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PETER NEWMARK

MANUAL DE TRADUCCIÓN
Manual de traducción
P e te r N e w m a r k

Manual de traducción

Versión española de Virgilio Moya

SEXTA EDICIÓN

CATEDRA
LINGÜÍSTICA
Título original de la obra:
A Textbook o f Translation

I a edición, 1992
6a edición, 2010

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido


por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las
correspondientes indemnizaciones por daños y peijuicios, para
quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren
públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística
o científica, o su transformación, interpretación o ejecución
artistica fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada
a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

© 1987 by Prentice Hall International (UK) Ltd.


© Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S. A.), 1992, 2010
Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid
Depósito legal: M. 24.256-2010
ISBN: 978-84-376-1091-7
Printed in Spain
Impreso en Lavel, S. A.
Pol. Ind. Los Llanos, C/ Gran Canaria, 12
Humanes de Madrid (Madrid)
A m i hija Clara
P r ò lo g o d e l trad u ctor

M anual de Traducción, publicado por primera vez en 1988 con el


título A Textbook o f Translation, es el segundo libro que sobre tra­
ducción escribe Peter Newmark, uno de los principales traductólogos
del momento y Profesor visitante de Teoría de la Traducción de la
Universidad de Surrey. En 1982 publicó Approaches to Translation, y
acaba de aparecer un tercero también del mismo autor, About Trans­
lation (1991).
El libro versa sobre teoría de la traducción, pero sin ese divorcio
entre teoría y práctica que refleja la mayor parte de lo que hoy día se
escribe en este campo. El enfoque es sumamente pragmático, así
que el lector no se encontrará en él muchas abstracciones, diagra­
mas, etc., sino una selva de ejemplos que le permitirán dar al autor la
razón muchas veces y otras la posibilidad de pensar que está equi­
vocado.
Tampoco encontrará palabras traductológicas puestas de moda
por el ftincionalismo alemán, como “comunicación transcultural” o
“transferencia intercultural”, que lo único que consiguen —según el
autor— es invitar a la inexactitud translatoria. Si el autor cree en algu­
nas palabras, dentro de este campo, éstas son: “exactitud” y “econo­
mía”, y ahí fundamenta su libro.
Y en esos dos principios he basado yo también mi versión: en el
principio de la exactitud y en el de la economía lingüística, ya que he
supuesto que el texto que tenemos delante es “autoritativo”, usando
los términos del autor. La tarea me ha supuesto un verdadero reto. En
primer lugar por los ejemplos, que en algunos casos he tenido que
recrearlos y en otros invertir su orden y adaptarlos en función de los
lectores españoles (no hay que olvidar que el autor del libro se dirige

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a sus estudiantes ingleses, cuya lengua terminal evidentemente es el
inglés), procurando, claro, traducir el ejemplo original y no el termi­
nal, ya que, recordando a Walter Benjamin, no se puede traducir la
traducción. De vez en cuando he transferido también alguno, dando
por sentado que el entendido lector de la versión española conoce
otras lenguas, además de la suya. Y en segundo lugar ha sido un reto
por la terminología personal que emplea el autor —véase Glosario—,
que algunas veces, antes que traducir, he tenido que recrear en caste­
llano.
No he querido agobiar al lector con notas, porque, como dice mi
colega y amigo Anthony Pym, son una “señal de derrota” (a confes­
sion o f defeat) por parte del traductor. Las pocas que hay tienen una
doble función: la de ayudar al lector a entender el texto de la lengua
original y la de suplir la referencia bibliográfica exacta del texto, que
el autor, que se tacha de “no intelectual” y de no formar parte de nin­
guna corriente traductológica, olvida de dar. Y ésta es la razón por la
que aparece en la versión castellana un doble sistema de referencias
bibliográficas: al final del libro encontraráñ las usadas por el autor y a
pie de página las utilizadas por mí.
Quiero dejar aquí estampada la expresión de mi agradecimiento al
editor, Gustavo Domínguez, sin cuya colaboración la obra no hubiera
visto la luz española, a Anthony Pym, que se prestó en todo momen­
to a aclararme los problemas planteados por el original, y a Virginia
R. Rochette, que tras “entretenerse” leyendo la versión ha conseguido
que el resultado sea menos imperfecto.

Marzo 1992
Virgilio Moya

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P r ó lo g o

Escribir este libro me ha supuesto una inversión de cinco años. Ha


habido partes que he tenido que volver a escribir porque me las han
robado dos veces —una, a punta de navaja— durante mis viajes. Es
de esperar que hayan quedado mejor la segunda vez: esa es la mayor
ilusión de todo escritor al que se le ha perdido el manuscrito, le ha
sido robado o lo han traicionado. Durante ese lustro, tuve que inte­
rrumpir el trabajo por requerimientos de tipo académico tales como
publicaciones y conferencias. Algunas de estas publicaciones, cuatro
en concreto, las he podido incorporar en el libro. Otras las enumero
en la bibliografía porque son demasiado especializadas como para
incluirlas aquí. El manual, digamos, no es nada convencional. En
lugar de presentar textos, en distintas lenguas, como había planeado
en un principio, para que ustedes los tradujeran, he preferido incluir
en los apéndices finales ejemplos de análisis de texto translatorios,
traducciones con comentarios y críticas de traducciones ya hechas. La
idea es que ilustren de manera provechosa muchos de los puntos
expuestos a lo largo del manual y que les sirvan de modelo —pueden
también reaccionar en su contra— cuando realicen esos tres tipos de
ejercicios tan estimulantes y sugestivos.
Si tuviera que señalar un hilo unificador del libro, yo diría que es
el deseo de ser útil al traductor. Sus distintas teorías son sólo generali­
zaciones de prácticas translatorias. Los puntos de vista que defiendo
están ahí para que ustedes los respalden o los rechacen, o sencilla­
mente para que reflexionen sobre ellos.
La terminología especial empleada está explicada en el texto y en
el glosario del final.
Espero que lean el libro conjuntamente con Approaches to Trans­

li
lation, anterior a él, aunque muchos aspectos de los allí tratados
están aquí corregidos y ampliados. Otros, como la traducción de tér­
minos institucionales y el metalenguaje, reciben un tratamiento más
amplio en el primero.
He reproducido íntegro el artículo sobre la gramática de casos
porque no me gusta repetirme ni hablando ni escribiendo, y porque
sé, además, que no es fácil encontrarlo. En realidad tampoco tengo
ahora mucho más que decir sobre el tema.
El libro no está escrito por un erudito, ni mucho menos. Una vez
escribí una obra polémica sobre el Horacio de Corneille en French
Studies, y me animaron a doctorarme, pero era tanto lo que había
que hacer que me dejó de interesar el tema y lo abandoné. Por otra
parte, un profesor alemán se negó a revisar el manuscrito de Ap­
proaches porque había demasiados fallos en la bibliografía. (Luego,
se le pidió que los señalara, pero se volvió a negar, aunque más tarde
cambió de idea y lo corrigió.) Lo cual es lamentable, pero los detalles
académicos no son el fuerte ni de aquel libro ni de éste.
Soy un tanto “literalista”: estoy por la verdad y la exactitud. Creo
que tanto las palabras, como las oraciones y los textos, tienen signifi­
cado, y que uno sólo se debe apartar de la traducción literal si tiene
buenas razones semánticas y pragmáticas para ello, lo cual ocurre la
mayor parte de las veces, excepto en los textos poco o nada brillan­
tes. Pero eso no significa que, como ha apuntado Alex Brotherton
despectivamente y sin ninguna prueba, yo crea en la “primacía abso­
luta de la palabra”. En traducción no hay absolutos: todo es condicio­
nal. Todo principio (por ejemplo, el de la exactitud) puede estar en
oposición a otro (el de la economía, por ejemplo) o al menos puede
haber tensión entre ellos.
Aunque muchas veces desearía liberarme de las dos obsesiones
de la traducción: la del viejo y querido contexto y la del viejo y queri­
do lector. Pero no hay manera. A lo más lejos que puedo llegar es a
decir que unas palabras están más condicionadas por el contexto que
otras; y que algunos lectores —piensen, por ejemplo, en los prospec­
tos, donde el lector constituye su razón de ser— son más importantes
que otros, como en el caso de un poema lírico, donde el poeta y su
traductor tal vez sólo escriban para sí mismos.
Por otra parte, cuando Halliday, tirando por tierra las funciones
expresiva y apelativa del lenguaje de Bühler y fundiéndolas en la fun­
ción interpersonal porque no hay ninguna distinción entre ellas,
escribe que el lenguaje es íntegramente un fenómeno social, lo único
que puedo decir es que eso es cosa de creencias o filosofías y que no
estoy de acuerdo. Aunque todo esto es hasta cierto punto cuestión de

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énfasis (y reacción) antes que de oposición (diametral). La palabra
aislada queda anegada en el discurso y el individuo en el grueso de la
sociedad... Yo estoy tratando de poner a ambos en su sitio, de resta­
blecer el equilibrio. Si la gente se autoexpresa individualmente en
cierto tipo de texto, los traductores se deben autoexpresar también
individualmente, hasta en el caso de que se les diga que lo único que
hacen es reaccionar y por tanto conformarse con las convenciones
sociales del discurso de la época.
Soy consciente de que escribir un libro sobre traducción forma
parte de una profesión nueva, aunque la práctica es antigua, y que el
acervo del saber y de las supuestos translatorios es de carácter provi­
sional, y a veces polémico y fluctuante.
Este libro trata de ser razonablemente exhaustivo, o sea, de estu­
diar la mayoría de los asuntos y problemas que surgen en traducción.
(En esto, por lo menos, el libro es original.) A pesar de lo controverti­
do de varios de sus capítulos, está ideado como una especie de libro
de consulta para los traductores. Sin embargo, algunos de los peque­
ños apartados del capítulo XVIII son inadecuados y sólo les pueden
ofrecer a ustedes unas cuantas pistas. Espero ampliar el libro —el últi­
mo* que escribo sobre traducción— en una segunda edición, por tan­
to estaré abierto a todo tipo de sugerencias que puedan contribuir a
su mejoramiento.

A gradecimientos

Doy mi más sincero agradecimiento a Pauline Newmark, Elizabeth


Newmark y Matthew Newmark, con quienes he estado continuamen­
te consultando; a Vaugham James, quien tanto me ha ayudado en
todas las etapas del libro; a Vera North, que hizo frente tan admirable­
mente a los pormenores de mi caligrafía; a Mary Fitzgerald; Sheila Sil-
cock; Margaret Rogers, Louise Hurren; Mary Harrison; Simon Chau,
Hans Lindquist, René Dirven, Robin Trew, Harold Leyrer, David Har­
vey, Jean Maillot, Christopher Mair y Geoffrey Kingscott.
Nos gustaría además, tanto al editor como a mí, dar las gracias a
los propietarios de los derechos de autor, sin cuyo permiso no hubié­
ramos podido reproducir los fragmentos de la Parte II.

* Acaba de publicar About Translation, 1991, Filadelfia, Adelaida: Multilingual Mat­


ters. [N. del TJ

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PARTE I

Principios

Figuras que aparecen en Parte I:

1. Dinámica de la traducción ....................................... 19


2. Teoría funcional del lenguaje .................................. 37
3- Funciones del lenguaje, categorías y tipos de texto ... 62
4. Traducción de la metáfora ....................................... 148
5. Diagramas escalares ................................................. 163
6. Diagrama ecuacional ............................................... 164
7. Diagrama matriz ........................................................ 164
8. Diagrama arbóreo paralelo ...................................... 164
9. Diagrama de comidas en el R. U.................................. 171
C apítulo primero

I n tr o d u c c ió n

El objetivo de este libro es ofrecer un curso acerca de los princi­


pios y metodología de la traducción. Y va dirigido tanto a estudiantes
de último año de carrera y graduados como a autodidactas y a gente
que le gusta aprender en casa. Tendré además en cuenta, a la hora de
escoger los textos y ejemplos, que me dirijo a estudiantes de cual­
quier nacionalidad.
Doy por sentado que ustedes, lectores, están aprendiendo a tradu­
cir a la lengua en que normalmente se desenvuelven, puesto que éste
es el único modo de traducir con naturalidad, exactitud y el máximo
de eficacia. De hecho, sin embargo, la mayor parte de los traductores
traducen de su propio idioma a otro (traducción de “servicio”) y con­
tribuyen en gran medida a ser motivo de risa para mucha gente.
Doy también por sentado que su nivel de “lectura y comprensión”
de una lengua extranjera es universitario y que tienen especial interés
por cualquiera de los principales campos de la traducción, a saber: a)
ciencia y tecnología; b) temas e instituciones sociales, económicos
y/o políticos; y c) obras literarias y filosóficas. De ellos, sólo los dos
primeros suelen proporcionar un trabajo fijo, en tanto que en el últi­
mo campo los traductores trabajan por su cuenta.
Tengan presente, sin embargo, que conocer un idioma extranjero
y el tema del texto no es tan importante como saber apreciar la len­
gua y escribir el idioma de uno correcta, clara, económica y hábilmen­
te. Ejemplos de “traslacionismo” (translationesé) como el siguiente:
En el punto culminante del ajetreo del baile, los truenos que
retumban asustan alborozados. Cada vez más cerca avanzan los

17
“truenos” y la “tempestad”, que son conjurados con un arte des­
criptivo atrevido y naturalista en cuanto al sonido, inaudito en
aquella época.
(De la solapa de un disco)

demuestran que, muchas veces, un buen escritor con sentido común


y sensibilidad lingüística no sólo puede evitar errores de uso sino
equivocaciones en el plano real y del lenguaje.
El que a uno se le dé bien escribir no tiene nada que ver con ha­
cer buenas “redacciones “ o con ser bueno en “lengua española” en
el colegio. Escribir bien significa ser capaz de usar las palabras apro­
piadas, en el orden apropiado, para describir el objeto o proceso de­
seado; significa tratar constantemente de mejorar la forma de escribir
de uno —porque una traducción nunca está acabada— y de ampliar
tanto el vocabulario, en la lengua de uno y en la extranjera, como el
conocimiento de la actualidad. Significa también hacer un uso flexi­
ble de los muchos recursos gramaticales del idioma, enriquecido hoy
en día por el habla contemporánea. Todo esto es algo que, como la
traducción, se puede aprender: nadie nace siendo un buen escritor;
es más, por ahora tampoco es necesario que lo sean ustedes, pero tie­
nen que proponerse llegar a serlo, llegar a relacionar las nuevas ex­
periencias con el lenguaje fresco.
Significa, finalmente, tener sentido del orden y de la oportuni­
dad..., aprender a elaborar un tema con comienzo específico (gezielt,
con un fin determinado), desarrollo y conclusión: un comienzo que
centre y presente el tema con orden; un “desarrollo” que dé e ilustre
los pros y los contras del razonamiento; una conclusión donde uno
exponga su opinión..., y todo ello adecuada y oportunamente.
Un traductor debe tener tacto y gusto para saborear su propia len­
gua, o un “sexto sentido” que no tiene nada de místico, sino que es
una mezcla de inteligencia, sensibilidad e intuición, aparte de conoci­
miento. El sexto sentido, que muchas veces empieza a funcionar
(joue) durante la revisión final de la traducción, le dice cuándo tiene
que traducir literalmente y cuándo instintivamente (tal vez una o dos
veces en doscientas o trescientas palabras), cuándo romper las “re­
glas” de traducción y cuándo traducir malheur por “catástrofe” en un
texto del siglo xvii.
Yo no puedo hacer de ustedes traductores, ni tampoco buenos
escritores. Lo máximo que puedo hacer es sugerirles algunos princi­
pios generales para traducir. Les propondré un modo de analizar el
texto en la lengua original, trataré de los dos métodos básicos de tra­
ducción y expondré los diversos procedimientos para que se desen­

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vuelvan bien con textos, oraciones y otras unidades del lenguaje.
A veces, hablaré también de la relación entre significado, lengua, cul­
tura y traducción. Y todo ello estará salpicado de un montón de ejem­
plos, con la esperanza de que les den la práctica necesaria para ser
mejores traductores.

9 La verdad Qa realidad de los hechos)

Lector en la LT

Normas de la LT

Cultura de la LT

Marco y tradición
de la LT

Fig 1. Dinámica de la traducción

¿Qué es la traducción? Muchas veces —aunque no siempre—, es


verter a otra lengua el significado de un texto en el sentido pretendi­
do por el autor. El sentido común nos dice que la tarea debería resul­
tar simple, ya que ha de ser posible decir algo en una lengua tan bien
como en otra. Por otro lado ustedes, tal vez, la vean complicada, arti­
ficial y fraudulenta, porque cuando uno usa una lengua que no es la
suya finge ser alguien que no es. De aquí que en muchos tipos de
texto (legales, administrativos, dialectales, locales, culturales) se caiga
en la tentación de pasar a la LT (lengua terminal) el mayor número
posible de palabras de la LO (lengua original). La pena es, como es­
cribió Mounin, que la traducción no puede simplemente reproducir,
o ser, el original. Por eso la principal tarea del traductor es traducir.
En un texto, por tanto, hay diez fuerzas que pueden tirar de él en
otras tantas direcciones:

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1. El estilo individual o idiolecte del autor de la LO. ¿Cuándo de­
beríamos a) conservarlo, b) normalizarlo?
2. El uso convencional de la gramática y el léxico en ese tipo de
texto, según el tema y la situación.
3. Los items de contenido referidos específicamente a la cultera
de la LO, o a la de una tercera lengua (o sea, ni a la LO ni a
la LT).
4. El formato típico de un texto dentro de un libro, periódico,
revista, etc., en cuanto que está influido por la tradición del
momento.
5. Las expectativas del supuesto lector, teniendo en cuenta su
hipotético conocimiento del tema y el estilo de lenguaje que
usa, expresados en términos del máximo común denominador,
ya que no se debería traducir por debajo —ni por encima—
del nivel del lector.
6. 7 y 8. Lo dicho en el 2, 3, y 4 respectivamente, pero en rela­
ción con la LT.
9. Lo que se describe o relata, averigua o verifica da verdad refe-
rencial), independientemente —donde sea posible— del texto
de la LO y de las expectativas del lector.
10. Los puntos de vista y prejuicios del traductor, posiblemente
personales o subjetivos, o sociales y culturales, incluido su “fac­
tor de lealtad al grupo”, que tal vez refleje sus suposiciones na­
cionales, políticas, étnicas, religiosas, su clase social, sexo, etc.

Huelga decir que en la traducción se dan muchas otras tensiones:


las que hay, por ejemplo, entre sonido y sentido; énfasis (orden de
las palabras) y naturalidad (gramática); sentido figurado y literal; pul­
critud y claridad; concisión y precisión.
La figura 1 nos muestra las distintas fuerzas que tiran de la activi­
dad traductora (l’activité traduisante) en dirección contraria. El dia­
grama no está completo: no figura una tensión frecuente entre el sig­
nificado intrínseco y el comunicativo o, si se prefiere, entre el semán-
. tico y el pragmático. ¿No se traduce a veces, según el contexto, it’s
cold por “hace frío” y otras por “tengo frío” o “estoy congelado”?
Razones por las que se podría pensar que la traducción es imposible.
Pero no es así.
¿Por qué escribir un libro como éste? Porque pienso que hay un
acervo de conocimientos acerca de la traducción que, si se aplican a
resolver los problemas que ésta plantea, pueden contribuir a la for­
mación del traductor. La traducción profesional que se lleva a cabo
en organismos internacionales, departamentos gubernamentales, so­

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ciedades anónimas y agendas de traducción empezó hace tan sólo
treinta años; e incluso hoy todavía no está ampliamente reconocida la
idea de que todas las lenguas —cuatro mil— tienen el mismo valor e
importancia, y de que todo el mundo tiene derecho a hablar y escri­
bir su propio idioma, ya sea nacional o sólo minoritario (la mayoría
de los países son al menos “bilingües”). La traducción profesional se
tiene que ver como un proceso de colaboración entre traductores,
correctores, terminólogos y, muchas veces, escritores y clientes (las
obras literarias deben ser revisadas por un corrector nativo de la LT y
sería de desear también que por un hablante nativo de la LO), proce­
so que va lentamente hacia un consenso general. No obstante, sólo
una persona puede ser la responsable de la traducción de una obra o
fragmento, ya que ésta debe tener el sello inconfundible de un único
estilo. El principio del que parte este libro es que todo sin excepción
es traducible; el traductor no puede permitirse el lujo de decir que
algo no se puede traducir.
Danica Seleskovitch, brillante intérprete y escritora, ha dicho:
“todo lo que se dice en un idioma se puede expresar en otro, a condi­
ción de que los dos pertenezcan a culturas con un grado semejante
de desarrollo”. Pero la condición que pone es falsa y engañosa. La
traducción es un instrumento de educación y de la verdad precisa­
mente porque tiene que llegar a lectores cuyo nivel cultural y educati­
vo es diferente y, a menudo, “inferior” o más primitivo que el de los
lectores del original. Pensemos, si no, en la tecnología informática
para la tribu de los xosas. Las comunidades “extranjeras” tienen cada
una su propia estructura lingüística y su propia cultura, los “extranje­
ros” tienen su propia forma de pensar y, por ende, de expresarse,
pero esas estructuras se pueden explicar y en último caso la explica­
ción es la traducción. No hay lengua ni cultura por “primitiva” que
sea que no pueda adaptar los conceptos de la tecnología informática,
por ejemplo, o del gregoriano. Pero una traducción así es un proceso
más largo si se hace hacia una lengua que no incluye la tecnología
informática. Y, si va a abarcar todos los puntos del texto de la LO,
necesitará un espacio mayor en el texto de la LT. Por tanto, aunque la
traducción sea siempre posible, es fácil por varias razones que no
produzca el mismo impacto que el texto original.
La traducción tiene su propia emoción, su propio interés. Y siem­
pre será posible una traducción satisfactoria, aunque un buen traduc­
tor no está nunca contento con su versión. Por lo general, siempre se
puede mejorar. No existe una traducción perfecta, ideal o “correcta”.
Un traductor siempre está ampliando sus conocimientos y mejorando
su manera de expresarse; está siempre persiguiendo hechos y pala-

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bras. Y trabaja en cuatro niveles diferentes: la traducción es, antes
que nada, una ciencia que implica el conocimiento y verificación de
los hechos y del lenguaje que los describe (aquí se puede identificar
lo incorrecto, los errores contra la verdad); es, en segundo lugar, una
técnica que requiere un lenguaje apropiado y aceptable; luego, es un
arte que distingue entre lo que está bien escrito y lo mediocre (éste
sería el nivel creativo, intuitivo, a veces el de la inspiración); y final­
mente es cuestión de gustos, donde no tienen nada que hacer los
argumentos, donde se expresan las preferencias, donde las diferen­
cias individuales se reflejan en la variedad de traducciones meri­
torias.
Aunque admito que sólo hay unos cuantos traductores buenos
que sean “naturales” —lo mismo se podría decir de los actores—, me
atrevo a sugerir que, como la demanda real de traductores es tan
grande y el tema está todavía tan encubierto con argumentos inútiles
acerca de su viabilidad, un curso basado en una amplia gama de tex­
tos y ejemplos sería de gran provecho para estudiantes de traducción
y aspirantes a traductores. Este libro, que pretende ser útil —no esen­
cial—, lo que intenta es establecer un marco de referencia para una
actividad que sirve de medio de comunicación, de transmisor de cul­
tura, de técnica —si se usa con discreción: hay muchas otras— de
aprendizaje de idiomas y de fuente de goce personal.
Como medio de comunicación, la traducción se usa en carteles y
letreros multilingües, que por fin aparecen de forma más clara en
sitios públicos; en instrucciones que emiten las empresas de exporta­
ción; en anuncios que con demasiada frecuencia y por una cuestión
de orgullo nacional están hechos por nativos en una lengua que no
es la suya; se usa, además, en documentos oficiales, tales como tra­
tados y contratos; en informes, trabajos de investigación, artículos,
correspondencia, manuales que transmiten información, consejos y
recomendaciones para cada rama del saber... El volumen de estas tra­
ducciones ha aumentado con el auge de los medios de comunica­
ción, el incremento del número de países independientes y el reco­
nocimiento cada vez mayor de la importancia de las minorías lingüís­
ticas en todos los países del mundo. Su importancia ha sido puesta de
relieve por la mala traducción del telegrama japonés que se envió a
Washington justo antes de lanzarse la primera bomba atómica en
Hiroshima (la traducción que se recibió allí de la palabra mokasutu
fue ignore, “hacer caso omiso”, cuando lo que quería decir era que la
respuesta “se consideraría”) y por la ambigüedad de la resolución 242
de la ONU, donde the withdrawal from occupied territories da en
francés le retrait des territoires occupés (“retirada de los territorios

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ocupados”) y les permite así a los árabes interpretar que no basta con
una retirada parcial, sino de todos los territorios ocupados en el 1967
(ni que decir tiene que los judíos por el texto inglés interpretan que
basta con una retirada parcial).
Desde que países e idiomas entraron en contacto, la traducción ha
sido el instrumento transmisor de la cultura, en ocasiones bajo condi­
ciones desiguales causantes a su vez de traducciones distorsionadas y
parciales. Los romanos, por ejemplo, “saquearon” la cultura griega, la
Escuela de Traductores de Toledo pasó a Europa el saber árabe y
griego, y hasta el siglo xtx la cultura europea se estuvo inspirando en
las traducciones latinas y griegas. En el siglo xix, la cultura alemana
asimilaba a Shakespeare. Y en el siglo xx hemos asistido a la apari­
ción de una literatura universal centrífuga, que comprende la obra de
un pequeño número de escritores “internacionales” (Greene, Bellow,
Solzhenitsin, Bòli, Grass, Moravia, Murdoch, Lessing, y algo antes,
Mann, Brecht, Kafka, Galdós, Mauriac, Valéry, etc.) y que ha sido tra­
ducida a la mayoría de las lenguas nacionales y a muchas regionales.
Es de lamentar que no exista otro movimiento cultural centrípeto de
autores “regionales” o periféricos.
Pero la traducción no es sólo un mero transmisor de cultura, sino
también un transmisor de la verdad, una fuerza de progreso. Para
comprobarlo basta con ver, por un lado, la resistencia con que ha
contado la traducción de la Biblia a lo largo de la historia y, por
otro, la conservación del latín como una lengua superior, sólo de
unos cuantos elegidos, lo que ha obstaculizado el traducir entre otras
lenguas.
Como técnica de aprendizaje de idiomas extranjeros, la traducción
es un instrumento de doble vertiente que tiene el objetivo especial de
demostrar los conocimientos de idioma extranjero del estudiante,
bien como una forma de control, bien para ejercitar su inteligencia a
fin de desarrollar su competencia. Este es su punto fuerte en las cla­
ses de idiomas, punto que debe claramente distinguirse del que se le
suele dar como transmisora de significados y mensajes. La traducción
en la enseñanza media, que como disciplina se da desgraciadamente
por sabida y de la que apenas se habla, fomenta a menudo versiones
absurdas y afectadas, particularmente de pasajes coloquiales, nom­
bres propios y términos institucionales (los diccionarios contribuyen
también negativamente con traducciones tan equivocadas como las
inglesas de Giacopo por James, y Staatsrat por Privy Councillor). In­
cluso una frase como ésta:

23
Q u ’u n e m atite sautât parfois à ce tissu de perfection auquel Bri­
gitte P ian travaillait avec u n e vigilance de toutes les secondes,
c ’était dans l ’ordre et elle s ’en consolait pou rvu que ce f û t sans
témoin.

(Mauriac, La fariseo)

podría quedar de la siguiente manera en manos de un estudiante


de BUP:
Q ue a Brigitte Pian se le rom piera a veces un punto en el admira­
ble material en que con un desvelo perseverante trabajaba, podría
caber dentro del orden natural de las cosas, y eso la consolaba,
con tal de que no hubiera testigos.

lo que demuestra que el alumno entiende cada una de las palabras,


que, por otra parte, se podrían traducir de la siguiente manera:
Era natural que algunas veces saltara u n punto en ese tejido de
perfección en el que Brigitte Pian trabajaba vigilando cada segun­
do y se consolaba cuando ocurría sin testigos*.

A un traductor, tal vez más que a cualquier otro profesional, se le


plantea continuamente el problema de la elección, al traducir por
ejemplo no tanto palabras que denotan objetos o sucesos sino cuali­
dad, palabras relacionadas con el mundo mental (adjetivos, adver­
bios, nombres adjetivales: “bueno”, “bien”, “bondad”). Al elegir entre
una u otra, ef traductor está intuitiva o conscientemente siguiendo una
teoría lingüística. La traduction appelle une théorie en acte, ha escrito
Jean-René Ladmiral. La traducción requiere una teoría en acto; el tra­
ductor, antes de hacer su selección, repasa los criterios que le pueden
mover a escoger entre una u otra opción como uno de los procedi­
mientos en su actividad translatoria.
El placer personal que proporcionada traducción es la emoción
que supone el tratar de resolver mil pequeños problemas en el con­
texto de uno mayor. Misterio, rompecabezas, calidoscopio, juego,
laberinto, acertijo, malabarismo, son metáforas que captan muy bien
el elemento “lúdico” de la traducción y no su seriedad. (Pero el placer
reside en el juego y no en la seriedad.) La persecución de palabras y
hechos es incesante y requiere imaginación. Existe tal atracción en la

F. Mauriac, Novelas escogidas, Madrid, Aguilar, 1967, págs. 1300-1. Traducción de


M. Bosch et al. [N. del TJ

24
búsqueda de la palabra exacta que se tiene justo en la punta de la
lengua, tal atracción en ese vacío semántico existente entre dos len­
guas, que uno es capaz de “peinar” un tesoro lexicográfico para lle­
narlo. El alivio de encontrarla, la “sonrisa de satisfacción” que produ­
ce el acertar con la palabra exacta, cuando los demás (traductores)
están todavía indecisos, es una honda recompensa que, aunque más
concreta, no guarda proporción ni relación con la satisfacción de
solucionar el enigma entero. El grado de placer es un reflejo de la
tensión constante entre oración y palabra.
Es probable que hayan oído hablar de una asignatura universitaria
relativamente reciente llamada Teoría de la Traducción o Traductolo-
gía (Translatology en Canadá y Übersetzungswissenschaft en los paí­
ses de habla alemana). Bien, pues el libro está pensado para que les
sirva de introducción a esa materia.
En un sentido estricto, la teoría de la traducción se ocupa del
método de traducción adecuado para cierto tipo de texto y depende,
por tanto, de una teoría funcional del lenguaje. Sin embargo, en un
sentido más amplio, la teoría de la traducción es la parte esencial de
lo que conocemos acerca del traducir, que abarca desde los princi­
pios generales a los preceptos, sugerencias y consejos. (La única regla
que conozco es la de igualdad de frecuencia, a saber, que las pala­
bras con correspondencia, cuando ésta se da —metáforas, colocacio­
nes, locuciones, proposiciones, oraciones, orden de palabras, refra­
nes, etc.—, deberían tener aproximadamente la misma frecuencia en
la LO y LT, teniendo en cuenta el tema y el registro.) La teoría de la
traducción lo mismo se ocupa de nimiedades (significados del punto
y coma, letra cursiva, erratas) que de generalidades (presentación,
hilo del pensamiento que recorre una obra), y ambos puntos son
igualmente importantes en el contexto.
La teoría de la traducción en acto, la teoría de la traducción usada
operativamente con el fin de revisar todas las opciones —sobre
todo, para sensibilizar al traductor hacia aquéllas que no conocía— y
después tomar decisiones —el alma de la teoría— es un marco de re­
ferencia para la traducción y para la crítica de la traducción, en rela­
ción en primer lugar con los textos completos, que es donde más
nos tiene que decir, y luego, bajando de nivel, con los párrafos, ora­
ciones, cláusulas, locuciones (colocaciones, sobre todo), palabras
(variantes del habla familiar, términos culturales e institucionales,
nombres propios, “palabras no equivalentes”, neologismos y térmi­
nos conceptuales clave), morfemas y signos de puntuación. Tengan
en cuenta que la metáfora, el problema de traducción tal vez más
significativo, se puede dar en todos los niveles, desde el de la pala-

25
bra hasta el del texto, nivel en que se convierte en alegoría o fantasía.
Lo que la teoría de la traducción hace es en primer lugar identifi­
car y definir un problema de traducción (sin problemas no hay teo­
ría); luego, indicar todos los factores que se deben tener en cuenta
para resolver el problema; en tercer lugar, enumerar los procedimien­
tos de traducción posibles; y finalmente recomendar el procedimiento
y la traducción más adecuados.
La teoría de la traducción es inútil y estéril si no proviene de los
problemas de la práctica de la traducción, de la necesidad de retroce­
der y reflexionar, de considerar todos los factores, dentro y fuera del
texto, antes de llegar a una decisión.
Quiero terminar el capítulo enumerando las nuevas ideas actual­
mente en vigor en el campo de la traducción, que, dicho sea de paso,
no se parecen en nada a las que corrían a principios de siglo:

1. Énfasis en el lector y el marco y, por ende, en la naturalidad, facili­


dad de comprensión y registro adecuado, cuando dichos factores
lo pidan.
2. Ampliación del campo temático: del religioso, literario y científico
se ha pasado a la tecnología, comercio, actualidad, publicidad,
propaganda, prácticamente a cualquier tema sobre lo que se pue­
da escribir.
3. Aumento de la variedad de formatos, desde libros (incluidos obras
de teatro y poemas), hasta artículos de divulgación, trabajos de
investigación, contratos, tratados, leyes, letreros y carteles, instruc­
ciones, anuncios, publicidad, recetas, cartas, informes, impresos
comerciales, documentos, etc. Estos últimos formatos son mucho
más numerosos que los libros, por lo que es difícil de calcular el
número o los idiomas de las traducciones en su conjunto.
4. Estandarización de la terminología.
5. Formación de equipos de traductores y reconocimiento del papel
del corrector.
6. Impacto de la lingüística, sociolingüística y teoría de la traducción,
que se hará patente única y exclusivamente cuando haya más tra­
ductores que pasen por la universidad.
7. La traducción se usa hoy día tanto para transmitir el saber y lograr
el entendimiento entre grupos y naciones como para transmitir
cultura.

En resumen, todo hace pensar que nos hallamos ante una nueva
disciplina, una nueva profesión, una vieja actividad con nuevos enfo­
ques.

26
Capítulo il

A n á lisis d e u n te x to

Lectora del texto

Su tarea comien2a por leer el original por dos motivos: primero,


para saber de qué trata, y luego para analizarlo desde el punto de vis­
ta del “traductor”, que no es el mismo que el del lingüista o el del crí­
tico literario. Deben determinar la intención del texto y la forma en
que está escrito con el fin de seleccionar un método de traducción
adecuado e identificar los problemas concretos y repetidos.
Entender el texto requiere dos lecturas, una general y otra detalla­
da y profunda. La primera serviría para comprender el original. Aquí,
tendrán que consultar enciclopedias, manuales o artículos de investi­
gación para poder captar el tema y los conceptos, teniendo en cuenta
siempre que para el traductor lo primero es la función y luego la des­
cripción: lo importante acerca del neutrino dentro de contexto no es
que sea una partícula elemental estable, que cumple el principio de
conservación de la masa-energía, sino que ahora se ha descubierto
que tiene masa, con lo que se calcula que el Universo es hoy el doble
de grande de lo que se pensaba antes. Las palabras “silla”, chair,
chaise, Stuhl, Sessel, sedia, stul, ofrecen todas ellas imágenes algo di­
ferentes: haces vagos y difusos de formas distintas en cada cultura,
unidas por una función similar, la de servir para que se sienten las
personas, además de unos cuantos rasgos esenciales y formales,
como un asiento, un respaldo y cuatro patas. Un cuchillo está hecho
para cortar, pero la hoja y el mango son también importantes porque
lo diferencian de las tijeras.
Cuando el texto es arduo, se requiere una lectura profunda de las

27
palabras dentro y fuera de contexto. En principio, se ha de mirar en
el diccionario todo lo que no tenga sentido dentro de su contexto:
palabras comunes, como snake, para asegurarse uno de que no están
empleadas ni en sentido figurado (traidor, enemigo), ni en sentido
técnico (serpiente monetaria), ni en sentido coloquial; neologismos,
que probablemente encontrarán en grandes cantidades si traducen
una publicación reciente (véase palabras “no equivalentes”, pági­
na 165); acrónimos, para encontrar sus equivalentes —si los hay— en
la LT (procuren no inventarlos nunca, incluso si notan que el autor de
la LO los ha inventado); cifras y medidas, para convertirlas en unida­
des de la LT o del SI; nombres de personas o ciudades y casi todas las
palabras que comiencen por mayúscula (las palabras pertenecientes a
la “enciclopedia” son tan importantes como las que pertenecen
al “diccionario”: la distinción es borrosa). (Palabras como “siempre”,
“nunca”, “todo”, “debe” no tienen cabida cuando se habla de traduc­
ción: siempre hay excepciones.) La actividad traductora la pueden
comparar con un iceberg, donde la punta sería la traducción, lo que
se ve, lo que figura escrito en la página, y la actividad el iceberg, todo
el trabajo que el traductor realiza —aunque la mayor parte de él no la
utilice—, que a menudo es diez veces superior al que se ve.

I nten ció n del texto

Cuando lean, busquen la intención del texto, que es algo que no


se puede separar de su comprensión global. El contenido y la inten­
ción de un texto van siempre unidos, aunque el título se aleje de
ambos. Puede haber dos textos que describan una, batalla, motín o
debate, exponiendo los mismos hechos y cifras, y sin embargo el len­
guaje y las estructuras gramaticales utilizados (voz pasiva, verbos im­
personales usados muchas veces para rechazar responsabilidad) en
ambos textos pueden encerrar dos puntos de vista diferentes. La in­
tención del texto representa la postura del escritor de la LO con res­
pecto al tema.
En todo tema siempre se puede encontrar por alguna parte un
punto de vista, un componente modal, aunque sea en una palabra
(“desgraciadamente”, “aunque”). Es posible que un artículo sobre
suelos “promocione” cera para pavimentos, que otro sobre periódi­
cos intente censurar la prensa, y otro acerca de armas nucleares a lo
peor está haciendo publicidad de ellas.
¿Qué se quiere decir a veces simplemente con la palabra “gracias”?
¿No puede ser implícitamente irónica? Cuando un periodista francés

28
escribe, como es el caso, Clémente, notre justice répressiveP, ¿quiere
decir que el sistema judicial represivo está lejos de ser indulgente o es
un truco, mejor una tontería, para hacer reír? Averiguarlo puede ser un
trabajo de “iceberg”, porque el tono tal vez se pueda ver en una tra­
ducción literal, pero el traductor tiene que saber lo que está haciendo.
Por otra parte, la intención del autor en un artículo detallado, aun­
que confuso, sobre reconocimientos médicos a pacientes de avanza­
da edad que tal vez tengan que someterse a un tratamiento de qui­
mioterapia, sea demostrar que los pacientes deben pasar un recono­
cimiento físico a fondo antes de empezar una cura de medicamentos:
si desaparecen primero los problemas físicos es posible que se eviten
los problemas sicológicos.
Un resumen así, que sólo usa unas cuantas palabras clave del ori­
ginal, parece no tener nada que ver con la lengua y demostrar senci­
llamente lo que ocurre en la vida real, pero es indispensable para el
traductor. Sin embargo, aún deberá “volver” al texto porque está
todavía sin traducir y su deber es traducirlo, hasta en el caso de que
tuviera que simplificarlo, reordenarlo, clarificarlo, limar la redundan­
cia, reducirlo.

I nten ció n del traductor

Normalmente, la intención del traductor es idéntica a la del autor


del texto en LO. Pero se puede dar el caso de traducir un anuncio, un
letrero, una serie de instrucciones, para mostrarle al cliente cómo
están formulados y escritos esos textos en la LO y no con el fin de
persuadir o instruir al nuevo lector de la LT. Otras veces, posiblemen­
te se trate de la traducción de un manual de instrucciones para un
lector menos cultivado de lo normal y entonces la explicación en su
traducción quizá sea más extensa que la “reproducción”.

ESTILOS DE TEXTO

Siguiendo a Nida, yo distingo cuatro tipos de texto (literarios o no


literarios):

1. Narración: secuencia dinámica de sucesos en la que el énfasis


va en los verbos o, en el caso de algunas lenguas, en los verbos
semánticamente “vacíos” y en el nombre verbal: “le prestó aten­
ción”, “le propinó una paliza”.

29
2. Descripción, que es estática, con énfasis en los verbos copulativos,
adjetivos y nombres adjetivales.
3. Argumentación-, tratamiento de ideas donde se resaltan los nom­
bres abstractos (conceptos), verbos de pensamiento y actividad
mental (“considero”, “sostengo”, etc.), argumentos lógicos y co­
nectivos.
4. Diálogo, donde se enfatiza lo coloquial y fático.

E l LECTOR

Partiendo de la variedad de lenguaje usado en el original, traten


de caracterizar al lector de la LO y luego al de la traducción, y deci­
dan el grado de atención que deben prestarle al lector de la LT. (En el
caso de poemas u obras escritas para autoexpresarse, la cantidad de
atención —todo parece indicar— es muy pequeña.) Quizá valga
la pena tratar de evaluar su grado de formación, clase social, edad,
sexo, si es que están “marcados”.
El texto medio en traducción va dirigido a un lector culto, de clase
media, y su estilo es no tanto coloquial como informal. El error “mar­
cado” más corriente en cuanto al registro entre los estudiantes de tra­
ducción es la tendencia hacia un estilo “coloquial” e “íntimo”, como
“ponerse mejor” por “recuperarse”. Otro error muy corriente es el uso
de un registro formal u oficial (“fallecimiento” por “muerte”), error
que delata a veces los casos de “traslacionismo”. En realidad, lo que
hacen estas muestras lingüísticas es tipificar no al lector para el que se
traduce sino al estudiante de Traductores, representar en miniatura su
grado de conocimiento del tema y la cultura apropiada, aparte de su
grado de interés por ellos, o sea, lo motivados que están. Todo esto
ayudará al traductor a determinar el grado de formalidad, el de gene­
ralidad (o especificidad) y el tono emotivo que debe expresar cuando
trabaje en el texto.

E scalas estilísticas

La escala de form alidad ha sido formulada de diversos modos,


aunque no de forma tan notable como lo han hecho Martin Joos y
Strevens. Yo les propongo la siguiente:

Oficial burocrático: “Está categóricamente prohibido en este estable­


cimiento el consumo de todo tipo de alimento sólido”.

30
Oficial: “Está prohibido el consumo de alimentos”.
Formal: “Se ruega no consumir comida en este establecimiento”.
Neutral: “No está permitido comer aquí”.
Informal: “Por favor, no coman aquí”.
Coloquial: “Aquí no se puede papear”.
Argot: “Dejen de jalar”.
Tabú: “Coño, Dejen de jalar”.

Una vez más, las distinciones están algo borrosas. En un lenguaje


no muy informal no estaría mal traducir, por ejemplo, d ’un seul coup
por “simultáneamente”.
Asimismo, la escala de generalidad o dificultad que propongo es
la siguiente:

Simple: “El suelo del mar está cubierto por hileras de grandes monta­
ñas y grandes hoyos”.
Popular: “El suelo de los océanos está cubierto por grandes cadenas
de montañas y profundas fosas”.
Neutral (usa sólo vocabulario básico): “La corteza terrestre es un ce­
menterio de restos de animales y plantas”.
Educado: “El último paso en la evolución de los vertebrados fue el
hombre fabricante de herramientas”.
Técnico: “Aparentemente las alzas están relacionadas con el buen
comportamiento del sector químico que podría ser objeto del inte­
rés inversor por parte de las compañías de seguros alemanes”.
Opacamente técnico: (comprensible sólo para expertos): “El síndro­
me de eosinofilia mialgia viene producido por la ingestión de un
aminoácido (Le-triptófano) en complejos vitamínicos”.

A continuación propongo la escala de tono emotivo:

Intenso o “caliente” (uso abundante de intensificadores): “Ostensible­


mente visible”, “absolutamente maravilloso”.
Cálido: “Dulces, suaves y gratas melodías”.
Objetivo (“fresco”): “Significativo, atractivo, presentable, considera­
ble”.
Atenuación (“frío”): “No... sin cierto orgullo”.

Observen que entre la formalidad y el tono emotivo hay cierta


correlación: es probable que un estilo oficial sea objetivo, en tanto
que los coloquialismos y el argot tienden a ser emotivos. Al traducir
—y si el contexto lo pide—, es conveniente tener en cuenta la efu­

31
sión del italiano y el español, la formalidad, estiramiento y rigidez del
alemán y del ruso, la impersonalidad del francés y la informalidad e
infravaloración del inglés.

A ctitud

En pasajes donde se hacen evaluaciones y recomendaciones, el


traductor tendría que determinar cuáles son los valores éticos del
escritor. Por ejemplo, cuando escribe “bueno”, “justo”, “corriente”,
“competente”, “adecuado”, “satisfactorio”, “regular”, “pobre”, “exce­
lente”, ¿son sus criterios, en relación con el contexto, absolutos y
están ampliamente aceptados en su cultura, o son arbitrarios? Muchas
veces, sólo hay un paso muy pequeño entre una opinión positiva y
otra negativa, que no aclaran precisamente las palabras “intermedias”
que he enumerado.
De igual modo, cuando el referente es más o menos el mismo,
éste se puede expresar positiva, neutral o negativamente en muchas
lenguas, por ejemplo: “rollizo/gordo”; rondelet/gras, mollig/dick, slim /
slender/thin. (El proceso se perfecciona conforme los escritores van
tomando mayor conciencia de su propia lengua.) La palabra régime
(“gobierno”) es neutral en francés y negativa en inglés y español.

M arco

Ustedes tendrán que decidir cuál será probablemente el marco de


su traducción: ¿dónde se publicará el texto en la LT?; ¿cuál es el equi­
valente en la LT del periódico, revista, manual, etc. de la LO?; ¿quién
es el chente de su traducción y cuáles sus exigencias? Es probable
que tengan también que tener en cuenta la longitud de los títulos y
los párrafos, la presencia o no de subtítulos y otras características del
libro de estilo de la casa en la LT.
Tendrán además que hacer varias conjeturas sobre el lector de la
LO. Por el marco, y por el texto mismo, deberían determinar cuál es
la probable motivación del lector (sus ganas de leerlo), sus conoci­
mientos del tema y la cultura, su familiaridad con el lenguaje usado.
Los tres tipos de lectores típicos son el experto, el profano en la mate­
ria, pero culto, y el desinformado. Luego, deben considerar si están
traduciendo para el mismo tipo de lector en la LT o si lo hacen para
un lector diferente, quizá con menos conocimientos del tema o de la
cultura, o con un nivel más bajo de formación lingüística. Por último,

32
si lo que traducen es un poema o una importante manifestación auto-
ritativa, no deberían tener en cuenta para nada al lector de la LT,
aparte de ofrecer algunos “recortes” culturales o hacer alguna con­
cesión para ayudarle algo (por ejemplo, traducir a half-holiday por
“una tarde libre”).

La calidad d e la escritura

Se debe examinar la calidad de la escritura y la autoridad del tex­


to, factores ambos decisivos a la hora de escoger el método de tra­
ducción. La calidad de la escritura se ha de evaluar con relación a la
intención del autor y/o a las exigencias del tema. Si el texto está bien
escrito —o lo que es lo mismo, si la forma es tan importante como el
fondo—, si las palabras apropiadas se hallan en el lugar apropiado, si
la redundancia es mínima, habrá que prestar atención, entonces, a
todos y cada uno de los matices del significado —particularmente, si
es sutil y difícil— del autor por la prioridad que tiene sobre la res­
puesta del lector, suponiendo que a éstos no se les exija que actúen o
reaccionen rápidamente, sino que por el contrario lean la traducción
—es de esperar— dos veces al menos. Decidir sobre la bondad de lo
escrito se ha dicho a veces que es algo “subjetivo”, pero es una deci­
sión, como tantas otras, no subjetiva, aunque sí con un elemento sub­
jetivo (el área del gusto), decisión que uno debe tomar basándose en
sus conocimientos de crítica literaria, pero teniendo en cuenta que
aquí el criterio es el sentido: ¿hasta qué punto la maraña de palabras
del texto de la LO corresponde a una representación clara de los
hechos y las imágenes? Si un texto está bien escrito, la sintaxis refleja­
rá la personalidad del escritor: una sintaxis compleja reflejará sutileza
(Proust, Mann), y una simple, sencillez. Y las palabras tendrán usos
nuevos y connotaciones insólitas. Un texto mal escrito estará lleno de
locuciones estereotipadas, de palabras generales de última moda,
aparte —probablemente— de mal estructurado. Tengan en cuenta
que las reglas y preceptos de la lengua no tienen nada que ver con el
arte de escribir. Lo que realmente importa es que sea un reflejo fresco
de la realidad extralingüística o de la mente del escritor.
La autoridad del texto se deriva del arte de escribir bien; pero tam­
bién, al margen de lo anterior, del estatus del escritor del texto origi­
nal. Si éste está reconocido como una autoridad en su campo y hace
una manifestación ex cátedra u oficial, el texto es también autoritàti-
vo. Lo importante es que los textos expresivos, o sea, la literatura
imaginativa seria, y los textos (o manifestaciones) autoritativos y per­

33
sonales se traduzcan con exactitud, emulando la escritura —buena o
mala— del original. Los textos informativos, los enunciados relacio­
nados ante todo con la verdad, con la realidad de los hechos, se
deben traducir con el mejor estilo con que el traductor pueda ajustar­
se al estilo del original.

C o nnotaciones y denotaciones

Tengan en cuenta que, aunque todos los textos tengan connota­


ciones (o sea, un aura de ideas y sensaciones evocada por palabras
léxicas —“correr”, por ejemplo, quizá sugiera “prisa”, y, “sofá”, “con­
fort”—), y delaten una “infravida” (gran parte de las cualidades perso­
nales y de la vida privada del autor inferidas tras una lectura intuiti-
vo/analítica de un texto), las denotaciones de una palabra de un texto
no literario priman normalmente sobre sus connotaciones. Pero en
un texto literario, deben dar prioridad a sus connotaciones —también
a su marco estricto—, porque si el texto es bueno es una alegoría, un
comentario sobre la sociedad, de entonces y de ahora.
Desde el punto de vista del traductor, ésta sería la única distinción
teórica entre un texto literario y otro no literario. De hecho, cuanto
más grande sea la cantidad de recursos lingüísticos utilizados en un
texto (polisemia, juego de palabras, efecto sonoro, metro, rima), más
difícil será probablemente su traducción y más merecerá la pena.
Siempre existe la posibilidad de traducir con éxito —hasta cierto pun­
to— un poema, aunque, más que una recreación, el producto sea
una introducción y una interpretación del original.

La última lectura

Finalmente, deberían ustedes considerar el aspecto cultural del


texto en la LO. Deberían subrayar todos los neologismos, metáforas,
términos culturales y institucionales característicos de la LO o de una
tercera lengua, nombres propios y palabras “intraducibies”. Las pala­
bras intraducibies son aquéllas que no disponen de un equivalente
uno-por-uno en la LT, palabras que lo más probable es que describan
cualidades o acciones (verbos descriptivos, o palabras mentales) en
relación con la mente y no tengan cognados en la LT, por ejemplo,
“macilento”, “ñoño”, “pardo”, “bochorno”, o fu zzy , murky, dizzy,
snug, snub (muchas de estas palabras inglesas son de origen holan­
dés o dialectal). Subrayen palabras que necesiten estudiar dentro y

34
fuera del contexto para establecer sus campos semánticos, sus fron­
teras: normalmente no se puede hacer — a diferencia de Humpty—
que una palabra signifique lo que uno quiera, porque el significado
de las palabras suele tener límites. Y ésta es la labor de los dicciona­
rios, indicar los campos semánticos de las palabras y, por medio de
colocaciones, sus principales sentidos o acepciones.
Debería añadir aquí que, aunque el significado de una palabra
determinada completamente por el contexto esté aparentemente lejos
de su significado no contextual (núcleo), siempre hay algún vínculo
entre los dos significados. Así, podría parecer ilógico que la palabra
francesa communication signifique quizá “fístula” en medicina, pero
no lo es si la fístula es un canal de comunicación entre la aorta y la
arteria pulmonar. A veces ese vínculo es un código secreto.
Pero no pretendo que con todos los fragmentos del texto se haga
este análisis: en algún texto en concreto el análisis se realiza en gran
parte de forma intuitiva o es innecesario. Subrayen sólo aquellos pun­
tos donde vean un problema de traducción y tengan presente que
muchas veces conviene estudiar dichos puntos primero en el contex­
to, luego aisladamente, como si fuera un artículo del diccionario o de
la enciclopedia sólo, y por fin dentro del contexto una vez más.

C onclusión

En principio, un análisis translatorio del texto de la LO basado en


su comprensión constituye la primera fase de la traducción y el funda­
mento de una disciplina muy útil dentro del campo de la crítica de tra­
ducciones. De hecho, un análisis así supone —pienso yo— una prepa­
ración idónea para los traductores, puesto que subrayar las palabras
adecuadas significa haberse enterado de dificultades que de otra for­
ma se hubieran pasado por alto. De este modo, uno relaciona la teoría
de la traducción con la práctica. Un traductor profesional no haría
normalmente un análisis así, de forma tan explícita, ya que sólo nece­
sitaría tomar una muestra para poder precisar las propiedades de un
texto. Un crítico de traducciones, sin embargo, tras determinar las
propiedades generales (primero del texto y luego de la traducción
—ambas tareas se centrarían en lo que se proponga como traductor y
crítico respectivamente—) utilizaría las palabras subrayadas como
base para una comparación detallada de los dos textos.
Resumiendo, deben estudiar el texto no por el texto mismo, sino
como algo que tal vez se tenga que rehacer para un lector diferente
en una cultura diferente.

35
C apìtolo III

El p r o c e s o d e trad u cir

I n tro du cció n

Mi descripción del procedimiento de traducir es una descripción


operativa. Se comienza por escoger un mètodo de aproximación al
texto. Luego, cuando uno traduce, lo hace teniendo en cuenta de un
modo más o menos consciente cuatro niveles, que son: a) el nivel del
texto en la LO, el lingüístico, que es por donde comenzamos y al que
acudimos continuamente (no incesantemente); b) el nivel referencial,
el de los objetos o sucesos, reales o imaginarios, que debemos ir
poco a poco representándonoslo o construyéndolo, y que constituye
una parte fundamental en primer lugar de la comprensión y luego del
proceso de reproducción; c) el nivel de cohesión, más general y gra­
matical, que es el que traza el hilo del pensamiento, el tono —positi­
vo o negativo— emotivo y las distintas presuposiciones del texto en
la LO, nivel que abarca tanto la comprensión como la reproducción:
presenta una imagen global a la que tal vez tengamos que ajustar el
nivel lingüístico; d) el nivel de naturalidad, o el del lenguaje corriente
adecuado al escritor o hablante en una situación dada; éste es, por
otra parte, un nivel generalizado, que constituye una franja dentro de
la cual trabaja el traductor, a no ser que lo que traduzca sea un texto
autoritativo, en cuyo caso el nivel de naturalidad le sirve como punto
de referencia para determinar la desviación —si es que la hay— entre
el nivel del autor que el traductor persigue y el natural; este último
nivel está en relación sólo con la reproducción. Y, finalmente, hay un
procedimiento de revisión o corrección que puede ser concentrado o

36
escalonado, según el caso; este procedimiento equivale a la mitad, al
menos, de todo el proceso.

La relación entre el traducir y la teoría d e la traducción

El objetivo de esta teoría del traducir es prestar un servicio al tra­


ductor. Pretende ser un vínculo continuo entre la teoría de la traduc­
ción y la práctica. Y se deriva de un esbozo de teoría de la traducción
que propone que, cuando el fin principal del texto es transmitir infor­
mación y convencer al lector, el método de traducción debe ser
“natural”; si, por otra parte, el texto es expresión del estilo peculiar,
innovador (o estereotipado) y autoritativo de un autor, ya sea un poe­
ma, el discurso de un primer ministro o un documento legal, el tra­
ductor tiene que reflejar en su versión cualquier desviación de un
estilo “natural”. La naturalidad, que trataré con detalle más adelante al
exponer mi teoría del traducir, es gramatical y léxica, y piedra de
toque en cualquiera de los niveles de un texto, desde el parágrafo a
la palabra, desde el título a la puntuación.
El nivel de naturalidad vincula la teoría de la traducción a la del
traducir y ésta a la práctica. El resto de mi teoría del traducir es en
esencia sicológico (la relación entre lenguaje y “realidad” —aunque
todo lo que conocemos de la realidad son imágenes mentales y ver-
balización mental o pensamiento—), pero tiene también aplicaciones
prácticas.
Si se acepta esta teoría del traducir, basada mediante el nivel de
naturalidad en una teoría de la traducción, se elimina la separación
entre teoría y práctica de la traducción. Por tanto, uno llega al esque­
ma que aparece en la Figura 2:

37
i

Práctica de la traducción

Fig. 2. Teoría funcional del lenguaje

La aproxim ación al texto

Una traducción es algo que hay que discutir. Sin embargo, hay
demasiadas escuelas y universidades donde la traducción todavía se
exige como un ejercicio de estilo, sin tener para nada en cuenta las
imperfecciones del original, y donde el profesor impone su versión
en limpio, “modelo” por otra parte de su propio lenguaje, en lugar de
proponer una versión para que sea discutida y criticada por los estu­
diantes, algunos de los cuales son más brillantes que él.
La traducción debe someterse a discusión. Ahora bien, tiene un
factor invariable, en su aspecto referencial y pragmático, que no se
puede definir con precisión: depende de los requisitos y coacciones
que el original impone. Todo lo que uno puede hacer es presentar un
argumento y reforzarlo con ejemplos de traducción. No hay nada
puramente objetivo o subjetivo. No hay reglas férreas tampoco. Todo
es más o menos. Detrás de cada principio bien establecido hay un
hipotético “normalmente”, “corrientemente”. Como he afirmado an­
tes, calificativos tales como “siempre”, “nunca”, están de más-, no hay
absolutos.

38
Hechas estas advertencias, vanaos, no obstante, a revisar juntos mi
proceso de traducir, de carácter provisional por el momento.
Para mí, hay dos maneras —y muchas soluciones intermedias—
de abordar la traducción: a) empezar el primer párrafo o capítulo,
oración por oración, para cogerle el tino y el tono al texto y, luego,
tomárselo con tranquilidad, revisar la postura adoptada y leer el resto
del texto en la LO; b) leer todo el texto dos o tres veces y ver cuál es
su intención, registro y tono, señalar los pasajes y palabras difíciles y
empezar a traducir sólo después de haber fijado su rumbo.
La elección de uno u otro método dependerá del temperamento
de ustedes o de la confianza que tengan en su intuición —si escogen
el primero— o en su capacidad de análisis en el caso del segundo.
Por otra parte, se podría pensar que el primer método se adecúa me­
jor a un texto literario y el segundo a uno técnico o institucional. El
peligro del primer método es que tal vez haya que corregir demasia­
do en la primera parte y por tanto les parezca una pérdida de tiempo.
En cambio, el segundo, que es el que se suele escoger, puede resultar
algo mecánico; un análisis textual translatorio es útil, como punto de
referencia, pero no debería coartar el vuelo de su intuición. Otra solu­
ción sería escoger la primera vía para un texto relativamente fácil y la
segunda para uno más difícil.
Desde el punto de vista del traductor, cualquier investigación
científica, tanto estadística como diagramática (para algunos lingüis­
tas y teóricos de la traducción, los diagramas, esquemas y modelos
son verdaderos fetiches), de lo que pasa por el cerebro —¿tal vez,
mente, nervios, células?— durante el proceso de traducir es poco pro­
bable y, hoy por hoy, especulativa. La contribución de los psicoana­
listas a la traducción se limita al efecto pragmático (positivo, neutral o
negativo) de una palabra: befremden, affect, pretentious, vaunt, bru­
tal, drame, comedie, extraordinaire, p o n tif hauteur, “bestial”, “im­
ponente”, “monstruo”, “odisea”... La obra de Osgood, por ejemplo,
sobre los diferenciales semánticos puede ser de gran ayuda en este
campo, ya que la diferencia entre “positivo” y “negativo” —o sea,
entre lo que un escritor aprueba o desaprueba— es decisiva para la
interpretación de un texto. El alma de la teoría de la traducción son
los problemas de traducción, admitiendo que lo que es un problema
para un traductor puede no serlo para otro; en un sentido amplio, la
teoría de la traducción consiste en un buen número de generalizacio­
nes sobre problemas de traducción, y así se podría definir. Los pro­
blemas del traductor son ajenos a una exposición teórica de la filoso­
fía y psicología de la traducción. Y da lo mismo que presenten un
estudio estadístico de lo que cien traductores creen que pasa por su

39
cabeza cuando traducen, o que sigan los pasos de los sufrimientos de
éstos al traducir, etapa mental tras etapa mental. No veo que eso les
pueda servir a otros, a no ser como una rectificación de métodos estra­
falarios o ideas tales como la de fiarse por completo de diccionarios
bilingües, sustituir descripciones enciclopédicas por definiciones de
diccionario, usar los sinónimos que mejor suenen en la traducción lite­
raria, trasferir todas las palabras grecolatinas, parafrasear continuamen­
te, etc. Pero no tiene nunca sentido probar científicamente lo obvio.

E l NIVEL TEXTUAL

Cuando se trabaja en el nivel del texto, hay ciertas “conversiones”


que se hacen intuitiva y mecánicamente: uno convierte la gramática
de la LO (proposiciones y locuciones) en los equivalentes “disponi­
bles” en la LT, y traduce las unidades léxicas por el sentido que le
parece más apropiado dentro del contexto de la oración.
El nivel básico, cuando uno traduce, es el texto. Es el nivel de la
traducción literal de la LO a la LT, es el nivel de los casos de “traslacio-
nismo”, que se deben siempre evitar, pero actúa también como rectifi­
cación de la paráfrasis y la reducción de sinónimos. Así pues, una par­
te de la mente puede estar en el nivel textual, mientras la otra se pue­
de hallar en otra parte. La traducción es por antonomasia la ocupación
en la que uno tiene que estar pensando en varias cosas a la vez.

E l nivel referencial

Nunca deberían leer una oración sin verla en el nivel referencial.


Sea como sea un texto (técnico, literario, institucional), deben decidir
sumaria y continuamente de qué trata, cuál es su motivo y qué sesgo
evidencia el autor. La frase, por ejemplo, L’a lbumine et ses interac­
tions médicamenteuses, puede que hable de los efectos de los fárma­
cos en la sangre, de la necesidad de detectar los efectos tóxicos, de
los beneficios de la transfusión sanguínea. O esta otra, la pression
quantitative, que lo mismo puede referirse al gran número de alum­
nos en las escuelas, que a la demanda de una educación de más cali­
dad, o que a la necesidad de una educación adecuada para todo el
mundo. Pero siempre tienen que estar capacitados para resumir en
términos sencillamente profanos, para simplificar a costa de pasarse,
para penetrar en la jerga, para adentrarse en la niebla de las palabras.
A veces se pueden encontrar con algo tan abstracto como Ce phé-

40
nomène s ’avère; ce phénomène, exact pour cellules etfibres, que a lo
que en realidad está haciendo referencia es a un tumor que de tanto
crecer comprime el parénquima inmediato. Por lo general, es desea­
ble que en la traducción aparezca una referencia más específica: la
expansión del tumor, el deterioro, etc. Así pues, la traducción resultan­
te es una especie de solución intermedia entre el texto y los hechos.
En cada frase que no esté clara, que sea ambigua, abstracta o de
sentido figurado, deben preguntarse: ¿qué es lo que está pasando
realmente?, ¿y por qué?, ¿por qué razón, causa, motivo?, ¿lo puedo ver
en mi mente?, ¿lo puedo imaginar? Si no pueden, tienen que “comple­
mentar” el nivel lingüístico, el nivel del texto con el nivel referencial,
el nivel de los hechos con la información adicional necesaria —no
más— sacada de este nivel de la realidad, con la pura verdad. ¿Cuál
es el entorno o situación en la vida real?, ¿quiénes los actores?, ¿cuál
el propósito? Es posible —tal vez no—que todo esto les aparte mo­
mentáneamente de las palabras del texto, pero resulta demasiado fá­
cil sumergirse en el lenguaje y apartarse de la realidad, real o imagi­
naria, que se está describiendo. Es mucho más fácil que ustedes se
den perfecta cuenta del horrible abismo que media entre las palabras
y los objetos, las oraciones y las acciones (o procesos), la gramática y
los modos (o actitudes), que los escritores, que sólo tienen que bre­
gar con un idioma. Deben recobrar perspectiva (distacco, recul), ale­
jarse del lenguaje y tener una imagen de la realidad extratextual, una
realidad de la que ustedes, y no el autor —a no ser que se trate de un
texto expresivo o autoritative)—, son responsables, por la que son
“procesables”.
El nivel referencial va en consonancia con el textual. Todos los
idiomas tienen palabras polisémicas y estructuras que para despejar
el problema que presentan requieren acudir como último recurso al
nivel referencial, palabras que van desde preposiciones y conjuncio­
nes sobrecargadas de valores hasta palabras generales pasando por
ciertos gerundios (“Leyendo el periódico, el perro pegó un fuerte la­
drido”). El nivel referencial, que es donde uno mentalmente corrige
el texto, se basa en la aclaración de todas las dificultades lingüísticas
y, allí donde convenga, en la información complementaria extraída
de la “enciclopedia”, símbolo para mí de cualquier obra de consulta o
manual. (En pour le passage de Flore, por ejemplo, averiguamos que
Flora era la diosa romana de la vegetación y, como se trata de Paul
Claudel, traducimos “para que pase la diosa Flora”: el resto que lo
haga el lector.) Cuando uno transforma el texto original en el texto
terminal, crea en su mente la imagen referencial; y, si se trata de un
profesional, él es el responsable de la verdad de esa imagen.

41
¿Significa esto que, como pretende Seleskovitch, “las palabras
(LO) desaparecen” o que “desverbalizamos los conceptos” (Delisle)?
De ningún modo: ustedes trabajan continuamente en dos niveles, el
real y el lingüístico, el de la vida y el lenguaje, el de la referencia y el
sentido, pero escriben, “componen”, en el nivel lingüístico, y su labor
consiste en lograr referencial y pragmáticamente la mayor correspon­
dencia posible con las palabras y oraciones del texto original. Por
tentador que sea permanecer en ese nivel —más simple, y por lo
general simplificado— de la realidad (el mensaje y su función) del
profano en la materia, tienen que obligarse a volver, en tanto en
cuanto el lector pueda soportarlo, a las peculiaridades del sentido de
la lengua original.

E l nivel de co h esió n

Además de un segundo nivel factual de traducción, deben tener


en cuenta un tercero (generalizado) que viene a unir el primero con
el segundo. Se trata del nivel “cohesivo”, que sigue tanto la estructura
del texto como su talante: la estructura, por medio de conectivos
(conjunciones, enumeraciones, reiteraciones, artículo definido, pala­
bras generales, sinónimos referenciales, signos de puntuación), que
son los encargados de unir las oraciones, y generalmente van de la
información ya conocida (tema) a la nueva (rema); proposición, opo­
sición, continuación, reiteración, oposición, conclusión —por ejem­
plo—, o tesis, antítesis y síntesis. La estructura, pues, sigue el hilo del
pensamiento, determina, digamos, la “dirección” de d ’ailleurs (“ade­
más”, “también”, “sin embargo”) en un texto, garantiza que los dos
puntos tengan una continuación, que ultérieur haga referencia a algo
posterior, que haya una secuencia temporal, espacial y lógica en el
texto.
El segundo factor del nivel de cohesión es el talante del texto. Una
vez más, se puede ver que éste es un factor dialéctico que se mueve
entre lo positivo y lo negativo, lo afectivo y lo neutral. Y lleva consigo
rastrear el hilo de un texto a través de unos pasajes cargados de valo­
res y de otros desprovistos de ellos, que pueden ser expresados tanto
por objetos o nombres (Margaret Masterman —1982— ha demostra­
do que un texto se mueve entre “socorro” y “desastre”), como por
adjetivos o cualidades. Ustedes deben reconocer la diferencia entre lo
positivo y lo neutral en palabras, por ejemplo, como “valorar” y “eva­
luar”, sauber y rein, tidy y ordered. Asimismo, deben reconocer las
diferencias entre lo negativo y lo neutral en palabras, por ejemplo,

42
como potentate y ruler. Las diferencias muchas veces son delicadas,
sobre todo cuando nos hallamos en el medio de los dos polos, donde
todas las lenguas tienen palabras como “mediano”, “regular”, fair,
moderate, “pasable", massig, assez bon, cuyo valor no siempre se
puede determinar por el contexto.
Mi tercer nivel, este intento de seguir el hilo del pensamiento por
los conectivos y el tono emotivo, de seguir la emoción por medio de
expresiones positivas y neutras, tiene sólo carácter provisional —hay
que reconocerlo—, pero tal vez determine la diferencia entre una tra­
ducción vulgar o engañosa y una buena. El nivel cohesivo es un
regulador que garantiza la coherencia y gradúa el énfasis. En este
nivel es donde uno reconsidera la longitud de los párrafos y oracio­
nes, la formulación del título, el tono de la conclusión, el carácter
apropiado, por ejemplo, de à tout prendre, en définitive, en tout état
de cause, para resumir un argumento al principio o fin de una ora­
ción... Aquí es donde tienen cabida los hallazgos del análisis del dis­
curso.

E l nivel de naturalidad

Según todo esto, si no en todos los textos (habrá que exceptuar


los “raros” o mal escritos, pero al mismo tiempo autoritativos, innova­
dores o “especiales” como, por ejemplo, aquéllos en que un escritor
tiene una forma peculiar de escribir que hay que reproducir, ya sea
en el terreno filosófico —Heidegger, Sartre, Husserl— o en el novelís­
tico —cualquier autor surrealista, barroco, y ciertos románticos—), sí
en la inmensa mayoría, deben garantizar: a) que su traducción tenga
sentido; b) que suene de modo natural: que esté escrita en un lengua­
je corriente y que los modismos y palabras se adecúen a ese tipo de
situación. Normalmente, uno sólo podrá hacer esto si se desentiende
provisionalmente del texto de la LO y lee su propia traducción como
si el original no existiera. Tomemos el siguiente fragmento:
Aún malvivía Franco y por las catacumbas circuló q ue había
u n em presario m adrileño que negociaba con la URSS y tenía im a
clara visión democrática del futuro. No abundaban todavía mutan­
tes de este tipo y R. M. se convirtió en una d e las grandes esperan­
zas blancas (El País, 7.1.91, 40).

El pasaje contiene varios cognados engañosos, pero ustedes pue­


den reproducir el sentido si eliminan gradualmente las significaciones
primarias o básicas (“catacumbas”, “circuló”, “mutantes”, “blancas”).

43
Y luego por lo que a la naturalidad respecta, tengo que decir que
todo dependerá del grado de formalidad (véase pág. 30) que hayan
decidido darle a todo el texto.
A propósito de la “naturalidad”, hay que señalar que la traducción,
por ejemplo, de un texto serio e innovador (Rabelais, Shakespeare,
Thomas Mann, Hegel, Kant, posiblemente cualquier autoridad) pue­
de no parecemos natural, no ser natural; pero, si es bueno, es pro­
bable que cuanto más se lea más natural parezca. Veamos a conti­
nuación dos textos, traducción y original, de La montaña mágica de
T. Mann. Quizá los encuentren poco naturales, pero, si eso fue lo que
escribió T. Mann, no podemos cambiarlo:

Un paciente todavía nuevo, delgado y callado, qu e había lo­


grado hacerse u n hueco junto con su novia, tam bién delgada y ca­
llada, en la m esa de los rusos “bien”, resultó, justo cuando la co­
mida estaba en todo su apogeo, ser epiléptico, y, tras sufrir una
grave crisis de este tipo y pegando u n grito cuyo carácter dem o­
níaco e inhum ano se ha descrito muchas veces, se desplom ó por
el suelo junto con su silla y com enzó a sacudir piernas y brazos
con las más espantosas contorsiones.

E in noch n euer Patient, ein m agerer u n d stiller M ensch, der


m it seiner ebenfalls m ageren u n d stillen B ra u t am G uten R ussen­
tisch P la tz g efu n d en hatte, erwies sich, d a eben das Essen in
vollem G ang war, als epileptisch indem er ein en krassen A n fa ll
dieser A rt erlitt, m it jen em Schrei dessen däm onischer u n d aus-
serm ensch lieber C barackter oft geschildert w orden ist, z u B oden
stü rzte u n d neben seinem Stuhl u n ter d en scheusslichsten Verren­
ku n g en m it A rm en u n d B einen u m sich schlug.

Cuando afronten un texto innovador y expresivo, traten de cali­


brar en qué medida se desvía de lo natural, del lenguaje corriente, y
procuren reflejarlo en su traducción. Así, al traducir cualquier texto,
sea del tipo que sea, deben “palpar la naturalidad”, la mayoría de las
veces para reproducirla, pero otras para desviarse de ella. En un texto
expresivo serio, la locución son regard bleu, de la frase il promenait
son regard bleu sur la petite pelouse, debería traducirse por “su mira­
da azul”, lo que supone una desviación de la expresión normal o
natural les yeux bleus (“los ojos azules”). Asimismo, la frase de Drieu
la Rochelle, Si le regard du pasteur se promenait sur la pelouse, était-
ce pour jouir de la parfaite plénitude verte ou pour y trouver des idé­
es, tampoco se podría traducir por “Cada vez que el pastor le echaba
un vistazo al prado era o para gozar de su perfecta plenitud verde o
para encontrar ideas”, sino por algo así: “Si la mirada del pastor reco­

44
rría el prado era para gozar de su perfecta plenitud verde, o para en­
contrar ideas”.
En la misma línea estaría también son visage était mauve, cuyos
equivalentes, prácticamente exactos, de traducción serían bis face
was mauve, “tenía la cara malva”, sein Gesicht war mauve, el malva
es uno de los pocos colores secundarios sin connotaciones. Sí, por­
que, aunque en Francia signifique luto, dicho color únicamente se
asocia con la ropa (“un vestido malva”). Comparen, si no, un “viejo
malva” o un “viejo violeta” con un “viejo verde”. Por tanto, en el cita­
do ejemplo, una desviación del afectado “malva” al natural “amorata­
do” sólo tendría justificación si el texto en la LO fuera “anónimo” y
estuviera mal escrito.
Deben tener presente que el nivel de naturalidad del uso natural
es tanto gramatical como léxico, y que se puede extender a todo el
texto por medio de conectivos oracionales apropiados.
La “naturalidad” es esencial en toda traducción “comunicativa”, y
da lo mismo que estén traduciendo un texto informativo que un letre­
ro o anuncio. Por eso no podrán traducir correctamente si la LT no es
el idioma en el que habitualmente se desenvuelven. Ésta es la razón
también por la que muchas veces se deben alejar mentalmente del
texto de la LO y por la que, si tienen tiempo, tendrían que volver
sobre su propia versión después de una interrupción. Se deberían
preguntar a sí mismos o a otras personas: ¿se vería esto alguna vez en
el ABC, El País, o en El Europeo, o en alguna revista médica?, ¿apare­
cería este texto en algún bono de garantía de unos chocolates, en
algún prospecto, o en algún manual de instrucciones, o en un libro
infantil?, ¿se usa esto?, ¿se usa en este tipo de texto?, etc. Pero no se
pregunten nunca si es o no español, porque el español no es uno,
como piensan patriotas, puristas y chovinistas.
La naturalidad es fácÜ de definir, pero muy difícil de concretar. El
uso natural comprende una variedad de modismos, estilos o registros,
determinados en primer lugar por el “marco” del texto, o sea, el
medio donde se publica normalmente, y luego por el autor, el tema,
el lector, los cuales dependen por lo general del “marco”.
Debemos, pues, distinguir entre el uso natural, el “lenguaje co­
rriente” (el idioma sencillo y nada técnico utilizado por los filósofos
en sus explicaciones) y el lenguaje “básico”, que se encuentra a me­
dio camino entre el formal y el informal, constituye el núcleo de un
lenguaje producido naturalmente, se entiende con facilidad y se
construye con las palabras y estructuras sintácticas más frecuentes.
Las tres variedades (natural, corriente y básica) están formadas exclu­
sivamente por lenguaje moderno. Sin embargo, la traducción carente

45
1

de naturalidad se caracteriza por las interferencias, en primer lugar,


del texto original y puede también que de un tercer idioma conocido
por el traductor, si no del suyo propio cuando traduce a una LT que
no es la suya. La traducción “natural” se puede contrastar con el len­
guaje “casual” (Voegelin), donde el orden de las palabras, estructuras
sintácticas, colocaciones y palabras son fáciles de predecir. En fin,
deben prestar especial atención a los siguientes puntos:

1. Orden de las palabras. En todos los idiomas los adverbios y locu­


ciones adverbiales son los componentes más móviles de la ora­
ción, y su colocación indica muchas veces la naturalidad y el gra­
do de énfasis que se pone en la información nueva (rema). Son
los indicadores de naturalidad más delicados:

“Así me gusta”. (Enfasis en “así”.)


“Me gusta así”. (Sin énfasis.)

2. Estructuras corrientes. Hasta la estructura más corriente puede que­


dar falta de naturalidad en traducciones uno-por-uno estúpidas,
sean de la lengua que sean. Por ejemplo:
En lo que va de año se han descubierto al m enos 300 círculos,
oscilando desde el tam año de una rueda d e coche hasta los 60
metros de diám etro (“de diámetros que oscilan entre...”). (Esta tra­
ducción es de estudiantes de COU.)

3- Cognados. Tanto en el Este como en el Oeste hay infinidad de tér­


minos emparentados por el significado. Muchos de ellos suenan
natural al transferirlos, aunque lo que signifiquen sea algo total­
mente diferente: The book is actually in print: “El libro está actual­
mente en prensa” (“... en realidad impreso”). Pero hay muchos
más que suenan de manera extraña cuando se transfieren y tienen
también distinta significación: Avec, sans supplément, le tome VII:
“Además, sin suplemento, el tomo VII” (“sin recaigo”). Y final­
mente hay muchos otros que suenan de forma natural y significan
lo mismo.
4. El carácter apropiado de gerundios, infinitivos, nombres verbales
(cfr. el comienzo de, comenzando, el comenzar, comenzar, el co­
menzar de).
5. Léxicamente, el síntoma más corriente de falta de naturalidad es tal
vez el uso algo arcaico —hoy día un tanto “refinado”— o “eleva­
do” de palabras e idiotismos cuyo origen quizá esté en los diccio­
narios bilingües:

46
She relieved nature. “Ella exoneró el vientre”.
She must be alert and wide awake. “Ella no debe dormirse en
las pajas”.

Observen: a) que el hecho de que la expresión en la LO sea ahora


arcaica o refinada es algo irrelevante, ya que traducen a la lengua
terminal moderna; b) que, sin embargo, si tales expresiones apa­
recen en un diálogo y son pronunciadas típicamente o algo pare­
cido por personajes de mediana o avanzada edad, entonces lo
adecuado sería una traducción “refinada”; c) que la naturalidad
tiene un núcleo sólido de consenso, pero tiene también una parte
periférica que pertenece al área del gusto, tema de debates viru­
lentos e inútiles entre informantes que defenderán que es algo
subjetivo, pura intuición. Pero no es así. Si son traductores y tie­
nen la posibilidad de hacerlo, consulten con tres informantes. Y si
son profesores de Traducción no les vendría mal un informante de
la LO que les ayudase a decidir sobre la naturalidad o curso —que
viene a ser lo mismo—, sobre el grado de frecuencia, por tanto,
de una expresión en la LO.
6. Otras áreas de interferencia “obvias”, y por ende de naturalidad, se
encuentran en el uso de artículos, tiempos continuos, colocacio­
nes, curso de modismos y metáforas, rasgos aspectuales de los
verbos, infinitivos.

¿Cómo se vuelve uno sensible hacia la naturalidad tanto en el idio­


ma de uno como en el otro? Una solución demasiado obvia estaría en
leer textos representativos y charlar con hablantes representativos en
la LT (si falla lo anterior, vean televisión y oigan radio también de lo
más representativo), y luego déjense corregir valientemente. Tengan
cuidado con los libros de modismos: apenas distinguen entre lo
corriente (“voy tirando”) y lo obsoleto (“más muerto que mi abuela”).
Hay una tendencia natural a confundir tres de los sentidos de la
palabra “modismo”: a) locución cuyo significado no se puede averi­
guar conociendo el significado de cada uno de sus componentes (“el
perro del hortelano”: dog in the manger, Spielverderber, l’empêcheur
de tourner en rond); b) uso lingüístico que resulta natural para los
hablantes nativos de un idioma; c) vocabulario o uso característicos
de un pueblo. (“Él echó una hora a perros” cuando el original decía
simplemente “Él perdió una hora”, He waisted an hour o f time, que
también es, por otra parte, castellano puro.) El peligro de este proce­
dimiento es que tiende a devaluar el lenguaje literal a expensas del
lenguaje “idiomàtico”, como si aquél fuera poco natural. En todo caso

47
1

sería al contrario. En efecto, el lenguaje idiomàtico, si se trata de una


metáfora, es tal vez más jugoso y gráfico que el literal, pero puede ser
también más convencional, seguir los vaivenes de la moda y volverse
arcaico y refinado (be was like a cat on a hot tin roof), y sobre todo
una forma de eludir la verdad (literal). En fin, cuando se traduce lo
idiomàtico al lenguaje idiomàtico, resulta particularmente difícil en­
contrar una equivalencia de significado con la misma equivalencia de
frecuencia.
Comprueben palabras y expresiones en un diccionario que esté al
día y cotéjenlas con otras fuentes. Anoten cualquier palabra dudosa y
recuerden que las miles de palabras y nombres propios de que están
provistas sus mentes los dan casi por sabidos, esto es, les parece que
los conocen de toda la vida, cuando en realidad no conocen su sig­
nificado exacto. Así que deben empezar a revisarlos. Miren los nom­
bres propios con la misma frecuencia que las demás palabras.
La naturalidad es algo que no pueden esperar conseguir instintiva­
mente, sino a través de pequeñas etapas progresivas. Hay que ir de
los rasgos característicos más corrientes a los menos corrientes, racio­
nalmente, como cualquier otra cosa, aun en el caso de que nunca la
adquieran del todo.
No hay una naturalidad universal: depende de la relación entre
escritor, lector y tema o situación: lo que en una situación resulta na­
tural puede dejar de serlo en otra, pero todo el mundo goza de un
lenguaje natural, “neutral”, donde más o menos coinciden el lenguaje
hablado y el escrito informalmente. En realidad, es bastante fácil con­
fundir la naturalidad: a) con un estilo coloquial; b) con una sucesión
de modismos estereotipados, que, para algunos, sobre todo profeso­
res residentes en el extranjero, es el alma del idioma; c) con la jerga;
d) con el lenguaje formal. Yo lo único que puedo hacer es darles
algunas indicaciones:

(avant tout)
a) ante todo
b) antes que nada
c) en primer lugar
d) en un decir Jesús
é) principalmente

(automatically)
a) automáticamente
b) inmediatamente
c) directamente

48
d) desde este momento
e) a la fuerza
O mecánicamente
g) instintivamente
h) como un robot, autómata, papagayo.

C ómo combinar los cuatro niveles

Kunststück, tour deforce, “exhibición de fuerza”, fea t o f skill, di­


mostrazione di virtuosismo: puestos a resumir el proceso de traducir,
yo sugeriría que tuvieran presente los cuatro niveles: textual, referen-
cial, cohesivo y natural. Todos son distintos, pero con frecuencia
unos influyen en otros y existe la posibilidad de que choquen entre
sí. Su primer nivel y último debe ser el texto. Luego, tienen que tener
constantemente presente el nivel de la realidad, que puede ser si­
mulada, o sea, imaginada y real, y dejar que se filtre en el texto sólo
cuando sea necesario para completar o asegurar la comprensión de
éste por parte del lector, aunque normalmente esto sólo se hace con
textos informativos y vocativos. Por lo que al nivel de naturalidad res­
pecta, hay que señalar que los textos informativos y vocativos los
deben traducir en este nivel independientemente de la naturalidad
del original, teniendo en cuenta que la naturalidad en los textos for­
males, por ejemplo, es completamente distinta de la de los textos
coloquiales. En los textos expresivos y autoritativos, sin embargo,
sean naturales sólo si el original está escrito en un lenguaje corriente.
Pero, si el original es lingüística o estilísticamente innovador, su obje­
tivo debería ser lograr el correspondiente grado de innovación en su
traducción, reflejando el grado de desviación de la naturalidad. Resul­
ta irónico, pero, incluso al traducir estos textos tan innovadores, su
nivel de naturalidad se mantiene siempre como punto de referencia.
Tomemos, por ejemplo, el sintagma sincérité explosive, donde “since­
ridad, intensa, entusiasta, apasionada o violenta” podría resultar na­
tural, pero lo que dice el texto —una novela seria, por otra parte— es
sincérité explosive. Por tanto, lo que ustedes tienen que poner es
“sinceridad explosiva”, les guste o no —ya se acostumbrarán: on s ’y
fa it à tout—, a no ser que, naturalmente, sostengan —yo disiento—
que el sentido figurado de explosif (tempérament explosif) se usa
más que el de “explosivo” (“temperamento explosivo”), en cuyo caso
estaría justificada la traducción de explosifpor otra palabra que, a su
entender, estuviera dentro de su gama semántica (“sinceridad enar­
decida” [?]).

49
Por paradójico que resulte, es en la etapa “natural” del proceso de
traducir —por tanto en la fase final— y no en la “real” donde la exac­
titud es lo más importante. Cuando —¡a regañadientes!— uno cae en
la cuenta de que una traducción literal no procede, es poco natural o
está fuera de lugar, existe la gran tentación de realizar una variación
elegante sólo por el hecho de sonar natural o bonita.
Es verdad que a excepción de los términos técnicos y de las pala­
bras bien utilizadas para denominar objetos y acciones familiares cul­
turalmente neutros, o sea, propios de varias culturas, la exactitud en
traducción depende de ciertos límites lingüísticos. Aquí la palabra
“preciso” está de más. Aquí no vale eso de “es esta palabra y no otra”.
Aquí no hay un absoluto —en traducción no existen los absolutos.
Así pues, la exactitud representa el grado máximo de corresponden­
cia, tanto referencial como pragmática, entre el texto visto como un
todo y sus diversas unidades de traducción, por una parte, y la “reali­
dad” extralingüística, que puede ser el mundo real o el de la mente,
por otra. Hay que reconocer que es más difícil reconocer lo que es
exacto que lo que es inexacto. La traducción es como el amor: yo no
sé lo que es pero creo que sé lo que no es. En fin, siempre nos queda
el rappel à l’ordre para hacerles volver a la traducción ajustada al ori­
ginal y, si no, al menos para mostrarles que hay un límite más allá del
cual no se puede ir.

La unid a d del traducir

Normalmente, uno traduce oración por oración (y no de grupo en


grupo de palabras expresadas de un tirón) corriendo el riesgo de no
prestar la suficiente atención a las cópulas oracionales. Si la traduc­
ción de una frase no tiene problemas, es porque está basada funda­
mentalmente en la traducción literal (traducción literal es también
“comprensivo” por understanding y “versátil” por fickle), y en al­
gunas transposiciones prácticamente automáticas y espontáneas,
algunos cambios en el orden de palabras, etc. Por ejemplo:
MB, w ho w as arrested in P érigueux on 13th February, is a t
p resen t observing a hu n g er strike.
MB, arrestado en Périgueux el 13 de febrero, sigue actualmen­
te u n a huelga de hambre.

El primer síntoma de la existencia de un problema de traducción


se da allí donde estos procedimientos automáticos (sin intercesión

50
aparente del pensamiento —llamado despectivamente transcodage
por la ESIT de París—) no son adecuados. Después, viene el con­
flicto entre las palabras en la LO: unas veces será una palabra como
sleazy o una colocación como dark horse, otras una estructura como
“el miedo de los enemigos” (¿quién tiene miedo a quién?), y, final­
mente otras, un problema referencial, cultural o idiolectal. En cual­
quier caso, queda desatado el conflicto entre las palabras de la LO y
el pensamiento de la LT. ¿Cómo encauzar esa lucha? Lo más pro­
bable es que si son intérpretes, comunicadores natos —lo digo con
poco entusiasmo—, traten de olvidar las palabras de la LO, de ,des-
verbalizar, de crear un pensamiento independiente, de captar el
mensaje primero y luego emitir las palabras en la LT. Pero, si son
como yo, no olvidarán nunca las palabras de la LO, porque son
siempre el punto de partida. Uno crea, interpreta, fundándose siem­
pre en esas palabras.
¿Cuándo hay que abandonar el texto original o, si quieren, la tra­
ducción literal, que aquí, con fines argumentativos, la vinculo con las
transposiciones y cambios de orden obligatorios o prácticamente
obligatorios? Pues única y exclusivamente cuando por la utilización
de dicho procedimiento la traducción sea inexacta, referencial y prag­
máticamente, cuando carezca de naturalidad, cuando no funcione.
Saben por experiencia que la traducción literal funciona probable­
mente más y mejor cuando el lenguaje es escrito, prosaico, semifor-
mal, no literario, y también cuando el lenguaje es innovador, y que
sin embargo con el lenguaje oral corriente e idiomàtico funciona peor
y en un número menor de casos. Es más, es un método que se usa
con mayor frecuencia y eficacia de lo que inducen a pensar la mayo­
ría de los teóricos de la traducción, desde Cicerón a Neubert —pero
no Wilss— pasando por Nida.
Al ser la oración la unidad básica de pensamiento, por medio de
la cual se introduce un objeto y lo que éste hace o es, o le afecta,
debe ser también la unidad básica de traducción, aun cuando es posi­
ble que encuentren más tarde muchas correspondencias entre la LO y
la LT dentro de esa oración. Ante todo, traduzcan oración por ora­
ción, y en cada una de ellas averigüen en primer lugar cuál es el obje­
to y qué es lo que le sucede a éste. Además, si ya se ha mencionado
el sujeto antes o es el tema principal, colóquenlo al principio de la
oración, en tanto que la información nueva sepan que debe ir al final,
donde normalmente el énfasis es mayor:
D ie Vignette hatte Thorwaldsen 1805 in Rom entw orfen.

51
The vignette was designed by Thorwaldsen in 1805 in Rome.

Thorw aldsen diseñó la viñeta en Roma en 1805.

El problema de ustedes reside normalmente en cómo dar sentido


a una oración difícil. Y será en la gramática de las oraciones largas y
complicadas, sobrecargadas casi siempre por una serie de locuciones
dependientes de nombres verbales, donde encontrarán la única difi­
cultad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la gramática es
mucho más flexible que el léxico y que por tanto una oración la pue­
den verter a otra lengua de varias formas.
A una oración larga le pueden hincar el diente de varias maneras,
bien ajustándose de forma sólo aproximada a la gramática de la LO y
dejando que el lector adivine, bien haciendo algunas concesiones, o,
en el otro lado del espectro, aclarándola todo lo que puedan.
Luego, y siguiendo un orden descendente, vienen las cláusulas,
que, con experiencia, las pueden refundir intuitivamente (véase Trans­
posiciones, Capítulo Vili), a no ser que den con una oración obscura
y ambigua. Inmediatamente después, y dentro de las proposiciones,
vienen dos tipos (obviamente cohesivos) de colocaciones, verbo más
objeto y nombre más adjetivo, o ciertas locuciones algo más libres
contextualmente hablando. (Creo que el grupo de palabras expresa­
do de un tirón, del que habla Masterman, vale más para los intérpre­
tes que para los traductores.)
Hay otras dificultades gramaticales que se deben por lo general
al uso de estructuras arcaicas, poco usadas, colocadas ambiguamen­
te o defectuosas. Han de tener en cuenta, sin embargo, que si las
oraciones largas y estructuras complicadas son parte esencial del
texto y algo típico del autor y no de las normas convencionales de la
lengua original, su deber es reproducir la desviación correspon­
diente de las normas de la LT en su propia versión (como, por ejem­
plo, en Proust).

La traducción del léxico

Las principales dificultades, sin embargo, a la hora de traducir se


hallan en el léxico y no en la gramática, o sea, en las palabras, coloca­
ciones y locuciones o modismos estereotipados... En este apartado
hay que incluir también neologismos y palabras “inencontrables”,
que ya veremos en otro apartado.
Las dificultades con las palabras pueden surgir por dos razones:

52
porque no las entienden o porque las encuentran difíciles de traducir.
Si no entienden una palabra, puede ser por no conocer todos sus
posibles significados o porque su significado está determinado por
una colocación poco frecuente o por una referencia incrustada en
otro lugar del texto.
Deben tener en cuenta que muchos nombres comunes tienen cua­
tro tipos de significado: a) físico o material, b) figurado, c) técnico, y
d) coloquial, como se puede apreciar en el siguiente cuadro:

Físico F igurado Técnico Coloquial

m aison casa hogar com pañía d e miedo,


bárbaro

élém ent elem ento individuo elem ento elem ento


com ponente célula (en su )
principio vaso, pila

p o ire pera forma d e pera perilla m am ón


cualidad d e una jeta
pera (jugosidad)

Zug tirón a) rasgo a) pelotón racha


coniente b) séquito b) ranura (arma) tendencia
de aire c) registro (òrgano)
tracción

Lo primero que hay que decir del diagrama es que es esquemático


y que los significados coloquiales están ligados a colocaciones o
locuciones estereotipadas. Segundo, que los significados técnicos son
muchas veces las peores trampas en traducción (por ejemplo, “embe­
llecedor” no es en inglés, ni mucho menos, algo relacionado con
pretty sino con hub cap), ya que esperamos que los términos técnicos
sean monosémicos, o sea, que tengan un sólo significado —¡puro es­
pejismo! (Hay que reconocer que algunos de los términos menciona­
dos son “variantes del habla familiar” y que otros forman parte de
compuestos, como es el caso de Orgelzug.)
El siguiente aspecto que quiero resaltar es que la mayoría de los
nombres, verbos o adjetivos se pueden usar figuradamente y, por tan­
to, pueden tener sentidos figurados... Y cuanto más corriente sea la

53
palabra, más contagiosos y accesibles serán estos sentidos. En “Aquel
jardín era el amor de su vida”, por ejemplo, el jardín puede simbolizar
la intimidad, la belleza, la fertilidad, el trabajo simplemente físico, la
dicha sexual, etc.
Este “problema de la palabra” puede tener otras posibles solucio­
nes: que la palabra tenga un sentido arcaico o regional (consulten los
diccionarios apropiados), que esté usada irónicamente, o en un senti­
do peculiar o particular de tal o cual escritor (idiolecte), o que tenga
un error tipográfico.
Pero tengan por seguro una cosa: el escritor cuando escribía
tenía que saber lo que decía y nunca hubiera dejado caer una gota
de sin sentido en un mar de sentido. Así que deben encontrar ese
sentido por el pensamiento lateral (o vía imaginativa) que tal vez
apunte hacia una errata de imprenta, un error del copista (“paz” y
no “faz”; anatomie y no autonomie), un desacierto lingüístico o téc­
nico del autor, un lapsus calami (por ejemplo, prostate craniale-.
como craniale no existe, tal vez sea crânienne, pero ¿qué tiene que
ver la próstata con el cráneo?; cráneo, cabeza, parte superior... ¿no
será próstata alta o superior?). Tienen que arrancarle a la palabra
—casi siempre es una palabra— el sentido, aunque sea “violándola”.
Tienen, en último término, que autoconvencerse de que no hay
otras alternativas razonables, y deben escribir una nota a pie de
página admitiendo que se trata a la fuerza de un lucus a non lucen-
do, de una luz —en realidad, lucus es un bosque— a falta de otra
luz, de una reducción al absurdo, y de ahí la etiqueta de “inencon-
trable”.
Hasta ahora he venido suponiendo que la palabra es más o menos
contextualmente neutra, y de verdad creo que hay muchas más pala­
bras en esta situación de lo que la mayoría de la gente piensa. Sin
embargo, el significado de muchas palabras viene determinado por
sus colocaciones, ya aparezcan en nombres compuestos (maison
centrale: “prisión”; maison close: “burdel”; maison de rapport: “casa
de vecindad”; maison de maître: “mansión familiar”; maison de pas­
se: “casa de citas”; Portuguese man-of-war: “medusa”; booby hatch:
“manicomio”, etc.), ya lo hagan en modismos o sean un elemento de
un conjunto léxico (por ejemplo, “raíz”, root, racine, Stamm, en un
texto de lingüística). Pero muy rara vez un párrafo, contiguo o no,
nos saca de dudas: cualquier objeto misterioso complementado con
el artículo determinado les puede llevar muy lejos de la oración en
cuestión.
Otro aspecto general sobre el traducir es que, en principio, como
las palabras con correspondencia en las dos lenguas, la LO y la LT, no

54
suelen tener precisamente el mismo campo semántico, aunque hay
muchas que sí lo tienen en lenguas afines, uno casi siempre está o
sobretraduciendo o infratraduciendo —más bien lo segundo que lo
primero. De hecho, como en la mayoría de los textos están ustedes
más preocupados por el mensaje (función) que por la riqueza de la
descripción, y como el contexto limita los significados de todas las
palabras menos las técnicas, la correspondencia en traducción es por
lo general prácticamente exacta. Sin embargo, no estaría mal recordar
que un buen número de palabras en un idioma incluye y solapa en
variados grados de significado a sus equivalentes aparentemente más
obvios en la otra lengua. Así, las palabras “bélico”, “debate”, “hostili­
dades”, Silhouette, phénomène, évolution, son mucho más corrientes
y tienen un campo semántico más amplio que sus cognados en in­
glés, y por tanto la mayoría de las veces se traducen por varias pala­
bras diferentes más específicas. Esto ilustra uno de los principales
problemas en traducción, la transposición obligada de unidädes
genéricas por específicas, o viceversa, debido muchas veces al Sola-
pamiento o inclusión de significados, y, otras, a los enormes vacíos
léxicos en una de las dos lenguas, la cual puede carecer de un térmi­
no genérico para objetos o procesos (aménagement) o de términos
específicos corrientes para partes del cuerpo también corrientes
(“nuca”, toé). Es sabido que hay vacíos léxicos y duplicaciones virtua­
les sorprendentes (visage, figure, Meer, Seè) en todas las lengu&s y
que éstas agrupan los objetos de mañera diferente (un fauteuil nó es
une chaisé)... Se necesita un traductor para descubrir el aparente éaos
lingüístico que reina en otra lengua (nipote es nieto, nieta, nieto y
nieta, sobrino, sobrina). El inglés, supuestamente la lengua más rica
del mundo, tiene que acudir a falta de algo mejor a palabras cómo
bank, funny, plane, etc. para designar referentes muy distintos. (Por
otra parte, sus numerosos monosílabos la convierten en la lengua
europea más propensa a los juegos de palabras.) Sin embargó, si
están sensibilizados hacia estos hechos léxicos, nunca tendrán Uste­
des problemas con ellos, a no ser que su uso sea metalingüístico.
Un último detalle. Examinemos, por ejemplo, el significado preci­
so de Höhenvergleichtafel: ¿qué es un “panorama”?, ¿es lo mismó en
alemán?, ¿puede ser un Kupferstich?, ¿cuál es la diferencia entré un
aguafuerte y un grabado, entre gravieren y einschnitzen? En tödos
estos casos, si no cuentan con un informante, pueden perder más
tiempo que en las diez o doce páginas siguientes, y deben estar pre­
parados para darles todo ese tiempo —pero no en un examen. En la
vida real, tienen que estar preparados para emplear más tiempo en la
consulta de una cifra, en la búsqueda de un acrónimo, en el rastreo

55
de una palabra “inencontrable”, que en la traducción relativamente
fácil y aburrida del texto íntegro que les sirve de marco.

La traducción d e los nombres pro pio s (v é a se también pág. 289)

Deben mirar en el diccionario todos los nombres propios que no


conozcan. Veamos en primer lugar los topónimos. En un texto mo­
derno inglés, la capital de China no es Pekín sino Beijing, y, saliendo
del ámbito del inglés, Karl Marx Stadt es hoy Chemniz, y en 1997
Hong Kong será Xianggang. No acostumbren a denominar las ciuda­
des polacas o checoslovacas por sus nombres alemanes: Posen/Poz-
nan, Breslau/Wroclaw, Karlsbad/Karlovy Vary, Teschen/Decin. (No
hace mucho un ministro polaco de Información se quejaba, y con
razón, ante los alemanes de que siguieran con esta costumbre.) Sólo
los ingleses llaman “inglés” —como si fuera suyo— al Canal de la
Mancha. Piensen también en la posibilidad de añadir un sustantivo
clasificador a toda ciudad, montaña o rio que pueda resultar descono­
cido para el lector. Comprueben la existencia de todo nombre propio
que aparezca en una obra de ficción: el de Aarlsgaard, de Tonio Kro­
ger, existe, pero no está en mi atlas. Fomenten la tendencia a escribir
los nombres propios de lugar como se escribían antes de naturalizar­
se (Frankfurt, Livomo), pero no sean más papistas que el papa: dejen
que Munich siga siendo Munich. Y no tomen partido en discusiones
políticas sobre topónimos.
En los textos médicos, por otra parte, deben tener sumo cuidado
con los nombres propios: puede ser que un fármaco se comercialice
en un país con una marca y en el país vecino con otra distinta, o sen­
cillamente con el nombre de una fórmula química, como “aspirina”.
A veces hay tests, síntomas, enfermedades, síndromes, partes del
cuerpo, que llevan el nombre de un científico en una comunidad lin­
güística y otro en otra, o se les da un término más general. Comprue­
ben la ortografía de todos los nombres propios: aquí es donde se sue­
len dar más erratas de imprenta. Y recuerden que el español, italiano
y francés —no el inglés— traducen, a veces arbitrariamente, nombres
de pila extranjeros, incluso de gente que todavía vive.
Durante el tiempo que media entre la traducción de un texto y su
revisión, no deberían perder nunca de vista los problemas lingüísti­
cos textuales. (Todos los problemas translatorios son en último térmi­
no problemas planteados por la lengua terminal.) No anden siempre
buscando sinónimos: un cambio en el orden de las palabras puede ser
la solución (... de nouveaux types d'électrodes indicatrices: “... nue-

56
vos tipos indicadores de electrodos”). Si lo que están buscando no es
una palabra, sino un hecho, un dato —las bajas, por ejemplo, que
hubo en la ciudad italiana de Cassino—, investiguen en los distintos
libros de consulta o recurran a su memoria. Con esto no estoy negan­
do —nunca más lejos de mí— los procesos neurolingüísticos y psico-
lingüísticos de la traducción. Estoy simplemente diciendo que no
podemos generalizarlos ni esquematizarlos: son algo inconsciente,
parte de la imaginación. Con un poco de suerte, si cavilan persisten­
temente, tal vez aflore de pronto la solución.

R evisión

Durante la etapa final de la corrección de la traducción, traten


constantemente de reducir y limar su propia versión en interés de la
elegancia y la fuerza expresivas, pero permítanse alguna redundancia
para facilitar su lectura e intenten que no se pierda ningún compo­
nente semántico esencial. (Esta sería otra tensión más: el traductor de
un texto exigente siempre camina sobre una cuerda floja, como el
Übermensch de Nietzsche.) Uno trata de eliminar paráfrasis sin dete­
riorar el texto, la realidad que tras él se esconde o la manera de escri­
bir que hayan escogido (natural, innovadora o arcaica). La virtud de
la concisión está en la compresión del significado... y en la fuerza que
acarrea. El texto de ustedes depende de otro texto, pero paradójica­
mente de nuevo, en la traducción comunicativa tienen que usar un
lenguaje natural, mientras que en la traducción semántica deben sen­
tir empatia por el autor (cuanto más se identifiquen con él mejor lo
traducirán: si no les gusta un texto literario, lo mejor que pueden
hacer es no traducirlo), y en su empatia deberían descubrir una ma­
nera de escribir que, aunque por lo general no les resulte natural,
muestre una cara de ustedes “natural” y sinceramente. Una traducción
brillante es también una obra de arte por derecho propio, pero una
buena traducción no tiene por qué serlo, aunque el original sea exce­
lente.
En cualquier caso, mi última palabra es ésta: exactitud. Ustedes no
tienen permiso para cambiar palabras que tienen una traducción uno-
por-uno fácil sólo por pensar que suenan mejor que el original, aun­
que no pasa nada por ello, o porque les gusten los sinónimos y quie­
ran demostrar su ingenio cambiándolos. Tengan cuidado, sobre todo,
con las palabras descriptivas: adjetivos, adverbios, nombres y verbos
de cualidad. El hecho de estar sometidos como traductores a un mon­
tón de fuerzas y tensiones no es ninguna excusa para la inexactitud.

57
¿Por qué se empeñan en cambiar un texto, si eso es lo que escri­
bió el autor? Evidentemente, eso es lo que hubiera escrito en la len­
gua extranjera de haber podido. ¿Por qué creen que se decidió por
cicogne, para que ustedes vengan y lo traduzcan por “ave emigrante”?
¿Por que no escribió entonces oiseau migratoire? ¡No será porque les
ha diado por la lingüística del texto o porque les piden este cambio
las estrategias textuales generales de esa ciencia, las estructuras pro-
totípicas, las superestructuras globales, o las nuevas y estimulantes
tendencias en el amplio campo interdisciplinario de la ciencia del
conocimiento? No lo creo.
Muchos traductores dicen que no se debería nunca traducir pala­
bras, sino oraciones, ideas o mensajes. Yo creo que cuando dicen eso
se están engañando a sí mismos. Los textos en la LO constan de pala­
bras y lo que hay sobre la página no es otra cosa que palabras. Luego
al fin y al cabo, lo único que tienen que traducir son palabras, y
deben responder de todas y cada una de ellas en alguna parte de su
texto terminal, unas veces dejándolas de traducir deliberadamente
(por ejemplo, schon, can, déjà) y otras compensándolas, porque si
las tradujeran sin pensar lo que producirían inevitablemente sería una
sobretraducción.
En el capítulo XIX refiero detalladamente los distintos aspectos en
que deben reparar a la hora de corregir. La corrección es también una
técnica que se adquiere. Les sugiero que se pasen corrigiendo entre
el 50 y el 70% del tiempo que dedicaron a la traducción, según sea la
dificultad del texto, claro. Si tienen tiempo, hagan una segunda co­
rrección uno o dos días después. Es difícil resistirse a hacer continuas
“mejoras” en el área del gusto, y no es peligroso con tal de que se
aseguren de que cada detalle revisado no daña la oración o la cohe­
sión del texto. Y, cuando convenga, la piedra de toque final debería
ser la. naturalidad: lean en alto la traducción.

CONCIUSIÓN

Hasta aquí, mi visión personal del procedimiento translatorio.


Pero he de hacer una advertencia o salvedad: he contado siempre
con que el texto de la LO fuera exigente y desafiante. Si bien es ver­
dad que nos podemos encontrar, forzando la situación, con proble­
mas de traducción en cualquier texto, en cualquier metáfora. Desgra­
ciadamente hay muchísimos textos corrientes que tenemos que tradu­
cir y que, cuando se domina su terminología, no ofrecen ningún reto.
Lo cual nos lleva a una serie de sucesiones francamente monótonas y

58
aburridas. Dichos textos presentarían un leve desafío sólo si estuvieran
mal escritos, o si ustedes tuvieran que falsear el lector, esto es, tradu­
cir para consumidores con distinto nivel —normalmente más bajo—
de lengua y/o conocimientos sobre el tema. Muchos traductores de
plantilla se quejan de la tediosa monotonía y del estilo aburrido, entre
neutral e informal, saturado de datos, pobre en descripciones y al
borde del estereotipo que ofrecen los textos. A estos traductores,
pues, mis consideraciones del proceso translatorio les parecerán cier­
tamente harto irrelevantes. Lo que tienen que hacer los traductores
con iniciativa es acudir a los departamentos de investigación de sus
empresas en busca de textos más interesantes o recomendar, por
cuenta propia, la traducción de publicaciones extranjeras importantes
dentro de su misma especialidad. Otros se pasan de la administración
general, por ejemplo, al Departamento de Derechos Humanos del
mismo organismo internacional donde trabajan para encontrar algo
que merezca la pena hacer.
Paradójicamente, una vez más, un buen número de textos, lejos
de ser “imposibles” de traducir, como creen todavía muchos lingüistas
y hombres de letras —aunque es un punto en el que no se ponen de
acuerdo—, son de hecho fáciles, tediosos y apropiados para la TAO e
incluso para la TO, pero siguen siendo esenciales y vitales, en tanto
que hay otros textos que se pueden considerar como material exclu­
sivo de eruditos, investigadores y artistas.
Creo que, académicamente, la traducción puede ser considerada
como erudición si:
1) El texto en la LO es exigente y desafiante, por ejemplo, si está en
relación con las fronteras del conocimiento (ciencia, tecnología,
ciencias sociales), o si es un texto literario o filosófico escrito en
un lenguaje innovador, oscuro, difícil o antiguo.
2) El texto requiere evidentemente alguna interpretación, cosa que
debería indicar el traductor en un prólogo.
3) El texto requiere una explicación adicional en breves notas a pie
de página.
Y creo que la traducción reuniría las condiciones necesarias para
poderla etiquetar de investigación, si:
1) Exige una importante investigación académica.
2) Requiere un prólogo de una extensión considerable donde se den
pruebas de esa investigación y se establezca el enfoque que el tra­
ductor ha hecho del original. (Tengan en cuenta que todos los
libros traducidos deberían llevar un prólogo del traductor.)

59
3) El texto traducido va a acompañado de notas, glosario y biblio­
grafía.

Pero es mucho más evidente que la traducción es un arte. Pien­


sen, por ejemplo, en un poema traducido a otra lengua con sensibili­
dad y en forma también de poema. Ahora bien, toda “transfusión”,
hecha con habilidad, de una obra imaginativa es artística si transmite
el sentido por medio de un equilibrio o resolución felices de algunas
de las tensiones en el proceso.

60
C apítulo IV

F u n c io n e s d e l le n g u a je , c a te g o ría s y tip o s d e te x to

Mi idea es que todas las traducciones se basan implícitamente en


una teoría del lenguaje (Jakobson, Firth y Wandruzska, en cambio,
piensan que toda teoría del lenguaje se basa en una teoría de la tra­
ducción). Así que —sólo— en cierto modo, toda traducción es un
ejercicio de lingüística aplicada. Parto de la adaptación que ha hecho
Jakobson de la teoría del lenguaje de Bühler, y he escogido esta teo­
ría como punto de partida por ser la que con mayor provecho se pue­
de aplicar a la traducción.
Según Bühler, las principales funciones del lenguaje son tres: la
expresiva, la informativa (o de “representación”) y la vocativa (o de
“apelación”). Y éstas son en realidad las tres principales finalidades
del uso del lenguaje.

La fu n ció n expresiva

El núcleo de la función expresiva es la mente del autor del enun­


ciado, hablante o escritor, quien lo utiliza para expresar sus impresio­
nes sin tener para nada en cuenta las posibles respuestas. Por lo que
a la traducción respecta, creo que los tipos de texto propiamente
“expresivos” son-,

1. La literatura imaginativa seria. De los cuatro tipos principales de
texto que cabrían en este apartado (poesía lírica, cuentos, novelas
y obras de teatro), el primero de ellos constituiría la expresión
más íntima, y el último, evidentemente, estaría más orientado ha-

61
cia un numerosísimo auditorio, que, en traducción y en lo que a
las expresiones culturales se refiere, tiene derecho a que se le ayu­
de en cierto modo dándole claves culturales más próximas.
2. Las manifestaciones o textos autoritativos. Aquí cabe todo tipo de
textos que reciba su autoridad del alto estatus o de la fiabilidad y
competencia lingüística de sus autores, textos que, a pesar de no
ser connotativos sino denotativos, suelen llevar el “sello” personal
de sus autores. Son manifestaciones típicamente autoritativas los
discursos y documentos políticos de ministros o líderes de parti­
dos, los estatutos y documentos legales y los escritos científicos,
filosóficos y “académicos” de autoridades reconocidas.
3. Las autobiografías, ensayos y correspondencia personal. Estos tex­
tos son expresivos cuando se trata de efusiones de tipo personal,
cuando los lectores quedan en un último plano.

F unción Expresiva Inform ativa Vocativa


Núcleo Escritor “Verdad” Lectores
E status d el a u to r “Sagrado” “Anónimo” “Anónimo”

Tipo Tema Form ato


Lit. imaginativa seria Científico Manual Letreros
Textos autoritativos Tecnológico Informe Instruce.
Autobiografía Comercial Artículo Propaganda
Correspondencia person. Industrial Colaboración Publicidad
Económico M emorándum Lit. vulgar
Actas

Otras áreas de
conocimiento
o sucesos

Fig. 3. Funciones del lenguaje, categorías y tipos de texto

Es esencial que ustedes, como traductores, puedan distinguir los


componentes personales de estos textos, o sea, colocaciones insólitas
(“poco frecuentes”), metáforas originales, palabras “intraducibies”,
sobre todo adjetivos de “cualidad” cuya traducción requiere de dos o
tres palabras, sintaxis poco convencional, neologismos, palabras
extrañas (arcaísmos, dialectalismos, tecnicismos, que es lo que a
menudo se llama “idiolecto” o “dialecto personal”). En una palabra,
todo aquello que se opone al “lenguaje ordinario”, esto es, metáforas

62
y modismos estereotipados, colocaciones corrientes, sintaxis normal,
expresiones y “faticismos” coloquiales: el cauce por donde discurre ha­
bitualmente el lenguaje. Los componentes personales constituyen
—aunque son sólo una parte— el elemento “expresivo” de un texto ex­
presivo, y un traductor no los debería normalizar nunca en una traduc­
ción. (Como ejemplo de texto expresivo, véase Parte II, texto núm. 3.)

La fu n ció n informativa

El núcleo de la función informativa del lenguaje es la situación


externa, los hechos de un contenido, la realidad extralingüística,
incluso las ideas o teorías expuestas. Por lo que respecta a la traduc­
ción, los textos típicamente “informativos” son los relacionados con
cualquier área del saber. Los textos, sin embargo, sobre temas litera­
rios, como suelen expresar juicios de valor, se inclinan hacia la
“expresividad”. El formato de un texto informativo es a menudo el
típico: un manual, un informe técnico, una colaboración de periódico
o revista, un artículo científico, una tesis, el acta o el orden del día de
una reunión.
Uno da por sentado generalmente que los textos están escritos en
un estilo moderno, no marcado ni regional, social o idiolécticamente,
que presenta cuatro variedades lingüísticas: a) un estilo técnico, for­
mal, no emotivo, caracterizado en inglés, por ejemplo, por oraciones
pasivas, lenguaje literal, sin metáforas, verbos semánticamente “va­
cíos”, compuestos multinominales, presentes y perfectos, vocabulario
latinizado y jergal; b) un estilo neutro o informal con términos técni­
cos definidos, propio de los libros de texto y caracterizado por el uso
del plural de modestia, metáforas conceptuales básicas, presentes y
verbos de actividad o de acción; c) un estilo informal, cálido o afec­
tuoso, el estilo de los libros de vulgarización científica o artística
(libros de gran formato, por ejemplo), caracterizado por estructuras
gramaticales simples, un vocabulario sencillo, aunque muy diverso,
que da cabida a definiciones y a numerosas ilustraciones, y por metá­
foras estereotipadas; d) un estilo familiar y vivo, nada técnico, carac­
terístico del periodismo popular y caracterizado por metáforas sor­
prendentes, oraciones cortas, argot americano, puntuación poco con­
vencional y coloquialismos. (Obsérvese cómo las metáforas pueden
servir de criterio para determinar la formalidad de un texto.) Mi expe­
riencia me dice que es probable que estos estilos presenten en inglés
mayor variedad y diferenciación que en otras lenguas, porque esa
lengua es léxicamente producto de varios grupos lingüísticos (sajón,

63
n ò r d i c o , f r a n c é s , c lá s i c o ) y h a e s t a d o e n c o n t a c t o í n t i m o c o n g r a n
v a r i e d a d d e l e n g u a s : n o h a y q u e o l v i d a r q u e s e h a “l l e v a d o ” a c a s i
t o d a s l a s p a r t e s d e l m u n d o y e s e l p r i n c i p a l t r a n s m i s o r d e la t e c n o l o ­
g ía , y q u e n o h a e s t a d o s o m e t i d o , e x c e p t o e n u n p e q u e ñ o p e r í o d o
d e l s i g l o XVIII, a c a s i n i n g u n a p r e s i ó n p o r p a r t e d e a u t o r i d a d e s a c a d é ­
m ic a s .
Sin embargo, quisiera destacar dos aspectos: primero, que los tex­
tos “informativos” constituyen la mayor parte del trabajo de un tra­
ductor en nómina de organismos oficiales, multinacionales, empresas
privadas y agencias de traducción; y segundo, que una gran parte de
estos textos carecen a veces de exactitud y están mal escritos, y es el
traductor generalmente el que tiene que “corregir” los datos o los
hechos y el estilo (véase Capítulo XVIII). Así que, a pesar de los viejos
dichos (“la traducción es imposible”, etc.), la mayoría de las traduc­
ciones actuales son mejores que sus originales..., o al menos, debe­
rían serlo.

L a FUN CIÓ N VOCATIVA

El núcleo de la función vocativa del lenguaje es el lector, el desti­


natario. Utilizo el término “vocativo” en el sentido de “llamada” o “in­
vitación” al lector para actuar, pensar o sentir, en realidad para que
“reaccione” como quiere el texto (el vocativo es el caso utilizado para
dirigirse al lector en algunas lenguas con declinaciones). A esta fun­
ción del lenguaje se le ha dado varios nombres: “conativa”, “instru­
mental”, “operativa” y “pragmática” (en cuanto que se utiliza para
producir cierto efecto en los lectores). Obsérvese que hoy día los tex­
tos vocativos van muchas más veces destinados a los lectores que a
un lector. Por lo que a la traducción respecta, yo considero textos
típicamente “vocativos” letreros, instrucciones, publicidad, propagan­
da, escritos persuasivos (solicitudes, tesis) y, tal vez, la literatura de
quiosco del gusto del vulgo, cuyo propósito es vender el libro/entre-
tener al lector.
El primer factor a tener en cuenta en todo texto vocativo es la
conexión entre escritor y lector, que se realiza mediante varios tipos
de relaciones gramaticales o formas de tratamiento determinadas
social o personalmente: T (“tú”, tu, du) y V (“usted”, vous, Sie), y otras
variantes tales como infinitivos, imperativos, subjuntivos, indicativos,
pasivas, formas impersonales, nombres de pila y/o apellidos, títulos,
hipocorísticos y muletillas (“por favor”). Todas estas formas desempe­
ñan un papel importante a la hora de determinar las relaciones asimé-

64
tricas o simétricas, las de poder o igualdad, las de mandato, petición
o persuasión.
El segundo factor es que estos textos deben estar escritos en un
lenguaje de pronta comprensión para el lector. Y por lo que a la tra­
ducción respecta, hay que decir que debemos repasar el nivel lin­
güístico y cultural del texto en la LO antes de asignarle un impacto
pragmático. Simple y llanamente, Gardez-vous d ’une blessure narcis­
sique.
Casi ningún texto es meramente expresivo, informativo o vocati­
vo. La mayoría abarca las tres funciones, aunque sea una sola la que
resalte. Sin embargo, la función expresiva, hablando en sentido es­
tricto, no tiene lugar en un texto vocativo o informativo..., si está allí
es solo inconscientemente, como “infravida”. La mayor parte de los
textos informativos o tienen un hilo vocativo que los recorre —es vital
para el traductor coger ese hilo— o la función vocativa se reduce a
una sección particular de recomendación, opinión o juicio de valor;
es difícil que un texto sea meramente informativo, esto es, objetivo.
Un texto expresivo, por otra parte, llevará siempre alguna carga de
información y un componente vocativo, que variará (sigue siendo
tema de debate entre críticos y traductores), según —al menos en par­
te— el porcentaje de sus componentes “universales” y “culturales”.
Así pues, “expresivo”, “informativo” y “vocativo” son epítetos que se
usan únicamente para mostrar el énfasis o el “empuje” (Schwerpunkt)
de un texto.
Hasta aquí lo único que he hecho ha sido proponer tres principa­
les tipos de texto. En el capítulo siguiente hablaremos de los métodos
de traducción que precisan, y ahora consideraremos las funciones del
lenguaje según Jakobson: la estética —llamada por Jakobson “poéti­
ca”—, la fática y la metalingüística.

La fun ció n estética

Esta función está ideada por el lenguaje para agradar a los senti­
dos, primero por su sonido real o imaginario y luego por sus metáfo­
ras. Claro que también contribuyen de forma importante el ritmo, el
equilibrio y contraste entre las oraciones, las cláusulas y las palabras.
Los efectos sonoros son los inventariados por la estilística: onomato-
peyas, aliteraciones, asonancia, rima, metro, entonación, acento, etc.
Algunos de ellos desempeñan un papel importante en la mayoría de
los tipos de texto, papel que se convierte en importantísimo en poe-

65
sia, versos macarrónicos, canciones infantiles y publicidad (sobre
todo en los anuncios rimados de la televisión: “A mí, plin: yo duermo
en Pikolin”). En muchos casos es imposible “traducir” los efectos so­
noros, a no ser que uno transfiera las unidades lingüísticas pertinen­
tes : siempre es posible recurrir a cierto tipo de compensación. En la
traducción de textos expresivos —en especial, la poesía—, están
muchas veces en pugna la función expresiva y la estética, la “verdad”
y la “belleza”..., la fealdad de la traducción literal y la hermosura de la
traducción libre.
Los verbos descriptivos de movimiento y acción, como describen
una modalidad, son ricos en efectos sonoros (“musitar”, “susurrar”,
“galopar”, etc.), pero no son difíciles de traducir, a menos que “falte”
la palabra en la otra lengua, o lo que es lo mismo, que exista un vacío
léxico, que puede ocurrir ya que ésta es una característica universal
de las lenguas.
En los versos macarrónicos y trabalenguas (“Donde digo digo no
digo digo, sino que digo Diego”. Ein Wiesel sass a u f einem Kiesel in­
mitten einem Bachgeriesel. A ferret nibbling a carrot in a garret) el
efecto sonoro es más importante que el sentido. Asimismo, en la can­
ción infantil (“El cocherito, leré / me dijo anoche, leré...”) y en la li­
teratura parnasiana del arte por el arte (véase Levy 1969) de finales
del XK (Gautier, Verlaine, Swinburne, J. M. de Heredia, Dowson,
etc.), la “belleza” eufónica está por encima de la “verdad”. En otros
textos la función expresiva prima sobre la función estética, pero una
traducción “fea” puede anular el objetivo del texto.
La metáfora es el nexo de unión entre la función expresiva y la
estética, y, gracias a las imágenes que evoca, es además el único vín­
culo entre el lenguaje y cuatro de los cinco sentidos corporales: con
la producción de símbolos olorosos (“rosa”), gustátiles (“comida”),
tactiles (“piel”) y visuales (todas las imágenes), además de los sono­
ros (“pájaro”, “campana”), materia de que está hecho el lenguaje, la
metáfora conecta por la vía del lenguaje la realidad extralingüística
con el mundo de la mente. Lo que quiere decir que la metáfora origi­
nal, al ser un componente tanto expresivo como estético, se debe
mantener intacta en traducción.
En tanto que las cuatro funciones que acabamos de ver están rela­
cionadas con el texto en su totalidad, las dos siguientes, la fática y la
metalingüística, sólo suelen afectar a una parte del texto.

66
La f u n c ió n f á t ic a

La función fática del lenguaje se utiliza principalmente no tanto


para comunicar una información ajena al texto sino para mantener un
contacto amistoso con el destinatario del texto. La función fática suele
darse, aparte de en el tono de voz, en las frases hechas, o “faticis-
mos”, que intercalamos de vez de en cuando para decirle al interlocu­
tor que seguimos escuchando (“ya”, “¿no es verdad?”, “sí”, “¿estás en
lo que te digo?”, “bueno”, “claro”). Las conversaciones sobre el tiem­
po, las preguntas sobre la salud y la familia, las fórmulas de saludo y
de adiós pertenecen a la función fática (véase Newmark 1981). Hay
algunos faticismos que son universales, pero otros (por ejemplo, las
referencias al tiempo) son culturales, y éstos se deberían pasar a la LT
por sus equivalentes estandarizados, que no son precisamente tra­
ducciones literales. (Las referencias al tiempo se podrían modificar al
traducirlas añadiendo un faticismo: Tu sais, il a fait vilain toute la
semaine.)
La función de los faticismos en la lengua escrita es la de ganar la
confianza y la credulidad del lector: “naturalmente", “indudablemen­
te”, “es interesante observar que”. Muchas veces lo que se hace con
ellos es adular al lector: “es de todos conocido”, “como todos ustedes
sabrán”. Quedan por añadir a los anteriores las partículas modales
alemanas (ja, eben, doch, etc.) y las formulas de encabezamiento y
cierre de la correspondencia oficial, ya pasadas de moda pero que
todavía perduran en las lenguas romances. El único problema que
plantean dichas partículas es saber si tenemos que omitirlas o sobre­
traducirlas. Y en cuanto a los faticismos de la correspondencia, lo
mejor que se puede hacer en español es elevar el tono hasta tal punto
que parezcan —a los ojos de un inglés, por ejemplo— casi serviles:
Mr. Rossi: “Ilustrísimo señor don”.

La fu n c ió n metalingüística

Finalmente, la función metalingüística del lenguaje indica la habi­


lidad de una lengua para explicar, denominar y criticar sus propios
rasgos. Cuando éstos son más o menos universales, como es el caso
de “gramática”, “verbo”, “oración”, etc. —aunque tal vez no existan
todavía en lenguas que sólo se hablen o hayan tenido poco contacto
con otras—, no plantean ningún problema de traducción. Sin embar-

67
1

go, si estos elementos son característicos sólo de una lengua (“supi­


no”, “ilativo”, “optativo”, “ablativo”), debemos tener en cuenta para
su traducción múltiples y pertinentes factores contextúales (clase de
lectores, importancia del ítem en la LO, el texto de la LO y LT, proba­
bles recurrencias en la LT, etc. ) y emplear recursos que vayan desde
las explicaciones detalladas hasta un tercer término culturalmente
neutro pasando por los ejemplos y sus traducciones.
Tengan también en cuenta que, ante expresiones metalingüísticas
como “estrictamente hablando”, “literalmente”, “en el verdadero sen­
tido de la palabra”, “como su nombre indica”, etc., debemos actuar
con mucha cautela, no vaya a ser que, haciendo una traducción de
ellas uno-por-uno, la palabra siguiente en el texto de la LO no tuviera
precisamente el mismo sentido en la LT. Una solución podría ser dar
en la lengua terminal los dos sentidos: For the last fo u r years, I lit­
erally coined money: “Los últimos cuatro años los pasé acuñando
moneda y la verdad es que amasé una fortuna”.
He adoptado y adaptado las funciones del lenguaje de Bühler-Ja-
kobson operativamente, ya que es la forma más útil de aproximarse a
un texto para traducirlo. Es, además, conveniente dividir los textos
por temas en tres grandes categorías: literarios, institucionales y
científicos. El último apartado incluye todos los campos de la ciencia
y la tecnología, aunque tiende a fusionarse con los textos institucio­
nales en el área de las ciencias sociales. Los textos literarios se distin­
guen del resto en que sus connotaciones mentales e imaginativas tie­
nen más importancia que sus denotaciones reales.

68
C a p ít u l o V

M é to d o s d e tr a d u cc ió n

I ntro du cció n

El problema central que plantea el traducir es si hay que hacerlo


literal o libremente. La polémica se remonta al siglo I antes de Cristo.
Hasta comienzos del siglo xix, muchos escritores abogaron por un
tipo de traducción en cierto modo “libre”, por pasar el espíritu y no
la letra, el sentido y no las palabras, el mensaje y no el estilo, el con­
tenido y no la forma. Y éste era el eslogan, muchas veces revolucio­
nario, de escritores interesados en que por encima de todo se leyera
y entendiera la verdad: las obras de Wycliff se prohibieron, Fray Luis
de León estuvo cinco años en prisión y Tyndale y Dolet murieron en
la hoguera. Más tarde, al final del siglo xix, cuando el estudio de la
antropología cultural proponía la insuperabilidad de las barreras lin­
güísticas y que la lengua era única y exclusivamente producto de la
cultura, la idea de la imposibilidad de la traducción ganó algunos
adictos y con ella aquélla otra de que, si por cualquier motivo se
emprendiera una traducción, ésta debía ser lo más literal posible. El
punto álgido de esta corriente estuvo representado por las afirmacio­
nes de dos extremados “literalistas”: Walter Benjamin y Vladimir Na­
bokov.
El debate era teórico: no entraban en liza ni el objetivo de la tra­
ducción, ni el tipo de lector, ni el tipo de texto. Era demasiado fre­
cuente que escritor, traductor y lector se sintieran implícitamente
identificados entre sí. Ahora, el panorama es distinto, aunque en el
fondo los problemas son los mismos.

69
El diagrama que a continuación propongo en forma de V abierta
puede arrojar cierta luz sobre el asunto:

Énfasis en la LO Énfasis en la LT
Traducción palabra por palabra Adaptación
Traducción literal Traducción libre
Traducción fiel Traducción idiomàtica
Traducción semántica Traducción comunicativa

L O S M ÉTO D OS

La traducción palabra por palabra

Este es un tipo de traducción interlineal que consiste en colocar


las palabras de la LT inmediatamente debajo de las palabras de la LO.
Se conserva el orden de la frase, se traducen las palabras una a una
por su significado más corriente fuera de contexto y las palabras cul­
turales se traducen literalmente. La principal utilidad de la traducción
palabra por palabra es o bien entender la mecánica de la lengua ori­
ginal o bien analizar un texto difícil como un primer paso para su
posterior traducción.

La traducción literal

En la traducción literal, las construcciones gramaticales de la LO


se transforman en sus equivalentes más cercanos en la LT, pero de
nuevo las palabras léxicas se traducen una por una por su significado
fuera de contexto. Como proceso de pretraducción, este método
puede servir para ver los problemas que presenta un texto.

La traducción fiel

La traducción fiel trata de reproducir el significado contextual


exacto del original dentro de las coacciones impuestas por las estruc­
turas gramaticales de la LT. Aquí, las palabras culturales se “transfie­
ren” y se mantiene en la traducción el grado de “anormalidad” (des­
viación de las normas de la LO) gramatical y léxica. Este tipo de tra­
ducción intenta ser completamente fiel a las intenciones y a la
realización del texto del escritor de la LO.

70
La tradu cción sem án tica

La traducción semántica se distingue de la “traducción fiel” única­


mente en que debe tener más en cuenta el valor estético —o sea, el
sonido bello y natural— del texto de la LO, lo que quiere decir tener
que contemporizar, donde convenga, con el “significado” de tal for­
ma que ni la asonancia, ni el juego de palabras, ni la repetición pro­
duzcan un efecto desagradable en la versión final. Es posible, por
otra parte, que aquí se traduzcan palabras culturales poco importan­
tes por términos terceros o funcionales culturalmente neutros, pero
no por equivalentes culturales (“una monja repasando un corporal”
podría dar en inglés a nun sewing a corporal cloth), y que se hagan
otras pequeñas concesiones a los lectores. La distinción entre la tra­
ducción “fiel” y la “semántica” está en que la primera es intransigente
y dogmática, en tanto que la segunda, aparte de ser más flexible,
admite la excepción creativa hasta un porcentaje de fidelidad del cien
por cien y tiene en cuenta la empatia intuitiva del traductor hacia el
original.

La adaptación

Esta forma de traducción es la más “libre” y se usa principalmente


en obras de teatro (comedias) y poesía. Se mantienen, por lo general,
temas, personajes y argumentos, se pasa la cultura de la LO a la cultu­
ra de la LT y se vuelve a escribir el texto. La lamentable costumbre de
encargar traducir literalmente una obra de teatro o poema y luego
darlo a un conocido dramaturgo o poeta para que lo vuelva a escribir
ha dado como fruto muchas malas adaptaciones. Sin embargo, hay
que decir en su favor que, si no hubiera sido por este método, no se
hubieran “rescatado” algunas obras clásicas.

La traducción libre

La traducción libre reproduce el contenido del original sin la for­


ma. Este método de traducción, al que se ha dado en llamar “traduc­
ción intralingual”, es normalmente una paráfrasis mucho más extensa
que el original, prolija y pretenciosa muchas veces, pero nunca tra­
ducción.

71
La traducción idiom àtica

La traducción idiomàtica reproduce el “mensaje” del original, pero


tiende a distorsionar los matices del significado dando preferencia a
coloquialismos y modismos, aunque éstos no aparezcan en el origi­
nal. (Autoridades tan variopintas como Seleskovitch y Stuart Gilbert
se inclinan por esta forma de traducción expresiva, “natural”.)

La traducción comunicativa

La traducción comunicativa trata de reproducir el significado con­


textual exacto del original, de tal forma que tanto el contenido como
el lenguaje resulten fácilmente aceptables y comprensibles para los
lectores.

C omentarios sobre los m éto d os

Puestos a comentar estos métodos, deberíamos decir en primer


lugar que sólo la traducción semántica y la comunicativa responden a
los dos objetivos principales de la traducción: exactitud y economía.
(Es más probable que una traducción semántica posea esa economía
lingüística que una comunicativa, a no ser que en el caso de ésta últi­
ma el texto original esté mal escrito.) En general, la primera está escri­
ta con la mira puesta en el nivel lingüístico del autor y se usa para los
textos “expresivos”, y la segunda se hace pensando en el del lector y
se utiliza para los textos “informativos” y “vocativos”.
Las metáforas estereotipadas, las metáforas muertas, las colocacio­
nes normales, los términos técnicos, el argot, los coloquialismos, los
letreros estándar, los faticismos y el lenguaje corriente están tratados
tanto por la traducción semántica como por la comunicativa de forma
similar. Los componentes expresivos (estructuras sintácticas poco co­
rrientes, colocaciones, metáforas, palabras usadas peculiarmente, neo­
logismos) se traducen ajustándose uno mucho al texto, si éste es “ex­
presivo”, pero si aparecen en textos informativos y vocativos se nor­
malizan o se suaviza su tono, a no ser que estemos ante anuncios
muy llamativos. Los componentes culturales de los textos expresivos
se suelen transferir tal y como están en el original; ahora bien, si se
trata de textos informativos, se transfieren y se explican con términos

72
culturalmente neutros, y en textos vocativos se reemplazan por equi­
valentes culturales. Los pasajes escritos mal y/o imprecisamente de­
ben quedar así en la traducción cuando el texto es “expresivo”, aun­
que el traductor, si lo estima oportuno, debería hacer un comentario
sobre cualquier equivocación o desacierto que vaya contra la verdad
moral o la verdad de los hechos. En cambio, en una traducción co­
municativa, los pasajes escritos mal y/o imprecisamente se deben
“corregir”. Por otra parte, a los textos “expresivos” los llamo también
“sagrados”, y, a los “informativos” y “vocativos”, “anónimos” (siguien­
do a Jean Delisle), ya que el estatus de sus autores no es importante.
(Esta distinción, como cualquier otro aspecto de la traducción, tiene
flecos oscuros o algo borrosos.)
Hasta aquí sólo nos hemos fijado en los detalles de estos dos mé­
todos de traducción, pero tanto uno como otro se pueden también
considerar globalmente, como un todo. La traducción semántica es
personal e individual, sigue los procesos del pensamiento del autor,
tiende a sobretraducir y persigue los matices del significado, pero va
en pos de la concisión para reproducir el impacto pragmático. La tra­
ducción comunicativa, en cambio, es social, se concentra en el men­
saje y en la fuerza principal del texto, tiende a la infratraducción, a la
simplicidad, claridad y brevedad, y está siempre escrita en un estilo
natural e ingenioso. Una traducción semántica es normalmente infe­
rior al original, ya que en el paso a la otra lengua hay una pérdida
cognitiva y pragmática —la traducción que hace Baudelaire de Poe es
por lo visto una excepción—; la comunicativa, en cambio, supera a
menudo al original. En caso de necesidad, una traducción semántica
tendrá que interpretar y una comunicativa explicar.
En teoría, el traductor no tiene por qué permitirse más libertades
en una traducción comunicativa que en una semántica. Pero de
hecho lo hace: el traductor está al servicio de unos lectores supuesta­
mente numerosos y no bien definidos. En una traducción semántica,
por el contrario, el traductor sigue a una autoridad única y bien defi­
nida, o sea, al autor del texto de la LO.

E l efecto equivalente

Se ha dicho alguna vez que el objetivo primordial de toda traduc­


ción es conseguir un “efecto equivalente”, esto es, producir en el lec­
tor de la traducción el mismo efecto —o el más parecido posible—
que se produjo en el lector del original. (Nida lo flama “equivalencia
dinámica”, y, otros teóricos, principio de “respuesta equivalente”.)

73
A mi entender, el “efecto equivalente” sería el resultado deseable de
toda traducción, pero no la finalidad, con la particularidad de que
ese resultado es difícil de conseguir cuando el propósito del texto ori­
ginal es influir de alguna forma y el de la traducción informar —o
viceversa—, o cuando existe un notable vacío cultural entre el texto
de la LO y el de la LT.
Sin embargo, en la traducción comunicativa de textos vocativos, el
efecto equivalente no es sólo deseable, sino vital, ya que será el crite­
rio para evaluar la eficacia y, por ende, el valor de la traducción de
letreros y carteles, instrucciones, publicidad, propaganda, escritos
persuasivos o eurísticos y tal vez de la literatura de quiosco. Se podría
incluso cuantiflcar en porcentajes la respuesta del lector (no pisar el
césped, comprar el detergente, asociarse al Partido, montar el apara­
to) y evaluar así el éxito de la traducción.
En textos informativos, el efecto equivalente es deseable sólo res­
pecto al teóricamente insignificante impacto emocional de dicho tex­
to, e imposible de conseguir cuando la cultura de la LO resulte com­
pletamente extraña a la cultura de la LT, ya que por lo general se ten­
drán que explicar aspectos culturales con términos culturalmente
neutros o genéricos, simplificar el contenido del tema y aclarar las
dificultades de la LO. Es de esperar que el lector de la LT lea el texto
con el mismo grado de interés que el de la LO, aunque el impacto sea
diferente. Sin embargo, se ha de intentar reproducir el hilo vocativo
(persuasivo) de la mayoría de los textos informativos con la mira
puesta en el lector, o sea, con el propósito de conseguir un efecto
equivalente.
En la traducción semántica de la literatura imaginativa seria, el pri­
mer problema que se plantea es que no se puede hablar del lector en
general sino de lectores individuales. El segundo es que el traductor,
aunque no se olvide por completo del lector, tratará básicamente de
reproducir el efecto que el texto original le cause a él mismo (de
identificarse, de empatizar con el autor) y no el que le pueda causar a
un hipotético lector. De lo que no cabe duda es de que cuanto más
universal sea un texto —miren si no, to be or not to be—, mayor es la
posibilidad de conseguir un efecto equivalente generalizado, ya que
los ideales del original transcienden las fronteras culturales. Por otra
parte y debido a que la LT tiene un sistema de sonidos diferente, es
poco probable que los efectos sonoros metalingüísticos que el tra­
ductor intenta reproducir afecten al lector de la traducción. En cual­
quier caso, la reacción es individual antes que cultural o universal.
Sin embargo, cuanto más cultural (más local, más alejado en el
tiempo y en el espacio) es un texto, menor —yo diría que inconcebi­

74
ble— es el efecto equivalente, a no ser que el lector sea imaginativo y
sensible y esté empapado de la cultura de la LO. No hay necesidad de
volver otra vez sobre si es correcto o no “transformar” el verso de
Shakespeare Shall I compare thee to a summer’s day? para pasarlo a
idiomas de países con otoños y veranos desagradables. Las concesio­
nes culturales (por ejemplo, una transposición a un término genérico)
se pueden hacer cuando el término cultural es marginal, o poco
importante para el colorido local, y no tiene un significado pertinen­
temente connotativo o simbólico. Así, en un texto de Bazin no es
apropiado traducir II est le plus pélican des pères por “Es el más entre­
gado de los padres” o “Es un símbolo del amor paternal, un pelíca­
no”. Una versión contemporizadora, que retuviera el elemento cultu­
ral pélican, podría ser “Está tan entregado a sus retoños como un pe­
lícano”. En cuanto a los textos autoritativos, hay que decir que si
están escritos en un lenguaje “público”, deberían producir un efecto
equivalente por ir dirigidas al lector en general antes que a lectores
individuales: Pericles, Jeferson, Lincoln, Churchill, De Gaulle... son
nombres que inspiran un atractivo universal que está pidiendo una
acogida fuerte y moderna en traducción.
La traducción comunicativa, al basarse en el lenguaje y los conoci­
mientos del lector, tiene más posibilidades de crear un efecto equiva­
lente que la traducción semántica, hecha con el punto de mira en el
escritor; pero un texto de hace cien años da al lector de la traducción
ventaja sobre el lector del original: su traducción a un idioma moder­
no, forzosamente simplificada e infratraducida, puede muy bien pro­
ducir mayor impacto que el original. De aquí el “unser (nuestro) Sha­
kespeare” de los alemanes, que era como la gente cultivada de dicho
país conocía la obra del autor inglés en los albores de este siglo.
El efecto equivalente es un importante principio intuitivo que se
podría comprobar a base de investigación, pero, como suele ocurrir
muchas veces, el esfuerzo sería inútil. Sin embargo, puede ser útil si
se aplica para discutir razonablemente cuestiones del área de la
“habilidad” lingüística (en cuanto que se opone a las de la “verdad”,
el “arte” y el “gusto”). Si tuviéramos que traducir I haven’t the foggiest
idea, ¿cómo se produciría el efecto equivalente más cercano con “No
tengo la más remota idea” o con “No tengo la menor idea”? (Una
traducción es preferentemente un asunto de discusión y no un fiat.
No obstante, todavía se sigue imponiendo con demasiada frecuencia
el modelo o la “copia en limpio” del profesor. De hecho, la oración
más simple podría ser traducida por una docena de expertos en otras
tantas lenguas de forma distinta, se tenga o no en cuenta el con­
texto.)

75
He tratado con amplitud el principio de “efecto equivalente” por­
que es un concepto de gran relevancia en traducción, que tiene el
mismo grado de aplicación —aunque no de importancia—para cual­
quier tipo de texto.

M ét o d o s y categorías d e textos

Si tenemos en cuenta la aplicación de los dos métodos de traduc­


ción (semántico y comunicativo) a las tres categorías de textos, creo
que en general los textos vocativos e informativos se traducen dema­
siado literalmente y, en cambio, la traducción de los textos expresivos
carece de literalidad. El “traslacionismo” es el cáncer de la publicidad
turística y de muchos letreros y carteles públicos (“Rape a la marine­
ra” venía traducido en la columna contigua del menú de un restau­
rante así: Rape sailor’s style*, o sea, “violación al estilo marinero y
toute circulation est interdite de 22 h à 6 h se. tradujo al inglés por
all sexual intercourse is forbidden between 10 p.m . and 6 p.m.). En
los textos “informativos”, el traslacionismo, la mala calidad de los tex­
tos y la falta de confianza a la hora de dar con el registro lingüístico
apropiado van a menudo de la mano; cuando se trata de colocacio­
nes extrañas, pero aparentemente conocidas (station hydrominérale.
“estación hidromineral” —léase “balneario”—), se tiende sencillamen­
te a reproducirlas. Las raíces, por otra parte, de la inexactitud de la
literatura traducida son más profundas: está por un lado el intento de
ver la traducción como un ejercicio de estilo, de captar el “sabor” o el
“espíritu” del original; y por otro, la negativa a traducir con palabras
de la LT similares o parecidas a las de la LO, o incluso a traducir el
significado medular del término original (me refiero principalmente a
los adjetivos), lo que origina que la traducción se convierta en una
sucesión de sinónimos (se suele evitar las transposiciones gramatica­
les y las traducciones de una palabra original por dos o tres termina­
les) que tergiversa a su vez la esencia misma del sentido.
En los textos expresivos, es probable que la unidad de traducción
sea pequeña, ya que son las palabras y no las oraciones las que con­
tienen los matices semánticos más sutiles. Es también probable que
haya menos unidades lingüísticas estandarizadas (metáforas estereo­
tipadas, coloquialismos, colocaciones, etc.) que en otros textos. Sin

* De J. C. Santoyo, El delito de traducir; León, Universidad de León, 1989, pág. 55.


[ iV. del T.J

76
embargo, los tópicos, sean del tipo y longitud que sean, se deben tra­
ducir por sus equivalentes terminales, por muy mal parado que que­
de el autor.
Tengan en cuenta que, aunque los textos informativos y vocativos
tengan en común el ser los más indicados para traducirlos “comuni­
cativamente”, presentan algunas diferencias.
Los textos informativos, a no ser que estén mal escritos y/o con­
tengan inexactitudes, hay que traducirlos de forma más ajustada al
original que los vocativos. En principio —¡y sólo en principio!—, los
textos informativos, al estar en relación con la realidad extralingüísti­
ca, se distinguen por las oraciones en tercera persona, los pasados y
un estilo no emotivo. Dentro de estos textos, es más probable que la
traducción de los fragmentos narrativos sea más ajustada y rigurosa
que la de los descriptivos, que requiere la percepción mental de adje­
tivos e imágenes.
La traducción de textos vocativos arranca ya de entrada con el
problema de la segunda persona, factor social que varía en su reflejo
gramatical y léxico de una lengua a otra. Los textos vocativos, ade­
más, ilustran los dos extremos de la traducción comunicativa: la tra­
ducción, por una parte, a base de fórmulas y locuciones estandariza­
das, usada principalmente en letreros y rótulos (transit lounge, “sala
de tránsito”, Transithalle), y la traducción “recreativa”, que en princi­
pio puede ser la más apropiada para textos publicitarios y propagan­
dísticos, donde la situación es más importante que el lenguaje. En
realidad, y si no existe un vacío cultural, este tipo de lenguaje persua­
sivo escrito con tanta habilidad se ve muchas veces traducido casi
literalmente.
Examinando los numerosos prospectos publicitarios que corren
hoy día por ahí, escritos en varias lenguas, he podido observar: a)
que es casi imposible decir cuál es el texto original; b) que las traduc­
ciones están muy cerca unas de otras; c) que cuanto más emotivo es
su lenguaje, más se diferencian las traducciones; y d) que las varian­
tes parecen justificadas. Por ejemplo:

Young, fre sh a n d fashionable. Jung, frisch u n d m odisch. Jeu­


ne, fr a is e t élégant. Joven, fresca y elegante.

...nos invita a descubrir otra dim ension del hombre. ...vous


in vite à découvrir u n e a u tre dim ension d e l ’hom m e. ...in vitesyo u
to discover m a n ’s new dim ension. Un aroma viril, simple y com ­
plejo a la vez, expresa una nueva dimensión del hom bre, hecha
de fuerza y poesía. Une sen teu r virile, à la fo is sim ple et com plexe,
exprim e u n e nouvelle dim ension d e l ’hom m e, fa ite d e fo rc e e t de

77
poésie. A virile scent, both sim ple a n d com plex, expresses a new
dim ension o f m an, strong a n d poetic.

En casos así, donde la traducción comunicativa de anuncios fun­


ciona tan admirablemente y produce el efecto pragmático equivalen­
te, no parece que haya necesidad de acudir a la “coautoría”, o lo que
es lo mismo, a dos escritores para que con los mismos datos básicos
sobre un producto escriban el anuncio más persuasivo posible en sus
respectivas lenguas.
Debería mencionar, antes de seguir adelante, que los métodos de
traducción hasta ahora vistos los he descrito no tanto como procesos
sino como productos.

C ómo traducir

Por lo que al proceso de traducción respecta, hay que señalar que


muchas veces resulta peligroso traducir más de una o dos oraciones
antes de leer los dos o tres primeros párrafos, a menos que echándole
un vistazo rápido a todo el texto se convenzan de que los problemas
que les va a plantear son mínimos. De hecho, cuanto más difícil es
un texto (lingüística, cultural y “referencialmente” —en cuanto al
tema—), mayor esfuerzo preliminar tendrán que hacer antes de
empezar a traducir una oración, por la sencilla razón de que un pre­
sentimiento equivocado acerca de una palabra clave (por ejemplo,
Laeticia, en Vactrice, une nouvelle Laeticia —una actriz romana o un
asteroide—) les puede llevar a una construcción errónea de todo un
párrafo, con la pérdida de tiempo que lleva darse cuenta tarde —¡más
vale tarde que nunca!— de que están haciendo el ridículo y volver
atrás para corregirse. Ésta sería otra forma de mirar el eterno conflicto
palabra-oración. Traduzcan oración por oración —y siempre de la
forma más literal o cercana posible— mientras puedan, mientras los
árboles no les impidan ver el bosque o captar el sentido general, y
luego asegúrense de que han dado cuenta —que no es lo mismo que
traducir— de cada palabra del texto original. Aunque habrá, por otra
parte, muchas palabras que ustedes tal vez decidan y con razón no
traducir, como partículas modales, términos jergales o impuestos por
la gramática, etc. Pero traduzcan primero casi palabra por palabra si
éstas son “técnicas”, tanto “lingüísticas” (marigot) como “culturales”
(sesterce) o “referenciales” (sessile), y parecen contextualmente neu­
tras. Luego, deberán contextualizarlas y estar preparados para dar
marcha atrás, si es que optaron por el significado técnico erróneo.

78
Hoy día, las nuevas investigaciones se centran en cómo traduce la
gente, pero hay quizá muchos factores (estado anímico, límite de
tiempo, necesidad de un cambio de método) que no se tienen en
cuenta. A través de todo el proceso de pretraducción, uno se hace
una imagen clara de lo que realmente está pasando, aunque sólo sea
como una premisa que se ha de enmendar continuamente. Y esto sir­
ve lo mismo en poesía que en una traducción técnica. Por ejemplo, es
posible que los versos Le soleil, sur le sable, ô lutteuse endormie En
l’or de tes cheveux chauffe un bain langoureux (Mallarmé, Tristesse
d ’été) evoquen la imagen de un sol espléndido que baña los cabellos
dorados de una muchacha dormida lánguidamente sobre la arena y
en lucha contra no se sabe qué, y ésta es la imagen que hay que man­
tener en constante paralelo con la versión oblicua y elíptica produci­
da por la lengua.

O tros m éto d os

Permítaseme añadir a modo de suplemento algunos métodos más


de traducción con sus respectivas definiciones:

1. La traducción de servicio, o sea, la traducción desde el idioma que


uno usa habitualmente a otra lengua. El término no está muy
extendido, pero se requería uno, ya que es una práctica necesaria
en la mayoría de los países.
2. La traducción de poesía en prosa llana, o lo que es lo mismo, la
traducción en prosa de poemas y obras de teatro en verso, prácti­
ca iniciada en inglés por E. V. Rieu para la editorial Penguin. Aquí,
lo que se suele hacer es convertir las estrofas en párrafos, introdu­
cir la puntuación de la prosa y mantener las estrofas originales y la
cultura de la LO, pero sin reproducir los efectos sonoros. Con lo
cual el lector puede apreciar el sentido de la obra sin experi­
mentar el efecto equivalente. Las traducciones en prosa, al publi­
carse paralelamente con los originales, facilita el acceso a ellos
porque se puede hacer “una cuidadosa comparación palabra por
palabra”.
3- La traducción-información. Esta traducción transmite toda la infor­
mación de un texto no literario, unas veces reorganizada de forma
más lógica y otras parcialmente resumida, pero nunca en forma de
paráfrasis.
4. La traducción cognitiva. Este método reproduce la información
del original pasando la gramática de la LO a transposiciones nor­

79
males de la LT y reduciendo por lo general el lenguaje figurado a
lenguaje literal. ¿Hasta qué punto es éste un concepto principal­
mente teórico o práctico? Pues no lo sé, pero como procedimiento
de pretraducción es conveniente con un fragmento difícil, compli­
cado. Si al método le añadimos un componente pragmático, ten­
dremos una traducción semántica o comunicativa.
5. La traducción académica. Este tipo de traducción, practicado en
algunas universidades, consiste en reducir un texto original a una
versión en la LT “elegante”, idiomàtica, culta y con un registro lite­
rario (inexistente). Se trata de allanar la expresividad de un escri­
tor con coloquialismos sumamente modernos: La Notre-Dame
avança: “La Notre-Dame se abría paso”; La pluie brouilla les ob­
jets: “La lluvia obscurecía todo”.

Los dos últimos conceptos son míos, y sólo la práctica se encar­


gará de decir si son útiles o no como términos de referencia en tra­
ducción.

80
C a p ít u l o VI

La u n id a d d e tr a d u c c ió n y e l a n á lisis d e l d iscu rso*

I ntro du cció n

El análisis del discurso se puso de moda como materia de la lin­


güística hace unos quince años, debido en parte a la insatisfacción
producida por las gramáticas basadas en la oración y quizá también
para realzar la importancia de la comunicación y no el estudio de un
lenguaje (y su relación referencial) que no contempla para nada a sus
usuarios. El análisis del discurso es el estudio del texto como unidad
lingüística superior a la oración..., el intento de encontrar regularida­
des lingüísticas en el discurso. Hoy día es una disciplina que está
siendo absorbida por la lingüística del texto, y sus principales puntos
son la cohesión (los elementos distintivos que unen unas oraciones
con otras léxica y gramaticalmente) y la coherencia, que es la unidad
nocional y lógica del texto.
En la actualidad existe una desconcertante tendencia de los teóri­
cos de la traducción a considerar el texto completo, base del análisis
del discurso, como la unidad de traducción (UT), que viene a ser lo
contrario de la idea original de Vinay y Darbelnet. Para estos dos
autores la unidad de traducción es “el segmento mínimo de un enun­
ciado cuya cohesión de signos es tal que no se debe traducir por se­
parado”, en otras palabras, el trozo lingüístico mínimo que hay que
traducir en conjunto, como una unidad. El argumento que se da para

* De la Revue de P honétique—aunque modificado—, vols. 66-8, 1983 (Mons, Bél­


gica).

81
determinar la longitud de la UT, expresado sucintamente por W. Hass
(“lo más pequeña posible y tan grande como sea necesaria”), es un
reflejo concreto del secular conflicto entre traducción libre y traduc­
ción literal: cuanto más libre sea la traducción más larga será la UT y,
por el contrario, cuanto más literal, más corta la UT, más se ceñirá a la
palabra, o al morfema si es poesía. La traducción libre ha preferido
siempre la oración (hoy, con el auge de la lingüística del texto, prefie­
re el texto completo), y, la traducción literal, la palabra.
El argumento es de poco peso y validez, aunque tiene algo de ver­
dad en cuanto que refleja crudamente dos actitudes hacia la traduc­
ción totalmente opuestas. En los últimos 15 años el argumento ha
vuelto a cobrar fuerza gracias a los que mantienen que la única y ver­
dadera UT es el texto íntegro. Este punto de vista está respaldado por
la gran cantidad de trabajos realizados en el campo del análisis del
discurso ( o lingüística del texto) que ven el texto como un todo, en
sus relaciones y cohesión, superior a la oración.
Lo que está claro es que el texto no puede ser la UT en un sentido
tan “restringido” como el que defienden Vinay y Darbelnet. Eso sería
el caos. La mayor parte de la traducción de un texto se realiza en el
plano de la palabra, la unidad léxica, la colocación, la locución, la
cláusula, la oración —pero rara vez en el del párrafo y nunca en el
del texto— y probablemente en ese orden. El texto se podría definir,
más bien, como el tribunal de apelación último: todos los segmentos
lingüísticos, a cualquier nivel de la traducción, deben ajustarse a la
unidad del texto, a sus propiedades integradoras, a lo que Delisle
llama “organicidad textual”, si es que ésta existe —que a menudo ni
existe.
Las propiedades generales de un texto ya se han descrito muchas
veces, y son el tono, la intención textual, la intención del traductor, el
tipo de texto, la calidad de lo escrito, las características permanentes
del escritor (dialecto, sociolecto, época, sexo, edad, etc.), la situación
en relación con el lector, el grado de formalidad, generalidad o tecni-
cidad, el tono emotivo..., en una palabra, el registro y los rasgos prag­
máticos. Y los tres lectores típicos son: a) el experto (en la cultura del
texto original y/o en el tema del discurso); b) el profano en la materia
pero cultivado; y c) el que ignora la cultura y/o el tema, por no decir
nada de su grado de interés en la materia.
Mi visión personal de los textos proviene de la teoría funcional del
lenguaje de Bühler, y los clasifico en expresivos, informativos o voca­
tivos, y su traducción exigiría una lealtad básica al escritor de la LO, a
la “verdad” (o realidad de los hechos) o a los lectores respectivamen­
te. Las funciones lo que representan es un énfasis dominante, no un

82
contenido total; por ejemplo, un texto informativo puede terminar
siendo vocativo por sus consejos, y, si es “anónimo” en el sentido de
Delisle, el traductor puede eliminar su componente expresivo (todos
los textos tienen elementos expresivos): L’advantage de ces médica­
ments est pourtant obéré par ses inconvénients: “Los inconvenientes
de estos medicamentos pesan más, sin embargo, que sus ventajas”.
Los textos expresivos —que yo denomino “sagrados”— se tradu­
cen como norma situándose en el plano del autor, y los informativos
y vocativos con la mira puesta en el lector.
Los demás aspectos de la lingüística del texto que afectan a la tra­
ducción son: a) el nocional; b) el léxico y gramatical; y c) el de la
puntuación.

C oherencia

Cuanto más cohesivo y organizado sea un texto, mayor informa­


ción, como unidad, le dará éste al traductor. Consideremos en primer
lugar el género. Supongamos que se trata de una tragedia griega o de
una tragedia francesa del siglo xvii, del orden del día y actas de una
reunión bien organizada, de una receta de cocina, del rito matrimo­
nial u otra ceremonia, pues el traductor se verá obligado a seguir o
las convenciones de la LO o las de la LT lo más de cerca posible. Asi­
mismo, si una narración tiene una apertura (“Erase una vez”) o un
cierre convencionalizados (“Vivieron felices y...”), el traductor tendrá
que encontrar expresiones estándar, si es que las hay. Luego, hay
otros estereotipos (partes meteorológicos, encuestas, sondeos, formu­
larios oficiales, artículos médicos) que tal vez tengan también que
ajustarse a unas formas convencionales, a un libro de estilo de la
casa. Investigaciones recientes con todo tipo de conversaciones, he­
chas a raíz de las “implicaturas” y el principio cooperativo de Grice,
tienden de manera optimista a sugerir que éstas corren encajonadas
como un río entre montañas, montañas que podrían actuar como
indicadores en el proceso de traducción.
Si se traduce una tragedia francesa del siglo xvii, el traductor o tra­
ductora tiene ya una cantidad de preinformación considerable: unida­
des dramáticas de acción, lugar y tiempo; unos cuantos personajes
aristocráticos con sus respectivos confidentes o gouverneurs; un lexi­
cón de no más de dos mil palabras “nobles”, abstractas; varias series
de esticomitias (diálogos en los que cada uno de los versos es recita­
do por un actor distinto); pareados alejandrinos que la traductora
puede convertir en versos sueltos; paralelismos; una extensión de no

83
más de 1.800 versos, divididos en cinco actos más o menos iguales;
un tono serio y un final, por lo general —no siempre—, marcado por
una muerte seguida de un breve epílogo explicativo que devuelve la
normalidad a los supervivientes, como en Hamlet o Don Giovanni.
Si nos ponemos ahora a considerar la estructura del texto, vere­
mos que ésta consta teóricamente de: tesis, antítesis y síntesis; intro­
ducción, toma de contacto con el tema, aspectos y ejemplos, y con­
clusión; marco, complicación, solución y evaluación; definición del
contenido del título, pros y contras, y conclusión; aproximación al clí­
max por partes, clímax y desenlace; retrospección, exposición y ex­
pectativas. Para un traductor puede ser de gran utilidad reparar en las
desviaciones de estas u otras estructuras estándar. Además, la estruc­
tura viene marcada concretamente por ciertos indicadores, como por
ejemplo los capítulos, los títulos, los subtítulos, la extensión de los
párrafos, etc., y uno debería considerar si éstos van a ser los más
apropiados en la composición de la traducción y si van a adecuarse al
libro de estilo de la casa en la LT.

T ítulos

Si el título del texto de la LO describe adecuadamente el conteni­


do y es breve, entonces es mejor dejarlo. Un siècle de courtisans, por
ejemplo, no estaría mal dejarlo así: “Una era de cortesanos”. Pero a
un título inglés sacado de un periódico se le podría añadir en la tra­
ducción al español un subtítulo, porque es de sobra conocido que los
periódicos ingleses no acostumbran a poner subtítulos en los titula­
res. Asimismo, también se podrían añadir a un título inglés en su tra­
ducción española expresiones como “Un caso de”, o “A propósito
de”, ya que éstas tampoco suelen aparecer en los títulos ingleses. La
traducción de títulos novelísticos es otro cantar. El título debería re­
sultar atractivo, alusivo, sugerente, aun tratándose de un nombre pro­
pio, y tener por lo general alguna relación con el original, aunque no
fuera nada más que para poder identificar la obra. Y este es el caso
en español de algunos títulos de Proust, como Sodoma y Gomorra, A
la sombra de las muchachas en flor, etc., que no hay posibilidad de
confusión porque están traducidos casi literalmente. Sin embargo, en
la traducción inglesa de Scott-Moncrieff, las dos obras citadas se titu­
lan Cities o f the Plain y Within a Budding Grove.
Yo distingo entre “títulos descriptivos” y “títulos alusivos”. Los pri­
meros describen el tema del texto y los segundos contienen cierto
tipo de relación referencial o figurada con el tema. Si se trata de lite-

84
ratura imaginativa seria, creo que los títulos descriptivos deberían
mantenerse “literalmente” (Madame Bovary no podía ser otra cosa
que Madame Bovary). En cambio, un título alusivo se podría traducir
literal o —si es necesario— imaginativamente, como se hizo con los
títulos antes citados de Proust en español e inglés respectivamente. Es
una pena que a la obra de Grillparzer, Des Meeres und der Liebe
Wellen, se le haya dado en español el título descriptivo de Hero y
Leandro y no el de Olas de amor y mar. Pero no es la única: Crome
Yellow, de A. Huxley, se tradujo por Los escándalos de Crome, y no
por “Amarillo cromo”, y Cakes and Ale, de S. Maugham, por Cautiva
de amor, etc.
En el caso de textos no literarios, siempre hay razones para reem­
plazar un título alusivo por uno descriptivo, sobre todo si aquel es
idiomàtico o está marcado culturalmente. Así, por ejemplo, “Corren
malos tiempos para la lírica” (El País, 8.12.90) y “Mambrú se fue a la
guerra”(aparecido en un periódico de Las Palmas) se podrían sustituir
por “La Izquierda Europea bajo mínimos” y “Participación española
en la Guerra del Golfo” respectivamente.

C o h e sió n del d iá l o g o

Uno tiene tendencia a descuidar el lenguaje oral como si formara


parte de una teoría de la interpretación particular, pero es un error:
los traductores intervienen en las grabaciones, sobre todo de encues­
tas y diálogos del género teatral y novelístico.
La cohesión es más compacta en el toma y daca del diálogo y el
discurso o alocución que en cualquier otra forma de texto. Aquí, el
principal factor cohesivo es la pregunta, que puede ser un mandato
solapado, una súplica, un ruego, una invitación (o sea, en términos
gramaticales, un enunciado, un mandato o una pregunta), donde las
formas de trato vienen determinadas por factores de parentesco e
intimidad, y, lamentablemente, de clase, sexo y edad. Aparte de la ca­
pacidad para hacer una transposición de la estructura de la oración
(“¿Podrías venir?” puede dar Bitte komm), cada lengua posee estrata­
gemas de apertura semánticamente reservadas para este intercambio,
por ejemplo:

L wish yo u ’d come “Estoy deseando que vengas”


L wish you could “¡Ojalá pudiera usted!”
I wish yo u ’d stop talking “¿Es que no te puedes callar?”
Would you care to “Le apetece”

85
Would you mind “Le importaría”
I wonder if you “Yo no sé si tú”
See if you can “Mira a ver si puedes”

Asimismo, cada lengua posee vocablos indicadores de ruptura o


final de un tema, tales como “bien”, “bueno”, “exacto”, “perfecto”,
“cierto”, “ya”, “ea”, y el internacionalismo O. K
Finalmente están esas muletillas que utilizamos para mantener
viva una conversación que empieza a languidecer (“¿no es verdad?”,
“¿entiendes?”) y que requieren una respuesta estándar.
Un traductor debe tener en cuenta las principales diferencias entre
discurso y diálogo: el discurso no tiene prácticamente puntuación
(“La oración es prácticamente irrelevante en el discurso”: Sinclair et
al., 1975), es difuso y llena las lagunas semánticas con gestos y rasgos
paralingüísticos.

P untuación

La puntuación suele estar cargada de significado, pero se descuida


con tanta tranquilidad que yo aconsejo a los traductores que repasen
por separado la puntuación de su versión y la del original, y las com­
paren. Resulta obvio que en español se usa la raya para iniciar los
párrafos de un diálogo —el inglés usa comillas—, o con valor de pa­
réntesis, que muchas veces se pasan al inglés por paréntesis. Está cla­
ro también que donde el inglés usa la raya el español acude a los dos
puntos o a los puntos suspensivos. Del mismo modo, es probable
que en las lenguas romances se utilice el punto y coma con más fre­
cuencia que en inglés para indicar varias actividades o sucesos si­
multáneos, no lo suficientemente aislados o importantes como para
poner un punto o signos de exclamación. El traductor tiene que to­
mar conscientemente la decisión de omitir o mantener estos signos.
E. W. Baldick, al traducir La educación sentimental de Flaubert al
inglés, opta frecuentemente por omitirlos y une las oraciones inne­
cesariamente en nombre del estilo llano y natural de antaño, lo cual
es lamentable por tratarse de un texto “sagrado”. ¿No será, sin em­
bargo, esto una trivialidad? Por supuesto que no: la interrogación
indica aquí ironía, antes que duda, escepticismo o pregunta. Por otra
parte, los dos puntos se podrían dejar más explícitos, o incluso mejo­
rar, si los tradujéramos por “o sea”. Asimismo, la abundancia de sig­
nos de exclamación puede indicar frustración, sensacionalismo o
limitación de la autoexpresión.

86
La puntuación es un aspecto esencial del análisis del discurso
—también llamado ciencia del texto—, ya que ofrece una indicación
semántica de la relación entre oraciones y cláusulas, relación que
puede variar según las lenguas: los puntos suspensivos, por ejemplo,
indican en español pausa inesperada, conclusión vaga, omisión o
que el lector ya conoce lo que sigue, y en cambio en inglés suelen
indicar omisión de algún pasaje; los signos de exclamación se usan
en alemán para atraer la atención, producir efectos emotivos, enfati­
zar, titular letreros —ya no se emplean en el “Querida Mary” de las
cartas—; el francés tiende a usar comas en lugar de conjunciones,
etcétera.

E fectos sonoros

Los efectos sonoros se deberían tener en cuenta incluso en niveles


superiores al de la oración, y no sólo en poesía, sino en canciones in­
fantiles, en las que a veces las suculentas eses se pueden transferir, o
en una narración realista como Sin novedad en el frente (E. M. Re­
marque), donde la continua repetición de sonidos, sílabas, prefijos
(zer- y ver-} e interjecciones tiene un gran efecto. Así, Granaten,
Gasschwaden und Tankflotillen —zerstampfen, zerfressen, Tod...
Würgen, Verbrennen, Tod..., queda en la traducción inglesa de A. W.
Wheen de la siguiente forma: Shells, gas-clouds and flotillas o f tanks
—shattering, corroding, death, ... Scalding, choking, death..* Lo que
quiere decir que el traductor, hasta cierto punto, ha tratado de darnos
los sonidos, considerando que su efecto era más importante que el
significado de würgen y verbrennen.

C o hesió n

Pasemos ahora a estudiar las relaciones entre las oraciones. Los


indicadores más frecuentes de dichas relaciones suelen ser conecti­
vos que denotan adición, contradicción, contraste, resultado, etc. Es­
tos conectivos, cuando son polisémicos, resultan engañosos, ya que
pueden tener significados contradictorios. Ejemplo: cependant (“en-

* “Granadas, vapores de gas y flotillas de tanques: cosas que nos aplastan, nos
devoran y nos matan. (...) cosas que nos ahogan, nos quedan y nos matan". (E. M.
Remarque, Obras selectas I, pág. 212, Barcelona, Planeta, I960. La traducción es de
Aurelio Garzón. [N. del T.J

87
tretanto”, “no obstante”), par contre (“por otra parte”, “sin embargo”),
d ’ailleurs (“además”, “sin embargo”), finally (“finalmente”, “al fin y al
cabo”), still (“con todo”, “sin embargo”), why (“con qué razón”, “con
qué objeto”), etc.
El alemán echa mano con mucha frecuencia de conjunciones
modales (mots-charnières) tales como aber, denn, also, doch, eben,
einfach, etwa, gerade, halt, ja, mal, nun, schon, bitte, etc., conjun­
ciones que, según Helbig, se usan en conversación tres veces más
que en la prensa y seis más que en la “literatura”. Y por lo general, la
única forma de pasarlas a otra lengua es sobretraduciéndolas, por lo
que se tiende a omitirlas deliberadamente y con razón: su función es
en cierto modo fatica, o sea, que se usan en parte para mantener el
interés del lector u oyente, y casi siempre con la particularidad de
que la información concomitante sirve de recordatorio de lo que tan­
to el uno como el otro deberían conocer.
Obsérvese, además, que el español tiene tendencia a subordinar
lo que en otras lenguas, como en inglés, se coordina: You can walk
but I ’ll rum “Si tú caminas, yo corro”.

S inónim os referenciales

Los sinónimos referenciales constituyen uno de los medios por los


que se realiza la cohesión de las oraciones, y pueden ser léxicos, pro­
nominales o generales. Así, tal vez, tengamos que dejar más claros, a
la hora de traducir al español, sinónimos referenciales como l’H uma
en la frase siguiente: J ’a i acheté l’H uma: ce journal m ’intéressait: “He
comprado Humanité: me interesaba este periódico”. No olviden tam­
poco ese campo de sinónimos referenciales que son las variantes del
habla familiar: “la Meca del cine” (Hollywood); “la ciudad de la luz”
(París); “la dama de hierro” (M. Thatcher); “el planeta azul” (la Tie­
rra)... Hay que señalar, además, que muchas veces pronombres y
deícticos españoles pasan al inglés como nombres: la esfera de acción
de algunos pronombres ingleses (it, they, this one) es más amplia que
la de sus correspondientes en lenguas que tienen dos o tres géneros
para los nombres. En la Authorised Version de la Biblia (Isaías, 37, 36)
hay un ejemplo de una mala traducción de pronombres: Then the
angel o f the Lord went forth and smote in the camp o f the Assyrians
a hundred and fo u r score and five thousand. A nd when they arose
early in the morning, behold, they were all dead. La English Version
actual dice así: An angel o f the Lord went to the Assyrian camp and

88
killed 185, 000 soldiers. A t dawn the next day, there they lay, all
dead.
Tengan en cuenta que la palabra “tal” itale y tel en italiano y fran­
cés) se usa también como sinónimo pronominal, y finalmente que
para unir oraciones se pueden emplear palabras de tipo general, des­
de las típicamente generales (“cosa”, “objeto”, “caso”, “asunto”, affair,
thing, business, machin, truc, élément) hasta nombres propios, apo­
dos, variantes del habla familiar, pronombres, pasando por hiperóni-
mos (“caballo”) e hipónimos (‘potro”).
En muchos casos, los tres tipos de sinónimos referenciales se usan
para evitar la repetición, antes que para añadir información, informa­
ción que en cualquier caso sería accidental, temática, y no formaría
nunca parte del mensaje de la oración. Si, por el contrario, el traduc­
tor tuviera que dar una información nueva, no debería tener miedo
de la repetición, sobre todo de repetir el término más específico o el
nombre propio con el fin de evitar cualquier ambigüedad.

E numeradores

Los enumeradores (enumeratine conjuncts) actúan también como


conectores entre oraciones. Los adverbios numéricos tienen por lo
general un sentido claro, a pesar de que zunächst pueda significar
“por ahora” y “primero”, enfin tenga cinco sentidos distintos y pala­
bras como à la fin , somme toute, alors, dann, next, then, primarily,
allora... tengan varios sentidos. Los enumeradores dobles (“por una
parte... por otra”) pueden oscilar entre la enumeración y el contraste.
Unter anderem se podría traducir de forma muy astuta por “incluye”,
“comprende”, y orpresenta ambigüedad con demasiada frecuencia.

O tro s conectivos

Los sinónimos lingüísticos se usan también como medio cohesivo


para evitar la repetición, sobre todo en una oración de apoyo. Así, si
examinamos este texto (Dressier 1973), Die Linguistik kann man zu
den progressiven Wissenschaften zählen. Die Sprachwissenschaft ist
ein Element des Fortschritts, veremos que la segunda oración es casi*

* La Nácar-Colunga lo traduce así: “Y salió el ángel de Yahvé e hirió en el cam pa­


mento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hom bres, y a la m añana al despertar,
he aquí que todos eran cadáveres”. Sagrada Biblia , Madrid, BAC, 1961. [ N . del TJ

89
redundante, aunque enfatiza el progreso (social) en contraste con la
primera, que denota carácter progresista académico, y que Sprach­
wissenschaft tiene en este contexto —no siempre— idéntico significa­
do que Linguistik y se podría traducir por “la materia” o “la discipli­
na”. (Fuera de contexto y en un doblete sinonímico alemán como el
anterior, el miembro “clásico” es el más “moderno” y elegante, en pri­
mer lugar por estar más cerca del francés y del inglés y luego por ir
contra la antigua pedantería purista.)
Se usan también como conectivos palabras que de una manera
más o menos vaga expresan analogía, como “de un modo parecido”,
“asimismo”, également, “también”, de même, “así”, “igualmente”, etc.
Es de sobra conocido que également significa casi siempre “también”,
pero lo difícil para el traductor es muchas veces establecer el grado
de analogía.

P erspectiva funcional de la o ración

Una de las grandes aportaciones de la Escuela de Praga —ahora


encabezada por Jan Firbas, que no es de Praga sino de Brno, como
yo— a la lingüística ha sido la perspectiva funcional de la oración
(PFO). La PFO vincula el estudio del discurso, la oración y el énfasis,
y está íntimamente relacionada con los problemas de la traducción.
La PFO examina la disposición de los elementos en una oración a la
luz de su contexto lingüístico, situacional y cultural, y determina su
función dentro del párrafo y del texto. El tema de una oración es lo
que se conoce, lo que puede inferirse o sirve de punto de partida de
una comunicación (la base comunicativa). El rema, en cambio, está
constituido por los elementos que transmiten la información nueva
(el núcleo comunicativo). Observen que lo que muchas veces es en
español el rema, por ejemplo en frases como “ha venido un amigo
mío” y “salieron volando por todas partes un sinnúmero de cuervos”
(“un amigo mío” y “un sinnúmero de cuervos”) es en inglés el tema:
one ofm y friends... y a huge number o f crows...
Los elementos temáticos son comunicativamente menos dinámi­
cos, por tanto llevan una carga de dinamismo comunicativo (DC) más
pequeña que los remáticos. Aquellos elementos que no pertenecen al
tema ni al rema se llaman “transicionales”.
Normalmente se va de lo conocido a lo desconocido, o lo que es
lo mismo, se empieza por el tema, lo que quiere decir que los ele­
mentos nuevos con el grado más alto de DC vienen al final de la ora­
ción. Sin embargo, todas las lenguas disponen de varios mecanismos

90
fonéticos, léxicogramaticales y de puntuación (letra cursiva o comi­
llas) para destacar la información importante: cualquier cambio inu­
sual en el orden de las palabras, vocablos como eben, “precisamen­
te”, “de hecho”, “verdaderamente”, only, just, trully. Y el énfasis, sea
del tipo o lengua que sea, se puede mudar a cualquier lugar de la fra­
se. En una oración corriente (sujeto + verbo + complemento, o tema
+ rema), el DC estará en las últimas palabras. Pero, si colocamos al
principio de la frase, de modo “anormal”, uno de sus componentes,
éste llevará una fuerte carga de DC como parte del rema que se apro­
pia de un lugar del tema. Este es un procedimiento afectivo que se
tendrá que dejar ver en la traducción.
El “dinamismo comunicativo” de Firbas lo que denota es la impor­
tancia que tiene el retener correctamente el énfasis en traducción.
Siempre hay al menos una razón para mantener el orden tema-rema o
rema-tema en sacrificio de la sintaxis o incluso del vocabulario. El tra­
ductor debe conciliar los aspectos funcionales, semánticos (cogpiti-
vos y estilísticos) y sintácticos de cada oración. Si examinan, ípor
ejemplo, la oración He was then allowed to leave y la traducen al
francés, tendrán las siguientes posibilidades:

1. Puis, il lui fu t permis de partir.


2. Puis, on lui perm it de partir.
3. Puis, ilfu t autorisé de partir.
4. Puis, il reçut la permission de partir.

Quizá podemos dar por sentado: que cognitivamente la primera


es la más cercana al inglés; que estilísticamente lo es la segunda; que
funcionalmente lo es la tercera; y que en la última se ha hecho posi­
blemente una concesión. Por tanto el traductor tiene que establecer
un orden de prioridades, y no lo podrá hacer a no ser que considere
el texto en su totalidad.
El español, lo mismo que el francés y el alemán, tiene tendencia a
poner las locuciones adverbiales (y las preposicionales) al principio
de la frase, incluso cuando son Temáticas. El inglés, en cambio, las
suele colocar al final.
El alemán tiende a comenzar las oraciones compuestas con subor­
dinadas temáticas y a completarlas con la principal, por otra parte
muy breve y remática. El español, en cambio, invierte este orden por
claridad y porque, a diferencia del alemán, el verbo principal no
suele tardar en aparecer: Alles, was er ihr erzählte darüber... war ihr
schon bekannt: “Ella ya sabía... todo lo que le contó él sobre eso”.
Así que por lo que respecta a los aspectos funcionales, semánticos

91
y sintácticos de la oración, es probable que el traductor tenga que
contraponer los objetivos funcionales del escritor al orden tendente
— no preceptivo— de las palabras en la LT.
Una de las agudezas más importantes de Firbas ha sido observar
que la nominalización del verbo ha avanzado más en inglés que en
otras lenguas. (Yo creo que es una tendencia general y que se debe a
la cosificación y al materialismo, y al énfasis en los objetos y no en las
actividades...) Concretamente, cuando aparece un verbo remático en
español es muy probable que se traduzca al inglés con un verbo
semánticamente vacío más un nombre verbal (“Ella lo vislumbró”:
She caught a glimpse o f it; “él la visitó”: He paid her a visit) para mar­
car lo que Nida (1975) llama un suceso particularizado. Sin embargo,
el traductor de un texto informativo, a no ser que se trate además de
un texto autoritativo donde se tiene que pasar también la forma —o
sea, de un texto “sagrado”—, debe oponerse a la tendencia a usar
nombres verbales como jerga. Un ejemplo que puede ilustrar esa ten­
dencia, que ha ido muy lejos en alemán e inglés, es el de Kenneth
Hudson (1979), The conversion operation is o f limited duration,
cuando lo que quiere decir es “que no se tarda mucho en adaptar el
equipo”. Por esta razón, en la traducción al inglés de la frase sacada
de Guillemin-Flescher (1981), La cuisine française apprécie depuis
longtemps la saveur délicate de Técrevisse (“La cocina francesa lleva
mucho tiempo apreciando el delicado sabor del cangrejo de río”),
puede haber una tensión entre la actualización (verbal), el énfasis y la
jerga:

1. The delicate flavour o f crayfish has long been appreciated in


French cooking. (Actualización.)
2. With its delicate flavour, the crayfish has long fo u n d favour in
French cuisine. (Enfasis en French cuisine.) (Se podría dar mayor
énfasis a favour poniendo al principio de la oración in French
cuisine.)
3- With its delicate flavour, the crayfish has long fo u n d appreciation
in French cooking. (Jerga.)

Otros aspectos de la PFO de interés para el traductor son los dis­


tintos mecanismos existentes para realizar o frustrar la expectación,
que pueden variar de una lengua a otra. Así, en la oración “Se armó
un escándalo en la habitación de al lado. Una muchacha rompió un
florero” (Palkova y Palek; Dressier 1981), probablemente el traductor
quiera mostrar que el segundo suceso es la explicación o consecuen­
cia del primero. Longacre (Dressier 1981) ha señalado que el clímax o

92
“punto culminate” se puede conseguir por medio de transposiciones
del tiempo verbal (de pasado a presente histórico, por ejemplo),
fenòmeno éste más coniente en español y francés que en inglés, o
con el paso del estilo indirecto al directo (probablemente común a
muchas lenguas).
La presencia de una “cadena de expectación” (“El lo mató, cocinó
y “El esperaba tener éxito pero...”) ayuda más al intérprete que al
traductor, a no ser que el hueco esté ocupado por un neologismo y
entonces puede resultar más fácil descifrarlo.

C ontrastes

El clímax o foco puede también venir marcado por una secuencia


negativo-positiva, donde es probable que el elemento negativo intro­
duzca un significado opuesto o realzado. Una vez más, esto puede
ser útil para evaluar neologismos o palabras “inencontrables” (pala­
bras, para mí, cuyo significado, por la razón que sea, se nos escapa):
“no tanto confianza en sí mismo como triunfalismo”; pas un bikini
mais un tanga.
Es menos frecuente que el contraste vaya del elemento positivo al
negativo, pero si así fuera, el elemento que queda excepcionalmente
marcado es el último: Le sous-marín a une form e hydrodynamique;
seul le gouvernailfa it saillie (Delisle 1981).
Los contrastes u oposiciones son uno de los factores cohesivos del
discurso con más fuerza, y cuando introducen cláusulas (d ’unepart...
d ’autre part) no ofrecen ningún problema. Pero conviene tener en
cuenta que en textos no literarios el si francés o el italiano se no se
traducen normalmente por “si”, sino por “aunque”, “en tanto que”,
“mientras que”. Sin embargo, los contrastes entre objetos o acciones
tienen tanta fuerza o más. Tomemos la frase de De Gaulle La diplo­
matie, sous des conventions de forme, ne connaît que les réalités,
donde no debe resultar difícil reforzar el contraste principal entre for­
me y les réalités. O más tarde cuando dice: tant que nous étions dé­
pourvus, nous pouvions émouvoir les hommes; nous touchions peu
les services. Aquí, las oposiciones entre, por una parte, émouvoir y
touchions peu, y luego, por otra, les hommes y les services, revelan su
significado.
Existen otros tipos de contrastes que vienen normalmente señala­
dos por comparativos y superlativos. Ahora bien, hay que tener en
cuenta que en algunas lenguas, particularmente en alemán, español e
italiano —no así en francés, según los pedantes—, el comparativo

93
puede ser tanto absoluto como relativo (grösserer puede significar
“bastante grande” y “más grande que algo antes mencionado”), y que
en inglés puede haber comparaciones implícitas (the larger towns).
Los comparativos, superlativos y “análogos” (“asimismo”, “exacta­
mente”, “respectivamente”, “semejante”, “comparable”, etc.) se usan
de vez en cuando como mecanismos de cohesión y, en ocasiones,
son tan obscuros que posiblemente tengan ustedes que buscar sus
objetos de referencia en algún párrafo anterior. Todos estos mecanis­
mos son “anafóricos” (señalan hacia atrás). Los mecanismos “catafó-
ricos” (señalan hacia adelante) son más raros Qos dos puntos, “ver­
bigracia”, “esto es”, “el siguiente”, later, as undermentioned, dans le
chapitre qui suit) y a veces son difíciles de traducir de un modo
natural.
Las preguntas retóricas son anafóricas o catafóricas, ya que a
menudo se utilizan para resumir una idea o introducir un tema nuevo
( o dar relieve a una afirmación), y aparecen con mayor frecuencia en
las lenguas romances que en inglés, lo que quiere decir que frases
enunciativas inglesas podrían pasar a veces al español como pregun­
tas retóricas: In no sense are we implying that this drug is chemically
more effective than the remainder o f the group: “¿Quiere decirse que
este medicamento es químicamente más eficaz que los demás? Nada
menos cierto”.
Tengan en cuenta que comparativos implícitos tales como “ma­
yor”, “menor”, etc., incluso “próximo” y “lejano”, pueden funcionar
como conectivos anafóricos, en cuyo caso tal vez necesiten en tra­
ducción algún complemento casual. Aquí es donde el análisis del dis­
curso está vinculado a la gramática de casos.
Las oraciones se unen entre sí por medio de sustituciones combi­
nadas con elipsis, pero éstas son mecánicas y constituyen por tanto
un aspecto de la lingüística comparada y no de la teoría de la traduc­
ción.
Hay palabras de tipo general (organisation, list, catalogue, “siste­
ma”, “estructura”) que también se pueden usar para unir oraciones.
Hasta aquí lo que hemos intentado ha sido mostrar hasta qué pun­
to un texto completo puede ser considerado como unidad de traduc­
ción y qué indicaciones más o menos prácticas puede un traductor
sacar de esta idea. Dichas indicaciones creo que son importantes
pero escasas. La mayor parte de los traductores echan mano del texto
como unidad de traducción sólo cuando tienen problemas claramen­
te insuperables en el plano de la colocación, cláusula y oración. Si lo
tuviéramos que describir con una metáfora, diríamos que ésta es una
teoría ondulatoria de la traducción. El texto como UT ha empezado

94
“naturalmente” a cobrar importancia por la relevancia actual de la
competencia y el lenguaje comunicativos, donde las unidades de tra­
ducción se vuelven más largas, como en los letreros e instrucciones.
Pero la mayor parte de lo que se escribe es probablemente descrip­
tivo, donde el énfasis en la comunicación es menor y las UTs más
pequeñas.

L as unidades d e traducción inferiores

Si incluimos el capítulo y la sección bajo la denominación de “tex­


to” —pero admitiendo que texto puede ser también una palabra u
oración—, la unidad inferior siguiente es el párrafo, unidad de pensa­
miento, por otra parte, para Nietzsche —y para mí—. Los párrafos,
siguiendo unos esquemas típicos, pueden: a) empezar con una gene­
ralización y luego presentar dos o tres ejemplos, ilustraciones o prue­
bas para respaldarla; b) introducir o relatar un suceso y dar después
el resultado; o c) introducir y describir un objeto o una breve escena.
En los textos informativos, quizá tengan que reagrupar oraciones
según un esquema típico, pero teniendo en cuenta el libro de estilo
de la casa.
La oración es la unidad “natural” de traducción, lo mismo que es
también la unidad natural de comprensión y de pensamiento expre­
sado. Dentro de una frase son corrientes las transposiciones, las reor­
ganizaciones proposicionales, la reconstrucción, siempre que no se
infrinja la PFO y que tengan una explicación razonable. Por otra par­
te, es poco común dividir las oraciones, a menos que sean demasiado
largas. Si son insólitamente cortas, lo probable es que se intente con­
seguir un efecto especial. Huelga decir que, si las oraciones largas
forman parte del estilo de un escritor en un texto expresivo, habrá
que mantenerlas así. No es raro que una oración independiente en
inglés —en particular, si es activa y no descriptiva— pase en español
a ser una subordinada de relativo: A group o f your students are over
there. They are waiting to talk to you: “Allí hay unos alumnos que
quieren hablar contigo”. (Pueden encontrar otros ejemplos en Grevis-
se, pág. 1.041; Guillemin-Flescher, 1981, págs. 339-40.) Pero mucho
más corriente que el procedimiento anterior es la sustitución de un
participio inglés de presente por una oración de relativo española.
Por lo general, una vez que se comienza a trabajar, se traduce oración
por oración y sólo se miran conscientemente las unidades superiores
—párrafo y texto— cuando, por ejemplo:

95
1. Se tienen dificultades con los conectivos. El texto Quelques-uns,
vers la fin , endormirent et ronflèrent. Mais, au café, tout se
ranime (Madame Bovary), el traductor inglés Gerard Hopkins lo
traduce por When the feast was nearing its end, some o f them fell
asleep and snored, though they woke up again, when the coffee
appeared, y en cambio el traductor español lo hace así*: “Algunos,
hacia el final, se quedaron dormidos y roncaron. Pero a la hora
del café todo se reanimó”. Las dos traducciones gozan de bastante
exactitud, léxicamente hablando, lo que ocurre es que en la ingle­
sa la fuerza del conectivo se debilita algo al fusionar el traductor
las dos oraciones. Pero ambas traducciones son buenas. El hecho,
por otra parte, de rellenar los vacíos casuales de café en español
(“hora del café”) y en inglés los de caféy fin están justificados.
2. No se está contento con la oración como unidad.
3. Se empieza a revisar la traducción.
Dentro de la oración, tenemos cinco subunidades de traducción.
Está en primer lugar el morfema (la unidad más pequeña cargada de
significado), que no debemos tomar en serio, a no ser que se trate de
prefijos (“post-”, “inter-”) o sufijos ( “-ismo”) y éstos no tengan un
equivalente directo en la LT en el contexto de la palabra (pero véase
Catford, 1975, pág. 76). Y, después, hay dos subunidades, la cláusula y
la locución, que son gramaticales, y otras dos, la colocación y la pala­
bra (aquí tendrían cabida también el modismo y el compuesto, que es
una colocación congelada) que son léxicas. Cuando uno traduce,
debe ocuparse al mismo tiempo de lo gramatical (tiempo, modo,
espacio, lógica, concordancia) y de lo léxico (detalles), y asegurarse
de mantener la PFO allí donde sea importante. No se puede dar prio­
ridad a ninguna de las subunidades en concreto, ya que debemos
tener en cuenta cada una de ellas, en caso de que se den todas. (Una
oración puede ser una cláusula que conste sólo de palabras y no
tenga ningún sintagma o colocación.) Cuanto más expresivo o “sagra­
do” sea el texto, más atención tendrán que prestarle al significado
contextual preciso de cada una de las palabras, aunque sea en detri­
mento del mensaje o del valor comunicativo de dicho texto. Lo que
quiere decir que cuanto más autoritativo sea un texto, más pequeña
es la unidad de traducción. Y por el contrario, cuando un segmento
lingüístico se estandariza, éste se convierte en UT, aunque sea tan lar­
go como un refrán (Pierre qui roule n ’amasse pas mousse: Wer rastet,

• G. Flaubert, M adame Bovary, Madrid, Cátedra, 1990, pág. 105. La traducción es


de Germán Palacios. [N. del TJ

96
der rostet; A rolling stone gathers no moss; “Piedra movediza nunca
moho la cobija”) o tan corto como una colocación (“gol de pañuelo”;
“no hay color”; “hacer la luna”). Observen que las colocaciones más
frecuentes son: a) verbo más complemento, como las mencionadas;
b) nombre más adjetivo; y c) adverbio más adjetivo.
Hay maneras muy conocidas de traducir o “transponer” cláusulas
y locuciones gramaticales que aparecen clasificadas en las gramáticas
monolingües y mejoradas en las gramáticas contrastivas y libros de
traducción. Muchas de ellas sugieren la posibilidad de convertir
la gramática en léxico (un verbo, por ejemplo, pasa a ser nombre
o adverbio) o una cláusula en locución o incluso palabra (Dès son
lever: “tan pronto como se levanta”; by the time we got there, “antes
de nuestra llegada”). Para un traductor es muy útil tener todas estas
transposiciones clasificadas en manuales, aunque hay que decir que
casi siempre tienen varias traducciones. La gramática admite siempre
más opciones que el léxico, es mucho más flexible, lo mismo que las
palabras más generales (“cosa”, “cualidad”, “asunto”) tienen más sinó­
nimos que las más específicas (oxygen-freezing mixture: “mezcla
congelante de oxígeno”). Aunque las posibilidades se reducen cuan­
do una cláusula, por ejemplo, con sus constituyentes léxicos se colo­
ca dentro de un texto, ya que entonces ésta queda determinada por
una situación, que a su vez puede abrir nuevas posibilidades. Así, por
ejemplo, Les ciseaux à la main, l ’a ir mal assuré una vez contextuali-
zada se podría convertir en II était debout, les ciseaux à la main,
l’a ir mal assuré. (El ejemplo no sólo ilustra la conocida “indetermina­
ción de la traducción” de Quine, sino la indeterminación semántica
de gran parte de la lengua.)

C onclusión

He tratado de demostrar que, en el transcurso de la actividad


translatoria, todos los segmentos lingüísticos pueden usarse en dife­
rentes momentos —y también simultáneamente— como unidades de
traducción: cada segmento aporta una contribución funcional, que
puede ser léxica en el caso de la palabra y la colocación, gramatical
en el de la locución y cláusula, y nocional en el del párrafo y el texto
(lo que Vinay y Darbelnet denominan message). He tratado, además,
de demostrar que operativamente la mayor parte de la traducción se
hace con la atención puesta en las unidades más pequeñas (palabra y
cláusula), y que las unidades más grandes “funcionan” (jouer) mecá­
nicamente hasta que surge una dificultad o se comienza a revisar la

97
traducción. He pretendido demostrar también que en un texto expre­
sivo o autoritativo las palabras tienen un acento especial, mientras
que en uno informativo ese acento va en las colocaciones y locucio­
nes (o sintagmas), y en una sección textual vocativa o pragmática
(esa parte del texto que intenta provocar una respuesta en el lector)
en la oración y el texto íntegro. Finalmente, y aunque la mayor parte
del capítulo está dedicada al texto como UT, tengo que decir que en
mi opinión escritores como Wilss, Holmes, Delisle y Neubert le han
hado recientemente a esta idea una importancia desorbitada sin ape­
nas mencionar sus aplicaciones prácticas —Delisle sí lo ha hecho.
Para mí la unidad de traducción es una escala móvil, sensible a otros
factores variables, que en el fondo (todavía) deja algo que desear.

98
C apítulo VII

La tr a d u c c ió n litera l

I ntro du cció n

El excesivo énfasis que hoy día pone la lingüística en el análisis


del discurso está dando como resultado en teoría de la traducción la
idea de que la única unidad de traducción es el texto, y de que casi
todo lo que sea desviarse de la traducción literal se puede justificar
en último caso diciendo que el texto tiene la última palabra. Esta filo­
sofía, actualmente en voga, conduce a rechazar la traducción literal
como procedimiento válido de traducción. Así pues, Neubert (1983)
afirma que es rara la vez que dos palabras (original y terminal) se
corresponden semánticamente, y, rarísima, que lo hagan gramatical­
mente.
Si analizamos los textos siguientes, veremos que, a excepción de
las transposiciones obligatorias de re flectin g y w a n tin g por oraciones
de relativo y de algunas otras transposiciones más o menos libres
(pasiva por activa y verbo por nombre), en el fragmento inglés (unas
6l palabras en total) todas o casi todas las palabras conceptuales
inglesas tienen su correspondiente palabra léxica en español (64
palabras), aparte de contar además con la correspondiente función
gramatical en esta misma lengua. Y lo mismo ocurre con todas o casi
todas las palabras funcionales:
We hope this is ju s t a temporary p henom enon reflecting his
conviction that the gains o f dem ocracy m u st be solidified before
they again can be challenged by forces w anting to return
the Soviet Union to its Stalinist past. (B u t it is distressing) that

99
Mr. Yeltsin fe lt it necessary to close dow n newspapers. His action
is arbitrary, anti-dem ocratic a n d m ust be strongly condem ned.

(The Baltim ore Sun, 27. 8. 91)

Esperamos que sea sólamente un fenòm eno tem poral que


refleja su convicción de que las conquistas de la democracia
deben solidificarse antes de que puedan ser de nuevo desafiadas
por fuerzas que quieran hacer volver a la Unión Soviética a su
pasado estalinista. Pero es inquietante que Boris Yeltsin estimara
oportuno el cierre de diarios. Su acción es arbitraria, antidem ocrá­
tica y d ebe ser condenada enérgicamente.

(El País, 28. 8. 91)

No creo que la traducción se pueda mejorar, aunque siempre ca­


bría la posibilidad de hacer algunas variaciones dependiendo del
“gusto” personal de cada uno, parte esencial en toda traducción. Y,
sin embargo, el texto está traducido casi literalmente, lo cual tal vez
sea excepcional, pero no tan sorprendente en este tipo de texto. Mi
tesis, no obstante, es que la traducción literal, si consigue la equiva­
lencia referencial y pragmática con el original, es perfectamente váli­
da y no hay por qué evitarla.
Hay que observar que lo que en español se dice con un verbo de
origen latino puede venir expresado en inglés de dos formas distin­
tas, o con un verbo de origen latino también o, de una manera algo
más informal, con un verbo frasai, que lo más probable es que sea
germánico: la elección del traductor inglés —el español lo tiene aquí
más fácil— dependería del complemento del verbo y del registro del
pasaje. Así pues, el verbo “repartir” de la locución “repartía patatas
fritas” es más probable que se traduzca al inglés por was giving out
que por was distributing, que parece, a excepción de algunos idio­
lectes, algo más formal. También se podría traducir por was doling
out, pero revelaría la manía del traductor por los coloquialismos. Sin
embargo, yo no usaría nunca was serving, ya que este verbo por la
prueba de la retrotraducción nos daría en español “servía”. Hay que
tener en cuenta que el citado verbo “repartir”, en otras colocaciones,
ofrece también dos alternativas en inglés y que las segundas, aunque
no encajen dentro de mi definición de traducción literal, parecen con­
tradecir la proposición de Neubert: “(repartir) tierras”: divide o split
up; “dividendos”: declare o pay out; “castigos”: impose o mete out;
“correspondencia”: delivero hand out.

100
V a k ie d a d e s d e t r a d u c c i ó n c e r c a n a a l t e x t o

Tal vez convenga distinguir la traducción literal de la traducción


palabra por palabra y de la traducción uno-por-uno. La traducción pa­
labra por palabra pasa a la LT la gramática, el orden y el significado
primario de todas las palabras de la LO. Esta traducción resulta, por lo
general, eficaz sólo con oraciones simples cortas de tipo neutral: He
works in the house —now: “El trabaja en la casa ahora”. En la traduc­
ción uno-por-uno, algo más libre que la anterior, cada palabra de la
LO tiene su correspondiente en la LT, aunque sus significados pri­
marios (aislados) puedan ser diferentes. Así, en take a walk (“dar un
paseo”), se puede decir que los dos verbos se corresponden, pero
fuera de contexto no son semánticamente equivalentes. Este tipo de
traducción, como normalmente respeta los significados colocaciona-
les —por otra parte, los de mayor influjo contextual en traducción—,
es más corriente que la traducción palabra por palabra. La traducción
literal va más allá de la traducción uno-por-uno al considerar, por
ejemplo, las palabras courage, der Mut y “el coraje” como equivalen­
tes literales. Esta traducción es aplicable principalmente a idiomas
carentes de artículos definidos y/o indefinidos.
La traducción literal va desde la conversión, de una lengua a otra,
de una palabra en otra palabra (hall, Saal, salle, zal, “sala”) hasta la
de una oración en otra oración (the man was in the street: “el hom­
bre estaba en la calle”), pasando por la de un grupo de palabras en
otro (a beautiful garden: “un jardín bonito”), una colocación en otra
(give a lecture: “dar una conferencia”) o una proposición en otra
(when that was done: “una vez hecho eso”). Cuanto más larga sea la
unidad, menos probabilidad hay de que la traducción sea uno-por-
uno. Además, las metáforas compuestas monoverbales (ray o f hope:
“rayo de esperanza”), las metáforas prolongadas pluriverbales (“no
levantar un dedo”: not to lift a finger) y los proverbios (“no es oro
todo lo que reluce”: all that glitters is not gold) son un claro ejemplo
de que la traducción literal funciona también en una segunda escala
semántica en el plano figurado. La traducción literal, en mi opinión,
se extiende también a correspondencias tales como la de a blood
count por “un recuento sanguíneo”, la de drinking water por “agua
potable”, la de after going out por “tras su salida”, o la de on leaving
work por “a la salida del trabajo”..., ya que, mientras se mantenga el
mismo léxico “extracontextual”, se puede ser flexible con la gramáti­
ca. Así, “literalmente”, “árbol” es tree y no shaft, pero palabras como

101
auflieben, einstellen, Anlage, no tienen traducción literal. Aquí, como
en muchos otros casos, mis definiciones son “operativas”, propias
del debate —que no teoría— de la traducción, y no “rigurosas” o
“exhaustivas”, como serían las de la lingüística.
Creo que la traducción literal es el primordial procedimiento de
traducción, tanto en la traducción comunicativa como en la semánti­
ca, en el sentido de que es el punto de partida de la traducción. Sin
embargo, cuando se sobrepasa el nivel de la palabra, la traducción
literal se hace más y más difícil, y, si surge cualquier tipo de problema
translatorio, es por lo general —no siempre— imposible. La traduc­
ción literal es aquello de lo que uno trata de escapar y, sin embargo, a
veces no tenemos más remedio que volver a ella, en cierto modo por­
que nos hemos acostumbrado al sonido de lo que al principio parecía
tan extraño y antinatural. Pero hay que tener cuidado con eso. Une
tentation cuisante ¿es una tentación “dolorosa” o “intensa”? ¿Se po­
dría uno acercar más? La traducción más cercana es “una tentación
aguda”, pero no es literal. O, por ejemplo, “una reacción desaforada”:
aunque la traducción más cercana en inglés sea a lawless reaction,
habrá que traducirlo por a violent (or outrageous) reaction. En un
nivel superior al de la palabra, la traducción literal es el único proce­
dimiento correcto si hay una correspondencia entre el significado de
la LO y el de la LT, o si es la más cercana; eso significa que el referen­
te y el efecto pragmático son equivalentes, esto es, que las palabras
no sólo se refieren a la misma “cosa”, sino que tienen asociaciones
parecidas (mum: “mamá”; the prof: “el profe”) y la misma frecuencia,
al parecer, en este tipo de texto; quiere decir, además, que el contex­
to no afecta al significado de la unidad de la LO tanto como para que
no se corresponda con el significado de la unidad de la LT. Normal­
mente, cuanto más específica o técnica es una palabra, menor es su
probabilidad de verse condicionada por el contexto. Por otra parte,
un objeto corriente tendrá por lo general una traducción literal uno-
por-uno si hay un solapamiento entre la cultura de la LO y la de la LT,
aunque la mayoría de las lenguas presentan vacíos léxicos bastante
extraños (en inglés, por ejemplo, “nuca”, “juanetes”). A veces, térmi­
nos referidos a objetos corrientes tienen otros significados corrientes
(“banco”, “banda”)..., de tal forma que la lengua —sobre todo el
inglés con sus monosílabos— parece ineficaz.

102
La t r a d u c c i ó n d e la p o e s ía

La traducción de la poesía es el àrea transitoria donde casi todo


el énfasis se pone, por lo general, en la creación de un poema nuevo
e independiente, y donde se suele censurar la traducción literal. Así,
Marilyn Gaddis Rose, en un sugestivo artículo sobre Walter Bemjamin
(1982) donde demuestra que la traducción que hace Stefan George
de la obra de Baudelaire, R ec u eillem e n t, es superior a la de Benjamin,
afirma que “la traducción alemana de Benjamin encaja en el inglés
literal más fácilmente que la de George y no se aleja mucho semánti­
camente de lo que sería una traducción literal prosaica del original en
un inglés llano”, y que “mientras Benjamin opera con la palabra,
George lo hace con una unidad prosódica más extensa”.
Yo estoy de acuerdo en que George es mejor traductor —para mí,
el más grande de todos los traductores de poesía—, pero lo que quie­
ro demostrar es que su traducción, tanto la de las palabras como la de
las estructuras, es más literal. Si, por ejemplo, comparamos el título
de George ( S a m m lu n g ) con el de Benjamin ( V o rb ereitu n g ), vemos
que mientras el segundo está lejos del original, el primero se ciñe a
él, material y figuradamente. Y lo mismo ocurre si hacemos una com­
paración entre los dos primeros versos: tanto léxica como gramatical­
mente, el comienzo de George está más cerca de Baudelaire que el
de Benjamin: incluso r u h ig se acerca más a sa g e que g e m a c h :
Sois sage 6 m a douleur, et tiens-toi p lu s tranquille (Baudelaire)
Sei ruhig, Ô m ein leid, u n d klage schwächer (George)
Gemach m ein Schm erz u n d rege d u dich m inder (Benjam in)

Tu réclamais le Soir; il descend; le voici: (Baudelaire)


D u riefst den a bend nieder, sieh er kam ! (George)
D er A bend den d u anriefst sinkt u n d glückt (Benjam in)

Comparemos una vez más las dos traducciones:


D em einen bringt er ruh, dem anderen gram (George)
D ie je n e n friedlich m acht u n d den bedrückt (Benjam in)
A u x u ns porta n t la paix, a u x autres le souci (Baudelaire)

M ein leid, gib m ir die h a n d von ihn en fe r n (George)


Gib m ir die H a n d m ein Schm erz lass u n s entrückt (Benjam in)
M a D ouleur donne-m oi la main; viens p a r ici (Baudelaire)

103
Horch, teure! horch! die nacht die leise schreitet! (George)
Vernim m vernim m sie doch die süsse Nacht die schreitet (Benjam in)
Entends, m a chère, entends la douce N uit qui m arche (Baudelaire)

La correspondencia entre el orden de las palabras y las cláusulas


de Baudelaire y George es sorprendente.
Y en el plano puramente léxico: George traduce d e r sterb lich en
por d es M ortels (Benjamin: d ie M e n sc h e n k in d e r} to te n por d é fu n te s
(a lte n }, v e r b lic h e n e n por s u r a n n é s (nada); R e u e por R eg re t (V er­
z ic h t! } w a s s e r n por e a u x (F lu t!} ste rb e n por m o r ib o n d (nada); y
la n g e s por lo n g (nada).
Leyendo, en fin, la traducción de Stefan George, lo que constante­
mente me impresiona son sus intentos de literalidad, el hecho de que
sólo abandone ésta cuando tiene que hacerlo.
Inevitablemente, al examinar con lupa una buena traducción de
un poema, encuentro muchos puntos de divergencia, y lo que me
parecía una traducción literal y por eso mismo atractiva (o sea, por­
que se trata de la verdad y no de afeites) termina por no serlo. Para
mí, una traducción podrá pecar de poco exacta e imprecisa, pero
nunca de demasiado literal. (La razón por la que “destinado a” no se
traduce normalmente al inglés por d e s tin e d f o r no es por ser dema­
siado literal, sino porque “destinado a” es a) corriente y b) un conec­
tivo vago, y d e s tin e d f o r e s a) pesado, b) fatídico y c) poco corriente).
Si queremos que la traducción sea vista —aunque sólo sea en par­
te— como “ciencia”, debe: a) reducir sus opciones al área del gusto;
b) rechazar tanto las posibilidades como las paráfrasis fortuitas de la
traducción libre —no hay que olvidar que reivindica la exactitud y la
economía como sus principales objetivos—; y c) eliminar las conno­
taciones universales negativas y los prejuicios que existen contra la
traducción literal.
El lenguaje corriente o conversacional, sin embargo, se debe siem­
pre traducir por lenguaje corriente y conversacional, lo cual casi nun­
ca es traducción literal.

F alsos amigos y amigos fieles

Sin embargo, lo que yo defiendo principalmente es que no debe­


mos tener miedo de la traducción literal, o, en particular, de usar una
palabra en la LT que parezca idéntica o casi idéntica a la de la LO. En
la escuela y en la universidad me dijeron justamente lo contrario,
pero “teatro” es theatre, théâtre, Theater, teatro, teatr, aunque en
checo sea d iv a d lo (y lo mismo sucede con “música”: h u d b a en che-

104
co). La traducción de objetos y movimientos suele ser más literal que
la de cualidades y maneras de moverse. Muchos adjetivos corrientes
que denotan sensación seccionan el significado a su manera, de tal
modo que no podemos fiarnos de una traducción transparente de
“sincero”, “leal”, “trivial”, “importante”, “brutal”; sólo uno o dos, como
“excelente” y “maravilloso”, son generalmente transparentes. Y por
otra parte, las palabras más generales y abstractas (“fenómeno”, “ele­
mento”, “asunto”) admiten las dos posibilidades, tanto la de traducir­
las transparentemente como la de dejar de hacerlo; en ese nivel abs­
tracto, se suele dar muchas veces una transposición ( “cualidad” por
property), pero, aún así, la traducción sigue siendo uno-por-uno. Por
lo general, se puede decir que hay más amigos fieles que fa u x amis,
y no debemos vacilar en usarlos: cualquier otra traducción es casi
siempre errónea. Esto presupone que, dentro de un contexto, los lec­
tores originales y los terminales tienen un nivel de interés y de lengua
similar. De otra forma, la traducción podría muy bien ser diferente.
Muchos teóricos creen que la traducción es más un proceso de
explicación, interpretación y reformulación de ideas que una trans­
formación de palabras; que el papel del lenguaje es secundario, que
es un simple vector o portador de ideas. En consecuencia, todo es
traducible y no tiene por qué haber dificultades lingüísticas. Dicha
actitud, que de algún modo caricaturiza a la escuela de Seleskovitch
(la ESIT de París), es la opuesta a aquélla otra que afirma que la tra­
ducción es imposible porque todas o la mayor parte de las palabras
tienen siginificados diferentes en lenguas diferentes, esto es, todas las
palabras son específicas de una cultura y, para colmo, cada lengua
tiene su peculiar gramática. Mi postura es que todo es traducible has­
ta cierto punto, pero que muchas veces las dificultades (lingüísticas)
son enormes.

L as palabras y el contexto

Con todo, lo que en realidad traducimos son palabras: no hay


nada más que traducir. En las páginas no hay otra cosa que palabras y
nada más que palabras. Pero no traducimos palabras aisladas, sino
palabras más o menos —y a veces más menos que más, pero siempre
algo— condicionadas por sus contextos sintáctico, colocacional,
situacional, cultural e idiolecto-individual. Esta es una manera de ver
la traducción que induce a pensar que es fundamentalmente léxica.
Pero no es así. El principal componente portador de ideas del lengua­
je es su gramática, y, como la gramática se expresa sólo con palabras,

105
debemos dar con la palabra precisa. Y éstas sólo se deben forzar, si el
pensamiento se ve amenazado.
No quiero que se interprete lo anterior como una defensa a ultran­
za de la traducción literal o uno-por-uno, ya que si ésta se puede
tachar de “translacionismo” —y hay muchísimas publicadas que pe­
can de eso— es mala. Lo que ocurre es que muchas veces se exagera
la parte re-creativa de la traducción y se subestima la parte literal,
sobre todo en la traducción literaria, pero no sólo ahí, sino en otros ti­
pos de textos lingüísticamente correctos y escritos adecuadamente.
Examinemos los siguientes fragmentos de un anuncio de Bendicks,
texto donde cabría esperar las mayores divergencias translatorias:

(IA) B are a unique confection, often copied, never equalled.


(IB) B sont de confection unique, souvent imités mais jam ais égalés,
(IC) I cioccolatini B sono un prodotto senza eguale spesso imitato,
mai eguagliato.
(ID) “Las chocolatinas B son un producto único muchas veces imita­
do, pero nunca igualado”.
(IE) B ist ein einzigartiger Konfekt, der oft nachgeahmt aber nie
nachgemacht worden ist.

(2A) Blended together they provide a very distinctive and widely ap­
preciated example o f the chocolatier’s art.
(2B) Ce mélange est l’exemple très distingué et largement apprécié de
l’a rt du chocolatier.
(2C) La loro fusione è un perfetto esempio dell’arte distintiva e vasta­
mente apprezzata del cioccolatiere.
(2D) “Esta mezcla es un ejemplo perfecto y mundialmente apreciado
del arte del chocolatero”.
(2E) -ein ausgezeichnetes und weithin geschätztes Beispiel fachli­
chen Könnens.

Sin embargo, lo primero que le llama a uno la atención es lo cer­


canas que están unas traducciones de otras, cercanía que podía ser
incluso mayor, de no ser por algunas variaciones elegantes —e inne­
cesarias— del original, presumiblemente inglés (por ejemplo, mais
en IB, “pero” en ID y senza eguale —desdibujado luego por mai
eguagliato— en 1C ), y en segundo lugar que los cambios sintácticos
de la traducción parecen estar motivados por la falta de una palabra
apropiada para blend. Por otra parte, como el alemán no puede aven­
turarse a poner chocolatier, lo cual es una pena, recurre a una más
genérica, como fachlich (“profesional”). El alemán introduce, ade­

106
más, un juego de palabras de gran efectividad (nachgeahmt, nachge­
macht), que altera y mejora el sentido del inglés. (El juego de pala­
bras está en que nachmachen significa “fabricar” e “imitar”, significa­
do éste último que comparte con nachahmen.)

V ariaciones elegantes

En la traducción literal o uno-por-uno las variaciones elegantes


son corrientes y, a veces, satisfacen el deseo comprensible del traduc­
tor de escribir en un estilo o seleccionar una frase completamente
naturales para él. Introducidas para exhibir la manía del traductor por
los coloquialismos o la sinonimia, estas variaciones irritan, sin embar­
go, muchas veces al crítico, incluso si son insignificantes e innecesa­
rias. Y nunca están justificadas, ni en una traducción comunicativa, ni
mucho menos en una semántica, pero son una tentación —y un
deleite— para cualquier traductor.
La traducción literal puede parecer tediosa, pero produce cierta
satisfacción contraponerla a cualquier versión más elegante y encon­
trar que aquélla es más fiel y económica. Veamos como ejemplo esta
frase del bono de garantía de Anthon Berg:
A nthon Berg... has built its reputation on the exclusive use o f
the fin e st raw materials available, com bined with the strictest
quality control a n d m ost careful packaging.

Anthon Berg... debe su buena reputación al uso exclusivo de


las más finas materias primas, com binado esto con el más estricto
control d e calidad y u n em paquetado sum am ente cuidadoso.

La traducción es literal tanto en el plano léxico como en el grama­


tical, a no ser por el verbo has built...on, que se ha sustituido y de
modo satisfactorio por “debe... a”, por la omisión del expletivo avail­
able y por la variación elegante e innecesaria de “buena”, ya que tan­
to en español como en inglés “reputación” significa “buena reputa­
ción” cuando no lleva ningún adjetivo.

La prueba d e la retrotraducción

La validez de la traducción literal se puede a veces determinar por


la prueba de la retrotraducción: por ejemplo (de manera escueta),
“un marco negro” debería volver a traducirse a la lengua original
como a blackframe, un cadre noir, ein schwarzer Rahmen, etc. Aho-

107
ra bien, la prueba de la retrotraducción no es válida cuando existe un
vacío léxico en la LO o en la LT: así, si traducimos a murky street por
“una calle oscura” y luego volvemos a traducir este sintagma terminal
al inglés, nos daría a dark street, lo cual no quiere decir que “calle
oscura” no sea una traducción aceptable, sino que en español existe
un vacío léxico para poder verter murky correctamente.
Observen además que el componente figurado del lenguaje es un
argumento en contra de la traducción literal cuando se trata de una
metáfora cultural o estándar, pero es un argumento a favor de la mis­
ma si se trata de una metáfora universal y/u original.

La traducción aceptada

Algunos términos institucionales transparentes se traducen literal­


mente, al menos en las lenguas de la Europa occidental, aunque los
equivalentes culturales de la LT tengan funciones generalmente dife­
rentes: “presidente”, “senado”, “alcalde”, “canciller”, “secretario de es­
tado”, etc. Observen también que palabras conceptuales como “radi­
calismo” o “realismo” son traducidas literalmente, traducción que re­
sulta engañosa ya que sus connotaciones “locales” son muchas veces
diferentes: cualquier significado “medular” denotativo es rebasado
por el significado pragmático connotativo. Estos términos son nor­
malmente tan importantes para la cultura de la LT que lo más indica­
do es traducirlos literalmente antes que transferirlos: un término tra­
ducido se incorpora inmediatamente a la lengua terminal, pero no
uno transferido. Sin embargo, el traductor debe cuidarse de traducir
los términos institucionales nuevos directamente a la LT, si ya, aun­
que con funciones completamente diferentes, existen en la cultura
de la LT.

Limitaciones de la traducción literal

No estoy sugiriendo que cualquier palabra de la LO más o menos


contextualmente neutra se tenga siempre que traducir literalmente
—o hacer una traducción uno-por-uno— por su “consabido” equiva­
lente de la LT, porque puede ocurrir que la palabra de la LO a) se use
más frecuentemente (dentro del registro en cuestión) y b) que tenga
un alcance semántico más amplio que su correspondiente término en
la LT. Así “osadía”, según el contexto en que se encuentre, podrá dar
en inglés effrontery (peyorativo) o daring (positivo, honorífico). Pero

108
la plaine, que al parecer tiene casi siempre la misma frecuencia y
campo semántico que en español “el llano” se traducirá siempre
como “llano”, a no ser que sea una variante ortográfica de la plane
(“plana”).
Si una unidad de la LO perfectamente natural da una traducción
literal chapucera (por ejemplo que he was overcome by grief, nos die­
ra “él fue vencido por el dolor” en lugar de “estaba postrado de
dolor”), la traducción será forzosamente errónea, por muy expresivo
que sea el resto del texto original.
El “lenguaje corriente” —en inglés, descriptivo y neutral, pero no
coloquial— es tan propio de la lengua oral como de la escrita, se
caracteriza por las variantes léxicas del habla familiar (bloke, kids,
cash, job, make love), verbos’Vacíos”, nombres verbales (make his
way to), etc., y resulta casi imposible traducirlo literalmente.

La traducción natural

Sin embargo, la traducción literal tiene que soportar todo tipo de


resistencia insidiosa. Es posible que piensen ustedes que no es ni
siquiera traducción, que es mecánica, automática, monótona, aburri­
da y nada ingeniosa. Por otra parte, tal vez les hayan dicho en la
escuela que no la practiquen, que no enriquece ni sus conocimientos
de la LO ni los de la LT, que es demasiado fácil. Pero debemos opo­
nernos a todos estos argumentos. Aparte del argumento del traslacio-
nismo (o sea, la traducción inexacta), la única razón válida contra lo
que a mi entender sería una traducción literal aceptable de una uni­
dad de lenguaje corriente es la falta de naturalidad. Tomemos, por
ejemplo, the time has come o “las casas bajas”: si insisten en que nor­
malmente nunca dirían “el tiempo ha llegado”, sino “ha llegado la
hora”, ni the low houses, sino the squat or low-lying houses, me temo
que se están engañando a sí mismos, pero creo que, a no ser que se
trate de un texto expresivo, deberían escribir en una forma que les
sea natural, en una forma que exprese su propio sentido del buen
estilo. Esta es, sin embargo, otra de las tensiones a que está sometida
la traducción. De hecho, a base de repetirse uno varias veces una uni­
dad lingüística ligeramente “antinatural” o de decirla suavemente, se
puede lograr a veces que suene más natural y convencerse de que es
una buena traducción. Pero, si después de eso, todavía les parece
antinatural su versión, evítenla. En este sentido, el argumento a favor
de que una traducción lleve el sello distintivo del estilo del traductor
prima sobre el principio de la traducción literal.

109
Observen que cuando se topa uno con palabras generales de la
LO que no tienen una traducción uno-por-uno “satisfactoria”, aun­
que en ese momento estemos sobretraduciendo, es a veces aconse­
jable apartarse de la traducción literal. Así, Darstellungen es más
común y concreto que “representaciones”, y, dentro de un contex­
to, se podría muy bien traducir por “cuadros”, “diagramas” o “grá­
ficos”.
Finalmente, se puede decir que, desde una perspectiva humana,
todos los objetos son símbolos, y todas las palabras representaciones
o símbolos de los objetos. En este sentido, la traducción literal se
puede mover en cualquiera de estas dos direcciones. Por lo general,
“atropínico” puede significar “hecho de atropina” (literalmente) o
“como (o parecido a) la atropina”, y, burn, “quemadura”, “abrasa­
miento” o “una sensación ardiente o abrasadora”. No es tan corriente
en cambio que Die Apfelsine fä llt m ir ein pueda significar literalmen­
te “La naranja” (antes mencionada) o “Me viene a la mente la idea de
la naranja”.

La traducción re-creativa

El primer paso en traducción se llama traducción literal, y un buen


traductor sólo se aparta de una versión literal cuando es claramente
inexacta o, en el caso de un texto vocativo o informativo, si está mal
escrito. Un mal traductor, en cambio, hará siempre lo que esté en sus
manos para evitar traducir palabra por palabra. La traducción re-crea­
tiva —Delisle (1981) la llama “re-creación contextual”— o, en térmi­
nos aproximativos, la traducción de los pensamientos que hay tras las
palabras o, a veces, entre ellas (traducción del subtexto), es un proce­
dimiento considerado por algunas autoridades o profesores de tra­
ducción como el alma o el punto central de la traducción (“aléjense
todo lo que puedan de las palabras”). La verdad es que es todo lo
contrario: “interpreten no las palabras, sino el sentido” es para mí el
último recurso del traductor, recurso ciertamente esencial y piedra de
toque de su sensibilidad y creatividad lingüísticas, por no decir de su
agudeza y perspicacia, pero sólo en el caso de que las palabras des­
pisten. Por otra parte, es probable que la re-creación contextual sea
más corriente en interpretación (cuando los conferenciantes, por
ejemplo, dicen algo de improviso) que en la traducción de la lengua
escrita, donde se miden con más cuidado las palabras y éstas están tal
vez más cerca de las ideas. Pero la mayor parte de las traducciones no
son creativas, entendiendo lo de creativas en este sentido. En reali­

110
dad, antes de afrontar pasajes largos, les tiene que gustar primero
bregar con las palabras.
En estos últimos años, Londres se ha convertido en una ciudad tri­
lingüe —muchas veces cuatrilingüe, si añadimos el holandés— , en lo
que a letreros y anuncios se refiere. El British Transport Board (De­
partamento de Transportes británico), al que se le han abierto los ojos
bastante tarde, ha sacado provecho de los errores de los demás y ha
actuado bien. Y una de las cosas que más me ha sorprendido de los
anuncios es lo cerca que están unas traducciones de otras, tanto que
casi rayan con la traducción literal:
Q ue ce soit votre prem ière ou votre cinquantièm e visite en
Grande-Bretagne, parions que, ava n t la f i n de la journée, vous
n ’a u re z p a s m anqué de rem arquer mille curiosités nouvelles,
typiques d u p a ys et de ses habitants.

Ob D u Grossbritannien z u m ersten oder z u m fü n fzig sten M al


besuchst, wetten wir, dass D u je d en Tag im m ern o ch neue Beson­
derheiten bei L and u n d Leuten entdeckst.

La traducción literaria

Es irónico que los traductores literarios modernos, como reacción


contraria a un estilo encorsetado y literario, a un “estudio perifrástico
compuesto en una moda poética anticuada” (como dice T.S. Eliot en
East Coker), descuiden “la intolerable lucha mantenida con las pala­
bras y los significados”, estén siempre buscando aquello que les sue­
na más natural y coloquial, más fácil, libre y descuidado que el origi­
nal, cuando éste no tuvo nada de libre y descuidado, y traduzcan, por
ejemplo, il faisait chaud por it was a blazing hot afternoon, o le
soleil incendie les maisons trop sèches por the sun bakes the houses
bone-dry, o un lieu neutre por a negative place. ¿Qué razón puede
haber para hacer esto? En realidad, no creo que sea por el poco
dominio del francés que tiene el traductor —si fuera del alemán sería
otra cosa—: los traductores son muchas veces bilingües. Quizá estén
empeñados en transferir su propio francés coloquial, fácil, auténtico y
nada académico a la versión inglesa. La razón, entonces, es su afición
por el inglés vivo, realista, idiomàtico, el cual estaría en claro contras­
te con la neutralidad del original.

111
E l SUBTEXTO

Otra razón podría estar en la búsqueda por parte del traductor de


la “agenda secreta”, en la persecución del subtexto, lo que equival­
dría al convencimiento de que cuando, por ejemplo, el alcalde de
Un enemigo del pueblo, de Ibsen, dice “Tenemos unos baños esplén­
didos recién construidos. ¡Entiéndase bien lo que quiero decir! La
prosperidad de la ciudad pasará a depender cada día más de los
baños. No les quepa la menor duda”, lo que está es expresando su fe
en el progreso y el orden establecido, idea que apoyará incluso
cuando se entera de que están corruptos, y no alabando los nuevos
baños.
Casi toda la idea (lo que no se dice explícita sino implícitamente,
el significado que se esconde trás el significado) que se encierra en
la palabra “subtexto” se debe a Michael Meyer (1974). “Ibsen —escri­
be— es un maestro supremo del subtexto. Casi todos sus principales
personajes son gente profundamente inhibida, que en períodos de
crisis se ven acorralados por sus propios temores y hablan con evasi-
bas diciendo una cosa, pero dando a entender otra. Para un lector
inteligente, el significado que se esconde tras el significado está claro,
pero el traductor debe formular la oración de tal forma que el subtex­
to quede igual de claro en la lengua terminal”.
La afirmación anterior es en realidad un argumento en pro de la
exactitud y precisión, y lo que implica es que el traductor no debería,
yendo más allá de las palabras del original, elevar el subtexto a la
categoría de texto. A propósito de una versión anterior de El pequeño
Eyolf, Meyer se queja de que el traductor inglés “haya captado el sig­
nificado literal y no haya comprendido lo verdaderamente esencial,
de que haya traducido el texto sin comprender el subtexto”; sin
embargo, esto me lleva a pensar que el error de este traductor, lo mis­
mo que el del legendario William Archer, no fue tanto el de ser dema­
siado literal ( a no ser que no comprendiera las metáforas, los modis­
mos, el lenguaje coloquial, los faticismos, las referencias culturales,
etc.) sino el de traducir el lenguaje “corriente” noruego por un len­
guaje farragoso, anticuado y libresco ( de todas formas, el lenguaje
algo anticuado es por lo general cómico). El mérito ciertamente de
Meyer como traductor no está en su exactitud sino en su economía.
(Estos a mi entender son los principales objetivos de una traducción,
pero la primera debe primar sobre la segunda.)
Es lo que se llama tirantez o tensión del diálogo: el dramaturgo

112
puede necesitar cinco líneas para decir lo que el novelista en toda
una página, como le dijo Terence Rattigan a Meyer.
La palabra “subtexto” es otra forma útil de denominar la función o
intención de un texto, el tenue hilo que el traductor debe perseguir a
través de su obra. Pero el concepto se vuelve peligroso y engañoso
cuando el subtexto empieza a extenderse por el texto, o, puesto en
términos diferentes, cuando la descripción o el texto superficial se ve
reemplazado parcial o totalmente por la función, por la estructura
profunda del texto, cuando el símbolo se ve reemplazado por su sig­
nificado, y así sucesivamente. Normalmente, uno no puede traducir
When his father died his mother couldn’t afford to send him to Eton
any more por “Cuando murió su padre, su madre no podía seguir
permitiéndose el lujo de enviar a su hijo a una de las escuelas priva­
das caras”, como hacen Hónig y Kussmaul (1982) en su versión ale­
mana. Con esto no quiero dar a entender que al lector medio, alemán
o español, le sirva una traducción literal de este texto —transfiriendo
Eton sin indicar su función—, aunque sí que sería válida para un lec­
tor culto. Pero Eton es un elemento esencial en esta traducción y su
función (la escuela más prestigiosa del Reino Unido) no se explicita
de forma adecuada. Así que el subtexto como motivo para adornar el
original no se puede mantener en pie. El que alguien diga una cosa
queriendo en realidad decir otra distinta es un rasgo sicológico que
debe quedar transparente en la traducción, que debe quedar igual de
disimulado u oculto que en el original, porque el hecho de que se
induzca o no culturalmente es algo que no puede afectar, ni debe
alterar, la traducción en el plano lingüístico.

La n o c ió n de palabra “n o equivalente ”

A menudo es el contexto de una tradición cultural el que realza


las dificultades de la traducción literal y no el contexto lingüístico o
referencial. Bagehot escribió hace aproximadamente 150 años: “El
lenguaje es la tradición de las naciones..., la gente repite frases que
les han inculcado sus padres, y que eran acertadas en su época, pero
que ya no lo son”.
Si examinamos la famosa lucha de Fausto por traducir la palabra
logos, palabra que al ser casi contextualmente neutra se debe traducir
por sí misma (el conocido eslogan de Weinrich, “las palabras son
intraducibies, pero los textos se pueden siempre traducir —véase su
brillante libro Linguistik der Lüge—, ha sido y es beneficiosa, pero a
veces lo cierto es justamente lo contrario), si analizamos cómo va

113
pasando Fausto, dubitativa y subjetivamente, de Wort (“palabra”),
Sinn (“sentido”, “significado”, “idea”), Kraß (“vigor”, “fuerza”, “po­
der”), a Tat (“hazaña”, “hecho”, “acción”, “actividad”) y cómo hace
sus propios comentarios completamente independientes del griego o
de la verdad referencial*, veremos en todo ello el ejemplo ilustrativo
de su doloroso bregar con cuatro palabras clave, una de las cuales,
Kraß, está condicionada, según Gadamer (1976), no por su contexto
en la obra o en el Nuevo Testamento, sino por su pasado..., por su
conexión con la física de Newton y su posterior desarrollo (integra­
ción) en la conciencia pública alemana gracias a la labor de Ottinger
y Herder, “el concepto de fuerza se hizo comprensible partiendo de
la base de la experiencia vital de la fuerza. Mientras tenía lugar esta
integración, se desarrolló el concepto técnico de la palabra Kraft en
el idioma alemán y se individualizó hasta el punto de llegar a ser
intraducibie”.
Calificar de “intraducibie” una palabra cuyo significado no se pue­
da verter literal y precisamente por otra palabra es absurdo, sobre
todo cuando se podría al menos describir mejor por medio de cuatro
o cinco palabras, gracias al análisis componenda!; ahora bien, nunca
en el texto de la obra, sino en una nota al pié de página. Tomando la
traducción en un sentido ideal, Gadamer ha señalado que “ninguna
traducción puede reemplazar al original..., la tarea del traductor no es
en ningún caso copiar lo que se dice, sino situarse en la dirección de
lo que se dice (esto es, en su sentido) para transferir lo que se ha de
decir a la dirección de su propio decir”. Una vez más, esta dependen­
cia del vouloir-dire y de la transcendencia de lo que el texto de la LO
dejó deliberadamente sin decir puede resultar peligrosa y vale sólo
para los textos más difíciles, donde es vital algún tipo de interpreta­
ción y hermenéutica por parte del traductor, si es que éste, como par­
te activa, “quiere convertirse de nuevo en el encargado de decir el
texto”. Aquí, la importancia del período histórico y la época , además
de la personalidad del traductor, los juicios que se ha formado en el

* Esta es la traducción que José Roviralta hace del texto alemán: “Escrito está: ‘En
el principio era la Palabra’ ... Aquí me detengo yo perplejo. ¿Quién me ayuda a prose­
guir? No puedo en manera alguna dar un valor tan elevado a la palabra; debo traducir
esto de otro modo si estoy bien iluminado por el Espíritu. —Escrito está: ‘En el princi­
pio era el sentido’...Medita bien la primera línea; que tu pluma no se precipite, ¿es el
pensamiento el que todo lo obra y crea?... Debiera estar así: ‘En el principio era la Fuer­
za’ ... Pero también esta vez, en tanto que esto consigno por escrito, algo me advierte
que no me atenga a ello. El espíritu acude en mi auxilio. De improviso veo la solución,
y escribo confiado: ‘En el principio era la Acción’. (Goethe, El F austo, Madrid, Cátedra,
1987, págs 141-142.) [N. del TJ

114
transcurso de su desarrollo emocional e intelectual, los pre-juicios°
(Vorurteile) y las ideas preconcebidas con que se enfrenta a un pro­
blema particular (un año después traducirá el texto de forma diferen­
te: ¿se llama a esto casualidad o cambio personal?)... Todo esto es im­
portante cuando el traductor, que debe bregar con la gramática, con
las palabras y con los matices modales (verbos modales), temporales
(tiempo) y durativos (aspecto), se plantea traducir textos que parecen
estar en la línea fronteriza entre el lenguaje y el pensamiento.
Pero, en la inmensa mayoría de los casos, la ayuda de Gadamer es
prácticamente nula para el traductor, y su afirmación de que “ninguna
traducción es tan comprensible como el original” es errónea: muchas
traducciones han sido y son una introducción buena y sencilla al ori­
ginal, sobre todo traducciones de lenguas como el alemán con un
orden de palabras artificial impuesto por sus amanuenses, sus ofici­
nistas, esto es, lenguas que no siguen de hecho el orden SVO (sujeto-
verbo-objeto), que dejan para el final de la cláusula los elementos
léxicos de los verbos. Sin embargo, Gadamer utiliza su enunciado, “el
significado más inclusivo de lo que se dice llega al lenguaje sólo en la
frase original, pero luego se va esfumando en lo que se dice y habla
posteriormente”, como un argumento en contra de la traducción lite­
ral. “De aquí que la tarea del traductor no esté nunca en copiar lo que
se dice”, otra de sus afirmaciones que me parece peligrosa si sugiere
que el traductor tiene que anticiparse a futuros cambios en el signifi­
cado del lenguaje. De hecho, Kant, Hegel, Heidegger y Gadamer se
comprenden inicilamente mejor leyendo sus textos traducidos que
los originales.
Sin embargo, cuando Gadamer hace una crítica constructiva sana
es cuando insiste sobre la personalidad del traductor, sobre su estado
de conciencia y lucidez, sobre las limitaciones de los tipos normal­
mente reconocidos de contexto.

E l papel del co ntexto

A decir verdad, lo último que quiero señalar es que, al traducir, el


traductor tiene que ser consciente de toda la variedad de contextos
—tantos, que huelga enumerarlos—, pero eso no quiere decir que el
contexto sea el factor dominante en toda traducción y que deba pri­
mar sobre cualquier regla, teoría o significado primario. El contexto
es omnipresente, pero relativo: afecta menos a los términos técnicos
y neologismos que a las palabras de tipo general; penetra los textos
estructurados y afecta ligeramente a los textos inconexos. Cuando un

115
escritor innova deliberadamente, el traductor no tiene más remedio
que seguirlo y olvidarse del contexto.
Un traductor situado en el plano del lector es probable que in-
fratraduzca, que use palabras más generales por mor de la claridad,
simplicidad, y, por ende, que “omita” por entero el traducir palabras.
(Los traductores deben dar cuenta de cada una de las palabras de la
LO, lo que no quiere decir que las traduzcan todas.) La infratraduc-
ción está, en cambio, justificada cuando el texto informativo no resul­
ta lo suficientemente claro, pero no cuando es innecesaria y se practi­
ca simplemente por alejarse de la traducción literal. Uno no debe
nunca bajar el nivel de su versión por culpa de sus lectores (para que
lo entienda el lector).
Una buena traducción literal debe ser eficaz por derecho propio y,
si en ella aparecen interferencias del original, tiene que ser por deci­
sión consciente del traductor. Algunas traducciones literales insignifi­
cantes —claros casos de “traslacionismo”— de folletos turísticos, que
mantienen el colorido local de una palabra trasferida, tienen su
encanto. “Bienvenido al servicio del taxi”: Welcome to the taxi servi­
ce*. La culpa de las interferencias de la LO siempre la tiene el traduc­
tor inconsciente. Cuanto menos dependan del contexto las palabras
(listas, términos técnicos, metáforas originales, colocaciones “inacep­
tables”, etc.), mayor su probabilidad de ser traducidas literalmente.
Y al contrario, cuanto más estereotipadas sean las colocaciones, colo-
quialismos, idiotismos, metáforas, menos probabilidad tienen de ser
traducidas literalmente. De todas todas, el procedimiento de la tra­
ducción literal tiene un sitio propio en todas las buenas traducciones.
La mitad de los conceptos erróneos que circulan sobre traducción
se deben al hecho de que haya tantos profesores que aconsejen a sus
alumnos evitar traducir, siempre que sea posible, una palabra de la
LO por otra de aspecto semejante en la LT. Con lo cual lo que se con­
sigue es que los alumnos amplíen su vocabulario en la LT, pero tam­
bién que falseen las traducciones.

* Agradezco este ejemplo a Anthony Pym. [N. del TJ

116
C a p ít u l o V ili

L os d e m á s p r o c e d im ie n to s d e tr a d u c c ió n

Si los métodos de traducción estaban en relación con textos com­


pletos, los procedimientos de traducción se utilizan con oraciones y
unidades lingüísticas más pequeñas. El procedimiento más importan­
te es la traducción literal y por eso le hemos dedicado el capítulo
anterior (Capítulo VII). Ahora hablaremos del resto de los procedi­
mientos de traducción, cuyo uso depende siempre de diversos facto­
res contextúales. Sin embargo, no vamos a tocar aquí los procedi­
mientos especiales existentes para la traducción de la metáfora y el
metalenguaje.

L a TRANSFERENCIA

La transferencia (emprunt, préstamo, transcripción) es el proceso


de transferir una palabra de la LO al texto de la LT en tanto en cuan­
to se utiliza como un procedimiento translatorio. Es lo que Catford
llama transference e incluye la transliteración o conversión de los
distintos alfabetos (cirílico, griego, arábigo, etc.) al español. La pala­
bra trasferida, entonces, se convierte en “préstamo”. Autoridades en
la materia niegan que sea un procedimiento de traducción, pero no
hay otro término que designe mejor lo que hace un traductor cuando
decide usar en su texto una palabra de la LO, como by pass, esta­
blishment, aerobic, tour, impasse, naïf, caché, perestroika, glasnost,
saudade, cappuccino... Sin embargo, cuando se tiene que tomar la
decisión de transferir o no una palabra cultural de la LO con un refe­
rente típico de esta lengua y desconocido en la cultura de la LT (véa-

117
se Capítulo EX), lo que suele hacer el traductor es complementarlo
con un segundo procedimiento de traducción, y a los dos juntos es a
lo que llamamos “doblete” (couplet). Por regla general, sólo se debe­
rían transferir “objetos” culturales o conceptos relacionados con un
pequeño grupo o secta. Esa moda, en cambio, de transferir las llama­
das “características nacionales” (dolce vita, “machismo”) debería
desaparecer. Está de más decir que, en principio, los nombres de
objetos de la LO, inventos, aparatos y procesos que se tengan que
importar, por parte de la comunidad de la LT, se deberían traducir de
forma creativa y preferiblemente “autoritativa”, si son neologismos,
aunque los nombres de marcas se deben transferir: no es tarea del
traductor fomentar los intereses económicos, nacionales o de presti­
gio personal del anunciante en la LO. Al mismo tiempo, tampoco
podemos ser inflexibles y dogmáticos: los medios de comunicación,
los expertos, siempre van a transferir palabras, les guste o no a los
traductores. Quizá transfieran muchas menos cuando se dignifique la
profesión del traductor.
¿Qué es lo que se transfiere? Pues se suelen transferir los nombres
de las personas vivas (excepto el del Papa y el de los miembros de las
familias reales) y de la mayor parte de las muertas, los nombres geo­
gráficos y topográficos, incluidos los de los países que acaban de
estrenar independencia (Malaui, Zimbabue), a no ser que tengan ya
traducciones reconocidas (véase el apartado siguiente), los nombres
de revistas y periódicos, los títulos de piezas literarias, obras de teatro
y películas que están todavía por traducir, los nombres de institucio­
nes y empresas privadas, los de instituciones públicas o nacionaliza­
das, a no ser que tengan una traducción reconocida, los nombres de
calles, direcciones, etc. (rue Thaibaut: “la Rue Thaibaut”).
En todos los casos anteriores hemos contado con un tipo de lector
similar, pero allí donde se considere oportuno se debería añadir un
tercer término culturalmente neutro en la LT, o lo que es lo mismo,
un equivalente funcional.
Muchas veces, en la traducción de novelas y ensayos con sabor
regional (y en anuncios: jeans, boccato di cardinali), se transfieren
las palabras culturales para dar a la obra colorido local, para atraer al
lector, para causar una sensación de intimidad entre el texto, y el lec­
tor... A veces el sonido o la imagen evocada resultan atractivos. Sin
embargo, estas mismas palabras se deberían definitivamente traducir
cuando se trata de textos no literarios (por ejemplo, sobre agricultura,
vivienda) y existen probabilidades de que permanezcan en la cultura
de la LT y/o en la lengua terminal.
A menudo, los problemas vienen con la traducción de palabras

118
“semiculturales”, o lo que es lo mismo, palabras mentales abstractas
asociadas con una época, país o individuo, como “maximalismo”,
“Ilustración”, la “nada” de Sartre (néant) o el Dasein de Heidegger.
En principio, lo que se debería hacer con dichas palabras es en pri­
mer lugar traducirlas y, si fuera necesario, dar además la palabra
transferida y el equivalente funcional entre paréntesis, por lo menos
hasta que estemos seguros de que nuestros lectores conocen y en­
tienden el término. Pero desgraciadamente muchas veces se transfie­
ren y además por esnobismo: porque se lleva lo extranjero. Estas
palabras podrán ser intraducibies, pero el papel del traductor no es
desconcertar al lector con palabras de moda, sino lograr que la gente
entienda las ideas Oos objetos no son tan importantes). Porque quizá
los términos clave difíciles de Freud se hayan traducido mal, pero al
menos fueron traducidos. La transferencia tiene un argumento en pro
y es la muestra de respeto por la cultura del país de la LO; pero tiene
también un argumento en contra, que cuando se transfiere no se ex­
plica, y la tarea del traductor es justamente traducir, explicar.

La naturalización

Este procedimiento sigue lógicamente a la transferencia y consiste


en adaptar una palabra de la LO a la pronunciación y morfología nor­
males de la LT, y además en ese orden. Serían palabras naturalizadas
en español: “majorismo”, “líder”, “Edimburgo”, “cheque”, “gol”; en
francés: humeur, redingote; en alemán: Performanz, atraktiv, Eska­
lation; y en inglés: expression, Tagus.

E l equivalente cultural

El equivalente cultural es la traducción aproximada de un término


cultural de la LO por otro término cultural de la LT; así, por ejemplo,
baccalauréat y “A ”level darían en español “lá selectividad (francesa)”
y “la selectividad (inglesa)” respectivamente; Quai d ’Orsay sería “el
Palacio de Santa Cruz (francés)”; delicatessen (o deli) “tienda de ultra­
marinos”, etc. Los ejemplos citados son equivalentes culturales apro­
ximados, y su uso en traducción es limitado, pero se puede echar
mano de ellos en textos generales, en textos publicitarios y propagan­
dísticos y cuando se quiera dar una pequeña explicación a lectores
desconocedores de la cultura de la LO. Producen, por otra parte, un
impacto mucho mayor que los términos culturalmente neutros. De

119
vez en cuando es posible que estos equivalentes sean puramente fun­
cionales en lugar de descriptivos, como cuando cricket o baseball
dan “el fútbol” en español o le cyclisme en francés, y tea-break, “la
hora del café”. Estos equivalentes culturales funcionales tienen un
uso en traducción mucho más restringido aún, pero de vez en cuan­
do se pueden utilizar, sobre todo si la palabra no tiene mucha impor­
tancia y aparece en un artículo de vulgarización o en una obra litera­
ria del gusto del vulgo. En el teatro son importantes porque pueden
crear un efecto inmediato: He met her in the pub: “La encontró en el
bar”; twenty yards behind him: “veinte metros detrás de él”. Sin em­
bargo, el objetivo principal de este procedimiento es servir de sopor­
te o suplemento de otro procedimiento de traducción en un doblete.

E l EQUIVALENTE FUNCIONAL

Este es un procedimiento translatorio corriente, válido para pala­


bras culturales, que consiste en utilizar una palabra culturalmente
neutra y añadir, a veces, un nuevo término específico. Por tanto, neu­
traliza o generaliza la palabra de la LO, y, a veces, añade un detalle:
baccalauréat-, “examen de selectividad francés”; Sejm: “parlamento
polaco”; Roget: “diccionario ideológico inglés”.
Este procedimiento, que viene a ser un análisis componencial cul­
tural, es una forma de traducir, o sea, de desculturalizar una palabra
cultural sumamente exacta, yo diría que la más exacta.
Un procedimiento similar es el que seguimos cuando un término
técnico de la LO no tiene equivalente en la LT: drag race: “carrera de
coches trucados con salida en parado”; butterfly cushion: “mariposa
lumbar”. En la traducción española de estos ejemplos aparecen com­
ponentes semánticos que no están en inglés.
Este procedimiento llena el campo intermedio —a veces el campo
universal— entre la lengua o cultura de origen y la lengua o cultura
terminal. Si tradujéramos el término de la LO con una sola palabra de
la LT, sería una infratraducción, y, si en lugar de ser con una, se tradu­
jera con dos, entonces tal vez tendríamos una sobretraducción. En la
traducción de términos culturales, este procedimiento se combina a
menudo con el de la transferencia (“tapa”: snack taken at the bar
counter with drinks, or “tapa"), y la combinación de ambos procedi­
mientos es lo que denomino “doblete”.

120
El e q u i v a l e n t e d e s c r i p t i v o

En traducción, a veces hay que considerar la descripción en rela­


ción con la función. La descripción, por ejemplo, de samovares “vasija
rusa de cobre con hornillo interior”, y su función, “calentar agua para
el té”, y tanto la una como la otra están fusionadas en la palabra “tete­
ra”. La descripción y la función son elementos esenciales de toda
explicación y, por tanto, de la traducción. Sin embaigo, hay que seña­
lar que lo mismo que ahora se tiende a exagerar el papel de la función,
antes, cuado se hablaba de traducción, se solía descuidar la función.

L a SINONIMIA

Utilizo el término “sinonimia” para describir un procedimiento


que consiste en acudir a un equivalente cercano en la LT para una
palabra de la LO dentro de un contexto, exista o no un equivalente
exacto. Este procedimiento se utiliza cuando una palabra de la LO no
tiene un equivalente claro uno-por-uno en la LT y no es importante
en el texto. Se usa, sobre todo, con adjetivos y adverbios de cualidad
(que, en prinipio, están “fuera” de la gramática y su importancia es
menor que la de otros componentes de la oración): kind person-.
“persona amable”; awkward: “difícil”. Este procedimiento translatorio
resulta apropiado cuando no es posible la traducción literal y la pala­
bra no tiene la suficiente importancia como para hacer un análisis
componencial. Aquí, la economía debe primar sobre la exactitud.
La sinonimia es imprescindible para un traductor. Así que tendrá
que contemporizar con ella para que cuando lleguen fragmentos más
importantes del texto, fragmentos del significado, traducirlos con más
exactitud y precisión. Pero uno de los síntomas que delata las malas
traducciones es el uso innecesario de sinónimos.

La traducción directa (through translation )

Yo denomino “traducción directa” a lo que se conoce como cal­


que o préstamo, o sea a la traducción literal de colocaciones corrien­
tes, de nombres de organizaciones, de los componentes de palabras
compuestas (por ejemplo, supermarket: “supermercado”) y quizá de
locuciones (conscientious objector: “objetor de conciencia”). En reali-

121
dad, prefiero el término through-translation porque es mucho más
transparente.
Teóricamente, un traductor no debería nunca “iniciar” una traduc­
ción directa. Pero, a decir verdad, las traducciones transparentes en
culturas contiguas son útiles a veces para llenar lagunas y, quizá, ya
vaya siendo hora de que expresiones como good appetite, leading
motive (y no leitmotiv), birthday child, “pinchadiscos”, “operador tu­
rístico”, “cheques de viaje”, entren a formar parte del inglés y del espa­
ñol familiares. Los ejemplos más obvios de traducciones directas los
tenemos en los nombres de organizaciones y organismos internaciona­
les, que muchas veces constan de palabras “universales” transparentes
—posiblemente— para las lenguas romances y el inglés, y motivadas
semánticamente para el germánico y el eslavo (EEC: “Comunidad Eco­
nómica Europea”, Europäische Wirtschaftsgemeinschaft; working par­
ty: “comisión investigadora”, comission d ’enquête, Arbeitsausschuss.
Las organizaciones internacionales son conocidas a menudo por
sus siglas, que en algunos casos puede ser que sigan en inglés (FAO,
UNESCO) o francés (FIT, siglas de Federación Internacional de Tra­
ductores), pero lo más frecuente es que cambien según la lengua:
“OMS”: WHO (ing.), OMS (fr.), WGO (al.); “OTAN”: NATO (ing.),
OTAN (ir), NATO (al.).
En las traducciones de folletos, guías y material turístico es donde
más probabilidad hay de que pululen las traducciones directas inco­
rrectas: “en caso de incendio abandone su habitación cerrando la
puerta”.
En general, sólo se debería hacer uso de traducciones directas
cuando son términos ya reconocidos.

T ransposiciones ( o shifts)

Lo que Catford llama shift y Darbelnet transposition es un proce­


dimiento de traducción que implica un cambio en la gramática al
pasar un texto de la LO a la LT. Existen varios tipos de transposicio­
nes: el primero lo realiza el traductor automáticamente —no tiene
otro remedio— e incluiría el cambio del singular al plural (furniture:
“muebles”; applause: “aplausos”: advice: “consejos”), o la posición
del adjetivo (“la casa blanca”: the white house).
El segundo es el que se opera cuando una estructura gramatical
de la LO no existe en la LT. Aquí, el traductor tiene siempre varias
alternativas. Así, al pasar al inglés el adjetivo neutro español en fun­
ciones de sujeto (“lo interesante es...”), se puede escoger entre what

122
is interesting, the interesting thing is, it’s interesting o the interest o f
the matter is. El gerundio inglés (working with you is a pleasure)
ofrece asimismo varias opciones: “el trabajar”, “el trabajo”, etc. A pro­
pósito, creo que el gerundio es la transposición más descuidada por
los traductores. Estarían en este grupo también el verbo auxiliar do
(do come), “acabar de” más infinitivo, la construcción francesa venir
de más infinitivo —tanto una como otra se traducen al inglés por
recently o just—, infinitivos italianos y españoles, y participios pasa­
dos españoles como “el enlatado”, “el barnizado”, etc.
El tercero es un tipo de transposición en que, gramaticalmente
hablando, se puede dar una traducción literal, pero tal vez choque
con el uso natural de la lengua terminal. Aquí, el libro de Vinay y
Darbelnet, pioneros en este campo, y un sinnúmero de seguidores
suyos dan la traducción que más les gusta, pero cometen el error
muchas veces de no enumerar otras alternativas que se podrían ade­
cuar mejor a otros contextos o, posiblemente, al gusto del traductor.
(Al ser la gramática más flexible y general que el léxico, se puede por
lo general trabajar con ella de forma más libre.)
Entraría aquí también el cambio de un verbo en la LO por un
adverbio en la LT: Il ne tardera pas à rentrer: “El volverá pronto”.
En otras ocasiones y en algunas ellas de forma bastante arbitraria,
Vinay y Darbelnet ofrecen únicamente una de las múltiples traduccio­
nes posibles, y no está mal, sólo que deberían haber mencionado de
antemano que existen otras alternativas. En fin, todos conocemos los
prejuicios de Vinay y Darbelnet en contra de la traducción literal
(punto éste tratado admirablemente por Wilss, 1982) y la influencia
tan nefasta que ha tenido esto en la enseñanza de la traducción y,
posiblemente, en las mismas traducciones.
El hecho de que no sea posible estandarizar rigurosamente las
transposiciones al estilo de Vinay y Darbelnet, ya que son tantas las
que se solapan y lexicalizan (es lo que Catford llama “transposiciones
de nivel” o level-shifts: “tras su muerte”: after she had died), no es ra­
zón para restar mérito a su utilidad, y el estudiante de traducción se
debería concienciar de las grandes posibilidades que ofrecen.
Hay, además, un gran número de transposiciones estandarizadas
del inglés al español, que merece la pena resaltar, aunque todas ten­
gan más de una traducción:

1. Adverbio más adjetivo en la LO ---- > nombre más adjetivo en la


LT: exceptionally large: “de una importancia excepcional”.
2. Preposición en la L O ---- > construcción preposicional en la LT:
after: “al término de”; except: “a excepción de”.

123
3. Adverbio en la LO---- > construcción adverbial en la LT: gruffly:
“de manera brusca".
4. Nombre más nombre en la LO---- > nombre más adjetivo de sus­
tancia en la LT: nerve cell: “célula nerviosa”.
5. Verbo descriptivo más preposición en la LO---- > verbo de movi­
miento más gerundio en la LT (Vinay y Darbelnet la llaman criss­
cross}. he crawled to the window: “ganó la ventana gateando”.
6. Verbo copulativo más nombre en la LO---- > verbo en la LT: He
gave a laugh: “El se rió”.
7. Nombre más preposición más nombre en la LO (o lo que yo llamo
“construcción casa-en-la-colina”, house on the hill construction)
---- > nombre más participio pasado o subordinada adjetiva más
nombre en la LT: the plot against him: “el complot urdido contra
él”; the tower on the hill: “la torre que se erguía en la colina”.
8. Oración subordinada o, a veces, sintagma adverbial en la LO----->
construcción de participio en la LT: when the time comes (at the
right time) I ’ll be ready: “llegado el momento, estaré listo”.
El cuarto tipo de transposición consiste en llenar un vacío léxico
virtual con una estructura gramatical: “a la salida del teatro”: as we
came out o f the theatre.
Ciertas transposiciones parece ser que van más allá de las diferen­
cias lingüísticas y se podrían considerar como opciones generales
dignas de una consideración estilística, por ejemplo la transformación
de oraciones coordinadas inglesas en subordinadas españolas. Todos
sabemos que las lenguas romances tienden a subordinar, en tanto
que el inglés (influenciado, según algunos, por la Biblia en versión de
King James, y en último término por el hebreo) prefiere las oraciones
simples o coordinadas.
Asimismo da la impresión de que muchas lenguas tienen el capri­
cho de convertir verbos activos en nombres animados: Il boit seo. “Es
un bebedor empedernido”.
He aquí una serie de transposiciones que giran en torno al sujeto
de las lenguas romances:
1. “Una vez elegido, Lázaro Carreter...”: Once (when) he. had been
elected, Mr Lázaro...
2. “Pepe, alegre, se fue”: Pepe, who was happy, left.
3- “El hombre que estaba junto a la puerta...”: the man standing at
the door...
4. “Mi hermano, crédulo, se las tragó como ruedas de molino”: My
brother, who was credulous, swallowed it hook, line and sinker.

124
Quiero mencionar finalmente que las transposiciones ilustran una
tensión frecuente entre gramática y énfasis. Pongamos un ejemplo:
¿traducirían ustedes Seine Aussage ist schlechthin unzutreffend por
“Su afirmación es completamente falsa” o por “No hay absolutamente
nada de verdad en su afirmación”? Lo único que quiero decir es que
con demasiada frecuencia se altera el orden de las palabras innecesa­
riamente y que a veces sería más apropiada una traducción con un
sinónimo léxico, conservando el orden de las palabras y renunciando
a la transposición, para mantener el énfasis.
La transposición es el único procedimiento de traducción que tie­
ne que ver con la gramática, un procedimiento que la mayoría de los
traductores realiza intuitivamente. Sin embargo, es probable que la
investigación en el campo de la lingüística comparada y el análisis de
corpus de textos y de sus traducciones descubran muchas más trans­
posiciones de gran utilidad para nosotros.

La m odulación

Vinay y Darbelnet acuñaron el término “modulación” para definir


“un tipo de variación hecho mediante un cambio de punto de vista,
de perspectiva (éclairage) y muchas veces de categoría de pensa­
miento”. Los diccionarios bilingües recogen las modulaciones estan­
darizadas (sea horses-, “palomas”) . Y las libres, las usan los traducto­
res “cuando la LT rechaza la traducción literal”, o sea, prácticamente
siempre, según Vinay y Darbelnet. Estos autores las dividen de forma
bastante aleatoria en once categorías, y sin embargo la única impor­
tante para mí, la del “contrario negado”, ni siquiera se contempla.
Según mi modo de ver las cosas, el concepto general de modula­
ción (como se trata de un término “baúl” que abarca casi todo lo que
va más allá de la traducción literal) es inservible tal y como está.
En cambio, el “contrario negado” —yo prefiero llamarlo “positivo por
doble negativo” o “doble negativo por positivo”— es un procedi­
miento de traducción concreto que, en principio, se puede aplicar a
toda acción (verbo) o cualidad (adjetivo o adverbio):

D on’t delay. “Date prisa”


“No te quepa duda”: Get this straight
“No tiene nada de tonto”: He’s extremely intelligent

Como podrán observar, las traducciones son libres y en teoría el


doble negativo es menos enérgico que el positivo. De hecho, la fuer-

125
za del doble negativo depende del tono de voz, de donde se sigue
que la conveniencia de esta modulación dependerá de su formula­
ción y del contexto.
En los contados casos en que se da un vacío léxico en una oposi­
ción (shallow: “poco profundo”), esta modulación es prácticamente
obligatoria. En todas las demás oraciones, siempre cabe la posibilidad
de usar este procedimiento, pero sólo se debería usar cuando gracias
a él la traducción quedara natural. Así, minor en colocación, por
ejemplo, con detail parece estar pidiendo que lo traduzcan por “sin
importancia” o por unbedeutend, contando siempre con que “peque­
ño”, klein, etc., podrían ser otras opciones. Y, tal vez, la mejor traduc­
ción de tí unii not seem unlikely that sea “es muy probable que”. En
otros casos, este procedimiento es una opción más: Men will not
always die quietly (J.M. Keynes): “Los hombres no van a morir siem­
pre sin quejarse”; no mean performer on the violin: “él toca el violín
extraordinariamente”.
El segundo tipo de modulación de Vinay y Darbelnet, “la parte
por el todo”, está descrito de tal forma que puede resultar engañoso,
y consiste en lo que yo llamo variantes del habla familiar: l’homme
du 18 ju in (De Gaulle}, “la Ciudad Condal” (Barcelona).
Los demás procedimientos de modulación son:

1. Abstracto por concreto: sit by the fire: “sentarse junto a la chimenea”.


2. Causa por efecto: You’re quite a stranger: “No se te ve el pelo”.
3. Una parte por otra: from cover to cover: “desde la primera hasta la
última página”.
4. Inversión de términos: health insurence: “seguro de enfermedad”;
lebensgefährlich: “peligro de muerte”.
5. Activa por pasiva.
6. Espacio por tiempo: as this in itself (espacio) presented a difference:
“como eso presentaba ya (tiempo) una dificultad”.
7. Intervalos y límites.
8. Cambio de símbolos.

De todas estas modulaciones, la de “activa por pasiva” (y vicever­


sa), que es muy corriente, se hace obligatoria cuando una lengua no
tiene pasiva, pero en las lenguas romances es sólo aconsejable. La
inversión de términos (o lo que Nida llama conversive terms) es tam­
bién otro procedimiento casi siempre opcional que se utiliza para
hacer que el lenguaje suene más natural: “comprar/vender”; hauteur
(d ’eau)-, “profundidad”.
Observarán que, aunque pienso que la categorización de la mo-

126
dulación de Vinay y Darbeinet es poco convincente, sus abundantes
ejemplos son siempre un estímulo.

La traducción reconocida

Como norma general, si la traducción de un término institucional


es ya oficial o está comúnmente aceptada, hay que utilizarla. Esto no
quiere decir que ustedes no puedan glosarla cuando les parezca con­
veniente y, al hacerlo, mostrar su disconformidad con la versión ofi­
cial. Podría servir de ejemplo la traducción de Intelligence Service por
“Servicio de Inteligencia del Ejército”, cuando debía ser “Servicio de
Información Militar”. A veces puede ser ya demasiado tarde para
cambiar una de estas malas traducciones. Además, si lo hicieran en
un texto informativo oficial de carácter serio, lo único que consegui­
rían sería crear confusión. Lo cual no quiere decir que en otro tipo de
textos no puedan echar mano de traducciones mejores (por ejemplo,
de “ficción científica” o “fantasía científica” para “ciencia-ficción”).
Asimismo, si tienen que traducir Volumengesetz der Gase (Gay-Lus­
sac), no lo pueden hacer nada más que por “ley de dilatación de los
gases”, que es la locución reconocida: no valdría su propia traduc­
ción, ni siquiera una breve explicación.

La etiqueta de traducción

Esta es una traducción provisional, generalmente de un término


institucional nuevo, que debería figurar siempre entre comillas. Con
el tiempo, las comillas se pueden ir quitando discretamente. En prin­
cipio, podría valer una traducción literal: héritai language: “lengua de
herencia”.

La compensación

Este es un procedimiento que utilizamos cuando en una parte de


la oración hay una perdida de significado, efectos sonoros, efecto
pragmático, etc., y la compensamos en otra parte de la misma oración
o en otra oración contigua.

127
El a n á l i s i s COMPONENCIAL (véase Capítulo XI)

El análisis componencial consiste en dividir una unidad léxica en


sus componentes de sentido. Se trata de un procedimiento que recu­
rre a dos, tres o cuatro términos para traducir uno solo.

R e d u c c ió n y e x p a n s ió n

Estos procedimientos translatorios, bastante imprecisos, se llevan


en algunos casos a la práctica intuitivamente. En cambio, en otros, se
hacen a d hoc. Sin embargo, en ambos hay al menos una transposi­
ción que tal vez les guste tener en cuenta, sobre todo en textos mal
escritos:
1. Adjetivo de sustancia más nombre en la LO---- > nombre en la LT:
Computer science: “informática”; science linguistique: “lingüística”.
2. Adjetivo en la LO---- > participio de presente más objeto en la LT:
“vivificante”: life-giving.

La PARÁFRASIS

Esta es una ampliación o explicación del significado de un frag­


mento del texto. Se usa cuando el texto es “anónimo” y está mal
escrito o tiene omisiones e implicaciones importantes.

O tros procedim ientos

Vinay y Darbelnet señalan además estos otros procedimientos:


equivalencia y adaptación.

1. Equivalencia es una palabra desafortunada que implica equivalen­


cia aproximada. Por este procedimiento se da razón de la misma
situación en diferentes términos. A juzgar por los ejemplos de Vi­
nay y Darbelnet, se utiliza en anuncios, variantes del habla fami­
liar, locuciones y modismos. En otras palabras, se trata de diferen­
tes modos de verter los tópicos y aspectos estereotipados del
lenguaje, por ejemplo: The story so far: “Resumen de los capítulos
precedentes”.

128
2. La adaptación, o el uso de un equivalente reconocido entre dos
situaciones, es un procedimiento como la equivalencia cultural:
Dear Sir: “Muy señor mío”; Yours faithfully: “Le saluda atenta­
mente”.

Ambos procedimientos ilustran lo que sucede a veces en el proce­


so translatorio, pero no son procedimientos aprovechables. En mi
opinión, sólo hay unos catorce procedimientos con ciertas probabili­
dades de aprovechamiento por parte del traductor.

D obletes (Couplets)

Los dobletes, tripletes y cuatripletes combinan respectivamente


dos, tres o cuatro de los procedimientos antes mencionados para ha­
cer frente a un solo problema. Se usan sobre todo en la traducción de
palabras culturales y son el resultado de combinar un equivalente
cultural o funcional con la trasferencia a la LT del término o términos
originales. Empleando una metáfora, se puede decir que son como
dos mordiscos dados a una misma cereza.
Los cuatripletes se utilizan sólo con palabras metalingüísticas.
Así, si quieren traducir la frase The nominal-ing clause, a participial
clause, occurs in the subject position, aparte de dar una traducción
más o menos literal de nominal-ing clause, pueden hacer también lo
siguiente: a) transferirla; b) explicar en una subordinada adjetiva que
el participio de presente se utiliza en inglés como una especie de
gerundio; c) producir una etiqueta de traducción; d) y poner un ejem­
plo con sus traducciones literal y funcional en la LT.
Habrán notado mi poca disposición a catalogar la paráfrasis den­
tro de los procedimientos de traducción: esta palabra se utiliza con
mucha frecuencia para describir la traducción libre. Sólo la acepto, si
se usa en el sentido de “la refundición mínima de una frase ambigua
u oscura con el fin de aclararla”.

N otas , a diciones y glosas

Por último, he aquí algunas sugerencias sobre las “notas” (cuándo


hay que usarlas) o sobre la adición de información en una traducción.
La información adicional que un traductor puede introducir en su
versión es por lo general cultural (aclaración de la diferencia entre las
culturas de la LO y la LT), técnica (en relación con el tema) o lingüís­

129
tica (explicación del uso irregular de los vocablos), y depende, a dife­
rencia del original, de las exigencias de sus lectores. Cuando se trata
de textos expresivos, esta información sólo se puede dar fuera de la
versión, aunque a veces no estaría mal hacer una breve “concesión”
al lector en relación con detalles culturales sin importancia, por ejem­
plo, at Handley’s (Hemingway) podría quedar así: “en el bar Hand-
ley”, o dans le bar Handley o der Handley Bar en francés y alemán
respectivamente. Si los textos son vocativos, la información de la LT
tiende a reemplazar, y no a complementar, la información de la LO.
Así, en la oración you can pay fo r ceramic tiles under a convenient
credit purchase scheme, el último término se puede traducir por algo
como “facilidades de pago a largo plazo”, que es más preciso.
La información adicional en la traducción puede ser de varias
formas:

1. Dentro del texto:


a) Como otra posibilidad de la palabra traducida: poll-tax---- > “el
poll-tax, o impuesto municipal sobre la vivienda en el Reino
Unido”.
b) Como subordinada adjetiva: the vogueing---- > “el vogueing,
que es un baile en solitario en el que los artistas imitan postu­
ras de los pases de modelos y movimientos de gimnasia y
ballet”.
c) Como nombre en aposición: the lobby---- > “el lobby, grupo de
presión en EE UU”.
d) Como construcción de participio: the dodo---- s> “el dodo, ese
extraño pájaro hoy extinto”.
e) Dentro de un pequeño paréntesis, como traducción literal de
un término transferido-, “una patera” ---- > a “patera” (an ins­
hore fishing boat).
f) Dentro de un gran paréntesis (ésta sería la forma más extensa
de adición): two G urkhas-----> “dos gurjas —unidades de
combatientes asiáticos del Ejército británico que se hicieron
célebres en la Guerra de las Malvinas por su crueldad y efi­
ciencia”.
g) Como sustantivo clasificador: Speyer---- > “la ciudad de Espira,
Alemania”.
Los paréntesis deben incluir material que forme parte de la traduc­
ción. En cambio, si tienen que hacer correcciones de datos o ideas
usen corchetes.
Si pueden —aunque los traductores tienden con demasiada fre­
cuencia a pasar por alto este método—, inserten la información adi-

130
donai dentro del texto, ya que de esta forma no se interrumpe la
atendón de los lectores. Sin embargo, el método tiene una desven­
taja y es que puede dar lugar a confundir el texto con las contribu­
ciones del traductor. Por lo tanto, no se debe usar para adiciones
extensas.

2. Notas a pie de página.


3. Notas al final del capítulo.
4. Notas o glosario al final del libro.

Los tres últimos métodos (2-4) están puestos por orden de prefe­
rencia, pero las notas a pie de página son un fastidio si son extensas y
numerosas. Las notas al final del libro deben estar encabezadas por
los números de las páginas del libro pertinentes: son demasiadas las
veces que me he encontrado leyendo una nota que pertenecía a otro
capítulo. Y las notas al final del capítulo irritan con frecuencia a los
lectores porque, cuando los capítulos son largos, les lleva mucho
tiempo encontrarlas.
Normalmente, la información que encierran los libros de consulta
no la deberían usar para reemplazar un enunciado o segmento del
texto (a no ser que éste no se corresponda con la realidad), sino para
complementar únicamente aquellos pasajes que los lectores puedan
encontrar inadecuados, incompletos u oscuros. Así pues, creo que se­
ría desencaminado traducir, por ejemplo, La drépanocytose s ’indivi­
dualise par une anomalie particulière de l’hémoglobine, por “La de-
pranocitosis se caracteriza por la sustitución de un aminoácido en las
cadenas replegadas de la hemoglobina”. Se pierde, pues, el énfasis
del sintagma anomalie particulière. Además, toda esa nueva informa­
ción —por otra parte, exacta— resulta innecesaria porque aparece
más adelante en el texto original. Es cierto que los artículos enciclo­
pédicos dan a menudo información que suena como una paráfrasis
del texto técnico que traducimos, pero no se deberían “piratear” ora­
ciones enteras allí contenidas, sino sólo las palabras clave que se co­
rrespondan en una y otra lengua. Asimismo, si consultan con un ex­
perto, no le permitan que en un alarde de profesionalidad les re­
formule de nuevo todo el texto, aunque quedara mejor que el de
ustedes. Las explicaciones e interpretaciones de ese experto tienen
que estar relacionadas al menos con una traducción muy cercana al
texto original, si no supeditadas a ella en el sentido literal de la pa­
labra.
Si tuvieran entre manos la traducción de un libro importante, no
deberían dudar en escribir un prólogo y notas para hablar del uso y

131
significado de los términos que emplea el autor, especialmente en
esos pasajes en que estando en juego la exactitud y la economía del
texto tuvieron que sacrificar la primera en favor de la segunda, o en
caso de ambigüedad. Si lo que traducen es una obra académica, no
hay ninguna razón para que el lector no se entere de la ayuda presta­
da por el traductor con sus informaciones, tanto dentro del texto
como en comentarios: la ilusión artística de que el traductor no existe
es innecesaria.

132
C apítulo IX

T r a d u c ció n y cultu ra

D efiniciones

Para mí, la cultura es el modo de vida propio de una comunidad


que utiliza una lengua particular como medio de expresión y las
manifestaciones que ese modo de vida implica. Más concretamente:
yo distingo el lenguaje “cultural”, de los lenguajes “universal” y “per­
sonal”. “Morir”, “vivir”, “estrella”, “nadar”, e incluso objetos casi prác­
ticamente ubicuos, como “espejo” y “mesa”, son universales... No
presentan, por lo general, ningún problema de traducción. “Monzón”,
“estepa”, dacha, chador, son palabras culturales... Aquí puede haber
algún problema de traducción, a menos que exista un solapamiento
cultural entre la fuente y la LT (y sus lectores). Palabras universales
como “desayuno”, “abrazo”, etc., cubren a menudo la función univer­
sal, pero no la descripción cultural del referente. Y si yo me expreso
de una forma personal (“Una demostración glasnóstica —transparen­
te— “una película babélica —hecha por gentes de diferentes nacio­
nalidades y lenguas— his “underlife” —cualidades personales y
vida privada— is evident in that poem; he’s a “monologger”—no ter­
mina nunca las frases—), estoy usando un lenguaje personal, no
directamente social, o sea, lo que se llama idiolecto, y su traducción
siempre será un problema.
Todas estas distinciones son generales y algo borrosas. Dentro de
una lengua se pueden dar varias culturas (y subculturas): “guagua”,
“chiquito”, “mordida”, son todas ellas palabras culturales que pueden
necesitar traducción dentro del español. Y Jause es “merienda en

133
Austria, y Beamter se usa en Austria, Suiza y Alemania, pero no en la
antigua República Democrática Alemana. Sin embargo, las palabras
dialectales no son palabras culturales Qoch, moors) si designan uni­
versales, como tampoco lo son términos tan conocidos como “pan”,
“vino”, Gemütlichkeit, privacy, insouciance, que están —de todos es
sabido— sobrecargadas de connotaciones culturales. Cuando una
comunidad lingüística centra la atención en un tema particular —se le
suele llamar “foco cultural”— genera una plétora de palabras para
designar su lenguaje o terminología especiales: los españoles, por
ejemplo, lo han hecho en tauromaquia (“tener un buen trapío”,
“entrar al trapo”, “estar para el arrastre”, “dar la puntilla”); los france­
ses, en quesos y vinos; los ingleses, en deportes, particularmente en
criquet; los alemanes, en salchichas; los árabes, en camellos; los
inuits*, obviamente, en nieve; los españoles y los franceses —y
muchos otros países, sobre todo fronterizos—, en la recriminación
mutua en cuestiones de sexo... Muchas culturas tienen sus propias
palabras para licores baratos, licores de pobres y necesitados: “vod­
ka”, grappa, sake, slivovitz, Schnaps, gin (que también comenzó así,
aunque ahora esté muy cara), etc. Cuando existe un foco cultural,
suele haber un problema de traducción debido al “vacío” o “distan­
cia” cultural entre las lenguas de partida y de llegada.
Observen que operativamente yo no considero el lenguaje como
un componente o rasgo cultural. Si así fuera, la traducción sería
imposible. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que el lenguaje contie­
ne todo tipo de sedimentos culturales en la gramática (géneros de los
nombres inanimados), fórmulas de tratamiento (“usted”, Sie), el léxi­
co (“el sol sale”)..., que escapan a la lógica de los universales, tanto
en la conciencia del hablante como en la del traductor. Por otra parte,
cuanto más específico se vuelve el lenguaje en el terreno de los fenó­
menos naturales (en el de la flora y la fauna, por ejemplo), más fijado
queda en los rasgos culturales, y acarrea consiguientemente proble­
mas de traducción. Lo cual es preocupante, ya que es sabido que la
traducción de los términos más generales (amor, templanza, justo,
injusto), sobre todo si están en relación con la moral y los sentimien­
tos (como observara Tytler en 1970), es más difícil normalmente que
la de las palabras específicas.
La mayor parte de las palabras “culturales” resultan fáciles de

* He traducido eskimo por in u it por respeto a este pueblo, pues muchos inuits se
sienten maltratados con la palabra “esquimal” porque durante mucho tiempo se asoció
a este grupo con los comedores de carne cruda. [N. del T.J

134
identificar por estar asociadas con un lenguaje particular, y no se pue­
den traducir literalmente, pero existen muchas costumbres culturales
descritas en un lenguaje corriente (mud in your eye, que en español
da “salud y pesetas”) cuya traducción debería incluir un equivalente
descriptivo-funcional adecuado, ya que una traducción literal falsea­
ría el sentido. Los objetos culturales pueden ser referidos con un tér­
mino genérico o clasificador casi culturalmente neutro (por ejemplo,
“té”), complementado además de diversas formas según las culturas,
y ustedes deben dar cuenta de ese material adicional (“—té— con
ron “con limón”, “con pastas”, “con leche”, etc.) que puede apare­
cer a lo largo del texto de la LO.

C ategorías culturales

En este capítulo, sin embargo, hablaré de la traducción de pa­


labras culturales “extranjeras” en el sentido estricto. Inspirándome en
Nida (es una adaptación de sus ideas), trataré de clasificarlas y de
ofrecer algunos ejemplos típicos:

1) Ecología
Flora, fauna, vientos, llanuras, colinas: “siroco”, “tundra”, “taiga”,
tabuleiros, “sabana”, “pampa”, “selva”.
2) Cultura material (objetos, productos, artefactos)
a) Comida y bebida: sake, gaipiriña, “cuscús”.
b) Ropa: p a rka , “anorak”, “tanga”, ku fia , “chilaba”, dhoti (India).
c) Casas y ciudades: “chalet”, “bungalow”, “patio”, jaima.
d) Transporte: “cabriolet”, “tílburi”.
3) Cultura social-, trabajo y recreo
“rock”, m izm ar (especie de trompetilla en árabe), reggae.
4) Organizaciones, costumbres, actividades, procedimientos, con­
ceptos
a) Políticos y administrativos
b) Religiosos: karma, “templo”.
c) Artísticos
5) Gestos y hábitos
“escupir”, “hacer burla de uno con la mano”.

135
C o n s id e r a c io n e s generales

La traducción de todas las palabras culturales está regida por unas


cuantas consideraciones de tipo general. Antes que nada, deben
reconocer y aceptar los logros culturales a los que hace referencia el
texto de la LO y, luego, respetar todos los países extranjeros y sus res­
pectivas culturas. Los procedimientos de traducción a los que pueden
acudir son dos totalmente opuestos: la transferencia, que por regla
general en los textos literarios sirve para reflejar el colorido y ambien­
te locales, y, si se trata de textos especializados, puede ayudar a los
lectores (algunos de los cuales pueden estar más o menos familiariza­
dos con la LO) a identificar fácilmente el referente —sobre todo, un
nombre o concepto— en otros textos o conversaciones. Sin embargo,
por medio de la transferencia, a pesar de ser breve y concisa, se obs­
taculiza la comprensión, se realza lo cultural, se excluye el mensaje y
se interrumpe la comunicación; habrá quien diga que no es ni siquie­
ra un procedimiento de traducción. Y en el otro extremo del espectro
tenemos el análisis componencial, el procedimiento translators más
exacto y preciso, procedimiento que excluye lo cultural y destaca el
mensaje. El análisis componencial está basado en un componente
común a las dos lenguas, la de partida y la de llegada (en el caso de
dacha, sería “casa”) al que hay que añadir los componentes diferen-
ciadores extracontextuales (“casa de campo”, “residencia de verano”,
“para la nomenklatura soviética”). Por supuesto que un análisis com­
ponencial no es tan económico como el original, ni tiene su mismo
efecto pragmático. Por último, el traductor de una palabra cultural
—que siempre depende menos del contexto que el lenguaje corrien­
te— debe tener en cuenta tanto la motivación como el nivel cultural
temático y lingüístico de los lectores.

E cología

Las características geográficas se pueden distinguir normalmente


del resto de los términos culturales en que aquéllas son, por lo gene­
ral, política y comercialmente neutras. Con todo, es verdad que su di­
fusión depende de su país de origen y del grado de especificidad. Así
pues, plateau no se ve como palabra cultural, y se ha adoptado desde
hace mucho en ruso, alemán e inglés, pero se ha traducido al español
e italiano (“meseta”, altipiano). Muchos países tienen palabras “loca-

136
les” para las llanuras (prairies, “tundras”, “pampas”, “sabanas”, “lla­
nos”, “campos”, “páramos”, bush, veld), todas con fuertes tonos de
colorido local. Su familiaridad está en función de la importancia y de
la proximidad geográfica o política de sus países. Lo que se suele
hacer con estas palabras es transferirlas y añadirles además un tercer
término breve y culturalmente neutro si el texto lo requiere. Todo
esto es válido también para el “tecnicismo” tabuleiros (submeseta bra­
sileña), porque uno debe suponer que el escritor no las mencionaría
si no las considerara importantes.
Los mismos criterios son aplicables para otras características eco­
lógicas, a menos que sean importantes comercialmente al integrarse
en el léxico de la lengua terminal “importadora” (“pomelo”,’’guaya­
ba”, “aguacate”, “mango”) y entonces puede haber tendencia a natu­
ralizarlas: “aguacate” da en francés e inglés avocat y avocado; y “ta­
marindo”, tamarin y tamarind.
Nida ha señalado que ciertos rasgos distintivos ecológicos (esta­
ciones, lluvia, colinas —palabras culturales: “duna”, kop—), cuando
son raros o desconocidos, tal vez no se entiendan ni denotativa ni fi­
guradamente en traducción. Sin embargo, en este campo la televisión
será pronto una fuerza mundialmente esclarecedora.

C ultura material

La comida es para muchos la expresión más delicada e importante


de la cultura nacional; los términos alimentarios están expuestos a la
gama más variada de procedimientos de traducción. He aquí algunos
de sus marcos: menús: monolingües, multilingues, glosados; libros de
cocina, guías culinarias; folletos turísticos; artículos periodísticos, que
cada vez incluyen más términos referentes a comidas extranjeras...
Aun teniendo en cuenta que los intereses comerciales y de prestigio
siguen siendo fuertes, se siguen usando todavía palabras francesas
innecesarias (o por prestigio como he dicho, o simplemente para
demostrar que el chef o la receta son franceses, o porque la mezcla
del francés, en este caso, con otra lengua terminal puede resultar
poco elegante).
De hecho, todos los platos franceses e ingleses pueden seguir en
francés e inglés si están explicados en la receta, a excepción de los ya
adaptados al español: “cruasán”, “ragú”, “turnedó”; “budin”, “bisté”,
“rosbif’... Aquí lo que debe primar sobre cualquier otra circunstancia
es la consistencia del texto y las necesidades del cliente.
Por lo que respecta a otros platos o recetas de cocina, los españo­

137
les hemos naturalizado “macarrones”, “canelones”, “ravioles”, “tallari­
nes”, Sin embargo habrá que explicar muchos otros platos italianos o
griegos. En general, se puede decir que estos términos se suelen
transferir (añadiéndoles un término neutro), aunque el español y el
francés se están continuamente esforzando por naturalizarlos.
Tradicionalmente, los términos relativos a la ropa de hombres y
mujeres de la clase alta son ingleses y franceses respectivamente
(“blazer”, “esmoquin”, el hoy en desuso slip; “corsé”, déshabillé, bou­
doir), pero los trajes nacionales cuando son característicos de un pue­
blo no se suelen traducir: “sari”, “quimono”, “caftán”, jeans (interna­
cionalismo —y símbolo— tan americano como la coca-cola, aunque
en español se utiliza “vaqueros”).
Cuando una palabra relativa a la ropa es un término cultural, tal
vez convenga aclararla más para un lector medio de la LT añadiéndo­
le un nombre genérico o clasificador ( ‘‘pantalones bombachos”),
pero es más, si la palabra específica carece de interés, la genérica la
puede sustituir sin más ni más. Sin embargo, se ha de tener en cuenta
que la función de los términos genéricos de ropa es casi constante
(suele indicar la parte del cuerpo que se cubre con la prenda en cues­
tión) y que la decripción varía según el clima y el material de que está
hecha.
Por otra parte, muchas comunidades lingüísticas tienen una casa
típica que, por motivos generales, no se traduce: palazzo (casa gran­
de); hôtel (casa grande); “chalé”, bungalow, “hacienda”, “pensión”,
“posada”. El español, lo mismo que el francés y el italiano, tienen un
vocabulario abundante (lo que se diría un foco cultural) relativo a
pueblos y ciudades que es muy difícil de traducir a otras lenguas
(“ciudad”, “villa”, “pueblo”, “burgo”, “aldea”, “caserío”): hace 50 ó 60
años éstos países estaban compuestos de pequeños pueblos.
Los medios de transporte están dominados por el inglés america­
no y el automóvil (“coche”, “tartana” o “bólido”), símbolo sagrado en
muchos países donde la propiedad privada es también sagrada. En
inglés americano hay 26 palabras para automóvil. El sistema ha gene­
rado nuevos rasgos característicos con sus neologismos: lay-by, fly ­
over. Existen, por otra parte, en este campo muchas palabras de moda
debido no sólo a las innovaciones sino a la jerga de los vendedores
de coches, y muchos anglicismos además. En el género novelístico,
se usan diversos nombres de carruajes para dar una pincelada de
colorido local y para connotar prestigio (“cabriolé”, “tílburi”, “landò”,
“cupé”, “troica”, “faetón”). Si se trata de manuales sobre el transporte
en general, el traductor debería añadir a la palabra transferida una
descripción exacta y precisa del carruaje en cuestión. Modernamente,

138
los nombres de aviones y automóviles son casi internacionalismos
para los lectores cultos (?): “747”, “727”, “DC-10”, “Ford”, “BMW”,
“Volvo”.
Se sabe perfectamente que las especies de flora y fauna son loca­
les y culturales, y no se traducen a no ser que se den en el entorno de
la LO y en el de la LT (red admiral: vulcain, “vanesa roja”). En los
textos técnicos se pueden usar como lenguaje internacional las clasifi­
caciones latinas botánicas y zoológicas: common snail: hélix aspersa.

C ultura social

En el apartado de la cultura social uno debe distinguir entre los


problemas de traducción denotativos y los connotativos. Así, “charcu­
tería”, “droguería”, “chocolatería”, Konditorei, chapellerie, patisserie
apenas existen en los países anglófonos. Pero no presentan casi nin­
gún problema de traducción, ya que dichas palabras se pueden trans­
ferir, tienen prácticamente una traducción uno-por-uno o se pueden
definir funcionalmente (“chocolatería”: chocolate shop). La moderna
absorción de muchas tiendas —lo que no quiere decir que no pue­
dan volver a renacer los oficios— por parte de supermercados, hiper-
mercados, centros comerciales y calles peatonales dedicadas al
comercio tampoco ha traído problemas de traducción (shopping cen­
tre: “centro comercial”; zone piétonnière, “zona peatonal”). Todo esto
contrasta, en cuanto a los problemas de traducción se refiere, con las
dificultades connotativas que encierran palabras como: “el pueblo”,
the common people, “la plebe”, “las masas”, the masses, “el proletaria­
do”, “la clase obrera”, la classe ouvrière, the hoi pollai (“la plebe”), les
gens du commun, classes inférieures ... Observen que algunas de
ellas —verdaderos arcaísmos hoy día— se pueden usar entrecomilla­
das irónica o humorísticamente y que “la clase obrera” tiene todavía
cierta resonancia política en la Europa occidental entre la izquierda, y
mucha más aún en la Europa del Este; aunque la palabra “proletaria­
do” quede difuminada en el sector terciario, se usó siempre por su
efecto emotivo sobre todo, y hoy día casi no se usa en plan serio, ya
que en la inmensa mayoría de los países desarrollados existe la pro­
piedad privada. “Las masas” y “el pueblo” se pueden utilizar positiva
y negativamente, pero tampoco se usan mucho. El adjetivo “masivo”
ha absorbido a “las masas” en colocaciones como “medios de comu­
nicación masivos”, pero ha quedado en expresiones como “programa
de masas”, “entretenimiento de masas”. Y es irónico que estos térmi­
nos ya no hagan referencia al pobre, ni al trabajador u obrero de

139
fábrica. Los pobres son hoy esa minoría de parados. Estos términos
políticos han sido reemplazados por “las bases”, la base, die Basis,
the rank andfile, the grass roots...
Las palabras culturales obvias que denotan modos de ocupar el
tiempo libre son, en Europa, los deportes nacionales con sus respecti­
vas series léxicas (“toros”, cricket, pétanque, hockey), a los que se
debe añadir toda una gama de juegos individuales como el tenis,
billar, squash, badminton, y un gran número de juegos de cartas y de
envite con sus respectivas series léxicas, que en el casino suelen ser
francesas.

O rganización so c ia l política y administrativa

La vida política y social de un país se refleja en sus términos insti­


tucionales. Cuando la denominación de jefe de estado o de gobierno
(“presidente”, “primer ministro”, “rey”) o el nombre de un parlamento
(Assemblée Nationale, Senate) son “trasparentes”, o lo que es lo mis­
mo, se componen de morfemas internacionales o de fácil traducción,
entonces se traducen “directa”, o sea, literalmente (“Asamblea Nacio­
nal”, “Senado”). Si el nombre de un parlamento no tiene una traduc­
ción “fácil” (Bundestag, Alemania; Storting, Noruega; Sejm, Polonia;
Riksdag, Suecia; Eduskunta, Finlandia; Kneset, Israel), se da la traduc­
ción oficial reconocida si se trata de documentos administrativos
(“Parlamento Federal Alemán” por Bundestag), pero muchas veces se
transfiere si se trata de un lector culto, o se glosa para un lector medio
(“cámara baja del Parlamento de la República Federal de Alemania”).
Al núcleo de un gobierno se le llama corrientemente “gabinete” o
“consejo de ministros”, pero de una forma informal se puede uno
referir a él por el nombre de la capital donde se encuentra. A algunos
ministerios, instituciones políticas y partidos políticos también se les
puede llamar por el nombre de sus respectivas sedes: Downing Street,
Elysée (“el Elíseo”), Hôtel Matignon (“palacio de Matignon”), White
House (“la Casa Blanca”).
Los nombres de los ministerios, cuando son lo suficientemente
descriptivos, se suelen traducir literalmente. Así, Ministère de la Jeu­
nesse et des Sports da en español “Ministerio de la Juventud y Deporte”.
Cuando un organismo público tiene un nombre “transparente”,
por ejemplo, Board o f Trade o Les Postes et Télécommunications, la
traducción dependerá del “marco”: si se trata de publicaciones serias,
como pueden ser los libros de texto, se transfiere el nombre y, si pro­
cede, se traduce literalmente. Pero también se podría traducir infor­

140
malmente por un equivalente cultural, que en el caso anterior queda­
rían así: “Departamento Británico de Comercio y Exportación” y “Ser­
vicio Francés de Correos”.
Cuando el organismo u organización públicos tienen un nombre
“opaco” (Maison de la Culture, British Council, Goethe-Institut, “Ins­
tituto Cervantes”), el traductor deberá primero determinar si existe ya
una traducción reconocida y, luego, si el lector la va a entender y
si resultará apropiada en ese marco; si no fuera así y se tratara de
un texto informativo formal, se debería transferir el nombre y dar un
equivalente funcional culturalmente neutro, equivalente que en algu­
nos casos podría ser algo más extenso: National Trust, “organización
encargada de la conservación de monumentos y parques nacionales
(británicos)”; en otros casos, puede valer un equivalente cultural
(Goethe-Institut: British Council, “Instituto Cervantes”), pero en caso
de duda es preferible el equivalente funcional, por ejemplo, “órgano
para la enseñanza y promoción del castellano”, si tuviéramos que tra­
ducir “Instituto Cervantes”; otros detalles adicionales, como la com­
posición del organismo, etc., sólo se darían por exigencias de los lec­
tores, pero siempre hay que evitar dar un traducción literal o crear un
neologismo. Si el texto informativo es informal o coloquial, tal vez no
sea necesario transferir el nombre del organismo; con dar el equiva­
lente cultural —y, si éste no existe, el funcional— puede bastar. Por
razones de impacto y elegancia, pero nunca por exactitud, un equiva­
lente cultural en la LT de un término cultural en la LO es siempre más
eficaz que un equivalente funcional culturalmente neutro, pero
podría resultar especialmente engañoso con términos legales. La tra­
ducción al inglés de “selectividad” por A ’ level tiene todo el calor de
una metáfora, pero uno y otro son muy diferentes.
Uno da por sentado que las instituciones y puestos gubernamen­
tales de carácter local se deberían transferir si los términos que hacen
referencia a ellos son insólitos (département, arrondissement, can­
ton) y lo exige la consistencia del texto. “Alcalde” se traduce por may­
or, maire, Bürgermeister, sindaco, aunque cada uno tenga distintas
funciones. Es irónico que lo de tomar precauciones con los fa u x
amis valga sólo para las palabras de “diccionario” y no para los térmi­
nos “enciclopédicos”. Así pues, secretary y Conseil d ’E tat se traducen
a sí mismas, aunque sus funciones sean diferentes.
La intertraductibilidad de palabras simples con morfemas grecola-
tinos va desde los partidos hasta los conceptos políticos. Sin salimos
de la derecha, el centro y la izquierda, existen aproximadamente una
veintena de palabras que componen la mayoría de los partidos políti­
cos de Europa, tanto la del Este como la Occidental. Conceptos como

141
“liberalismo” y “radicalismo” tienen cada uno de ellos un núcleo co­
mún de significado vago e impreciso, pero están, sin embargo, influi­
dos fuertemente por la tradición política de sus países, por no men­
cionar la confusión de ideas que identifica u opone el socialismo y el
comunismo. Aquí, la labor del traductor está en explicar estas gran­
des diferencias conceptuales (por ejemplo, “el Partido Liberal Italiano
es de derechas”, “el Inglés pertenece al centro-izquierda”; “la derecha
francesa es liberal”)
En general, se puede decir que cuanto más serios y expertos son
los lectores, especialmente los de manuales, informes y publicaciones
académicas, más inevitable se hace el procedimiento de la transferen­
cia, pero no sólo de términos culturales e institucionales, sino de títu­
los, tratamientos, señas y palabras en un sentido especial. En casos
así, el traductor debería tener en cuenta que los lectores pueden estar
más o menos familiarizados con la lengua original, que tal vez lean la
traducción porque no tienen acceso al original, que posiblemente lo
que anden buscando es ponerse en contacto con el autor del texto
original para consultar el resto de sus trabajos, para escribir al editor...
Dentro de los límites de la comprensión, cuanto más transfiera un tra­
ductor, menos traducirá, por supuesto, y más cerca del sentido del
original podrá llevar a los lectores. Esta es precisamente la razón por
la que cuando una palabra importante de un texto serio está usada en
un sentido especial o delicado, un traductor serio añade, tras intentar
traducirla, la palabra original entre paréntesis, dando a entender su
poca habilidad para encontrar la palabra correcta en la LT e invitando
así al lector a que se forme una idea del vacío existente (por ejemplo,
en cualquier traducción de Heidegger, Husserl, Gramsci). No me
extraña que Mounin escribiera que lo único lamentable de una tra­
ducción es que no es el original. La tarea fundamental de un traduc­
tor consiste en traducir y, luego, si ve que su traducción es deficiente,
en ayudar al lector a aproximarse un poco más al significado.

Términos históricos

Hasta ahora, al hablar de la traducción de términos institucionales,


sólo hemos hablado de los modernos. En el caso de los términos ins­
titucionales históricos (le Grand Siècle, l’A ncien Régime, Siècle des
Lumières, Anschluss, Kulturkampf, zemstvo, dumo), el primer princi­
pio que se ha de tener en cuenta es el de no traducirlos, tenga su tra­
ducción sentido (por “transparente”) o no (por “opaca”), a no ser que
tengan ya traducciones generalmente reconocidas. Cuando el texto es

142
académico o culto, se suelen trasferir (procedimiento que se emplea
con todos los términos citados antes menos con Siècle des Lumières,
“Siglo de las Luces”), añadiéndoles un término funcional o descripti­
vo, según convenga, que dé tantos detalles descriptivos como sean
precisos. Si el texto es popular, en cambio, la palabra transferida se
puede reemplazar por el término funcional o descriptivo.

Términos internacionales

Los términos institucionales internacionales, aunque hoy día se


conocen generalmente por sus acrónimos o siglas, suelen tener tra­
ducciones reconocidas que, de hecho, son traducciones “directas”
o literales. Así, WHO: “OMS” (“Organización Mundial de la Salud”);
ILO: “OIT” (“Oficina Internacional del trabajo”), BIT (Bureau Inter­
national du Travail), IAA (Internationales Arbeitsamt). En otros ca­
sos, prevalece el acrónimo inglés convirtiéndose así en un internacio­
nalismo casi (UNESCO, UNICEF, FAO).
En cuanto al marxismo y el comunismo hay que decir que resulta
irónico que, a pesar de tener un vocabulario internacional cargado de
tópicos como ningún otro, que apenas ofrece problemas de traduc­
ción, a excepción de algunos escritores como Gramsci, sólo cuenten
con tres organizaciones internacionales comunistas: el CAME (siglas
en español del Consejo de Ayuda Mutua Económica, correspondien­
tes a las inglesas CMEA y al Comecon, acrónimo hoy en desuso), el
Pacto de Varsovia, que al parecer no tiene organización oficial, y el
Banco Internacional para la Cooperación Económica o IBWZ (siglas
alemanas de Internationale Bank fü r wirtschaftliche Zusammenar­
beit). Las demás (WFTU, siglas de World Federation o f Trade Unions,
“Confederación mundial de sindicatos”; y WGB, siglas de World Pea-
ce Council, “Consejo mundial de la paz”) están al parecer en declive.

Términos religiosos

En el lenguaje religioso las actividades proselitistas del cristianis­


mo, sobre todo de la Iglesia Católica y de los baptistas, se reflejan en
la traducción múltiple (“Santa Sede” da en francés y alemán, por
ejemplo, Saint-Siège y Päpstlicher Stuhl). Con el lenguaje de otras re­
ligiones extendidas por la faz de la tierra lo que se suele hacer es
transferirlo, si resulta de interés para la LT, y traducir las palabras más
corrientes (“fariseos”). Los lingüistas y expertos bíblicos de EE UU se

143
han ocupado y preocupado de la connotación cultural debido a la
traducción de símiles frutales y agrícolas a lenguas donde éstos resul­
taban inapropiados.

Términos artísticos

La traducción de términos artísticos relacionados con movimien­


tos, procesos y organizaciones depende generalmente de los hipotéti­
cos conocimientos de los lectores. Nombres “opacos”, como “la Ge­
wandhaus de Leipzig” y “el Concertgebouw de Amsterdam”, se trans­
fieren si el lector es culto (con “la Staatskapelle de Dresde” hay cierta
vacilación: unas veces se transfiere y otras se traduce por “orquesta
estatal”); los nombres “transparentes” se traducen, como “las orques­
tas filarmónicas de Berlín, Viena, Londres...” Los nombres de museos,
teatros, teatros de la ópera, se transfieren y se traducen, ya que for­
man parte de los planos y direcciones de una ciudad. Muchos térmi­
nos artísticos y musicales siguen siendo italianos; en cambio, en el
área del ballet priman los franceses (fouetté, pas de deux). Art nouve­
au, en francés e inglés, da “Modernismo” en español, Jugendstil en
alemán y style liberty en italiano. Bauhaus, al ser un término “opaco”,
se transfiere; pero los diferentes -ismos se suelen naturalizar en las
distintas lenguas, a pesar de que algunos, como “fauvismo”, son opa­
cos. Todos estos términos se suelen transferir cuando son vistos como
faits de civilisation, o sea, como rasgos culturales, y se tiende a natu­
ralizarlos cuando es aceptada su universalidad.

G estos y hábitos

En este apartado hay que señalar que existe una diferencia entre
dar la descripción y dar la función del gesto o hábito, y que la últi­
ma habrá que darla por razones de ambigüedad: por ejemplo, si la
gente sonríe ligeramente cuando alguien se muere, si se da un
pequeño toque en el sombrero en señal de reconocimiento, si escu­
pe en señal de aprobación, si inclina la cabeza para disentir o la
mueve de un lado a otro para asentir, si se besa la punta de los
dedos para saludar o elogiar a alguien, si pone los pulgares en alto
para decir que algo va bien..., gestos que en unas culturas se dan y
en otras no.
Resumiendo la traducción de palabras culturales y términos insti­
tucionales, propongo que aquí, más que en cualquier otro problema

144
de traducción, la solución más apropiada depende no tanto de las
colocaciones o del contexto lingüístico o situacional —aunque tienen
también su importancia—, sino del tipo de lector (cada uno de ellos
—experto, dotado de cultura general y desinformado— exigirá por lo
general una traducción diferente) y del marco. A continuación trataré
de apuntar estas posibilidades.

R esumen d e procedim ientos

A.- Cultura

Modo de vida —incluidas sus manifestaciones— típico de una


comunidad lingüística.

1) Ecología
Animales, plantas, vientos locales, montañas, llanuras, hielo, etc.
2) Cultura material (objetos, productos, artefactos)
Comida, ropa, vivienda, transporte y comunicaciones
3) Cultura social : trabajo y tiempo libre
4) Organizaciones, costumbres, ideas :
Políticas, sociales, legales, religiosas, artísticas
5) Gestos y hábitos (descritos a menudo en lenguaje “no cultural”)

Contrasten los universales, esto es, los aspectos generales de la


naturaleza y de la gente, y sus actividades físicas y mentales; los nú­
meros y dimensiones

Distingan el foco cultural, la distancia (o vacío) y el solapamiento

B.- Marco de referencia

Factores contextúales

1) Objetivo del texto


2) Motivación y nivel cultural, técnico y lingüístico de los lectores
3) Importancia del referente en el texto de la LO
4) Marco (¿existe una traducción reconocida?)
5) Novedad del término/referente
6) Futuro del referente

145
Procedimientos de traducción

1) Transferencia
2) Equivalente cultural
3) Neutralización (o sea, equivalente cultural o descriptivo)
4) Traducción literal
5) Etiqueta
6) Naturalización
7) Análisis componencial
8) Supresión (de cadenas lingüísticas redundantes en textos no
autoritativos, particularmente metáforas e intensifìcadores)
9) Doblete
10) Traducción estándar aceptada
11) Paráfrasis, glosas, notas, etc.
12) Sustantivo clasificador

146
C apítulo X

La tr a d u c c ió n d e la s m e tá fo r a s

D efiniciones

En tanto que el problema central en traducción es la elección glo­


bal de un método de traducción para un texto, el problema concreto
más importante es la traducción de la metáfora. Entiendo por metá­
fora cualquier expresión figurada: el sentido de una palabra física
(por ejemplo, naître: “originar”); la personificación de una abstrac­
ción (“mi modestia no me lo permite”: modesty forbids me}, la aplica­
ción de una palabra o colocación a algo que no denota literalmente,
por ejemplo, describir una cosa en términos de otra. Todas las pala­
bras polisémicas (a ‘heavy’ heart) y la mayoría de los verbos fiasales
en inglés (put off: “disuadir”) son virtualmente metafóricas. Las metá­
foras pueden ser “sencillas” (monoverbales) o “prolongadas” (desde
una colocación, modismo, oración, proverbio, alegoría, hasta un tex­
to completo imaginativo).
La metáfora tiene básicamente un doble objetivo: uno referencial,
que consiste en describir un proceso o estado mental, concepto, per­
sona, objeto, cualidad o acción de forma más global y concisa de lo
que permitiría el lenguaje literal o físico; y otro pragmático, simultá­
neo, para estimular los sentidos, interesar, clarificar “gráficamente”,
agradar, deleitar, sorprender. El primero es cognitivo y el segundo
estético. En una buena metáfora, los dos objetivos se funden como el
fondo y la forma y van paralelos a ellos. Es probable que el objetivo
referencial predomine en los libros de texto, y que el estético, refor­
zado a veces por el efecto sonoro, lo haga en un anuncio, en el perio­

147
dismo popular, en una obra cuya finalidad sea el arte por el arte, en
una canción popular: Those stars make towers on vowels (Saxophone
song, de Kate Bush): “torres sobre voces”, tours sur foules, Turm a u f
Spur (?). Conviene, pues, que tengan esto en cuenta a la hora de
optar por el sentido o por la imagen de la metáfora. La metáfora, ten­
ga una finalidad u otra, siempre implica engaño, decepción, como la
mentira de aquel que pretende ser alguien que no es, y muchas veces
se usa para ocultar una intención (“las sensibilidades políticas no son
hoy diferentes de las que había cuatro años antes entre los miembros
del Gabinete...”)
Observen que la metáfora muestra incidentalmente un parecido,
un área semántica común entre dos —más o menos— cosas semejan­
tes: la imagen y el objeto. Este fenómeno es para mí principalmente
un proceso y no, como se ha dicho muchas veces, una función. Hay
que señalar, por otra parte, que el reconocimiento de un parecido en
dicho proceso no es su propósito, aunque puede ser el resultado de
una metáfora sorprendente: por ejemplo, “rebajas verdes”-, ¿ecológi­
cas, pornográficas, primeras, de verduras, de tierras de regadío?; o a
papery’ cheek: ¿fino, blanco, frágil, débil, endeble, cobarde?

Fig. 4. T raducción d e la m etáfora

Observen que uno de los problemas que presenta la traducción y


comprensión de una metáfora original, de una metáfora adaptada o,
en menor grado, de una estándar es decidir cuánto espacio hay que
asignar al área de líneas entrecruzadas del sentido y determinar, lue­
go, si ésta es: a) positiva o negativa; b) connotativa o denotativa. Por
ejemplo, la fiase “Kissinger, el Metternich de hoy día” no deja claro a
qué rasgo de Metternich hace referencia —tal vez se aclare en líneas
sucesivas—, si a : a) su carrera como hombre de estado europeo; b)
su artifìcio (negativo); c) su sagacidad (positivo); d) su carácter auto-

148
crático, lo cual es menos probable. Aquí, hablando en términos gene­
rales, el traductor tiene varias posibilidades: a) traducirlo literalmente
y dejar en manos del lector (culto) la responsabilidad de la compren­
sión; b) transferir “Metternich” y añadir la interpretación más proba­
ble, o sea, “un estadista con la habilidad de Metternich”; o c) traducir­
lo simplemente por “un hábil estadista”, para lectores que no saben
nada de Metternich.

Mi terminología para hablar de las metáforas es la siguiente:

Imagen: la representación evocada por la metáfora, que puede ser


universal (mirada “cristalina”), cultural (voz “whiscosa”), o indi­
vidual (rebajas “verdes”).
Objeto: aquello que es descrito o calificado por la metáfora (por ejem­
plo, “capital” en “capital golondrina”).
Sentido: el significado literal de la metáfora; el parecido o ese espacio
semántico entrecruzado que existe entre objeto e imagen; forma­
do por lo general por más de un componente de sentido —si no,
bastaria con el lenguaje literal—. Por ejemplo, save up fo r a rainy
day: tiempos de necesidad, escasez económica, tristeza, preocu­
paciones, etc., que en español, e infratraducido, podría ser “guar­
dar para los años de las vacas flacas”, y en francés une poire pour
la soif. Hay que observar que estas metáforas apenas son expresi­
vas. Normalmente, cuanto más original es la metáfora, más rica es
en componentes de sentido.
Metáfora: el texto usado en sentido figurado, que puede ser mono-
verbal o constar de varias palabras, desde una colocación al texto
íntegro (en este último caso se llama “prolongada”).
Metonimia: una imagen univerbal que sustituye al “objeto”. Y puede
incluir lo mismo una metáfora gastada (“corona” por monarquía),
que una recientemente estandarizada (juggernaut) o una original
(sink: recipiente para toda clase de cosas). La metonimia incluye
la sinécdoque (o sea, el todo por la parte, o la parte por el todo).
Muchos términos técnicos son metonimias: “árbol”, “gato”, etc.
Símbolo: tipo de metonimia cultural en la que un objeto material re­
presenta un concepto: las “uvas”, por ejemplo, fertilidad o sacri­
ficio.

Para mí, el lenguaje no es en primer lugar un sedimento que ex­


prese una cultura, sino un medio de expresar universales, además de
la personalidad de uno.

149
La t r a d u c c i ó n d e las m etá fo ra s

Siempre que encuentren una oración que sea gramaticalmente co


rrecta, pero que aparentemente no tenga sentido, deberán comprobar
si ese elemento al parecer sin sentido tiene un significado metafórico.
Yo iría algo mas lejos aún: deberán comprobar si el texto está mal
escrito, ya que no es probable que alguien se ponga a escribir de re­
pente y deliberadamente disparates en un texto por lo demás lógico.
Imaginen que se topan con un texto como éste: L’après-midi, la pluie
tue toujours les vitres. Lo primero que tienen que hacer es comprobar
si hay alguna errata. Si fuera un texto autoritativo, yo lo traduciría así:
“Por las tardes, la lluvia mata siempre los cristales”; y añadiría, tal vez,
mi interpretación en una nota al pie de página. Pero si se trata de un
texto anónimo, deberían intentar algo así: “Por las tardes, la lluvia
amortigua la luz que pasa por los cristales”. Pero el caso es que no
pueden esquivar el problema: tienen que darle sentido a todo. Nor­
malmente, sólo tienen connotaciones las palabras más corrientes,
pero, en caso de necesidad, cualquier palabra puede ser una metáfo­
ra, y habrá que desmenuzar su sentido contrastando su significado
primario con sus contextos lingüístico, situacional y cultural.

T ipo s d e metáfora

Para mí, hay seis tipos de metáfora: muertas, tópicas o-desgas­


tadas, estereotipadas o estándar, adaptadas, recientes y originales.
A continuación hablaré de ellas, pero en relación con sus factores
contextúales y con los procedimientos de traducción.

Metáforas muertas

Las metáforas muertas, o metáforas en las que uno apenas se da


cuenta de la imagen que encierran, están habitualmente relacionadas
con los términos universales de espacio y tiempo, las partes principa­
les del cuerpo, los rasgos generales ecológicos y las principales acti­
vidades humanas: “campo”, “terreno”, “línea”, “pie”, “boca”, “brazo”,
“caer”, etc. Se usan sobre todo para expresar gráficamente conceptos
y para esclarecer o definir el lenguaje científico. Por lo general, su tra­
ducción no encierra ninguna dificultad, aunque muchas veces se

150
resisten a una traducción literal, y por tanto se pueden traducir de
varias maneras. Así, la palabra field, en la frase in the field o f human
knowledge, se puede traducir en español por “esfera”, “dominio”,
“campo”, “ramo”; en francés, por domaine o sphère; en alemán, por
Bereich o Gebiet; en mso, por oblast. Objetos sencillos, como “puen­
te”, “cadena”, etc., actúan también como metáforas muertas en al­
gunos contextos y tienen con frecuencia una traducción literal. Fi­
nalmente, algunas palabras corrientes, como “árbol”, “aleta”, “gato”,
jack, dog, arbre, plage, métier, Mutter, pueden adquirir un estricto
sentido técnico en ciertos contextos. Estas palabras resultan igual de
sorprendentes en cualquier lengua, y se vuelven particularmente insi­
diosas e irritantes cuando, usadas en su acepción primera, sólo tienen
sentido a medias. Recuerden el consejo de Belloc, consejo que, aun­
que encierre algo de verdad, uno no puede tomar en serio: hay que
mirar todas y cada una de las palabras en el diccionario, en especial
aquéllas que creen que conocen... A lo que yo añadiría: primero en
un diccionario enciclopédico monolingüe y, luego, en uno bilingüe,
sin olvidar que hay una tendencia bastante generalizada en muchas
lenguas a “descapitalizar” (quitar las letras capitales o mayúsculas) los
términos institucionales.
Observen que, al menos, en inglés hay metáforas muertas que
pueden cobrar vida —a veces, como metonimias— convirtiéndolas
en palabras frasales (drop out, weigh up) y que debe quedar reflejado
en la traducción (“marginal”, “pesar los pros y los contras”).

Metáforas tópicas (cliché) o desgastadas

Para mí, las metáforas tópicas son metáforas que tal vez hayan
hecho olvidar de momento su utilidad, que se usan —muchas veces,
emotivamente— como sustituto de una idea clara, pero que no guar­
dan relación con la realidad de los hechos. Veamos el siguiente pasaje:
The C ounty School w ill in effect becom e n o t a backw ater b u t a
break through in ed u ca tio n a l developm ent w hich w ill set trends
fo r the fu tu r e . In this its traditions w ill help a n d it m a y w ell be­
com e a jewel in the crow n o f th e co u n ty’s education.

El texto es un fragmento de un editorial engañoso, y por ende se


trata de un texto vocativo, cuya traducción deberá conservar el mis­
mo tipo de estereotipos con toda su fealdad: “anquilosamiento”, “rup­
tura”, “dar el tono”, “joya de la corona”, “tradiciones”, por no decir
nada del tan revelador “en efecto” por well. Estos mismos procedi­

c i
mientos de traducción serían válidos también si el texto fuera parte
de un discurso político o de un texto autoritativo.
Sin embargo, un traductor debería dejar a un lado los tópicos
—tanto colocaciones como metáforas— cuando traduce un texto
anónimo, esto es, un texto informativo donde sólo los hechos o las
teorías son sagrados, o, si se pone de acuerdo con el autor, cuando
traduce carteles o letreros públicos, prospectos, propaganda o publi­
cidad, en cuyo caso de lo que se trata es de que el traductor consiga
la mejor respuesta posible de los lectores. En estos casos, siempre
existe la posibilidad de pasar sólo el sentido de la metáfora gastada o
de reemplazarla por otra menos gastada (a politician who has made
his mark: “un político que se ha distinguido...”, “que se ha hecho un
nombre...”). Si se encuentran con expresiones tales como use up
every ounce o f energy, at the end o f the day, not in a month o f Sun­
days, pueden echar mano de múltiples soluciones, sin excluir por
supuesto reproducir simple y eficazmente el sentido de la metáfora
(“gastar las últimas energías”, “al fin y al cabo”, “nunca”); pero hay
que tener en cuenta el tipo de texto y que debe imperar el sentido de
la economía lingüística. Tengan presente que es más probable que un
equivalente cultural, si es bien entendido, tenga mayor impacto emo­
cional que un equivalente funcional culturalmente neutro. En caso de
duda, yo doy siempre el sentido de la metáfora gastada o símil, o, al
menos, los reduzco a una metáfora muerta: rapier-like wit: “espíritu
mordaz, acerado”.
Existe un solapamiento entre las metáforas desgastadas y las este­
reotipadas o estándar, y de ustedes depende el distinguirlas o no, dis­
tinción que en textos informativos —que son la mayoría— puede ser
importante. Piensen que muchas decisiones translatorias, tomadas sin
tener para nada en cuenta un principio como éste, son probablemen­
te intuitivas. La distinción entre una metáfora “gastada” y una “estereo­
tipada” puede incluso estar en el contexto lingüístico de la misma
metáfora.

Metáforas estereotipadas (stock) o estándar

La metáfora estereotipada es una metáfora reconocida que, en un


contexto informal, sirve de modo eficaz y conciso para dar razón de
una situación física y/o mental, tanto referencial como pragmática­
mente (una metáfora estereotipada guarda un cierto calor emocio­
nal), y no está desgastada por el uso excesivo. (Como habrán podido
observar, a mí no me gustan las metáforas estereotipadas, colocacio-

152
nés estereotipadas, faticismos, pero tengo que admitir que mantienen
engrasados los ejes de la “carreta” del mundo y de la sociedad.)
Las metáforas estereotipadas son a veces difíciles de traducir, ya
que sus equivalentes aparentes pueden estar obsoletos o alterados, o
ser usados por una clase social o grupo generacional diferentes. No
deberían utilizar una metáfora estereotipada que no les salga de for­
ma natural. Yo, personalmente, no usaría las siguientes: he’s in a giv­
ing humour (“le ha dado la vena de la generosidad”); he’s a man o f
good appearance (“es bien parecido”); he’s on the eve o f getting mar­
ried (“él está en vísperas de casarse”). Metáforas que aparecen en el
diccionario Harrap, pero que no tienen para mí “las implicaciones de
enunciado” (J. R. Firth); ahora bien, si las tienen para ustedes, úsenlas.
El primer procedimiento —y el más satisfactorio— para traducir
una metáfora estereotipada es el de reproducir la misma imagen en la
LT, si su frecuencia de uso y su curso son parecidos en el registro
apropiado de la LT, por ejemplo: pull the chestnuts out o f the fire:
“sacar las castañas del fuego” (ayudar o sacar de un apuro a alguien);
“arrojar luz sobre”: throw light on, jetter un jour nouveau sur. Este es
un procedimiento que no se usa apenas con las metáforas prolonga­
das (se da probablemente más del inglés al alemán que del inglés al
español o francés), pero sí con las metáforas “universales” monover-
bales: iron unii: “voluntad férrea”; rise, drop in prices-, “subida y ba­
jada de precios”, la montée, la baisse de prix, die Preissteigerung,
-rückgang.
Los símbolos o metonimias no ofrecerán ningún problema para
reproducir la misma imagen en la LT si existe un solapamiento cultu­
ral: hawks and doves: "halcones y palomas”, faucons et colombes,
Falken und Tauben; esto es válido también para muchos otros ani­
males, aunque la correspondencia no sea perfecta: el dragón es malé­
fico en Occidente y benéfico en el extremo Oriente. Los cinco senti­
dos corporales están simbolizados por sus respectivos órganos, apar­
te del paladar (palate, palais, der Gaumen) que también simboliza al
gusto. También se pueden transferir las imágenes de los proverbios
no culturales: “no es oro todo lo que reluce”: all that glitters isn’t
gold, tout ce qui brille n ’estpas or, alles ist nicht Gold was glänzt.
Pero para traducir metáforas estereotipadas hay un procedimiento
más corriente que consiste en reemplazar la imagen de la LO por otra
imagen en la LT ya reconocida, si es que hay una con la misma fre­
cuencia de uso dentro de ese registro. El cambio de una imagen por
otra es raro que se dé en las metáforas univerbales, aunque spice (en
the spice o f Ufe) es “sal” en español. Donde es más frecuente que se
produzca dicho cambio es en las metáforas prolongadas, en especial

153
en las encerradas en los proverbios, que por lo general son cultu­
rales: that upset the applecart: “echó todo a rodar”, ça a tout fichu
par terre, das hat alles über den Haufen geworfen. Ejemplos así son
además típicos en este tipo de traducción, porque la equivalencia
está muy lejos de ser exacta: el ejemplo inglés denota una alteración
del equilibrio y la armonía, y está entre lo informal y lo coloquial; el
español y el francés hacen hincapié en el desorden en general y, al
ser más coloquiales, producen un impacto emocional más fuerte; el
alemán tiene el mismo sentido que el francés y el español, pero en
comparación con éstos es indiferente y frío.
Cuando las metáforas provienen del mismo tema, la equivalencia
es más cercana: “tener los triunfos en la mano”: alle Trümpfe in der
Hand halten, avoir tous les atouts dans son jeu, hold all the cards.
Observen que las versiones española, alemana y francesa son más
fuertes que la inglesa y mantienen la misma imagen: “triunfos”. Por
otra parte, el alemán y el español están más cerca porque ambos
hablan de “triunfos” y de “mano”.
El criquet es tal vez la fuente típica cultural de la metáfora inglesa:
that’s not cricket; I ’m stumped; field a question. Observen que todas
estas metáforas son bastante suaves y propias de la clase media culta,
y no deben caer en la tentación de traducirlas de forma muy colo­
quial y cargada. Fair play ha pasado a muchas lenguas europeas, lo
cual es un punto débil de los traductores. Y algunas lenguas, como el
alemán y el checo, también han trasferido fair, pero, en principio, los
términos no culturales, como los que denotan cualidades, no se
deberían transferir.
Una metáfora estereotipada sólo se puede traducir con exactitud
si se reproduce la misma imagen en la LT y queda, además, dentro de
una colocación igualmente aceptable y reconocida (“perder el hilo”,
lose the thread). Ahora bien, si reproducen una nueva imagen en la
LT, por aceptable que sea la metáfora en esta lengua, siempre habrá
un mínimo de cambio de significado y normalmente de tono. Por
ejemplo, des tas de nourriture puede ser un equivalente exacto de
“una pila de alimentos”; claro que también podría traducir adecuada­
mente a “un montón de alimentos” o “toneladas de alimentos”; pero
“toneladas” es más pesado que “montón” y éste más que “pila”. (La
selección de uno u otro término está, en gran parte, en función del
tono de voz imaginado.) Así pues, como estos componentes adicio­
nales no pueden ser trasladados económicamente dentro de esa colo­
cación francesa (tampoco serviría grand tas, ya que no existe un cri­
terio de referencia para grand), tendrán que escoger entre la com­
pensación en otro lugar del contexto lingüístico y la infratraducción.

154
Cuando uno traduce existe siempre el peligro de ir demasiado lejos
en la persecución de un detalle, de añadir significados superfluos, lo
que equivale a que todo el conjunto se desequilibre. Pero todo es
posible, incluso la reproducción de los efectos sonoros, aunque siem­
pre en detrimento del principio de economía.
La misma advertencia es válida para un tercer procedimiento de
traducción de metáforas estereotipadas que salta a la vista y que con­
siste en reducirlas única y exclusivamente al sentido o al lenguaje lite­
ral, con lo cual los componentes semánticos no sólo se perderán, o
añadirán, sino que el impacto emotivo o pragmático quedará merma­
do o desaparecerá. Así, si examinamos, por ejemplo, la metáfora /
can read him like a book, comprobaremos que tiene una inmediatez
tal que falta incluso en ich kann ihn wie in einem Buch lesen, donde
la mitad de la metáfora se ve debilitada por un símil (la metáfora ale­
mana dice “como en un libro” y la inglesa “como un libro”). Los equi­
valentes españoles y franceses (“adivino sus pensamientos”, je sais, je
devine tout ce qu’il pense) generalizan sencillamente el significado
(además, deben ir precedidas de “en su aspecto”, “en su expresión”),
y el énfasis pasa del carácter completo y perfecto de la lectura a la
globalidad del conocimiento. Aunque la metáfora inglesa sea están­
dar, posee sin embargo el elemento sorprendente de una buena
metáfora y no tiene comparación con las prosaicas versiones españo­
la y francesa. Algo similar ocurre con a sunny smile, que se podría
traducir por “una sonrisa radiante” o un sourire radieux —casi otra
metáfora—, aunque ninguna de las dos tiene el calor, la luminosidad
y el atractivo de la metáfora inglesa. La “delicadeza” y profundidad de
los detalles que entran en el análisis componencial de una metáfora
estereotipada dependerán de la importancia que ustedes le den en el
contexto. A veces, posiblemente baste con un sinónimo: “No es nues­
tro objetivo hacer de Polonia un foco de conflictos”. Aquí, “foco”
podría pasar al inglés como centre o source. O imaginen que se en­
cuentran con una metáfora como ésta, “Y se vio envuelto en esa tela
de araña que nos envuelve a todos: el matrimonio”, y que se trata de
un texto informativo. Pues no tendría nada de extraño que, encon­
trándola recargada y llena de fiorituras, la tradujeran al inglés así: He
had no alternative but to get married. En fin, que lo que hagan esté
en función de la exactitud referencial o de la economía pragmática.
Por otra parte, deben tener en cuenta que trasladar sólo el sentido
de una metáfora estereotipada a la LT puede esclarecer, desmitiflcar,
volver honesta una afirmación algo tendenciosa. A veces, cuando la
LT no tiene un equivalente metafórico para un eufemismo político de
la LO, hasta se puede hacer de una manera natural: In spite o f many

155
redundancies, the industry continues to flourish: “A pesar de los mu­
chos despidos, esta industria sigue prosperando”. Las metáforas este­
reotipadas son lo contrario de ese lenguaje llano que se emplea al
hablar de cualquier tema controvertido o tabú en una cultura particu­
lar. Y se aglutinan en tomo a la muerte, el sexo, la escatologia, la gue­
rra, el desempleo... Son el medio más práctico de maquillar la reali­
dad de los hechos: una metáfora estereotipada, como “si yo desapa­
reciera”, se vuelve inevitablemente más cmel si pasamos a la LT única
y exclusivamente su sentido ( if l were to die).
A veces es posible traducir las metáforas culturales estereotipadas
manteniendo la metáfora —o convirtiéndola en un símil— y añadién­
dole el sentido. Este es un procedimiento contemporizador: por una
parte conserva algo del efecto emotivo y cultural de la metáfora para
el lector “experto”, y por otra da una explicación para el posible lec­
tor que no entienda la metáfora. Por ejemplo, “él tiene una memoria
de elefante”: he neverforgets — like an elephant. O esta otra: il a l’es­
prit rabelaisien: “él tiene un ingenio cínico y grosero, rabelesiano”.
Este procedimiento —conocido a veces como “método de Mozart” por
intentar satisfacer tanto las exigencias del experto como las del lego
en la materia— es el más apropiado para la traducción de las metáfo­
ras epónimas, estereotipadas u originales, por ejemplo un adjectif
hugolesque: “un adjetivo rimbombante —o “lúgubre”, en otro contex­
to—, como los de Victor Hugo”. Cuando una metáfora epónima es
demasiado rebuscada, o su imagen, por clásica, resulta poco conoci­
da para una generación culta más joven, se puede pasar a la LT sólo
el sentido (“victoria pírrica”: ruinous victory; “es un Creso”: a wealthy
man; “el benjamín”: the joungest son), pero todo depende de la im­
portancia de la imagen en la LO e igualmente del contexto de la LT.
Las metáforas estereotipadas se pueden también omitir en un tex­
to “anónimo” si resultan redundantes en la LT. No veo razón alguna
para que “espíritu mordaz” dé en inglés sharp, razor-edge wit.
La traducción del sentido de una sección del texto por medio de
una metáfora estereotipada es más corriente —pero injustificada— en
los textos literarios que en los no literarios, textos éstos donde el proce­
dimiento esté tal vez justificado, en especial en el paso de una variedad
lingüística bastante formal a otra menos formal, o cuando lo que se
pretende es dar vida al estilo de un texto informativo. Así, expresiones
como the detail ended a day, o he considered it closed, podrían dar en
español “el detalle selló una jomada...” o “dio carpetazo al asunto”.
Este procedimiento puede tener más aplicación con verbos que
con nombres o adjetivos, ya que sus variantes metafóricas son mu­
chas veces menos llamativas que otros tipos de metáforas.

156
Metáforas adaptadas

En traducción, una metáfora estereotipada adaptada se debería


traducir, a ser posible, por otra metáfora adaptada equivalente, sobre
todo en un texto tan “sagrado” como pudiera ser uno de Reagan: una
traducción literal podría ser incomprensible. Por ejemplo: sow divi­
sion: “sembrar la división”, semer la division. En otros casos, uno de­
berá reproducir sólo el sentido de la metáfora: get them in the door:
“introducirlos (dar el primer paso [?])”. El problema especial de estos
textos “sagrados” es que uno sabe que no están escritos por su autor,
por lo tanto no es extraño que el traductor esté tentado de mejorar el
original con una traducción más elegante.
Existen varios grados de metáforas estereotipadas adaptadas (al­
most carrying coals to Newcastle: “casi ir a vendimiar y llevar uvas de
postre”; pouring Goldwater on the missiles: “Goldwater no está nada
entusiasmado con los misiles”), pero, como su sentido está normal­
mente claro, la traducción debe inclinarse del lado de la prudencia y
la comprensión.

Metáforas recientes

Entiendo por metáfora reciente un neologismo metafórico, mu­


chas veces acuñado “anónimamente”, que se ha extendido con rapi­
dez en la LO. Si esta palabra designa un objeto o proceso últimamen­
te corriente, entonces es una metonimia. Si no, puede tratarse de una
nueva metáfora que designe una de las numerosas y “prototípicas”
cualidades que constantemente se están “renovando” a sí mismas en
el lenguaje: bueno (“guay”, groovy, sensass} borracho (“achispado”,
pissed, cutí)-, sin dinero (“sin blanca”, skint, sans le rond}, tener rela­
ciones sexuales (“echar un polvo”, doing a Une); tener un orgasmo
(“correrse”, coming}, mujeriego (“ligón”, womaniser} policía (“pas­
ma”, “madero”, fu zz, flic).
Las metáforas recientes que designen objetos o procesos nuevos
se deben tratar como otros neologismos, o sea, con una referencia
particular a la “exportabilidad” del referente y al nivel lingüístico de la
metáfora. Un neologismo reciente y “transparente”, como head-hunt­
ing, se podría traducir por “cazatalentos”, siempre que quede claro
para el lector su sentido (reclutar, a veces en secreto, gerentes de dis­
tintas compañías). Y en el caso del nombre de fábrica Walkman, yo

157
recomendaría que se descomercializara y se tradujera, a poder ser,
por “transistor portátil”.

Metáforas originales

Pasemos a hablar ahora de las metáforas originales que crea o


cita el escritor en la LO. En principio, si se trata de textos expresivos
y autoritativos, éstas se deberían traducir literalmente, ya sean uni­
versales, culturales u oscuramente subjetivas. Establezco este prin­
cipio, porque las metáforas originales (en el sentido más amplio):
a) encierran el alma del mensaje de un escritor importante, su perso­
nalidad, su manera de entender la vida, y consiguientemente se de­
ben reproducir con toda pureza, aunque tengan algún elemento más
o menos cultural; b) constituyen una fuente de riqueza para la LT.
Y esto es lo que han hecho Tieck y Schlegel con sus traducciones de
Shakespeare al alemán, enriquecer esta lengua, aunque podían
haber transferido muchas más metáforas. Sin embargo, si una metá­
fora original, por otra parte cultural, les parece algo oscura y no muy
importante, pueden reemplazarla a veces por una metáfora descripti­
va o pasar únicamente su sentido. Las palabras de Evelyn Waugh,
Oxford, a place in Lyonnesse, podrían quedar así: “Oxford, perdida
en la mitología de una región remota, desaparecida” (o incluso, “en
la Atlántida”).
En cuanto al problema, finalmente, de las metáforas originales o
extravagantes de textos no literarios “anónimos”, debo decir que hay
que traducirlas literalmente, y uno de los argumentos en pro de esta
traducción es que así la metáfora mantendrá la atención del lector. Un
argumento en contra sería que, así traducida, la metáfora podría de­
sentonar con el estilo del texto. Metáforas como “arterias de la inver­
sión”, “temblor bancario”, “alegrías prestatarias”, “cames al vacío”,
“Kondratieff murió en Siberia”, “Amadeus se constipa”, o textos como
“el dinero pierde la memoria al contacto con la magia de la renta
variable” , o “los astros del déficit público, los índices de producción
industrial... influyen en la tierra de las empresas. Y ayer, la confluen­
cia del sol, la luna... en las casas de Piscis... podrían ser traducidos a
términos económicos, el IPC de mayo, menos optimista de lo espera­
do”, no creo que desentonaran, traducidas literalmente, con el estilo
de cualquier sección de bolsa de un periódico extranjero. Ahora bien,
también se podrían reducir al sentido y pasar a la lengua terminal
sólo éste: tengo la impresión de que el traductor debe tomar una de­
cisión general, dependiendo del número y la variedad de dichas

158
metáforas en todo el texto. Tanto éstas, como otras metáforas típicas
de los editoriales de The Guardian, por ejemplo,
Good Faith amid the Frothings; y and on the second day, the
squealing (sic) of brakes was loud in the land... The National
Coal Board had gone about asfar as it could go,

se deberían modificar o eliminar en la traducción, a no ser que lo que


se pretenda sea demostrar precisamente esta exuberancia. Aunque en
la traducción se perdería gran parte del sentido y todo el carácter pin­
toresco, sabor y efecto sonoro del original. (La relación entre metáfo­
ra y efectos sonoros es muy estrecha, y la mayoría de las veces se ve
sacrificada en traducción; la metáfora puede evocar los otros tres sen­
tidos sólo visualmente.)
En la mayor parte de los textos informativos las metáforas origina­
les o extravagantes se pueden traducir de múltiples maneras. Todo
depende, generalmente, de si el traductor quiere realzar el sentido o
la imagen. Por el contrario, si los textos son expresivos o autoritati-
vos, la variedad de procedimientos de traducción es mucho menor,
como es de esperar en una traducción semántica.
En principio, sin embargo, la traducción de cualquier metáfora es
el epítome de toda la traducción, a no ser que “funcione” una traduc­
ción literal o sea obligatoria, porque siempre ofrece posibilidades en
la dirección del sentido o en la de la imagen, o modifica una de ellas,
o combina ambas, como he demostrado, dependiendo una vez más
de los factores contextúales y, en no menor medida, de la importan­
cia de la metáfora dentro del texto.

159
C a p ít u l o X I

El u s o d e l a n á lisis c o m p o n e n c ia l e n tr a d u c c ió n

I n tro du cció n

El análisis componencial (AC) en traducción no es lo mismo que


el AC en linguistica, donde significa analizar o desmenuzar los distin­
tos sentidos de una palabra en componentes semánticos que pueden
ser o no ser universales. En traducción, en cambio, el proceso básico
consiste en comparar una palabra de la LO con otra de la LT con
significado semejante, pero sin un equivalente uno-por-uno claro,
comparación que se basa en mostrar, primero, los componentes de
significado comunes a ambas y, luego, aquellos otros en que se dife­
rencian. Normalmente, la palabra de la LO tiene un significado más
específico que la correspondiente en la LT, y el traductor debe añadir
en la LT uno o dos componentes semánticos a la correspondiente
palabra terminal para dar un significado aproximado más cercano.
Así, tenemos:

stürzen = “caer” (+ de repente + pesadamente + con referencia a


una persona o entidad importantes)
portière = “puerta” (+ de coche o vagón de tren, por tanto con ven­
tana)
pruneau = “ bala” (+ jerga)
pleurs = “lágrimas” (+ estilo “refinado”)
gawky = “desgarbado (+ torpe + afectuoso)
“chupa” = jacket C+ made of leather + slang)

160
Los componentes de significado de una unidad léxica pueden ser
referenciales y/o pragmáticos. En términos globales, una palabra de
la LO se puede distinguir de una de la LT, en primer lugar, por la
composición, configuración, tamaño y función de su referente, y, lue­
go, por su contexto, connotaciones culturales, curso, época, por la
clase social que la usa, por su grado de formalidad, tono emotivo, ge­
neralidad o tecnicalidad y, finalmente, por el efecto pragmático de su
composición sonora (onomatopeyas, grupos consonánticos simbóli­
camente sugerentes, etc.).
Una palabra como “silla” (chair; chaise, Stuhl) tiene sólo compo­
nentes referenciales, al ser pragmáticamente neutra; pero jolly en
jolly good es un término sobre todo pragmático, un ligero intensifica-
dor propio de la clase media, que en español y francés sólo se puede
sobretraducir (“estupendamente”, drôlement), y en alemán infratra­
ducir (ganz; vielleicht)-, en las tres lenguas desaparece la connotación
de clase social.
A los componentes de significado se les ha llamado “rasgos
semánticos” o “semas”. (Pero no confundan un sema con un sentido
completo de una palabra, al que le pueden llamar “semema”, si quie­
ren.) Toda pareja de palabras que se pongan a analizar, tanto de la
LO como de la LT, mostrará unos componentes comunes y otros dife­
renciales o distintivos. Muchas palabras tienen, además, componentes
adicionales, figurados o técnicos, que pueden llegar a ser distintivos
en ciertos contextos. Por ejemplo, en el caso de “mula”: “terco”, “obs­
tinado”. En “máquina de hilar”, el componente técnico reemplaza a
los demás. Los componentes más comunes se ponen a veces en con­
traste de forma escalar: por ejemplo “± joven”, “± largo”, “± sonoro”...
Luego se agrupan en la categoría “dimensión”, por ejemplo, “edad”,
“longitud”, “sonido”..., o, de manera algo artificial: “± con patas”, “±
hecho de lana”... En traducción, la distinción polar “±” sólo nos es útil
cuando estamos distinguiendo un conjunto léxico de la LO por medio
del AC:

Material Longitud Acabado Suavidad


(seda/algodón...)

velvet + , ---
plush + + +
velours + +

l6 l
En el AC, cada uno de los diversos sememas de una palabra
se debe analizar por separado, aunque suelen estar relacionados en­
tre sí.
Tal vez el traductor encuentre útil hacer un análisis componencial
extracontextual, bien porque la palabra pertinente de la LO es más o
menos neutra contextualmente, bien para establecer los límites
semánticos de una palabra de la LO (fastueux se expandirá, quizá,
hacia “lujoso”, pero no hacia “profuso”), aunque es más corriente que
analice una palabra contextualmente y que se tenga que ocupar sólo
de una acepción de la misma, con lo cual se reducen sus componen­
tes de significado en la LT. Normalmente, el traductor sólo lleva a
cabo un análisis componencial cuando se encuentra con una palabra
de cierta importancia en el texto de la LO que no se puede pasar ade­
cuadamente a la LT con una traducción uno-por-uno. Y, si la palabra
no es relevante, pues lo regular es que se las arregle con un sinónimo
(por ejemplo, kind: “amable”, gentil, gütig, etc.).
Los análisis componenciales se suelen presentar en lingüística en
forma de diagrama, que puede ser arbóreo, para palabras aisladas,
matriz o escalonado. En traducción, el diagrama matriz se usa con los
conjuntos léxicos de la LO y el escalonado con las series léxicas de la
LO, pero la mayoría de los análisis componenciales se pueden pre­
sentar en forma de ecuación, como la de arriba, o realizar mental­
mente. Los diagramas arbóreos paralelos son muy útiles para mostrar
las lagunas léxicas. (Véanse Figuras 5-8.)
Si uno ve la traducción como un reordenamiento disciplinado de
componentes de significado comunes a dos comunidades lingüísti­
cas, definición difícil de poner en tela de juicio, entonces está claro el
valor del AC como medio identifícador de tales componentes. Por
otra parte, el AC intenta ir más allá de los diccionarios bilingües:
todos los análisis componenciales están basados en diccionarios
monolingües, en el testimonio de informantes de la LO y en la com­
prensión del traductor de su propia lengua. El único objetivo del AC
en traducción es lograr la mayor exactitud posible, aun a expensas
de la economía. Sin embargo, es una técnica más precisa y restrictiva
que la paráfrasis o la definición. En la práctica, uno selecciona las
características por orden de importancia.

162
Inglés Alemán Francés

hillock coteau
Hügel

hill colline
Berg
mountain montagne

Inglés Alemán Francés

hamlet Weiler hameau

village D orf village


bourgade
bourg

town Stadt ville

city Grosstadt grand ville

Stadt mit ville épiscopale


Bischofssitz

Alemán Inglés Francés

tone ton
Ton

Laut
sound son
Schall

Klang

Geraüsch noise bruit

Lärm (col.) din (coll.) vacarme (col.)

Fig. 5 . Diagramas escalares

163
Ton = sonido ( ± humano, — vibración, — fuerte, — largo)
Laut = sonido ( + humano, — vibración, — fuerte, — largo)
Schall = sonido ( — humano, + vibración, + fuerte, + largo)
Klang = sonido ( — humano, + vibración, + fuerte, + largo)

(N. B. Este diagrama ecuacional es intuitivo, no analítico.)

Fig. 6. Diagrama ecuacional

(Pottier)
Semas distintivos
para sentarse con patas para 1 con con de madera
persona respaldo brazos o metal
canapé + + — + + +
fauteuil + + + + + +
chaise + + + + — +
tabouret + + + — — +
siège + + ± ± ± +
(térm. genérico)
pouf + — + — — —

Fig. 7. Diagrama matriz

(E) periódico
(I) periodical
(F) périodique
(A) Zeitschrift

(E) diario revista journal


(I) newspaper magazine revue
(F) journal magazine
(A) Zeitung Magazin
(N. B. En la tercera columna hay dos huecos porque los equivalentes del
término inglés journal son en español y alemán: “revista científica” y wissen­
schaftliche Zeitschrift.)

Fig. 8. Diagrama arbóreo paralelo

164
P a l a b r a s l é x ic a s

El AC se usa principalmente con palabras que denotan combina­


ciones de cualidades, o de acciones y cualidades, que aparentemente
presentan un hueco léxico en la lengua terminal: por ejemplo, pa­
labras españolas como “cursi”, boato”, “cutre”, “bochorno”, “pardo”,
“macilento”, “chatarra”, “lóbrego”; o las inglesas quaint, gawkÿ, mur­
ky, loiter, hop, sleazy, dingy; o las francesas rêche, renâcler, bourru,
relais, filière, braderie, bricoleur, moche; o las alemanas düster, bunt,
knapp, schroff, pochen, knistern, Prunk. (Todas estas palabras entra­
rían dentro de mi apartado de “intraducibies”, ya que carecen de una
traducción uno-por-uno clara.)
Observarán que muchas de estas palabras tienen la característica
común de ser etimológicamente oscuras o, al menos, de no guardar
relación con ninguna palabra correspondiente en otras lenguas; una
minoría, sin embargo (por ejemplo, las palabras francesas trivial y
pensum), son “falsos” cognados. En realidad, hay muchas palabras de
la LO que se pueden analizar componencialmente —y de forma pro­
vechosa— en relación con sus cognados de la LT, pero sólo dentro
de contexto. Como estas palabras tienden hoy día a converger en el
significado (contrôler, harmonisation, la inglesa protocol), un análisis
componencial podría ser muy útil para distinguirlas contextualmente.
En otros casos, la palabra de la LO comparte un componente común
con otra no cognada de la LT, en tanto que el sentido de la palabra
cognada de la LT tal vez presente un componente distintivo (o adi­
cional) en la LO. Por ejemplo, actuel, “presente” (“actual” o “de ac­
tualidad”).
Aunque estos fa u x amis no son palabras culturales, los traducto­
res están tentados de transferirlos en traducción, ya que muchos, al
parecer, tienen un encanto especial. Sin embargo, dichas palabras se
deben traducir, y no transferir, porque expresan características uni­
versales.
Tengan en cuenta que el efecto pragmático de la composición so­
nora atañe especialmente a las palabras alemanas (y probablemente a
las rusas), ya que esta lengua tiene un elemento físico muy fuerte.
Así, las diferencias extracontextuales entre klopfen, pochen y knock
son, hasta cierto punto, cuestión de sonido (pochen es, además, me­
nos corriente que klopfen). En ciertos contextos, la diferencia entre un
golpe fuerte y uno ligero se podría expresar por klopfen y pochen ...,
pero ésta es en parte una opinión subjetiva.

165
Para ver el uso principal del AC he escogido en primer lugar como
ejemplos las palabras blafard, mise au point y murky, que en algu­
nos contextos no tienen una traducción uno-por-uno adecuada.
Blafard se traduce al inglés normalmente por pale (o por pallid o
ivan en contextos “refinados”), y suele ir en estrechas colocaciones
con teint, teinte, couleur y aube. Sus componentes adicionales son
los siguientes: a) “pálido”; b) “descolorido”; c) “poco agradable”; y d)
“insípido”. Si la palabra es significativa en el texto, una traducción
adecuada podría ser pale, fa in t o unpleasantly pale.
Mise au point tiene un alcance semántico más amplio (“enfoque”,
“rectificación”, “perfección”, “explicación”, “puesta a punto”, “termi­
nación”, “ajuste”, “arreglo”, etc.), pero su acepción más corriente no
parece ser otra que “producción”, por ejemplo en mise au point d ’un
produit, d ’un procédé, d ’une invention. Sin embargo, en una oración
como il annonça la mise au point d ’un procédé, permettant de pro­
duire le virus en quantités importantes, el valor de mise au point
podía quedar reflejado así en inglés: he stated that a process fo r m an­
ufacturing the virus in large quantities had been finally developed.
Con lo cual se consigue resaltar las fases de manufacturación y pro­
ducción final que encierra la locución mise au point.
Muchos diccionarios —incluso los mejores—, tanto monolingües
como bilingües, tienen tendencia a enumerar los sinónimos en lugar
de determinar los componentes semánticos de una palabra. Si miran,
por ejemplo, en los diccionarios Collins el significado de eringe, se
encontrarán con “agacharse”, “reptar” (en sentido figurado); ramper,
s ’humilier; kriechen, katzbuckeln; pero eringe implica un comporta­
miento (“retroceder”,’’inclinarse”) y una emoción (“servilismo”, “co­
bardía”, “timidez”) que siempre es negativa..., por tanto no vienen al
caso traducciones neutras como “retroceder”, reculer, schaudern.
Muchas palabras denotadoras de cualidad o descripción parecen
tener fuera de contexto dos componentes separados de forma bastan­
te pareja: réche (“áspero” y “amargo”); épanoui (“radiante” y “sere­
no”); bunt (“brillante”, o “claro”, y “polícromo”); düster (“oscuro” y
“siniestro”)..., aunque, dentro de un contexto, es probable que predo­
mine uno de los dos componentes; así que el dar o no los dos signifi­
cados dependerá de la relevancia de la palabra en el texto. .
El componente pragmático de muchas palabras consiste princi­
palmente en sus connotaciones positivas o negativas. Por tanto, la tra­
ducción de palabras como maigre, paperasserie, befremden, ent­
fremden, “soberbio”, “brutal” debe mostrar el elemento negativo. Son
positivos el verbo inglés favour, promouvoir y Jorden. En cambio
favoriser es neutro. Por otra parte, systématique es negativo en fran­

166
cés (“dogmático”), y “sistemático” y systematic son en cambio positi­
vos en español e inglés respectivamente. Otro tanto ocurre con “con­
descendiente”, que es positivo en español; mientras que condescend­
ing es negativo en inglés.
Los grados de formalidad se pueden considerar como componen­
tes pragmáticos cuando no tienen equivalentes en la LT: frangin
(coloquial); (tiny) tot (familiar).
Pasemos, finalmente, a analizar murky; mi último ejemplo de
palabra “intraducibie”. Sus componentes —siempre con una clara
connotación negativa— son, fuera de contexto, los siguientes: “oscu­
ro”, “nublado”, “borroso”, “lluvioso”, “poco claro”, “impenetrable”,
“espeso”, “pesado”, lóbrego”. (Hell is murky, se lee en Macbeth, V. I.
38.) Dentro del contexto de un texto, murky va bien con “cielo” (“cie­
lo encapotado y oscuro”; ciel brouillé et sombre; dunkler finsterer
Himmel)-, “callejón” (“callejón oscuro y tenebroso”; melle sale et noir;
schmutzige, dunkle, Gasse}, “agua” (“agua turbia y sucia”; eau trou­
ble et salie}, “pasado” (“pasado oscuro y turbio”; passé obscur et téné­
breux) “niebla” (“niebla impenetrable, lóbrega”). Los componentes
españoles, franceses y alemanes tómenlos simplemente como una
sugerencia: los he escogido no por el significado pragmático y refe-
rencial del texto en su totalidad, que casi nunca suele alterar una
colocación ya reconocida, sino por razones de eufonía y por evitar la
repetición. Por otra parte, como el significado de murky pertenece en
parte al área del gusto y la palabra está por encima de cualquier prue­
ba de retrotraducción, es posible que los traductores escojan distintos
componentes de traducción.

P alabras culturales

En segundo lugar, el AC se utiliza para traducir palabras culturales


e institucionales que probablemente van a resultar incomprensibles
para el lector; el hecho de que con el AC adjuntemos una traducción
ya reconocida, que sólo se debe excluir de los textos más informales,
una transferencia, un equivalente funcional, un equivalente cultural y
así sucesivamente, dependerá en primer lugar del tipo de texto y, lue­
go, de las exigencias del lector o cliente, que, puede, por otra parte,
pasar por alto las habituales características del tipo de texto, y en ter­
cer lugar de la relevancia de la palabra cultural en cuestión dentro del
texto. Dichas consideraciones influirán en la minuciosidad o delica­
deza de los detalles del AC, pero normalmente uno debería incluir al
menos un componente descriptivo y otro funcional. Por ejemplo:

167
kraker: “miembro de un movimiento de ocupación de viviendas vací­
as”; “Instituto Cervantes”: “órgano para la enseñanza y promoción de
la lengua castellana en el extranjero”; lobby: “grupo de presión en Es­
tados Unidos”.
Por otra parte, los componentes de cada ejemplo son en principio
recursivos e ilimitados, aunque en un orden increíblemente descen­
dente de importancia, y esto vale tanto para las metáforas estereotipa­
das como para las originales; así, si analizamos la metáfora worn-out
(“gastado”), nos da lo siguiente: “prolongado en cuanto al tiempo,
usado frecuentemente y anticuado”, amén de los componentes adi­
cionales de “banal, aburrido, hecho de palabras corrientes, usado por
hablantes vulgares” y así sucesivamente; en Zeit ist Geld (“el tiempo
es oro”), los componentes de “dinero” son infinitos pero decreciente­
mente significativos: a) precioso; b) concreto; c) mensurable; d) deva­
luable.

S in ón im os

El AC se puede utilizar para diferenciar sinónimos de la LO dentro


de contexto. Con frecuencia, estos sinónimos (por ejemplo, worship
and adore) se usan única y exclusivamente por razones de énfasis, y
se podrían traducir con un verbo y un adverbio, o locución adverbial,
que hiciera las veces de intensificador: “adorar con (verdadero) fer­
vor”; aufs innigste anbeten. Por otra parte, y en el caso del inglés, los
sinónimos objetuales se agrupan de dos en dos (uno de origen ro­
mance y otro germánico) en unas cuantas frases hechas, como let
and hindrance, will and testament, goods and chattels, freedom and
liberty, cuya traducción por lo general no requiere necesariamente
otra pareja de palabras con ese paralelismo sinonímico. Sin embargo,
si la pareja de sinónimos es de un escritor innovador, el traductor
deberá intentar lograr ese paralelismo sinonímico en la LT. Así, en Les
courants marins relient ou enchaînent ce roc à la côte du Langue­
doc (P. Valéry, Inspirations méditerranéennes), el traductor inglés se
inclina por traducir relient ou enchaînent por link and chain (“atan y
encadenan”, en lugar de “atan o encadenan”). Da la impresión de que
enchaîner contrasta con relier y lo refuerza para imponer un fuerte
impacto físico, aunque enchaîner es una palabra muy frecuente en
muchos contextos y, normalmente, no tiene esa fuerza. Asimismo, un
traductor puede estar obligado a hacer una distinción entre conjuntos
léxicos como appreciate and value (“apreciar y estimar”), asses and
evaluate (“calcular y evaluar”), esteem and price (“estimar y apre­

168
ciar”), etc., a pesar de que dicha distinción encierre un gran porcenta­
je de subjetividad:

D eleite G ran Objetivo Inform e A proxim ación


personal aprecio

appreciate + + + _, _ _
value + + + — —
asses — — + + +
evaluate — — + + —
esteem — + + — —
p rize + + — — —

C o nju ntos y series

El AC se puede usar, en cuarto lugar, para distinguir semántica­


mente una sene cultural de un conjunto cultural en la LO cuando sus
“equivalentes” en la LT, aun con nombres transparentemente simila­
res, tienen muy diferentes componentes funcionales y/o descriptivos
(sustantivos). Esto se remonta a los orígenes del AC, que se ocupaba
de términos en relación con el parentesco, los cuales, al ser más
numerosos en las sociedades en vías de desarrollo que en las indus­
trializadas, se describen más convenientemente por medio del AC.
Un AC detallado establece, por ejemplo, que un fauteuil no es una
chaise, o que brown no es “marrón” ni brun, o que “leña” no es bois.
Como ejemplo de conjunto cultural (que se distingue de la “serie”
en que no está ordenado) he escogido las distintas formas de pan
francés:

longitud grosor apaisado redondez uso regional

baguette + __ __ __
ficelle (+) = — —
flû te + — — —
gros ++ + + —
m iche + + — +
boule + — + (ejército)

169
r

El traductor puede ver los componentes en seguida y ayudarse de


algún tipo de clasificador, como “barra” u “hogaza”, y transferir o no
la palabra original. Conjuntos similares se podrían llevar a cabo con
un montón de productos, por ejemplo, cervezas, quesos, clavos, ven­
tanas, camisas, colores.
El AC se puede también practicar con todas las series o jerarquías
de carácter universal o cultural: términos emparentados, rangos, jerar­
quías, distritos administrativos gubernamentales de tipo local o regio­
nal (por ejemplo, région, département, arrondissement, canton, com­
mune). En la página siguiente encontrarán un cuadro informal de las
comidas inglesas.

T érminos conceptuales

El AC, junto con la gramática de casos (véase Capítulo XII), sirve


para analizar términos conceptuales. Si tomamos, por ejemplo, “libe­
ralismo” —la palabra más resbaladiza, se trate de la lengua que se tra­
te— , con su componente obvio de libertad del individuo, veremos
que puede encerrar otros componentes en cada uno de los puntos
del espectro político, amén de actitudes morales y/o intelectuales
según sea la cultura de la nación y de la agrupación. Tengan en cuen­
ta que, si una palabra conceptual llega a ser una palabra-clave o, lo
que es lo mismo, vital para un texto profesional no literario, tal vez
convenga analizar el concepto componencialmente en una nota a pie
de página la primera vez que aparezca en el texto, y repetir escrupu­
losamente la palabra en posteriores menciones. Por ejemplo, el térmi­
no egemonia de Gramsci se podría traducir por “hegemonía, en el
sentido de liderazgo y consenso cultural ejercitado por los intelectua­
les en las instituciones de un país, en contraste o complemento con el
liderazgo y control políticos”. Aquí, AC parece coincidir con defini­
ción o lexicografía; para el traductor, sin embargo el AC normalmente
se basa en analizar la diferencia entre una palabra de la LO y su apro­
ximación “uno-por-uno” más cercana en la LT.

170
tiem po clase área contenido

breakfast
‘G reat B ritish ’ hasta las 9-30 CO RU té,café,cereales
bacon y huevos
C ontinental hasta las 9.30 CM RU té, café, tostadas

coffee break
(elevenses) 10-11 todas RU café, galletas

brunch 11-12.30 EEUU comida caliente


lunch 13-14 CMA RU
d in n er 13-14 CO (niños) RU

luncheon 13-14 nobleza RU “


snap 13-14 CO N Inglaterra comida fiambre

tea break 15-16 RU té, galletas


tea 16-17 CM RU té, pan, m erm e­
lada tarta

(high) tea 18-19 CO N Inglaterra com ida principal

supper 20-23 RU comida ligera


d in n er 20-21 CMA RU comida principal

CM: clase media; CMA: clase m edia alta; CO: clase obrera.

Tengan en cuenta tam bién que: brekkers significa “niños”; brakky, “australia­
n o ”; dindins, “alm uerzo d e los niños” ( CMA); p lo u g h m a n ’s lunch, “almuerzo
de pub consistente en pan, queso, cerveza y encurtidos”; fo r k lunch, “comida
fría que se tom a de pie”; w edding breakfast, “alm uerzo d e gala con cham pa­
ña el día de la bo d a”; harvest supper, “com ida que se hace en la sacristía al
term inar la siega”; fu n e ra l meal, o w ake en angloirlandés, “comida qu e se
hace en el velatorio”; Christm as d in n e r, “com ida que se hace el día de Navi­
dad, de 1 a 3 de la tarde, consistente tradicionalmente en pavo y pudin de
ciruelas, pasas y otras frutas.
Otras versiones com ponenciales de términos en relación con las comidas,
pero jamaicanos y estadounidenses, se p ueden encontrar en el libro de Rob­
bins Burling, M a n ’s M any V oices.

Fig. 9. Diagrama de comidas en el R. U.

171
N e o l o g is m o s

El AC sirve, además, para traducir neologismos, ya se trate de


palabras nuevas referentes a objetos o procesos recientemente inven­
tados o importados, ya de nuevas expresiones que de pronto llenan
uno de los innumerables vacíos en los recursos con que cuenta una
lengua para desarrollar el pensamiento y sentimiento humanos con
cierto nivel de formalidad lingüística. De lo que se trata en cada una
de las citadas categorías es de organizar los componentes por orden
de importancia.
En la primera categoría está Waldsterben, un neologismo alemán
relacionado con la muerte de los bosques por causa de la polución;
bien, pues, aunque el componente causal no figura en el término ale­
mán, es conveniente que aparezca en la traducción: “destrucción fo­
restal” podría inducir a error; es posible que se imponga “muerte àci­
da de los bosques”. Todo dependerá del fiituro que le espere a “lluvia
àcida”. Por lo que se refiere a objetos nuevos, hay que decir que es
probable que la palabra de la LO sea una marca de fábrica y, enton­
ces, el AC sólo se podría usar a modo de glosa: “Walkie-talkie; un
emisor receptor de radio portátil”.
Dentro ya de la segunda categoría, el AC de un nuevo modismo
como get your act together, muestra cuatro componentes: 1) prepara­
ción concertada; 2) garantía de una acción eficaz; 3) insinuación de
desorden previo; 4) informalidad pragmática. El traductor se queda
con el problema de trasladar a la LT los dos primeros componentes, si
no el tercero. (Desgraciadamente, los diccionarios bilingües no dan
equivalentes pertenecientes a distintos niveles de formalidad lingüís­
tica.) Un AC que indique el significado pragmático garantizará que el
traductor no pase simplemente el significado denotativo de neologis­
mos del tipo de downer (sedante), wet, (conservador moderado críti­
co de la política de M. Thatcher) o ligger, (gorrón vitalicio).

P alabras convertidas en m itos

Finalmente, el AC es tal vez aconsejable para esas palabras que se


han convertido en símbolos de intraducibilidad y de conciencia cul­
tural: el “criquet” inglés; el “béisbol” americano; el “pan” francés; la
“tauromaquia” española; la “pasta” italiana; el kvass ruso... Cuando
“adversarios” de la traducción de la talla de Robert Graves, Ortega y

172
Gasset y Paul Valéry hablaban de la “imposibilidad” de traducir pain
por bread, o “vino” por wine, eran conscientes del vacío de sensacio­
nes y connotaciones que se abría entre la palabra de la LO y la de la
LT, vacío —según ellos— imposible de llenar. Pero, de hecho, expli­
car es ya traducir. Lo que hace aquí el AC no es proporcionar dos
definiciones separadas de dos palabras, sino dar ordenada cuenta de
la diferencia cultural que existe entre esas dos palabras con el mismo
referente y distintos componentes pragmáticos. Así, el traductor que
se enfrente, pongamos por caso, con las diferentes definiciones que
dan las ediciones inglesa y soviética del diccionario Oxford (Student’s
Dictionary o f Current English) de la palabra “capitalismo”, lo primero
que haga sea, tal vez, percatarse del componente descriptivo común
(“propiedad privada de los medios de producción”) y, luego, de los
componentes funcionales diferenciales (R. U.: “base de un sistema
social que da libertad para administrar la propiedad y obtener benefi­
cios en condiciones competitivas”; URSS: “base de la explotación del
hombre por el hombre”).
De hecho, no hay nada específicamente inglés o soviético en estas
definiciones, perfectamente “legitimas”, del internacionalismo “capi­
talismo”, pero es deber del traductor, allí donde lo considere oportu­
no, mostrar qué sentido tienen dichas palabras en el texto de la LO, y
es precisamente el AC el que ofrece el método exhaustivo más perti­
nente, económico y necesario de hacer dicha distinción.

C onclusión

He analizado brevemente los siete usos del AC en traduc­


ción. Para mí es como un método flexible, aunque ordenado, de lle­
nar los numerosos vacíos léxicos, lo mismo lingüísticos que cultura­
les, entre dos lenguas. Huelga decir que nunca lo hará de forma per­
fecta: en su batalla contra la infratraducción (uso de la sinonimia)
tenderá a sobretraducir, y en su afán por conseguir exactitud tenderá
a sacrificar la economía y, consiguientemente, el impacto pragmático.
(Sin embargo, es probable que sea más económico que la paráfrasis o
la definición.) Operativamente, se basa en la existencia de los solapa-
mientos universales y culturales, como lo hace toda traducción, pero
teóricamente, no trata de penetrar en ese campo de controversia filo­
sófica y lingüística. Aunque para muchos el AC no sea otra cosa que
sentido común, espero haber demostrado, mostrando los distintos
enfoques y técnicas, que es algo más.

173
C apítulo XII

La ap lica ció n d e la gram ática d e ca so s a la tradu cción

I n tro du cció n

La gramática es la columna vertebral de un texto; el vocabulario


—o, en sentido estricto, el léxico—, la came; y las colocaciones, los
tendones que relacionan la una con el otro. La gramática nos da lo
general e importante sobre un texto: afirmaciones, preguntas, ruegos,
finalidad, causa, condición, tiempo, lugar, duda, emoción, certeza; e
indica además que alguien hace algo en beneficio de alguien y por
qué, dónde, cuándo y cómo lo hace. El léxico, más restringido y defi­
nido, describe objetos (animados, inanimados, abstractos), acciones
(procesos y estados) y cualidades, o sea, sería más o menos la suma
de las palabras léxicas: nombres, verbos, adjetivos y adverbios. Las
relaciones entre ellos, mediante preposiciones de espacio y tiempo,
por ejemplo, o por los “taquigráficos” pronombres, sería también fun­
ción de la gramática.
Entre la gramática y el léxico existe un área semi-oscura: locu­
ciones prepositivas (por ejemplo, “a tenor de”, “en el seno de”, au
niveau de —“en”—) y semi-verbos (se borner à —“simplemente”—,
ne cesser d e—“siempre”—, “rayar en”, “pasar por”, he used to —“ha­
bitualmente”—, je peux —“tal vez”—) están a caballo entre ambas,
aunque la traducción, por poner un ejemplo, de he used to por “habi­
tualmente” es sólo aproximada. “El léxico empieza donde termina la
gramática”, escribió Halliday, pero yo pienso que en parte existe un
solapamiento entre los dos, como el que hay entre los conceptos más
antagónicos en traducción. El orden natural que siguen las palabras
en la oración es algo gramatical, pero es sabido que el extrañamiento

174
en ese orden se usa por razones de énfasis, efecto que se puede con­
seguir también por medio del léxico, con palabras, por ejemplo, como
“precisamente”, “indudablemente”, “incluso”, con los superlativos y
con la puntuación (cursiva, mayúsculas, comillas).
Como traductores, nos interesa la gramática únicamente en cuanto
que es transmisora de significado. Por tanto, apenas nos sirve la gra­
mática bloomfieldiana o “estructuralista”, corriente que incluye tam­
bién a Zellig Harris. La razón es porque excluye el significado. Como
tampoco nos son de gran ayuda las gramáticas de Saussure y Choms­
ky. Estos tratan de la langue y de la competence y no de la parole y la
performance respectivamente, o lo que es lo mismo, de los principios
del lenguaje y no de los textos en sí. Uno puede construir una teoría
sobre la transición de una estructura superficial de la LO a otra super­
ficial de la LT pasando por una estructura profunda universal, pero
esto muchas veces se convierte en un ejercicio puramente académi­
co. Sin embargo, la brillante aplicación que hace Nida de la gramática
transformacional en su libro Exploring Semantic Structures, no sólo
impulsa las buenas traducciones, sino que aclara lúcidamente las suti­
lezas del inglés. Desde Chomsky, la lingüística, con su énfasis en el
análisis del discurso y en la sociolingüística, se ha aproximado más a
los enunciados “reales”, y algunos lingüistas han “semanticalizado” o
dado significados frescos y más precisos a muchos conceptos grama­
ticales, como, por ejemplo, a los casos. Sin embargo, la mayor parte
de los que escriben sobre traducción y utilizan la gramática de casos
están sólo interesados en la secuencia normal, por ejemplo, de parti­
cipantes, proceso y circunstancias, en cada idioma, y lo que hacen es
contrastar las diferentes valencias en cada caso, v. gr.:

La m aison se détache su r u n fo n d vert; La casa destaca sobre un


fondo verde; The house sta n d s o u t a gainst a green background;
D as H aus hebt sich von einem g rü n en H intergrund ab.

Aunque yo veo esto útil, para mí es más un rasgo característico de la


lingüística contrastiva que de la teoría de la traducción.

Es mi propósito en este capítulo demostrar en qué sentido el co­


nocimiento de algunos aspectos de la gramática de casos* puede ser

* Prefiero denominarla “gramática de casos” por su transparencia, en lugar de “teo­


ría de la valencia” o “gramática de dependencias”, como la llama Tesniére. Sin embar­
go, incorporaré a mi propia ampliación de la gramática de casos cualquier elemento,
proceda de donde proceda, que sea útil como instrumento de traducción.

175
útil al traductor y, por ende, que forma parte de la teoría de la traduc­
ción. Y, como la gramática de casos se centra en la relación del verbo
con sus satélites o participantes, hablaré en primer lugar de la traduc­
ción de los verbos, en especial de los verbos elípticos. Luego, enume­
raré los participantes casuales relacionados íntimamente con el verbo;
y, por último, trataré de las relaciones semánticas asociadas “libre­
mente” con el verbo, y, por tanto, llamadas muchas veces “circuns­
tanciales”.

La traducción d e los verbos elípticos , o sea , d e la fuerza verbal

Para mí, la gramática de casos es un método de análisis de una


oración, cláusula, o compuesto nominal (sin verbo) para demostrar la
posición central del verbo, o de la palabra que posee la fuerza verbal,
dentro de una secuencia de palabras. Dicha palabra lo mismo puede
ser un adjetivo (“responsable”), un adverbio (“responsablemente”),
un nombre (“responsabilidad”), un nombre colectivo (“grupo”), que un
nombre común (“viento” en “molino de viento”; o “fábrica” en “fábri­
ca de juguetes”) o un grupo adverbial en una oración nominal donde
el verbo está implícito, por ejemplo:
So Helmut Schmidt: “Como dijo Helmut Schmidt”
D arauf Kienast: “Replicó Kienast”
Herein: “Entre”
“Fuera”: Get out.
El verbo, por otra parte, puede estar implícito en frases idiomáti-
cas que encierran una nominalización, como “De ahí la inclinación
del Gobierno por una reforma...”, o en un grito o signo de exclama­
ción, como el de Kate Kollwitz (Brot: “Queremos pan”), o en un esti­
lo vivido nominal y adverbial, como en la novela de Heinrich Mann,
El súbdito, donde el autor consigue esa viveza con oraciones nomina­
les en serie, mecanismo que difícilmente sería eficaz en una traduc­
ción española, por ejemplo:
Und gefällig schrie das Häuflein mit. Diederich aber, ein Sprung
in den Einspanner und los, hinterdrein... : “Y el grupito gritó
complaciente con él... Pero Diederich saltó sin perder tiempo en
la berlina que estaba esperándole y salió disparado...”*

* H. Mann, El súbdito, Barcelona, Bruguera, 1983, págs. 367-369. Traducción de


J. Vilar. [N. del T.J

176
(Observen que el traductor español intenta expresar la viveza de ese
estilo con verbos.)

D er W agen entrollte dem Tor, u n d D iederich: Es lebe d er Kaiser! :


“La carroza volvió a p a sa r el po rtal y D iederich: Eviva ti Kaiser..!."

Finalmente se ve detrás de una columna a un individuo sospecho­


so ocultando unos papeles:

D a aber D iederich! W ie d en Sturm u n d m it Kriegsgeschrei sah


m an ih n über den P la tz tosen...: “¡Pero allí estab a Diederich! Se le
vio abalanzarse a través d e la p laza corno u n h u ra c á n d a n d o alari­
do s d e g u erra ”.

Las tres primeras palabras también se podrían traducir por “Pero Die­
derich le estaba esperando” o “De repente, sin embargo, apareció
Diederich”, etc.

En todos estos ejemplos el traductor tiene una amplia gama de


posibilidades semánticas para suplir los verbos —si es que es eso lo
que desea—, ya que estilísticamente el texto de la lengua original lo
que intenta al omitir el verbo es dar una impresión bastante general
de acción repentina, intensa. Obviamente, el contexto limita final­
mente la selección, pero los contextos —al contrario de las palabras
explícitas—, ejercen a menudo una restricción semántica no cerrada,
sino abierta. Cuando se omite un verbo, éste está a la fuerza semánti­
camente indeterminado, pero, dada su importancia, el traductor debe
suplirlo si decide que los motivos de su omisión, que pueden ser sin­
tácticos, estilísticos o pragmáticos, no son válidos en la LT.
Lo mismo que, como se ha visto antes, el español suple un verbo
elíptico en el original, también se pueden encontrar ejemplos que
demuestran que algunas veces el “dinamismo comunicativo” de un
verbo personal de la LO da en la traducción española un nombre
deverbal, que suele retener sus participantes de caso. Asimismo, si
nos encontramos con la frase l’inflation s ’augmente y, haciendo una
trasposición de verbo por nombre, la traducimos por “hay un aumen­
to de la inflación”, veremos que el rema adquiere mayor relieve que
utilizando una construcción verbal. En este ejemplo, no hay por qué
reflejar en la traducción los participantes de caso implícitos (“infla­
ción de precios, dinero”, o el pronombre reflexivo). Finalmente, la
traducción de un segmento lingüístico, como en vue d ’inciter à adop­
ter un comportement q u i..., por “con vistas a incitar a otras compa­

ia
nías a que adopten un comportamiento que...”, ilustra la necesidad
de proporcionar un participante casual en la LT.
Si dejamos los verbos “elípticos” y pasamos a las locuciones, cláu­
sulas, oraciones, vemos que cláusulas tales como It’ s my hope, my
belief, a matterfo r regret that piden claramente en español, francés y
alemán un verbo: “espero que”, “creo que”, “siento” o “es lamenta­
ble”. Y al contrario: Die Schüsse a u f den amerikanischen Preisiden­
ten Reagan requiere un verbo tanto en español, como en francés e
inglés: “Los disparos efectuados contra el presidente Reagan”. Pero es
mucho más frecuente que la construcción inglesa nombre + preposi­
ción + sintagma nominal o nombre (the house on the hill) requiera un
verbo en español y francés, en tanto que la construcción alemana
objeto indirecto + adjetivo + sintagma nominal (der ihnen frem de
Staatsmann) pide en español, francés e inglés una subordinada adje­
tiva (“a quien ellos no conocen” o “que les es desconocido”). Final­
mente, la traducción de una locución, como l’effort des hommes sur
le monde extérieur, pide un infinitivo en español e inglés (“el intento
de los hombres por influir en el mundo exterior”) o un verbo más
nombre (“dejar sus huellas”), pero las palabras añadidas estarían
semánticamente limitadas por el resto de la oración. Observen tam­
bién que el inglés normativo requiere el uso del verbo, al contrario
que el inglés no normativo y alemán normativo, que no lo requieren.
En francés, el efecto tan sorprendente que puede producir un ver­
bo elíptico que conecta el caso agente (o agentivo) con el comple­
mento, como en el caso del infinitivo histórico (Et lui de partir), es
difícil de conseguir en traducción. Como es difícil también conseguir
el efecto dramático que puede producir el inicial “otro” u autre. “Otra
decisión cuyos motivos...”: The following is another decision where
the motives... Pero es más corriente que en inglés se “reponga” un ver­
bo que no figura en el texto pero que se puede inferir por el contexto
y los participantes de caso: “Y unas líneas después ...”: A few lines
later, he stated... Los puntos suspensivos son también más frecuentes
en español y francés que en inglés, de donde se deduce que a veces
el inglés los traduce por un verbo. Otro signo de puntuación que
encierra un valor semántico, y que a veces exige una construcción
nominal o verbal, es esta pequeña flecha horizontal, ‘— “y como
resultado”, “lo cual significa que”, “lo que da por resultado”.*
Hay que señalar que no es difícil “inferir” por los enunciados la
existencia de verbos elípticos: el número de verbos básicos —al con-

* Agradezco estos ejem plos a David Harvey y H arold Leyrer.

178
trario que el de los nombres— es limitado. El número de nombres (o
sea, de objetos) es infinito, pero un nuevo verbo sólo se puede crear
combinando unas cuantas acciones humanas fundamentales con
objetos nuevos. La inmensa mayoría de verbos consta de uno o más
componentes de significado (“primitivos semánticos”), entresacados
de unos cuantos, como “causar” o “motivar”, “llegar a ser”, “cambiar”,
“usar”, “proporcionar”, en combinación con un objeto o cualidad. Un
traductor, por ejemplo, no tendría muchas dificultades en dar con los
verbos elípticos, dentro de un contexto, en una oración como la si­
guiente: First a flower, then a rose, then a dog rose. (Observen tam­
bién que en tanto que unos idiomas carecen de verbos corrientes que
designen posesión inanimada, otros o suplen el sentido con el caso
genitivo o con un verbo más formal; así, conditions fo r the lots and
graves in the cemetery puede dar “las condiciones para la concesión
de terrenos y fosas del cementerio”, les conditions de concession des
lots etfosses que détient le cimetière.)
Todos estos ejemplos representan para mí el aspecto más impor­
tante de la aplicación de la gramática de casos: la suplencia de un ver­
bo por parte del traductor. Pero es obvio que cuando traduzca “comu­
nicativamente” lo hará con mayor facilidad que cuando traduzca “se­
mánticamente”, aunque si no se puede reproducir en la LT el efecto
estilístico que supone la omisión de un verbo, como en el ejemplo de
Heinrich Mann, tendrá que echar mano del metodo “semántico”.

La traducción d e los vacíos d e caso

Otro aspecto más corriente, pero quizá menos importante, de la


gramática de casos es el que hace referencia a los vacíos casuales en
el texto de la LO. Tomemos la oración siguiente: Le profit ne peut
provenir que d ’un progrès (même mineur) ou d ’un effort pour résou­
dre une carence ou une inadaptation (véase Lecuyer 1978). Esta ora­
ción, característica de la jerga técnica moderna, incluye cinco nom­
bres deverbales aparentemente incompletos: de hecho, uno tal vez
quiera saber quién es el que obtiene la ganancia, quién el que hace el
esfuerzo, qué falta y quién el que no logra adaptarse a qué. Tenemos,
en realidad, varios participantes de caso “elípticos” cuyo contenido
específico lo mismo lo puede aclarar el resto del contexto que no
aclarar. Y presumiblemente, la traducción es la siguiente: “Las ganan­
cias únicamente pueden provenir de los progresos que una compa­
ñía ha hecho —aunque éstos sean de poca importancia— o del es­
fuerzo que ésta ha llevado a cabo por compensar una escasez de

179
material o por falta de adaptación a la economía“. Aquí no se trata
de si he llenado o no correctamente los lugares vacíos de la LO, sino
de que la mayoría de los traductores —o el lector medio— verían con
buenos ojos el que al menos algunos de estos lugares no estuvieran
vacíos. Aceptado lo cual, pasaré a hablar en primer lugar del grado
de importancia de tales vacíos y, luego, de su esencia.
Inspirándome en los tres participantes de caso (obligatorios,
opcionales y de “libres indicaciones” —-freie Angaben—) de Helbig
( 1969) y ampliándolos, yo divido los vacíos de caso en cuatro catego­
rías principales, con la particularidad de que se producirán solapa-
mientos entre ellos: 1) obligatorios; 2) implícitos; 3) opcionales; y 4)
suplementarios.

Vacíos de caso obligatorios

Esta es una categoría esecialmente sintáctica. Aquí el traductor lle­


na el vacío casual automáticamente, o bien porque la sintaxis de la LT
lo requiera:

LO Gib her LT “Dáme/o “


LO I do LT “Yo lo hago, quiero, etc.”
LO “Y de devolver el gato LT And they brought back
a la embajada” the cat to the embassy.

o bien porque una oración en el xto de la LO es ambigua o lingüís-


ticamente defectuosa:

LO Die Verhandlungen wurden LT “Se comunicó que se habían


abgebrochen und berichtet roto las negociaciones”.

Vacíos de caso implícitos

Los vacíos de caso implícitos son los más importantes para el tra­
ductor. Se trata, en el fondo, de una categoría semántica, aunque mu­
chas veces exista una obligación sintáctica de rellenar ese vacío. Así,
palabras de la LO, por una parte, tales como “crecimiento”, “reivindi­
cación”, “distribución”, “inversión”, aluden de manera clara, aunque
implícita, a la economía, los salarios, la riqueza y el capital respecti­
vamente, pero tal vez resulte innecesario rellenarlas. Sin embargo,
quizá tengamos que aclarar un texto médico o geológico: Les défauts

180
d ’apport et les troubles d ’absorption es probable que haga referencia
a una admisión deficiente y a las dificultades para absorber proteínas;
exagération des fuites et des dégradations digestives hace referencia
al aumento de la pérdida y degradación de albúmina en el canal
digestivo...
Los verbos “suceder” y “comportarse” se asocian con dos tipos ais­
lados de categorías implícitas: “suceder” implica normalmente tiempo
y/o lugar, y los traductores tendrían que proporcionar este detalle si
faltara en el texto de la LO; y “comportarse” implica una manera parti­
cular de comportamiento, que si no se especifica en el texto de la LO
(por ejemplo, “¿Te comportaste?”: Did you behave?') se tendrá que aña­
dir en el texto de la LT: Tu t’es bien comporté? o Tu t’es bien conduit?
Los verbos de duración (vivir, permanecer, sentarse, estar de pie,
existir y poner) forman una categoría similar: implican todos ellos
lugar; aquí el participante casual es prácticamente obligatorio. He
went on and on requiere una expresión adicional de tiempo en la LT.
Hay otras dos relaciones de caso que no pocas veces se hallan
implícitas, relaciones que la gramática de casos no suele explicar y
que la gramática tradicional explicaba mediante el caso genitivo: a)
“la cresta”, en inglés the ridge crest, donde el vacío casual representa
el todo al que hace referencia el término mencionado; b) “la organi­
zación” (en “la organización tenía claro que hacer un espectáculo de
nivel...”, “organización” no se puede traducir, por ejemplo, al inglés
sin completarlo en este caso por concert), o le groupe, (“grupo de
estudiantes” en español), donde el compañero elíptico es más especí­
fico que el término explícito, que es un nombre colectivo o genérico.
La relación existente entre los dos nombres es “ecuativa” (“consta
de”, “pertenece a”); pero este tipo de verbo no parece desempeñar
ningún papel en Tesniére (1965), Fillmore (1968) o Halliday (1973),
lingüistas que no intentan “semanticalizar” el caso genitivo. Sin
embargo, el traductor debe explicar la relación (por ejemplo, en
“padre, “presidente”, “lugar”).
Muchas de las gramáticas de casos no se ocupan del caso genitivo
o posesivo, ni de sus múltiples variantes, las cuales intercambian sig­
nificados de dicho caso o de la preposición “de”, si se quiere: subjeti­
vo, objetivo, asociativo (“la empresa de mi hermano”), cuantitativo
(“litro de leche”), constitutivo (“vara de hierro”), ecuativo (“la ciudad
de Londres”). La teoría de la valencia, por ejemplo, no incluye el
valor semántico del genitivo porque postula la dependencia de todos
los casos del verbo y este caso depende “gramaticalmente” de su
nombre; sin embargo, en la estructura profunda deja de ser genitivo y
también depende de un verbo (“la casa del arquitecto” = “la casa que

181
construyó/compró/mencionó el arquitecto”). Las observaciones que
acabamos de hacer son válidas además para los compuestos mono- o
multinominales, que en lenguas como el alemán e inglés sustituyen a
la construcción “nombre + de + nombre” en muchas combinaciones.
Obviamente, lo que al traductor le interesa de verdad son los vací­
os del caso genitivo en la LO. Así pues, deberán ustedes añadir con
frecuencia un nombre detrás de nombres colectivos tales como “gru­
po”, “sector”, “partido”, “número”, “variedad”, etc. Por otra parte, ex­
presiones de textos médicos franceses del tipo de les séries, le fibri­
nogène, la paroi, une chaleur locale quedan mejor traducidas am­
pliándolas: “grupos de pacientes”, “el método fibrinógeno”, “la pared
del vaso”, “un área de calor localizada”.

Participantes de caso opcionales

Estos participantes son semánticos y estilísticos. Aquí, el traductor


es libre de suplirlos o no. La decisión será en parte pragmática, pero
no cabe duda de que vendrá también impuesta por razones de minu­
ciosidad o estilo. Poner un ejemplo satisfactorio requeriría un contex­
to amplio. Pero podríamos escogerlo entre verbos tales como “dificul­
tar”, “proteger”, “amenazar”, “prevenir”, “nombrar”, “proporcionar”,
“dar”, etc., todos los cuales van acompañados de un objeto directo
obligatorio (¿objetivo?, ¿objeto?, ¿paciente?) y de uno o dos participan­
tes más, que tal vez se encuentren mencionados, implícitos u omiti­
dos en otra parte del texto. Por ejemplo, en la oración Der Ausschuss
ernannte Herrn Schmidt (“el comité nombró al señor Schmidt”) no
se menciona el tipo de nombramiento (profesor, cónsul, etc) porque
probablemente está implícito en el texto, pero el traductor podría
añadirlo si no estuviera claro en el contexto inmediato. Otros partici­
pantes de caso, como el tiempo, lugar y duración del nombramiento,
el número de candidatos y el motivo del nombramiento son opciona­
les, con tal de que aparezcan en cualquier otro lugar del texto.

Información suplementaria (o las “libres indicaciones”de Helbig)

Se trata de algo “referencial”, y consiste en una información adi­


cional que no se da en el texto y que el traductor nos facilita entresa­
cándola de su conocimiento de la situación y del contexto cultural.
Así pues, si tuviera que explicarse culturalmente el “té” como bebida,
se tendrían que dar en la traducción participantes suplementarios (le­

182
che, limón o ron, con tarta, etc.). Aunque tal información suplementa­
ria no tiene por qué darse en forma de “caso”.

T ipos d e participantes casuales

Es mi propósito en este apartado enumerar los diversos tipos de


participantes de caso y hablar brevemente de cada uno de ellos. En
los últimos 50 años ha habido algunos lingüistas que han propuesto
que términos gramaticales, como “nominativo”, “vocativo”, y “sujeto”,
“objeto”, etc., se deberían limitar a denotar funciones sintácticas, y
que se tendría que establecer un conjunto de funciones casuales se­
mánticas. Así, contamos con las designaciones de “identidad”, “alteri-
dad” y “finalidad” de Brinkmann —entre otros muchos—; con las de
“agentivo” o “actor” de Fillmore y Halliday; con las de “instrumental”
o “instrumento”; “dativo” o “receptor”; “factitivo” o “resultante”; “loca­
tivo” o “lugar”; “objetivo”, “paciente” o “meta”; “benefactivo” o “bene­
ficiario”. Dichas designaciones son chapuceras e incompletas, y Fill­
more al menos ya las ha cambiado. Yo, por mi parte, creo que un tra­
ductor no puede limitarse a un número tan pequeño de “lugares
vacíos”, ni5enfrentarse a las sutilezas por las que se distingue el “facti­
tivo” del “objetivo”. Delante de un verbo, nombre deverbal o adjetivo
incompletos, lo probable es que el traductor se pregunte, siguiendo
posiblemente un orden de prioridades: ¿quién hace qué a quién?,
además de ¿con qué, cuándo, cómo, dónde, etc., lo hace? Luego, hay
por ahí conjuntos particulares de verbos que naturalmente implican
otros vacíos: “protestar” (“contra qué”); “votar” (“a favor de qué”); “ir”
(“de dónde a dónde”); “durar” (“cuánto”); etc.
Como es posible que un esquema así sea demasiado general para
que lo manejen los traductores, podríamos proponer, siguiendo a
Fillmore (1977), marcos casuales particulares para tipos particulares
de verbos. El de “proteger”, por ejemplo, sería: quién protege qué, o
a quién, de qué, y con qué, contra qué o contra quién lo protege
(agente-paciente-instrumento-adversario); aquí, en un texto de la LO,
el agente y el paciente son obligatorios, el instrumento implícito
(puede que sea también el agente) y el adversario debería estar claro:
esto es, el lector de la LT tiene derecho a que se le dé el adversario.
Asimismo, en lo que Fillmore denomina “suceso comercial” (X com­
pró en H una docena de rosas por 500 pesetas, o X pagó 500 pesetas
por una docena de rosas, o H vendió a X una docena de rosas por
500 pesetas), hay al menos dos participantes verbales obligatorios en
cada una de las frases, otros dos podrían ser necesarios y, tal vez,

183
sean pertinentes en el contexto de la LT tanto la ubicación y tiempo
de la compra como el valor del dinero. (En la terminología de Tesnié-
re, estos componentes son “circunstanciales” y no “actantes”.)
Finalmente, en un grupo de verbos de “hospitalidad”, “invitar”,
“acoger”, “ofrecer”, etc., el lector debe saber quién invita a quién y a
qué lo invita (lo último no tiene por qué facilitarlo el texto original
“sintácticamente” dentro de la oración: lo puede hacer en otro lugar
del párrafo), y probablemente tiene derecho también a conocer cuán­
do y dónde, y, si la ocasión es extraordinaria, por qué: por tanto
habrá que rellenar dos vacíos casuales obligatorios, uno implícito y
dos o tres opcionales.
Para mí es esencial el “quién hace qué a quién y con qué motivo”,
donde el motivo es el nexo de unión entre la oración pertinente y la
anterior a ésta y posterior, y el traductor tal vez tenga que añadirlo si
falta en el texto de la LO. Los lugares vacíos restantes se rellenan por
medio de los “actantes", que, en palabras de Tesniére, son los partici­
pantes más importantes. A veces falta el primer actante (siempre ani­
mado) o sujeto, como en los siguientes ejemplos:
“Este calor invita a la pereza”: In this w eather I fe e l lazy.

Il est de bon ton d a n s les m ilieu x dits m odérés de prétendre que...


(Thiel 1980): “En círculos políticamente m oderados es de b uen
tono (en tre la gen te) afirmar que...”

D er Schluss a u f S o d iu m w ar zw ingend: “Llegamos a la conclu­


sion d e que debe ser radio”.

En estos ejemplos y en algunos otros, es posible que el traductor juz­


gue necesario expresar el sujeto claramente, aunque no sería difícil
reproducir el componente harto impersonal del original.
A mi modo de ver, el participante casual que más suele faltar es el
objeto directo o, en términos semánticos, la cosa directamente afecta­
da. En las lenguas romances hay una larga serie de verbos (“persua­
dir”, “obligar”, “incitar”, “prohibir”, “invitar”, “forzar”, etc.) sin objeto
que llevan “a” en español y de y à en francés con el infinitivo, donde
el traductor inglés, por ejemplo, tiene dos alternativas ya conocidas:
w e o b y people. Y a estos agentes tendrá que acudir el traductor para
rellenar el lugar vacío del objeto elíptico del original en frases como
“Decía Julio Camba que lo lógico es poner mercancías en los escapa­
rates que puedan con su aspecto atrayente incitar a comprarlas inclu­
so si no se necesitan”, o Une publicité tapageuse incite à acheter des

184
marchandises même inutiles: Encouraged by obtrusive advertising,
we buy goods, even unnecessary ones-, Goods that may will be un­
necessary are bought (bv people) as a result o f loud and showy ad­
vertising.
Sin embargo, el ejemplo más obvio de un objeto implícito u op­
cional suele ir precedido de un nombre deverbal. La moda de los
nombres deverbales, fenómeno que incita a usar la jerga, parece favo­
recer la omisión de un objeto como si fuera algo que todo el mundo
conociera. Sirva de ejemplo el siguiente pasaje:
’ P lus nos sociétés so n t préoccupées d e bien-être, p lu s elles ten d en t
à projecter l ’aspiration égalitaire... elles réduisent les écarts éco­
nom iques... l ’exigence en ce d o m a in e n ’a ja m a is été a ussi ar­
dente.

Aquí el objeto de aspiration se lo ha “comido” el adjetivo: “aspira­


ción de igualdad”; el objeto de écarts está implícito: “diferencias de
categoría económica”; exigence lleva implícitos un sujeto y un objeto:
“expectativas de la gente”. El hecho mismo de que todos los nombres
deverbales tengan en principio cuatro significados (véase “nombre
deverbal” en el glosario) facilita tanto la omisión de los participantes
de caso pertinentes como el rápido acrecentamiento de significados
nuevos asociados a ellos (cfr. intervention, indexation, derivazione).
Hay otra tendencia que consiste en omitir el caso sujeto o el caso
objeto cuando un nombre deverbal está en una relación de genitivo
con otro nombre: “la creación del mundo”, “la remisión de los peca­
dos”, etc.; todas estas locuciones bíblicas, da a entender Nida (1974),
requieren una amplificación al traducirlas, por ejemplo, “Dios perdo­
na” (“remite los pecados de la gente”). Hasta un nombre aparente­
mente concreto como “gracia” implica de hecho una acción (“muestra
la gracia a la gente”). Así pues, el traductor debe suplir un verbo y un
participante de caso adicional.
Finalmente, tienen también participantes de caso elípticos tipos de
compuestos multinominales ingleses que omiten la partícula o f y que
se están multiplicando, por cierto, a un ritmo vertiginoso: keyboard
computer (ordenador que recibe input desde el teclado) o cathode
ray tube visual display unit, pero como son términos estandarizados
lo más probable es que permanezcan intactos en la traducción al tra­
ducirlos o transcribirlos.
El tercer actante de Tesniére (en cuyo beneficio o detrimento se
realiza la acción) casi no necesita comentarios. Quizá lo deba suplir
el traductor cuando esté implícito —otras tantas va expreso— en ver­
bos como “otorgar”, “conceder”, “dañar”, “perjudicar”, etc. Las posi-

185
dones de sujeto y objeto directo son las dos posiciones básicas
casuales. La tercera, la de objeto indirecto, la ocupa un (animado)
“receptor” (Halliday), y lo mismo aparece expreso que implícito en
un gran número de verbos encabezados por “ofrecer”, “permitir”,
“enseñar”, “preguntar”, “mostrar”...: los verbos trivalentes de Tesniére.
Tengan en cuenta que cuando el verbo está en activa aparece un ter­
cer actante con mucha mayor frecuencia que cuando está en pasiva.

C ontraste y elección en traducción

La traducción se puede ver desde dos aspectos: el mecánico con­


trastivo y el de las posiciones posibles vacías. Tesniére considera
“peligrosos” los verbos trivalentes por construirse de forma distinta
en las diferentes lenguas, y propone ingenuamente que en su traduc­
ción hay un 83% de porcentaje de error. El lingüista compara los cam­
bios casuales de enseigner (j’enseigne la grammaire aux enfants)
con las versiones rusas. Sin embargo, Tesniére da una lista de unos 60
verbos, más o menos, de “decir y dar” y la mayoría de ellos se cons­
truyen de manera similar en las lenguas europeas occidentales. Serían
una notable excepción verbos trivalentes donde el tercer actante es el
perjudicado, y no el “receptor” (“ocultarse de”, “pedir prestado a”,
“llevarse de”), pero que en algunas lenguas permanece en el caso del
último. En muchas lenguas hay un pequeño grupo de verbos trivalen­
tes que presentan varias alternativas de construcción: “suministrar”,
“proporcionar”, “abastecer”, “pintar”, “cubrir”, “cortar”, “llenar”, etc.:
supply him with it, supply it to him.
Fillmore (1977) en su segundo trabajo sobre la gramática de casos
habla de las construcciones alternativas de algunos de estos verbos: I
loaded the truck with hay: “cargué el camión de heno”; I loaded hay
onto the truck: “cargué heno en el camión”. Y señala que en la prime­
ra, pero no en la segunda, uno supone que se llenó el camión como
resultado de la acción. La misma distinción la puede hacer el alemán
con dos verbos distintos: beladen, laden.
El traductor tendría que rellenar los lugares vacíos de los verbos
trivalentes sólo cuando el texto de la LO necesite una aclaración. Así,
al traducir la oración

Cette répartition nouvelle n e risque-t-elle p a s de provoquer de vio­


lentes réactions de la p a rt des groupes économ iques a u détrim ent
d e q u i elle s ’effectue.

186
habrá que añadir el concepto de “renta”, ya que no aparece mencio­
nado en la frase anterior:
Indudablem ente esta nueva distribución de la renta en tre los g ru ­
pos económ icos de la nación pu ed e provocar reacciones violentas
por parte de aquellos que se sienten perjudicados.

Este ejemplo ilustra incidentalmente el principal uso de la gramática


de casos en traducción: es más probable que se necesite complemen­
tar los nombres, adjetivos, infinitivos, participios (“el barnizado”) y
gerundios que los verbos en forma personal. El resto de los casos
mencionados, o “circunstantes” en la terminología de Tesniére (ins­
trumento, tiempo, lugar, modo, origen, resultado), figuran de forma
más o menos implícita, si no obligatoria; todo dependerá del tipo de
verbo que se utilice: “golpear” (con un instrumento), “esperar” (tiem­
po), “actuar” (manera)... En otros casos, dichos “circunstanciales” son
opcionales o suplementarios.

O tras cuestiones en relación c o n lo anterior

Cómo secuenciar una oración

Para mí el factor decisivo para que el traductor secuencie las ora­


ciones es el del “objetivo” del texto, por eso lo considero un caso
especial. Pienso que en todo texto informativo se debería destacar la
finalidad o el objetivo de dicho texto; así,
C’est u n travail com paratif, p o rta n t su r des critères essentielle­
m en t cliniques visa n t à m ettre en évidence l ’in cidence des thom -
boses veineuses profondes

puede dar:
El próposito de este estudio comparativo, basado principalmente
en criterios clínicos, es dem ostrar la incidencia d e las trombosis
venosas profundas,

en tanto que, en oraciones posteriores, los conectores se encargarán


de mantener el objetivo en un primer plano.
Es probable que el traductor en particular tenga que determinar si
la oración es una adición, un detalle, un ejemplo, un contraste, una
oposición, una salvedad, un paréntesis, una ocurrencia tardía, una

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consecuencia, etc. Hasta cierto punto los conectores se encargan de
indicar la secuencia, pero observen que los siguientes pueden tener
varios significados, y a veces contrarios: moreover, “además”, “por
otra parte”; enfin; “en efecto”, “en una palabra”, “en fin”, “es decir”,
“por fin”. La secuencia se basa también, en cierta medida, en la si­
guiente secuencia oracional hecha a modo de ensayo:

Aquí todas las cláusulas subordinadas sustituyen a los participantes


verbales. El esquema de arriba podrá ser la secuencia lógica de una
oración, pero, como su propósito o función queda tantas veces latente
u oscuro, es posible que el traductor tenga que realzarlo poniéndolo
en primer lugar, aunque dicha posición estará en función del tipo de
lengua y del contexto: es comente colocar el “propósito” delante de la
“proposición” cuando el sujeto es el mismo (Pourfaire cela... ilfaut...),
y después si es distinto (Je le fais pour qu’il le sache...). La proposición
irá al comienzo si, en lugar de ser una afirmación, es un mandato,
deseo o pregunta. Cuanto más flexiva sea una lengua más fácil es
cambiar el orden de palabras para dar relieve al significado. En este
campo, los participantes de caso y los conceptos tienden a identificar­
se y la gramática de casos y el análisis del discurso a fusionarse.

P articipantes casuales de adjetivos y nombres

En este apartado veremos la formación de casos o potencial com­


binatorio (Fügungspotenz; en Helbig) del adjetivo. Hay un gran nú­
mero de adjetivos procedentes de verbos que rigen participantes de
caso, y se distinguen de los participios de presente en que denotan
cualidades o roles en lugar de simples acciones. Ejemplos obvios son:
“responsable”, “desertor”, “agradecido”, verantwortlich, protective, de-

188
cisive, anticipatory, etc. Por lo general, los traductores prefieren aña­
dir el participante elíptico.
En segundo lugar tenemos un grupo de adjetivos “ecuativos” que
se usan a menudo con verbos también ecuativos o copulativos y que
apuntan todos hacia un objeto similar o idéntico implícito: “diferen­
te”, “igual”, “similar”, “análogo”, “parecido”, “equivalente”... Normal­
mente hacen referencia a la oración anterior y, alguna vez, a la
siguiente, por tanto funcionan como conectivos, y el problema estriba
a menudo en saber si la referencia es específica o general.
Quiero mencionar en tercer lugar un tipo de adjetivo cuyo signifi­
cado sólo lo aclara el contexto. Así, en Une thrombose veineuse ne
sera symptomatique que, symptomatique podría significar “que pro­
duce síntomas” o “que es un síntoma”, pero es lo primero, como se
puede apreciar por esta frase: si les veines profondes sont oblitérées
(“si se obstruyen las venas”). O esta otra, Les symptômes sont varia­
bles d ’aspect, que puede significar “Los síntomas varían según el
caso” o “El aspecto de los síntomas varía”.
A continuación vendrían ciertos adjetivos que rigen participantes
de caso implícitos (“glotón”, comida; “ávido”, ganancias; achamé,
lucha), a no ser que se explicite otro distinto. Otros, tales como be­
wandert y eingestellt, resultan incompletos sin una relación casual
(por ejemplo, en Geographie y rechts respectivamente). Muchos otros
adjetivos relacionados directa o indirectamente con verbos (“cansa­
do”, experienced, múde, ready, worse, better, “culpable”, ledig, bitter)
ofrecen varias alternativas: sin participantes, o bien tienen un sentido
general (un estado de cualidad) o bien llevan un participante de caso
implícito que determina la razón de su condición, razón, y el traduc­
tor tal vez se sienta obligado a añadirlo.
Los nombres procedentes de adjetivos (“anchura”, “amplitud”,
etc.) y, más aún si cabe, los nombres que proceden de adjetivos de-
verbales (“incompatibilidad”, translatability, dependability) no sue­
len presentar problemas especiales. Lo que suele hacer el traductor
con este último grupo es acudir a la trasposición como procedimiento
rutinario de “desjergalizarlos”, lo que le lleva incidentalmente a repo­
ner el compañero de caso: “Su fiabilidad está fuera de toda duda”: We
can certainly rely on him. De donde puede surgir también algún pro­
blema es del texto vago o mal escrito. Así, Ainsi le profit n ’estprélevé
sur personne mais seulement sur la masse des inefficacités ambiantes
se podría traducir por “Los beneficios no proceden de nadie en parti­
cular sino de los mecanismos ineficaces en un ambiente dado.”
Se debería tener en cuenta que las relaciones casuales sobrepasan
el ámbito de los nombres o pronombres implícitos y llegan hasta las

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cláusulas, estén intercaladas o no dentro de la oración. Por tanto es
probable que el traductor necesite rellenar segmentos corrientes de
oraciones, tales como Er bestand darauf, il y pensa, etc., con cláusu­
las enteras y no con los débiles y poco convincentes “esto”,’’eso”,
ello”, it, this, etc., que en inglés son aún menos precisos que en otras
lenguas más flexivas. De este modo, los conceptos mantendrían una
relación de caso entre sí.

El verbo como elemento central en la conservación del “dinamismo


comunicativo ”

Dado que el verbo en la gramática de casos es el elemento central


de una cláusula, éste desempeñará forzosamente un papel direccio-
nal en la distribución de énfasis (para el concepto de “dinamismo
comunicativo”, véase Firbas, 1972) a los componentes más importan­
tes de una oración. Así, en el siguiente fragmento de un escrito médi­
co sobre hemorroides, Une douleur sourde plus ou moins localisable
à la pression: abcès possible, vemos que, al ser reemplazado el verbo
direccional por los dos puntos, la atención se centra en la palabra
“absceso”, sujeto semántico por otra parte de la oración. La traduc­
ción, que podría ser “la posibilidad de que exista un absceso viene
indicada por un dolor sordo...”, enfatizaría sin embargo el dolor y
debilitaría la fuerza del verbo, como hace siempre la pasiva. Por lo
tanto, la traducción tiene que mantener el orden de palabras del fran­
cés y utilizar un verbo ecuativo, que suele siempre realzar su comple­
mento: “Un dolor sordo, localizable según la cantidad de presión que
se aplique, puede encerrar indicios de la existencia de un absceso”.
Así pues, tenemos que en el orden de palabras de una oración influ­
yen el orden lógico (SVO etc.), la gramática de la lengua y sus énfasis
contextúales (véase el apartado PFO, Capítulo VI), pero la prioridad
del traductor es reproducir en los núcleos de su texto los mismos gra­
dos de dinamismo comunicativo que hay en el original.

C omentario sobre tesniére

P o d rá p a r e c e r s o r p r e n d e n te q u e , a p e s a r d e m is m ú ltip le s re fe ­
re n c ia s a T esn iére, n o h a y a h e c h o a p e n a s u s o d e las 40 p á g in a s d e
s u e x c e le n te c a p ítu lo s o b r e la métataxe, u n o d e lo s p rim e ro s e s tu ­
d io s (1 9 5 9 ) s o b r e la re la c ió n e n tre la g ra m á tic a d e c a so s y la tr a d u c ­
c ió n (e l g ra m á tic o fra n c é s d e f in e su s métataxes c o m o “tra d u c c io n e s

190
profundas que deben ser repensadas antes que aplicadas mecánica­
mente”), pero el hecho es que sus 13 tipos de proceso de traduc­
ción no ilustran ningún problema de traducción sino las diferencias
entre las construcciones pertinentes de la LO y la LT. Se trata, por
tanto, de ejemplos que pertenecen a la lingüística contrastiva antes
que a la teoría de la traducción. Además este lingüista, al estilo de
Vinay y Darbelnet y de Malblanc, tiene tendencia a dogmatizar
cuando da las equivalencias e ignora las alternativas. Así, Seien Sie
so gut und geben Sie mir das Buch (“Sea tan amable y déme el
libro”) lo traduce por Ayez la bonté de me donner le livre. Por otra
parte, utiliza un alemán antiguo para probar sus argumentos (Der
ist im Stande und erwürgt mich). Sostiene asimismo, erróneamente
que heraus (dehors) no tiene equivalente en francés, cuando podía
haber acudido a herein (entrez) para probar su idea. A pesar de
todo lo dicho, el capítulo de Tesnière es brillante y sugestivo, y su
principio de traducción regulador de la transición de la parataxis
(orare atque obsecrare) a la hipotaxis (prier ardemment) va más
allá de la lingüística contrastiva y apunta hacia la teoría de la tra­
ducción.

C onclusión

En un trabajo anterior (Newmark 1982) establecíamos que aunque


el análisis componencial es indispensable en lexicografía se puede
aplicar también en traducción. Pero ahora he llegado a la conclusión
de que el papel y el uso del AC en traducción es mucho más impor­
tante de lo que pensaba cuando escribí ese trabajo. Hoy creo que,
aunque la gramática de casos desempeña un papel indispensable en
la enseñanza avanzada de idiomas extranjeros —y debería influir en
la lexicografía—, se puede también aplicar a la traducción, ya “mecá­
nicamente” o para contrastar la forma en que dos lenguas manipulan
sus casos, ya creativamente o para localizar los diversos verbos o
casos elípticos en el texto pertinente. Sin embargo, la función de la
gramática de casos está en volver al traductor sensible a estos lugares
vacíos para que así se vea obligado a veces a abandonar construccio­
nes jergales en textos no autoritativos, y tal vez se pueda decir con
razón que un traductor que escribe bien y con sensibilidad percibirá
intuitivamente estos vacíos sin conocer nada de la gramática de
casos. Aun admitido esto, como también que el AC es de gran utili­
dad para el traductor, yo sigo sospechando que el conocimiento siste­
mático que ofrece la gramática de casos es más satisfactorio que la

191
percepción intuitiva, y que la hipótesis de la gramática de casos junto
con las agudezas de Helbig va a ser un instrumento más práctico para
el traductor que la gramática trasformacional, las configuraciones y
oraciones medulares de Nida —que sin embaigo tratan el genitivo de
forma igualmente útil—, otras teorías gramaticales o cualquier tipo de
reducción al lenguaje lógico.
C a p ít u l o X III

La tr a d u c c ió n d e lo s n e o lo g is m o s

I ntro du cció n

Los neologismos son probablemente el mayor problema con que


se enfrentan el traductor no literario y el traductor profesional. Surgen
continuamente objetos y procesos nuevos en tecnología y surge la
necesidad de nombrarlos. Nos traen nuevas ideas y nuevos gustos los
medios de comunicación y surge la necesidad de darles un nombre.
El resto de todo ese caudal de neologismos que afluye a la comente
principal del lenguaje procede de las ciencias sociales, el argot, el
dialecto y las palabras transferidas. Hace unos años, se dijo que en
cuatro números sucesivos del semanario francés L’Express se habían
contabilizado 300 palabras “nuevas”. Se ha afirmado que cada lengua
adquiere anualmente 3.000 nuevos vocablos. En realidad, los neolo­
gismos no se pueden cuantificar con exactitud, ya que muchos osci­
lan entre la aceptación y el olvido y otros tantos son creaciones indi­
viduales de breve duración. Lo que está claro es que el número de
neologismos está aumentando vertiginosamente y, como la gente se
está volviendo cada día más insegura de su lengua y de sí misma,
aparecen con mayor frecuencia artículos, libros, y diccionarios, tanto
especializados como generales, dedicados a ellos. Suele ocurrir ade­
más que muchos de los neologismos, como surgen primero como
respuesta a una necesidad particular, tienen un significado único y
pueden por tanto ser traducidos al margen de cualquier contexto,
pero gran parte de éstos adquiere pronto nuevos sentidos —llegando
a veces a perder el viejo— en la LT.

193
La definición de neologismo incluye tanto las unidades léxicas
recientemente acuñadas como las ya existentes que han adquirido un
nuevo sentido. Y a menos que sea oscuro, opaco o posiblemente ca­
cofónico (como parapraxis y cathesis de Strachey, traductor de Freud
al inglés, para Fehlleistung y Besetzung), el neologismo suele atraer y
agradar a todo el mundo, a excepción de algún purista anquilosado
que, apegado a las reglas convencionales grecolatinas, lo ve como
una violación de la gramática. Como la mayoría de la gente está por
los neologismos, los medios de comunicación y los intereses comer­
ciales explotan ese gusto. Las multinacionales, con su ingeniosa pu­
blicidad, hacen verdaderos esfuerzos para convertir sus nombres de
fábrica (Bimbo, Danone, Bic, Schweppes, Tipp-Ex) en epónimos, co­
rriente ésta a la que ustedes se deben oponer cuando traduzcan, si les
parece apropiado.
Es mi propósito examinar a continuación doce tipos de neologis­
mos (véase Marco de referencia, pág. 206) y “discutir” la traducción
de casos concretos teniendo en cuenta los factores contextúales apro­
piados.

P alabras viejas c o n sentidos nuevos

Nos ocuparemos en primer lugar de aquellas palabras ya existen­


tes pero que han adquirido un nuevo sentido. Se trata por lo general
de palabras que hacen referencia a objetos o procesos nuevos, lo que
quiere decir que son rara vez tecnológicas. Sin embargo, créneau,
que empezó como metáfora —no olvidemos créneau de vente— y
que por tanto es un “seudo-neologismo”, se suele traducir técnica­
mente por “salida”, “mercado”, o, informalmente, “de venta fácil”, “se
vende bien”, dependiendo de los lectores, que como ya hemos dicho
pueden ser de tres clases: expertos, dotados de cultura general (éstos
tal vez necesiten alguna explicación adicional sobre el tema o sobre
la cultura de la LO) y desinformados o ignorantes, los cuales necesita­
rán probablemente explicaciones lingüísticas, técnicas (en relación
con el tema del texto) y culturales a distintos niveles. Así pues, es raro
que un neologismo de la LO —como cualquier otra palabra— tenga
una sola traducción correcta, por poco que dependa del contexto lin­
güístico. Miren, si no, el nuevo sentido de “rollo”. El diccionario bilin­
güe Collins, en su segunda edición, lo traduce al inglés de las siguien­
tes maneras, según la colocación en que se encuentre: thing, picture,
score, life-style, style, scene y hit it off. Otro tanto pasa con el nuevo
sentido de la palabra inglesa scene, que cambia según el posesivo

194
(my, his, their) que le acompañe. Cualquier otro componente semán­
tico de estas palabras sólo nos lo podrá dar el contexto.
El término gay parece que ha sido usado deliberadamente por los
homosexuales para realzar su normalidad. Hoy día ya no se puede
decir que la palabra sea argótica, luego no serían correctas traduccio­
nes como “marica”, pédale, schwul, u homo. Posiblemente, cuando la
homosexualidad pierda todas sus connotaciones negativas, se perde­
rá también esta nueva acepción del término inglés, pero es muy pro­
bable que perdure: se ha transferido al francés, alemán y español (a
este último, sin ningún motivo porque ya teníamos “gayo”, de origen
también latino y que como gay significa “alegre”). En realidad, las
lenguas no dan marcha atrás y un término coloquial no se suele
reemplazar por otro formal.
Veamos ahora el término wet en el sentido de “Tory relativamente
izquierdoso, contrario a la política de la señora Thatcher”. Como lo
más probable es que no perdure ni que sea importante en ninguna
cultura terminal, no sería aconsejable hacer en principio una traduc­
ción uno-por-uno. Mejor sería que el traductor seleccionara los com­
ponentes semánticos apropiados en la LT, tanto funcionales como
descriptivos, y hacerlo de la forma más económica que le permita el
contexto, añadiendo a ser posible un componente negativo que con­
serve la imagen original de wet. Waschlappen, nouille, lavette, “agua­
do” (Suramérica) o “descafeinado”. Uno no puede estandarizar la tra­
ducción de un neologismo cuando está en duda su futuro.
Dentro de este apartado se podrían tener también en cuenta los
siguientes términos: mouvance: “área de influencia”; sophisticated:
“experto”, “especialista”; langue de bois: “lenguaje vacío y pesado de
la burocracia y la política”; passeur: “traficante de inmigrantes ilega­
les”; “rutero” (“repartidor de prensa”); “voto cautivo” (“voto de los
subsidiados por el Presupuesto del Estado”); “dominguero” (“conduc­
tor inexperto”), etc.
En suma, las palabras viejas con nuevas acepciones no suelen ser
ni culturales ni técnicas, y por lo general se traducen bien por una
palabra ya existente en la LT, bien por un término breve, funcional o
descriptivo. No olviden que está de moda popularizar términos técni­
cos (exponential: “en alza rápida”; parameter: “factor permanente”) y
que muchos de ellos se transfieren rápidamente en la cultura occi­
dental. Por otra parte, las colocaciones ya existentes con sentidos
nuevos constituyen una trampa para el traductor: se trata por lo gene­
ral de términos descriptivos “normales” que de pronto se convierten
en términos técnicos, con un significado que, a veces, queda inocen­
temente enmascarado tras otro más general o figurado. Así: Usted

195
building: “monumento histórico”; sleeping policemen, ralentissent,
“bandas sonoras”; open sbop: “taller franco (que emplea obreros agre­
miados y no agremiados)”; token woman: femm e symbolique, “única
representación femenina” o “representación femenina simbólica”; TGV
(train à grande vitesse}. Advanced passenger train, “TAV” (o AVE);
quality control: “control de calidad”.
Las colocaciones ya existentes con sentidos nuevos pueden ser
culturales o no culturales. Normalmente, suele haber una traducción
reconocida o “directa” terminal, sobre todo si existe el referente (con­
cepto u objeto) en la LT. Pero cuando no existe el concepto en la LT
(por ejemplo tug-of-love), o los hablantes terminales no lo conocen
todavía, el traductor tendrá que dar un equivalente descriptivo lin­
güísticamente económico. Existe también la posibilidad de idear una
nueva colocación Quíte d ’amour parental) y ponerla entre comillas,
que luego con el tiempo se pueden quitar.
Los traductores deben estar también al tanto de la tendencia
opuesta, que consiste en usar colocaciones “técnicas” en sentido ge­
neralizado (critical mass, specific gravity, etc.)... Esto lleva al uso de
la jerga, que se puede “corregir” en la traducción de textos informa­
tivos.

P alabras d e n uevo cuño

Es conocidísima la hipótesis de que no existe lo que se dice una


palabra completamente nueva: o proviene de diversos morfemas o es
relativamente fonoestética o sinestética. Todos los sonidos o fonemas
son fonoestéticos, o sea, tienen algún significado. Sin embargo, hay
muchas palabras, en particular palabras dialectales, cuya etimología,
como no se conoce, difícilmente se puede relacionar con sonidos sig­
nificativos.
La excepción más extendida de esta hipótesis es el nombre de una
partícula fundamental en física, quark, acuñado por James Joyce en
Finnegan’s Wake (aunque el término existe en alemán con otro signi­
ficado) y hoy convertido ya en un internacionalismo. Otra excepción
podría ser el término informático —también internacionalismo— byte
o bite, cuya “y” es de origen oscuro. Pero ambas palabras tienen cua­
lidades fonoestéticas (quark está relacionado humorísticamente con
quack).
Hoy día, las principales palabras de nueva creación son nombres
de fábrica o marcas registradas (“Bacardi”, la onomatopéyica “Sch­
weppes”, “Danone”, “Bimbo”), palabras que se suelen transferir, a no

196
ser que el producto se venda en la cultura de la LT por otro nombre,
o tal vez sustituir por un término funcional o genérico si el nombre
de fábrica no tiene una significación cultural o identifícadora. Así,
Revlon se puede traducir haciendo una selección de varios de sus
componentes (“Revlon”, “barra de labios”, “de moda en América”).
En principio, deberíamos hacer una recreación de cualquier tipo
de neologismo novelístico. Si se trata de una palabra derivada, tendría­
mos que sustituirla por morfemas iguales o equivalentes. Si es ade­
más fonoestética, se debería tratar de que los fonemas terminales pro­
dujeran efectos sonoros análogos, razón por la que, en principio, se
deben re-crear sistemática e ingeniosamente los neologismos de Fin­
negan’s Wake o Ulises (tautaulogicalfy: “totalógicamente”; riverrun:
courrive), pero teniendo siempre en cuenta el principio de la natura­
lidad equivalente, o morfológica (raíces y inflexión) o sonora (alitera­
ción, onomatopeya, asonancia).
Por eso no es fácil traducir al español el neologismo palimony, un
híbrido inglés compuesto de p a l (“compañero”) y alimony (“pensión
alimenticia que se pasa por divorcio o separación”). Más fácil hubiera
sido si en español existiera el término “alimonio”, ya que tenemos
también “alimento” y “matrimonio” del latín, que es precisamente de
donde viene alimony.

P alabras derivadas

La inmensa mayoría de los neologismos son palabras que se deri­


van por analogía de morfemas del griego —y cada día más— y latín
antiguos y tienen sufijos (por lo general, -ismo, -ismus, -ija, etc.)
naturalizados de acuerdo con la lengua de llegada. En algunos países
(por ejemplo, en la Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial y
en el mundo de habla árabe) se ha luchado contra este proceso y se
ha preferido una traducción directa con morfemas de la LT (v. gr.,
Fernsehen en lugar de “televisión”). Sin embargo, ahora que dicho
procedimiento de creación de palabras se emplea principalmente
para designar términos (no culturales) científico-tecnológicos y no
para términos institucionales de tipo cultural, el avance de estos inter­
nacionalismos es general. Lo normal es que los países mencionados
naturalicen dichos sufijos, muchos de los cuales aparecen enumera­
dos en la revista Babel, siendo el suajili al parecer la principal lengua
no europea que los “importa”.
Sin embargo, esto no quiere decir que el traductor pueda aplicar
el procedimiento automáticamente. Con términos como “reprografia”,

197
gazinière, télévidéo, monétique, télématique, conique, el traductor se
debe asegurar primero de que el neologismo no compite con ningún
otro: “bionomía” ha dejado el camino libre a “ecología”, y “ergono­
mia” —en su segunda acepción— ha hecho lo propio con “biotecno­
logía”. El traductor tiene que consultar el glosario adecuado de la ISO
(siglas inglesas de International Standards Organisation) para averi­
guar si existe ya una traducción reconocida, si existe el referente en la
cultura de la LT, y finalmente cuál es su importancia y si merece, por
tanto, la pena “trasplantarlo”. Si el traductor piensa que hay alguna
razón que justifique su “trasplante” (¿tiene él la autoridad necesaria?)
y cree que es el primero en hacerlo, debería entrecomillar el neolo­
gismo. Así pues, tenemos que réprographie es importante y perma­
nente; gazinière es una variante léxica de uso familiar de fo u r à gaz,
y el español cuenta con “horno de gas”, “horno” y “cocina”; y télévi-
déo parece ser una antigua versión de “vídeo”. Observen, sin embar­
go, que la mayoría de estas palabras son casi contextualmente neu­
tras, lo que quiere decir que se traducen igual en cualquier contexto.
Monétique es la utilización de las tarjetas de plástico para el pago
de cualquier producto o servicio. La palabra tiene un futuro incierto
en español (¿acabará tal vez imponiéndose “dinero de plástico”?),
aunque se podría trasplantar por “monética”, pero para esto se nece­
sitaría la autoridad de un banco antes que la de un traductor particu­
lar. Iconique e iconographie —que tiene otros sentidos— han perdi­
do terreno ante “iconología”, esto es, el estudio y la interpretación de
las imágenes. Por otra parte télématique y téléinformatique han dado
“telemática” y “teleinformática” respectivamente.
Dentro de los neologismos derivados, creo que el traductor debe
distinguir entre los provenientes del campo de la industria, que son
serios, y los frescos e ingeniosos (híbridos, en particular), creados por
los medios de comunicación y la publicidad, que tal vez sean efí­
meros. Entre los últimos, tenemos: oillionnaire, steellionnaire, daffy-
nition (híbrido de crazy y definition), “ecocida”, “ecocidio”, Abküfi
(“manía por los abreviamientos”). Sean o no permanentes estas pala­
bras, el traductor deberá considerar su función (¿publicidad?, ¿elegan­
cia?, ¿cualidad fonoestética?) antes de decidirse o por re-crearlas en la
TL o por traducir los componentes completos de los híbridos.
Adviertan que muchas veces los neologismos médicos (por ejem­
plo, “cronofarmacología”, “somatomedina”, “prostaglandina”), y parti­
cularmente los nombres químicos, ya aprobados, de fármacos genéri­
cos se pueden reproducir en la LT naturalizando el sufijo (francés -ite,
inglés -itis, español -itis; francés-ine, inglés-m, español-iraz), pero
tengan en cuentan que esto lo practican con mucha mayor facilidad

198
las lenguas romances, ya que se mueven en su terreno, y que a veces
si traducen ustedes al inglés no pueden naturalizar o adoptar estos
sufijos automáticamente: por ejemplo, “bioingeniería” da biological
engineering. Tampoco se puede hacer esto siempre del francés: ana­
tomopathologie (I960), por ejemplo, daría “patología anatómica”.
Por otra parte, las lenguas romances suelen combinar dos o más
adjetivos en uno solo (“maxilofacial”, “gastrointestinal”, médico-chi­
rurgical, médico-pédagogique, etc.), algo que el inglés no hace y que
ya ridiculizó Shakespeare en Hamlet, II. 2 (pastoral-comical, tragical-
historical, etc.). Así que ténganlo presente cuando se encuentren con
dos adjetivos ingleses de este tipo (medical and surgical, both medi­
cal and surgical).
En todas las palabras derivadas, deben distinguir entre términos
con una base referencia! sólida que estarían por derecho propio den­
tro de la definición de “internacionalismo”, como es el caso de écoto-
ne, y aquellas otras como “ecocidio”, “ecocida”, ecofreak (fanático de
la ecología) y écotage (sabotaje ecológico), que, sea cual sea su fu­
turo, no garantizan por el momento la formación de un neologismo
en la LT.

A breviamientos

Los abreviamientos han sido siempre un tipo común de seudoneo-


logismo, probablemente más común en francés y español que en
inglés (fac, philo, sympa, Huma, Uni, copter, fab, “mate”, “porfa”, “fá-
cul”, “meca”, “teleco”, “narco”, etc.). En cuanto a su traducción hay
que señalar que, a no ser que coincidan (prof, Uni, math) en las dos
lenguas, no se deben abreviar en la TL.

C olocaciones (véa se también pág. 286)

Las colocaciones de reciente creación (nombre + nombre, nombre


+ preposición + nombre, o nombre + adjetivo) son especialmente co­
munes en el lenguaje de las ciencias sociales y de la informática: lead
time, sexual harassment, domino effect, fu ite en avant, acid rain,
jetlag, lateral thinking, wishful thinking, promotion sociale, aména­
gement du territoire, machine-readable, sunrise industries, Walk­
man, narrow money, graceful degradation, hash total, go-no-go-test,
clawback, “tráfico de influencias”, “reajuste de precios”, etc.
Todas estas colocaciones presentan varios problemas. Los térmi-

199
nos informáticos suelen tener una traducción reconocida, pero, si no
es así y les parecen importantes, deberán transferirlos y añadir ade­
más un término descriptivo-funcional: ustedes no tienen autoridad
para crear un neologismo. !
Sexual harassment es un concepto universal, o al menos propio
de toda cultura con gran libertad sexual y un movimiento feminista
fuerte, y no creo que les dé ningún problema: en español se acabará
imponiendo “acoso sexual”, en alemán Sexualschikane y en francés
importunité sexuelle, aunque en este idioma ya existía assiduités
abusives. Lead time, el tiempo que media entre el diseño de un pro­
ducto y su producción o el que va desde el pedido hasta la entrega,
lo tendrán que traducir de momento según el contexto textual. Dom­
ino effect, que puede ser un universal (político) que valga tanto para
la URSS (hoy, CEI) como para El Salvador o Vietnam, habrá probable­
mente que explicarlo, a no ser que el juego del dominó sea conocido
en la cultura de la LT. Jetlag ha dado en francés décalage horaire,
pero es fácil que los alemanes lo transfieran; en español existe vacila­
ción por el momento (“desfase horario”, “retraso biológico”, etc.),
aunque posiblemente se acabe imponiendo la primera. Clawback
(devolución fiscal obtenida por desgravación de impuestos) quizá no
perdure. Acid rain, por desgracia un universal, es probable que se
traduzca literalmente en todas partes, dada su “transparencia”. Sun­
rise industries (industrias de alta tecnología) es fácil que sea una
colocación efímera, por lo tanto se puede pasar por alto la metáfora o
dar únicamente su sentido. Walkman es un nombre de fábrica (epo­
nimo) y por consiguiente no se debería transferir. Machine-readable
posiblemente perdure en español como “lectura automática” y nar­
row money como “dinero disponible”.
Este breve tratamiento del tema ilustra incidentalmente la dificul­
tad de traducir las colocaciones inglesas, que al parecer yuxtaponen
arbitrariamente nombres con nombres deverbales por ser éstos los
encargados de indicar los dos componentes semánticos más significa­
tivos; pero tienen relaciones casuales variadas y a veces misteriosas.
Las lenguas que no tienen la posibilidad de convertir verbos en nom­
bres ni, en el caso de las lenguas romances al menos, suprimir prepo­
siciones de forma tan cruda como el inglés, no pueden imitar dicho
procedimiento. Por esto es por lo que resulta difícil traducir sucinta­
mente las colocaciones inglesas, y sólo aparece una traducción acep­
table cuando el referente se ha vuelto tan importante (casi siempre un
universal, aunque a veces puede también tratarse de un rasgo de la
cultura de la LO) que ya no sirve un término descriptivo-funcional
más o menos largo. Tomen nota, como curiosidad, del problema de

200
traducción especial que plantea el término institucional British Coun­
cil, al no dar éste ninguna pista de su función o constitución. Con
razón se transfiere muchas veces al alemán y se le añade después una
glosa, que varía según el lector: “Institución estatal para la promo­
ción: a) del inglés y de la cultura británica; b) de las relaciones cultu­
rales y científicas de este país en el extranjero”. En español hay vaci­
lación entre transferirlo o traducirlo por “Instituto Británico”, pero en
los dos casos al lector no llega ni la constitución ni la función de
dicho organismo.
Las colocaciones no inglesas, al no estar estructuradas de forma
tan arbitraria, son más fáciles de traducir, pero tal vez la esencia de
una colocación se base en que uno de sus elementos no está usado
en su sentido primario, sino en uno secundario. Lo cual quiere decir
que la traducción literal no suele funcionar con términos estandari­
zados.

E pón im o s (véase tam bién pág. 268)

“Epónimo” es para mí cualquier palabra derivada de un nombre


propio, incluidos los topónimos. Son palabras que las lenguas roman­
ces, a diferencia del inglés, producen en grandes cantidades. Los epó­
nimos, cuando se derivan de un antropònimo (“luisiano”, “quevedia-
namente”, Leavisite, Audenesque, Keynesian, etc.) tienden a subir y a
bajar según la popularidad de su referente y de las facilidades lingüís­
ticas que dé dicho antropònimo para crearlo. Cuando hacen referen­
cia directa a la persona se traducen sin mayor dificultad (por ejemplo,
“partidarios de Leavis, crítico literario británico”), pero, si se refieren a
las ideas o cualidades del referente, el traductor tendrá que añadirlas
(“ideas a favor de la economía mixta o concertada de Keynes”). En
español, Thatcherism se naturaliza (momentáneamente) y da “el that-
cherismo” a secas. Fosbury en Fosbury flop es un término técnico que
hace referencia a una modalidad de salto de altura y se puede transfe­
rir para especialistas, y definir sucintamente para los no especialistas.
Los epónimos se pueden transferir cuando provienen de nombres de
objetos —que casi siempre son marcas de fábrica— y éstos son tan
conocidos y aceptados en la LT como en la LO (por ejemplo, “Tam­
pax”, “nailon”, etc., pero tengan en cuenta que D urexes cinta adhesi­
va en el inglés de Australia). Epónimos tan generalizados como Par­
kinson o Murphy, en Parkinson’s Law o Murphy’s Law (también lla­
mada de Sod), quedarían así en la tradución: “...la ley de Parkinson
(el trabajo se expande hasta agotar el tiempo disponible para realizar-

201
lo)”. Los nombres de fábrica se deben normalmente traducir con tér­
minos denotativos (Tipp-Ex: “Tipp-Ex, líquido corrector”). En general,
el traductor debería controlar el uso de los epónimos sacados de nom­
bres de fábrica. Los epónimos de reciente creación provenientes de
topónimos (nombres como el de “biquini”, soso como el pan sin sal,
no se han vuelto a repetir) no suelen abundar, que digamos, cosa que
no se puede decir de los derivados de productos (vinos, quesos, sal­
chichas, etc.)... Lo aconsejable para traducir los epónimos es añadir el
término genérico hasta que el producto sea lo suficientemente co­
nocido. Por otra parte, como muchos topónimos adquieren con el
tiempo connotaciones (Crichel Down = obstrucción burocrática), se
convierten en epónimos. Y, como éstos son a su vez metonimias que
han perdido su “receptáculo local” (Midsummer Night’s Dream), pier­
den también sus “nombres” y por tanto se traducen por el sentido.

P alabras frasales

Este apartado es típicamente inglés y habla de la facilidad de esta


lengua para nominalizar verbos frasales (work-out, trade-off, check out
—dardos, supermercados—, thermal cutout, knockon domino effect,
laid-back, sit-in), que se pueden traducir por sus equivalentes semán­
ticos: “sesión de entrenamiento”, “intercambio” (“ventajas mutuas”),
“caja”, “disyuntor”, “efecto dominó”, “relajado”, “sentada”). Hay que
tener presente que las palabras frasales: a) son a menudo más econó­
micas lingüísticamente que sus traducciones; b) suelen ocupar el regis­
tro típicamente inglés existente entre el “informal” y el “coloquial”, en
tanto que sus traducciones son más formales. Son además prolíficas,
tienen un caché intrínseco y producen mayor impacto (físico) que sus
correspondientes inglesas grecolatinas o sus equivalentes romances.

P alabras transferidas

Las palabras recientemente transferidas, que mantienen sólo uno


de los sentidos que tenían en su lengua de origen, son palabras cuyos
significados dependen mínimamente de sus contextos. (Luego, si se
usan con frecuencia, cambian su sentido o desarrollan otros, y termi­
nan a veces por no poderse retrotraducir “directamente” a sus len­
guas de origen.) Son probablemente o palabras propias de los “me­
dios de comunicación” o palabras que hacen referencia a “produc­
tos”, antes que neologismos tecnológicos, y, dado el poder de la

202
prensa y la radiotelevisión, es posible que sean comunes a varias len­
guas, ya se trate de palabras culturales o se solapen culturalmente
(samizdat, nomenklatura, apparatchik, perestroika, glasnost). Aquí
lo que debe hacer el traductor, si traduce para lectores menos cultos
o refinados, es dar un equivalente descriptivo-funcional. Cuando se
trata de productos alimenticios recientemente importados, ropa
(parka, Nike, Adidas, Levi, Wrangler), procesos (zapping), manifes­
taciones culturales (raga, kungfu), se suelen traducir como si fueran
una palabra cultural más, o sea, se trasfieren y se les añade al mismo
tiempo un termino genérico, además de los detalles específicos que
el lector y el marco requieran.

A crónim os (véase tam bién pág. 268)

Los acrónimos son un rasgo, cada día más corriente, de todos los
textos no literarios. Las razones hay que buscarlas en la brevedad o
eufonía, y a menudo porque dan al referente un prestigio artificial
para incitar a la gente a averiguar lo que se esconde tras esa abre­
viatura. En el terreno de la ciencia, esas letras de vez en cuando
aparecen unidas y se convierten en internacionalismos (“láser”,
“máser”), que el traductor sólo tendrá que explicar si el lector de la
LT es poco culto. Son internacionalismos ciertas enzimas (SGOT,
SPGT, —cfr. ACTH y otras sustancias importantes—). Los acrónimos
se crean frecuentemente dentro de campos muy específicos y desig­
nan productos, aparatos y procesos, según el grado de importancia
de éstos. Al traducirlos se suele acudir a un término equivalente
estándar o, si no existe todavía, a un término descriptivo. Los acróni­
mos que hacen referencia a instituciones y nombres de empresas se
suelen transferir. Pero a veces ocurre que se crean o pasan al lenguaje
corriente para designar referentes que llevan existiendo mucho tiem­
po (“UCM”, Universidad Complutense de Madrid; “AA EE”, Ministerio
de Asuntos Exteriores), y entonces lo que se suele hacer en traduc­
ción es “descodificarlos”. Por otra parte, el traductor debe estar a la
expectativa para ver o no si el acrónimo se creó sólo con motivo de
un texto —difícil, entonces, de localizar si sólo tiene que traducir un
fragmento. Cuando los acrónimos son tan importantes en la LO como
en la LT, puede que sean diferentes en ambas lenguas (MAOI —mo­
noamine oxidase inhibiters— es “IMAO” en francés y español).
Los acrónimos relativos a instituciones internacionales, que están
por lo general traducidos “directa” o literalmente, suelen variar según
ia lengua, pero algunos, como “UNESCO”, “FAO”, “UNICEF”, “OPEC”

203
son internacionalismos, y normalmente no van seguidas de punto.
Cuando una organización política o social, por ejemplo, un partido
político, se vuelve importante, es cada vez más corriente transferir su
acrónimo y traducir su nombre, pero esto tal vez dependa de los inte­
reses de los lectores de la LT. Observen que si el nombre de una
organización, y por tanto su acrónimo, resulta opaco (por ejemplo,
CNAA, OU), es más importante señalar su función que descodificar
las iniciales. La lengua árabe repele la mayoría de los acrónimos y por
tanto tiende a explicarlos. Hay que señalar además que los acrónimos
de la LO se conservan muchas veces por conveniencia, o sea, para
poder usarlos en otras partes del texto de la LT.

S eu d oneologism os

Finalmente, el traductor debe tener cuidado con los seudoneolo­


gismos en aquellos casos en que, por ejemplo, un término genérico
suple a uno específico —o viceversa—: longitudinaux (ressorts lon­
gitudinaux): “resortes longitudinales”; humérale: “arteria humeral”;
“el Carro”: The Plough and the Stars; “yugular”: jugular vein.
He tratado de dar una vision global y nada dogmática de cómo
traducir esas palabras que se mueven en los límites del lenguaje, que
perdurarán o desaparecerán según las necesidades reales o artificiales
de sus usuarios, palabras en su mayoría que al no estar “procesadas”
todavía por la lengua son extra-contextúales; otras, en cambio, que
designan objetos y procesos nuevos, tienen asegurado un lugar den­
tro de la lengua. Y la única generalización que puedo hacer es que la
postura del traductor ante las palabras nuevas no debería ser favora­
ble, pero tampoco desfavorable. Su responsabilidad es tratar de que
el mundo mental y material donde la gente se mueve quede reflejado
en el lenguaje exacta y, a ser posible, económicamente. Esta conside­
ración está por encima del gran número de factores contextúales que
hemos tenido en cuenta en este capítulo.

La creación de neologism os

En principio, si se trata de textos no-literarios no deberían ustedes


crear neologismos, a no ser que tengan autoridad o lo hagan con
morfemas grecolatinos fácilmente inteligibles. Digamos que en un
texto francés de medicina aparece la palabra floraline (uno de los
componentes de la dieta ligera que se da a enfermos de fiebre tifoi­

204
dea) y es una de esas palabras inencontrables. Pues no tiene ningún
sentido crear un neologismo transfiriendo la palabra, porque es pro­
bable que se trate de una marca (lo digo por el sufijo, aunque por
otra parte no está escrita con mayúscula...; otra probabilidad —me­
nor— es que sea una palabra local o regional) y el producto ya no se
venda. Como traductores, su trabajo consiste en dar razón de todas
las palabras (lo que no significa traducirlas todas) del texto de la LO,
y por lo tanto tendrán que adivinar el significado de floraline: las
pruebas externas, o sea, los contextos lingüístico y situacional, sugie­
ren que el producto está hecho de harina (cfr. fleur de farine: “harina
en flor”). Así pues, podrían traducir la palabra por “preparado de
harina fina” y añadir una nota a pie de página para el cliente: “La
palabra original floraline no aparece en ningún diccionario. Proba­
blemente se trata de una marca”.
Terminaré hablando de los derechos del traductor a crear neolo­
gismos. En primer lugar, si se trata de textos autoritativos, literarios o
no, el traductor tiene el deber de re-crear cualquier neologismo que
se encuentre, pero basándose en el de la LO. Segundo, si se trata de
un anuncio popular, también lo puede crear (por lo general con un
efecto fonoestético fuerte), pero con la condición de que su neologis­
mo siga el sentido del original y sea pragmáticamente eficaz. Tercero,
el traductor puede transferir una palabra cultural de la LO si, por una
u otra razón, piensa que es importante. Si el traductor recrea un neo­
logismo de la LO usando los mismos morfemas grecolatinos, se debe
asegurar de : a) que no existe ya otra traducción ; b) que tanto el refe­
rente como el neologismo no son triviales y de que lo más probable
es que interesen a los lectores de la LT. Por ejemplo, en informática,
no deberían transferir neologismos del original, ya que o son eviden­
temente recientes o han sido creados para ese texto en concreto (pro­
giciels). En fin, lo menos que puede hacer el traductor que crea un
neologismo es entrecomillarlo, y tengan en cuenta que cuanto más
formal es la lengua, más conservadores deberían ser a la hora de crear
un neologismo y que, en el campo de la tecnología, no deberían
usurpar su papel al terminólogo, ya que éste por lo general trabaja
con un equipo y está en contacto con la ISO.
Las cuestiones más generales de la traducción de neologismos
dependen de la planificación y política lingüísticas. Dado el dominio
mundial del inglés, la mayoría de los países se enfrentan con dos
tipos de neologismos ingleses: a) los de origen grecolatino; y b) las
colocaciones monosilábicas. Los primeros se suelen naturalizar en la
mayoría de los países, excepto en árabe, japonés y otras lenguas asiá­
ticas en que se traducen sus componentes morfemáticos. En otras

205
lenguas, como el francés, hay una resistencia oficial a las colocacio­
nes monosilábicas (pipe-line: oléoduc, “oleoducto”). Curiosamente, ni
el alemán (contrario a su antigua costumbre) ni el ruso ofrecen resis­
tencia a las formas grecolatinas, y el alemán, por otra parte, ha acep­
tado del inglés un gran número tanto de monosílabos como de colo­
caciones monosilábicas.

M arco d e referencia para la traducción d e neologism os

Tipo Factores contextúales Procedimientos de


_______ traducción

A. A rtículos léxicos existen­ 1. Valor y objetivo 1. Transferencia


tes con significados nuevos del neologismo (entrecomillada)

2. Importancia del 2. Neologismo en la LT


neologismo para: (con com puestos)
1. Palabras a) la cultura d e la LO;
2. Colocaciones b) la cultura d e la LT; 3. Palabra derivada
y c) general en la LT

3. N ovedad 4. Naturalización
B. Form as nuevas
4. Frecuencia 5. Traducción recono­
cida en la LT

1. Acuñaciones nuevas 5. Duración probable 6. Término funcional


2. Palabras derivadas
(híbridos incluidos) 6. Autoridad del tra­ 7. Término descriptivo
ductor
3. Abreviamientos 7. Traducción reco­ 8. Traducción literal
nocida
4. Colocaciones 8. Existencia de refe­ 9. Combinaciones de
rentes en la cultura procedimientos d e
de la LT d e traducción (doble­
tes etc. )
5. Epónimos 9. Transparencia u lO.Traducción “directa”
6. Palabras frasales opacidad del neo­
logismo
7. Palabras transferidas 10. Tipo de texto 11. Internacionalismo
(nuevos y viejos sen­
tidos) 11. Lector
8. Acrónimos (nuevos 12. Marco
y viejos referentes) 13. Moda, pandilla,
9. Pseudoneologism os anuncio publicitario

206
10. Internacionalismos 14. Eufonía
15. ¿Está el neologismo
en com pentencia con
otros?
16. ¿Está el neologismo
ling, justificado?
17. ¿Es probable que el
neo. se convierta en
internacionalismo?
18. ¿Se ha creado el neo.
(acrónim o) por razo­
nes de prestigio?
19. Entorno
20. Estatus y aceptación del
neologismo en la LT

207
C a p ít u l o XIV

La tr a d u c c ió n té c n ic a

I n troducción

La traducción técnica constituye una de las dos partes de la tra­


ducción especializada. La otra es la traducción institucional, el campo
de la política, el comercio, las finanzas, el gobierno, etc. Para mí, la
traducción técnica es en potencia —que no en acto— no cultural y,
por tanto, “universal”: las ventajas de la tecnología no se restringen a
una comunidad lingüística. Así pues, los términos técnicos en princi­
pio se deberían traducir. En cambio, la traducción institucional es cul­
tural (razón por la que sus términos en principio se transfieren, más o
menos), a no ser que tenga algo que ver con organismos internacio­
nales. Este es el motivo por el que, generalmente, ILO se traduce por
“OIT”, 5/7”(fr.), IAA (al.), y en cambio “ICONA” se transfiere en con­
textos oficiales y formales, pero no en informales, donde daría algo
así como société espagnole pour la protection des animaux.
La profesión de traductor y el auge de la tecnología marchan para­
lelos, y a los traductores de plantilla en el campo de la industria —no
en los organismos internacionales— se les suele llamar traductores
técnicos, aunque los términos institucionales y comerciales sean com­
ponentes “paraguas” (Dach) en toda traducción técnica.
La traducción técnica se distingue en primer lugar de otros tipos
de traducción por la terminología, aunque ésta por lo general sólo
constituye del 5 al 10% de un texto. Sus características, sus rasgos gra­
maticales (en el caso del español, oraciones con se, pasivas analíticas,
nominalizaciones, presente atemporal, plural de modestia, verbos co-

208
pulativos, etc.) se combinan con otras variedades lingüísticas. Su for­
mato característico (véase el excelente trabajo de Sager, Dungworth y
McDonald, 1980, sobre la escritura técnica) es el informe técnico,
pero incluye también las instrucciones, los manuales, los letreros, la
publicidad, que ponen mayor énfasis en las fórmulas de tratamiento y
en el uso de la segunda persona.

E l estu o técnico

Además, el estilo técnico, a no ser que su lenguaje no técnico sea


animado, vivido, vulgarizado, carece por lo regular del componente
emotivo, de connotaciones, efectos sonoros, metáforas originales, si
es que el texto está bien escrito. Los textos médicos franceses son jus­
tamente lo contrario, y la tarea del traductor aquí consiste precisamen­
te en eliminar esas características. Así, le triptyque de ce traitement da
en español “las tres etapas de este tratamiento”. Muchas veces parte
de la tarea de un buen traductor técnico consiste en volver a expresar
un texto mal escrito y pasar sólo el sentido de las metáforas.

LOS TÉRMINOS

Sin embargo, la dificultad central de la traducción técnica suele


estar en los términos nuevos. (Este capítulo lo deben leer juntamente
con el de los neologismos, Capítulo XIII; en la página 345 aparecen
enumerados algunos términos médicos.) Creo que el mejor método
de aproximación a un texto opacamente técnico consiste en subrayar
en la primera lectura aquellos términos que les parezcan clave y, lue­
go, buscarlos en una buena enciclopedia y en el diccionario técnico
pertinente, hasta en el supuesto caso de pensar que los conocen:
mi memoria rebosa de palabras que sólo conozco a medias o no co­
nozco.
Así incluso, es probable que su principal problema venga por mor
de algunos neologismos técnicos de la LO que, más o menos, son
contextualmente neutros y aparecen sólo una vez. Si estos términos
dependieran del contexto, lo más fácil es que los entiendan eliminan­
do gradualmente las versiones menos probables. Pero, si en un ar­
tículo sobre la cirrosis alcohólica, se postula sin más detalles que un
cocktail hépatique toujours appliqué et toujours discuté es un tipo de
tratamiento bastante corriente, únicamente lo podrán traducir por “un
mejunje de fármacos todavía administrado y todavía muy discutido”,

209
tras comprobar sencillamente que a veces se utilizan fármacos (diuré­
ticos) como parte de un tratamiento de cirrosis.
En contra de la creencia popular, hasta los términos estandariza­
dos de la BSI (Institución Británica para la Estandarización de térmi­
nos) pueden tener más de un significado, lo mismo dentro de un
campo Csort out puede significar “examinar individualmente” o “sepa­
rar”), que dentro de dos o más (ply, de papel, “hoja”; ply, de madera
contrachapada, “chapa”). Sin embargo, el objetivo de toda nueva es­
tandarización es siempre establecer una relación única de uno-por-
uno entre el referente y su nombre. Y cuanto menos importante sea
el referente, más probabilidades hay de que se mantenga esa rela­
ción. Pero tan pronto como aumenta el curso del referente —bien
porque se utiliza con mayor frecuencia, bien porque tiene más im­
portancia, etc.— aumenta probablemente también el número de sen­
tidos figurados del nombre.
Las palabras conceptuales son muy conocidas por sus diferentes
significados, que cambian según la tecnología: Kraft: “fuerza”, “po­
der”, “potencia”, “empuje”; capacité: “capacidad”, “capacitancia”, etc.,
(pueden ver otros ejemplos en Maillot 1969). Otros términos deben
su variedad de sentidos a la colocación donde van: puits de mine:
“pozo de mina”; puits a ciel ouvert: “mina al aire libre”; puits perdu:
“pozo negro”; puits artésien: “pozo artesiano”; puissance fiscale:
“caballos fiscales”; puissance de feu: “potencia de fuego”.

V ariedades de estilo técnico

En éste como en cualquier otro campo, los expertos discutirán


enérgicamente acerca de los nombres de las herramientas que se
usan al “pie del cañón”, en plena faena, en el corazón de la fábrica.
Paepcke (1975) de hecho distingue cuatro variedades de lenguaje téc­
nico muy prácticas: 1) científico: chambre de congélation; 2) nivel de
taller: compartiment réfrigérateur; 3) nivel de uso cotidiano: congéla­
teur; 4) nivel de publicidad/ventas: freezer (no olviden que se trata
de una palabra inglesa usada en publicidad en francés). Sin embar­
go, es probable que una escala como ésta sólo sea válida para dos o
tres términos de otros tantos campos. Basándome en el vocabulario
médico, yo propongo los siguientes niveles:

1) Académico: Palabras grecolatinas transferidas asociadas con artícu­


los académicos: “flegmasía alba dolens”.
2) Profesional: Términos formales usados por expertos: “parotiditis”,
“amigdalitis”, “difteria”.

210
3) Popular: Vocabulario del lego en la materia, que puede incluir
variantes léxicas del habla familiar: “paperas”, “anginas”, “garro-
tillo”.

Sin embargo, se trata de categorías generales a las que resulta mu­


chas veces arbitrario asignar uno u otro término. En ciertas áreas, la
nomenclatura está plagada de términos adicionales obsoletos, fuera
de uso o regionales (observen el caos de los diccionarios multilingües
Elsevier, más útiles como herramienta de referencia que de traduc­
ción). Hay una tendencia frecuente a denominar un producto por su
última marca de fábrica (en inglés, por ejemplo, la palabra bic ha des­
plazado a biro). Por otra parte, tengan también en cuenta que los
epónimos identifican un descubrimiento o invento con un an­
tropònimo, asociado con él, que tal vez no se reconozca en la len­
gua de otro país. Así, por poner un ejemplo —aunque hay miles—,
el páncreas menor se conoce en inglés por el páncreas de Willis o de
Winslow.

T érminos técnicos y descriptivos

Otro problema más es el de la distinción entre términos técnicos y


descriptivos. Tres son las razones por las que el escritor de la LO pue­
de usar un término descriptivo para un objeto técnico:

1) por ser nuevo el objeto y no tener todavía nombre;


2) por evitar la repetición, en casos en que el término descriptivo está
usado como una variante léxica familiar;
3) por contraste con otro término.

Por lo general, ustedes deberían traducir los términos técnicos y


descriptivos por sus equivalentes, y luego resistir la tentación de tra­
ducir un término descriptivo por uno técnico por el mero hecho de
hacer gala de sus conocimientos, con lo que consiguientemente sacri­
ficarían la fuerza lingüística del término descriptivo de la LO. Ahora
bien, si el término descriptivo de la LO es usado por ignorancia o
negligencia del escritor de la LO, o por no existir un término técnico
apropiado en la LO, y especialmente si el objeto referenciado es
extraño a la cultura de la LO y no a la de la LT, entonces está más que
justificada la traducción de un término descriptivo por uno técnico. Si
uno traduce “La superficie del submarino es perfectamente lisa: sólo
sobresalen los alerones de inmersión delanteros, el timón de popa y

211
las burbujas donde van la radio y el sonar” por On a donné au sous­
marin une form e parfaitement hydrodynamique; seuls les ailerons
de plongée, le gouvernail et les dômes longeant la radio et le sonar
fo n t saillie, está innecesariamente traduciendo el término descriptivo
(“superficie lisa”, esto es, surface lisse) por un término técnico (forme
hydrodynamique), y eliminando el contraste lingüístico de la LT en­
tre lisse e hydrodynamique. (Véase Delisle 1982.)
Los traductores profesionales técnicos, cuando rechazan el térmi­
no descriptivo por uno técnico existente en la LT, están haciendo una
liturgia de su habilidad: los términos técnicos (lenguaje estandariza­
do) son siempre más precisos (de un alcance semántico más limitado)
que los descriptivos (lenguaje no estandarizado). Se insiste muchas
veces en que uno sólo debería usar palabras que usaran los mineros,
profesores, agricultores, en sus respectivos frentes... A propósito, esa
liturgia tiende a ignorar cualquier distinción entre el lenguaje hablado
y el escrito, lo cual va en contra de la buena traducción.
¿Pero y si el original utiliza términos descriptivos? Tomemos, por
ejemplo, el siguiente fragmento de un texto sobre funcionamiento de
maquinaria: Dans ce cas il est très rentable d ’utiliser les machines
courantes... sans rien créer mais en prévoyant en détail leur adapta­
tion et leur montage. Les machines courantes podríamos traducirlo
por “máquinas de uso general” anticipándonos a leur adaptation et
leur montage, en cuyo caso el término semitécnico “de uso general”
reemplazaría al descriptivo courantes del original. Pero lo más proba­
ble es que courantes esté en contraste con sans rien créer y se tra­
duzca por los términos descriptivos “estándar”, “normal” o “corriente­
mente en uso”.
Aunque el término técnico sea un hallazgo (trouvaille) del traduc­
tor y ayude a aclimatar al lector profesional, creo que es un error
optar por ellos sistemáticamente sabiendo que el término descriptivo
de la LO puede tener otros fines comunicativos. Ahora bien, el uso
del término técnico en el texto de la LT es ciertamente preferible en
aquellos casos donde el fragmento es técnico y hay pruebas eviden­
tes de que —como suele ocurrir a menudo— quizá se ha usado el
término descriptivo, el término más general y genérico, sólo porque
el término técnico, más restringido, es raro o falta en la LO.
Y a la inversa: cuando un término técnico de la LO no tiene un
equivalente terminal conocido, deberíamos usar un término descripti­
vo. ¿Qué hacer, por ejemplo, con dismicrobismo murino? Pues si no
podemos correr el riesgo de traducirlo por “microbismo múrido”, lo
más prudente sería utilizar un término descriptivo: “grave plaga de
microbios debida a las pulgas de las ratas”.

212
P o r d ó n d e d e b e c o m e n z a r l a t r a d u c c ió n t é c n ic a

Creo que la tecnología básica es la ingeniería y que la rama básica


de ésta es la mecánica; así que si quieren llegar a ser traductores téc­
nicos es por ahi por donde deben comenzar. Sin embargo, no tienen
por qué especializarse al principio. En lugar de eso, lo que deben
hacer —como se haría en cualquier curso de traducción para posgra­
duados— es adquirir la mayor práctica posible en una serie de tecno­
logías, en particular en las tecnologías punta, o sea, hoy día, la infor­
mática aplicada al comercio, en particular al sector terciario, y a la
industria. Tengan en cuenta, además, que su interés se debe centrar
en comprender la descripción, la función y el efecto de un concepto,
como por ejemplo la entropía, y no en aprender leyes, o mejor dicho,
axiomas, teoremas, teorías, sistemas relacionados con la entropía. En
cierto modo, más que el contenido de una materia, lo que aprenden
ustedes es el lenguaje de esa materia, pero cuando digo, al hablar de
los términos, que la función es tan importante como la descripción, y
más fácil siempre de captar, no estoy haciendo otra cosa en realidad
que recordarles la aplicación de las leyes y los principios. Cuando tra­
ducen un texto, más que —o además de— convencerse de que la fra­
se que terminan de traducir es válida lingüísticamente hablando, lo
que deben es aprender a salir de él y comprender más o menos lo
que está pasando en la vida real. No deben escribir nunca el equiva­
lente técnico de The King o f France iss dead: uno puede coger en
cualquier momento el hilo de la acción que recorre todo el pasaje.
Aunque gran parte del lenguaje (y la terminología) científico y tecno­
lógico se puede traducir “literalmente” y contiene , sobre todo en
materias modernas, cada vez más internacionalismos y menos falsos
amigos, tendrán ustedes que comprobar la validez de los términos
que usen por lo que se refiere al registro y al dialecto. Pero también
aquí hay prioridades: los términos técnicos periféricos de un texto,
por ejemplo esos —más o menos— contextualmente neutros que
aparecen en listas o en notas a pie de página, no tendrán la importan­
cia de los términos centrales, lo que quiere decir que habrá que com­
probar su nomenclatura y olvidarse de detalles relativos a su función
o a la descripción de los mismos. En una palabra, para traducir un
texto no se necesita ser un experto en la tecnología y el vocabulario
pertinentes, basta con entenderlo y conocer por el momento el voca­
bulario que usa.
En ciencias, el centro del lenguaje es el concepto, mientras que en

213
tecnología es el objeto: en técnicas de producción, por ejemplo,
deben ustedes aprender tanto el vocabulario básico como la traduc­
ción (“tomo”, “embrague”, “tomillo de ajuste”, “fresadora”, “cigüeñal”,
“eje”, etc.) que aparece en forma de diagramas en algunos dicciona­
rios, como el Wüster, el Oxford Illustrated, el Larousse, etc., y obtener
una idea clara del perfil, composición, función y resultado, además
de aprender los verbos de acción que rigen esos nombres: une carne
tourne: “una leva gira”.

M ét o d o d e traducción

Tanto el texto como la traducción están estrechamente vincula­


dos con el objeto. Según Barbara Folkart (1984), “la libertad de que
goza el traductor está sólo sujeta a las restricciones del registro y, tal
vez, de la cohesión textual”. El postulado es cuestionable ya que el
texto de la LO es también la base de la traducción, por mucho que
ésta se aparte de aquél, cosa que puede ocurrir o porque su uso na­
tural sea diferente o porque tenga que ser referencialmente más
explícita que el original, sobre todo en el caso de gemndios, infiniti­
vos, nombres deverbales, etc., donde tenemos que añadir en el texto
terminal los participantes casuales (véase Capítulo XII). Así pues, el
ejemplo de Folkart un dispositif de fixation d ’un pignon d ’entraîne­
ment des organes de distribution quedaría en español así: “un meca­
nismo con un piñón sujeto a él, impulsor de las partes de la máquina
distribuidoras de la mezcla de combustible a los cilindros”. En este
ejemplo hemos tenido que suplir referencialmente los participantes
casuales, pero en otros contextos se pueden “recuperar” de la ora­
ción anterior.
Hay que observar que, aunque Folkart recomienda un enfoque
“objetualmente dependiente” que a veces parece ser independiente
del texto original, sus ejemplos son traducciones muy ceñidas al ori­
ginal y sólo modificadas o por restricciones sintácticas de la LT o por
una referencia explicativa apropiada. El hecho es que cuando se han
puesto los puntos sobre las íes en una cosa o situación del texto de la
LO, sobre todo si está bien escrito, éste se convierte en un texto des­
crito con precisión. Y, si un traductor trata de alejarse del objeto o
situación y olvida los detalles verbales de la LO, su traducción resulta­
rá poco exacta e imprecisa. La “coautoría”, en la que a dos o más re­
dactores de textos publicitarios se les da la descripción y función de
un producto y se les pide, luego, que lo plasmen (en un anuncio)
teniendo en cuenta las condiciones locales, carácter, sentido del hu­

214
mor, etc., en varios ejemplos diferentes, está bien, pero un mensaje
“común” siempre se traducirá mejor.
Cuando se acerquen a un texto técnico (les sería muy útil ahora
acudir a la pág. 221), primero léanlo para entenderlo (subrayando las
palabras difíciles) y, luego, para evaluar su naturaleza (proporción
entre persuasión e información), su grado de formalidad lingüística,
su intención (actitud ante el tema), las posibles diferencias culturales
y profesionales entre sus lectores y los originales. Seguidamente,
deberían dar a su traducción la estructura o marco de un libro de esti­
lo reconocido, que puede ser o el formato de un informe técnico
adoptado por su cliente, o, si se trata de un artículo o colaboración, el
libro de estilo del periódico o revista.
Deben traducir o transferir o, si no, dar cuenta de todo, de todas las
palabras, figuras, cifras, letras, signos de puntuación... Transfieran
siempre el nombre de la publicación, pero traduzcan la referencia
(“Vol. 1., núm. 5”), la fecha y el encabezamiento general usando las
fórmulas estandarizadas de la publicación española correspondiente
(Mise au point, Rappel Medical, Travaux et Originaux, podrían dar
“La medicina hoy”, “Artículos de revisión” y “Artículos originales”
respectivamente). Con respecto a los autores, reproduzcan sus nom­
bres y sus títulos, y transfieran el nombre de su lugar de trabajo
(v. gr., Ecole des Hautes Etudes}. es posible que al lector le interese
escribir al autor. Y por lo que respecta a las partículas von y par que
preceden a la firma de los autores hay que señalar que las revistas
médicas españolas las suelen omitir, como hace el inglés. Sin embar­
go, pueden traducir en una nota a pie de página una palabra transfe­
rida si el libro de estilo de la casa se lo permite, si ustedes piensan
que puede ser especialmente útil a los clientes o lectores y, sobre
todo, si la palabra no es “transparente”.

E l TÍTULO

Ustedes, como traductores, están normalmente en su perfecto


derecho de “cambiar” el título de un texto. Los títulos o son descrip­
tivos o alusivos. Un título descriptivo que sucintamente nombre el
tema y el objetivo es el apropiado para un texto no literario. (Los
títulos alusivos son propios de cierta literatura imaginativa y del pe­
riodismo popular, y tal vez deban cambiarse.)
La ventaja del título de un artículo científico es que normalmente
formula el tema, aunque no siempre el propósito o la intención del
proceso que en él se describe. Así, por ejemplo, es más importante

215
—o por lo menos igual— saber que la scintillation o “centelleo” (véa­
se el apéndice de este capítulo) se usa para detectar la radioactividad
en un órgano u organismo que saber que consiste en diminutos des­
tellos de luz emitidos desde un cristal de fósforo y medidos por un
contador de centelleo. Lo que suele hacer coherente y lógico un ar­
tículo a los ojos del lector es el recuerdo del objetivo de un funciona­
miento antes que la descripción minuciosa de sus etapas.
En general, los títulos españoles y franceses son más largos que
los ingleses. Y hablando del título del fragmento recogido al final del
capítulo, hay que señalar que en biologie (“para sustancias orgáni­
cas”) se puede omitir. Por otra parte, con la palabra “general” utilisa­
tion se puede hacer una ligera trasposición (con las palabras genera­
les es corriente este procedimiento de traducción) y traducirla por
“aplicación”, simplemente porque “utilización” se aplica con mayor
frecuencia a sustancias que a procesos. Intérêt es uno de los múltiples
términos corrientes en medicina (cfr. appareillage, dosage, biologi­
que) que tienen al menos dos traducciones posibles en la LT y la
menos probable es la que más se parece al español: así pues, intérêt
es aquí “valor” o “importancia”; appareillage es “preparación”; dosage
es “medida” o “determinación de la cantidad”, no “dosis” (un fa u x
ami}, biologique es muchas veces “orgánico” (en muestras), “de la­
boratorio”, antes que “biológico”. El último punto significativo del tí­
tulo es que encierra una colocación transparente, scintillation liquide
(cfr. en el texto solution scintillante, locución con una sonoridad tal
que parece sacada de El cementerio marino de Paul Valéry), que
habrá que consultar, aparte de otras que aparecen en el resto del ar­
tículo (impulsions erratiques, rayonnements cosmiques et telluriques,
le proche ultra-violet). Todas ellas, a excepción de scintillation, son
afortunadamente traducciones directas y no ofrecen problema algu­
no. En el caso de scintillation tampoco hay problema: los títulos bi­
bliográficos consultados dan “centelleo”. Les recuerdo que la traduc­
ción de los títulos de la bibliografía que aparecen en algunas revistas
médicas bilingües es fiable, algo que no se puede decir de la traduc­
ción de los llamados “resúmenes” (o abstracts) que es de risa:
However, there is a classical notion w hich d id n o t change: the %
o f good results decreases as the original a ccid en t becom es older...
W hen treated precociously there is m ore th a n 80% chance o f su c­
cess, w hich m a y be spectacular as is still rather rare.

El último elemento en el encabezamiento de los artículos médicos


lo constituyen los nombres de los autores y las direcciones de sus
lugares de trabajo, que se suelen transferir excepto: a) en aquellos

216
casos en que una titulación académica (Dr., Emeritus) tiene un equi­
valente común reconocido en la LT (“Doctor”, “Emérito”); b) cuando
el nombre de una ciudad está “naturalizado” (“Maguncia”, Aquis-
grán”) y cuando el nombre de la institución es tan opaco (aunque
motivado: Nervenheilanstalt) que un doblete, esto es, una transferen­
cia más una traducción semántica (“hospital para enfermedades ner­
viosas”), puede ser de gran utilidad para el lector. Los nombres de los
países también se traducen. Así, el lector profesional, si lo desea, pue­
de escribir al autor.

Lectura cuidadosa del texto (véase Apéndice)

Luego, deberían leer el artículo de cabo a rabo y subrayar todas


las palabras y estructuras que les parezcan problemáticas, entre las
que podrían estar las siguientes:

1. Palabras aparentemente transparentes, pero no muy conocidas, con


morfemas griegos o latinos. En este fragmento, habrá que sub­
rayar, por ejemplo, radioéléments, leucine, photomultiplicateurs,
photocathode, radioluminescence, ya que los traductores de tex­
tos técnicos no deben reproducir neologismos a menos que lo
confiesen entrecomillándolos o poniendo una nota a pie de pági­
na. Alguna que otra vez pueden correr el riesgo de reproducirlos
si constan de un prefijo —separable, por otra parte— como anti-,
pre- o post- . Si se trata de términos químicos deben tener cuidado
con los sufijos: photomultiplicateurs da “fotomultiplicadores”,
pero scintillator es “contador de centelleo”.
2. Cifras y símbolos. Aquí lo que deben comprobar es la equivalen­
cia y el orden terminales: la incompetencia matemática de algu­
nos graduados en letras se puede adivinar por el hecho de que
al principio copian las cifras y símbolos en sus versiones sin
pensar.
3. Locuciones del tipo de au sein même de, dans le cadre de, etc., y
verbos como représenter y porter le nom de, al ser palabras se­
mánticamente semivacías, se pueden traducir por “en” y “ser” en
la versión de la LT. (Conviene recordar aquí que dichos verbos
también se pueden traducir en español por “representar” y “llevar
el nombre de”, y que hay además otros verbos (“resultar”, “que­
dar”, “permanecer”, “volverse”, “hacerse”, etc.) que funcionan
como copulativos y que serían muy útiles, si no para traducir del
francés, sí para hacerlo del inglés y no repetir el verbo “ser”.)

217
4. Verbos como faciliter y permettre de (además de inciter, obliger,
empêcher, pousser) pueden resultar problemáticos en lenguas
como el inglés, donde no abundan las personificaciones que a
menudo implican, pero no en las lenguas romances. Más proble­
mas daría en español el pronombre “personal” elle (= “técnica”)
que aparece en el primer párrafo: en estos casos lo mejor que
pueden hacer es repetir el sujeto.
5. “Palabras equívocas” como si (“mientras que”), mesure que no
es precisamente “mesura”, sino “medición”, traitement (“procesa­
miento de resultados”), séduisant (atractivo”), etc.

Después, pueden empezar a traducir oración por oración y hacer


las trasposiciones necesarias para que el lenguaje resulte natural: pa­
sivas por activas, adjetivos o participios de presente por cláusulas...
Observen el sentido parentètico o contrastivo de algunas comas. Su
principal responsabilidad, en realidad, es la de soltarse sintácticamen­
te hablando de tal forma que lo que escriban suene natural, la de
encontrar un orden de palabras más natural, incluso la de encontrar
la palabra jergal precisa (“de bajo nivel” por faible énergie}, pero evi­
ten añadir a todo nombre o verbo sufijos jergales del tipo de -ización,
-bilización, -alidad, -ilidad, -ivismo, -ismo, -ología, -ibilidad... ¿Es que
existe alguna diferencia entre apparaît d ’une manière discontinue y
“es discontinuo”? Con facilem ent se podría hacer una modulación
que diera “sin dificultad”, pero lo normal es que un adverbio fiancés
dé en español otro adverbio y que uno inglés dé una frase adverbial.
Observen, por otra parte, la preposición francesa par, única en su
genero, porque al parecer tiene más poder semántico que otras pre­
posiciones francesas, y cuya traducción muchas veces al español es
“debido a”, “por medio de”.
Por extraño que parezca, el texto está bien escrito: no tiene el estí­
mulo de metáforas extrañas, (la revanche de Guignol sur le gendar­
me) ni del idiolecto idiosincrático (frappé au même coin de l’interpo­
sition), característica de tantos y tantos textos no literarios franceses.
(Mucho de lo que he dicho aquí acerca del proceso de corregir
su propia traducción lo podran encontrar más detallado en el capítu­
lo XIX.)
En una traducción técnica, se puede ser tan audaz y libre a la hora
de reestructurar la gramática (uniendo oraciones, convirtiendo nom­
bres en verbos, etc.) como en un texto informativo o vocativo. Lo
único que hace falta es que el texto esté defectuosamente escrito. Si
así fuera, ustedes —particularmente ustedes—, si son escritores pro­
fesionales, deberían producir un texto terminal mejor escrito que el

218
del autor original, que no lo es. Sin embargo, con la terminología es
mejor ir a lo seguro: no se arriesguen.
Como traductores técnicos, pueden variar el formato en relación
con el cliente. Si éste quiere una traducción desde la primera hasta la
última pagina, entonces deberían mantener el libro de estilo del ori­
ginal. Si traducen para un periódico o revista, deberían adoptar su
libro de estilo y leer cuidadosamente números atrasados para saber
cómo es.
Léxicamente, la principal característica del lenguaje técnico es su
riqueza real y su potencial infinidad: siempre habrá huesos y rocas
por “bautizar”. En muchos campos científicos, a la hora de clasificar
se acude a términos grecolatinos, que en traducción pueden ser útiles
como internacionalismos y usarse como equivalentes funcionales,
cuando un término de la LO con referencia a un objeto natural (existe
un comité internacional de nomenclatura para flora, fauna y minera­
les nuevos) falta en la LT, entre otras cosas porque el referente no se
conoce en el entorno natural de esta lengua, por ejemplo: “vanesa
roja” por Vanessa atalanta; “lagarta” por Lymantria dispar (cfr. esca­
rabajos, plantas, árboles). Si transfieren los términos estandarizados
latinos y/o griegos, tienen garantizado el mismo nivel de registro de
la LO, lo mismo que si traducen los términos grecolatinos de la LO
por términos grecolatinos hispanizados, a no ser —o hasta— que las
palabras, por el mucho uso, tengan una variante léxica más corriente
(“paperas”, “anginas”, etc.). Tengan también en cuenta que el inglés
tiene un nivel de formalidad más bajo que las lenguas romances y,
sobre todo, que el alemán.

C onclusión

Quizá sea inevitable la baja calidad de las traducciones técnicas,


dada la gran variedad de temas y de registros que presentan. En cual­
quier caso, dicha circunstancia dificulta las generalizaciones acerca de
este tipo de traducción. ¡Es la prosa más cercana a la realidad material
y la más alejada de la psique! Rebosa de diagramas, gráficos, gráficas,
ilustraciones, fotografías, cifras, fórmulas, ecuaciones, esquemas, re­
ferencias, bibliografías, planos... Es asombroso ver cómo traductores
con una vasta formación y experiencia en exámenes de traducción,
en el instituto y en la universidad, se olvidan de examinarlos como
deberían, sobre todo las bibliografías, donde muchas veces pueden
encontrar palabras que luego resultan clave en su traducción. De
hecho, las bibliografías y los diagramas es lo primero que deberían

219
mirar. Aunque pienso que es absurdo sostener que la formulación del
texto en la LO es “de importancia relativa, y no es obligatoriamente
exacta si el estilo es pobre”, la afirmación de Folkart —como otras
muchas afirmaciones absurdas— es, sin embargo, una crítica oportu­
na a las traducciones superficiales y un estímulo para aportar mayor
explicitud (por ejemplo, rellenando los vacíos casuales) de la que hay
en el original.
Lo último que acabo de exponer es obvio. Al haberse producido
una explosión de la tecnología, que se está extendiendo exponencial­
mente y que lo seguirá haciendo, éste es un campo, en la frontera del
conocimiento, donde tienen que estar muy al día. No valdrá nada que
no sean bancos de datos, oficinas terminológicas, informantes, últi­
mas ediciones, tanto de libros de texto como de libros de consulta.
Díganle a su cliente/patrón o a su bibliotecario que necesitan tener
todo este material disponible, a ser posible. No duden en telefonear a
las empresas pertinentes o a sus departamentos de información y pre­
guntarles por sus investigaciones. Y si tienen oportunidad, sigan —o
insistan en que se den— cursos de actualización, acudan a congresos
de investigación y visiten algunas plantas y fábricas. (Esa historia de
“justo cuando usted traducía ese tema en relación con ese proceso o
aparato se estaba haciendo una demostración de los mismos precisa­
mente en la puerta de al lado o en un piso más arriba”, que se suele
contar del traductor técnico, tiene más variantes que la nieve de los
in u its .)
Sin embargo, voy a terminar como empecé. La terminología pue­
de constituir del 5 al 10% del texto, pero el resto es “lenguaje”, un
lenguaje la mayor parte de las veces con un estilo natural; y en este
punto es donde uno suele ver que un texto autoritativo aspira a con­
seguir este estilo; si no lo consigue, lo que pueden hacer ustedes es
darle amablemente al texto esa naturalidad y elegancia: el escritor se
lo agradecerá. Así que escriban bien.

220
A p é n d ic e : t e x t o d e m u e s t r a

Mise au point

Utilisation et intérêt de la scintillation liquide en biologie


R. Le Net, J. Fabres et P. Serres

La scintillation en milieu liquide représente l’une des m éthodes le


plus couram m nent em ployées pour détecter et com pter les radio­
éléments émetteurs de particules bêta de faible énergie. Cette
technique, relativement récente (1950), nécessite un e préparation
des échantillons biologiques et un appareillage complexes ainsi
q u ’u n traitement approprié des résultats. Elle a toutefois permis
d ’explorer différents métabolismes par la détection et le dossage
des molécules m arquées à l’aide d ’éléments radioactifs bêta aussi
essentiels que l’hydrogène (H), le carbone (14C), le souffre (35S)
ou le calcium (45Ca). Des études sur l’eau (2), la leucine (9) et des
médicaments (14) m arqués ont ainsi dém ontré l’intérêt de cette
m éthode dans le cadre de recherches biologiques.

1. GENERALITES SUR LA SCINTILLATION EN MILIEU LIQUIDE

Un scintillateur liquide possède la propriété d ’émettre, lorsqu’il est


exposé à des rayonnem ents nucléaires ionisants, des photons
lum ineux situés dans le proche ultra-violet . Cette luminescence
ou radioluminiscence porte le nom de scintillation lorsqu’elle
apparaît d’une m anière discontinue (3). La propriété de ce ph é­
nom ène est utilisée pour les m esures de radioactivité d ’éléments
introduits au sein m êm e d e la solution.
Pour cette m esure la solution scintillante, contenant le radioi­
sotope ém etteur de particules bêta, est placée dans un e fiole dis­
posée entre deux photomultiplicateurs. Ceux-ci, par leur photo­
cathode, détectent les scintillations lumineuses apparues au sein
m êm e d e la solution et transm ettent leurs réponses sous la forme
d ’impulsions erratiques liées à l’imperfection d e l’électronique et
aux rayonnem ent cosmiques et telluriques.
L’u n des avantages essentiels de cette technique d e com ptage
réside dans la suppression de l’auto-absorption du rayonnem ent
bêta, très gênante lorsque les radioélém ents o nt un e énergie fai­
ble. De plus, les particules bêta sont facilement diffusées par la
matière. La mise en solution des échantillons radioactifs perm et
d ’éviter ces pertes de comptage. La quasitotalité des émissions
bêta est d onc utilisée à produire des scintillations.
Si cette technique d e com ptage est séduisante, sa mise en oeu­
vre est très délicate. L’introduction d ’échantillons radioactifs dans
le détecteur liquide nécessite...

(Rev. M éd. Toulouse, 1 9 7 4 , págs. 1755-1769)

221
C a p ít u l o XV

La tr a d u c c ió n d e la literatu ra ser ia y d e lo s te x to s
( o m a n ife sta c io n e s ) a u to rita tiv o s

I n tro du cció n

Los teóricos afirman a veces que la traducción cognitiva (el trasla­


do de la información fría) es perfectamente posible y puede ser posi­
blemente perfecta... Se trata de lo evidente, del factor invariante. La
única dificultad viene cuando: a) se enfatiza tanto la forma como el
contenido del mensaje o; b) existe un vacío cultural entre los lectores
de la LO y los de la LT (diferentes modos de pensar o sentir, diferen­
tes objetos materiales), o hay una relación pragmática engañosa, por
ejemplo, entre el escritor por una parte y el traductor y/o lector por
otra. Y hay algo de verdad en estas generalizaciones, aunque tienen
un fallo, y es que la idoneidad de una traducción depende en el fon­
do del grado de dificultad de todo el pasaje, de su complejidad, de su
oscuridad, antes que de uno u otro aspecto. Por otra parte, no hay
ninguna dificultad en explicar y por ende sobretraducir a la LT todo
pasaje que enfatice la forma en la LO, aunque, eso sí, nunca tendrá el
crudo impacto del original. Sin embargo, si hemos de generalizar,
puedo decir que normalmente la traducción de la literatura seria y
textos autoritativos es el tipo de traducción más difícil, porque la pri­
mera articulación de significado (la palabra), la básica, es tan impor­
tante como la segunda (la oración o, en poesía, el verso), y el esfuer­
zo por darle coherencia a la palabra, a la oración y al texto requiere
contemporizar y reajustarlos continuamente.
La función expresiva del lenguaje de Bühler, donde el contenido y

222
la forma son en general igual e indisolublemente importantes, revela
dos grandes categorías de texto: la literatura imaginativa seria y los
textos autoritativos, sean del tipo que sean, lo mismo políticos que
científicos, filosóficos o legales.
Las dos categorías presentan diferencias obvias: a) los textos auto­
ritativos se dirigen al lector de forma más abierta que la literatura; b)
la literatura es alegórica en cierto modo, en tanto que los textos auto­
ritativos tienen a menudo un sentido literal y denotativo y, sólo en
pasajes excepcionales, figurado, como en los llamamientos populares
generales, verdaderos “islotes” en el amplio mar del lenguaje literal:
“El huracán del cambio barre la URSS”; I have nothing to offer but
blood, toil, tears and sweat (Churchill, 13 de mayo de 1940): “Yo no
les puedo ofrecer otra cosa que sangre, sudor, trabajo y lágrimas” (sin
duda, el lenguaje es figurado, pero éstos son símbolos que se han de
entender literal y figuradamente). Por otra parte, la manifestación de
la propia personalidad en los textos autoritativos es sólo incidental;
pero el traductor debe prestar la misma atención a las excentricidades
del idiolecto que les prestaría en la literatura fantástica: La France y
voit un renfort décisif de notre latinité à l’avantage de tous les hom­
mes: “Francia lo ve como un refuerzo decisivo de nuestra latinidad en
provecho de todos los hombres” (De Gaulle).
Esta podría ser otra generalización translatoria: la literatura en lí­
neas generales se mueve en una escala de cuatro puntos que van des­
de la poesía lírica hasta el drama pasando por el cuento y la novela.

La poesía

De las cuatro formas, la poesía es la más personal y concentrada:


la redundancia y el lenguaje fático brillan por su ausencia, y la pala­
bra, como unidad, tiene mayor importancia que en cualquier otro
tipo de texto. Y además, si la palabra es la primera unidad de signifi­
cado, la segunda no es generalmente la oración o la cláusula, sino el
verso, con lo que se vuelve a poner de manifiesto que en poesía se
da una doble concentración de unidades única. Así, por ejemplo, en:
Thou a rt th y m other’s glass, a n d she in thee
calls ba ck the lovely A p ril o f h er prim e;
so thou through w indow s o f th in e age sh a lt see,
despite o f wrinkles, this thy golden tim e.
B u t i f thou live rem em b’red n o t to be,
d ie single, a n d th in e im age dies w ith thee.
(Shakespeare, The Sonnets, III)

223
hay que mantener la integridad de las unidades léxicas y los versos,
junto con: a) una correspondencia en la puntuación, la cual reprodu­
ce esencialmente el tono del original; y b) una precisión y exactitud
en la traducción de metáforas. Veamos la versión* al español:
Tú de tu m adre eres cristal, y en ti los días
gentiles ella evoca de su flor granada;
tal tú por las ventanas d e tu edad verías,
pese a canas y arrugas, esa edad dorada.

Pero si vives para n o dejar testigo,


m uere solo, y tu imagen morirá contigo

Aquí se han mantenido en líneas generales las unidades de la palabra


y el verso, además de la puntuación. Se mantienen además las imáge­
nes y metáforas, a excepción de una temporal (April o f her prime)
que se cambia por una floral (“flor granada”), en tanto que wrinkles
da por motivos de ritmo “canas y arrugas”, y not to be rememb’red,
“no dejar testigo” (traduce el efecto por la causa). La pérdida, induda­
blemente, habría sido mayor si no se hubiera conservado una metáfo­
ra original, como la del comienzo (“Tú de tu madre eres cristal”). La
metáfora original es el elemento determinante y decisivo del lenguaje
creativo, capaz de evocar, a través de una imagen visual (incluso imá­
genes abstractas, como la justicia, la misericordia, se convierten en
personas o cosas), no sólo la vista sino los otros cuatro sentidos (por
ejemplo, la piel como el tacto, la comida como el gusto, las flores
como el olor, las campanas o los pájaros como el sonido), aparte de
las cualidades humanas concomitantes, el bien o el mal, el placer o el
dolor, que esas imágenes (sensoriales, sensorias, sensuales, sensibles,
quizá incluso sensacionales, para animar el lenguaje) pueden produ­
cir. La poesía presenta los objetos con el fin de trasmitir sensaciones y
emociones en particular, y, por concreto que sea el lenguaje, cada
uno de ellos representa algo más: una sensación, un comportamien­
to, una manera de ver la vida. El traductor debe reproducir las metá­
foras originales escrupulosamente, aun cuando quepa la probabilidad
de que produzcan un choque cultural. Es obvio que el primer verso
del Soneto XVIII de Shakespeare (Shall I compare thee to'a summer’s
day?) dejará fríos a los lectores árabes o inuits, como ha comentado
Neubert, pero el lector árabe o inuit tendrá que hacer un esfuerzo

* Shakespeare, The Sonnets/Sonetos de amor, III, Barcelona, Anagrama, 1983,


pág. 43. Traducción de García Calvo. ÍN. del TJ

224
para averiguar la verdad del símil, aunque lo cierto es que se nos
revela a medias en el siguiente verso: Thou art more lovely and more
temperater*. Por el contrario, una metáfora cultural (el término técni­
co, por ejemplo, del cuarto verso de ese mismo Soneto: (Summer’s)
leased no es tan importante.
El traductor tiene que transferir audazmente la imagen de cual­
quier metáfora si es conocida en la cultura de la LT. Ahora bien, tra­
ducir literalmente versos como los de Gerardo Diego:
Si su espejo la brisa enfrente brilla,
n o te contem ples —ay, Narcisa— en ella,
que no se m ude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.

(.Giralda )

o aquellos otros de Kingsley Amis:


Should poets bicycle-pump the heart
O r squash it flat?

(Something Nasty in the Bookshop)

para culturas, donde no se conoce ni a Narciso ni las bombas de bici­


cleta, resultaría para el lector no un choque cultural sino un verdade­
ro enigma. En poemas así, se podría optar por crear una metàfora cul­
turalmente equivalente en la LT, o por reproducir sólo el sentido de la
metáfora de la LO o, si tienen espacio, pasar la metáfora y su sentido;
pero si el traductor considera que la metáfora es importante su deber
es trasladarla y así introducirla en la lengua terminal y en su cultura.
Aun pensando que todas las imágenes provienen de fuentes uni­
versales, culturales y personales, el traductor de poesía no puede
hacer concesiones al lector como la de transferir la cultura extranjera
por un equivalente nativo. Si el otoño en China no es la época del
año de las mists and mellow fruitfulness de Keats, sino la estación de
los cielos despejados y claros, las aguas transparentes y el sonido de
la ropa tendida que golpea contra los bloques de casas los días fríos,
al lector no le queda otro remedio que aceptarlo y, si quiere experi­
mentar esa sensación y hacerla suya, lo más probable es que lo consi­
ga con una lectura repetida antes que con una información detallada,

• García Calvo en la obra citada, pág. 73, los traduce así: “¿A un día de verano ha­
bré de compararte?/ Tú eres más dulce y temperado...” /N. del TJ

225
explicaciones, alusiones, etc. No obstante, los europeos deben saber
que en la cultura china el jade no es de color jade sino blanco (“nieve
jade”, “luna jade”), que las comparaciones con las cejas supone que
existe la costumbre de que las mujeres se pinten de verde las cejas,
que el fénix no es el ave mítica de la resurrección, que los dragones
no son animales malos y extraños, que los cipreses sugieren cemente­
rios como en la cultura occidental (véase Graham, Poems o f the Late
Tang).
Indudablemente, resulta más difícil pasar la cultura china a la cul­
tura de las lenguas romances que a la inglesa, ya que aquí el lector
está familiarizado con las imágenes antes mencionadas, aunque tam­
bién tendría problemas con flores y hierbas locales usadas como me­
táforas.
Tengo mis dudas acerca de la idea de que un traductor de poesía
sea primordialmente un comunicador..., de que sea (para sus lectores
según la definición convencional de traducción comunicativa)
alguien que intenta crear en los lectores de la LT el mismo efecto que
creó el poeta en sus propios lectores: su principal empeño es “tradu­
cir” el efecto que en él mismo causó el poema. Un traductor difícil­
mente puede conseguir siquiera un efecto análogo en poesía: las dos
lenguas son como el día y la noche por ser éste un medio donde
—como en ningún otro, literario o no literario— utilizan éstas todos
sus recursos. Hay una pugna entre la sintaxis, el léxico, el sonido y la
cultura —no la imagen—. Valéry escribió:
Mi m eta no es literaria. No es tanto producir un efecto en los
dem ás com o en mí mismo..., la mismidad e n tanto en cuanto pu e­
de ser tratada com o u n trabajo... de la mente. No m e interesa
escribir poesía sin una visión d e su función.

Otro tanto se puede decir del traductor de Racine al inglés. John


Cairncross no trataba de demostrar que el francés —o la poesía, o la
poesía francesa, o Racine— era traducible, o de acercar Racine a sus
lectores ingleses o de acercar sus lectores ingleses a Racine. Simple y
llanamente se puso a traducirlo porque las palabras inglesas comen­
zaron a tomar forma en sus oídos, y por eso además trae a colación
las palabras de Racine: Ce que j ’a i fait, Abner, j ’a i cru le devoirfaire
(“Lo que yo hice, Abner, creí deber hacerlo”, Atalia, 1.467), palabras,
por otra parte, que son un eco del yeypa<f>a, yeypcujxx, de Poncio Pila-
to (“Lo que he escrito, escrito está”). Una de dos, lo toman o lo dejan.
Ahora pienso que, dentro de la traducción de poemas, en la ma­
yor parte de los casos lo primero que hace el traductor es escoger
una forma poética en la LT (léase soneto, balada, cuarteto, verso

226
blanco, etc.) lo más cercana posible a la forma de la LO. Aunque la
combinación de rimas es parte de la forma, tal vez tenga que sacrifi­
car el orden exacto. En segundo lugar, reproducirá el lenguaje figura­
do, las imágenes concretas del poema. Y finalmente, durante las últi­
mas etapas en que se vuelve a escribir de nuevo el texto, tendrá que
meterse de lleno con el marco, las palabras conceptuales y muchas
veces con las diversas técnicas de efectos sonoros encargadas de pro­
ducir el impacto individual que he mencionado (como ha dicho
Beaugrande en su brillante traducción de Rilke). Emocionalmente,
sonidos diferentes producen diferentes significados, diferencia que se
basa no en los sonidos de la naturaleza, ni en los seductores ruidos
de arroyos y bosques, sino en los sonidos corrientes de la garganta
humana: Sein oder nicht sein — das ist hier die Frage encierra al pa­
recer un tono de confianza y desafío que no va con el personaje de
Hamlet —¿no será por la repetición del sonido eíi—, lo cual reaviva
el tema del simbolismo de los universales. Todo esa vibración, esa
franqueza, no aparece en To be or not to be — that is the question,
traducido al alemán casi palabra por palabra, aunque tal vez sea el
vocablo hier, “he aquí”, el que subraye el desafío que no hay en
Shakespeare. El hecho es que, por buena que sea una traducción, su
significado diferirá en muchos aspectos del original, será, en palabras
de Borrow, un simple reflejo del original —y no a través del cristal de
Gogol— y tendrá una fuerza independiente propia. Un poema bien
traducido es siempre otro poema.
Que un traductor dé prioridad al contenido o a la forma, y, dentro
de la forma (metro, rima, sonido, estructura) a un aspecto u otro,
dependerá no sólo de los valores del poema en concreto, sino tam­
bién de la teoría poética del traductor. Por tanto, es imposible una
teoría general de la traducción poética, de modo que lo único que
puede hacer un teórico de la traducción es llamar la atención sobre la
variedad de posibilidades y apuntar hacia la práctica (translatoria)
exitosa, a menos que quiera imprudentemente incorporar su teoría
de la traducción a su propia teoría de la poesía. Deliberada o intuiti­
vamente, el traductor tiene que decidir qué función del lenguaje, si la
expresiva o la estética, es la más importante en un poema o en un
punto del poema. Esto sencillamente reaviva la polémica suscitada
por Keats acerca de la Verdad y la Belleza (“la Belleza es la Verdad y
la Verdad Belleza: eso es todo lo que saben, y todo lo que necesitan
saber”), donde mantiene que se definen mutuamente y son equiva­
lentes entre sí, al margen del posterior debate entre los defensores del
arte como crítica de la vida (Matthew Arnold) y los defensores del
arte por el arte (Théophile Gautier), idea que caracterizó a dos movi­

227
mientos poéticos franceses y a gran parte de la literatura de fin de
siglo... “Todo arte es inútil”, escribió Oscar Wilde, afirmación que se­
ría desmentida por su propio arte. Por supuesto que Keats, que no
pensaba para nada en la traducción al afirmar lo anterior, simplificó
mucho el argumento. Si, en el lenguaje del traductor, la Verdad repre­
senta la traducción literal y la Belleza la versión elegante, resulta que
la Verdad es fea, y la Belleza, siempre una mentira. “Así es la vida”,
dirían muchos. Pero un teórico de la traducción señalaría que tanto el
poema literal como el elegante son por lo general igual de insatisfac­
torios como traducciones de un poema o de cualquier otra cosa. Es
necesario, pues, que entre la función expresiva y la función estética
del lenguaje haya cierta fusión, cierta aproximación: en cualquier
caso es probable que el lenguaje personal del poeta, que ya se desvía
de las normas de la LO, se desvíe aún más de las normas de la LT. Así,
Karl Kraus se quejaba de que Stefan George, a base de “violentar” el
sentido de los sonetos de Shakespeare y el uso gramatical y verbal
del alemán, había producido “un raro engendro”. Pero, en mi opi­
nión, de todos los traductores George es el que más se ciñe al texto y
el de mayor éxito.
Esta es su traducción del primer cuarteto del Soneto 87:
Farewell! thou art too d ea rfo r m y possessing,
A n d like enough thou kn o w ’s t thy estimate:
The Charter o f thy worth gives thee releasing;
M y bonds in thee are all determinate.

Lebwohl! z u teuer ist dein besitz f ü r m ich


Und d u weiss wohl wie schwer d u bist z u kaufen
D er fre ib rie f deines Werts entbindet dich
M ein recht a u f dich ist völlig abgelaufen.

La traducción de George destaca por su tensión y flexibilidad, y parti­


cularmente por su énfasis en las palabras temáticas (dear, charter,
releasing, bonds, determinate). Donde no puede alcanzar la altura de
Shakespeare es en la polisemia de estimate, releasing, bonds y deter­
minate, razón por la que restringe el significado del cuarteto, y sobre
todo en el espléndido enunciado lógico de la apertura de Shakespea­
re con todo su dinamismo comunicativo centrado en possessing, que
es por lo que George se ve obligado a hacer una inversión.*

* La traducción que hace García Calvo, op. cit., pág. 211, es la siguiente: “¡Adiós!
Eres muy caro para poseerte;/ tú tus cotizaciones bien al justo cuidas,/ y tu cartera de
valores te hace fuerte;/ mis letras contra ti todas están vencidas”. [N. del T.J

228
Observo que, incluso en una reseña del Times Literary Supple­
ment, Erich Segal escribe sobre la “metarofobia” de la mayoría de los
traductores o de esa inquietud que sienten delante de una metáfora.
Pindaro dice que el hombre es el skias onar (“el sueño de una som­
bra”), en tanto que Richmond Lattimore invierte los términos y lo deja
en “la sombra de un sueño”, mucho más convencional. Según Esqui­
lo, Prometeo robó el anthos/pyros, “el capullo del fuego”, pero según
la mitad de sus traductores lo que hizo en realidad Prometeo fue
“arrancar el capullo”. “Dichten equivale a condensare”, escribió Ezra
Pound en el ABC o f Reading, pensando que dichten tenía algo que
ver con dicht, “denso”, pero afirmando una verdad. La poesia originai
de suyo no encierra redundancias, ni lenguaje fatico, pero el traduc­
tor necesita por lo general de un pequeño espacio extra, confía en la
redundancia al sobretraducir venie, por ejemplo, por “fofo” o “débil y
blando”, aunque aquí se ve encorsetado a menudo por el metro. El
maravilloso verso de Racine, Le jour n ’estpas plus pur que lefo n d de
mon coeur, puede dar “El día no es más puro que el fondo de mi
corazón”, pero se pierde la plenitud y la suavidad del original, aparte
de la aliteración, los monosílabos y la repetición del sonido “r”.
Dijimos que las metáforas originales se deben traducir con exac­
titud, aun cuando la imagen resulte extraña para la cultura de la LT
y tal vez sólo se adivine el sentido que transmite. En Ln Memoriam
Paul Eluard de Celan, uno de sus versos, Und jener ‘d u ’ zu ihm sag­
te träumt mit ihm: Wir, difícilmente se podrá pasar a lenguas donde
no exista el tuteo, como el inglés. Una opción sería acudir a thou,
pero entonces se perderían para el lector de la traducción las conno­
taciones de amistad y amor —lo que yo llamaría le plaisir de te tuto­
yer-—. Claro que tal vez pronto se perderán también para el lector del
original, en estos días en que la izquierda y los menores de 30 años
han acaparado el íntimo du (“tú”, tu). Le plaisir de te tutoyer casi ha
desaparecido, excepto en la gente mayor, pero felizmente también lo
ha hecho das erste Du stammelte a u f ihren keuschen Lippen.
Los efectos sonoros los debe dejar el traductor para el final, a no
ser que esté traduciendo a un poeta menor como es el caso de Swin­
burne. Inevitablemente, el traductor debe tratar de hacer algo al res­
pecto y, si no, echar mano de la compensación, bien colocándolos en
otro lugar o sustituyendo un sonido por otro.
No podemos aceptar la afirmación de John Weightman de que la
poesía francesa es intraducibie al inglés: primero porque, con mayor
o menor éxito, se ha traducido gran parte de ella (VÜlon, Rimbaud,
Valéry); y luego, porque existen obviamente algunos contras, como
las diferencias sintácticas, o las diferencias cuantitativas de vocabula-

229
rio a favor del inglés (por ejemplo, para los ingleses humid, damp,
dank, moist, wet, clammy, undried, sólo tiene el francés los genéricos
humide y mouillé), que son tan enormes que hacen del francés una
lengua “abstracta” e intelectual, a diferencia del inglés que es concreto
y real. Hay que decir, sin embargo, que en el caso específico de un
texto, el inglés tiene infinidad de recursos creativos, que tiene disíla­
bos y monosílabos y, en fin, que en el siglo xvm se acercó tanto a
todas las llamadas propiedades francesas que —dada la empatia, dada
la simpatía— no hay ninguna razón para que un día incluso Racine
estimara que su traductor inglés no sólo era adecuado sino fascinante.
John Caimcross hace tres consideraciones sobre la traducción de
Racine: a) su traductor debe adoptar el verso blanco de diez sílabas;
b) Racine tiene que traducirse con exactitud y precisión; c) su verso
es particularmente difícil debido a su capacidad de evocación musical
hasta del material menos atractivo (yo podría hacer algunas más).
La confesión de amor (yo no lo llamaría así: es demasiado inquie­
to y febril) que hace Hipólito a Arida (Fedra, II. 524-60) es según mu­
chos précieuse, esto es, afectada, convencional, demasiado refinada,
sofisticada, de orientación clasista, con demasiadas metáforas estereo­
tipadas. Para mí, en cambio, éstos han sido siempre los versos más
bellos de Racine, versos cristalizadores de la obsesión neurótica, abier­
tamente mental y nerviosa que es la esencia del personaje de Racine.
Si tomamos, por ejemplo, los decisivos versos que van del 539 al 548,
me da la impresión de que cualquier versión moderna tendrá que
mantener el lenguaje moderno y formal, las oposiciones polares
(fuir, trouver, suivre, éviter, lumière, ombre) y los acentos y las repe­
ticiones, además de dejar clara la imagen de animal cazado, y presa
de fantasmas que da Hipólito, y de intentar en cierto modo retener el
lenguaje simple, los suaves sonidos producidos por la aliteración oca­
sional.
Las dos traducciones, tanto la John Caimcross como la de George
Dillon, han sacrificado la musicalidad en aras de la exactitud, han op­
tado por el verso blanco, mantienen los contrastes y se ciñen mucho
al texto original. En una palabra, son una prueba de la posibilidad de
traducir Racine al inglés. La “imitación” que hace Robert Lowell de
Fedra es otro cantar. La veo poco satisfactoria porque yo, como Hipó­
lito, estoy continuamente buscando pero sin lograr encontrar ni
siquiera esas imágenes simplísimas que Lowell no hubiera tenido nin­
guna dificultad en retener o recuperar. De hecho, pienso que la ma­
yor pérdida en las traducciones de Racine es la resonancia de las tan
sólo 1.800 palabras que usó en sus 12 obras.

230
El c u e n t o y la n o vela

Desde el punto de vista del traductor, el cuento es, de todas las


formas literarias, la segunda más difícil, pero aquí el traductor no está
obviamente encorsetado por el metro y la rima de la poesía, ni proba­
blemente las variedades de efectos sonoros desempeñen un papel
tan importante. Por otra parte, como el verso ya no es la unidad de
significado como lo era antes, el traductor se puede explayar un poco.
Es probable que su versión se alargue algo más que el original, aun­
que cuanto más breve sea mucho mejor. Puede, además, añadir glo­
sas, pero no en notas a pie de página sino dentro del texto: L’ascen-
seur ne fonctionnait pas, en raison des économies de courant: “Con
los cortes de luz de la guerra, el ascensor no funcionaba”.
Como en el cuento hay tal vez más unidad y concentración de for­
ma y tema que en la novela, el traductor tendrá que andar con cuida­
do para mantener ciertos efectos de cohesión.
Voy a usar la obra de Thomas Mann, Tonio Kroger, para ilustrar
dos tipos de palabras-clave que me propongo definir: en primer lugar
tenemos los leitmotivs, típicos del cuento, que caracterizan a un per­
sonaje o situación. Cuando se repiten en el original, se tendrían tam­
bién que destacar debidamente y repetir en la traducción: Zigeuner
im grünen Wagen-, “gitanos en verdes vagones” (en el caso de los
artistas); die Blonden und Blauäugigen: “los rubios y de ojos azules”
(la gente ordinaria); die Feldblume im Knopfloch: “las flores silvestres
en su ojal” (el respetable burgués Knaak con su apagada y suave
voz)... Los leitmotivs descriptivos ya los usaban los autores de cuen­
tos románticos —por ejemplo, Gotthelf— antes de que Wagner inven­
tara el término. A medida que el diálogo va cobrando más importancia
en la narrativa, van apareciendo también frases ligadas a personajes
(las numerosas muletillas de los personajes de Dickens, el extremely
del personaje de Salinger, Esmé) que se tendrán que destacar.
El segundo tipo de palabra-clave es la palabra o locución que tipi­
fica no un texto en particular sino al escritor: sich verirren, jagen,
nämlich, beengen y todos los términos Beamte (burocráticos) parece
ser que tipifican a Kafka; lo mismo que lo pueden hacer con Malraux
esos verbos impactantes, como entraîner, épier, agir, frémir, exiger,
grelotter, tressaillir y obséder. Algunas de estas palabras tienen una
traducción uno-por-uno, fácil y pronta, al español, y adquieren por
medio de la repetición y el contexto (situacional y lingüístico) su sig­
nificación connotacional, que puede ser reproducida más o menos

231
por el traductor; pero otras como por ejemplo jagen (“persecución
frenética”) son difíciles de traducir.
Con respecto a las palabras-clave, hay que señalar que los traduc­
tores deben evaluar sus textos críticamente. Deben decidir cuáles son
las unidades léxicas centrales que tienen la función más importante y
cuáles las unidades periféricas, de tal forma que las ganancias y pér­
didas relativas en una traducción se correspondan con su evaluación.
(Entiendo que muchos traductores aleguen que ya hacen esto intuiti­
vamente, por instinto, o por sentido común, y que no necesitan nin­
guna teoría de la traducción para hacerles caer en la cuenta de su re­
lativa importancia.)
Sobre la traducción de novelas serias no conviene hacer generali­
zaciones. Sólo hay que decir que tengan en cuenta los problemas ob­
vios que figuran a continuación y que se han de clarificar en cada tex­
to: la relativa importancia que para el lector encierran la cultura de la
LO y la intención moral del autor (sirva como ejemplo la traducción
de nombres propios), las convenciones estilísticas de la LO y el idio­
lecte del autor, la traducción del dialecto, las normas de la LO, la dis­
tinción entre el estilo personal y la convención literaria de la época
y/o corriente.
La importancia señera de la traducción de algunas novelas ha
estado en introducir una nueva visión infusora de un estilo literario
diferente en la cultura de otra lengua. Y cuando uno ve las traduccio­
nes de la Weltliteratur en este sentido (estoy pensando en Proust, Ca­
mus, Kafka, Mann, Pavese) llega a la conclusion de que los traducto­
res muchas veces no han sido audaces, o lo que es lo mismo, no han
sido lo suficientemente literales: son miles los casos en que una tra­
ducción literal no es estéticamente inferior a una traducción libre, tra­
ducciones éstas últimas que la moda actual justificaría por exigencias
del “subtexto”, y antes por el “espíritu” o el “genio” del lenguaje del
autor.

E l TEATRO

El principal objetivo que se pretende con la traducción de una


obra de teatro es poder representarla con éxito. Por tanto, un traduc­
tor de piezas teatrales debe tener en cuenta al posible espectador,
aunque, una vez más, cuanto mejor escrito esté el texto y más signifi­
cativo sea menos concesiones se harán al lector. Por otra parte, el tra­
ductor aquí trabaja con ciertas imposiciones o limitaciones: a dife­
rencia del traductor de novelas o cuentos, no puede glosar, explicar

232
paronomasias, ambigüedades o referencias culturales, ni transcribir
palabras para conservar el colorido local: su texto es dramático, con
énfasis en los verbos, y no descriptivo y explicativo. Michael Meyer,
en un artículo publicado en Twentieth Century Studies, que pasó casi
inadvertido, dice —citando a T. Rattigan— que la palabra hablada es
cinco veces más potente que la escrita: lo que diría un novelista en 30
líneas lo debe decir el dramaturgo en 5. La aritmética es imperfecta
—lo mismo que lo es el sentimiento, creo—, pero demuestra que la
traducción de una pieza teatral debe ser concisa, que no debe ser una
sobretraducción.
Meyer hace una distinción entre el texto dramático y el subtexto,
entre el significado literal y el “sentido real”, o sea, aquello que se im­
plica pero que no se dice, el significado que hay entre líneas. Él cree
que, si se le pregunta a alguien con sentimientos complejos por un
tema relacionado de algún modo con ellos, éste responderá con eva­
sivas y circunloquios. Los personajes de Ibsen, por ejemplo, dicen
una cosa y significan otra distinta. El traductor tiene por tanto que for­
mular las oraciones de tal forma que el subtexto quede igual de claro
en español. Desgraciadamente, Meyer no da ejemplos. Uno normal­
mente cuenta con que una traducción semántica de una línea, que tal
vez raye con la literal, revele sus implicaciones de forma más clara
que una traducción comunicativa, cuyo único objetivo es darle flui­
dez al diálogo. Frases como “¿No tienes frío?” y “Creo que tu marido
te es fiel” posiblemente impliquen evasión y sospecha en cualquier
idioma, suponiendo que haya un solapamiento cultural entre estos
idiomas. (No tendrían por supuesto las mismas implicaciones si el cli­
ma o la moralidad sexual fueran considerablemente distintos en las
culturas de la LO y la LT.)
Finalmente, un traductor de teatro en particular debe traducir a un
lenguaje terminal moderno si quiere que sus personajes “pervivan”,
teniendo en cuenta que el lenguaje moderno cubre un período de,
digamos, 70 años, y que si un personaje habla de forma pedante o
anticuada en el original, escrito hace 500 años, debe hablar de la mis­
ma forma en la traducción, pero salvando las distancias, o sea, como
lo haría hoy, manteniendo en la traducción las diferencias de registro,
clase social, educación y, sobre todo, de carácter entre un personaje y
otro. Así, el diálogo sigue siendo dramático, y, aunque el traductor no
puede olvidarse de los posibles espectadores, se puede decir que no
les hace concesiones. Y claro que su traducción va a ser inevitable­
mente inferior, dado el énfasis en la forma lingüística y dada la sutile­
za de la LO, pero también será más simple que el original y una espe­
cie de introducción parcial o sesgada a éste. Kant, sin ir más lejos, es

233
más fácil de leer en francés que en alemán, incluso tal vez para un
alemán.
Aunque una gran obra de teatro se puede traducir para que se di­
vierta el público lector, para que la analicen los emditos o para que
la represente una compañía en un escenario, el principal objetivo del
traductor tendría que ser siempre éste último (no debería haber dife­
rencia entre una versión para ser leída y una para ser representada),
y sólo se tendría que ocupar de los lectores y emditos en las notas.
No obstante, debería amplificar a ser posible las metáforas culturales,
alusiones, nombres propios, en el texto mismo, en lugar de sustituir
la alusión por el sentido.
Cuando se pasa una obra de teatro de la cultura de la LO a la de la
LT ya no es una traducción sino una adaptación.

C onclusión

Finalmente, tengo que dejar claro hablando sobre la traducción de


la literatura seria que yo trato de mirar hacia el futuro. No cabe duda
de que traductores de la talla de Stuart Gilbert, traductor de Malraux y
Camus al inglés y de Joyce al francés, fueron un estímulo para la tra­
ducción. Tal vez el estilo de Gilbert se podría interpretar como reac­
ción contra del estilo afectado y de traducción literaria que tantas
chapuzas hizo con la traducción de la literatura msa de finales de
siglo. Influenciado profundamente por Hemingway, autor a quien le
debemos el haber acercado la narrativa al habla corriente, Gilbert
produjo una equivalencia lo suficientemente viva y enérgica: el co­
mienzo de L’Etranger de Camus, Aujourd’hui, maman est morte ou
peut-être hier, je ne sais pas... Je prendrai l’autobus à deux heures et
j ’arriverai dans l ’apres-midi, lo vertió al inglés así: Mother died to­
day, or maybe yesterday, I can’t be sure... With the two o’clock bus I
should get there well before nightfall. Como se puede apreciar, la
mitad de las veces Gilbert trata de ser más coloquial que el original,
aunque siempre se hubiera defendido diciendo que aún había más
coloquialismo en el subtexto, o sea, implícito o implicado en el origi­
nal. No obstante cuesta trabajo creer que alguien pueda justificar tra­
ducir Il faisait très chaud por It was a blazing hot afternoon. Y del
estilo de esta “desviación” hay mil y un ejemplos que demuestran que
estos traductores tenían tal vez en el punto de mira la “verdad intuiti­
va”, una naturalidad instintiva, y no la exactitud: es impensable acha­
carle dicha desviación a la ignorancia o a la falta de atención del tra­
ductor, algo tan corriente en las traducciones inglesas del alemán. Lo

234
que quiero decir es que el único criterio válido para determinar la
bondad de una traducción en el futuro debe basarse en algún tipo de
exactitud (determinar el género de exactitud dependerá primero del
tipo de texto que se traduce y luego del texto en concreto) y que el
término “subtexto” con sus implicaciones e implicancias griceanas se
puede barajar para cubrir una infinidad de inexactitudes.

235
C a p ít u l o XVI

L os lib ro s d e c o n s u lta y su s u so s; e n b u sc a d e
la p alab ra “in e n c o n tr a b le ”

I n troducción

Esta es la era de los libros de consulta. La demanda popular y la


informática, cada día más perfeccionada, garantizan la producción
constante de una mayor variedad y número de este tipo de libros,
que hoy pueden ser actualizados anualmente sin dificultad, como es
el caso, por ejemplo, del Petit Larousse. Les recuerdo que existen dic­
cionarios de topónimos, símbolos, modismos, palabras raras, verbos
frasales, tópicos, eufemismos; en el campo de las colocaciones se ad­
vierte todavía una gran laguna, pero los buenos diccionarios incluyen
cada día mayor número de ellas. Todos estos libros pueden serles de
gran utilidad si tienen en cuenta el gran inconveniente que para los
estudiantes de lenguas extranjeras y traductores supone el que no
den información de la frecuencia actual de los vocablos y el que con­
fundan a veces la descripción con la función o no incluyan la función
(un cuchillo sirve para comer, cortar, al tiempo que es un utensilio,
por lo regular, con una hoja de metal y un puño).
Como traductores, deben saber dónde y cómo encontrar la infor­
mación. Todo libro de consulta, por malo que sea, es potencialmente
útil si conocen sus limitaciones, una de las cuales puede ser a veces la
fecha de publicación (para el alemán en concreto, el Muret-Sanders
antiguo es bueno para traducir a A. von Humboldt). Los diccionarios
multilingües no incluyen casi ninguna colocación, y por tanto son
sólo útiles como punto de partida para una investigación ulterior. Los

236
r

diccionarios bilingües son indispensables, pero su uso requiere nor­


malmente la consulta al menos de dos diccionarios monolingues de
la LT y un monolingue de la LO para ver el estatus de la palabra, o
sea, su curso moderno, su frecuencia, sus connotaciones, etc. Hilaire
Belloc escribió una vez que el traductor debería mirar en el dicciona­
rio todas las palabras —se supone que las de la LO—, sobre todo
aquéllas con las que está familiarizado. Otros, en cambio, dicen que
los traductores no se deberían fiar de ningún diccionario, dando a
veces por sentado que el conocimiento del tema del texto tiene prio­
ridad sobre cuestiones de equivalencia, o que sólo se pueden traducir
las oraciones (o los textos), nunca las palabras: éstas solas carecen de
sentido.
Dichas observaciones, como la mayoría de las que se vierten so­
bre traducción, son sólo verdades a medias. Los diccionarios bilin­
gües contienen a menudo demasiadas “palabras de diccionario”, esto
es, palabras que rara vez se usan fuera de los diccionarios (quizá,
posology, compass declination).
Es conveniente que miren en los diccionarios palabras que cono­
cen por sus contextos desde hace mucho tiempo, porque muchas
veces uno se da cuenta de que había un componente esencial del sig­
nificado central de la palabra que se le escapaba (yo, por ejemplo, he
creído durante 40 años que mercenary significaba mean). De hecho,
la experiencia desmiente la célebre fiase de Wittgenstein: “En la ma­
yoría de los casos, aunque no siempre, el significado de una palabra
es su uso lingüístico”. Esto es una excusa muchas veces para la va­
guedad e inexactitud del traductor. Por el contexto, lo que uno dedu­
ce a menudo es la función de la palabra y no la descripción, y es cier­
to que la función es el primer elemento por lo que al significado y a
la traducción respecta. Pero un tenedor es esencialmente un objeto
que consta de un astil y de dos o tres púas, además de algo con lo
que comemos.

P alabras “inencontrables ”

La persecución de palabras y locuciones aparentemente “inencon­


trables” se puede convertir en una tarea difícil y malgastadora de
tiempo. A menudo se piensa que es un problema de la teoría de la
traducción que se sale del campo de acción de la lingüística teórica o
aplicada. El teórico de la traducción debería, sin embargo, proponer
para el desarrollo de esta tarea un marco de referencia o ciertas pau­
tas (un flujograma no esquemático). Su objetivo es poner algo de or­

237
den en la búsqueda por parte del traductor del significado de pala­
bras inencontrables.

Tipos de palabras inencontrables

En un texto de la LO hay al menos 18 tipos de palabras inencon­


trables:

1. Neologismos, recientes y originales: formas de nuevo cuño, locu­


ciones recientemente ideadas, colocaciones nuevas, nombres com­
puestos, nueva terminología, palabras y locuciones antiguas con
nuevos sentidos, acrónimos, abreviamientos, híbridos, epónimos,
combinaciones nuevas de morfemas. Centenares de ellas apa­
recen cada año en publicaciones no especializadas y periódicos
para lectores cultivados, que muchas veces desaparecen rápida­
mente. Y decenas de miles se crean para formar parte de vocabu­
larios especializados en cada uno de los campos del conocimiento.
2. Lenguajes dialectal, patuá y especializado: mucho más hablados
que escritos.
3. Coloquialismos, argot, palabras tabúes, hoy ya recogidos por lo
general en diccionarios, aunque no con todos sus sentidos; pala­
bras usadas corrientemente, por ejemplo, en áreas hispanófonas,
anglófonas y francófonas alejadas de la metrópoli: kelper (“mal-
vino”).
4. Palabras de una tercera lengua o de la lengua terminal introduci­
das caprichosamente en un texto de la LO.
5. Topónimos, nuevos u obsoletos, y variantes léxicas “rivales”:
“Suráfrica” (Azania para los nacionalistas africanos); “Malvinas”
(Falkland Islands para los ingleses).
6. Nombres de pueblos pequeños, distritos, arroyos, montículos,
calles..., que en novelas pueden ser reales (por ejemplo, Fiatbush)
o inventados por el autor, con connotaciones locales o sin ellas.
Aquí tal vez le convenga al traductor echar mano de algún mapa
de calles.
7. Nombres de personajes desconocidos.
8. Nombres de marcas, nombres de inventos patentados, escritos
por lo general con mayúscula.
9. Nombres de instituciones nuevas o poco importantes.
10. Erratas, errores en las copias, faltas de ortografía, en particular de
nombres propios (antropónimos y topónimos) y transliteraciones
extrañas.

238
11. Arcaísmos en la LO, LT o una tercera lengua.
12. Connotaciones poco familiares y significados simbólicos de pala­
bras y nombres propios.
13. Variantes léxicas del habla familiar.
14. Palabras en clave.
15. Palabras corrientes con sentidos culturales específicos de la LO o
de una tercera lengua.
16. Lenguaje personal o manifestaciones de la “infravida” del autor.
(“Infravida” es aquello que da testimonio de las cualidades perso­
nales o vida privada del escritor y que se puede deducir indirecta
o tangencialmente de una lectura del texto de la LO.)
17. Palabras “inencontrables” con posible referencia a un objeto o ac­
tividad antes mencionada, que puede aparecer o no en el texto de
la LO (referencia exofórica o externa). Así: Razmishlenya prodol-
zhajutsja parece significar “Mis pensamientos están todavía en este
asunto”, pero lo que significa en el contexto es que “las conferen­
cias sobre meditación (transcendental) continúan”. Aquí, razmish­
lenya (“reflexiones, pensamientos, meditaciones”) es la palabra
que ha escogido el autor para denotar “sinecdóquicamente” las
conferencias sobre meditación transcendental. Por otra parte, la
ausencia de artículos definidos/indefínidos complica aún más las
cosas. La proximidad de la referencia previa a las conferencias
hace que se solucione el problema con facilidad, aunque requiere
un enfoque lateral (o imaginativo).
18. Palabras de diccionario o palabras que rara vez se utilizan pero
que ocupan un lugar sagrado en el diccionario, como por ejemplo
“hemoscopia”. Un buen diccionario enviará al lector a una palabra
genérica o clasificador más corriente: “hematoscopia”.

Ejemplo:
D ans la réponse inflamm atoire, les molécules com prennent en
p articulier l ’histam ine, le sérotonine, le système d u complexe,
groupe complexe de n e u f protéines.

En la reacción inflamatoria, intervienen diferentes sustancias quí­


micas, en particular histamina, serotonina y el sistema com plem en­
tario, grupo com plejo d e nueve proteínas.

La torpe y desatinada repetición de complexe nos hace pensar que


existe una errata en la primera mención. Pero también puede ser que
el escritor haya usado erróneamente la palabra o que forme parte de
la jerga de un grupo de investigación local.

239
Procedimiento de búsqueda

El traductor tarde o temprano terminará consultando con el escri­


tor del original la palabra inencontrable y, si eso no fuera posible,
con expertos técnicos apropiados o informantes de la LO, que fácil es
que no se pongan de acuerdo entre ellos. En el capítulo partiré de la
base de que este paso no se puede dar porque el escritor o está
muerto o es inaccesible, los expertos e informantes no están disponi­
bles o no conocen las respuestas, o escasea el tiempo, que será lo
más probable. A continuación, trataré de seguir con el lector los pa­
sos investigadores de un traductor, dando por sentado a menudo que
el inglés es la LO.
Pueden empezar consultando diccionarios bilingües generales y
especializados, consulta que en cualquier caso, tanto si consiguen
respuestas o pistas como si no, deberá ir seguida de verificaciones
cuidadosas, que incluyen el cotejo de otras fuentes, como los diccio­
narios monolingües de la LO y la LT, para determinar la equivalencia
cognitiva y pragmática, además del curso de la palabra en cuestión de
la LT. Puede ocurrir que se trate de una palabra (o locución) de “dic­
cionario”, o sea, que sólo exista en los diccionarios, sobre todo si
están hechos por escritores de la LO. Estos diccionarios monolingües
serían en el caso del inglés los siguientes: 1) el Webster’s Third New
International Dictionary (para términos técnicos, colocaciones anti­
guas y nuevas, acrónimos, coloquialismos y extranjerismos —incluye
hasta Luftmensch, “soñador” o “alguien que está en las nubes” en
yídish—); 2) el Oxford English Dictionary (para arcaísmos y palabras
dialectales) y sus Suplementos, editados por R. W. Burchfield; 3) la
Micropaedia de la Encyclopaedia Britannica (para nombres propios,
conceptos y términos técnicos); 4 The Times Atlas o f the World y la
Columbia Lippincott Gazetteer o f the World (para términos geográfi­
cos en distintas lenguas); 5) el Collins English Dictionary (para colo­
quialismos y argot del inglés británico corriente). Deben tener ade­
más un Roget, al menos el de la editorial Penguin, que tiene un precio
bastante razonable. Los tesoros de la lengua son esenciales porque:
a) les recuerdan palabras que tenían almacenadas en su memoria
pasiva; b) les dan las palabras descriptivas que revelan los vacíos léxi­
cos en la LO; y c) amplían su vocabulario.
En segundo lugar, el traductor ha de tener en cuenta que siempre
puede haber una errata o falta de ortografía, o que la palabra sea grá­
ficamente ambivalente. Las erratas pueden crear erróneamente neolo-

240
gismos acertados (astrolobe o astropode por astrolabe; o Kern por
Keim). Es posible que una palabra aparentemente inglesa como auto-
chemist aparezca en un texto original francés como equivalente de
auto-analyseur, cuya única traducción al inglés es la de auto-analy-
ser: lo que demuestra que el traductor no debe suponer que conoce
una palabra, y menos que existe una palabra en su propia lengua por
aparecer en un texto de la LO, a no ser que esté ya familiarizado con
ella. En el caso de erratas o faltas de ortografía, el traductor debe con­
tar con que a veces tendrá que echar mano del pensamiento lateral y
del test de Cloze para rellenar las letras que falten.
Vean el problema de Elle avait un uvéakolobrom congénital.
“Uvea” se entiende, pero kolobrom tiene un sufijo no médico poco
probable. “Si la búsqueda no funciona con k, inténtenlo con c”, y les
dará “un coloboma congènito de la ùvea”, o sea, una fisura del iris.
La mayor parte de los neologismos son términos técnicos com­
puestos de morfemas basados en el latín y el griego clásicos, cuyo
significado viene enumerado —como también los acrónimos— en el
corpus de los diccionarios modernos. Generalmente, no resulta difícil
elucidar el significado de estos compuestos (“ambiosonido”, “arbori-
cidio”). Los neologismos se suelen crear por analogía (“endorfina”).
Es una pena que en español, inglés o alemán no haya un equivalente
de la publicación periódica francesa La Banque des Mots o el Dic­
tionnaire des Mots Contemporains (edición revisada del Dictionnaire
de Mots Nouveaux), totalmente al día en materia de neologismos.
Otros libros parecidos son Le Petit Termophile (editado por Martin
Weston) y Verbatim. Las palabras inencontrables más escurridizas
son muchas veces palabras argóticas monosilábicas que pueden ser
abreviamientos, figurados u onomatopéyicos (zonked)-, pero estas
indicaciones son sólo pistas que requieren de una investigación pos­
terior. En materia de neologismos ingleses consúltense los dos Dic­
tionaries o f New English de Barnhart, y para la jerga las dos obras
siguientes: Newspeak de J. Green y Dictionary o f Deseased English
de K. Hudson.)
Un conocimiento general histórico de los cambios fonéticos es
muy valioso a la hora de seguir la pista al significado de palabras ar­
góticas, hasta en el caso de que el traductor al hacerlo invente sus pro­
pias etimologías populares: lizzers (parásitos sociales) (g e y).
Si la lengua del texto original es el francés, deberían consultar los
siguientes diccionarios: Robert, Lexis, Quillet-Flammarion y Larousse.
Los lexicógrafos van poco a poco teniendo en cuenta que los dic­
cionarios que se editan en Francia no dan el justo valor al canadiense,
suizo o valón, como tampoco lo hacen los que se editan en España

241
con el que se habla en Suramérica (Cassells decía en 1959 que su dic­
cionario bilingüe inglés-español, español-inglés, era el primero que
lo había hecho) o los editados en la extinta RFA con el de la ex RDA,
Austria o Suiza (en todos estos estados la terminología legal es un
foco común de diferencias). Asimismo, los diccionarios ingleses de­
berían incluir —aunque esto es discutible— más palabras galesas
(por ejemplo, fawr, Plaid Cymru).
Los nombres compuestos nuevos proliferan en las más recientes
tecnologías, y a menudo habrá que deducir sus significados por el de
sus componentes.
Los híbridos también han hecho su aparición en el campo de la
tecnología. Con frecuencia se trata de internacionalismos, que no dan
problemas de traducción (biostatistics: “bioestadística”); pero, otras,
tal vez convenga separar los componentes (“estaflación”, “ecocidio”).
Muchas palabras dialecto-locales (patois) se empiezan a recoger
ahora en los diccionarios, justo cuando, junto con los negocios e
industrias relacionados con ellas, están a punto de desaparecer. Un
libro que recoge estas palabras inglesas y que deberían consultar es
el de Peter Wright, The Language o f British Industry.
Un traductor debería ser capaz de conjeturar el nuevo sentido de
muchas palabras en circulación teniendo en cuenta la fuerza de la
analogía, que es tanto social (adaptación a un modelo) como sicoló­
gica (asociación de imágenes). Así thankfully (“gracia”), basada en
hopefully (“esperanza”), mercifully (“misericordia”)..., es “afortunada­
mente” pero con una connotación religiosa a veces (“gracias a Dios”);
y sophisticated va de lo inanimado (“moderno”, “avanzado”) a lo ani­
mado para significar “especializado”, “sutil”, “ingenioso”.
Los neologismos efímeros son una pesadilla para el traductor. Para
inferir el significado de wet de hoy día, usado para designar a un par­
lamentario conservador, se necesitarán 50 años a partir de ahora para
demostrar, tras mirar en las hemerotecas, que wet, que significa “dé­
bil”, “bobo”, “que no se ajusta a un modelo”, se usó para referirse a
un miembro del Partido Conservador británico contrario a la política
monetaria de la señora Thatcher.
Muchas veces las palabras antiguas con sentidos nuevos sólo se
pueden identificar si el traductor tiene la suficiente humildad como
para comprobar casi todas las palabras de su texto (polytechnic,
intercity, playground, morphology, juggernaut, with it, coffee-table
book, militant, activist, high-speed train, meaningful), ya que puede
ocurrir que por el contexto los dos sentidos de la palabra o coloca­
ción sean perfectamente válidos, tanto el antiguo o algo figurado
como el nuevo. Los nuevos sentidos “institucionales” de las palabras

242
(listed building) hay que obtenerlos, hablando en términos genera­
les, de fuentes oficiales o contrastarlos con ellas. Los sentidos “lin­
güísticos” nuevos, en cambio, se consiguen mejor por medio de
informantes versados en los medios de comunicación y en los movi­
mientos ultramodernos, en particular en las culturas juveniles.
Los acrónimos formados sólo con la letra inicial de los términos
institucionales a los que sustituyen (o siglas) son más prolíficos que
los abreviamientos (que son estables), los híbridos (reducidos princi­
palmente a la economía y electrónica [?]) y los acrónimos formados
con la primera sílaba cuya moda empezó tras la Revolución Rusa
(“sovjós”, “komsomol”, etc.). Como con frecuencia los acrónimos se
crean ad hoc, o sea, sólo para el artículo en que aparecen o para la
escuela de una disciplina particular (PFO, DC, EMT), el traductor
puede perder el tiempo buscándolos. Si bien es cierto que es cada día
mayor el número de diccionarios de acrónimos, generales y especiali­
zados, resulta, sin embargo, alentadora la tendencia de los dicciona­
rios clásicos a incluirlos (además de abreviamientos y nombres pro­
pios, antropónimos y topónimos) en el corpus del libro sin necesidad
de acudir a apéndices.
Los coloquialismos son los neologismos más efímeros y repetidos
y los que más rápidamente cambian, sobre todo hoy día con la gran
afluencia de palabras consideradas hasta ahora tabúes. ¿Cómo puede
el traductor adivinar, por ejemplo en un cuento, que Sod the British
Council quizá signifique “No voy al Instituto Británico porque tengo
algo mejor que hacer”? Aquí lo único que puede hacer el teórico de la
traducción es ponerles sobre aviso.
“Epónimo” para mí (idiosincráticamente: el término ortodoxo es
“antonomasia”) es toda palabra derivada de un nombre propio. Los
epónimos, que siempre han sido corrientes en las lenguas romances
(“joseantoniano”, “cadista”, “zimbabueflo”, “quevedianamente”, “cha-
adaievismo”, “cubanidad”, Giscardisme, limoger, Giralducien) han
empezado a pulular en inglés recientemente (Bennites, Audenesque,
Shavian, Parsonian, Leatñsite). Por lo general, estos epónimos no se
suelen transferir a la LT, razón por la que se reproduce sólo el sentido
(por ejemplo, Bennites: “seguidores del parlamentario izquierdista
del Partido Laboral británico Tony Benn”). Tengan en cuenta, ade­
más, que Shavian puede significar “ralativo a Shaw”, “como Shaw”,
“representativo de la filosofía de Shaw”, “agudo”, “irónico”, “endia­
blado”.
Es de sobra conocido que las marcas registradas de productos se
convierten en epónimos gracias a la vox populi y a los publicistas des­
pabilados, que nada más salir al mercado empiezan a escribirlas con

243
minúscula. Quizá en algunos contextos tenga el traductor que adi­
vinar lo que hay tras el nombre de una marca por no haber un tér­
mino lingüístico corriente (cellotape, biro). ¿Cómo se puede traducir,
por ejemplo, She swathed her legs in Tubigrips? Las marcas se suelen
transferir en traducción, pero se puede dar el caso de que tengan que
sustituirlas por —o añadir— su equivalente en la LT, si es que lo hay,
en particular en lo referente a medicamentos.
Las variantes léxicas del habla familiar de la LO (“los leones de
San Mamés”, “el viejo profesor”, “la Doncella de Orleans”) son muy
difíciles de localizar en los libros de consulta corrientes. Estas varian­
tes léxicas, usadas como alternativas informales del nombre correcto
u oficial del referente, pueden ser sinónimos lingüísticos o referencia-
les, apelativos, antiguos nombres, abreviamientos, coloquialismos...,
aunque en ese uso dichas variantes no suelen tener otras connotacio­
nes. Así, por ejemplo, en un momento de crispación de la opinión
pública, como ocurrió hace unos años cuando la independencia de
Zimbabue, “Salisbury” no se podía considerar como una variante fa­
miliar o informal de “Harare”, pero “ruso”, hasta 1991, ha sido por lo
general una variante léxica familiar de “soviético”. Para un traductor
no sólo puede resultar difícil “situar” una de estas variantes léxicas
(los libros de consulta prefieren usar términos “correctos”), sino tam­
bién determinar si están usadas además connotativamente, connota­
ción que puede ser literal (a Gaul) o cargada de significación (“Kö-
nisberg”, nombre anterior de Kaliningrado).
El lenguaje privado, (o “infravida”) de un autor puede ser detecta­
do por repeticiones obsesivas, citas y ejemplos ultramodernos e ínti­
mos, y así sucesivamente. (Yo una vez leí un artículo —ni que decir
tiene que fue el único— de la revista Fremdsprachen, sobre teoría de
la traducción, donde todos los ejemplos eran al parecer antisoviéti­
cos.) A veces difícilmente se puede distinguir entre el lenguaje priva­
do y los neologismos no privados, porque ¿quién sabe si los dowly
days de Auden, en contraste con “días buenos”, pertenecen a la infra­
vida, al inglés hablado entre los siglos xii y xvi, al dialecto o al len­
guaje privado? Esta locución en un texto “expresivo” se podría tradu­
cir por un neologismo con una connotación semántica basada en la
forma de las palabras y su contexto. En cambio, esa misma traduc­
ción en un texto informativo podría ser tachada de aberrante, lo cual
quiere decir que la deberíamos normalizar.
Un traductor en principio debería averiguar la referencia de todos
los nombres propios y palabras de “diccionario” que aparezcan en el
texto original, incluso en el caso de que no haga uso de sus conoci­
mientos en su versión. Para cualquier consulta en relación con nom­

244
bres propios y variantes léxicas familiares —si el inglés es la LO—
son de incalculable valor los siguientes diccionarios: Payton’s Proper
Names, Keesing’s Contemporary Archives y el Fontana Dictionary o f
Modern Thought de Bullock y Stallybrass (y su Biographical Com­
panion de Bullock y Woodings). (Para palabras clave, véanse el Dic­
tionary o f Political Thought de Roger Scruton, Key Words de Raymond
Williams, Word Power de Edward de Bono, el Dictionary o f Phi­
losophy de Anthony Flew y Faux Amis and Key Words de P. Thody y
H. Evans.) El alemán se las pinta solo para hacerles las cosas más di­
fíciles aún a los traductores con eso de escribir todos los nombres con
mayúscula como si fueran nombres de medicamentos. Así, en un
fragmento sobre Berlín Oeste del Tratado de las Cuatro Potencias se
mencionaba Steinstücken, que se podría muy bien haber traducido
por “cortar piedras” de no ser porque se pudo localizar en un suple­
mento de la enciclopedia Grosses Brockhaus como un pequeño en­
clave de Berlín Oeste en el Berlín Oriental.
La división entre “palabras” y nombres propios puede ser también
difícil de captar: le Chêne Vert puede ser una granja, un caserío o un
árbol; a Smith puede ser un miembro de la familia Smith o una perso­
na parecida a Smith. La tendencia a formar adjetivos o cualidades de
los nombres propios se está extendiendo en inglés por influjo del
francés.
Hay palabras corrientes con sentidos culturales específicos en la
LO que pueden ser generalmente bien conocidas, yo diría que archi-
conocidas, como por ejemplo, sympa, “mañana”, domani, nichevo,
molodets, moshno, etc., (quizá se circunscriban a un tema particular:
“paz”, “fe”, “esperanza”, etc., en escritos religiosos), que podrían tam­
bién caber dentro de la categoría de “inencontrables” si sus significa­
dos pragmáticos no son fáciles de definir, como ocurre con las alema­
nas de la ex RDA, Kollektiv, Aktivist, parteilich, Diversant, Abgren­
zung.
Los traductores tienen que andar con pies de plomo: a) con los
fa u x amis, por ejemplo con palabras de la LO o de una tercera lengua
que ahora forman parte de la LT y tienen un sentido primario o secun­
dario diferente en esta última lengua (amateur, dilettante)-, b) con los
amis loyaux, que tienen el mismo significado en la LT que en la LO;
c) con palabras de la LT que pueden aparecer en el texto de la LO y
que hoy día tienen un significado diferente en esta última lengua.
Las palabras dialectales (relativas a la región y a la clase social) se
pueden confundir a menudo con neologismos, coloquialismos, tacos,
y mezclarse con la jerga profesional. Quizá no lleven la marca distinti­
va de las comillas. En inglés suelen ser monosílabos y se presentan

245
como tenues deformaciones de palabras estándar o como lenguaje
figurado. Para las palabras dialectales inglesas, pueden consultar los
siguientes diccionarios: el OED, el English Dialect Dictionary (1898-
1905) de Wright y el Dictionary o f Slang and Unconventional En­
glish de Eric Partridge. La traducción de palabras dialectales aisladas
dependerá de los fines, tanto cognitivos como pragmáticos, con los
que se usaron.
Los inmigrantes están creando nuevas variedades de inglés britá­
nico, como la del inglés paquistaní y jamaicano (véase el Dictionary
o f Jamaican English de F. G. Cassidy y R. B. Le Page).
Las connotaciones poco conocidas y significados simbólicos de
palabras o nombres propios en un texto de la LO pueden ser univer­
sales (nacimiento, sexo, muerte, alimentación, cobijo), culturales o
personales, o propias del escritor de la LO. Si acaso no aparecieran en
diccionarios como el Collins, pueden consultar el Dictionary o f Sub­
jects and Symbols in Art (Murray) de James Hall, la Elustrated Ency­
clopaedia o f Traditional Symbols (Thames and Hudson) de J. C. Coo­
per, o el Diccionario de símbolos de J. E. Cirlot, las obras de E. Lehner
o Man and his Symbols y otras obras influidas por C. G. Jung. Los
símbolos universales y personales se pueden traducir “tal cual”, pero
los culturales se deberían por lo general interpretar y traducir.

Procedimientos de traducción

El transferir o traducir una palabra de una tercera lengua o de la


LT introducida en el texto de la LO depende de que su uso se deba a
fines “expresivos” o “informativos” respectivamente. Es normal que
una palabra de la LT, si está usada adecuadamente, se “devuelva” a su
lengua.
Si se comprueba que la palabra es “inencontrable” por culpa de
una errata, falta de ortografía, uso erróneo, ortografía rara, etc., se
hace caso omiso de dicha desviación y se traduce la palabra correcta.
Si la palabra “inencontrable” resulta ser un nompre propio poco
conocido, antropònimo o topónimo, entonces se traduce o translité­
ra añadiéndole cierta información genérica: “Kocerga, una pequeña
ciudad de la provincia de Irkutsk, CEI”; “Snoilsky, poeta sueco del
siglo XIX”.
Si se verifica que la palabra es un neologismo, el traductor tiene
varias opciones entre los distintos procedimientos (transferencia, nue­
vo cuño, traducción literal, equivalente general o cultural, etiqueta) y
todo dependerá de la importancia del referente, del tipo de texto, del

246
tipo de lector, etc. (Véase para ello Capítulo XIII y mis Approaches to
Translation, 1981.)
Cuando se trate de una institución nueva o poco importante, o
bien la transfieren explicando su función y estatus o la sustituyen por
un nombre genérico, como “comité”, “organismo”, “compañía”, etc.,
dando además su función.
En el caso de un término “lingüístico” antiguo utilizado con un
nuevo sentido (jogging, kicks) tal vez necesiten hacer un análisis
componencial del mismo antes de traducirlo, lo que quiere decir que
lo tendrán que traducir por dos o más palabras. Si se trata de una pa­
labra “institucional” antigua usada en un sentido nuevo (Fachhoch­
schule), pueden dar un equivalente cultural aproximado (“Escuela
Técnica”), o, si se trata de un texto más técnico, transferirla y añadir
una breve definición funcional. (La definición funcional explica el
objetivo del referente; en cambio, una definición descriptiva da su
tamaño, color, composición, etc.)
El traductor no puede nunca “dar de lado” a una palabra inencon-
trable: debe suponer siempre, aunque le parezca absurda (o que no
existe, o que, si existe, está fuera de lugar), que está allí por algo y no
se puede pasar por alto. Siguiendo en esta línea, tendrá que hacer
finalmente algún tipo de conjetura sobre esa palabra imposible de en­
contrar y quedarse en un término medio entre su significado contex­
tual más probable (una vez más, mediante un tipo de técnica como el
test de Cloze) y el sugerido por la morfología o forma de la palabra, si
es que le sugiere alguno. Ni que decir tiene que tendrá que añadir
una nota señalando que no ha podido encontrar la palabra por nin­
guna parte y explicar las razones de su interpretación de la misma. Si
acaso sospecha que el copista la ha copiado mal, lo debe decir en
una nota.
Para localizar e interpretar palabras “inencontrables”, el traductor
requiere más sentido común incluso que ingenio, imaginación y
“buenas relaciones”. La persecución de palabras y el repentino alivio
o satisfacción que siente el traductor al encontrarlas es una de las
atracciones más grandes del oficio.

247
C apítulo XVII

La crítica d e tr a d u c c io n e s

I ntro du cció n

La crítica de traducciones es un vínculo esencial entre la teoría y la


práctica de la traducción. Es, además, un ejercicio divertido e instruc­
tivo, sobre todo si la traducción que se critica es de otro o, mejor aún,
si lo que se critica son dos o más traducciones del mismo texto. (Véa­
se Parte II, en particular Texto 8). Con este ejercicio se percata uno rá­
pidamente no sólo de que en traducción el “área del gusto” es amplia,
sino también de que se puede traducir un texto de diferentes mane­
ras, dependiendo del método preferido por el traductor. El siguiente
texto, por ejemplo:
Cette rue, cette place ressemblent à la m e, à la place d ’alors: elles
ne sont p as les mêmes, et, les autres, je p u is avoir l ’impression
q u ’elles existent encore...*
(Jacques Borei, L ’A doration)

lo traduce al inglés N. Denny así:

Those places look as they d id then, but they are not the same; a n d
as f o r the others, I have the feeling that they still exist...

* “Esta calle, esta plaza, se parecen a la calle y a la plaza de aquel tiempo: no son
las mismas, y, en lo que atañe a las otras, puedo tener la impresión de que todavía
existen...” 0. Borei, La adoración, Barcelona, Plaza y Janés, 1966, pág. 427. Traducción
de A. M. de la Fuente y J. Ferrer) [N. del TJ

248
Lo que importa aquí no es lo buena que sea la traducción o si se
ciñe o no al texto francés (lo podía haber traducido por: This street,
this square are like the street, the square o f those times; they are not
the same, and as fo r those others, I may feel that they still exist),
como lo hace la traducción española por ejemplo, sino por qué Den­
ny quiso convertir una afirmación emotiva y dramática en un enun­
ciado frío y natural. Así es que la crítica de una traducción tiene
varios aspectos: pueden evaluar la traducción por su nivel de exacti­
tud referencial y pragmática, y, si esto resultara inadecuado y algo
fútil por lo mucho que hay que “corregir”, podrían entonces conside­
rar las razones que aparentemente llevaron al traductor a trasladar o
cambiar el talante del texto de una manera tan drástica, o si todo tra­
ductor tiene derecho a cambiar en même temps immobile et comme
entré... dans une espèce d ’éternité por unchanging and fixed in a
sort o f eternity. ¿Por qué, por ejemplo, où partout... on désire, on
cherche, on voit la Beauté, lo traduce Salinas*, cambiando el orden,
por “cuando en todas partes ve uno a la Belleza, la desea, la busca”?
¿Hasta qué punto está autorizado un traductor a alejarse de las pala­
bras para consagrarse al sentido, mensaje o espíritu del texto?
Yo creo que hay valores absolutos, como la exactitud y la econo­
mía lingüística, y valores relativos, y que aquéllos —como la traduc­
ción— se deben reconsiderar constantemente y volver a debatir en
distintos contextos culturales: no se pueden presuponer. (Esto me
recuerda las pruebas de la existencia de Dios.) Hasta ahora, la traduc­
ción ha ido priñcipalmente a favor de la corriente ideológica —a
veces, también de la contracorriente— del momento: en ella se han
visto más o menos reflejados (Niederschlag) el clasicismo (el equili­
brio, la noble expresión, Pope), el romanticismo ( la riqueza del len­
guaje popular, el colorido local, Tieck y Schlegel), el arte por el arte
(la re-creación, Dowson), el realismo científico (la transferencia,
James Strachey). El reto de la crítica de traducción está en formular
uno sus propios principios categóricamente, pero elucidando al mis­
mo tiempo los principios del traductor e incluso los principios contra
los que reacciona (o aquéllos que sigue). En este sentido, se puede
decir que la buena crítica translatoria es histórica, dialéctica, marxista.
Al proponer mis dos métodos de traducción, el “semántico” y el “co­
municativo”, me inclino a considerar el primero como absoluto y el
otro como relativo, pero soy (patéticamente) consciente de que tanto
el uno como el otro son hasta cierto punto reacciones a favor o en

* M. Proust, A la sombra de las muchachas en flor, Madrid, Alianza Editorial, 1970,


pág. 414. [N. del T]

249
contra de Nida, Nabokov, Rieu y demás. Sin embargo, creo que la tra­
ducción tiene hoy un elemento nuevo, ya que se ha convertido en
profesión. La introducción de un método “científico”, la comproba­
ción de cualquier hipótesis o generalización que surja de ejemplos de
traducciones, por una serie de datos adicionales o ejemplos translato-
rios, si no tiende a eliminar sí, al menos, a reducir el abanico de
opciones, a reducir los extremos de la ideología en traducción. En un
nivel muy general, la prueba del “factor de lealtad al grupo”, tan bri­
llantemente percibido por Ivars Alksnis en varios números de Pa­
rallèles (Ginebra), demuestra las variedades del prejuicio nacionalis­
ta y sexista en una gran cantidad de novelas traducidas y volvería
más difíciles, si éste estuviera ampliamente difundido, los extremos
de la ideología, política e incluso literaria. El título del excelente
libro de Nida Towards a Science o f Translating (1964) fue profètico-,
la traducción (y el traducir) no es ni será nunca una ciencia, pero, al
tiempo que avanza la disciplina que se ocupa de ella, será más ge­
neral el reconocimiento del marco de referencia científico de la tra­
ducción.
La crítica translatoria es un componente esencial en un curso de
traducción; primero, porque mejora sin causar dolor su competencia
como traductores; segundo, porque amplía sus conocimientos y com­
prensión, tanto de su propia lengua como de la extranjera, y quizá
también del tema del texto; y tercero porque, al ofrecerles varias
opciones, les ayudará a ordenar sus ideas sobre la traducción. Como
disciplina académica, la crítica translatoria debería ser la piedra angu­
lar de todo curso sobre literatura comparada, o de literatura traduci­
da, y, como ejercicio de crítica y discusión, un componente de cual­
quier curso que se imparta sobre traducción profesional con los tipos
de texto apropiados (por ejemplo, legal, de ingeniería, etc.).
Una traducción puede ser evaluada por varias autoridades (Ins­
tanzen)-. a) por el corrector al servicio de la empresa de traducción;
b) por el jefe de la sección o de la empresa (esto podría ser el “con­
trol de calidad”, si las traducciones se han muestreado; aunque hoy
día se abusa tanto del término que se ha ampliado su significado); c)
por el cliente; d) por el crítico profesional de una traducción o el pro­
fesor que la corrige; e) y finalmente por los lectores de la obra publi­
cada. Resulta irónico, como señaló Nabokov, que muchos reseñado-
res de libros traducidos que ni conocen la obra original ni la lengua
en que está escrita evalúen una traducción por la llanura, naturalidad,
soltura, fluidez, legibilidad y ausencia de interferencias, criterios éstos
muchas veces falsos. ¿Por qué no puede una traducción a veces sonar
a traducción, cuando el lector sabe que eso es lo que es? Aquí, sin

250
embargo, yo parto de la base de que la evaluación, ya sea en forma
de crítica o de tarea puntuada, se hace comparando el original con la
traducción. Lo que actualmente están pidiendo muchas de las traduc­
ciones que más han influido en las culturas autóctonas es una recon­
sideración, pero del estilo de la que, brillantemente, ha llevado a
cabo Bmno Bettelheim en su crítica de la versión autorizada inglesa
de la obra de Freud.

P lanificación de la crítica

Creo que toda crítica exhaustiva de una obra traducida debe abar­
car cinco puntos: 1) un breve análisis del texto de la LO, haciendo
hincapié en su intención y en sus aspectos funcionales; 2) la interpre­
tación que hizo el traductor del propósito o intención del texto en la
LO, su método translatorio y los probables lectores de la traducción;
3) una comparación detallada y selectiva, pero representativa, de la
traducción con el original; 4) una evaluación de la traducción: a) des­
de el punto de vista del traductor, b) desde el punto de vista del críti­
co; 5) y allí donde proceda, un enjuiciamiento del probable lugar de
la traducción en la cultura o disciplina de la lengua terminal.

A nálisis del texto

En su análisis del texto de la LO pueden incluir un juicio sobre el


objetivo del autor, esto es, sobre su actitud hacia el tema, e indicar la
categoría y el tipo de lector. Evalúen la calidad del lenguaje para de­
terminar el grado de licencia translatoria, contando, por ejemplo, con
que el traductor puede convertir el lenguaje estereotipado en lengua­
je natural en un texto informativo pero no en textos autoritativos.
Luego, expliquen brevemente el tema o temas, pero no resuman el
texto ni “mareen” el argumento: es horriblemente aburrido que se lo
vuelvan a contar a uno.
Les sugiero que no hablen de la vida y milagros del autor, ni de
sus obras, ni de los antecedentes generales, a menos que sean refe-
renciados en la obra: es posible que todo esto ayude a entender el
texto, pero no es probable que influya en su apreciación o evalua­
ción de la traducción.

251
El p r o p ó s it o o in t e n c ió n d e l t r a d u c t o r

El segundo apartado (o el intento de ustedes por ver el texto des­


de el punto de vista del traductor en cuestión) se pasa a veces por
alto en la crítica translatoria. Podría darse el caso de que concluyeran
que el traductor ha interpretado mal al autor por haber omitido cier­
tas secciones del texto. Es sabido que la primera traducción al inglés
de la obra de Hitler Mein Kampf, por el capitán E. S. Dugdale, sólo
contenía un tercio del original porque omitió los pasajes antisemíticos
más virulentos. Pero puede también ocurrir que el traductor haya
decidido anticuar deliberadamente la narración y/o el diálogo de su
versión (“entonces volvió”: Eftsoons he turned), moderar el lenguaje
figurado del original o “animar” oraciones sencillas con locuciones
coloquiales e idiomáticas: se tremper hâtivement dans les eaux bap­
tismales européennes à Strasbourg: they are hastily initiated into the
work o f the Assembly at Strasbourg. Normalmente, todas las traduc­
ciones son infratraducciones, o lo que es lo mismo, todas están
menos particularizadas que el original, pero esto se suele dar más en
los pasajes descriptivos (elle est bien laide: “es más fea que Picio”)
que en los dramáticos, y más en los pasajes mentales que en los físi­
cos; corresponde a ustedes determinar si el traductor ha querido lle­
var a cabo acciones neutralizadoras sobretraduciendo, lo cual da
como resultado generalmente una traducción algo más larga que el
original (H était bien charpenté: He was well built). Deben evaluar
también hasta qué punto ha sido desculturalizado el texto o transferi­
do a la cultura de la LT: Jeu ou gentillesse, Luque avait été entrepre­
nant dans la voiture: Whether to befriendly or by design, Luque had
not been idle in the car. Interpretar la intención y los procedimientos
translatorios del traductor no quiere decir criticarlos sino intentar
comprender por qué los ha usado. Para un reseñador es demasiado
fácil arremeter contra los fallos garrafales de una traducción, enume­
rarlos y descubrir triunfalmente fa u x amis, sinónimos caprichosos y
forzados (“triste” o nachdenklich por wistful), estructuras rígidas y
anticuadas, que en algunas situaciones pueden ser perfectamente
naturales, coloquialismos anacrónicos, traducciones literales de metá­
foras estereotipadas, y pasar por alto, en cambio, el hecho de que los
traductores son vulnerables, que las buenas traducciones pueden
tolerar y toleran varios errores, y que los traductores cuando traducen
en un estilo rígido, anticuado, coloquial o vivo, que no cuadra con el
del original, tal vez lo hagan deliberadamente, por equivocado que

252
parezca. Si así fuera, su tarea como críticos es la de sugerir las razo­
nes. (En un mundo utópico, estas razones las daría el traductor en el
prólogo.) En cualquier caso, deben empatizar aquí con el traductor
y distinguir entre la incompetencia (o conocimiento inadecuado de
la LO y/o del tema) y un método de traducción al parecer consisten­
te, a pesar de que para su gusto sea demasiado idiomàtico o aca­
démico.

C ómo comparar la traducción c o n el original

En tercer lugar, hay que ver cómo el traductor ha resuelto los pro­
blemas particulares del texto de la LO. No tienen por qué ir punto por
punto: pueden agrupar los problemas selectivamente bajo encabeza­
mientos generales: título; estructura, que incluye la división en párra­
fos y los conectivos oracionales; transposiciones; metáforas; palabras
culturales; casos de “traslacionismo”; nombres propios; neologismos;
palabras “intraducibies”; ambigüedad; nivel de lenguaje; y, donde
convenga, metalenguaje, paronomasias y efectos sonoros.
Esta tercera sección de la crítica debería consistir en debatir los
problemas de traducción y no en dar recetas tipo píldoras con vistas a
hacer una traducción “correcta” o mejor. ¿Por qué, por ejemplo, para
traducir vivre avec moins d ’acuité dentro de un contexto el traductor
escoge less intensely en. lugar de less acutely o with less intensity? ¿Por
qué prefirió el traductor uncharted territory para terra ignota y no
terra ignota? (El lector español culto está más familiarizado con las
locuciones latinas que el inglés.)
Esta tercera sección es el alma de la crítica; y debe, por lo general,
ser selectiva, ya que en principio cualquier pasaje que se separa de la
traducción literal en cuanto a la gramática, el léxico, o el orden “mar­
cado” de la oración (aparte de cualquier efecto sonoro deliberado)
constituye un problema, ofrece alternativas y requiere de ustedes que
justifiquen su solución preferida. ¿Por qué se tradujo “Un historiador
contemporáneo escribía, hace algunos años, que...” por Some years
ago it was remarked by a contemporary historian that..., y no por A
contemporary historian stated, a few years ago, that... Está claro que
el orden de palabras de Some years ago es más natural y está menos
marcado cuando se coloca al principio de la oración que en el medio,
a modo de paréntesis, pero no existe razón aparentemente válida que
explique el cambio de activa a pasiva y el de “escribía” por stated.

253
La e v a l u a c i ó n d e la t r a d u c c ió n

En cuarto lugar, deben evaluar la exactitud referencial y pragmá­


tica de la traducción, pero según los criterios del traductor. Si la tra­
ducción no es una clara versión del original, vean primero si está
representado adecuadamente el elemento “invariante” esencial del
texto, que consta casi siempre de sus hechos o sus ideas. Sin embar­
go, si el propósito del texto es vender algo, persuadir, prohibir, ex­
presar emociones por medio de los hechos o las ideas, agradar o ins­
truir, entonces la piedra clave de la invariancia sería este propósito o
intención, que puede variar con cada texto. Y ésta es la razón por la
que toda teoría general de la invariancia translatoria es inútil. Yo, al
menos, tendría mis dudas a la hora de establecer una regla como la
de Tytler (“la transcripción completa de las ideas de la obra original
precede al estilo y modo de escribir”), o, aunque acepto que en tra­
ducción se debe cambiar la forma para acomodarla al sentido, de un
principio como el de Nida (“el contenido debe primar sobre la for­
ma”), dado que la piedra clave de la invariancia se puede expresar
tanto por medio de palabras de cualidad (adjetivos, palabras con­
ceptuales y adverbios) como por palabras que designan cosas y
acciones.
Tras considerar si la traducción supone un éxito por sí misma,
deberían evaluarla por sus propios criterios de exactitud referencial y
pragmática. Eviten criticar al traductor por ignorar principios de tra­
ducción que todavía no se habían establecido —ni siquiera imagina­
do— cuando él traducía. Aquí lo que cuenta principalmente es la cali­
dad y el alcance del déficit semántico de la traducción, y si éste es
inevitable o, por el contrario, se debe a deficiencias del traductor. De­
berían, por otra parte, ver la traducción como una obra con existencia
propia, independiente del original, y así evaluarla: si se trata de un
texto “anónimo” no individual, informativo o persuasivo, es de es­
perar que esté escrito en un estilo natural, pulcro, elegante y agrada­
ble. Si el texto es personal y autoritativo, tendrán que evaluar si el tra­
ductor plasmó el idiolecto del original, sea o no estereotipado, natu­
ral o innovador.

254
El f u t u r o d e l a o b r a t r a d u c id a

Finalmente, en el caso de un texto serio, como una novela, un


poema o un libro importante, se evalúa la importancia virtual de la
obra dentro de la cultura de la lengua terminal. ¿Mereció realmente la
pena traducirla? ¿Qué clase de influencia tendrá en la lengua, la litera­
tura y las ideas de su nuevo medio? Estas preguntas, en mi opinion,
deberían contestarse en el prólogo del traductor, pero todavía perdu­
ra la tradición del anonimato del traductor. Y a esto van encaminados
los intentos del crítico de traducción: a “situar” la traducción en su
nuevo y desconocido ambiente.

C aufica ción d e una traducción

Quiero cerrar este capítulo haciendo algunas observaciones sobre


las dificultades de evaluar un texto traducido. El esquema anterior ha
ilustrado dos posibles enfoques, el funcional y el analítico. El enfo­
que funcional es general y trata de evaluar si el traductor consiguió lo
que se proponía y en qué ocasiones se quedó corto, pero sólo en el
terreno de las ideas, no en el de los detalles. Se trata hasta cierto pun­
to de un enfoque subjetivo, que equivaldría, en el caso del profesor
que califica un trabajo o examen, a la “calificación dada según la im­
presión”, y por ende poco fiable.
El enfoque analítico es detallado. En mi opinión, parte de la base
de que un texto se puede evaluar por secciones y de que, como
quiera que es más fácil saber cuándo se está delante de una mala tra­
ducción que de una buena, es también más fácil identificar un error
que una respuesta correcta o feliz. Supongo, por otro lado, que toda
traducción es parte ciencia, parte habilidad, parte arte y parte cosa de
gustos. “Ciencia” aquí es más cuestión de incorrección que de correc­
ción, y los fallos “científicos” pueden ser de dos clases: referenciales
o lingüísticos. Los fallos referenciales están en relación con los he­
chos, con el mundo real, con las cláusulas y no con las palabras.
Enunciados como “el agua es aire”, “el agua es negra”, “el agua respi­
ra”, etc. son errores referenciales (aunque como metáforas pueden
ser verdades profundas). Los fallos referenciales se dan en el campo
de la “ficción” (esto es, la literatura creativa) sólo cuando se describe
incorrectamente el mundo real, actual o histórico. Son fallos que re­
velan la ignorancia del traductor o, lo que es peor, del escritor, que es

255
al fin y al cabo de donde lo ha “copiado” el traductor. Los fallos lin­
güísticos, en cambio, revelan la ignorancia que tiene el traductor de
la lengua extranjera, y pueden ser gramaticales o léxicos (palabras,
colocaciones o idiotismos).
Tanto los fallos referenciales como los lingüísticos se puntúan (o
consideran) negativamente..., deduciendo un número de puntos del
valor total de una oración o párrafo, o de un déficit total. En el mun­
do real, los fallos referenciales son más importantes y más peligrosos
en potencia que los lingüísticos, aunque, en el sistema educativo (lo
digo por muchos profesores) y entre gente lega, ambos se ignoran o
excusan a menudo: “después de todo, eso es lo que dice el original, y
el trabajo del traductor consiste en reproducirlo fielmente”. Esta es
una postura equivocada. Un día me contó un traductor holandés que
en una ocasión le pagaron tres veces más de lo que cobraba normal­
mente por una traducción que ni siquiera llegó a hacer: lo único que
hizo fue decirle a su cliente que el texto (financiero) estaba lleno de
errores peligrosos.
En segundo lugar, la traducción tiene esa parte de habilidad o des­
treza que se requiere para seguir o desviarse del uso lingüístico natu­
ral y apropiado, uso que debe ser pragmático y persuasivo en textos
vocativos, claro y ordenado en textos informativos, ceñido al estilo
del original en textos expresivos y autoritativos... Debería uno distin­
guir el uso lingüístico “apropiado” del uso raro, medir los grados de
aceptablidad dentro de un contexto. Porque se puede decir “atacan al
Gobierno por su falta de sensibilidad para negociar las propuestas
que reiteradamente viene negociando el sector”, y, aunque resulte
difícil o imposible conseguir en otra lengua ese matiz de acción dura­
tiva, cercana al presente del que habla, de “viene negociando” y tradu­
cir “sector” sin un participante de caso (“minero”, “del transporte”, etc.),
siempre existe la posibilidad de encontrar un equivalente que haga
sus servicios. Sin embargo, en una oración como la que sigue sería
muy fácil identificar los fallos de uso: “acometen/embisten/arreme-
ten/agreden al Gobierno por su falta de tacto/delicadeza/tiento para
tratar/gestionar/comerciar las proposiciones/ofrecimientos/ofertas
que ...” Estos fallos de uso son debidos primero a la incapacidad de
escribir bien, después tal vez al mal uso del diccionario, en tercer
lugar al poco caso prestado a los fa u x amis (falsos cognados), en
cuarto lugar a la persistente búsqueda de equivalentes uno-por-uno,
y en quinto y principal lugar a la falta de sentido común. Cuando la
traducción literal —el caso estaría más dentro del “traslacionisno”—
está escrita por un traductor nativo de la LO, nadie se sorprende. Las
hechas por nativos de la LT suenan también raras y extrañas y son

256
igual de frecuentes, pero aquí los fallos se deben a la falta de aten­
ción y a la hipnotización que en ellos ejercen las palabras de la LO en
el plano textual. Esa idea de que los traductores, en particular los de
textos no literarios (textos informativos), tienen el deber de escribir
bien está lejos de ser aceptada de forma general: muchos creen que,
estando por medio los hechos, el estilo pasa a un segundo lugar. Pero
lo cierto es que es el estilo el que garantiza que se presenten los
hechos acertadamente... Recuerden que cuando hablo de estilo no
quiero decir “belleza”, hablo de la lucha contra expresiones y pala­
bras de muchos “juntaletras” y “jergotraficantes”: “a nivel de”, “bice-
falización”, “panelar”, “neurotizarse”, “posicionarse”, “editorializar”,
“mamparizar”. Tengo que admitir que hay una cierta “sencillez” (pala­
bra que tiene un espacio semántico excepcionalmente amplio:
“honestidad, franqueza, fluidez, simplicidad, llaneza, sin adornos”) en
el buen uso del lenguaje que es difícil valorar positivamente o darle
“puntos” en traducción. Pero a pesar de que los errores no conformes
a la verdad y al lenguaje son más graves que los errores de uso, es el
uso logrado con habilidad y destreza lo que garantiza que la transmi­
sión sea todo un éxito.
Hasta ahora, he descrito los dos factores negativos que intervie­
nen en la evaluación de una traducción. En cambio, el tercero (la tra­
ducción es un arte) es un factor positivo. Es lo que Jean Delisle llama
“re-creación contextual”, donde el traductor con el fin de interpretar
debe traspasar los límites del texto e ir al subtexto, o sea, ir a lo que el
escritor quiere decir y no a lo que dice, o producir una exposición
económica de un fragmento lingüístico con el fin de explicar algo.
Significa traducir Entgleisung, usado en sentido figurado, por “com­
plicación”; o Artefakt, en un texto de electrocardiogramas, por el tér­
mino técnico “artefacto”, que no es otra cosa que una variación en el
aparato no originada por el corazón, sino por un fallo mecánico, por
ejemplo; o sacar a relucir una deducción o implicación y dejarla más
clara que estaba en el original (dar el significado literal y figurado por
ejemplo en el caso de una metáfora); o traducir referring consultant
por “el médico consultor que envía los pacientes al especialista” por­
que falta un participante de caso; o explicar elegantemente una pala­
bra cultural {he enjoyed the bananas and meat in his tapadas snack)-,
o compensar en una parte de la oración un efecto sonoro o un colo-
quialismo aparecido en otra (when they get the bit between their
teeth: “cuando se les mete algo entre ceja y ceja”)... Todo esto, aparte
de algún verdadero hallazgo, una solución feliz o elegante, etc., es lo
que podría caber dentro de la llamada traducción creativa, que habi­
tualmente implica los siguientes rasgos: a) que es imposible en pri-

257
mer lugar una traducción “superficial”; b) que hay variedad de solu­
ciones, y diez buenos traductores no tendrían ninguna dificultad en
producirla; c) que lo que se traduce es lo que el escritor quiso decir y
no lo que en realidad dijo. La solución más cercana al original es la
mejor pragmáticamente, solución que, si se confronta con la exacti­
tud referencial, no tiene igual.
Si un libro, por ejemplo, sobre A. von Humboldt empieza con las
palabras Alexander von Humboldt —ja, warum denn?, se podría tra­
ducir burdamente por “Por qué escribir un libro sobre Alexander von
Humboldt pudiéndolo escribir de tanta otra gente?” Pero como el esti­
lo es más refinado tal vez valiera este intento: “Quizá pareza extraño
escribir un libro sobre Alexander von Humboldt...”, o simplemente:
“Alexander von Humboldt... Sí, pero ¿por qué?” Referencialmente ha­
blando, la primera versión se acerca más que la segunda y ésta más
que la primera en el nivel pragmático, pero la más cercana de todas y
la más breve es la tercera. Esta es la traducción creativa.
La cuarta parcela de la traducción, la del gusto, se debe aceptar
como un factor subjetivo, y va desde las preferencias entre varios si­
nónimos léxicos hasta oraciones y párrafos que se infratraducen o
sobretraducen en diferentes lugares (por ejemplo en son visage of­
fra it l’image vivante du désespoir, uno tienen dos opciones, o “su
rostro era la imagen viva de la desesperación”, o “su rostro ofrecía la
imagen viva de la desesperación”). El crítico, inevitablemente, debe
tener en cuenta su propio gusto, que puede estar a favor o inclinarse
por la traducción “literal” o por la “libre”. El área del gusto, en un
perímetro tan borroso como el de la traducción, cuyo centro está ocu­
pado por la ciencia, convierte en desatino el concepto de traducción
ideal, perfecta o correcta, y es en sí misma un concepto esencial en
traducción. Consecuentemente, una evaluación delicada de una tra­
ducción es —¡por lo general!— prudente y nada dogmática.
Observarán que, en mi enfoque analítico de la crítica translatoria,
tiendo a dar más importancia a los factores negativos (errores contra
la verdad, la lengua y el uso) que a los positivos Ga traducción creati­
va, la versión feliz que convierte una traducción no sólo en exacta
sino también en efectiva, ya se trate de un anuncio publicitario o de
un cuento). Sin embargo, la exactitud se puede evaluar también posi­
tivamente, dando puntos por versiones exactas de oraciones o párra­
fos y restando por errores. Esto es lo que se llama “corrección positi­
va”, sistema que cuenta cada día con más partidarios entre las comi­
siones evaluadoras de exámenes. Lo que ocurre es que, aun siendo la
cara opuesta de la corrección negativa, los resultados son los mismos.
Lo paradójico es que probablemente los casos de “traducción creati-

258
va” se valoren menos en la corrección positiva que en la negativa:
si una traducción competente de una oración recibe la puntuación
máxima, ¿qué se puede dar a una traducción “feliz”?

C alidad d e la traducción

Pero queda en pie la siguiente pregunta: ¿qué es una buena tra­


ducción? ¿qué es lo que falla? (O como la formuló inimitablemente
Louis Jouvet en Quai des Brumes: ¿qué es un mal traductor sans em­
ploi?') ¿Y qué es una traducción eminente? “Si muchas veces no nos
podemos poner de acuerdo en cómo debería ser una traducción
en particular, ¿cómo se puede enseñar lo que no se sabe?” (Neubert
1984: 69). Preguntas retóricas del tipo de “¿emplearía usted a este
hombre para hacer sus traducciones?” son útiles sólo porque provo­
can una reacción instintiva inmediata.
En el fondo, los indicadores de una traducción ideal son relativos,
por mucho que uno trate de basarlos en criterios y no en normas.
Una buena traducción cumple lo que se propone: en un texto infor­
mativo, comunica los hechos aceptablemente; en un texto vocativo,
como es posible medir su éxito al menos en teoría, la eficacia de su
traductor también se podría demostrar por los resultados; en un texto
autoritativo o en uno expresivo —la forma es casi tan importante
como el contenido—, hay a menudo una tensión entre la función ex­
presiva del lenguaje y la estética y, por tanto, una traducción mera­
mente “adecuada” puede servir para explicar de lo que trata el texto,
pero una buena traducción debe ser “eminente” y el traductor excep­
cionalmente delicado; para mí, el prototipo de traducción eminente
es la que Andreas Mayor hace al inglés (Time Regained) de la obra de
Proust Le Temps retrouvé.
En principio, debería ser más fácil evaluar una traducción que un
texto original, ya que se trata de una imitación. La dificultad estriba,
más que en conocer o reconocer qué es una buena traducción, en ge­
neralizar con definiciones trilladas y tópicas, ya que hay tantos tipos
de traducciones como de textos. Pero el hecho de que haya un pe­
queño elemento de incertidumbre y subjetividad en todo juicio emiti­
do sobre una traducción no elimina ni la necesidad ni la utilidad de la
crítica translatoria, pues ayuda a elevar el nivel de la traducción y a
alcanzar un mayor acuerdo sobre la naturaleza de la traducción.

259
C apítulo X VIII

O tras c u e s t io n e s m á s su c in ta s

L as palabras y el contexto

Muchos traductores dicen que nunca deberían ustedes traducir


palabras, sino oraciones, ideas o mensajes. Yo creo que cuando dicen
eso se están engañando a sí mismos. El texto de la LO consta de pala­
bras, y eso es lo único que hay sobre la página. Al fin y el cabo todo
lo que tienen que traducir son palabras, y deben dar cuenta de todas
y cada una de ellas en algún lugar de su texto meta, lo que a veces
significa no traducirlas deliberadamente (por ejemplo, palabras como
déjà y schon en algunos casos) o compensarlas, porque si las traduje­
ran a la ligera forzosamente las sobretraducirían, por ejemplo, Ich bin
schon lange fertig: “hace siglos que estoy listo”; 1000 francs, c’est
déjà pas mal: “1.000 francos, no está nada mal”.
Con esto no quiero decir que traduzcan palabras aisladas. Uno tra­
duce palabras cuyo significado ha sufrido una influencia más o
menos lingüística, referencial, cultural y subjetiva, palabras condicio­
nadas por un contexto lingüístico, referencial, cultural y personal. El
contexto lingüístico puede ir desde una colocación, que será el 90%
de las veces (a white Christmas: “unas Navidades blancas”), hasta
una oración, como en el caso de una metáfora prolongada o prover­
bio. Y en ocasiones una palabra puede estar condicionada lingüística­
mente por un uso que se sale fuera de los límites de la oración, en el
caso, por ejemplo, de una palabra conceptual repetida varias veces,
modificada o contrastada en otras oraciones o párrafos, o usada como
marcador estilístico o leitmotiv a lo largo de todo el texto.

260
En segundo lugar tenemos el contexto referencial, que es el que
está en relación con el tema del texto. Muchas veces será sólo el tema
el que fije el significado de miles de palabras técnicas, como stockage
(“almacenamiento”), rechercher (“buscar”), fusionner (“intercalar”),
appel (“llamada”), que casualmente están relacionadas con el proce­
samiento electrónico de datos. Sin embargo, el número de estos tér­
minos, aun tratándose de un texto “opacamente” técnico (sólo com­
prensible para el experto en la materia), está entre el 5 y el 10% y no
suele pasar de ahí.
En tercer lugar está el contexto cultural, o palabras relacionadas
con formas de pensar y modos de comportamiento de una comuni­
dad lingüística particular, y palabras que denotan un objeto material
específico de una cultura, que pueden ser culturales (por ejemplo,
kefiya, pañuelo de algodón que llevan los árabes en la cabeza) o uni­
versales (“té”).
Finalmente está el contexto individual, el idiolecto del escritor:
todos nosotros usamos algunas palabras y colocaciones que llevan
nuestro propio sello.
Las palabras están todas de alguna forma determinadas por su
contexto en lo que al significado se refiere. Las que menos lo están
son palabras técnicas como “hematología”, que por lo general es con-
textualmente neutra, a menos que sea una palabra en clave. Dichas
palabras llevan sus contextos con ellas.
Por otra parte, la mayoría de las palabras que denotan objetos y
acciones corrientes, cuando no están “marcadas”, son casi contextual-
mente neutras, por ejemplo, “árbol”, “silla”, “mesa”. Sólo dejan de ser­
lo en realidad cuando aparecen “marcadas”, o sea, cuando están usa­
das técnicamente: arbre (“árbol”, “eje”), chaîne (“cadena de televi­
sión”).
Ignorar el contexto suele ser un fallo corriente, pero culpar al con­
texto de una traducción inexacta es otro no menos corriente.

La traducción del dialecto

Está por lo general aceptado que los géneros literarios que inevi­
tablemente experimentan en traducción diversos grados de pérdida
de significado son la poesía, la prosa sonora, los textos con un gran
porcentaje de juegos de palabras o contenido cultural y el dialecto.
Esto no quiere decir que dichos géneros sean inadecuados para la
traducción. La poesía, en concreto, se ha traducido en distintas épo­
cas, muchas veces de forma magnífica y muy ceñida al original y

261
otras más libremente, y los resultados han sido una brillante fusión
entre el lenguaje del poeta y el del traductor-poeta y una demostra­
ción a menudo de las sugerentes y atinadas técnicas sonoras del tra­
ductor:
The expense o f spirit in a w aste o f sham e
Is lust in action; a n d till action, lust
Is perjured, m u rd ’rous, bloody, fu ll o f blame,
Savage, extrem e, rude, cruel, n o t to trust.*

(Shakespeare, Sonnet 129)

Verbrauch von geist in schändlicher verzehr


1st lu st in tat, u n d bis z u r tat, ist lust
M eineidig, m örderisch, blutig, voll unehr,
Wild, tierisch, grausam , roh, des lugs bewusst.

(Traducción de Stefan George)

En traducción, es posible plasmar o compensar algunos de los


efectos sonoros de la prosa, los anuncios, los anuncios rimados, y por
lo que a los juegos de palabras respecta, casi siempre existe la posibi­
lidad de reemplazarlos en parte. En todos estos casos, el traductor
debe ser consciente, no de que está acometiendo una labor tradi­
cionalmente imposible (R. Frost: “poesía es aquello que se pierde en
la traducción”; y R. Graves, que, como ha señalado Chukovski, 1984,
mutiló a Homero, se expresaba así: “incluso bread y pain tienen sig­
nificados completamente diferentes”), sino de que sólo puede alcan­
zar el éxito parcial, y que, si trata de reproducir o compensar todos
los efectos sonoros de su original, lo que hará será “sobretraducir”
con creces y deformar inevitablemente el sentido. Normalmente, el
traductor reproduce el efecto sonoro de forma irregular, en un tono
menor, sugerentemente, con tacto, como si se tratara en realidad de
un pequeño eco del original ya que, en un poema serio, el principal
efecto viene creado por sus ritmos, su significado literal o figurado y
su metro.
Si paso a continuación a hablar de la traducción del dialecto no
es precisamente porque tengan ustedes que traducirlo, sino porque
se ha señalado a veces que es el mayor imposible en traducción, y
no es así.

* “Despilfarro de aliento en derroche de afrenta/ es lujuria en acción; y hasta la


acción, lujuria/ es perjura, ultrajante, criminal, sangrienta,/ brutal, sin fe, extremosa,
presa de su furia”. (García Calvo, obr. cit., pág. 295) IN. del TJ

262
Si el dialecto aprarece usado metalingüísticamente, esto es, ejem­
plificando un tipo de lenguaje, lo deben transferir, traducir a un len­
guaje neutro y aclarar las razones por las que se dio como ejemplo.
El problema es distinto, sin embargo, cuando el dialecto aparece
en el género novelístico o dramático. En mi opinión, no hay ninguna
necesidad de sustituir el dialecto de un minero de Zola por el de un
minero asturiano, por poner un ejemplo, aparte de que esto sólo sería
adecuado si ustedes dominaran dicho dialecto. Como traductores, su
principal tarea consiste en decidir cuáles son las funciones del dialec­
to, que habitualmente vienen a ser las siguientes: a) mostrar un uso
argótico del lenguaje; b) subrayar los contrastes sociales clasistas; y
más raramente c), indicar las características culturales locales. Para el
traductor al inglés lo más importante es la habilidad para usar y posi­
blemente “neologizar” verbos y nombres frasales, aunque la traduc­
ción a cualquiera de los dialectos del inglés británico de hoy día co­
rrería el riesgo de quedarse rápidamente anticuada, dado el declinar
de dichos dialectos. En el teatro, con imitar el acento de la clase obre­
ra sin recurrir a ningún dialecto bastaría para dar razón de las aparen­
tes distorsiones de una frase como ésta: Wenn ich bloss wisste, was
du meenst. Otras veces, lo importante no es comerse unas cuantas
letras (“¿l’ha dicho usté que he venío en taxi?”) para dar a entender
que se trata de un campesino inculto, sino producir con moderación
un habla argótica natural, que a ser posible oculte la clase social y
que insinúe que se trata de un dialecto, “procesando” sólo una pe­
queña parte de las palabras dialectales del original.
Con esto no pretendo dar ningún modelo. Lo que intento demos­
trar es que algunas de las características lingüísticas (la incorrección
de la gramática, de la pronunciación, de la ortografía) son irrelevantes
en un dialecto, que es una variedad lingüística independiente y no
una desviación del lenguaje estándar. El principal efecto del dialecto
se debe dejar en manos de los actores.

E l traductor y el ordena d or

Si su trabajo está de algún modo relacionado con ordenadores,


tengo la impresión de que es probable que anden metidos en una o
varias de estas ocho tareas:

1. Preedición (¿Taum?).
2. Alimentación de la memoria del ordenador con datos léxicos y gra­
maticales pertinentes para después traducir.

263
1

3. “Manipulación de las teclas”, o sea, manejo del ordenador por su


parte mientras traducen (ITT, ALPS).
4. Postedición (Systran, Weidner).
5. Almacenamiento y uso de bancos de datos terminológicos.
6. Investigación en el campo de la TO (traducción por ordenador).
7. Manejo de bases de datos terminológicas, fuera del campo de la
TO directa. Los terminólogos están de hecho en vía de constituir
una profesión independiente.
8. Uso de los procesadores de textos para trabajos de edición, investi­
gación, sustitución, etc., lo que les puede servir de ayuda en ese
quehacer diario de la traducción “manual” corriente. Tengan en
cuenta que, a la hora de contratar traductores de plantilla, una de
las cualidades más apreciadas por los principales empresarios,
como pueden ser la CE, la ONU, la OACI, la FAO, el gobierno ca­
nadiense, etc, es la habilidad en el uso de los procesadores de
textos.

Por tanto, si no están duchos en el manejo del ordenador, no pier­


dan el tiempo con la historia de la TO, la TAO (traducción asistida por
ordenador), o la TA (traducción automática), ni se ocupen de su evo­
lución o futuro. Sepan que el ordenador es útil para traducir, en parti­
cular los lenguajes para usos específicos o especiales, y que hoy por
hoy sólo puede, hablando en términos generales, manejar textos
“informativos” y administrativos, cuya producción necesita en cierto
modo un trabajo de edición. La TO, como la traducción, no es ningu­
na posibilidad, es una realidad. No es necesario alardear de conocer
los últimos modelos: no se trata de probar que uno es mejor que
nadie en este particular.
Los sistemas Systran o Weidner requieren mucho tiempo en traba­
jos de postedición; A.-M. Loffler Lorian (1985) da varios ejemplos en
los que el francés es la LO: Les travailleurs ont intérêt à ce que...-. “Los
trabajadores tenían interés...” (traducción por ordenador); “Fue en
beneficio de los trabajadores...” (versión posteditada).

Si traducen por ordenador, tendrán que hacerse a la idea de que


van a producir dos tipos de traducción:

1. “Traducción-información rápida” (Rohübersetzung), o sea, una tra­


ducción donde el lenguaje es tosco y su uso poco natural, con
trazas además de traslacionismo, pero clara, adecuada para el
“consumo intemo” y económica en comparación con la traduc­
ción humana.

264
2. “Traducción para publicar”, que corre el peligro de ser poco eco­
nómica cuando se piensa que también la podían haber hecho
solos.

Naturalmente, cuanto más restringido sea el lenguaje y mayor su


proporción de términos estándar o técnicos, mayor probabilidad hay
de que la TO sea aceptable. De hecho, una diferencia importante en­
tre la TO y la traducción humana está en que el usuario de la TO, en
contraposición al traductor, es probable que sólo quiera la informa­
ción contenida en el texto de la LO (lo esencial, un resumen o una
“traducción cruda”), estructurada con claridad y no precisamente con
elegancia.
La pretraducción es aconsejable, si conocen el contenido léxico y
gramatical que hay ya en la memoria del ordenador. En el fondo, la
tarea de ustedes consiste en “desambiguar”, en pasar el texto a un
español sencillo, en reducir las metáforas al sentido, en sustituir las
palabras difíciles por otras del vocabulario básico del lenguaje para
usos específicos del texto. Que lo hagan o no, y que lo hagan bien o
mal, dependerá del tiempo que empleen... Recuerden que la TO es
una operación estrictamente mercantil en un sentido con el que nun­
ca podrá soñar probablemente la traducción humana: no se debería
hacer de ningún modo si no es rentable, si no va a suponer un ahorro
de tiempo o dinero. Fue precisamente el enorme coste actual de la
traducción lo que “invirtió” la famosa decisión del ALPAC en los años
sesenta de que la TO no tenía futuro.
Preeditar para un organismo con una experiencia acumulada de
muchos años en construir un estilo lingüístico propio, una versión de
su libro de estilo informatizada, por medio de su revista, actas, agen­
da, informes, etc., es más fácil que un acercamiento “a ciegas” a un
texto. Frases tales como “El Consejo General desea hacer público...”,
“EL Consejo no desarrollará...’’, una vez almacenadas, pueden unificar
discretamente diversas recomendaciones e instrucciones.
Su trabajo en el ordenador lo pueden hacer o con un sistema in­
dependiente o con un sistema interactivo (ALPS), donde el ordenador
les hace preguntas y ustedes le facilitan las respuestas.
Lo cierto es qiie, a no ser que el lenguaje del ordenador conste
sólo de frases estándar, como ocurre en el Meteo (sistema canadiense
de predicción del tiempo), el trabajo más importante e interesante de
la TO es el trabajo de postedición, tarea para cuya preparación puede
ser de gran ayuda la corrección, por ejemplo, de la traducción super-
literal de un folleto turístico (o la de la “interlengua” en una clase de
enseñanza de idiomas), apartado éste que no debería faltar en ningún

265
curso de teoría de la traducción. Pero es más probable que trabajen
por lo general en un texto informativo, redactado en un estilo neutro,
que en uno que se dirija específicamente a los lectores (o sea, un tex­
to “vocativo”) o que describa un nuevo proceso e incluya términos
nuevos o un uso lingüístico original.
La aparición de la TO en los años cincuenta tuvo que ver con la
fase conductista de la lingüística. Ahora bien, el perfeccionamiento de
la TO dependerá de la investigación lingüística en determinadas va­
riedades de lenguaje, sobre todo en la frecuencia y el curso de los
distintos rasgos: estructuras gramaticales, frases hechas, colocaciones,
metáforas y palabras; esta actividad en sí requiere tanto el uso de
ordenadores como la investigación paralela del mejoramiento de sis­
temas informáticos interactivos.
En general, la TO se puede aceptar como un tipo de traducción
especial. Tiene indudables ventajas en un texto en concreto de len­
guaje para usos específicos. Por otra parte, la “facilidad con que se
pueden cambiar palabras y oraciones y hacer malabarismos con ellas
en la pantalla de un procesador de textos” (comunicación personal
que debo a Robin Trew*), en comparación con la máquina de escribir
o con el folio de papel (aunque esto ilustra la importancia del doble
espacio), es probable que los anime a ser más flexibles y a no sentirse
tan hipnotizados cada vez que realizan una transposición. Tiene tam­
bién una clara desventaja, aparentemente endémica, y es el fomento
de la jerga o, lo que es lo mismo, de los compuestos multinominales
y del lenguaje irreflexivo provocado, no por la mente, sino por una
maquina de reacción acelerada que tiene que ser “alimentada” para
justificarse a sí misma.

F u n c ió n y d escripción

A pesar de que la definición de una palabra que deje de mencio­


nar su función es absurda (por ejemplo, la definición de “metáfora”
del Diccionario de Uso del Español de M. Moliner), a pesar de que en
muchos casos, sobre todo en traducción, la función prima sobre la
descripción (para la mayoría de la gente es más importante saber lo
que hace la Cámara Baja, la Real Academia, el Instituto Cervantes,
que saber en qué consisten, y es probable que este énfasis se vea

* Agradezco a Robin Trew sus com entarios en este apartado.

266
I

reflejado en toda traducción), una teoría meramente funcional de la


traducción es un error. Lo que tiene de atractiva la idea conductista
de Catford, de que “los textos o items de la LO y LT son equivalentes
en traducción cuando son intercambiables en una situación dada”,
tiene de errónea, ya que da pie a todo tipo de sinonimias, paráfrasis y
variaciones gramaticales, que podrían servir para una situación dada
pero serían inexactas. Honig y Kussmaul llevan hasta un extremo la
teoría funcional de la traducción cuando traducen those double-
barrelled names por “esos nombres altivos” (jene stolzen Namen) o
his mother couldn’t afford to send him to Eton any more por “su
madre ya no se podía permitir el lujo de enviarlo a una de las es­
cuelas privadas caras” (seine Mutter konnte es sich nicht mehr leisten,
ihn a u f eine der teueren Privatschulen zu schicken). Tienen razón al
suponer que para el lector de la LT son más importantes en este con­
texto las funciones de double-barrelled names y Eton que sus des­
cripciones, pero tanto el primero como el segundo son hechos cultu­
rales significativos de los que, en circunstancias normales, no se
debería privar al lector de la LT.
Por lo general, la función es más simple, más concisa, más enérgi­
ca que la descripción, y resulta tentador para el traductor sustituir
aquélla por ésta y a veces lo hace, pero sólo cuando no tiene otra
alternativa. Una traducción tiene habitualmente los dos elementos si
es exacta y precisa, e incluso si la descripción proporciona sólo los
pequeños detalles. Una sierra sirve para cortar, pero su descripción es
esencial para distinguirla de otras herramientas con la misma función.
Que hasta ahora se ha olvidado la función (propósito, intención, ra­
zón) ya lo he demostrado con pruebas sacadas del diccionario, pero
eso no es razón para que hoy se olvide la descripción. La función es
amplia y simple, y se presta sobre todo para traducciones comunicati­
vas. La descripción clarifica la función con detalles, y caracteriza la
traducción semántica. Y en caso de confrontación por motivos de
economía lingüística, debe primar la función, pero hasta la expresión
double-barrelled names se podía haber traducido por die vornehmen
zweiwörtigen (zweiteiligen) Zunamen (“apellidos hoy de moda uni­
dos con guión”).

267
La t r a d u c c i ó n d e e p ó n im o s y a c r ó n im o s

Definición

“Epónimo” para mí es toda palabra que, derivada de un nombre


propio o idéntica a él, toma del mismo un sentido afín. Esta defini­
ción es operativa y no concuerda con las definiciones de los diccio­
narios clásicos, es más, difiere sorprendentemente. El primer epóni­
mo es “académico”, que proviene de Akademos, la academia donde
enseñó Platón; con éste y con muchos otros epónimos (limoger; boy­
cott, “quevedos”, “pasquín”) ocurre que cuando la gente los dice o
los traduce ya no piensa para nada en el nombre propio que los origi­
nó. Hay tres tipos de epónimos: los derivados de nombres de perso­
nas y los que se derivan de objetos y lugares.

Epónimos derivados de nombres de personas

Los epónimos que denotan objetos se suelen derivar del nombre


de sus inventores o descubridores, y su mayor dificultad a la hora de
traducirlos es que puedan tener otro nombre (por ejemplo, “décima”
o “espinela”; Humboldt Current o Peru Current), que a veces suele
ocurrir por estar en liza la autenticidad del descubridor Ga maladie
de Grancher es en inglés Desnos’s disease) o, lo que es más corriente,
porque el epónimo ha sido reemplazado por un término técnico
(Róntgenographie o “radiografía”). Dentro de esta primera categoría,
hay tendencia a ir reemplazando gradualmente los epónimos por tér­
minos descriptivos: Davy lamp: “lámpara de seguridad (para minas
de carbón)”, lampe de sécurité (de mineur), Grubensicherheitslampe.
La mayor producción de epónimos en muchas lenguas europeas
se debe a la conversión de nombres de personajes destacados en
adjetivos (-ista) y en nombres abstractos (-ismo), que denotan lealtad
a la persona o cierta influencia por su parte, o una cualidad o idea
sobresaliente asociada con ellos. (En español, a veces, se han conver­
tido también en adverbios: “quevedianamente”.) Este modo de deri­
var epónimos ha sido siempre muy corriente en francés y en español.
En francés se ha hecho siempre con nombres de escritores y estadis­
tas, pero no con el de artistas o compositores. En la actualidad, esta
práctica ha experimentado un auge que antes no tenía con nombres
de políticos, sobre todo si el nombre se presta a sufijos (Thatcherism,

268
Scargillism, “guarismo”, “felipismo”), que con el declive de su fama
declina también el eponimo. Algunos nombres de políticos tienen
más difícil lo de la derivación: Kinnock, “Borrell”, “Lluch”, etc. A veces,
especialmente en francés (gaullien, gaulliste) y muy de vez en cuando
en inglés (Mandan, Manósi), se hace una distinción entre epónimos
valorativamente neutros y epónimos cargados de valor por medio de
los sufijos -iano e -ista respectivamente (“marxiano” aparece también
en el Diccionario actual de la lengua española, Vox, pero no se le
asigna ningún valor). A veces un epónimo, por ejemplo Shakespear­
ean, Churchillian, tiene muchos significados en potencia, pero la
colocación y el contexto donde aparecen los suele reducir a uno.
El principal problema de traducción de los epónimos derivados
de nombres de personas está en saber si la palabra transferida se va o
no a entender: así, el nombre o adjetivo Leavisite sirve en inglés para
resumir ciertos principios de crítica literaria, pero no tendría apenas
sentido para la mayoría de las lenguas terminales, a no ser que se
señalaran dichos principios y su relación con F. R. Leavis. Cuando el
epónimo tiene varias connotaciones (agudeza, ironía, crítica social,
en el caso de Shavian, derivado de B. Shaw) es conveniente reflejarlo
en la traducción. En otros casos, cuando el epónimo sólo tiene una
connotación (“Casanova”) y ésta es conocida, se suelen transferir. Y si
el epónimo no se conoce (Quisling, “Poulidor”), tendrán que decidir
ustedes si merece la pena transferir el nombre y añadir —sin recurrir
nunca a las notas a pie de página— el sentido (“un Quisling o colabo­
racionista”; “poulidores o eternos segundones”), decisión que depen­
derá de su interés cultural y de su probabilidad de recurrencia o per­
manencia en la LT. En algunos casos, sólo se dará el sentido contex­
tual, por ejemplo cuando el interés del nombre propio es puramente
“local” u ocasional; en otros, se naturalizará el epónimo (Dante, Cer­
vantes, Shakespeare, Goethe), aunque la connotación de la LO difiera
algo de la connotación de la LT.

Epónimos derivados de nombres de objetos

Dentro de esta segunda categoría, la de los objetos, hablaremos


en primer lugar de los nombres de marcas que tienden a “monopoli­
zar” su referente, primero en su país de origen, y luego internacional­
mente (“aspirina”, “formica”, Walkman). Por lo que respecta a su tra­
ducción, tendrán que dar términos descriptivos adicionales si el lector
no conoce el nombre de la marca. En segundo lugar, deben oponerse
conscientemente a hacer publicidad subliminal en favor de fabrican-

269
1

tes de productos tales como “Pernod”, “Durex” (en Australia, “cinta


adhesiva”), “Tipp-Ex”, “Bic”, “Bimbo”, “Danone”, “Portland”, “Chu­
pa chups”, y traducirlos por un término descriptivo breve —que no
siempre es fácil—, en lugar de transferirlos. Muchas veces, aunque se
quisiera hacer, sería ya demasiado tarde. Deben aceptar los términos
estándar u oficiales, ya se trate de epónimos o de traducciones reco­
nocidas, y combatir la jerga, bien eliminándola o reduciéndola.

Nombres geográficos

En tercer lugar están los términos geográficos, que se usan como


epónimos cuando tienen connotaciones obvias: tenemos en primer
lugar las ciudades y los pueblos que sufrieron los horrores nazis
(Dachau, Belsen, Vel’drome, Drancy, Terezen, Oradour), que deberían
transferir y, si fuera necesario, glosar, ya que esto forma parte de la
formación cultural básica. Y luego, tengan cuidado con locuciones
idiomáticas del tipo de “pasar el rubicón”, meet your Waterloo, from
here to Timbuktu (“de aquí a la Cochinchina”). Finalmente, deben
tomar nota de la práctica metonimica cada vez más extendida, sobre
todo en los medios de comunicación, de referirse a los gobiernos por
el nombre de sus respectivas capitales o ubicaciones y a las institucio­
nes o ministros por el nombre de sus residencias o calles: Whitehall
(el gobierno británico), Quai d ’Orsay (Ministerio de AA EE francés),
“palacio de Santa Cruz” (Ministerio de AA EE español).

Acrónimos

Yo llamo “acrónimo”, de forma poco convencional una vez más, a


las palabras nuevas formadas con las letras iniciales de la serie de
palabras a las que sustituyen. Se usan —a ritmos vertiginosos— para
denotar objetos, instituciones y procedimientos. Lo primero que quie­
ro significar es que deberían tener mucho cuidado y no perder el
tiempo buscando un acrónimo en los numerosos libros de consulta
cuando ha sido acuñado especialmente para un texto en concreto y
se puede encontrar allí. Normalmente, uno no debería crear sus pro­
pios acrónimos a no ser con este fin. Segundo: existen muchas razo­
nes “culturales” por las que puede o no valer la pena transferir el
acrónimo. Todo depende de los factores culturales “estándar”: lecto­
res, perspectivas de la traducción, etc. Los acrónimos de los partidos
políticos, por ejemplo, se suelen transferir, pero corrientemente es

270
más importante saber que el RPR pretende ser el verdadero partido
gaullista que saber que el acrónimo sustituye a Ressemblement pour
la République o que se traduce por “Unión por la República”. Para
otros aspectos de la traducción de acrónimos, véase página 203).

V ariantes del habla familiar (D e Lebende Sprachen)

L’A rmorique es “Armorica”; Albion, “Albión” o “la pérfida Albión”;


Lusitanian, “lusitano”; helvétique, “helvético”; éstos y otros nombres
COld Reekie, Brum, the Gunners, Norma Jean, “los colchoneros”, “los
merengues”, “la Tacita de Plata”) parecen ser “intraducibies” a otras
lenguas. De hecho, no supone ningún problema el traducirlos, por­
que los nombres propios familiares, a menudo hipocorísticos, se usan
simplemente como variantes por gente que está tal vez demasiado
familiarizada con sus “propios” nombres propios. Pero al lector de la
lengua terminal, como no está tan familiarizado con estos referentes,
se le suele dar la traducción neutra corriente: Bretaña, Inglaterra, por­
tugués, suizo, Edimburgo, Birmingham, Arsenal (FC), Marilyn Mon­
roe, Atlético de Madrid, Real Madrid, Cádiz. Todas estas variantes del
habla familiar, como las que siguen, pueden ser difíciles de encontrar
en los libros de consulta: “la Doncella de Orleans” (Juana de Arco),
“la ciudad de la luz” (París), “el papa negro” (el prepósito general de
los jesuitas), “el manco de Lepanto” (Cervantes), GBS (B. Shaw), the
Old Lady ofThreadneedle Street (el Banco de Inglaterra).
Por otra parte, hay veces en que uno de los dos términos de mu­
chos dobletes sinonímicos (“ecología” y “medio ambiente”;freedom y
liberty; Objekt y Gegenstand; aid y assistance; “memorias” y “auto­
biografía”, etc.) está usado en el lenguaje familiar como variante del
otro. El traductor lo que debe hacer en un contexto así es tratar de no
mostrar sus diferencias de significado. Lo que no puede dejar de mos­
trar, muchas veces de manera inconsciente, son sus preferencias por
uno u otro término, aunque sólo sea porque suena mejor en un sin­
tagma u oración. Gesellschaft und Linguistik suena mejor, por ejem­
plo, que Gesellschaft und Sprachwissenschaft.
Lo mismo que las personas tienen variantes del habla familiar (o
apodos) para denominar a los miembros de su familia y amigos ínti­
mos, tienen también a menudo variantes para denotar objetos y
acciones familiares, que son etiquetadas de argóticas (o de “argot vul­
gar”, no sé por qué, en el caso del “sesenta y nueve” o soixante-neuf),
coloquiales, vulgares, populares, de manera un tanto errónea ya que
dichas variantes no pertenecen ya al argot de los ladrones, los mendi­

271
gos, los timadores, los libertinos, la clase obrera, etc., sino en general
al uso muchas veces cariñoso. Palabras tales como mee, nana,
môme, fric, boulot, bloke, Kerl, Kinder, kids, tart, job, bird, “tío”,
“chaval”, “ligue”, “fulana”, “kilo” (millón), etc., se deben traducir por
términos neutros, si la LT no tiene variantes familiares equivalentes.
En mi opinión, este tipo de palabras (unas 200 aproximadamente en
cada lengua, desde mi punto de vista) se debería enseñar al principio
de los cursos de idiomas extranjeros, pero rara vez se hace. Creo que
son más importantes que los modismos.
Este lenguaje alternativo familiar es corriente en periodismo y hoy
día, superados de manera más superficial que real los tabúes sexuales
y clasistas, ya se usa con mucha mayor frecuencia en variedades más
formales de lenguaje informativo, sobre todo en inglés, español y
francés. Así pues, para un periódico francés local es una señal de
estar “en la onda” usar el término loubard (“marginado”) sin ni si­
quiera un soi-disant, cuando se acuñaron no antes de 1973. Al pare­
cer, el francés no utiliza tanto las comillas o la cursiva para palabras
nuevas o argóticas con otro registro como el español, el inglés o el
alemán. Este, al ser más formal, es posible que cuente con menos
variantes del habla familiar que las otras lenguas mencionadas, y las
pocas que tienen es más probable que se den en Austria que en Ale­
mania.
No siempre resulta fácil distinguir entre el argot y el lenguaje fami­
liar alternativo, que es muchas veces lo que antes era el argot, en tan­
to que sigue sin tenerse en pie la idea de poner bajo una categoría
separada el lenguaje argótico y el coloquial.
Sería tal vez conveniente que los traductores consideraran cui­
dadosamente las razones del uso de una variante familiar antes de
traducirla. Un término, por ejemplo, como “pasta” o “guita” se puede
usar: a) para evitar la repetición innecesariamente enfática; b) para
mostrar simpatía/amistad hacia el lector, esto es, por razones fáticas;
c) para romper con el registro e impresionar al lector; d) para presu­
mir, dando a entender que el escritor de la LO tiene unos conoci­
mientos especiales, que pertenece a un “grupo excluyente”.
A propósito, saber la razón de su uso puede no influir en la tra­
ducción, especialmente si la lengua terminal no tiene unas variantes
familiares equivalentes. La relación entre los conocimientos usados
realmente en una traducción y la cantidad de información previa y de
conocimientos que se requieren para hacerla es a menudo la misma
que hay entre la punta del iceberg y el resto de él. El traductor, por
ejemplo, debe estar enterado de los diversos efectos sonoros —todo
sonido tiene un significado— del texto de la LO (la asonancia, rima

272
interna, efecto rítmico, aliteración, onomatopeya, son mucho más co­
rrientes fuera de la poesía y la publicidad de lo que uno piensa), pero
normalmente no hace casi nada al respecto, ya que es una labor que
requeriría adiciones metalingüísticas, que son un procedimiento de
traducción. Muchas veces, lo único que ve el lector es la punta de ese
iceberg de conocimientos que el traductor ha necesitado para hacer
su versión.
El origen de las variantes del habla familiar puede estar en el
argot (habla de germanía, o de delincuentes y marginados sociales);
pero pueden ser también palabras viejas con sentido nuevo (por
ejemplo, helvétique: en los sellos aparece “Helvetia” —¡un nuevo
triunfo del latín!— porque no es ni alemán, ni francés ni italiano); o
metáforas que se convierten en metonimias (“pasta”, “azotea”, grub,
lolly}, o abreviamientos (“mili”, “expo”); o, naturalmente, apodos (por
ejemplo, todas esas variantes increíblemente infantiles que los miem­
bros varones de la clase media alta británica ideaban a raíz de apelli­
dos e iniciales en sus odiosas escuelas para probar que, después de
todo, también ellos tenían corazón: Dizzy, Smithy, Robbie, Plum,
Rab, Nobby, Sonny} o palabras dialectales regionales; o términos de
la jerga profesional; o, simple y llanamente, sinónimos.
El lenguaje alternativo familiar no se debería confundir con la ten­
dencia de la lengua a reemplazar una palabra por otra por las razones
de todos conocidas de cambio de sentido o de palabra (véase Wal­
dron 1979); es por ejemplo archiconocido que “comer” reemplazó a
“yantar”, como car hizo lo propio con automobile —un objeto tan
corriente no podía tener un nombre largo— y que por delicadeza los
“paralíticos” y “ciegos” de antaño son los “disminuidos físicos” e “in­
videntes” de hogaño, y que “azafata” significaba antes “camarera del
servicio personal”, y que “liberal” era hasta las Cortes de Cádiz “gene­
roso”... Todos estos dobletes no son desde mi punto de vista varian­
tes léxicas familiares.
Otra fuente de variantes léxicas del habla familiar, sobre todo de
topónimos, son las áreas bilingües tanto de ayer como de hoy. Y con­
cretamente en zonas diglósicas (véase Ferguson 1975) su origen está
en la variedad L (o sea, baja), aunque en mis contextos los términos
alternativos familiares no se usan por los motivos que indica Fergu­
son (por ejemplo, para dar “instrucciones a sirvientes, camareros,
obreros, oficinistas...”, pero ¿en qué mundo vivía Ferguson?). Cuando
se hace referencia a áreas potencialmente irredentistas (Brünn, Bres­
lau, Fiume, Pola, etc.) el traductor debe distinguir cuándo se trata de
un nombre cargado de significado político y cuándo de una variante
familiar. (Incluso hoy día los periódicos de la ex RFA hablan de “Dan-

273
zig”. La explicación, muy benévola por cierto, de esta excentricidad
es que se trata sólo de una variante familiar de Gdansk; pero cuando
un país o ciudad adquiere un nuevo nombre, éste se debería aceptar,
pienso yo, por traductores y no traductores como una palabra transfe­
rida, sobre todo si está en una zona sensibilizada políticamente.) Ha­
brá también muchos marxistas, conscientes de sí mismos, que incluso
hoy (1988) no acepten que “ruso” es una variante familiar de “soviéti­
co”, sino una expresión de hostilidad hacia la URSS. (Este es un tema
amplísimo: para algunas personas las “variantes familiares” son la hoja
de parra sentimental bajo la cual se encubre todo tipo de explotación,
mientras que para otros se trata de la expresión genuina, pero inge­
nua, de sentimientos cordiales.) Hablando un día con un historiador
“alemán oriental” —otra variante del habla familiar—, me reprochó,
tras echar yo mano inocentemente de la variante familiar die Tsche-
chei, haber usado un término políticamente reaccionario y nacionalista
y dado a entender que Checoslovaquia era una nación inferior.
Observen que el lenguaje familiar alternativo está lejos de ser sólo
léxico. Mathiot (1979) distingue entre el método normativo (“neutro”)
y el íntimo (o sea, la “variante familiar”) de hacer referencia a objetos
con pronombres reveladores de roles sexuales. Dice hablando del
inglés que lo mismo se puede uno referir a una puerta con she que a
una planta larguirucha con he: todas las cosas, desde los coches hasta
las mujeres desnudas pasando por los helados y las fórmulas mate­
máticas, pueden ser upgraded entities —las palabras son de Mathiot,
no mías— o, lo que es lo mismo, pueden alcanzar una categoría su­
perior pronominal, en tanto que un ladrón, por ejemplo, puede des­
cender a la categoría de tí.
Evidentemente, estamos ante un problema de traducción, pero no
insoluble: no hay ningún problema translatorio insoluble. Aquí el tra­
ductor tiene varias opciones: a) mantener el pronombre personaliza­
do; b) normalizar la oración no dándole importancia a la “variante
familiar”; c) sustituir el pronombre por un nombre alternativo familiar
(“novia”, por ejemplo, para la moto si el propieatario es “él”; d) aña­
dir un comentario metalingüístico a modo de explicación. El contexto
tendrá la última palabra.
Tengo la impresión, por otra parte, de que mucha gente usa va­
riantes sintácticas familiares que se apartan un poco de las formas clá­
sicas de los puristas: algunos dativos, por ejemplo (“me comí...”; “se
leyó...”); y en el lenguaje oral, el no poner el sujeto detrás del verbo
en las interrogativas.
“Eccema”, “lavativa” y “paperas” son variantes léxicas familiares
de “dermatitis”, “enema” y “parótidas”, y muchas veces se pueden

274
usar por éstas incluso en artículos académicos, aunque dicho uso
tienda a ofender la mística médica. En fin, si éstas y otras variantes se
aceptaran, se ofenderían muchos puristas pero se acabarían también
muchas discusiones lingüísticas triviales. (Si quieren encontrar otros
ejemplos de discusiones que se podrían cerrar con la aceptación del
concepto de variante familiar, pueden consultar Crystal 1981.)
Lo principal, en el tema que nos ocupa de las variantes del habla
familiar, es que no se usen inadecuadamente: hay muchos contextos
en que la mejor equivalencia translatoria sería “leyó el libro”, “derma­
titis”, “Norma Jean”, etc., y otros donde la elección es una cuestión
de gustos (ya dijimos que la traducción es, además, ciencia, habilidad
y arte) y resultaría inútil discutir.
El lingüista, ya sea traductor, profesor o lexicógrafo, debe tener en
cuenta que la mayoría de los términos familiares alternativos, aunque
se usen corrientemente como sinónimos perfectos de otras palabras,
tienen además sentidos alternativos que deberían figurar en el diccio­
nario. Palabras, por ejemplo, como Stettin, Königsberg, se usan tam­
bién por razones políticas. Y, en el extraordinario poema de Erica
Jong (Sylvia Plath is alive in Argentina), “Norma Jean” no es simple­
mente “Marilyn Monroe” sino esa pobre niña desgraciada en que se
convirtió Marilyn Monroe por culpa de la separación de sus padres.
Y, finalmente, habrá veces en que se empleen única y exclusivamente
por “fardar”, o por deseos de integrarse en un grupo. Todos estos fac­
tores se deberían señalar en un buen diccionario o enciclopedia, que
para mí, dicho sea de paso, son iguales.
Así pues, el lenguaje familiar alternativo tiene aplicación en teoría
de la traducción, aprendizaje de idiomas y lexicografía. Y si bien es
cierto que está sujeto a los caprichos de la moda y está en peligro de
entenebrecer los problemas profundos de las relaciones sociales,
étnicas y sexuales, también es verdad que responde a una continua
necesidad lingüística humana y que representa genuinamente las
relaciones personales. Es, sobre todo en francés y en las variedades
lingüísticas informales, un rasgo cohesivo corriente e impactante.

Cu á n d o y c ó m o mejorar u n texto

Para empezar, quiero recordarles que no les corresponde a uste­


des mejorar un texto autoritativo, por muy caprichoso, estereotipado,
estrafalario, lleno de jerga, tautológico, innovador y antinatural que
pueda ser su lenguaje. Miren lo que hace un traductor de Hemingway,
alejando así su prosa del habla comente:

275
There w as a stream alongside the road a n d fa r dow n the pa ss he
saw a m ill beside th e stream a n d the fa llin g o f the dam , w hite in
the su m m er sunlight.

H abía u n torrente que corría junto a la carretera y, más abajo, a


orillas del torrente, se veía un aserradero y la blanca cabellera de
la cascada que se derramaba de la represa, cabrilleando a la luz
del sol.*

Deben, por tanto, tratar de conseguir el mismo estilo, haciendo


pequeñas concesiones a las diferentes normas estilísticas de la LT,
pero dando por sentado que en general la personalidad del autor es
más importante que cualquier norma lingüística. Es posible que ten­
gan que hacer más concesiones a los lectores en la traducción de tex­
tos no literarios (por ejemplo, de De Gaulle), ya que van dirigidos
expresamente a un tipo de lectores, que en la de textos creativos. Su­
pongo que si hacen algún tipo de comentario en la traducción de tex­
tos autoritativos, lo harán en una nota firmada a pie de página.
Aquí, sin embargo, vamos a hablar de textos “anónimos”, o lo que
es lo mismo, de textos principalmente informativos —pero también
vocativos—, donde lo que más cuenta es la lealtad, antes que nada a
la verdad o realidad de los hechos, y donde hay que suponer que el
autor del original estaría más que agradecido si se le corrigieran los
hechos —en caso necesario— y se mejorara prudentemente su estilo,
haciendo siempre el menor número de modificaciones posibles.
Es mi propósito enumerar e ilustrar a continuación una serie de
apartados que sirvan para “corregir” y por tanto mejorar el original,
pero sólo cuando esté escrito defectuosamente o carezca de una in­
formación esencial para el supuesto lector.

La secuencia lógica

Este apartado se refiere al orden lógico en la sucesión de oracio­


nes, orden en el tiempo, el espacio y el argumento. Véamos el si­
guiente ejemplo:

D e no lograrse la identificación y cuando resulte necesario..., los


agentes podrán instar a quienes no pudieran ser identificados por
otro m edio, a ser acom pañados a dependencias próximas...

* E. Hemingway, Por quién doblan las campanas, Barcelona, Planeta, pág. 9. Tra­
ducción de Lola de Aguado. ÍN. del TJ

276
Es obvio que si se evitara la redundancia (“identificación”, “identi­
ficados”), se pasara a activa el verbo en pasiva “ser acompañados”
para que su sentido no quedara tan vago y se ordenara la oración se­
gún el orden clásico de SVO, el texto y la relación lógica causa/efecto
quedarían más claros para el lector:
Los agentes podrán requerir a quienes n o pudieran ser identifi­
cados p o r otro m edio a q u e les acom pañen a dependencias pró-

Los fragmentos anteriores son dos versiones de un texto original,


¿pero estaría justificado hacer esto en traducción? Pues todo depende­
rá del propósito o intención del traductor. El criterio principal que se
ha de seguir para mejorar un texto es la convicción del traductor de
estar ayudando al escritor de la LO a transmitir su mensaje o informa­
ción sin distorsionarlo.
Veamos a continuación un texto de Montaillou, de E. Le Roy La-
durie:
A u n nivea u encore inférieur, on trouve la Chapelle d e la
Vierge: elle est liée à u n cu lte folklorique, issu d e rochers à fle u r
de sol. Le cim etière local fla n q u e ce bas sanctuaire, dédié à la
M ère de D ieu.

La traducción española es la siguiente:


En u n nivel todavía inferior, se encuentra la capilla de la Vir­
gen: está vinculada a u n culto folclórico, que tiene su origen en
unas rocas a flor de tierra. El cementerio local flanquea este san­
tuario bajo dedicado a la m adre de Dios.*

Pero también se podría hacer una reestructuración del texto y


quedar lógicamente justificada:
En un nivel todavía inferior, y flanqueado por el cementerio
local, se encuentra una capilla dedicada a la Virgen. La capilla está
tam bién vinculada a u n culto folclórico que tiene su origen en
unas rocas a flor de tierra.

Y las razones que se podrían aducir son las siguientes: por una
parte, que la mención del “cementerio local” es incidental e interrum-

* E. Le Roy Laduire, Montaillou, aldea occitana de 1294 a 1324, Madrid, Taurus,


1981, pág. 28. Versión de Mauro Armiño. [N. del T I

277
pe el curso del pensamiento en el original, de ahí su posición subor­
dinada en la traducción; y por otra, que al haber dos conjuntos inne­
cesarios de sinónimos referenciales (Vierge y Mère de Dieu-, chapelle
y bas sanctuaire), se suprimen éstos y se destaca así la capilla. Con
ello indudablemente se mejora a Ladurie, pero queda en pie la pre­
gunta de si tiene o no el traductor derecho a mejorarlo.

Oraciones sintácticamente débiles

Es difícil encontrar un texto informativo sin una oración sintáctica­


mente débil:
N ous avons été fra p p é égalem ent p a r le fa it q u ’a u cu n d e ces
en fa n ts n e p résen ta it de difficultés scolaires isolées ou q u i
a u ra ien t p u être rattachées à des causes sim ples, p a r exem ple u n
absentéism e d û à la fréq u en ce p lu s ou m oins g ra n d e des crises
d ’asthm e ou p a r exem ple des troubles in stru m en ta u x com m e u n e
dyslexie ou u n e dysorthographie.

Nos impresionó tam bién el hecho d e qu e ninguno d e estos


niños tuviera dificultades escolares aisladas o qu e pudieran acha­
carse a causas simples, como, po r ejemplo, al absentismo debido
a ataques de asma más o m enos frecuentes o a trastornos simple­
m ente instrumentales com o la dixlexia o las faltas d e ortografía.

Aquí el fallo sintáctico está en que isolées y rattachées no tienen el


mismo énfasis, aparte de que los ejemplos de absentismo tienden a
debilitar el contraste entre lo negativo de este párrafo y lo positivo del
que sigue.

El idiolecto

En general, el traductor debe normalizar las peculiaridades y


mutaciones idiolécticas: concretamente, las metáforas algo exagera­
das o exuberantes y los adjetivos descriptivos disparatados.
Imagino que son muy pocos los que pueden escribir 500 palabras
sin usar una o dos de una forma típica sólo de ellos. Creo que en esta
frase, this kind o f community with its strong fam ily bindings always
poses a challenge to outsiders, el traductor español debe normalizar la
palabra bindings pasándola por “vínculos”, “ataduras”, “lazos”, ya sig­
nifique una unit o tie o una combinación de ambas.
En algunos casos, no es fácil distinguir entre pobreza de estilo e

278

«fe
idiolecto (les signes et présence d ’un asthmatique attirent vers la
notion d ’allergie microbienne), pero el traductor no tiene por qué
hacer la distinción, sino simplemente normalizar: “Los síntomas su­
gieren que el paciente tiene una alergia bacteriana”.
No es difícil, por otra parte, que un especialista haga referencia a
la psicoterapia por medio de la locución une arme à divers volets; al
traductor, en cambio, le bastará con reproducir sólo el sentido de esta
metáfora disparatada aunque ya fosilizada: “un tratamiento que pue­
de tener diversas aplicaciones”.

La ambigüedad

La ambigüedad puede ser deliberada o involuntaria. Si es delibe­


rada, se debe mantener a ser posible en la traducción. Aunque a
veces se puede acudir a separar los dos significados de un homóni­
mo: Le Ministère est responsable de ces difficultés podría dar dentro
de un contexto “El ministerio ha sido el causante de estos problemas
y su responsabilidad es darles una solución”.
La ambigüedad involuntaria suele ser aclarada por el contexto,
pero el traductor debe evitar cualquier equívoco posible: lo más pro­
bable es que l did not write that letter because o f what you told me
quiera decir “En vista de lo que me dijiste, no escribí la carta”.

La metàfora

Teòricamente, la metàfora sólo está justificada, en el tipo más


popular o periodístico de texto informativo, cuando tiene la misión
de suscitar el interés del lector. De hecho, como han demostrado
Lakoff y Johnson (1980), el pensamiento conceptual está impregando
de metáforas básicas, universales, más o menos muertas, que fre­
cuentemente se traducen literalmente (son metáforas “congruentes”),
aunque el traductor apenas se dé cuenta de las imágenes: por ejem­
plo, le culte de l ’esprit critique, qui n ’est ni un éveilleur d ’idées ni un
stimulateur de grandes choses; il a toujours le dernier mot. El mundo
de la mente es por entero metafórico ya que ni es concreto ni literal.
Sin embargo, no es difícil ver cuándo una metáfora agresiva está
fuera de lugar en un texto informativo, sea éste del tipo que sea. Es
inevitable que un traductor tenga sus dudas a la hora de traducir el
comienzo de este texto italiano sobre el futuro del coche, y se sienta
tentado a omitir las dos primeras oraciones y abreviar la tercera:

279
Gli sceicchi obbediscono a l volere d i A llah. Il volere d i A llah
n o n p u ò essere altro che buono. D unque la stretta n ell’ erogazio­
n e d el greggio d a i p o z z i d el Golfo Persico non p u ò essere altro
che u n bene.

Los jeques obedecen la voluntad de Alá. La voluntad de Alá no


tiene más remedio que ser buena. Por tanto la escasez de produc­
ción de crudo de los pozos petrolíficos del Golfo Pérsico no tiene
más rem edio que ser un bien.

El problema principal que plantea la metáfora al traductor es saber


si le está permitido intercambiar el sentido a secas por una metáfora y
viceversa y en qué ocasiones. ¿Sería, por ejemplo, legítimo traducir en
un artículo sobre la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa,
sacado del Correo de la Unesco, la frase L’Assemblée ne doit pas
craindre de s ’affirmer si elle veut renforcer son influence por “Si
quiere reforzar su influencia se debe jugar el tipo”? ¿O sous l’autorité
coordinatrice por “bajo la mirada coordinadora”, o se réunir por
“encontrarse cara a cara”?
En lugar de tratar por separado cada uno de estos ejemplos, inten­
taré proponerles algunos principios generales que les puedan servir
de más ayuda: 1) en un texto informativo “debiera” ser innecesario
traducir el sentido por una metáfora; 2) las metáforas originales y
coloquiales están fuera de lugar; 3) el uso de metáforas desgastadas
anula hasta la más mínima utilidad que pudiera tener el uso de una
metáfora; 4) si la metáfora es discreta y está en consonancia con el
registro del texto (no la de “jugarse el tipo”) , y se trata en concreto
de un término semitécnico, es justificable, y más si el lenguaje textual
original está un tanto desgastado o estereotipado (por ejemplo, ren­
forcer son influence, se mettre vaguement au courant). Finalmente,
si el texto no es importante, la cuestión es sólo “académica” en el sen­
tido literal del término. Si lo que traducen son textos periodísticos, las
alternativas del párrafo anterior no son tan importantes que digamos.
Por el contrario, reproducir sólo el sentido de una metáfora estará
justificado si es caprichosa o convencional. La oración Après les
hautes sphères dans lesquelles M. Halpern nous a promenés tout à
l ’heure, il nous fa u t revenir un peu sur terre, sinon au ras du sol
debería quedar, por ejemplo, en inglés así: After the abstractions
M. Halpern has been indulging in we must now become a little more
realistic and down to earth. Pero modismos como Sturm in Wasser-
glass (“discusión violenta acerca de un asunto sin importancia”), jeter
les bases de, adorer la veau d ’or, se vierten a menudo de forma más

280
literal y menos emotiva, en tanto que metáforas grotescas, como se
temper hâtivement dans les eaux baptismales européennes à Stras­
bourg, se deberían al menos modificar al pasarlas a otras lenguas.
Las metáforas son particularmente pintoresacas en los deportes,
las artes, la crítica, la música popular, la economía y el periodismo.
Muchas metonimias bursátiles inglesas (bull, bear, gilts, equities,
black, red) se suavizan a menudo con términos menos chocantes al
traducirlas a otras lenguas. En otras áreas, hay periodistas originales
que se distinguen por un estilo “vivo”, “elegante”, “ingenioso”, gene­
ralmente basado en la metáfora. Aquí, lo que tal vez tenga que hacer
el traductor es examinar por separado todo el texto para evaluar el
porcentaje, originalidad y fuerza de las imágenes, y considerar si
serán adecuadas o no en el texto terminal. En el campo de la infor­
mática y la ingeniería mecánica, las metonimias recurrentes (metáfo­
ras fosilizadas) presentan problemas de traducción antes que de teo­
ría de la traducción.

Redundancia y tópicos

La tesis en pro de eliminar la redundancia original en la versión


terminal ha sido formulada por Duff (1971) e ilustrada con abundan­
tes ejemplos. Su libro es un soplo de aire fresco, si lo comparamos
con el lenguaje gastado y jergal de la literatura sobre teoría de la tra­
ducción. Duff toma los textos directamente de anuncios, guías, folle­
tos, octavillas, revistas comerciales, etc., y no de textos autoritativos
(donde la redundancia se tendría que reproducir). La redundancia
ronda de forma particularmente vaga los estereotipos, las locuciones
fáticas o “faticismos” (“naturalmente”, “por supuesto”, “claro”), los
superlativos implícitos repetidos (“básicamente”, “fundamentalmen­
te”), los sintagmas preposicionales (“en vista de”, “en el seno de”),
las fiorituras retóricas (in the long march o f history), los términos
abstractos (“desarrollo”, “evolución”) y las expresiones rimbomban­
tes usadas para producir efectos sonoros (might and main, ways
and means).
El traductor por regla general tiene que usar la moderación a la
hora de eliminar rasgos redundantes de la LO y limitarse a “meter las
tijeras” sólo de vez en cuando, ya que si se excede es probable que a
veces encuentre todo el texto redundante.

281
Lapsus, erratas, errores y errores de copia

Cuando el traductor está seguro de que el escritor de la LO ha


cometido un lapsus referencial (Varthrite est une inflamation des
parois artérielles, o este otro: Pasteur est né en 1722), o uno lingüísti­
co, gramatical o léxico (Mühle abladen verboten), lo que hace normal­
mente es corregir el fallo en su versión pero sin echar mano de las
notas. Asimismo, deberá corregir las erratas del texto de la LO (por
ejemplo, donde dice in vivo poner in vitro, o en “se desvanece el sue­
ño de la faz europea”, cambiar “faz” por “paz”), u ordenar correcta­
mente las palabras fuera de lugar: The Taganka Theatre was to mark
the anniversary o f his death with a private evening devotes to his
songs apareció publicada así: The Taganka Theatre was to death with
a private evening to mark the anniversary o f his songs (The Guardian,
28. 7. 81). Realmente, esto es algo preceptivo —aunque el traductor lo
hace mecánicamente— y no requiere de ninguna nota a pie de pági­
na. Tengan también cuidado con esos yerros que aún perduran y que
fueron debidos en su día a la incapacidad del mecanógrafo o mecanó­
grafa para descifrar la escritura (o la voz, si es una cinta) del escritor.
Si se trata de un fallo claro del escritor del texto original, el traduc­
tor lo corrige y, a no ser que sea tan claro que pudiera tratarse tam­
bién de un lapsus, explica el error en una nota y, si fuera necesario,
las razones que le han llevado a cambiarlo: Der Bürgerbräu-Putsch
von 1923 wurde von Ludendorffangestiftet.
El traductor debe tener cuidado, como de costumbre, con los
nombres propios y con las palabras que pertenecen al diccionario.
Así que, si tenemos que traducir el discurso de Valéry en honor de
Goethe (Varietété, IV, pág. 102), ce n ’estplus la guerre de Louis XV
et de Monsieur de Thorane, no estaría bien decir “la guerra entre
Luis XV y Monsieur de Thorane terminó hace mucho tiempo”, porque
Monsieur de Thorane ni existió siquiera. Goethe, con el nombre de
M. de Thorane, quería erróneamente referirse al representante del
Rey en Grasse, el conde de Théas Thorane, y Valéry sin darse cuenta
perpetuó el fallo. Aquí lo que debe hacer el traductor es señalar esto
en una nota y “mantener” el fallo de Goethe y Valéry.
En principio, el deber del traductor es corregir cualquier fallo del
original que vaya contra la verdad de los hechos y comentar por se­
parado cualquier improbabilidad, sobre todo si el tema es importante,
como estadísticas, trabajo experimental, etc., y prejuicios: el traductor,
en los textos informativos, sólo debe ser leal a la verdad.

282
La jerga

Doy por sentado que el traductor está autorizado para suprimir,


reducir o suavizar la jerga, o lo que es lo mismo, las palabras más o
menos redundantes o las semánticamente demasiado generales para
describir los rasgos que pretenden describir, sobre todo los nombres
más verbales o adjetivales. Ahora bien, cuando todas estas palabras
tienen un sentido técnico (por ejemplo, el “desarrollo” de la ciudad),
no tengo nada en su contra. Pero veamos este fragmento “intraduci­
bie” (y debo decir que un traductor no se puede permitir el lujo de
calificar un fragmento de intraducibie, inaceptable o desviado de la
norma) de Gowers y Frazer (1977):
To reduce the risk o f w a r requires the closest co-ordination in
th e em ploym ent o f th eir jo in t resources to u n d erp in these coun­
tries’ econom ies in such a m a n n er as to p erm it th e fu ll m ainte­
n a n ce o f th eir living sta n d a rd s as w ell as th e adequate develop­
m en t o f th e necessary m easures.

Sea como fuere el “lenguaje”, el traductor podría con toda la justi­


ficación del mundo reducir este pasaje, a no ser que se tratara de un
texto autoritativo, de la forma siguiente:
7b reduce the risk o f war, resources have to be adequately co­
ordinated w hilst ensuring th a t these countries’ living standards
are secured.

Las limitaciones del traductor para eliminar la jeiga dependen de


dos factores: a) de lo “autoritativo” que sea el enunciado de la LO (o
sea, cuanto menos autoritativo más cambios lingüísticos se podrán
hacer); b) de las normas de la LO y la LT. Es más fácil eliminar verbos
copulativos y palabras sintetizadas (la base de la jerga) cuando la LT
es una lengua relativamente “intacta” que no les da cabida fácilmente,
por ejemplo, “por si dicha eventualidad aconteciera”, o sea, “por si
acaso”, o palabras inventadas como “desobjetualización”, “bonsai-
zación”. Una oración, como J ’allais déclencher votre aggresivité en
affirm ant que nous étions en retard dans la médecine sur la concep­
tualisation dans le domaine de l’homme, representa un grado de
sofisticación tal que resultaría difícil transferir a otra lengua. Los tex­
tos bien o mal escritos son textos bien o mal escritos en cualquier len­
gua, y no hay nada que revele lo uno o lo otro más expresivamente

283
que la traducción. La jerga en el sentido que yo uso la palabra es el
pensamiento perogrullesco y especioso, pero “revestido” o del len­
guaje insípido de la burocracia (tecnocracia, lenguaje oficinesco de
juzgados y oficinas públicas, marxismo) o de la tradición literaria/
nacional de un “pueblo”, por ejemplo, de la oscuridad filosófica ale­
mana, o la sensualidad y religiosidad de finales del siglo xrx.
Todo texto se vuelve vulnerable cuando, por una traducción
exacta, se queda sin su coraza protectora local, tanto lingüística como
cultural.
La obra de Charles Morgan, que ha dejado ya de leerse en inglés,
es de una pretensión intelectual tal que suena mejor en francés. Duff
(1980), por otra parte, ha demostrado que a un escritor como al fran­
cés R. Barthes se le puede destruir traduciéndolo al inglés:

B ourgeois ideology can spread over everything. It ca n w ithout


resistance subsum e bourgeois theatre, a rt a n d h u m a n ity u n d er
th eir etern a l analogues; it ca n ex-n o m in a te itse lf w ith o u t re­
stra in t w hen there is o nly one single h u m a n n a tu re left *

(Barthes, M ythologies)

Toda la preocupación de Duff es saber por qué “suena mal” esta


traducción, a pesar de que cada una de sus palabras, aunque difícil,
tiene sentido. Mi sugerencia es que la traducción está bien y que lo
que está “mal” es el original, aunque en fiancés por supuesto tiene un
sonido más suave y agradable. Pero las tonterías, por muy cultural­
mente determinadas que estén, son tonterías en todas las lenguas.
Duff incluye también bastantes citas de publicaciones marxistas
para demostrar que la inmensa mayoría del material (presumiblemen­
te procedente de Moscú o del CAME) que se publica en los periódi­
cos del bloque socialista y de sus seguidores en otros países está lle­
no de jerga abstracta y traslacionismo. Y, aunque está claro que uno
puede eliminar el último, siempre quedará la duda de si la versión
pasada por “las tijeras” significará para el lector más o menos lo
mismo que el original. En fin, Gorbachov ha declarado que le hará la
guerra a los tópicos soviéticos. (Yo añadiría a sus palabras un escépti­
co sic.)

* “La ideología burguesa puede por lo tanto cubrir todo ... La burguesía puede sub-
sumir sin resistencia el teatro, el arte, el hombre burgués, bajo sus análogos eternos; en
una palabra, puede desnombrase cuanto quiera, pues no hay más que una sola y mis­
ma naturaleza humana”. R. Barthes, Mitologías, Madrid, Siglo XXI, pág. 234. Traducción
de Héctor Schmucler. IN. del TJ

284
Prejuicios)) responsabilidades morales del traductor

El campo de los textos informativos es, como he dicho, muy pecu­


liar en el sentido de que la responsabilidad (principal) del traductor
no es ni para con el lector ni para con el escritor, sino para con la ver­
dad, afirmación que no deja de ser atrevida pero que, dados los erro­
res del traductor en lo de la bomba de Hiroshima —según se dice—,
el telegrama de Ems (aquí debería haber consultado con Bismark), la
expurgación de la traducción de Mein Kampf, los diversos gazapos
cometidos por los intérpretes del ex presidente Carter y la Reina de
Inglaterra (y por cada traducción errónea importante que se descubre
hay miles que quedan ocultas), uno tiene que ser explícito. Pero esa
responsabilidad no es sólo para con la verdad física, sino para con la
verdad “moral”: el traductor debe reafirmar en las notas que todo el
mundo es igual y tiene las mismas posibilidades, si acaso este princi­
pio se violara en el texto. El traductor es un mediador entre las dos
partes, y su labor consiste en eliminar los malentendidos. Me da la
impresión de que los fragmentos que solían aparecer citados en la
columna semanal de The Guardian, titulada Naked Ape, como algu­
nas de las quejas que cita actualmente “El Ombudsman” (El País), son
un insulto tan grande contra la dignidad humana como cualquier pro­
paganda racista, clasista, religiosa, o cualquier publicidad que deje
fuera a viejos y enfermos mentales. Lo que ocure es que el sexismo es
casi siempre indirecto. Está claro que fragmentos como a kitchen is a
place which a woman calls her domain, is proud o f and enjoys work­
ing in, o este otro, Any office girl could do this job, se deben traducir
“con rigor” pero, en mi opinion, los dos quizá requieran una nota a
pie de página que señale el prejuicio. En el fondo, esto tiene mucho
que ver con el código ético del traductor. El deber de ustedes es
“desexualizar” el lenguaje (suplir, por ejemplo, “hombre” por “huma­
nidad”), pero sin que resulte peor el remedio que la enfermedad.

Conclusión

Con esto no les quiero decir que en los textos informativos sean
todo lo libres que les venga en gana. Digo simplemente que tienen
derecho en aquellos casos en que el original es un texto sin preten­
siones estilísticas o un paradigma del mal escribir a “seleccionar un
estilo personal apropiado, a “armarse” del arte de escribir más claro y

285
sencillo posible”. “Sena de gran ayuda que los autores de los textos
originales observaran siempre el principio de la claridad de pensa­
miento. Pero, si no lo hacen, el traductor debe seguir afanándose por
conseguir la excelencia”. Eso es lo que aconseja a los traductores el
Ministerio de Información de Quebec. Es esta una parcela de textos
de traducción donde son de esperar ciertos estilos de lenguaje acep­
tables. Cabe esperar, por ejemplo, que se encuentren con textos con
un estilo preciso y estricto que se acerque más al formalismo de los
manuales que a esos artículos periodísticos de lenguaje sumamente
figurado.
Y sigue siendo todavía un hecho que el traductor debe dar cuenta
de todos y cada uno de los vocablos, modismos, estructuras, énfasis,
o lo que es lo mismo, tiene que poder dar una explicación, si se le
cuestiona, de sus trasferencias, traducciones u omisiones directas o
indirectas, etc. No se trata de eliminar al autor o al lector por mor de
una verdad “superior”. El traductor adoptará el registro del autor, a
menos que traduzca para un tipo diferente de lectores en un tipo de
marco diferente, y sólo podrá y deberá justificar sus modificaciones
del texto cuando haya falta de adecuación en los aspectos antes seña­
lados.

C olocaciones

La colocación se define en lingüística como la “co-ocurrencia ha­


bitual de items léxicos individuales” (Crystal). En cambio, para el tra­
ductor, para quien la colocación es el factor contextual más importan­
te, la colocación en tanto en cuanto afecta provechosamente a la tra­
ducción tiene un sentido más estricto: consta de los items léxicos que
entran principalmente en estructuras gramaticales de alta frecuencia,
a saber:

1. Nombre más adjetivo:

a) “trabajo pesado”, heavy labour, travail musculaire, schwere


Arbeit
b) “inflación galopante”, runaway (galloping) inflation, galoppie­
rende Inflation, l’inflation galopante
c) “situación económica”, economic situation, situation économi­
que, Konjunkturlage
d) “gasto público”, government expenditure
e) “célula nerviosa”, nerve cell, cellule nerveuse, Nervenzelle

286
2. Nombre más preposición más nombre
a) “globo del ojo”, eyeball, globe oculaire, Augapfel
b) “propiedad del estado”, government issue

3. Verbo más objeto (casi siempre se trata de un nombre que denota


una acción)
a) “hacer una visita”, pay a visit, faire une visite, einen Besuch
machen (abstatten)
b) “marcar un gol”, score a goal, marquer un but
c) “dar una conferencia”, give a lecture, faire une conférence

Estos son los tipos de colocación más frecuentes, y los tres se


basan en el nombre. Aquí, el traductor se suele hacer estas preguntas:
¿en francés se dice faire une conférence, se podrá decir en español
“hacer una conferencia”?, ¿una “célula” es “nerviosa” en francés, cómo
es en español?, o ¿cuáles son los verbos que acompañan normalmen­
te a “puerta”? El problema, por otra parte, de reconocer cuándo una
colocación es familiar, natural o simplemente aceptable es uno de los
más importantes en traducción. Como de costumbre, hay áreas y op­
ciones semioscuras: uno puede decir “partir” o “romper” el corazón”.
Observen que el español se halla más cerca del francés que del inglés
o el alemán, que en español y francés usamos más los adjetivos que
denotan objetos que los que denotan cualidades (por ejemplo, los
gentilicios) y que apenas se utiliza el sintagma nombre más nombre;
esto ocurre sobre todo en el lenguaje científico-técnico. Lo cual quie­
re decir que, en los textos médicos, lo más corriente es que los sintag­
mas ingleses del tipo plasma radioactivity den en las lenguas roman­
ces nombre más adjetivo: “radioactividad plasmática”, siempre que el
primero de los nombres de la LO sea un nombre de sustancia.
Otra forma útil de enfocar las colocaciones en traducción es con­
siderar las gamas colocacionales aceptables de cualquier palabra léxi­
ca. Esto vale en particular para los adjetivos de cualidad y para los
verbos que expresan acción además de estado: blême suele aparecer
con “cara” y con “luz”, pero no con objetos; trouble, con aspecto,
emociones, líquidos, pero no con gente; grincer, con puertas, dien­
tes, objetos