.12), y todas las decisiones importantes van
acompañadas de la oración (1,24; 6,6; 13,3; 14,23). Los discípulos
oran también en apuros y situaciones difíciles (12,5; 16,25), como
Esteban (7,59) y Pablo (20,36) ante la muerte.
En su evangelio, Lucas transmite a sus lectores –además del Pa-
dre Nuestro– otras oraciones más que marcan la continuidad del
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 167

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 167

pueblo de Dios: el Magníficat (1,46-55), el Benedictus (1,68-79) y el


Nunc dimittis (2,29-32). Estas oraciones se parecen por su estructu-
ra y su contenido a los Salmos: recuerdan al orante la historia ante-
cedente de Dios con su pueblo, alaban a Dios por sus hechos salva-
dores y salvíficos, y abren la perspectiva al futuro –que ya empezó–,
pues Dios realiza su plan salvífico para todos los hombres y todas las
naciones.

PARA COMPARTIR

¿Cómo oras tú? ¿Qué experiencias has tenido?


Dios es tu Padre. Tú eres hijo o hija de Dios. ¿Cómo describirías tu
relación con Dios, tu Padre? Como hijo o hija de Dios: ¿Qué «edad»
tienes? ¿Te sientes como «niño» o «niña» de Dios o como «adoles-
cente» o como «adulto» o «adulta»?
Igual que tú creces y maduras, tu relación con Dios puede crecer y
madurar: ¿Cómo puedes crecer? ¿Qué deseas de tu relación con Dios?
¿En qué quieres madurar?

2. JESÚS DISCUTE CON SUS OPONENTES: LC 11,14-54.


LOS EJEMPLOS DE LA VERDADERA DICHA: LC 11,27-28,
Y DE LA LUZ EN TI: LC 11,33-36

Ya desde la primera parte de Lc se perfilaron posibles conflictos


entre Jesús y las autoridades religiosas. La gente de la sinagoga de
Nazaret quiso matarle (4,28-29), y los fariseos y escribas opinaron
que blasfemaba cuando perdonó los pecados (5,21). Además, los fa-
riseos y escribas murmuraron de Jesús y de sus discípulos porque cul-
tivaban la comunión con pecadores y publicanos (5,30), y porque
no ayunaban como los demás (5,33). Las espigas arrancadas y las cu-
raciones de Jesús en sábado (6,1-2.6-10) provocaron que los fariseos
y escribas busquen de qué acusarle (6,7.11). Estas situaciones ya
apuntan el conflicto.
La muchedumbre, en cambio, se entusiasma con las enseñanzas
y los hechos de Jesús (5,26; 7,16; 9,43), e incluso algunas autorida-
des políticas se interesaban por Jesús, como Jairo, el jefe de la sina-
goga (8,41-42), el centurión de Cafarnaúm (7,2-10) y el rey Hero-
des que quiso conocer a Jesús (9,9). Hay cierta desconfianza en el
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 168

168 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

aire. Los lectores recuerdan que Simón, un fariseo, opina negativa-


mente sobre Jesús (7,39), y que un escriba le tiende trampas (10,25).
También los habitantes de Gerasa le ruegan a Jesús que se aleje de
ellos (8,37), y un pueblo samaritano no lo recibe (9,53).
En nuestro párrafo (11,14-54) leemos la réplica de Jesús a las re-
criminaciones y acusaciones de sus oponentes: sobre las estrategias
de Beelzebul (11,15-20) y de los espíritus inmundos (11,24-26).
Igualmente, Jesús critica a la gente que pidió un signo del cielo
(11,16), y reprueba a fariseos y juristas (11,37-52). Los fariseos y es-
cribas siguen buscando ponerle una trampa (11,53-54). Los lectores
entienden que el conflicto perdura y que se desatará en otra oca-
sión.
Mientras que Jesús pronuncia su discurso, una mujer interrumpe,
a voz en cuello, alabando a la madre de Jesús. Jesús le responde con
otra bienaventuranza (11,27-28), y continúa su discurso. Al final de
su discurso encontramos un imperativo concreto explicado por dos
sentencias (11,33-36). Tanto la bienaventuranza de la mujer anó-
nima como la intercalación sobre la luz y la oscuridad armonizan
con el discurso de Jesús, pero las dos inserciones van unidas por la
misma temática: cumplir la voluntad de Dios. Miramos estas dos in-
tercalaciones con más detalle.

a) La verdadera dicha: Lc 11,27-28

27 Se dio el caso de que, cuando él estaba diciendo estas cosas,


una mujer de entre la gente alzó la voz y dijo:
«¡Dichoso el seno que te llevó
y los pechos que te criaron!»
28 Pero él dijo:«Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios
y la cumplen».

Tenemos la indicación de que Lucas cuenta algo importante:


«Se dio el caso de que...». La bienaventuranza en favor de la madre
de Jesús también le favorece a él; la mujer alaba el seno materno por
haber llevado a Jesús, y los pechos que lo criaron. Jesús responde de-
clarando que son más venturosos los que escuchan la palabra de
Dios y la ponen en práctica. Su respuesta es similar a la de 8,21
cuando le avisaron que su madre y sus hermanos estaban allí: «Mi
madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la
cumplen» (Lc 8,21).
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 169

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 169

Lucas realza que a Jesús le importan más las personas que escu-
chan la palabra de Dios y la ponen en práctica que sus parientes car-
nales. Los lectores entienden: no importa la relación de parentesco
con Jesús, ni haberle conocido personalmente o haberle visto para
participar en el plan salvífico de Dios, pues la única cosa importante es
escuchar la palabra de Dios y cumplirla. Todos los hombres tienen esta
posibilidad. El que se decida a escuchar la palabra de Dios y cumplir-
la se une con Jesús más y mejor que por una relación de parentesco.
Esto importa mucho a la gente que no tuvo la ocasión de escuchar
personalmente a Jesús: los creyentes de la diáspora, los gentiles y los
lectores de otras épocas hasta nosotros hoy. Gracias a la palabra de
Dios, todos pueden relacionarse con Jesús y unirse con él.

b) La luz en ti: Lc 11,33-36

También el segundo texto intercalado no parece unido a su con-


texto. Llama la atención que Jesús se dirija improvisamente a sus
oyentes tratándolos de «tú» en vez de «ustedes» como siempre. El
tratamiento de «tú» aporta a las sentencias un toque personal.
33 «Nadie enciende una lámpara
y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín,
sino sobre el candelero,
para que los que entren vean el resplandor.
34 Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo.
Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado;
pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras.
35 Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
36 Si, pues, tu cuerpo está enteramente iluminado,
sin parte alguna oscura,
estará tan enteramente luminoso,
como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor.»

Ya leímos algo semejante en Lc 8,16: «Nadie enciende una lám-


para y la tapa con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que
la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz».
Pero nuestro texto explica con más detalle la imagen de la lámpa-
ra, y la interpreta según los conceptos de la Antigüedad. Entonces
se figuraba al ojo como ventana del cuerpo: así como la luz entra por
la ventana y alumbra la casa, el interior del hombre queda ilumina-
do por lo que ve. Nuestra imagen dice que el cuerpo debe ser ilu-
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 170

170 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

minado como una lámpara, para que pueda iluminar a otros. Por eso
leemos el imperativo directo: «Mira, pues, que la luz que hay en ti
no sea oscuridad» (Lc 11,35).
En muchos sitios del AT Dios es llamado «luz»: «tendrás a Yah-
vé por luz eterna... Yahvé será para ti luz eterna» (Is 60,19-20).
«Yahvé es mi luz» (Sal 27,1). También la palabra de Dios es «luz»:
«tu palabra es antorcha para mis pasos, luz para mi sendero» (Sal
119,105); «la orden es lámpara y la enseñanza luz» (Prov 6,23).
Importa subrayar que en Isaías, en quien cumple los manda-
mientos de Dios, brota la palabra de Dios hasta convertirse en su
resplandor: «... deshacer los nudos de la maldad, soltar las coyundas
del yugo, dejar libres a los maltratados y arrancar todo yugo... partir
al hambriento tu pan y a los pobres sin hogar recibir en casa... que
cuando veas a un desnudo lo cubras y de tu semejante no te apar-
tes... entonces brotará tu luz como la aurora... te precederá tu justi-
cia, la gloria de Yahvé te seguirá. ... si apartas de ti todo yugo, no
apuntas con el dedo y no hablas maldad, repartes al hambriento tu
pan y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas
tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía» (Is 58,6-10).
Leemos también que el hombre fiel debe ser luz para todos los
demás: «Yo, Yahvé, te he llamado en justicia, te tomé de la mano,
te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gen-
tes, para abrir los ojos ciegos, para sacar del calabozo al preso, de la
cárcel a los que viven en tinieblas» (Is 42,6-7).
Desde los ejemplos del AT, el imperativo en nuestro texto «que
la luz que hay en ti no sea oscuridad» (Lc 11,35) nos invita a escu-
char la palabra de Dios y a realizarla. La misma intención tiene la
buenaventura de los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen
(11,28).

3. ENSEÑANZAS A LOS DISCÍPULOS: LC 12,1-53

Ahora viene un largo discurso a los discípulos (12,1.22.41), a los


que Jesús llama también amigos (12,4). Él los alienta a confesar su
fe y su confianza (12,5.7.32), y les invita a no preocuparse por co-
sas innecesarias (12,11.22.25.26), pues el Espíritu Santo les apoya-
rá (12,12), y «su Padre sabe ya de qué tienen necesidad» (12,30).
Ellos –e igualmente los lectores– pueden vivir con plena confianza
en Dios, pues tienen al Espíritu Santo como apoyo.
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 171

LA ACTITUD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS: LC 9,51-12,53 171

El discurso de Jesús se mira interrumpido por un hombre que le


solicita mediar en un conflicto de herencias (12,13). Jesús aprove-
cha esta interrupción para abordar otro tema: hacerse un tesoro en
los cielos (12,33), pues las abundantes riquezas no garantizan la vida
(12,15). Aunque Lucas retomará el tema más tarde, anota ya aquí
el fundamento para el justo uso de las riquezas: «vendan sus bienes
y den limosnas. Hagan un tesoro inagotable en los cielos, porque
donde esté su tesoro, allí estará su corazón» (Lc 12,33-34).
Prosiguiendo su discurso, Jesús recuerda a sus discípulos cumplir
siempre la voluntad de Dios (12,42.47-48), es decir, preocuparse y
velar por los administradores (12,42-44), así como estar preparado
para la venida del Hijo del hombre (12,40). Los lectores entienden
que estas palabras se dirigen explícitamente a los pastores de la co-
munidad. La venida del Hijo del hombre significa adoptar una de-
cisión que puede traer consigo conflictos hasta la ruptura. Lucas
describe la división como conflicto de generaciones: tres contra dos
y dos contra tres, la suegra contra la nuera; el padre y la madre con-
tra el hijo y la hija (12,53). Pero esa separación no es a la larga,
como leeremos en Hch: la multitud de los creyentes tenía un solo
corazón y una sola alma (Hch 4,32).
08.245 - 13. Cap. 7 29/10/08 12:11 Página 172
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 173

CAPÍTULO VIII
DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO
DE DIOS: LC 12,54-15,32

Jesús va en camino a Jerusalén (Lc 13,22), por eso encontramos


en esta parte más enseñanzas de Jesús. Con muchas parábolas, él en-
seña a la gente cómo deben vivir su relación con Dios, su Padre. Te-
mas centrales de su enseñanza son la conversión y el Reino de Dios.

1. DEL ARREPENTIMIENTO: LC 12,54-13,9

Poco antes, Jesús dirigió sus discursos en primer lugar a sus discí-
pulos; ahora le habla también a la gente reunida (12,54). Invita a
interpretar las señales de los tiempos (12,54-56), a cuidar la recon-
ciliación (12,57-59) y a convertirse (13,3.5). Algunos contaron a
Jesús del destino de otros que murieron asesinados y en un acciden-
te. Él contradice la opinión común –se halla también en Jn 9,2– de
que el pecado es castigado con la muerte o el sufrimiento, y de que
la dureza del castigo depende de la cantidad de los pecados: «¿Pien-
san que esos galileos (que habían sido victimados) eran más peca-
dores que todos los demás galileos, porque han padecido estas co-
sas?... o aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de
Siloé y los mató, ¿piensan que eran más culpables que los demás
hombres que habitaban en Jerusalén?» (Lc 13,2.4).
Jesús contradice la conexión entre hechos cometidos y situacio-
nes vividas, y explica a sus oyentes que los mismos acontecimientos
les habrían sucedido también a ellos, pues son tan pecadores como
los muertos. Él los exhorta a arrepentirse y a convertirse, para no ser
sorprendidos y morir sin conversión. La catástrofe de aquellos hom-
bres sirve para advertir a sus oyentes, que usen el tiempo que les
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 174

174 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

queda para convertirse: «si no se convierten, todos perecerán del


mismo modo» (Lc 13,3.5).
Jesús refuerza la urgencia de la conversión mediante la parábola
de la higuera estéril (13,6-9): antes de cortar aquella higuera, el
dueño le da una prórroga para que dé frutos. Los lectores deben
aprovechar igualmente el tiempo que les queda para convertirse.
Lucas retomará más tarde el tema de la conversión en las parábolas
de la oveja perdida, de la dracma perdida y del hijo perdido. Con
esas parábolas, Jesús también invita a la conversión.

2. LA CURACIÓN EN SÁBADO DE LA MUJER ENCORVADA: LC 13,10-17

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las palabras que se reiteran.


2. Analiza los verbos para ver más claro qué sucede: ¿Qué verbos
indican la duración y cuáles señalan un momento (de acción)?
3. Leyendo el texto, ¿hay algo que te parezca extraño o ilógico?
4. Compara nuestra narración con otras dos de curaciones en sá-
bado: la del hombre de la mano seca en la sinagoga (6,6-11) y la del
hidrópico en la casa de un fariseo (14,1-5). ¿Qué semejanzas y qué di-
ferencias encuentras?

a) Enlaces narrativos

a. Curación en sábado

En la introducción, Lucas presenta a Jesús enseñando en la si-


nagoga (13,10). Desde el comienzo en Galilea, Jesús enseña y pre-
dica en las sinagogas (4,15.44; 6,6); lo mismo hace en su camino a
Jerusalén. Esto no es nuevo para los lectores. La primera frase diri-
ge la atención de los lectores a la mujer, a su enfermedad y dolen-
cia (13,11).
El episodio empieza por la acción de Jesús, que, en realidad, es un
conjunto de acciones: la ve, la llama, le promete liberarla de su en-
fermedad y le impone sus manos (13,12-13a). Al instante la mujer
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 175

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 175

queda sanada, pues se endereza y alaba a Dios (13,13b). Llama la


atención que no sea la mujer quien pida la curación a Jesús, sino que
Jesús, por propia iniciativa, cura a la mujer.
La curación en sábado provoca la «razonable» indignación del jefe
de la sinagoga (13,14). Extrañamente se dirige a la gente y no a Je-
sús, cuya acción le enfadó. Su reproche no puede ir contra la mujer,
pues no fue a la sinagoga con intención de curarse, ni solicitó la cu-
ración. Por eso, la opinión del jefe de la sinagoga refleja la postura
general de guardar la santidad del sábado: la mujer soportaba diecio-
cho años su enfermedad, y bien podía soportarla un día más. Por eso
resuenan las preguntas: ¿Es Jesús un provocador por curar en sábado?
¿Quiere infringir en público los mandamientos, o los quiere cambiar?
La respuesta en plural al jefe de la sinagoga indica que Jesús se
dirige a un grupo, lo que, al final, resultará obvio (13,17). Jesús fun-
da y justifica su actuación (13,15-16): en sábado se desata incluso a
los animales para abrevarlos, aunque no morirían de sed de no be-
ber un día. Los animales tienen necesidad de ser abrevados, y sus
dueños no les hacen esperar un día entero. La mujer necesita igual-
mente ser sanada, cada día de sufrimiento es un día de más. Porque
ella sufre desde hace dieciocho años debe ser curada cuanto antes,
incluso en sábado. La narración termina con una información sobre
la gente y los oponentes de Jesús (13,17).

b. Otras curaciones en sábado

Hay otras dos curaciones en sábado frente a las que se notan va-
rias diferencias. En la narración del hombre con la mano seca, la in-
troducción (6,6) se parece a la nuestra, pero los fariseos y escribas
que están al acecho, y Jesús que conoce sus pensamientos (6,7-8),
indican a los lectores lo previsible: el conflicto con las autoridades
(6,10-11). También en esa narración el hombre no pidió la cura-
ción, sino que Jesús le curó por iniciativa propia, igual que a la mu-
jer encorvada. Jesús le cura sólo con una palabra (6,10). Antes pre-
guntó a los fariseos y escribas si es lícito hacer el bien en sábado,
pero ellos callaron. Tampoco se cuenta la reacción del curado, sólo
la reacción furiosa de las autoridades religiosas (6,11).
En la narración del hidrópico curado en sábado, en casa de un fa-
riseo, Jesús es también observado por los fariseos y juristas (14,1),
así que los lectores prevén el conflicto inminente. Lucas lleva al
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 176

176 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

lector frente al hidrópico (14,2), como en el caso de la mujer en-


corvada. Pero no está claro cómo entró el hidrópico en la casa del
fariseo o qué hacía allí. Es posible que el hombre –como la pecado-
ra de 7,37-38– se enterara de la presencia de Jesús en la casa del fa-
riseo, y que su presencia silenciosa sea ya una súplica de ayuda.
En aquella ocasión, Jesús quiere primero discutir con los fariseos
y escribas si es lícito curar en sábado (14,3), pero ellos no quieren
discutir, y se callan (14,4a). Por eso Jesús cura al hidrópico tocán-
dolo, sin decir nada, y después le despide (14,4b). Lucas tampoco
narra la reacción del hombre curado. Jesús funda y justifica su ac-
tuación por una pregunta que se parece mucho a la de nuestra na-
rración: «¿A quién de ustedes si se le cae un hijo o un buey a un
pozo en día de sábado no lo saca al momento?» (Lc 14,5). Pero sus
oponentes guardan silencio (14,6).

c. Las peculiaridades de la narración de la mujer encorvada

Esta comparación con las otras curaciones en sábado subraya las


peculiaridades de nuestra narración de la mujer encorvada: Jesús toma
la iniciativa y llama a la mujer (13,12a). Jesús la cura por su palabra
y por su toque, pues le anuncia la curación (13,12b) y le impone sus
manos (13,13a). Además, nos enteramos de la reacción de la mujer:
alaba y glorifica a Dios (13,13c).
La discusión sobre curar en sábado viene después (13,14-16), no
antes de la curación, como en las otras ocasiones. Además, los opo-
nentes de Jesús –y no él mismo– provocan la discusión, por esto los
lectores se enteran de un argumento válido para oponerse a la cu-
ración en sábado (13,14). Jesús justifica la necesidad de curar en sá-
bado, por la situación de «esta hija de Abrahán» (13,16). Hacia el
final, nos enteramos de que «toda la gente» se alegraba con las ma-
ravillas que hacía Jesús (13,17).

b) Enlaces pragmáticos

a. Elementos duplicados

Uno de los elementos estilísticos de Lucas son los duplicados;


con ellos subraya lo importante. Él duplica un evento al contarlo de
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 177

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 177

un hombre y de una mujer. Así subraya la igualdad que mujeres y


hombres tienen para el Reino de Dios. Después de nuestra narra-
ción tenemos un ejemplo de duplicado. Jesús compara el Reino de
Dios con un grano de mostaza sembrado por un hombre, y con la le-
vadura que una mujer mezcla con la masa. Al lado de la parábola de
la oveja perdida, que fue buscada por un hombre, se encuentra la pa-
rábola de la dracma perdida que una mujer busca. Esta paridad la
encontramos también en sus hechos: Jesús resucita a la hija de Jai-
ro y al hijo de la viuda de Naín. Jesús perdona los pecados del hom-
bre paralítico y los de la mujer que le ungió los pies.
La narración de la curación en sábado de la mujer encorvada
está en paralelo con la curación del hombre con la mano seca (6,6-
11). Pero hay más narraciones de curaciones en sábado: Jesús ha cu-
rado a un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaúm (4,31-37), y a
la suegra de Simón la ha curado en casa –también en sábado– (4,38-
39). Lucas no discute el problema de curar en día de sábado; sólo
cuenta que la gente quedaba asombrada.
Otra narración semejante a la de curar en sábado es la del hom-
bre hidrópico (14,1-6). Esta narración subraya que Jesús enseña y
cura no únicamente en las sinagogas, sino también en las casas; allí
curó a la suegra de Simón, y, en la casa del fariseo, al hidrópico. Las
casas como lugares de encuentro, de oración y de reunión son muy
importantes para la comunidad después de la Pascua. Por eso Lucas
se interesa tanto por ellas.

b. Las iniciativas de Jesús

La mujer no pide la ayuda de Jesús como hacen, en cambio, otros


hombres y mujeres que se dirigen explícitamente a él con esta in-
tención. El único ejemplo parecido es el del hombre con la mano
seca en la sinagoga, que tampoco pide la ayuda de Jesús. El hidrópi-
co «estaba allí» sin más (14,2), así que se puede entender su apari-
ción como súplica silenciosa. También los amigos del paralítico lo
colocan ante Jesús, y Jesús entiende su presencia como un ruego.
El hecho de que ni la mujer encorvada ni el hombre con la mano
seca soliciten de propia iniciativa la ayuda de Jesús, lo interpreto en
el sentido de que ellos –como judíos en la sinagoga– son respetuo-
sos del sábado. Pedir ayuda en sábado le causaría a Jesús un conflic-
to con la Torá. Es Jesús quien toma la iniciativa. Nuestro texto dice
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 178

178 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

explícitamente la llamó (13,12). La misma palabra sólo es empleada


por Jesús cuando llama a sus discípulos (6,13). ¿Llama Jesús a la mu-
jer como discípula?
Es notable que Jesús imponga sus manos sobre la mujer. Una im-
posición de manos se narra sólo en 4,40, lo que indica su peculiari-
dad. Imponer las manos no es sólo gesto de sanación (así también
en Hch 9,12.17; 28,8). En la obra de Lucas «imponer las manos»
equivale a investir para un cargo o elegir o delegar para él: a los sie-
te «diáconos» (Hch 6,6), a los enviados Bernabé y Pablo (13,3) y a
los ancianos (14,23) les son impuestas las manos. También el don
del Espíritu Santo se transmite al imponer las manos (8,17; 19,6).
Mientras que en otras narraciones de curación basta el tocar o
una palabra, Lucas menciona en este caso la palabra sanadora y la
imposición de manos. Con estas informaciones de fondo, ¿señala
la imposición de las manos la elección de la mujer?
A su curación, la mujer reacciona alabando a Dios. Con fre-
cuencia, Lucas cuenta que, o bien la persona curada, o bien los pre-
sentes alaban a Dios por la curación. Tras ser curado, el hombre se
va, como el paralítico en Lc 5,25, o Jesús le despide como al sama-
ritano en 17,15.18-19. Lucas nos cuenta sólo de aquel ciego y men-
digo de Jericó que, después de alabar a Dios, sigue a Jesús (18,43).
Como está descrita, la reacción de la mujer expresa duración, es
decir, su alabar a Dios no fue una reacción única y momentánea,
sino duradera: esta mujer alaba a Dios por su vida, por sus palabras
y por sus acciones. Así, ella es modelo para los lectores: quien ex-
perimentó la actuación de Dios, la comparte con otros.

c. Modelos de fe

La mujer es llamada por Jesús «hija de Abrahán» (13,16); es el


término empleado para Zaqueo, «hijo de Abrahán» (19,9). Juan
Bautista exhorta a sus oyentes a dar frutos de conversión en vez de
confiarse en ser descendencia de Abrahán, porque de las mismas
piedras Dios puede dar hijos a Abrahán (3,8). En el judaísmo, ser
«hijo» o «hija de Abrahán» honra a la persona como modelo de fe
ejemplar. Los «hijos de Abrahán» son el pueblo de Israel.
La mujer encorvada experimenta la curación por ser «hija de
Abrahán», igual que Zaqueo la salvación por ser «hijo de Abra-
hán». Con esto, Lucas aclara inequívocamente que: 1) el pueblo de
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 179

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 179

Israel –los hijos de Abrahán– experimenta la salvación por ser el


pueblo amado y elegido por Dios para vivir su salvación; 2) experi-
mentar la salvación de Dios no está ni unido ni condicionado a sus
hechos personales, sino a ser hija e hijo de Abrahán. Al nombrar a
una mujer y a un hombre «hija» e «hijo de Abrahán», Lucas aclara
que hombres y mujeres, personas enfermas y sanas, personas justas e
injustas experimentan la salvación de Jesús. No hay condición ni ley
que coarte o reduzca la salvación de Jesús: ni el día de sábado, ni por
ser –en opinión de los demás– un hombre pecador.
Pese a haber sufrido tanto, aquella encorvada no perdió la espe-
ranza en Dios; asiste al culto en la sinagoga aunque –por ser mujer–
no estaba obligada. Curada por Jesús, alaba a Dios con su vida. A su
vez, Zaqueo quiere ver a Jesús y le recibe en su casa. Aquel encuen-
tro con Jesús le cambia y le convierte: ya no piensa en el propio pro-
vecho, sino en los que ha engañado y en los pobres. La mujer y Za-
queo demuestran una fe ejemplar, y por ella se muestran hijos de
Abrahán, por confiar en Dios y por sus acciones con los prójimos.
La gente en la sinagoga se alegra con la salvación por Jesús. La
alegría señala la salvación escatológica. Al experimentar esta ale-
gría, empezó ya el Reino de Dios, como nos cuentan las dos pará-
bolas siguientes.

PARA COMPARTIR

Los personajes de la narración –la mujer encorvada, el jefe de la si-


nagoga, los oponentes de Jesús, la gente en la sinagoga y Jesús– son ro-
les de identificación para los lectores. ¿Con quién puedes identificar-
te y por qué?

3. DEL REINO DE DIOS: LC 13,18-30.31-35

Lucas agrega a la narración de curación dos parábolas y ense-


ñanzas sobre el Reino de Dios. Conforme a su gusto por duplicar,
narra dos parábolas: una sobre un hombre y otra sobre una mujer.
Ambas parábolas describen el Reino de Dios con un comienzo pe-
queño pero un gran potencial.
Jesús exhorta a sus oyentes a esforzarse por entrar en el Reino de
Dios. Para entrar en él, no basta haber conocido a Jesús, haber co-
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 180

180 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

mido y bebido con él, o haberlo escuchado (13,26). Estas palabras


se parecen a las del Bautista que exhortaba a sus oyentes a no con-
fiar en ser descendencia de Abrahán, sino a dar frutos de conversión
(3,8). Jesús ya aclaró que no basta con escuchar la palabra de Dios,
sino que hay que ponerla en práctica (6,46): quien escucha la pala-
bra de Dios y la cumple es madre, hermano y hermana (8,21).
El criterio decisivo para entrar en el Reino de Dios es no haber
practicado injusticias ni maldades (13,27). Lucas enumera explíci-
tamente a los padres: Abrahán, Isaac y Jacob, y a todos los profetas
que están en el Reino de Dios (13,28); ellos confiaron en Dios:
practicaban los mandamientos de Dios, y los enseñaron a la gente,
aunque eso les causó dificultades e inconvenientes. Los padres de Is-
rael y los profetas están ciertamente en el Reino de Dios.
Además, Jesús enseña que vendrán gentes de oriente y occiden-
te, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios
(13,29). Aquí Lucas recuerda el tema de la peregrinación de las na-
ciones en el día de Yahvé: «Sucederá en días futuros que el monte de
la Casa de Yahvé será asentado en la cima de los montes y se alzará
por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acu-
dirán pueblos numerosos. Dirán: “Vengan, subamos al monte de
Yahvé, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus cami-
nos y nosotros sigamos sus senderos”. Pues de Sión saldrá la Ley y de
Jerusalén la palabra de Yahvé. Juzgará entre las gentes, será árbitro de
pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas
podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejerci-
tarán más en la guerra. Casa de Jacob, andando, y vayamos, camine-
mos a la luz de Yahvé» (Is 2,2-5 y Miq 4,1-3). Las naciones se con-
vierten a Dios, escuchan su palabra y conforman su vida según los
mandatos de Dios. Lucas pensaba en los gentiles de su entorno.
En tanto que los padres de Israel y las naciones estarán en el Rei-
no de Dios, los oyentes de Jesús –y los lectores de Lucas– tendrán
problemas para entrar en él. De no entrar, llorarán y rechinarán de
dientes (13,28). Lucas provoca a sus lectores dándoles a entender
que –contra sus esperanzas– no entrarán en el Reino de Dios. Pero
no lo da por hecho, sino que les muestra su perspectiva futura, que
se nota por el tiempo gramatical del discurso: el futuro. Los lectores
deben examinar críticamente sus propios hechos, para que compa-
ren su vida con la de los padres y los profetas, y para que confron-
ten su esfuerzo y compromiso de fe con los de los gentiles. Los lec-
tores entienden que deben corregir su vida y convertirse.
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 181

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 181

A este discurso sobre el Reino de Dios, Lucas añade un aviso de


los fariseos que quieren motivar a Jesús a irse, porque Herodes le quie-
re matar (13,31). Esta información recuerda el camino de Jesús a Je-
rusalén, y al mismo tiempo apunta el destino en la capital: «... porque
no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén» (Lc 13,33).

4. EL REINO DE DIOS Y EL SEGUIMIENTO DE JESÚS: LC 14,1-35

Lucas aprovecha que Jesús fue invitado a comer a casa de un fa-


riseo –como antes en 7,36– para transmitirnos enseñanzas sobre el
Reino de Dios y sobre el seguimiento de Jesús. La súbita aparición
del hombre hidrópico retoma el tema de las curaciones en sábado.
Esta narración paralela a las de la mujer encorvada (13,10-17) y del
hombre con la mano seca (6,6-11), porque en todas ellas Jesús dis-
cute con los fariseos sobre si se puede curar en sábado. También pa-
ralela la curación de la suegra de Simón, ocurrida también en sába-
do en la casa (4,38-39).

a. Curaciones en sábado

Comparando las cinco narraciones de curaciones en sábado –la del


endemoniado en la sinagoga de Cafarnaúm, la de la suegra de Simón,
la del hombre con la mano seca, la de la mujer encorvada y la del hi-
drópico– notamos que sólo de las dos mujeres se cuenta su reacción.
La suegra de Simón se levanta al punto y les diacona, y la mujer en-
corvada alaba a Dios. Tanto diaconar como alabar son formulados en
imperfecto o copretérito, lo que expresa duración. Es decir, que el ser-
vicio de la suegra de Simón no se refiere sólo a la hospitalidad en
aquel día, y que la alabanza de la mujer encorvada no es una breve
oración, pues el imperfecto expresa una actividad duradera. La suegra
de Simón diacona a Jesús como otras mujeres (8,2-3), y la mujer que
anda ahora erguida alaba a Dios en su vida con lo que dice y hace.
Desde esta perspectiva, el hecho de que Jesús imponga sus ma-
nos a la mujer encorvada –lo que puede señalar también el encargo
o la delegación a un cargo– llega a ser importante para la vida de fe
de los lectores. La mujer erguida y la suegra de Simón son modelos
ejemplares para la vida de fe de los lectores y de las comunidades;
muestran que quien experimentó la actuación de Dios en su vida se
ha vuelto testigo de Dios. El testigo, con sus palabras y sus acciones,
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 182

182 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

glorifica a Dios para que otras personas también experimenten la


acción de Dios en su vida.

b. Los invitados al banquete: Lc 14,7-11.12-14.15-24

El amplio discurso durante el banquete en casa del fariseo se in-


troduce con una observación de Jesús: que los convidados eligieron
los primeros puestos (14,7). Por eso Jesús se dirige a ellos (14,8-11)
y les enseña a no ensalzarse, «porque todo el que se ensalza, será hu-
millado; y el que se humilla, será ensalzado» (Lc 14,11). Enseguida
se dirige al anfitrión (14,12-14) para enseñarle a quién debía haber
invitado: «Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisia-
dos, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, pues se te recompensa-
rá en la resurrección de los justos» (Lc 14,13-14).
La interrupción de un invitado que retoma la bienaventuranza
de Jesús –«¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!» (Lc
14,15)– señala el sentido doble del tema del banquete. Por un lado,
se trata de un banquete concreto, lo que bien conocen los lectores,
pues en las culturas antiguas era costumbre invitar a comer –o ser
invitado– en sábado, en días festivos y en fiestas. Por el otro, se fi-
gura también el banquete escatológico en el Reino de Dios.
En la fe judía, una señal de la comunión con Dios es comer y feste-
jar en su presencia (Dt 12,7; 14,26; Neh 8,10-12). Por eso se imagina-
ba el final de los tiempos como un banquete con Dios; así lo describen,
por ejemplo, el profeta Isaías: «Hará Yahvé Sebaot para todos los pue-
blos, en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos
vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados» (Is 25,6), y el Apoca-
lipsis: «Dichosos los invitados al banquete del Cordero» (Ap 19,9).
En una parábola, Jesús retoma el tema del banquete en el Reino de
Dios (14,16-24). Aclara que muchos han sido invitados a tomar par-
te en este convite, pero que ellos mismos han decidido no partici-
par, porque les importan más sus bienes materiales o su diversión
personal. En lugar de ellos, participarán en el banquete del Reino
de Dios pobres, lisiados, ciegos y cojos (14,21). La doble mención
de éstos (14,13.21) recuerda el ministerio de Jesús que explicó en su
predicación inaugural (4,18-19). Los lectores entienden que el Rei-
no de Dios está abierto a los excluidos y marginados del mundo. A
ellos deben dedicarse (14,14). Nadie está excluido del banquete en
el Reino de Dios; sólo uno puede excluirse a sí mismo.
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 183

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 183

c. Del seguimiento de Jesús: Lc 14,26-35

Después del banquete, Lucas presenta a Jesús en el camino a Je-


rusalén acompañado por mucha gente (14,25); en esta situación in-
tercala enseñanzas sobre el seguimiento (14,26-35). Jesús exige con
palabras severas que sólo puede ser su discípulo quien «odia a su pa-
dre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus her-
manas y hasta su propia vida» (Lc 14,26), quien «lleva su cruz y vie-
ne detrás de mí» (Lc 14,27), y quien «renuncia a todos sus bienes»
(Lc 14,33). Estas palabras tan claras recuerdan las dirigidas a sus dis-
cípulos al inicio de su camino a Jerusalén (9,57-62), y por eso Lu-
cas nos cuenta de dos que quieren seguir a Jesús y de un tercero que
es invitado por él. Jesús hace que esos hombres se fijen en las difi-
cultades de seguirlo para que lo piensen bien.
También aquí subraya Lucas que seguir a Jesús es más que estar en
el camino con él. Llegar a ser discípulo o discípula de Jesús es una de-
cisión muy importante que debe ser reflexionada bien, pues exige te-
ner prioridades. Quien quiere seguir a Jesús debe ser indiferente a su
familia y a su vida propia, es decir, que seguirlo tiene primacía sobre
la familia y otras metas personales. Esto era una exigencia rigurosa en
la Antigüedad, pues la familia garantizaba seguridad, protección y
ayuda en situaciones de apuros económicos, en caso de enfermedad y
vejez. Dejar el respaldo de la familia exigía reorientar completamen-
te la vida, e incluso revisar el concepto del mundo y de sí mismo.
Ser discípulo o discípula de Jesús significa también renunciar a los
propios bienes. Esta exigencia corresponde a la renuncia de la fami-
lia, porque tanto la familia como los bienes garantizaban la seguridad
para el futuro. Jesús, en cambio, invita a renunciar a estas segurida-
des. Quien quiere seguir a Jesús debe confiarse completamente a él:
«Así, pues, ustedes no anden buscando qué comer ni qué beber, y no
estén inquietos. Que por todas esas cosas se afanan los gentiles del
mundo; y ya sabe su Padre que tienen necesidad de eso. Busquen más
bien su Reino y esas cosas se les darán por añadidura» (Lc 12,29-31).
Decidirse a ser discípulo o discípula de Jesús no es fácil y debe ser
bien pensado, por eso es útil «sentarse» y «calcular», como explica
Jesús por medio de dos parábolas (14,28-33). Dos hombres –el que
quiere edificar una torre y el rey que quiere guerrear contra otro
rey– reflexionan sobre lo que es verdaderamente seguro, y de qué
pueden fiarse. El dinero se acaba; por eso no puede uno confiarse a
él. El poder (militar) puede ser inferior, por eso no puede uno fiar-
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 184

184 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

se de él. Los lectores entienden: ni el dinero ni el poder dan seguri-


dad, por eso deben ser rechazados.
La comparación de la sal enseña el buen uso de las riquezas. Los
bienes ya no son útiles para los que quieren seguir a Jesús, pues ya
no les garantizan ni la seguridad ni el futuro. Así como la sal es bue-
na, igualmente la riqueza no es mala. Pero dado que los bienes per-
dieron su valor para los discípulos y discípulas de Jesús –igual que la
sal perdió su sabor–, pueden ser dados a los pobres (18,33) o ser usa-
dos al servicio de la comunidad, como demuestra la práctica de la
primera comunidad en Jerusalén (Hch 2,45; 4,32.34-35).

PARA COMPARTIR

¿De qué te fías? ¿En qué confías?


¿En qué o dónde piensas encontrar –y encuentras verdaderamen-
te– la seguridad que buscas?
Y también: ¿Qué importancia tienen tus bienes para ti?

5. TRES PARÁBOLAS DEL DIOS MISERICORDIOSO: LC 15,1-32

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las palabras y frases que se reiteran.


2. ¿Qué personas aparecen en las parábolas?
3. En la parábola del «hijo perdido»:
¿Cómo son caracterizados el padre y sus hijos?
¿Qué alternativas de acción tienen las personas?
¿Cómo –en tu opinión– debería terminar la parábola?

a) Enlaces narrativos
Nuevos personajes señalan el nuevo párrafo. Lucas refiere que «to-
dos» los publicanos y los pecadores se acercan a Jesús para oírle (15,1).
Ya antes, publicanos y pecadores fueron parte de la audiencia de Jesús,
en el banquete en casa del publicano Leví (5,29-30) y en la réplica de
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 185

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 185

Jesús a los fariseos y escribas (7,34). Los fariseos y los escribas murmu-
ran ahora por la presencia de pecadores y publicanos (15,2) como an-
tes (5,30). Los oyentes de Jesús formaban un grupo mezclado: publica-
nos, pecadores, fariseos, escribas, discípulos y otras gentes más.
En este capítulo –y en el siguiente– Jesús narra muchas parábo-
las. Una parábola es una narración de la que se deduce por compa-
ración o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.

PARÁBOLAS

La mayoría de las parábolas poseen estos rasgos distintivos:


• Son narraciones sencillas y modestas que ocurren en el entorno
vital.
• Tratan muy en general de un personaje principal, «un hombre»
o «una mujer» sin nombre propio.
• Describen las acciones de este personaje principal; a veces se re-
pite una acción particular. Pero también mencionan a varias per-
sonas iguales, por ejemplo: las diez vírgenes, los siervos o los in-
vitados, que actúan de manera semejante.
• Terminan en general con una frase de conclusión, por ejemplo:
«les digo», y/o con una aplicación, por ejemplo: «vete y haz tú lo
mismo» (Lc 10,37). La conclusión abarca las consecuencias para
los oyentes y lectores y realza el potencial de la parábola. La fuer-
za persuasiva de la parábola no depende ni de la realidad, ni de la
plausibilidad o probabilidad de la situación narrada, sino sólo de
su lógica interna y de su semejanza con situaciones reales.

a. Estructura

En las tres parábolas siguientes, Jesús revela el valor del pecador


que se arrepiente y se convierte: él causa más alegría en el cielo que
todos los justos (15,7.10). Las primeras dos parábolas se estructuran
según el ideal lucano de los duplicados. Comienzan con una breve
introducción que describe la situación: alguien tiene cien ovejas y
pierde una; una mujer tiene diez dracmas y pierde una (15,4.8).
Luego, viene lo que hacen para hallar lo perdido: el pastor busca la
oveja, y la mujer enciende una lámpara y barre la casa en busca de
la dracma. Importa que ambos buscan hasta encontrar lo perdido.
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 186

186 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Al hallarlo, convocan a amigos y vecinos, para participarles su


alegría (15,6.9). En la conclusión, las parábolas indican su aplica-
ción: la alegría que causa en el cielo –entre los ángeles de Dios– un
solo pecador que se convierte es mayor que la provocada por los jus-
tos (15,7.10).

b. El hijo siempre querido

La tercera parábola (15,11-32) tiene más detalles: nos cuenta


problemas y complicaciones, nos informa del trasfondo y hasta de
los pensamientos y sentimientos de las personas. Esta parábola in-
cluye, además, los elementos contenidos en las dos parábolas más
breves. Después de la introducción (15,11) sigue la acción: el hijo
menor pide su herencia, deja la casa de su padre y malgasta su he-
rencia viviendo como libertino en otro país (15,12-13).
Acabado el dinero –primera complicación–, sobreviene un ham-
bre extrema –segunda complicación– en aquel país (15,14). La so-
lución que encuentra el hijo menor –arrimarse a un ciudadano y
trabajar (15,15)– resulta insuficiente: todavía sufre hambre y desea
hasta la comida de los cerdos, pero no se la dan (15,16). Después de
todo eso, el muchacho reflexiona y reconoce sus acciones erradas.
Decide regresar a su padre y trabajar como su jornalero (15,17-19).
Esto es lo que pone en práctica (15,20a).
El padre ve a su hijo ya desde lejos y le da una entusiasta bien-
venida (15,20b). El hijo pide disculpas (15,21; unos manuscritos
añaden: «trátame como a uno de tus jornaleros»). Pero el padre
manda a sus siervos que vistan a su hijo con el mejor vestido y con
sandalias, y que le pongan un anillo en la mano como señal de su
dignidad. Además deben matar el novillo cebado y preparar una
fiesta (15,22-23). El padre explica también el motivo de sus man-
datos: «porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se
había perdido y ha sido hallado» (Lc 15,24).

c. La añadidura del hijo mayor

La parábola bien hubiera terminado con esta frase del padre,


pues hasta aquí se asemeja a las dos parábolas previas que tratan
también de lo perdido y hallado. Pero ahora se enfoca al hijo ma-
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 187

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 187

yor: al volver del campo oye la fiesta y pregunta al criado qué signi-
fica (Lc 15,25-26). El criado le hace un breve resumen, e incluye la
interpretación: «ha vuelto tu hermano, tu padre ha matado el no-
villo cebado, porque le ha recobrado sano» (Lc 15,27).
Otra vez se complica la narración, porque el hijo mayor no quie-
re participar en la fiesta. El padre sale y le ruega (Lc 15,28). Los lec-
tores recuerdan la parábola de los invitados al banquete, que en-
contraron excusas y pretextos para no participar (14,15-24). El hijo
mayor explica a su padre que no entiende su actuación respecto a su
hermano, y que él mismo se siente tratado injustamente (15,29-30).
El padre responde a su hijo mayor que él siempre está en comuni-
dad con él, su padre, y que cuanto tiene el padre le pertenece tam-
bién a él (15,31). Después añade el mismo motivo que dio ya antes
a su criado, sólo que sustituye «hijo mío» por «hermano tuyo»: «ha-
bía que celebrar una fiesta, porque este hermano tuyo había muer-
to y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado» (15,32).
La parábola termina con esas palabras del padre. No nos cuenta la
reacción del hijo mayor, y falta también la explícita interpretación fi-
nal. Esta interpretación no es necesaria, porque los lectores pueden
interpretar esta parábola en función de las parábolas previas. Además,
los lectores deben completar la reacción del hijo mayor: ¿participa o
no en la fiesta? Los lectores notan que no sólo el papel del hijo me-
nor les invita a la identificación, sino también el rol del hijo mayor.

b) Enlaces pragmáticos

a. Palabras clave

Llama la atención cuántas veces Lucas tematiza el campo se-


mántico de la alegría; a éste pertenecen también palabras como
«fiesta», «música y danzas», «se echó a su cuello», «le besó efusiva-
mente», «celebrar»... La alegría es la señal del tiempo salvífico de
Dios que empezó con el anuncio del nacimiento de Juan el Bautis-
ta (1,14.44.58), y continuó con «la gran alegría» del nacimiento de
Jesús (2,10). También los setenta y dos discípulos enviados por Je-
sús experimentaron esta alegría (10,17), aunque Jesús corrige el mo-
tivo: que sus nombres están inscritos en los cielos (10,20). Jesús
mismo se llenó de esta alegría (10,21), y asimismo la gente que ve
sus hechos se alegra (13,17).
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 188

188 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Lucas describe más detalladamente esta alegría, pues es alegría por


el pecador que se arrepiente y se convierte (15,7.10), es decir, es la ale-
gría por el hijo o el hermano que había muerto y ha vuelto a la vida,
se había perdido y ha sido encontrado (15,32). La conversión se equi-
para con «ser hallado» y «volver a la vida». Importa también que una
persona no sólo se alegre por lo hallado, sino que comunique y com-
parta su alegría con otros. El hombre y la mujer informan a sus ami-
gos y vecinos, y el padre celebra una fiesta. Este entusiasmo es resul-
tado de la conversión, y alienta a los pecadores a atreverse a dar el
paso y convertirse. Ni sermones ni reproches por la conversión, sino
enorme alegría y entusiasta bienvenida; así les anima a convertirse.

b. Los pecadores convertidos tienen su sitio en el Reino de Dios

La fiesta recuerda a los lectores las parábolas de los banquetes


(14,7-14.15-24): los pobres, los lisiados, los cojos y los ciegos tienen
su sitio en el banquete, mientras que los invitados se excluyen a sí
mismos por pretextos y excusas del convite. Nuestras parábolas po-
nen al lado de los pobres, lisiados, cojos y ciegos a los pecadores. Los
lectores entienden: ¡los pecadores convertidos tienen su sitio en el
Reino de Dios! Con su reacción, el hijo mayor, que no quiere com-
partir la alegría y prefiere estar enfadado, se parece a los invitados
que se excluyen a sí mismos. Pero en nuestra parábola el final está
todavía abierto; los lectores deben construirlo en su fantasía.

c. Modelos de identificación

Las parábolas tematizan con frecuencia la relación entre Dios y los


hombres. Por eso son fáciles de interpretar: Dios es el pastor que busca
su oveja perdida, la pone con cariño sobre sus hombros y la lleva a casa.
Dios es la mujer que busca la dracma perdida; no ahorra esfuerzos para
hallarla: enciende una lámpara y barre la casa hasta que la encuentra.
Para nosotros queda el papel de la oveja perdida y de la dracma perdida,
y el rol de los amigos y vecinos invitados a compartir la alegría por ha-
llar lo perdido. Parece que no siempre es fácil compartir esta alegría.
Por eso la parábola del hijo perdido nos presenta con más detalle el pa-
pel de quien debe compartir la alegría como modelo de identificación.
La parábola del hijo perdido presenta a los lectores tres modelos
de identificación. El hijo menor está descrito como despreocupado e
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 189

DEL ARREPENTIMIENTO Y DEL REINO DE DIOS: LC 12,54-15,32 189

insensato, pero una situación de sufrimiento le lleva a reflexionar.


Reconoce que ha actuado incorrectamente, decide regresar a su pa-
dre y pone su plan en práctica. Esta decisión no le habría resultado
fácil. No tiene en cuenta la posibilidad de que su padre le acoja con
los brazos abiertos, por eso estará contento si puede trabajar como
uno de sus jornaleros. Aunque su padre le acoge cordialmente, le
confiesa sus pecados, pues hasta este momento no cuenta con el
perdón. No sabemos cómo reaccionó a tan cálida acogida o al per-
dón generoso el hijo menor. Los lectores tendrán que imaginarlo.
En esta parábola, Dios es el padre que deja ir a su hijo, y que está
esperando que regrese, pues le busca con la mirada y lo divisa desde
lejos (15,20b). El padre no menciona delante de su hijo menor ni
su salida ni su regreso, y pasa por alto también su confesión, pues
está ocupado de que su hijo sea reconocido por los demás en su dig-
nidad de hijo; por eso le viste con el mejor vestido, sandalias y le da
un anillo.
El padre organiza la fiesta. La prisa (15,22) señala el plan salví-
fico de Dios. El padre sale y ruega a su hijo mayor que participe
(15,28). Al expresar el hijo mayor su descontento por la bondad y
misericordia, su padre le explica cuán cercano su hijo mayor le era
y le es, pues el hijo mayor era inconsciente de esa cercanía (15,31).
Después, el padre trata de ganar la comprensión de su hijo mayor
para su hermano (15,32). Al mismo tiempo le explica al mayor que
nada pierde si se alegra por el regreso de su hermano menor y com-
parte la fiesta; sólo perdería el no participar en la fiesta.
El hijo mayor parece temer inconvenientes por el regreso de su her-
mano. Por eso se presenta a su padre de modo muy positivo como hijo
obediente y disciplinado: «hace tantos años que te sirvo, y nunca dejé
de cumplir una orden tuya» (Lc 15,29). A su hermano, en cambio, lo
describe de manera negativa con desprecio: «ese hijo tuyo... ha devo-
rado tu hacienda con prostitutas» (15,30). El mayor se queja de no
haber recibido nunca un cabrito para una fiesta con sus amigos, mien-
tras que su padre mató el novillo cebado para su hermano. ¿Qué quie-
re el hijo mayor con estas palabras? ¿Quiere ser alabado y reconocido
por su comportamiento ejemplar? ¿Quiere recibir un cabrito o un no-
villo cebado? ¿Quiere que su padre cancele o termine la fiesta? ¿Quie-
re que el padre cambie su bondad y misericordia hacia el menor?
El padre trata al mayor como hijo y realza la buena comunión
entre ellos. La respuesta del padre –«todo lo mío es tuyo»– indica
que el mayor, de haber querido, habría podido tomar un cabrito; su
08.245 - 14. Cap. 8 29/10/08 10:08 Página 190

190 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

padre le habría dado lo que hubiera pedido. La expresión del padre,


«había que hacer una fiesta», aclara que el regreso del hijo perdido
debe ser motivo de alegría para todos, independientemente de los
intereses y deseos propios. Con eso el padre desenmascara el deseo
de su hijo mayor –tener un cabrito para festejar con sus amigos–
como motivo egoísta, pues esa fiesta habría excluido a los demás, al
menos a su hermano. Contra este modo de ver, las parábolas del
banquete han enseñado que hay que invitar explícitamente a los
que no pueden recompensar la invitación, pues «serás dichoso, por-
que no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resu-
rrección de los justos» (Lc 14,14).
El padre deja claro que no cambia de opinión. Aunque el hijo
mayor se sienta tratado injustamente o perjudicado, el padre no des-
preciará a su hijo menor: el padre permanece misericordioso. Aun-
que el mayor refunfuñe descontento, el padre le invita a la fiesta y le
pide que participe. Aunque el mayor es insolente y peca contra su
hermano y contra su padre, no es ni reprendido, ni menos amado por
su padre: el padre no deja de ser misericordioso con su hijo mayor.
La misericordia permanente del padre alienta a los pecadores a
convertirse. Los lectores deben aplicar y actualizar también el papel
del padre en su vida (véase Lc 6,32-36). Los lectores entienden: el
pecador que se arrepiente y se convierte debe ser recibido con los
brazos abiertos y acogido con alegría. No se debe celebrar la propia
justicia, sino la conversión del pecador.

PARA COMPARTIR

En el rol del hijo menor, los lectores se confrontan con sus peca-
dos; deben buscar el modo de «volver», decidirse y realizarlo.
En el rol del hijo mayor, los lectores se confrontan con sus prejui-
cios y su propia justicia; deben darse cuenta de que ellos también son
pecadores. ¿Qué harían en lugar del hijo mayor: participarían en la
fiesta –o se quedarían fuera– y por qué?
En el rol del padre, los lectores se confrontan con su trato a los
«pecadores»; y a los «justos». ¿Qué pueden hacer para que los «hijos
mayores» no se sientan postergados?
Se pueden aplicar estos roles también a la vida en la comunidad:
¿Cómo son tratados los «pecadores» en tu comunidad? ¿Cómo podría
adoptar y realizar tu comunidad el rol del padre?
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 191

CAPÍTULO IX
EL REINO DE DIOS
YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27

Jesús está todavía en camino a Jerusalén. Enseña con más pará-


bolas y con su actuación cómo se debe vivir en el Reino de Dios que
ya empezó. Quiere que sus oyentes –y los lectores– miren al futuro,
a la realización de la voluntad salvífica de Dios para todos los hom-
bres, y que actúen en consecuencia. En este horizonte, Lucas tema-
tiza la enseñanza de Jesús sobre el buen uso de las riquezas. Su en-
señanza está fundada en la Torá, que importa mucho a Jesús, porque
explica a los hombres cómo cumplir la voluntad de Dios.

1. EL BUEN USO DE LOS BIENES: LC 16,1-13

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las palabras que se repiten.


2. Marca los personajes en la parábola y sus acciones.
3. Trata de estructurar la parábola: introducción (presentación de
las personas y de la situación), acción, conclusión (enseñanza de Jesús
y aplicación a los oyentes y lectores).

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

El texto comienza anotando que Jesús dijo algo a sus discípulos, y


sigue la parábola. Empieza por describir la situación inicial, y luego
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 192

192 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

presenta a las personas más importantes: el señor y el administrador


que es el verdadero protagonista (16,1b-2). La escena siguiente (16,3-
4) pinta la reacción del administrador en un soliloquio. La informa-
ción del narrador (16,5a) cambia la escena e introduce los diálogos
entre el administrador y los deudores de su señor (16,5b-7). 16,8 na-
rra la consecuencia: el señor alabó al administrador por su sagacidad.
Con el «yo les digo» se subraya la autoridad del Maestro para la
aplicación (16,9). Los versos siguientes (16,10-12) añaden dos ex-
plicaciones a la enseñanza anterior, y 16,13 resume toda la ense-
ñanza. Otra perícopa empieza en 16,14, donde el evangelista nos
comunica la presencia de los fariseos, que estaban oyendo todo lo
que enseñaba Jesús.
Por esta estructura notamos que el punto central de la parábola
es resolver la crisis: «para que cuando sea destituido del cargo me re-
ciban en sus casas»: Lc 16,4; esto responde a la crisis «porque ya no
seguirás en el cargo»: 16,2. La ejecución de la solución –la reduc-
ción de deudas– se narra detalladamente y por duplicado (16,5-7).
La conclusión de la parábola –el elogio del señor (16,8)– refiere al
punto central, subrayando que el administrador había obrado con
sagacidad. Jesús lo pone de relieve en la aplicación (16,9), expre-
sando directamente que se trata de hacerse amigos con el dinero
para ser recibido en las eternas moradas. Los oyentes y los lectores
entienden: la acción del administrador –el hacerse amigos por la re-
ducción de deudas– sirve también como acción para ser recibido en
el cielo. El resumen (16,13d) formula, más en general, el punto cen-
tral como una sentencia: o Dios o el dinero.

b. Personajes actuantes

La parábola presenta a dos personas: un hombre rico y su admi-


nistrador. Los dos son descritos muy en general, como casi siempre;
ambos papeles son «roles vacíos», de modo que los lectores pueden
formar su «rostro».
Al inicio, la narración enfoca al hombre rico; su administrador
es mero complemento: «un hombre rico tenía un administrador».
De éste se dice que malgastaba los bienes de su señor. La parábola
no se interesa por los acusadores, ni aclara si la acusación es justifi-
cada o sólo rumores. Estas informaciones no ayudan a entender me-
jor la parábola, por eso no hay que especular más.
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 193

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 193

El señor es el único que actúa: llama a su administrador, le


pide cuentas y lo destituye de golpe. No sabemos de ninguna res-
puesta del administrador, ni por qué el señor creyó lo que le di-
jeron, ni por qué el administrador se conformó con su despedido.
Así se subraya el punto crucial de la parábola: la crisis imprevis-
ta e inevitable. El administrador debe enfrentar la crisis de su
despido.
El áspero requerimiento del rico: «¡Da cuenta!» recuerda el «jui-
cio final» a los lectores; nadie escapa al juicio, y habrá que dar cuen-
ta de toda su conducta. El horizonte del más allá aparece en las
«eternas moradas» (16,9). Por esto, los lectores pueden entender en
el mismo sentido la pregunta: «¿Cuánto debes?» (16,5.7).
El administrador reflexiona objetivamente sobre cómo salir de la
crisis inminente (16,3-4). Lejos de autocompadecerse o lamentarse,
busca perseverantemente una solución. Él tiene clara su situación:
mi señor me quita mi trabajo, ¿qué puedo hacer? Comienza por ex-
cluir dos actividades que no puede o no quiere hacer: cavar y men-
digar. Ya sabe qué quiere, por eso puede formular tan clara y preci-
samente su objetivo futuro: para que me reciban en sus casas (16,4).
«Ser recibido en las casas» es el punto central de la parábola; eso su-
braya también la aplicación de Jesús, que retoma casi literalmente
la solución del administrador: «para que los reciban en las eternas
moradas»: Lc 16,9.
Para su objetivo, el administrador llama a los deudores de su se-
ñor y autoriza reducciones en sus pagarés. Aquí no interesa la mo-
ral de si la acción es buena o reprobable. Pero los lectores entien-
den que el administrador alcanzará su objetivo. A partir de aquella
parábola en la casa del fariseo Simón frente a la mujer que ungió a
Jesús –un acreedor que perdonó generosamente a sus dos deudores
y es más amado por aquel a quien perdonó más (7,41-42)– los lec-
tores relacionan «condonar deudas» y «ser amado». El adminis-
trador se hizo «amigos» que están obligados a devolverle el gran
favor de reducir sus deudas. Las sumas condonadas no eran peque-
ñeces, así el administrador se asegura ser recibido en las casas de
los deudores.
El amo alabó explícitamente la acción perseverante y previsora
de su administrador –¡no el engaño!–, por su eficacia. La alabanza
del señor (16,8) anima a los lectores a actuar con sagacidad, previ-
sión y perseverancia, sobre todo respecto al futuro: la recepción en
las eternas moradas.
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 194

194 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

c. Aplicación

Con «yo les digo», Jesús termina y aplica la parábola (16,9-13).


Los lectores pueden preguntarse: ¿Qué es el «dinero de la injusti-
cia»? En 16,8 el administrador es denominado «el administrador de
la injusticia», y Jesús habla de «las riquezas de la injusticia». Los lec-
tores entienden que las riquezas no son el fin absoluto, sino sólo me-
dios para lo definitivo.
Lucas distingue el uso de las riquezas, y las valora por como son
manejadas. Con respecto a la riqueza es necesario mirarla bien, y
examinar de cerca la situación de los ricos y sus posibilidades de ad-
ministrar sus bienes, porque hay maneras diferentes para subven-
cionar y apoyar a otros. Lucas ofrece varias modelos de acción para
el uso de la riqueza: las mujeres ricas (8,3), Zaqueo (19,8), José Ber-
nabé que vendió un campo y puso el importe a los pies de los após-
toles (Hch 4,36-37), otros ricos (2,45; 4,34), Tabita (9,36.39) y
Cornelio (10,4), que apoyaron a los demás, dando limosnas en
abundancia. Si las riquezas son acumuladas egoístamente, se trata
de «riquezas injustas», pero si son repartidas, Lucas las valora posi-
tivamente.

d. Dos instrucciones

«Ser fiel» es el tema de las instrucciones siguientes (16,10-12).


La máxima es formulada en general (16,10). Las dos preguntas si-
guientes implican la respuesta con «nadie» y expresan indirecta-
mente lo importante: si queremos recibir lo verdadero y lo que es de
nosotros, debemos ser «fieles», en las riquezas injustas y con lo aje-
no. «Ser fiel en las riquezas injustas» y «en lo ajeno» no significa
acumular el dinero y las riquezas, sino más bien: administrarlos se-
gún la voluntad y el interés de Dios. Es decir: dar a los menestero-
sos y pobres lo que les corresponde, condonar deudas, disminuir
deudas y compartir con los necesitados. Si actuamos así, podemos
esperar «lo verdadero y lo que es nuestro»: ser recibidos en las eter-
nas moradas.
El último versículo (16,13) retoma otra vez la misma temática
del «ser fiel» bajo el aspecto de «servir». Primero presenta un ejem-
plo detallado: un criado no puede servir a dos señores. Los lectores
son confrontados con una situación que requiere una clara decisión;
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 195

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 195

no pueden acumular egoístamente las riquezas y servir a Dios, que


quiere que compartan sus bienes: ambos objetivos se contradicen.
Los lectores tienen que decidirse por un «señor», lo que implica ha-
ber decidido en contra del otro.

b) Enlaces pragmáticos

a. El hombre rico como personaje de identificación

Al fijarse en el hombre rico, la narración invita a los lectores a


identificarse con él. El hombre rico se entera de que su administra-
dor malgasta sus bienes, le pide cuentas y le dice que le despedirá.
Cuando se da cuenta de lo hecho por su administrador para ser re-
cibido en otras casas, alaba su acción sagaz. Esta alabanza del rico
tiene una función múltiple:
1) El hombre rico criticó la mala gestión de su administrador, pero
acepta la condonación de deudas; en otras palabras: condonar deudas
no está mal, no es lo mismo que «despilfarrar los bienes» o «echarlos
por la ventana». El elogio demuestra que el hombre rico no ama sus
riquezas, pero reprueba el despilfarro sin sentido de sus bienes.
2) La alabanza inesperada –en vez de la ira o la exigencia del reem-
bolso– aporta también el aspecto del perdón, la remisión de peca-
dos, que apareció ya en la relación entre el padre y el hijo perdido
(15,11-32). Es decir, esta parábola no se refiere únicamente al ma-
nejo financiero de los bienes, sino que tematiza también el perdón
de pecados. Mientras que el padre perdonó a su propio hijo, el hom-
bre rico perdona a una persona ajena: a su administrador. Aquí, el
perdón está ampliado a otras personas, a personas ajenas.
3) El elogio presenta positivamente al hombre rico; se parece al
padre indulgente del hijo perdido. Por consecuencia, el hombre rico
es un personaje de identificación muy positiva.
En vez de criticar o exigir el reembolso, con su alabanza, el hom-
bre rico demuestra que no está apegado a sus riquezas: quiere que sus
bienes sean usados sensatamente y con sagacidad, en vez de ser des-
pilfarrados y malgastados. Su elogio abre otra perspectiva: no inte-
resa tanto acumular riqueza cuanto hacer amigos con ellas. Por úl-
timo, el personaje del hombre rico nos aclara que tampoco los ricos
son los poseedores de los bienes, sino sólo sus administradores. Dios
mismo es el único poseedor de los bienes, y los hombres deben ad-
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 196

196 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

ministrarlos prudentemente según su voluntad. El hombre rico, per-


sonaje de identificación, invita a los lectores a reflexionar sobre el
buen uso de los propios bienes.

b. El administrador como personaje de identificación


Otro rol de identificación lo ofrece el administrador. La parábola
no dice explícitamente que el administrador actuara mal, por eso
cabe que hubiera sido acusado injustamente. El administrador, que
se encuentra de pronto en la crisis, despierta simpatía y compasión
entre los lectores; éstos se enteran de lo que el administrador idea.
Esta información sobre los pensamientos íntimos facilita identifi-
carse con el protagonista. Ya en la parábola del hijo perdido (15,11-
32) nos enteramos de las reflexiones del personaje principal.
El plan del administrador tiene éxito; por eso, los lectores lo
consideran «sagaz» y «eficaz». Ellos pueden concluir que condonar
una deuda es un mandamiento de Dios, que consigue amigos y po-
sibilita entrar en las «eternas moradas».

CONDONACIÓN DE DEUDAS

La condonación de deudas –y más en general el perdón– es temati-


zada varias veces en Lc, y por eso tiene connotación positiva: «perdo-
nen, y serán perdonados» (6,37); el acreedor que perdonó generosa-
mente a sus dos deudores, es amado por ellos (7,41-42); incluso hay una
(auto) obligación a perdonar: «perdónanos nuestros pecados, porque
también nosotros perdonamos a todos los que nos deben» (Lc 11,4). Esta
temática la encontramos en el AT: «con liberalidad abrirás tu mano a tu
hermano, al necesitado y al pobre en tu tierra» (Dt 15,11), y los textos
de Dt 15,1-5.7-11; 23,20-21 requieren abrir la mano al pobre y mandan
que se desista de deudas e intereses. En consecuencia, el pobre bendeci-
rá al rico, así tendrá un mérito a los ojos de Yahvé; el pobre no clamará
contra él a Yahvé, y el rico no cargará ese pecado más (Dt 24,13.15).
También Neh 5,11; 10,32 menciona la liberación de la deuda.

Gracias a su soliloquio, los lectores pueden identificarse con el


administrador. Su rol es caracterizado positivamente, pues es alaba-
do por actuar con sagacidad. Soluciona su crisis y organiza su futu-
ro en forma agradable. Jesús retoma el proceder del administrador,
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 197

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 197

y exhorta a sus discípulos –y hoy a nosotros– a actuar previsora y


perseverantemente con sagacidad respecto al futuro eterno.
Posiblemente más lectores se identifican con el administrador,
porque ven reflejada su situación de vida. El administrador es mo-
delo de acción para todos los que no son jefes, para todos los que
piensan que no pueden hacer nada, por no tener ni el poder, ni la
posibilidad, ni el dinero para cambiar o provocar algo. El modelo
de acción del administrador demuestra que no sólo los ricos y
poderosos pueden cambiar algo, sino también los «dependientes»;
pues aunque el administrador no puede condonar las deudas, ¡pue-
de disminuirlas! Aprovecha la posibilidad que se presenta, y con
eso tiene éxito. Hizo lo poco que podía, y resultó eficaz. El ejem-
plo del administrador nos alienta a hacer lo posible, aunque pa-
rezca poco.

PARA COMPARTIR

¿Cuánto me importa el dinero y la riqueza? ¿Cómo y para qué uso


mi dinero?
¿Qué posibilidades tengo para hacerme amigos con mi dinero sin
contar con su contraprestación? ¿A qué personas que no pueden re-
compensar o devolvérmelo puedo hacer el bien por generosidad, de-
sistiendo de exigencias, o condonando o disminuyendo deudas?
¿Qué posibilidades tengo en mi situación de vida y/o en mi posi-
ción actual de hacer o cambiar algo que pueda hacerme amigos, sin es-
perar algo a cambio o que me recompensen?

2. LA ESTIMACIÓN DE LA TORÁ: LC 16,14-18

Jesús exhorta a la gente a no servir al dinero, sino a Dios, pues la


Torá, que revela la voluntad de Dios, vale para siempre. La palabra
sobre el matrimonio (16,18) puede ser entendida también como
metáfora: quien está casado está comprometido con su esposa, no
puede repudiarla para casarse con otra mujer, tampoco puede casar-
se con una repudiada; el matrimonio compromete e igualmente
Torá, es decir, la voluntad de Dios. No puede ser repudiada para ser-
vir al dinero.
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 198

198 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

3. EL RICO Y LÁZARO EL POBRE: LC 16,19-31

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Trata de estructurar el texto.


2. ¿Cómo está caracterizado el hombre rico (por las descripciones
del narrador, por sus acciones y por sus palabras)?

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Jesús se dirige a los fariseos (16,14), pero también pecadores y


publicanos están presentes (15,1) igual que sus discípulos (16,1); to-
dos ellos escuchan la parábola. Esta narración no sigue el esquema
general de las parábolas, porque sólo su comienzo tiene lugar en este
mundo; la mayor parte de ella acontece en el más allá. El hombre
rico no tiene nombre, pero el pobre sí; este hecho es único en las
parábolas del NT. En esta parábola no ocurre algo, sólo se cuenta el
diálogo entre el rico y Abrahán. A la parábola le falta una conclu-
sión, explicación o aplicación.
Podemos estructurar la parábola así: una larga introducción pre-
senta la situación y los personajes (16,19-21). La descripción del
pobre es más detallada que la del rico. La primera escena comienza
con «se dio el caso de que» (16,22), que cuenta lo que sucede: mue-
re el pobre y poco después muere también el rico. También aquí, la
muerte del pobre está narrada con mayor detalle que la del rico.
La escena siguiente (16,23-32), que abarca el resto de la parábo-
la, tiene lugar en el más allá, y narra el diálogo entre el rico y Abra-
hán. Es un diálogo extenso compuesto de tres ruegos del rico y de
tres respuestas de Abrahán que explica por qué no puede o no quie-
re cumplir los ruegos del rico. Este diálogo ocupa el mayor espacio
de la parábola, por eso es obvio que en él se encuentra el mensaje
principal. El mensaje no es que después de la muerte se invierten las
circunstancias (16,25), sino que, después de la muerte, ¡nada se
puede cambiar! El entero diálogo subraya este mensaje, pues el rico
intenta cambiar con súplicas su destino y el de sus hermanos, pero
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 199

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 199

Abrahán le explica y justifica cada vez por duplicado por qué el


cambio que desea el rico no es posible. Sus fundamentos, por dupli-
cado, subrayan que, después de la muerte, nada se puede cambiar.

b. Comparación: el rico y Lázaro

La narración del rico y del pobre cambia siempre el centro de in-


terés: del rico a Lázaro y viceversa; así se puede comparar a los dos en
sus situaciones y sus destinos. Ya muertos, cambia la perspectiva, pues
el rico es el que habla, pero no Lázaro, que está en el seno de Abra-
hán. Sorprende que, ahora sí, el rico ve (¡presente!) a Lázaro, al que
siempre pasó por alto, aunque yacía junto a su portal (16,20); ahora,
¡hasta de lejos lo ve! Aunque Lázaro no actúa, está presente hasta el
fin, pues el rico pide a Abrahán «enviarlo» (a Lázaro) a sus hermanos.
El tercer ruego, «enviar a alguno de entre los muertos» (16,30-
31), también se refiere a Lázaro y no a Jesús, porque la resurrección
de Jesús no fue la aparición de un difunto, sino de un vivo; además,
Jesús no resucitó para advertirnos, sino para entrar en su gloria y
para cumplir las Sagradas Escrituras (24,26.44.46), y no se dejó ver
para hablar del más allá, sino del Reino de Dios, y para enviar a sus
discípulos para anunciar el Evangelio (Hch 1,3.8).

b) Enlaces pragmáticos

a. Conexión temática

Nuestra parábola se une temáticamente con la parábola del ad-


ministrador (16,1-13), pues ése se aseguró su existencia en este
mundo. Los lectores aprendieron que debían ser astutos para asegu-
rarse de ser recibidos en el cielo: «háganse amigos con el dinero,
para que los reciban en las eternas moradas» (Lc 16,9). Nuestra pa-
rábola del rico y del pobre Lázaro explica a los lectores lo que suce-
derá, de no hacerse –¡con antelación!– amigos con el dinero. El que
no actúa como el administrador, sino como el rico –que, lejos de ha-
cerse amigos con su dinero, apartaba su vista de Lázaro–, no será re-
cibido en las eternas moradas. Se trata de actuar decididamente
ahora. La parábola del rico y del pobre Lázaro es el reverso de la pa-
rábola del administrador.
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 200

200 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

b. La inversión de circunstancias

Otro tema vuelve a aparecer en Lc: la inversión de circunstancias.


María espera en su cántico (el Magníficat, 1,46-55) que se inviertan
las situaciones de los pobres; Jesús anuncia –proclamando la Buena
Nueva en Nazaret (4,18-19) y en las bienaventuranzas (6,20-26)–,
esta inversión de las situaciones para los pobres, oprimidos, cautivos,
ciegos... Pero aquellos textos esperan y anuncian la inversión de las
circunstancias para ¡este mundo!, mientras que nuestra parábola del
rico y del pobre Lázaro narra la inversión ¡en el más allá!
En el entorno egipcio, griego y judío encontramos parábolas se-
mejantes. En ellas se indica que después de la muerte se invertirán
circunstancias y situaciones. Pero esas parábolas no quieren enseñar
sobre el más allá, sino que sus oyentes y lectores reflexionen sobre
su proceder actual: ¡Hay que hacer el bien ahora! Aquellas parábo-
las enseñan que las acciones buenas tendrán recompensa en el más
allá. Lucas subraya –sobre todo por el doble rechazo de los ruegos–
que existe el «demasiado tarde». Así, Lucas enfatiza explícitamente
la necesidad de actuar cuando se presenta la ocasión.

c. Personajes de identificación

En nuestra parábola encontramos el rol del pobre Lázaro y sobre


todo el rol del hombre rico para identificación del lector. Lázaro ni
actúa ni habla; sólo nos enteramos de su deseo de saciarse de lo que
caía de la mesa del rico, pero nada hace para que se lo den. Eso no
significa que el pobre se contente con su destino, pues tiene ham-
bre y desea llenarse con los deshechos del rico. Pero Lázaro ni pide
al rico ni grita; tampoco protesta o maldice al rico, sino que sufre,
aguanta y se queda pasivo; como que simboliza a todos los pobres sin
voz, que no tienen ni fuerza ni posibilidad para hacer algo que cam-
bie su situación.
Algo peculiar de esta parábola es que uno de los dos roles tiene
nombre: Lázaro (Elcazar) significa «Dios ayuda». El nombre no es
casualidad. Lázaro experimenta la salvación, Dios no apartó su vis-
ta de él; tras su muerte es llevado por los ángeles al seno de Abra-
hán, donde mora.
El hombre rico está caracterizado por su ropa y por su modo de vi-
vir, pero no por esto es «malo». Lucas no considera la riqueza «mala
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 201

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 201

en sí», pues su valoración depende del uso que se le dé. Si la rique-


za aumenta la codicia y tacañería, es mala, pero puesta al servicio de
otras personas o de la comunidad, la riqueza es útil.
El rico no participa al pobre Lázaro de su riqueza y abundancia.
Pasa siempre por alto al pobre echado junto a su portal: el rico ce-
lebra fiestas delante de Lázaro, y no le da ni de lo que sobra. En el
Abismo, el rico es atormentado. Por ese destino, los lectores en-
tienden que el rol del rico es un modelo negativo.
El rico quiere cambiar la situación de sus hermanos (16,27.30), lo
que es un rasgo positivo de su carácter, pero ya es demasiado tarde. El
Abismo «inmenso e insuperable» significa que, en el más allá, ya no
es posible cambiar algo. Además, la Torá y los profetas tienen validez
para siempre –eso lo subrayó Lucas en 16,14-18–, por eso la aparición
de un difunto está demás. El rico ya no puede arrepentirse, no puede
convertirse: es demasiado tarde. Pero los lectores saben que están con
vida, y que tienen con esta parábola la clave para el paraíso.

PARA COMPARTIR

Lucas no tiene planes grandiosos y excelentes para solucionar el


problema de la pobreza. Su propuesta no es un ideal, sino algo más
sencillo: abre tus ojos y ve al pobre que está tumbado a tu puerta, aquí,
cerca. ¿Con quién tienes contacto cada día, con quién tropiezas cada
día, a quién no le va tan bien como a ti? ¿Qué necesidades no pro-
nunciadas tienen las personas que encuentras diariamente?
Lázaro no espera que el rico le mejore completamente su situación,
sólo desea saciarse de los restos que sobran de la mesa del rico. Un ges-
to así sería una minucia para el rico, y también las minucias tienen efi-
cacia. ¿Quién de las personas que encuentras cada día estaría conten-
ta si le dieras algo de lo que te sobra?
A veces es más útil y practicable si se unen los que quieren y los
que pueden hacer algo contra la pobreza que está a nuestras puertas.
¿Qué posibilidades ves en tu comunidad o entre tus vecinos?

4. JESÚS ENSEÑA A SUS DISCÍPULOS: LC 17,1-10

Jesús exhorta a sus discípulos a no causar escándalo a alguien, y


a perdonar siempre, aunque el hermano peque siete veces al día.
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 202

202 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Además, Jesús nos enseña que cumplir la voluntad de Dios no es


algo extraordinario, sino nuestro deber. ¿Cómo cambiaría nuestra
vida –y nuestra comunidad– si perdonamos con más frecuencia, y si
cumplimos, como un deber, la voluntad de Dios?

5. EL SAMARITANO AGRADECIDO: LC 17,11-19

Jesús, todavía en camino a Jerusalén, va entre Samaría y Galilea.


Al entrar en un pueblo, encuentra a diez leprosos que, de lejos, le
piden compasión. Sin pronunciar palabra de curación ni tocarlos,
Jesús les manda presentarse ante los sacerdotes. Mientras van, que-
dan limpios. Y uno de ellos –un samaritano– regresa: alaba en voz
alta a Dios y le da gracias a Jesús. Jesús alaba la fe del samaritano
aquél: «tu fe te ha salvado»: Lc 17,19.
Esta narración guarda semejanzas con la curación del criado del
centurión de Cafarnaúm (7,1-10), pues Jesús curó al criado sin ver-
lo, sin tocarlo y sin alguna palabra poderosa. Igual que alaba la fe
del samaritano, Jesús alabó la fe del centurión pagano. Ambas na-
rraciones recuerdan a los lectores la fuerza sanadora y salvadora de
fe. Llama la atención que dos no judíos –un centurión romano y un
samaritano, no aceptado por los judíos como judío– demuestran
fuerza de fe tan grande. Otras tres personas en el evangelio –la mu-
jer pecadora (7,36-50), la hemorroísa (8,43-48) y el ciego mendigo
de Jericó (18,35-43)– demuestran una fe igual de grande y alabada
por Jesús.
Estas personas testimonian que la fe salva también sin contacto
directo con Jesús o sin estar frente a él. Su testimonio es importan-
te para los que no tienen contacto ni con Jesús ni con sus discípu-
los. Ese testimonio de mujeres y hombres invita a los lectores a pro-
fundizar su fe, a confiar completamente en Jesús y a vivir la fuerza
salvadora de su fe en Dios.

6. DEL REINO DE DIOS Y DEL DÍA DEL HIJO DEL HOMBRE:


LC 17,20-21.22-37

Lucas une la pregunta de los fariseos por el Reino con la ense-


ñanza a los discípulos sobre el día del Hijo del hombre. Si bien el
Reino de Dios «ya está entre ustedes» (17,21), Jesús explica a sus
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 203

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 203

discípulos «que desearán ver uno solo de los días del Hijo del hom-
bre, y no lo verán» (Lc 17,22). El Reino de Dios ya empezó, o se
puede traducir también: «ya está a su disposición» o «ya está en sus
manos». El día del Hijo del hombre, en cambio, todavía es espera-
do, y antes sucederán muchas cosas (17,24-25.30).
El Reino que «está ya en medio de ustedes» es la presencia de
Dios mismo en medio de su pueblo: «¡Yahvé, Rey de Israel, está en
medio de ti, ya no temerás mal alguno! Aquel día se dirá a Jerusa-
lén: ¡No tengas miedo, Sión, no desfallezcan tus manos! Yahvé tu
Dios está en medio de ti, ¡poderoso salvador! Exulta de gozo por ti,
te renueva con su amor...» (Sof 3,15-17). Esta presencia liberadora
de Dios es lo que manifiesta Jesús con sus hechos: perdonando pe-
cados, curando, enseñando y reuniéndose con los marginados. Que
el Reino está ya en medio de nosotros y en manos nuestras, es la in-
vitación a colaborar con Dios y a realizarlo un poquito más cada día.
Jesús ya nos enseñó y nos mostró con su vida cómo hacerlo.
El día del Hijo del hombre, sin embargo, está pendiente. Pero Je-
sús nos instruye sobre qué debemos hacer entre tanto: «quien in-
tente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará»
(Lc 17,33). Ya el jurista preguntó a Jesús qué hacer para heredar
vida eterna (10,25), y más tarde un hombre principal preguntará lo
mismo (18,18). En cada ocasión, Jesús indica que hay que cumplir
la voluntad de Dios según la Torá. Además, añade instrucciones
concretas: hacerse prójimo a otros (10,36-37), repartir los bienes
entre los pobres y seguirle (18,22). Más tarde exhorta a sus discípu-
los a aguantar apuros y persecución, pues «con su perseverancia sal-
varán sus almas» (Lc 21,19).

7. LA PARÁBOLA DEL JUEZ Y LA VIUDA: LC 18,1-8

Con la parábola, Jesús enseña a sus discípulos «que es preciso


orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Los lectores recuerdan el
ejemplo del amigo insistente (11,5-10). A Lucas le gustan los du-
plicados, y ahora cuenta un ejemplo desde la perspectiva de una
mujer, la viuda. El amigo insistente pedía pan para un huésped a su
amigo ya dormido. Ahora, la viuda perseverante solicita al juez asis-
tencia jurídica porque sufre injusticias de su adversario. Sus súplicas
tienen éxito, aunque ella no le pide a un amigo, sino a un hombre
de duro corazón y despiadado: «ni temía a Dios ni respetaba a los
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 204

204 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

hombres». La conclusión en ambas parábolas es similar: Dios escu-


chará la oración (11,13) y «Dios hará justicia a sus elegidos, que es-
tán clamando a él... les hará justicia pronto» (Lc 18,7-8).
La relación entre los dos amigos apunta a nuestra relación con
Dios: podemos pedir a Dios como a un amigo o como los hijos pi-
den a su padre. Igualmente la viuda, en su rol de identificación, per-
sonifica a las personas cuya justicia está violada, a las personas que
son pasadas por alto y relegadas, por no tener quien defienda sus de-
rechos e intereses. La parábola les alienta a no perder su esperanza
en Dios y a ser perseverantes como la viuda que nunca dejó de in-
sistir, porque Dios les hará justicia.

8. EL REINO DE DIOS: ¿PARA LOS PECADORES, LOS NIÑOS


Y LOS RICOS?: LC 18,9-34

En este párrafo ocurre mucho, pues Jesús enseña una parábola «a


algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás» (Lc
18,9-14); Jesús bendice contra la resistencia de sus discípulos a los
niños (18,15-17); luego responde al hombre principal que pregunta
por lo que se debe hacer para obtener en herencia vida eterna
(18,18); enseguida enseña a sus discípulos (18,29) y anuncia por
tercera vez su pasión y resurrección (18,31-34). El Reino de Dios es
el tema que une todos estos eventos.
La parábola del fariseo y del publicano se relaciona con la pará-
bola de la elección de los primeros puestos en el banquete, pues am-
bas concluyen: «porque todo el que se ensalza será humillado; y el
que se humilla será ensalzado» (Lc 14,11 y 18,14). En las dos pará-
bolas Jesús nos enseña que ante Dios no cuenta lo que los hombres
tienen por honor o por justicia, pues todo eso lo debemos, de todas
maneras, a Dios: «cuando hayan hecho todo lo que les mandaron, di-
gan: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que
teníamos que hacer» (17,10). Dios, en cambio, no mide con nuestras
medidas la justicia o el honor, sino con las suyas. Los lectores en-
tienden: la medida de la justicia suya no es la humana, limitada, uni-
lateral e incompleta, sino la de la justicia completa e íntegra de Dios.
En la parábola, Jesús presenta al fariseo como personaje negati-
vo de identificación que nos exhorta a no tenernos por «justos» o
«buenos» a causa de lo que debemos a Dios. Al publicano, en cam-
bio, Jesús nos lo presenta como ejemplo positivo. Con eso pone en
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 205

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 205

duda los criterios que forman nuestras opiniones: ¿Con qué medida
juzgamos a otros?
El publicano es consciente de sus pecados e infracciones. Sabe
que forma parte de un sistema que trata injustamente a otros y que
les explota despiadadamente. Pero, por ser parte de ese sistema, no
puede salirse fácilmente, pues él mismo quiere sobrevivir. El publica-
no nos recuerda que nosotros también estamos implicados en siste-
mas que explotan a otros, les hacen dependientes y les tratan injus-
tamente. Aunque a veces hacemos bien, no podemos considerarnos
justos. Pero tampoco podemos decir: «no podemos cambiar nada»,
pues el ejemplo del publicano Zaqueo nos presenta alternativas (Lc
19,1-10).
Jesús llama explícitamente a los niños y les otorga el Reino de
Dios. Después presenta a sus oyentes –y a los lectores– a los niños
como modelos ejemplares: «el que no reciba el Reino de Dios como
niño, no entrará en él» (Lc 18,17). Los pequeños no tienen mali-
cia, están llenos de buena fe y de confianza. Además no calculan y
no piensan en el propio provecho a costa de otros. Los niños, al no-
tar que alguien está triste, lloran por compasión y buscan consolar-
lo. Esta actitud de los niños pequeños debe servir a los lectores
como modelo de acción.
Como ya antes el jurista (Lc 10,25), ahora uno de los principa-
les pregunta a Jesús qué debe hacer para obtener vida eterna
(18,18). La respuesta de Jesús es idéntica a la dada al maestro de la
ley: cumplir la voluntad de Dios, escrita en la Torá. El hombre prin-
cipal responde que ha guardado los mandamientos desde su juven-
tud. Es obvio que con eso tendrá en herencia la vida eterna.
Jesús le recomienda qué puede hacer para obtener un tesoro en
los cielos: vender todo cuanto tiene, repartirlo entre los pobres y se-
guirle (18,22). El hombre se pone triste, porque es muy rico (18,23).
Jesús explica a sus oyentes lo difícil que es para los que tienen ri-
quezas entrar en el Reino de Dios (18,24), pero añade –y eso es lo
central–: «lo que es imposible para los hombres es posible para
Dios» (Lc 18,27). Los lectores recuerdan, por el ejemplo del fariseo
y del publicano, que Dios tiene otras medidas. Jesús enseña explíci-
tamente que también los ricos pueden entrar en el Reino de Dios;
quizá no es fácil para ellos, pero ¡no es imposible!
Jesús promete a sus discípulos que le siguen y han dejado a sus fa-
milias y sus bienes por el Reino de Dios, que ellos también hereda-
rán vida eterna (18,29-30). Lucas presenta así dos posibilidades
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 206

206 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

equivalentes para heredar la vida eterna: o bien el cumplimiento de


los mandamientos de Dios como muestran los ejemplos del maestro
de la ley y del hombre principal (10,26-27; 18,20-21), o bien el se-
guimiento a Jesús, lo que incluye esforzarse para el Reino de Dios y
cumplir la voluntad de Dios.
El tercer anuncio de la pasión de Jesús debe ser interpretado en
el contexto de sus enseñanzas sobre el Reino de Dios y la venida del
Hijo del hombre: aunque el Reino de Dios ya empezó, Jesús sufrirá,
y a pesar de su sufrimiento el Reino de Dios ya está presente. Es de-
cir, el sufrimiento no es criterio para la presencia o no presencia del
Reino de Dios. El Hijo del hombre sufrirá, será objeto de burlas, in-
sultado y escupido, será azotado y asesinado antes de que venga en
su día. Es decir, ni el sufrimiento ni la muerte pueden impedir la ve-
nida del día del Hijo del hombre.

9. EL CIEGO DE JERICÓ, MODELO PARA LOS SEGUIDORES DE JESÚS:


LC 18,35-43

La narración de la curación del ciego trae a la memoria la misión


de Jesús: «el Espíritu del Señor... me ha enviado a proclamar... la
vista a los ciegos» (Lc 4,18). Hasta ahora Lucas sólo mencionó una
vez, y muy en general, la curación de muchos ciegos (7,21), pero fal-
ta todavía el ejemplo concreto. Antes de llegar a Jerusalén, Jesús
habrá cumplido su misión. Los lectores atentos encuentran más co-
nexiones con otras narraciones: Jesús alaba explícitamente la fe del
ciego –«tu fe te ha salvado» (18,42)– igual que alabó la fe del cen-
turión de Cafarnaúm (7,9), la de la mujer pecadora (7,50), la de la
hemorroísa (8,48) y la del leproso samaritano (17,19). El hecho de
que el mendigo curado alaba a Dios recuerda a la mujer encorvada
que alababa también a Dios (13,13).
Lucas menciona explícitamente que siguen a Jesús Pedro, San-
tiago y Juan (5,10-11), Leví (5,28), María Magdalena, Juana y Susa-
na (8,2-3; 23,49.55). Pero es de suponer que habría más discípulos
que los mencionados (8,3; 18,28). Excepto Leví, el único explícita-
mente llamado e invitado al seguimiento por Jesús, todos los demás
discípulos y discípulas siguen a Jesús por decisión e iniciativa propia.
El mendigo de Jericó es uno de ellos (18,43).
Entre los seguidores de Jesús no hay exclusivamente personas adi-
neradas, como las mujeres que apoyaban a Jesús y a los demás discí-
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 207

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 207

pulos con sus bienes (8,3), o los discípulos que han dejado sus bienes
(18,28), sino que también los pobres forman parte de sus discípulos.
El ciego mendigo que no se dejó callar por la gente es por su perse-
verancia modelo para los lectores. Su perseverancia recuerda la en-
señanza de Jesús: «orar siempre sin desfallecer» (18,1; 11,9-13).

10. ZAQUEO, MODELO DE IDENTIFICACIÓN PARA LOS RICOS:


LC 19,1-10

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las palabras que se reiteran.


2. Clasifica las oposiciones.
3. Busca el campo semántico de la palabra «salvación».

a) Enlaces narrativos

a. Estructura
Esta breve narración está bien estructurada. Empieza con que Je-
sús, tras encontrar al ciego en el camino a Jericó (18,35), entra en
la ciudad (Lc 19,1). Con la palabra «mira», cuya función ya cono-
cemos, se presenta a otro personaje central: el publicano Zaqueo
(19,2-3). La trama empieza con las acciones de Zaqueo (19,4). La
palabra «y» une acontecimientos diversos (19,4-7) que se suceden
hasta un clímax, el diálogo entre Zaqueo y Jesús (19,8-10). La deci-
sión de Zaqueo (19,8) marca el resultado de todas sus acciones. La
narración culmina con la interpretación de Jesús (19,9-10).

b. Caracterización de Zaqueo

Zaqueo es «publicano», como Leví, y como otros «publicanos» aso-


ciados a «pecadores» que escuchan y siguen a Jesús (5,27-29; 15,1),
como el de la parábola que ora en el templo (18,10-14). Los publica-
nos eran despreciados, pues se enriquecían a costa de su propio pue-
blo por colaborar con los ocupantes romanos. En Lc, en cambio, los
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 208

208 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

publicanos son pintados de forma positiva: acuden a escuchar al Bau-


tista y a Jesús; el publicano de la parábola ora en el templo; los publi-
canos reconocen sus pecados, se arrepienten y se convierten. Jesús
practica explícitamente –contra la protesta de los piadosos– la comu-
nión con los publicanos: les enseña, come y bebe con ellos.
Zaqueo es «rico» como aquel hombre que se puso triste con el
consejo de Jesús de vender cuanto tiene para repartir lo obtenido
entre los pobres (18,18-27), y el de la parábola que acumulaba ri-
quezas en vez de enriquecerse a los ojos de Dios (12,16-21). Lucas
evalúa los bienes según su empleo: si son acumulados por motivos
egoístas, codicia y tacañería, son reprobados; en cambio, si se ponen
al servicio de personas necesitadas, son bien vistos. Los lectores to-
davía no saben si la riqueza de Zaqueo es positiva o negativa.
El hombre rico que preguntó a Jesús por la vida eterna (18,18-
27) y los publicanos que acuden a escuchar al Bautista y a Jesús,
muestran que también los ricos cumplen los mandamientos de Dios,
buscan la comunión con Jesús y esperan la salvación. Estas actitu-
des se miran cumplidas en Zaqueo. Aunque puede serlo, la riqueza
misma no es obstáculo para encontrarse con Jesús, ni impide la co-
munión con él, ni excluye de la salvación.

c. Palabras clave

En la Biblia, ciertas palabras como «es preciso» y «prisa» –baja


pronto, se apresuró, (19,5-6)–, «hoy», «quedarse» (19,5) y «alegría»
pueden adquirir también sentido teológico, pues refieren al plan sal-
vífico de Dios que debe ser cumplido; de hecho, ya empezó a reali-
zarse y se sigue realizando «hoy». La palabra «quedarse» en el con-
texto con «recibir», «entrar» y «acoger» a Jesús significa mucho más
que «hospedarlo», pues implica duración: «para siempre». La salva-
ción experimentada por Zaqueo no es un acto aislado, sino que dura
para siempre. La alegría porque Jesús es el salvador anunciado a los
pastores (2,10-11) también la experimenta Zaqueo cuando recibe a
Jesús (19,6): «hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19,9).
La palabra «hoy» está unida dos veces a la palabra «casa»
(19,5.9). «Casa» significa no sólo el edificio, sino también «fami-
lia» o «generación». Zaqueo experimenta la salvación por dos razo-
nes: por recibir a Jesús en su casa y por ser «hijo de Abrahán». Con
Zaqueo experimenta también su casa la salvación, su familia, su ge-
neración, y con su «casa» todos los hijos e hijas de Abrahán, como
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 209

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 209

Lucas afirmó ya antes de la narración de la curación de la mujer en-


corvada (13,10-17), declarada por Jesús hija de Abrahán (13,16).
Zaqueo no recibió a Jesús para ser salvado, sino que le hospedó obe-
deciendo a Jesús, que quiso quedarse en su casa (19,5). No fue el dar
la mitad de sus bienes a los pobres lo que le trae la salvación, pues
la salvación ya había llegado. El reparto de bienes es efecto de su ac-
ción; recibiendo a Jesús, Zaqueo experimenta que ¡ya está salvado!
La salvación de Dios se realiza también con la presencia misma de
Jesús: todas sus acciones y su entera vida terrena tienen relevancia
soteriológica, no sólo su muerte. Por eso Zaqueo experimenta la sal-
vación al recibir a Jesús en su casa. La medida de Dios no se corres-
ponde con la medida de los hombres: a quien las gentes llaman «pe-
cador», Jesús llama «hijo de Abrahán» y le concede la salvación,
pues Dios busca a los perdidos y a los pecadores para salvarlos.

b) Enlaces pragmáticos

Muchos de los actuantes que buscan contactar a Jesús no tienen


nombres, sino que son referidos solamente por sus dolencias. Hasta
este momento conocemos por su nombre a pocas personas: el fari-
seo Simón (Lc 7,36-50), el jefe de la sinagoga, Jairo (8,41), y las
hermanas Marta y María (10,38-42). «Zaqueo» significa «el que es
puro, limpio, inocente»: ¿Es su nombre el programa?

a. Personajes de identificación

Al dar nombres, Lucas facilita a sus lectores la identificación. Za-


queo es una figura de identificación para los lectores que quieren sa-
ber «quién es Jesús» (19,3). De Zaqueo sabemos más: es de baja esta-
tura, y, por ser jefe de publicanos y rico, las gentes le juzgan «pecador»
(19,7). Con Zaqueo pueden identificarse también las personas margi-
nadas y despreciadas por los que se sienten «justos» o «piadosos».
Pero la narración también refleja la situación difícil de los cris-
tianos ricos en la comunidad: si Zaqueo es el personaje de identifi-
cación para los ricos, la muchedumbre inconforme lo es para el resto
de la comunidad. El rol de la muchedumbre es negativo, pues le im-
pide a Zaqueo acercarse y ver a Jesús. Ser de baja estatura no es obs-
táculo para Zaqueo, pues maneja bien su deficiencia: corre hacia de-
lante y sube a un árbol. El obstáculo es, más bien, la muchedumbre
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 210

210 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

que le impide contactar a Jesús. Con este rol negativo, Lucas pide a
sus lectores que no obstaculicen a los ricos que quieren pertenecer
a Jesús y a la comunidad. Las opiniones que desprecian a otras per-
sonas o a otros grupos no deben tener sitio en la comunidad.
El rol de la muchedumbre es complejo, pues juzga a Zaqueo
como «pecador», pero diciendo esto, se califica a sí misma como
«piadosa» y «justa». Jesús ya explicó antes, con la parábola del fari-
seo y del publicano (18,9-14), qué les sucederá a los que se tienen
por justos y desprecian a los demás: «El que se ensalza será humilla-
do; y el que se humilla será ensalzado» (Lc 18,14). Al hospedarse en
casa de Zaqueo, Jesús demuestra inequívocamente el amor de Dios
a los pecadores, como enseñó ya en las parábolas del hijo perdido, y
de la oveja y de la dracma perdida (15,1-32), «pues el Hijo del hom-
bre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10).

b. Zaqueo como modelo para el buen uso de las riquezas

En Lc y Hch, Lucas presenta a sus lectores varios modelos para usar


las riquezas. Hemos leído ya de las mujeres ricas que diaconaban con
sus bienes a Jesús y a sus discípulos (Lc 8,3) y en Hch nos enteraremos
de la comunidad de bienes en la comunidad de Jerusalén (Hch 4,32-
37). Así, Lucas enseña a sus lectores que la riqueza no impide la co-
munidad con Jesús, ni el acceso a él, porque Jesús aceptó a los ricos y
les concedió explícitamente la salvación como a Zaqueo.
El modelo de Zaqueo es un modelo más para el uso de los bienes.
Los lectores recuerdan que poco antes leyeron de un importante
rico que preguntó a Jesús qué hacer para tener en herencia la vida
eterna (Lc 18,18-27). Jesús le aconsejó vender todo cuanto tiene,
repartirlo entre los pobres y seguirle (18,22). A Zaqueo, en cambio,
Jesús no le impone condición para experimentar la salvación, ni le
exige que haga algo, ni le pide repartir sus bienes, ni devolver el
cuádruplo. Zaqueo ve con claridad sus reales posibilidades: compar-
tirá lo que tiene en abundancia, y decide, él mismo, dar la mitad de
sus bienes a los pobres (19,8).

c. Usar los bienes según las propias posibilidades

Estos modelos no los entiendo como exigencias generales para


todos los cristianos, sino como exigencias personales o individuales.
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 211

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 211

Zaqueo da la mitad de sus bienes a los pobres y devuelve el cuádru-


ple a quien defraudó. Él ve claramente la realidad: hay pobres a los
que puede apoyar. Además, su profesión conlleva la posibilidad de
que haya tratado injustamente a otros y les haya defraudado o chan-
tajeado. Esta posibilidad la mencionó ya el Bautista cuando acudie-
ron los publicanos para convertirse y bautizarse (3,13). El consejo al
hombre rico, de dar todo a los pobres, no es condición para heredar
la vida eterna, sino para el tesoro de los cielos. Con esa exigencia,
Jesús tocó el punto débil de este hombre, para quien el cumpli-
miento de los mandamientos no era problema.
Ambos modelos animan a los lectores a reflexionar sobre el uso
de los bienes y de orientarlo en dirección a los pobres. No hay una
solución general para todos –dar todo o dar la mitad–, sino que cada
uno debe hacer lo posible: uno puede vender una casa, otro un
campo (Hch 4,34), otra puede disponer de una sala para el grupo,
como María (Hch 12,12), otra puede poner a disposición sus talen-
tos, como Tabita (Hch 9,39).
A Lucas le importa que los ricos se confronten con la pobreza
real que los rodea, para encontrar alternativas en el uso de sus bie-
nes. Lucas ve claramente que a la larga es más adecuado y efi-
ciente que los ricos no den todo y queden pobres y menesterosos,
sino que es mejor que apoyen y subvencionen solidaria y perma-
nentemente a la comunidad con sus bienes o ingresos, según sus
posibilidades propias y reales, como practica la primera comuni-
dad en Hch.
Hacer lo posible y actuar según las propias posibilidades subraya
también la parábola siguiente de las minas (19,11-27). No importa
la cantidad, sino emplearse a fondo y dar lo posible.

PARA COMPARTIR

Confróntate con el rol negativo de la muchedumbre, también res-


pecto a la vida en la comunidad:
¿Dónde pongo/ponemos dificultades a los otros?
¿Dónde excluyo/excluimos a otros creyendo que es «por su culpa
propia», por su minusvalía, porque piensan o viven de forma diferen-
te, por sus bienes, por su formación, por su profesión, etc.?
¿Cuáles son mis posibilidades para usar solidariamente mis bienes?
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 212

212 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

11. LA PARÁBOLA DE LAS MINAS: LC 19,11-27


Antes de subir a Jerusalén, Jesús cuenta otra parábola. Lucas in-
dica desde la introducción la interpretación: la parábola va para la
gente que cree que el Reino de Dios aparecerá de un momento a
otro (19,11). Esta gente aprende que la realización completa del
Reino de Dios queda pendiente.
La parábola une dos narraciones; la primera forma el marco na-
rrativo (19,12.14.15.27). Trata de un hombre que marcha a un país
lejano para recibir la autoridad real, la misma que sus ciudadanos
buscan impedir; luego serán ejecutados.
En este marco otra narración se desarrolla: el señor y rey futuro
encarga dinero a sus siervos para que negocien (19,13). Al regresar
pide cuentas a sus siervos (19,15). Dos de ellos negociaron con éxi-
to, pues decuplicaron y quintuplicaron su dinero, y por eso reciben
en compensación el gobierno de tantas ciudades (19,16-19). Pero
uno de los siervos no ha negociado por miedo a su severo señor; por
eso es reprendido, pues de haber colocado el dinero en el banco ha-
bría cobrado interés (19,20-23). El señor le quita el dinero y lo da
al siervo que ha negociado más. Su acción causa el asombro de la
gente, lo que comenta el señor por un proverbio, introducido por
«les digo» (19,24-26).
Los lectores identifican al señor que quiere recibir la autoridad
real y que no está presente por cierto tiempo con Jesús. La monar-
quía corresponde al Reino de Dios. Sus adversarios, que quieren im-
pedir que el señor sea rey, son los que quieren impedir que se reali-
ce el Reino de Dios. Jesús enseña a sus oyentes que nada impedirá
la realización del Reino de Dios. Aunque Jesús muere en la cruz,
Dios le instituye rey.
No encontramos a los adversarios del Reino de Dios entre los
oponentes humanos de Jesús, pues los judíos esperaban igualmente
el Reinado de Dios. Los adversarios del Reino de Dios son más bien
los poderes diabólicos y Satanás, que serán aniquilados definitiva-
mente al final del tiempo. Ya antes vio Jesús a Satanás caer del cie-
lo (10,18), ha dado a sus discípulos el poder para superar el poder del
enemigo (10,18-19) y expulsó los demonios por el dedo de Dios
(11,20). Todo eso señala que Jesús supera el poder de sus adversarios.
Los lectores son invitados a identificarse con los siervos. Deben
entender que son encargados con «dar frutos» como la simiente
(8,5-15). Deben emplear en cualquier caso sus dones y «negociar»
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 213

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ENTRE USTEDES: LC 16,1-19,27 213

con ellos para que se multipliquen. Excusas como «tenía miedo» o


«no podía» no son admitidas. Al menos, deben entregarse intereses.
Para que el dinero produzca intereses debe ser prestado, útil, a
otros hombres. Igualmente el Evangelio produce solamente interés
si se comparte con otros. Quien comparte su vida de fe, sus expe-
riencias y dudas de fe con otros, experimenta que gana nuevas pers-
pectivas para crecer y profundizar su fe. Quien, en cambio, se cierra
en vez de abrirse, quien no comparte su fe con nadie, sentirá que su
fe se atrofia: «a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene,
aun lo que tiene se le quitará» (Lc 19,26).
08.245 - 15. Cap. 9 29/10/08 10:09 Página 214
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 215

CAPÍTULO X
EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS
DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38

En estos capítulos, el autor nos cuenta de la llegada de Jesús a Je-


rusalén y de los conflictos con sus adversarios. Lucas mencionó ya
varias veces antes que los antagonistas de Jesús intentaban quitarlo
de en medio (4,29; 6,7.11; 13,31). Con su llegada a Jerusalén el
conflicto se agudiza. Lucas nos cuenta que las enseñanzas y acciones
de Jesús en el templo causan discusiones muy fuertes con los sadu-
ceos, escribas y principales sacerdotes. Los adversarios de Jesús bus-
carán echarle mano para matarle (19,47; 20,1-2.19-20). Su inten-
ción encauza ya el tema de la pasión (22,2).
Cuando Lucas informa brevemente que Jesús sube a Jerusalén
(19,28), por el cambio del lugar, indica que inicia una sección nue-
va en su narración. A partir de ahora, el templo es el lugar preferi-
do donde Jesús enseña y actúa (19,45.47; 20,1; 21,37-38). Lucas
aprovecha este lugar importante para completar algunos rasgos de
su imagen de Jesús. Jesús es el rey de paz (19,29-46) que enseña au-
torizadamente (20,1-8.9-19) el camino de Dios: de dar a Dios todo
lo que le debemos (20,20-26), que Dios es un Dios de vivos (20,27-
40), y que el Mesías no corresponde a las expectaciones populares
(20,41-44).
Mediante la comparación con los comportamientos de los es-
cribas (20,45-47) y la acción de una viuda pobre (21,1-4), Jesús
anima a sus oyentes para actuar conforme a la voluntad de Dios.
Siguen el discurso escatológico (21,5-28) y la parábola de la hi-
guera (21,29-36) que exhortan a interpretar todos los aconteci-
mientos y situaciones actuales desde la perspectiva del Reino de
Dios cercano: los lectores entienden que deben ajustar sus accio-
nes a este objetivo.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 216

216 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

1. JESÚS, REY DE PAZ: LC 19,29-46

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las palabras que se reiteran.


2. Marca las personas y sus acciones.
3. Lee Zac 9,9-10 y 13,9-14,21 y compáralo con nuestro texto:
¿Qué semejanzas encuentras?
4. Compara nuestro texto con las narraciones de Mc 11,1-11; Mt
21,1-11 y Jn 12,12-19 para ver más claramente semejanzas y diferen-
cias.

a) Enlaces narrativos

a. La autoridad de Jesús

Lucas introduce un nuevo episodio con «y se dio el caso de que».


Jesús va acercándose a Jerusalén; yendo entre Betfagé y Betania
(19,29a) empieza la trama: Jesús manda a dos discípulos a traer un
burrito (19,29b-31). Además Jesús sabe dónde encontrarán el bu-
rrito y lo que dirán los dueños. Todo sucede como Jesús lo ha predi-
cho (19,32-34). En eso, los lectores reconocen el poder, la autori-
dad y la importancia de Jesús.
A partir de 19,32 los discípulos actúan: hallan el burrito, lo traen
a Jesús, echan sus mantos sobre el burrito y hacen montar a Jesús.
Después extienden sus mantos por el camino y empiezan a alabar con
alta voz a Dios (19,35-38). Los lectores deben figurarse este aconte-
cimiento en medio de mucha gente, pues «algunos de los fariseos que
estaban entre la gente» (19,39) se oponen a lo que hacen los discí-
pulos. Jesús defiende a sus discípulos con una expresión que justifica
su acción no sólo como adecuada, sino hasta necesaria (19,40).

b. El Reino de Dios

Mientras que en las narraciones paralelas de Mt y Mc Jesús en-


tra en Jerusalén, en Lc se encuentra todavía fuera de la ciudad, en
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 217

EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38 217

el camino; escribe: «al acercarse y ver la ciudad» (19,41). En Mt,


Mc y Jn, las gentes saludan a Jesús como rey, mientras que Lucas
describe la aclamación como acción limitada de sus discípulos.
También la exclamación de los discípulos se distingue del grito de
la gente en las narraciones paralelas: en los demás evangelios la
gente saluda a Jesús como «hijo de David» y como «rey de Israel»
que establecerá en este mundo, en Israel, su reino. En Lc, en cam-
bio, los discípulos alaban explícitamente a Dios (19,37) –¡no a Je-
sús!– y ubican su alabanza en los cielos: «paz en el cielo y gloria en
las alturas» (19,38). Con eso, Lucas pone de relieve el carácter uni-
versal del Reino de Dios.
Al ver la ciudad, Jesús llora por ella (19,41). El llanto de Jesús es
el extremo opuesto de la alegría y la alabanza de los discípulos
(19,37). Lucas intercala el llanto de Jesús que no se encuentra en
los demás evangelios, pero lo une con la narración por las palabras
«paz» (19,38.42), «piedras» (19,40.44) y el «ver» o «no ver / que-
dar oculto» de las maravillas (19,37.42).
Los lectores pueden relacionar «el mensaje de paz» (19,42) con
la llegada de Jesús como rey de paz (19,38), como dijo ya el profeta
Zacarías (Zac 9,9). Jerusalén debía haber reconocido la presencia de
Dios en los actos y enseñanzas de Jesús, como los discípulos la ha-
bían identificado y por eso alaban a Dios. También los profetas la-
mentaron con frecuencia la falta del conocimiento de Dios (Os 4,1;
Sab 13,1). Como los profetas (Zac 13,8-14,2), Lucas interpreta re-
trospectivamente –unos veinte años después del sitio y destrucción
de Jerusalén– la destrucción de la ciudad como una prueba de que
Dios quiere conseguir que su pueblo cumpla sus mandamientos. Tras
la dura prueba llegará el día del Señor cuando Dios mismo será rey
sobre toda la tierra (Zac 14,9).
A diferencia de Mt y Jn, Lucas no menciona la cita de Zac 9,9
del rey de paz humilde, pero mantiene las palabras «rey» y «paz»
como alusiones a esta cita (19,38). En cambio, alude directamen-
te por «este día» al «día del Señor»: las naciones subirán a Jeru-
salén para adorar a Dios, su rey (Zac 14,16). No habrá más ven-
dedores en el templo (Zac 14,21), pues todo será consagrado a
Dios. Por eso Jesús se dirige al templo y expulsa a los vendedores
(19,45-46). Lucas interpreta también esta acción de Jesús según
los acciones y signos de las profetas (Is 56,6-7 y Jer 7,11-14). La
casa de Dios debe ser Casa de oración para todas las naciones (Zac
14,16.21).
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 218

218 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

c. La Casa de Dios es Casa de oración

Lo que Lucas narra en pocas palabras y dos versos, tiene en los


demás evangelistas muchos detalles (Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Jn
2,13-22). A Lucas le importa subrayar que Jesús deseaba el templo
como Casa de oración. No quiso en ningún caso narrar una acción
contra el templo o criticarlo, pues es el lugar de la presencia de
Dios, y le importa como lugar de oración. Los lectores se acuerdan
del episodio del muchacho Jesús en el templo (2,41-52). Lucas na-
rra a continuación que Jesús enseña en el templo (19,47-48). Tras
la muerte de Jesús, el templo será el lugar de reunión de sus discí-
pulos (Lc 24,53; Hch 5,12), allí oran (Hch 3,1.11; 21,26.27), pre-
dican y enseñan (Hch 4,1-2; 5,20-21a.42; 21,40-22,21).
Lucas retoma elementos importantes de la tradición para su na-
rración de la entrada de Jesús en Jerusalén, pero los modifica, de
modo que no hay ni «una entrada mesiánica triunfal», ni Jesús
como rey terreno en competencia con los demás gobernantes mun-
danos. Lucas pone de relieve que el Reino anunciado por Jesús es el
Reino de Dios. Este Reino es el Reino de paz y el Reino universal
para todas las naciones.

b) Enlaces pragmáticos

a. El interés político de Lucas

Lucas subraya que los que creen en Jesús no son peligrosos, y que
los gobernantes no deben temerlos. Los creyentes no son ni revolu-
cionarios ni rebeldes, ni se interesan por obtener el poder o la in-
fluencia. Los seguidores de Jesús se ocupan, de modo pacífico, en la
beneficencia y caridad –lo que corresponde bien al ideal helenísti-
co de un buen ciudadano– para que los que sufren estén mejor.

b. El carácter diferente del Reino de Dios

Al evangelista le importa realzar el carácter divino y universal del


Reino de Dios: sólo Dios reina, y su reinado es universal. Aunque
Lucas presenta a Jesús como rey de paz, deja claro que «el reino» y
«el reinado» de Jesús no corresponden a categorías mundanas, así
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 219

EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38 219

subraya que Jesús no pone en peligro el poder de los gobernantes. La


categoría diferente del reino se nota en palabras como: llenos de
alegría, alabar a Dios a grandes voces, milagros que habían visto, en
el nombre del Señor, paz, cielo, gloria, alturas. La alegría indica la
alegría escatológica por la realización del plan salvífico de Dios en el
día del Señor (Zac 14). La alabanza de los discípulos recuerda a los
lectores la alabanza de los ángeles al anunciar a los pastores el na-
cimiento de Jesús: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a
los hombres en quienes él se complace» (Lc 2,14).
La categoría diferente del Reino no significa que no tenga que
ver nada con este mundo o que sea apolítico, al contrario: el Reino
de Dios ya está en este mundo, en medio de nosotros (Lc 17,21).
Pero en el Reino de Dios no valen las medidas terrenas, como Jesús ex-
plicó muchas veces: los despreciados en este mundo como los pu-
blicanos y pecadores, los pequeños y los que son marginados y rele-
gados como los pobres y los enfermos, todos ellos tienen su puesto
en este Reino (6,20; 14,21; 15,7.10; 18,16). Además, los que cum-
plen los mandamientos de Dios como Abrahán, Isaac y Jacob
(13,28), y los paganos que buscan a Dios (13,29), están en el Reino
de Dios.
En el Reino de Dios no importan ni poder, ni grandeza, ni in-
fluencia, sino sólo el servicio y la ayuda recíproca: «Los reyes de las
naciones las dominan como señores absolutos y los que ejercen el
poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores; pero no así entre
ustedes, sino el mayor entre ustedes sea como el menor y el que go-
bierna como el que sirve» (Lc 22,25-26).

c. Jesús como «rey»

En la cruz de Jesús había una inscripción que le define «rey de


los judíos» (23,38). También Pilatos pregunta a Jesús si él es «el rey
de los judíos» (23,3), y los soldados se burlan de él como «rey de los
judíos» (23,37). Los lectores entienden que deben poner en duda
las imágenes de los reyes terrenos frente al rey Jesús. No se puede
comparar el Reino de Dios con el gobierno terreno. Lucas sabe que
el título «rey» es ambiguo y puede causar conflictos –como narrará
en Hch 17,7–, por eso evita el título de «rey» para Jesús.
Pero Lucas no pone nunca en duda que Jesús sea verdaderamen-
te «rey», pues Jesús está de acuerdo con la aclamación de sus discí-
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 220

220 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

pulos (19,40). Además, el poder de Jesús es más grande que el de los


gobernantes terrenos, porque Jesús vence por su resurrección al mal,
Satanás y la muerte.

PARA PROFUNDIZAR Y COMPARTIR

Los discípulos son personajes de identificación para los lectores.


Ellos entienden que Dios ha empezado a realizar su plan salvífico, pues
han visto muchos milagros. Los discípulos todavía no saben que Jesús
morirá en la cruz; los lectores, en cambio, saben que Dios incluye la
cruz en su plan, y que nada puede impedir la realización de su plan sal-
vífico. ¿Qué importancia tiene la cruz en tu fe? ¿Qué significa para ti
que Jesús sea rey? ¿Quién es Jesús para ti?
Lee el Salmo 118 y compáralo con nuestro texto, también con Lc
20,9-19 y en general con la pasión: ¿Qué alusiones notas?

2. LOS ADVERSARIOS DE JESÚS BUSCAN MATARLE: LC 19,47-20,47


EL EJEMPLO DEL TRIBUTO DEBIDO AL CÉSAR: LC 20,19.20-26

Jesús enseña diariamente en el templo (Lc 19,47; 20,1; 21,37-


38). Los sumos sacerdotes, los escribas, los ancianos y los saduceos
están en desacuerdo con su enseñanza y buscan matarle (19,47;
20,1-2.19-20). Aprovechan la ocasión de que enseña en el templo
para plantearle preguntas críticas: la legítima autoridad de Jesús
(20,1-8.9-19), el tributo debido al César (20,20-26), la resurrección
de los muertos (20,27-40) y el Mesías (20,41-44).
Mediante estas discusiones, Lucas presenta la autoridad y el po-
der de Jesús; Jesús no pone en peligro el poder del emperador. Des-
de la perspectiva de la fe en la resurrección sugiere reflexionar so-
bre el concepto del Mesías. Así prepara el hecho de que Jesús como
Mesías no corresponde a las expectativas populares, ni se ajusta a
ningún esquema tradicional de Mesías, pues el Mesías Jesús sufrirá,
morirá, y resucitará. La crítica de Jesús a los escribas (20,45-47) sir-
ve a los lectores de espejo para su actitud: ¡no deben ser como esos
escribas! El modelo siguiente –la viuda pobre– les sirve como ejem-
plo positivo de acción y como personaje de identificación.
Vamos a ver con más detalle «el tributo debido al César» (20,19.20-
26) para entender el conflicto entre Jesús y sus adversarios.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 221

EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38 221

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Trata de estructurar el texto de Lc 20,19.20-26.


2. ¿Cómo da Lucas a entender que los adversarios de Jesús fingen
(y no están convencidos de lo que dicen)?
3. Lee la narración en su contexto desde 19,45-48 con 20,1-8.9-
19.20-26. ¿Cuál es la causa del conflicto?

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

La estructura de este episodio está clara: los primeros versículos


(20,19-20) describen la situación y explican la motivación de los ac-
tuantes. La trama abarca la pregunta de los espías (20,21-22), la pre-
gunta de Jesús (20,23-24a), la respuesta de los adversarios (20,24b)
y la conclusión de Jesús (20,25). La observación final del autor
(20,26), la que retoma la motivación de los espías de la introduc-
ción, enmarca el episodio.

b. La motivación de los antagonistas

Lucas describe con palabras inteligibles la intención de los opo-


nentes de Jesús: «trataron de echarle mano» (20,19), «el acecho»,
«espías que fingen ser justos», «para sorprenderle y poderle entregar
al poder del procurador» (20,20.26), «su astucia» (20,23). Por eso,
las palabras elogiosas que introducen la pregunta de los adversarios
suenan hipócritas en su abundancia exagerada: «Maestro, sabemos
que hablas y enseñas con rectitud y que no tienes en cuenta la con-
dición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de
Dios» (Lc 20,21). Luego, al final de esta narración, los antagonistas
de Jesús –y también los lectores– entenderán que estas palabras elo-
giosas valen exactamente para Jesús. De hecho, Jesús enseña con fran-
queza y sin tener en cuenta la condición de las personas el camino de
Dios. Con eso, Lucas demuestra que incluso los adversarios de Jesús
deben aceptar su superioridad y autoridad: maravillándose y callán-
dose aprueban y confirman su enseñanza.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 222

222 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

El contexto de nuestra narración aclara que los antagonistas de


Jesús no actúan por mala intención meramente. Sus dificultades
con Jesús son causadas por la parábola tan crítica (20,9-18.19-20)
que Jesús contó poco antes. Su parábola se dirigió inequívocamen-
te contra los sumos sacerdotes y escribas, que entendieron muy bien
que la parábola de los viñadores homicidas era por ellos. Ya antes,
los sumos sacerdotes y escribas pusieron en duda la autoridad y el
poder de Jesús (20,1-8). A esta controversia precedió el reproche de
Jesús de haber hecho de la casa de oración una cueva de bandidos y
la expulsión de los vendedores del templo (19,45-46). Su crítica re-
vivió (cf. ya 4,29; 6,7.11; 13,31) la intención de sus adversarios de
matarle (19,47).
Los lectores entienden que el conflicto está causado tanto por la crí-
tica franca y pública de Jesús como por la posición tradicional de los su-
mos sacerdotes y escribas, los que se sienten atacados por su ense-
ñanza y sus acciones. La intención de la crítica constructiva de Jesús
no llega al éxito, porque sus adversarios la toman por ofensa de la
religión y sus instituciones. Las posturas se han endurecido, el es-
cándalo es inminente. Los lectores recuerdan los destinos de los
profetas (por ejemplo Elías: 1 Re 19,1-5.10 y Jeremías: Jr 11,21) que
igualmente fueron despreciados y amenazados de muerte por su crí-
tica, sus acciones y amonestaciones.

c. El dilema: o Dios o el César

La pregunta de los sumos sacerdotes y escribas plantea a Jesús un


dilema. Si él afirma que es lícito pagar tributo al César, expresaría no
sólo su acuerdo con la potencia ocupante de los romanos, sino tam-
bién la veneración del César. Ningún judío fiel a su religión apro-
baría nunca venerar al César igual o más que Dios. Si dice Jesús que
se tiene que pagar tributo, se mostraría como judío infiel, y así se
contradiría como rabino y maestro autorizado por Dios. De decir
que no es lícito pagar tributo al César, Jesús sostendría la opinión de
los zelotas, a quienes importaba mucho el cumplimiento de la Torá
y formaban el partido político de la oposición a los romanos. Si di-
jera que no se tiene que pagar tributo, Jesús se revelaría como opo-
sitor del gobierno romano y, así, enemigo público. Eso es exacta-
mente lo que sus adversarios le reprocharán en su acusación delante
de Pilatos (23,2). Con nuestro episodio de fondo, los lectores sabrán
desenmascarar esta acusación como falsa.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 223

EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38 223

De hecho, la mayoría de los judíos se conformaba al predominio


romano y pagaba su tributo debido, pues el Imperio romano les con-
cedía practicar su religión. Al pedir Jesús a sus adversarios que le
muestren un denario, los desenmascara como colaboradores con el
predominio romano, pues el ámbito de validez de una moneda co-
rrespondía al territorio del gobierno, y como los interrogadores usan
el dinero romano en su vida diaria (en vez del dinero palestino), se
revelan de acuerdo con el Imperio romano.

b) Enlaces pragmáticos

a. ¡Devuelvan al César lo del César, y a Dios lo de Dios!

La respuesta de Jesús demuestra claramente que no cayó en la


trampa de sus oponentes, y que descubrió el problema en que se basó
el dilema. Su pregunta fue expresada ambiguamente, pues no se tra-
ta de una alternativa «o – o» como en la decisión necesaria o Dios o
el dinero (16,13). Jesús explica que no hay la alternativa «o el Cé-
sar – o Dios», sino que se trata más bien del «tanto – como»: «tanto el
César – como Dios». Pagar tributo al César o al Estado y dar a Dios
lo que se lo debe a Dios, ¡no se excluyen! Más tarde, Lucas mostra-
rá por otros ejemplos que los seguidores de Jesús pueden ser también
ciudadanos romanos leales (como Pablo y Silas, Hch 16,37-38; 22,28),
y que ciudadanos romanos leales pueden ser igualmente creyentes
fieles (como el centurión Cornelio y sus parientes, Hch 10).
La respuesta de Jesús es un imperativo que tiene una función ge-
neral: no se dirige únicamente a sus interlocutores actuales, sino
también a los lectores de aquel tiempo y de hoy. Pagar tributo al Cé-
sar y comportarse lealmente con el Estado no perjudica a Dios. Dar
al César lo del César parece ser la exigencia más pequeña y ligera.
¡Debemos mucho más a Dios!
El imperativo de Jesús «tanto al César como a Dios» incluye también
una obligación vinculante: los creyentes no pueden contentarse con
ser ciudadanos leales y dejar de lado cumplir con sus deberes respec-
to a Dios y a sus prójimos. Tampoco basta con ser hombre fiel y no
hacer caso de la sociedad en la que se vive. El imperativo de Jesús
llama a los creyentes a vivir y testimoniar su fe en este mundo. El Esta-
do y la religión no forman dos mundos separados, sino que son una
unidad. Los mismos hombres son tanto ciudadanos como creyentes.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 224

224 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

b. ¿Qué debemos devolver a Dios?

La respuesta de Jesús consta de dos partes; habría bastado con la


primera, que se refiere al tributo, pero Jesús añade otro imperativo:
dar a Dios lo que es de Dios, devolverle lo que le debemos. Esta se-
gunda exigencia ajusta de nuevo la medida y las normas de lo que de-
bemos hacer. Los lectores entienden que el requerimiento de «dar al
César lo que es del César» es una exigencia ligera, pues ni siquiera
afecta el corazón o lo más íntimo de los hombres. La exigencia de
«dar a Dios lo que es de Dios», en cambio, es una tarea de toda una
vida, la que exige el hombre completo durante su vida entera.
Lucas juntó ya algo de lo que debemos dar a Dios en el discurso
de la llanura (6,20-49), lo que podemos resumir en «ser misericor-
dioso como nuestro Padre es misericordioso» (6,36) y «cumplir la
voluntad de Dios, hacer lo que enseña Jesús» (6,46). Otros indicios
encontramos tanto en la Torá: el amor a Dios y al prójimo (10,26-
28), los Diez Mandamientos (18,20) y la solidaridad con los pobres
(18,22), como en la enseñanza de Jesús: perdonar (17,4) y la soli-
daridad con los marginados (5,30-31). Todas ésas son exigencias ge-
nerales, nuestros deberes. Aparte de esto, cada uno está exigido
cada día en su situación actual de dar a Dios lo que es de Dios. Y al
final, cuando hayamos hecho todo, no nos queda más que decir:
«sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10).

c. Personajes de identificación

Los sumos sacerdotes y escribas funcionan como modelo negativo


de identificación. Sin embargo, los lectores deben identificarse con
ellos, sobre todo en cuanto a su intención de aprovecharse de Jesús
por sus intereses políticos. Los interrogadores fieles esperaban una
respuesta contra el César, mientras que los interrogadores políticos
esperaban una respuesta a favor del César. Con cada respuesta sen-
cilla Jesús habría contentado a un grupo, y al mismo tiempo se ha-
bría enemistado con el otro. El grupo favorecido por Jesús hubiera
argumentado con la autoridad del maestro Jesús: «Jesús enseñó
que...» Los lectores deben preguntarse si y en qué situación se apro-
vechan de Jesús para sus propios intereses o para fortalecer su posi-
ción ventajosa. Jesús, en cambio, manifiesta por su respuesta que no
se deja abusar por los intereses de los hombres.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 225

EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38 225

El otro rol de identificación es Jesús. Su respuesta aclara inequí-


vocamente que la única medida es Dios mismo: Dios relativiza todo
lo demás, no acepta el camino más cómodo del «o – o», sino que
exige el más complicado «tanto – como». Los creyentes deben iden-
tificarse también con Jesús, que les enseña a orientar sus posiciones
y acciones a Dios, y a no dejarse aprovechar por intereses que van
en contra de la intención de Dios. A los creyentes que se encuen-
tran en conflictos o situaciones difíciles entre el Estado y la religión,
la manera de responder de Jesús, de ajustar la medida y de desen-
mascarar sus adversarios, les ofrece un modelo para sus acciones.

PARA COMPARTIR

¿Qué puedes/debes devolver a Dios? ¿Cómo se lo devuelves?


¿Qué es lo que «tenías que hacer» (Lc 17,10) –porque Dios te lo
pide– en tu situación actual?
La medida de Jesús, ¿cuál de tus opiniones cambiaría o modificaría?

3. EL ÓBOLO DE LA VIUDA POBRE: LC 21,1-4

1 Alzando la mirada, vio a unos ricos


que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;
2 vio también a una viuda pobre,
que echaba allí dos moneditas,
3 y dijo: «Les digo de verdad que esta viuda pobre
ha echado más que nadie.
4 Porque todos éstos han echado como donativo
de lo que les sobra;
ésta, en cambio, ha echado
de lo que necesita,
todo lo que tenía para vivir».

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Marca las oposiciones.


2. Compara nuestro texto con el de Mc 12,41-44 para apreciar el
estilo preciso de Lucas.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 226

226 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Esta breve narración describe lo que Jesús observa: unos ricos


que echan sus ofrendas en el Arca del Tesoro y una viuda pobre que
da dos moneditas (21,1-2). Introducido por las palabras «les digo de
verdad», que subrayan la importancia de lo dicho, Jesús valora ex-
plícitamente el donativo de la viuda pobre; después explica a sus
oyentes su interpretación: ella dio más que los ricos (21,3-4). La ob-
servación de Jesús se formula en el texto griego por medio de un
quiasmo (en la traducción española, en cambio, es un paralelismo):
el quiasmo pone de relieve la contrastada diferencia entre las per-
sonas y sus donativos: ofrendas – ricos, viuda – dos moneditas.

b. Ricos y pobres

Lucas contrapone varias veces a ricos y pobres; por ejemplo, en


las bienaventuranzas (6,20.24), en el requerimiento sobre a quién se
debe invitar a un banquete (14,12.13.16-24) y en la parábola del
hombre rico y del pobre Lázaro (16,19-31). Pero a Lucas no le in-
teresa ni una contraposición en blanco y negro –los «buenos pobres
y los malos ricos»– ni una crítica general a los ricos. Para Lucas, la
riqueza no es mala, pues su valoración depende de cómo sea emplea-
da: por eso presenta a sus lectores muchos modelos de personajes
positivos que emplean sus bienes en favor de otros, de la comuni-
dad, de los pobres..., por ejemplo las mujeres que apoyan a Jesús y a
los demás discípulos con sus bienes (8,3), Zaqueo que da la mitad de
sus bienes a los pobres (19,1-10), las personas que venden casas y
campos para apoyar a la comunidad (Hch 4,34-37).

c. Las viudas

La viuda pobre está en el centro de interés. Lucas narra en mu-


chas ocasiones sobre las viudas, más que los demás evangelistas: la
profetisa Ana (2,37), las viudas en Israel y la viuda de Sarepta
(4,25.26), la viuda de Naín (7,12), la parábola de la viuda importu-
na ante el juez (18,3.5), las viudas cuyos bienes son devorados por
los escribas (20,47), las viudas desatendidas en la distribución de los
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 227

EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38 227

alimentos (Hch 6,1), y las viudas con Tabita (9,39.41). Las viudas
están descritas con realismo en su difícil situación social: si no reci-
ben la ayuda económica de sus hijos, se encuentran al borde del
«precipicio social», y con frecuencia caen en la pobreza absoluta y
llegan a ser víctimas desamparadas de la explotación y del trato in-
justo de otros.
En la obra lucana, las viudas representan a los pobres, pero no son
siempre las víctimas o los objetos del apoyo y de la prestación de au-
xilio de otros. La viuda Ana es presentada como un modelo positivo
de identificación: ella sirve a Dios noche y día con ayunos y oracio-
nes. Lucas habla de viudas que toman la iniciativa y actúan con éxi-
to, como en los ejemplos de la viuda impertinente contra el juez, y de
las viudas helenistas que protestan contra su situación. También nues-
tro texto narra una acción importante de una viuda pobre, y Jesús pre-
senta a esta viuda pobre y menesterosa como modelo ejemplar: la viu-
da pobre da con su ofrenda «todo lo que tenía para vivir», «toda su
vida». Con su ofrenda demuestra que a ella no le importa (re)tener
algo para sí misma: por eso tiene «un tesoro en los cielos» como re-
comendó Jesús a sus discípulos y al hombre rico (12,33; 18,22).

b) Enlaces pragmáticos

a. Personajes de identificación

Nuestra narración nos ofrece dos roles de identificación: los ri-


cos y la viuda pobre. Los ricos llevan sus donativos al templo y los
echan en la Arca del Tesoro. Lucas sabe que los ricos corren riesgo
de codicia y tacañería, pero ahora no son esos ricos los personajes
negativos de identificación, pues van al templo y hacen donativos
voluntarios de sus bienes.
La viuda pobre ofrece un complejo papel de identificación: se
puede interpretar su ofrenda en sentido espiritual, como la «auto-
entrega simbólica a Dios», pues ella dio «lo último que tenía», lite-
ralmente «toda la vida suya». Desde una perspectiva feminista, el
rol de la viuda contrasta con las acciones de dos de los hombres ri-
cos mencionados en otros episodios: el rico que se puso muy triste
tras oír que debía vender todo cuanto tenía y repartirlo entre los po-
bres (18,22-23), y Zaqueo, el publicano rico, que dio la mitad de sus
bienes a los pobres (19,8).
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 228

228 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Como la ofrenda de la viuda pobre no es una acción simbólica,


sino una acción real, se abre otra posibilidad de interpretación: la
viuda pobre encarna a los marginados de la sociedad. Pero ella sí ac-
túa. Así, el rol de la viuda pobre demuestra que las personas margi-
nadas tienen –además de acciones simbólicas– posibilidades con-
cretas de actuar, con efectos sorprendentes, como muestra la
inesperada interpretación de Jesús: las acciones de los pobres son
vistas por Dios y por Jesús, igual que las acciones de los ricos.

b. Ajustar la medida

Haciendo lo mismo que hacen los ricos, la viuda posibilita la


comparación de las acciones. Por medio de su participación en los
donativos llega a ser posible otra medida. Los donativos de los ricos
–vistos y valorados como un hecho aislado– son una buena acción,
pero la ofrenda de la viuda pobre relativiza los donativos de los ricos.
Desde esta perspectiva, se ve más claro que los ricos dieron de su
abundancia, «de lo que les sobraba»; la viuda pobre, en cambio, dio
«todo lo que tenía». Es decir, por medio de su acción, la viuda po-
bre ajusta de nuevo la medida: ahora ya no vale la cantidad de los do-
nativos, sino que éstos deben ser valorados en relación con los bie-
nes del donador y en relación con sus posibilidades.
La acción de la viuda pobre permite percibir y valorar mejor las
acciones de todos. A partir de ahora, también los ricos pueden ver
más detallada y críticamente sus acciones. Este cambio de perspec-
tiva es necesario para que puedan cambiar sus acciones. Después de
la ofrenda de la viuda pobre, los ricos notan que es posible dar
«todo», dar más que lo que sobra. La viuda pobre abre por medio de
su acción a los ricos una nueva perspectiva de actuación.
Los lectores pueden apropiarse también la perspectiva de Jesús.
La expresión «de verdad» confirma la opinión de Jesús y subraya
que se trata de una perspectiva nueva: no importa tanto el valor no-
minal, la cantidad del donativo, puesto que las ofrendas deben ser
valoradas y estimadas en relación con el donador y sus posibilida-
des. Jesús demuestra que Dios mide con otras medidas y normas: lo que
parece «muy poco» a los hombres, vale mucho más ante Dios. Esta
perspectiva nueva anima a los lectores a estimar también lo poco y
pequeño que pueden hacer, porque le importa a Dios y le resulta va-
lioso, y puede ser útil a otras personas.
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 229

EL CONFLICTO CON LOS ANTAGONISTAS DE JESÚS SE AGUDIZA: LC 19,28-21,38 229

c. Pauta de acción

Para los ricos, porque dan de lo que les sobra, nada cambia: siguen
viviendo de su abundancia y no cambian ni su perspectiva ni su razo-
namiento. El evangelista no critica las ofrendas de los ricos, porque
cada ofrenda tiene su valor. Pero presenta otro modelo de acción: la
acción de la viuda pobre confronta el donativo de la abundancia con
el donativo de lo necesario y de la pobreza. La pobreza no impide las
acciones, tampoco legitima una perspectiva sin esperanza. Especial-
mente las acciones de los pobres pueden llevar a los ricos a reflexionar
sobre sus acciones y perspectivas, porque se les muestran alternativas.

PARA COMPARTIR

Hay esquemas de valores que me ha ordenado la sociedad y que


quizá yo adopto sin reflexionar sobre ellos, pero Dios mide con otra
medida y con otras normas: ¿Qué es valioso para mí? ¿Cuáles de mis
esquemas de valores debo ajustar a la medida de Dios?
Es una buena acción que los ricos den donativos de su abundancia,
pero pueden preguntarse si lo que hacen corresponde a sus posibilida-
des. ¿Qué puedo hacer para actuar según mis posibilidades y cómo
aprovecharlas realmente? ¿Qué posibilidades y alternativas me ofrecen
las acciones de otras personas?
La viuda pobre da «todo lo que tenía», «toda su vida»: ¿En qué
ocasión puedo dar «todo» de mí, cómo puedo repartir mi vida? (no se
trata sólo del dinero, sino también de ayuda, consuelo, tiempo, espe-
ranza, atención...).

4. DISCURSO ESCATOLÓGICO DE JESÚS: LC 21,5-36

Jesús da un largo discurso en el templo. Palabras como «señales»,


«tiempo», «día(s)», «ver/saber», «cumplir/cumplimiento» señalan
la temática escatológica. Aunque Jesús habla de guerra, revolución,
persecución, cárcel, terremotos, peste, cólera, hambre y calamidad,
los discípulos no deben aterrarse (21,9), pues Jesús les promete su
ayuda (21,15.18, véase también 12,12). Todos estos acontecimien-
tos horrorosos son señales de la salvación cercana (21,28) y del Rei-
no de Dios (21,31).
08.245 - 16. Cap. 10 29/10/08 10:09 Página 230

230 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Con eso, Jesús abre una perspectiva nueva a sus discípulos: de-
ben interpretar los acontecimientos en el mundo desde la perspec-
tiva del Reino de Dios que ya está cerca, por eso no deben tener
miedo. El Reino de Dios y la salvación cercanos requieren ajustar
las acciones a este objetivo inminente: no dejarse engañar (21,8),
dar testimonio (21,13), ser perseverantes (21,19), no embotarse por
el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida (21,34);
por el contrario, hay que estar en vela y orar sin desfallecer (21,36).
También los lectores deben revisar y ajustar sus acciones –¡y sus ob-
jetivos!– bajo esta nueva perspectiva del cercano Reino de Dios.

5. JESÚS ENSEÑA EN EL TEMPLO: LC 21,37-38

Estos dos versos resumen los acontecimientos ocurridos y pasan


al tema de la pasión. El imperfecto (enseñaba, salía, madrugaba) in-
dica la duración: Jesús solía enseñar en el templo, y las gentes le es-
cuchaban con mucho interés.
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 231

CAPÍTULO XI
LA PASIÓN: LC 22,1-23,56

El conflicto entre Jesús y sus adversarios se agudiza hasta culmi-


nar en la decisión de los sumos sacerdotes y escribas de matarle
(22,2). La narración de la pasión y muerte de Jesús se estructura en
distintas escenas por las informaciones temporales, por el cambio
del lugar y por la aparición de otras personas: la parte introductoria
nos informa de los preparativos para la Pascua y para la entrega de
Jesús (22,1-13).
Sigue la narración del Pascua (22,14-38): Lucas nos comuni-
ca la última cena y un largo discurso de Jesús a sus discípulos res-
pecto a su comportamiento entre sí y su decisión definitiva de se-
guirle.
Después de la cena, Jesús y sus discípulos salen al monte de los
Olivos. La trama se desarrolla en distintos pasos (22,39-23,25)
–la oración de Jesús, su prendimiento, la negación de Pedro y ul-
trajes por otros, interrogatorios ante el Sanedrín, Pilatos, Hero-
des y otra vez ante Pilatos– y termina con la condena a la cruci-
fixión.
Las escenas siguientes narran la crucifixión (23,26-43), la muer-
te (23,44-49) y el sepelio de Jesús (23,50-56). Llama la atención
que Lucas comunica con suma parquedad los momentos decisivos:
«le crucificaron allí a él» (23,33) y «expiró» (23,45), mientras que
añade discursos de Jesús con las mujeres (23,28-30) y con los mal-
hechores (23,39-43), y palabras de otra gente. Eso indica que Lucas
da por sabida la crucifixión –Teófilo y los demás lectores ya estaban
catequizados–, por eso pudo acentuar otros contenidos, así que tie-
nen más importancia.
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 232

232 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

1. PREPARATIVOS PARA LA PASCUA Y PARA LA ENTREGA DE JESÚS:


LC 22,1-13

Se acerca la fiesta de los Ázimos, la Pascua, y los sumos sacerdo-


tes y escribas buscan hacer desaparecer a Jesús. Ahora aparece Sa-
tanás y «entra en Judas» (22,3). Judas concibe un plan para entre-
gar a Jesús en manos de los sumos sacerdotes. Los lectores se
acuerdan de que, después de las tentaciones de Jesús en el desierto,
Satanás «se alejó de él hasta el tiempo oportuno» (4,13). La apari-
ción de Satanás indica «el tiempo oportuno». Con eso, Lucas da a
entender que todo se desarrolla según el plan salvífico de Dios.
El día de los Ázimos, Jesús envía a sus discípulos para preparar la
sala donde comerán la Pascua. Los discípulos encuentran todo tal
como Jesús ha descrito (22,13). Los lectores se acuerdan de los dis-
cípulos enviados a traer un burrito, y que todo sucedió tal como Je-
sús lo había predicho (19,30-34). Lucas indica que Jesús conoce su
destino y sabe que forma parte del plan salvífico de Dios.

2. LA PASCUA: LC 22,14-38

Al llegar «la hora», Jesús celebra con sus discípulos la Pascua, y


les anuncia otra vez su pasión (22,15-16.18.22.29-30.37).

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Se nota que el texto completo forma una unidad por el trata-


miento de «ustedes». Trata de estructurar el texto.
2. Marca los imperativos para ver qué debemos hacer.
3. Comparar la parte de la institución de la eucaristía (22,14-20)
con sus paralelos de Mt 26,26-29 y Mc 14,22-25 para ver más clara-
mente lo específico de Lucas.

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Se puede estructurar el texto por tres partes: La primera –intro-


ducida por «llegó la hora» (22,14)– comunica la última cena con la
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 233

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 233

institución de la eucaristía, y termina con la reacción de los discí-


pulos respecto a la entrega de Jesús (22,14-23). La segunda parte
empieza por una información del autor, que apunta otra temática:
«entre ellos hubo un altercado» (22,24), y se acaba con un breve
diálogo entre Jesús y Pedro (22,24-34). La última parte abarca otro
diálogo entre Jesús y sus discípulos con una palabra enigmática so-
bre la espada (22,35-38).

b. La institución de la eucaristía

Durante la comida, Jesús encomienda partir el pan en memoria


suya (22,19). El encargo de hacer eso en recuerdo suyo se encuen-
tra únicamente en Lc. Luego, Lucas narrará que «la fracción del pan
en común» llega a ser la señal de los discípulos de Jesús (Lc 24,30-
31.35; Hch 2,42.46). Al principio los discípulos se encontraron
para comer juntos (Hch 2,46; 6,1: el ágape) y guardaron la fracción
del pan en memoria de Jesús. Más tarde, de la fracción del pan en
comunidad se desarrollará el rito de la eucaristía (Hch 20,7.11): los
discípulos se encuentran el primer día de la semana –que es según
el calendario judío el domingo– para la fracción del pan, para acor-
darse de Jesús y para intercambiar experiencias de su fe.
Llama la atención que Lucas habla dos veces de la copa (22,17-
18.20), mientras que los demás evangelios la mencionan sólo una vez.
Por eso opinan algunos exegetas que el autor describió primero el rito
de la Pascua judía, y después la eucaristía cristiana, para destacarla del
rito judío. En contra de aquella opinión se debe decir que Jesús cele-
bra explícitamente la Pascua, y no la eucaristía (véase 22,1.7-8.13).
La copa, mencionada dos veces, indica, más bien al contrario, que la
eucaristía cristiana está enraizada evidentemente en la Pascua judía,
pues en el rito de la Pascua se hace circular la copa cuatro veces, y se
pronuncian oraciones de gracia y de bendición.
El hecho de que Lucas no describe dos ritos diversos sino un rito
único, se ve por las dos oraciones de gracias: antes de hacer circular
la primera copa (22,17) y antes de dar el pan (22,19), pero no an-
tes de la segunda copa (22,20). Al final, todas las palabras interpre-
tadas de Jesús se refieren al mismo encargo de hacerlo en recuerdo
suyo: «tomen esto y repártanlo entre ustedes» (22,17), «hagan esto
en recuerdo mío» (22,19) y: «... mi sangre, que se derrama por us-
tedes» (22,20).
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 234

234 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

No se puede suprimir una de las dos copas para entender el rito


cristiano. Si la primera copa no formara parte del rito eucarístico
cristiano, faltarían no sólo la oración de gracias y la bendición, sino
también la orden de que todos deben tomar del vino, como se lee
en Mt 26,27-28 y Mc 14,23-24. Si se suprimiera la segunda copa, se
pasaría por alto la interpretación de la sangre derramada y de la
Nueva Alianza. Las dos palabras que interpretan las dos copas indi-
can la unidad del rito único descrito: compartir pan y vino en co-
munión y recuerdo de Jesús.
Únicamente Lucas nos habla de la Nueva Alianza (22,20) en la
sangre de Jesús. «La sangre derramada» en el contexto con «la alian-
za» recuerda la Alianza entre Dios e Israel: Dios elige a los hijos de Is-
rael como Su pueblo, e Israel promete hacer y obedecer la voluntad
de Dios (Ex 24,3.7-8). Esta Alianza está firmada por la sangre.
El profeta Jeremías espera la Nueva Alianza (Jr 31,31-34). Pero
la Nueva Alianza no trae consigo la anulación de la primera alian-
za. Igual que la primera alianza, también la Nueva Alianza es la
alianza entre Israel y Dios, y dice lo mismo que la primera: Dios eli-
ge a Israel, e Israel cumple la voluntad de Dios. Lo nuevo es más
bien que cada uno, desde el más pequeño hasta el más grande, co-
nocerá a Dios: sin necesidad de ser enseñados por otros, sino por
afán propio, porque cada cual busca a Dios. Además, Dios perdona
toda la maldad y todos los pecados, y posibilita así el nuevo comien-
zo. Lo mismo enseñaba Jesús: que debemos hacer la voluntad de
Dios (6,20-49; 10,26-28; 18,20), y que Dios, al perdonar nuestros
pecados, nos posibilita el nuevo comienzo (15,4-32).

c. ¿Gobernar o servir?
Jesús exhorta a sus discípulos a no adoptar el comportamiento de
gobernantes y reyes: «pero no así entre ustedes, sino que el mayor
entre ustedes sea como el menor, y el que gobierna como el que sir-
ve» (Lc 22,26). Tanto la situación especial del discurso de despedida
como la expresión en general y fundamental indican que estas pa-
labras se dirigen a la comunidad y a la iglesia. Jesús enseña nuevas
normas: ni reputación, ni poder, ni influencia, ni estima –que im-
portan tanto en el mundo– deben tener la misma validez en la co-
munidad. Al contrario: Jesús es el ejemplo para todos los miembros
de la comunidad. Jesús es «el que sirve» (22,27): el objetivo de la
comunidad es la solidaridad con los marginados y el servicio mutuo.
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 235

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 235

Jesús les concede a sus discípulos participar en el Reino de Dios


(22,29-30), porque han perseverado con él en sus pruebas (22,28). Eso
alude a las situaciones difíciles que experimentarán los seguidores de
Jesús (como Jesús las anunció ya en 21,12-19). En su Reino, ellos vi-
virán la comunidad con Jesús, pues «comen y beben a mi mesa en mi
Reino». Esta «comida» no se debe entender en sentido literal, sino en
referencia al cumplimiento del Reino de Dios, igual que la palabra de Je-
sús que comerá de nuevo con ellos (22,16). También el profeta Isaías
se figuró el fin de los tiempos como banquete en comunidad con Dios
(Is 25,6-9). Esta imagen de la «comida» simboliza la comunidad con
Dios –y Jesús– en plena alegría, sin necesidad ni pena alguna.
La imagen de que los discípulos se sienten sobre tronos para juzgar a
las doce tribus de Israel no se puede entender literalmente, ni conde-
na a Israel. En el contexto con el cumplimiento del Reino de Dios, la
palabra «juzgar» es una alusión a la venida del Hijo del hombre y al
Juicio Final (véase el discurso escatológico de Jesús: 21,5-36). Este día
será un día de salvación y alegría (21,28), porque se cumplirá el Rei-
no de Dios, y se restablecerá el pueblo de Israel con sus doce tribus
(22,30). El Apocalipsis de san Juan describe la misma imagen en la
visión de la Jerusalén celestial: en la muralla de la ciudad preciosa hay
doce puertas en las que son grabados los nombres de las doce tribus
de los hijos de Israel, y la misma muralla se asienta sobre doce piedras
que llevan los nombres de los doce apóstoles (Ap 21,12-14).
Después, Jesús encarga a Simón –aunque renegará de Jesús, o
quizá justo por eso– confirmar a los demás discípulos (22,32). Con
estas palabras y con su oración, Jesús expresa su relación amistosa y su
confianza en Pedro, pese a su fracaso. Lucas da a entender que Jesús
no busca a los perfectos e impecables. Igual que Pedro, también los
lectores están confiados en confirmar a otros cuanto puedan. Por el
ejemplo de Pedro, nadie puede decir de sí mismo que no sea capaz
de ello; Jesús confía en cada uno.

d. La palabra enigmática de la espada

Después, Jesús exhorta a sus discípulos a aprestarse para los apuros


inminentes, y tomar bolsa, alforja y espada (22,36). Estas palabras no
se deben entender literalmente, pues ya lo indica la formulación muy
general de «el que» (véase también «los que» en 21,21) en vez del tra-
tamiento directo de «ustedes». Jesús no envía a sus discípulos a com-
prarse espadas. Los discípulos lo malinterpretan al mostrarle las dos es-
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 236

236 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

padas (22,38). Jesús no quiere la lucha, que iría en contra de su posi-


ción pacifista y de su invitación a amar a sus enemigos (6,27-30); in-
cluso, Jesús pondrá coto al discípulo que empleará la espada (22,50).
Con la palabra de la espada, Jesús indica el apuro y aprieto inmi-
nentes que empezarán por el cumplimiento de las Escrituras en Jesús.
Los lectores recuerdan el largo discurso escatológico por el que Je-
sús señaló ya al cumplimiento de las Escrituras (21,22). Ahora se
cumplen las Escrituras, y los discípulos deben estar prestos y en vela.
Esta palabra con la cita de las Sagradas Escrituras es también otro
anuncio de la pasión, pues Jesús será crucificado en medio de dos
otros malhechores. Una vez más, Lucas da a entender que todo su-
cede según el plan de Dios, ya anunciado en las Escrituras.

b) Enlaces pragmáticos

Los imperativos nos dan impulsos para nuestra acción.

a. ¡Hagan esto en recuerdo mío!


Los primeros dos imperativos los hallamos en la última cena:
«tomen esto (el vino) y repártanlo entre ustedes» (22,17) y: «hagan
esto (comer el pan y tomar el vino) en recuerdo mío» (22,19). Los
discípulos –y la comunidad– deben reunirse a la mesa, no sólo para
comer y beber, sino para acordarse de Jesús. La comunión a la mesa
recuerda las comidas de Jesús con los pecadores y marginados (5,29-
32; 19,7), y con los fariseos (7,36; 11,37; 14,1), y al mismo tiempo
anticipa la «comida» en el Reino de Dios.
El recuerdo de Jesús no se debe limitar a aquellos gestos de par-
tir el pan o de comer con pecadores y otros; no es recuerdo en sen-
tido de souvenir. Debemos entenderlo en sentido más amplio: todo
lo que Jesús enseñó e hizo. Pero no basta guardarlo «en la memo-
ria», pues su enseñanza y sus hechos exigen imitación. Debe ser un
recuerdo vivo y activo: así cumplimos la voluntad de Dios y ayudamos
a edificar el Reino de Dios.

b. ¡No así ustedes!


El imperativo siguiente es: «no así ustedes (gobernar, hacerse lla-
mar bienhechor), sino que el mayor entre ustedes sea como el más
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 237

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 237

joven y el que gobierna como el que sirve» (22,26). Este imperati-


vo es evidente: Jesús mismo es nuestro ejemplo, pues está en medio de
nosotros como el que sirve (22,27). Pero es intención equivocada e
hipócrita servir sólo para ser el mayor, e igualmente llamar «servi-
cios» a los cargos influyentes y de poder.

c. ¡Sean perseverantes!
En el mismo párrafo (22,24-30) hallamos otro imperativo más bien
indirecto: para heredar el Reino de Dios, y para comer y beber en co-
munidad con Jesús en el Reino, es preciso haber perseverado con él en
las pruebas (22,28-30). En todo Lc no se encuentra la información de
que los discípulos hayan perseverado (con Jesús) en alguna prueba. Al
contrario: más tarde leeremos que los discípulos duermen, mientras
que Jesús sufre angustia vital; ni siquiera oran con él como les pidió
(22,40.44-46). Por eso podemos entender la promesa de comer y be-
ber en el Reino como imperativo indirecto: quien quiere participar en
esta «comida» en comunidad con Jesús, debe ser perseverante en prue-
bas y situaciones difíciles, pues «con su perseverancia salvarán sus al-
mas» (21,19).

d. ¡Confirma a tus hermanos!


El imperativo siguiente se refiere a Pedro. Jesús le dice: «yo he ro-
gado por ti, para que tu fe no desfallezca, y tú, cuando hayas vuelto,
confirma a tus hermanos» (22,33). La oración de Jesús, la reacción
de Pedro y la narración de las negaciones de Pedro (22,54-62) dan a
entender que Pedro sí vivirá una crisis de su fe. Sin embargo –o qui-
zá exactamente por eso– Jesús le encarga que confirme a sus herma-
nos. Quien vivió y superó una crisis de fe, es muy apto para confir-
mar a otros en su fe, pues conoce por experiencia propia la situación
difícil, las dudas y tentaciones, y sabe –también por experiencia pro-
pia– cómo superarlas. Su fe, por haber vivido una prueba, no es dé-
bil, sino probada. Su testimonio de fe, purificado por la crisis supera-
da, es muy valioso. Jesús nos anima compartir nuestras experiencias
de fe, tanto positivas como negativas, para confirmar a otros.

e. ¡Estén prestos y en vela!


Como dijimos arriba, la palabra de la espada se debe interpretar
en sentido figurado. Cuando Jesús envió a los discípulos, no les fal-
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 238

238 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

tó algo, porque Jesús estaba vivo con ellos. A partir de ahora, como
seguidores de un Mesías crucificado como criminal, los discípulos y
los lectores deben estar preparados a soportar ataques, recrimina-
ciones, rechazos y resistencias. Sin embargo, Jesús no les dice que
deben estar preocupados, y vale todavía su promesa de que el Espí-
ritu Santo les enseñará qué decir (12,4-12). Luego, les mandará al
Espíritu Santo como ayuda y paráclito (24,49; Hch 1,4-5.8). Los
discípulos y los lectores están llamados a estar prestos y en vela para
interceder a favor de su fe, pese a resistencias y dificultades: así tes-
timonian su fe.

PARA COMPARTIR

Jesús nos encargó com-partir pan y vino en recuerdo suyo: ¿Qué re-
cuerdas de Jesús que te importe mucho?
¿Te resulta difícil o fácil vivir «en contra» del sistema de valores de
los poderosos?
¿Experimentaste ya –o te encuentras actualmente– en una situa-
ción en la que debías/debes ser perseverante?
¿Cómo o en qué punto/situación puedes confirmar a otros, testi-
moniando tu fe?
¿Viviste ya una situación difícil en la que te costó testimoniar tu
fe? ¿Qué otras circunstancias en tu entorno se podrían cambiar, par-
tiendo de la base de la perspectiva de fe?

3. PRENDIMIENTO DE JESÚS E INTERROGATORIOS: LC 22,39-23,25

Esta parte está compuesta de varias escenas. La primera tiene lu-


gar en el monte de los Olivos (22,39-54a). Jesús sabe lo que suce-
derá, pero se pone completamente a disposición de su Padre: «Pa-
dre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad,
sino la tuya» (Lc 22,42).
Al llegar los hombres para detener a Jesús, uno de sus discípulos
hiere con la espada al siervo del sumo sacerdote y le corta la oreja
derecha. Jesús le pone coto, y aunque él mismo está en peligro, cura
al siervo que ha venido para detenerlo (22,50-51). Es la última cu-
ración milagrosa de Jesús, la que demuestra que Jesús mismo practi-
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 239

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 239

ca el amor al enemigo que ha enseñado (6,27-30). Todos los evange-


listas narran este episodio, pero sólo Lucas comunica que Jesús cura
al siervo. Así realza inequívocamente el carácter pacífico de Jesús y su
disposición al perdón: Jesús –al perdonar en vista del peligro inmi-
nente– es el ejemplo para nosotros. Leeremos más tarde que Jesús
crucificado perdona a los que le crucificaron (23,34). Con estos
ejemplos, nadie puede decir que el amor al enemigo es ideal o poco
realista.
Jesús es detenido y llevado a la casa del sumo sacerdote. La es-
cena siguiente (22,54b-65) sucede en el patio de la casa del sumo
sacerdote. Pedro siguió a Jesús, pero, al ser identificado como su dis-
cípulo, niega tres veces conocer a Jesús, tal como Jesús se lo predi-
jo (22,34). Los lectores entienden que todo se hace realidad tal
como Jesús anticipó. Aunque los soldados se burlan de Jesús –le lla-
man «profeta»–, los lectores entienden que él es el verdadero profeta
y Señor que conoce todos los sucesos, pues los acontecimientos suce-
didos avalan a Jesús. La realización de los sucesos predichos señala
también al cumplimiento de las Escrituras y al plan de Dios. Con
eso, Lucas indica que Jesús aceptó su rol en el plan salvífico de Dios.
Al llegar el día, Jesús es interrogado por los ancianos, los sumos
sacerdotes y los escribas (22,66-71). En este interrogatorio los títulos
de «Mesías», «Hijo del hombre» e «Hijo de Dios» son sinónimos
para Jesús. En vista de la condena y muerte inminentes de Jesús, los
lectores se preguntan si este Jesús –débil e impotente– es el Mesías e Hijo
de Dios que esperaban. Para los miembros del Sanedrín obviamente
no lo es, pero sus discípulos y seguidores darán otra respuesta.
Después Jesús es llevado ante Pilatos y ante Herodes (23,1-12).
Mientras que los demás evangelistas narran el cuadro ante Pilatos,
la escena de Jesús ante Herodes es propia de Lucas. Jesús es acusado
ante el procurador romano y el rey judío de ser «el rey de los ju-
díos», o sea, rebelde contra el imperador. Sin embargo, Lucas su-
braya explícitamente que Pilatos considera a Jesús inocente (23,4).
También Herodes está interesado en Jesús: se alegra (¡!) mucho,
pues deseaba verle, y espera ver algún signo (23,8). Al darse cuen-
ta de que Jesús defrauda sus expectativas, le desprecia y se burla de
él, pero tampoco le condena, sino que lo remite a Pilatos. Este lo in-
terpreta como señal de que también Herodes considera inocente a
Jesús (23,15). Lucas indica por estas dos escenas que tanto el poder
romano como el poder judío reconocieron la inocencia de Jesús, y no lo
condenaron.
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 240

240 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

En el último interrogatorio (23,13-25), Pilatos declara tres veces


explícitamente que Jesús es inocente y quiere soltarlo (23,16.20.22).
Así Lucas absuelve a los romanos de la muerte de Jesús. En cambio,
los sumos sacerdotes, los magistrados y el pueblo exigen la muerte
de Jesús hasta tres veces (23,18.21.23), y por eso Pilatos cede.

4. LA CRUCIFIXIÓN Y LA MUERTE DE JESÚS: LC 23,26-43.44-49

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Trata de estructurar el texto.


2. Marca las personas que aparecen y lo que hacen (los verbos).
3. Busca en el texto: ¿Quiénes llevan a Jesús al camino del calva-
rio? ¿Quiénes cargan a Simón de Cirene la cruz de Jesús? ¿Quiénes re-
parten sus vestidos? ¿Quiénes crucifican a Jesús? ¿Por qué Lucas no los
menciona directamente?
4. Lee los textos paralelos (Mt 27,31b-56; Mc 15,20b-41; Jn
19,16b-30) para ver más claramente lo específico de Lucas.

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Este texto se puede estructurar en dos escenas: la crucifixión


(23,26-43) y la muerte de Jesús (23,4-49), pues la información so-
bre la hora y la perspectiva general a todo el país (23,44) funciona
como cesura. Se pueden subdividir las dos escenas por la aparición
de personas diversas. Se encuentra siempre una frase introductoria
que describe la nueva situación y presenta a otras personas con una
acción característica. Estos «enfoques» o secuencias contienen con
frecuencia una palabra de Jesús o un diálogo. Así, el autor nos da la
ilusión de una visión panorámica de la crucifixión y de la muerte de
Jesús.
La primera secuencia describe el camino del calvario (23,26).
Pero en el centro de interés es Simón de Cirene quien está cargan-
do la cruz, justo detrás de Jesús.
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 241

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 241

El segundo enfoque que es propio de Lucas describe el encuen-


tro entre Jesús y las mujeres que lloran y se lamentan por él (23,27-
31). El evangelista añade un breve discurso profético de Jesús con
una cita de las Sagradas Escrituras.
La situación siguiente nos comunica la crucifixión (23,32-34a).
Lucas menciona a dos malhechores que son crucificados al lado de
Jesús. Jesús, crucificado y en vista de su muerte, perdona orando a
todos los implicados en su muerte.
El enfoque se dirige a las demás personas que acuden a la cruci-
fixión, y narra sus reacciones (23,34b-37). El pueblo queda miran-
do. Tanto los magistrados como los soldados se burlan de Jesús «Me-
sías» y «rey» a causa de su aparente impotencia y debilidad.
Después, el evangelista enfoca la inscripción de «Jesús rey», y si-
gue con un diálogo entre los dos criminales y Jesús (23,38-43). Je-
sús le promete el Paraíso al malhechor convertido en el último mo-
mento. Con eso, Lucas señala a sus lectores en qué sentido deben
comprender al rey Jesús y su reinado.
La información sobre la hora indica la nueva escena. Lucas des-
cribe con acontecimientos y signos cósmicos la hora de la muerte de
Jesús (23,44-46). Jesús muere con una oración que expresa su con-
fianza en Dios, su padre.
Después de su muerte, Lucas dirige la perspectiva al centurión y
a la gente que acudió (23,47-48). Mientras que la gente está cons-
ternada, el centurión pagano glorifica a Dios y afirma la inocencia
y justicia de Jesús.
La última secuencia (23,49) enfoca a los conocidos de Jesús y es-
pecialmente las mujeres que le acompañaban desde Galilea: ellos se
quedan con él (a distancia), viendo todas las cosas.

b. Citas de las Sagradas Escrituras y otras alusiones

Observamos que en nuestro texto en cada uno de los «enfoques»


se hallan o bien citas de los profetas o Salmos o bien alusiones al
texto del propio evangelio. De esta manera, Lucas recuerda temáti-
cas importantes.
La primera alusión al texto del evangelio se encuentra en la des-
cripción del encargo de Simón de Cirene: «llevar la cruz detrás de
Jesús» (23,26). «Llevar su cruz y seguir a Jesús» o: «llevar su cruz e
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 242

242 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

irse detrás de Jesús» (9,23 y 14,27) caracteriza al discípulo y al segui-


miento de Jesús.
En la segunda secuencia (23,27-31) leemos la combinación de
las palabras: «Jerusalén – llorar – llegarán días – ustedes y sus hijos/
tú y tus hijos», la que leímos ya cuando Jesús, acercándose a la ca-
pital, lloró sobre Jerusalén (19,41-44). Aquí, Jesús se lamenta otra
vez de manera profética sobre la ciudad. Su lamentación contiene
una cita del profeta Oseas (Os 10,8), la que aclara su intención: no
anuncia el juicio sobre Jerusalén, sino que recuerda y advierte el arre-
pentimiento y la conversión. En el libro de Oseas, los hombres desean
que los montes y colinas les caigan encima y les sepulten, porque
tienen vergüenza de sus hechos: veneraban a ídolos y no a Dios; al
reconocer sus faltas, se avergüenzan (nosotros hoy decimos en la
misma situación: ¡trágame, tierra!).
En este contexto, la respuesta de Jesús a las mujeres: «no lloren
por mí, lloren más bien por ustedes y por sus hijos» (23,28), llama al
conocimiento verdadero y adecuado de Dios. Dios no es ni cruel, ni sá-
dico, por «querer» la muerte en la cruz de Jesús, sino más bien: aun-
que Jesús padece como inocente una muerte sin sentido, Dios no le
abandona. El plan de Dios no está impedido por el asesinato de Je-
sús, pues incluye la muerte. Lucas subrayará con más frecuencia esta
verdad fundamental.
En la tercera secuencia (23,32-34a) se encuentra otra alusión a
Lc en la oración de Jesús crucificado: Jesús perdona a sus verdugos
igual que nos enseñó en el sermón de la llanura: «amen a sus enemi-
gos» (6,35) y «perdonen y serán perdonados» (6,37). Lo mismo nos
enseñó en el Padre Nuestro: «nosotros perdonamos a todo el que
nos debe» (11,4).
En la situación siguiente (23,34b-37) que nos describe la reac-
ción de la gente que acude a la crucifixión, leemos dos citas del
Salmo 22 aplicadas a Jesús: «reparten entre sí mi ropa y se echan
a suertes mi túnica» (Sal 22,19, en Lc 23,34b), y: «todos cuantos
me ven, de mí se mofan» (Sal 22,8, en Lc 23,35). Además encon-
tramos otras alusiones más al mismo Salmo en la burla de los ma-
gistrados y soldados (Lc 23,35b.37): «Se confió a Yahvé, ¡pues que
lo libre, que lo salve si tanto lo quiere!» (Sal 22,9), en la confian-
za en Dios (Sal 22,20.25) y en la conclusión: «así actuó el Señor»
(Sal 22,32). Por estos paralelos y alusiones es de suponer que los
creyentes en Jesús interpretaron ya muy pronto el destino de Jesús me-
diante este Salmo.
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 243

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 243

En la quinta secuencia (23,38-43), las palabras «Mesías», «rey»


y «reino» recuerdan el mensaje del «Reino de Dios» que Jesús pro-
clamó y practicaba. La respuesta de Jesús da a entender dos datos
fundamentales:
1. Jesús mismo no duda –¡ni siquiera en vista de la muerte!– de la
verdad y realidad del Reino de Dios actualmente presente, pues está con-
vencido de que estará en el Paraíso.
2. Jesús, al prometer al malhechor arrepentido que estará con él
en el Paraíso, vive y practica el perdón de los pecados, como lo ense-
ñaba y practicaba a lo largo de su vida.
Mediante su respuesta, Jesús se presenta a sí mismo como Hijo del
hombre que tiene autoridad para perdonar los pecados (5,24), y como
Mesías e Hijo de Dios que –sentado a la diestra del poder de Dios–
dispone del Paraíso (22,67-70). El hecho de que Jesús, inocente-
mente crucificado como criminal, confirma y vive su mensaje del
Reino de Dios cuando su propia muerte es inminente, subraya otra
vez que ni siquiera la muerte absurda del inocente impide o inte-
rrumpe el plan salvífico de Dios.
En la sexta secuencia (23,44-46) leemos la cita del Salmo 31.
Con sus últimas palabras gritadas con fuerza, Jesús encomienda su es-
píritu en manos de su Padre, como dice el Sal 31,6: «en tus manos
abandono mi vida y me libras, Yahvé, Dios fiel». En este Salmo, una
persona abandonada que tiene miedo y sufre burlas expresa su con-
fianza firme en Dios. Lucas confirma, mediante la alusión al Sal 31,
que Dios conoce la aflicción y las angustias de los que sufren (Sal
31,8), y oye su grito (31,23). De esta manera, el evangelista da a en-
tender que Dios no abandona nunca a los hombres que sufren, y que
ellos –pese a su destino– pueden confiarse a Dios, igual que Jesús.
La señal del velo del santuario que se rasga por medio, es difícil
de interpretar. Aquel velo sirvió para separar el lugar santo del lu-
gar santísimo. Al rasgarse, el lugar santísimo ya no queda separado
y oculto a la vista. El hecho de que el velo se rasgue en el momen-
to de la muerte de Jesús puede subrayar la presencia de Dios: ¡el su-
frimiento de los inocentes que se confían a Dios no significa ni la ausen-
cia de Dios, ni que Dios se aparta de su pena!
El penúltimo enfoque (23,47-48) dirige la perspectiva al centu-
rión pagano. Al ver no sólo las señales cósmicas sino también la
plena confianza de Jesús en Dios, el perdón que otorga a sus verdu-
gos y el seguro del Paraíso al malhechor, el centurión afirma la ino-
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 244

244 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

cencia de Jesús y glorifica a Dios. Pareciera inoportuna la alabanza


a Dios en el momento morir Jesús, pero debemos interpretarla en el
contexto de Lc. Otras personas más alabaron a Dios: los pastores
(2,20), el paralítico (5,25), la mujer encorvada (13,13), el leproso
samaritano (17,15), el mendigo ciego (18,43) y todo el pueblo
(5,26; 7,16). Todos ellos glorifican a Dios por sus hechos salvíficos:
el plan salvífico se hace sentir y es concretamente visible.
Lucas explica por la alabanza y el credo del centurión que la ac-
tuación de Dios se nota también en la muerte de Jesús. El centurión
pagano reconoce tanto la confianza de Jesús en Dios, como la rela-
ción de Dios con Jesús. Dios no abandona a Jesús, sino que realiza su
plan salvífico incluyendo la muerte.
Finalmente, Lucas enfoca a los seguidores de Jesús: sus conocidos
y las mujeres que le seguían desde Galilea se quedan con él y ven
todo lo que ocurre. Aunque «a distancia», se quedan con él y no le
abandonan. Al evangelista le importa sobre todo la presencia de las
mujeres como testigos de todos los acontecimientos. Serán ellas quie-
nes –recordando los anuncios de la pasión, la enseñanza y los hechos
de Jesús– entenderán el mensaje de los ángeles, y anunciarán a los
demás discípulos la resurrección (24,6-10).

b) Enlaces pragmáticos

Las personas que acompañan a Jesús en el camino del Calvario


y están junto a la cruz, reflejan posiciones distintas a los lectores.
Son personajes de identificación, pues sus opiniones, su actitud y sus
acciones ayudan a los lectores a encontrar su posición propia.

a. Simón de Cirene

La primera persona es Simón de Cirene. Es alguien desconocido,


pues nunca apareció antes. Aquel hombre viene del campo, por eso
parece que pasa por casualidad en el camino, y no tiene mucho que
ver con Jesús. Como desconocido y ajeno, está cargado con la cruz
de Jesús. Los romanos como potencia ocupante tenían el derecho de
reclamar servidumbre feudal a los israelitas. Simón debe llevar la
cruz de Jesús detrás de él. Al llevar la cruz y seguir a Jesús, Simón de
Cirene personifica el discípulo ideal.
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 245

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 245

Pero visto de cerca notamos que Simón no lleva su cruz propia,


sino la de Jesús: ¡también el que lleva la cruz de otros o les ayuda a
llevar su cruz –aunque sea por unos pasos o por un tiempo limitado–
es como discípulo de Jesús! Simón de Cirene, como persona ajena y
desconocida entre los demás discípulos, simboliza a todos los hom-
bres y mujeres que hacen el bien a otros sin estar motivados explí-
citamente por el Evangelio o por la fe cristiana. ¿Cuántos «discípu-
los desconocidos» hay?

b. Las mujeres en el camino

Lucas es el único evangelista que nos narra el encuentro con


mujeres en el camino. Estas mujeres lloran por Jesús, por eso no le
siguen por curiosidad o para ver un espectáculo. Seguramente no
eran parte de la muchedumbre que exigió la muerte de Jesús, pues
nadie llora por un criminal castigado por sus delitos, como demues-
tra también la opinión del malhechor crucificado junto a Jesús
(23,41). El llanto de las mujeres es protesta contra los demás y ma-
nifiesta en público su convicción de la inocencia de Jesús. Además,
su llanto les revela a ellas como seguidoras de Jesús, y así testimonian
tanto su pertenencia a Jesús como su fe y confianza en él. El llanto se-
ñala al sufrimiento y dolor –sea la pena propia, incluso por arre-
pentimiento, o sea la de otros–, expresa la solidaridad con la(s) víc-
tima(s) y protesta contra la injusticia. ¿Cuándo y por qué lloraste la
última vez?

c. Jesús crucificado

En la secuencia de la crucifixión, la actitud de Jesús llama la


atención. Lucas es el único evangelista que menciona explícita-
mente que el Crucificado, en su oración, perdona a todos los que
causaron su muerte: «Padre, perdónales, porque no saben lo que ha-
cen»: Lc 23,34. Así subraya que Jesús mantiene y confirma el per-
dón que enseñaba. Este perdón ilimitado ni siquiera excluye a los
enemigos, ni a los asesinos, pues en primer lugar son ellos quienes
precisan el perdón para el nuevo comienzo.
Lucas pone de relieve que, de parte de la víctima Jesús, la cruci-
fixión queda perdonada. Por eso no se encuentra ningún sujeto pre-
ciso de quiénes condujeron o quiénes crucificaron a Jesús. Los ver-
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 246

246 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

dugos quedan anónimos, y porque Jesús ha perdonado a estos hom-


bres, Dios les ha perdonado también. ¡Los cristianos no pueden cul-
par posteriormente a nadie por la muerte de Jesús! Quien sigue pre-
guntando y buscando por el o los culpables, demuestra que no cree
o que no le importa el perdón definitivo de Jesús y de Dios. Quizá
nos cuesta mucho entender que no hay y no habrá culpables casti-
gados. Pero como Jesús y Dios perdonaron ya, no nos queda más que
perdonar también. ¿Cuándo y por qué te cuesta tanto perdonar?

d. Personas anónimas

El evangelista enfoca también a las personas que acudieron a la


crucifixión y que reaccionan de manera negativa: los que echan
suertes para repartir los vestidos de Jesús, el pueblo que queda mi-
rando y los magistrados y soldados que se burlan de Jesús. Estas gen-
tes reflejan también actitudes humanas características.
Los que echan suertes y reparten los vestidos de Jesús se aprovechan
de la desgracia de una persona indefensa y sacan provecho de su si-
tuación desamparada.
Los mirones curiosos se quedan mirando sin simpatía o compasión
por la persona que sufre. Aunque no actúan directamente, se con-
vierten en cómplices por su pasividad: pues, como no protestan, ni si-
quiera lloran, muestran su acuerdo con la pena que sufre la víctima.
Los que se burlan y se mofan de una persona o de su desgracia, ex-
presan no sólo su desprecio, sino que también se presentan superio-
res a costa de esa persona. Pero quien necesita ridiculizar a una per-
sona a causa de su desgracia para presentarse a sí mismo como
superior, sólo demuestra su propia vileza e inferioridad. ¿Cómo re-
accionas al ver la desgracia o ruina de una persona conocida, y la de
una persona desconocida?

e. Los dos malhechores

Luego, el evangelista nos presenta a dos malhechores. Uno de


ellos afirma su culpa y la razón de su castigo ante Dios, al mismo
tiempo que reconoce la inocencia de Jesús y le pide que se acuerde
de él cuando venga con su Reino. A este criminal, convertido en el
último momento, Jesús le concede estar con él en el Paraíso. Jesús
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 247

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 247

ha enseñado muchas veces –por las parábolas de la oveja perdida,


de la dracma perdida y del hijo perdido (15,3-32)– que Dios es mi-
sericordioso con los pecadores que se arrepienten y convierten. Lu-
cas muestra con este diálogo que Dios acoge a los pecadores, inclu-
so si se convierten en el último momento, en la hora de la muerte.
Con su insulto, el primer criminal se adhiere a la mofa y crítica
de los magistrados y soldados. El otro malhechor, en cambio, le in-
crepa y les contradice a todos ellos, confesando a Jesús como rey:
«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino» (Lc 23,42).
Con su confesión se muestra como creyente en el mensaje Jesús. Su
fe le ha salvado igual que antes la mujer pecadora (7,48.50) y el hom-
bre paralítico (5,20). El segundo malhechor que en su hora de
muerte confiesa a Jesús y su mensaje del Reino de Dios, es también
modelo del testigo, igual que Esteban, otro testigo (Hch 7,56-60). Su
confesión anima a los lectores a mantener su fe durante la crisis y
ante la misma muerte, así como a testimoniar a Jesús sin miedos.

f. Jesús en la hora de su muerte

El enfoque se dirige otra vez a Jesús. En los evangelios de Mc y Mt,


Jesús muere con un grito de soledad a causa del desamparo y aban-
dono de Dios. El evangelio de Jn no menciona a Dios sino sólo el en-
cargo cumplido de Jesús. A diferencia de ellos, Lucas narra que Jesús
muere con plena confianza en Dios, su Padre, que no le deja ni siquie-
ra en su hora de la muerte: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu»
(Lc 23,46). Los lectores recuerdan las primeras palabras del mucha-
cho Jesús en el templo: «¿No sabían que debía estar en la casa de mi
Padre?» (Lc 2,49). La primera y la última palabra de Jesús manifies-
tan su relación profunda con Dios, su Padre. La hora de la muerte de
Jesús confirma su enseñanza sobre Dios como su y nuestro Padre.

g. El centurión romano

También el centurión romano afirma la inocencia y la justicia de


Jesús: «Ciertamente este hombre era justo» (Lc 23,47). Por su ala-
banza demuestra que notó la actuación y la presencia de Dios también
en la muerte de Jesús. Esta reacción de un pagano funciona como
modelo para los lectores. No es fácil reconocer la actuación de Dios
en situaciones de sufrimiento, pero la actitud de Jesús nos ha con-
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 248

248 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

firmado que Dios está allí. El ejemplo del centurión pagano llama a
los lectores a buscar a Dios, su presencia y su actuación también en
el sufrimiento. Dios no quiere el sufrimiento, y nunca abandona a
los que sufren.

h. Las mujeres de Galilea

Al final, Lucas menciona a las mujeres que seguían a Jesús desde


Galilea (8,1-3), y que ven todos los acontecimientos (23,49). Ellas
garantizan el continuo testimonio ocular desde el comienzo en Ga-
lilea: testimonian la ejecución de Jesús (23,27), su muerte en la cruz
(23,49), su sepelio (23,55) y su resurrección (24,1-10). Las mujeres
no abandonan a Jesús en su hora de muerte. Aunque no pueden ha-
cer nada, ni cambiar nada, se quedan con él. Así demuestran su so-
lidaridad y testimonian su fe. Su ejemplo enseña a los lectores: en
las situaciones cuando ya no se puede hacer o cambiar algo, la pre-
sencia es una señal intensa.

i. La actitud de Jesús como modelo

Llama la atención que Jesús permanece siempre como el perso-


naje principal actuante: sea camino del Calvario o en la cruz. Aun-
que condenado a muerte, consuela a las mujeres, y en vista de la
muerte perdona a sus verdugos y abraza la esperanza del malhechor.
La actitud de Jesús sirve como modelo para nosotros.
En el camino del Calvario, Jesús se vuelve a las mujeres y las con-
suela, pues reorienta su atención desde él hacia ellas mismas: «no llo-
ren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos» (Lc 23,28).
Sus palabras nos advierten de no vivir sólo en la tristeza ni deshacer-
se en lágrimas, olvidando la vida propia y la de otras personas. Es cier-
to que llevar luto es conveniente, y que el llanto puede ser una señal
importante. Pero la tristeza no debe bloquear ni la perspectiva de espe-
ranza y confianza en Dios, ni la vida y la responsabilidad propias.
Jesús perdona a sus verdugos y promete al malhechor el Paraíso.
Así, Jesús vive lo que enseñaba: el amor al enemigo y la disposición
permanente al perdón. Quizá les parezca escandaloso a los lectores
el perdón a los que hacen sufrir al inocente. Pues aunque los verdu-
gos forman parte de un sistema y sólo obedecen órdenes, ¿no son co-
rresponsables de sus hechos? Y que un criminal pueda entrar en el
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 249

LA PASIÓN: LC 22,1-23,56 249

Paraíso, ¿no contradice la justicia? Pero Dios no mide con las nor-
mas humanas. La misericordia de Dios (véase 6,36), que a veces pa-
rece contradecir nuestro concepto de justicia, sigue siendo un reto
para que nosotros repensemos críticamente nuestras opiniones, nor-
mas y juicios.
Los magistrados, soldados, el otro malhechor y la inscripción en
la cruz se mofan de Jesús y dudan tanto de su poder como de su ser
(Mesías, Hijo de Dios). Parece que Jesús había sido malentendido,
y por eso ha fracasado. Con todo, Jesús no desespera. Su reacción
demuestra que mantiene su mensaje y su pretensión. Pues al perdo-
nar a los verdugos y al conceder al malhechor el Paraíso, Jesús se revela
explícitamente como Mesías, Hijo de Dios y rey de su Reino. Lucas in-
vita a los lectores a reflexionar otra vez sobre su comprensión y con-
cepto del Mesías y del Hijo de Dios. Jesús, ¿es el Mesías e Hijo de
Dios a causa de sus señales y milagros? ¿Necesitamos estos prodigios
para creer? O: ¿Nos confiamos en el Crucificado que se revela en la
cruz, pese a su impotencia como Hijo de Dios y Mesías?
Es su relación con Dios, su Padre, la que mantiene y apoya a Je-
sús durante su vida y en la hora de su muerte. Su relación especial
se le nota en las dos oraciones (23,34.46). Ambas veces, Jesús se di-
rige a Dios llamándole «Padre». Nunca, ni siquiera en su muerte,
duda de Dios. Tampoco se siente abandonado como en Mt 27,46 y
Mc 15,34, sino que siempre se siente unido con su Padre. Jesús con-
fía en Dios, que perdona a los culpables y a los pecadores. Murien-
do se encomienda con plena confianza en las manos de su Padre. Su
confianza firme en Dios puede ser modelo para los lectores, no sólo
cuando sufren o en su hora suprema, sino también durante su vida
diaria. Quien se sabe «llevado» por Dios o se siente «en las manos»
de Dios, ya no debe tener miedo por sí mismo.

PARA PROFUNDIZAR Y COMPARTIR

Los evangelistas, al citar las Sagradas Escrituras, dieron por sabido


que a sus lectores les bastaban unas palabras para recordar todo el con-
texto y el Salmo completo. Lamentablemente, para nosotros no es su-
ficiente, por eso vale la pena leer los textos citados, para entender más
profundamente el mensaje del evangelista.
Lee el Sal 22 para encontrar más paralelos entre el Salmo y la na-
rración de la pasión. En Os 10,1-11,11 se ven analogías no sólo con el
08.245 - 17. Cap. 11 29/10/08 12:12 Página 250

250 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

destino de Jesús, sino también con su enseñanza. También el Sal 31


contiene similitudes con el destino de Jesús, y sobre todo con su rela-
ción con Dios, Padre.
¿Con qué persona puedes identificarte? ¿Dónde está tu posición en
el camino o bajo la cruz?

5. EL SEPELIO DE JESÚS: LC 23,50-56

La última escena de la pasión, el sepelio de Jesús, empieza pre-


sentando a José de Arimatea. José es miembro del Sanedrín y no
consintió con la decisión de los que decidieron matar a Jesús. Lucas
le caracteriza como hombre bueno y justo que esperaba el Reino de
Dios (23,50-51), igual que Simeón, aquel anciano en el templo
(2,25).
Con José de Arimatea, Lucas indica que no todos los miembros
del Sanedrín condenaron a Jesús. José como «justo» y «bueno» re-
presenta a todos los judíos que viven según la voluntad de Dios y es-
peran el Reino de Dios. Así, el evangelista realza que la gente del
pueblo de Israel corresponde a la voluntad de Dios, incluso después de la
muerte de Jesús. En la obra de Lucas no se encuentra indicio alguno
de que Israel sea rechazado y sustituido por la iglesia, pues los cre-
yentes en Jesús ni siquiera se han separado de la fe judía. Eso lo se-
ñala Lucas mediante el anciano Simeón, Isabel y Zacarías, María y
José, José de Arimatea y las mujeres que acompañan a Jesús; con
ellos se mantiene la continuidad de Israel como pueblo elegido de Dios.
Las mujeres que seguían a Jesús y acompañan su sepelio guardan
el sábado según los mandamientos de Dios (23,56). La mención de
la Torá recuerda el principio del evangelio: Isabel y Zacarías, María
y José que vivían según la voluntad de Dios, pues cumplían todos
los mandamientos (1,6; 2,23-24.27.39). Lucas aclara de esta mane-
ra que los hombres y mujeres que cumplen los mandamientos de
Dios experimentaban su acción salvífica. Especialmente las mujeres
son colaboradoras en el plan salvífico de Dios. Los lectores recuer-
dan a Isabel, a María y a las mujeres que han seguido a Jesús desde
Galilea hasta Jerusalén, y hasta la hora de su muerte; ellas serán tes-
tigos de su resurrección.
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 251

CAPÍTULO XII
LOS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCIÓN:
LC 24,1-53

Los testimonios de la resurrección forman la conclusión del evan-


gelio de Lucas (24,1-53). Al descubrimiento del sepulcro vacío siguen
las narraciones de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús y a
los apóstoles. Lucas une a estos testimonios el encargo de los discípu-
los de ser testigos y de predicar el perdón de los pecados a todas las
naciones (24,47-48). La promesa del Espíritu Santo (24,49) y la as-
censión de Jesús (24,50) terminan el evangelio, y al mismo tiempo
preparan el segundo libro que continúa estos temas (Hch 1,2-14).

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Trata de estructurar el texto por escenas: las informaciones tem-


porales, la aparición de otras personas y el cambio del lugar marcan es-
cenas nuevas.
2. Marca las frases y las palabras que se reiteran.
3. Identifica las acciones de las personas y las alternativas: ¿Qué
hubiera cambiado de haber actuado de otra forma?

I. ENLACES NARRATIVOS

Nuestro texto nos comunica varios testimonios de la resurrec-


ción de Jesús. Podemos estructurar el texto en cuatro escenas. Aun-
que vinculadas temáticamente, cada una tiene su mensaje específi-
co para los creyentes en Jesús.
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 252

252 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

1. EL MENSAJE DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-12

La primera escena empieza por la fecha: el primer día de la sema-


na, después de que las mujeres guardaron el sábado. La mañana del
primer día vienen las mismas mujeres al sepulcro. Encuentran la pie-
dra retirada, pero no ven a Jesús. Aparecen dos ángeles que les expli-
can que Jesús ya no está entre los muertos sino que ha resucitado, y
les recuerda las palabras de Jesús en Galilea: el Hijo del hombre pa-
decerá, será muerto y resucitará al tercer día (24,7, como en 9,22).
Lucas menciona explícitamente que las mujeres recuerdan todo
(24,8), lo que sólo es posible si ellas acompañaban a Jesús todo el
tiempo desde Galilea a Jerusalén, si ellas oían toda su enseñanza y
veían sus hechos. Es decir: aunque mencionadas sólo una vez explí-
citamente (8,2-3), las mujeres formaban parte legítima del grupo de
los discípulos de Jesús. El autor nos comunica los nombres de tres
mujeres: María Magdalena, Juana y María la de Santiago, aunque
los testigos de la resurrección que aseguran todo ante los demás dis-
cípulos eran más: «y las demás que estaban con ellas» (24,10). Las
que seguían a Jesús desde Galilea (8,1-3) eran: María Magdalena,
Juana, Susana «y muchas otras». Entonces también dijo que había
más mujeres. En Hch añade el nombre de María, la madre de Jesús
(Hch 1,14). Por eso podemos figurar que el grupo de las discípulas
que seguía a Jesús era mucho más grande.
Las mujeres que no encontraron a Jesús y no entendían qué su-
cedió (24,3-4) se acuerdan, gracias a la explicación de los ángeles
(24,6-8), y relatan enseguida todo a los once y los demás discípulos
(24,9). Este esquema: «no entender y no ver – explicación (por las Sa-
gradas Escrituras) – recordar y entender – relatar y testimoniar» se de-
sarrolla dos veces más en nuestro texto: con los discípulos de Emaús
y con los discípulos al ser enviados por Jesús.
Pero los hombres no creen a las mujeres y piensan que su men-
saje de resurrección son puros «desatinos» (24,11). Los lectores
pueden deducir que obviamente los hombres no recuerdan los
anuncios de la pasión hechos en Galilea. Al mismo tiempo, pueden
concluir que las mujeres son testigos de la resurrección, porque ellas
los recuerdan. Dios mismo recuerda su alianza y su promesa
(1,54.72), y Jesús debe recordar en su Reino al malhechor en la cruz
(23,42). En Hch, Pedro se acuerda de la palabra de Jesús de que se-
rán bautizados con el Espíritu Santo, y así interpreta la bajada del
Espíritu Santo sobre el pagano Cornelio y su casa (Hch 11,16-17).
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 253

LOS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-53 253

El recuerdo tiene sentido teológico, pues en el recuerdo se mani-


fiestan la actuación salvadora de Dios y su plan salvífico. Por el re-
cuerdo de lo ocurrido, se pueden interpretar las situaciones actuales
y ponerlas en contexto para el futuro. El pueblo de Israel que expe-
rimentó el éxodo de Egipto y lo recuerda en situaciones de repre-
sión y explotación, cobrará ánimo en vez de desesperarse. Ahora,
las mujeres que recuerdan y anuncian el mensaje de la resurrección
se convierten en elementos decisivos para el plan salvífico de Dios.
Parece que Pedro no piensa como los demás hombres, pues corre
al sepulcro, pero ve sólo los lienzos (24,12). Los discípulos de Emaús
platican que «algunos» fueron al sepulcro y hallaron todo tal como
las mujeres habían dicho, pero no vieron ni a Jesús, ni a los ángeles
(24,24), aunque han oído ya el mensaje de la resurrección de boca
de las mujeres. Ellos no entienden todavía lo sucedido. Pedro que-
da asombrado y vuelve a su casa. Sólo cuando se haya entendido el men-
saje de la resurrección se podrá anunciar, como lo muestra el ejemplo
de las mujeres y el de los discípulos de Emaús.

2. LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS: LC 24,13-35

La siguiente escena (24,13-35) introducida por «al mismo día»,


con otro lugar y otras personas, trata de dos discípulos camino de
Emaús. Mientras ellos hablan sobre lo sucedido, Jesús se les acerca
y camina a su lado, pero no lo reconocen. Refiriéndose a Moisés y
los profetas y basándose en las Sagradas Escrituras, el Extraño les
explica que ya está escrito en las Sagradas Escrituras que el Mesías
tenía que sufrir para entrar en su gloria (24,27).
Luego los discípulos recordarán que ardía su corazón cuando Je-
sús les hablaba en el camino y les explicaba las Escrituras (24,32).
Sólo más tarde, a la mesa, al repartir Jesús el pan, los discípulos le re-
conocen (24,30-31). Por eso vuelven inmediatamente para relatar su
experiencia a los discípulos en Jerusalén (24,33.35). Entre tanto los
discípulos de Jerusalén creen que Jesús resucitó, pues les cuentan a
los de Emaús que Jesús se apareció a Simón (24,34).
Por las conexiones entre las escenas, da la impresión de que Jesús se
apareció casi al mismo tiempo a personas distintas en lugares diferen-
tes. La experiencia de encontrar al Resucitado anima a los discípulos a con-
tar su vivencia y a intercambiarla con otros (24,33-35). En esta experien-
cia y en el deseo de transmitirla e intercambiarla se funda la Iglesia.
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 254

254 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

3. LA APARICIÓN DE JESÚS A LOS DISCÍPULOS: LC 24,36-49

Lucas cuenta la aparición de Jesús a los discípulos que intercam-


bian sus vivencias con el Resucitado. Con eso, el evangelista da a en-
tender a sus lectores que Jesús no está presente sólo en la fracción del
pan, sino también en el intercambio sobre las vivencias y experiencias de
fe. Aunque muchos discípulos ya creen que Jesús resucitó, se sobre-
saltan y se asustan al verlo (24,37-38): la fe no es algo seguro que se
adquiere y no se pierde más; la fe está amenazada siempre por miedos
y dudas. Jesús les muestra sus manos y sus pies y come delante de ellos,
pero los discípulos no pueden creerlo a causa de la alegría (24,40-43).
Por eso Jesús les explica las Escrituras, y al haber comprendido las Es-
crituras y el plan salvífico de Dios, los discípulos pueden interpretar
sus vivencias en este marco y así pueden comprenderlas (24,44-47).
A todos sus discípulos que han comprendido el plan salvífico de Dios
según las Escrituras Jesús los designa sus testigos (24,48). Ellos deben
–apoyados con el Espíritu Santo (24,49)– predicar a los hombres de
todas las naciones que deben arrepentirse y convertirse para obtener
el perdón de sus pecados (24,47). Lo mismo hizo ya Juan el Bautis-
ta (1,16; 3,1-18). En Hch, Lucas narrará que Pedro, Bernabé y Pa-
blo se dedican a anunciar a las naciones la conversión (Hch 14,15;
15,19; 20,21; 26,18).
Convertirse a Dios posibilita el perfeccionamiento de la realiza-
ción del plan salvífico de Dios, pues todos los hombres cumplirán la
voluntad de Dios. Ya los profetas esperaban la conversión de todas las
naciones a Dios: anunciaron la peregrinación de las naciones a Sión
como realización del plan salvífico de Dios (Is 2,2-5; 25,3-10a; 56,1-8;
Jer 3,17-4,5; Zac 8,20-23; Miq 4,1-9). La misma esperanza expresa
el Apocalipsis (Ap 21-22).

4. LA ASCENSIÓN: LC 24,50-53

La última escena está señalada por el cambio de lugar hasta «cer-


ca de Betania» y narra la ascensión de Jesús. Los discípulos vuelven
con alegría a Jerusalén y se quedan «siempre en el templo» donde
alaban a Dios (24,53). Los lectores recuerdan a la profetisa Ana,
que estaba también noche y día en el templo, y al ver a Jesús, alaba
a Dios (2,37-38). Se acuerdan también del muchacho Jesús en el
templo y de su relación profunda con Dios, su Padre (2,41-52).
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 255

LOS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-53 255

Al escribir Lucas –unos veinte años después de destruido el tem-


plo– que los discípulos estaban siempre en el templo, quiere realzar
la continuidad de los discípulos de Jesús con el pueblo de Israel. Además,
aclara a sus lectores los fundamentos de su fe, pues la estancia de los
discípulos en el templo caracteriza su fe: su relación con Dios, que
es también su Padre, y su fidelidad a los mandamientos de Dios.
Los lectores notan también el motivo de la alegría: desde el co-
mienzo del evangelio, la alegría fue un motivo central que marcó la ac-
tuación salvadora y salvífica de Dios. Ahora entienden que también
después de la muerte y de la resurrección de Jesús la actuación de Dios
perdura continuamente. Por eso Jesús envía la Promesa, o sea, el Espí-
ritu Santo como apoyo. Los lectores entienden que Dios sigue actuan-
do por y con los testigos. Los testigos deben colaborar en la realización
del plan salvífico de Dios, anunciando a los hombres y a las naciones
el arrepentimiento y la conversión para perdón de los pecados.

II. ENLACES PRAGMÁTICOS

Este capítulo ofrece a los lectores varios personajes de identifica-


ción: las mujeres, los discípulos de Emaús, los once y los demás dis-
cípulos, los ángeles y Jesús.

1. LAS MUJERES

Después de la ejecución de Jesús, las mujeres obedecen el man-


damiento del descanso en el día del sábado (23,56), y se van el día
siguiente al sepulcro para embalsamar el cadáver según los precep-
tos (Dt 21,23). Con eso, Lucas realza la fidelidad de las mujeres a la
Torá. Los lectores recuerdan a Isabel y Zacarías, y a María y José,
que cumplieron igualmente los mandamientos de Dios.
Las mujeres parecen haberse conformado con la muerte de Jesús,
pues vuelven a la actividad diaria necesaria: preparan aromas para
el embalsamamiento. A diferencia de lo que ocurre en los demás
evangelios, la piedra retirada no les causa asombro, y Lucas tampo-
co la menciona más. Con eso evita que la atención de los lectores
se dirija a acontecimientos secundarios, y enfoca las palabras de los
ángeles: el mensaje de la resurrección. Las mujeres entran en el se-
pulcro. Allí, al no hallar el cuerpo como esperaban, se sorprenden.
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 256

256 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Los lectores pueden reflexionar: ¿Cuáles de sus expectativas e ideas


les impiden vivir y actuar basándose en la certeza de la resurrección?
Las mujeres olvidaron una parte del mensaje de Jesús. Las palabras
de los ángeles les recuerdan lo que vivían con Jesús y lo que les enseñó.
Las mujeres no dudan del mensaje de la resurrección, pues su memoria
les ayuda a fiarse de los ángeles, y les motiva a actuar inmediatamente. Por
decisión propia –no porque los ángeles se lo encargaron– anuncian
todo a los demás discípulos. Los lectores pueden preguntarse: ¿Cuál de
sus recuerdos les da fuerza y energía para actuar en el presente?

2. LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS


A diferencia de las mujeres, los discípulos de Emaús conversan en-
tre sí sobre lo sucedido, y lo que les aflige. Aunque ellos escucharon
el mensaje de la resurrección por las mujeres (24,22-24), ellos no les
creían, pues sus palabras les parecían sandeces (24,11). Porque no
creían, todavía están tristes (24,17) y desilusionados (24,21), y por
eso no reconocen a Jesús al caminar con ellos (24,16). Tanto la tris-
teza como la desilusión por una persona querida pueden ser tan in-
tensas, que reprimen la esperanza, el ánimo y la energía de vivir.
Los discípulos de Emaús creían en Jesús como profeta y le tenían
por el salvador de Israel (24,19-20). Sus expectativas desmoronadas
les impiden entender que Dios no actúa siempre según las expectaciones
humanas, y que –pese a resistencias humanas– realiza su plan salví-
fico. Los lectores pueden revisar críticamente sus expectativas e ide-
as propias respecto a la actuación de Dios.
Estos discípulos, incluso durante la explicación de las Sagradas
Escrituras por Jesús, todavía no entienden. Más tarde recuerdan que
estaba ardiendo su corazón cuando Jesús les explicaba las Escrituras
(24,32), pero en aquel momento no creían. También los lectores
conocerán la experiencia de que el sentido de algunas partes de la
Biblia les parece oculto, aunque quizá perciben la verdad en el fon-
do. Jesús no reprende a los discípulos por su entendimiento limita-
do, sino que les ofrece una posibilidad de actuar según su fe al ha-
cer ademán de seguir adelante (24,28).
Los discípulos de Emaús invitan al «forastero desconocido» a su
casa, y él se queda con ellos (24,29). En griego, la palabra «quedarse»
expresa la duración. Jesús se quedó también en la casa de Zaqueo
(19,5). Los lectores entienden: Jesús, al ser invitado, se queda en to-
das partes, donde sea, y entonces ocurre la experiencia de la salvación.
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 257

LOS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-53 257

Los discípulos reconocen a Jesús en el momento de fraccionar el pan,


y al mismo instante ya no lo ven más (24,30-31). Lucas da a enten-
der que no es imprescindible haber visto al Resucitado para creer su
resurrección. Importa mucho más haber entendido que Jesús –según la
Escritura– resucitó. El autor ofrece a sus lectores tres posibilidades de
estar cerca y juntos con Jesús y de encontrarle a él:
1. en las Sagradas Escrituras, nuestro AT, como Jesús mismo en-
señó a sus discípulos (24,26-27.45-46);
2. en el recuerdo de la enseñanza y los hechos de Jesús, como las
mujeres en el sepulcro (24,6-8); y
3. en la fracción del pan, en la eucaristía, como los discípulos de
Emaús (24,30-31).
Quien reconoció o experimentó al Jesús resucitado, no puede re-
tener u ocultar su vivencia. Al instante –ya es noche– los discípu-
los de Emaús se levantan y marchan a Jerusalén para contar a los de-
más discípulos su experiencia (24,33-35). Su acción puede motivar
a los lectores a comunicar sus experiencias propias de fe –y también
sus dudas– con otros creyentes.

3. LOS ONCE Y LOS DEMÁS DISCÍPULOS


Al oír el mensaje de la resurrección por las mujeres, los once y los
demás discípulos no creían a las mujeres el mensaje de la resurrección.
Únicamente Pedro corre al sepulcro, pero al ver los lienzos, sólo se
asombra, todavía no cree (24,12). Más tarde, Jesús se le aparece, y Pe-
dro, con los demás, lo cuenta a los de Emaús (24,34). Aunque los once
y los demás discípulos conocían ya la experiencia de Pedro, y oyeron
la vivencia de los de Emaús, se asustan y se aterrorizan ante la apari-
ción de Jesús: 24,37. Dudan de su percepción y creen ver un espíritu.
Al hablarles Jesús y mostrarles sus llagas, todavía no pueden com-
prender, sino que están sólo asombrados (24,41). Aunque los apósto-
les y discípulos oyeron ya tantos testimonios, y ahora ven a Jesús mis-
mo, siguen dudando. Los lectores, que sólo pueden leer los testimonios
de la resurrección, no deben preocuparse demasiado por sus dudas; son
una reacción normal que puede abrir la puerta al camino de la fe.
Jesús muestra una manera de superar las dudas: recuerda a sus
discípulos su enseñanza, sus hechos y los anuncios de su pasión,
igual que los ángeles motivaron a las mujeres a recordar las palabras
y los hechos de Jesús. El recuerdo de la actuación de Dios es una fuer-
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 258

258 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

za que nos anima a poner nuestra confianza en sus hechos y cami-


nos actuales, aunque a veces nos parezcan insólitos. Después, Jesús
explica a sus discípulos las Sagradas Escrituras: ya antes de ellos
hubo hombres –como Moisés, los profetas y los autores de los Sal-
mos– que buscaron comprender la voluntad salvífica de Dios, sus
caminos y decisiones. Aunque no siempre es fácil, las vivencias y
experiencias de fe de las personas de la Biblia nos pueden ayudar a
entender un poco más el plan salvífico de Dios, y de interpretar
nuestras experiencias de fe.
A estos discípulos –que pese a tantos testimonios dudaron de la
resurrección–, Jesús les envía como testigos por todo el mundo
(24,48). Igual que ellos, las dudas de los lectores no deben impedir-
les vivir su fe y testimoniarla.

4. LOS ÁNGELES

También los ángeles pueden ser personajes de identificación para


los lectores. Por su invitación al recuerdo (24,6), los ángeles quiebran
la perspectiva diaria de las mujeres. Igualmente, los lectores deben
recordarse a sí mismos –y a otros– la enseñanza y los hechos de Je-
sús. Además, están invitados a mantener despiertas sus esperanzas y
visiones, y están llamados a reforzar la confianza en la actuación sal-
vífica de Dios, pese a resistencias y experiencias negativas.

5. JESÚS RESUCITADO

Los lectores pueden identificarse también con la acción de Jesús:


él explica la Escritura a los de Emaús y a los demás discípulos. Les en-
seña lo que está escrito en la Torá, en los Profetas y en los Salmos
sobre el plan salvífico de Dios. Por eso, ellos pueden comprender
que el sufrimiento –incluso la pasión y la muerte del Mesías– no
puede ni impedir ni refrenar la actuación salvadora y salvífica de
Dios. Los lectores quedan llamados a aprender y comprender la ac-
tuación de Dios según las Sagradas Escrituras: tanto por las expe-
riencias positivas como por las vivencias negativas y dolorosas del
pueblo de Dios, de los profetas y las demás personas fieles. Lo que
los lectores comprenden, deben compartirlo con otros y testimo-
niar, incluso con las personas que viven actualmente situaciones di-
fíciles y dolorosas.
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 259

LOS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-53 259

6. SER TESTIGO

Testigo es el que cree en el cumplimiento de las Sagradas Escrituras,


es decir: quien comprende y cree que lo dicho por Moisés, los Pro-
fetas y los Salmos se realizó en y por Jesús. Testigo es también el que
experimentó la actuación de Dios por el arrepentimiento y el perdón
de los pecados. Los testigos reciben al Espíritu Santo como apoyo y
fuerza. De esto tratará Lucas en Hch.
Lucas aclara, pues, que «testigo» es un concepto mucho más am-
plio que «discípulo». Testigos no son sólo los hombres y mujeres que
seguían a Jesús –ésos, en sentido más estricto, son «testigos ocula-
res»–, sino todos cuantos se unen a los discípulos y testimonian su fe
con su vida y sus actuaciones, como: Esteban, Felipe, Bernabé, Pablo,
Priscila y Áquila, etc.
Testigo es quien comprende la actuación salvífica de Dios según
las Sagradas Escrituras, la explica y la predica a otros.
Testigo es el que cree en el cumplimiento de las Sagradas Escri-
turas en y por Jesús –lo que aprendieron los catecúmenos–, y que ha
recibido el Espíritu Santo, como Teófilo y muchos lectores de la
obra de Lucas.
Todos están encargados de testimoniar su fe para que también
otros puedan notar e interpretar la actuación salvífica de Dios, para
que se arrepientan y experimenten el perdón de sus pecados, y lle-
guen a ser testigos para otros más.
Los testigos garantizan la continuidad de la tradición. Nosotros
tenemos que agradecer nuestra fe al testimonio de otros hombres y
mujeres: por lo general a nuestros padres y parientes, y a personas de
nuestra comunidad. Consecuentemente, estamos llamados a testi-
moniar nuestra fe y a mantener viva la tradición.

7. LA FRACCIÓN DEL PAN

Otro concepto clave e importante es el de «fracción del pan».


«Fracción del pan» se refiere –igual que la palabra «eucaristía»–
como término técnico a la comida celebrada en recuerdo de Jesús. Los
creyentes en Jesús que vienen de la fe judía usan con más frecuen-
cia la palabra «fracción del pan», porque este gesto se refiere a la co-
mida solemne en común, por ejemplo la comida de la Pascua. En el
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 260

260 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

AT, la comida expresa y celebra la comunidad con Dios (Ex 24,11; Dt


12,7; Neh 8,10). Los creyentes en Jesús provenientes de los genti-
les, en cambio, emplean sobre todo el término «eucaristía» (agra-
decimiento).
Los creyentes en Jesús se reconocen en la «fracción del pan»
–como los discípulos de Emaús que reconocieron a Jesús al frac-
cionar el pan–, y por eso se identifican con la fracción del pan. Par-
tir el pan en comunidad es una de las posibilidades por las que los
discípulos testimonian su fe y –al mismo tiempo– son fortalecidos
en su fe. Pues la comida y la fracción del pan en común están uni-
das a la enseñanza y a la oración (Hch 2,42.46; 20,7), a la comu-
nidad con los marginados y al cuidado de los pobres (Hch 2,44-
46; 6,1).
La comunidad atesora la fracción del pan en común como re-
cuerdo de Jesús. Tanto la eucaristía y las oraciones en común como
la enseñanza transmitida y profundizada fortalecen la fe de la co-
munidad. Partiendo el pan, la comunidad, igual que Jesús, se soli-
dariza con los pobres y marginados. Al integrar y cuidar a los pobres
y marginados, la comunidad testimonia su fe en Jesús, pues en su co-
munidad sigue experimentando la comunión de Jesús con los peca-
dores y publicanos (5,29-30).

8. EL MESÍAS QUE TIENE QUE SUFRIR

Salta a la vista la triple confesión del Mesías que tiene que sufrir,
ser muerto y resucitar (24,7.26-27.45-46). Los ángeles recuerdan a
las mujeres que esta confesión está unida a los anuncios de la pasión
de Jesús (24,7): el Hijo del hombre será reprobado, entregado en
manos de los hombres, maltratado y muerto, y resucitará al tercer
día (9,22.44; 18,31-33).
Lucas realza que ya las Escrituras –los profetas (18,31;
24,25.44), la Ley de Moisés y los Salmos (24,44)– anunciaban al
Mesías sufriente. Al evangelista le importa que los discípulos en-
tiendan que el sentido de las Escrituras expresa el plan salvífico de Dios
y que se realiza a pesar de pecados y sufrimientos. Los discípulos de-
ben comprender que el Mesías que sufre y muere no está en contra-
dicción con el plan salvífico de Dios, pues Dios resucita a su Mesías.
Al comprender esto, pueden ser testigos de Jesús: «Dios lo resucitó
de entre los muertos. Él se apareció durante muchos días a los que
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 261

LOS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-53 261

habían subido con él de Galilea a Jerusalén y que ahora son testi-


gos suyos ante el pueblo. También nosotros les anunciamos la Bue-
na Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumpli-
do en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús, como está escrito en
los salmos» (Hch 13,30-33).
Para muchos miembros de la comunidad es difícil comprender
que el Mesías deba sufrir; en general, tanto judíos como paganos
creían que el sufrimiento era castigo y expiación por pecados co-
metidos, y que debían re-conciliarse con Dios o con los dioses
mediante sacrificios para obtener el perdón y la salvación. El he-
cho de que el Mesías «tenga que» sufrir no significa que Dios qui-
siera el sufrimiento o que el dolor fuera indispensable para la re-
conciliación con Dios. En la obra de Lucas, la expresión de
«tenía que» o «es necesario que» indica el plan salvífico de Dios,
es decir: el Mesías muere porque así corresponde al plan de Dios para
superar la muerte, no porque se trate de un sacrificio de reconci-
liación.

LA PERSPECTIVA LUCANA

La expresión de que el Mesías «tenía que» sufrir y morir indica que


incluso el asesinato del justo inocente ni perturba, ni impide la reali-
zación del plan salvífico de Dios.
La clave de esta interpretación específica es la perspectiva lucana:
Lucas lee e interpreta desde el plan salvífico la pasión, en vez de deducir de
la pasión al plan de Dios.
Dios realiza su plan salvífico, aunque los hombres no lo creen,
como Zacarías, al comienzo del evangelio, y como los hombres que
matan a Jesús, al final. El plan de Dios quiere la salvación para todos
los hombres. Eso anunció ya Jesús en su predicación inaugural en Na-
zaret, lo practicaba en su vida y lo enseñaba. Pero los hombres no
creían que la salvación de Dios se dirigiera también a los pecadores y
a los gentiles.
El sufrimiento de Jesús, su muerte y su resurrección aclaran de una
vez para siempre:
• que la salvación de Dios abarca a todos los hombres, incluidos
los pecadores y gentiles, y
• que Dios realiza su plan salvífico pese a resistencias humanas, de-
ficiencias y pecados.
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 262

262 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

9. DIOS PERDONA PORQUE ES MISERICORDIOSO

Las parábolas de lo perdido y hallado indican inequívocamente


la disposición ilimitada de Dios a perdonar a los pecadores (15,1-
32). En este evangelio, la copa de vino simboliza la sangre de Jesús
como firma de la Nueva Alianza (22,20) y no sangre de expiación
para perdón de pecados (Mt 26,28). Al enviar a sus testigos, Jesús
reitera explícitamente que los que se convierten serán perdonados
(24,47). Así Lucas pone de relieve que no es la muerte de Jesús la
causa del perdón de los pecados, sino la misericordia de Dios.
Ni la sangre de Jesús ni su muerte en cruz causan el perdón de peca-
dos, sino el arrepentimiento y la conversión del pecador conjuntada con
la misericordia de Dios. Señal de la conversión es hacerse bautizar,
como predican y practican los testigos de Jesús: «conviértanse y que
cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo,
para perdón de sus pecados; y recibirán el Espíritu Santo» (Hch
2,38), y también: «de este modo Dios cumplió lo que había anun-
ciado por boca de todos los profetas: que su Cristo había de padecer.
Arrepiéntanse, pues, y conviértanse para que sus pecados sean bo-
rrados» (Hch 3,18-19).
La resurrección de Jesús prueba claramente la disposición ilimi-
tada de Dios a perdonar: «El Dios de nuestros padres resucitó a Je-
sús, a quien ustedes mataron colgándole de un madero. A éste le ha
exaltado Dios con su diestra como Jefe y Salvador, para conceder a
Israel la conversión y el perdón de los pecados» (Hch 5,30-31).
Quien cree en Jesús, es decir, quien cree lo que Jesús enseñó y prac-
ticó –la misericordia de Dios y su disposición al perdón–, recibe el
perdón de sus pecados: «De esto todos los profetas dan testimonio:
que todo el que cree en él alcanza, por su nombre, el perdón de los
pecados» (Hch 10,43), y también: «... por medio de éste se les
anuncia el perdón de los pecados; y la total justificación que no pu-
dieron obtener por la Ley de Moisés la obtiene por él todo el que
cree» (Hch 13,38-39).
Los discípulos entendieron todo eso después de que Jesús les
abrió la inteligencia para comprender las Escrituras (Lc 24,45). Por
eso vuelven con gran alegría al templo y alaban a Dios (24,52-53).
Luego van a testimoniar su fe, predicando el perdón de los pecados. Eso
detalla Lucas en Hch: la palabra de Dios se difunde hasta el centro
del mundo antiguo, Roma, y llegará a todas las naciones (24,47)
hasta los confines de la tierra (Hch 1,8).
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 263

LOS TESTIMONIOS DE LA RESURRECCIÓN: LC 24,1-53 263

PARA COMPARTIR

Los lectores leen que incluso los discípulos que habían oído a Jesús
y han visto sus hechos, no comprendieron el plan salvífico de Dios.
Los lectores no son los únicos con dificultades de comprensión. Quien
explica sus problemas y sus dudas a otros, les posibilita llegar a ser tes-
tigos de su fe.
Lucas indica que las Escrituras contienen el plan salvífico de Dios.
¿Qué narraciones bíblicas recuerdas que unen sufrimiento y salvación
y aclaran así que el plan de Dios se realiza pese al sufrimiento? ¿Expe-
rimentaste ya algo semejante en tu vida?
¿Con qué personaje (las mujeres, los discípulos de Emaús, los após-
toles y los demás discípulos, los ángeles o Jesús) puedes identificarte, y
por qué?
08.245 - 18. Cap. 12 29/10/08 10:10 Página 264
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 265

CAPÍTULO XIII
RETROSPECTIVA Y ANTICIPACIÓN

Vamos a recordar las temáticas principales de Lc para tenerlas


presentes en el momento de leer Hechos de los Apóstoles, el se-
gundo libro de la obra de Lucas; así, podremos notar mejor las rela-
ciones y conexiones entre los dos libros. Nos concentraremos en te-
mas generales como la colaboración en el plan salvífico de Dios, el
perdón de los pecados, la relación solidaria entre ricos y pobres, la
fuerza dinámica del Espíritu Santo, y algunos otros. Estas temáticas
tan diversas están unidas por los caracteres y acciones de las muje-
res, por eso adoptamos para nuestra orientación panorámica la pers-
pectiva de las mujeres.

1. COLABORACIÓN EN EL PLAN SALVÍFICO DE DIOS

Lc empieza con la narración de Zacarías e Isabel, ambos descri-


tos como justos e impecables. Aunque Isabel es estéril, concibió un
hijo, y reconoce en esto la acción de Dios. Los lectores recuerdan a
las grandes madres del pueblo de Israel –Sara (Gn 11,30) y Raquel
(Gn 29,31), que eran estériles, igual que Ana, madre del profeta Sa-
muel (1 Sm 1,2.5), y que la madre del profeta Sansón (Jue 13,2.3)
a la que un ángel le anunció el nacimiento de su hijo. Eran estéri-
les todas ellas. Estas narraciones aclaran que la infecundidad no es
un obstáculo para Dios: nada puede impedir la realización del plan sal-
vífico de Dios.
Zacarías, sin embargo, es un dubitativo. En contraste, María está
dispuesta a permitir que Dios obre con y por ella, pues decide ponerse
completamente a disposición de Dios: «He aquí la esclava del Señor; há-
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 266

266 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

gase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). María alaba a Dios con una
especie de Salmo, especialmente por obrar en favor de los humildes y
hambrientos. María vive en propia piel el cuidado de Dios hacia los
pequeños y oprimidos. Por eso puede relacionar su historia con la his-
toria del pueblo de Israel que experimentó el cuidado de Dios al libe-
rarlo de Egipto y del exilio babilónico. Al mismo tiempo, el cántico
de María es profecía, pues alude al ministerio de Jesús: Jesús es envia-
do a liberar a los pobres, oprimidos, marginados y enfermos.
Cuando los padres de Jesús lo presentan en el templo, aparece la
profetisa Ana –una mujer que servía a Dios noche y día– y pronun-
cia una profecía sobre Jesús. Con sus palabras proféticas señala a los
presentes en el templo que pueden encontrar en Jesús la redención
y salvación. Ana e Isabel –que es la primera persona en Lc llena del
Espíritu Santo (Lc 1,41-45)– están en la misma línea de las grandes
profetisas de Israel: María, Débora y Julda. Visiones y revelaciones
proféticas son importantes para la fe viva, pues transmiten la volun-
tad de Dios, interpretan los signos de la época y ayudan a actualizar
la fe (Prov 29,18). Profetisas que están al servicio de Dios no son anor-
males en la fe judía, y las hay también en las comunidades cristianas,
como las cuatro hijas del evangelista Felipe (Hch 21,8-9).
Por las narraciones referidas, Lucas deja claro que Dios –pese a
obstáculos– realiza su plan salvífico mediante la colaboración de los hom-
bres. En este plan, las mujeres ocupan una posición fundamental,
pues Dios obra con y por su quehacer fiel, lleno de esperanza y de
confianza. En la Antigüedad, es poco común conceder posiciones
tan significativas a mujeres, y relatar sus acciones y palabras con de-
talle. Es evidente que Lucas no es «feminista», pues las ideas femi-
nistas surgieron en la Edad Moderna. Pero llama la atención que
Lucas narre los primeros capítulos de su libro desde la perspectiva
de ellas –Isabel y María–, mientras que en el evangelio de Mt el pro-
tagonista de las narraciones de la infancia es José.

2. JESÚS CURA Y PERDONA A LOS PECADORES

Muchas personas experimentan en propia piel la fuerza de Jesús


que las sana y libera, que les fortalece y da nueva energía vital; mujeres
pobres y ricas, jóvenes y ancianas: la suegra de Simón, la viuda de
Naín, la mujer pecadora, la hija del jefe de la sinagoga, la hemorroísa
y la encorvada. Lucas cuenta muchos más ejemplos que los otros
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 267

RETROSPECTIVA Y ANTICIPACIÓN 267

evangelistas sobre mujeres beneficiadas por Jesús. Las mujeres que


encuentran a Jesús son, sin excepción, modelos positivos de identi-
ficación para los lectores. Las mujeres curadas por Jesús le siguen y
le diaconan (la suegra de Simón, María Magdalena, Juana, Susana
y otras más), anuncian lo que experimentaron por él (la hemorroí-
sa) y alaban a Dios (la encorvada): así viven y testimonian su fe.
Entre los oyentes y entusiastas seguidores de Jesús, con quienes
se relacionaba, comía y bebía, había también «publicanos y peca-
dores», hombres y mujeres despreciadas y marginadas por la socie-
dad. Los pecadores eran «culpables» –por un hecho o por su modo
de vida– frente a Dios o sus prójimos. El fariseo de la parábola indi-
ca quién era pecador en aquella sociedad: rapaces, injustos, adúlte-
ros y publicanos.
Según la «sana ortodoxia» de entonces, la vida pecaminosa se
manifestaba en el destino o suerte desgraciada del pecador. Los que
sufrían, morían en un accidente o eran ajusticiados, eran indudables
pecadores, y su destino un castigo (de Dios). También los pobres,
paralíticos, lisiados, enfermos y ciegos eran tenidos, por su misma
condición, por pecadores (véase Jn 9,1-2). Esta conexión entre peca-
do y vida es muy importante para entender el perdón de los pecados,
porque esas enfermedades pueden ser interpretadas también en sen-
tido figurado y simbólico. Así, la curación equivale al perdón, como
en el relato del paralítico: tanto la curación como el perdón reinte-
gran en la sociedad y en la comunidad. Otro ejemplo es el pequeño
publicano Zaqueo que se convierte por el encuentro sanador y
transformador con Jesús.
El fundamento y ejemplo del perdón es la misericordia de Dios. Las pa-
rábolas de lo perdido y hallado –la oveja, la dracma y el hijo– subra-
yan que, para el perdón, no hay condiciones, porque Dios siempre
busca y espera con los brazos abiertos a los pecadores para que se con-
viertan y vuelvan a Él. Quien cree en el Padre misericordioso, que
–aunque somos pecadores– siempre nos espera y abraza con su amor,
ya puede vivir conforme a esta fe. El ejemplo de la mujer que unge los
pies de Jesús nos muestra que de esta fe surgen acciones de mucho amor.

3. EL EVANGELIO PARA RICOS Y POBRES

Jesús enseña con muchas parábolas. En ellas, aparecen también


las mujeres como modelos y personajes de identificación: la que
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 268

268 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

busca la dracma, la que mezcla la levadura con la harina, las que


muelen y la viuda insistente. En su obra, Lucas refleja la realidad de
mujeres de diversas capas sociales. La viuda pertenece a los pobres,
las mujeres que muelen y amasan figuran a personas que, al menos,
tienen para comer, y la que busca la dracma representa a gente adi-
nerada. Con estos ejemplos, se afirma que el mensaje del Reino de
Dios se dirige a todas las personas de todas las capas sociales. Igualmen-
te, entre los que siguen a Jesús encontramos a las mujeres adinera-
das y al mendigo ciego de Jericó, y a quienes comparten sus bienes
como, el publicano Zaqueo y la viuda pobre en el templo.
El Evangelio del Reino de Dios no es especialmente para pobres,
para espiritualizar la pobreza o sostenerla como ideal. Tampoco es
un Evangelio dirigido en primer lugar a los ricos, para criticar y re-
prenderles por su riqueza. Lucas describe más bien el uso solidario de
la riqueza, por ejemplo, cuando está puesta al servicio de la comu-
nidad. Por esto cuenta sobre las mujeres curadas por Jesús y otras
mujeres adineradas que le seguían y le apoyaban, a él y a los demás
discípulos con sus capacidades y sus bienes. Jesús enseña respecto a
las relaciones sociales –como invitaciones, fiestas, regalos...– que no
debía importar la compensación, sino que se debía adoptar la pers-
pectiva de Dios, la que no excluye a los pobres, enfermos, margina-
dos y extranjeros, sino que les deja participar.

4. HOMBRES Y MUJERES ESCUCHAN Y ENSEÑAN EL EVANGELIO

Jesús anuncia el Reino de Dios. Él enseña en las sinagogas, pero


también en las casas (Lc 5,17.19; 7,36.40; 14,1.7), en el camino
(13,22.26), en diversos lugares y plazas (6,17; 11,1), y en el templo
(19,47; 20,1; 21,37). En el judaísmo, en general, sólo los varones
podían obtener formación escolar, pues de ellos era el deber de asis-
tir al culto en la sinagoga, y de estudiar las Sagradas Escrituras. A
las mujeres les correspondían los deberes domésticos. Así, es de su-
poner que sólo los varones escucharan a Jesús, pero la narración de
la mujer encorvada en la sinagoga muestra que las mujeres partici-
paban también del culto sinagogal. Al enseñar no sólo en las sina-
gogas, sino en público, Jesús posibilita que muchas personas, sobre todo
mujeres, escuchen el Evangelio. Entre su auditorio, el pueblo, la gen-
te o la muchedumbre, debemos imaginar a muchas mujeres que es-
cuchaban la enseñanza de Jesús.
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 269

RETROSPECTIVA Y ANTICIPACIÓN 269

El relato de Marta y María es un notable ejemplo de que las mu-


jeres escuchan el Evangelio y lo aprenden, pues la expresión «Ma-
ría, que, sentada a los pies de Jesús, escuchaba sus palabras» (Lc
10,39), emplea un término técnico para la posición del alumno y
discípulo ante su maestro. Lucas describe que Jesús designa explíci-
tamente la elección de María como «la mejor parte, que no le será
quitada» (10,42): con eso autoriza el aprendizaje de las mujeres. Lu-
cas subraya –contra las costumbres– que las mujeres deben ser discí-
pulas que aprenden con empeño el Evangelio, para enseñarlo a otras per-
sonas. El bello ejemplo de Priscila y Áquila, que enseñan con más
exactitud al elocuente Apolo (Hch 18,24-26), muestra que también
las mujeres enseñaban el Evangelio.

5. EL EVANGELIO SE DIRIGE A LOS JUDÍOS IGUAL QUE A LOS GENTILES

En su discurso inaugural programático, Jesús emplea el ejemplo


positivo de la viuda de Sarepta, una extranjera y no israelita que
experimenta la acción salvífica de Dios. Con eso Lucas pone de re-
lieve ya desde el principio que el plan salvífico incluye a los gentiles.
Lo mismo reitera al iniciar Hch en el discurso de Pentecostés de
Pedro: «Pues la Promesa es para ustedes y para sus hijos, y para to-
dos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro»
(Hch 2,39).
En las narraciones de Lc y de Hch nos enteramos con mayor
detalle de la fe ejemplar de los paganos; por ejemplo: del centurión
de Cafarnaúm, del samaritano leproso, del samaritano de la pará-
bola, quien practica ejemplarmente la caridad y el amor al próji-
mo; y de la confesión del centurión bajo la cruz de Jesús. En Hch,
son los paganos, en primer lugar, quienes se interesan mucho por
la fe y la abrazan con alegría, como el centurión Cornelio, la ven-
dedora de púrpura Lidia en Filipos, que es la primera europea bau-
tizada, el procónsul Sergio Paulo de la isla de Pafos, el carcelero
de Filipos, y muchas mujeres y hombres distinguidos entre los
griegos.
La fe ejemplar de tantos hombres y mujeres paganos, es modelo
de identificación para los lectores. Si en el judaísmo la instrucción
religiosa le estaba vedada a las mujeres, en las culturas helenísticas
y romanas ellas tenían amplia participación en los cultos mistéricos
y ritos secretos, y hasta en la instrucción religiosa.
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 270

270 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

EL SERVICIO SACERDOTAL EN LA ANTIGÜEDAD GRIEGA Y ROMANA

En la Antigüedad grecorromana, el servicio sacerdotal –a dife-


rencia del judaísmo– no dependía del origen o de la estirpe de una
familia. Ser sacerdotisa o sacerdote era una actividad al servicio de
los dioses y de la sociedad. Así, muchos políticos y soberanos ejer-
cían también la función de «sumo sacerdote». Especialmente el ser-
vicio de la sacerdotisa traía consigo reputación, estima y prestigio,
pues –a diferencia de los hombres– ellas no tenían acceso a cargos
públicos.
En Grecia, las mujeres y muchachas de la clase alta eran sacerdo-
tisas de los templos de Poseidón, de Artemisa y de Atenea; en Roma
eran sacerdotisas de la diosa Vesta. Ellas dirigían la liturgia de los cul-
tos, consagraban los sacrificios y administraban los bienes del santua-
rio. Además del cargo de la sacerdotisa había otros muchos servicios
que ocupaban en general las mujeres, como portar los utensilios sagra-
dos y encender inciensos. Adivinas y sacerdotisas de oráculos –como
en Delfos y Dodona– comunicaban los mensajes de los dioses, y leían
el futuro en sueños y estrellas, o en las vísceras de animales sacrifica-
dos, o tirando dados o piedrecillas. Las videntes (sibilinas) ayudaban a
otras personas en situaciones difíciles a tomar decisión o a solucionar
los problemas.

En varias partes de su obra, Lucas registra a mujeres y hombres que


actúan como profetas. No se trata de un cargo, sino más bien de un
talento que tales personas ponen al servicio de los creyentes y de la
comunidad. Ana, viuda y profetisa, consagró su vida completamen-
te a Dios, y le servía en el templo con ayunos y oraciones. Ágabo y
otros profetas de nombres desconocidos fueron de Jerusalén a An-
tioquía y anunciaron una hambruna que sobrevino después. Tam-
bién en Antioquía hay profetas, como Judas y Silas, que fortalecie-
ron y animaron a los cristianos de Antioquía. El evangelista Felipe
de Cesarea tiene cuatro hijas que profetizan, y el mismo Ágabo da
un signo profético que se verifica poco después.
En el relato de Pentecostés, Lucas pone de relieve que el don del Es-
píritu Santo concede a todas las hijas y los hijos el talento de profetizar. A
los jóvenes concede visiones proféticas, a los ancianos soñar sueños, y
a las siervas y siervos concede el hablar profético (Hch 2,17-18). Es
decir, el talento de profetizar no está vinculado a privilegios, como pu-
diera ser el de tener cuna ilustre, porque es un don del Espíritu Santo.
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 271

RETROSPECTIVA Y ANTICIPACIÓN 271

6. LA VIDA PLURIFORME DE LAS COMUNIDADES

Lucas narrará en Hch sobre la vida pluriforme de las comunida-


des. Desde sus comienzos, a las comunidades pertenecen las muje-
res: ellas viven, forman y caracterizan la vida de la comunidad. Des-
pués de la ascensión de Jesús, sus discípulos –mujeres y hombres– se
reunieron con un mismo espíritu, oraron y esperaron al Espíritu
Santo. Este grupo inicial no era solamente de los once apóstoles
más los parientes de Jesús, sino de muchas personas más hasta «unos
ciento veinte» (Hch 1,15). Todos los reunidos el día de Pentecos-
tés recibieron el Espíritu Santo; todas las personas hablaban según
el Espíritu les concedía expresarse. Todos se llenaron sin distinción del
Espíritu: hombres y mujeres, hijos e hijas, jóvenes y ancianos, siervos y
siervas, todos son testigos. A causa de su testimonio, una multitud de
hombres y mujeres se adhirieron a la comunidad.
Criterios característicos de la comunidad son: mantenerse cons-
tantes en la enseñanza, en la comunión, en la fracción del pan y en las
oraciones (Hch 2,42). Mantenerse en la comunión significa ser soli-
dario, para que todos y cada uno satisfagan sus necesidades, y no
haya ningún indigente. Pero la vida común también tiene inconve-
nientes: Safira es cómplice en el fraude de su esposo; las viudas de
los judíos griegos sufren, porque son desatendidas en la diaconía
diaria; y muchos hombres y mujeres sufren persecución y cárcel. La
persecución de los creyentes se convierte en causa de difusión del Evan-
gelio: muchos hombres y mujeres se bautizaron gracias al testimonio
de los perseguidos.
Otros ejemplos de la vida de la comunidad son las «iglesias do-
mésticas» de María y Lidia como centros de vida común: las muje-
res ponen a disposición sus casas para tener un lugar donde reunir-
se y orar. La casa de María es el primer lugar adonde se dirigió Pablo,
después de ser liberado de la cárcel. Así Lucas subraya la importan-
cia de la casa de María como lugar principal de la comunidad, y aña-
de que muchos se habían reunido y estuvieron en oración. Cuando
los gentiles abrazaron la fe –entre ellos muchas mujeres principales
y distinguidas–, la casa de Lidia en Filipos llega a ser el centro de la
comunidad. Liberados de la cárcel, Pablo y Silas se dirigen a la casa
de Lidia, donde encontraron a la comunidad reunida.
Otras tareas importantes de los testigos son la predicación y la
enseñanza, que no tienen lugar sólo en las sinagogas sino en las pla-
zas (Hch 17,17) y en las casas (5,42; 18,26; 20,20). Lucas narra que
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 272

272 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Priscila y Áquila se dedican a la predicación y enseñanza. El hecho de


que las mujeres enseñan está asegurado en la carta a Tito, donde se
les exhorta a llevar una vida ejemplar, y a cuidar la palabra de Dios
(Tit 2,3).
El servicio de los maestros era muy importante, pues interpretaban
la palabra de Dios, y su vida servía a los creyentes como modelo. Je-
sús es el maestro ejemplar (Lc 6,40): enseñó en las sinagogas, en el
templo y en el camino. Confirmó su enseñanza por su modo de vi-
vir y sus hechos. Su autoridad fue aceptada por otras autoridades
–como los fariseos, maestros de la ley y escribas–, que llaman a Je-
sús «maestro» o «rabí». Igual que Jesús, sus testigos enseñan en el
templo y en las casas: hombres y mujeres contribuyen por su enseñan-
za y su testimonio de fe a que el Evangelio se difunda.
Otros servicios en las comunidades desempeñaban los profetas y
ancianos. En Lc encontramos a la profetisa Ana, y en Hch a las cua-
tro hijas de Felipe, pero también a Judas y Silas, Ágabo y otros pro-
fetas más que no podemos identificar por su nombre. Los ancianos y
pastores u obispos no sirven para fijar una jerarquía (Hch 14,23;
20,28), sino para mantener la continuidad en la fe (véase Ex 3,16;
18,12; 19,7; Nm 11,16.25). En aquel tiempo, los ancianos como re-
presentantes políticos y jurídicos formaban el Sanedrín (concilio),
que tenía una responsabilidad colectiva.

7. EL EJEMPLO DE LAS MUJERES PARA LA VIDA DE FE

Lucas va presentando a los lectores mujeres que funcionan como


modelos de identificación; justas y piadosas, ellas cumplen los man-
damientos de Dios. Isabel y Zacarías eran justos ante Dios e inta-
chables en todos los mandamientos y preceptos del Señor. Cuando
quieren darle nombre a su hijo, Isabel se opone a la opinión de ve-
cinos y amigos, que quieren nombrarlo «Zacarías», que significa
«Dios recuerda». Isabel insiste en darle el nombre que mencionó el
ángel: Juan, que significa «Dios es benévolo». Con su oposición con-
tribuye a la realización del plan de Dios.
María decide ponerse completamente a disposición de Dios: «He aquí
la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Ma-
ría y José cumplen la Torá, y viven según los mandamientos de Dios:
llevan a Jesús al templo para presentarle y consagrarle al Señor, y
para ofrecer el sacrificio conforme a la Torá. También la peregrina-
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 273

RETROSPECTIVA Y ANTICIPACIÓN 273

ción anual a Jerusalén para la fiesta de Pascua indica su piedad.


La profetisa anciana Ana representa –junto con otros ancianos,
como Isabel, Zacarías y Simeón– a los ancianos. Ellos sirven en dis-
tinta manera a Dios: mediante oración y ayuno, manteniendo su espe-
ranza en Dios en una situación triste y difícil (ser estéril, ser viuda), al
bendecir y consolar, y mostrando a otras personas el camino de Dios.
La suegra de Simón, curada por Jesús, es la primera mujer que lo
sigue por decisión propia. La información de que la suegra de Simón
sirve a Jesús y a sus discípulos significa que les diacona con todos sus
talentos y capacidades. Ella no es la única. Otras muchas mujeres si-
guen, como ella, por decisión propia a Jesús: María Magdalena, Jua-
na, Susana y otras más que le diaconan a Jesús.
Este servicio de las mujeres se refiere no sólo a preparación de
comida o apoyo económico, pues estas mujeres acompañaban a Je-
sús a la par de los demás discípulos. Las mujeres se emplean a fondo
con todas sus posibilidades, dan todo de sí y se comprometen completa-
mente con Jesús. Algunas de ellas pertenecen a la clase alta, así que
emplean sus riquezas en apoyo de Jesús y de todos los discípulos. La
disposición de bienes no quiere decir sólo hacer donativos o limos-
nas, sino también disponer de una casa o una habitación para la co-
munidad, incluso como lugar de reunión.
La narración de las hermanas Marta y María pone de relieve que
el servicio de las mujeres no significa «preparar la comida», «lim-
piar y lavar». Mientras que Marta está atareada y se afana en los
quehaceres domésticos de la hospitalidad, María se pone por decisión
propia a los pies de Jesús como discípula, le escucha y aprende de él. Je-
sús alaba explícitamente su acción, realzándola como «la mejor par-
te, que no le será quitada» (Lc 10,42).
En otra situación Jesús dice: «Mi madre y mis hermanos son
aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 8,21). A Lu-
cas le importa mucho la escucha y cumplimiento de la palabra de Dios,
como se nota en la parábola del sembrador o en el ejemplo de la
lámpara. Lucas subraya en el relato de Marta y María que las muje-
res deben escuchar y aprender la palabra de Dios, para vivir según
ella, para enseñarla y predicarla, como demuestra también el ejemplo
de Priscila. Las preocupaciones por otras cosas como los quehaceres
domésticos, la comida o el vestido son de menor importancia, pues
Jesús exhorta: «Busquen más bien el Reino de Dios, lo demás se les
dará por añadidura» (Lc 12,31).
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 274

274 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Dos mujeres –la pecadora y la hemorroísa– toman la iniciativa y to-


can a Jesús: la pecadora besa y unge los pies de Jesús, y la hemorroísa
toca el borde del manto de Jesús. A causa de su iniciativa, ambas expe-
rimentan el perdón y la salud. Jesús alaba explícitamente su fe: «Tu fe
te ha salvado» (Lc 7,50 y 8,48). Con esto, Lucas subraya que no es
tanto el poder de Jesús la causa de la curación y del perdón, sino la fe.
La fe y la confianza de las mujeres son ejemplares, pues les dan
ánimo y les ayudan a superar su miedo y sus barreras sociales. La pe-
cadora muestra de distintas maneras mucho amor, por eso sus peca-
dos le quedan perdonados. La hemorroísa cobra valor para contar
ante todo el pueblo cómo fue curada. Estas acciones de las mujeres
son presentadas a los hombres piadosos como modelo. El fariseo Si-
món debe tomar a la pecadora como ejemplo (Lc 7,44-47), pues
debe mostrar tanto amor como ella, y no dejarse coartar por opinio-
nes y prejuicios sociales. Jairo, el jefe de la sinagoga, debe tomar a la
hemorroísa como ejemplo (8,50), pues debe creer y tener confianza
en Jesús igual que ella.
La acción de una viuda pobre, al margen de la sociedad, sirve de
modelo crítico para la sociedad: mientras que los ricos dan donati-
vos de lo que les sobra, la viuda pobre da todo lo que tenía. Así ella
da más que los ricos, pues da todo su sustento. Por su acción, la viu-
da pobre cambia la perspectiva para los ricos: los ricos se dan cuenta de
que, comparados con ella, dan muy poco.
Las mujeres que seguían a Jesús –María Magdalena, Juana, Ma-
ría la madre de Santiago y otras más– estuvieron también bajo la
cruz. Muerto Jesús, las mujeres asisten su sepelio. Ellas prepararon
aromas y ungüentos, y regresaron para ungir el cuerpo de Jesús. Ellas
encontraron el sepulcro vacío, al recibir el mensaje de los ángeles,
recordaron las palabras de Jesús. Porque han entendido por qué fue
necesario que todo sucediera así, las mujeres se convierten en las pri-
meras testigos de la resurrección de Jesús; ellas cuentan inmediata-
mente a los demás discípulos su experiencia.
Con estos ejemplos, Lucas aclara que quien recuerda las palabras
de Jesús, quien entiende las Sagradas Escrituras –lo que requiere oírlas
o leerlas, y vivir conforme a ellas, como demostró el ejemplo de Ma-
ría, la hermana de Marta–, que el que comprende que la muerte no es
el fin definitivo, y que quien entiende que el Mesías tuvo que morir y re-
sucitar, porque Dios incluye la muerte en su plan salvífico quitándole la
falta de sentido... quien comprende todo eso, no puede quedarse en
silencio, sino ser testigo y predicador de la fe.
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 275

RETROSPECTIVA Y ANTICIPACIÓN 275

Hch muestra de distintas maneras cómo mujeres y hombres pueden


ser testigos y testimoniar su fe: no sólo como Pedro y Pablo, que via-
jan de pueblo en pueblo, sino también como Felipe, Priscila y Áqui-
la, que explican y enseñan a otros las Sagradas Escrituras; o como
Tabita, que se preocupa por las viudas y los pobres; o como María y
Lidia, que ponen a disposición su casa para que la comunidad pue-
da reunirse.

8. LA FUERZA DINÁMICA DEL ESPÍRITU SANTO

La historia que Lucas narra es, desde el principio, una historia so-
bre la eficacia vigorosa del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios obra por
medio de mujeres y hombres. Les llena con su fuerza, y les revela co-
nocimientos, para que puedan profetizar y guiar a otros hombres por
el camino de Dios. El Espíritu Santo obra también por sí solo: vie-
ne sobre las personas que han sido elegidas, les guía y hasta les im-
pide a hacer algo. El Espíritu Santo realiza el plan salvífico de Dios.
Lucas demuestra ya al comienzo del evangelio la eficacia del Es-
píritu Santo: Isabel es la primera persona que está llenada del Espí-
ritu Santo. En su discurso profético interpreta la señal de que su hijo
saltó de alegría en su seno. Juan el Bautista está lleno del Espíritu
Santo ya desde el seno de su madre, lo que lo caracteriza como gran
profeta. El Espíritu Santo viene sobre María, para que conciba a Je-
sús. Luego llena a muchas personas más que profetizan: a Jesús, a Pe-
dro, al profeta Ágabo, a Bernabé y Pablo, a los discípulos de Tiro, y
a otros más.
Al anciano Simeón, el Espíritu Santo le revela conocimientos sobre
el camino de Dios –que verá al Mesías–, le mueve y guía al templo,
donde encuentra al niño Jesús. El Espíritu Santo viene en forma cor-
poral como una paloma a Jesús. Llena a Jesús, y le conduce por el de-
sierto, donde resiste las tentaciones del diablo. Luego vuelve por la
fuerza del Espíritu Santo a Galilea, para anunciar el Evangelio, ungido
con el Espíritu Santo. Jesús nos promete que Dios dará el Espíritu San-
to a los que se lo piden (Lc 11,13), y que el Espíritu Santo nos apoya
cuando estamos en apuros, y nos enseña qué conviene decir (12,12).
El Resucitado promete a sus discípulos el bautismo con Espíritu
Santo, para que sean dotados con el Espíritu Santo los testigos de Je-
sús en todo el mundo (Hch 1,8). El Espíritu Santo viene al día de
Pentecostés sobre todos los discípulos reunidos, y todos hablan se-
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 276

276 EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

gún el Espíritu les concede. La cita del profeta Joel subraya que el
Espíritu Santo viene sin distinción sobre mujeres y hombres, jóve-
nes y ancianos, siervos, siervas y libres (2,17-18). Luego viene el
Espíritu Santo otra vez sobre las personas reunidas, y las fortalece,
para que puedan hablar francamente y predicar con valentía la palabra
de Dios (4,31).
El Espíritu Santo llena a otros testigos más, y les ayuda a testi-
moniar la palabra de Dios: a los diáconos (Hch 6,5) y a Esteban
(7,55); guía a Felipe (8,29.39), a Pablo (9,17) y a Bernabé (11,22-
24). Pedro lo promete a los que se convierten y se bautizan (2,38;
8,15.17). Pero el Espíritu Santo no es comprable: el mago Simón debe
aprender que no se adquiere por dinero. El don del Espíritu Santo
no se da tampoco exclusivamente por medio de la imposición de las
manos de los apóstoles, pues él viene cuando y sobre quien quiere,
como sobre Pedro en el encuentro con el pagano Cornelio (10,44-
47; 11,15-16; 15,8).
El Espíritu Santo causa que la iglesia se edifique y progrese (Hch
9,31), y por eso se elige predicadores (13,2) y guardianes u obispos
(20,28). Además habla a los discípulos y les guía en su camino
(13,2.4). El Espíritu aconseja a los discípulos, y les guía a adoptar
decisiones moderadas en la asamblea de Jerusalén (15,28). Lucas
aclara que el Espíritu Santo persigue el plan de Dios, por eso impide a
los discípulos predicar en ciertos lugares, pues tiene otra intención
(16,6-7). El Espíritu Santo guía a Pablo a Jerusalén (20,22-23), de
donde llegará hasta Roma.
Lucas aclara por medio de la «historia del Espíritu Santo» que el
Espíritu Santo que estaba ya desde el principio –¡antes del nacimiento
de Jesús!–, está también con los discípulos, y acompaña por todas par-
tes a los testigos. El Espíritu Santo mantiene la continuidad del tiempo
antes de Jesús con el tiempo de Jesús y el tiempo posterior a la muer-
te de Jesús: el Espíritu Santo une a los judíos y cristianos. Ninguno
queda excluido, pues el Espíritu Santo llena a todos: mujeres y hom-
bres, jóvenes y ancianos, siervos, siervas y libres, judíos, prosélitos,
temerosos de Dios y paganos. Por el Espíritu Santo todos los hombres
participan en el plan salvífico de Dios, pues forman parte de la historia
salvífica de Dios.
LOS VIAJES DE PABLO 4 3.er viaje: PABLO y varios compañeros.
Sale de Antioquía, adonde había vuelto
2.º viaje: PABLO, Silas, Timoteo. tras pasar por Cesarea y Jerusalén.
Pablo visita sus comunidades. En Tróade 5 Reside dos años en Éfeso (53-58). Tras
embarca hacia Europa; se queda dos un periplo por Grecia, vuelve a
Roma Jerusalén, donde es detenido y
años en Corinto (50-52).
08.245 - 19. Cap. 13

encarcelado en Cesarea.

1.er viaje: BERNABÉ-PABLO.


Filipos
Van de Antioquía al Asia Menor
Berea 3 pasando por Chipre. Dios abre a los
paganos la puerta de la fe (Hch 2
Tesalónica 14,27) (45-48).
ANTIOQUÍA.
Tróade Nuevo centro
4 misionero.
4 Los discípulos
Antioquía de Pisidia reciben el
29/10/08 10:11

nombre de
Laodicea 5 Iconio «cristianos».
Atenas Éfeso
Colosas Listra Tarso
Corinto Derbe
Mileto
MALTA Antioquía
3
Página 277

2
6
6 CHIPRE
VIAJE DE LA CAUTIVIDAD. Damasco
CRETA
Después de dos años de cárcel en 1
Cesarea (58-60), Pablo apela al César.
Es conducido en barco a Roma, donde JERUSALÉN.
permanece 2 años arrestado (61-63). Punto de partida.
Se predica en Judea.
Pedro va a Jope. Cesarea Pella
Felipe en el camino de Jope
Gaza y en Samaría. Yamnia Jerusalén

Gaza
0 100 200 300 Km
Alejandría
277
08.245 - 19. Cap. 13 29/10/08 10:11 Página 278
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 279

SEGUNDA PARTE

HECHOS
DE LOS APÓSTOLES
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 280
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 281

CAPÍTULO XIV
PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE
LA PRIMERA COMUNIDAD: HCH 1,1-2,47

Lucas comienza también su segundo libro dirigiéndose a Teófilo,


en lo que conocemos como prólogo, y luego cuenta de nuevo la as-
censión de Jesús; así se muestra la conexión con el evangelio (Hch
1,1-14). A continuación presenta el comienzo de la primera comu-
nidad hasta el acontecimiento de Pentecostés, y esboza el ideal de
la comunidad que tiene un solo corazón y una sola alma, y que prac-
tica la comunidad de bienes, de modo que no había en ella ningún
necesitado (1,15-2,47).

I. PRÓLOGO Y ASCENSIÓN COMO CONEXIÓN:


HCH 1,1-14

1. TEXTO

11 El primer libro lo dediqué, Teófilo, a todo lo que Jesús hizo y enseñó


desde el principio
12 hasta el día en que,
después de haber dado instrucciones
por medio del Espíritu Santo a los apóstoles
que había elegido,
fue levantado a lo alto.
13 A estos mismos, después de su pasión, se les presentó
dándoles pruebas de que vivía,
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 282

282 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

dejándose ver de ellos durante cuarenta días


y hablándoles del Reino de Dios.
14 Mientras estaba comiendo con ellos,
les ordenó: «No se vayan de Jerusalén,
sino aguarden la Promesa del Padre,
que oyeron de mí:
15 porque Juan bautizó con agua,
pero ustedes serán bautizados con Espíritu Santo
dentro de pocos días.»
16 Ellos, en cambio, habiéndose reunido,
le preguntaron:
«Señor, ¿es en este momento cuando le vas
a restablecer el Reino a Israel?»
17 Él les contestó:
«No es cosa suya conocer el tiempo y el momento
que el Padre ha fijado con su propia autoridad;
18 al contrario, ustedes recibirán una fuerza,
cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes,
y de este modo serán mis testigos
en Jerusalén, en toda Judea y Samaría,
y hasta los confines de la tierra.»
19 Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos
y una nube lo ocultó a sus ojos.
10 Como ellos estuvieran mirando fijamente al cielo mientras él se iba,
se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco
11 que les dijeron:
«Galileos, ¿por qué permanecen mirando al cielo?
Este Jesús, que de entre ustedes ha sido llevado al cielo,
volverá así tal como lo han visto marchar al cielo».
12 Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos,
que está próximo a Jerusalén, la distancia de un camino sabático.
13 Y cuando llegaron,
subieron al piso superior,
donde vivían, Pedro y Juan; Santiago y Andrés; Felipe y Tomás;
Bartolomé y Mateo; Santiago el de Alfeo,
Simón el Zelota y Judas de Santiago.
14 Todos ellos perseveraban en la oración,
con un mismo espíritu,
en compañía de las mujeres,
y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos.
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 283

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 283

ESTUDIO DEL TEXTO

1. ¿Qué alusiones (palabras, motivos) a Lc encuentras?


2. Compara este texto con el texto paralelo de Lc 24,36-52 y bus-
ca las diferencias de nuestro texto, las que acentúan más claramente
el mensaje de Lucas en su segundo libro.

2. CLAVES DE INTERPRETACIÓN

a) Enlaces narrativos

a. Estructura
En este prólogo, Lucas condensa el contenido de su evangelio
como: «todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta el día
en que fue levantado a lo alto» (Hch 1,1-2). Si Lucas narra otra vez la
ascensión de Jesús es para enlazar con el contenido del segundo libro.
Lucas indicó claramente los objetivos de su obra: «para que conozcas
la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1,4). En el prólogo
de Hch no encontramos nada como eso. ¿Para qué escribió Lucas su
segundo libro? Debemos deducir sus objetivos por este prólogo.
Hch 1,1-14 forma un conjunto fijo. Se nota por la manera como
refiere a los discípulos: quedan mencionados sólo al principio (1,2),
después se refiere siempre a «ellos». Al fin son indicados por sus
nombres (1,13-14). La fecha «uno de aquellos días» (1,15) y el
cambio del sujeto (Pedro) marcan el nuevo párrafo: la elección de
Matías (1,15-26). Los lectores pueden deducir que el segundo libro
trata de estos discípulos.
La estructura del prólogo indica lo que Lucas quiere narrar de los
discípulos. La introducción a Hechos está estructurada paralela-
mente:
Hch 1,1-2: Jesús fue levantado a lo alto; y también Hch 1,9 dice
que Jesús fue levantado.
Hch 1,3: Jesús dio pruebas de que vivía, dejándose ver por los
discípulos; y también en Hch 1,10-11 los discípulos quedan «mi-
rando», y los ángeles les dicen que Jesús vive y volverá.
Hch 1,4-7: Estos versículos mencionan la comida en común y la
reunión de los discípulos en Jerusalén; y también Hch 1,12-14 te-
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 284

284 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

matiza la comunidad de los discípulos que se reúne en el piso supe-


rior de una casa, en Jerusalén.

b. El objetivo: ser testigos

El paralelismo entre el centro y el fin del prólogo señala: «uste-


des recibirán una fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre uste-
des, y de este modo serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y
Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8), y estos testi-
gos son los discípulos, hombres y mujeres, que se reúnen con un
mismo espíritu (1,13-14). Así, Lucas narra el testimonio de los que han
recibido al Espíritu Santo: los testigos de Jesús en todo el mundo. Igual
que ellos, Teófilo y los lectores deben ser testigos, pues ellos están
enterados –por el primer libro y la catequesis– del mensaje de Jesús,
de sus hechos y de su enseñanza, y han recibido, por el bautismo, al
Espíritu Santo que les encarga dar testimonio de su fe.
Hechos de los Apóstoles comienza mostrando distintos testimonios de
fe de muchos testigos: de Pedro y Juan que curan a un tullido y son –por
eso– encarcelados por el Sanedrín (3,1-4,22); de los demás apóstoles,
que igualmente son encarcelados y azotados (5,12-42); de Esteban, el
primer mártir (6,8-7,60) y de Felipe, que bautizó a los samaritanos y al
primer temeroso de Dios (8,5-40). Enseguida, Lucas narra primero de
Pedro y luego de Bernabé y Pablo, porque no quiere relatar sólo diver-
sos testimonios de fe, sino que el Evangelio llega «hasta los confines de la
tierra» (1,8). Como el autor sólo puede seguir una línea de narración,
escoge primero a Pedro y luego a Pablo como guía. Por eso va inser-
tando testimonios de fe de otras personas, por ejemplo de Priscila y
Áquila, que enseñan a Apolo, para que éste llegue a ser de gran pro-
vecho y ayuda para los creyentes (18,24-28).

c. La perspectiva lucana

Entre el relato de la ascensión en Lc y el de Hch, hay diferencias


interesantes que precisan la perspectiva lucana. En el evangelio, Je-
sús fue llevado al cielo el mismo día de su resurrección, pues sus apa-
riciones a los discípulos de Emaús, a Simón y a los demás discípulos
suceden al mismo día (Lc 24,13.33.36.50-51). En Hch, en cambio,
Jesús se presentó durante cuarenta días a los discípulos y les ense-
ñaba (Hch 1,3).
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 285

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 285

En Hch, el Resucitado enseña a sus discípulos sobre el Reino de


Dios; es así como Lucas garantiza la continuidad de la enseñanza.
Además subraya que el Resucitado es el mismo Jesús que enseñaba en
Galilea, Samaría, Judea y Jerusalén, y que había sido crucificado. La
misión de Jesús es el Reino de Dios, lo que anunciaba antes de su
muerte, aquello por lo que murió y lo que ahora sigue enseñando,
ya Resucitado. Sus testigos deben anunciar el mismo Evangelio del Rei-
no de Dios, del amor de Dios a los pecadores arrepentidos y de la dispo-
sición de Dios a perdonar los pecados. Por eso, está duplicada la orden
del Resucitado a sus discípulos de quedarse en Jerusalén hasta que
reciban el Espíritu Santo, para que sean sus testigos en todo el mundo
(Lc 24,47-49 y Hch 1,4.8).
También el lugar y la descripción de la ascensión se diferencian
mucho: en el evangelio, Jesús saca a los discípulos hasta cerca de
Betania, donde les bendice y es llevado al cielo, ante sus ojos
(24,50-51). En Hch, Jesús y sus discípulos están en el monte de los
Olivos, donde Jesús es ocultado por una nube (1,4.9.12). En el
evangelio, los discípulos se postran ante Jesús durante su ascensión
(24,52), mientras que en Hch permanecen mirando al cielo (1,10).
En Hch aparecen dos ángeles que instruyen a los discípulos sobre la
vuelta futura de Jesús (1,10-11); este dato falta en el evangelio. Des-
pués de la ascensión de Jesús, en el evangelio, los discípulos vuelven
al templo, donde se quedan (24,53), mientras que en Hch se que-
dan en el piso superior de una casa (1,13-14). Pese a tantas dife-
rencias, ambos relatos subrayan que los discípulos quedan reunidos jun-
tos, y que perseveran en la oración y en la alabanza de Dios (Lc 24,53
y Hch 1,14).

d. La intención lucana

Las diferencias y contradicciones mencionadas no dejan de sor-


prender a los lectores: la comida del Resucitado con los discípulos (Lc
24,33.36-48 y Hch 1,4). ¿Tuvo lugar en Jerusalén o en el monte de los
Olivos? ¿Por qué Lucas no mencionó a los ángeles en el evangelio?
Y después de la ascensión, los discípulos ¿se quedan en el templo o en el
piso superior de una casa? Estas contradicciones aparentes y faltas de
claridad indican la intención lucana: no le importa la historiografía au-
téntica, sino que más bien él mismo como autor forma y compone los
relatos conforme a su intención. Al autor le importa mencionar ya en
el prólogo de su segundo libro los motivos y lugares centrales que rela-
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 286

286 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

cionan Hch con Lc. Por eso menciona, por ejemplo, el monte de los
Olivos como lugar de la ascensión, para que los lectores asocien la pa-
sión: este mismo lugar posibilita otra vez la continuidad de la actuación
de Jesús como Jesús terreno y Jesús resucitado.
Los «cuarenta días» de la aparición de Jesús recuerdan a los lec-
tores los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto (Dt 8,2),
y aluden a los cuarenta días de Jesús en el desierto cuando fue ten-
tado por el diablo (4,1-2) y venció a Satanás. De la misma manera,
los lectores entienden también que Jesús venció la muerte. Los «dos
hombres vestidos de blanco» que se presentaron a los discípulos re-
cuerdan a los lectores los «dos hombres con vestidos resplandecien-
tes» que se presentaron a las mujeres cuando se fueron al sepulcro
de Jesús (24,4-7). Los ángeles anunciaron a las mujeres que Jesús re-
sucitó, y ahora los ángeles anuncian a los discípulos que Jesús vol-
verá, como confirma el mensaje de los ángeles en el sepulcro; los lec-
tores pueden confiar en el otro anuncio que Jesús volverá. Los
lectores pueden figurarse el gran plan de Dios, que no calcula según el
tiempo humano, sino que abarca todo el tiempo (Hch 1,7).
En el tiempo de Jesús, el templo como centro del culto del pue-
blo de Israel tenía una función importante, la que Lucas subraya al
empezar y terminar su evangelio en el templo. Pero cuando escribe
Lucas su obra, el templo ha sido ya destruido, y los diversos grupos
y partidos judíos empezaron a reorientarse. Las primeras comunida-
des de los creyentes en Jesús, especialmente las comunidades en la
diáspora judía y las comunidades de paganos –para los que el tem-
plo nunca tuvo la misma importancia que para los judíos en Pales-
tina–, se reunían en las casas. Para subrayar la importancia de las ca-
sas como lugares de reunión y como fuentes de la difusión del Evangelio,
Lucas empieza su segundo libro en una casa en Jerusalén y lo termi-
na en una casa en Roma.

b) Enlaces pragmáticos

a. Metas precisas

En este prólogo, Lucas aclara por medio de las preguntas y las ac-
ciones de los discípulos lo que no narrará: no relatará del pronto res-
tablecimiento del reino a Israel (1,6), ni la súbita vuelta de Jesús
(1,10-11). Los discípulos no deben permanecer «mirando fijamen-
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 287

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 287

te al cielo», ni deben vivir sólo con la esperanza de que Jesús vol-


verá rápido. Cierto que volverá, pero hasta entonces los discípulos
deben ser sus testigos y anunciar el Evangelio del Reino de Dios y el per-
dón de los pecados.

b. El Espíritu Santo

En el prólogo, Lucas aborda otros temas importantes: ya en el


evangelio –antes del nacimiento de Jesús– mencionó la fuerza di-
námica del Espíritu Santo. El Espíritu Santo llena a los hombres y les
guía. Los discípulos experimentan esta fuerza dinámica, pues son
bautizados con Espíritu Santo, y éste les hace testigos del Resucita-
do. El Espíritu Santo guía a los testigos: Felipe (8,39), Bernabé y Pa-
blo (13,4) y Pablo (20,22). E incluso el Espíritu Santo impide que
los testigos lleguen a lugares donde todavía no deben obrar (16,6.7).
Lucas recalca que es el Espíritu Santo mismo quien promueve el Evan-
gelio, pues impulsa y guía a los testigos; así, el Espíritu Santo mismo
testimonia el Evangelio de Jesucristo (5,32).
Además –y eso es algo nuevo en la obra de Lucas– el Espíritu
Santo declara su voluntad al «hablar» a Felipe (Hch 8,29), a Pedro
(10,19; 11,12), y en la comunidad de Antioquía a todos los creyen-
tes (13,2). La redacción de la carta que comunica a los paganos la
decisión del «concilio de Jerusalén» da a entender que el Espíritu
Santo y los discípulos se asesoraron para tomar una decisión: «Que
hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros...» (Hch 15,28). Asi-
mismo, el Espíritu Santo mismo elige a los hombres que desea como co-
laboradores, como el centurión romano Cornelio y su casa, sobre los
que cayó y a los que eligió como testigos (Hch 10,4; 11,15), o los an-
cianos de Éfeso, que se eligió como obispos para que vigilaran y pas-
torearan la iglesia (20,28).

c. La vida de fe de los creyentes

Otro punto que importa a Lucas es la reunión de los discípulos


–unánimes– y su oración en común en una casa (Hch 1,14). En su
segundo libro narra las diversas reuniones en las casas en diferentes
lugares del mundo. Así desarrolla su ideal de la iglesia doméstica: to-
dos deben reunirse unánimes, orar juntos y partir el pan; todos de-
ben tener un solo corazón y una sola alma, todos deben tener todo
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 288

288 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

en común, y preocuparse por los pobres; y todos deben proclamar la


palabra de Dios con su enseñanza y su vida (2,42-47; 4,32-37;
5,12.42; 6,1-3). Las casas son los centros de la vida de fe: en las casas
se encuentra la comunidad que ora y celebra la eucaristía, donde se
enseña y se platica de Jesús.
Ya en su primer libro, Lucas narraba con frecuencia que Jesús
oraba y cómo; otro tanto debemos hacer nosotros. La oración es la
conexión con Dios.

LA ORACIÓN DE LOS CREYENTES EN JESÚS

Lucas nos comunica qué y cómo los discípulos y seguidores de Je-


sús oran en diversas situaciones (recomiendo leer los textos indicados
en Hch):
• se reúnen en las casas u otros lugares para orar en común: 1,14;
2,42; 12,5.12; 21,5; 20,36;
• oran en situaciones decisivas, cuando están a las puertas de una
decisión: 1,24-25; 6,6; 13,3; 14,23;
• oran en apuros, crisis y situaciones difíciles: 4,24-30; 9,11.40;
12,5; 16,25; 28,8;
• oran por el Espíritu Santo: 8,15;
• oran en el templo: 3,1; 22,17; 24,11;
• oran a ciertas horas: 3,1; 10,9.30;
• oran en vista de la muerte (Esteban y Pablo): 7,59; 20,36;
• en su oración experimentan que Dios les apoya en sus decisio-
nes, y que el Espíritu Santo les fortalece y anima: 1,26; 4,31; 6,7;
10,4.31; 12,17.

Lucas menciona explícitamente que en la comunidad hay muje-


res o discípulas; ellas integran la comunidad (1,14). Que las mujeres
participen en las reuniones o que sean miembros en una asamblea o
reunión no era tan común en el mundo de la cultura helenística, y
menos en el judío. El ámbito público quedaba reservado a los hom-
bres; la esfera de las mujeres era la casa. En la cultura romana, en
cambio, las mujeres podían participar tanto en los banquetes como
en las reuniones públicas, y podían ocupar puestos políticos. Esta
práctica se divulgaba por la ampliación del Imperio romano en otros
países.
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 289

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 289

En el tiempo de Lucas, la participación de las mujeres en las reu-


niones y en los banquetes ya no era cosa insólita. Pero correspon-
diente a la manera de hablar en aquel tiempo, el lenguaje no men-
cionaba a las mujeres, sino que las incluía en los conceptos masculinos
–por ejemplo: el concepto «discípulos» incluye tanto a hombres como
a mujeres–, así que el lenguaje ocultaba la presencia de las mujeres.
Lucas, al mencionar explícitamente a las mujeres, señala la continuidad del
plan salvífico de Dios: los lectores deben recordar que las mujeres acom-
pañaron a Jesús desde Galilea hasta la cruz en Jerusalén (8,2-3; 23,49),
y de que ellas han sido las primeras testigos de la resurrección (24,9-
10). Lucas recuerda especialmente a María, que colaboraba por su de-
cisión en el plan de Dios (1,34-38).
En Hch, las mujeres y los hombres que testimonian de manera
diferente y variada su fe, que confirman y fortalecen la fe de otros,
son modelos de identificación y de acción para la vida de fe de los
lectores.

II. EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNIDAD:


HCH 1,15-2,47

1. EL COMPLEMENTO DE LOS ONCE: HCH 1,15-26

En ausencia de Jesús, el primer problema que los discípulos en-


frentan es restituir el círculo de los Doce, pues Judas, el traidor, de-
sertó. Porque los apóstoles garantizan la continuidad del anuncio
del Evangelio, eligen a un testigo de entre el grupo que acompañó
a Jesús desde su bautismo hasta el día de su ascensión. Los lectores
no conocen a los candidatos, ni a José llamado Barsabás Justo, ni a
Matías. De ellos, Lucas nada ha contado, ni de algún discípulo pre-
sente en el bautismo de Jesús.
Los primeros discípulos de los que Lucas narra que seguían a Je-
sús son Simón, Santiago, Juan (5,1-11) y Leví (5,27-28). Lucas no
nos comenta otras vocaciones. En Hch nos enteramos de repente de
120 discípulos (1,15). Los lectores deben suponer que, además de los
mencionados por sus nombres, había muchos otros discípulos que
seguían a Jesús. La cifra de 120 es un número simbólico que multi-
plica por diez el número de los Doce.
Lucas nos narra la estrategia de solución de los discípulos. Ellos
definen los criterios y el encargo del nuevo miembro del círculo de
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 290

290 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

los Doce. Lo más importante es que por medio de la oración inclu-


yen a Dios en su decisión. También más adelante toman decisiones
–en y con el Espíritu Santo– para llevar adelante el plan salvífico de
Dios.

2. PENTECOSTÉS: HCH 2,1-47

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Trata de estructurar el texto.


2. ¿Quiénes son las personas actuantes (inclusive en el discurso de
Pedro) y qué hacen?
3. ¿Cuál es el mensaje central del discurso de Pedro?

a) Enlaces narrativos

a. Estructura

Se puede estructurar este texto en cuatro párrafos: el aconteci-


miento de Pentecostés (2,1-13), el discurso de Pedro (2,14-36), la
reacción de la gente a este discurso (2,37-41) y un sumario ideali-
zado de la vida de la primera comunidad (2,42-47).
La narración de Pentecostés está introducida por el complemen-
to temporal: «al llegar el día de Pentecostés» (2,1). Lucas describe,
primero en general, el acontecimiento «del cielo» con sonidos (rui-
do como una impetuosa ráfaga de viento) y señales (lenguas como
de fuego), y añade la reacción incomprensiva de la gente (2,1-13).
Después agrega el largo discurso de Pedro (2,14-36): en la primera
parte, Pedro explica lo sucedido y lo interpreta con una cita de la
Sagrada Escritura (2,14b-21); en la segunda parte (2,22-36) expli-
ca, otra vez por medio de la Sagrada Escritura, por qué el Espíritu
Santo fue derramado: porque Dios resucitó a Jesús crucificado y le
ha constituido Señor y Mesías (2,36).
Después del largo discurso de Pedro, Lucas relata otra vez las re-
acciones de la muchedumbre (2,37): esta vez ya no se burlan, sino
que se compungen y preguntan a Pedro qué debían hacer. Pedro,
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 291

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 291

ahora, tiene la ocasión de invitarles a convertirse y a bautizarse, y les


promete el don del Espíritu Santo que es la señal de la Promesa sal-
vífica de Dios (2,38-40). Lucas concluye esta narración con la frase
final de que se les unieron unas tres mil personas (2,41). Con esta fra-
se, se pasa al sumario que resume la vida de la comunidad (2,42-47).

b. El acontecimiento de Pentecostés

El día de Pentecostés sucede lo que Jesús anticipó en el evange-


lio: el anuncio de la conversión para el arrepentimiento y el perdón
de los pecados a todas las naciones, y el envío de «la Promesa de mi
Padre», de modo que los discípulos se convierten en testigos de estas
cosas (cf. Lc 24,47-49). Lo mismo ocurre en el prólogo de Hch; Jesús
promete enviar «la Promesa del Padre»: «aguarden la Promesa del
Padre, ... ustedes serán bautizados con Espíritu Santo dentro de po-
cos días ... ustedes recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo
venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos» (Hch 1,4-5.8).
El Espíritu Santo garantiza y realiza la continuidad del plan salvífico
de Dios. Quien recibió el Espíritu Santo, forma parte del plan salvífico de
Dios, pues colabora en este plan como testigo.

c. El discurso de Pedro

En la primera parte de su discurso, Pedro tematiza la misión y la


actuación de los testigos: Dios derrama su Espíritu Santo sobre todas
las personas indistintamente, hombres y mujeres, jóvenes y ancia-
nos, siervos y siervas, para que sean profetas, tengan visiones y sue-
ñen, de modo que interpreten los prodigios y signos que Dios hace,
y, así, todo el que invoque el nombre del Señor se pueda salvar. En
su segundo libro, Lucas mencionará otras veces más estos dos acon-
tecimientos: que Dios hizo a estos discípulos profetas y que Dios obra-
ba por medio de sus discípulos muchos signos y prodigios.
Dios derrama su Espíritu Santo y hace hombres y mujeres profe-
tas; por ejemplo: en la comunidad de Antioquía hay profetas (13,1),
Judas y Silas son profetas (15,32), y en Cesarea viven cuatro vírge-
nes profetas (21,9). Así como Dios confirmó la actuación de Jesús
por signos y prodigios (2,22), continúa su plan salvífico y confirma
también la actuación de los discípulos, obrando signos y prodigios,
por ejemplo por las manos de los apóstoles (2,43-47; 5,12), Esteban
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 292

292 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

(6,8.10), Felipe (8,13), Pablo y Bernabé (14,3; 15,12). Dios deja par-
ticipar a muchas personas en su plan salvífico y deja que colaboren como
testigos.
La segunda parte del discurso de Pedro es, según su estructura, un
credo que fue completado con explicaciones (en oraciones subordi-
nadas) y con citas de las Sagradas Escrituras. El mensaje central es:
Jesús fue entregado y murió en la cruz, Dios le resucitó y le ha he-
cho Señor y Mesías, y le ha dado el Espíritu Santo, que Jesús derra-
mó. La verdad de este credo la experimentan los oyentes en sí mis-
mos (2,33).
Esta segunda parte del discurso pone también de relieve que el
agente central es Dios: Por medio de Jesús, Dios obraba hechos pode-
rosos, prodigios y signos, y los obrará por medio de los discípulos; así
confirma la obra y la enseñanza de Jesús. Muchas personas vivieron
en su propia piel la actuación salvífica de Dios. Su agradecimiento
y su alabanza son su testimonio de fe: como la encorvada que alaba
a Dios (Lc 13,13), o el samaritano leproso que alaba a Dios y agra-
dece a Jesús su curación (17,15-16), o el pordiosero ciego de Jericó
que alaba a Dios y sigue a Jesús (18,43). Dios resucitó a Jesús, le ha
exaltado, y le dio el Espíritu Santo que ha derramado. Todo eso de-
muestra que Dios ha hecho Señor y Mesías a Jesús.
Lucas subraya, otra vez, que Dios realiza su plan, que ni siquiera
la muerte de su testigo Jesús puede impedirlo, pues la muerte está
incluida en su plan, porque Dios hizo a Jesús crucificado Mesías. Los
lectores pueden confiar en que ni las persecuciones, ni las expulsio-
nes de otros testigos, ni la muerte de Esteban, ni el propio sufri-
miento contradicen el plan de Dios. Todas estas crisis no impiden la
realización del plan salvífico de Dios.

d. La reacción de la gente

Al escuchar el discurso de Pedro, hombres y mujeres reaccionan


consternados y desconcertados. Preguntan: «¿Qué debemos hacer?»
(Hch 2,37). Esta pregunta es la condición previa para el nuevo co-
mienzo y un cambio creativo. Los lectores recuerdan la predicación
de Juan el Bautista y la idéntica reacción de sus oyentes: ¿Qué de-
bemos hacer? (Lc 3,3.7-9.10-14). Como el Bautista, Pedro les acon-
seja: ¡Conviértanse! y ¡Bautícense! para perdón de sus pecados.
Quien se convierte y se bautiza, recibirá el don del Espíritu Santo,
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 293

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 293

garante del plan salvífico de Dios. El Espíritu Santo es la Promesa


asegurada a los oyentes y a sus hijos, y «a todos los que están lejos,
que llamará el Señor» (Hch 2,38-39). Lucas señala que también los
paganos recibirán el Espíritu Santo, lo que se verificará con el centu-
rión Cornelio y su casa (10,1-47), y luego con los viajes de Pablo,
Bernabé y Silas.
La predicación de Pedro tuvo un éxito inesperado y sorpresivo:
unas tres mil personas se unieron aquel día a los discípulos. Con
esto, el círculo de los 120 discípulos se multiplicó por 25 (pues 120
x 25 = 3,000). El pequeño grupo inicial que se reunía en una sola
casa se ha multiplicado y los creyentes se encuentran en diversas ca-
sas (2,46).

e. Sumario idealizado de la primera comunidad

La comunidad de los creyentes, igual que el grupo pequeño ini-


cial (1,14), se reúne para orar, pero su oración en común tiene lugar
en el templo (2,46). A continuación de nuestra narración, Lucas
menciona otra vez que Pedro y Juan suben al templo a orar (3,1).
Con el templo como lugar de oración, Lucas realza la ortodoxia de los
creyentes y su continuidad con la fe judía: los creyentes en Jesús no son
«un grupo nuevo», sino que viven su fe judía y la practican como an-
tes. Además de eso, los creyentes se reúnen también en grupos pe-
queños en las casas para la fracción del pan en memoria de Jesús.
La comunidad de creyentes intenta practicar la comunidad de bie-
nes, así se apoyan mutuamente para que no haya necesitados entre
ellos. Como comunidad más grande tienen más libertad de acción,
y por eso intentan realizar el ideal bíblico de que no haya pobreza
en Israel: «... no habrá ningún pobre entre los tuyos... si escuchas de
verdad la voz de Yahvé tu Dios cuidando de poner en práctica todos
estos mandamientos...» (Dt 15,4-5). Me ocuparé y explicaré más
detalladamente de la vida comunitaria y de la práctica solidaria de
la primera comunidad más adelante, al leer Hch 4,32-37.
El sumario de Lucas concluye con la información de que esta co-
munidad de tres mil personas crece diariamente, pues el Señor agre-
gaba al grupo a los que cada día se iban salvando (2,47). Con esto, el
autor recuerda otra vez el plan salvífico de Dios que se realiza continua-
mente, no con sucesos sensacionales como los del día de Pentecostés,
sino «diariamente», en la vida cotidiana, donde no siempre se nota.
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 294

294 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

b) Enlaces pragmáticos

a. Visión panorámica de la difusión del Evangelio

En la primera parte del discurso vienen mencionadas naciones y


provincias (2,9-11) que no aparecen luego en Hch, excepto Judea y
la provincia de Asia, que luego visitará Pablo en su segundo viaje
de misión (ver mapa p. 277). Pablo recorre en su viaje Panfilia (Per-
ge y Atalia, 13,13-14; 14,25) y en su viaje a Roma pasa de largo
Creta (27,7-13), pero no nos enteramos de la misión de Pablo o de
otra persona en aquellos lugares. ¿Por qué menciona Lucas estos te-
rritorios? Visto de cerca notamos que estas naciones y provincias
forman un círculo alrededor de Jerusalén. Los lectores recuerdan lo
dicho por Jesús a sus discípulos: «serán mis testigos en Jerusalén, en
toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (1,8). En-
tonces saben interpretar la lista de estos territorios y naciones.
Porque se difundía el Evangelio también allí, los lectores pueden
deducir que los 120 discípulos reunidos el día de Pentecostés y los tres
mil creyentes que se les unieron, proclamaron el Evangelio en aque-
llas regiones. De su predicación, Lucas comunica de forma ejemplar,
por ejemplo de la misión de Felipe en la capital de Samaría (8,5-25)
y en Judea (8,26-40), de la misión de Pedro en Lidia, Jope (9,32-43)
y Cesarea (10,1-47), y de Pablo que anuncia el Evangelio en Damas-
co (9,19a-22), en la provincia de Asia y en Macedonia (Europa).
Con estos hechos de fondo, los lectores entenderán también que
el Evangelio llega antes que Pablo a Europa, a Italia y Roma: se nota
cuando Pablo llega a Pozzuoli (cerca de Nápoles), pues de estas ciu-
dades salen «hermanos» –es decir: creyentes en Jesús– a encontrar-
le y darle la bienvenida (28,13-15). Los lectores pueden deducir que
ya otros discípulos anunciaron en esas regiones el Evangelio. Por
ejemplo, había ya antes de la misión de Pablo comunidades de cre-
yentes en Jesús en Pompeya y Herculano (estas dos ciudades fueron
enterradas por lava por la erupción volcánica del Vesubio en el año
79 d.C.). Los lectores pueden concluir también que el Evangelio
llegó asimismo a las demás regiones mencionadas del mundo.

b. Las citas de las Sagradas Escrituras

Pedro argumenta con tres citas amplias de las Sagradas Escritu-


ras. Luego notaremos otras citas en los discursos de Pedro (Hch
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 295

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 295

3,12-26), Esteban (7,2-53) y Pablo (13,16-41.46-47 y 28,25-28).


Estas citas tienen una función especial para Lucas. Ya en el evange-
lio, el autor citó en partes medulares las Sagradas Escrituras de Israel,
por ejemplo: en los cánticos de María, de Zacarías y de Simeón (Lc
1,46-55.68-79; 2,29-32), donde se tematiza la prometida realización
del plan salvífico de Dios; en el momento de la aparición de Juan el
Bautista (3,4-6), que anunció la salvación; y en la predicación inau-
gural de Jesús en la sinagoga de Nazaret (4,18-19), para describir el
programa de la salvación liberadora.
Los lectores recuerdan que el Resucitado abrió las inteligencias
de los discípulos para entender las Sagradas Escrituras, y después
les interpreta los sucesos de su muerte y resurrección (Lc 24,25-
27.44-47). Aunque en esta parte no hay cita expresa alguna, Lu-
cas refiere a las Escrituras en general. Ahora, en el discurso de Pe-
dro, Lucas detalla argumentos desde las Sagradas Escrituras, para
mostrar que Jesús tenía que resucitar, y que Dios le ha hecho Se-
ñor y Mesías.

LA FUNCIÓN DE LAS CITAS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS


EN LA OBRA LUCANA

1. Subrayan y confirman un enunciado.


Por ejemplo, Lucas justifica con la misma cita del Sal 110,1 dos
enunciados diferentes: en Lc 20,41-43 subraya que el Mesías no pue-
de ser hijo de David, y en Hch 2,34-36 confirma que Jesús fue exalta-
do por Dios y hecho Señor y Mesías.
2. Interpretan y explican los sucesos a la luz y en el sentido de las Sa-
gradas Escrituras, es decir: las Sagradas Escrituras son la «luz» que acla-
ra el significado, el sentido y la importancia de un suceso.
De esta manera explica, por ejemplo, la cita de Jl 3,1-5, el aconte-
cimiento de que los discípulos hablaban con valentía en lenguas,
como actuación y eficacia del Espíritu Santo derramado. La misma
función tienen los enunciados que ponen de relieve que en Jesús se
cumplió la Escritura (Lc 24,25-27.44-46).
3. Además, recuerdan la actuación salvífica de Dios y la mantienen
presente.
Lucas cita textos de las Sagradas Escrituras –que en aquel tiempo
consistían en la Torá, los libros de los Profetas y los Salmos– para in-
terpretar los acontecimientos como partes del plan de Dios, por ejem-
plo: el Espíritu Santo derramado (Hch 2,17-21), la resurrección de Je-
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 296

296 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

sús (Hch 2,25-28) y la exaltación de Jesús como Señor y Mesías (Hch


2,34-36).
4. Finalmente, citar las Sagradas Escrituras sirve para realzar su signi-
ficado e importancia actual para la actualidad, y para señalar a la actuación
presente de Dios.
Lo que dicen la Torá, los Profetas y los Salmos, no fue un suceso
único, ya pasado. Tampoco son exclusivamente pronósticos para el fu-
turo, que –una vez realizados– pierden su importancia. Las Sagradas
Escrituras quieren no sólo conservar la historia, sino mantener su va-
lidez: Dios actúa también en el presente.
Por ejemplo, Dios no liberó sólo una vez a su pueblo de Egipto,
sino que lo libera siempre de nuevos apuros y aprietos. Dios no de-
rramó sólo una vez su Espíritu Santo en aquel día de Pentecostés,
sino que lo sigue derramando: el Espíritu Santo cae al centurión
Cornelio y su casa, y hablan en lenguas (Hch 10,46); igualmente
otros discípulos de Jesús reciben el Espíritu Santo, y profetizan
(19,6); y los testigos que se encuentran en apuros quedan llenos con
Espíritu Santo, para que puedan proclamar con valentía la palabra
de Dios (4,31; 13,52).
Los lectores concluyen: Dios derrama el Espíritu Santo también en
nuestros días; hace a hombres y mujeres sus profetas, y les manda al Es-
píritu Santo como apoyo.

Resumiendo la función de las citas de las Sagradas Escrituras,


podemos decir que las citas interpretan –en la fe– los aconteci-
mientos de la vida actual basándose en las experiencias previas
con Dios. Estos sucesos así interpretados actualizan simultánea-
mente la importancia permanente y la validez actual de la Escri-
tura, pues abren a los lectores la comprensión para la actuación de
Dios en su presente.
La relación entre la vida actual, la comprensión de las Sagra-
das Escrituras y la actuación permanente de Dios, podemos figu-
rárnosla como una espiral (en vez de un círculo), pues la vida in-
terpretada por las Sagradas Escrituras y vista con los ojos abiertos
para reconocer la presencia de Dios, es «otra» (no la misma que
antes). Igualmente, las experiencias propias de fe actualizan las
Sagradas Escrituras, de modo que son más ricas para los creyentes
que antes. Así podemos decir que la cita de las Sagradas Escritu-
ras interpreta la vida actual, y la vida actual actualiza las Sagradas
Escrituras.
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 297

PRÓLOGO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA COMUNDIAD: HCH 1,1-2,47 297

PARA COMPARTIR

Nosotros, bautizados y confirmados en el Espíritu Santo, somos


también testigos y colaboradores en el plan salvífico de Dios. ¿Qué po-
demos hacer para que otras personas experimenten la voluntad salví-
fica de Dios?
¿Qué importancia tiene la Sagrada Escritura completa, y especial-
mente el AT, en tu vida? ¿Qué narraciones, partes de narraciones o
versículos del AT recuerdas, y por qué te importan?
08.245 - 20. Cap. 14 (Parte II) 29/10/08 12:12 Página 298
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 299

CAPÍTULO XV
LA VIDA EN LA PRIMERA COMUNIDAD:
HCH 3,1-8,4

Después del sumario idealizado de la vida de la primera comuni-


dad (Hch 2,42-47), Lucas relata ciertos detalles de esa comunidad
hasta su dispersión. Son episodios ejemplares y testimonios de fe.
Entre los signos y prodigios –anunciados en 2,43– Lucas cuenta
también problemas, trabas y crisis. Así esboza la imagen de una co-
munidad que se ve obligada a enfrentar diversos problemas que
logra superar confiando en Dios y gracias a la colaboración com-
prometida de sus miembros. Además, Lucas relata con realismo im-
presionante los testimonios de los testigos: aunque obran con poder
signos y prodigios, no están a salvo de persecución, castigo y ejecu-
ción. Los lectores entienden que del testigo se exige todo su esfuer-
zo: tanto su entrega para la comunidad, como su compromiso social
y político. El testimonio del testigo convence sólo cuando él da
todo de sí en la comunidad, y al mantener su testimonio en medio
de las dificultades.

1. PEDRO Y JUAN CURAN A UN TULLIDO: HCH 3,1-4,31

El episodio siguiente consiste en cinco párrafos:


Hch 3,1-11: Pedro y Juan curan a un tullido;
Hch 3,12-26: Discurso de Pedro a los israelitas en el templo;
Hch 4,1-4: Pedro y Juan son arrestados, y el número de los cre-
yentes alcanza casi los 5,000;
Hch 4,5-22: Pedro y Juan ante el Sanedrín;
Hch 4,23-31: Los testigos oran a Dios pidiendo valentía.
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 300

300 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Lucas enfoca a dos testigos: Pedro y Juan. Ellos suben a orar al


templo (3,1), y encuentran a un tullido que mendiga (3,2). En los
versos siguientes notamos el verbo «ver», que aparece en formas di-
versas: ver, fijando en él, míranos, miraba con fijeza (3,3-5). El ver
y mirarse mutuamente es condición previa para que cambie la si-
tuación del tullido pobre. En nombre de Jesucristo, Pedro cura al tu-
llido. Ya sano, el hombre demuestra su curación saltando y andan-
do, y ¡alaba a Dios! (3,8-9). No alaba ni a los testigos que le han
curado, ni a Jesús en cuyo nombre fue curado, sino ¡a Dios que le
sanó! Lucas realza así que Dios siempre obra por medio de sus testigos.
En el discurso siguiente de Pedro a los israelitas, Lucas subraya
inequívocamente otra vez que la curación del tullido no es obra de
hombres, sino de Dios, operada por creer en Jesús (Hch 3,12.16; 4,9-
10). Pedro utiliza la situación no únicamente para explicar la cura-
ción, sino para testimoniar su fe: el Dios de Israel resucitó a Jesús cru-
cificado confirmándole como Mesías sufriente (3,13-15.18).
Después de su credo, Pedro amonesta a convertirse (3,19), recor-
dando a sus oyentes la alianza que Dios ha firmado con ellos, y su
promesa de salvación (3,25-26). Por este discurso, Lucas coloca a
Pedro en la línea de los profetas que exhortaban a la conversión y
recordaban la alianza y la salvación prometida por Dios.
Mientras Pedro predica, aparecen los antiguos oponentes de Je-
sús y arrestan a Pedro y Juan (Hch 4,1-3). Los lectores se acuerdan
de que la enseñanza de Jesús enfurecía a saduceos y sumos sacerdo-
tes, por eso pueden deducir que el destino de los testigos será como
el de Jesús. Luego leerán que los saduceos y los sumos sacerdotes en-
carcelan a los apóstoles (5,17-18), y que deciden –como a Jesús–
matarlos (5,33).
Pese a tantas resistencias «la palabra» obra: el número de los cre-
yentes aumenta a cerca de cinco mil (4,4), es decir, que los discípu-
los se han multiplicado por cuarenta: 120 x 40 = 4,800. A Lucas no
le importan los números exactos, sino la multiplicación rápida e in-
contable de creyentes. A partir de ahora, serán una multitud (5,14) o
un gran número (6,7) que acepta la fe: ¡los creyentes son innume-
rables! La causa de este crecimiento es la palabra, es decir: el credo
o testimonio de fe personal unido al anuncio del Evangelio. Divul-
gándose, la palabra obra por sí sola; esto lo leeremos con mucha fre-
cuencia en Hch.
Aunque sólo lo interrogan sobre la curación del tullido, Pedro
aprovecha la ocasión para confesar su fe y proclamar el Evangelio ante
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 301

LA VIDA EN LA PRIMERA COMUNIDAD: HCH 3,1-8,4 301

el Sanedrín: «por el nombre de Jesucristo, el Nazareno, a quien us-


tedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por
su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante
de ustedes» (Hch 4,19), y: «juzguen si es justo delante de Dios obe-
decerles a ustedes más que a Dios. No podemos nosotros dejar de
hablar de lo que hemos visto y oído» (4,19-20).
Después de ser interrogados por el Sanedrín, Pedro y Juan vuel-
ven a los suyos y les relatan lo sucedido. En consecuencia la comu-
nidad ora –todos a una– a Dios, pidiéndole valentía para proclamar
su palabra y para testimoniar su fe (4,24-30). El terremoto señala la
teofanía: Dios responde a la oración de los creyentes y les llena otra
vez con Espíritu Santo, para que sigan proclamando la palabra de
Dios con valentía (4,31).
Pedro y Juan son personajes de identificación para los lectores,
pues viven su fe de manera ejemplar. Los lectores pueden pregun-
tarse: ¿Cómo puedo confesar y testimoniar mi fe con mis acciones?

2. LA PRAXIS SOLIDARIA EN LA PRIMERA COMUNIDAD: HCH 4,32-37

ESTUDIO DEL TEXTO

1. Este texto es un sumario que continúa el primer sumario en Hch


2,42-47 sobre la primera comunidad, por eso es útil leerlo otra vez,
para tener presente la práctica de la vida comunitaria (se pueden mar-
car los verbos que describen las acciones).
2. Marca las palabras y partes de frases que se repiten en los dos
sumarios.
3. ¿Cómo describe Lucas la «comunidad de bienes»?

a) Enlaces narrativos

a. Paralelo entre los dos sumarios

Estamos ante el segundo sumario sobre la vida de la primera co-


munidad; el primero fue Hch 2,42-47. Ambos sumarios guardan la
misma temática: tenían un solo corazón y una sola alma (4,32) –con
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 302

302 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

un mismo espíritu (2,46); todo lo tenían ellos en común (4,32); to-


dos los creyentes estaban de acuerdo y tenían todo en común
(2,44); y: se repartía a cada uno según su necesidad (4,35); lo re-
partían entre todos, según la necesidad de cada uno (2,44).
En el primer sumario, Lucas describe lo que cohesiona la pri-
mera comunidad y la mantiene solidariamente unida: sus miem-
bros viven en comunidad y comparten la vida, lo que Lucas desig-
na «con un mismo espíritu» (2,46) y «tener un solo corazón y una
sola alma» (4,32). Después detalla que esta comunión se funda en
la enseñanza, la fracción del pan, la oración y el remedio a las ne-
cesidades del prójimo. Hasta hoy, éstos son elementos inseparables
de la comunidad eclesial: la liturgia (eucaristía y oración), la dia-
conía (remediar las necesidades del prójimo) y el anuncio o el tes-
timonio (enseñanza y testimonio de fe); éstas son las funciones
fundamentales de la Iglesia, las que la constituyen comunidad (co-
munión).
Lucas menciona dos lugares donde se manifiestan la comunión y
la vida de la primera comunidad: el templo y las casas (2,46). El
templo es el lugar de la reunión, de la oración en común y de la en-
señanza: los creyentes van al templo a orar (3,1), se reúnen en el
pórtico de Salomón (5,12) y enseñan allí (5,21.42). En las casas se
juntan para la fracción del pan (2,46), pero también para orar (1,14;
4,31) y enseñar (5,42).
Pero después del capítulo 5 de Hch, ya no nos enteramos de que
la comunidad o los grupos se reunieran en el templo. Eso depende
de dos hechos: 1) Cuando escribió Lucas su obra, el templo ya no
existía, porque fue destruido en los años 70; entonces, el templo ya
no tenía un significado para las comunidades. 2) La fe en Jesús se
extendió muy rápido a los países no judíos: a la provincia de Asia
(hoy Turquía), Grecia e Italia, donde no había templo. Como el
templo perdió su importancia para los creyentes, tenían que encon-
trar alternativas.
Los judíos se reunían en las sinagogas, que eran lugar de ense-
ñanza y oración. Por eso Pablo, Bernabé, Silas y sus compañeros se
dirigieron a las sinagogas para predicar, pero el NT no relata esos
encuentros o reuniones. Las sinagogas no fueron el lugar preferido
para reunirse en comunidad sino las casas. Los primeros creyentes
en Jesús formaron grupos pequeños, y se encontraban en las casas.
Más tarde leeremos en Hch (y en las cartas de Pablo) de las «igle-
sias en casas» (Hch 8,1-3; Rom 16,5.23; 1 Cor 16,19; Flm 1,2).
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 303

LA VIDA EN LA PRIMERA COMUNIDAD: HCH 3,1-8,4 303

b. La práctica social

En el segundo sumario, Lucas detalla la comunidad de bienes.


Primero describe en general cómo funcionaba esta comunidad de
bienes (4,32-35): quien poseía algo, lo vendía, traía el importe de
las ventas y lo ponía a los pies de los apóstoles, para que lo repar-
tieran a cada uno según su necesidad. Después añade un ejemplo
concreto (4,36-37): José Bernabé ejecuta exactamente lo descrito
de manera general. A continuación del ejemplo positivo, Lucas re-
fiere el ejemplo negativo del fraude de Ananías y Safira (5,1-11).
Por el detallado relato, los lectores entienden que al autor le im-
porta mucho la comunidad de bienes como modelo de la primera co-
munidad; su objetivo era que «no hubiera entre ellos ningún necesi-
tado» (4,34), pues «se repartía a cada uno según su necesidad» (4,35).
Se logra esto dando de la propia sobreabundancia. Para los lectores es
evidente que Lucas quiere quitar la pobreza. Para Lucas, la pobreza no
representa ni un estado deseable, ni un ideal: ¡Lucas no sostiene el
ideal de la pobreza! Su ideal es la solidaridad: la comunidad de bienes,
el apoyo y la ayuda recíproca consiguen el estado ideal. Esta práctica
solidaria supera la pobreza en la primera comunidad.

b) Enlaces pragmáticos

a. Pobreza y riqueza

Ya desde el evangelio, notamos que el tema de superar la pobre-


za le importa mucho a Lucas. En su evangelio, Lucas caracteriza a
los pobres de modo positivo y en contraposición a los ricos: en el
cántico de María (Lc 1,51-53), en las bienaventuranzas (6,20-26),
en la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro (16,10-31), y en
el modelo de la viuda pobre (21,1-4).
Pero Lucas nunca desprecia colectivamente a los ricos, tampoco
condena generalmente las riquezas; por el contrario, presenta muchos
ejemplos positivos de ricos: el acreedor en la parábola que condena
las deudas a los dos deudores (Lc 7,41-43), las mujeres que apoyan y
subvencionan a Jesús y a los demás discípulos con sus bienes (8,3),
aquel hombre rico que recibirá la vida eterna porque cumple los man-
damientos, no obstante le falta el «tesoro en los cielos» (18,18-27),
el publicano Zaqueo que da la mitad de sus bienes a los pobres y res-
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 304

304 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

tituye cuadruplicados sus fraudes (19,8), José Bernabé que vende un


campo y trae el importe a la comunidad (Hch 4,36-37), Tabita
(9,36.39) y el centurión Cornelio (10,4) que dan limosnas –según el
consejo de Jesús en Lc 12,33– en abundancia. Estos ejemplos positi-
vos de los ricos indican que Lucas distingue al calificar la riqueza.
Lucas presenta también personas y acciones como ejemplos: la
comunidad organiza la asistencia diaria para los muy pobres –las
viudas–, para los que no tenían a nadie que les apoyara; Tabita apo-
ya a la comunidad con limosnas y haciendo túnicas y mantos para
las viudas; María, la madre de Juan Marcos, pone a disposición su
casa, para que la comunidad tenga un lugar donde reunirse y orar;
luego otras comunidades llevan a cabo colectas para apoyar a las co-
munidades más necesitadas para ayudarles en su situación difícil, y
hay muchos ejemplos más que nos hacen reflexionar sobre cómo
emplear solidariamente nuestros bienes.

POBREZA Y RIQUEZA EN EL AT Y NT

En el AT, la riqueza es una señal de la bendición de Dios (Dt


28,11-13; 30,8-10), y se valora como fruto de un comportamiento ade-
cuado ante Dios y los hombres. La pobreza, en cambio, tiene un signi-
ficado negativo, pues según la voluntad de Dios no debía existir: «No
habrá ningún pobre entre los tuyos» (Dt 15,4). Sin embargo, la pobre-
za es una realidad que Yahvé manda superar: «Pues no faltarán pobres
en esta tierra; por eso te doy yo este mandamiento: Debes abrir tu
mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en
tu tierra» (Dt 15,11). Yahvé es el Dios de los pobres: especialmente las
viudas, los huérfanos, los extranjeros y los perseguidos están bajo su
amparo (Ex 22-23; Dt 14-15; 23-24; Lv 25). Yahvé prohíbe la explo-
tación y cobrar interés, y garantiza el derecho de rebusca, el diezmo
para los pobres y la condonación periódica de las deudas.
Los profetas interpretan la pobreza como resultado del poder de los
ricos, por eso los acusan de explotar y oprimir a los pobres, incluso me-
diante la prevaricación: «¡Ay! Los que decretan decretos inicuos, y los
escribientes que escriben vejaciones, excluyendo del juicio a los débi-
les, atropellando el derecho de los míseros de mi pueblo, haciendo de
las viudas su botín, y despojando a los huérfanos» (Is 10,1-2; cf. tam-
bién: Am 2,6-7; 5,7.10.12; Sof 3,2-4).
En los tiempos del NT, el abismo entre los ricos y los pobres au-
menta. La jerarquía en el Imperio romano distingue entre la elite y la
no elite: los aristócratas, poderosos, ricos, apreciados y estimados –en
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 305

LA VIDA EN LA PRIMERA COMUNIDAD: HCH 3,1-8,4 305

total, el 1% de la población– forman la elite. Los marginados, despre-


ciados, enfermos y débiles forman la capa social baja de los pobres, ne-
cesitados y menesterosos.
La palabra «pobre» se refería al mendigo, al que era incapaz de pro-
curarse los medios de subsistencia, por eso los obtenía de otros, men-
digando. «Necesitado» y «menesteroso» designaban al que se gana su
sustento diario trabajando duramente, y que –en contraste con los ri-
cos– no puede costearse lujos ni sobrevivir sin su trabajo diario. En la
obra de Lucas, el término «pobre» no refiere sólo a la pobreza econó-
mica, a los menesterosos sociales y a los que necesitan el socorro, sino
también a las personas débiles, las viudas, los lisiados, tullidos, cojos y
ciegos (Lc 14,13.21), pues tienen que mendigar (Lc 18,35; Hch 3,2).

b. El buen uso de las riquezas

En su obra, Lucas examina la riqueza; si se trata de codicia y taca-


ñería, la reprueba, como muestran los ejemplos del hombre rico que
hizo acopio de sus bienes (Lc 12,15-21), los fariseos que son amigos
del dinero (16,14), y el relato del fraude de Ananías y Safira (Hch
5,1-11). Pero riqueza son también los bienes y propiedades puestos al
servicio de los necesitados, de la comunidad o que son repartidos
como limosnas en abundancia entre los pobres. Si la riqueza está usa-
da así, en favor de otros, Lucas la califica de positiva. Por eso critica a
los ricos que no la participan a los pobres, menesterosos e indigentes
o que la acumulan egoístamente. Lucas califica la riqueza según su uso.
Ya notamos, pues, que para Lucas la riqueza no impide entrar en
comunidad con Jesús o acceder a la comunidad de los creyentes. De
hecho, Jesús aceptó a ricos entre sus discípulos como a las mujeres
que le apoyaban, y les concedió, explícitamente, la salvación como
a Zaqueo y al hombre rico que recibirá la vida eterna. También a la
primera comunidad pertenecían muchos ricos que compartían sus
bienes y los ponían al servicio de la comunidad.

c. El empleo solidario de los bienes

Lucas tampoco sostiene el ideal de la pobreza –desarrollado sólo


más tarde en la espiritualidad cristiana–, porque quiere que la po-
breza sea superada. Pero sabe que esto sólo es posible con el com-
promiso de los ricos, con su esfuerzo y su apoyo. Por eso idealiza y
08.245 - 21. Cap. 15 29/10/08 12:13 Página 306

306 HECHOS DE LOS APÓSTOLES

describe tan detalladamente el ideal de la comunidad de bienes en


la primera comunidad, para que sirva como modelo de acción.
En el evangelio y en Hch, Lucas presenta modelos concretos
para usar las riquezas. Las mujeres que acompañan a Jesús le sub-
vencionan, a él y a sus discípulos, con sus bienes (8,3); el publica-
no Zaqueo da la mitad de sus bienes a los pobres (19,8); José Ber-
nabé y otras personas más venden sus posesiones y bienes (campos
y casas), y traen el importe para que sea repartido entre todos según
su necesidad (2,45; 4,34-37). Llama la atención que las personas
nunca dan todo cuanto tienen, sino que dan algo o lo posible. Lu-
cas sabe que es poco realista y no sirve mucho dar todo cuanto se
posee: si alguien es responsable de una familia, una finca, una em-
presa... y diera todo cuanto tiene, su generosidad causará la pobreza
a todos sus miembros y subordinados, y nada mejora en realidad.
Lucas conoce el sistema helenístico de la beneficencia y caridad
que practicaban las personas adineradas en las ciudades helenísti-
cas: estas personas financiaron proyectos o financiaron institucio-
nes (por ejemplo, templos, escuelas o gimnasios, asociaciones). Es-
tos ricos usan su riqueza como servicio público y ayudan a los demás.
Por esa práctica, Lucas sabe que a la larga es más adecuado y efi-
ciente que los ricos no den todo y lleguen a ser pobres y meneste-
rosos, sino que es mejor que apoyen y subvencionen solidaria y per-
manentemente a la comunidad con sus bienes o sus ingresos, según
sus posibilidades propias y reales.

PARA COMPARTIR

¿Cuáles son tus posibilidades de usar solidariamente tus bienes?


En nuestra comunidad, ¿cómo es la comunión de jóvenes y ancia-
nos, de hombres y mujeres, de señores y criados, de personas adinera-
das y necesitadas?

3. EL FRAUDE DE ANANÍAS Y SAFIRA: HCH 5,1-11

Lucas no se complace en el ideal armónico de la comunidad que


tenía un solo corazón y una sola alma, sino que n