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Asignatura

Determinantes Socioculturales del Comportamiento

Presenta
Nancy Franco Castaño
1000555628
Luz Yancely Iriarte
Belén Cubides
Hebert Zapata
100055207
Ivonne Maritza Barreto Guzmán
100055378

Docente
Mariana Tezón

Corporación Universitaria Iberoamericana


Facultad de psicología
Educación Virtual
Bogotá D.C.
LO MODERNO Y LO POSTMODERNO DEL EROS Y EL TÁNATOS

El ser humano siempre ha buscado el balance entre lo bueno y lo malo, entre lo


que se ama y odia, entre lo que le es placentero y lo que lo puede conducir a la tristeza.

Esa dualidad ha dado origen a teorías como la Pulsión de vida y pulsión de muerte
de Freud, expresiones como la de “al ser humano le quedan dos alternativas: amar o
percer” (Chardin, El Fenómeno Humano) o actitudes como la de aquellos que, en su
visión optimista, se miran al espejo y agradecen su reflejo aun sabiendo que se
desvanecerán en el tiempo. El eros, la fuerza vital, el impulso de vida y el tánatos que
no es más que la energía utilizada en la construcción a la vez que, sabiendo o no, se
destruye. Así pues, vivimos en una constante relación con esta dualidad desde el
comienzo, cambiando la época, su enfoque y la definición de cuánto de eros y cuánto de
tánatos concumitan en el individuo.

Después de la edad media donde la ciencia y la razón fueron limitadas por la


religión se abrió paso un nuevo pensamiento secular en donde el estado se separa de la
religión dando a cada parte su responsabilidad social. El modernismo se basa en la
razón, el saber y el desarrollo. Las utopías, la grandeza del estado, la autoridad de éste,
el impacto de lo nuevo, hacen que la modernidad se entienda como un intento del hombre
por apropiarse de su naturaleza alejándose de la cosmogonía divina al no ser Dios una
explicación suficiente para la existencia del hombre. La imposición de un nuevo orden
social impone nuevas reglas de comportamiento basadas en la racionalización de la
sociedad como único principio para la organización de la vida personal y, con esto, se
redefinen los paradigmas de lo bueno y lo malo, lo que se puede amar y lo que no.

Con el postmodernismo llega un nuevo orden. Los modelos de vida se destrozan,


ya el cristianismo no es el modelo válido para el desarrollo del individuo y el capitalismo
pierde su encanto. La sociedad postmodernista no tiene identidad y se vuelve superficial,
sin creencias definidas y se refugia en la ciencia tratando al humano como objeto y no
como ser humano. El postmodernismo ataca la ciencia diciendo que es solo la
interpretación de algo que no es real. En el postmodernismo no se puede pertenecer a
nada porque nada es real; el eros es alimentado con pequeñas dosis de placer en forma
de consumismo, medios de comunicación, entretenimiento que con el tiempo
desencadenan la sensación de haber perdido el tiempo de vida, no haber hecho nada y
viene la crisis depresiva que acaba muchas veces en el suicidio. La necesidad de
afiliación es parte del ser humano desde siempre, sentirse parte de algo es importante
para su bienestar o, si se quiere, ser feliz.
Pero esa necesidad también ha llevado a algunos sectores de la sociedad a
convertir movimientos con buenas ideas en grupos extremistas violentos, como el
movimiento feminista atacando físicamente a los hombres en las calles. Esto constituye
un hecho social per se. Los partidos políticos, movimientos ideológicos y otros no son
más que grupos extremistas que se proclaman como hechos sociales solapados en una
doctrina, si se puede llamar así, postmodernista.