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LIRICA GRIEGA

ARCAICA
(POEMAS CORALES Y MONÓDICOS, 700-300 a. C.)

BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS


LIRICA GRIEGA
ARCAICA
(POEMAS CÓRALES Y MONÓDICOS, 700-300 a. C.)

IN TR O D U C C IO N E S, TR A D U CCIO N ES Y N OTAS

POR

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS

δ
EDITORIAL GREDOS
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 31
A s e s o r p a r a la s e c c ió n g r ie g a : C a r l o s G a r c ía G u a l .

Según las norm as de la B. C. G., esta obra ha sid o revisada


por L u is A l b e r t o d e C u e n c a .

© EDITORIAL G REDOS, S. A.

Sánchez P acheco, 81, M adrid. E spaña, 1980.

D ep ósito Legal: M. 15779-1980.

ISB N 84-249-3546-2.
Im p reso en E sp aña. Printed in Spain.
G ráficas Cóndor, S . A., Sánchez Pacheco, 81, M adrid, 1980. — 5158.
A mis colaboradores en el
Diccionario Griego-Español, los
de ayer y los de hoy.
NOTA INTRODUCTORIA

In ten tam o s recoger y tra d u c ir en este volum en la


totalid ad de la lírica griega que se conserva h asta el
año 300 a. C., aproxim adam ente. Hay excepciones, sin
em bargo: dejam os fu era la elegía y el yam bo (que, en
lo relativo a la edad arcaica, hem os editado y traducido
no sotros m ism os, Líricos Griegos. Elegiacos y Yambó-
grafos arcaicos, B arcelona, 1957-59); la poesía hexamé-
trica; P índaro y B aquílides, que p o r su am p litu d que­
dan reservados p a ra ser traducidos m ás adelante en
esta m ism a colección.
D entro de estos lím ites hem os intentado, com o de­
cim os, ser com pletos. T raducim os todos aquellos frag­
m entos tran sm itid o s literalm en te y de los que se
puede o b ten er u n sentido. N uestras introducciones y
notas, m ás extensas de lo h ab itu al en la colección,
están destinadas a h ac er accesibles estos textos difí­
ciles, pero que co b ran vida y belleza puestos en el
contexto adecuado.
Así, en definitiva, el contenido del volum en viene
a equivaler a la su m a de los Poetae Melici Graeci de
Page (ed. de Oxford, 1967), el Sappho et Alcaeus de A.
M. Voigt (A m sterdam , 1971) y el S u p p le m e n tu m Lyri­
cis Graecis de Page (Oxford, 1974). F altan unos pocos
fragm entos que p o r diversas razones no encajaban en
n u estro m arco. Y se añaden otros que no figuran en
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estos tres libros, incluidos algunos de publicación pos­


terio r a los m ism os.
E n general seguim os las tres ediciones m encionadas,
aunque no siem pre: ello se señala en la ocasión o p o r­
tuna. Y no seguim os m ás que en c ierta m edida la
organización de los fragm entos. Es m uy diferente la
de n u estra p a rte p rim era, «Lírica Popular», y es p er­
sonal la de los fragm entos de Estesícoro, que se apoya
en un estudio n u estro. En los dem ás casos seguim os
aproxim adam ente el orden de fragm entos de las edi­
ciones en cuestión.
El libro se organiza en cu atro p arte s: la prim era,
dedicada a la lírica popular, com o decim os; la segun­
da, a la coral (Alemán, Estesícoro, íbico y Sim ónides);
la tercera, a la m onódica (Alceo, Safo y A nacreonte);
la cuarta, a los poetas m enores y fragm entos anónim os.
H em os visto, p ara la traducción, las españolas de
F erraté y R abanal, adem ás de ediciones y com entarios
ex tran jero s diversos y de la bibliografía adecuada. Hay
que h ac er c o n sta r que con frecuencia el texto que
seguim os es m ás m oderno que el de estos tra d u c to ­
res, lo que explica las diferencias, a p a rte de las que
pueda h ab er p o r razones de gusto y estilo; y que en
m uchísim os casos no existen sim plem ente traduccio­
nes españolas, siendo las nuestras las p rim eras (a
veces, las p rim era s a cualquier lengua).
INTRODUCCIÓN GENERAL

1. La lírica popular griega

De la m ism a m an era que la épica lite raria proviene


de un desarrollo a p a rtir de la épica popular, de ca­
rá c te r oral y tradicional, tam bién en el terreno de la
lírica h a habido un desarrollo del m ism o tipo, de
cronología sólo ligeram ente m ás reciente.
La lectu ra de la Iliada y la Odisea, efectivam ente,
hace ver que en la edad heroica a que estos poem as se
refieren existía u n a lírica popular, oral naturalm ente.
Se alude (II. I 473) al canto del peán, en h onor de
Apolo, p o r p a rte de los aqueos que buscan que el
dios los libere de la peste; se reproduce (II. XXIV
723 sigs.) el tren o o canción fúnebre en h o n o r de Héc­
to r y otro s héroes; hay u n a escena de boda en que se
can ta el him eneo (II. X V III 490 sigs.), así com o otra
con u n a danza erótica en que interviene u n coro de
doncellas y o tro de jóvenes (II. X V III 590 sigs.); se
alude al lino, canto de la cosecha (II. X V III 567 sigs.)
y a m onodias can tad as p o r u n p erso n aje fem enino
(N ausicaa, Od. VI 99 sigs.) o m asculino (el aedo De-
m ódoco, Od. IV 17 sigs.) an te un coro. Y hay varios
ejem plos m ás.
Hay, en definitiva, canto ya m onódico, de solista,
ya coral; hay tam bién la intervención de varios solis­
tas (en el tren o p o r H éctor) o de dos coros (en la
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danza eró tica aludida). P ero siem pre, siem pre, se exi­
ge la presen cia de u n coro. Ahora bien, m ien tras que
el solista ca n ta u n a canción, el coro, a m ás de danzar,
lanza refran es o gritos diversos, n ad a m ás: el coro
de aqueos que can ta el peán rep ite el grito ritu al, que
conocem os p o r la lite ra tu ra p o sterio r, ié paián, com o
sin du d a los coros del him eneo rep etían h ym ën δ, hy-
mênaie δ, y com o los del tren o lanzaban sim plem ente
gritos lastim eros.
La canción del solista, en cam bio, tiene m ayor
extensión o puede tenerla. E stos solistas se nos dice
que im provisan: así, las m u jeres de la fam ilia de H éc­
to r (H écuba, A ndróm aca, H elena) hacen u n elogio que
no puede ser o tra cosa que creado p a ra el m om ento
sobre el m odelo tradicional. Todavía Arquíloco, en el
siglo v u , u no después de H om ero, dice que sabe im ­
p ro v isar el d itiram b o —la canción dionisíaca— cuando
tiene las en tra ñ as ennegrecidas p o r el vino (fr. 219):
es decir, sabe ca n ta r el solo del ditiram bo.
E ste p an o ram a que H om ero nos d a de la lírica po­
p u la r tiene todavía otros rasgos im portantes. La lírica
es fu n d am en talm en te p a rte del rito y del rito reali­
zado p o r m edio de la danza. Aparece en bodas, cere­
m onias de duelo, cantos de cosecha, enfrentam ientos
de tip o erótico u otros, etc. Aunque h a pasado, en
ocasiones, a serv ir de m ero entretenim iento; así cuan­
do, en u n p asaje aludido de la Odisea, Demódoco
can ta m ien tras danzan los feacios. P ero aun aquí el
tem a del can to —el am o r de A frodita y Ares— testi­
m onia u n antiguo origen en los cultos eróticos.
P o r o tra p arte, no sólo danzan los hom bres y m u­
jeres en coros dirigidos p o r u n exarconte, que es jefe
de coro y solista a la vez, sino tam bién los dioses. Se
nos p re sen ta co n stan tem ente la danza divina: Apolo y
las M usas, Á rtem is y las ninfas, etc. La danza hu m an a
es a veces tra su n to de ésta: N ausicaa y sus doncellas
INTRODUCCIÓN GENERAL 13

son com paradas con Á rtem is y sus ninfas. Más toda­


vía: en ocasiones la lírica p o p u lar de los coros que
danzaban en ciertas festividades era m im ética. Los
danzantes podían en c a rn a r seres divinos, a veces ani-
m alescos (ninfas, m usas, sátiro s, golondrinas) o coros
hum anos de la edad m ítica (bacantes, com pañeros de
un héroe). Y los solistas podían e n c arn a r divinidades
com o Á rtem is o Dioniso.
P o r supuesto, no es H om ero la única fuente de que
disponem os p a ra tra z a r este panoram a, relativam ente
com plejo y detallado, de lo que e ra la lírica po p u lar
griega: lírica p o p u lar de la que nació la lite ra tu ra , pero
que continuó existiendo al lado de ésta d u ra n te toda
la an tigüedad griega. N uestras fuentes son de varios
tipos:
1. Ecos de lírica p o p u lar recogidos p o r poetas y
pro sistas p o sterio res a H om ero, p ero de edad clásica.
Cuando Hesíodo nos p re sen ta la danza y el canto de
las M usas tan to en el proem io de la Teogonia com o en
el de los Trabajos y Días añade nuevos datos, y hay
otro s m ás, p o r ejem plo, en el H im n o a Apolo cuando
(141 sigs.) describe la danza y el canto de las m ucha­
chas de Délos y (179 sigs. y 514 sigs.) la danza y el
canto de Apolo y las M usas y de Apolo y los cretenses.
E n realidad, es h ab itu al que la lírica lite ra ria con­
tenga alusiones a la fiesta en que es can tad a y, p o r
supuesto, a las danzas y cantos d en tro de la m ism a.
Así en el caso de los dos p arten io s (him nos de donce­
llas) de Alemán, en el del Epitalam io de Héctor y Andró-
maca de Safo (fr. 44 L.-P.), etc.
2. R eferencias en los docum entos arqueológicos.
Recogen, claro está, la danza m ás que el canto, pero
se tra ta de tipos de danza, de coros y de solistas que
son los m ism os de los coros de la lírica popular. Pue­
de, incluso, a veces, adivinarse el m om ento del canto
del solista. Y h asta pueden tra n sc rib irse algunas pala­
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bras. Así, p o r p o n er u n ejem plo, en el vaso del cera­


m ista Oltos, a ñnes del s. vi a. C., que p re se n ta u n coro
de delfines con la inscripción «sobre u n delfín».
3. R eferencias en la lite ra tu ra e ru d ita p osterior.
Hay m uchísim os datos sobre la antigua lírica popular
en au to res p o sterio res com o Ateneo de N áucratis, Plu­
tarco, Pólux, escoliastas de autores diversos, etc. Van
unidos casi siem pre a datos sobre antiguas costum bres
o tradiciones, usos religiosos, etc. Con b astan te fre­
cuencia, incluso, se nos tran sm ite el texto literal de
esta an tigua lírica: precisam ente, en el p resen te libro
ofrecem os u n a colección de lo m ás im p o rtan te del
m aterial de este tipo que se nos h a tran sm itid o . Aun­
que con frecuencia se tra ta de lírica p o p u la r ya m ás
o m enos a lterad a p o r los influjos literario s, véase so­
bre esto m ás abajo.
4. R ecreación de las form as y tem as de la lírica
po p u lar en la literaria. Es lógico que, nacida la lírica
lite raria de la p o pular, haya conservado m ucho de ella.
Así, la e stru c tu ra tern aria: es decir, aquella en que un
pequeño proem io va seguido de u n coral (que su stitu ­
ye al antiguo coral a base de m eros refran es) y éste,
a su vez, de un epílogo. Es la transcripción al estilo
literario del antiguo com plejo solista-coro-solista: en
lite ra tu ra se com enzó por una e s tru c tu ra igual, a
base de m onodias de invocación al dios, oración, etc.,
y «centro» coral que describe su p o d er y sus m itos.
Luego la e s tru c tu ra te rn a ria se tra n sp la n to incluso a
la lírica m onódica y a la pu ram en te coral. Fórm ulas
m uy concretas de la lírica literaria, com o la ex h o rta­
ción al coro (o a los com ensales, p artic ip a n te s en la
fiesta...) a ca n ta r, o rar, realizar acciones rituales, etc.,
provienen de la popular. Y tam bién m u ltitu d de tem as:
el him no de elogio, tem as eróticos, trenéticos, satíri­
cos, etc., etc.
INTRODUCCIÓN GENERAL 15

5. D erivaciones com o son canciones de juego y


o tras varias de tipo lúdico. Así, n u estro conocim iento
de la lírica p o p u lar griega, que convivió am pliam ente
con la lite ra ria desde el siglo v m al v a. C. y au n des­
pués, es relativam ente am plio, m ayor que el que se
deduciría del sim ple estudio de los fragm entos tra n s ­
m itidos. Al tem a hem os dedicado u n libro al cual en­
viamos '.
De lo dicho h a sta aquí puede deducirse ya que la
lírica p o p u lar griega era sum am ente rica y variada.
Mucho m ás, en realidad, que la literaria. Pues la lírica
literaria, p o r ejem plo, sólo en fo rm a excepcional p ro ­
du jo form as dialogadas (de coros o solistas), sólo en
form a excepcional es m im ética. E n cam bio, la lírica
p opular e ra con frecuencia dialógica y m im ética, y
precisam ente de esta vena suya surgió el teatro a fines
del s. vi a. C.
Es difícil clasificar la lírica popular, establecer
exactam ente un re p erto rio de géneros: ni siquiera es
ello fácil p a ra la lírica literaria. Los factores sobre los
que h ab ría que h ac er la clasificación son, e n tre otros:
1) I n s tr u m e n to : la lira y la flauta doble son los
m ás frecuentes, no los únicos. R ecuérdense, sobre todo,
los in stru m en to s de la lírica orgiástica com o son, a
m ás de la flauta, las castañuelas, tim bales, etc.
2) Tipos de coro·, de jóvenes, doncellas, viejos, vie­
jas; sectarios de tal o cual dios o, m im éticam ente,
cortejos aco m p añ an tes de los m ism os.
3) Tipos de danza: fundam entalm ente procesional
(pero puede se r len ta o en carrera), circular, agonal
(con en frentam ientos), pasándose a veces de unos a
otros.
4) Tipos de fiesta y cerem onia: ya se invoca o
trae al dios, ya se le canta e im plora, ya se le despide;

1 Orígenes de la Urica griega, M adrid, 1976.


16 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

o bien se e n tie rra al m uerto o se celeb ra la boda; o


hay en fren tam ien to s (agones) en tre h om bres y m u je­
res, jóvenes y viejos... H ay luego el b anquete, derivado
de la ñesta, en que los com ensales hacen de coro del
sim posiarca. Y el m om ento de e n tra r en la b atalla o
de c e le b rar la victoria, el de la cosecha, etc., pueden
d a r lugar a otro s tipos de danza y de lírica.
5) Con todo esto va com binada la m úsica, el m e­
tro, el juego en tre coros y solistas, etc., etc.
Si se echa u n a rá p id a m irad a a n u e stra colección
de lírica p o p u lar se p o d rá n ver, efectivam ente, tipos
diferentes. E stá especialm ente bien re p resen tad o el
him no que llam a al dios o le im plora; m ucho p eo r la
lírica erótica, apenas la trenética. H ay canciones en
h o n o r de Dioniso que podem os calificar de d itiram ­
bos, peanes en h o n o r de Apolo com o dios m édico y
p ro tec to r en el com bate, etc.
Tam bién hallam os fragm entos de lírica p o p u lar ya
m ás alejados de la religión y de la colectividad de los
ciudadanos: canciones de trab ajo , d e juego, de una
erótica m ás personal. Y, al contrario, lírica ritu al del
s. IV, incluso con no m bre de au to r, fu ertem en te in­
fluida ya p o r la lírica literaria; com o en realid ad lo
está la m ay o r p a rte de la lírica p o p u la r tran sm itid a
de cierta extensión. Aunque, inversam ente, la lírica
lite raria griega, bien estudiada, d eja con m uchísim a
frecuencia tra slu c ir sus orígenes populares.

2. La creación de la lírica literaria

Como en el caso de la épica es fundam entalm ente


la in tro d u cció n en G recia de la esc ritu ra, que se p ro ­
dujo en el siglo v m a. C. (difícilm ente en el rx) en
Rodas o C hipre seguram ente, la que llevó a la creación
de la lírica literaria. E ra, efectivam ente, m uy fuerte
INTRODUCCIÓN GENERAL 17

p a ra el solista-im provisador la tentación de fijar un


texto de u n a vez p a ra siem pre, aunque fu e ra sobre
esquem as tradicionales. La existencia de la esc ritu ra
perm itía, de o tra p arte , que ese texto fijado fu e ra m ás
extenso, m ás com plejo, m ás rico.
Fue, sin d u d a alguna, la m onodia lo p rim ero que
se fijó p o r escrito. P rescindiendo de Eum elo de Corin-
to, que a m ás de p o eta épico escribió u n prosodion o
canto procesional p a ra que lo ejec u tara n los m esenios
en Délos, y cuya vida se fecha con gran inseguridad
en el s. v m , es en el v il cuando podem os colocar a los
m ás viejos líricos. Muy concretam ente, hacia la m itad
del siglo se coloca la acmé o centro de la vida de Ar­
quíloco y T erpandro. El p rim ero es fundam entalm ente
un poeta m onódico, aunque se ja cte de ser exarconte
o solista del peán y el ditiram bo (frs. 218 y 219): del
com plejo solista / coro tradicional (que can ta re fra­
nes o lanza gritos rituales fijos) era fácil d erivar un
canto m onódico literario ya sin coro. O con él todavía:
el nomo de T erp an d ro , canción en h o n o r de Apolo can­
tad a p o r el p o eta acom pañándose de su cítara, com ­
pren d ía la danza circu lar del coro en to rn o al propio
poeta. Sólo en u n a fase p o sterio r escribe tam bién el
poeta un coral destinado a ser cantado p o r el coro.
E n H om ero hallam os la situación en que u n aedo
puede ocasionalm ente, en vez de ca n ta r la epopeya,
ca n ta r lírica. E sto es lo que hacen los aedos «solistas
de trenos» que cantan, a m ás de las m ujeres, en los
funerales de H éctor; y tam bién Dem ódoco cuando
canta, acom pañándose de la fórm inge (especie de cíta­
ra elem ental), el ad u lterio de A frodita, m ien tras dan­
zan los feacios. Luego, los llam ados him nos hom éricos
son cantados p o r aedos viajeros que, a ju zg ar p o r el
m etro y el estilo, can ta rían igualm ente poem as épicos.
Hemos visto que Eum elo cultivaba am bos géneros.
18 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

El hecho es que ciertos aedos o «cantores» com en­


zaron a sim u ltan e ar épica y lírica, p a ra luego espe­
cializarse en esta últim a. El fenóm eno fue contem po­
ráneo de la in tro d u cción o reintroducción en Grecia,
a p a rtir de Asia M enor, de los dos in stru m en to s fu n d a­
m entales de la lírica griega: la cítara y lira de siete
cuerdas y la doble flauta. Y, p o r supuesto, del des­
arro llo económ ico, político e intelectual del s. v u : el
que crea la ciudad-estado, la estatu aria, ve el triu n fo
de las aristo cracias, el nacim iento del pensam iento
libre. Es el m om ento en que tom an im p o rtan cia inusi­
tad a ciertas fiestas antiguas de ciudades (C orinto, Es­
p a rta ...) y san tu ario s (Délos, D elfos...) cuya «funda­
ción» no es o tra cosa que un relanzam iento con tra s ­
cendencia in ternacional. E n los agones o concursos que
tenían lu g ar en estas grandes fiestas se dieron a cono­
cer los a rtis ta s internacionales que fu n d aro n la lírica
griega.
Son los co n tinuadores de los antiguos aedos viaje­
ros de la epopeya: bien profesionales de cuyo origen
social n ad a podem os decir (T erpandro, etc.), bien no­
bles locales que p ro n to descubren que h an de salir
fu era de su p a tria p a ra hacerse fam osos (E stesícoro,
Sim ónides, etc.). Hay algunos que arraig an definitiva­
m ente en algún lu g ar (Alemán en E sp arta ), com o hay
otro s que p erm anecen estables en su patria: pero
éstos son los grandes cultivadores de la m onodia, un
Arquíloco, u n Tirteo, una Safo, un Alceo, no los de la
lírica coral. La m onodia, en efecto, perm aneció m ás
ligada a fiestas locales y, diríam os, p artic u la res —re­
cuérdense las sátiras localistas de u n Arquíloco, los
círculos cerrad o s de Safo y Alceo— . E n cam bio, la
lírica coral fue desde el com ienzo internacional. Y
lírica coral hay que llam ar a la de u n T erpandro, que
cantaba m ien tras danzaba el coro.
INTRODUCCION GüNüKAL 19

Es que la lírica coral es la m ás solem ne, trascen­


dente, la m ás u n id a a la religión de la ciudad y a las
grandes festividades. Es la que h a conservado m ayor
énfasis religioso, la que h a tard a d o m ás en descender
a tem as hum anos: celeb rar a los m u erto s ilu stres o a
los vencedores de los Juegos. Pues hay una gradación
en la creación de la lírica coral literaria: lo m ás an ti­
guo es, fu n d am entalm ente, el him no, aunque hayam os
de d istinguir en tre peanes, p arten io s (cantos de don­
cellas), d itiram b o s (en honor de Dioniso), etc.
E n definitiva y en resum en, podem os decir que la
creación de la lírica lite ra ria consiste, prim ero, en el
desarrollo de las p a rte s m onódicas p o r p a rte de un
c an to r que fija ya el texto: el que desde el s. v se llam a
u n «poeta», que incluso puede pasar, a p a r tir de un
m om ento dado, a lim itarse a escrib ir el texto y a ins­
tru ir el coro sin c a n ta r ni d an zar él m ism o. P ero con­
siste tam bién, segundo, en la conversión de los gritos,
estribillos y refran es del coro en u n poem a continuo,
que el p oeta enseña igualm ente al coro.
La fase p rim era —creación de la m onodia— es sin
duda el m odelo p a ra la segunda. No hace m ás que
d esarro llar la m onodia elem ental, tradicional, que a
veces conservam os en fragm entos de lírica popular. El
m odelo p a ra hacerlo está, sin duda, en la m onodia de
las lite ratu ra s orientales en contacto con la griega desde
el s. v u y aun el v m a. C. Efectivam ente, en la lite ra­
tu ra babilónica, hebrea, hetita, etc., la m onodia, a p a r­
tir de u na poesía p o p u lar m ás o m enos sem ejante a la
griega, se desarrolló en fecha an terio r a la de los grie­
gos. Hem os d esarrollado esta tesis, con ejem plos, en
otros lu g a re s 2.

2 Orígenes..., págs. 190 sigs.; «La lírica griega arcaica y el


Oriente», en T ravaux d u V Ie C ongrès In te rn a tio n a l d 'É tu d e s
Classiques, P arís, 1976, págs. 251-263.
20 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Hay que h acer ver que la lírica griega lite ra ria nace,
precisam ente, en contacto con el O riente. De allí vie­
nen, en el s. v u , sus in stru m en to s m usicales. De los
fun dadores m íticos de la lírica, O lim po es frigio,
Orfeo y T ám iris tracios, Olén licio; añadam os el cre­
tense C risótem is. Ya en época histórica, tenem os la
línea de los citarodos lesbios: T erpandro, Periclito,
Alceo, Safo y luego A ristóclides, F rinis, Tim oteo: el
citarodo lesbio era un personaje conocido en todas
p artes, cf. Arquíloco, fr. 106. No lejos está la isla de
Quíos, p a tria del anciano a u to r del H im n o a Apolo; y
está en Asia Sardes, capital de Lidia y p a tria de
Alemán, sin du d a un griego que allí aprendió de los
asiáticos. É feso y Colofón, en Asia, son p a tria de poe­
tas igualm ente (Calino, Polim nesto, Jenófanes, Mim­
nerm o, H iponacte); e igual islas no lejanas com o Pa­
ros (p a tria de A rquíloco) y C reta (de Taletas). E sta
trad ició n pasó luego a Argos, Corinto, Lócride y, de
aquí, a Italia.
La segunda fase es, n aturalm ente, la creación de
u n texto p a ra ser cantado p o r el coro. Es lógico que
el poeta, q ue dirigía al coro, quisiera, una vez que se
h ab ía llegado a c re a r p artes m onódicas nuevas, crear
igualm ente p arte s corales. Aquí el m odelo está, fun­
d am entalm ente, en la traducción de tem as m íticos p ro ­
cedentes de la epopeya al estilo lírico que ah o ra se va
creando.
E l p o eta de la lírica coral está m uy satisfecho de su
sab iduría, de su ca rác te r sacral, de sus relaciones con
la realeza esp a rtan a o los tiran o s de o tras ciudades
o con los grandes santuarios. Y ello lo m ism o si dirige
corales en que, en realidad, el coro se lim ita a danzar,
com o los aludidos del nom o de T erpandro y sus con­
tinu ad o res, que si se tra ta de lírica m ixta, en que el
p oeta com pone ya u n texto p a ra el coro (del que hace
de m aestro , m ien tras que él bien es solista bien sólo
INTRODUCCIÓN GENERAL 21

corego, jefe de coro). E igual cuando llega la lírica pu­


ram ente coral.
Desde T erpandro el poeta introduce, en el com ien­
zo o fin del poem a, lo que se llam a la sphragís o «sello»,
es decir, la indicación de su autoría, p a ra que nadie le
robe el poem a. Los poetas m onódicos com o Arquíloco
o Teognis hacen lo m ism o, p o r lo dem ás. P ero no sólo
esto. Alemán insiste u n a y o tra vez en la novedad de
sus cantos, en su «hallar», «com poner» (no, pro p ia­
m ente, «crear»). Hay que ten er en cuenta que el eje­
cutan te p rincipal en u n a gran fiesta religiosa que, en
definitiva, im p etra el favor divino p a ra la ciudad, es
en cierto m odo un sacerdote, u n hom bre enlazado con
la divinidad. Según la idea griega, recibe inspiración
superior. Y p o r m ás que esté al servicio de la ciudad
se atreve a aconsejarla, g u ia rla 3.

3. Lírica coral y lírica monódica

Como h a quedado dicho, esta guía es a través de


la lírica lite raria que se ejecutaba en los certám enes
o agones de las grandes fiestas religiosas, pensam os
que al tiem po que co ntinuaba ejecutándose la lírica
popular, tradicional. Son las ciudades y los santuarios
m ás ricos de los siglos v u y vi los que organizan esos
certám enes. Así, sobre todo, E sp arta , que todavía no
era la ciudad m ilitarista y xenófoba de fechas p o sterio ­
res: fiestas com o las C arneas, Jacintias, G im nopodias
y las en h o n o r de Á rtem is G rtia y de H elena, en tre
otras, lo testim onian, así com o la existencia de un
poeta local, Tirteo, de u n ex tran jero arraigado,

3 C f. Orígenes..., págs. 132 sigs.; y H . M a h l e r , Die A uffassung


d e s D ic h terberu fs im frühen G rie c h e n tu m bis zu r Zeit Pindars,
G otinga, 1963.
22 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Alemán, y de m uchos poetas visitantes (T erpandro,


Taletas, E stesícoro, etc.)· Tenem os testim onio de la
lírica lite raria ejecu tada en estas fiestas, com o tam ­
bién lo tenem os de la lírica popular. E stá luego la cor­
te de C orinto, donde b ajo el tirano P erian d ro actuó
Arión de M etim na, el verdadero fundador, tra s Ter­
pandro, de la lírica literaria; y la de Sam os, en el
s. vi, bajo Polícrates, donde actuaron Ibico y A nacreon­
te. E n tre los santuarios, Olim pia se especializó sobre
todo en los concursos atléticos y Delfos —a donde
acudieron T erpandro, Sácadas, Alceo, Sim ónides y
otro s— en los m usicales. E stá tam bién Délos, donde
tenem os noticia de lírica popular, de aedos au to res de
him nos hexam étricos («him nos hom éricos»), de Olén,
de Eum elo. Pero no es sólo esto: en lugares m enos im ­
p o rtan tes, tal Atenas, se em pezaba a ca n ta r la lírica
coral literaria.
Es una pléyade de poetas la que fu n d a esta lírica.
Algunos, ya lo hem os dicho, com binan esta dedica­
ción con la de la épica. N ótese que p o r estas fechas
conviven en Grecia la épica en sus varias derivaciones
(el llam ado Ciclo épico, sobre todo), la poesía genea­
lógica de raig am b re hesiódica, cultivada tam bién en
Lócride, la lírica coral a que nos estam os refiriendo, y
la m onodia. Hay poetas corales que cultivan tam bién
esta ú ltim a: A rquíloco y Tirteo, p o r ejem plo, aunque
p ara n o sotros sean sobre todo poetas m onódicos; y
E stesícoro tam bién, según harem os ver.
E stos poetas, salvo excepciones, son com o hem os
dicho viajeros: continuadores de los antiguos aedos.
Provienen de to d as p artes, pero m uy especialm ente de
la isla de Lesbos, p a tria de los citarodos m ás ilustres;
aunque no solo de allí. Citemos, en u n a relación in­
com pleta, a T erpandro, ya m encionado, a Jenócrito de
Locros, Sácadas de Argos, Eum elo de Corinto, Polim-
nesto de Colofón, Arión de M etim na, E stesícoro de
INTRODUCCIÓN GENERAL 23

Hím era, Alemán de Sardes, A rquíloco de Paros, Calino


de Éfeso, T irteo de E sp arta, T aletas de G ortina, Jenía-
des de Citera; poetas todos ellos (salvo que Eum elo sea
anterio r) del s. vrr y bien de Lesbos o Asia M enor, bien
del círculo dórico en to m o a E sp arta, bien de Locros
en Grecia o su colonia de igual nom bre en Italia. E stos
círculos poéticos influían sobre líricos de otros luga­
res, p o r ejem plo el de Locros sobre E stesícoro, aunque
se añadía la enorm e influencia de H om ero, Hesíodo,
la poesía genealógica, el Ciclo y la lírica popular. Igual
sucedió en el s. vi y en los poetas que cubren el fin
del vi y la p rim era m itad del v, com o Sim ónides, Pín­
daro y Baquílides.
E stos líricos —lim itándonos ahora a los corales, in­
cluidos los rep resen tan tes de la lírica m ixta— , en
efecto, se inspiran fuertem ente en el m ito, antes reco­
gido en los géneros que acabam os de citar. Su esque­
ma de com posición m ás frecuente es el ternario, ya
m encionado. Se trata , fundam entalm ente, del him no en
honor del dios, que com ienza con la llam ada o súplica,
las alusiones al propio poeta (sphrazís) y al coro; y
cue continúa, generalm ente tra s un relativo «que», con
la narración del m ito del dios o de alguna acción suva
anterior. Es el «centro», la p a rte estrictam en te coral de
la lírica m ixta y que se m antiene en la estrictam ente
coral; «centro» seguido de un epílogo que cierra el
anillo, com o dijim os. E n él el m ito sirve p ara justificar,
ilustrar, el poderío del dios, lo au e sirve a su vez para
dem ostrarle al dios m ism o que. si quiere, su interven­
ción puede ser decisiva.
La lírica coral ha desarrollado, de o tra parte, e stru c­
tu ras m étricas propias. Puesto que no conserva restos
de la antigua lírica p o p u lar dialógica entre solista y
coro o en tre dos scm icoros, la solución m ás fácil que
le o" ■*!:> es la de la estru c tu ra m onostrófica: u n a serie
de estrofas iguales, com o en la m onodia (incluida la
24 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

elegía y los epodos yám bicos, a base de estrofas de dos


versos o p areados). Así ocurre, p o r ejem plo, en el
segundo p arte n io de Alemán (fr. 3). Pero en general
las estro fas de u n nú m ero de versos en tre 9 y 14 se
convierten en tríad as, es decir, en grupos de estro fa +
a n tístro fa + epodo. El epodo viene del antiguo h ábito
de v aria r el ritm o al final en cualquier estrofa: incluso
en los de dos versos. B asta in tro d u cir en la p a rte p re­
cedente u n a división sim étrica en dos p a ra o b ten er
u n a estro fa y una an tístrofa. E sta e s tru c tu ra triád ica
es carac te rístic a de toda la lírica coral, incluida la
m ixta. A hora bien, las unidades estru ctu rales proem io,
centro y epílogo no coinciden con los lím ites de las
tríad as, es m ás, se tiende a b o rra r sus contornos.
E n sum a, la lírica coral se h a m antenido m ás tra ­
dicional, m ás ce n trad a en las grandes fiestas de la
ciudad, en el culto divino. H a desarrollado rasgos pro­
pios: m ay o r extensión de los poem as, e s tru c tu ra triá ­
dica y, tam b ién , u n a lengua especial, el dorio jonizante
u h om erizante que es característica en general de esta
poesía. H a evolucionado luego poco a poco: a p a rtir
de Sim ónides, sobre todo, incluye trenos, epinicios y
encom ios, es decir, canciones dirigidas a hom bres y
no dioses, y tom a un tono m enos sacral, m ás indivi­
dual y m oderno.
Con esto volvemos a ocupam os de las fases m ás
antiguas de la m onodia, el segundo derivado, adem ás
de la lírica coral, de la m ixta: aquel en que desaparece
el coro o b ien es su stituido p o r el grupo de los com en­
sales o p artic ip a n te s en la fiesta.
De u n m odo parecido a com o en u n principio algu­
nos po etas cultivaban al tiem po la lírica m ixta o coral
y la épica, lo p rim ero que hay que decir acerca de los
poetas m onódicos es que no abandonaron com pleta­
m ente la lírica coral. Tenem os r estos de poem as cora­
les de A rquíloco y A nacreonte; sabem os que los com-
INTRODUCCIÓN GENERAL 25

puso T erpandro; Safo tam bién, aunque son de tipo


popular o tradicional, los epitalam ios. Y si llegam os a
la división de la lírica m onódica en sus diversos géne­
ros, seguim os hallando varios p resentes en la o b ra de
un m ism o poeta.
E stos géneros son:
a) H ím nica hexam étrica, re p resen ta d a p a ra nos­
otros p o r los llam ados «Him nos hom éricos», del s. v il
y siguientes, escritos en dialecto épico p o r aedos via­
jeros, del m ism o tipo de los que cantaban la épica.
b) Elegía, escrita en dísticos elegiacos (hexám etro
y p en tám etro ) que eran cantados al son de la flauta.
El dialecto es el jónico, con m uchos hom erism os. Los
tem as son varios, desde los hím nicos a los de banquete
y los m ás personales y a los epigram as funerarios o
dedicatorios. Los poetas suelen p erte n ece r al tipo de
los «poetas locales», tales com o Arquíloco, Solón,
Teognis, etc., pero, al tra ta rs e de u n m etro fácil, el
género es m uy am p liam ente cultivado.
c) Yambo, en d istin tas e stru c tu ra s m étricas a base
del pie yám bico. E s la poesía m ás popular, cantada
prim ero al son de un in stru m en to de cuerda, recitada
luego, y escrita en dialecto jónico puro. Los tem as son
varios, pero d estacan los satíricos y eróticos.
d) Mélica, en estru c tu ras m étricas m uy varias, que
desarrollan ya com posiciones estíquicas, ya estrofas
de dos, tres o cu a tro versos. Son tam bién producción
de autores «locales» y su destino principal es la fiesta
y el ban q u ete en círculos cerrados. Es poesía siem pre
cantada, en dialecto lesbio o jónico.
É stos son los cu atro tipos existentes, los tres p ri­
m eros testim oniados desde el s. vi y no traducidos por
nosotros: los him nos hom éricos pueden encontrarse,
traducidos p o r A. B ernabé, en u n volum en de esta
26 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

m ism a co lecció n 4 y la elegía y el yam bo en una tra ­


ducción n u e stra a n te r io r 5. En este volum en nos ocu­
pam os de la m élica, derivada de T erp an d ro en Lesbos
y Polim nesto en Jonia, p ero no testim o n iad a p a ra nos­
otros en textos literario s h asta la o b ra de Alceo, Safo
y A nacreonte en los siglos vi y v a. C.
Por m ás que haya diferencias no tab les en tre los
cu atro subgéneros, hay tam bién coincidencias; y m ás
en tre la elegía, el yam bo y la m élica, pues los him nos
hexam étricos estab an destinados a fiestas públicas,
eran obra de profesionales y se can tab an , parece, en
un contexto de d a n z a 6, p o r lo que en cierto m odo están
m ás próxim os a la lírica m ixta.
Son, efectivam ente, grandes las coincidencias no
sólo de ejecución y am biente, sino de tem ática y for­
ma, que p re sen tan los tres géneros. P o r o tra p arte, ya
hem os an ticip ad o que con frecuencia eran cultivados
p o r los m ism os poetas: A rquíloco y Solón escriben
tan to elegías com o yam bos, A nacreonte cultiva los tres
géneros; de o tra p arte, poetas corales com o Sim óni­
des escrib en elegías o epigram as y este género fue, en
realidad, am p lísim am ente cultivado, incluso p o r los
trágicos. P o r o tra p arte, las coincidencias de la m élica
con los o tro s dos géneros hacen v er que rasgos que
les son com unes son en realidad tradicionales, p o r m ás
que la m élica, com o decim os, sólo desde fecha re la ti­
vam ente recien te se nos conserve.
Se tra ta , an tes que nada, de poesía que se h a des­
arro llad o en círculos cerrados, en to rn o a la fiesta y
el b an q u ete de tíasos, heterías o grupos. De ahí que,
au n tratá n d o se de géneros m uy antiguos, presen ten un
grado de evolución m uy especial. F orm alm ente, la es-

4 H im n o s H o m é ric os. La «B a tr a c o m i o m a q u i a », M adrid, 1978.


5 Líricos Griegos. Elegiacos y Y a m b ó g r a f o s arcaicos, Bar­
celona, 1957-59.
6 Cf. Oríg enes..., págs. 63 sigs.
.INTRODUCCIÓN GENERAL 27

tru ctu ra te rn a ria puede fa lta r o h ab e r dejado sola­


m e n t e huellas; y, cuando la hay, el proem io y el epí­

logo pueden ser de tipos innovados: p o r ejem plo,


m anifestaciones generales o autobiográficas, con falta
de to da referen cia al m undo de lo religioso. O bien
queda la fo rm a del him no, que ha sido aprovechado
para m anifestar, en realidad, pensam ientos o deseos
individuales: la oda a A frodita de Safo o la elegía a
las M usas de Solón son buenos ejem plos. Con esto va
en relación ín tim a lo relativo al contenido: éste es en
gran m edida de grupo o bien privado, personal. Nace
aquí, en realidad, la poesía personal de los griegos.
N aturalm ente, hay diferencias profundas en tre los
géneros, com o las hay en tre los poetas. P ero es de no­
ta r que los d esarrollos m ás personales, p o r ejem plo,
tem as eróticos, satírico s y otros estrecham ente ligados
a la biografía del p oeta (acción política, tem a de su ve­
jez, etc.), tienen raíces m uy tradicionales.
Dentro de las fiestas griegas —y los restos de poesía
popular que conservam os son buen testigo de ello—
coexistían los elem entos religiosos com unales de llam a­
da y oración a la divinidad con otros m ás personales
o restringidos de sátira, erotism o o personalism o de va­
rios tipos. E n u n m om ento dado, la m onodia ha plas­
m ado literariam en te unos y otros elem entos. P ero luego
es la lírica coral la que m áxim am ente ha estado al
servicio de la com unidad de la ciudad, de la religión
tradicional, m ien tras que la m onodia h a servido a nece­
sidades sociales e individuales diferentes. Se m antie­
nen «puentes» en tre dichos géneros y e n tre los subgé­
neros, sin em bargo.
No podem os e n tra r en el detalle del origen de los
distintos géneros m onódicos: algunas cosas hem os
dicho sobre ello en Orígenes de la lírica griega, pági­
nas 149 sigs. Es im p o rtan te insistir, sin em bargo, en
que tan to la elegía com o el yam bo son géneros inter-
28 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

nacionales, difundidos uno y o tro p o r toda G recia a


p a rtir de un origen único, sin duda, a ju zg ar p o r los
dialectos y la m étrica. P or estos m ism os criterios, la
m élica tiene rasgos m uy propios en Lesbos y Jonia:
son dos trad icio n es diferentes, que apenas se difun­
dieron fu era de allí. E n sus tres principales rep resen ­
tantes, de o tra p arte, adquieren ca racterísticas m uy
diferentes. Es el género m ás flexible, m ás adap tab le a
necesidades individuales. Es el que, en realidad, a tra ­
vés de H o racio y otros poetas latinos, está en la raíz
de todo lo que p o sterio rm en te recibió y sigue reci­
biendo el n om bre de lírica. Es im portante, sin em bargo,
destacar sus raíces com unes con el re sto de la poesía
griega, com o hem os venido haciendo aquí.
NOTA BIBLIOGRÁFICA

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ker, B erlin, 1900.
I

LÍRICA POPULAR
I

LOS TEXTOS TRANSMITIDOS DE LA


LIRICA POPULAR Y RITUAL

Iniciam os n u e stra traducción con la de los escasos


fragm entos de la lírica p o p u lar griega: no p o rq u e di­
chos fragm entos sean, en sí, m ás antiguos que los de
la lírica literaria, sino p o rq u e h an conservado u n a an ­
tigua tradición que está tam bién en la base de aqué­
llos. D istinguim os en tre lírica coral p o p u lar de tipo
hím nico, lírica coral ritu al de tipo hím nico, m onodias
o diálogos no hím nicos y escolios.
D istinguim os e n tre lírica p o p u lar y ritu a l p o r las
siguientes razones. La lírica p o p u lar form aba, en té r­
m inos generales, hem os dicho, p a rte del culto: es
lírica religiosa y tradicional, lo cual no q uiere decir
que no con trib u y era al p u ro esparcim iento. P ero u n a
parte de la lírica p o p u lar está m enos a ta d a al culto y
el rito, al m enos en n u estro sentido, así los cantos de
trab ajo o los cantos de guerra; y o tra es u n derivado
ya individualista y personal (poem as eróticos) ya lúdico
(juegos, etc.). De o tra parte, hay u n a poesía ritu a l que
no es fácil calificar de p o p u lar porque incluso tiene, a
veces, u n a u to r conocido. Se tra ta de him nos litúrgicos
que en el s. v a. C. y p o sterio res eran grabados, gene­
ralm ente, en inscripciones y se cantaban en fechas fijas
36 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

bien p o r todo el pueblo, bien p o r especialistas. Con


todo, estos him nos, influidos p o r la lite ra tu ra , conser­
van m uchos rasgos de la antigua poesía popular, y su
m ism a ejecución anual fuera de todo concurso los
coloca en el lu g ar que les asignam os. Aunque, p o r
supuesto, d istin g u ir e n tre poesía p o p u lar y ritu al, de
u n lado, y poesía literaria, de otro, no siem pre sea
fácil ni au n posible.
Lo p rim ero que hay que saber sobre toda e sta poe­
sía es que los m ínim os fragm entos que de ella conser­
vam os solam ente d en tro del contexto de u n a serie de
noticias y conocim ientos nu estro s a p a r tir de fuentes
ya reseñadas, pu ed en valorarse debidam ente. Por ejem ­
plo, tenem os u n conocim iento aproxim adam ente exac­
to sobre los epitalam ios y otros cantos de boda a p a r­
tir de su im itaciones en la lite ratu ra , m ien tras q u e los
ra stro s d irecto s son m ínim os.
H ay q ue añ adir, luego, que no debe esp erarse u n a
consecución cronológica en que la poesía p o p u lar p re­
ceda a la literaria. Así h a sido, p o r supuesto, pero, una
vez n acida la segunda, la p rim era h a seguido existien­
do al lado de ella; y, concretam ente, n u estro s fragm en­
tos de poesía p o p u lar y ritu al son todos contem porá­
neos de la literaria. De ahí dos fenóm enos: el prim ero,
ya indicado, es que la lírica lite raria está fu ertem en te
influida p o r la p o p u lar en lo form al y en lo tem ático;
el segundo, que la lírica po p u lar pasó a ser influida
p o r la literaria.
E sto es claram en te visible en m uchos de los frag­
m entos y poem as de n u estra colección; n u estro com en­
tario lo pone con frecuencia de relieve. Indicam os por
ejem plo, que el coral de la «canción de la golondrina»
sustituye a u n a fase m ás antigua en que el coro, sim ­
plem ente, danzaba piando e im itando a las golondrinas.
El caso m ás p alm ario es, sin em bargo, el de la que
hem os llam ado poesía ritu al de los siglos v y sigs., pro-
LÍRICA POPULAR 37

c ed en tcde inscripciones de lugares tan alejados unos


de otros com o C reta, Jonia, Delfos, Atenas, etc., y de
papiros; a veces, com o decim os, tiene un a u to r conoci­
do. E incluso se da el caso de que algunos de estos
him nos están escritos p a ra u n a ocasión especial: los
incluim os aquí p o r la sem ejanza con los dem ás.
De todas m aneras, en los fragm entos m ás genui-
nam ente arcaicos y en los que ya huelen a lite ra tu ra
se encu en tran elem entos m uy característicos, que di­
fieren de la gran poesía literaria. Se tra ta , de u n lado,
del am biente en que los poem as eran ejecutados, que
es a veces el de cultos especialm ente arcaicos; la in­
sensible tran sició n e n tre lo que nosotros llam aríam os
poesía y lo que llam aríam os fórm ulas religiosas, con­
juros, etc., h ab la en el m ism o sentido. De otro lado,
sobre todo, aquí en contram os bien docum entada la
poesía dialógica: cantos de solista y de coro, en com ­
binaciones varias. Poesía, incluso, m im ética a veces,
así en el caso del him no al Joven (dios cretense asi­
m ilado a Zeus) de P alecastro en C reta, danzado y can­
tado p o r u n a cofradía que in te rp re ta el papel de los
antiguos curetes, testigos del nacim iento del dios.
O tra cosa es sep a rar en tre fragm entos m onódicos
v corales. N osotros lo intentam os, pero con m ás segu­
ridad unas veces que otras. Como tam poco es fácil
hacer u n a clasificación com o la n u e stra en tre him nos
«populares», him nos «rituales», m onodias o diálogos
no hím nicos; y, d en tro de estos, e n tre fórm ulas reli­
giosas, conjuros, juegos, etc. Un m ism o fragm ento
podría, a veces, e n tra r alternativam ente en m ás de uno
de estos grupos.
Son claros, en cam bio, los escolios, poesía m onódi­
ca propia del b an q u ete y em p aren tad a con poesía con-
vival de au to res diversos a p a rtir de Arquíloco, entre
ellos varios de los que traducim os en este volum en.
Incluim os aquí las dos colecciones de escolios que
38 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

conservam os (con algunos fragm entos m ás) p o r el


sim ple hecho de que es a todas luces poesía p o p u lar y
anónim a, que vive a veces entre variantes y la cual
no sabríam os, si no, dónde colocar.
La am bivalencia de toda esta poesía, en un cierto
sentido m ás arcaica que la literaria, p ero que h a con­
vivido m uchas veces con ella y es, en casos concretos,
m ás reciente, hace que pueda vacilarse dónde colo­
carla en u n a edición o traducción. H em os ab ierto este
prólogo h ablando de ella, p ara p asa r luego a la lite­
ra ria y co n clu ir o tra vez con la p rim era. En cu an to a
la trad u cció n que sigue, la abrim os con la lírica lite­
ra ria p o r ord en cronológico p a ra concluir con la po­
pu lar y ritu al: sim plem ente, porque la p rim era está
fechada con b astan te seguridad y la segunda, en el
caso de los fragm entos conservados, es o p ro b a­
blem ente o con toda seguridad, m ás reciente. El orden
es, de todas m aneras, convencional. Lo im p o rtan te es
que el lecto r se form e u n a idea de la vida m usical de
Grecia, en que convivían am bos géneros, a veces en
fiestas y cerem onias diferentes, a veces en las m ism as.
Ambos géneros que se in terfe rían en la form a que he­
m os m encionado y al lado de los cuales vivía, sobre
todo en fiestas «privadas», de grupos reducidos, la
lírica m onódica: elegía, yam bo, poesía mélica. Y, al
lado, todavía, la épica de varios tipos.
Pero, si de verdad querem os re co n stru ir ese m undo
de los siglos v u y vi, que al final lleva a la edad racio­
nal de la filosofía y la historia, hay que a ñ a d ir a la
lírica la im agen de las b rillan tes fiestas de las ciuda­
des y los san tu ario s, e n tre agones gim násticos, vestidos
y obras de a rte suntuosas y una creatividad desbor­
dante. El m ism o afán de originalidad, de novedad, p ro ­
pio de los p rim ero s líricos se reflejaba en este m undo
naciente en todos los dom inios del arte, del pensa­
m iento y de la política.
LÍRICA POPULAR 39

Dos palab ras, finalm ente, sobre n u e stra traducción


de estos textos. La ordenación es n u estra, así com o la
clasificación en varios ap a rtad o s a los que hem os he­
cho alusión. El texto seguido es de preferen cia el de
Page (PMG), cuando su edición contiene los frag­
m entos; cuando no, el de Powell, Collectanea Alexan­
drina, Oxford, 1925 (P.), o el de E dm onds, Lyra Graeca,
Londres, 1934-45, 3 vols. (E.). E sto, con alguna excep­
ción que se indica en las notas.
Hem os querido, en todo caso, que quede siem pre
constancia de qué edición es la base de n u estro texto.
Nos ha sido m uy ú til el m anejo de la tesis de F. Por-
domingo, Poesía Popular Griega, Salam anca, 1979 (iné­
dita), ap a rte de la edición de Diehl, Anthologia Lyrica,
vol. II, Leipzig, 1942 2. En cuanto a la traducción y
com entario seguim os el m ism o criterio que en el resto
del volum en: tra d u c ir sólo fragm entos literario s de
cierta extensión y que conservan u n significado capta-
ble; y explicar en notas aquellos que la brevedad y
aislam iento de estos textos deja, con frecuencia, poco
claro.
II

LIRICA CORAL POPULAR DE TIPO H1MNICO

La hím n ica p o p u lar aquí recogida es aquella que


se nos h a tran sm itid o literalm ente: no la que sólo
conocem os p o r referencias o bien p o r recreaciones
literarias com o «Los jóvenes» de E stesícoro o los epi­
talam ios de Safo o la «Canción de la corneja» de Fénix
de Colofón; tam poco incluim os, p o r supuesto, los ecos
y d esarrollos de la lírica p o p u lar en la lite ra ria que
hem os estu d iad o en n u estro s Orígenes de la lírica
griega. Ello, p o r m ás que todos estos elem entos hayan
de ser tenidos en cu enta p a ra com prender los escasos
frag m en to s de lírica po p u lar que nos h an llegado di­
rectam ente.
De e n tre estos fragm entos los de ca rác te r coral son
hím nicos. Es decir, no conservam os restos de lírica
coral p o p u la r de ninguno de los o tro s géneros: por
ejem plo, del tr e n o 1 o del ep italam io 2. Vam os a defi­
n ir ah o ra en qué sentido son corales los fragm entos

1 P en sam os que PMG 878, que alude a tren os de lo s M arian-


d in os, no e s un fragm en to tren ético, sin o u n a referencia
literaria.
2 D am os m ás adelante, entre los fragm en tos de m on od ia
o diálogo n o h ím n icos, dos fórm u las religiosas propias de la
boda, las cu ales pod rían , quizá, inclu irse en los ep italam ios.
LÍRICA POPULAR 41

que presen tam o s a continuación. A parte de que la in­


terp retació n no es siem pre segura, distinguim os m o­
nodias del solista que canta el proem io o el epílogo;
pasajes en que una p a rte es m onódica, de solista, y
otra coral; y otro s en que intervienen solistas de dos
o tres coros. La lírica p u ram en te coral es, com o sabe­
mos, un derivado secundario: se en c o n trará en el
apartad o relativo a la hím nica ritu al de ca rác te r lite­
rario, en que tam bién ofrecem os el him no de los cure-
tes, con altern an cia de solista y re frán de coro. O sea:
los fragm entos que siguen pertenecen bien a la lírica
m ixta, en que la p a rte m onódica precedía y seguía a
la coral o altern ab a con ella; bien a u n tipo de lírica
en que el solista tiene a su lado el coro, que danza y
lanza refran es y gritos, pero no can ta propiam ente.
No podem os sep a rar con exactitud estos dos grupos.
E n todo caso, siem pre hay presente u n coro, reali­
zando una acción ritu al. E sto es lo que distingue a
estos poem as de los de n u estro próxim o ap artad o , en
que ju n to al solista puede h ab e r algo sem ejante a un
coro, los p articip an tes en la fiesta o los com ensales o
los soldados p o r ejem plo, pero no u n coro propiam ente
dicho.
Hay, ciertam ente, algunos casos lím ite. Los frag­
m entos 21, 22 y 23 los in terp retam o s com o interven­
ciones del solista de u n coro (21) o de los de tres coros
(22) o dos solistas de un m ism o coro (23): los coros
posiblem ente se lim itan a danzar y h acer m ovim ientos
de m im esis. Lo que re su lta dudoso es el ca rác te r hím ­
nico de estas danzas; m ás precisam ente, en 22 hay un
agón o enfren tam ien to en tre los tres coros de niños,
jóvenes y hom bres. Ahora bien, al no h ab e r ningún
detalle que hable en contra, estos fragm entos deben
ser in terp retad o s com o cantados en fiestas destinadas
a prom over la p ro sp eridad de la ciudad: una fiesta
innom inada en 21, la de las G im nopedias esp artan as
42 LIRICA GRIEGA ARCAICA

en 22 y la fiesta de las flores en 23. Pues bien, el him no


en general no es m ás que la expresión cantada, que
acom paña a la danza, de esa petición de ayuda divina
p ara la colectividad. En sentido am plio pueden, pues,
calificarse de him nos estos fragm entos. Sobre el carác­
te r en cierto m odo hím nico, pero con un desarrollo ya
particu lar, de los fragm entos eróticos del ap artad o
siguiente, véase lo que decim os en el m ism o.
Tenem os así, pues, p o r lo que se refiere a la e stru c­
tu ra, huella de u n tipo tern a rio con cen tro coral y proe­
mio y epílogo m onódicos, aunque a veces, com o deci­
mos, el coral es todavía p u ra danza acom pañada de
gritos o de otros elem entos rítm icos; de un tipo en
que dos o tres solistas dialogan en presencia del coro;
y de un tipo p u ram en te coral. Cuando son realm ente
populares, tan to las m onodias com o los corales son
breves, así en fragm entos com o 6 y 7, cantos de las
m ujeres atenienses en las leneas y de las m ujeres eleas.
En o tras ocasiones, la m onodia o el coral o am bos han
sufrido influjo literario: así en m onodias como la de
la canción de la eiresione sam ia (3), la de los falóforos
(5), el him n o a Á rtem is (13), en m onodias y corales
com o las de la canción de la golondrina (1).
El le c to r ha de im aginarse, pues, el am biente en
que un coro o, a veces, varios coros en com petición,
intervienen en la fiesta en que se pide la venida del
dios o se le im plora protección p a ra la colectividad
en m edio de la danza y del canto: éste com o elem ento
m uy su b o rd in ad o en fecha antigua, m ás im p o rtan te
luego. Hay, p o r supuesto, variaciones: el coro, por
ejem plo, puede h acer una cuestación, dirigido p o r el
solista, que, al tiem po, es su corego o jefe de coro,
el que inicia la danza: así en el caso de 1, en que el coro
de «golondrinas» anuncia la llegada de la golondrina
y pide p o r las casas ofreciendo a cam bio prosperidad;
sem ejantes son 2 y 3, canciones de coros que llevan
LÍRICA POPULAR 43

la ciresione o ram a de olivo envuelta en cintas de lana


y que rep resen ta el m ism o papel de la divinidad que
llega; y 14, procedente de una fiesta de Á rtem is en
Siracusa, en que h abía un agón entre coros y el ven­
cido hacía la cuestación y anunciaba la buena ventura.
Los coros y el solista pueden ser doncellas (así en
16, 21 y 23), viejos (8) u hom bres (en los peanes 21,
22 y 23), tam bién niños en las canciones de la eiresio-
ne) en 22 com piten un coro de niños, otro de hom bres
y o tro de viejos. O tras veces no podríam os decidir
quién com pone los coros. Pero o tras aún hay que hacer
n o tar que se tra ta de coros m im éticos. Así en 1, can­
ción de la golondrina, en que solista y coro son carac­
terizados com o «la golondrina» y «las golondrinas»,
encarnación del dios-golondrina (uno y m últiple) que
reto rn a con el buen tiem po. E n 4 y 5 hallam os coros
dionisíacos, con m áscara en 4 y sin ella en 5, pero en
todo caso con coronas y vegetales propios del dios y
con una vestim enta adecuada; com o en 6 y 7 hallam os
coros dionisíacos fem eninos que hacen el papel de le­
nas o bacantes, sectarias del dios, acom pañadas de un
sacerdote del m ismo.
Todo esto nos lleva, d en tro de las fiestas de las ciu­
dades, a un am biente religioso prim itivo, com o no po­
día ser m enos. Podem os docum entarlo, p o r lo dem ás,
en m uchos otros casos en que el texto de los cantos no
se nos ha conservado y sólo referencias o ecos lite­
rarios tenem os. E n n u estro s Orígenes hem os aportado
cosas en este sentido y m ás pueden en co n trarse en la
tesis de F. Pordom ingo a que hem os hecho referencia
en la «Introducción» que precede.
El m ism o am biente prim itivo, de fiesta ciudadana,
agraria, de tipo colectivo y n ad a individual, se ve en
otros m uchos detalles. Así, sobre todo, en los dioses
del panteón hallam os elem entos religiosos tan p rim i­
tivos como los ya m encionados: la golondrina, la
44 LÍRICA GRIEGA ARCATCA

eiresione, las flores, los curetes; añadam os el falo, que


era llevado proccsionalm ente p o r los danzantes dioni-
síacos llam ados itífalos y falóforos, cuyos coregos
can taban los fragm entos ya m encionados 4 y 5, y el lino
en 18.
A parte de esto, incluso cuando aparecen los dioses
que se hicieron im p o rtan tes y panhelénicos, el prim i­
tivism o se m antiene. Como dios m asculino hallam os
p rincipalm ente a Zeus, precisam ente en funciones a r­
caicas: com o dios que trae la lluvia (10).
T am bién, ciertam ente, aparece Dioniso, celebrado
en 5, 6 y 7 en contextos igualm ente arcaicos: es el
«dador de riquezas» (6), se habla de su «pie de toro»
(7), se le asim ila p rácticam ente al falo (5). Es el dios
agrario, sucesor de deidades como el falo y el toro.
Pues bien, al lado de estos dioses están las deidades
fem eninas del am o r y la fecundidad: Afrodita, Ártem is,
D em éter, las M usas. Es especialm ente notable la ple­
garia de los viejos a la p rim era en 8 p a ra que les de­
vuelva la juventud.
E stos dato s que acabam os de d ar ofrecen ya una
idea del contenido de los him nos. Se añaden a los te­
m as cen trales del elogio del dios, de la petición de su
venida, de la im ploración de su ayuda. No intervienen,
p o r o tra p arte, elem entos m íticos. Los corales m ás
antiguos, así los de la canción de los cu retes y au n la
de la golondrina, se refieren a la actividad del coro
danzando o acom pañando al dios que llega. P o r otra
parte, las m onodias abundan en instrucciones al coro
e indicaciones de la acción que debe realizar: a b rir
paso al dios-falo (4), ir a Atenas (21), h acer u n a liba­
ción (20), com er los m an jares de la fiesta (17), etc.
O tras veces el solista se dirige al dios im plorando su
venida (6) o pidiéndole su intervención (8, 10), etc. Pero
tam bién puede dirigirse a una persona ajena, así en
LÍRICA POPULAR 45

el caso de los coros de cuestación que piden ser reci­


bidos y obsequiados.
Es n o tab le la relación so lista/d io s y solista/coro.
Como el solista se dirige al dios en nom bre del coro,
puede hacerlo, a m ás de d irectam ente en im perativo,
indirectam ente describiendo su acción en p rim era de
plural (así 5: «En tu honor, Baco, celebram os esta
Musa», cf. 22). Más significativo es todavía que el solis­
ta, que puede dirigirse al coro bien en im perativo de
plural (p o r ej., 4, 6, 9, 21, 23), bien en el de singular,
considerándolo com o u n a unidad (8, 15, 16, 17), tam ­
bién puede u sa r el su bjuntivo voluntativo en p rim era
de p lural («hagam os tal cosa»: cf. 20, 21). O sea: el
solista está en estrech a relación con el coro, es p arte
de él, y en su no m b re se dirige al dios. Pero la p eti­
ción es, a su vez, a favor de la com unidad: de la com u­
nidad del coro en unos casos, así cuando el coro de
viejos pide re co b ra r la juventud; de la de la ciudad
en otros.
E stam os, pues, an te poesía religiosa, en que el dios
es celebrado o es o b jeto de súplica sin los recursos
elaborados y p ro lijo s de c ierta lírica literaria, que usa
abundantem ente de los m itos. A veces ni siquiera es
claro que haya una celebración divina determ inada:
aunque una fiesta com o la de las flores puede e sta r
bajo u na advocación, sabem os de una sem ejante en
Argos en h o n o r de H era. Lo esencial es que lo que se
pide es la p ro sp e rid ad del cam po, la lluvia, el viento
favorable; to d o ello sim bolizado, a veces, p o r la lle­
gada del dios. Luego, en térm inos generales, la de la
ciudad. Pero se un en m otivos com o el de la juventud,
el del am o r —aludido en la canción de la golondrina,
sobre todo— , el del duelo p o r la m uerte de Lino, o sea,
de la vegetación.
46 líric a g rie g a a rc a ic a

E ste am b ien te arcaico es subrayado p o r la m étrica


y la estrófica, que hem os estudiado en otro lugar y
sobre las que no podem os in sistir aquí.

FRAGMENTOS

1 (PMG 848) Canción rodia de la golo ndrina 3.

[C oro]

Llegó, llegó la golondrina que trae la bella estación,


el bello año, con el v ientre blanco, con la espalda ne­

3 Cantada en la isla de R odas en la fiesta de la golondrina,


cada prim avera, por un coro de m u chachos que hacía cu es­
tación. La fiesta de la golond rina y el carácter sagrado del ave
están testim on iad as desd e el s . XVT a. C. (fresco s y cerám ica
de Tera) a la edad arcaica y clásica (cf. en este m ism o vo lu ­
m en el fr. PMG 211 de E stesícoro, p roem io de su Or estea,
cantada p recisam en te en E sp arta en esta fiesta); una cu esta­
ción sem ejan te referida a la llegada de la golond rina continúa
celeb rán dose en la Grecia m oderna (cf. C. F a u r i e l , Chants p o p u ­
laires d e la Grèce m o dern e , II, Paris, 1825, págs. 245 sigs.). Los
fragm entos 3 y 14 de nu estra colección se refieren a cu esta­
cion es sem eja n tes y hay que añadir la de la corn eja, poetizada
por Fénix de C olofón, y otras m ás: se trata de un tip o m uy
difun dido en el folk lore, cf. F. P o r d o m in g o , tesis cit., pági­
nas 379 sigs.
El so lista y su coro hacen, dram áticam ente, el p ap el de
golond rinas que llegan. La petición dirigida a la m ujer de la
casa tom a en boca del so lista tin tes eróticos: el tem a deriva
del del d io s que llega en prim avera (D ioniso, etc.) y se une
en «boda sagrada» a la m ujer del país asegurand o la fertilid ad
para el añ o entrante. Por otra parte, de e ste m otivo de la
llam ada eró tica an te la puerta cerrada deriva tod o un género
literario, el pa ra c la u síth y ron o «canción an te la puerta cerra­
da». Cf. sob re tod o e sto y lo que sigue m i trabajo «La can ción
rodia de la golondrina y la cerám ica de Tera», E m e r it a 42
(1974), págs. 47 sigs.
La versión que se nos ha conservado, proced en te en últim o
térm ino de T eognis de R odas, autor de un libro S o b r e las
LÍRICA POPULAR 47

gra. Saca una ta rta de fru ta de tu rica casa y una


copa de vino y un cestillo de queso; el pan candeal y
el de sém ola la golondrina...
ΓS o l i s t a ]
...tam poco los rechaza. ¿Nos vam os o nos la lleva­
m os? Si das algo... Pero si no, no lo tolerarem os;
llevémonos la p u erta o el dintel o la m u je r sentada
dentro; es pequeña, fácilm ente la llevarem os en b ra ­
zos. Pero si nos das algo, que sea algo im portante:
abre, ab re la p u e rta a la golondrina: pues no som os
viejos, sino m uchachos.
2 (E. 17) Canción ática de la «Eiresione» 4.
[ S o l is t a ]
La eiresione tra e higos y gordos panes, miel en un
tarro y aceite p a ra u n ta rse el cuerpo y una copa de

fiestas d e R o d a s (sig lo n i o π a. C.), es arcaica p or la m é­


trica y por el dialecto (dorio, con algunos aticism o s). Pero no
es fácilm en te datable, p u diendo ser de los siglos entre e l v u y
v a. C. E s, de tod os m od os, un texto ya «literarizado», que
continúa una ejecu ción anterior en que los versos del solista
eran acom pañad os sim p lem en te p or el piar de las golondrinas
del coro. Se ha m an ten id o, sin em bargo, a lo que puede
verse, una ejecu ción m im ética en que se im itab a a las g olon ­
drinas, no sab em os si con algún elem en to de disfraz.
4 La canción se cantaba cuando la eiresione —ram a de o li­
vo con cin tas de lana y tod a cla se de fru tos colgan d o— era
llevada p rocesion alm en te, para ser colgad a a la p u erta de la
casa. Se trata de u n a en carn ación de la fertilid ad del cam po
que asegura m ágicam ente la abundancia; es com parable a
n u estros «m ayos» y ram os de palm a, que sim b olizan la lle­
gada de la prim avera; v éan se otros p aralelos en F. P o r d o m i n g o ,
ob. cit., págs. 435 sigs. Las fu en tes antiguas colocan la proce­
sión de la eiresione y e l can to a sí llam ado en dos m om en tos.
De un lado, en las T argelias, fiesta de prim avera secund aria­
m ente asociad a con A polo y con el m ito de la llegada a Atenas
de T eseo tras m atar al M inotauro, la m u erte de su pad re E geo
48 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

vino sin m ezcla p a ra que la m u jer se em briague y


duerm a.
3 (E. 18) Canción samia de la «E iresion e».
[S o lis ta ] 5
Hemos llegado a la casa de un h o m b re m uy po d e­
roso, que m ucho p o d er tiene y m uy alto habla, siem ­
pre dichoso. Abrios, pu ertas, vo so tras m ism as; pues
Riqueza e n tra rá m ucha y, con R iqueza, Dicha flore-
viente y Paz benigna. C uantas vasijas hay, llenas e stén

y la coron ación del prim ero. La exp u lsión del fárm aco y la
llegada de la eiresione perten ecen al fo n d o m ás an tig u o de
la fiesta, que significa la exp u lsión del in viern o y el año v iejo
y la llegada de la prim avera. Pero la e ir es io n e era ta m b ién
celebrada en una fiesta apolínea en el m e s P ian cp sión, a l fin
del otoño: significaba la esperanza de p rosp erid ad tras el fin
del año agrícola. E s fácil que la fiesta in clu yera u n a c u e sta ció n ,
c om o 1 y 3; en to d o caso, había un coro d e jó v en es a c o m p a ­
ñantes. El verso hexam étrico (con algun a irregu laridad ) te s ti­
m onia que se trata de un can to de solista, co m o el fra g m en to
siguiente. S ob re el significado religioso de la eiresione, cf. J. K.
S c h ö n b e r g e r , «E ire sio n e », G lo tta 29 (1941), p ágs. 85 sigs.
5 N u estra fu en te principal, la V id a h e r o d o te a de H om ero,
atribuye e sto s versos al p oeta cuand o lle g ó a S am os y rec o ­
rrió las c a sa s, pid iend o, acom pañad o de u n coro de n iñ o s.
Pero él m ism o añade que la canción era can tad a to d o s lo s
años en una fiesta de A polo por lo s niños q u e h acían c u e sta ­
ción. E ste es, evid en tem en te, el lugar o rigin al del c an to de
e sto s versos, llam ad os eiresione, por un so lista . Se trata de
hexám etros, evid en tem en te una recreación literaria de la a n ti­
gua canción; term inan en trím etros yá m b ico s y p resen tan u n a
laguna.
E s obvia la sem ejan za con la canción d e la golon d rin a, y
ello no só lo por coin cid en cias casi literales al final, q u e p u e ­
den p roced er b ien de im itación , bien de q u e se trata d e u n
tem a com ún. O tra vez ten em o s el para c la u síth y ro n , el c a n to
ante la p u erta cerrada de la m ujer, a la q u e se pid e, se p r o ­
m ete la abu nd ancia y se hace un a in sin u ación lev em en te e r ó ­
tica.
LÍRICA POPULAR 49

y que la m asa desborde de la a rte sa com o u n gorro.


Ahora u n a p ap illa de cebada, deliciosa de ver, con
granos de sésam o... Y que la m u je r de vuestro hijo
se os acerque desde su silla —m ulos de fu ertes p atas
la tra e rá n a esta casa— y te ja su tela cam inando sobre
á m b a r6. Volveré, volveré todos los años, com o la go­
londrina. Estoy en el vestíbulo con los pies d escalzo s7,
ea, trae algo pronto.
P or Apolo te lo pido, m u jer, dam e algo. Si vas a
darm e algo...; si no, no nos quedarem os aquí, po rque
no hem os venido p a ra vivir contigo.
4 (PMG 851 a) Canción de los itíjalos
[ S o l is t a ]
R etiraos, am plio espacio d ejad p a ra el dios: pues
quiere el dios erecto m a rc h a r p o r el m edio.
5 (PMG 851 b) Canción de los fa ló fo r o s9.
[ S o l is t a ]
E n tu honor, Baco, celebram os esta M usa, vertiendo
un ritm o sim ple en n u e stra varia m elodía, M usa nue­
6 Signo exagerado de la riqueza de la casa.
7 El coro es pobre, n ecesita ayuda.
8 S em o de D élos, au tor del sig lo i l a. C., n o s tran sm ite
este fragm ento y el sig u ien te al hablar de coros que celeb ra­
ban al d ios F alo y que cantaban en el teatro, n o n o s dice
dónde. E s éste, sin duda, un e sta d io secu n d ario d entro de las
num erosas celeb raciones fálicas que está n b ien docu m en tad as
en Grecia (cf. F. P o r d o m i n g o , ob. cit., págs. 2 0 5 sigs.), donde
se asociaron al cu lto de D ion iso y dejaron h u ella en la Com e­
dia, concretam en te en la p a rá b a s is de la m ism a, ap arte de
algún p asaje aislado.
Los itífa lo s eran un co ro que acom pañaba a un gran fa lo
y celebraba su llegada: la cerem on ia se refería, p u es, a la llega­
da del dios, com o en el fr. 1. Llevaban m áscaras de borra­
chos, coron as, m an gu itos de colores, u n v estid o transp arente
y, seguram ente, un falo de cuero. Ign oram os la actu ación del
coro; los versos con servad os so n segu ram en te del solista.
9 En e ste caso, n u estro s d atos son algo m ás com p letos.
50 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

va, virginal, que en n ad a se sirve de las viejas cancio­


nes, sino que in tacto com enzam os el him no.

6 (PMG 879, 1) Canción de las Leneas w.

[S o l is t a ]

Invocad al dios.

[C oro]
H ijo de Sémele, Yaco, dador de riquezas.

Tras este can to, que su p on em os de solista, los m iem b ros del
coro corrían y se burlaban de los espectad ores: cerem on ia de
tipo carn avalesco y de fin apotropaico. Los falóforos no lleva­
ban m áscara, pero sí una visera sobre la que iba una coron a
de violetas y yedra y una pelliza; su jefe ten ía la cara tiznada
de hollín . El fragm ento es un h im no a B aco, al que e l falo
sim boliza, y tien e ya carácter literario, p u esto que u sa del
tópico de la originalidad del poem a.
10 H im no de llam ada, con invocación al d ios Y aco p or parte
del corifeo y clam or del coro. Y aco, un an tigu o dios, es iden­
tificado aquí con D ion iso, p u esto que e s denom inad o h ijo de
Sém ele; p or otra parte, la ejecu ción ten ía lugar en la fiesta
invernal de las Leneas, fiestas orgiásticas en que las m ujeres
aten ien ses, disfrazadas de tenas o b acantes, daban de beber
a la m áscara del dios. E videntem en te, se trata del tip o de
fiesta invern al que b u sca hacer venir al d io s au sen te, com o
la que se celeb rab a en D elfos cuando las b acan tes lo ca les (las
tiíades) «despertaban» a D ion iso dorm ido. C antos de este tipo
son p reced en tes del ditiram bo, cf. Fiesta, c o m e d i a y tragedia,
B arcelona, 1975, págs. 42 sigs.
H ay qu e notar que, segú n n u estra fu en te, el so lista o corego
era el d a d u c o o «porta-antorchas», un sacerd ote del cu lto de
E leu sis, en cuyos m isterios, p recisam ente, ocupaba un lugar
D ioniso con el nom b re de Y aco. El «dador de riquezas» alude
tam bién a P lu to, el d ios de la riqueza agraria, que e stá en
con exión igu alm en te con este culto. H abía u n a conexión , pu es,
que no p od em os fijar m ás exactam ente, entre las Leneas de
Atenas y lo s M isterios de E leusis.
LÍRICA POPULAR 51

7 (PMG 871) Canción de las m ujeres e le a s 11.

[ S o l is t a ]
Ven, héroe Dioniso, al tem plo santo de los eleos,
ju n to con las G racias, al tem plo, en tran d o con tu pie
de toro.
[C o r o ]
H erm oso toro, herm oso toro.

8 (PMG 872) A Afrodita 12.

[C o r o ] ( ? )
R etrasa, re tra sa la vejez, herm osa Afrodita.

!1 Un colegio o cofrad ía de m ujeres de la É lid e, acom p a­


ñadas del sacerd ote, cantan un h im n o de llam ada al d io s Dio-
niso. La cerem on ia tenía lugar seguram en te en una fiesta lla­
m ada Tiía (nom b re que recuerda a las tiíad es o b acan tes de
D elfos), celebrada cerca de la ciu dad de Élide.
Subyace, claro está, la idea de que el d io s acudía a la fiesta.
R esulta particu larm en te arcaico el que se apareciera e n form a
de toro: es una epifanía del dios m uy d ocum entad a en textos
literarios y por la arqueología; cf. por e j . F . P o r d o m i n g o , o b .
cit., págs. 185 sigs. En m uchas fiestas d ion isíacas se h acía el
sacrificio del toro, tras ser con d u cid o p rocesion alm en te. Tam ­
bién es arcaica la calificación de héroe dada a D ion iso, h ijo de
Zeus y una m ortal, Sém ele.
12 Es A frodita A m bologera «la que retrasa la vejez», que
recibía cu lto en E sparta. E videntem en te, un coro de v iejo s se
dirigía a la diosa que, com o d io sa del am or, lo e s tam bién
de la juventu d, con cep tos in d istin gu ib les en los versos de M im­
nerm o, Sim ón id es y otros p oetas. Coros de v iejo s y de viejas
los en con tram os en d iversos lugares del P elop on eso, Lacede-
m onia y É lide sob re todo: en festivales de prim avera com ­
petían con otros de jóven es, para ser derrotad os. O tras veces,
sin duda, b u scaban el reju ven ecim ien to, co m o en ejem p lo s
m íticos del reju ven ecim ien to de Y olao y Esón; recuérd ese tam ­
bién el m ito de Pelias; en la com ed ia se conservó igu alm en te
el tem a (reju ven ecim ien tos de D em o y de F ilocleón en Aris­
tófanes).
52 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

9 (PMG 864) A A f r o d i ta 1*.


[ S o l is t a ]
C am biad el pie adelante, m uchachos, y acom pañad
m ejo r la danza del como.
10 (PMG 854) A Zeus 14.
[ S o l is t a ] (? )
Llueve, llueve, q uerido Zeus, sobre el cam po de los
atenienses y sus llanuras.
11 (PMG 698) A Zeus 15.
[ S o l is t a ]
Zeus, com ienzo de todo, guía de todo, te envío este
com ienzo de m is him nos.
12 (PMG 860) A Apolo-Helios 16.

[ C oro] ( ? )
Helios es Apolo y Apolo es Helios.

13 Se trata de una danza espartana, parece que e n honor


de Afrodita; danza en fila, según afirm a n u estra fu en te, Lu­
ciano. El fragm en to proced e del proem io: el corego exhorta al
coro, calificad o de c o m o (es decir, de coro que realiza una
acción ritu al).
14 Ü n ico ejem p lo de un tipo de can tos q u e debían de ser
frecu en tes, p u esto que C risipo les d edicó un lib ro entero. De­
bía de ten er lugar en una cerem on ia pública o b ien en tiem p o
de sequía.
15 E s m uy d u d oso que e ste proem io provenga de Terpandro,
a q u ien se lo atrib uye C lem ente de Alejandría, p u es no parece
que nada de él (ni de o tro s p oetas arcaicos) haya llegad o a la
edad h elen ística. Ahora bien, evid en tem en te se con sid erab a de
antigüedad venerab le, lo que n os hace llevarlo a la lírica p op u ­
lar doria, a juzgar p or el dialecto y por el m od o d orio con
que, según C lem ente, se cantaba.
16 R efrán de un h im n o a H elios o el Sol, que recibía cu lto
en R odas, L aconia, C orinto, A rgólide, etc., y que acabó por
a sim ilarse a A polo.
LÍRICA POPULAR 53

13 (PMG 955) A A r t e m i s 17.

[S o l is t a ] (? )

Oh Ártem is, m i corazón (m e im pulsa) a te je r un


him no deseable, p o r inspiración divina... o tra donce­
lla, b rillan te com o el oro, can tab a (llevando) en sus
m anos las castañuelas de m ejillas de bronce.

14 (PMG 882) A Á r t e m i s 18.

[ S o l is t a ] ( ? )

Recibe la buen a suerte, recibe la salud que traem os


de p arte de la diosa y que ella propició.

15 (PMG 849) A Deméter 19.

[C o r o ]

Gavilla, gavilla ab u ndante envía, gavilla envía.

17 H ay dudas sob re el carácter popular de e ste h im n o a


Artem is, cuyo proem io tran sm ite A teneo para d ocu m en tar el
u so de las castañu elas. T iene un cierto carácter literario, pero
precisam ente e se in stru m en to, u su al en cu ltos o r giásticos, pu e­
de testim on iar su raíz popular. E l tex to es conjetu ral.
18 Se trata del final del can to de un coro de lo s d os que
com petían en un agón o en fren tam ien to en la fiesta de Á rtem is
Liea («liberadora») en Siracusa. Según cuenta el e sco lia sta a
T eócrito e sto s dos coros, cu yos com p on en tes llevaban una
corona, cuern os de ciervo, un pan, u n odre de vino y una
cayada, so sten ía n un en fren tam ien to b u rlesco y lo s v en cid os
organizaban un a cu estación , cuya p etició n term inab a con las
palabras m encion adas. S e trata, p u es, de un agón que incluía,
sin duda, him n os, y term inaba con una cu estación , ofreciend o
el coro p rosp eridad a los don antes.
19 R efrán de un coro prob ab lem en te de segad ores, qu e se
dirige a D em éter «Gavilla» (oülos, íoulos). Significa a la vez
e ste tip o de can tos y tam bién, m u y p osib lem en te, u n d ios de
la gavilla.
54 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

16 (PMG 877) A D e m é te r 20.


[C o r o ] ( ? )
Cruza, m uchacha, el puente: la terc era a ra d a ya no
tarda.
17 (PMG 847) A D e m é t e r 21.
[S o l is t a ]

Come la akhaina rellena de tocino.


18 (PMG 880) A L i n o 22.
[ S o l is t a ]
Oh Lino h o n rad o p o r los dioses, pues que los in­
m ortales a ti el p rim ero concedieron que los hom bres

20 F ragm ento de texto en m al estad o y significado oscuro.


N u estra fu en te, P roclo, lo refiere en tod o caso a los ritu ales
de E leu sis, en tre lo s que estaban el paso del p u en te de lo s
R itos (en el cam in o de E leu sis) y las brom as en ese m om en to,
así com o la trip le arada sagrada, en recuerdo de la realizada
p or T rip tólem o b ajo las in stru ccion es de la diosa. En esta
arada in terven ía sin duda una m ujer, com o en ritu ales para­
lelos. S i esta m u jer encarnaba a Core, «la m uchacha», e s decir,
P erséfone, o no, no p od em os decirlo, pero d esd e lu ego en las
cerem on ias eleu sin as hab ía m u ch os elem en tos m im éticos.
21 Se trata de un pan esp ecial, p ropio de la fiesta dem etríaca
de las M egalartias, que el je fe de coro in vita al coro a probar,
si es acertad o el tex to que adop tam os.
22 Un h im n o en hon or de Lino m uerto —es decir, del dios
del lin o, d ios vegetal que m uere y renace— e s un tren o o canto
de du elo, co m o o tro s en hon or de varios d io se s del m ism o tip o
(B orm o, A donis, Jacin to, etc.). Se nos m encion an m u ch as veces
ca n to s de d u elo en hon or de Lino, llam ad os precisam en te
«linos», a sí ya en H om ero, Ilíada X IV 561 sigs.; aunque, m uy
p osib lem en te, han confluido can tos de duelo o rien tales con un
estrib illo q u e son aba sem ejan te al ai linón griego. E n Grecia
el m ito de la m uerte de Lino se m itologizó co m o cau sad a por
una rivalidad. N u estro fagm en to presenta un texto m u y c o ­
rrom p id o ; n u estra trad u cción se basa en com b in ar d os ver­
sion es tran sm itid as por dos esc o lio s d istin to s al p a sa je citad o
por H om ero.
LÍRICA POPULAR 55

te celebraran con sus voces agudas, con ritm o acor­


dado. En su ira te dio m u erte Febo, pero can tan tu
duelo las M usas desde que abandonaste la luz del sol.
19 (E. 2) A O p i s 23.
[ S o l is t a ]
Señora Opis, la hoguera está delante de la puerta.
20 (PMG 941) A las Musas.
[ S o l is t a ]
V irtam os una libación en h o n o r de las M usas, hijas
de M nem ósine 24, y del hijo de L e to 25, jefe de las M usas.
21 (PMG 868) Canción de las muchachas boticas 26.
[ S o l is t a ]
M a r c h e m o s a A te n a s.

22 (PMG 870) Agón espartano de viejos, jóvenes y


niños 21.
[ S o l is t a s ]
[V iiíjo ] N osotros éram os en tiem pos jóvenes llenos
de vigor.

23 Opis es una virgen hiperbórea que acom pañó a Leto


cuando ésta dio a luz a Ártem is; lu ego figura com o com pañera
de ésta: pero tam bién pu ed e tratarse de un sob renom b re de
lo propia Ártem is. En tod o caso, el pasaje se refiere al ritual
del salto de la hoguera, com o en nu estra noch e de san Juan:
sin duda, estaba b ajo la p rotección de Opis.
34 M em oria, personificada. Las M usas son h ijas de ella y de
Zeus.
25 Apolo, jefe de coro o corego de las M usas. Cf. B. S n í e l l ,
Hervios, E in zelsch rift V, 1937, págs. 90 sigs.
2r’ Según Plutarco, n u estra fu en te, e sta s palabras de una
danza de las m uchachas b o tica s (un pu eb lo de M acedonia)
í i m o n i a r í a n el origen ático del mismo.
27 En esta com p etición entre tres coros de d iferen tes ed a­
des en una fiesta espartana, probab lem ente la de las G im nope-
56 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

[J o v e n ] Y n o sotros lo som os: si quieres, m íralo.


[N iñ o ] Y n o sotros serem os m ucho m ás fuertes.
23 (PMG 852) Coro de las flores n .
[ S o l is t a s ]

— ¿D ónde tengo las rosas, dónde las violetas, dónde
el bello p erejil?
—Ahí e stán las rosas, ahí las violetas, ahí el bello
perejil.

dias, los coregos cantaban e sto s versos in iciales y debían de


seguir danzas o ejercicios a tlético s de los coros.
28 El coro de m uchachas h ace la m ím ica de b u sca r y reco­
ger flores, m ien tras dos so lista s del m ism o pregu n tan y r e s­
ponden. Se trata de una fiesta de las flores, co m o las Antes-
forias de A rgos, en hon or de Hera. Las flores se recogen para
el cu lto y, de otra parte, tien en carácter sacral; su recogida
está unida a d iversos m itos. C f . A. M o t t e , P rairies e t ja rdin s
dans la Grèce Antique, B ruselas, 1973, págs. 28 sigs. N o p od e­
m os fijar a qu é fiesta concreta se refiere la danza de n u estro
pasaje.
Ill

LÍRICA CORAL RITUAL DE TIPO HÍM NICO

Hem os visto en la Introducción G eneral que la lí­


rica coral literaria, a cuyos re p resen ta n te s m ás antiguos
está dedicada la p rim era p a rte de este volum en, es un
derivado de los corales que hem os llam ado populares:
de u n a lírica tradicional que se ejecutaba en actos de
culto y en otro s relacionados con él y en la cual dom i­
naba la danza sobre la palabra, la repetición sobre la
creación. A p a rtir de aquí y con destino a las celebra­
ciones m ás im p o rtan tes de ciudades y santuarios fue
creándose, desde fines del s. v in a. C., la lírica lite ra­
ria, dom inada p o r la palab ra y p o r la innovación o ri­
ginal. Los grandes poetas establecieron sus tipos y
características, de que ya nos hem os ocupado.
Ahora bien, no era posible, ni nunca lo fue, que se
crearan ob ras líricas originales p ara cada celebración.
Podía acudirse al recu rso de re p e tir las ya creadas
—igual que en el s. iv a. C. se reponían las antiguas
tragedias— . Así o cu rría cuando en la celebración de
la victoria de u n atleta en los Juegos se cantaba, a ve­
ces, el fam oso poem a de A rquíloco (242) que em pezaba
con las p alab ras «ténella, oh vencedor glorioso», en
que ténella im itab a el sonido de un in stru m en to de
58 I.ÍRTCA GRIEGA ARCAÍCV

cuerda. O cuando, en el banquete, se cantaban los poe­


mas de los viejos poetas.
Más frecuentem ente, sin em bargo, debía de conti­
n u ar existiendo la lírica que hem os llam ado popular,
es decir, de tipo tradicional. Hem os dicho que es nues­
tra opinión, p o r ejem plo, que los dos partenios de
Alemán eran poesía «literaria» que precedía a la dan­
za y el can to tradicionales en la fiesta espartana
correspondiente. O tras veces, sin duda, eran sólo la
danza y el canto tradicionales los que se ejecutaban.
A'iora bien, coexistiendo tem poral y localm ente con
la gran poesía, la poesía p o p u lar y tradicional debió
de llegar a p re sen tar un aspecto dem asiado pobre.
C onsistía en poco más que pequeñas m onodias acom pa­
ñadas de clam ores o gritos rituales del coro. P o r eso
com enzó un m ovim iento p o r adecuarla a los tiem pos,
haciendo q u e fuese influida p o r la lírica Jiteraría. H e­
mos visto los resu ltad os de ese m ovim iento en algunos
de los poem as o fragm entos de poem as recogidos en
el ap artad o a n te rio r («Lírica coral po p u lar de tipo
hím nico») y los verem os igualm ente en los dos ap a r­
tados siguientes. Una canción como la de la golondrina
p resen ta ya u na conform ación lite raria en cuanto in­
cluye un am plio coral y una m onodia ya influida por
la lite ratu ra . H em os dicho lo m ismo de la canción
sam ia de la eiresione, la de los falóforos, etc.
Pues bien, en m ayor grado ocurre esto en los poe­
m as y fragm entos corales que a continuación recoge­
mos y que calificam os de rituales. R itual, en cierto
modo, es to d a la poesía popular: pero p arte de ella
se vierte hacia tem as que p ara nosotros al m enos lo
=on m enos (trab ajo , juego, erótica, etc.). En cam bio,
los poem as que ofrecem os ahora son propiam ente
him nos d estinados a las cerem onias norm ales del cuito
de ciertos dioses. N orm alm ente, a liturgia a celebrar
todos los años: en unas pocas ocasiones, p o r im itación,
LÍRICA POPULAR 59

son poem as ocasionales p ara una cerem onia especia!,


com o la llegada de un Lisandro, un Seleuco o un De­
m etrio Poliorcetes,
A p a rtir del s. v, en efecto, se graban y conservan
en los san tu ario s u na serie de inscripciones que con­
tienen estos him nos cultuales. El tipo m ás frecuente
es el del peán: peanes en h onor de Apolo o de dioses
conexos con él, generalm ente, que al estribillo coral
tradicional unen el m ito del dios, siguiendo en esto,
con toda evidencia, a la lírica literaria. Pero hay otros
him nos a dioses diversos que p resen tan análogas carac­
terísticas, aunque puede fa lta r totalm ente el estribillo,
huella del antiguo coral. En realidad, hay dos prece­
dentes ya en el s. v, un peán de Sófocles a Asclepio y
un encom io a los vencedores de M aratón que nos han
llegado en inscripciones, sin duda a través de copias
que rem o n tan a su edad de origen (núm s. 24 y 25).
E sta lírica ritu al tiene ¡a ventaja de se r fija, esta­
blecida de una vez p a ra siem pre, y de ser en cierto
m odo literaria, p re sta rse a la ejecución p o r p a rte de
grandes coros profesionales, com o los que iban de Ate­
nas a Delfos (los «artistas de Dioniso») a fines del s. π
a ca n ta r dos peanes que se nos han conservado en ins­
cripciones del tesoro de los atenienses en Delfos, p re ­
cisam ente.
E stos him nos eran escritos por poetas cuyos nom ­
b res a veces conocem os, poetas que en una ocasión
(la de Isilo, núm . 29) aparecen com o fundadores de
un ritu al en que se ejecutaba su him no, en o tras eran
honrados p o r la ciudad o el santuario agradecido: así
en el caso de Filodam o de Escarfia, au to r de un peán
deifico a Dioniso (núm . 28). E n alguna o tra ocasión,
desconocem os el nom bre del a u to r del him no sim ple­
m ente p o r el mal estado de conservación de la in scrip ­
ción: así en el caso de un peán anónim o ateniense de
Delfos (núm . 31). Las m ás veces, sin em bargo, los
60 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

poem as son anónim os: era la obra de culto, no el


autor, lo que interesaba. Es notable que, incluso cuan­
do conocem os su nom bre, se tra ta de personajes que
jam ás escribieron, que sepam os, lírica literaria; y, en
algún caso (el de Isilo), de personajes que sin d u d a se
estrenaban ah o ra en el arte de h acer versos y los hacían
sin dem asiada inspiración.
H asta q ué p u n to se tra ta de poesía propiam ente
cultual, h e red era de la antigua pero tra s a b so rb er el
influjo literario , se ve p orque llega a suceder que un
m ism o poem a fu era ejecutado en lugares diferentes.
C oncretam ente, del segundo peán de E ritra s (núm . 26)
se han en co n trad o copias en Ptolem aide, en Egipto, y
en Dión, en Tesalia. Son de fecha p o sterio r e in tro ­
ducen pequeñas variantes; p o r ejem plo, la de Dión
m enciona a la p ro p ia ciudad p ara que el dios la p ro te­
ja. De o tra p arte, el m ism o hecho de que con frecuen­
cia las copias que nos h an tran sm itid o los poem as
sean p o sterio res a su redacción, así en el caso del
him no al C uros (núm . 40), p o r ejem plo, dem uestra que
se seguían ejecu tan d o a lo largo del tiem po en la m is­
m a fiesta y en form a inalterada.
Cuando podem os fechar estas obras —la fecha de
su com posición, no la de la inscripción, que a veces
varía— siem pre hallam os fechas que oscilan entre
fines del s. v a. C. y fines del ii. Igual o cu rre en el caso
de algunas de ellas que conocem os no p o r inscripcio­
nes, sino p o r p apiros o p o r la tradición indirecta. Fue,
evidentem ente, u n a m oda, m oda que se extendió a todo
el m undo griego. C oncretam ente, hallam os poem as
cantados en Atenas, Delfos, E pidauro y E sp arta, den­
tro del co n tin en te griego; en Cálcide y E re tria (Eu-
bea), Dicta (C reta), Sam os y E ritra s (Jonia), d en tro del
ám bito del Egeo; ya hem os dicho que tam bién en
Egipto y M acedonia, a donde sin duda se extendió la
LÍRICA POPULAR 61

m oda en época helenística, de la que, p o r lo dem ás,


procede la m ayor p a rte de n u e stra docum entación; y,
finalm ente, en Teraclea del Latium , en Jonia.
Pese a esta lech a relativam ente ta rd ía pensam os
que convenía incluir este m aterial en u n a colección
como ésta. Ju n to a elem entos literario s y tard ío s con­
tiene, efectivam ente, ecos im p o rtan tes de la antigua
lírica p o p u lar y trad icional que ya conocem os. Aunque,
evidentem ente, influida com o hem os dicho p o r la lite­
ra tu ra, lo que se nota, en tre o tra s cosas, p o r la lengua
—el dorio jo nizante p ropio de la lírica coral lite raria—
y p o r la e stru c tu ra te rn a ria que incluye u n m ito casi
siem pre.
E lem entos antiguos son, en la form a, la ausencia
de la e stru c tu ra triádica. O bien la hay m onostrófica,
term inando a veces cada estro fa p o r un refrán , o bien
se tra ta p ro p iam en te de u n a sola estrofa, in terru m p id a
a veces p o r u n refrán : así el núm . 33, peán ateniense
de M acedonia. E stas dos estru c tu ra s y el uso de los
refranes son evidentem ente arcaicos, p o r m ás que no
estem os m uy seguros de si nos encontram os an te p u ­
ros corales (im itación, p o r tanto, de la lírica lite raria )
o an te m onodias con elem entos corales (los refranes).
Pero m ás arcaica es todavía la e stru c tu ra en que a lte r­
nan m onodia y canto coral, u n re frá n concretam ente.
Este es el caso sin duda ninguna del him no cretense
al Curos o Joven (núm . 40) y, tam bién, el del peán
délfico de Filodam o ya m encionado (núm . 28) que, por
cierto, no sólo incluye la repetición del re frá n tras
cada estrofa, sino que contiene o tro in tern o de las
m ism as. Hay, adem ás, otros poem as a los que se pue­
de a trib u ir con cierta verosim ilitud dicho tipo de
ejecución.
El arcaísm o se n o ta tam bién en el m etro. Así en el
m antenim iento, en general, de los ritm os tradicionales
62 URICA GRIEGA ARCAICA

de ios d iferentes him nos y cultos: el dáctilo-epitrítico


o el crético-peórxico en los peanes, ios jónicos o itifá-
lieos en el him no al Curos. Aunque tam bién hay innova­
ciones que im itan la lírica literaria: los glicónicos de
los peanes déllicos de A ristónoo (núm . 30) y Filodam o,
ios jonicos a minore del peán de isilo, etc.
Cosas p arecidas pueden decirse del contenido. Es
notable que dos de estos poem as sean, respectivam ente,
al Curos o Joven, antiguo dios agrario de C reta que
en el him n o sólo en p a rte se ha asim ilado a Zeus, y
al E uro, un viento, en un peán esp artan o (núm . 35).
O tro, el núm . 43, es en h onor de Pan, o tro dios propio
de cultos locales; igual hay que decir de los Dáctilos
(núm . 44). Como es arcaica la continuidad del género
del peán y su m ism a adscripción a Apolo y a dos dioses
intim am en te relacionados con él: Asclepio, su hijo, y
Dioniso, cuyo culto fue acogido en Delfos. Claro está,
a p a r tir de un cierto m om ento las viejas form as se
u saron con finalidad nueva: p ara c a n ta r a L isandro o
a los reyes helenísticos, y h asta a un general rom ano,
concesión bien clara a la «adulación de los tiem pos»,
p o r u sar u n a expresión de Tácito. Tam bién se ad ap tan
estos him nos a dioses nuevos, así a la M adre de los
dioses y a E ndim ión (o Selene).
Finalm ente, hay que decir que, allí donde se nos ha
conservado el m ito, es el m ito central, fundam ental,
del dios en cuestión, no algo m arginal introducido
artificiosam ente, com o suele suceder en la poesía lite­
raria. Se nos cu en ta el nacim iento o «llegada» y la
vida de dioses com o Asclepio, Apolo, Dioniso, el Curos;
y, al tiem po, com o es usual desde antiguo, se nos dan
detalles sobre la cerem onia en que el poem a e ra can­
tado. P or supuesto, el lugar de ejecución y la p a tria
del p o eta tienen cierta influencia en la conform ación
del m ito. Isilo hace de Asclepio un dios nacido en Epi-
LÍRICA POPULAR 63

dauro, co n tra toda la tradición; los poem as atenienses


de Delfos (núm s. 31 y 32) se las arreglan p a ra in se rta r
de alguna m an era a Atenas den tro de los m itos de
Apolo.
La colección de fragm entos que sigue com prende
dos p artes. La p rim era (24-37) contiene un encom io y
una serie de péanes, em pezando p o r los propiam ente
cultuales en h o n o r de los antiguos dioses y term inando
por los en h onor de los nuevos «dioses» hum anos del
final del período. La segunda (40-45) contiene him nos
diversos a dioses en general de tipo local (el Curos, la
M adre de los dioses, los Dáctilos del Ida, Pan, E ndim ión
o Selene).
Claro está, no hay que o cu ltar que los lím ites de
esta poesía hím nica ritu al y la que hem os llam ado
popular, de u na p arte, y la literaria, de otra, son di­
fusos. El p rim er pu n to pensam os que queda claro sin
más. En cuanto al segundo, es fácil que alguno de
nuestros núm eros, así el 45, h u b iera debido de qu ed ar
para un volum en dedicado a los fragm entos anónim os
de lírica literaria; y que, inversam ente, algunos frag­
m entos que suelen incluirse en las colecciones de
adéspota o «sin dueño» h u b ieran podido en c o n trar
aquí acogida.
En cuanto a ediciones, seguim os en general, cuando
ello es posible, la de Page en PMG; cuando no, la
Collectanea Alexandrina de Powell, cuya reim presión
(Oxford, 1970) seguim os. Sin em bargo, p a ra el him no
al Curos nos aju stam o s a la edición de W est en JH S
85 (1965), págs. 149-159. Y hay que a n o ta r que el n ú ­
m ero 38, el peán a D em etrio, no está en ninguna de
estas colecciones ni tam poco en la vieja Anthologia
Lyrica de Diehl (vol. II 5 y 6, Leipzig, 19422), que usa­
mos subsidiariam ente: hem os de apoyarnos, pues, en
el texto de n u estra fuente, Ateneo.
64 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Toda esta lite ra tu ra está m uy m al estudiada. Apenas


existen traducciones; y com o estudios, salvo algunos
p articu lares p a ra el him no al Curos, Isilo y los him nos
de E p id au ro en general, lo m ejo r es lo que dice
Powell en los N e w Chapters in the H istory of Greek
Literature editados p o r él y B arb er (casi todo en el
vol. I, Oxford, 1921). Algunas cosas pueden h allarse
tam bién en m is Orígenes y en la tesis de F. Pordo-
mingo. U na excepción es la relativa al estudio de las
notaciones m usicales que se nos han tran sm itid o p ara
los dos peanes áticos de Delfos (núm s. 31 y 32), que
han dado lu g ar a u n a abu n d an te lite ratu ra . P or cierto
que el hecho m ism o de que se haya in scrito en la
piedra la n o tació n m usical testim onia el ca rác te r p rá c ­
tico de estas inscripciones p a ra el estudio p o r p a rte
de los coros de los dos peanes con vistas a su ejecu ­
ción en la fiesta en cada repetición anual de ésta.

FRAGM ENTOS

24 (PMG 932) Encom io a los vencedores de Ma­


ratón *.
...nueva... pisando con los pies (?)... de Calíope...
el tra b a jo im puesto p o r el hado... teniendo u n esfu er­
zo... el corazón sin em bargo... no es fácil de vencer;
y D atis... lo sabe tra s su frir y el país de los soberbios
Aquem énidas.

1 In scrip ción del s. i d. C. hallada en R am nunte, p ero con ­


ten ien d o u n p oem a de fech a m uy anterior, a juzgar p o r el
d ia lecto lír ico y el tem a. Se trata de un e n co m io celeb ran do a
los aten ien ses venced ores en M aratón sob re lo s p ersas m an­
dad os por D atis.
LÍRICA POPULAR 65

25 (PMG 737) Peán de Sófocles a A sclep io 2.


Oh h ija de Flegias, gloriosa m ad re del dios que
aleja los dolores... el de in to n sa c a b e lle ra 3... com en­
zaré un him no que hace lev an tar el g rito ... m ezclado
con el sonido de la flau ta... auxiliar de los Cecrópi-
d a s 4... oj alá vengas...
26 (PMG 933, cf. P., pág. 140) Prim er peán de Eri-
l ras 5.
[C o r o ]
Iéh Peán, oh iéh Peán, iéh Peán, oh iéh Peán, oh
Peán, oh iéh Peán, oh señor Apolo, protege a los jóve­
nes, protégelos.
[S o l is t a ] (? )
...coros, ah... feliz... Peán Apolo... de la ru eca de
oro... diosa, iéh, iéh... y de la fecunda... a ti las Ho­
ras... al p u n to con sus m anos ...iéh, iéh P eán... m os­
traste, Apolo... a los delños... ié Peán.

2 El títu lo de esta in scrip ción ( In sc rip tio n es Graecae III 1,


con lecturas y su p lem en to s de W i i j í e l m y O l i v e r ) ind ica que se
trata de un peán de S ó fo cles, lo que inclin a a pensar que es
el fam oso p eán en h on or de A sclepio que cantaban lo s ate­
nienses; cf. F i l ö s t r a t o , Vid a d e A polonio III 17. S e sab e que
S ó fo cles 1'ue el in trod u ctor del cu lto de e ste d io s (h ijo de
Apolo y Corónide, a su vez h ija de F legias) en A tenas. Pero no
es ab solu tam en te seguro que no sea otro p eán de S ó fo cles,
precisam ente en hon or de Corónide.
3 Apolo.
4 Los atenien ses.
5 E ste peán, m uy fragm entario, y el sigu ien te, m ejor con ­
servado, p roced en de una in scrip ción de com ien zos d el s. iv
a. C. de la ciu dad de E ritras, en el litoral jo n io de A sia M enor.
N ó tese que la palabra pe á n que da nom bre al género e s tan to
una exclam ación rítm ica, que hace de estrib illo, com o u n dios
Peán que se identificó con A polo. E l canto del p eán tenía
lugar en circu n stan cias diversas: sacrificios, com id as, antes
de la batalla, etc. Era cantado por coros m asculinos: en los
usos m ás ritu ales, en torno al altar.
66 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

27 (PMG 934) Segundo peán de E r t í r a s 6.


[C o r o ]
C antad a Peán de m ente gloriosa, oh jóvenes, al
F lechador h ijo de Leto,
ié Peán,
que engendró una gran felicidad p a ra los m ortales
uniéndose en am o r a C orónide en la tie rra de F le g ias1,
iéh Peán; a Asclepio, dios m uy ilustre,
ié Peán.
De él naciero n M acaón y Podalirio y Yaso,
ié Peán,
y Egle de ro stro herm oso y Panacea, hijos de Epíone
ju n to con Higía, ié Peán, a Asclepio, dios m uy ilustre,
ié Peán.
Te saludo, ven propicio a mi ciudad, la de am plia
plaza circu lar p a ra la danza,
ié Peán.
6 E ste peán, datad o h acia 360 a. C. y de carácter b astante
literario, inclu ye en su parte cen tral el m ito de A sclepio, hijo
de A polo y C orónide, d ios de la m edicina: de e sta m anera entra
en un peán el e lo g io y la invocación a lo s dos d ioses, Apolo
y A sclepio. El con ju n to era posib lem en te coral, m an ten ién d ose
a to d o lo largo del p oem a el refrán «ié Peán» a veces am ­
pliado.
Los h ijo s de A sclepio vien en del m ito h om érico en el caso
de M acaón y P odalirio, de otros en los dem ás. C oncretam ente,
hay varios n om b res que rep resentan ab stractos con vertid os en
divinidades: Y aso «la curadora», P anacea «la que tod o lo
cura», H igía «la salud». T am bién la esp osa de A sclepio, E píone
«la que calm a los dolores», es de e ste carácter.
H ay, en realidad, m ezcla de peán y de him n o de llam ada.
Es un him n o fijo, ritu al, cantado en la fiesta de A sclepio en
Eritras; hay du plicad os, con ligeras varian tes, en in scrip cion es
de P tolem aid e (E g ip to ) y D ión (T esalia), lo que in d ica am plia
d ifu sión en e l cu lto. Cf. J. U. P o w e l l en P oyvell -B a r b e r , N e w
C h a p te rs in the H is to r y o f Greek Literature , I, O xford, 1921,
págs. 47 sigs.
7 E rror del autor de la version de E ritras del him no; la de
P tolem aid e conserva el antiguo «Corónide h ija de Flegias».
LÍRICA POPULAR 67

Y concédenos que alegres contem plem os la luz del


sol, bien afam ados, en unión de la gloriosa Higía; iéh
Peán, a Asclepio, dios m uy ilustre,
ié Peán.

28 (P., págs. 165 sigs.) Peán délfico de Filodamo de


llscarfia a Dioniso 8.
I [S o lis ta ]
Ven, señor, D itiram bo, Baco, dios del « ¡evoí! », toro,
de cabellera co ronada de yedra, B ro m io 9, ven en este
tiem po de la p rim a v e ra i0: ¡evoí, oh Yóbaco, oh, ié

s El peán de F ilodam o de E scarfia (p equ eñ a ciu dad de la


Lócride E picnem id ia, ju n to al g o lfo M alíaco y las T erm op ilas)
es datab le en el año 338 a. C., a juzgar p or la in scrip ción dél-
fica que n os lo transm ite. C onsta de doce estro fa s cantadas
por el so lista (de las que la IV , VI, V III y IX apenas so n legi­
bles) y que alternan con el estrib illo del coro; si b ien dentro
de las estrofas hay otro estrib illo en el cen tro que seguram en te
era tam bién del coro. El peán n a n a un a variante del m ito del
dios Dioniso: nace en T ebas, llega a D elfos acom pañad o de
las bacantes locales, visita E leu sis en cu yos m isterio s e s in v o ­
cado co m o Yaco, se traslada a T esalia (sin duda con m o tiv o de
su purificación por la m u erte de P itón ), don de es celeb rad o
por las M usas que le dan el nom bre de Peán (m ien tras que
en el peán de Lim enio e sto su ced e en A tenas). Tras e l p asaje
ilegib le se n os hab la de los ritu ales esta b lecid o s p o r el dios:
la fiesta de las T eoxenias, u n sacrificio y fiesta invern al y otra
prim averal que es, sin duda, aq u ella a la que e stá d estin ad a
la ejecu ción de este peán; sobre él, cf. J. U. P ovvell , ob. cit.,
pags. 42 sigs.
S erie de ep íteto s del d ios o de sin ón im os del m ism o, a
los que se añade alguno, m ás tarde. B aco es «el inspirado» o
«frenético», B rom io alud e al clam or del d ios y la s b acantes
en las orgías; tien en origen en gritos cu ltu ales lo s nom b res
«dios del ¡evoí! », D itiram bo, Yaco y la form a c o m p u esta Y óba­
co; tam bién Peán, que tras referirse en un m om en to a Apolo
pasó a designar tam b ién a D ioniso. El d ios e s tam b ién «toro»,
por su form a de aparición, cf. fr. 7.
10 Es el m om en to de la llegada deí d ios y del ca n to del
ditiram bo, tam bién en esta fiesta délfica, en que las b acantes
68 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Peán! AI que u n día en Tebas que resu en a con el


«¡evoí!» dio a luz Tione fecunda, y todos los in m o rta­
les danzaron y todos los m o rtales se regocijaron, oh
Baco, con tu nacim iento.
[C oro]
Ié Peán, ven salvador, guarda benevolente a esta
ciu d ad con la felicidad de una vida de abundancia.
II [ S o l i s t a ]
Sí, en aquel tiem po estuvo en tran c e báquico la
tie rra ilu stre de Cadm o y el golfo de los M inias 11 y
E u b ea de espléndidas cosechas: ¡evoí, oh Yóbaco, oh,
ié Peán! Y danzó to d a la tie rra de Delfos florecida
de him nos, sag rad a y feliz, m ientras que tú, m o stran ­
do a la luz tu cuerpo estrellado 12 ju n to con las donce­
llas de Delfos, llegaste a las quebradas del Parnaso.
[C o r o ]
Ié Peán, etc.
III [ S o lis t a ]
Agitando en la m ano u n a piel... en el frenesí inspi­
rado, llegaste a las cuevas floridas de Eleusis: ¡evoí,
oh Yóbaco, oh, ié Peán! Allí donde todas las gentes
de la tie rra helena en unión de los h ab itan tes del país
—pueblo am igo de los iniciados en los sagrados m is­
terios— te celebra com o Yaco 13. Tú has abierto a los
m ortales u n p u erto p a ra sus sufrim ientos...

recib en al d io s y se le erige una estatua, cf. estro fa X I, que


refiere la fiesta m ás con cretam en te al equ in occio de prim avera.
11 E l g o lfo M alíaco: F ilodam o aprovecha para aludir a su
patria, que relacion a con los M inias, h ab itan tes de O rcóm eno
en la edad h eroica.
12 Se refiere a la piel de pantera que lleva el dios, piel
m otead a com parada con eí cielo estrellado.
13 La p ro cesió n que iba a E leu sis de A tenas a in iciarse en
I.IRICA POPULAR 69

[C oro ]
le Peán, etc.
IV [ S o l is t a ]
Con fiestas n o ctu rn as y con danzas...

[C oro ]
Ié Peán, etc.
V [S o lis ta ]
De donde arrib a ste a las ciudades de la feliz tie rra de
Tesalia y al recinto sagrado del Olimpo v a Pieria
ren o m b rad a: ¡evoí, oh Yóbaco, oh, ié Peán! Y al tiem ­
po las vírgenes M usas, ciñéndose de yedra la cabeza
íe celebraron en torno con sus cantos com o inm ortal,
llam ándote Peán ilu stre p ara siem pre: Apolo dirigía
el coro.
[C oro]
Ié Peán, etc.
VI [ S o l i s t a ]
...los honores (?)... el clam or pítico: ¡evoí, oh Yóbaco,
o h . ié P e á n !...

V II [ S o l i s t a ]
...la p rofetisa (?)... legislador... sacudir...

V III [S o lis ta ]
...enviar... que veneran... ho stil... enem igo... la tie­
rra ... p atern al (?)...
[ C oro ]
Ié Peán, etc.

los m isterios invocaba, efectivam en te, a Y aco. D ion iso tenía


una parte en los m ito s y celeb racion es de E leu sis.
70 LÍRICA GRIEGA ARCARA

IX [ S o l i s t a ]
A realizar la em p resa al pu n to exhorta el dios a los
anfictiones 14, p a ra que el m es preciso acoja a los s li -
p lic a n te s 15. ¡Evoí, oh Yóbaco, oh, ié Peán! M uestra
en tre los p resen tes de hospitalidad este him no a la
sag rad a raza de los dioses, tu consanguínea, y celebra
el sacrificio en tre las súplicas de todo el pueblo de una
H clade pró sp era.
[ C oro ]
Ié Peán, etc.
X [S o lis ta ]
¡Feliz y p ró sp e ra la raza de aquellos m ortales que
funde u n tem p lo exento de vejez, de m ancha, al señor
Febo! ¡Evoí, oh Yóbaco, oh, ié Peán! D orada de nuevo
con panes de o ro ... del círculo... y en la cabellera b ri­
llando con el m arfil y llevando en la cabeza el adorno
nacido en el país 16.
[ C oro]
Ié Peán, etc.
XI [ S o lis t a ]
E n el solsticio pítico c u a trie n a l17 estableció un sacri­
ficio a Baco y u n certam en circu lar de coros — ¡evoí,
oh Yóbaco, oh, ah P eán!— celebrar; y en los días que
inician el b rillo del s o l 18, erigir en u n (carro?) de leo-

14 Los «vecinos», es decir, las ciu dad es griegas que atendían


al cu lto de D elfos.
15 El m es B u catio ( B o u k á t i o s ), en que se celebraban las
T coxenias, fiesta en que se disp onían m esas con com id a para
los d ioses.
16 Se habla de una e statu a crisoelefantina, de oro y m arfil,
coronada de yedra.
17 El so lstic io de invierno, cada cuatro años.
18 El eq u in occio de prim avera, com o queda dich o, m om en to
LÍRICA POPULAR 71

dorados una estatu a bella, de tam año exacto, de


n e s

Baco; y co n stru ir p a ra el sagrado dios una cueva ade­


cuada.
[C oro ]
Ié Peán, etc.
X II [ S o l i s t a ]
R ecibid, pues, al báquico Dioniso y en las calles, en
unión de los coros de negros cabellos, llam adle — ¡evoí,
Yóbaco, oh, ié Peán— a través de toda la p ró sp e ra G re­
cia... S eñor de la salud.
[ C oro ]
Ié Peán, etc.
29 (P., págs. 132 sigs.) Peán de Isilo de Epidauro a
Asclepio 19.
Ié, celebra, pueblo, al dios Peán, h ab itan te de esta
divina E pidauro. Pues asi llegó diciendo la fam a a
los oídos de nu estro s padres, oh Febo Apolo. Se dice
que el p ad re Zeus dio la M usa É ra to en m atrim onio
santo a M alo M. Y Ftegias, que tenía a E p id au ro por

de la ejecu ción de este peán. El peán, danza p rocesion al, es


d istin gu id o de los coros circu lares de la fiesta de invierno.
19 La gran inscrip ción de Isilo , hallada en el tem p lo de
A sclepio o E sculap io en E pidauro, proced e de fines del s. IV
a. C. y relata la in stitu ció n p or é l m ism o de u n a p rocesión
—una procesión doble, m ejor dicho, en hon or de A polo y As-
clep io— en la cuai se cantaba e ste peán que u n e el elogio de
am bos dioses, padre e hijo. R elata el m ito del n acim ien to de
A sclepio de una m anera b astante d istin ta de la hab itu al, con
ob jeto de unir enteram ente su origen a la ciudad de Epidauro.
V ía se U. v o n W il a m o w it z -M o e u x i N dort 'F, Isyllo s v o n E p idau ros,
B erlín, 1886 (reim pr. 1967), así co m o P o w e l l , lug. cit., pági­
nas 46 sigs. Isilo cuenta cóm o fu e curado por el d ios en un
m om en to p osterior a 1a in terven ción de éste para salvar a
E sp arta del ataqu e de F ilipo de M acedonia, tras la b atalla de
Q ueronea el año 338 a. C.
23 Este rey de E pidauro es epónim o del cu lto de Apolo
M alcata, testim on iad o en varios lugares de Grecia.
72 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

patria, se casó con la h ija de Malo, a la que dio a luz


su m adre É ra to y recibió el nom bre de Cleofeme. De
Flegias nació y Egle fue nom brada: este es el sobre­
nom bre, pues p o r su belleza fue llam ada C o ró n id e21.
Y viéndola Febo, de arco de oro, en la casa de Flegias,
desató su virginal ju v entud, y a su lecho deseado subis­
te, oh joven de cabellos de oro, hijo de Leto. Yo te
reverencio: Egle dio a luz un hijo en el recinto sagrado,
oloroso de incienso, y a su dolor fecundo puso fin la
h ija de Z e u s 22 en com pañía de las M oiras y Láque-
s is 23, ilu stre p arte ra. Apolo, p o r el nom bre de su m a­
dre E g le 24, le llam ó Asclepio, vencedor de las en fer­
m edades, d ad o r de la salud, gran regalo p a ra los m o r­
tales. Ié Peán, ié Peán, salud, Asclepio, p ara que
engrandezcas a E p idauro, la ciudad de tu m adre. Envía
una salud b ien visible a mi m ente y mi cuerpo, ié
Peán, ié Peán.
30 (P., pág. 162) Peán deifico de Aristónoo de Co-
rinto a A p o lo 75.
Oh tú que m oras ju n to a la pítica roca de Delfos
fu ndada p o r los dioses, asiento eterno de adivinación,
21 Igual qu e F legias, esta heroína es traíd a por Isilo de
su patria original de T esalia (d e donde p arece p roced er el
cu lto de A sclepio) a E pidauro. La asim ila a u n a heroína E sle
«la brillante». La explicación de que fu e llam ada C orónide («la
Corneja») p o r su belleza, n o qu ed a nada clara.
22 A rtem is.
23 Una de las M oiras o P arcas.
24 E gle (Aigle) es relacion ada con Aiglaêr, u n o de lo s ep í­
te to s d e A polo. Significa «la brillante», es n om b re de varias
h eroín as del m ito.
25 La in scrip ción délfica que recoge el h im n o añade el dato
de la con cesión de hon ores a su autor por lo s d elfios en e l año
de D em ócares, prob ab lem en te el 222 a. C. El h im n o ofrece
ecos del p rólogo de las E u m é n i d e s de E sq uilo, así, el presen tar
c om o p red ecesoras de Apolo en D elfos no só lo a Tierra, sino
tam bién a Ju sticia (T em is), y el dato de que logró hacerse
du eñ o del orácu lo p or p ersu asión , no por violencia.
LÍRICA POPULAR 73

iéh, ié Peán, Apolo, sanio objeto de la alegría de Leto,


h ija de Ceo, y p o r designio de Zeus, el m ás alto de los
felices, oh ié Peán,
donde desde los trípodes divinos, agitando el lau­
rel cortado verde, te afanas en la m ántica, ich, ié
Peán: en la ju stic ia sacra de lo que ha de ser, salido
del pavoroso ádito 26 p o r o b ra de tus oráculos, y entre
el son de la lira arm oniosa, oh, ié Peán.
Purificado en el T e m p e 27 p o r designios de Zeus
suprem o, una vez que Palas te envió a P ito 2S, ich, ici
Peán, tra s p ersu ad ir a la T ierra que cría flores y a
J u s tic ia 29, diosa de bella cabellera, ocupas una m o ra­
da siem pre p erfum ada de incienso, oh, ié Peán.
P or lo que, hon ran do en tu santo oráculo a la Tri-
togenia que está ante el te m p lo 30 con inm ortal recom ­
pensa, iéh, ié Peán, p o r causa de los antiguos favores
de entonces teniendo un recuerdo eterno, la rindes
culto con altísim os honores, oh, ié Peán.
Te ofrecen regalos los dioses: Posidón, tu suelo
sagrado: las Ninfas, la cueva C o ricia31, oh, ié Peán:
Baco, los desfiles de antorchas en años alternador,
m ien tras que la san ta Á rtem is tiene los lugares baio
la guardia fatigosa de sus perros, oh, ié Peán.

26 El recin to su bterráneo, detrás de la estatu a del d ios den­


tro del tem p lo, en que se asentab a el tríp ode y estaba el laurel
sagrado.
27 El v alle de T em pe en T esalia donde, según el m ito an ti­
guo, A polo se purificó de la m u erte de Pitón.
28 A D elfos.
29 T em is, com o decim os: es la m ism a «Justicia» que m ás
arriba define los orácu los.
30 A tenea Pronaia, advocación de Atenea en cuyo h on or h a ­
b ía un tem p lo en D elfos, situ ad o antes del de Apolo.
31 E n esta cueva ten ían lugar los ritos d ion isíacos de las
tiíad es o m énades de D elfos. E s la antigua cueva de las n in fas
que criaron y acom pañaron al dios.
LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Pero, oh tú que em belleces tu cuerpo con las h ú ­


m edas aguas de C a sta lia 32 en los valles del Parnaso,
iéh, ié Peán, alegre p o r m i him no, dándonos felicidad
con las sagradas cerem onias y salvación, ayúdanos, oh,
ié Peán.
31 (P., págs. 141 sigs.) Peán délfico anónimo a
Λ polo 33.
E scuchadm e, h i j a s 34 de Zeus to n an te que tenéis
culto en el H elicón de espesos árboles, venid a cele­
b ra r con vuestros cantos a vuestro h erm ano Febo,
de cabellos de oro, que p o r la doble cum bre de esta
roca del P arn aso viene, ju n to con las ilu stres delfias,
a las corrien tes de C astalia de bellas aguas, buscando
en la m o n tañ a délñca el repecho del oráculo. M ira,
aquí está Ja ilu stre, gran Atenas con sus oraciones, la
que ocupa el suelo invencible de T ritó n id e 35 p o rtad o ra
de arm as: en los sagrados altares H e fe s to 36 quem a
m uslos de novillos, ju n to con él el hum o á r a b e 37 se
esparce hacia el Olimpo; la flauta que g rita agudam en­
te ccn sus cam biantes m elodías hace re so n ar su canto,
y la do rad a cítara, de dulce sonido, eleva sus him nos;
y el en jam b re todo de los a rtistas de Atenas te celebra
a ti, el hijo de Zeus fam oso p o r tu arte de la cítara,
ju n to a esta m o n tañ a nevada en su cima, oh inm ortal,

32 F uente sagrada al pie del Parnaso, en D elfos.


Peán escrito p or un p o eta aten ien se cuyo nom b re se ha
perdido y d estin ad o a ser can tad o en D elfos p or un grupo de
p rofesion ales ta m b ién aten ien se (m ú sico s y danzarines, «artis­
tas de D ioniso»): seguram en te en las fiestas p íticas del año
128/127 a. C. La in scrip ción , hallada en D elfos, con tien e n ota­
ción m usical.
34 Las M usas, h ijas de Zeus v M nem ósine, herm anas por
tanto de Febo-A polo por parte de padre.
35 La d iosa A tenea.
36 Es decir, el fuego.
37 E s decir, el hu m o del incienso.
LÍ RI CA POPULAR 75

verídico, que a todos los m oríalos ofreces tus oráculos


desde que te apo d eraste del trípode o racular que
g u ard ab a un dragón enem igo 38 cuando con tus dardos
h eriste a ese m o n stru o variopinto, que enrollaba sus
espiras; h asta que la fiera, tras lanzar sus frecuentes,
tem ibles silbidos, m urió al fin... y cuando el Ares de
los G álatas 39... cruzó im p ío ,,, PeiO, oh la raza... retoño,
am an te de la lucha... del pueblo...
32 (P., págs. 149 sigs.) Peán délfico de Limenio a
Apolo 40.
Venid a esta m o n taña de dos cim as, visible a lo
lejos, del Parnaso, m o n tañ a am ante de las danzas, y
com enzad m is cantos, oh M usas de Pieria, vosotras que
m oráis en las rocas del Helicón, heridas p o r la nieve:
celebrad al dios pítico, de cabellos de oro, flechador,
de h erm osa lira, a Febo, a quien parió Leto feliz ju n to
a la laguna g lo rio sa41, cogiendo con sus m anos, en
m edio de sus dolores, un reto ñ o lozano del verde olivo.
Todo el círculo del cielo, sin nubes y b rillan te, se
alegró, y el e te r dejó en calm a las ráp id as c a rre ras de
los vientos. Se apaciguó la ola violenta, sordam ente
re s o n a n te 42, de N ereo y el gran Océano, que con su
abrazo húm edo rodea a la tierra . Al punto, dejando la
isla del C in to 43 se dirigió el dios a la gloriosa Atenas,

38 P itón, antigua dueña del oráculo.


39 Los gálatas, m and ados p or B reno, se dirigieron a D elfos
en 279/78, pero fueron rechazados por rocas que se desp ren ­
dieron sob re el cam ino, p or intervención m ilagrosa del dios.
40 E ste peán, p roced en te com o el an terior de una in scrip ­
ción délfica, es contem p orán eo del m ism o y d estin ad o a ser
cantado en la m ism a ocasión por un coro de «artistas de D io­
niso» atenien se. O frece, igu alm en te, n otación m u sical, pero,
adem ás, en e ste caso con ocem os el nom b re del autor, el cita-
rodo L im enio, h ijo de Teño.
41 La laguna de D élos ju n to a la cual Leto dio a luz a Apolo.
42 T exto corregido. Se trata, p or su p u esto, del mar.
43 El C into es un m on te de D élos.
76 I.ÍRTCA GRTF.GA ARCAICA

a la colina de T ritó n id e 44, y la flauta lib ia 45, vertiendo


su voz de m iel, cantó, m ezclando su dulce sonido con
las varias m elodías de la cítara, m ientras que el eco
que m o ra en tre las rocas resonaba «¡Peán, oh Peán!»
Y él d isfru tab a, p orque al recib ir esas p alab ras en su
esp íritu reconoció el designio inm ortal de Zeus: por
lo cual, tras aquella vez prim era, Peán le llam a todo
el pueblo de los nacidos allí m ism o y el gran enjam bre
sacro, p o rta d o r del tirso de Baco, la congregación de
los a rtistas que m ora en la ciudad de C écro p e46. Pero,
oh tú que posees el tríp o d e de los oráculos, ven a este
m onte P arnaso pisado p o r los dioses, am ante de las
m é n a d e s47. H abías trenzado en torno a tus rizos la
ram a de laurel color de vino y arrastra b as con tu m ano
inm ortal, oh señor, enorm es rocas com o cim ie n to s48
cuando te en co n traste con la gigantesca h ija de Tie­
rra 49. Pero tú , oh reto ño de Leto, de deseables p á rp a ­
dos, a esa feroz h ija de la T ierra diste m u erte con tus
flechas y, al tiem po, gritaste. Ella tuvo añoranza de su
m adre q u erid a (?), la que m ataste... los silbidos... y
guardaste el tem plo de T ierra, señor, ju n to al Om bli­
go cuando el Ares b á r b a r o 51, que no h o n rab a tu

44 De Atenea: es decir, a la acróp olis de A tenas. El autor


aten ien se hace que A polo, en su cam ino hacia D elfos, p a se por
Atenas donde recib e el nom b re de Peán.
45 Es decir, africana. S e refiere a que está hecha de loto.
46 P rim er rey de A tenas, m itad hom bre y m itad serpien te,
según el m ito.
47 Las tiíad as o m én ad es de D elfos celebraban en el Par­
naso su s orgías d ion isíacas.
48 Para el orácu lo, con stru id o p or Apolo según e l m ito.
49 Gaia o Ge en griego: se trata de la serp ien te P itón , an ti­
gua dueña del orácu lo m uerta por Apolo.
50 El O m bligo del m un do estab a situad o en D elfos; se con ­
serva aún el que se veneraba allí en el s. iv, su stitu to de otro
anterior.
51 O sea, la exp ed ición de los gálatas, m en cion ad os tam bién
en el peán anterior.
LÍRICA POPULAR 77

asiento o ra cu lar g u ard ad o r de tesoros, en m edio de su


expedición de pillaje pereció en el húm edo oleaje de la
nieve.
Pero, oh Febo, protege a la ciudad de Palas, fundada
p o r los dioses, y a su pueblo glorioso; y contigo la
diosa que es dueña del arco cretense y de los perros,
Á rtem is, y Leto gloriosísim a; y cuidad a la vez de los
que h ab itan Delíos, con sus hijos que viven con ellos
en m o radas exentas de ruina; y venid favorables p ara
los servidores de Baco vencedores en los certám enes ",
y el im perio de Rom a, ceñido de lanzas, engrandeced
con p o d er que no envejece, floreciente y victorioso.
33 (P., pág. 138) Peán ateniense de Macedonio a
Apolo y Asclepio 53.
Al dios de Délos, de herm o sa faretra, que dispara
a lo lejos, celebrad con ánim o alegre llevando —iéh, ié,
oh, ié Peán— un ram o suplicante en vuestras m anos,
al b rillan te reto ñ o de Zeus, oh jóvenes atenienses, iéh,
ié, oh, ié P eán... u n him no e ra cantado (?)... glorioso y
propicio... iéh P eán... a quien u n día dio a luz, cual
defensor co n tra las enferm edades y el dolor su m adre,
a Asclepio, alegre joven, ié Peán.
A él e n tre las cu m bres del P e lió n 54 enseñó el Cen­
tau ro su a rte y su sab id u ría que tra e a los hom bres
defensa co n tra los dolores, iéh Peán.
Al hijo de C orónide benevolente p ara los hom bres,
dios m uy venerable, ié Peán.

52 En los certám en es o agones m usicales.


53 Peán epigráfico proced en te del tem p lo de A sclepio en
Atenas, en la ladera de la acróp olis. Aunque la in scrip ción es
de edad rom ana, el peán parece se r de fines del s. iv o co m ien ­
zos del n i . N o hay estru ctu ra estrófica, sólo refranes in terca­
lad os en un tex to coral o m onód ico.
54 M onte de Tesalia: el m ito, a diferencia d el del p eán de
Isilo , m antiene la tradición del nacim ien to del d ios en T esalia.
78 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Le nacieron p o r hijos P odalirio y M acaó n 55, gober­


nan tes de la lanza en tre los griegos, iéh Peán,
y Yaso, Aceso, Egle y Panacea, hijas de Epíone en
union de la p re ciad a H ig ía 56, iéh Peán.
Salud, g ran ayuda p a ra los m ortales, dem on glo­
riosísim o, oh, ié Peán, oh Asclepio, y otorga que los
que siem pre celebran tu sabiduría florezcan en su vida
en unión de la dulce Higía, ié Peán.
Y salva a Atenas, visitando siem pre la ciudad de
C écro p e57, iéh Peán.
Sénos propicio, dios feliz, y aleja las enferm edades
tan odiadas, iéh, ié, oh Peán.
34 (P., págs. 164 sig.) Peán délfico de Aristónoo de
Corinto a H e s t i a 59·.
C antarem os a H estía, señora, san ta e n tre los san­
tos, que, guard an d o siem pre el Olimpo y el an tro de la
t i e r r a 59 situ ad o ju n to al om bligo del m undo y el laurel
pítico, danzas en el tem plo de altas p u e rta s de Febo
d isfru tan d o de los oráculos de los trípodes y de la
áu rea cítara de Apolo cuando, haciendo re so n ar sus
siete tonos, celebra en unión de ti a los dioses con sus
cantos m ien tras p artic ip a n del festejo. Salud, h ija de

55 Los dos h ijos de A sclepio, m en cion ad os por H om ero


c om o m éd icos de los griegos en la guerra de Troya.
50 Yaso es «la curadora», A ceso «la sanadora», E gle «la b ri­
llante» (hija de A sclepio com o en el segundo p eán de Eritras,
no otro nom bre de C orónide com o en Isilo), P anacea «la que
lodo lo cura», E píon e «la que calm a los dolores», H igía «la
salud».
57 La m ism a A tenas, cuyo prim er rey fue C écrope según el
m ito.
58 E ste segu n d o p oem a epigrálico de A ristónoo celeb ra a
H estia (V esta), d io sa del hogar. Aquí, con cretam en te, el autor
se refiere al altar de H estia situ ad o dentro del tem p lo de A polo
en D elfos, ju n to al ádito, en torno al cual había asien tos y se
celebraban danzas.
59 El ádito.
LÍRICA POPULAR 79

Crono y de Rca, la sola que das el rito del fuego a los


altares llenos de h onor de los inm ortales, oh H estia, y
danos a cam bio que, llenos de felicidad p o r las sagra­
das cerem onias, dancem os siem pre en torno de tu altar
de tronos esplendentes.
35 (PMG 858) Peán al Euro®.
[ C oro ] ( ? )
...envía ah o ra el viento sobre los cam pos... la gue­
rra ... tibio, con las corrientes del E u ro tas (?). Oh Euro,
salvador de E sp arta, ojalá llegues en todo con la vic­
toria. ¡Oh Peán, oh, oh Peán!
36 (Anth. Lyr. II 5, págs. 103 sigs.) Peán a Lisan-
dro 61.
Al general de la H élade sagrada, procedente de la
anch u ro sa E sp arta celebrarem os en un him no, oh, ic
Peán.
37 (P., pág. 140) Peán de Erilras a S e le u c o 61.
C antad tra s las libaciones a Seleuco, hijo de Apolo
de oscura cabellera, al que engendró el propio dios
de la lira de oro...

60 E ste peán esp artan o del s. i i a. C., d edicado al vien to


Euro, vien to del E ste o S u d este, parece de carácter popular.
Se pide la llegada del vien to prim averal, ayuda para el cam po.
Y quizá se recuerde una in terven ción del Euro a favor de
E sparta en alguna batalla naval, com o se habla de varias del
\'ien to B óreas. P rocede de un papiro.
61 C antado en Sam os, según el h istoriad or D uris de Sam os,
al entrar Lisandro, general esp artan o triu nfador en la guerra
de! P elop on eso (404 a. C.). Se n os tran sm ite só lo el com ienzo.
62 Com ienzo de peán en la m ism a inscrip ción que da el
segu n d o peán de E ritras. D ebe de datar de antes de 280 a. C.,
fech a de la m uerte de Seleu co. F ue uno de los d iád ocos o
«sucesores» de A lejandro, restau rad ores de la m ayor parte de
su im perio en Asia.
80 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

38 (P., pág. 173) Peán itifálico de Herm ocles a De­


metrio Poliorcetes 63.
P orque los dioses m ás grandes y queridos están
p resen tes en n u e stra ciudad, pues a D em éter y a De­
m etrio al tiem po nos tra jo la fortuna. E lla se llega a
celeb rar ios sagrados m isterios de Core, y él, alegre,
com o cum pie a un dios, herm oso y sonriente, está p re­
sente. Bello espectáculo, los am igos todos en to m o y
él en el m edio, igual que si los am igos fu e ran estrellas
y él el sol. Oh hijo del m uy poderoso dios Posidón y
de A frodita, salve. Pues o tro s dioses o residen lejos o
no tienen oído o no existen o en n ad a nos atienden,
m ientras que a ti te vemos aquí presente: no de m a­
dera, no de p iedra, sino de verdad. Te oram os, pues:
lo p rim ero haz la paz, querido, pues eres poderoso
p ara ello, y a la Esfinge que no sólo sobre Tebas, sino
sobre la G recia to d a im pera (el E tolio que sentado
en u n a roca, com o la antigua Esfinge, a rre b a ta y se
lleva a todos n u estro s hom bres, y no puedo luchar:
pues es de etolios el ro b a r lo del vecino y ah o ra lo
del que está d istan te), lo m ejor, castígala, pero, si no,
halla un E dipo que o haga despeñarse a esa esfinge
o la convierta en un pinzón.
39 (P., pág. 173) Peán a Tito F la m in in o 64.
La fe de los rom anos veneram os, la m ás grande

63 E ste fragm en to de peán, can tad o en A tenas en hon or de


D em etrio P oliorcetes cuand o regresó en el año 290 a. C., nos
es tran sm itid o p or A teneo p roced en te del h istoriad or Duris
com o m u estra de la adulación de aqu ellos tiem p o s (u tiliza un
relato de D em ócares, sob rin o de D em ósten es), El rey m acedo-
nio, venced or por m ar de P tolom eo de E gipto (de don d e se
¡e llam a h ijo de P osidón ), se presentaba co m o lib erad or de las
ciu dad es griegas en lucha contra la liga etolia.
Fin de un peán can tad o p or lo s ciu dad anos d e Cálcide
en honor de F lam inino, el «liberador» de G recia de lo s mace-
don íos (com ien zos del s. n a. C.).
LÍRICA POPULAR 81

p ara g u ard ar con ju ram en to s. C antad, d o n c e l l a s a l


gran Zeus y a R om a y al tiem po a Tito y la fe de los
rom anos; ié ié Peán: oh salvador Tito.
40 (Anth. Lyr. II 6, págs. 130 sigs.; P., págs. 160 sigs.)
Him no de los c u r e te s 60.
[ C oro]
Oh el m ás grande de los Jóvenes, salud, hijo de
Crono todopoderoso, tú que p en etraste en la tie rra a

65 Las M usas.
66 H im no proced en te de una in scrip ción del s. m a. C.,
pero cuyo texto, dórico, es del s. iv, con form an d o literaria­
m ente otro m ucho m ás antiguo. Procede de P alecastro, en Cre­
ta, y se refiere a la danza de los cu retes, ju n to al altar de Zeus
D icteo (del m on te D icte), en h on or del Joven recién nacido
que en esta época (y ya en el him n o p arcialm en te, se llam a al
dios «hijo de Crono») era identificado con Zeus. S egu im os el
lexto y lo esen cial de la in terp retación de M. L. W e s t en su
artículo «The D ictaean H ym n to the K ouros», J H S 85 (1965),
pags. 149-159. Ct. tam bién Fiesta..., págs. 36 sigs. y 45 sigs.
E s m uy claro cóm o alternan las partes del corego o so lista
y el estrib illo que rep ite altern ativam en te el coro form ad o por
jóven es que realizan una danza circular en torn o al altar de
Zeus. A rm ados y dando grandes saltos, encarnan a lo s an ti­
guos «jóvenes» o cu retes que, según el m ito, recib ieron al
gran «Joven», el dios, de su m adre Rea, ahogan do c o n e l ruido
d el can to y la danza los vagidos del niño e im p id ien d o que lo
devorara su padre Crono. El estrib illo celeb ra al gran Joven,
el antiguo d ios creten se de la vegetación identificado co n Zeus,
que bajó a tierra (m urió, en la con cep ción m ás arcaica) en el
invierno y al que se pid e ahora, en prim avera, qu e retorne
d evolviend o la vida a la naturaleza. Los sa lto s del coro, com o
los de lo s salios en R om a, estim u lan m ágicam ente, e n la con ­
cep ción m ás prim itiva, el b rotar o saltar del d io s desd e la
í ierra.
El canto del solista, aunque interrum p id o por e l refrán, debe
c on ceb irse com o un continuo; d esgraciad am en te, e stá m u y m u ­
tilado. Com ienza d escrib iend o la fiesta, para con tin u ar con el
m ito de cóm o lo s curetes recib ieron al n iñ o de Rea y le p ro­
tegieron: la llegada del niñ o fue la llegada de la abundancia
y de una edad paradisíaca. Sigue, luego, la exh ortación al d ios
82 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

la cabeza de los dém ones 67: ven a Dicte al cabo del año
y d isfru ta de la m ú sic a 68
[ S o l is t a ]

que hilam os con nuestras cítaras 69 y m ezclam os con


las flautas m ien tras, de pie, cantam os en torno a tu
a lta r bien cercado.
[ C oro ]
Oh el m ás grande de los Jóvenes, etc.

[ S o l is t a ]
Pues que aquí en Dicte a ti, niño inm ortal, con los
escudos... de Rea recibiéndote...

[C oro ]
Oh el m ás grande de los Jóvenes, etc.
[ S o l is t a ]
...de la b ella aurora.
[ C oro ]
Oh el m ás grande de los Jóvenes, etc.
[S o l is t a ]

...floreciendo cada año, y a los m o rtales les guar­


d aba Ju stic ia... fu era Paz que am a la riqueza.

a que salte —lo cual es, a la vez, una exh ortación al coro a
saltar—. El sa lto del d ios h a sta los cántaros, las m ieses, los
ciudadanos, etc., es sin ón im o del crecim ien to y la fertilidad
vegetal, anim al y hum ana, que la fiesta estim u la.
67 Los cu retes o jóven es, divinidad es de la vegetación y la
fecu ndidad q u e form ab an el cortejo del Joven y eran encar­
n ad os por lo s danzantes.
68 M olp á ind ica el con ju n to de m úsica y canto.
69 En realidad, in stru m en to de cuerda im p osib le de definir.
LÍRICA POPULAR 83

[C oro ]
Oh el m ás grande de los Jóvenes, etc.
[ S o l is t a ]
Ea, señor, salta h asta los cántaros, salta h asta los
rebaños de bella lana, salta h asta las m ieses que dan
fruto, y h asta las casas de fecundo c u m p lim ie n to 70.
[ C oro]
Oh el m ás grande de los Jóvenes, etc.

[ S o l is t a ]
S alta h asta n u estra s ciudades, salta h asta las na­
ves que surcan el m ar, salta h asta los jóvenes ciuda­
danos, salta h asta la Justicia...

[ C oro ]
Oh el m ás grande de los Jóvenes, etc.
41 (PMG 937) A todos los d io se s 1'.
...del g ran Zeus... y a B rom io el danzarín... cele­
brad o con « ¡evoí! », y a Asclepio el de la ciencia excelsa
y a los dos D ioscuros invocad, y a las G racias reveren­
ciadas y a las M usas ilu stres y a las M oiras benévolas
y a Helios infatigable y a Selene llena, y tam bién
a las m aravillas todas con que el cielo está coronado.
Salud, dioses inm ortales todos siem pre existentes y
diosas inm ortales; y conservad a salvo este tem plo
de E p idauro d en tro del buen gobierno de los griegos,
de su abundancia de hom bres: vosotros, sagrados
vencedores gloriosos, en tre felicidad benevolente.

70 Es decir, que se enriquecen con hijos.


71 E ste h im no a todos los d io ses, tam bién de Epidauro,
parece proceder del s. v, aunque está retocado en época h ele­
nística. Los versos relativos a H elio s (el Sol), S elen e (la Luna)
y las estrellas, son adap taciones de H om ero.
84 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

42 (PMG 935) H im no a la Madre de los d io s e s 72.


...diosas, venid aquí desde el cielo y cantad conm igo
en honor de la M adre de los dioses: cóm o vino e rran te
p o r m ontes y valles... el corazón. Y viendo el señor
Zeus a la M adre de los dioses, tiró su rayo y cogió el
tam boril: ro m p ió las rocas y cogió el ta m b o ril73. «Ma­
dre, vuelve con los dioses, no andes e rra n te p o r los
m ontes, no sea que los fieros leones o los grises lo­
bos...» «...no volveré con los dioses si no recibo mi
p arte : la m ita d del cielo, la m itad de la tierra , del
m ar la p a rte terc era y entonces m e m archaré». Salve,
g ran señora, M adre del Olimpo.

43 (PMG 936) A P a n 74.


A Pan, jefe del coro de las ninfas, cuidado de las
náyades, yo canto; al orn ato de los coros de oro, señor
de la M usa habladora.
De su siringa so n ora vierte la s ir e n a 75 divina y,
m arch an d o ligero al ritm o de la m elodía, danza en las
cuevas som brías,
m oviendo su cuerpo que da la vida a todas las
cosas, herm o so con su m ejilla dorada...

72 El h im n o a la M adre de los d ioses de e sta inscrip ción


de E pid auro fu e atrib uido por P . M a a s a la p o etisa T elesila de
A r g o s (cf. P . M a a s , E p id a u r is ch e H ym nen, 1933, págs. 134 sigs.),
lo q u e accp tó D ie h l . P a c e , ad loe., lo con sid era m ás reciente,
del s . IV a. C. Cf. tam b ién W. J. W. K o s t e r , « D e E pid aurisch e
H ym ne op de M agna M a t e r » , Med. d e r Kon. Ned. Akad. van
W e ten sc h app e n ... 25, 4, 1962.
73 In stru m en to p ropio del cu lto frigio de la M adre de los
d io ses, que se exten dió a partir de allí a Grecia. Zeus se in ­
corpora a lo s sectarios de la diosa cogiend o el tam boril y
d ejand o caer el rayo, que rom pe las rocas.
74 P rocede de una in scrip ción de E pid auro (cf. P . M a a s ,
ob. cit., p ágs. 130 sigs.; R. K ey d e l l , «Zum E pid aurisch en
Panhym nus», H e r m e s 69 [1934], págs. 459 sigs.).
75 La m úsica.
LÍRICA POPULAR 85

H asta el Olimpo estrellado m archa Eco que lo can­


ta todo, vertiendo su m usa in m o rtal en el concurso de
los dioses olím picos.
La tie rra en tera y el m a r se entrem ezclan p o r tu
causa: pues eres el fundam ento de todo. Oh, iéh, Pan,
Pan.
44 (P., págs. 171 sigs.) H im no a los Dáctilos del
[da 7Í>.
A éstos (dio a luz) uniéndose en am o r a Zeus... y
de ellos bro tó , de sus m anos, el que hechiza el cora­
zón, el cual... de E u risteo que el prim ero las m edici­
nas que alejan las en ferm edades... y el p rim ero curó...
de la M adre del m onte m o straro n ... el prim ero plantó
los árboles... de Febo Apolo... de los hijos, hábiles
a rtistas, de Zeus v E uristeo, de los que todos los dio­
ses tienen... de H efesto y de Ares y de Pan am ante de
los cam pos, en el tiem po o p ortuno b ro tó ... de Dam-
nám enes... el é te r (?)... la fam a a Sidenas... éstos son
los Dáctilos, que... de la M adre del m o n te 77 m o stra­
ron ... e hicieron que ella a la aldea sagrada (?) de
Frigia... y llevándola la a rro jó en... irrita d a porque
no quiso llevarle de la encina la... debida (?) a F ri­

76 H im no m u y m al con servad o en una inscrip ción de Ere-


tria de fines del s. iv a. C. Se refiere a los D áctilos del Ida:
son divinidades colectivas h ijas de Rea o una nin fa del Ida
que tam bién se relacion an con F rigia (don de instau ran el cu l­
to de C íbele) y con Eretria, en Eubea. Son divinidad es del
m undo prim itivo, próxim as a los curetes v a su cu lto en el
Tda. P asaban por inventores de la m edicina, la agricultura,
quizá el vin o y la m etalurgia: p recisam en te su cu lto en E retria
está en relación con u n a m ina de hierro y cobre a llí existen te.
El him n o narra el m ito de lo s dáctilos en form a p oco in teligi­
ble. Son h ijo s o d escen d ien tes de E uristeo, que e s igualm en te
un dios cultual, un «inventor» al m od o de P rom eteo, el cual
a su vez descien d e de Zeus.
17 La gran M adre o Cíbele, diosa de Frigia relacion ada con
rituales de fecundidad.
86 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

gia... ro bando los cuales... el prim ero... m ezclando san­


gre de lobo los in stru m en to s el artista...
45 (PMG 929) Ditirambos™.
(a) ¿Qué locura a nosotros dos nos a rre b a ta (?)...?
(b ) G rita en su honor: a Dioniso cantarem o s (?)
en los días sagrados tras doce m eses de ausencia: aquí
está ya la p rim av era, están todas las llores 79.
(c) Zeus retu m b ó con b árb aro sonido con su
trueno, la tie rra sacudió Posidón con su trid e n te de oro.
(d) ...crecía... con su fru to la sagrada encina; cre­
cía la espiga con todos sus granos de cebada y florecía
al tiem po el blanco trigo de oscuro cabello:
(e) De A m m ó n 80... llegó al lejano; allí asentado,
acogió con alegría, hollando con sus pies las tiernas
flores de las p rad eras de la Libia árida, el cuerpo del
infatigable...
(f) ...a la m uchacha de alas p u rp ú re a s 81; y con
violencia aplicó a sus pechos, bajo tierra , el fuerte
hijo de Ares, lleno de m iedo, hijo de desgracia.
(g) ...al sueño que ablanda los ojos echando en
torn o a todos los m iem bros —cual una m ad re que tras
largo tiem po ve en su regazo al hijo am ado— sus alas
ab rió en to rn o .

78 F ragm entos proced en tes de un papiro vien és (P apyrus


E rz h e rz o g Rainer, n. s. 1, 1932): contien e fragm en tos de un
tratad o sob re el ditiram b o ático tardío (sig lo s v y iv a. C .)
que a su vez ofrece algunas m u estras de d itiram b os, que tra­
du cim os. S on fragm en tos in com p letos y, con frecuencia oscu ­
ros; no es seguro su carácter ritual en sen tid o e stricto , cf.
P o w e l l , N e w C h a p te rs cit., I l l , 1933, págs. 209 sigs.
79 Se trata del regreso de D ioniso en prim avera, ocasión
del can to del ditiram bo.
80 Am m ón, identificado por lo s griegos co n Zeus, tenía en
Libia un o rácu lo que visitó Alejandro. Pero no se ve claro
a qué se refiere el fragm ento.
81 Im p osib le decir quién es la m uchacha de alas purpúreas
y quién es el h ijo de Ares.
LÍRICA POPULAR 87

(h) ...cerran d o los ojos en... en las redes ya... en


atad u ras retenga.

46 (PMG 1037) 82 ...con los dolores de p arto ni de


Tritogenia d añ ará (?)... haciendo helarse el m a r 83: pues
estas cosas... a aquéllas, u n a necesidad de tu s... pero
un him no de n u estra ansiedad... suplicante nacido de
la angustia, suaviza... pues a ti el pueblo que fundó
E ndim ión... so p o rtan su dolor que no duerm e... a aquel
le colocó en un lecho (?) para el sueño eterno en una
cueva... a la una de!... Ja h o n ra con libaciones, a la
o tra a la ciudad... (con su esposo) violentado en el
lecho y sus hijos e s tá ... hallando té rm in o M; y ahora
se alegra todo (el pueblo?)... desde lo m ás alto, desde
el palacio de rico co ronam iento... a ella que arro jó su
suciedad al m ar p o r o bra de los s e rv id o re s85... puso de
la vida... y toda la ju ventud con danzas... vertiendo
palab ras de escarnio y nadie... de la boca sin freno las
riendas... una norm a forzosa (im pide la violencia?) del

82 E ste poem a, que H a u s s o u l i .t er interp retó com o de boda,


es m ás bien un texto ritual para una fiesta en la ciu d ad de
H craclea del Latrao, en Jonia, cerca de M ileto. Se trata de
una fiesta prim averal, en que se pide protección divina, para
seeuir una descripción del m ito de E ndim ión, fun dad or de la
ciudad y am ante m ítico de la Luna. Zeus le con ced ió, a su
petición, un su eñ o eterno y es en él, según algunas version es,
cuando la luna le hizo suyo. A con tin u ación se describ e la
fiesta así com o un ritual poco claro. Se term ina con una in v o ­
cación a la diosa (o d io s) de la fiesta, sin duda la Luna (S elen e)
o Endim ión.
83 E ntiéndase: ni Á rtem is dañará a las m u jeres en su s par­
tos, ni la T ritogenia (A tenea) dejará que el m ar se hiele.
84 Parece que la Luna d escansa de sus dolores cuand o c o lo ­
ca en un antro a E nd im ión d orm ido (al que, desd e ahora, no
puede ver ya).
s? Se trata, quizá, de un bañ o ritual de la e statu a de la
Luna, baño de renovación en fiestas de e ste tipo.
88 I.TRTCA GRIEGA ARCA rCA

cuerpo, pues en torno a... prohíben to c a r 86. Y el polvo


al infinito (?)... en la ciudad y con in stru m en to s que
lanzan toda clase de sones hechizan (?)... uno tras o tro
en tre risas la voz... descanso, y el dolor a u n a alegría...
de la fiesta m ien tras uno de los criados un crudo...
afilado al fuego, a las casas libres de daños... y o tro
b a j o 87 el yugo a uncidos, a toros... ricos en leche (?),
llevan una v aria (carga?) de frutos de la estación...
y calla la lan zad era la que a las guardianas (?) de los
le c h o s ...88 y del de siete cuellos la d u e ñ a ...89 al le­
cho (?) al suelo el de igual lecho cae... en vasijas está
al lado... r i t o s 90. ¡Oh tú l a 91 que esa de etern a m e­
m o ria... en la que a ti ese inexperto en el le c h o ...92
de que en el m om ento de la boda, el cuerpo...!

86 En la fiesta hay libertad para toda clase de b u rlas y


sátiras, pero n o para el trato sexual.
87 L eo ϋττό, con W i i .a m o w it z . H ay dos rituales: un o en que
intervien e u n a estaca afilada al fuego; otro en que, parece,
hay u n os carros que transp ortan prod u ctos agrícolas.
88 ¿Las m u jeres? E s día de fiesta, la lanzadera descansa.
89 Se refiere, quizá, a un candelabro de siete brazos.
90 H ay, parece, vino y trato sexual entre lo s esp o so s, com o
en diversas fiestas de este tipo.
91 N o es seguro que haya referencia a la diosa; puede
tratarse de E nd im ión .
92 E s, sin duda, E ndim ión; antes se ha d ich o que ha sid o
«violentado».
IV

MONODIAS O DIÁLOGOS NO HIM NICOS

Incluim os a continuación u n a serie de breves frag­


m entos m étricos que hay que calificar de líricos en un
sentido am plio y que no contienen, nos parece, ele­
m entos corales. En realidad, en los m ás de ellos al
m enos, no hay u n coro p ropiam ente dicho que danza
y lanza gritos o refranes, y m enos aún un coro que
canta; en todo caso, está rep resen tad o p o r u n solista
que co n testa al solista que hace de jefe de coro: así
en los juegos infantiles.
Pero sí existe siem pre, en la m edida en que pode­
m os controlarlo, el grupo de los acom pañantes del
oficiante o solista. Son los particip an tes en la fiesta al
lado del sacerdote, los iniciados en los m isterios al lado
del hierofante, el co rtejo de boda fren te al novio o la
novia, los g u errero s al lado del general que canta, los
atletas al lado del heraldo, los com pañeros de trab a jo
al lado del que can ta la m onodia, los com pañeros de
juego al lado del niño que desem peña el papel central
en el m ism o, las m u jeres acom pañantes de la heroína
que se lam enta. Son un coro en un sentido m enos avan­
zado y d esarrollado que el de los coros a que estam os
90 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

aco stum brados; es com parable al de los com ensales


ju n to al sim p o siarca en el ap a rtad o que sigue a éste.
La lírica es siem pre algo colectivo, el solista exige un
au d ito rio que no sólo escuche, sino que tam bién p a r­
ticipe. En definitiva, el desarrollo de esta situación es
la creación de la lírica m onódica de un T erpandro , una
Safo, un Alceo, un Anacreonte. Aquí nos encontram os
con sus inicios.
Como decíam os, el canto del solista es, original­
m ente, algo m uy breve y tradicional. E n p a rte se trata ,
propiam ente, de fórm ulas com o las que recogem os en
el ap a rtad o de «Fórm ulas religiosas»: es fácil v er que
hay transiciones hacia las fórm ulas que hem os dado
en los fragm entos procedentes de lite ra tu ra hím nica.
En el sacrificio, en los m isterios, en la boda, etc., exis­
ten estas fórm ulas.
A veces están, ciertam ente, englobadas den tro de
una poesía com pleja de tipo popular que se nos ha
conservado m al, p ero de la que podem os hacernos
una idea. É ste es el caso, sobre todo, de las canciones
de boda o epitalam ios, que conocem os p o r referencias
y, sobre todo, p o r sus versiones literarias en Safo,
A ristófanes y Teócrito, sobre todo, m ás la im itación
sáfica de Catulo. Hay huellas claras de agón e n tre coros
de m uchachas y m uchachos, de intervenciones del no­
vio y la novia, de corales con canto alternado. Es este
un caso que se a p a rta u n tan to del a n te rio r de coros
«mudos»: si lo in troducim os aquí es, prim ero, porque
no es un género estrictam en te hím nico (aunque con­
tiene elem entos hím nicos, el canto de him eneo); se­
gundo, p o rq u e nos quedan dos pequeñas fórm ulas
procedentes de él. Hay sólo un ejem plo de o tro género
que tam poco es hím nico propiam ente, el treno, que
pasó a co n vertirse en literario con Sim ónides y en la
tragedia. E s que, sim plem ente, casi faltan ecos de tre ­
LÍRICA POPULAR 91

nos «populares», salvo los ecos que hayan dejado, even-


tualm ente, en los epigram as funerarios
Hay que ten er en cuenta que estas brevísim as m o­
nodias tradicionales enlazan y son com parables con
]os co n ju ro s y h asta con las canciones de trab ajo . Usan
de la repetición de palabras y de la aliteración abun­
dantem ente: son en cierta m edida el equivalente de
lo que los latinos llam aban carmen, que tan to es «can­
to» com o «hechizo» o «conjuro»; piénsese en los que
Catón recom endaba p a ra favorecer la fertilid ad de los
cam pos. Hay, pues, transiciones en tre plegarias como
las recogidas ya («llegó, llegó la golondrina», «llueve,
llueve, querido Zeus»), las fórm ulas religiosas que aquí
ofrecem os y los co n ju ros que tam bién aquí figuran; e,
incluso, algunas canciones infantiles que son antiguos
conjuros, com o el que hace que, golpeando una piedra,
caigan los p ájaro s (núm . 71). Los lím ites en tre religión
y m agia son fluidos: se pide a Zeus que llueva, al sol
que salga, a los orzuelos que desaparezcan, a tal dios
que venga, ello en form a que debe ad scrib irse ya a la
prim era, ya a la segunda, ya d eja la duda.
Es claro, de todos m odos, que n u e stra colección,
es decir, aquello que conservam os, es un m aterial m í­
nim o al lado del am plísim o que debió de existir. Con
él, p or ejem plo, poquísim o sabríam os de los epitala­
mios, de los que nos hacem os una idea p o r las versio­
nes literarias de que hem os hablado. Poquísim o de las
canciones de trab ajo , de las que tenem os u n solo
ejem plo: y, sin em bargo, tenem os noticias indirectas
relativam ente ab u n d an tes de las de tejedoras, m arine­
ros, canciones de vela, etc. Igual deberíam os decir de
las canciones gu erreras, con sólo dos ejem plos, pero
con derivaciones literarias com o son los poem as de
Calino y Tirteo, en tre otros.
' Cf. Orígenes..., pág. 84. Allí m ism o, págs. 90 sigs., sobre
el him eneo.
92 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

E stas dos canciones g u erreras o embateria, que evi­


dentem ente se can tab an p ara d ar ánim os a un ejérci­
to de hoplitas que desfilaba al son de la flauta cam ino
de la guerra, com o sabem os p o r la cerám ica y por
tantos testim onios, exigen alguna aclaración m ás. Así
com o en o tra s ocasiones nu estro s fragm entos m onó­
dicos son esa especie de carmen de que hem os habla­
do, aquí existe ya un cierto desarrollo m ás o m enos
literario, com o en casos ya estudiados de los falóforos,
la eiresione de Sam os y otros.
Y tam bién exigen aclaración los fragm entos en que
existe diálogo: según decíam os, en tre corego y uno de
los m iem bros del coro, que rep resen ta a los dem ás
(si es que no co n testan todos al unísono). É ste es el
caso de los varios juegos infantiles de co rro de que
se nos han tran sm itid o noticias y fragm entos, todos
del tipo de n u e stra gallina ciega en que el jefe del coro
ha de coger a uno de los m iem bros del m ism o, que le
sustituye luego en su papel. Aquí lo im p o rtan te es n o tar
que estos juegos son derivaciones de ritu al. E sto es
tan to m ás claro cuanto que hay fragm entos que es
dudoso si deben clasificarse en este apartado, p o r m ás
que se refieran a niños: así 67 «sal, querido sol» o 71
«da con la p iern a en la roca y caerán los pájaros»
podían ir, respectivam ente, a los capítulos de him nos
(o plegarias) y conjuros.
E sta evolución de lo sacral a lo lúdico es bien co­
nocida: b aste re co rd ar, sin salim os de Grecia, el o ri­
gen religioso de juegos com o el de tira r dos equipos
de los extrem os de una cuerda, el del colum pio, las
m uñecas, la pelota.
Más o m enos p arecida a esta evolución es la que, a
p a rtir de ciertos rituales en honor de divinidades
«vegetales» que am an y m ueren y son lloradas o b u s­
cadas, p ro d u ce u n a lírica lite raria fem enina, que pone
LÍRICA POPULAR 93

m otivos eróticos o trenéticos en boca de m u je re s 2.


E sta lírica está relacionada, p o r supuesto, con la hím-
níca en h o n o r de divinidades eróticas; hem os hallado
m u estras d en tro de este libro en poem as com o el de
la golondrina y, aunque los fragm entos son m enos
explícitos, hem os citado tam b ién dos him nos a Afro­
dita: de las derivaciones literarias en Safo y otros
auto res no hem os de h ab lar aquí, si bien pueden en­
co n trarse varias de diversos poetas en este m ism o
libro. H ab ría que llam ar la atención, ante todo,
sobre poesía p o p u lar erótico-trenética en h o n o r de p er­
sonajes m íticos com o B orm o, Litierses, Dafnis y tan ­
tos m ás.
Sucede, sin em bargo, que esta erótico-trenética po­
p u lar apenas está testim oniada con fragm entos lite ra­
les. Aquí hem os de lim itarnos a recoger uno, pensam os
que m onódico, puesto en boca de una de estas heroí­
nas abandonadas (núm . 74). E n cam bio, tenem os un
poco m ás de docum entación sobre canciones eróticas
ya no m íticas y de ca rác te r dialógico, en que hablan
u n a m ad re y u n a h ija, u n a am ante y su am ante, etc.
H an dejado huella clara en Alceo, Safo, A nacreonte y
o tro s po etas literario s. Pero su arran q u e p o p u lar se
en cu en tra en las llam adas canciones locrias, de las que
se nos ha conservado un fragm ento (núm . 75), al tiem ­
po que o tro p o sterio r den tro de la m ism a trad ición
(núm. 76). Aquí ya no hay huella de coro: se h a pasado
a un género «profano» y personal, que parece tuvo un
gran cultivo.

2 Cf. Orígenes..., págs. 90 sigs., 95 sigs., 243 sigs. y E l v i r a


«P oesía griega ‘de am igo' y p oesía arábigo-española»,
G a n g u t ia ,
E m é r it a 40 (1972), págs. 329-376.
94 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

FRAGMENTOS

1. F órm ulas r e l ig io s a s

47 (PMG 883) ¡Fuera, alm as! Ya no hay Anteste-


rias 3.
48 (PMG 862) La señora dio a luz un niño sagrado,
la F u erte al F u e rte 4.
49 (H ippol., Haer. V 7) ¡Llueve! ¡Préñate! 5.
50 (PMG 879, 2) — ¿Quién hay aquí?
—M uchos y gente de bien 6.
51 (PMG 879, 3) E stá vertida: invoca al d io s 7.
52 (PMG 881) E cha fuera, echa fuera a la c o r n e ja 8.

3 En el ú ltim o día de las A ntesterias, fiesta de D ion iso y


de los m u ertos, hab ía un concurso de bebida y se celeb rab a un
sacrificio a H erm es su bterráneo. Según creencia, las alm as de
los m uertos venían a beber y a participar del sacrificio. Aca­
bada la celeb ración, se las invitaba a volver a H ades. É sta es
la in terp retación m ás usual y verosím il.
4 Palabras del hierofan te o sacerd ote principal en lo s m is­
terios de E leu sis anu nciando el nacim ien to de un niño divino
(¿P lu to, h ijo de Tierra?). Era la culm in ación de la cerem on ia,
la prom esa del ren acim ien to de la vida tras la m uerte.
5 Palabras de los in iciad os en los m isterios de E leu sis. La
prim era la p ronu nciaban m irando al cielo, la segunda a la
tierra.
6 Palabras intercam biadas entre el sacerd ote y los que le
acom pañan, en A tenas, en sacrificios y lib aciones.
7 Fórm ula una vez vertida la libación.
8 T exto de tran sm isión y sen tid o m uy du doso, cf. F. PoR-
DOMINGO, págs. 327 sigs. Si la traducción que d am os es acertada
(pero hay quien entien de «desflora, d esflora a la esposa»), se
trata de un g rito ritu al, en las bodas, para alejar la in fecu n ­
didad y la m uerte, sim bolizad as por la corn eja solitaria.
LÍRICA POPULAR 95

53 (PMG 881) Con niños y con n iñ a s 9.


54 (PMG 855) Huí del m al, encontré el b ie n 10.

2. C a n c io n e s guerreras "

55 (PMG 856) Adelante, hijos de los ciudadanos de


E sp arta, p a tria de hom bres valerosos, con el brazo
izquierdo llevad el escudo delante m ientras m ovéis la
lanza con osadía sin escatim ar vuestras vidas: pues no
es tradición de E sp arta.
56 (PMG 857) Adelante, arm ados hijos de E sp arta,
e n tra d en la danza de Ares 12.

3. C a n c ió n de t r a b a jo

57 (PMG 869) Muele, m olino, m uele, pues que


tam bién Pitaco m uele, él que es rey de la gran Mi­
tilene 13.

9 O tro grito ritual p rop io de la cerem on ia de la boda;


m ás con cretam en te del can to de albada, tras la noche de bodas.
10 G rito ritual que pronunciaba en Atenas en las b od as un
m uchacho coron ado de esp in as y b ellotas y que llevaba un
cesto de panes. Pero tam bién se n os dice que lo pronunciaban
los in iciad os en los m isterios.
11 E stos dos e m b a te ria o can tos de guerra son p o esía tra­
dicional espartana (im itad a luego y hecha literaria por T irteo)
con la que el general alentaba al ejército, que desfilaba al
ritm o de la flauta. Son an ap estos escritos en dialecto dórico,
anón im os aunque a veces se atrib uyen a T irteo o Alem án.
12 Es decir, en la guerra.
13 Canción de los m olin eros de L esbos que con tien e una
alu sión nada clara al tiran o P itaco, contem p orán eo y en em igo
del poeta Alceo (s. v i a. C.), con qu ién con sp iró y a qu ién hizo
traición cuando se apoderó del poder. N o sab em os si se refiere
a los orígenes h u m ild es de P itaco o es una alusión ob scen a o
tien e que ver con algún castigo o su frim ien to del tirano.
96 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

4. C o n ju r o s

58 (E. 38) Aleja el búho que grita en la noche, el


búho del pueblo, ese ave que no puede n o m b rarse a
las ráp id as naves.
59 (E. 38 A) Huid, escarabajos. Un feroz lobo os
persigue 14.
60 (E. 38 B) Huye, huye: la cebada te persigue 15.
61 (E. 38 C) Huye, huye, ea, bilis: la alo n d ra te
persigue I6.
62 (PMG 878) Toca la flauta m ariandina en el m odo
jonio 17.

5. C a n c io n e s en lo s ju e g o s a tlé tic o s

63 (PMG 863) Com ienza el certam en, dispensador


de los m ás herm osos prem ios. El m om ento invita a no
tard a rse 18.
64 (PMG 865) T erm ina el certam en, dispensador
de los m ás herm osos prem ios. El m om ento invita a no
tard a rse 19.

14 Conjuro contra una erupción, que e s frotad a con cierta


piedra.
15 Conjuro con tra los orzu elos, frotad os con granos de ce­
bada.
M C onjuro contra ciertos cólicos. E stas palabras se escri­
b en en un octógon o de hierro fabricado a partir de un anillo.
17 Los tren os m arian dinos y a siáticos en general eran fa­
m o so s en Grecia. É ste era popular, a juzgar p or el esco lia sta
a E sq u ilo, P ersa s 940.
18 A n apestos del heraldo al com enzar los Juegos. E s du doso
en qué m ed id a n u estra fuente, Juliano, introduce m ás elem en ­
to s de ía antigua canción en la m oderna q u e transcribe.
19 Palabras finales del heraldo tras el certam en , quizá tam-
LÍRICA POPULAR 97

65 (PMG 866) Poned el pie en la línea de p artid a,


pie ju n to a p ie 20.

6. C a n c io n e s dh ju e g o s i n f a n t i l e s

66 (PMG 876 a) —Cazaré la m osca de bronce.


—La cazarás, pero no la cogerás 21.
67 (PMG 876 b) Sal, querido S o l22.
68 (PMG 876 c) —T o rtito rtu g a, ¿qué haces ahí en
m edio?
—Tejo la lana, la tram a de Mileto.
—Y tu hijo, ¿cóm o m urió?
—Saltó al m ar de las yeguas blancas 23.

bien abreviadas. Sobre el sen tid o , cf. F. P o r d o m i n g o , ob. cit.,


pags. 687 sigs. Los p articip an tes eran, parece, exh ortad os a
recoger el aceite y llevárselo, d ejand o el cam po lib re a los
su cesivos com p etid ores.
zu E xhortación del heraldo a los corred ores a n tes de darse
la señal. La «línea de partida» es la balbís en que se coloca­
ban los pies de los corred ores al salir y que h acía tam b ién de
línea de m eta.
21 Se trata de un ju ego parecido al de la gallina ciega. El
niño-m osca se coloca en el cen tro y pronuncia la prim era frase,
m ientras los dem ás danzan en torn o a él y le c o n testa n la
segunda, dándole con correas. C uando el niño-m osca captura a
alguno, éste pasa a hacer su papel.
22 Los niñ os, se nos dice, decían e sta s palabras, acom pa­
ñándose de palm adas, cuando el sol quedaba ocu lto por una
nube. Y el sol obedecía.
23 La «tortitortuga» es una m uchacha que se m an tien e en
m edio del corro y que en esta versión (la de P ólux) teje: con
su lanzadera hace pasar la tram a entre la urdim bre. Pero al
tiem po encarna a la heroína de un m ito que ha perdido a su
hijo: dialoga con una de las del coro y su p on em os que al
m encionar cóm o su h ijo cayó al m ar se lanza sob re su inter-
locutora (que, si es capturada, hace el papel de tortu ga). La
interp retación ganó con la de M. L. W e s t («E rinna», ZPE 25
[1977], págs. 95-119, sob re tod o 101 sigs. y 112 sigs.) de la Rueca
98 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

69 (PMG 875) — ¿Quien el pote?


—Hierve.
— ¿Quién en to rn o al pote?
—Yo, M id a s 24.
70 (Theophr., Char. 5) Odre, h a c h a 25.
71 (E. 37) Da con la p ierna en la roca y caerán los
pájaro s
72 (PMG 861) Echo fu era al cabrito c o jo 27.
73 (Poll. IX 127) ¡Pst, Melíades! ¡Pst, Reas! ¡Pst,
Melias! 2S.

7. C a n c io n e s e r ó t ic a s

74 (PMG 850) Altas son las encinas, oh M enalcas 29.

de Erina, p o e tisa del s. ív a. C., que alude al ju ego. En dicho


pasaje la «tortuga», en vez de tejer, ha card ado la lana y se
d isp on e a hilarla.
24 El ju e g o del p ote es parecido. Un niñ o, sen tad o y lla­
m ado «el pote», recib e golpes de ios que corren en torno, h asta
que captura a un o, que le su stituye.
25 Se refiere a un juego in fan til difícil de determ inar ju ga­
d o entre e l in vitad o (qu e pronu ncia esta s palab ras) y los
h ijo s de su h u ésped. Tal vez se trate de una cantinela que hay
que saber d e m em oria.
26 C onjuro in fan til con el que su p u estam en te se hace caer
a los pájaros.
27 Un ju e g o taren tin o. El «cabrito cojo» es un niño, quizá
juega a la p a ta coja.
28 Juego de n iñ os que su cesivam en te se dirigen a las n in fas
de los m anzanos, granados y fresn os y ech an a correr com p i­
tien do entre sí.
29 Se tr a ta de la canción llam ada nomio que nuestra fu en te,
A teneo, atrib u ye a la p o e tisa Erifánide: enam orada del caza­
dor M enalcas le bu scab a p or los m on tes, con la canción a que
perten ece e sta frase. E n realidad, es el tem a del am ante d esap a­
recido, b u scad o p or la enam orada y un coro fem en in o. Sin
LÍRICA POPULAR 99

75 (PMG 853) Oh, ¿qué es lo que te pasa? No nos


delatem os am bos, te lo ruego. Antes de que é l llegue,
levántate, no te vaya a cau sar u n a terrib le desgracia
a ti, y tam bién a mí, la desdichada. Ya es de día: ¿no
ves la luz p o r la ventana? 30.
76 (P., pág. 184) [ M u j e r ] N ada siento p o r t i ni
tengo p o r qué concederte favores y h asta duerm o con
otro, am ándote tanto. Pero, p o r A frodita, m ucho m e
alegro de que tu m anto m e quede en prenda.
[H om bre] P ues yo m e m arc h o y te d e jo el cam p o
lib r e . H a z lo q u e q u i e r a s .
[M u je r ] N o lla m e s g o lp e a n d o e l m u r o , h a r á s r u id o ,
s i n o q u e , a t r a v é s d e l a p u e r t a , t e l l e g a r á u n a s e ñ a l 31.

77 (PMG 873) M uchachos a los que h a tocado en


suerte d isfru ta r de las G racias y de unos pad res no­
bles, no rehuséis v u estra ju v en tu d p a ra a m ar a los
Λ-alientes; pues, al lado del valor, Eros, que d esata los
m iem bros, llorece en las ciudades de los c a lc id io s32.

duda, fue adop tado y hech o literatu ra por E rifán id e, a quien


luego se atribuyó la aventura, com o a S afo en el caso de F a ó n .
!i A teneo n os transm ite este fragm en to com o m u estra de
las cancion es locrias, cancion es de adu lterio, dice. S on las
palabras de una m ujer a su am ante al llegar el día. S ob re esta
canción y la siguiente, cf. E. G a n g u t i a , art. cit. en la «In tro­
ducción».
31 Poem a b astante en igm ático, p roced en te de un a in scrip ­
ción de M arissa, en P alestina, del s. η a. C. E s sem eja n te a
los poem as locrios, com o puede verse. Refleja, parece, un am a­
go de ruptura y una reconciliación.
:2 Canción de am or p ed erástico de lo s calcid ios de Eubea.
Celebraban en ella la m uerte de un am ante (C leóm aco de Far-
salia o un calcidio de Tracia), en la batalla, en p resen cia del
am ado.
V

ESCOLIOS

El final de las Avispas de A ristófanes (1174 sigs.),


en tre otro s varios pasajes, nos inform a del uso ático
de in terc am b ia r en el b anquete las canciones llam adas
escolios: canciones breves, cantadas en solo. Es una
co stu m b re deriv ad a de la tradición antigua de la lírica
m onódica.
E fectivam ente una larga serie de poem as m onódi­
cos de Alceo, Safo y A nacreonte, sobre todo, son pues­
tos en su boca com o dirigidos ya a los particip an tes
en el ban q u ete, ya, en general, a los p articip an tes en
fiestas celebradas p o r un círculo íntim o, cual el de
Safo. P ero tam b ién elegías com o el fr. 1 de Jenófanes,
las de Teognis, etc., se dirigían a los com ensales; y
yam bos, tales m uchos de Arquíloco.
A p a r tir de un m om ento dado el canto en el b an ­
quete consistía bien en la ejecución de obras de los
antiguos poetas, com o las m encionadas, bien en la
creación de nuevas im provisaciones. E n definitiva, lo
que los líricos h ab ían hecho es pasar de la im provisa­
ción p ro p ia de la fiesta a poem as originales; y la im ­
provisación continuó existiendo a su lado. Pero el arte
de im p ro v isar poesía no es, evidentem ente, un don ex­
tendido, y se suplía con sab er de m em oria ya poem as
LÍRICA POPULAR 101

elegiacos, ya pequeñas estrofas líricas anónim as, que


estaban al alcance de cualquiera. En Teognis (en reali­
d ad una colección m ezclada), en colecciones diversas
de epigram as, en las de escolios com o las que aquí
traducim os, nos han quedado m u estras de esta poesía
poptilar: po p u lar tan to p o r el ca rác te r anónim o de su
creación com o p o r su am plia difusión que, a veces,
co m p o rta variantes diversas.
Hay, en definitiva, un repertorio, ya de poem as de
a u to r conocido, ya de otros anónim os. E stos últim os
son, si prescindim os de la elegía, los escolios.
Se tra ta de pequeñas estrofas que, en realidad, son
una im itación o derivado de las de la lírica m onódica
an terio r, p rincipalm ente eolia, pero no sólo eolia. In ­
cluso el m ism o térm in o escolio, que significa «torcido»,
con alusión al paso en zigzag de la canción de unos
com ensales a otros siguiendo la entrega de una ram a
de m irto o laurel >, lleva en griego u n a acentuación
p ro p ia del dialecto e o lio 2.
Por lo dem ás, lo que a p a r tir de los antiguos poetas
podem os ded u cir sobre el b anquete de los nobles des­
de el s. v i t a. C., y lo que a p a r tir de los escolios y de
las fuentes diversas deducim os sobre los banquetes
de la sociedad ateniense en el s. v, nos p resen ta un
pan o ram a absolutam ente com parable. E n realidad, la
co stu m b re del canto coral, el peán, seguido de in te r­
venciones individuales, ya hím nicas, ya gnóm icas, ya
satíricas, etc., deriva de la fiesta religiosa tal com o ya
la describía el H im no a Hermes, 54 sig s .3. Luego, un
poem a com o el fr. 1 de Jenófanes au e acabam os de
m encionar, deja ver bien claram ente las tres fases:

1 El aísakos de que habla P lutarco, 615 b. Pero hay otras


in terp retacion es de la palabra.
2 Sob re el esco lio en general cf. R . R e i t z e n s t e i n , E p i g r a m m
u n d SkoHon, G iessen, 1893.
3 Cf. Orígenes, págs. 65 sigs.
102 T.ÍRICA GRIEGA ARCAICA

poem a del sim posiarca (el propio Jcnófanes en este


caso) dirigido a los com ensales; peán coral de éstos;
e intervenciones de los m ism os. Y, sobre todo, la co­
lección que se nos ha tran sm itid o con el nom bre de
Teognis, y que contiene poem as de Teognis y otros
poetas, es u na colección destinada a! canto o Ja reci­
tación en el ban q u ete, que contiene clarísim as huellas
de poem as varios que desarrollan en com petición un
m ism o m otivo, se critican o responden unos a
otros, e tc .4.
A veces conocem os el desarrollo de ciertos tem as
en unos y o tro s poetas. Así, sobre el de «qué es lo m e­
jor», «qué es la virtud», etc., tenem os poem as de Tir-
teo, Safo, Solón, Praxila, Focílides, Teognis, así como
nu estro s escolios. El tem a del barco com o sím bolo del
estado se nos p resen ta en Arquíloco, Alceo, Teognis y,
una vez m ás, en n u estro s escolios. El tem a de !a juven­
tud, la vejez y la m u erte, en M im nerm o, Sem ónides,
Solón, Teognis, etc. Tem as p uram ente sim posíacos
com o el de la bebida, el del am or, etc., son frecu en tí­
simos. Y tam b ién otros íntim am ente relacionados con
el hecho de que los b an au etes en cuestión son de gru­
pos aristo crático s que están rodeados de un entorno de
luchas políticas, ascenso de las clases populares, etc.:
el tem a de los am igos, la traición, la fidelidad, etc. Lo
vemos en Arquíloco, Alceo, Teognis y tantos poetas
m ás: en tre ellos, los anónim os autores de nuestros
escolios. Y tam bién la sátira, la fábula, la m áxim a.
La poesía sim posíaca presenta, pues, unas caracte­
rísticas m uy constantes. Las Avispas de A ristófanes, del
año 422, nos dan la im agen m ás fiel de lo que era el
banquete de las clases distinguidas —no aristo cráticas
precisam en te en este caso, pues se tra ta de u n ban-

4 Cf. d etalles en m is Líricos Griegos, Elegiacos y Y a m b ó -


grafos arcaicos, II, B arcelona, 1959, págs. 128 sigs.
LÍRICA POPULAR 103

qucío cuya principal íigura es el dem agogo Cleón, a


lines del s. v— . Se nos cuenta, prim ero, la lección de
buen co m portam iento social dada p o r Bdelicleón a su
padre Filocleón y, después, el com portam iento detes­
table de éste. El com ensal debe co n tar anécdotas chis­
tosas y que le dejen en buen lugar; y debe c a n ta r esco­
lios, acom pañado de la flautista. Se nos dan ejem plos
de escolios, algunos precisam ente de los conservados y
traducidos aquí p o r nosotros, otros no. Lo notab le es
que se nos hace ver que un escolio debe ser contestado
de m anera o p o rtu n a con otro, absolutam ente igual que
en el caso de las elegías de la colección teognídea.
Pero hay luego las b u rlas que se hacen unos a otros los
com ensales, ya com parándose con anim ales, ya p ro p o ­
niéndose preg u n tas del tipo de «¿a qué se parece...?»
E stas ú ltim as ocurrencias son consideradas com o p ro ­
pias del p atán que es Filocleón, y tam bién son descar­
tad as fábulas com o la del rató n y la com adreja y pe­
queños m itos com o el de la Lam ia. Pero estam os segu­
ros de que tam bién esto era propio del banquete.
E n tre o tras cosas, p o rque en Teognis y en n u e stra m is­
m a colección de escolios hay huellas de todo e llo 5.
H ablam os de colección y, en realidad, se tra ta de
dos colecciones que deben pro ced er del s. v a. C. aun­
que contienen m aterial m ás antiguo. Una de ellas nos
ha sido tran sm itid a p o r Ateneo 694 C y sigs.; contiene
25 escolios (PMG 884-908). Es claro que su ordenación
no es casual, puesto que em pieza con cuatro him nos,
análogam ente a com o sucede en las dos colecciones
den tro del libro I de Teognis (versos 1 sigs. y 757 sigs.);
hav luego, en ella, huellas de una organización in tern a
ya sobre la base del m etro, ya de los tem as 6. La otra

' V éanse m ás d atos en Orígenes, págs. 102 sigs.


* Sobre esta colección véase F r a n c is c o J. C u a r t e r o , « E s t u ­
d ios sobre el esco lio ático», B oletín del In s t i tu to de E s tu d io s
Higiénicos 1 (1967), págs. 5-43. Es un buen estu d io, aunque pien-
104 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

nos ha sido tran sm itid a p o r Diógenes Laercio 7 y reco­


ge escolios atrib u id o s apócrifam ente a los siete sabios
(con excepción de P eriandro), que los h ab rían cantado
en el b an q u ete que la leyenda les atribuye a p a rtir de
algún m om ento del s. vi o v.
Se tra ta de poem as de extensión variable, en tre los
cuales los m ás antiguos parecen, en principio, los dís­
ticos de la p rim era colección, de ritm o coriám bico, que
en p a rte al m enos rem o n tan a la época de P isistrato,
en el s. vi. Son poem as a veces m utilados p o r el p rin ­
cipio o el final; algunos p resen tan variantes, com o es
propio de la poesía p o p u lar (cf. PMG 893 a 896, va­
rian tes del escolio de H arm odio; 899 v 900, id. del de
Âvax). E stas varian tes eran m ás num erosas, cf. la
de PMG 911 (no de Ateneo, procede de A ristófanes)
del escolio de H arm odio. H abía en Atenas m uchos esco­
lios m ás, sin duda: a la colección de Ateneo añadim os
aquí, ap a rte de PMG 911, PMG 912, dos fragm entos
procedentes de A ristófanes; y había otros m ás aún,
com o el escolio a B óreas del que sólo conocem os el
títu lo (en H esiquio). P or o tra parte, la m ism a exis­
tencia de la colección de escolios atribuidos a los siete
sabios testim o n ia esto.
Claro que no podem os asegurar que esta segunda
colección pro ced a de Atenas. En todo caso, parece
claro que los h áb ito s del banquete no eran diferentes
en Atenas y en otro s lugares. C onsiderando en con­
junto n u estras colecciones, hallam os los tem as siguien­
tes, que en cu en tran fácilm ente paralelos, com o hem os
dicho, en la poesía sim posíaca en general:

so que lleva d em asiad o lejo s la clasificación de lo s e sco lio s


entre los de los P isistrátid as, los de los A lcm eónidas y los del
partido de M ilcíades: a veces es im p osib le decidir.
7 I 34, 61, 78, 85, 91, Cf. B. S n e i .l , Leben u n d Meinungen
d e r Sieben Weisen, M unich, 1952, págs. 60 sigs.
I.ÍR1CA POPULAR 105

a) Himnos. Son, com o queda dicho, PMG 884-887,


poem as en h o n o r de Atenea, D em éter y Perscl'one,
Febo y Á rtem is y Pan. Con ellos abría el ban q u ete el
sim posiarca, m uy probablem ente. Tienen ca rác te r ate­
niense, véanse las notas (m enos claram ente el PMG
886).
b) Temas míticos. Los dos escolios PMG 898 y 899
sobre Ávax y Aquiles, aunque m uy posiblem ente en­
cierran u n a alusión h istórica a la conquista de Sala-
m ina p o r Atenas el año 570 a. C. Cf. tam bién PMG 897
(Admeto).
c) Temas históricos. Los escolios pueden alu d ir in­
directam en te a tem as históricos: así quizá en el caso
de los dos de Ávax citados; en el del him no a Pan
(PMG 887), que se apareció a un m ensajero ateniense
el año 490 y p ro m etió la victoria de Atenas en la p ri­
m era guerra m édica, dedicándosele u n a capilla en 'a
Acrópolis; en el de PMG 900 y 902, que parecen refe­
rirse al establecim iento y la reorganización, resp ecti­
vam ente, p o r P isistrato de las G randes Dionisias y las
P anateneas. In d irecta es tam bién la referencia en
PMG 906 a Cedón, de quien sólo se sabe que realizó
un fracasado in ten to de d e rrib a r a los tiran o s antes de
los Alcm eónidas, esto es, antes del 514 a. C. No es claro
PMG 888, seguram ente fragm entario y, en todo caso,
co rrupto. Pero son ya directos los escolios, m encio­
nados, en h o n o r de los tiranicidas H arm odio y A risto­
giton, que el año 514 m ataro n al tiran o H iparco, hijo
de P isistrato, quedando vivo H ipias, su o tro hijo. Al­
gunos de ellos tom an la form a im itad a del him no e
igual PMG 907, episodio de Lipsidrion: algunos aris­
tó cratas del p artid o de los Alcm eónidas que se suble­
varon co n tra H ipias y, fracasados, se refugiaron en c=e
fuerte, fueron m uerto s p o r el tiran o en algún m om ento
en tre el 514 y el 510 a. C.
106 LÍRICA GRTEGA ARCAICA

c) Teína de los «amigos», con fu e rte distinción


en tre los «buenos» (los nobles) y los «malos» (la clase
p o p u lar o bien p artid o s rivales) e insistencia en el
tem a de la fidelidad, de la doble lengua de los «malos»,
la dificultad de conocerlos... Cf. PMG 889, 897, 903,
E. 29, 30, 31, 32, 34. Se censura al que critica siendo
él peo r (PMG 892), al que in ten ta ser am igo de am bos
bandos (PMG 912 a). Pero sólo u n a vez, en E. 33, se
aconseja u n a política de conciliación con todos los
ciudadanos.
d) Tem as convivales. Me refiero a los escolios que
recom iendan b u sca r la satisfacción en la com ida, la
bebida y el am or, alejándose de toda am bición: son
PMG 902, 904, 913 (éste en Ateneo, pero no es de la
colección). P ero tam bién a tem as com o el de «¿qué
es lo m ejor?», que d esarrolla PMG 890 y al de la con­
d u cta en general en la vida, sobre el tem a de la nave
( PMG 891).
e) Sátira. Aparece en varios escolios ya citados,
cf. tam bién PMG 905.
E stán, pues, todos los escolios d en tro de u n a tra d i­
ción bien conocida. Y no sólo p o r los tem as, que aca­
bam os de ver, sino tam bién p o r la form a: hím nica,
derivación de la fábula (PMG 892, el cangrejo y la ser­
piente, que h a pasado a las esópicas, núm . 211 de las
Anónim as), de la m áxim a o re frán (PMG 902, 904, m á­
xim as anim ales), com entario del m ito (PMG 897), ex­
hortación ( k atake leusm ós) a los com ensales (PMG 902,
E. 30, 33) o al copero (PMG 906), tem as de «lo m ejor
es...», «ojalá yo fuera...», «ojalá fuera posible.,.», etc.
Ahora bien, es ésta una tradición que, com o hem os
dicho, atrav iesa varios siglos y que, de o tra p arte , tie­
ne fluctuaciones de pensam iento, como se ve asim ism o
en la colección teognídea. En térm inos generales pue­
de calificársela, com o hem os dicho, de aristocrática.
F sto se ve p o r la tendencia general y, tam bién, p o r los
LÍRICA I’OIH LAR 107

escolios que glorifican a Cedón, a los sublevados de


L i p s i d r i o n y a l o s tiranicidas: es d e c i r , al p artid o q u e
luchó co n tra los tiran o s de Atenas, los P isistrátidas,
h asta derribarlos.
No parece claro que, en cam bio, haya escolios a fa­
vor de los P isistrátid as. En todo caso, los que a través
de Ávax aluden a la reconquista de Salam ina o los que,
quizá, se refieren a las fiestas instituidas o re fo rm a­
das p o r P isistrato o sus hijos, tocan tem as que a toda
Atenas, no sólo a los am igos del tirano, debían de ser
gratos. Y es m uy dudosa la existencia de una tenden­
cia p ro -p isisírátida en PMG 897 (escolio de Adm eto) v
912 b (id. de C litág o ras)8. De o tra p arte, escolios en
que puede h ab e r un eco de las guerras m édicas, sobre
todo el PMG 887, a Pan, serían gratos a toda Atenas y
no sólo a un p artid o , aunque la creación del santuario
de Pan se asocie al nom bre de M ilcíades en un epi­
gram a de la Antología Planudea (232).
P or lo dem ás, hay que ten er en cuenta que la aris­
tocracia ática de fines del s. vi contribuyó a fu n d a r la
dem ocracia: no es, en form a alguna, antidem ocrático,
aunque d en tro de ella ciertos círculos continúen fo­
m entando el desprecio por los «malos». Precisam ente
los escolios relativos a H arm odio presen tan una curio
sa falsificación h istó rica en cuanto atribuyen a los tira ­
nicidas la fundación de la dem ocracia ateniense. La
verdad es que los tiranicidas fallaron, al d e ja r vivo al
tiran o H ipias, ν que sólo con ayuda espartana fueron
derrib ad o s los tiran o s el año 510 a. C. Pero esto les
resu ltab a m uy duro de reconocer a los atenienses, sin
duda.
Añádase que, com o hem os visto, en banquetes como
los de Cleón y sus am igos, dem ócratas radicales de las
clases m ercantiles enriquecidas, se cantaban los esco-

* fisa es ¡a o p in ió n de C h a rte ro , lu g . c i t ., p á g s. 11 sigs.


108 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

líos: evidentem ente, cualquiera podía definir a los


«buenos» y «malos» a su m anera y en cualquier p arte
eran de actu alid ad tem as com o los de los am igos y
otros. Un cierto apoliticism o se trasluce en PMG 890,
donde «lo m ejor» es la salud y no la ju stic ia com o en
otro s poetas. Lo que es claro es que, cualquiera que
fu era su origen, estos poem itas en ritm os de la m ono­
dia lesbia se hicieron populares en la Atenas de fines
del s. VT y del v, en los am bientes distinguidos, al lado
de la elegía. De ahí que vivieran e n tre v ariantes y
fluctuaciones tem áticas com o las que hem os observado
y o tras m ás. Y que, com o expresión de antigua sabi­
duría. fu eran atrib u id o s incluso a los Siete Sabios. Un
tan to desligados ya de la antigua tradición de la lírica
popular, claram en te influidos p o r la lírica literaria,
significan, en cierto m odo, u n a nueva fase en que ésta
vuelve a hacerse p o p u lar en u n sentido casi m oder­
no ya.

POEMAS

78 (PMG 884) Palas T rito g e n ia 9, señora Atenea, pon


en pie a esta ciudad y sus ciudadanos sin dolores ni
luchas civiles ni m u ertes antes de su tiem po —tú y tu
padre.
79 (PMG 885) C anto a la m adre de Pluto, la olím ­
pica D e m é te r10, en la estación que tra e las c o ro n a s 11,

9 E p íteto cu ltu al de A tenea en A tenas, de origen oscuro


(«La nacida tr es veces» carece de sentido; quizá e s «la nacida
ju n to a la lagun a Tritónide [o ei río Tritón]», en Libia.)
10 P lu to, «la Riqueza» (es decir, la co sech a ), es h ijo de
D em éter, la d io sa agraria que aquí es calificada de «olím pica»
com o herm ana de Zeus que es. E lla ν su h ija P erséfon e reci­
bían culto en E leu sis, ciu dad del Ática, com o se sabe.
11 Es decir, en prim avera. El esco lio se refiere segura­
m en te a la celeb ración de las E leu sinias m en ores, en el m es
A ntesterión.
LÍRICA POPULAR 1Ü9

y a ti, h ija de Zeus, Perséfone. Salud y proteged las


dos a esta ciudad.
80 (PMG 886) E n Délos dio a luz a sus hijos en
otro tiem po Leto: a Febo de cabellos de oro y a la
cazadora de ciervos, Á rteinis m ontaraz, que tiene gran
poder sobre las m u jeres 12.
81 (PMG 887) Oh P a n 13 que cuidas de la ilustre
Arcadia, danzarín, acom pañante de las ninfas ru m o ro ­
sas: sonríe, oh Pan, com placido p o r estos alegres cantos
míos.
82 (PMG 888) V encim os com o queríam os y los
dioses nos dieron la v ictora desde P ándroso 14... (?).
83 (PMG 889) O jalá fu e ra posible, abriendo el pe­
cho p a ra ver cuál es cada uno, contem plando su pensa­
m iento luego y cerrando después, considerar ya a un
hom bre am igo sin engaño 15.
84 (PMG 890) E s ta r sano es lo m ejo r p a ra u n m or­
tal; lo segundo, se r herm oso de cuerpo; lo tercero,
ser rico sin engaño; y lo cuarto, fe ste ja r en unión de
los am ig o s,6.

12 Les ayuda en los partos y a ella se atrib uyen las m uertes


rep en tin as de m ujeres. Febo (A polo) y A rtem is son h ijo s de
Leto y Zeus.
13 V éase In trod ucción. Pan recibía cu lto en Arcadia y allí
es donde se apareció a F ilípides, que llevaba a E sp arta la
n oticia de la tom a de E rctria por los persas el año 490 a. C.
Pan es rep resentado siem pre danzando con las ninfas.
14 Una de las tres h ijas de Cécrope, prim er rey m ítico de
Atenas. R ecib ía culto en el E recteo. N o está claro a qué se
refiere el escolio: quizá al triu n fo en las guerras m édicas.
15 Q uizá derivado de una fábu la (M om o rep rocha a Pro­
m eteo n o haber fabricad o así al hom bre, cf. E u s t a c i o , Od.
1574, 16).
16 Cf. su pra, In trod ucción. P osib lem en te resp on d e a un
poem a que proclam aba que lo m ás excelen te es la ju sticia,
liü LIRICA GRILGA ARCAICA

85 (PMG 891) ...desde tie rra hay que estu d iar ei


rum bo, si uno pued e y tiene a rle p ara ello. Pero cuando
se está ya en aita m ar hay que capear según las cir­
cunstancias 17.
86 (PMG 892) Asi dijo el cangrejo cogiendo a la
serpiente con la pinza: «lii am igo debe e sta r derecho y
no pen sar torcido» !\
87 (PMG 893) E n u n a ram a de m irto llevaré la
espada com o H arm odio y A ristogiton cuando m ataro n
al tiran o y d iero n a A tenas leyes iguales p a ra todos 19.
88 (PMG 894) Q uerido H arm odio, todavía no has
m u erto , dicen que estás en las islas de los bienaventu-

coin o li-ou.MS, 255 s i g . (en realidad p roced en te de una in scrip ­


ción en e l t e m p l o d e D élos;, F u c í l í d e s , i ü , y E u í u í ' I o l s , Creusa,
Ir. 329 N . La superioridad de la salud, tam bién en un frag-
m en to en A r i s t ó t e l e s , R e tóric a 1394 b 13.
11 E sta variación dei lem a de la nave del esta d o (cf. su p ra )
es p osib iiista, a d iferencia de otras que pon en el én fasis eri la
unidad de la ciudad, la su periorid ad de los n ob les sob re el
p u eb lo o los in con ven ien tes a e la tiranía. Cf., en tre otros e stu ­
dios, m i artículo «Origen del tem a de la nave d el E stad o en un
papiro de A rquiloco», A e g yp tu s 35 (1955), págs. 206-210.
18 Cf. supra. E s, evid en tem en te, la resp u esta a un co m en ­
sal que critica ai autor o que c iitic a a otra p erson a p resente
o au sen te. En la fábu la anón im a derivada se desarrolla el tema:
el cangrejo m ata a la serpien te y ie dice que no es ahora cu an ­
do debe quedar bien derecha, ya es Larde.
19 Cf. su pra. El esco lio alude al term ino iso n om ía «igual­
dad legal», h istó rica m en te anterior al de dem ocracia, lo que
testim on ia su alta antigüedad. Los tiran icidas fu eron ob jeto de
honor desde fe ch a antigua: se erigió tras el año 510 un grupo
escu ltórico en bronce que los rep resentaba, obra de A ntenor,
que Jerjes se llevó de A tenas y fu e devuelto a ésta por Ale­
jandro. Pero en tre tan to, tras el 480, se erigió un segun do grupo,
obra de Critias y N esio tes. Los tiran icidas m ataron a H iparco,
tino de los dos herm anos tiran os h ijos de P isistrato, en la p ro­
cesión de las P anateneas, llevando escondida la espad a com o
dicen los e sco lio s.
LÍRICA POPULAR 111

rados donde Aquiles de pies rápidos y dicen que Dio­


m edes, hijo de Tideo.
89 (PMG 895) E n una ra m a de m irto llevaré la
espada com o H arm odio y A ristogiton cuando en la fies­
ta de Atenea m ataro n al tirano H iparco.
90 (PMG 896) Siem pre tendréis gloi'ia en la tierra,
queridos H arm odio y A ristogiton, cuando m atasteis al
tiran o y disteis a Atenas leyes iguales p a ra todos.
91 (PMG 897) Conociendo, com pañero, la h istoria
de A d m eto 20, sé am igo de los buenos y m an ten te lejos
de los m alos, sabedor de que escasa g ra titu d hay en los
hom bres viles.
92 (PMG 898) Lancero Á yax21, hijo de Telam ón,
dicen que fuiste el m ejor de e n tre los Dáñaos que lle­
garon a Troya, después de Aquiles.
93 (PMG 899) Dicen que Telam ón fue el p rim ero y
Áyax el segundo de e n tre los Dáñaos que llegaron a
Troya, después de Aquiles 22.

20 Aclmeto, rey de T esalia, debe m orir porque ha llegado


su hora, pero su m u jer A lcestis se ofrece a su stitu irle, m ien ­
tras que su padre F ercs se niega. De ahí la d istin ción entre
«buenos» y «m alos».
21 El tem a de que Áyax era en Troya el m ás fu erte héroe
griego desp u és de A quiles viene de H om ero, Iliada II 768 sig.,
cf. tam bién A lceo, 387 V. Pero aquí se destaca precisam en te,
a Áyax, com o héroe de Saiam ina y, por tanto, en cierto m odo,
aten ien se (cf. supra): en la propia Iliada i l 557 sig. (en lo que
pasaba por Interpol ación a ten ien se) Áyax colocaba su s barcos
al lado de los de A tenas. Áyax era h ijo de Telam ón, herm ano
de P eleo (el padre de A quiles); se había desterrado en la isla
de Salam ina, don d e n ació Áyax de su un ión con Peribea.
22 C on testación por parte de o tro com en sal al d ístico ante­
rior. T am bién T elam ón estu v o en Troya: pero no en la guerra
cantada por H om ero, sin o en una anterior c on q u ista de la
ciudad, en u n ión de H eracles, cuand o se un ió a H esíon e, de
112 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

94 (PMG 900) O jalá me convirtiera en una lira de


m arñ l y unos bellos m uchachos me llevasen a la dan­
za de Dioniso 23.
95 (PMG 901) O jalá m e convirtiese en u n bello cal­
dero de o ro no puesto al fuego y me llevara u n a m u je r
herm osa de lim pio c o ra z ó n 24.
96 (PMG 902) Conmigo bebe, conm igo festeja, con­
m igo am a, conm igo ponte la corona: conm igo enlo­
quece cuando yo enloquezca, sé tem p eran te cuando yo
lo sea.
97 (PMG 903) B ajo toda piedra, com pañero, se
m ete un escorpión. Cuidado no te m uerda: a lo
oculto le acom paña todo engaño.
98 (PMG 904) El cerdo tiene una bellota y desea
coger otra. T am bién yo tengo u n a niña herm osa y de­
seo coger o tra.
99 (PMG 905) La p u ta y el bañero tienen invaria­
blem ente la m ism a costum bre: en la m ism a b añ era
lavan al b u en o y al m alo.
100 (PMG 906) E scancia vino tam bién a C e d ó n 25,
servidor, no te olvides, si es que hay que escanciar a
los buenos.

ia que tuvo com o h ijo a Teucro, herm ano, por tan to, de Ayax
sólo de padre.
23 Si realm en te hay referencia a las G randes D ionisias fu n ­
dadas por P isistrato se trata del concurso de ditiram b os entre
coros ju ven iles, concurso que se añadía a los teatrales bien
conocid os.
24 R esponde, sin duda, al d ístico anterior (am or h etero se­
xual fren te al hom osexu al). H ace alusión a las d on cellas que
llevaban v a so s sagrados en la p rocesión de las P anateneas.
25 Sobre este p ersonaje, que in ten tó derrocar a los tiran os,
cf. In trod ucción.
LÍRICA POPULAR 113

101 (PMG 907) ¡Ay, ay, L ip sid rio n 26 tra id o r a los


amigos! ¡A qué clase de h om bres perdiste, buenos p ara
el com bate, h ijos de estirp e noble, que m o straro n en­
tonces de quiénes eran hijos!
102 (PMG 908) E l que no traiciona a u n amigo,
gran h o n o r tiene en tre los hom bres y los dioses, según
mi estim ación.
103 (PMG 911) No hubo nunca un ho m b re en
Atenas 27...
104 (PMG 912) (a) No es posible z o rre a r ni ser am i­
go de am bos bandos.
(b ) Dinero y violencia a C litágora y a mí en unión
de los tesalios 28.
105 (PMG 913) Un m arido no debe ten er m uchas
cosas, sino am ar y com er: ¡y tú eres ahorrativo!

E s c o l io s a t r ib u id o s a lo s S i e t e S a b io s ( T a l e s , S o ló n ,
Q u il ó n , P itaco , B ia s y C l e o b u l o ).

106 (E. 29) N unca las m uchas p alab ras h an sacado


a luz u n a sentencia sensata: busca u n a sola cosa que
sea sabia, u n a sola excelente. Así harás callar las len­
guas de p alab ras infinitas de los charlatanes.
107 (E. 30) Puesto en guardia m ira a todo hom bre,
no sea que lleve una espada oculta en su corazón y te

26 Cf. In trod ucción.


27 Es una variante del esc o lio de H arm odio.
28 Parece el com ienzo del m uy citad o esco lio de C litágora.
E ra una p o etisa laconia (o lesbia, según otros). N o se ve la
intención del p oem ita (para C u a r t e r o , lug. cit., pág. 15, tendría
tendencia pro-pisistrátida, dado que los te sa lio s fueron aliad os
de esto s tiran os).
114 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

aborde con ro stro so nriente m ientras su lengua, de


lenguaje doble, te h ab la desde una negra alm a.
108 (E. 31) Con la p iedra de toque es puesto a
p ru eb a el o ro y da una señal clara. Con el tiem po el
alm a de los buenos y los m alos da su prueba.
109 (E. 32) Con un arco y u n carcaj lleno de flechas
hay que m a rc h a r c o n tra el m alvado: pues n ad a digno
de fe h ab la en la boca la lengua de los que tienen en
su corazón un p ensam iento de palab ra doble.
110 (E . 33) Sé g rato a todos los ciudadanos en la
ciudad en que estás: tiene el m ayor placer. E n cam bio,
el ca rác te r orgulloso produce m uchas veces u n a des­
gracia lam entable.
111 (E . 34) F alta de M usas y sobra de p alab ras es
en los h o m b res la p a rte m ayor: b a sta rá lo aportuno.
Piensa algo excelente: no sea insensato el favor que
dispensas.
NOTA BIBLIOGRAFICA

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II

LÍRICA M IX T A Y CORAL ARCAICA


I

LA LIRICA MIXTA Y CORAL DE LA EDAD ARCAICA

De la relación de estos líricos que hem os dado ya


antes, a los que po d rían añ ad irse todavía algunos más,
la m ayoría son p u ro s nom bres. Unos m ínim os frag­
m entos que de T erp an dro se conservan son pro b ab le­
m ente no auténticos, alguno lo dam os en tre nuestros
fragm entos de lírica popular. Uno atrib u id o a Arión,
que nos p resen ta la danza de un coro de delfines, p ro ­
cede seguram ente de un ditiram b o de fines del s. v.
E n realidad, todo parece in d icar que sólo dos líricos
corales del s. v u llegaron a la biblioteca de A lejandría:
Alemán y E stesícoro. Y sólo uno del Vi, Ibico, al que
hay que añ ad ir tres cuyas vidas m ontan sobre dicho si­
glo y el v: Sim ónides, B aquílides, P índaro. P eor todavía:
de en tre ellos, sólo Píndaro, y sólo sus epinicios, llegó
a través de la trad ició n m an u scrita antigua a la m edie­
val. Los otro s cinco líricos (y la p a rte de P índaro que
no son epinicios) nos son conocidos ta n sólo bien p o r
testim onios indirectos de los escritores de época clásica,
helenística y rom ana, bien p o r papiros m ás o m enos
frag m en tariam en te conservados. Reservando, p a ra ser
editados ap arte, a B aquílides (con im p o rtan tes fragm en­
tos papiráceos) y P índaro (con tradición m anuscrita,
com o decim os, y fragm entos papiráceos), editam os en
120 I.ÍRfCA GRIEGA ARCAICA

este volum en los otros cuatro poetas, los m ás antiguos.


N u estro conocim iento de los m ism os es pequeño,
en realidad, aunque a los fragm entos literales añada­
mos u na serie de referencias y datos que tenem os.
C iertam ente, son poetas que eran conocidos en edad
im perial, de la que viene la m ayor p arte de nuestros
fragm entos papiráceos y de nuestras noticias: llegaron
a ella a través de A lejandría, donde se hicieron incluso
ediciones y com entarios, que en p arte conocem os por
fragm entos papiráceos. Sin duda, no fueron pasados a
los códices de pergam ino en los siglos iv y v d. C., p o r
lo que no llegaron a las bibliotecas bizantinas.
La resu rrecció n de estos autores ha sido lenta, a
través de las ediciones sucesivas de B ergk, Diehl, Page
y otro s, del increm ento constante de los fragm entos
que se descubrían, de los sucesivos estudios. Con todo,
insistim os, n u estro conocim iento sigue siendo escaso,
com o el lecto r ten d rá ocasión de ver. Sólo en el caso
de E stesícoro existe, creem os, base p a ra u n a edición
que d escu b ra lo esencial de la tem ática de sus poe­
m as: hem os adelantado m uchas cosas p a ra esa edi­
ción en un artícu lo n u estro publicado en la revista
E m érita 1 y es esa reconstrucción la que seguim os aquí
en n u e stra traducción. E n el caso de los otros poetas
u n a reco n stru cció n como ésta no es, p o r ahora, posi­
ble. H em os de lim itarnos, pues, a d a r u n a traducción
de las ediciones de Page en sus Melici G raeci2 y su
S u p p le m e n tu m Lyricis Graecis 3: se tra ta , m ás que de
o tra cosa, de u n a yuxtaposición de fragm entos y de
una segunda yuxtaposición de fragm entos posteriores;
añadim os, p o r supuesto, otros de aparición todavía m ás
reciente no recogidos en las anteriores obras.

1 «P rop uestas para una nueva edición e in terp retación de


E stesícoro», E m e r it a 46 (1978), págs. 251-299.
2 O xford, 19672.
3 O xford, 1974.
LIRICA MIXTA Y CORAL. ARCAICA 121

De todas m aneras, lo poco conservado es suficiente


p ara h acem o s u n a idea de esta poesía c incluso de su
evolución. Decíam os que, dejando de lado a T erpandro,
cread o r del nom o com o un solo cantado ante u n coro,
es Arión el que p arece ser, al m enos p a ra nosotros, el
verdadero fu n d ad o r de la lírica coral griega: aunque,
ciertam ente, no podam os establecer su relación exacta
con la escuela de Locros (que parece usaba largam ente
tan to elem entos m ítico-genealógicos com o otros erótico-
populares) ni con otro s poetas. En todo caso, el dic­
cionario bizantino Suda nos dice, en tre o tras cosas,
que Arión, que es un citarodo de M etim na, en Lesbos,
fue el p rim ero que «dio nom bre» a los poem as: con­
cretam en te al ditiram bo, un him no de llam ada al dios
Dioniso. E sto quiere decir que, al llevar cada ditiram bo
un nom bre, tenía tam bién un tem a diferente. O sea,
se tra ta ya de lírica que incluye m itos diferentes, re la­
cionados de algún m odo con el dios invocado. De lírica
literaria, p o r supuesto.
No podem os decidir o tras cosas en to rn o a Arión,
personaje aún sem im ítico y cuya vida se coloca en la
segunda m itad del s. vil: si su lengua era la luego ha­
b itu al en la lírica coral (ese dorio hom erizante de que
hablábam os), si sus poem as eran triádicos, si la eje­
cución era m ixta (solista p a ra el proem io y epílogo,
com o p a ra el «centro») o p u ra m e n te coral, aunque lo
p rim ero es m ás verosím il. Es, sin em bargo, im portante
la afirm ación de la Suda de que fue el prim ero que
«detuvo u n coro» ( khoron éstese): sin duda, p a ra can­
ta r los largos m itos, lo que es tam bién la in te rp re ta ­
ción m ás verosím il p a ra la ejecución de los poem as
de E stesícoro, cuyo n om bre significa precisam ente «el
que detiene un coro». Y es notable la o tra afirm ación
de que hizo ca n ta r a coros de sátiros, lo que evidente­
m ente es un p recedente de desarrollos posteriores de
122 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

estos coros en el teatro. Es, sin em bargo, u n cam ino


abandonado de m om ento p o r la lírica literaria.
No es fácil fijar la cronología de A lem án en rela­
ción con la de Arión, ni es fácil fijar tam poco la de
otro s poetas del v u ; E stesícoro parece ser u n poco
m ás reciente, de fines del v u y p rim era m itad del vi.
En últim o análisis, la atribución a Arión de u n a p ri­
m acía en sus «invenciones» viene del testim onio de la
Suda. Pero hay algunas cosas im p o rtan tes que decir:
1. En Alem án no está todavía absolutam ente gene­
ralizada la e s tru c tu ra triádica, en E stesícoro parece
que sí. Alem án no usa la lengua luego norm al e n la
lírica coral, a saber, el dorio jonizado u hom erizado:
su lengua es laconio p uro; E stesícoro, sí. Alemán p a re ­
ce h aberse lim itado (salvo en un libro m ás bien m iste­
rioso titu lad o K olym bö sa i) a los partenios o him nos
cantados p o r coros fem eninos; E stesícoro tiene u n re ­
p erto rio m ás am plio, sus poem as se can tab an en fies­
tas diversas, no hay alusión a coros fem eninos ni tem as
propios de éstos. Alemán se lim itó a las fiestas esp a r­
tanas; E stesícoro, adem ás de en su p atria, actu ó en
Grecia, fue u n p o eta viajero. Alemán resulta, en cierta
m anera, u n fenóm eno m arginal y arcaizante.
2. E stesíco ro es m ás m oderno p o r el lenguaje, la
e stru c tu ra triádica, los tem as panhelénicos, los via­
jes. E stá, p o r así decirlo, m ás den tro de la corriente
cen tral de la lírica griega. Sin em bargo, hay algo en
él que la lírica griega no seguirá: los larguísim os «cen­
tros» m íticos, que fueron reducidos posteriorm ente. En
un cierto sentido, E stesícoro es el predecesor de la
tragedia m ás que de la lírica posterior. E s m ás genuina
la línea de Alemán en cuanto en él es m uy claram ente
visible la ejecución m ixta a que nos hem os referido,
m ien tras q ue en el caso de E stesícoro vacilamos. Si
hab ía ejecución m ixta (o p uram ente coral) seguram ente
era a expensas de una «detención» de la danza, si no
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 123

de la existencia de solos en los discursos. De o tra parte,


Alemán, que sepam os, no com puso o tra cosa que lírica
coral, m ien tras que E stesícoro hizo (creem os) tam bién
m onodia y yam bos.
La antigüedad de los rasgos en los dos poetas es,
com o se ve, fluctuante. Es posible que Arión p re sen tara
ya el lenguaje propio de la lírica coral y, desde luego,
u n a m ayor variedad de géneros que Alemán, incluyendo
algunos que m ás tard e q uedaron reservados a poetas
no corales. Es p rácticam en te seguro que no escribió
poem as tan largos y ta n innovados com o los de E ste­
sícoro.
íbico, co n tin u ad o r de E stesícoro en cierto m odo,
renunció a esos largos «centros» y m antuvo, en cam ­
bio, el lenguaje lírico coral: es posible que, volviendo
a Arión, red escu b riera al m ism o tiem po el cam ino que
en adelante reco rrió la lírica coral. Sin em bargo, su
visita a la corte de P olícrates de Sam os le hizo in tro ­
d u cir géneros festivos y poco sacrales, géneros en
definitiva convivales y eróticos, sin duda m onódicos.
Ahora bien, la culm inación de la lírica coral arcai­
ca, su tran sició n a la form ulación definitiva de la líri­
ca coral p o r P índaro y B aquílides, está en Sim ónides,
un jonio de la isla de Ceos, cerca del Ática. Sim ónides
salta de Ceos a Atenas y de allí al circuito de los gran­
des certám enes griegos, com binando la continuidad del
cultivo de la lírica coral (en el lenguaje dorizante
propio de ésta) con el del epigram a; los tem as hím-
nicos y sacrales tradicionales, con los géneros que sólo
ah ora se hacen literario s del treno, el encom io y el
epinicio; la sab id u ría tradicional con la m oderna.
No podem os in q u irir detalles sobre si la e stru c tu ra
era siem pre triád ica, si la ejecución era pu ram en te
coral (com o suponem os), pero es evidente que es ahora
cuando llega el verdadero, definitivo estilo de la lírica
coral. Hay ya u n a n arració n lírica, n arración im presio­
1 24 LÍRICA GRrnOA ARCAICA

n ista y a saltos, d istin ta de la épica. H ay m ultiplicidad


de géneros, versatilid ad y riqueza: el p o eta no se lim i­
ta a una sola ciudad ni a un solo tipo de lírica coral.
Hay ren u n cia a co m p etir con la epopeya.
E s lástim a que sea esto sólo lo que podam os cono­
cer d irectam en te del vasto m undo de los certám enes
líricos de los siglos v u y vi, en los que la lírica lite­
ra ria convivía con la popular, com o u n a y o tra convi­
vían con los dem ás géneros poéticos a que hem os hecho
referencia. El m undo griego de los siglos v u y vi es un
m undo rico y vivo, lleno de tradición e innovación, de
creatividad, de lujo y esplendor. Y d en tro de él fueron
los poetas —ju n to con los a rtista s y los filósofos—
los que v erte b raro n el esp íritu de Grecia, uniendo tr a ­
dición y m o d ern id ad , pensam iento religioso y pensa­
m iento sim plem ente hum ano. Incluso desde los m ise­
rables resto s que de la lírica coral y la lírica en gene­
ral de esta época han sobrevivido a los estragos del
tiem po, pueden adivinarse u n a riqueza y u n a vida
ab so lu tam en te únicas. Algo que es el m ás directo an te­
cedente del teatro , derivado p o r lo dem ás directam ente
de géneros de lírica po p u lar que apenas se hicieron
literario s antes, géneros dialógicos y m im éticos com o
hem os e x p u e sto 4.
Añadim os algunas cosas sobre n u e stra edición y
traducción. En realidad, ya m ás a rrib a queda explicado
en qué consiste la edición que seguim os de la lírica
coral arcaica. E n el caso de E stesícoro, es u n in ten to
de re c o n stru ir en alguna m edida la edición alejandrina
del poeta, en 26 libros; en los de los o tro s tres poetas,
dam os p rim ero los fragm entos de los Poetae Melici
Graeci (PMG) de Page, luego los del S u p p le m e n tu m del
m ism o (S), a contim iación otros posteriores. In d ica­

4 P uede co m p letarse to d o esto con Orígenes... cit., y con


Visión d el m u n d o en ta lírica griega (en prensa).
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 125

m os con las ab rev iatu ras citadas el nú m ero del frag­


m ento en las ediciones y cuando no está en las m ism as,
dam os la referencia del lugar de publicación: P.Oxy. =
Papiros de Oxirrinco es la m ás frecuente. N aturalm en­
te, en la edición de E stesícoro, cuya ordenación es
n u estra, indicam os los núm eros de los fragm entos en
las dos ediciones m encionadas y la referencia de la p u ­
blicación cuando se tra ta de hallazgos posteriores.
Conviene que el lecto r se dé cuenta, en el caso de
las ediciones que seguim os p a ra Alemán, Ibico y Si­
m ónides, de cuál es el criterio de ordenación. A parte
de que a los núm eros de PMG se añaden los hallazgos
posteriores sin que se in ten te in teg ra r el to tal en un
todo, dichos n ú m ero s de ord en se establecen con cri­
terios cam biantes. Las ediciones de los poetas com ien­
zan p o r d a r aquellos fragm entos p ara los que las refe­
rencias antiguas o indicaciones de los m ism os papiros
establecen su lu g ar en la edición alejandrina: si se
tra ta de fragm entos del libro prim ero o de qué otro de
Alemán o de Ibico, de epinicios, trenos o de qué o tras
obras de Sim ónides. Pero p a ra un núm ero im p o rtan te
de fragm entos, no se puede establecer ni esto siquiera.
Se dan entonces con ordenación a rb itra ria o con una
establecida m ás o m enos aproxim adam ente p o r los
tem as, etc. E sto p a ra los fragm entos de trad ició n indi­
recta. Los papiráceos se ed itan todos seguidos con la
referencia inicial del papiro: la dam os igualm ente
nosotros. Añadam os que, en el caso de Sim ónides, inclui­
m os fragm entos papiráceos de lírica coral que sólo
ten tativam ente se atrib uyen a este poeta.
E n estas circunstancias, es im prescindible que el
lector pued a d isp o n er de introducciones y notas de
relativa extensión que le hagan ver el significado real
de los fragm entos, en la m edida en que puede esta­
blecerse.
126 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Y ello tan to m ás cuanto que nosotros traducim os


solam ente los fragm entos literales, no sim ples noticias
o p aráfrasis. A hora bien, son utilizadas en dichas in­
troducciones y notas al servicio de u n a m ejo r com ­
prensión de los textos conocidos. Como cuando, así
en Alemán, lo que tenem os son restos de com entarios
antiguos en los que aparecen sólo algunas pocas p ala­
bras del a u to r antiguo, en calidad de lem as seguidos
del com entario, n o sotros traducim os sólo los lem as,
pero utilizam os, p o r supuesto, el com entario, ni m ás
ni m enos que escolios, noticias de au to res antiguos, etc.
E n cu anto a los fragm entos literales, los traducim os
todos con algunas lim itaciones. D ejam os fuera casi
siem pre los que se reducen a una sola p alab ra poco
significativa. Y, cuando se tra ta de fragm entos papi­
ráceos m uy destrozados, nos lim itam os a aquello que
parece m ás com prensible.
II

ALCMAN

1. Vida y origen. — A lem án es la fo rm a laconia del


n om bre griego Alcmaion, q ue suele tran sc rib irse por
Alcmeón: tan to es así que algún fragm ento, PMG 125
concretam ente, h a sido a trib u id o a veces al m édico
Alcmeón de C rotona. El que se nos dé la fo rm a laconia
del no m b re responde al hecho de que los poem as están,
igualm ente, escritos en dialecto laconio: la de Alemán
es, en realidad, la ú nica lite ra tu ra laconia en dialecto
laconio que se conoce, pues Tirteo, que es aproxim a­
dam ente contem poráneo de Alemán, escribe en el dia­
lecto convencional de la elegía. Y, sin em bargo, parece
cierto que Alem án no es espartano, sino que llegó a
E sp arta p ro cedente de S ardes, la capital del reino lidio,
en Asia M enor.
Pero antes de ocuparnos de este tem a direm os algo
sobre su fecha. H ay tres dataciones antiguas, difíciles
o im posibles de conciliar, referentes, suponem os, a la
acmé o «culm inación» de la vida del poeta, sus cua­
re n ta años, aproxim adam ente: la enciclopedia Sud a la
data en 672-669 a. C.; E usebio en 659; p ero este últim o
au to r da u n a segunda datación, en 612-609. A hora bien,
el p ap iro de O xirrinco 2390 (PMG 5, 2) publicado en
1957, y en el cual Alemán se refiere a varios personajes
128 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

de las casas reales esp artan as de los E u rip ó n tid as y


Agíadas (había, com o se sabe, dos reyes en E sp arta),
ha sido in terp re tad o en el sentido d e que Alem án es
contem poráneo del reinado de L eotíquidas: es decir,
vive en la ú ltim a p a rte del s. v u a. C. '.
Más conflictivo aú n es el tem a de la p a tria de
Alemán. Ya los eru d itos antiguos d iscrep ab an sobre si
era un laconio, com o dice la Suda, o u n lidio de S ar­
des, com o dice p o r ejem plo un epigram a de la Antolo­
gía Palatina, el V II 709; otros epigram as ofrecen la do­
ble posibilidad.
Los nuevos fragm entos papiráceos, que contienen
restos de com entarios antiguos, añ aden nuevos datos
sobre esta polém ica. El P.Oxy. 2389, concretam en te, nos
hace sab er que A ristóteles era p a rtid a rio de la teo ría
lidia, m ien tras que el com entarista del p ap iro ed itado
com o PMG 10 se acoge a la a u to rid a d de E squilo de
F liunte p a ra so sten er la teo ría co n tra ria, la laconia.
Los au to res m odernos tienden, en general, a a c ep tar
la tesis de que Alemán procede de S ardes, tesis apo­
yada p o r diversos fragm entos del p ro p io poeta: sobre
todo, PMG 16: «No era un varón selvático ni to rp e...
ni un tesalio, ni un p a sto r de E risica, sino de la eleva­
da Sardes», texto ya aducido p o r A ristóteles 2. E n re a­
lidad, la arg u m en tació n en co n tra del p ap iro se b asa
en el nacionalism o esp artan o de fecha p o ste rio r a
Alemán; el a u to r de este com entario n o com prende que
los lacedem onios hayan convertido a u n lidio en m aes­

1 Cf. sob re este tem a, últim am en te, D. F. H a r v e y , «Oxyrhyn-


chus Papyrus 2390 and Early Sp artan H istory», JH S 87 (1967),
págs. 62 sigs., y M. L. W e s t , CQ, N. S., 15 (1965), págs. 188 sigs.,
entre otra bib liografía.
2 Cf. D. L. P a g e , Alem an. The Partheneion, O xford, 1951,
págs. 167 sigs.; C. M. B o w r a Greek Lyric P o e try , O xford, 19612,
págs. 17 sigs.; M. B a i . a s c h , «Todavía sobre la patria de Alem án»,
E m é r ita 41 (1973), págs. 309 sigs.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 129

tro de coro de las h ijas de sus fam ilias m ás distin ­


guidas. P ero la E sp a rta del s. v u y aun después recibió
en sus fiestas a los m ás im p o rtan tes poetas griegos:
T erpandro de M itilene, Taletas de G ortina, Jen ó crito
de Locros, Jenódam o de C itera, S ácadas de Argos, Po-
lim nesto de Colofón, E stesícoro de H ím era.
Y un p o eta era, p o r definición, un m aestro de coro,
el in stru c to r del coro que h ab ía de ca n ta r sus poem as.
Por o tra p arte, hem os visto en la «Introducción Ge­
neral» cóm o del O riente griego —islas vecinas de Asia,
regiones m arítim as de este continente— viene preci­
sam ente la gran poesía griega, difundida p o r los poetas
viajeros que, desde allí, extendieron este a rte p o r todo
el m undo griego. Lidia, de o tra p arte, no era en esta
época u n a nación despreciada, p ro d u c to ra de esclavos,
sino el m áxim o exponente del poderío, el lujo y el
arte asiáticos: un m odelo im itado en todas p artes.
N ada de extraño, pues, que un poeta p rocedente de
Lidia se estableciera en E sp arta , acogido p o r las fam i­
lias rein an tes. P orque los corales de Alem án testim onian
una y o tra vez sus relaciones con las casas reales: no
sólo PMG 5, 2 (P.Oxy. 2390) a rrib a aludido, sino otros
m ás, incluido PMG 1, el gran p arten io del Louvre. A
estas casas reales o a la nobleza en todo caso p erte n e­
cen los y las coregos de sus coros; incluso sin du d a el
H agesidam o del PMG 10 (b ) 5 que debe de ser al que
se refiere H eraclides Póntico (Pol. 2) com o supuesto
antiguo dueño de Alemán, que h ab ría sido liberado
luego p o r él. A esto subyace, sin duda, u n a com bina­
ción de datos cuyo origen se nos escapa.
El hecho es que hallam os a Alemán com o corego y
poeta de los coros que danzaban y can tab an en las
grandes festividades esp artan as; coros de doncellas, p o r
lo que podem os ver, cuyos coregos o jefes de coro son
ya hom bres, ya m u jeres y, en el p rim e r caso, puede
130 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

ser Alem án o no serlo. E stos coros, en las grandes


fiestas de E sp arta , son el gran decorado del poderío
esp artan o , que se m u estra en su otro aspecto, el m ili­
tar, en los versos contem poráneos de T irteo. E ra una
E sp arta ab ie rta al ex tranjero, creadora al tiem po en
a rte y poesía: no la E sp a rta p o sterio r, c e rra d a y
estrecha.
Todo esto no quiere decir que Alem án fuera, estric­
tam ente, u n lidio. C iertos autores m odernos se incli­
nan p o r la hipótesis, a la vista de su dialecto laconio
y de su fam iliarid ad con los m itos y cultos de E sp arta ,
de que era en realid ad u n laconio avecindado en S ar­
des. La h ipótesis no es absurda, ni m ucho m enos. Pues
el reino lidio estab a en u n intercam bio co n stan te con
los griegos de la costa, los jonios: sus m onarcas eran
filhelenos todos ellos. Un laconio bien pudo en S ardes
a p re n d e r el a rte de la poesía y luego llevarlo, de regre­
so, a su p atria . Pues los poetas viajeros de que hem os
hab lad o no solían afincarse definitivam ente en p a rte
alguna: A lem án p arece m ás bien u n re p re se n ta n te del
o tro tipo, el de los poetas de las noblezas locales que
ap ren d ían de la nueva poesía nacida en los confines
orientales del m undo griego y la cultivaban en su pa­
tria. Sería, en este caso, Alemán no u n p oeta orien tal
establecido en E sp arta , sino u n esp artan o que ap ren ­
dió en el O riente y luego regresó.
Se h an hallado, efectivam ente, en Alem án huellas de
fam iliarid ad con Asia y con Jonia en p artic u la r: cono­
cim iento de su geografía y fam iliaridad con doctrinas
cosm ogónicas que m ás que E sp arta nos recu erd an la
Teogonia de H esíodo y o tras cosm ogonías que sabe­
m os p ro ceden de fuentes asiáticas en definitiva; véase
PMG 5 (b ) II. C iertos ab stra cto s celebrados en sus poe­
m as (cf. PMG 64) son igualm ente, sin duda, de origen
jónico.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 131

2. La Esparta de Alemán. — Alemán, de u n a p arte,


está d en tro de la trad ición general de la poesía griega:
su texto reb o sa de hom erism os y hay una serie de frag­
m entos que desarro llan tem as hom éricos, tan to de la
Ilíada com o de la Odisea (cf. PMG 68 sigs. y 80 sigs.).
Además, las n o rm as generales de su poesía hay que en­
cuad rarlas d en tro de las de la lírica griega en general:
sobre esto enviam os a la «Introducción General».
Pero al tiem po Alemán es, ya lo hem os dicho, un
poeta estrictam en te laconio, y no sólo p o r su dialecto.
Es m ás, los poem as de Alem án nos p erm iten la oca­
sión casi ú nica —la arqueología nos ofrece o tra — de
echar u na o jeada sobre la c u ltu ra y el am biente de la
E sp arta arcaica, ta n d iferentes de los de fecha po ste­
rior. C oncretam ente, com o hem os anticipado, sobre el
aspecto no g u errero: la religión, con el culto y el m ito;
la sociedad.
En E sp arta, p o r esta época, coexistían extrañam ente
los m ás antiguos arcaísm os y la nueva ola de poesía
y de a rte p ro ced en tes del O riente y que se expresaban
en los tem plos, ob ras de a rte y com posiciones líricas
com o las de n u estro poeta. P o r ejem plo, e n tre los obje­
tos en contrados en las excavaciones inglesas del tem ­
plo de Á rtem is O rtia, conservados en el M useo N acio­
nal de Atenas, hallam os, de u n lado, las h o rrib les m ás­
caras de viejas que danzaban en coros ritu ales de
tipo carnavalesco: sin duda, con el tem a de la d erro ta
e irrisió n de la vejez y el tiem po pasado, com o en ta n ­
tos festivales carnavalescos. Y al lado están los exqui­
sitos m arfiles y bronces de estilo orientalizante. Por
o tra p arte, en conexión con O rtia están rituales prehis­
tóricos com o el de la fustigación de los jóvenes, h asta
hacerles sangrar, y el de la representación que im ita­
ba «a u n ho m b re que ro b ab a fru ta o u n m édico ex tran ­
jero»: sin duda todo form aba p a rte del m ism o com-
132 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

piejo c u ltu a l3. Pues bien, a este m ism o culto se re fe­


ría u n p oem a tan exquisito com o el p rim e r parten io
de Alemán, n u estro fr. 1.
E sp a rta estab a llena de antiguos m itos y antiguos
cultos, com o éste de O rtia, la diosa que hacía crecer la
vegetación. E xistían las fiestas C arneas, en h o n o r del
antiguo dios Carno, «el carnero», en que un com o en­
m ascarado, con cuernos de carnero, perseguía a Carno:
si lo alcanzaba, era señal de un buen año. E n las Gim-
nopedias, se en fren tab an coros de viejos, hom bres y
niños. E n las fiestas de Jacinto, en A m idas, este an ti­
guo dios, convertido luego en am ante de Apolo m u erto
p o r él accid en talm en te al tira r el disco, era o b jeto de
un culto que ten ía m om entos de ayuno y duelo, otros
de alegría p o r su apoteosis. E n T erapna tenía lugar
el culto de los D ioscuros, C ástor y Pólux, en terrad o s
allí ju n to a M enelao: véase PMG 7 y nota. Tam bién
H elena recib ía culto com o diosa.
Dioses im p o rtan tes en to d a G recia tenían tam bién
culto en E sp arta , aunque a veces con invocaciones o
c aracterísticas especiales. Así Atenea y Á rtem is, por
ejem plo, Apolo y A frodita tam bién. H eracles, a su vez,
tenía m itos propios, com o el de la m u erte de los Hi-
pocoóntidas, aludido en PMG 1. Pero era poco im p o r­
tan te Zeus y, en cam bio, se rendía culto a Ares, el dios
de la guerra, y a Enialio, dios de la guerra tam bién y
que en E s p a rta no se identificaba con el prim ero, com o
en o tras p artes. E ra im p o rtan te Ino com o diosa m a­
rin a y existía, igualm ente, u n dios m arino Proteo. De
todo esto hay huellas en Alemán.
Ju n to a esta m ezcla de influjo ex tran jero , épico y
jónico, y ex trañ o arcaísm o, lo que m ás seduce en esta
E sp arta arcaica, tan d istin ta de la p o sterio r, es el am ­
biente de lujo y esplendor en las fiestas, esta existencia

3 Cf. Fiesta, C o m e d ia y Tragedia. Sobre los Orígenes griegos


de! Teatro, B arcelon a, 1972, pág. 411.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 133

de una clase aristo crática que se refleja en el culto de


la belleza que dom ina a los coros fem eninos. N osotros
pensam os que hay que d istin g u ir en tre la ejecución de
los p artenios o cantos de doncellas que form an nues­
tro s fragm entos PMG 1 y 3 (p o r referirn o s a los m e­
jor conservados) y las danzas agitadas, ca rre ras en re a­
lidad, a que en dichos poem as se hace referencia y que
sin duda se ejecu tab an después. Se tra ta b a de agones,
enfrentam ientos, com o otros que conocem os en los
ritu ales espartanos: la persecución de Carno, la com ­
petición de coros de d istin tas edades, la fustigación de
los efebos en el culto de O rtia, la m ezcla de juego de
pelota y lucha que tenía lu g ar en el P latanista. Estos
agones servían en las fiestas a la renovación del año
y de la vida; y esta m ism a función tenían las ofrendas
de un peplo o una g uirnalda a la diosa, a que se alude
tam bién en n u estro s fragm entos.
Ahora bien, la com petición entre coros fem eninos
se basaba, tan to com o en su a rte de la danza y la c a rre ­
ra, en su canto, en sus vestidos, en su belleza. H abía
un tan to de concurso de belleza en los agones, como
sucedía, lo sabem os p o r Alceo (fr. 130), en el culto de
H era en Lesbos. Los proem ios y epílogos de los p a rte ­
nios de Alemán, en la m edida en que los conocem os,
nos hacen el elogio de las jóvenes del coro o bien de la
corego: así en los frs. PMG 1 y 3, pero no sólo en ellos.
Se elogia su voz, su belleza, sus vestidos (cf. PMG
117); n ada de extraño que los antiguos hayan consi­
derado p ro piam ente eróticos algunos de los versos de
Alemán, p o r ejem plo, los dirigidos a la corego Mega-
ló strata (PMG 59, citado en este sentido p o r A rquitas
el harm ónico en Ateneo 600 F). Hay incluso, en cierto
sentido, una relación hom oerótica cuando es un coro
fem enino el que elogia la belleza de su corego: algo
que nos recu erd a a la Lesbos de Safo. Pero hay al tiem ­
134 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

po el elogio de la corcgo p o r el poeta, hay el elogio


del p o eta p o r las jóvenes del coro (PMG 38).
A las casas reales de E sp arta pertenecen, parece, las
coregos. A u n a prin cesa T im asím brota se dirige Alemán
en PMG 5. E n cuanto a los coros, en u n caso al m enos
es claro que p roceden de las trib u s de E sp arta: PMG 5
habla de la de los Dim anes, conocida tam bién p o r
Tirteo.
Pero no sólo son los vestidos: es el tono general
de alegría el que nos tra n sp o rta a las fiestas de esta
E sp arta floreciente, arcaica y m oderna a la vez, del
s. vil. Los proem ios rebosan de alusiones a la com ida
de la fiesta y el p o eta m ism o no duda en calificarse de
glotón (cf. PMG 17, 19, 92, 94, 96). P resum e de su arte
innovador (PMG 4, 14, 16, 38, 39, 40), pero no le im ­
p o rta iro n izar sobre sí m ism o ni decir que, viejo com o
es, no pued e seguir las evoluciones del rápido coro,
tiene que ab d ica r de su papel de corego (PMG 26).

3. Obras de Alemán. — Hoy sabem os, después de


un p ap iro publicado últim am ente (P.Oxy. 3209, p ubli­
cado en T he Oxyrhynchus Papyri XLV, 1977, cf. pág. 2),
que eran seis los libros de p artenios de Alem án edi­
tados en A lejandría, aunque sólo ra ram en te podem os
asignar u n fragm ento a un libro determ inado, así PMG
1-4 y 14 son del libro I, PMG 17 del III. No es de creer
que los cantos am orosos de que habla A rquitas fueran
diferentes. Y u n a o b ra enigm áticam ente llam ada ko-
lymbösai p o r el diccionario Suda es p a ra nosotros un
m isterio 4.

4 V éase u n a h ip ó tesis sob re el libro de las K o l y m b ô s a i en


J. A. D a v i s o n , «N otes on Alemán», Proc. of the I X internation al
Congress of Papyrolo gy, O slo, págs. 35 sigs.: se trataría, quizá,
de un ditiram b o o un p oem a lírico a la m anera de E stesícoro
sob re «Leda y su s com pañeras», que serían «Las nadadoras»,
que es lo que significa el titu lo. Pero D a v i s o n no excluye que
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 135

La o b ra de Alemán era m uy m al conocida p o r nos­


otros, a través de citas p o r diversos au to res tardíos
de pasajes de extensión reducida. Hoy, sin em bargo,
nos podem os h acer de ella u n a idea suficiente gracias a
una serie de hallazgos papiráceos: el m ás im portante,
el p ap iro del Louvre, n u estro fr. PMG 1, hallado por
M ariette en 1885 en u na tu m b a egipcia. Luego, a p a rtir
de 1957 y h asta 1977, han ido apareciendo en la colec­
ción de los p apiros de O xirrinco diversos fragm entos
m ás, en tre los que destacan el fr. PMG 3 —el nuevo
gran p artenio—, el 5 —alusiones a las fam ilias reales
esp artan as y fragm ento cosm ogónico—, otros com o el
7 y el 10 relativos a cultos espartanos, etc.
D esgraciadam ente la m ayor p a rte de estos papiros
se han conservado en form a extrem am ente frag m en ta­
ria, debido a lo cual son recogidos en n u estra tra d u c ­
ción sólo parcialm ente. Dan nuevas confirm aciones
sobre los tem as de Alemán —los com ponentes de los
coros, tem as de la belleza, la boda, m itos— pero nada
más. Ahora bien, varios de los papiros contienen restos
de antiguos com entarios sobre Alemán y sus poem as.
Nos dan una serie de datos que son aprovechados en
nu estras notas v en esta m ism a introducción, aunque
no dem os la trad u cción e stric ta de estos fragm entos,
pues es cosa que cae fuera de la intención de esta
colección.
Lo que sí re su lta claro del estudio de estos frag­
m entos es que los poem as de Alemán fueron objeto
de u n a atención m eticulosa p o r p arte de los filólogos
de A lejandría y Pérgam o: en realidad, vim os que el
propio A ristóteles se ocupaba ya del problem a de la

se trate de una corrup ción del texto por «C lepsíam bos», un


tipo de yam b os testim on iad o para Alem án p or A ristóxeno (en
H csiquio). LnBEr., en e! vol. XLV de los P.Oxy., pág. 2, sugiere
a su ve/, un error: se trataría de «m eliam bos», otro tip o de
yam bos líricos.
136 I.ÍRtCA GRIEGA ARCAICA

p a tria de Alemán. Como dice Max Treu en su nuevo


artícu lo A lk m a n en la enciclopedia de Pauly-W issowa 5,
p ara ningún p o eta antiguo existe una serie tan extensa
de com entarios antiguos com o la que se deduce de las
citas de los escolios a PMG 1 y de los com entarios con­
tenidos en otro s papiros. Se nos cita a A ristóteles, C ra­
tes de Malos, C am eleonte, Filócoro, Calimaco, A ristó­
fanes de Bizancio, A ristarco, Sosífanes, Estesicles, Pán-
filo, Teón, T iranión, Esquilo de Fliunte.
Su actividad fue m últiple: biografías, escritos en
los cuales se incluían com entarios de pasajes, escolios,
obras de lexicografía y gram ática. Y, p o r supuesto,
ediciones.
T am bién la erudición m oderna ha hallado en Alemán
un tem a in tere sa n te, ya que gracias a los nuevos h a­
llazgos tan to relativos a este poeta com o a E stesícoro,
Arquíloco y T irteo, se ha renovado m uy a fondo nues­
tro conocim iento de la poesía del s. v u a. C. P ara re d u ­
cirnos a n u e stro poeta, ap a rte de los estudios sobre la
fecha y biografía, ya aludidos en parte, los tem as cen­
trales de estudio han sido los dos grandes partenios.
Damos en n o ta lo m ás esencial de la bibliografía sobre
los m is m o s 6. P o r n u estra p a r te 7, hem os publicado un

5 RE, Suppl.-B and X I, 1968, col. 20.


A Para lo s fragm en tos en general, véase el com en tario de
la edición de A n t o n i o G a r z y a , N áp oles, 1954, Alomarte, I f rani­
m en t i: es el ú n ico que existe, aunque la ed ición se ha quedado
incom pleta. Com o ed ición sin com en tario, h ay la de D. L. P a c e ,
P oetae Melici Graeci, O xford, 1962 (19672), qu e e s la que n o so tro s
seguim os y que debe ser com p letad a con el S u p p l e m e n tu m
Lyricis G raecis del m ism o autor (O xford, 1974) y con los nue­
vos fragm en tos pu blicad os en el vol. XLV de los O x y rh yn ch us
Pap yri (O xford, 1977). Del fr. PMG 1 o p arten io del Louvre
hay una im p ortan te edición, con com en tario y estu d io, d el pro­
pio P a g e , A lem an. The Partheneion, Oxford, 1951. E ntre otra
b ib liografía sob re él (citad a en m i trabajo relacion ado en la
n ota sigu ien te) d estacam os el e stu d io de B . M a r z u l l o , «II pri­
m o p artenio de Alcm ane», P hilologus 17 (1964), págs. 174-210, el
I.ÍRTCA MIXTA Y CORAL ARCAICA 137

estudio sobre el p rim er partenio, y en nuestros Oríge­


nes de la lírica griega tratam o s en térm inos generales
el tem a de la lírica del poeta: en estos estudios se
basa su stancialm ente la exposición que sigue. Pues he­
mos de ren u n ciar n atu ralm en te a in tro d u cir aquí la
discusión de detalle que h a surgido, sobre todo, en
torno a la in terp retación precisa del p rim er partenio.

4. Ejecución y estructura de los parteníos


En definitiva, y p rescin dien do de las m isteriosas kolym hösai,
Alemán es un poeta de partenios, es decir, de corales cantados
por coros de don cellas en los cu lto s espartanos. En la m edida
en au e p od em os verlo, con tien en una estru ctu ra ternaria: proe­
m io, centro y epílogo. C on servam os el ccn tro y epílogo (in com ­
pleto) del partenio 1, el proem io del 3, diversos proem ios su el­
tos y fragm entos p roced en tes de otros, datos m íticos y diver­
sos p roced en tes de los «centros» de otros poem as.
Los can tos de d on cellas tenían lugar en cu ltos d iversos y
podía hacer de corego bien una de ellas, bien un hom bre: así
el H agesid am o de PMG 10 ( b ) 5. Ahora b ien , el o la corego

de F r a n c i s c o C u a r t e r o , «El P artenio del Louvre», B oletín del


In stitu to d e E s t u d io s H elénicos 6 (B arcelon a, 1972), págs. 23-
76; y el recien te de M. P u e l m a , «Alkm ans grosses Partheneion-
fragment», M H 34 (1977), págs. 1-55. Para PMG 3 o segundo
partenio qu erem os referirnos al trabajo del m ism o C u a r t e r o ,
«La poética de Alem án», C u ade rn os d e Filología Clásica 4
(1972), págs. 367-402 (qu e tam bién se ocupa de o tro s fragm en tos),
así com o a W. P e e k , «Das neue A lkm an-Parthenion», Philologus
104 (1960), págs. 163-180. M erece la pena citar, para PMG 5
( b ) 2, a F . D. H a r v e y , «O xyrhynchus Papyrus 2390 and Earlv
Spartan H istory», JH S 87 (1967), págs. 62-73, y M. L. W e s t ,
«Three presocratic C osm ologies», CQ, N . S., 13 (1963), págs. 154-
176. A dem ás véanse los com en tarios que acom pañan a las e di­
tiones prin c ip es de los pap iros en los O x y rh yn ch u s P a p y r i y
diversos trabajos a veces alud id os en m is n otas.
7 Cf. «Alem án, el Partenio del Louvre: estru ctu ra e inter­
pretación», E m e r it a 41 (1973), págs. 323-344 (da tam b ién in ter­
pretaciones de PMG 3); y Orígenes de la Lírica griega, M adrid,
1976, sob re tod o págs. 141 sigs. y 172 sigs.
138 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

son quienes dirigen la danza, n o tienen p or qué, en p rincip io,


cantar; aun qu e a veces cantan: e sto se d ice m u y claram ente,
por ejem p lo, de la H agesícora de PMG 1. N u estra in terp reta­
ción, realizada en lo s estu d io s arriba alud id os y cuyo d etalle
no vam os a repetir aquí, estab lece que:
a) La p o e sía de Alem án es «m ixta», es decir, el proem io y
epílogo eran m on ód icos, can tad os por un ind ivid u o, y el cen­
tro era coral, cantado por el coro.
b) El so lista pod ía ser el p oeta, que en e sta ocasión pu ed e
dirigirse al corego o la corego o a las don cellas del coro. E sto
se ve m uy b ie n en PMG 26, 10 ( b ) 5, 40, 59.
c) Otras veces, sin em bargo, el p oeta queda red ucid o a su
papel de creador del p oem a y de m aestro de coro; de m ú sico
tam bién, sin duda. Así en PMG 3, en que e s una m u jer la que
canta el p roem io, sin duda la corego A stim elesa.
O tras v eces las co sa s no son tan claras, p ero en p asajes
com o ésto s tien en claridad suficiente. Cuando el poeta canta,
se refiere c o n exh ortacion es o elogios al corego (o la corego),
a las d on cellas del coro; cuando no, el corego o la corego p u e­
den referirse al poeta bien para ironizar, b ie n para elogiarle;
tam bién, p or su p u esto, pu ed en dirigirse a las d on cellas del
coro. Y é sta s, en PMG 3, se dirigen a la corego.
E n prin cip io, las tres partes del partenio está n diferenciad as.
En el p roem io pu ed e ir la invocación a la m usa, la exh orta­
ción al coro y su elogio, el «sello» o m an ifestacion es del poeta
con in clu sión a v eces de su nom bre y au toelogio, la in d ica­
ción del tem a, alu sion es a la fiesta (com id a, ritu al, etc.). El
ep ílogo con tien e los m ism os tem as p erson ales, aunque ya no
es el m o m en to de la exh ortación y sí el de la oración a los
d ioses para que ayuden a la ciudad. El «centro» con tien e ge­
n eralm ente el m ito , que ejem plifica el pod er del d ios y glori­
fica a E sp arta cuando se trata de tem as espartanos; se acom ­
paña de m áxim as que unifican el total com o un acto de culto
en el que el poeta ilu stra a la ciudad sob re la sab id uría divina
y acom paña con su p oesía un ritu al que b u sca traer p rosp eridad
a lo s ciu d ad an os tod os.
E vid en tem en te, debía de haber en E sp arta una larga serie de
festivid ad es en que intervenían e sto s coros de d on cellas, que
nos son co n o c id o s tam b ién por Píndaro y otros poetas: hay
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 139

relación con los coros fem en in os que com petían en la carrera


en O lim pia, con los co n cu rsos de belleza de L esbos, con los
coros de los ep italam ios. D entro de estas festivid ad es c o n o ­
cem os esp ecialm en te bien las de los frs. PMG 1 y 3.
El p artenio 1 ( PMG 1) se refiere a la fiesta T osteria, en
honor de A rtem is O rtia, en la cual se ofren daba un p ep lo o
vestido a la diosa. Si m i in terp retación es acertada, esa
ofrenda es p osterior al coral. El coro del partenio, encabezado
por H agesícora, y otro d istin to encabezado por Agido, com ­
petían en una carrera en una fiesta nocturna, p o sterio r al par­
iendo: el coro triunfador ofrendaba el peplo, pero tam bién ahí
intervenía en alguna form a el can to de H agesícora y Agido.
N uestro partenio sería la gran p oesía, previa al rito trad icio­
nal. Tam bién en PMG 3 se habla de una carrera y de una ofren ­
da, en e ste caso una guirnalda, q u e la corego A stim elesa hace.
En este caso, m ientras el coro canta, para incorp orarse d es­
pués a él. Com o en los p arten ios de Píndaro, ten em os una
visión, incom pleta p ero suficien te, de e sta s celeb raciones tra­
dicion ales, acom pañad as o precedidas de los can tos de los
coros dirigid os por los grandes p oetas. Todo e llo en un am ­
b iente agonal y de fiesta de prim avera, de propiciación de la
divinidad.
A diferencia de E stesícoro, con su s grandes com p osicion es
que m á s parecen trasun to de la épica que otra cosa, Alemán
lia conform ad o, por prim era vez para n osotros, un tipo de
poesía lírica con com p o sició n cerrada dentro de unos lím ites
estrech os, un a estru ctu ra ternaria de exten sión abarcable y
en la cual intervien en un so lista (que puede ser el p oeta o un
corego in d ep en d ien te de él) v un coro. S im p lem en te, lo s antiguos
proem ios y ep ílogos m on ód icos de la lírica popular, exten didos,
han pasado a enm arcar una lírica coral com p u esta por el poeta.
En ella dom inan lo s elem en tos m íticos, influidos p or la e p o ­
peya, m ien tras que p roem ios y ep ílogos conservan en m ayor
m edida los tem as de la antigua lírica popular.
Pero hay un enlace, natu ralm ente. N i faltan en el «centro»
las alu sion es al coro, ni el p roem io d eja de preparar el «centro»
v éste el epílogo.
El esqu em a m ás antiguo sería, evid en tem en te, aquel en que
proem io y epílogo son breves y quedan red ucid os a una estro-
140 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

la, m ien tras que el «centro» es m ás exten so y está escrito en


la m ism a estrofa. En realidad, n u estros fragm entos n o dejan
ver si Alem án ha u tilizado alguna vez esta estru ctu ra. Los
fragm entos 1 y 3, los m ás exten sos, nos hacen ver que, a veces
al m enos, ha am p liad o en form a m uy considerable el p roem io
(en PMG 3) o el epílogo (en PMG 1), que ocupan varias e stro ­
fas. Es m ás: n o hay lím ites estróficos entre las tres partes
principales del partenio; ocurre com o en la lírica pu ram ente
coral, la de Píndaro, en la que la d ivisión en las tres partes
atraviesa las e strofas.
Más todavía, m ien tras que el partenio PMG 3 e s una com ­
p osición m onostrófica, con estro fa s iguales, de nu eve versos, en
el PMG 1 vem os cóm o la estru ctu ra triádica, con e stro fa y
a n tístrofa iguales seguidas de un ep od o diferente, rep itién d ose
el conjun to un núm ero indefinido de veces, está a p u n to de
nacer. E fectivam en te, la larga estrofa, de catorce v e rso s, de
este partenio, se divide en dos grupos sim étricos, in iciales, de
cuatro versos cada uno, que van segu id os d e o tro diferente,
de seis. E sto n o es m ás que un desarrollo de lo que es norm al
en lírica popular; la e strofa term ina con un ritm o que varia
el general de la m ism a. N o hay m ás que am pliar, desarrollar
los dos elem en tos y dividir el prim ero en dos sim étricos, para
crear un sistem a de estrofa, an tístrofa y epodo.
Así Alem án, igual que E stesícoro, que tam bién p resen ta ya
estru ctu ra ternaria de su s estro fa s, pero m ás aún que él p or­
que es m en os ép ico, m enos exten so, ofrece u n preced en te de
la gran lírica coral de un Píndaro. Pero, al tiem p o, nos da una
im agen m en os solem n e y religiosa, pero m ás rica y p in toresca,
de las antiguas fiestas en que las ciudades griegas propiciaban
a la divinidad y exhibían su riqueza y su belleza. Su s p oem as
son para n o so tro s, p ese a su estad o m u tilad o, un te stim o n io
único a unir al de los otros p oetas que aquí traducim os, para
lanzar siqu iera una ojeada a aquel m un do rico y variopinto,
lleno de vitalid ad y belleza, de fuerza creadora, de la Grecia
del s. v il a. C.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 141

FRAGMENTOS

1. F ragm entos p a p ir á c e o s

1 (PMG 1) Primer partenio.


La interp retación de d etalle de e ste partenio es m uy con tro­
vertida. Si son ciertas ¡as ideas a que m e he referido en la
«Introducción» a Alem án, es el c an to del coro de don cellas
espartanas, cuya corego o jefe es H agesícora, que com p ite en
una fiesta en hon or de O rtia con otro coro sim ilar, el de las
Peléades o P léyades, dirigido por Agido. Se trata de una ca-
rrera-danza, en la que cada coro lleva a la d iosa —una diosa
de la vegetación m uy honrada en E sparta y asim ilad a a Arte-
m is— un peplo o vestido (segú n o tr o s, un arado).
Los dos coros dan gracias a la diosa p or su s beneficios a
la ciudad e im precan o tro s nu evos. E n n u estro fragm en to fal­
lan las partes inicial y ñnal, el p roem io y ep ílogo, que cantaría
H agesícora com o so lo s, im petran do la p rotección divina y
abriendo y cerrando la danza. N os queda casi tod a la parte
central, cantada por el coro de diez d on cellas espartanas. C om ­
prende:
a) El m ito lacon io de la m u erte de los h ijo s de H ip ocoon te
por H eracles, en el que sin duda eran tam b ién p rotagon istas
los D ioscuros (se cita a Pólux): e s decir, una lucha e n que
(sin duda tras una d isp u ta por una bod a) vencen e sto s héroes
laconios y H eracles, p rotector de E sparta, p ero tam bién se da
honor a los H ip ocoón tid as 8. La con clu sión es el c astigo por los
d ioses de los que com eten a ccion es im pías.
b ) La d escrip ción de la fiesta y el concurso, con elo g io s al
propio coro y a H agesícora y cu m p lid os al coro contrario y a
Agido.
El poem a se cantaba antes de la danza-carrera propiam ente
dicha: es, sim p lem en te, anticip ada, se espera el triu n fo e n ella
del coro propio.
M ientras el coro canta, H agesícora y Agido realizan una
cerem on ia previa, un can to m on ód ico en hon or de la diosa.

8 Cf. Page, Alem an. T he P artheneion cit., págs. 26 sigs.


142 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

...Pólux: no m e cuido de Liceso entre los m u e rto s 9,


pero sí de E n ró f o ro 10 y Sebro de pies rápidos, de...
el violento, d e... el arm ado del casco, de E utiques y el
señor Arco y... el m ejo r de los héroes.
Ai... je íe de g u erreros y al gran É u rito ..., en el tu­
m ulto (de Ares) ciego... los m ás excelentes... (no)
pasarem os en silencio. Pues Poros y E s a 11, de todos...
(son) los m ás antiguos. Que ningún hom bre vuele h asta
el cielo ni in ten te casarse con Afrodita, la señora o con
un a... o u na h ija de P o rc o 12. Sólo las G racias que
re sp iran am o r a la casa de Zeus...
Un dios... a los am igos... dio regalos... hizo perecer
la ju v en tu d ... uno de ellos p o r una flecha... o tro p ere­
ció p o r u n a m arm ó rea p ied ra de m olino... en la m an­
sión de H ades: desgracias crueles padecieron p o r tra ­
m a r m aldades.
H ay un castigo de los dioses: feliz el que con pla­
cidez de esp íritu ve tra n sc u rrir el día sin lágrim as.
Pero yo canto la luz de Ágido: la veo com o al Sol, que
Agido nos es testigo de que luce; aunque a m í ni ala­
b arla ni ce n su rarla m e perm ite la gloriosa jefe de
coro 13 en fo rm a alguna. P orque aparece ésta b rillan te
cual si uno coloca en m edio de las ovejas u n caballo
rob u sto , triu n fa d o r en los juegos, de pies sonantes, un
caballo propio de alados sueños.

9 Según e l escoliasta, uno de los hijos de D erites, m uertos


ju n to a los de H ip ocoon te.
10 Abre la relación de los h ijos de H ip ocoon te.
11 Poros y E sa son, literalm en te, el D ador y la Parte o
M oira, d io se s del d estin o en Esparta.
12 Sin duda, un dios m arino espartano, equivalen te a N e­
reo (y su s h ija s, por tan to, a las N ereidas).
13 R esulta en igm ático el m ito a que tod o e sto se refiere: al
castigo de alguien (¿ lo s G igantes?) que lo recib ió por su s
excesos.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 143

¿O no ves? El caballo de ca rre ras 14 es venático; y


los cabellos de m i p rim a H agesícora florecen cual el
oro puro, y de su ro stro de p lata ¿p ara qué h ab larte
con detalle? É sta es H agesícora; la segunda en belle­
za, Agido, co rre d etrás com o un caballo colaxeo tras
uno ibeno; pues las Peléades co n tra nosotras, que lle­
vamos un peplo a O rtia, luchan a lo largo de la noche
inm ortal levantando en alto (el suyo) com o la estrella
Sirio.
No hay de p ú rp u ra ta n ta abundancia que nos pro­
teja, ni tam poco la serpiente variopinta de oro ni el
cin tu ró n de Lidia, o rn ato de las jóvenes de dulces p á r­
pados, ni los cabellos de N anno, y ni siquiera A reta
sem ejan te a una diosa ni Silácide y Cleesisera; ni pue­
des ir donde E n esím b rota y decir: «tenga yo a Astá-
fide y que m e m ire Filila y D em areta y V iantem is digna
de a m o r» 1S. Pero H agesícora m e causa contrariedad.
Pues no está aquí H agesícora de bellos tobillos, ju n ­
to a Ágido... perm anece y hace con ella el elogio de la
fie s ta 16.
De ellas, dioses... aceptad; pues de los dioses es el
cum plim iento y el fin.
Q uiero decirlo, yo soy u n a doncella que en vano
canto cual la lechuza desde la viga del techo; pero

14 C om parado a H agesícora (lu ego a un cab allo ibeno, Agi­


do a u n o colaxeo: parecen cab allos célticos y escita s, resp ec­
tivam en te).
15 E s decir: no son las jóven es del coro con su belleza y
ornato, sin o H agesícora, la que dará al coro el triunfo; es
inú til p reten derlo b u scan d o jóven es danzarines en la escu ela
de danza de E nesím brota.
16 M ientras el coro can ta, p arece que H agesícora, su corego,
se ha alejad o con A gido, corego del otro coro, para celebrar
otra cerem onia: un ca n to de las dos coregos en hon or de la
fiesta.
144 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

es a Aotis 17 a quien m ás quiero agradar; pues de los


m ales n u estro s ha sido m édico. G uiadas p o r H agesí­
cora estas jóvenes han iniciado el cam ino de la paz
deseada 1S.
Que al caballo b ridón ,9. .. y al piloto es preciso obe­
decer an tes que a nadie en la nave. Y ella no es m ás
m elodiosa que las sirenas, pues son diosas, pero estas
diez doncellas can tan igual que once; su voz es com o
la del cisne en las corrientes del Janto. Y ella con su
deseable, ru b ia cabellera...
2 (PMG 2) A los Dioscuros.
...p a ra los dioses los m ás dignos de respeto, m o­
r a n 20... en m ansión fundada p o r los dioses C ástor y
el ilu stre Pólux, dom adores de rápidos potros, dies­
tro s jinetes.
3 (PMG 3) Segundo partenio.
Partenio o can to de don cellas espartanas sem ejan te al del
fr. 1; pero de é ste ten em os parte del p roem io y el final de la
parte cen tral, que d escrib e la ejecu ción del m ism o, anticip and o
lo que va a venir.
Si nu estra in te rp re ta ció n 21 es correcta, el proem io es can ­
tado com o m onod ia por la corego, A stim elesa, que h ace sus
cu m p lid os al coro y anuncia la danza-carrera que seguirá al
partenio d entro de un agón o concurso en hon or de una diosa
espartana, igual que en el caso del partenio del fr. 1.

17 «La oriental», ep íteto de Ortia, quizá por su asociación


con la luna.
18 Así co m o O rtia es la protectora de E sparta, igualm en te
gracias a H agesícora el coro espera triunfar en el agón.
19 C om paración oscura; en tod o caso el cab allo bridón o de
silla, su jeto al carro por una brida y no p or un yugo, es el
que realiza el m ayor esfuerzo, y es por tan to H agesícora, igual
que el p iloto.
20 P o sib lem en te en el H ades, ya m uertos, co m o en Iliada III
236 sigs.
21 Cf. E m e r ita 51 (1973), págs. 326 sigs.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 145

Lo que queda de la parte cen tral, tras, p osib lem en te, un


m ito perdido, es can tad o por el coro de d on cellas, e n tan to
que A stim elesa atraviesa entre e lla s llevand o una guirnalda a
la diosa. El coro, que habla en un singular que rep resen ta a
cada una de las co reu la s, pide a A stim elesa que cuando vuelva a
incorporarse al coro coja su m ano, colocán d ose ju n to a ellas
en la ronda. El coro h ace el elogio de A stim elesa en to n o s ho-
111 oeró ticos.
Se ha perdido el epílogo, m onod ia de A stim elesa en la que
esta haría eco al proem io e im petraría la prosp eridad de la
ciudad.

fr. 1 ...las (M usas) Olím picas m i alm a en to rn o ...


el can to ... o ír... la voz... de las que c a n ta n 22 u n a h e r­
m osa canción... el dulce (sueño) aleja rá de sus p á rp a ­
dos... m e in cita a ir al agón (donde)... los pies deli­
cados 23.
fr. 3 ...y con la añ oranza que desata los m iem bros
y m ira m ás suave que el sueño y que la m uerte, y no
en vano es ella d e se a b le 24; pero Astim elesa n ad a m e
responde, sino que, llevando la guirnalda, cual estrella
fugaz que atraviesa el esplendente cielo o vara de oro
o suave p lum ón... h a pasado entre nosotros con sus
pies finos... de cabellos... la flexible gracia de Cíni-
r a s 25 se asien ta en su cabellera juvenil.
Astim elesa a través del gentío... am o r del pueblo...
cogiendo... digo... o jalá u n a copa de p la ta ... yo viera:
si ella m e q uisiera y, acercándose, m e cogiera de la
m ano, al p u n to yo sería su suplicante.

22 Las don cellas del coro, sin duda.


23 Faltan, a con tin u ación , 50 versos.
24 E s decir: A stim elesa enam ora.
25 R ey de Chipre y sacerd ote de A frodita citad o en Ilíada
X I 20; según el m ito e s, ju n to con su h ija Mirra, pad re de
Adonis.
146 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Pero a h o ra... a u n a niña inteligente... a mí que


llevo... la n iñ a... fa v o r...26.

2. F ra g m e n to s p a p irá c e o s p ro c e d e n te s de c o m e n ta rio s

4 ( PMG 4) fr. 1 ...adm irables flores (?)... sacaron


a luz dulces, nuevos cantos, alegrando (?)... variados...
y la de los jin etes... C lesím brota llevó su voz, la
cu al. . . 21.
5 (PMG 5) fr. 2 (Z )28 ...n i... del o ro ... pues no es
Caleso un varón cargado de desgracias e n tre los varo­
nes, ni un violento... p ero ahora vayam os, del dios... al
m ás excelente de sus h ijo s... p o r su figura se parece al
hijo (de E u rícrates), el rubio Polidoro... 29 a ti, M usa,
te suplico, an tes que n ada...
( //) ... de él P oros... el viejo Tecm or... y la terc era la
O scuridad... el día, la noche y la te rc era la o s c u rid a d 30.

26 Faltan a con tin u ación 33 versos de e ste fr. 3; y lo s pe­


q u eñ os fragm en tos, qu e apenas dan sen tid o, d el 4 al 33.
27 Es el r esto del p roem io de un p oem a del que quedan
m ín im os fragm en tos apenas traducibles, del 1 al 22. En el pre­
sen te se hace alu sión a la h isto ria de la lírica, e s decir, a las
inn ovaciones d e su s creadores; y a una m uchacha, p robab le­
m en te la corego.
28 R estos d el p roem io de un poem a, p roced en tes de un
com en tario ta m b ién fragm entario (igual es el caso de los si­
gu ien tes fra g m en to s de Alem án, h asta PMG 13). De é ste se
dedu ce que el proem io se refería: a) a C ástor y P ólux, los
héroes laco n io s y su herm ana Helena; b ) a A frodita, que no
d esm erece ju n to al oro; c ) a la fam ilia real de E sparta: al
rey L eotíq u id as, y al tam bién rey E urícrates, así com o a los
h ijos de é ste , P olidoro y T im asím brota. El coro esta b a for­
m ado por d on cellas de lo s D im anes, una de las tres trib us
espartanas.
29 Sigo el tex to y la in terp retación de F. D. H a r v e y , JH S
87 (1967), p á g s. 62 sigs.
30 El p o e m a con ten ía en su cen tro una cosm ogon ía. De ella
sab em os, p o r el com en tario, lo que sigue: a) las M usas se
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 147

6 (PMG 7) ...sueño de los dioses... rito s in m o rta­


les... d isfru taro n en su alm a... m ucho reco rd a ro n el...
infinito de las bacan tes de Cadm o (?)... en lugar de
la soberbia funesta y el d e s e n fre n o ...31.
7 (PMG 10) (a) He escuchado al ru iseñ o r... ju n to
a (las co rrien tes) del E u ro ta s... a A m id as... al m ás
ju sto ... la v irtu d ... a o tra la... A tá rn id e 32...
(b ) t ú 33 ab re la danza de las D im enas: los Tindá-
r id a s 34... corego H agesidam o, am ado p o r los dioses,
glorioso D am otím idas... a los nobles y bellos coregos;
pues aquí (?) están esos jóvenes de igual edad am ados

consideraban com o h ijas de Ge, la tierra; b ) se propon ía una


fase m ás antigua en que había una m ateria o su stan cia o ri­
ginal con fu sa y m ezclada; c) de ella surgían Poros y Tecm or
(C om ienzo y Fin) y, tam bién, la Oscuridad; d ) una u lterior
diferenciación, operada por T etis, crea el S oi y la Luna (y
la Tierra tam bién, sin duda). El tex to no es nada seguro, cf.
M. L. West «Three P resocratic C osm ologies», CQ, N . S. 13
(1963), págs. 154 sigs.
31 Se refiere, según el com en tario, al c u lto de M enelao y
los D ioscuros (altern ativam en te en e l O lim po y d orm id os bajo
tierra, según el m ito ) en Terapna; tam bién, sin duda, de H e­
lena. E ste tem p lo ha sid o descu b ierto hace p oco, hab ién dose
encontrado un aríbalo de bronce dedicado a am b os y otro
ob jeto dedicado a H elena (cf. K a d m o s 15 [1976], págs. 145 sigs.),
ob jetos con tem p orán eos de Alem án. N o se ve la razón de que
se aluda aquí a las b acantes teb an as, h ijas de Cadm o, y a su s
desenfren os.
32 Parte del proem io: se trata de un p oem a ejecu ta d o en
las Jacin tias, en A m id a s, ju n to al E urotas. El com en tarista
refuta quizá, a p ro p ó sito de la m en ción de una m u jer de Atar-
neo, en M isia, la te sis de A ristóteles y otros de que A lem án es
un lid io de origen. V éase el p rólogo, don de se u tilizan ta m ­
bién datos del fr. 13 (d el m ism o com en tario).
33 H agesid am o, h ijo de D am otim o, corego de este coro de
D im enas (cf. el p rólogo), de qu ien se hace el elogio en este
pasaje, corresp on d ien te al proem io o epílogo del m ism o poem a.
34 C ástor y Pólux, con qu ien es sin duda se com para al co­
rego H agesidam o.
148 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

p o r n o sotros, de m ejillas sin vello y carentes de


b a r b a 3S.

3. D e l L ib r o I

8 (PMG 14)36 (a) M usa, ea. M usa de voz aguda, de


m uchas m elodías, siem pre cantora, inicia u n nuevo
canto p a ra que lo canten las doncellas.
(b) ...y el tem plo p u ro de T erapna bien m urada.
(c) ...a tie rra en silencio es arro jad o en tre las algas.
9 (PMG 15) Aquel feliz v a ró n 37, asentado en tre ta n ­
tas tem pestades.

4. D e l L ib r o II

10 (PMG 16) No era u n varón selvático ni to rp e...


ni un tesalio, ni un p a sto r de E ris ic a 38, sino de la ele­
vada S a rd e s 39.

5. D e l L ib r o II I

11 (PMG 17) Y te d aré un día la caldera de u n trí­


pode 40... h a s ta hoy no le ha tocado el fuego, pero p ro n ­

35 Se refiere, en general, a los jóvenes esp artan os todavía


im berb es, d e los que es p ro to tip o H agesidam o.
36 N o e s claro el co n ten id o de este poem a. Q uedan r esto s
del p roem io, can tad o p or Alem án para u n coro de don cellas
y en el q u e se celeb rab a el tem p lo de los D ioscu ros en Terap­
na; y un v e rso del m ito central.
37 ¿H eracles?
38 L ocalidad de A carnania, luego llam ad a E níadas.
39 En e ste p asaje (d e un proem io) se apoya el atrib uir a
Alem án S ardes co m o patria. V éase el p rólogo.
Μ Es decir, un tríp ode. S e u saban co m o prem ios e n ju e ­
gos, etc., p ero eran prop iam en te u sad os para guisar (d e su
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 149

to estará llena de puré, del cual, bien caliente, el glotón


de Alemán tiene deseo después del so lstic io 41; pues
no... come, sólo busca, com o el pueblo, cosas que son
com unes.
12 (PMG 19) ...siete lechos y o tras tan tas m esas
llenas de panes con sem illa de adorm idera, de lino, de
sésam o y en copas de m ad era... placa de o r o 42.
13 (PMG 20) Tres estaciones hizo, el verano, el in­
vierno, y el otoño la tercera, y la cu a rta la prim avera,
cuando las p lan tas echan brotes, p ero com er en ab u n ­
dancia no es posible.

6. F ragm entos de lugar in c i e r t o

14 (PMG 26) Ya no m ás, vírgenes de canto de miel,


de voz sagrada, quieren m is m iem bros so ste n e rm e 43;
ojalá, ojalá fu era yo el c é rilo 44, que sobre la flor de la
ola vuela con los alciones con corazón valiente, ese
p ájaro sagrado, de color de p ú rp u ra m arina.
15 (PMG 27) Ea, M usa, Calíope, h ija de Zeus, abre
estos versos o b jeto de am or, p re sta deseo al canto, llena
de gracia al coro.
16 (PMG 28) Musa, h ija de Zeus, voy a ca n ta r con
voz aguda, oh celestial.

u so en el sacrificio y el ban q u ete festiv o pasaron a la otra


función). Alem án aquí se burla de sí m ism o.
41 Sin duda el so lstic io de invierno.
42 Un du lce de m iel y lino. E s una escen a de b an q u ete, con
m esas separadas para cada lecho.
43 Alem án canta el proem io, pero sin duda h ay una corego
que danza con las don cellas; él n o lo hace alegando la vejez.
44 El cérilo es el m acho del alción , pájaro m ítico q u e vuela
entre la torm enta. Se decía que las h em bras sosten ían en su s
alas al m acho envejecid o.
150 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

17 (PMG 29) Yo voy a c a n ta r co m en zan d o 45 p o r


Zeus.
18 (PMG 30) H a lanzado su canto la Musa, la Sire-
n a de aguda v o z 46.
19 (PMG 31) Vas a consum ir a la Musa.
20 (PMG 32) ...deseosa de ir al fren te del c o r o 47.
21 (PMG 33) ...las que cam inan en fila 48.
22 (PMG 34) ...bien a m a d a s 49.
23 (PMG 35) .. .c a n ta n d o 50 bellam ente.
24 (PMG 36) ...com o nosotros en bello poem ita.
25 (PMG 37) (a) ...pues si a nosotros nos im porta-
ra esto.
(b ) ...aco m p añ ará con la flauta n u e stra canción.
26 (PMG 38) C uantas m uchachas hay en tre nos­
o tras elogian al citarista.
27 (PMG 39) E stas p alab ras y esta m elodía inven­
tó Alemán, com poniendo al unísono con las perdices
que v ib ran su le n g u a 51.
28 (PMG 40) Sé todas las m elodías de las aves.

45 En fem en in o. H abla una corego.


46 R eferid o al coro y a sí m ism o.
47 De ser corego en danzas p rocesion ales.
48 De la s con cellas de un coro.
49 Sin duda, de un coro de doncellas.
50 En fem en in o.
51 T raducido de acuerdo con G a l l a v o t t i , QUCC 14 (1972),
págs. 31 sig s. Para B. G e n t i l i , S t u d i in on o r e d i V itto r io de
Falco, N á p o les, 1972, págs. 57 sigs., sería «com poniendo en
palabras la voz de las perdices».
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 151

29 (PMG 41) Es tan to com o el h ierro el to car bien


la c íta r a 52.
30 (PMG 42) ...q ue e llo s 53 com en néctar.
31 (PMG 43) No soy la señora h ija de Z e u s54.
32 (PMG 45) Sea mi coro grato a la casa de Zeus
y a ti, señor.
33 (PMG 46) Al que hiere de le jo s 5S, hijo de Zeus,
las m usas de peplo de azafrán estas...
34 (PMG 47) E n verdad, vi en sueños a Febo.
35 (PMG 48) A mí, corego (?) del hijo de Leto y
a ti...
36 (PMG 49) Ante Apolo Liceo.
37 (PMG 50) (a) Excesivo: ojalá Apolo Liceo...
(b) I n o 57 señora del m ar, que de sus pechos...
38 (PMG 53) V estida 54 con pieles de anim ales m on­
taraces.
39 (PMG 54) ...servidor de Ártemis.
40 (PMG 55) ...d ejando C hipre deseable y Pafos
ceñida p o r el m a r ...59.

52 O rgullo del p oeta, que se com para al guerrero.


53 Los d ioses. G eneralm ente el néctar es con sid erad o bebida.
54 ¿Afrodita? Palabras de u n a corego.
55 Apolo.
56 Apolo.
57 Ino, hu yen do de la venganza de A tam ante, se tiró al m ar
con su h ijo M elicertes, con virtién d ose en diosa.
58 Á rtem is, vestid a con la n e brís o piel de cervato, com o
las bacantes.
59 P etición a A frodita de que venga a la fiesta desd e su isla
de Chipre.
152 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

41 (PMG 56) M uchas veces en las cim as de los


m ontes, cuando a los dioses les es g rata la fiesta rica
en coronas, llevando u n a vasija de oro, u n a gran taza,
cuales las que poseen los pastores, exprim iendo en ella
con tus m anos leche de león, hiciste un gran queso
todo entero p a ra el m atad o r de Argos m.

42 (PMG 57) ...(flores?) cuales n u tre E r s a 61, hija


de Zeus y S e le n e 62.
43 (PMG 58) No es A frodita, es el loco E ros que
juega com o u n niño, posándose en las flores m ás altas
— ¡no m e las to q u es!— de la juncia.
44 (PMG 59) (a) E ros de nuevo, p o r voluntad de la
c h ip rio ta 63, in u ndándom e dulce, mi corazón llena de
calor.
(b ) E ste don de las dulces M usas m e ha hecho la
dichosa e n tre los jóvenes, la ru b ia M eg a ló stra taM.
45 (PMG 60) Y te suplico o fre n d a n d o 65 esta coro­
na de helicriso y de herm osa juncia.
46 {PMG 63) Las Náyades, las Lám pades y las Tiía-
d e s 66.

60 Se describ e una fiesta dion isíaca en el m onte. Una ba­


cante (o A rtem is, cf. 38) ordeña leon es y fabrica q u esos. El
m atador de Argos es el d ios H erm es; pero la palabra no es
segura.
61 E l R ocío, divinidad fem enin a.
62 La Luna.
63 A frodita.
64 Sin duda, la corego de un coro de don cellas.
65 H abla u n a m ujer.
66 D istin ta s clases de nin fas. Las N áyades son n in fa s de las
aguas; las L ám pades o A ntorchas, com pañeras de H écate; las
T iíades, de D ion iso en el Parnaso.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 153

47 (PMG 64) H e rm a n a 07 de E u n o m ía 68 y P ito 69, hija


de P ro m a te a 70.
48 (PMG 65) Agitó las s u e r te s 71 y re p a rtió el des­
tino.
49 (PMG 68) Con su lanza de m adera pulida Áyax
está loco de fu ria y M em n ó n 72 sangra.
50 (PMG 69) ...el ilustre Áyax.
51 (PMG 70) (a) A ti p o r tus am igos (te suplico?).
(b) T e 73 (en treg aro n los hados) a A lejandro para
que te m atara.
(c) Te venero.
52 (PMG 74) H abía un rey C efeo74.
53 (PMG 80) E n o tro tiem po Circe, tra s fro ta r con
u n g ü e n to 75 las o rejas de los com pañeros del su frid o r
Odiseo...
54 (PMG 81) Zeus padre, ojalá fu e ra m i e sp o so 76.
55 (PMG 82) D ejaron (el juego) sin term in ar, com o
los p ájaro s cuando llega volando el h a lc ó n 77.
56 (PMG 83) Ante él la despensera se re tiró de su
puesto.

67 Se refiere a Tique o Fortuna.


B uen G obierno.
69 P ersuasión.
70 P revisión.
71 Las p ied recitas con que se hace un sorteo.
72 M em nón, rey etíop e h ijo de la Aurora, aliad o de los
troyanos, que fue m uerto p or A quiles.
73 A quiles.
74 Rey de Tegea, aliad o de H eracles contra H ip ocoon te.
75 Sin duda, un u n gü en to m ágico, cf. O dise a X II 47.
76 Palabras de N au sicaa refiriéndose a Odiseo; cf. Od. VI
244.
77 Son, sin duda, N au sicaa y su s d on cellas, que d ejan el
juego de p elota cuando d escub ren a O diseo (Od. V I 137 sigs.).
154 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

57 (PMG 84) Teniendo (la O sa?)78 a su m ano de-


recha.
58 (PMG 85) (a) ...a vosotros y a vuestros caballos.
(b) ...caigo an te vuestras rodillas.
59 (PMG 87) (a) ...y el arq u ero H eracles.
(b) ...aco m p añ ar m uy bien con la flauta.
(c ) ...y la po d ero sa Atenea.
(d) ...a M elam po y H a rp ó lic o 79.
60 (PMG 88) ...a sus sobrinos la m u erte y la ma-
tanza.
61 (PMG 89) D uerm en las cum bres de los m ontes
y los b arran co s, las altu ra s y los to rre n te s, y las trib u s
de los anim ales que cría la tie rra negra, y las bestias
salvajes de la m o n tañ a, y la raza de las abejas, y los
m o n stru os del abism o del m a r espum ante; duerm en
las trib u s de las aves de largas alas.
62 (PMG 90) R ip a s 80, m onte florecido de selva,
pecho de la n egra noche.
63 (PMG 91) ...llevando u n a á u rea cadena, con pé­
talos de m uelles flores de p ú r p u r a 81.
64 (PMG 92) (a) ...vino sin cocer.
(b) ...oliendo a flor.
(c) ...d e Cinco C o lin as82.
65 (PMG 93) ...y u n m alvado gorgojo, d estru c to r
de las yem as (de las vides).

78 Si la r estitu ció n e stá bien, se trata de un co n se jo de


C alipso a O diseo para su regreso. Cf. Od. V 276,
79 P erson ajes m íticos: un adivino y un ayo de H eracles.
80 M onte m ítico del país de los H ip erbóreos.
« E l C h r y s a n t h e m u m coronariu m .
82 Lugar p róxim o a E sparta.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 155

66 ( P M G 94) ...lechuguitas y pasteles del h o r n o ” .


67 ( P M G 95) ( a ) ...en el m olino se da al d u e lo 84 y
en los banquetes.
(b ) ...la com ida de m ediodía p re p aró Alemán.
68 ( P M G 96) ...tra e rá ya m en estra de habas y b lan­
ca polenta y la cosecha de la c e r a 85.
69 ( PM G 98) E n los banquetes y en las fiestas, en­
tre los com ensales de las com idas de los hom bres hay
que in iciar el canto del p e á n 87.
70 ( P M G 100) ...m ás pequeño que u n m elocotón.

71 ( P M G 101) ...y d e ja r la m a g a d ism.


72 ( P M G 102) ...u n estrecho cam ino y u n a despia­
dada necesidad.
73 ( PM G 103) ...tu s duelos.
74 ( P M G 104) ¿Quién, quién alguna vez podría
guiar en o tra dirección la m ente de u n h o m b re ? 89.
75 ( P M G 105) ...q ue venza el m ás fuerte.

76 (P M G 106) Decidme, estirpes m ortales.

77 ( P M G 107) H abla-m ucho es el nom bre del m a­


rido; A yuda-a-todos90, el de la m ujer.

83 D os tip o s de p asteles.
84 S en tid o m uy d u d oso.
85 E s decir, m iel.
86 E sta s com id as colectivas de los h om b res eran un a in s­
titución en E sparta.
El peán, h im n o apolíneo, se cantaba a coro an tes de
com enzar el banquete.
88 E sp ecie de harpa de vein te cuerdas.
89 El tex to y el sen tid o son inseguros.
90 Con d ob le sen tid o irónico.
156 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

78 (PMG 108) ...salad a v ec in d a d 91.


79 (PMG 109) Sam bas, Adón y T e lo 92.
80 (PMG 110) Te pareces al lino m aduro.
81 (PMG 111) O jalá si uno que es p ru d e n te ...
82 (PMG 114) ...a un C o rciren se93 guía.
83 (PMG 115) ...cuando ya fuera m u je r 94.
84 (PMG 116) Me envuelve el dolor, deidad funesta.
85 (PMG 117) ...vestida con una túnica ligera.
86 (PMG 118) Se puede el recuerdo de los p re­
sentes...
87 (PMG 119) ...esto com o el pueblo todo...
88 (PMG 121) ...el invierno y el fuego ardiente.
89 (PMG 122) Tesálica fauna.
90 (PMG 123) G ran cosa es p a ra el vecino el vecino.
91 (PMG 124) ...y cerca el sagrado escollo y cerca
P sira 9S.
92 (PMG 125) La experiencia es el cam ino del saber.
93 (PMG 126) Tocó a la flauta el C erb esio 96, la m e­
lodía frigia.
94 (PMG 138) ...con ásperas voces.
95 (PMG 146) ...m o n stru o in fe rn a l97.

91 E l m ar.
92 N om b res de flau tistas frigios.
93 De la isla de Corcira, h oy Corfú,
w S en tid o du doso.
95 Islita p róxim a a Q uíos.
96 M elodía p arece que tren ética, de m od o frigio.
97 De E ris, la D iscordia.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 157

96 (PMG 162)98 fr. 1 (a) ...de igual... yo... ricas...


(b ) ...yo... m ira r... al p u n to ... ju n to al fondo...
casi... ninguno... b ellam ente... en silencio... el pue­
blo... m arch aro n ...
fr. 2 (a) ...doncellas... los pies... abajo de la cabe­
za... agua... de largas alas...
(b ) ...p u rp ú rea s... bandas p a ra el pelo... de p er­
fum e...
97. (PMG 164) El cretense al m a r " .

7. F ragm entos p o é t ic o s d o r io s , q u iz á de A lcm án

98 (PMG 168) ...te hizo am igo de los caballos.


99 (PMG 169) Y tú , fu erte h ija de Zeus...
100 (PMG 170) Á rtem is que d isp ara el arco.
101 (PMG 171) ...y no m e im pidas cantar.
102 (PMG 173) ...n i de Cnácalo ni de N írsilas.
103 (PMG 174) Llévame a la casa de Cleesipo.

8. F ragm entos ú l t im a m e n t e hallados

104 (S 1) Oh tú de cabellos de oro, am igo del


canto 10°.
105 (S 2) ...u n cisne bajo las a l a s ... 1M.

98 F ragm entos p ap iráceos m uy m u tilad os, cuya ordenación


es dudosa. S e trata segu ram en te d e un partenio o un him eneo:
hay continuas referencias a la belleza y el ornato de un coro
fem enin o. La perten en cia a A lem án es só lo conjetu ral.
99 R efrán qu e alud e a alguien qu e sabe p ero finge n o saber.
100 De Apolo.
101 De auten ticid ad dudosa.
158 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

106 (S 3) ...oirem os... com o... celebram os con


benévolas...
107 (P.Oxy. 3209) fr. 1 gloria... danzando... y lo
que al p u n to ... el sonido del alto... de lo alto de las
c a s a s ...102.
fr. 2 ...a un cervato... noble...
fr. 3 ...de m iedo...
fr. 4 ...b o d a... h erm oso...

102 Ü ltim as lín eas del libro VI de Alem án, en un papiro


p u b licad o en 1977. Se refieren a un coro fem en in o q u e danza
y canta: p robab lem ente, al epílogo de un partenio.
Ill

ESTESICORO

1. Vida y origen. — Hay m uchas incógnitas respec­


to a E stesícoro: son cosas dudosas su p atria , su fecha,
el n om bre de su p adre, su m ism o nom bre. Y, sin em ­
bargo, es un p oeta que hoy, gracias a los nuevos
fragm entos papiráceos, nos re su lta relativam ente bien
conocido y tiene u n a im p o rtan cia esencial. No solam en­
te es, p a ra n o sotros al m enos, el fu n d ad o r de la escue­
la lírica de la G recia O ccidental, sino que inició, p ara
Grecia toda, u n nuevo género de lírica coral con fu e r­
te influjo épico; con u n a e stru c tu ra m étrica (que se
iba abriendo paso ya en Alemán, ciertam ente), la triá-
dica, que se hizo general; y con u n dialecto que fue
desde ah o ra el propio de este tipo de lírica. Mezcla
form as dóricas con o tras jónicas y hom erizantes, a
diferencia de Alemán, que escribe en u n laconio casi
puro.
Es, pues, E stesícoro el verdadero fu n d ad o r de la
lírica coral intern acio n al que se difundió p o r to d a Gre­
cia en los siglos vi y p rim e ra m itad del v. Y es el
puente que u ne los relato s épicos de H om ero y, sobre
todo, de H esíodo (Genealogías, etc.) y los poem as lla­
m ados «cíclicos», con la tragedia, que enco n tró u n a y
o tra vez fu en te de in spiración en n u estro poeta.
160 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

P ero hem os de p re s ta r atención, p rim eram ente, a


los datos so b re la vida.
E stesíco ro es h ab itu alm en te considerado com o na­
cido en H ím e ra 1: ya p o r P la tó n 2 y luego com únm ente.
Su efigie ap arece en las m onedas de H ím era y en esta
ciudad podía contem plarse, nos dice C iceró n 3, la esta­
tu a del poeta. H ím era es la única ciudad griega del N.
de Sicilia, próxim a ya al dom inio cartaginés. Fue fun­
dad a en el año 648 a. C. con población m ezclada jonia
(calcidios) y doria; a su vez, su ciudad fundadora, Z an­
cle (luego llam ad a M esena, hoy M esina), había sido
u n a fundación (del 725 a. C.) de Cálcide, en Eubea, con
colonos jonios. Dado el peso de los dorios en Sicilia
—b aste c ita r la ciudad de S iracusa— se com prende que
en el am biente siciliano pudo surgir fácilm ente una
poesía esc rita en un dialecto que aliaba elem entos dó­
ricos y jonios, con influjo hom érico al tiem po. Una
poesía que au n ab a leyendas de los antiguos ciclos mí­
ticos cen trad o s en to rn o a Tesalia, Tebas, Asia (H om ero
y sus contin u ad o res) y de los m ás p ropiam ente dóricos,
en to rn o sobre to d o a H eracles, O restes y H elena.
A ñádanse tem as occidentales y del folklore siciliano,
presen tes tam b ién en E stesícoro.
De to d as m aneras, las circunstancias favorables
p ara esta m ezcla de elem entos no se daban tan sólo en
H ím era. Que E stesíco ro tiene relación con H ím era no
es dudoso, p o r los datos m encionados y otros: p o r
ejem plo, la localización cerca de H ím era, p o r varios
au to res, de la leyenda de Dafnis, ca n tad a p o r el p o e ta 4.
El artícu lo de la Suda sobre E stesícoro da en p rim er
térm in o H ím era com o p a tria del poeta. Pero añade

1 Cf. ú ltim a m en te G. V a l l e t , Rhégion et Zancle, 1958, pági­


nas 260 sigs.
2 Fedro 243 a.
3 Verr. II 2, 87.
* Cf. T i m e o , fr. 566 y 83 J., T e ó c r i t o , V II 74-75.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 161

que otro s decían que era de M etauro o M atauro en el


S. de Italia, una ciudad fundada p o r la vecina ciudad
de Locros, a su vez fu ndada p o r los locrios de Grecia
(probablem ente p o r las dos ram as, los opuntios u
orientales y los ozolas u occidentales).
R ecientem ente, M. L. W e s t5 ha vuelto a re u n ir el
m aterial que favorece el origen locrio de E stesícoro:
conexión de los no m b res dados al p ad re y los h erm a­
nos del poeta con p ersonajes pitagóricos, m ención p o r
parte del p oeta de la b atalla en tre Locros y C rotona
hacia el 650 (utilizó un episodio fabuloso de la m ism a
para explicar la com posición de la palinodia o canto
de reivindicación de H elena) y, sobre todo, la existen­
cia de una escuela locria (de G recia e Italia) de
poesía que tiene sin duda relación con los poem as «po­
pulares» de E stesícoro. A las canciones eróticas, con
m ezcla de elem entos trenéticos, que se consideran
propias de esta poesía, responden algunas de E stesí­
coro. Aunque las raíces de toda esta poesía son m uy
a m p lia s 6 y no estrictam en te locrias siem pre: el Dafnis
desarrolla un tem a siciliano, la Rádine, uno sam io o
peloponesio.
En todo caso, si E stesícoro nació en M etauro, es
claro que trab a jó en H ím era, com o afirm a el propio
W e st7; y si nació en H ím era, hubo de ten er relación
con Locros. Pudo ser un colono de M etauro llegado
a H ím era, p o r ejem plo. En todo caso, la relación con
Locros era reconocida en la antigüedad. Sin duda algu­
na se relacionaba así a E stesícoro con el poeta Jenó-
crito de Locros, verdadero fu ndador de la escuela
italiota y siciliana, que escribió poem as líricos (llam a­
dos ditiram b o s) de ca rác te r n arrativo; quizá era de

5 «Stesichorus», CR, N. S. 21 (1971), págs. 302-314.


6 Cf. Orígenes, págs. 95 sigs.
7 Cf. tam bién. J. L. C a l v o , «E stesícoro de H ím era», Durius
2 (1974), págs. 314 sigs.
162 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Locros tam b ién Jan to , a u to r de una Orestea precedente


de la de n u estro poeta. Por o tra p arte , u n a leyenda
colocaba el nacim iento de E stesícoro en el te rrito rio
de los L ocros ozolas: sería el hijo de u n a doncella
seducida p o r Hesíodo, m uerto luego p o r los herm anos
de e lla “. N atu ralm en te, ésta es una m an era de enlazar
tan to a H esíodo com o a E stesícoro con la poesía lo-
cria, que aúna la tradición de la poesía genealógica
con la épica de tipo «cíclico» (Cantos Naupactios, que
tocaban el m ito de los argonautas) y la lírica po p u lar
erótico-trenética. Conocemos, a m ás de elogios de Pín­
daro (Ol. X I 19 y X 14), u n a canción locria de este
tipo (PMG 853); es u n género que alcanzó m uch a di­
fu s ió n 9. Toda esta tradición enlazaba adem ás, de un
lado, con H om ero y la épica en general; de o tro , con
la lírica cultivada en E sp arta, en cuyos concursos
m usicales P lu ta rc o 10 atribuye un im p o rtan te papel a
Jenócrito, com o luego lo tuvo Estesícoro.
E sto es lo que podem os decir; en cam bio, n ad a es
posible co m en tar sobre la o tra noticia de la Suda: que
era un exiliado de P alantio de Arcadia.
En cu an to a la fecha, h an surgido problem as por
la gran d iscrepancia e n tre la Suda (que da 632-556
aproxim adam ente) y el M armor Parium, que dice que
E stesícoro «llegó a Grecia en el 485/4». H an surgido,
incluso, teo rías sobre la existencia de dos y au n tres
E stesícoros. E n realidad, el nom bre no significa o tra
cosa que «el que pone en m ovim iento (¿o detiene?)
el coro» y se nos dice que su nom bre real era Tisias:
E stesícoro puede ser un nom bre p arla n te usado p o r va­
rios aedos (com o los de Demódoco y Fem io en H om ero;

s Cf. A r i s t 0 t h .e s , f r . 565; F ilo c o r o , 328 y 21 3 .


9 Cf. Orígenes, págs. 95 sigs.
10 De Mus. 9.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 163

las coregos H agesícora y Astim elesa en Alemán; los


poetas T erp an d ro y Tespis, etc.).
Ahora bien, p o r lo que se refiere a n u estro Este-
sícoro, citado ya p o r Sim ónides, se ha tra ta d o de
establecer su fecha, rebajándola, p o r la m ención de
un eclipse que debe de ser el del 585 a. C.; p o r una
alusión suya al Escudo de H esíodo (no an terio r al 580);
y la com paración con obras de a rte del s. vi a. C.:
m etopas del H ereon de Siris (fechadas liacia el 570-60),
el ai'ca de Cípselo, el a lta r de A m idas, el vaso F ran ­
çois, etc. Se tiende hoy 11 a colocarle plenam ente den tro
del s. vi. C iertam ente, el m étodo no es m uy seguro.
Las obras de arte citadas y o tras (vasos corintios y
calcidicos arcaicos, sobre to d o ) 12 p re sen tan variantes
respecto a las versiones estesicóreas: así en lo relativo
a la p resen tació n de la figura de G erión (en los vasos
citados), al catálogo de héroes que p artic ip a ro n en la
caza del jab alí de Calidón (en el vaso François), etc.
De o tro lado, rasgos que se atribuyen explícitam ente
a E stesícoro (H eracles con su clava y piel de león, Ge­
rión con tres cuerpos) se en cu en tran ya en vasos de
lines del s. v u 13. De esta fecha puede ser tam bién el
arca de Cípselo, con m uchos m otivos estesicóreos. En
fin, com o poseem os el dato de la longevidad del poeta,
dado p o r Cicerón, la verdad es que no tenem os razo­
nes convincentes p a ra oponem os a la fecha de la Suda.
Aunque los rasgos estesicóreos de obras de a rte de
fines del v u pueden, pese a todo, pro ced er de sus fuen­
tes; como, inversam ente, los de m ediados del vi, a
m ás de ser a veces dudosos, m ás bien testim onian una

11 Por M. L. W e s t , art. cil.


12 Cf. M. R o b e r t s o n , «G eryoneis: S tesich oru s and th e Vase-
painters», C R 19, N. S., 19 (1969), págs. 207-221.
13 Cf. M. T r e u , «Stesichorus», RE, Suppi. X I (1968), col.
1256; R o b e r t s o n , pág. 209.
164 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

cierta antigüedad, ya en esa fecha, de las obras en que


se inspiran.
E n definitiva, a fines del s. v u y en la p rim era m i­
tad del v i encontram os un p oeta coral, Estesícoro,
pro ced en te de la G recidad occidental, que elab o ra los
tem as de la épica griega en general, m ás otros especial­
m ente dorios y versiones sicilianas u occidentales de
la épica y la lírica p opular. Continúa, sin duda, una
tradición iniciada antes de él en Sicilia o Italia: la que
crea la lírica en el dorio artificial luego continuado
p o r Sim ónides y dem ás poetas, a base de largas leyen­
das (que luego se re co rtaro n ) y de la com posición
triádica.
Pero esta trad ició n italiota no es independiente de
la de Grecia. No se concibe, en p rim e r térm ino, sin
la intervención de Arión de M etim na, que tra b a jó en
C orinto en la segunda m itad del s. v u y creó u n a lírica
con am plios elem entos narrativos, el ditiram bo: una
lírica que p o nía un nom bre, es decir, u n tem a, a cada
poem a; y que, en n u e stra opinión, e ra en realidad
m ixta, es decir, com binaba proem ios y epílogos m onó­
dicos, relativos a la fiesta en que ten ía lu g ar su eje­
cución y a m otivos conexos con ella, con «centros»
corales. U na derivación, a p a r tir de aquí, es la que
enco n tram o s en Alemán; hay o tra en Jenócrito, Janto,
E stesícoro e íbico, en Italia y Sicilia. Ibico, que es de
Region, ciu d ad próxim a a Locros, pertenece, en efecto,
a esta segunda tradición.
Pero E stesíco ro tiene una relación m uy estrech a con
E sp arta. H em os visto que el M armor Parium le a trib u ­
ye un v iaje a E sp arta. Y hay que a ñ a d ir que la Orestea
está esc rita p a ra u n a fiesta esp artan a a la que alude el
proem io; en realidad, m odifica una serie de tem as m í­
ticos en sen tid o pro-espartano. La Palinodia parece una
recantación de la a n te rio r Helena p ara satisfacer a los
esp artan o s, pues allí H elena era u n a diosa. Sin duda
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 165

se destinaba a ser cantada en una fiesta espartana.


Tam bién el fr. inicial del P.Oxy. 2735, si como creem os
es de E stesícoro, se refiere a una fiesta espartana:
posiblem ente es el proem io de los Juegos en honor de
Pelias.
E stesícoro es, pues, un aedo o poeta profesional que
vivió en H ím era y tuvo relaciones estrechas, quizá de
origen, en todo caso poéticas, con Locros. V iajó por
Grecia, particip an d o en los concursos poéticos de las
grandes fiestas, com o todos los poetas que hem os lla­
m ado «viajeros», íbico incluido. Muy concretam ente,
tuvo u n a relación estrecha con E sp arta; pero no es
un poeta abso lu tam en te espartanizado com o Alemán;
al contrario, crea la nueva lengua internacional de la
lírica coral.
Tam poco parece ser E stesícoro, exactam ente, el
tipo del p oeta que se lim ita a n a rra r antiguos relatos
m íticos p ara el público de las fiestas de ciudades a je ­
nas: un sim ple profesional. Se nos habla de dos h er­
m anos suyos, H elianacte, que fue legislador, y M am er­
tino, m atem ático. E ste am biente parece próxim o a la
escuela pitagórica y en general a la antigua tradición
de Locros, p ara la que Zaleuco escribió una de las m ás
antiguas constituciones griegas. Del propio E stesícoro
se nos cuenta cóm o puso fin a una g u erra civil (no
sabem os dónde) acudiendo a la m eloterapia (fr. PMG
276), lo que recu erd a la com binación de m úsica y polí­
tica en la actuación de los pitagóricos. Más concreta­
m ente todavía, el fr. PMG 281 nos habla de la in ter­
vención de E stesícoro p a ra d isu ad ir a los de H ím era
de d ar una guardia personal a Fálaris, p ara ev itar eme
se convirtiera en tirano. E stesícoro era, pues, un
personaje político igual que Solón, quien hizo análoga
advertencia respecto a P isistrato. P uesto que E stesí­
coro acom pañó la advertencia con la fábula del caballo,
el ciervo y el hom bre, resu lta que hay clara referencia
166 LÍRICA GRIEGA ARC A I C A

a un poem a seguram ente yám bico com o los de Arquí-


loco. El fr. 280, fábula del águila agradecida, procede
sin duda de un poem a sem ejante, tam bién de interés
político.
Así, E stesíco ro es de un lado u n poeta viajero,
especialm ente ligado a E sp arta, donde canta sus poe­
m as corales. Al tiem po, es un personaje capaz de in te r­
venir en política o d a r consejos políticos, com o Solón
o Píndaro. Y cultiva la poesía erótico-trenética de
ca rác te r p o pular, p ro pia de las pequeñas fiestas loca­
les y no de las grandes fiestas de E sp arta y o tras ciu­
dades im p o rtan tes.

2. Influencias en Estesícoro e influjo de su poe­


sía. — E stesícoro, en p rim e r lugar, recibe el influjo de
la epopeya hom érica. Lo vemos m uy claro, p o r ejem ­
plo, en el p asa je que se nos ha conservado de los R e­
tornos en que Telém aco se despide en E sp a rta de
H elena y M enelao: es un episodio de la Odisea leve­
m ente variad o en argum ento y lleno de epítetos y
fórm ulas hom éricas. Lo m ism o o cu rre en todos sus
otros poem as, m uy n otablem ente en la Destrucción de
Troya, com o es n atu ral. Pero no es solo allí. Han
llam ado m ucho la atención, p o r ejem plo, los m otivos
hom éricos en la Gerioneida: el diálogo entre Gerión
y su m ad re Calírroe, que tra ta de disuadirle de lu ch ar
co n tra H eracles, a lo que él se niega prefiriendo la
m u erte al deshonor, recuerda muy de cerca el de
Aquiles y Tetis en la Iliada; y la im agen de Gerión,
que dobla su cabeza h erid a como la ad orm idera que
se inclina p o r el peso del fru to y la lluvia, procede
igualm ente de H om ero. Aquí y allá se en cuentran im á­
genes, fórm ulas, p alabras, h asta versos casi repetidos.
Pero siem p re con sutiles variaciones. Es notable,
p o r ejem plo, que cuando, en el nuevo fragm ento P.Oxy.
2736, 1, aparece lo que parece m ero calco (con variación
Ι.ΙΚΓΓΛ MIXTA V CORAL ARCAICA 167

del caso) de un verso hom érico: «a C ástor dom ador


de caballos y a Pólux bueno en el boxeo», la m étrica
está re in te rp re ta d a al m odo estesicóreo. Allí donde,
entendiéndola a la m anera hom érica, u n espondeo equi­
vale a un dáctilo (---- = - ^ ~), entendida a la m anera
estesieórea re su lta que se tra ta de u n a sílaba larga
seguida de o tra anceps, que puede ser larga o breve
( - - - - -)·
Los m itos, las im ágenes, el lenguaje, la m étrica ho­
m érica han sido variadas sutilm ente. Pero al lado de
H om ero está Hesíodo, de cuyos catálogos dependen
num erosos p a s a je s 14, ap a rte de que el Cieno está ins­
pirado en el Escudo, que se considera hoy pseudo-
hesiódieo. Más que de H esíodo hay que h ab lar de la
tradición hexam étrica beocia y locria, que difundió
am pliam ente num erosos m itos.
Pero hay luego, sobre todo, la tradición de los poe­
m as cíclicos, que com pletaban los tem as tróvanos no
tocados o sólo aludidos p o r H om ero, y la trad ició n de
la poesía épica en general. E stesícoro lo que hizo fue
bien reh acer poem as enteros bien to m a r episodios
sueltos y d esarro llarlo s p o r sí m ism o, a veces despla­
zando la orientación general. La Destrucción de Trova
pertenece sin duda al p rim er tipo: reelabora la Des­
trucción de Trova de A rctino y la Pequeña Ilíada de
Lesques; pero el acento pu esto en la piedad p o r los
troyanos o bjeto de crím enes (A stianacte, Políxena),
violencias (C asandra) y, sobre todo, p o r las troyanas
vendidas com o esclavas, es seguram ente nuevo.
E stesícoro parece p referir, en general, el segundo
modelo. El tem a de la Helena debe de venir sobre todo
(ap arte de alusiones en H om ero) de los Cantos Chiprio­
tas de E stasino; el de la Erifila, de la Tebaida y los

μ Cf. Treu, lug. cit., col, 1274.


168 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Epígonos (tam b ién se nos habla de una Edipodia y una


Alcmeónida); el de los Juegos en honor de Pelias, de
los Cantos Naupactios y otros poem as sobre los a r­
gonautas; el de la Caza del Jabalí, de u n a Meleagria
resum ida p o r H om ero; el de los Retornos, del poem a
titu lad o así, p o r supuesto; el de la Europea, de la
Europea de Eum elo. Siem pre se tom a un tem a parcial;
casi siem pre, com o se ha visto, en torno a una m ujer.
E n ocasiones no se ve bien si había un m odelo;
m ás bien debía de tra ta rs e de alusiones de pasada en
poem as épicos o genealógicos. É ste es el caso, eviden­
tem ente, de la Orestea, sobre cuyo tem a a m ás de las
alusiones h o m éricas había un poem a de Janto. No sa­
bem os que E stesícoro pu d iera disponer de u n a Hera-
cleida com o las p o steriores, de la cual sacar los tem as
de su Cerbero o su Gerioneida; desarrolló, sin duda,
pasajes de diversas obras, com o en el caso del Cieno.
Aunque se h ab la de u n a Heracleída del lacedem onio
Cinetón, difícil de fechar (s. vu?).
P o r supuesto, E stesícoro pudo a ñ a d ir cosas de la
trad ició n occidental, así en la Gerioneida y la Escita
(quizá p a rte de la prim era), o espartana, así en la
Orestea y la Palinodia, que arran c a del tem a del «fan­
tasm a» de H elena que fue a Troya, ya en Hesíodo.
Sin estos influjos no puede concebirse su obra. Es,
desde luego, seguro que añadía a la trad ició n an terio r
cosas que sólo en Sicilia pudo aprender: así el cono­
cim iento del río T artesos, el G uadalquivir, lugar bien
real colocado ju n to a las m íticas islas E ritia y de las
H espérides.
Si es cierto lo que antes hem os supuesto, E stesícoro
estab a tam b ién influido p o r la m onodia elegiaca y yám ­
bica, que se o cupaba de cosas del inm ediato presente,
sobre el que tra ta b a de influir, y que se apoyaba en la
fábula, la anécdota, etc. Al yam bo ap u n tan concreta-
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 169

m ente las fábulas (sin duda escritas a su vez en yam ­


bos); a la elegía, ocasionales pen tám etro s 15.
Finalm ente, los poem as erótico-trenéticos a que ya
hem os aludido —Dafnis, Cálice, Rádine—, que tocan
el tem a del am o r perdido o no encontrado y el de la
m uerte de la hero ín a o del héroe, son m onodias que
proceden a todas luces de ritu ales den tro del ciclo de
la vegetación, en que el am o r y la m u erte se suceden.
E stán en la base de toda la erótica griega, incluida la
lite r a r ia lé. La hero ín a ora, se desespera, se suicida;
o el héroe perece, él tam bién, pasado el m om ento del
eros.
El n om bre de harmáteios nom os o «m elodía del
carro», que se aplicaba a m elodías tren éticas de flauta
a p a rtir de Olimpo, en el s. v m 17, pensam os probable
que venga de la Rádine, en que se lloraba a esta he­
roína y su enam orado, m u erto s p o r el tiran o de Corin-
to. N uestra fu en te del fr. 278, E strab ó n V III 3, 20,
cuenta cóm o el am an te sigue a R ádine «con el carro»
y el tiran o devuelve los cadáveres «en el carro»; el
sonido de la flauta im itaba, sin duda el c h irria r del
carro. Dafnis y Cálice son cantos de duelo, igualm ente.
P or o tra p arte, estos poem as no son el único ele­
m ento de origen p o p u lar en E stesícoro. Sus proem ios
y epílogos describían, según uso, la fiesta en que sus
poem as se cantaban. Y, concretam ente, el proem io de
la Orestea se refería a la fiesta de la golondrina, a la
llegada de la prim avera.
Poeta ciudadano y p o p u lar a la vez, poeta, sobre
todo, internacional, es en este últim o dom inio, la in te r­
pretació n de la leyenda épica en nuevas versiones líri­
cas, en nueva lengua y estilo, en el que E stesícoro se

15 Cf. H aslam , «S tesichorean M etre», QUCC 17 (1974), pág. 42.


16 Cf. Orígenes, págs. 84 sigs., 93 sigs., 236 sigs., 243 sigs.
17 Cf. W est , art. cit., pág. 308.
170 I.[RICA GRIEGA ARCAICA

hizo celebre. Puede decirse que sus poem as elim inaron


del m ercado, en u na buena m edida, a los poem as cícli­
cos y dem ás. El arte de fines del v u y sobre todo del
vi testim o n ia la p o p u larid ad de sus tem as y refleja,
sin d u d a alguna, su influjo. H em os hablado de la cerá­
m ica co rin tia y calcídica, de las m etopas del H ereón
de Siris, del arca de Cípselo y el a lta r de A m idas, del
vaso François; hay que a ñ a d ir el friso de los tesoros de
los sifnios y sicionios en Delfos, los bronces de Olim­
pia y otro s docum entos m ás. B aste re c o rd a r que el
arca de Cípselo, p o r ejem plo, rep resen tab a los juegos
fúnebres p o r Pelias, el com bate de H eracles y Gerión,
la h isto ria ele Erifila, la de Alcestis; el a lta r de A m idas,
el tem a de H eracles y Cieno, la caza del jab alí de
Calidón, el com bate de H eracles y Gerión, la ca p tu ra
de C erbero; el tesoro de los sicionios p re sen ta en su
friso la g u erra de Troya, el juicio de P arís, el ra p to de
las Leucípides p o r los Dioscuros; estos son objeto de
rep resen tació n en las m etopas del tesoro de los sicio­
nios, ya lo hem os dicho, en que tam bién aparece el
tem a de los arg o nautas; el vaso François p re sen ta la
caza del jabalí, los bronces de Olim pia, la m u erte de
C litem estra y la lucha de H eracles y el centauro, e t c . ,8.
S ean cuales sean las variaciones de detalle en estos
y otro s m onum entos, es claro que los m itos estesicó-
reos dom inan todo el siglo vi. No lo es m enos que la
tragedia depende am pliam ente de ellos. Así, las ce n tra­
das en to rn o a los crím enes de la fam ilia de los Atri-
das (que E stesícoro, siguiendo una tradición esp artan a
h o n rad a tam b ién p o r íbico, prefiere llam ar Plisténi-
das); p o r p rim era vez aparecen en él tem as com o el
del sueño de C litem estra, la nodriza de O restes, la
persecución de éste p o r las E rinis. La presentación del

is C f. sob re to d o R obertson , art. cit.; B ow ra , ob. cit., pági­


nas 97 sigs., 120 sigs.; y PMG, pág. 95.
LIRICA MIXTA V CORAL ARCAICA 171

dolor de los vencidos, la su erte de las prisioneras en


tan tas tragedias de tem a «troyano», procede sin duda
de la Destrucción de Troya de E stesícoro; incluso te­
m as de detalle com o el perdón de H elena p o r Menelao.
El ciclo en to rn o a Erifila, Alcmeón, etc., tam bién gozó
de popularidad en tre los trágicos. Un nuevo fragm ento
papiráceo que p re sen ta el enfrentam iento de los dos
herm anos Etéocles y Polinices, que su m adre Y ocasta
tra ta de am igar, nos hace ver que tam bién estos tem as
tebanos (concretam ente, en las Fenicias de E urípides)
tenían influencia estesicórea, aunque h abía variaciones
de detalle. Es notable, en cam bio, que tem as occidenta­
les como el de Gerión y dorios com o el de H eracles
dejaran m enos huella en la tragedia. Aunque esto es
relativo: el tem a de la locura de H eracles figuraba, sin
duda, en el Cerbero.

3. Obras de Estesícoro. — E stesícoro fue un poeta


prolífico: los alejandrinos lo ed itaro n en 26 libros,
fren te a 6 de Alemán y 5 de íbico. C iertam ente, fue
estudiado p o r ellos m enos que el prim ero. Es citado,
ciertam ente, p o r diversos polígrafos (m itógrafos, geó­
grafos, etc.), lexicógrafos y escoliastas; pero escritos
m onográficos sobre él sólo h u b o uno, que sepam os, de!
peripatético C am eleonte, del que se conserva un frag­
m ento, relativo a las Palinodias, en P.Oxy. 2506. Fue a
este respecto m enos afo rtu n ad o que Alemán.
La trad ició n in d irecta da m uy escasos fragm entos
literales, que después de B ergk recogió V ürtheim en
191919. Poco es lo que se obtiene de ellos en obras
antiguas com o la de V. M an cu so 20. El interés se renovó
con la publicación de varios papiros: en 1952, P.Oxy.

19 Stesichoros. L eben und Fragm ente, Leiden, 1919.


20 La lírica classica greca in Sicilia e nella Magna Grecia,
Pisa, 1912.
172 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

2260 = PMG 233, sobre el nacim iento de Atenea; en


1956, P.Oxy. 2359 y 2360 = PMG 222 y 209, de Los caza­
dores del jabalí y Los retornos, respectivam ente; en
1962 (en PMG 193) el fragm ento de u n com entario
relativo a las Palinodias que fue luego P.Oxy. 2506. E n
realidad, ya desde m ediados de los años cincuenta apa­
rece nueva b ibliografía sobre n u estro au to r, sobre todo
relativa a la Helena y la (o las) Palinodias. Todo el
m aterial entonces conocido fue incluido ya en los Poe­
tae Melici Graeci, de Page (1962). Casi sim ultáneam ente,
en 1961, C. M. B ow ra publicó una segunda edición de
su Greek Lyric Poetry que incluye u n estudio de E ste­
sícoro (págs. 74 sigs.) m uy su p erio r al de la prim era,
de 1935: es el p rim e r trata m ien to m oderno del tem a.
A fortunadam ente, los hallazgos de papiros h an se­
guido favoreciendo a E stesícoro y en 1967 h an a p a re­
cido o tro s im p o rtan tes de la Gerioneida, la Erifila y la
Destrucción de Troya (P.Oxy. 2617, 2618 y 2619, res­
pectivam ente), que h an sido objeto de varios artículos,
aunque no de u n estudio exhaustivo, todavía. O tro
pap iro de ap arición p o sterio r (1968), el 2735, h a dado
fragm entos m uy controvertidos, que Page piensa son
de Ibico y Lobel y W est de E stesícoro: opinión esta
ú ltim a que sigo, atrib u yendo el fragm ento a los Juegos,
com o ya Lobel. O tro fragm ento aún, el 2803, parece
titu larse E l caballo (de madera); varios au to res con­
cluyen que es p a rte de la Destrucción de Troya, opinión
que sigo.
Todos estos p ap iros están editados en el Sup ple­
m e n tu m Lyricis Graecis, de Page: en p arte , ju n to con
fragm entos de los m ism os poem as editados en PMG;
en p arte, sin in te n ta r ponerlos en conexión. Como, de
o tro lado, en PMG se dan m uchos fragm entos «de lu­
gar incierto» sobre cuya proveniencia d en tro de la obra
de E stesícoro pueden hacerse, creem os, hipótesis vero­
sím iles, todo esto, unido a los problem as sobre el
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 173

ord en de los fragm entos, a la cuestión de la Helena y


las Palinodias, la de la p erten en cia o no del Caballo
a la Destrucción, etc., hace que pueda decirse que hoy
no tenem os p ro p iam en te una edición de E stesícoro. A
esta h ab ría que a ñ a d ir los nuevos papiros, ultim ísim a-
m ente descubiertos y sobre los que aún no hay apenas
bibliografía: el P.Lille publicado p o r C. M eillier y
otro s en 197621 y reeditado en 1977 p o r J. B ollack y
o tr o s 22 teniendo en cuenta nuevas aportaciones de C.
Meillier.
No existe, pues, u n a edición standard de E stesícoro.
Pero no so tro s suplim os esta falta con n u estro artículo
«P ropuestas p a ra u n a nueva edición e in terp retació n
de Estesícoro», E m erita 46 (1978), págs. 251 sigs., que
equivale p rácticam en te a u n a edición, aunque no in­
cluye los textos. Utiliza todos los datos de la nueva
bibliografía y añade u n a serie de hipótesis sobre las
distin tas obras: debe tenerse p resen te p a ra ju stificar
u na serie de p u ntos que en este prólogo y en las in tro ­
ducciones a las ob ras tocam os m ás brevem ente. N ues­
tra edición es original, de o tra p arte, en lo relativo a
la organización de la Helena y Palinodias; a la ads­
cripción del Caballo a la Destrucción·, del P.Lille a la
Erifila; de 2735 a los Juegos; al añadido de los noví­
sim os fragm entos; y a algunas cosas m ás. P or supuesto,
no se tra ta de u n a edición definitiva. Pero es suscep­
tible de d a r u n a idea de la poesía de E stesícoro im po­
sible h asta ahora.
Las ob ras de E stesícoro han sido citadas ya por
nosotros casi todas y sobre ellas pueden verse, ap arte
del artícu lo citado, las «Introducciones» que preceden
a la trad u cció n de cada una. De todas m aneras, añ a­
dim os algunas generalidades.

21 C R IP E L 4, Lille, 1976.
22 Cahiers de Philologie 2, Lille, 1977.
174 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Se tra ta b a , al m enos en algunos casos, de obras


extensas. Sabem os que la Orestea y la Helena tenían
al m enos dos libros; y la noticia de que h abía dos
Palinodias, em pezando la segunda con un nuevo p ro e ­
mio, puede en ten d erse en el m ism o sentido. P or o tra
parte, la Gerioneida tenía al m enos 1.300 versos, según
una n o ta m arginal (un cálculo sobre los fragm entos del
papiro exige, de o tra p arte , un m ínim o de 1.560 versos);
el P. Lille, relativo a la leyenda tebana, conserva re s­
tos de 129 versos, siendo el 125 equivalente al 300 del
poem a, según u n a indicación m arginal. Pensam os que
la Gerioneida p o día ten er dos libros; y si el P.Lille es
p a rte de la Erifila, com o pensam os, teniendo en cuenta
que se refiere al com ienzo de la m ism a, a u n m om ento
a n te rio r a la expedición de los Siete (m ientras que
P.Oxy. 2618 se refiere a la fase previa a la expedición
de los epígonos, m uy posterior), se im pone la m ism a
conclusión. Algo parecido puede decirse de la Destruc­
ción de Troya, cuyo com plicado argum ento conocem os;
y, seguram ente, de los Retornos (a ju zg ar p o r la exten­
sión de n u estro fragm ento, relativo a la despedida de
Telém aco) y de los Juegos en honor de Pelias (sobre
todo, incluyendo en él P.Oxy. 2735).
Allí donde podem os juzgar, los poem as de E stesí­
coro de tipo «épico» eran extensos, contenían al m e­
nos dos libros de unos 1.600 versos cada uno. Sin duda
eran de m ucho m en o r extensión los poem as «actuales»,
que suponem os yám bicos, y los «populares», cuya ex­
tensión hay que co m p arar con la de los poem as de Safo.
P rescindiendo de estos dos últim os tipos de poe­
m as, de que ya nos hem os ocupado, es claro que el
influjo de E stesíco ro y su fam a se debe sobre todo a
los p rim ero s. H agam os una clasificación de los m ism os:
a) Leyenda tebana. A ella se re fería la Erifila,
relativ a a la h erm an a de Adrasto, que hacía de lazo
e n tre la h isto ria de los Siete contra Tebas y la de los
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 175

Epígonos. Seducida una vez p o r un p resen te de Poli­


nices, el rey tebano d esterrad o que quiere conquistar
el trono, y o tra p o r otro de T ersandro, hijo de aqué]
(p o r el collar y el velo de H arm onía, respectivam ente),
logra p ersu ad ir p rim ero a su m arido Anfiarao, luego a
su hijo Alcmeón a ir a la g u erra co n tra Tebas: An­
fiarao perece, Alcmeón tom a Tebas con los epígonos
(hijos de los Siete Jci'es) y m ata a su m adre, cum ­
pliendo u na p rom esa hecha a Anfiarao. Conservam os
dos fragm entos im p o rtan tes: el tem a del en fren ta­
m iento de Polinices y su herm ano Etéocles, que se
quedó con el trono; y el de la persuasión de Alcmeón
p o r Erifila. La adm isión de que am bos p ertenecen a
este poem a depende de que se ad m ita que sus dos
libros tenían m etro diferente, com o creem os.
Al ciclo tebano (fundación de Tebas p o r Cadmo,
h isto ria de sus hijo s) pertenecía tam bién la Europea,
de que no quedan fragm entos literales.
b) Leyenda tesalia. Los Juegos fúnebres en honor
de Pelias, rey de Yolcos, es un elem ento tesalio den tro
del ciclo de los argonautas. E n dichos Juegos p a rtic i­
pan todos los héroes de Grecia. E stán m odelados, segu­
ram ente, sobre los Juegos en h onor de Patroclo en la
Ilíada; concluyen, pensam os, con la boda de Adm eto y
Alcestis (h ija de Pelias). Si la adscripción de P.Oxy.
2735 a este poem a es cierta (y así lo creem os), enton­
ces tenem os un proem io, relativo a la fiesta esp artan a
en que el poem a fue cantado; adem ás, diversos frag­
m entos relativos a los juegos y a la boda. La p a rti­
cipación de los Dioscuros en los juegos hace de lazo
de unión con la fiesta espartana.
c) Leyenda etolia. Conocida ya p o r H om ero, es en
torno a M eleagro y la caza del jab alí de Calidón, que
reunió o tra vez a los héroes de Grecia. S obre ella creó
E stesícoro sus Cazadores del jabalí. M eleagro m ata al
m onstruoso jabalí, p ero surge u n a rey erta p o r sus
176 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

despojos y M eleagro m ata a sus dos tíos, h ijo s de


Testio; m u ere de resu ltas de ello, según diversas va­
rian tes del m ito, de las cuales no sabem os cuál seguía
E stesícoro. N u estro fragm ento se refiere a algunos de
los p artic ip a n te s en la caza y (parece) a la rey erta pos­
terior.
d) Leyenda de Helena. Procede, ya lo hem os dicho,
de los Cantos Chipriotas, que n a rra b a n el com ienzo
de la g u erra de Troya. H em os insistido en que las Pa­
linodias, esc rita s en desagravio de H elena (que, su­
pu estam ente, h ab ría cegado al poeta) se deben al deseo
de h o n ra r la tradición espartana, donde H elena era
u na diosa. El poem a debió de ser cantado en E sparta.
e) Leyendas posthoméricas. Son las cantadas en
ios poem as cíclicos que re latab an los acontecim ientos
po sterio res a la Iliada y la Odisea: la Destrucción de
Troya, la Pequeña Iliada, los Retornos. Pero en los
Retornos de E stesícoro o, p o r m ejo r decir, en n u estro
pequeño frag m en to papiráceo, es m ás bien la Odisea
lo que es im itado. El poem a se refería a la su erte de
los griegos que reg resaron de Troya (algunos de los
cuales e n tra ro n en la leyenda de O ccidente). Son am ­
plios, au n q u e m uy destrozados, los fragm entos de la
Destrucción, que se com pletan en cierto m odo con el
relieve de época ro m an a llam ado tabula Iliaca, que
describe la to m a de Troya «según Estesícoro», dice la
inscripción. E ditam os con ellos, com o hem os dicho,
los del Caballo, que sin duda era u n trozo al que se
dio este n o m b re p a ra una edición reducida. El tem a es
el del caballo de Troya y la destrucción de la ciudad,
ju n to con la su erte de los vencidos: el poem a dejó
eco en V irgilio (Eneida II) y en Q uinto de E sm irna.
f) Leyendas de Heracles. E ste héroe dorio, h onrado
sobre to d o en E sp a rta pero tam bién en las colonias
occidentales, es el centro de varios poem as de E stesí­
coro. E n p rim e r lugar, la Gerioneida, conocida ahora
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 177

m ucho m ejo r gracias a los papiros, poem a relativo a


las av enturas occidentales de H eracles cuando robó las
vacas del m o n stru o so G erión —u n dios in fern al en el
origen, sin duda— y las condujo a Grecia; debían ap a­
recer tam bién los tem as del Ja rd ín de las H espérides
y de Atlas sosteniendo la bóveda celeste. Y es fácil que
el poem a titu lad o Escila fu e ra p a rte de éste: de los
am plios poem as de E stesícoro se obtenían a veces,
parece, fragm entos con títu lo independiente.
A la leyenda de H eracles se reñeren tam bién otros
dos poem as de E stesícoro de los que no quedan frag­
m entos literales. E n el Cerbero se n a rra b a la aventura
de H eracles cuando b a jó a los Infiernos y se tra jo al
perro C erbero, así com o su p o sterio r locura, cuando
dio m u erte en Tebas a sus hijos. El tem a estab a ligado
a E sp arta, pues H eracles b ajab a p o r la cueva del Té-
naro. E n el Cieno, H eracles m atab a a o tro m onstruo,
Cieno, hijo de Ares, que despojaba a los viajeros en
Tesalia.
g) Leyendas de la casa de Agamenón. Nos referi­
m os a la Orestea, de que ya nos hem os ocupado y de
cuya am bientación e sp a rtan a (y canto en E sp arta )
hem os hablado. Hay que su p o n er que com enzaba con
la m u erte de Agamenón; en todo caso, contenía la
m uerte de C litem estra, su m u je r y asesina, y de su am an­
te Egisto, a m anos de O restes; y la persecución de éste
por las E rinis, p ara ser purificado al fin, probablem en­
te. Es curioso co m p ro b ar cóm o esta m ism a leyenda
fue llevada p o r E squilo al am biente ateniense.
N ótese que si consideram os p artes de u n solo poe­
m a a la Destrucción y el Caballo; la Gerioneida y la
Escila (hipótesis ésta no m uy sólida); el fragm ento
del P.Lille y la Erifila, re su ltan doce poem as. C alculan­
do a dos libros p o r poem a (hecho seguro p a ra varios
poem as; a veces pueden ser m ás, a veces m enos) ten ­
dríam os v ein ticu atro libros. Los otros dos de la edi­
178 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

ción alejan d rin a p o d rían ser uno de poem as m onódicos


de tipo erótico-trenético, o tro de poem as yám bicos que
incluían fábulas. C ierto que esto puede no ser m ás
que u n a aproxim ación, pero en todo caso nos da una
cierta idea de cóm o podían leer a E stesícoro los lec­
tores de época helenística y rom ana.

4. E structura métrica y ejecución de los poem as


R esp ecto a ios poem as breves, yám bicos o m on ód icos, no p o ­
dem os hacer o tra cosa que h ip ó te sis que lo s com paren con,
por ejem p lo, los de A rquíloco o Safo, resp ectivam en te. Eran
in d udab lem ente p oem as cortos que com pren dían proem io y
epilogo y un «centro»; en un caso, co n stitu id o por la fábula
que servía de am enaza o justificación; en otro, por el relato
de la heroína (am an te de D afnis, Cálice) o de su s fieles (Rádi-
ne), que ju stificab a su plegaria y dolor.
Pero sí p o d em o s, ahora, decir algo sobre la estru ctu ra de
los poem as d e tip o «épico». En prim er lugar, q u e eran can tad os
en fiestas y ten ían p roem ios y ep ílogos del tip o ya con ocid o
por n osotros. En el caso de E stesícoro, con ocem os en cierto
m odo el p roem io de la O restea y el que figura en P.Oxy. 2735;
los epílogos debían de ser sem ejan tes. Se h ab la de la fiesta
y se filosofa sob re la debilid ad hum ana y el p od erío divino; el
poeta habla de sí m ism o y, en el proem io de la Orestea, se
jacta de su in n ovación al c o m ponerla en el m o d o frigio.
Ahora b ien , lo característico de E stesícoro y lo que le dife­
rencia tanto de A lem án co m o del resto de la lírica coral es
la gran ex ten sió n de su s «centros», pu ram ente m ítico s y ver­
dadero ob jeto de su interés. S i en un prin cip io el «centro» del
poem a no es o tra cosa que una ejem plificación del p od erío del
dios, un h alago, digam os, para lograr de él que p r e ste su
ayuda, ahora lo im portante es el m ito. Los elem en tos de p le ­
garia, descrip ción de la fiesta, au top resen tación del p o eta y
p resentación del coro, elo g io s a la ciudad, etc. del p roem io y
el epílogo, p ierd en im portancia, se convierten en c lisé s for­
m ularios. O so n u tilizad os para «hacer entrar» al p oeta en e llo s . .
Ya Q uintilian o (X 1, 62) decía que E ste síc o ro so sten ía con
la lira el p e so del can to ép ico y e llo es m uy cierto. R epresen ta,
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 179

sin duda, un m om en to en que bien él, bien Jenócrito, desarro­


llaron la incip ien te estru ctu ra ternaria de un Arión (su p on e­
m os) y un Alem án, recib ien do el p od eroso influjo de la épica
cíclica y dem ás. Es un m om en to que luego pasa, p u esto que
se vuelve a «centros» de exten sión m ás norm al.
H oy p od em os hacern os idea del e stilo d ifu so ( re d u n d a t a tqu e
effunditur, dice Q uitiliano) de la narración estesicórea. Se tra­
ta de un len to y m oroso relato adornado de ab u n d an tes, largos
discursos. T odo en e stilo épico, im itad o de H om ero, pero con
su tiles variaciones fren te a él, co n un ton o, diríam os, inti-
m ista y sen tim en tal. N o se ha desarrollad o aún la narración
«a saltos», alusiva, a la m anera pindárica: aquí tod o se dice,
todo se describe. Y tod o se hum aniza, in clu so un m on stru o
com o Gerión. El d olor de la vida hum na, las desgracias de la
guerra (Destrucción), el v italism o de los Juegos o la fiesta de
la boda, el papel de p erson ajes fem en in os co m o H elena, E ri­
fila, C litem cstra, tod o halla lugar en e sto s «centros». T odo es
hom erizante, epizante y, sin em bargo, hay siem p re un m atiz
sutil de diferencia. Lo m ism o en las fórm u las y el len guaje.
Y en el m etro. G racias a los estu d io s de Page, B arrett, W est,
H aslam y de C. M eillier y su s colab orad ores, hoy con ocem os
bastante bien la m étrica de E ste síc o ro y recon stru im os la e s­
tructura de su s p o e m a s 23.
Los poem as estab an con stru id os en tríadas; e sto e s lo que
decía la tradición antigua y confirm an los p a p ir o s 24. H a cu l­
m inado, pues, la evolu ción que vim os en Alem án. En e sta s
tríadas el núm ero de versos o períod os de cada estrofa, antís-
trofa y ep od o es breve: h asta 10 p or unidad, co m o m áxim o.
Un proem io (y su pon em os que un ep ílogo) p od ía ocupar m ás
de una estro fa y de una tríada (te stig o P.Oxy. 2735 = S 166),
com o en Alem án. A juzgar por lo que se n os dice de los dos
proem ios de las Palinodias, que interp retam os com o d os lib ros,
p od em os hacer la h ip ó tesis de qu e cada lib ro, si es qu e la
división rem onta a él, era en un cierto m od o un p oem a índe-

23 V éase en H aslam, art. cit., la bib liografía anterior; añádase


D. L. P age, «Stesichorus: The G e ry o n e is», JH S 93 (1973), p ági­
nas 138-155, y la p u b licación ya reseñ ada de M e il l ie r .
24 Para la Erifila su giere H aslam , pág. 39, co m o m era hip ó­
tesis, la posib ilidad de que sea m onostrófica.
180 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

pend ien te, con p roem io, «centro» y epílogo. D e otra parte, si
acertam os a adscribir el nu evo fragm ento del P.Lille a la Eri-
fila, resu lta claro que cada u n o de los dos lib ros de un poem a
podía tener d istin to m etro.
E sto s m etros eran de tres tip os diferentes, b asta n te próxi­
m os por lo dem ás. El tip o m ás arcaico e s el llam ad o por
H aslam dáctilo-anapéstico: los períod os se com p on en de dác­
tilos o an ap estos, que pu ed en su stitu ir las d os breves p o r una
larga. Así en la Gerioneida, los C a za d o r es: es un tip o p róxim o
a la épica. E n otros p oem as, com o la D estrucción, hay elem en ­
tos d actilicos o an ap ésticos un idos en tre sí o c o n o tro s trocai­
cos m ed ian te u n a sílaba anceps\ larga o breve. H aslam pien sa
que é ste p u ed e ser un d esarrollo a partir del anterior. La
O restea, entre otros poem as, m ezcla elem en tos del p rim er tip o
y del segundo.
La m étrica de E stesíco ro parece, en su m a, b a sta n te p rim i­
tiva. N os m u estra ya elem en tos m uy próxim os a los d el hexá­
m etro h om érico, ya otros m ás evolu cionad os. P ero no e s segu ­
ro que esta evolu ción sea reciente. Los d áctilos líricos, su al­
ternancia c o n los an ap estos, su com b in ación co n los troqueos,
parecen m ás b ien antiguos: se h allan no só lo en E stesícoro
sin o tam b ién en Alem án y en la p oesía p o p u la r 25. D e todas
m aneras, el que E stesíco ro reduzca su estru ctu ra m étrica a
tipos fu n d am en talm en te d actilicos es u n o m ás de su s rasgos
h om erizantes o epizan tes.
F in alm ente, queda el problem a de la ejecu ció n de e sta p oe­
sía. De lo qu e llevam os d ich o en la «Introducción» general y
la dedicada a Alem án, se dedu ce que, en prin cip io, hab ría que
p ostular que p ro em io s y ep ílogos eran can tad os por el p oeta,
en su actu ación co m o corego, y los «centros» p or el coro. Pero
se ha levan tad o la o b jeción de la larga duración de e sto s p oe­
m as. ¿Es que E stesícoro «detenía» la danza del coro durante
ese tiem p o, y de ahí su nom bre? Por su p arte, W est ha pro­
puesto, en su artículo tan tas veces citado, q u e e sta p o e sía era
m onódica: era el poeta só lo el que cantaba. P ero n o se com ­
prende en ton ces n i siqu iera el nom bre m ism o del p o eta , ni
la con exión tip ológica de su s poem as con lo s de los o tr o s p oe­

25 Cf. Orígenes, págs. 162 sigs.


LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 181

tas corales, ni su presentación en fiestas en qu e com petían


coros, no solistas (e sto se reservaba al b an qu ete o a fiestas
«privadas»),
J. L. Calvo ha p r o p u e s to 26 que dentro del «centro» podía
haber una alternancia entre las partes narrativas, cantadas
por el coro «detenido», y los largos d iscu rsos, can tad os por
el poeta (con cierta m im esis dram ática, com o hacían los aedos
al recitar la épica). E sta h ip ó tesis puede tener m ucho a su
favor. Ofrece una solu ción acep tab le a un problem a ciertam ente
no fácil. Aunque hay una so lu ció n alternativa: que tod o el
centro m ítico de los poem as fuera «detenido», e sto es, cantado
por el coro o el corego, según los p asajes, p ero sin danza: de
ahí vendría el nom b re de E stesícoro, «el que d etien e el coro».
En cam bio, proem io y ep ílogo serían m on ód icos, can tad os por
el corego, pero danzados.
H ay que suponer que el exp erim en to de E stesícoro de unir
de este m odo lírica y épica fue a la larga abandonado y se
volvió a los p equ eñ os p oem as de lírica m ixta, en que el coro
canta el «centro», para llegarse finalm ente a la lírica coral, en
que es el coro el que canta la totalid ad del poem a.
N u estra traducción sigue la recon stru cción que propon em os
y que ju stificam os en las «Introducciones» parciales así com o
en nu estro artículo ya citad o «P ropuestas para una nueva ed i­
ción e interp retación de E stesícoro», E m e r it a 46 (1978), p ági­
nas 251-299.
D entro de los poem as líricos corales d am os en prim er tér­
m ino los que desarrollan leyend as prehom éricas: los Juegos
en hon or de Pelias, los C aza dores del jabalí, la Gerioneida, el
Cerbero y la Erifila. Siguen las leyend as p osthom éricas: Des­
trucción de Troya, R e to rn os, H elena y Palinodias, Orestea.
Com o su p lem en to, dam os los poem as de que n o se conservan
fragm entos.
Sigue luego una exp osición de lo que p od em os sab er sobre
las fábulas (p oem as yám b icos) y lo s poem as erótico-tren éticos,
de que sólo hay un fragm en to literal.

26 C f. J. L. C alv o , « E stesícoro de H im era», D urius 2 (1974),


págs. 311-342, sob re tod o pág. 336.
182 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

P en sam os que, con esto, el lector puede adquirir una idea


de lo que era la p oesía de E stesícoro y de su significado m ucho
m ás precisa de la que hasta ahora era accesible.

FRAGMENTOS

1. « Juegos en honor de P e l ia s»

Com o ha qu ed ado ind icado en la «Introducción» a E ste sí­


coro, este p oem a p erten ece a la leyenda tesalia, desd e m uy
pronto pu esta en conexión con la expedición de los argonau­
tas. En el tem a de los Ju egos fúnebres organizados en hon or
de P elias, rey de Y olcos, hay ocasión para hacer intervenir a
los d istin to s héroes de Grecia.
Según el m ito, Pelias, lío de Jasón, d esp o jó del tron o de
Y olcos a su h erm ano E són m ien tras Jasón, niñ o, era criado
en el P elión p or el cen tauro Q uirón. V u elto Jasón a Y olcos,
P elias le envió a la p eligrosa aventura de traerse de C ólquide el
vellocin o de oro, entre otras em presas desesp eradas. Pero Jasón
triu nfó con ayuda de M edea y ésta instruyó a las h ijas de
P elias para qu e despedazaran a éste y le cocieran en un líq uido
m ágico, con el fin, su p u estam en te, de reju ven ecerle. P elias
m urió a cau sa de estas artes de la hechicera. Y Jasón le organizó
hon rosos fun erales en los que participaron to d o s los héroes
de Grecia.
S e conservan:
a) Tres fragm en tos literales que d am os en cabeza c o n los
n ú m eros PMG 178, 179 (frs. a y b), 180: se refieren, resp ectiva­
m ente, al con cu rso de carros de dos cab allos e n que tom an
parte lo s D ioscu ros, C ástor y Pólux; a una b od a (en ella se
con su m ían lo s m anjares m en cion ad os) y a las victo ria s de
Anfiarao en el sa lto y M eleagro con la lanza y la jabalina
(victoria fam osa, cf. S im ón id es, PMG 565); al com b ate de boxeo,
d ecid id o quizá a favor de P eleo. A la carrera de carros se
refiere tam b ién seguram en te PMG 256 «de b lan cos caballos».
H ay que añadir todavía PMG 238, genealogía de Jasón (h ijo
de E teoclím en a, segú n E stesícoro): pertenecería seguram en te
al com ienzo del poem a, que trataría de las hazañas del héroe
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 183

v la m uerte de P elias (figurada en una m etop a del H ereon de


Siris). Ya hem os dicho que o ír o s m on u m en tos arqueológicos
pueden referirse al poem a: la carrera de los D ioscuros y las
figuras de A dm eto (p articipan te en los m ism o s) y A lcestis
(hija de P elias, que se casa con él) aparecen en el arca de
Cípselo, cf. P ausanias, V 17, 9.
b) F ragm entos proced en tes de P.Oxy. 2735, a trib u id os por
el editor Lobel a este poem a, por Page (cf. PCPhS, 1969 y 1971)
a Ibico, por W est (cf. ZPE 4 [1969], pág. 148) a E stesíco ro e n un
poem a sob re H elena.
En m i artículo de E m e r it a citad o en la «Introducción» creo
haber d em ostrad o claram en te qu e el poem a a que se refieren
los fragm entos en cu estión (de los que traducim os aquí los
m ás significativos) es p recisam en te el que nos ocupa. Se trata
precisam ente de la parte inicial del poem a, y n u estros frag­
m entos de tradición ind irecta a que acabam os de referirnos
en a) deben ser intercalad os en las partes perdidas o ser co lo ­
cados después.
El poem a com enzaba con S 166, que con tien e el proem io,
ín d ica que el poem a se ejecu tó en E sparta y alud e a los Tin-
dáridas (lo s héroes esp artan os C ástor y P ólux), a tem as eró­
ticos y, finalm ente, a un agón, con carreras de cab allos, de
a pie y p u gilato. N o es extraño que en este co n tex to se cantara
el poem a de E stesícoro, que alude a otros ju egos en que triu n­
faban los p rop ios T indáridas y o tro héroe dorio, H eracles: los
juegos en hon or de Pelias.
Los fragm entos que sigu en alud en a tem as guerreros y de
boda y a la epifanía de una d iosa, S 199. C ontienen, sob re tod o
S 176, una relación de los venced ores en los Juegos en hon or
de Pelias: H eracles venced or e n la carrera del esta d io , Y olao
(sob rino y acom pañan te de H eracles) en la de carros tirad os
por cuadrigas, Peleo en el pu gilato. Una alu sión a G erión, el
gigante de tres cuerp os ven cid o por H eracles, perten ece sin
duda al elogio de éste; com o o tro s tem as guerreros perten ecen
al elogio de otros héroes y los fragm entos eróticos, p en sam os,
a la boda de A lcestis y A dm eto.
En este poem a, com o en otros, E stesíco ro reu nía a una
larga serie de héroes en torno a un tem a central. Por el mitá-
184 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

grafo H igino sob re tod o sab em os que, a m ás de los citad os,


entraban tam b ién O rfeo, Calais y Zeto, etc.
Los Juegos p rop iam en te dichos eran solam en te la con clu ­
sión del poem a, aunque ya se anticipaban en la parte inicial
El grueso del m ism o, sin duda m uy exten so, se cen trab a en
m ito s en con exión con la exp ed ición de los A rgonautas, los
principales ya m en cion ad os arriba. P uesto q u e se daba la
genealogía de Jasón, debían exponerse todas su s aventuras en
la corte de P elias y en la Cólquide, de la que volvió v icto rio so
con ayuda de M cdea, así com o, evid en tem en te, la m u erte de
P elias por obra de su s h ijas (salvo A lcestis), engañad as por
M cdea. Q uizá entraran tam b ién tem as de la leyend a de A dm eto,
uno de los A rgonautas y,sob re todo, su b o d a con A lcestis,
hija de P elias. T odo ello debía de culm inar con la d escrip ­
ción d etallad a de los Juegos organizados en hon or de P elias
m uerto, a lo s que, com o queda dicho, acu d ieron to d o s los
héroes de Grecia. Y ccrrarse con un ep ílogo alusivo otra vez
a Esparta.

1 (PMG 178) (H erm es les entregó) Flogeo y Hár-


pago, veloces h ijos de Podarga; y H era, Ja n to y C íla ro 27.
2 (PMG 179) (a) ...pasteles de sésam o, espelta m o­
lida, p astel de m iel y aceite, otros pasteles m ás y ru b ia
m ie la .
(b) ...con la jab alin a Meleagro.
3 (PMG 180) ...con u n a atad u ra que devora las
m anos

27 Son lo s cuatro cab allos en tregad os p or los d io se s a los


D ioscuros. U na trad u cción aproxim ada es «el ardiente», «el
que arrebata», «el rubio», «el veloz»; la yegu a m adre de los
d os p rim eros e s «blanca de patas».
28 O bsequios que se daban a la novia, p rob ab lem en te A lces­
tis, cf. «Introducción». V enció Anfiarao en el salto, p ero con
la jabalina M eleagro.
29 Las correas con que se protegen las m an os lo s pú giles.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 185

4 (S 166) (Al son) del flautista ca n ta n (d o )... 30 muy


dulces (cantos?)... cual del am o r... según el destino de
(la m u erte?)... el final (seguro?)... poderío: fuerza
grande los dioses, u n a gran felicidad dieron... (a cuan­
tos quieren?) tener, p ero a los (p o r voluntad?) de las
M oiras... a los héroes T indáridas... de la tro m p e ta 31
cuando a la (señal?)... (a C ástor) dom ador de caballos
y (a Pólux poderoso con sus puños)... iguales a dio­
ses... servidores: a los cuales la grande, la de la égida
de o r o ...32 no es decible... a los hijos: pero a ti...
te contem pla... el m ás bello de los te rre stre s (?), (a los
inm ortales) sem ejan te p o r tu figura... o tro tan ... (ni)
a los jonios ni... en Lacedem onla que da (siem pre?)
gloria a los hom bres hab itan (d o )... con los coros, con
los caballos... el p rofundo (E u ro ta s ? )33 en to m o adm i­
rables... los bosques frondosos... (huertos?)... en el p u ­
gilato y... la ca rre ra ... a los Juegos... de pad res de h e r­
moso aspecto (?)... es ju sto ...
5 (S 167) ...en o rm e... con sangrientos... con d ar­
dos n u m erosos... del de pies de p l a t a 34... nació...
6 (S 171) ...a su m ente... can tab a... decía...

30 Se hace alusión a una fiesta y al c an to en la m ism a, al


son de la flauta. Se trata de u n a fiesta p or la v ictoria en u n os
Juegos que lu ego se describen, y en ella se celeb ra a lo s Tin­
dáridas, C ástor y P ólux, m o d elo s de lo s atletas. E s, seguram en te,
la fiesta en qu e se canta el p oem a de E stesícoro.
31 La trom p eta in d ica el in icio de lo s Juegos y la procla­
m ación, al final, de lo s venced ores.
32 Es A tenea, p rotectora de lo s T indáridas y tam b ién del
personaje m oderno alu d id o a con tin u ación al que se dedica el
poem a.
33 El río de E sp arta (si la restitu ción es correcta). Se
refiere al lugar de la fiesta, destacada sob re otras de Lacede-
m onia y las de Jonia.
34 E p íteto, quizá, de un d io s m arino (¿P osid ón ?).
186 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

7 ( S 173) ...en to rn o al varón... cuando el ju ra ­


m en to ... un rizo (?)... oh la m ás bella (?) de las jó ­
venes...
8 (S 174) ...la de ilu stre p ad re... reciente... resue­
ne... h ijo s... joven deseable (?)...
9 (S 175) ...de A frodita ( ? ) ...3S.
10 ( S 176) ...de los sem idioses cuando... la c a rre ra
del e s ta d io 36... a todos terrib le ... una d u ra ... que de
h ierro (era?)... casó con la de H e ra c le s37... al cual b ajo
el carro ... vencieron corriendo... a las que el guerrero
Y olao... al que m o n tó ... y Peleo en el pugilato (?)...
una gloria excelsa... no pudiendo (?)... a la invencible...
vence... de C risaor... al h i j o 3®... m ató...
11 (S 181) ...ja c ta r s e 39... dejando (?)..· m archó...
al herm oso am an te (?)...
12 (S 182) de oro ... la tie rra ... m a rfil...40.
13 (S 192) (a) ...b atallas gigantes... superiores en
vigor... lleg ar a ser... la m ente... p o r las desgracias...
(b) ...los jóvenes... creciendo... a su vez... heroicos...
la m u erte todo p o d ero sa (?)...
14 (S 199) ...tren za d o ra de engaños (?)... dijo...
u n prodigio... de los m iem bros... im petuosam ente...

35 Los frs. 171-175 parecen p roced en tes de la d escrip ción


de una b od a (la de A lcestis, p ensam os).
3* G anada p or H eracles.
37 M égara, la antigua m u jer de H eracles, casó con Y olao,
sob rin o del h éroe y triu n fad or en la carrera de cuadrigas.
38 El h ijo de Crisaor e s Gerión, m uerto por H eracles.
39 Un e sc o lio dice «a P roeles y E urístenes».
*0 Q uizá se pu ed a reconstruir H e sp e rid ö n m ala «las m an­
zanas de o ro de las H espérides» (relacionad as con una hazaña
de H eracles).
LÍRICA MIXTA V CORAL ARCAICA 187

dueña de u n recin to sagrado (?)... pues a él... m ostró


(?) la S eñora... las cum bres... in m o rta l...41.

2. « G e r io n e id a »

Ya hem os dicho cóm o E stesíco ro p u so «de m oda» en el arte


del s. v i el tem a de G erión, al que H eracles m ata tras robar
su ganado: es tem a frecuente de los vasos, aparece e n una
m etopa del H ereon de Siris, en el trono de A m id as, etc.
Un tem a sin duda o scu ro d en tro de la leyenda de H eracles,
relativo a cóm o m ata a un m on stru o relacion ado con el m un­
do infernal del O ccidente (c o m o d ios infern al aparece en la
Tumba del Orco, en C orneto), in teresó, sin duda, en Sicilia a
través de los con tactos con T artesos y las colon ias griegas de
O ccidente.
En e sto s confines de! m un do colocaban lo s griegos, m ás
allá de las colu m nas p u estas p or el p ropio H eracles, la isla
Eritia, donde pastaban las vacas d e Gerión y del p ropio H ades,
el dios infern al. Y tam b ién el Jardín de las H esp érid es, así
com o las Islas de los A fortun ados, una de ellas, Sarpedonia,
m encionada p or E stesícoro. H eracles, que b aja al H ades en el
Cerbero trayén dose de allí el perro guardián, m ata en la G erio­
neida a Gerión, a su perro Ortro y a su p astor E uritión . Es
posib le que entraran en el p o em a las otras hazañas occid en ta­
les de H eracles: apoderarse de las m anzanas del Jardín de las
H espérides y so sten er la bóveda celeste m ien tras d escansaba
Atlas.
H eracles llegan d o al m ás extrem o O ccidente es un ém ulo
del S ol y p recisam en te E stesícoro utiliza un a leyenda antigua
según la cual el S ol, tras pon erse, cruza p o r la noche el O céano
en una copa de oro, para volver al p aís de los E tíop es, desd e
donde em pieza su cu rso cada m añana. S egú n e l m ito que
transm ite el m itógrafo A polodoro y que parece seguro que
viene de n u estro p oeta, H eracles recorrió Libia h acia el O este
m atando b e stia s feroces y am enazó al S ol con su s flechas al

« P arece h ab larse de la aparición de u n a d iosa. En S 201


se habla de «pura».
188 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

sen tir su ardor. Es en ton ces cuando el Sol le p restó su copa:


según E sterícoro, para ir de T artesos, nuestra A ndalucía occi­
dental, a E ritia, m ás allá del O céano. R ealizada su hazaña,
vuelve con el ganado de Gerión, en la copa, a T artesos, y se
la devuelve al Sol para que pueda regresar a E tiop ía, su rcand o
el Océano.
Es curioso q u e para el sicilian o E stesícoro el m u n d o de O cci­
dente pierda en cierto m od o su carácter fab u loso. T artesos es
la base de H eracles; sólo para ir y volver de aquí a E ritia
usa la copa d el S ol. T artesos era, sin duda, b ien con ocid o en
Sicilia. Es u n id o al m ito de una segunda m anera: allí habría
nacido E uritión , ju n to al G uadalquivir, de la H esp érid e E ritia,
quien lo llevó a su isla antes de convertirse en el p a sto r de
Gerión. Todo e sto si es bu en a la interp retación de B arrett y
Page, que segu im os n .
V eam os ahora cóm o pu ed e reconstruirse el poem a. E m pe­
zaría por el via je de H eracles h asta llegar a T artesos y serle
entregada la cop a del Sol. Aquí com ienzan n u estro s fragm en ­
tos, con la m en ció n del n acim ien to de E uritión y de có m o su
m adre se lo llevó a su isla don de se con virtió luego en el
p astor de G erión. Sin em bargo, hay que p en sar que a n tes de
e llos estaban , todavía, el viaje de H eracles en la copa y la m uerte
del perro Ortro: al aparecer E uritión e s cuand o, seguram en te,
se daba n o tic ia de su n acim ien to e historia. E u ritión era
m uerto por H eracles, d án dose paso al en fren tam ien to d e este
ú ltim o con Gerión.
Ahora b ien , p or A polodoro (y n u estros fragm en tos) vem os
q ue Gerión n o se entera d irectam en te de la llegada de H era­
cles. Se entera a través de M enetes, el p astor de H ades, que
le anuncia la llegada del gigan tesco extran jero y le acon seja
no luchar co n él. T enem os p arte de su d iscu rso y p arte tam ­
b ién del de G erión, que le co n te sta prefiriendo la m u erte al
desh onor. P ero an tes de la lucha hay otra escen a todavía:

42 Cf. ú ltim a m en te D. J. P a g e , «Stesichorus: The Geryoneis»,


J H S 93 (1973), págs. 138-154. T am bién B o w r a , ob. cit., p ági­
n as 89 sigs.; M. R o b e r t s o n : «Geryoneis: S tesich o ru s and th e
V ase-painters», CQ 19 (1969), págs. 207-221; D. L. P a g e (W. S.
B a r r e t t ) , L yric a Graeca Selecta, Oxford, 1968, págs. 263 sigs.:
R . F ü h r e r , H e r m e s 96 (1968), págs. 675 sigs.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 189

C a l í r r o e , m adre de G erión ( e s u n a h ija de O céano), l e pid e a


su vez que d esista de luchar, co m o T etis a Aquiles; y se duele
de su d estin o. Y otra escen a m ás: una asam b lea de d ioses
e n que A tenea, p rotectora de H eracles, pid e a P osidón , abu elo
de Gerión (padre del pad re de é ste, Crisaor), que m an ten ga la
p rom esa que de alguna m anera le ha arrancado de no defen ­
der a su n ieto. A juzgar por lo s v a so s hab ía todavía un m en ­
saje llevado por Iris a H eracles, q u e era ayud ado p or la diosa.
La escen a del com b ate ha dejad o hu ella en n u estro papiro.
H eracles acude a una treta: derribar con una p iedra e l casco
de una de las cabezas de G erión y atravesarla luego con una
flecha envenenada con san gre y b ilis de la hid ra de Lerna.
Parece que acababa con otra cabeza con ayuda de su clava.
Y no se ve m ás. E vid en tem en te, com o en v a so s in clu so anterio­
res a él, E stesíco ro im agin aba a G erión co m o tres hom b res
un idos por la cin tura (se is piern as, seis b razos alados, tres
cabezas).
H eracles volvía a T artesos en la copa de oro, com o decim os,
y se la devolvía al Sol. Luego em pren día el viaje de regreso a
p ie, con las vacas robadas, para llevárselas a T irinto a l tirano
E uristeo, que le hab ía im p u esto la hazaña. Quizá en e ste viaje
se insertara el ep iso d io de la lu ch a de H eracles y e l cen tauro
F olo. E in clu so el e p iso d io de la lucha con E scila (véase «In­
troducción»).
La d isp o sició n m étrica del p oem a ha sid o estu d iad a por
B arrett y Page (tam b ién se ocuparon de ella S n ell y Führer):
u tilizand o la secuencia rep etid a d e estrofa, an tístro fa y ep od o,
así com o el dato del n ú m ero de lín eas por colu m n a del papiro,
se pu ed en colocar b astan te b ie n los fragm en tos d entro del
esqu em a m étrico y de d ichas colu m n as. H acen falta 52 colu m ­
nas de 30 lín eas, es decir, 1.560 lín eas, para acom od ar los frag­
m entos de n u estro papiro, el P.Oxy. 1617. P or otra parte, el
num eral 1.300 aparece en un lugar m argin alm ente. P or otra aún,
pu ed e d em ostrarse qu e n u estra prim era serie de 13 colu m nas
n o era la prim era del poem a. É ste debía de tener, p u es, un os
2.000 versos al m enos.
La G erioneida es sin duda el poem a de E stesíco ro m ejor
conservado, aunque el fragm en to m ás co m p leto sea u n o de la
Erifila. N o s h ace ver el e stilo len to y m oroso, cargado de lar­
190 LÍRICA GRIEGA ARCAICA.

gos discursos, la h u m anización del m onstru o, las rem in is­


cen cias h om éricas. E s un d ocu m en to de prim erísim a im p or­
tancia en la h isto r ia de la literatu ra griega. Y e s, de otra parte,
el m ás an tigu o docu m en to literario griego en que intervien en
tem as de n u estra p en ín su la estrech am en te en trelazad os con
el m ito griego.
Quizá la Escita, relativa al m onstru o que en la O d ise a arre­
bataba a los m arin eros de los barcos y los m ataba y que
E stesícoro hizo hija de Lam ia (PMG 220), m on stru o devora-
dor de niñ os, fu era parte de la Gerioneida (cf. B ow ra, o b. cit.,
pág. 94). Aunque su ele co locarse a E scila en el estrech o de
M esina, H om ero se lim ita a colocar el escen ario de los viajes
de O diseo en el lejan o O ccidente: hay quien ha p en sa d o en el
estrech o de G ibraltar y el A tlántico. Por otra parte, el propio
Gerión es en el origen, seguram en te, una d ivin id ad infernal,
colocada en e l extrem o O ccidental igual que el Jardín de las
H espérides y la isla E ritia.

15 (S 7 = PMG 184) ...casi enfrente de la ilu stre


E ritia, m ás allá de las aguas inagotables, de raíces de
plata, del río T a rte s o s 43, le dio a lu z 44, b a jo el resg u ar­
do de una roca.
16 (S 8) ...a través de las olas del m a r profundo
llegaron a la h erm o sa isla de los dioses, allí donde
las H espérides tienen su casa de o r o 45.
17 (S 9) ...la cabeza... u n varón... el c o ra z ó n ...46.
18 (S 10) ...doloroso; pero, querida, a tu m adre
C alírroe y a C risaor am ado p o r A re s...47.
43 E l G uadalquivir.
44 A E u ritión , el p astor de Gerión.
45 P osib lem en te, la hesp érid e E ritia lleva a su h ijo E uritión
a la isla de la s H esp érid es. Con el tiem p o E u ritión se con vierte
en el p astor de G erión, en la isla Eritia.
46 D escrip ción , quizá, de H eracles, hecha p or M enetes a
Gerión.
47 M enetes se dirige a Gerión h ab lándole de su s pad res y
p id ién d ole qu e no luche con H eracles.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 191

19 (S I I ) 48 ...con sus m anos; y replicándole dijo


el fu erte hijo de C risaor in m o rtal y de C alírroe: no
intentes, am enazando con la m uerte, d ar te rro r a mi
valiente corazón ni... pues si p o r mi nacim iento soy
inm ortal y sin vejez, h asta el pu n to de se r partícip e
de l a vida en el Olimpo, es preferible... reproches...
vuestro... p ero si, oh querido, es preciso que yo alcan­
ce la odiosa vejez y que viva en tre los seres de u n día
lejos de los dioses felices, m ucho m ás bello es p ara
mí su frir lo que es mi destino y (sería) un u ltra je ... y
p ara to da m i fam ilia en adelante, que... el hijo de
C r i s a o r 49. No sea esto querido p o r los dioses felices...
en to rn o a m is vacas... gloria...

20 (S 1 2 )50 ...d ijo viéndole llegar, la victoria... el


triu n fo ... H ijo, hazm e caso... la que abraza la égida...
a Teseo... la m u erte... sino... con tu m ano...

21 (S 13)51 ...yo desdichada, m adre desgraciada


que he su frid o desgracias... suplico cogida a tus rodi­
llas, Gerión, si u n día te ofrecí mi pecho... queridas...
el peplo...

22 (S 14)52 ...perm aneció al lado de Zeus, suprem o


rey. Y entonces A tenea de ojos de lechuza dijo, m edi­

48 Palabras de G erión a M enetes (insp irad as en litada X II


332 sigs., palabras de Sarpedón a G lauco), prefiriendo la m uer­
te al d esh onor y a una vejez sin gloria.
49 El argum ento vien e a ser: si soy inm ortal, no d eb o tener
m ied o a com batir; y si no lo soy, m ejor es la m u erte qu e el
deshonor.
50 Sú plica dirigida a G erión por su m adre Calírroe para
que no entre en la lu ch a en la cu al Atenea ayudará a H eracles
(¿ c o m o ayudó a Teseo?).
51 C ontinúa la m ism a súplica.
52 E n la A sam blea de los d io se s Atenea se dirige a P osidón ,
abu elo de Gerión, record ánd ole su p rom esa de no in ten tar
192 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

tándolo bien, a su tío p atern o de poderoso pensam iento,


cam inante a caballo: «Ea, recordando la prom esa que
has p re sta d o ... a G erión de la m uerte...»

23 (S 15) ...decidió en su esp íritu ... que e ra m ucho


m ás provechoso... lu ch ar ocultam ente... v ig o ro so 53;
ideó p a ra él... u n a am arga m u erte... tenía el escudo
(delante del pecho?)... el casco con u n penacho de crin
de caballo... en el s u e lo 54... [hay un largo pasaje per­
d ido].
...de la m u erte odiosa (el térm ino?)... en to m o a su
cabeza llevando, m anchado de sangre y de bilis, ago­
nías de la h id ra m atad o ra de hom bres, de m oteado
cuello; en silencio y furtivam ente se la n z ó 55 co n tra
su fren te y desgarró su carne y sus huesos p o r deci­
sión del destino. Y p en etró la flecha h a sta lo m ás alto
de la cabeza y m anchó con sangre p u rp ú re a su coraza
y sus m iem b ro s hum anos; e hizo inclinarse, doblado,
su cuello Gerión, com o cuando la adorm idera, hum i­
llando su cuerpo suave, perdiendo sus h o ja s 56...

24 (S 16) ...y él en segundo lugar... la c la v a 57...

salvar a é ste. A juzgar por la rep resen tación del m ito en la


cerám ica esta b a a favor de H eracles. V éanse m ás ab a jo frs.
relativos a A tenea que pu ed en proceder de e ste poem a.
53 G erión. H eracles d ecid e m atarlo c o n engaño.
54 H eracles derriba (sin duda con una piedra) e l ca sco de
G erión para lu ego disparar a su cabeza descu b ierta un a flecha
un tada con e l veneno de la hidra de L em a.
55 La flecha.
56 La com p aración d el guerrero herido con la adorm idera
que inclin a su cabeza ha sid o im itad a de l it a d a V III 306 sigs.
P arece q u e to d o e sto se refiere a la prim era cabeza del m on s­
truo, cuyo c a sc o fue derribado al com ienzo d el fragm ento. La
flecha entra por la fren te y sale por el occip u cio.
57 Arm a de H eracles, con la que golpea, sin duda, la segun­
da cabeza del m onstru o.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 193

25 (S 17 = PMG 185). Y cuando el hijo de H ipe­


r ió n 58 en tró en la copa de oro a fin de que, atrav esan ­
do el Océano, llegara a las p ro fundidades de la noche
oscura ju n to a su m adre, su esposa legítim a y sus
hijos queridos, entonces el hijo de Z e u s 59 en tró en su
cam inar en un bosque som breado p o r laureles...
26 (S 18) ...fu erza... honor... m ás allá... todo...
oye (?)··· a los in ju sto s (?)... oh rey hijo de C ro n o ...60.
27 (S 19 = PMG 181) Tom ando com o u n a copa la
vasija, suficiente p a ra tres frascos, que Folo le h abía
ofrecido tra s h acer la m ezcla, bebió llevándosela a los
lab io s61.
28 (S 20) ...in ju sto ...
...dio... de donde... el vino... con (m ente) inteli­
gente 62.
29 (S 21) ...de ráp id o vuelo... te n ie n d o 63... se lan­
zaron (?) hacia tie rra ... c a b e z a ...64.

58 El Sol. Sob re el m ito, cf. «Introducción».


59 H eracles, cf. «Introducción».
60 B a r r e t t sugiere que so n palabras de G erión a Zeus qu e­
ján d ose p or el robo de las vacas. Si así fuera, el fr. corresp on ­
dería a un m om en to anterior.
61 H eracles bebe con el cen tauro F olo. E n vez de sacar el
vino de un recip ien te equivalen te a una cratera y beb er con
una copa, b eb e directam en te del prim ero. El e p iso d io de H e­
racles b ebiend o con el cen tauro F olo, su lucha c o n los cen tau ­
ros y la m uerte del prim ero, se coloca en Arcadia; estab a
representada en un a m etop a d el H ereon de Siris. Ign oram os
cóm o hallaba lugar aquí.
62 S eguram ente, co n tin u ación del ep isod io de Folo. A traídos
por el olor del vino, acudieron otros cen tau ros, que fueron
derrotad os por H eracles.
63 Fem enino.
64 Quizá referid o tod o a la lucha de H eracles con las aves
del lago E stín falo, tam b ién en Arcadia (cf., quizá, PMG 247).
194 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

30 (S 22) ...cosas indecibles... infatigable... el duro


com bate... b atallas y m uertes de g u errero s... que a tra ­
viesan... de los c a b a llo s...65.

3. Los «C azadores del ja b a l í»

El tem a de la m uerte del jabalí de Calidón es tocado por


H om ero, Ilíad a IX 538 sigs., y desarrollado luego p or H esíod o
en su s Eeas (fr. 25 M.-W.); cf. tam bién en la Miniada (fr. 5 Κ.):
fu en tes esta s ú ltim as utilizadas seguram ente por E stesíco ro . El

65 Sigue una larga serie de fragm entos pap iráceos d e m í­


nim a exten sión , en los que apenas se reconocen algunas pala­
bras. D om ina, com o en 21 y 22, el tem a guerrero: se hab la
de b atallas, m u ertes, arm as que se disparan o doblan; tam ­
bién de los d io se s (23), un p astor (¿E uritión ?, 28), H efesto (55),
Gerión (70), se h ace alu sión a un diálogo (25). T odo e llo es
dem asiado p o c o para recon stru ir el d etalle de la narración.
Los tres fragm en tos finales (85-87) son de trad ición in d irecta y
señalan q u e E ste síc o ro m encion aba P alan tion (lugar de Ar­
cadia don d e se localizab a el m ito de Folo); u n a isla Sarp ed o­
nia en el O céano A tlántico (¿u n a de las isla s afortu n ad as, a
las que ib an los héroes m uertos?); y p resen tab a a Gerión
com o ten ien d o tres cuerp os, con seis m anos, seis p ies y alas.
Así ocurre tam b ién en cierto s v a so s arcaicos, en que los tres
cuerp os se u n en p or la pelvis; en otros m á s el m on stru o es
trip le sólo a partir de Ja cintura, así por ej. e n un fron tón
arcaico (co m ien zo s del s. v i) en el m useo de la A cróp olis de
Atenas. Cf. M. R o b e r t s o n , «G e ry o n e is: S tesich o ru s and the
vase-painters», CQ, N. S., 19 (1969), págs. 207-221.
Pueden se r tam bién, quizá, de la Gerioneida, PMG 233, naci­
m ien to de A tenea (c o n su p lem en tos de H a s l a m , pág. 48: «res­
plan d ecien te con su s arm as Palas surgió so b re la ancha tie ­
rra»), 274 «P alas destru ctora de ciudades», 263 (m en ción de la
ciu dad de P isa, quizá en relación con el e p iso d io arcadio).
C iertos p a sa jes que alud en a H eracles p u ed en ser de este
poem a u o tr o s varios: PMG 229 (H eracles caracterizad o p o r la
clava, la p ie l de león y el arco), 231 (H eracles b eocio y argivo),
268 (d ivisión de la n och e en cin co guardias: quizá aqu ella en
que Zeus en gen d ró a H eracles de Alcm ena, cf. tam bién 259),
239 (H era c elo sa de Zeus engendra a T ifeo).
LÍRICA MIXTA V CORAL ARCAICA 195

tema nos es conocid o, tras él, por diversas obras de arte del
s. vi a. C. (m etop a del tesoro de Sición , trono de A m id as, vaso
F r a n ç o i s ) y m ás tarde por O vidio y otros m itógrafos. H ay d i­

v e r s a s v a r i a n t e s en el m ito.

Todo se centra, de todas m aneras, en la caza por parte del


héroe M eleagro del jab alí enviado por A rtem is y q u e asolaba
los cam pos de su ciu dad de Calidón, en E tolia. Una serie de
héroes participaron en la caza, pero con clu id a é sta , se trabó
una gran batalla entre los e to lio s y los curetes d e P leurón por
los d esp ojos de la fiera (segú n fu en tes tardías, pero que quizá
rem onten a íec h a antigua, M eleagro quería regalárselos a
Atalanta, de qu ien estab a enam orado).
En la batalla, M eleagro m ató a su s tío s los T estíadas, her­
m anos de su m adre Altea, que hab ían participad o en la caza.
H om ero no habla de e ste ep isod io, n i del tizón m ágico, un ido
a la vida de M eleagro, que Altea apagó cau sán d ole la m uerte,
com o dicen otras fuentes; pero sí explica que, irritad a Altea,
M eleagro se retiró de la lucha, aunque volvió a intervenir m ás
tarde, salvand o la ciudad de Calidón.
No p od em os juzgar exactam en te la versión de E stesícoro,
pues só lo se conservan tres fragm en tos, ya en PMG, cu yo orden
dentro del poem a no p od em os precisar. PMG 221 se refiere a
la m uerte del jabalí, PMG 222 (col. I) da una relación de
héroes que estu vieron p resen tes en la caza: d os de lo s T estía­
das, E uritión (un héroe de Ftía, sin relación con el E u ritión de
la Gerioneida) y, seguram en te, Ceneo, n ieto de É lato. E s fácil
que el fragm ento p roced a de un m om en to an terior a la caza,
pero tam bién pu ed e ven ir de un p asaje p osterior, an tes de la
batalla; y hay que n otar que lo s n om b res n o coin cid en con los
del vaso François y só lo p arcialm en te con los de O vidio. El
últim o fragm ento, PMG 222 (col. II), hace referencia a los
dos grupos de com batien tes; proced e seguram en te de u n m o­
m ento p osterior a la caza (p ero n o es seguro; pu ed en ser d es­
critos antes de la m ism a).
Así, d escon ocem os la p o sic ió n de E stesíco ro en relación con
los tem as alud id os y c o n otros, com o la m uerte accid en tal de
Euritión, la flecha de A talanta que m ató al jabalí, etc.: pu ed en
venir de él o no. T am poco sab em os si, com o es de su pon er, al
tem a central, en que culm in aría el poem a, se añadían otros
196 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

parciales, relativos a los diferen tes héroes. N i sab em os nada


del proem io n i del epílogo ni del lugar y ocasión de la e jec u ­
ción de) poem a.

31 (PMG 221) ...m e tió 66 la p u n ta del m orro debajo


de la tie rra ...
32 (PMG 222) (col. I ) ...los T estíadas... nacidos de
pad res ya viejos y acogidos con am or... en el palacio...
P rocaón y C litio... (llegaron ?)... (de F tía?) llegó E u ri­
tió n ... (h ijo de) la del largo peplo... (de Ceneo?) de espí­
ritu g u errero, h ijo del E látid a...
(col. I I ) ...de u n lado los locrios... guerreros esta­
ban asen tad o s... los h ijos queridos... los fieles aqueos...
y los belicosos... la sagrada Beocia poblaban, tie rra
p ro d u c to ra de trigo. De o tro lado los dríopes y los
(etolios?) que hacen fren te en la b atalla...

4. «Cerbero »

Según el m ito, H eracles b ajó por la cu eva de Ténaro, en


Laconia, al H ades, don de casi estran guló al perro infernal
Cerbero y se lo trajo a tierra p ese a la o p o sició n del d io s in ­
fern al. E s u n tem a al que ya aludía H om ero, Iliada V III
468 sigs., rep resen tad o luego en u n a co tila corin tia y en el
trono de A m ielas, am b os en el s. vi, y parod iad o m ás tard e en
las R a n a s de A ristófanes, en que el dios D ion iso b aja al H ades
disfrazado de H eracles con su piel de leó n y es confun dido
con el h éroe, del que se recuerda el robo de Cerbero.
S e trata de u n a varian te del tem a del viaje del héroe a!
reino de la m uerte: en definitiva, del tem a de la Gerioneida,
só lo que a llí se trata de un viaje a las region es occid en tales,
pobladas d e m on stru os, n o al propio H ades. Pero recuérd ese
que allí H eracles lucha con el pastor de la s vacas de G erión,
Euritión, y el perro O rtro, equivalen te al Cerbero. Cf. «Pro­

66 EL jabalí.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 197

pu estas para una nueva ed ición e in terp retación de E ste sí­


coro» cit., págs. 265 sigs.
El tem a estaba, desp ués de H om ero, m uy difun dido, esp e­
cialm en te en E sparta. Se reconstruye aproxim adam ente así:
E uristeo ordena a H eracles realizar la aventura de traerse
el Cerbero a la tierra, y em prende el viaje acom pañad o de
H erm es. D escien de al Tártaro por la gruta citada, atraviesa
la laguna E stigia en la barca de Caronte y, tras contem p lar el
Tártaro ν ver diversos m on stru os, llega al palacio de H ades.
Allí había d iálogos entre H eracles, H erm es, H ades y Persefone·.
luego, tras una lucha, H eracles roba a Cerbero y vuelve con
él a tierra, lleván d oselo a E uristeo.
P osib lem en te el poem a con ten ía tam bién otros tem as: la
ayuda de Atenea, la lib eración de Teseo que estab a en el H a­
des, quizá la m uerte de los h ijos de H eracles en un ataque de
locura del héroe al regresar a Tebas.
De este poem a no da Page, en su s PMG, fragm en tos lite ­
rales, salvo PMG 206, la palabra arfballo s, que designa una
bolsa que pu ed e cerrarse o plegarse (¿llevad a por H eracles?).
Pero, com o señalé en m i artículo citad o, hay varios fragm en­
tos que figuran en PMG entre los de lugar d escon ocid o y que
pueden atrib u irse al Cerbero.
Se refieren, p ien so, al p ropio Cerbero PMG 242 «a ti el pri­
m ero, oh d efen sor de la puerta», PMG 251 «insom ne», PMG
255 «de un ladrido sin fin». O tros fragm entos se refieren al
Tártaro o H ades: PMG 232 «antes que ninguno am a la danza ν
el canto Apolo, m ien tras que a H ades le han tocado en su erte
los du elos y lam entos», PMG 254 «el profun do Tártaro», PMG
265 (E stesíco ro llam a T clquines a los genios de la m u erte y a
la oscuridad). H ay adem ás tem as relacion ados con la m uerte
que pueden p erten ecer aquí: PMG 244 «no tien e resu ltad o ni
éxito el llorar a los m uertos», PMG 245 «m uerto un hom bre,
pasa tod o el favor de los hom bres» (quizá palabras de H ades
a H eracles).
F inalm ente, y com o queda dicho, puede ser de e ste poem a
e! relato de la m uerte por H eracles, en loq u ecid o por H era, de
sus hijos tenidos de M égara (tem a del H eracles loco de E urí­
pid es), pues su hazaña en el H ades precede inm ediatam en te,
según el m ito, a esta acción suya (PMG 230).
198 U R IC A GRIEGA ARCAICA

5. « E r if il a »

Com o q u e d ó d ich o en la «Introducción» a E stesícoro, pro­


pon em os la perten en cia al p oem a Erifila ta n to de los nu evos
fragm entos del P.Lille 73 y 76 a, b, c, com o del antiguo frag­
m en to P.Oxy. 2618 y el fr. PMG 17, de tradición indirecta. E sto s
dos ú ltim o s eran atrib u id os ya en PMG a la Erifila: se refieren
a la expedición de los E p ígon os, los hijos de ios S iete Jefes,
con tra Tebas: entre ellos destacaba A lcm eón, h ijo del adivino
Anfiarao a q u ien su m adre Erifila logra p ersuad ir a ir y que,
tras con q u istar T ebas, la m ata cum plien do la prom esa hecha
a Anfiarao. P ues bien, según n o so tro s e sto s fragm en tos, r efe ­
ren tes a la exp ed ición de lo s E p ígon os, p roced en del lib ro II
del poem a; m ien tras que los del P.Lille p roced en del I y se
refieren a la expedición anterior, la de lo s S iete Jefes, su s
padres, que perecieron ante lo s m uros de Tebas y entre los
que d estacan el rey exiliado P olinices, A drasto, rey de Argos,
y el adivino Anfiarao. N u estra argum entación en d etalle pu ed e
verse en el artícu lo «P ropuestas para una nu eva edición e in­
terp retación de E stesícoro» ya citad o, págs. 273 sigs.
Sería, p u es, un poem a exten so, de cuyo lib ro I con serv am os
un fragm en to im portante, el del P.Lille, cuyo verso 125 equivale
al 300 del p oem a. Cada libro tenía un m etro diferen te, varian­
tes del co m ú n género d áctilo-epitrítico. E n el poem a, la h e­
roína Erifila, m u jer del rey de Argos A drasto, h ace de lazo de
unión: es u n a m u jer fatal que unifica un poem a, com o Clite-
m estra ν H elena otros. Es ella quien, sedu cida por un collar
de oro que le regaló el exiliad o tebano P olin ices, convence a
Anfiarao a que se una a la expedición de lo s S iete, destinad a
a reponer a P olin ices en el trono de Tebas y fracasada. Y es
ella la que, sed u cid a por el velo de H arm onía que le regala
T ersandro, h ijo de P olin ices m uerto, convence luego, co m o h e­
m os dicho, a A lcm eón, h ijo de Anfiarao, a un irse a la exp ed i­
ción de ¡os E p ígon os, victoriosa ésta.
D am os, p u es, en prim er térm in o Jos fragm en tos del P.Lille
relativos a la exp ed ición de los S iete Jefes. Se trata del pap iro
ed itad o prim ero p or C. M eillier y otros en Cahiers d e R e c h e r­
che d e l ’I n s t i t u t d e P apyrologie et d ’Ê g y pto logie de Lille IV,
LÍRICA MIX I Λ Y CORAL ARCAICA 199

Lille, 1976, págs. 287 sigs. Seguim os la nueva edición de J.


B oilack, P. Judet de la Com be y H. W ism ann en Cahiers de
philologie II, Lille, 1977 (S u p p l é m e n t ; edición que utiliza nue­
vos estu d ios de C. M eilüer en Z P E 26 [1977], págs. 1-5, y ZPE
27 [1977], págs. 65-67).
Los ed itores han argum entado a favor de la autoría de
E stesícoro desd e diversos p u n to s de vista. Para n o so tro s el
decisivo es que e ste largo p oem a de corte ép ico, a base de
largos d iscu rsos y cen trad o en el papel de una m u jer, a nadie
m as que a E stesícoro pu ed e atribuirse.
La m étrica se aju sta bien a él, igualm en te. Si no surgen
argum entos fu ertes en contra, la atrib ución parece segura.
Dentro de la produ cción de E ste síc o ro no hay, ciertam ente,
otra candid ato que la Erifila entre las obras conocid as.
Es claro, p or otra parte, que el íem a de la sed u cción de
E nfila m ed ian te el velo de H arm on ía es im itación de su sed u c­
ción m ed ian te el anillo de la m ism a, que es antigua: parece,
pues, que E stesícoro se im itó a sí m ism o, con stru yen d o el libro
II (Los E píg on o s) sob re el I ( L os Siete).
El tem a del fragm ento conservado se refiere a lo s su cesos
m íticos en Tebas antes de la exp ed ición de los S iete. A una
p rofecía del adivino T iresias, en la que quedaba ab ierta la
doble posib ilidad de la m uerte en lucha fratricida de los dos
hijos de E dip o, E téo cles y P olinices, o de la destru cción de
Tebas (to d o ello en 76 a I), su m adre Y ocasta resp on d e pid ien ­
do a Apolo que e sto n o se cum pla; y a su s h ijo s, q u e hagan
un sorteo y u n o se qu ed e con el trono y otro con las riquezas
de la casa real, exilián d ose (76 a II + 76 c I ) 67. Sigu e (76 c
II + 76 b) el fin del d iscu rso de T iresias y la partida de P oli­
n ices y su viaje a Argos.
A este fragm ento debía de preceder el com ienzo del poem a,
con la p resen tación del conflicto, a la m u erte de E dip o, entre
svis dos h ijos E téocles y P olinices. Y seguiría luego el m om en to
en que Erifila, ced iend o a la p ersu asión de su h ijo P olinices,
que le regala el collar de H arm on ía (la m ujer de Cadm o, fun­
dador de la casa real teb an a), m ed ia entre Anfiarao y Adrasto

67 M e i l l i e r difiere: hab ría un exilio anterior de P olinices,


vuelto a Tebas tras su b od a con Argia.
200 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

p ersuad iend o al prim ero a ir a la con q u ista de Tebas para


reponer en el tron o al propio P olinices. V endría luego el relato
de la derrota de la expedición de los S iete ante los m uros de
Tobas —a Anfiarao, el ju sto que se unió a hom b res in ju stos,
le había anu n ciad o un orácu lo esta m uerte, a la que fu e por
causa de E rifila— y, sin duda, la privación del entierro por
parte de lo s tebanos.
E n cu an to al lib ro II, ya hem os dicho que se refería a la
expedición de los E pígon os, los h ijos de los S iete que van a
vengarlos y tom an Tebas. P.Oxy. 2618 ( = S 148-150, si b ien 149
y 150 apenas ofrecen nada in teligib le) parece presen tar, en pri­
m er térm ino, una escen a de banquete, en qu e A lcm eón anu n­
cia a A drasto que m archa a la acción, sin duda a la expedición
de los E p ígon os. E l otro fragm ento (que no le sigue n ecesa ­
riam ente), hab la segu ram en te de la intervención de Erifila
cerca del m ism o A lcm cón, para el que b u sca una novia lace-
dem onia: es, sin duda, parte de la m aniobra de persu asión
para que m arch e a la expedición, seducida co m o h em os d ich o
por el velo de H arm on ía que le regaló Tersandro. E n cu an to
al fr. PMG 194, no literal, relata cóm o A sclepio resu citó a dos
de los S iete Jefes m u ertos an te Tebas, C apaneo y Licurgo,
para ser fu lm in a d o él p or Zeus: pod ía con tarse e sto en el
libro II, aun qu e tam p oco hay que excluir que figurara en el I.
D entro del libro II figurarían, pu es, los preparativos de la
expedición de los E pígonos: persu asión de A lcm eón por Erifila,
sob re todo. Seguiría el relato de la expedición, la victoria y,
finalm ente, la m uerte de Erifila a m anos de su hijo.
E l tem a de la Erifila le vien e a E stesícoro de poem as Cícli­
cos que h em o s citad o, sien d o su aportación la organización en
torno a la m u jer fu n esta y el estilo lírico que le es p rop io, en
que destacan los dicursos. Sin duda popularizó el tem a en el
s. vi: en e l arca de C ípselo se ve a Anfiarao separánd ose de
Erifila, y en un v aso corin tio de igual época se ve a A lcm eón y
su h erm ano A nfíloco.
En el d eta lle, es notab le la discrepancia con E sq u ilo, que
n o p resen ta el tem a del reparto entre E téocles y P olinices. Sí
e stá en H elán ico, FGrHist 4 F 98, donde es E téo cles y no Y ocasta
quien lo p ropon e.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 201

Libro 1. Los «Si et e»


33 (P.Lille 76 a I) ...del C rónida... el h ijo ... llegar...
a ellas... antes de que... la gran q u erella... d en tro ... a
los h ijo s... d esp ertó ...
34 (P.Lille 76 α II + 73 I) «...a m ás de los dolores,
no crees duros cuidados ni m e anuncies p a ra el fu tu ro
presentim ientos que sean pesadum bre. Pues los dioses
inm ortales no h an establecido igual p a ra siem pre en la
tierra s a g ra d a 68 u n a q uerella etern a p a ra los m ortales,
ni tam poco un am or; sino que p a ra cada día de un
modo d iferente el pensam iento... fijan los dioses. Y
tus oráculos, señor, Apolo que hieres a lo le jo s 69, no
los cum plas todos. Pero si está destinado que yo vea
a mis hijos m u e rto s 70 uno a m anos del o tro y así lo
han hilado las M oiras, o jalá m e llegue el fin de la
m u erte odiosa an tes de ver, en tre dolores, resonantes
y lacrim osas (luchas), m is hijos m u erto s en palacio o
la ciudad cautiva. Mas ea, hijos, a m is palabras, que­
ridos (niños, escuchad), pues de este m odo os hago ver
la solución: que el uno viva aquí, dueño del palacio
(y del p o d er del p a d r e ) 71 y que el o tro se aleje dueño
de los tesoros todos y del oro (de vuestro padre),
aquel que, en u n sorteo, obtenga el p rim e r puesto
por o b ra de las M oiras. Pues esto, pienso, puede lib ra r­
nos de u n destino fu nesto que explica el divino p ro ­
feta, ya sea que desde hace poco el h ijo de Crono
(g u a rd e )72 la raza y la ciudad del señor Cadmo, ale­
jan d o el m al p o r largo tiem po, si es que p a ra el fu tu ­

68 S igo en e sto s p asajes lectu ras o su p lem en to s de C.


M e il l ie ren ZPE, a rts, citados.
69 í d e m .
70 Idem .
71 Idem .
72 íd e m .
202 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

r o 73 ha sido fijado que así sea». Así dijo la divina m u ­


jer, expresándose con dulces palabras p a ra a le ja r de
la querella en el palacio a sus hijos. Y T iresias al
tiem po...
35 (P.Lille 73 II + 76 c I) ...el uno... la tie rra de
Tebas... el o tro ... teniendo el oro valioso... fueron
vigorosos... g o bernaban ínclitas ovejas... caballos... pa­
lab ras (?) o scu ras... en su pecho querido... h u b iera
m archado él m ism o... dijo estas p alab ras... consejo...
logrando p ersu ad ir... pues a vosotros m uchos...
36 (P.Lille 76 c II + 76 b) ...poniendo en grandes...
las vacas de cuernos retorcidos y los caballos... el
d estino... es fatal que suceda... del señ o r A drasto...
d ará la h erm o sa (doncella)... al que la dé el pueblo...
del señ or... h a sta el fondo, de Etéocles en el pecho
terrib lem en te... tenía de Polinices... hizo... y p a ra toda
la ciudad... siem pre u n duelo... al dios (?)... m ás que
nadie... así dijo ... el fam oso; y p re sto ... de palacio
(?)... al q u erid o Polinices... Tebas... m archó (hacia?)
la g ran m u ralla... a él... iban con los caballos... gue­
rre ro s... co rtejo ... llegaron al Istm o ... (a sus plegarias?)
...la h erm o sa ciudad de C orinto... rá p id a m en te... a
Cleonas llegaron.

Libro II. Los «Epí gonos»

37 (S 148) (a) ...así dijo el héroe A drasto: «Alc­


m eón, ¿a dónde has ido dejando a los com ensales y
al excelente aedo?». Así dijo: y así le replicó, contes­
tando, el h ijo de Anfiarao, caro a Ares: «Tú, querido,
bebe y regocija tu corazón con la fiesta; yo a una
acción...».

73 Idem .
LÍRTCA MIXTA Y CORAL ARCAtCA 203

( b ) ...p a ra u n cir un c a r r o 74... m archó (a Lacedemo-


nia?) a p re te n d e r u n a esposa la m ad re... con la hija
nacida del soberbio A nax an d ro 75... se casó con...

6. « D e s t r u c c ió n de T roya»

El poem a de E stesícoro La d e stru c c ión d e T roy a derivaba


sin duda de La d e stru c c ió n de T ro y a de A rctino de M ileto, la
Pequeña Ilíada de L esques de M itilene y un p oem a de Sácadas
de Argos de igual tem a. U no u o tro de los d os prim eros poem as
o quizá am b os han d ejado h u ella en lo s rela to s de V irgilio
(can to II de la E neida) y de Q uinto de E sm irna (en su s Postho-
merica). El c on ocim ien to de e sto s dos p oem as ayuda a la
reconstrucción del n u estro, bien que pueden ten er ecos, com o
decim os, de lo s poem as de Arctino y L esques y tam bién, claro
está, cosas originales.
Los fragm entos, literales o d e referencias, que ten em os a
nuestra d isp osición son:
a) Los de P.Oxy. 2619, corresp on d ien tes a lo s n ú m eros S
88-132. H ay prim ero un d iscu rso y un p resagio que hacen alu­
sión al fin de la guerra (S 88); el tem a sigu e en S 89 (p rofecía
de Casandra). P arece que seguía el ep iso d io de Sin ón, que c o n ­
vence a los troyanos a hacer entrar en la ciu dad el caballo
de m adera, así com o un discu rso de H elena (S 104). O tro frag­
m ento (S 105) se refiere ya a los griegos salien d o del caballo.
Las m ín im os frs. que sigu en con tien en , quizá, palabras de
H elena a M enelao cuand o es hecha cautiva, así co m o referen-

74 Un carro de cuatro ruedas, de los usados p or las m ujeres.


75 Ign oram os quién e s el h ijo de A naxandro, pero d ad o que
hay un A naxandro rey de E sp arta a com ien zos del s. v il y
que en n u estro fragm en to e s r estitu ib le «a L acedem onia», ta l
vez se trate de u n viaje de E rifila a E sp arta para b u scar una
novia para A lcm eón (la m u jer de A lcm eón en los m ito s, Calí­
rroe, la tom ó m ás tarde, tras m atar a Erifila). S in duda Erifila,
seducida p or el velo de H arm onía, sed u ce a su vez a Alcm eón
con la b od a lacon ia con u n a n ieta de A naxandro. E l ep iso d io
señala, p robab lem ente, que el p oem a se can tó en E sp arta, dado
que se honra así a u n o de su s an tigu os reyes.
204 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

cias a la d estru cción de Troya, a varios h éroes griegos y a


A stianacte, h ijo de H éctor, que lo s venced ores arrojaron desd e
la m uralla. N o los traduzco, p ero véase sob re e llo s n o t a 10*.
b ) Los del P.Oxy. 2803 ( = S 133-147), que, a juzgar por una
anotación fragm entaria del papiro, debía de titu la rse E l caballo.
U no de sus frs., el 11 ( = S 143), fue u n id o p or F ührer y B arrett
con el 18 del otro papiro, resu ltan d o el fr. S 105 ( b ). A esta
opin ión se adhiere H aslam y parece la m ás v e r o s ím illf>, pese
a no seguirla Page en su edición. E ste segu n d o papiro rep re­
sentab a sin duda un extracto del p oem a de E stesíco ro , h ech o
con el títu lo El caballo d e m adera. Ahora bien, dentro de los
frs. del P.Oxy. 2803 no es p osib le fijar los que preceden y
siguen al 11 resp ecto a los del P.Oxy. 2619; p o r eso lo s d am os
tod os segu id os a con tin u ación de los del prim ero. H ay p o sib i­
lidad de que frs. que preceden en 2803 al 11 (S 143, el fr. de
la salida de los héroes del caballo que coin cid e con 2619, fr.
18) se refieren a u n a aparición de A quiles, ya m uerto, que
reclam a el sacrificio de Políxena, la hija de P ríam o y H écuba:
ésta dialogaría con la som b ra de A quiles. S in em bargo, el
sacrificio n o pu ed e tener lugar hasta un m o m en to posterior.
c) E xisten , adem ás, los fragm en tos de trad ición ind irecta
tran sm itid os literalm en te. U no, PMG 240, es p o sib lem en te el
verso inicial del poem a, aunque se nos tra n sm ite c o m o de
E stesícoro p ero sin atrib ución a obra concreta. El segundo,
PMG 200, e s sin duda alguna de nuestra obra: se refiere a
E peo, el co n stru cto r del caballo, en un m om en to anterior a
su obra, que le in sp iró sin duda la diosa A tenea. Am bos frag­
m entos in ician nu estra traducción de los fragm en tos.
d) Hay, ad em ás, fragm en tos no literales, que no traducim os
pero que so n ú tiles para la reconstrucción . Son PMG 196-199
y 201-204, qu e n os hacen ver que E stesícoro hablaba, a m ás de
la m uerte d e A stianacte, h ijo de H éctor, p or obra de los grie­
gos (y, sin duda, tam bién, de la de P olíxena), de las troyanas
hechas cau tivas p or los griegos (con cretam en te, de Clím ena,
m ien tras q u e H écuba, m u jer de Príam o, fu e llevada p or A polo
a Licia); de cóm o los griegos, al ir a lapidar a H elena, al ver
su belleza arrojaron las piedras y las tiraron al suelo; d e Me­

76 Cf. ZP E 7 (1971), págs. 272-76, y QUCC 17 (1964), págs. 24 y 33.


LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 205

dusa, hija de Príam o, sin duda otra de las cautivas. Todavía


hay en PMG, entre los fragm en tos de lugar in cierto, algunos
que pien so que pu ed en perten ecer a este poem a. S on 224 (H éc­
tor, h ijo de A polo), 225 (el delfín com o em blem a en el e sc u ­
do de O diseo), 226 (referencia a Áyax de O ileo, violad or de
Casandra en la tom a), 234 (tem a del ánfora de plata destinad a
a guardar las cen izas de A quiles, ánfora regalada por H efesto
a D ioniso y por éste a T etis), 225 (referencia a P osidón «señor
de los cab allos de pezuña hendida», dios que con stru yó las m u ­
rallas de Troya).
e) Se han utilizad o con frecuencia para reconstruir el p o e­
m a dos d ocu m en tos, a saber, las m etop as del tem p lo de Hera
en S ir is 77 y la llam ada Tabula Iliaca™. El valor de e sto s d ocu­
m entos arqueológicos es desigual. De las m e top as, só lo una,
que rep resenta a A ndróm aca abrazando a A stianacte, con una
m ujer (H elena?) al lado, parece referirse a n u estro poem a. En
cuanto a la Tabula, que rep resenta escen as varias de la tom a
de Troya, parece m ezclar tem as de A rctino, E stesíco ro y Vir­
gilio, por lo que su valor es d u d oso. Es del s. i a. C., pero
sobre m od elo griego anterior. B ajo el títu lo «D estrucción de
Troya según E stesícoro» p resenta un a v isió n de Troya con su s
m urallas y delante las tum b as de H éctor y A quiles. Están
rep resentados los tem as de Áyax y C asandra, del cab a llo de
m adera, de M enelao y H elena (la am enaza co n la espad a,
tem a de Ib ico, no de E stesíco ro ), los fun erales de H éctor, el
sacrificio de Políxena, E neas (tem a sin duda virgilian o).
En definitiva, n u estro poem a con ten ía el final de la guerra
de Troya a partir de los fun erales por A quiles y de su apari­
ción pid iend o el sacrificio de Políxena. A partir de aquí narra­
ba la tom a h asta la m uerte de A stianacte y Políxena, el em ­
barque de las cautivas y la d estru cción de Troya. E n e l cen tro
estarían el ep isod io del caballo y la tom a de la ciudad.
A m ás de en los au tores tardíos m en cion ad os, la D estru cción
d e T roya influyó fu ertem en te en los trágicos (E sq u ilo , Agame-

77 Cf. P. Z a n c a n i M o n t u o r o y U. Z a n a t t i - B i a n c o , H eraion
alie foce del Sele, II, 1954.
78 Cf. ú ltim am en te B ow ra , G reek Lyric P o etry , O xford, 1961,
págs. 105.
206 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

ιιύη; S ó fo cles, Áyax; E urípides, T royanas y H écuba, sob re tod o).


E stesícoro in ició el tem a de la su erte m iserab le del ven cid o y
el ab u so de lo s v en ced ores, que tan tas sim patías h ab ía de des­
pertar luego. Para m ás d etalles, véase «P rop uestas...» cit.,
págs. 269 sig s.

38 (PMG 240) Ven aquí, Calíope de aguda v o z 79.


39 (PMG 200) La h ija de Z e u s80 le com padecía
porque ac a rre a b a co n stantem ente el agua de los re y e s 81.
40 (S 88) ( a ) 82 ...a la violencia y a la lanza... obe­
deciendo; pero, ea... de curvado arco... se sep araro n ...
ju n to (?) a to dos... de los aqueos... cum plim iento, el
que co n tem p la a lo le jo s 83... el fin de la g u erra... su
m ente in te lig e n te 84... al que rom pe las filas enem igas
le incitó, u n grande en su m ente... convenía e inteli­
gentes... h azañ a...
(b ) ...a éste... h acia el tem plo d en tro de la acrópo­
lis, p resu ro so s m arch ad 85 los troyanos y los num erosos
aliados; y no hagam os caso a sus p alab ras de su erte
que... a éste ...la san ta im a g e n 86... allí destrocem os
con u ltr a je 87... tem íam os (la ira?) de la diosa... Así
dijo ... p en sa ro n (cóm o llevar?) el gran caballo... cu­

79 P roem io de un p oem a que puede ser, por exclu sión , el


nu estro. E l p oeta invoca a la M usa.
80 A tenea.
81 E peo, co n stru cto r del caballo, a qu ien A tenea, com p ad e­
cida, en señ a e se n u evo arte.
82 E s cla ro que form a parte de un d iscu rso que com ienza
a n tes y h ace alu sión luego al fin de la guerra.
83 Zeus, de qu ien depende el cu m p lim ien to o fin de todo.
¿De Zeus?
85 Se en tien d e, llevand o el caballo de m adera. E s u n d is­
cu rso sin d u d a de T im etes (cf. V i r g i l i o , E n e id a II 32).
86 El cab allo, que iba a consagrarse a la d iosa.
87 Se refiere a una prop u esta de desp eñ ar el caballo.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 207

bierto de ho jas (?)... con sus ráp id as alas... a un hal­


cón de largas alas... los estorninos c h illa ro n 88...
41 (S 89) ...la diosa a Diom edes (?)... virgen...
d ese a89... p ero ah o ra nos ha causado desdicha (?) con
rigor un v a ró n 90 (que llegó) a los rem olinos de h er­
m osa co rrien te del S im u n te 91, conocedor p o r volun­
tad de Atena de la m edida y la sab id u ría... en vez de
la b atalla... y el com bate, la gloria (a lc an za rá? )92...
trajo el día de la conquista p ara la anchurosa
Troya 93. ..
42 (S 103) ...la ru b ia H elena... del rey... exhortó
con fuego ab rasad o r q u e m a r...
43 (S 104) ...ráp id am en te... claro... de verdad... la
nacida en C h ip re 95... de p ú rp u ra m arina, p u ra ... yo
digo... los in m o rtales... a H erm ione... deseo noche (y
día?)... de pie b rillan te... arre b a ta d a ... de cártam o en

88 Se trata, p osib lem en te, de un presagio relativo a la rui­


na de Troya p or cau sa del cab allo. Pero tam b ién pu ed e tra­
tarse de un sím il relativo a los troyanos que rodean el caballo.
S9 Se refiere, quizá, a Corebo, p reten d ien te de Casandra
m uerto por D iom edes en la to m a de Troya. El fr. es parte del
discurso: sin duda se aludía a u n a profecía de C asandra sobre
la tom a de Troya.
90 E peo, con stru ctor del caballo.
91 Río de Troya.
92 La gloria de E peo será p or la con stru cción del fatal
caballo, no p or el com bate.
93 Los frs. S 90 a S 102, m ín im o s, ofrecen p oca ayuda.
Quizá 94 y 102 se refieran al ep iso d io del traid or Sin ón, p reten ­
dido desertor de los griegos que convence a los troyan os a
subir el cab allo a la ciudadela. A ello se referirían 94 «asam ­
blea... se reu n ió... discurso» y 102 «juro solem n em en te... pero
yo... ser... la luz del so l... segú n el destin o...».
94 Un troyano se lam en ta de que n o hayan h ech o caso a
H elena y qu em ad o el caballo.
95 Afrodita.
208 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

cum bres y valles (?)... odioso... a mi hijo querido...


digo ni... 96.
44 (S 105) 91 ...auxiliares... d e ja n d o 98... del que
ab raza la tie rra ... extiende... los Dáñaos llenos de a rd o r
salieron del caballo... Enósidas 99 que abraza la tierra,
p u ro ... pues Apolo... sagrada, ni A rtem is ni A frodita...
a la ciu d ad de los troyanos Zeus... a los troyanos...
privó...
45 (S 107) ...deseable... y así a él (dijo?)... cóm o
(?) am as... m alfam ad a... 10°.
46 (S 118) ...carg as... de Troya la gloriosa... (ciu­
dad) bien fu n d ad a d e stru y e n d o ...101.
47 ( S 135) ...florecientes... Políxena (?)... enton­
ces... m iran d o ... a sus esposas... a las que... 102.
48 ( S 137) ...h éroe Aquiles... q u itaste... (d e stru ­
yendo?) la ciu d ad ... del m u ro ... al audaz... m aravi­
lla... K».

96 P arece que habla H elena, que añora a su h ija H erm ion e.


91 S ob re la recon stru cción de e ste fr., cf. supra, «In trod uc­
ción».
98 F em enino. Sin duda se refiere a la m u jer que habla
(¿H elen a?), que narra una batalla entre lo s d io se s antes de la
tom a de T roya.
99 P osidón , llam ad o lu ego E nósidas, «sacudidor de la tie­
rra». Es, igual que A polo, A frodita y A rtem is, d ios favorable a
los troyanos. Pero Zeus ha condenad o la ciudad.
100 Es p o sib le que H elena se dirija aquí a M enelao, adm i­
rada de su am or ren ovado tras la tom a de Troya.
101 Los frs. S 106, 107-117, 119-132 son m ínim os: hab lan de
guerra (106) y d estru cción (111), las naves y e l m ar (113); citan
a los M irm idones (109), a E scam and rio o A stian acte (115), a
qu ien los v en ced ores arrojaron de la m uralla, al «hijo d escen ­
d ien te de É aco» (116), e s decir, a N eop tólem o, h ijo de A quiles.
102 El fr. se refiere, quizá, a la m uerte de P olíxena, h ija
de Príam o, sacrificada en la tu m b a de A quiles.
103 Son, quizá, palabras de H écuba, N eo p tó lem o o la pro-
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 209

49 (S 138) ...tres veces... m arch aro n ... los m ejores


(?)... unos tras o tro s... favor...

7. Los « R e to rn o s »

E ste poem a sobre los R e to r n o s ( n o s to i ) de lo s héroes grie­


gos, una vez acabada la guerra de Troya, proced e del poem a
cíclico de igual título.
N u estro fr. se refiere al retorno de O diseo y sigue m uy de
cerca el p asaje de la O dise a X V I 44-181 en que T elém aco, que
está en E sparta, en la corte de H elena y M enelao, inq uirien do
noticias de O diseo, se desp id e para regresar a Itaca. En H om ero,
Atenea se le aparece en su eñ os ordenánd ole regresar. Tiene
lugar la desp ed id a y, en ese m om en to, se aparece el águila
que arrebata un ganso del patio; H elena interp reta el p resa­
gio com o significando la vuelta de O diseo y la derrota de los
pretendientes. N u estro pasaje, aunque m uy influido p or H o­
m ero, parece presentar algunas diferencias; véase para su in ­
terpretación W. Peek, «Die N o sto i des S tesich oros», Philolo­
gus 102 (1958), págs. 169-177. Figura prim ero la visión del águ i­
la y su interp retación p or H elena, para la que significa una
orden para T elém aco de que parta; sólo en segu n d o térm ino
una am enaza para los p reten d ien tes, quizá. S ólo en la segun da
colu m na se hace referencia a los regalos de desp ed id a en tre­
gados por M enelao.
Se trata de un ep isod io dentro de un p oem a evid en tem en te
exten so, en que se relataban lo s retorn os de los héroes grie­
gos que lucharon en Troya. Aunque n o p od em os dar p recisio ­
nes: aparte de nu estro fragm ento, só lo n os qu ed a una refe­
rencia (PMG 208) a A ristóm aca, h ija de P ríam o y m u jer de
Critolao, sin duda una de las cautivas que los griegos que
retornaban se llevaron. De tod as m aneras, resu lta n otab le la
exten sión del ep isod io en que intervien e T elém aco, el h ijo de

pia P olíxena a la som b ra de A quiles, que se aparece recla­


m ando el sacrificio de Ifigenia (o bien se aparece e n un su eñ o).
Le recuerda la m uerte que ha d ad o a los otros h ijo s de Pría­
m o («tres veces» en S 138 pu ed e referirse al cadáver de H éctor,
arrastrado tres veces por A quiles en torno al m uro).
210 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

O diseo que h ab ía salid o de íta c a en su búsqueda. Parece cla­


ro que el ep isod io espartano en el retorno de O diseo fu e tra­
tado m uy am p liam en te por cau sa de las esp ecia les relacion es
d e nu estro p oeta con Esparta: quizá el poem a fu e can tad o allí.

50 (PMG 209) (col. I) ...viendo al p u n to el p re sa­


gio divino, así dijo H elena con su voz al h ijo de Odi­
seo: «Telémaco, ese m ensajero (que) se h a lanzado
hacia n o sotros desde el cielo a través del é te r estéril
(te indica) con su g rito sangriento (que m arches)...
a vuestra casa... (Odiseo) apareciendo... (com o) un
adivino... p o r decisión de Atenea; (no digas) esta
es u n a co rn eja c h a rla ta n a » 104... ni voy a re te n erte yo...
viéndote Penélope, a ti el hijo de u n p ad re querido...
(Zeus) te p ro c u re el éxito...
(col. I I) ...de p lata... con oro p o r e n c im a 105... del
D ardánida (P ríam o )... el P listénida 106. .. en el bien tra ­
bajado (c arro )... con su servidor...

8. L a « H elena» y las « P a l in o d ia s »

Una serie de te stim o n io s de la antigüedad , que inclu yen


algunas citas literales, n os hablan de que E ste síc o ro escrib ió
un poem a sob re H elena, en el que seguía la versión h om érica

104 La «charlatana corneja» vien e de H esíod o, Op. 747: H e­


lena da p or con clu id a su in terven ción alud iend o a e ste prover­
b io y p id ien d o a Zeus el cum p lim ien to del presagio.
105 Se trata de un regalo de p lata, con ad orn os de oro: no
se ve cuál, n o es desd e lu ego la crátera qu e en H om ero da
M enelao a T elém aco (es m ase, y aquí se h ab la de u n o b je to
fem .).
106 E ste p atron ím ico (« d escen d ien te de P lísten es») se refiere
a M enelao, q u e habría recib id o a su vez ese o b je to de Príam o,
quizá con m otivo de la em bajada de qu e se hab la en Ilíada
III 205 sigs. Se d ice a con tin u ación cóm o lo coloca en el carro.
Sobre la in ten ció n proespartana de la genealogía a p artir de
P lístenes, cf. «Introducción». Se le p resen ta y a co m o padre,
ya com o herm ano, ya com o h ijo de Atreo.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 211

de que Ia heroína se hab ía escap ad o de casa abandonando a


M e n e la o y y én d ose c o n París a Troya; y que el p oeta fue
cegado por e llo p or la d iosa y escrib ió una palinod ia, canto
en que se d esd ecía de su s afirm aciones anteriores: H elena le
habría curado por ello.
Los testim on ios an tigu os sobre este tem a han sid o recop i­
lados cu id ad osam en te por J. A. D avison en su artícu lo «De
H e l e n a S tesichori», QUCC 2 (1966), págs. 80 sigs. De su estu d io

por el propio D avison y por otros a u to r e s 107 se d edu ce que


no se trataba de un p oem a ú n i c o cuya segun da p arte recti­
ficara a l a prim era, sin o de d os poem as.
Queda en ton ces el problem a de si E stesícoro, en su p ali­
nodia, aludía a su ceguera o si é sta era una leyenda frecu en te
(com o en e fecto lo era) en caso de d esacato a u n d io s y h ab ía
sid o aplicada a E stesícoro a partir de algun a exp resión am ­
bigua, un u so figurado de «ciego», por ejem p lo. E sto e s lo que
piensa B ow ra en su G ree k L yric P o etry, qu ien añade que la
razón real para escrib ir E stesíco ro una P alinodia estab a en
que en E sparta, ciu dad a cuyas fiestas acudía E ste síc o ro a
presentar su s p oem as, H elena era un a diosa.
Para B ow ra, que se apoya en d iversos in d icios, co m o e co s
p osteriores e n E urípides, etc., la Palinodia term inaría con la
conversión de H elena en estrella, igual que su s h erm an os los
D ioscuros, C ástor y Pólux.
H ay que hacer alu sión aquí, de todas m aneras, a u n pasaje
de la B ib lio tec a de F ocio, cod. 186 ( = C onón 26 F I 18 Jacoby).
Un croton iata herido, luchan do con tra los de L ocros, p or el
fantasm a de Áyax, habría id o a la isla A quileon o «Blanca» en
el Mar Negro: allí habría lograd o que Áyax le devolviera a la
vida no sin hablar con H elena, casada con A q uiles, la cual
le habría encargado dijera a E ste síc o ro que escrib iera una
Palinodia si quería recobrar la vista. Parece probab le que E ste ­
sícoro introdujera en su Palinodia, cantada en E sp arta, esta
«excusa» p roced en te de una leyend a italiota en con exión con

107 Cf. por ej. L. W oodbury, «H elen and th e P alinode»,


Phoenix 21 (1957), págs. 157-176; C. M. B ow ra , «The tw o P alinod es
o f S tesichorus», CR 13 (1963), págs. 247-252; P. L eone , «La P ali­
nodia di Stesichoro», Ann ali della Facoltà d i L e t t e r e e Filosofía,
U niversità di N ap oli (1968), págs. 5-28.
212 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

la ciu dad de L ocros, con la que el m ism o ten ía lazos estrech os.
Con e sto , sin em bargo, hem os dado u n a idea im precisa
tanto sobre la Helena co m o sob re la Palinodia.
La Helena sab em os por algunos testim on ios que tenía dos
libros: era, pu es, un p oem a exten so. D ebem os atrib uirle en
prim er lugar el fr. literal PMG 223 (cf. infra), que exp lica la
condu cta de H elena y su s herm anas por un olvid o de su padre
Tindáreo de sacrificar a Afrodita; E stesícoro daba la genealo­
gía de T indáreo (h ijo de P erieres y G orgófone, PMG 227). Otro
testim on io in d irecto (PMG 190) nos inform a de que Tindáreo
hizo que to d o s los p reten d ien tes de H elena juraran ayudar al
elegido com o m arido de H elena a defender su hon or, si llegaba
el caso: ju stificación de la guerra de Troya. S ab em os tam bién
{PMG 189) qu e se narraba la b od a de H elena, a la cual se
refieren d os fragm en tos literales, PMG 187 y 188, dados abajo.
Antes de la boda de H elena con M enelao debe situarse,
seguram en te, el ep isod io narrado en el fr. PMG 191, p roced en te
de P ausan ias. Según él, a n tes de la boda c o n M enelao H elena
habría d ad o a luz a Ifigenia, h ija de Teseo; habría sid o una
incursión de los D ioscuros con tra Afidnas, en el A tica, la que
la habría d evu elto a su patria. Para B ow ra, sin em bargo, este
ep iso d io figuraría en la Palinodia para ser negado.
E sto es to d o lo que p od em os decir: si b ie n hay que añadir
que, evid en tem en te, seguía la narración del rap to de H elena
(quizá, an tes, la del ju icio de P aris) y se con clu ía c o n su nueva
unión con M enelao tras la tom a de Troya. Aunque ep isod ios
relativos a H elen a alud id os en los frs. de E stesíco ro se pien sa
que p roced en de la Destru cción d e Troya (lo s griegos dejan
caer las piedras al con tem p lar la belleza de H elena; h ay tam ­
bién otras in terven cion es de H elena, cf. su pra). H elena -vuelve
a aparecer en los R eto rno s.
Lo r elativo a la Palinodia se ha hecho m ás com p licad o por
c au sa de la aparición de un pap iro (PMG 193) que con tien e
extractos de un com en tario del perip atético C am eleonte. S e nos
dice aquí que E stesíco ro escrib ió dos P alinod ias y se n o s da
el verso in icial de las dos: la prim era atacaría a H om ero y
la segunda a H esíodo.
E ste pasaje, com binado con PMG 192, tran sm itid o p or Pla­
tón (v. infra), en que se niega que H elena fu era jam ás a Troya,
U R IC A MIXTA Y CORAL ARCAICA 213

v con testim on ios in d irectos no siem pre concord antes de a u to­


res posteriores, ha produ cid o una gran con fu sión . Se duda
sobre cuál sería la defensa de E stesíco ro y cuál sería el ataque
de H esíodo (el de H om ero es bien claro); tam bién cuál sería
e] lugar de PMG 192 citado, y si realm en te se tratab a de dos
P a l i n o d i a s o de una variada o continuad a.

La últim a h ip ó tesis parece la m ás acertada: un p asaje de


Aristides (PMG 241) hace que deb am os considerar com o de
E stesícoro la frase «He de pasar a otro proem io». N u estro
orden de frs. ( PMG 193 a, 192, 241, del libro I; 193 b, com ienzo
del II) recoge esta h ip ótesis. En el prim er lib ro iría el ataque
contra H om ero, que hizo que H elena m archara a T roya con
París; en el segun do, el ataqu e con tra H esíod o. Pero hay d is­
crepancias. C iertos testim o n io s an tigu os atrib uyen a E stesíco ro
la leyenda de que H elena fue raptada en Faro por el rey de
Egipto P roteo y sólo un fantasm a fue con Paris a Troya: ésta
sería, según algun os, la tesis de la prim era palinod ia. Para la
segunda se especula con que E stesícoro argum enta contra otra
leyenda, su p u estam en te de H esíod o (a quien se atribuye la p ri­
mera m ención del «fantasm a», sin p recision es), según la cual
la su stitu ción de H elena por el fan tasm a habría ten id o lugar
en L acedem onia ya: ni esto sería cierto. E ste síc o ro reivindi­
caría la castidad de H elena. É sta es la explicación de D avison,
m ientras que B ow ra cree q u e el ataqu e de H esío d o contra H e­
lena se refiere a su aventura con T eseo.
Todo esto es poco claro y no resulta v erosím il que E ste sí­
coro haya hecho una d efen sa «escalonada», por así decirlo,
de H elena. In d ep en d ien tem en te de ataqu es contra H om ero y
H esíodo en am bas partes de la Palinodia, parece claro que
E stesícoro debió de negar desd e el com ienzo tod a culpa de
Helena; sin duda, en su poem a fue llevada a E gip to, com o
se nos dice, envuelta en una nube, a lo que tam b ién hay refe­
rencias. E sto explica PMG 241. El PMG 257 «locura» se atribu­
ye tam bién al m ism o poem a, referid o a los errores de H om ero,
H esíod o v el p ropio E stesícoro sobre H elena. Term inaba evi­
d entem en te con el tem a del ca ta sterism o de H elena, sin duda
a través de un a aparición de los D ioscuros o una p rofecía de
Apolo (cf. E urípides, Helena 1666 sigs., O r es te s 1636 sigs.).
V éanse m ás d etalles en «P rop uestas...», págs. 283 sigs.
214 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Helena

51 (PMG 2 2 3 ) ...p orque Tindáreo sacrificando una


vez a todos los dioses sólo se olvidó de Cipris, de am a­
bles dones; y ella, irrita d a con las h ijas de T indáreo,
las hizo m u jere s de dos bodas y de tre s e infieles al
m arido.
5 2 (PMG 1 8 7 ) M uchos m em brillos a rro ja b a n al rey
a su carro , m uchas hojas de m irto y coronas de rosas
y g u irnaldas en trelazadas de v io le ta s108.
53 (PMG 188) ...u n baño p ara los pies de litar-
g irio 109.

Palinodias

5 4 (PMG 193 a) Ven de nuevo, diosa am iga del


c a n to 110.
5 5 (PMG 1 9 2 ) No es verdad ese relato: ni te em ­
b arcaste en las naves de herm osos bancos ni llegaste
a la ciudadela de Troya.
56 (PMG 241) He de p asa r a otro proem io.
57 (PMG 193 b) Virgen de alas de oro ,n.

9. «O restea »

C on ocem os p or diversas referencias la O r es te a de E stesíco ro ,


que com p ren d ía dos lib ros y sirvió de m odelo a la trilogía de
igual títu lo de E sq u ilo. Tres m etop as de Selin u n te p u ed en tam -

108 Se refiere al desfile del co rtejo nupcial, cu an d o M enelao


se lleva a H elen a en su carro.
109 Quizá para el bañ o nu pcial de H elena.
no La M usa, sin duda.
ni La M usa, otra vez.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 21 5

bien venir de aquí: en una C litem estra levanta un hacha y es


retenida por otra m ujer; en la siguiente, un hom b re m ata a
otro (O restes a Egisto?); en otra todavía, una serp ien te apri­
siona a un hom b re (qu izá una E rin is a O restes). T am bién la
m uerte de C litem estra por O restes, en la placa de b ronce de
O lim pia del s. v i a. C., pu ed e venir de aquí.
Los fragm entos literales de la Orestea, que d am os a c o n ti­
nuación, son escasos. PMG 210, 211, 212 p roced en sin duda del
p roem io del poem a; 217, en que A polo entrega su arco a Ores-
tes, no sab em os de cuál de lo s d os libros; n i tam p oco 219,
su eñ o de C litem estra.
Aparte de e sto , ten em os algunas referencias. En el lib ro II,
se decía que Palam edes inventó las letras (PMG 213); y hay
un a palabra, «de piedra» (PMG 214), que n o sab em os a qué
referir. Page incluye todavía entre los frs. de la O r es te a (sin
atrib ución a un lib ro) una referen cia que identifica a Ifigenia
con la diosa H écate (PMG 215; evid en tem en te, se trata de Ifi­
genia ya m uerta; sin duda C litem estra se justificaba ya con el
crim en de Agam enón); y la n oticia in teresan te de que E ste sí­
coro colocaba en L acedem onia (y n o en A rgos) el palacio de
Agam enón: rasgo qe corresp on d e al carácter p roespartano de
n u estro poeta, que p articipó varias veces en los Juegos de
E sp arta. Sob re tod o, el P.Oxy. q u e con tien e un com en tario a
los p oetas m élicos, a m ás de darnos PMG 217 ya citad o, nos
h ace saber que el recon ocim ien to de E lectra y O restes p or el
rizo de cab ello del prim ero lo to m ó E sq u ilo de E stesícoro; e
igualm en te de él tom ó E urípides el tem a de que Ifigenia fue
llevada con engaños a Aulide, su p u estam en te para casarse con
A quiles, y el regalo a O restes del arco de A polo, ya m encion ado.
PMG 218 m encion a a L aodam ia co m o nodriza de O restes (E s­
qu ilo la llam a Cilicia).
De tod o e sto p od em os deducir que Ia O r es te a se recitó, a
juzgar por su proem io, en una fiesta prim averal en Esparta;
y que com pren día el tem a de la m uerte de Ifigenia (o referen­
cias a él); una escen a entre O restes, desterrado, y Apolo; su
vuelta y el recon ocim ien to con E lectra; el su eñ o de C litem es­
tra, que ve una serp ien te con cabeza de hom b re, O restes; la
m uerte de C litem estra (que in ten ta defen d erse) y de E gisto,
con interven ción de alguna m anera de la nodriza de O restes,
216 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

servidora del palacio; la persecu ción de O restes por las Erinis.


S u p on em os q u e tam b ién la m uerte de Agam enón; p ero no
puede sab erse cóm o conclu ía el poem a, seguram en te con la
purificación de O restes por A polo (el ju icio en el A reópago de
Atenas y el p erd ón de Atenea son, sin duda, in ven cion es de
E sq uilo en su s E u m é n ides).
El poem a de E stesícoro desarrollaba, según A teneo 512 F,
un p oem a de Janto, añad ien do cosas nuevas com o el su eñ o
de C litem estra (no se ve si la serpien te m am a de ella, com o
en E sq uilo), el arco de Apolo, la intervención de las E u m én i­
des, el papel de la nodriza, etc. Introducía, adem ás, u n am ­
bien te laconio: llam ab a a O restes P listénida (véase n ota 115);
hacía nodriza suya a L aodam ia, hija de A m id a s, rey de E s­
parta; colocab a allí, com o decim os, el palacio de Agam enón.
Los trágicos a ten ien ses llevaron la leyenda a A tenas, pero
se insp iraron fu n d am en talm en te en E stesícoro, con algunas
variaciones. Cf. m ás d etalles en «P ropuestas...», págs. 280 sigs.

58 (PMG 210) Oh M usa, tú alejando las guerras


ju n to conm igo y celebrando las bodas de los dioses y
los festines de los hom bres y las fiestas de los biena­
venturados...
59 (PMG 211) ...cuando en la estación de la p ri­
m avera can ta la golondrina...
60 (PMG 212) ...estas canciones populares de las
G racias de bellos cabellos hay que can tarlas m uelle­
m ente, creando u n a m elodía fr ig ia m , al com enzar la
prim avera...
61 (PMG 217) ...y te daré este arco, em bellecido
con el tra b a jo de m is m anos... p ara d isp ara r con vio­
lencia... m .

h2 E sto es, en el m od o frigio.


113 V erso con su p lem en tos de H a s l a m . Apolo da el arco a
O restes para qu e se defienda de las E um énides.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 217

62 (PMG 219) ...le pareció que llegaba ante e lla 114


una serp ien te de fo rm a hum ana en su cabeza y de ella
se le apareció el rey P listénida 115...

10. L a « E uro pea»

E ste poem a, del que no hay fragm entos literales, e s citad o


sólo en una referencia, PMG 195, que habla de E uropa, la h ija
de Agenor que fue arrebatada por Zeus en form a de toro de
la playa de Tiro o Sid ón y llevada a Creta: evid en tem en te, el
tem a cen tral de la E uropea, pero precisam en te PMG 195 hace
ver que tam b ién entraba el de la fundación de T ebas por
Cadm o, otro h ijo de Agenor. D ice, en efecto, que según E ste ­
sícoro fue Atenea quien sem bró los d ientes del dragón m uerto
por Cadm o cuando llegó de Fenicia y fundó Tebas.
Parece verosím il que E stesícoro tratara en este poem a toda
la h istoria de la fam ilia de Agenor, incluida la de su s h ijos
Cadm o y Europa. D ebe atrib uirse, así, al poem a PMG 237,
referente a Tronia, h ija de B elo, un herm ano de Agenor. N o
sab em os el orden: p osib lem en te se narraría el viaje de Cadmo
y su s aventuras h asta fundar T ebas, con la b od a con H arm o­
nía, etc., para pasarse, m ás tarde, al m ito de E uropa, el toro
y su s h ijos.
Pero tam bién se hablaba en el poem a, seguram en te, de la
generación siguiente. De él debe de venir, en efecto , PMG 236
(dad o, com o el anterior, por Page sin ind icación de lugar de
origen), relativo a la m uerte de A cteón, h ijo de A utónoe y
n ieto de Cadmo: la d iosa A rtem is, en c astigo por haberla
visto bañarse desnuda, le con virtió en ciervo y fu e destrozad o
por su s propios perros. Según la leyend a tebana, A cteón había
d esp ertado los celos de Zeus al cortejar a Sém ele, otra hija
de Cadm o, m adre de D ioniso.

114 C litem estra.


115 O restes, seguram en te. El calificar de P listén id as a los
Atridas (aqu í y en los R e to r n o s ) se debe sin duda a la in ten ­
ción d e separarlos de Argos y ad scrib irlos de algún m o d o a
E sparta. Según H e r ó d o t o , I 6 8 , los espartanos hallaron los hu e­
sos de O restes en Tegea y se los llevaron a E sparta.
218 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

El p oem a debía, p u es, de hablar de las h ija s de Cadm o en


general: S ém ele, Agave y A utónoe, así com o de su descen d en ­
cia (A cteón, D ion iso, P en teo, etc.). Y, sin du da, tam b ién de
los h ijo s de E uropa arriba m encion ados. Era, a tod as lu ces,
un p oem a e xten so.
La fu en te origin al e stá en los Catálogos h e sió d ic o s y e n la
Teogonia. T am bién, sin duda, en la E u r o p e a de E u m elo de
C orinto, que m en cion ab a a E uropa, D ioniso y Anfión. En su m a,
aparecían aqu í los m ás a n tigu os m ito s teb an os, en u n ió n de
otros de la fam ilia de Cadm o, com o los m á s recien tes eran
d esarrollados en la Erifila.

11. «ClCNO»

El tem a d e C ieno, o b je to de u n p oem a de E ste síc o ro segú n


PMG 207, se refiere a e ste ban dido, h ijo d e Ares, que d e sp o ­
jaba a los v ia jer o s a la entrada de T esalia c o n ob jeto de fab ri­
car c o n su s c rá n eo s un tem p lo en hon or de A polo. H eracles se
en fren tó c o n él, p ero al ayudarle Ares h u b o de retroceder;
luego fu e ven cid o ya. E l p oem a se insp irab a evid en tem en te
en el E s c u d o h e sió d ic o o pseu do-h esiód ico, q u e E stesíco ro ( PMG
269) atrib u ía a H esío d o sin duda en nu estro poem a.
S in em bargo, la v ersión de E stesícoro difiere de la d e H e­
síod o, en la q u e H eracles derrota a Ares y m ata a Cieno; la
de E ste síc o ro e s alud id a p o r Pindaro, Ol. X 15, y a e lla se
refiere el refrán «ni H eracles contra dos». E s nu evo de E ste ­
síc o ro tam b ién e l tem a m acabro d el te m p lo a Apolo edificado
con calaveras (tem a sacrilego, al tiem p o).

12. T r e n é t ic a p o p u la r

La e d ició n de Page, PMG, com ienza con e l fr. núm . 277 una
sección q u e titu la S p u ria y que contien e, en tre otras cosas,
tres referen cias a p oem as tren ético-p opu lares alud id os y a en
la «In trod u cción General»: Cálice, R ádine y Dafnis. S ó lo del
segu n d o se con servan d os versos literales. C om o d ijim o s, son
version es literarias de p oesía en tre erótica y tren ética cantada
en fiestas relacion ad as con el ciclo anual de la vida: e n ella
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 219

en con tram os tem as com o el del héroe que desap arece o m uere
o el de la h eroín a que b u sca en vano su am or y se suicida.
E s p oesía que oscila entre el sim p le tren o, com o los outoi en
hon or de D em éter, el lino p or e ste d ios (p lan ta a la vez) y la
erótica com o la de las can cion es locrias. E n n u estro s Oríge­
nes..., págs. 73, 84 sigs., 90 sigs., 95 sigs. p u ed en h allarse e jem ­
plos. Por lo que resp ecta a E stesíco ro ten em os, c o m o anu n­
ciam os:
PMG 277. La Cálice. Cálice se enam ora de E vatlo, rey de
Élide, y pide a A frodita le con ced a su am or. Fracasada, se
su icida. El p oem a se coloca en Léucade: evid en tem en te, in ­
tervenía el tem a del su icid io tirán d ose de la roca de Léucade,
tem a fam iliar.
PMG 278. La Rádine. Rádine e s entregada co m o e sp o sa al
tirano de Corinto y la sigue su prim o, enam orado de ella. El
tirano lo s m ata a am bos y entrega los cuerp os a su herm ano,
que los devuelve a la patria (S am os: sin duda la isla , donde
había un tem p lo de R ádine y L eóntico e n que oraban los
enam orados, pero E strabón , n u estra fu en te, hab la de una
Sam os de É lid e). Ya h em os ind icado (cf. «Introducción») que
a este p oem a debía de referirse la «m elodía del carro», trené-
tica, atrib uida a E stesíco ro p o r e l Ps.-Plutarco, D e Mus. 7:
la flauta que acom pañaba el tren o im itab a, sin duda, el ch i­
rriar de lo s ejes d el carro que transp ortab a lo s cadáveres.
PMG 279. Dafnis, d ios sicilian o de lo s b o sq u es y ganados es
infiel a una nin fa, por lo que e s cegado y m uere, cayen do al
m ar desd e una roca cerca de H ím era.
Eran, sin duda, so lo s tren ético s acom pañad os de la flauta, en
l o s que el ejecu tan te m im ab a al héroe o heroín a o al que ejecu ­
taba el tren o original. F alla a sí la o b jeción de H. J. R o s e 116, en
cuya autoridad se basa Page para negar la au ten ticid ad de la
R ádine y, de paso, de los d em ás fragm entos. N ó te se que las
autoridades en que se b a sa la atrib ución so n de los sig lo s iv y
n i a. C., lo q u e excluye se trate de poem as h elen ísticos: A ristóxe-
n o ( s . I V ) d ice que la Cálice e s rem od elación p or E stesícoro
de un tem a popular; la «m elodía del carro» e s m encion ada

116 «S tesich oros and th e R hadine-fragm ent», CQ 26 (1932),


págs. 88-91.
220 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

por Glauco hacia el año 400 a. C.; T eócrito, que vivió a c o ­


m ienzos del s. n i , utilizó sin duda en su Dafnis el de E ste sí­
coro, pues localiza la acción cerca de H ím e r a 117.
La tom a p o r los p oetas literarios de tem as pop u lares de
tipo erótico y fren ético n o em pezó con p o eta s alejan drin os
com o Calim aco o T eócrito. La hallam os en S afo (tem a de Faón,
ep italam ios, tem a de A donis), Praxila (tem a de A donis), Eri-
fánide (el n o m o s cantado por la enam orada de M enalcas, que
la tradición identifica con la p oetisa, com o hizo a S afo ena­
m orada de F aón), los trágicos (alu sion es al lino, al h a rm á te io n
m elo s o tren os d iversos), etc. El p ropio E ste síc o ro reelabora
la lírica pop u lar de la fiesta de la golondrina en el com ienzo
de su Orestea.
De esto s p oem as pop ulares, próxim os por lo dem ás a las
«canciones Jocrias» que sin duda alguna con oció E s te s íc o r o 118,
sólo nos qu ed a el com ienzo de la Rádine:

63 (PMG 278) Ea, M usa m elodiosa, com ienza el


can to ... so b re los jóvenes de Samos, m ien tras tocas
tu am ada lira.
P uede p en sa rse que el libro que contenía esto s p oem as se
llam aba P aideia o Paidiká, n om b res tran sm itid os por A teneo
601 A, es d e c ir «Cantos de Jóvenes».

13. F ábulas

Ya h em os ind icad o que E stesíco ro fue sin duda un p erso n a ­


je político en H ím era o en la Italia m eridional y que las dos
fábu las que d e él se nos tran sm iten proced en sin duda, a ju z­
gar p or el e jem p lo de A rquíloco, de poem as yám b icos de tem a
con tem p orán eo a los que servían, en su cen tro, de ejem plifi-
cación. N o se com pren de p or qué las referencias a estas fáb u ­
las, que van en PMG tras los p oem as erótico-tren éticos, pare­
cen caer b a jo el anatem a de «espurios» que in ju stam en te
alcanza a é sto s. Las fábu las son:

H? Cf. B ow ra, ob. cit., págs. 84 s ig s .


118 Cf. B ow ra, ob. cit., pág. 86.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 221

PMG 280. El águila y la se rpiente. Un labrador, enviado a


por agua por un grupo de d ieciséis hom b res q u e se disponían
a celebrar un ban qu ete, se encuentra en la fu en te con un
águila que luchaba con una serpien te. El labrador m ata a la
serpien te y trae el agua, que sirve con vin o en el banquete.
Pero los com en sales m ueren, m ien tras que él es salvad o por
la intervención del águila: la serp ien te había envenenado la
iu en te.
PMG 281. El caballo, el cie rv o y el h om b re . El caballo, que
ve que el ciervo Je d iscu te u n os p a sto s que a n tes eran sólo
su yos, llam a en su ayuda al hom bre, que le propon e m ontarse
en él pon ién dole un fren o para así com batir al ciervo. Así
lo hicieron y el resu ltad o fue que e¡ caballo se con virtió en
esclavo del hom bre.
Am bas fábu las pasaron a las co leccion es de fábulas: la
segunda, que A ristóteles, R h e t. II 20, atribuye a E stesícoro,
reaparece en el P. R y la n d s 493 (colección de fábu las segura­
m ente del s. i a. C.), en H oracio, E p . I 10 y en las colecciones:
es el núm . 166 de B abrio, el 238 de la A ugustana, etc.; la d ife­
rencia es que el ciervo es su stitu id o por el jabalí, cosa evi­
d entem en te secundaria, p u es se trataba de una d isp u ta por
los p astos. La prim era fáb u la reaparece en A fton io 28.
En am b os casos, e s claro que E stesíco ro ha adap tado a
su s p rop ósitos tem as anteriores: el de la lucha del águila y la
serpien te en H om ero y el tem a etio ló g ico de p o r qu é el cab a­
llo es esclavo del hom bre: m uchas tab u las, com o es sabido,
buscan explicar «problem as» de e ste tipo. La adap tación es
evid en tem en te con finalidades p olíticas.
En el ca so de la fáb u la del caballo, A ristóteles, nuestra
fu ente, da en realidad un resu m en del ep od o o p oem a yám bico
de E stesícoro. C ontenía, evid en tem ente, tres elem en tos:
a) E xhortación a los h im eren ses a n o dar una guardia de
corps a Fálaris, al que habían elegido com o general con p le­
nos p od eres. H abía u n a argum entación a este resp ecto «tras
decir lo dem ás». E sta prim era parte era im itad a, sin duda,
por S olón 8, 9, 10 y 11, que con tien en adverten cias a lo s ate­
nienses contra P isistrato en una situ ación parecida, adverten­
cias apoyadas en sím iles.
b) Fábula.
222 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

c) E xhortación final del p oeta, recogida p or A ristóteles:


«Asi tam bién v o so tro s m irad n o sea que p or querer castigar
a los en em igos o s p ase lo m ism o qu e al cab allo, p u esto que
ya ten éis el fren o al hab erle elegid o general co n p len o s p od e­
res; pero si le dais una guardia y le dejáis m on tarse, seréis
en adelante escla v o s de Fálaris».
Para la otra fábu la (tran sm itid a por E lian o H. A. X V II 37)
n o se nos da el con texto. Pero sin duda s e can tab a e n un
banquete y acon sejab a a lo s a siste n te s a d istin gu ir e n tre eJ
verdadero e n em igo y el en em igo só lo ap arente (el águ ila de­
rribó la cop a y tiró la beb id a) que en realidad e s un am igo.
Es p o sib le q u e e sta segun da fábu la perten eciera al poem a
al que se alu d e en el p ropio A ristóteles, en e l ca p ítu lo de la
R e tó ric a q u e sig u e al q u e trae la fábula del caballo: E ste síc o ro
habría dicho an te lo s locrios (o , quizá, en u n p oem a L o s lo-
crio s) que n o hay que ten er sob erbia, «para que las cigarras
no canten d esd e e l suelo». La h isto ria de q u e esta n d o fren te a
fren te dos e jér cito s (¿ o grupos rivales?) E ste síc o ro los apaci­
gu ó co n un p o e m a exh ortativo (p a r a k l e ti k ó n ), pu ed e ven ir de
aquí. N u estra fu en te, F ilodem o, De m us. 30, 31, pág. 18 K em ke,
no conoce, efectivam en te, el p oem a directam ente: d ice só lo «se
cuenta».
S in duda, algun as otras de las fábu las de c o leccio n es cuyo
origen con creto en la edad clásica no p od em os fijar, p roced en
de E stesíco ro , adem ás de éstas. Pero e s im p o sib le recobrarías.

14. F ragm entos de lugar d ud o so

D am os a con tin u ación , finalm ente, algun os fragm en tos de


colocación d u d osa dentro de la obra del p o e ta de H ím era.

64 (PMG 243) ...y disparó flechas flexibles.


65 (PMG 249) ...el niño indem ne.
66 (PMG 250) M usa que com ienza la canción.
67 (PMG 272) ...techos que se pueden a lq u ila r119.

119 Se refiere a una hospedería.


IV

IBICO

1. Vida y ambiente. — Nacido en Region, en la cos­


ta italiana del estrech o de M esina, Ibico re p resen ta una
continuación de la escuela italio ta y siciliana de lírica
coral, de E stesícoro co ncretam ente; pero, a la vez, una
confluencia de ésta con las escuelas líricas del Egeo,
que cultivaban la m onodia e insistían en lo personal.
Es posible q u e Ibico tuviera, p o r su fam ilia y su
form ación, relación con los pitagóricos del s u r de Ita ­
lia, com o tam b ién se h a pensado en el caso de E stesí­
coro. Aunque los datos biográficos son excesivam ente
dudosos, pues si se le atrib u y e un p a d re Pitio y se
identifica a éste con u n legislador de Region del m ism o
nom bre, hay que añ a d ir que la identificación es inse­
gura y que la Suda, que da la genealogía, la p resen ta
seguida de o tras dos tam b ién posibles. E n los frag­
m entos no hay referencias al pitagorism o, com o no sean
las m uy vagas de u n a m ención de O rfeo (PMG 306) y
de la identificación del lucero de la m añana y el de la
tard e que, h echa p o r los babilonios, fue difundida en
Grecia p o r los pitagóricos. E n todo caso, P lu tarco y
E strab ó n afirm an que era de fam ilia noble. Perteneció
sin duda a las fam ilias aristo cráticas que gobernaron
la ciudad an tes de hacerse con el p o d er Anaxilas, en
224 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

494. Y existe la anécdota, no sabem os si cierta, que


tran sm ite Diogenes Laercio (II 71, V 12), de que pudo
con vertirse en tiran o y no quiso. De ahí vendría el pro­
verbio «m ás an ticu ad o que Ibico» (archaióteros Iby-
kou).
No es fácil decidir, p o r o tra p arte, en qué fecha
exacta hay que colocar a íbico d en tro del s. vi. Su
cronología depende de la fecha que se adopte p a ra su
viaje a Sam os, que la Su da sitúa en la 54 O lim píada
(564-560 a. C.), en el tiem po de Creso. E sto es invero­
sím il, p u es hay que colocar este viaje en tiem pos del
tiran o Polícrates, de cuya corte form ó p a rte con Ana­
creonte; ah o ra bien, P olícrates alcanzó el poder hacia
el 536 a. C. Hay que acep tar la fecha de E usebio (en
Jerónim o), según la cual Ibico agnoscitur (se hace
conocido) en la 61 O lim píada (536-533). N ótese que la
Su da com ete el e rro r de decir que el p ad re de P olícra­
tes, en cuyos tiem pos llegó supuestam ente íb ico a
Sam os, se llam aba tam bién Polícrates. P or H eródoto
sabem os que esto es falso y que el verdadero P olícra­
tes, el tiran o , subió al trono m ediante u n a revuelta
( I II 39). Sólo entonces pudo llegar Ibico a la isla. Es
el m om ento en que el tiran o se rodea de los bellos
efebos que can ta A nacreonte; y el m om ento en que es
joven su hijo, este sí llam ado Polícrates, cuya belleza
celebra n u estro p o eta en S 151, el m ás extenso de
nu estro s fragm entos ’. La estancia de Ibico en Sam os
term in a en algún m om ento antes del 522, en que Polí­
crates m u rió desastrosam ente.
Ibico debió, según esto, de n acer hacia el 570 y lle­
gar a Sam os en el m om ento de su acmé, los 35 ó 40
años. Se está de acuerdo en que este acontecim iento

1 Cf. B o w r a , G reek L yric P o e try cit., pág. 2 4 9 . Se le llam a


P olícrates d e R odas: B o w r a p ien sa que gobernaba la isla, que
estaría d en tro del im p erio de su padre.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 225

m arca un cam bio rad ical en su vida: el paso de la


lírica epizante, de tipo estesicóreo, a la canción eró­
tica a la m an era de las islas del Egeo. Se ve, p recisa­
m ente, este paso en el poem a a P olícrates el Joven a
que hem os aludido, en que deja a otros ocuparse de
m itos g u errero s en relación con Troya y p re ñ ere cele­
b ra r la belleza de Polícrates; es u n a especie de m ani-
íiesto poclam ando que el poeta cierra u n a época en su
obra y ab re o tra nueva. Aunque no pensam os que el
cam bio sea tan rad ical y absoluto: hem os visto que ya
Estesícoro cultivaba la canción erótica (aunque no tan
personal, ciertam ente, com o la de Ibico) y el yam bo.
De o tro lado, la oda a P olícrates in au g u ra u n recurso
literario, m uy im itado en Rom a, con que se justifica
el p o eta que prefiere tem as personales o íntim os a los
épicos o g u errero s en g e n e ra l2.
Es claro, en todo caso, que Ibico com enzó su carre­
ra com o p o eta de la escuela de E stesícoro. Se h a lla­
m ado la atención sobre las coincidencias léxicas en tre
los dos p o e ta s 3 y sobre el hecho de que la duda m a­
nifestada p o r Ateneo, IV 172, sobre si los Juegos en
honor de Pelias eran de uno u o tro de los dos poetas,
es p ru eb a suficiente de que p a rte al m enos de la p ro ­
ducción de Ibico era de co rte estesicóreo. H em os de
ver que sus fragm entos testim onian que tra ta u n a serie
de tem as que im plican, sin duda alguna, la existencia
de poem as de este tipo.
Por o tra parte, estos fragm entos y algunas noticias
antiguas ligan a íb ico al am biente occidental de que
hablam os. Una anécdota re la tad a p o r H im erio, Or. 62,
38, le p re sen ta viajando en un carro de C atania a Hí­
m era y rom piéndose la m uñeca al caerse. Cerca de

2 Cf. F. S i s t i , «L’ode a P olicrate. Un caso d i recu satio in


Ibico», QU 20 (1967), págs. 59-79.
3 Cf. B o w r a , ob. cit., pág. 243.
226 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

H ím era estab a n las «fuentes de H eracles» de que se


habla en PMG 300. A S iracusa se refieren S 321, que
hab la de que la isla O rtigia fue unida artificialm ente
a la ciudad, y 323, que m enciona la fuente A retusa y
su origen m ítico en el río Alfeo. A Sicilia en general
hace referen cia S 241, y un m ito siciliano es, sin duda
alguna, el de S 220 (véase el com entario) y posible­
m ente tam b ién la fábula o m ito de cóm o la serpiente
logró la in m o rtalid ad (PMG 342)4.
Estos y otro s p asajes «occidentales» podían ap are­
cer en p oem as epizantes a la m anera de E stesícoro: así
sin du d a el relativo a las «fuentes de H eracles», fuen­
tes calientes en que el héroe se re sta u ró de sus fati­
gas; o el relativo al culto de Diom edes en la isla
Diom edia, en el A driático, quizá de u n poem a Los
retornos (en que se h ab laría del culto de Diomedes
en o tras ciudades, p o r ejem plo en M etaponto). Las
fundaciones de ciudades encajaban bien en estos poe­
m as, m uy con cretam ente se alude a ellas en S 227.
Pero este p asaje y los relativos a S iracusa, p o r ejem ­
plo, podían igualm ente perten ecer a encom ios u otros
poem as breves encargados al poeta p o r las ciudades.
E n sum a: en su p rim era época íb ico escribió poe­
m as líricos, largos, epizantes, a la m an era de E stesí­
coro: no sabem os dónde los haría ejecu tar, si en
Sicilia e Italia o en el Peloponeso. No está excluido
que cu ltivara tam bién tem as locales ni, siquiera, tem as
personales, aunque éstos se suelen a trib u ir a su se­
gunda época, en Sam os. Es claro, de todas m aneras,
que nu n ca rehuyó las referencias a la actualidad, así
cuando h a b la del general m edo C iares (¿C iaxares?)
(PMG 320) o cuando critica a las m uchachas laconias
p o r en señ ar los m uslos en sus ejercicios gim násticos
(PMG 339). Se h a p ro p u esto que pudo h ab e r u n a rela­

4 C f. B o w r a , ob. cit., p á g . 244.


LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 227

ción especial con la ciudad de Sición, a la que se refie­


ren PMG 308 (genealogía del héroe Sición) y 322 (el
río Asopo de Sición p ro ced ería de F rig ia )5.
E n todo caso, el p an o ram a cam bia cuando Ibico se
traslad a a la Sam os de Polícrates. A escasos kilóm etros
del im perio p ersa este tirano había construido un im ­
perio m arítim o, con u n a escuadra potente y u n a alianza
con Egipto. H abía em bellecido su ciudad con cons­
trucciones: tem plos, un palacio, una fam osa conduc­
ción de aguas. R eunía en to rn o a su m esa u n a corte
refinada en la que destacaba el poeta A nacreonte, con
sus cantos de am or, de beb id a y de delicada m elanco­
lía. La h isto ria de Alemán, aceptado com o invitado de
las fam ilias reales de E sp arta , se re p ite ahora. Pero
es la canción de tem a personal e ín tim o la que priva
en estos nuevos tiem pos: canción m onódica en m uchos
casos, sin duda.
Aunque, ciertam ente, estam os u n tan to a oscuras
sobre la ejecución de los poem as. La oda a P olícrates
ya reseñada, im p o rtan te hallazgo papiráceo que con­
serva el final de un poem a en tríad a s a la m anera
estesicórea p ero que concluye con la celebración de la
belleza de Polícrates el Joven, nos hace ver que nos
hallam os an te u n a poesía cortesana, alejada de la gran­
diosidad de la an tigua lírica religiosa que buscaba la
ayuda divina p a ra la ciudad. P ero no está excluido que
se tra ta ra , todavía, de poesía ejecutada p o r u n coro.
En otro s casos, sin em bargo, es la hipótesis m ás sim ­
ple la de im aginar que nos hallam os an te poesía m o­
nódica ejecu tad a p o r el poeta en el banquete, com o en
los casos paralelos de Anacreonte, Safo, Alceo y otros
más.
A parte de la oda a Polícrates, hay algunos frag­
m entos que p arecen referirse a tem as personales aje-

5 Cf. B owra, ob. cit., pág. 246.


22 8 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

nos al poeta. Así el fragm ento erótico S 222. Algunos


de ellos proceden, quizá, de poem as de boda: pienso
que este puede ser el caso de PMG 303 (b ) y el de PMG
317. Quizá, tam bién, el de 315, relación de las flores
con que se ad o rn an , sin duda, las m uchachas.
Pero no todo es poesía de encargo: tam poco en el
caso de A nacreonte. Hay en íbico m ucha poesía erótica
personal. La erudición antigua, precisam ente, insiste
en el c a rá c te r de p o eta erótico de Ibico; a veces, de
poeta hom oerótico. N uestros fragm entos lo confirm an.
Y son p recisam en te los m ás extensos de ellos aquellos
en que el p o eta expone su pasión en m edio de tem as
religiosos y m íticos y com paraciones con la naturaleza
vegetal. E u ríalo fue criado p o r los dioses en tre flores
(PMG 288); las p lan tas sólo en prim avera b ro tan , pero
Ibico am a en to d a estación (PMG 286); E ros le em ­
p u ja a la re d de A frodita, pero el poeta se resiste, com o
el caballo viejo que tem e e n tra r en la c a rre ra (PMG
287). E xceptuando Safo, en ningún poeta arcaico apa­
rece el tem a am oroso con m ás intensidad, concreción
y vida, unido al tem a de la naturaleza: las flores y los
p ájaro s, so b re todo.
E ste es el Ibico in tensam ente personal que se nos
m u estra a través de sus poem as de ú ltim a época. No
es sólo u n p o eta erótico. Tom a posiciones an te sus
difam adores (S 221, cf. PMG 311 [b~\), tem e p ecar ante
los dioses y ser h o n rado p o r ello p o r los hom bres
(PMG 310). G usta de la m áxim a. En sum a, se nos p re­
sen ta tal com o los poetas de la m onodia contem porá­
nea, que se expresaban librem ente en el banquete y
en la fiesta. P oeta de corte, no lo es exclusivam ente.
Poem as personales com o el dirigido a E uríalo (PMG
288) o a Calías (S 221) no parecen a d m itir o tra in te r­
pretació n que la de la m onodia. A unque a veces el
m etro p red o m in an tem en te dactilico y la extensión de
la estro fa (así en PMG 286) pueden d e ja r u n re sto de
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 229

duela. Duda que se ac la raría si pensam os que la ori­


ginalidad de n u estro poeta fue, precisam ente, adap­
ta r los m etro s y estrofas de la lírica coral o m ixta a
la monódica.
Nada sabem os del final de íbico. La h isto ria de su
m uerte p o r unos bandidos y del castigo de éstos (A.P.
IX 745, etc.) es dem asiado tópica p a ra ser tenida en
cuenta.
Con Ibico se cierra, pues, la lírica coral occidental:
desem boca en la m onodia del Egeo. E sta lírica era,
por lo dem ás, u n a desviación debida a la originalidad
de Estesícoro. La línea «norm al» de la lírica coral pasa,
efectivam ente, de Arión y Alemán a Sim ónides, Ba-
quílides y Píndaro: es la que, sin re n u n ciar al «centro»
m ítico, no lo d ilata exageradam ente com o E stesícoro,
cuya continuación fu n dam ental se encuentra en reali­
dad, según dijim os, en la tragedia.

2. Obras. — Los antiguos dejaron constancia de que


la edición alejan d rin a de Ibico constaba de siete libros:
su extensión era, pues, m uy in ferio r a la de Estesícoro.
No podem os in te n ta r re co n stru ir esta edición, aunque
hav que su p o n er que ocuparían libros diferentes la
producción epizante y la m onódica o personal. H em os
de lim itarnos a d a r una idea de una y otra, p ara con­
cluir con algunos datos sobre la com posición literaria.
D entro de la lírica epizante, estesicórea, podem os
p ostular la existencia, entre otros quizá, de los siguien­
tes poem as. Hacem os referencia a los fragm entos atri-
buibles a cada uno, lo m ism o si son literales y, por
tanto, se trad u cen en este libro, nue si no; en este
últim o caso, harem os breve referencia al contenido.

Destru cción de Trovo. H av una «eric de frs. que pueden


atribuirse a un poem a de este contenido: PMG 297, D cífobo
pretendiente de H elena: S 224, m uerte de Troilo; PMG 295,
230 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

H éctor h ijo de Apolo; PMG 303 (a) Casandra; PMG 307, m uerte
de P olíxena p or N eoptólem o; PMG 296, M enelao tira la espada
al con tem p lar la belleza de H elena.
C a zadores del jabalí. PMG 290, Altea m adre de M eleagro;
PMG 304, Leda Pleuronia.
Los retornos. PMG 305, O diseo; PMG 294, cu lto a D iom edes
en una isla del A driático (293 m enciona tam b ién a D iom edes,
pero pu ed e ser del poem a anterior); PMG 312, tem p estad (quizá
destru cción de la flota aquea); S 227, fun dacion es de ciu dad es
en O ccidente.
Heracles. PMG 298, H eracles lucha en el prim er p u esto, ayu­
dado por Atenea; PMG 299, m archa en b u sca del cin tu rón de
E ólice, h ija de Briareo; PMG 300, las fu en tes de H eracles; PMG
285, da m u erte a los M oliones (habla H eracles, fragm ento de su
discurso).
Gerioneida. S 223, Gerión y P egaso (véase com en tario); PMG
336, colu m n as de H eracles; PMG 331, el héroe se lleva las vacas
de Gerión; PM G 334, alguien nacido en Libia (?).
Argonáuticas. Quizá a un poem a de este tem a pudieran refe­
rirse los fra g m en to s sobre O rfeo (PMG 306), Jasón y su her­
m ana H ip ólita (PMG 301), la boda de M edea con A quiles en
el E lisio (PMG 291).

Es curioso n o ta r que se tra ta de los m ism os tem as


de E stesícoro. Es evidente, dado el corto núm ero de
libros de la edición antigua de Ibico, que la extensión
había de se r m enor: p o r tanto, hablam os de poesía
estesicórea p ero sólo en un cierto sentido. P or o tra
parte, el p o eta podía p erm itirse diferencias respecto
a su m aestro : p o r ej., en íbico era M enelao el que
tira b a la esp ad a a la vista de Helena, en E stesícoro
era n los aqueos los que dejaban caer las piedras que
iban a tira r c o n tra ella.
Y, claro está, podía h ab e r otros poem as épicos. Ya
hem os aludido al héroe Sición, pero véase tam bién
PMG 303 (¿D ioniso y Sém ele?), PMG 292 (las H arpías),
PMG 284 (E ndim ión), PMG 309 (R adam antis y Talo).
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 231

No deduzcam os, sin em bargo, dem asiado deprisa la


existencia de poem as sobre estos tem as. La h isto ria
am orosa de R adam antis y Talo puede ser un ejem plo
m ítico en un poem a erótico; la cita de Endim ión, rey
de Élide, puede ir en contexto con el tem a del Alfeo
V, en definitiva, con el de S iracusa; etc.
F uera de la línea épica, los poem as que se entrevén
con m ayor claridad son la oda a Polícrates, ya m encio­
nada, y la dirigida a Gorgias (citada en PMG 289, cf,
tam bién S 226), cuyo m ito e ra el ra p to de Ganim edes
po r Zeus. F uera de aquí, hem os de con ten tarn o s con
fragm entos ya de tradición indirecta, ya papiráceos,
que no perm iten u n a visión del tem a total. Tal vez
el m ás ilu strativ o a este respecto sea S 221, oda a Ca­
lías en que el poeta (com o Arquíloco m ás de una vez)
habla de defenderse de un enem igo: PMG 288, oda a
Euríalo. Pero aunque no nos tran sm itan detalles con­
cretos, son PMG 286 y 287 los fragm entos, com ienzos
de poem a, que m ejo r nos hacen ver el a rte del poeta,
su m anera de sen tir el am o r y la naturaleza en form a
profunda y delicada.

E sto nos lleva a preguntarnos p or la com p osición de ios


poem as, sob re la que algo se pu ed e decir en lo que a los no
epizantes se refiere. Pues la lírica de tip o estesicó r eo que
com puso Ib ico hay que decir que se n os escapa casi com p le­
tam ente en el detalle; los fragm entos conservados son casi
todos insign ifican tes, tod o lo m ás p od em os im aginar algo sobre
el tem a. N ada se nos ha conservado o es identificable de sus
proem ios y ep ílogos, los «centros» debían de ser sem ejan tes
a los de E stesícoro pero m ás breves; un ún ico fragm ento, PMG
285, hacer ver que con ten ía pasajes en estilo directo, discu rsos.
P odem os ver, ciertam ente, que el lenguaje contenía lo s m is­
m os elem en tos h om éricos y dorizan tes y u sab a ep íteto s y fra­
seología de origen hom érico.
En cuanto a los p oem as m ás breves, bien m on ód icos, bien
en todo caso p erson ales, h allam os hu ella de proced im ien tos
232 LÍRICA G R IE G A A R CA IC A

com p ositivos a base de una estru ctu ra ternaria m uy e v o lu cio ­


nada. El fragm ento m ejor con ocid o, la oda a P olícrates, com ien ­
za para n o so tro s por una an tístrofa, dentro de un esqu em a
triádico: nos falta, com o m ínim o, una estro fa inicial, quizá
m ás. Es lo m ás probable que ese proem io contuviera el elogio
a P olícrates q u e halla su eco en el ú ltim o epodo, en el epílogo.
Lo notable es que el «centro» no está co n stitu id o por u n m ito,
sino p or el co n tra ste que co n stitu yen los tem as que el poeta
se niega a tratar, lo s tem as guerreros en torno a la guerra de
Troya. «Centros» de tipo desviado, es decir, n o sim p les m itos,
fábu las o an écd otas, los con ocíam os hasta ahora a partir de
S afo y nunca iguales a éste. En cam bio, el p oem a a G orgias,
con el m ito de G anim edes en el cen tro, era e vid en tem en te tra­
dicional. Un fr. co m o PMG 309, am or de R ad am antis y Talo,
pertenecía seguram en te a uno de e sto s «centros». Y tam bién
PMG 344, m ito de la serpien te.
Son los p roem ios de p oem as eróticos los q u e p rincip alm ente
han llegado a n osotros. Citam os:
PMG 288: oda a E uríalo, que com ienza c o n el vocativo del
joven am ado.
PMG 287: «Otra vez E ros m irándom e...».
PMG 317 (b): «Siem pre a m í, querido corazón.. ».
PMG 286: «E n prim avera los m em b rilleros...».
Son todas can cion es eróticas. En las d os prim eras, en el
proem io el p oeta se dirige a la persona am ada; en la segunda
y tercera, se refiere a su propio amor; en la cuarta, e l tem a
es e ste m ism o , p ero es realzado al contraponerse el poeta
m ism o a la naturaleza. T odo es p ersonal y m oderno: no
ten em os h u ellas de p roem ios que u tilicen lo s v iejo s recursos
de la in vocación a los d ioses, com o hace in clu so S afo. Pero
nos faltan lo s «centros» y los ep ílogos de e sto s p oem as, que
hem os de su p on er conportarían bien m itos, bien sím iles, re­
cuerd os an tigu os, etc. S 221, p oem a dirigido a Calías y no
erótico, com ien za de una m anera sem ejan te, refiriéndose ta m ­
b ién a un «yo»; e igu alm en te faltan cen tro y epílogo.
E ntre lo s p equ eñ os fragm entos hallam os elem en tos que
ciertam en te esperábam os. Por ejem p lo, la com paración m ítica
en S 222: el p rotagon ista no renunciará a su am or aunque tenga
que su frir las desgracias de E dip o o de Ino. Y aparece con
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 233

cierta frecuencia la m áxim a, así en S 220 «dulce es la jactancia»


(se entien de, cuando se tien e éx ito ), PMG 313 «no e s p osib le a
los m u ertos hallar ya la m ed icin a de la vida», PMG 344 «ni el
com b ate ni la am istad aceptan excusas». O tras veces s e trata
de afirm aciones tajan tes del p oeta, com o en S 221, PMG 310.

Pese a la exigüidad de sus fragm entos, íbico se nos


presen ta com o u n a p ersonalidad ab ierta y franca, con
conciencia dolorosa de su pasión y de su ser. Es esto,
sin duda, m ás que los poem as epizantes y que aquellos
de corte, de tipo form al, que hubo de hacer, lo m ás
destacado de su obra: ya los antiguos lo vieron así.
La elegancia form al, el exquisito equilibrio y perfec­
ción de la oda a Polícrates, efectivam ente, no vale
esos pequeños fragm entos eróticos en que el poeta
se p resen ta desnudo an te nosotros.
H em os de decir algunas cosas, p ara term in ar, sobre
el ord en en que presentam os los fragm entos en esta
traducción. Seguim os el orden del S u p p l e m e n t u m Lyri­
cis de Page y a continuación dam os los fragm entos de
tradición in d irecta de PMG p o r su orden. E vidente­
m ente, se tra ta de un orden arb itra rio : pero recons­
tru ir la edición an tigua o, sim plem ente, algunos de
los poem as, es im posible.
Algunas observaciones. S 151, la oda de Polícrates,
va seguido de u n a serie de fragm entos m ínim os, S 152
a 165, que no adm iten traducción: sin duda perten e­
cen a otro s poem as del poeta. En cuanto a S 166-219,
recordam os que los hem os considerado de E stesícoro y
trad u cid o com o tales. E n cam bio, creem os o b ra r co­
rrectam en te atrib u y en do a íbico S 220-257, fragm entos
de un co m en tario que contienen lem as de poesía lírica,
aunque Page sólo en el caso de S 221-57 atrib u y a estos
lem as a íbico.
E n realidad, el n om bre de íbico sólo figura en S 223
o 225, aunque la m ención de Gorgias en S 226 hace
seguro que tam bién este fragm ento le corresponda.
234 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

Pero parece cierto que los dem ás fragm entos son de


n u estro p o eta no sólo p o r la identidad del lenguaje,
sino tam bién p o r la falta de m ención de ningún otro
p oeta y p o r co n ten er tem as que pueden serle atrib u id o s
fácilm ente: tem as sicilianos o de la colonización de
O ccidente (S 220, 227, 241), tem as de la g u erra de Troya
(5 224). No hay razón p ara p en sa r en u n com entario a
u n a antología de líricos. El único fragm ento que se
h a atrib u id o ten tativ am en te a o tro p oeta (Sim ónides),
a saber, S 221, contiene u n lenguaje m ás bien propio
de Ibico, a p a rte de que no son consistentes los arg u ­
m entos a favor del prim ero, véase n u e stra n ota ad
locum.
En cu an to a los fragm entos de PMG, hay que ad­
v ertir que su ordenación es arb itra ria , salvo los frs.
iniciales PMG 283 y 284, atribuidos expresam ente al
libro I, y 285, al V. Es decir, no sólo la ordenación de
estos fragm entos es caótica, sino que los nuevos frs.
S 151-165 y 220-257 (y S 258, u n a glosa de un códice
V indobonense), deb erían organizarse ju n to con ellos
com o en los libros de la edición alejandrina. P ero es
una ta re a im posible, com o bien se ve.
El único indicio sobre esta edición es el contenido
de los frag m en to s que se citan com o p ertenecientes a
los libros I y V, según acabam os de decir. Los del I
no son m uy ilu strativos, parecen de contenido epi-
zante, au n q u e ello no es seguro; pueden ser eróticos
tam bién (en PMG 284 Endim ión puede p erten ecer a
un m ito erótico ilustrativo). Más claro es el caso de
PMG 285, del libro V, evidentem ente p rocedente de un
poem a sobre las hazañas de H eracles. A este libro h a ­
b ría que a trib u ir, sin duda, todos los fragm entos de
este tem a (aunque no sabem os si tam bién los relativos
a Gerión). Poco es esto, com o se ve.
M ucho m ás lim itado y m oderno que E stesícoro,
pésim am ente conservado, íbico no deja de carecer de
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 235

interés. Da nueva luz sobre la poesía del siglo VI y


presen ta un ca rác te r m ixto m uy original. Ibico es, en
cierto m odo, un p red ecesor de Sim ónides, que com ­
bina la lírica coral p ro p ia de la tradición con la expre­
sión de u n a p erso n alidad nueva, m oderna, a través de
otro género poético: aquí, el de la m onodia (¿y el
e s c o l i o ? ) , en Sim ónides los del escolio y la elegía. Poeta
viajero del tipo tradicional, poeta de corte y p oeta ín­
timo, todo en u n a pieza, Ibico es u n caso singular
dentro de la poesía griega.

FRAGMENTOS

1. N uevos fr a g m e n t o s

1 (S 151 = PMG 282)6 Oda a Polícrates7.


[A n t ís t r o f a ] ...de P ríam o el D ardánida la gran ciu­
dad ilu stre y rica d estruyeron, de Argos p artien d o p o r
los designios del g ran Zeus,
[ E po do ] p o r la belleza de la ru b ia H elena en tran d o
en lucha celebrada en cantos a lo largo de g u erra rica
en lágrim as; y a Pérgam o subió, la ciudad sufridora,
la desdicha p o r causa de Cipris de ru b ia cabellera.
[ E s t r o f a ] Pero ah o ra no está en m i corazón can tar
a París, en g añador del huésped, ni a C asandra de del­
gados tobillos y a los dem ás hijos de Príam o,
[ A n t ís t r o f a ] ni el día infausto de la tom a de Troya
de altas p u erta s ni tam poco el valor altanero de los
héroes a los que las cóncavas
6 La ed. d e Page en el S u p p l e m e n tu m , que segu im os, de­
pende de la de Barron, B IC S 16 (1969), págs. 119 sigs.
7 La oda a P olícrates (el Joven, véase «Introducción»)
desarrolla el tem a, lu ego tan difun dido, del p o eta que n o quiere
cantar guerras, sino am ores. D ada su relativam en te bu en a c o n ­
servación, con servam os en la trad u cción el esq u em a original
de las tríad as líricas, con su estrofa, an tístrofa y ep od o cada
una.
236 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

[ E podo ] naves de pernos m últiples traje ro n , des­


gracia p a ra Troya, héroes valerosos. Los m andaba el
poderoso Agamenón, el rey P listé n id a 8 jefe de gue­
rrero s, h ijo nacido del noble Atreo.
[ E s t r o f a ] Y esto las sabias M usas del H elicón lo
h arían e n tra r (en sus relatos?), pero u n hom bre m ortal,
aun excelente, no p o d ría decir todas las cosas
[ A n t ís t r o f a ] sobre las naves: en qué núm ero de
Áulide, cruzando el m a r Egeo desde Argos, llegaron
h asta T roya criad o ra de caballos y d en tro de ellas los
guerreros
[ E po do ] de broncíneo escudo, hijos de los aqueos;
de en tre ellos el m ás sobresaliente con la lanza...
Aquiles de pies ráp id os y el grande, fu e rte Áyax, hijo
de T elam ón...
[ E s t r o f a ] ...el m ás herm oso desde Argos... Ciani-
p o 9 a Ilio n ...
[ A n t ís t r o f a ] ...de cin tu ró n de oro Hilis dio a luz:
a éste con Troilo, igual que al oricalco con el oro tres
veces refinado,
[ E po do ] tan to trovanos com o dáñaos p o r su belleza
que in sp ira am or, le com paraban cual parejo. Con ellos
tam bién tú, Polícrates, ten d rás gloria inm ortal p o r tu
belleza p o r lo que toca a mi canción y a mi alabanza.
2 (S 220) 10 ...n in fa... los valles del C ronión... dulce
es la jactan cia... de los pies... ser fre c u e n te ...11.

8 D escen d ien te de P lísten es. Ib ico sigue la tradición esp ar­


tana de E ste síc o ro (cf. n o ta 101 a E stesíco ro ).
9 D e e n tre lo s que guerrearon en Troya el m ás b e llo era
T roilo, el segu n d o Cianipo. A é ste íb ic o le h ace n ieto del argivo
A drasto, h ijo de su h ijo E gialeo y de H ilis (d e C om eto, según
otros). Para o tro s es h ijo de A drasto y h erm ano de E gialeo.
>o Del com en tario h elen ístico con ten id o en este pap iro (véa­
se la «In trod ucción») traducim os solam en te lo s lem as, q u e dan
los p asajes c om en tad os de íb ic o . E l com en tario e s aprovechado,
en las n otas, para la interp retación.
11 F ragm entos de un p oem a que se aclaran en parte p o r el
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 237

3 (S 221) Calías. Tenga yo siem pre este trab ajo :


y si alguno de los hom bres m e recrim ina ocultam ente,
aún m ás jacta n cia tengo sobre esto 12.
4 (S 222) ...u n b astó n ... au n desgarrado p o r los
som bríos dolores de Edipo y de Ino, no se d ejaría
arra n c a r su c o ra z ó n 13... em boscada de los enem igos...
contem plando...
5 (5 223) (a) ...desde la tie rra al... su rcando el
denso a i r e 14... de pies veloces com o la to rm en ta...

com en tario. Se trata de una leyend a sicilian a localizad a ju n to


a un m on te Cronión en L eontinos, cerca de Siracu sa. In tervie­
nen una nin fa y un cazador que se jacta, sin duda, de una
gran pieza que caza. El p oeta introd u cía una m áxim a cuyo
sentido venía a ser q u e la jactan cia e s du lce cuand o n o trae
m alos resultados: evid en tem en te, aquí no los tenía. Para M.
T reu, «Sizilische M ythologie bei S im on id es (P.Oxy. 2 6 3 7 )» ,
K ok alos 14-15 ( 1 9 6 8 -6 9 ), págs. 4 0 9 sigs., se trata de la leyenda
del cazador que consagra la cabeza de la fiera «a sí m ism o»
y no a A rtem is: le m ata cayén d osele encim a. Sobre la atrib u­
ción a Ib ico de este fr. y lo s que siguen, véase «Introducción».
12 P oem a p erson al de tem a ignorado. La exp licación de T r e u ,
art. cit., de que aquí S im ón id es defiende a Calías, so m etid o a
votación de ostracism o p or partidario de lo s m ed os e l año
486, no se dedu ce del con texto. E l fragm ento, a juzgar por la
lengua y por su lugar d entro d el papiro, es en realidad de
Ibico.
13 E s decir, su am or.
14 Del com en tario y del artícu lo de G. M a r c o v ig i , «Pap.Ox.
X X X II (1967) 2637 fr. 5 (a) 5-7 Lobel», SIFC 43 (1971), págs. 65-
78, se d edu ce que aquí se tocaban su cesivam en te los tem as de
Gerión y de Pegaso. E s G erión (se r alado ya en E ste síc o ro ) el
que vuela; el com en tarista cita las autoridades de A cesandro
(en su S o b r e Libia), el h istoriad or sicilian o T im eo y Teodoro:
sin duda, G erión aparecía en relación con el viaje de H eracles
a O ccidente, a través de Libia. E n cuanto a P egaso, se hablaba
de cuando fu e d om ad o (por B elerofon te con ayuda de Atenea)
y de su m adre la G orgona. D ado que en e l O céano e stá la isla
de las G orgonas (la isla Sarpedon ia citad a p o r E stesíco ro ) e s
seguro que el pasaje sob re P egaso p erten ecía al m ism o poem a:
ya en H esíod o, Teogonia 270 sigs., se enlaza el tem a occid en tal
238 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

(b ) ...vuela en el caos que le es a je n o 15.


6 (S 224) ...acechando al niño sem ejante a los dio­
ses fuera de la ciudadela de Troya lo m ató... I6.
7 (S 226) Gorgias ,7.
8 (S 227) ...de los calcidios... ju ra m e n to s... la
ola... a los ojo s... se arm a ... se eleva... la a ñ o ra n z a ...18.
9 (S 228) ...tran q u ilo s... con velos... un cadáver...
m uellem ente...
10 (S 230) ...p ercibe el nectáreo... pues está des­
tinado... 19.
11 (S 233) ...del océano...

de las G orgonas con el de P egaso y el de C risaor (otro h ijo de


Ia G orgona) y Gerión, su hijo. V éase sob re e ste p o em a la
«Introducción». H ay que notar, sin em bargo, que la h ip ó tesis
de M a r c o v i g i , que atrib uye al p oem a sob re P egaso frs. de
P.Oxy. 1790 (con cretam en te, S 153 y 154) y de P.Oxy. 2081 (/)
(S 165), es extrem ad am en te con jetu ral, com o é l m ism o adm ite.
Se referirían al m om en to en que fu e d om ad o P egaso en C orinto
con ayuda d e Palas.
15 P egaso. El caos se refiere al aire.
i» El p a sa je se refiere a la m u erte de T roilo, h ijo de Pría­
m o, por A q uiles ju n to al tem p lo de Apolo T im breo. S e m en­
cion a (por e l p o eta o el com en tarista) a su herm ana o herm ano:
en un caso, Políxena, que en la cerám ica se n os p resen ta al
lado de T roilo cogien d o agua de la fu en te m ien tras A quiles
acecha a aq u él y que desd e luego era m encion ada p o r Ib ico
(PMG 307); en otro, H éctor, citad o dos lín eas m ás abajo.
17 Sobre e ste poem a, véase «Introducción».
18 El p oem a se refería, a todas luces, a u n a colon ización de
los C alcidios, en Italia o Sicilia. S on ciu dad es calcidias Cum as,
Ñ ap óles, N a x o s, R egion, Zancle.
19 Tema de G anim edes, inclu id o en el p oem a de G orgias (?).
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 239

2. F ragm entos de l ib r o s c o n c r e t o s

12 (PMG 283) (Libro I) largo... tiem po perm ane­


ció sentado petrificado de estupor.
13 (PMG 285) (Libro V ) ...a los jóvenes de blancos
ca b allo s20, hijos de M olíone, de igual edad, cabezas
sem ejantes y un sólo cuerpo, di la m uerte, nacidos
am bos de un huevo de p lata...

3. F ragm entos de l u g a r in c ie r t o

14 (PMG 286) E n p rim avera los m em brilleros, rega­


dos p o r las corrien tes de los ríos allí donde está el
jard ín intacto de las V írg en es21, y los pám panos que
crecen b ajo los tro n cos frondosos de las vides, adquie­
ren lozanía; p ero el am o r no duerm e p a ra m í en nin­
guna estación... e n tre relám pagos quem ándom e, el
tracio B óreas, lanzándose, enviado p o r Cipris, en m e­
dio de u n a fu ria que lo agosta todo, trayendo oscuri­
dad, falto de m iedo, del suelo con violencia (a rreb ata?)
mi corazón.
15 (PMG 287) O tra vez E ros, m irándom e lánguida­
m ente con sus ojos b ajo sus p árpados oscuros, con mil

20 S on los M oliónidas, gem elos de É lide h ijo s de A ctor y


M olíone, a lo s que H om ero p resen ta con rasgos hu m an os, pero
a los que Ib ico (y F erécides) describ en con un so lo cuerpo y
dos cabezas (segú n F erécides, ten ían cuatro m anos y pies).
Les dio m u erte H eracles, que es quien habla. E s notab le que
se les atrib uyan rasgos sem ejan tes a los D ioscuros: lo s caba­
llos b lan cos de su carro, el n acim ien to de un huevo.
21 Las H espérides. E l tem a del ren acim iento de la natu ra­
leza en prim avera, que con trasta con el ardor am oroso del
p oeta in clu so en el invierno, cuand o sop la el B óreas, se m ez­
cla con el del Jardín de las H esp érid es y su naturaleza para­
disíaca.
240 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

incitaciones m e em p u ja d en tro de la re d inextricable


de Afrodita. Le tem o según viene, igual que un caballo
su frid o r del yugo que com pite en los Juegos, a la vejez
mal de su grado con el carro veloz e n tra en la carrera.
16 (PMG 288) E uríalo, re to ñ o ..., objeto de am or
p a ra las G racias de ojos verdes, de herm osa cabellera,
a ti Cipris y P ersuasión de párpados benévolos te cria­
ron en tre flores de rosa.
17 (PMG 293) ...no en vano al hijo de T id e o 22.
18 (PMG 298) Dicen que H eracles luchó en el p ri­
m er puesto en unión de la h ija de Zeus, de p ad re exce­
lente, la fu e rte Palas: él la dio a luz, b ro tó de su
cabeza.
19 (PMG 302) Se acostó con la h ija de C ad m o 23.
20 (PMG 303) (a) A C asandra de ojos verd
de Príam o de cabellos que enam oran, la recu erd a la
fam a de los hom bres.
(b ) ...cu an d o la au ro ra gloriosa, caren te de sueño,
d espierta a los ruiseñores.
21 (PMG 306) ...a Orfeo de nom bre glorioso
22 (PMG 319)Tengo m iedo de que p o r p ecar con­
tra los dioses reciba honor de los hom bres.
23 (PMG 311) ...organice u n a lucha co n tra mí.
24 (PMG 312) ...bebiendo gotas de lluvia num e­
rosas 24.
25 (PMG 313) No les es posible a los m uertos h a­
lla r ya la m edicina de la vida.

22 D iom edes.
23 ¿Zeus con Sém ele?
24 Frase proverbial, referida a los que su fren una tem p estad.
LÍRICA MIXTA Y CORAL ARCAICA 241

26 (PMG 314) ...ardiendo com o a través de la larga


noche las estrellas brillantes.
2 7 (PMG 315) ...m irto s y violetas y helicriso, m an­
zanas y rosas y la tiern a baya de laurel.
28 (PMG 317) (a) ...en sus hojas m ás altas se po­
san las ocas de p lum aje abigarrado, de cuello vario­
pinto los cérilos y los a lc io n e s26 de alas alargadas.
(b) ...siem pre a mí, querido corazón, com o cuando
un ave p u rp ú rea de largas alas...
29 (PMG 318) (a) ...de acuerdo no con su deseo.
(b) ...u n deseo... de éxito.
30 (PMG 319) Un retoño de E n ia lio 27.
31 (PMG 320) ...ni C ia re s 28, el general de los
m edos...
32 (PMG 321) ...p o r las m anos de los hom bres.
Antes en unión de los caracoles de m ar, los peces de-
voradores de carne cru d a la p o b la b a n 29.
3 3 (PMG 330) Todo el cordaje quedó sin alcanzar
por la cresta de la ola de fuera.
34 (PMG 332) ...expulsó a las vacas.
35 (PMG 334) ...nacido en Libia.
36 (PMG 337) ...u n ejército provisto de sus cue­
ros 30.

25 Son ocas o gansos egip cios, de vivos colores.


26 Ib ico da los nom b res de p ájaros m íticos m arin os. D ebe
de referirse a un a isla lejana, paradisíaca.
27 D ios de la guerra.
28 Quizá p or Ciaxares, rey de los M edos. Pero es dudoso.
29 Se refiere a la isla O rtigia, en Siracu sa, que fu e unida
artificialm ente al con tinente.
30 Sin duda, arm ado de escu d o s de cuero.
242 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

37 (PMG 338) ...de p erro s que perm anecen ju n to


a las m esas 31.
38 (PMG 344) Ni el com bate ni la am istad aceptan
excusas 32.

31 Para recib ir los restos de la com ida.


32 Proverbio cuyo origen atribuye a Ib ico el parem iógrafo
M ilón.
SIM ÓNIDES

1. Vida y ambiente. — Sim ónides cierra el grupo de


los poetas corales an terio res a P índaro, p resentando
rasgos en p a rte idénticos, en p a rte distintos. A dife­
rencia de E stesícoro e íbico y a sem ejanza de Alemán,
se desarraigó de su p atria : su actividad se desarrolló
desde p ro n to en tie rra ex tran jera. No se lim itó a com ­
p e tir en los concursos de las grandes festividades, sino
que se asentó en varias ciudades a lo largo de las di­
versas circu n stan cias de u n a vida azarosa: tra s una
prim era fase en que, p robablem ente, escribe desde su
ciudad n atal de Yúlide, en la isla de Ceos, en honor
de diversos vencedores en los Juegos panhelénicos,
vive luego en Atenas en la co rte del tiran o H ipias, se
traslad a después a Tesalia, m ás tard e a Atenas o tra vez,
finalm ente a S iracusa, a la corte de H ierón, donde
m uere.
Pertenece, pues, p ro piam ente, al grupo de los «poe­
tas de corte», iniciado ya p o r sus predecesores, pero
en fo rm a m ás decidida: u n a vez que abandona su pe­
queña isla, no vuelve a ella y va de ciudad en ciudad.
C iertam ente, un poeta de origen aristo crático n atu ra l
de una pequeña isla, no podía, quizá, h acer o tra cosa.
Pero es significativo que con esto nace u n nuevo tipo
244 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

de p o eta y aún de ho m bre de pensam iento; no en vano


se le h a com parado con los sofistas, que iban, tam bién
ellos, de ciu d ad en ciudad. Sim ónides adquirió, así, una
m en talidad internacional; son los valores griegos m ás
que los valores locales los que le interesan. El e sta r al
servicio de príncipes y tiranos —d u ra servidum bre de
la necesidad— no dism inuyó su am plitud de visión, en
form a alguna. Fue p a ra los griegos un sabio, un cantor
de sus hazañas com unes en las guerras m édicas, un
re p resen ta n te de un nuevo tipo hum ano. Y, al tiem po,
un renovador de la lírica, sobre todo del epinicio y el
treno, y un re cre ad o r del epigram a funerario.
Sim ónides nació, com o queda dicho, en la pequeña
isla de Ceos, próxim a al Ática, en su capital de Yúlide.
Su nacim iento puede calcularse que fue en el año 556
a. C. La isla estab a m uy som etida al influjo de Atenas
y en ella se ren d ía culto a Apolo, a Dioniso y a Aris-
teo, un antiguo dios de la vegetación. Enviaba coros
a la fiesta de Apolo en Délos y en ella m ism a había, en
C artea, u n a fiesta en h onor del propio Apolo; fiesta que
atra ía a poetas extran jeros, com o P índaro, cuyo peán
IV está dedicado a la m ism a. En estas actividades m u­
sicales de la p ro p ia isla debió de iniciarse Sim ónides
en la poesía, así lo testim onia el perip atético Came-
leonte (en Ateneo 456 B-F). E ra hijo de fam ilia noble;
su p ad re Leoprepes es citado p o r H eródoto y Calimaco.
E ra n o rm al que jóvenes de la nobleza to m aran p a rte
en las festividades m usicales de sus ciudades, el caso es
el m ism o del de E stesícoro, íbico, Alceo, Safo y ta n ­
tos m ás. Tam poco era extraño que, con el tiem po, estos
poetas b u sca ran afirm ar su personalidad interviniendo
en los agones m usicales de diversas p arte s de Grecia.
H em os dado ejem plos de ello.
Hay, sin em bargo, una serie de fragm entos o de
testim onios que, com o decíam os, se refieren a victo­
rias en los Juegos panhelénicos y que pueden h ab e r
LÍRICA MTXTA Y CORAL ARCAICA 245

sido escritos m uy bien en Yúlide, aunque tam bién pue­


den haberlo sido en la corte de H iparco, en Atenas.
El período del p o d er de éste va del año 527 (m uerte
de su p ad re el tiran o P isistrato ) al 514 (su asesinato
por p a rte de los tiran icidas H arm odio y Aristogiton):
no sabem os, d en tro de él, en qué m om ento llegó Sim ó­
nides a Atenas, de donde evidentem ente salió el año
514. De Yúlide o de esta p rim era estancia en Atenas
proceden epinicios com o el relativo al boxeador juve­
nil Glauco de C aristo (PMG 509) y a la victoria con el
carro de m uías de Eválcides de E re tria (PMG 518);
hay, p o r supuesto, m uchos otros de fecha p osterior.
Su epigram a 79 D., escrito en 476, habla de 80 victo­
rias, evidentem ente en diversos céneros poéticos.
P osteriorm ente, com o decim os, Sim ónides se tra s ­
ladó a Tesalia, donde las ciudades eran regidas por
príncipes p ro ced en tes de grandes fam ilias aristo crá­
ticas, com o los E scópadas de Cranón, que precisam en­
te fueron sus huéspedes. Hay m uchas huellas de tem as
tesalios en su poesía: ya en epinicios (por e j., PMG
511 y el m uy aludido p o r Cicerón y otros en h o n o r de
Escopas, PMG 510), ya, sobre todo, en trenos. De entre
éstos era sum am ente fam oso en la antigüedad el escri­
to en h onor de los E scópadas m uertos al desplom arse
la sala del banquete, catástro fe de la que el poeta se
salvó m ilagrosam ente p o r intervención de los Dioscu­
ros: y el en h o n o r de Antíoco, hijo de E quecrátidas de
Cranón.
La relación de fam iliaridad con H ipias y los nobles
de Tesalia no debe hacernos v er en Sim ónides una espe­
cie de cortesano adulador. Sus p alab ras sobre la m uerte
ν el destino hum ano en los trenos, sus elucubraciones
sobre la v irtu d , procedentes sin duda con frecuencia
de poem as en h o n o r de sus huéspedes principescos,
hablan bien alto de su independencia. La misión
tradicional del poeta griego, que es el sabio que ilustra
246 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

al pueblo so b re el m undo de lo divino y de lo hum ano,


no es d esm en tid a p o r Sim ónides en estos poem as.
P índaro será, después de él, u n «consejero de prínci­
pes» y P latón y diversos filósofos pueden colocarse, en
fecha p o sterio r, d en tro de la m ism a tradición.
E l noble, o el rey, debe m o s tra r la im agen del
«hom bre excelente», el áristos: aunque en fragm entos
a que ya hem os aludido Sim ónides innove respecto al
sentido lim itad o en que la v irtu d es accesible al hom ­
bre. Pero, a p a rte de esto, dentro de esa noción de exce­
lencia está la de lim itación, sophrosÿne. E sto está bien
claro en el epigram a, que se le atribuye, en h o n o r de
Arquédica, la h ija de H ipias (Tucídides, VI 59; A ristó­
teles, Rhet. 1367 b 19):
E ste polvo cubre a Arquédica, hija de H ipias —el h om ­
bre q u e m ás se d istin gu ió en Grecia entre los de su
tiem p o— ; sien d o tiran os su padre, su m arido, su s her­
m an os y su s h ijo s, su esp íritu no se llenó de altivez.

Es m ás, si es cierta la atribución que se le hace


de o tro epigram a, el 76 D., Sim ónides h a b ría hecho el
elogio de los tiranicidas:
U na gran luz su rgió para los a ten ien ses cuando Aris­
to g ito n y H arm od io m ataron a H ipias.

E n todo caso, a E scopas está dirigido el poem a, sea


escolio sea treno, que recogem os com o PMG 542, en
que Sim ónides, criticando un dicho de Pitaco, se m a­
nifiesta e n fo rm a h u m an a y m oderada sobre los lím i­
tes de la v irtu d . No es verdad que, com o afirm a P ita­
co, dice Sim ónides, sea difícil que u n hom bre sea exce­
lente: no b a sta p a ra ello, deja im plícito el poeta, ser
de fam ilia noble, h aría falta la ayuda de un dios. Y es
un ideal sobrehum ano. Un hom bre no puede asp ira r
a tanto: le ha de b a s ta r ten er un cierto grado de éxito
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 247

y no h acer v o lu n tariam ente n ad a vergonzoso. El viejo


ideal aristo crático es, en el fondo, negado, y sustituido
p o r o tro m ás m odesto y, al tiem po, accesible a los
hom bres todos.
Sim ónides está al lado de los cam peones griegos
de la lib ertad que lucharon co n tra los persas y los ven­
cieron en las guerras m édicas. F rente a los persas las
diferencias en tre los griegos —en tre los pueblos y ciu­
dades, en tre los regím enes dem ocráticos y los aristo ­
cráticos— se b orran. Una serie de relatos y una serie
de epigram as funerarios nos p re sen tan al p oeta com o
amigo de Tem ístocles y los atenienses, com o ensalzador
de Leónidas y los lacedem onios, del adivino M egistias
y de tan to s m ás. C om puso poem as corales celebrando
las batallas de A rtem ision y de Salam ina, y otro, quizá
un treno, en h onor de Leónidas y sus espartanos. Venció
a Esquilo en el concurso p a ra escrib ir un epigram a en
h o n o r de los m u erto s de M aratón. Y llevó su m agnani­
m idad h asta celeb rar en otro a Megacles, Alcm eónida
m uerto en el d estierro bajo la acusación de m edism o
(ser p artid a rio de los p ersas) y de Calías, que había
tenido diferencias con él. C elebró tam bién al rey es­
p artan o Pausanias, p erso n aje no m uy p o p u lar en
Atenas.
Puede decirse, en sum a, que Sim ónides desbordó el
antiguo papel del lírico coral escribiendo epigram as,
escolios, encom ios y poem as corales diversos que expre­
saban su p en sar sobre tem as actuales y sobre la m ism a
histo ria de sus días. Fue, m uy concretam ente, tanto
com o Esquilo, el c a n to r de las G uerras M édicas. Y des­
em peñó este papel con un p u n to de vista m ás panhelé-
nico y m enos ateniense que el prim ero.
Sim ónides debió de re sid ir en Atenas m ucho tiem ­
po d u ran te estos años decisivos de las G uerras Médi­
cas v los siguientes, es decir, en tre 490 y el 476, en que
va con 80 años, se traslad ó a Sicilia, donde m urió en
248 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

468. A parte de anécdotas relativas a su relación con


Tem ístocles, hay o tras sobre sus ataques co n tra Timo-
creonte (el p o eta rodio enem igo de Tem ístocles), su riva­
lidad con Laso de H erm ione, su supuesto m agisterio
sobre P índaro. E n estos años, de o tra p arte , se colocan
una serie de epinicios (p o r ejem plo, aquel que m encio­
na la d erro ta de Crío de Egina, PMG 507, o el que cele­
b ra a Astilo de C rotona, PMG 506) y m uchos otros
poem as: Sim ónides fue, a todas luces, m uy conocido y
apreciado en Atenas. Pero, com o H eródoto, su p u n to de
vista es internacional, griego, m ás am plio que el p u ra ­
m ente ateniense.
Acabó, finalm ente, p o r sucum bir a la seducción de
S iracusa, igual que Esquilo, que P índaro y que o tro s
poetas y escritores. En la corte de H ierón convivió con
P índaro y con su p ropio sobrino B aquílides, el otro
p oeta de Ceos. Los escritores antiguos cuentan histo ­
rias com o la de que Sim ónides ayudó a h acer la paz
en tre H ierón y su p arien te Terón, el tiran o de Acra-
gante; o la de la rivalidad en tre los dos poetas de
Ceos, tío y sobrino, y P índaro, que les contem plaba
con cierto desprecio. Algún fragm ento del propio Si­
m ónides p arece referirse a esta rivalidad con u n poeta
m ucho m ás joven (PMG 602). El fr. PMG 580 testim onia
una relación de am istad personal con el rey. Final­
m ente, sabem os p o r Calimaco que la tu m b a de Sim ó­
nides estab a en la ciudad siciliana de Acragante.
Las alusiones de P índaro en fren tan su propio saber
«no aprendido», propio del noble, con el saber de Sim ó­
nides y B aquílides, hijo de trab ajo s y aprendizaje. En
realidad, ya hem os dicho que Sim ónides era de fam i­
lia noble; su sab er era, ciertam ente, de origen tra d i­
cional. Todo aquello que en fragm entos procedentes
seguram ente de los trenos dice sobre la debilidad del
hom bre y de su destino, sobre el p o d er del dios, es
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 249

saber tradicional. Pero es claro que Sim ónides reela-


bora d o ctrin as tradicionales, así el tem a de la v irtu d o
areté, sobre el cual polem iza im plícita o abiertam ente
con Hesíodo y Pitaco. Toda su o b ra está rep leta de
m áxim as que b uscan u n a im agen nueva, m ás m oderna
del hom bre: aquella que se co n ten ta con u n a v irtud
basada en no com eter voluntariam ente cosas deshon­
rosas, que tra ta de sen tar objetivos asequibles al hom ­
bre com ún, que rom pe el dom inio de los valores h ere­
dados. P or o tra p arte , Sim ónides hum aniza todo lo que
toca. El tem a de Dánae y Perseo, en el PMG 543, se
tran sfo rm a en sus m anos en el tem a etern o de la m a­
dre y el hijo, de la inocencia, de la b ú squeda del p er­
dón y la rebeldía co n tra el antiguo rig o r inhum ano.
Sim ónides p asa p o r el inv en to r de la m nem otecnia
o arte de la m em oria, p asa por sabio y tam bién por
hom bre de sus días, que buscaba con su a rte vivir
bien, próxim o a los poderosos. Una serie de anécdotas,
no sabem os si v erd ad eras o falsas, lo describen como
deseoso de lucro, com o aficionado al dinero. E vidente­
m ente, Sim ónides in augura u n tipo de hom bre libre y
cosm opolita, m uy seguro de sí m ism o y de sus m éritos,
innovador y alejado de la antigua austeridad. Una se­
rie de artistas, de m édicos viajeros, de sofistas y filó­
sofos m ás tard e, pertenecen al m ismo.

2. Obras. — E sto se refleja tam bién en las obras


de n u estro poeta. Descienden en él en im p o rtan cia los
him nos que, con diversas denom inaciones, ocupan la
m ayor p a rte de la producción de los líricos anteriores,
con la excepción de E stesícoro: sólo son im portantes,
parece, los peanes, m ien tras que apenas si se m encionan
dos ditiram b o s (de tem a m ítico, p o r lo dem ás). En
cam bio, cob ran im p o rtancia en su obra los poem as que
celebran no a dioses, sino a hom bres; a saber, los epi­
nicios y trenos, que en sus m anos alcanzan u n a cate­
250 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

goría a rtística que antes no tenían. Pero no sólo esto;


Sim ónides escribió escolios y encom ios p a ra sus hués­
pedes, poem as que llam aríam os de ocasión com o los
relativos a las b atallas de A rtcm ision y Salam ina, otro
seguram ente tam bién de circunstancias llam ado Ka-
teukhaí «Im precaciones». Y los epigram as, la m ayor
parte com o hem os dicho de carác te r fu n erario y evi­
dentem ente ligados a sucesos contem poráneos; elegías
tam bién.
Sim ónides se pone pues al servicio, principalm ente,
de las fam ilias principescas y de las ciudades, cele­
brando sus triu n fo s deportivos o guerreros o llorando
sus m uertes; com entando tem as diversos en el b an ­
quete. C iertam ente, al lado están los peanes, cantados
por coros enviados p o r las ciudades a las grandes fies­
tas de Apolo, en Delfos y Délos.
Pero es fundam ental, insistim os, el desarrollo de
los géneros que hem os m encionado. Desde Sim ónides
el epinicio p resen ta los rasgos fundam entales del de
P índaro: celebración del triu n fa d o r y de su fam ilia y
ciudad, m ito ilustrativo, conclusión. E ran, parece,
m ás breves que los de Píndaro, de todos m odos, y su
p arte m ítica ten ía m enos relieve. No se abstenían de
m encionar y g astar b ro m as al vencido (PMG 507), ni
de exagerar los m érito s del vencedor (PMG 509), cosas
am bas ten id as p o r de m al gusto. Y tenían un tono m ás
alegre, de fiesta, que los de Píndaro. El epinicio es,
para Sim ónides, an tes que nada una canción de fiesta.
Aunque no olvida señ alar al vencedor los lím ites de lo
hum ano, de ilu strarle con la sabiduría del poeta.
De todos m odos, parece claro que los epinicios de
Sim ónides fu ero n superados p o r los de P índaro. No
ocurrió así con los trenos, género en el cual Sim ónides
perm aneció siem pre com o el m aestro indiscutible. Su
tono de hum anidad, de sensibilidad, nos habla d irecta­
m ente desde pequeños y m utilados fragm entos. Lásti-
L ÍR IC A .M I X T A Y CORAL A R C A IC A 251

m a que no podam os llegar a ca p ta r la totalidad de nin­


guno de estos poem as. Y que no sepam os si algunas
largas reflexiones proceden realm ente de un tren o o de
otro tipo de poem a: así las ya m encionadas de PMG
542. Reflexiones de este tipo, procedan o no de trenos,
son u n a característica m uy destacada de Sim ónides
dentro de los poetas corales.
Menos clara es aún la idea que podem os hacernos
de los dem ás géneros, con excepción, claro está, de los
epigram as, que alian un vigor y un sentim iento nunca
alcanzados después y que no tienen cabida en este
volumen.
I,a verdad es que no ten em os una ed ición de Sim ón id es
digna de este nom bre y que, hoy p or hoy, es difícil o im p osib le
realizarla. T am poco con ocem os exactam en te la edición alejan­
drina que tendríam os que reconstruir. Aunque sí sab em os que
los ep in icios eran clasificados según las pruebas (y no según
los san tuarios, com o en el caso de Píndaro); que h ab ía luego
tren os, las d os «batallas», las «im precaciones», elegías y ep i­
gram as.
En una gran m edida, com o ya hem os dicho, resulta im p o si­
ble decid ir de qué clase de p oem as derivan n u estros fragm en­
tos, entre e llo s algun os de lo s m ás im p ortan tes, com o el rela­
tivo a la excelencia o virtu d del hom bre (PMG 542) y el del
m ito de D ánae y P erseo ( PMG 543). Las m áxim as y reflexiones,
así com o alu sion es m íticas, pu ed en venir in d istin ta m en te de
cualquier tipo de poem as, aunque algunos fragm entos sea m ás
verosím il que vengan de trenos, por ejem p lo. Por otra parte,
¿qué p ensar de tan tos fragm en tos donde se toca e l tem a de
M edea y los A rgonautas, por ejem p lo? ¿H ay que p en sar en un
poem a a la m anera de lo s de E stesícoro? Y las m ism as dudas
pueden p resen tarse sob re fragm en tos d iversos, por ejem p lo, los
relativos a O rfeo, a M eleagro, A rquém oro, etc. P ueden ser sim ­
ples ilu stracion es m íticas de ep in icios o peanes, pu ed en venir
de poem as ind ep en dien tes.
N o h acem os in ten to algun o de estab lecer un a edición, com o
en el caso de E stesíco ro , por falta de una b ase sólida. Pero
252 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

convien e d ecir algunas cosas sobre esa edición caótica qu e es


la de Pace, seguida por n osotros, para que el lector pueda
ob ten er las co n secu en cias oportun as. De an tem an o advertim os
que, com o de costu m b re, d ejam os fuera los fragm en tos no lite­
rales. Y que a veces in ten tam os, en las n otas, avanzar ten ta ti­
vam ente sob re el co n ten id o o género lírico de algunos frag­
m entos.
Los frs. del PMG 5 0 6 al 5 1 8 proceden de lo s epinicios: son
de tradición indirecta. Van segu id os de un fr., el PMG 519,
su bd ividid o en m uchos, que con tien e los r esto s del P.Oxy. 2430
y que titu lam os, siguiend o a Page, «F ragm entos de p ean es y
epinicios». N o se hace in ten to alguno para ordenar esta acu­
m ulación ca ó tica de fragm entos que, según el prim er ed itor
Lobel, perten ecen al m enos a cin co poem as d iferen tes y cuya
atribución a S im ón id es es pu ram ente conjetu ral. El principa]
argum ento es que no aparecen citas de P índaro ni B aqu ílides.
A pesar de su aparente insignificancia, los fragm entos m en os
m iserables de entre e sto s m erecen ser trad u cid os porqu e dan
una idea de los tem as y el arte de n u estro poeta, si d e él
proceden.
Luego, del PMG 520 al 531 son fragm en tos de los tren os,
aunque resp ecto al PMG 531, sob re los m u ertos de las Term ó-
pilas, se du da si es un tren o o un a celeb ración p osterior, un
encom io. Y aunque fuera de aquí hay fragm en tos que sin duda
son fren éticos, com o o tro s son de epinicios y peanes. El hech o
de que este m aterial sea m ínim o, esté d isp erso y con frecu en ­
cia n o sea seguro su origen fren ético, nos im p id e con ocer com o
desearíam os lo s tren os de S im ón id es, que son el género que
m ás fam a le dio en la antigüedad. Los fragm en tos reu nidos
en esta sección se refieren a generalidades m orales sob re la
debilidad del hom b re, el pod er de la m uerte, la gloria que
con stitu ye la are tá o excelencia hum ana. T em as no originales
ciertam en te, pero que S im ón id es trata con vigor y concisión :
es a través de él, a lo que p od em os juzgar, p or donde pasan
de la antigua lírica m on ód ica (A rquíloco, Tirteo, etc.) a P in­
daro y a lo s trágicos.
H ay m ín im o s fragm en tos (PMG 532-540) de las «Batallas»,
«Im precaciones», «D itiram bos» y «M ixtos» (sin duda un libro
en que el ed ito r alejan drin o incluyó aquello que no hallaba ca­
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 253

bida en ningún lugar). Y sigue la gran m asa, de PMG 541 al


final de la num eración, de los fragm en tos «de lugar incierto».
S o n de tradición ind irecta, salvo el prim ero, el PMG 541, frag­
m ento pap iráceo (P.Oxy. 2432) que sólo por la p roxim id ad del
contenido a PMG 542 se atribuye a Sim ónid es.
D entro de esta gran m asa de fragm en tos en con tram os de
todo. Un grupo im portante es el de los fragm en tos que tocan,
una vez m ás, el tem a de la aretá, la excelencia o virtu d hu­
mana: el PMG 542, ya aludido, que critica la sen ten cia de Pi­
taco; el PMG 541, fragm ento pap iráceo de co n ten id o próxim o
c o m o acabam os de decir; el P M G 579, sob re el esfu erzo que
exige la con q u ista de la aretá, con referencia a H esíod o; el
PMG 642, definición de la ju sticia; etc. La ju stic ia es dar a
cada uno lo suyo; la virtu d exige esfu erzo y es algo relativo,
pero da a la larga gloria que su pera las críticas de los en vi­
diosos. Un fragm en to co m o el PMG 581, crítica de C leobulo
que in siste en el dom in io del d ios sobre tod o lo hu m ano, y
m áxim as sob re el pod er de la apariencia (PMG 598), la im p o si­
bilidad de desh acer lo ya su ced id o (PMG 603), la sab id uría del
tiem po (PMG 645), la duración de la gloria (PMG 594), etc.,
pertenecen a e ste con texto. P ero rio p od em os decid ir en qué
m edida e sto s fragm en tos vienen de la c on solación y la refle­
xión sob re la vida hum ana propia del tren o o bien de ep in icios
o de esco lio s. E sta ú ltim a h ip ó te sis parece la m ás verosím il
para los fragm en tos en que se d iscu ten m áxim as u op in ion es
(de H esíod o, P itaco, C leobulo, etc.): e sta s referencias e in ter­
cam bios de op in ion es eran h ab itu ales en las can cion es de m esa.
Por otra parte, n ó tese que los frs. PMG 609 sigs. se adscriben
a elegías o epigram as en la ed. de Page, aunque en la m ayoría
de los ca so s e sto no e s dem ostrable; que PMG 608 e s clara­
m ente de un treno; que de PMG 640 sigs. se n os d ice que es
incierto si proced e de lo s ap otegm as (lo cual n o e s d ecir nada,
pues estas m áxim as en definitiva vien en de la lírica del poeta).
O tro grupo im portante e s el de lo s fragm en tos m ítico s, a
la cabeza de los cuales e stá el de D ánae y P erseo, el PMG 543,
que se ha referido a un tren o p ero que e s m ás p robab lem ente
un fragm ento de esco lio o in clu so de ep in icio. E ste fragm ento
nos m uestra u n a co n tin u ación del arte dram ático de un E ste ­
sícoro y un an ticip o del teatro a sí com o del arte pin dárico de
254 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

la pintura de escen as vivam en te ilu m in adas. S ea del poem a


que sea, el fragm en to rep resen ta a todas lu ces el cen tro del
m ism o. E n cam b io, la larga serie de fragm entos sob re e l tem a
de M edea y o tro s de la leyend a de los A rgonautas, in clu id o el
de Ü ríeo, p u ed en venir üe un largo poem a narrativo: pero
e^to no es m ás que una h ip ó tesis.
S on m uy esca so s lo s fragm en tos que p o d em o s referir a
com ien zos de p oem as (salvo algunas excep cion es de lo s pri­
m eros fragm en tos co m o PMG 511, 512 y 515 y de p éanes y ep i­
n icios de P.Oxy. 2430 y lo s pap iros de atrib u ción du dosa de que
aún h em os d e hablar). Por ej., frs. com o el PMG 597 y el PMG
606, alu sivos a la fiesta de la golondrina, p u ed en com pararse
con el com ien zo de un p oem a bien co n o cid o de E stesícoro.
A lusion es p erson ales al p rop io p oeta, com o la de PMG 602,
pu ed en venir tam b ién del «sello» de un proem io; y parecen
propias del p roem io referencias a ciu dad es, co m o las qu e se
hacen a L aced em on ia en PMG 616 y 617, al tiem p o de la cele­
bración (PMG 586), a las d on cellas del coro (PMG 584), etc.
Pero tod o e llo es m era con jetu ra sobre fragm en tos m uy d is­
persos.
Cerram os n u estra edición con la traducción de algu n os frs.
de P.Oxy. 2623 y 2624, in clu id os entre lo s a á é s p o t a del S u p p l e ­
m e n tu m L yric is de Page y que el prim er ed ito r Lobel p iensa
que hay alguna probab ilidad de que perten ezcan a Sim ónid es.
Se trata de lírica coral en la lengua sem idórica convencion al
del género y en la cu al no se encuentran co in cid en cias con
Píndaro y B aq u ílid es, que con ocem os en m ed id a m ás am plia
que S im ón id es. S on fragm entos m uy m ezclad os, que con tien en
sob re tod o tem as de ep in icio, referencias a E sp arta y otros
lugares, in vocacion es a d ioses (P alas, A tenea, Pan), m áxim as;
hay algun os q u e parecen proced er de p ean es (referen cias a
A polo y A rtem is, D elfos, D élos); y otros de tem a m arin o, que
p od ríam os ten tativam en te atrib uir a las «batallas». N i fa lta el
m ito, por ejem p lo el de H eracles; no hay en cam bio, parece,
p asajes tren éticos.
E sto s p ap iros, com o el 2430 antes m encion ado, dan la im pre­
sión de con ten er an tologías de poem as m ás bien breves, de
tem a variado. P erm iten asom arnos, aunque sea a través de
un esp ejo roto, al m un do tan vario de Sim ónid es.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 255

3. Conclusión. — Sim ónides vive en una época de


transición, en la que tra ta de llevar los antiguos valo­
res a la nueva sociedad que se va form ando b ajo regí­
m enes ya tiránicos, ya aristocráticos, ya dem ocráticos.
Amante del lujo y el dinero, viajero y cosm opolita,
pero h ered ero al tiem po de u n a tradición aristo crática
y una tradición poética, tra ta de a d o p tar lo viejo a lo
nuevo.
Sobresale en los géneros del epigram a, el epinicio
y el treno, así com o en los escolios o canciones de m esa.
Es ésta u na poesía que p erm ite a Sim ónides h ab lar
directam ente a sus huéspedes y patronos, a las ciuda­
des que c o n tra tan sus servicios en u n a ocasión m uy
especial. Ju n to a esto, el peán y otros géneros hím ni-
cos, tradicionales y rígidos, decrecen en im portancia.
P or lo que podem os ver, Sim ónides m antiene el poe­
m a triádico, p ero de co rta extensión. E xtiende en él,
sin em bargo, la p a rte discursiva, sin duda p o r influjo
de la m onodia; y dism inuye, pensam os, la extensión
del m ito en relación con u n Estesícoro. En realidad,
en todo esto se an ticipa a P índaro, aunque en ocasio­
nes p a ra ello haya de re tro c e d e r m ás allá de E stesí­
coro, h asta Alemán. Pero el énfasis en lo personal y
reflexivo y el cultivo de los géneros dirigidos «a los
hom bres» m ás que de la hím nica, es una innovación
que hay que atrib u irle.
Ahora bien, Sim ónides es m ás «m oderno» que Pín­
daro, aunque sea m ás viejo. P or m ás que m antenga, en
lo esencial, la vieja religión y m oralidad délficas de
la m oderación y la m edida, a p a rtir de ello deduce
consecuencias nuevas. Sin re n u n ciar a la antigua po­
sición según la cual la «virtud» h a de trad u c irse en
hechos, tiende ya a colocarla en el in te rio r del indi­
viduo. No es clasista y busca u n ideal de hum anidad
que es m edio y es general. Abre el cam ino, in d irecta­
m ente, a la dem ocracia política, al ideal del tra b a jo y
256 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

del esfuerzo. Llega a h acer la crítica del poderío abso­


luto del dios: Dánae suplicando a Zeus es, en cierto
m odo, u n an teced en te de heroínas com o lo, víctim a
de Zeus, o C asandra, víctim a de Apolo, vistas con sim ­
p atía p o r los trágicos.
Sim ónides ab re el siglo v, con todo lo que ello
significa: hay un enlace m ás directo e n tre él y la lite­
ra tu ra de este siglo que el que hay e n tre Píndaro, m ás
arcaizante, y la m ism a. L ástim a que lo conozcam os tan
m al. P ara los antiguos era un poeta verdaderam ente
im p o rtan te, y era un sabio no sólo en el sentido trad i­
cional, sino tam bién en el de in telectual a la nueva
m an era del siglo v.
En su tip o hum ano, en su vida, Sim ónides se anti­
cipó efectivam ente a los sofistas y filósofos que reco­
rría n Grecia, desarraigados de sus ciudades, y espe­
culaban so b re lo h um ano y lo divino. N aturalm ente,
Sim ónides, aunque sólo sea p o r los géneros que cul­
tivaba, estab a m ás enlazado a la trad ició n religiosa
de Grecia. P ero se volcaba ya hacia lo p u ra m e n te hu­
m ano, hacia la b ú sq u eda de unos valores en p a rte tra ­
dicionales, en p a rte nuevos. P rescindía de la p u ra tra ­
dición o de la p u ra especulación teológica a la m an era
de u n E squilo. Inauguró, de o tra p a rte , esa síntesis
en tre lo griego y lo ateniense, entre la trad ició n y la
novedad, que fue ca racterística del m ovim iento de la
Ilu stració n griega, del que es predecesor. Y fue, al
tiem po, u n v erd ad ero poeta. Su a rte de la com posición
sólo podem os adivinarlo. Pero conocem os su d ra m a tis­
mo, la viveza de sus im ágenes, la concisión de sus m á­
xim as, su a rte del epíteto justo. No fue sólo un in te­
lectual, u n sabio de corte ya m oderno: fue a la vez
un p oeta trad icio n al a través del cual el a rte m usical
y verbal de la an tigua lírica coral llegó a u n P índaro
V un E squilo.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 257

FRAGMENTOS

1. E p in ic io s 1

1 (PMG 506) A Astilo de Crotona o de Siracusa.


¿Q uién de los de ah o ra se h a ceñido ta n ta s veces la
cabeza o con hojas de m irto o con coronas de r o s a s 2
tras triu n fa r en las com peticiones de las ciudades
vecinas?
2 (PMG 507) Se hizo esquilar el c a rn e ro 3 en form a
excelente, llegado al bien arbolado, espléndido recinto
sagrado de Zeus.
3 (PMG 508) ...com o cuando en el m es invernal
crea Zeus catorce días —tiem po sin viento los llam an los
m ortales, tiem po sagrado de la cría del pintado
a lc ió n 4.

1 V éase la In trod u cción a S im ón id es, sob re la organización


de los ep in icios del poeta en la ed ición alejandrina. D e entre
los fragm entos de PMG 506 a 517, el 506 se refiere a u n corredor,
el 507 a un p u gilista, e l 508 a un venced or en e l p en tatlo, el
509 (y el 510, aquí su prim id o por n o ser literal), a u n boxeador,
el 511 a un venced or en carreras d e cab allos, e l 512 (y e l 513,
su prim ido por igual razón) a u n venced or en las carreras de
cuadrigas, el 514 a un venced or e n é sta s o en las de carros
tirados por m uías, el 515, 516 y 517 (y 518, su p rim id o), a triu n­
fadores en esta s ú ltim as carreras. E n los fragm en tos pap irá­
ceos y o tro s a partir de 519 se encontrarán r esto s de o tro s
ep in icios de diversos tip os.
2 Se trata de fo lla je y flores que el p ú b lico arrojaba a los
vencedores, n o de las coron as oficiales.
3 C histe basad o en el nom b re del atleta Crío («el C am e­
ro»), u n egin eta m en cion ad o p or H eródoto que fu e en viad o a
Atenas com o rehén p or el rey C leóm enes de E sp arta. Era,
evid en tem ente, bien con ocid o de la época.
4 D urante la cría de e ste p ájaro m ítico el m ar, en pleno
invierno, se m antenía en calm a, según se contaba.
258 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

4 (PMG 509) A Glauco de Carist o5.


Ni el fu e rte Pólux lanzaría sus puños co n tra él, ni
el férreo hijo de Alcmena.
5 (PMG 511) A los hijos de E a c i o b.
fr. 1 (a) ...de Crono el hijo glorioso... la fam ilia de
Eacio... y cl de la lira de oro, Apolo el flechador, la
hacen ilu stre, así com o la espléndida Delfos y las ca­
rre ra s de caballos (?)... el golfo... rey poderoso decla­
ra ro n a (?)irid as los oráculos de los A nfictiones7.
(b ) Sea al m ism o tiem po (?) con felicidad de los
tesalios y p a ra todo el pueblo...
fr. 4 ...q u e n u tre a m uchos... a C rono... hizo un
sacrificio g ra to al dios...
6 (PMG 512) Bebe, bebe p o r el triunfo.
7 (PMG 514) Al auriga Orilas.
...b u scan d o un p u lp o 8.
8 (PMG 515) A Anaxilao de Region.
Os saludo, h ijas de las yeguas de pies veloces com o el
el viento 9.

5 F am oso b oxeador de Caristo, en E ub ea. Los e lo g io s que


le dedicó S im ó n id es parecieron irresp etu osos a los an tigu os,
pues le co n sid era su perior a P ólux y a H eracles.
6 E pin icio en hon or de los h ijo s de un person aje tesalio.
7 Es decir, el orácu lo de D elfos, donde hab ía ten id o lugar
la victoria.
8 A p ro p ó sito de la victoria de Orilas en Pelena (en Acaya,
al N . del P elop on eso), p or la cual recibió com o p rem io una
clám ide, S im ó n id es contaba la fábula del pulpo: el pescador,
al ver el p u lp o, se decía a sí m ism o: «Si no m e ech o a nadar,
m ueren de ham bre m is hijos; y si m e ech o, m e hielo».
9 Cuenta A r i s t ó t e l e s , Rhet. III 2, que S im ón id es se negaba
a cantar a A naxilao, venced or en la carrera de carros tirad os
por m uías, p retextan d o lo p oco nob le de e s te anim al. Cuando
se le ofreció m ás dinero, venció su s escrú p u los, llam an do a
las m uías «hijas de las yeguas».
L IR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 259

9 (PMG 516) Ju n to a la ru e d a el polvo se levantó


hacia arrib a.
10 (PMG 517) ...p ara que no suelte de su m ano el
rojo látigo.

2. F ragm entos de E p in ic io s y P e a n e s 10

11 (PMG 519) fr. 1 (col. II ) alegre como... ese tu


herm oso... de flores... y a ti el... que m ezcla su son...
y los valles de Pisa... n.
fr. 4 (col. II) ...feliz... re s o n a n te 12... venció... visi­
ble a los lejos... en la h ierb a... d o rm ir (?)... can taro n ...
fr. 5 ...las h ijas d e... vivían...
fr. 6 ...a la... y ser... pongan... de la felicidad...
fr. 7 ...divina... g la u c o 13... oro...
fr. 8 ...a la sagrada... adivino... de incienso... h u ­
yendo...
fr. 9 (col. II) Zeus... Febo... y de los santos altares...
raza...
fr. 12 ...d estru cto r...
fr. 18 ...co ro n a... esto o raste...
fr. 22 ...a H erm otim o (?)... de las M usas... del
Peneo... I4.
fr. 23 ...de Apolo (?)...

10 Sob re los fragm en tos de e ste papiro, véase In trod ucción.


n P arece fr. de un ep in icio en hon or de un venced or olím ­
pico (aunque el ep íteto «que m ezcla el son» só lo lo con ocía­
m os referido al ditiram bo, en E s q u i l o , fr. 355).
12 E ste e p íteto era h asta aquí con ocid o só lo com o referido
a P osid ón ( H e s ., Theog. 4 5 6 , 9 3 0 ) , P uede tratarse de u n a v ic­
toria en los Juegos ístm ic o s.
» Tal vez se trate de Glauco, el fam oso b oxeador de PMG
509.
14 R ío de Tesalia; seguram en te se trata de u n ep in icio o
tren o en hon or de un tesalío.
260 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

fr. 27 ...d e en tre los varones...


fr. 32 15 ...de los fuertes carios... en to rn o a la co­
rrie n te 16 un bello colocaron... a los prados; pues ya
los augustos dolores de p arto l a 17 oprim ían, g ritó...
de su... inm o rtal. Lanzó: «Óyeme (?)...».
fr. 35 (a-d) ...b ajo el Parnés sagrado... oh Apolo...
po r la m u erte ... de A tenas... allí con m en te benévola...
no tiene térm in o la prim avera; por causa de... el tra ­
bajo so p o rtam o s... a Á rtem is que re co rre las m onta­
ñas... la virgen; y a ti, señor flechador... elevando 18 con
dulces... n u e stra voz reverente, salida de n u e stra m en­
te concorde...
A los de Andros, para Delfos

Es piadoso p a ra m i ca n ta r en torno a...


(/) ...de los a te n ie n s e s ...19.
fr. 37 ...en los repliegues m ontañosos, corriendo
en tre los m ontes (?)...
fr. 40 ...te n ía m iedo... se llenó de te rro r...
fr. 41 ...de A rtem is... y el arco de Febo (?), el Señor,
de u n clavo en la m ansión de Zeus in m o rta l20 (?), ese
orn am en to de la doncella (?)...

15 E ste fragm en to y el 35 debían de esta r p róxim os e n el


rollo. Son p ean es, el prim ero quizá para los carios (o para dos
p erson ajes S trato y Aga q u e parecen figurar en el título),
el segu n d o para los aten ien ses.
16 Dado que se habla de Caria, en Asia M enor, debe de ser
la corriente del río M eandro.
17 Es el tem a de Leto dan do a luz a Apolo.
is M asculino: el peán lo cantaba siem pre un coro m ascu ­
lino. Com o d ecim os, debió de ser ateniense: se m en cion a el
m on te P arnés y ju n to al nom b re de Apolo se cita el de A tenea.
19 Parece u n títu lo, pero no es seguro. E n tod o caso, nada
queda, com o queda só lo p oq u ísim o (el verso in icial) del peán
escrito para los de Andros.
20 Apolo d escu elga su lira, en el palacio de Zeus, para to ­
carla y se m en cion a tam b ién a Á rtem is y su arco: es, otra
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 261

fr. 44 ...v u estro (?)... triu n fa r... floreciente... al va­


rón (?)·■■ con dulce...
fr. 51 ...delicado... con rápidos (caballos)...
fr. 52 ...can ta (?)... incansable... de rocío... al jefe...
r e c i b i ó el vecino (?).
fr. 55 21 ...los valles m ontañosos del Licio... el hijo
más herm oso; «ié» (?) orad (?), hijas de los delios, con
(voz) reverente; pues en esta... es ju sto ... que yo del
que el m a r hiere... venga; S eñora... de ojos glaucos
(?)... cantando la v en tu ra... llevaban...
fr. 56 ...de las cañas (?)...
fr. 60 ...de su hú m eda m o rad a (?)... de b rillan te
cetro... yendo a . . . 22.
fr. 61 ...lejos de la lanza... p e á n 23... a Apolo...
fr. 62 ...am igos... el ejército de los héroes... que
dan Ja.s órdenes... a cl... a Atenea...
fr. 70 ...a Délos...
fr. 73 (h) ...del continente (?)... el paso... obedientes
ellas...
(c) ...de los sacrificios (?)... el m ás feliz... padre
(?)...
fr. 77 ...a los (?) E arítid as... de coronas... b lan­
cas... sobre todos... deseable (?)... que b ro ta con n u ­
m erosas (flores?) y lleva las del país (?)... (?) ...ho jas...
de Posidón se acercó... del que dom ina la t i e r r a ...24.

vez, un peán; al m encion arse a am b os herm anos, d estin ad o a


D élos.
21 Otro peán, en el que se m encion a, ju n to a Apoío (el
L icio), seguram en te a P osid ón («el que el m ar hiere») y Ate­
nea («de o jo s glaucos»),
22 Seguram ente hay referencia a P osidón. P osib lem en te, de
un ep in icio para los Juegos ístm ic o s.
23 Otro peán.
24 Se cuenta un m ito de P osidón. Igual observación que
arriba.
262 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

fr. 78 (col. I) ...p eán... en bellas... con him nos:


¡ieie! 25.
fr. 79 26 (a-d) ...de los m ortales... h a recibido en
su erte... com o algo decidido p o r el destino, lo últim o
en verdad; cosa sin daño p o r p arte de los dioses...
viva feliz en el suelo... com pletam ente... echando... de
m uchos h o m b res (?) (la envidia?) oran (los vencedo­
res) que fluya lejos; y hágase dueño de la gloria, su­
biendo al ca rro de la victoria (?) de nom bre de favo­
rable augurio: sólo a u n hom bre otorga la diosa su b ir
a su gran ca rro ... la M usa (?)...
fr. 80 ...q u e h an traíd o (?)... a todas (?); pues aho­
ra ... de co ro n as... llegará a ser un hom bre...
fr. 83 ...al gallo (?)...
fr. 84 ...A Crom io (?)... a la in m o rtal... u n hom bre...
cante, el q u e... la de bella cabellera... v u estra (?)... y
del de áureos c a b e llo s27... bebiendo... agua; pero el...
a ti yo...
fr. 86 ...yo can tab a... el agua del Iliso (?)... 28.
fr. 92 A Or rí qui das 29 (?)...
...d iera la vuelta... hace poco com pletando el esta­
dio... a la que se cuida... de la felicidad que llega; a
éste yo (?)... regocijado en tre mis brazos, com o hace

25 O tro fragm en to de peán, con el grito ritual.


26 F ragm ento, sin duda ninguna, de un ep in icio, que se re­
con stru ye b a sta n te b ien con ayuda de la trad ición ind irecta,
cf. el com en tario de L o bel , Ox. Pap. X X V , 1959, págs. 68 sig.
T oca los tem as de la gloria del vencedor y de la envidia de los
hom bres.
27 R eferencia, una vez m ás, a A rtem is y A polo (p eán para
D élos).
28 S i la recon stru cción e s acertada, ep in icio para un ate­
niense.
29 E pin icio segu ram en te en hon or de un aten ien se, a juz­
gar por la fo n ética del nom bre, venced or en el diau lo o doble
estadio.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 263

una m ad re con su hijo que le nació ya vieja, le re te n ­


go cuidándole... ni a él (?)...
fr. 93 ...lejos y no... de negras hojas...
fr. 94 ...al C rónida...
fr. 96 30 ...triu n fa d o r del estadio (?)... m im arle...
Zeus fundó un solo éter (?)... retrocede, no te acer­
ques a él... no en verdad (?) bañándose...
fr. 99 ...el estadio... (?)
fr. 119 ...que ha caído (?) al rayo... seguim os...
colina (?)...
fr. 120 (a) ...caballo... de otro (?)... (b) ...con un ca­
ballo de ca rre ras (?) a te n ie n s e 31... y a ti lanzarte... de
cónyuge del in m o rtal... celebrar...
fr. 124 ...(vino) p u ro (?)... en las m anos... h o n ra r...
fr. 13132 ...de pies cual el viento (?)... lugar de la
com petición... ju n to al Alfco: diría... el cu arto ... en
Olim pia y no...
fr. 143 ...de una joven (?) la edad...
fr. 148 ...de la ro c a s 33...
fr. 155 ...te expulsó...
fr. 156 ...bien conocido... de la v irtu d Apolo (?)...
fr. 157 ...de incienso... p a ra los pies el tiem po...
que trae felicidad...

3. T r e n o s 34

12 (PMG 520) De los hom bres pequeña es la fu er­


za, sin éxito son los propósitos y en una vida breve

30 Sim ón id es recom iend a a u n venced or tener m oderación,


no atraerse la envidia y la ira divina con una audacia excesiva.
Es el tem a pindárico de «no escalar el cielo de bronce». (Cf.
P ím , Pit. 10, 27.)
3¡ Es, quizá, un nom b re propio, el del vencedor.
32 E pinicio para un corredor, venced or en O lim pia.
33 E p íteto de P osid ón en T esalia (Cf. Pínd. Pit. 4, 138).
34 Sob re lo s tren os de S im ón id es, cf. In trod ucción.
264 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

tienen tra b a jo tra s trab ajo ; y la m uerte, de la que no


se puede h u ir, está suspendida sobre todos con igual­
dad: pues de ella igual p arte les toca a los altos y a
los bajos.
13 (PMG 521) Siendo hom bre, no asegures jam ás
lo que h a de ser; pues rápido, com o el de u n a m osca
de anchas alas, es el cam bio.
14 (PMG 522) Pues todas las cosas llegan a la sola
C a rib d is35, de doloroso acceso: las grandes v irtu d es y
la riqueza.
15 (PMG 523) Pues ni aquellos que antes existieron
y de los dioses, señores nuestros, nacieron hijos, los
héroes, a la vejez llegaron tra s poner térm ino a una
vida ni sin trab a jo s ni sin riesgos.
16 (PMG 524) La m u erte alcanza h asta al que huye
del com bate.
17 (PMG 525) F ácilm ente los dioses engañan a la
inteligencia de los hom bres.
18 (PMG 526) N inguno sin los dioses consiguió la
virtud: ni u n a ciudad, ni un m ortal. Dios es quien todo
lo conoce: n ad a hay falto de m al en tre los hom bres.
19 (PMG 527) No existe m al que no puedan los
ho m b res esp erar: en tiem po escaso todo lo pone boca
abajo el dios.
20 (PMG 528) Hay m uchos en la casa de A ntíoco36.

35 E s el m o n stru o que h acía naufragar a lo s b arcos en el


estrech o de M esina; por exten sión , abism o, e s decir, infierno.
3« P erson aje tesa lio celeb rad o en un tren o en que se ponía
el lam en to en b oca de su m adre D iseris. La frase se hizo pro­
verbial: a las casas de lo s ricos acude m ucha gente.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 265

21 (PMG 531) 37 De los que en las T erm opilas m u­


rieron, gloriosa es la fortuna, bello el destino, un altar
es su tum ba, en vez de lam entos hay recuerdos, el
duelo es un elogio: y este p resen te fu n erario ni el
m oho ni el tiem po, que lo consum e todo, lo b o rrará.
E ste m onum ento fu n erario de hom bres valientes ha
ganado u n a gloria de G recia que es suya ya; de ella
es tam bién Leónidas testigo, el rey de E sp arta que ha
dejado u n g ran orn am ento de valor y u n a fam a que
fluye eternam ente.
22 (PMG 533) La batalla de Artemision
...resonó del m ar... ahuyentan a los dioses de la
m u erte...
23 (PMG 538) Maldiciones.
Es preciso que a todas las alondras u n a cresta les
nazca.

37 Según B o w r a , G ree k L yric P oetry , cit., págs. 345 sigs.,


e ste p oem a en hon or de los m u ertos de las T erm op ilas habría
sid o cantado en E sp arta, ju n to a u n s e k ó s o recin to funerario
en hon or de los m ism os (lo s cu erp os estab an enterrados en
las T erm opilas); sería v ecin o al m on u m en to fun erario de Leó­
nidas, rey espartano m uerto en las T erm opilas. M ás frecu en te­
m en te (cf. W. J. H. F. K e g e l , S im ó n ides, G roninga, 1962, p á ­
ginas 28 sig s.) se p iensa q u e las referencias a don es fun erarios
y m on u m en to son figuradas: m ás que de u n tren o se trataría
de un en com io, co m o d ice D todoro, X I 11, 6. E s claro que los
tem as tren ético s han sid o con vertid os en otros de elogio.
38 La flota atenien se, m andada p or T em ístocles, logró una
victoria sob re la p ersa fren te al cabo A rtem ision, en Eubea,
en el año 480, antes de Salam ina. Se n os dice que el p oem a de
Sim ón id es era una elegía. S im ón id es con tab a có m o lo s ate­
n ien ses llam aron en su ayud a a B óreas, el vien to N orte, que
efectivam en te lle g ó p on ien d o en desorden a la flota persa.
B óreas había raptado a la p rin cesa aten ien se O ritia, h ija del
rey E recteo, de la que tu vo d o s h ijo s, Z etes y Calais. O tro
p oem a p aralelo, pero e ste un p r o s ó d io n o can to procesion al
cantado en las P anateneas, estab a d edicado a la b atalla de
S alam ina.
266 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

2 4 (PMG 541) 39. ...decide en tre lo bello y lo torpe;


y si... h ab la alguien, u n a boca sin p u erta s llevando en
derred o r (?), el hum o no triu n fa y el oro no se m an­
cha... a pocos concedió la v irtu d h asta lo ú ltim o (?),
porque se r excelente no es cosa fácil: pues o bien a
uno m al de su grado le hace violencia la codicia, con­
tra la que no puede Jucharse, o el poderoso aguijón de
Afrodita te je d o ra de engaños (y) las florecidas am bi­
ciones. (Y) si a lo largo de su vida no (es capaz) de un
puro cam ino re c o rre r... (que lo haga) en lo posible...
(un cam ino) to rcid o ... el ju sto ... recto... al que corre...
2 5 (PMG 542) 40 ...u n hom bre excelente llegar a ser,
cuadrado p o r sus m anos, sus pies, su inteligencia, ter­
m inado sin reproche, es difícil... y no m e re su lta de
sonido aco rd e aquello de Pitaco, aun dicho p o r un
sabio: dice que es difícil ser excelente. Sólo u n dios
podría te n e r ese privilegio, pero es im posible que no
sea caren te de excelencia un hom bre al que derribe
una desgracia sin rem edios; pues cuando tiene éxito, es
excelente cu a lq u ie r ho m bre y no lo es si no lo tiene.
[P ero son las m ás veces los m ejores aquellos que los

39 Sólo p o r su con ten id o, com parable al de 37, se atribuye


este fragm en to a S im ón id es.
40 E s e l fa m o so fragm en to transm itido p or el P rotág ora s
patón ico y qu e a tan tas in terp retacion es, a partir de la de
Platón, ha d ad o origen: cf. B o w r a , loe. cit., págs. 326 sigs.,
K e g e l , págs. 6 sigs., a sí com o nuestra In trod u cción , pági­
nas 246 y sig s. E n definitiva, la critica de la sen ten cia del dicta­
dor y «sabio» m itilen io P itaco lleva a distin gu ir en tre la exce­
len cia com o cualid ad de nacim ien to, estad o de h echo, y la
real excelen cia, que es prácticam en te inexisten te; y cen tra la
m oralidad e n el com p ortam ien to voluntario. Por prim era vez
entra aquí el vocab u lario de una m oralidad en cierto m odo
m oderna, cen trad a en torn o a lo b ello, lo h on roso, lo sano. El
fragm ento p ro ced e segu ram en te de un esc o lio o canción de
m esa.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 267

dioses a m a n 41.] P or ello yo jam ás, buscando aquello


que es im posible que llegue a ser, dirigiré el destino de
mi vida en busca de esa vana esperanza irrealizable:
un hom bre sin reproche, de entre cuantos hacem os
nuestro el fru to de la tie rra anchurosa. ¡Ya os daré
noticia si lo encuentro! P or m i p arte, elogio y am o a
todos, siem pre que de su grado no hagan nada des­
honroso, pues co n tra la necesidad no luchan ni los
dioses... [No soy am igo de reproches pues m e b asta
si uno no es m alvado] ni dem asiado inhábil y es cono­
cedor de la ju stic ia que hace bien a la ciudad: a éste
no he de censurarle; pues de los necios la raza es in ­
finita. Es bello todo aquello con lo que lo feo no está
mezclado.
26 (PMG 543) 42 ...en el arca tra b a ja d a con a rte el
viento que soplaba y el agitado m ar, la (?) sacudían;
y con m ejillas no sin hum edecer ceñía en torno a Perseo
su m ano m atern al y dijo: « ¡Hijo, qué sufrim iento ten­
go! ; y tú duerm es en tan to y con tu ser de niño que
m am a aún sigues dorm ido en este leño inhóspito de
broncíneos clavos, b rillan te d en tro de la noche — ten ­
dido tú en esta negra oscuridad; y no te cuidas de la
espum a p ro fu n d a sobre tu pelo de la ola que pasa, ni
del so n ar del viento, recostado con tu ro p a de p ú rp u ra,

41 Los d o s pasajes en tre parén tesis cuadrados vienen de!


com en tario platón ico, aunque pu ed en recoger co sa s de S im ó­
nides.
42 Ign oram os de qué p oem a proced e este largo p asaje m íti­
co sob re D ánae y Perseo. Dánae había sid o m etid a en un arca,
ju n to con su h ijo ilegítim o P erseo, hab ido de Zeus, p or su
padre A crisio, que arrojó el arca al m ar. S im ón id es estab lece
un con traste entre la placidez del su eñ o del niñ o y la agitación
de los elem en tos; D ánae pid e piedad a Zeus, padre del niño.
Según el m ito, el arca llegaba a una playa y am bos se salvaban,
casán d ose D ánae con el rey del país (tem a de L os echadores
d e redes, de E sq uilo).
268 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

bello ro stro . Pero si p a ra ti fuera terrib le lo que es


terrible, tu o re ja delicada aplicarías a m is palabras.
Yo te lo pido, duerm e, niño, y duerm a el m a r y du erm a
la desgracia sin m edida; y venga u n cam bio, p ad re
Zeus, de ti. Y la p alab ra que o dem asiado audaz o
fuera de ju stic ia yo pronuncio, perdónam e p o r ella.
27 (PMG 544) Piel de cabra.
28 (PMG 545) R einó en Lequeo...
29 (PMG 546) Las que se ju n tan ...
3 0 (PMG 550)43 (a) ...u n a vela p u rp ú rea, teñida con
la húm eda flor de la encina en su pleno vigor...
(b ) Fereclo A m arsíada.
31 (PMG 551) Más te h ab ría ayudado p a ra tu vida
llegando an tes M.
3 2 (PMG 553) L loraron (p o r A rquém oro) que exha­
laba, niño aún de pecho (hijo de E urídica) coronada
de violetas, su dulce a lm a 45.

43 Tem a de E geo y T eseo. É ste retorna a A tenas, tras ha­


ber salvado del M inotauro a los 14 aten ien ses que se le en v ia ­
ban com o trib u to, p ero su padre E geo, rey de la ciudad, e n tien ­
d e m al la señ al convenida y se suicida, con lo que T eseo
a ccede al trono: es la leyend a que se celebraba en la fiesta de
las O scoforias de A tenas. La señal del feliz regreso era según
algun os una vela blanca; según Sim ónid es, u n a vela roja, que
e vid en tem en te fu e con fu n d id a con la negra, señal de desgracia.
F ereclo era el p ilo to de T eseo. Lo que no se ve claro e s lo
relativo a có m o fu e teñ id a la vela (¿con agallas de roble?).
44 Palabras del m en sajero enviado por T eseo a E geo, que
llega tarde, cuand o ya el prim ero se había su icidad o.
45 A rquém oro, el niñ o h ijo del rey de N em ea, m uere v íc­
tim a de u n a serp ien te cuand o le d ep osita en tierra, co n tra ­
vin ien d o u n orácu lo, la esclava H ip sípila, que ind ica el cam in o
a la exp ed ición de los S iete contra Tebas. E n su h on or s e fu n ­
daron los Ju egos Ñ em eos. D e una od a en h o n o r de un ven ­
cedor en e sto s Juegos debe de proced er el pasaje.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 269

33 (PMG 555) ...le da el triu n fo H erm es, dios de


los Juegos, hijo de Maya ninfa de la m ontaña de cur­
vadas p estañas: de en tre sus siete h ijas de pelo de
violeta, engendró A tlante a ésta, la m ás bella de esas
que llam an las Pléyades del c ie lo 46.
34 (PMG 559) ...tam b ién tú, m ad re de veinte hi­
jas, ten p ie d a d 47.
35 (PMG 560) ...descendencia de E la r a ...48.
36 (PMG 564) ...q ue con la lanza venció a todos
los jóvenes, d isp arán d o la h a sta la o tra orilla del Anau­
ro lleno de rem olinos desde Yolcos de abundantes
viñedos; que así H om ero y E stesícoro c a n ta ro n 49.
37 (PMG 567)...aves innúm eras volaban sobre su
cabeza y los peces saltaban verticales fu e ra del agua
oscura ante su bello c a n to 50.
38 (PMG 569) ...de cincuenta c a b e z a s...51.
39 (PMG 570) ...los H ip e rb ó re o s52 de m il años...

46 Procede tam bién de un epinicio. La nin fa M aya, m adre


de H erm es (su padre es Z eus), es una de las siete P léyades,
h ijas de Atlante.
47 S e r e f i e r e a H é c u b a ( a l a q u e H o m e r o , II. X X IV 496, a t r i ­
buye d ie c in u e v e ).
48 Se refiere al gigante T icio, h ijo de Zeus y É lara, que
H era lanzó con tra A rtem is y A polo, p or celos; p ero fu e e n ­
viado al infierno por el rayo de Zeus. El fragm en to d ebe de
proceder de un Peán a A polo D elio.
49 Se refiere al triu n fo de M eleagro lanzando la lanza de
los Juegos en hon or de P elias. V éanse los fragm en tos del p o e ­
m a de E stesíco ro , su pra, págs. 184 sigs.
50 Se refiere a O rfeo.
51 De la hidra m u erta por H eracles.
52 P ueblo fa b u loso del N orte, en cuyo p aís pasaba Apolo
el invierno, volvien d o en prim avera. E n u n m ito délfico; el
poem a, peán o epinicio, evid en tem en te se refería a D elfos.
270 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

4 0 (PMG 571) ...m e retiene el estru en d o del m ar


esp um ante que se agita en torno...
41 (PMG 572) ...con los corintios no se irrita
( I lio n )...53.
42 (PMG 573) (Apolo) C ien to 54.
43 (PMG 575) h ijo te rr ib le 55 de A frodita engañosa,
al que dio a luz p a ra Ares traicionero.
44 (PMG 576) v ello cin o 56 (purpúreo).
45 (PMG 577) (a) d o n d e 57 se saca de lo hondo p ara
el lavatorio de m anos el agua p u ra de las M usas de
bella cabellera.
(b) oh p r o te c to r58 del puro lavado de m anos... m uy
suplicado p o r los que sacan... la bienoliente, am ada
agua de la g ru ta inm ortal.
4 6 (PMG 579) ...hay u n relato de que h a b ita la
v irtu d e n tre rocas de difícil acceso... protege su lugar
sagrado; y no es visible p o r los ojos de todos los mor·

53 Se refiere a que al lado de Troya luchó G lauco, d e e stir­


pe corintia, p or m ás que en fren te de ella estu viera el corin tio
E uquenor.
54 E p íteto de Apolo, que m ató a la serpien te P itón con cien
flechas.
55 E s E ros, el Amor.
56 E s e l vello cin o con q u istad o por Jasón en la exp ed ición
de los A rgonautas.
57 En el á d y to n del tem p lo de A polo fluía la fu en te C assotis
o de las M usas, que en ép oca clásica era desviad a hacia afuera
por un canal. H abía al lad o un tem p lete d e las M usas. Con el
agua de esta fu en te se hacía el lavatorio de m anos a n tes de
los ritos d élficos. Cf. G. Roux, Delphes, son oracle et ses dieux,
Paris, 1976, págs. 136 sigs.
58 Apolo. E l fragm ento, igual que el anterior, proced e de
un poem a délfïco.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 271

tales, si un su dor que m uerde el corazón no les b rota


de d en tro y llegan a lo m ás alto de la h o m b ría 59.
47 (PMG 580) ...m ezclando lágrim as al sonar de
la lira...
48 (PMG 581) ¿Quién que confíe en su inteligencia,
podría elogiar a Cleobulo 61, el de Lindos, que a los ríos
de co rriente sin fin y a las flores de la p rim avera y a
la llam a del Sol y de la áurea Luna y a las olas del
m ar opuso el vigor de un m onum ento funerario? Todo
es m ás débil que los dioses y la p ied ra h asta las artes
de los ho m b res la quiebran. De un insensato es esa
sentencia.
49 (PMG 582) T am bién hay del silencio un prem io
sin peligro.
50 (PMG 583) ...gallo de canto deseado.
51 (PMG 584) ¿Qué vida hum ana o qué poder es
deseable sin placer? Sin él, no es envidiable ni la
vida de los dioses.
52 (PMG 585) ...de sus rojos labios lanzando su
canto la doncella.
53 (PMG 586) ...cuando los ruiseñores charlatanes,
de cuello rubio, en prim avera...

59 D erivación del tem a h esió d ico de lo s d os cam in os, el de


la virtud y el del vicio ( T ra b a jo s y Días 287 sigs.) y anteced en ­
te de la alegoría de P ródico sob re la V irtud y el V icio apare­
cién d ose a H eracles (en J e n o f o n t e , M e m o ra b le s II 1 sigs.).
60 P rocede de un poem a en que Sim ón id es desp id e a H ierón
de Siracu sa, que parte de viaje.
61 C leobulo de L indos, u n o de los sie te sab ios, era fam oso
por su s enigm as. Pero aquí S im ón id es critica un epigram a
e scrito por C leobulo en una sirena colocada en la tum b a del
rey Midas; epigram a en que se proclam aba la eternidad del
m ensaje.
272 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

5 4 (PMG 587). Pues este fuego es el que m ás tem en


las fieras.
55 (PMG 588) ...la m andíbula inferior...
56 (PMG 590). E n la necesidad, h a sta lo duro se
hace dulce.
5 7 (PMG 591) ...no a Zacinto... a cam pos que dan
trigo... 62.
58 ( PMG 592) ...ju n to al oro refinado... p u ro y
que no tiene p lo m o ...63.
59 (PMG 593) ...(la abeja) se cuida de la ru b ia
m iel...
60 (PMG 594) ...se hunde lo últim o en la t i e r r a 64.
61 (PMG 595) Ni el soplo de los vientos que agita
las ho jas se levantó entonces, u n soplo que hubiera
esto rb ad o con su paso que la voz p lacen tera com o la
m iel se a ju s ta ra a los oídos de los h o m b re s 65.
6 2 (PMG 597) ...celebrada m ensajera de la p rim a­
vera perfu m ad a, o scu ra golondrina.
63 (PMG 598) La apariencia hace violencia incluso
a la verdad.
64 (PMG 599) ...este, lleno de g ra to sueño.
65 (PMG 600) Un soplo que se clava en el m ar.

62 La cría de cab allos, decía Sim ónid es, n o es propia de la


isla de Z acinto, isla m on tañ osa, sino de cam p os propios para
dar trigo (?).
63 T exto corrom pido. Se com paraba al b u en am igo con el
oro puro, sin m ezcla de plom o; es un m otivo rep etido luego,
por ej., p or T e o g n i s , 447 sigs.
64 a sab er, la gloria de una vida. P rocede de un tren o o,
quizá, del p o em a sob re los m u ertos en las T erm opilas.
« Q uizá referente a O rfeo, com o PMG 567.
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 273

66 (PMG 601) ...(el sueño) que dom a a los hom ­


bres.
6 7 (PMG 602) El vino nuevo no triu n fa todavía del
don de la viña del p asado año
68 (PMG 603) Pues lo ya sucedido, nunca dejará
de ser ya.
69 (PMG 605) Un solo sol hay en el cielo.
70 (PMG 606) ...la ch a rlatan a (golondrina).
71 (PMG 607) ...P isistrato , sirena... caballo m ar­
cado con un hacha (¿o u n a golondrina?)
72 (PMG 608) fr. 1 ( a ) 67 ...g rita al pueblo... ¿qué
nuevo clam or lanzaré?... en M icenas...
fr. 5 ...del lecho... m u jer... no sin (los dioses).
73 (PMG 609) ...p u ertas criadas p o r los vientos.
74 (PMG 614) (Zeus) jefe de los m ejores.
75 (PMG 616)68 (E sp a rta ) que dom a a los hom bres.
76 (PMG 617) ...(espadas) de n e g ra 69 em puñadura.
77 (PMG 618) ...criadas que tra b a ja n la lana.

66 V encido por P índaro e n u n con cu rso, S im ón id es se refie­


re a él con e sta s palabras. Píndaro, qu e c oin cid ió con S im on i­
des en la corte de H ierón, era m u ch o m ás joven que él.
67 Se trata de fragm en tos de un com en tario en que se
m encion a a Sim ónid es; p ero es só lo con jetu ra que el poeta
com en tad o sea S im ón id es. Las p alab ras traducidas parecen ser
lo s lem as com en tad os. Lo que es claro, de to d o s m od os, es que
se trata de un poem a tren ético. P arece hacerse referen cia a un
sacrificio hu m ano, quizá e l de Ifigenia, h ija de A gam enón.
68 V iene de un p o em a de tem a esp artan o, co m o PM G 628 y
algunos de lo s frs. de P.Oxy. 2623.
® Es decir, de em puñ adu ra de hierro.
274 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

78 (PMG 622) ...am igos excelentes.


79 (PMG 625) ...de oscura proa.
80 (PMG 630) ...de negra oscuridad.
81 (PMG 631) ...u n a copa con asas.
82 (PMG 636) ...flecha de triple punta.
83 (PMG 638) ...o lo r que ahuyenta.
84 (PMG 639) ...com o yo río.
85 (PMG 634)... (la noche) de cinco vigilias.

4. ¿D e S im ó n id e s ?

86 (P.Oxy. 2623)70 fr. 1 71 ...lu ch aro n ... Zeuxidam o...


detrás poniendo en desorden (?)... el tro n o de am bas
(fam ilias?)... a (?) ...-m idas... de las leyes: en tan to ellos
a H ip o crátid as recibieron (?) el cetro... la corona...
fr. 2 72 ...los Pánfilos... del lago (?)... gloriosa... rá­
p id a... de las g ru llas... de Zeus (?) Ceneo... navega­
ción... ciu d ad de la m arin a... en fren te... allí, pues
dobles... vigías... g rito ...
fr. 3 (a) ...etérea (?)... bestias... m ar...
fr. 4 ...am igo... a los dioses... que b rilla a lo lejos...

™ La atrib u ción a S im ón id es de lo s fragm en tos de este


papiro e s só lo una posib ilid ad . Cf. In trod u cción , pág. 254.
Z euxidam o e H ip ocrátidas so n n om b res de reyes espar­
tan os, de la fam ilia de los E uripón tid as.
72 Los P ánfilos son un a de las tres antiguas trib us de E sparta,
m encion adas por A lem án y T irtco. N o se ve el tem a del frag­
m ento: e l vu elo de las grullas pu ed e referirse a la danza del
g éranos o «de la grulla» (danzada para celeb rar la lib eración
de los a te n ien se s por T eseo y Ariadna); Zeus Ceneo es llam a­
do asi p or un tem p lo en e ste prom on torio de E ubea. Puede
tratarse, en e ste p asaje y el anterior, de u n tem a de las gue­
rras m éd icas (¿ B a ta lla de Salam ina»?).
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 275

fr. 5 ...íam iiia... negro... es... pueblo (?)... tiem po...


es revelada... la vida... de feliz... alcanzó (?)... oxean­
do (?)■··
fr. 10 73 ...D ioniso... al sueño... del dulce... beba­
mos ... v en eran d o ...
fr. 14 ...g ran ... de los dioses... sem ejante...
fr. 15 ...p u es... estas cosas, de pensam iento traicio­
nero... h erm an o ... de p alab ras...
fr. 19 ...al valiente... cria d o ra de héroes... la ye­
dra... llegaron (?)... la caverna (?)...
fr. 2 1 n (a) ...co ro na... favor... del p ad re... Eviti-
mo (?)·.. h erm an o ... el estadio ...
fr. 22 ...victoria (?)... pues en Delfos en tiem pos...
pero... C orinto (?)...
fr. 24 ...con u n a p ied ra afilar (?)... el valor...
f r . 29 ...d eb ilita (?)...
fr. 30 ...a u n h o m b re... tú ... conduces (?)... llena de
hum o de los sacrificios... al que todo lo duerm e...
fr. 32 ...u n casco de piel de p erro ... com o cuando...
fr. 35 ...a rro jó ... gloria...
fr. 41 ...en teram en te... vigor... cuando... sabe...
fr. 45 15 ...am bas cosas... de Hilo...
fr. 46 ...del S a n a d o r76... esto precisam ente p ara unos
y o tros... a través del m égaron hacia la p u e rta ... al de
negro trasero , el de Alcm ena audaz (hijo)... Tindá-
reo (?)... glorioso... de u n león... que padece en el
m ar...

73 N o es p reciso entender que sea un d itiram b o, pu ed e ser


tam bién un epinicio.
74 L o b e l , P.Oxy. X X X III, 1967, pág. 77, su giere co m o p osib le
una relación con P i n d a r o , OI. X III, en hon or de un corinto ven­
cedor del estad io en O lim pia, h ijo de un venced or de la m ism a
carrera en D elfos y que parece tener un tío llam ad o E ritim o.
75 La m en ción de T indáreo (?), padre de los D ioscuros,
H elena y C litcm estra, y de H ilo, h ijo de H eracles y Deyanira,
sugiere tem a espartano.
76 Apolo, seguram ente. V uelve a m encion arse a H eracles.
276 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

fr. 48 ...d e nuevo... sin sufrim ientos... en sus m en­


tes... jam ás los griegos... in m o rtal... con los dioses...
recibiendo... p ersu ad ían ...
fr. 50 ...y los... de vuestros (?)... de h o m b res...

87 (P.Oxy. 2624)π .
fr. 1 ...d el cielo... del m ar... el ím p etu del negro...
despoblada de m o rtales y... ¡oh dios de p atas de ca­
bra! 78... m uge y sin voz... aquél cantó fam osos... pero
p a ra n o so tro s verd ad eram ente u n dios al pu n to claros
signos de su inefable... cuando yo... sagrados (?) sacri­
ficios dulces (?)... haciendo libaciones...
fr. 4 ...ag u a... rito ... los h om bres... ira...
fr. 6 ...recu erd o (?)... pues no... ni...
fr. 7 ...to d o ... de este... a los ju sto s... noble...
fr. 9 (a) ...gloria... a trav és... esposa... raza...
(b) ...d el ancho... tem plo... in m o rtal...
fr. 10 ...b u sco ... en treg a... vigor...
fr. 12 ...o scu ro ...
fr. 15 ...ta n ta s ... nación...
fr. 24 ...d el fuego...
fr. 2 8 79 ( b ) ...veloces sobre el m a r... del m a r esté­
ril... y el ím p etu incontenible del m ar, de dulce m ira­
da (?)...
(d) ...violentas de los vientos... de ti... lím ites p ara
los navegantes... vida de los m arin o s... los pilotos...
ren o v ar... a las tie rra s de cultivo... fijam ente... no una
ciudad, no u n a to rre , no u n a casa b ien co n stru id a...

77 La a trib u ción a S im ón id es es, com o en el caso del papi­


ro anterior, m era con jetu ra. Cf. In trod u cción , pág. 254.
78 Se refiere sin duda al d ios Pan. Pero no se ve claro el
tem a del fragm ento.
79 El te m a m arin o d el fr. 28 n o acaba d e dar la clave para
su in terp retación (¿ B a ta lla de Salam ina»?).
L ÍR IC A M IX T A Y CORAL A R C A IC A 277

fr. 2 9 80 ...a P alas... inteligente defensora... la re­


gia... en ella confiado... al audaz... venció... del violen­
to boxeo (?)... derecha... la g u erra... los m ortales...
todo... en círculo (?)...
fr. 32 (b-d) ...el alm a... de las M usas... luctuoso...
fr. 4 8 81 ...el aliento... al p u n to ... abigarrado...
(Amor) que d esata (los m iem bros)... del Caos nació,
fr. 49 ...de oro... de otro m odo... jefe...
fr. 53 82 ...ráp id am en te... hu érfan o ... ni... de los dio­
ses que... de la m o n tañosa... en lo alto... llevándose...
verter las gotas... el vehículo... que cría jóvenes...
fr. 5(5® ...con la lira... a Febo; de Delos... (a-b) del
centro de la tie rra ... de la p u ra ... (c) ...dios... del m ar...
que abraza la tie rra ...

80 Epinicio: ¿en hon or del boxeador G lauco? ¿de u n ate­


niense?
81 P asaje cosm ogón ico: A m or (E r o s) h ijo de Caos.
82 Quizá se refiera al rapto de G anim edes p or el águila y
a su fun ción d e copero de Zeus.
83 H ay referencia a Apolo, a D élos, a D elfos («del centro
de la tierra»), a P osidón («qu e abraza la tierra»).
NOTA BIBLIOGRÁFICA

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— «F urther ligh t on S te sic h o r u s’ Iliu P er sis», ZPE 7 (1971),
págs. 252-264.
— «Stesich oru s at Lille», Z P E 29 (1978), págs. 14.
— «Stesich oru s in Sparta», ZPE 4 (1969), págs. 142-149.
— «Stesich oru s redivivus», ZPE 4 (1969), págs. 135-149.
— «Stesichorus», CR, N. S., 21 (1971), págs. 302-314.
— «Three prcsocratic C osm ologies», CQ, N. S., 13 (1963), pági­
nas 154-176.
Ill

LÍRICA M O N Ó D IC A : PO ETAS MÉLICOS


I

LA MÉLICA GRIEGA

Hemos visto ya en la «Introducción General» el o ri­


gen y derivaciones de la m élica griega, aquella parte
de la m onodia que se distingue, un tan to convencio­
nalm ente, de la elegía v el yam bo com o poesía siem pre
cantada y con ciertas características m étricas. Sus rit­
m os y sus pequeñas estrofas hallan antecedentes en la
poesía p o p u lar que hem os recogido en n u estro a p a rta ­
do I. (Véanse m ás detalles en Orígenes, págs. 66 sigs.).
P ara su relación con la elegía enviam os a u n trab a jo
de J. V ara 1 m ien tras que insistim os en que en la edición
de A nacreonte van incluidos poem as yám bicos y tro ­
caicos difíciles de sep a rar sin violencia de los dem ás.
La trad ició n popular, en m étrica y en tem as, de
la m élica está confirm ada, p o r lo dem ás, p o r la coinci­
dencia de algunos de los rasgos m étricos con otros que
se encu en tran en la poesía védica, lo que los enlaza
con la m ás an tigua tradición indoeuropea. (Me refiero
a la isosilabia y la base libre, de las que trata rem o s
m ás adelante. Es verosím il , en realidad, que la violación
de estos principios en el hexám etro hom érico sea lo
que rep resen te una verdadera innovación.)

1 «Melos y elegía», E m erita , 40 (1972), págs. 433451.


28 4 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

Con todo su arcaísm o, la poesía m élica no se nos


ha tran sm itid o m ás que a p a rtir de fecha relativam en­
te reciente, ya lo hem os dicho. T erpandro y Polim nesto
fuero n sin du d a sus antecesores, pero se han perdido
p a ra n o sotros y, de o tra p arte, al m enos el prim ero,
aparece m ás bien in serto en el am biente m ás form alis­
ta de la lírica ritu al. Es quizá norm al que u n a poesía
m ás «de grupo», de «fiestas particulares», com o he­
m os dicho, sólo tard e haya adquirido carác te r lite ra­
rio. Y sólo en lugares aislados de Grecia, sin difundirse
desde allí com o fue el caso de la elegía y el yam bo.
Muy co ncretam ente, es sobre todo en la Lesbos de
fines del s. vi y del v a. C., donde encontram os este
género de poesía. Además, en Teos, ya en el s. v, en
m anos de u n jonio, Anacreonte. H ay diferencia de dia­
lecto, n atu ralm en te: lesbio y jonio, respectrram ente.
Tam bién diferencias m étricas y de contenido. Pero, en
definitiva, se tra ta de u n m ism o género, que ya hem os
caracterizado.
E n n u e stra « In troducción general» hem os hecho ver
el papel de la isla de Lesbos, cerca de Asia M enor, de
Lidia y la Tróade, en la creación de la lírica lite raria
griega. De u n lado, de la m onodia, a p a r tir de T erpan­
dro,· de o tro , de la lírica m ixta, a p a r tir de Arión (y
Alemán, nacido en S ardes e influido sin duda p o r la
m úsica de la isla). H em os atribuido este desarrollo a
u n a serie de factores: introducción en G recia de la
lira de siete cuerdas, influjo de la m onodia asiática,
estím ulo derivado del florecim iento de san tu ario s y
ciudades y de los agones m usicales que allí se cele­
b rab an , etc.
T oda esta m úsica lesbia está al p ro p io tiem po bajo
el influjo de la antigua tradición de H om ero y Hesíodo,
que actu ab a igualm ente sobre la o tra tradición lírica,
la de Locros y O ccidente y que creaba, ahora, el him ­
no o p reludio hexam étrico (los him nos llam ados hom é­
L ÍR IC A m o n ó d ic a : PO ETA S M É L IC O S 285

ricos). Y se expande fuera de la isla. E n realidad, la


lírica m ix ta y coral nunca en ella se cultivó, que sepa­
mos, al nivel literario : Arión y Alem án actuaron , re s­
pectivam ente, en C orinto y E sp arta . La m onodia, a su
vez, ejerció am plio influjo fuera: T erpandro, se nos
dice, ganó los p rim ero s juegos píticos (676-673) y se
estableció en E sp arta; A rquíloco nos h ab la del «aedo
lesbio» que re co rría las ciudades (fr. 106); verem os que
Alceo actuó tam bién, seguram ente, fu e ra de su patria.
Sus orígenes son contem poráneos de la o tra m onodia,
la de la elegía y el yam bo, am bas del s. v u y tam bién
de difusión internacional.
En realid ad el n o mo s de T erpandro, de u n a parte,
y la elegía y el yam bo de Arquíloco, T irteo y Calino,
de otra, son m ás antiguos que Arión y Alemán. La acmé
de los dos p rim ero s se sitú a a m ediados del s. vil,
Alemán vive en la segunda p a rte del siglo, Arión en
torn o al 600. La lírica m ixta rep resen ta, lo hem os visto,
un segundo paso a p a rtir del n omo s de T erpandro, en
que el citarodo ca n ta en el cen tro del coro que danza:
el paso co n sistente en que tam bién p a ra el coro se crea
u n texto fijo, u n coral.
Pues bien, o tra derivación, que en un principio no
salió de la isla de Lesbos, es la re p resen ta d a p o r la m o­
nodia de Alceo y Safo, cuyas vidas giran en to rn o al
600 a. C. La m onodia de T erp an d ro pasa, salvo quizá
en el caso de ciertos him nos, a ser can tad a p o r el poeta
en fiestas que llam aríam os «privadas»: ante todo, en
el sim posio, en unión de los am igos, ante las copas de
vino; e igualm ente en ciertas fiestas celebradas p o r el
grupo en h o n o r de dioses com o A frodita o Dioniso.
Hay transiciones en tre unas y o tras fiestas y en tre ellas
y el como, desfile alegre p o r las calles; tam bién en tre
todas ellas y las fiestas en que se cantaban him nos
pro p iam en te dichos.
286 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

b n definitiva, hay una evoiucion de la lírica en el


sentido de lo privado: de exponer las em ociones y de­
scus del g rupo y del jefe uei m ism o y cantor, el poeta.
Se crean poem as breves de quince o veinte versos
organizados en pequeñas estrofas repetidas. La evo­
lución diverge tam bién en esto: Alem án am plía la es-
tro la y la divide en tres, creando el esquem a triádico
(estrofa, a n tis íro ía y epodo); los iesbios m antienen la
estro fa de dos versos (com o la de la elegía y los epodos
yám bicos) y la desarro llan en o tras de tres y cuatro, en
las que el últim o verso rep resen ta u n a variación del
ritm o.
P or su p u esto que estas estrofas pueden te n e r an te­
cedentes en la lírica popular, sólo que ah o ra se repi­
ten sistem áticam en te (lírica m onostrófica). Son ra stro s
populares que desde M eiilet se han enlazado con ciertas
características de la m étrica indoeuropea, reen co n tra­
das en los Vedas. Nos referim os en la m étrica eolia
de Lesbos a la isosilabia y la base libre. Es decir: cada
tipo de verso tiene un núm ero lijo de sílabas (no com o
Hom ero, q ue puede su stitu ir u n a larga p o r dos breves);
y algunas sílabas iniciales pueden ser de can tid ad libre,
es decir, el ritm o se m arca sobre todo al final de verso.
En ocasiones, sin em bargo, es el centro del verso el
que, él solo, m arca el ritm o.
Hay que reconocer en la e n tra d a del elem ento «pri­
vado» en la lírica lesbia no sólo una evolución a p a rtir
de la lírica ritu al «oficial» de un T erpandro, sino, a
la vez, u n a p en etración p o r p arte de elem entos de
poesía p o p u lar a los que hem os dedicado un ap artad o
en este libro. La coincidencia de m etros y tem as así
lo te s tim o n ia 2. De o tra p arte, en los yam bógrafos se
en cu en tran paralelos claros.

2 Cf. Orígenes..., págs. 149 sigs.


l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 287

Efectivam ente, celebraciones sim posíacas y de boda,


c o m o las que en Alceo y Safo encontram os, son a n ti­
quísim as. E n uno y o tra hay tem as populares en ab u n ­
dancia. Citem os sobre todo uno: la poesía m im ética
y dialógica, en que h abla alguien que no es el poeta,
a veces u n a persona, a veces dos dialogando. E n Alceo
el fragm ento m ás n o table es el 10, lam ento de u n a m u­
chacha que nos recu erd a la eró tica p o p u lar de que he­
mos hablado, tam bién, a p ro p ó sito de E ste síc o ro 3. En
Safo la en contram os sobre todo en los epitalam ios,
pero tam b ién en las p alab ras de la jefe de coro a
A frodita (140) y en o tro s lugares.
E n todo caso, es claro que el am biente literario de
Lesbos en la época en torno al 600 es peculiar dentro
del m undo griego. La isla, que había «exportado» a
todas p artes su m úsica citaródica, ah o ra cultiva den­
tro un género especial de ella. Sus rep resen tan tes son
dos aristó cratas, Alceo y Safo, que apenas han salido
de la isla m ás que con ocasión de sus respectivos des­
tierros en Asia y Sicilia: la excepción son unos pocos
him nos de Alceo seguram ente cantados en el conti­
nente. No son, pues, poetas profesionales, viajeros.
Usan la poesía al servicio de sus respectivos grupos
—h etería o club político de Alceo, grupo de las am i­
gas de Safo— y de sus propios intereses y sentim ientos.
C antan sobre las fiestas en que participan, su envolvi­
m iento en la política (Alceo), sus asuntos am orosos
(Safo).
Lesbos es, en esta época, u n a im p o rtan te avanzada
griega en el O riente, nom bres no griegos com o M írsilo,
Safo y Pitaco m u estran las influencias que a su vez

3 C f. E lv ir a G a n g u tia , « P o e sía g r ie g a 'd e a m ig o ’ y p o e s ía


a r á b ig o - e s p a ñ o la » , E m erita 4 0 ( 1 9 7 2 ) , 3 2 9 -3 9 6 .
288 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

recibió. Tuvo am biciones sobre Asia, luchando contra


Atenas en Sigeo, en la Tróade; conoció tam bién cam ­
pañas c o n tra la ciudad de E ritra s. S obre todo, la isla
tuvo u na relación estrecha con el reino de Lidia, regi­
do en tre 610 y 560 aproxim adam ente p o r Aliates (des­
de el 575 Creso era su lugarteniente en A dram ition,
enfren te de la isla). Allí se refugiaron Alceo y otros
d esterrad o s en algún m om ento antes del 589-90, fecha
en que su rival Pitaco fue elegido aisymnätäs, gober­
nan te con plenos poderes, de M itilene. Allí vivieron
largos años en relación con los lidios, que les ofrecie­
ron dinero p a ra volver a su p a tria con ayuda de las
arm as y a los que, sin duda, ayudaron en sus luchas
co n tra el m edo Astiages.
E sto en cu an to a Alceo. En cuanto a Safo, a Sardes,
capital de Lidia, m arch a a casarse u n a de sus am i­
gas. Y el p aís es p a ra ella el m odelo del lujo y el
poder.
Hay que pen sar, en realidad, que Lesbos estaba m u­
cho m ás cerca del continente asiático que de G recia y
que en la Iliada se nos p re sen ta com o u n a tie rra asiá­
tica, vasalla de Príam o, dom inada p o r Agamenón, que
ofrecía a Aquiles, p a ra que olvidara su ira, m ujeres
de la isla. H ubo luego una oscilación d en tro de la
orientación de la política de Lesbos, y de M itilene con­
cretam en te: Pitaco, conquistando Sigeo y casándose
con una P entílida, u n a m u je r de la din astía descen­
diente de O restes que rigió d u ran te u n tiem po la isla,
re p resen ta a to d as luces la corriente filo-griega. Logró
ser ad m itid o com o uno de los siete sabios, estableció
relaciones con todo el m undo griego. E n cam bio M ír­
silo, al que él a rro jó del poder, tiene un nom bre
asiático (h e tita? ) y representa, quizá, u n a corriente
con traria. Los tra to s de los lidios con Alceo y dem ás
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 289

desterrados rep resen tan , sin duda, una vuelta a esta


orientación, co n tra Pitaco 4.
P ero son m ás am plias las relaciones de la isla: An-
tim énidas, el herm an o de Alceo, lucha com o m ercena­
rio de los babilonios en Ju d ea en el 586 (tom a de
Jerusalén) o antes; el herm ano de Safo m arch a a
Egipto, país al que Alceo viajó tam bién, según E stra-
bón. Son estrechas igualm ente las relaciones con T ra­
cia, donde M itilene fundó Eno y de donde, según el
mito, llegó a Lesbos la cabeza del can to r Orfeo: el
padre de Pitaco, H irras, e ra u n tracio. Pero, adem ás,
Alceo conoce los cultos griegos de Delfos y Beocia,
está influido p o r la m o ralidad délfica. Y él y Safo reci­
ben el influjo de H om ero, Hesíodo, Arquíloco.
Hay que a ñ a d ir que la isla de Lesbos no form aba
una unidad: n u estro s dos poetas son de una de las
ciudades, M itilene. Cuando su p rim e r destierro, Alceo
se refugia en el san tu ario de P irra, com ún a todos los
lesbios, en el que vive tranquilo: no está b ajo el poder
de M itilene.
D entro de esta ciudad, p o r esta época h a desapare­
cido el p o d er real de los Pentílidas, descendientes de
Orestes, supuesto colonizador de la isla: son ahora
sólo una fam ilia noble, con la que enlaza p o r m a tri­
monio el plebeyo Pitaco. Hay un régim en aristo crá­
tico, dom inado p o r unas cu an tas fam ilias cuyos nom ­
bres conocem os en p arte. Pero es un régim en som etido
ya a una fu erte erosión. P ersonajes nobles com o Me-
lancro y M írsilo se hacen tiran o s con ayuda del pue­
blo y luchan co n tra los dem ás nobles. Un personaje
de sangre m ixta, Pitaco, es luego elegido p a ra p o n er
paz en el país y se crea un renom bre en tre los griegos
com o uno de los siete sabios: no p o r eso deja de reci­

4 Cf. sob re tod o e sto F. della C o r te , Safio, Turin, 1950,


págs. 7 sigs., 47 sigs.
290 L IR IC A G R IE G A A R C A IC A

bir la h o stilid ad de los nobles, acaudillados p o r Alceo


y sus herm anos.
El d estierro de los nobles y la confiscación de sus
tierras, los m atrim o n ios m ixtos, la traició n de los
am igos, el p o d er del dinero, son tem as constantes en
esta fase d e transición, igual que en la poesía de Teog-
nis. Pero, en tre tan to, en Lesbos o e n el destierro,
sigue la vida trad icio nal de los nobles, con sus reu­
niones, su lu jo exquisito, su culto a los dioses, su
reflexión so b re la vida, la m u erte y el am or. Nobles
com o Alceo sueñan con la venganza y el poder. El
m undo fem enino es ap arte: se queda en el cultivo de
la am istad y el am or, en m edio de u n am biente reli­
gioso y refinado.
Todo esto, p o r lo que se refiere a Lesbos y sus
grandes líricos. Al lado de ellos hem os situado a un
p erso n aje m uy diferente, Anacreonte, que es todo lo
que nos q u ed a de la m élica jonia. E n realidad, Ana­
creonte h u b o de salir joven de su ciu d ad n a ta l de
Teos huyendo de los persas y vivió casi toda su vida
en el am b ien te de los banquetes de las cortes princi­
pescas de Sam os, Atenas y Tesalia. Con todo, es un
testim onio de la existencia de una antigua m élica jonia,
que él hizo conocer fu e ra de su isla, influyendo enor­
m em ente en el d esarrollo de la poesía sim posíaca en
general, del escolio.
E s A nacreonte u n buen térm ino de com paración
p a ra ver lo que en la m élica de Alceo y Safo es tra d i­
cional y lo que en la de cada uno de los tres poetas
es innovado. Son m uchas las cosas com unes, según he­
m os dicho, tan to en lo form al como en el contenido.
Pero A nacreonte, el poeta de corte, profesional que
divierte a los príncipes, re p resen ta ya u n m undo muy
diferente.
P ara la trad u cció n de estos tres poetas y los auto­
res cuya edición seguim os, véase lo que decim os en
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETAS M É L IC O S 291

las introducciones a cada uno de ellos. A nticipam os


que n u estro conocim iento de estos poetas h a aum en­
tado n o tablem ente p o r los hallazgos papiráceos que,
de todos m odos, favorecen m ás a los lesbios. De entre
estos es Alceo el que ú ltim am ente h a salido benefi­
ciado, lo que ha co n tribuido a m ejo ra r m ucho el cono­
cim iento del poeta.
II

ALCEO

1. La vida de Alceo. — Los fragm entos de Alceo,


así como com entarios hace poco aparecidos, los de
P.Oxy. 2506 y P.Oxy. 2733, sobre todo, nos perm iten
conocer b astan te bien su vida, aunque quedan puntos
oscuros. Seguim os sobre todo las in terp retacio n es de
M. T reu *.
No conocem os el nom bre del p ad re de Alceo, aun­
que sí su orgullo, de él y de su clan, sobre su ascen­
dencia aristo crática (6). Sabem os de sus herm anos, m ás
viejos que él, sobre todo Antim énidas, el que luchó al
lado de los babilonios (350) y en la «batalla del puente»
(P.Oxy. 2506, fr. 91), cuando los desterrad o s in ten taro n
vanam ente d erro ca r a Pitaco con ayuda de los lid io s 2.
O tro se llam ab a Ciquis (112.26, 414). Conocem os mu-

1 Cf. M a x T r e u , Alkaios, 2.a ed., M unich, 1963, citad o en


ad elante Treu; «N eues ü b er S ap ph o und A lkaios (P. O x . 2506)»,
QUCC 2 (1966), págs. 9 sigs.; Alkaios en RE , Suppi. X I, 1968,
cols. 8-19. Cf. tam b ién W. B a r n e r , « Z u den A lkaios-F ragm enten
von P .O x y . 2506), H e r m e s 95 (1967), págs. 1-28. Adem ás, cosas
anteriores co m o la in trod u cción a la edición d e T h . R e in a c h -A .
P u ec h , 3.1 ed., Paris, 1966; y el nu evo Alcaeus de H. M a r t i n ,
N u eva York, 1972.
2 Cf. T r e u , «N eues...», págs. 30 sigs.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 293

chos nom bres de sus am igos: B aquis, Agesilaidas,


Esím idas, M enón, M nam ón, Dinóm enes, E rrafiotas,
Melanipo, D em oanáctidas, algunos de ellos bellos efe-
bos a los que dirige sus poem as sim posíacos. Y de sus
enemigos: ap a rte de M elancro, M írsilo y Pitaco, las
fam ilias de los A rqueanáctidas y C leonáctidas, esta se­
gunda seguram ente la de M írsilo. Sabem os tam bién de
su relación con Safo (384).
Debía de ser dem asiado joven cuando la caída de
M elancro (42 Olim píada, 612-608, según la Suda), en
que in tervinieron Pitaco y sus propios herm anos. Le
cita en u n fragm ento oscuro, el 331, en que parece
decir que al lado de M írsilo había que considerarlo
bueno. O tro fragm ento, el 75, p re sen ta recuerdos de
Alceo cuando era niño y su fam ilia era am iga de P ita­
co: puede referirse a este m om ento o al p o sterio r de
la hostilidad del grupo co n tra M írsilo.
Sigue luego en la biografía de Alceo, su interven­
ción en la lucha co n tra los atenienses en Sigeo, en la
Tróade. (Según E usebio puede fecharse en algún m o­
m ento en tre los años 607 y 603.) Se discutía en sum a
el dom inio de la e n tra d a a los estrechos que conducen
al m ar Negro. La tradición nos h a hecho conocer la
victoria ateniense b ajo el m ando del olim pionica Fri-
nón, en la cual Alceo huyó abandonando su escudo,
siguiendo el fam oso ejem plo de Arquíloco (401); luego
Frinón fue m u erto p o r P itaco en duelo singular (le
envolvió en una red oculta b ajo su escudo) y hubo un
a rb itra je de P erian d ro de C orinto que dejó Sigeo en
poder de Atenas y el Aquileo (tu m b a de Aquiles) en el
de M itilene.
P o r esta época seguía la alianza de la fam ilia de
Alceo y Pitaco. Se m antuvo en pie d u ra n te algún tiem ­
po co n tra el tiran o M írsilo, sin duda ya en el poder
cuando el episodio de Sigeo y derrocado luego violen­
tam ente en algún m om ento an terio r al 590, en que pí-
294 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

taco fue n o m b rad o aisymnätäs. Pero antes tuvo lugar


un episodio q ue condicionó toda la vida de Alceo.
H ubo u n a conjuración, en que tam bién intervino
Pitaco, p a ra d erro ca r al tiran o (129); pero Pitaco le
reveló el p lan (escolio a 114), p o r lo que Alceo hubo
de refugiarse en P irra, en el tem plo com ún a todos los
lesbios, donde vivió cual un rústico, añorando la vida
política de M itilene (130 b). La tiran ía de M írsilo fue,
en algún m odo, a m edias con Pitaco, según Alceo (70).
Un episodio enigm ático es el de M namón, con quien
Alceo no q u iere en fadarse porque p ro cu ró u n barco
p a ra el regreso de M írsilo (305). La m u erte del tiran o
es acogida p o r Alceo con salvaje alegría (332).
Alceo atac a a M írsilo ferozm ente, le cubre de m al­
diciones; cf., p o r ej., 112. P ero no siem pre es fácil, en
fragm entos que advierten co n tra la instauración de un
tiran o o atacan o m aldicen a éste o piden su castigo,
distin g u ir e n tre los referentes a M írsilo o, luego, a
Pitaco (en n u estra s notas se hallarán algunas indica­
ciones).
La continuación de la h isto ria es la elección de Pi­
taco com o aisymnätäs, según queda dicho, hacia el
590. Alceo reconoce (348) que fue una elección: y to­
dos los testim onios hab lan del im p o rtan te papel de
Pitaco al servicio de M itilene, que p rosperó b a jo él y
no volvió, luego, a regím enes tiránicos. Es el homo
novas que a r ro ja a los nobles del poder. Alceo, eviden­
tem ente, se opuso: a esto deben de referirse algunos
(o todos) los fragm entos «de advertencia», com o 74 y
141. Pero es lo cierto que fue Pitaco el vencedor y
Alceo el desterrad o .
Es este el segundo d estierro de Alceo, posiblem ente
desde antes del no m b ram iento de Pitaco, que p a ra él
es u n sim ple tiran o . E n realidad, de lo que m ás se le
acusa es de la violación del ju ram en to : se pide contra
él el castigo de los dioses. Tam bién, de su b a ja condi­
L ÍR IC A m o n ó d ic a : p o e t a s m éltc o s 295

ción: es hijo de un tracio borracho, H irras, y sin duda


con su dinero e influencia se casó con una Pentílida,
de la fam ilia de los antiguos reyes. P ero tam bién se
le acusa de «devorar» la ciudad y de m an ten er una
lucha civil p o r cuyo fin clam a de cuando en cuando
el p o eta (70). Más frecuentem ente, sin em bargo, éste
se lim ita a la m aldición v el insulto, a d a r ánim os a
sus am igos desm oralizados (76), a ex h o rtar a la lucha
(112, 167), a a trib u ir las d erro tas a los dioses (296).
Alceo no abandona, p o r m uchas que sean sus derrotas.
Todo lo m ás, pide a veces u n a tregua (73) y olvida en
el b an q u ete la dureza de la vida.
Los nuevos fragm entos añaden algunos detalles
concretos a este p anoram a. H av antes que n ad a las
dos referencias (63 v 69) a las dos mil estáteras (canti­
dad m uy im p o rtan te) que los lidios dieron a los des­
terrad o s p ara aue éstos in te n ta ra n el regreso. H av en
296 b u na referencia a un d estierro en «la deseable
A...», oue nos d eja en la oscuridad. Hay, luego, en el
com entario P.Oxv. 2506, frs. 98 y 102 ( = 306 A e y f),
m ención de u na «batalla ju n to al puente» en que no
hab rían m u erto ni Alceo ni A ntim énidas, así com o de
un «retorno... p o r te rc era vez», de una guerra contra
Astiaees (el rev m edo) ν de u n a estancia de Antime-
nidas iunto al rev de los lidios, en u n fragm ento en
au e se hace tam bién m ención de Pitaco. Añádase lo
oue va sabem os de la estancia de A ntim énidas en B a­
bilonia v. tam bién, que está docum entada p o r o tras
fuentes u na g u erra e n tre Aliates v Astiages en una
fecha aue oscila e n tre el 583-2 (E usebio) v el 573/2
(Ensebio: hav fechas interm edias de Je ró n im o )3.
¿Qué consecuencias sacar de todo esto? P ara Treu,
la «batalla en el puente» fue un fracaso, el destierro
continuó h asta la m u erte de Pitaco; los desterrados

3 Cf. B arner, «Zur den A lkaios-Fragm enten...», pág. 21.


296 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

lucharon al lado de los lidios c o n tra Astiages, p ara


a tra erse su favor. P ara B arn e r hay, en todo caso, un
regreso seguido de u n terc er destierro. Lo que es evi­
dente es que Alceo y su p artid o estuvieron d esterra­
dos en Lidia, en estrecha relación con Aliates y tra ­
m ando desde allí varias conjuraciones, cuando alguno
de ellos no se enrolaba com o m ercenario en o tras gue­
rra s orientales. De fracasos repetidos se habla en algu­
nos fragm entos, en poem as sim posíacos. H em os de
im aginar u n a especie de núcleo de nobles m itilenios
desterrad o s que, en Sardes, se dedicaban a conspirar,
m ien tras los lidios les apoyaban p ara tener, a su vez,
un pu n to de apoyo en la isla.
Finalm ente, queda el oscuro fragm ento P.Oxy. 2506,
fr. 77 ( = 306 Ab ) , p arte del m ism o com entario con un
am plio lem a de versos literales de Alceo. E ste se la­
m en ta de la acusación que le ha lanzado u n tal Amar-
dis de que es él quien h a dado m u erte a alguien no
no m b rad o que Alceo, aun reconociendo que esa m uerte
no le es desagradable, dice que m urió a m anos de los
alienos. E s no m b re frigido, com o A m ardis es, parece,
m edo: hallam os o tra vez a Alceo y a los suyos en Asia.
T reu piensa que el m u erto es Pitaco y que Alceo no
h ab ría reg resad o a M itilene h asta su m uerte, que se
fecha en 569/70: realm ente, una am n istía de que se
habla no está en ningún lugar testim oniada. Pitaco
h ab ría luchado, igual que Alceo, al lado de Aliates.
E sto es poco verosím il, sobre todo si se añade que
p o r esa fecha debía de ten er 70 años. Tal vez sea m ás
p ru d en te h a b la r aquí de la m uerte de un desconocido
p o r los alíenos estando todavía Alceo, ya viejo, en
Asia. E sto es lo que piensa B arner.
E sto es lo que podem os decir de la vida de n u estro
poeta. E te rn o lu ch ad o r p o r el poder en un m om ento
en que la aristo cracia tendía a ser desplazada, su sti­
tu id a p o r un p o d er personal que ab ría la vía del
lír ic a m o n ó d ic a : p o eta s m é lic o s 297

futuro, le tocó p erd er casi siem pre, bajo la som bra de


la p ersonalidad poderosa de Pitaco, el tipo m ism o del
refo rm ad o r a la m an era de Solón; de un hom bre unido
a la clase noble sólo por alianza, un tanto ajeno a los
antiguos ideales y que, tra s su victoria en Sigeo, se
las arregló p a ra m an tenerse siem pre en la cim a del
poder: p ero entendiéndolo com o un lugar p ara hacer
una política nacional, al m odo de los tiranos y los
reform adores.
Alceo, en cam bio, parece carecer de program a. E stá
p o r los antiguos valores nobles, p o r el antiguo m odo
de vida aristo crático , la antigua fe religiosa en dioses
poderosos en cuyas m anos está, en sum a, n u estro des­
tino. Cierto, habla de la ciudad, del pueblo, de la
reconciliación: quizá asp ira ra a desem peñar, él m ismo,
el papel de Pitaco. Un cierto desengaño respecto a los
valores heroicos —que ad m ira a veces— se halla en el
fragm ento del escudo. Y sabe que la fidelidad de los
amigos de su p ro p ia clase está en quiebra, que el dinero
va siéndolo todo. Pero estab a unido sentim entalm ente
a un pasado ya m uerto; su violencia y pasión le h a­
cían p erd er en el juego de la política.

2. La poesía de Alceo. — Pero, com o ha dicho


Treu 4, no es el testim onio de Alceo sobre la h isto ria y
la sociedad de su tiem po lo que le llevó a ser adm irado
e im itado p o r H oracio y puede hacerle ad m ira r por
nosotros, sino lo d irecto y expresivo de su descripción
del m undo de lo hum ano: pasión, añoranza, m uerte,
tristeza. Los nuevos fragm entos que los papiros han
ido regalándonos desde 1907, y que han m ultiplicado
po r cu atro o cinco el conocim iento del poeta, han he­
cho, en efecto, que cada vez sea m ás apreciado. Ya no
es sólo la co n tra p artid a de Safo, un lu ch ad o r que se

4 Alkaios, cit., págs. 99 sigs.


298 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

jacta de sus enem igos m uertos e invita a b eb e r en toda


ocasión. Es, al tiem po, un hom bre que reflexiona, com o
queda dicho, sobre todo lo hum ano, en el contexto
desde luego de su lucha; un cantor del sim posio y el
eros, un a u to r de him nos perfectos a los dioses.
Ha desaparecido, tam bién, su aislam iento form al,
que todavía ú ltim am ente hacía ver en él a K irkw ood 5
dos poetas prácticam ente: un au to r de him nos regula­
res y eq u ilib rad am en te com puestos y o tro de poem as
personales violentos y caóticos. Más bien hay que decir
que Alceo es el inventor de la com posición lírica «a
saltos» a la m anera de Píndaro; que sus him nos son
más tradicionales, suponem os que de e stru c tu ra te r­
naria; v que hay poem as interm edios, en que el m ito
es un «centro» p ara ejem plificar el ataque co n tra P ita­
co (208) o p a ra justificar, como hace Safo, una m áxim a
o sentencia, así el de Tetis y H elena (42) y el de Hele­
na (263). Es un poeta tradicional v u n creador, a la
vez.
E stá am pliam ente influido por H om ero, de quien
tom a los tem as de Tetis, de Helena, de Aquiles, de
Avax, de T ántalo, etc. Pero aún es m ás directo el in­
flujo besiódico: es p articu larm en te instructivo com pa­
r a r 347 (un poem a que invita a b eb e r en el verano) y
su m odelo hesiódico en Trab. 582 sigs.: es fácil ver
cóm o Alceo rom pe los períodos, lo hace todo m ás di­
recto v expresivo. Y m ás aún. pienso, el influjo de
Arquíloco: y ello tan to en tem as como el cum plim iento
de las cosas p o r p arte de Zeus v la necesaria resigna­
ción (112, 200, 296, etc.), como en la tan rep etid a ale­
goría de la nave del e s ta d o 6, en el tem a del p erju rio
V el del abandono del escudo, el de las in ju rias dirigi­

5 Cf. G. M. K ir k w o o d , E arly G reek M onody, Ithaca-Londres,


!954, págs. 52 siss.
6 Cf. m i artícu lo citad o en n ota a 6.
lír ic a m o n ó d ic a : p o e t a s m é lic o s 299

das al enemigo, el de la vieja decadente que pretende


al poeta (119). Yo incluso señalaría un influjo de Este-
sícoro en el tem a de la advertencia contra el tir a n o 7.
Hay, luego, el doble influjo, ya señalado, de la líri­
ca hím nica, form al y religiosa, y la m ás popular. Por
no in sistir sobre ésta, diré que algunos de los him nos
de Alceo se refieren seguram ente a encargos de san­
tuarios, donde él m ism o los h ab ría cantado: los him ­
nos a Apolo (p a ra Delfos, 307), a Atenea Ito n ia (para
Coronea, 325), a E ros (quizá p a ra Tespias, 327). No es
probable que esto sea así en otros casos: los him nos
a Zeus (386?) o las M usas (309) o ninfas (343), o cuan­
do pide a los Dioscuros que vengan de E sp arta (34) o
celebra a A frodita en fiestas locales.
El poeta está ya en u n cam ino que convierte el him ­
no en un p retexto p a ra to car tem as propios, a la m a­
nera de Solón en su Elegía a las Musas. Así en 303 A b
(a Apolo, co n tra P olianáctidas) o, seguram ente, en 45
(al río E bro, p a ra d e sa rro llar un tem a que ha quedado
fragm entario). Tam bién sucede que u n him no a Dio­
niso se ab re con la d edicatoria a un am igo (349). Quizá
se tra ta b a ya solo, a veces, del afán de n a r ra r algo
ingenioso y divertido, así en este him no y el dirigido a
H erm es (308).
P or lo dem ás, el m ito desem peña un papel im por­
tan te, com o «ejemplo», en poem as personales y en
otros que conciernen a afirm aciones generales de Al­
ceo, ya lo hem os dicho. El m ito se entrem ezcla con
m áxim as, a la m anera de toda la antigua poesía: sobre
el cum plim iento y el p o d er de Zeus (200, 296), sobre
el vino (333, 366), la pobreza y el dinero (360, 364), las
p ro stitu ta s (17), etc. Todo esto es tradicional. Lo nue­
vo es la n arració n lírica, «a saltos», no sólo en los

7 Sob re to d o s e sto s influjos, cf. M a r t in , ob. cit., págs. 87 si­


guientes.
300 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

tem as personales sino tam bién, a veces, en los m íti­


cos: así lo vemos ah o ra en el poem a sobre Áyax
(208)8.
Muy n o tab le es el desarrollo del tem a de la nave
del estado, que va m ucho m ás allá de A rquíloco (cf. 6,
73, 208, 249). Ya se tra ta de la situación toda del esta­
do, ya de la del propio poeta; ya se p re sen tan las año­
ranzas de la p ro p ia nave (73) o se aconseja cap ear el
tem poral u n a vez que uno se ha em barcado (249). Se
llega a ex p lo tar el sím il de la nave vieja, com parada a
la m u je r d ecad en te (306 i ) 9.
Es difícil clasificar los poem as de Alceo, salvo los
m ás estrictam en te hím nicos o los m ás estrictam en te
gnóm icos (m áxim as explicitadas con el m ito). Muchos
him nos y tem as m íticos se m ezclan a veces con los sim ­
posíacos y los políticos, eróticos, etc. En sustancia, da
la im presión de que la m ayor p arte de esta poesía está
escrita p a ra ser can tad a bien en fiestas, bien en b an ­
quetes (sim posios, m ás concretam ente) en que p a rti­
cipan Alceo y sus am igos divirtiéndose, entrem ezclando
a veces tem as políticos, eróticos, etc. El acento puede
estar puesto en el tem a «bebamos», justificado con las
más varias circunstancias: ha caído el tirano, h a lle­
gado la prim av era, hay que olvidar... P ero no se queda
ahí, da origen a m editaciones sobre la m u erte y lo
perecedero de la vida y la juventud (38, 39, etc.) o se
m ezcla con el tem a de la lucha y la acción (58, 73,
355...) o con viejos recuerdos (206). Se añade, con fre­
cuencia, la m ención del joven am ado, que en 386 se
hace venir, o se recu erdan las tretas de A frodita (380).
Un poco ap a rte está el tem a fem enino. H ay la con­
tinuación de poem as populares en el lam ento de la mu-

8 Sobre el m ito en A lceo. cf. M a r t i n , ob. cit., págs. 73 sigs.


9 Sobre el tem a de la nave en general, cf. M a r t i n , ob. cit.,
págs. 53 sigs.
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETAS M É L IC O S 301

chacha (10) y aparece m ás de u n a vez, com o en Arquí-


loco, el tem a del rechazo de la vieja o la p ro stitu ta
(117 b, 306 i, 342).
Es, en definitiva, Alceo u n p o eta com plejo e im por­
tante. H a convertido en poesía las añoranzas y los fra ­
casos de su vida de ho m bre de acción. Los him nos y la
reflexión p ro fu n d a se unen de m odo indisoluble a la
poesía que es arm a de com bate y a la erótica y sim ­
posíaca. Los acentos trágicos de la m u erte y la debi­
lidad del ho m b re se unen a los cóm icos del ataque
virulento c o n tra el p erju ro , el tirano, la m u je r deca­
dente. No tiene, sin duda, Alceo el profundo refina­
m iento, ni el eros añ o ran te de u n a Safo. Pero hace
buena figura a su lado. De tem as tradicionales y expe-
rencias de su vida ha creado una poesía nueva, de fres­
cu ra y vigor ra ra s veces alcanzados. El ca rác te r con­
creto y directo de sus descripciones y de sus sím iles y
epítetos, hace que tengan una fuerza evocadora inigua­
lable 10. E n el ocio cultivado del sim posio y la fiesta,
que era añoranza de acción y planeam iento de la m is­
m a en las largas h o ras de] exilio, h a surgido realm ente
algo nuevo en la poesía griega. Algo que, a través de
H oracio sobre todo, pasó en buena p a rte a la poesía
posterior.

3. La obra de Alceo.
La antigüedad con ocía diez lib ros de A lceo, aunque son raros
y p oco im p ortan tes los fragm en tos que p od em os atribuir a un o
de e so s lib ros. La princip al excep ción es que sab em os que el
libro prim ero era de him n os, encabezado p or los h im n os a
Apolo (308) y a las n in fas (343). Ya antes h ab ía datos para los
dos prim eros, véase ahora el P.Oxy. 2734, fr. 1 ( = S. 264). N o
sab em os con qué criterios estab a organizado el resto de la
edición.

10 Cf. M artin , ob. cit., págs. 41 sigs.


302 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

E sta p roced ía del filólogo alejandrino que m ás hizo p or sal­


var la antigua poesía: A ristarco. S ab em os que A lceo fu e co­
m entado por varios eruditos: Calías, quizá D ídk no, otros más;
y que escrib ió su vida D icearco. Ya hem os h ech o referencia a
varios com en tarios d escu b iertos en papiros (P.Oxy. 2306, 2307,
2506, 2734, 2878). El m ás im p ortan te es el de P.Oxy. 2506, com ún
a varios líricos y que ya hem os citad o a p ro p ó sito de Alem án
y E stesícoro; se refiere tam bién a Safo. E s un com en tario
erudito, que cita o d iscute diversas autoridades.
D iversas fu en tes antiguas se refieren a lo s poem as de A lceo
ya con el n om b re de S tasiotik á, «canciones de com bate» (así
E strabón , IV 167) ya de e sco lio s, «canciones de m esa» (así Aris­
tóteles, P olític a III 14). E n realidad, es du doso que se refieran
a lib ros d iferen tes. Ya h em os visto que es im p o sib le separar
am bos sectores.
Com o en o tro s casos, las ed icion es m odernas n o in ten tan
reconstruir la alejandrina: es una tarea im p osib le. D ado el
enorm e au m en to de lo s fragm en tos por causa de los d escub ri­
m ien tos pap iráceos, la ed ición que ha hecho época en este
cam po, la de Lobel-Page n , h a ordenado los fragm en tos p on ien ­
do ju n tos los proced en tes de un m ism o pap iro (a veces p u b li­
cado en dos fech as o m ás, con n ú m eros d iferen tes). N o sigue
el orden de p u b licación de los papiros; por su p u esto, cuand o
un fragm en to pap iráceo es con ocid o tam b ién p o r la tradición
indirecta, ca si siem pre con m ayor am plitud , é sta es utilizada
al tiem po. D e esta form a Lobel-Page dan una organización de
fragm entos p o r letras desd e la A a la Z: d entro de cada letra
hay una nu m eración y hay, adem ás, una n u m eración seguida.
Tras e sto s fragm en tos vien en los de tradición indirecta: pri­
m ero los atrib u id os a lib ros con cretos, luego lo s «incerti libri»,
en orden casu al. E sto s fragm en tos van organizados b a jo letras
griegas, con u n a n u m eración dentro de cada u n a y u n a segunda
num eración general, con tin u ación de la anterior.
E s, com o se ve, una ordenación arbitraria, pero resu lta
inú til d escartarla h oy a favor de otra que p u ed e ser igu al de
arbitraria. La ha conservado, en lín eas generales, la edición

i! E dgar L obel et D enys P age, P o e ta ru m L e s b io r u m Frag­


m enta , O xford, 1955, reim pr. 1968.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 303

que n osotros segu im os, la de Eva-M aría V oigt >2, que sólo en
m ínim a m ed id a ha de su p lirse con el S u p p l e m e n tu m Lyricis
Graecis (no hay h allazgos p osteriores). Da, por otra parte,
sólo 1a nu m eración general, n o las letras ni las nu m eracion es
parciales de ésta. Hay que notar que en esta ed ición figura
com o 34 A un fragm ento que para Lobel-Page n o es de Alceo;
com o 303 A, fragm entos de S afo según Lobel-Page; que añade
otros fragm en tos A, p roced en tes de hallazgos posteriores
(306 A); que da m ás co m p leto 306 (P.Oxy. 2307); y que pru­
d entem en te descarta co m o d u d osos (qu izá de A lceo, quizá de
Safo) algun os fragm en tos de Lobel-Page, lo s de la letra M
(252-282) m ien tras que atrib uye a S afo T (304 = S afo 44 A).
Tam bién d eja fuera algunos fragm entos apenas legib les. De
su edición, n osotros traducim os tod o lo que pu ed e dar algún
sentido; de los com en tarios, los lem as. Igual que en el caso de
los dem ás poetas.
Si segu im os esta ed ición (con alguna m ínim a excep ción ) es
porque es m ás com p leta, p resen ta en oca sio n es algunas m ejo ­
ras del texto, da algunos su p lem en tos prácticam en te seguros
(contra los h áb itos «gim n osoíísticos» de Lobel-Page de que
habla W est, CR n. s. 27, págs. 161 sigs.), y ofrece en sus apara­
tos m ú ltip les ayudas (p a sa jes paralelos, bib liografía, etc.).
H em os procurado la literalid ad de la traducción , a veces no
fácil, y ayudar a nu estra vez al lector con n u estras notas.

FRAGMENTOS

1 (V. 5 ) 13 ...el corazón... tenga... de los dioses in­


m o rtales... ni en la desgracia... envidien en form a des­
m esu rad a... elegido casó... protegido p o r u n a guardia
de lanceros... a ella con p lace r (cual?) un rey poseer...
p o r causa de u n a n u m erosa... m e suceda cuando... la
boda...

12 S a p p h o e t Alcaeus. F ragm enta, A m sterdam , 1971.


13 P osib lem en te, en relación co n Pitaco.
304 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

2 (V. 6 ) 14 E sta nueva ola del viento de an tes nos


llega ya y va a darnos gran trab a jo cuando aborde la
nav e...
reforcem os cu an to an tes... y corram os a un p u erto
seguro...
y que de ninguno de nosotros se adueñe un cobarde
tem or: es bien claro: acordaos de las (penas) de antaño.
Sean todos valerosos,
y no cu b ram o s de vergüenza a nuestros nobles pa­
dres que yacen b ajo tie rra que de estas... a la ciudad...
siendo... de los p ad res... de los... n u estro corazón...
parece... u n a ráp id a...
pero de la... ni a n osotros... el gobierno de u n sólo
hom bre... ni aceptem os...
3 (V. 7 ) 15 ...ignorancia... aun siendo m uy... de un
varón... de los pelasgos los e o lio s 16... cayó... el señor
de la cóncava (nave?)... en las de C irra... ráp id as...
sacas a F ilan to ... un pez...
4 (V. 1 0 )17 Ay de mí, m u je r desgraciada, sufridora
de toda clase de in fortunios, a mi casa... afrentoso
destino, ya que m e alcanza m al

14 La torm en ta es evid en tem en te m etafórica, derivada de la


«real» de A rqu íloco (cf. m i trabajo «Origen del tem a de la nave
del estado en u n pap iro de Arquíloco», A e g yp tu s 35 (1955), p á­
ginas 256-20). E s el sím il cen tral que precede a una exhortación
a una lu ch a contra el tirano, tras otra an terior fracasada.
Un esco lio c ita el nom bre de M írsilo.
15 El e d ito r Lobel su pon e que hay referencia al m ito de
F ilanto, fu n d ad or de T arento, que en el golfo de Crisa, al pie
de D elfos, c a y ó al m ar de su nave y fu e recogid o por un delfín
que lo llevó a tierra (cf. P a u s a n i a s , III 136).
16 Se refiere, quizá, a lo s eo lio s de L esbos, su p u esto s d es­
cen d ien tes de lo s p eiasgos de T esalia (cf. M. Treu, Alkaios, pá­
gina 104).
17 C om ienzo de un poem a m im ético pu esto en boca de una
m u jer enam orada. Cf. B o w r a , G reek Lyric P o etry , e n adelante
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 305

insaciable y m e nace en el pecho aterrad o bram ido


de ciervo, u n enloquecido... p o r las desdichas...
5 (V. 3 4 )!S Venid a m í dejando vuestra isla de
pélope (fu ertes?) h ijos de Zeus y de Leda; (con be­
névolo?) e sp íritu m ostraos, oh C ástor y Pólux,
vosotros que la tie rra an ch u ro sa y el m a r todo
recorréis en vuestros rápidos corceles y con facilidad
salváis a los hom bres de la m u erte im placable
...saltan d o h asta lo alto de las naves de herm osos
bancos, brillan tes desde lejos... y en la terrib le noche
lleváis la luz de salvación a la negra nave.
6 (V. 34 A ) 20 ...(C ástor y Pó)lux... am ables... al es­
poso jin etes... dejando, venid... a la am able isla de
M á c a r12... siendo... a la ciudad...
7 (V. 35) 22 ...según la co stu m b re... en la estancia...
variopintas...
8 (V. 36) 23 ...g irando... con la l i r a 24... con u ltra ­
jes... ha sido excluido... m ás lejos... recib irá... serae-

B o w r a , pág. 133 (con o tro tex to ), y su pra, In trod ucción. Ha


sido im itad o por H o r a c io , O das III 12.
18 E ste him n o a los D ioscuros se refiere a la creen cia de
que esto s d os jin etes, herm anos gem elos h ijo s de Zeus y Leda,
se aparecían co m o salvadores a las n aves en p eligro en m edio
de la noche. El fuego de San T elm o, que b rilla en lo alto de
los m ástiles, era reconocid o com o señal de su presencia.
19 En h im n os de llam ada com o éste se pid e al d ios o d ioses
que vengan, d ejand o su lugar de cu lto habitual: en e ste caso
Esparta, en el P elopon eso.
20 Quizá otro him n o de llam ad a a los D ioscu ros, a qu ienes
en este caso se quiere hacer venir de Lesbos.
21 E sta isla es L esbos, cu yo rey m ític o fu e M ácar (11. X X IV
544, H.Ap. 37).
22 Quizá del proem io de un c an to de banquete.
23 F ragm ento de un can to de b an q u ete de tem a p olítico.
24 E n realidad, la p aktís, in stru m en to que se tocaba con
el dedo, no con el plectro.
306 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

ja n te s... tram an d o sediciones... re u n ir dinero (?)... he


resu elto ... vierte (vino) de flores...
9 (V. 37) 25 ...ta l... n ad a... yo... llevar... pues lo...
a los dioses... com o quieran.
10 (V. 38) 26 (a) B ebe..., M elanipo, conm igo... tra s
atrav esar el g ran (?) A queronte arrem olinado (?) ver
de nuevo la p u ra luz del sol. P ero ea, n o (aspires) a
cosas grandes. Pues en verdad Sísifo el rey E ó lid a 27,
el m ás inteligente de los hom bres ...aun siendo hom bre
de m últiples astu cias atravesó dos veces el A queronte
arrem olinado, p o r o b ra de la K e r 28... a él p adecer el
rey C rónida de la tie rra n e g r a 29. E a pues, no... si aca­
so alguna vez u n d ía... su frir cualquier cosa de estas
que... el viento B óreas...
(b ) ...el viento B óreas... a la ciudad ...to c ar la cíta­
ra ... b ajo el techo p a rtic ip a r. . . 30.
11 (V. 39) (a) y (b ) 31 ...discursos engañosos (?)...
argucias (?)... cuando a m i la vejez... olvidarm e... de
los tiern o s m ancebos a ti ca n ta r (?)... vino... de los
ciudadanos m uy poco... pues lo decidido p o r el destino

25 Final de un poem a cerrado con una m áxim a.


26 E xh ortación al carpe diem , el disfru te de la hora pre­
sente, con el p en sa m ien to de la m uerte que viene. S ísifo enga­
ñó a la M uerte encargan do a su m u jer que n o le hiciera h on ras
fún eb res, p or lo que aqu ella le d ejó regresar a tierra para
prepararlas. P ero cuando de nu evo m urió Z eus le con d en ó a
hacer rodar cu esta arriba una gran piedra.
27 S ísifo , fu n d ad or de C orinto y ren om brado por su s en­
gaños, era h ijo de E olo.
28 N om b re de los gen ios de la m uerte, tam bién alm as de
los m uertos.
29 E s decir, H ades, d ios de los infiernos.
30 E s pura con jetu ra que e ste fragm ento, p roced en te de un
p ap iro d iferen te (P. B a d e n 174, el prim ero es del P.Oxy. 1233)
sea con tin u ación del m ism o. Es en tod o caso de tem a de ban­
q u ete igualm en te.
31 P oem a sim p o sía co en que resuenan los tem as del anterior.
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETA S M É L IC O S 307

ni... los ho m b res que h an nacido (?)... era sabio y


(dotado) de m ente aguda... co n tra el destino de Zeus
ni los cabellos... a las desdichas... ser llevado al p ro ­
fundo (A queronte?)...
12 (V. 4 1 )32 ...a un varón... m uellem ente... p u ra ...
el sagrado (m irto ?)... llevando... escancia (?) vino...
ánim o... la cítara... tú que tienes un recinto sagrado
(en) lo m ás alto de la ciudad oh... A frodita... m u je­
res (?)...
13 (V. 42) 33 ...según es fam a, p o r funestas (accio­
nes tuyas les llegó) a P ríam o y sus hijos, p o r tu culpa,
(un fin) am argo... a la sagrada Troya.
No era sem ejante la virgen delicada que el E ácida M,
(invitando) a la boda a todos los felices 35, se llevó de
(la casa) de N e re o 36.
a la m o rad a de Q u iró n 37; y desciñó... el cin tu ró n de
la doncella.
El am o r... de Peleo y la m ejo r de las N ereidas; y en
un año
dio a luz un niño, de los sem idioses..., feliz auriga
de rubios corceles. Ellos en tan to perecían p o r H elena
y su ciudad con ellos.
14 (V. 43) 38 N osotros dos p o r causa... y con las
grullas... llegué, a u n m an to ... colocando en la nave

32 Otra canción sim p osíaca, en un a fiesta en hon or de


Afrodita.
33 Fin de un p oem a que com para a H elena, la m u jer fu n es­
ta cau san te de la ruina de Troya, con T etis, feliz esp o sa de
P eleo y m adre de A quiles.
34 P eleo, h ijo de Éaco.
35 El tem a de esta bod a, con asisten cia de to d o s los d ioses,
es frecuente en la poesía griega.
36 T etis, d iosa m arina, es una N ereida, h ija del d io s del
m ar N ereo.
37 Centauro tesalio, am igo de P eleo y ayo d esp u és de A quiles.
38 C om ienzo de una oda: A lceo celeb ra su regreso p or m ar.
308 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

que hacía su p rim era singladura... así del m ism o m odo


no...
15 (V. 44) 39 ...del m al ...a su m ad re ... llam ó, la
ninfa m arin a: y ella las rodillas (abrazando de Zeus)
le suplicó... la ira de su hijo...
16 (V. 4 5 )40 E bro, el m ás herm oso de los ríos, que
ju n to a E no desem bocas en la p u rp ú re a m ar, tra s can­
ta r tu canción a través de la tie rra de T racia... los
caballos 41...
Y a ti m uchas doncellas... sus m uslos con sus m a­
nos delicadas... d isfru tan cual de ungüento de tu agua
d iv in a 42.
17 (V. 4 8 )43 ...al m ar... ser llevado... de lo que se
llevaba... ca p tu ra... de la sagrada B abilonia... a Asca-

39 Fin de un poem a. E s el tem a hom érico de T etis su pli­


can d o a Z eus que dé h on or a su h ijo A quiles, agraviado por
Agam enón. P ero precede una plegaria de A q uiles a T etis (que
H om ero co lo c a en otra ocasión ).
40 C om ienzo de un p oem a en que se celeb ra al E bro (hoy
M aritza), r ío de Tracia que desem b oca ju n to a la ciu d ad de
E no. Quizá se hablara a continuación de Orfeo, fu n d ad or de
la poesía lesb ia, cuya cabeza y lira fueron llevadas por e l Ebro
y luego p or el m ar h asta la isla. E no es u n a fun dación de la
ciu dad lesb ia de M itiline, quizá a través de ella llegaron a
L esbos m ito s tracios co m o el de Orfeo.
41 Las llan uras de Tracia eran fam osas p or su s cab allos,
com o los d e R eso en la Ilíada.
42 P arece h ab larse de un baño ritual de las jóven es en el
Ebro: su agua es tan salud able y em b elleced ora co m o u n u n ­
güento. Q uizá se trata del b añ o que sim boliza, precisam en te,
la tom a d e p o sesió n de la ciudad p or lo s colon izadores lesb io s,
cf. H. F r a n k e l , «Das B ad des E inw anderers», recogid o en A n ti­
ke L yrik, ed. W. E i s e n h u t , D arm stadt, 1970, págs. 47-50.
43 H ay p o sib lem en te referencia a A n tim énidas, e l h erm ano
de Alceo, que fue m ercen ario en B abilonia (cf. In trod u cción ,
pág. 292). S e trata sin duda de un a de las cam pañas de Nabu-
cod on osor con tra lo s ju d íos, que con clu yeron e l 686 a. C. con
la tom a d e Jerusalén y el d estierro del p u eb lo ju d ío a B abi­
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 309

jó n 44·.· m over ásp era (g u erra)... de a rrib a a ab ajo (des­


tru ir?)... y al valiente... la casa de H ades... pen sar...
coronas a n o so tro s... todo esto ... ellos...
18 (V. 5 0 )45 V ierte ungüento sobre m i cabeza que
ha sufrido tan to y sobre m i pecho canoso... que beban,
infortu n io s... dieron (los dioses?), en unión de los de­
m ás hom bres, y el que no... dices que pereció (?)...
19 (V. 5 8)46 ...m o rir... en casa... recib ir... ni... un
cazo d en tro de una g ran tin aja... te esforzabas, aten ­
diéndom e en esto... seco (?), en o tro caso... cantes ebrio
p ara m i... evitam os del m ar... vestidos c o n tra el frío...
levantándonos (?) ráp id o ... cogiendo los rem os... de
fren te... y m ás alegres... con ánim o sereno... sería
ocasión de b eb er de u n solo tra g o 47... poniendo su
m ano en m is vestidos... a la cabeza (?)... pone... el
canto... Ea, esto a m i... un gran fuego... pones...
2 0 (V. 6 1 )48 ...acción... de los p ad res... u n recu er­
do doloroso... h acer n acer u n pensam iento... llevar (?)
una vida sin dolores... así era su pensam iento... alcan­
zar (?)... la m u erte dolorosa...
21 (V. 6 3 )49 ...al C lean á ctid a50 (?)... dieron... (dos)
mil estateras...

l o n i a . C f . D . P ag e, S a p p h o an d A lcaeu s (en a d e la n t e P a g e ), p á ­
g in a 224.
44 Ciudad de P alestina en la C osta de Judea.
45 C om ienzo de un p oem a de tem a convival.
46 P oem a convival de sen tid o oscuro: quizá A lceo invita
a dejar el b an qu ete y em pren der u n a navegación.
47 La expresión ind ica la acción de b eberse la cop a entera
sin interrup ción, co m o era u su al en tre lo s tracios.
•w Cf. M. Treu, C orolla L in gü istica, W iesbaden, 1955, pági­
nas 226 sig.
49 Se trata del m ism o tem a de V. 69.
50 Fam ilia n ob le, p osib lem en te la de M írsilo.
31 0 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

22 (V. 67) No en todo era... ni falto de inteligen­


cia... (ante) el a lta r del hijo de L e to 51 se cuidó bien
de esto: de que ninguno de los de b ajo nacim iento se
hiciera ilu stre en tre ...

23 (V. 68) 52 ...no engañará (?) suavem ente al p ad re


digno de ser lapidado y adem ás al p ad re de él... lo
m ism o el im p ru d en te... siniestro objeto de odio.

24 (V. 69) 53 Zeus padre, los lidios doloridos (?)


p o r n u estro s in fo rtu n ios nos dieron dos m il estate ras
p o r si podíam os volver a la ciudad sagrada M,
n o sotros que de ninguna v en tu ra habíam os h asta
entonces d isfru tad o ni aun tenido noticia. Pero é l 55,
com o una zo rra de m ente astu ta, con fáciles p alab ras
creía que nos iba a p a sa r inadvertido.

25 (V. 70) 56 ...decirle esto... d is fru ta b a 57 p articip an ­


do en el b an q u e te ... la lira, en unión de ociosos ju e r­
guistas, dándose el festín con ellos...

51 De A polo. P arece d edu cirse que alguien (sin duda P itaco)


juró ante el altar de A polo no perm itir el ascen so a p u esto s
p olíticos de la gente del pu eb lo. E s com ienzo de poem a.
52 Fin de p oem a nada claro, quizá referen te a M írsilo a
juzgar p or el com en tario de 306a en que se hab la de Clean
(áctid a).
53 S ob re el tem a de e ste fragm ento, véa se Introducción: se
trata, parece, de ayuda de los lid ios a A lceo y su partido para
volver a M itilen e y recuperar e l poder. P ero quedan o sc u ­
ridades.
54 ¿M itilene? ¿O es la ciudad de Ira, tam b ién en Lesbos?
55 N o p arece que sea P itaco, cf. B o w r a , ob. cit., pág. 141.
56 Cf. In trod u cción . A lceo, desd e el d estierro, m u estra su
od io contra P itaco, con vertid o en a isy m n â tâ s a la m u erte de
M írsilo, p ero pid e una tregua h asta que las circu n stan cias sean
m ás p rop icias (cf. B o w r a , ob. cit., págs. 1 5 3 sigs.). Se n os ha
conservado el final del poem a.
57 P o sib lem en te se habla de H irras, padre de Pitaco.
l ír ic a m o n ó d ic a : p o e t a s m é l ic o s 311

m ien tras que el o t r o 5*, unido (en boda) con la fam i­


lia de los A tridas... devore la ciudad com o con M írsilo
h asta que A re s59 nos q uiera a las arm as (?) llevar. Pero
ojalá nos olvidem os de esta ira...
y dem os una pausa a la discordia que corroe el
ánim o y a la lucha civil que uno de los Olím picos im ­
pulsó llevando al pueblo a la catástro fe y entregando
a Pitaco la gloria que él quería.
26 (V. 7 1 )60 E ras amigo p ara in v itarte a cabrito y
lechón: esa es la costum bre.
27 (V. 72) ...con violencia... lle n a 61 de vino puro
de día v arm a estré p ito de noche cuando era costum ­
bre con frecuencia...
y este hom bre 62 no se olvidó de esto en cuanto tuvo
el poder, pues cada noche organizaba la ju erg a y reso­
n aba el fondo de la tin a ja 63.
Y tú, nacido de una (fam ilia) a s í 64, tienes la fam a de
los hom bres libres que son hijos de padres nobles...
28 (V. 7 3)65 ...to d a la c a rg a 66... y en la m ayor m e­
dida... y h erid a p o r la ola... lu ch ar con la to rm en ta...

58 P itaco, casado con una P en tílida (fam ilia que se decía


d escendiente de C restes y, por tan to, de lo s A tridas).
59 D ios de la guerra.
60 C om ienzo de poem as.
61 Lo m ás v erosím il es que se trate de H irras, el padre de
P itaco (cf. B o w r a , pág. 148; P a g e , págs. 172 sigs., opin a de
otra m anera).
62 P itaco.
63 Im agen para ind icar que se estab a sacan d o vin o c o n s­
tantem en te.
64 E s o scu ro a qu ién se refiere Alceo: ¿a un h ijo de Pitaco?
<>5 Alegoría sob re la nave del estad o. A lceo prefiere, de m o ­
m ento, ab sten erse de la lucha p olítica y d isfrutar en el ban­
q u ete con su s am igos. H ablan la nave y Alceo.
66 S in duda es arrojada p or la borda.
312 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

dice que n ad a añora, sino chocando con escollo in­


visible (sucum bir).
Aquella en esto... (yo) olvidado de esto d isfru to (?)
con vosotros siendo joven y con B aquis...
Así no so tro s p a ra el día de m añana... aunque algu­
no... m o stran d o ...
29 (V. 7 4 )67 ...éste un ancho... de la cabeza, bus­
ca... m ien tras aún el leño despide sólo hum o...
30 (V. 7 5 )68 ...q u e los que y erran soporten u n des­
h o n o r ya an tes anunciado, es fuerza. Lo recuerdo: to­
davía com o u n niño... pequeño estaba yo sen tad o ... sé...
el P e n tílid a 69... pero ah o ra él cam bió... u n ho m b re m al
nacido... tiran iza r...
31 (V. 76) ...a tu tie rra (?)... gloria... de la e stir­
pe... sería so p o rtab le... u n a soberbia y con grandeza...
lo que hacen gentes arro g an tes... sería soportable...
m uchas veces hem os fracasado... y nos levantam os...
está m ezclada... pero, oh m uchacho...
32 (V. 98) ...de los herm anos... dios q u iera...
33 (V. 112)70 ...p o r causa de su insensatez... el

67 Un e sc o lio n o s aclara el sentido: Alceo recom ien d a cortar


los in icios de tiran ía an tes de que lleguen a m ás, com o se
apaga un leñ o qu e echa h u m o an tes de qu e arda. E s tem a
q ue ya está en E s t e s I coro ., fr. 281 PMG, y luego e n S o l ó n ,
9-11 Ad.
68 In cid en talm en te, A lceo cita un recuerdo de su infancia
de la época en que su fam ilia estab a aliada co n P itaco contra
M írsilo (o M elancro).
69 Sin duda P itaco, irón icam en te. Sob re su b od a y su su p u es­
ta baja clase social, cf. In trod ucción.
70 F ragm ento m u y in com p leto, p ese a que en él se integran
dos fragm en tos pap iráceos (P .B ero l. 9569 col. I 1-18 y P .A berd.
7) m ás un e sc o lio a E sq uilo, P ers. 349. D escartan do su p lem en ­
tos fa n ta sio so s, com o los de D iehl, lo ún ico claro es que Alceo
reflexiona sob re el pod er de Zeus y el pap el d estacad o de los
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETA S M É L IC O S 313

tiem po... el propio hijo de C ro n o 71 com o quiera... no


es v erdad... hizo lucha abu n d an te en lágrim as... a los
héroes... largam ente... pues son los hom bres la to rre
que defiende la c iu d a d ...72 aquel quiso... im puso el des­
tino... Zeus... cosas que si alguien... introduzca... pues
esto... antes in fo rtu n ad o (?)... ésta es mi plegaria: ...la
luz del sol... de los C leanáctidas o de los Arqueanácti-
d a s 73..· al dulce cual la m iel... perecieron de Ciquis

34 (V. 113)75 ...de p erro ...cuando... com enzaron...


con m aquinaciones... y aquel... si... está sentado...
son... de los m o rtales...

35 (V. 114)76 ...n i... diera... así... vigor... ahora...


otros... a la tie rra ... ahora..,

36 (V. 115)77 ...de la ru b ia yegua (?)... con las aves


desde el m a r a esta ciudad... de las cum bres de donde
el bienoliente... el agua fresca, de las verdes, cubier­
tas de viñedos... la caña verdeante... haces re so n ar p ri­

héroes, sin em bargo; y que, al final lanza una m aldición contra


su s enem igos.
71 Zeus.
72 Tem a m u y im itad o, cf. C. L ongo , «Ad A lceo 112.10 L .P .:
per la storia di un topos», B oll, d e ll’ls t . d i F ilología G reca 1
(1974), págs. 211-228.
73 Los esco lio s m argin ales parecen asegurar que a estas
fam ilias p erten ecían resp ectivam en te, M írsilo y Pitaco; pero
hay fu erte d iscu sión sob re ello.
74 H erm ano de A lceo (r estitu c ió n conjetu ral).
75 F in de un p oem a con m áxim as sob re e l p od erío divino.
76 Un e sc o lio m arginal presta sen tid o al poem a: se refería
al d estierro de A lceo y los su yos en Pirra tras su in ten ton a
contra el tiran o M írsilo (cf. In trod ucción).
77 Se refiere, quizá, a u n a fiesta en un lugar de naturaleza
lujuriante en hon or de una divinidad venida de m ás allá del
m ar (¿A frodita?) y ante una concurrencia de pú blico.
314 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

m averal... visible desde lejos... esto a m i... concurren­


cia... pastad o p o r las cab ras... rosas... de m iel...
37 (V. 117) ( b ) 7s ...deliciosos... deseable... cedes en
la ráp id a ca rre ra ... palpaba unas calabazas ya m a­
d u ras... hacía u n a libación... bueno... nunca aún (?)...
de la ganancia... de Zeus y de los dioses felices... cons­
truyendo u n a nave... pues yo no tengo... tuviste tra ­
bajo m ald icien d o 79... y m uchas cosas otorgando (?)...
pero a ellos m ás tard e ... pero lo que uno da a una
puta, es igual que a rro ja r (sem illas?) a la ola del m ar
canoso... no sabe esto, hacerm e caso a m i, pues al que
tra ta con p u tas, esto le sucede: carece (luego) de dine­
ro y una vergüenza, una bajeza funesta, grande... m en­
tiras... los peores de los m ales... al alm a... con lágri­
m as; pero ella no... o tro ... al que... la ola... frío...
com o (?) Sísifo s®.
38 (V. 119)81 Quién, desgraciada... decir... te ofre­
ció... llam a al dios no culpable®2.

78 P oem a exh ortativo b astan te p rosaico y m uy oscu ro. Se


exhorta a algu ien a no tratar con p r o stitu ta s, porque e s cosa
que arruina la hacien da y trae desh onor. E l tem a recuerd a la
h istoria del h erm ano de Safo, Caraxo, y lo s p oem as de ésta,
V. 5 y 15, cf. pág. 340. Pero el d etalle no es claro. E l com ienzo
parece referirse a la abundancia antes de la calam idad luego
referida.
79 Es fem en in o, lo que hace aún m ás d ifícil la in terp reta­
ción del con ju n to.
80 La su erte del hom b re que ha com etid o ese error se com ­
para a la de S ísifo em pujan do su piedra siem p re en el infierno.
81 F ragm ento difícil. Prefiero la in terp retación erótica de
Fränkel, B ow ra y Treu (cf. los datos en su A lkaios, p ágs. 166 si­
guiente) a la p olítica de P errotta, Page (pág. 242), etc. Pero no
creo que se trate de un a joven aún «inm adura», sin o de una
m ujer ya v ieja que, com o un a vid igualm en te vieja, da fru tos
que no llegan a m adurar. P arece claro que en tiem p os ha re­
chazado a A lceo («los que en un tiem p o trabajaron», con la
m etáfora del cu ltivo de la tierra, m etáfora e rótica) y qu e aho­
l ír ic a m o n ó d ic a : fo e t a s m é l ic o s 315

pues que nada te falta: pues yo (?) tu insensatez...


pero a m i déjam e y en (tantos) m ales sí puedes re­
ten er...
Porque tu tiem po ya ha pasado y el fru to que había
ha sido todo recogido. H abía esperanza de que tus
sarm ientos —son bellos en verdad— dieran racim os
nada escasos
pero es tard e (?), de una vid como esa... buscando...
tem o que los vendim ien verdes y ácidos.
...los que en un tiem po tra b a ja ro n ... jam ás... fu er­
te... p ro cu ra...
39 (V. 120)33 ...d estino... rechace... inm aduro (?)...
arando tierra s lib res... sea su b arb a negra...
40 (V. 129) 84 ...los lesbios fundaron este gran tem ­
plo, visible a lo lejos, com ún p ara todos y en él pusie­
ron altares de los dioses inm ortales
y llam aro n a Zeus S uplicante y a ti, ilu stre diosa
eolia, M adre de todos y a este te rc e r tesoro le nom ­
braro n

ra se vuelve a él, que la rechaza («a m í déjam e») y le dice


q ue ya es tarde. E s un tem a h ered ado de A rquiloco, E p o d o
V III, y p osib lem en te im ita d o p or H oracio, O das II 5, 9 sigs.
E s el com ien zo del poem a, quizá casi com pleto.
82 D ebe en ten d erse que la p erson a a qu ien se dirige eí poe­
m a echa a un dios, sin razón, culpas que só lo ella tien e. Por
lo dem ás, no es absolu tam en te seguro que se trate de una
m ujer, pu ed e restitu irse tam b ién p o n e r e (cf. 306 A b 25 p o n e r e
p a íd o n ) y referirse a un hom b re. Las m etáforas agrarias, sin
em bargo, hacen p referib le la otra idea.
83 F in de p oem a m uy oscuro. Un esco lio indica que hay
referencia a alguien (el «arador», sin du da) que sólo después
de casarse tu vo barba.
84 A lceo, refu giad o en Pirra (a 35 km s. de M itilene) en el
tem p lo de lo s tres d ioses lesb io s, les pide el castigo de P itaco,
que había jurado con A lceo y su s am igos una alianza contra
M írsilo para descub rir desp u és a é ste la consp iración . El poem a
está casi com p leto, falta só lo una estrofa.
316 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

Dioniso C arn ice ro 8S. Ea, m anteniendo u n esp íritu


benévolo, oid m i m aldición y de estos tra b a jo s y del
d estierro doloroso salvadnos:
que al hijo de H irras le alcance la E rinis de aque­
llo s 86, pues que ju ram o s haciendo u n sacrificio... ja­
m ás a ninguno de los com pañeros 87
sino que o yaceríam os revestidos de tie rra m u erto s
p o r o b ra de los hom bres que entonces... o tra s m a­
tarlo s salvaríam os al pueblo.
Pero de aquello el b a rrig u d o 88 no habló con su
ánim o, sino que p iso teando tan tran q u ilo los ju ra m e n ­
tos, devora la ciudad en tan to que a nosotros...
No conform e a la ley... g la u c a 89... escrito ... M írsilo...
41 (V. 130) ( a ) 90 S ufro m alam ente, p orque ni m is
am igos... ni yo m ism o... el corazón (?)... h ijo ... las
vides... h am b rien to (?)... es posible... al p u n to rom pa
(?)... cayendo él... al m uro real.
42 (V. 130) (b ) 91 P u ras... vidas (?)... el m iserable
de mí, vivo teniendo la su erte de un rústico, ansiando
escu ch ar el pregón de la Asamblea, oh Agesilaidas,
85 Se trata de un tem p lo com ú n a to d o s lo s p u eb lo s les-
b io s y d edicado a la tríad a form ad a p or Zeus, H era y D ioniso,
con los e p íteto s m en cion a d os («Carnicero» e s un eco del an ti­
guo D ioniso, devorador de carne cruda). A e ste tem p lo y su s
fiestas se refiere tam b ién el fr. siguiente, a sí com o S afo , 17.
86 La E rin is o Furia que debe vengar la m u erte de los con ­
jurados m u ertos por M írsilo, a q u ellos que no tu vieron tiem p o
de hu ir con Alceo.
87 Los «com pañeros» o «am igos» que integrab an el partido
de Alceo.
88 P itaco, el h ijo de H irras, que prestó, tam b ién él, el ju ra­
m ento.
89 ¿Hera? ¿Atenea?
90 P oem a com p leto, pero en p ésim o estado. E s de tem a p o lí­
tico o guerrero.
91 Otro p oem a del prim er d estierro de A lceo, en Pirra, en
el tem p lo de la tríada lésb ica, que ahora se describ e com o un
lugar solitario, en el m onte.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 317

y del Consejo 92; y aquello que mi p ad re y el padre


de mi p ad re envejecieron poseyendo en tre estos ciu­
dadanos que se m a ltratan e n tre sí, yo... de ello me
han expulsado,
d esterrad o en u n confín extrem o, igual que Onima-
c le s 9i, aquí m e he refugiado solo, puro m ato rra l para
lobos... la guerra; pues a la lucha civil... no... poner
térm ino
...el tem plo de los dioses felices... pisando la negra
tie rra ... que a ellas yo en las fiestas, vivo m anteniendo
m is pies lejos de la desgracia
allí donde las lesbias van a rra stra n d o el peplo p a ra
el concurso de belleza; y en to rn o ruge el divino cla­
m or de las m ujeres, el sagrado grito ritu al de cada
año 94
...de e n tre m uchos los dioses... los O lím picos...
43 (V. 131)95 De la tie rra ... d esterrad o ... en arcas...
44 (V. 132) ...fu era llevado... sentí p esadum bre...
(a m í) cabeza u n a gran desgracia... sea callado y al
brillan te...
45 (V. 140)96 ...resplandece el gran tem plo con el
bronce y en h o n o r de Ares está adornado todo el te­

92 N o sab em os exactam ente e l significado de la A sam blea


y el C on sejo en un régim en a ristocrático co m o el de la antigua
L esbos. A lceo añora la vida ciu dad ana y los bien es que han
sid o confiscados a la fam ilia.
93 N o sa b em o s si e s algún desterrad o fa m o so o un p erso­
n aje de leyenda, com o T im ón el m isán trop o, de que habla
A ristófanes ( L isístra ta 809 sigs.). La in terp retación «m atorral
para lobos» referid o a A lceo es de Page, pág. 205.
94 El con cu rso de belleza en la fiesta de H era es un ritual
del que form a parte, tam bién, el clam or de las m u jeres a sis­
tentes. E l tem p lo era, p u es, un lugar de p eregrin ación anual,
aban don ado el resto del año.
95 C om ienzo de un p oem a de destierro.
96 F alta un verso del com ien zo del poem a (qu e se com pleta
318 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

cho con bellos cascos, de los cuales se bam bolean hacia


abajo blancos penachos de crines de caballo, ornato
de las cabezas varoniles; y grebas broncíneas, defensa
co n tra el poderoso dardo, ocultan, puestas en torno, las
clavijas; hay corazas de nuevo lino y cóncavos escu­
dos, arro jad o s en el suelo; y al lado espadas de Cálcide,
al lado m uchos cin turones y túnicas de lino 91. No hay
que olvidarse de todo esto, ahora que nos hem os lan­
zado a esta em presa g u e r re ra 98.
46 (V. 141)99 ...de la m iserable... ese hom bre que
está buscando el m áxim o p o d er d e rrib a rá al suelo
p ro n to la ciudad: ya vacila.

con ayud a de A t e n e o , X IV 627 a-b), que daría d etalles sob re el


lugar en que se guardaban las arm as descritas. P ese a las
op in ion es m ás com u n es de que se trata b ien de una arm ería,
b ien de un a n d ro n o sala de los h om b res en una casa n ob le,
segu im os la in terp retación de M ar ía G r a z ia B o n a n n o , «Alcaeus
Fr. 140 V.», P h ilologu s 120 (1976), págs. 2 sigs., de que se d es­
cribe un tem p lo en que se guardaban los d e sp o jo s de guerra
de los n ob les de M itilene: un tem p lo de Ares, m ás con creta­
m ente, en cu yo tech o, paredes y su elo se colocab an com o
e xvotos arm as ganadas en la guerra.
97 Las arm as descritas tien en un carácter m uy m isceláneo:
hay c a sco s con pen ach o de crin de caballo, c o n ocid os en H o­
m ero pero p asad os de m oda en esta época; corazas y tún icas
de lino, m ás propias de bárbaros que de griegos; esp ad as de
Cálcide (p ero n o lanzas); greb as y escu d os q u e resp on d en ya
al u so de los h o p lita s (aun qu e tam b ién pu ed en ser p osteriores).
O b ien se m ezclab an recuerd os de guerra de otras ed ad es o
bien el arm am en to lesb io era arcaizante y segu ía m od as ajenas
al con tin en te.
98 E sto equivale, en definitiva, a una exhortación: n o hay
que olvid arse del valor de n u estros antepasados, que co n q u i
taron e sta s arm as, hay que luchar.
99 Se trata de P itaco, sin duda en el m o m en to en que,
m u erto M írsilo, bu scaba ser n om b rad o a isy m n â tâ s. A lceo avisa
en vano a su s conciu d ad an os desd e el exilio. Es el m ism o
tem a del fr. 74, cf. nota 50. El papiro se com p leta con A r i s t ó ­
f a n e s , A v isp a s 1232 sigs.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 319

47 (V. 143)103 ...v encer... lib era r (?) al pueblo... a


los que no... en verdad m uy... b arb a... ap a rec er ante
todos... el puño de la ru ed a del m olino... cubierto de
ardiente ceniza... reco rres... u n a correa...
48 (V. 148)101 ...feliz... m iserable... yerro (?)... soli­
tario... lejos de los am igos... solo: pero com o... vida...
a los inm ortales.
49 (V. 167)102 ...c o n tra el ju ra m e n to ... oh m ala
h ie rb a 103... m acho c a b río 104... cargas... sabem os... de
las naves... a H ades... de los padres c o n tra Frinón
q u e 105... echem os al m a r las ráp id as naves...
50 (V. 169) (a) ...E pilaidas (?)... de nuevo... de los
hom bres antiguos... recu erd o ... eolia... M itilene...
(b ) ...las cóncavas... P itaco...
51 (V. 179) 106 ...ro m pió con violencia... y al... de
nosotros... del b rillan te... a través del escudo... donde
el ja b a l í 107... pues m uchos... está fijo... C arícides (?)...
brillaba el h ierro ...

laü H ay una exh ortación a lu ch ar contra el tirano y una


descrip ción de los ca stig o s que éste debe sufrir: arrancarle
ia barba, h acerle m over la rueda del m olin o, echarle encim a
ceniza calien te, azotarlo. Cf. B a r n e r , ob. c it., págs. 30 sigs.
101 O tro p oem a de destierro, cf. B a r n e r , págs. 178 sigs.
102 H ay una invectiva con tra P itaco seguida de una exhor­
tación a la lucha, cf. B a r n e r , págs. 6 2 sigs.
ω3 Parece tratarse de una hierb a m alolien te y dañina para
el ganado, la hierb a de San Juan o hipérico.
104 S in duda un in su lto , alu d ien d o al m al olor del anim al
( c f . H i p o n a c t e , 117).
105 Frinón e s u n olim p ion ica a ten ien se m uerto por P itaco
en la guerra por S igeo (cf. In trod u cción ). Pero no se ve bien
por qué se recuerda una hazaña de P itaco cuand o se exhorta,
parece, a luchar con tra él.
106 Parece una exh ortación , con recuerdo de antiguas h a ­
zañas, cf. B a r n e r , págs. 5 2 sigs.
io? Parece que era em blem a en el escudo, a ju zgar p or un
escolio.
320 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

52 (V. 186) ...de H ades... en tre los com batientes de


van g u ard ia... desg racias...
53 (V. 200) ...q u ieras... bu scar... un dios... (sin)
fidelidad... según la ju stic ia ... Zeus hijo de C rono tiene
el cum plim iento, él m ism o, de (toda) c o s a 108.
54 (V. 2 0 6 )109 ...p ero ahora la h ija de Zeus 110 nos
dio valor... colocando las crátera s... re c o rd a rte esto
(deseo)... se m o stró y... h asta que Zeus... la M oira;
pero ten er...
55 (V. 2 0 8 )111 No entiendo la querella de los vien­
tos, puesto que de un lado viene una ola rodando y de
otro otra, en tan to que nosotros en el m edio nos vemos
arra stra d o s con la negra nave
en la g ran tem p estad sufriendo m alam ente: pues el
agua llega h a sta el pie del m ástil y las velas todas
están destrozadas, grandes girones cuelgan de ellas.
ceden las drizas y los gobernalles... am bos pies 112
(están su jeto s) en los cordajes: esto ta n sólo puede

108 Cf. A r q u íl o c o 6 6 , i m i t a d o aquí s in duda. Sob re el fr. cf.


B arner, p á g s . 102 s i g s .
109 c f . B a r n e r , págs. 93 sigs. Se trata de u n a fiesta en la
que A lceo recuerda un ep isod io guerrero, del que va a hablar
m ás d esp acio a un am igo.
110 Sin duda A tenea, de cuya aparición se h ab la m ás tarde.
111 E ste p oem a (d el que hay tradición ind irecta, cf. H e r a c l .,
Ateg. 5, etc.), e l m ás fa m o so de los del tem a de la «nave del
estado» e im ita d o p or H o r a c io , C arm . I 14, se lee ahora m ás
com p leto p orqu e a las dos estrofas iniciales, de tradición in ­
d irecta, se añad en restos proced en tes de d o s pap iros de Oxi-
rrinco. La fu e n te antigua (H eráclito el A legorista) y un com en ­
tarista con servad o en P .Oxy. 2734, fr. 6 testim o n ia n q u e A lceo
advierte contra M írsilo, del que a él le qu ed a u n a esperanza
de salvarse (c o m o en e fecto lo hizo en el d estierro).
112 S on lo s d os án gu los in feriores de la vela triangular, su je ­
to s con cord eles, que sirven a A lceo (com o a O diseo e n Od.
X , 32 sig .) para gobernar la nave. En este p u n to y o tr o s sigo
lír ic a m o n ó d ic a : POETAS M É L IC O S 321

salvarm e; la carga se h a soltado, u n a p a rte a rra stra d a


fuera de la borda, de o tra ...
...m ás de los dioses...
56 (V. 2 4 9 )113 ...coro... u n a nave p ro v ista de b an ­
cos... pues no es m ejo r... do m in ar los vientos. Desde
la tie rra hay que to m ar precauciones p a ra la navega­
ción si uno puede y tiene recursos, pero u n a vez que
está en el m ar, fu erza es c o rre r con el viento que
h a y a 114... m edio... el viento...
57 (V. 283)115 ....................................
y llenó de pasión en el pecho el corazón de la argi-
va H elena y enloquecida p o r el troyano engañador del
huésped le siguió p o r el m a r en su nave
y d eján d o se en casa a su h ija y el rico lecho del
m arid o ... p ersu ad ió con el am or el corazón de la h ija
de Leda y de Zeus...
...a m uchos de sus herm anos... (guarda la tierra ),
m uerto s en el llano de Troya p o r culpa de ella;
y m uchos carro s en el polvo... y m uchos de ojos
vivos... de la m u erte...
58 (V. 286)m (a) ...(de la p rim avera) rica en flo­
res... el d u ro hielo... b ajo el T árta ro ... tiene sobre su
espalda...
a M a r z u l l o , «Lo sm arrim en to di A lceo (fr. 208)», P h ilologu s 119
(1975), págs. 27 sigs.
113 Una antigua cita se ha au m en tad o con un r esto pap irá­
ceo. Se trata del sím il de la nave, aplicad o a la vida p olítica.
Cf. B a r n e r , p ágs. 113 sigs.
114 E s decir, capear el tem p oral (adap tarse a lo s a co n te­
cim ien tos).
u s P or op o sició n a S afo 16 (p oem a al que qu izá s e replica
aquí, cf. B a r n e r , pág. 221), H elena es en e ste p oem a, sim p le­
m ente, la m u jer m ala causan te de tan tas m u ertes a n te Troya,
in clu so d e su s p rop ios herm anos. H ay sin duda e co s d e E ste-
sícoro, co m o de él y de e ste p oem a h ay e co s en el A gam en ón
de E s q u il o , 399 sigs.
116 P ara B a r n e r , p á g s . 3 s i g s . , s e trataría d e u n c a n to d e
322 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

(b ) in d om able... m ató a la fiera...


59 (V. 296 ( a ) ) 117 ...lo m ás... im aginó... deseo... la
ciudad... del rey C rónida... a la m o rad a de H ades...
m u rien d o ... p ero sin ellos... ningún esfuerzo... sino
que to d o ... h erm o so ... los bienes con los m ales... era
digno de s e r desollado igual que u n león...
60 (V. 296) ( b ) m Oh nacida en C hipre, Damoanác-
tidas a ti e n u n h erm oso... ju n to a los olivos dignos de
am o r sopló (?)... en tre alegrías; pues en cuanto se
ab riero n las p u erta s de la prim avera, oliendo a am b ro ­
sía... coronándonos de jacin to (?)... pues en verd ad ...
todavía n o ... lev an tab an... a la deseable A... h u í... va­
nos... fondo...
61 (V. 2 9 8 )119 ...avergonzando (?) a los que han
hecho cosas in ju sta s... debem os poniendo al cuello

d e s p e d id a a a lg u ie n que va a em b a rca rse tra s d esh acerse lo s


h ie lo s in v e r n a le s ; h a b r ía ecos en H o rac io , C arm . I 4 y IV 7 y
12. P ero e llo d ep en de de a lg u n o s s u p le m e n to s no segu ros y
s i d e v e r d a d e l fr . b s e g u ía al a en e l p a p ir o y p e r te n e c ía n al
m is m o p o e m a , e llo s e h a c e d if íc il.
117 Cf. B a r n e r , págs. 4 2 sigs. P arece tratarse de algu ien que
critica una actu ación (p rom ovid a por Alceo?) en la cu al m u ­
rieron varios m iem b ros de la hetería. A lceo ju stific a e l fracaso
con la volu n tad de Zeus y con m áxim as; ataca, finalm en te, a
su enem igo.
na Cf. B a r n e r , págs. 16 sigs. E l fragm en to parece referirse
a u n a fiesta prim averal en plena naturaleza, en hon or de A fro­
dita. P articip an lo s am igos de Alceo.
Π9 P ese q u e el P.C olon. 2 0 2 1 com p leta m u ch o e l te x to de
P.Oxy. 2 3 0 3 fr. 1 a, tod avía n os falta el com ien zo del p o em a y
a partir d e la m itad e stá m u y destrozad o. S e trata del m ito
de la vio la ció n de C asandra, h ija de P ríam o, p o r Áyax e l locrio,
h ijo de O ileo. E s u n co n o cid o e p iso d io de la to m a de Troya,
ya narrado p o r E stesícoro: Casandra se r efu gió ju n to al altar
de A tenea, lo que con vierte su violación e n un sacrilegio: la
d io sa se ven gó, d esencadenan do la tem p esta d con tra la flota
aquea, cu an d o a su regreso a Grecia pasaba ju n to al p rom on ­
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 323

(?)... con lapidación... M ucho m ejo r h a b ría sido p ara


los aqueos... (si al im pío) h u b ieran m atad o ... costean­
do ju n to a E gas... h ab ría n hallado u n m a r (m ás en
calm a)... del tem plo la h ija de P ríam o cogiendo la
barbilla de Atenea d ad o ra de botín, m ien tras los ene­
migos (?) co n q u istab an T roya... a D eífo b o 120 al tiem ­
po... y u n llanto desde el m u ro ... y el clam or de los
niños... llenaba la llanura. (Áyax) lleno de rab ia des­
tru cto ra vino (al tem plo) de la san ta... Palas, que de
todos los dioses felices (la m ás enem iga) es p a ra los
sacrilegos; ...p ero con am bas m anos a la virgen, de
pie an te la im agen, cogiendo (la u ltra jó ) el locrio y no
tem ió... a la dad o ra de la g u erra... 121; y ella en form a
terrible b ajo sus cejas... palideciendo se lanzó hacia
el m a r de vino y al p u n to p uso en m ovim iento negras
torm entas... Áyax... del varón... m archó... d u ra n te
toda la noche... a los p rim ero s... terrib le ... se lanzó al
m ar... puso en m ovim iento... todo... no doce... vive...
el info rtu n io a los m ortales ...oh (hijo) de H irras...
pues del caballo de ca rre ra s...
62 (V. 299) ...n o ... flor (?) de la ju v en tu d ... ir... y
ella... a lu g ar... to d o ... p ro stitu ta ...
63 (V. 302) (c) Tengo m iedo... de n u estro s... se
haga (?)... la p alab ra... u n a n u b e... de la to rre ... llegue
a ser... fu erte...
64 (V. 303 A (a)) ...P olianáctidas... ce le b rar con
las cu erd as... c o n so la d o r122... con agrado... resuena...

torio de E gas, en Eubea; Ayax m urió en e l naufragio. Pero


el con ju n to, se ve ahora, era u n a am enaza de c astigo para
otro sacrilego, el h ijo de H irras, P itaco, violad or del juram en to.
120 H ijo de P ríam o m u erto p o r M enelao en la tom a de Troya.
121 La diosa guerrera Atenea.
122 E sta palabra, que parece p rob ab le, h a provocad o graves
dudas. E l fragm en to fu e atrib u id o p or L obel-P age a S a fo (303
Aa), a A lceo p or otros críticos.
324 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

65 (V. 303 A) ( b ) 123 H ijo de Leto y de Z eus... de­


jan d o la boscosa G rinea... o rá c u lo 124... h e r m a n a 125...
m o stran d o ... de nuevo quiero m o stra r al loco Polianác-
tid as...
66 (V. 305)126 ...aunque la fam ilia... com o sacando
agua del m a r c a n o s o ...127.
...o ja lá no haya g u erra... el que quiere en em istar­
nos... oh M n a m ó n 128...
67 (V. 306) (g) ...m írenos favorable el hijo de Zeus
C rónida. . . U9.
68 (V. 306 i) (col. I I ) 130 ...ab u n d an te aren a y m an­
chas b lan cas su b en ... com o unas p iern as ya se han
separado estas... que ta n ta s veces corriendo (al m ar)...
pero no p o r esto (q u iere que) tú... (eches el ancla)...
m ueves to d as las fichas...

123 H im n o a A polo, qu e inclu ye un ataqu e a un Polianác-


tidas. L o b e l -P a g e lo atrib uye a S afo (303 Ab).
124 Se h a ce referen cia a G rinea en la E ó lid e de Asia, donde
había un orácu lo de Apolo.
125 Á rtem ís, herm ana de Apolo.
126 C om o de costu m b re, d am os solam en te lo s lem a s de
poem as d e A lceo que so n citad os, en é s te y lo s sigu ien tes
com en tarios, recogien d o en las n o ta s lo qu e e l com en tario nos
enseña so b re ello s. D ejam os los lem as de p oem as con ocid os
por otras fu en tes.
127 Q uien lu ch e con tra A lceo hallará guerra siem p re, com o
el m ar n o s e agota aun qu e se saq u e agua d e él.
128 M nam ón hab ía prop orcion ad o una b arca para e l regreso
del d estierro del tiran o M írsilo, p ero aun a sí A lceo n o quiere
rom per c o n él. E s, seguram en te, de un p oem a d istin to del
anterior.
129 A lceo p id e la ayuda de A polo al tiem p o qu e exh orta a
su s am igos a luchar con tra P itaco.
130 A unque la r e stitu c ió n es d ifíc il, p arece (c f. L obel, p á g i ­
nas 191 s ig s ., B arner, p á g s . 145 s ig s ., e t c .) q u e la a le g o r ía d e la
nave se a p lic a aquí a una c o r te sa n a ya d eca d en te.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 325

69 (V. 306 A) (b ) m ...y al lado el bello... se


adornó (?) de lau rel... coronado... sem ejante... ningún
m al nos causas m u riendo, puesto que te has ido triste ­
m ente p o r o b ra de los golpes de los alienos... y luego
has sacrificado, oh joven m alvado... de A m ardis... me
divierto, p ero m e duelo m ás p o r m is com pañeros de
banquete... de la sangre no m uy culpable...

F rag m entos de t r a d ic ió n in d ir e c t a

70 (V. 307) (a) S eñor Apolo, hijo del gran Z e u s 132


(b) Orgullo de T ritea 133.
71 (V. 308) 134 Salud, señ o r de Cilene: m i corazón
me incita a celebrarte, a ti a quien en las m ism as
,3< Cf. In trod ucción, a sí co m o W. B arner , «Z u den Alkaios-
Fragm enten von P.Oxy. 2506), H erm e s 95 (1967), págs. 1-28, y
M. T r e u , «N eues ü b er S ap p h o u n d Alkaios», QUCC 2 (1966), pági­
nas 9 sigs. (so b re to d o 20 sigs.). A lceo h ab ía sid o acu sad o por
un tal A m ardis (nom b re de origen m ed o ) de hab er d ad o m uer­
te a u n hom b re (T reu p ien sa q u e P ita co ) que él afirm a que
fue m uerto p or lo s a lien os (hay d os ciu d ad es de nom b re Alia
en Frigia). D irigiéndose en un a m b ien te sim p osíaco a su acu­
sador, A lceo n o m u estra p esa r p o r la m u erte referida, pero
niega se r resp on sab le. Treu p ien sa qu e e l su c e so se refiere a
una cam paña del rey lid io A liates, pad re de Creso, en la que
habrían participad o ta n to los d esterrad os m itilen io s c o m o Pi­
taco. Para B arner, sin em bargo, el no n om b rad o am igo (?)
de A lceo hab ría m u erto en un a cam paña de lo s lid io s contra
los alienos.
C om ienzo de u n h im n o a A polo D élfico, ahora tam bién
en P.Oxy. 2734 fr. 1 ( = S. 264), q u e era e l prim ero del lib ro I
y es resu m id o p or H im e r io , Or. X IV 10 sigs. C ontaba su naci­
m ien to, có m o Zeus le regaló la lira, su viaje a lo s H ip erbó­
reos en un carro tirad o p or c isn e s, su retorn o en tre el rego­
cijo de la naturaleza; e n e sta fiesta (llam ad a S te p te r io n ) y
celebrada cada 8 años, d eb ió de can tarse e l poem a.
135 R eferido a la fu en te C astalia, según E strabón , V III 7.5;
Tritea es u n a localidad d escon ocid a. E s p u ra con jetu ra que
e ste fragm en to perten ezca al m ism o him no.
134 C om ienzo del h im n o a H erm es (segu n d o del lib ro I).
326 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

cim as engendró M aya uniéndose al C rónida, rey de to­


dos los dioses.
72 (V. 309) ...florecerá abu n d an te (?) el h o n o r de
los que, p o r voluntad de los dioses, os reciban en
su erte 135.
7 3 (V. 310) ...q u e guíe n u estra acción su h i j a 136,
(oh Zeus)
74 (V. 311) ...en to m o a tu casa y a tu deshonor...
7 5 (V. 313) ...cu ando les salvaste estando a pu n to
de m o rir...
7 6 (V. 314) ...los dioses inm ortales (nos concedan?)
la v icto ria...
77 (V. 315) ...elevado e n tre nosotros...
78 (V. 316) ...recibieran las vasijas de vino...
79 (V. 317) (a) ...tu serás (?) despensero de ti
m ismo.
80 (V. 318) ...calzando sandalias escíticas...
81 (V. 319) ...de suaves vientos los soplos no tem ­
pestuosos...
82 (V. 320) ...n ad a podría salir de nada.

C ontaba, segú n citas de autores antiguos, la im itación de Ho­


racio , C arm . I 10, y el com en tario de P.Oxy. 2734, fr. 1, adem ás
de su n acim ien to, el robo de las vacas y del arco de A polo y
la recon ciliación con e ste d ios, a quien H erm es regaló la lira.
C ilene es el m o n te de Arcadia, lugar en q u e n ació H erm es de
la ninfa M aya.
135 D e u n h i m n o a la s M u s a s , s e g ú n T r e u (c f. p á g s . 30 y 141).
O se a : e l h o n o r d e lo s p o e ta s .
136 A tenea. Se trata de acción guerrera.
LÍRTCA m o n ó d i c a : p o e ta s m é lic o s 327

83 (V. 322) ...vuelan las gotas de vino de las copas


de Teos 137.
84 (V. 325) 138 S eñora Atenea belicosa, tu que (rei­
nas) en C oronea... delante del tem plo, ju n to a las ori­
llas del río Coralio...
85 (V. 327) 139 ...al m ás poderoso de los dioses, que
engendró la ráp id a Iris unida al Zéfiro de cabellos de
oro...
86 (V. 328) ...y eres alguien que vive lejos.
87 (V. 329) ...con u n casco tachonado de oro, rá p i­
do (m archas?)
88 (V. 330) ...m ezclando Ares e n tre s í 140.
89 (V. 331) M elancro era digno de respeto ante la
ciudad t41...
90 (V. 332) Ahora hay que em borracharse, todos
deben b eb er salvajem ente: ¡ha m uerto Mírsilo!
91 (V. 333) El vino es el espejo del alm a.
92 (V. 334) ...y jam ás agitó Posidón el m a r salado...

93 (V. 335) 142 No hay que re n d ir el ánim o an te los


infortunios, pues n ada vam os a gan ar sufriendo, oh

137 Se trata del ju eg o del cótabo: se arrojaban lo s restos


de vino de una copa a un recip ien te de b ron ce y se obtenían
augurios según el son id o.
138 C om ienzo de un h im n o a A tena Iton ia, en cuyo tem p lo,
cerca de Coronea, se celeb rab an las asam b leas de la liga
beocia.
H9 F ragm ento d e un h im n o a E ros, quizá para la ciudad
beocia de T espias, don de recibía culto.
140 Es decir, luchando.
141 P asaje enigm ático: quizá qu iere d ecir A lceo que, en com ­
paración con lo s tiran os p osteriores, M elancro debería haber
sid o respetad o. E s com ien zo de u n poem a.
1« C om ienzo de un poem a.
328 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

B uquis, y es el m ejo r rem edio hacernos servir vino y


em briagarnos.
94 (V. 336) ...la obcecación le privó de sus sentidos
p o r com pleto.
95 (V. 337) ...p rim ero A ntandro, ciudad de los Lé-
leges 143.

96 (V. 338) 144 Llueve Zeus, del cielo cae u n a gran


to rm en ta y están heladas las corrientes de agua... de
donde... desafía al m al tiem po encendiendo fuego, mez­
clando en abu n d an cia dulce vino y en to rn o a tu cabe­
za (colocando) u n blando cojín.

97 (V. 339) ...según el relato que viene de n u estro s


padres.

98 (V. 340) ...pues aunque venga de o tra p a rte , tú


di que es de allí.

99 (V. 341) ...si dices lo que quieres, oirás lo que


no quieres.

100 (V. 342)145 N ingún o tro árbol p lantes p rim ero


que la vid.

101 (V. 343)146 N infas que dicen que nacisteis de


Zeus p o rta d o r de la égida...

i« A ntandro, ciu dad d e A sia en fren te de L esbos, hab ría


sid o fun dad a p or lo s léleges, p u eb lo p reh istórico exp u lsad o
por lo s griegos de Asia M enor e islas vecinas.
144 C om ienzo de un poem a. S e d escrib en lo s preparativos
del sim posio: m ezclar vin o con agua en la crátera, recostarse
en el lech o para beber.
145 C om ienzo de p oem a im itad o p or H oracio , C arm . I 18.
i4« C om ienzo del tercer h im n o del libro I (cf. P .Oxy. 2734,
fr. 1).
lír ic a m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 329

102 (V. 344) Sé que al que rem ueve piedras ro d a­


das, m aterial m ovedizo p a ra trab a jarlo , quizá le dole­
rá luego la c a b e z a I47.
103 (V. 345) ¿Qué aves son estas que del Océano
y los confines de la tie rra h an venido, ocas de cuello
variopinto, de alas alargadas? 14í.
104 (V. 3 4 6 )149 B ebam os: ¿ p o r qué esperam os a las
luces? Q ueda u n dedo de día. Levanta en alto, amigo,
grandes copas decoradas, que el vino nos lo ha dado a
los hom bres, com o olvido de los m ales, el hijo de Sé-
m ele y de Zeus. M ezclando u n a y dos p arte s 15°, vierte
en las copas el vino desde tu c a b e z a 151 h asta llenarlas
y que u n a copa em p u je a la o t r a 152.
105 (V. 347) E m p apa de vino los pulm ones, pues
la e s tre lla 153 está haciendo su giro y la estación es dura
y todo está sediento p o r el calor y resu en a desde el
follaje la cig arra can to ra... y florece el cardillo. Ahora
están m ás peligrosas las m ujeres y débiles los hom ­
bres, p u es... su cabeza y sus rodillas Sirio las hace
a r d e r...

147 Alude al proverb io «no rem u evas las piedras rodadas»,


en S afo , 1 45.
14* P arece tratarse de o c a s o gansos egip cios m á s o m en os
m íticos. H ay im itación e n Í b ic o , 3 1 7 PMG, y A r i s t ó f a n e s , A ves
1 4 1 0 sigs.
•49 C om ienzo d e un p oem a in citan d o a com en zar e l sim p o sio
cuando e stá a p u n to de p on erse el sol.
150 U na de vin o y dos d e agua.
*51 Ahora el p oeta se dirige al escanciad or. La traducción
«desde tu cabeza» e s con jetu ral, su ele en ten d erse (sin grandes
razon es) «hasta e l borde».
152 E s decir, que las copas sean su stitu id a s rápidam ente
una p or otra, una vez agotadas.
153 S irio o «el perro», que da nom b re a la canícu la, ép oca de
m ayor calor del año, cu an d o S irio sale y se pon e con e l Sol.
E n to d o el p asaje (com ien zo de un p oem a) A lceo im ita a
H e sío d o , T rab. 5 8 2 sigs.
330 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

106 (V. 348) ...a ese hom bre de b a jo linaje, a Pi­


taco, le h icieron tiran o de esta ciudad sin hiel y vícti­
m a de un dios hostil, tras colm arle de grandes elo­
gios todos ju n to s 154.
107 (V. 349) 155 (a) E rrafeotas, no en verdad el
S eñor...
(b ) ...d e su erte que ninguno de los olím picos p u d iera
lib erarle sin él...
(c) ...riero n los dioses inm ortales.
(d ) Y Ares dice que tra e rá a H efesto p o r la fuerza
(e) ...u n o de los doce.
108 (V. 350) 156 Viniste de los confines de la tierra
tray én d o te rem ach ad a con oro la em p u ñ ad u ra de m a r­
fil de tu espada... (realizaste) u n a gran hazaña y (los)
salvaste de fatigas al m a ta r a un g u errero al que le
faltab a u n solo palm o p a ra alcanzar los cinco codos
reales...

154 S e refiere al n om b ram ien to de P itaco com o a isy m n ä tä s


de M itilene, p o r volu n tad popular. Cf. In trod ucción.
155 F ragm entos de un h im n o a D ion iso (o H efe sto ). En él se
contaba el n acim ien to de H efesto, cóm o su m adre H era le
arrojó a la tierra avergonzada de su deform id ad (era c o jo ) y
có m o el d ios herrero fabricó un ingenioso tron o del cual, una
vez sen tad a e n él H era, n o pu do liberarse. N ingu no d e lo s
dioses fu e cap az de traer a H efe sto para que liberara a H era:
so lo D ion iso que, acom pañad o de su s sátiros, fu e a b u scarle,
le em borrachó y se lo trajo, escen a pin tad a en un con ocid o
a n forisco de A tenas. D ion iso, un héroe p u esto que era h ijo de
Zeus y una m ortal, Sém ele, fue recom pensad o al ser acep tado
co m o u n o de los d oce dioses.
156 C om ienzo y un fragm en to del poem a dirigido p or Alceo
a su h erm ano m ayor A ntim énidas (sob re el cual v. In trod u c­
ción ). S ob re su cam paña al servicio de lo s bab ilon ios, segura­
m en te contra los ju d íos, cf. fr. 48 y n. 29. Aquí se destaca la
hazaña de A n tim énidas, parecida a la de D avid contra Goliat:
a lo s gigan tes se Ies atrib uían cin co cod os reales, pero a H era­
cles algo m en os que al en em igo m uerto p o r A n tim énidas, cf.
B o w r a , pág. 1 4 0 . El codo real m edía casi 0 ,5 m .
LÍRICA m o n ó d ic a : poetas m é l ic o s 331

109 (V. 351) ...ah o ra ese hom bre tiene el poder,


m oviendo la ficha desde la línea s a g ra d a ...157.
110 (V. 352) B ebam os, pues la estrella está hacien­
do su g ir o 158...
111 (V. 353) ...ni d ar disgustos a n u estro s vecinos...
112 (V. 354) ...Aquiles, el p ro tec to r de la región de
E scitia.. . 159.
113 (V. 355) ...situados en m edio de la tie rra y del
cielo nevoso...
114 (V. 356) ...y re in a b a sobre u n pueblo num e­
roso...
115 (V. 358) ...el vino se ad u eñ ará de su m ente, no
debe perseguírsele (?): pues m antiene inclinada su
cabeza, acusándose a sí m ism o u n a y o tra vez, arre p in ­
tiéndose de lo que h a dicho: pero eso ya no puede
re tira rse...
116 (V. 359) 160 H ijo de u n a roca y de la m a r sali­
na 161...
...y desde niños con ligereza de ánim o, la tortuga
m arina.

157 Era la lín ea que dividía el tablero, en un esp ecie de


ju ego de dam as. A unque no c o n o cem o s las reglas e xactas del
juego, ese m ovim ien to eq uivalía a pon er en ju ego la últim a
carta o reserva. Aunque p u ed e h ab er al tiem p o alu sión a Ira
(«Sagrada»), una ciudad de L esbos.
158 Cf. 347 y η. 135. E s e l co m ien zo de u n poem a, p ero qui­
zá se trate del 347 con error de A teneo, n u estra fuente.
159 A quiles vivió tras la m u erte e n la Isla B lanca, e n la
desem bocadu ra del D anubio; sin duda fu e identificado con
algún cu lto de lo s escitas en aq u ella región.
160 C om ienzo y fin de un poem a.
161 De la lapa.
332 U R IC A GRIEGA ARCAICA

117 (V. 360) ...pues así dicen que A ristodam o pro­


nunció u n a vez en E sp a rta u n a frase no sin sentido:
el dinero es el ho m b re y ningún pobre es ni noble ni
honrado.
118 (V. 361) ...si alguna vez Zeus nos cum ple nues­
tro deseo.
119 (V. 362) ...p ero que uno m e ciña al cuello guir­
naldas tren zad as de eneldo y que m e v ierta ungüento
bienoliente en el pecho.
120 (V. 363) ...exalta enorm em ente su esp íritu ...
121 (V. 364) ...la Pobreza es u n m al doloroso, in­
soportable, que causa daño a u n gran pueblo en unión
de su h erm a n a la Im potencia.
122 (V. 365) ...hay sobre su cabeza, oh Esím idas,
una gran p ie d r a 162.
123 (V. 366) El vino, joven querido, y la v e r d a d ...163.
124 (V. 367) He sentido la llegada de la florida p ri­
m avera... m ezclad cu anto antes u n a c rá te ra de vino
dulce cual la miel.
125 (V. 368) Pido que alguien llam e al bello Menón,
si es que v a a h ab e r p a ra mi algún d isfru te en el sim ­
posio.
126 (V. 369) ...sacando a veces vino dulce cual la
miel, o tras m ás ásp ero que las e s p in a s 164...
127 (V. 370) ...de n u estro s dolores...

142 La p iedra su sp en d id a so b re la cabeza d e T ántalo, en


los infiernos.
C om ienzo de un p oem a (igual lo s d o s fragm en tos que
siguen). Es el refrán que en latín e s in v in o v e rita s.
i** Sin du da, cuando se está acabando la tinaja.
lír ic a m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 333

128 (V. 371) ...de n u estro s padres (viene) la sa­


biduría.
129 (V. 372) ...m ás g u errero s que Ares.
130 (V. 373) ...sobreviene u n terrem o to ...
131 (V. 374) Recibe m i co rtejo , recíbelo, te lo pido,
lo p id o 165.
132 (V. 375) ...yo no en cu en tro que nadie testim o­
nie esto...
133 (V. 376) ...y b e b a s u n a c o p a s e n t a d o j u n t o a
D in ó m e n e s .

134 (V. 377) ...m e has liberado de las penas.

135 (V. 378) ...m e las arreg laré p a ra m i m ism o.

136 (V. 379) ...te vistas u n a pelliza.


137 (V. 380) ...caí p o r las tre ta s de la nacida en
Chipre.
138 (V. 382) ...reu n ió el ejército ya puesto en des­
orden, in sp irá n d o le s166 disciplina.
139 (V. 383) 167 ¿Todavía tiene Dinóm enes el de
Tírraco el equipo naval en buen estado en M irrineon?
140 (V. 384) Oh S a fo 168 coronada de violetas, sacra,
de sonrisa de miel.

iss C om ienzo de un p oem a qu e e s evid en tem en te un canto


de co m o o desfile de ron d ad ores. S in duda, dirigido a una
m ujer.
1« F em enino. Se h ab la seguram en te de A tenea.
i « F ragm ento en igm ático p e se a M a z z a rin o , l. c., pág. 67,
y K am erb eek , en M n em o syn e II I, 13 (1947), pág. 170.
168 S ig o el te x to tradicional, m odificad o p o r V oigt. S ob re el
con ten id o, cf. In trod u cción . E l significad o d e «sacra» e s ritu al
(n o «pura»), cf. B . G e n t il i , «La veneran da Saffo», QUCC 2 (1966),
págs. 37 sigs.
334 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

141 (V. 385) ...navegando con las naves.


142 (V. 3 8 6 )169 ...te recibieron en su seno, p ara
Crono, las sacras Gracias.
143 (V. 3 8 7 )170 A Áyax, el m ás excelente tra s Aqui­
les, descendiente del rey Crónida.
144 (V. 388) ...y agitando un penacho c a r io 171.
145 (V. 389) ...n o u n gran cardo en t o r n o 172...
146 (V. 390)... h a sido disp arad a la m u erte de las
m u jeres 173.
147 (V. 391) ...quienes en tre vosotros yn
son valientes...
148 (V. 392) ...ni cam biando en otro sentido el pen­
sam iento...
149 (V. 393) ...d e nuevo arrem ete la c e r d a 174.
150 (V. 394) ...d e n u estro s padres...
151 (V. 395) ...la co rrien te del Jan to 175 llegaba al
m ar.
152 (V. 396) ...serás u n oso.
153 (V. 397) ...flor del suave otoño...

169 P o sib lem en te de un h im n o a Zeus, a cu y o d io s se refiere.


C om ienzo de u n h im n o q u e celebra a Ayax. D escien de
de Zeus a través de T elam ón y Éaco.
171 Se trata d e l pen ach o d e u n casco, que con tin u ab an
u san d o los ca rio s, p u eb lo de Asia M enor. Cf. V. 140 y n. 80.
172 Se refiere al card ado de u n a tela.
173 Las flech as de la d io sa Á rtem is.
174 Quedó e n d ich o proverbial, de los qu e arrem eten ver­
balm ente.
175 R io de Troya.
LÍRICA m o n ó d ic a : po eta s m é l ic o s 335

154 (V. 400) ...pues es bello m o rir p o r o b ra de


Ares.
155 (V. 401) Salud y bebe de esta copa... bebe aquí
conmigo.
156 (V. 401 A) ...m u erd a el higo.
157 (V. 401 B ) 176 Alceo e stá a salvo... (su escudo)
en el tem plo de la de ojos glaucos dedicaron los ate­
nienses.
158 (S 262) ...no es tolerable caer... h u y e n 177.

176 El p asaje se refiere al e p iso d io de la pérdida del escu d o,


que A lceo aban don ó en e l com b ate con lo s a ten ien ses (cf. In ­
troducción ). É sto s lo colgaron o dedicaron en el tem p lo de
A tenea en Sigeon. A lceo in d ica él m ism o al m en sajero la n oticia
qu e había de dar en M itilene.
177 E sto s fragm en tos deb en de referirse de algún m o d o a
u n h ijo de un tal C leánor y a M írsilo (¿q u izá el m ism o?) según
e l com en tario que los acom paña.
Ill

SAFO

1. Safo: el eco de su nombre. — Tenem os u n a se­


rie de datos sobre la vida de Safo que pueden o b ten er­
se de sus poem as, así com o otros que h an llegado a
noso tro s a trav és de diversas tradiciones, que van des­
de alusiones de los cóm icos atenienses, de Platón, etc.,
a u n a biografía del p erip atético Cam eleonte en el s. iv
a. C., y dato s en el M arm or Parium, en diversos com en­
tario s en p ap iros, en la Suda, y a diversas referencias
en au to res tard ío s com o M áximo de Tiro, etc. P ero los
fragm entos de Safo son, pese a todo, escasos y am bi­
guos a ciertos respectos y la erudición antigua tra b a ­
ja b a ya en p a rte con m eras interpretaciones y h asta
deform aciones.
Así surgió, ya en la A ntigüedad, la fam osa «cuestión
sáfica», que h a resu rg ido en época m oderna. Desde Me­
n an d ro (fr. 258 K.) co rre la h isto ria de su am o r a Faón
y su suicidio, al se r desdeñada, saltando al m a r desde
la roca de Léucade. Pero hay, sobre todo, el dilem a:
¿era Safo u n a especie de m aestra ro d ead a de alum nas,
com o dice la Suda, u n a m u je r «casera y trab ajad o ra» ,
com o afirm a el nuevo P.Oxy. 2506, fr. 48? Del m ism o
m odo, el com entario de P. Colon 5860, que cita a Ca­
lías, gram ático m itilenio del s. m a. C., afirm a que
LÍRICA m o n ó d ic a : poetas m é l ic o s 337

educaba a las m uchachas nobles de Lesbos y Jonia; y


el de P.Oxy. 2293 h ab la de su culto de la areté o «vir­
tud». Calías nos hace sab e r que era m uy apreciada
en M itilene, com o ya sabíam os p o r lo dem ás p o r su
contem poráneo Alceo (384). Pero una biografía conser­
vada en un p ap iro de O xirrinco, el 1800, fr. 1, y que re­
m onta a C am eleonte, nos hace ver que las dudas esta­
ban presen tes ya en él: «es acusada p o r algunos com o
disoluta y am an te de m ujeres». El m ism o problem a se
planteaba Dídim o cuando escribió su tra ta d o sobre si
Safo había sido u n a p ro s titu ta (cf. Séneca, Epist. 88,
37). No hablem os de los ataques de Taciano, de las in­
sinuaciones de M arcial. Una solución interm edia, com o
las que suelen darse en estos casos, es la de Ninfo-
doro (en Ateneo, 596 F) cuando propuso que había dos
Safo: la poetisa, nacida en M itilene, y la hetera, nacida
en Éreso.
C iertam ente, los au to res antiguos tenían m ayor co­
nocim iento de Safo que nosotros, pero no es m enos
verdad que con dem asiada frecuencia de las obras de
los poetas arcaicos se o btenían datos m al in te rp re ta ­
dos que p asaban luego a sus biografías. El tem a de
Faón, que está en M enandro y seguram ente en cóm i­
cos anterio res, desde A m ipsias (que escribió u n a Safo),
y luego rodó p o r to d a la A ntigüedad, es una de esas
m alas in terp retacio n es: está u rd id o sobre poem as
sáficos en relación con Faón, un dios de la fecundidad
del co rtejo de A frodita, y sobre el «salto de Léucade»,
que tam bién p ro m ete d a r A nacreonte '. No m enos fal­
so, cronológicam ente im posible, es el am or de Safo y
Anacreonte, según el biógrafo C am eleonte (en Ateneo
599 D-E): ¡según H erm esianacte (en el m ism o autor,

1 Así ya W ila m o w itz , S a p p h o und S e m o n id es, B erlín, 1913,


págs. 26 sigs.
338 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

598 B-Cj h a b ría habido u n a rivalidad am orosa e n tre


Alceo y A nacreonte a propósito de Safo! A decir ver­
dad, ni siq u iera es seguro que se refiera a Alceo y Safo
el fr. 137, ni hay p o r qué in te rp re ta r en sentido eró ti­
co el fr. de Alceo en que se m enciona a Safo, el 384.
¿Y p a ra q u é h a b la r de los supuestos am ores con Ar-
quíloco e H iponacte según el cómico Dífilo en Ateneo
(599 D)?
Del m ism o m odo que estos tem as eróticos en re la­
ción con Safo son p u ra fantasía, igual lo es su supuesto
carác te r de h etera, de «prostituta» hom osexual com o
dice Taciano. C iertam ente, el m undo sáfico es difícil
de co m p ren d er desde perspectivas cu ltu rales m uy dife­
ren tes. P ero no hem os de d e ja r de m encionar, d en tro
del m undo antiguo, el alto aprecio de u n Platón (Fed.ro
235 b), el ju s to juicio de H oracio: «todavía re sp ira el
am o r y viven los ard o res confiados a las cuerdas de
la m u ch ach a de Lesbos» (Odas II 13, 24-25), la com pren­
sión de Ovidio, en su Heroida XV, entrem ezclada con
la biografía legendaria y con el juicio puesto en boca
de la p ro p ia Safo (19): «a las que am é no sin re cib ir
críticas».
Pero, so b re todo, son los elogios de los poetas de
la Antología Palatina, es la recreación p o r Catulo de
su fam oso fr. 31, lo q ue coloca a Safo en su verdadera
dim ensión. Y cuando M áximo de T iro (18,9) com para
la pedagogía eró tica de Safo con la de S ócrates —aq u e­
lla dirigida a las m u jeres, ésta a los hom bres—, pese
al c a rá c te r platónico de su form ulación, se coloca en
un a vía q u e aú n a erótica, poesía e influjo esp iritu al y
que está p ró x im a a lo que hoy podem os pensar.
De u n m odo sem ejante, en la lite ra tu ra y erudición
m oderna, Safo es ya la poetisa adm irada, ya la inspi­
rad o ra de am ores perversos cantada p o r B audelaire y
P ierre Louys, ya la severa regente del «pensionado de
LÍRICA MONÓDICA: POETAS MÉLICOS 339

señoritas» de que h ab lab a W ilam ow itz2. Hoy conoce­


mos m ejo r a Safo y, de o tra p arte, los tiem pos están
m ás m ad u ro s p a ra p o d er ju zg ar directam ente, p ara
colocar a Safo en su am biente y ver cóm o éste se con­
ju n ta con su poesía: en sum a, p a ra no h acer juicios
anacrónicos basados en u n a m oralidad que a Safo le
era ex trañ a y p a ra no in te n ta r p e n e tra r en p u n to s a
los que no llegan n u estro s datos y que, en últim a
instancia, son poco relevantes. En esta dirección se
mueve to d a o buen a p a rte de la erudición m oderna:
bástenos c ita r estudios com o los de B o w ra 3, F rä n k e l4,
P ag e5, S ch ad e w ald t6, G e n tili7 y Ch. S e g a l8.

2. La vida de Safo. — Safo nació en la isla de Les­


bos: según la Suda, en Éreso; según el pap iro antes
m encionado dependiente de Cam eleonte, en M itilene.
Los cronógrafos antiguos vacilan en tre colocar la
acmé o m om ento cu lm inante de su vida en la m ism a
fecha que la de Alceo (600 a. C.) o antes, en 612-609: no
es fácil decidir. E n todo caso, la cronología p ro p u esta
últim am ente p o r H. S a a k e 9 según la cual Safo h abría
nacido hacia el 612 y sería m ucho m ás joven que Alceo,
m e parece dem asiado b aja p o r diversas razones. Se

2 Sobre e sta b ib liografía, cf. el docu m en tad o e stu d io de


M anuel F. G aliano , S afo, M adrid, 1958, así com o e l m ás re­
cien te y sistem á tico de H. S aake, S a p p h o stu d ie n , M unich, 1972,
págs. 13 sigs., y tam b ién J. M ordof, «Quid de Sap ph us vita
fatisq u e apud p o sterio res d ictu m sit», M ean der 30 (1975), pá­
ginas 211-222.
3 O b. c it., págs. 176 sigs.
4 O b. cit., págs. 230 sigs.
5 O b. cit., págs. 140 sigs.
6 S a p p h o , P ostdam , 1950.
7 «La veneran da Saffo», QUCC 2 (1966), págs. 37 sigs.
8 «E ros and In can tation : S ap ph o and Oral Poetry», A re­
th u sa 6 (1973), págs. 139 sigs.
9 S a p p h o stu d ie n , págs. 37 sigs.
340 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

nos dan datos de su am biente fam iliar: estuvo casada


con Cércilas, de Andros, y tuvo una h ija Ciéis; se nos
dan los no m b res de su padre, E scam andrónim o (un
nom bre que contiene el del río E scam andro, en la
T róade) y de sus tres herm anos, Lárico, C araxo y E rí­
güio. E ra peq u eñ a y m orena, según diversos testim o­
nios antiguos, seguram ente derivados de sus propios
versos.
La h ija y los tres herm anos e ra n m encionados en
sus versos; y sobre estos últim os hay m ás noticias
en los escrito res antiguos, seguram ente tom adas de la
p ro p ia Safo. L árico fue copero en el p ritan e o de M iti­
lene, lo que im plica clase noble. De Caraxo nos habla
am pliam ente H eródoto, II 135, am pliando el testim o­
nio de n u estro s fragm entos sáficos: hizo negocios en
N áucratis, la ciudad griega de Egipto, y luego se a rru i­
nó p o r causa de la h etera Rodopis (que Safo llam a
D órica), trac ia de origen. Tenem os ante n o so tro s una
fam ilia noble, uno de cuyos m iem bros se dedica al
com ercio.
Es que, parece, la fam ilia de Safo no estaba en
bu en a situación económ ica. A parte del fam oso frag­
m ento 98, en que m anifiesta que no puede co m p rar a
Ciéis el to cado de cabeza lidio que ella le pide, los
nuevos fragm entos de P.Oxy. 2506 p arecen in fo rm ar­
nos de esta situación de Safo, que obtenía ingresos de
sus a m ig a s 10. O tros pasajes parecen confirm ar esto:
p o r ejem plo, cuando la p oetisa desdeña la riqueza sin
v irtu d (148) o critica a las agérochoi o nobles de la
isla, a cuyo círculo pertenecen rivales com o A ndróm eda
(cf. 90 a) o insiste u n a y o tra vez en las ventajas de
su sab id u ría y su arte m usical, que le d a rá fam a in­
m ortal. Son nuevos valores, p o r encim a de los de la
vieja aristocracia.

i° Cf. V. 213 A b y g, así com o las notas.


l ír ic a m o n ó d ic a : poetas m é l ic o s 341

Todo esto tiene de alguna m anera que ver con los


episodios de la vida política de M itilene que hem os ex­
plicado a pro p ó sito de Alceo. El M arm or Parium y
otros docum entos testim o n ian u n d estierro de Safo
en Siracusa, donde se conservó u n b u sto de ella. La
fecha no es segura, los cronógrafos oscilan e n tre el
603 y el 595 a. C. E ste d estierro está en conexión con
la tiran ía de M írsilo; su vida en M itilene, en el círculo
de sus am igas, debió de ten er lugar a p a rtir del 590,
época en que es aisymnätäs Pitaco n . Es claro que no
com partió con Alceo el d estierro en Asia, b ajo Pitaco,
m ien tras que sí fue d esterrad a, cuando M írsilo, igual
que él, aunque en lu gar diferente. P ero eran m alos
tiem pos p a ra los aristó cratas de M itilene. Safo estaba,
seguram ente, arru in ad a: si a Alceo le confiscó M írsilo
sus tierras, igual debió de hacerlo con Safo y no hay
razón p ara p en sar que Pitaco se las devolviera. Safo
parece referirse despectivam ente a él en el fr. 98 y,
desde luego, h abla m al de las m ujeres de los Pentí-
lidas, con una de las cuales Pitaco se casó (71). Tam ­
bién coincide con Alceo en la crítica de los Polianác-
tidas (Alceo 303 A b y Safo 155).
T ras el 590 a. C., pues, Alceo está desterrado, m ien­
tra s que Safo, m u je r y sin intervención en la política,
vive en M itilene. Todo esto parece depender de Ca­
lías de M itilene, resto s de cuyo com entario ya hem os
dicho que se hallan en P. Colon. 5860, donde se dice
que Safo «educaba a las m ejores de las m uchachas de
la isla y de las de Jonia», se insiste en su aceptación o
buena fam a y se h ab la de las m uchachas que frecuen­
tab an su casa. Vive con un lujo que se refleja en sus
poem as —fiestas, perfum es, vestidos, flores— , pero
lujo d en tro de un círculo de m ujeres de que form a
p arte y en el cual su orgullo consiste en su don de

11 Cf. frs. 98 y 213 A b y g, así com o n u estras notas.


342 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

las M usas. Como decim os, tiene, pesonalm ente, lim ita­
ciones económ icas; p arece vivir con su joven h erm a­
no E rígüio y d ep en d er de algún modo de sus am igas.
Su herm an o Caraxo h a resuelto la situación de o tra
m anera: com erciando con Egipto. Pero se h a arru in ad o
con u n a h etera, y Safo, tras reprenderle, h a de acogerle
en Lesbos. Safo es, sin duda, el centro de la vida de
la fam ilia: de su p adre y su m arido no parece hablar.
Sin duda en esta época h an m uerto o viven lejos.
La vida de Safo se ce n tra en el círculo de sus am i­
gas, las que la Suda y M áximo de T iro llam an sus
«discipulas» y el segundo com para con los discípulos
de Sócrates. L lam a a su casa la «casa de las servidoras
de las Musas»: algo así, en cierto m odo, com o los
círculos o escuelas de los filósofos, organizadas en
principio en to rn o al culto de las M usas com o conti­
nuación de antiguos «tíasos» o herm andades de culto.
Es, según todos los indicios, su gran período de acti­
vidad p oética (que, p o r m últiples detalles, supone bas­
tan tes m ás años que los 22 que ten d ría Safo el 590
según la cronología de Saake). P or o tra p a rte Safo
com pone epitalam ios p a ra bodas, obras sin duda «de
encargo» y cobradas. No sabem os si tam bién tenía este
c a rá c te r el único him no de tipo cultual encontrado
en tre sus fragm entos (el 44 A), p o r lo dem ás de au to ­
ría discutida; ni o tro s fragm entos, m ás o m enos estre­
cham ente relacionados con el tem a de la boda, que se
conservan.
El «círculo de Safo» es, en cierto m odo, la c o n tra­
p a rtid a de los clubs aristocráticos de varones, com o el
de Alceo. Safo se dirige a sus am igas com o Alceo a sus
amigos. P ero no h ab la de guerras ni (salvo en una
ocasión) de política. Coincide en los tem as de la fiesta,
los autobiográficos y los fam iliares. T am bién en la in­
vocación a ciertos dioses y en el tem a erótico: pero
ah ora estos dioses son fundam entalm ente Afrodita,
l ír ic a m o n ó d ic a : po eta s m é l ic o s 343

Eros, Persuasión, H era, Á rtem is, las M usas, Jas Gra­


cias: dioses relacionados con las m ujeres y el am or.
El tem a erótico es, p o r lo dem ás, el dom inante: se
refiere a las relaciones de Safo con sus am igas.
É stas proceden ya de Lesbos, ya de Asia: Colofón,
Mileto, Salam ina (¿ d e Chipre?). E ncontram os la estre­
cha relación de la isla con el continente asiático de que
hablam os a p ro p ó sito de Alceo. De Lidia o Focea vie­
nen los objetos de luio, a Lidia m archa la m uchacha
que se separa del grupo (96), el ejército lidio es el
m odelo de belleza que ensalzan los varones y al cual
Safo opone sus propios valores: es lo m ás bello lo
que uno am a (16). P ero cuando habla de vestidos v
jovas. son de Lidia: cuando se none com o paradigm a
una boda m ítica, es la de H éctor y A ndróm aca en
Trova (44).
Safo am a a las m uchachas del grupo: va pide a
A frodita que cedan a su am or, ya se dirige a ellas
directam ente, va sim plem ente expone su am or, valién­
dose a veces de com paraciones o m odelos m íticos. Y
s n r e e n los eternos m otivos: celos y separación. Safo
am a dolientem ente a la m uchacha que en 31 va a ser,
parece, de u n hom bre- se a u e ja de las aue se fueron
leios v la olvidaron Í94. 95): de las au e la han tra i­
cionado vendóse con o tra (68. 73 130V E sta o tra es
Andróm eda, la rival; o tra rival es Gorgo (103 C). Safo
recuerda los vieios tiem pos pasados, u n a v o tra vez:
cuando se enam oró de Atis (49), cuando estab a con
ella A nactoria (16), etc.
Pero no es sólo esto. Safo com para a las m uchachas
(82, etc.V com prende su am o r p o r otra (96), las con­
suela (67), p ro m ete no olvidar (88). C ritica a las míe
hac^n traición v, sobre todo, a sus rivales Andróm eda
v Gorso, sin du d a d irectoras de otros grupos de rm>
La rusticid ad , el no saber llevar bien los ves­
tidos. el no conocer el don de las M usas es p a ra ella
344 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

lo p eo r que puede decirse de una m ujer. E lla am a la


belleza p o r encim a de todo (58) y está orgullosa de su
don de las M usas.
É ste es el am biente de belleza, am or, nostalgia,
celos en que se m ueve Safo. En él vive, sin duda, h asta
hacerse vieja: poem as com o 21, 58, 121 así lo testi­
m onian, si es que no tienen elem entos m im éticos.
E sta actividad —sobre la que volverem os— no ago­
ta la in sp iración de Safo. Ya sabem os que se ocupa de
su h ija y sus herm anos, que es autora, parece, de un
him no a Á rtem is no personal, que com pone ep itala­
mios p a ra las bodas de Lesbos. Algunos fragm entos se
refieren, sin duda, a u n am or heterosexual. Así sobre
todo 102, la q u eja de la m uchacha que, enam orada, no
puede m an eja r el telar: tem a de un tipo tradicional,
el de la m uchacha que cuenta su am or a la m ad re ,2.
Y 168 B, el fam oso poem a de la m u jer que esp era la
llegada del am ante. Algunos otros fragm entos pueden
entenderse igual, ap a rte de los epitalam ios y los diá­
logos 121 y 137. Y Safo puede h allar inspiración en la
boda de H écto r y A ndróm aca (44) o p re s ta r su voz al
planto de A frodita y su coro p o r la m u erte de Ado­
nis (140).
E n realid ad , no hay incom patibilidad e n tre estos
círculos form ados p o r personas de u n m ism o sexo, de
una parte, y la vida fam iliar y el m atrim onio, de otra
parte. Son cosas que pertenecen a dom inios diversos,
todos justificados: en la m ism a Atenas, el m atrim onio
era u na cosa ap arte, privada, relacionada con la e stir­
pe y la vida social m ás que con la intim idad y el am or.
E n los epitalam ios, Safo rep ite tem as tradicionales,
va de elogio del novio o de la novia, ya, tam bién, de
crítica del eros heterosexual p o r p arte de las m ucha­
chas am igas de la novia. É sta es como el jacin to piso­

12 Cf. E. G a n g u t i a , art. cit.


LÍRICA MONÓDICA: POETAS MÉLICOS 345

teado, llora p o r su virginidad que ya no volverá; el


hom bre es un gigante, una especie de invasor. Pero
es aceptado: es, p o r decirlo así, la norm alidad. Tam ­
bién es aceptado en otros poem as de Safo. No hay
reproche p a ra él, sólo adm iración y celos, cuando,
sentado, escucha a la m uchacha que le habla y le sonríe
dulcem ente (31): pero esto no es obstáculo p ara el
desm ayo am oroso de Safo p o r ella, aunque se resigne
sin em bargo.
Es un am biente en que frente a una sociedad fuer­
tem ente m asculina, con sus organizaciones y sus idea­
les, surge com o co n tra p artid a o tra sociedad fem enina.
Hav en tre am bas, p o r así decirlo, una especie de tre ­
gua, de p u n to de contacto, que es el m atrim onio. Pero
los verdaderos ideales están fuera de allí.
Esos ideales están en la propia vida del grupo fem e­
nino: un grupo, ciertam ente, inestable, del que las
m uchachas pueden alejarse (sin duda p ara el m atri­
m onio o p ara in teg rarse en o tro grupo) y cuyas rela­
ciones in tern as pueden variar. Pero u n grupo unido
fren te a otro s y fren te a la sociedad de los varones
por lazos cen trados en el culto y en el eros. Y unido
en torno a la figura de Safo.
No hay, en la an tigua Grecia, ninguna agrupación o
asociación de p ersonas cuyos orígenes estén alejados
del culto. Tam poco en este caso. Los poem as de Safo
están llenos de him nos a los dioses pidiéndoles que
vengan a la fiesta, que ayuden a Safo o sus am igas; de
descripciones de acciones cultuales: sacrificio (40), tre n ­
zado de coronas, bebida, perfum es, refinam iento en el
vestido, poesía y canto. El m ism o erotism o está estre­
cham ente relacionado, puesto que de dioses eróticos,
fundam entalm ente, se trata .
Pero es quizá excesivo h ab lar de «sacerdotisa» y de
«tíaso». El «tíaso» es grupo de culto en torno a un solo
dios y aquí se habla de varios: de diosas y dioses
346 I.ÍRTCA GRIEGA ARCAICA

eróticos, en conexión con la lozanía de la vegetación,


con fenóm enos orgiásticos com o es la m ism a poesía.
Afrodita, que está en el centro, se refería en su con­
texto original, de o tra parte, al am or heterosexual y la
fecundidad: h a habido, pues, un desplazam iento. Un
desplazam iento que tiene antecedentes en los coros
de m uchachas que cantaban los partenios de Alemán,
según hem os podido ver. P or o tra p arte , los poem as
de Safo arran can en lo esencial del him no y o tras for­
m as cultuales, pero son ya, con raras excepciones, poe­
m as personales.
H a habido, pues, u na evolución, la creación de una
asociación (en tre o tras m ás de M itilene) de arran q u e
religioso, p ero que va m ás allá. Pasa igual con el am or.
La concepción del m ism o que en Safo dom ina ts es que
el am ante —o la am ante— concibe el am o r p o r obra
de la diosa o bien p o r una cualidad del se r am ado que
irrad ia, ñ o r así decirlo, «amor», «deseo». Es la diosa
—o ab stracto s com o «Amor» (E ros)— quien tiene po­
der p ara «cum plir» el am or o p a ra lib e ra r de él. El
am o r es un hechizo, es la h erid a que produce la belle­
za: cosa divina u o b ra divina. Es esta u n a concepción
oue ha nacido en el am or heterosexual v ha Pasado al
hom osexual, al de la mascula Sappho que dice H o­
racio. A frodita v E ros eran o risin ariam en te dioses del
am o r heterosexual; a él pertenecían tem as com o el de
« tirar la m anzana» p a ra declarar el am or, lu eso u tili­
zado p o r Safo ('cf. el com entario de P.Oxy. 2637 = S.
260). No hav ni que decir que. de o tra parte, la con­
cepción original, religiosa, se ha personalizado. E sta­
mos, siem pre, a m edio cam ino entre lo pu ram en te
religioso y lo personal, individual.

13 Cf. m i trabajo «Et cam po sem ántico del am or en Safo».


R SE L 1 (1970), págs. 1 sigs.
LÍRICA MONÓDICA: POETAS MÉLICOS 347

Así, Safo tran sm ite a sus am igas (y a su público)


valores generales relacionados con la belleza, el eros,
una concepción de la n aturaleza y la vida. Al propio
tiem po, descubre u na problem ática del am or que ya
nunca se olvidará: es m ás, andando el tiem po, se ha
traspasado al am or heterosexual. A la vez, Safo nos
m u estra su alm a desnuda. M otivos y tem as generales
se han adap tad o p a ra expresar su caso individual.
¿H asta dónde llegaba ese am or, cuáles eran sus
lím ites? La esencia del am or-pasión, que es un fin en
sí m ism o y no está al servicio de la generación, es no
tener lím ites. Evidentem ente, no podem os, ni tiene
m ayor interés, co n c retar m ás. Pero hay pasión, e stre ­
m ecim iento que es psíquico y físico a la vez: no m era
am istad. Los «síntom as del am or» de que se ha hablado
en relación con 31, son bien claros. E ros sacude a la
am ante com o el viento (47, 130), ella duerm e sobre el
pecho de su am iga (126), extiende sus m iem bros en el
lecho (46), quiere m orir.
Así vivió Safo, tran sfo rm an d o un tiem po duro para
las viejas aristo cracias en u n a vida «dulce y am arga»
con sus am igas, creando un m undo un tan to irreal
pero cuya capacidad de belleza, de ah o n d ar en el p ro ­
pio ser, ab riría p u erta s al fu tu ro . Llevando, al tiem po,
una vida «norm al» con su h ija y sus herm anos.

3. La poesía de Safo. — Ese carác te r interm edio


de la poesía de Safo, poesía en p arte religiosa, «de g ru ­
po», en p a rte p ersonal e íntim a, es lo que la hace tan
difícil de in te rp re ta r, a veces, lo que ha dado lugar a
tan to s equívocos. E n ella lo colectivo y lo privado, lo
religioso y lo íntim o, lo espiritual y lo concreto, lo
hum ano y lo n atu ral, el p resen te y el m ito, lo com pa­
rado y la com paración, se unen de m aneras no fáciles
de discernir.
348 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

La p arte m ás fácilm ente accesible de esta poesía (si


exceptuam os algunos poem as m im éticos ya aludidos)
la constituyen los epitalam ios, poesía «de encargo»
com o hem os dicho, llena de motivos populares, tra d i­
cionales, m im éticos. De las bodas de Lesbos sabem os
algo p o r n u estro s fragm entos, p o r el paralelism o con
otro s datos griegos antiguos, por las im itaciones de
C atulo 14. Es poesía d ram ática y m im ética, en que in­
tervenía el co rtejo que acom pañaba a la novia a la casa
del novio, con los coros de m uchachas y m uchachos, el
novio, la novia; con los tem as tradicionales del en­
fren tam ien to de m uchachas (que q uieren im p ed ir la
boda) y m uchachos, del elogio de la novia y el novio,
de las intervenciones de estos, del «portero» gigantes­
co que defiende el tálam o, de los cantos de las m ucha­
chas d u ran te la noche, del canto de albada con que los
m uchachos d esp iertan a la p areja al am anecer. E n­
fren tam ien to y unión sexual son tem as tradicionales,
se ven, p o r p o n er un ejem plo, en las danzas m íticas
de ninfas y sátiro s o en la Lisístrata de Aristófanes.
Tem as com o el de la novia com o d io s a 15 o el novio y
la novia identificados a lo m ás excelente en el reino
vegetal hacen re m o n ta r el origen de la cerem onia a
o tras conservadas en varios' lugares, en que eran dos
dioses o u n dios y u n a m ortal los que se unían p ara
p ro d u c ir la fecundidad del año a g ra rio 16. El novio, la
novia, los coros, no hacen o tra cosa que en c a rn a r pa­
peles tradicionales, de siem pre y p a ra siem pre.
14 Cf. e l libro de S chadewaldt, S apph o, y los artícu los de
J. D. M eerwaldt , «E pithalam ica», M n em osyn e s. xv, 7 (1954),
págs. 19 sigs., y 12 (1960), págs. 98 sigs., así com o P age, ob.
cit., págs. 119 sigs. Sob re paralelos en la antigua literatura,
m is O rígenes, págs. 85 sigs., 243 sigs.
!S Cf. G. L ieber t , D ivin a puella, A m sterdam , 1962, pági­
nas 13 sigs.
'6 Cf. m i Fiesta, C o m ed ia y T ragedia, B arcelon a, 1972, p á ­
ginas 424 sigs.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : PO ETA S M É L IC O S 349

Pero, a p a rtir de aquí, las cosas se difum inan. No


es claro si ciertos fragm entos com o 30 y 43 son p ro p ia­
m ente fragm entos epitalám icos o si los tem as h an sido
utilizados al servicio de intenciones «privadas» de Safo.
Sobre todo, ¿es 44, el fragm ento de la boda de H éctor
y Andróm aca, un epitalam io o una poesía «privada»,
en relación ciertam en te con u n a boda? I7. No se ve que
se refiera a ningún m om ento concreto de la boda, ni
puede referirse a un coro concreto: es u n a m onodia
que describe la boda a través de la de H écto r y An­
dróm aca y en la que hay detalles p ropiam ente lesbios.
Safo ha podido, p o r su cuenta, esc rib ir este poem a
p ara u n a fiesta privada, a p a rtir de u n m otivo tra d i­
cional.
Tam bién en el caso de 31, el fam oso fragm ento en
que se considera «igual a los dioses» al hom bre que
habla con la m u je r am ada, se ha hablado de epitalam io.
No lo es en m odo alguno, pero no es m enos cierto
que el ho m b re se in terpone y la m uchacha se aleja de
Safo: hay u n arran q u e en el tem a de la boda y un
desarrollo individual, personal, pensam os.
E sto es lo que m ás com únm ente o cu rre en Safo, en
la m edida en que podem os ju zg ar a p a rtir de nuestros
escasos y destrozados fragm entos. H im nos cultuales
p ro piam ente dichos no los hay, si exceptuam os el him ­
no a Á rtem is ya citado de 44 A y, quizá, el him no «de
llam ada» a A frodita en 2. Hay, eso sí, frecuente alusión
a acciones cultuales: pero el concepto de lo cultual es,
lo hem os dicho tam bién, m uy am plio y difum inado.
Lo m ás frecu en te es que el him no haya sido adapta-
tad o a lo personal. Tiene form a de him no pero no es
propiam ente un him no de culto el fam oso fr. 1, en que
Safo pide la ayuda de A frodita p a ra co n q u istar un
alm a rebelde. O tros fragm entos m ás breves dirigidos a

17 Cf. m i n o ta al fragm ento.


350 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

Afrodita, las G racias, las M usas, etc. hem os de im agi­


nárnoslos igual: cf., p o r ej., 33, 35, 53, 60, 65 (en que
A frodita se dirige a Safo, com o en 1), 90 a, etc., en
varios se h allan m otivos personales. Es el conocido pro­
cedim iento que hem os hallado en Alceo: queda la for­
m a del him no, que se ad a p ta a lo personal. Es m ás,
el him no pued e dirigirse a una ab stracción com o el
Ensueño (63).
O tras veces nos hallam os m ucho m ás lejos del
him no. Así cuando u n poem a, com o 16, com ienza to­
m ando posición an te un tem a debatido en el banquete,
el de qué es lo m ás herm oso 18. O cuando, com o en 47,
se com ienza h ab lando de una experiencia de Safo:
E ros la ha sacudido com o el viento sacude a la encina.
O cuando, sim plem ente, m anifiesta de m odo directo su
opinión, así en 82: es m ás bella M nasídica que Dica;
o u n sentim iento, así en 31. O describe u n a situación
an tigua (154).
Ya conservando la fo rm a tradicional, ya em pleando
o tras nuevas, se llega, en definitiva, a la m anifestación
de la posición p ersonal de Safo: opinión, am or, añ o ran ­
za, queja, recu erd o s, exhortación, consuelo. Lo que se
ha m an ten id o casi siem pre, en la m edida en que pode­
m os juzgar, es la e stru c tu ra tern a ria que es antigua
en la poesía m onódica y que h ered a la antigua secuen­
cia de las intervenciones del solista, el coro y el solista
o tra vez. Suele in clu ir u n «anillo» en que al principio
y al final van la plegaria, la m anifestación de la opi­
nión o el sentim iento, y rodean al «centro». E ste cen­
tro era trad icio n alm ente m ítico: expresión del poder
del dios, que en cierto m odo obligaba a éste a atender
a la plegaria. E sto se conserva, sobre todo, en 17, him ­
no a H era.

'8 Cf. O rígenes, pág. 219.


l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 351

t e r o o tras veces se tra ta y a de Jo que podríam os


llam ar un «m ito sálico», así la escena e n tre A frodita
y Salo en el «centro» de 1, sin duda en otros lugares
más. O no hay m ito, sino com paración (34) o recuerdo
del tiem po pasad o (94), im aginación de u n lu g ar rem o­
to (96), descripción de sentim ientos (31), etc. Y si hay
m ito, puede ser al servicio de ilu stra r la m áxim a ini­
cial, así en 16.
Hay, pues, u n com ienzo; u n «alejam iento» que bus­
ca p o r co n tra ste p o tenciar, com unicar, el p rim ero; y
un cierre. E ste cierre puede ser el del anillo, u n a repe­
tición que am plía, p ero tam bién u n a conclusión o
exhortación, así en 31. Puede, p o r lo dem ás, fa lta r
todo el esquem a: en u n poem a com o 98, el tem a del
tocado de cabeza pedido p o r Ciéis, hay p u ro razona­
m iento que d iscu rre m ediante adiciones, recuerdos.
Igual que a p a rtir de la antigua religiosidad erótica,
de tip o heterosexual, se han creado u n sentim iento de
grupo y u n sen tim ien to individual nuevos, así, en la
form a, Safo h a creado a p a r tir del antiguo him no un
in stru m en to de expresión prácticam en te libre, m oldea-
ble. E n él el m ito, la n atu raleza y el pasado, se usan
p ara d ar relieve al sentim iento del presente.
E s esta u n a poesía que está llena de rem iniscencias
hom éricas: m ás que en ningún poem a, en el epitalam io
de H éctor y A ndróm aca, pero tam bién fu e ra de allí.
Con frecuencia enco n tram os fórm ulas hom éricas, voca­
bulario hom érico, fonética hom érica. T am bién h alla­
m os influjos de la poesía popular, lo hem os dicho a
propósito de los epitalam ios y de la poesía m im ética;
podría decirse tam b ién a p ropósito del fr. 168 B, el
de la m uchacha que esp era la llegada del am ante.
P ero a p a r tir de estos dos p u n to s se h a creado algo
realm ente nuevo. Algo que, después de los últim os h a ­
llazgos, coincide con Alceo m ucho m ás de lo que espe­
rábam os, p ero que se opone a él com o se opone la poe-
352 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

sía fem enina a la m asculina, sobre todo en un m undo


tan escindido sexualm ene com o el griego.
Es una poesía que funde al hom bre en el grupo y en
la n atu raleza y que expresa lo hum ano p o r lo divino y
lo n atu ral, lo esp iritu al p o r lo concreto. No hay, p ara
m ejo r decir, separación entre estos m undos, como
apenas la hay en tre lo religioso y lo profano. A garrada
a lo concreto, a la fórm ula que es como un conjuro, a
la danza y el canto, esta poesía produce u n efecto po­
deroso, explora p o r p rim era vez nuevos m undos.

4. La obra de Safo.
El P.Oxy. 1800 nos habla de nueve libros de las od as de S afo
y de elegías u otras obras, la S u d a m encion a tam bién yam bos
y epigram as, Servio habla de un libro de E p ita la m io s. Ha
habido una d iscu sió n sob re si los nueve lib ros eran de od as y
los E p ita la m io s form aban, por ejem p lo, un lib ro décim o, o si
todo quedaba com pren dido en los d i e z l9.
Lo que sí es claro es que la edición de S afo a que esta s
afirm aciones se refieren es una edición alejandrina: bien la
de A ristófanes de B izan cio, b ien la de A ristarco (cf. H efestión ,
De signis 138). Ya hem os dicho que S afo fu e m uy estu d iad a
en la antigüedad: h em os citad o la edición de C am eleonte y nos
h em os referido a los d iversos com en tarios (de P.Oxy. 2293, 2637,
2506, de P. C olon, inv. 5860, de P SI en V. 213 B ), a una biogra­
fía en P.Oxy. 1800, a coleccion es de versos in iciales en P. M ich,
inv. 3498 y P.Oxy. 2294. Tam bién se cita un com en tario de
Calías de M itilen e (E strab ón , X III 2, 4), q u e d eja h u ella al
m enos en P. C olon, inv. 5860.
De la ed ición alejandrina (seguram en te de las d os) p od em os
decir que su s lib ros estaban organizados según la m étrica de
los p oem as. E sto nos coloca en el caso de S afo en una p o si­
ción d iferente a la del caso de A lceo. La ed ición de Lobel-Page
(y la de V oigt, que segu im os, y que m an tien e e l orden de
fragm entos) trata de recon stru ir para los p rim eros lib ros, que

« Cf. P age, págs. 112 sigs., R einach-Puech, págs. 176 sigs.


L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 353

son aqu ellos para los que hay m ás datos, esa edición antigua.
Así, los poem as del libro I estaban escritos en estro fa s sáficas
v constab an en total de 1320 versos según el P.Oxy. 1231. S ab e­
m os igualm ente, por datos proced en tes de H efestión y varios
gram áticos y de algunas citas, que el libro II contenía poem as
escritos en p en tám etros d actilicos eolios; el III, en asclepia-
deos m ayores; el IV, en tetrám etros jón icos m ayores; el V en
glicónicos, fa lecio s y asclep iad eos m enores; no hay casi datos
para los dem ás. Se calcula que, en total, la obra de S afo debía
de abarcar entre los 10.000 y 12.000 versos.
Aparte estab a el libro de los E p ita la m io s, en m etros dife­
rentes: ya h em os dicho que ign oram os si era u n o de los nueve
o no. Los ed itores m od ern os lo editan a co n tin u ación de los
fragm entos ad scritos a un libro y a n tes de los de libro incierto
pero hay dudas de si son ep italam ios algunos p oem as de los
prim eros lib ros, ya lo h em os dicho.
Así, los fragm entos de tradición ind irecta y los pap iráceos
han sido n u m erados según esto s criterios, que dejan algunas
dudas en el caso de los E p ita la m io s y de algun os otros frag­
m entos.
Com o en el caso de A lceo h em os segu id o la ed ición de V oigt,
que presenta algunas m odificaciones en el texto e inclu ye frag­
m entos adicion ales (lo s A, B y C): bien los h allad os en fecha
p osterior a Lobel-Page (213 A, de P.Oxy. 2506 y B, de PSI )
alguno atrib uido por Lobel-Page a A lceo (el 44 A) o con sid
rado de au tor in cierto (103 B ) o espú reo (el fa m o so 168 B ) o
en tod o caso n o inclu id o (101 A y C, 168 C). F alta el fr. 99 de
Lobel-Page, que ahora es el 303 A de Alceo. Por m i parte, sigo
en algún caso, que ind ico, un tex to diferente. Los papiros
pu blicad os con p osterioridad aportan só lo dos p eq u eñ os frag­
m en tos nu evos (aunque uno de ello s, P. Colon 5860, con tien e
restos de un com en tario in teresan te), que inclu yo al final.
354 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

FRAGMENTOS

1. L ib r o I

1 (V. 1) In m o rtal A frodita de bien labrado tr o n o 20,


h ija de Zeus tren zad o ra de e n g a ñ o s21, yo te im ploro,
con an g u stias y penas no esclavices mi corazón, Señora,
ven en vez de eso aquí, si en verdad ya o tra vez mi
voz oíste desde lejos y m e escuchaste y abandonando
la m ansión del p ad re viniste, el áureo
carro luego de u ncir: bellos, veloces g o rrio n e s 22 te
tra je ro n sobre la tie rra negra b atiendo con vigor sus
alas desde el cielo p o r en m edio del éter.
P resto llegaron: y tú, diosa feliz, sonriendo con tu
ro stro in m o rtal m e p reg u n tab as qué m e sucedía y p ara
qué o tra vez te llam o
y qué es lo que en m i loco corazón m ás quiero que
m e o cu rra: «¿A quién m uevo esta vez a s u je ta rs e 23 a
tu cariño? Safo, ¿quién es la que te agravia?

20 A frodita e stá sentad a, e n e l O lim po, en u n tron o a r tísti­


cam en te trab ajad o. E l ad jetivo, creado por S afo, se refiere a
p in tu ras o relieves. D ebe rechazarse la trad u cción «de (v estid o )
recam ado de figuras», que se ha p rop u esto a veces. Cf. J. S.
L asso de la V ega , «La od a prim era de Safo», CFC 6 (1974), pá­
ginas 19 sigs.
21 S u b yace el tem a de la red con que d iversos d ioses «cap­
turan» a los h om b res en gañ osam en te, así co m o e l de la «red»
de m etal c o n que H efe sto capturó a Ares y A frodita e n su
adu lterio (O d ise a V III 272 sigs.). Cf. A. P r iv it e r r a , «La rete di
Afrodita», QUCC 4 (1967), sob re tod o págs. 19 sigs.
22 S ólo aquí so n p resen tad os lo s gorriones com o ave de
A frodita, o tra s v eces se h ab la de tórtolas o p alom as. E l se n ti­
d o parece seguro, aunque hay qu ienes en tien d en «pájaros»,
sim p lem en te. P ace , p ágs. 7 sigs., p ien sa que lo s gorriones sim ­
b olizan e l ero tism o y la fecu ndidad . En to d o caso, hay u n evi­
d en te c o n tra ste con las d iosas guerreras que bajan en la Ilía d a
a la tierra e n su s carros tirad os por caballos. Cf. J. I. Arms­
trong , AJPh 79 (1958), págs. 341-354.
23 Lugar corrup to que hacen b ien Page y V o ig t en no suplir
lír ic a m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 355

Si ha huido de ti, p ro n to vendrá a b uscarte; si no


acepta regalos, los dará; si no te am a, bien p ro n to te
am ará aunque no lo quiera».
Ven, pues, tam b ién ahora, líbram e de m is cuitas
rigurosas y aquello que el corazón anhela que m e cum ­
plas, cúm plem elo y tú m ism a sé mi aliada en la ba­
talla 24.
2 (V. 2) ...aquí a mí desde C reta, a este tem plo
sa g ra d o 25 donde hay u n bello h u erto de m anzanos y
hay altares h u m eantes de incienso:
en él un agua fresca ru m o re a en tre las ram as de los
m anzanos, todo el lu g ar está som breado p o r las rosas
y del ra m a je tem bloroso d esc ie n d e26 el sueño;
en él un prado, p asto de los caballos, está lleno de
flores de la p rim av era y las brisas soplan oliendo a
m iel...

(véase la larga lista de con jetu ras en H. Saake, Z u r K u n st


S a p p h o s [c itad o en ad elante sim p lem en te S a ak e], M unich, 1971,
págs. 54 sigs.). Mi trad u cción se b asa en el con texto.
24 N u eva a lu sión al con traste en tre d iosa guerrera y diosa
del am or. El com b ate de A frodita es el am or, com o le dice
Zeus en Ilía d a V 428 sigs.; y el am or es u n com bate en que
valen los ardides. P ero e s la d iosa, n o e l m ortal enam orado,
quien tien e la d ecisión , el «cum plim iento». Cf. In trod ucción.
25 P recede un verso anterior apenas legib le, que quizá p er­
tenece a otro poem a; en e se ca so , faltaría el com ien zo del
presente. Para el verso in icial sigo el tex to de Lobel (V oigt no
intenta reconstruirlo): S a fo pid e a A frodita que venga de Creta
a un tem p lo de L esbos d on de e lla y su s am igas celeb ran una
fiesta. En Creta hab ía c u lto de A frodita, igual qu e en Chipre,
m encion ada luego; pero n o hay referencia con creta a la Afro­
d ita Antea, «de las flores», co m o quiere S aake, ob. c it., p ági­
nas 79 sigs., sin o a A frodita en general.
26 Aquí y en un verso p o sterio r (« está llen o ... de la prim a­
vera») sigo otra vez e l texto d e Lobel. E l poem a, tran sm itid o
en un ó stra k o n o trozo de cerám ica del s. n i a. C., e stá e n m uy
m al esta d o y ha dado origen a u n a enorm e b ib liografía, v . S aake
y el Aparato de V o ig t .
356 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

aquí tú ... tom ando, diosa C hipriota, y en copas


áu reas n éc ta r m ezclado con alegría de fiestas m ientras
escancias m u e lle m e n te 11...
3 (V. 3 ) 28 ...devolver... de los fam osos sin em bar­
go... de cosas bellas y nobles... y de dolor a m i (?)...
u ltraje...
hin ch án d o te (de ira?)... sufrirías dolor, pues lo... no
está en ese estado de ánim o... com prendo... de la m al­
d ad ... o tras a m i... la m ente... los felices...
3a (V. 4) ...corazón... en teram en te... puedo... haya
p a ra m i... reflejar... ro stro ... sintiendo el contacto de
la piel...
4 (V. 5) Oh C h ip rio ta 29 y N ereidas, concededm e
que mi h e r m a n o 30 regrese aquí sin daño y cuantas
cosas desee en su corazón que le sucedan, que todas
se le cum plan
y cu an tas an tes ha errado, todas las haga buenas...
y sea alegría p a ra sus am igos... p ara sus enem igos y
a nosotros no nos quede... ninguno.
O jalá q u iera h acer que su herm ana (reciba) honor...
y la am arg a p en a... sufriendo p o r las cosas de an ta­
ño... oyendo «Que u n grano de m ijo ...» 31 ...(acusa­
ción?) de los ciudadanos...

27 S afo se rep resen ta a A frodita com o llegada a su fiesta y


encarnada en la cop era o escanciad ora. «N éctar» e s «vino»,
el vin o de lo s dioses: en vez de m ezclarlo co n agua, com o es
hab itu al, A frod ita lo ha m ezclad o c o n fiesta, e sto e s, alegría
festiva.
28 C on sejos y adverten cias a alguien, quizá al herm ano
Caraxo (cf. In trod u cción ) y cuya condu cta ca u sa el d olor de
Safo.
29 A frodita.
30 Caraxo, que había id o a com erciar a N áu cratis, en
E gipto, y se hab ía arruinado con una cortesan a, R odopis
o D órica, c f. In trod ucción.
31 Un p roverb io, seguram en te, p ero tod o e l final e s p oco
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 357

y tú, oh C hipriota, deponiendo (?) la m ala...


5 (V. 7) ...D ó ric a 32... exhorta... orgullo... cual p ara
los jóvenes...
6 (V. 9) ...llam a... no tener... fiesta... cu m p lir p ara
H era...
7 (V. 15)33 ...feliz... e rró (?)... los infortunios
(?)... oh C hipriota, y ojalá te encuentre enem iga Dóri­
ca y no se ja c te diciendo que p o r segunda vez (m i
herm ano) halló un am or que añoraba.
8 (V. 16)34 Ya dicen que la tro p a m o ntada en ca­
rros 35, ya la de los infantes, ya la de los navios, sobre
la tie rra negra es lo m ás bello; pero yo, que es aquello
que uno ama.
Muy fácil es h acer que cualquier hom bre entienda
esto: Helena, la que tan to av en tajab a a todos en b e­
lleza, a su m arido 36, ese ho m b re noble,

com pren sible. Pide qu e Caraxo se recon cilie con S a fo y A fro­


dita con él, lib rán dole d el am or de R od op is (así llam ad a por
H erodoto, II 134 a., D órica p or S afo, 7 y 15).
32 Sobre D órica, la am ante de Caraxo, el herm ano de Safo,
cf. n. 11.
33 Quizá co n tin u ación del p o em a anterior, cf. B ow ra , p á ­
gina 211; en to d o caso, se trata del m ism o tem a. S afo p id e a
A frodita, ahora, que q u ite a D órica to d o p od er am oroso sobre
su herm ano.
34 Al de P .Oxy. 1231 se añade el testim o n io de P .Oxy. 2166,
y P S I 123.
35 Su ele en ten d erse «de los jin etes», «de la caballería». Me
apoyo en el sen tid o de h ip p e ú s en varios p asajes de la Ilíada
y en que eran fa m o so s las carros lid io s (com o lu e g o lo s p er­
sas), a que se alud e m ás ad elan te en el cierre d el an illo. Cf.
E squilo , P ersas 45 sigs. S on los e jército s lid ios, de carros, ho-
plitas y naves, los que so n p resen tad os por algun os (en el ban­
quete, sin duda, por p erson ajes m ascu lin os) com o lo m á s bello.
36 M enelao. La hija es H erm íona; su s padres T indáreo (o
Z eus) y Leda. P ién sese que el am ante, París, no e s siquiera
m encionado: el pod er am oroso n o es de él, sin o de la diosa.
358 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

lo abandonó y m archóse a Troya en u n navio y en


n ad a de su h ija ni de sus pad res m uy queridos se
acordó ya, sino que la sedujo (la C hipriota)...
...inflexible (?)... fácilm ente... ah o ra m e h a hecho
aco rd arm e de A nactoria ausente 37.
De ella q u isiera el a n d a r seductor y el claro brillo
de los ojos ver antes que los carros de los lidios y los
infantes con sus arm as 3S.
...no es posible que suceda... a los ho m b res... o ra r
que se nos dé u n a p arte ...

...de im proviso...

9 (V. 1 7 )39 Cerca de m i... H era Señora, tú ... a la


que o raro n los A tridas, ilu stres reyes,
tra s p o n e r térm in o ... prim ero en to rn o (a T roya)...
poniendo ru m b o a aquí no consiguieron
antes q u e a ti y a Zeus S uplicante... y (al hijo)
deseable de T io n a 40... pero ah o ra... com o en el tiem po
antiguo...
sagrada y... virgen... en to m o ... ser... llegar

37 A nactoria, sin duda, ha m arch ado a Asia, prob ab lem en te


a casarse. E llo es lo que ha sugerido a S afo la com paración
con H elena, cf. C. W. M acleod, «T w o com p arison s in Sappho»,
Z PE 15 (1974), págs. 218 sigs. La situ ación e s com p arab le, en
definitiva, a la de 31.
38 E s decir, la in fan tería pesad a, los hop litas.
39 Plegaria a H era cuya finalidad se n o s oculta. S a fo se
atrae la b en evolen cia de la d iosa record ánd ole có m o lo s Atri­
das, acabada la guerra de Troya, oraron en el tem p lo de Les­
bos dedicado a la llam ada tríad a lesb ia (H era, Zeus y D ion iso,
cf. A lceo, 129 y 130, así co m o la introd u cción a e ste p o e ta ). Se
trata de una v ersión un p o c o diferen te de lo que narra la O d i­
sea III 130 sigs.
40 D ion iso, m ás com ú n m en te llam ad o h ijo de Sém ele. Con
P.Oxy. 1231, cf. P S I 123.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 359

10 (V. 2 0 )41 ...b rillo y tam bién... con buena for­


tuna... llegar al p u erto ... de la tie rra negra... (no quie­
ren) (?) los m arin o s... los fu ertes vientos... y en tie rra
firm e... navegara... la carga... puesto que... diez... tra ­
bajos... del co n tin en te...
11 (V. 2 1 )42 ...consiguió... lam ento... tem blorosas
(rodillas?)... la vejez ya a la piel... rodea... vuela p er­
siguiendo43... ex celsa44... co g ien d o 45... canta p a ra nos­
otras... a la de seno de v io le ta s46... sobre todo... y erra...
12 (V. 2 2 )47 ...acción... el bello ro stro ... desagra­
dable... y si no, el invierno... a los que dolores... te
pido... Góngula... oh A bantis, cogiendo... la l i r a w, m ien­
tras el deseo vuela en to m o a ti
la bella; pues esa c a p a 49 m e ha hechizado, siento
placer, pues ni la m ism a nacida en Chipre la h abría
criticado...
así oro... esto ... q u iero...
13 (V. 2 3 )50 ...del am o r esperaba (?)... te veo de

41 Fragm ento prob lem ático, al qu e se han d ad o diversas


interpretaciones: ¿deseo de buen viaje al herm ano? ¿tem a p o lí­
tico de la nave del estado? ¿de lo s desterrad os, quizá a Sicilia,
con p etición de bu en a travesía? Cf. T r e u , S apph o, págs. 188 sig.
42 Tem a de la vejez. S afo se dirige a una m u jer m ás joven.
43 ¿Eros a los jóvenes?
44 ¿Afrodita?
45 Una m ujer; sin duda, «cogiend o la lira».
46 Cita en Ap. Disc., P ron. 1, 97.
47 E s de L obel la u n ión d e d os fragm en tos (frs. 12 y
P.Oxy. 1231) en éste, u n ión no del to d o segura. La p o etisa , pa­
rece, se dirige a u n a m uchacha qu e ha estad o au sen te y a la
q u e ahora p id e que toq u e la lira, ren ovado su am or p o r ella.
48 La p a c tis en realidad; se toca con los d ed os, n o co n el
plectro. "*
49 T raducción con jetu ral, es u n v e stid o exterior «hasta el
codo».
50 S a f o c o m p a r a a u n a jo v e n ( n o n e c e s a r i a m e n t e a u n a
n o v ia , c o m o q u i e r e S chadewaldt, S a pph o, P o s t d a m , 1950, p á g i-
36 0 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

fren te... (no es) H erm íona sem ejante... pero com pa­
ra rte a la ru b ia H elena...
(si es lícito) a las m ortales. Pero sabe con tu ... que
a cam bio de todos m is pesares, yo d aría (?)... las ri­
beras... ce le b rar una fiesta noctu rn a...
14 (V. 2 4 )51 ...os aco rdasteis... pues en verdad
noso tras en la ju v en tu d estas cosas hacíam os: m u­
chas cosas y herm o sas... vivíam os... audacia... suelo...
de voz aguda... h o m b res... toda...
15 (V. 26) 52 ...frecuentem ente... pues a quienes
hago favores, esos m ás que nadie... m e m a ltra ta n ...
hijo ... a ti, q uiero... su frir... pero yo tengo conciencia
de esto...
16 (V. 27) 53 ...pues tu u n a niña en o tro tiem po...
can tar; ea, piensa en esto y a mi p o r este... hazm e un
gran favor:
pues vam os a u n a boda: bien ...tam b ién tú, así
cu an to an tes envíanos doncellas y que los dioses... tu­
vieran
...u n cam ino hacia el gran Olim po...
17 (V. 30) 54 ...la noche...
na 46) con H elena y la da com o m uy su p erior a H erm íona,
hija de ésta.
si P ese a la u n ión aquí p or V oigt de varios fragm en tos de
L obel-Page (a lg u n o s de P.Oxy. 2166), lo ú n ico que se o b tien e en
claro es q u e se trata del recuerdo por p arte de S afo de las
antiguas fiesta s en un ión de su s am igas.
52 P ese a que el fragm en to papiráceo s e com p leta c o n dos
c itas del E tim o ló g ico G enuino y A polonio D íscolo, se v e n cla­
ras las q u eja s de S afo, n o la p erson a ingrata (¿Caraxo? ¿una
de su s am igas?).
5’ S afo p id e a otra «m aestra de coro» que envíe a su s
m uchachas para cantar en una boda. E sto no supone que el
poem a p roced a de un ep italam io, com o qu iere Page, cf. S aake,
ob. cit., pág. 158.
54 P arece un can to de albada, con que se d esp ierta a los
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETAS M É L IC O S 361

...las doncellas... festejando en la noche... cantan


tu am o r y el de la novia de seno de violetas.
D espiértate, novio, ven con los am igos de tu edad...
para que veam os (m enos) sueño que (el ruiseñor) de
agudo canto.
Oda de Longino, 20, y otra tradición ind irecta 55

18 (V. 3 1)56 Me parece igual a los dioses aquel va­


rón que está sentado frente a ti y a tu lado te escu­
cha m ien tras le hablas dulcem ente
y m ien tras ríes con am or. Ello en verdad ha hecho
desm ayarse a mi corazón d en tro del pecho: pues si te
m iro un punto, mi voz no m e obedece,
mi lengua queda rota, un suave fuego co rre bajo
mi piel, nada veo con m is ojos, m e zum ban los oídos,

novios tras la n och e nupcial. Aquí canta p robab lem ente, un


coro m ascu lin o que d esp ierta a la pareja y que se refiere al
coro fem en in o que ha can tad o tod a la noche ante la cám ara.
55 Cf. ahora tam bién PST, en V. 213 B.
56 V éase In trod u cción . F rente a la in terp retación de que se
trata de un ep italam io o una expresión de envidia o una d es­
cripción, sim p lem en te, del «estupor» y lo s sín tom as p rodu cid os
por el am or (cf. d atos para to d a s estas p osicion es en C. del
Grande, «Saffo, Ode p h a ín eta í m o i k ê n o s», E u p h ro syn e 2
(1959), págs. 181 sigs., y Saake, ob. cit., págs. 17 sigs. que
sostien e la ú ltim a), d eb e hacerse una in terp retación m ás
m atizada. E l p u n to de partida e s, p osib lem en te, la v isió n de la
novia al lado del novio en la b od a (cf. Frankel, D ich tu n g un d
P h ilosoph ie d e s frü hen G riech en tu m s, N ueva York, 1951, pági­
nas 237 sigs., entre o tr o s) y la felicitación a am bos; a partir
de aquí se crea un p oem a p ersonal que expresa el am or de
Safo y su resign ación ante la pérdida de la am iga. La vieja
d iscusión sob re si h ay c elo s o sim p le am or, n o tien e m ayor
sentido. Y el alejar el tem a absolu tam en te del de la b od a (que
im plica separación, com o otras v eces), com o hace Page, ob.
cit., págs. 26 sigs., tam poco. N o p ien so, pu es, que haya propia­
m ente ep italam io, sin o p oesía p ersonal sob re el m otivo de la
boda, el hom b re y la separación.
362 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

...b ro ta de mí el sudor, un tem blor se ap o d era de


m i toda, pálid a cual la h ierb a m e quedo y a p u n to de
m o rir me veo a mi m ism a.
Pero hay que su frir todas las cosas...
19 (V. 32) ...las que me hicieron ilu stre com uni­
cándom e su a r t e 57...
2 0 (V. 33) ...o jalá yo, A frodita de áurea corona,
obtuviera esa su erte...
21 (V. 34) En to rn o a la bella luna, las estrellas
esconden su ro stro luciente cuando, llena, m ás b rilla
sobre la tie rra t o d a 58...
...de p lata...
22 (V. 35) ...o a t i S9 C hipre o Pafo o P anorm o...
23 (V. 36) ...añ o ro y busco...
24 (V. 37) ...según m i dolor...
...al que critica, que los vientos se lo lleven y los
pesares...
25 (V. 38) ...m e estás poniendo al fuego...
26 (V. 39) ...su s pies bellos zapatos de cuero los
cubrían, h erm o so tra b a jo de Lidia.
27 (V. 40) ...yo de u n a blanca cabra a t i 60...
...y te h a ré u n a libación...
2 8 (V. 41) ...p a ra vosotras las herm osas m i pen­
sam iento no es m udable.

57 Las M usas.
58 Se com para la b elleza de dos m uchachas: b ella una,
otra m ás aún.
59 A frodita: se citan tres san tu arios su yos, en u n o de los
cuales pu ed e encontrarse. E s, sin duda, p arte de un h im n o
«clético», de llam ada.
ω P arece tratarse de un sacrificio.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 363

29 (V. 42) ...a e lla s 61... se les quedó frío el hálito


vital..·, d ejan caer sus alas...

2. L ib r o II

30 (V. 4 3 )62 ...bello... suavem ente m oviendo... el


dolor la m ente... se sienta... pero ea, am igas... pues
está cerca el día...
31 (V. 4 4 )63 ...C hipre... llegó el heraldo I d a o 64...
rápido m en sajero ... y del resto de Asia... gloria im pere­
cedera: «H éctor y sus am igos trae n ya la doncella de
ojos vivos de la sag rada Teba y de Placía de corrientes
in ag o tab les65, la delicada A ndróm aca, en sus naves,
sobre la m ar salina; y brazaletes de oro num erosos y
vestidos p u rp ú reo s, p erfum ados, lujos refulgentes, y
vasijas de p la ta in n u m erables y m arfil»66. Así dijo y

61 U nas palom as, cu an d o van a m orir.


62 S afo se dirige a las m u chachas de¡ coro de una danza
nocturna, para p on er fin a ésta.
63 M ientras que h o y e s ya generalm en te adm itida la au to­
ría del p resen te fragm en to a favor de Safo, negada en tiem p os
por W ilam ow itz, Lobel, B ow ra y Sch ad ew ald t (cf. P age , ob.
cit., pág. 69; W. R ösler , «Ein G edicht und sein Publikum »,
H erm es 103 [1975], págs. 275 sigs.), continúa la d iscu sió n sobre
si se trata de un ep italam io (a sí Frankel, S n ell, Treu, etc.), o
de un ejercicio m ito ló g ico o literario (L esky, K akrídis, Saake);
Page to m a u n a p ostu ra m ás dubitativa. Cf. la b ib liografía en
S aake, ob. cit., págs. 148 sigs., y R ösler , a rt. cit. Cf. nuestra
propia p ostu ra arriba, In trod ucción.
64 Un herald o troyan o m en cion ad o en la Ilia d a : trae a Tro­
ya la n o ticia de q u e se acerca e l m en sa je nupcial.
65 Lugar de M isia al p ie del m o n te P laco, igual que Teba,
patria de A ndróm aca. T odo e llo en M isia, en la zona interior
de Troya.
66 Según la Ilia d a V I 413 sigs., H éctor se trajo co m o e sp o sa
a A ndróm aca al c on q u istar su ciu dad de Teba y m atar a su
padre; aquí, en cam bio, A ndróm aca vien e acom pañad a de su
dote, no del b o tín del com bate.
364 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

ráp id o se p u so en pie de un salto su querido p a d r e 67


y la noticia llegó a través de la an churosa Troya a los
am igos. Al p u n to las troyanas engancharon las m uías
a los coches de firm es ruedas y subió todo el gentío
de m u jeres y de doncellas de finos tobillos y ap a rte
las h ijas de Príam o; en tanto, uncieron a los ca rro s los
caballos los hom b res... los jóvenes, y grandem ente...
los au rigas...

...sem ejan tes a dioses... sacro ju n to ... sale... hacia


Troya... la flauta de dulce canto se m ezclaba y el sonar
de los crótalos y las doncellas entonaban con voz agu­
da un canto santo y llegaba al cielo el clam o r religioso,
una risa... en todas p artes había en los cam inos crá­
teras, copas; la m irra, la casia y el incienso se m ez­
claban. Las m u jeres m ás viejas lanzaban gritos ritu a ­
les y los varones todos elevaban un canto herm oso,
agudo, invocando a Peón el flechador de herm osa l i r a 68,
y celebraban a H écto r y Andróm aca, sem ejantes a los
dioses.
32 (V. 44) ( a ) 69 ...(a Febo) de cabellos de oro, al
que dio a luz (la hija) de C eo 70 uniéndose al C rónida de
ilu stre nom bre. (Pero Á rtem is) hizo el gran ju ra m e n to
(de los dioses): « (...p o r tu cabeza: siem pre seré vir­
gen... sobre las cum bres de los m ontes; concede esto
en favor m ío»... lo (concedió) el padre de los dioses

67 Príam o.
68 E s decir: cantand o el peán, can to de h om b res, qu e se
interp retaba co m o en h on or de A polo (id en tificad o secu n d a­
riam ente co n el d ios Peán o P eón). Sobre e l con ju n to de la
d escrip ción, cf. In trod ucción.
69 H im n o a A rtem is, term in ad o en una oración, que Lobel-
Page atribuye a A lceo, y V oigt (siguiend o a T r e u , ob. c it., p á ­
ginas 161 sigs.), a Safo.
™ E sto es, Leto, hija de e ste titán y su herm ana Febe.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 365

felices; ...(cazadora de ciervos), m ontaraz, los dioses...


gran títu lo de h o n o r71... nunca E ros se acerca...
(b) ...de las M usas los espléndidos (presentes)...
haz y de las G racias... delicados... no olvidarse de la
ira... a los m ortales... del delio...
33 (V. 46) ...yo en tan to extenderé m is m iem bros
sobre u n blando colchón...
34 (V, 47) ...y E ros sacudió m is sentidos com o el
viento que en los m ontes se abate sobre las encinas.
35 (V. 48) ...llegaste... hiciste: yo te estaba b u s­
cando, has refrescado m is sentidos que ard ían de año­
ranza.
36 (V. 4 9 )72 Atis, m e he enam orado de ti hace ya
m ucho tiem po...

te veía com o u na niña b a jita y sin gracia...


37 (V. 50) El que es bello m ientras se le contem pla
es bello, p ero el que es excelente, p ro n to será bello
tam bién.
38 (V. 51) No sé lo que m e hago: son dobles m is
deseos.

3. L ib r o II I

39 (V. 52) ...no p reten d o to car el cielo (¿con las


m anos?).
40 (V. 53) G racias sagradas de brazos de rosa, ve­
nid, h ijas de Zeus.

71 R eferido a u n o de lo s an teriores e p íteto s de la d iosa o


al de «virgen».
tí C om ienzo de poem a.
366 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

41 (V. 54) ...a E ros b ajado del cielo, vestido de


una clám ide p u rp ú rea.
42 (V. 55) Una vez m u erta, yacerás en la tie rra y
no h a b rá recu erd o tuyo ni añoranza (?) ya m ás: no
tienes p a rte de las rosas de P ie ria 73, sino que ignorada
tam bién en la m ansión de H ades e rra rá s revoloteando
en tre las so m b ras de los m uertos.
43 (V. 56) ...n o creo que u n a sola doncella que
haya visto jam ás la luz del sol, vaya a se r jam ás igual
a ti en s a b id u ría 74...
44 (V. 57) ...¿q u é rú stica hechiza tus sentidos...
llevando u n rú stico vestido ...sin saber elevar su b o r­
de sobre los tobillos?

4. L ib r o IV

45 (V. 58) 75 ...habiendo huido (?)... ap ren d í (?)...


a ti... dé éxito a tu boca... los bellos dones (d e las
M usas?) las doncellas... la am iga del canto, aguda
lira... ya la vejez to d a m i piel y blancos se h an hecho
m is cabellos que eran negros... y ya no m e sostienen
las ro d illas... igual que los cervatos... ¿pero qué pue­
do h acer?... no es posible que suceda... (dicen que)
A urora de brazos de r o s a 76... llevando al extrem o de

73 Es decir, n o tien es com o yo el don de las m usas, la p o e­


sía. La rival de S afo tendrá só lo la vida de lo s m uertos, no la
de la fam a n i en la tierra ni siquiera en el H ades.
74 En la sab id uría p oética, sin duda.
75 C om o en 21, S afo se queja de la vejez e invita a cantar,
parece, a m u ch ach as jóven es. Se resigna con el m ito de T itono
y con su p articipación en la belleza. H ay un te stim o n io de
Clearco, fr. 41 W.
76 La Aurora, que con sigu ió para T itono la inm ortalidad ,
pero no la eterna ju ven tu d , n o logró alejarle de la vejez.
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETAS M É L IC O S 367

la tierra ...pero alcanzóle sin em bargo... esposa... con­


sidera... acom pañara. Pero yo am o todo esplendor:
...esto y la b rillan te luz del sol y la belleza es m i p arte
en la v id a 77.
46 (V. 6 0)™ ...habiendo logrado... to d a... cum ple
mi deseo... te llam o... hacia m i corazón al pu n to ...
cuanto quieras conseguir... luchas conm igo... obede­
ciendo a la delicada... pues tú bien sabes...
47 (V. 6 2)79 ...os quedasteis ató n itas... del laurel
cuando... y cualquier cosa es preferib le... que a aquel...
y a las... un cam in an te... lo oí difícilm ente... p ero el
alma am ada... tal soy ah o ra... llegar dem asiado... os
anticipasteis: a la b ella... y los vestidos...
48 (V. 63)80 Ensueño, la negra... visitas cuando el
sueño... dulce dios, en v erd ad es te rrib le que yo (?)...
tenga lejos el p o d e r del sufrim iento... tengo esperanza
de no ten er p a rte en n ad a de los felices... pues no
sería yo tan ... joyas... ojalá m e suceda... a todos...
49 (V. 65)81 ...A ndróm eda (?)... oh Safo, yo te
am o... rein a de C hipre... y en verdad u n grande ...a
cuantos el b rillan te (Sol)... en todas p artes fam a...
hasta del A queronte a ti...

77 Final oscuro, de te x to sin duda corrup to. Sigo la co n je­


tura de H artung: «luz».
78 Parece un fragm en to de p legaria, quizá dirigida a A fro­
dita, com o 1, segu id o de la r esp u esta de la diosa.
79 Fragm ento m u y oscu ro, final de poem a. Una m ujer
(¿Safo?) se dirige a otras en relación con algún su ceso del
pasado.
80 Com ienzo de u n him n o al E nsueño, d ios que envía lo s
sueños: e s du lce porqu e trae el olvido, que e s quizá lo que
Safo le pide.
81 A frodita se dirige a Safo, p rom etién d ole gloria e n la tie ­
rra y aun en los infiernos; p osib lem en te, e n c o n tra ste con An­
dróm eda. Cf. el tem a en 55.
368 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

50 (V. 67) ( a ) 82 ...y esto... el dios cruel (?)... no


te am ó ...p ero ah o ra a causa... la culpa es n i... no
m ucho... p ero tú ...
(b) ...n i... esto ... m ás... am or...
51 (V. 68) (a)*3 ...pues que yo de la... pero sin em ­
bargo sucedió... ella sem ejante a los dioses... la cul­
pable... A ndróm eda... feliz... el m odo... no refrenó
la h a rtu ra ... T in d á rid a M... bello... sin engaño... ya no...
M égara...
52 (V. 70) ...voy a ir... sacrificaré (?)... arm onía...
coro... aguda... a todos...
53 (V. 7 1 )85 ...no es ju sto (?) que tú, M ica86, pero
yo no voy a d ejarte... p referiste el am o r de las Pentí-
lid a s 87... oh m uchacha sin carácter, n u estro ... una
dulce canción... de voz de m iel ...a la aguda... cubierta
de rocío...
54 (V. 73) ...A frodita... y los Amores de dulce voz...
lan zara... que teniendo... estaba sen tad a... florece (?)...
del bello (?) rocío...
55 (V. 76) ...cu m pliera... olvidar... quiero... ten er...
dijo... ed ad ...
56 (V. 78) ...n i... deseo ...al tiem po... flor... de­
seo... div ertía...

82 C on su elo a una m uchacha que su fre de am or, parece.


83 P arece que una m uchacha (¿M égara?) h a abandonado,
in creíblem ente, a S a fo y se ha id o con su rival A ndróm eda.
84 Q uizá h ay una com paración con H elena o C litem estra,
m ujeres cu lp ab les, hijas de Tindáreo.
85 Una vez m ás se trata del abandono de S afo por u n a jo ­
ven, a la que se recuerd a la vida de las am igas de S afo , entre
fiestas y cancion es.
86 O q u izá es un nom b re cariñ oso, «Pequeña».
87 Las m u jeres de la casa de P en tilo, la antigua ca sa real
de M itilene, una de las cu ales se había c a sa d o con Pitaco.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 369

57 (V. 8 1 )^ ...q u ítate ... rápidam ente... pon, oh


Dica, coronas en to rn o a tus cabellos que inspiran
am or, trenzando tallos de eneldo con tus m anos deli­
cadas: que lo que está lleno de flores las G racias feli­
ces es lo que m iran m ás, en tanto vuelven sus ojos
lejos de los que no llevan coronas.
58 (V. 82) M nasídica, tu que eres m ás bella que la
delicada G irin o ...89 y sin em bargo... nada... pero aho­
ra... no qu ieras... m ás bella...
59 (V. 86) 90 ...suavem ente... del que p o rta la égi­
da... oh C iterea, te pido... teniendo un ánim o (p ro p i­
cio?)... escucha m i plegaria, si alguna vez ...abando­
n a n d o 91... viniendo a m i... cruel...
60 (V. 8 8 )92 ...suavizar (?)... quisieras: no puedo
(?)... poco... ser llevado... es m ás dulce ver... lo sabes
tam bién tú ... ha olvidado... si uno d ijera... pues yo...
(te) am aré (?)... m ien tras tenga... m e acordaré: te ase­
guro que soy am iga que no cam bia... doloroso... y sa­
be esto ...q u e te ...am aré... pues es preferib le... (reci­
b ir) los d a r d o s 93...
61 (V. 90) (a) (col. I I ) 94 ...h ija de C ite re a 95... a
vosotros de g rado... a vosotras noticia... divinidad in­

M A P.Oxy. 1787, se añad e el testim o n io de A teneo , XV


674 C-D. T exto inseguro.
89 Cita de H e fest ió n , 11, 5. E s com ien zo de poem a.
90 O ración de A frodita sem ejan te a la de 1.
91 E s fem ., se pid e a A frodita que venga d ejan d o algún san­
tuario suyo; tam b ién e s fem . «teniendo» es la diosa.
92 P oem a de con su elo a una m uchacha, a la que S afo
asegura que no va a olvidarla.
93 Los dardos de Á rtem is, es decir, la m uerte, a juzgar por
el com en tario de P.Oxy. 2293, fr. 3 ( = 90 b).
94 Los lem as del fr. (a) del com en tario de P.Oxy. 2293 son
los que tien en m ayor in terés, refiriéndose, adem ás, a poem as
d escon ocid os h asta ahora (p o sib lem en te del lib ro IV ). La col.
370 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

m o rtal (?)... queréis... al que dio a luz (?)... m anos...


afanándose (los E ro tes) de largas alas...
(col. I I I ) 96 ...m u jeres de la nobleza... de u n a tal...
yo la belleza... m ayor... p a ra m i el soplo del Céñro,
p ero p a ra ti llevado p o r el viento... oh h ija de la...
62 (V. 9 1 )97 Más m alvada que tú, Iran a, n o h e en­
contrado ninguna.

5. L ib r o V (? )

63 (V. 92) ...u n peplo... de color azafrán... u n pe­


plo de p ú rp u ra ... recibiste (?)... m an to s... coronas...
cuantas cosas bellas (?)... p u rp ú reas (?)... alfom bras
(?)..·

64 (V. 9 4 )98 ...q u iero m orirm e sin engaño, ella me


abandonó engañándom e
y m e dijo m uchas veces: « ¡Ay!, qué cosa h o rrib le
nos h a p asado, Safo, de verdad que te dejo m al de
mi grado.»
Y yo le contesté: «M archa contenta y acu érd a te de
mí, pues sabes cóm o te queríam os.
Y si no, quiero re co rd a rte... y éram os felices,

II co m en ta prim ero u n p oem a en que se h ab laba de Peithó,


P ersu asión, h ija de A frodita; A frodita o P eith ó hablan a las
am igas de S afo, segu ram en te lo hace la segun da, que viene
com o m en sajera de su m adre. La frase final e s el com ienzo,
parece, de u n segun do poem a.
95 Peithó, P ersuasión.
96 La c o l. III d el pap iro aludía prim ero a G irino, sin duda
com o «m ujer noble», lu eg o a Andróm eda, rival de S afo. S afo
in siste en su am or a la b elleza y pide algo b u en o para ella,
algo m alo, sin duda, para Andróm eda. O tro fragm en to, el
(e), se refería a Atis.
97 En H e f e s t i ó n , 1 1 , 5 , e t c .
98 Cf. In trod u cción . Al P.Berol. 9722 s e añade tradición in ­
directa e n A teneo.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 371

pues m uchas coronas de violetas y de ro sas... tam ­


bién... ju n to a m í te ponías
y m uchas g u irnaldas trenzadas en torno a tu cuello
delicado, hechas de flores...
con ungüento de brento... te fro tab as y con u n ­
güento r e a l "
y sobre u n blando lecho, la delicada... dabas salida
a tu deseo.
Y no h ab ía... ni te m p lo 100 ni bosque sagrado... al
que no fu éram o s... el ru id o ...
65 (V. 95) ...G ó n g u la101... o u n a señal... a todos
sobre todo... H erm es (?) se p resen tó ... dije: «Señor,
no p o r la fe liz 102... n ad a d isfru to con e sta r a rrib a ...
en cam bio m e posee u n deseo de m o rir y de ver las
riberas cub iertas de loto, llenas de hum edad, del Aque-
ronte ...al H ades (?)... no de algún m odo...
66 (V. 96) 103 ...desde S ardes... m uchas veces diri­
giendo aquí su pen sam iento c o m o ...104 y d isfru tab a
sobre todo con tu canto

99 P osib lem en te, b r e n to es una planta; el u n gü en to «real»


era de una calidad especial. C oronas y p erfum es estab a n u n i­
dos tan to al cu lto com o a la actividad erótica, relacion ada por
lo dem ás con el de cierto s d io ses com o A frodita. Cuáles son
los lím ites de lo cu ltu al y lo privado es el problem a de é ste y
o tros fragm en tos, aunque tal vez n o se sintiera o p o sic ió n entre
ello.
100 O fiesta.
ιοί P arece que e s G óngula, una m uchacha de C olofón, la
causa del d eseo de m u erte de S afo.
102 Una d iosa (¿P erséfona?).
103 Cf. In trod u cción . S afo con su ela a A tis, que añora a una
m uchacha que ha m arch ad o a Lidia; sin duda ella, dice, la
añora a su vez desd e Lidia.
104 P asaje de tex to corrom pido. En ciertas lectu ras, era Arig-
n ota la m uchacha que ha m arch ado a Lidia y a la cual se refiere
el poem a.
372 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

Pero ah o ra resplandece en tre las m u jeres de Lidia


com o cuando se pone el sol b rilla la luna de dedos
rosados
destacando sobre todas las estrellas: su luz se ex­
tiende sobre la m ar salina e igual sobre los cam pos
de flores n u m erosas;
se ha v ertid o el rocío bello, han b ro tad o las rosas
y el bello perifollo y el florido m eliloto.
E lla en tan to m oviéndose de u n lado a otro , acor­
dándose de su am ad a Atis con deseo, en su esp íritu
inquieto... siente el peso.
I r n o so tras allí... esto no... pensando... inm enso
resu en a (el m ar)... el espacio en medio.
No es fácil igualarse a las diosas con la belleza que
in sp ira am o r... tien es... A frodita... escanciaba nectar
de u n a áu rea... con sus m anos P ersuasión... de Geres-
t o 105... am igas... de ninguno... iré...
67 (V. 98) ( a ) m ...pues la que m e dio a luz (decía)
que en su ju v en tu d e ra u n bello adorno si una
llevaba sus cabellos ceñidos con una (cin ta) de p ú rp u ra:
que era esto en verdad... pero tú tienes los cabellos
m ás ru bios q ue u n a antorcha,
propios p a ra coronas de flores bien lozanas... un
tocado 107 hace poco m ulticolor de S ardes... la ciudad...
68 (V. 98) (b ) No tengo, Ciéis, de dónde hacerm e
p a ra ti con u n tocado m ulticolor, pero al m itilenio...

ios G eresto es un p rom on torio de Eubea en que h ab ía un


tem p lo de P osid ón . T oda la parte final es enigm ática.
106 Lobel vio que am bos fragm entos, p u b licad os ind ep en­
d ien tem en te p o r V ogliano, so n la parte su p erior e in ferior de
la m ism a c olu m n a de un pap iro y perten ecen al m ism o poem a,
d irigido por S a fo a su h ija Ciéis. Le dice que no pu ed e com ­
prarle el «tocado lidio» que ella pide.
107 Es m itra n a, u n a ban da o diadem a p or o p o sic ió n a la
sim p le «cinta» o «cordón» u sad o antiguam ente.
L ÍR IC A M O N Ó D IC A ; PO ETA S M É L IC O S 373

...si... de u na m u lticolor... estos recuerdos del des­


tierro o b ra de los C le a n á c tid a s...108 tiene la ciudad
(?)... m iserablem ente se perd iero n ...
69 (V. 100) ...cu b rióla con la suave, lanosa...
70 (V. 101)109 ...u n tocado de cabeza con p u rp ú ­
rea... lo envió desde Focea, valioso regalo...
71 (V. 101 A) ...m oviendo las alas 110 vierte su agu­
do canto, cuando ard ien te... volando...

6. L ib r o VI

72 (V. 102) Dulce m adre, no puedo tra b a ja r en el


telar: m e d e rro ta el am or p o r un m uchacho p o r obra
de A frodita floreciente.

m E ste final e stá en m u y m a l e stad o, e s d ifícil dar una


in terp retación exacta. H ay u n a referen cia clara al destierro,
obra de lo s C leanáctid as, e s decir, de M írsilo: alu sión al d e s­
tierro de S a fo en S icilia en algún m om en to e n tr e el 603 y el
595 a. C. N o se dedu ce claram en te si S afo y su h ija está n en
el destierro, com o p ien sa L obel, pág. 102, o si h an v u e lto ya.
Lo m ás probab le es e sto y que «el M itilenio» sea P itaco (así
M azzarino, Pugliese-C arratelli, V ogliano, T reu). Sería la época
del d estierro de A lceo y el p od er de a i s y m n ä tä s de Pitaco:
S afo estaba, parece, en m ala situ a ció n e co n ó m ica (si no se
habían interrum p id o, de otra parte, las relacion es com ercia­
les con Lidia, así M azzarino , «Per la storia d i L esbo n el V Io
secolo a. C.», A th e n a e u m 21 [1943], págs. 38 sigs.).
ίο» De un him n o a A frodita, segú n d ice n u estra fuente,
A teneo , IX 410.
110 La cigarra según nu estra fu en te, D em etr io , Eloc. 140 sigs.
374 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

7. L ib r o V II (?)
Epitalamios ( ? ) m
73 (V. 103)112 ...pues el decir...
(C antad) a la desposada de herm osos pies
...a la h ija del C rónida, la- de seno de violetas 113
...deponiendo la ira que la de seno de violetas
...sag rad as G racias y M usas de P ieria...
...cu an d o los cantos los sentidos...
...escuchando el agudo canto...
...al novio, pues son m olestos sus am igos jóvenes...
...poniendo en los cabellos, la lira...
...la A urora de sandalias de oro...
74 (V. 103 B) ...d e esta cám ara nupcial ...a la des­
posada de herm osos pies...
75 (V. 103 C ) 114 ...y m i A rqueanasa com pañera de
Gorgo... deseable... oí... a las doncellas...

111 Para la colocación aquí de 103, cf. n o ta 75, no es ju sta


para 1. 1. E n cu an to a V. 103 A-C, su c olocación aqu í p or V oigt
parece atrib u irlos a los E p italam ios, lo que es m u y du doso.
112 E ste cu rioso pap iro (P.Oxy. 2 2 9 4 ) con tien e los com ien zos
d e diez p oem as de S afo, to d o s e llo s, salvo el prim ero, ep ita ­
lam ios, segú n n os dice e l com en tario que sigue (añ ad e que
eran en to ta l 1 3 0 o quizá 136 v erso s). P arece tratarse de una
antología o, p o r m ejor decir, de u n a in d icación para hacer
una an tología, quizá d estin ad a a lo s d istin to s m om en tos de la
cerem on ia de boda. Cf. T r e u , ob. cit., p ágs. 1 6 7 sigs. H oy
pu ed e com p ararse P. Mich. inv. 3 4 9 8 ( = S 2 8 6 ) , serie de co­
m ien zos de p oem as de A lceo, S afo y A nacreonte.
113 A frodita.
114 El fragm en to proced e de un ir V. 103 C (P.Oxy. 2357, fr.
1) y un lem a del com en tario de V. 213 (P.Oxy. 2292). Según
é ste, Gorgo y P listód ica son am igas o com pañeras, lo q u e p a­
rece querer d ecir que P listód ica y A rqueanasa son la m ism a
m uchacha (A rqueanasa sería el p atron ím ico, p erten ecería a
la fam ilia d e lo s A rqueanáctidas). Cf. T reu , págs. 165 sigs. La
unión e s de to d o s m od os conjetural.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : p o e t a s m é l ic o s 375

76 (V. 104)115 Lucero de la tarde, te traes todas las


cosas que la A urora b rillan te hizo salir de casa: traes
la oveja, traes la cabra, trae s la h ija lejos de su
m a d re 1I6.

77 (V. 105) ...de las estrellas todas la m ás b e lla 117.

78 (V. 105) (a) Como la m anzana dulce se colorea


en la ram a m ás alta, la m ás alta en la m ás alta, de
ella se olvidaron los cosecheros de m anzanas. P ero no
es que la olvidaran, es que no pudieron a lc a n z a rla 118.

79 (V. 105) ( b ) Como el jacin to en las m ontañas


Jos pastores con sus pies lo pisan y en el suelo la roja
flor... n9.

80. (V. 106) ...su p e rio r a todos, com o cuando el


can to r lesbio en tre los ex tran jero s...

81 (V. 107) ¿E s que am o todavía mi doncellez?

82 (V. 108) Oh herm osa, oh agraciada m uchacha.

83 (V. 109) D arem os, dice el p ad re...

84 (V. 110) Los pies del p o rtero m iden siete brazas,


sus sandalias son de siete bueyes, diez zapateros las
hicieron I2°.

Sob re los ep italam ios en general (104-117), cf. In trod u c­


ción.
»6 E l tex to y la in terp retación presen tan p roblem as.
117 El lu cero de la tarde.
1IS C om paración con la novia, hecha p or las am igas.
119 O tras com p aracion es de la s am igas de la novia.
120 E l novio es un gigante, can tan su s am igas. Cf. el frag­
m en to sigu ien te. N o creo n ecesarias las interp retacion es fálicas
que se han p rop u esto para am b os ( K ir k y K il l e e n , cf. CQ 23
[1973], pág. 198).
376 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

85 (V. 111) A rriba el techo, him eneo, levantadlo,


carpin tero s: him eneo, ya llega el novio igual a Ares,
him eneo, m ucho m ás alto que un hom bre alto.

86 (V. 113) No hay ninguna o tra m uchacha, oh


novio, com o ésta.

87 (V. 114) [ D o n c e l l a ] Doncellez, doncellez, ¿dón­


de te vas q ue m e dejas?
[ D o n c e l l e z ] Ya no volveré a ti, ya no volveré.

88 (V. 115) ¿A quién, novio, com p ararte con juste-


za? A un sarm ien to lozano de vid te com paro.

89 (V. 116) Salud, joven desposada, salud, novio


estim ado, m uchas veces.

90 (V. 117) Tengas salud, desposada, tenga salud


el novio.

91 (V. 117 A) ...de las im ágenes de delante de la


p u erta ...
92 (V. 117 B) (a) Lucero de la tarde, him eneo.
(b) oh Adonis.

8. De l ib r o in c i e r t o

93 (V. 118) Ea, lira divina... sonora...


94 (V. 119) ...hum edecieron un lienzo de lino...
95 (V. 120) ...n o soy de las de h u m o r colérico,
tengo un corazón plácido...
96 (V. 121) Sigue siendo am igo m ío y b ú scate una
m u je r m ás joven: pues no podré vivir contigo siendo
yo m ás vieja.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 377

97 (V. 122) ...u n a m uchacha m uy joven que cogía


flo re s ...121.
98 (V. 123) ...hace m uy poco la A urora de sandalias
de oro...
99 (V. 124) ...y tú m ism a, Calíope...
100 (V. 125) ...tre n z a r coronas...
101 (V. 126) ...d u rm ien d o sobre el pecho de mi
tiern a am iga...
102 (V. 127) 122 M usas, venid aquí, dejando el
áureo...
103 (V. 128) (a) Te has olvidado de m i...
(b) ...o am as a alguien que no soy y o 123.
104 (V. 130) 124 De nuevo E ros que desata los m iem ­
bros m e hace estrem ecerm e, esa pequeña bestia dulce
y am arga, co n tra la que no hay quien se defienda.

Atis, has cobrado aborrecim iento a aco rd arte de mí


y vuelas hacia Andróm eda.
105 (V. 132) 125 Tengo una bella niña, de aspecto
sem ejante a las flores de oro, mi querida Ciéis, a cam ­
bio de la cual ni Lidia en tera ni la deseable...
106 (V. 133) Tiene A ndróm eda u n a resp u esta...

121 P erséfona, parece (cf. A teneo , X II 554 B).


122 C om ienzo de poem a, com o el siguiente.
123 Quizá con otra lectura ( S u p p í ., pág. 155): «a alguien m ás
que a mí».
124 C om ienzo de un p oem a que, si es acertada la adscripción
al m ism o del fragm en to sigu ien te (lo s d os se siguen en H efes -
t ió n , V II 7), se dirigía a Atis, acu sad a de preferir el am or de
A ndróm eda, la rival de S afo (cf. 68 a, 133, etc.).
125 C om ienzo de poem a.
378 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

Oh Safo, ¿p o r qué a la rica A frodita...?


107 (V. 134) 126 Un sueño te he contado, oh tú n a­
cida en Chipre.
108 (V. 135)127 ¿P or qué, Iran a, la golondrina hija
de P andión...?
109 (V. 136) El m ensajero de la prim avera, el ru i­
señor de canto que in sp ira am or.
110 (V. 137)128 —Q uiero decir algo, pero la ver­
güenza m e lo im pide...
—Si tu v ieras deseo de cosas ju stas o herm osas y tu
lengua no rem oviera decir algo dañino, la vergüenza
no ocuparía tus ojos sino que h ablarías de lo que es
justo.
111 (V. 138) ...p o nte ante mí com o amigo, y des­
pliega la gracia que hay en tu s ojos.
112 (V. 140) [ C o r e g o ] H a m uerto, C iterea, el tie r­
no Adonis. ¿Q ué podríam os hacer?
[ A f r o d it a ] Golpeaos el pecho y desg arrad vuestras
túnicas.

126 C om ienzo de poem a.


C om ienzo de un poem a, quizá relacion ad o con la fiesta
de la golond rina, al llegar la prim avera. P andión es rey m ítico
de A tenas, cuya h ija F ilom ela se convirtió en golond rina tras
ser violad a p o r su cuñado Tereo, rey de T racia, que le cortó
la lengua.
>28 El fragm en to (cu yo texto, al final, n o es m uy seguro),
con tien e segú n n u estra fu en te, A r is t ó t e l e s , R e tó r ic a 1 3 6 7 , 7 si­
guientes, p alab ras de A lceo a S afo y la r esp u esta de ésta. Po­
dría tratarse de v erso s de A lceo y S afo o de una dram atiza-
ción de la segunda; aunque tam b ién es p o sib le que se hayan
in terp retad o en e ste sen tid o versos de S a fo sin referen cia a
ella ni A lceo (la relación am orosa entre am b os era su p u esta
en el s. v a. C., a juzgar por la cerám ica). R ecu érdese e l fr. 3 8 4
de Alceo, de texto por lo dem ás discutid o. Cf. P a g e , ob. cit.,
págs. 104 sigs.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 37 9

113 (V. 141)129 H abía allí una crá te ra con la m ez­


cla de a m b ro s ía 130 y H erm es con u n cazo escanciaba
a los dioses. Todos ellos tenían copas y hacían libacio­
nes: y pidieron p a ra el novio felicidad com pleta.
114 (V. 142) Leto y Níobe eran m uy am igas.
115 (V. 143) Crecían en las rib eras garbanzos de
oro.
116 (V. 144) ...a ellos que estaban m uy saciados de
Gorgo...
117 (V. 145) No rem uevas las piedras r o d a d a s 131.
118 (V. 146) Ni tengo m iel ni tengo abeja.
119 (V. 147) Pienso que algún o tro va a re co rd a r­
m e...
120 (V. 148) La riqueza sin v irtu d es vecina no
inofensiva, la m ezcla de am bas cosas tiene la m ayor
felicidad 132.
121 (V. 149) ...cuando (el sueño) los tiene en su
po d er toda la noche.
122 (V. 150) No es lícito que en la casa de las ser­
vidoras de las m usas haya u n canto de duelo... no nos
iría esto bien.
123 (V. 151) ...u n negro sueño (cierra n u estro s)
ojos en la noche.

129 E scena de una b od a m ítica, evid en tem en te evocada en


un poem a en que se pedía felicid ad para los n ovios de una
boda en la tierra.
•so Porque la escen a e s entre dioses: correspon de a nu estro
vino, pues.
« i Cf. A lceo, V 344.
*32 T exto corrom pido al final.
380 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

124 (V. 152) ...(u n vestido) teñido con toda clase


de colores...
125 (V. 153) ...u n a doncella de dulce voz...
126 (V. 154) 133 Llena veíase la luna y cuando ellas
se colocaron en to rn o al altar...
127 (V. 155) ...q u e lo pase m uy bien 134 la m uchacha
de la casa de los Polianáctidas.
128 (V. 156) ...m ucho m ás m elodiosa que u n a lira...
m ucho m ás áu rea que el oro...
129 (V. 157) Señora A urora...
130 (V. 158) Cuando la ira se d esp a rram a p o r el
pecho (hay que) co n tener la lengua que lad ra vana­
m ente.
131 (V. 159)135 ...tú y m i servidor Eros.
132 (V. 160) ...con esto a m is am igas can taré be­
llam ente.
133 (V. 161) ...tened cuidado con ésta... preten-
dientes, reyes de las ciudades.
134 (V. 162) ¿Con qué ojos?
135 (V. 163) ...m i cariño...
136 (V. 164) ...llam a a su h i j o 136.
137 (V. 165) Le parece a q u e l...137,

133 C om ienzo de poem a.


'34 Irón ico, según n u estra fu en te M äximo de T i r o , 1 8 , 9 .
135 A frodita se dirige a S afo (M áximo de T ir o , 18, 9 ) .
•3« A frodita a Eros.
137 P ienso que es una variante de 31.1 (d on d e G allavotti, por
ej., introduce esta lectura). E stá en A polonio D íscolo, Pron. I 82.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 381

138 (V. 166) Dicen que u n a vez Leda encontró un


huevo de color jacin to , cubierto de fo lla je 13*...
139 (V. 167) ...m ucho m ás blanco que un huevo...
140 (V. 168 A) ...m ás am iga de los niños que
Gelo m .
141 (V. 168 B ) 140 Se ha puesto la luna y las Pléya­
des: es la m edia noche: p asa el m o m e n to 141, y yo
duerm o sola.
142 (V. 168 C) ...se cubre de colores la tierra de
m uchas coronas 142.
143 (V. 192) ...copas con tabas de oro... 143.
144 (V. 197) ...la noche doblem ente la r g a 144...
145 (V. 213 A) (fe)145y 146 ...com o cervatos... envia­
rem os... con oro... noble... retuvo...

im El h u evo de que nacieron lo s D ioscu ros. Según la versión


habitual, el hu evo fu e p u esto por la propia Leda tras un irse
con Zeus, que hab ía tom ad o form a de cisne.
1 39 Una esp ecie de fan tasm a o bruja a quien se atribuía la
m uerte de lo s niñ os.
140 La au ten ticid ad de e ste fragm en to n o pu ed e h oy dudarse,
cf., p or ej., B. M arzullo , S t u d i d i p o e sía eolica, F lorencia, 1958,
págs. 1-60, J. T. H ooker, The language a nd T ext o f the Lesbian
Poets, In sb ru ck , 1977, págs. 35 sigs.
ιή In terpretación controvertid a: ¿m om en to del relevo de
la guardia? ¿hora? ¿juventud? P arece que es el «m om en to ade­
cuado» «oportuno».
142 En la prim avera.
143 Se refiere al decorad o de ciertas copas.
m D eseo de los am an tes, su p u estam en te expresado por Safo,
c f. L iban io , Or. 12. 99 ( y F. M artinazzoli , S ap ph ica et Vergiliana,
B arí, 1958, págs. 35 sigs.).
145 R ecogem os los lem a s del com en tario a los líricos de
P.Oxy. 2506 en la parte referen te a Safo, sigu ien d o el tex to de
V oigt, pero a v eces con su p lem en to s del S u p p l e m e n tu m L yric is
y en el caso de (g) sigu ien d o la r estitu ción e in terp retación
382 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

146 (V. 213 A) ( g ) 147 ...pero si m e ves e n tre p erfu ­


m es... soy p o r n atu raleza... los dioses dan la riqueza a
quien ellos q u ieren ...

...inhábil ...p leg aría... p ero apenas... no tiene viva


147 (V. 213 A) (h ) ...E rígüio p o r los vestidos...

Fragmentos posteriores a la edición de Voigt


148 (S 261 A )148 ...u n destino (?)... tenías de p a rte
de las... M usas... desde esto está destinado...
149 (S 476 = P. Colon, inv. 8 ) 149 ...el pie... la ilus­
tre Atis (?)... u n a agraciada... teniendo el esp íritu ...
del tálam o... de los crótalos (?)... de no m b re infausto.

de M. T r eu , e n «N eues ü b er S ap ph o u n d A lkaios (P.Oxy.


2506)»., QUCC 2 (1966), págs. 7 sigs.
146 El p oem a h acía referencia al herm ano Caraxo y se refie­
re, quizá, a la S afo «casera» de que habla el com en tario de
(g). ¿H abla q u ed ad o S a fo en algún m o m en to al cuidad o de sus
herm anos?
147 El com en tario parece ind icar que S afo se defiende res­
p ecto a su lu jo , q u e debe en parte, dice, a su s am igas. E llo
confirm aría su m ala situ a ció n econ óm ica, cf. 98, y que e sto
su ced ía p recisa m en te en M itilene (no im agin aríam os su círcu lo
de am igas en otro lugar), no en el destierro. Por otra parte,
el com en tario r elativo al lem a en que figura (con jetu ralm en te)
su herm ano E rígü io n os d ice qu e S afo escrib ió un p oem a rela­
tivo a su s h erm an os (a él debía de p erten ecer tam b ién el
fragm ento 213 A b), del que se dedu cía que era «casera y tra­
bajadora». V ivió, parece, con su s herm anos y ayud ada a s o s te ­
n erse p or su s am igas, si n os atrevem os a sacar c on clu sion es de
textos tan in cierto s.
148 Lema p o c o in teligib le en un com en tario sob re S a fo en
P. Colon. 5860, com en tario en que se cita a Calías de M itilene.
E n pasajes in m ed ia to s se h ab la de las m uch ach as que frecu en ­
taban la casa (¿ d e Safo?) y se hace alusión a las grandes fam i­
lias de la isla, lo s C leanáctidas y los (Arque? Polu-?) anáctidas.
149 P ublicad o por R. M erkelbach, ZPE 13 (1974), pág. 214.
La perten en cia a S afo e s solam en te probable.
IV

POESIA LESBIA DE AUTOR


INCIERTO

H ay u n a serie de fragm entos, bien de transm isión


ind irecta, bien p o r vía de los papiros, que parece segu­
ro que perten ecen a Alceo o Safo, a juzgar sobre todo
p o r el dialecto, sin que sea claro de cuál de los dos
a u to res son. Es un caso especialm ente frecuente en
fragm entos m uy breves y de contenido poco explícito.

La relación que sigue a con tin u ación com ienza por algunos
fragm entos de tradición ind irecta que en la edición de Lobel-
Page aparecen ya com o de S afo ya com o de Alceo; algunos
no figuran, sim p lem en te. La atrib u ción ha sid o contestada, sin
que sea cu estión de recoger aquí las argum entaciones de cada
caso. D am os, pu es, e sto s fragm en tos com o de autor incierto,
sigu ien d o la edición de V oigt.
Igual hacem os en el ca so de los fragm entos que siguen a
con tin u ación , del 27 en adelante, fragm entos papiráceos proce­
d en tes de P.Oxy. 2299. La atrib u ción a A lceo, que dan Lobel-
Page, ha sid o con testad a por Treu. T odo el contenido y el
vocabulario (in clu so el de fragm en tos m ás pequeños aquí no
trad u cid os) parece apu ntar m ás bien a Safo, aunque e l n om ­
bre de Atis sea con jetu ral y A bantis no esté testim oniada di­
rectam en te com o am iga de la p oetisa. La m ención de M írsilo
en un esco lio a 34 no es d ecisiva a favor de Alceo. Luego el
fr. 42, p roced en te de P.Oxy. 2378, tien e m ás probabilidad de
384 U r ic a g r ie g a a r c a ic a

ser de Alceo, quizá se refiera al tem a del destierro; pero no


es seguro.
En cuanto a S 286, que dam os a continuación añad ién dolo
a los fragm entos anteriores, tom ad os de V oigt com o d ecim os,
es una antología de versos iniciales de poem as líricos. V arios
de e llo s son de Alceo, S afo o Anacreonte; los dem ás deb en de
ser de ios poem as perdidos de e sto s m ism os p oetas (ciertos
jonism os apuntan a A nacreonte, en otros c a so s hay form as
eolias).
N o dam os fragm en tos p roced en tes de los lem as del co m en ­
tario de P.Oxy. 2878 ( = 287-312), porque son insign ifican tes y
apenas traducibles. El carácter lesb io de e sto s lem as es so la ­
m ente probab le, cf. Page, «N otes on P.Oxy. X X X IX », CQ 23
(1973), págs. 199-201. T am poco recogem os fragm en tos de los
A d e sp o ta del S u p p l e m e n tu m Lyricis (recogim os S 319-442 com o
quizá de Sim ón id es): es du doso que haya nada proced en te de
los lesb ios, el dialecto y m étrica apuntan a la lírica coral.

FRAGMENTOS

1. F ragm entos d e t r a d ic ió n in d ir e c t a

1 (V. 1) Veré mi desgraciada patria.


2 (V. 2) C ritica (?) la m edida.
3 (V. 3) P ero un dios a nosotros...
4 (V. 4) Pero, oh Sol que lo ves todo...
5 (V. 5) ...já c ta te de un anillo.
...o tro e sp íritu ...
...g raciosam ente salté
6 (V. 10) ...se acu rru caro n como los p ájaro s ante
el águila que aparece de repente.
7 (V. 11) ...enseñó al héroe G u a ro 1, de ráp id a ca­
rrera.
1 D escon ocid o, quizá haya corrup ción del texto.
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 385

8 (V. 14) ...de las altas m ontañas ...


9 (V. 16) Así en o tro tiem po las cretenses bailaban
rítm icam en te con sus pies delicados en to rn o al bello
altar.

...buscando la tiern a flor de la pradera.


10 (V. 18) ...el dolor y la salud...
...o jalá escapara yo (¿de la vejez m uriendo?), la ju ­
ven tu d ...
11 (V. 19) ...pues com enzó tard e...
12 (V. 20) ...abriendo todos los tálam os...
13 (V. 21) ...tal joven Tebas llevado p o r su c
M álide teniendo en su huso el delgado hilo de
lino.
14 (V. 22) ...cardo: pues esto no es insulto p ara
los arcadlos.
15 (V. 23) ...serv idora de A frodita b rillan te com o
el oro.
16 (V. 25) He volado com o un niño ju n to a su
m adre.
17 (V. 25 A) ...llo ra r con lágrim as...
18 (V. 25 B) ...y a la insaciable desgracia...

2. F ragm entos d e p a p ir o s

19 (V. 2 7 )2 ...le recibe la negra (tie rra )... de (m u­


chos) dolores cesó... al A trida (?)...

2 R eferente a un héroe m uerto (¿A quiles?).


386 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

20 (V. 28) ...el ru iseñ o r... con su canto...


21 (V. 30) ...de la F lo rid a 3... en u n arca... m e puso
y de ia q u erid a ... y m e sacó...
22 (V. 31) ...pensam iento doloroso... a tu servi­
do r... la cabeza de Atis (?)... un niño te rm in a r este...
23 (V. 32) ...com o cuando... antes de que yo feli­
cite (?)... b rillan d o ... todo... com o la m iel... ¿en verdad
aún to d o ...?
24 (V. 33) ...p a ra nosotros (?) sería preferible...
a q u ienquiera que... de C rono...
25 (V. 3 4 )4 ...a las bellas, que... esto en verdad...
su ced er... pues cuando... donde ah o ra... buscándom e
(?)... esperanza... no desagradables... estu p o r... pues
ésta... ten ías caballos... p o r o tro lado pasó (?)... la
gloria de los ad o rn o s... ahora es preciso que aquellas...
26 (V. 35) ...A frodita... querida (?) cabeza... des­
atad a ... de m ejillas de m anzana (?)... a ti en verdad...
de las m u jere s... danzar, deseable A b a n tis5...
27 (V. 36) (a) ...b rillan tes... a lta r... azul oscuro...
de p lata... o ro ...
(b ) a v o sotros (?)... ah o ra... adm irable...
28 (V. 37) ...u n herm oso carro (?)... del éter... ad­
m irab le... nació... bello... apareció... en to rn o ...

3 Q uizá H era o A frodita, pero puede se r un sim p le adje­


tivo. Tem a m ític o dudoso: ¿habla P erseo de su encierro en el
arca por A crisio? ¿O del o jo y d iente que q u itó a las G rayas
y guardó en su bolsa?
4 F r a g m e n t o m u y en igm ático en que se h ab la de las b ellas,
de una m u jer que b u sca a la autora, de ca b a llo s b ien enjaeza­
d os, de la gloria que dan los adornos o jo y a s y se term ina con
una exhortación. Un e sc o lio cita a M írsilo.
5 P uede ser u n a de las m uchachas am adas por Safo, cuyo
nom bre se restitu ye.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 387

29 (V. 4 2 )6 ...de la C hipriota, trenzadora (de en­


gaños?)... astu to ... de la gloriosa m ensajera de Zeus...
llegó a la isla de M á c a r7... p o r la venerable un gran
ju ram e n to ... b rillan te... d etrá s...

3. A n t o l o g ía de «P. M ic h . i n v . 3498»

30 (S 286)8
Venid a mí, la isla... ( = A l c e o 34)
Dos am ores a m í...
Hem os llegado una p le g a ria 9...
Oh tú que has recibido 10. ..
G loriosa...
Señora del cielo...
Venid, fe lic e s10...
Quién del am o r...
Ya a m í un provecho...
Salud, de Cilene ( = A l c e o , 308)

Sacrifiquem os a A fro d ita 9...

Sagrada m adre 9. ..
Oh C hipriota y... ( = S a fo , 5)
???
Sea cogido p o r m í...
Una m elodiosa can tando (?)...
A parta el viento (?)...
Un dulce a m í...

6 Treu lo atribuye a A lceo en Philologus 102 (1958), pági­


nas 419 sig. Un esc o lio parece referirse al «destierro».
7 E s L esbos, cf. A lceo, 34 A y nota.
8 V ersos in iciales de poem as: algunos claram en te de Alceo,
S afo o A nacreonte, los dem ás seguram en te de alguno de los tres
poetas.
9 F orm a d ialectal jónica (¿A nacreonte?).
10 F em enino.
388 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

S alud...
He visto...
Te suplico de rodillas ( = A n a c r e o n t e , PMG 348)
Un juvenil...
Oh niño ( = A n a c r e o n t e , PMG 360?)...
Ven...
V

ANACREONTE

1. La vida de Anacreonte. — La vida de A nacreonte


se extiende desde el 572 al 485 a. C., aproxim adam ente:
es decir, d u ra n te todo el período de crisis en que se
pasó del benévolo im perio de los lidios sobre las ciu­
dades griegas de Asia a su dom inación p o r los persas
y al surgim iento de Atenas com o principal potencia
capaz de hacerles frente. A nacreonte es uno m ás de
los griegos de Asia que tuvieron que em ig rar a Occi­
dente, en este caso a Atenas. Llevaron allí las tradicio­
nes de la filosofía y la poesía de los griegos de las islas
del Egeo y de las costas de Asia M enor y rep resen taro n ,
en Atenas o en Italia y Sicilia, la ú ltim a fase de un
m undo que se desvanecía. Ib a a ser sustituido p o r otro
nuevo, en el que no d ejaría de e jercer su influjo.
A nacreonte, el c a n to r de los banquetes y del vino,
de un erotism o ligero e irónico y de la vida m uelle y
placentera, tuvo, en realidad, u n a vida som etida a du­
ros em bates del destino. N acido en la pequeña ciudad
de Teos, en Jonia, com partió el traslad o de toda su
población a A bdera después del hundim iento del reino
lidio, cuya capital, S ardes, fue conquistada p o r Ciro
el 546 a. C. Atacada Teos p o r el sá tra p a H árpago y con­
qu istad a su m u ralla exterior, la población se em barcó
390 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

y huyó, com o decim os, a Abdera, colonia griega en te­


rrito rio tracio que h abía sido fundada p o r Clazóm enas
y que ahora quedó en p o d er de los hab itan tes de Teos.
P o r esta época, la escuela de los citarodos lesbios,
que en los siglos v u y vi habían creado la poesía m élica
griega, h ab ía llegado a su fin; tam bién, parece, la
escuela p oética de Locros de que nos hem os ocupado a
propósito de E stesícoro y que había dado un im pulso
im p o rtan te a la erótica griega. Llega ahora, un poco
tard e, el tu rn o de Jonia, que se había distinguido en la
elegía y el yam bo (tam bién cultivados p o r A nacreonte),
p ero no en la m élica, m onodia cantada en o tro s r it­
mos. Se habla, ciertam ente, de Polim nesto de Colofón,
ya en en el s. v u , cuyos poem as seguían cantándose
m ucho después. El hecho es que, ahora, A nacreonte
desarrolla u n nuevo tipo de canción, influida sin duda
p o r todas estas tradiciones anteriores que acabam os
de en u m erar, p ero tam bién por la poesía p o p u lar de
Jonia en general. A ella hay que re tro tra e r m uchos de
los ritm o s y de los tem as del poeta.
Hay pocos ecos, en los versos que se nos han con­
servado, de sus años de Teos, de donde salió m uy jo ­
ven. Quizá PMG 391 se refiera a la tom a de la ciudad,
cf. tam bién 505. Debió de ser, sobre todo, en Abdera
donde A nacreonte se hizo poeta, u n poeta conocido a
quien p ro n to llam ó a su lado Polícrates de Sam os. De
A bdera sí q u ed an huellas en su poesía, sobre todo el
epigram a 100 D„ en h o n o r de Agatón, m u erto defen­
diendo la ciudad. E videntem ente, los tracios que la
rodeaban re p resen ta b an u n enem igo peligroso p a ra los
colonos griegos. E n tre los fragm entos de n u estro poe­
ta hallam os algunos de tono bélico que deben de refe­
rirse a este período, si no al an terio r (382, 393, 419).
Aunque A nacreonte p ro n to se alejó de este am biente:
rep ite el tem a del abandono del escudo, an tes en Arquí-
loco y Alceo (381) y, sobre todo, canta aquello de 429:
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 391

«El que q u iera luchar, que luche, puede hacerlo; a mí


dam e a b eb er en h o n o r de alguien dulce vino, m u­
chacho.»
El p oeta puede decir tam bién aquello otro de «cru­
zo sobre escollos invisibles» (403), com o le sucedió toda
su vida; pero, evidentem ente, en A bdera los nobles
jonios habían reco n struido su vida refinada de O riente,
que se expresaba en el banquete, el eros, la lírica. Los
tracios, sus vecinos, con su desm esura en la bebida y
en todo el co m p o rtam iento social, son puestos p o r el
poeta com o ejem plo de aquello que hay que evitar:
u n a y o tra vez insiste en la bebida m oderada, en tre
bellos cantos, en tre am oríos exentos de pasión: «de
nuevo am o y no am o, estov loco v no estoy loco» (428).
Son am ores m asculinos y fem eninos. Es la «yegua tra-
cia», esa m uchachita inexperta a la que A nacreontc
q u erría en señ ar el am or ('417'); quizá el joven tracio
Sm erdis, am ado p o r el poeta en la corte de Polícrates,
provenga de Abdera.
El poeta vive al b o rd e del peligro v am a h acer como
que lo ienora; lo re b aja p a ra introducirlo en el m un­
do am able del ban q u ete. A nacreonte ha querido salvar
el h o n o r de T racia haciendo que Sm erdis no se corte
!a cabellera ν no lo ha conseguido: un pueblo belicoso
queda rep resen tad o p o r un m uchachito am ado ñ o r un
poeta ν un tirano. T am bién h a conocido en T racia Ana­
creonte al dios Dioniso, frenético y violento, acom pa­
ñado de sus b acan tes las B asárides (411, cf. 365). pero
pro p u g n a p a ra sí m enos violencia en esos arreb ato s
dionisíacos (356) ν Dioniso se convierte en u n am able
dios erótico.
Un soplo de helenidad refinada, diríam os que deca­
dente. todo lo envuelve, absorbiendo los tem as tracios
ν escíticos (356). Y lo m ism o luego, cuando el poeta
m archa a Sam os v cuando (aunque no sabem os en qué
fecha) asim ila la Á rtem is Leucofriene de m am as múlti-
39 2 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

pies a la Á rtem is helénica, cazadora de ciervos, y seña­


la la helenidad de los m agnesios de Asia (348).
H asta el año 522, en que P olícrates fue atra íd o
traid o ra m en te a Asia p o r el sátra p a O retes y m uerto,
la isla de Sam os fue una prolongación de la antigua
Jonia. P olícrates se apoyaba en su p o d er naval, en la
alianza con Am asis de Egipto y llegó a colonizar Rodas,
donde im p eró el hijo del tirano, o tro P olícrates can­
tado p o r íb ico y sin duda p o r A nacreonte (349). Estos
dos poetas son los dos principales ornam entos de la
co rte del tirano. C rean u n a nueva figura: el poeta de
corte, p resen te en b an quetes y fiestas, c a n to r del tirano
y de sus efebos. Ibico ad ap ta a este am biente m onó­
dico la antigua lírica coral doria; Anacreonte, la an ti­
gua m onodia que h abía recibido form a lite raria con los
lesbios.
No es que el am biente sea absolutam ente plácido.
Hay u na oposición, aludida en 353 y quizá en la refe­
rencia a los «escollos» y en 371, aunque son fragm entos
que pueden ser tam b ién de o tras fechas. C uando Polí­
crates cae, A nacreonte ha de huir, o tra vez, de los p er­
sas: otro tiran o , H iparco de Atenas, envía u n a galera
a recogerle, nos cuenta Platón '. M ientras vive en Sa­
mos, sabe que pertenece al últim o b alu arte de resis­
tencia de u n m undo que se hunde, para el cual el valor
de los m ilesios es cosa de tiem pos pasados (426).
E n tre tan to , A nacreonte celebra a P olícrates, del
cual nos dice H im e rio 2 que estaba llena su poesía.
Hace lírica p a ra la fiesta de H era, la gran diosa de la
isla: quizá los p arten ios o cantos de vírgenes de que
se nos ha conservado un fragm ento (501) ν que hav
que co m p arar con los de Alemán. Pero sobre todo,
A nacreonte es el ca n to r del banquete. A él van desti­

1 H ip a r c o 228 b.
2 Or. 28.2.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 393

nados, no a actos p ropiam ente cultuales, pequeños


poem itas a Dioniso y a Eros, p o r no h ab lar de otros
tradicionales, en que se dan norm as p ara com portarse
d u ra n te la bebida. Y otros de tipo erótico, cargados
a veces de m alicia y aun de alusiones m uy directas,
dirigidas bien a las h eteras o flautistas que am eniza­
ban el banquete, bien a los jovencitos —Sm erdis, Cleo-
bulo, M egistes, Batilo— que aparecen com o am ados
del poeta. E ste se reviste de los sentim ientos o ac titu ­
des del tirano, am ante de los efebos, es un doble de él,
p o r así decirlo. Pero tam bién surge el tem a de los
celos, tem a irónico y ligero: P olícrates ha cortado, celo­
so, los cabellos del tracio S m erdis v A nacreonte dice
que ha sido cosa del m uchacho y au e él m ism o es cul­
pable p o r no h ab e r sabido defender el honor de Tracia.
No sabem os si otros poem as, de tipo satírico o bien
m im éticos, en que h abla una m ujer, se destinaban tam ­
bién al banquete: suponem os que sí. Alguno de ellos,
el de Artem ón (388), podem os colocarlo precisam ente
en esta fecha.
T ras el año 522 A nacreonte pasa, com o decim os, a
la co rte ateniense de H iparco, donde se encuentra con
o tro s poetas, com o Sim ónides y Laso. Poco d u ra su
felicidad: el 514 es asesinado H iparco, el 510 es expul­
sado su h erm ano H ipias. Debió de m arc h ar a Tesalia,
cuyos príncipes eran am igos de los tiran o s de Atenas:
igual que Sim ónides. Hay un eco de esta estancia tesa-
lia en dos epigram as, el 107 y el 108 D., en h onor de
E q u ecrátid as v su m u ie r Diseris. Lueqo regresó a Ate­
nas, igual que Sim ónides, u n a vez más. Se nos habla
de su am istad con Tantipo. el p ad re de Pericles 3, y tam ­
bién de su am o r p o r un ioven, Critias, antepasado del
C ritias tío de Platón que, precisam ente, nos dejó unos

3 Himf.rio, Or. 29.2.


394 U R IC A G R IE G A A R C A IC A

versos en h o n o r del p o e ta 4. A esta época deben de


referirse versos que desarrollan el viejo tem a de la
vejez del poeta, que ahuyenta a las m ujeres y le hace
pen sar en la m uerte. Aunque la verdad es que m uchos
de los fragm entos no sabem os en qué período colo­
carlos.
Tam poco podem os fijar exactam ente !a fecha de su
m uerte: sólo sabem os que m urió viejo y, ante la falta
de datos positivos, no debió de su p e ra r las guerras
m édicas. Es p u ram en te sim bólica, com o tan tas veces,
la noticia de cu e m urió cuando se atra g an tó con un
racim o de uvas (V alerio Máximo, IX 12.8). Lo que sí
es claro es que fue altam ente apreciado en Atenas. Un
epigram a suyo aparece en uno de los H erm es que eri­
gía H iparco en el Atica 5; en su propio tiem po de vida,
era va p resen tad o , con su lira, en la cerám ica de Ate­
nas 6; V se le colocó en la Acrópolis un b u sto que toda­
vía vio Pausanias. Luego fue altam ente adm irado por
Platón, que. en el Fedro 235 b, lo califica de sabio.

2. La poesía de Anacreonte. — Es la m onodia de


tino sim posíaco en que el poeta se expresa sobre tem as
diversos la que dio fundam entalm ente fam a a Ana­
creonte. Sin em bargo, debem os in sistir en que C ritias,
en el fragm ento a rrib a citado, nos lo p resen ta como
au to r de
a) «Canciones de m ujeres», aue hem os de im agi­
n a r sem ejan te a o tras locrias (cf. pág. 99) v a varias
de Safo v Alceo en aue hablan m uieres. D entro de
nuestro s fraernentos de A nacreonte hav que c ita r el
347 (una m u je r quejándose de su suerte ante su m a­
dre), el 354 (una m u jer se queja de los ataques que

* Fr. 3 D.
5 7. G. R 834.
6 Cf. B ow ra , pág. 303.
lír ic a m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 39 5

sufre), el 432 (o tra echa a un hom bre la culpa de su


decadencia), el 438 seguram ente. El tem a erótico es
de rigor. Un tan to diferente es 385, pero es fácil que
pertenezca al m ism o p rototipo. O riginalm ente estas
«canciones de m ujeres» re p resen tab an u n género po­
pu lar, in terp re tad o p o r las propias m ujeres; aquí es
fácil que se haya convertido en un género sim posíaco,
en cierto m odo tiene com o c o n tra p a rtid a el o tro gé­
nero que consiste en intentos de seducción de u n a m u­
je r (una h etera) p o r p a rte de un hom bre.
b) H abla C ritias tam bién, tras referirse al banque­
te, de los partenios. Ya hem os dicho que eran, sin du­
da, canciones cultuales y que nos queda un ejem plo,
parece, en 501, que conserva tem as m íticos proceden­
tes sin duda del «centro» de u n poem a.
Si añadim os el testim onio de la Suda y de las fuen­
tes de algunos fragm entos, A nacreonte escribió tam ­
bién yam bos y elegías: los prim eros incluidos en
PMG, las segundas no. Son pocos fragm entos los que
quedan, p ero a los de las elegías (en Gentili, Anacreon,
Rom a, 1958, frs. 55-59) hay que añ ad ir algunos epi­
gram as (191-206 Gentili), tran sm itid o s en u n caso ya
citado p or u n a inscripción ática y en los dem ás por la
Antología P alatina. Como de costum bre, es p ro b le­
m ática la au ten ticid ad de algunos de estos epigram as,
m ien tras que no hay m otivos p a ra p o n er en duda la
de otros; ya hem os citado alguno.
Hay, pues, la m ism a m ezcla de poesía yám bica, ele­
giaca y coral que es, p o r ejem plo, característica de Ar-
quíloco, p ero hay predom inio de la mélica. É sta era
conocida en la antigüedad, parece, con el nom bre de
escolios (cf. Ateneo, XV 693 F). Parece claro que en el
caso de n u estro poeta, a diferencia de Alceo y Safo,
h ab ía u na clara línea de distinción en tre la poesía sim ­
posíaca y la cultual.
396 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

Como hem os dicho, los escolios de c a rá c te r ap a ren ­


tem ente hím nico, en h onor casi siem pre de Dioniso o
Eros, tam bién de las M usas (390), son en realidad
canciones de banquete, de tipo fundam entalm ente eró­
tico. Una excepción es el poem ita a A rtem is Leucofrie-
ne (348), no erótico y con tono de plegaria, pero des­
tinado tam bién sin duda al banquete. Claro que cuando
hablam os de banquete debem os incluir tam bién el
como o desfile que le seguía que está a veces re p re­
sentado en los vasos áticos com o realizado p o r u n cor­
tejo de «Anacreontes». Cf. 373 y 442.
Los fragm entos que nos h an quedado son pequeños
y escasos, p ero de todas m aneras parece claro que en
m anos de A nacreonte la canción sim posíaca ha evolu­
cionado (si es que no hereda una tradición jonia dis­
tin ta de la lesbia) aproxim ándose a los escolios de
fines del s. vi y del v, que traducim os en o tro lugar
de este volum en. Se tra ta de poem itas breves, m ás
que los de los lesbios. Quedan huellas del antiguo es­
quem a tern a rio que contenía: invocación al dios —cen­
tro m ítico— plegaria (cf., p o r ej., 357), p ero m uy com ­
prim ido. Y p redom ina el tipo de poem a que com ienza
con sim ples afirm aciones del a u to r o p alab ras dirigidas
a o tro com ensal o tem as autobiográficos.
Puesto que la conservación de nuestro poeta es muy
deficiente, no podem os ver cóm o sus tem as m ás fre­
cuentes —el am o r y la bebida— se unían con el del
elogio a Polícrates. Lo que tenem os, fundam entalm ente,
son m anifestaciones de am or o deseo p o r p arte de Ana­
creonte, o tra s de tipo autobiográfico (a veces m ezcla­
das con las p rim eras) y consejos y exhortaciones relati­
vas al m odo de celeb rar el banquete. E n realidad, son
los tem as que o tras veces se m ezclan con los de carác­
te r hím nico.
Puede trabarse de una anécdota, com o la de la m u­
chacha lesbia que rechaza al poeta (358) o la que se
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 397

expresa con el sím il de E ros que le h a golpeado con


su h acha (413); o un requerim iento de am or a una m u­
je r (417, 418) o un ho m bre (360) o bien un sim ple elo­
gio, com o el de la p o tra tracia o el de Cleobulo (359),
lo que, en el fondo, viene a se r lo m ism o. El poeta,
igualm ente, puede m an ifestar sus sentim ientos: des­
esperado, quiere s a lta r desde la roca de Léucade (379)
o bien es viejo y está tem eroso del T árta ro (395).
¿E n qué m edida se m anifiestan sentim ientos p ro ­
fundos o en qué o tra el p o eta usa una poesía conven­
cional en que elogia a las h eteras o los efebos en
térm in o s tam bién convencionales? Es difícil fijar los
lím ites. Él m ism o asegura que está exento de pasión e
ironiza sobre sí m ism o. Pero no deja de n o tarse un
tono de m elancolía, de am o r a una belleza que sabe
que es p asa je ra y que, quizá, no le es asequible. No
desea riqueza ni po d er (361), tam poco rudeza y violen­
cia: sólo diversión y alegría e n tre am igos y p articip a­
ción en u n m undo en el que sabe que, m ás que o tra
cosa, es u n invitado, alguien que tiene p o r oficio hacer
la vida g rata al poderoso.
Actúa A nacreonte de lo que se llam aba sim posiarca,
jefe del b anquete. E s el papel del poeta que toca la
lira, can ta los him nos, da consejos sobre el co m porta­
m iento. Rechaza los usos b á rb a ro s de tracios y escitas,
am a el b an q u ete en tre bellos cantos, m ientras se bebe,
a la m an era helénica, u n vino aguado: diez p arte s de
agua y cinco de vino (356), todo lo m ás cinco y tres
(409). Todo ello en m edio del viejo refinam iento de
Jo n ia y de las aristo cracias de la Tesalia y la Atenas
an terio res a la dem ocracia: coronas, guirnaldas y p er­
fum es. Tiene conciencia el poeta de su arte del canto
y la poesía, que le atra e am or (402); pero él es quien
toca la magadis, los dem ás se divierten (374).
Sus avances am orosos se nos aparecen com o recha­
zados u n a y o tra vez: o tras, no se nos m anifiesta el
398 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

resultado. E l p o eta se nos p re sen ta com o viejo, sin


du d a com o de in ferio r categoría social q u e rivales m ás
afo rtu n ad o s que son p atronos: el episodio de Sm erdis
es bien claro (347). M uestra una cierta resignación en
sus fracasos (378, 379) y ha de pedir, sim plem ente, a
una h etera que le deje beber, pues tiene sed (389).
Cierto que sabe las ventajas de la pobreza, que p ro cu ra
tran q u ilid ad (431) y que am a antes que n ad a la vida,
Ja luz del Sol (380, 451): h a logrado vivir en u n círculo
refinado y rico, ad m irado p o r todos, pese a los reveses
de la fo rtu n a. Pero aquí y allá se traslu ce u n a leve
m elancolía, y no sólo p o r el tem a de la vejez y la m u er­
te sino, tam bién, p o r el de la nueva m u sa «de plata»
que se ve obligado a cu ltiv ar (384) igual que Ibico,
Sim ónides y Píndaro. P or su vida toda.
H a creado A nacreonte, con su poesía, u n nuevo m un­
do de ritm o s m ás sim ples y fáciles que los de los poe­
tas eolios, con ep ítetos nuevos y brillantes: desde las
sandalias m u lticolores de la m uchacha lesbia a las alas
d o radas de E ros. Y u n rep erto rio de im ágenes nuevas:
E ros es u n «novillo», boxea o juega a los dados, m a­
chaca al p o eta cual el h ierro ardiente. E ste nuevo Eros,
niño juguetón, parecido al de Ibico, va a h allar descen­
dencia en la poesía helenística, sobre todo en las Ana­
creónticas derivadas de n u estro poeta. Dioniso hace
un papel sem ejante.
De o tra p arte , de A nacreonte es el reino de la iro­
nía, del am able juego de palabras, los sobreentendidos
equívocos y m aliciosos. Vemos a E ro tim a criad a con
m im o p o r su m ad re y convertida en u n a h etera (346), a
Cleobulo («de afam ado consejo») p ara el que el poeta
pide a Dioniso que sea un buen «consejero». E sa ironía
tiene tin tes eróticos en la m etáfora del «cabalgar» el
poeta a la p o tra tracia (417), del «ser auriga» de su
alm a el joven de 360. Llega a lo en cubiertam ente obs­
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETAS M É L IC O S 399

ceno en ei poem ita de la m uchacha lesbia (395). Es


trivial o tras veces (cf. 387, 394).
A nacreonte, que se declara pacíñco y suave, que
am a al joven de este tem peram ento (352) y ataca a
los violentos (445, 416), tiene tam bién su bilis. Su vena
satírica no hace o tra cosa que seguir la tradición de
los poetas sim posíacos (Arquíloco, Alceo, Safo, etc.),
igual que la sigue con los tem as que acabam os de
m encionar.
E l h um o rism o con que tra ta el tem a de Sm erdis
no es obstáculo, p o r ejem plo, p a ra que se d irija al
jovencito tracio con un térm ino sexual insultante, «tres
veces barrido» (366): es u n a continuación del tópico
del ataq u e a los hom osexuales p o r poetas com o A rquí­
loco e H iponacte. El am or a los bellos efebos, m oda
im p o rtad a de E sp arta en Jonia, no h a elim inado del
todo la trad ició n que los desprecia, cf. 424. M ucho m ás
expresivo aún es el fragm ento de A rtem ón (388), que
añade el tem a del desprecio al nuevo rico que h a p re­
ten d id o irru m p ir de rep en te en el am biente refinado
de los nobles. A m biente en el que, siguiendo la tra d i­
ción, la belleza se considera com o unida a u n supe­
rio r concepto de la v irtu d y la ju stic ia (cf. 402).
C iertam ente, falta el ataq u e tam bién tradicional a
la co b ard ía m asculina: A nacreonte no es u n poeta be­
licoso, es bien claro; aunque ya hem os hecho ver cóm o
a d m ira al h éro e caído p o r su ciudad, cóm o el tem a
político y la desgracia del destino de los jonios están,
encubiertos, deb ajo de su poesía. P or lo que respecta
a las m ujeres, A nacreonte puede ser com pletam ente
tradicional. Al lado de los poem as que elogian las gra­
cias y la belleza de las heteras, hay los que las atacan.
Así el poem a de E ro tim a o el de la m uchacha lesbia,
ya citados. Se h abla de su ch a rlatan e ría (427), su am o r
al vino (id. y 455), su lu ju ria (411, 446). A nacreonte
400 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

puede ser acerbo y directo, p o r m ás que o tras veces


sea alusivo e irónico.
Toda esta bella poesía, tan m al conservada p ara
nosotros, apenas se refiere directam ente a los tem as
«serios» de la política y el am or: tra ta de personajes
del b anquete y en térm inos adecuados a él. No quiere
esto d ecir que no estuvieran, en el fondo, presentes en
el poeta. Pero éste ya no cantaba p ara sí m ism o y sus
am igos sus propios tem as, com o Arquíloco, Alceo y
Safo. E ra ya, y bien que ¡o sentiría, un poeta de corte.
Su papel era, precisam ente, el de hacer olvidar esos
otro s tem as angustiosos que le persiguieron to d a la
vida, que p ersiguieron a los de Teos en su ciudad y en
Abdera, a P olícrates, a H iparco, a los atenienses am e­
nazados p o r el m edo. El poeta, m elancólicam ente, in­
ten ta h acer olvidar todo esto, olvidarse de su p ro p ia
vejez, sus p ro p io s fracasos. Lo envuelve todo en una
frivolidad refinada y bella que aquí y allá d eja tra s­
lucir las verdades profundas.

3. La obra de Anacreonte. — Después de H eródoto


y de Platón, que le adm iró, ra ra s veces fue citado Ana­
creonte en la Antigüedad, si exceptuam os a E strab ó n
(a p ro p ósito de hechos históricos), M áximo de Tiro
(p a ra quien es, com o Safo, una especie de Platón
«avant la lettre» ) e H im erio, que tra ta de resu citar,
anacrónicam ente, la antigua poesía. E n realidad, p a ra
la A ntigüedad ta rd ía el puesto de A nacreonte fue ocu­
pado p o r las poesías llam adas hoy Anacreónticas, im i­
taciones de A nacreonte de varias fechas, desde el s. m
a. C. a la edad bizantina. Su publicación p o r S tephanus
en 1554 hizo creer que se había redescubierto al poeta
de Teos, con no m uy b u en a fe p o r p a rte del h um anista
francés. Pasó m ucho tiem po h asta que se vio que se
tra ta b a de piezas de im itación, graciosas las unas, tri­
viales las o tras. C ierto que hay coincidencias en el ero­
lír ic a m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 401

tism o fácil e irónico, hecho ahora u n tan to ñoño y


pueril.
H a costado tiem po y tra b a jo re cu p erar en alguna
m edida el antiguo y verdadero A nacreonte. Los frag­
m entos conservados son escasos y, sobre todo, m uy
breves; m uchos p ro ceden de tra ta d ista s de m étrica y
gram áticos. Los p ap iro s se h a n m o strad o poco gene­
rosos con n u estro au to r: sólo dos, el P.Oxy. 2321 y el
P.Oxy. 2322 nos h an dado unos breves fragm entos m ás.
Y, sin em bargo, A nacreonte fue im p o rtan te p a ra los
edito res alejandrinos. A ristófanes y A ristarco lo edi­
taro n , Z enódoto y, an tes C am eleonte, le dedicaron tra ­
tados.
No es fácil re c o n stru ir las ediciones antiguas, que
seguram ente recogían en libros separados los escolios,
los «cantos de m ujeres», los partenios, los yam bos y
las elegías (y epigram as). G e n tili7 com bina datos de
H efestión y o tras fuentes y la m étrica de los dos p api­
ros p a ra co n sid erar verosím il que la edición antigua
organizara los libros según los m etros, igual que la de
Safo. E l lib ro I co n ten d ría m etro s glicónicos, el II y
II I jónicos, o tro s dos, m etro s trocaicos, u n libro m ás
ten d ría m etro s m ixtos (coriám bicos). S erían, pues, m ás
de los cinco libros que se han deducido de u n epigram a
de C rinágoras (A.P. IX 239). H ab ría que a ñ a d ir los
o tro s poem as a que hem os hecho referencia ap a rte de
los escolios.
C iertam ente, tam b ién en el caso de A nacreonte es
im posible re c o n stru ir la edición antigua. Seguim os a
Page, PMG, que sólo indica el libro de u n poem a cuan­
do está testim oniado. Y que no incluye elegías y epi­
gram as, p ero sí, u n poco inconsecuentem ente, yam bos,
adm itidos en tre los fragm entos de libro in c ie rto 8.
7 Ob. cit., pág. X X V .
* A ñadim os algunas co sa s m ín im as del S u p p l e m e n tu m L yri­
cis Graecis.
402 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

FRAGMENTOS

1. F ragm entos p a p ir á c e o s

1 (PMG 346, fr. I ) 9 ...n i... y diriges a o tra cosa tu


corazón lleno de m iedo, oh tú la m ás herm o sa de las
niñas.
Y (el P u d o r) cree que te cría e n tre lirios com o a
u n a m uchacha p ru d en te, pero tú has huido
a p rad o s llenos de jacin to s 10, donde la C hipiota ha
a tad o sus yeguas, lib eradas del yugo.
...y te h as lanzado en m edio de la gente, p o r lo que
m uchos de los ciudadanos se h an quedado atónitos,
vía del pueblo, vía del pueblo 11 E rotim a.
2 (PMG 346, fr. 4 ) 12 ...con el d u ro (E ros) luchaba
con m is p u ños ...(p ero ah o ra) recobro la vista y levanto
la cabeza... debo m ucho g ra titu d p o r h ab e r huido de
E ro s... to talm en te, de sus duras cadenas p o r causa de
A frodita... (que alguien) traiga vino en un ánfora, tra i­
ga agua (h irv ie n d o ? )13... llam e... g ra titu d ... hace un
m om ento...

9 Oda dirigida a la h etera E rotim a. Cf. B. G e n t il i , Anacreon


(en ad elante G e n t il i ), R oa, 1958, págs. 179 sigs., G. S errao ,
«L’od e di E rotim a: da tím id a fanciulla a don na pu bb lica
(Anacr. fr. 346, L. P. = 60 Gent.)», QJJCC 6 (1968), págs. 36-51, y
S . R. S l in g s , «A nacreon’s tw o m eadow s», Z P E 30 (1978), pági­
n a 38, cuyo tex to e in terp retación seguim os para la p arte pri­
m era. O tras in terp retacion es b ien refieren la oda a u n joven,
b ien d istin gu en en tre E rotim a y otra m ujer; el ú ltim o verso
sería de o tro poem a.
10 Es u n a flor de A frodita, cf. G e n t il i , p ágs. 182 sigs., m ien ­
tras el lirio sim b oliza el p u dor ( S l in g , l. c.).
11 E s ad jetiv o referid o generalm en te a un cam in o, e s iró­
nico el referirlo a una m ujer.
12 A nacreonte ha h u id o del am or, ahora pu ed e divertirse
en el ban qu ete.
13 El u so d el agua calien te para m ezclar con el vin o está
l ír ic a m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 403

3 (PMG 346, frs. 11 + 3 + 6 ) 14 ...dulce y... pero los


am ables... dones es posible... de las P ié rid e s15... y a
las G racias...

...b rillan te ... vuele yo toda la noche... llenas de peces 16


dejan d o ... de Palas del áureo penacho... desde lejos...
en tre las flores...

4 (PMG 347, fr. 1) ( a ) 17 ...y de la cabellera, que


cu b ría de som bra el cuello delicado. Y ahora te has
quedado calvo, m ien tras que ella toda entera, cayendo
en unas m anos ru d as 18, h a ido a p a ra r al polvo negro
sucum biendo al cruel corte del hierro. Yo en tanto,
m e desgarro de angustia: ¿pues qué va a h acer un
hom bre que ni en defensa de Tracia tuvo éxito? 19.

testim on iad o en época rom ana, aquí es conjetu ral. Cf. G entili,
pág. 205.
14 T am poco d esp u és de la un ión de e sto s fragm en tos en
PMG se ve claro el sen tid o. P arece que se trata de la poesía
y la fiesta tras dejar el am or, co m o en el fragm ento anterior.
15 Aun sin am or pu ed e cu ltivarse la p oesía (W. P eek, «Neue
B ruchstü ck e frühgriech isch er D ichtung», en adelante P eek , en
Wiss. Zeitsc hr. d e r Univ. H alle 5, 1955/56, 2, pág. 198).
10 Las olas, el mar.
17 P ese a la ed ición de Page, e sto s versos y los que doy a
c ontinuación b ajo ( b ), son de d os poem as diferentes: ésta es
la opin ion com ún, cf. por ejem p lo G e n t il i , págs. 206 sigs. E l
prim ero se refiere al tem a de la cabellera de Sm erdis, el joven
tracio am ado por P olícrates. Según A teneo , X II 540 C y, sobre
tod o, E liano , V H IX 4, c elo so P olícrates de A nacreonte hizo
que Sm erdis se cortara la cabellera; el poeta, d ip lom áticam en te,
se quejaba en su s versos de que el joven tracio se la hubiera
hecho cortar.
18 ¿Las del peluquero?
19 Los tracios se caracterizab an por el m ech ón de p e lo que
se dejaban crecer en la coron illa. H ay iron ía por p arte de
A nacreonte, que n o ha sab id o d efender los cab ellos de Sm er­
d is, necesarios m ás que para nad ie para un tracio. Cf. B ow ra ,
págs. 278 sig. P eek, pág. 202, p on e en duda tod a esta interpre­
tación.
404 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

5 (PMG 347) ( b ) 20 ...oigo que esa m u je r bien cono­


cida 21 tien e pensam ientos tristes y que dice m uchas
veces acu san d o a su destino:
¡qué bien m e estaría, m adre, si m e llevaras y a rro ­
ja ra s al m a r im piadoso, h irviente de olas espum an­
tes...!

2. F ragm entos de t r a d ic ió n in d ir e c t a , a s ig n a d o s a un
l ib r o

Libro I

6 (PMG 348) A Á r t e m i s 72.

Te im ploro de rodillas, cazadora de ciervos, ru b ia


h ija de Zeus, Á rtem is señora de las b estias salvajes:
tú que ah o ra ju n to a los rem olinos del Leteo contem ­
p las esa ciu d ad de h o m bres valientes, alegre, pues pas­
toreas a u n o s ciudadanos n ad a rudos.
7 (PMG 349) De nuevo éste a rra n c a los pelos a los
y alisio s23 d e cerúleo escudo.

» E s t e segu n d o p oem a (p ero cf. B ow ra , págs. 286 sigs., y


J. A. S. E vans , «A fragm ent o f Anacreon», S O 35-39, 1959-64, pá­
ginas 22-24) e s dram ático: u n a jo v e n se dirige a su m adre d i­
cien d o que o ja lá hu biera p erecid o. H ay influjo de la p oesía
pop u lar (c f. E . G an gu tia , art. cit., pág. 363) y, al tiem p o , de
las p alab ras de H elena en H omero, II. VI 344 sigs.
21 N o e s u n títu lo de hon or, sin o lo contrario, cf. K. L a tte,
G n o m o n 27 (1955), pág. 496.
2 2 E n h on or de Á rtem is L eucofriene, cu yo tem p lo e sta b a si­
tu ad o ju n to al río L eteo, afluente del M eandro e n M agnesia, en
Asia M enor. A e sta ciu dad griega se refería e l poem a, d el cual
ten em os s ó lo el com ienzo.
23 Y aliso e s u n a ciu d ad de R odas. Q uizá se refiere al gobier­
n o de P olícrates e l Joven en R odas, cf. In trod u cción , y B ow ra ,
pág. 250.
lír ic a m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 405

Libro I o I I
8 (PMG 351) ...co m baten fan farro n es con el portero.

Libro I I

9 (PMG 352) ...el cariñoso M egistes24 hace diez


m eses que se corona con m im bre y bebe dulce m osto.
10 (PMG 353) ...los re b e ld e s 25 en la isla, oh Megis­
tes, son am os de la ciudad sagrada.
11 (PMG 354) ...m e vas a h a c e r de m ala fam a en tre
los v ecin o s26.

Libro I I I

12 (PMG 355) ...p esa ta n to s talentos com o T án­


talo 27'.
13 (PMG 356 a) Ea, m uchacho, tráen o s u n a ja rra
p a ra b eb é m o sla de u n tr a g o 28 sirviéndonos diez m edi­
das de agua y de vino cinco c a z o s 29 p a ra que yo pueda
o tra vez div ertirm e sin b arb arie.

2* O tro d e lo s am igos de P olícrates. Las coron as d e m im ­


bre eran costu m b re sam ia, tom ad a de lo s c a ñ o s, cf. A ten eo ,
XV 671 sigs.
25 El p artid o o p u esto a P olícrates, sin duda los «pescado­
r e s » u h om b res del litoral, co m o d ice A n tIg o n o de C a r i s to , p á ­
gina 30 K eller.
26 R eferente a u n a m u jer, seguram en te.
E s decir, e s tan rico com o T ántalo. P asó a con vertirse en
proverbio.
28 Así h acían lo s tracio s. P ero A nacreonte proced e irón ica­
m ente: d esp u és de d ecir e sto , propu gna u n fe stín griego, civi­
lizado. Y, sin em bargo, n o q u e d a m u y claro q u e a sí fueran las
cosas, véase el fragm ento q u e sigue.
29 E s un a m edida que equ ivale a 0 ’045 litros.
406 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

14 (PMG 3 5 6 b ) M E a o tra vez, no sigam os de este


m odo, e n tre estrép ito y gritos bebiendo com o los esci­
tas, sino e n tre bellos cantos bebiendo con m oderación.

3. F ragm entos d e t r a d ic ió n in d ir e c t a , d e l ib r o i n c i e r t o

15 (PMG 3 5 7 ) A Dioniso.
S eñor con el que danzan el novillo E ros y las nin­
fas de ojos oscuros y la p u rp ú re a A frodita, tú que reco­
rres las altas cum bres de los m ontes, te im ploro de
rodillas, ven benévolo a m í y escucha m i plegaria gra­
ta a ti. Sé p a ra Cleobulo buen consejero y que acepte,
oh Dioniso, m i am or.
16 (PMG 3 5 8 ) O tra vez E ros de cabellos de oro me
alcanza con su pelota p u rp ú r e a 31 y m e invita a ju g ar
con una m uchacha de sandalias m ulticolores. Pero ella,
com o es de la bella isla de Lesbos, desprecia m is cabe­
llos p o rq u e son blancos y abre su boca en busca de
o tr o s 32.
17 (PMG 3 5 9 ) A Cleobulo am o, p o r Cleobulo enlo­
quezco, a Cleobulo vuelvo mi m irada.
18 (PMG 3 6 0 ) Oh m uchacho que m iras igual que
u n a doncella, te estoy buscando y tú no m e haces caso
porque no sabes que eres el auriga de mi a lm a 33.

30 P osib lem en te, p arte del m ism o poem a.


31 Alcanzar a alguien con un fruto o una p elota es invitarle
al juego am oroso.
32 La lesb ia es una fellatrix, es el v ello pú bico el que le
llam a la aten ción . E sta interp retación ob scen a, basada en la
gram ática del p asaje y en p aralelos de los cóm icos, parece
segura. Cf. B. G e n t i l i , «La ragazza di Lesbo», QUCC 16 (1973),
págs. 124-128; G . G i a n g r a n d e , «On A nacreon’s Poetry», ibid.,
págs. 43-46; A n n a M. K o m o r n ic k a , «à la su ite de la lectu re ‘La
ragazza di L esb o’», QUCC 21 (1976), pág. 41; B. G e n t i l i , «Adden­
dum », ibid., pág. 47.
33 El sím il eró tico d el jin e te es u sad o con ironía: es el
L ÍR IC A M O N Ó D IC A : PO ETA S M É L IC O S 407

19 (PMG 361) 34 Yo no q u erría ni el cuerno de


Am altea 35 ni re in a r en T arteso d u ra n te ciento cincuen­
ta años 36.
2 0 (PMG 362) Es el m es P o sid e ó n 37: la nube el
agua... y terrib les tem pestades hacen descend er el
grave...
21 (PMG 363) ...¿ p o r qué te exaltas tan to u n tán ­
dote de ungüento un pecho que está m ás hueco que
una caña?
2 2 (PMG 364) Dice Targelio que sabes tira r m uy
bien el disco.
23 (PMG 365) ...y m ucho a Dioniso de fu e rte b ra ­
m ido 38.
24 (PMG 366) Oh Sm erdis, tres veces b a r r id o ÍQ...

poeta el que norm alm en te debería hacer de jin ete, pero al no


h acerle caso el m u chacho, é ste e s en cierto m od o el auriga del
carro que lleva com o caballo el alm a de A nacreonte (o quizá
haya que traducir sim p lem en te «cabalgas sob re m i alm a, sobre
mí»). Cf. B. G e n t i l i , «N ote A nacreontiche», QUCC 16 (1973), pá­
ginas 135 sigs., que p ien sa qu e e l p oem a (com ien zo de poem a)
se refiere a Cleobulo.
34 A nacreonte se con ten ta con una vid a m edia, sin riqueza
ni poder.
35 Zeus niñ o rom pió el cuern o de esta cabra q u e le am a­
mantaba: del cuern o r oto (el cuern o de la abu nd ancia) brota­
ban tod a clase de fru tos.
36 S e refiere a A rgantonio, rey de T arteso en el O este de
Andalucía. H e r ó d o t o , I 163, d ice que A rgantonio vivió ciento
vein te añ os y reinó 80. Era u n a figura m ítica, e n tod o caso,
con la que A nacreonte n o qu iere com pararse, com o Arquíloco
no quería com pararse con el rey lid io G iges.
37 C orresponde al so lstic io de invierno. El texto del frag­
m en to e stá corrup to.
33 Se refiere, quizá, al D ioniso-toro, que llam a a la s M énades
( c f . E s q u i l o , fr. 71 M.).
39 Irrisión del joven tracio alud id o en 347, ob jeto de abuso
sexual.
408 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

25 (PMG 367) Tú eras inflexible p a ra mí.


26 (PMG 368) Das vueltas buscando a Leucipa.
27 (PMG 369) Él, lleno de altos pensam ientos...
28 (PMG 370) ...ni a mi tiern a herm ana.
2 9 (PMG 371) ...de nuevo no soy... ni am igo de los
ciudadanos.
3 0 (PMG 372) A la ru b ia E urípila le gusta A rte­
m on, el tra íd o y llev ad o 40.
31 (PMG 373) He com ido cortando u n poco de una
ta rta ligera, he bebido h asta el fondo u n a ja r r a de vino.
Y ah ora toco m uellem ente m i bella lira, haciendo sere­
n ata a la q u erid a ...
3 2 (PMG 374) Toco la m agad is 41 de veinte cuerdas
y tú , L eu c asp is42, te diviertes.
33 (PMG 375) ...¿quién, inclinando el ánim o a la
alegría juvenil, b aila al son de las suaves flautas de
tres a g u je ro s ? 43.
3 4 (PMG 376)44 T irándom e de nuevo desde la roca
de Léucade, m e su m erjo en la m a r canosa, ebrio de
am or.

« E ste m o te d e A rtem ón se debe, segú n n u estra fu en te


A teneo, X II 533 F, a la relajación de costu m b res de e ste per­
so n a je (cf. fr. 388), siem p re transp ortad o en una litera. O tros
autores an tig u o s dan otras explicacion es.
Ή Un in str u m e n to lid io de cuerd as, esp ecie de arpa.
42 U n joven .
« Las flau tas n orm ales ten ían seis.
44 El sa lto d esd e la roca de Léucade era la form a de su ici­
dio de los en am orad os (m ito s de Cálice y Safo); otras fu en ­
te s d icen q u e era u n a form a de curarse d el am or. A nacreonte
ironiza, en to d o caso.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : p o e ta s m é lic o s 409

3 5 ( P M G 377) Los m isios inventaron la m ezcla de


los asnos que cu b ren a las y eg u a s45...
3 6 ( P M G 378) Vuelo hacia el Olimpo con m is alas
ligeras p o r o b ra de E ros: pues... no q uiere divertirse
conmigo.
37 ( P M G 379) (E ros viendo) mi b a rb a ya gris, de
sus d o rad as... alas con el im pulso (?) pase sin to­
carm e... 46.
38 ( P M G 380) Salud, q u erid a luz que sonríes con
tu bello ro stro .
39 ( P M G 381) ( a) ...iré cogiendo...
(b) ...tra s tir a r el escudo ju n to a las orillas del río
de bella c o rrie n te 47.
40 ( PM G 382) ...am ó la lanza lacrim osa...
41 ( P M G 383) ...y servía u n vino dulce u n a esclava
que llevaba u n a ja r r a de tres m e d id a s...48.
42 ( P M G 384) Todavía no b rillab a la P ersuasión de
p la ta 49.
43 ( P M G 385) Vuelvo del río trayéndolo todo bien
lim p io 50.
4 4 ( P M G 386) He visto a Sím alo en la danza, con
su h erm osa lira.

45 E s decir, la cría de m uías. Los m isio s so n un p u eb lo de


Asia M enor.
46 Tem a del viejo, q u e e sta vez parece resign ado a n o con o­
cer el am or.
47 Tem a del p o eta que tira el escu d o, que vien e de Arquí-
loco y Alceo: sim b oliza aquí lo s tem as e róticos, n o guerreros,
de Anacreonte.
48 Tres ««cazos», cf. n o ta 21.
49 E s decir, lo s p o eta s tod avía no cobraban p or su s versos.
so C om ienzo de poem a. H abla u n a m u jer que ha lavado ropa
(?) en el río.
410 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

45 (PMG 387) P regunté a S tratis, el fab rican te de


perfum es, si va a d ejarse el pelo la rg o 51.

46 ( PMG 388) 52 Antes llevaba un gorro, tocado de


form a de avispa, y tabas de m adera en las orejas y en
torn o a los lom os una (piel) de buey desprovista ya
de pelo,
sucio fo rro de un escudo m iserable, y tra ta b a con
panaderas y con p ro stitu to s afem inados el asqueroso
A rtem ón, llevando u n a vida de picaro,
pues m uchas veces había m etido el pescuezo en el
cepo, m uchas en la r u e d a 53 y m uchas veces le habían
despellejado la espalda con un látigo de cuero y le
habían arran cad o los pelos y la b a r b a M.
Pero ah o ra va en c a rro z a 55 llevando pendientes de
oro, ese hijo de Cica (?), y tam bién lleva una som brilla
de marfil, (igual) talm ente a las m ujeres...

47 (PMG 389) E res am iga de los huéspedes: déja­


me que beba, estoy sediento *.

48 (PMG 390) Las hijas de Zeus de bella cabelle­


r a 57 danzaron con pies ligeros.

51 Burla: S tratis fabrica p erfu m es que n o pu ed e u sar por­


que es calvo.
52 E ste ataqu e contra el nuevo rico A rtem ón (sin duda el
m ism o de 372, cf. B o w r a , págs. 297 sigs., recuerda o tr o s de
T e o g m is , 55 sigs., e H i p o n a c t e en su s E p o d o s. Se d escrib e la
vestidura h ab itu al de un hom b re de la c la se baja, p ero ya
con g u sto eró tico y de arreglo p ersonal (tab as de m adera en
vez de p en d ien tes) afem in ad o y luego el m o d o de vida refinado
y decad en te de los ricos jo n io s influidos p or las m od as asiáticas.
53 C astigos de m alhech ores, com o el siguiente.
54 C astigos de adúlteros.
55 P r o p i a s d e m u j e r e s , c f . S afo 4 4 .
56 F igurado (cf. 450). Se trata sin duda de una hetera.
57 Las M usas.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 411

49 (PMG 391) Ahora ha perecido la corona de la


ciudad
50 (PMG 392) ...pues ni es cosa de n u estro país ni
es cosa bella.
51 (PMG 3 9 3 ) El belicoso Ares am a al que p erm a­
nece a pie firm e en la batalla.
52 (PMG 3 9 4 ) (a) ...g rata golondrina de bello canto.
(b ) O tra vez busca esposa el calvo Alexis.
53 (PMG 3 9 5 ) 59 Canosas están m is sienes, blanca
mi cabeza; h a huido de m í la juv en tu d graciosa, están
viejos m is dientes, y de la dulce vida m e queda ya
poco tiem po. P o r eso lloro m uchas veces, tem eroso del
T ártaro ; pues es terrib le el abism o de H ades y dolo-
rosa es la b ajad a h asta él: es bien cierto que el que
baja no sube.
54 (PMG 3 9 6 ) T rae agua, m uchacho, tra e vino, ea,
tráen o s coronas, que quiero boxear con Eros.
55 (PMG 3 9 7 ) ...y se p usieron en to rn o al pecho
guirnaldas trenzadas de flo r de loto.
5 6 (PMG 398) Los dados de E ros son las locuras y
p e le a s60.

58 Las m urallas. Q uizá referen te a T eos, cf. In trod ucción, y


B o w ra, pág. 269.
59 Tem a del p o eta en vejecid o, p resen te igualm en te en
Alem án, S afo e íb ic o y proced en te de la p oesía tradicional, cf.
Orígenes, págs. 97 sigs., 252. N o creo que sea esp ú reo, del tipo
de las Anacre ónticas, co m o p rop on e M aría H elena M onteiro
da R o c h a P e r e i r a , S o b r e a a u te n tic id a d e d o fr a g m e n to 44 Diehl
d e Anacreonte, Coim bra, 1961 (en con tra M. L. C o l e t o , e n S tu d i
Cataudella, Catania, 1972, págs. 85-91).
60 E ros e s rep resentado m u ch as veces ju gan d o a lo s dad os,
lo que im p lica el e lem en to de azar que hay en el am or. Pero
aqu í son las locu ras y p eleas de los enam orados las que son el
elem en to irracional del am or, el ju eg o de E ros.
412 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

57. ( P M G 399) ...quitándose la túnica, h ac er la


d o ria 61.

58 {P M G 400) ...o tra vez huyendo del am o r m e


escondí en casa de P itom andro a .

59 {P M G 401) ...poniendo (?) la m ano en el asa


del escudo, invento cario.

60 ( P M G 402) (a) Q uiero d ivertirm e contigo, pues


tienes u n herm oso c a rá c te r (?).
(&) La ju stic ia le va bien a Eros
(c) P o r m is p alab ras pueden am arm e los m ucha­
chos: cosas dulces canto, cosas dulces sé decir.

61 (PMG 403) Cruzo sobre escollos invisibles...

62 ( PMG 404) ...la ju v en tu d y la salud...

63 (PMG 405) ...y a mí, envuelto en la t i e r r a 63...

64 (PMG 406) ...y arreb a tó u n gran tesoro...

65 (PMG 407) Regálam e al b rin d ar, querido, tus


m uslos flo re cien tes64.

66 (PMG 408) ...dulcem ente, com o a u n joven cer­


vato que m am a todavía y que habiéndosele perd id o en
el bosque a su m ad re c o rn íg e ra 65, siente pavor.

61 S e refiere a las m u jeres lacon ias, que n o u saban tú n ica


in terior y sí só lo u n co rto m anto. Pero aqu í e s seguram en te
una hetera.
« o «m e enam oré de Pitom andro». S en tid o oscuro.
63 A n acreonte h ab la quizá de s í m ism o, u n a vez m u erto.
64 Era u so que el que brindaba en hon or de u n o le ragalara
la copa.
*5 A n acreonte ignora que la hem bra d el ciervo n o tien e
cuernos.
LÍRICA MONÓDICA: POETAS M ÉLICOS 413

67 ( P M G 409) ...y que e n u n a ja r r a lim pia mezcle


cinco m edidas de agua y tres de v in o 66.
68 ( P M G 410) ...poniéndonos sobre las cejas pe­
queñas coronas de apio, celebrem os u n a gran fiesta en
hon o r de Dioniso.
69 ( P M G 411) (a) O jalá m e m uera, pues no hay
o tra salida a m is trab a jo s.
(b ) ...las lascivas B a sá rid e s67 de Dioniso.
70 ( P M G 412) No vas a d ejarm e o tra vez, cuando
esté b o rrach o , volver a casa.
71 ( P M G 413) O tra vez E ros m e h a golpeado con
una g ran h ach a y m e h a bañado en u n a to rre n te ra
invernal **.
72 ( P M G 414) Te has co rtad o la flor irrep ro ch ab le
de tu delicada c a b e lle ra 69.
73 ( P M G 415) ...el cótabo siciliano con el c o d o 70...
74 ( P M G 416) Yo odio a todos los que tienen m a­
neras som brías y d u ras, p ero sé que tú, M agistes, eres
de los benignos.
75 ( P M G 417)71 P o tra tracia, ¿ p o r qué m e huyes
sin p ied ad m ien tras m e m iras de través con tu s ojos y

« M ás prop orción de vin o qu e la norm al (la m itad que de


agua).
® B acantes d el c u lto tracio de D ion iso, v estid a s c o n piel
d e zorra.
68 Le h a som etid o, su cesivam en te, a ardor y desencanto,
co m o el q u e trabaja e l hierro y lu ego lo tem p la c o n agua.
69 Tem a de S m erd is, cf. 347.
70 S ob re el cótab o, ju e g o d e origen sicilian o, cf. pág. 327,
n. 137. La cop a con el vin o qu e se arrojaba se h acía girar d o ­
blan d o el codo.
D irigid o a una m uchacha tracia aún inexperta en el am or.
414 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

crees que no sé ninguna cosa sabia? Sábelo bien, bien


te echaría yo el freno y sujetando las rien d as te h aría
g irar en to rn o de la m eta del hipódrom o. Pero ah o ra
te ap acien tas en los p rados y juegas saltando ligera
porq u e no tienes un hábil jin ete experto en caballos.
76 (PMG 418) E scúcham e a mí que soy un viejo,
m uchacha de bella cabellera, de peplo de oro.
77 (PMG 419)72 Oh Aristoclides, a ti prim ero com ­
padezco de m is valerosos am igos: p erd iste la ju v en tu d
tratan d o de a le ja r de la p a tria la esclavitud.
7 8 (PMG 420) Cuando blancos cabellos se me m ez­
clen con los negros.
79 (PMG 422) ...sacudiendo una cabellera tracia.
8 0 (PMG 423) (a) Haz cesar, oh Zeus, ese lenguaje
bárbaro.
( b ) No hab les com o un b á r b a ro 73.

81 (PMG 424) ...y el tálam o en que aquél no con­


sum ó su unión, m ás bien la consum ó o tro con él.
8 2 (PMG 425) Sois parecidos a am ables huéspedes
que sólo tien en necesidad de techo y fuego.
83 (PMG 426) E n o tro tiem po era n valientes los
m ilesio s74.

72 Quizá referen te a la defensa de Teos, cf. In tro d u c ció n , y


B ow ra, pág. 2 7 0 .
ra Cf. S 313.
74 Se co n v irtió en refrán (o quizá ya A nacreonte citab a un
refrán an terior) referente a cosas que hace m u ch o dejaron de
ser así. Se da com o resp u esta del oráculo de D ídim a a una
con su lta de P olícrates (d e los carios, según o tro s) sob re si
debía hacerles aliad os su yos. Sab em os, de otra parte, de una
derrota de lo s m ilesio s por P olícrates, cf. B o w r a , p á g . 2 7 5 .
L ÍR IC A m o n ó d ic a : po e t a s m é l ic o s 415

8 4 (PMG 427)75 ...ni m etas estrépito com o la ola


m arina bebiendo sin p a ra r de la copa ju n to con la ru i­
dosa G astrodora.
85 (PMG 428) De nuevo am o y no am o, estoy loco
y no estoy loco.
86 (PMG 429)76 El que q u iera luchar, que luche,
puede hacerlo; a m í dam e a b eb e r en h onor de alguien
dulce vino, m uchacho.
87 (PMG 430) ...dem asiado te afanas.
88 (PMG 431)77 ...d u erm e tranquilo sin e c h ar el
cerro jo en la doble p u erta.
8 9 (PMG 432) ...he acabado legañosa y flácida por
tu lujuria.
9 0 (PMG 433) ...con u n a copa llena, b rin d é en ho­
nor de E rxión, el del blanco penacho.
91 (PMG 434) Cada varón llevaba tres coronas, dos
de rosas, u n a de N áucratis n .
92 (PMG 435) ...llenas de toda clase de m a n ja re s 79.
93 (PMG 436) M eter la m ano en el horno.
94 (PMG 437) Yo huyo de ella com o el cuco.

75 B urla de una h etera (?) G astrodora (tex to de G entili)


quizá nom b re b u rlesco («la que regala su vientre»). Sátira de
la charlatan ería y am or al vin o de las m ujeres.
76 El fragm en to de Page (e sco lio a A r i s t ó f a n e s , P lu to 302)
se com p leta con un m osaico de A utun, cf. R. F ü h r e r , «Zum
n eu esten Anacreon», Z PE 20 (1976), pág. 54.
77 E videntem en te, un hom b re pobre.
78 Según A t e n e o , XV 675 F sigs., la coron a «de N áucratis»
(ciu dad griega de E gip to) era de m irto.
79 Las m esas.
416 LÍRICA GRIEGA ARCAICA

95 ( P M G 438) Q uiere se r sed u c to r (?) p a ra nos­


otros.
96 ( P M G 439) ...trenzando los m uslos en to rn o de
los m uslos.
97 (P M G 440) ...pues im portas m ucho a m uchí­
simos.
98 ( P M G 441) (a) ...segó el cuello p o r la m itad.
(b ) ...fu e dividido en dos el m anto.
99 ( P M G 442) Va de ro n d a... Dioniso.

100 ( P M G 443) ...se m e c e 80 en el laurel de hojas


oscuras y el verde olivo.
101 ( P M G 445) ...insolentes y violentos e ignorantes
de c o n tra q u ién vais a a rro ja r los dardos.
102 ( P M G 446) ...m u je r de h u erto e n lo q u ec id o 81.
103 (P M G 447) ...vestido de p ú rp u ra m arina.
104 (P M G 448) ...ciudad de las n in fa s 82.
105 (P M G 449) ...sabe m odos tirá n ic o s 83.
106 (PMG 450) ...bebiendo am or.
107 ( P M G 451) Sol que brillas bellam ente...
108 (PMG 452) ...m arch an d o con la cabeza en alt
109 (PMG 453) ...la ch arlatan a golondrina.
110 (PMG 454) ...u n servidor b o rrach o ...

80 ¿Eros?
81 Lúbrica, nin fóm an a.
82 S am os.
*3 D e u n a Calícrita, h ija de Ciana; sin duda, en sen tid o
erótico.
L ÍR IC A m o n ó d ic a : p o e t a s m é l ic o s 417

111 (PMG 455) ...u n a m u je r bebedora...


112 (PMG 456) ...veloces p o tro s...
113 (PMG 457) ...con la espalda llena de azotes.
114 (PMG 458) ...a n d a r m u e lle m e n te ...84.
115 (PMG 459) ...y el lánguido E ros...
116 (PMG 460) ...la carga de E ros...
117 (PMG 501 ) ss ...y he nacido hijo de A stero p eo 86,
que... con am bas m anos lanzó y... y él orgulloso de sus
broncíneas... y al de igual ciudad... ad m irab a en la
batalla... cu an to lanzaba el e strid o r (de los dardos)...

4. F ra g m en to s de autor in c ie r t o

118 (PMG 505) (a) Abdera, herm osa colonia de los


de Teos
(b ) ...p o r causa de Silosonte hay am plio e s p a c io 88.
(c ) ...co n tem p laré mi desgraciada p atria.

5. F rag m en to s del «S u pplem en tu m l y r ic is g r a e c is »

119 (S 317) Oh Apolo, a ti y a la fe liz ...89.


120 (S 286). [V éase m ás a rrib a Fragmentos de poe­
sía lesbia de autor incierto.]

84 M oviénd ose lúb ricam ente, de m ujeres.


85 F ragm ento de lírica coral co n ten id o en un com en tario a
la Ilíada en el que se lee: «y en A nacreonte, en los P a rte n io s»
(el nom bre de A n a c r e o n t e es con jetu ral). P a c e duda de la atri­
bución, pero la con sid era probab le G e n t i l i , apoyán dose en el
fr. de C r i t i a s citad o e n la In trod ucción.
86 U n je fe de lo s p eon ios, aliad os de lo s troyanos, según
Ilíada X X I 155.
87 Cf. In tro d u cció n .
88 Según E s t r a b ó n , n u estra fu en te, se refiere a lo s estragos
cau sad os en la ciu d ad de S am os por el tiran o S ilo so n te, a
qu ien D arío se la confió. La atrib u ción a A n a c r e o n t e e s du do­
sa: para E s t r a b ü n , es u:i proverbio.
89 C f . E. V e r m e u l e , A n tik e K u n st, 1, 8 (1 9 6 5 ) , p ágs. 34 sigs.
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214.
IV

PO ETAS MENORES
Y FR AG M ENTO S AN Ó N IM O S
INTRODUCCION

E sta ú ltim a p a rte recoge los fragm entos conserva­


dos de los poetas m enores, no incluidos en el canon
alejan d rin o de los nueve líricos, así com o una serie de
fragm entos, de trad ició n in d irecta o papirácea, de
a u to r desconocido. Algunos pueden p erten ecer a Pín­
daro o B aquílides, poetas que no traducim os aquí;
otro s a los poetas trad ucidos p o r nosotros; y hay posi­
bilidades de que o tro s procedan de piezas teatrales,
tragedias sobre todo. Inversam ente, no traducim os el
fragm ento PMG 709, de P ratinas, porque m uy posible­
m ente pertenece a un d ram a satírico ', pero esto no
es seguro.
Incluim os la to talid ad de los fragm entos de PMG
y del S u p p l e m e n t u m Lyricis Graecis que no son a tri­
buidos a Alemán, E stesícoro, Ibico, Sim ónides o Ana­
creonte o que no hem os dado en n u estra p rim era p a r­
te, la titu lad a «Lírica Popular» (o, dos fragm entos,
PMG 973 y 976, en la p a rte tercera, «Lírica m onódica»).
F uera de esto, sólo dejam os fuera, com o de costum ­
bre, los fragm entos que son referencias no textuales
(lo que elim ina los siguientes poetas: Cinesias, Janto,
M irtis, Prónom o, Políido, Cleómenes, Lam intio, Enfa­
des, E stesícoro II, y m uchos fragm entos de a u to r cono-

1 Cf. ú ltim am en te, R. S e a f o r d , «The H yporch em a o f Pra­


tinas», M aia 29-30 (1977-78), págs. 81-94.
426 L ÍR IC A G R IE G A A R C A IC A

cido o no); los que son apenas traducibles (PMG 968,


969, 971, 1038 y p arte de otros), y los que son p ro b a­
blem ente de fecha alejan d rin a (1030, 1032-35). A unque
alejan d rin o s pueden ser otros m ás, es difícil decidir.
Dejo fuera, p o r considerarlo de esta edad, algún h a­
llazgo reciente, com o P. Mich. inv. 4336, cf. M. Grone-
waíd, ZPE 15 (1974), págs. 293-294, y P. Mich. inv. 6227,
cf. M. G ronew all, ZPE 4 (1974), págs. 193-196.
Son, en general, breves fragm entos, que hacen ver
el estado desgraciado en que se nos h a tran sm itid o la
lírica griega. Sólo son una cierta excepción C orina y
Tim oteo (Los Persas), de los que hay papiros muy
extensos; y Filóxeno de Léucade, cuyo poem a La Cena
nos tran sm itió , b astan te alterado, Ateneo de N áucratis
en su Banquete de los Sofistas. Pero m uchos de los pe­
queños frag m en to s nos hacen ver destellos de verda­
dera poesía; otros nos inform an, al m enos, bien sobre
la form a, bien sobre el contenido de poem as perdidos.
Damos p rim eram en te los fragm entos atrib u id o s a
un au to r y luego los anónim os, clasificados de acuerdo
con su tran sm isió n . Los prim eros se recogen en el o r­
den en a u e los da Page en sus PMG, salvo que in te r­
calam os P iterm o e H ibrias, que él da en otros lugares
de su edición. E ste orden es aproxim adam ente crono­
lógico. E n cuanto a los fragm entos anónim os, hay que
ad v ertir que excluim os en este ap artad o los dados ya
en otros; fragm entos dorios quizá de Alemán (pági­
na 157), otro s quizá de Sim ónides (págs. 274 sigs.) y
otros m onódicos, que es dudoso si son de Safo o Alceo
(en un caso e n tra tam bién la posibilidad de Anacreonte).
No podem os escrib ir aquí una h isto ria de la lírica
griega, que h aría ver el lugar que ocupan los «líricos
m enores» en la h isto ria de la m ism a. H ay que hacer
constar, an tes au e nada, aue esta denom inación viene
de que no fueron incluidos p o r los alejandrinos en su
canon de los nueve líricos; siete de ellos traducidos
POETAS M ENORES Y FRS. A N Ó N IM O S 427

p o r n o sotros (Alemán, E stesícoro, Ibico, Sim ónides,


Alceo, Safo y A nacreonte) y dos, m ejo r conservados,
reservados p a ra ser trad u cid o s ap a rte (P índaro y Ba-
quílides). Aunque, a decir verdad, C orina fue incluida
secundariam ente en dicho c a n o n 2. A hora bien, estos
cánones o listas de autores son siem pre m ás o m enos
convencionales: la no inclusión de u n a u to r en ellos
no h abla co n tra el valor de su poesía. ¡Qué no daría­
m os p o r co n serv ar los m ás antiguos líricos griegos, un
T erpandro, un Arión, un Eum elo!
Pero el canon tuvo, sin em bargo, u n influjo decisivo
en la tran sm isió n de los autores. Y no sólo porque
nuestro s fragm entos dependen, en definitiva, de edi­
ciones alejan d rin as, que en cierta m edida se in ten ta
re co n stru ir en casos com o los de E stesícoro o Safo.
Sino p o rque es m uy verosím il que los m ás antiguos
poetas, de los cuales o no nos h a llegado nada o sólo
m ínim os resto s de au ten ticid ad dudosa, se h an p er­
dido p orque no en tra ro n en el canon y no fueron, en
consecuencia, editados. A unque bien puede ser que lo
sucedido haya sido exactam ente lo contrario: que no
e n tra ro n