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Prefacio a la edición francesa Las ideas están hechas para ser cuestionadas, como los cocoteros,
para ser sacudidos. Yves Cortez se concentra sobre el latín, tal como lo conciben los lingüistas,
según su opinión. Y lo hace con fuerza y sin andarse por las ramas. Su punto de vista es
interesante: el latín no sería la lengua madre de las lenguas romances sino un “italiano antiguo”.
De esta manera sería posible explicar por qué todas las lenguas romances se asemejan entre
ellas sin parecerse verdaderamente al latín: no poseen declinaciones, las palabras más corrientes
no están construidas sobre raíces latinas, etc. Los hechos citados son inquietantes mientras que
las explicaciones académicas que se dan son, por lo general, poco satisfactorias. El gran mérito
de Yves Cortez es de sacar a relucir un auténtico problema y de intentar dar una explicación.
Disfruté enormemente al leer sus argumentos y me adhiero sin reservas a su tesis del origen
“italiano” de las lenguas romances. Lo que me incomoda un poco es que la teoría de Cortez
suscita aún más problemas que los tabúes que rompe. ¿De qué sombrero de mago sale este
italiano antiguo que engendró las lenguas romances? ¿Cómo apareció? ¿Cuál es su parentesco
con el latín? Yves Cortez lo ve surgido del indoeuropeo del cual no se sabe nada. ¿Por qué no?
Pero la pregunta suscitada en el libro de un eslabón perdido entre el latín y las lenguas romances
se encuentra desplazada un poco más en el tiempo. ¿Cómo nació el italiano antiguo? ¿Cómo
perdió las declinaciones del indoeuropeo? Por no haber sido una lengua escrita, este “italiano
antiguo” seguirá siendo un misterio. No importa. Reemplazar las certidumbres por signos de
interrogación es algo refrescante y saludable para la humildad intelectual Michel Malherbe
(Autor de Les langages de l’humanité: une encyclopédie des 3000 langues parlées dans le
monde, Ediciones Robert Laffont)

Prólogo Contrariamente a la idea generalmente aceptada, el francés no viene del latín, como
tampoco el italiano, el español, el rumano ni ninguna otra lengua romance proviene del latín. He
aquí el resumen de la tesis que voy a demostrar. En los primeros siglos de la historia de Roma,
dos pueblos, y por lo tanto dos lenguas, coexistían en el pequeño territorio del Lacio. Un pueblo
hablaba latín y el otro hablaba italiano. Estos dos pueblos se fusionaron en uno solo. El italiano
se convirtió en la lengua hablada y el latín permaneció como lengua escrita. De esta manera,
desde el siglo II antes de Cristo, los romanos eran bilingües: utilizaban el italiano como lengua
hablada y el latín como lengua escrita, y son estas dos lenguas las que ellos aportaron a todas las
regiones que conquistaron. Luego de la conquista romana, en Italia, en Francia, en España y en
Rumania, los pueblos abandonaron sus lenguas respectivas para adoptar el italiano como lengua
hablada y solamente utilizaron el latìn para escribir, tal como lo hacían los romanos. Es verosímil
pensar que los romanos llamaran a su lengua hablada el “romano”. Para evitar cualquier
confusión con el uso que hoy hacemos de este término, voy a llamar a la lengua hablada por los
romanos “italiano antiguo”. Utilizo a propósito este término ya que los romanos no hablaban un
latín deformado, llamado en ocasiones “latín vulgar” o “bajo latín”, sino que hablaban
sencillamente otra lengua distinta, que no tiene al latín como origen, y que ya era una forma de
italiano. El bilingüismo lengua hablada-lengua escrita no tiene nada de excepcional. Poco antes
del comienzo de la era cristiana, en Jerusalén, el hebreo, lengua hablada por los judíos hasta esta
época, cede su lugar al arameo, pero guarda su estatus de lengua

religiosa y literaria. Los judíos de tiempos de Cristo eran bilingües: hablaban arameo y escribían
en hebreo. Hoy en dia, en los paises árabes se habla el árabe dialectal y se escribe unicamente
en árabe clásico. En la Suiza germánica, la lengua hablada es el suizo germánico y la lengua
escrita es el alto alemán. En Quebec, la lengua hablada es rica en palabras provenientes de un
vocabulario original, pero el francés utilizado al escribir sigue siendo perfectamente académico.
En Africa, América y Asia, el bilingüismo lengua hablada-lengua escrita es una realidad cotidiana.
Los diferentes pueblos continúan utilizando sus lenguas vernáculas y para escribir utilizan la
lengua oficial, generalmente la lengua de los antiguos colonizadores: el español, el francés, el
inglés… La fuerte divergencia entre el latín y las lenguas romances constituye objeto de debate
desde hace mucho tiempo entre los latínistas y los lingüistas. En 1940 el lingüista danés Louis
Hjelmslev concluía sus investigaciones con estas palabras: “La lengua madre que hemos llegado
a reconstruir no es el mismo latín que nos ha sido transmitido por la literatura”. En 1953, el
lingüista francés Jean Perrot observa de igual manera que la lengua madre que ha reconstruido a
partir de las diferentes lenguas romances “no corresponde al estado del latín que conocemos”.
Uno y otro descubren una lengua madre muy diferente del latín pero no se atreven a alejarse del
dogma y afirmar que, en lugar de “otro latín”, se trata simple y llanamente de “otra lengua”. En
1985 el gran latínista Jozsef Herman lo reconocía en el congreso internacional de lingüística y
filología romanas, delante de un auditorio de letrados venidos del mundo entero: “Nosotros los
romanistas, junto con los historiadores de la lengua latína, somos casi los únicos en saber que,
en lo que concierne al proceso mismo de transformación del latín en lengua romance, tenemos
mas hipótesis y controversias que certezas […]”. A finales del siglo XX, mientras más avanzaban
las investigaciones, menos se ponían de acuerdo los investigadores en lo que respecta a una
explicación acerca de la transformación 2

del latín en las lenguas romances. Las dificultades provienen del hecho de que los investigadores
se encuentran prisioneros del dogma según el cual las lenguas romances provendrían del latín y
se las ingenian para encontrar explicaciones a todas las supuestas transformaciones del latín.
Tratan, por tanto, de explicar la desaparición de las declinaciones, del género neutro, de los
verbos deponentes, de los adjetivos verbales, y la aparición de los artículos, del pasado perfecto,
del condicional… sin lograrlo. Antoine Meillet, el célebre lingüista francés de comienzos del siglo
XX, no aporta sino demostraciones parciales y conclusiones infundadas que ocultan mal sus
fórmulas perentorias: “Las innovaciones comunes resultan del hecho de que un mecanismo
delicado y complejo fue manejado por gente nueva de todo tipo”1 ¿Cómo es posible que
personas provenientes de diferentes horizontes pudiesen provocar las mismas innovaciones
lingüísticas? Allí se encuentra un misterio sorprendente. Para Antoine Meillet, la segunda gran
explicación reside en el hecho de que el pueblo preferiría la simplicidad: “El deponente es el tipo
de complicación inútil en la lengua”. El pueblo, por tanto, se habría deshecho del deponente. Un
poco mas lejos afirma: “Al abandonar el neutro, el romano se desembarazó de una categoría
lingüística que no significaba ya nada desde hacía mucho tiempo”. En cuanto al pueblo griego,
ellos han mantenido el neutro, lo mismo que los alemanes y los rusos. Antoine Meillet tiene
leyes de geometría variable. Una de dos cosas: o bien permanecemos en el lirismo de Littré que
exclamaba en la introduccion de su diccionario: «Para gran sorpresa del erudito, las mutaciones
se efectuaron como si un concierto preparado de antemano las hubiese determinado”2, o bien
tratamos de realizar un análisis riguroso y un poco mas científico.

1 Antoine Meillet, Esquisse d’une histoire de la langue latíne, 1928. Librairie Klincksieck. 2 Emile
Littré, Dictionnaire de la langue française, Librairie Hachette, 1870.

¿Cuáles son las principales objeciones que podemos hacer a la teoría del origen latíno de las
lenguas romances? –

¿Cómo pudo producirse la desaparición de las mismas formas gramaticales en todas las lenguas
romances?

¿Cómo pudo producirse la aparición de las mismas formas gramaticales en todas las lenguas
romances?

¿Cómo explicar la desaparicion de las mismas palabras latinas y la aparición des las mismas
palabras no latinas en todas las lenguas romances?

¿Cómo explicar la desaparición de los adjetivos, de los adverbios, de los verbos latinos más
corrientes en todas las lenguas romanas?

¿Cómo explicar que tal transformación se haya hecho en poco menos de cuatro siglos, desde la
desaparición del Imperio romano hacia el año 450 después de Cristo hasta la aparición de la
lengua romana mencionada en el Concilio de Tours, en el año 813, cuando la estabilidad de las
lenguas parecer ser una ley general? Antoine Meillet, sin embargo, pone en evidencia varias
veces esta característica de las lenguas en su libro acerca de la historia de la lengua latína:
“lengua de un gran imperio, el latín mantuvo estabilidad por unos 800 años”1. Después de 8
siglos de estabilidad, la lengua habría mutado de un golpe a una velocidad vertiginosa al punto
de convertirse en algo completamente irreconocible.
Antoine Meillet sí siente que hay allí una curiosidad única del latín, y se las ingenia para
encontrar explicaciones a la estabilidad de ciertas lenguas, como lo hace con el turco. “El turco
de hoy es el turco de hace mil años, la esquematización rígida de la lengua la preservó de
cambios”. ¿Existirá una ley que explique la preservación de las lenguas por medio del
esquematismo? Antoine Meillet destaca igualmente que “la 1

Op. cit. 4

estructura del árabe de hoy es aún semejante a la de las lenguas semíticas de hace tres mil
años”. Y el que conoce el griego antiguo y el griego moderno no puede sino sorprenderse
delante de la asombrosa continuidad del vocabulario y de la gramática griegas a lo largo de dos
mil quinientos años. En efecto, las lenguas son predominantemente estables. Entonces ¿por qué
una transformación del latín – ¡y qué transformación! – en el transcurso de solamente cuatro
siglos? ¿Por qué la lengua latína se inmoviliza, por qué las lenguas romances se asemejan todas
entre ellas y son tan distintas del latín? Haremos una revisión de todas estas preguntas y voy a
esforzarme en realizar una demostración accesible a los no especialistas. Es necesario, sin
embargo, mi estimado lector, que usted esté consciente de dos grandes escollos: En primer
lugar, usted no puede escapar al peso del dogma, y le vendrà a la mente sin cesar la misma
pregunta: “Pero, ¿cómo es posible que todas las universidades, de todos los países, enseñen el
origen latino de las lenguas romanas? ¿Es posible acaso que estén equivocados desde hace tanto
tiempo y de manera tan seguida? ¿Y por qué seria un aficionado el que realice este
descubrimiento, y no un erudito universitario?”. Precisamente, no creo que un ministro del
templo pudiese, al mismo tiempo, cuestionar el dogma y la tradición. Vean cómo se
autocensuran los lingüistas Jean Perrot y Louis Hjelmslev. Se detienen a mitad de la travesia. No
sea timorato. Atrévase a ir hasta el extremo de la logica, cualesquiera que sean sus convicciones
anteriores. El segundo escollo viene de lo que un analisis superficial puede hacer creer: que el
latín y las lenguas romances tienen muchos puntos comunes. ¿No querría decir eso que las
segundas se engendraron a partir del primero? El alemán y el inglés, lenguas germánicas ambas,
son bastante próximas y, sin embargo, el inglés no tiene por lengua madre al alemán; lo mismo
ocurre con el ruso y el polaco, por ejemplo. 5

Los numerosos puntos comunes al latín y a las lenguas romances provienen de su origen común,
el indoeuropeo. A esto se agregan los efectos de una coexistencia de casi 20 siglos entre las
lenguas romances habladas y el latín como lengua escrita, al punto de que numerosas palabras
romances han sido tomadas del latín. Finalmente, la creencia ciega en un origen latíno de las
lenguas romances ha conducido a los etimologistas franceses a inventar un origen latíno a casi
toda palabra. Todos los procedimientos, desde los más ingeniosos hasta los más deshonestos, se
ponen al servicio de demostrar una pretendida filiación, sin ninguna regla científica. Demostraré
que el origen indoeuropeo aparece con frecuencia con mucha mayor evidencia, y que es posible
imaginar etimologías más racionales. Con seguridad, ustedes deben haber oído miles de veces
que la palabra TRABAJO viene del latín “tripalium” (instrumento de tortura), que la palabra
ESCLAVO viene de “slavus” (eslavo), o que la palabra FORESTAL viene de “forestis” (exterior).
Estas etimologías son infundadas, pero ellas reafirman la idea de un origen latíno de las lenguas
romances cuando no es otra cosa que el resultado de nuestras divagaciones erróneas. Aquí
imagino igualmente su perplejidad. ¿Cómo —me dirá usted— es que toda nuestra etimología es
falsa y cuáles son sus títulos para permitirse un cuestionamiento semejante? Ya lo he dicho: no
soy hombre del templo. Simplemente, desde hace años he estudiado lingüística y numerosas
lenguas, y he descubierto que existía otro camino posible. Permítame citar a Buda: “No crean en
algo simplemente de oidas. No den fe a las tradiciones únicamente porque han sido honradas
después de numerosas generaciones. No crean en algo simplemente a partir del testimonio de
un sabio de la Antigüedad. No crean en algo porque las probabilidades jueguen a su favor o
porque la costumbre nos empuje a tomarlo como cierto. No crean en nada basándose
únicamente en la única autoridad de sus maestros o sacerdotes”.

Es este precepto el que Copérnico aplicó para considerar otra visión del mundo. Deshágase de
sus ideas preconcebidas, no se ponga en manos de los especialistas, juzgue por usted mismo.
Presento a continuación los dos esquemas de filiación de las lenguas romanas. El esquema
“antiguo”, el que se enseña en todas las universidades, y el esquema nuevo, el que voy a
demostrar en este libro. En el esquema antiguo, la lengua primitiva, se considera que el
indoeuropeo dio origen al latín. Desde la época romana, el latín evolucionó hacia un bajo latín, el
cual dio nacimiento a las lenguas romances.

En el nuevo esquema, que voy a demostrar en este libro, el indoeuropeo habría dado origen al
latín, por una parte, y al italiano antiguo por otra, mucho tiempo antes de la época romana;
luego, el italiano antiguo habría dado a luz las diferentes lenguas romances, mientras que el latín
no tuvo descendencia.

El esquema antiguo

Indo-europeo

Latín clásico

Época Romana

Bajo latín

Lenguas romances (italiano, francés, español, portugués, catalán, rumano…)


9

El nuevo esquema

Indo-europeo

Italiano antiguo

20 000 A.C.

Época Romana

Latín

Lenguas Romances (italiano, francés, español, portugués, catalán, rumano…)

10

Investigación sobre un dogma fuera de toda sospecha: Las siete pruebas contundentes

Primera prueba El latín es una lengua muerta desde el siglo I A.C. Obliti sunt Romae loquier
lingua latina. Nevio (200 A.C. aprox.)

En Roma, la decadencia de la lengua latina comienza en el siglo II A.C. Durante los primeros
siglos de la historia de Roma el latín fue una lengua viva, como lo demuestran las obras de teatro
de Plauto y Terencio. No era ni la lengua de una aristocracia ni una lengua artificial para el uso de
letrados. El comienzo de la desaparición de su uso como lengua hablada data del siglo II A.C. El
latín ya no se habla desde el siglo I de nuestra era. De ello dan testimonio los escritos, la
evolución de la literatura latina y la competencia del griego. Veámoslo de seguidas. Nevio,
fallecido hacia el año 200 A.C., hizo escribir sobre su tumba: “OBLITI SUNT ROMAE LOQUIER
LINGUA LATINA” (“en Roma ya no se sabe hablar la lengua latina” —citado por Aulio Gelio en Las
noches áticas). ¿Acaso quiere decir simplemente que, doscientos años antes de nuestra era, se
habla mal el latín, de la misma manera que escuchamos ahora en Francia a ciertos puristas
sublevarse contra los maltratos que los periodistas hacen sufrir al francés? A aquellos que
piensan que la lengua latina estaba en plena expansión les cuesta descubrir en el epitafio que
adorna la tumba de Nevio un dato objetivo acerca de la desaparición del latín “hablado”. Es por

eso que caen cada vez en tales aseveraciones. Sin embargo, no se hacen afirmaciones sin que
exista una razón para ello. Suetonio, en su estudio sobre los gramáticos y los retóricos hacia el
año 100 D.C., decía de uno de ellos: «Cecilio Epitora […] abrió una escuela […] se dice que fue el
primero en disertar en latín sin preparación.» ¿Era necesaria, entonces, una preparación para
hablar latín? Allí también podríamos no prestar ninguna atención a lo que se dice. Hacia el año
100 D.C., Suetonio se sorprende ante la capacidad de un retórico a disertar “en latín sin
preparación”. Nada más normal que un retórico se prepare, pero que esté obligado a prepararse
para disertar en latín da mucho qué pensar. Muchos historiadores de la literatura latina ven
aparecer en el siglo II D.C. una decadencia y una degradación de la literatura y de la lengua
latina. Alexis Pierron exclama: «Después de Juvenal desaparece la poesía; luego de Plinio El
Joven, la elocuencia; y después de Tácito, la historia.»1 Hubiese podido recordar también que,
de la misma manera, el teatro había ya desaparecido desde hacía mucho tiempo. Quedan, sin
embargo, grandes escritores en el siglo II D.C., como por ejemplo Aulio Gelio y Apuleyo. Del
primero, dice Alexis Pierron: “Se encuentra lleno de frases extrañas […] tiene sobre todo la
manía del arcaísmo”, y del segundo: “Los barbarismos, que vemos despuntar en el estilo y la
dicción de Fronton y de Aulio Gelio, se despliegan con complacencia en Apuleyo, y toman, por
así decirlo, posesión de la lengua romana”, y más adelante: “La lengua de Apuleyo está
compuesta de todas las lenguas, o, si se quiere, de todos los dialectos de los que se impregnó
durante sus viajes”. Al hablar de los autores de los siglos III y IV D.C., lo hace de manera
inapelable en cuanto a sus cualidades literarias: «Nemesiano no es más que un imitador […] sus
poemas son casi copias de Virgilio […] La dicción de Amiano Marcelino es semi bárbara». H.
Berthaut y Ch. Georgin, en su Historia Ilustrada de la literatura latina, son igualmente muy
críticos: “La lengua de 1

Histoire de la littérature romaine, Alexis Pierron, Editorial Hachette, 1882. 4

Apuleyo es coloquial, sobrecargada de neologismos y de términos populares o bárbaros”. En


cuanto a los autores cristianos del siglo III D.C., dicen de Arnobio de Sicca que tiene “un estilo
oscuro y bárbaro”, de Lactancio que emplea «expresiones bárbaras», y que la lengua de
Comodiano «está llena de incorrecciones y barbarismos». Morisset y Thevenot, en Lettres
Latines, observan que «los emperadores Adriano, Antonino y Cómodo (117-192) lograron
mantener condiciones políticas favorables», pero que ello no impidió «una decadencia de las
letras latinas profanas»1. Jean Barbet2, en un libro clásico, concluye a partir de su análisis de la
literatura de los dos primeros siglos de nuestra era: “Los escritores continuaron utilizando una
lengua clasicista, artificial […] Incluso en el siglo II, leyeron e imitaron preferentemente a los
autores arcaicos, cediendo a una tendencia que era ya marcadamente fuerte desde los tiempos
de Cicerón”. Arcaísmos y barbarismos a gusto del consumidor Todo eso no podría explicarse si el
latín no fuese ya una lengua muerta que los escritores más o menos dominaban. Cuando un
escritor tiene un conocimiento perfecto del latín imita a los antiguos, pero si tiene un
conocimiento aproximado, entonces simplemente comete faltas, como algunos extranjeros
cometen faltas cuando hablan una lengua que no es su lengua materna. En el primer caso, la
lengua se caracteriza por los arcaísmos; en el segundo caso, por los barbarismos. Paralelamente,
la literatura latina se atrofia, por carencia de literatos con la capacidad para escribir en latín y por
carencia de lectores con conocimiento de esa lengua. El latín habría podido caer entonces en el
olvido si no hubiese sido salvado por la Iglesia católica que optó por esa lengua y no por el
griego.
12

Édition Magnard, 1966. Littérature latine, Armand Colin, 1965. 5

Desde el siglo II antes de Cristo, el griego era tan estudiado y se encontraba tan difundido como
el latín, tanto en Roma como en toda Italia. Las lenguas griega y latina eran ambas objeto de
enseñanza, al mismo nivel de igualdad, en las escuelas romanas, y los eruditos eran bilingües,
manejándose con fluidez en las dos lenguas, utilizando a su gusto y preferencia una u otra.
Salustio, en el siglo I A.C., dice de uno de sus personajes: “Por nacimiento, Sempronia era
instruida en las letras griegas y latinas”1. Y ello, no porque tuviese sangre griega sino porque era
una persona culta. A propósito de otro personaje, Salustio dice: “Tenía un conocimiento de las
letras griegas y latinas igual al de los mejores eruditos”. Hacia el final del siglo I A.C., Ovidio, en
“El arte de amar”, interpela al lector: “No consideres como un cuidado fútil el cultivar tu
inteligencia por medio de las artes liberales y aprender bien ambas lenguas”. Evidentemente, se
refiere al griego y al latín. En el siglo I D.C., Petronio, en el “Satiricón”, da testimonio de la
igualdad entre el latín y el griego: “Y no vayas a creer que yo desprecio los estudios: tengo dos
bibliotecas, una griega y una latina” hace decir a uno de sus personajes. Y al hablar de un esclavo
particularmente talentoso, menciona: “Adquirió los rudimentos del griego y se ha metido
bastante con el latín”. ¿Cabe acaso asombrarse de que un esclavo comenzase a hablar la lengua
de sus amos? No, lo que causa admiración en Petronio es que el esclave comenzara a conocer la
lengua literaria que el latín había llegado a ser en aquella época. Suetonio dice del emperador
Tito, quien reinó hacia el año 80 D.C., que poseía "un dominio perfecto tanto de la elocuencia
como de la creación poética, tanto en la lengua griega como la latina, al punto de improvisar
poemas y discursos en estas dos lenguas". Suetonio nos indica también que en la época de
Domiciano, hacia el final del siglo I D.C., "se disputaban los premios de elocuencia y prosa en las
lenguas griega y latina". Juvenal, hacia el 120 D.C. en las Sátiras (VI), exclama: "Señoras, ¿no es
más vergonzoso ignorar el latín?". No está reprochando a las damas de la alta sociedad que
hablen mal el latín, les reprocha que lo ignoren. La fuerza con la que Juvenal se expresa está a la
altura del mal. No es tanto por esnobismo que los 1

La conjuration de Catalina, Les belles lettres, 1947. 6

patricios hablen griego, y no es que los romanos adopten el griego porque están subyugados por
la literatura y las artes griegas, sino porque el griego y el latín tienen el mismo estatus. Ambas
son lenguas eruditas Y en esta competencia, ocurre a veces que el griego recibe la preferencia
por encima del latín. Se sabe que Favorinus de Arelata, Elianus de Prenesta y Marco Aurelio
escribían fundamentalmente en griego, y que Suetonio y Apuleyo escribían en ambas lenguas.
¿Cómo explicar semejante desarrollo del griego en una Roma cada vez más dominante? ¿Se ha
visto alguna vez a un imperio acoger con tanta benevolencia una lengua extranjera, bien sea que
hablemos de los imperios antiguos (egipcio, asirio, chino) o de los contemporáneos (británico,
español, francés, ruso)? La lengua latina no era comprendida por el pueblo desde hacía ya
mucho tiempo. Suetonio nos indica que Julio César organizaba en Roma "diferentes
espectáculos: combates de gladiadores y juegos escénicos representados en todos los barrios de
Roma por histriones que hablaban las tres lenguas"1. Pierre Klossowski, en la traducción que
realizó en la colección "Le livre de poche", en 1990, nos explica lo que serían estas tres lenguas:
"el latín, el griego y el osco (lengua del teatro popular)". Presume entonces que el pueblo
comprendía el teatro en osco. Entonces, ¿el osco estaba aún presente en la época de César, y el
pueblo presenciaba el teatro en osco? ¿Se ha visto alguna vez en la literatura latina una sola
mención de la práctica de la lengua osca en Roma en esta época? En realidad, con toda
probabilidad solamente la élite romana educada era capaz de comprender el griego y el latín, y
el pueblo hablaba otra lengua. Más aún, cuando el teatro no se representa ya en lengua popular,
los actores recurren a la mímica, y de allí el éxito de ésta. A medida que pasa el tiempo, el
pueblo comprende cada vez menos el latín, y las piezas de teatro, que están escritas en latín, no
son ya accesibles a la plebe. En sus inicios, la mímica fue un procedimiento que tenía por
objetivo ayudar a la comprensión de

La vie des 12 Césars, Le livre de poche, 1990. 7

los textos, y llegó a ser un medio fundamental de representación teatral a medida que el uso del
latín desaparecía. La evolución de la lengua de Roma va a la inversa de la de las lenguas de los
grandes imperios. Con toda probabilidad, el latín no era ya la lengua del pueblo desde el
comienzo de las conquistas romanas. Más aún, Tito Livio, para designar los pueblos latinos del
Lacio, habla de pueblos de nombre latino (latini nomini) y no de pueblos de lengua latina. La
evolución lingüística de Israel, desde el siglo V al siglo I A.C. presenta mucha similitud con la de
Roma. Durante siglos, la lengua hablada en Jerusalén fue el hebreo. Esta lengua fue reemplazada
por el arameo, que se utilizaba en una vasta región del Cercano Oriente. En cambio, el hebreo
siguió siendo la lengua de la religión y de la literatura del pueblo judío. De esta manera, las dos
lenguas coexistían: una lengua escrita reservada a la religión y a la erudición, el hebreo, y una
lengua hablada, el arameo. El conjunto de todos los elementos que he expuesto, los escritos de
Salustio, Suetonio y Juvenal, la evolución de la literatura latina, y el tratamiento de las letras
griegas al mismo nivel que las letras latinas, no son explicables si no se parte de la hipótesis de la
desaparición precoz del latín. Por tanto, los soldados y colonos romanos llevaron con ellos una
lengua hablada diferente al latín porque ésta era ya una lengua muerta en la época de las
conquistas romanas. Pero la vivacidad y la continuidad del latín escrito nos hicieron creer que la
lengua latina había permanecido viva mucho más allá del siglo I de nuestra era. La Iglesia católica
jugó un papel involuntario en la ilusión del latín como lengua de uso corriente al hacer de él una
especie de "lingua franca" durante muchos siglos, si bien se hizo una concesión a las lenguas
romana y germánica en el Concilio de Tours en 813, en el que se ordena a los sacerdotes
predicar en "lengua romana rústica o en lengua germánica a fin de que todos pudieran
comprender más fácilmente». 8
La lengua romana rústica: un singular muy singular El texto del Concilio de Tours emplea la
expresión "lingua romana rustica", "lengua romana rústica" y no "lengua latina rústica".
¡Caramba, pues! La lengua es calificada como "romana", y nos encontramos en 813. Los
redactores del texto del concilio habrían podido hablar de lengua "latina" rústica, pero la lengua
hablada es designada como "romana". Este término se refiere explicitamente a Roma y a los
romanos, pero más aún, es una expresión en singular la que se utiliza. Los redactores habrían
podido autorizar el uso de las lenguas romanas rústicas, pero no: autorizan la utilización de la
lengua romana rústica. Existía, entonces, desde esta época, unos cuatro siglos solamente
después del desplome del Imperio romano, una misma y única lengua, en la totalidad del
espacio cristiano. La única explicación posible que puede darse es que esta lengua romana
existía desde hacía muchos siglos y que era aún entonces relativamente homogénea como para
que se la designe por un singular. La comprensión recíproca era aún fuerte entre los diferentes
pueblos de lengua romana. El texto del juramento de Estrasburgo, escrito en 842, que
presentaré en el capítulo sobre la lenta evolución de las lenguas, revela un vocabulario muy
próximo del italiano. Esta lengua romana rústica no es otra que el "italiano antiguo", y lo voy a
demostrar en los capítulos siguientes. Nuestra visión del paisaje lingüístico de la Italia en la
época romana es problemática. Es necesario decir que ni la literatura ni la arqueología nos
ayudan gran cosa. La historia nos enseña que, antes de la conquista de Italia por los romanos en
los siglos III y IV A.C., existían multitudes de pueblos: al norte de Roma, los etruscos y los
umbríos; al este, los sabinos, los samnitas y los equos; al sur, los oscos, los volscos, los
campanios, los hernicios y los latinos. Estos pueblos eran más o menos poderosos, y de culturas
más o menos desarrolladas, pero no sabemos casi nada de sus lenguas. Se han encontrado
inscripciones y placas de bronce en un radio de doscientos kilómetros alrededor 9

de Roma, escritos en tres lenguas diferentes al griego y al latín: el osco, el umbrio y el etrusco.
Pero los textos son todavía demasiado cortos, y no permiten un estudio completo y comparativo
de las lenguas. Mientras no encontremos una "piedra de rosetta itálica", no se podrá sacar
ninguna conclusión. Lo único que podríamos decir con certeza es que, además del latín, los
pueblos vecinos de los romanos utilizaban otras lenguas por escrito. Voy a correr el riesgo de
hacer una comparación temeraria, pero que nos lleva a la misma realidad. En la Argelia de hoy, el
pueblo argelino habla dos lenguas: el árabe dialectal en su mayoría y, en algunas regiones, el
kabil. Ahora bien, si llegara a ocurrir en Argelia una catástrofe como la que se produjo en
Pompeya, y que, veinte siglos más tarde, arqueólogos excavaran las ruinas, ¿qué encontrarían?
Inscripciones en árabe clásico y en francés. Concluirían de ahí que el pueblo argelino en el siglo
XXI hablaba árabe clásico y francés, cuando en realidad no habla ni una ni la otra. En Argelia, el
árabe clásico y el francés están presentes en la escritura, pero son casi inexistentes como
lenguas habladas. Hagamos la misma hipótesis en el caso de los países andinos de América
latina. Los arqueólogos descubrirían una abundancia de inscripciones en español y, en ocasiones,
en algunas iglesias, inscripciones en latín, pero no encontrarían ninguna traza de las dos grandes
lenguas indígenas aún ampliamente utilizadas: el quechua y el guaraní. Es un error grave y
constante de numerosos lingüistas el confundir lengua escrita y lengua hablada. Las huellas
escritas no dan testimonio necesariamente de la lengua hablada. De la misma manera, nada nos
permite afirmar que la lengua “osca” y la lengua “etrusca” eran aún habladas en la época
romana. Pienso más bien que hayan podido mantener su carácter sagrado durante siglos, pero
que el “italiano antiguo”, luego de haber destronado el latín en Roma, se impuso a continuación
en toda Italia, gracias a la conquista romana que suprimió las barreras físicas, culturales y
económicas entre todos los pueblos conquistados. La idea de que el latín pereció gradualmente
durante los primeros siglos de nuestra era no resiste el análisis. El latín, que 10

fue una lengua muy viva en los primeros tiempos de la historia de Roma, declina con toda
verosimilitud a partir del siglo II A.C.para pasar a ser la lengua de uso administrativo, literario o
académico. Si la lengua latina hubiese evolucionado, encontraríamos trazas en los escritos.
Ahora bien, lo que se observa es bien sea la pálida copia de la lengua antigua (de ahí los
arcaísmos), bien sea el desconocimiento de la lengua (de allí los barbarismos), pero en ningún
momento se ve aparecer (ni en el vocabulario, ni en la gramática) lo que pudiera calificarse de
estado intermediario de la lengua. Los soldados y colonos romanos no pudieron, entonces,
aportar el latín como lengua hablada, en ningún momento de la conquista romana. En cambio, sí
lo llevaron a todo el imperio como lengua escrita.

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Segunda prueba El vocabulario de base de las lenguas romances no es latino La dificultad para
comparar los vocabularios de dos lenguas, por ejemplo el latín y el italiano, o el inglés y el
alemán, puede provenir de dos fuentes. Una, que las lenguas estuvieron en contacto estrecho
(debido a la coexistencia de dos pueblos distintos en el mismo territorio o a una dominación
política y militar de un pueblo sobre el otro), de donde pudieron originarse numerosos
préstamos de vocabulario. Dos, que las lenguas tuvieron el mismo origen, y es el mismo núcleo
original el que engendró los vocabularios de las dos lenguas. De esta manera, el inglés y el
alemán son ambas lenguas germánicas y su parecido proviene de su origen común. En este caso
es entonces difícil desenredar la parte del vocabulario que fue tomada en préstamo de la parte
que proviene de su origen común. El vocabulario de base y los préstamos El vocabulario de las
lenguas romances es muy diferente del vocabulario latino. Sin embargo, los préstamos han sido
tan significativos que pueden ocultar esta realidad. Conviene, entonces, extraer las palabras que
han sido tomadas en préstamo para redescubrir el vocabulario original. Las palabras prestadas
se caracterizan por dos aspectos: 1. En su gran mayoría, tienen rasgos de dominios particulares
característicos de un estado avanzado de desarrollo, como el derecho, la filosofía, la teología… 2.
Fueron poco afectadas por transformaciones fonéticas y semánticas. En otras palabras, son casi
idénticas a las palabras de la lengua original de la cual provienen. En las tablas siguientes indico
la traducción en francés y en español de adjetivos y nombres del vocabulario latino, que ponen
en evidencia la enorme semejanza entre las tres lenguas. Las diferencias se encuentran casi
siempre en la terminación de las palabras. ADJETIVOS

Latin
Francés

Español

ABJECTUS AETERNUS BEATUS BELLICOSUS FEROX FOETIDUS GRACILIS HONESTUS HORRIBILIS


IGNOMINIOSUS ILLICITUS IMMOBILIS IMPERIOSUS INCERTUS INQUIETUS OBSEQUIOSUS
PERPETUUS PROBUS

ABJECT ÉTERNEL BÉAT BELLIQUEUX FÉROCE FÉTIDE GRACILE HONNETE HORRIBLE IGNOMINIEUX
ILLICITE IMMOBILE IMPÉRIEUX INCERTAIN INQUIET OBSEQUIEUX PERPÉTUEL PROBE

ABYECTO ETERNO BEATO BELICOSO FEROZ FETIDO GRACIL HONESTO HORRIBLE IGNOMINIOSO
ILICITO INMOVIL IMPERIOSO INCIERTO INQUIETO OBSEQUIOSO PERPETUO PROBO

PUERIL PUGNACE SORDIDE VISQUEUX

PUERILIS PUGNAX SORDIDUS VISCOSUS

PUERIL PUGNAZ SORDIDO VISCOSO

SUSTANTIVOS

Latin

Francés

Español

DEDICATIO GLEBA GLOBUS GRABATUS HAERESIS HEREDITAS HISTORIA HUMILITAS IGNORATIO


ILLUSTRATIO IMITATOR IMPERITIA IMPULSIO INANITAS INCENDIUM INCITATIO INDECENTIA
INDIGNATIO INDULGENTIA INDUSTRIA INERTIA INFAMIA INSCRIPTIO INUNDATIO PRAEROGATIVA
SIMULACRUM VORACITAS

DÉDICACE GLÈBE GLOBE GRABAT HERESIE HEREDITE HISTOIRE HUMILITE IGNORANCE


ILLUSTRATION IMITATEUR IMPÉRITIE IMPULSION INANITE INCENDIE INCITATION INDÉCENCE
INDIGNATION INDULGENCE INDUSTRIE INERTIE INFAMIE INSCRIPTION INONDATION
PRÉROGATIVE SIMULACRE VORACITE

DEDICACION GLEBE GLOBO GRABADO HEREJIA HEREDAD HISTORIA HUMILDAD IGNORANCIA


ILUSTRACION IMITADOR IMPERICIA IMPULSO INANIDAD INCENDIO INCITACION INDECENCIA
INDIGNACION INDULGENCIA INDUSTRIA INERCIA INFAMIA INSCRIPCION INUNDACION
PRERROGATIVA SIMULACRO VORACIDAD
De la lectura de estas listas se desprenden dos hechos: •

Las palabras francesas y españolas son casi idénticas a las palabras latinas tanto en el plano
fonético como en el plano semántico. En general, la última silaba de estas palabras es
transformada levemente. Estas palabras tienen, casi todas, una connotación literaria, técnica o
culta.

Más precisamente, las palabras tomadas en préstamo no se deforman prácticamente porque


son palabras latinas propiamente dichas. Fueron utilizadas primeramente por clérigos, que
poseían un perfecto conocimiento del latín, y fue después que entraron en el uso corriente. Me
apresuro a agregar que también parecen haber sido tomadas del latín palabras de uso corriente.
Pero estas pocas palabras verdaderamente latinas nos impiden ver la multitud de palabras
corrientes no latinas que contienen las lenguas romances. Es sobre estas palabras, no latinas en
apariencia, que vamos a volcarnos ahora. Para comparar dos lenguas es necesario eliminar los
préstamos para no correr el riesgo de afirmar su parentesco a la ligera. Así pues, todos los
lingüistas están de acuerdo en afirmar que el inglés es una lengua germánica aunque el inglés
cuente con muchas palabras que parecen francesas. El inglés y el alemán provienen de un origen
común denominado “germánico”. Pero durante los siglos que siguieron a la conquista normanda
la lengua inglesa absorbió miles

de palabras francesas al punto de que ciertos textos ingleses puedan parecer cercanos al
francés. He aquí algunos ejemplos: The information contained in this message is confidential.
L’information contenue dans ce message est confidentielle. La información contenida en este
mensaje es confidencial Spanish is a rich and expressive language. L’espagnol est une langue
riche et expressive. El español es una lengua rica y expresiva The grammatical structure of the
language has changed enormously. La structure grammaticale de la langue a changé
énormément. La estructura gramatical de la lengua ha cambiado enormemente. In order to
prevent potential interactions between medical products, inform your doctor or pharmacist. Afin
de prévenir les interactions potentielles entre les produits médicaux, informez votre docteur ou
votre pharmacien. A fin de prevenir las interacciones potenciales entre los productos médicos,
informe a su doctor o a su farmaceuta A partir de la lectura de estas frases, un observador poco
atento podría concluir que las lenguas francesa e inglesa poseen un lazo de parentesco. De
hecho, este observador habría sido engañado por las palabras inglesas que fueron tomadas en
préstamo desde el francés. De allí, la necesidad de separar las palabras “prestadas” de las
palabras “de base”. En un primer estadio, las lenguas poseían un vocabulario construido de
palabras de uso corriente que constituyen “el vocabulario de base”. El inglés poseía un
vocabulario de base germánico al cual se agregó poco a poco un vocabulario francés. Lo mismo
ocurre con las lenguas romances, que poseían un vocabulario de base “italiano antiguo” que
creció al cabo de los siglos gracias a los numerosos préstamos del latín. Las lenguas romances y
el latín continuaron en contacto durante más de 20 siglos, y el vocabulario latino fue incorporado
a las lenguas romances durante tres grandes periodos. – Del siglo III A.C. al siglo I D.C., los
pueblos latino e italiano coexisten y el aporte es directo. – Del siglo II al siglo XVI, el latín, aunque
lengua muerta, continua siendo la única lengua escrita de la Europa occidental, y los sabios, los
eclesiásticos y los hombres de leyes extraen de él continuamente, bien sea alguna palabra latina,
incluso alguna palabra griega por intermedio del latín, bien sea un neologismo. – La época
moderna, en la que la necesidad de nuevas palabras en los dominios científico y técnico abre
una nueva era para el préstamo a partir de las lenguas antiguas. De esta manera, las lenguas
romances cuentan con miles de palabras latinas, pero éstas no son casi nunca palabras de la vida
diaria. Les recuerdo que mi esquema de las lenguas itálicas es el siguiente:

Indo-europeo

Italiano Antiguo

Latín

Lenguas romances (italiano, español, francés)

Es necesario precisarlo como aparece a continuación a fin de destacar los aportes continuos del
vocabulario latino a las lenguas romances. Indo-europeo

Italiano antiguo

Lenguas romances Italiano, Español, Francés, Rumano

Latín

Epoca Romana

Epoca Moderna

Las líneas punteadas indican, no un lazo de parentesco, sino un flujo de vocabulario.


Esquemáticamente indiqué dos flujos aunque se trate en realidad de un flujo único repartido a
lo largo de más de 20 siglos. Esto me lleva a concebir un vocabulario de base que se supone
debe representar el conjunto de las palabras de uso corriente que abarcan la actividad humana,
con la excepción de los dominios sofisticados de la política, de la religión, del arte, de la técnica,
del derecho, de la filosofía… Este vocabulario, aunque más liviano que el vocabulario
contemporáneo, no es por ello rudimentario. La Biblia, escrita en una época en la que la
organización social y los conocimientos técnicos no se encontraban apenas en sus inicios, cuenta
con más de 6 000 palabras distintas. Los pueblos calificados de “barbaros” por los griegos
poseían igualmente un vocabulario muy extenso. Pero antes de eso, quiero precisar la segunda
razón que induce los lingüistas al error. El latín y el “italiano antiguo” tienen un origen común, y
poseen, por ende, algunos puntos en común, tal como las lenguas inglesa y alemana tienen
puntos en común para ellas también provienen de un mismo origen. Un origen comun: el
indoeuropeo El latín y el “italiano antiguo” tienen el mismo origen. Para fijar las ideas, yo diría
que este origen común se remonta a 20 000 años antes de Cristo. Es imposible precisar
científicamente la fecha en la cual los pueblos indoeuropeos que hablaban la misma lengua se
separaron y crearon, a partir del mismo tronco común, dos lenguas tan distintas como el latín y
el “italiano antiguo”. Yo habría podido

indicar, no 20 000 años, sino 5 000 o 10 000. En el capítulo sobre la evolución de las lenguas,
mostraré como las lenguas evolucionan en general de manera lenta, lo que me lleva a pensar
que 6 000 años, como se propone generalmente, es sencillamente insuficiente. Mi propósito es
exponer antes que nada que, aunque muy distintos entre sí, el latín y el “italiano antiguo” tienen
un origen común el cual presento como se indica a continuación:

Indo-europeo

Latín

Italiano antiguo

Con los gráficos en círculos, hago aparecer los conjuntos y subconjuntos de vocabulario.

i-e • 1 2

2 3 Latín 4

Italiano antiguo 4

i-e : indo-europeo

Esta forma de presentarlos permite descomponer los vocabularios de las tres lenguas y hacer
aparecer los diferentes subconjuntos. El grupo 1 representa el vocabulario de la lengua madre,
que no fue transmitido a las lenguas filiales. Este grupo es de importancia débil. En general, la
creación de los vocabularios se realiza por estratos sucesivos sin abandono del vocabulario
anterior. El grupo 2 representa el vocabulario de la lengua madre que fue transmitido a una
lengua pero no a la otra. El grupo 3 representa las palabras de origen indoeuropeo que fueron
transmitidas a una y otra lengua y que dan la impresión que una lengua se desprende de la otra.
El grupo 4 representa las palabras propias a cada lengua filial. Son “auto fabricados” por los
procedimientos clásicos: metonimia, palabras compuestas, deformación fonética… Cada pueblo
desarrolla su propio genio, y crea poco a poco un vocabulario particular.

El grupo 5 comprende las palabras comunes a las dos lenguas que no vienen de la lengua madre:
son los préstamos. Estas distinciones complejas son necesarias para una buena comprensión de
lo que sigue. Detengámonos en el grupo 3. Cuando encontramos palabras semejantes en italiano
y en latin, ello puede provenir de su origen común. Ello no prueba en nada que las lenguas
romances vengan del latín. Los vocabularios de base inglés y alemán son próximos, y sin
embargo el inglés no proviene del latín, ni viceversa, y, sin embargo, los vocabularios de base
inglés y alemán son mucho más próximos que los vocabularios latino y romance. ¿Cómo es que
eso no ha llamado la atención de los lingüistas? ¿Cómo, las lenguas alemana e inglesa, que son
“lenguas hermanas”, podrían ser más próximas que lo que lo son el latín y el italiano, que tienen
una filiación directa? No hay que extasiarse demasiado, entonces, con las semejanzas
observadas entre los vocabularios latino y romance. Ellas pueden deberse a su origen común
indoeuropeo. : Latín Itálico Italiano antiguo

Germánico

Italiano Francés Español Rumano

Anglo-sajón

Inglés Frisón

Proto-alemán

Alemán Alemánico Neerlandés

Escandinavo

Sueco Noruego Danés

Indo-europeo

Proto-eslavo

Ruso Polaco Checo Búlgaro

Proto-indio

Indio
Proto-persa

Persa

Griego antiguo Proto-celta

Griego moderno Bretón Gaélico

Otras lenguas indoeuropeas distintas: albanés, armenio, lituano, letón

Los dos primeros estratos del vocabulario de las lenguas romances La filiación que acabo de
presentar, que va del indoeuropeo hasta las lenguas romances, pasando por el italiano antiguo,
ha dejado en el vocabulario trazas de cada una de las etapas de la historia de la lengua. 1.

EL ESTRATO INDOEUROPEO.

Ejemplo : la palabra NARIZ

Tomemos la palabra NARIZ. Se dice más o menos de la misma manera en las lenguas romances,
germánicas y eslavas (italiano

NASO, francés NEZ, alemán NASE, ruso NOS). Formulo la hipótesis de que la palabra
indoeuropea era NAS, la cual dio de un lado el latín NASUS, y del otro, el italiano antiguo NASO,
que dio el italiano moderno NASO y el francés NEZ, según el esquema siguiente. Indo-europeo
(—20 000)

NAS

NASO (italiano antiguo)

Lenguas romances

NASUS (latín)

NEZ (français) NASO (italien)

Los etimologistas oficiales en Francia insisten absolutamente en que la palabra francesa NEZ
proviene del latín NASUS; de hecho, la palabra NEZ guarda la traza de su origen indoeuropeo y
nos ha sido transmitida por el italiano antiguo. 2.

El ESTRATO “ITALIANO ANTIGUO”.


Ejemplo, la palabra

francesa JAMBE (pierna). En las diferentes lenguas indoeuropeas, la palabra PIERNA se dice de
distintas maneras. La palabra no es, por tanto, indoeuropea, o más precisamente, esta palabra
no existía aun en la época indoeuropea. Por tanto, no fue transmitida a las diferentes familias
lingüísticas. Se dice de manera diferente en latín (CRUS). En cambio, se dice GAMBA en italiano y
en rumano. Formulo, entonces, la hipótesis de que la palabra francesa JAMBE viene de la
palabra “italiana antigua” GAMBA que en francés sufrió una ligera alteración. Indo-europeo ?

Italiano antiguo GAMBA

Lenguas romances

GAMBA (it)

JAMBE (fr)

Ejemplo de clasificación de las palabras: aplicación a las palabras relativas al cuerpo humano
Apliqué el método de clasificación que acabo de presentarles a las palabras más corrientes que
designan partes del cuerpo humano, y las clasifiqué en tres grupos de acuerdo a su origen. 1.
LAS PALABRAS INDOEUROPEAS

Las palabras NARIZ, OREJA, OJO, DIENTE… son prácticamente idénticas en todas las lenguas
indoeuropeas.

NARIZ OREJA OJO DIENTE CABEZA CORAZON LABIO PELO

Fr Fr Fr Fr Fr Fr Fr Fr

NEZ OREILLE ŒIL DENT CABOCHE COEUR LEVRE POIL

It It It It It It It It

NASO ORECCHIO OCCHIO DENTE CAPO CUORE LABBRO PELO

Lat Lat Lat Lat Lat Lat Lat Lat

NASUS AURIS OCULUS DENS CAPUT CORDIS1 LABRUM PILUS

Ale Ale Ale Ale Ale Ale Ale Ale


NASE OHR AUGE ZAHN KOPF HERZ LIPPE PELZ

Ruso Ruso Ruso Hindi Ruso Griego

NOS OUKHO OTCHI DANT GOLOVA KARDIA

Ruso

VOLOSY

Por tanto, éstas son palabras indoeuropeas; dicho de otra manera, existían en una época muy
antigua antes del estallido del indoeuropeo en diferentes familias lingüísticas. 2. LAS PALABRAS
PRESTADAS DEL LATIN

Las palabras PIE, MANO, CABELLO, LENGUA, BRAZO, DEDO son idénticas en todas las lenguas
romances y en latín, pero diferentes de las palabras de las lenguas de las otras familias
indoeuropeas. PIE MANO CABELLO LENGUA BRAZO DEDO

Fr Fr Fr Fr Fr Fr

PIED MAIN CHEVEU LANGUE BRAS DOIGT

It It It It It It

PIEDE MANO CAPELLO LINGUA BRACCIO DITO

Lat Lat Lat Lat Lat Lat

PEDIS MANUS CAPILLUS LINGUA BRACHIUM DIGITUS

Las palabras PIE, MANO, CABELLO, palabras prestadas del latín.

Ing Ing Ing Ing Ing Ing

FOOT HAND HAIR TONGUE ARM FINGER

LENGUA, BRAZO

Ruso Ruso Ruso Ruso Ruso Ruso


DEDO

NOGA ROUKA VOLOSA IAZIK ROUKA PALETS

son

3. LAS PALABRAS DEL “ITALIANO ANTIGUO” Francés COUDE FOIE JAMBE

Italiano GOMITO1 FEGATO GAMBA

Español CODO FIGADO PIERNA2

Rumano COT FICAT GAMBA

Latin CUBITUS IECUR CRUS

En esta categoría descubrimos palabras que no provienen del latín, y que son casi idénticas en
todas las lenguas romances, con unas cuantas raras excepciones. Lo más sorprendente es que las
palabras rumanas son eminentemente “romances”. Ahora bien, Rumania se desprendió del
Imperio romano en el año 270 de nuestra era, lo que nos lleva a pensar que la lengua que fue
llevada a Rumania era ya el italiano antiguo, y no el latín. Cuando una palabra es de origen
indoeuropeo o itálico, los etimologistas decretan sin ambages que la palabra viene del latín. De
esta manera, para ellos, la palabra NEZ proviene del latín NASUS. Cometen un grave error de
razonamiento, pero no están ni siquiera conscientes de ello. Ni siquiera se plantean la pregunta.
Para ellos, el origen latino del vocabulario de las lenguas romances es un axioma. Se equivocan,
y le engañan a usted. Véase —dicen ellos— el parecido entre las palabras latinas y las palabras
francesas. ¡No hay ninguna duda! Desgraciadamente para ellos, existen palabras del “italiano
antiguo” que no se parecen en nada al latín y que los desconciertan. 1

Les señalo a los puristas que he preferido optar por la forma del genitivo cuando ésta es
diferente del nominativo. Nada permite afirmar que el genitivo se desprende del nominativo, y
no al revés. 2 Palabras que difieren en relación a las otras lenguas romances. Nótese, de paso,
que no son muy numerosas.

El vocabulario del italiano antiguo El vocabulario de las lenguas romances posee características
muy diferentes del vocabulario latino si dejamos de lado las palabras cultas que son,
esencialmente, préstamos de la lengua latina. Les propongo un análisis detallado del vocabulario
de base de las lenguas romances, del vocabulario de la vida de todos los días de los romanos,
agrupando las palabras por temas: la guerra, el medio ambiente, la vida doméstica, la familia, la
vestimenta, los animales, la medida del tiempo, la organización social, los números, y,
finalmente, los adjetivos, los verbos y las palabras más corrientes. Uno podría esperar que, en el
dominio de la guerra, el latín, supuesta lengua de los conquistadores romanos, haya transmitido
a las lenguas romances su vocabulario. Eh, pues bien, nada de eso. Juzgue por usted mismo.
Francés TRAITE OTAGE GUERRE DESASTRE LUTTE FLOTTE BRONZE ESCLAVE GÉNÉRAL BRAVE
CASQUE ORPHELIN COUP GALOP MASSACRE MASSUE

Italiano TRATTATO OSTAGGIO GUERRA DISASTRO LOTTA FLOTTA BRONZO SCHIAVO GENERALE
BRAVO CASCO ORFANO COLPO GALOPPO MASSACRO MAZZA

Español TRATADO REHEN1 GUERRA DESASTRE LUCHA FLOTA BRONZE ESCLAVO GENERAL BRAVO
CASCO HUERFANO GOLPE GALOPE MATANZA MAZA

Rumano TRATAT OSTATIC RAZBOI1 DEZASTRU LUPTA FLOTA BRONZ SCLAV GENERAL BRAVA
CASCA ORFAN LOVITURA1 GALOPA MASSACRU MACIUCA

Latin FOEDUS OBSES BELLUM CLADES PUGNA CLASSIS AES SERVUS IMPERATOR PROBUS GALEA
ORBUS ICTUS CURSUS CAEDES CLAVA

Curioso, ¿no es cierto? Habríamos podido agregar a esta lista las palabras SOLDADO, BATALLA,
MARISCAL… y sacar las mismas conclusiones: constatamos siempre la extraordinaria proximidad
de los vocabularios de las lenguas romances, del rumano al español. Notamos que ya no quedan
trazas en las lenguas romances de palabras como PROELIUM, ORBUS, ICTUS… Las palabras
PUGNACIDAD, HOSTILIDAD, BELICOSO son palabras literarias, evidentemente prestadas del latín.
¿Y qué fue de las palabras latinas AGMEN, ACIES, ARX, CERTANEM, DIMICATIO, ENSIS, INSIDIAE,
MUNIO, SAGITTA, TELUM? ¿Desaparecieron acaso de todas las lenguas romances? Me cuesta
creer que los romanos dijeran GUERRA y escribiesen BELLUM, que dijeran COMBATE y
escribieran PROELIUM, que dijeran MASACRE y que escribieran CAEDES… Me cuesta creer
igualmente que el vocabulario que nos llegó sea latín deformado. No existe la menor traza de las
palabras GUERRA, COMBATE, LUCHA, ENEMIGO, ESCLAVO, BRAVO, CASCO, HUERFANO, GOLPE,
GALOPE, MASACRE, MAZA.

Entonces, ¿de dónde vienen estas palabras? ¡Paciencia! A partir del cuadro siguiente voy a
introducir una columna titulada “italiano antiguo” en el que figuran las palabras 1

Palabras que difieren en relación a las otras lenguas romances. Nótese, de paso, que no son muy
numerosas.

originales que pienso yo han dado origen a las palabras de las lenguas romances. Aplico así un
procedimiento llamado “reconstrucción de la lengua original” considerando que cuando una
palabra es casi idéntica en tres lenguas diferentes de una misma familia tiene entonces su origen
en la lengua madre. Así, la palabra francesa ROCHER, por ejemplo, se dice ROCCIA en italiano,
ROCA en español y en rumano. Considero que hubo, al inicio, una palabra italiano antigua que
dio nacimiento a las palabras de las diferentes lenguas romances y que esta palabra es, muy
probablemente, ROCA. La palabra francesa PLAGE, que se dice SPIAGGIA en italiano, PLAYA en
español y PLAJA en rumano, viene evidentemente de la palabra “italiana antigua” PLAJA. Mi
proceso tiene como objetivo encontrar la palabra que se aproxima lo más posible a sus
descendientes. Los errores serán menores porque las palabras de las lenguas romances son muy
cercanas entre sí. Indicaré las palabras del “italiano antiguo” precediéndolas de un circulo
pequeño para recordar al lector que son palabras reconstruidas. Veamos ahora las palabras
relativas al medio ambiente y a la vida doméstica. Francés

Italiano

Español

Rumano

Italiano antiguo reconstruido

BAIE BOIS

BAIA BOSCO

BAHIA BOSQUE

BAIE LEMN

°BAIA °BOSCO

CAMPAGNE CHAMBRE CHEMIN

CAMPAGNA CAMERA CAMMINO

CAMPANA CAMARA CAMINO

CAMPANIE CAMARA CALE

°CAMPANIA °CAMARA °CAMINO

EST FÛT GRANGE JARDIN NORD

EST FUSTO GRANAIO GIARDINO NORD

ESTE TONEL GRANERO JARDIN NORTE

EST BUTOI HAMBAR GRADINA NORD


°EST °FUSTO °GRANARO °JARDINO °NORD

OUEST PLAGE ROCHER SUD

OVESTE SPIAGGIA ROCCIA SUD

OESTE PLAYA ROCA SUR

VEST PLAJA ROCA SUD

°OVESTE °PLAJA °ROCA °SUD

Latín SINUS NEMUS/ SILVA RUS CUBICULUM ITER/ SEMITA ORIENS CADUS HORREUM HORTUS
SEPTEMTRIONES OCCIDENS LITUS SAXUM MERIDIES

¿No es sorprendente que las lenguas romances no hayan heredado nada de la lengua latina para
describir el medio ambiente cercano y la vida doméstica? ¿Cómo creer que se decía NORTE, SUR,
ESTE, OESTE y que se escribía SEPTEMTRIONES, MERIDIONES, ORIENS, OCCIDENS, o que se decía
°BAHIA, °PLAJA, °ROCA y que se escribía SINUS, LITUS y SAXUM? A primera vista, las palabras
relativas a la familia parecen provenir directamente del latín. Voy a tratar de desengañarle.
Francés

Italiano

BÉBÉ / BAMBIN EPOUSE MERE ONCLE / TONTON PERE TANTE / TATA

BAMBINO SPOSA MADRE ZIO PADRE ZIA

Español BEBE ESPOSA MADRE TIO PADRE TIA

Rumano PRUNC SOTSIE MAMA OUNKI TATA MATOUCHA

Italiano antiguo reconstruido BANBIN / BÉBÉ SPOSA MADRE TIO PADRE TIA

Latin INFANS UXOR MATER PATRUUS / AVUNCULUS PATER AMITA / MATERTERA

Constatamos la existencia de palabras del “italiano antiguo” que no tienen ninguna relación con
el latín: °TIO, °TIA, °SPOSA , °BANBIN

mientras que las palabras PATRUUS, AMITA, MATERTERA y UXOR no dejaron traza en ninguna
lengua romance. La palabra francesa PÈRE, y la palabra italiana y española PADRE se presentan
generalmente como derivadas del latín PATER. Ahora bien, las palabras de las lenguas romances
son las únicas que tienen una segunda silaba que comienza por la letra D, cuando en las otras
lenguas indoeuropeas encontramos T: alemán, VATER; griego PATIR. La letra D proviene
realmente del “italiano antiguo”. En el juramento de Estrasburgo, escrito en 842, la palabra
francesa FRERE se dice FRADRE y no FRATRE. Usted me dirá que bajamos demasiado al detalle.
Es necesario hacerlo para llegar a realizar un análisis objetivo. Comparemos las palabras relativas
a la vestimenta. Francés

Italiano

CALEÇON CHAPEAU CHEMISE MANTEAU PANTALON TAILLEUR

CALZONI CAPPELLO CAMICIA MANTELLO PANTALONI SARTO

Español

Rumano

CALZONCILLOS SOMBRERO CAMISA ABRIGO / MANTO PANTALON SASTRE

IZMENE PALARIE CAMASA MANTOU KILOTI TAIETOR

Italiano antiguo reconstruido CALZON CAPELO CAMISA MANTO PANTALON SARTO/ TAIETOR

Latín ? PETASUS SUBUCULA PALLIUM BRACAE ?

¿La moda habrá evolucionado hasta ese punto, o bien hay que admitir que los romanos
hablaban de PANTALON, de CAMISA, y de CAPELO, y escribían BRACAE, SUBUCULA y PETASUS?
Para mí, no es ni lo uno ni lo otro. La única explicación posible es admitir que estamos en
presencia de dos lenguas diferentes. ¿Los latinos tenían las mismas palabras que los italianos
para designar los animales o tenían animales diferentes? Francés

Italiano

Español

Rumano

CHASSER CHAT CHEVAL JUMENT RAT SANGLIER

CACCIARE GATTO CAVALLO GIUMENTA RATTO CINGHIALE


CAZAR GATO CABALLO JINETE RATA JABALI

GONI PISICA CAL IAPA SOROLAN MISTRET

Italiano antiguo reconstruido °CASSAR °GATO °CAVALLO °JUMENTA °RATO °SINGIALE

Latín VENARI FELES EQUUS EQUA MUS APER

Se podría objetar que al lado de la palabra latina EQUUS encontramos la palabra CABALLUS que
sería el origen de las palabras de las lenguas romances con el significado de CABALLO.
Admitamos que sea ése el caso. Reconozca que es una cosecha muy magra. Pero ocurre que la
palabra CABALLUS aparece tardíamente en la literatura. Formulo, entonces, la hipótesis de que
esta palabra es la prueba de un préstamo al revés. El latín tomó en préstamo esta palabra del
“italiano antiguo”, la cual no era parte de su vocabulario. Se objeta también que la palabra latina
EQUUS ha dado las palabras ECUESTRE y EQUITATION. Estas palabras tienen una connotación
ligeramente culta, y me parecen que son palabras de préstamo reciente de los que no
encontramos trazas, al menos en el francés antiguo. La medida del tiempo es una vieja
institución dictada al hombre por el sol y la luna. Sería lógico que los latinos hubiesen
transmitido su vocabulario y su saber a los pueblos sumisos. ¡Nada de eso! Francés DEMAIN
HIVER

Italiano DOMANI INVERNO

Español MAÑANA INVIERNO

Rumano MAINE IARNA

Italiano antiguo reconstruido DOMANI INVERNO

Latin CRAS HIEMS

JAMAIS JOURNÉE MAINTENANT SEMAINE SIESTE SOIR

GIAMMAI GIORNO ORA SETTIMANA SIESTA SERA

JAMAS JORDANA AHORA SEMANA SIESTA TARDE

NICIODATA ZI ACUM SAPTAMANA ODIHNA SEARA

JAMAI JORNO ¿ORA? SETTIMANA SIESTA SERA

NUMQUAM DIES NUNC HEBDOMADA MERIDIATIO VESPER


¿Les parece explicable este desfase entre las lenguas romances y el latín? ¿Les parece normal
esta desaparición, total, radical, sin ninguna traza, en ninguna de las lenguas romances, de las
palabras latinas CRAS, VESPER, HIEMS, NUNC? ¿Y no les sorprende esta aparición de palabras
comunes a todas las lenguas romances, incluida en la lejana Rumania, aislada de Roma y bajo
influencia eslava después de tantos siglos? Las palabras NOCHE y MES parecen al menos
cercanas al latín. Sí, pero comparémoslas a las otras lenguas europeas, y veremos que estas
palabras no son latinas sino indoeuropeas. Francés

Alemán NACHT MONAT

NUIT MOIS

Griego NIKHTA MIN

Ruso NOTCH MESSIAT’

Los latinos no conocían la semana. Sus meses estaban divididos en calendas, nonas e idus. Y para
designar esta curiosidad italiana que les parecía completamente extraña (la división de los meses
en fracciones de 7 días es una vieja institución) tomaron prestada la palabra griega HEBDOMAS,
frente a la palabra italiana SETTIMANA, que significa simplemente SIETE LUNES (es decir, siete
días). Los romanos era un pueblo muy organizado. Los galos y otros pueblos dominados vivían,
en su opinión, en la anarquía, y la “pax romana” les aportó una organización social que ellos no
conocían. ¡Pero el vocabulario no guarda ninguna huella de ello! Francés

Italiano

Español

ASSEMBLÉE COMTE COUR MAITRE PRETRE RACE TOMBEAU VASSAL

ASSEMBLEA CONTE CORTE MAESTRO PRETE RAZZA TOMBA VASSALLO

ASAMBLEA CONDE CORTES MAESTRO PASTOR RAZA TUMBA VASALLO

Italiano antiguo reconstruido °ASSEMBLEA °CONTE °CORTE °MAESTRO °PRETE °RASA °TOMBA
°VASALO

Latín CONTIO CONSUL AULA DOMINUS SACERDOS GENS SEPULCRUM CLIENS

De la misma manera que los latinos no influenciaron a los italianos en lo relativo al vocabulario
de guerra, no influenciaron tampoco el vocabulario italiano relativo a la organización social. Los
italianos tenían, desde hacía tiempo, una estructura social cuyas trazas nos fueron transmitidas
por el vocabulario, a pesar de los 7 siglos de dominación latina. En cuanto a las palabras
francesas: ROI, SIRE, SIEUR… son palabras indoeuropeas. Para la palabra “ROI” compárela con la
palabra alemana “REICH” (imperio), con la palabra hindi “RAJA” (rey), con el galo “RIX” (rey). Ser
RICO en los tiempos antiguos quería decir, simplemente, ser de categoría REAL, mientras que
para los latinos ser rico (DIVES) era ser como un “dios”. He dado como traducción de la palabra
SEPULCRUM la palabra “TUMBA” y no “SEPULTURA”. No quiero ignorar esta palabra, pero mi
objetivo es de poner en evidencia que existe una palabra común a todas las lenguas romances
que no existe en latín. La palabra SEPULTURA, que encontramos en ciertas lenguas romances,
parece ser

un préstamo al latín aunque un poco deformada. Los italianos colocaban a sus muertos en
“tumbas” y los latinos en “sepulturas”. Cuando hurgamos al azar en el vocabulario de la vida
diaria, constatamos una vez más el mismo desfase entre las lenguas romances y el latín. Francés
CHOSE CITÉ ÉTRANGER FOLIE FORCE FOURRAGE MARIN MARQUE MARTEAU MASQUE ORGUEIL
PAROLE PLACE RETARD

Italiano

Español

COSA CITA STRANIERO FOLLIA FORZA FORRAGIO MARINAIO MARCA MARTELLO MASCHERA
ORGOGLIO PAROLA PIAZZA RITARDO

COSA CUIDAD ESTRANJERO LOCURA FUERZA FORRAJE MARINERO MARCA MARTILLO MASCARA
ORGULLO PALABRA PLAZZA RETRASO

Italiano antiguo reconstruido °COSA °SITA °STRANIERO °FOLIA °FORZA °FORRAGIO °MARINARO
°MARCA °MARTELLO °MASCARA °ORGOLIO °PAROLA °PLAZA °RITARDO

Latín RES URBS EXTRANEUS INSANIA VIS PABULUM NAUTA NOTA MALLEUS PERSONA SUPERBIA
VERBUM PLATEA MORA

Usted habrá notado, estimado lector, que en esta lista se encuentran palabras de uso corriente:
COSA, FUERZA, PALABRA… que no vienen, con toda evidencia, del latín. Hago notar, de paso, que
la etimología oficial francesa hace surgir la palabra ORGULLO del franco. Qué útil es el franco.
Cuando no encuentran un origen latino, los etimologistas se inventan una de fantasía. Si tuvieran
un mínimo de conocimiento de las lenguas romances, sabrían que la palabra ORGULLO es común
a todas las lenguas romances y que es poco probable que una palabra aportada por los francos
se haya difundido uniformemente en todas las lenguas romances. Si usted continúa siendo
escéptico, ¡continuemos! Las cifras y los números son igualmente la prueba de un parentesco
indoeuropeo y no de un origen latino. Francés
Italiano

UN DEUX TROIS QUATRE CINQ SIX SEPT HUIT NEUF DIX ONZE DOUZE TREIZE VINGT TRENTE
OCTANTE NONANTE CENT MILLE

UNO DUE TRE QUATTRO CINQUE SEI SETTE OTTO NOVE DIECE UNDICI DODICI TREDICI VENTI
TRENTA OTTANTA NOVANTA CENTO MILLE

Español UNO DOS TRES CUATRO CINCO SEIS SIETE OCHO NUEVE DIEZ ONCE DOCE TRECE VEINTE
TREINTA OCHENTA NOVENTA CIENTO MIL

Italiano antiguo reconstruido °UNO °DU °TRE °CUATRO °CINCO °SEIS °SETE °OTO °NOVE °DIS
°ONZE °DOZE °TREZE °VENTI °TRENTA °OTTANTA °NOVANTA °CENTO °MILLE

Latín UNUS DUO TRES QUATTUOR QUINQUE SEX SEPTEM OCTO NOVEM DECEM UNDECIM
DUODECIM TREDECIM VIGINTI TRIGINTA OCTOGINTA NONAGINTA CENTUM MILLE

Si las cifras de 1 a 10 se parecen bastante, no ocurre lo mismo a partir del 11, y encontramos del
11 al 16 una terminación en –ZE en italiano antiguo en lugar de la terminación latina –DECIM, y
para las

decenas de 20 a 90 una terminación en –ANTA en lugar de la terminación latina –GINTA.


Constatamos igualmente que 18 y 19 no se construyen como en latín, que se dicen
respectivamente “dos menos veinte” y “un menos veinte”. La numeración griega no ha cambiado
en veinticinco siglos, a pesar de una larga dominación extranjera, romana primero, turca
después. La numeración árabe no se ha movido tampoco una iota en 14 siglos. La comparación
de los adjetivos en la tabla que se muestra a continuación es igualmente ilustrativa. Francés
AGRÉABLE BAS BLANC BLEU FIER FIN FRAIS FRANC FROID GALANT GENTIL GRIS GROS
IMPORTANT JAUNE LARGE LÉGER MÊME MESQUIN MODERNE MOUILLÉ PETIT RICHE ROUGE
SAUVAGE VIEIL

Italiano GRADEVOLE BASSO BIANCHO BLU FIERO FINO FRESCO FRANCO FREDDO GALANTE
GENTILE GRIGIO GROSSO IMPORTANTE GIALLO LARGO LEGGERO MEDISIMO MESCHINO
MODERNO BAGNADO PICCOLO RICCO ROSSO SELVAGGIO VECCHIO

Español AGRADABIL SCUND ALB ALBASTRU MANDRU FIN RACOROS LIBER RECE CURTENIOR
AMABIL GRI GROS IMPORTANT GALBEN LARG UCHOR ACELASI MESCHIN MODERN MUIA MIC
BOGAT ROSU SALBATIC VECHI

Italiano antiguo reconstruido °AGRADABLE °BASSO °BLANCO °BLU °FIERO °FINO °FRESCO
°FRANCO °FREDO °GALANTE °GENTILE °GRI °GROSSO °IMPORTANTE °GIALLO °LARGO °LEGERO
°MESMO °MESQUINO °MODERNO °MOUJA °PICOLO °RICO °ROSSO °SALVAGIO °VECCIO

Latín JUCUNDUS INFRA ALBUS CAERULEUS ELATUS EXILIS FRIGIDUS SINCERUS FRIGIDUS PROBUS
VENUSTUS PULLUS CRASSUS MAGNUS FLAVUS LATUS LEVIS SIMILIS EXIGUUS RECENS MADIDUS
PARVUS DIVES RUBER FERUS VETUS

La similitud entre los adjetivos más corrientes de los vocabularios de las lenguas romances es
impactante. Ninguna de estas palabras parece desprenderse del latín. Ciertamente, UTILIS quiere
decir también UTIL pero quise mostrar que en todas las lenguas romances existe la palabra
“interesante” que no tiene equivalente en latín. Los adjetivos latinos ATER (negro), ACER (vivo),
INGENS (inmenso)… y decenas de otros no tienen equivalente en las lenguas romances, prueba
de que nos encontramos frente a dos vocabularios extraños entre sí. Llegados a este punto, no
les sorprenderá que los verbos latinos y los verbos de las lenguas romances presentan las
mismas divergencias. Francés (S’) APPELER AIDER APPRENDRE AVERTIR CALMER CHANGER
COMPTER FORCER GAGNER GARDER MANGER MANQUER MARCHER PARLER

Italiano CHIAMARE AIUTARE APPRENDERE AVVERTIRE CALMARE CAMBIARE CONTARE FORZARE


GUADAGNARE GUARDARE MANGIARE MANCARE MARCIARE PARLARE

Español LLAMAR AYUDAR APRENDER ADVERTIR CALMAR CAMBIAR CONTAR FORZAR GANAR
GUARDAR COMER FALTAR MARCHAR HABLAR

Italiano antiguo reconstruido °CHIAMARE °AIUTARE °APPRENDERE °AVERTIRE °CALMARE


°CAMBIARE °CONTARE °FORZARE °GANARE? °GUARDA °MANGIARE °MANCARE °MARCIARE
°PARLARE

Latín VOCARI ADJUVARE DISCERE MONERE SEDARE MUTARE COMPUTARE COGERE LUCRARI
CUSTODIRE EDERE EGERE INGREDIOR LOQUI

PAYER PENSER PRÉFÉRER PRÊTER RACLER RÉUSSIR RISQUER SE MARIER/ SE CASER SOUFFRIR

PAGARE PENSARE PREFERIRE PRESTARE RASCHIARE RIUSCIRE RISCHIARE ESPOSARE

PAGAR PENSAR PREFERIR PRESTAR RASCAR LOGRAR ARRIESGAR CASARSE

°PAGARE °PENSARE °PREFERIRE °PRESTAR °RASCA °RUICHIRE °RISCARE °CASARE

PENDERE COGITARE MALLE COMMODARE RADERE PROCEDERE

SOFFRIRE

SUFRIR
°SOUFFRIRE

DOLERE

TROUVER

TROVARE

ENCONTRAR

°TROVARE

INVENIRE

COLLOCARE

Y los verbos AUDERE (osar), COEPISSE (comenzar), NOLLE (no querer), NEQUIRE (no poder),
QUIRE (poder), DELERE (destruir), SCIRE (saber), DEFODIO (enterrar), DEPELLO (cazar)… y más de
una centena de otros verbos, ¿se evaporaron acaso por efecto de una ley de la lingüística que no
sería aplicable que al latín? Realmente no es así. Hay que ser poco riguroso para ver un origen
latin6 en el vocabulario de las lenguas romances. Termino esta revisión de la situación de las
palabras de uso corriente con las palabras más usadas: Francés ADIEU ATTENTION AU REVOIR
AU SECOURS / A L’AIDE BONJOUR CHACUN COMMENT ÇA VA DE DONC ENCORE ET EXCUSEZ-
MOI JE JE VOUS EN PRIE MAIS NON OU OUI / SI PARCE QUE PARDON POURQUOI PUIS SALUT
TOUT TROP

Italiano

Español

Italiano antiguo reconstruido

Latín

ADDIO ATTENZIONE ARRIVERDERC I AIUTO

ADIO ATENTSIE LA REVEDERE

°ADIO °ATENSIONE °A RIVEDER

VALE CAVE VALE


AJUTOR

°AIUTO / °SECORO

BUONGIORNO CIASCUNO COME STA

BUNA ZIUA FIECARE CE MAI FACI

°BONJORNO °CASCUNO °COME VA ?

SALVE UNUS QUIS QUE UT VALES

DE DUNQUE ANCORA E SCUSI IO PER FAVORE

DE DECI INCA SI SCUZA EU VA ROG

°DE °DUNC °ANCORA °E / °Y °SCUZI °IO °PER FAVOR

A / AB ERGO IN SUPER ET /QUE/AC MIHI IGNOSCE EGO AMABO

PERO / MA NO O SI PERCHE PERDONO PERCHE POI SALUTE TUTTO TROPPO

DAR / CI NU SAU DA PENTRU CA SCUZA DE CE APOI SALUT TOT PREA

°PERO / °MA °NO °O °SI °PERQUE °PERDON °PER QUE °POI °SALUTE °TUT °TROPPO

AT NON /IMMO AUT /VEL ITA /VERO QUIA PARCITE CUR DEINDE SALVE OMNIS NIMIS

Para terminar, ¿dónde fueron a parar las palabras latinas APUD (junto a, en casa de), CLAM (a
escondidas), CORAM (en presencia de), DECET (conviene que), DENIQUE (finalmente, por fin),
ENIM (en efecto, en verdad), ETIAM (aún, todavía), ERGO (entonces), IDEO (por esta razón),
IGITUR (por consiguiente), INQUIT (dice), MODO (solamente, por lo menos), MOX (en seguida),
NAM (pues, porque), NUM (¿acaso..?), NUPER (recientemente), SATIS (bastante), SED (pero),
SEMEL (una vez), STATIM (tan pronto como), TAMEN (sin embargo), UTINAM (ojalá, Dios quiera),
VIX (apenas)? ¡Desvanecidas! ¡Desaparecidas! Busque con lupa en las lenguas francesa, italiana,
española y rumana. Nada. ¡No hay la menor traza! Lengua madre extraña que no nos habría
transmitido ninguna de nuestras expresiones y casi ningún adverbio.

La comparación de los vocabularios, centrada sobre las palabras de uso corriente, muestra la
improbabilidad de una filiación entre el latín y las lenguas romances. ¿Y las otras lenguas
madres? ¿Observamos acaso el mismo fenómeno en las otras lenguas? ¿Hay siempre el mismo
desfase entre una lengua madre y las lenguas que provienen de ella? No, claro que no. Es
exactamente lo contrario lo que se constata cada vez, siempre que no nos equivoquemos de
lengua madre, y vemos que eso no es tan simple. Entonces, cuidado con confundir parentesco y
filiación directa. Para destacar más aún el desfase entre el latín y las lenguas romances que, lo
reitero, supuestamente se estableció solamente en cuatro siglos luego de la caída del Imperio
romano, voy, en primer lugar, a comparar el vocabulario del griego moderno con el del griego
antiguo, distantes el uno del otro en 25 siglos. PALABRAS CORRIENTES Español

Griego antiguo *

SI Y O PERO POR QUÈ ARTICULOS DEFINIDOS Y CIFRAS

NÉ KÉ I ALLA ĎIOTI Idénticos en griego antiguo y en griego moderno.

Griego moderno NÉ KÉ I ALLA IATI

EL TIEMPO Griego antiguo *

Español MAÑANA INVIERNO JAMAS DIA NOCHE

AVRION O XIMON OU POTÉ I IMERA I ESPERA

Griego moderno AVRIO O XIMONAS POTÉ I MERA TO VRADI

LA FAMILIA Español PADRE MADRE HIJA HIJO HERMANO HERMANA

Griego antiguo * O PATER I MATER I FIGATER O YIOS O ADELFOS I ADELFI

Griego moderno O PATERAS I MITERA I FIGATERA, I KORI O YIOS O ADELFOS I ADELFI

VERBOS Español AYUDAR AMAR GOLPEAR BEBER MOVER COMENZAR CORRER CUBRIR CREER
DESCENDER DECIR DAR OIR CERRAR

Griego antiguo * VOITHEO AGAPAO TIPTO PINO KINEO ARKHOME TREKHO SKEPAZO PISTEVO
CATAVENO LEGO DIDOMI AKOUO CLIO

He optado por la transcripción fonética He optado por la transcripción fonética. * He optado por
la transcripción fonética. * He optado por la transcripción fonética. *
Griego moderno VOITHO AGAPO KHTIPO PINO KOUNIEME ARCHIZO TREKHO SKEPAZO PISTEVO
CATAVENO LEO DINO AKOUO CLINO

LAVAR LUCHAR ABRIR LLEVAR REIR SALTAR CAER VENDER VENIR VIVIR VER

PLINO PALEO ANIGNIMI FERO GELAO PIDAO TIPTO POLEO ERKHOMÉ ZAO VLEPO

PLENO PALEVO ANIGO FERO GELO PIDO PEFTO POULO ERKHOMÉ ZO VLEPO

No, no he hecho una selección particular. Ustedes lo han leído bien. Encontramos en abundancia
palabras casi idénticas con 25 siglos de distancia. Me sorprende que los latinistas, que por lo
general tienen buen conocimiento del griego, no se hayan alarmado de la estabilidad del griego
y que no hayan intentado profundizar el análisis. Al contrario, concluyen que el griego es una
excepción, que solamente él es ejemplo de una gran continuidad. Razonan, pues, al revés,
persuadidos de que las lenguas romances provienen del latín, y que, por lo tanto, un
transformación radical es posible, tanto en lo que respecta al vocabulario como a la gramática.
Para subrayar la estabilidad del vocabulario en el tiempo, comparo a continuación los verbos
ingleses y alemanes más corrientes. Español

Inglés

Alemán

AYUDAR AMAR IR APRENDER ESPERAR POR TENER, HABER BAÑAR BEBER COMENZAR DECIR DAR
DORMIR ENVIAR HACER COMER ABRIR PESCAR PENSAR PODER AGRADECER RÉSPONDER
DESPERTAR (SE) SALUDAR SABER, CONOCER SEGUIR TRABAJAR ENCONTRAR VENIR VIVIR VER

HELP LOVE GO LEARN WAIT HAVE BATHE DRINK BEGIN SAY GIVE SLEEP SEND MAKE EAT OPEN
FISH THINK CAN THANK ANSWER WAKE GREET KNOW FOLLOW WORK FIND COME LIVE SEE

HELFEN LIEBEN GEHEN LERNEN WARTEN HABEN BADEN TRINKEN BEGINNEN SAGEN GEBEN
SCHLAFEN SENDEN MACHEN ESSEN ÖFFNEN FISCHEN DENKEN KÖNNEN DANKEN ANTWORTEN
WECKEN GRÜSSEN KENNEN FOLGEN WERKEN FINDEN KOMMEN LEBEN SEHEN

¿Qué descubrimos? Que estos verbos son casi idénticos. Ahora bien, el inglés no proviene del
alemán. El inglés y el alemán no son sino parientes cercanos y, sin embargo, la similitud de los
verbos alemanes e ingleses es sorprendente. Podríamos repetir el ejercicio comparando el ruso y
el polaco, o el hindi y el punyabi. En todos los casos, los vocabularios de las lenguas “hermanas”
son muy próximos. Aparecería con claridad que la conservación de las palabras a través de los
siglos es una constante en todas las familias lingüísticas. ¿Cómo es posible que los lingüistas
imaginen que dos vocabularios (uno para la lengua escrita, otro para la lengua hablada)
podrían coexistir en compartimientos tan estancos? ¿En qué otra lengua existe una cosa tan
extraña? Los vocabularios latinos y romances son más divergentes en lo que concierne a las
palabras de base que los vocabularios del alemán y del inglés, o que los vocabularios del griego
antiguo y del griego moderno. Los lingüistas harían bien, para comparar dos lenguas, en
confrontar sus vocabularios de base para evitar cualquier amalgama con las palabras prestadas.
Al final de esta investigación preliminar sobre el vocabulario, constatamos de manera innegable
que el vocabulario latino y los vocabularios de las lenguas romances no se corresponden. Este es
el fundamento de mi segunda duda sobre una eventual filiación entre el latín y las lenguas
romances.

Tercera prueba

La gramática de las lenguas romances no heredó nada del latín Las coincidencias en formas
gramaticales particulares son concluyentes. Las coincidencias en vocabulario no lo son, o casi
nunca.

A. Meillet, Introduction à l’étude des langues indoeuropéennes (1937)

En buena lógica académica yo debería haber comenzado mi investigación por el estudio


comparado de las gramáticas, ya que para la Escuela Francesa de Lingüística fuera de la
gramática no hay nada que buscar. Para el lingüista francés Antoine Meillet solamente tienen
valor de prueba las concordancias gramaticales. Jean Perrot, lingüista formado en el mismo
molde, dice igualmente: “Las asociaciones que se han intentado entre diversas lenguas [...] han
carecido con frecuencia de solidez por el hecho de que se concentraban sobre elementos de
vocabulario. Las asociaciones tendrán un valor concluyente solamente en la medida en que
intervengan elementos morfológicos en la comparación” (Jean Perrot, La linguistique, PUF,
1953). Ciertamente se cometieron muchos excesos durante las primeras décadas del
descubrimiento del parentesco entre las lenguas; demasiadas afirmaciones fantasiosas se
hicieron sobre bases poco sólidas. Era lógico que se crearan barreras de contención. Pero el
repliegue sobre la gramática comparada se convirtió en un dogma sin posibilidad de matices. La
buena utilización del vocabulario comparado puede ser tan eficaz como la utilización de la
gramática comparada, y los lingüistas franceses se privan erróneamente de una extraordinaria
fuente de riquezas. Por ello, en este capítulo, vamos a situarnos en el terreno de los gramáticos.
De manera que si hubiese un parentezco fuerte, una filiación directa entre el latín y las lenguas
romances, habría “coincidencias”. Ahora bien, lo menos que se puede decir es que nos
encontramos frente a dos sistemas gramaticales diferentes, extraños el uno al otro. Emile Littré
establecia la lista de tales diferencias en la introducción de son Dictionnaire de la langue
française1: “La reducción de la declinación latina, la supresión del neutro, la creación del
artículo, la introducción en el sistema de conjugación del tiempo compuesto para el pasado, la
formación de un nuevo modo —el condicional—, la voz 1
Ediciones Hachette, 1863.

pasiva expresada, ya no por desinencias sino por una combinación del verbo “ser” con el tema,
la organización de los auxiliares para el servicio de la conjugación, la concepción de un nuevo
tipo de adverbio con la ayuda del sufijo –mente”. Habria podido agregar los comparativos, la
forma interrogativa, los plurales, los adjetivos verbales, los verbes deponentes y, sobre todo, la
sintaxis. En resumen: ¡todo!, al mismo tiempo que no sorprende a nadie que, en el paso del
griego antiguo al griego moderno, la gramatica no haya perdido, en más de dos mil años, sino
unos cuantos rasgos particulares. Primer indicio: las declinaciones. ¡Una “desaparición” brutal!
Qué asombro al constatar que, frente al latín, cuyas declinaciones son numerosas, las lenguas
romances no poseen ninguna forma de declinacion (hablaremos en el capitulo sobre el francés
antiguo del pretendido sistema casual de éste ultimo). Los que sostienen la tesis de la filiación
entre el latín y las lenguas romances lo explican como la simplificacion de la lengua latina
realizada por el pueblo (VULGUS). ¡Vaya fábula! No queda la menor traza en lengua romance
alguna del acusativo, ni del genitivo, ni del dativo, ni del ablativo, ni del vocativo. Únicamente el
rumano posee un sistema de declinación muy rudimentario pero en el que no se percibe la
menor traza de herencia latina. Yo no pienso que existan, por una parte, lenguas distinguidas y
complejas (el latín, el griego, el sánscrito), y por otra, lenguas populares, simples y pobres. A
guisa de ejemplo, hagamos nuevamente la comparación entre el alemán y el inglés. Ambas son
lenguas germánicas. La primera posee un sistema de declinación variado, mientras que la
segunda no posee la menor declinación. ¿Se debe considerar al inglés como una lengua
germánica que ha perdido su brillo original, como una lengua de personas simples? No voy a
abordar aqui un tema tan subjetivo. Pienso simplemente que el inglés, lengua del pueblo
anglosajón, se fue diferenciando del germánico durante largos siglos para forjar su propia
gramática, tan compleja como la del alemán pero en otros terrenos que no son el de las
declinaciones. Ciertos lingüistas sostienen la idea de que pudiese haber lenguas establecidas o,
al menos, codificadas por los gramáticos. Para Antoine Meillet, por ejemplo, “el sánscrito clásico
no es sino un compromiso tradicional entre la lengua védica y las lenguas habladas establecido
por los gramáticos”. De hecho, si el sánscrito difiere del védido no se debe a los gramáticos sino a
la existencia de dos pueblos, y por lo tanto, de dos lenguas diferentes. Yo no pienso que existan
de un lado lenguas escritas artificiales y del otro lenguas habladas. Yo comparto el punto de vista
según el cual “las reglas de gramática no son más que usos redactados y codificados por los
gramáticos. Estos usos son la obra secular del pueblo. Existe un derecho lingüístico cuya
existencia no depende de lo que haya sido puesto por escrito” (Rémy de Gourmont, La langue
française et les grammairiens). De manera más simple, yo diría, como el escritor Jules Renard
hace más o menos un siglo: “Escribir es una manera de hablar sin ser interrumpido”.

Segundo indicio: el plural. ¡Un descubrimiento extraño! El plural en latín se forma esencialmente
en el nominativo con las desinencias siguientes: AE, I, A, ES, IA, US, UA según el tipo de
declinación. En lo que concierne a las lenguas romances, los sustantivos no se declinan, al
contrario de lo que ocurre en latín. Se pueden distinguir dos tipos de plural que corresponden a
dos áreas geográficas diferentes: •
La primera comprende los países donde se habla italiano y rumano. Los plurales se forman con la
desinencia “I” para el masculino y “E” para el femenino.

Masculino Femenino

Singular Plural Singular Plural

Italiano AMICO AMICI CASA CASE

Rumano PRIETEN PRIETENI CASA CASE

La segunda comprende los países donde se habla portugués, español, catalán, occitano,
retorrománico y francés. Los plurales se forman con la desinencia “S” en el masculino y en el
femenino.

Masculino Femenino

Singular Plural Singular Plural

Francés AMI AMIS MAISON MAISONS

Español AMIGO AMIGOS CASA CASAS

En otras palabras, los plurales de las lenguas romances no tienen nada que ver con los plurales
de la lengua latina. Para el primer grupo, se encuentran ciertas similitudes con los nominativos
plurales griegos. Para el segundo, se encuentra una similitud con el inglés (las otras lenguas
germánicas forman sus plurales de manera diferente). Para explicar a la vez la homogeneidad de
los plurales en vastas zonas geográficas y el hecho de que existan dos sistemas distintos, formulo
la hipótesis de que el “italiano antiguo” no era uniforme. La colonización de España y del sur de
Francia fue hecha por pueblos italianos diferentes de aquellos que impusieron su lengua en Italia
y conquistaron la Rumania varios siglos más tarde. Hay una fuerte probabilidad de que el
“italiano antiguo” no se haya todavía unificado para esta época. La unidad económica y política
no comenzó solamente en la época romana. De todas maneras, si existieron variantes
dialectales, éstas no alcanzaron el fondo de la lengua italiana antigua sino que diferían en los
detalles. Tercer indicio: los artículos. ¡Generación espontánea! El latín no posee artículos, ni
definidos, ni indefinidos. Por el contrario, todas las lenguas romances poseen tanto el uno como
el otro, que son practicamente los mismos.

ARTICULOS DEFINIDOS Masculino Femenino Masculino Femenino


Singulier Singulier Pluriel Pluriel

Francés LE LA LES LES

Español EL LA LOS LAS

Italiano IL LA I/GLI LE

Rumano -UL -A -I -LE

ARTICULOS INDEFINIDOS Masculino Femenino

Singulier Singulier

Francés UN UNE

Español UN UNA

Italiano UN UNA

Rumano UN O

Los que sostienen la tesis de la filiación inventaron un origen latino de estos articulos. Vieron, en
el caso de los articulos definidos, una transformación de los demostrativos ILLE (masculino) et
ILLA (femenino). ¿Cómo pueden explicar que el plural de los articulos definidos de las lenguas
romances se parezca al nominativo plural de los demostrativos en el área de las lenguas italiana
y rumana (ILLI, ILLAE), y que se parezca al acusativo plural de éstos en el área de las lenguas
española, portuguesa, catalana y occitana (ILLOS, ILLAS)? ¿Acaso los romanos llevaron el
nominativo al Este y el acusativo al Oeste? ¿O bien los pueblos del Este no retuvieron que el
nominativo y los del Oeste, el acusativo? Yo veo, al contrario, la confirmación de mi hipótesis: los
romanos hablaban una lengua no unificada, de hecho, dos variantes dialectales del “italiano
antiguo”, y según el origen de los colonos que provenían de Italia, predominó uno u otro
dialecto. No solamente el latín y las lenguas romances difieren en cuanto a los artículos, pero lo
que es más, hay una gran similitud entre los articulos de las diferentes lenguas romances,
mientras que no es siempre el caso, muy al contrario, de las lenguas que pertenecen a una
misma familia. En la familia de las lenguas germánicas, por ejemplo, el alemán posee artículos
que se declinan, el inglés tiene artícilos invariables. En lo que respecta a las lenguas
escandinavas, éstas colocan los artículos al final de las palabras. En la familia eslava, el ruso no
tiene artículo mientras que el búlgaro los tiene y los coloca al final de las palabras. Frente a
tantas evoluciones posibles en el seno de una misma familia, no hay ninguna razón para creer
que el latín haya evolucionado de la misma manera desde Rumania hasta Portugal. Pienso que la
lengua que fue llevada a ambos extremos de la Europa romana contenía ya artículos y que esta
lengua se parecía, como una hermana gemela, al italiano. Cuarto indicio: el género neutro. ¡El
crimen perfecto! El latín (como el alemán, el griego y el ruso) cuenta con tres géneros: el
masculino, el femenino y el neutro. Las lenguas romances no cuentan sino con dos: el masculino
y el femenino. Si estas lenguas provinieran del latín, sería sorprendente constatar que todas ellas
hayan podido perder el género neutro sin que quede el menor indicio de él.

Conociendo la inercia que existe en el tiempo de los géneros de los sustantivos en las lenguas
cuya evolución podemos seguir en el curso de numerosos siglos (el hebreo, el griego, el árabe),
no puedo imaginar que el género neutro haya sido “eliminado” de manera uniforme en todas las
lenguas romances. Como en el caso del plural y el de los articulos, uno constata una fuerte
diferencia entre el latín y las lenguas romances, y una total similitud entre las lenguas romances.
Quinto indicio: El uso de USTED y el pueblo bajo La forma de cortesía USTED no existe en latín,
pero posee la misma forma en todas las lenguas romances (con la excepción del italiano que
utiliza dos formas, una —como el alemán— a partir de la tercera persona femenina del singular,
y la otra —como en todas las lenguas romances— a partir de la segunda persona del plural).

Francés Catalán Portugués Español Rumano Italiano

TU TU TU TU TU TU

VOUS VOSTÉ VOCE USTED (DUMNEA) VOASTRA LEI-VOI

Para pueblos que se supone “rústicos”, uno nota en las lenguas romances una elegancia que los
latinos no poseían. El “latín vulgar” alcanza a veces alturas insospechadas. Pero lo que más nos
sorprendre en el plano lingüístico en el asombroso parecido entre las diferentes formas de
tratamiento de USTED. Se puede reconstruir la palabra “italiana antigua” VOSTE, ancestro del
francés VOUS, del portugués VOCE, del español USTED. La palabra española USTED salió con
seguridad del italiano antiguo VOSTE, aunque para algunos venga del árabe OUSTED (amo,
señor) y para otros de la contracción de VUESTRA MERCED. Nos complace constatar que los
etimologistas fantasiosos no existen solamente en Francia. En español, la palabra USTED es
seguida de un verbo conjugado en la tercera persona del singular, mientras que en francés,
VOUS es seguido de un verbo en la segunda persona del plural, pero en francés el singular
reaparece después del verbo. Por ejemplo: se dice: “vous êtes original” y no “vous êtes
originaux”, cuando se habla a una persona a quien se trata de usted. Los defensores de la tesis
de una filiación directa explican la ausencia, en todas las lenguas romances, de las
particularidades de la gramática latina (género neutro, declinaciones, voz pasiva, verbos
deponentes, supino, adjetivos verbales) por el hecho de que la lengua vulgar vendría a ser una
forma simplificada de la lengua clásica. En Francia, no se oyen jamás, ni siquiera en el habla más
coloquial, frases tales como - Il faut que je pars. - S’il ferait beau demain, je viendrais.

La lengua popular hace innovaciones, modifica, transforma, pero no trastoca los fundamentos.
La idea de una degradación de la lengua “hermosa” por parte del pueblo “bajo” encuentra sus
limitaciones en el hecho de que las lenguas romances tienen formas gramaticales que no posee
el latín, como el modo “condicional” y los tiempos “compuestos”. El latín solo cuenta con un
verbo auxiliare (essere, ser) mientras que las lenguas romances poseen dos (ser y haber en
español, être y avoir en francés, essere y avere en italiano, etc.). Ciertas lenguas romances, como
el español, poseen dos verbos para essere (SER y ESTAR). En fin, no se puede decir que el
tratamiento de cortesía de USTED y los artículos sean la prueba de una “simplificación” de la
lengua clásica. Sexto indicio: los adverbios. ¡Verborrea et adverborrea! El latín forma sus
adverbios esencialmente con las desinencias «TER» y «E». No se encuentra ninguna traza de
ellas en las lenguas romances que, por su parte, recurren mucho a la desinencia MENT (francés)
o MENTE (español e italiano). He aquí la explicación que de ello aporta Emile Littré en el
complemento del prefacio de su diccionario: “Las lenguas romances dejan de lado
completamente los adverbios en TER, como PRUDENTER (prudentemente) y en E, como MALE
(malamente). Así pues, obligadas a inventar, crean una nueva combinación que prevaleció no
solamente en el francés sino también en el provenzal, en el español y en el italiano, que fue
tomar el sustantivo MENS, MENTIS, que significa “la mente”, atribuirle el sentido de “manera,
modo” y construir con él y el adjetivo un compuesto orgánico que pasa a utilizarse como
adverbio”. Este texto me parece particularmente interesante. Revela el carácter muy poco
científico del pensamiento de un hombre que ha sentado, y que sigue sentando hoy en día,
autoridad en materia de etimología. Observemos esto más de cerca: “Las lenguas romances
dejan de lado completamente los adverbios en TER y en E”. He allí la lógica del autor que está
plenamente convencido de que las lenguas romances provienen del latín. Considera que, si no se
encuentran ya las terminaciones en TER y en E, es porque las lenguas romances las
abandonaron. No se sorprende de que no exista la menor traza ni de que esta desaparición haya
podido ser tan total y generalizada. Hagamos notar de paso la “personalización” de las lenguas
por parte de Emile Littré. Son las lenguas quienes “abandonaron” las desinencias latinas. De la
misma manera que más adelante, frente a esta situación, son ellas quienes se vieron “obligadas
a inventar” y crear “una nueva combinación”, como si oscuros artesanos hicieran y deshicieran a
su antojo. En definitiva, creaciones ex nihilo. Curiosa concepción de la evolución de las lenguas.
“Una nueva combinación que prevaleció no solamente en el francés sino también en el
provenzal, en el español y en el italiano”. ¡Oh, milagro, oh Divina Providencia! ¡Todos esos
pueblos de lenguas

romances van a realizar exactamente la misma escogencia! Emile Littré replica, en el mismo
texto, a aquellos que se sorprenden de ello, que “las conexiones mutuas las obligan a modificar
el latín según analogías idénticas”. La cumbre de la verborrea pomposa. Finalmente precisa que
“el campo de las divergencias era limitado; ninguna de las lenguas entre en él. Punto en común:
todas se detienen allí”. Y da a continuación una lista completa de las divergencias entre el latín y
las lenguas romances, describiendo dos gramáticas completamente diferentes. El texto de Emile
Littré, como todo el conjunto del prefacio de su diccionario, es todo menos científico. El lirismo
ocupa el lugar de la explicación. Pero, sobre todo, como todos aquellos que creen que el latín es
la fuente de todas las lenguas romances, razona al revés. En lugar de deducir de la diferencia que
él describe, por lo demás lo bastante bien, entre el latín y las lenguas romances que nos
encontramos frente a dos sistemas lingüísticos diferentes, se maravilla de este “punto de
coincidencia” y de “este punto único” en el que convergieron las lenguas romances cuando el
dominio de divergencia era “ilimitado”. Séptimo indicio. Las conjugaciones o ¡el ilusionismo en
marcha! La tabla que se muestra a continuación compara el presente del indicativo latino con el
presente del indicativo en francés, español e italiano. A primera vista, podemos extasiarnos de
las fuertes semejanzas aparentes. Pero el estudio atento muestra que estas semejanzas son
propias de las lenguas indoeuropeas. A titulo de comparación, he agregado las conjugaciones
alemana y griega. Latin AM-O AM-AS AM-AT AM-AMUS AM-ATIS AM-ANT

Francés AIM-E AIM-ES AIM-E AIM-ONS AIM-EZ AIM-ENT

Español AM-O AM-AS AM-A AM-AMOS AM-AIS AM-AN

Italiano AM-O AM-I AM-A AM-IAMO AM-ATE AM-ANO

Rumano IUB IUB-I IUB-E IUB-IM IUB-ITSI IUB

Aleman LIEB-E LIEB-ST LIEB-T LIEB-EN LIEB-T LIEB-EN

Griego mod. -O -IS -I -OME -ETE -OUN

De la misma manera que se constató en el caso de los plurales, notamos una diferencia entre las
lenguas italiana y rumana, por una parte, y las lenguas española y francesa, por otra (segunda
persona del plural sin T), lo que apoya de paso la idea de la existencia de dos variantes
dialectales del italiano antiguo. Comparemos ahora las conjugaciones en el futuro. Latin AM-ABO
AM-ABIS AM-ABIT AM-ABIMUS AM-ABITIS AM-ABUNT

Francés AIM-ERAI AIM-ERAS AIM-ERA AIM-ERONS AIM-EREZ AIM-ERONT

Italiano AM-ERÓ AM-ERAI AM-ERA AM-EREMO AM-ERETE AM-ERANNO

Español AM-ARÉ AM-ARAS AM-ARA AM-AREMOS AM-AREIS AM-ARAN

La comparación entre las conjugaciones del futuro en latín y de tres lenguas romances (no
indiqué la forma del futuro en la lengua rumana porque es muy divergente) permite darse
cuenta inmediatamente que si el latín se hubiese transformado en italiano, francés y español, la
B del futuro latino se habría transformado en R en todas partes. Existen las transformaciones
fonéticas de B en V, por ejemplo, pero no se ha observado ninguna que produzca el sonido R.
Además, seria improbable que en toda la extensión geográfica de las lenguas romances la B se
haya transformado exactamente de la misma manera. Pienso que es el mismo futuro en R que
fue aportado por los romanos. Notemos una vez más que no existe ninguna traza de la forma del
futuro de la tercera conjugación. De cara a una curiosidad semejante, y enceguecidos por el
dogma, aquellos que postulan un origen latino de las lenguas romances tienen dos escuelas de
pensamiento. Para unos, la forma romana del futuro suponen que viene del subjuntivo
imperfectivo (hay que buscar muy bien las “R” allí donde las hay, y ni hablar de darle crédito al
pueblo sencillo de poseer la capacidad de utilizar el subjuntivo imperfecto). Para otros, el futuro
de las lenguas romances se supone “salido de una perífrasis del infinitivo”. En esta segunda
hipótesis, el infinitivo es llamado al rescate para explicar la presencia de la R. Pero sus
explicaciones se caen por su propio peso. Comprendo la dificultad que tienen para explicar lo
inexplicable y ¡cuánto los compadezco! La comparación del pretérito simple aporta la misma
conclusión. Latin AM-AVI AM-AVISTI AM-AVIT AM-AVIMUS AM-AVISTIS AM-AVERUNT

Francés AIM-AI AIM-AS AIM-A AIM-ÂMES AIM-ATES AIM-ERENT

Italiano AM-AI AM-ASSI AM-Ō AM-AMMO AM-ASTE AM-ARANO

Español AM-É AM-ASTE AM-Ó AM-AMOS AM-ASTEIS AM-ARON

El pasado simple en latino contiene una silaba AV que debió desaparecer misteriosamente
volatilizada en todas las lenguas romances. Octavo indicio: La sintaxis. ¡Silencio embarazoso! La
semejanza de las lenguas romances pone en evidencia que todas ellas tienen la misma sintaxis
que no corresponde jamás a la sintaxis del latín. Les recuerdo algunos puntos particulares de la
sintaxis latina: •

la posición del verbo al final de la frase:

ROSA

ALBA

EST

La rosa

blanca

es

DOMINA

IN VILLA LABORAT

La señora en la granja trabaja En latín, el verbo se encuentra con frecuencia al final de la


proposición. Eso no ocurre nunca en las lenguas romances. ¿Cuándo pudo haber tenido lugar
una mutación semejante? Nadie lo sabe porque los textos latinos escritos tanto en el siglo IV
como en el siglo VIII conservan el mismo orden de las palabras, mientras que las lenguas
romances no se toman nunca la libertad de una inversión de ese orden. •

el complemento del nombre situado antes del nombre:

NATURAE OPUS

(palabra por palabra : de la naturaleza la obra) La obra de la naturaleza EGREGIAE ROMANORUM


LEGES

(palabra por palabra : notables /de los romanos / las leyes) Las leyes notables de los romanos En
latín, el complemento del nombre se coloca siempre delante del nombre. En las lenguas
romances, el complemento del nombre se coloca siempre después del nombre introducido por
la preposición “de”. •

los adjetivos posesivos colocados después del nombre:

PATER MEUS

Mi padre MARE NOSTRUM

Nuestro Mar (El Mediterráneo) •

Ejemplo complementario:

Doy a continuación una frase completa extraída de La guerra civil, de Lucano (libro VII). NON
TAMEN ABSTINUIT VENTUROS PRODERE CASUS PER VARIAS FORTUNA NOTAS.

La traducción aportada por A. Bourgery en la colección Budé es la siguiente: La fortune pourtant


ne manqua pas de révéler les malheurs à venir par des signes divers. La fortuna, sin embargo, no
dejó de revelar los males futuros por medio de signos diversos. Pero la traducción palabra a
palabra subraya la extraordinaria disposición de las palabras en latín. Ne pas pourtant manqua à
venir révéler les malheurs par variés fortune signes. No sin embargo dejó futuros revelar los
males por medio de variados fortuna signos.

Compare las dos traducciones y tendrá una buena idea de lo que quiere decir “sintaxis latina”. El
latín posee una sintaxis totalmente diferente a las de las lenguas romances. Si las lenguas
romances provinieran del latín, habría ocurrido en el plano de la sintaxis una conmoción total.
Pero en ese aspecto, los que sostienen la filiación mantienen un silencio absoluto. Se les
comprende. Su método consiste en extraer pequeños trozos de gramática o de vocabulario, para
disertar sobre las semejanzas y las evoluciones. Pero la incomodidad es extrema desde el
momento en que se pasa revista al conjunto completo de la gramática. No espere que le
expliquen la manera en que los rumanos y los portugueses efectuaron las mismas mutaciones
sintácticas ya que invocan leyes que no son accesibles al pueblo bajo. Ocho índices: nuestro
alegato toma cuerpo. Qué lengua madre tan curiosa el latín que no ha legado a sus
descendientes ni su sintaxis, ni sus declinaciones, ni sus conjugaciones, ni el género neutro, ni el
pasivo, ni los verbos deponentes, ni los adjetivos verbales… Y al mismo tiempo uno observa que
las lenguas romances han heredado (de alguna parte, por alguna acción misteriosa), la misma
sintaxis, los mismos plurales, los mismos artículos, la misma conjugación, el mismo condicional,
el mismo pasado perfecto, el mismo tratamiento de usted… Estas observaciones refuerzan
aquéllas que hice en relación al vocabulario. El latín no pudo evolucionar de la misma manera,
de manera tan radical y en tan poco tiempo, en una región tan vasta, desde la Rumania hasta
Portugal. Eso me lleva de manera natural a confirmar mi hipótesis de la existencia de una lengua
distinta al latín, que no proviene de él y que fue el ancestro de todas las lenguas romances.

Cuarta prueba

Las lenguas evolucionan muy lentamente

La resistencia a causa de la inercia colectiva Es, de todas las instituciones, La que menos se
ofrece a tomar la iniciativa Ferdinand de Saussure Cours de linguistique générale (1910)

Se afirma que la transformación del latín tuvo lugar en seis siglos Acabamos de tomar la medida
de la diferencia entre el latín clásico y las lenguas romances. Es enorme. Pero lo más
sorprendente es la suposición de que esta transformación se produjo en un tiempo
relativamente corto. Se afirma que la transformación del latín en lengua romance tuvo lugar en
un espacio de seis siglos aproximadamente. J. Marozeau1 resume la tesis generalmente
aceptada para el caso del francés: “El latín, lengua del conquistador, progresa sobre las rutas de
la colonización, expandido o impuesto por los soldados, los funcionarios, los comerciantes, los
colonos, y elimina, poco a poco, los hablares autóctonos, especialmente el galo; pero desde el
siglo III, y sobre todo en el siglo V, el latín se topó con las lenguas traídas por las invasiones
germánicas. La acción de estos aportes, unida a los sustratos locales, precipita la evolución del
latín, y desde el inicio del siglo IX la lengua que se denominaba “lingua romana rustica” presenta
las características esenciales de lo que será el francés.” El mismo razonamiento se aplica para los
casos de todas las otras lenguas romances. Para Antoine Meillet, “el latín mantuvo estabilidad
durante unos ochocientos años. Cuando la unidad de la lengua hablada comenzó a romperse,
del siglo III al siglo X, permaneció la unidad de la lengua escrita”2. La transformación del latín
comenzó supuestamente entre los siglos III y IV, según los autores, culminando entre los siglos IX
y X. Es en este espacio de tiempo, demasiado corto, que el latín fue transformado de manera
total. Una evolución semejante constituiría un caso absolutamente excepcional en la historia de
las lenguas, y aporto pruebas de ello por medio del análisis de las lenguas cuya evolución
podemos seguir a través de numerosos siglos. Ustedes constatarán la extraordinaria constancia
de estas lenguas a través del tiempo. Bastan unos cuantos días de estudio a un francés o a un
italiano para aprehender textos viejos con ocho siglos de antigüedad. ¿Qué italiano culto tiene
problemas para leer a Dante o a Bocaccio, escritores del siglo XIV? Un lector árabe no tiene
ninguna dificultad para pasar de la lectura del Corán a los textos escritos en árabe 1 2

J. Marouzeau, Du latin au français, Les belles lettres, 1957.

Antoine Meillet, Esquisse d’une histoire de la langue latine, librairie Klincksieck, 1985.

clásico moderno. En cuanto al griego antiguo, con una antigüedad de veinticinco siglos, es
necesario indudablemente un cierto aprendizaje para un griego de hoy, pero la continuidad es
tal que la dificultad no es insuperable. Estimado lector: usted sabe seguramente cuán difícil es, a
la inversa, descifrar el más pequeño texto latino, aún después de años de estudio. Además, antes
de que usted comience a discutir por las diferencias menores que usted encontrará entre textos
antiguos de lenguas diferentes y su traducción en lengua contemporánea, le propongo la lectura
de dos textos latinos, extraídos de una excelente obra que le recomiendo leer, en latín o en su
lengua, De natura rerum, de Lucrecio. Le doy la traducción del primero, y en cuanto al segundo,
le dejo el pasatiempo de descifrarlo: ¡tan cercanos parecen ser el latín y las lenguas romances!
De esta manera, usted se encontrará mejor preparado para la lectura de los textos que se
encuentran a continuación en francés antiguo, en inglés antiguo, en italiano antiguo y en árabe
antiguo. «Inter enim cursant primordia principiorum motibus inter se, nihil ut secernier unum
possit, nec spatio fieri divisa potestas : sed quasi multae vis unius corporis existant.» «Los
átomos en su movimiento se entrecruzan al punto de que es imposible aislar uno solo y localizar
cada una de sus propiedades, las cuales son, al contrario, como propiedades múltiples de un solo
cuerpo.»3

En cuanto al segundo texto, para facilitar su comprensión, señalo que trata de explicar los
movimientos de la luna. Buena suerte… «Denique cur nequeat semper nova luna creari ordine
formarum certo certisque figuris inque dies privos aborisci quaeque creata atque alia illius
reparari in parte locoque.»

No, no, no pase tan rápido por ese texto. No es hebreo. Es latín. Usted lo sabe muy bien: la
lengua madre de todas las lenguas romances. ¿Cómo? ¿No entiende nada? Pues bien, entonces
pase ahora a la lectura de textos antiguos. Del francés antiguo al francés moderno: un contra-
ejemplo En ocasiones se oye a los padres decir que sus hijos no hablan la misma lengua que
ellos. ¡Tonterías! No quedarán sino fruslerías del verlan4 y de la jerga estudiantil o de la jerga de
los suburbios. Tenemos una visión deformada sobre nuestro vocabulario y pensamos que
nuestra propia jerga es de creación reciente cuando en realidad viene, como todo lo demás, de
nuestro propio vocabulario desde los tiempos más antiguos5. René Etiemble escribió, hace unos
cuarenta años, un panfleto6 con el objetivo de denunciar la invasión del vocabulario inglés en la
3
Traducción de Henri Clouard, Librairie Garnier-frères, 1939. El autor se refiere a un hábito
particular del habla francesa en cierta jerga que consiste en invertir el orden fonético de las
sílabas en una palabra, (similar al vesre utilizado en el español rioplatense). El nombre mismo
verlan es la inversión de l’envers (al revés) (Nota del traductor). 5 Le français que l’on parle, Yves
Cortez, l’Harmattan, 2002. 6 Parlez-vous franglais ?, Étiemble, Gallimard, 1964. 4

lengua francesa. Su libro quería demostrar que el inglés ganaba campo en todos los terrenos, y
que el francés se encontraba amenazado de transformarse en inglés. Es cierto que hubo,
después de la guerra, un cierto efecto de moda en la época en la que los franceses descubrían el
jazz, los blue jeans, las gomas de mascar7. Pero se constata hoy en día que cientos de palabras
inglesas citadas por Etiemble ya casi no se utilizan. Cito, entre otras, las siguientes: back-ground,
living-room, lunch, garden-party, feed-back, businessman, pick-up, corned-beef, duffle-coat, pin-
up… Todas estas palabras son o bien desconocidas de las jóvenes generaciones o bien
consideradas en desuso. Es el principio de la “inercia lingüística” enunciado por Ferdinand de
Saussure lo que entra a operar aquí. Una palabra no subsiste si no es comprendida y aceptada
por la mayoría de los hablantes. Toda innovación era cribada por la práctica y se topaba con la
capacidad de absorción de la inmensa mayoría. Es por esta razón que, en la mayor parte de los
casos, las jergas quedaron acantonadas en pequeñas comunidades. Les invito a leer La méthode
de Mimile8 que supuesta nos presenta la jerga francesa. Este libro es incomprensible ya que
contiene palabras y expresiones propias de un medio marginal. La jerga del “método Mimile” no
se propagó, no más de lo que sobrevivirá el verlan, del cual no se comprenden sino muy pocas
palabras. Testigo de la evolución del francés en más de tres siglos, este texto de Molière,
extraído de El Avaro, escrito en 1668, en la época del rey Luis XIV: « ÉLISE : [...] Qui est celle que
vous aimez ? CLÉANTE : Une jeune personne qui loge depuis peu en ces quartiers, et qui semble
être faite pour donner l’amour à tous ceux qui la voient. La nature, ma sœur, n’a rien formé de
plus aimable. Elle se nomme Marianne et vit sous la conduite d’une bonne femme de mère qui
est presque toujours malade, et pour qui cette aimable fille a des sentiments d’amitié qui ne
sont pas imaginables. Elle la sert, la plaint, et la console avec une tendresse qui vous toucherait
l’âme… »

He allí un texto que tiene más de tres siglos y cuya lengua no difiere del francés contemporáneo
más que por algunos cambios de vocabulario mínimos. Lo mismo puede decirse de todo el texto
de esta pieza, escrita en prosa. Se puede afirmar que los franceses del siglo XXI se expresan, con
pequeñísimas diferencias, como los franceses del siglo XVII. He aquí ahora dos textos de Rabelais
de cinco siglos de antigüedad. Francés antiguo: En esté je ne sçay quel vent courra; mais je sçay
bien qu’il doibt faire chault et régner vent marin. Toutefois si autrement arrive, pourtant ne
fauldra renier Dieu.9 Francés moderno: En été je ne sais quel vent soufflera; mais je sais bien
qu’il fera chaud et que règnera le vent marin. 7

“Goma de mascar” se dice chewing gum en… ¡francés! (Nota del traductor).. La méthode à
Mimile, Alphonse Boudard y Luc Étienne, Éditions du Rocher, 1998. 9 Pantagruélienne
pronostication, 1532. 8
Toutefois, si cela se passe autrement, il ne faudra pas pour autant renier Dieu. (La traducción es
mía: ¡ya que yo hablo de manera fluida el francés antiguo!)

Segundo texto de Rabelais: Francés antiguo: « Ceste année les aveugles ne verront que bien peu,
les sourdz oyront assez mal, les muetz ne parleront guieres, les riches se porteront un peu mieux
que les pauvres, et les sains mieux que les malades. »10 Francés moderno: «Cette année les
aveugles ne verront que bien peu, les sourds entendront assez mal, les muets ne parleront
guère, les riches se porteront un peu mieux que les pauvres et les bien-portants mieux que les
malades».

La ortografía, aún sin codificar, hace que la lectura de los textos de esta época sea difícil. Pero si
se adopta una transcripción moderna, la lengua se nos presenta como sorprendentemente
estable. Por supuesto: después de cinco siglos, el vocabulario se ha enriquecido
considerablemente debido a la evolución de la sociedad en los terrenos sociales, políticos y
económicos, pero no se transformaron ni el vocabulario de base ni la estructura profunda de la
lengua. Más antiguo aún, este texto de ochocientos de edad extraído de la novela Eneas (hacia el
año 1 200). « … CELUI QUI M’EN FIST DON COMME FOLE L’AI TANT AME. SOR CES DRAS VOIL
FENIR MA VIE ET SOR LE LIT OU FUI HONIE. » El cual traduzco en francés moderno de la manera
siguiente : «… celui qui m’en fit don, comme une folle, je l’ai tant aimé. Sur ces draps, je veux
finir ma vie et sur le lit où je fus honnie.» La lectura de un texto del fin del siglo XII es, por
supuesto, difícil, en primer lugar porque la ortografía no ha sido fijada aún, como lo vemos en
este mismo texto en el que VEUT se escribe a veces VELT para acercarse artificialmente del latín
como VOIL. A eso se añaden los inevitables cambios de vocabulario, pero las distorsiones no
tocan jamás los elementos fundamentales de la gramática. En este extracto de la Chanson de
Roland, me limité a modernizar la ortografía, sin invertir el orden de las palabras ni cambiar
ninguna de ellas. LE ROI MASILE EUT FINI SON CONSEIL DIT A SES HOMMES : « SEIGNEURS,
VOUS EN IREZ, BRANCHES D’OLIVE EN VOS MAINS PORTEREZ SI ME DIREZ A CHARLEMAGNE, AU
ROI, POUR LE SIEN DIEU QU’IL AIT MERCI DE MOI, AINS NE VERRA PASSER CE PREMIER MOIS
QUE JE L’SUIVRAI OD MIL DE MES FIDELES.

»11

Estos textos nos hacen remontar en el tiempo más de ochocientos años. Ahora bien, dejando de
lado la ortografía, no tenemos prácticamente ninguna dificultad de comprensión, excepto por
algunos giros y expresiones que ya no se utilizan. En los dos últimos textos, aunque muy
antiguos, no hay ninguna innovación en el plano 10 11

Ibid. La Chanson de Roland, escrita en 1050, pero reescrita quizá en 1200.

gramatical, ninguna transformación de la sintaxis y, en resumen, nada parecido al abismo que


existe entre la lengua clásica latina y las lenguas romances. Mi propósito no es entrar aquí en el
detalle de las evoluciones del francés antiguo al francés contemporáneo, sino de subrayar la
extraordinaria estabilidad de la lengua. De allí mi escepticismo sobre una supuesta trasformación
radical del latín en el espacio de apenas unos cuantos siglos. Del inglés antiguo al inglés
moderno, segundo contraejemplo Reproduzco ahora un texto del poeta inglés Chaucer12 escrito
alrededor de 1390, y doy la traducción en inglés moderno línea por línea. Whan that Aprille with
hise shoures soote WHEN APRIL WITH ITS SWEET SHOWERS the droghte of March hath perced
to the roote THE DROUGHT OF MARCH HAS PIERCED TO THE ROOT and bathed every veyne in
swich licour AND BATHED EVERY VEIN IN SUCH LIQUID

of wich vertu engendred is the flour. FROM WHICH STRENGTH THE FLOWER IS ENGENDERED

Dejando de lado la ortografía, que no se ha estabilizado aún, se observa que los últimos seis
siglos no han alterado mucho el inglés hablado en la época de Chaucer. Si colocamos de lado los
giros y expresiones propiamente poéticos, notamos una cuasi estabilidad de la lengua. Un siglo
más tarde, a finales del siglo XVI, se normalizó la ortografía y la continuidad lingüística aparece
de manera más contundente. « To be or not to be, that is the question » no tiene ni una sola
arruga después de cinco siglos, como tampoco ninguno de los grandes textos de Shakespeare. El
ejemplo fulgurante del italiano antiguo He aquí ahora el celebérrimo texto de Dante, extraído de
la «Divina Comedia». NEL MEZZO DEL CAMMIN DI NOSTRA VITA MI RITROVAI PER UNA SELVA
OSCURA, CHÉ LA DIRITTA VIA ERA SMARRITA. AHI QUANTO A DIR QUAL ERA È COSA DURA, ESTA
SELVA SELVAGGIA E ASPRA E FORTE CHE NEL PENSIER RINOVA LA PAURA ! TANT'È AMARA CHE
POCO È PIÙ MORTE ; MA PER TRATTAR DEL BEN CH'I' VI TROVAI, DIR'O DE L'ALTRE COSE CH'I'
V'HO SCORTE. IO NON SO BEN RIDIR COM'I' V'ENTRAI: TANT'ERA PIEN DI SONNO A QUEL PUNTO
13 CHE LA VERACE VIA ABBANDONAI.

Traducción en italiano contemporáneo: Nel mezzo del cammino di nostra vita Mi ritrovai per una
selva oscura, 12

Geoffrey Chaucer, The Canterbury Tales, 1390, en The english language, David Crystal, Penguin
books, 1988. 13 Dante, La Divina Comedia, escrita alrededor de 1300.

perché la dritta via era smarrita. Ahi, quanto a dire quale era è cosa dura, questa selva selvaggia
e aspra e forte che nel pensiero rinnova la paura! Tanto è amara che poco più è morte; ma per
trattare del bene che io vi trovai, dirò delle altre cose che vi ho scorte. Io non so ben ridire come
vi entrai: tanto era piena di sonno a quel punto che la vera via abbondai.14 El italiano no
constituye la excepción a la regla de la estabilidad de las lenguas en el tiempo, como lo muestra
toda la obra de Dante. Cuando comparamos un texto de Dante de 1300 y su traducción en
italiano contemporáneo se puede constatar el muy pequeño desfase entre los dos textos en el
plano del vocabulario. En cuanto a la sintaxis y a la gramática, ¡no hay ni una sola diferencia en
siete siglos! Lo más sorprendente es constatar que remontándonos hacia atrás siete siglos no
nos acercamos en nada al latín. Hacemos la misma constatación cuando estudiamos el francés
antiguo. Ahora bien, si el latín se hubiese transformado en las diferentes lenguas romances, no
lo habría podido hacer sino gradualmente y deberíamos encontrar los rastros del latín bajo una
forma u otra. ¡Nada de eso! Si en los siete siglos que acaban de transcurrir no hubo casi ninguna
transformación del italiano, es evidente que el italiano hablado hace 20 siglos, es decir, durante
la época de la Roma conquistadora, era —con pocas diferencias— el mismo que se habla hoy en
día. Comprendemos mejor por qué todas las lenguas romances, desde Rumania hasta Portugal,
se asemejan tanto. Si de manera general las lenguas evolucionan poco, el italiano casi no
evoluciona, porque, a diferencia de las otras, se había estabilizado desde hacía numerosos siglos.
La lengua árabe: otra ilustración de la estabilidad de las lenguas La lengua árabe es una de las
mejores ilustraciones de la estabilidad de las lenguas porque nos ofrece la posibilidad de
estudiar la evolución a lo largo de un periodo bastante largo. Todo estudioso del árabe que esté
en contacto al mismo tiempo con los textos antiguos (principalmente el Corán, escrito hace
catorce siglos) y la literatura contemporánea sabe que se pasa de un periodo al otro sin ninguna
dificultad. La semejanza es fuerte entre el árabe antiguo y el árabe clásico utilizado hoy, tanto en
lo que respecta al vocabulario y la gramática como en lo que respecta a la sintaxis. En lo que se
refiere a los dialectos árabes, estos utilizan las mismas palabras de uso corriente que aquellas
que se utilizaron en la época del profeta Mahoma. A modo de ilustración, presento este texto
célebre del siglo VII, indicando entre paréntesis la traducción en árabe contemporáneo
solamente en los casos en los que se puede considerar que las palabras antiguas ya no se utilizan
hoy en día. « YA MAACHARA BIKR, HALIKOUN MAADHOUROUN KHAYROUN MINE FAROUROUN
(FARRAN),

14

Traduction Chapman, 2005.

INNA ALHADHARA LÀ YANJY MINA‘LKADARI, WA INNA’SABRA MINE ASBÀDI ADDAFARI


(ANNASRI), ALMANIYA (ALMAOUTOU) WA LA’DANIYA, 15 ISTIKBALOU ALMAOUTOU KHAYROUN
MINE INSTIDBÀRIHI !

Ô peuple de Bikr, un homme qui est mort au combat est plus respecté qu’un fugitif indemne, la
précaution ne protège pas de la destinée, la patience est une cause de victoire, la mort est
préférable à la damnation, accueillir la mort vaut mieux que de lui tourner le dos!16

El Corán data del siglo VII. El estudio del vocabulario y de la gramática de este libro sagrado
muestra una muy fuerte estabilidad de la lengua árabe durante los trece siglos que han
transcurrido hasta hoy. Dos frases completas del Corán no difieren en nada del árabe
contemporáneo. Ello no ocurre nunca en el caso del latín.

El caso chipriota: ejemplo impactante de la estabilidad de las lenguas Grecia conservó su lengua
durante más de 35 siglos y el caso de Chipre es, en este sentido, una demostración importante.
Un gran conocedor del mundo griego, Jacques Lacarrière, escribe: “Chipre es una isla griega, y
por ello entiendo una isla de lengua y cultura griegas desde los tiempos más antiguos. Estos
tiempos pueden ser definidos exactamente porque las excavaciones han revelado, en ese
sentido, documentos sorprendentes y difíciles de cuestionar. Lo que resalta en ellos es que se
hablaba una lengua emparentada con el griego desde la época creto-micénica, es decir,
dieciocho siglos antes de Cristo; y que se hablaba una lengua totalmente griega, seis siglos más
tarde, con la llegada de los aqueos. A partir de esta fecha y hasta hoy, la lengua y la cultura de
Chipre –teniendo en cuenta caracteres locales y dialectales– ya no dejaran de ser las mismas de
Grecia. Lo que me parece notable a través de los hechos expuestos es que Chipre presenta un
caso único de una cultura y un territorio helenófonos mientras que, por lo demás, la isla no fue
nunca griega ni fue anexada de ninguna manera a Grecia. Agreguemos incluso que, lejos de
encontrarse anexada a Grecia, Chipre, por el contrario, nunca dejó, a lo largo de los siglos (con la
excepción de dos periodos de relativa independencia, al inicio de los tiempos bizantinos), de ser
ocupada, dominada, secuestrada por una serie interminable de conquistadores, muchos de los
cuales se instalaron de manera permanente: asirios, egipcios, perso-fenicios, ptolomeos,
romanos anteriores a la era cristiana, y posteriormente, a partir de las cruzadas, francos,
sarracenos, árabes, venecianos, turcos ( éstos durante varios siglos) y, para terminar, ingleses
(que les compraron la isla a los turcos en 1878). Chipre no será libre e independiente hasta
tiempos muy recientes, como consecuencia de los acuerdos de Zúrich, en 1959.” 17 15

Discours de Bnou Kaçiba Achibàny (VIIe siècle). Traducción N. Serraj, 2005. «Oh, pueblo de Bikr,
un hombre que ha muerto en combate es más respetado que un fugitivo ileso, la precaución no
protege del destino, la paciencia es causa de victoria, la muerte es preferible a la condena, vale
más acoger a la muerte que darle la espalda». 17 L’été grec, Jacques Lacarrière, Plon, 1975. 16

El caso chipriota muestra una vez más que una lengua sometida a numerosas influencias
externas puede permanecer intacta, a pesar de los siglos de supremacía extranjera. Por ello la
transformación del latín en “bajo latín” en el contexto de la “pax romana” me parece aún más
improbable. Colin Renfrew, en su libro «El enigma indoeuropeo», indica: «La estabilidad de
ciertas lenguas, especialmente el griego, muestra bien que el ritmo de cambio lingüístico puede
ser muy lento […] Se entiende con frecuencia el griego micénico tan bien como si se tratara del
griego clásico. En algunas frases, la semejanza es tan grande que la transliteración tiene sentido,
aún en el griego moderno.» Ahora bien, la época micénica se sitúa alrededor de treinta y cinco
siglos antes de nuestra era. Todos los conocedores del griego antiguo y del griego moderno están
de acuerdo en constatar la sorprendente semejanza entre las dos lenguas a pesar de los siglos de
distancia, y los especialistas del griego micénico nos dicen que la semejanza se extiende mucho
más allá de la época de Pericles. Pero su sorpresa proviene de la idea de que el latín, por el
contrario, se habría transformado en las diferentes lenguas romances, y existirían, para ellos, dos
tipos de lenguas: las que, a semejanza del griego, se transforman poco o nada, y las que, tal
como el latín, se transformaron profundamente. En realidad, no hay dos tipos de lenguas sino
sólo uno, ya que la evolución de todas las lenguas es siempre muy lenta. Acabo de dar varios
ejemplos definitivos e incontestables de ello. Un documento excepcional: el juramento de
Estrasburgo El juramento de Estrasburgo es un documento notable desde el punto de vista
lingüístico, ya que fue escrito en 842; es uno de los raros ejemplares de la época que va desde el
desplome del imperio romano hasta el siglo X. Se presenta equivocadamente como el eslabón
perdido entre el latín y el francés ya que no hay nada de latín en él, puesto que está escrito en
una lengua romance. He aquí el texto del juramento pronunciado por Luis El Germánico: PRO
DEO AMUR ET PRO CHRISTIAN POBLO ET NOSTRO COMMUN SALVAMENT, D’IST DI EN AVANT, IN
QUANT DEUS SAVIR ET PODIR ME DUNAT SI SALVARAI EO CIST MEON FRADRE KARLO, ET IN
CADHUNDA COSA, SI CUM OM PER DREIT SON FRADRE SALVAR DIFT, IN O QUID IL MI ALTRE SI
FAZET. ET AB LUDHER NUL PLAID NUNQUAM PRINDRAI QUI MEON VOL CIST MEON FRADRE
KARLO IN DAMNO SIT.

La utilización de este texto presenta varias dificultades: • •

Es muy poco legible y la transcripción de ciertas palabras está sujeta a discusión. Es posible que
haya sido ligeramente latinizado por redactores que escribían con mayor frecuencia en latín que
en lengua romance, cualquiera que ésta fuese. Por ejemplo: NUNQUAM para escribir
seguramente NUNCA, QUID en lugar de QUI. La ortografía, en esta época, se encontraba lejos de
estar normalizada y lo arbitrario juega un papel importante.

Finalmente, el texto es demasiado corto para que se pueda hacer un análisis completo del habla
de la época.

A pesar de estas reservas, no nos sorprende descubrir un texto escrito en una lengua cercana a
las lenguas romances contemporáneas. El cuadro siguiente compara los vocabularios del texto
del juramento de Estrasburgo con el francés, el italiano, el español y el latín. Juramento de
Estrasburgo ADIUDHA CADHUNA CIST COSA DREIT IO/EO NOSTRO SALVAMENT SALVAR

Francés

Italiano

Español

Latín

AIDE CHACUNE CET CHOSE DROIT JE NOTRE SALUT SAUVER

AIUTO CADA UNA QUESTO COSA DIRITTO IO NOSTRO SALVEZZA SALVARE

AYUDA CADA UNA ESTE COSA DERECHO YO NUESTRO SALVACION SALVAR


ADJUMENTUM QUISQUE HIC/ISTE RES JUS EGO NOSTER SALUS SERVARE

El vocabulario del juramento de Estrasburgo tiene un aspecto muy diferente al del latín. La
comparación con las diferentes lenguas romances muestra, por el contrario, un parentesco
evidente entre el vocabulario del juramento y el de las lenguas romances. El parentesco luce
mucho más fuerte con el italiano y el español que con el francés. ¿Es la prueba acaso de que el
francés, contrariamente al italiano y al español, habría seguido evolucionando? ¿O bien es que la
lengua escogida fue el italiano antiguo en lugar del francés antiguo? Bajo cualquier hipótesis, se
trata de un texto completamente romance y muy alejado del latín. Los textos del juramento de
Estrasburgo no son, por tanto, la ilustración del pasaje del latín al francés. Son, por el contrario,
una prueba manifiesta de que existía una lengua en 842 que era cercana al italiano. Este
recorrido por los textos antiguos de las lenguas francesa, inglesa, italiana, griega y árabe, subraya
la extraordinaria estabilidad de los vocabularios y las gramáticas a lo largo de periodos muy
largos. La estabilidad del latín Lo mismo ocurre con el latín. Comparemos dos escritores, Plauto,
de alrededores del 200 A.C., y Juvenal, del 120 D.C. El primero escribe piezas de teatro, razón por
la cual lo que podemos observar en ellas se trata de latín hablado; el segundo escribe sátiras. En
trescientos años la lengua ha cambiado poco. Podemos pasar de un texto al otro sin dificultad.
No hubo transformación alguna del latín. Con la excepción de diferencias ínfimas, desde el
nacimiento del imperio romano hasta su apogeo, no hubo transformación radical alguna del
latín, mientras que el latín se encuentra atenazado entre el griego para los escritos cultos y el
italiano como lengua vehicular. El latín mismo es una prueba de la estabilidad de las lenguas. El
latín no es, por tanto, excepción a la regla. ¿Por qué habría de serlo? Porque la regla que
prevalece, y que puse en evidencia con los textos precedentes, es la extraordinaria estabilidad
de todas las lenguas en el tiempo. Paradójicamente, esta estabilidad no es conocida, ya que, en
lugar de realizar una observación científica, los lingüistas y etimologistas postulan que las
lenguas evolucionan rápidamente ya que para ellos el latín se transformó en diversas

lenguas romances, todas ellas muy alejadas del original. En otras palabras, el dogma de la
paternidad del latín y de las lenguas romances tiene efectos en cadena sobre todo el análisis
científico, y oculta las leyes fundamentales de la lingüística. Las lenguas pueden desaparecer,
como el galo en Francia, o el celtíbero en España. Las lenguas pueden absorber un vocabulario
complementario, como el vocabulario latino absorbió vocabulario griego y como el inglés, que
absorbió vocabulario franco-normando. Pero los vocabularios de base y las gramáticas de las
lenguas no se modifican nunca de manera rápida.

Quinta prueba: La etimología oficial del francés es fantasiosa La etimología oficial del francés
está basada en lo arbitrario, las fantasías y la falsa erudición. Repetida de generación en
generación, retomada por todos los diccionarios, termina por tener fuerza de ley. Y continuamos
repitiéndolo hasta la saciedad: que la palabra TRABAJO viene del latín TRIPALIUM (instrumento
de tortura), que la palabra francesa SANGLIER (jabalí) viene del latín SINGULARIS (solitario), que
la palabra ESCLAVO viene del latín SLAVUS (eslavo)… y miles de otras burradas que no han sido
demostradas jamás. Los tres postulados axiomáticos de la etimología oficial Nunca encontramos
el menor rigor. Jamás, como en el caso de la hipótesis del “bajo latín”, se ha descrito el método
científico que serviría luego de base a la etimología oficial. De hecho, ésta reposa sobre tres
postulados axiomáticos que llevan a los etimologistas a equivocarse con una constancia que
causa nuestra admiración. Primer axioma: el francés viene del latín. Los etimologistas,
persuadidos de que el francés viene del latín, se las ingenian entonces contra toda lógica, para
buscar por todos los medios un origen latino. Segundo axioma: cuando los etimologistas, a pesar
de su imaginación desbordada, no logran encontrar un origen latino, consideran que las palabras
fueron necesariamente tomadas en préstamos a partir de otra lengua, y tienen la tendencia a
volverse hacia las lenguas que conocen bien: el alemán, el neerlandés, el italiano, el español.
Recordemos aquí que, para lo que se consideran préstamos del italiano y del español, se trata
simplemente de un aporte directo por intermedio del “italiano antiguo”. Pero, por el contrario,
imaginar que el francés haya podido absorber 1 500 palabras de origen neerlandés es una
idiotez innombrable. Basta con comparar, y lo haré más adelante, las palabras que se suponen
son de origen neerlandés con las palabras de origen italiano para ver un parentesco
infinitamente más evidente con éstas últimas. No, el pueblo francés no es un pueblo de ingenuos
que se pasa el tiempo robando palabras de las lenguas de los otros pueblos, ni tampoco una
lengua se construye sobre el préstamo de innumerables palabras extranjeras. Tercer axioma:
para los etimologistas, fuera del texto escrito, ¡no hay nada que buscar! La etimología oficial se
ocupa de seguir la evolución de las palabras a través de textos de diferentes periodos, y
pretende describir la historia semántica y fonética de las palabras. La ambición es loable, pero el
error consiste en creer que los textos son lo bastante confiables como para indicar
verdaderamente el

estado de la lengua. “Fuera del texto escrito, no hay nada que buscar”, tal pudiera ser la divisa
de la etimología oficial. Ahora bien, basarse total y únicamente sobre lo escrito tiene sus límites.
En efecto, los textos escritos son poco confiables: La literatura no tiene por vocación en sí
dedicarse a tratar de los temas de la vida cotidiana. No transmite de manera exhaustiva el
vocabulario relativo a la vida doméstica: comida, cocina, vestimenta, anatomía, agricultura,
animales… La literatura es elaborada, al menos en los tiempos antiguos, por eruditos, quienes
están asociados al poder y pertenecen ellos mismos a la nobleza (los Latinos, los Egipcios, los
Asirios), o bien son especialistas en sus dominios, la filosofía, las ciencias, como, por ejemplo, los
Griegos. No refleja en nada el arte de vivir del pueblo, y descuida, por ese hecho, una parte de
su vocabulario. Los escritores mismos se autocensuran y escogen el vocabulario que utilizan. El
ejemplo de la literatura francesa, que proscribe cientos de palabras de la jerga, — incluidas
palabras que no poseen carácter vulgar— es, en este sentido, ejemplarizante. Finalmente, la
ortografía está muy lejos de ser confiable: no está basada en datos científicos sólidos (la fonética
es una ciencia reciente), ni es estable o uniforme, y puede ser alterada conscientemente como lo
mostraremos. Ferdinand de Saussure decía en su Cours de linguistique que «la evolución
ininterrumpida de la lengua es velada con frecuencia por la atención que se presta a la lengua
literaria». Decididamente, este Ferdinand de Saussure se distingue claramente del montón. El
latín a como dé lugar Para encontrar un origen latino a las palabras francesas, contra toda
evidencia, los etimologistas galos no tienen temor en utilizar triquiñuelas, procedimientos
falaces, y aceptar toda componenda que sea necesaria, con desprecio de toda lógica. He
identificado cuatro de estos procedimientos. Procedimiento n° 1: Consiste en encontrar una
palabra latina de la misma sonoridad y afirmar que es el origen de la palabra francesa. Tomo
algunos ejemplos al azar. Usted puede hacer el ejercicio usted mismo una vez que haya
entendido las claves para descifrar la superchería. BAILLE: esta palabra de jerga, o más
exactamente del francés popular, significa «el agua» o «el mar» en la expresión «aller à la
baille». El diccionario Petit Robert propone la etimología siguiente: “1325, italiano BAGLIA, latín
BAJULA, (portador de agua)”. Llamo su atención sobre la mención de la fecha (1325) que hace
sospechar sobre el rigor en esta artística imprecisión. Para mí, la palabra BAILLE tiene el mismo
origen que la palabra BAIE, ambos del italiano BAIA, que encontramos en todas las

lenguas romances, de manera que “aller à la baille” quiere decir simplemente “aller à la plage”
(ir a la playa). CHANTIER (cantera, obra en construcción): El Petit Robert propone «fin del siglo
XII, trozo de madera, puntal, latín CANTARIUS, caballo malo”. Esta etimología está sacada del
diccionario etimológico de Bloch y Wartburg que agrega que la palabra latina CANTARIUS fue
probablemente tomada del griego KANTHELIOS,“asno enalbardado” (sic). Como se puede
constatar, esta proposición no puede ser más fantasiosa. Yo la refuto totalmente. ¿Dónde está la
relación entre la construcción y los caballos malos o los asnos enalbardados? ¡Esta explicación
está halada por las crines! CHANTIER podría ser una palabra compuesta: CHAN-TIER. La primera
silaba no lleva la palabra CHAMP (campo, lugar, espacio), y la segunda está construida sobre el
radical TR que encontramos en TRUIR (construir, destruir), en TOUR (torre), o en TRUELLE (paleta
de albañil). Este radical nos envía explícitamente a todo lo relacionado con edificios. Un
CHANTIER podría ser simplemente un lugar destinado a la construcción (y no un caballo malo o
un asno enalbardado). CANCAN: este galimatías es una obra maestra. El Petit Robert propone:
“1602: quanquan de colegio. 1554: latín QUAMQUAM ‘lo que sea’ con la antigua pronunciación”.
Esta etimología está sacada de Bloch y Wartburg, pero el Petit Robert la abrevia ya que la
segunda parte es aún más ridícula. La cito íntegramente: “En el sentido de danza vulgar y
ruidosa, 1836, viene probablemente de un nombre infantil del pato, sentido atestiguado ya en
1808: cancán tendría entonces propiamente el significado de ‘danza que evoca el contoneo de
los patos’”. Hay que reconocerlo: alcanzamos aquí las cumbres de lo absurdo, reforzadas con
fechas de una extraordinaria precisión que le dan un barniz científico. Los etimologistas oficiales,
que conocen tan bien el latín y que hacen venir casi todo de él, habrían podido acercarse al
verbo latino CANERE (cantar). Además, el redoblamiento de un radical es bastante frecuente en
los términos que tienen relación con los sonidos: MURMURER (murmurar), BROUHAHA
(murmullo), TAPOTER (golpetear), ZEZAYER (cecear), SUSURRER (susurrar). La raíz CAN que se
encuentra en latín y en italiano antiguo es, de hecho, una raíz indoeuropea que significa cantar.
El CANCAN es una especie de canto basado en la repetición. ÉQUARRIR (cuadrar, destazar): Se
dice que proviene del latín EXQUADRARE, convertir algo en cuadrado. Me parece que hay algo
aquí que no cuadra. Descompongamos la palabra de la siguiente manera: E — QUARRIR

El prefijo «E» tiene el sentido de exclusión, y QUARRIR viene del itálico CAR (la carne humana).
«ÉQUARRIR», y no hay que reírse de ello, quiere decir simplemente «quitar la carne». ¿No
cuadra mejor así? (especia): la palabra se presume surgida del latín SPECIES (especie). ÉPICE

No hay ninguna relación entre las dos palabras, piensen lo que piensen los etimologistas
oficiales. La palabra EPICE se divide en É-PICE y PICE se construye sobre el radical PS,
deformación del radical PT, que en todas las lenguas indoeuropeas ha servido para acuñar
palabras relativas a la comida y que en francés ha dado: PÂTE (pasta), PÂTÈ (paté), POTAGER
(huerto), POPOTE (papeo, comida), PINTE (pinta), PLATO (plato); en italiano: PIZZA; en ruso PIT’
(beber), en inglés PIE (pastel), y hasta en latín PISTOR (panadero). En resumen, PICE es la
comida, y É-PICE es lo que es exterior a la comida, diferente a la comida misma; en este caso,
entiendo ÉPICE como el acompañamiento de la comida. ESCLAVE (esclavo): El diccionario
Larousse y el Petit Robert aportan la misma etimología: «proviene del latín medieval SCLAVUS,
éste de SLAVUS (eslavo), por haber los germánicos reducido a la esclavitud a numerosos
eslavos»1. Notemos, en primer lugar, que la palabra ESCLAVO se dice SKLAVE en alemán,
SCHIAVO en italiano, ESCLAVO en español. Todas estas lenguas incluyeron, entonces, la letra
adicional “K” en la palabra SLAVE, lo que me lleva a pensar que la palabra ESCLAVO no tiene
nada que ver con los ESLAVOS y que es muy anterior. En ESCLAVE, yo veo un palabra compuesta:
ESC-LAVE, en la que LAVE nos lleva de regreso al trabajo (latín LABOR, italiano LAVORO, francés
LABEUR, español LABOR), comprendida LABOR en el sentido noble de la palabra. El esclavo es
aquél que está excluido de la LABOR por estar reducido a tareas ingratas. La esclavitud es una
vieja institución humana y los indoeuropeos no esperaron la llegada de los eslavos para darle un
nombre. SANGLIER (jabalí): provendría del latín SINGULARIS (solitario), como si el jabalí viviese
solo. Para el oficio de etimologista hay que salir a veces de los libros o, en su defecto,
preguntarles a los cazadores. Ellos le dirán que los jabalíes rara vez se encuentran solos e incluso
viven de manera bastante gregaria. La primera silaba SAN es indoeuropea, y bajo formas
fonéticas variadas pero próximas, SIN, CHAN, CAN… la encontramos en numerosas palabras
relativas a los animales: CAN.ICHE, CAN.ASSON (jamelgo), CAN.ARD (pato), SIN.GE (mono),
GEN.ISSE (becerra), CHIEN (perro), CHAM.OIS (gamuza), CHAM.EAU (camello)… La segunda
silaba, GLIER, no es fácil de descifrar, lo reconozco. ¿Nos lleva acaso a GUEULE (jeta)? ¿Sería
acaso el jabalí (sanglier) simplemente un animal con una jeta enorme? TRABAJO: Se dice que
esta palabra proviene del latín TRIPALIUM (que era un instrumento de tortura construido con
tres palos, de allí su nombre). ¿Quién hizo este hallazgo? La historia no lo dice. No insisto más en
el hecho de que nos encontramos aquí dentro de la misma lógica que consiste en encontrar por
casualidad una palabra 1

El diccionario de la Real Academia Española da una etimología más elaborada pero que da como
conclusión el mismo origen: “esclavo, va. -Del b. lat. sclavus, éste del griego bizantino σκλάβος,
der. regres. de σκλαβηνός, propiamente, 'eslavo', y este del eslavo slovĕninŭ, nombre que se
daba a sí mismo el pueblo eslavo, que fue víctima de la esclavitud en el Oriente medieval” –
Nota del traductor.

latina que tenga una consonancia lo bastante cercana. Resumiendo, encontraron la palabra
“TRIPALIUM” y concluyeron entonces que el trabajo, para los pueblos antiguos, era una tortura.
En primer lugar, es evidente que toda palabra larga es una palabra compuesta. La primera
dificultad consiste en descomponerla en el lugar adecuado. Se puede cortar la palabra TRABAJO
en TRA.BAJO o T.RABAJO. Vamos a ver que es la segunda proposición la correcta. Estudiemos
primero las silabas finales RA.BAJO. Cuando se analizan numerosas lenguas, nos damos cuenta
de que las vocales son muy sensibles a los cambios, pero que las consonantes se transforman
muy poco y siempre de la misma manera. De tal manera que, para simplificar, yo diría que lo que
nos interesa en RABAJO son las consonantes, es decir las letras R y B. Ahora bien, la R con
frecuencia se transforma fonéticamente en L2, de la misma manera que B y V son
intercambiables. Por tanto, este conjunto de letras RB, que yo llamo un radical, se puede
encontrar bajo las formas LV, LB o RB. En alemán y en ruso, que son lenguas indoeuropeas,
“trabajo” se dice ARBEIT en la primera, y RABOT en la segunda. Primera constatación: las
palabras que designan el trabajo en alemán y en ruso utilizan el mismo radical de base RB. En
italiano decimos LAVORO y en latín LABOR; por tanto, en dos lenguas itálicas la palabra “trabajo”
se construye sobre el radical LB/ LV el cual, como he dicho antes, es equivalente al radical RB. En
las palabras francesas LARBIN (criado, sirviente, persona dedicada a los trabajos hogareños),
CORVEE (faena), TURBIN (tajo)… encontramos siempre el radical RB, que la traza indeleble de
una palabra antigua relativa al trabajo. Regresemos a la palabra TRABAJO, que habíamos
descompuesto en T-RABAJO. La T inicial es un prefijo indoeuropeo que significa exclusión. Por
tanto, aquellos que trabajan están excluidos del RABAJO, de la LABOR en el sentido noble del
término. El TRABAJO vendría a ser entonces la actividad de los siervos, en oposición a las otras
actividades consideradas como más nobles. Hablaré de ello en un libro futuro sobre la vida de
nuestros lejanos ancestros, descifrada gracias a una etimología completamente renovada.
TRIVIAL: la palabra TRIVIAL no tiene nada que ver con el latín TRIVIUM (tres vías), como lo
propone la etimología oficial con la misma lógica de búsqueda arbitraria de una palabra latina
que tenga la misma consonancia. TRIVIAL se descompone en T.RIVIAL y significa, siguiendo la
demostración precedente, que no tiene las características de la LABOR noble.

La pequeña exposición que acabo de hacer tenía por objetivo hacerles percibir un mundo nuevo
y mostrarles que existe una verdadera alternativa a la etimología oficial. Ciertamente, es más
fácil salir a pescar la primera palabra latina que posea la misma sonoridad, pero un proceso
racional es infinitamente mucho más productivo.

2 El razonamiento original del autor, que se basa sobre la palabra francesa TRAVAIL, agrega que
la letra V, de la porción RAVAIL, con frecuencia se transforma fonéticamente en B.

Procedimiento n° 2 : Consiste, para la etimología oficial, en tomar la traducción latina de la


palabra francesa o una palabra latina con un sentido muy cercano y decretar que hubo, bien sea
una transformación fonética, bien sea un fuerte alteración de la palabra latina. He aquí algunos
ejemplos entre miles de otros. ALLER (ir): Se considera que proviene del latín AMBULARE.
Dejemos a la imaginación del lector que encuentre cuáles transformaciones, cuáles alteraciones
y cuáles deformaciones habrían sido necesarias para pasar de una palabra a la otra. Si tal
transformación hubiese tenido lugar, deberíamos encontrar formas intermedias; ahora bien, no
encontramos ni una sola. CONVOITER (codiciar): Se afirma que viene de una palabra del latín
popular, CUPIDIETARE, ésta a su vez proveniente de CUPIDITAS (codicia). Esta etimología es el
resultado de un parentesco aparente entre CONVOITISE y CUPIDITE3, sin que se demuestre la
correspondencia fonética. CONVOITER es una palabra compuesta de CON-VOITER en la que
VOITER se construye sobre el radical VD/VT (ver): en latín VIDERE (ver), en ruso VIDET (ver), en
sueco VETA (saber), en sánscrito VEDA (conocimiento). El prefijo CON tiene el sentido de
“refuerzo”. CONVOITER es “mirar con insistencia”. COUSIN (primo): Se afirma que proviene del
latín CONSOBRINUS. El parentesco evidente de la palabra COUSIN con el italiano CUGINO4 me
hace pensar que esta palabra es una deformación del italiano, que no proviene del latín, sino
que es más bien una palabra compuesta: CO-GENE (de la misma GENTE, de la misma familia).
DURER (durar): El Petit Robert propone la siguiente etimología: «final XI°, latín DURARE:
endurecer, aguantar, resistir, durar». Esta etimología es característica de una parte importante
del procedimiento oficial que desdeña la semántica, es decir, el sentido de las palabras. Da a
entender que aquello que es “duro” puede “durar”. Pero en realidad la DUREZA no tiene nada
que ver con la DURACIÓN. Al contrario, los etimologistas habrían podido darse cuenta de la
cercanía entre la palabra alemana DAUERN (durar) o el latín (DIURNUS, que dura un día). La
palabra DURAR contiene el radical indoeuropeo UR/OR/ER que ha dado, en la mayoría de las
lenguas indoeuropeas, la medida del tiempo: en francés: HEURE (hora), ALORS (entonces), HIER
(ayer), ERE (era); en griego moderno: MERA (día), KAIROS (tiempo), etc. EAU (agua): Proviene, se
afirma, del latín AQUA. La palabra francesa y la palabra latina no tienen un solo sonido en
común. Quieren hacernos creer que hubo una transformación total de la palabra AQUA
únicamente en la lengua francesa, mientras que en italiano y en español se dice todavía ACQUA
y AGUA, y que en occitano y en catalán la evolución fonética condujo a la palabra AIGO, que
sigue siendo bastante cercana al italiano. La palabra francesa EAU es una abreviación de la
palabra indoeuropea OD/OT de la cual encontramos rastros en el inglés

34

Ambas palabras tienen el significado de «codicia» en español. Tiene el mismo significado de


«primo» en español.

WATER,

en el ruso VODA, y en el francés GOUTTE (gota), OUTRE (ultra, además), MOITE (húmedo)…
MANGER (comer): se dice que viene del latín MANDUCARE (mascar). Sí, pero hay poca
semejanza entre la palabra francesa y la palabra latina. En realidad esta palabra deriva con
mayor seguridad de un radical indoeuropeo, MS: Ruso Hindi Inglés Latín Griego Alemán

MIASO (carne) MANS (carne) MOUTH (boca), MEAT (carne) MENSA (mesa sobre la que se come)
MEZE (entremés) MAGEN (estómago)
En francés, este radical

MS

ha dado las palabras:

METS (plato),

MACHER (mascar), MASTIQUER (masticar), MESS (comedor), MUSEAU (hocico)… Por

cierto: MANGER se dice MANGIARE en italiano.

Procedimiento n° 3: Cuando, por desgracia, la etimología oficial no encuentra una palabra latina,
tiene la genial idea de inventarla, y sacan del sombrero una palabra bautizada como proveniente
del “bajo latín” o “latín vulgar”. ¡Cómo utilizan el sombrero los etimologistas! BOUGER (mover-
se): la etimología oficial hace provenir esta palabra del latín °BULICARE, palabra reconstruida a
partir de la palabra latina BULLIRE (hervir). El movimiento que se sugiere en BOUGER provendría
entonces de la ebullición. De hecho, la palabra BOUGER se basa en el radical BG que, bajo su
forma más común, VG, es un radical indoeuropeo que encontramos en francés en VOGUER
(bogar), DI-VAGUER (divagar), VAGABON (vagabundo); en latín, en las palabras VAGUS (errante),
VAGOR (errar); en alemán: WEG (camino), WAGEN (carro)… El verbo BAGUENAUDER (callejear,
deambular) se construye sobre el mismo radical. CHANGER (cambiar): Se afirma que proviene de
una «palabra del bajo latín, CAMBIARE, que a su vez proviene del galo» (sic)5. Es curioso que
esta palabra latina CAMBIARE no se encuentre en ningún texto clásico. ¿De dónde viene esta
idea de los etimologistas de imaginar un origen galo? ¿En qué se basan para hacer una
afirmación semejante? ¿Tienen a su disposición textos galos? ¿Han logrado acaso reconstruir la
lengua de los galos? Yo veo, en cambio, en CHANGER el prefijo CH y un verbo °ANGER (cf. francés
AGIR, actuar; latín AGERE, con el mismo significado), de la misma manera que RANGER (colocar
en su sitio) se descompone en R-ANGER (actuar de nuevo), o MEN-AGER (componer, arreglar). El
prefijo CH/S nos envía de nuevo a la idea de la exclusión. De esta manera, CH.ANGER es “actuar
fuera de, actuar de manera diferente”. RINCER (enjuagar): La etimología oficial hace venir este
verbo de un supuesto verbo latino, °RECENTIARE (derivado de RECENS en el sentido de «fresco»,
dicen ellos). La palabra RECENTIARE no existe en latín. Yo veo más bien una palabra construida
sobre el radical RN: en alemán tenemos RINNEN (correr un rio, fluir); en inglés, RAIN 5 El
diccionario de la Real Academia recoge también este origen de la palabra española CAMBIAR,
como proveniente del “galo-latino cambiāre”.

(lluvia); en griego, REON (líquido). La toponimia nos da las palabras RIN, RHONE, GARONNE.
Todo eso fluye naturalmente, ¿no es cierto? Procedimiento n° 4: Finalmente, cuando todos los
procedimientos anteriores han sido utilizados hasta más no poder, la etimología oficial se rebaja
al hacer un número digno de la charlatanería de bulevar. Nos quieren hacer creer que algunas
palabras francesas vienen de la contracción de expresiones latinas. AVIS (opinión, parecer): El
Petit Robert y el Larousse, retomando a Bloch y Wartburg, proponen “Ce m’est avis” (“se me ha
advertido”), del latín “MIHI EST VISUM”. He ahí una evidente elucubración. Es poco probable que
las palabras se formen de ese modo. Para mí, AVIS se acerca a AVEU (confesión) y a AVOUER
(confesar) en las que el prefijo A / AV indica la procedencia, el origen. Dar una opinión (AVIS) es
simple y llanamente “expresarse”. 6 FORÊT (bosque, selva, foresta) : Se afirma que viene del latín
FORESTIS (hipotética palabra proveniente del bajo latín) a partir de una expresión reconstruida,
°SILVA FORESTIS, «bosque fuera de (foris) de la cerca». Según el procedimiento habitual, los
etimologistas oficiales, buscando a la buena de Dios, encontraron que la palabra FORÊT sonaba
como la palabra latina FORIS que significa “fuera de”. Inventaron entonces una expresión latina,
“SILVA FORESTIS”, en la que SILVA es la palabra latina para designar el bosque y FORESTIS es una
palabra inventada para servir a la causa (primera triquiñuela) y a la que se le atribuye el
significado de “exterior”. Por tanto, nuestra FORÊT vendría a ser una SILVA (¡!) exterior. ¡Ya lo
ven! Y la palabra SILVA habría desaparecido (segunda triquiñuela) para no dejar que la palabra
FORESTIS que dio entonces la palabra FORÊT. He ahí, estimado lector, el tipo de «demostración»
que nos quisieran hacer tragar, basada en expresiones que uno no encuentra nunca, en palabras
que no existen y en oportunas desapariciones. Para mí, la palabra FORÊT viene con mayor
seguridad de la palabra indoeuropea FOR (fuego) (cf. francés: FOUR (horno), FORGE (forja,
fragua), EN.FER (infierno); griego: PHAROS; alemán: FEUER; inglés: FIRE… La “foresta” es, en
primero que nada, el lugar en el que se encuentra la madera para hacer el fuego. MÊME
(mismo): Los etimologistas se encuentran en una situación muy incómoda frente a esta simple
palabrita. Entonces sacan a relucir su arte y utilizan toda su panoplia de supercherías posibles.
MÊME vendría del latín popular METIPSIMUS, superlativo de la palabra latina popular METIPSE
que vendría a su vez del latín clásico “EGOMET IPSE”, “yo mismo en persona”7. El latín popular,
usted ya lo sabe, es ese latín que todo el mundo busca y que nadie ha encontrado nunca. La
palabra METIPSE es una invención basada en la idea de que, en la expresión latina EGOMET IPSE,
el uso habría abandonado la primera parte, EGO, de la palabra EGOMET. Pero como este término
está todavía muy alejado de la 6 En español hemos conservado también la palabra forestal
definida como adjetivo relativo a los bosques (nota del traductor). 7 El diccionario de la Real
Academia Española reporta la misma etimología (nota del traductor).

palabra MÊME, le inventaron un superlativo a fin de introducir una M adicional. Los


etimologistas oficiales dejan al lector el cuidado de deducir que la palabra METIPSIMUS se
transformó en MÊME. La imaginación de los etimologistas es pletórica, pero se le ven las
costuras. Espero que estos ejemplos les hayan convencido de que la etimología oficial es
totalmente fantasiosa, y espero también haberles abierto otras perspectivas más fructíferas y
más racionales. Lo que ciertos etimologistas muestran como una prueba que el francés sí viene
del latín reposa de hecho sobre este postulado. No, la etimología, bien concebida, muestra, al
contrario, que el francés no viene del latín. Era nuestra quinta prueba.

Sexta prueba

Las lenguas romances son casi idénticas entre sí


La extraña semejanza entre todas las lenguas romances He mostrado, en los capítulos sobre el
vocabulario y la gramática, cuán próximas son las lenguas romances entre sí, cualquiera que sea
su posición geográfica (desde Rumania hasta Portugal), y cualquiera que sea la fecha de la
ruptura con el Imperio romano. Recuerde todas esas palabras de la vida corriente casi idénticas
en todas las lenguas romances y en todos los casos completamente diferentes de las palabras
latinas.

VOLCAN, BAHIA, PLAYA, ROCA, LAVA…

PANTALON, CAMISA, VESTIMENTA…

GATO, CABALLO, JUMENTO, RATA …

MAÑANA, TARDE, JAMAS, SEMANA, JORNADA…

CONDE, VASALLO, ASAMBLEA, RAZA…

PALABRA, ORGULLO, FUERZA, COSA…

Recuerde todas las formas gramaticales idénticas en todas las lenguas romances y que difieren
del latín: la ausencia de declinaciones, la carencia de género neutro, el pasado compuesto, el
tratamiento de usted… Para ilustrar aún más la fuerte semejanza entre todas las lenguas
romances, he tomado cuatro frases latinas al azar y las he traducido en cuatro lenguas
romances. Juzgue por usted mismo la impresionante semejanza entre las frases romances y qué
divergentes son del latín. Usted notará que el orden de las palabras de una frase (lo que los
gramáticos denominan la sintaxis) es siempre la misma en todas las lenguas romances, y es
siempre diferente de la sintaxis en latín. Comencemos por una frase muy simple. Latín Francés
Español Italiano Rumano

Tu ¿Te Te Iti
Musicane

delectaris?

aimes gusta piace place

la la la

musique ? música ? musica ? muzica ?

En latín sólo se ve la forma interrogativa –NE como sufijo. No queda de ella la menor traza en las
lenguas romances. En latín solo vemos la forma pasiva que utiliza una R final (DELECTO: atraer,
DELECTOR: ser atraído). No queda la menor traza de eso en las lenguas romances. No hay
artículos en latín. Los hay en todas las lenguas romances. Para estas cuatro frases romances,
encontramos la misma sintaxis, incluso frases casi idénticas. Latín Francés Español Italiano
Rumano

Quo Où ¿A dónde Dove Unde

eunt vont van vanno merg

equi les los i cei

quatuor ? quatre cuatro quattro patru

chevaux ? caballos ? cavalli ? cai ?

En este ejemplo, se ven claramente sintaxis completamente diferentes: el latín (caballos cuatro)
corresponde a ‘los cuatro caballos’ en todas las lenguas romances. La palabra latina EQUUS
(caballo) no existe en lengua romance alguna, en las que se utiliza la palabra CAVAL más o menos
deformada. Nos queda la palabra QUATRE que parece tan cercana al latín. ¡Atención! La palabra
termina en latín en “T-vocal”, mientras que en todas las lenguas romances termina en “T-R-
vocal”. Latín Francés Español Italiano Rumano

Il

est Es E Este

plus más piu mai

Facilius facile fácil facile usor


in de de sa

mensa poser poner porre pui

ponitur le el il

En esta frase tenemos numerosas formas gramaticales propias del latín, inexistentes en las
lenguas romances: sintaxis, verbo deponente, comparativo, ausencia de artículo, conjugación. A
la inversa, observe cómo las frases en las lenguas romances son tan próximas entre sí tanto en el
plano del vocabulario como en el de la sintaxis. Además, el latín FACILIUS es el comparativo de
FACILIS y quiere decir “más fácil”. No existe ninguna lengua romance que, para formar un
comparativo, agregue tal terminación al adjetivo. Las lenguas romances utilizan los adverbios
PLUS/PIU o MAS/MAI. Latín Francés Español Italiano Rumano

Certus Je

sum suis

me sûr

Alicujus d’

rei avoir

oblitum oublié

Estoy Sono sunt

seguro sicuro sigur

de di ca

haber avere am

olvidado dimenticato uitat

esse quelque chose algo qualcosa ceva

En este último ejemplo, se encuentra el uso en latín de un verbo deponente, forma gramatical
que no existe en las lenguas romances. Notamos igualmente que el verbo latino “ser” (esse) se
traduce en todos los casos como “haber”. La traducción palabra por palabra de esta frase es la
siguiente: «seguro estoy mi alguna cosa olvidado ser». Este ejemplo ilustra una vez más que el
orden de las palabras en las frases latinas no tiene correspondencia en las lenguas romances, y
que el orden de las palabras de las frases de las lenguas romances es siempre el mismo. Una
fuerte similitud a pesar de las diversas influencias La fuerte similitud entre las lenguas romances
no puede explicarse por una evolución idéntica del latín en todas las regiones del Imperio
romano ya que cada una de las zonas geográficas romanas (la Dacia, la península ibérica, la
Galia, etc.) tiene su propia historia lingüística. En cada ocasión, la nueva lengua aportada por los
romanos fue adoptada por los hablantes de lenguas diversas, y transformada luego bajo la
presión de los sucesivos invasores. En lo que se refiere a la Galia, por ejemplo, podemos
imaginar que los galos cruzaron su lengua con la de los romanos para hacer

poculum verre vaso bichierre paharul

sur sobre sul pe

la la la

table mesa tavola masa

un galo-romano, sometido mas tarde a la influencia de los francos que hablaban la lengua
“franca”. En Rumania, el escenario fue el mismo: los dacios adoptaron el habla de los romanos
para crear un dacio-rumano el cual, a su vez, fue sometido a la influencia de los pueblos
germánicos y eslavos durante el periodo de las invasiones. Las historias de las lenguas francesa y
rumana son totalmente diferentes. Deberíamos, por tanto (si el francés y el rumano fuesen
ambos surgidos del latín), encontrar transformaciones diferentes del latín. Por ejemplo, una
lengua podría haber conservado el género neutro, la forma pasiva, un subconjunto de las
declinaciones… Pero lo que hemos constatado, en los capítulos sobre el vocabulario y la
gramática, es que el francés y el rumano abandonaron —supuestamente— las mismas palabras
latinas y las mismas formas gramaticales, y adoptaron —también supuestamente— las mismas
palabras no latinas y las mismas formas gramaticales no latinas. La única explicación posible que
podemos dar a la semejanza entre las lenguas, a pesar de las influencias exteriores muy
diferentes, es que los romanos aportaron una lengua romance y no el latín. Y esta lengua
romance no puede ser otra que el italiano. De igual manera, la idea generalmente extendida
según la cual el francés es diferente del latín a causa de las influencias lingüísticas sucesivas (el
galo y el franco) no resiste el análisis. Si el francés y el rumano son diferentes del latín, no fue
debido a la influencia de los galos y de los Francos, para el caso del primero, ni bajo la influencia
de los dacios y de los invasores germánicos y eslavos en el caso del segundo, ya que no vemos
por medio de qué milagro, pueblos tan diferentes, habrían podido realizar exactamente las
mismas modificaciones.

Séptima prueba

El francés antiguo es un francés «italianizado»


Si el francés proviniera del latín por el proceso de evolución ocurrido a través de los siglos, el
francés del siglo XI debería ser intermediario entre el latín y el francés del siglo XXI. Ahora bien,
no es eso lo que encontramos. El francés antiguo difiere muy poco del francés de hoy. Si
quitamos todas las palabras del francés antiguo que son diferentes de las del francés moderno y
las comparamos al italiano y al latín, observamos que la regla general es que las palabras del
francés antiguo no se parecen al latín y que son, casi todas, intermedias entre el francés y el
italiano. El francés antiguo se encuentra entre el francés y el italiano El cuadro que se presenta a
continuación da la traducción en francés moderno, en italiano y en latín, de palabras del francés
antiguo extraídas de dos novelas antiguas: ENÉAS, de Salverda de Grave, y LE CONTE DE GRAAL,
de Chrétien de Troyes, escritas hacia el año 1 200. Coloqué la columna de palabras en francés
antiguo entre las columnas de francés moderno y de italiano para mostrar la continuidad
fonética. Francés moderno AIDE BAIE CE/CET COUP COUR EPÉE ÉTRANGER FEMME HIVER
JAMBE JE LA SIENNE LE

Francés antiguo AIUDE BAILLE CIST COP CORT ESPEE ESTRANGIER FENNE INVERN GAMBE JO LA
SOUE LI

Italiano AIUTO BAIA QUESTO COLPO CORTE SPADA STRANIERO DONNA INVERNO GAMBA IO LA
SUA IL

MAÎTRE MANTEAU MARTEAU MASSUE MEME NÉANT PEAU VÊTIR

MESTRE MANTEL MARTEL MASSE MESME NIANT PEL VESTIR

MAESTRO MANTELLO MARTELLO MAZZA MEDESIMO NIENTE PELLE VESTIRE

Latín AUXILIUM SINUS HIC ICTUS AULA GLADIUS EXTERNUS UXOR HIEME CRUS EGO SUUS / EJUS
No existe artículo definido en latín. DOMINUS PALLIUM MALLEUS CLAVA IDEM NIHIL CUTIS
INDUERE VESTEM

El articulo LI aparece claramente como intermedio entre el francés moderno LE y el italiano IL. El
pronombre JO es intermedio entre JE e IO. La palabra ESPEE es intermedia entre EPEE y SPADA.
Ocurre lo mismo con cada una de las palabras de esta tabla. El francés antiguo se aproxima
fonéticamente al italiano, pero no al latín.

En el cuadro siguiente, coloqué las palabras del francés antiguo que son totalmente diferentes
de las palabras del francés moderno. Se parecen al italiano, pero no se parecen en nada al latín.
Francés moderno BEAU-FILS JETER MAINTENANT TROMPER

Francés antiguo FILATRE BOUTER ORES ENGEIGNER


Italiano FIGLIASTRO BUTTARE ORA INGANNARE

Latín GENER JACIO NUNC DELUDERE

Después de haber descubierto en el primer cuadro que algunas palabras del francés antiguo
eran intermedias entre el italiano y el francés moderno por efecto de una transformación
fonética continua, hemos descubierto en el cuadro siguiente que existen casos en los que
palabras del francés antiguo son diferentes del francés moderno, pero semejantes al italiano y
no al latín. Frente a las semejanzas evidentes de numerosas palabras italianas y francesas, los
etimologistas han recurrido con frecuencia al Renacimiento y a la influencia cultural italiana de
esta época. En este caso, estamos en 1 200, y los contactos entre el reino franco e Italia son, en
este tiempo, extremadamente reducidos. Más bien, en el segundo cuadro tenemos la prueba de
que la evolución de las lenguas conduce a veces a la desaparición de ciertas palabras. La falsa
semejanza entre el francés antiguo y el latín Con frecuencia, los comentaristas de textos antiguos
se refieren al latín para explicar por qué una palabra francesa antigua no se parece al francés
moderno. De esta manera, BEAUCOUP se decía antiguamente MOULT. Esta palabra, comparada
con el latín MULTUS, que se le parece bastante, es considerada, por tanto, de origen latino.
Ahora bien, yo constato que las palabras del francés antiguo que se parecen a las palabras
latinas también se parecen siempre a las palabras italianas. No he encontrado un solo caso en el
que la palabra francesa se parezca al latín sin que se parezca igualmente al italiano. Le recuerdo,
estimado lector, que la similitud entre las palabras italianas y las palabras latinas puede tener
dos causas: o bien las palabras tienen el mismo origen indoeuropeo, o bien las palabras italianas
han sido tomadas en préstamo del latín. Además, estas palabras del francés antiguo que se
parecen al latín no nos fueron transmitidas directamente por la lengua latina sino que surgieron
del italiano, del cual guardan la traza. Así, la palabra BON (bueno) se decía BUEN y se parece más
al italiano BUONO que al latín BONUS; de igual manera, la palabra NÔTRE se decía NOSTRE y se
parece más al italiano NOSTRO que al latín NOSTER. Francés ANGE ANNEAU AUTRE BEAUCOUP
BON COLERE CUISINIER DANS FEMME NOBLE

Francés antiguo ANGELE ANNEL ALTRE MOULT BUEN IRE QUEU EN MULIE NOBIL

Italiano ANGELO ANELLO ALTRO MOLTO BUONO IRA COCUO IN MOLIE NOBILE

Latín ANGELUS ANNULUS ALTER MULTUS BONUS IRA COQUUS IN MULIER NOBILIS

NOTRE ROYAUME SE TOMBER

NOSTRE REGNE SI CADER

NOSTRO REGNO SI CADERE

NOSTER REGNUM SI CADERE


Pretender que el francés antiguo nos acerca al latín viene de la pereza intelectual o de la mala fe.
No, el francés antiguo no se encuentra entre el francés moderno y el latín, sino que es
intermedio entre el francés moderno y el italiano.

El supuesto sistema casual del francés antiguo El sistema casual del francés antiguo se presenta
siempre como un estadio intermedio entre el latín clásico y el francés contemporáneo y, más
aún, como una prueba de la transformación progresiva del latín en francés. Sylvie Bazin-
Tacchella, profesora de la universidad de Nancy, retomando la tesis oficial en su libro «Initiation
à l’ancien francais» (Ediciones Hachette, 2001), expone: «Los sustantivos se declinan en francés
antiguo (…) Esta flexión es una herencia del sistema latino, muy simplificado. Mientras el latín
presentaba seis casos, la lengua medieval no contaba sino con dos». Simplificado, en efecto, el
sistema casual del francés antiguo, según la norma oficial, sería el siguiente: En todos los casos
diferentes al nominativo, no hay diferencia con el francés contemporáneo. Para el caso del
sujeto, el nominativo masculino se distingue colocando una “s” en el singular y ninguna
desinencia en el plural. Mi comentario: 1. Se necesita mucha buena voluntad para ver un residuo
de declinación latina en esa pequeña “s” que aparece cada cierto tiempo en los textos escritos
en francés antiguo. Estamos hablando aquí de textos del siglo XIII, es decir, escritos apenas ocho
siglos después del desplome del Imperio romano, cuando pensamos que el griego guardó todos
los casos, excepto uno, y casi siempre idénticos, durante 25 siglos. El latín nos dejó únicamente
una pequeña “s” como toda herencia de sus abundantes declinaciones. Los que sostienen la
tesis oficial de un origen latino de las lenguas romances se contentan en verdad con muy pocas
cosas. 2. Lo que llaman pomposamente sistema casual se resume de hecho a esto: las
“declinaciones” del francés antiguo son estrictamente idénticas a las del francés contemporáneo
con una sola diferencia, el nominativo, y bajo la condición de que sea masculino y que termine
en consonante. Pero para asociarlo al latín, se presenta esta ligera marca del nominativo
masculino bajo la forma de un sistema casual. 3. Para comprender el trasfondo de estas cosas
vamos a analizar la declinación de los artículos definidos en francés antiguo:

Caso sujeto

Singular Plural

Masculino Femenino li la li les

Caso diferente al sujeto

Singular Plural

Masculino Femenino le la les les

Quiero recordar que las lenguas romances se separan en dos grupos en lo que se refiere al plural
de los sustantivos: el grupo de las lenguas habladas en Francia, en España y en Portugal, y el
grupo de las lenguas habladas en Italia y en Rumania. Las primeras construyen el plural con “s”,
las segundas lo hacen con “i”, lo que me lleva a concluir que las lenguas romances tienen el
mismo origen, el italiano antiguo, pero que al mismo tiempo podríamos considerar que existían
dos variantes dialectales de este italiano antiguo. Constatamos que los artículos definidos del
francés antiguo son idénticos a los del francés contemporáneo, con la única excepción del
nominativo masculino. Parecería que el francés antiguo da testimonio de dos formas dialectales.
Para el nominativo masculino, el francés antiguo podría haber adoptado la forma “ítalo-rumana”,
y en todos los otros casos, la segunda forma. Tenemos claramente ante nosotros las dos formas
romances conocidas. 4. Autocrítica: Mi proposición funciona para los artículos definidos pero no
nos explica la presencia de una “s” en el singular del caso sujeto y su ausencia en el plural. ¿Se
trata de un artificio ortográfico de los letrados? En cualquier hipótesis que se haga, ver en esta
pequeña “s”, como es el caso de la señora Sylvie Bazin-Tacchella y sus colegas especialistas del
francés antiguo, una “herencia” de la segunda declinación latina, es creer en la obra y gracia del
Espíritu Santo. ¡Solicito a los universitarios de permanecer en el más estricto marco secular, y
sobre todo solicito no inventar trazas del latín tan tiradas por los cabellos! 5. Por concentrarse en
esta pequeña “s”, la señora Sylvie BazinTacchella ni siquiera percibe que el material sobre el que
ella está trabajando, el francés antiguo, es esencialmente francés contemporáneo. He ahí una
prueba viviente de la estabilidad de las lenguas. Este francés con ocho siglos de antigüedad nos
ha transmitido su sintaxis, su gramática y 90% de su vocabulario, a pesar de todos los trastornos
inconmensurables que Francia ha conocido durante estos ocho siglos. En el plano gramatical, el
francés antiguo nos ha transmitido mucho más que esta pequeña “s” residual que nos habría
transmitido el latín.

¡Qué falta de discernimiento, qué ofuscación en el dogma por parte de ciertos profesores
universitarios! Si la señora BazinTacchella y sus colegas ven latín en esta “s”, es porque razonan al
revés y parten del postulado de que el francés viene del latín. No, señora. Diga más bien que
usted está haciendo la hipótesis de que esta “s” sería un residuo del latín, pero no presente esta
“s” como una prueba del origen latino del francés. En conclusión: lo que se presenta como un
sistema casual se resume a la diferenciación de los masculinos en el nominativo. Y más aún, la
desinencia particular propia de este caso está limitada a únicamente a los sustantivos y los
adjetivos que terminan en consonante. Los especialistas han creído ver en esta desinencia
particular un residuo del sistema casual del latín. Le dejo a usted juzgar.

¿De dónde viene nuestra obcecación?

Siete puntos de vista diferentes han permitido demostrar que el francés no viene del latín.
¿Cómo es posible que tal evidencia no haya saltado a los ojos de los lingüistas? ¿Cómo es que
nos repiten, generación tras generación, contra toda lógica, que las lenguas romances vienen del
latín? ¿Por qué persiste esta obcecación? La responsabilidad de los lingüistas Han pasado los
siglos, marcados por el desmantelamiento del Imperio romano, las invasiones «bárbaras», la
inestabilidad económica y la instauración de un poder religioso. Tantos siglos durante los cuales,
al pasar de la “PAX ROMANA” a los años de hambruna, de invasiones y de guerras civiles, la
producción literaria casi se extinguió. La memoria colectiva no había olvidado que los romanos
habían aportado, al colonizar Europa, su organización, su sistema de derecho, sus conocimientos
y su lengua. Era admitido, por tanto, de manera natural que las lenguas romances provenían
también del latín. No se necesitaba entonces la menor necesidad de un análisis científico. Más
tarde, este prejuicio se transmitió de generación en generación. A partir del siglo XIX, los
lingüistas cargaron con una responsabilidad muy importante en el oscurantismo lingüístico
reinante en el ambiente. Algunos, como Louis Hjemsllev, Jean Perrot y Jozsef Herman,
expresaron sus dudas pero nunca cuestionaron la tesis oficial. Otros, como Antoine Meillet,
Alfred Ernout y André Martinet teorizaron sobre el origen latino del francés. Utilizando varias
ramas de la lingüística, como la morfología y la fonética, dan un carácter culto a sus escritos,
pero confunden con frecuencia “declaración perentoria” y “demostración”. Esquisse d’une
histoire de la langue latine, el libro de Antoine Meillet, es el ejemplo del lirismo universitario
totalmente anticientífico. Extraigo algunas de sus afirmaciones, dentro de las más significativas:
“El prestigio de la civilización griega no bastó en ninguna parte para imponer el griego a las
poblaciones que habitaban al interior de sus tierras”. ¿Dónde se ha visto jamás que el prestigio
imponga lengua alguna? “A la larga, la lengua culta, atacada sin cesar, no puede sino sucumbir, al
menos en el uso oral, aunque la lengua escrita cobre, cada vez más, el carácter de lengua
muerta, y por la misma razón, actúa cada vez menos en el hablar cotidiano.” ¡Como si la lengua
escrita pudiera tener alguna influencia sobre la lengua hablada! “El valor absoluto del latín
disminuía, su valor relativo no hacía sino aumentar.” ¡Eso suena muy hueco, pero no es sino
palabrería que no demuestra nada!

”Las innovaciones comunes resultan de la estructura del latín y del hecho de que un mecanismo
delicado y complejo ha sido manejado por gente nueva de todo tipo”. He ahí la gran explicación:
gente nueva de todo tipo, incapaces de hablar una lengua aristocrática, son responsables de la
transformación del latín. ¿Y cómo? Meillet nos dice que “por un mecanismo, delicado y
complejo”. Nos parece oír a los médicos de Molière. Meillet es incapaz de explicar cualquier
cosa, y recurre también, según una de sus costumbres favoritas, a un giro oscuro que no aporta
nada. ¡Y continúa! «El deponente es, en una lengua, el tipo de complicación inútil». ¡Fuera el
deponente, es demasiado complicado para el pueblo de bajo nivel! «Al eliminar el neutro, el
romance se deshizo de una categoría que ya no tenía significado alguno desde hacía tiempo». He
ahí la explicación de cómo desapareció el género neutro de todas las lenguas romances. ¡No
tenia significado alguno desde hacía tiempo! Los alemanes y los rusos, cuyas lenguas tienen los
tres géneros (masculino, femenino, neutro) y sus declinaciones (seis casos en ruso, cuatro casos
en alemán) serian, por tanto, menos rústicos que los pobres descendientes de los romanos que
no supieron guardar la riqueza de la gramática latina. «El latín vulgar se convirtió en algo que los
hombres más diversos y menos cultivados pudieran manejar, un instrumento cómodo, bueno de
usar para todas las manos.» Usted se acuerda de esto: «gente de todo tipo». No, en verdad que
nada de eso es serio. En ninguna parte se encuentra una rigurosa demostración. Toda la obra de
Meillet está hecha de formulas literarias, de encantamientos y de declamaciones, con las cuales
mezcla pseudo análisis gramaticales de varias lenguas. En ciertos casos, como el “osco” y el
“umbrío”, se basa en lenguas que no se conocen sino de manera imperfecta a través de algunos
textos. Es un fárrago increíble que engaña y que es demasiado enrevesado para dar pie a una
comprobación rigurosa. Hemos pasado de Littré, el literato puro, a Meillet, el multilingüe
barullero, sin avanzar ni un milímetro en el terreno científico. Antoine Meillet sabe, sin embargo,
que las lenguas no evolucionan rápidamente. “La estructura del árabe es aun semejante a la de
las lenguas semíticas de hace tres mil años.” Como podríamos objetarle que sería curioso que el
latín es una excepción, se deshace del argumento al afirmar: “El turco de hoy es el turco de hace
mil años, el esquematismo rígido de la lengua lo preservó del cambio.” Si el turco no ha
cambiado en mil años se debe a la rigidez de la lengua. ¡He aquí otra vez una nueva ley
lingüística! Habría, entonces, que distinguir entre las lenguas rígidas que se conservan, y las
otras. Por más que le moleste a Meillet, todas las lenguas son rígidas. «El valor duradero de la
lengua latina se debe a que ella es la expresión de un tipo de civilización rica y cuya influencia ha
sido

decisiva.» Meillet tiene respuestas para todo, y con todo precisa que “el latín guardó estabilidad
durante unos ochocientos años” Por tanto, el latín constituye una excepción por partida doble.
No solamente, contrario a lo que ocurre en todas las lenguas, el latín pudo evolucionar
fuertemente, sino que no lo hizo de manera continua, ya que permaneció estable durante ocho
siglos. ¡Maravilloso! Yo me pregunto cómo esta jerga pudo ser la referencia de la lingüística
francesa durante tantos años. ¿Cómo hemos podido aceptar esta retórica inconsistente? ¿Cómo
es que nadie vio jamás todas las incoherencias de sus razonamientos? Hay quizá un respeto
impecable de los doctos profesores y una gran incapacidad para cuestionar el dogma, propios de
la universidad francesa. Para llegar a ser profesor, todo estudiante debe practicar la religión de
sus predecesores, que consiste en la veneración de los antiguos y la adhesión al dogma. Sin ello,
se expone a no recibir la unción. El parentesco indoeuropeo Es inadmisible que los lingüistas se
equivoquen sin cesar. En cambio, es comprensible que se abuse del común de los mortales. El
latín y las lenguas romances, como vimos, salen de un tronco común: el indoeuropeo. Entonces,
existen necesariamente puntos en común entre el latín y las lenguas romances. Pero parentesco
no quiere decir relación filial directa. El latín y las lenguas romances tienen varios puntos en
común, pero de ellos no se puede concluir que la primera sea la lengua madre de las segundas.
Antes de entusiasmarnos con las raras (sí, ¡dije raras!) semejanzas que existen entre el latín y las
lenguas romances, hay que profundizar un poco el análisis. Tales semejanzas entre el latín y las
lenguas romances, cuando hemos podido descubrir algunas, son las que existen entre dos
lenguas que poseen un origen común. Menciono de nuevo que el alemán y el inglés son dos
lenguas que se parecen entre ellas mucho más de lo que se parecen el latín y el francés y que,
sin embargo, no son sino primos lejanos de la misma familia. La coexistencia de dos pueblos
Latinos e italianos cohabitaron durante siglos y aun cuando el latín no se impuso como lengua
vehicular, fue, en tanto que lengua del poder, la lengua de la administración y del derecho.
Además, lengua de la cultura dominante, el latín fue utilizado para forjar el vocabulario de todos
los dominios científicos, artísticos y religiosos. La presencia masiva de palabras latinas en el
vocabulario de las lenguas romances, aunque limitado a ciertos dominios, da al observador poco
perceptivo la impresión de una filiación. El fenómeno se encuentra bastante extendido por todo
el mundo. Todos los pueblos que estuvieron en contacto o vivieron bajo la férula de un pueblo
dominante absorbieron una parte importante del vocabulario de éste. El vasco cuenta con una
fuerte proporción de palabras españolas. El inglés cuenta con miles de palabras de origen
francés. El persa ha absorbido mucho del árabe. ¡Y el latín del griego! Imaginamos con facilidad
que una

cohabitación de alrededor siete siglos (desde la conquista de Italia por los romanos hasta el
desplome del Imperio romano) haya dejado numerosas trazas. Más aún cuando, después de este
primer período, las lenguas romances van a conocer, durante algunos siglos todavía, una
aportación continua de palabras latinas, por el doble canal de la Iglesia y de las universidades.
Fueron miles de palabras latinas relativas a la religión, a las artes y a las ciencias que, una vez
incorporada a las lenguas romances, refuerzan la impresión de un alto grado de parentesco
entre éstas y el latín. Únicamente un análisis refinado del vocabulario de base permite revelar
una lengua desprovista de aportes latinos. Si las lenguas romances tomaron prestadas muchas
palabras del latín, no es inverosímil establecer la hipótesis de que el latín haya hecho lo mismo
del romance, aun cuando, por reflejo aristocrático, la nobleza sentía repugnancia de utilizar
palabras romances cuando hablaban latín. Petronio, en el Satiricón, hace decir a uno de sus
personajes: “Pero los espíritus bien nacidos sienten horror de las palabras vacías […] En primer
lugar, hay que cuidarse de todo eso que yo llamaría un lenguaje facilón, y escoger sus términos
fuera del vocabulario de la plebe…” Uno constata la unilateralidad de los intercambios en todos
los países bilingües, no multilingües como Suiza o Bélgica, sino bilingües por el hecho de la
presencia de una lengua colonial. ¿Cuántas palabras pasaron del hindi al inglés en la India? Casi
ninguna. ¿Cuántas palabras pasaron del árabe argelino al francés hablado en Argelia? Unas
pocas. ¿Cuántas palabras uolof (la lengua mayoritaria del Senegal) pasaron al francés? Se las
puede contar con los dedos de una mano. A la inversa, las lenguas dominadas tomaron
empréstitos masivos de las lenguas coloniales. En el árabe dialectal marroquí, por ejemplo,
“automóvil” se dice TOMOBIL (y no SAYARA), semana se dice SIMINA (y no USBUA) La ausencia
de escritos en italiano antiguo Es verdad: no hay la menor traza escrita en italiano antiguo. ¿Es
acaso ello una prueba de que el “italiano antiguo” no haya podido existir? ¿No existen hoy en
todo el mundo decenas de casos similares en los que se utiliza una lengua para hablar y otra
para escribir? Ya he mencionado el caso del Magreb y de Quebec. Menciono de nuevo, para
insistir sobre este punto, que la lengua mayoritariamente hablada en los países magrebíes es el
árabe dialectal: todo lo que se escribe en árabe, se hace en árabe clásico. Dentro de varios siglos,
o milenios, los historiadores o arqueólogos no encontrarán la menor huella de escritos en árabe
dialectal y, como en este caso la confusión es total al llamar dos lenguas árabes, designadas
ambas de manera simplificada bajo el nombre común de “árabe”, concluirán quizá que la lengua
hablada en el Magreb era el árabe clásico. El ejemplo quebequense es igualmente interesante.
Los franceses llegados a Quebec vinieron con dos lenguas: una lengua hablada, el francés de las
regiones del oeste de Francia, de Poitou a Normandía, que dio origen a una lengua franco-
quebequense, y una lengua escrita, el francés académico, utilizada únicamente para los
documentos, cualesquiera que éstos fuesen. Es por eso que, en la literatura quebequense,
antigua o contemporánea, no se
encuentra una sola palabra, una sola expresión de la lengua hablada ya que, por convención,
todo escrito se hacía en lengua francesa clásica. Los investigadores no podrán jamás reconstruir
la lengua hablada en Quebec a partir de los escritos a su disposición. En las Antillas, se
necesitaron cuatro siglos para que el criollo fuese reconocido como lengua y fuese objeto de las
primeras publicaciones. Pero el francés sigue siendo la lengua casi exclusiva en la escritura. En
China, los ideogramas permiten la comprensión reciproca, por medio de la escritura, de norte a
sur del país, pero lo que se habla en las diferentes provincias chinas son lenguas diferentes.
Dentro de algunos siglos o milenios, será imposible para los investigadores, basándose
únicamente en los escritos, descubrir cuál era la situación lingüística de la China en el siglo XXI.
La situación es idéntica en el África negra, en la que, con la excepción del suajili, las lenguas
utilizadas por escrito son las lenguas que fueron traídas por los colonizadores europeos: inglés,
francés y portugués, mientras que África cuenta con varios centenares de lenguas autóctonas.
Nuestra tarea hubiese sido más simple si tuviésemos a nuestra disposición textos escritos en
italiano antiguo, o descripciones precisas de la realidad lingüística de la Italia romana. Pero, ¿qué
escritor indio anglófono se preocupa de precisar en qué lenguas hablan los héroes de sus
novelas? Todos, aparentemente, hablan inglés. ¿Qué escritor africano francófono aporta alguna
vez la menor precisión acerca de la lengua utilizada por sus personajes de ficción? Todos,
aparentemente, hablan francés. La presencia de escritos no impide un mínimo de
circunspección. La lengua escrita refleja raras veces la lengua hablada. Imagine que dentro de
veinte siglos saquemos de las ruinas de nuestras bibliotecas las obras de Rabelais, Racine, Víctor
Hugo, Baudelaire y Céline. ¿En qué conjeturas caerían los analistas para llegar a desenredar la
lengua hablada en Francia desde el siglo XVI al siglo XX?

El enigma del «osco» El descubrimiento en todas las regiones que van desde Umbría hasta
Lucánida, a grosso modo en un radio de unos doscientos kilómetros alrededor de Roma, de
inscripciones en los monumentos y de placas de bronce en la que se utiliza más o menos la
misma lengua, bautizada “osco”, que no tiene nada en común ni con el latín ni con el “italiano
antiguo”, abre la posibilidad para suponer la existencia de una lengua antigua, hablada al inicio
de la historia de Roma por todos los pueblos de la mitad sur de Italia. No sabemos casi nada de
esta lengua, ya que los escritos que nos han llegado son muy fragmentarios y nos impiden definir
con precisión la gramática y el vocabulario. De tan pocos restos a nuestra disposición
simplemente podemos concluir acerca de la utilización, al escrito, de una lengua particular. ¿Cuál
era la extensión de esta lengua? ¿En qué regiones precisas se hablaba? ¿Cuándo se convirtió en
una lengua muerta? No sabemos nada.

Existen algunas alusiones a esta lengua en la literatura latina1. Pero, los que hablan de ella ¿la
escucharon o sólo mencionan testimonios más antiguos? Esta lengua tiene la ventaja sobre el
italiano antiguo» de haber dejado trazas escritas y eso arroja un poco mas de confusión en los
espíritus, al punto de que ciertos investigadores piensan que esta lengua se encontraba muy
extendida, y que era incluso comprendida por el pueblo de Roma en la época de César2. Mi
demostración sobre el origen italiano de las lenguas romances hace del italiano la lengua de los
romanos. Esta lengua sumergió a todas las otras lenguas de la península italiana y por tanto, al
latín, al osco, al umbrío y al etrusco. El hecho de que hayamos encontrado inscripciones en
lengua osca puede indicar simplemente la importancia cultural, incluso religiosa, de la lengua
osca antes de que el latín se impusiera como lengua de la cultura, pero no le confiere el estatus
de lengua vehicular de la Italia del sur de antes de la expansión romana.

Tito Livio, Historia romana. Libro 10: “Poco antes de amanecer, envía hombres que conocen la
lengua osca…” 2 Cf. mis comentarios sobre la posición de Pierre de Klossowski en el capitulo
«Primera prueba».

Los extraordinarios y sorprendentes descubrimientos que se derivan

Les recuerdo mis tres descubrimientos fundamentales: 1. Las lenguas romances no provienen
del latín. 2. El latín dejó de ser una lengua hablada desde el siglo primero antes de Cristo. En esta
época los romanos ya hablaban italiano. 3. Toda la etimología oficial de la lengua francesa es
falsa. Y todo esto tiene consecuencias en cadena en numerosos terrenos: la investigación
lingüística, la etimología, la historia, la enseñanza…

Dos bases de la investigación lingüística por reformular Primero que nada, habrá que cuestionar
los dos axiomas fundamentales de la escuela francesa de lingüística que resumo de la siguiente
forma: en primer lugar, “fuera de los escritos, no hay nada que buscar”; en segundo lugar, “la
gramática comparada debe tener primacía sobre el estudio comparado de los vocabularios”. La
mayoría de los lingüistas no ha entendido que los escritos no reflejan necesariamente la lengua
hablada, que puede haber una distorsión enorme entre lengua escrita y lengua hablada, que una
lengua puede estar muerta desde hace siglos y seguir siendo escrita. Frente a un texto antiguo
encontrado en un lugar cualquiera, fechado por métodos científicos o por una investigación
histórica, jamás se puede afirmar perentoriamente que fue escrito en la lengua hablada por el
pueblo que habitaba ese lugar. Todo lo más que podemos decir es que el texto encontrado
ilustra probablemente la lengua escrita que era utilizada en ese lugar, en esa fecha. Tampoco
podemos fiarnos con certeza de las indicaciones provistas por los escritores y los historiadores
antiguos. Pensemos en la imprecisión de los términos que describen en ocasiones lenguas muy
diferentes. Les recuerdo que la palabra “alemán” puede designar tanto al “alemánico” como al
“alto alemán”, que la palabra “árabe” puede designar el árabe dialectal o el árabe clásico, y que
la palabra “chino” puede designar lenguas tan diferentes como el mandarín y el cantonés. El
segundo pilar de la lingüística francesa es la “gramática comparada”. El descubrimiento, hace
más de un siglo, de fuertes similitudes entre los sistemas morfológicos de las lenguas
indoeuropeas, en otras palabras, en aras de la claridad, semejanzas sobre en las conjugaciones y
las declinaciones, ha conducido a privilegiar la gramática comparada y a descuidar la
comparación de los vocabularios. Tal decisión representa una amputación del terreno de la
investigación que priva a los especialistas de auténticas fuentes de riqueza. He demostrado todo
el interés que había en comparar los vocabularios para revelar lazos de parentesco, con la
condición de referirse a los vocabularios de base, evitando con ello todo riesgo de confusión con
los préstamos de otras lenguas. Hay que decretar en voz alta voz el interés por el estudio del
“vocabulario comparado.”

El latín vulgar o bajo latín es una ficción Es muy sorprendente que, sobre el concepto comodín
de «bajo latín» o «latín vulgar», utilizado para explicar la transición supuesta del latín clásico a
las lenguas romances, nuestros investigadores sean tan discretos. Hay que confesar que tienen
mucha dificultad para precisar sus ideas y prefieren permanecer en una imprecisión total, ¡y con
razón! Jozsef Herman, uno de los latinistas más eruditos de fines del siglo XX, exponía sus dudas
en el congreso internacional de lingüística y filología romances, en Aix-en-Provence, en 1985. “Es
necesario recordar las discusiones interminables en que han caído eminentes lingüistas en
relación al tema de la denominación con la cual conviene revestir el conjunto de rasgos
lingüísticos que anuncian y marcan la reorientación de la lengua latina hacia las futuras
estructuras romances […], si, para algunos autores, sobre todo en los manuales, se nos dice que
el latín, unitario en sentido amplio, comienza a presentar diferencias territoriales hacia el siglo IV
o el siglo V para separarse en lenguas distintas hacia el siglo VII, esto reposa mas en un
compromiso de sentido común que sobre hechos de orden verdaderamente lingüístico.” Esta
declaración es una confesión de impotencia. El gran especialista que es Jozsef Herman hace
referencia a los manuales, y no a los estudios científicos, es decir, a la tradición escolar y
universitaria que reproduce, desde hace siglos, la idea de que las lenguas romances provienen
del latín. Esta tradición ha adquirido fuerza de ley. Sin embargo, él precisa que eso no reposa
sobre “hechos de orden verdaderamente lingüístico”, pero “más en un compromiso de sentido
común”. Esta afirmación desorientadora revela que la decisión llevada a cabo por los lingüistas
es de callar la realidad lingüística (los hechos de orden lingüístico) para ajustarse al dogma. Para
ello, preconizan, no que se fían de la ciencia, sino del “sentido común”, de “la fe” digamos, de
una fe absoluta. La incoherencia de la tesis oficial es tan fuerte que deja lugar a todas las, por así
llamarlas, pruebas, cada una peor fundamentada que la otra, y de allí la necesidad de un
“compromiso” para poner término a un debate sin fin. A falta de poder encontrar en no importa
qué “manual” una definición precisa de “bajo latín”, voy a intentar resumir para ustedes lo que
es el bajo latín para los creadores de este concepto: el bajo latín (o latín vulgar) vendría a ser la
lengua hablada por el pueblo romano. Esta lengua seria derivada del latín. Sería diferente del
latín al punto de ser un estadio intermedio entre el latín clásico y las lenguas romances. En
realidad, el concepto de bajo latín es una ficción pura y simple, inventada para ocultar la
incomprensión total acerca del origen de las lenguas romances. Confirma la idea de que el
pueblo podría deformar la lengua, la hermosa lengua, la lengua escrita, la lengua de la
aristocracia. Aquí se enfrentan dos opiniones divergentes. Por un lado, Antoine Meillet y
numerosos hombres de letras de todas las épocas que se apoyan sobre una pretendida cesura
entre el latín clásico y el bajo latín para afirmar que lengua escrita y lengua hablada puede ser
muy

diferentes. Por otro lado, lingüistas y escritores que hacen de lo oral el principio esencial de la
lengua, y de lo escrito un accesorio que se adapta a lo oral, y no al revés. El análisis científico da
la razón a los segundos. Antoine Meillet, con el tono profesoral al que es tan afecto, afirma: «En
cierta medida, solamente se conservó el vocabulario de la aristocracia, y no nos queda casi nada
de las palabras populares»1. Ya había adelantado, en su prefacio del diccionario etimologico de
Bloch y Wartburg, esta idea de que el pueblo no es confiable: “el uso popular juega con las
palabras.” 2 ¡El pueblo! ¡Siempre el pueblo! Es a causa del pueblo que las lenguas romances no
se parezcan al latín porque el pueblo juega con las palabras y no utiliza las palabras de la
aristocracia. Meillet y consortes se mofan bastante de la lógica científica, contentándose con
darnos la perorata para que sigamos creyendo en el dogma. El pensamiento de Antonio Meillet
se encuentra en las antípodas de la otra corriente de pensamiento. Ferdinand de Saussure
exponía en su Cours de linguistique en 1915: “La lengua tiene una tradición oral independiente
de la escritura fijada por otro lado, pero el prestigio de la forma escrita nos impide verla.” El
lingüista Claude Hagège retoma esta afirmación: “La invención de la escritura […] no cuestionó el
imperio de lo oral” 3. Jean-Jacques Rousseau, el gran filosofo francés del siglo XVIII, escribía ya
en su Essai sur les origines des langues: “Las lenguas están hechas para ser habladas, la escritura
sólo sirve de complemento a la palabra.” La incomprensión de Antoine Meillet de la relación
entre lengua escrita y lengua hablada viene de su empecinamiento en ver en el latín la lengua
madre de las lenguas romances. Las lenguas romances no vienen del latín, y el “bajo latín” fue
inventado por aquellos que quieren crear un eslabón artificial. Ahora hay que dejar de hablar de
“transformación del latín”. El latín no tuvo, por supuesto, el tiempo de transformarse porque
está muerto desde hace más de 20 siglos. De la misma manera, no se puede hablar de
desaparición de tal parte del vocabulario latino o de tal parte de la gramática latina. Nada
desapareció. El latín permaneció intacto. El latín no fue transformado ni por el pueblo ni por el
paso del tiempo. La ortografía francesa se encuentra artificialmente latinizada La ortografía del
francés es una verdadera curiosidad. En lugar de apegarse lo más posible a los sonidos y producir
una ortografía más depurada como la de todas las lenguas romances, los eruditos franceses se
enfrascaron en un sistema de una rara complejidad. 1

Para representar el sonido [o], podremos escribir: O, AU, EAU Para el sonido [ø]: E, EU, OEU Para
el sonido [ã]: AN, AM, EM, EN Para el sonido [ɛ]: IN, IM, AIN, EIN, UN

Introduction à l’étude comparative des langues indo-européennes, Hachette, 1937. PUF, 1932. 3
Cf. Hagège, L’homme de paroles, Fayard, 1985. 2

La explicación que se nos da es que la ortografía de una palabra nos informa sobre su origen. Eso
sería cierto si los primeros redactores en lengua francesa no hubiesen tenido la infeliz idea de
latinizar deliberadamente la ortografía. Tomemos como primer ejemplo la conjugación de los
verbos del primer grupo. Remítase a la tabla comparativa que di en el capítulo sobre la
gramática. ¿Qué observa? En la primera persona del plural del presente del indicativo aparece
una “S” que no se oye. Escribimos NOUS AIMONS cuando en realidad pronunciamos NOUS
AIMON. La “S” que fue añadida no tiene otra justificación que establecer un paralelo ficticio con
el latín. En la tercera persona del plural aparece una T final que no se pronuncia: escribimos ILS
AIMENT y deberíamos escribir ILS AIMEN, poniendo en evidencia una terminación en “EN” más
cercana de las terminaciones romances: italiano AMANO, español AMAN. Esta T final es
decididamente una latinización artificial. En los verbos del segundo grupo encontramos además
un “T” final en la tercera persona del singular. Se escribe IL FINIT pero se escucha IL FINI. En
ninguna de las lenguas romances aparece esta letra en la tercera persona del singular (cf. los
cuadros del capítulo sobre la gramática). El cuadro siguiente recapitula, para la conjugación del
verbo FINIR en el presente del indicativo, los añadidos ortográficos realizados a causa de la
latinización excesiva:

N
I

Le propongo ahora que nos deshagamos de la latinización artificial escondida en la ortografía del
francés. COMPTER (contar): Se pronuncia CONTER. Sin embargo, la N se ha convertido en M, y se
ha intercalado una P. ¿Cuál es el milagro? Simplemente porque los primeros redactores en
francés, orgullosamente hinchados de latín, estaban convencidos de que la palabra venia del
término latino COMPUTARE, cuando en realidad viene del italiano CONTARE. En todas las
lenguas romances se dice de la misma manera: español CONTAR, rumano CONTA. Los
“tradicionalistas” nos dirán que estas palabras romances son todas una contracción del latín
COMPUTARE y los mas deshonestos dirán que encontramos inclusive la huella en la ortografía
francesa. En realidad, la palabra latina COM-PUTARE quiere decir “examinar juntos”, mientras
que la palabra del italiano antiguo CONTAR es una de los numerosas derivaciones del radical
indoeuropeo CT que dio también CITER (citar), CONTER (contar), CHANTER (cantar), É-COUTER
(escuchar), RA-CONTER (contar una historia). COUR (corte real): Tenemos aquí, por el contrario,
una palabra que debería escribirse COURT aunque no se pronuncie la T final (en francés

antiguo encontramos la ortografía COURT). De hecho, COUR viene del italiano antiguo CORTE (cf.
español CORTE, rumano CURTE). La T final se encuentra por cierto en las palabras COURTISAN
(cortesano, miembro de la corte), CORTÈGE (cortejo, la corte en desplazamiento), COURTOIS
(cortés), ACCORTE (amable, complaciente). Pero si la T final ha desaparecido es porque se quiso
aproximarla de la palabra latina CURIA (la curia romana). Es cierto que la T final ya no se
pronuncia y que, por una vez, por casualidad, la ortografía esta en concordancia con la
pronunciación. DOIGT (dedo): Se pronuncia DOI y escribimos DOIGT. ¿Por qué? La palabra DOIGT
nos viene del italiano antiguo. Tratemos de reconstruir la palabra italiana original a partir de
palabras análogas de las diferentes lenguas romances: italiano DITO, español DEDO, occitano
DET. La palabra italiana antigua era entonces DIT o DET. De allí viene la T final que encontramos
en la palabra DOIGTÉ. Pero, ¡diantre!, ¿de dónde viene la letra G si no es que se la copió del latín
DIGITUS? ¡Habríamos podido escribir, como mucho, DOIT para ser fieles a la fonética y a la
historia de la palabra! ET (y): Se pronuncia E y se escribe ET para acercarse al latín ET. La
comparación con las otras lenguas romances nos confirma que la T es un añadido, sin ninguna
otra razón de ser que la de latinizar la palabra (italiano E / ED, español Y/E, rumano SI). EXCUSE
(excusa): Podemos pronunciar esta palabra de dos maneras, pronunciando la X como [CS] o bien
como [S]. La primera forma es rara; la segunda se encuentra más extendida. Se hablará entonces
de corrupción del lenguaje. Mi convicción es que el prefijo EX es propiamente latino y fue
escogido por ese motivo. A la inversa, la S inicial es propiamente italiana. En casi todas las
lenguas romances prevalece la S: italiano SCUZI, rumano SCUZA. Deberíamos escribir ESCUSE y
no EXCUSE. SIX (seis): Se pronuncia SIS y se escribe como el latín SEX. La palabra italiana antigua
puede reconstruirse a partir de las lenguas romances: francés SIX, italiano SEI, español SEIS,
rumano SASE. Encontramos la palabra SEIS o SIS, y constatamos que la X final que aparece en la
ortografía de la palabra francesa es un añadido de carácter latino. POIDS (peso):
Reconstruyamos la palabra italiana antigua: italiano PESO, español PESO, occitano: PES; la
palabra italiana antigua debería ser PESO, lo que nos permitiría explicar la S final que
encontramos por cierto en el verbo PESER. Pero, ¿cómo explicar la presencia de la D si no es
porque fue introducida por analogía con la palabra latina PONDUS que se supone debe haber
engendrado la palabra POIDS. SEPT (siete): Se pronuncia SET y se escribe SEPT (latín SEPTEM).
Ahora bien, esta palabra es SETTE en italiano y SIETE en español. Es cierto, la P añadida hace
pensar en algunas formas indoeuropeas (cf. griego HEPTA); la misma doble T italiana viene con
frecuencia de las letras PT o BT. Pero en esta ocasión, la presencia de la P se debe a la voluntad
de los antiguos transcriptores de latinizar la ortografía.

He aquí algunos ejemplos que vuelven a poner las cosas en su sitio. Sí, la ortografía de la palabra
DOIGT recuerda al latín DIGITUS; sí, la ortografía de la palabra SIX recuerda al latín SEX… pero la
pronunciación nunca está en concordancia con la ortografía. DOIGT se pronuncia DOI, SIX se
pronuncia SIS. A la inversa, la pronunciación está siempre en concordancia con las palabras
correspondientes en las otras lenguas romances. Decir que la lengua francesa lleva en su
ortografía las huellas del origen latino de su vocabulario es una falsedad: la ortografía contiene
las huellas de una latinización abusiva y deliberada. El francés es una lengua muy poco
germánica y muy poco celta La idea según la cual la lengua francesa comprende numerosas
palabras de origen germánico y celta reposa sobre el desconocimiento del origen italiano de las
lenguas romances. Los etimologistas franceses, al descubrir que numerosas palabras no poseían
ostensiblemente origen latino a pesar de todos sus esfuerzos, establecieron la hipótesis de que
habían sido “necesariamente” aportadas por los invasores germánicos, principalmente los
francos, o que pertenecían a los viejos fundamentos del vocabulario galo. Pero, en la mayoría de
los casos, una filiación directa a partir del italiano explica mucho mejor el origen de las palabras
que un supuesto origen franco o galo. En su libro L’aventure des langues en Occident, Henriette
Walter da una lista de las palabras francesas que podrían considerarse de origen germánico bajo
el titulo “Palabras germánicas a granel”. Pasemos por la criba algunas de estas palabras
colocando en paralelo la traducción en italiano y el supuesto origen germánico tal como se
indica en los principales diccionarios: Francés BOUÉE BRÈCHE ESPION FOURRAGE GUERRE
JARDIN LUCARNE MARCHER

Italiano BOA BRECCIA SPIONE FORRAGIO GUERRA GIARDINO LUCERNARIO MARCIARE

Etimología oficial Alto alemán BAUKN Alto alemán BRECHA Alto alemán °SPEHA Franco
(reconstruido) °FODAR Germánico °WERRA Franco (reconstruido) °GART Franco (reconstruido)
°LUKINNA Franco (reconstruido) °MARKON

¿Qué constatamos? —Que las palabras italianas son, en general, muy cercanas a las palabras
francesas. De ello deduzco que sería más lógico, más simple y mas conforme a las leyes de la
naturaleza, que las palabras francesas provengan del italiano antiguo, y que el italiano haya
adoptado palabras francesas, aportadas éstas por los francos. ¿Por qué vías podrían los italianos
haber adoptado las mismas palabras germánicas y sobre todo haberlas transformado de la
misma manera? —Cuando las palabras francesas se parecen a palabras germánicas eso se
explica por el hecho de que todas esas palabras tienen el mismo

origen indoeuropeo y que, por lo tanto, no hay nada sorprendente en que se parezcan a sus
primas «germanas». El vocabulario francés cuenta con muy poco vocabulario germánico y celta.
Es fundamental y casi exclusivamente italiano. En otras palabras, la lengua del invasor romano, el
italiano antiguo, mermó prácticamente el sustrato galo, y, más tarde, los francos adoptaron el
francés sin dejar su propia impronta en el vocabulario de la lengua. Cuando los francos se
instalaron en Francia en el siglo V, tomaron el poder pero no impusieron su lengua ni tuvieron
influencia en la lengua francesa porque eran minoría numéricamente hablando, y también
porque ya existía una lengua vehicular en todo el conjunto del territorio desde hacía cinco siglos.
Fue debido a que consideraban a priori que el francés era una mezcla de diferentes aportes que
nuestros primeros etimologistas pensaron haber descubierto trazas de las hablas germánica y
celta. Históricamente, existe otro ejemplo en el que la lengua no fue afectada por los invasores:
el franco-normando. Cuando los normandos se instalan en Normandía en el año 900, llegan con
una lengua germánica en un país de lengua francesa. Muy poco tiempo después, cuando los
normandos invaden Inglaterra (luego de la batalla de Hastings de 1066) —menos de dos siglos
después de haberse instalado en Normandía— es el habla franco-normanda la que llevan a ese
país, el cual es prácticamente francés. Únicamente la toponimia ha guardado algunas trazas del
pasado propiamente normando (Le Havre, Honfleur, Barfleur). Los normandos adoptaron la
lengua francesa en su totalidad. No se produjo ninguna mezcla . La historia nos da ejemplo, no
de mezclas de vocabularios, sino de integración de un vocabulario nuevo y complementario. El
inglés cuenta con un vocabulario de origen francés de considerable importancia, transmitido por
los normandos, lo mismo que el italiano antiguo contenía numerosas palabras latinas, y lo
mismo que el latín incorporó numerosas palabras griegas. En cada caso se trata de aportes
ligados a una cultura dominante. El pueblo dominado adopta un vocabulario más elaborado, que
proviene de una civilización más desarrollada. Los griegos eran más “desarrollados” que los
latinos, que eran a su vez mas desarrollados que los italianos. Los franconormandos, dotados de
una cultura impregnada de más de mil años de civilización greco-romana, llevan con ellos un
vocabulario original que no tiene equivalente en el inglés de la época. Quizá algunos se
entristecerán al constatar que el francés no posee sino ínfimas trazas de las lenguas de sus
ancestros galos y germánicos. Pero hay que rendirse frente a la evidencia: el francés viene casi
exclusivamente del italiano antiguo. Nuestros primos lejanos: los latinos No solamente la lengua
latina no es la lengua madre de las lenguas romances, sino más aún: es solamente una parienta
lejana. Cuando tenemos en cuenta la extraordinaria continuidad de las lenguas a través

de los siglos, como lo subrayé en el caso del griego, el árabe, el francés, el italiano y el latín
mismo, todo nos deja pensar que se habrían necesitado muchos siglos para que el indoeuropeo
engendrase dos lenguas tan diferentes como el latín y el italiano antiguo. Cuando veo lo poco
que ha variado el griego micénico hasta el griego moderno, a pesar de los treinta y cinco siglos
de distancia, yo estaría inclinado a pensar que el indoeuropeo, la lengua madre del latín y del
italiano antiguo, debió necesitar al menos 20 000 años para divergir en dos lenguas tan
diferentes, para producir sintaxis, vocabulario y gramáticas tan distintas. De ello que resulta que
el origen de los indoeuropeos debe retrasarse en la misma cantidad de tiempo, y no apoyo la
tesis de una explosión de la familia indoeuropea unos 6 500 años antes de Cristo como se admite
generalmente. Hay que hacer retroceder la explosión de las familias indoeuropeas hacia el 20
000 antes de nuestra era. Admitir que el latín no es la lengua madre de las lenguas romances
tiene repercusiones considerables sobre nuestro análisis de los indoeuropeos. Decididamente, el
descubrimiento del origen de las lenguas romances tiene innumerables consecuencias en
cadena. Los franceses y la lengua italiana Nuestra mirada sobre la lengua italiana cambia
completamente luego de esta demostración. Siempre hemos tenido una cierta simpatía por esta
lengua cantarina, melodiosa, soleada y feliz. Pero descubrimos que el lazo de parentesco entre el
francés y el italiano es más fuerte de lo que imaginábamos. El italiano y el francés sí son
miembros de una misma familia, pero el italiano es la lengua madre del francés. El italiano nos
dice precisamente cuál es el pasado de nuestra lengua. Nos habla igualmente de nuestro
pasado. Recuerde usted que, en el estudio del vocabulario, hemos develado numerosas
diferencias fundamentales entre el latín y las lenguas romances que nos revelan una
organización social propia de los italianos, una vida cultural y espiritual distinta de la de los
latinos. En particular, resalté que el calendario italiano no tenía nada en común con el calendario
latino, que los italianos colocaban a sus muertos en “tumbas” mientras que los latinos lo hacían
en “sepulturas”, que los latinos tenían cónsules, senadores y pretores, mientras que los italianos
tenían reyes, condes y vasallos; que los latinos llevaban togas y palios, mientras que los italianos
llevaban pantalones, camisas y mantos. Debemos mirar al italiano con nuevos ojos, y, por
supuesto, es una lengua que debemos estudiar menos superficialmente de lo que lo hacemos
hoy en día. ¿«Italiano antiguo» o romano? He bautizado la lengua hablada por los romanos
«italiano antiguo», por analogía con el griego. En griego se distingue entre el griego moderno,
hablado hoy, y el griego antiguo, hablado en la Antigüedad.

Al hablar de “italiano antiguo”, ilustro la continuidad con el italiano contemporáneo. Con


seguridad, los romanos llamaban a su propia lengua hablada como el «romano». En Rumania la
lengua hablada es el ROMÂN. Curioso, ¿no? No olvide que Rumania se desprendió del Imperio
romano en el año 270. Los habitantes de ese país no utilizan la palabra “latín” para hablar de su
lengua, sino la palabra “romano”. Que se designen a sí mismos como “romanos” es algo de lo
más normal, pero que al hablar de su lengua no hagan la menor referencia al latín eso sí que es
sorprendente. En Suiza, una de las lenguas romances que se utilizan se llama «romanche». Como
en Rumania, podríamos admitir que un pueblo haya guardado las huellas de su origen romano,
pero ¿por qué su lengua se llama “romanche” y no “latina”? Para concluir, el concilio de Tours en
813 hace referencia explícita a la «lengua romana rustica», que pide que se utilice de preferencia
al latín por ser una lengua comprendida por todos. Ya he señalado el hecho de que se haya
utilizado un singular, y quiero enfatizar aquí una vez más el hecho de que no se trata de “lengua
latina rustica” sino de “lengua romana rustica”. Considero que este término de «lengua romana
» nos lleva nuevamente, de manera explícita, a una lengua hablada «por todos», en toda la
extensión del antiguo Imperio romano. Añada a eso que si las lenguas no se transforman sino
muy lentamente, esta lengua romana no apareció de manera milagrosa en el año 813.
Necesariamente se hablaba desde hacía muchos siglos. La lengua romana se transformara con
los siglos en las diferentes lenguas romances. La apelación “lenguas latinas” para designar las
lenguas romances es reciente, producto de lingüistas contemporáneos. La palabra ROMÂN para
designar la lengua hablado por los rumanos, la palabra ROMANCHE para designar la lengua
hablado por un pueblo montañés en Suiza, la expresión “lengua romana rustica” para designar
las lenguas habladas por el pueblo en 813 no son puras coincidencias. Son las huellas de la
denominación de la lengua hablada por los romanos: el romano. Se me objetará que los
alemanes hablan alemán, que los ingleses hablan inglés, que los polacos hablan polaco… prueba
de que cada pueblo tiene el mismo nombre para designar su raza y su lengua. Pues no. Mirando
más de cerca, notamos que los argelinos hablan árabe y no argelino, los austriacos hablan
alemán y no austriaco, y los suizos no hablan suizo. Los romanos no sentían vergüenza de decir
que hablan latín: sabían simplemente que ellos hablaban “romano”, no latín. De esta reflexión
sacamos dos conclusiones:

—en primer lugar, es erróneo hablar de lenguas latinas, como a veces se oye, en lugar de hablar
de lenguas romances; —en segundo lugar, que tenemos dos posibilidades para designar la
lengua hablada por los romanos: «italiano antiguo» y romano. La primera da cuenta de la
filiación con el italiano contemporáneo, la segunda es ciertamente la denominación original pero
el uso actual de la palabra «romano» se presta a confusión. Se necesitará tiempo para que el
“italiano antiguo” y el “romano” sean considerados algún día como sinónimos.

Conclusión

No podemos enseñarle nada a los demás, solamente podemos ayudarlos a descubrirlo por ellos
mismos. Galileo Galilei

Estimado lector que has seguido mi demostracion hasta este punto: has realizado un
descubrimiento sorprendente, que los romanos no hablaban latin sino italiano. Los lingüistas
han olfateado, y con razón, la existencia de una lengua hablada diferente al latin, pero en lugar
de llevar el análisis hasta sus ultimas conclusiones, han preferido declarar que la lengua hablada
no era sino un latin deformado bautizándolo como “bajo latin” o “latin vulgar”. No han pensado
que, en efecto, no existía ninguna relación entre lengua hablada y lengua escrita. No han
imaginado que los romanos eran bilingües, que utilizaban el italiano para hablar y el latin para
escribir. No han entendido que el latin fue, en primer lugar, una lengua viva que después se
utilizo solamente para escribir. Han sacralizado el latin clásico para hacer de él una lengua
aristocratica que el pueblo habría sido incapaz de manejar. No existe latín clasico, ni bajo latín:
no hay sino un solo y único latín No hay dos latines, un latín «clásico» utilizado por los eruditos
de un lado, y un “bajo latín” utilizado por la plebe, del otro. Existe simplemente “el latín”.
Cuando la lengua latina se convirtió en lengua muerta fue reservada para uso escrito. Solo la
utilizaban los letrados, lo mismo que la nobleza romana, apegada a sus orígenes latinos, se las
ingenió para perpetuar su uso. Frente al italiano antiguo que tenía, al menos, dos formas
dialectales, como lo he demostrado, y que no contaba con una expresión escrita unificada, el
latín, única lengua enseñada en todas las escuelas romanas, era el medio de comunicación
adaptado a un inmenso imperio. El latín no se transformó en ningun momento, y con razón. Lo
que ocurrió fue exactamente todo lo contrario. El latín se congeló, 3

se petrificó. No sufrió ninguna alteración después de su fallecimiento, hacia el fin de la era pre-
cristiana. Ya nunca más fue alterado, ni fonética ni semánticamente. El italiano antiguo conocio
otro destino. Se transformó, como toda lengua viva, pero lentamente, al punto de que por
medio de un singular se la designa, todavía en 813 de nuestra era, como “lengua romana
rustica”. Hasta el hundimiento del Imperio romano, hacia el 400 D.C., la circulación de bienes y
personas era tan intensa que debió favorecer una homogeneización de este italiano antiguo, aún
cuando —los diferentes sustratos habían dejado ya sus trazas— sólo fuese en la pronunciación.
Luego de la división del Imperio romano, la fragmentación del territorio provocó una
dialectalización del italiano antiguo, reforzado por la llegada de los nuevos pueblos. Pareciera,
cuando se analiza, que hemos sobreestimado en demasía los aportes lingüísticos de los
invasores. Lo que con frecuencia se presenta como palabras de origen germánico, por ejemplo,
son con frecuencia palabras del “italiano antiguo”. Fue en la Edad Media que se aceleró la
diversificación lingüística en todo el espacio romano, hasta que se impusieron progresivamente
algunas lenguas nacionales ligadas a poderes fuertes. Pero en Italia, la transformación del
italiano antiguo en cada región continuarà todavía por un largo tiempo debido a una unificación
tardía de la nación italiana, creando un mosaico de dialectos, aún vivos en nuestros días. El
origen italiano de las lenguas romances aclara todas nuestras interrogantes La hipotesis de que
la lengua madre de todas las lenguas romances es el italiano da respuesta a todas nuestras
interrogantes. ¿Por qué ciertos lingüistas, que tratan de recostruir el latín hablado se sorprenden
al descubrir una lengua muy diferente del latin? Porque la lengua que reconstruyen es simple y
llanamente el italiano, y porque buscan en vano el origen latino. ¿Por qué todas las lenguas
romances se parecen más al italiano que al latín? Porque lo que los romanos llevaron por todas
partes fue el italiano. ¿Por qué el latín es tan diferente de las lenguas romances, tanto en el
vocabulario como en la gramatica? Porque las lenguas romances no vienen del latín. 4

¿Cómo es posible que las lenguas romances, que deberían haber sido influenciadas por
invasores tan disímiles como los francos, los visigodos, los vándalos, los eslavos, etc. continuaran
pareciéndose tanto? Porque todas ellas fueron siempre una variante del italiano y porque los
invasores, como pueblos primitivos, las modificaron muy poco. ¿Por qué la literatura latina
decae a partir del siglo II D.C., cuando el Imperio romano era todavía muy próspero? Porque el
latín ya se había convertido en lengua muerta desde el siglo I A.C. ¿Por qué el teatro latino
desaparece en el siglo I A.C.? Porque la mayoría de los romanos ya no entiende el latin. ¿Por qué
la lengua latina parece estática a partir del siglo II D.C. y por qué no vemos por todas partes otra
cosa que pálidas copias de Virgilio y Cicerón? Porque el latín es una lengua muerta. ¿Por qué, si
todas las lenguas antiguas como el griego, el árabe y el hebreo no parecen evolucionar sino muy
lentamente en el transcurso de largos siglos, el latín sería una excepción y se habría
transformado totalmente en apenas algunos siglos transformando completamente su
vocabulario y su gramática? Porque el latín nunca se transformó en las lenguas romances. Pero,
además, ¿por qué la lengua griega cobró tanta importancia en Roma? ¿Por qué se recurría a la
mímica? ¿Por qué tantos autores clásicos protestan contra el abandono del latín? La respuesta
es siempre la misma. La decadencia del latín y el origen italiano de las lenguas romances da
respuesta a todas nuestras interrogantes pasadas. Razones objetivas explican nuestros yerros
Puede entenderse que una evidencia como ésta no haya saltado a la vista. El latín y el italiano
antiguo tienen lazos de parentesco. Ambas lenguas salieron de la familia indoeuropea y tienen,
por tanto, algunos puntos en común. Añadamos a ello que el latin era la lengua de la erudición.
Los romanos, y los diferentes pueblos romances después, se alimentaron sin limitaciones del
vocabulario latino para enriquecer el suyo. Los préstamos del latin duraron más de 20 siglos,
aportando colores latinos a todo texto literario contemporáneo. La última razon objetiva de
nuestra obcecacion reside en la ausencia de textos escritos en ese «italiano antiguo» y la
carencia de referencias explicitas a esta lengua en los textos latinos. 5

Ademas, no era considerado aberrante pensar que los romanos, y los pueblos colonizados por
ellos, hablaban y escribían una sola y única lengua hasta la caída del Imperio romano, y que las
grandes invasiones no solamente habían desestructurado el Imperio romano sino que también
habían transformado el latin en las diferentes lenguas romances. Otras razones subjetivas que
nos extraviaron aún más La creencia en el origen latino de las lenguas romances se convirti con
el tiempo en un dogma. Y, con la fuerza de este dogma, los letrados impusieron la idea de que la
esencia de nuestro vocabulario provenía del latín. Puse en evidencia los procedimientos más
vulgares, más expeditos y más ingeniosos, de la etimología oficial. Esta etimología del francés,
fabricada de la manera más irracional, se convirtió en la referencia, y alimenta hacia atrás el
dogma de origen latino del vocabulario de las lenguas romances. Para explicar el origen latino de
nuestra gramática, la partida parecia mas dificil. Pero nuestra escasa curiosidad nos ha permitido
creer en el milagro de una transformación total por iniciativa de un pueblo inculto para el cual el
latín era demasiado complicado. Algunos hombres de gran renombre han aportado su aval, y nos
hemos quedado allí. Después, los investigadores se aventuraron en otros dominios con el
objetivo de apoyar la tesis oficial. Especialistas en fonética “demostraron” la continuidad latin-
lenguas romances. Otros encontraron trazas del latin en los textos del juramento de Estrasburgo.
Finalment, otros más se apoyaron en la latinización de la ortografía del francés para encontrar
razones suplementarias para creer en el origen latino de las lenguas romances. Amigo lector:
reconozcamos que tenemos circunstancias atenuantes. Todas las escuelas, todas las
universidades, todos los hombres de letras recitan el dogma y lo enseñan de la misma manera
en que lo aprendieron, apoyándose los unos en los otros, y esto ocurre en toda la Europa
romana… ¡y aún así! Eliminemos para siempre el concepto de «bajo latín» Frente a una supuesta
transformación total de la lengua latina, la lingüística oficial tiene una respuesta, con todo el
aspecto de una salida escapatoria: el “bajo latín” o “latín vulgar”. Pues bien, yo 6

pido que dejemos de mantener la imprecisión en relación a este concepto. Pido que se describa
con precisión lo que es exactamente el bajo latín, que se explique cuándo se formó, cuál es su
vocabulario y cuál es su gramática. Yo pido a los que apoyan la tesis oficial que expliquen:

La aparición, en todas las lenguas romances, de la misma sintaxis. La desaparición, en todas las
lenguas romances, de las mismas palabras latinas. La aparición, en todas las lenguas romances,
de las mismas palabras no latinas. La desaparición de todas las declinaciones en todas las
lenguas romances. La desaparición del género neutro en todas las lenguas romances. La
desaparición de la voz pasiva, de los verbos deponentes, de los adjetivos verbales, del supino,
del imperativo futuro, del infinitivo futuro… en todas las lenguas romances. La aparición, en
todas las lenguas romances, de los mismos artículos definidos, de los mismos artículos
indefinidos, de los mismos plurales, del mismo futuro, del mismo presente perfecto, del mismo
tratamiento de usted, de los mismos adverbios.

Esta investigacion conducirá necesariamente al descubrimiento del «italiano antiguo». Es de una


profunda deshonestidad intelectual el bautizar esta lengua antigua con el nombre de “latín
vulgar”, dejando suponer que la lengua hablada por los romanos tenía una supuesta relación con
el latin, cuando lo cierto es que no hay ninguna. Formulo la hipótesis de que la desaparición del
latin no se debió a la fantástica expansión del territorio romano el cual, al englobar nuevos
pueblos, habría conducido a hacer del latin una lengua minoritaria. Con seguridad, es el enorme
crecimiento de la ciudad de Roma, en la cual confluyeron los pueblos vecinos durante siglos, que
hablaban ya italiano, lo que hizo de los primeros romanos de lengua latina una comunidad
superada numérica y lingüísticamente. 7

Las consecuencias sobre la enseñanza son considerables Imagine el terremoto que va a provocar
en la enseñanza el descubrimiento del origen italiano de las lenguas romances. Todos los
maestros de francés tendrán que volver a sus fundamentos y, para comenzar, tendrán que
deshacerse de algunas ideas preconcebidas, fuertemente grabadas, que provienen de nuestros
errores pasados. En ningun pueblo existe, por un lado, una plebe que habla mal, y del otro, una
élite que “sabe” hablar correctamente. A la larga, es siempre el pueblo, es decir, la mayoría, el
que impone su lengua. Dante escribió en la lengua del pueblo, con una lengua tan bella como la
que utilizò, lo mismo que Montaigne, Shakespeare, Lutero, Cervantes… Las lenguas sólo se
modifican muy lentamente. Creer que el francés o el español van a evolucionar porque los
jóvenes se comunican de manera particular por SMS o porque emplean algunas expresiones de
moda o porque en los suburbios capitalinos se habla una jerga bastante vivaz, es no ver la
realidad de la situación de nuestras naciones. Lo que vivimos de manera acelerada en Francia
desde hace un siglo es una fantástica homogeneización de la lengua sobre el conjunto del
territorio gracias a la mezcla de las distintas poblaciones y la influencia de los medios
audiovisuales nacionales. Con el pasar del tiempo, el campesino de la Francia profunda habla
cada vez más de la misma manera que el gerente que trabaja en Paris, y viceversa. Y la invasión
del inglés en la lengua francesa, denunciada en tantas ocasiones, ha fracasado. Hay que
reformular radicalmente la historia de la lengua francesa La historia de la lengua francesa, tal
como se la enseña, es totalmente falsa. A continuación describo la que habría que enseñar con
toda lógica. En los tiempos antiguos, la Galia estaba poblada probablemente por tribus celtas,
básicamente, con la excepción de una gran parte del suroeste de Francia que seguramente era
vasca, como podemos verlo en la palabra “gascogne” que suena “bascogne”, y con la excepción
de la costa mediterránea que estaba sometida a influencia griega. 8

Luego llegaron los romanos en dos olas sucesivas. La primera tocó una vasta región denominada
Narbonnais, que corresponde casi con exactitud a las regiones de Provence y
LanguedocRoussillon, que se convertirá en el crisol de la lengua occitana. La segunda ola, hacia
el 50 A.C., llevó a los romanos a conquistar toda la Galia. Los soldados y colonos romanos
hablaban italiano, y el italiano se impuso poco a poco en toda la región. Los galos se
romanizaron, adoptaron la lengua italiana, dejándole ciertas particularidades raras de las cuales
las más notables son la pronunciación de la letra “u”, idéntica en todas las lenguas romances,
contrariamente al francés, y la nasalización de los digramas AN, EN, IN, ON y UN En lo que
respecta al vocabulario y la gramática, el estudio del francés antiguo nos muestra que la
transformación del italiano en francés fue progresiva. He puesto en evidencia que el vocabulario
francés antiguo es todavía muy próximo del italiano. Hemos creído ver en el vocabulario francés
importantes aportes germanicos, calificados de francos o de neerlandeses. Estas afirmaciones no
tienen ningún fundamento y se caen por sí mismas cuando consideramos la hipótesis de un
origen italiano de las lenguas romances. En verdad, no hay que tener miedo del ridículo para
afirmar, como lo hace la etimología oficial, que los neerlandeses aportaron a la lengua francesa
alrededor de 1 500 palabras. Cuando se les presiona un poco, los etimologistas oficiales afirman
que los neerlandeses eran excelentes marinos, y que estas nuevas palabras nos llegaron a través
de los puertos. ¡Que se resignen los marinos ingleses, españoles, portugueses e italianos! Los
marinos neerlandeses, ciertamente, eran más parlanchines que ellos, y su lengua seguramente
era tan accesible a los mercaderes franceses con los cuales comerciaban que éstos abandonaron
de nuevo la lingua franca para meterse con el neerlandés. No, eso no se tiene en pie. Nuestra
lengua no tiene 1 500 palabras de origen neerlandés, sino a lo más un puñado de ellas.

Por más que disgute a los etimologistas oficiales (que solamente ven dos fuentes como origen de
nuestro vocabulario, el latín o los préstamos a partir de un idioma extranjero), una lengua
evoluciona por un método de una gran simplicidad y de una gran eficacia (método utilizado
incluso por los neerlandeses cuyos puertos no fueron invadidos por los franceses): la
autoproducción. El pueblo francés es tan creativo, lingüísticamente hablando, como todos los
otros pueblos de nuestro planeta. He ahi, resumida a grandes rasgos, la historia de nuestra
lengua, en las antipodas de la historia oficial. Hay que reescribir todos los diccionarios Es
necesario ir hasta las últimas consecuencias del descubrimiento del origen italiano de las lenguas
romances. Hay que admitir ahora que todas las etimologías, basadas en un origen latino del
vocabulario francés, son falsas, con la excepción, naturalmente, de aquellas que son préstamos
evidentes del latin. Por tanto, es necesario corregir todos nuestros diccionarios. Por ejemplo, he
mostrado que la palabra TRABAJO no viene del latin TRIPALIUM. Pero, aún cuando esta
etimología sea groseramente falsa, es conocida por miles de personas, como lo son casi todas las
etimologías de las palabras de uso corriente. La palabra TRIPALIUM es ahora más que una
etimología, es un código. Más aún, el código se ha convertido en un rito. Toda persona que
pronuncia un discurso o realiza un comentario sobre el trabajo comienza indefectiblemente por
una referencia a la etimología oficial. “Como todos sabemos, la palabra TRABAJO viene de una
palabra latina que significa instrumento de tortura” o bien: “Es bien conocido que originalmente
el trabajo era una tortura”. La etimología oficial funciona bien, no porque sea exacta, sino
porque es parte integrante de una cultura común. El desaprendizaje será largo después de
tantos años de reflejos condicionados. Tendremos que clasificar nuestros diccionarios Larousse,
Robert y afines en los estantes de nuestras bibliotecas al lado del muy querido Littré. Ellos serán
los testigos de una época, siempre interesantes de consultar, no obstante, por las definiciones
que dan de las palabras, siempre utiles cuando se busque una cita, pero totalmente falsos en lo
que respecta a la etimología. 10

Reescribir la etimologia de todo el vocabulario de la lengua francesa sera una tarea inmensa,
pero no insuperable. Lo más difícil será, en primer lugar, que nuestros lingüistas hagan su
revolución copernicana, que admitan que siempre estuvieron equivocados, y que reconozcan ser
los complices involuntarios de un enorme error científico. Pero no modifiquemos la ortografia La
ortografia de la lengua francesa es de una rara complejidad debido a que los primeros escritores
decidieron acercar el francés al latin en lugar de hacer una simple transcripción fonética como
hicieron los otros pueblos romances. Hubiésemos podido imaginar una ortografia infinitamente
mas simple, lo que habria simplificado enormemente la tarea de los escolares. ¿Podemos, en
razón de esto, considerar la modificación de la lengua francesa? La respuesta es obvia. Tal
reforma tendría como consecuencia amputarnos cinco siglos de literatura, convirtiendo las obras
del pasado en textos completamente ilegibles, cuando ya nos cuesta leer a Rabelais y sus
predecesores, únicamente por razones ortográficas. A fin de cuentas, no hay nada que temer, ya
que nos encontramos en un terreno en el que el conservadurismo es rey. Pensemos en los
apasionados debates que se suscitaron por algunos intentos menores de reformas marginales de
la ortografía. Piense ahora, entonces, en “deslatinizar” la ortografía del francés: es más una
hipótesis de escuela que una posibilidad realizable algún dia. A lo más, podremos proveer a los
jovenes escolares las explicaciones de la discordancia entre la pronunciacion y la escritura. Habrá
que explicarles que nuestra ortografía no refleja un origen latino sino la voluntad de los primeros
transcriptores de agregar letras adicionales a las palabras para acercarlas al latín. ¡Que viva el
latín! ¿Tiene todavia futuro la enseñanza del latín, si las lenguas romances no provienen de esta
lengua? Mi demostración sobre el origen no latino de las lenguas romances no afecta para nada
el papel primordial que la lengua latina jugó en Europa durante más de 20 siglos. ¿El latín era
una lengua muerta? ¿Y qué? Por lo demas, la expresión «lengua muerta» no me parece
apropiada. Yo prefiero la expresion «lengua escrita». Quiero decir: lengua 11

utilizada solamente para escribir, pero no para hablar. Existen muchas lenguas en el mundo que
poseen ese estatus. El pali es la lengua de uso religioso de los hinduistas. Ya no se utiliza como
lengua oral pero todos los sacerdotes del hinduismo la utilizan al escrito. De alguna manera, vive
a través de la escritura. El hebreo tenía el mismo estatus hasta que se convirtió en la lengua
oficial del estado de Israel. Hasta entonces, el hebreo era considerado como una lengua muerta,
pero en realidad todo judío practicante tenia un conocimiento perfecto de ella, y los eruditos
judíos seguían escribiendo en hebreo. La literatura hebrea siempre ha estado viva, como lo
estaba la literatura latina, aunque el hebreo fuese lengua muerta. Si no se habla latín desde hace
más de 20 siglos, no por ello dejó de vivir, ¡y de qué manera tan notable! Su carácter de lengua
“no hablada” le impidió ser el vehículo de transmisión de una literatura novelesca y teatral, pero
prosperó en los terrenos de la poesía, de la sátira, del derecho, de la historia, de la ciencia y de la
religión. Y por encima de todo, era la lengua escrita de todos los ciudadanos del Imperio
romano, la lengua de comunicación, y por tanto el vehículo del pensamiento. Fue en latín que se
sedimentarion siglos de una civilización, la nuestra. El latín moldeó las mentes de los eruditos
durante siglos. Eso cuenta mucho, de todos modos, para que lo consideremos con cierto
respeto. Un cierto número de utilitaristas quisieran que el estudio de las lenguas extranjeras se
redujera al inglés, persuadidos de que el conocimiento de algunas palabras de la jerga
internacional es la puerta de acceso universal. Objetaré de paso a los que están apresurados
porque ello sea así que los únicos franceses que hablan bien inglés son con frecuencia aquellos
que tienen un buen conocimiento de otras lenguas extranjeras. Sería infinitamente más
productivo que nuestros hijos aprendan a hablar una lengua extranjera, cualquier que esté cerca
de ellos, como el italiano, el español, el alemán, el portugués. El inglés vendrá por añadidura, sin
ninguna dificultad. Los utilitaristas dicen también que no es necesario conocer el latin para tener
acceso a toda la literatura latina mientras se consigan buenas traducciones. Destaco que el
productivismo progresa tanto en este mundo que pronto ya no habrá lugar para el estudio de los
textos antiguos. Ahora bien, ¿cómo descubrir verdaderamente las obras de Virgilio, Lucrecio,
Séneca, Plinio y 12

tantos otros si no se enseña el latín, si los maestros no hacen que sus alumnos cubran todas las
etapas de aprendizaje, iniciándolos paso a paso en las riquezas de nuestra cultura? ¿Cómo
estudiar si no existe un marco adaptado? Leer el texto original, ¿no es la mejor manera de entrar
en él? El problema de fondo es saber qué escuela queremos. ¿Queremos una escuela de uso
estrictamente técnico en la que solo contaran el aprendizaje del inglés y de las matemáticas, o
una escuela que tiene como misión transmitir la cultura ancestral y abrir las mentes? La primera
crea robots, la segunda educa hombres. El objetivo de la escuela no debe ser preparar al hombre
para adaptarse a la maquina. Muy al contrario, la escuela debe continuar siendo el lugar
privilegiado de transmisión de la cultura, es decir, de todos los saberes antiguos, y en este
contexto, el latín y la cultura latina tienen su propio lugar. ¡Continuemos, entonces, enseñando
latín! Llamado a los investigadores La lingüística es una ciencia nueva. Podemos fechar su
nacimiento a comienzos del siglo XIX con los trabajos de Franz Bopp, Rasmus Back y Jacob
Grimm. La lingüística nos ha permitido comprender mejor el universo de las lenguas. Hoy en día,
conceptos como el de las familias lingüísticas nos parecen evidentes, pero no lo eran hace
apenas dos siglos. Ellos son el resultado de años de desarrollo de esta ciencia. El lenguaje ha
apasionado a los hombres de todos los tiempos, y en los escritos de los hebreos, griegos y
romanos encontramos reflexiones sobre la traducción, intentos de explicar la etimología de
numerosas palabras, y compendios de gramática. Hoy en día, el método científico sustituye cada
vez más a los enfoques puramente empíricos. Pero no todo el terreno ha sido explorado hasta el
día de hoy, ni mucho menos, y el descubrimiento del origen italiano de las lenguas romances nos
abre perspectivas nuevas, apasionantes e importantes en el plano científico. En primer lugar,
conviene reconstruir el “italiano antiguo”, su vocabulario, su gramática, lo que aportará una
sólida roca al edificio indoeuropeo. Esta reconstrucción permitirá distinguir, en todas las lenguas
romances, la parte real que corresponde a los substratos y los aportes ulteriores, para construir
una etimología 13

científica, mucho más rigurosa que la que consiste en salir a pescar la primera palabra latina o
neerlandesa de consonancia idéntica. Habrá que realizar una investigación sistemática sobre las
formas dialectales del italiano antiguo y buscarlas si no se encuentras huellas en los dialectos
italianos contemporáneos. El análisis de la lengua rumana ha abierto ya perspectivas en este
terreno luego del descubrimiento de extrañas semejanzas entre el rumano y una forma dialectal
italiana. Unos cuantos años de investigaciones, orientadas en una dirección radicalmente nueva,
nos permitirán realizar un salto prodigioso en el conocimiento de las lenguas romances.
14

Llamado a los hombres y mujeres de buena voluntad Como la resistencia a cualquier cambio, la
oposición a esta tesis será muy fuerte. Los anticopernicanos no habrían prosperado por tanto
tiempo y la Iglesia no se habria opuesto con semejante obstinación a las proposiciones de
Copérnico si la mayoría de la población hubiese estado convencida de las nuevas tesis. Pero las
masas permanecieron inertes por largas décadas. Mi tesis se enfrenta de tal manera a la idea
generalmente admitida que se estrella contra un frente de total rechazo. El grupo de opositores
más importante está compuesto de todos aquellos que tienen un conocimiento superficial del
latín y que se contentan con algunas semejanzas de vocabulario como sostén de sus
convicciones, apoyadas éstas por una parte de los lingüistas que se encuentran prisioneros de
los esquemas de pensamiento inculcados por sus predecesores, asustados al mismo tiempo por
las enormes posibilidades que descubren. La resistencia provendrá también de aquellos que
machacan sin cesar que el francés y las lenguas romances vienen del latín y que corren el riesgo
de perder su negocio. La resistencia vendrá, finalmente y por sobre todo, de las potencias
financieras que editan los diccionarios y que preferirán llevar un combate de retaguardia. Me
dirijo a ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, a ustedes que no están preformateados,
a ustedes que no confían ciegamente en los especialistas, a ustedes que tienen la mente abierta,
a ustedes que se cuestionan de buena fe, a ustedes que terminaron admitiendo que la Tierra no
era plana y que el Sol, a pesar de las apariencias, no giraba en torno a la Tierra. No acepten nada
sin pruebas. Investiguen por ustedes mismos. Fòrmense su propia opinión.

15

Léxico

Los lingüistas sobresalen en el arte de crear nuevas palabras al punto de que, en ocasiones,
algunos de sus textos están repletos de una jerga impenetrable. Me he esforzado
constantemente en emplear palabras simples, accesibles a todos. Quedan de todos modos
algunas palabras de características un poco técnicas que merecen una explicación. BAJO LATÍN:
El «bajo latín», también llamado «latín vulgar», es la supuesta lengua hablada por los romanos,
surgida a partir del latín clásico y que se considera el origen de las lenguas romances. Se utiliza el
concepto de “bajo latín” para explicar la enorme diferencia constatada entre el latín clásico y las
lenguas romances. Yo demuestro que el bajo latín es una ficción ya que la lengua que hablaban
los romanos no tenía nada que ver con el latín. BLOCH Y WARTBURG: El diccionario etimológico
de los señores Bloch y Wartburg, publicado en 1932, con prefacio de Antoine Meillet, renueva
profundamente la obra de Littré. Es la fuente casi exclusiva de los dos grandes diccionarios
franceses, el Larousse y el Robert. Su metodología no es muy explícita. De todas formas, se
puede ver que ella reposa sobre dos axiomas fundamentales, ambos extremadamente
criticables. —El francés proviene del latín. —En el caso de que el origen no sea el latín, las
palabras francesas son préstamos de las lenguas de los países vecinos.
Como los señores Bloch y Wartburg tienen un buen conocimiento de las lenguas germánicas,
ven este origen en muchas de las palabras francesas. Las dos fuentes germánicas
preponderantes son el franco y el neerlandés. Es decir, o bien esas palabras fueron aportadas
por los francos que hablan una lengua germánica, o bien provienen de la lengua neerlandesa y
fueron aportadas por los marinos de los Paises Bajos (sic). Es un hecho bien conocido que los
marinos neerlandeses eran mucho más

numerosos en los puertos franceses que los marinos españoles, portugueses, ingleses e
italianos. Es sobre estas bases que los etimologistas franceses afirman, sin el menor pudor, que
la lengua francesa cuenta con la bagatela de 1 500 palabras de origen neerlandés. Pienso que
habría que verificar la historia de Francia y asegurarse de que nuestro país nunca fue invadido
por los neerlandeses en siglos. DEPONENTE: Los verbos deponentes son verbos que tienen una
forma pasiva y un sentido activo. Es una curiosidad latína1. ETRUSCO:

Cf. «osco».

ETIMOLOGÍA OFICIAL:

Cf. «Larousse»

FRANCO: El franco era la lengua germánica hablada por los francos, invasores de la antigua Galia.
No tenemos ninguna traza escrita de esta lengua. El franco es un recurso frecuente pero
totalmente artificial de los etimologistas que no logran explicar el origen de alguna palabra a
partir del latín. En realidad, no queda casi ninguna traza lingüística de los invasores francos.
GAFFIOT: El diccionario de latín mas conocido de todos los estudiantes de latín en Francia. Para
cada palabra, el diccionario da con frecuencia varios textos de escritores latinos en los que
aparece la palabra a traducir, para situarla en su contexto. Aunque data de antes de 1934,
continúa siendo un excelente instrumento de trabajo. GERMÁNICO: Las lenguas germanicas
forman una familia dde las mas familias del conjunto «indoeuropeo» (ver mas adelante esta
entrada en este mismo léxico). Entre las lenguas germánicas tenemos el inglés, el alemán, el
neerlandés, el sueco, el noruego y el danés. GRAMÁTICA COMPARADA: El descubrimiento a fines
del siglo XIX de la similitud entre las conjugaciones de los verbos de las 1

El griego posee un tipo de verbos similares al deponente latíno (Nota del traductor). 4

lenguas de Europa, de Irán y de la India, fue una auténtica revelación. Se concibió entonces la
idea de que todas las lenguas provenían de una lengua original común a todos los pueblos de
Europa, Irán y la India: el indoeuropeo. Este descubrimiento notable ha tenido un peso muy
grande en la investigación lingüística posterior, hasta nuestros días, ya que fundó una
metodología denominada “gramática comparada” que preconiza que el único medio para
comparar lenguas no puede reposar sino en la gramática, y excluye la comparación de los
vocabularios. Sin embargo, la comparación de los vocabularios de manera sistemática fue
desarrollada por los norteamericanos y ofrece perspectivas de futura muy ricas (véanse las
investigaciones de Greensberg y Ruhlen). INDOEUROPEO: El indoeuropeo se considera una
lengua que se hablaba hace muchísimo tiempo. Yo la sitúo entre 10 000 y 20 000 años antes de
Cristo. Es comúnmente aceptado que esta lengua dio nacimiento a las lenguas de los pueblos de
la India, de Irán y de Europa. Tuvo un primer resquebrajamiento que dio origen a las lenguas
que, con el tiempo, se convirtieron en las lenguas modernas. De manera particular, se cree que
el indoeuropeo dio origen al protoeslavo, del cual nacieron todas las lenguas eslavas: el ruso, el
polaco, el búlgaro y el serbio; al protogermánico, del cual surgieron el alemán, el inglés, el sueco,
etc.; al protoindio, que a su vez engendro el hindi, el panyabí, el guyaratí, etc. INERCIA
LINGÜISTICA: La inercia, en mecánica, es el principio por el cual un cuerpo en movimiento, que
no está sometido a ninguna fuerza nueva, continúa en la misma trayectoria. La inercia lingüística
es un concepto evidenciado por el eminente lingüista Ferdinand de Saussure que viene de su
propia observación de que las lenguas no cambian a merced de las circunstancias, sino que no
pueden evolucionar a menos que haya un consenso entre todos los hablantes de un idioma, lo
que explica por qué las lenguas cambian tan lentamente. Por tanto, las lenguas poseen una
inercia fuerte. INVASION NEERLANDESA:

ver BLOCH y WARTBURG.

ITALIANO ANTIGUO: El «italiano antiguo» era la lengua hablada por los romanos. Esta lengua se
transmitió a todos los pueblos del Imperio romano y se transformó en las diferentes lenguas
romances. El italiano antiguo tiene una fuerte semejanza con el italiano moderno. LENGUA
MADRE: Toda lengua proviene una lengua más antigua, la cual con frecuencia da origen a varias
lenguas de una misma familia lingüística. El protogermánico es la lengua madre de todas las
lenguas germánicas (cf. más adelante la palabra “reconstruir”); el “italiano antiguo” es la lengua
madre de todas las lenguas romances. LAROUSSE: Dos grandes diccionarios franceses son las
referencias más importantes: el Larousse y el Robert. Ambos indican una etimología para cada
palabra de la lengua francesa. En la mayoría de los casos, las etimologías dadas son
estrictamente idénticas en los dos diccionarios por la sencilla razón de que se refieren a los
mismos diccionarios etimologicos anteriores, en particular al “Bloch yWartburg” (cf. esta
entrada). El Larousse y el Robert jamás se arriesgan a proponer una etimología original. A lo más,
cuando los etimologistas Bloch y Wartburg parecen ser demasiado confusos, hasta francamente
ridículos, el Larousse y el Robert no dan más que un extracto sumario o, excepcionalmente, no
proponen etimología alguna. Las etimologias propuestas por estos dos grandes diccionarios son
consideradas como verdades absolutas por parte de los letrados y el común de los mortales, y a
sus ojos, son consideradas como indiscutibles. Nadie se aventura jamás a cuestionar por más
que no conozcamos nunca las fuentes que llevaron a tales etimologías. Yo califico las etimologías
de Bloch y Wartburg, reproducidas en el Larousse y el Robert, como oficiales. Tienen carácter
oficial, pero carecen de todo fundamento científico. Yo las cuestiono. Todas ellas. Ademas, con
seguridad son todas falsas, como lo expongo en el capitulo sobre la etimologia. LATÍN CLASICO:
El «latín clasico» es el latín que no fue transmitido por los textos. Se le supone opuesto al “bajo
latín” o “latín vulgar”. De hecho, no existe sino un solo tipo de latín. El

latín, llamado erróneamente “clásico”, era la lengua de los romanos hasta que fuera desplazado
por la lengua italiana. LATÍN VULGAR:

cf. «bajo latín».

LITTRÉ: Diccionario de la lengua francesa, uno de los mas prestigiosos y muy apreciado de los
letrados. De todas maneras, las etimologías dadas son a la imagen muy poco científica del autor
de este diccionario. Le aconsejo leer en particular la introducción al diccionario, en la cual
explica el paso del latín a las lenguas romances. Es de antología. LINGÜÍSTICA: Es el estudio de
las lenguas. Esta ciencia, bastante reciente, se encuentra, como la física, en continua evolución,
profundas divergencias dividen a los lingüistas. La investigación más notable se lleva a cabo
sobre el reagrupamiento de las lenguas en familias y sobre el origen de estas familias. De esta
manera, los lingüistas descubrieron, en primer lugar, la familia indoeuropea; luego, más
adelante, fueron descubiertas las familias de las lenguas del Oriente, de Oceanía, África y
América. OSCO: La lengua «osca» fue una lengua hablada en Italia antes de la dominación
romana. En ocasiones, los escritores latínos hacen referencia a ella. Se han encontrado
inscripciones y placas de bronce en Umbria y Campania, regiones limítrofes del Lacio. Los pocos
textos a la disposición impiden definir con precisión el parentesco de la lengua osca con las otras
lenguas habladas en Italia antes del dominio de Roma, como el etrusco, el umbrío y el latín. Es
verosímil pensar que la lengua osca haya sufrido el mismo destino que el latín. Fue desplazada
por el italiano antiguo y debió mantener un uso sagrado y administrativo porque era una lengua
escrita. Nada permite afirmar que se hablaba osco en los lugares en los que se han encontrado
textos escritos en esa lengua. RADICAL:

El «radical» es una nocion lingüistica que he introducido de manera breve, pero que desarrollaré
ampliamente en un futuro libro sobre las etimologias.

Digamos simplemente, a guisa de ejemplo, que las palabras francesas pâte, paté, potée, pitance,
potion, etc. contienen todas las consonantes P y T. Yo llamo radical a esta “armazon” de las
palabras que pertenecen a un mismo dominio semántico. En este caso, el radical de las palabras
precedentes es PT. No me sorprende encontrarlas en las palabras anteriores, además de las
palabras francesas POTAGE, POPOTE, PATATE, POTIRON y en las palabras de todas las lenguas
europeas que tienen relación con la comida: griego PITA, italiano PIZZA, ruso PIT’, etc. El radical
es, esencialmente, un punto de referencia. No explica por si solo el origen de las palabras.
RECONSTRUIR: Los lingüistas formulan la hipótesis de que las lenguas de una misma familia
tienen un origen común. Por ejemplo, el alemán, el inglés y el noruego podrían haberse
originado de una lengua llamada “protogermánico”, de la misma manera que el ruso, el polaco y
el serbio se originaron del protoeslavo. La proximidad de las lenguas romances es testimonio de
su origen común. Podemos afirmar que las lenguas romances tienen la misma lengua madre.
Reconstruir el vocabulario de esta lengua madre es tratar de encontrar, a partir de las lenguas
«hijas», la palabra que podría transformarse lógicamente para dar origen a las diferentes
palabras. Por ejemplo: la palabra FOIE se dice FEGATO en italiano, HIGADO en español1 y FICAT
en rumano. La palabra FIGATO podría transformarse en las diferentes variantes de arriba, y
podríamos admitir que era la palabra utilizada en el “italiano antiguo”. Hemos reconstruido la
palabra FIGATO. ROBERT:

cf. Larousse.

ROMANCE: Las lenguas romances son el conjunto de lenguas nacidas a partir del «italiano
antiguo», a saber principalmente: el italiano moderno, el francés, el español, el portugués, el
rumano, el catalán-valenciano, el retorromano y el occitano. Rechazo totalmente el término de
“lenguas latínas” para designar las lenguas “romances”. 1

Antiguamente, la palabra española era FIGADO. 8

Las lenguas romances son muy cercanas entre sí, tanto en el plano gramatical como el del
vocabulario. Todas ellas son muy diferentes del latín. SUSTRATO:

Toda lengua que ha sido llevada a una región determinada debería, con toda lógica, contener las
huellas más o menos importantes de la lengua hablada anteriormente: de esta forma, el francés
debería tener trazas de las lenguas galas; el árabe dialectal del norte de Africa debería contener
las de las lenguas bereberes; el español, las del celtíbero y del vasco. La idea de que las lenguas
romances se transformaron a partir del latín por el efecto de sustratos no resiste el análisis, ni
por el vocabulario ni por la gramática. Las únicas huellas verdaderas, muy marcadas, se
encuentran en la fonética. Ejemplos: la vocal francesa “u” [y] y la jota española son propias de
cada lengua y muy divergentes del italiano antiguo reconstituido. UMBRIO:

cf «osco».

Tabla de contenidos
Prefacio....................................................................................................................... 9
Prólogo ..................................................................................................................... 11
Investigación sobre un dogma más allá de toda sospecha ........................................ 21 Primera
prueba: El latín, una lengua muerta desde el siglo I A.C................... 23 Segunda prueba: El
vocabulario de base romance no es latino ...................... 29 Tercera prueba: La gramatica
romance no "heredó" nada del latín ................ 57 Cuarta prueba: Las lenguas evolucionan muy
lentamente .............................. 71 Quinta prueba: Toda la etimología oficial del francés es
fantasiosa ............... 85 Sexta prueba: Las lenguas romances son casi idénticas entre
sí ..................... 97 Septima prueba: El francés antiguo es un francés "latinizado" .....................
101 ¿De dónde viene nuestra obsecación? .................................................................... 105 La
responsabilidad de los lingüistas ................................................................... 107 El parentesco
indoeuropeo ................................................................................. 110 La coexistencia de dos
pueblos .......................................................................... 110 La ausencia de textos escritos en
italiano antiguo .............................................. 112 El enigma del
"osco" .......................................................................................... 113 Los extraordinarios y muy
sorprendentes descubrimientos que se desprenden ..... 115 Bases de la investigación lingüística
por reformular .......................................... 117 El bajo latín es una
ficción ................................................................................. 118 La ortografía francesa está
artificialmente latinizada ......................................... 121
Conclusión .............................................................................................................. 131
Léxico ..................................................................................................................... 147